CONOZCA EL EVANGELIO

1

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

CONOZCA EL EVANGELIO

Curso de estudio para la Escuela Dominical

http://bibliotecasud.blogspot.com

Publicado por La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

2

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

TABLA DE MATERIAS
Capítulo 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 Nuestro Campo de Estudio El Significado y Valor de la Fe La Fe Religiosa Dios Vive Hay Tres Personas en la Trinidad La Naturaleza de Dios El Carácter de Dios La Naturaleza del Hombre El Propósito de la Vida El Hombre es Libre El Hombre es Capaz de Progresión Eterna La Revelación es Continua El Deber del Hombre en Cuanto a la Revelación Verificación de la Revelación La Biblia—Su Esencia e Interpretación Otras Escrituras La Naturaleza y Misión de un Profeta Jesucristo, el Hijo de Dios La Misión de Jesucristo El Camino Hacia la Salvación Nuestra Aceptación de Jesucristo El Pecado Venciendo el Pecado por Medio del Arrepentimiento El Significado del Bautismo Preguntas Sobre el Bautismo La Remisión de los Pecados El Don del Espíritu Santo El Sacramento de la Santa Cena Lu Iglesia—Su Naturaleza y el Lugar que Ocupa en Nuestra Vida El Sacerdocio—la Autoridad Divina de la Iglesia Organización y Funciones del Sacerdocio La Organización de la Iglesia El Gobierno de la Iglesia El Respeto al Cuerpo El Cultivo de la Mente
3

Página 5 8 12 17 21 24 27 31 36 40 44 49 54 58 63 69 75 79 81 87 92 95 99 104 108 112 116 120 125 129 134 139 144 149 153

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

36 37 38 39 40 41 42

El Matrimonio y la Vida Familiar La Iglesia y el Gobierno Civil La Iglesia y la Vida Económica La Manera de Adorar de un Santo de los Últimos Días La Salvación al Alcance de Todos La Restauración del Evangelio y de la Iglesia de Jesucristo La Posición de la Iglesia de Jesucristo Entre las Otras Religiones de la Humanidad

158 162 166 172 176 180 187

4

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

CONOZCA EL EVANGELIO
Capítulo 1 NUESTRO CAMPO DE ESTUDIO
Religión es algo más que lo que la materia significa por sí misma. Tanto el sentimiento como la razón deben intervenir en el estudio y valorización de la religión. El apóstol Pablo se dio cuenta de la necesidad de estudiar las cosas de Dios, con la ayuda del Espíritu de Dios, cuando escribió: Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros hemos recibido, no el espíritu del mundo, sino el Espíritu que es de Dios, para que conozcamos lo que Dios nos ha dado. (1 Corintios 2:11, 12) EL ESPÍRITU DE NUESTRO ESTUDIO Cuando estudiamos la religión de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, hagámoslo con un sentido crítico y con todo el poder de nuestra mente en acción. Pero, sin embargo, estudiemos también con un espíritu humilde y con nuestros corazones inclinados a Dios, para que por medio de su inspiración podamos conocer la falsedad o la verdad de las ideas que nos hayan sido presentadas. Un gran comentarista judío del Antiguo Testamento nos ofrece este consejo: "Así como las aguas abandonan un lugar alto y corren hacia otro más bajo, así también las palabras de las Escrituras solamente en un hombre de espíritu humilde encuentran un lugar donde reposar." La humildad es una gran necesidad durante toda la vida, y ¿ dónde ha de ser más beneficiosa que en el estudio y la práctica de la religión? ¿Qué significa humildad? Es una actitud libre de prejuicios, una curiosidad infantil sobre las cosas, una búsqueda de conocimiento y entendimiento. Significa también sentir la cercanía de Dios y experimentar la necesidad espiritual de ese sentimiento. El hombre humilde no tiene respuesta para todo. No es confiado en sí mismo. Siente la necesidad de aprender, de mejorarse, de crecer y de ser enseñado y guiado por otros y especialmente por Dios. Con cada materia que estudiamos adoptamos un punto de vista diferente. Cuando buscamos un término en el diccionario, estamos seguros de encontrar una definición clara y precisa. Nuestras mentes observan y analizan mientras estudiamos el significado de las palabras. Así también cuando estudiamos las leyes o cualquier libro de ciencia lo hacemos razonablemente y con el propósito de llegar a un fin. Queremos que la materia de nuestro tema resulte exacta, lógica y precisa. Por el contrario, cuando leemos poesía nos interesamos poco o nada en el significado exacto de las palabras o en el análisis frío de cada oración. Leemos la poesía con sentimiento, tratando de captar el temperamento del autor. Nuestro interés recae en el poema en total, y respondemos a él con pensamientos y sentimientos propios. La fuente del estudio de la religión es las Escrituras. No se escribieron como libros de estudio teológico, ni como diccionario, ni como análisis. Han sido escritas por hombres religiosos que trataron de honrar a Dios y persuadir a los hombres a que creyeran en El e hicieran su voluntad. Algunos de esos escritores como los Salmistas, los profetas Amos e Isaías y el autor del libro de Job fueron poetas. En muchos de sus escritos predomina el sentimiento. Todos eran profundamente religiosos en acción y pensamiento. Al leer las Escrituras, debemos hacerlo con el espíritu con que fueron escritas. Leamos los Salmos como poesía, con un espíritu de adoración y devoción. Cuando leamos Job, hagámoslo con comprensión en el hondo sentido de tragedia y a la vez la confianza en Dios, que se destaca en toda esta obra. Así que, al leer alguna parte de las Escrituras o en su totalidad, hagámoslo con un espíritu de reverencia hacia Dios, procurando que su Espíritu Santo nos guíe en su interpretación. Las verdades de la religión se aprenden gradualmente y no rápidamente de memoria, de una vez para siempre como los niños aprenden las tablas de multiplicar. Las palabras como fe, amor y Dios son solamente palabras que representan las grandes verdades que simbolizan. Cada una de ellas debe desarrollarse y crecer a
5

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO través de la experiencia personal. Nuestra comprensión de Dios debe crecer y aumentar a medida que avanzamos en el camino de la vida. Podrá significar más y más para nosotros a través de los años, sin embargo, le daremos el mismo nombre sea que tengamos 4, 12, 20 ó 50 años de edad. Hablamos de los principios del Evangelio de Jesucristo como verdades eternas. El amor siempre ha sido y será el gran principio de la vida, el primer mandamiento, el corazón mismo de la religión y la vida. Para Dios y Cristo el amor en su plenitud es algo conocido, pero no para los hombres. Nosotros no sabemos su sentido completo sino una pequeña parte solamente. Nuestro amor no es puro. Está mezclado con el amor del "yo." Nuestro amor está limitado por nuestra falta de comprensión y experiencia en el mismo. Existe una gran diferencia entre un principio como el amor y nuestra comprensión de él. Así como el científico sabe que él sólo comprende una pequeña parte del universo que está tratando de estudiar, así también el estudiante de religión debe darse cuenta que él es como un niño frente a las grandes verdades pertenecientes a Dios. Aun cuando los términos propios de la religión hayan estado con nosotros por largo tiempo, siempre debemos tratar de seguir profundizándonos en cuanto a su significado. Son tan ricos en acepciones, que ninguno de nosotros puede decir, al menos en esta vida, que ha agotado su explicación. El evangelio de Jesucristo puede ser comparado a un fresco manantial de agua surgente de la montaña. Está allí antes de que el sediento alpinista lo encuentre. Una vez allí, se inclina para beber libremente y se siente aliviado. Pero no se bebe toda el agua, sino que puede volver a la fuente y beber una y otra vez. El evangelio está allí para nuestro estudio. Cuando tenemos la sed y humildad suficientes participamos de él y nos sentimos aliviados de mente y corazón. Nunca lo agotamos. Sigue fluyendo como si estuviera esperando que el espíritu humilde beba de él. En los capítulos que siguen no pretendemos presentar la religión de los Santos de los Últimos Días en su totalidad. Esto lo sabemos aun antes de comenzar el trabajo. La religión que Jesucristo enseñó es más "grande y más hermosa que nuestra comprensión de ella. Nuestro estudio debe ser considerado solamente como una introducción, como una guía, para un estudio adicional. ¿Por qué, pues, lo hemos escrito? Porque se nos ha pedido que preparemos un curso de estudio para los investigadores. Esto lo hacemos con gusto, porque hemos llegado a apreciar profundamente el evangelio de Jesucristo como lo hemos aprendido en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Esta pequeña obra puede ayudar a algún lector a enriquecer su comprensión del evangelio de Jesucristo. Si así sucede, habrá cumplido con su propósito. Estudiante, maestro, escritor, seamos, pues, todos juntos, estudiantes, cuando consideremos este breve curso de estudios.

NUESTRO CAMPO DE ESTUDIOS
La religión de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es una materia extensa y compleja. Para su claridad y comprensión hemos dividido el tema en cuatro partes: I. Las doctrinas de la Iglesia. II. La naturaleza y obra de la Iglesia. III. Algunas características básicas de la vida de los Santos de los Últimos Días. IV. El origen y posición de la Iglesia entre las otras religiones del género humano. Presentaremos una breve descripción de cada una de estas divisiones.

I. LAS DOCTRINAS DE LA IGLESIA.
Teología es el estudio sistemático de las doctrinas o creencias de una iglesia. El término en sí es de origen griego y significa "estudio de Dios". El corazón de la teología comprende un estudio de Dios, el universo y el hombre. La teología cristiana comprende también un estudio de la doctrina de Cristo y el medio de traer la salvación a los hijos de los hombres. En esta parte más extensa de nuestro curso de estudios, presentaremos las creencias básicas de los Santos de los Últimos Días, sobre: (1) la naturaleza, personalidad y obra de Dios; (2) la naturaleza, personalidad, propósito y destino del hombre, y (3) la vida y misión de Jesucristo. En nuestro estudio también se dará una descripción de las relaciones del hombre con Dios, Cristo y sus semejantes. El estudio de la teología es una tarea larga y algo dificultosa. No sólo se necesitan humildad e inspiración,
6

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO sino también sentido común y sabiduría. Nuestro propósito en este estudio es presentar las doctrinas fundamentales de la Iglesia tan simple y claramente como sea posible. Trataremos de evitar la tendencia común de muchos de nosotros de meditar exageradamente y enredarnos en misterios, "en cosas que no conducen a la edificación". Es importante también en nuestro estudio de teología tratar de ver las cosas como un todo y relacionar las ideas entre sí. Ninguna idea puede sostenerse aparte. Es cuando las ideas se encuentran y viven en sociedad que llegan a constituirse en verdades. Nuestra meta en este estudio será buscar un completo conocimiento de la vida, una comprensión de Dios, del hombre y de Cristo y cómo se relacionan entre sí. Cuando un hombre de negocios piensa en su trabajo, no toma cada problema por separado, sino que lo considera como partes de un todo. Solamente así puede trabajar inteligentemente y con éxito. Igual cosa pasa con el trabajo del agricultor, del doctor o del ama de casa. Es igualmente importante como guía para el estudiante de teología. La teología es por naturaleza racional y abstracta. Las definiciones y declaraciones de creencia forman la materia. Puede, por lo tanto, resultar técnica, seca y fría. En la Biblia y en las otras Escrituras de los Santos de los Últimos Días, la teología no está nunca separada de la vida. La importancia principal de las Escrituras no es teológica, sino religiosa, pues los escritores inducen a los hombres a adorar y servir a Dios y tratar con justicia y con misericordia a sus semejantes. En nuestro estudio deseamos estar de acuerdo con las Escrituras en esta parte de la teología funcional. Deseamos ver la teología como fuerza vital en nuestra vida diaria. En resumen, el estudio de la teología en la primera parte de este manual tratará sobre nuestras doctrinas fundamentales, relacionadas con Dios, Cristo y el hombre. Procuraremos una representación en total y no estudiaremos la teología en una forma abstracta, sino para que sea alimento y bebida en nuestras vidas diarias.

II. LA IGLESIA
En la segunda parte de este curso estudiaremos la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. No debemos confundir la Iglesia con la teología, ni con la capilla o lugar de reunión. La Iglesia, igual que la familia, el estado, el ejército o una corporación, es una institución social. Puede ser definida como un conjunto de creyentes, organizados y autorizados para llevar a cabo los fines de Dios en las vidas de los hombres. La característica sobresaliente de la Iglesia es su propósito religioso y los poderes y métodos peculiares que tiene para lograr su propósito divino. La religión es algo más que un asunto personal. Dios quiere que los hombres la adquieran juntos, dándose el uno al otro sostén moral y amistad en la gran aventura de vivir la religión. Los Santos de los Últimos Días conocen los beneficios y el gozo de trabajar juntos en la obra de Dios. Después de haber estudiado la doctrina de la Iglesia, será interesante estudiar la Iglesia misma, el instrumento social, el medio por el cual estamos tratando de llevar a cabo la doctrina en la vida diaria.

III. ALGUNAS CARACTERÍSTICAS DEL MODO "MORMON" DE VIVIR.
Los Santos de los Últimos Días no son solamente un cuerpo de creyentes con un propósito y con creencias y doctrinas; somos también un pueblo con una historia y con una cultura propia. De la unión de credo, vida religiosa e historia, surge lo que podemos llamar el genio del "Mormonismo" o el modo de vida de los Santos de los Últimos Días. En la parte tercera de nuestro curso, trataremos de describir algunos de los ideales y peculiaridades de la vida de los Santos de los Últimos Días, que necesitan ser comprendidos para apreciarla, no sólo como es, sino como aspira a ser, porque nosotros vivimos muy lejos del ideal.

IV. EL ORIGEN Y POSICIÓN DE LA IGLESIA ENTRE LAS OTRAS RELIGIONES DEL GENERO HUMANO.
Habiendo estudiado previamente las creencias, organización y prácticas de la Iglesia y el modo de vivir de los Santos de los Últimos Días, en la cuarta parte hablaremos del origen de la Iglesia. ¿Cómo nació? ¿Qué lugar ocupa la Iglesia de Jesucristo entre las religiones cristianas y entre las otras religiones del género humano? ¿Cuál es la misión de la Iglesia? ¿Qué hay más allá? ¿Qué es lo que Dios quiere llevar a cabo por medio de su pueblo? Nuestro estudio terminará con comentarios de estos temas y otros igualmente importantes.

7

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capítulo 2 EL SIGNIFICADO Y VALOR DE LA FE
El hombre religioso anda por la fe. Así como el artista vive por la expresión de belleza o el científico por la búsqueda de conocimiento, la persona de convicción religiosa vive por la fe. Nada es más fundamental para la religión que la fe, a no ser el amor. Y se puede demostrar fácilmente que el amor es, en parte, el fruto de la fe. La fe es la fuerza dinámica que ilumina las páginas de la historia religiosa. Los grandes hombres de los tiempos bíblicos desde Abraham, Moisés, David, Amos, hasta Jesús, Pedro y Pablo, fueron hombres de fe. El característico llamado de la fe llegó a Abraham, padre de naciones: Empero Jehová había dicho a Abraham: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré; Y haré de ti una nación grande, y bendecirte he, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición: Y bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré: y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. (Génesis 12:1-3) Y Pablo, escribiendo a los Romanos cerca del final de su valiente carrera como misionero y mártir en la causa de Cristo, habla de su fe cristiana en estas palabras: Por lo cual estoy cierto que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, Ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna criatura nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro. (Romanos 8:38-39) Jesús habló una y otra vez sobre la fe, algunas veces en tono de reproche, pero más a menudo como consuelo y aliento. ¡ Cuan familiares son algunas de sus enseñanzas! Tu fe te ha salvado, ve en paz Porque de cierto os digo que si tuvierais fe como un grano de mostaza . . . nada os será imposible. ¿Qué es de vuestra fe? Hombres de poca fe. No todos pueden aceptar el principio de la fe tal como Jesús y los profetas lo hicieron. En nuestra época mucha gente mira con escepticismo la religión, porque la mayor parte parece basarse en la fe. Para ellos la fe es algo vago, misterioso o irreal, una invención de la imaginación y cuando más un mal substituto del conocimiento. Desde el momento en que la fe desempeña un papel tan vital en la religión, es importante que la investiguemos desde el principio. Necesitamos contestar algunas preguntas: ¿ Significa el cimiento de la fe que la vida religiosa, como una casa, está edificada sobre la roca o sobre la arena? ¿Es una debilidad vivir por la fe? ¿La actitud de fe es particular de la religión? ¿Es la fe un torpe substituto del conocimiento? Para contestar estas y otras preguntas similares debemos, ante todo, definir el significado de la fe.

EL SIGNIFICADO DE LA FE
Nosotros entendemos mejor las cosas al compararlas y por contraste con otras cosas que nos son familiares o conocidas. Tenemos, por lo tanto, tres términos que suelen usarse en relación el uno con el otro: conocimiento, creencia y fe. Conocimiento es percatarse de las cosas a través de la experiencia verificada y repetida. Nosotros decimos que conocemos una cosa cuando ha sucedido una y otra vez en circunstancias semejantes. La hemos visto repetidas veces con nuestros propios ojos, la hemos oído con nuestros propios oídos, y hemos podido comunicar inteligentemente esta experiencia común a otras personas. El conocimiento, como suele usarse, es el fruto de la experiencia y el pensamiento. Es racional. Está basado en experiencias que son interpretadas por la mente. Tenemos confianza en el conocimiento, en las cosas que han sucedido una y otra vez en condiciones análo8

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO gas. Sabemos que los días siguen a las noches (en las zonas templadas) que la primavera sigue al invierno y que la muerte viene después del nacimiento. Sabemos que dos más dos son cuatro. Hemos usado este concepto desde que comenzamos la escuela. La creencia está íntimamente ligada al conocimiento. Es también producto del pensamiento y la observación. La creencia no es tan exacta como el conocimiento. Decimos que creemos que algo sucederá cuando no estamos suficientemente seguros para decir que "sabemos". La creencia es como un niñito que está aprendiendo a caminar. No está seguro de sus pasos. Cuando una persona dice que cree que va a llover, es porque no está segura. Quiere decir que se supone que va a llover, o más bien que no habrá un cielo despejado. La creencia es un estado mental en el que el hombre no tiene suficiente conocimiento o experiencia para estar seguro. No sabe. Está pensando en condiciones de posibilidad o probabilidad que dependen de la certeza de su creencia. De modo que la creencia y el conocimiento pertenecen a la misma familia. Ambas constituyen conclusiones racionales, conclusiones intelectuales de una clase u otra, de las cuales la creencia es la más débil y menos segura de estos dos estados mentales. La fe es algo completamente diferente del conocimiento así como de la creencia. Esto se indica en dos afirmaciones sobre la naturaleza de la fe que se encuentran en las Escrituras: Es pues la fe la sustancia de las cosas que se esperan, la demostración de las cosas que no se ven. (Hebreos 11:1) …..fe no es tener un conocimiento perfecto de las cosas; de modo que si tenéis fe, tenéis esperanza en cosas que no se ven, y que son verdaderas. (Alma 32:21. También 17-21) En estas declaraciones la fe se identifica con la esperanza. Cuando hay fe esperamos cosas que aún no hemos visto, experimentado o comprendido a través de experiencias repetidas y verificadas. La esperanza es uno de los ingredientes de la fe. Puede considerarse como una forma débil e imperfecta de la fe, la cual sin embargo, nos indica el carácter esencial de la fe. La fe, por el contrario de la ciencia y el conocimiento, es esencialmente emotiva, un estado afectivo que queda entre la esperanza y la certidumbre o seguridad completa. Cuando vivimos por la fe sentimos que algo que no vemos es real o que algo que no ha sucedido va a suceder. Por ejemplo, una pareja joven va a casarse. El conocimiento que tienen del uno y del otro y del matrimonio es limitado. Su casamiento es un acto de fe en ellos mismos y en lo futuro. Tienen la esperanza y se sienten seguros de que la experiencia resultará feliz. No lo saben racionalmente, con seguridad. La fe, al contrario que el conocimiento, siempre mira hacia lo futuro. Nosotros sabemos cosas de lo pasado, y de lo futuro sólo sabemos que se repetirá algo de lo pasado, como el curso de las estrellas arriba en los cielos. Con la fe y por la fe traspasamos el conocimiento y nos hallamos frente a lo futuro, aquello que "ojo no vio, ni oreja oyó", lo desconocido, lo aún no sucedido, lo que aún va a ser. Donde el conocimiento no nos basta, no tenemos otra alternativa que vivir por fe. La fe, al contrario que el conocimiento, siempre implica acción. Tenemos muchas creencias, las cuales no expresamos en acciones. Yo puedo creer que algún día, los habitantes de la tierra llegarán a Marte. Es puramente especulación intelectual o fantasía. Mi campo de acción no es ni la física ni la astronomía. No hago nada en cuanto a mi creencia. Uno puede creer que un automóvil Cadillac es preferible a un Lincoln o viceversa. Pero como no se está en situación de comprar ni uno ni otro, la idea permanece en el campo de la creencia. En contraste, el hombre vive por su fe. La fe es la creencia transformada en acción, el sentimiento que lo impulsa a uno a hacer algo, a trabajar, a vivir, como si algo fuera verdad o pudiera llegar a ser verdad. Así escribió Santiago: Así también la fe, si no tuviere obras, es muerta en sí misma. (Santiago 2:17) La fe sin obras es solamente creencia. Tan pronto como actuamos, nuestra creencia se transforma en fe. Este pensamiento está bien enunciado en lo siguiente: La fe es al mismo tiempo una afirmación de la verdad y la sumisión a la verdad afirmada. Alejada de lo primero sería ciega; alejada de lo segundo no tendría significación práctica. Encyclopedia of Religión and Ethics, por Morgan.

9

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

FE Y CONOCIMIENTO
La fe y el conocimiento son elementos esenciales en la vida del hombre. Cada cual tiene sus limitaciones características, así como su fuerza especial. Consideremos los méritos de cada uno en relación con el otro. Esto nos ayudará a apreciar a ambos. El conocimiento tiene algunas ventajas que la fe no tiene. Está basado en repetidas experiencias pasadas y en la observación, y así trae un sentido de seguridad y de certidumbre a la propia vida. Elimina, por lo tanto, mucha de la superstición y el miedo, y nos permite contender con éxito en muchos aspectos de nuestras actividades. En los días de los pioneros, una madre vio morir de difteria a sus cinco hijos en el breve espacio de tres semanas. Por tener mayor conocimiento de la naturaleza y dominio de la difteria, hoy en día vacunamos a los niños y no nos preocupamos gran cosa por esta enfermedad. El hecho de que la causa y la cura de otras enfermedades, como el cáncer y la poliomielitis, aún no se han establecido nos hace sentirnos inseguros en relación a ellas. El conocimiento es más tangible, más real, más específico y concreto. Es generalmente algo definido, comprensible y, por lo tanto, comunicable. Las ideas son más constantes que las emociones y se prestan más a la descripción y comunicación. Vivimos en un mundo de cosas, personas y leyes. El conocimiento es el modo más práctico de vivir en nuestro mundo. La ignorancia es ciega y fácilmente puede conducirnos a serios desarreglos y frustraciones. Por lo tanto, la persona sabia es la que busca la verdad en toda esfera importante de la vida. Bien dijo Jesús a Pilato: ... Para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. (Juan 18:37) Y en otra ocasión les habló palabras semejantes a aquellos que creían: .. Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os libertará. (Juan 8:31-32)* Jesús sabía que nosotros necesitábamos vivir tanto por el conocimiento como por la fe y El tenía la confianza de que conocía las leyes importantes para la vida espiritual y moral del hombre. Algunos pasajes importantes de las Escrituras de los Santos de los Últimos Días que destacan la importancia del conocimiento son los siguientes: Es imposible que el hombre se salve en la ignorancia. (Doctrinas y Convenios 131:6) La gloria de Dios es la inteligencia, o en otras palabras, luz y verdad. (Doctrinas y Convenios 93:36) Y por cuanto no todos tienen fe, buscad diligentemente y enseñaos el uno al otro palabras de sabiduría; sí, buscad palabras de sabiduría de los mejores libros; buscad conocimiento tanto por el estudio como por la fe. (Doctrinas y Convenios 88:118) Pero bueno es ser sabio, si se obedecen los consejos de Dios. (2 Nefi 9:29) El conocimiento es esencial para entender la vida, para satisfacer las necesidades y aspiraciones humanas. En cada esfuerzo digno debemos buscar el conocimiento y no conformarnos hasta encontrarlo. El progreso en cualquier campo, en la medicina, en la ingeniería, en la agricultura y también en la vida religiosa depende en gran parte del conocimiento de las leyes de la naturaleza y de Dios, y su aplicación en la vida .humana. No debemos conformarnos con vivir sólo por la fe, si podemos obtener conocimiento. Es mejor que sepamos cuánto combustible hay en el tanque y no que sigamos sólo por la fe. Mejor que sepamos que nuestro futuro socio en el negocio es honrado y capaz, y no que entremos en sociedad con él sólo por la fe. Es mejor que una joven sepa a través de la evidencia concreta que su futuro esposo es ambicioso, trabajador y honrado, y no que se conforme con ejercitar una simple fe en estos y otros atributos personales semejantes. La fe es un substituto inadecuado del conocimiento, cuando el conocimiento se puede obtener. El conocimiento tiene sus limitaciones. Está ligado con lo pasado y aunque arroja su luz sobre lo presente y lo futuro, no es nunca suficiente para satisfacer las demandas de ambos. Lo desconocido siempre deslumhra más que lo conocido. Y aquí es donde entra la fe, no para desplazar al conocimiento, no para competir con él, sino para guiarnos más allá de sus límites. La fe tiene sus ventajas y sus desventajas en relación con el conocimiento. No es siempre tan segura como
10

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO aquél. Algunas veces nosotros ponemos nuestra fe en una persona equivocada o en una idea errónea y entonces nos desilusionamos y algunas veces resultamos heridos. La fe es también más difícil de comunicar a otros, porque es más personal y abstracta, es más bien asunto de sentimiento e intuición. En cambio, la fe es más arriesgada que el conocimiento. Es una actitud hacia la vida para el joven de corazón, para el valiente, para el atrevido, para aquellos que confían en la vida y todas sus maravillosas posibilidades. El conocimiento está ligado con lo pasado, la fe con lo futuro. Las cosas más interesantes sobre el conocimiento son su búsqueda y su aplicación en la vida. Ambas cosas, la búsqueda y la aplicación, están íntimamente relacionadas con la fe. El conocimiento, una vez aprendido y practicado, se convierte en repetición. En el reino del conocimiento nos adaptamos a la vida; en el reino de la fe creamos la vida. La modelamos de acuerdo con la imagen que llevamos en nuestro propio corazón o imaginación. La gente de fe forma y modela la vida de acuerdo con la imagen de su propia fe. Donde hay una fe fuerte como la que poseyeron Jesucristo, Pasteur, Washington, Lincoln y los Curie, la vida se hace mejor, por motivo de su visión de fe que se cumplió en el conocimiento y la historia. Como ha dicho William James: "Tener fe es sentir que lo posible excede a lo real". Por fe, nosotros actuamos sin saber el resultado de nuestra acción, pero con la seguridad que se realizará de acuerdo con nuestra esperanzado visión. Así la gente de fe continúa extendiendo el horizonte del conocimiento para llevar a cabo más hechos buenos, de conformidad con el objeto y calidad de su fe.

LA FE ES ESENCIAL
Debemos tener fe para vivir hoy y esperar aquello que vendrá mañana. En la vida, una fe íntegra es tan importante como el conocimiento, y viceversa. No tenemos necesidad de elegir entre los dos. Necesitamos ganar todo el conocimiento que podamos y luego, guiados por la fe, avanzar más allá de sus límites. Y haremos bien si dejamos que nuestra fe se entere de toda la experiencia y conocimiento disponibles, y obramos de acuerdo con ella, no sea que nuestra fe se vuelva ciega y nunca llegue a realizarse. La pregunta importante no es: ¿ Viviremos por la fe? Así debe ser. La pregunta importante es: ¿En qué tendremos fe? Otra pregunta similar es: ¿En qué se diferencian la fe religiosa y la fe experimentada en otros campos de la vida, como la ciencia, el arte y la vida diaria ? En nuestra próxima lección trataremos estas preguntas.

11

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capítulo 3 LA FE RELIGIOSA
La fe, como se ha definido en el capítulo anterior, no está limitada a la religión. En cada paso de la vida, viviendo en lo presente y mirando hacia lo futuro, necesariamente ejercitamos la fe esperando los acontecimientos y sucesos que todavía no conocemos. La actitud de fe es necesaria en todas las relaciones humanas, en el matrimonio, en los negocios, en los deportes, en la política, en la guerra, en la paz, en las enfermedades. Aun la ciencia y la filosofía, que destacan el valor del uso de la razón, están basadas sobre ciertas suposiciones de fe. El científico, por ejemplo, otorga gran valor a sus sentidos, creyendo que le informan con exactitud sobre el mundo que nos rodea. También cree en un mundo regido por leyes y orden, un mundo de causa y efecto. Cree que puede pensar y que su pensamiento es de valor. El opina que estas suposiciones han sido verificadas a través de la ciencia. Pero son presunciones aún. El médico supone que la vida es digna de ser vivida. No puede probarlo con toda su ciencia. Pero es la fe lo que sostiene todo su trabajo en la honrosa práctica de la medicina. La religión no tiene el monopolio de la fe. Ni es la experiencia de la fe en la religión completamente diferente de la experiencia de la fe en la vida diaria. En ambos casos estamos haciendo frente a lo futuro y lo desconocido con un sentimiento de esperanza y de seguridad. La fe religiosa se caracteriza en su mayor parte por la diferencia de propósito. Lo demostraremos en seguida.

CARACTERÍSTICAS DE LA FE RELIGIOSA
1. La religión es una fuente de fe, considerando la vida como un todo. En la vida diaria y en las ciencias especializadas, usualmente expresamos nuestra fe en alguna cosa o procedimiento particular. En la religión, por el contrario, está relacionada con el significado de la existencia total del hombre, su vida misma. ¿Es indiferente al destino del hombre, el universo que se cierne sobre nosotros, o hay un Ser inteligente que está desarrollando sus propósitos benignos en la vida humana? La mayoría de las religiones están basadas sobre la fe en que la vida no es cuestión de casualidad ni el resultado del trabajo de fuerzas impersonales, sino el fruto de la voluntad y sabiduría divinas. Por ejemplo: Jehová con sabiduría fundó la tierra; afirmó los cielos con inteligencia. Con su ciencia se partieron los abismos y destilan el rocío los cielos. Hijo mío, no se aparten estas cosas de tus ojos; guarda la ley y el consejo; y serán vida a tu alma y gracia a tu cuello. Entonces andarás por tu camino confiadamente y tu pie no tropezará. Cuando te acostares no tendrás temor; antes te acostarás, y tu sueño será suave. No tendrás temor de pavor repentino, ni de la ruina de los impíos cuando viniere. Porque Jehová será tu confianza y él preservará tu pie de ser preso. (Proverbios 3:19-26) La fe religiosa que se encuentra en las Escrituras, se caracteriza por su consideración del universo como un todo y el significado de la vida del hombre en él. En los Salmos se destaca esta clase de fe una y otra vez: Oh, Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme, has entendido desde lejos mis pensamientos. Mi senda y mi acostarme has rodeado, y estás impuesto en todos mis caminos. Pues, aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh, Jehová, tú la sabes toda. Detrás y delante me guarneciste, y sobre mí pusiste tu mano. Más maravillosa es la ciencia que mi capacidad; alta es, no puedo comprenderla. ¿Adonde me iré de tu espíritu? y ¿adonde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos allí estás tú; y si en abismo hiciere mi estrado, he aquí allí tú estás. Si tomare la alas del alba y habitare en el extremo de la mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra. Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; aun la noche resplandecerá tocante a mí. Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día: lo mismo te son las tinieblas que la luz. (Salmos 139:1-12) La misma fe se manifiesta en un expresivo pasaje del Libro de Mormón: Por tanto, hermanos, no queráis aconsejar al Señor, antes aceptad el consejo que viene de su mano. Porque he aquí, vosotros mismos sabéis que él amonesta con sabiduría, y justicia, y gran clemencia en todas sus obras. (Jacob 4:10)
12

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO El hombre de fe religiosa cree que la vida es significativa y potencialmente buena, porque es la creación de Dios, que "amonesta con sabiduría, y justicia y gran clemencia en todas sus obras". Esta fe religiosa en el significado de la vida es definida eficazmente por un gran filósofo americano, quién escribió que la religión es la fe de que "las cosas que más importan en la vida no están a merced de las que importan menos". Esto parece darnos a entender que las cosas que el hombre ambiciona más y cree de mayor valor, tal como la verdad, la belleza, la bondad o el amor, la integridad y el conocimiento, no están a merced de las fuerzas de la naturaleza. Aunque toda la raza humana sobre la faz de la tierra fuera destruida por una catástrofe natural o producida, la verdad, la belleza y la divinidad persistirían. Son algo más que cualidades humanas. Son atributos de Dios, y podemos agregar que también pertenecen a las mentes de los hombres, que pueden sobrevivir y sobreviven a la muerte. De acuerdo con nuestra fe cristiana, la vida del hombre sobre la tierra tiene un propósito y es parte de un plan divino y eterno. Y aunque no tenemos las respuestas para muchas cosas, nuestra religión nos sostiene en nuestra actitud positiva de tener fe en la vida. La religión de los Santos de los Últimos Días es extremadamente fuerte y afirmativa en su aceptación de la vida como un todo. Esto se demostrará claramente en las próximas lecciones. 2. La segunda característica de la fe religiosa, muy íntimamente ligada con la primera, es lo que podemos llamar una dedicación total. Así como la religión es una actitud de fe en el propósito y significado completo de la vida, es también una completa y total obligación hacia su fe por parte del verdadero creyente. En la vida diaria nos dedicamos siempre a alguna tarea o cumplimos con una obligación incontables veces. Firmamos contratos, nos inscribimos en un curso de estudios, prometemos amar, honrar y estimarnos el uno al otro en el matrimonio o protestamos nuestra fidelidad a la constitución de nuestro país. Todas estas son obligaciones específicas e individuales que asumimos, algunas de corta duración. Ninguna de ellas abarca nuestro concepto de la vida en total. Fe religiosa significa la dedicación de toda la vida de uno, "a la búsqueda, reverencia y servicio" del objeto de su fe, para cumplir el gran propósito de la vida. Religión significa una dedicación de todo el "yo" a aquello que es supremo, sublime y mejor en la vida y en el universo. La fe religiosa no es una lealtad parcial, temporaria o limitada. Es la dedicación a la vida entera, en el sentido espiritual más alto, ahora y para siempre, si esa fe religiosa es verdadera. Las Escrituras con frecuencia indican y aconsejan esta sumisión completa. Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es: y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todo tu poder. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón: y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes: y has de atarlas por señal en tu mano y estarán por frontales entre tus ojos: y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus portadas. (Deuteronomio 6:4-9) Y preguntó uno de ellos, intérprete de la ley, tentándole y diciendole: Maestro, ¿cuál es el mandamiento grande en la ley? Y Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente. Este es el primero y el grande mandamiento. Y el segundo es semejante a éste, amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. (Mateo 22:35-40) ¡Oh, recuerda, hijo mío, y aprende sabiduría en tu juventud; sí, aprende en tu juventud a guardar los mandamientos de Dios! Sí, y pide a Dios todo tu sostén; sí, sean todos tus hechos en el Señor, y dondequiera que fueres, sea en el Señor; sí, dirige al Señor tus pensamientos; sí, deposita para siempre en el Señor el afecto de tu corazón. Consulta al Señor en todos tus hechos, y el te dirigirá para bien; sí, cuando te acuestes por la noche, acuéstate en el Señor, para que él te cuide mientras duermes; y cuando te levantes en la mañana, rebose tu corazón de gratitud hacia Dios; y si haces estas cosas, serás exaltado en el postrer día. (Alma 37:35-37) Lo completo que la convicción religiosa debe ser está ilustrado en las palabras de Jesús a Nicodemo, que vino a El de noche deseando saber cómo podía entrar en el reino de Dios. Jesús le dijo: "De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios" (Juan 3:3). Nicodemo se sintió confundido, pensando que Jesús quería decir nacer otra vez de su madre en la carne. Pero Jesús se refería al descubrimiento de una nueva fe, la transformación en una nueva persona, desde el punto de vista moral y religioso, llevando una nueva vida espiritual. El bautismo por inmersión y el don del Espíritu Santo son los medios de dar testimonio y ayudar al hombre a renacer espiritualmente. 3. La fe religiosa es idealista y posee aspiraciones. Todas las grandes religiones de la humanidad están
13

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO esforzándose por ayudar a los hombres a ser mejores personas, a vivir en un alto nivel moral, a abandonar el odio, la avaricia, el egoísmo, y a ser justos, bondadosos y misericordiosos con sus semejantes. La exhortación de Dios, por boca de Isaías, es un ejemplo de esta característica de la fe religiosa: Layad, limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de ante mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer bien; buscad juicio, restituid al agraviado, oíd en. derecho al huérfano, amparad a la viuda. (Isaías 1:1617) Todo el Sermón del Monte en los capítulos 5 a 7 de S. Mateo es una exhortación a una vida idealista y noble y hasta le ofrece al hombre la oportunidad de ser como Dios en su imparcialidad y amor: "Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto". (Mateo 5:48; también los versículos 43-48) La fe en el mejoramiento de la naturaleza humana, en la perfección del hombre, por más desalentadora, corta o lenta que sea, se halla en los credos de los hebreos, los primeros cristianos, los Santos de los Últimos Días. Esto no sólo es cierto entre los individuos, sino es también la meta de la sociedad. Los profetas de Dios se han ocupado continuamente en el establecimiento de un pueblo justo de Sión, una condición social entre los hombres en la cual pueden prevalecer la justicia, la misericordia, la paz y la buena voluntad. Por ejemplo: Y acontecerá en los postreros tiempos que el monte de la casa de Jehová, será constituido por cabecera de montes, y más alto que los collados y correrán a él pueblos. Y vendrán muchas gentes y dirán: Venid y subamos al monte de Jehová, y a la casa del Dios de Jacob; y ensefiaránps en sus caminos y andaremos por sus veredas: porque de Sión saldrá la ley y de Jerusalem la palabra de Jehová. Y juzgará entre muchos pueblos y corregirá fuertes gentes hasta muy lejos; y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces; no alzará espada gente contra gente, ni más se ensayarán para la guerra. Y cada uno se sentará debajo de su vid y debajo de su higuera y no habrá quien amedrente; porque la boca de Jehová de los ejércitos lo ha hablado. Bien que todos los pueblos anduvieren cada uno en el nombre de sus dioses, nosotros con todo andaremos en el nombre de Jehová nuestro Dios para siempre y eternamente. (Miqueas 4:1-5) 4. Otra característica de la fe religiosa es ésta: Comprende la voluntad, exige una gran acción moral y espiritual en la vida del individuo. La fe religiosa impulsa todo el esfuerzo moral de uno a obrar. Cuando en la ciencia, desarrollamos por la fe una hipótesis para demostrar un hecho, estamos ejercitando la imaginación, actuando por medio de intuición intelectual y curiosidad. Cuando actuamos en los negocios por la fe, lo hacemos con el propósito de ganancia o quizá con el espíritu de aventurar. Ni en los negocios, ni en la ciencia necesita el hombre ejercitar su capacidad moral o espiritual. La fe religiosa, por el contrario, pide más dominio personal, más auto-disciplina, más humildad, arrepentimiento, paciencia y otros atributos de carácter. 5. En otros aspectos la fe religiosa no siempre es fácil de comprobar. En los grandes principios de la religión debemos marchar siempre por la fe. En la religión, algunos principios pueden ser^ verificados por medio de la experiencia y observación en la ^ vida diaria. No necesitamos aceptar por fe la religión en total. Aprendemos de la historia y por la experiencia personal los frutos del odio, avaricia, egoísmo, robo y otras cosas malas, y también los buenos frutos de la bondad, misericordia, honradez y amor- Nuestra fe en los ideales de la religión puede ser verificada una y otra vez y de este modo llegar al conocimiento.

SENDEROS HACIA LA FE
1. En cuanto a nuestra fe en la inmortalidad y en Dios, siempre andaremos por la fe. Esta fe puede crecer y transformarse de esperanza en certidumbre. Y el espíritu de Dios o el Espíritu Santo, puede testificar a nuestros corazones y darnos gran seguridad. Pero aún debemos ejercitar la fe en las cosas que no hemos visto, oído o sabido en la misma forma concreta y objetiva por la cual podemos saber los principios de la vida religiosa. Hay una luz y una influencia proveniente de Dios que inclina las mentes y los corazones de los hombres a creer y querer hacer lo bueno. Porque he aquí, mis hermanos, os es concedido juzgar, a fin de que podáis discernir el bien del mal; y tan palpable es la manera de juzgar, a fin de que podáis discernir con perfecto conocimiento, como la luz del día lo es de la obscuridad de la noche. Pues he aquí, a todo hombre se da el Espíritu de Cristo para que pueda distinguir el bien del mal; por tanto, os estoy enseñando la manera de juzgar; porque todo lo que invita a hacer lo bueno y persuade a creer en Cristo, es enviado por el poder y el don de Cristo; y así podréis saber, con un conocimiento perfecto que es de Dios. Así pues, os suplico, hermanos, que busquéis diligentemente según la luz
14

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO de Cristo, para que podáis distinguir el bien del mal; y si os allegáis a todo lo que es bueno, y no lo condenáis, ciertamente seréis hijos de Cristo. (Moroni 7:15-16-19) Está en el poder del hombre el rechazar o recibir la influencia del Espíritu de Dios. El don de la fe, como los músculos, se fortalece con el uso y se debilita cuando se abandona. 2. El segundo camino hacia la fe es el estudio. Las Escrituras contienen muchas historias hermosas, muchos ejemplos, muchos sabios consejos; muchas evidencias de los hechos de Dios con sus profetas y grandes verdades a las cuales nuestros corazones responden con fe. Nuestra experiencia durante la vida confirmará mucho de lo que hemos leído en las Escrituras y el Espíritu de Dios siempre nos dará testimonio de su verdad y de su obra. Esto no sucederá, sin embargo, a menos que nosotros nos entreguemos al Verbo y nos transformemos en receptores de su influencia. Jesús dijo: "Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá." (Mateo 7:7) 3. Un modo seguro de edificar la fe es vivir por la fe. Así como sabemos el sabor de las cosas por medio del gusto, así también podemos llegar a sentir y saber en nuestros corazones la verdad y poder de la religión por participar de ella. Jesús dijo "a los Judíos que le habían creído: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad y la verdad os libertará." (Juan 8:31-32) Y al medio de la fiesta subió Jesús al Templo, y enseñaba. Y maravillábanse los Judíos, diciendo: ¿Cómo sabe éste letras, no habiendo aprendido? Respondióles Jesús, y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aauél que me envió. El que quisiere hacer su voluntad, conocerá de la doctrina, si viene de Dios o si yo hablo de mí mismo. El que habla de sí mismo, su propia gloria busca; mas el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia. (Juan 7:14-18) Uno aprende el valor del trabajo por trabajar; del alimento, por comer; y uno aprende el valor de la fe, ejercitándola, del amor, tratando de amar a sus semejantes. Con todo, si uno quiere tener fe en Dios, debe decirse a sí mismo: "Puede ser que El viva. Probaré la idea. Haré su voluntad. Leeré las Escrituras, especialmente la vida de Jesús. Trataré de vivir como El dice que Dios quiere que yo viva. Si hay algo en la religión al menos le daré oportunidad de que entre en mi vida." Esta necesidad del crecimiento gradual de la fe está explicada en un interesante capítulo del Libro de Mormón. El autor es imparcial. Sugiere solamente que uno desarrolle bastante creencia para hacer un experimento con la fe. Leamos cuidadosamente estas palabras: Mas he aquí, si despertáis y aviváis vuestras facultades hasta poner a prueba mis palabras, y ejercitáis un poco de fe, sí, aunque no sea más que un deseo de creer, dejad que este deseo obre en vosotros, hasta creer que hay lugar en vosotros para una porción de mis palabras. Compararemos, pues, la palabra a una semilla. Si dais lugar en vuestros corazones para plantar una semilla, y si es una semilla verdadera o buena, y no la echáis afuera por vuestra incredulidad, resistiendo al Espíritu del Señor, he aquí que empezará a germinar en vuestro pecho; y al percibir este crecimiento, empezaréis a decir dentro de vosotros: Esta semilla forzosamente es buena, o la palabra es buena, porque empieza a ensanchar mi alma y a iluminar mi inteligencia; sí, empieza a ser deliciosa para mí. He aquí ¿no aumentaría esto vuestra fe? Dígoos que sí; sin embargo, no ha llegado a ser un conocimiento perfecto. Mas he aquí, al paso que la semilla se hincha, brota y empieza a crecer, entonces tendréis que declarar que la semilla es buena; pues he aquí, se hincha y retoña y empieza a crecer. ¿Estáis seguros, entonces, de que es una semilla buena? Os digo que sí; porque toda semilla fructifica según su propia especie. Por tanto, si una semilla crece, es semilla buena; pero si no crece, he aquí que no es buena; por tanto, es desechada. Y, aquí, por haber probado el experimento y sembrado la semilla, y porque ésta se hincha, brota y empieza a crecer, sabéis por fuerza que la semilla es buena. Y he aquí ¿es perfecto vuestro conocimiento? Sí, vuestro conocimiento es perfecto en esta cosa, y vuestra fe queda inactiva; y es por motivo de que sabéis; porque no ignoráis que la palabra ha ensanchado vuestras almas, y también sabéis que ha germinado, que vuestra inteligencia empieza a iluminarse y vuestro entendimiento a desarrollarse. Luego, ¿no es esto verdadero? Dígoos que sí, porque es luz; y lo que es luz, es bueno; porque se puede discernir; por tanto, debéis saber que es bueno; y he aquí, ¿es perfecto vuestro conocimiento después de haber gustado esta luz? He aquí os digo que no; ni tampoco debéis dejar a un lado vuestra fe, porque tan sólo habéis ejercitado vuestra fe para sembrar la semilla, a fin de llevar a cabo el experimento para saber si la semilla era buena. Y he aquí, a medida que el árbol empieza a crecer, diréis: Nutrámoslo con gran cuidado para que eche raíz, crezca y nos produzca fruto. Y he aquí, si lo cultiváis con mucho cuidado, echará raíz, crecerá y dará fruto. Mas si desatendéis el árbol,
15

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO y sois negligentes en nutrirlo, he aquí no echará raíz; y cuando el calor del sol llega y lo abrasa, se seca porque no tiene raíz, y lo arrancáis y echáis afuera. Y esto no fué porque la semilla no era buena ni tampoco porque su fruto no sería deseable; sino porque vuestro terreno era estéril y no quisisteis nutrir el árbol; por tanto, no podréis obtener su fruto. Asimismo, si no cultiváis la palabra, mirando adelante con el ojo de la fe, hacia su fruto, nunca podréis recoger el fruto del árbol de la vida. Pero si cultiváis la palabra, si mientras el árbol empieza a crecer lo alimentáis con vuestra fe, con gran diligencia y paciencia, teniendo esperanza en su fruto, echará raíz; y he aquí, será un árbol que brotará para vida eterna. Y a causa de vuestra diligencia, vuestra fe y paciencia en cultivar la palabra, para que eche raíz en vosotros, he aquí que con el tiempo recogeréis su fruto, el cual es sumamente precioso y más dulce que todo lo dulce, y más blanco que todo lo blanco, sí, y más puro que todo lo puro; y comeréis de este fruto hasta quedar satisfechos, y no tendréis hambre ni sed. Entonces, hermanos míos, recibiréis el galardón de vuestra fe, diligencia, longanimidad, esperando que el árbol os dé su fruto. (Alma 32:27-43)

16

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capítulo 4 DIOS VIVE
Dios es mucho mayor que la descripción más exacta que pudiéramos hacer de El. Su divina naturaleza y sublime personalidad sobrepujan nuestros conceptos. El aprender a conocerlo es una eterna búsqueda. Sabiendo esto nos acercamos al estudio de la naturaleza de Dios con un espíritu de reverencia y humildad, reconociendo que nuestra concepción más alta de Dios apenas puede indicarnos lo que El realmente es. La diferencia entre lo que Dios es y la idea que de El tenemos, está indicada es las siguientes Escrituras: Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos; y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. (Isaías 55:6-9) Creed en Dios; creed que existe, y que creó todas las cosas, tanto en el cielo como en la tierra; creed que él tiene toda sabiduría y todo poder, tanto en el cielo como en la tierra; creed que el hombre no comprende todas las cosas que el Señor puede. (Mosíah 4:9) En los últimos capítulos del Libro de Job (38 al 41:5), éste se ve constreñido a darse cuenta y reconocer lo poco que sabe él comparado con el conocimiento de su Creador. A la luz que irradian el conocimiento y la creación de Dios, Job confiesa: Por tanto yo denunciaba lo que no entendía; cosas que me eran ocultas, y que no las sabía. Por tanto me aborrezco y me arrepiento, en el polvo y en la ceniza. (Job 42:3-6) Aunque es verdad que nosotros no podemos conocer a Dios completamente y que siempre debemos ser humildes y reservados en nuestras declaraciones sobre El, es también importante que lleguemos a conocerlo hasta donde podamos. Poco tiempo antes de su prendimiento y juicio, el Salvador ofreció una hermosa oración al Padre a favor de sus discípulos y de todos los que creyeran en El. En ella dijo: Esta empero es la vida eterna, que te conozcan el solo Dios verdadero, y a Jesucristo, al cual has enviado. (Juan 17:3) Jesús también dijo, como respuesta a la pregunta, "Maestro, ¿cuál es el mandamiento grande en la ley (de Moisés) ?" Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente. Este es el primero y el grande mandamiento. (Mateo 22:37-38) ¿Cómo podemos amar sincera y completamente algo que no conocemos ni entendemos? Mientras que no conozcamos al Padre completamente, debemos tratar de crecer y aumentar en nuestro conocimiento acerca de El, porque el conocimiento y el amor de Dios es la raíz misma de nuestra fe cristiana. Nosotros reconocemos que es imposible saber todo acerca de Dios. Admitiendo este hecho, es importante, desde luego, que tengamos algún conocimiento de El, y que ese conocimiento sea lo más verdadero posible. El médico no conoce todo lo relacionado con el cuerpo humano. Esto lo sabemos con seguridad. Nuestra fe y esperanza estriba en que lo que él sabe sobre nuestro cuerpo sea verdad. Lo mismo sucede con nuestro conocimiento de Dios. Aunque sea limitado, debe ser verdadero todo lo que vayamos aprendiendo. Nuestro conocimiento de Dios debe concordar con lo que realmente es. Si no fuera así, ¿cómo podríamos amarlo y servirle provechosamente? Nuestro propósito en éste y algunos capítulos siguientes es destacar ciertas cosas importantes sobre Dios en las cuales los Santos de los Últimos Días creemos, cosas sobre las cuales podemos edificar, con completa seguridad, una vida moral y religiosa, en la cual podemos crecer y mejorar nuestras relaciones con Dios. El conocimiento que poseemos de Dios, nos ha llegado mediante la revelación que ha emanado de El y de los otros miembros de la Trinidad, y nos ha sido confirmado de muchas maneras por nuestro propio razonamiento y experiencia durante la vida.

17

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

DIOS ES UN SER PERSONAL
La palabra "Dios" es usada frecuente y libremente por los hombres en todos los campos. Representa muchas cosas: ley, mente, fuerza, naturaleza, amor, bondad, un Ser, la cosa de mayor estimación y aun lo desconocido. La misma palabra significa cosas diferentes en la mente del poeta, el científico, filósofo, profeta o aun para el hombre de la calle. En las enseñanzas del evangelio, tal como lo entienden los Santos de los Últimos Días^Dios no es una idea o un ideal abstracto; no es simplemente una ley, fuerza o naturaleza; ni es tampoco lo desconocido grande y misterioso. Es un Dios viviente, un Ser inteligente, consciente, sensible, una Persona a la cual le atribuímos las más altas cualidades personales: inteligencia, sentido creador, bondad, integridad, misericordia y amor. Todos los profetas nos han hecho sentir que Dios es real, una Personalidad con un propósito justo y definido. Piensa, propone, crea, ama, sufre y actúa. Para los Santos de los Últimos Días es Creador, Juez, Consolador y Padre. Estos apelativos no se aplican a una ley, principio, ideal o naturaleza. Si Dios no fuera un Ser personal, las oraciones no tendrían significado. La oración da a entender comunicación y respuesta entre dos personas. Nosotros no oramos a la naturaleza, a las leyes o a un ideal. Respecto de estas cosas, sencillamente tratamos de entenderlas y adaptarnos a ellas. Por el contrario, qué sentimiento personal e íntimo experimentamos cuando leemos este Salmo: Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará yacer: Junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; guiarame por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno; porque tú estarás conmigo: tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Aderezarás mesa delante de mí, en presencia de mis angustiadores: ungiste mi cabeza con aceite: mi copa está rebozando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida: y en la casa de Jehová moraré por largos días. (Salmo 23) En los Evangelios se muestra con claridad, cuan personal era el Padre para su Hijo Jesús: ¿Qué hombre hay de vosotros, a quién si su hijo pidiere pan, le dará una piedra? ¿Y si le pidiere un pez, le dará una serpiente? Pues si vosotros siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos, dará buenas cosas a los que le piden? (Mateo 7:9-11) Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro' pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal: porque tuyo es el reino, y poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén. (Mateo 6:9-13) En la historia del cristianismo se ha manifestado siempre la tendencia de privar a Dios de su personalidad, de hablar de El en términos sumamente abstractos, tales como lo Absoluto, la Primera Causa, etc. Esta tendencia ha conducido a pensar en Dios como algo completamente distinto de un hombre. Lo vemos ilustrado en este pasaje de un célebre estudio teológico de Juan Calvino, el gran teólogo de la Reforma Protestante : El hombre es completamente corrupto y miserable, y solamente puede sentirse humilde en la presencia de Dios, que es todo lo que no es. Conocer a Dios es sentirse estremecido de horror y admiración, porque entonces y solamente entonces, uno se da cuenta de su propia y verdadera personalidad. (Institutes, Libro II, Capítulo 3)

EL HOMBRE ES A IMAGEN DE DIOS
Los Santos de los Últimos Días sostienen una creencia sencilla, una fe que está clara y frecuentemente demostrada en las Escrituras. En la hermosa historia de la creación, la Biblia nos declara: Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces de la mar, y en las aves de los cielos, y las bestias, y en toda la tierra, y en todo animal que anda arrastrando sobre la tierra. Y crió Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo crió; varón y hembra los crió. (Génesis 1:26-27) El hombre es mucho menos que Dios, pero no completamente diferente. Por el contrario, el hombre es a verdadera semejanza de Dios; ha nacido para pensar, sufrir, ser libre, conocer el bien y el mal, porque "he aquí el hombre es como uno de Nos, sabiendo el bien y el mal" (Génesis 3:22); y para crear, para hacer el bien y para amar. El hombre es hecho a imagen espiritual de su Creador y Padre. La gloria del hombre es su individualidad;
18

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO se halla en las cualidades de su mente y corazón. Dios también es personal. Su gloria es también la gloria de su individualidad, inteligencia, libertad, creación, integridad y amor. Jesús habló de Dios con palpable significado personal. Para El Dios era un Padre amante y justo que vivía en los cielos. Jesucristo vino a vivir entre los hombres para revelarles la naturaleza y personalidad del Padre. Y así lo hizo por medio del precepto y del ejemplo. Sabía que así lo había hecho, como se manifiesta claramente en el Evangelio de Juan: No se turbe vuestro corazón: creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay: de otra manera os lo hubiera dicho: voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os aparejare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo: para que donde yo estoy, vosotros también estéis. Y sabéis a dónde yo voy; y sabéis el camino. Dícele Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas: ¿cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le dice: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí. Si me conocieseis, también a mi Padre conocierais: y desde ahora le conocéis, y le habéis visto. Dícele Felipe: Señor, muéstranos el Padre y nos basta. Jesús le dice: ¿Tanto tiempo ha que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo de mí mismo: mas el Padre que está en mí él hace las obras. Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí: de otra manera, creedme por las mismas obras. (Juan 14:1-11) Entre los hombres este pasaje se interpreta de diversas maneras. Algunos piensan que sólo significa que Dios es amor y, que Jesús, habiendo enseñado y vivido por al amor con tanta perfección, llegó a ser la revelación de Dios (o sea el amor) para con los hombres. Nosotros consideramos que esta interpretación es demasiado limitada. Dios es más que el amor; es también Creador, Revelador y Juez. Aun cuando el amor cristiano es tan grande, la propia personalidad de Jesús es mucho más extensa que lo que la sola acepción de "amor" puede significar. La personalidad no se encierra en una sola palabra, aunque ésta sea amor. Las personas también crean, piensan, aprenden y hacen buenas obras. Jesús fué la revelación de la personalidad de Dios en todos sus atributos. Los Santos de los Últimos Días vamos un poco más allá. No solamente se ha creado al hombre a la imagen espiritual de Dios, sino que también ha sido creado a la imagen física de Dios. Esto podrá resultar extraño y hasta alarmante para muchos, pero se les ruega esperar y suspender su juicio por un momento. Esto no significa que Dios es un hombre o que es a la imagen de un hombre. No, Dios no fué creado a imagen del hombre. Nosotros no transformamos a Dios en hombre; no humanizamos a Dios y le atribuímos las debilidades y limitaciones del hombre. Dios es mucho más que el hombre, pero éste ha sido creado a su imagen. En 1820, José Smith en humilde oración de fe, preguntó a Dios cuál era la verdadera fe cristiana. En respuesta a esta oración el joven recibió una manifestación celestial, en la cual le aparecieron el Padre y el Hijo. Esta es la descripción que hizo más tarde de esta experiencia: Al reposar la luz sobre mí, vi a dos Personajes, cuyo brillo y gloria no admiten descripción, en el aire arriba de mí. Uno de ellos me habló, llamándome por mi nombre, y dijo, señalando al otro: ¡Este es mi Hijo Amado: Escúchalo! (Perla de Gran Precio, pág. 46) El joven profeta se refirió al Padre y Hijo, con reverencia y humildad, diciendo: ". . . cuyo brillo y gloria no admiten descripción." Sin embargo, nos informó que Dios el Padre, así como Jesucristo, el Hijo, eran dos personajes o personas. El Profeta lo vio y lo oyó. Dios tiene la forma a cuya semejanza el cuerpo del hombre fué creado. Dios existe también en tiempo y en el espacio. Nosotros sus hijos, somos potencial-mente como él en naturaleza y en espíritu. En 1843, le fué declarado a José Smith en una revelación: El Padre tiene un cuerpo de carne y huesos, tangible como el del hombre; así también el Hijo; pero el Espíritu Santo no tiene un cuerpo de carne y huesos, sino que es un personaje de Espíritu. De no ser así, el Espíritu Santo no podría morar en nosotros. (Doctrinas y Convenios 130:22) Las manifestaciones bíblicas acerca del Padre o del Padre y el Hijo, las tomamos literalmente. Por ejemplo en el bautismo de Jesús se hace refencia al Padre: "Y he aquí una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento." (Mateo 3:17) En otra ocasión, cuando Esteban predicaba en los primeros días de la Iglesia Cristiana, sus oyentes, . . . crujían los dientes contra de él. Mas él estando lleno de Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios. Y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del
19

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO hombre que está a la diestra de Dios. (Hechos 7:54-56) De Moisés, fundador de la nación de Israel, bajo la autoridad de Dios, se ha escrito: Y nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, a quién haya conocido Jehová cara a cara. (Deuteronomio 34:10) Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero. (Éxodo 33:11) El hombre fué creado a la imagen de Dios, física y espiritualmente. Y aunque Dios es infinitamente más glorioso que el hombre en todo sentido, es con todo un hijo de Dios, hecho a su imagen y con posibilidades ilimitadas de desarrollarse y crecer a semejanza de aquel que es su Padre y Creador.

20

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capítulo 5 HAY TRES PERSONAS EN LA TRINIDAD
El primer Artículo de Fe de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días dice: Nosotros creemos en Dios, el Eterno Padre, y en su Hijo Jesucristo, y en el Espíritu Santo. Se trata de tres personas separadas, tan distintas una de otra como pueden serlo tres seres humanos cualesquiera. En los primeros credos de la cristiandad, se fundieron en una las personas de la Trinidad. Se hablaba de Dios el Padre como la parte invisible del Hijo, y del Hijo como la manifestación del Padre. Las tres personas en una, o una en tres llegó a ser el inexplicable misterio de Dios. Los Santos de los Últimos Días creemos que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son uno en propósito e influencia hacia lo bueno, pero que son personas separadas y distintas, cada cual con su propia personalidad, trabajo y misión, en lo que respecta al hombre. Dios el Padre es la inteligencia suprema, el director, adorado y honrado por Jesús, por el Espíritu Santo y por los hombres. Jesucristo es el Hijo de Dios, elegido para conducir a los hijos de los hombres, sus hermanos, hacia la salvación y la vida eterna. El Espíritu Santo da testimonio del Padre y del Hijo y guía a la humanidad a entender y vivir de acuerdo con las enseñanzas del Hijo. En esta lección trataremos de mostrar que la Biblia enseña claramente que hay tres personas distintas en la Trinidad. Después veremos con más exactitud en que sentido el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son uno.

TRES PERSONAS DIFERENTES
Como ya lo hemos indicado en el capítulo anterior, al tiempo del bautismo de Jesús, estuvieron presentes los tres miembros de la Trinidad, y se habla de ellos como de tres personas diferentes: Jesús fue bautizado en el río Jordán, y ". . . después que fué bautizado, subió luego del agua"; el Espíritu Santo estaba presente: "... y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él"; y el Padre habló desde los cielos: "Y he aquí una voz de los cielos que decía, Este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento. (Mateo 3:13-17). En el Evangelio de Juan, capítulos 14, 15, y 16, están registradas algunas de las declaraciones de Jesús poco antes de su crucifixión. Sabía de su muerte próxima. Sus discípulos, también debieron de haber presentido en cierto modo la tragedia de aquella hora, porque El les dijo: "No se turbe vuestro corazón: creéis en Dios, creed también en mí." (Juan 14:1) El tema principal de estos capítulos es el siguiente: Jesús está a punto de dejar a sus discípulos y volver al Padre, pero no los va a dejar solos, porque le pedirá al Padre que les envíe "el Consolador, el cual es el Espíritu Santo." Aquí se especifica clara y repetidamente que Jesús va a separarse de los Doce e ir al Padre, el cual les enviará el Espíritu Santo. Hemos seleccionado algunos pasajes de estos capítulos: Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: al Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce: mas vosotros le conocéis; porque está con vosotros y será en vosotros. (Juan 14:16-17) Estas cosas os he hablado estando con vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todas las cosas que os he dicho. (Juan 14:25-26) Empero cuando viniere el Consolador, el cual yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio de mí. (Juan 15:26) Empero yo os digo la verdad: Os es necesario que yo vaya: porque si yo no fuese, el Consolador no vendría a vosotros; mas si yo fuere os lo enviaré. Y cuando él viniere redargüirá al mundo de pecado, y de justicia y de juicio. (Juan 16:7-8) Jesús dijo: "Os es necesario que yo vaya: porque si yo no fuese, el Consolador no vendría a vosotros; mas si yo fuere os lo enviaré." (Juan 16:7)
21

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

EL PADRE Y EL HIJO SON DIFERENTES PERSONAS
En los Evangelios hay numerosos pasajes en los cuales Jesús habla de Dios el Padre como de un Personaje separado y distinto de El. Esto se muestra especialmente en sus oraciones: En aquella misma hora Jesús se alegró en espíritu y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, que escondiste estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños: así, Padre, porque así te agradó. Todas las cosas me son entregadas de mi Padre: y nadie sabe quien sea el Hijo sino el Padre; ni quien sea el Padre sino el Hijo, y a quien el Hijo lo quisiere revelar. (Lucas 10:21-22) Entonces llegó Jesús con ellos a la aldea que se llama Gethsemam y dice a sus discípulos: Sentaos aquí, hasta que vaya allí y ore. Y tomando a Pedro y a los dos hijos de Zebe-deo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera. Entonces Jesús les dice: Mi alma está muy triste hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo. Y yéndose un poco más adelante, se postró sobre su rostro, orando, y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí este vaso; empero no como yo quiero sino como tú. Y vino a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad para que no entréis en tentación. El espíritu a la verdad está presto, mas la carne enferma. Otra vez fué, segunda vez, y oró diciendo, Padre mío, si no puede este vaso pasar de mí sin que yo lo beba, hágase tu voluntad. (Mateo 26:36-42) La oración dada como modelo, que comienza: "Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre", no solamente habla del Padre que está en los cielos, mientras Jesús estaba aquí sobre la tierra, sino que identifica al Salvador con los hombres. El y nosotros igualmente somos hijos de Dios y debemos llamarlo Padre. Quizá el pasaje siguiente es el que diferencia con más claridad entre el Padre y el Hijo: Y he aquí, uno llegándose le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna? Y él le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno es bueno sino uno, es a saber, Dios: y si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. (Mateo 19:16-17) Jesús reconoció la bondad única y suprema del Padre. Con reverente humildad El quería que los hombres distinguieran entre El y su Padre, a quien amaba y adoraba. Esa distinción no hubiera sido posible si el Padre y el Hijo fuesen uno en cuerpo y naturaleza. Pero se ha escrito acerca del Hijo: "Y Jesús crecía en sabiduría, y en edad, y en gracia para con Dios y los hombres." (Lucas 2:52) Jesús quería que los hombres que lo seguían supieran que El venía de Dios, y que no hablaba de sí mismo sino por Dios. ¿Habría sido necesaria tal aclaración, si ambos fueran un solo Dios? Y al medio de la fiesta subió Jesús al templo, y enseñaba. Y maravillábanse los Judíos, diciendo: ¿Cómo sabe éste las letras, no habiendo aprendido? Respondióles Jesús, y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquél que me envió. El que quisiere hacer su voluntad, conocerá de la doctrina si viene de Dios, o si yo hablo de mí mismo. El que habla de sí mismo, su propia gloria busca; mas el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia. (Juan 7:14-18) ¿Qué clase de visión vio el valiente Esteban cuando predicaba acerca de Cristo a a aquellos indignados hombres del pueblo que "crujían los dientes contra él" ? Mas él, estando lleno de Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios. Y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del hombre que está a la diestra de Dios. (Hechos 7:55-56) ¿Vio Esteban realmente al Padre y al Hijo, o no debe tomarse literalmente el pasaje ni aceptarse la integridad de su propósito? Si se leen cuidadosamente uno o todos los evangelios, se manifestará el hecho de que mientras Jesús estaba en la tierra, el Padre estaba en los cielos, y que Jesús habló de El y con El como a otra persona distinta y aparte, y a quien El dirigía su lealtad y amor. Esta es la conclusión más evidente a que se llega en la gran mayoría de los pasajes que contienen referencias del Padre y del Hijo.

EL PADRE Y EL HIJO SON UNO
El Evangelio según S. Juan es algo diferente en sus expresiones y conclusiones de los otros evangelios S. Mateo, S. Marcos y S. Lucas. Estos tres Evangelios son llamados sinópticos, porque son similares en construcción y propósito. Cada uno refiere la historia del Salvador desde el principio de su vida hasta su crucifixión
22

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO y resurrección. Son biográficos en estilo y propósito. Muestran a Jesús como un hombre entre los hombres, el cual poco a poco revela a sus discípulos su triunfante misión como Hijo de Dios. Por contraste, el Evangelio según S. Juan comienza, no con el nacimiento de Cristo, sino con una declaración de su divinidad. Es evidente que todo este Evangelio fué escrito para declarar la divina misión del Salvador como miembro de la Trinidad. Muchos pasajes del Evangelio según S. Juan hablan de su divinidad y de su unidad con el Padre. Los Santos de los Últimos Días creen que Jesucristo es un miembro de la Trinidad, que realiza la obra de Dios, que es su Hijo, y por lo tanto, con toda propiedad puede llamársele Dios. Es natural que Jesús hable de su unidad con el Padre. Esto se refiere, sin embargo, no a su persona o naturaleza, sino a la conformidad de armonía y propósito. Esto se evidencia claramente en el capítulo 17 de S. Juan, el cual se refiere tantas veces a la unidad del Padre y el Hijo. Después de declarar que "ésta es la vida eterna, que te conozcan el solo Dios verdadero, y a Jesucristo, al cual has enviado", y después de pedir: "Glorifícame tú cerca de ti mismo con aquella gloria que tuve cerca de ti antes que el mundo fuese", Jesús oró por sus discípulos a quienes estaba a punto de dejar, a quienes amaba y cuyo destino El sabía muy bien. Oró de esta manera: Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo a ti vengo. Padre Santo, a los que me has dado, guárdalos por tu nombre, para que sean una cosa, como también nosotros. (Juan 17:11) ¿En qué sentido iban a ser uno los Doce? ", . . como también nosotros (el Padre y el Hijo)". Un poco más adelante, en esta misma plegaria, Jesús incluye a todos los creyentes en esta unidad que él comparte con el Padre: Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos. Para que todos sean una cosa; como tú, oh Padre, en mí y yo en ti, que también ellos sean en nosotros una cosa: para que el mundo crea que tú me enviaste. Y yo la gloria que me diste les he dado; para que sean una cosa, como también nosotros somos una cosa. Yo en ellos, y tú en mi, para que sean consumadamente una cosa; que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado, como también a mí me has amado. (Juan 17:20-23) La unidad que Jesús está buscando para todos los hombres que desean creer en El, no es una unidad corporal con Dios. Los hombres van a resucitar, como Jesús lo hizo, y se presentarán delante de Dios para ser juzgados y retendrán su individualidad a través de las eternidades. Las Escrituras indican claramente este punto. La unidad a que Jesús se refiere es una de espíritu, un propósito común, una armonía de vida basada en el gran principio del amor. Esto se ve en el último versículo de su hermosa plegaria a favor de sus discípulos, y todos aquellos que algún día lo seguirán. Y yo les he manifestado tu nombre, y manifestarélo aún: para que el amor con que me has amado, esté en ellos y yo en ellos. (Juan 17:26) En otras lecciones próximas, ampliaremos el estudio de la naturaleza y misión de cada uno de los miembros de la Trinidad. Como conclusión, sólo diremos en este capítulo que nosotros, los Santos de los Últimos Días, respetamos dos grandes principios en lo que toca a la Trinidad y los hombres. Creemos en la individualidad. Cada miembro de la Trinidad, igual que cada uno de nosotros, es de por sí un individuo y persona eternos. Cada uno tiene sus propias facultades de mente y alma; su propia libertad, responsabilidad, trabajo y gloria. Nosotros honramos y estamos agradecidos individualmente a cada uno de ellos, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Creemos también en la unidad. Así como un hombre y su esposa, siendo personas distintas, trabajan juntos por su familia, así también el Padre y el Hijo son personas distintas y diferentes que trabajan con amor por la salvación de los hombres. Estos dos ideales, unidad e individualidad, no son incompatibles, ni tampoco contradictorios Bajo la influencia del evangelio del amor, dos o más individuos, trabajando en armonía multiplican así las oportunidades de lograr lo que desean en la vida.

23

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capitulo 6 LA NATURALEZA DE DIOS
En una lección anterior mencionamos las palabras de Isaías: Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más altos que vuestros pensamientos. (Isaías 55:8-9) El hombre no puede empezar a conocer todo lo que hay que saber acerca de su Hacedor. Lo reconocemos francamente y procuraremos no tratar lo desconocido. En esta y en las lecciones siguientes presentaremos algunas creencias básicas que los Santos de los Últimos Días profesan acerca de Dios, el Padre, creencias que son importantes para la vida religiosa y moral de los hombres.

MONOTEÍSMO
El monoteísmo o creencia en un solo Dios, es la esencia de la fe judía, tal como lo enseñan el libro de Deuteronomio y los Profetas, por ejemplo, el libro de Jonás. Aprende pues hoy, y reduce a tu corazón que Jehová él es el Dios arriba en el cielo, y abajo sobre la tierra; no hay otro. (Deuteronomio 4:39) Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es: y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todo tu poder. (Deuteronomio 6:4-5) Una de las razones porque los judíos en general rechazan el cristianismo es que la doctrina cristiana de la Trinidad parece infringir el monoteísmo puro de los judíos. Los Santos de los Últimos Días, como ya lo hemos señalado en la ultima lección, creen en tres Dioses, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. En este sentido somos diferentes de los judíos y de la mayoría de los cristianos, que quieren hacer de los tres uno solo. Los Santos de los Últimos Días también creen que los hombres pueden aprender, en el largo curso de la eternidad, a ser perfectos, "como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto." "La meta de la humanidad es la perfección de Dios; toca al hombre comprender por completo su naturaleza como hijo de Dios. Muchos hijos de Dios nobles y buenos podrán llegar a entender esto, en el infinito espacio de tiempo que les queda por delante, y ser como su Creador y Padre. Así serán verdaderos hijos de Dios y crecerán a semejanza suya. AI llegar a este punto la mayoría de los lectores pensarán que los Santos de los Últimos Días no son monoteístas sino más bien politeístas. Pero no es así.

DIOS ES LA INTELIGENCIA SUPREMA
Somos monoteístas, porque creemos que Dios, nuestro Padre, es único, porque El es la Inteligencia Suprema en el universo, mayor que su Hijo y que el Espíritu Santo. Mayor que todos los otros seres inteligentes. En las Escrituras de los Santos de los Últimos Días, encontramos en una revelación dada a Abrahán: Estos dos hechos existen: hay dos espíritus, y uno es más inteligente que el otro; habrá otro más inteligente que ellos; yo soy el señor tu Dios, soy más inteligente que todos ellos. (Abrahán 3:19) Y en una revelación dada a Moisés leemos algo semejante : Y Dios le habló a Moisés, diciendo: He aquí, soy Dios el Señor Omnipotente, y Sin Fin es mi nombre; porque soy sin principio de días o fin de años. ¿No es esto sin fin? He aquí, tú eres mi hijo; mira, pues y te mostraré las obras de mis manos; pero no todas, porque mis obras no tienen fin, ni tampoco mis palabras, porque jamás cesan. Por consiguiente ningún hombre puede mirar todas mis obras sin ver toda mi gloria; y ningún hombre puede ver toda mi gloria y después permanecer en la carne sobre la tierra. Tengo una obra para ti, Moisés, mi hijo. Eres a semejanza de mi Unigénito; y mi Unigénito es y será el Salvador, porque es lleno de gracia y de verdad; pero aparte de mí no' hay Dios, y todas las cosas están en lo presente para conmigo, porque a todas las conozco. (Moisés 1:3-6) Este pasaje y todo el capítulo siguiente, aunque reconocen a Jesús como Hijo de Dios y colaborador del
24

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO Padre en la formación de la tierra y la creación continua e infinita, también dan a Dios una condición sin límites, pues dice que "aparte de mí no hay Dios" y "mis obras no tienen fin". Nosotros reconocemos a Dios el Padre como el Dios Supremo del Universo. Ni en las escrituras de los Santos de los Últimos Días ni en la Biblia se menciona otro Dios igual o más alto que El. Jesucristo y el Espíritu Santo son Dioses que obran debajo de El y con El. Los hombres que logren un carácter y condición semejante a Dios también compartirán su obra y su gloria, pero El siempre será Dios en un sentido único y supremo. La mente se satisface con reconocer a Dios como la Inteligencia y Ser Supremos. A juzgar por todo lo que el hombre aprende acerca de la vida y el universo, parece que todas las cosas están íntimamente relacionadas en una forma ordenada y regidas por ciertas leyes. El universo mismo parece ser uno en su organización, orden e interdependencia de todas sus partes. La naturaleza también parece estar unificada. Responde al pensamiento del hombre como si toda ella fuera el producto de una mente superior. Creemos que esta gran mente es Dios, como tan hermosamente se expresa en las revelaciones dadas al profeta José Smith: A todos los reinos se ha dado una ley; y hay muchos reinos; porque no hay espacio en el cual no haya reino; ni hay reino en el cual no haya espacio, sea un reino mayor o menor. Y a cada reino se ha dado una ley; y cada ley tiene también ciertos límites y condiciones. Todos los seres que no se sujetan a esas condiciones, no son justificados. Porque la inteligencia se adhiere a la inteligenia; la sabiduría recibe a la sabiduría; la verdad abraza a la verdad; la virtud ama a la virtud; la luz se allega a la luz; la misericordia tiene compasión de la misericordia y reclama lo suyo; la justicia sigue su curso y reclama lo suyo; el juicio va ante la faz de aquel que se sienta sobre el trono y gobierna y ejecuta todas las cosas. El comprende todas las cosas, y todas las cosas están delante de él; y todas las cosas están alrededor de él; y él está sobre todas las cosas, y en todas las cosas, y por en medio de todas las cosas, y circunda todas las cosas; y todas las cosas por él y de él son, aun Dios para siempre jamás. Y además^ de cierto os digo, él ha dado una ley a todas las cosas, mediante la cual se mueven en sus tiempos y estaciones; y sus cursos son fijos, aun los cursos de los cielos y de la tierra, que comprenden la tierra y todos los planetas. Y se dan luz los unos a los otros en sus tiempos y estaciones, en sus minutos, sus horas, sus días, sus semanas, su meses y sus años—todos estos son un año para Dios, pero no para el hombre. La tierra rueda sobre sus alas, y el sol da su luz de día, y la luna de noche, y las estrellas también dan su luz, conforme ruedan sobre sus alas en su gloria, en medio del poder de Dios. ¿A qué compararé estos reinos para que comprendáis? He aquí, todos son reinos, y el hombre que ha visto a cualquiera, o el menor de éstos, ha visto a Dios obrando en su majestad y poder. (Doctrinas y Convenios 88:36-47) Jesucristo ha compartido la obra de Dios y la influencia y poder de su inteligencia a tal extremo, que los términos "la luz de Cristo" y "el Espíritu de Dios" se usan indistintamente en algunos pasajes de las Escrituras: Aquel que ascendió en lo alto, así como descendió debajo de todo, por cuanto comprendía todas las cosas, a fin de que él fuese en todas las cosas y por en medio de todas las cosas, la luz de la verdad; la cual verdad brilla. Esta es la luz de Cristo. Como que también está en el sol, y es la luz del sol, y el poder por el cual fué hecho. Así como también está en la luna y es la luz de la luna, y el poder por el cual fué hecha. Como también la luz de las estrellas, y el poder por el cual fueron hechas. Y la tierra también, y el poder de ella, aun la tierra sobre la que os halláis. Y la luz que brilla, que os alumbra, viene de aquel que ilumina vuestros ojos, que es la misma luz que vivifica vuestros entendimientos, la cual procede de la presencia de Dios para llenar la inmensidad del espacio— la luz que existe en todas las cosas, la que da vida a todas las cosas, la ley por la cual se gobiernan todas las cosas, aun el poder de Dios, quien se sienta sobre su trono y existe en el seno de la eternidad, y en medio de todas las cosas. (Doctrinas y Convenios 88:6-13) Nosotros tenemos fe en un Ser Supremo. Es nuestro Creador y Padre Eterno. Su inteligencia penetra y sostiene el universo. Todos los seres humanos son hijos suyos, y el objeto de su cuidado y atención. Indudablemente El es nuestro Ideal, nuestra Guía y nuestra Ayuda. Por lo tanto, debemos otorgarle toda nuestra lealtad y devoción. El es en todo sentido digno de su propósito y posición.

SU INFINITA CREACIÓN
De una visión dada a Moisés y revelada al profeta José Smith, podemos lograr alguna idea de la ilimitada extensión de las creaciones de Dios que aún continúan y se llevan a cabo por el poder del Hijo. El Señor le había mostrado a Moisés muchas tierras, llamadas mundos, con sus habitantes. Moisés preguntó al Señor el propósito de su vasta creación y he aquí la respuesta en parte:
25

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO Y las he creado por la palabra de mi poder, que es mi Hijo Unigénito, lleno de gracia y de verdad. Y he creado mundos sin número, y también los he creado para mi propio fin y por medio del Hijo, quien es mi Unigénito, los he creado. Y al primer hombre de todos los hombres he llamado Adán, que significa muchos. Pero sólo te doy un relato de esta tierra y sus habitantes. Porque, he aquí, hay muchos mundos que por la palabra de mi poder han dejado de ser. Y hay muchos que hoy existen, y son incontables para el hombres; pero para mí todas las cosas están contadas, porque son mías y yo las conozco. Y aconteció que Moisés habló al Señor, diciendo: Sé misericordioso para con tu siervo, oh Dios, y dime acerca de esta tierra y sus habitantes, y los cielos también; entonces quedará conforme tu siervo. Y Dios el Señor habló a Moisés y dijo: Los cielos son muchos y son incontables para el hombre; pero para mí están contados, porque son míos. Y así como dejará de existir una tierra con sus cielos, aun así aparecerá otra; y no tienen fin mis obras, ni tampoco mis palabras. Porque, he aquí, ésta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre. (Moisés 1:32-39) El concepto de los Santos de los Últimos Días es teísta. Para nosotros Dios no es la misma cosa que la naturaleza, pero tampoco lo consideramos completamente apartado de ella. El es la gran Inteligencia, un Ser Personal, viviente, que está continuamente organizando y creando para poder lograr su gran propósito de desarrollar personalidades y "llevar a cabo la inmortalidad y vida eterna (semejante a la de Dios) del hombre". Jesucristo le está ayudando a realizar este propósito, grande y abnegado, en las vidas de los hombres.

26

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capítulo 7 EL CARÁCTER DE DIOS
Las Escrituras no son tratados filosóficos ni textos sistemáticos de teología. Nos dejan con muchas preguntas sobre Dios y su relación con el hombre y el universo. Sus escritores aseguran la existencia de Dios. Lo saben a través de su experiencia personal, por intuición y por revelación. Su principal interés ha sido práctico: la vida moral y religiosa del hombre o su relación con Dios y sus semejantes. Para establecer una relación satisfactoria hacia el hombre y hacia Dios es importante entender su naturaleza. Tenemos bastante en las Escrituras para este propósito. Se repiten con frecuencia algunos de los atributos de Dios. Presuponiendo nuestra fe en su existencia, podemos estar seguros de conocer su naturaleza dentro de nuestra capacidad para comprender el significado de sus atributos divinos. Nos referiremos a la Biblia y a las Escrituras de los Santos de los Últimos Días para ilustrar algunas características de su naturaleza.

DIOS ES JUSTO E IMPARCIAL
Nosotros podemos confiar absolutamente en la equidad y justicia de Dios. Nuestra propia razón y naturaleza moral dan testimonio de este hecho, porque, ¿cómo podríamos, quienes creemos en la justicia, adorar u honrar a un ser que no fuera justo y recto, y que no fuera imparcial en sus hechos con los hombres ? Las numerosas referencias bíblicas testifican de la justicia e imparcialidad de Dios. Jesús se expresó así: Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así dio también al Hijo que tuviese vida en sí mismo: y también le dio poder de hacer juicio, en cuanto es el Hijo del hombre. No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron bien, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron mal, a resurrección de condenación. No puedo yo de mí mismo hacer nada: como oigo juzgo: y mi juicio es justo; porque no busco mi voluntad, mas la voluntad del que me envió, del Padre. (Juan 5:26-30) Pedro aprendió acerca de la imparcialidad de Dios hacia los judíos así como los gentiles. Fué una lección dramática para Pedro, y tardó algún tiempo en poder captar toda su importancia. Entonces Pedro, abriendo su boca, dijo: Por verdad hallo que Dios no hace acepción de personas; sino que de cualquiera nación que le teme y obra justicia, se agrada. (Hechos 10:34-35) Después de la conversión de Pablo a Cristo, no hubo ninguna duda en su mente sobre el interés imparcial de Dios en todos los hombres. Mas sabemos que el juicio de Dios es según verdad contra los que hacen tales cosas . . . Tribulación y angustia sobre toda persona humana que obra lo malo, el Judío primeramente, y también el Griego. Mas gloria y honra y paz a cualquiera que obra el bien, al Judío primeramente, y también al Griego. Porque no hay acepción de personas para con Dios. (Romanos 2:2, 9-11) Porque no hay diferencia de Judío y de Griego: porque el mismo que es Señor de todos, rico es para con todos los que le invocan: porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. (Romanos 10:12-13) Donde no hay Griego ni Judío, circuncisión ni incircun-cisión, bárbaro ni Scytha, siervo ni libre; mas Cristo es el todo, y en todos. (Colosenses 3:11) La historia de Jonás, que revela la misericordia del Señor hacia los gentiles arrepentidos en la grande y pervertida ciudad de Nínive, es tal vez el mejor testimonio, en el Antiguo Testamento, de la imparcialidad de Dios. El Libro de Mormón inequívoca y potentemente declara la igualdad de la consideración de Dios hacia todos los hombres. Citamos algunos pasajes de Nefi: He aquí, el Señor estima a toda carne igual, y aquel que es justo es favorecido de Dios. Pero, he aquí, este pueblo había rechazado toda palabra de Dios, y se había madurado en la iniquidad; y la plenitud de la cólera de Dios estaba sobre ellos. Y el Señor maldijo la tierra para ellos, y la bendijo para nuestros padres. Sí, la maldijo para su destrucción, y la bendijo para que nuestros padres se enseñoreasen de ella. (1 Nefi 17:35)
27

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO Porque he aquí, amados hermanos míos, os digo que el Señor no obra en la obscuridad. El no hace nada a menos que sea para el beneficio del mundo, porque ama tanto al mundo, que da su propia vida para llevar a todos los hombres a él. Por tanto, a nadie manda no participar de su salvación. ¿Ha mandado él a alguien que no participe de su salvación? He aquí, os digo que no, sino que la ha dado libremente a todos los hombres; y ha mandado a su pueblo que persuada a todos los hombres a que se arrepientan. He aquí, ¿ha mandado el Señor a alguien que no participe de su bondad? He aquí os digo que no; mas un hombre tiene tanto privilegio como otro, y nadie es vedado. Porque ninguna de estas iniquidades viene del Señor; pues él hace lo que es bueno entre los hijos de los hombres; y nada hace que no sea claro para los hijos de los hombres; y los invita a venir a él, y participar de sus bondades; y a ninguno de los que a él vienen desecha, sean negros o blancos, esclavos o libres, varones o hembras; y se acuerda de los paganos; y todos son iguales ante Dios, tanto los judíos como los gentiles. (2 Nefi 26:23-24, 27-28, 33) Jacob, otro escritor del Libro de Mormón dice: Considerad a vuestros hermanos como a vosotros mismos; y sed amables con todos y liberales con vuestros bienes, para que ellos puedan ser ricos como vosotros. (Jacob 2:17) . . . Pues en su vista un ser es tan precioso como el otro. (Jacob 2:21) Mas él (Alma) dijo: He aquí, no es prudente que tengamos rey; porque así dice el Señor: No estimaréis a una carne más que a otra, ni un hombre se considerará mejor que otro; os digo pues, no es prudente que tengáis rey. (Mosíah 23:7) Los Santos de los Últimos Días creen que todos los hombres son hijos de un Dios justo que los ama a todos. El no tiene preferencias. Está haciendo lo posible para ser una bendición y ayuda a todos los hombres.

DIOS ES AMOROSO, MISERICORDIOSO Y PERDONADOR
Para cualquier creyente en Jesús o los Profetas es evidente que Dios no solamente es justo, y misericordioso, sino que también es bondadoso, compasivo y sabe perdonar. Bastarán dos a tres ejemplos para ilustrar y hacer recordar al lector este hecho. Después de condenar a Israel por sus pecados, Isaías, con fuerza y sin vacilación, interpone una hermosa expresión de misericordia y perdón, después de amonestarlos al arrepentimiento: Lavad, limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de ante mis ojos; dejad de hacer lo malo: aprended a hacer bien; buscad juicio, restituid al agraviado, oíd en derecho al huérfano, amparad a la viuda. Venid luego dirá Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos: si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra. (Isaias 1:16-19) Por medio de su propia vida, así como sus enseñanzas, Jesús nos ayudó a todos a conocer el amor de Dios. El receptor de su divino amor fué tanto el pecador como el justo. Oísteis que fué dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Mas yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos: que hace que su sol salga sobre malos y buenos, y llueve sobre justos e injustos. Porque si amareis a los que os aman ¿qué recompensa tendréis? ¿no hacen también lo mismo los publícanos? Y si abrazareis a vuestros hermanos solamente ¿qué hacéis de más? ¿no hacen también así los Gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto. (Mateo 5:43-48) Tenemos también el capítulo 15 de S. Lucas, en el cual Jesús narra tres hermosas parábolas, con las cuales ilustra el amor del Padre hacia el pecador. En la historia del Hijo Pródigo Jesús relata que "como (el hijo) aún estuviese lejos, violo su padre y fué movido a misericordia, y corrió y echóse sobre su cuello, y besóle". (Lucas 15:20) Aquel padre estaba representando el amor de Dios por sus hijos, aun para el desviado y desobediente. Un testigo moderno de la misericordia de Dios Las doctrinas de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ulitmos Días fortalecen y aumentan nuestra fe en la justicia y misericordia de Dios. Afirman las partes vacilantes de nuestra fe y nos demuestran como su justicia y amor están trabajando en bien de los hombres. (El lector tendrá que mostrar su paciencia hasta que esto pueda ser demostrado, pues sería imposible desarrollar la doctrina completa en un solo capítulo.) Se pueden
28

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO dar una o dos ilustraciones u observaciones generales que testifican de la justicia y misericordia de Dios. En una revelación dada a José Smith leemos: Porque yo, el Señor, no puedo considerar el pecado con el más mínimo grado de tolerancia. No obstante, se perdonará al que se arrepienta y cumpla los mandamientos del Señor, Y de quien no se arrepienta, se quitará aun la luz que haya recibido; porque mi espíritu no luchará siempre con el hombre, dice el Señor de las Huestes. Y de nuevo, de cierto os digo, oh habitantes de la tierra: Yo, el Señor estoy dispuesto a dar a saber estas cosas a toda carne; porque no hago acepción de personas . . . (Doctrinas y Convenios 1:31-35) El amor y la misericordia de Dios también se muestran en las doctrinas de los Santos de los Últimos Días sobre la vida venidera. Por siglos los hombres han hablado del cielo y del infierno, y éste lo han representado como un lugar ardiente, de fuego y azufre, donde son arrojados los inicuos para su eterna condenación. En una revelación dada a José Smith, está explicado que el castigo eterno no significa castigo sin fin o para siempre, sino más bien el castigo de Dios, pues El es un ser eterno. Por otra parte, condenación eterna tampoco significa condenación para siempre, sino más bien condenación de Dios. Nuestro Padre que está en los cielos ama a todos los hombres. Su deseo, igual que el de su Hijo, no es condenar a los hijos de los hombre, sino conducirlos por la senda de la verdad y rectitud. El no los arrojará al infierno en su enojo. El infierno, como lo explica el Libro de Mormón, es un estado de la mente, una condición de remordimiento y tormento, que es el resultado natural de una vida inmoral y desviada: de no vivir de acuerdo con las leyes de Dios, que son también las leyes de la vida, las leyes de nuestra propia naturaleza. Bien dijo Jeremías, refiriéndose a los antiguos judíos y sus iniquidades: Oye, tierra. He aquí yo traigo mal sobre este pueblo, el fruto de sus pensamientos; porque no escucharon a mis palabras y aborrecieron mi ley. (Jeremías 6:19) ¿Provocaránme ellos a ira, dice Jehová, y no más bien obran ellos mismos para confusión de sus rostros? (Jeremías 7:19) Las enseñanzas de los Santos de los Últimos Días dan testimonio una y otra vez de la imparcialidad del amor de Dios hacia todos sus hijos. Aquí sólo podemos mencionar algunas ilustraciones más sobre estas cualidades de Dios. En próximas lecciones las desarrollaremos en forma más completa. Según nuestra doctrina, el infante no bautizado no recibe la condenación, sino que se salva en el Reino Celestial de Dios por la gracia redentora de Cristo. Igualmente, los paganos y aquellos que han muerto sin conocer las leyes de Dios no están perdidos, "porque el poder de la redención comprende a todos aquellos que se hallan sin ley". (Moroni 8:22) Todos los hombres tendrán la oportunidad de escuchar el evangelio de Cristo, entenderlo, aceptarlo y vivir de acuerdo con sus principios salvadores. Si la oportunidad no les llega aquí, llegará entonces en la vida venidera. Todos los hombres recibirán un grado de salvación de acuerdo con sus deseos, su fe y sus buenas obras. Este es el divino plan y voluntad.

EL BIEN Y EL MAL
Mientras pasamos nuestros días sobre la tierra, conocemos muchas cosas que son buenas y muchas que son malas. Además, las varias personas reciben lo bueno y lo malo en diversos grados, y al parecer, no siempre de acuerdo con lo que merecen. Jesús reconoció este hecho cuando dijo que el Padre "hace que su sol salga sobre malos y buenos, y llueve sobre justos e injustos". (Mateo 5:45) y en otra ocasión, cuando comparó las dos vidas—una edificada sobre sus enseñanzas o la roca, y la otra no edificada sobre sus enseñanzas sino sobre la arena—dijo que sobre ambas "descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, e hicieron ímpetu en aquella casa". (Véase Mateo 7:24-29) El justo no se libra del mal. También se enfermará del cáncer, también se verá envuelto en guerras y accidentes y lo tratarán mal sus semejantes en muchas maneras. Pero la religión dará a los justos la esperanza, la fuerza y el amor necesarios para hacer frente a las vicisitudes de la vida. Esa es la bendición de ellos.

EL MAL ES REAL
Nosotros aceptamos la realidad de la existencia del mal. El mal no es una ilusión, una creación de la imaginación. El sufrimiento y el dolor humanos son verdaderos, ya sea que provengan de causas naturales o humanas. El cáncer provoca un gran sufrimiento, y lo mismo sucede con un esposo bebedor, inhumano o infiel.
29

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO Los campos de concentración de Hitler eran reales, y la agonía experimentada allí era tan verdadera como cualquier alegría de la vida. Podemos definir el mal como cualquier cosa que obstruye, frustra o impide la realización de una vida cristiana. La ignorancia y el pecado son nuestros mayores males, la fuente de casi todos los demás.

DIOS ES BUENO
Podemos definir el bien como cualquier cosa que edifica la vida, que ayuda al hombre a comprender el propósito de la vida, a encontrar gozo y felicidad duradera por llevar una vida que armonice con la voluntad de Dios. Para nosotros, la salud, la belleza, la sabiduría, la sinceridad, la humildad y el amor representan el bien, porque todo esto es el cumplimiento de la vida según el plan de Cristo. Los Santos de los Últimos Días enseñan que Dios no es ni el creador ni el autor del mal. Es todo bondad en intención y acción. Por lo tanto, fomenta únicamente lo que es bueno entre los hijos de los hombres. Esto es lo que nosotros esperaríamos, a juzgar por las otras cualidades de su naturaleza: su justicia, misericordia, amor y paternidad. En los párrafos restantes de este capítulo daremos evidencia de esta afirmación. Para Jesús, el Padre era bueno: Y Jesús le dijo: ¿Por qué me dices bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios. (Marcos 10:18) Contrastó la naturaleza del Padre y la mala índole de los hombres: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque cualquiera que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama se abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros a 'quien si su hijo pidiere pan, le dará una piedra? ¿Y si le pidiere un pez, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos, dará buenas cosas a los que le piden? (Mateo 7:7-11) Santiago exime a Dios, en forma bien clara, de la responsabilidad del mal moral: Bienaventurado el varón que sufre la tentación; porque cuando fuere probabo, recibirá la corona de vida que Dios ha prometido a los que le aman. Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de Dios: porque Dios no puede ser tentado de los malos, ni él tienta a alguno. Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído, y cebado. Y la concupiscencia después que ha concebido, pare el pecado: y el pecado, siendo cumplido, engendra muerte. Amados hermanos míos, no erréis. Toda buena dádiva y todo don perfecto es de lo alto, que desciende del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación. (Santiago 1:12-17) El Libro de Mormón rechaza enfáticamente la idea de que Dios es responsable del mal: Por consiguiente toda cosa buena viene de Dios, y lo que es malo viene del diablo. Porque el diablo es enemigo de Dios, y siempre está contendiendo con él, e invitando, e incitando a pecar y a hacer lo que es malo sin cesar. Pero he aquí, lo que es de Dios invita e incita continuamente a hacer lo bueno; de manera que todo aquello que invita e incita a hacer lo bueno, y amar a Dios y servirlo, es inspirado de él. Tened cuidado, pues, amados hermanos míos, de no juzgar que lo que es malo viene de Dios, o lo que es bueno y de Dios viene del diablo. (Moroni 7:12-14) Los Santos de los Últimos Días reconocen la bondad de Dios. Le estamos agradecidos por todo don bueno de la vida y por la vida misma. Lo vemos como un Ser que está trabajando incesantemente para realizar todo lo que es bueno en la vida de los hombres. No es vengativo, celoso, ni objeto de miedo, como conocemos estos pasiones en nuestra experiencia humana. El odio, la venganza y el amor cristiano, cual se mostró en Jesucristo, son incompatibles; y "Dios es también amor". Esta es una de sus más grandes cualidades. Dios no odia a sus hijos ni se siente inferior a objeto o persona alguna. El mal en la vida no es por causa de Dios, sino de otros factores, a saber, la naturaleza eterna de los elementos y la naturaleza eterna y libre del hombre. Hablaremos de esto en otros capítulos. Saber que Dios es enteramente bueno, nos permite amarlo con todo nuestro corazón, mente y alma. Podemos confiar en El. Tal Dios es digno de nuestra gratitud más profunda, nuestra completa lealtad, nuestra entera adoración y devoción.

30

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capítulo 8 LA NATURALEZA DEL HOMBRE
De ningún modo hemos agotado nuestro estudio de Dios, pero al llegar aquí nos damos cuenta de la necesidad de tratar algunas de las doctrinas básicas referentes al hombre, porque al comprender la naturaleza del hombre se aumentará nuestra estimación y conocimiento de Dios. En este capítulo narraremos la historia completa del hombre, tal como la conocen los Santos de los Últimos Días. La historia será breve y provocará preguntas que no se contestarán completamente; pero este vistazo es necesario, y tal vez servirá de base para una presentación futura y más detallada, sobre algunas de las doctrinas fundamentales concernientes al hombre.

EL HOMBRE ES ETERNO
La mayoría de los cristianos, al pensar en el origen de la vida del hombre, evocan los versículos de Génesis, en los que dice: "Formó, pues, Jehová Dios al hombre del polvo de la tierra, y alentó en su nariz soplo de vida." (Génesis 2:7) De acuerdo con este punto de vista, generalmente aceptado, la existencia de cada uno de nosotros como personas comenzó con nuestra creación o nacimiento sobre la tierra. Vida eterna, para la mayoría de los cristianos, significa que el hombre, cuya vida empezó con el nacimiento, sobrevivirá a la muerte y vivirá para siempre. La palabra eterno, sin embargo, tiene un significado mucho más amplio de lo que puede significar vida sin fin. Eterno significa sin principio o fin. Los Santos de los Últimos Días creen que el hombre es eterno en todo el sentido de la palabra. Reconocemos, por supuesto, que la vida sobre la tierra tiene un principio y un fin. Pero también creemos que así como el espíritu sobrevive a la muerte, así también precede al nacimiento, es decir, que el hombre vivió antes de nacer en la carne. La idea de que el hombre haya vivido antes de nacer sobre la tierra, es difícil de aceptar o entender al principio. Estamos acostumbrados a hablar de las experiencias de la vida en términos que indican principio y fin. El sol se levanta y se pone; las estaciones comienzan y terminan; las civilizaciones se levantan y caen; los seres nacen y mueren. El concepto de eternidad—sin principio ni fin—es algo extraño para los pensamientos comunes de mucha gente. Pero no por este hecho se vuelve imposible o irrazonable la idea. Por siglos, los hombres de ciencia han creído que el universo en el que vivimos—"materia," "energía," "elementos," o como queramos llamar su esencia—es eterno y sólo lo caracteriza un cambio constante. Los hombres religiosos, incluso los autores de las Escrituras, han dicho que Dios es Ser "sin principio de días ni fin de años." Si el universo, así como Dios son eternos, ¿queda fuera de la razón pensar que hay algo en el hombre, en cada uno de nosotros, que es también eterno? Las Escrituras de los Santos de los Últimos Días dan testimonio de la naturaleza eterna de la inteligencia del hombre. El hombre fué también en el principio con Dios. La inteligencia, o la luz de verdad, no fué creada ni hecha, ni tampoco lo puede ser. (Doctrinas y Convenios 93:29) Así como hizo la estrella mayor. Así también si hay dos espíritus y uno es más inteligente que el otro, empero estos dos espíritus a pesar de ser uno más inteligente que el otro, no tienen principio; existieron antes, no tendrán fin, existirán después, porque son gnolaum, o eternos. (Abrahán 3:18) Estos pasajes indican claramente que hay dentro de cada uno de nosotros, en cada ser humano, una naturaleza inteligente y original que existe de sí misma y que en lugar de haber sido creada por Dios, los dos son coeternos. Dios y los hombres son inteligencias eternas, miembros de una vasta sociedad de seres eternos. Esta doctrina no necesita menoscabar nuestra estimación de Dios ni la parte creadora que desempeña en nuestras vidas. Porque en esta sociedad Dios es "más inteligente que todos ellos." Y por su conocimiento vastamente superior y su carácter benevolente, El es nuestro Dios, nuestra guía, ideal, maestro, conductor y Padre, y está dirigiendo al hombre hacia la vida eterna. Dios está tratando de desarrollar y engrandecer las almas de los hombres, porque ha declarado: ". . . ésta es mi honra y mi gloria, llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre". (Moisés 1:39) Poco se sabe de nuestra naturaleza inteligente y eterna, pero está claramente indicado que el libre al-bedrío
31

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO es parte de la naturaleza original del hombre. Toda verdad, así como toda inteligencia, queda en libertad de obrar por sí misma en aquella esfera en que Dios la colocó; de otra manera, no hay existencia. He aquí en esto consiste el albedrío del hombre, y la condenación del hombre, porque claramente le es manifestado lo que ha sido desde el principio y no acepta la luz. (Doctrinas y Convenios 93:30-31) Decimos que el libre albedrío es un don de Dios; pero es también parte de la misma naturaleza eterna del hombre. Dios, que también es su propio agente y conoce el significado y valor de la libertad, está usando todo su poder para guardar, garantizar y aumentar la libertad del hombre. Está a favor de la libertad, y la respeta como innata y esencial para la naturaleza eterna del hombre. Aquel que trabaja para disminuir o destruir la libertad del hombre es enemigo de Dios, porque la libertad es inherente al hombre y esencial para la realización de sus propósitos en la vida. Si el hombre en su estado original fué capaz de la libertad, bien pudo haber poseído otras facultades mentales y cierta individualidad. No sabemos más de este estado original del hombre. Las deducciones de la doctrina de la naturaleza eterna y libre del hombre son importantes. Esta doctrina significa que Dios no creó al hombre en el sentido más común de la palabra. Dios "encontró" inteligencia y los elementos ya existentes.* Tomó lo que tenía, lo que ya había, y organizó o creó al hombre; y por motivo de su gran amor y sabiduría, está haciendo todo lo posible por su beneficio. Por lo tanto, el hombre también es responsable de su naturaleza eterna y libre. Dios no es el autor del mal; el mal está en la naturaleza de los elementos y en la ignorancia y selecciones inmorales del hombre. (En un capítulo futuro desarrollaremos este tema en forma más completa.) Sigamos con la historia de la vida eterna del hombre. El siguiente cuadro quizá nos ayudará.

LA VIDA ETERNA DEL HOMBRE
Preexistencia inteligencia i hijo espiritual de vida terrenal ser mortal vida posterior a la terrenal espíritu ser i d

EL HOMBRE LLEGA A SER HIJO DE DIOS
En cierta época de nuestra preexistencia, la inteligencia eterna e increada del hombre entró en un nuevo estado de existencia. Se transformó en hijo espiritual de Dios el Padre Eterno. Así estableció el hombre un nuevo parentezco con la Inteligencia y Personalidad más grande del universo. Dios agregó a la naturaleza original del hombre, algo de su propia naturaleza divina. El hombre llegó a ser, en estado embrionario, más parecido a Dios en aspiraciones y naturaleza. De este estado de la existencia del hombre se conoce algo más que de su estado original como inteligencia. El hombre es ahora, sin ninguna duda, un ser social, un ser libre entre otros de igual condición. En este estado de su existencia, es un agente consciente, moral, capaz de pensar y crecer espiritual y moral-mente. Aparecen entre este vasto número de espíritus los principales, de los cuales Jesucristo es el más eminente. En una revelación dada a Abrahán, que conocemos por conducto de José Smith, leemos: Y el Señor me había mostrado a mí Abrahán, las inteligencias que fueron organizadas antes que el mundo fuese; y entre todas estas había muchas de las nobles y grandes; y Dios vio estas almas, y eran buenas, y estaba en medio de ellas, y dijo: A estos haré mis gobernantes—pues estaba entre aquellos que eran espíritus y vio que eran buenos—y él me dijo: Abrahán, tú eres uno de ellos; fuiste escogido antes de nacer. Y estaba entre ellos uno que era semejante a Dios. (Abrahán 3:22-23-24) Cuando el joven Jeremías, profeta del reino de Judá en el siglo séptimo antes de Cristo, vaciló en aceptar el llamado profético, la palabra del Señor llegó a él, diciendo: "Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que salieses de la matriz te santifiqué, te di por profeta a las gentes." (Jeremías 1:5) Los Santos de los Últimos Días que creen en la naturaleza eterna del hombre, han interpretado este pasaje en el sentido de que Dios conoció a Jeremías como hijo espiritual suyo, durante la preexistencia, y que Jeremías fué preordenado (no predestinado) por su carácter y vida en la preexistencia para desempeñar el papel de profeta durante la vida
32

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO mortal. El Evangelio según S. Juan no deja duda sobre la preexistencia de Jesucristo. (Véase Juan 1:1; 6:38, 62; 8:56-58; 17:3-5) En la pregunta que se le hizo a Jesús en cierta ocasión se haya indicada la creencia de los judíos en la preexistencia: Y pasando Jesús, vio un hombre ciego desde su nacimiento. Y preguntáronle sus discípulos, diciendo: Rabbí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciese ciego? (Juan 9:1-2) En la Epístola a los Hebreos se hace la distinción entre nuestra creación mortal y espiritual, aunque no se menciona la época de nuestra creación espiritual: Por otra parte, tuvimos por castigadores a los padres de nuestra carne, y los reverenciábamos, ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? (Hebreos 12:9) Esta enseñanza de los Santos de los Últimos Días relativa a la preexistencia del hombre y su relación con Dios queda claramente establecida por las revelaciones modernas. Se invita a aquellos que no son miembros de la Iglesia a valorar esta doctrina de acuerdo con los méritos que posea. No contradice ninguna enseñanza fundamental de la Biblia, y si le da un valor y un sentido nuevo y destacado a la vida del hombre y su relación con Dios, entonces creemos que es digna de seria consideración. En resumen, podemos decir que el hombre antes de nacer en la carne era una inteligencia eterna, capaz de disfrutar de la libertad y llevar una vida moral. Entonces llegó a ser un hijo de Dios, con cualidades semejantes a Dios que enriquecieron su naturaleza original. En su preexistencia, como hijo de Dios, su vida con otras personas como él, tenía sus propósitos. Logró conocimiento e hizo sus elecciones al dársele la oportunidad de cumplir la medida de su creación espiritual.

LA VIDA TERRENAL
La vida del hombre sobre la tierra no es una casualidad. No es el producto de una eventualidad o de fuerzas ciegas o impersonales que obran por su propia fuerza. La vida del hombre sobre la tierra es la obra que Dios el Padre y su Hijo Jesucristo han proyectado. Las Escrituras de los Santos de los Últimos Días arrojan más luz sobre la hermosa historia bíblica de la creación. Mientras estábamos aún con Dios en nuestra preexistencia, el Padre y el Hijo proyectaron la vida mortal del hombre con nuestro conocimiento y aprobación. Está escrito: Y estaba entre ellos uno que era semejante a Dios, y dijo a los que se hallaban con él: Descenderemos, pues hay espacio allá, y tomaremos estos materiales, y haremos una tierra donde éstos puedan morar; y así los probaremos, para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare. Y a los que guardaren su primer estado les será añadido; y aquellos que no guardaren su primer estado no recibirán gloria en el mismo reino con los que lo hayan guardado; y quienes guardaren su segundo estado, recibirán aumento de gloria sobre su cabeza para siempre jamás. 'Abrahán 3:24-25-26) La manera exacta o detallada de la creación de la tierra y la vida del hombre en ella no ha sido relatada. Las Escrituras no dan estos detalles con claridad, y en realidad no son importantes, al compararse con los grandes principios religiosos y hechos que nos enseña la historia de la creación. Estamos de acuerdo con las palabras de Antonio W. Ivins, miembro de la Primera Presidencia de la Iglesia: La palabra de Dios, cual se halla en las Escrituras, nunca se da como una hipótesis, sino como un hecho definitivo. En relación a la creación, su palabra declara que: "En el principio crió Dios los cielos y la tierra ... Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza . . . Y crió Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo crió; varón y hembra los crió." Nosotros no sabemos la manera exacta en que esto se realizó, ni tampoco es imprescindible que lo sepamos, el sólo hecho es suficiente, y nunca será desmentido por la investigación científica o cualquier otra, porque es la verdad. (Conference Report, octubre de 1925, pág. 19) Como el autor de los Proverbios, estamos seguros de que Dios es Creador, y que, por lo tanto, en la vida del hombre sobre la tierra hay un significado y sabiduría divinos. En El está toda nuestra confianza. Jehová con sabiduría fundó la tierra; afirmó los cielos con inteligencia. Con su ciencia se partieron los abismos, y destilan el rocío los cielos. Hijo mío, no se aparten estas cosas de tus ojos; guarda la ley y el consejo; y serán vida a tu alma, y gracia a tu cuello. Entonces andarás por tu camino confiadamente, y tu pie no tropezará. Cuando te acostares no tendrás temor; antes te acostarás y tu sueño será suave. No tendrás temor de
33

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO pavor repentino, ni de la ruina de los impíos cuando viniere: porque Jehová será tu confianza, y él preservará tu pie de ser preso. (Proverbios 3:19-26) El hombre fué colocado sobre la tierra para aprender y crecer en estatura moral y espiritual, y desarrollar en su vida cualidades semejantes a las de Dios. Estamos aquí para ser probados, para probarnos nosotros mismos, para andar por la fe, para usar nuestro libre albedrío, aprender a vivir el uno con el otro, ser una bendición el uno al otro y ayudar a los demás a crecer y desarrollarse. Como Santos de los Últimos Días, aceptamos la vida como algo potencialmente bueno y lleno de propósito. No es una casualidad. Tiene significado. "Adán cayó para que los hombres existiesen; y existen los hombres para que tengan gozo"—declara el Libro de Mormón. (2 Nefi 2:25) Uno de los propósitos particulares de la vida es obtener un cuerpo terrenal, que es parte del objeto principal del crecimiento espiritual del hombre, y a lo cual también contribuye. Nuestra naturaleza mortal nos da oportunidades únicas para el crecimiento moral y espiritual. Nos permite tener hijos y colaborar con Dios en el desarrollo de personalidades. Nos ofrece oportunidades para desarrollar nuestra naturaleza moral y social, para ejercitar el libre albedrío y el dominio sobre sí, y aprender de acuerdo con la norma particular del estado mortal. Además creemos que en la resurrección tendremos derecho a este cuerpo mortal, cuando "esto corruptible— como dice Pablo—sea vestido de incorrupción, y esto mortal fuere vestido de inmortalidad". (1 Corintios 15:53) Con un cuerpo resucitado, tangible y espiritual, el hombre se halla capacitado para gozar de la plenitud de vida en las "eternidades" venideras. Porque el hombre es espíritu. Los elementos son eternos, y espíritu y elemento, inseparablemente unidos, reciben una plenitud de gozo; y cuando están separados, el hombre no puede recibir la plenitud de gozo. (Doctrinas y Convenios 93:33-34) El plan de vida del evangelio iba a darse a los hombres para guiarlos durante su vida terrenal. Jesucristo mismo lo revelaría a sus profetas, y luego vendría a la tierra a persuadir a los hombres para que buscaran la rectitud con sed y afán. El libre albedrío del hombre sería respetado, y se confiaría en que el amor, ese amor que impulsa los sacrificios, inclinaría la mente y el corazón de los hombres a la voluntad de Dios.

LA VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE
Aquel que nace de mujer debe morir, o en las hermosas palabras de Job: El hombre nacido de mujer, corto de días, y harto de sinsabores: que sale como una flor y es cortado; y huye como la sombra y no permanece. (Job 14:1-2) Es realista y algo cínico este punto de vista. La vida no sólo puede estar llena de sinsabores sino también de gozo; pero es frágil como una flor o una hermosa pieza de porcelana. La aparente tragedia de la vida es que debe terminar por medio de la vejez y la muerte, o aun puede ser truncada en la juventud como un pimpollo es arrancado del rosal sin su consentimiento. Esta aparente tragedia de la vida es suavizada en gran manera por nuestra fe cristiana, que aunque el hombre muere, vivirá otra vez. Para los Santos de los Últimos Días que tienen fe, la muerte es solamente la separación del cuerpo y del espíritu. El cuerpo retorna al polvo, a los elementos de donde partió. El Espíritu vuelve a Dios, que le dio vida, para ser juzgado por El. Cuando Cristo estaba en la cruz, entre los dos malhechores, uno de ellos, arrepentido y reconociendo la gloria del Salvador, dijo: ". . . Señor, acuérdate de mí cuando vinieres a tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso." (Lucas 23:39-43) Mientras yacía su cuerpo en el sepulcro, Jesucristo fué al mundo espiritual y dejó un mensaje de esperanza y salvación a los hombres que habían sido malos. De ello declara S. Pedro: Porque también Cristo padeció una vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; en el cual también fué y predicó a los espíritus encarcelados; los cuales en otro tiempo fueron desobedientes, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé cuando se aparejaba el arca; en la cual pocas, es a saber, ocho personas fueron salvas por agua. (1 Pedro 3:18-20) Porque por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos; para que sean juzgados en carne según los hombres, y vivan en espíritu según Dios. (1 Pedro 4:6)
34

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO Los Santos de los Últimos Días creen que la vida en el mundo espiritual es un espacio de tiempo entre la muerte y la resurrección, y a la vez, un estado significante y útil en la vida eterna del hombre. El Libro de Mormón nos enseña que los justos se hallarán en un estado de paz y felicidad llamado Paraíso; aquellos que han hecho mal y han malgastado su probación durante la vida mortal, sufrirán remordimiento y angustia, la recompensa lógica de su vida inicua y vana.* Sin embargo, aún podrán tener esperanza. No están condenados a un castigo eterno. Un Dios de bondad y amor no podría encontrar placer en imponerles tal destino. Durante este estado espiritual, muchos enseñarán el evangelio a los hijos espirituales de Dios y les darán oportunidad de ejercitar la fe para arrepentimiento y la aceptación del evangelio, a fin de que puedan ser perdonados y continuar su vida eterna en una forma espiritual y con propósito. El estado final del hombre, al cual ya se ha hecho referencia en este capítulo, es el estado resucitado. Todo lo que el hombre haya logrado en su vida anterior se levantará con él en la resurrección. Cualquier principio de inteligencia que logremos en esta vida se levantará con nosotros en la resurrección; y si en esta vida una persona adquiere más conocimiento e inteligencia que otra, por motivo de su diligencia y obediencia, hasta ese grado le llevará la ventaja en el mundo venidero. (Doctrinas y Convenios 130:18-19) Todos los hombres resucitarán, el justo y el injusto, y recibirán una gloria y nueva oportunidad, de acuerdo con sus deseos y manera de vivir. Solamente aquellos que están completamente muertos para las cosas pertenecientes a la rectitud, que han perdido toda facultad para tener fe y arrepentimiento, pueden considerar perdida su oportunidad de salvación. El resto de la humanidad tiene un futuro, que puede ir creciendo en significado y realizaciones, de acuerdo con el propio deseo y esfuerzo de cada hombre.

CONCLUSIÓN
En la vida del hombre, según el concepto de los Santos de los Últimos Días, hay oportunidad y promesa. La vida es potencialmente buena y llena de propósitos. Dios y Cristo están haciendo todo cuanto está en su poder para "llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre." El hombre es también un agente moral y libre, responsable en buena parte de su propio progreso y también del bienestar de sus semejantes. Tiene grandes probabilidades de vivir inteligentemente y con rectitud. Nunca estará contento ni feliz, sino hasta que aprenda a darse cuenta de su naturaleza cabal como hijo de Dios e inteligencia eterna. Las próximas lecciones tratarán algunas de las doctrinas más importantes relativas a la vida y la naturaleza del hombre.

35

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capítulo 9 EL PROPOSITO DE LA VIDA
La vida, con sus oportunidades para aprender, crear, conocer amigos y seres queridos, ver y apreciar la belleza, jugar, reir y trabajar es una posesión inapreciable. No debía de utilizarse sino para el mayor bien posible. Para vivir nuestros días sobre la tierra, ya sean pocos o muchos, con el mayor provecho, y beneficio, debemos descubrir qué es lo más digno e importante, y entonces seguirlo con todas nuestras fuerzas. Todos habremos observado, sin ninguna duda, que la vida tiene más significado cuando estamos trabajando para llegar a una meta definida, y que es más confusa en los estados prolongados de preocupación e indecisión. La vida es más satisfactoria cuando jugamos un juego interesante, cuando hacemos planes para el matrimonio, para edificar una casa, salir de vacaciones o comenzar un nuevo e interesante trabajo. Si estas metas diferentes y en forma tan separada nos traen tanto ánimo y dan mayor significado a la vida, pensemos cómo una sola meta, en la cual estuviesen incluidas todas, unificaría y daría significado a la aventura completa del vivir. Anhelamos tal unidad y felicidad. Jesús reconoció esta necesidad cuando previno a los hombres contra la búsqueda de cualquier meta limitada y parcial que no satisficiera o salvara las almas de los hombres: Porque ¿qué aprovechará al hombre, si granjeare todo el mundo, y pierde su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? (Marcos 8:36-37) La religión debe ofrecer al hombre una explicación satisfactoria del propósito de su vida. Debe darle una meta que pueda entender e incorporar en su vida diaria para que le sirva como guía en todos sus pensamientos y acciones. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días ofrece al hombre la interpretación más inspirada del propósito y significado de su vida. Se halla indicado en las Escrituras. Jesús dijo: ... yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. (Juan 10:10) Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido. (Juan 15:11) Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto. (Mateo 5:48) Estos pasajes y otros similares muestran claramente la aprobación de la vida terrenal por el Salvador, y su gran deseo de que los hombres lleguen a vivirla completamente y con más perfección. Hay dos pasajes en las Escrituras de los Santos de los Últimos Días que concuerdan con los pasajes anteriormente citados. El primero, del Libro de Mormón, dice: Adán cayó para que los hombres existiesen; y existen los hombres para que tengan gozo. (2 Nefi 2:25) En el segundo, de la Perla de Gran Precio, se lee: Porque he aquí, ésta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre. (Moisés 1:39)

CONFIRMACIÓN DE LA VIDA
"Existen los hombres para que tengan gozo." Cristo vino para enseñar a los hombres cómo vivir, a fin de que la vida mortal fuese una experiencia rica y benéfica. La religión no está aquí para salvarnos de un infierno eterno ni simplemente para conducirnos a un éxtasis celestial. El evangelio de Jesucristo es un plan de vida, el cual, si lo obedecemos, nos ayudará a satisfacer nuestras necesidades como hijos de la tierra e hijos de Dios. Nos conducirá hacia la realización y cumplimiento personales. La vida aumentará en poder, significado y felicidad a medida que aprendemos a vivir como Cristo y el Padre lo desean y lo requieren de nosotros. La meta de la vida no se halla fuera del hombre, ni en sus posesiones o en alguna recompensa externa. El hombre no existe simplemente para glorificar a Dios, como algunos han enseñado. El propósito de nuestra existencia está dentro de nosotros. Lo que buscamos es más vida, vida más abundante, la realización de nuestros poderes más altos y nuestros deseos más nobles.

36

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

DIOS ES NUESTRO IDEAL
La vida que nosotros buscamos es la vida en su sentido e ideal más amplios y elevados. La vida de Dios es la vida más grande del universo. Su sabiduría es grande y su gloria es la inteligencia. Es justo e imparcial, misericordioso, amoroso y benevolente. Es creador, y siempre está produciendo cosas nuevas a imagen de su propia mente y corazón. Su gloria es servir a los demás, ver crecer a sus hijos moral y es-piritualmente; verlos aumentar en conocimiento y sabiduría, en justicia y misericordia, y ser cada vez más libres e ingeniosos. Dios desea compartir con nosotros la riqueza y bondad de la vida, que son suyas, porque: . . . esta empero es la vida eterna: que te conozcan el solo Dios verdadero, y a Jesucristo, al cual has enviado. (Juan 17:3) La palabra "eterno" tiene dos significados: (1) En nuestro último capítulo, destacamos que eterno significa sin principio ni fin. Este es el significado cuantitativo de la palabra. Mencionamos que Dios, así como la inteligencia del hombre, son eternos: sin principio ni fin. (2) La palabra "eterno" tiene también un significado cualitativo, y en ese sentido se usa a menudo en las Escrituras. Significa una vida semejante a la de Dios. Dios es eterno en ambos sentidos, cuantitativo y cualitativo. Su vida es imperecedera, pero es también completamente justa y fructífera en lo que concierne al bien. La vida del hombre igualmente es imperecedera pero le falta calidad como ahora la conocemos. Necesitamos vencer la ignorancia y el pecado y ser más parecidos a nuestro Padre Celestial: crecer a semejanza suya, porque El es la persona a cuya imagen hemos sido hechos. Somos sus hijos y hemos participado de su naturaleza. Y aunque somos iguales a El en cuanto a clase, existe una diferencia muy grande en cuanto a grado entre El y nosotros. Por motivo de su gran amor, está tratando de conducirnos a la vida abundante como es la de El, la cual nos ha sido revelada en la vida y enseñanzas de Jesucristo. En este mundo, los padres amorosos y sabios desean ver la felicidad de sus hijos. Saben también que esto sólo puede suceder si sus hijos desarrollan buenas cualidades de mente y carácter, y aprenden a vivir en forma útil y productiva dentro de la sociedad. El gozo de los hijos es el de los padres. Lo mismo sucede con Dios. Los hombres no son creados simplemente para servirlo. Existen para que tengan gozo, el gozo duradero y creciente que viene de vivir a semejanza de Dios y de Cristo. La gloria y el gozo de Dios consisten en conducirnos por la senda de la vida justa y feliz.

NI PECADO ORIGINAL NI ASCETICISMO
Los Santos de los Últimos Días rechazan la idea del pecado original, la doctrina de que todos los hombres comparten la culpa de Adán, heredando su pecado y siendo, por lo tanto, depravados y perversos por naturaleza. Nosotros creemos que Adán fué un noble hijo de Dios, no un pecador. Por conducto de Adán hemos heredado la vida mortal y la muerte; también un conocimiento del bien y del mal y la oportunidad de subir o caer. Adán cumplió bien su misión. De acuerdo con nuestra creencia, él hizo lo que Dios deseaba que hiciera, y lo que necesitaba ser hecho. La vida terrenal es para nosotros un estado de progreso potencial en nuestra búsqueda de la vida y la felicidad eternas. Los Santos de los Últimos Días también rechazan cualquier otra cosa que se aparte de las satisfacciones básicas de la vida. Esta clase de vida es llamada ascetismo, una palabra tomada del lenguaje griego que se aplicaba originalmente al rígido entrenamiento de los atletas para los juegos olímpicos. En la historia de la religión se han practicado dos clases de ascetismo: (1) El ostracismo, que es una forma de negar la propia personalidad, lo cual conduce a las personas a huir de los placeres comunes y de la asociación con los hombres, y vivir como hermitaños, o más comunmente como monjes o monjas. Muchos hombres y mujeres sinceros y espirituales han sentido y sienten que son incompatibles el amor hacia Dios y el matrimonio, los negocios, y otras responsabilidades y placeres de nuestra existencia mundana. La meta más alta para ellos es una vida de servicio y meditación entre personas de su propio sexo bajo la más estricta disciplina. (2) La otra clase de ascetismo es una forma extrema del puritanismo que caracterizó la vida de muchos grupos protestantes en el oeste de Europa y en Nueva Inglaterra. El puritano no huía de la sociedad entrando en un monasterio. Permanecía en el mundo pero no del mundo, es decir, se transformaba en "un monje dentro de la sociedad." Se casaba y participaba en los negocios, pero nunca aceptaba completamente su condición humana ni su capacidad para una vida de gozo. El hombre, según el punto de vista puritano, era esencialmente corrupto y malvado por naturaleza. Las relaciones entre el hombre y la mujer eran un mal necesario más bien que una magnífica
37

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO oportunidad de lograr el desarrollo de la personalidad por medio del amor, la creación y el servicio. En una revelación dada a José Smith en Doctrinas y Convenios se lee: Todos los espíritus de los hombres fueron inocentes en el principio; y habiendo Dios redimido al hombre de la caída, el hombre vino a quedar de nuevo en su estado de infancia, inocente delante de Dios. (Doctrinas y Convenios 93:38) El hombre llega al mundo inocente de toda culpa, pecado o depravación. Llega como un hijo de Dios, con cualidades divinas en su naturaleza humana. Más aún, el Espíritu de Dios y de Cristo enciende en cada persona que nace en el mundo el deseo de inclinarse hacia el bien. El hombre, siendo libre, puede elegir entre el bien y el mal. Los otros seres libres que viven con él influyen grandemente en su elección. Antes que dejemos esta vida mortal, la mayoría de nosotros habremos tenido abundantes oportunidades de elegir entre el bien y el mal. Pero el punto importante es que el hombre no es básicamente malo por naturaleza. Si hay algo en él, es más bien una inclinación hacia el bien que hacia el mal, bajo la influencia de su Hacedor. Y él está aquí para aprender el bien y de este modo encontrar el gozo. Esto lo conseguirá si aprende a vivir en armonía con la voluntad y los atributos de su Creador y a desarrollar sus posibilidades de llegar a ser como Dios. Un pasaje del Libro de Mormón nos ilustra el hecho de que el mal proviene de la ignorancia de nuestra verdadera meta, y la felicidad viene de vivir de conformidad con la voluntad de Dios: Mas he aquí, los días de vuestra probación ya pasaron; habéis demorado el día de vuestra salvación hasta que es demasiado tarde, y vuestra destrucción está asegurada; sí, porque habéis empleado todos los días de vuestra vida procurando lo que no podíais obtener, y habéis buscado la dicha cometiendo iniquidades, lo cual es contrario a la naturaleza de esa justicia que existe en nuestro gran y Eterno Caudillo. (Helaman 13:38) Y otros dos versos del Libro de Mormón expresan la misma idea: . . . He aquí, te digo que la maldad nunca fué felicidad... y han obrado contra la naturaleza de Dios; por tanto, se hallan en un estado que es contrario a la naturaleza de la felicidad. (Alma 41:10-11) Los Santos de los Últimos Días aceptan la vida como algo bueno. La vida terrenal fué bosquejada y creada por el Padre por conducto del Hijo para el desarrollo y felicidad del hombre. Las cosas no empezaron mal, sino como Dios las había planeado. La vida mortal no es una maldición sino una bendición. Como los hebreos de la antigüedad y los judíos de hoy, nosotros creemos que, "maldita será la tierra por amor de ti" (Génesis 3:17); que "no es bueno que el hombre esté solo . . . Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y allegarse ha a su mujer, y serán una sola carne." (Génesis 2:18-24) Nosotros creemos en el trabajo y en la diversión, en la vida familiar y en el matrimonio, en el canto y en el baile, en comer y beber las buenas cosas de la tierra. De todas estas cosas podemos gozar "con prudencia y acción de gracias" y de tal manera que guarden relación con el desenvolvimiento de nuestra personalidad cristiana, porque de otra manera no tienen valor alguno y aun pueden ser perjudiciales. Las Escrituras de los Santos de los Últimos Días nos hablan de esta actitud de aceptar gozosamente la vida. . . . quien prohibiere el matrimonio, no es ordenado de Dios; porque el matrimonio es instituido de Dios para el hombre. (Doctrinas y Convenios 49:15) El que ordena la abstención de la carne, para que el hombre no coma de ella, no es ordenado de Dios; porque, he aquí, las bestias del campo, y las aves del aire, y lo que viene de la tierra, se han destinado para el uso del hombre, por alimento y vestido, y para que tenga abundancia. (Doctrinas y Convenios 49:18, 19) . . . Dios ha decretado toda hierba saludable para la constitución, naturaleza y uso del hombre. Cada hierba en su sazón y cada fruta en su sazón ... Sí, la carne de todas las bestias y la de las aves del aire . . . sin embargo, deben usarse limitadamente . . . Todo grano ha sido destinado para el uso del hombre y de las bestias . . . (Doctrinas y Convenios 89)

IGUALDAD DE PROPÓSITO AQUÍ Y EN LA OTRA VIDA
No solamente en la vida terrenal existe la búsqueda del gozo y la felicidad mediante nuestro propio esfuerzo por llegar a una vida semejante a la de Dios. Aunque nosotros no sabemos mucho de nuestra vida anterior o futura, bosquejada en el último capítulo, una cosa sí parace clara: el propósito básico de la vida es esencialmente el mismo en todos los estados de nuestra existencia. En nuestra preexistencia, ejercitábamos
38

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO nuestro libre albedrío, desarrollando nuestra personalidad y aprendiendo a vivir en armonía con la ley divina. Aquí el propósito de la vida puede ser comprendido en su verdadera medida. Estamos labrando ahora nuestra salvación, no necesitamos esperar hasta llegar al cielo. Esto nos lo asegura un pasaje del Libro de Mormón: Sí, quisiera que vinieseis y no endurecieseis más vuestros corazones; porque he aquí, hoy es el tiempo y el día de vuestra salvación; y por tanto, si os arrepentís y no endurecéis más vuestros corazones, desde luego obrará para vosotros el gran plan de la redención. (Alma 34:31) Cuando muramos y lleguemos al mundo espiritual, los hombres tendrán la oportunidad de comprender mejor sus naturalezas. Fe, arrepentimiento, aceptación de Cristo, servicio al prójimo y otras cosas semejantes esperan a aquellos que ejerciten su libre albedrío y busquen estas felices experiencias. En el estado final del hombre, como ser resucitado, nos asegura una revelación de los Santos de los Últimos Días que "espíritu y elemento, inseparablemente unidos, reciben una plenitud de gozo." (Doctrinas y Convenios 93:33) En este glorioso estado los hombres podrán llegar a ser "hombres justos hechos perfectos," hijos de Dios, para recibir su gloria y compartir en forma progresiva, a través de las eternidades, la vida y la obra inteligente, creadora y amorosa del Padre Eterno.

UN PROPÓSITO SIN EGOÍSMO
El punto de vista desarrollado en este capítulo, podrá parecer a algunos no sólo egoísta, sino sumamente humano. Para terminar, vamos a definir nuestra posición, con la esperanza de allanar esta crítica. Buscamos para nosotros el gozo que también queremos para otros en igualdad de esfuerzos y propósitos. Todos los hombres son hijos de la tierra y de nuestro Padre Celestial. Nosotros no seríamos discípulos de Cristo ni hijos de Dios si no buscáramos la misma felicidad para todos los hombres. En la religión de los Santos de los Últimos Días existe un gran equilibrio entre la importancia y validez del trabajo individual y la responsabilidad por el bienestar de los demás. Esto se destacará cuando sigamos adelante con nuestro estudio. Así como creemos que el gran propósito de Dios es servir al hombre, así también creemos que nuestra gran necesidad y gran privilegio es servir a Dios. Es esta una situación maravillosa en que Dios ama al hombre, y el hombre ama a Dios, de lo cual resulta el gozo y realizaciones progresivas para ambos. El mormonismo incluye mucho de lo que se conoce como humanismo, pero también se distingue de éste en que Dios es nuestro ideal, Cristo nuestro estandarte y en que nosotros estamos luchando para ayudar a los hombres a comprender la personalidad de Dios así también como todo lo que hay de bueno en la naturaleza humana. Por último, la felicidad no es una meta directa. Algunas de las personas más miserables del mundo son aquellos que están buscándola, especialmente por un camino directo y con los brazos cruzados. El gozo es el producto incidental de la vida creadora y justa, de la integridad y el amor. El crecimiento y la realización personal son igualmente las consecuencias de otras metas. De ahí la sabia declaración de Jesús: Porque el que quisiere salvar su vida, la perderá; y el que perdiere su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará. (Marcos 8:35)

39

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capítulo 10 EL HOMBRE ES LIBRE
Josué, que sucedió a Moisés, como guía de Israel y tuvo las mismas dificultades que aquél para mantener a los israelitas leales a su fe, reunió a todo el pueblo un poco antes de su muerte, para hacerles una última amonestación. Les propuso una elección. Ahora pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de en medio los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres de esotra parte del río, y en Egipto; y servid a Jehová. Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quien sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron de esotra parte del río, o a los dioses dé los Amorrheos en cuya tierra habitáis: que yo y mi casa serviremos a Jehová. (Josué 24:14-15) Esta libertad de escoger es la raíz de la religión. Los profetas bíblicos predican al hombre el arrepentimiento, con la suposición de que es un ser moral y responsable. Casi todas las religiones de la humanidad enseñan que el hombre, hasta cierto punto, tiene libertad de elección. Los Santos de los Últimos Días son más explícitos y precisos en cuanto a su doctrina sobre el libre albedrío del hombre. Todas sus enseñanzas, el plan de salvación en total, dependen de esta doctrina fundamental de la Iglesia y la respetan. Leemos en las revelaciones modernas: Porque he aquí, no conviene que yo mande en todas las cosas; porque aquel que es compelido en todo, es un siervo flojo y no sabio; por lo tanto, no recibe ningún galardón. De cierto os digo, los hombres deberían estar anhelosamente consagrados a una causa justa, haciendo muchas cosas de su propia voluntad, y efectuando mucha justicia; porque el poder está en ellos, por lo que vienen a ser sus propios agentes (Doctrinas y Convenios 58:26-28) He aquí, yo le concedí que fuese su propio agente; y le di mandamientos; pero ningún mandamiento temporal le di, porque mis mandamientos son espirituales; no son naturales ni temporales, ni tampoco carnales ni sensuales. (Doctrinas y Convenios 29:35) El Libro de Mormón, con particularidad, explica y afirma que el hombre es un agente libre: Por lo tanto, el Señor Dios le concedió al hombre que obrara por sí mismo. De modo que el hombre no podía actuar por sí, a menos que lo incitara el uno o el otro. (2 Nefi 2:16) Y el Mesías vendrá en la plenitud de los tiempos para redimir a los hijos de los hombres de la caída. Y porque son redimidos de la caída, quedan libres para siempre, distinguiendo el bien del mal, para obrar por sí mismos y no para que obren sobre ellos, a menos que sea el castigo de la ley en el grande y último día, según los mandamientos que Dios ha dado. Así pues, los hombres son libres según la carne; y les son dadas todas las cosas que para ellos son propias. Y pueden escoger la libertad y la vida eterna, por motivo de la gran mediación para todos los hombres, o escoger la cautividad y la muerte según la cautividad y el poder del diablo, porque éste quiere que todos los hombres sean miserables como él. (2 Nefi 2:26-27) Así pues, recordad, recordad, mis hermanos, que el que perece, perece por causa de sí mismo, y quien comete iniquidad, lo hace contra sí mismo; pues he aquí, sois libres; se os permite obrar por vosotros mismos, porque Dios os ha dado el conocimiento y os ha hecho libres. El os ha concedido discernir el bien del mal, y escoger la vida o la muerte; y podéis hacer lo bueno y ser restablecidos a lo que es bueno o que os sea restituido lo que es bueno; o hacer lo malo y causar que lo que es malo os sea devuelto. (Helamán 14:30-31)

EL SIGNIFICADO DE LIBERTAD
Hay dos términos íntimamente relacionados, entre los cuales hay necesidad de distinguir: libertad y libre albedrío. Ambos son usados frecuentemente, a veces uno en lugar del otro, pero no son idénticos. El libre albedrío es la capacidad o la habilidad potencial para determinar el curso de la propia vida. Un ser libre no es manejado enteramente por causas externas. De cierto modo él dirige su vida a medida que la va viviendo. Tiene el poder de elegir entre las alternativas dadas. Es el sujeto y no el objeto de la acción. Un ser libre tiene iniciativa, es creador, y por lo tanto, desempeña un papel verdadero y significativo en su propio destino.
40

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO Libertad no es la misma cosa que libre albedrío. Aunque todos nosotros tenemos nuestro libre albedrío, no todos somos libres en la misma medida. Libertad significa nuestras oportunidades reales y nuestra verdadera habilidad para elegir lo que debemos hacer, para hacer elecciones. Tenemos que aprender, lograr y mantener la libertad. Puede aumentar o disminuir, ser ganada o perdida. Es algo concreto. Podemos ser libres en ciertos aspectos, y estar esclavizados en otros. Hemos nacido con el libre albedrío. Al menos, es parte latente de la naturaleza humana, un aspecto de la mentalidad del hombre. La libertad, sin embargo, es adquirida; se logra por medio de "sangre, sudor, y lágrimas" y varía grandemente en las personas, en los pueblos y en el transcurso de la vida del mismo individuo o del mismo pueblo. La libertad es algo completamente particular y definido como ilustraremos brevemente.

LOS LÍMITES DE LA LIBERTAD
Ningún hombre es completamente libre. Su libertad está limitada. El primer límite es el mundo en el cual se vive: las condiciones y leyes que se observan en el mundo de la naturaleza. El hombre, aunque quiera, no puede vivir para siempre como ser mortal. El debe morir algún día, al menos, hasta la fecha así ha sido la experiencia humana. El hombre no podría estar mucho tiempo sin alimento, bebida o aire, y seguir viviendo. En cierta forma sus decisiones están en gran parte limitadas por el mundo en el cual vive. Tiene que elegir entre las oportunidades dadas, y desarrollar su libertad bajo las condiciones que encuentra en la tierra. La libertad del hombre está en gran parte limitada por su ignorancia de las condiciones y leyes de la vida. La ignorancia limita el campo de acción del hombre, lo provoca a cometer crasos errores y hace que la superstición y el miedo se posesionen de su espíritu. La ignorancia de la naturaleza, de nosotros mismos y de nuestras relaciones con el hombre y Dios nos restringe en gran forma en nuestras elecciones y en la realización de las metas que hemos elegido. El tercer límite de nuestra verdadera libertad es el pecado. Pecar es obrar, a sabiendas o conscientemente, contrario a lo que sabemos que es lo correcto. El pecado es una debilidad o falla en nosotros que evita que hagamos la elección que hubiéramos debido hacer. Conocemos a un hombre que sabe que debería trabajar y sostener a su esposa y su familia. Pero no lo hace; es perezoso, irresponsable, inconstante. Estas debilidades le quitan la libertad que podría obtener por medio de un digno trabajo, a saber, mejores relaciones humanas, aumento del respeto de sí mismo, y oportunidad para adquirir las cosas que el dinero puede comprar. Estamos limitados en nuestra libertad por la existencia de otros seres libres como nosotros. Sufrimos por su ignorancia y sus pecados. Nuestro comportamiento está limitado por causa de sus derechos. El estado es el gran legislador de muchas de nuestras libertades y derechos. La constitución de los Estados Unidos de Norteamérica y muchos de los países democráticos de nuestra época, garantizan al hombre ciertos derechos inalienables dados por Dios, tales como la libertad de adorar, de reunirse y de votar. Nosotros hemos podido ver en nuestros días, cómo un pueblo amante de la libertad, como el checoeslovaco, puede perder trágica y rápidamente todas sus libertades civiles. La persona que ha realizado un casamiento equivocado vive en un estado de miedo, odio y contención, y descubre que no ha ganado libertad por medio del matrimonio, sino que está rodeado de restricciones y obligaciones que no tenía cuando era soltero. El matrimonio puede aumentar o disminuir la libertad total o particular de una persona, según la calidad o el grado alcanzado en ese estado.

SENDEROS DE LIBERTAD
Así como la ignorancia limita la libertad de uno, estorbando el paso con errores, supersticiones y miedo, así también el conocimiento puede aumentar la libertad, arrojando luz sobre nuestro camino, y echando a un lado el error y la superstición. El conocimiento de la teoría de que los gérmenes causan las enfermedades, lograda primero por Luis Pasteur, ha hecho mucho para eliminar el miedo y la superstición relacionadas con muchas enfermedades. El conocimiento de la imprenta llevó instrucción a todos los pueblos, y colocó la Biblia en manos de la gente común en su propio lenguaje. Jesús dijo ... a los judíos que le habían creído: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os libertará. (Juan 8:31-32)
41

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO Jesús puso al alcance de la humanidad una comprensión mayor de la personalidad de Dios y de la naturaleza del hombre. Nos enseñó a vivir con tranquilidad de conciencia, fe y amor, libres del miedo, odio, lujuria, pasión, hipocresía y otras cadenas que nos impiden y frustran en nuestra búsqueda de una vida completa y creadora. Así como el pecado restringe la libertad, la disciplina y la vida recta la aumentan. Para ser libres no solamente debemos saber cuál es el mejor camino que elegir, sino debemos poseer el poder de realizar tal elección y vivir en armonía con ella. Cuando no hacemos lo que sabemos que es lo correcto, perdemos nuestro propio respeto y fuerza moral, y malgastamos la libertad de que gozamos cuando la acción y la mente son una sola cosa, la expresión del "yo" completo y unificado. Algunas veces otras personas restringen nuestra libertad, pero pueden ser también una gran fuente de libertad para nosotros. El hombre es un ser social y ejercita su libertad mayor dentro de la sociedad. En la actualidad, los hombres de buena voluntad, trabajando y cooperando los unos con los otros, pueden multiplicar grandemente sus oportunidades. El capital y el trabajo, al luchar el uno contra el otro, como enemigos, ocasionan la pérdida de utilidades, producción y sus respectivas libertades; pero si el capital y el trabajo marchan juntos, pueden ser de sostén y ayuda mutua. En igual manera, las naciones que se miran la una a la otra como bestias feroces, están provocando pesados impuestos, enormes deudas, desconfianza y miedo; por otra parte, las naciones que se miraran como hermanas, en una gran comunidad de naciones, tendrían libertad para compartir las bendiciones del libre comercio, la energía atómica con fines pacíficos y los frutos de las inteligencias privilegiadas de cada pueblo, en todas las artes y las ciencias. Pensemos en el sentimiento de libertad, y también en las libertades particulares que le llegarían a la humanidad, si tuviéramos el conocimiento y el deseo de establecer la paz y buena voluntad entre todos los hombres. La religión es un sendero que lleva a la libertad, pero sólo para aquellos que la conocen en su carácter verdadero. Para libertar al hombre, la vida religiosa debe estar libre de miedo y egoísmo. La religión no se puede vivir en un ambiente de temor: temor del infierno, de la vida, la desconfianza en uno mismo. Esto no hace libre al hombre. La religión no se puede vivir a base de cálculos y regateos que nos impelen a hacer algo, no por su mérito, sino por una recompensa externa. Tal acción trae una recompensa como Jesús nos señaló en el capítulo 6 de Mateo, pero no es el fruto auténtico de la libertad religiosa. Solamente aquellos que viven la religión como Jesucristo la enseñó y vivió, son verdaderamente libres; aquellos que adoran a Dios "en espíritu y en verdad", que "aman al Señor su Dios de todo su corazón y de toda su alma y de toda su mente" y "pierden su vida por Cristo y por el evangelio." La vida religiosa debe ser pura en propósito y libre y de carácter espontáneo: el fruto de un alma amorosa, así como el amor hacia una flor, un amigo o un ser querido se halla libre de temor y no está pensando en la recompensa. Solamente el que se ha convertido al evangelio de Jesucristo y aprende a vivirlo sin ser obligado, y con un corazón feliz, sabe el significado de estas palabras de Cristo ... a los judíos que le habían creído: Sr vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad y la verdad os libertará. (Juan 8:31-32)

LA HISTORIA DE LA LIBERTAD DEL HOMBRE
La religión de los Santos de los Últimos Días no solamente hace hincapié en la libertad del hombre, sino también arroja luz sobre su origen y la historia de la lucha del hombre para aumentar y preservar dicha libertad. En una lección anterior sobre la Naturaleza del Hombre, describimos su preexistencia. Allí destacamos que el "hombre fué también en el principio con Dios. La inteligencia o la luz de verdad, no fué creada ni hecha, ni tampoco lo puede ser." Además: "Toda verdad, así como toda inteligencia, queda en libertad de obrar por sí misma en aquella esfera en la que Dios la colocó; de otra manera no hay existencia." (Doctrinas y Convenios 93:29, 30) Hay algo en el hombre que es increado, eterno y de existencia propia. A esto le llamamos inteligencia. El libre albedrío o sea la capacidad, deseo y necesidad del hombre de ser libre, es parte de esta inteligencia. El albedrío, entonces, es parte de la naturaleza eterna, increada del hombre. En el segundo estado de la preexistencia, cuando éramos todos hijos espirituales de Dios, nuestro libre albedrío desempeñó una parte significativa. Mientras Dios planeaba la vida terrenal para sus hijos, surgió la pregunta de quién debía guiarnos a través de nuestra existencia mortal y ayudarnos a cumplir con nuestro
42

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO propósito aquí y volver a nuestro Padre en los cielos, habiendo completado la medida de nuestra creación. La segunda pregunta estaba relacionada con la mejor manera de llevar a cabo el propósito de la vida humana. Se convocó un concilio donde se decidió el asunto. Tuvimos el derecho de aceptar o rechazar el plan presentado por el Padre en este concilio. Entre los presentes descollaba Lucifer, uno de los hijos de Dios y aparentemente uno de los principales entre la hueste celestial. Llegó ante de Dios y dijo: Heme aquí, envíame. Seré tu hijo y rescataré a todo el género humano, de modo que no se perderá una sola alma, y de seguro lo haré; dame, pues, tu honra. (Moisés 4:1; también versículos 2-4) Esta propuesta fué rechazada por Dios porque Lucifer o Satanás "intentó destruir el albedrío del hombre" y porque se rebeló contra Dios. Aunque no se dan los detalles, es evidente que el plan de Lucifer era contrario a todo el carácter y espíritu del evangelio. El era vano, ambicioso y estaba interesado en su propia gloria, y no conocía el espíritu de amor, servicio y humildad del evangelio. Más aún, su programa era imposible de realizar. La libertad es parte de la vida espiritual del hombre. La espiritualidad no es obligada, ni la puede poner uno sobre otro como una capa. La vida moral y espiritual es el fruto de llevar una vida moral y espiritual. El hombre no puede ser perfecto como su Padre que está en los cielos es perfecto, sin ser libre. La segunda propuesta fué hecha por el Señor Jesucristo, también un hijo de Dios, nuestro hermano mayor en la creación espiritual. Jesús dijo en aquel gran concilio: "Heme aquí, envíame" (Abrahán 3:27) ; y: "Padre, hágase tu voluntad, y sea tuya la gloria para siempre". La oferta de Cristo fué aceptada y El llegó a ser el Salvador de la humanidad. Su evangelio de amor, expresado en palabras, en su vida y en su muerte, concordaba en todo sentido con el libre albedrío y la libertad del hombre. Dios y Cristo siempre respetarán el libre albedrío del hombre. Cualquiera que viola este principio está de parte de Satanás. Los hombres no pueden ser obligaos a vivir rectamente, sino solamente persuadidos por medio del amor sincero. Vinimos a la tierra para ejercitar nuestro libre albedrío en la fe, para aprender y vivir las verdades del evangelio a fin de que podamos aumentar nuestra libertad. Todo principio de la religión enseñado por el Salvador: sinceridad, humildad, fe, perdón y amor, presuponen la libertad y la responsabilidad moral de los hombres. Los hombres no son títeres. No son piezas de ajedrez, manejadas en cada movimiento por Dios o Satanás. Los hombres son hijos de Dios y son libres de elegir entre el bien y el mal; y son responsables en gran medida de lo que escogen. El hombre por naturaleza desea y necesita ser libre. La historia de la humanidad, al menos desde un punto de vista, es una lucha por parte del hombre para libertar su alma del miedo, la superstición, ignorancia, enfermedades, y sobre todo de la tiranía de los otros hombres. Y el hombre continuará buscando, durante las eternidades, la libertad auténtica. Nuestro Padre que está en los cielos y su Hijo Jesucristo, le darán al hombre honra y ayuda en su búsqueda. Esta es la fe de los Santos de los Últimos Días.

43

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capitulo 11 EL HOMBRE ES CAPAZ DE PROGRESIÓN
ETERNA
Jesús nos dejó muchas parábolas en las que enseñó con fuerza y hermosura que los hombres deben recibir la palabra de Dios y dejarla crecer en sus vidas para que dé fruto. Una de las más notables es la del sembrador. Notemos sus palabras: Uno que sembraba salió a sembrar su simiente; y sembrando una parte cayó junto al camino, y fué hollada; y las aves del cielo la comieron. Y otra parte cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenía humedad. Y otra parte cayó entre las espinas; y naciendo las espinas juntamente, la ahogaron. Y otra parte cayó en buena tierra, y cuando fué nacida llevó fruto a ciento por uno. Diciendo estas cosas clamaba: El que tiene oídos para oír, oiga. Y sus discípulos le preguntaron, diciendo, qué era esta parábola. Y él dijo: A vosotros es dado conocer los misterios del reino de Dios; mas a los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan. Es pues ésta la parábola: La simiente es la palabra de Dios. Y los de junto al camino, éstos son los que oyen; y luego viene el diablo, y quita la palabra de su corazón, porque no crean y se salven. Y los de sobre la piedra son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo; mas éstos no tienen raíces; que a tiempo creen, y en el tiempo de la tentación se apartan. Y la que cayó entre las espinas, éstos son los que oyeron; mas yéndose, son ahogados de los cuidados y de las riquezas y de los pasatiempos de la vida, y no llevan fruto. Mas la que en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y llevan fruto en paciencia. (Lucas 8:5-15) Cuando la palabra de Dios es recibida por aquellos de corazón bueno y recto, ellos llevan fruto en paciencia. En la mente de Jesús, la vida religiosa no era algo estático, ni algo que necesitaba ser encerrado para preservarse, ni un talento para enterrarlo por miedo de perderlo. El quería que la religión diera fruto para perfección en la vida. En el crecimiento espiritual, hay experiencias de humildad, fe, arrepentimiento y amor. La vida no es estática y monótona sino continuamente creadora y productiva. Cualquier persona que medite sobre ello, sabe que su vida no es lo que podría y debería ser, y por consiguiente busca la verdad y lucha para vivir con más rectitud. La religión de los Santos de los Últimos Días armoniza con el deseo del hombre de crecer espiritual-mente y ganar con ello la aprobación del Salvador. Nosotros creemos que la vida del hombre sobre la tierra tiene sus propósitos, y que él puede crecer para alcanzar la perfección de aquel que es nuestro Creador y Padre Eterno. A esta creencia la llamamos la progresión eterna. La progresión no es solamente una característica práctica de la vida del hombre sobre la tierra, sino también en la fe de los Santos de los Últimos Días es un principio fundamental que tiene sus raíces en nuestra teología.

EL SIGNIFICADO DE PROGRESIÓN ETERNA
Progresión significa literalmente "el acto de avanzar". Lo más importante acerca de la progresión es la meta hacia la cual nos estamos dirigiendo. En el campo de batalla, los hombres avanzan hacia su destrucción. Las hierbas y los tumores crecen; los crímenes y las epidemias aumentan. Nosotros, pues, intentamos avanzar hacia una meta buena. Y la meta que buscamos es la que dirige y da significado a nuestro progreso. La progresión eterna tiene dos significados: uno cuantitativo y otro cualitativo; y la consideración de ambos es estimulante. Eterno, en el sentido cuantitativo, significa sin principio ni fin. Creemos que el hombre en su preexistencia, tuvo la oportunidad de aprender y mejorarse a sí mismo, por medio del libre albe-drío, asociándose con Dios y con sus otros semejantes y viviendo en el mismo estado. Su venida a la tierra fué planeada por Dios para probar al hombre, para hacerlo andar por la fe, probando el bien y el mal, y para que tuviera el privilegio y la responsabilidad de elegir entre uno y otro. Al mirar adelante hacia la vida venidera, el principio de la progresión sigue actuando. Todo lo que obtengamos en esta vida, ya sea de carácter espiritual, moral o intelectual, es parte de nuestra naturaleza eterna. Nuestras posesiones terrenales, casas, tierras, automóviles y cuentas bancarias permanecerán aquí; nuestros
44

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO cuerpos volverán a la tierra de donde vinieron ; pero nuestros espíritus eternos seguirán viviendo, conservando todo lo espiritual ganado en la mortalidad. Este hecho está claramente establecido en una revelación dada a José Smith: Cualquier principio de inteligencia que logremos en esta vida se levantará con nosotros en la resurrección; y si en esta vida una persona adquiere más conocimiento e inteligencia que otra, por motivo de su diligencia y obediencia, hasta ese grado le llevará la ventaja en el mundo venidero. (Doctrinas y Convenios 130:18-19) Jesús expresó el mismo pensamiento en su Sermón del Monte: No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompe, y donde ladrones minan y hurtan; mas haceos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orín corrompe, y donde ladrones no minan ni hurtan. (Mateo 6:1920) Al morir vamos al mundo espiritual. Allí recordaremos nuestros trabajos sobre la tierra. Sufriremos remordimiento, tal como sucede aquí, si nuestra vida ha sido vana, hueca y mala. Por el contrario, nos regocijaremos y gozaremos de tranquilidad de conciencia por el progreso que hayamos logrado en nuestra vida cristiana. No importa cual sea nuestra condición en el mundo espiritual, nuestra existencia consciente continuará y tendremos oportunidad de seguir progresando. Aquellos que no tuvieron su oportunidad de oír y entender el evangelio de Cristo sobre la tierra lo oirán allá y podrán ejercitar la fe y el arrepentimiento. Los más justos, aquellos que lo entiendan y lo crean, seguirán los pasos del Salvador y ayudarán a enseñarlo a los que lo entiendan poco o nada. En el último estado de la vida, cuando los hombres resuciten y estén totalmente capacitados para recibir el gozo, la vida no será estática ni llegará a un fin espiritual. Los cielos, para los Santos de los Últimos Días, no son como una calle sin salida, por gloriosos que sean. Cielo no significa ni más ni menos que una nueva y gran oportunidad de experimentar el gozo por medio de sus propias realizaciones. El hombre continuará buscando la vida abundante siempre, y podrá obtener satisfacciones y recompensas a lo largo de su camino. La progresión del hombre no tiene que llegar a un fin. Progresión eterna significa avanzar continuamente y mejorar gradualmente para siempre. Eterno significa no solamente infinito sino también semejante a Dios. Esto se evidencia claramente en las palabras de Jesús: "Esta empero es la vida eterna: que te conozcan el solo Dios verdadero, y a Jesucristo, al cual has enviado." (Juan 17:3) Lo que da un significado tan grande y abundante a la doctrina de la progresión eterna de los Santos de los Últimos Días no es solamente que durará para siempre, sino también que dicha progresión es hacia una meta maravillosa: el carácter y vida de Dios. Dios, el Padre, es nuestro ideal. El conoce la bondad, la riqueza y la plenitud de la vida. Nuestro propio gozo vendrá a medida que progresemos en la realización de las cualidades propias de Dios que existen en nuestras mentes y corazones. Nuestra necesidad consiste en crecer en justicia e imparcialidad, caridad y amor, conocimiento y sabiduría y en nuestra aptitud para ayudar a otros a obtener las mismas cualidades divinas. Cuando hacemos aumentar estas cualidades dentro de nosotros y compartimos con nuestr». Padre el servicio a nuestros semejantes, crecemos a su semejanza y compartimos su vida y obra. Nuestra meta eterna no es llegar a gozar de una visión de Dios en un sentido pasivo, como meros espectadores, ni llegar a un lugar de éxtasis y paz celestiales. Nuestra idea del cielo no es radicalmente diferente de nuestra experiencia aquí en la tierra, en su aspecto espiritual. Nuestro Padre Eterno quiere para nosotros la misma vida abundante que El posee. Desea que nosotros seamos más inteligentes, creadores y amorosos, como El lo es, para que podamos comprender el significado de la vida que El posee. Entre otras razones, Jesús vino a la tierra, para revelar a los hombres la naturaleza y la voluntad del Padre. El mismo "crecía en sabiduría, y en edad, y en gracia para con Dios y los hombres". (Lucas 2:52) Y "aunque era Hijo, por lo que padeció, aprendió la obediencia; y consumado, vino a ser causa de eterna salud a todos los que le obedecen." (Hebreos 5:8-9) En una revelación dada a José Smith leemos acerca del propio progreso del Salvador hacia la plenitud de la gloria de Dios. Y yo, Juan, doy testimonio de que vi su gloria, como la gloria del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad, aun el Espíritu de verdad, que vino y moró en la carne, y vivió entre nosotros. Y yo, Juan, vi que no recibió de la plenitud al principio, mas recibía gracia por gracia; Y no recibió de la plenitud al principio, mas progresó de gracia en gracia, hasta que recibió la plenitud; y por esto fué llamado el Hijo de Dios, porque no
45

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO recibió de la plenitud al principio. Y yo, Juan, doy testimonio; y he aquí, los cielos fueron abiertos, y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma de paloma, y reposó sobre él; y vino una voz del cielo que decía: Este es mi Hijo Amado. Y yo, Juan, testificó que recibió la plenitud de la gloria del Padre; y recibió todo poder, tanto en el cielo como en la tierra, y la gloria del Padre fué con él, porque moró en él. (Doctrinas y Convenios 93:11-17) También se nos ha prometido que podremos gozar de la plenitud de la gloria de Dios, si somos fieles y seguimos el camino del Salvador, viviendo como El quiere que lo hagamos. Y acontecerá que si sois fieles, recibiréis la plenitud del testimonio de Juan. Os digo estas cosas para que podáis com prender y saber cómo habéis de adorar y a quién; y para que podáis venir al Padre en mi nombre, y en el debido tiempo recibir de su plenitud. Porque si guardáis mis mandamientos, recibiréis de su plenitud, y seréis glorificados en mí, como yo lo soy en el Padre; por lo tanto, os digo, recibiréis gracia por gracia. (Doctrinas y Convenios 93:18-20) El futuro del hombre, glorioso, potencial y semejante al de Dios, está explicado en otro pasaje de Doctrinas y Convenios. Leemos sobre una visión de la vida venidera, recibida por José Smith y su compañero Sydney Rigdon: Y otra vez testificamos porque vimos y oímos, y éste es el testimonio del evangelio de Cristo concerniente a los que saldrán en la resurrección de los justos: Estos son los que recibieron el testimonio de Jesús, y creyeron en su nombre, y fueron bautizados según la manera de su entierro, siendo sepultados en el agua en su nombre, y esto de acuerdo con el mandamiento que él ha dado, de que por guardar los mandamientos pudiesen ser lavados y limpiados de todos sus pecados, y recibir el Espíritu Santo por la imposición de las manos de aquel que ha sido ordenado y confirmado para ejercer este poder—y son los que vencen por la fe, y los que sella el Santo Espíritu de la promesa, el cual el Padre derrama sobre todos los que son justos y fieles. Ellos son la Iglesia del Primogénito. Son aquelíos en cuyas manos el Padre ha entregado todas las cosas— Son sacerdotes y reyes, quienes han recibido de su plenitud y de su gloria, y son sacerdotes del Altísimo, según el orden de Melquisedec, fué según el orden de Enoc, que fué según el orden del Hijo Unigénito. De modo que, como está escrito, ellos son Dioses, aun los hijos de Dios—Por consiguiente, todas las cosas son suyas, y ellos son de Cristo, y Cristo es de Dios. Y vencerán todas las cosas. Por tanto, ninguno se gloríe en el hombre, más bien gloríese en Dios, quien sojuzgará a todo enemigo debajo de sus pies. Estos morarán en la presencia de Dios y de su Cristo para siempre jamás. Son los que él traerá consigo cuando venga en las nubes del cielo para reinar en la tierra sobre su pueblo. Estos son los que tendrán parte en la primera resurrección, y quienes saldrán en la resurrección de los justos. Son los que han venido al Monte de Sión, y a la ciudad del Dios viviente, el lugar celestial, el más santo de todos. Estos son los que han llegado a la compañía innumerable de ángeles, a la asamblea general e Iglesia de Enoc y del Primogénito. Son aquellos cuyos nombres están escritos en el cielo, donde Dios y Cristo son los jueces de todo. Son hombres justos hechos perfectos mediante Jesús, el mediador del nuevo convenio, quien obró esta perfecta expiación derramando su propia sangre. Son aquellos cuyos cuerpos son celestiales, cuya gloria es la del sol, aun la gloria de Dios, el más alto de todos, de cuya gloria está escrito que el sol del firmamento es típico. (Doctrinas y Convenios 76:50-70)

LA MANERA DE PROGRESAR
En este capítulo hemos declarado nuestra fe en el principio de la progresión eterna. Hemos demostrado que concuerda con la importancia que Jesús dio al crecimiento en la vida espiritual y con la necesidad que el hombre tiene de ese crecimiento. Y hemos tratado de mostrar el significado de progresión eterna en el sentido de avanzar siempre, practicando gradualmente y en forma creciente una vida más semejante a la de Dios y Cristo. Ahora hay otra pregunta importante referente al mismo tema: ¿ Cómo puede uno progresar eternamente? Esta pregunta no se puede contestar en un capítulo. Todo el evangelio de Jesucristo es un plan que tiene como fin conducir al hombre hacia la meta eterna de llegar a ser un verdadero Hijo de Dios y compartir el trabajo de su Padre. El lector tendrá que ser paciente y darnos tiempo para presentar el plan a medida que se desarrolla el curso y estudiamos la obra de Jesucristo. Aquí solamente podemos bosquejar tres pasos generales, no los principios particulares del plan.

46

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO 1. FE Como se ha indicado anteriormente, la religión descansa sobre la fe, en postulados de fe tan importantes como la existencia de Dios, y que la vida del hombre es una parte inmortal y útil de su creación divina, y que la vida cristiana nos dará el gozo más grande aquí y en la eternidad. La fe es el primer paso de la progresión eterna. Debemos tener suficiente confianza en nuestra meta para actuar: inclinar nuestras mentes y corazones hacia Dios y vivir más de acuerdo con lo que El requiere de nosotros. Debemos creer lo suficiente para practicar su palabra. La fe es un sentimiento que, según su fuerza, puede hallarse entre la esperanza y la seguridad completa, y nos permite vivir como si algo que todavía no hemos visto ni comprendido fuera verdad. Ninguno de nosotros ha visto a Dios, así que andamos por la fe. Ninguno de nosotros conoce el gozo de la plenitud de la vida cristiana, así que caminamos por la fe, procurando incorporar más de esa vida en las nuestras. La fe es un don de Dios. Todos los hombres, a menos que la resistan, llegan a estar bajo la influencia del Padre y del Hijo, quienes los persuaden a creer, a hacer lo justo y a aspirar a la vida recta. La fe, así como nuestros talentos, se debe cultivar para crecer y transformarse en algo verdaderamente vital. Un profeta del Libro de Mormón habló en forma convincente sobre el cultivo de la fe, el primer paso esencial de nuestra progresión. (Véase Alma 32:27-43)

II. CONOCIMIENTO
Una fe bien fundada conduce al conocimiento. El conocimiento es un requisito previo para progresar no sólo en la religión, sino en la ciencia, la industria o el estudio. Vivimos en un mundo de ley y orden, que rigen tanto en la naturaleza, como en la vida espiritual y moral del hombre. Jesús dijo: "Conoceréis la verdad, y la verdad os libertará". (Juan 8:32) Para un Santo de los Últimos Días, la vida religiosa incluye el conocimiento tanto como la fe. El propósito mismo de la fe es conducirnos al conocimiento de Dios y sus leyes para que podamos entenderlas y vivir de acuerdo con ellas. Las Escrituras de los Santos de los Últimos Días destacan con fuerza e interés que el conocimiento es parte del plan del eterno vivir del hombre: La gloria de Dios es la inteligencia . . . (Doctrinas y Convenios 93:36) Es imposible que el hombre se salve en la ignorancia. (Doctrinas Convenios 131:6)

III. OBEDIENCIA
La obediencia es el tercer paso básico de la progresión eterna. Comenzamos por la fe, que conduce al conocimiento; y por medio de la aceptación y la obediencia este conocimiento se incorpora con nuestras vidas. El conocimiento solo, de sí mismo, no trae el progreso, sino únicamente cuando se aplica a buenos propósitos. La creencia sola no lleva al nombre a Dios. Santiago se expresa claramente sobre este punto: Tú crees que Dios es uno; bien haces: también lo? demonios creen, y tiemblan. ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? (Santiago 2:19-20) Ni tampoco el conocimiento de por sí es base suficiente para la salvación, para esa eterna progresión hacia la vida gozosa semejante a la de Dios. Jesús sabía esto, y por eso recalcó la importancia de usar el conocimiento en nuestras vidas: Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la peña; y descendió lluvia y vinieron ríos, y soplaron vientos, y combatieron aquella casa; y no cayó; porque estaba fundada sobre la peña. Y cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, e hicieron ímpetu en aquella casa; y cayó, y fué grande su ruina. Y fué que, como Jesús acabó estas palabras, las gentes se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. (Mateo 7:24-29) Para los Santos de los Últimos Días la religión es fe que conduce al conocimiento de Dios y Cristo, aplicada a los pensamientos y conducta de los hombres en sus vidas diarias. Vivimos en un mundo regido por la ley. Estamos en el camino de la progresión que conduce a la vida eterna, cuando llegamos a aprender las leyes
47

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO de la vida y las leyes de Dios, y adaptamos nuestras vidas a ellas, con convicción personal, libre y auténtica. En los siguientes pasajes está bien sintetizado nuestro punto de vista: Porque, ¿en qué se beneficia un hombre a quien se confiere un don, si no lo recibe? He aquí, ni se regocija con lo que le es dado, ni se regocija en aquel que es el donador. Y además, de cierto os digo, que lo que la ley gobierna, también preserva, y por ella es perfeccionado y santificado. Aquello que traspasa la ley, y no vive conforme a ella, mas procura ser una ley a sí mismo, y quiere permanecer en el pecado, y del todo persiste en el pecado, no puede ser santificado por la ley, ni por la misericordia, la justicia o el juicio. Por tanto, tendrá que quedar sucio aún. A todos los reinos se ha dado una ley; y hay muchos reinos; porque no hay espacio en el cual no hay reino; ni hay reino en el cual no hay espacio, sea un reino mayor o menor. Y a cada reino se ha dado una ley; y cada ley tiene también ciertos límites y condiciones. Todos los seres que no se sujetan á estas condiciones, no son justificados. Porque la inteligencia jse adhiere a la inteligencia; la sabiduría recibe a la sabiduría; la verdad abraza a la verdad; la virtud ama a la virtud; la luz se allega a la luz; la misericordia tiene compasión de la misericordia y reclama lo suyo; la justicia sigue su curso y reclama lo suyo; el juicio va ante la faz de aquel que se sienta sobre el trono y gobierna y ejecuta todas las cosas. (Doctrinas y Convenios 88:33-40)

CONCLUSIÓN
Este principio de progresión eterna hacia el carácter de Dios es la piedra fundamental de las enseñanzas de los Santos de los Últimos Días. Va completamente de acuerdo con nuestras doctrinas sobre el hombre, su naturaleza eterna y libre, y con nuestro concepto de la salvación por medio de Jesucristo. Promete que la vida de cualquier hombre, bajo la dirección de Dios y en cooperación con sus semejantes, puede aumentar en significado y felicidad eternamente. Este principio es parte del punto de vista positivo, optimista e idealista que poseemos de la vida humana. Está basado en la fe, el conocimiento y la obediencia. La progresión eterna es crecimiento, y el crecimiento, en la vida espiritual del hombre, así como en la naturaleza, llega gradualmente y de acuerdo con la ley.

48

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capítulo 12 LA REVELACIÓN ES CONTINUA
En los capítulos anteriores hemos estudiado las creencias de los Santos de los Últimos Días, con respecto a Dios, el hombre y la manera en que están relacionados el uno con el otro. Estas creencias son el resultado de revelaciones de Dios dadas al hombre, ya que la revelación es la gran fuente del conocimiento religioso. En ésta y en las próximas lecciones, averiguaremos la naturaleza de la revelación, que consideramos el principio básico de la religión. Podemos saber entre otras cosas, qué es, cómo ocurre y cómo podemos conocer si una revelación viene de Dios.

EL SIGNIFICADO DE REVELACIÓN
Revelación, en su acepción religiosa, es la comunicación de un conocimiento o verdad divina al hombre. Es un sistema por el cual Dios hace saber al hombre su voluntad, su conocimiento y su carácter. Revelación es la comunicación entre Dios y el hombre, por medio de la cual éste recibe ideas, motivación e inspiración del Creador. Revelación presupone la existencia de un Dios persona], un Ser que piensa, dispone, propone y puede comunicar su pensamiento y voluntad al hombre. Este principio también presupone que Dios está interesado en el nombre, y es solícito para con su bienestar, conducta y destino. Es inimaginable que haya revelación sin la creencia en un Ser inteligente y divino que está profundamente interesado en el hombre. Si Dios no fuera una persona, sino algo así como una fuerza, un poder, un ídolo o un principio, sería imposible la revelación. La religión no sería más que la búsqueda de la verdad, por parte del hombre: su propio pensamiento y nada más. Las religiones que no creen en un Dios personal, no enseñan el principio de la revelación. Así fué con el confucianismo y el budismo cual fueron establecidos en el principio. Ni Confucio ni Buda se ocuparon en hablar de Dios; ninguno de los dos dijo haber recibido revelación de El. Lo mismo se manifiesta entre las religiones cristianas. Cuanto más abstracto e impersonal es el concepto de Dios en la religión que sea, menos es la fe que se tiene en la revelación presente e inmediata de El. La revelación no sólo presupone la existencia de un Dios personal interesado en el hombre, sino también la aptitud del hombre para responder a la influencia de Dios y recibir y entender, en determinada medida, la influencia e inspiración que viene de Dios. La revelación, como pronto veremos, claramente indica una relación recíproca. Para que esto sea posible, Dios y el hombre deben tener algunas cualidades parecidas para poder comunicarse entre sí, y corresponderse en pensamientos y sentimientos. La relación no es, por lo tanto, comunicación de Dios al hombre sino entre Dios y el hombre. No se trata solamente de que Dios la extienda al hombre, sino que también éste se esfuerce por alcanzar a su Hacedor. La revelación es un sistema de dos. No sólo Dios, sino el hombre son partes importantes. Las religiones que no creen muy firmemente en la dignidad, valor y libertad del hombre, se inclinan a rechazar la parte del hombre en la revelación. Como hemos destacado en capítulos anteriores, los Santos de los Últimos Días creen en un Padre Eterno, personal, amoroso, y en la dignidad, responsabilidad y libertad del hombre como hijo de Dios. Es natural entonces que creamos en la revelación como medio de comunicación entre El y el hombre, cada uno de los cuales desempeña un papel esencial en su operación.

LA REVELACIÓN CONTINUA EN LAS ENSEÑANZAS BÍBLICAS
La Biblia abunda en pasajes que proclaman que la revelación de Dios ha sido y debe ser continua. Este testimonio se repite una y otra vez en las continuas y frecuentes comunicaciones de Dios con el hombre. Citaremos algunos pasajes para ilustrar este hecho: Amos, un gran profeta del siglo ocho antes de J. C, dijo: "Porque no hará nada el Señor Jehová, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas." (Amos 3:7) Y explicando su propia profecía que había dirigido a los israelitas, les declaró más tarde: "Bramando el león, ¿quién no temerá? hablando el Señor Jehová, ¿quién no profetizará?" (Amos 3:8) El autor de Hebreos, al dar testimonio de la misión de Jesucristo, hizo una breve declaración de la revela49

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO ción continua de Dios al hombre en lo pasado: Dios, habiendo hablado, muchas veces y en muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado, por el Hijo, al cual constituyó heredero de todo . . . (Hebreos 1:1-2) Las revelaciones de Dios al hombre no cesaron con la venida de su Hijo Amado, y esto se patentiza en los libros del Nuevo Testamento, la mayoría de los cuales fueron escritos después de la crucifixión y resurrección de Cristo. El Salvador mismo no quiso que la revelación cesara con sus palabras, porque El dijo a sus discípulos: Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad y hallaréis; llamad, y os será abierto. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca halla; y al que llama, se abre. ¿Y cuál padre de vosotros, si su hijo le pidiere pan, le dará una piedra? o si pescado, ¿en lugar de pescado le dará una serpiente? O, si le pidiere un huevo, ¿le dará un escorpión? Pues, si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que lo pidieren de él? (Lucas 11:9-13) Y poco antes de su crucifixión les dijo a los Doce, que les enviaría el Consolador, el Espíritu de verdad, el cual "os guiará a toda verdad". (Juan 16:13; véase también Juan, capítulos 14, 15 y 16.) En las Escrituras se dice que el fin de las revelaciones es como una maldición y una gran desgracia, de lo cual es culpable el hombre por no buscar a Dios o no ser digno de recibir su palabra. En Deuteronomio se advierte a Israel sobre su futuro destino en la tierra de Canaán, y se le informa que si no oyere la voz de Jehová y guardare sus mandamientos, entonces "tus cielos que están sobre tu cabeza serán de metal; y la tierra que está debajo de tí, de hierro." (Deuteronomio 28:23) No tener revelación es un mal comparable a que la tierra, fuente de su sostén, no diera fruto. Hubo tiempos en la historia de Israel y Judá, en que parecían olvidarse de Dios y se vieron limitados a sus propios recursos y a merced de sus opresores y conquistadores. En el hermoso lenguaje de Isaías, nos es hecho saber que el abandono de Israel por parte de Dios, era más bien que lo habían abandonado a El. He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar ni hase agravado su oído para oír: mas vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar su rostro de vosotros para no oír. (Isaías 59:1-2. Léase el capítulo entero.) Aunque estos pasajes bíblicos, que ilustran las continuas revelaciones de Dios a los hombres y su deseo de comunicarse con ellos, son bastante convincentes, no son la mejor evidencia de sus revelaciones continuas a sus hijos. La Biblia misma es el mejor testigo. Tenemos en ella una colección de escritos que narran los hechos de Dios con el hombre durante miles de años. En su forma actual los escritos cubren un período de más de mil años. Muchos profetas, desde Moisés a Pablo, incluso Jesús, dieron repetido testimonio de que ellos estaban declarando la voluntad de Dios. Más aún, las cosas que dijeron y el espíritu y poder de sus palabras testifican de la verdad de su propia convicción y nos hacen creer que hablaron por Dios. No cabe duda que aquel que admite que hay revelaciones en la Biblia, puede hallarlas, cual se dieron de cuando en cuando, en rica abundancia, tanto en el Antiguo como el Nuevo Testamento.

LA REVELACIÓN NO TIENE FIN
Algo extraño sucedió en los primeros días de la historia de la Iglesia Cristiana, entre los siglos segundo y quinto de nuestra era. Durante el ministerio de Jesús y sus apóstoles no hubo Nuevo Testamento ni ninguna escritura cristiana. Estos hombres "hablaron, siendo inspirados del Espíritu Santo" (2 Pedro 1:21), como hace constar en los capítulos 2 y 6 de los Hechos y el 1 de Gálatas. Es cierto que usaron las escrituras del Antiguo Testamento, del que habían recibido su primitiva enseñanza, y porque querían convertir a los judíos a Jesucristo; pero también hablaban de las revelaciones que ellos mismos recibían, y recopilaron las palabras de Jesús. En el segundo siglo, los hombres dentro la iglesia empezaron a diferir en materia de doctrina, como es tan natural y frecuente en la historia de la religión. Aparecieron herejes, hombres cuyas ideas no eran aceptables en la opinión general de las autoridades de la Iglesia. Y surgió la pregunta: ¿Cómo acabaremos con la herejía ? La pregunta fué contestada. Se acordó que los escritos de los Apóstoles y algunos otros como Marcos y Lucas, que ya se estimaban y circulaban en la iglesia, podrían convertirse en normales o canónicos. Lo que habían escrito sería el evangelio verdadero.
50

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO Por tanto, los actuales escritos del Nuevo Testamento fueron recopilados en una obra o tomo y llegaron a ser el Nuevo Pacto o Testamento, que da testimonio de Jesucristo. El hombre debe estar agradecido por este tomo. Pero nosotros creemos, y otros piensan igual, que fué un error cerrarle la puerta a la revelación futura de carácter e importancia similares. Para silenciar la herejía de una vez por todas, el canon del Nuevo Testamento fué convertido en un libro cerrado. La revelación se consideró completa y final. De allí en adelante la misión de la Iglesia sería interpretar la revelación pasada. Y esta maravillosa pero breve y fragmentaria Escritura fué erróneamente aceptada, junto con el Antiguo Testamento como la revelación completa de Dios al hombre. La iglesia católica afirma hoy que las dos fuentes de su fe son las Escrituras y la tradición, ambas de las cuales yacen en lo pasado. Cuando los grandes reformadores, como Calvino y Lutero, fueron excomulgados de la Madre Iglesia, naturalmente se apartaron de mucha de la tradición católica y fundaron su fe en la Biblia. Y aun cuando creían en Dios y en que El aprobaría su valiente manera de proceder, adoptaron muchas de las creencias de la Madre Iglesia y buscaron en la Biblia la interpretación de su nueva fe. Se tornaron en intérpretes de la Biblia, cada uno indudablemente buscando la ayuda de Dios en esta nueva ventura. No les vino al pensamiento, especialmente en el primer período de la Reforma, que ellos podían buscar revelación directamente de Dios; que El podría declarar otra vez o inequívocamente su voluntad sobre los puntos de doctrina y práctica eclesiástica controvertibles o confusos. Para los Santos de los Últimos Días, la religión no es un libro cerrado; no está sujeta a lo pasado. Para nosotros la revelación no es como un lago, por hermoso que sea, donde no entra agua fresca. La revelación es más bien como una hermosa corriente de agua que fluye hacia numerosos lagos hermosos, pasa por entre ellos, y sigue adelante manteniéndose fresca, perpetuamente alimentada por Dios y bendiciendo continuamente a aquellos hombres que vienen a beber de su manantial. Creemos que hay algunas razones porqué la revelación debe ser continua; y porqué el conducto entre Dios y el hombre debe estar siempre abierto, de acuerdo con la tradición prof ética, para revelar importantes verdades al hombre. Consideremos algunas: 1. Si la revelación fué continua en los días bíblicos, ¿por qué no debe continuar, por lo menos de cuando en cuando, si los hombres la desean y la buscan sinceramente? ¿Es la Biblia el registro completo de las revelaciones de Dios al hombre? Nos parece que no. Se perdieron varios libros y hay mucho que no fué escrito. ¿Contiene la Biblia todo lo que Dios sabe o todo lo que el hombre necesita saber? Y ¿por qué, si Dios es el Padre de todos los hombres, y guió y dirigió a su pueblo "muchas veces y en muchas maneras" en lo pasado, ahora va a callar para siempre y dejarnos con tan sólo un antiguo registro? 2. La vida es dinámica. Las circunstancias en que se encuentra el hombre cambian; y también sus necesidades. Surgen situaciones históricas semejantes a la de Israel en Egipto, que exigen la comunicación entre Dios y el hombre. El hombre se enfrenta con nuevas preguntas, nuevos problemas, que requieren nuevas respuestas o nuevas aplicaciones e interpretaciones de las revelaciones anteriores. Una ilustración clásica la encontramos en el problema de que si el evangelio de Jesucristo debía ser dado a los gentiles tanto como a los judíos. Sólo una revelación pudo aclarar a Pedro el hecho de que se tenía por objeto que el evangelio fuese para todos los hombres. (Véase Hechos 10 y 15) 3. Si las revelaciones son de Dios y se dan por medio del Espíritu Santo y el Espíritu de Dios, entonces se necesita el mismo espíritu de revelación para entender las revelaciones pasadas, que se necesitó en primer lugar para recibirlas. Así como un científico comprende el trabajo de otro científico, usando el mismo método y actitud, así las revelaciones pasadas de Dios son mejor entendidas por medio del mismo espíritu de revelación mediante el cual fueron dadas originalmente. Si el estudiante de piano desea retener toda la habilidad que ha logrado, debe continuar practicando y mejorando su talento. ¿No es análogo esto y la vida del espíritu? Tenemos que estudiar más para conservar lo que sabemos de un asunto. Luego, ¿ no debemos también recibir más revelación para retener el entendimiento y valor que son parte de las revelaciones pasadas? 4. Para el hombre es de gran valor tanto el sistema como el contenido de las revelaciones. Buscaremos una ilustración en otro campo: Un hombre puede declarar su amor por su esposa el día de su casamiento, y luego no mencionarlo por años. Puede escribirlo y dar fe de ello ante un notario público el día de su boda. ¿Quiere esto decir que no tiene valor el que el marido declare de cuando en cuando su amor por su esposa para asegurárselo, conservar su amor y hacerlo crecer y enriquecerlo? Así son las relaciones del hombre con respecto a Dios.
51

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO Sentir el Espíritu y la influencia de Dios en la vida de uno, saber, por el testimonio personal de su Espíritu, que uno tiene la verdad, son experiencias maravillosas completamente distintas del contenido preciso de la revelación. Reconforta y alienta el pensamiento de uno, aumenta la fe, da esperanza y seguridad, y trae el amor a nuestra vida. 5. Creemos que la revelación es un procedimiento instructivo, en el cual nuestro Padre Celestial es el maestro y los hombres sus alumnos. Todo maestro prudente y eficaz toma en cuenta el ambiente, entendimiento y circunstancias que rodean a sus alumnos. Enseña a un niño en el lenguaje del niño, y al adulto con el vocabulario correspondiente. La revelación viene al individuo o al pueblo en el idioma que pueden entender. Al paso que entienden y viven de acuerdo con las revelaciones pasadas, se colocan en posición tal de recibir más y merecen recibir más a fin de poder entender mejor la voluntad de Dios y obedecerla. Para los Santos de los Últimos Días la revelación de Dios es el fundamento mismo de la religión verdadera. Nos gloriamos en las grandes verdades recibidas en épocas pasadas y no vemos porqué no ha de estar en vigor este principio mientras haya hombres en la tierra que buscan revelaciones y son dignos de recibirlas. He aquí algunas afirmaciones de las Escrituras de los Santos de los Últimos Días que declaran nuestra fe en la revelación continua: ¡Ay del que dijere: Hemos recibido la palabra de Dios, y no necesitamos más de sus palabras, porque ya tenemos suficientes! Pues he aquí, así dice el Señor Dios: Daré a los hijos de los hombres línea por línef,, precepto por precepto, un poco aquí y un poco allí, y benditos son aquellos que escuchan mis preceptos y prestan atención a mis consejos, porque aprenderán sabiduría; pues a quien reciba daré más; y a los que digan: Tenemos ya bastante, les será quitado aun lo que tuvieren. (2 Nefi 28:29-30) ¿No sabéis que hay más de una nación? ¿No sabéis que yo el Señor vuestro Dios, he creado a todos los hombres y me acuerdo de los que viven en las islas del mar; que gobierno arriba en los cielos y abajo en la tierra, y llevo mi palabra a los hijos de los hombres, sí, a todas las naciones de la tierra? ¿Por qué murmuráis por tener que recibir más de mis palabras? ¿Acaso no sabéis que el testimonio de dos naciones os es un testigo de que yo soy Dios, y que me acuerdo tanto de una nación como de otra? Por tanto, hablo las mismas palabras, así a una como a otra nación. Y cuando las dos naciones se junten, su testimonio se juntará también. Y hago esto para mostrar a muchos que soy el mismo ayer, hoy y para siempre; y que declaro mis palabras según mi voluntad. Y no supongáis que porque hablé una palabra, no puedo hablar otra; porque aún no he concluido mi obra, ni se acabará hasta el fin del hombre, ni desde entonces para siempre jamás. Así que no por tener una Biblia, debéis suponer que contiene todas mis palabras; ni tampoco suponer que lio he hecho escribir otras más. Porque mando a todos los hombres, tanto en el este, como en el oeste, en el norte, así como en el sur y en las islas del mar, que escriban lo que yo les hable; porque de los libros que se han escrito juzgaré al mundo, cada cual según sus obras, conforme a lo que se haya escrito. (2 Nefi 29:7-11) He aquí, yo soy Dios, y lo he proferido; estos mandamientos son míos, y diéronse a mis siervos en su debilidad, según su idioma, para que entendiesen. Para que si errasen, fuese manifestado; y si buscasen sabiduría, se les instruyera; y si pecasen, se les castigara para que se arrepintieran; y siendo humildes, fuesen hechos fuertes y bendecidos de lo alto, recibiendo conocimiento de cuando en cuando. (Doctrinas y Convenios 1:24-28) Creemos todo lo que Dios ha revelado, todo lo que actualmente revela, y creemos que aún revelará muchos grandes e importantes asuntos pertenecientes al reino de Dios. (Artículo de Fe número 9) Creemos en ser honrados, verídicos, castos, benevolentes, virtuosos y en hacer bien a todos los hombres; en verdad, podemos decir que seguimos la admonición de Pablo: Todo lo creemos, todo lo esperamos; hemos sufrido muchas cosas, y esperamos poder sufrir todas las cosas. Si hay algo virtuoso, bello, o de buena reputación o digno de alabanza, a esto aspiramos. (Artículo de Fe número 13)

CONCLUSIÓN
¿Qué nos gustaría tener más, una hacienda bien cultivada, con su maquinaria y bien dirigida, o la cosecha de esa hacienda durante muchos años? ¿No preferiríamos la hacienda, que produciría nuevas cosechas año tras año, para nosotros y nuestros hijos?
52

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO ¿ Qué preferiríamos, algunos libros con las revelaciones pasadas de Dios al hombre, o comunicación actual con El, con la seguridad, gozo y posibilidades que derivarían de ello? ¿No preferiríamos la experiencia actual de la revelación más bien que una colección parcial de revelaciones pasadas? Felizmente no tenemos que hacer la elección. El agricultor puede tener las dos cosas, la hacienda y la cosecha. Así también, nosotros tenemos un libro con algunas de las revelaciones de Dios en épocas pasadas, y la seguridad que hoy El revela a los hombres su voluntad y que también mañana puede hacerlo.

53

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capítulo 13 EL DEBER DEL HOMBRE EN CUANTO A LA REVELACIÓN
Las revelaciones de Dios son buenas para el hombre. Le son dadas para proporcionarle la salvación, para ayudarle a entender el propósito de su vida y la manera de lograrlo. Seguramente sería muy bueno si pudiéramos tener más revelación, orientación constante y la reafirmación de nuestra fe por parte de Dios. Dios, siendo justo e imparcial, y también un Padre amoroso, debe estar dispuesto a comunicar su voluntad a cualquiera de los hombres o a todos ellos. De hecho, sería razonable pensar que El está tratando de llegar al corazón de los hombres, porque son sus hijos, y por lo tanto, el objeto de su amor e interés. La causa de que algunos hombres hayan recibido más revelaciones de Dios que otros, yace no en la voluntad de Dios sino en la debilidad de los hombres. Nosotros creemos que Dios anhela revelar su voluntad y deseo a todos los hombres. El porqué de las limitaciones en las revelaciones no yace en El sino en nosotros. El es el gran maestro, nosotros somos los alumnos. Para aprender debemos hacer nuestra parte. Se precisa que nos preparemos para recibir revelaciones. Podríamos preguntar : ¿ Cuáles son, entonces, los requisitos que gobiernan las revelaciones? ¿Cómo puede el hombre prepararse para recibirlas ?

LO QUE SE REQUIERE PARA LA REVELACIÓN
1. Para recibir una revelación de Dios, el hombre debe desearla y buscarla. En esto debe haber estado pensando Jesús cuando nos dijo: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá: Porque cualquiera que pide, recibe y el que busca, halla y al que llama se abrirá. (Mateo 7:7-8) Isaías lo afirma con palabras parecidas, "Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano." (Isaías 55:6) Así como un estudiante no puede aprender de su maestro sin el deseo o esfuerzo de su parte, así tampoco el hombre puede aprender de Dios sin tener algún deseo, disposición y aspiración en su corazón. ¿Cómo puede Dios contestar oraciones que no han sido hechas? ¿Cómo puede dar revelación a mentes que no están despejadas para recibirla? Nuestra creencia es que la revelación es completamente natural y razonable, una respuesta divina al deseo humano. Esto está ex-plicado en hermosas palabras en una revelación dada a José Smith. La transcribimos para darle todo su mérito y valor. He aquí, yo soy Dios, y lo he proferido; estos mandamientos son míos, y diéronse a mis siervos en su debilidad, según su idioma para que entendiesen. Para que si errasen, fuese manifestado; y si buscasen sabiduría, se les instruyera; y si pecasen se les castigara para que se arrepintieran; y siendo humildes, fuesen hechos fuertes y bendecidos de lo alto, recibiendo conocimiento de cuando en cuando. (Doctrinas y Convenios 1:24-28) 2. El hombre no solamente debe desear la revelación de Dios, sino también tener fe en El y en su disposición para revelarse a sí mismo. Encontramos acen- > tuado este hecho en Santiago 1:5-8: Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, demándela a Dios, el cual da a todos abundantemente, y no zahiere, y le será dada. Pero pida en fe, no dudando nada. Porque el que duda es semejante a la onda de la mar, que es movida del viento, y echada de una parte a otra. No piense pues el tal hombre que recibirá ninguna cosa del Señor. El hombre de doblado ánimo es inconstante en todos sus caminos. La facultad del Salvador de impartir su poder curativo a otros, dependía de la fe de los que venían a El. Cuántas veces dijo a aquellos a quienes había curado: "Tu fe te ha hecho salvo." (Marcos 5:24-34) Sin embargo, en su propio país, donde los hombres lo conocían simplemente como un vecino y carpintero, y tenían poca fe en El, "no pudo hacer allí alguna maravilla; solamente sanó unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos. Y estaba maravillado de la incredulidad de ellos." (Marcos 6:5-6) También dijo "Si puedes creer, al que cree todo es posible." (Marcos 9:23) Los dones y revelaciones de Dios están al alcance de todos los hombres, pero los reciben solamente
54

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO aquellos que los desean y los buscan con verdadero fervor. Y los ganamos según el afán con que los buscamos. 3. Para recibir revelación de Dios, el hombre también debe ser digno. Un hermoso y conocido Salmo tiene aplicación aquí: ¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en el lugar de su santidad? El limpio de manos y puro de corazón: el que no ha elevado su alma a la vanidad, ni jurado con engaño. El recibirá bendición de Jehová. (Salmos 24:3-5) El Señor no espera la perfección en la naturaleza humana, y es misericordioso y perdona; pero no actúa por medio de una persona de malas acciones o pensamientos, ni mora en él. S. Pablo nos asegura esto en sus escritos a los Santos en Corinto: ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno violare el templo de Dios, Dios destruirá al tal: porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es. (1 Corintios 3:16-17) Si una persona es humilde, sincera, pura de corazón, desinteresada y procura seriamente conocer la voluntad de Dios, seguramente el Señor estará dispuesto a escuchar su deseo y responder a su fe. Por el contrario, no se puede esperar que Dios inspire a hombres que no están viviendo según su sagrado propósito y sus atributos divinos. En la segunda Epístola de Pedro encontramos declarada con hermosas palabras, la preparación que ha de hacer el hombre para recibir conocimiento de Cristo: Por las cuales nos son dadas preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas fueseis hechos participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que está en el mundo por concupiscencia. Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, mostrad en vuestra fe, virtud, y en la virtud ciencia; y en la ciencia templanza, y en la templanza paciencia, y en la paciencia temor de Dios; y en el temor de Dios, amor fraternal, y en el amor fraternal, caridad. Porque si en vosotros hay estas cosas, y abundan, no os dejarán estar ociosos, ni estériles en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. (2 Pedro 1:4-8) 4. La revelación de Dios tiene su propósito. Se da para llenar una verdadera necesidad de la vida humana. Bien podemos creer que siempre hay necesidad de revelación, y sin embargo no llega. Además de una necesidad concreta, debe haber alguien que sedé cuenta de esa necesidad y se prepare bajo la dirección de Dios para hacer algo. Al repasar la historia bíblica, encontramos muchos ejemplos en los cuales hay ambas cosas: una necesidad verdadera y una persona que sintió esa necesidad y recibió la revelación de Dios. Cuando los hijos de Israel clamaban a Dios, agobiados por la esclavitud egipcia, Moisés estuvo allí para verlos, para indignarse, para salir en su defensa y volver a Madián y preparar allí su vida y carácter para recibir las revelaciones de Jehová y sacar a Israel de la esclavitud. En los días de la corrupción y degeneración moral de Israel, hubo algunos hombres moral y espiritualmente sensitivos, como Amos, Oseas, Miqueas, Isaías y Jeremías, quienes pudieron ver y sentir la maldad de su pueblo. Dios habló a esos hombres de carácter noble, puros de pensamiento y reverentes de corazón, y ellos lo comprendieron. Aunque no tenemos los detalles completos, resulta claro que estos hombres se volvieron hacia Dios y recibieron revelaciones de El. Conocían las necesidades de Israel, porque eran las suyas propias. El apóstol Pablo había visto en visión a Jesucristo en el camino a Damasco, y le fué dado a entender que no podía seguir luchando contra la fe cristiana y persiguiendo a los santos. El Señor necesitaba a Pablo para llevar el evangelio a los gentiles, cuyo mundo él conocía y entendía. Aunque las Escrituras no indican que Pablo haya pedido este llamamiento, es evidente que él estaba preparado para ello. El conocía su idioma, costumbres y cultura. Pablo gozaba de todas las libertades y derechos de un ciudadano romano y era devotamente fiel a Dios y su voluntad como él la entendía. Aunque no lo declaran las Escrituras, quizá había estado pidiendo sinceramente a Dios que lo iluminara.

¿A QUIÉN HABLA DIOS?
En vista de que Dios es justo, imparcial y no hace acepción de personas, creemos que cualquier hombre puede recibir revelaciones si cumple con los requisitos que acabamos de enumerar. Cualquier ser humano, puede orar a Dios, recibir su orientación e influencia, y sentir su Santo Espíritu. El Libro de Mormón declara enfáticamente este punto. Respecto' de lo que el Salvador siente hacia todos los hombres, leemos allí: Porque he aquí, amados hermanos míos, os digo que el Señor no obra en la obscuridad. El no hace nada a
55

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO menos que sea para el beneficio del mundo, porque ama tanto al mundo, que da su propia vida para llevar todos los hombres a él. Por tanto, a nadie manda no participar de su salvación. ¿Acaso dice él a alguien: Apártate de mí? He aquí, os digo que no; antes dice: Venid a mí, vosotros, todos los extremos de la tierra, comprad leche y miel sin dinero y sin precio. He aquí, ¿ha mandado él a alguno que salga de las sinagogas o de las casas de oración? He aquí, os digo que no. ¿Ha mandado él a alguien que no participe de su salvación? He aquí, os digo que no, sino que la ha dado libremente a todos los hombres; y ha mandado a su pueblo que persuada a todos los hombres a que se arrepientan. He aquí, ¿ha mandado el Señor a alguien que no participe de su bondad? He aquí, os digo que no: mas un hombre tiene tanto privilegio como otro, y nadie es vedado. (2 Nefi 26:23-28) Alma, el gran misionero, cuyas enseñanzas también se hallan en el Libro de Mormón, sintió a tal grado el espíritu de su llamamiento, que deseó poder sonar trompeta al mundo entero y llamar al arrepentimiento a todos los pueblos. Luego se dio cuenta de que todos los hombres eran hijos de Dios, y que El estaba obrando por medio de otros, como lo había hecho con él, para llevar a cabo sus propósitos. De modo que terminó, diciendo: Pues he aquí, el Señor concede a todas las naciones, que de su propia nación y lengua les enseñen su palabra, sí, con sabiduría, cuanto él juzgue conveniente que tengan; por lo tanto, vemos que el Señor aconseja en sabiduría, de conformidad con lo que es justo y verdadero. (Alma 29:8; léanse también los versículos 1-8.) Un amable y bondadoso Padre de todos los hombres está tratando de inspirar e iluminar a todos sus hijos, movido por el gran deseo de volver el corazón de ellos hacia El y hacia la verdad la justicia. En una revelación dada a José Smith leemos de este amor sin igual de Dios y encontramos que Jesucristo tiene parte en esta divina influencia que viene al hombre. (Jesús) ascendió a lo alto, así como descendió debajo de todo, por cuanto comprendía todas las cosas a fin de que él fuese en todas las cosas y por en medio de todas las cosas, la luz de la verdad; la cual verdad brilla. Esta es la luz de Cristo. Como que también está en el sol, y es la luz del sol, y el poder por el cual fué hecho. Así como también esta en la luna, y es la luz de la luna, y el poder por el cual fué hecha. Como también la luz de las estrellas, y el poder por el cual fueron hechas. Y la tierra también, y el poder de ella, aun la tierra sobre la que os halláis. Y la luz que brilla, que os alumbra, viene de aquel que ilumina vuestros ojos, que es la misma luz que vivifica vuestros entendimientos. La cual procede de la presencia de Dios para llenar la inmensidad del espacio—la luz que existe en todas las cosas, la que da vida a todas las cosas, la ley por la cual se gobiernan todas las cosas, aun el poder de Dios, quien se sienta sobre su trono y existe en el seno de la eternidad, y en medio de todas las cosas. (Doctrinas y Convenios 88:6-13) Los hombres difieren en su deseo y capacidad para recibir revelaciones de Dios. Jesucristo es la revelación más grande de Dios al hombre. El conocía el pensamiento de su Padre y nos reveló su personalidad y su voluntad, más completa y personalmente que cualquiera de los que vivieron antes. Moisés, Amos, Isaías, Pablo y algunos en nuestros propios días han sido destacados reveladores. Estos y otros hombres han sido llamados para hablar, en nombre de Dios, a la humanidad en todas las naciones del mundo. Creemos que la revelación no está restringida solamente a los profetas. Cada hombre, como hijo de Dios, tiene el mismo derecho de dirigirse a su Padre. Cada cual tiene a su disposición los mismos medios básicos de comunicación, el mismo deseo, fe, dignidad moral, necesidad y la comprensión de esa necesidad. Cada persona tiene tanto derecho a la revelación para sus propias necesidades y su situación particular en la vida, como un profeta de Dios lo tiene para recibir revelación en las mismas situaciones. Un padre puede recibir revelaciones para su familia; una maestra de la Escuela Dominical para su trabajo como maestra y una madre para su papel como madre. Esta es la enseñanza de los Santos de los Últimos Días. Nosotros creemos que concuerda con la justicia y el amor de Dios, y con la dignidad y libertad de cada individuo.

CÓMO SE RECIBE LA REVELACIÓN
Hemos hablado de la naturaleza de la revelación, su carácter continuo, su adaptación a las necesidades del hombre y quién puede recibirla. Poco es lo que se ha dicho del modo o de la forma en que Dios se revela a los hombres.

POR MEDIO DE LO QUE HA CREADO
Cuando dejamos el ruido y confusión de una ciudad moderna y nos retiramos solos o con un amigo a un
56

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO lugar quieto de la montaña, o miramos hacia arriba al cielo, o caminamos por un verde valle al pie de la montaña, o andamos por el campo a caballo en la inmensidad de la llanura, nuestros corazones se calman, nuestras mentes se tranquilizan y es fácil creer que el mundo es de Dios. La naturaleza, majestuosa y bella, nos revela algo del carácter y pensamientos del Creador. Oh Jehová, Señor nuestro, ¡cuan grande es tu nombre en toda la tierra, que has puesto tu gloria sobre los cielos! Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste: digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre que lo visites? Pues le has hecho poco menor que los ángeles, y coronástelo de gloria y de lustre. (Salmos 8:1, 3-5) La tierra rueda sobre sus alas, y el sol da su luz de día, y la luna de noche, y las estrellas también dan su luz, conforme ruedan sobre sus alas en su gloria, en medio del poder de Dios, ¿A qué compararé estos reinos para que comprendáis? He aquí, todos estos son reinos, y el hombre que ha visto a cualquiera o el menor de éstos, ha visto a Dios obrando en su majestad y poder. (Doctrinas y Convenios 88:45-47)

POR MEDIO DE SU ESPÍRITU
Hay una influencia que emana del Padre y del Hijo, que es llamada el Espíritu de Dios y también la Luz de Cristo. Esta influencia inteligente y divina está luchando con todos los hombres, procurando iluminar sus mentes, vivificar su sensibilidad moral e inclinarlos a buscar con sed la vida buena. Este hecho no puede ser aceptado por un esceptico, solamente se puede aceptar por la fe y aprenderse por la experiencia personal. Seguramente en todos los hombres—salvo en aquellos demasiado incapacitados para actuar como seres humanos, y en una minoría que en general podríamos llamar de mala índole—existe un deseo de hacer lo justo y el anhelo de un ideal. Los hombres son buenos por naturaleza. No sólo actúan sino que tienen que dejar satisfecha su conciencia en cuanto a sus hechos. El Espíritu de Dios y de Cristo está siempre luchando con los hombres. En las Escrituras encontramos esta verdad: Oh, Jehová, tú me has examinado y conocido, tú has conocido mi sentarme y mi levantarme, has entendido desde lejos mis pensamientos. Mi senda y mi acostarme has rodeado, y estás impuesto en todos mis caminos, Pues aun no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh, Jehová, tú la sabes toda. Detrás y delante me guarneciste, y sobre mí pusiste tu mano. Más maravillosa es la ciencia que mi capacidad; alta es, no puedo comprenderla. ¿Adonde me iré de tu espíritu? ¿y adonde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú: y si en abismo hiciere mi estrado, he aquí allí tú estás. Si tomare las alas del alba, y habitare en el extremo de la mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra. Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; aun la noche resplandecerá tocante a mí. Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día: lo mismo te son las tinieblas que la luz. (Salmos 139:1-12) El mismo pensamiento está expresado en las revelaciones a dadas a José Smith. Porque la palabra del Señor es verdad; y lo que es verdad es luz; y lo que es luz es Espíritu, aun el espíritu de Jesucristo. Y el Espíritu de luz a cada ser que viene al mundo; y el Espíritu ilumina a todo hombre por el mundo, si escucha la voz del Espíritu. (Doctrinas y Convenios 84:45-46)

POR MEDIO DE VISIONES
En ocasiones de gran importancia Dios se ha dignado presentarse al hombre en persona por medio de una visión. En el Monte de Horeb, Moisés vio la zarza ardiendo, y que aun cuando ardía no se consumía. Allí fué donde Moisés oyó la voz de Dios diciéndole que se quitara los zapatos, pues el lugar en que estaba era tierra santa. Esta no fué sino la primera visión de Moisés que se halla escrita. En sus cuarenta años de director tuvo otras oportunidades de ver al Señor en el Monte de Horeb o Sinaí, donde, según las Escrituras, "hablaba Jehová a Moisés, cara a cara, como cualquiera habla a su compañero." Isaías, profeta, estadista y poeta de Israel y Judá, vio a Dios en una visión en el Templo que llenó su alma de pavor ante la santidad de Dios y le hizo comprender su propia impiedad, que él describe en estas palabras: Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; que siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos. (Isaías 6:5) Jesús llevó a Pedro, Santiago y Juan a una alta montaña. Allí se transfiguró ante ellos, en su gloria como
57

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO Hijo de Dios. "Y he aquí les aparecieron Moisés y Elias hablando con él". La visión de Esteban, en que vio a "Jesús que estaba a la diestra de Dios; y la visión que vio Pablo de Jesucristo en el camino a Damasco, son otros ejemplos de las visiones celestiales que vieron los fundadores de la Iglesia Cristiana primitiva. Los Santos de los Últimos Días creen en la realidad de las visiones celestiales. Si el hombre es un hijo de Dios y éste es real y personal, ¿ por qué no ha mostrarse al hombre cuando la ocasión exige esta manifestación tan sagrada? Nuestra propia fe fué establecida por visitaciones celestiales que no son más fantásticas ni menos razonables en propósito y resultado que las antiguas manifestaciones bíblicas. Creemos que José Smith, vio una visión tan real del Padre y del Hijo como las de Esteban, Pablo, Isaías o Moisés. Cuando hablemos sobre el origen y significado de la fe de los Santos de los Últimos Días, al llegar al final del curso, hablaremos más de estas visiones.

POR MEDIO DEL ESPÍRITU SANTO
Creemos que las visiones celestiales y los sueños inspirados por Dios son el medio excepcional y no común de la comunicación divina. La mayoría de las revelaciones vienen, como Jesús prometió que vendrían, por medio de la "voz apacible" del Espíritu Santo. Después de su resurrección, dijo a los Doce, deseosos de saber cuándo restauraría otra vez el reino de Israel, que ellos "recibirían la virtud del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros; y me seréis testigos en Jerusalem, y en toda Judea, y Samaría, y hasta lo último de la tierra".* El día de Pentecostés se cumplió la promesa del Salvador. Los Doce experimentaron lo que se llama el bautismo de fuego, el nacimiento del Espíritu. De allí en adelante, ellos comprendieron su divina misión, y a menudo hablaban según eran dirigidos por el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es el gran medio por el cual la revelación de Dios llega al hombre, no solamente a sus profetas sino también a cada hombre que se ha merecido esta inspiración y revelación. El Espíritu Santo da testimonio del Padre y del Hijo y nos ayuda a comprender su voluntad y a vivir de acuerdo con sus enseñanzas. En una revelación moderna tenemos esta promesa: Sí, he aquí, te lo manifestaré en tu mente y corazón por medio del Espíritu Santo que vendrá sobre tí y morará en tu corazón. Ahora he aquí, este es el Espíritu de revelación. . . . (Doctrinas y Convenios 8:2-3) En el último capítulo del Libro de Mormón se declara que el Espíritu Santo dará testimonio de la verdad. He aquí, quisiera exhortaros, al leer estas cosas, si Dios juzga prudente que las leáis, a que recordaseis lo misericordioso que el Señor ha sido hacia los hijos de los hombres desde la creación de Adán hasta el tiempo en que recibáis estas cosas, y a que lo meditaseis en vuestros corazones. Y cuando recibáis estas cosas, quisiera exhortaros a que preguntaseis a Dios el Eterno Padre, en el nombre de Cristo, si no son verdaderas estas cosas; y si pedís con un corazón sincero, con verdadera intención, teniendo fe en Cristo él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo; y por el poder del Espíritu Santo podréis conocer la verdad de todas las cosas. (Moroni 10:3-5) No es fácil determinar cuándo nos está inspirando el Espíritu Santo, y cuándo está inspirando a alguna otra persona. De esto hablaremos en el próximo capítulo.

58

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capítulo 14 VERIFICACIÓN DE LA REVELACIÓN
En el siglo nueve antes de J.C., Elias el Profeta juntó a todo Israel y a los profetas de Baal en el Monte de Carmelo, para llevar a cabo una de las pruebas más dramáticas de la verdad religiosa. Cuando se hubieron reunido, Acercándose Elias a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra. (1 Reyes 18:21) Elias había declarado en forma inequívoca la necesidad de escoger: o seguir a Jehová, Dios de Israel, o a Baal. La gente no tuvo qué responder, porque no les quedaba otra alternativa. La vida no es tan sencilla en el siglo veinte para la gente que sabe leer y escribir. En muchas naciones han hablado los grandes directores religiosos. En algunas cosas están de acuerdo, en otras difieren mucho. Dentro de cada fe, hay a menudo muchas sectas, muchos puntos de vista. Entre los judíos, por ejemplo, hay ortodoxos, conservativos y reformistas. Entre los cristianos hay católicos romanos, griegos ortodoxos, una gran variedad de credos protestantes y Santos de los Últimos Días. La gente cristiana tiene principios y aspiraciones comunes, pero difieren radicalmente en cuanto a su teología, actividad en la iglesia y el carácter de su vida diaria. La Biblia, aceptada por todos los cristianos, no es fácil de interpretar. Escrita originalmente en griego y en hebreo, por muchos autores, durante muchos siglos, ha sido editada y reeditada y traducida muchas veces. No conocemos los originales. Por importante que sea el libro, no está libre de errores de traducción y algunas contradicciones. Como la revelación tiene que venir de Dios por medio del hombre, se adapta a las necesidades de éstos, según sus debilidades y circunstancias. Algunas de las enseñanzas de la ley de Moisés, por ejemplo, se oponen mucho a las subsiguientes enseñanzas de los profetas y de Jesús. La Ley se adaptó al lenguaje y las necesidades de la época. Por supuesto, hay otras cosas en la ley de Moisés que son semejantes a cualesquiera de las enseñanzas que se han dado después. Es por esto que la gente de diferentes creencias a menudo recurre a esta misma Biblia para establecer la autoridad de sus enseñanzas. La mayoría de nosotros hemos crecido dentro de la fe de nuestros padres. Ellos nos doctrinaron y nos predispusieron a favor o en contra de ella. Al entrar en años, en esta época crítica y compleja, llegará el día en que juzgaremos la fe de nuestros padres por sus propios méritos. Esto no es fácil. Algunas veces nos es presentada una nueva fe. También esto merece una consideración imparcial. Toda clase de gente vendrá a nosotros con "la palabra de Dios" ¿ Cómo podremos distinguir entre la verdad y el error ? ¿Cómo sabremos si una revelación es de Dios? El apóstol Pablo dijo: "Examinadlo todo; retened lo bueno."* Este consejo es prudente; pero ¿cómo conoceremos lo que es bueno? La respuesta no es sencilla. No hay un modo único de conocer la verdad. Pero hay un número de buenas maneras que nos han recomendado Jesús y los profetas, y los cuales concuerdan con la razón y la experiencia humanas. Someteremos algunas maneras de probar la verdad a la consideración del lector. En cuestiones de fe y en los grandes problemas relativos a la vida, las respuestas no se obtienen fácilmente. En el último análisis, cada persona debe aprender a juzgar por sí misma. Otros pueden ofrecer razones y sugerencias, y el Dios de verdad ayudará, pero la fe religiosa, al fin y al cabo, es cuestión personal. Como Santos de los Últimos Días, respetamos el derecho de cada individuo a su propia fe, a la libertad de conciencia, en tanto que no estorbe la libertad de los demás. Nosotros reclamamos el derecho de adorar a Dios Todopoderoso conforme a los dictados de nuestra propia conciencia, y concedemos a todos los hombres el mismo privilegio: adoren cómo, dónde o lo que deseen. (Artículo de Fe Núm. 11)

TRES MANERAS DE SABER
Los filósofos hablan de tres maneras de saber: por la razón, la experiencia y la intuición.* Nuestra experiencia en la vida parece confirmar la exactitud y valor de esta clasificación. Si algo es verdad, nosotros esperamos: (1) que sea lógico, esté libre de contradicciones, parezca razonable, y pueda ser comprendido; y (2)
59

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO que se pueda verificar, si es posible, de acuerdo con nuestra experiencia, y se pueda aplicar y hacerse fructificar en la vida. (3) También nos sentimos confirmados en nuestra creencia, si nos sentimos seguros de un asunto, sobre todo después de haber meditado y orado sobre ello. Algunos asuntos de la vida pueden ser probados por la razón, otros por la experiencia y algunos tal vez por la inspiración o la intuición. Consideremos estas tres maneras básicas de llegar a conocer, en lo que respecta a la revelación.

I. INTUICIÓN, PERCEPCIÓN, INSPIRACIÓN.
En el dramático relato de la resurrección de Jesucristo, como lo narra S. Lucas en el capítulo 24, el autor nos dice de dos discípulos que habiendo oído de la resurrección del Salvador, conversaban sobre ello mientras caminaban hacia una aldea llamada Emmaús, a alguna distancia de Jerusalem. Mientras comentaban las noticias e incidentes del día, "el mismo Jesús se llegó e iba con ellos juntamente. Mas los ojos de ellos estaban embargados, para que no le conociesen." Los hombres le declararon a Jesús lo que había sucedido durante el día. Al atardecer, cuando iba a apartarse de ellos, los hombres le rogaron que los acompañara, Y aconteció, que estando sentado con ellos a la mesa, tomando el pan, bendijo, y partió y dióles. Entonces fueron abiertos los ojos de ellos, y le conocieron; mas él se desapareció de los ojos de ellos. (Lucas 24:30-31) Luego ellos se dijeron el uno al otro estas palabras significativas: "¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras? Si somos humildes, sinceros y oramos, tenemos el derecho de sentir la verdad o la falsedad de una revelación atribuida a Dios. Cuando oigamos y contemplemos la verdad religiosa, nuestro corazón también "arderá en nosotros" como testimonio del Espíritu de Dios o del Espíritu Santo. Como hemos mencionado en lecciones anteriores, Jesús dijo: "Pedid, y se os dará, buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá." Un Padre amoroso, un Dios de verdad, ciertamente está interesado en guiar a sus hijos hacia la verdad. Esta confirmación del Espíritu no viene al hombre automáticamente, sin deseo o esfuerzo de su parte. Para ser inspirado de Dios, el hombre debe tener fe, ser humilde, tener interés en buscar la verdad y la voluntad de Dios. La inspiración viene al hombre como respuesta a su necesidad, deseo y esfuerzo espiritual, como ya indicamos en un capítulo anterior. En la historia de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días hay una interesante explicación de cómo Dios inspira al hombre en su investigación espiritual. Oliverio Cowdery, amigo y secretario de José Smith, solicitó el gran privilegio de traducir parte de la historia del Libro de Mormón al inglés. Su petición fué finalmente concedida, pero fracasó al intentarlo. La razón de su fracaso le fué declarada, y nos da una explicación razonable de cómo el hombre recibe revelación de Dios. He aquí, no has entendido: has supuesto que yo te lo concedería cuando no pensaste sino en preguntarme. Pero, he aquí, te digo que tienes que estudiarlo en tu mente; entonces has de preguntarme si está bien; y si así fuere, causaré que arda tu pecho dentro de ti; por lo tanto, sentirás que está bien. Mas si no estuviere bien, no sentirás tal cosa, sino que vendrá sobre ti un estupor de pensamiento que te hará olvidar la cosa errónea; por lo tanto, no puedes escribir lo que sea sagrado a no ser que te lo diga yo. (Doctrinas y Convenios 9:7-9) La percepción es una experiencia personal o subjetiva. No es tan concreta o tangible como una idea o un objeto. Las percepciones son reales, pero difíciles de comunicar a los demás y aun difíciles de recordar e interpretar por la persona que los experimentó. Por lo tanto, mucha gente de naturaleza práctica, crítica o intelectual duda que las percepciones o intuiciones sirvan como guía hacia la verdad. Quieren saber cómo podemos confiar en nuestros sentimientos, cómo podemos saber que están bajo la influencia del Espíritu de Dios y que no son simplemente el producto de nuestra propia psicología u operaciones psicológicas. Nuestras emociones pueden engañarnos. Los críticos tienen razón en hacer tales preguntas. Creemos que el hombre no debe permitir que las emociones sean la única guía hacia la verdad religiosa Nuestros sentimientos necesitan ser guiados por la razón y por la experiencia total de nuestra vida. Y dentro del campo mismo de las emociones, debemos aprender por la experiencia y verificación si podemos confiar en nuestras percepciones intuitivas, y si las inspira otro poder ajeno al nuestro. Debemos darnos tiempo en el estudio de la religión para ver si "el ardor en nuestros corazones" es constante y viene como respuesta a una oración y no simplemente a nuestro estado emocional del momento. El sentimiento debe ser convincente y venir acompañado del pensamiento y el vivir, para poder confiar en él. Consideremos, ahora, las otras pruebas de la
60

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO verdad, a saber, la razón y la experiencia.

II. LA RAZÓN
El hombre está dotado de un intelecto, la capacidad para pensar. Aunque hay muchas cosas que el hombre no puede saber por el solo uso de su mente, la mayoría de lo que sabe es el resultado de pensar. Por lo tanto, en nuestra búsqueda de la verdad, incluso la verdad religiosa, no debemos pasar por alto el pensamiento. Jesús tuvo una mentalidad notable Hacía preguntas provocantes y difíciles y daba respuestas profundas y sabias. Al leer la historia del evangelio nos impresiona la claridad y fuerza de su pensamiento así como la profundidad y fuerza de su sentimiento. El evangelio de Jesucristo seguramente debe impresionar nuestras mentes así como nuestros corazones. La emoción da a la vida satisfacción y motivo; la razón puede darnos la orientación y guía necesarias. El Creador mismo es Dios de amor y también de verdad. Jehová con sabiduría fundó la tierra; afirmó los cielos con inteligencia. Con su ciencia se partieron los abismos, y destilan el rocío los cielos. (Proverbios 3:19-20) Consideremos algunas formas en que podemos usar nuestras mentes para evaluar las verdades religiosas. 1. La revelación de Dios es razonable. Es lógica. Podemos esperar que tenga significado y propósito en la vida humana. Las grandes revelaciones de lo pasado, como los escritos de Amos e Isaías, contienen mensajes de importancia intelectual, impresionan a la razón. Algunas veces la gente dice tener revelaciones de Dios, que carecen de significado por completo. El escritor recuerda que una vez encontró a una persona, un hombre que parecía sincero, que decía que Jesús lo había visitado y había hablado con él noche tras noche. Cuando se le preguntó qué le había dicho Jesú, el hombre no supo. La pregunta le cayó de sorpresa. Otra persona, a quien encontramos, dijo que Dios lo había inspirado para escribir la Biblia nuevamente. Después de examinar algunos de sus manuscritos, no encontramos ninguna nueva contribución al significado de la Biblia. Nos pareció que no había hecho sino copiar el texto. En un pasaje del Libro de Mormón dice: "Porque he aquí, hermanos míos os digo que el Señor no obra en la obscuridad." (2 Nefi 26:23) Creemos que hay dos clases de obscuridad espiritual: la ignorancia y el pecado. Dios no peca. Tampoco hace su trabajo en la ignorancia, ni trae confusión a las mentes de los hombres. Nosotros creemos, por lo tanto, que una revelación de Dios debe tener propósito, significado y ha de poder entenderse. 2. La revelación de Dios concuerda consigo misma, no se contradice. Por ejemplo, es imposible que nos otros creamos a la vez en la predestinación y en el libre albedrío del hombre. Predestinación significa que Dios había predeterminado la salvación y la condenación del hombre antes que éste fuera creado. Esta doctrina da a entender que la salvación es enteramente la obra de Dios. Libre albedrío, por otra parte, indica claramente que el hombre puede elegir, hasta cierto punto, el curso de su vida, y que es un agente moral y responsable. Libre albedrío y predestinación, parecen ser principios irreconciliables cuando pertenecen a la misma religión. Uno debe ceder lugar al otro. 3. La revelación, para ser inspirada de Dios, debe estar de acuerdo con los grandes fundamentos de la religión que han sido enseñados una y otra vez y que han demostrado su valor en la historia de la humanidad. En el capítulo 13 de Deuteronomio se halla una interesante advertencia dada a Israel en la antigüedad. Se amonestó al pueblo claramente a no escuchar a ningún hombre, ni aun siendo profeta, que los alejara de su Dios verdadero a la adoración de otros dioses. Cuando se levantare de en medio de ti profeta, o soñador de sueños, y te diere señal o prodigio, y acaeciere la señal o prodigio que él te dijo, diciendo: Vamos en pos de dioses ajenos, que no conociste, y sirvámosles; no darás oído a las palabras de tal profeta ni al tal soñador de sueños: porque Jehová vuestro Dios os prueba, para saber si amáis a Jehová vuestro Dios con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma. En pos de Jehová vuestro Dios andaréis, y a él temeréis, y guardaréis sus mandamientos, y escucharéis su voz, y a él serviréis, y a él os allegaréis. (Deuteronomio 13:1-4) Una supuesta revelación que se opone a tales principios como los de la justicia y amor de Dios, y el libre albedrío y la dignidad del hombre, no puede ser inspirada de Dios. ¿Por qué ha de inspirar a los hombres para que contradigan sus grandes enseñanzas dadas en una época anterior por sus profetas? 4. La revelación que es de Dios debe concordar con el espíritu y las enseñanzas de su Hijo Jesucristo,
61

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO porque El vino a la tierra para revelar a los hombres la naturaleza y personalidad de Dios. Los cristianos que creen en Jesucristo lo aceptan como la revelación de Dios al hombre. El nos ha dado la religión en su mejor, más alta y pura expresión. Conviene que como cristianos estudiemos diligentemente su vida y sus enseñanzas, y entonces procurar que nuestras propias interpretaciones de las Escrituras estén de acuerdo con lo que El destacó en la religión. Donde encontremos palabras de las Escrituras o de cualquier hombre que no concuerdan con los fundamentos que Jesús enseñó, debemos de tener cuidado. O es que no entendemos el mensaje, o el locutor o escritor carece de inspiración, porque Cristo sabía la voluntad del Padre, y El es nuestro mejor guía hacia la verdad religiosa. Jesús dijo en respuesta a la pregunta de Pilatos, "¿Luego rey eres tú?", Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. (Juan 18:37) Un autora de himnos mormones, Eliza R. Snow, dio expresión a nuestra fe en Cristo como nuestra guía a la verdad religiosa en estas palabras: La senda de verdad marcó Con toda claridad: La luz y vida que sin fin Reflejan la verdad. ("De Corte Celestial Cuan Gran Amor," himno de Eliza R. Snow.) Las enseñanzas y las prácticas no cristianas no pueden ser inspiradas de Dios.

III. LA EXPERIENCIA
El Salvador nos ha enseñado una tercera forma de conocer si la revelación viene de Dios. Cuando los judíos se maravillaban de sus enseñanzas, diciendo: ¿Cómo sabe éste letras no habiendo aprendido? Respondióles Jesús y dijo: Mi doctrina no es mía sino de aquel que me envió. El que quisiere hacer su voluntad, conocerá de la doctrina si viene de Dios, o si yo hablo de mí mismo. El que habla de sí mismo su propia gloria busca; mas el que busca la gloria del que le envió, este es verdadero, y no hay en él injusticia. (Juan 7:15-18) En el Sermón del Monte Jesús dijo: Y guardaos de los falsos profetas que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, mas de dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis ¿Cógense uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol lleva buenos frutos; mas el árbol maleado lleva malos frutos. No puede el buen árbol llevar malos frutos, ni el árbol maleado llevar frutos buenos. Todo árbol que no lleva buen fruto, córtase y échase en el fuego. Así que por sus frutos los conoceréis. (Mateo 7:15-20) La verdadera religión, cuando se vive en la vida diaria, traerá gozo, paz mental, valor y bienestar. El Espíritu de Dios también nos dará testimonio de la justicia de un principio cuando lo obedezcamos. Existe cierto peligro en querer probar la falsedad o la veracidad de una religión por practicarla. Si el principio o la doctrina es falsa, uno puede arruinar su vida por practicarla, o sufrir una pérdida irreparable por experimentar con el mal. Por lo tanto, es bueno aprenderla vicariamente, es decir, observando los frutos de la vida religiosa en las vidas de otros. Por lo tanto, al tratar de determinar el valor de la religión, es importante utilizar los tres modos de conocer la verdad: meditando, buscando inspiración y por medio de la experiencia.

CONCLUSIÓN
En este capítulo indicamos la dificultad de encontrar la verdad en esta época compleja y moderna. Luego describimos brevemente las tres formas de llegar a saber: percepción, razón y experiencia, y sugerimos cómo puede usarse cada una para verificar las revelaciones. Recomendamos las tres formas y creemos que deben cotejarse y complementarse la una a la otra. El hombre debe orar, pensar en esta religión y vivirla también. Entonces sabrá si es de Dios y debe tener la fe para aceptarla o rechazarla. Examinadlo todo; retened lo bueno. (1 Tesalonicenses 5:21)
62

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capítulo 15 LA BIBLIA—SU ESENCIA E INTERPRETACIÓN
En los tres últimos capítulos hemos tratado acerca de algunas de las creencias básicas de los Santos de los Últimos Días relativas a la revelación. Destacamos que Dios ha revelado su pensamiento, de tiempo en tiempo, a los hombres en su propio lenguaje, y de acuerdo con sus propias necesidades y circunstancias. Muchas de estas importantes y más estimadas revelaciones han sido reunidas y conservadas como Escrituras. De ahí que las Escrituras dan testimonio de las comunicaciones de Dios al hombre, y son de mucho valor como la fuente de ideas y entendimiento religiosos. Nuestro estudio sobre la revelación, para ser extenso, debe incluir nuestras creencias sobre la Biblia y también una presentación de otras Escrituras que han sido publicadas por la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

LO QUE ES LA BIBLIA
La palabra "Biblia" es de origen griego y significa libros. El nombre es muy adecuado porque la Biblia no es un libro, sino una colección de 66 libros. Estos sesenta y seis libros están divididos en dos grupos principales: El Antiguo Testamento (Antiguo Convenio) y el Nuevo Testamento (Nuevo Convenio). Es conveniente, entonces, leer y estudiar la Biblia, no como si fuera un solo libro, sino como dos colecciones de escrituras sagradas. El Antiguo Testamento fué escrito por los judíos en el lenguaje hebreo. Es más grande y hay más variación en su contenido que en el Nuevo Testamento. Es una historia religiosa de la vida de la gente hebrea que relata la creación del mundo, la vida de los patriarcas desde Adán hasta Abrahán, y luego, con más detalles, el establecimiento e historia del pueblo de Israel. Es interesante estudiar los libros del Antiguo Testamento de acuerdo con la manera en que fueron compilados y clasificados por el pueblo judío.

EL ANTIGUO TESTAMENTO
I. La Ley (Llamada también el Pentateuco o Torah) Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio. II. Los Profetas A. Históricos: Josué, Jueces, 1 de Samuel, 2 de Samuel, Reyes 1 y 2. B. Literarios: Isaías, Jeremías, Ezequiel, Oseas, Joel, Amos, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Haggeo, Zacarías, Malaquías. III. Los Escritos A. Históricos y narrativos: Ruth, Esther, Crónicas 1 y 2. B. Proféticos: Daniel, Esdras, Nehemías. C. Poéticos: Salmos, Cantares de Salomón, Lamentaciones. D. Filosóficos: Proverbios, Job, Eclesiastés. IV. Apócrifos Un grupo de escrituras "ocultas", escritas entre los años 200 antes de J.C. y 200 después. Estas no han sido aceptadas como las que ya se han mencionado, y no aparecen en la versión de Cipriano de Valera. A través de los siglos los judíos devotos han sostenido que la parte más sagrada del Antiguo Testamento es la Ley de Moisés, o sean los cinco primeros libros. Esto se debe a varias causas. Contienen la narración heroica de los fundadores de Israel: Abrahán, Isaac, Jacob y José, y el establecimiento de Israel como nación bajo Moisés, que para ellos fué el mayor de todos los profetas. Es una historia de cómo Dios eligió a Israel, lo sacó de la esclavitud en Egipto y lo estableció como nación en la tierra sagrada de Canaán, revelándoles las grandes verdades morales y religiosas. El segundo grupo de libros que los judíos coleccionaron y aceptaron como Escrituras fueron los escritos
63

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO proféticos. Esta parte del Antiguo Testamento, especialmente los quince libros proféticos, ha aumentado en consideración entre los judíos y gentiles en los últimos siglos. Los escritos de Amos, Oseas, Miqueas, Isaías, Jeremías y Jonás contienen poesía y conceptos religiosos que no tienen paralelo en el resto de los libros de la Biblia, ni en cualquier otra cosa escrita. El tercer grupo de los libros del Antiguo Testamento, los Escritos, fueron los últimos en ser aceptados como parte de las Escrituras.*. Judíos y cristianos los han amado y estimado, pero no se les otorga la misma autoridad en materia de creencia y doctrina que a la Ley o los Profetas. Su valor ha consistido más bien en su carácter devoto y meditativo, y cierto interés histórico. El Antiguo Testamento, en su totalidad, es algo extenso, su literatura es insuperable, abunda en interés y biografía humanos y contiene gran cantidad de maravillosas y variadas enseñanzas religiosas, devoción, leyes, sabiduría y enseñanzas morales y religiosas. Este libro es el más difícil de entender, pues presenta serios problemas de interpretación para el alumno serio y diligente.

EL NUEVO TESTAMENTO
El Nuevo Testamento es el producto del establecimiento de la Iglesia Primitiva de Jesucristo. Al establecer la fe cristiana, Jesús, Pedro y Pablo, hablaron según los inspiraba el espíritu, citando a veces del Antiguo Testamento. Sus palabras y escritos fueron tan apreciados por las comunidades cristianas, que los preservaron, copiaron, intercambiaron y finalmente recopilaron para formar el canon del actual Nuevo Testamento. Veamos los libros que contiene : I. Los Evangelios S. Mateo; S. Marcos; S. Lucas; S. Juan. II. Los Hechos Escritos por S. Lucas, son una continuación de su Evangelio, que narran el establecimiento de la Iglesia por Pedro y Pablo. Cuando a Jesús le preguntaron cuál era el mandamiento más grande, El contestó que el amor a Dios y el amos a los hombres diciendo que "de estas dos cosas dependen toda la ley y los profetas." No mencionó los escritos, porque aunque eran conocidos, ni eran parte del canon judío. III. Las Epístolas de S. Pablo (trece por todas) Romanos, Corintios, I y II, Gálatas, Efesios, Fili-penses, Colosenses, Tesalonicenses I y II, Timoteo I y II, Tito y Filemón. IV. La Epístola a los Hebreos Atribuida a S. Pablo: fué escrita a todos los cristianos para animarlos durante las persecuciones que sufrieron. V. Epístolas Universales Escritas a la Iglesia en general, Santiago, Pedro I y II, Juan I, II y III y Judas. VI. Apocalipsis o Revelación Un escrito simbólico y altamente dramático, difícil de comprender, que declara la caída de Roma y el triunfo de Cristo. Se cree que el Nuevo Testamento fué escrito en griego, la lengua culta del mundo Greco-romano del primer siglo de J.C. Como hemos visto, el Nuevo Testamento es una colección de escritos de distintas clases y esencia. La vida y misión de Jesucristo es el tema central de estos veintiséis libros notables. Los Santos de los Últimos Días y la Biblia Los judíos y los cristianos consideran la Biblia de distintas maneras. Por una parte, algunos cristianos creen en la autoridad verbal de las Escrituras y afirman que cada palabra y cada frase es la palabra de Dios que se debe aceptar autoritariamente. Por otra parte, hay cristianos liberales que creen que la Biblia es un libro interesante, pero que no tiene más autoridad que el mensaje que cada lector puede sacar por sí mismo para su mente y corazón. Los que así piensan sostienen que algunas partes de la Biblia son inspiradas y apropiadas para la conciencia, y que mucho de ella es puramente humano, y de dudoso valor moral y religioso. Entre estos dos
64

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO extremos hallamos una gran variedad de opiniones. Los Santos de los Últimos Días rechazan ambas opiniones extremas. Para nosotros, la Biblia, no es un libro perfecto, en el cual todo pasaje o renglón es inspirado, o contiene la misma inspiración en cada pasaje o libro. Tiene sus limitaciones. Por otra parte, es para nosotros mucho más que un documento inspirado. La aceptamos como la palabra de Dios, con algunas condiciones que explicaremos un poco más adelante. Es una historia autorizada de las comunicaciones de Dios al hombre, un pilar de nuestra fe, estimada y respetada por los Santos de los Últimos Días. En la parte que resta del capítulo, trataremos de explicar cómo aceptamos e interpretamos esta Sagrada Escritura. La Biblia no carece de errores. Cuando fué escrita por primera vez, (el Antiguo y el Nuevo Testamento) no existía la imprenta. Durante muchos siglos los escribas copiaron el texto trabajosamente, y sin duda, con toda sinceridad. Al hacer estas copias indudablemente se cometieron algunos errores, que luego fueron transmitidos a las nuevas copias. Además de esto, hubo hombres eruditos que con toda buena intención quisieron aclarar el significado de un pasaje para inspirar o salvaguardar la fe de las generaciones futuras. Así fueron aumentadas y quitadas algunas partes. La Biblia ha pasado por muchas traducciones de su lenguaje antiguo a los modernos. En cualquier traducción hay siempre cierta liberalidad, algunas diferencias de opinión, cierta pérdida o cambio del sentido original. La historia de la traducción de la Biblia basta para anular las posibilidades de creer en su autoridad verbal. El octavo Artículo de Fe de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días dice en parte: "Creemos que la Biblia es la palabra de Dios hasta donde esté traducida correctamente . . ." El conocimiento de los idiomas hebreo y griego, el estudio de las muchas traducciones de la Biblia a los lenguajes modernos, incluso el nuestro, así como la meditación devota y pausada del texto, justifican la prudencia de esta limitación expresada por José Smith con respecto a la divinidad de la Biblia. Un estudio de la Biblia misma nos indica que no toda sigue el mismo nivel moral y religioso. Por ejemplo, hay partes del Antiguo Testamento que fueron escritas por autores desconocidos que nunca afirmaron estar hablando por Dios. Su trabajo fué aceptado e incorporado en el libro por sus méritos literarios, sabiduría o interés histórico para el pueblo de Israel. Otras partes del libro llegaron a nosotros por medio de los profetas que hablaron con autoridad y convicción en nombre de Dios. Por ejemplo, el Cantar de los Cantares de Salomón es un gran poema de amor, apreciado por su belleza literaria, pero de poco valor religioso. Eclesiastés es una obra maestra literaria de sabiduría práctica, pero muy ajena al tenor del Antiguo Testamento; y sus enseñanzas sobre la vida después de la muerte son casi lo contrario de las enseñanzas sobre el mismo tema en el Nuevo Testamento. Mucho del material histórico del Antiguo Testamento no puede compararse en inspiración y valor para nosotros con algunas partes de la Ley de Moisés y las escrituras de los más importantes profetas. Aun el Apóstol Pablo admitía a veces que estaba dando su propia opinión y no expresando un mandamiento. "Mas esto os digo (acerca del matrimonio) por permisión, no por mandamiento." (I Corintios 7:6) Esto quizá explica las declaraciones contradictorias de Pablo sobre el matrimonio. Uno no tiene que buscar mucho para encontrar la diferencia en las revelaciones dentro de la Sagrada Biblia. Como ya hemos visto, la Biblia no es un solo libro, sino una colección de sesenta y seis libros separados, algunos de los cuales son en sí mismos colecciones de muchos escritos, como los Proverbios y los Salmos. Nosotros creemos que Dios no sólo habla al hombre, sino que lo hace de tal forma que el hombre puede entenderlo. Al leer las Escrituras, por lo tanto, debemos tener presente no sólo a Dios, sino también al profeta o escritor, y al pueblo al cual está hablando. Esto está indicado claramente en una revelación dada a José Smith: He aquí, yo soy Dios, y lo he proferido: estos mandamientos son míos, y diéronse a mis siervos en su debilidad, según su idioma para que entendiesen. Para que si errasen fuese manifestado; y si buscasen sabiduría, se les instruyera; y si pecasen se les castigara para que se arrepintieran; y siendo humildes fuesen hechos fuertes y bendecidos de lo alto, recibiendo conocimiento de cuando en cuando. (Doctrinas y Convenios 1:24-28) Para ilustrar más plenamente la adaptación de la revelación al hombre, podríamos comparar la ley del Señor, dada al pueblo por medio de Moisés, y que se encuentra en Levítico y Deuteronomio, con las palabras de Cristo en el Sermón del Monte. La Ley de Moisés contiene muchos aspectos nobles y elevados de la moralidad como la enseñó Jesús. Como ejemplo, notemos esta maravillosa consideración para el pobre y el extranjero : Cuando segareis la mies de vuestra tierra, no acabarás de segar el rincón de tu haza, ni espigarás tu tierra
65

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO segada. Y no rebuscarás tu viña, ni recogerás los granos caídos de tu viña; para el pobre y para el extranjero los dejarás: yo Je-hová vuestro Dios. (Levítico 19:9, 10) Por otra parte, leemos en el mismo libro: Y el que causare lesión en su prójimo, según hizo así le sea hecho: rotura por rotura, ojo por ojo, diente por diente: según la lesión que habrá hecho a otro, tal se hará a él. (Levítico 24:19, 20) Contrastan este último pasaje y lo que Jesús enseñó: Oísteis que fué dicho a los antiguos: Ojo por ojo y diente por diente. Mas yo os digo: No resistáis al mal; antes a cualquiera que te hiriere en tu mejilla diestra, vuélvele también la otra; y al que quisiere ponerte a pleito y tomarte tu ropa, déjale también la capa; y a cualquiera que te cargare por una milla, ve con él dos. Al que te pidiere dale; y al que quisiere tomar de tí prestado no se lo rehuses. Oísteis que fué dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Mas yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos: que hace que su sol salga sobre malos y buenos, y llueve sobre justos e injustos. Porque si amareis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿no hacen también lo mismo los publícanos? Y si abrazareis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿no hacen también así los. gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto. (Mateo 5:38-48) Antiguamente, cuando el hombre, al ser ofendido por otro, probablemente se vengaba de él y su familia, esta ley mosaica de justicia—"ojo por ojo y diente por diente."—representaba un adelanto en la moralidad del día. La ley de Jesús de amar al enemigo representa un paso más avanzado todavía en la religión. S. Pablo dijo de la ley de Moisés: De manera que la ley, nuestro ayo fué para llevarnos a Cristo, para que fuésemos justificados por la fe. Mas venida la fe, ya no estamos bajo ayo. (Gálatas 3:24-25) No es justo que la Biblia sea interpretada como si estuviera inspirada de Dios en todos sus libros y pasajes. Algunos escritores fueron más inspirados que otros. Cristo mismo alcanzó nueva eminencia de inspiración y revelación, por ser el Hijo de Dios y por su maravillosa vida moral e intelectual. Guías a la interpretación de la Biblia Cuando leemos las Escrituras, debemos tener algunas guías en nuestra mente, que nos ayudarán a entenderla y apreciarla, y a interpretarla con justicia y honestidad. No podemos hacer más que indicar y sugerir dichas guías, algunas de las cuales han sido ya mencionadas en este y en el último capítulo. 1. Debemos tratar de determinar la exactitud de la traducción. Esto no es fácil, ya que la mayoría de nosotros no está familiarizado con las lenguas originales del hebreo y el griego. Podemos estudiar un gran número de traducciones y comentarios eruditos y llegar así a la opinión de los hombres de saber. Nuestro otro único recurso es nuestra sabiduría práctica y la inspiración que podemos buscar y recibir del Señor. 2. Debemos leer cada uno de los libros de la Biblia como obra separada, tratando de aprender lo que podamos del lenguaje, autor, pueblo y circunstancias de la época. Podemos hacer esto leyendo un buen comentario de la Biblia y estudiando las mejores obras históricas sobre el tema. A menudo estos últimos son más imparciales que los libros publicados por las iglesias. El pequeño libro de Amos, por ejemplo, adquiere mucho más significado, si sabemos que Amos vivió en el siglo ocho antes de J.C. en Judea y fué hacia el norte al reino de Israel, en una época cuando Israel estaba gozando de la prosperidad común en la postguerra, y el pueblo se había vuelto vano e hipócrita en su vida religiosa. Tal vez nos sea de ayuda saber que cuando Amos habla de las "vacas de Basan", no se refería al ganado gordo que pastaba en las tierras de Israel, sino a las mujeres de Israel que obligaban a sus esposos a que oprimieran al pobre mientras ellas vivían en la opulencia. 3. Debemos interpretar los pasajes aislados de acuerdo con su contexto. Los versículos están escritos como parte de un pasaje; los pasajes son partes de un tema extenso. Al interpretar el significado de las Es crituras, no es. correcto interpretar un versículo solo sin estar seguros que la interpretación esté de acuerdo con lo que antecede o lo que sigue. Casi en cada religión podemos hallar escritores que se valen de esta práctica de aislar versículos cuya explicación favorece determinado punto de su doctrina. Debemos tratar de no hacer esto si vamos a ser imparciales hacia el libro y la verdad. Podemos probar lo que queramos con la Biblia si aislamos los versículos del contexto. Como ilustración consideremos el versículo ocho del capítulo cuatro de la Primera Epístola de S. Juan, que
66

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO dice: "El que no ama no conoce a Dios: porque Dios es amor." La última parte de este verso se ha empleado para mostrar que Dios es amor, nada más. Tomándolo aisladamente sólo dice eso. Sin embargo, si uno lee toda la Primera Epístola de Juan, llega a la conclusión de que Dios es más que amor. El autor recalca este atributo de Dios, porque uno de los propósitos principales de su libro es inspirar a los hombres a amarse el uno al otro. 4. Debemos interpretar las ideas aisladas que en contramos en las Escrituras de acuerdo con el significado entero de la religión. En una conferencia, un arquitecto dijo que al planear una casa hay tres cosas que deben considerarse: durabilidad, utilidad y belleza. Estas son guías maravillosas para la formación de un hogar. Para ser completamente satisfactoria cualquier cosa que uno haga, debe ser firme, útil y agradable. Este mismo método de enlazar ideas aisladas con algunas guías fundamentales se aplica igualmente al estudio, interpretación y práctica de la religión. Uno no debe basar su fe en ciertos pasajes o ideas en particular de la Biblia. En las Escrituras se deben buscar los grandes fundamentos que se enseñan o de los cuales se habla una y otra vez. Estos deben transformarse en guías para que den fundamento y enlazamiento a nuestros conceptos religiosos. Por ejemplo, léase la Biblia completa para ver qué conceptos grandes y a menudo repetidos contiene sobre Dios. Con esta consideración, uno llega a dar una interpretación a un pasaje aislado que corresponde con los grandes temas bíblicos sobre la naturaleza y personalidad de Dios. Cuando procedemos de esta manera sabemos que Dios es más que amor, porque las Escrituras nos enseñan una y otra vez que es el Creador del universo, Revelador, y para los profetas, un Personaje de justicia, de misericordia y de amor. ¿Qué nos enseñan las Escrituras sobre el hombre cuando las estudiamos diligentemente? ¿Encontramos que en todas las enseñanzas bíblicas se reitera _ y se indica, una y otra vez, la libertad y la responsabilidad del nombre ? Si es así, debe transformarse en nuestra guía para interpretar cada pasaje de las Escrituras. Un verso aislado que parece negar el libre albedrío del hombre, no se puede tomar como fallo definitivo sobre la doctrina del hombre, como lo han hecho algunos teólogos que han tomado palabras aisladas de S. Pablo. Las grandes verdades fundamentales de la religión pertenecientes a Dios y al hombre deben guiarnos en nuestra interpretación de todos los pasajes e ideas menores. No podemos aceptar como verdades las interpretaciones de las Escrituras que niegan la paternidad, justicia, imparcialidad y amor de Dios, o la libertad, hermandad y dignidad de los hombres. En cualquier campo de la vida actuaremos bien viviendo de acuerdo con principios fundamentales; y esto se aplica a la religión, tanto como a los negocios o la práctica de la medicina. 5. Debemos tener presentes la fuerza, y el Espíritu de Jesucristo. Los cristianos que miran a Jesucristo como un gran maestro, revelador del Padre, Hijo de Dios, y su Salvador y Redentor, hacen bien en hacer de su vida y sus enseñanzas la norma que los guíe en sus interpretaciones de las Escrituras y la religión. Cumplió y, consiguientemente, quitó muchas de las cosas que hallamos en el Antiguo Testamento. Afirmó y fortaleció otras enseñanzas. Creemos que cuando leemos todas las Escrituras debemos tener en mente su concepto sobre Dios y el hombre. Cuando hallamos ideas en las Escrituras que contradicen su Espíritu y sus enseñanzas, no podemos aceptarlas ni vivir de acuerdo con ellas; porque o nuestra interpretación es errónea, o existe un error de traducción, o quizá la enseñanza está adaptada a un pueblo de diferentes necesidades, circunstancias o entendimiento. En la Biblia, se encuentran los grandes principios fundamentales de la religión, incluso el evangelio de Cristo. El evangelio, aunque está contenido en la Biblia, es mayor que el libro. Así que usamos el evangelio para interpretar todos los pasajes de la Biblia. 6. Debemos recordar el carácter poético y la rica imaginación de los escritores bíblicos. Jesús mismo usó figuras de dicción para recalcar las grandes verdades religiosas. Dijo, por ejemplo: Vosotros sois la sal de la tierra. (Mateo 5:13) Vosotros sois la luz del mundo. (Mateo 5:14) ¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo evitaréis el juicio del infierno? (Mateo 23:33) ¡Jerusalem, Jerusalem, que matas a los profetas! (Mateo 23:37) Podemos aceptar la enseñanza religiosa que representan estas palabras; pero no siempre la figura de dicción que nos hace recordarla. 7. Debemos leer las Escrituras con humildad y oración, buscando la inspiración de Dios mientras lo hacemos. Si fueron escritas por hombres de Dios, bajo su inspiración, seguramente el que las lee y estudia, si es que va a percibir la influencia que hubo en los que las escribieron, debe tener el mismo espíritu.
67

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO La Biblia no es un tratado filosófico, ni un texto científico o de erudición, ni una crónica histórica detallada, ni aun podemos decir que es un libro teológico. Es una obra hondamente moral y religiosa que trata de enseñar a Israel y todos los hombres cómo adorar y servir a Dios, y cómo tratar honrada y considera-mente al prójimo. Como Santos de los Últimos Días amamos y estimamos la Biblia por lo que representa. Nuestra Iglesia tuvo su origen en la fe de un jovencito en la Biblia. Dicha fe lo condujo hacia más revelación, a la que nos referiremos en seguida.

68

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capítulo 16 OTRAS ESCRITURAS
Los Santos de los Últimos Días creen en la Biblia y sienten un gran respeto y reverencia hacia estas escrituras antiguas. Sin embargo, para ellos la Biblia no es -la palabra completa y final de Dios a los hombres. De acuerdo con nuestras doctrinas sobre Dios, el hombre y la revelación, "Creemos todo lo que Dios ha revelado, todo lo que actualmente revela, y creemos que aún revelará muchos grandes e importantes asuntos pertenecientes al reino de Dios." (Noveno Artículo de Fe) Como fruto de esta revelación continua de Dios al hombre, la Iglesia tiene además de la Biblia tres tomos de Escrituras: El Libro de Mormón, las Doctrinas y Convenios, y la Perla de Gran Precio. Estas escrituras adicionales no suplantan o desacreditan a la Biblia, ni compiten con ella, así como en una familia, el segundo, el tercero o el cuarto hijo no suplantan ni toman el lugar del primer hijo. Estas otras escrituras sirven para complementar la Biblia y fortificar nuestra fe en esta notable historia judía, así como para aumentar nuestra comprensión de ella. Nuestro propósito en este capítulo es presentar estas tres escrituras, aceptadas por los Santos de los Últimos Días, a los investigadores de la Iglesia.

EL LIBRO DE MORMÓN
El primero y más conocido de estas escrituras es el Libro de Mormón. Fué publicado el mismo año en que la Iglesia fué organizada, la primavera de 1830. La historia del Libro de Mormón está relacionada estrechamente con el origen del movimiento de los Santos de los Últimos Días. Nuestro sobrenombre de "Mormones", por el cual somos más conocidos, es un apelativo que nos han dado los que no son "mormones", y proviene del nombre de esta escritura. El Libro de Mormón ha dado origen a grandes controversias. Por una parte, ha sido condenado como un fraude, como el peor de los engaños que se ha perpetrado en el nombre de la religión. Por otra parte, lo han apreciado y amado un gran número de conversos a nuestra fe por motivo de su espíritu y mensaje. Igual que la Biblia, ha humillado al orgulloso y traído esperanza y consuelo a muchos corazones contritos. Todos están de acuerdo en una cosa: que es un libro interesante y notablemente original.

LA HISTORIA DE UNA RAMA DE LA CASA DE ISRAEL
Así como la Biblia contiene el relato e historia de los israelitas y sus progenitores, en igual manera la parte principal del Libro de Mormón es la historia de una rama de la casa de Israel que salió de Palestina y vino a las Américas, donde estableció una gran civilización. Para ser más exactos, el Libro de Mormón es una historia de tres pequeñas colonias que partieron de Mesopotamia y la tierra de Canaán en el Viejo Mundo, y llegaron a ser grandes civilizaciones en el hemisferio occidental. Aunque resulte extraño para el que que no lo ha escuchado antes, concuerda muy naturalmente con los acontecimientos bíblicos del esparcimiento de Israel entre los pueblos del mundo. Un breve examen de los pueblos del Libro de Mormón nos dará una mejor perspectiva de su contenido: Naciones del Libro de Mormón I. LOS JAREDITAS DE MESOPOTAMIA. Esta primera colonia salió del Viejo Mundo en la época de la edificación de la Torre de Babel; llegó a ser un gran pueblo en América; se destruyeron ellos mismos en una guerra civil pocos siglos antes de Jesucristo. Su historia, y el último sobreviviente fueron descubiertos por otra colonia posterior del Libro de Mormón, a saber, los Mulekitas. II. LA COLONIA DE LEHI Esta es la colonia principal del Libro de Mormón. Lehi, un hombre devoto que vivía en Jerusalem, poco antes que cayera en manos de los babilonios bajo el rey Nabucodonosor, unos 586 años antes de J.C., fue avisado en una revelación de la cautividad que sufriría su pueblo. Dios lo inspiró a que saliera de Jerusalem con
69

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO su familia y algunos otros, y fué conducido de un modo notable al hemisferio occidental. Aquí sus hijos se separaron en dos pueblos mutuamente antagonistas, los lamanitas y los nefitas. Aquéllos se transformaron en un pueblo primitivo y nómada; éstos se volvieron más civilizados, pero tuvieron todas las virtudes y vicios que son propios de tales pueblos. La mayor parte del Libro de Mormón fué escrita por estos nefitas, y relata acerca de sus propios profetas y su lucha para mantener la fe de sus padres. También sus relaciones con sus enemigos, los lamanitas, quienes los afligían incesantemente, con excepción de épocas notables en que estos dos pueblos vivían como uno. Los nefitas fueron destruidos finalmente por los lamanitas, a causa de sus propias luchas intestinas y su debilidad, como en el año 421 de J.C. El relato principal del Libro de Mormón abarca un período de alrededor de mil años de la historia de esta colonia de Lehi. Los Santos de los Últimos Días creen que los lamanitas vivieron en las Américas y fueron los antecesores de muchos de los indios americanos y los habitantes de algunas de las islas del Pacífico en la actualidad. III. LA COLONIA DE MULEK Por el mismo tiempo también salió de Jerusalem y vino a las Américas, una tercera colonia, encabezada por Mulek, hijo del rey Sedecías de Judá. Después de algunos siglos estos mulekitas* fueron descubiertos por los nefitas y se unieron a ellos para protegerse de los lamanitas. De ahí que la historia de los mulekitas es muy breve, hasta donde la conocemos en el Libro de Mormón. El Libro de Mormón mismo no pretende ser una historia de todos los pueblos precolombianos del hemisferio occidental. Relata simple y brevemente la historia de estos tres pueblos que vinieron a América. Esta historia termina en el año 421 de J.C. Lo que pudo haber ocurrido en cualquier otra parte del continente americano antes, durante o después de escribirse los anales nefitas, (600 años antes de J.C. hasta 421 después), no tenemos manera de saberlo. El Libro de Mormón es una historia de tres pueblos, dos de los cuales, por lo menos, alcanzaron alto grado de civilización. De hecho, el Libro de Mormón no es un libro histórico, en el uso moderno del término. No dice nada de muchos de los aspectos de la vida. Incidentalmente a su tema e interés principal, se refiere a la vida económica, cultural y política del pueblo. Su historia, como está en el Libro de Mormón, es sumamente difícil de seguir; y es imposible localizar exactamente sus sitios geográficos, o las migraciones de los pueblos de los cuales trata.*

UN NUEVO TESTIGO DE CRISTO
Los escritores originales del Libro de Mormón eran hombres religiosos, muchos de ellos profetas de Dios. Su sólo propósito al escribir, así como Isaías o Amos, era llevar al pueblo hacia Dios y persuadirlo a creer en Cristo, y hacerse bien el uno al otro en lugar de mal. Desde el principio se declara este propósito religioso del libro. Leemos en la portada: ... Lo cual sirve para mostrar al resto de la casa de Israel, cuan grandes cosas el Señor ha hecho por sus padres; y para que conozcan las alianzas del Señor, que no son ellos desechados para siempre.—Y también para convencer al Judío y al Gentil de que Jesús, es el Cristo, el Eterno Dios, que se manifiesta a sí mismo a todas las naciones.—Y ahora, si hay faltas, son equivocaciones de los hombres; por lo tanto, no condenéis las cosas de Dios para que aparezcáis sin mancha ante el tribunal de Cristo. Nefi, el Primer autor, escribe con el mismo propósito religioso : Y no me parece importante ocuparme en una narración completa de todas las cosas de mi padre, porque no se pueden escribir sobre estas planchas, ya que deseo el espacio para poder escribir las cosas que son de Dios. Porque todo mi deseo es poder persuadir a los hombres que vengan al Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, y se salven. De modo que no escribo las cosas que agradan al mundo, sino las que agradan a Dios y a los que no son del mundo. Así que mandaré a mis descendientes aue no escriban sobre estas planchas nada que no sea de valor para los hijos de los hombres. (I Nefi 6:3-6) En sus últimas palabras a su pueblo, este primer director espiritual y práctico de los nefitas declara de nuevo su propósito: Mas yo, Nefi, he escrito lo que he escrito; y lo estimo de gran valor, especialmente para mi pueblo. Porque continuamente ruego por ellos de día, y mis ojos bañan mi almohada de noche a causa de ellos; y clamo a mi Dios con fe y sé que oirá mi clamor. Y sé que el Señor Dios consagrará mis oraciones para el beneficio de mi
70

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO pueblo. Y las palabras que he escrito en debilidad serán hechas fuertes para ellos; pues los persuaden a hacer el bien, les informan acerca de sus padres y hablan de Jesús, y los invitan a creer en él y a perseverar hasta el fin, que es la vida eterna. Y hablan ásperamente contra el pecado, según la claridad de la verdad......Y ahora, mis amados hermanos, como también vosotros los judíos y todos los extremos de la tierra, escuchad estas palabras y creed en Cristo; y si no creéis en estas palabras creed en Cristo. Y si creéis en Cristo, creeréis en estas palabras, porque son de Cristo y él me las ha dado; y enseñan a todos los hombres a obrar bien. (2 Nefi 33:3-5, 10) Los otros escritores del Libro de Mormón que continuaron la historia, escribieron con el mismo énfasis religioso.

CÓMO LEER EL LIBRO DE MORMÓN
El que lea el Libro de Mormón como un libro geográfico, histórico, arqueológico o antropológico, o como el objeto de crítica literaria, puede encontrar considerable interés en él, pero seguramente se perderá del tema y el espíritu principal del Libro. Creemos que se debe leer con el mismo espíritu e intención con que fué escrito. Debe ser leído como una historia religiosa de un pueblo devoto y religioso, cuyas raíces yacen profundas en la historia de Israel. Aclara en forma interesante la historia de Israel. Los nefitas y los lamanitas eran descendientes de las tribus de Efraín y Manases. Se sentían orgullosos de su linaje e interpretaban su historia como el cumplimiento de las promesas del Señor a José, que fué vendido en Egipto. El Libro de Mormón nos descubre una parte desconocida del esparcimiento de Israel entre las naciones, que comenzó con la caída de Israel en Asiría alrededor del año 722 antes de J.C. y llegó a su punto culminante durante la cautividad de Judá en el año 586 antes de J.C. en Babilonia. El Libro de Mormón da testimonio del amor de Dios hacia todos los hombres, ya sean judíos o gentiles, y de sus esfuerzos para llevar a cabo sus justos propósitos entre los hombres. Dios es una persona real y viviente que está trabajando activamente en los asuntos de los hombres, aunque respetando su libertad para que obren según su voluntad. El Libro de Mormón reitera en forma especial sus enseñanzas sobre la hermandad de los hombres. Una y otra vez condena al orgullo y a la vida egoísta, y aconseja la generosidad, misericordia y mayor igualdad de bienes y derechos entre los hombres. En lo que respecta a las numerosas doctrinas y prácticas de la Iglesia, sus contribuciones son únicas y varias, y además, afirman mucho de lo que se enseña en la Biblia. Esto lo confirmaremos, como ya hemos hecho hasta cierto punto, al desarrollar más ampliamente las doctrinas y prácticas de la Iglesia. Haremos una lista de algunas enseñanzas sobre ciertos temas, por si el lector desea probar el Libro de Mormón. Fe Arrepentimiento Bautismo La Santa Cena Revelación La Imparcialidad de Dios La Ciencia de Gobernar Alma 32:17-43 Jacob 2: Alma 5: 2 Nef i 31: Mosíah 18: Moroni 6: Moroni 8: 3 Nef i 18: Moroni 4 y 5 2 Nef i 28:24-32 2Nefi29: 2 Nef i 31:1-3 2 Nef i 26:23-33 Mosíah 29:

71

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

SU VERIFICACIÓN
No es nuestro propósito discutir aquí las controversias que han surgido alrededor del Libro de Hormón. No hay ninguna prueba externa por la cual se puede invalidar o comprobar categóricamente la historia del libro. El investigador, así como el mismo miembro, tiene que valerse de sus propios recursos. Nosotros invitamos y alentamos a todos los hombres a leer el Libro de Mormón con la misma actitud y guías que hemos recomendado para comprobar la revelación o la lectura de la Biblia. Léanlo con meditación, pero también con humildad y la mente libre de prejuicios. Pongan a prueba el espíritu del libro. ¿Es religioso y moral ? ¿ Parece auténtico ? ¿ Contribuye en algo a su conocimiento de la religión? Más importante aún, ¿los ayudará a ser mejores cristianos, verdaderos hijos de Dios y hermanos de sus semejantes? Si se lee pensando en preguntas como éstas, uno puede aprender a conocer su valor y origen. El mismo libro, en el último capítulo, sugiere al lector, la prueba final de su veracidad y origen. He aquí quisiera exhortaros, al leer estas cosas, si Dios juzga prudente que las leáis, a que recordaseis lo misericordioso que el^ Señor ha sido hacia los hijos de los hombres, desde la creación de Adán hasta el tiempo en que recibáis estas cosas, y a que lo meditaseis en vuestros corazones. Y cuando recibáis estas cosas, quisiera exhortaros a que preguntaseis a Dios el Eterno Padre, en el nombre de Cristo, si no son verdaderas estas cosas; y si pedís con un corazón sincero, con verdadera intención, teniendo fe en Cristo, él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo; y por el poder del Espíritu Santo podréis conocer la verdad de todas las cosas. Cualquier cosa que es buena, es también justa y verdadera; por lo tanto, nada de lo que es bueno niega a Cristo, antes reconoce que él existe. Y por el poder del Espíritu Santo, sabréis que él existe; por lo que os exhorto a que no neguéis el poder de Dios; porque él obra con poder, de acuerdo con la fe de los hijos de los hombres, lo mismo hoy que mañana y para siempre. (Moroni 10:3-7)

LAS DOCTRINAS Y CONVENIOS
La Biblia y el Libro de Mormón son voces de lo pasado, que dan testimonio de las revelaciones de Dios al hombre en las primeras épocas. Doctrinas y Convenios es un libro notablemente moderno y contemporaneo. Es principalmente una colección de revelaciones dadas a José Smith, primer Profeta de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Contiene también unas cartas, declaraciones de creencias, informes de una reunión, un acontecimiento histórico, instrucciones de diversa índole, y una revelación recibida por Brigham Young. Con una sola excepción, el contenido de Doctrinas y Convenios fué escrito entre los años 1822 y 1847, o sea dentro de un período de veinticinco años. Doctrinas y Convenios es una recopilación de importantes revelaciones recibidas y de resoluciones tomadas en relación con la restauración del evangelio de Jesucristo y de su Iglesia. Es una excelente ilustración de como Dios habla a los hombres: "un poco aquí y otro poco allá" y en respuesta a los deseos y necesidades del hombre. Cada revelación vino a causa de una. situación particular de la Iglesia o de algunos de sus miembros. E& una colección de 137 breves, separadas y distintas declaraciones de creencia, prácticas y exhortaciones. A distinción la Biblia y el Libro de Mormón, no es una narración continua. Cada sección está completamente separada de la que la precede o la sigue, aunque algunas, por supuesto, tienen relación con el mismo asunto u otro parecido. Esta escritura moderna y característicamente de los Santos de los Últimos Días, parece establecer cuatro puntos básicos: 1. Contiene algunas declaraciones excelentes concernientes a las doctrinas y creencias de la Iglesia. 2. Contiene instrucciones importantes concernientes a la organización del Sacerdocio y la Iglesia, y cómo han de funcionar. 3. Muchas de las revelaciones tratan de la resolución de los problemas y crisis diarios que surgieron en el desarrollo de un movimiento joven y dinámico, tales como la obra misional, impresión de libros, colonización, persecución, fondos. 4. Muchas secciones reprenden, amonestan, alientan y exhortan a la vida digna.

CÓMO LEER DOCTRINAS Y CONVENIOS
Doctrinas y Convenios no es un libro que se lee de continuidad, de tapa a tapa. Cada sección es una unidad por separado, que se ha de leer y estudiar de por sí. Algunas secciones se entienden fácilmente tal como se leen, porque hablan de principios fundamentales o universales; otras tienen escaso significado aparte de algún
72

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO conocimiento del problema o situación histórica que las ocasionó. Algunas secciones se refieren a un mismo tema; otras contienen varios asuntos dentro de la misma sección. Para aquellos que quieren saborear este libro sugerimos las siguientes secciones: Sección Tema 4, 12, 14, 18 El Espíritu de la Iglesia y el trabajo misional 20 La organización y el gobierno de la Iglesia 42 La vida religiosa práctica 46 Los dones espirituales de la Iglesia 59 La santificación y observancia del día de reposo 76 Visión de la vida después de la muerte 84, 107, 121:34-46 Sacerdocio: su organización y funciones 89 La Palabra de Sabiduría 93 La naturaleza y destino del hombre 134 Declaraciones de creencias concernientes al gobierno y las leyes en general

LA PERLA DE GRAN PRECIO
La Perla de Gran Precio es el más pequeño de nuestros cuatro tomos de Escrituras y la última en ser aceptada como tal por la Iglesia. Este pequeño libro se publicó primeramente en Liverpool en 1851. Era una colección de escritos previamente impresos, recopilados en un solo tomo y usados en Inglaterra en la obra misional. No sólo fué estimada allá, sino por los miembros de la Iglesia en todas partes. De modo que en 1902, después de suprimir algunas revelaciones que ya figuraban en Doctrinas y Convenios, fué presentada a los miembros de la Iglesia, reunidos en Conferencia General, y unánimente adoptada como escritura o libro canónico de la Iglesia. Igual que la Biblia, el Libro de Mormón, y Doctrinas y Convenios, este libro es un solo tomo, pero es una compilación de cuatro escritos, breves y separados, que son los siguientes: I. El Libro de Moisés II. El Libro de Abrahán III. Un Bosquejo de" la Historia de José Smith IV. Los Artículos de Fe Indicaremos brevemente la naturaleza de cada uno de estos cuatro escritos.

EL LIBRO DE MOISÉS
Después de la traducción y publicación del Libro de Mormón, José Smith se puso a estudiar diligentemente la Biblia. Bajo la inspiración de Dios procuró saber acerca de la corrección de la traducción. Mientras estaba ocupado en esta tarea recibió conocimiento de Dios sobre lo que le había sido revelado a Moisés. El contenido de este pequeño Libro de Moisés, por lo tanto, es semejante a muchos de los acontecimientos que se hallan en Génesis, desde Adán hasta Noé. Contiene también material adicional de valor que no se encuentra en la Biblia. Por ejemplo, el capítulo 1 es una descripción inspirada de las amplias y continuas creaciones de Dios, por medio de Cristo, con el propósito de "llevar a cabo la vida eterna y la inmortalidad del hombre." El capítulo 4 nos da nuevo conocimiento sobre la preexistencia del hombre, su libertad de elección y el propósito de su venida a la tierra.

EL LIBRO DE ABRAHÁN
Un arqueólogo francés llamado Antonio Sebolo, realizó, en junio de 1831, algunas excavaciones cerca de la antigua ciudad de Tebas, en Egipto, y descubrió once momias. Durante el viaje de regreso a Francia, falleció cuando el barco se encontraba en el puerto de Trieste. Había legado su descubrimiento a un sobrino irlandés, Miguel H. Chandler. Este último, mientras tanto, había partido de Dublín, Irlanda y emigrado a Filadelfia,
73

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO Pensilvania. Así que las momias le fueron remitidas al señor Chandler en América. Chandler no tenía interés en las momias ni en unos manuscritos que se hallaban dentro de ellas, solamente deseaba venderlas. Habiendo oído de José Smith y de su trabajo como traductor del Libro de Mormón, Chandler trajo su herencia a Kirtland, Ohio, y visitó al profeta mormón. José Smith examinó los dos rollos de papiro, descubiertos con las momias, y declaró que eran los escritos de Abrahán y José, que fué vendido en Egipto. La Iglesia, entonces se los compró al señor Chandler. Esta escritura, llamada el Libro de Abrahán fué publicada por primera vez, en 1842, en Nauvoo. Este pequeño libro nos relata la vida de Abrahán en Caldea, el mandamiento de salir de su país e irse a Canaán, y de su paso por Egipto. El capítulo 3 es principalmente interesante por sus enseñanzas sobre la preexistencia del hombre y el principio de la preordinación.

EXTRACTOS DE LA HISTORIA DE JOSÉ SMITH
Esta parte de la Perla de Gran Precio está tomada del diario del Profeta o su diario histórico. Comprende su versión inspirada de parte del capítulo 23 y todo el 24 del Evangelio según S. Mateo; su propia historia del comienzo de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y los trece Artículos de Fe. La historia de José Smith de su propia vida y sus experiencias religiosas que lo condujeron a realizar este trabajo, se halla en un lenguaje sencillo y directo y para los Santos de los Últimos Días es un trozo muy estimado de su historia. Los Artículos de Fe, son trece declaraciones de fe. Fueron escritos por primera vez al final de una carta dirigida al señor Juan Wentworth, editor de un periódico de Chicago. Este hombre había escrito al profeta José Smith, pidiéndole un informe de la historia y creencias de los Santos de los Últimos Días. Los Artículos de Fe no tienen por objeto ser una declaración completa de creencias o credos, pues no contienen muchas doctrinas importantes. Sin embargo, es la declaración más concreta y comprensiva de nuestras creencias que uno puede encontrar en la literatura de los Santos de los Últimos Días.

74

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capítulo 17 LA NATURALEZA Y MISIÓN DE UN PROFETA
En los capítulos más recientes, al hablar sobre la revelación y las Escrituras, nos hemos referido con frecuencia a los profetas. Esto es natural, porque en la cultura y tiempos bíblicos, los profetas desempeñaron un papel principalísimo en la vida de los pueblos. En verdad, uno no puede apreciar por completo la religión de los judíos o de Jesucristo y sus discípulos más cercanos sin saber algo del carácter y la misión de un profeta de Dios. Tal parece que las funciones y aun el nombre de profeta casi han dejado de existir en el cristianismo que ha nacido de la Biblia. Por supuesto, se hace referencia a los profetas antiguos como Moisés y Jeremías, pero en las iglesias de la cristiandad, no fueron ya los profetas quienes dirigieron. Los profetas desempeñan un papel importantísimo en la vida de los Santos de los Últimos Días. Desde el principio de nuestra historia, no sólo hemos sido guiados e inspirados por los profetas bíblicos, sino también por los nuestros propios. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días fué establecida por revelación, recibida por medio de José Smith. El fué su primer profeta, y lo han sucedido, hasta el tiempo actual, otros directores a quienes sostenemos como "profetas, videntes y reveladores." Uno no puede apreciar ni nuestra religión ni nuestra Iglesia, si no tiene algún conocimiento del llamado y de la misión de un profeta. En este capítulo hablaremos de la naturaleza y misión de un profeta en general, y el papel que desempeña en la Iglesia de los Santos de los Últimos Días.

EL PROFETA COMO PRONOSTICADOR
Comunmente la gente piensa que un profeta es un hombre de Dios que es inspirado para predecir lo futuro. De acuerdo con este concepto, se le tiene por una especie de adivinador o agorero divino, que anuncia de antemano los futuros acontecimientos de la historia humana. En este sentido, cualquiera, que predice lo futuro en la política, los negocios o aum los deportes es llamado profeta en sentido figurado.. De hecho, esta previsión y habilidad vaticinadoras es una de las funciones del llamamiento profetice. En las Escrituras tenemos numerosos ejemplos de profetas que anunciaron determinados sucesos que iban a acontecer a individuos y naciones, y que efectivamente ocurrieron. Amos vio claramente la dominación de Israel por Asiría, que se verificó en el año 722 antes de J.C. Isaías y Jeremías predijeron la cautividad de Judá, que se cumplió en el año 586 antes de J.C. El Libro de Deuteronomio propone que el contenido profético del mensaje de un profeta es la prueba de su llamamiento y su inspiración divinos: Y si dijeres en tu corazón: ¿Cómo conoceremos la palabra que Jehová no hubiere hablado? Cuando el profeta habla,re en nombre de Jehová, y no fuere la tal cosa, ni viniere, es palabra que Jehová no ha hablado: con soberbia la habló aquel profeta: no tengas temor de él. (Deuteronomio 18:21-22) Sin embargo, un profeta de Dios no debe ser considerado como adivino. Y aunque ocasionalmente ha predicho las bendiciones particulares o el destino seguro de ciertos individuos, su interés principal siempre ha estado en asuntos más importantes y universales. Sus predicciones se han relacionado con el bienestar de todo su pueblo, y el bienestar de otras naciones y aun de la humanidad. Bajo la inspiración de Dios ha llegado a comprender las grandes leyes morales (Je la vida y puede ver, en la vida de los individuos y naciones, las consecuencias de obedecerlas o desobedecerlas.

EL PROFETA COMO PORTAVOZ DE DIOS
Un profeta es una persona que habla por Dios. Algunas veces, como hemos visto, sus palabras se refieren a determinados acontecimientos futuros. Esto no es regla general. La profecía como predicción, es útil para dar esperanza y aliento a aquel que teme a Dios, y tiene por objeto amonestar y traer al arrepentimiento a los que menosprecian la voluntad de Dios.
75

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO Sin embargo, un profeta habla la mayoría del tiempo sobre los acontecimientos presentes. Habla a su propio pueblo o a toda la humanidad, interpretándoles la voluntad de Dios en ese momento. Está comunicando a su pueblo lo que Dios requiere de ellos y persuadiéndolos sinceramente a que lleven a cabo su voluntad divina. Un profeta es un maestro y predicador de justicia, un intérprete de la vida de acuerdo con la voluntad de Dios. Uno de los recientes directores de los Santos de los Últimos Días ha explicado muy bien la importancia relativa del papel de un profeta como anunciador de lo futuro y predicador de lo presente: Un estudio cuidadoso de la etimología de la palabra, y de las vidas, obras, y personalidad de los antiguos profetas, nos aclara el hecho de que un profeta era, y es, uno que ha sido llamado para actuar como mensajero de Dios. Tiene que enseñar a los hombres la naturaleza de Dios y definir y hacer saber al pueblo su voluntad. El está para advertir en contra del pecado y declarar el castigo por la transgresión. Ha de ser, por sobre todo, un predicador de justicia, y cuando el pueblo se aparta del camino que él les ha marcado, debe hacerlos volver a la verdadera fe. El es un intérprete de las Escrituras y declara su significado y aplicación. Cuando hay que predecir acontecimientos futuros, él los delara; pero su llamamiento más directo e importante es ser intérprete y director de la situación actual, más bien que anunciador de lo que va a suceder. (A. W. Ivins, Conference Report, Octubre de 1925, pág. 20) Los profetas son hombres singulares. No hay otros como ellos en la historia de la humanidad. Los filósofos han discutido la posibilidad de la existencia de Dios, y cómo podría ser su carácter y naturaleza; los científicos han estudiado minuciosamente las maravillas de su creación; los artistas y poetas, mediante símbolos y sentimientos, han tratado de interpretar el significado de la vida para nosotros; pero solamente los profetas han tenido la seguridad de hablar en su nombre. Con una convicción impelente y con voz de trueno, han osado hablar a los hijos de los hombres en nombre del Dios del Universo. Arrostrando grandes peligros, luchando contra reyes y sacerdotes que amenazan sus vitías y mientras la gente se burla de sus palabras, han hablado en nombre de Dios, como si El mismo, en persona, estuviera hablando a la gente. Esta situación está vividamente ilustrada en la vida de Amos. Amos fué una persona de humilde llamamiento. Era un "boyero y cogedor de cabrahigos", que salió de los montes de Judea y fué al reino de Israel. Allí condenó a toda la casa de Israel por su injusticia y falta de misericordia en las relaciones humanas; y predijo la cautividad del pueblo por su corrupta vida política y económica. Amasias, sacerdote de Beth-el y del rey Jeroboam II, se disgustó por las palabras de este pastor del reino de Judá, y le dijo: "Vidente, vete, y huye a tierra de Judá, y come allá tu pan y profetiza allí. (Amos 7:12) Pero Amos con ardiente indignación le respondió: . . . No soy profeta, ni soy hijo de profeta, sino que soy boyero, y cogedor de cabrahigos: y Jehová me tomó de tras el ganado, y díjome Jehová: Ve y profetiza a mi pueblo de Israel. Ahora, pues, oye palabra de Jehová. Tú dices: No profetices contra Israel, ni hables contra la casa de Isaac: por tanto, así ha dicho Jehová: Tu mujer fornicará en la ciudad, y tus hijos y tus hijas caerán a cuchillo, y tu tierra será partida por suertes; y tú morirás en tierra inmunda, e Israel será traspasado de su tierra. (Amos 7:14-17) El profeta que cumple con su llamamiento nunca habla de sí mismo. Es un emisario enviado de Dios para entregar un mensaje a su pueblo, o cumplir con cierta obra. Este carácter de emisario que se asume en la misión profética, está manifestado claramente en el llamamiento de Moisés. Recibió su divina vocación de esta manera: Ven por tanto ahora, y enviarte he a Faraón, para que saques a mi pueblo, los hijos de Israel de Egipto. (Éxodo 3:10) Moisés vaciló, resistiendo el llamamiento, y dijo: "¿Quién soy yo, para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?" Y el Señor le dijo otra vez: "Ve, porque yo seré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado. . ." Moisés finalmente aceptó el llamamiento como emisario de Dios ante Faraón e Israel. Moisés fué siempre fiel a este aspecto mensajero de su llamamiento profético, según la narración del Antiguo Testamento, salvo en la ocasión en que tomó para sí el honor de su actuación. (Números 20:7-13) Esta debilidad le costó la entrada en la tierra prometida. En las misiones más arduas de un profeta, la fe que tiene en su llamamiento divino le fortifican su propia confianza y valor. Cuando la gente les presta atención, es porque también creen en su función como mensajeros y emisarios de Dios.

76

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

EL PROFETA COMO DIRECTOR
Los profetas antiguos, no sólo eran maestros, expositores de principio y doctrina; sino también directores, activamente ocupados en la vida política y económica de su pueblo. Moisés fué juez, jefe político y militar, y legislador de su pueblo. Isaías actuó como profeta y estadista para con los reyes de Judá, y les enseñó cómo habían de vivir y conducirse en sus relaciones con las naciones extranjeras. Hombres como S. Pedro y S. Pablo, no sólo predicaron sino que organizaron ramas de la Iglesia, buscaron directores y dieron instrucciones en cuanto al manejo de la Iglesia y la vida diaria del pueblo. En la historia del Libro de Mormón, Alma, sirvió como juez superior, sumo sacerdote y profeta del pueblo; y más tarde renunció a su puesto público para dedicarse enteramente al ministerio. Otros profetas del Libro de Mormón fueron jefes militares que lucharon por conservar la libertad de su pueblo, y al mismo tiempo fueron predicadores de la justicia en nombre de Dios. Los profetas de Dios que desempeñaron un papel tan importante en los tiempos bíblicos fueron hombres dotados de muchas habilidades: muchos de ellos fueron poetas, jueces, consejeros de los reyes, estadistas, vaticinadores, emisarios y directores del pueblo en el nombre de Dios.

EL CARÁCTER DE UN PROFETA
Es interesante estudiar el carácter de los profetas de Dios. Uno los encuentra humildes delante de Dios, porque sienten siempre que no son dignos de su llamamiento y lo resisten. Moisés declaró que él "era tardo en el habla y torpe de lengua". (Éxodo 4:10) Isaías confesó que era "hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos". (Isaías 6:5) Jeremías respondió a su llamamiento, diciendo, "¡Ah, ah! ¡Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño." (Jeremías 1:6) Estos hombres estaban dominados por la majestad y poder de D>ios y la gravedad de su responsabilidad delante de El. Estas mismas personas, por el contrario, eran atrevidos y valientes delante de los demás hombres. Aunque parecían amar a su pueblo, sin embargo, eran como leones que se echan sobre su presa para devorarla, cuando amonestaban a la gente por su hipocresía y engaño delante de Dios y los hombres. En el primer capítulo de Isaías tenemos un ejemplo gráfico del valor y franqueza de Isaías. Leamos sólo algunos versículos: Visión de Isaías, hijo de Amoz, la cual vio sobre Judá y Jerusalem, en días de Uzzías, Jotham, Achaz y Ezequías, reyes de Judá. Oíd cielos, y escucha tú, tierra; porque habla Jehová: Crié hijos, y engrandecílos y ellos se rebelaron contra mí. El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor: Israel no conoce, mi pueblo no tiene entendimiento. ¡Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados! Dejaron a Jehová, provocaron a ira al santo de Israel, tornáronse atrás. ¿Para qué habéis de ser castigados aún? Todavía os rebelaréis. Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente. Desde la planta del pie hasta la cabeza, no hay en él cosa ilesa, sino herida, hinchazón y podrida llaga: no están curadas ni vendadas, ni suavizadas con aceite. (Isaías 1:1-6) En el dramático relato de Elias el Profeta (I Reyes, cap. 18), encontramos un ejemplo clásico del carácter de un profeta hebreo. El profeta manda reunir a todo Israel y a los sacerdotes de Baal. Propone una competencia entre Jehová y Baal, poniendo a los Israelitas como testigos. Parece estar resuelto a terminar con la idolatría en Israel. Con toda confianza prepara la escena para la gran prueba entre los Dioses. Mientras los sacerdotes de Baal invocan a su divinidad, Elias se burla de ellos con sarcasmo, diciéndoles, ... Gritad en alta voz, que dios es: quizá está conversando, o tiene algún empeño, o va de camino; acaso duerme, y despertará. (I Reyes 18:27) Pero cuando le tocó a Elias invocar a Jehová, su tono y su forma de hacerlo cambiaron por completo. Ahora es humilde, se abate a sí mismo y procura solamente ser el emisario de Dios y de su pueblo. De modo que con hermosa sencillez rogó: . . . Jehová, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo, he hecho todas estas cosas. Respóndeme, Jehová, respóndeme; para que conozca este pueblo, que tú, oh Jehová eres el Dios y que tú volviste atrás el corazón de ellos. (1 Reyes 18:3637) Los grandes profetas del Antiguo Testamento fueron hombres enérgicos, dinámicos, rebosantes de emociones, aunque de pensamiento bondadoso, fuertes en principios y siempre listos o preparados para in77

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO tervenir en la vida de su pueblo. Eran humanos también y lo reconocían. S. Pablo admitió que aun cuando estaba entre los Apóstoles, era el que menos merecía ese nombramiento; sin embargo, había hecho una obra mayor que todos los demás.* Pedro negó al Salvador, y en una ocasión El tuvo que decirle: "Quítate de delante de mí, Satanás." Pero Pedro creció en entendimiento y comprensión, como se demuestra claramente en el libro de los Hechos.

LOS PROFETAS DE HOY
El apóstol Pablo, escribiendo a los Efesios, dijo: Así que ya no soy extranjeros ni advenedizos, sino juntamente ciudadanos con los santos, y domésticos de Dios; edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo; en el cual compaginado todo el edificio, va creciendo para ser un templo santo en el Señor: en el cual vosotros también sois juntamente edificados, para morada de Dios en Espíritu. (Efesios 2:19-22) Y él mismo dio unos ciertamente apóstoles; y otros, profetas; y otros, evangelistas; y otros, pastores y doctores; para perfección de los santos, para la obra del ministerio, para edificación del cuerpo de Cristo; hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la edad de la plenitud de Cristo. (Efesios 4:11-13) Cristo mismo es la piedra angular de la Iglesia. Los apóstoles y los profetas iban a representar al Señor y conducir a los santos a la unidad de la fe y el conocimiento del Hijo de Dios. La Iglesia Primitiva de Cristo en los días de S. Pedro y S. Pablo, tenía apóstoles y profetas. No eran simplemente puestos en la Iglesia. Estos hombres actuaban como profetas. Recibían revelaciones y hablaban por Dios una y otra vez. S. Pedro y S. Pablo no eran solamente intérpretes del Antiguo Testamento; ellos y otros como ellos escribieron las cosas que luego se transformaron en el Nuevo Testamento. Los Apóstoles de la Iglesia Cristiana de la primera época fueron profetas de Dios en todo el sentido de la palabra. La piedra fundamental de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es Jesucristo. El se reveló a José Smith, y lo llamó para ser profeta en su nombre, para recibir la verdad, para establecer su Iglesia y para hacer su divina voluntad. José Smith fué el primer profeta de nuestra Iglesia. Lo han sucedido otros profetas, llamados por Dios y ordenados para este sagrado trabajo y oficio. Cada uno a su vez ha sido el presidente, profeta y cabeza terrenal de la Iglesia. Con él obran otros apóstoles y profetas, y juntamente cumplen con el llamamiento profético. El Presidente de la Iglesia, es a quien sostenemos como Profeta de Dios, Revelador y su emisario; es nuestro director, llamado para interpretar y llevar a cabo la voluntad de Dios entre los hombres.

78

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capítulo 18 JESUCRISTO EL HIJO DE DIOS
Hasta aquí hemos considerado en nuestro estudio, algunas de nuestras creencias básicas relacionadas con Dios el Padre, el hombre y el principio de la revelación por medio del cual Dios le comunica su voluntad. Consideraremos ahora nuestra doctrina sobre Cristo. Deseamos saber quién es y cuál es su misión respecto de la salvación de los hombres. Nuestra religión es una religión cristiana. Jesucristo es el centro de nuestra fe. Por cierto, declaramos que nuestro primer principio es la "fe en el Señor Jesucristo". Nuestra Iglesia no lleva el nombre de persona cualquiera, ni de una doctrina particular, ni de un acontecimiento o movimiento histórico, sino se llama la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. La palabra "santo" se emplea con frecuencia en la Biblia, especialmente en el Nuevo Testamento. En el griego original significa algo puesto aparte o separado, algo sagrado. Los primeros cristianos, mediante su fe en Cristo, deseaban olvidar sus pecados, sus iniquidades anteriores y transformarse en un pueblo santo. Nos llamamos Santos de los Últimos Días para distinguirnos de los miembros de la Iglesia Primitiva de Jesucristo. Nosotros también tenemos el deseo de transformarnos en verdaderos discípulos de Cristo, de ser sus santos y de alentar a todos los hombres a lograr el mismo propósito. El nombre de santo representa, pues, nuestra aspiración por medio de la fe en Jesucristo.

CRISTO ES UNO DE LA TRINIDAD
En el capítulo cinco desarrollamos nuestra creencia de que Jesús es un Ser separado y distinto del Padre y del Espíritu Santo. Los tres miembros de la Trinidad son uno en propósito, poder e influencia para lograr el bien, pero son tres personas diferentes. Cada cual existe como persona separada y distinta, y tiene su misión especial que cumplir. En esta parte consideraremos la historia de la vida de Cristo y cómo se relaciona con Dios y el hombre. Para entender la naturaleza y posición de Cristo, debemos volver a repasar brevemente nuestro concepto de Dios y del hombre. Dios, el Padre, es un Ser sin principio de días ni fin de años. Existe por sí mismo, increado, y es la inteligencia más grande del Universo. También el hombre, en su estado original como inteligencia, es increado; él y Dios son coeternos. En un lejano pasado, Dios el Padre tomó esta inteligencia original e increada del hombre y llevó a cabo una creación para el bien de éste. El hombre llegó a ser un hijo espiritual de Dios. En las Escrituras no se revela la naturaleza exacta de la creación espiritual del hombre en la preexistencia. Basta decir que el Creador tomó las inteligencias eternas e increadas y les otorgó algo de su naturaleza divina; y nosotros llegamos a ser hermanos, hijos de nuestro Padre Celestial.

NUESTRO HERMANO EL PRIMOGÉNITO
Jesucristo fué también una inteligencia eterna, que llegó a ser un hijo espiritual de Dios mucho antes que naciera en la carne. De hecho, en esta creación espiritual El fué el primero en nacer, nuestro hermano mayor. Esto se dio a conocer en una revelación dada a José Smith, en la cual dice: "Y ahora, de cierto os digo, yo estuve en el principio con el Padre y soy el Primogénito." . . (Doctrinas y Convenios 93:21). Ya en esta existencia primordial El se distinguía de todos los otros hijos del Padre. Llegó a ser aquel que "era semejante a Dios". Hablando de la preexistencia, Dios reveló lo siguiente a Abrahán: Y Dios vio estas almas, y eran buenas, y estaba en medio de ellas y dijo: A éstos haré mis gobernantes— pues estaba entre aquellos que eran espíritus, y vio que eran buenos—y el me dijo: Abrahán, tú eres uno de ellos; fuiste escogido antes de nacer. Y estaba entre ellos uno que era semejante a Dios, y dijo a los que se hallaban con él: Descenderemos, pues hay espacio allá, y tomaremos estos materiales, y haremos una tierra donde éstos puedan morar . . . (Abrahán 3:23-24) De lo que sigue sacamos en conclusión que éste que "era semejante a Dios", no era otro sino aquel que vino a la tierra como Jesús de Nazaret.
79

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO Ya en la preexistencia Jesucristo llegó a ser uno de la Trinidad, y ayudó al Padre en la creación de la tierra, la vida del hombre sobre la tierra y mucho más. En los primeros versículos del Evangelio según S. Juan, leemos de la parte que desempeñó Cristo en la creación de todas las cosas", así como de su Divinidad. En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas; y sin él nada de lo que es hecho fué hecho. Y aquel Verbo fué hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del Unigénito del Padre) lleno de gracia y de verdad. (Juan 1:1-3, 14) En una revelación dada a José Smith, el Padre también declara: Y las he creado por la palabra de mi poder, que es mi Hijo Unigénito, lleno de gracia y de verdad. Y he creado mundos sin número, y también los he creado para mi propio fin; y por medio del Hijo, quien es mi Unigénito, los he creado. (Moisés 1:32-33)

JESÚS, EL HIJO UNIGÉNITO
Hasta aquí hemos visto que Jesucristo es un hijo espiritual de Dios, tal como lo somos nosotros. En la preexistencia El se distinguió de nosotros en dos maneras : 1. Fué el primogénito, nuestro hermano mayor. 2. Fué "semejante a Dios", y por lo tanto, alcanzó la Divinidad. Junto con el Padre, llegó a ser un Creador del cielo y de la tierra, y de la vida del hombre sobre la tierra. Nosotros creemos que Jesucristo es también Hijo de Dios en otro sentido mucho más singular. Las Escrituras, así la Biblia como los libros canónicos de los Santos de los Últimos Días, se refieren a El como el Unigénito del Padre. Porqué de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna. (Juan 3:16) José Smith y Sidney Rigdon, otro de los primeros directores de la Iglesia de los Santos de los Últimos Días, dan testimonio de la divinidad de Cristo en estas palabras: Y ahora, después de los muchos testimonios que se han dado de él, este testimonio, el último de todos, es el que nosotros damos de él: ¡Qué vive! Porque lo vimos a la diestra de Dios; y oímos la voz testificar que él es el Unigénito del Padre—que por él y mediante él, y de él los mundos son y fueron creados, y los habitantes de ellos son engendrados hijos e hijas para Dios. (Doctrinas y Convenios 76:22-25) Los Santos de los Últimos Días aceptan la narración bíblica sobre el nacimiento de Jesucristo en la tierra. Su nacimiento fué preordenado por Dios, para que El pudiera cumplir su misión como la Luz del Mundo, el Salvador y Redentor de los hombres. Nació de la Virgen María. José, el carpintero, no fué su padre. En Jesús de Nazaret se combinaron la naturaleza mortal de su madre María y la naturaleza inmortal de su Divinidad. El pudo dar, verdadera y libremente, su vida por sus hermanos. Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, mas yo la pongo de mí mismo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre. (Juan 10:17-18) En una forma que no conocemos, Jesús fué el Unigénito del Padre en la carne. Creemos que las solemnes palabras de Gabriel a María, se cumplieron en su nacimiento : Y entrando el ángel a donde estaba, dijo, ¡Salve, muy favorecida! el Señor es contigo: bendita tú entre las mujeres. Mas ella, cuando le vio se turbó de sus palabras, y pensaba qué salutación fuese ésta. Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia cerca de Dios. Y he aquí, concebirás en tu seno, y parirás un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo: y le dará el Señor Dios, el trono de David, su padre: Y reinará en la casa de Jacob por siempre; y de su reino no habrá fin. Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? Porque no conozco varón. Y respondiendo el ángel le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre tí, y la virtud del Altísimo te hará sombra; por lo cual también lo Santo que nacerá, será llamado Hijo de Dios. (Lucas 1:28-35)

80

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capítulo 19 LA MISIÓN DE JESUCRISTO
Para los hombres que escribieron el Nuevo Testamento, Jesucristo era una persona singular que había venido al mundo para traer la salvación a la humanidad. Era más que profeta, más que un maestro, más que un amigo. En El estaba la misma luz y vida de los hombres, la esperanza de la humanidad. Observemos cuan fuerte y completa era su convicción de que Jesucristo había sido enviado de Dios a todos los hombres, y que necesitaban tener fe en El para recibirlo en sus corazones. Y les dijo: Id por todo el mundo; predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere será condenado. (Marcos 16:15-16) Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Príncipes del pueblo, y ancianos de Israel: Pues que somos hoy demandados acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera éste haya sido sanado, sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, al que vosotros crucificasteis y Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano. Este es la piedra reprobada de vosotros los edificadores, la cual es puesta por cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salud; porque no hay otro nombre debajo del cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos. (Hechos 4:8-12) Porque no me avergüenzo del evangelio: porque es potencia de Dios para salud a todo aquel que cree; al Judío primeramente y también al Griego. (Poníanos 1:16) Y consumado, vino a ser causa de eterna salud a todos los que le obedecen. (Hebreos 5:9) Desde los tiempos bíblicos, a través de las épocas, incontables millones de hombres y mujeres—los ¡j bios y los ignorantes, sacerdotes y laicos, pecadores y' dantos, libres y esclavos—han fijado la vista en Jesucristo con esperanza, con fe, con admiración y aun con ansiedad y confusión, tratando de entenderlo y llegar a un acuerdo con El. Ha representado tantas cosas distintas a diferentes individuos y grupos de gente. Una religión que es cristiana naturalmente se funda en la misión de Cristo. La interpretación de esta misión revela el carácter de aquella religión que profesa su nombre. Los Santos de los Últimos Días afirman en sus corazones las hermosas palabras de Juan: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado 'a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Por no envió Dios a su Hijo al mundo para que condene al mundo, mas para que el mundo sea salvo por él." (Juan 3:16-17) Creemos, como lo hemos bosquejado en el capítulo anterior, que Jesucristo es el Hijo de Dios y vino al mundo para ayudar a la humanidad. ¿Cuál es su misión entre los hijos de los hombres? Esto es lo que estudiaremos en esta lección.

EL SIGNIFICADO DE SALVACIÓN
Cristo vivió y murió para que los hombres pudieran ser salvos o ganar la salvación. Leemos en Hebreos : "Y consumado, vino a ser causa de eterna salud a todos los que le obedecen". (Hebreos 5:9) Antes que podamos entender lo que este versículo significa, debemos averiguar el significado de la palabra salvación. La raíz de la palabra "salvación" significa salvar. La palabra completa significa "acción o efecto de salvar o salvarse". Si se toma la palabra en este sentido literal, hay cosas en la vida del hombre de las que éste desea salvarse; por ejemplo, ciertos males o limitaciones que desea y necesita vencer. Cristo vino para salvar a los hombres de estas cosas. Tal vez cabe preguntar: ¿Cuáles son los males de la vida? ¿Qué cosas necesitamos vencer? Los males y limitaciones de la vida que necesitamos vencer provienen de tres características básicas de la vida humana: 1. Mortalidad, 2. Ignorancia, 3. Pecado. Creemos que todos los sufrimientos, frustraciones y remordimientos de los hombres vienen por una de estas tres causas. Declarándolo positivamente, Cristo vino para traer a los hombres la inmortalidad, el conocimiento y el poder para vencer el pecado.

81

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

I. LA MORTALIDAD
Hay mucha gente entre nosotros que está padeciendo hambre, u opresión o enfermedades incurables. Para ellos la vida debe ser una carga pesada y la muerte una bendición. Hay otros que tienen suficiente comida, gozan de las comodidades de la vida y atención médica cuando la necesitan, tienen a su alcance las cosas espirituales y abundante compañerismo humano. Para tales la vida no es una carga. Pero aun para aquellos que disfrutan de ella en su plenitud, está llena de honda tragedia. Cuanto más rica y más completa es la vida de uno, tanto mayor, en cierto modo, la tragedia de que terminará con la muerte. Conocer la vida en toda su abundancia, gozo y poder, ya sea en nosotros o en otras personas, y luego verla acabar en la muerte, sería verdaderamente trágico, si la muerte lograra la victoria final sobre la vida. Cristo murió para que los hombres pudieran conquistar a la muerte y vivir. Vino a salvarnos de la muerte. Tal fué su propio testimonio y el tema exaltado y triunfante de sus discípulos. Cuando Jesús resucitó a Lázaro de entre los muertos, aprovechó la ocasión para explicamos su poder de levantar a todos los hombres de la tumba. Le dijo a Marta: . . . Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí no morirá eternamente. ¿Crees esto? (Juan 11:25-26) S. Pablo estaba seguro de la victoria de Jesús sobre la muerte Describe a Cristo como las primicias de los que durmieron, y declara que por medio de El todos los hombres se levantarán de la muerte. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿dónde, oh sepulcro, tu victoria? (I Corintios 15:55)

II. LA IGNORANCIA
La ignorancia del hombre constituye la segunda limitación grande en su vida, su falta de con tirensión de la naturaleza de la vida. A Buda se le atribuye el haber dicho: "Larga es la noche para el que está despierto; larga es la milla para el que está cansado; larga es la vida para el que no sabe la verdad." Donde hay ignorancia, hay miedo, superstición y frustración. El progreso del hombre en todos los campos ha resultado principalmente del descubrimiento y uso correcto del conocimiento. Esto es tan cierto en la vida social, espiritual y moral del hombre, como lo es en la ingeniería o la medicina. Cristo vino para sacarnos de la obscuridad espiritual, para libertarnos de la ignorancia. Nos enseñó las verdades y valores de la vida y lá voluntad de Dios. También ejemplificó estas cosas. Vino para salvarnos de la ignorancia. Y decía Jesús a los Judíos que le habían creído: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad, y la verdad os libertará. (Juan 8:31-32)

III. EL PECADO
El pecado es la tercera limitación de la vida.* Pecar es actuar en forma intencional y a sabiendas contra lo que uno sabe que es lo correcto. Actuar a sabiendas contra nuestras convicciones es pecar contra nosotros mismos. Actuar a sabiendas contra lo que sabemos que es para el bienestar de la sociedad es pecar contra la sociedad. Actuar a sabiendas contra lo que Dios ha declarado que es justo, es pecar contra Dios. El pecado es una falta moral. El pecado divide a uno, trae el mal a la vida de nuestros semejantes y nos coloca en contra de Dios y sus propósitos. Es la fuerza más destructiva de la vida, más que la ignorancia, porque cuando pecamos, no vamos de acuerdo con las leyes de Dios y también lo sabemos. De ahí que sufrimos los males que vienen por violar las leyes, igual que si estuviéramos actuando por ignorancia. Además, sufrimos todos el perjuicio causado por el hombre que obra contra sí mismo. Cristo vino a salvar al hombre del pecado, a inspirarlo a que lo abandone y a traerle el perdón. Entender qué tiene que ver Cristo con los pecados del hombre es parte vital de la teología cristiana. La salvación en su sentido literal significa ser salvos del pecado, la muerte y la ignorancia. Esta es la misión de Jesucristo: salvar a los hombres, o por lo menos, ayudarlos a salvarse de estas tres limitaciones y males de la vida.

82

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

LA CAÍDA DEL HOMBRE
Hasta aquí hemos hablado de la salvación y la manera en que se aplica a todos los hombres en la actualidad. Quizá nos ayudará a aclarar más el tema si hablamos de la salvación en términos más teológicos; si consideramos el significado de la caída y la expiación. Examinemos el relato completo que hallamos en las Escrituras sobre la vida del hombre en la tierra y veamos cómo se relacionan ella y la misión de Cristo. Generalmente las iglesias cristianas, aunque dan a Dios todo el crédito por la creación del hombre y su vida sobre la tierra, creen que las cosas tuvieron un mal principio. Se cree que Adán y Eva, aunque creados originalmente en un estado de gracia y favor divino, cometieron un grave pecado y cayeron de la gracia. Con su "caída" hundieron a todo el género humano en la muerte, el pecado y la condenación. Los católicos y los grandes movimientos protestantes de Lutero, Calvino y Zwinglio han considerado a la raza humana como depravada, por haber heredado el pecado original de Adán. Según este punto de vista, el hombre es de índole enteramente mala, hasta que Dios, por medio de Cristo, lo levanta otra vez a un estado de favor o gracia divina y lo redime de la muerte y del pecado. Los Santos de Los Últimos Días tienen un concepto completamente diferente de la caída. En nuestra creencia la "caída del hombre" no fué una desgracia. El plan de Dios no se vio frustrado en el principio. Adán no fué un pecador que hundió a la humanidad en una condición depravada y desesperada. Creemos, como recordará el lector, que el hombre tuvo una vida espiritual como hijo de Dios antes de nacer en la carne. La vida terrenal, según el plan de Dios y Jesucristo, es un estado necesario y útil para la progresión eterna del hombre. Los hombres sabían acerca de este plan antes de nacer y ansiaban venir a la tierra para ganar experiencia en el estado mortal. Adán y Eva eran dos de los hijos más nobles de Dios. Por esta razón fueron elegidos para venir a la tierra e iniciar la vida mortal de los otros hijos de Dios. No sabemos precisamente cómo dio principio Dios a la vida del hombre sobre la tierra. La Biblia es una historia profundamente religiosa de la creación, no un relato científico. La historia de la caída del hombre en las Escrituras trata de explicar el origen divino y el propósito de la vida, y se debe leer teniendo esto presente. La historia es breve y algo figurativa y simbólica en su lenguaje, pero de ella podemos espigar algunas convicciones religiosas fundamentales. Las Escrituras de los Santos de los Últimos Días han aclarado más el relato de la creación. Explicaremos nuestras convicciones básicas acerca de la caída del hombre. Adán y Eva no fueron pecadores en el sentido tradicional de la palabra. Creemos que Dios les permitió elegir si habían de permanecer en su estado de inocencia, o participar de la mortalidad con sus consiguientes oportunidades y sufrimientos. Se les permitió escoger una de las dos condiciones Podían obedecer las leyes del estado en que se hallaban y quedar libres de la muerte y las responsabilidades morales consiguientes a la mortalidad, o podían hacerse mortales y quedar sujetos a la muerte y aprender las duras lecciones de la vida. Adán y Eva eligieron la parte que requería más valor, lo que Dios quería que escogieran. Quebraron la ley y se tornaron mortales o sujetos a la muerte. La Biblia dice que participaron del fruto del árbol del cual Dios había dicho: "No comeréis de él, ni le tocaréis, porque no muráis." (Génesis 3:3) No sabemos cómo se hicieron mortales. Pero de una cosa sí estamos seguros: que no fueron pecadores. Eligieron dejar la presencia de Dios y andar por la fe; aprender a enfrentarse con las leyes y las fuerzas que caracterizan la vida terrenal. "Cayeron" en el sentido de que se apartaron de la presencia de Dios y quedaron sujetos a las limitaciones de la mortalidad, incluso la muerte, la ignorancia y el pecado. La primera elección que tuvo que hacer Adán, como hemos visto, fué si tornarse mortal o permanecer inmortal. Su segunda elección, si había de permanecer en la ignorancia, o recibir conocimiento y llegar a ser por este medio un hijo moral y responsable de Dios. Eligió la última alternativa. Como Santos de los Últimos Días respetamos a Adán y Eva porque tuvieron el valor y la fe para llegar a ser mortales y también asumir sus responsabilidades morales. Creemos que por elegir estas dos cosas, ellos cumplieron con la voluntad de Dios e iniciaron para nosotros, su posteridad, estas mismas grandes experiencias. El Libro de Mormón añade un nuevo concepto optimista y lleno de propósito a la caída de del hombre. Porque si Adán no hubiese pecado, no habría caído; sino que habría permanecido en el Jardín de Edén. Y todo lo que fué creado tendría que haber permanecido en el mismo estado en que se hallaba después de su creación; y habría permanecido para siempre, sin tener fin, y no hubieran tenido hijos; por consiguiente, habrían
83

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO permanecido en un estado de inocencia, sin sentir gozo, por no tener conocimiento de la miseria; sin hacer bien por no conocer el pecado. Pero he aquí, todas las cosas han sido hechas según la sabiduría de aquel que todo lo sabe. Adán cayó para que los hombres existiesen; y existen los hombres para que tengan gozo. (2 Nefi 2:22-25) El libro de Doctrinas y Convenios, de conformidad con las enseñanzas del Libro de Mormón, rechaza la idea del pecado original. Todos los espíritus de los hombres fueron inocentes en el principio; y habiendo Dios redimido al hombre de la caída, el hombre vino a quedar de nuevo en su estado de infancia, inocente delante de Dios. (Doctrinas y Convenios 93:38) Los hombres no nacen en el pecado, ni heredan el pecado de Adán. De él heredamos la mortalidad y la muerte. Como el Apóstol Pablo dice: "La muerte entró por un hombre"; y "en Adán todos mueren".* De Adán hemos heredado un conocimiento del bien y el mal, la oportunidad de transformarnos en seres verdaderamente morales y espirituales. Con él compartimos la naturaleza humana, con sus posibilidades de vida y muerte, rectitud y pecado. En su vida mor-tal, Adán no fué diferente de nosotros. El simplemente tuvo el privilegio y el honor de iniciar la vida sobre la tierra como hijo responsable de Dios. Hay otro pasaje interesante en el Libro de Mormón que arroja más luz sobre la caída. Hablando de los niños leemos: ". . . porque así como en Adán o por naturaleza caen . . ." La caída significa sencillamente que llegamos a ser seres mortales y podemos levantarnos o caer en nuestra probación mortal. Aun cuando los Santos de los Últimos Días rechazan la creencias tradicionales de la cristiandad sobre la caída y la naturaleza del hombre, esto no significa que rechazamos en ningún sentido la misión de Cristo. El hombre está sujeto a la muerte. Es ignorante y necesita orientación divina para encontrar la verdad; y el hombre peca. Cuando tiene que elegir entre el bien y el mal, algunas veces inevitablemente escoge el, mal tanto como el bien. Necesita la salvación del pecado. En la sabiduría y amor de Dios y Cristo, éste fué elegido para ser el Salvador de la humanidad, para ayudar al hombre a levantarse de la muerte, la ignorancia y el pecado. Cristo y el propósito de la vida Hasta aquí hemos hablado del significado de la salvación, y hemos indicado que Cristo nos está ayudando a salvarnos de la muerte, la ignorancia y el pecado. También hemos declarado brevemente el concepto de los Santos de los Últimos Días sobre la caída del hombre, para mostrar cómo quedaron Adán y Eva sujetos a la muerte y el pecado. Ahora volveremos a la misión del Salvador. Queremos señalar cuál es su misión en la vida de los hombres y qué está haciendo por nosotros. No debe considerarse la misión de Cristo solamente en términos negativos, es decir, salvación de la muerte, el pecado y la ignorancia, sino también en términos positivos. El vivió y murió para ayudar a los hombres a ganar la inmortalidad y la vida eterna. Vino a la tierra para ayudarnos a llevar a cabo el gran propósito de la vida. ¿Cuál es este propósito? Los hombres existen para que tengan gozo, ese gozo que es el fruto de las propias realizaciones de personas que son eternamente libres y también hijos de Dios. El destino del hombre es crecer a semejanza de su Padre Eterno, como se manifestó en la vida de su Hijo Jesucristo. "Esta empero es la vida eterna, que te conozcan el solo Dios verdadero, y a Jesucristo, al cual has enviado." (Juan 17:3) Cristo vino para llevar a los hombres de vuelta hacia Dios. Vino para inspirarnos a vivir como el Padre quiere que vivamos. Nos señaló el camino hacia la plena realización de nuestros justos deseos, hacia un gozo creciente y perdurable. Nos trajo los medios, conocimiento e inspiración necesarios a fin de que podamos cumplir el propósito divino "de nuestra creación.

LA EXPIACIÓN
La misión de Cristo puede sintetizarse en una palabra, la expiación. (Aquí sólo trataremos el tema superficialmente. En las siguientes lecciones lo haremos en detalle.) Por medio de esta expiación, Cristo logra conseguir una condición de armonía entre Dios y el hombre. Este vive en la tierra, sujeto a las limitaciones de la existencia mortal—la muerte, la ignorancia y el pecado—por lo que se halla alejado de su Padre en los cielos. Necesita ser uno con su Hacedor, conocerlo y ser digno de volver a El. Cristo, el Hijo de Dios, es el gran mediador entre el Padre y sus hijos. Su papel es ayudarnos a efectuar una reconciliación con nuestro Padre. El aceptó la responsabilidad de vencer esta separación entre Dios y el hombre. Todos los intérpretes de la
84

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO expiación están de acuerdo sobre este punto. La pregunta importante es: ¿ Cómo se va a lograr ? Algunos teólogos cristianos tienen este concepto de la expiación: Cuando Adán cayó, por pecar, según su creencia, desde ese momento toda la humanidad se perdió. Dios, en su ira, se apartó del hombre, como si le hubiera vuelto las espaldas. Al morir Cristo por los pecados de los hombres, los restauró a la gracia a los ojos de Dios, logrando una reconciliación entre el Creador y sus criaturas. En otras palabras, la misión de Cristo, de acuerdo con este punto de vista, fué aplacar el desagrado de Dios hacia la humanidad caída. Como Santos de los Últimos Días creemos que Dios es el Padre viviente de todos los hombres. El nunca les ha vuelto las espaldas. No se ha apartado de los hombres. Resulta lo contrario. Son los hombres los que se apartan frecuentemente de Dios. Los hombres abandonan a Dios, fuente y riqueza de sus vidas, y como el hijo pródigo, se van a países lejanos a vivir perdidamente. Dios, como el Padre de la parábola, está esperando que sus hijos vuelvan y está listo para salir a encontrarlos. Si queremos seguir un poco más la analogía, podemos agregar que el Padre ha enviado a Jesucristo, su Unigénito, para conducir a los hombres otra vez a El. Cristo vivió y murió no para reconciliar a Dios al hombre, sino para reconciliar al hombre a Dios. Es el hombre el que debe cambiar sus pensamientos, su corazón, y nacer otra vez, si quiere ser uno con Dios. Esto no solamente está indicado con claridad en las Escrituras, sino que es también dictado por la razón. Hablando de su muerte en la cruz, Jesús dijo: "Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos traeré a mí mismo." (Juan 12:32) Y también declaró: "Yo la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas." (Juan 12:46) Sobre el mismo tema, S. Pablo escribió: De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto es de Dios, el cual nos reconcilió a sí por Cristo; y nos dio el ministerio de la reconciliación. Porque ciertamente Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo a sí, no imputándole sus pecados, y puso en nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio nuestro; os rogamos en nombre de Cristo: reconciliaos con Dios. (II Corintios 5:17-20) El amor de Cristo por la humanidad y su gran deseo y anhelo de llevarlos hacia Dios, se declara de este modo en el Libro de Mormón: Porque he aquí, amados hermanos míos, os digo que el Señor no obra en la obscuridad. El no hace nada a menos que sea para el beneficio del mundo, porque ama tanto al mundo, que da su propia vida para llevar a todos los hombres a él. Por tanto, a nadie manda no participar de su salvación. (II Nefi 26:23-24) Sí, venid a Cristo, y perfeccionaos en él, y absteneos de toda impureza; y si os abstenéis de toda impiedad, y amáis a Dios con todo vuestro poder, alma y fuerza, entonces su gracia os bastará, y por su gracia podréis perfeccionaros en Cristo; y si por la gracia de Dios sois perfectos en Cristo, de ningún modo podréis negar el poder de Dios. Y además, si por la gracia de Dios os perfeccionáis en Cristo, y no negáis su poder, entonces seréis santificados en Cristo por la gracia de Dios, mediante el derramamiento de la sangre de Cristo, según el convenio del Padre para la remisión de vuestros pecados, a fin de que lleguéis a ser santos y sin mancha. (Moroni 10:32-33)

85

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO La expiación puede indicarse en este cuadro que tal vez nos ayudará a entender la misión de Cristo.

86

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capítulo 20 EL CAMINO HACIA LA SALVACIÓN
Las religiones difieren no solamente en su concepto sobre la meta de la salvación, sino también en el modo o los medios por los cuales procuran lograr esa meta. Por lo tanto, la manera en que Jesucristo trae la salvación a los hombres, se entiende de distintos modos entre las varias religiones cristianas. Lógica así como históricamente hay tres maneras o combinaciones de ellas, por medio de las cuales los hombres de todas las religiones han tratado de lograr la meta de la vida o la salvación: I. Por la Gracia de Dios II. Por los Sacramentos de la Iglesia III. Por el esfuerzo y mérito individuales Vamos a considerar e ilustrar estas tres formas de salvación, y luego presentaremos la interpretación que los Santos de los Últimos Días dan a la salvación del hombre.

I. POR LA GRACIA DE DIOS
Gracia significa don, algo que es dado sin haberse ganado o merecido. Hay religiones que creen que la salvación de la muerte y del pecado es un don gratuito de Dios, dado al hombre por medio del amor y misericordia del Padre mediante el sacrificio de Cristo. El Apóstol Pablo habló mucho acerca de la gracia. El mismo había buscado la salvación por medio de una rígida obediencia a la ley de Moisés, y no la había encontrado. Pero cuando encontró su fe en Jesucristo, sintió que se había transformado en "nueva criatura en Jesucristo". Le parecía que no merecía esa fe, la cual era un don de Dios para él. De ahí que Pablo distingue tan enfáticamente entre la gracia y las obras en muchos pasajes, de los cuales, uno de los más conocidos es el siguiente: Y de ella recibisteis vosotros, que estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en que en otro tiempo anduvisteis conforme a la condición de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora obra en los hijos de desobediencia: entre los cuales todos nosotros también vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos; y éramos por naturaleza hijos de ira, también como los demás. Empero Dios, que es rico en misericordia, por su mucho amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente^ con Cristo; por gracia sois salvos; y juntamente nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los cielos con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios: no por obras para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, criados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó para que anduviésemos en ellas. (Efesios 2:1-10) Los Protestantes están basados en la creencia de la Gracia de Dios como el medio de salvación. Según los grandes reformadores como Calvino y Lutero, los hombres cayeron de la gracia de Dios por la caída de Adán y ahora se hallan completamente depravados, impotentes en lo que a su salvación concierne y condenados ante Dios a un castigo sin fin. Sin embargo, Dios, por amor de Cristo, le extiende misericordiosamente al hombre el don de la fe, por el cual puede recibir la gracia divina y ser salvo de su eterna condenación. Calvino desarrolló la doctrina de la gracia hasta su lógica conclusión. De hecho, convirtió la salvación en algo que depende por completo de la inescrutable voluntad de Dios. Parte de la humanidad estaba predestinada por la gracia a la vida eterna; otros por su voluntad, y sin gracia, al castigo eterno. La salvación era asunto de predestinación. Los hombres no podían hacer nada para ganar o perder su salvación. Otros de los grandes movimientos protestantes no fueron tan lógicamente rígidos como el de Juan Cal-vino. No obstante, también enseñaron que la salvación era en todo sentido un don de Dios, efectuada por medio del sacrificio de Jesucristo. Con profunda devoción y un sentimiento de dependencia absoluta, los Protestantes escribían y cantaban sus himnos de gracia. El conocido himno cristiano, Roca de Eternidad, lleva este sentimiento de gracia a nuestros corazones. Roca de Eternidad, sé mi faro de verdad,
87

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO En la sangre que brotó, de tu cuerpo que murió, Mis pecados lavaré y pureza buscaré. Si llorase sin cesar y pudiera fe ganar, Estas nada pueden dar, sólo tú puedes salvar, Oro no puedo pagar, sólo en la cruz confiar. En el protestantismo el hombre no gana su salvación. Es un don de Dios. Las buenas obras del hombre, cuando las manifiesta, son fruto de la gracia y evidencia de que la posee, no un medio para ganar la gracia.

II. POR LOS SACRAMENTOS DE LA IGLESIA
La segunda forma de salvación en la cristiandad se basa en los sacramentos. Es la manera característica de la Iglesia Católica Romana. Ningún católico devoto busca la salvación de sí mismo, por sus propias fuerzas. Ni tampoco creería, como muchos protestantes, de que la gracia de Dios va a venir directamente a él sin pisar los umbrales de la iglesia. Para los católicos, el modo de ganar la salvación es por los sacramentos administrados por el sacerdocio de la Iglesia. Por último, los católicos igual que los protestantes, creen que el hombre nada puede hacer para ganar su propia salvación. Los católicos creen tan sinceramente como los protestantes en la gracia de Dios como el gran medio de salvación de la muerte y el pecado. La principal diferencia en el punto de vista católico y el protestante es este: en el protestantismo, la gracia viene directamente al corazón del hombre, mientras en el catolicismo viene por medio de los sacramentos de la Iglesia: y ésta posee un inagotable tesoro de mérito (gracia), que puede dispensar al creyente. Cinco sacramentos, administrados al creyente desde la cuna hasta la tumba, son, según la creencia católica, los medios de que se vale la gracia divina para dar al creyente la remisión de pecados y la salvación. Estos sacramentos son: 1. El bautismo, que comunica al infante la gracia necesaria para quitar el estigma y mancha del pecado original. 2. La confirmación, que trae el don del Espíritu Santo para fortalecer a la persona en su lucha contra el pecado. 3. La penitencia o confesión, en la cual la absolución de los pecados personales cometidos después del bautismo está garantizada so condición de arrepentirse y cumplir con ciertas obras expiatorias. 4. La Eucaristía, el más sagrado de todos los sacramentos católicos, el sacramento de la cena del Señor, de la cual los católicos participan, creyendo que Cristo muere otra vez por ellos, trayéndoles el perdón de los pecados. 5. La extremaunción, un rito católico que se administra a los enfermos de gravedad o a aquellos que están para morir, a fin de darles, ya sea la restauración de su salud o la seguridad final del perdón de sus pecados. El creyente católico pone su confianza en la gracia de Dios administrada por medio de los sacramentos de la Iglesia. Está obligado, por supuesto a llevar una vida cristiana y se le recomienda hacerlo; pero él encuentra al Salvador y su misión salvadora dentro de la Iglesia.

III. POR EL MÉRITO INDIVIDUAL
El tercer modo de ganar la salvación es por medio de la fe y las obras individuales. Buda lo enseñaba en su forma más consecuente, y decía a sus discípulos: Sed lámparas a vosotros mismos. No busquéis ningún refugio externo. En el budismo primitivo no se hacían oraciones a Dios, no se confiaba en ninguna divinidad, ni había ritos, ceremonias o sacramentos. Cada discípulo tenía que aprender los principios de la vida y vivir de acuerdo con ellos. Lo más que podía hacer el uno por el otro era enseñarle el camino. Cada cual tenía que seguirlo por sí mismo. Entre las religiones cristianas, son pocas, si es que las hay, las que enseñan que el hombre puede llegar a su meta únicamente por medio de su propia fe y obras. Hay algunas congregaciones de los Unitarios que probablemente piensan así. Creen que no tienen más recurso que sus propias fuerzas para lograr las metas que persiguen. Los humanistas, aquellos que colocan los valores humanos por sobre todas las cosas, y no reconocen nada más grande que el hombre, confían enteramente en ellos mismos para alcanzar sus metas. En el humanismo no hay lugar para Dios, la gracia de Cristo o los sacramentos.
88

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

EL CONCEPTO DE SALVACIÓN ENTRE LOS SANTOS DE LOS ÚLTIMOS DÍAS
Los Santos de los Últimos Días enseñan que en el camino hacia la salvación, las tres maneras indicadas anteriormente—gracia, sacramentos y mérito individual—desempeñan un papel indispensable y significativo. De hecho, la salvación es una maravillosa combinación de las tres, y cada una actúa independientemente de las otras dos, en la vida del hombre. Indiquemos brevemente el lugar de cada una en nuestra salvación.

I. NOSOTROS CREEMOS EN LA GRACIA DE DIOS
Para nosotros Dios es un Padre lleno de gracia y de verdad, un Ser de amor, misericordia y perdón. Por medio de su Hijo, y con El, ha hecho por nosotros mucho más de lo que merecemos. En primer lugar, El nos creó como sus hijos espirituales. Con su Hijo preparó la tierra y nos ha permitido vivir sobre ella. A través de las épocas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo han puesto al alcance del hombre la influencia de su Espíritu y las revelaciones de verdad. Cristo nos trae a todos, seamos santos o pecadores, creyentes o ateos, la resurrección de los muertos y la oportunidad de la vida eterna. La redención del pecado es también ofrecida a los hombres por medio del Salvador. De acuerdo con la doctrina de los Santos de los Últimos Días, los hombres no pueden alcanzar la reconciliación con Dios, ni la realización de sus propias posibilidades, sin la gracia de Dios. En muchos aspectos la vida misma es un don de Dios. Cristo es nuestro Creador, Guía, Ideal y Redentor de la muerte y el pecado.

II. CREEMOS EN LOS SACRAMENTOS DE LA IGLESIA
También creemos que los sacramentos, o como los llamamos, las ordenanzas de la Iglesia, son eficaces para lograr la salvación. Creemos que Cristo estableció una Iglesia a fin de que los nombres pudieran descubrir la hermandad mientras se esforzaban por hacer la voluntad de Dios y edificar su reino. El puso la autoridad divina (el Sacerdocio de Dios) en la Iglesia. Mediante su poder y autoridad, ejercitado con humildad y amor, Dios promete a sus hijos dones y conocimiento del evangelio, cuando estén preparados para recibirlos. Algunos de estos dones llegan a los hombres por medio de las ordenanzas del evangelio, como lo mostraremos en los siguientes capítulos. En la doctrina y práctica de los Santos de los Últimos Días, la Iglesia es una institución sagrada fundada por el Señor para efectuar la salvación de los hombres. No es un fin en sí misma, sino que fué establecida como una bendición para la humanidad mediante sus numerosas funciones.*

III. CREEMOS EN EL MÉRITO INDIVIDUAL COMO MEDIO DE GANAR LA SALVACIÓN
Los Santos de los Últimos Días hacen hincapié en la responsabilidad que tiene el individuo en la realización de su propia salvación. Siempre nos ha simpatizado el pequeño libro de Santiago por las enseñanzas que contiene, tales como ésta: Hermanos míos, ¿qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Y si el hermano o la hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y si alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y hartaos; pero no les diereis las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿qué aprovechará? Así también la fe, si no tuviere obras es muerta en sí misma. Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras: muéstrame tu fe sin tus obras y yo te mostraré mi fe por mis obras. (Santiago 2:14-18) Como aceptamos que el hombre es una inteligencia eterna con capacidad para ejercer la libertad, creemos que puede tomar la iniciativa, y que debe trabajar y luchar por la justicia, con sus propias fuerzas así como con la ayuda de Dios. Este aspecto de nuestra fe se declaró positivamente en una revelación dada a José Smith: Porque he aquí, no conviene que yo mande en todas las cosas; porque aquel que es compelido en todo, es un siervo flojo y no sabio; por lo tanto, no recibe ningún galardón. De cierto os digo, los hombres deberían estar anhelosamente consagrados a una causa justa, haciendo muchas cosas de su propia voluntad, y efectuando mucha justicia; porque el poder está en ellos, por lo que vienen a ser sus propios agentes. (Dotrinas y Convenios 58:26-28) Para nosotros la fuerza peculiar que caracteriza el evangelio de Jesucristo, cual ha sido restaurado por
89

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO medio del profeta José Smith, consiste en la interdependencia del hombre y Dios. Rechazamos la predestinación por completo. El hombre no se salva sólo por la gracia. Ni tampoco puede salvarse él mismo sin la gracia de Dios. Y las ordenanzas y autoridad de la Iglesia no tienen significado para él, a menos que participe de ellas con fe y un esfuerzo moral sincero. La resurrección o salvación de la tumba viene a nosotros mediante la gracia de Cristo. Viene a todos los hombres, sin consideración a su mérito. Aquí vemos que la gracia obra independientemente del esfuerzo humano. Hasta donde sabemos, la resurrección del hombre depende enteramente de Dios, tal como lo fué su creación. Sin embargo, la gracia no es suficiente cuando se trata del problema de vencer la ignorancia y el pecado a fin de lograr una vida inteligente moral y espiritual. Tampoco lo son las ordenanzas o sacramentos de la Iglesia. El hombre no puede obtener conocimiento sin usar su intelecto. No se le puede cubrir con la virtud como con una capa. Debe crecer dentro de él. Es el producto del buen deseo y de la acción recta. El hombre mismo, ayudado por el Espíritu de Dios, tiene que crear la virtud dentro de sí. Esta es nuestra creencia sincera. No despoja a Dios de nada de lo que es precioso. El y su Hijo están procurando afanosamente conducir, enseñar, persuadir e inspirar al hombre a fin de ayudarlo a ganar su vida eterna. Pero nosotros también debemos hacer nuestra parte, asumir nuestra responsabilidad. Es una ley de la vida que vemos obrar en todas partes: en la naturaleza, en la educación, en las relaciones humanas y aun en la religión. Esta interdependencia de Dios y el hombre está expresada en nuestro tercer Artículo de Fe: Creemos que por la expiación de Cristo todo el género ""Mano puede salvarse, mediante la obediencia a las leyes y wienanzas del evangelio. También se halla ilustrado hermosamente en un editorial escrito recientemente por David O. McKay, Presidente de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

EL EVANGELIO DE OBRAS POR EL PRESIDENTE DAVID O. MCKAY
Un día un grupo de muchachos estaba nadando. Tal vez será más propio decir que estaban aprendiendo a nadar; porque ninguno podía hacer más que dar unas cuantas brazadas. A poca distancia de ellos había un hoyo peligroso, bastante profundo. Haya sido por imprudencia o por accidente, uno de los jovencitos cayó o se echó allí. Estaba imposibilitado para salvarse; y por un momento ni sus compañeros pudieron prestarle ayuda. Afortunadamente, uno de ellos, con presencia de animo y obrando rápidamente, tomó una vara larga de un cerco de sauces y extendió el extremo a su compañero para que la alcanzara. Este logró prenderse y asiéndola fuertemente fué salvado. Todos los muchachos declararon que el arriesgado nadador le debía la vida al que lo había rescatado del agua. Así era efectivamente, y sin embargo, si a pesar de los medios que le fueron proporcionados para su salvación, el muchacho no hubiera puesto todo su esfuerzo personal, se habría ahogado a pesar de la heroica acción de su compañero. En este mundo nuestro, los hijos de los hombres están jugando, nadando, luchando en las aguas del mar de la vida. Hay algunos que piensan que nadie va a hundirse y ahogarse si mira hacia Jesús en la playa y dice: "Yo creo." Hay otros que declaran que uno mismo con su esfuerzo debe nadar hasta la playa o se perderá para siempre. La verdad es que estos dos extremados puntos de vista son incorrectos. Cristo redime a todos los hombres de la muerte, la cual les fué impuesta sin haber hecho ellos nada; pero El no salvará a los hombres de sus transgresiones individuales si no hacen un esfuerzo personal, así como el joven en la orilla del río no podría haber salvado a su compañero, si éste no se hubiera asido a los medios que le proporcionaron. Tampoco puede el hombre salvarse a sí mismo sin aceptar los medios que proporciona Cristo para la salvación del hombre. Hubo un tiempo en la historia más remota de la humanidad cuando los hombres tropezaban a ciegas, completamente ignorantes del plan de redención de Dios, un tiempo en que se hallaba "separado temporal y espiritualmente de la presencia del Señor". Sujeto a su propia voluntad, se volvió "carnal, sensual y diabólico por naturaleza". La naturaleza era su Dios, y su solo objeto en la vida era su propia conservación, es decir, la prolongación de su existencia terrenal. Cuando ésta terminara, ya que su alma no podía morir, quedaría perdido para siempre, pues no habría obedecido ninguna ley espiritual, no habiéndolas conocido, por medio de las cuales su espíritu podía volver a la presencia de Dios. Cristo dio el evangelio, el medio de la salvación, al hombre en su confusión. Fué un don gratuito. Vino por
90

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO la gracia de Dios, "no por obras para que nadie se gloríe". Sin esto, el hombre no podía salvarse a sí mismo. Estaba tan impotente como el muchacho en el río. Ciertamente "por gracia sois salvos". Pero habiéndosele dado el evangelio, ¿qué se espera que haga el hombre? Con los medios de salvación a su alcance, ¿qué debe hacer? Debe asirlos y prenderse con todo su poder y fuerza. No sólo tiene que mirar al Salvador en la orilla y decir que cree que El lo salvará, sino también convertir esa creencia en conocimiento por obedecer cada principio del evangelio de Jesucristo. En otras palabras, debe ganar su propia salvación. "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos." (Mateo 7:21) Es el colmo de la imprudencia el que los hombres traten de convencerse de que Cristo ya ha hecho todo por ellos, que ha arrojado una cuerda en torno de ellos por decirlo así, y los rescatará a pesar de ellos mismos. El Apóstol Santiago también denuncia este punto de vista falso y superficial del evangelio: "Hermanos míos, ¿qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? "Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras: muéstrame tu fe sin tus obras y yo te mostraré mi fe por mis obras . . . ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?" (Santiago 2:14, 18, 20) Así es como Santiago recalca el hecho de que "la indicación de la fe es el hecho que la inspira, y consiguientemente, que la fe que no se transforma en hechos es de palabra solamente, con la cual uno no puede alimentar al hambriento, justificar la creencia ni obtener la salvación. Una fe sin obras, no es fe. Es sólo una disposición de creer en algo en que uno realmente no cree."

EL AMOR DE DIOS Y SU JUSTICIA NO SE MANIFIESTAN EN PALABRAS SINO EN OBRAS.
La vida eterna es el don más grande de Dios al hombre, y el Señor a su vez es glorificado por la inmortalidad del nombre. La vida eterna es el resultado del conocimiento, y el conocimiento se obtiene por hacer la voluntad de Dios. El Salvador dijo a los escépticos que le preguntaron cómo podían saber que él era el Cristo: "El quisiere hacer su voluntad, conocerá de la doctrina si viene de Dios o si yo hablo de mí mismo." (Juan 7:17) De modo que se proclama esta verdad de que por cumplir el hombre con la voluntad de Dios, recibe un testimonio de la divinidad de Cristo y de la vida eterna. El engaño de que Jesús ha hecho todo por nosotros, y que no importa cómo vivamos, nos salvaremos y estaremos en su gloriosa presencia si solamente creemos en la hora de nuestra muerte, es de lo más pernicioso. Jesucristo, el Salvador del mundo, nos ha dado los medios por los cuales el hombre puede obtener la felicidad y la paz eterna en el reino de nuestro Padre; pero el hombre debe lograr su propia salvación por medio de la obediencia a los principios y ordenanzas eternas del evangelio. Por muchos siglos las falsas enseñanzas de que "la creencia sola es suficiente", han engañado a los hombres; y hoy se observa por todas partes la terrible condición que esta y otras doctrinas han causado en las sectas pseudo-cristianas. El mundo tiene gran necesidad en estos tiempos del evangelio del esfuerzo individual: el evangelio de fe y obras. Aquel que no tome los medios que se la han facilitado, se hundirá entre las olas del pecado y la mentira. The Instructor, Enero de 1955.

91

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capítulo 21 NUESTRA ACEPTACIÓN DE JESUCRISTO
En los capítulos anteriores hemos declarado que Jesucristo es el Hijo de Dios, enviado a la tierra para redimir a los hombres de la muerte, la ignorancia y el pecado. En el capítulo anterior dijimos que para lograr esta meta, nosotros mismos debemos hacer nuestra parte. La gracia generosa de Dios, parte de la cual viene a nosotros por las ordenanzas de la Iglesia, debe estar unida con la fe y las obras antes que verdaderamente pueda funcionar en nuestras vidas. En los próximos capítulos, estudiaremos las cosas que podemos hacer para que nuestra fe en Jesucristo sea una fe viviente, una que realmente nos pueda traer la salvación y vida eterna.

EL PROGRAMA CRISTIANO
El libro de Los Hechos presenta la dramática historia del crecimiento de la Iglesia de Cristo en el principio. El relato comienza con la ascensión de Cristo y su promesa de que enviaría el Espíritu Santo. En el segundo capítulo leemos cómo fué cumplida esta promesa. El Espíritu Santo vino como "un viento recio que corría". Los apóstoles empezaron a predicar con gran poder a los judíos de todas las naciones, los cuales les entendieron como si les estuvieran hablando en su propia lengua. Es interesante observar el mensaje de su predicación y su efecto en el pueblo. S. Pedro, proclamó sin temor la crucifixión y resurrección de Cristo. Varones Israelitas, oíd estas palabras: Jesús Nazareno, varón aprobado de Dios entre vosotros en maravillas y prodigios y señales, que Dios hizo por él en medio de vosotros, como también vosotros sabéis; a éste, entregado por determinado consejo y providencia de Dios, prendisteis y matasteis por manos de los inicuos, crucificándole. Sepa pues ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús que vosotros crucificasteis, Dios ha hecho Señor y Cristo. (Hechos 2:22, 23, 36) El testimonio de Pedro fué convincente. Sus oyentes "fueron compungidos de corazón" y preguntaron: "Varones hermanos, ¿qué haremos?" Tenían suficiente fe para obrar, para mejorar su situación en cuanto al Cristo resucitado. Pedro mismo les dio la respuesta, en la cual enumeró los pasos que uno debe dar para aceptar a Cristo. Los pasos son declarados en forma breve y sencilla, pero abundan en significado y sentido. Arrepentios, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare. (Hechos 2:38-39) Según Pedro, hay que dar cuatro pasos para transformarse en discípulo de Cristo: 1. Fe en el Señor Jesucristo 2. Arrepentimiento 3. Bautismo 4. La recepción del Espíritu Santo Estos son los cuatro principios fundamentales y ordenanzas iniciadoras de la fe cristiana. Al leer el libro de los Hechos acerca del crecimiento de la Iglesia Cristiana, encontramos que los fundamentos expresados por Pedro son la puerta por la cual los hombres entran en la Iglesia. No siempre se mencionan específicamente estos cuatro principios u ordenanzas. S. Lucas, el autor de Los Hechos, relata una historia a grandes rasgos más bien que presentar un tratado teológico. Sin embargo, ningún lector bien intencionado del libro de Los Hechos o del Nuevo Testamento, puede dejar de ver que el primer principio de su religión es la fe en el Señor Jesucristo. Esto naturalmente conduce al arrepentimiento, que se enseña o se indica en casi cada página. Sigue el bautismo como testimonio del arrepentimiento, y luego llega el Espíritu Santo. Tomemos un ejemplo de este procedimiento del relato del Nuevo Testamento.

92

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

EL EUNUCO DE ETIOPIA
En el octavo capítulo de Los Hechos se halla una interesante historia sobre la conversación de Felipe con cierto eunuco de Etiopia. Felipe había sido llamado y ordenado para ayudar a los Doce en el trabajo de la Iglesia. Ún día, mientras viajaba de Jerusalem a Gaza, fué llevado por el Espíritu a hablar con este hombre de Etiopia, que iba sentado en su carro leyendo el capítulo 53 del profeta Isaías. Felipe le preguntó al desconocido si entendía lo que estaba leyendo. Este admitió que no. Felipe entonces le interpretó el pasaje en el sentido de que era una referencia profética a la misión de Cristo. Debe haber enseñado al etíope muchas cosas durante el viaje, porque, .... yendo por el camino llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: He aquí agua: ¿qué impide que yo sea bautizado? Y Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. Y mandó parar el carro: y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco; y bautizóle. Y como subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y no le vio más el eunuco, y se fué por su camino gozoso. (Hechos 8:36-39) No se dan todos los detalles de este suceso, pero algunas cosas son evidentes. Este hombre de Etiopia tenía fe en Jesucristo. Felipe no habría seguido el modelo dado por Juan el Bautista, Jesús y Pedro, si no hubiera exhortado al eunuco al arrepentimiento. El eunuco pidió el bautismo. Su deseo fué concedido cuando él y Felipe bajaron al agua. Nada dice aquí del don Espíritu Santo por la imposición de manos. La razón puede haber sido que no era parte del llamamiento de Felipe el otorgar el Espíritu Santo a los convertidos. Anteriormente, en este mismo capítulo octavo de Los Hechos, leemos que Felipe predicó a Cristo con poder y eficacia en Samaría, bautizando a un cierto Simón y muchos otros. Estos convertidos no recibieron el Espíritu Santo hasta que Pedro y Juan llegaron, Los cuales venidos oraron por ellos, para que recibiesen el Espíritu Santo; (porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, mas solamente eran bautizados en el nombre de Jesús.) Entonces les impusieron las manos, y recibieron el Espíritu Santo. (Hechos 8:15-17)

SAULO DE TARSO
Saulo de Tarso, un Fariseo letrado y prominente que presenció el martirio de Esteban y consintió en su muerte, era un tenaz perseguidor de los cristianos. Un día, mientras viajaba de Jerusalén a Damasco con objeto de extender la persecución aún más allá de Palestina, recibió una visión celestial. Y yendo por el camino aconteció que llegando cerca de Damasco, súbitamente le cercó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Y él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y el dijo: Yo soy Jesús a quien tú persigues: dura cosa te es dar coces contra el aguijón. El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que haga? .... (Hechos 9:3-6) Es interesante notar que aun cuando Saulo oyó la voz del Señor e iba a ser el misionero más grande de la Iglesia Primitiva, sin embargo, no fué considerado apto para su ministerio sino hasta que dio los primeros pasos en la fe cristiana. Un Ananías, discípulo de Cristo, había recibido una visión en la cual le fué dicho, en medio de su asombro, que pusiera las manos sobre este perseguidor de los cristianos para devolverle la vista y darle el Espíritu Santo. Ananías también lo bautizó. Si este hombre, que recibió un llamamiento directo del Señor, tuvo que someterse a estos primeros principios y ordenanzas del evangelio, ¿qué significado encierra esto para nosotros que queremos ser discípulos del Señor? ¿No nos da a entender que es de aplicación universal? ¿No significa que debe haber en ellos un propósito e intención reales? Creemos que sí, y trataremos de explicar el significado que tienen para los Santos de los Últimos Días en los próximos capítulos.

CORNELIO EL CENTURIÓN
Otra narración singular del libro de Los Hechos ilustra la importancia de estos primeros principios y ordenanzas del evargelio que enseñó Pedro el día de Pentecostés. Un centurión romano era ... pío y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre.
93

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO Este vio en visión manifiestamente, como a la hora nona del día, que un ángel de Dios entraba a él, y le decía: Cornelio. Y él, puestos en él los ojos, espantado dijo: ¿Qué es Señor? Y di jóle: Tus oraciones y tus limosnas han subido en memoria a la presencia de Dios. (Hechos 10:2-4.) Por regla general, los romanos no eran devotos como los judíos, pero éste era un hombre que excedía a unos y otros en reverencia y caridad, a tal grado que recibió una visión celestial. Pero su extraordinaria piedad y bondad no fueron suficientes para hacerlo un discípulo aceptable de Cristo. Le fué dicho que enviara mensajeros a Pedro en Joppe, y "él te dirá lo que te conviene hacer". (Hechos 10:6) Como Cornelio era gentil, el Señor tuvo que preparar a Pedro para recibirlo. Por medio de una notable visión Pedro aprendió que el evangelio de Jesucristo era para los gentiles tanto como para los judíos. Los mensajeros encontraron a Pedro y volvieron con él a la casa de Cornelio en Cesárea. Este entonces relató su experiencia a Pedro, el cual, a su vez, le predicó el evangelio a Cornelio, y Estando aún hablando Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el sermón. Y se espantaron los fieles que eran de la circuncisión, que habían venido con Pedro, de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios. Entonces respondió Pedro: ¿Puede alguno impedir el agua, para que no sean bautizados éstos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? Y les mandó bautizar en el nombre del Señor Jesús. Entonces le rogaron que se quedase por algunos días. (Hechos 10:44-48)

LAS ENSEÑANZAS DE LOS SANTOS DE LOS ÚLTIMOS DÍAS
El cuarto Artículo de Fe de los Santos de los Últimos Días concuerda en todo sentido con el gran sermón de Pedro el día de Pentecostés. Dice así: Creemos que los primeros principios y ordenanzas del evangelio son, primero: Fe en el Señor Jesucristo; segundo: Arrepentimiento; tercero: Bautismo por inmersión para la remisión de pecados; cuarto: Imposición de manos para comunicar el don del Espíritu Santo. Para nosotros estos primeros principios y ordenanzas son la puerta por la cual nos hacemos discípulos de Cristo, y también constituyen la piedra fundamental de la vida cristiana para los miembros de la Iglesia. La fe es dinámica y conduce siempre a la acción. La acción principal en este caso es el arrepentimiento, seguido del bautismo y la recepción del Espíritu Santo. En los próximos capítulos, consideraremos estos temas cuidadosamente y en detalle.

94

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capítulo 22 EL PECADO
La fe en Jesucristo despierta en el hombre el deseo de arrepentirse de todas aquellas cosas de su vida que son contrarias a esa fe. El arrepentimiento, es, por lo tanto, una consecuencia natural de la fe. Es el segundo de los pasos que nos hacen discípulos de Cristo. El término, en el griego original, significa "tener otro pensamiento" o "cambio de intención". Si uno "va a cambiar de propósito", es porque ha de haber algún inconveniente en su propósito actual. El arrepentimiento presupone que hay algo malo en nosotros, algo que se precisa quitar. Jesús lo explicó así: "Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar justos, sino pecadores a arrepentimiento."* E Isaías dio principio con estas palabras cuando exhortaba a Israel al arrepentimiento: ¡Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad.^ generación de malignos, hijos depravados! Dejaron a Jehová, provocaron a ira al Santo de Israel, tornáronse atrás. ¿Para qué habéis de ser castigados aún? todavía os rebelaréis. Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente. Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa ilesa, sino herida, hinchazón y podrida llaga: no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite. (Isaías 1:4-6) Dedicaremos este capítulo al estudio de esta palabra "pecado", tan frecuentemente usada.

¿QUÉ ES PECADO?
La palabra "pecado" no siempre se usa en el mismo sentido. En su significado más amplio quiere decir "la falta de conformidad con las leyes de Dios, o la transgresión de ellas". En esta comprensiva y general explicación de la palabra, el pecado es la transgresión de la ley de Dios. Esto puede consistir en omisión o comisión, haciendo o dejando de hacer. Aunque éste es el significado que más a menudo encontramos, aun en las Escrituras la definición es demasiado extensa para ayudarnos a entender nuestro comportamiento. Nosotros preferimos dar al pecado un significado más concreto y limitado, como se conoce en la vida de un pecador. La sencilla definición de Santiago es buena. "El pecado, pues, está en aquel que sabe hacer lo bueno, y no lo hace." (Santiago 4:17) El matar, cometer adulterio, robar y dar falso testimonio son transgresiones de las leyes de Dios. En este sentido son pecados. Pero existe una diferencia muy grande cuando un caníbal mata a un hombre y cuando intencionalmente lo hace uno que profesa ser cristiano. También hay una diferencia notable entre, un muchacho de dieciocho años que hurta dinero del bolsillo de su padre y un niño de dos años que hace la misma cosa. La experiencia y la responsabilidad moral es en cada caso enteramente diferente. Pecado, por lo tanto, en un sentido más estricto y útil de la palabra, significa transgredir las leyes de Dios a sabiendas, o intencional o conscientemente. El pecado es obrar mal moralmente. Presupone conocimiento y responsabilidad. Un niño pequeño, un idiota o alguien mentalmente irresponsable, no está obligado a responder por actos pecaminosos. Podrán cometer lo que nosotros conocemos como pecado: podrán transgredir las leyes de Dios; pero ellos mismos no son pecadores. El finado James E. Talmage, bien conocido escritor sobre la doctrina de la Iglesia y miembro del Consejo de los Doce Apóstoles, indica la importancia de distinguir entre el obrar en la ignorancia y a sabiendas: El pecado, según su definición técnica, consiste en la violación de la ley; y en este sentido limitado puede cometerse el pecado inadvertidamente o en la ignorancia. Sin embargo, en vista de la doctrina de las Escrituras relativa a la responsabilidad humana y la justicia infalible de Dios, claro es que en sus transgresiones, así como en sus hechos justos, el hombre será juzgado de acuerdo con la habilidad que tenga para comprender y obedecer la ley. Los requisitos de una ley más alta no se aplican en su totalidad a aquel que no se ha familiarizado con dicha ley. Para los pecados que se cometen por falta de conocimiento, es decir, para las leyes que se infringen en la ignorancia, se ha proveído una propiciación en la expiación efectuada mediante el sacrificio del Salvador; y tales pecadores no están condenados, sino que todavía se les dará la oportunidad de aprender y aceptar o rechazar los principios del evangelio. (Artículos de Fe, por James E. Talmage, pág. 63)
95

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO Hay un buen número de pasajes en las Escrituras que indican la diferencia que existe en violar una ley a sabiendas y en la ignorancia. No obstante hay entre vosotros algunos que han pecado excesivamente; sí, aun todos vosotros habéis pecado; mas de cierto os digo, tened cuidado de aquí en adelante, y absteneos de pecar, no sea que caigan sobre vuestras cabezas graves juicios. (Doctrinas y Convenios 82:2-3) Si no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado, mas ahora no tienen excusa de su pecado ... Si no hubiese hecho entre ellos obras cuales ninguno otro ha hecho, no tendrían pecado; mas ahora, y las han visto, y me aborrecen a mí y a mi Padre. (Juan 15:22-24) Dijoles Jesús: Si fuerais ciegos, no tuvierais pecado, mas ahora porque decís, vemos, por tanto vuestro pecado permanece. (Juan 9:41) Empero Dios, habiendo disimulado los tiempos de esta ignorancia, ahora denuncia a todos los hombres en todos los lugares que se arrepientan. (Hechos 17:30) Por tanto, él ha dado una ley; y donde no se ha dado ninguna ley, no hay castigo; y donde no hay castigo, no hay condenación; y donde no hay condenación, la clemencia del Santo de Israel los reclama por motivo de la expiación; porque el poder dí él los libra. Porque la expiación satisface lo que su justicia demanda de todos aquellos que no han recibido la ley, por lo que son librados de ese terrible monstruo, muerte e infierno, y el diablo, y el lago de fuego y azufre, que es tormento sin fin; y son restaurados a ese Dios que les dio aliento, el cual es el Santo de Israel. ¡Pero ay de aquel a quien la ley se ha dado; sí, que tiene todos los mandamientos de Dios, como nosotros, y los quebranta, y malgasta los días de su probación! porque su estado es terrible. (II Nefi 9:25-27)

EL HOMBRE TIENE FACULTADES MORALES
Tenemos un perro en nuestro corral. Se le ha dicho que allí debe quedarse, pero le deleita escaparse, y saltar y correr por el terreno. Vuelve al corral con la cabeza erguida y sin manifestar ni vergüenza ni culpabilidad perceptibles. Hace lo que le da la gana y no parece reflexionar sus acciones. Por contraste con el animal, el hombre es un agente moral. No solamente actúa, sino que se siente obligado por su propia naturaleza a evaluar sus hechos de acuerdo con su concepto del bien y el mal. Ha participado "del fruto del árbol del conocimiento del bien y el mal". Se pregunta a sí mismo: "¿Debí haber hecho esto?" Además, debe actuar y justificar sus acciones para consigo mismo. ¿Qué esposo o padre puede abandonar su hogar y andar libremente por el mundo, como el perro de nuestro ejemplo, y volver cuando, y si acaso, quiere, sin meditar las consecuencias morales de su comportamiento? Todo hombre, a menos que tenga algún defecto mental, está obligado a rendir cuenta de su conducta a sí mismo. Debe actuar de acuerdo con sus convicciones. Cuando a sabiendas hace lo que no es correcto, se siente culpable y avergonzado; es un pecador a sus propios ojos. Cuando conscientemente quebranta las leyes de la sociedad, está pecando contra la sociedad. Cuando viola las leyes de Dios, está pecando contra Dios. Un hombre no es pecador porque alguien dice que lo es. Es pecador si ha participado en un hecho incorrecto conscientemente. Esto le ofende su propia naturaleza. Dios sabe que él es pecador. Cristo sabe que está enfermo. Y el propio hombre lo sabe. En la vida de un hombre, hay una gran diferencia entre el efecto de la conducta ignorante y la conducta pecadora. Tienen consecuencias comunes, pero la acción pecadora es más destructiva para el carácter y la personalidad. Consideremos ahora las consecuencias de la transgresión ignorante, así como la intencionada, hacia las leyes de Dios.

LAS CONSECUENCIAS DE LA IGNORANCIA
Cuando una persona quebranta las leyes de Dios o de la vida, ignorante o inocentemente, sufre las consecuencias naturales de la violación de esa ley. Por ejemplo, un día un niñito de quince meses de edad se subió a una silla, y abriendo el botiquín de su madre, se bebió el contenido de una botella de loción para las manos. Contenía el cincuenta por ciento de alcohol, afortunadamente de carácter no venenoso. El pequeño lo hizo inocentemente y no hubo en él ningún sentido de culpabilidad, pero sufrió de ciertos resultados
96

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO consecuentes a lo que hizo. Se le subió el alcohol a la cabeza, y anduvo bamboleándose de un lado al otro, pidiendo agua y llorando, para luego quedar dormido más de dieciocho horas. Supongamos que el padre del niño que nunca ha bebido en toda su vida, y siempre ha enseñado a sus hijos y les ha inculcado que el alcohol no es bueno para el hombre, toma, en un momento de debilidad, una cantidad considerable de alcohol y se emborracha. ¿Qué le ocurrirá? Su conocimiento no le evitará las consecuencias naturales de su acto, tal como ocurrió con el niño. También se emborrachará, sufrirá sed, tendrá nauseas, dolor de cabeza, sueño. Las consecuencias naturales de la violación de las leyes de la salud, de la naturaleza o de Dios, alcanzan en forma similar al inocente como al que posee conocimiento. Pero además de las consecuencias naturales experimentadas por el niño, el padre también sufrirá las consecuencias del error moral o el pecado. No tendrá que esperar hasta el día del juicio final para recibirlas de Dios, porque son tan naturales como las otras consecuencias. La gente vanamente piensa que el único castigo que existe para el pecado o las faltas morales va a venir de Dios en la otra vida. Esto no es verdad. Las faltas morales traen sus propios castigos inherentes, sin consideración a lo que Dios haga en un tiempo futuro. El profeta Jeremías lo explicó con claridad: Oye, tierra. He aquí yo traigo mal sobre este pueblo, el fruto de sus pensamientos; porque no escucharon a mis palabras, y aborrecieron mi ley. (Jeremías 6:19) ¿ Provocaránme ellos a ira, dice Jehová, y no más bien obran ellos mismos para confusión de sus rostros? (Jeremías 7:19)

LAS CONSECUENCIAS DEL PECADO
1. El pecador sufre lo que un gran erudito hebreo llamó, "una infracción de su totalidad o unidad psíquica". Uno no puede pecar con todo su corazón y mente. La falta moral crea un conflicto interno, divide el propio yo y tiende a desintegrar o deshacer la personalidad. Mas los impíos son como la mar en tempestad; que no puede estarse quieta, y sus aguas arrojan cieno y lodo. No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos. (Isaías 57:20-21) La vida del hombre tiene por objeto ser una sola vivienda o habitación, no dos. Disfrutamos mejor de la vida cuando nos sentimos como una sola cosa. La unidad de acción, la consecuencia entre pensamientos y hechos, nos da un sano sentimiento de nosotros mismos. Los conflictos internos interrumpen esta unidad y nos sentimos como "la mar en tempestad que no puede estarse quieta." En esta condición no somos libres para actuar con todo nuestro corazón, nuestra mente y nuestra fuerza. 2. El pecador sufre la pérdida del respeto de sí mismo. Creer una cosa y hacer otra es reconocer uno su debilidad, incompetencia y disconformidad. Cuando esto ocurre, el hombre se odia a sí mismo y desperdicia su vida condenándose y justificándose a sí mismo. El pecado acaba con la propia estimación; por lo tanto, nos odiamos por pecar así como estamos propensos a odiar a otras personas que hieren nuestro amor propio. Por el contrario, si hacemos lo que creemos que es correcto, nos invade un sentimiento maravilloso de nuestro propio mérito. La vida es unidad y fuerza. Esta integridad es la que nos sostiene a través de todas las desilusiones y tragedias, aun cuando otras personas no demuestren respeto por nosotros. Así lo declaró Confucio, y está bellamente ilustrado en la historia de Job. Si un hombre se examina a sí mismo y está seguro de que lo que ha hecho está bien, ¿por qué ha de temer o preocuparse? (Confucio) Todo el tiempo que mi alma estuviere en mí, y hubiere hálito de Dios en mis narices, mis labios no hablarán iniquidad, ni mi lengua producirá engaño. Nunca tal acontezca que yo os justifique: hasta morir no quitaré de mí la integridad. Mi justicia tengo asida y no la cederé: no me reprochará mi corazón en el tiempo de mi vida. (Job 26:3-6) 3. El pecador sufre la pérdida de la fuerza moral, especialmente si su error se hace habitual, ya que se dice que el hombre es dominado por sus costumbres. El pecado es al principio tan sutil como el hilo de la tela de la araña, pero luego se vuelve tan fuerte como el cable de amarre de los barcos. Procura cumplir la más pequeña obligación y huye del pecado; porque un deber trae a otro tras sí; y un
97

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO pecado arrastra tras de sí a otro pecado. (Simeón Ben Azzai) Es el rostro del vicio tan terrible, Que apenas lo miramos, ya lo odiamos; Pero visto a menudo, familiar ya su rostro, Primero soportamos, después compadecemos y luego lo abrazamos. Alexander Pope, "Ensayo sobre el hombre" En el error no hay fuerza. Hay la tendencia de llegar a ser parte de él, y dejarnos dominar por sus limitaciones. 4. El pecador causa perjuicios y sufrimientos a otros. Esto es verdad aun en el caso del que peca sin saber. El niño que se bebió la loción asustó a su madre, y ella no quedó tranquila hasta que la crisis pasó; pero la herida sanó rápidamente y el recuerdo de ella, en este caso, provoca buen humor y no tristeza. Cuando nosotros hacemos lo malo a sabiendas y persistimos en él, somos causa de continua tristeza a aquellos que nos quieren. Su sufrimiento nace del amor que nos tienen. Este amor comprende a toda la personalidad y las relaciones humanas también, y es permanente. Ningún hombre puede conscientemente dañar a otro ser humano sin agraviarse a sí mismo y a Dios. 5. El pecador se aparta de aquello que está violando. Si actúa contra un principio que cree que es correcto, empieza a dudar de dicho principio. Comienza a modificarlo o a dudar de su eficacia. El principio deja de ser una guía segura para nuestra conducta; se convierte en un enemigo que hay que destruir a toda costa a fin de conservar nuestro amor propio. El hombre que malversa dinero mientras todavía cree que debe ser honrado, empieza a tergiversar el principio de la honradez en su propia mente. Según él, no está haciendo más que "tomar prestado" el dinero, o "quitándolo a los ricos" para que el pobre también disfrute de él. En igual manera, el hombre que es infiel a los votos y responsabilidades del matrimonio, se aparta sin darse cuenta de su esposa. Puede ser que ella no sepa de su infidelidad, pero él lo sabe, y en su corazón se aparta de ella. Uno no puede hacer mal a otro sin perjudicar el vínculo que existe entre él y esa persona. Cuando nosotros a sabiendas transgredimos las leyes de Dios, también nos apartamos de El. Perdemos la fe en nuestras oraciones. Aunque nuestro Padre quiere llevarnos hacia El, a nosotros nos parece que está muy lejos. Para ser uno con Dios, debemos encontrar el modo de vencer el pecado.

RECAPITULACIÓN
La fe en Jesucristo nos hace darnos cuenta de nuestros pecados y despierta en nosotros el deseo de vencerlos. El pecado es la transgresión intencional de las leyes de Dios y de lo que nosotros sabemos que es lo bueno. Cuando pecamos, no solamente sufrimos las así llamadas consecuencias naturales, que resultan de no estar de conformidad con las leyes que hemos transgredido, sino que sufrimos las consecuencias morales y espirituales que acompañan al acto. Nos remuerde la conciencia, nuestra paz interior está destruida. Nos reprochan nuestra mente y corazón. No hallamos la paz. Perdemos el respeto hacia nosotros mismos y nos sentimos separados de nosotros, nuestros semejantes, Dios, y aun de los principios que hemos violado con nuestros pecados individuales. La vida misma requiere que seamos uno; que la mente y los hechos, la razón y la acción trabajen en unión como una pareja. También necesitamos encontrar un modo de vencer el pecado, para sentirnos aceptables ante Dios y alcanzar su expiación. Ese modo se halla en el evangelio de Jesucristo y lo consideraremos en nuestra próxima lección.

98

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capítulo 23 VENCIENDO EL PECADO POR MEDIO DEL ARREPENTIMIENTO
LA NATURALEZA MORAL DEL HOMBRE
El hombre es moral por natural y crianza. Posee la capacidad para tomar determinaciones, para elegir entre las cosas buenas y las malas. Debe llegar a un acuerdo consigo mismo y justificar cada uno de sus actos. En ocasiones la naturaleza moral del hombre le causa sentimientos de alegría y fuerza. Se siente libre para formar y dirigir su propia vida. Se siente sano y fuerte cuando su mente y corazón luchan por las metas que se ha escogido. El albedrío moral del hombre no es solamente una fuente de poder, sino que también le hace darse cuenta de su flaqueza y delibidad. En momentos de debilidad se descubre actuando bajo la acción de sus propios impulsos y motivado por las cosas que no con-cuerdan con sus deseos más elevados. El apóstol Pablo reconoció esta tendencia del hombre de creer en un ideal y luego obrar lo contrario de lo que cree. Esto él llama pecado, como lo hicimos nosotros en el capítulo anterior. Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido a sujeción del pecado. Porque lo que hago no lo entiendo; ni lo que quiero, hago; antes lo que aborrezco, aquello hago. (Romanos 7:14-15) Y yo sé que en mí (es a saber, en mi carne) no mora el bien: porque tengo el querer, mas efectuar el bien no lo alcanzo. Porque no hago el bien que quiero; mas el mal que no quiero, este hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo obro yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios: mas veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi espíritu, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡ Miserable hombre de mí! ¿ Quién me librará del cuerpo de esta muerte? (Romanos 7:18-24) En un punto o en otro todos fallamos en lograr nuestros ideales. Todos somos pecadores, aunque de distinto modo. La única persona que no reconoce esto es probablemente aquella que es justa a sus propios ojos, y que por eso es quizá el pecador más grande, pues su propia hipocresía lo ciega a tal punto que no ve todos sus otros pecados. El hombre no sólo conoce la frustración de no lograr determinada cosa, sino que en su vida no alcanza el ideal que él desearía y que él cree que debía alcanzar. Para la persona que reflexiona, su vida no está nunca cumplida; nunca llega al ideal al que aspira. El evangelio de Jesucristo ofrece al hombre los medios por los cuales puede vencer los pecados individuales y también su sentimiento de incapacidad y fracaso en cuanto a su vida en general. El primer paso del plan es la fe en el Señor Jesucristo, la cual trae el verdadero arrepentimiento. Hablaremos primero sobre el significado del arrepentimiento y luego indicaremos cómo la fe en Cristo puede darnos el^ poder de arrepentimos.

HAY DOS CAMINOS
Es una ley de la vida que el hombre debe ser uno, que la convicción y la acción, el ideal y lo positivo deben ser uno. El hombre está siempre tratando de salvar el abismo que media entre su ideal de lo que él debería ser y la realidad de lo que es. Hay dos modos de hacer esto, bien conocidos para los que estudian la naturaleza humana. Lo ilustraremos con este diagrama :

99

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

EL CONCEPTO QUE EL HOMBRE TIENE DE LA RECTITUD

La línea superior representa el concepto que el hombre tiene de la rectitud, su norma de conducta. Se eleva poco a poco para indicar un entendimiento creciente de lo justo. La otra línea representa la verdadera conducta del hombre, irregular en sus desviaciones de la rectitud. Siempre habrá un abismo entre lo ideal y lo real, pero cuando la distancia entre los dos llega a ser muy grande, la mente es impulsada a tratar de acercarlos. Uno de los métodos de llevar a cabo la unidad se llama auto justificación o autodecepción. Es un medio por el cual el hombre, buscando la unidad y la comodidad, rebaja sus ideales hasta hacerlos coincidir con su verdadera conducta. Es vergonzoso y humillante tener que confesar sus pecados, aunque sea a uno mismo. Es más fácil ponerse una venda sobre la conciencia. Algunos de nosotros, aunque tardíos, indolentes y faltos de imaginación en muchos aspectos, nos volvemos sumamente imaginativos e ingeniosos, cuando se trata de engañarnos a nosotros mismos. Uno puede evitar algunas de las consecuencias del pecado, engañándose a sí mismo. ¿Pero cuánto le cuesta? El precio será rebajar nuestra propia conducta a tal grado que se hallará en pugna con los principios constructivos de nuestra vida. Si uno va a cambiar su conducta, que sea porque esa posición ya no tiene valor, o porque se ha encontrado algo mejor o más alto, y no simplemente porque uno desea sentirse más cómodo cuando hace lo malo. La .verdad es que nadie se engaña a sí mismo con éxito. En sus momentos de reflexión el pecador se da cuenta de sus esfuerzos en justificarse. Recuerda también su concepto de lo correcto, y secretamente desea ser capaz de vivir en esa forma. (Religión of the Latter-day Saints, por Lowell L. Bennion, pág. 102.) Arrepentimiento significa lograr la unidad en la vida por elevar su propia conducta al nivel de su ideal. Es un principio constructivo por medio del cual el hombre vence el sentido de fracaso y frustración en la vida y se esfuerza por realizar sus ideales. El arrepentimiento ha sido el lema de los profetas a través de la historia. ... El tiempo es cumplido, y el reino de Dios está cerca: arrepentios y creed al evangelio. (Marcos 1:15) Haced pues frutos dignos de arrepentimiento, y no penséis decir dentro de vosotros: A Abfaham tenemos por padre: porque yo os digo, que puede Dios despertar hijos a Abraham aun de estas piedras. (Mateo 3:8-9) Así que, arrepentios y convertios, para que sean borrados vuestros pecados; pues que vendrán los tiempos del refrigerio de la presencia del Señor. (Hechos 3:19)

EL SIGNIFICADO DEL ARREPENTIMIENTO
Arrepentimiento es una palabra que tiene muchos significados relacionados en las Escrituras. La mayoría de las veces significa "cambio de pensamiento" o "tener otra idea". Exige un nuevo concepto de la vida, un alejamiento de los viejos caminos, liberándose uno mismo de los deseos que ya no nos parecen dignos de consideración. Arrepentimiento significa acción. El error, el hacer mal, la vida liviana ceden a la verdad, el bien y la vida abundante. Lo viejo se rinde a lo nuevo. La vida se vive en un ambiente más elevado. La creencia y la acción se vuelven una. Los pasos exactos del arrepentimiento pueden variar algo entre personas y en épocas, pero generalmente comprenden lo siguiente: 1. Un reconocimiento o recuerdo de lo bueno y lo malo. Generalmente nos vemos obligados a percatarnos de lo malo que hacemos, cuando logramos una visión de lo bueno o de algo mejor. Las sombras se reconocen mejor a la luz plena del día. A veces nuestra vida vana nos revela el vacío que llevamos dentro; con mayor
100

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO frecuencia lo vemos demostrado tras alguna gran revelación de la vida. El arrepentimiento empieza cuando reconocemos el mal que hemos hecho. 2. Un sentimiento de pesar y tristeza verdaderos, por el mal que se ha cometido y la vida que se ha llevado. Esto no significa que para arrepentimos debemos hundirnos en la más profunda desesperación y acabar nuestras vidas en el remordimiento. Significa que tenemos "un corazón quebantado y un espíritu contrito", que sentimos nuestra necesidad espiritual y tenemos ciertas obligaciones hacia aquellos a quienes hemos ofendido, ya sea Dios o los hombres. Cuando David comprendió sus grandes pecados, expresó su pesar y corazón quebantado en su súplica al Señor, pero lo hizo en forma constructiva. "Crea en mí oh, Dios, un corazón limpio; y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti; y no quites de mí tu Santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salud; y el espíritu libre me sustente." (Salmo 51:10-12) 3. El pesar viene acompañado de una firme resolución de abandonar el pecado. La acción empieza con el deseo y es fortificada con el pensamiento. La resolución firme es un paso esencial del arrepentimiento. Ezequiel suplica que se haga este cambio de corazón: Por tanto yo os juzgaré a cada uno según sus caminos, oh, casa de Israel, dice el Señor Jehová. Convertios, y volveos de todas vuestras iniquidades; y no os será la iniquidad causa de ruina. Echad de vosotros todas vuestras iniquidades con que habéis prevaricado, y haceos corazón nuevo y espíritu nuevo. ¿Y por qué moriréis, casa de Israel? Que no quiero la muerte del que muere, dice el Señor Jehová, convertios pues, y viviréis. (Ezequiel 18:30-32) 4. Hasta donde sea posible, reparar el mal que se ha hecho. El arrepentimiento no es completo, si no tratamos de mejorar el daño causado. Las cosas robadas deben ser devueltas; las mentiras han de ser reconocidas como tales ante aquellos a quienes las hemos contado; se hace una confesión a aquellos a quienes hayamos agraviado, y a quienes tal vez ayudaremos por medio de ella. 5. Finalmente, no se vuelve a hacer lo malo, sino ha de ser reemplazado con buenos hechos; los malos hábitos, con buenos; los buenos hábitos con mejores, culminando en una devoción con toda el alma al nuevo concepto de lo bueno. El arrepentimiento requiere tiempo. Para los Santos de los Últimos Días no hay tal cosa como al arrepentimiento en el lecho de muerte. Puede haber una confesión en ese momento, pero es solamente uno de los pasos del arrepentimiento y este principio se queda incompleto e inconcluso.

EL ÚNICO CAMINO
El arrepentimiento no es un mandamiento arbitrario de Dios. Es una ley de la vida que nos ha sido revelada para nuestro propio bien y por medio de la cual podemos mejorar y ganar mayor integridad y libertad. En nuestra creencia no hay otro modo de liberarse del pecado y sus consecuencias, del mal, del fracaso, de la frustración, sino por medio del arrepentimiento. Es el segundo paso del plan de salvación de Cristo. Sin el arrepentimiento no podemos ver el reino de Dios. Las Escrituras recalcan este punto: Empero Dios, habiendo disimulado los tiempos de esta ignorancia, ahora denuncia a todos los hombres en todos los lugares que se arrepientan. (Hechos 17:30) El Señor no tarda su promesa, como algunos la tienen por tardanza; sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. (II Pedro 9) No, os digo; antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis asimismo. (Lucas 13:5)* ¡Mas ay de los que sabiéndolo se rebelan contra Dios! Porque ninguno de éstos alcanza salvación sino por el arrepentimiento y la fe en el Señor Jesucristo. (Mosiah 3:12)

LA FUERZA PARA ARREPENTIRSE
El arrepentimiento no viene fácilmente. En la vida muchas veces damos algunos de los primeros pasos: reconocemos nuestro error, sentimos remordimiento, resolvemos hacer el bien y luego fracasamos. Necesitamos encontrar motivos auténticos que nos darán la fuerza para arrepentimos por completo de nuestros malos hechos y nos ayudarán a aumentar la calidad de todo nuestro modo de vivir. ¿Dónde podremos encontrar tal fuerza? La fuerza para arrepentirse no viene del mal que se ha cometido. En el mal no existe ninguna fuerza positiva. El arrepentimiento es más que una consideración racional. Es bueno examinar nuestros errores y
101

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO debilidades con los fríos ojos de la razón. A menudo la ayuda proviene de saber cómo es que se forman los hábitos, de una visión de las consecuencias de nuestra conducta y de otras formas de análisis personal. Pero, la razón sola es un arma inadecuada contra el poder de fuerzas tan grandes como el hábito y el deseo. La razón es una guía necesaria y esencial en la vida, pero sola no es la mejor fuente de un deseo de actuar. Jesucristo vino a la tierra para proveer "a los hombres la manera de poder tener fe para arrepentirse" y "sólo para aquel que tiene fe para arrepentirse se realizará el gran y eterno plan de la redención". (Alma 34:15, 16) La fe en el Señor Jesucristo puede traernos el deseo así como el poder de vencer nuestros pecados y nuestro sentido de inutilidad. El puede ayudarnos a vencer lo que es malo, mezquino y superficial en la vida. 1. Cristo nos da una visión de lo que puede ser la vida. En El está revelado el carácter de Dios, así en sus enseñanzas como en su manera de vivir. Al resplandor de su vida podemos medir la nuestra. Podemos darnos cuenta de nuestros pecados. Si tenemos fe en El nos sentiremos humildes y contritos, e impulsados a cambiar nuestra vida y hacerla más parecida a la suya. 2. Cristo nos enseñó cómo vivir. Al vivir y practicar los ideales positivos que El nos enseñó, tales como la sinceridad, humildad, respeto por los demás seres humanos y amor por nuestros semejantes, nos cubre un sentimiento do satisfacción y fuerza que nos permite olvidar los hechos malos. S. Pablo dijo: "No seas vencido de lo malo, más vence con el bien el mal." (Romanos 12:21) Llenar nuestras vidas con las buenas cosas que Jesús nos enseñó equivale a echar el mal de nosotros, no dejándole lugar. El bien es un escudo contra el mal, como Pablo bien lo sabía: Por lo demás, hermanos míos, confortaos en el Señor, y en la potencia de su fortaleza. Vestios de toda la armadura de Dios para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. (Efesios 6:9-10) La misma idea enseña Alma, un profeta del Libro de Mormón: Predícales el arrepentimiento y la fe en el Señor Jesucristo; enséñales a humillarse, y a ser mansos y humildes de corazón; enséñales a resistir toda tentación del diablo, con su fe en el Señor Jesucristo. Enséñales a no cansarse nunca de las buenas obras, sino a ser mansos y humildes de corazón; porque éstos hallarán descanso para sus almas. (Alma 37:33-34) Un día un hombre fué al presidente de su rama y le confesó que durante su niñez y su juventud había aprendido a mentir para lograr sus propósitos. Ahora en su completa madurez, se sentía continuamente tentado por el mismo deseo y tendencia. El presidente le preguntó qué había hecho para tratar de quebrar ese hábito, y el hombre le contestó que lo había combatido. El presidente conocía un método mejor. Se arrodillaron juntos. El presidente le aseguró al hermano de la fortaleza moral y la ayuda que recibiría de Dios y Cristo, si trataba de vivir como ellos querían que él viviese. También le dio un libro bueno para leer, un puesto en la Iglesia y la responsabilidad de hablar en las reuniones. En síntesis, el presidente ayudó a este hermano a llenar su vida con las cosas de Dios y Cristo que necesitaba para que la mentira desapareciera gradualmente. Este hombre se transformó en una nueva persona por medio de su fe en Cristo. 3. El Espíritu de Cristo puede estar y permanecer con nosotros. Cada vez que practicamos los principios cristianos, y especialmente con fe en el Salvador, su Espíritu entra en nuestras vidas . Los Santos de los Últimos Días enseñan que la luz de Cristo es dada a toda persona que nace en el mundo. Según vayamos obedeciéndolo, por medio de nuestra fe y vida cristiana, el Espíritu de Cristo desempeñará un papel más importante en nuestros sentimientos y acciones, elevándonos sobre nuestras propias limitaciones. 4. Cristo nos promete el perdón total con la condición de que nos arrepintamos. Al leer la vida de Cristo en el Nuevo Testamento y en el Libro de Mor-món, en 3 Nefi, nos impresiona el amor del Salvador hacia el pecador. En el capítulo 15 de S. Lucas, se hallan tres hermosas parábolas que dan testimonio de este amor. Si solamente supiéramos cuánto nos ama Cristo, aun en nuestras debilidades y pecados, y cuánto sufre El por nuestros errores, nos sentiríamos impulsados a arrepentimos y contribuir así a su gozo. El amor de Cristo por nosotros está expresado en su voluntad de perdonar. Aun en la cruz, dijo de aquellos que lo habían clavado sin piedad: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen". El significado del perdón y las condiciones según las cuales vamos a recibirlo, serán el tema de un capítulo próximo. Solamente diremos aquí que la seguridad del perdón completo nos da fe para arrepentimos. Esta seguridad ha sido declarada una y otra vez. Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y
102

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO el hombre inicuo sus pensamientos; y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. (Isaías 55:6-7) Mas el impío, si se apartare de todos sus pecados que hizo, y guardare todas mis ordenanzas, e hiciere juicio y justicia, de cierto vivirá; no morirá. Todas sus rebeliones que cometió no le serán recordadas: en su justicia que hizo vivirá. ¿Quiero yo la muerte del impío? dice el Señor Jehová. ¿No vivirá si se apartare de sus caminos? (Ezequiel 18:21-23) Porque yo el Señor no puedo considerar el pecado con el más mínimo grado de tolerancia. No obstante, se perdonará al que se arrepienta y cumpla los mandamientos del Señor. (Doctrinas y Convenios 1:31-32)

103

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capítulo 24 EL SIGNIFICADO DEL BAUTISMO
Después de la resurrección del Salvador, y un poco antes de su ascensión, El dijo a los once apóstoles: Id por todo el mundo: predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado será salvo; mas el que no creyere será condenado. (Marcos 16:15-16) Su comisión final a sus amados discípulos, según S. Marcos y S. Mateo, fué bautizar a aquellos que creyeran. La necesidad del bautismo también está ilustrada en la conversación de Jesús y Nicodemo: Y había un hombre de los Fariseos que se llamaba Nicodemo, príncipe de los Judíos. Este vino a Jesús de noche, y di jóle: Rabbí, sabemos que has venido de Dios por maestro, porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no fuere Dios con él. Respondió Jesús, y di jóle: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios. Dícele Nicodemo: ¿Cómo puede el hombre nacer siendo viejo? ¿puede entrar otra vez en el vientre de su madre y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. (Juan 3:1-5) La alta consideración que el Salvador sentía por el bautismo está confirmada por su insistencia en que también El fuera bautizado. Desde el principio de su ministerio Jesús fué a Juan el Bautista con ese propósito. Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado de él. Mas Juan lo resistía mucho, diciendo: Yo he menester ser bautizado de ti, ¿y tú vienes a mí? Empero respondiendo Jesús, le dijo: Deja ahora: porque así nos conviene cumplir toda justicia. Entonces le dejó. (Mateo 3:13-15) Los mandamientos que recibimos de Dios no son arbitrarios. Tienen su propósito y valor en la vida humana. Son dados a nosotros para hacernos libres y ayudarnos a comprender el propósito de la vida. Nos ocuparemos, pues, en buscar el significado del bautismo. ¿Porqué es tan importante para todos el ser bautizados?

EL BAUTISMO ES UN CONVENIO
Los Santos de los Últimos Días consideran el bautismo como un convenio. Un convenio es un acuerdo entre dos personas o dos partes, en esté caso entre Dios y el hombre, o sea el creyente. Como en cualquier acuerdo o contrato, ambas partes se comprometen a hacer ciertas cosas de valor el uno por el otro. A la vez, cada parte recibirá algo de verdadero valor para sí. Y como en cualquier contrato, a menos que ambas partes cumplan con sus condiciones, no existe obligación del uno hacia el otro. Examinemos las promesas hechas en el bautismo por parte de Dios y del creyente.

I. LA PARTE DE DIOS EN EL CONVENIO
Cuando una persona es bautizada dignamente, y de acuerdo con la voluntad de Dios, recibe tres dones y bendiciones maravillosos del Padre y del Hijo: (1) La remisión de los pecados; (2) la entrada en la Iglesia y Reino de Dios, y (3) el derecho de recibir el don del Espíritu Santo. Consideremos brevemente cada una de estas bendiciones. El bautismo trae la remisión o perdón de los pecados al verdadero creyente en Jesucristo. Esto fué lo que prometió Pedro el día de Pentecostés, cuando dijo a los creyentes que le escuchaban: "Arrepentios, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados." (Hechos 2:38) Esto no significa, por supuesto, que el agua borrará los pecados de los hombres. Pero sí significa que el bautismo en el agua es un testimonio al creyente que Dios le ha perdonado todos los pecados de que se ha arrepentido. Los pecados que le han sido perdonados al hombre, nunca más serán mencionados, si continúa viviendo rectamente. El creyente bautizado nace otra vez, entra en una vida nueva, una que es aceptable al Padre y al Hijo. Nace otra vez del agua y del Espíritu y es "en Cristo nueva criatura." El bautismo es la puerta del reino de Dios, el camino por el cual entramos. Es un testimonio divino de que somos aceptados por el Señor, y que podemos entrar en su reino. El bautismo es el rito iniciativo por el cual nos transformamos en miembros de la Iglesia de Jesucristo. Somos, por lo tanto, aceptados por la comunidad de
104

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO creyentes, quienes nos toman, nutren y sostienen, para que juntos podamos trabajar para ser verdaderos hermanos y hermanas en el evangelio de Jesucristo. El don del Espíritu Santo es dado al creyente bautizado para inspirarlo y guiarlo en su calidad de discípulo de Cristo. Cuando Juan el Bautista estaba bautizando, él dijo: "Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; mas el que viene tras mí, más poderoso es que yo; los zapatos del cual yo no soy digno de llevar; él os bautizará en Espíritu Santo y en fuego." (Mateo 3:11) Jesús vino y confirió el don del Espíritu Santo a sus discípulos. Lo sintieron con gran fuerza el día de Pentecostés, cuando Pedro lo prometió a todos aquellos que se arrepintieran y fueran bautizados.*

II. LA PARTE DEL HOMBRE EN EL CONVENIO
El bautismo es un convenio entre Dios y el hombre. Por tanto, para que pueda recibir de Dios los tres dones que hemos indicado, el hombre debe realizar su parte: ha de traer sus dones a Dios. A fin de que este sagrado rito tenga algún significado, valor o gracia para él, tiene que dar primero. El bautismo es el testimonio del hombre ante Dios y los demás hombres, de que tiene fe en el Señor Jesucristo, que desea tomar sobre sí su nombre, y que procurará seriamente transformarse en su discípulo. El bautismo, es, por lo tanto, el fruto de la fe del hombre en Jesucristo, el testimonio de que lo acepta como su Ideal y Salvador. La prueba de su fe en Cristo yace en sus obras, en la cualidad de su vida diaria. La fe en Cristo conduce al arrepentimiento, al olvido de los pensamientos, sentimientos y acciones no cristianos. Arrepentirse significa a justar su vida de conformidad con la fe en Cristo. El bautismo es para aquellos que tienen fe en Cristo, que pueden arrepentirse y lo hacen, que vienen con un corazón quebrantado y un espíritu contrito, deseosos de dar testimonio del Señor y Salvador por sus palabras y hechos. Igual que Juan el Bautista, creemos en "el bautismo del arrepentimiento para remisión de pecados". (Marcos 1:4)* El Libro de Mormón explica con particularidad y fuerza la parte del hombre en el convenio del bautismo. Sus enseñanzas sobre el tema concuerdan perfectamente con las de Juan el Bautista y S. Pedro en el Nuevo Testamento. Alma, un misionero que convirtió a unas 204 personas a la fe de Cristo, les explicaba el significado del bautismo antes de administrarles este rito. Notemos como, según el concepto de Alma, el bautismo es un testimonio de una vida entera dedicada a Jesucristo. ... Y ya que deseáis entrar en el rebaño de Dios y ser llamados su pueblo, y sobrellevar mutuamente el peso de vuestras cargas para que sean ligeras; sí, y si estáis dispuestos a llorar con los que lloran; si, y consolar a los que necesitan consuelo, y ser testigos de Dios a todo tiempo, y en todas las cosas, y todo lugar en que estuvieseis, aun hasta la muerte, para que seáis redimidos por Dios y seáis contados con los de la primera resurrección, para que tengáis vida eterna—Dígoos ahora que si éste es el deseo de vuestros corazones, ¿qué os impide ser bautizados en el nombre del Señor, como testimonio ante él de que habéis hecho convenio con él de servirle y obedecer sus mandamientos, para que pueda derramar su Espíritu más abundantemente sobre vosotros? (Mosíah 18:29) Cuando los convertidos oyeron estas palabras," "batieron las manos de gozo y exclamaron: Ese es el deseo de nuestros corazones." (Mosíah 18:11)** Alma entonces les enseñó la manera de vivir como un grupo de cristianos, "ayudándose el uno al otro temporal y espiritualmente, según sus necesidades y menesteres". (Mosíah 18:29) En Doctrinas y Convenios se recomienda el bautismo no como el medio de convertir a uno en cristiano, sino como testimonio final de que la persona ya se ha transformado en un verdadero discípulo de Cristo. Y además por vía de mandamiento a la Iglesia concerniente al bautismo: Todos los que se humillen ante Dios, y deseen bautizarse, y vengan con corazones quebrantados y con espíritus contritos, testificando ante la Iglesia que se han arrepentido verdaderamente de todos sus pecados y que están listos para tomar sobre sí el nombre de Jesucristo, con la determinación de servirle hasta el fin, y verdaderamente manifiestan por sus obras que han recibido el Espíritu de Cristo para la remisión de sus pecados, serán recibidos en la Iglesia por el bautismo. (Doctrinas y Convenios 20:37) Sin fe en Cristo y arrepentimiento, no puede haber perdón de pecados. Sin el perdón de los pecados el hombre no está preparado para entrar en el reino de Dios. Y sin un corazón contrito, el hombre no puede recibir la orientación del Espíritu Santo. Con fe y arrepentimiento, con su mente, corazón y vida de conformidad con el
105

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO Salvador, la persona está en condiciones de entrar en su reino y ser alentado a mejor comprender sus enseñanzas en su vida. Otro pasaje del Libro de Mormón nos muestra cómo cada paso está basado en otro anterior para efectuar el desarrollo de una verdadera vida cristiana, firme y sólida coiño una pirámide.

Y el primer fruto del arrepentimiento es el bautismo; y el bautismo viene por la fe para cumplir los mandamientos; y el cumplimiento de los mandamientos trae la remisión de los pecados; y de la remisión de los pecados proceden la mansedumbre y la humildad de corazón; y por motivo de la mansedumbre y de la humildad de corazón, viene la visitación del Espíritu Santo, el Consolador, que llena de esperanza y de amor perfecto, amor que se conserva por la diligencia en la oración, hasta que venga el fin, cuando todos los santos morarán con Dios. (Moroni 8:25-26)

PORQUÉ FUÉ BAUTIZADO CRISTO
Cuando Juan el Bautista vaciló en bautizar a Jesús de Nazaret, el Salvador contestó "Deja ahora; porque así nos conviene cumplir toda justicia". Lo que el Señor dio a entender con esta declaración no está expresado en los Evangelios, pero un pasaje del Libro de Mormón aclara un poco más el asunto: Y ahora, quisiera preguntaros, amados hermanos míos, ¿cómo cumplió el Cordero de Dios con toda justicia, bautizándose en el agua? ¿Acaso no sabéis que era santo? Mas no obstante su santidad, él demuestra a los hijos de los hombres que, según la carne, se humilla ante el Padre, testificándole que le sería obediente en la observancia de sus mandamientos ... Y dijo a los hijos de los hombres: Seguidme. Por tanto, mis amados hermanos, ¿podemos seguir a Jesús, a menos que estemos dispuestos a guardar los mandamientos del Padre? (II Nefi 31:6-7, 10) Cristo fué bautizado no solamente para servirnos de ejemplo, sino también porque El mismo quiso hacerlo. ¿Y qué necesidad tenía él de bautizarse? Siendo santo, no necesitaba la remisión de los pecados como nosotros. También es de dudarse que necesitaba bautizarse para ganar la entrada en su propio reino, o recibir el Espíritu Santo, ya que El era uno de la Trinidad. El Salvador quiso bautizarse para mostrar a Dios y a los hombres que El también "se humilla ante el Padre, testificándole que le sería obediente en la observancia de sus mandamientos". (2 Nefi 31:7) Cumplir toda justicia significa hacer la voluntad de Dios, cuya voluntad es enteramente justa, y ciertamente comprende toda justicia. Cristo amó a su Padre y dedicó su vida a la voluntad de su Padre.

CONCLUSIÓN
En este capítulo hemos hablado del bautismo como testimonio de un convenio entre Dios y el hombre, en el cual cada uno asume sus obligaciones para con la otra persona. Antes de terminar este estudio, debemos destacar que esta comparación no significa que el bautismo debe considerarse como un contrato legal en el cual cada una de las partes vela cuidadosamente por sus propios derechos y privilegios. Es todo lo contrario. Dios y Cristo, de la abundancia de su amor y su deseo de ver feliz al horribre, perdonan sus pecados, lo aceptan en su reino y le dan el Espíritu Santo para guiarlo. Pero el hombre no puede recibir estos dones divinos hasta que su mente y corazón estén preparados. Sin esa fe que produce el arrepentimiento, el hombre no puede
106

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO recibir el perdón de sus pecados. Aun cuando Dios lo perdonara, el hombre en su estado pecaminoso no podría sentirse libre para, aceptar este perdón. Un pecador no puede recibir el perdón hasta que vence el pecado en su vida. Y si n0 ha vencido el pecado, no puede sentirse cómodo en el reino de Dios, ni puede recibir al Espíritu Santo. El bautismo es más que un acto de obediencia y mucho más que la búsqueda de las bendiciones del Señor, por parte del hombre. El bautismo es el libre y gozoso testimonio del deseo del hombre de transformarse en un verdadero discípulo de Jesucristo. Así pues, por parte de Dios y del hombre, el bautismo es un don del uno al otro. Es donde el creyente expresa su fe en Cristo y su confianza en Dios, y ellos, a su vez, le testifican de su amor.

107

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capítulo 25 PREGUNTAS SOBRE EL BAUTISMO
En el último capítulo hablamos del propósito del bautismo. Teniendo presente este estudio, nos basaremos en él para presentar tres preguntas que merecen nuestra más profunda consideración: 1. ¿Quién necesita el bautismo? 2. ¿Cuál es la forma correcta de bautizar? 3. ¿Quién tiene el derecho de bautizar? Las examinaremos por orden.

¿QUIÉN NECESITA EL BAUTISMO?
En la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días no bautizamos a los infantes ni estamos de acuerdo en que lo hagan otros. La razón es bien clara. Los niños pequeños no necesitan el bautismo. No están en condiciones de cumplir con los propósitos del bautismo, ni de participar conscientemente de la ordenanza. El bautismo es para la remisión de los pecados. Un niño recién nacido no tiene pecados. "Todos los espíritus de los hombres fueron inocentes en el principio ; y habiendo Dios redimido al hombre de la caída, el hombre vino a quedar de nuevo en su estado de infancia, inocente delante de Dios." (Doctrinas y Convenios 93:38) Los Santos de los Últimos Días rechazan el dogma del pecado original, la enseñanza de que todos los hombres nacen en pecado por motivo de la caída de Adán. Creemos que los hombres heredan de Adán la mortalidad y la oportunidad de hacer en la vida el bien o el mal; pero no son herederos de una naturaleza pecadora. Un pequeñito es incapaz de pecar. El bautismo es un testimonio de nuestra fe en Cristo para el arrepentimiento. Un niño pequeño no puede tener fe en Cristo. No podría arrepentirse aun cuando fuera pecador. Por lo tanto, nos parece que el bautismo de los niños pequeñitos carece totalmente del propósito significativo de este sagrada ordenanza. Un escritor del Libro de Mormón condena severa y enérgicamente el bautismo de los niños pequeñitos. Leamos sus palabras y consideremos sus razones sobre este asunto. Escucha las palabras de Cristo, tu Redentor, tu Señor y tu Dios: he aquí, no vine al mundo para llamar a los justos al arrepentimiento sino a los pecadores; los sanos no necesitan de médico, sino los enfermos; por tanto, los niños pequeños son puros, porque son incapaces de pecar; así pues la maldición de Adán les ha sido quitada en mí, de modo que no tiene poder sobre ellos; y la ley de la circuncisión se ha abrogado en mí. De esta manera me manifestó el Espíritu Santo la palabra de Dios; por tanto, amado hijo mío, sé que es una solemne burla a los ojos de Dios, bautizar a los niños pequeñitos. He aquí, te digo que esto enseñarás: Arrepentimiento y bautismo a los que son responsables y capaces de cometer pecados; sí, enseña a los padres que tienen que arrepentirse y humillarse como sus niños pequeñitos, y se salvarán todos ellos con sus niños pequeñitos. Y sus niños pequeñitos no necesitan ni el arrepentimiento ni el bautismo. He aquí, el bautismo viene del arrepentimiento con objeto de cumplir los mandamientos a fin de lograr la remisión de pecados. Pero los niños pequeñitos viven en Cristo desde la fundación del mundo; de no ser así, Dios es un Dios parcial, un Dios variable que hace acepción de personas: porque ¡cuántos son los niños pequeñitos que han muerto sin el bautismo! De modo que si los niños pequeñitos no pudieran salvarse sin ser bautizados, éstos habrían ido a un infierno sin fin. He aquí, te digo que el que supone que los niños pequeñitos tienen necesidad del bautismo, se halla en la hiél de amargura y en las cadenas de la iniquidad; porque no tiene fe, ni esperanza ni caridad; por tanto, si llega a perecer con tal pensamiento, tendrá que ir al infierno. Porque es terrible iniquidad suponer que Dios salva a un niño a causa del bautismo, mientras que otro debe perecer por no haberlo recibido. ¡Ay de aquellos que pervierten de esta manera las vías del Señor! porque perecerán a menos que se arrepientan. He aquí, hablo sin temor, porque tengo autoridad de Dios; y no tengo miedo de lo que el hombre pueda hacer, porque el amor perfecto desecha todo temor. Y me siento lleno de caridad, que es amor eterno; por tanto, todos los niños son iguales ante mí, de modo que amo a los niños pequeñitos con un amor perfecto; y todos son iguales y participan de la salvación. Porque yo sé que Dios no es un Dios parcial, ni un ser variable; sino que es inmutable de eternidad en eternidad. Los niños pequeñitos no pueden arrepentirse; por consiguiente, es una terrible iniquidad negarles las misericordias
108

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO puras de Dios, porque todos tienen vida en él a causa de su misericordia. Y el que dice que los niños pequeñitos tienen necesidad de bautizarse, niega las misericordias de Cristo y desprecia su expiación y el poder de su redención. ¡Ay de éstos, porque están en peligro de la muerte, el infierno y el tormento sin fin! Lo digo sin temor porque Dios me lo ha mandado. Escucha estas palabras y obedécelas, o testificarán contra ti ante el tribunal de Cristo. Porque he aquí, todos los niños pequeñitos viven en Cristo, así como todos aquellos que están sin ley. Porque el poder de la redención comprende a todos aquellos que se hallan sin ley; por tanto, el que no ha sido condenado, o el que no está bajo condenación no puede arrepentirse; y para el tal el bautismo de nada sirve; antes es una burla a los ojos de Dios, porque se niegan las misericordias de Cristo y el poder de su Santo Espíritu, y se fía en obras muertas. He aquí, hijo mío, esto no debe ser así, porque el arrepentimiento es para aquellos que están bajo condenación y bajo la maldición de una ley violada. (Moroni 8:8-24) El bautismo es para aquellos que pueden arrepentirse, que tienen deseos y son capaces de ser bautizados como testimonio de su fe en Jesucristo. Por lo tanto, no bautizamos a los niños pequeños ni a la gente que tiene algún defecto mental, a tal grado que no pueden participar inteligentemente de su propio bautismo. En una revelación dada a José Smith la edad de ocho años se declara adecuada para que reciban el bautismo aquellos niños cuyos padres los han criado e instruido según el evangelio de Cristo. Diligentemente se amonesta a los padres que enseñen a sus hijos y los preparen para el bautismo. Y además, si hubiere en Sión, o en cualquiera de susestacas organizadas, padres que tuvieren hijos, y no les enseñaren a comprender la doctrina del arrepentimiento, de la fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente, del bautismo y del don del Espíritu Santo por la imposición de manos, cuando éstos tuvienren ocho años de edad, el pecado recaerá sobre la cabeza de los padres. Porque ésta será una ley para los habitantes de Sión o cualquiera de sus estacas organizadas. Y sus hijos serán bautizados para la remisión de los pecados cuando tengan ocho años de edad, y recibirán la imposición de manos. Y también han de enseñar a sus hijos a orar y a andar rectamente delante del Señor. Y los habitantes de Sión también observarán el día del Señor para santificarlo. (Doctrinas y Convenios 68:25-29) Algunos pensarán que los ocho años es una edad muy tierna para bautizarse. Pero recordemos que esto se aplica solamente a aquellos que han sido criados en la fe, y también que es voluntario por parte de los niños. Y nos parece que hay buenas razones para hacerlo así. Un jovencito de ocho años no puede entender por completo lo que significa ser discípulo de Cristo. Pero puede estudiar, pensar por sí mismo, hacer elecciones, y posee suficiente capacidad para saber seguir a Cristo. Tiene una fe sencilla, mucha docilidad, es rápido para perdonar y tiene capacidad para amar al Salvador. Verdaderamente está en condición de pertenecer a la comunidad de Cristo y aprender más de la fe y la virtud cristianas. Un niño de ocho años necesita sentir que es parte del ambiente que le rodea, que ha sido aceptado dentro del círculo cariñoso de amigos y vecinos y adultos que lo aman. El compañerismo y la responsabilidad en la Iglesia lo sostendrán durante los interesantes pero arduos años de la adolescencia en su marcha hacia la madurez.

LA FORMA CORRECTA DEL BAUTISMO
Nosotros creemos en el bautismo por inmersión. Es la única forma de bautismo que practica la Iglesia. Hay cuatro razones que nos apoyan en esta práctica. 1. El bautismo por inmersión fue el único método que se usó en los tiempos del Nuevo Testamento, según lo indican las Escrituras. 2. La palabra "bautismo" significa, en el griego original, sumergir. 3. El bautismo por inmersión es un símbolo más perfecto del significado del bautismo, que solamente derramar o rociar agua sobre la cabeza. 4. Se nos ha instruido en estos días, por medio de la revelación, que bauticemos por inmersión. Consideremos estas razones.

I. LA FORMA ANTIGUA
Hasta donde nosotros sabemos, en ninguna parte del Nuevo Testamento se encuentra el mandamiento explícito de que el bautismo debe ser por inmersión y solamente de esta manera. No obstante, donde se refiere a la forma del bautismo, siempre habla de inmersión. Por lo tanto, nos parece propio sacar en conclusión que inmersión era la forma que se usaba en aquella época. Veamos algunos ejemplos: Jesús mismo fué bautizado por Juan en el río Jordán: Y aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fué bautizado por Juan en el Jordán y
109

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO luego, subiendo del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma, que descendía sobre él. (Marcos 1:9-10) Juan bautizó a muchos otros en el Jordán: Entonces, salía a él Jerusalem, y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordán; y eran bautizados de él en el Jordán, confesando sus pecados. (Mateo 3:5-6) Y bautizaba también Juan en Enón junto a Salim, porque había allí muchas aguas. (Juan 3:23) Felipe bautizó al eunuco de Etiopia por inmersión. Y yendo por el camino llegaron a cierta agua; y dijo el eunuco: he aquí agua, ¿qué impide que yo sea bautizado? Y Felipe dijo: Si crees de todo corazón bien puedes. Y respondiendo dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. Y mandó parar el carro: y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco; y bautizóle. Y como subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y no le vio más el eunuco, y se fué por su camino gozoso. (Hechos 8:36-39)

II. LA PALABRA "BAUTIZAR" SIGNIFICA SUMERGIR
Los peritos en la materia están de acuerdo en que el significado preciso de la palabra bautismo en el Nuevo Testamento es "sumergir", y que la inmersión "parece haber sido la práctica durante la era apostólica". En el Nuevo Testamento, el rito iniciador de la comunidad cristiana era el bautismo por inmersión para la remisión de pecados. Si hubo alguna otra forma de bautismo, la historia sagrada nada dice de ello.

III. LA INMERSIÓN ES UN SÍMBOLO PERFECTO
En su conversación con Nicodemo, Jesús comparó el bautismo con el nacimiento: Respondió Jesús, y di jóle: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios. Dícele Nicodemo: ¿Cómo puede el hombre nacer siendo viejo? ¿puede entrar otra vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. (Juan 3:3-5) No puede dudarse que el bautismo, tanto literal como simbólicamente se relaciona más con la inmersión que con la acción de rociar o derramar agua encima de la persona. El Apóstol Pablo comparo el bautismo al entierro y la resurrección: ¿O no sabéis que todos los que somos bautizados/en Cristo Jesús, somos bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él a muerte por el bautismo; para que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida. Porque si fuimos plantados juntamente en él a la semejanza de su muerte, así también lo seremos a la de su resurrección. (Romanos 6:3-5) Sepultados juntamente con él en el bautismo, en el cual también resucitasteis con él, por la fe de la operación de Dios que le levantó de los muertos. Y a vosotros, estando muertos en pecado y en la incircuncisión de vuestra carne, os vivificó juntamente con él, perdonándoos todos los pecados. (Colosenses 2:12-13) El bautismo es un testimonio ante el Padre y el Hijo y a sus hermanos en la misma fe, que el bautir-zado tiene fe en Cristo y en la nueva vida cristiana que tiene deseos de vivir. Este cambio de pensamiento y corazón está simbolizado por el sepultar al viejo "yo" en el agua y salir de ella a una nueva vida. El bautismo por inmersión es un símbolo significativo de lo que está sucediendo en la mente y sentimientos del nuevo convertido al aceptar la nueva fe. El bautismo es un testimonio de Dios al hombre, de que todos sus pecados le son remitidos y perdonados. El bautismo por inmersión ciertamente es un símbolo adecuado del completo lavamiento de todos los pecados del bautizado. Ayuda al convertido a sentir que le han sido perdonados sus pecados y que se halla limpio delante del Señor. El agua no lo limpia a uno de los pecados ni crea un nuevo corazón en el hombre. Esto está claro. La fe en Cristo y el arrepentimiento convierten al hombre en cristiano. Sin embargo, la ordenanza del bautismo ayuda al individuo a sentir la realidad de su conversión, así como un apretón de manos simboliza y estrecha la amistad, o una ceremonia matrimonial hace más real el concepto del matrimonio.
110

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

LA AUTORIDAD PARA BAUTIZAR
En un capítulo próximo hablaremos más extensamente sobre este asunto de la autoridad divina o sacerdocio. Aquí sólo diremos que, Creemos que el hombre debe ser llamado de Dios, por profecía y la imposición de manos, por aquellos que tienen la autoridad para predicar el evangelio y administrar sus ordenanzas (Quinto Artículo de Fe) Puesto que el bautismo es un convenio entre Dios y el hombre, y es un mandamiento y ley de El, es razonable suponer que esta ordenanza se debe efectuar mediante la autoridad divina. Cristo "estableció doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar". (Marcos 3:14) Y les dijo: "Por tanto, id, y doctrinad a todos los Gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo . . ." (Mateo 28:19) La narración del Nuevo Testamento nos revela que los hombres que eran llamados de Dios bautizaban a los convertidos. Creemos que hay orden en la obra de Dios. El hombre no toma para sí mismo el derecho de oficiar en las sagradas ordenanzas de Dios, sino que debe prepararse para recibir este derecho de alguien que lo haya recibido de Dios.

EL BAUTISMO EN LA IGLESIA DE LOS SANTOS DE LOS ÚLTIMOS DÍAS
El concepto del bautismo que hemos bosquejado en este capítulo y en el anterior, lo hemos recibido por revelación. El Libro de Mormón, publicado en 1830, el mismo año en que la Iglesia fué organizada, enseña que el bautismo debe ser por inmersión.* Otras revelaciones que recibió más adelante el profeta José Smith, aclaran cómo y porqué debe efectuarse el bautismo. Algunos ejemplos pueden darnos más luz sobre el tema. Sobre el asunto de quién está preparado para el bautismo, la respuesta se halla en uno de los versículos de más rico significado: Además, por vía de mandamiento a la Iglesia concerniente al bautismo: Todos los que se humillen ante Dios, y deseen bautizarse, y vengan con corazones quebantados y con espíritu contrito, testificando ante la Iglesia que se han arrepentido verdaderamente de todos sus pecados y que están listos para tomar sobre sí el nombre de Jesucristo, con la determinación de servirle hasta el fin, y verdaderamente manifiestan por sus obras que han recibido el Espíritu de Cristo para la remisión de sus pecados, serán recibidos en su Iglesia por el bautismo. (Doctrinas y Convenios 20:37) La forma de bautizar, incluso la autoridad para efectuarlo, está declarado en palabras sencillas: La persona que es llamada de Dios, y que tiene autoridad de Jesucristo para bautizar, entrará en el agua con él o la que se haya presentado uara el bautismo y dirá llamándolo o llamándola por su nombre: Habiendo sido comisionado por Jesucristo, yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Entonces lo sumergirá o la sumergirá, en el agua, y saldrán otra vez del agua. (Doctrinas y Convenios 20:73-73) Desde el principio de su historia, los Santos de los Últimos Días han practicado solamente una clase de bautismo, el bautismo por inmersión para la remisión de los pecados de aquellos que tienen fe en Cristo, se han arrepentido de sus pecados y desean entrar en el redil de Cristo y hacer su voluntad. La ordenanza es sencilla y sagrada y la administran hombres llamados y ordenados como siervos de Dios.

111

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capítulo 26 LA REMISIÓN DE LOS PECADOS
El día de Pentecostés, cuando Pedro y los otros apóstoles estaban predicando el evangelio bajo el poder del Espíritu Santo, miles creyeron y preguntaron a Pedro qué era lo que debían hacer. El les contestó: "Arrepentios, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo." (Hechos 2:38) En los últimos tres capítulos hemos hablado del arrepentimiento y del bautismo. Ahora prestemos nuestra atención al perdón de los pecados, prometido a los que se arrepienten y se bautizan. ¿Qué significa remisión de pecados? Pecado es cualquier transgresión consciente y voluntaria de las leyes de Dios. El pecado es una falta moral. Cuando dejamos de hacer lo que sabemos que debemos hacer, o hacemos lo que no debemos, estamos pecando. Algunas faltas son más graves que otras, pero es el mismo procedimiento, estamos actuando a sabiendas contra la voluntad de Dios y nuestro buen criterio.

LA JUSTICIA
Vivimos en un mundo de leyes y orden. Esto se destaca desde luego en nuestra relación con la naturaleza. El agricultor que entiende y obedece los principios relativos al buen cuidado de la tierra, obtiene las mejores cosechas. El hombre que por ignorancia o voluntariamente descuida las leyes de la salud pagará el precio de alguna enfermedad tarde o temprano. En la naturaleza siempre está actuando una ley de compensación. Se cosecha lo que se siembra. El orden y la ley rigen la vida moral y espiritual del hombre así como en la naturaleza. Aquí también sufriremos por nuestro descuido, ignorante o voluntario, de la leyes de la vida. El apóstol Pablo lo expresó de este modo: No os engañéis: Dios no puede ser burlado: que todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el espíritu, del espíritu segará vida eterna. (Gálatas 6:7-8)

EL SEÑOR INSPIRÓ A JEREMÍAS CON LA MISMA IDEA.
Oye tierra. He aquí yo traigo mal sobre este pueblo, el fruto de sus pensamientos; porque no escucharon a mis palar bras, y aborrecieron mi ley. (Jeremías 6:19) ¿Provocaránme ellos a ira, dice Jehová, y no más bien obran ellos mismos para confusión de sus rostros? (Jeremías 7:19) El pecado tiene consecuencias trascendentales. Por ejemplo, cuando somos egoístas no sólo nos perjudicamos nosotros mismos y también a otros, sino que estamos en pugna con Dios y sus leyes. Nuestra conducta origina una serie de consecuencias que sobrepujan nuestro poder de hacer volver, dirigir o cumplir. Algunas veces, el pecado que cometemos es tal que no podemos hacer reparación. Si la justicia fuera el único principio de la vida, siempre seríamos deudores de aquellos a quienes hemos ofendido: Dios, nuestros semejantes y nosotros mismos. Afortunadamente la justicia no es el único principio que gobierna las vidas de los hombres. Si así fuera, algunos de nosotros para siempre seríamos deudores de otros. Pero hay otros principios en la vida, cada cual con su aportación. La justicia es una ley muy esencial y beneficiosa también; pero la misericordia es otra, tan importante como la anterior, y más benigna.

EL PERDÓN
Dios es un Padre. El ama a sus hijos. Aun cuando nos equivocamos, El todavía nos ama, como cualquier padre en la tierra ama a sus hijos, no importa lo que hayan hecho. La obra y gloria de nuestro Padre es "llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre". (Moisés 1:39) El está más interesado en las personas que en
112

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO las leyes impersonales. Nuestros pecados son importantes para El por el daño que nos causan a nosotros y a otras personas. No podemos hacer mal sin perjudicar a otros y sin dañar nuestra propia personalidad y carácter. Por lo tanto, Dios odia el pecado, pero ama al pecador, a quien está tratando de ayudar. Esto se indica en una revelación moderna: Porque yo, el Señor, no puedo considerar el pecado con el más mínimo grado de tolerancia. No obstante, se perdonará al que se arrepienta y cumpla los mandamientos del Señor. (Doctrinas y Convenios 1:31-32) Con hechos, así como con palabras, el Salvador enseñó eficazmente el amor de Dios por el pecador. En ocasiones los trataba con especial consideración. Cuando los Fariseos murmuraron de los discípulos del Salvador porque comían con los publícanos y los pecadores, Jesús dijo: "Los que están sanos no necesitan médico, sino los que están enfermos. No he venido a llamar justos, sino pecadores a arrepentimiento." (Lucas 5:30-32) ¿No es digno de admirarse que El, que era libre de pecado, causara que se llegaran "a él todos los publícanos y pecadores a oírle."? (Lucas 15: 1) ¿Cómo pudo haberse llevado a cabo, si no hubiera sido por medio de la comprensión y el amor? Cuando llegaban a El, les impartía esperanza y consuelo. Les enseñó tres sencillas y hermosas parábolas para ayudarles a sentir y recordar que Dios está llamando al pecador, y se regocija cuando es encontrado y se vuelve hacia la mansión de su padre. Cada vez que el Salvador se encontraba con pecadores que se daban cuenta de sus pecados y obedecían su amorosa indicación de "no pecar más", lo hallamos hablando de misericordia y perdón. Remisión de pecados significa recibir el perdón de ellos. Dios olvidará o perdonará las faltas morales de aquellos que verdaderamente se arrepienten. Esto es a causa de su naturaleza amorosa. No está interesado en nuestra condenación, sino en nuestro gozo y salvación. Los profetas antiguos, así como Jesús, aclararon este punto. Isaías, después de amonestar severamente a su pueblo por sus iniquidades, dijo: Lavad, limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de ante mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer bien; buscad juicio, restituid al agraviado, oíd en derecho al huerfano, amparad a la viuda. Venid luego, dirá Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos: si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. (Isaías 1:16-18) Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos; y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar- (Isaías 55:6-7) Ezequiel'declara el verdadero interés del Padre en el hombre, y su disposición de perdonar y olvidar los pecados del que verdaderamente se arrepiente. Mas el impío, si se apartare de todos sus pecados que hizo, y guardare todas mis ordenanzas, e hiciere juicio y justicia, de cierto vivirá; no morirá. Todas sus rebeliones que cometió no le serán recordadas: en su justicia que hizo vivirá. ¿Quiero yo la muerte del impío? dice el Señor Jehová. ¿No vivirá si se apartare de sus caminos? (Ezequiel 18:21-23)

"LA MISERICORDIA RECLAMA AL QUE SE ARREPIENTE"
Por los pasajes que hemos citado y otros muy numerosos, es evidente que el perdón de los pecados viene solamente a aquellos que se han arrepentido. El pecador está sujeto a la ley de la justicia hasta que se arrepiente. Sus errores lo condenan. Ni su mente ni corazón están en condición de recibir el perdón. Su sentido de culpabilidad lo aparta de la parte buena de sí mismo y de los otros hombres contra quienes ha pecado; y también de Dios, a quien él conoce como un Ser de rectitud y verdad. En sus pecados no está en condición de reconciliarse consigo mismo, con sus semejantes o con Dios. Sus mismos pecados lo reprochan y la influencia que ejercen en él y los demás, lo esclavizan. La misericordia no puede entrar en su vida para contrarrestar las leyes de la justicia. Mientras esté sin arrepentirse, él sufrirá todas las consecuencias de sus errores. Esta es la ley de la vida, la ley de la justicia. Cosechamos lo que sembramos. Pero cuando una persona se humilla, reconoce sus malos caminos y realmente se efectúa en él o ella un cambio de mente y corazón y logra el arrepentimiento, otras fuerzas comienzan a actuar en su vida espiritual y en sus relaciones con otros y con Dios. La justicia no es abrogada, pero se siente un nuevo poder que le permite al pecador encontrar la salida de la red del pecado en que se hallaba. Cuando el hombre inventó el aeroplano, no
113

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO destruyó la ley de gravedad que atrae todas las cosas hacia la tierra, sino que utilizó otros factores que le permitieron dejar atrás la tierra y mantenerse en el aire. El arrepentimiento no destruye la justicia, pero sí invoca a la misericordia. Y la misericordia, junto con la justicia, puede hacer mucho por los hombres, de acuerdo con ciertas condiciones, como lo declara el Libro de Mormón: Mas se ha dado una ley, se ha fijado un castigo y se ha concedido un arrepentimiento, el cual la misericordia exige; de otro modo la justicia demanda al ser viviente y ejecuta la ley, y la ley impone el castigo; pues de no ser así, las obras de la justicia serían destruidas y Dios dejaría de ser Dios. Mas Dios no cesa de ser Dios, y la misericordia reclama al que se arrepiente; y la misericordia viene a causa de la expiación; y la expiación lleva a cabo la resurrección de los muertos; y la resurrección de los muertos hace que los hombres vuelvan a la presencia de Dios; y así son restaurados a su presencia, para ser juzgados según sus obras, de acuerdo con la ley y la justicia. Pues he aquí, la justicia ejerce todos sus derechos, y también la misericordia reclama cuanto le pertenece; y así, nadie se salva sino el que verdaderamente se arrepiente. (Alma 42: 22-24)

EL BAUTISMO ES UN TESTIMONIO
Como ya lo indicamos en capítulos anteriores, el bautismo es el testimonio de un convenio entre Dios y el hombre. Es el testimonio que da el hombre a Dios de que tiene fe en el Señor Jesucristo, esa fe que le ha dado el poder para arrepentirse de sus actos no cristianos. En su bautismo él promete "ser testigo de Dios a todo tiempo, y en todas las cosas, y todo lugar" (Mosiah 18:9), tomar sobre sí el nombre de Cristo y guardar sus mandamientos para poder tener su Espíritu consigo.* El bautismo es también el testimonio que Dios da, que los pecados del hombre le serán remitidos y perdonados. Ante Dios está limpio otra vez, ha renacido, está listo para empezar una nueva vida espiritual. Sus pecados no serán mencionados otra vez si se abstiene de pecar. Bautismo significa perdón de los pecados pasados con la condición de que haya arrepentimiento. También significa perdón de los pecados en lo futuro siempre con la condición de que haya arrepentimiento. Este punto merece más aclaración. La naturaleza humana no es perfecta. Y aunque un hombre haya corregido sus errores pasados y se haya entregado a la fe de Cristo, no por eso se verá libre de errar y fracasar en lo futuro. El arrepentimiento, igual que la instrucción, es una necesidad constante del hombre. Por lo tanto, el bautismo es a la vez retroactivo y eficaz en lo futuro. Es la divina seguridad que el discípulo de Cristo, sincero y arrepentido, será perdonado de los pecados que sin duda cometerá en su camino hacia la perfección en Jesucristo. La promesa del perdón, ya sea en relación a lo pasado o lo futuro, no debe tomarse como una licencia para cometer pecados. Las faltas morales traen consigo tristeza y sufrimientos tanto para nosotros como para los demás. Y aunque por medio del arrepentimiento y bautismo logramos el perdón de los pecados, ya habremos experimentado una pérdida considerable y perj'udicado a otros. El hombre que juega con el pecado porque confía en que será perdonado es muy imprudente. Esta actitud se burla de la ley de la justicia en su propia vida y del principio de misericordia hacia otros, y le será mucho más difícil obtener misericordia para él. Un hombre realmente no sabe hasta donde llegan sus propias fuerzas. Por jugar con la tentación y el pecado, puede ceder fácilmente a ellos y encontrar que el arrepentimiento está fuera de su alcance.

EL PERDÓN Y EL CASTIGO
Una pregunta que se hace a menudo es la siguiente: Aunque seamos perdonados de nuestros pecados, ¿no tendremos que pagar el precio total de ellos aquí o en la otra vida? Es verdad que nadie puede hacer lo malo sin perder algo. El perdón no significa que no ha habido algún daño. Por causa de nuestras faltas sufrimos dolor y perdemos toda la experiencia abundante y el desarrollo que pudiésemos haber alcanzado si hubiéramos usado nuestra fuerza en nobles propósitos. Aun el pecador arrepentido tendrá que perder algo por causa de sus errores. De esto no hay ninguna duda. Sus hechos pecaminosos de lo pasado, con sus efectos consiguientes en él y los demás, no pueden deshacerse por medio del arrepentimiento y del perdón. Pero esto no significa que la persona tendrá que pagar el precio completo de sus pecados, si en verdad se arrepiente. En el perdón hay un elemento de gracia. Si una persona tuviera que pagar hasta el último cuadrante por sus errores, entonces el perdón no tendría significado, no habría lugar para el amor o la misericordia. El perdón significa que hay algo que perdonar, alguna obligación que no se cumplió y que es olvidada y abrogada. Haremos una comparación.
114

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO Un padre ha prestado a su hijo cinco mil pesos. El hijo le firma un pagaré. Este empieza a pagarle la deuda, pero lac cosas le van mal. Su esposa se enferma y el negocio que ha emprendido lo arruina económicamente. Sus intenciones son buenas. Quiere honradamente cumplir su obligación para con su padre. Repetidas veces el hijo sacrifica su propia comodidad para hacer pequeños pagos a su padre. Un día su padre le dice: "Hijo mío, a pesar de tu mala suerte y de la enfermedad costosa y prolongada de tu esposa, tú has hecho un esfuerzo para completar el pago. Voy a perdonarte el resto de la cuenta. Aquí está el pagaré; puedes hacerlo pedazos." El padre tuvo gozo de perdonar al hijo, porque éste había hecho lo posible por saldar la deuda. El padre lo perdonó verdaderamente porque había algo que perdonar. La mayor parte de la deuda original aún estaba por pagarse. Pero iba a ser cancelada. Si el padre hubiera dicho: "Te perdono la deuda, pero tienes que pagármela junto con los intereses", ¿qué significado hubiera tenido el perdón? El perdón llega inmediatamente después del arrepentimiento verdadero. En nuestra teología, no existe el concepto de un purgatorio, de ningún lugar después de la muerte, donde los hombres deben ser castigados para satisfacer la justicia divina por los pecados cometidos en la carne y de los cuales el hombre ya se ha arrepentido completamente. El pecador arrepentido paga por sus errores; conoce la tristeza y el remordimiento y el retraso o desviación que sus errores han traído a su vida. El perdón es completo y final, si nuestro arrepentimiento es también completo y permanente. Dios no tiene interés en castigarnos por el solo hecho del castigo. Su interés principal está en el pecador, no en el pecado. Como dijo Matthew Cowley, un amado apóstol de los Santos de los Últimos Días: "El pecador es más importante que todos sus pecados." Esto lo ilustró Jesús en la parábola del Hijo Pródigo. Cuando el pródigo regresó a su hogar, después de "volver en sí", dice la Escritura que "como aún estuviese lejos, violo su padre, y fué movido a misericordia, y corrió, y echóse sobre su cuello, y besóle." Luego el padre le puso el principal vestido, y un anillo en su mano y zapatos en sus pies y mató el becerro grueso e hicieron fiesta. ¿Por qué? Porque su hijo que estaba muerto "ha revivido; habíase perdido y es hallado." El arrepentimiento del joven había comenzado, por lo tanto, el padre podía regocijarse. La restauración espiritual de su hijo era todo lo que le interesaba al padre. Así es el amor de Dios por el pecador, así su deseo de perdonarlo total y completamente. Por supuesto, el hijo debe hacer su parte: su arrepentimiento debe ser completo o no podrá aceptar el perdón de su padre. Su vida no puede volver a ser sana y aumentar en rectitud, como lo quiere Dios. Esto se explica en un pasaje del Libro de Mormón, que declara que Jesucristo vivió y murió para lograr la manera de poder tener fe (los hombres)* para arrepentirse. Y así la misericordia puede satisfacer las exigencias de la justicia, y ciñe a los hombres con brazos de seguridad; mientras que aquel que no ejerce la fe hasta arrepentirse, queda abandonado a todas las disposiciones de las exigencias de la justicia; por tanto, sólo para aquel que tiene fe para arrepentirse se realizará el gran y eterno plan de la redención. (Alma 34:16)

115

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

CAPÍTULO 27 EL DON DEL ESPÍRITU SANTO EL BAUTISMO DE FUEGO
Juan el Bautista dijo a sus discípulos: Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; mas el que viene tras mí más poderoso es que yo; los zapatos del cual yo no soy digno de llevar; él os bautizará en Espíritu Santo y en fuego. (Mateo 3:11) El fuego es el símbolo de la luz y el calor que llenan el corazón y el alma del hombre cuando recibe el testimonio del Espíritu Santo. El bautismo del agua para arrepentimiento es seguido de la recepción del Espíritu Santo. Juan el Bautista lo entendía claramente. También se manifiesta en la vida y enseñanzas de Jesús. Después de su propio bautismo, el Espíritu Santo descendió sobre El: Y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y fué hecha una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado, en ti me he complacido. (Lucas 3:22) Jesús dijo a Nicodemo: "De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere del agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios." (Juan 3:5) Antes que el Salvador ascendiera a los cielos, después de su resurrección, dijo a sus discípulos: "Juan a la verdad bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo no muchos días después de éstos." (Hechos 1:5) Y también dijo: "Mas recibiréis la virtud del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros; y me seréis testigos en Jerusalem, y en toda Judea, y Samaría, y hasta lo último de la tierra." (Hechos 1:8) La promesa no tardó en realizarse: Y como se cumplieron los días de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos; y de repente vino un estruendo del cielo como de un viento recio que corría, el cual hinchió toda Ja casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, que se asentó sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, como el Espíritu les daba que hablasen. (Hechos 2:14) Con un poder asombroso, Pedro, que pocas semanas antes había negado tres veces a su Salvador, ahora habló con profunda convicción del Señor resucitado. El y los otros apóstoles tenían una seguridad más perfecta de la misión y divinidad de Cristo, que cuando el Salvador había estado entre ellos. Cuando fueron llamados otros para ayudar a los Doce a administrar las necesidades del número creciente de los miembros de la Iglesia, buscaron "siete varones de buen testimonio, llenos de Espíritu Santo y de sabiduría." (Véase Hechos 6:1-3) Además, en el primero de sus sermones Pedro prometió el don del Espíritu Santo a todos los creyentes que se arrepintieran y fueran bautizados, y aun "para todos los que están lejos". Entonces oído esto, fueron compungidos de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? Y Pedro les dice: Arrepentios, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. (Hechos 2:37-39) Al paso que el evangelio se extendía por Palestina, el Espíritu Santo se confería por la imposición de las manos de los Apóstoles, a aquellos que habían sido bautizados. Y los apóstoles que estaban en Jerusalem, habiendo oído que Samaría había recibido la palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan: los cuales venidos oraron por ellos, para que recibiesen el Espíritu Santo; (porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, mas solamente eran bautizados en el nombre de Jesús). Entonces les impusieron las manos y recibieron el Espíritu Santo. Y como vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo: Dadme también a mí esta potestad, que a cualquiera que pusiere las manos encima, reciba el Espíritu Santo. Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, que piensas que el don de Dios se gana por dinero. (Hechos 8:14-20)

116

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

LA MISIÓN DEL ESPÍRITU SANTO
Es patente que el Espíritu Santo se iba a dar a todos los verdaderamente bautizados discípulos de Cristo, ya fueran miembros o directores. ¿Qué es, precisamente, la misión del Espíritu Santo, que precisaba que se diera a todo discípulo de Cristo? Esta pregunta la contesta el Salvador mismo en el Evangelio según S. Juan, capítulos 14 al 16. Empero yo os digo la verdad: Os es necesario que yo vaya: porque si yo no fuese, el Consolador no vendría a vosotros; mas si yo fuere, os le enviaré. (Juan 16:7) El Espíritu Santo o el Consolador daría testimonio del Padre y del Hijo: Empero cuando viniere el Consolador, el cual yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio de mí. Y vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio. (Juan 15:26-27) Por tanto os hago saber, que nadie que hable por Espíritu de Dios, llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por Espíritu Santo. (I Corintios 12:3) Los conduciría a la verdad: Pero cuando viniere aquel Espíritu de verdad, él os guiará a toda verdad; porque no hablará de sí mismo, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que han de venir. El me glorificará: porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. (Juan 16:13-14) El Espíritu Santo iba a dar testimonio del Padre y del Hijo, llevar a los discípulos al conocimiento de la verdad, y ser fuente de seguridad y consuelo para ellos al declarar la misión del Salvador en el mundo. El Espíritu Santo iba a ser un medio de revelación. Esta siempre había sido su misión entre los hombres. Y cuando os trajeren para entregaros, no premeditéis qué habéis de decir, ni lo penséis; mas lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo. (Marcos 13:11) Porque la profecía no fué en los tiempos pasados, traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados del Espíritu Santo (II Pedro 1:21)

LA DOCTRINA DE LOS SANTOS DE LOS ÚLTIMOS DÍAS
De acuerdo con las enseñanzas del Nuevo Testamento, los Santos de los Últimos Días también imponen las manos para conferir el don del Espíritu Santo sobre aquellos que han sido bautizados, como testimonio de su fe en Cristo y de su arrepentimiento. Después de su bautismo el convertido es confirmado miembro de la Iglesia de Jesucristo y recibe el Espíritu Santo en una ceremonia sencilla y sagrada. De acuerdo con nuestra creencia, el Espíritu Santo lleva a cabo, hoy en día, las mismas funciones que desempeñó antiguamente en las vidas de los apóstoles y discípulos. En una revelación moderna dada a José Smith, leemos: Sí, he aquí, te lo manifestaré en tu mente y corazón por medio del Espíritu Santo que vendrá sobre tí y morará en tu corazón. Ahora, he aquí, éste es el espíritu de revelación. (Doctrinas y Convenios 8:2-3) En el último capítulo del Libro de Mormón, se invita al lector a poner a prueba la verdad por medio de la oración y el testimonio del Espíritu Santo. He aquí, quisiera exhortaros, al leer estas cosas, si Dios juzga prudente que las leáis, a que recordaseis lo misericordioso que el Señor ha sido hacia los hijos de los hombres, desde la creación de Adán hasta el tiempo en que recibáis estas cosas, y a que lo meditaseis es vuestros corazones. Y cuando recibáis estas cosas, quisiera exhortaros a que preguntaseis al Padre Eterno, en el nombre de Cristo, si no son verdaderas estas cosas; y si pedís con un corazón sincero, con verdadera intención, teniendo íe en Cristo, él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo; y por el poder del Espíritu Santo podréis conocer la verdad de todas las cosas. (Moroni 10:3-5) El propósito del Espíritu Santo y su función en la vida del creyente bautizado quedan aclarados en otro pasaje del Libro de Mormón. Aquí leemos que el Espíritu Santo puede venir a nosotros solamente cuando somos mansos y humildes de corazón, y auténticos discípulos de Cristo. Y su propósito es llenar nuestras vidas "de
117

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO esperanza y de amor perfecto". Y el primer fruto del arrepentimiento es el bautismo; y el bautismo viene por la fe para cumplir los mandamientos; y el cumplimiento de los mandamientos trae la remisión de los pecados; y de la remisión de los pecados proceden la mansedumbre y la humildad de corazón; y por motivo de la mansedumbre y la humildad de corazón, viene la visitación del Espíritu Santo, el Consolador, que llena de esperanza y de amor perfecto, amor que se conserva por la diligencia en la oración, hasta que venga el fin, cuando todos los santos morarán con Dios. (Moroni 8:25-26) El Espíritu del Señor puede inspirar a cualquiera de los hijos de Dios en la parte del mundo que sea, si están sintonizados con su Espíritu. Por otra parte, el Espíritu Santo, como don, es dado para que sea un compañero constante de aquellos que están preparados para recibirlo; aquellos que tienen fe en Cristo, se han arrepentido y bautizado dignamente y procuran con afán ser sus verdaderos discípulos. El Espíritu Santo quiere conducir a tales personas a un completo entendimiento y práctica de la vida cristiana. Cuando viven en tal forma que son dignos del Espíritu Santo, El los puede bendecir con una visión, poder y virtud semejantes a los de Cristo. Así lo testifican \\ Biblia y las Escrituras de los Santos de los Últimos Días: Mas el fruto del Espíritu es: caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza, contra tales cosas no hay ley. Porque los que son de Cristo, han crucificado la carne con los afectos y concupiscencias. Si vivimos en el Espíritu, andemos también en el Espíritu. No seamos codiciosos de vana gloria, irritando los unos a los otros, envidiándose los unos a los otros. (Gálatas 5:22-26) Y además, de cierto os digo, quisiera que siempre recordaseis, y tuvieseis presente en vuestras mentes, lo que son esos dones que se dan a la Iglesia. Porque no todos reciben cada don; pues hay muchos dones, y a cada hombre le es dado un don por el Espíritu de Dios. A algunos es dado uno, y a otros otro, para que todos se beneficien por ellos. A algunos el Espíritu Santo les da a saber que Jesucristo es el Hijo de Dios, y que fué crucificado por los pecados del mundo; a otros el creer en las palabras de aquéllos para que también tengan vida eterna, si es que continúan fieles. Y además, de acuerdo con la voluntad del Señor, el Espíritu Santo da a saber a algunos las diferencias de administración, conforme a lo que fuere agradable al mismo Señor, acomodando sus misericordias a las condiciones de los hijos de los hombres. Y además, a algunos les es dado por el Espíritu Santo discernir las diversidades de operaciones, si es que son de Dios, para que las manifestaciones del Espíritu sean dadas a cada hombre para su provecho. Y además, de cierto os digo, que a algunos les es dada, por el Espíritu de Dios la palabra de sabiduría; a otros la palabra de conocimiento, para que todos sean enseñados; y a otros fe para sanar. Y además, a algunos les es concedido obrar milagros; y a otros profetizar; y a otros discernir espíritus. Y además, a algunos les es concedido hablar en lenguas; y a otros, interpretarlas; y todos estos dones vienen de Dios para el beneficio de los hijos de Dios. Y el obispo de la Iglesia, y cuantos Dios llamare y ordenare para velar sobre la Iglesia y ser suseideres, recibirán el poder de discernir todos esos dones, no sea que haya entre vosotros alguno que profesare tenerlos sin ser de Dios. Y acontecerá que el que pidiere en el Espíritu, recibirá en el Espíritu; para que a algunos les pueda ser concedido tener todos estos dones, para que haya una cabeza, a fin de que cada miembro reciba provecho de ello. El que pide en Espíritu, pide según la voluntad de Dios; por lo tanto, es hecho conforme pide. Y además os digo, todas las cosas tienen que ser hechas en el nombre de Cristo, todo cuanto hiciereis en el Espíritu; y habéis de dar gracias a Dios en el Espíritu por cualquiera bendición con la que fuereis bendecidos. Y habéis de practicar la virtud y la santidad ante mí constantemente, Así sea. Amén. (Doctrinas y Convenios 46:10-33) Estos dones deben ser cultivados. El Espíritu Santo obra en la vida de una persona solamente si es humilde y mansa de corazón, si está tratando de llevar una vida cristiana, y de amar a Dios y sus semejantes. No podemos confiar en la ordenanza solamente. Los hombres deben preparar sus corazones para recibir el don y vivir dignamente a fin de retenerlo; de otra manera, no actuará en sus vidas. Un hombre puede recibir el Espíritu Santo, y éste puede descender sobre él y no permanecer con él. (Doctrinas y Convenios 130:23)

EL ESPÍRITU SANTO
La misión del Espíritu Santo en la vida del hombre es clara y de mucha inspiración. No se nos ha dado a conocer exactamente la naturaleza^ del Espíritu Santo. Sabemos que es un Personaje distinto y aparte del Padre y del Hijo. Esto queda indicado en las instrucciones sobre el bautismo que el Salvador dio a sus discípulos
118

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO mandándoles que bautizaran "en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo". (Mateo 28:19) También se manifiesta más adelante en la declaración de que El rogaría al Padre que les enviara el Consolador. (Véase Juan 15:16-17) En las revelaciones modernas el Espíritu Santo es llamado, un Personaje de Espíritu, cuyo propósito es el del Padre y del Hijo; pero tiene su misión particular en las vidas de los hombres.

119

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capítulo 28 EL SACRAMENTO DE LA SANTA CENA
En la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el sacramento de la Santa Cena está íntimamente relacionado con los primeros principios y ordenanzas del evangelio: fe en el Señor Jesucristo, arrepentimiento, bautismo y el don del Espíritu Santo. Igual que estas cuatro ordenanzas, la Santa Cena también tiene que ver con nuestra relación con Jesucristo. Por esta razón es propio considerar el significado de esta sagrada ordenanza en esta parte de nuestro curso de estudio.

EL ORIGEN DE LA SANTA CENA
En los Evangelios según S. Mateo, S. Marcos y S. Lucas, se halla el relato de la Ultima Cena, aquella ocasión memorable que se llevó a cabo en un aposento alto en Jerusalén, cuando el Salvador, por última vez antes de su inminente crucifixión, comió con los Doce. El Evangelio según S. Juan no relata el origen del sacramento de la Ultima Cena. En su lugar leemos la hermosa lección de humildad que enseñó el Salvador cuando lavó los pies de sus discípulos. En el capítulo 6 de Juan se halla una amplia referencia relacionada frecuentemente con el sacramento. Dos de los evangelistas, Marcos y Mateo, hacen la narración aproximadamente con las mismas palabras: Y comiendo ellos, tomó Jesús el pan y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed, esto es mi cuerpo. Y tomando el vaso, y hechas gracias, les dio, diciendo, Bebed de él todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, la cual es derramada por muchos para remisión de los pecados. Y os digo, que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día, cuando lo tengo de beber nuevo con vosotros en el reino de mi Padre. (Mateo 26:26-29) En S. Juan, capítulo 6, versículos 53 al 57, se expresa una idea similar. Jesús se compara a sí mismo con el pan de la vida, el cualel Padre envió de los cielos, como el maná que envió a los hijos de Israel en el desierto. Y a los judíos que interpretaban tan literalmente sus palabras, El dijo: ... Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna: y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. (Juan 6:53-57) > En el Evangelio según S. Lucas está intercalado un pensamiento diferente. Este evangelista escribe sobre la Santa Cena lo siguiente': Y tomando el pan, habiendo dado gracias, partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo que^or vosotros es dado: haced esto es memoria de mí. Asimismo también el vaso, después que hubo cenado diciendo: Este vaso es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama. (Lucas 22:19-20) Las palabras "haced esto en memoria de mí" hacen resaltar esta nueva idea. La otra única referencia en el Nuevo Testamento sobre la Cena del Señor se halla en las epístolas de S. Pablo, y está de acuerdo en todo sentido con las palabras de S. Lucas: Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús la noche que fué entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed: esto es mi cuerpo que ñor vosotros es partido: haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre: haced esto todas las veces que bebiereis, en memoria de- mí. Porque todas las veces que comiereis este pan y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que venga. De manera que, cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del' Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así de aquel pan, y beba de aquella copa. Porque el que come y bebe indignamente, juicio come y bebe para sí, no discerniendo el cuerpo del Señor. (I Corintios 11:23-29) En la historia del cristianismo ha habido interminables controversias teológicas sobre el significado del
120

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO sacramento de la Santa Cena. Algunas iglesias interpretan literalmente las palabras de Cristo, y creen en la transubstanciación. Tal es la posición de la Iglesia Católica Romana, que sostiene que por medio del acto de consagración del sacerdote ocurre un cambio en la substancia, aunque no en la apariencia, de los elementos del sacramento (el vino y la hostia), que se transforman en el verdadero cuerpo y la verdadera sangre de Cristo. Los debates en torno de este problema duraron muchos siglos, y por último, se adoptó la transubstanciación como la doctrina oficial de la Iglesia Católica en el Concilio de Letrán en 1215 y en el Concilio de Trento en 1551. Según esta creencia, Cristo está continuamente vertiendo su sangre y partiendo su carne por el pecador, que en esta forma recibe gracia divina mediante el sacramento administrado por la iglesia. No es nuestro propósito participar en esta discusión, sino sencillamente explicar la doctrina de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, dejando a la consideración del lector su valor y verdad. Se ha hecho referencia a la transubstanciación para aclarar mejor la posición de los Santos de los Últimos Días, estableciendo un contraste, y también porque las Escrituras sugieren más de una interpretación.

EL SIGNIFICADO DE LA SANTA CENA EN LA IGLESIA
Hay un profundo significado y una importante consecuencia espiritual en nuestro concepto del sacramento de la Santa Cena, pero la ordenanza misma no es ningún misterio. Nosotros no creemos que Jesús dio a entender que literalmente comeríamos su carne y su sangre. Para nosotros el pan hecho pedazos y el vino son simplemente símbolos, así en substancia como en apariencia, y siguen siendo pan y vino durante la bendición del sacramento. Simbolizan la carne quebrantada y la sangre derramada del Salvador: su sacrificio de amor por nosotros. Después de su resurrección, el Salvador visitó al pueblo del continente americano y les explicó el sacramento de la Santa Cena. El Libro de Mormón relata su visita y detalla más que el Nuevo Testamento, el significado del sacramento de la Cena del Señor. No solamente se indica con claridad el carácter simbólico del pan y el vino, sino también se declara el propósito de la ordenanza con palabras sencillas y significativasY aconteció que Jesús mandó a sus discípulos que le llevasen pan y vino. Y mientras fueron a traerlos, mandó a la multitud que se sentara en el suelo. Y habiendo llegado sus discípulos con pan y vino, tomó el pan, lo partió y lo bendijo; y dio a sus discípulos y les mandó que comiesen. Y cuando hubieron comido y se sintieron satisfechos, les mandó que dieran a la multitud. Y cuando la multitud comió y fué satisfecha, dijo a los discípulos: He aquí, uno de vosotros será ordenado; y le daré poder para partir pan, y bendecirlo y darlo a los de mi Iglesia, a todos los que crean y se bauticen en mi nombre. Y siempre procuraréis hacer esto, tal como yo he hecho, así como he partido pan, y lo he bendecido y os lo he dado. Y haréis esto en memoria de mi cuerpo que os he mostrado. Y será un testimonio al Padre de que siempre os acordáis de mí. Y si os acordáis siempre de mí, mi Espíritu estará con vosotros. Y sucedió que cuando hubo x^onunciado estas palabras, mandó a sus discípulos que tomaran del vino y bebieran de él, y que dieran también a los de la multitud para que bebiesen. Y aconteció que así lo hicieron y bebieron, y fueron llenos; y dieron a los de la multitud, y éstos bebieron y fueron llenos. Y cuando los discípulos hubieron hecho esto, díjoles Jesús: Benditos sois por esto que habéis hecho; porque esto cumple mis mandamientos y testifica al Padre que estáis dispuestos a hacer lo que os he mandado. Y siempre haréis esto por todos los que se arrepientan y se bauticen en mi nombre; y lo haréis en memoria de mi sangre que he vertido por vosotros, para que podáis testificar al Padre de que siempre os acordáis de mí. Y si os acordáis siempre de mí, mi Espíritu estará con vosotros. (3 Nefi 18:1-11) El propósito de este sacramento es renovar el el testimonio de nuestra fe en el Señor Jesucristo que hicimos al momento de bautizarnos. Esta es la razón por la cual se da a los miembros de la Iglesia, aquellos que se han declarado ya como discípulos de Cristo. El servicio sacramental en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es una ocasión en que todos los miembros pueden juntarse, para recordar el convenio que hicieron con Dios de ser testigos de Jesucristo todas sus vidas. Es cuando se ha de reflexionar la vida y la muerte del Salvador, recordar su sacrificio de amor por nosotros, su vida, sus enseñanzas; y expresarle nuestro amor y gratitud. Aprevechamos esta ocasión para renovar nuestra fe en El, arrepentimos de nuestros pecados y reforzar
121

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO nuestra determinación de hacer su voluntad. La fe, el arrepentimiento y la vida cristiana nos traen su Espíritu para que pueda estar con nosotros. Cuando su Espíritu está con nosotros, nuestra fe se fortalece, nuestro arrepentimiento es seguro y nuestra vida cristiana es mejor.

LAS ORACIONES SACRAMENTALES
En las oraciones sacramentales que el presbítero repite a oídos de la congregación y a favor de ella, se expresa en forma sencilla y eficaz el propósito del sacramento de la Santa Cena. Son dos de las muy pocas oraciones fijas que se usan en la Iglesia. Oh, Dios, Padre Eterno, en el nombre de Jesucristo, tu Hijo, te pedimos que bendigas y santifiques este pan para las almas de todos los que participen de él; para que lo coman en memoria del cuerpo de tu Hij'o, y den testimonio ante ti, oh Dios Padre Eterno, que desean tomar sobre sí el nombre de tu Hij'o, y recordarle siempre, y guardar sus mandamientos que él les ha dado, para que siempre tengan su Espíritu consigo. Amén. (Moroni 4:3) Oh, Dios, Padre Eterno, en el nombre de Jesucristo, tu Hij'o, te pedimos que bendigas y santifiques este vino para las almas de todos los que lo beban, para que lo hagan en memoria de la sangre de tu Hij'o, que fué vertida para ellos; para que den testimonio ante ti, oh Dios Padre Eterno, de que siempre se acuerdan de él, para que tengan su Espíritu consigo. Amén. (Moroni 5:2) Las oraciones empiezan con una reverente invocación al Padre. Entonces se indican dos propósitos relacionados: (1) Participamos en memoria del Salvador; (2) testificamos que siempre nos acordaremos de Él y haremos su voluntad. Y por último, hacemos esto para poder tener su Espíritu con nosotros. Esta es su promesa y nuestra necesidad. Pedro, Santiago, Juan y los otros apóstoles habían estado tres años con el Salvador. Lo habían escuchado enseñar, lo habían visto hacer caminar a los paralíticos y hacer ver a los ciegos, y lo habían visto sufrir en la cruz a causa del odio de los hombres. Los Doce se hicieron amigos, aprendieron a amarse el uno al otro por el amor que le tenían a El. Jesús los ayudó a vencer las dificultades que surgieron entre ellos. A Santiago y Juan, los "Hijos del Trueno", les enseñó lecciones sobre la humildad y el servicio. La impetuosa devoción de Pedro hacia el Salvador se había templado, y lograron un alto grado de unidad. En su hermosa plegaria, en el capítulo 17 de Juan, Jesús suplica al Padre que haga a los Doce uno, así como El y el Padre eran uno. ¿Cómo iba a lograrse esto? Un modo de lograr la unidad sería cenando juntos en recuerdo de su Maestro. El había comido a menudo con ellos. No dudamos que en tales ocasiones El oraba y hablaba con ellos, unificándolos e inspirándolos en sus pensamientos y sentimientos. Ahora que El estaba para dejarlos, era lógico que les recomendara que se juntaran a menudo en su nombre y dieran testimonio de su fe en El para que su Espíritu pudiera estar con ellos. Uno puede llegar a ver cuan significativa debió ser para estos hombres, la participación en el pan y vino, después de haberlo hecho con el Salvador. En la misma oración en Juan 17, Jesús dice: Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos. Para que todos sean una cosa; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean en nosotros una cosa; para que el mundo crea que tú me enviaste. Y yo, la gloria que me diste les he dado; para que sean una cosa, como también nosotros somos una cosa. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean consumadamente una cosa; y que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado, como también a mí me has amado. (Juan 17:20-23) Nosotros no conocemos al Salvador en la misma forma personal que lo conocieron sus discípulos antiguamente. Llegamos a conocerlo por medio de la fe, por medio de la reverencia y por medio de un estudio de su vida y enseñanzas, y por tratar de ser sinceros, misericordiosos, amando a los demás como El nos aconseja en el Sermón del Monte. A medida que crecemos en estas virtudes, también podemos tener con El un compañerismo que es real, que trae gozo y que puede ser compartido con otros que están empleados en el. mismo propósito. A todos nosotros que creemos en Cristo y deseamos obedecer su voluntad, el sacramento de la Santa Cena nos permite estrechar nuestro compañerismo con El. Cada domingo renovamos nuestra fe y'nuestro testimonio; pensamos en lo que significa ser uno de sus discípulos; resolvemos humildemente caminar más cerca de la senda que El quiere que sigamos. Creemos que éste es el propósito del sacramento de la Santa Cena. Igual que el bautismo, es para ayudarnos a crecer en nuestra fe y vida cristianas.
122

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

AGUA EN VEZ DE VINO
En las oraciones sacramentales que hemos citado, así como en la narración del Nuevo Testamento, se usó pan y vino como símbolos en el servicio sacramental. Hoy día, en nuestra Iglesia usamos pan y agua. Es interesante la razón que tenemos para ello. Al principio usábamos pan y vino. Sin embargo, en los primeros días de la Iglesia, en las fronteras de América, la Iglesia sufrió considerable persecución. Se les dificultaba a los santos tener su propio vino y conservarlo fresco. Existía también el peligro de que sus enemigos lo contaminaran, o se echara a perder. Por estas razones, se dio una revelación en que se declaró la importancia relativa de estas cosas: Porque he aquí, te digo que no importa lo que se come o lo que se bebe al participar del sacramento, con tal que lo hagáis con un deseo sincero de glorificarme, recordando ante el Padre mi cuerpo que fué sacrificado por vosotros y mi sangre que se virtió para la remisión de vuestros pecados. Por lo tanto, un mandamiento os doy, de que no compraréis vino ni bebidas alcohólicas de vuestros enemigos. De modo que no participaréis de ninguno, a menos que sea recién hecho por vosotros; sí, en este reino de mi Padre que se edificará sobre la tierra. (Doctrinas y Convenios 27:2-4) "La letra mata, mas el espíritu vivifica." Hoy en toda la Iglesia usamos agua en lugar de vino. Es fácil conseguirla en una condición higiénica, y, por lo tanto, no quita nada del propósito del sacramento.

PARA PARTICIPAR HAY QUE SER DIGNOS
Se da el sacramento a los miembros de la Iglesia, porque uno de sus propósitos, como ya hemos dicho, es renovar el testimonio de nuestra fe en Jesucristo que hicimos al momento de bautizarnos. No es nuestro deseo ofender al que no es miembro negándole la Santa Cena. Puede participar, si así lo desea, pero al hacerlo no tiene para él el significado completo que tiene para los se han unido a la sociedad de Cristo por medio del bautismo. Del sacramento deberán participar solamente los miembros que se sientan dignos de hacerlo. S. Pablo indicó en su carta a los santos de Corinto: De manera que, cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así de aquel pan, y beba de aquella copa. Porque el que come y bebe indignamente, juicio come y bebe para sí, no discerniendo el cuerpo del Señor. (I Corintios 11:27-29) Con un espíritu bondadoso el Libro de Mormón nos hace una amonestación semejante: Y he aquí, éste es el mandamiento que yo os doy: No permitiréis que ninguno a sabiendas participe indignamente de mi sangre, cuando los administréis. Porque quienes comen mi carne y beben mi sangre indignamente, coleen y beben condenación para sus almas; por tanto, si sabéis que una persona no es digria de comer y beber de mi carne y de mi sangre, se lo prohibiréis. No obstante, no lo echaréis de entre vosotros, sino que lo atenderéis y oraréis al Padre por él en mi nombre; y si se arrepintiere y fuere bautizado en mi nombre, entonces lo recibiréis, y le daréis de mi caríre y de mi sangre. Pero si no se arrepintiere, no será contado entre los de mi pueblo, a fin de que no los destruya, porque he aquí, conozco a mis ovejas, y están contadas. No obstante, no lo echaréis de vuestras sinagogas ni de vuestros sitios donde adoráis, porque debéis seguir atendiendo a tales; pues no sabéis si volverán, y se arrepentirán, y vendrán a mí con íntegro propósito de corazón, y yo los sanaré; y vosotros seréis el medio de traerles la salvación. (3 Nefi 18:28-32) Algunas veces será la responsabilidad del presidente de la rama negar el sacramento de la Santa Cena a aquellos que no sean dignos de participar de él y que son tan obstinados que no quieren reconocerlo. El obispo o presidente de rama lo hará por el propio bien de la persona, así como por el respeto debido a los emblemas del Señor. Pero por lo general se deja al. individuo determinar si es digno de participar del pan y del agua. La responsabilidad de la Iglesia es enseñar lo que significa ser discípulo de Cristo y mostrarse digno de ello, pero el individuo, salvo en extremadas circunstancias es el juez de su propio mérito. „ En la naturaleza humana no existe la perfección. El evangelio y la Iglesia de Jesucristo están aquí, . . . para la perfección de los santos . . . hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la edad de la plenitud de Cristo .... (Efesios 4:12-13) Dentro de nuestra imperfección, somos dignos de participar del sacramento siempre que tratemos de mejorar y seamos sincera y verdaderamente devotos a nuestra fe cristiana. Si nuestra vida está manchada por el
123

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO odio y la hipocresía no somos dignos. En este sentido las palabras del Salvador nos pueden ayudar: Por tanto, si trajeres tu presente al altar, y allí te acordares de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu presente delante del altar, y vete, vuelve primero en amistad con tu hermano, y entonces ven y ofrece tu presente. (Mateo 5:23-24)

124

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capítulo 29 LA IGLESIA—SU NATURALEZA Y EL LUGAR QUE OCUPA EN NUESTRA VIDA
Hasta este punto de nuestro curso de estudio hemos hablado de la teología y la religión. Hemos estudiado las doctrinas que hablan de Dios, del hombre y de Cristo, y hemos tratado de enlazarlas con la vida. Ahora nos ocuparemos, durante algunas lecciones, en un estudio de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. La Iglesia enseña teología, mas no debe confundirse con ella. Asimismo, propaga la vida religiosa, pero la Iglesia no es religión. Estudiamos la teología y practicamos la religión en la Iglesia y por medio de ella, pero conviene que establezcamos una diferencia entre la Iglesia y esta^. otras dos cosas.

¿QUÉ ES LA IGLESIA?
La Iglesia es una institución social. Las instituciones sociales como la familia, el gobierno, una sociedad, una compañía comercial o una escuela, tienen tres características sumamente esenciales: I. Gente II. Objeto III. Organización La iglesia, cualquiera iglesia, se compone de un cuerpo de creyentes que persiguen cierta meta. Tienen por lo menos una organización mínima, mediante la cual estos creyentes se esfuerzan por alcanzar su meta. Consideremos brevemente cada uno de estos tres elementos de la iglesia.

I. GENTE
Jamás existió una iglesia sin gente. Puede existir sin capilla o lugar donde reunirse, con muy poca teología y casi sin organización o ritual; pero no puede existir sin gente. Una persona sola no puede constituir una iglesia. Debe haber por lo menos dos que tengan la misma fe y propósito. Al pensar en una iglesia, la gente siempre debe formar parte de ese concepto. Son un elemento sumamente esencial de la vida de la iglesia, por cierto, un elemento muy humano.

II. PROPOSITO
Las instituciones sociales que hemos mencionado sobreviven en la sociedad porque satisfacen las necesidades de la gente o porque cumplen con cierto propósito de la vida. La familia sobrevive a pesar de sus fracasos y problemas, porque la gente necesita el compañerismo, amor, seguridad y otras cosas que la familia puede proveer. Las casas comerciales usualmente existen mientras tengan ganancias y sus dueños estén interesados en las utilidades. Los ejércitos existen para conquistar o defender. Si quitáramos estas necesidades o metas, el ejército moderno con toda probabilidad desaparecería de nuestra sociedad. En igual manera, la iglesia existe para realizar estas normas o para satisfacer determinadas necesidades de la vida humana. Es singular entre las otras instituciones, y esto se debe en parte a que sus metas son distintivas. Contrastan notablemente éstas y las de la industria, el ejército, la escuela y aun la familia. La iglesia tiene metas religiosas que consideraremos en breve.

III. ORGANIZACIÓN
Cuando la gente trabaja unidamente para un fin común, tiene que haber por lo menos una organización mínima. Alguien debe tomar la iniciativa, señalar el camino y correlacionar los esfuerzos del grupo. Hubo nueve señoritas, amigas nuestras, que dicidieron formar un club mientras estudiaban en el colegio. Decidieron organizarse sin oficiales o la forma usual de organización. Determinaron que cada una de las jóvenes tomaría su
125

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO turno en la dirección de sus reuniones semanales. Aun estas resoluciones fueron el principio de una organización. La experiencia les enseñó que su arreglo mínimo carecía de formalidad y eficacia. Al poco tiempo hicieron el cambio a un sistema más convencional. Las iglesias varían en cuanto a la clase y extensión de su forma de organización, pero deben tenerla.

LOS BENEFICIOS DE PERTENECER A UNA IGLESIA
Con todas las instituciones que existen actualmente, bien se puede preguntar: ¿Es necesario pertenecer a una iglesia? ¿Qué hay en una iglesia que no se puede obtener en casa, en la escuela, o algún otro lugar? Consideremos algunos de los beneficios eri la vida del individuo y la sociedad, que derivan de la iglesia. 1. Podemos pertenecer a la iglesia toda nuestra vida. Asistimos a la escuela solamente algunos años, y pertenecemos a algún club mientras estamos en la universidad o en los negocios. Aun entre las familias hay separación, ya sea a causa del divorcio, la muerte o nuestro propio matrimonio. Por otra parte, siempre tenemos la hermandad de 1# iglesia. En ella se nos bendice cuando somos niños, se nos atiende, sea que estemos enfermos o sanos, se nos tolera aun cuando somos débiles y al morir, tenemos allí nuestros funerales. La iglesia siempra está para ayudar, bendecir y alentarnos a lograr sus metas. Ninguna otra institución, salvo el gobierno, tiene ese interés continuo en el hombre durante toda su vida, que pueda compararse con el de la iglesia; y ésta tiene un interés mucho más personal en el hombre que el gobierno. Es la iglesia la que da continuidad a la vida entera del individuo. 2. Toda la familia puede pertenecer a la iglesia y hallar comunidad de intereses y solidaridad de opiniones por pertenecer a ella. Con excepción del gobierno, que es sumamente impersonal en lo que concierne a nuestras vidas, solamente la iglesia abarca a toda la-familia. Los niños van a la escuela, pero los padres se quedan en casa. El padre va a trabajar solo. Puede pertenecer a algún club sin los demás miembros de su casa. Pero la familia entera puede pertenecer a la iglesia y participar unidamente en ella. Allí se reúnen con las mismas personas, cantan y oran juntos y disfrutan ricamente de experiencias estrechamente rélacionadas. La participación feliz en la iglesia trae la unidad y un alto idealismo a la vida de la familia. 3. La iglesia es universal en cuanto a su extensión e intereses. Pueden ser miembros de ella todas las gentes, sin importar raza, nacionalidad, color, educación, estado civil, posición económica, edad, sexo o condición de salud. Una iglesia, particularmente la de Jesucristo, es el gran crisol del género humano, donde todos los hombres son reconocidos como hijos de nuestro Padre Celestial y como hermanos el uno del otro. La iglesia está interesada en el bienestar de todos los hombres. 4. Los intereses de la iglesia no son egoístas. La familia debe velar por los suyos y, aun cuando dentro del círculo familiar sus miembros son abnegados, su interés principalmente y ante todas las cosas, está en sí misma. Los negocios y el gobierno, en igual manera, siempre deben proteger constantamente sus propios intereses. La iglesia se halla en posición tal, que puede dedicarse casi exclusivamente a prestar servicio al género humano. Por naturaleza sus actividades principales son abnegadas: por ejemplo, el cuidado de los necesitados, la adoración de Dios, la instrucción moral y la obra misional, si se tiene presente el bienestar del futuro convertido. 5. La perspectiva de la iglesia es eterna. Casi todas las instituciones humanas están interesadas en lo presente. La iglesia trabaja no solamente por el bienestar del hombre aquí, sino también por su salvación eterna en la otra vida. Cuando nos reunimos para adorar y estudiar en la iglesia, vemos la vida en perfecta perspectiva y tratamos de entenderla y de vivir de acuerdo con su carácter eterno. 6. En cuanto a su concepto y aspiración, la iglesia es idealista. Esto se deduce de las muchas declaraciones que anteceden. Tiene que ver con todos los hombres y con la vida entera, con la mortalidad y la inmortalidad, y con todo lo que en la vida es más digno y noble. La iglesia está dedicada a los ideales y también a la voluntad de Dios, que es completamente justa. La iglesia, como cuerpo de creyentes, se halla muy lejos de la vida que Dios requiere. Hay mucho de lo humano en la naturaleza humana. Realmente, la iglesia no es, de hecho, más idealista que el pensamiento y conducta de los que la componen. Esto queda indicado claramente en la Primera Epístola de Pablo a los Corintios, por ejemplo. Aun cuando reconocemos nuestras limitaciones como seres humanos que pertenecemos a la iglesia, también debe tomarse en cuenta que al reunimos en la iglesia, siempre estamos esforzándonos por un ideal,
126

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO tratando de alcanzar lo que es más alto y noble en la vida. Con su reprensión de la debilidad moral y pequeneces de los santos de Corinto, San Pablo les escribió lo que fácilmente puede ser la exposición y amonestación más hermosas que jamás se han escrito sobre el tema del amor cristiano. La iglesia no es la única institución social que trabaja por el bien común entre los hombres. Hay muchas grandes instituciones humanas que están dedicadas a altos ideales y fies nobles. Sin embargo, a nosotros nos parece que la iglesia, con su concepto eterno de las cosas, su carácter universal, fe en Dios y el amor por el hombre, es un lugar de reunión ideal, donde todos podemos valuar nuestras vidas, hacerlas conformar más con el ideal y ayudarnos el uno al otro con la visión y fuerza para hacer la voluntad de Dios. Como familias o individuos necesitamos la iglesia para ayudarnos a realizar una vida completa. Mucho de lo que se ha dicho en este capítulo puede aplicarse a cualquier iglesia, porque en todas las iglesias hallamos muchas cosas buenas hoy en día. En éste y en los capítulos siguientes nuestro propósito será ayudar-a aclarar la naturaleza, propósito y funcionamiento de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Queremos indicar precisamente cómo entendemos y tratamos de llevar a cabo la misión de la Iglesia de Cristo.

LA IGLESIA ES UN MEDIO PARA LOGRAR UN FIN
La Iglesia no es un fin en sí misma. El hombre no existe por causa de la Iglesia. La Iglesia es un instrumento, un medio para llevar a cabo el bienestar y la salvación de los hombres. Todas las instituciones y asociaciones de los hombres deben ser juzgadas por lo que pretenden y por lo que logran efectuar en la vida de los hombres. El valor de cualquiera Iglesia Cristiana consiste en lo que esté haciendo por los seres humanos. Cuando se criticó a Jesús por curar en el día del sábado, su contestación a aquellos que reverenciaban la letra de la ley, separando la vida "religiosa" de su efecto en la vida, fué: ¿Es lícito hacer bien en sábado o hacer mal? ¿salvar la vida o quitarla? Mas ellos callaban. (Marcos 3:4) Entonces curó al hombre que tenía la mano seca. En otra ocasión, fué igualmente acusado de violar el sábado por permitir que sus discípulos arrancaran las espigas de trigo para comer. El contestó: "El 3ábado por causa del hombre es hecho; no el hombre por causa del sábado." (Marcos 2:23-28) A juzgar por su manera de pensar y vivir, para Jesús la religión era un medio para lograr un fin, algo que alimentara y desarrollara las almas de los homares, que fuera un gozo y una bendición para ellos. Esto se manifiesta por las cosas que hizo. Trajo consuelo al pobre, la esperanza al pecador, fe a los hombres de poca fe, misericordia y perdón al arrepentido, fuerte reproche al justo que se jactaba de su rectitud y el amor a todos los hombres. ¿Por qué? Por amor de la vida, aun como lo dijo: ... yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. (Juan 10:10) Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido. (Juan 15:11) Si la religión misma es un medio para lograr la perfección y gozo del hombre, con mucha más razón la Iglesia debe ser considerada como un medio para lograr algo bueno en la vida humana. La Iglesia es una institución sagrada, divina y necesaria para los Santos de los Últimos Días, mas con todo, no deja de ser un medio. Dios quiere que nos reunamos, hagamos planes y trabajemos juntos en una hermandad de amor y buena voluntad, con su poder y orientación para llevar a cabo sus propósitos en la vida de los hombres. En nuestra época hemos visto que se han levantado gobiernos bajo políticos ambiciosos que han colocado los intereses del estado sobre el bienestar de los miembros de la comunidad. Los ciudadanos estaban allí para obedecer la voluntad del estado. El individuo, sus derechos, su vida y su felicidad no tenían importancia, y podían ser, y a menudo fueron sacrificados a los intereses del estado. Tal fué la filosofía y la práctica de Alemania bajo el nazismo e Italia bajo el facismo. En las naciones democráticas que hemos conocido por generaciones en el oeste de Europa y en los continentes americanos, la filosofía de los gobiernos es que el estado existe para servir al hombre, garantizar sus libertades, proteger su vida y sus propiedades y buscar su bienestar. El gobierno es un instrumento. Se ha tenido cuidado de proteger a la gente contra los posibles abusos del estado. La enseñanza de los Santos de los Últimos Días concerniente a la función de la Iglesia es parecida a este
127

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO concepto democrático de la función del estado. Servimos a Dios, pero sólo porque tenemos fe en que con ello estamos ayudando a realizar los fines de Dios en la vida humana. Su propósito es llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre. Se ha establecido la Iglesia para ayudar a conseguir este propósito divino.

EL PROPÓSITO DE LA IGLESIA
Como ya hemos indicado, el propósito de la Iglesia es hacer algo por la gente, traerle la felicidad en esta vida y la salvación y la gloria en la otra. Podemos declararlo en estos términos: El propósito de la Iglesia es el del evangelio; el del evangelio de Jesucristo es ayudar a todos los hombres a lograr el propósito mismo de la vida. El propósito de la vida es obtener el gozo por medio de la realización de nuestra naturaleza cabal como hijos de Dios. Desde el principio la Iglesia se ha interesado en los hombres, su bienestar y su salvación. Toda enseñanza, toda doctrina y toda actividad, cuando se interpreta o se participa en ella correctamente, tiene como objeto desarrollar una vida más semejante a la de Cristo entre los hijos de los hombres. Bien lo manifestó uno de los presidentes de la Iglesia en las primeras décadas de este siglo: Nuestra misión ha sido salvar a los hombres. Durante estos ochenta y ocho años de la Iglesia, hemos estado trabajando para proporcionar a los hombres un conocimiento del evangelio de Jesucristo, conducirlos al arrepentimiento, a la obediencia y a los requerimientos de las leyes de Dios. Hemos estado luchando para salvar a los hombres del error, persuadirlos a apartarse del mal y aprender a hacer el bien. (José F. Smith, Gospel Doctrine, págs. 87-88) El hermano Juan A. Widtsoe agregó el siguiente pensamiento: "Cuando la Iglesia o parte de ella no funciona para el bienestar del hombre, es que no está funcionando debidamente, y deben tomarse las medidas correctivas. Por el contrario, cuando está haciendo el bien al género humano, la Iglesia está en buenas condiciones." (Program of the Ckurch, pág. 17) Este propósito de la Iglesia se puede considerar de dos modos: En la vida del individuo, y en la vida de la sociedad. La Iglesia está procurando despertar en él la fe en Cristo, perfeccionarlo en la fe, ayudarlo a vivir una verdadera vida cristiana, ayudarlo en sus esfuerzos por obtener la vida eterna. En este curso hemos destacado la misión del evangelio y de la Iglesia en la vida del individuo. La Iglesia tiene también una misión social. Está aquí para edificar el reino de Dios, estableciendo una sociedad de hombres que vivirán como Dios quiere que lo hagan. La Iglesia, como cuerpo de personas, dotada de poderes y dones que vienen de Dios, está aquí para representar a Dios y a Cristo sobre la tierra. Decimos con humildad, conscientes de nuestros errores, que es nuestra la misión de establecer una verdadera sociedad cristiana para revelar a la humanidad el significado del evangelio de Jesucristo. Este concepto de la edificación del reino de Dios ha sido una importante fuerza impulsora en la vida de los Santos de los Últimos Días. Muchos de los primeros miembros salieron de Europa y vinieron a América a fin de edificar una sociedad que podría ser llamada Sión, "un lugar donde habita el de corazón puro" y un lugar digno de llevar el nombre del Salvador. Brigham Young dijo: Tenemos un propósito, el cual es hacernos de influencia entre todos los habitantes del mundo para poder establecer el reino de Dios en toda su rectitud, poder y gloria y exaltar su nombre, y hacer que ese nombre, por el cual vivimos, sea reverenciado en todas partes para que El pueda ser honrado, para que sus palabras puedan ser honradas, para que nosotros podamos ser honrados y nos sintamos dignos de ser llamados hijos suyos. (Widtsoe, Discourses of Brigham Young, págs. 671-72) Antes de indicar cómo estamos tratando de llevar a cabo esta misión, consideraremos la autoridad que existe en la Iglesia y su organización.

128

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capítulo 30 EL SACERDOCIO—LA AUTORIDAD DIVINA DE LA IGLESIA
Autoridad, en términos generales, significa el derecho de gobernar o regir. Es esencial cierto grado de autoridad en todas las asociaciones humanas donde haya la más pequeña indicación de orden o cooperación. La Iglesia no es una excepción. Debe tener alguna clase de autoridad. Este hecho hace surgir algunas preguntas interesantes: 1. ¿Qué clase de autoridad se necesita? 2. ¿De dónde se obtiene? 3. ¿Cómo funciona? Si una iglesia no fuera otra cosa más que un cuerpo de hombres organizados para lograr un propósito noble en las vidas de los hombres, entonces su autoridad naturalmente derivaría de sus propios miembros. Si, por otra parte, una iglesia pretende representar a Jesucristo e interpretar su evangelio, y afirma hablar por él, bautizar y confirmar en su nombre, establecer su reino, tal iglesia debe tener alguna autorización o permiso especial de El. Una iglesia divina necesita autoridad divina, un llamamiento divino que la relacione con el Padre y el Hijo, a quienes representa entre los hombres. Estos no estarán de acuerdo en cuanto a la naturaleza de esta autoridad, pero ciertamente es difícil negar el hecho de que los hombres, si van a hablar por Dios, deben haber recibido algún derecho para hacerlo. Para los Santos de los Últimos Días-, la Iglesia es un cuerpo de creyentes, divinamente comisionada y organizada para reprentar a Cristo sobre la tierra. Creemos que la autoridad divina es esencial en la Iglesia de Cristo. En este capítulo presentaremos al lector nuestro concepto de la autoridad o sacerdocio. A fin de hacerlo destacar más, haremos algunas comparaciones y contrastes con otros conceptos cristianos sobre la autoridad. Nuestro deseo y objeto es ser justos y exactos en estas descripciones comparativas, y dejaremos que el lector juzgue sus méritos respectivos. Comparación de algunos conceptos sobre el sacerdocio

I. EL PUNTO DE VISTA DE LA IGLESIA CATÓLICA ROMANA
Los católicos romanos afirman poseer el sacerdocio de Dios. Creen que ha descendido a ellos desde Jesucristo por medio de sucesión apostólica. Según su concepto, Cristo ordenó a Pedro y lo reconoció como el principal de los Apóstoles. Pedro fué el primer obispo de Roma y ordenó a su sucesor al obispado, por medio de quien la autoridad divina ha continuado en Roma, de sucesor a sucesor, hasta el Papa actual. Para los Católicos el sacerdocio es algo real y objetivo que se debe recibir por medio de la ordenación, ceremonia esta en que se recibe de alguien que lo tiene. En esta manera se sigue la línea hasta la fuente original, Jesucristo mismo. Así es como la Iglesia Católica reconoce que la autoridad es necesaria en la Iglesia y que es algo que Cristo dio al hombre.

II. PUNTO DE VISTA TRADICIONAL DE LOS PROTESTANTES
Para Martín Lutero y los otros reformadores, la autoridad de la Iglesia Católica se convirtió en una barrera opresiva que separaba al pueblo y la Biblia, y estaba también entre la gente y Dios. A su modo de ver, Lutero creía que se había granjeado la aprobación divina por sentir interiormente una relación directa con Dios por medio de la fe. El derecho de predicar en nombre de Cristo, según Lutero, lo recibía el cristiano bautizado por medio de un llamamiento interior—el testimonio del espíritu—lo cual lo habilitaba para in-' terpretar la Biblia y apacentar al rebaño. Ningún hombre podía interponerse entre el creyente individual y Dios y Cristo. Aquellos que sintieran con más fuerza el llamamiento y fueran aceptados como predicadores por la congregación, serían reconocidos como ministros de la palabra de Dios. Lutero se formó un concepto de autoridad, que él llamó "el sacerdocio universal de todos los creyentes". Enseñó que todos los hombres que son bautizados (es decir todos los cristianos) son sacerdotes. A ellos les ha sido otorgado el ministerio. El pastor o sacerdote, siendo uno de ellos, recibe su autoridad del cuerpo de cristianos por quienes habla.
129

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO Este deseo de estar libres de toda jerarquía sacerdotal caracteriza a toda la tradición protestante. Los ministros de Dios serían llamados mediante una vocación interior la cual reconocerían sus hermanos cristianos, quienes los nombrarían a su posición pastoral. De acuerdo con este punto de vista* ya no sería necesario seguir la línea del sacerdocio hasta Cristo, por medio del papado y la sucesión apostólica, porque vendría directamente al hombre como un dictado o llamado interior mediante el don de la fe. Cualquier creyente o todos ellos podrían recibir esta vocación. Con esta doctrina de la autoridad, Lutero creyó que había restaurado el sacerdocio otra vez al individuo, de hecho, a todos los creyentes. Para los protestantes el sacerdocio se transformó otra vez en algo más personal y menos institucional y ciertamente algo más democrático en cuanto a su carácter y obtención de lo que ha sido o es hoy en la Iglesia Católica. La doctrina protestante de un sacerdocio universal para todos los creyentes ciertamente procuraba la restauración del sacerdocio al pueblo, y trató de convertir la autoridad divina en algo que se sentía genuina y sinceramente, algo personal, algo propio que venía directamente de Dios. En otro respecto, esta doctrina protestante también ha tendido a debilitar el concepto de la autoridad divina, haciéndola demasiado subjetiva, demasiado personal. Algo que simplemente se siente, que se experimenta interiormente, quizá no sea aceptable a otros. Aun puede dudar de ella el poseedor mismo que no siente la misma certeza a todo tiempo en el desempeño de su ministerio. El sacerdocio tiene poco significado o importancia para la mayoría de las religiones protestantes.

III. EL CONCEPTO DE LOS SANTOS DE LOS ÚLTIMOS DÍAS RESPECTO DE LA AUTORIDAD
Los Santos de los Últimos Días y los Católicos tienen esto en común: Nosotros creemos que el sacerdocio es la autoridad delegada por Dios al hombre, y que se recibe por ordenación de alguien que ha sido ordenado debidamente. Nuestro quinto Artículo de Fe diceí Creemos que el hombre debe ser llamado de Dios, por profecía y la imposición de manos, por aquellos que tienen la autoridad para predicar el evangelio y administrar sus ordenanzas. Para nosotros el sacerdocio es algo real que se delega al hombre, que le confieren de un modo definitivo aquellos que lo llaman a servir a Dios. No dudamos que haya pasajes en la Biblia que se puedan emplear para comprobar cualquiera de las dos posiciones, es decir la del llamado interior o la de la ordenación por quien tiene la autoridad. Nos parece que en los escritos del Nuevo Testamento se manifiesta palpablemente que la autoridad era conferida mediante la ordenación por alguien que la poseía en primer lugar. Cuando Jesús principiaba su ministerio, ... subió al monte, y llamó a sí a los que él quiso; y vinieron a él. Y estableció doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar, y que tuviesen potestad de sanar enfermedades, y de echar fuera demonios. (Marcos 3:13-19) Según el evangelio de San Juan, Jesús dijo a los Doce: No me elegisteis vosotros a mí, mas yo os elegí a vosotros; y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca: para que todo lo que pidiereis del Padre en mi nombre, él os lo dé. (Juan 15:16) Cuando la Iglesia Primitiva comenzaba a crecer y se llamaba a ciertos hombres a ayudar a los Apóstoles que eligió Jesús, el libro de los Hechos menciona repetidas veces que estos hombres eran elegidos y comisionados por aquellos a quienes Jesús había ordenado previamente. Consideremos por ejemplo, la elección de Matías para reemplazar a Judas Iscariote en Hechos 1:15, 21-26, y también el llamado de los siete "varones de buen testimonio" para ayudar a los Doce, en Hechos 6:1-6. Como los protestantes, opinamos que el sacerdocio no debe estar limitado a unos pocos, sino que debe pertenecer a todos los hombres que lo deseen y sean dignos de recibirlo. En la Iglesia de los Santos de los Últimos Días, el sacerdocio no está limitado a ningún grupo profesional. Casi todos los miembros varones de la Iglesia que tienen doce años o más pueden recibirlo. Los que dirigen los varios grados de la organización de la Iglesia son llamados de entre los poseedores del sacerdocio. En resumen, los Santos de los Últimos Días creen que el sacerdocio es la autoridad delegada al hombre
130

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO cuando es ordenado por alguien que la posee, y el cual le da el derecho y el poder de actuar en nombre de Dios por la salvación de los hombres. El gran privilegio y responsabilidad de ser un siervo de Dios no está restringido a unos pocos, ni a los que han recibido preparación especial, sino que está al alcance de todos los hombres de acuerdo con las bases que corresponden al evangelio de Jesucristo.

LO QUE SE REQUIERE PARA OBTENER EL SACERDOCIO
¿Cómo se obtiene el sacerdocio en la Iglesia? ¿Cuáles son los requisitos?

I. HA DE SER MIEMBRO DE LA IGLESIA
El primer requisito es ser miembro de la Iglesia. Tal vez esto nos parece obvio y de poca importancia, y quizá lo sería si no fuera por el hecho que el ser miembro digno de la Iglesia es en sí mismo una maravillosa preparación para llegar a ser siervo de Dios. Un miembro de la Iglesia es una persona que tiene fe en Cristo, está arrepentido y ha dado testimonio de su fe y arrepentimiento por el bautismo y ha recibido el Espíritu Santo que le llena la vida del amor cristiano.** Ya se ha allegado al Señor por la fe y lleva en su corazón un testimonio de la misión de Jesucristo.

II. DIGNIDAD MORAL
Antes que a uno le sea conferido el sacerdocio o cualquier llamamiento en la Iglesia de los Santos de los Últimos Días, es interrogado por alguien de autoridad superior con el espíritu de amor y hermandad, para ver si ser miembro de la Iglesia tiene para él un significado verdadero y genuino, si es moralmente limpio, honrado en sus tratos con los demás hombres, si acepta los ideales y propósitos de la Iglesia y vive en armonía con sus correligionarios y coadjutores. En caso contrario, se suspende la ordenación hasta que esté listo.

III. UN DESEO DE SERVIR
El sacerdocio es un llamado a servir. Trae consigo responsabilidad y oportunidades para dirigir. Por tanto, siempre se le pregunta al candidato si está dispuesto a asumir la responsabilidad y participar sinceramente en la vida de la Iglesia. También se toma en consideración lo que ha hecho antes.

IV. EDAD Y EXPERIENCIA
Hay des sacerdocios en la Iglesia, aunque generalmente uno*es considerado como dependencia del otro: uno es el mayor o de Melquisedec, y el menor o de Aarón. Es una práctica ya de tiempo en la Iglesia, conferir a los muchachos y a los hombres, primero el Sacerdocio Aarónico, y adelantarlos de cuando en cuando dentro de ese sacerdocio. Un jovencito, por ejemplo, que se cría dentro de la Iglesia, es bautizado a los ocho años de edad, y si muestra que es fiel, digno y desea recibir el sacerdocio, se le confiere en la siguiente forma: El Sacerdocio de Aarón Diácono ............................. a los 12 años Maestro .................................a los 14 años Presbítero ...........................a los 16 años En el Sacerdocio Aarónico o menor, el adelanto viene gradualmente, y con cada llamamiento hay nuevas oportunidades para servir, desarrollarse y probar la voluntad del joven para servir. A los 19 años se le puede conferir el Sacerdocio de Melquisedec en el cual no hay adelantos, sino más bien tres llamamientos diferentes: eider, setenta y sumo sacerdote. La edad, la experiencia y el servicio rendido en lo pasado determinan, en parte, el llamamiento de uno al sacerdocio mayor o de Melquisedec. Lo que se requiere para recibir el sacerdocio en la Iglesia va de conformidad con los principios del evangelio, con la fe, el arrepentimiento, la sinceridad, la humildad y el amor. También concuerdan con el propósito de la vida. El carácter cristiano del hombre crece al paso que presta servicio cristiano. Estos requisitos
131

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO están al alcance de casi todos los hombres, porque no tienen ninguna relación con su nacimiento, tradición familiar, oportunidad o aptitud educativa o posición económica. Hay todavía otra razón porque nosotros creemos que en la Iglesia de los Santos de los Últimos Días se confiere el sacerdocio de acuerdo con los deseos de Cristo. Sigue el modelo que El mismo estableció en la Iglesia Primitiva. Jesús no pertenecía a ninguna clase profesional. No bien empezó a predicar cuando sus contemporáneos preguntaron: "¿Cómo sabe éste letras, no habiendo aprendido?" (Juan 7:15) Evidentemente, era algo nuevo, porque hablaba "como quien tiene autoridad, y no como los escribas". Cuando Jesús eligió y ordenó a los Doce El pasó por alto a los escribas y eruditos de su época y seleccionó, entre otros, pescadores, un cobrador de impuestos y un cierto Natanael, en quien no había engaño. Cuando los Doce buscaron la ayuda de siete hombres para auxiliarlos en el trabajo de la Iglesia, encargaron a los santos que buscaran "siete varones de vosotros de buen testimonio, llenos de Espíritu Santo y de sabiduría". La Iglesia Primitiva de Cristo era una Iglesia en la cual no se hacía^ distinción entre los miembros y los clérigos. Se elegía a hombres de circunstancias comunes como siervos de Dios por motivo de su dignidad moral y su habilidad potencial para servir. La descripción que San Pablo hace de la clase de hombre que el obispo debe ser va de acuerdo con este hecho: El que fuere sin crimen, marido de una mujer, que tenga hijos fieles que no están acusados de disolución, o contumaces. Porque es menester que el obispo sea sin crimen, como dispensador de Dios; no soberbio, no iracundo, no amador del vino, no heridor, no codicioso de torpes ganancias: sino hospe-dador, amador de lo bueno, templado, justo, santo, continente; retenedor de la fiel palabra que es conforme a la doctrina: para que también pueda exhortar con sana doctrina, y convencer a los que contradijeren. (Tito 1:6-9) No hay ninguna objeción a que un hombre preparado y educado reciba el sacerdocio. Es tan bien recibido como uno que no está preparado ni educado. Algunas veces aun puede llegar a rendir un servicio particular y excelente como lo hicieron Pablo e Isaías. El hecho es que el sacerdocio no está limitado solamente a la persona educada. Hay otras cosas que son más importantes. Y es loable que los hombres, sea cual fuere su posición en la vida, puedan llegar a tener el privilegio de ser siervos de Dios y trabajar juntos en el ministerio de Jesucristo.

EL ESPÍRITU DEL SACERDOCIO
Los Apóstoles de Jesús ciertamente eran humanos. Aun durante la Ultima Cena, . . . hubo entre ellos una contienda, quien de ellos parecía ser el mayor. Entonces él (Jesús) les dijo: Los reyes de las gentes se enseñorean de ellas; y los que sobre ellas tienen potestad, son llamados bienchores: mas vosotros no así: antes el que es mayor entre vosotros, sea como el más mozo; y el que es príncipe como el que sirve. (Lucas 22:24-26) Este pasaje es representativo de muchos otros que nos aseguran que Cristo quería que sus discípulos ejercieran el sacerdocio de acuerdo con el espíritu del evangelio. También se nos enseña en el Libro de Mormón y en Doctrinas y Convenios que el sacerdocio es esencialmente el poder de Dios dado a los hombres para servir a sus semejantes. Cuando el Salvador apareció en el continente americano y estableció su Iglesia entre el pueblo, dijo: "Benditos sois si prestáis atención a las palabras de estos doce que yo he escogido de entre vosotros, para ejercer su ministerio en bien de vosotros y serviros . . ." (3 Nefi 12:1) Al principio de la historia de la Iglesia, se enseñó a los hombres con qué espíritu debían servir en ella: Y ahora, he aquí, una obra maravillosa está para aparecer entre los hijos de los hombres. Por lo tanto, oh vosotros que os embarcáis en el servicio de Dios, mirad que le sirváis con todo vuestro corazón, alma, mente y fuerza, para que aparezcáis sin culpa ante Dios en el último día. De modo que si tenéis deseos de servir a Dios, sois llamados a la obra; porque he aquí, el campo está blanco, listo para la siega; y he aquí, quien mete su hoz con su fuerza atesora para sí de modo que no perece, sino que obra la salvación de su alma; y fe, esperanza, caridad y amor, con un deseo sincero de glorificar a Dios, lo califican para la obra. Tened presente la fe, la virtud, el conocimiento, templanza, paciencia, bondad fraternal, santidad, caridad, humildad, diligencia. Pedid y recibiréis, llamad y se os abrirá. Amén. (Doctrinas y Convenios 4) El pasaje más hermoso y significativo que conocemos sobre la manera en que el hombre debe ejercitar su sacerdocio lo tenemos también por conducto de José Smith:
132

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO He aquí, muchos son los llamados pero pocos los escogidos. ¿Y por qué no son escogidos? Porque tienen sus corazones de tal manera fijos en las cosas de este mundo, y aspiran tanto a los honores de los hombres, que no aprenden esta lección única: Que los derechos del sacerdocio están inseparablemente unidos a los poderes del cielo, y que éstos no pueden ser gobernados ni manejados sino conforme a los principios de justicia. Cierto es que se nos confieren; pero cuando tratamos de cubrir nuestros pecados, o de gratificar nuestro orgullo, nuestra vana ambición, o de ejercer mando, dominio o compulsión sobre las almas de los hijos de los hombres, en cualquier grado de injusticia, he aquí, los cielos se retiran, el Espíritu del Señor es ofendido, y cuando se aparta, ¡se acabó el sacerdocio o autoridad de aquel hombre! He aquí, antes que se dé cuenta, queda solo para dar coces contra el aguijón, para perseguir a los santos y para combatir contra Dios. Hemos aprendido por tristes experiencias que la naturaleza.y disposición de casi todos los hombres al obtener como ellos suponen, un poquito de autoridad, es empezar desde luego a ejercer injusto dominio. Por tanto, muchos son llamados, pero pocos son escogidos. Ningún poder o influencia se puede ni se debe mantener, en virtud del sacerdocio, sino por persuación, longanimidad, benignidad y mansedumbre, y por amor sincero; por bondad y conocimiento puro, lo que ennoblecerá grandemente el alma sin hipocresía y sin malicia: reprendiendo a veces con severidad, cuando lo induzca el Espíritu Santo, y entonces demostrando amor crecido hacia aquel que has reprendido, no sea que te estime como su enemigo; y para que sepa que tu fidelidad es más fuerte que el vínculo de la muerte. Deja que tus entrañas se hinchen de caridad hacia todos los hombres y hacia la casa de fe, y que la virtud engalane tus pensamientos incesantemente; entonces tu confianza se fortalecerá en la presencia de Dios, y la doctrina del sacerdocio destilará sobre tu alma como rocío del cielo. El Espíritu Santo será tu compañero constante; tu cetro será un cetro inmutable de justicia y de verdad; tu dominio, un dominio eterno, y sin ser obligado correrá hacia ti para siempre jamás. (Doctrinas y Convenios 121:34-46)

RESUMEN
Por vía de resumen, quisiéramos sugerir cuatro aspectos de la doctrina de los Santos de los Últimos Días sobre la autoridad, los cuales pensamos que son especialmente dignos de un análisis cuidadoso. 1. Creemos que el sacerdocio es la autoridad de Dios, real y objetiva, delegada al hombre por medio de alguien que la posee. 2. Creemos que esta responsabilidad y oportunidad debe estar al alcance de todos los hombres. ¡Conviértase cada hombre en un siervo de Dios! 3. Creemos que los requisitos para recibir el sacerdocio deben ir de acuerdo con los principios del evangelio, el propósito de la Iglesia, la propia vida del Salvador y la naturaleza de la autoridad de la Iglesia Primitiva. 4. Creenjbs que el sacerdocio es dado al hombre para que pueda servir a sus semejantes y conducirlos hacia Dios y Cristo.

133

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capítulo 31 ORGANIZACIÓN Y FUNCIONES DEL SACERDOCIO
En el capítulo anterior consideramos los aspectos generales de nuestra doctrina del sacerdocio: su naturaleza, cómo se adquiere y el espíritu con que funciona. Ahora nos ocuparemos en una consideración de su organización y funcionamiento en la Iglesia. Damos a la palabra dos significados: (1) la autoridad de Dios delegada al hombre, y también (2) el cuerpo de hombres que poseen esta autoridad divina. Será preciso que el lector tenga presentes ambos significados.

DOS SACERDOCIOS
Hablamos de dos sacerdocios en la Iglesia: el de Melquisedec y el Aarónico o Levítico. En realidad son dos divisiones del mismo sacerdocio, la autoridad de Dios delegada al hombre. El Sacerdocio de Melquisedec es el mayor y es la autoridad gobernante de la Iglesia, y el Sacerdocio de Aarón es una dependencia y ayuda del anterior.

I. EL SACERDOCIO DE MELQUISEDEC
El Sacerdocio de Melquisedec toma su nombre de un gran sacerdote de los tiempos antiguos, a quien Abrahán pagó diezmos. Antes de eso, según una revelación recibida por José Smith, el sacerdocio era conocido como "el Santo Sacerdocio según el Orden del Hijo de Dios. Mas por respeto o reverencia al nombre del Ser Supremo . . . para evitar la tan frecuente repetición del nombre de Dios, le dieron a ese sacerdocio el nombre de Melquisedec, o sea el Sacerdocio de Melquisedec". Este sacerdocio mayor "tiene el derecho de presidir, y su poder y autoridad se extienden a todos los oficios de la iglesia en todas las edades del mundo". Los hombres que poseen el Sacerdocio de Melquisedec presiden todos los asuntos de la Iglesia. De ellos es la responsabilidad de gobernar la Iglesia, de organizaría y de establecer su régimen y práctica. Es también esencial poseer el Sacerdocio de Melquisedec para poder participar en muchas de las funciones más espirituales de la Iglesia, tales como ordenaciones, administraciones y gran parte de sus ordenanzas. Los hombres que poseen este sacerdocio tienen la responsabilidad principal de enseñar y predicar el evangelio de Jesucristo a los miembros de la Iglesia y a todos los hombres. El trabajo de los misioneros está bajo la dirección de los quórumes presidentes del Sacerdocio de Melquisedec. Los miembros varones de la Iglesia que salen como misioneros poseen este sacerdocio mayor.

II. EL SACERDOCIO DE AARON
El Sacerdocio de Aarón, como lo indica su nombre, se llama así por Aarón, hermano de Moisés, el gran profeta de Israel. De acuerdo con la historia del Antiguo Testamento, Aarón ayudó a Moisés a dirigir al pueblo de Israel.* Aarón y Moisés eran descendientes de Leví, uno de los doce hijos de Jacob. Cuando, bajo la dirección de Moisés, Israel se estableció como nación y fué conducido de Egipto hasta Canaán, la responsabilidad de efectuar las funciones del sacerdocio fué confiada a la tribu de Leví por medio de Aarón. Más tarde, cuando los israelitas vencieron y se establecieron en Palestina, no se dio a los hijos de Leví herencia en la tierra como a las otras tribus, sino que fueron esparcidos entre sus hermanos para que pudieran llevar a cabo las funciones sacerdotales por todo Israel. Por medio de las revelaciones modernas se ha dado a saber que el Sacerdocio de Melquisedec fué quitado de la tierra con Moisés, y que los hombres no 16 tuvieron en forma general desde el tiempo de Moisés hasta la venida de Cristo. Durante este período continuó y funcionó el Sacerdocio de Aarón en lo que le correspondía. El Sacerdocio de Aarón es una dependencia del Sacerdocio de Melquisedec. Aquellos que lo poseen obran bajo la dirección de los que tienen el Sacerdocio mayor y ayudan a éstos en sus funciones en la Iglesia. Los poseedores del Sacerdocio de Aarón obran especialmente por el bienestar temporal de la Iglesia, como
134

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO veremos en seguida al considerar los varios llamamientos que hay dentro de esta división del sacerdocio.

EL QUORUM DEL SACERDOCIO
Un hombre que posee el sacerdocio, ya sea el de Aarón o el de Melquisedec, pertenece a un quorum, un grupo de hombres que poseen el mismo oficio en el sacerdocio que aquél tiene y residen en la misma rama, estaca o misión. El sacerdocio funciona en la vida del poseedor como individuo y como miembro de su quorum. El hombre que posee el sacerdocio en la Iglesia tiene una responsabilidad para consigo mismo, para con la Iglesia, para con Cristo y el Padre y también para con sus asociados del mismo quorum al cual pertenece. En toda la Iglesia, en todas sus divisiones geográficas, donde quiera que haya el número suficiente de hombres para hacerlo, se organizan en quó-rumes. Hasta donde lo sabemos, únicamente en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se lleva esto a cabo. Es interesante y merece nuestra consideración. ¿Por qué tenemos quórumes del sacerdocio?

I. EL PROPOSITO DE UN QUORUM DEL SACERDOCIO
Se aconsejó a la Iglesia por revelación que organizara a los poseedores del sacerdocio en quórumes, con sus oficiales presidentes. Según esta revelación, y por la experiencia de más de un siglo de estar funcionando los quórumes, el propósito del quorum se puede dividir en tres partes. 1. Los hombres se organizan en quórumes para que puedan estudiar el evangelio y prepararse para enseñarlo y predicarlo. En él también aprenden los otros deberes precisos del oficio y llamamiento particular que tienen en el sacerdocio y se preparan por medio del estudio y la práctica para cumplir con sus responsabilidades en cuanto a dicho sacerdocio. Con este propósito los miembros de cada quorum se reúnen semanalmente, bajo la dirección de los oficiales del quorum y los que han sido designados para instruirlos, a fin de que puedan aprender sus deberes y cómo llevarlos a cabo. 2. La segunda función del quorum es hacer el trabajo de la Iglesia, como cuerpo de hombres, unidamente, cuando los llama con tal fin quien los preside. En la Iglesia se hacen muchas asignaciones al quorum del sacerdocio, algunas de carácter práctico y otras espiritual. Por ejemplo, un quorum podrá tener un proyecto agrícola por medio del cual recogen alimentos para los necesitados de la Iglesia; o se les podrá asignar que visiten algún hospital de la comunidad todas las noches, durante un mes, para ungir y bendecir a los enfermos y afligidos. Un grupo de hombres puede efectuar una obra mayor que la del individuo que trabaja separadamente. Los quórumes están para servir a la Iglesia y a sus semejantes con toda la fuerza del grupo. 3. El tercer propósito importante del quorum es la hermandad entre sus miembros. Tiene por objeto ser una fraternidad o hermandad de hombres en Cristo. El quorum del sacerdocio de la Iglesia es de mucho valor y encierra una gran fuerza potencial para el desarrollo de la hermandad cristiana. Sus vínculos son el evangelio de Jesucristo con su principio de amor. Su trabajo es altamente espiritual y moral en cuanto a espíritu y propósito, pero también práctico y concreto en cuanto a hechos. Cada quorum tiene la responsabilidad de salvaguardar y mejorar el bienestar personal de cada miembro y su familia. El presidente del grupo puede y debe conocer a cada miembro de su quorum, su familia, ocupación, estado de salud, circunstancias y acontecimientos que influyen en su bienestar. El presidente cuenta con los recursos de todos los miembros del quórum a fin de ver que se imparta ayuda a cada miembro en lo que ha menester, ya se trate de sus necesidades diarias o en una emergencia o tragedia, así como en asuntos materiales y espirituales. Ningún miembro del sacerdocio debe sentir que anda solo. El quorum del sacerdocio tiene como objeto hacer nacer en cada hombre y su familia ese sentimiento tan importante de que pertenece a otros seres humanos que lo necesitan, sostienen y aman. En lo que concierne a la práctica, no vivimos de acuerdo con el ideal como deberíamos. Algunos hombres son inactivos y no sienten la responsabilidad que tienen para con el grupo. Otros son solamente medio activos. Otros son activos, pero dan más atención a otros intereses que a las responsabilidades del quorum. Sin embargo, en los quórumes de la Iglesia se ha desarrollado suficiente hermandad para demostrar la prudencia y la gran fuerza potencial a favor del bien, que resultan de la organización de estos siervos de Dios, poseedores de su santo sacerdocio, en grupos que llamamos quórumes. Haremos un bosquejo de los quórumes del sacerdocio de la Iglesia e indicaremos la organización, número y deberes particulares en el sacerdocio de cada uno de los
135

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO oficios que hay en la Iglesia.

II. LOS QUÓRUMES DEL SACERDOCIO DE AARON
1. Diáconos.—El primer oficio del Sacerdocio de Aarón es el de diácono. Un diácono tiene el privilegio de repartir el sacramento de la Santa Cena a los miembros. También debe ayudar al obispo que preside el Barrio, nombre dado a la comunidad de los Santos de los Últimos Días, en todos los asuntos temporales de la Iglesia. Los diáconos ayudan a conservar en buen estado el lugar donde se reúnen, así como el terreno, trabajan por las viudas, ancianos y necesitados de la comunidad y desempeñan otros proyectos prácticos bajo la dirección del obispo del Barrio. Un quorum de diáconos se compone de doce miembros, incluso un presidente y dos consejeros. Se re-unen semanalmente para estudiar el evangelio, informar sobre las tareas cumplidas y planear el trabajo que se ha de realizar más adelante. Actúan directamente bajo la dirección del obispado del Barrio. Actualmente se acostumbra ordenar a los muchachos de doce años que son de carácter digno y están dispuestos a servir. Les es dado el oficio de diácono y generalmente actúan en este llamamiento por dos años. 2. Maestros.—El segundo oficio del Sacerdocio de Aarón es el de maestro. Un maestro tiene el derecho y el privilegio de cumplir con todas las tareas de un diácono. En realidad, tiene la misma responsabilidad que el diácono en ayudar al obispo en todos los asuntos materiales del Barrio. Además, ha de ser maestro visitante. Acompañado de un hermano que tenga el Sacerdocio de Melquisedec, que será su compañero mayor, cada mes visita a varias familias de la rama. El propósito de estas visitas es representar al presidente de la rama o el obispo, comunicar a los miembros el mensaje que tenga para ellos, preguntar acerca de su salud y bienestar y enseñar y servir a estas familias de acuerdo con los dictados de la inspiración y las instrucciones del obispo o presidente de rama. El quorum de maestros se compone de veinticuatro miembros, incluso el presidente del quorum y sus dos consejeros. Funciona el quorum en la misma forma que el de diáconos. En la Iglesia los joven-citos que lo merecen son ordenados a la edad de catorce años y pasan dos años en este llamamiento. 3. Presbíteros.—El tercer llamamiento y el más alto dentro del Sacerdocio de Aarón es el oficio de presbítero. Un presbítero tiene la autoridad y derecho de desempeñar cualquiera de las funciones del diácono o del maestro. Con éstos comparte, bajo la dirección del obispo, la responsabilidad de atender a los asuntos físicos de la rama, sus edificios, proyectos y las necesidades de sus miembros. Además, recibe por primera vez en su experiencia dentro del sacerdocio, el privilegio de bendecir el sacramento de la Santa Centa, y también de bautizar a los convertidos. Estas son dos de las ordenanzas más sagradas y espirituales de la Iglesia. Sobre el presbítero también recae una responsabilidad mayor de enseñar, aprender y predicar el evangelio de Jesucristo. El quorum de los presbíteros está integrado por cuarenta y ocho miembros, a quienes preside el obispo de un Barrio, pues ha sido designado como presidente del quorum. Nombra a los miembros del quorum que le ayudarán como secretarios y directores de comités. Los jóvenes son ordenados presbíteros a la edad de dieciséis años y generalmente sirven en este oficio hasta los diecinueve años. El obispo del Barrio, con la ayuda de sus consejeros, preside a todo el Sacerdocio de Aarón del Barrio, y tiene la responsabilidad de velar por la orientación y desarrollo de la vida moral y espiritual de los jóvenes de su barrio. El presidente de una rama, sin embargo, no tiene esta facultad, pues solamente un sumo sacerdote está autorizado para oficiar en este respecto.

III. LOS QUORUMES DEL SACERDOCIO DE MELQUISEDEC
Hay también tres quórumes en el Sacerdocio de Melquisedec de la Iglesia. Sin embargo, éstos no representan grados del sacerdocio, sino llamamientos especiales de igual autoridad. Por ejemplo, un humilde eider de la Iglesia tiene el mismo sacerdocio que el presidente de la misma, pero su llamamiento es diferente. Puede participar en los ritos básicos de la Iglesia y recibir revelación para su obra particular en ella, aun como el Presidente en sus responsabilidades.

1. Elderes.—Cuando a una persona le es conferido el oficio de eider en la Iglesia, recibe con ello la
autoridad del Sacerdocio de Melquisedec. Puede desempeñar todas las funciones, ya señaladas, del Sacerdocio
136

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO de Aarón. Además, ahora tiene un llamamiento más espiritual. Puede confirmar a la gente como miembros de la Iglesia y conferirles el don del Espíritu Santo; puede ordenar como eideres a otras personas y ungir y bendecir a los enfermos por la imposición de manos. Asume una responsabilidad mayor de enseñar y predicar el evangelio, y dirigir las distintas organizaciones y funciones dentro de la Iglesia cuando es llamado. El quorum de eideres está compuesto de noventa y seis miembros, a quienes presiden un presidente y dos consejeros. Se reúnen frecuentemente con el objeto de llevar a cabo los tres propósitos especiales que hemos mencionado. Son un cuerpo de hombres, casados y solteros, de todo género de ocupaciones, que se juntan para fraternizar en la obra del Señor.

2. Setentas.-—Estos hombres, como los eideres, tienen todos los privilegios y responsabilidades generales del Sacerdocio de Melquisedec. Su llamamiento especial y característico es ser misioneros, estar listos a cualquier momento para llevar el evangelio a otros. Desempeñan un papel muy importante en la obra misional de la Iglesia, así en su país como en el extranjero. El quorum de los setenta es singular en su organización. Lo presiden siete presidentes, que son parte de los setenta. Sus propósitos básicos son los mismos que los del quorum de eideres, con excepción de esta tarea especial de prepararse para servir como misioneros. Estos quorumes también acostumbran sostener a un misionero en el campo de la misión. 3. Sumos Sacerdotes.—Estos hombres comparten con los eideres y los setenta la autoridad del Sacerdocio de Melquisedec, y el privilegio de ejercer todas sus funciones. El llamamiento especial de un sumo sacerdote es presidir. Por lo tanto, en la Iglesia, los hombres que son llamados a posiciones tales como obispos, sumos consejeros y presidentes de estacas, apóstoles, patriarcas y presidente de la Iglesia, o ya son sumos sacerdotes, o son ordenados sumos sacerdotes antes de asumir alguna de estas posiciones. En cada estaca de la Iglesia hay un quorum de sumos sacerdotes, bajo un presidente y dos consejeros. A diferencia de los otros quorumes, éste no está limitado a un número determinado de hombres. Está integrado principalmente por hombres mayores y de más experiencia en la Iglesia, hombres que han servido fielmente en otros llamamientos del sacerdocio.

IV. QUORUMES ESPECIALES DENTRO DEL SACERDOCIO DE MELQUISEDEC
Los quorumes de elderes, setentas y sumos sacerdotes son quorumes generales que se encuentran en los barrios y estacas de la Iglesia. Hay cientos de quorumes en cada una de estas divisiones. En la Iglesia hay también tres quorumes que dirigen los asuntos de toda la Iglesia. Son las autoridades generales de la Iglesia cuya organización y funciones especiales difieren de las de los quorumes que acabamos de describir. 1. El Quorum de la Primera Presidencia, que está constituido por tres sumos sacerdotes, el presidente de la Iglesia y dos consejeros, preside o dirige a todo el Sacerdocio de Melquisedec de la Iglesia. Guía y administra a todo el sacerdocio de la Iglesia, así como todos los asuntos y organizaciones de la misma. 2. El Quorum de los Doce se compone de doce apóstoles, iguales en cuanto a autoridad que la Primera Presidencia, pero obran bajo su dirección en la administración de los asuntos de la Iglesia. Estos hombres son llamados para ser testigos especiales de Jesucristo. Velan por la Iglesia en el país y en el extranjero. 3. El Primer Consejo de los Setenta está integrado por siete presidentes de los setenta, cuyo deber es ayudar a los Doce y a la Primera Presidencia, especialmente en el trabajo misional de la Iglesia. En esta obra también colaboran directamente con los quorumes de setenta de la Iglesia. En los capítulos siguientes hablaremos más del gobierno de la Iglesia y de las responsabilidades de sus autoridades generales. Se han mencionado aquí en su calidad de quorumes y para indicar que ellos son quienes presiden el sacerdocio de la Iglesia.

EL DERECHO DE EJERCITAR EL SACERDOCIO
No es lo mismo poseer el sacerdocio que tener el derecho de usarlo. Uno de los apóstoles, el finado John A. Widtsoe, destaca esta distinción: Todo hombre que posee el sacerdocio puede ejercitar su poder para su beneficio y el de su familia. Puede
137

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO buscar revelaciones para su propia orientación; puede ungir y bendecir a los de su familia; enseñar, amonestar y bendecirlos y puede dar testimonio de la verdad del evangelio y tratar de ayudar a sus semejantes. En todo esto tendrá la ayuda de su sacerdocio. Pero, ningún hombre puede ejercer el poder del sacerdocio para la Iglesia si no ha sido comisionado por aquellos que tienen las llaves del sacerdocio, es decir, aquellos que son llamados a posiciones administrativas. (Program of the Church, págs. 136-137) En la Iglesia hay un orden administrativo que le permite al sacerdocio funcionar ordenadamente, con propósito y eficacia. De esto hablaremos en el próximo capítulo.

138

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capítulo 32 ¿LA ORGANIZACIÓN DE LA IGLESIA
En cuanto a la estructura y carácter de su organización, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es única. Es variada, diversa y compleja y al mismo tiempo, bien constituida y sumamente centralizada. En este capítulo explicaremos primero sus rasgos principales y luego presentaremos algunas de sus características más importantes.

DIVISIONES ECLESIÁSTICAS
Cuando la Iglesia se halla bien establecida en alguna región, y cuenta con un número considerable de Santos de los de los Últimos Días, se organizan en lo que llamamos barrios y estacas. Cada barrio es una comunidad de la Iglesia, comparable en ciertos aspectos a las parroquias de algunas denominaciones. Cierto número de barrios, generalmente de cinco a diez, constituyen una estaca de Sión. En enero de 1956, había 1835 barrios, organizados en 224 estacas, en toda la Iglesia. Cada año, a medida que la Iglesia va avanzando, se organizan nuevos barrios y estacas, al paso que aumenta el número de miembros por medio del crecimiento natural y la labor misionera. En los campos misioneros, donde la Iglesia aún no se halla establecida con gran número de miembros, tenemos otra organización eclesiástica muy parecida a la que ya hemos descrito. Allí la comunidad de la Iglesia es llamada rama. Varias ramas constituyen un distrito, y los distritos combinados forman una misión de la Iglesia: Desde el principio de nuestra historia, los Santos de los Últimos Días han sido misioneros; han proclamado el mensaje del evangelio restaurado de Jesucristo en todas las naciones en donde lo permiten las condiciones políticas. La obra misionera se lleva a cabo entre los que son cristianos y los que no lo son. Tenemos misiones en casi todos los países libres de Europa, en ambas Américas, en las Islas del Pacífico, la China y el Japón. El Io. de abril de 1955, había 1696 ramas en 42 misiones de la Iglesia. Cuando el número de Santos de los Últimos Días aumenta lo suficiente en las ramas y distritos de las misiones, entonces se organizan barrios y estacas. Como el programa de la Iglesia en las misiones es parecido al de las estacas, limitaremos 1» descripción del programa de la Iglesia a estas últimas para evitar la repetición.

I. EL BARRIO
El barrio es la unidad básica, la comunidad humana de la Iglesia. Los miembros de la Iglesia, junto con muchos otros (generalmente alrededor de 600), pertenecen a un barrio. Como la sinagoga judía, el barrio de los Santos de los Últimos Días es una escuela religiosa, centro social y fraternal, y casa de oración. El típico centro de reuniones de la Iglesia indica estas tres partes de su programa, pues tiene aulas, facilidades recreativas y una capilla. El director de un barrio es conocido como el obispo. La presidencia de la estaca, bajo la cual presta sus servicios, lo recomienda para la posición, y las autoridades generales lo llaman y ordenan. El obispo no recibe salario por su trabajo en la Iglesia y cumple con estas pesadas responsabilidades de su oficio y llamamiento además de la tarea de ganar el sustento para su familia y ser un padre para con los de su propia casa. Las estipulaciones de San Pablo sirven de norma, a la cual se ciñen aquellos que llaman y eligen a estos hombres: Porque es menester que el obispo sea sin crimen, como dispensador de Dios; no soberbio, no iracundo, no amador del vino, no heridor, no codicioso de torpes ganancias; ¡sino hospedador, amador de lo bueno, templado, justo, santo, continente; retenedor de la fiel palabra que es conforme a la doctrina: para que también pueda exhortar con sana doctrina, y convencer a los que contradijeren. (Tito 1:7-9) Entre los Santos de los Últimos Días el obispo es un sumo sacerdote del Sacerdocio de Melquisedec, que también es ordenado obispo. Lo ayudan dos consejeros, también sumos sacerdotes, que él ha elegido, pero con la aprobación de aquellos que son sus superiores. Estos hermanos ocupan sus puestos (usual-mente cinco años)
139

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO hasta que son relevados y entonces se les llama a otra posición en la Iglesia.

EL PROGRAMA DEL BARRIO
El obispado organiza a los miembros del barrio de acuerdo con varias formas y procedimientos establecidos de la Iglesia, a fin de ayudarlos a satisfacer sus necesidades como humanos y como discípulos de Jesucristo. El programa es demasiado extenso y complejo, y no se puede describir en un solo lugar. (Por lo pronto no podemos hacer más que bosquejar algunas de las funciones principales del barrio y dejar otros puntos del programa para los capítulos subsiguientes.) El obispo es el pastor del rebaño. Es a la vez un director espiritual y temporal que tiene la responsabilidad del completo bienestar de cada persona que pertenece a su comunidad eclesiástica. Es conocido como "juez común de Israel". Puede dividirse su trabajo en dos grandes categorías: (1) Conocer a sus miembros y mantenerse en contacto con ellos, y (2) ayudarlos a satisfacer sus necesidades materiales y espirituales. Desde luego se desprende que le es imposible mantenerse constantemente en contacto con un grupo de 100 a 300 familias. Para ayudarlo en esta obra, la Iglesia llama por medio de revelación a varios miembros del sacerdocio para que sean maestros visitantes, los cuales visitan a los santos en sus hogares mensualmente, como representantes del obispo, para enseñar, alentar, enterarse de sus necesidades y ser hermanos y amigos. Estos maestros visitantes comunican la situación al obispo, el cual se guía hasta cierto punto por sus informes.

I. LA OBRA DEL SACERDOCIO
El obispo preside directamente a los miembros del Sacerdocio de Aarón que pertenecen a su barrio, así como todas las funciones que desempeñan los poseedores de este sacerdocio, como los bautismos, el sacramento de la Cena del Señor, los maestros visitantes y el cuidado de las necesidades físicas y materiales de las familias y personas que viven en su comunidad eclesiástica. Los quórumes del Sacerdocio de Melquisedec no están bajo la dirección inmediata del obispo, sino bajo la superintendencia directa de las autoridades de la estaca y las generales. Sin embargo, estos quórumes suelen reunirse como grupos en su barrio y con gusto cumplen con las responsabilidades que les señala el obispo. De hecho, como miembros del barrio, están individualmente bajo su dirección.

II. EL PROGRAMA AUXILIAR
En el curso de nuestra historia, se han establecido en la Iglesia varias organizaciones para satisfacer las necesidades de nuestros miembros. Se les dice auxiliares, porque son ayudas para el sacerdocio en la edificación del Reino de Dios. Haremos una lista de ellas con una breve declaración de su propósito: A. La Sociedad de Socorro. Esta es una organización de las mujeres de la Iglesia, dirigida por una presidenta y dos consejeras, cuyo propósito es: 1. Prestar servicio amoroso a los necesitados, enfermos y afligidos, y a todos aquellos que lloran. 2. Capacitar a la mujer para que sea más devota y eficaz en su papel de esposa, madre y ama de casa. 3. Traer mayor conocimiento, cultura y urbanidad a las vidas de sus miembros. 4. Fortificar a las mujeres de la Iglesia en su fe y en su calidad de discípulas de Cristo. 5. Alentar a sus maridos e hijos a hacer buenas obras, y cumplir con sus obligaciones en el sacerdocio y la Iglesia. B. La Escuela Dominical. Esta organización se reúne cada domingo por la mañana, y es la única organización auxiliar que abarca todas las edades. Sus propósitos son: 1. Ayudar a la gente a aprender a adorar a Dios y tratar con reverencia las cosas sagradas y santas. 2. Enseñar a la gente el evangelio de Jesucristo en tal manera que aumentará su fe y vivirá de acuerdo con sus enseñanzas. C. La Asociación Primaria. Esta organización sereúne durante la semana, y es para los niños menores de doce años. Sus propósitos son semejantes a los de la Escuela Dominical, aunque se hace mayor hincapié en la
140

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO sociabilidad y tiene una variedad de actividades prácticas, propias para una tarde de entre semana. La Asociación Primaria tiene interés particular en la preparación de los niños y las niñas para bautizarse en la Iglesia a la edad de ocho años y la recepción del sacerdocio, por parte de los niños, a los doce años. D. La A.M.M. Esta abreviatura significa la Asociación de Mejoramiento Mutuo. Tiene divisiones para hombres y mujeres y una clase para adultos. La A.M.M. prepara la mayor parte de su programa para la juventud de la Iglesia desde la edad de doce años hasta que se casan. Los jóvenes, hombres así como mujeres, se reúnen para tener sus programas, algunas veces separados, otras juntos. Como fines de la A.M.M. pueden enumerarse los siguientes: 1. Fortalecer la fe en Dios, en Jesucristo y en el programa de la Iglesia. 2. Proveer un ambiente ideal para la vida social y la amistad bajo la influencia del evangelio y de la Iglesia. 3. Desarrollar la personalidad y el carácter de la juventud por medio de la expresión en todos los aspectos sanos de la vida: educación, recreo, cultura, servicio y reverencia. La A.M.M. continúa la obra de la Primaria en cuanto a actividades durante la semana con objeto de lograr mayor desarrollo de los miembros jóvenes de la Iglesia. La gente de más edad es recibida cordial-mente, pues hacen falta en la A.M.M. para equilibrar y sostener el programa. III. FUNCIONES GENERALES Además de los programas del sacerdocio y de las auxiliares que funcionan en los barrios, hay otras actividades de carácter más general. Cada domingo el obispo prepara y dirige un servicio sacramental, en el curso del cual los miembros de la Iglesia tienen el privilegio de participar del sacramento de la Santa Cena. Es una reunión sagrada en la que renovamos nuestra fe en Cristo, adoramos a Dios y nos alentamos el uno al otro por medio de sermones a vivir de acuerdo con el evangelio de Jesucristo. El obispo también idea y dirige varias otras actividades de la Iglesia, en las cuales participa todo el barrio para llevarlas a cabo, entre ellas, proyectos del plan de bienestar, planes para edificar, investigación genealógica, trabajo del templo y proyectos cívicos de importancia para la Iglesia.

IV. LA ESTACA
Ya hemos dicho que los Santos de los Últimos Días son miembros de un barrio, la comunidad eclesiástica. Un número de barrios forman una estaca, que es una unidad administrativa, establecida para guiar e integrar las actividades de los barrios y los quóru-mes del sacerdocio dentro de su jurisdicción. Los oficiales de la estaca representan un vínculo entre los barrios y las autoridades generales de la Iglesia. La presidencia de la estaca, con las recomendaciones y ayuda del sumo consejo, preside y dirige todos los asuntos de los barrios de la estaca. Por supuesto, al obispo se le concede amplia consideración e iniciativa en la dirección de los asuntos del barrio. Preside a la Iglesia un Presidente y Profeta, así como Moisés fué el director de los hijos de Israel. El es a la vez cabeza administrativa de la Iglesia y el profeta de Dios para con su pueblo. Lo ayudan dos consejeros, los que, junto con él, forman el quorum de la Primera Presidencia de la Iglesia. La Primera Presidencia es el cuerpo administrativo más alto de la Iglesia. Los Doce Apóstoles tienen igual autoridad que la Primera Presidencia, pero actúan bajo la dirección de ésta. Llamados como testigos especiales de Jesucristo, los apóstoles, bajo la dirección de la Primera Presidencia, dirigen los asuntos de la Iglesia en todo el mundo. Visitan las estacas y misiones de la Iglesia continuamente y se reúnen regularmente con la Primera Presidencia para considerar el bienestar de la Iglesia. Se ha llamado a algunos Ayudantes de los Doce para que presten auxilio al Consejo de los Doce en sus extensas responsabilidades. El Primer Consejo de los Setenta es llamado a obrar especialmente en el trabajo misional de la Iglesia, bajo la dirección de los quórumes ya nombrados. El Patriarca de. la Iglesia, junto con los Apóstoles y la Primera Presidencia, tiene el llamamiento de profeta, vidente y revelador de la Iglesia. Su función particular es bendecir a los miembros de los misma, como los
141

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO patriarcas del Antiguo Testamento daban bendiciones a su posteridad. El Obispado General dirige la obra del Sacerdocio de Aarón de la Iglesia y, bajo la dirección de la Primera Presidencia, se hace cargo de los asuntos económicos, como la recolección de diezmos y ofrendas, la construcción y mantenimiento de edificios, templos y todo otro problema material de la Iglesia. Aunque esta exposición de la organización de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días no ha sido completa, quizá dará una idea general. Examinemos ahora algunos de los aspectos básicos que caracterizan la organización de la Iglesia como unidad. Algunos son singulares en extremo.

CARACTERÍSTICAS GENERALES I. EL SACERDOCIO GOBIERNA LA IGLESIA
En la dirección de la Iglesia es esencial la autoridad divina o sacerdocio. Los hombres son llamados y ordenados antes de asumir posiciones administrativas de importancia en la Iglesia. El Presidente de la Iglesia posee todas las llaves, poderes y autoridad depositados en el Sacerdocio de Melquisedec. Los otros oficiales de la Iglesia reciben la autoridad correspondiente al oficio al cual son llamados. Esta autoridad debe poseerse y ejercitarse con humildad y amor para la salvación de los hombres, pero al mismo tieiWP0 funciona dentro de un sistema ordenado de autoridad delegada. En la Iglesia prestan sus servicios muchas mujeres y señoritas, especialmente en las organizaciones auxiliares. Bajo la dirección general del sacerdocio, presiden la Sociedad de Socorro, la Primaria y Ia Asociación de Mejoramiento Mutuo para Mujeres Jóvenes, y también dan ayuda de valor incalculable a las Escuelas Dominicales de la Iglesia.

II. TRAS EL CONSEJO SE HACEN LAS COSAS
Un versículo de los Proverbios dice así: "Los pensamientos son frustrados donde no hay consejo; mas en la multitud de consejeros se afirman." (15:22) La organización de la Iglesia se centraliza en la persona de su Profeta y Presidente. Sin embargo con raras excepciones, todos los que ocupan puestos de responsabilidad en la Iglesia obran con dos consejeros. El Presidente de la Iglesia, los de las Estacas de Sión, el obispo de cada barrio, el presidente de cada quorum, misión y organización auxiliar de la Iglesia, sirve con dos consejeros. Esto quiere decir que la cabecera de la Iglesia y cada una de las organizaciones que comprende tienen la ayuda, sostén, sabiduría, fraternidad e inspiración de por lo menos otras dos personas que él o ella ha elegido. Entre los Santos de los Últimos Días, ninguno está solo cuando trabaja por la Iglesia. Obramos juntos, nos aconsejamos y gozamos de este sistema eficaz y divinamente inspirado, y lo agradecemos.

III. EN LA IGLESIA TODOS PUEDEN TRABAJAR
En la Iglesia de los Santos de los Últimos Días no hay distinción entre laicos y clérigos. No tenemos clero. Obreros, doctores, abogados, hombres de negocios, senadores, diputados y las Autoridades de la Iglesia—todos tienen el mismo sacerdocio, el cual ejercitan en sus diferentes llamamientos dentro de la Iglesia. Así como Jesús eligió pescadores, a Mateo, el cobrador de impuestos, y a Natanael, "en el cual no hay engaño", para hacerlos sus apóstoles, la Iglesia de los Santos de los Últimos Días llama a agricultores, hombres de negocios, educadores, abogados, doctores e ingenieros para ser maestros, directores del sacerdocio, obispos, presidentes de estaca y apóstoles en la Iglesia. Y después de ser llamados a estas posiciones de responsabilidad, siguien siendo uno del pueblo, usando la misma ropa, rindiendo obediencia a los mismos principios y perteneciendo a los mismos barrios. En este sentido la Iglesia de los Santos de los Últimos Días es una iglesia laica, en la que todos los hombres son llamados a servir, así como un gran número de mujeres. En un barrio típico de seiscientos miembros, la tercera parte de ellos—doscientas personas—ocuparán alguna posición, ya como maestros o ya como oficiales o miembros de algún comité. De cuando en cuando son relevados de su cargo. Con el transcurso de los años, los miembros de la Iglesia pueden adquirir una experiencia variada y rica como directores y en el campo de las relaciones humanas.
142

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO Este carácter laico de la Iglesia no deja de tener sus limitaciones al llevarse a la práctica. El servicio voluntario no siempre se realiza concienzudamente. Las personas sin preparación adecuada pueden fracasar como maestros o en posiciones de responsabilidad. Vivimos en una edad profesional, que es en sí un interesante problema para cualquier iglesia en la que prestan sus servicios aquellos que carecen de preparación. Sin embargo, hay muchos aspectos de este carácter laico que agradecemos los que hemos nacido en la Iglesia. Todo su trabajo se hace voluntariamente y sin recibir pago; se lleva a cabo gratuita y gozosamente por el deseo de servir. Esto va de acuerdo con el evangelio de Jesucristo. Hombres y mujeres de diversas ocupaciones aprenden el significado de la fe, humildad, amor y compasión, no por oírlo solamente, sino por experiencia personal. Los hombres aprenden lo que es fe, hallándose en una posición donde tienen que vivir por fe y también por la humildad y el amor. La Iglesia pone a los hombres a trabajar, les da responsabilidades que se adaptan a su habilidad y necesidades. Los Santos de los Últimos Días estudian porque instruyen a otros. Oran, porque sus responsabilidades son más grandes que su habilidad. En cualquier momento se les puede llamar a que oren, o bendigan a un vecino o ayuden a edificar una casa para una viuda. Mediante estas experiencias se desarrolla la humildad y se aumenta el amor, la paz y la buena voluntad entre los hombres. La organización de la Iglesia y su funcionamiento presupone la fe en Dios y la inspiración del Espíritu Santo, por parte de sus miembros. La creencia de los Santos de los Últimos Días en este respecto se halla expresada en las palabras de un joven profeta de nombre Nefi, del cual leemos en el Libro de Mormón que dijo: "Iré y haré lo que el Señor ha mandado, porque sé que él nunca da ningún mandamiento a los hijos de los hombres sin prepararles la vía para que puedan cumplir lo que les ha mandado." (I Nefi 3:7) Los Santos de los Últimos Días se conocen el uno al otro. No son una congregación, sino una comunidad que goza de un abundante compañerismo bajo los auspicios de la Iglesia. En la Iglesia hay muchas cosas importantes que hacer, ya sea para los jóvenes, los adultos, muchachos, señoritas, hombres o mujeres. Hay compañerismo para todos en los fines espirituales y recreativos que se siguen.

IV. NUESTRA META: UNA VIDA COMPLETA PARA EL HOMBRE
La organización de la Iglesia abarca un abundante programa, preparado para satisfacer cada una de las necesidades humanas en esta vida y en la otra. El propósito de la Iglesia hoy día es casi el mismo que el Libro de Mormón describe: Y después de ser recibidos por el bautismo, y el poder del Espíritu Santo hubo obrado en ellos y los hubo purificado, eran contados entre los miembros de la Iglesia de Cristo; y se inscribían sus nombres, a fin de que se hiciese memoria de ellos y fuesen nutridos por la buena palabra de Dios, para guardarlos en el recto camino y hacerlos atender a sus oraciones sin cesar, confiando solamente en los méritos de Cristo, que era el autor y consumador de su fe. Y la iglesia se reunía a menudo para ayunar y orar, y para hablar unos con otros concerniente al bienestar de sus almas. Y se juntaban con frecuencia para participar del pan y vino, en memoria del Señor Jesús. Y vigilaban cuidadosamente a fin de que no hubiese iniquidad entre ellos; y al que hallaban que había cometido iniquidad, y era condenado ante los eideres por tres testigos de la iglesia, y no se arrepentía ni confesaba, borraban su nombre, y no era contado entre el pueblo de Cristo. Pero cuantas veces se arrepentía, y pedía perdón con verdadera intención, se le perdonaba. Y los de la iglesia dirigían sus reuniones de acuerdo con las manifestaciones del Espíritu, y por el poder del Espíritu Santo; porque conforme a lo que el Espíritu Santo les indicaba, ya fuese a predicar, exhortar, orar, suplicar o cantar, así se hacía. (Moroni 6:4-9)

143

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capítulo 33 EL GOBIERNO DE LA IGLESIA
Gobierno, ya sea en la familia, estado o la iglesia, es el derecho que tienen una persona o personas de ejercitar poder, autoridad o dominio sobre otras. La forma exacta de gobernar en la vida es extremadamente variable. Aun dentro del mismo gobierno hay siempre un cambio constante. A través de la historia, siempre ha habido en la vida política una lucha enconada por el poder, resultando en que hemos llegado a conocer todas las formas de gobierno, desde la dictadura absoluta de un individuo o un grupo, hasta la democrática autonomía del pueblo en una comunidad pequeña. La tendencia general en los últimos siglos en Europa y América, y en Asia, hoy, ha sido hacia una forma democrática de autonomía, interrumpida periódicamente por alguna forma de dictadura por parte de un individuo o un grupo. El gobierno de un grupo religioso no es completamente diferente de los problemas y forma civil de los gobiernos. En una iglesia también debe haber alguien que asuma la dirección y tome el mando. En las varias iglesias, sus formas particulares de gobierno probablemente copian el mismo modelo básico que, como hemos descrito, rige en la vida política. En algunas iglesias la gente no tiene voz en el gobierno; en otras el poder está completamente en manos de la congregación. Es nuestro propósito explicar en este capítulo la naturaleza del gobierno que existe en la Iglesia de los Santos de los Últimos Días. Descubriremos que en la Iglesia ni está todo el dominio en manos de un número pequeño de directores, ni en las de los miembros. En otras palabras, la Iglesia no es ni una teocracia ni una democracia, pero tiene importantes características de ambas. Definamos primero los términos.

UNA TEOCRACIA
La palabra "teocracia" significa gobierno de Dios. Desde el momento en que El no va a gobernar personalmente en la tierra, teocracia significa, de hecho, gobierno por medio de representantes, por hombres que hablan por El como profetas y sacerdotes. El ejemplo clásico de una teocracia en la historia es la del estado judío antes que se transformara en reino bajo Saúl, David y Salomón. Moisés fué llamado de Dios por revelación y se presentó a su pueblo como un emisario, uno enviado de Dios para dirigir a su pueblo. Moisés les declaró las leyes de Dios. Cuando aceptaron su dirección fué porque creyeron que él era enviado de Jehová y expresaba su voluntad. Antes de morir, Moisés "había puesto sus manos" sobre Josué, el cual "fué lleno de espíritu de sabiduría .... y los hijos de Israel le obedecieron, e hicieron como Jehová mandó a Moisés". (Deuteronomio 34:9) El gobierno teocrático continuó con Josué. En los siglos que siguieron, se efectuaron cambios en el gobierno, bajo diversos profetas y caudillos militares, hasta que Israel se convirtió en reino. De allí en adelante, salvo en las veces que Israel y Judá hacían caso seriamente de las instrucciones de los profetas— y esto era raro—los reinos no se guiaron más por un régimen teocrático, sino que fueron monarquías.

UNA DEMOCRACIA
Democracia es el sistema de gobierno en que el pueblo ejerce la soberanía. Según las famosas palabras de Abraham Lincoln, es un gobierno "del pueblo, por el pueblo y para el pueblo". En una democracia pura, que sólo puede existir en una comunidad pequeña, el pueblo reunido en asamblea toma todas las determinaciones. En un cuerpo mayor, tal como las naciones de la actualidad, tenemos democracias representativas. La gente es gobernada por sus representantes elegidos, pero la autoridad suprema descansa en el poder electivo de la gente. El espíritu e idea básicas de una democracia y de una teocracia difieren en gran manera entre sí. En la teocracia, los hombres esperan que Dios los guíe por medio de sus representantes elegidos; en una democracia los hombres dependen de sí mismos y formulan principios de gobierno basados en su propio conocimiento y experiencia. En una teocracia, los hombres ponen su confianza en sus semejantes, en el profeta; en una
144

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO democracia, los hombres ponen su confianza en sus semejantes, en el sentido común y prudencia de las masas.

EL GOBIERNO DE LA IGLESIA I. CARÁCTER TEOCRÁTICO
La Iglesia de los Santos de los Últimos Días no es una democracia porque la gente no es la que nombra y elige a sus directores. Nuestro quinto Artículo de Fe dice: Creemos que el hombre debe ser llamado de Dios, por profecía y la imposición de manos, por aquellos que tienen la autoridad para predicar el evangelio y administrar sus ordenanzas. José Smith, el primer profeta y cabeza de la Iglesia, fué llamado de Dios como lo fué Moisés, en la antigüedad, para dirigir al pueblo. Las doctrinas y las prácticas y estructura básicas de la Iglesia se recibieron por revelación, no de la voz del pueblo en asamblea legislativa. Por medio de las autoridades de la Iglesia, Dios ha llamado a otros hombres para que sucedan al puesto profético. De hecho, todos los oficiales de la Iglesia, ya sea generales, de la estaca o del barrio, son llamados por aquellos que los presiden. En este sentido, la Iglesia tiene un aspecto teocrático. Aunque en algunas cosas la Iglesia es teocrática, en el significado absoluto de la palabra, no es una teocracia como la conocemos en la historia. Aun cuando reconocemos a Cristo como cabeza de la Iglesia, y a Dios como fuente de nuestra autoridad y ley, sin embargo, han delegado al cuerpo de la Iglesia ciertas responsabilidades y privilegios que son de carácter democrático. Consideremos los siguientes:

II. CARÁCTER DEMOCRÁTICO
A. Ninguno puede ocupar ningún oficio en la Iglesia sin el voto aprobatorio de aquellos a quienes preside. Esto se conoce como el principio del común acuerdo, y lo tenemos por revelación. A ninguna persona se deberá conferir oficio alguno en esta iglesia, donde exista una rama de la misma debidamente organizada, sin el voto de dicha rama. (Doctrinas y Convenios 20:65) Como ya hemos dicho, los oficiales de la Iglesia son elegidos por aquellos que son sus superiores en autoridad, pero no pueden actuar sin el voto aprobatorio de la gente. Más aún, no solamente son aprobados en el momento que son llamados a servir, sino que varias veces, durante el año se presentan sus nombres en las conferencias del barrio, de la estaca y en las generales, para ser aprobados nuevamente o rechazados por aquellos a quienes presiden. De modo que aun cuando la gente no tiene la facultad para nombrar, aquellos que han sido nombrados no tienen el derecho de actuar sin el consentimiento de la gente. La gente tiene la última palabra en cuanto a si esta o aquella persona ha de presidirlos o no. En Doctrinas y Convenios se mencionan varios de los oficios de la Iglesia, junto con los nombres de las personas que los van a ocupar. Por medio de José Smith se presentó esta revelación a la gente como la voluntad de Dios. Pero aún así el Señor dejaba a la gente en libertad para rechazar o aceptar a aquellos que había llamado: Os he dado los puestos ya mencionados, junto con sus llaves correspondientes, por auxilios y gobernaciones, para la obra del ministerio y la perfección de mis santos. Y os doy el mandamiento de llevar a cabo todos estos nombramientos, y aprobar o desaprobar en mi conferencia general los nombres de los que yo he mencionado. (Doctrinas y Convenios 124:143-144) Se ve en esto gran respeto a la libertad y criterio de la gente, y va enteramente de acuerdo con el espíritu de la democracia. B. Las doctrinas y leyes básicas de la Iglesia no son obligatorias para con la gente sino hasta que las aceptan. El Libro de los Mandamientos era una colección de revelaciones y otros documentos importantes de la Iglesia, que más tarde llegaron a ser nuestro actual Doctrinas y Convenios, el cual, aunque inspirado y revelado por Dios mediante sus siervos elegidos, no llegó a ser escritura y norma de la Iglesia sino hasta que fué aceptado por el voto separado de los quórumes del sacerdocio. También la Perte de Gran Precio, nuestro cuarto libro canónico, fué aceptado por la Iglesia antes que fuese considerada como escritura. El Manifiesto, que declaraba la resolución de la Iglesia de abandonar la práctica del matrimonio plural, fué aceptado por el voto de la gente reunida en asamblea.
145

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO C. Todos los oficiales de la Iglesia periódicamente tienen que recibir un voto de confianza y están sujetos a ser juzgados por su mala conducta. Acabamos de explicar algo sobre la primera parte de esta proposición. Ningún oficial está exento de ser juzgado, si se conduce indebidamente. Tenemos varios ejemplos en la Iglesia de autoridades superiores, como apóstoles, que han sido excomulgados de la Iglesia mientras estaban actuando en su llamamiento. Hasta el Presidente de la Iglesia está sujeto a ser juzgado. Si transgrediere un presidente del sumo sacerdocio, comparecerá ante el consejo común de la Iglesia, al cual ayudarán doce consejeros del sumo sacerdocio; y el fallo que dictaren sobre su cabeza terminará toda controversia respecto de él. Así que ninguno quedará exento de la justicia y las leyes de Dios, para que todas las cosas sean hechas en orden y solemnidad ante él, de acuerdo con la verdad y la justicia. (Doctrinas y Convenios 107:82-84) D. La Iglesia cree firmemente en el principio del libre albedrío. En la Iglesia de Cristo no hay lugar para la fuerza, la compulsión, la persecución y la arbitrariedad. Esto se expresa hermosamente en un pasaje de Doctrinas y Convenios sobre el ejercicio de la autoridad del sacerdocio: ¿Hasta cuándo pueden permanecer impuras las aguas que corren? ¿Qué poder hay que detenga los cielos? Tan inútil le sería al hombre extender su débil brazo para detener el río Misurí en su curso decretado, o devolverlo hacia atrás, como evitar que el Todopoderoso derrame conocimiento del cielo sobre la cabeza de los Santos de los Últimos Días. He aquí, muchos son los llamados pero pocos los escogidos. ¿Y por qué no son escogidos? Porque tienen sus corazones de tal manera fijos en las cosas de este mundo, y aspiran tanto^ a los honores de los hombres, que no aprenden esta lección única: Que los derechos del sacerdocio están inseparablemente unidos a los poderes del cielo, y que éstos no pueden ser gobernados ni manejados sino conforme a los principios de justicia. Cierto es que se nos confieren; pero cuando tratamos de cubrir nuestros pecados, o de gratificar nuestro orgullo, nuestra vana ambición o de ejercer mando, dominio, o compulsión sobre las almas de los hijos de los hombres, en cualquier grado de injusticia, he aquí los cielos se retiran, el Espíritu del Señor es ofendido, y cuando se aparta, ¡ se acabó el sacerdocio o autoridad de aquel hombre! He aquí, antes que se dé cuenta, queda solo para dar coces contra el aguijón, para perseguir a los santos, y para combatir contra Dios. Hemos aprendido por tristes experiencias que la naturaleza y disposición de casi todos los hombres, al obtener, como ellos suponen, un poquito de autoridad, es empezar desde luego a ejercer injusto dominio. Por tanto, muchos son llamados, pero pocos son escogidos. Ningún poder o influencia se puede ni se debe mantener en virtud del sacerdocio, sino por persuacion, longanimidad, benignidad y mansedumbre, y por amor sincero; por bondad y conocimiento puro, lo que ennoblecerá grandemente el alma sin hipocresía y sin malicia: reprendiendo a veces con severidad, cuando lo induzca el Espíritu Santo, y entonces demostrando amor crecido hacia aquel que has reprendido, no sea que te estime como su enemigo: y para que sepa que tu fidelidad es más fuerte que el vínculo de la muerte. (Doctrinas y Convenios 121:33-44) En la Iglesia, a distinción de las obligaciones del hombre con respecto al estado, la aceptación de la autoridad es voluntaria. Goza de la libertad suficiente para aceptar o rechazar las responsabilidades de la Iglesia, para ser activo o inactivo. Solamente cuando su conducta resulta en perjuicio del bien común es disciplinado por la Iglesia. Su castigo se limita a la excomunión o la suspensión de sus derechos. Creemos que toda sociedad religiosa tiene el derecho de disciplinar a sus miembros por su conducta desordenada, de acuerdo con los estatutos y reglamentos de dichas sociedades, si es que tal procedimiento atañe a su confraternidad y buen comportamiento como miembro; pero no creemos que sociedad religiosa alguna tenga la autoridad para juzgar a los hombres en cuanto a sus derechos sobre la propiedad o la vida, ni para quitarles los bienes de este mundo, ni poner en peligro sus vidas o cuerpos, ni imponer sobre ellos castigos físicos. Tan solamente pueden excomulgarlos de su sociedad y retirar de ellos la mano de confraternidad. Creemos que en donde existen tales leyes, el hombre debe acudir a la ley civil para exigir reparación por todas las injusticias y agravios, cuando se haya sufrido atropello personal, o se hayan violado los derechos de la propiedad o del carácter; pero creemos que todo hombre queda justificado si se defiende a sí mismo, a sus amigos, su propiedad y el gobierno, de ataques y abusos ilícitos por parte de cualquiera persona, en tiempos de emergencia, cuando es imposible apelar inmediatamente a la ley y obtener amparo. (Doctrinas y Convenios 134:10-11) Desde el principio, las revelaciones y enseñanzas de la Iglesia han mostrado que se tiene confianza en sus miembros. El siguiente pasaje confirma este hecho:
146

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO Porque he aquí, no conviene que yo mande en todas las cosas; porque aquel que es compelido en todo, es un siervo flojo y no sabio; por tanto, no recibe ningún galardón. De cierto, os digo, los hombres deberían estar anhelosamente consagrados a una causa justa, haciendo muchas cosas de su propia voluntad y efectuando mucha justicia; porque el poder está en ellos, por lo que vienen a ser sus propios agentes. Y si los hombres hacen lo bueno, de ninguna manera perderán su recompensa. (Doctrinas y Convenios 58:26-28) Enseñad a la gente el verdadero conocimiento, y ella se gobernará a sí misma. (Discourses of Brigham Young, pág. 227) Le preguntaron a José Smith cómo gobernaba él a la gente y cómo conservaba el orden entre ellos. Su respuesta fué: "Les enseño principios correctos, y ellos se gobiernan a sí mismos." E. En la Iglesia de los Santos de los Últimos Días casi todos los hombres poseen el sacerdocio, y gran parte de las mujeres que son miembros activos tienen posiciones de responsabilidad. Esto significa que un gran número de miembros laicos de la Iglesia están siempre trabajando juntos, hermanablemente, en su ambiente de respeto mutuo y con un sentimiento de igualdad el uno hacia el otro. Esta amplia participación, sin distinción entre clérigos y seglares, cultiva el espíritu democrático de la Iglesia. Los que integran nuestras autoridades generales han sido llamados de diversas ocupaciones: hombres de negocio, licenciados, profesores, agricultores, etc. Su experiencia previa, más bien que separarlos de la gente, los ayuda a entender el punto de vista de los miembros. F. El espíritu y las enseñanzas del evangelio de Jesucristo que de El han llegado al hombre, y son inspiradas por Dios, también están íntimamente relacionados con las bases fundamentales de cualquiera democracia. Esta defiende la dignidad y el mérito personal de todo individuo y considera al hombre superior al estado o cualquier otra institución, y así también lo hace el evangelio de Jesucristo. La democracia asume la perfección de los hombres y se opone a la esclavitud y a las clases sociales: también el evangelio restaurado de Jesucristo, destacando la importancia del progreso eterno, hace la misma cosa. La democracia sostiene el mismo derecho que tienen todos los hombres de gozar de la "vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad", o la oportunidad de lograr estas metas; y el evangelio de Jesucristo enseña la imparcialidad de Dios y la hermandad del hombre. En una democracia, el consentimiento de los que son gobernados es esencial en todos los temas y prácticas importantes. En la Iglesia de Jesucristo, también creemos en hacer las cosas de común acuerdo. En una democracia se establece la política del grupo por la persuación y no por el derramamiento de sangre; en el evangelio de Jesucristo también se respeta la libertad del hombre. En una palabra, las enseñanzas de Jesús sobre la humildad, la misericordia, el amor, el perdón, la libertad y el respeto hacia el individuo van de acuerdo con las normas y el espíritu de la democracia.

RESUMEN
El gobierno de la Iglesia no es ni una teocracia pura ni una democracia. Creemos que es una notable combinación de los dos sistemas, en la cual los hombres son llamados e inspirados por Dios, pero actúan con el consentimiento de la gente y de acuerdo con el espíritu del evangelio de Jesucristo. El Señor nos ha puesto directores, pero nos ha dado el privilegio de aceptarlos o rechazarlos, así como la responsabilidad de cooperar con aquellos a quienes aceptamos. Uno encuentra en la Iglesia de los Santos de los Últimos Días dos actitudes que a primera vista parecen paradójicas. Los miembros de la Iglesia son leales a sus directores. Oran por ellos continuamente, los sostienen y siguen sus instrucciones voluntariamente hasta un grado muy notable, a veces contra sus propios deseos personales y su propio criterio. La Iglesia está centralizada en sumo grado bajo directores autorizados. Por otra parte, existe también un fuerte individualismo en la Iglesia. A cada miembro se le ha conferido el don del Espíritu Santo. Tiene tanto derecho y responsabilidad de saber que un profeta le está hablando en nombre de Dios, como lo tiene ese profeta de hablarle como representante de Dios. El hombre es un agente libre que posee el sacerdocio de Dios y es coadjutor de los directores de la Iglesia. Esta pertenece a todos los miembros, tanto a uno como a otro. No creemos en la infalibilidad de los directores humanos, ni aun en la de aquellos que son llamados de Dios. Buscando en las páginas de la historia religiosa, encontramos solamente una persona sin pecado, a saber, el Salvador. Aun El dijo a aquellos que lo llamaban "Maestro Bueno", "¿Por qué me llamas bueno? Ninguno es
147

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO bueno, sino uno, es a saber Dios". (Mateo 19:16-17) Pedro tuvo que ser reprendido por el Salvador. Pablo reconocía que no era digno de ser apóstol. José Smith fué amonestado severamente por medio de revelación a que mejorara sus caminos. Evidentemente hay en la naturaleza humana mucho del elemento humano. Y aunque los hombres son llamados de Dios para hablar por El como profetas y reveladores, no por eso dejan de ser hombres. Necesitan el consejo y la prudencia de uno y otro: y se hace necesario que su inspiración sea confirmada por la de aquellos que siguen su dii'ección. Así es como el Señor ha colocado muy sabiamente la responsabilidad de su obra sobre todos los miembros de la Iglesia. Los directores tienen la responsabilidad de tomar la iniciativa, de señalar el camino, de orientar, de revelar la voluntad de Dios. La gente tiene la obligación de saber, por el mismo espíritu de revelación, que sus directores son inspirados de Dios, que están viviendo dignamente delante de ellos y siguiendo sus instrucciones de rectitud. Esta fusión de los elementos teocráticos y democráticos en el gobierno de la Iglesia nos ha servido bien. Nuestra Iglesia es muy democrática en espíritu y en práctica sin las limitaciones de la política, es decir, de elegir y nombrar oficiales. Nuestra Iglesia es teocrática, en que sus directores hablan en nombre de Dios, pero la prueba final de su derecho de hablar descansa en la gente, la cual tiene el privilegio de aceptarlos o rechazarlos. No hay ninguna razón para que en la Iglesia no pueda gozarse de todos los beneficios de ambos sistemas de gobierno, teocrático y democrático. Lo hemos visto realizado notablemente en nuestra propia experiencia en las varias divisiones de la Iglesia. El gobierno de la Iglesia está bien constituido. Cuando nosotros, los miembros, llevamos en nuestro corazón el espíritu del evangelio de Jesucristo y nos servimos el uno al otro, y a todos los hombres con amor, todo va bien en la Iglesia. No debemos esperar la perfección en las relaciones humanas; pero debemos luchar seriamente por crecer en la verdadera hermandad cristiana. El propósito de la Iglesia es promover tal crecimiento. Las palabras de San Pablo a los Efesios expresan muy bien el propósito y carácter del gobierno de la Iglesia: Y él mismo dio unos ciertamente apóstoles; y otros profetas; y otros evangelistas; y otros, pastores y doctores; para perfección de los santos, para la obra del ministerio, para edificación del cuerpo de Cristo; hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la edad de la plenitud de Cristo: que ya no seamos niños fluctuantes, y llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar, emplean con astucia los artificios del error; antes siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todas cosas en aquel que es la cabeza, a saber, Cristo; del cual, todo el cuerpo compuesto y bien ligado entre sí por todas las junturas de su alimento, que recibe según la operación, cada miembro conforme a su medida toma aumento de cuerpo edificándose en amor. Esto pues digo, y requiero en el Señor, que no andéis más como los otros Gentiles, que andan en la vanidad de su sentido, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón: los cuales después que perdieron el sentido de la conciencia, se entregaron a la desvergüenza para cometer con avidez toda suerte de impureza. Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo: si empero lo habéis oído, y habéis sido por él enseñados, como la verdad está en Jesús, a que dejéis, cuanto a la pasada manera de vivir, el viejo hombre que está viciado conforme a los deseos de error; y a renovaros en el espíritu de vuestra mente. (Efesios 4:11-23)

148

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capítulo 34 EL RESPETO AL CUERPO
Para los Santos de los Últimos Días, la religión no es solamente un aspecto de la vida: algo en que pensar mientras estamos asistiendo a los servicios religiosos de la Iglesia, algo que celebrar durante la Pascua o Navidad, una fe en la vida mas allá de la tumba o un curso de estudio tal como la biología o la historia. Si va a tener verdadero significado para nosotros, la religión debe entrar en nuestra mente y corazón y transformarse en parte de nuestros sentimientos, actitudes y conducta en todo aspecto de la vida. El evangelio de Jesucristo debe hacer sentir su belleza y poder en la salud del cuerpo, el uso de la mente, en la vida familiar, en las relaciones humanas, en los negocios, mientras viajamos por el camino y aun en la creación y contemplación de las artes. La religión, en nuestro concepto, se relaciona tan íntimamente con la salvación del hombre en esta vida como con su salvación después de la muerte. Es cierto que esta vida es corta, comparada con las eternidades que continúan después, pero es preciosa por el hecho de ser corta y no se debe emplear sino para hacer bien. Además, como lo dice un escritor del Libro de Mormón: ". . . he aquí, esta vida es cuando el hombre debe prepararse para comparecer ante Dios." (Alma 34:32) Si no aprendemos a vivir de acuerdo con el evangelio de Jesucristo aquí, no estaremos en posición de aprenderlo cuando muramos. Por lo tanto, no podremos gozar de una vida celestial con Dios y Cristo. No nos sentiremos cómodos junto a ellos. En una revelación dada a José Smith, el Señor presentó esta enseñanza: Por tanto, de cierto os digo que para mí todas las cosas son espirituales; y en ningún tiempo os he dado una ley que fuese temporal, ni a ningún hombre, ni a los hijos de los hombres, ni a Adán, vuestro padre, a quien he creado. He aquí, yo le concedí que fuese su propio agente; y le di mandamientos; pero ningún mandamiento temporal le di, porque mis mandamientos son espirituales; no son naturales ni temporales, ni tampoco carnales ni sensuales. (Doctrinas y Convenios 29:34-35) .Todos los aspectos de la vida son espirituales a la_ vista de Dios. Se han designado todas las leyes de Dios para el bien del hombre íntegro en su vida aquí y más allá. A la vista de Dios el hombre es un ser eterno y es también su hijo. El Padre está interesado en nuestro total y eterno bienestar, así como un padre terrenal está interesado en cada fase del bienestar de su hijo durante su vida. En este y en los próximos capítulos presentaremos las enseñanzas y prácticas de los Santos de los Últimos Días en. cuanto a los varios aspectos de la vida actual. Hablaremos de su manera de vivir, y para empezar, consideraremos el cuerpo.

LA ACTITUD HACIA EL CUERPO
El cuerpo, con todos sus fuertes apetitos y deseos, es para el hombre tanto un problema como fuente de satisfacción. En toda la historia ha sido difícil, para la gente religiosa especialmente, reconciliar los deseos de la carne con las aspiraciones del espíritu. Una manera común de resolver el problema ha sido y es la práctica del ascetismo. En la religión, el ascetismo significa una estricta abnegación y autodisciplina, que se practica con objeto de someter el cuerpo a un ideal espiritual más elevado. En la India el ascetismo se ha practicado con tenacidad como el medio de vencer todos los deseos pertenecientes a esta vida, para que el hombre pueda librarse de estar sujeto al cuerpo y de este modo escapar de reencarnar en la tierra. Por otra parte, hay cristianos devotos que han renunciado al matrimonio y vivido en conventos y monasterios para dominar y restringir sus deseos corporales, para poder sentirse libres y completamente dedicados en su devoción hacia Dios. Como Santos de los Últimos Días no aceptamos ni practicamos el ascetismo. No miramos al cuerpo como algo malo, sino como algo maravilloso por medio del cual el hombre puede encontrar y conocer la felicidad y cumplir con el propósito de la vida. Rechazamos el celibato y creemos que el matrimonio es para toda la gente de inteligencia y salud normal. Creemos que las buenas cosas de la tierra, como los alimentos y las bebidas, son ordenadas de Dios para el uso del hombre. "Existen los hombres para que tengan gozo". Nuestro cuerpo puede ser un instrumento útil, si lo entendemos y conocemos sus funciones verdaderas. Como Santos de los Últimos Días no creemos en la satisfacción de todos los deseos del cuerpo, que es el
149

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO extremo opuesto del ascetismo. El hombre es más que físico; es también intelectual, moral, social, estético y espiritual por naturaleza. Todos estos aspectos de la vida humana funcionan como uno. No debe tratar de satisfacer las necesidades del cuerpo de tal manera que destruyan las relaciones humanas, impidiendo el buen funcionamiento de la mente, estorbando el crecimiento espiritual y moral, frustrando y confundiendo la vida del hombre. El cuerpo es de importancia vital y está siempre con nosotros. No le podemos negar sus verdaderas necesidades, pero el hombre es más que el cuerpo. Es hijo de Dios; es moral y espiritual por naturaleza. El cuerpo debe obedecer a las necesidades mayores del espíritu, con el cual está inseparablemente ligado en esta vida. El Apóstol Pablo reconoció la unidad e interdependencia de la mente y el cuerpo cuando amonestó de este modo a los Corintios : ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno violare el templo de Dios, Dios destruirá al tal; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es. (I Corintios 3:16-17) ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque comprados sois por precio: glorificad pues a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios. (I Corintios 6:19-20)

LA PALABRA DE SABIDURÍA
En 1833, cuando la Iglesia apenas tenía tres años de haber sido establecida, José Smith recibió una revelación de Dios que se refiere particularmente a la salud. Se dio como una "Palabra de Sabiduría", enviada a los santos "por vía de salutación; no por mandamiento ni compulsión . . . demostrando el orden y la voluntad de Dios tocante a la salvación temporal de todos los santos en los últimos días". (Doctrinas y Convenios 89:1-2) Esta Palabra de Sabiduría ha llegado a ser una parte singular e importante de la vida de los Santos de los Últimos Días, y merece nuestra consideración. Se da este consejo del Señor en forma bondadosa y tono mesurado. Respeta la libertad que el hombre tiene para elegir, pero le advierte con toda bondad de las cosas que son buenas y de las que no lo son, para su salud y bienestar en esta vida. Temporal significa lo que se relaciona con el tiempo. Esta enseñanza tiene por objeto salvar al hombre de muchas cosas malas y enfermedades en esta vida.

I. LAS COSAS QUE NO SON BUENAS PARA EL HOMBRE
La Palabra de Sabiduría previene al hombre contra el uso de tres cosas: las bebidas alcohólicas, el tabaco y las bebidas calientes. Observemos el lenguaje de esta revelación: He aquí, de cierto así os dice el Señor: Por motivo de las maldades y los designios que existen y que existirán en los corazones de los hombres conspiradores en los últimos días, os he amonestado, y os prevengo, dándoos esta palabra de sabiduría por revelación: Que si entre vosotros hay quien beba vino o bebidas alcohólicas, he aquí, no es bueno ni propio en la vista de vuestro Padre, sino cuando os juntáis para ofrecerle vuestros sacramentos. Y he aquí éste debe ser vino; sí, vino puro de la uva de la vid, de vuestra propia hechura. Y además, los licores no son para el vientre, sino para el lavamiento de vuestros cuerpos. Y además, el tabaco no es para el cuerpo, ni para el vientre, y no es bueno para el hombre; sino es una yerba para magulladuras y todo ganado enfermo, que se ha de usar con juicio y destreza. Y además, las bebidas calientes no son para el cuerpo ni el vientre. (Doctrinas y Convenios 89:4-9) Desde el principio de la historia de los Santos de los Últimos Días, por bebidas calientes se ha entendido que se refiere al te y al café, por motivo de los estimulantes que contienen, los cuales no son buenos para el hombre. Bajo la inspiración de Dios, José Smith no sólo dijo que estas bebidas no eran buenas para el hombre, sino que El preveía que el tabaco y las bebidas alcohólicas, particularmente, serían impuestas a los hijos de los hombres por medio de engañosos y atractivos anuncios por parte de gente cuyo único motivo en la vida sería el deseo de hacer dinero a expensas de la debilidad de los hombres. Se aconseja a los Santos de los Últimos Días que se abstengan del tabaco y las bebidas alcohólicas en todas sus formas. Sentimos amor y tolerancia por los hombres y mujeres que los usan, pero nosotros sabemos que no son buenos para el hombre. Nosotros no los usamos por lealtad a la voluntad de Dios y por razones de sentido común y sabiduría.
150

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

II. COSAS BUENAS PARA EL HOMBRE
Esta misma Palabra de Sabiduría recomienda cosas que son buenas para el hombre: carne, granos, especialmente el trigo, hierbas, (incluso las legumbres) y frutas en su sazón. Leamos lo siguiente: Y además, de cierto os digo, Dios ha decretado toda hierba saludable para la constitución, naturaleza y uso del hombre. Cada hierba en su sazón, y cada fruta en su sazón; para que se usen todas éstas con prudencia y acción de gracias. Sí, yo el Señor, también he designado la carne de las bestias y la de las aves del aire para el uso del hombre, con acción de gracias; sin embargo, deben usarse limitadamente; y a mí me complace que no se usen, sino solamente en la estación del invierno, o en épocas de frío o hambre. Todo grano es bueno para alimentar al hombre; así como también el fruto de la vid; lo que produce fruto, ya dentro de la tierra, ya arriba, de la tierra. Sin embargo, el trigo para el hombre, el maíz para el buey, la avena para el caballo, el centeno para las aves, para los puercos y para toda bestia del campo, y la cebada para todo animal útil y para bebidas moderadas, así como también otros granos. (Doctrinas y Convenios 89:10-17) Mucho antes que la ciencia de la nutrición descubriera el papel que los minerales y las vitaminas desempeñan en la salud del hombre, esta inspirada declaración religiosa recomendaba las frutas y hierbas en su sazón y también los granos, especialmente el trigo, que cuando se usa entero, contiene tantas sustancias esenciales para el cuerpo humano.

III. "DADA COMO UN PRINCIPIO"
La Palabra de Sabiduría es más que una colección de reglas que definen las cosas que son y las que no son buenas para el hombre, como las que ya hemos indicado. Se dio como principio; es un régimen, un modo de vivir. El principio de la Palabra de Sabiduría se puede declarar así: De todas las cosas que son buenas para el hombre, disfrute él de ellas prudentemente y con acción de gracias; y absténgase de todas las cosas que no son buenas para él. El tabaco, las bebidas alcohólicas y las bebidas calientes son ilustraciones importantes de lo que no es bueno para el hombre. El Santo de los Últimos Días que obedece la Palabra de Sabiduría en espíritu y principio, procurará también abstenerse de todas las cosas que la ciencia y la experiencia le dicen que no son buenas para él, tales como comer en exceso, participar de una cantidad inmoderada de comida muy condimentada, preocupaciones, poco dormir, trabajar demasiado y el uso de drogas y estimulantes. Las frutas, hierbas, carne y granos no son todas las cosas que son buenas para el hombre. El Santo de los Últimos Días que desea obedecer la Palabra de Sabiduría "en espíritu y en verdad" sabrá por medio de la experiencia y la investigación las otras cosas que son buenas para él. Podrá disfrutar también de los productos lácteos y las nueces, del ejercicio, trabajo, descanso y dormirá lo necesario. Cultivará un concepto jovial de la vida y luchará para vivir con fe, valor y propósito, confiando en Dios y sirviendo a sus semejantes. Quitará de su vida la mentira, la ambición, el odio, y vivirá con agradecimiento y buena voluntad. Un pasaje de otra revelación dada a José Smith indica la amplitud del significado de nuestro código de la salud: Mirad que os améis los unos a los otros; cesad de ser codiciosos; aprended a impartiros el uno al otro como el evangelio lo requiere. Cesad de ser ociosos; cesad de ser inmundos; cesad de criticaros el uno al otro; cesad de dormir más de lo necesario; acostaos temprano para que no os fatiguéis; levantaos temprano, para que vuestros cuerpos y vuestras mentes sean vigorizados. Y sobre todo, vestios con el vínculo de la caridad como con un manto, el cual vínculo es el de la perfección y la paz. (Doctrinas y Convenios 88:123-125) La Palabra de Sabiduría significa moderación, prudencia y agradecimiento en todo aspecto de la vida.

LOS FRUTOS DE LA PALABRA DE SABIDURÍA
Por algo más que razones de salud física se dio la Palabra de Sabiduría a los Santos. No puede conservarse la salud física sin la buena salud mental. La vida es una sola unidad. Hay interdependencia entre el espíritu y el cuerpo. El bienestar de uno depende del bienestar del otro. Se dio esta revelación para la "salvación temporal" del hombre. Se refiere al bienestar total del hombre en su existencia presente o mortal. Por ejemplo, cuando uno se abstiene de las bebidas alcohólicas, se beneficia su cuerpo; pero es más importante aún para el bienestar de otros automovilistas que van por el camino, la felicidad
151

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO de su esposa y de sus hijos, el mejor funcionamiento de su mente, el dominio completo de sí mismo y su concepto espiritual de la vida. El alcohol se hace vicio y puede conducir al alcoholismo. Esta condición destruye la personalidad y deshace las relaciones humanas. Abstenerse del alcohol es resguardar su propio bienestar y el de su familia y la sociedad. Aclaremos otra vez que no sentimos odio hacia el hombre que bebe. Es hijo de Dios y puede poseer virtudes humanas superiores a algunos de nosotros que no bebemos. Sabemos, sin embargo, Que ningún hombre se beneficia más en cuanto a salud, asuntos económicos y sus posibilidades como ser humano, que aquel que acepta esta simple declaración del Señor y la obedece: "Que si entre vosotros hay quien beba vino o bebidas alcohólicas, he aquí no es bueno." Las promesas para aquel que quiere obedecer el principio de la Palabra de Sabiduría son: Salud del cuerpo y la mente, fuerza moral, mayor espiritualidad y relaciones humanas más finas y consideradas. La revelación misma concluye con estas palabras: Y todos los santos que se acuerden de guardar y hacer estas cosas, rindiendo obediencia a los mandamientos, recibirán salud en el ombligo, y médula en los huesos; y hallarán sabiduría y grandes tesoros de conocimiento, sí, tesoros escondidos; y correrán sin cansarse, y no desfallecerán al andar. Y yo, el Señor, les prometo que el ángel destructor pasará de ellos como de los hijos de Israel, y no los matará. Amén. (Doctrinas y Convenios 89:18-21)

152

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capítulo 35 EL CULTIVO DE LA MENTE
La religión está relacionada con varias cosas, la fe, la humildad, el amor, la esperanza, el ritual, la hermandad, la belleza y el misterio. Muy raras veces piensa la gente en asociarla con el conocimiento. Para ellos la religión significa esperanza, fe, amor y gracia. Tiene afinidad con las emociones, con la parte afectiva de la naturaleza humana. Para los Santos de los Últimos Días, no solo el sentimiento sino el conocimiento desempeñan un papel importante en la vida religiosa. Para nosotros la religión significa fe, amor y amistad, pero también comprende la búsqueda de la verdad, el conocimiento y la sabiduría. Entregamos a la religión nuestros corazones y también nuestras mentes. Queremos que nos guíe la luz de la razón así como la antorcha de la fe. Este punto de vista puede resultar una sorpresa para nuestros amigos, aquellos que asocian al "mormonismo" con su singular origen en manifestaciones celestiales dadas a su primer profeta José Smith. A éstos les parece que nuestra religión está basada enteramente en la fe, si no en la simple credulidad. Al conocer más íntimamente nuestra religión, sin embargo, el lector descubrirá el importante papel que la sed y búsqueda de conocimiento desempeñaron en el establecimiento de los Santos de los Últimos Días. El llamado "mormonismó", tuvo su principio en el deseo de saber que existía dentro de la mente de un jovencito, en su necesidad de encontrar una respuesta a su pregunta sencilla. Vivía en el estado de Nueva York en 1820. Era una época en que un gran número de denominaciones cristianas de su comunidad se disputaban su interés, y se sintió confundido. Al oír las variadas interpretaciones de la Biblia, comprendió que las explicaciones contradictorias del mismo tema no podían ser verdad. En este conflicto mental, y deseando seriamente saber a qué iglesia debería unirse, leyó un día en la Epístola de Santiago: "Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, demándela a Dios, el cual da a todos abundantemente, y no zahiere; y le será dada. Pero pida en fe, no dudando nada, porque el que duda es semejante a la onda de la mar, que es movida del viento, y echada de una parte a otra." (Santiago 1:5-7) Su deseo de saber estaba ligado a una fe inmutable. Con su corazón y pensamientos resueltos unidamente a buscar la verdad, el joven José Smith se decidió a tomar el consejo de Santiago. Una mañana de un hermoso día de primavera, se dirigió a una arboleda, no lejos de su casa. Allí, en la soledad que le brindaba la naturaleza, él abrió su corazón y su mente a su Padre Celestial. Dios le contestó su oración apareciéndosele con su Hijo Jesucristo. Le hablaron al joven y él les habló a ellos. Les hizo una pregunta: quería saber a qué iglesia debía unirse. Fué una pregunta sencilla, necesaria y perfectamente razonable. José sólo deseaba saber dónde yacía la verdad en medio de las opiniones contrarias sobre la religión. Había tenido la fe para recurrir a Dios, la fuente de toda verdad, para encontrar la respuesta. Su interrogación fué contestada. Esta gran visión fué el principio de la restauración del primitivo evangelio e Iglesia de Jesucristo en su carácter original y verdadero. El movimiento de los Santos de los Últimos Días continuó desarrollándose tal como había empezado. El profeta José Smith siguió buscando la verdad. De la "falta de sabiduría" surgían preguntas; sus preguntas se tornaban en oraciones; y sus oraciones eran contestadas mediante las revelaciones de Dios. Muchas de las revelaciones mismas nos animan y exhortan a aprender, a buscar la verdad de las cosas. En el establecimiento de la Iglesia y la restauración del evangelio hubo muy poco conflicto entre la fe y el conocimiento. Cada cual desempeñó una parte esencial. La falta de sabiduría alentó la fe: la fe condujo al conocimiento: y el nuevo conocimiento despertó la necesidad de más fe.

LA NECESIDAD DE APRENDER
Desde el principio de su historia hasta esta época, los Santos de los Últimos Días han sido inspirados por la profunda sed de conocimiento que había en el profeta José Smith. Y muchos de nosotros no podemos pensar en ningún símbolo más inspirador del espíritu de nuestra fe, que la figura de José arrodillado bajo los árboles, en una hermosa mañana de primavera, mirando hacia los cielos y pidiendo conocimiento. No solamente recibió las respuestas a sus preguntas, sino tanlbién la amonestación de seguir buscando más conocimiento por medio del
153

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO estudio y la fe. El Libro de Mormón nos previene contra la arrogancia que se basa en el supuesto conocimiento, pero alaba el conocimiento que está unido a la humildad delante de Dios: ... ¡Oh ese sutil plan del maligno! ¡Oh las vanidades, flaquezas y necedades de los hombres! Cuando son instruidos se creen sabios, y no oyen el consejo de Dios, porque lo menosprecian, suponiendo saber de sí mismos; por tanto, su sabiduría es locura, y de nada les sirve. Y ellos perecerán. Pero bueno es ser sabio, si se obedecen los consejos de Dios. (II Nefi 9:28-29) En los primeros días de la Iglesia, se dijo a sus directores, por revelación, que establecieran una escuela de los profetas, donde ellos podrían preparse por medio de la fe y el estudio para realizar la obra del ministerio. Y os mando que os enseñéis el uno al otro la doctrina del reino. Enseñaos diligentemente, y mi gracia os atenderá, para que seáis más perfectamente instruidos en teoría, en principio, en doctrina, en la ley del evangelio, en todas las cosas que pertenecen al reino de Dios, que os es conveniente comprender; de cosas tanto en el cielo como en la tierra, y debajo de la tierra; cosas que han sido, que son y que pronto tendrán que verificarse; cosas que existen en el país, cosas que existen en el extranjero; las guerras y perplejidades de las naciones, y los juicios que se ciernen sobre el país; y también el conocimiento de los países y de los reinos; para que estéis preparados en todas las cosas, cuando os llame otra vez a magnificar el llamamiento al que os he nombrado, y la misión a la cual os he comisionado. (Doctrinas y Convenios 88:77-80) Y por cuanto no todos tienen fe, buscad diligentemente y enseñaos el uno al otro palabras de sabiduría; sí, buscad palabras de sabiduría de los mejores libros; buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe. Organizaos; preparad todo lo que fuere necesario; y estableced una casa, una casa de oración, de ayunos, de fe, de instrucción, de gloria, de orden, una casa de Dios. (Doctrinas y Convenios 88:118-119) En el resto de esta revelación se hace igual hincapié en las cosas de la mente y las cosas del corazón. La religión verdadera se iba a componer de conocimiento y de fe, sabiduría y amor.

"LA GLORIA DE DIOS ES LA INTELIGENCIA"
En otra revelación dada al profeta José Smith, leemos: "La gloria de Dios es la inteligencia, o en otras palabras, luz y verdad." (Doctrinas y Convenios 93:36) El Señor es conocido por sus atributos de justicia y misericordia, imparcialidad y amor, como Revelador y Creador, como Padre y Señor. Todos éstos son apelativos verdaderos y propios, pero a nosotros también nos agrada e inspira la tantas veces citada frase: "La gloria de Dios es la inteligencia." Esta declaración hace destacar en forma especial el conocimiento, la inteligencia y la sabiduría en la vida religiosa. Siendo el hombre hijo de Dios, creado a su imagen, debe, por lo tanto, conocer también la gloria de la inteligencia, porque es también la gloria del hombre.

LA IMPORTANCIA DEL CONOCIMIENTO
Vivimos en un mundo y un universo de orden y leyes. Tenemos las leyes de la Naturaleza. A medida que las vamos conociendo, por medio de la experiencia diaria y la ciencia, y adaptamos nuestras vidas a ellas, nos capacitamos para realizar muchos de nuestros deseos y propósitos. El conocimiento es uno de los requerimientos de la libertad. Al paso que aprendemos la causa de las enfermedades, adquirimos la fuerza para vencerlas. También hay leyes que gobiernan las relaciones humanas. La naturaleza humana tiene ciertas necesidades. Cuando se entienden y se satisfacen estas necesidades, hay un crecimiento sano en la personalidad del individuo y relaciones armoniosas y benéficas entre la gente. Una de estas necesidades es el sentimiento de desear ser amado o querido. Cuando entendemos esto y aprendemos a amar, la vida es mucho más abundante. Los principios que Jesús enseñó y que también enseñaron otros profetas, como la sinceridad, humildad, justicia, misericordia, arrepentimiento, perdón y amor, son principios de vida, tan esenciales para el crecimiento de la personalidad, como la tierra, el sol y el agua lo son para el crecimiento de una semilla. La vida religiosa es algo más que la creencia, más que la fe. La creencia debe tener vida en la fe, y la fe debe conducir al conocimiento, conocimiento de las leyes mismas sobre el desarrollo de la personalidad. La religión cristiana es más que fe; es tambien conocimiento. No somos cristianos si no sabemos lo que es el amor y entendemos hasta cierto punto su significado en nuestras vidas. En las revelaciones dadas a José Smith se da énfasis particular a la importancia del conocimiento:
154

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO Porque, ¿en qué se beneficia un hombre a quien se confiere un don si no lo recibe? He aquí, ni se regocija con lo que le es dado, ni se regocija en aquel que es el donador. Y además, de cierto os digo que lo que la ley gobierna, también preserva, y por ella es perfeccionado y santificado. Aquello que traspasa la ley, y no vive conforme a ella, mas procura ser una ley a sí mismo, y quiere permanecer en el pecado, y del todo persiste en el pecado, no puede ser santificado por la ley, ni por la misericordia, la justicia o el juicio. Por tanto, tendrá que quedar sucio aún. A todos los reinos se ha dado una ley; y hay muchos reinos; porque no hay espacio en el que no hay reino; ni hay reino en el cual no hay espacio, sea un reino mayor o menor. Y a cada reino se ha dado una ley; y cada ley tiene también ciertos límites y condiciones. Todos los seres que no se sujetan a esas condiciones, no son justificados. Porque la inteligencia se adhiere a la inteligencia; la sabiduría recibe a la sabiduría; la verdad abraza a la verdad; la virtud ama a la virtud; la luz se allega a la luz; la misericordia tiene compasión de la misericordia y reclama lo suyo; la justicia sigue su curso y reclama lo suyo; el juicio va ante la faz de aquel que se sienta sobre el trono y gobierna y ejecuta todas las cosas. (Doc. y Con. 88:33-40) Hay una ley irrevocablemente decretada en el cielo antes de la fundación de este mundo, sobre la cual todas las bendiciones se basan; y cuando recibimos una bendición de Dios, es porque se obedece aquella ley sobre la cual se basa. (Doc. y Con. 130:20-21) Si deseamos gozar de salud, debemos aprender las leyes de la salud y rendirles obediencia. Si deseamos llegar sanos y salvos de un viaje por el camino, debemos obedecer las leyes de tránsito y cuidarnos de aquellos que no las observan. Si deseamos lograr una vida familiar feliz, debemos aprender y practicar los principios de las relaciones sociales sobre los cuales se basa la vida de la familia. Si queremos obtener el reino celestial, debemos aprender a vivir de acuerdo con los principios celestiales que enseña el evangelio de Jesucristo, el más grande de los cuales es el amor.

LA PUERTA ESTÁ ABIERTA
José Smith nunca le cerró la puerta al conocimiento, la verdad o a cualquier cosa "de buena reputación o digna de alabanza". La religión que le fué dada tenía como objeto ser un manantial, cuyo origen era Dios, y del cual el hombre podía beber una y otra vez. Le fué dicho a José que los credos fijos y terminantes del cristianismo que existían en sus días eran una abominación a los ojos de Dios. ¿Cómo podían las cosas de Dios ser conocidas completamente y en forma definitiva por el hombre? Isaías había dicho mucho antes, hablando por el Señor : Porque mis pensamientos no. son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. (Isaías 55:8-9) Como Santos de los Últimos Días, tenemos muchas creencias fundamentales, pero ningún credo completo, fijo, final y codificado. Entendemos que hay mucho que no sabemos tanto en la religión como en la vida. Creemos en la progresión eterna y en la revelación continua. Creemos todo lo que Dios ha revelado, todo lo que actualmente revela, y creemos que aún revelará muchos grandes e importantes asuntos pertenecientes al reino de Dios. (Noveno Artículo de Fe) En 1843, en la ciudad de Nauvoo, Illinois, un abogado de nombre Butterfield le preguntó a José Smith cuál era la diferencia entre su fe y la de los otros cristianos. El Profeta pudo haberle señalado un número de diferencias individuales, pero expresó más bien esta diferencia general y vital: La diferencia mas notable es esta: Todas las sectas se ciñen a un credo particular que las priva del privilegio de creer en cualquier otra cosa que no esté contenida en él. Los Santos de los Últimos Días, por el contrario, no tienen credo, sino que están dispuestos a creer todos los principios de verdad que existen, a medida que son manifestados. Más o menos al mismo tiempo publicó una breve declaración de Trece Artículos de Fe. No se tenía por objeto que fuesen un credo completo. El último de éstos muestra el espíritu vital del "mormonismo" de buscar más verdad, no sólo la que proviene directamente de Dios sino de todas las fuentes que la contienen. ¡ Cuan apropiado que este último Artículo de Fe, escrito hacia el fin de su misión, manifestara el mismo espíritu que el relato de su primera búsqueda de la verdad! En el principio José Smith recurrió a Dios porque se dio cuenta de su "falta de sabiduría". Veintitrés años más tarde, y después de haber recibido muchas revelaciones de Dios,
155

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO todavía pudo decir: Creemos en ser honrados, verídicos, castos, benevolentes, virtuosos y en hacer bien a todos los hombres; en verdad, podemos decir que seguimos la admonición de Pablo: Todo lo creemos, todo lo esperamos; hemos sufrido muchas cosas, y esperamos poder sufrir todas las cosas. Si hay algo virtuoso, bello, o de buena reputación o digno de alabanza, a esto aspiramos.—José Smith (Décimotercer Artículo de Fe) Por causa de la base racional de nuestra fe, se han observado algunos resultados importantes en la cultura de los Santos de los Últimos Días. Aquí solamente podemos tratarlos brevemente. 1. Nuestro pueblo ha creído en la educación y se ha afanado por ella. En 1833, cuando los santos eran pocos en número, y luchaban por establecerse en Kirt-land, Ohio, se fundó una escuela de los profetas por revelación. Allí los directores de la Iglesia estudiaron alemán, hebreo y otras materias bajo la dirección de profesores pagados que no pertenecían a la Iglesia. El primer templo, edificado en Kirtland por los Santos de los Últimos Días, tuvo por objeto ser una casa de instrucción así como de adoración.** En 1840, poco después que los miembros de la Iglesia se establecieron en Nauvoo, Illinois, dispusieron que hubiese una universidad. Y en cuanto pudieron proveer lo suficiente para sus más urgentes necesidades mediante unas pocas cosechas en el Valle del Lago Salado, establecieron en 1850, la Universidad de Deseret. Algunos de los más diligentes de los Santos de los Últimos Días trajeron libros al oeste y fundaron escuelas particulares. Entre 1875 y 1911 se establecieron veintidós academias, esparcidas por la región occidental, desde México hasta Canadá. Con excepción de tres, todas las demás fueron reemplazadas, al pasar el tiempo, con escuelas secundarias y universidades públicas. 2. Nuestro pueblo ha explorado el campo de la educación religiosa junto con el de la educación pública. A partir de 1912 se establecieron seminarios cerca de las escuelas secundarias públicas. Los estudiantes que son Santos de los Últimos Días, con el permiso de sus padres, concurren durante su tiempo libre a una clase por día, y estudian la Biblia y la historia y doctrinas de su propia Iglesia. En la actualidad hay aproximadamente 161 seminarios, cuyas listas comprenden un total de 34,488 estudiantes. En los colegios el mismo propósito se lleva a cabo por medio de institutos de religión. Los estudiantes universitarios estudian su religión, asisten a los servicios de la Iglesia, reciben consejos y encuentran una sana vida social en los institutos establecidos por la Iglesia, cerca de más de veinte colegios y universidades, a los cuales concurre un número considerable de Santos de los Últimos Días. En años recientes se ha ampliado el programa educacional de la Universidad de Brigham Young, en Provo. También se están estableciendo otros colegios en los centros de los Santos de los Últimos Días. Uno de éstos actualmente se está construyendo en Hawai. 3. Los principos y filosofía educativos de la Iglesia han inspirado a los Santos de los Últimos Días a obtener una educación. En los Estados Unidos hay una proporción mayor de educadores y hombres de ciencia y letras entre los Santos de los Últimos Días. No se citan estos hechos con el espíritu de jactancia, sino de gratitud hacia una fe que inspira a la gente a cultivar la mente así como el corazón.

CONCLUSIÓN
Nuestro anhelo de instruirnos y lograr conocimiento en el campo religioso y secular ha sido una gran bendición para los Santos de los Últimos Días. Han conservado la religión íntimamente relacionada con todos los aspectos de la vida. Como se expresó al principio de este capítulo, nuestra religión no se limita a determinados campos de la vida, como la fe, el amor o la otra vida. Queremos que nuestra religión penetre en todo aspecto de la vida: salud, bienestar económico, relaciones humanas, matrimonio, vida familiar, artes, etc. Para lograr este propósito efectivamente, la religión debe comprender el uso de la mente así como la búsqueda y aplicación del conocimiento de dondequiera que proceda. Por hacer hincapié en lo racional que es nuestra religión, a veces surgen dificultades. Todo Santo de los Últimos Días procura entender su religión. También hay un gran número de ellos que se enseñan los unos a los otros. Como no todos somos inspirados en igual forma en toda ocasión, y por motivo de que cada cual es diferente en su capacidad y ambiente, es natural que haya diferencias de interpretación, con más razón al apartarnos de los fundamentos sencillos de nuestra fe. Aun los antiguos apóstoles recalcaban asuntos distintos. Cada cual tenía su propio estilo, su interés especial, como tan claramente se ve al leer las palabras de Pedro,
156

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO Pablo, Santiago y Juan. Sin embargo, todos estos hombres tenían fe en Cristo, en su misión divina y en los primeros principios del evangelio. En la Iglesia de los Santos de los Últimos Días, donde todos estamos estudiando el evangelio y enseñándolo, necesitamos ser tolerantes el uno con el otro, humildes y cuidadosos con nuestras interpretaciones, atentos a las Escrituras y las palabras de los profetas vivientes de Dios. Necesitamos recordar también, que la religión no es el único camino que lleva a la verdad o a una comprensión de la vida. La vida es sumamente compleja y complicada, y sobrepuja la habilidad del hombre para comprenderla por completo. Necesitamos mirarla desde todo punto de vista: a través de los ojos del científico, el artista, el poeta, el filósofo, la gente sencilla de sentido común y los profetas. Ninguno de ellos puede darnos, de por sí, el concepto completo de la vida. Indudablemente la vida sería mucho más incompleta sin las obras de ellos, por ejemplo: Pasteur, Newton, Beethoven, Leonardo Da Vinci, Shakespeare, Goethe, Sócrates, Platón, Amos y Jesús. La religión nos provee las verdades más importantes de la vida, nuestro conocimiento de Dios y de Cristo, y del significado, destino y valor de la vida humana, y cómo se ha de emplear. La ciencia, el arte, la filosofía y la prudencia de la vida diaria nos pueden suplir muchos instrumentos y propósitos con los cuales podemos encaminar nuestra fe religiosa por un sendero fructífero. Siempre existirá algún conflicto y cierto desacuerdo entre las varias disciplinas intelectuales de la vida. Esto es tan natural como las diferencias que surgen en todo aspecto de la vida. Creemos que si somos humildes y mantenemos abierta la puerta de la religión para que entre más revelación de Dios, así como las verdades y bellezas que El inspira por medio de los científicos y los artistas, la verdad y el valor del evangelio de Jesucristo se establecerá cada vez más firmemente entre los hombres. Como Santos de los Últimos Días deseamos andar con humildad y "buscar conocimiento, tanto por el estudio como por la fe".

157

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capítulo 36 EL MATRIMONIO Y LA VIDA FAMILIAR
Leemos en la historia de la creación en Génesis: "No es bueno que el hombre esté solo; haréle ayuda idónea para él". De modo que el Señor creó a una mujer, "y la trájo al hombre. Y dijo Adán : Esto es ahora hueso de mis huesos, y carne de mi carne: esta será llamada Varona, porque del varón fué tomada. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y allegarse ha a su mujer, y serán una sola carne. Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban." (Génesis 2:18, 22-25) Concordamos en todo sentido con este relato de Génesis. Dios creó al hombre y a la mujer para cumplir sus propósitos sobre la tierra. Ordenó que fueran uno, por lo que declaró que el matrimonio era un estado normal, saludable y deseable. En una revelación dada a José Smith, el Señor declaró: Y además de cierto os digo, que quien prohibiere el matrimonio, no es ordenado de Dios; porque el matrimonio es instituido de Dios para el hombre. (Doctrinas y Convenios 49:15)

EL PORQUÉ DEL MATRIMONIO
El matrimonio es bueno porque es el medio esencial e importante por el cual el hombre puede cumplir la medida completa de su creación. Concuerda con el propósito de Dios en la vida humana. Indiquemos brevemente las funciones del matrimonio como las entendemos.

I. SOCIABILIDAD
"No es bueno que el hombre (o la mujer) esté solo." El hombre es un ser social por naturaleza. Por sí solo no es un ser humano completo. Asociándose con otros, desarrolla su propia personalidad, su lenguaje, su habilidad para pensar, su vida moral y espiritual. Lo que más precisa el hombre, aparte de las necesidades físicas de la vida, es amar y ser amado, sentir que lo desean y necesitan, y que pertenece a otros seres humanos. El matrimonio ofrece a dos personas la oportunidad de conocer un compañerismo continuo, íntimo y duradero. Juntos, cada cual puede sentir la fuerza de ambos al enfrentarse a las vicisitudes que normalmente aparecen en la experiencia humana. El hombre y la mujer se complementan el uno al otro. En un matrimonio feliz se satisfacen las necesidades fundamentales biológicas, sociales, morales y espirituales, y se desarrollan sus personalidades en rica medida. Los hombres y las mujeres saben esto, y por lo tanto, el matrimonio continúa siendo el estado deseable para los adultos normales, no obstante sus responsabilidades y fracasos.

II. LOS HIJOS
El otro valor importante del matrimonio es los hijos y la vida familiar. En el principio se dijo al hombre y la mujer: "Fructificad y multiplicad, y henchid la tierra y sojuzgadla." (Génesis 1:28) El hombre, igual que el resto de la creación orgánica, ha de ser creativo y productivo, y la vida no cumple su función completa en el matrimonio sino hasta cuando se engendra y se cría a los hijos. Para los Santos de los Últimos Días, el matrimonio incluye a un tercer participante en la relación. Los hijos que nacen de nosotros son también hijos de Dios. Son de El porque creó sus espíritus en la preexistencia.* El Creador, nuestro Padre Espiritual, decretó que la vida sobre la tierra era buena para el hombre, un paso hacia la progresión eterna. De ahí, que al llegar a ser padres, cooperamos con Dios en "llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre." Cuando tenemos hijos y les damos la magnífica oportunidad de saber acerca de Dios, su voluntad y propósito en la vida de ellos, entonces estamos cumpliendo sus deseos y contribuyendo en gran manera a su plan. Dios quiere que tengamos hijos y que les enseñemos por medio del precepto y del ejemplo la fe y los ideales cristianos. Por lo regular, las familias de los Santos de los Últimos Días son grandes. En 1954 el promedio de nacimientos en la Iglesia fué de 39.46 por cada mil, contra un promedio de muertes de 5.46 por cada mil.*
158

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO Nuestra fe de que la vida del hombre sobre la tierra es parte del plan creador de Dios, alienta el deseo de tener mucha familia. Tenemos fe en la vida, en su valor y beneficio potenciales para aquellos que quieren aprender y hacer la voluntad de Dios. Creemos en tener una familia numerosa bajo estas condiciones: 1. Que los factores hereditarios sean favorables; 2. Que en el alumbramiento y cuidado de los hijos podamos preservar la salud mental y física de la madre, el padre y los hijos; 3. Que podamos obtener los medios por los cuales se proveen las necesidades de la vida y la salud de nuestros hijos. No nos corresponde juzgar a otros que no estén de acuerdo con esta filosofía, ni criticar a los padres de familias pequeñas. Nadie conoce las circunstancias de otro. Y todos tienen el derecho de elegir sus propios valores en tanto que no atropellen los mismos derechos de sus semejantes.

LOS IDEALES DE LOS SANTOS DE LOS ÚLTIMOS DÍAS SOBRE EL MATRIMONIO
Creemos en el matrimonio y tenemos enseñanzas y prácticas que tienen por objeto fortificar el matrimonio y enriquecer la vida familiar. Consideremos algunas de ellas, ya porque son singulares o porque hacen particular hincapié en ellas los Santos de los Últimos Días.

I. MATRIMONIO POR ESTA VIDA Y LA ETERNIDAD
Los Santos de los Últimos tienen lo que llaman matrimonio en el templo. Reconocemos los matrimonios civiles realizados por el juez de paz, un ministro o un obispo. Pero tenemos otra forma de matrimonio que se efectúa solamente en los templos de la Iglesia, que para nosotros tiene mayor significado y valor. Le decimos matrimonio en el templo o matrimonio por esta vida y la eternidad. En los casamientos civiles una mujer y un hombre son unidos "hasta que la muerte os separe." La pareja podrá tener sentimientos de amor "eterno" en su corazón, pero la ceremonia misma le señala un plazo limitado a la duración de su matrimonio. Cuando vamos a los templos con sinceridad y dignamente para ser unidos en casamiento, nos es prometido en la ceremonia matrimonial que seremos compañeros, esposo y esposa, por toda la eternidad. ¡Mas esto no es todo! También se nos promete que los hijos que tengamos nos pertenecerán para siempre. Estas promesas, por supuesto, están basadas sobre la fidelidad del uno hacia el otro y hacia los ideales y propósitos del evangelio de Cristo. La naturaleza precisa del matrimonio después de la muerte no ha sido revelada. Se nos ha dicho, sin embargo, que aquellos que se casan por esta vida y la eternidad, y viven dignamente, recibirán una gloria —que significa gozo y plenitud de vida—mucho mayor que la que lograrán los que permanezcan solteros. De hecho, se promete a los casados el grado más alto de gloria o bienaventuranza en el reino celestial de Dios. En la gloria celestial hay tres cielos o grados; y para alcanzar el más alto, el hombre tiene que entrar en este orden del sacerdocio (es decir, el nuevo y sempiterno convenio del matrimonio) ; y si no, no puede alcanzarlo. Podrá entrar en el otro, pero ese es el límite de su reino; no puede tener progenie. (Doctrinas y Convenios 131:14) Se les promete que tendrán eterna progenie. En cierto modo, que no ha sido revelado a los hombres, aquellos que son casados ayudarán a Dios a llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre aun después de la muerte. No tendrá fin su reino ni su vida creadora en beneficio de los demás. Creemos que esta ceremonia del templo, por medio de la cual el hombre y la mujer son unidos por esta vida y la eternidad, es una ordenanza sagrada y divina, y debe ser administrada por los que poseen el sacerdocio de Dios en bien de aquellos que creen en la inmortalidad y, mediante su matrimonio, desean vivir de acuerdo con los ideales cristianos.

II. LOS BENEFICIOS DEL MATRIMONIO
Ya hemos indicado el valor del matrimonio en el templo, en cuanto a la vida venidera. La fe en el matrimonio en el templo y la preparación consiguiente traen algunos beneficios al matrimonio ahora mismo. 1. El pensar en el matrimonio con una perspectiva eterna la da mayor significado e importancia a la idea. Debe causar que una persona sea más cuidadosa en su elección de su futuro compañero. El matrimonio por la
159

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO eternidad es una empresa seria, más seria que un casamiento temporal. Pedir el amor de una joven y prometerle uno su propio amor, no por esta vida únicamente sino por toda la eternidad, seguramente tiene que producir sentimientos de confianza, admiración y amor entre uno y otro. 2. El matrimonio en el templo agrega una santidad religiosa a esta relación. Los templos son edificios sagrados que han sido dedicados exclusivamente a cosas espirituales. En los templos de los Santos de los Últimos Días, los miembros de la Iglesia renuevan su fe en la creación de Dios y su propósito en sus vidas, y de nuevo prometen dedicarse a su fe en Cristo y su obra. El matrimonio en el templo no es un acontecimiento aislado en la vida de uno, sino parte esencial del propósito completo de la obra del templo. De modo que no sólo es santificado por el carácter sagrado e inspiración del ambiente, sino por el significado de toda la ceremonia del templo, de la cual se participa antes de la ceremonia matrimonial. La ceremonia matrimonial, en sí misma, es mucho más rica en significado y promesas que las ceremonias que nosotros conocemos, en las cuales el matrimonio se limita a esta vida. 3. El matrimonio en el templo se contrae siempre entre personas que pertenecen a la Iglesia de Jesucristo. Ser un miembro digno y activo es un requisito necesario para ganar la admisión a los templos de la Iglesia. Muchos estudios sociológicos muestran que la gente que se casa con los de su propia religión tiene mayor oportunidad de ser feliz que aquellos que se casan con personas que no son de su misma fe. No es porque no exista gente muy buena en todo grupo religioso, sino porque la religión está tan íntimamente ligada al concepto que uno se forma de la vida, así como de sus propios valores y actitudes. Si estas cosas no se pueden compartir, el matrimonio está limitado; si la religión es motivo de conflicto, es de perjuicio para el matrimonio. 4. El matrimonio en el templo requiere una cuida dosa preparación. El hombre y la mujer preparan su mente y corazón para ir a la casa del Señor. Cada uno es entrevistado por dos hombres de la comunidad religiosa, el obispo y el presidente de estaca. Estos hombres son prudentes, conocen las relaciones humanas, son espirituales en cuanto a su deseo y propósito y generalmente conocen bien a los que van a casarse. El matrimonio en el templo, por lo tanto, no es cosa del momento. Se requiere cierto tiempo para hacer los preparativos. Los consejos se dan con bondad y con un espíritu que presta santidad a la empresa. El matrimonio es un acto de fe. La fe siempre es llena de idealismo y de esperanza. Las grandes venturas que nacen de la fe son alentadas por el idealismo y la confianza que nacen de la religión. El matrimonio en el templo puede traer el máximo de fe religiosa y santificación a la sagrada orden del matrimonio. 5. Una ventaja final que podemos atribuir al matrimonio en el templo es el hecho de que uno puede ir al templo varias veces a presenciar el matrimonio de sus amigos y seres queridos en la misma sala en la cual uno se casó. Así vuelve uno a vivir su propia ceremonia al presenciar la de aquellos a quienes tanto estima.

III. LA ORACIÓN
Los Santos de los Últimos Días creen en la oración personal y familiar. Se enseña a los niños a orar solos, a orar en secreto todos los días y aprender a comunicarse personalmente con nuestro Padre que está en los cielos. También se nos aconseja a que oremos todos los días como familia. Esto es difícil de hacer en esta era compleja de bullicio y apuro, pero se hace más necesario por motivo de estas características de la vida moderna. La oración familiar se realiza mejor si la inician los novios la primera noche de su matrimonio y la continúan. De esta manera los hijos se crían bajo la influencia de una hermosa tradición completamente natural y feliz. Cuando son todavía muy niños, se les da su turno para que ofrezcan la oración. Individualmente los miembros de una familia se fortalecen por medio de las oraciones familiares y aumenta su sentimiento de unidad.

IV. LA HORA FAMILIAR
Hará cosa de medio siglo que se inició entre los Santos de los Últimos Días una hermosa tradición, llamada "la noche casera". En nuestra casa se escogió una noche de la semana, el lunes, para ello. Todos se quedaban en casa. Los hijos ayudaban a preparar el programa. El padre leía las Escrituras, comentaba su significado con los hijos y les hacía preguntas. Algunas noches se preparaba algo especial, como helados caseros, o pan dulce, o algún refresco agradable. La reunión terminaba con una oración familiar. La vida moderna con sus numerosas y diversas actividades, más la invasión del hogar por parte del teléfono, la radio y la televisión, casi han destruido la tranquila vida del hogar. La Iglesia se esfuerza con160

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO tinuamente por renovar esta hermosa tradición. Ahora se le llama la hora o noche familiar, y esto da a entender que la ocasión también se puede celebrar saliendo junta toda la familia. Los Santos de los Últimos Días creen en la castidad. Se les enseña que las relaciones íntimas entre un hombre y una mujer deben reservarse exclusivamente para el matrimonio. Sabemos que así es la voluntad de Dios. Es uno de los Diez Mandamientos: "No cometerás adulterio." El Salvador repitió el mandamiento en el Sermón del Monte, agregándole un significado profundo y espiritual: Oísteis que fué dicho: No adulterarás: mas yo os digo que cualquiera que mira una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. (Mateo 5:27-28) Bienaventurados los de limpio corazón: porque ellos verán a Dios. (Mateo 5:8) También en una revelación dada a José Smith, que habla de los valores morales, se nos amonesta a que seamos castos: Amarás a tu esposa con todo tu corazón, y te allegarás a ella y a ninguna otra. El que mirare a una mujer para codiciarla negará la fe, y no tendrá el espíritu; y si no se arrepintiere será expulsado. No cometerás adulterio; el que cometiere adulterio, y no se arrepintiere, será expulsado. Mas perdonarás al que haya cometido adulterio si luego arrepintiéndose de todo corazón, lo desecha y no lo vuelve a hacer. Mas si lo hiciere otra vez, no será perdonado sino que será expulsado. (Doctrinas y Convenios 42:22-26) Es palpable el porqué de este mandamiento divino; algunas razones son de naturaleza más social y otras de carácter más personal. Todo hijo de Dios que nace en el mundo necesita el cuidado amoroso de su padre y su madre. El propósito de un hijo en la vida puede realizarse mejor en el ambiente de un buen hogar. En vista de que los hijos son el fruto de un amor íntimo, las personas consideradas y socialmente responsables desean concebir y dar a luz a los hijos en las condiciones matrimoniales más ideales. Más aún, toda mujer que entra en las difíciles, creadoras, responsables y a menudo dolorosas experiencias de la concepción y el alumbramiento, necesita y merece el apoyo moral y cuidado amoroso de un esposo. Cuando consideramos el bienestar de la madre tanto como del hijo, vemos que solamente el matrimonio dentro de nuestra sociedad provee las condiciones favorables para la procreación. La castidad es tan deseable por razones personales como lo es por razones sociales. El amor íntimo no es solamente físico o biológico por naturaleza, sino que comprende toda la personalidad. Afecta la naturaleza total del hombre. Sin ser casados, ambos no pueden ser uno. Es solamente en el matrimonio que se promete "amar, honrar y estimarse el uno al otro" en presencia de Dios y el hombre. Es solamente en el matrimonio que uno puede mostrar su completa devoción y lealtad hacia el otro, viviendo, trabajando y sacrificándose juntos. La falta de castidad trae la desconfianza, el miedo y el desprecio; alienta las pasiones bajas y tiende a hacer de una persona el medio para cumplir los deseos egoístas de otra. La castidad desarrolla el dominio sobre sí, la confianza, una actitud de reverencia hacia la personalidad y libra al individuo del peligro de sacrificar su completo bienestar, así como el de otros, por un deseo egoísta y limitado. No hay dos normas de moralidad en la Iglesia. Tanto el hombre como la mujer tienen la misma necesidad y responsabilidad de ser castos y puros de corazón.

RESUMEN
Creemos que el matrimonio es ordenado de Dios para el bien del hombre. Un matrimonio feliz ayuda inmensamente a satisfacer muchas de las necesidades básicas del hombre. Creemos en los hijos y en tener familias numerosas, si son sanos. Creemos en las oraciones familiares y en hallar tiempo para celebrar la hora familiar. Creemos en la castidad antes del matrimonio y en una completa lealtad y fidelidad hacia su compañero o compañera después del matrimonio, y creemos que si se contrae con estos ideales y es sellado por el sacerdocio de Dios en el templo, estará en vigor en esta vida y en la eternidad, con promesas ilimitadas de gozo eterno.

161

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capítulo 37 LA IGLESIA Y EL GOBIERNO CIVIL
Si la Iglesia va a ser un instrumento eficaz de Dios en la vida del hombre, no puede existir únicamente para sí misma. Debe intervenir en todo aspecto de la actividad humana que afecta el bienestar del hombre. Uno de éstos es la vida política. La existencia misma de la Iglesia y la libertad religiosa depen-denden de las condiciones del estado. En este capítulo explicaremos algunas de las prácticas y actitudes básicas de la Iglesia de Jesucristo hacia la vida política y el gobierno civil. En 1835, al principio de la historia de la Iglesia, sus dirigentes redactaron una "Declaración de Creencias concernientes al Gobierno y la Leyes en general", la cual adoptaron unánimemente los miembros. La prudencia de este documento ha resistido la prueba del tiempo. Citaremos de ella extensamente para presentar los puntos de vista fundamentales de la Iglesia sobre el gobierno civil. Declara en primer lugar el interés del Señor en los asuntos políticos de los hombres. Creemos que Dios instituyó los gobiernos para el beneficio del hombre, y que él tiene al hombre por responsable de sus hechos con relación a dichos gobiernos, tanto en formular leyes como en administrarlas para el bien y la protección de la sociedad. (Doctrinas y Convenios 134:1) Los oficiales y funcionarios civiles tienen una obligación no solamente para con aquellos a quienes sirven, sino también hacia Dios, el Creador del hombre. Son responsables ante El por la justicia y misericordia que usan o dejan de usar en el ejercicio de su autoridad sobre los hombres. Este punto de vista concuerda en todo sentido con las enseñanzas de los profetas hebreos, tales como Natán, Elias, Amos, Isaías, Jeremías y muchos otros, y también con los escritores del Libro de Mormón. Cuando los oficiales actúan en contravención de los principios morales básicos de la religión, obran contra Dios y el hombre, y a la larga esto no los conducirá a un buen fin sino a su propio juicio. Para los Santos de los Últimos Días que son fieles, un puesto político es un cargo sagrado.

SOSTENIENDO LA LEY
Nuestro duodécimo Artículo de Fe dice: Creemos en estar sujetos a los reyes, presidentes, gobernantes y magistrados; en obedecer, honrar y sostener la ley. Tal es nuestra actitud y comportamiento básicos hacia los gobiernos y las leyes. Sin embargo, necesita una aclaración, y ésta se halla en Doctrinas y Convenios, donde leemos: Creemos que todos los hombres están obligados a sostener y apoyar los gobiernos respectivos de los países en que residen, mientras las leyes de dichos gobiernos los protejan en sus derechos inherentes e inalienables. (Doctrinas y Convenios 134:5) Los gobiernos que no protegen a sus ciudadanos en "el libre ejercicio de sus creencias religiosas" y en otros derechos legítimos a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad, manteniendo el debido respeto a los mismos derechos de otros, no merecen nuestro apoyo. De ningún modo han sido instituidos por Dios.

SEPARACIÓN DE IGLESIA Y ESTADO
La libertad religiosa es una de las doctrinas fundamentales de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Creemos que la religión es instituida por Dios; y que los hombres son responsables ante él, y a él solo, por el ejercicio de ella, a no ser que sus opiniones religiosas los impulsen a infringir los derechos y las libertades de otros; pero no creemos que las leyes humanas tengan el derecho de intervenir, prescribiendo reglas de adoración para ligar las conciencias de los hombres, ni de dictar fórmulas para la devoción pública o privada; que el magistrado civil debería restringir el crimen, pero nunca dominar la conciencia; que debería castigar el delito, pero nunca suprimir la libertad del alma. (Doctrinas y Convenios 134:4)
162

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO El estado tiene la responsabilidad de garantizar a sus ciudadanos sus derechos religiosos básicos, por ejemplo, la libertad de reunirse para adorar según la fe que elijan. Esto no se puede lograr por completo a menos que la iglesia esté separada del estado. Si la iglesia y el estado son uno, fácilmente se puede utilizar la influencia política contra la religión y favorecerse a una iglesia más que a las otras. Por lo tanto, la separación de la iglesia y el estado es esencial para la independencia de la religión, tanto de la dominación del estado como del poder de la iglesia dominante sobre las minorías. No creemos que sea justo confundir influencias religiosas con el gobierno civil, resultando en que una sociedad religiosa es amparada mientras que a otra le son proscritos sus privilegios espirituales y negados los derechos individuales de sus miembros como ciudadanos. (Doctrinas y Convenios 134:9)

DEMOCRACIA—EL GOBIERNO IDEAL
Los Santos de los Últimos Días creen que la democracia es la forma ideal de gobierno político. Respetamos otras formas de gobierno y alentamos a los miembros que viven bajo de ellas a obedecer las leyes del país y apoyar a sus gobernantes "mientras los protejan en sus derechos inherentes e inalienables". (Doctrinas y Convenios 134:5) Sin embargo, el gobierno democrático concuerda más con los ideales y propósitos de la religión y la vida, que las otras formas de gobierno. Así lo creemos nosotros. Esto se ha expresado magníficamente en el consejo dado por el rey Mosíah en la historia del Libro de Mormón. Hacia el final de su justo gobierno, la gente le pidió otro rey para que lo sucediera. Sus hijos, los herederos al trono, prefirieron la obra misional a la vida política y renunciaron al reino. La gente habría puesto a otro en lugar de los hijos de Mosíah, si éste no los hubiera disuadido. Les detalló algunas de las razones porque no era prudente que los gobernara un solo individuo. 1. En primer lugar, no se le puede confiar al hombre el dominio sobre sus semejantes. Al asumir su posición podrá ser una persona de integridad, pero esto no es suficiente garantía de que permanecerá así en su nueva posición de poder. La riqueza, la autoridad y los honores de los hombres tienden a cambiar el corazón de muchas personas. Otro pasaje de las Escrituras de los Santos de los Últimos Días que trata el mismo tema de la autoridad, dice: Hemos aprendido por tristes experiencias que la naturaleza y disposición de casi todos los hombres, al obtener como ellos suponen, un poquito de autoridad, es empezar desde luego a ejercer injusto dominio. (Doctrinas y Convenios 121:39) 2. Un segundo problema que tiene que resolver un gobierno en el cual el poder supremo está en manos de un individuo, como un rey o un dictador, es el asunto del sucesor. Un rey podrá gobernar con rectitud y ser amado por su pueblo pero, ¿quién garantizará que su hijo o su sucesor será tan justo como él? La historia de todos los reinos que hemos conocido sobre la tierra nos revela el hecho de que ninguna nación ha tenido una línea continua de gobernantes justos y capaces. 3. El rey Mosíah claramente indica otras mal dades del gobierno personal, en que el hombre rige al hombre. Sus palabras fueron escritas alrededor del año 92 antes de J.C., y expresan conceptos tan sabios, que describen exactamente lo que hemos experimentado en la Segunda Guerra Mundial y en muchos otros períodos de la historia. Y he aquí, os digo que no podéis destronar a un rey inicuo sino por mucha contención y el derrame de mucha sangre. Pues he aquí, tiene sus cómplices en iniquidad y conserva sus guardias cerca de sí; y abroga las leyes de los que han reinado en justicia antes de él, y huella con los pies los mandamientos de Dios; y establece leyes y las envía entre su pueblo; sí, leyes según su propia maldad; y al que no las obedece manda destruir y envía los ejércitos contra los que se rebelan para combatirlos; y si puede, los destruye, y de este modo es como un rey injusto pervierte las vías de toda rectitud. Y ahora os digo: He aquí, no conviene que tales abominaciones caigan sobre vosotros. (Mosíah 29:21-24) Mosíah continúa su consejo advirtiendo que es mejor ser gobernados por Dios, es decir, las leyes de Dios, que por el hombre "porque los juicios de Dios son siempre justos; mas no siempre es así con los del hombre", (versículo 12) Y para lograr este fin, recomienda que la gente elija jueces que los juzgarán de acuerdo con las leyes de Dios. Se nombraría a otros jueces que cuidarían a los jueces menores. La gente no solamente iba a ser juzgada por los de su propia elección, sino que iban a elegir jueces menores y mayores que velarían
163

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO recíprocamente por la justicia. Mosíah muestra su confianza en la voluntad del pueblo: Y no es cosa común que la voz del pueblo pida algo que sea contrario a lo que es justo; mas con frecuencia la parte menor del pueblo desea lo que no es justo; por tanto, observaréis y tendréis por ley esto: Arreglaréis vuestros asuntos de acuerdo con la voz del pueblo. (Mosíah 29:26) Siempre habrá individuos en los que no se pueda confiar, y minorías que persigan sus propios fines egoístas a cualquier precio; pero a la larga se puede confiar en que el pueblo buscará lo que es esencialmente justo. Y si no lo hacen, pagarán su propio precio; aprenderán de la experiencia dura y amarga, no por la voluntad de otro impuesta sobre ellos, sino por sus propios errores. Y si llega el día en que la voz del pueblo escoge la iniquidad, entonces será cuando los juicios de Dios caerán sobre vosotros; sí, entonces será cuando os visitará con gran destrucción, sí, como nunca jamás ha mandado sobre esta tierra. (Mosíah 29:27) Mosíah continúa abogando a favor de la democracia, porque produce mayor igualdad entre los hombres, una igualdad de privilegios y de responsabilidades. Ahora, pues, deseo que esta desigualdad deje de existir en este país, especialmente entre este mi pueblo; pero deseo que esta tierra sea un país de libertad, y que todos los miembros gocen igualmente de sus derechos y privilegios, mientras el Señor juzgue conveniente que habitemos y heredemos el país; sí, mientras permanezca uno de nuestros descendientes sobre la superficie del país. Y muchas cosas más les escribió el rey Mosíah, aclarándoles todas las pruebas y tribulaciones de un rey justo; sí, todas las congojas de su alma por el pueblo; y también todas las quejas del pueblo hacia su rey; y les explicó todo esto. Y les dijo que aquellas cosas no debían existir, sino que todo el pueblo debería llevar la carga, para que cada uno cumpliera con su parte. (Mosíah 29:32-34)

LA CONSTITUCIÓN DE LOS ESTADOS UNIDOS
La Constitución de los Estados Unidos de América, adoptada en 1789, llegó a ser la ley suprema del país. La primera enmienda hecha a la Constitución, que entró en vigor el 15 de diciembre de 1791, dice: El Congreso no hará ninguna ley respecto al establecimiento de una religión, o que prohiba el libre ejercicio de la misma; para limitar la libertad de expresión o de prensa; o el derecho de la gente de reunirse pacíficamente, y pedir al gobierno retribución por los daños que les hayan sido causados. Este derecho de establecer una religión, de reunirse pacíficamente y de ejercer el derecho de adorar libremente facilitó el establecimiento de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en Nueva York el 6 de abril de 1830. Creemos que la Constitución fué inspirada de Dios para garantizar a los hombres los derechos expresados en ella. Hubo un momento en nuestra historia (1833), en que las libertades civiles de nuestro pueblo en Misurí no se respetaban como debían. En medio de su desesperación, se aconsejó a los miembros de la Iglesia que siguieran . . . importunando que se les imparta justicia y retribución a manos de los que os gobiernan y tienen potestad sobre vosotros, de acuerdo con las leyes y la constitución del pueblo que yo he consentido que sean establecidas, las cuales se deben mantener para los derechos y protección de toda carne, conforme a principios justos y santos. Para que todo hombre pueda obrar en doctrina y principio pertenecientes a lo futuro, de acuerdo con el albedrío moral que yo le he dado, para que cada hombre responda por sus propios pecados en el día del juicio. Por tanto, no es justo que un hombre sea esclavo de otro. Y para este fin he establecido la constitución de este país a manos de hombres sabios que yo he levantado para este propósito mismo, y he redimido la tierra por el derrame de sangre. (Doctrinas y Convenios 101:77-80)

NUESTRA OBLIGACIÓN PARA CON EL ESTADO
Los Santos de los Últimos Días que viven en los Estados Unidos le tienen mucho respeto a la Constitución. Ha probado ser notablemente eficaz en la conservación de la forma democrática de gobierno por más de 166 años. No sabemos de ningún país donde la gente haya gozado de mayor libertad religiosa.
164

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO Nuestra Iglesia, sin embargo, no es una iglesia norteamericana. Es la Iglesia de Jesucristo y pertenece a la humanidad, así como a El. Por lo tanto, creemos que en todas partes Dios está del lado de la libertad entre los hombres. "No es justo que un hombre sea esclavo de otro" en ninguna parte de la superficie de la tierra. Los hombres que ejercen dominio egoísta e injusto sobre sus semejantes en cualquier lugar y época, son enemigos de Dios. Por el contrario, aquellos que trabajan y luchan por la libertad entre los hombres son coadjutores de Dios y gozarán de su ayuda y sostén divinos. Esto está ilustrado en el relato del Libro de Mormón donde se dice que el Espíritu de Dios es el espíritu de libertad. Un gobernador nefita, Pa-horan, cuya devoción a la libertad y la Paz, entre los hombres era fortísima, escribió a su amado compatriota Moroni, alentándolo a ". . . conducir la guerra .. . según el Espíritu de Dios, que también es el espíritu de libertad que está en ellos." (Alma 61:15) Creemos que la democracia, basada en las leyes constitucionales, es la forma de gobierno que mejor respeta el libre albedrío del hombre, así como sus derechos básicos e inalienables como ser humano y como hijo de Dios. En la práctica no se realiza completamente el ideal, pero estamos dispuestos a aceptarla, asumiendo nuestra completa responsabilidad para ayudarla a tener éxito entre los hombres. En la primera parte de este capítulo hablamos de nuestra obligación de obedecer, honrar y sostener la ley, mientras se nos proteja en nuestros derechos inalienables. Hay otras obligaciones políticas que un Santo de los Últimos Días debe asumir. Se le alienta a votar inteligentemente cada vez que tenga el privilegio de ejercer este derecho. La Iglesia, como tal, no favorece a ningún partido político.

LA IGLESIA COMO CRÍTICA MORAL
Queda por mencionarse otra función importante de la Iglesia en la vida política. Creemos que la Iglesia está en una posición ideal para criticar las otras instituciones sociales. Inspirados por DioS» guiados por sus enseñanzas y su Espíritu, teniendo siempre pelante de ellos un punto de vista moral, eterno y universal, los que la dirigen deben hacer todo lo que esta en su poder para ayudar a los hombres de todas las profesiones a hacer lo que Dios quiere que hagan. La Iglesia tiene la obligación de tener continuamente ante los ojos de todos los hombres los grandes ideales morales y religiosos del evangelio de Jesucristo, tales como la justicia, la misericordia, la libertad, la hermandad humana, la paz y el perdón. Tiene la obligación y el derecho de condenar en los cuerpos políticos aquellas prácticas que no concuerden con estos ideales. Esto se debe hacer sin distinción de partido político. La Iglesia debe también llevar a cabo un programa práctico según lo dicten las necesidades, por medio del cual puede promover y ejemplificar su fe e ideales. La Iglesia de los Santos de los Últimos Días lo está haciendo por medio de su programa recreativo, educativo, cultural y de bienestar.

RESUMEN
Nosotros los de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días creemos que los gobiernos civiles son instituidos por Dios para el bienestar del hombre, y que los funcionarios son responsables ante El así como ante los hombres. Creemos en honrar y sostener la ley. Creemos que ningún hombre debe ser esclavo de otro. Por lo tanto, preferimos una forma democrática de gobierno basada sobre la ley, más bien que aquellas formas de gobierno que se basan en el dominio personal. Creemos que la separación de la iglesia y el estado promueve la libertad de religión y de adorar, y por tanto, es deseable. Creemos que todos los adultos deben ejercer el derecho del voto y participar inteligentemente en los asuntos del estado. La Iglesia, sin favorecer ningún partido, aconseja esta participación. Creemos que la Iglesia de Jesucristo debe ser la crítica moral del hombre y otras instituciones sociales, conservando los ideales cristianos siempre ante nuestra vista y valorando la vida de acuerdo con ellos.

165

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capítulo 38 LA IGLESIA Y LA VIDA ECONÓMICA
Los guías espirituales de la Biblia han prevenido a la humanidad contra el peligro de amar las riquezas más que a Dios, o a sus semejantes, o los ideales. Amos reprendió a los habitantes de Samaría en nombre de Dios porque estaban "confiados en Sión". Con severidad reprochó a los que . . . duermen en camas de marfil, y se extienden sobre sus lechos; y comen los corderos del rebaño, y los becerros de en medio del engordadero; gorjean al son de la flauta, e inventan instrumentos músicos, como David; beben vino efl tazones, y se ungen con los ungüentos más preciosos; y no se afligen por el quebrantamiento de José. (Amos 6:4-6) Los ricos ociosos de sus días tenían el corazón en sus riquezas, ganadas con engaño y opresión, y no estaban interesados en el sufrimiento y aflicción de sus compañeros israelitas: los huérfanos y los pobres, descendientes de José. Jesús supo en qué forma son tentados los hombres a sacrificar su integridad para ganar las cosas de este mundo. En numerosas ocasiones dio al aspecto económico de la vida su lugar correspondiente. Porque iqué aprovechará al hombre, si granjeare todo el mundo, y pierde su alma? ¿O que recompensa dará el hombre por su alma? (Marcos 8:36-37) Y di joles: Mirad y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. (Lucas 12:15) No os hagáis tesoros en la tierra, onde la polilla y el orín corrompe, y donde ladrones minan y hurtan; mas haceos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orín corronipe, y donde ladrones no minan ni hurtan; porque donde estuviere vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón. (Mateo 6:19-21) El apóstol Pablo predicaba la conformidad y el deseo de lograr las cosas del espíritu: Empero grande granjeria es la piedad con contentamiento. Porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y con que cubrirnos, seamos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse, caen en tentación y lazo, y en muchas codicias locas y dañosas, que hunden a los hombres en perdición y muerte. Porque el amor del dinero es la raíz de todos los males: el cual codiciando algunos, se descaminaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores. Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, la caridad, la paciencia, la mansedumbre. Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo eres llamado, habiendo hecho buena profesión delante de muchos testigos. (I Timoteo 6:6-1)

FILOSOFÍA ECONÓMICA DE LOS SANTOS DE LOS ÚLTIMOS DÍAS
Apenas se había restaurado la Iglesia de Jesucristo, cuando José Smith recibió revelaciones por medio de las cuales se instruyó a los Santos a colocar los valores espirituales sobre los económicos. Alentó-seles a ser iguales en sus asuntos temporales, ayudándose y sosteniéndose el uno al otro en la vida económica. Los pasajes siguientes de Doctrinas y Convenios ilustran este hecho: Y estime cada hombre a su hermano como a sí mismo. ¿Qué hombre de entre vosotros, si teniendo doce hijos que le sirven obedientemente, y no hace acepción de ellos, dijere a uno: Vístete de lujo y siéntate aquí; y al otro: Vístete de harapos y siéntate allí, podrá luego mirarlos y decir soy justo? He aquí, esto os lo he dado por parábola, y es aun como yo soy. Yo os digo: Sed uno; y si no sois uno no sois míos. (Doctrinas y Convenios 38:24-27) No obstante, en vuestras cosas temporales seréis iguales, y esto no ha de ser de mala gana; de otra manera, se retendrá la abundancia de las manifestaciones del Espíritu. (Doctrinas y Convenios 70:14) Para que seáis iguales en los vínculos de las cosas celestiales, sí, y en las cosas terrenales también, para poder obtener cosas celestiales. Porque si no sois iguales en las cosas terrenales, no podréis ser iguales en la realización de las cosas celestiales. (Doctrinas y Convenios 78:5-6)
166

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO jAy de vosotros hombres ricos, que no queréis dar de vuestra substancia a los pobres! Porque vuestras riquezas corromperán vuestras almas; y ésta será vuestra lamentación en el día de la visitación, juicio e indignación: ¡La siega ha pasado, el verano ha terminado, y mi alma no se ha salvado! ¡Ay de vosotros, los pobres, cuyos corazones no están quebrantados; cuyos espíritus no son contritos, y cuyos vientres no están satisfechos; cuyas manos no se abstienen de echarse sobre los bienes ajenos; cuyos ojos están llenos de codicia; quienes no queréis trabajar con vuestras propias manos! (Doctrinas y Convenios 56:16-17) Las enseñanzas y espíritu del Libro de Mormón están íntimamente ligados con lo expresado en estos pasajes de Doctrinas y Convenios. Repetidas veces los escritores de esta antigua historia previnieron a su pueblo contra el orgullo que nace del bienestar económico, y alentaron la generosidad hacia los necesitados.* Y ahora, hermanos míos, la palabra que os declaro es que muchos de vosotros habéis empezado a buscar oro y plata y toda clase de metales preciosos que copiosamente abundan en este país que para vosotros y vuestros posteridad es una tierra de promisión. Y tan benignamente os ha favorecido la mano de la Providencia, que habéis podido obtener muchas riquezas; y porque algunos de vosotros habéis adquirido más abundantemente que vuestros hermanos, os habéis ensalzado con el orgullo de vuestros corazones, y andáis con el cuello erguido y semblantes altivos por causa de vuestras ropas costosas, y perseguís a vuestros hermanos porque suponéis que sois-mejores que ellos. ¿Pensáis acaso, hermanos míos, que Dios os justifica en esto? He aquí, os digo que no; antes os condena; y si persistís en estas cosas, sus juicios caerán sobre vosotros aceleradamente. ¡Oh, si él os mostrara que puede traspasaros, y que una mirada de su ojo puede humillaros hasta el polvo! ¡Oh, si os librara de esta iniquidad y abominación! ¡Oh, si escuchaseis la palabra de sus mandamientos, no permitiendo que este orgullo de vuestros corazones destruyese vuestras almas! Considerad a vuestros hermanos como a vosotros mismos; y sed amables con todos y liberales con vuestros bienes, para que ellos puedan ser ricos como vosotros. Pero antes de buscar las riquezas, buscad el reino de Dios. Y después de haber logrado una esperanza en Cristo, obtendréis riquezas, si las buscáis, y las buscaréis con el fin de hacer bien: para vestir al desnudo, alimentar al hambriento, libertar al cautivo y administrar consuelo al afligido y al enfermo. (Jacob 2:12-19) Y además, Alma mandó que el pueblo de la iglesia diera de sus bienes, cada uno de conformidad con lo que tuviera; si tenía en más abundancia debería dar más abundantemente; y si tenía poco, poco se le podría^ exigir; y al que no tuviese se le habría de dar. Y así deberían dar de sus bienes, de su propia y libre voluntad y buen deseo hacia Dios, a los sacerdotes que estuvieran necesitados; sí, y a toda alma desnuda y menesterosa. Y esto les dijo él a ellos, habiéndoselo mandado Dios; y marcharon rectamente ante Dios, ayudándose el uno al otro temporal y espiritualmente, según sus necesidades y menesteres. (Mosíah 18:27-29) Todo el relato del Libro de Mormón muestra a los Santos de los Últimos Días la maldad de anteponer los intereses económicos a las necesidades humanas y espirituales. El libro relata una vez tras otra cómo la vida recta trajo la prosperidad, la que a su vez engendró el orgullo, causando luchas y conflictos que condujeron a la guerra, la destrucción y la pobreza. Ya para 1831, el segundo año de la Iglesia, se intentó establecer un orden económico que les permitiría a los Santos anteponer los valores humanos y espirituales a los intereses materiales.

LA LEY DE CONSAGRACIÓN
Esta nueva orden económico-social iba a operar más o menos de esta manera: Su base fundamental estribaba en que la tierra es de Dios y los hombres no son sino mayordomos de la propiedad de El. Al aceptar esta ley, un hombre consagraba al Señor, por título, todas las cosas que poseía, es decir, a su representante, el obispo de la Iglesia. El obispo a su vez entregaba por escritura propiedad y bienes suficientes para suplirle sus necesidades, según el tamaño de su familia, sus requerimientos, necesidades y circunstancias. Al recoger la cosecha guardaría lo que necesitaba y entregaría el sobrante al obispo para los necesitados y afligidos, y también para el bien común, por ejemplo, edificios y beneficencia. De lo contrario, las operaciones comerciales se llevarían a cabo bajo un sistema libre. La filosofía básica de la ley de consagración era traer más igualdad entre los hombres en cuanto a las cosas temporales, para que pudieran ser uno en las cosas espirituales. Al principio los hombres daban cuanto poseían, y recibían a su vez de acuerdo con sus necesidades. Se entregaba el sobrante a la Iglesia con el propósito de evitar la acumulación de riquezas y conservar al pueblo en un mismo nivel material, y organizarlos para
167

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO socorrerse el uno al otro en la hora de necesidad. Esto ocurrió mucho antes que se llevara a la práctica el seguro social o cualquier otro programa similar del gobierno. La Ley de Consagración, establecida en Jackson, Misurí, no duró mucho tiempo, apenas de 1831 hasta 1834. Las causas de su fracaso fueron muchas: Los miembros de la Iglesia fueron perseguidos y arrojados del estado de Misurí; la tierra era barata y producía en abundancia al que la deseaba labrar; los hermanos que administraban el programa carecían de experiencia en cuanto a disposición y administración económicas. Por último, esta orden ideal era demasiado elevada para la naturaleza humana. Nuestro pueblo no estaba preparado para el alto idealismo que tal plan requiere. Los factores económicos, políticos y humanos, se unieron para hacer que el plan fuera impracticable en esa época, pero los Santos de los Últimos Días todavía sienten gran satisfacción por el idealismo espiritual que impulsó el esfuerzo por vivir así. Y el ideal de que los intereses económicos realicen objetos espirituales ha permanecido con nosotros desde esa época hasta ahora.

EL DIEZMO
En 1838, la Ley de Consagración, que había dejado de surtir efecto, ya que los Santos habían sido arrojados del Distrito de Jackson, Misurí, hasta Far West, dentro del mismo estado, fué reemplazada por la antigua ley del diezmo. Desde ese día, se pidió a los miembros de la Iglesia que dieran la décima parte de todos sus ingresos anuales. Este principio se ha practicado en la Iglesia desde entonces, salvo durante un breve período en que estuvo funcionando la Orden Unida en algunas colonias del Oeste. Los diezmos no son un impuesto, sino una contribución voluntaria que los miembros de la Iglesia entregan en privado al obispo. Con excepción de éste, ninguno de los de la Iglesia sabe si tal o cual persona paga todos sus diezmos, una parte o nada. El pago de los diezmos queda entre el que recibe sueldo y el Señor, y el obispo está allí como padre y consejero para representar al Señor. Por diezmo se entiende la décima parte de la ganancia de un hombre. Para el agricultor u hombre de negocios, por supuesto, quiere decir la décima parte de sus utilidades netas. El que trabaja por salario, que usa todos sus ingresos para sus gastos personales y la mantención de su familia, paga el diez por ciento de su sueldo. A todo el que recibe dinero, sea rico o pobre, se le pide que entregue el diezmo, el diez por ciento de lo que gana. En otras palabras, el diezmo no es una ofrenda graduada, sino que todos contribuyen el mismo porcentaje básico. Aun el pobre y la viuda dan la décima parte de su exigua ganancia; pero si lo necesitan, reciben ayuda de la Iglesia. Los jovencitos de ambos sexos que ganan dinero en pequeños trabajos son alentados a que se acuerden del Señor y contribuyan a su causa. Los diezmos que se pagan al obispo van al fondo general de la Iglesia, que es administrado por el Obispado General de la Iglesia bajo la dirección de la Primera Presidencia. Parte de los fondos vuelve a los barrios y estacas para la mantención y construcción de edificios; otros permanecen en las oficinas de la Iglesia para utilizarse en los gastos generales de la Iglesia, tales como hospitales, educación, servicio misionero y la obra del templo. Para los que no son de la Iglesia y para ciertos miembros también, esta ley a menudo parece demandar mucho de los ingresos de una persona, especialmente cuando tiene que pagar impuestos. Desde el punto de vista del puro interés económico, es verdad. Pero desde otro punto de vista, los diezmos son un privilegio y no una carga. "De Jehová es la tierra y su plenitud." Con fe en El y amor por la buena tierra y sus dádivas abundantes para el hombre, es fácil devolver la décima parte a El y su obra. La fe en la Iglesia y las causas dignas que infunde en nosotros, en nuestra vida familiar y la vida de los otros, alienta el pago de los diezmos. También nos agrada el carácter voluntario de este principio. El pago de los diezmos evita la recolección de dinero en un platillo dentro de la Iglesia, y así no detrae del espíritu de adoración. Indirectamente los diezmos distribuyen la riqueza entre los miembros de la Iglesia, en vista de que se usan para facilitar los mismos servicios a todos. Los diezmos han dado fuerza económica a la Iglesia: tiene buenos edificios, un buen programa educativo y recreativo, está libre de deudas y cuida de los necesitados. El pago de los diezmos desarrolla la fe, la generosidad y la lealtad en el pagador. Lo ayuda a amar a Dios más que a Mammón.

168

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

OTRAS OFRENDAS
Los Santos de los Últimos Días tienen muchas oportunidades para dar. Una vez por mes, generalmente el primer domingo del mes, se privan de dos comidas, si se encuentran bien de salud, y entregan el valor de ellas a la Iglesia para el cuidado de los pobres. En el invierno de 1855-56, una plaga de langostas, la sequía y un número muy crecido de inmigrantes se combinaron para causar un período crítico de escasez de alimentos entre los primeros pioneros. Se hizo frente a la emergencia mediante el establecimiento de un día de ayuno como lo describe Jorge A. Smith, uno de las Autoridades Generales de la Iglesia en ese tiempo. En todas estas épocas de escasez se tomaron las medidas para ayudar a aquellos que no podían proveerse de lo necesario. Se anunció un día de ayuno para la Iglesia, el primer jueves de cada mes, y el alimento ahorrado de ese modo se distribuía entre los pobres; y miles de familias que tenían abundancia de pan, lo racionaron a sus familias, con el propósito de ahorrarlo para los que no podían obtenerlo en otra forma. Y los reglamentos fueron tan prudentes y liberales en este período de escasez, que ninguno murió ni sufrió materialmente por la falta de alimento y todos se conservaron notablemente sanos. (Roberts, Comprehensive History of the Church, tomo IV, págs. 109-110)

ESTE SISTEMA HA CONTINUADO HASTA EL DÍA DE HOY.
Los Santos de los Últimos Días contribuyen al plan de bienestar, a los fondos que se emplean para la construcción y mantención de edificios y al sostenimiento de los misioneros en su trabajo. Ninguno puede ser feliz en la Iglesia si no tiene el espíritu de la donación, porque los Santos de los Últimos Días encuentran a cada instante oportunidades de dar de sus medios, de su tiempo y de sí mismos. Otras empresas económicas Durante el siglo pasado la Iglesia inició varías empresas económicas y sociales, con objeto de bendecir material y espiritualmente a sus miembros. En vista de que la mayoría de ellas pertenecen a lo pasado, sólo las mencionaremos brevemente.

I. LA CIUDAD DE SION
En 1833 José Smith comunicó a su pueblo en Misurí un plan para una ciudad de Sión. Según dicho plan, se iban a establecer comunidades de una milla en cuadro, con los edificios públicos en el centro, y los labrados y los negocios fuera de la ciudad. Todos los habitantes, así agricultores como la gente de la ciudad, vivirían dentro de la comunidad y gozarían de las comodidades y valores sociales de la vida urbana. Y los que vivieran en la ciudad tendrían amplios terrenos, casas sencillas y gozarían de calles anchas, jardines, flores y árboles frutales. Este plan tenía por objeto evitar las desventajas de la vida rural aislada así como las de una ciudad muy grande. De este modo no habría, por una parte, falta de espíritu de comunidad, ni por otra, los barrios bajos, incubadores del crimen, ni el frío carácter impersonal de la ciudad grande. La colonización mormona del Oeste siguió generalmente este plan original que se dio para la ciudad de Independence, Misurí. Como consecuencia, los Santos de los Últimos Días señalaron el camino, tanto en la vida de la comunidad como en la conquista del desierto. Los Santos de los Últimos Días se inclinan por tradición al espíritu de la comunidad, algo que está desapareciendo rápidamente en la impersonalidad de la vida de la ciudad, y por motivo de la influencia^ de los medios de comunicación tales como el automóvil, la radio y la televisión.

II. LA ORDEN UNIDA
En 1874 Brigham Young introdujo una forma modificada de la Ley de Consagración, conocida como la Orden Unida. En un número regular de comunidades la gente depositaba sus recursos en un solo lugar, y poseían todos los recursos económicos en común. Este sistema duró pocos años, décadas en algunos lugares, pero se abandonó en favor del sistema libre.

169

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

III. LA INSTITUCIÓN MERCANTIL COOPERATIVA DE SION
Hubo una época en que los negociantes del Territorio de Utah estuvieron aprovechándose indebidamente de los Santos mediante los monopolios. Fué entonces que la Iglesia estableció una institución mercantil cooperativa llamada Institución Mercantil Cooperativa de Sión. Un almacén central servía como centro de compras al por mayor y de distribución. En todo barrio de la ciudad del Lago Salado y en todos los sitios del Territorio donde el espacio lo permitía, se establecieron pequeñas cooperativas, propiedad de la gente, las cuales servían como sucursales y vendían la mercancía a un precio razonable. Este sistema funcionó bien durante décadas en algunas comunidades, pero se abandonó finalmente cuando ya no hubo necesidad y la gente no quiso hacer el esfuerzo excepcional que la cooperación requiere. Se han probado otras cosas también. La Iglesia ha establecido empresas cuando escasea el capital privado. Algunas de estas todavía continúan como empresas propias de la Iglesia. Un ejemplo es la fabricación de azúcar de remolacha o betabel. La Iglesia trajo la primera máquina para la producción de azúcar de remolacha desde Francia, y todavía es el accionista principal de la compañía azucarera Utah-Idaho.

EL PLAN DE BIENESTAR
La actual empresa económica de los Santos de los Últimos Días, de carácter general, que afecta a todos los miembros de la Iglesia y requiere mucha preparación trabajo y medios, es conocida como El Plan de Bienestar de la Iglesia. Se inició en 1936 bajo la inspirada dirección del Presidente Heber J. Grant. En esa época, los miembros de nuestra Iglesia igual que otros en los Estados Unidos y casi en todo el mundo, estaban en una grave crisis económica. Entre los Santos de los Últimos Días estaban mermando algunas de las virtudes de los pioneros, como la independencia, la confianza en sí mismos y la cooperación. En su lugar empezó a desarrollarse la tendencia a depender del sostén del gobierno, con su consiguiente falta de iniciativa y esfuerzo personal. Después de cuidadoso estudio y oración se presentó un plan a la Iglesia, que desde ese día ha crecido y se ha ensanchado continuamente. Algunos de los métodos del plan han sido experimentales, y se han descartado o mejorado, pero la filosofía básica y los propósitos del plan han permanecido esencialmente los mismos. Las metas fundamentales del plan pueden enumerarse en esta forma: A. El desarrollo de la independencia y la confianza en sí mismo en cada miembro de la Iglesia, enseñando y ayudando a todos a cuidarse mejor ellos mismos y sus familias. B. El desarrollo del espíritu de hermandad y cooperación entre sus correligionarios, enseñando a los hombres a trabajar juntos por los necesitados. C. La producción de las necesidades de la vida para ayudar a los necesitados, los pobres y los enfermos. D. La edificación y mantención de una organización eficaz que en verdad represente a la Iglesia misma, y que esté en posición de hacer frente a cual quiera emergencia que pudiera surgir en la vida de uno sus miembros o todos ellos. En estos propósitos vemos una fusión de las necesidades espirituales y materiales de los hombres, que tanto distingue a la doctrina y práctica de los Santos de los Últimos Días. Haremos un breve bosquejo del funcionamiento del Plan de Bienestar por medio del cual se cumplen estos propósitos. Un comité central decide aproximadamente cuántos miembros de la Iglesia necesitarán ayuda material, y cuáles serán esas necesidades durante el año próximo. Luego se asignan a los miembros dichas necesidades, para que las preparen y depositen en almacenes, desde donde serán distribuidas más tarde entre los necesitados o enfermos de la Iglesia al recomendarlo el obispo. A cada región se le señala la preparación de cierta cantidad de productos. Una región se compone de cierto número de estacas. La región a su vez divide la cantidad entre las estacas. Estas tienen tierras o fábricas en las que se reúnen para preparar sus cuotas asignadas. Los barrios de cada estaca tienen que preparar su parte de la cuota de la estaca. Los obispos de los barrios llaman a los quórumes del sacerdocio y a la Sociedad de Socorro para que proporcionen obreros, cosechas y artículos necesarios para cumplir con la cuota del barrio. La meta de todo el programa es hacer que los Santos preparen cuanto se necesite para los menesterosos.
170

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO Hasta donde se puede, el dinero se elimina de la operación. Aquellos a quienes se ayuda reciben ánimo y la oportunidad de sostenerse a sí mismos, si les es posible. Se impulsa a toda familia, quorum, barrio, estaca y región, respectivamente, a que sean independientes y confíen todo lo posible en sí mismos pidiendo ayuda a las unidades mayores del programa si el caso lo requiere.

RESUMEN
El Plan de Bienestar de la Iglesia es un programa amplio que requiere mucha cooperación y trabajo voluntario, rendidos con el espíritu del evangelio de Jesucristo. Es una demostración práctica de lo que significa ser "guarda de mi hermano". La Iglesia está interesada en el bienestar económico de su pueblo. Tiene un programa por medio del cual vela por sus necesitados. La Iglesia coloca el bienestar espiritual sobre el bienestar económico, e invita a sus miembros a que contribuyan voluntaria y generosamente al trabajo de la Iglesia. Un Santo de los Últimos Días da libremente a la Iglesia. En el momento actual, la Iglesia está en una fuerte posición económica que le facilita llevar a cabo un extenso programa de construcción, educación, caridad y beneficencia.

171

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capítulo 39 LA MANERA DE ADORAR DE UN SANTO DE LOS ÚLTIMOS DÍAS
El antiguo Salmista escribió: ¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en el lugar de su santidad? Y su respuesta fué: El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a la vanidad, ni jurado con engaño. (Salmos 24:3-4) El profeta Miqueas, que vivió 740 años antes de J.C, hizo la misma pregunta y la contestó en uno de los pasajes más significativos de todo el Antiguo Testamento: ¿Con qué prevendré a Jehová, y adoraré al alto Dios? ¿Vendré ante él con holocaustos, con becerros de un año? Y llegó a esta conclusión: Oh, hombre, él te ha declarado qué sea lo bueno, y qué pida de ti Jehová: solamente hacer juicio, y amar misericordia y humillarte para andar con Dios. (Miqueas 6:6-8) Todo individuo y todo grupo religoso, igual que el Salmista y Miqueas, tienen la misma pregunta. ¿ Con qué vendré ante el Señor? ¿Cómo adoraré a Dios? Al repasar la historia de la religión, y si observamos la vida de la gente religiosa, en lo que se relaciona con Dios, encontramos que hay dos maneras de adorarlo y servirlo. Consideremos cada una de ellas.

ORACIÓN Y MEDITACIÓN
1. Alguna gente gente adora a Dios por medio de la meditación y la oración. Se les ha comparado a un vaso, un receptáculo vacío que se puede llenar con el Espíritu de Dios. El ejemplo más común de esta clase de vida religiosa es el místico, que se encuentra en la gran tradición religiosa. No se siente cómodo en este mundo de multiplicidad y cambio, y ansia hallar su reposo en Dios. Por lo tanto, se aparta del mundo del pensamiento y sentidos, y encuentra unidad de vida por hacerse uno con Dios. Existen todos los grados de misticismo y devoción religiosa de este carácter. Algunas personas se han separado del mundo completamente y viven como ermitaños o en monasterios aislados. Algunos de ellos ni siquiera les hablan a sus semejantes. Otros permanecen en el mundo pero encuentran en la religión un medio para alejarse de los asuntos comunes de los hombres. Para ellos la religión significa esencialmente orar, meditar, leer la palabra de Dios y adorar por medio del arte y la música. 2. Hay otros que expresan su religión por medio de la acción, sirviendo a una causa buena por hacer la voluntad de Dios. Se les ha comparado a un instrumento en las manos de Dios. Su objeto es llevar a cabo el propósito de Dios en la vida. Son hombres activos que sirven como maestros de boy scouts, visitan a los huérfanos, a los enfermos y afligidos, y recolectan fondos para la Cruz Roja o alguna Sociedad de Beneficencia. Los mazdeístas de la antigua Persia y los puritanos de Inglaterra y Nueva Inglaterra se consideraban más bien instrumentos que vasos del Señor.

ARMONÍA
La vida religiosa más completa, el modo de adorar a Dios en espíritu y en verdad y con todo el corazón, consiste en ser a la vez vaso e instrumento del Señor. Esto queda ilustrado en la vida de Moisés, quien, como recordaremos, se quitó los zapatos porque estaba en tierra santa ante el Señor, cuando se le manifestó en la zarza ardiente en el monte de Horeb.* Pero después de comunicarse con el Señor, Moisés volvió a su pueblo para sacarlo de Egipto. Repetidas veces fué a Jehová para recibir su palabra y su fuerza a fin de poder volver a su pueblo rebelde y conducirlo hacia la tierra prometida. En la vida de Moisés observamos las dos clases de vida
172

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO religiosa: la comunión y la acción, alternando y sosteniéndose la una a la otra. La vida de Jesucristo nos provee otro hermoso ejemplo de esta combinación de adoración y servicio. Empezó su ministerio con cuarenta días de ayuno y oración en el desierto, y entonces "anduvo haciendo bienes" entre los hijos de los hombres. Fatigado de enseñar, y agotado de curar a los enfermos y afligidos y de discutir con los Fariseos, se apartaba de sus discípulos y a la multitud para buscar a su Padre Celestial en la soledad de la montaña. Renovado en propósito y fortaleza, volvía otra vez para apacentar su rebaño como pastor. Aun sobre la cruz pidió alivio a su Padre, y también suplicó que perdonara a los que lo estaban crucificando. Hubo en la vida de Jesús dos lealtades supremas: hacia su Padre y hacia los hombres. No eran dos cosas incompatibles, sino complementarias, porque contestó la pregunta, "¿Cuál es el mandamiento grande en la ley?", con las siguientes palabras: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente. Este es el primero y el grande mandamiento. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. (Mateo 22:37-40)

ADORACIÓN SEGÚN LOS SANTOS DE LOS ÚLTIMOS DÍAS
Los Santos de los Últimos Días no son extremistas en su manera de adorar. No vemos ningún provecho en que un hombre pase su vida entera en la contemplación de Dios, aislado de la esfera en que sus semejantes viven, sufren y mueren; y aunque sea admirable, no llamamos vida religiosa a aquella que se pasa en hacer bien pero nunca vuelve a la fuente de la vida espiritual. En nuestra humilde manera preferimos seguir los pasos de Moisés y Jesús, a fin de obtener la paz y la fortaleza de nuestro Creador con objeto de servir a sus hijos. La otra tarde tuvimos oportunidad de conversar con un hombre que es de los Santos de los Últimos Días, de setenta y ocho años de edad, bien conocido por su vigorosa campaña en pro de las causas buenas entre los hombres. Da la apariencia de ser joven, activo y de gozar de la vida. Sabiendo que sus muchos años de alto idealismo le han causado muchos desengaños y tragedias, le preguntamos: "Hermano, ¿cómo se mantiene joven y optimista?" Su respuesta fué sencilla e inspiradora. Dijo así: "Nunca me preocupo ni tengo miedo. Cuando el miedo entra en mi corazón, voy a mi habitación, cierro la puerta, y me arrodillo para orar a mi Padre que está en los cielos hasta que el miedo se aleja de mí. Luego sigo adelante otra vez." Este hombre ejemplifica la fe de los Santos de los Últimos Días, en su grado más alto. Es una vida de contemplación así como de acción, de adoración y servicio, y de espiritualidad que engendra la moralidad. Creemos en un Dios viviente y personal, y nos allegamos a El con gratitud y adoración, reconociendo nuestra necesidad de su compañía. Creyendo que todos los hombres son sus hijos, hermanos nuestros, salimos de la casa de oración hacia nuestros hogares, fábricas, negocios y oficinas, donde podemos expresar nuestra fe mejorando la vida del hombre. Tal es nuestro ideal. Esta vida de oración y servicio está bien expresada en el Libro de Mormón. Nos alienta a que adoremos al Señor en oración: Enséñales a no cansarse nunca de las buenas obras, sino a ser mansos y humildes de corazón; porque éstos hallarán descanso para sus almas. ¡Oh, recuerda, hijo mío y aprende sabiduría en tu juventud; sí, aprende en tu juventud a guardar los mandamientos de Dios! Sí, y pide a Dios todo tu sostén; sí, sean todos tus hechos en el Señor, y donde quiera que fueres sea en el Señor; sí, dirige al Señor tus pensamientos; sí, deposita para siempre en el Señor el afecto de tu corazón. Consulta al Señor en todos tus hechos, y él te dirigirá para bien; sí, cuando te acuestes por la noche, acuéstate en el Señor, para que él te cuide mientras duermes; y cuando te levantes en la mañana, rebose tu corazón de gratitud hacia Dios; y si haces estas cosas, serás exaltado en el postrer día. (Alma 37:34-37) Después de instar tan fervorosamente la oración, el autor advierte que las oraciones deben ir acompañadas del servicio cristiano. De lo contrario, resultan vanas e hipócritas. Y he aquí, amados hermanos míos, os digo que no creáis que esto es todo; porque si después de haber hecho todas estas cosas, despreciáis al indigente y al desnudo y no visitáis al enfermo y afligido, si no dais de vuestros bienes, si los tenéis, a los necesitados, os digo que si no hacéis ninguna de estas cosas, he aquí, vuestra oración será en vano y no os valdrá nada, mas seréis como los hipócritas que niegan la fe. Por tanto, si no os acordáis de ser caritativos, sois como la escoria que los refinadores desechan por no tener valor, y es hollada de
173

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO los hombres. (Alma 34:28-29)

OPORTUNIDADES PARA ORAR
Un Santo de los Últimos Días tiene innumerables oportunidades para adorar a Dios y servir en la Iglesia. Describiremos algunas de las ocasiones en las que se presentan ambas oportunidades. 1. En la Iglesia la ocasión particular en que el grupo puede adorar, es el servicio sacramental. Cada domingo se invita y anima a los miembros de la Iglesia a asistir a esta reunión. El propósito principal en esta ocasión es recordar al Salvador, su vida, muer te y enseñanzas al participar de los emblemas de su sufrimiento. Es un momento para meditar su vida y su voluntad, y reiterarle nuestra fe y nuestra determinación de mejorar nuestra vida cristiana. r Para realizar este propósito, cantamos, oramos, y oímos predicaciones relacionadas con nuestra fe, ademas de participar del sacramento. Los miembros del obispado preparan y dirigen estas reuniones. Se distinguen de los servicios de otras denominaciones religiosas en que no tenemos un ministro profesional para que dirija a la congregación en las oraciones, o para dar un sermón. Los que presiden llaman a los miembros de la Iglesia a orar y predicar. Generalmente se les invita privadamente y se les da tiempo para prepararse, especialmente las predicaciones. Proporcionan la música los que poseen ese talento dentro del barrio o la comunidad, o un coro formado por los miembros que cantan sin remuneración. Con excepción de las oraciones sacramentales y de algunas otras que se emplean en ciertas ordenanzas de la Iglesia, no existen oraciones fijas entre los Santos de los Últimos Días. Los jovencitos, los hombres y las mujeres grandes, todos oran cuando la ocasión lo requiere, repitiendo en voz alta los deseos de su corazón. Asimismo, aquellos a quienes se invita a hablar, preparan los sermones. El obispo no sabe más que la congregación acerca de lo que se va a decir antes de darse el discurso. Esta participación amplia y laica en los servicios de la Iglesia tiene sus limitaciones. Algunos de los sermones no son especialmente instructivos y carecen de unidad y propósito. Algunas veces a las oraciones les falta un sentimiento y significado profundo. En cambio, la sinceridad y la humildad siempre están presentes. Uno deposita su confianza en el Espíritu del Señor y cuando está presente, se recibe una inspiración grande aunque el orador no sea muy experimentado en conversaciones religiosas. Cuando los Santos de los Últimos Días se reúnen en los servicios de la Iglesia, no son tanto una congregación como una comunidad. Se tratan de "hermano" y "hermana" el uno al otro. Casi todos se conocen, porque usualmente viven cerca el uno del otro y tienen numerosos y variados contactos en la Iglesia. En vista de que aquellos que presiden y hablan no son eclesiásticos, sino sus propios vecinos, hay amistad e intimidad entre el predicador y el oyente. Estos factores contribuyen a la amistad y compañerismo de las reuniones de los Santos de los Últimos Días, pero también detraen algunas veces del espíritu de reverencia y devoción. La falta de reverencia se agrava a veces porque se aconseja a los padres a que lleven a su familia a las reuniones sacramentales. Es difícil que los niños presten mucha atención durante los servicios que no son especialmente preparados para ellos. En muchos lugares hay mucha necesidad de mejorar la reverencia demostrada en las reuniones sacramentales. 2. Las reuniones de ayuno y testimonio generalmente se verifican el primer domingo de cada mes.* El objeto principal de esta reunión es renovar nuestra fe en Cristo. Esto se logra en parte cuando los miembros de la congregación voluntariamente se ponen de pie y expresan su gratitud y su fe. Esta expresión del testimonio de la persona es tan variada como la personalidad de la gente que lo da. Por lo general, se destaca su sencillez y carece de extremadas muestras de emoción. El testimonio de que estamos hablando, es el sentimiento que uno tiene en cuanto al evangelio y la Iglesia de Jesucristo. Puede ser débil o fuerte, incipiente o desarrollado. Como se basa en la experiencia total de la vida de uno, varía en cierta medida entre personas. Un Santo de los Últimos Días dice que tiene un testimonio verdadero del evangelio cuando tiene completa seguridad o certidumbre de que es verdad, basando dicha seguridad o certidumbre en su experiencia completa y confirmada por el testimonio ardiente que da a su corazón el Espíritu de Dios o el Espíritu Santo. Sabe por sí mismo que el evangelio es verdadero aunque no puede probarlo a otro. El dar la persona su testimonio produce entendimiento y estimación del uno por el otro entre los santos. La
174

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO fe de uno fortifica la fe de su prójimo, dándole un nuevo concepto del significado de su religión. 3. En todas las reuniones de la Iglesia, en las reuniones del Sacerdocio, la Escuela Dominical, la Sociedad de Socorro, la A.M.M., la Primaria, así como en todas las reuniones de oficiales y maestros, la oración forma parte integrante. 4. Nuestros templos son edificios santos, dedicados con toda santidad al Señor. Las ordenanzas que en ellos se efectúan nos hacen comprender más profundamente nuestra relación con nuestro Padre Celestial y su Hijo Jesucristo. Vamos allí a rendir homenaje al Altísimo y a dedicar nuestras propias vidas a sus propósitos y servicio.

175

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capítulo 40 LA SALVACIÓN AL ALCANCE DE TODOS
Los Santos de los Últimos Días creen en la Paternidad de Dios, en su justicia, imparcialidad, amor, misericordia y bondad, así que es natural que crean que el evangelio de Jesucristo, es "el poder de Dios para la salvación" y que está al alcance de todos los nombres. Jesús mismo dijo a sus discípulos: "Id por todo el mundo; predicad el evangelio a toda criatura." (Marcos 16:15) Hablando de su hermandad en Cristo, San Pablo dijo: "Donde no hay Griego ni Judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni Scytha, siervo ni libre; mas Cristo es el todo, y en todos." (Colosen-ses 3:11) Un trozo bello y claro del Libro de Mormón nos revela el deseo del Salvador de que todos los hombres reciban su salvación: Porque he aquí, amados hermanos míos, os digo que el Señor no obra en la obscuridad. El no hace nada a menos que sea para el beneficio del mundo, porque ama tanto al mundo, que da su propia vida para llevar a todos los hombres a él. Por tanto, a nadie manda no participar de su_ salvación. ¿Acaso dice él a alguien: Apártate de mí? He aquí, os digo que no; antes dice: Venid a mí, vosotros, todos los extremos de la tierra, comprad leche y miel sin dinero y sin precio. He aquí ¿ha mandado él a alguno que salga de las sinagogas, o de las casas de oración? He aquí, os digo que no. ¿Ha mandado él a alguien que no participe de su salvación? He aquí, os digo que no, sino que la ha dado libremente a todos los hombres; y ha mandado a su pueblo que persuada a todos los hombres a que se arrepientan. He aquí, ¿ha mandado el Señor a alguien que no participe de su bondad? He aquí, os digo que no; mas un hombre tiene tanto privilegio como otro, y nadie es vedado . . . Y además, el Señor Dios ha mandado que los hombres no asesinen; que no mientan; que no roben; que no tomen el nombre del Señor su Dios en vano; que no envidien; que no sean maliciosos; que no riñan unos con otros; que no cometan fornicaciones y que no hagan nada de esto; porque los que lo hacen perecerán. Porque ninguna de estas iniquidades viene del Señor; pues él hace lo que es bueno entre los hijos de los hombres; y nada hace que no sea claro para los hijos de los hombres; y los invita a venir a él, y participar de sus bondades; y a ninguno de los que a él vienen desecha, sean negros o blancos, esclavos o libres, varones o hembras; y se acuerda de los paganos; y todos son iguales ante Dios, tanto los judíos como los gentiles. (2 Nefi 26:23-28, 32-33) Jesucristo es Señor de los vivos y de los muertos, el juez del que vive y del que está muerto. Este es el testimonio de las Escrituras. Cuando fué crucificado continuó su ministerio entre los muertos. El Nuevo Testamento lo indica con bastante claridad, y ha sido confirmado por revelación en nuestro tiempo. Cuando Jesús estaba sobre la cruz, entre los dos malhechores, uno de ellos . . . le injuriaba diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. Y respondiendo el otro, reprendióle, diciendo: ¿Ni aun tú temes a Dios, estando en la misma condenación? Y nosotros a la verdad justamente padecemos; porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos: mas éste ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vinieres a tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso. (Lucas 23:39-43) Jesús cumplió su palabra, según lo indica otro pasaje de las Escrituras en el cual se relata cómo encontró a María Magdalena el primer día de la semana, o sea al tercer día de su crucifixión. Ella había ido al sepulcro y al encontrarlo vacío, pensó que alguien se había llevado el cuerpo. Llorando, se volvió para irse cuando Jesús se le apareció y la llamó por su nombre. Ella exclamó: "¡Maestro!" Entonces el Salvador le dijo: No me toques: porque aún no he subido a mi Padre: mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. (Juan 20:17) En la primera epístola de San Pedro se declara inequívocamente que Jesús predicó a los que estaban muertos: Porque también Cristo padeció una vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu: en el cual también fué y predicó a los espíritus encarcelados; los cuales en otro tiempo fueron desobedientes, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, cuando se aparejaba el arca; en la cual pocas, es a saber, ocho personas fueron salvas por agua. (I Pedro 3:18-20)
176

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO Porque por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos; para que sean juzgados en carne según los hombres, y vivan en espíritu según Dios. (I Pedro 4:6) De acuerdo con el evangelio de San Lucas, Jesús empezó su ministerio leyendo en la sinagoga las siguientes palabras de Isaías: El espíritu del Señor es sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado para sanar a los quebrantados de corazón; para pregonar a los cautivos libertad, y a los ciegos, vista; para poner en libertad a los quebrantados; para predicar el año agradable del Señor. (Lucas. 4:18-19) Esta actividad caracterizó su misión terrenal. Creemos, junto con San Pedro, que continuó su misión entre los espíritus, hijos de Dios, en su estado intermediario entre la muerte y la resurrección.

LA VIDA ENTRE LA MUERTE Y LA RESURRECCIÓN
Según Alma, un profeta del Libro de Mormón, cuando los hombres mueren "son llevados ante aquel Dios que les dio la existencia." Los justos "serán recibidos en un estado de felicidad que se llama paraíso: un estado de descanso, un estado de paz, donde descansarán de todas sus aflicciones, y de todo cuidado y pena."* Los espíritus de los malvados que rechazaron al Señor, que escogieron las malas obras y no las buenas, sufrirán el remordimiento y la tristeza que acompañan esa clase de vida. Es nuestra creencia que Jesús y sus discípulos predicarán el evangelio a aquellos que han salido de esta vida sin haberlo recibido. En la misericordia de Dios, éstos tendrán la oportunidad de aceptarlo si quieren, mediante su fe y arrepentimiento. Dios y Cristo son los jueces de los vivos y de los muertos. No es su deseo condenar ni siquiera a los peores de los hombres, Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que'en él cree, no se pierda, sino que tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para que condene al mundo, mas para que el mundo sea salvo por él. (Juan 3:16-17) Podemos tener la seguridad de que Dios y Cristo harán cuanto puedan por llevar a toda la humanidad a la salvación y la vida eterna, porque ésa es su obra y su gloria. Lo que no puede realizarse en esta vida se continuará en la otra, hasta que todos los hijos de Dios que hubieren vivido sobre la tierra tengan la misma oportunidad de aceptar y vivir de acuerdo con los principios salvadores del evangelio de Jesucristo. Cristo vivió y murió por todos los hombres. Así como el Padre, El no hace acepción de personas.

EL INFIERNO Y EL CASTIGO ETERNO
Aquellos que no quieren aceptar los principios de la justicia, que no tienen fe para arrepentirse, y ningún hombre sabe cuántos y quiénes podrán ser, sufrirán una muerte espiritual que es el infierno. Este infierno no es un lugar creado por Dios ni impuesto por El a los hombres, donde los condenados sufren eternamente, como lo pinta tan vividamente Dante en La Divina Comedia. El infierno es una condición del alma, el fruto natural de una vida que ha buscado lo malo y no lo bueno, un alma sin luz, un alma que ha rechazado no solamente a Dios sino todo lo que El representa. El infierno es también un lugar, pero será la condición del alma lo que lo convertirá en infierno. El castigo que padecemos por nuestras maldades se llama castigo de Dios, porque hemos violado sus leyes, las leyes de la vida eterna. Según una revelación dada a José Smith, "tormento interminable" y "condenación eterna" no significan, al usarse en las Escrituras, tormento y condenación para siempre jamás, sino sencillamente tormento y condenación de Dios, o más bien, el castigo que nos sobreviene por violar las leyes de Dios. Algunas veces los profetas han usado palabras enérgicas para inculcar el arrepentimiento. Desgraciadamente cuando se interpretan estas palabras aisladamente, sin referirse para nada a la personalidad de Dios y su propósito en la vida humana, fácilmente se pervierte el evangelio. En el evangelio restaurado, reafirmamos nuestra fe en un Dios justo y misericordioso que sufre cuando sus hijos sufren, y cuya gloria no es la condenación sino la salvación de sus hijos. Hay un grado de salvación al alcance de todo hombre, salvo los hijos de perdición, los cuales, después de haber sabido por el poder del Espíritu Santo que Jesús es el Cristo, entonces lo niegan. Jesús dijo que éstos no
177

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO recibirían perdón. Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres: mas la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada a los hombres. Y cualquiera que hablare contra el Hijo del hombre, le será perdonado; mas cualquiera que hablare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo, ni en el venidero. (Mateo 12:31-32) Sucede esto, no porque Dios se ofenda y coloque una barrera para impedir el paso al camino de la salvación para siempre, sino más bien porque tales hombres se han colocado a sí mismos en esa condición, y han llegado a tal grado de degradación moral y espiritual que mueren "en cuanto a las cosas que pertenecen a la justicia". Ellos mismos han perdido toda la fe y la capacidad para arrepentirse. Por medio de la fe y el arrepentimiento, el resto de la humanidad puede progresar eternamente hacia una plenitud de vida, restringida únicamente por su propia desidia y su incapacidad para realizar sus oportunidades como hijos de Dios. En la doctrina de los Santos de los Últimos Días, no se trata de dividir simplemente el destino de los hombres entre el cielo e infierno. Todo hombre recibirá la medida de lo que haya merecido; pasará su vida eterna en la condición que haya ganado.

LA OBRA DEL TEMPLO
Creyendo que muchos aceptarán a Cristo por medio de la fe y el arrepentimiento después de salir de esta vida, los Santos de los Últimos Días hacen obra vicaria por los muertos. En el Nuevo Testamento leemos en un pasaje sobre el tema estas palabras de San Pablo: De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué pues se bautizan por los muertos? (I Corintios 15:29) La carta del apóstol tenía por objeto establecer la realidad de la resurrección. Con ese fin hizo referencia a la práctica de bautizarse por los muertos. Las mismas ordenanzas que forman una parte tan significativa de la vida religiosa de los vivos, tales como el bautismo, confirmación, ordenación y matrimonio, se efectúan en nuestros templos en bien de aquellos que han muerto. Se hace esto con la confianza de que éstos, así como los vivos, pueden oír el evangelio, aceptarlo y desear participar de un modo vicario en estas ordenanzas que se llevan a cabo en la tierra. Así pues, por medio de la obra vicaria del templo, todos los creyentes pueden ser bautizados como testimonio de su arrepentimiento y fe en Cristo. Todo don y bendición del evangelio, que por su ignorancia les fué negado a los hombres en el estado mortal, queda al alcance de ellos en su estado inmortal. Es una tarea inmensa esta de recoger los nombres de la gente que ha muerto sin el conocimiento del evangelio y entonces hacer la obra vicaria por ella. En nuestra opinión, es una obra sin fin. Algunos podrán considerarla fútil y gran pérdida de tiempo. Por cierto, la obra del templo es una obra de amor y servicio, ofrecida a gente que está en libertad de aceptar o rechazar su significado. También pone el evangelio, con sus dones y bendiciones, al alcance de todos.

RESUMEN
En este capítulo hemos afirmado la fe de los Santos de los Últimos Días en la Paternidad, imparcialidad y misericordia de Dios hacia todos sus hijos. De acuerdo con esta fe, creemos que se debe enseñar el evangelio de Jesucristo a todos los hombres en todas partes, y que debe dárseles la oportunidad de aceptarlo o rechazarlo. Este privilegio de oír y recibir el evangelio se extiende aun a los muertos. Iniciada por el Salvador mismo, la predicación del evangelio continuará hasta que todo hijo de Dios haya tenido la oportunidad de aceptarlo. Nuestro Padre y su Hijo Jesucristo no tienen interés en condenar al hombre. El infierno es una condición que los hombres traen sobre sí. El castigo de Dios es la consecuencia natural de menospreciar sus leyes, y dura mientras los hombres siguen despreciándolas. Solamente aquellas almas en quienes no exista el deseo y la capacidad de ejercer la fe para el arrepentimiento, se perderán. Todos los otros se salvarán de acuerdo con la medida y hasta el grado en que puedan obedecer los principios salvadores de la vida eterna. Las ordenanzas esenciales para la salvación completa del hombre se efectúan de un modo vicario en los templos que se han edificado y dedicado para este propósito. Dios quiere que todos los hombres tengan toda
178

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO oportunidad para alcanzar la salvación. Creemos que los hombres tienen el privilegio y necesidad de ayudar a Dios en su obra entre los hombres. Los Santos de los Últimos Días tienen la responsabilidad de vivir de acuerdo con el evangelio y enseñarlo, para que todos los hombres, los vivos así como los muertos, sean persuadidos a tener fe en la vida cristiana.

179

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capítuio 41 LA RESTAURACIÓN DEL EVANGELIO Y DE LA IGLESIA DE JESUCRISTO
Las denominaciones religiosas cristianas han tenido varios orígenes, cada uno de los cuales es sumamente complejo y comprende factores religiosos, políticos sociales y personales. Para comprender en forma más completa el origen de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, quizá nos será de provecho repasar brevemente el origen de algunos de los otros grupos religiosos de la cristiandad.

ORIGEN DE LAS IGLESIAS
1. Algunas iglesias declaran ser la verdadera iglesia de Jesucristo porque pueden seguir la línea de su autoridad directa y continuamente hasta Cristo, por medio de sus apóstoles. Tal es la posición de la Iglesia Católica Romana, que pretende a su autoridad por medio de la sucesión apostólica en línea directa de Cristo a Pedro mediante los sucesivos obispos y papas de Roma. La Iglesia Griega Ortodoxa, que se separó oficialmente de la Iglesia Romana en 1054, también dice tener autoridad continua por conducto de sus obispos y patriarcas hasta los tiempos apostólicos. La Iglesia Episcopal de Inglaterra, que se retiró de la Romana en el siglo dieciséis, como lo hizo la Iglesia Católica Griega, pretende ser una iglesia cristiana verdadera por medio de una línea continua que viene desde los obispos de la Iglesia Cristiana de los primeros siglos. Los Santos de los Últimos Días no tienen relación con estas iglesias que afirman ser la continuación, durante los siglos, de la primitiva iglesia y evangelio que enseñaron Jesús y sus apóstoles. De hecho, creemos que ninguna iglesia cristiana ha retenido sin interrupción la autoridad y doctrina desde los tiempos apostólicos hasta el presente. 2. Hay un segundo grupo bastante grande de denominaciones cristianas que se originaron al protestar contra la madre iglesia. Los ejemplos más conocidos de estas iglesias son, como su nombre lo indica, las muchas iglesias protestantes, tales como la Luterana, Calvinista y Metodista. Iniciaron estos movimientos hombres de mucho valor y alta devoción hacia lo que creían ser la verdadera fe cristiana. Martín Lutero, por ejemplo, se indignó por el descarado materialismo y prácticas inmorales relacionados con la venta de indulgencias por parte de la iglesia de la cual él era sacerdote. Al principio Lutero no tenía pugna contra la doctrina católica. Los cambios doctrinales y eclesiásticos del Luteranismo vinieron después de que la Iglesia Católica rechazó sus esfuerzos por reformar la vida moral de la iglesia. La cristiandad ciertamente no ha conocido hombres más valientes en su lucha por la rectitud que los reformadores, tales como Wiclef, Huss y Martín Lutero. Nosotros los honramos por su valor y porque realizaron el aumento de la libertad de pensamiento y el sentimiento de responsabilidad personal en las vidas de las cristianos. Juan Wesley, el fundador principal del Metodismo, es otro reformador notable de la historia cristiana. Mientras él y su hermano Carlos, hijos y nietos de pastores, estaban estudiando en la Universidad de Oxford en Inglaterra, se asombraron de la falta de devoción religiosa entre sus condiscípulos, así como en la Iglesia de Inglaterra en general. Para corregir esta deficiencia, organizaron un club en el que impulsaban la oración sincera, la lectura de la Biblia y la participación en la sagrada comunión. Sus colegas más mundanos les pusieron muchos nombres, pero finalmente les quedó el de "Metodistas". Los Santos de los Últimos Días respetan en gran manera a los fundadores de muchas de las fes protestantes y reconocen las cosas de valor que introdujeron en el cristianismo. Sin embargo, también reconocemos sus limitaciones, la principal de las cuales es que trataron de renovar una casa vieja en lugar de descombrar el terreno y edificar de nuevo. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días no es una fe protestante. No se ha originado del esfuerzo por reformar o renovar una fe cristiana ya existente. En términos precisos, no puede clasificarse a la
180

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO Iglesia en ninguna de las dos divisiones mejor conocidas de la cristiandad, el catolicismo y el protestantismo. Se ha desarrollado cierto número de denominaciones cristianas en torno de una sola idea dominante. Uno de estos es el movimiento anabaptista que empezó aun antes de la obra de Martín Lutero. Los Unitarios, los Científicos Cristianos, el esfuerzo que hizo Alejandro Campbell por restablecer el evangelio del Nuevo Testamento, son otras creencias que se formaron principalmente de una sola enseñanza doctrinal. La Iglesia de los Santos de los Últimos Días carece de una doctrina dominante, y tampoco destaca una sola idea principal. La iglesia no se distingue por centralizar el interés en una sola doctrina.

EL ORIGEN DE LA IGLESIA DE JESUCRISTO DE LOS SANTOS DE LOS ÚLTIMOS DÍAS
Como ya hemos indicado en el capítulo 35, el movimiento de los Santos de los Últimos Días tuvo su principio en la búsqueda de la verdad por parte de un jovencito. José Smith, que nació el 23 de diciembre de 1805, en Sharon, Vermont, se cambió con la familia de su padre a Mánchester, Nueva York. En esta comunidad se halló en medio de vigorosos y confusos debates que sostenían las tres denominaciones dominantes de la región, los Metodistas, los Presbiterianos y la Iglesia Bautista. José no pertenecía a ninguna de estas religiones. Como apenas tenía quince años de edad, era demasiado joven para juzgar críticamente entre ellas, y no tenía ni el interés de un estudioso ni el celo de un reformador. Solamente deseaba saber cuál era la verdadera Iglesia de Cristo, porque podía comprender claramente en su sencillez, que Dios no podía inspirar opiniones contendientes y contrarias. Un día, al leer este pasaje de Santiago 1:5: "Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, demándela a Dios, el cual da a todos abundantemente, y no zahiere; y le será dada", comprendió que se hallaba precisamente en esa posición. Con la sencillez propia de un niño, decidió pedir ayuda a Dios. Así fué como recurrió directamente a la fuente de la religión, de la vida y la verdad, haciendo caso omiso de los eruditos, autoridades y el antiguo libro de revelaciones, la Biblia misma. Se dirigió a su Creador, como lo hicieron Moisés, Amos, Jeremías y Jesús antes de él. Nadie ha referido el relato de la respuesta que recibió, tan bien como él mismo lo hizo en 1838. Repetiremos, pues, sus propias palabras: "Durante el segundo año de nuestra residencia en Mánchester, surgió en la región donde vivíamos una agitación extraordinaria en cuanto a religión. Empezó entre los metodistas, pero pronto se generalizó entre todas las sectas de la comarca. En verdad, parecía afectar todo el territorio, y grandes multitudes se unían a los diferentes partidos religiosos, lo cual ocasionaba no poca agitación y división entre la gente; pues unos gritaban: ¡ He aquí! y otros: ¡ He allí! Unos contendían a favor de la fe metodista, otros a favor de la presbiteriana y otros a favor de la bautista. "Porque a pesar del gran amor que los convertidos a estas varias creencias mostraban al tiempo de su conversión, y del gran celo que manifestaban los clérigos respectivos, quienes activamente suscitaban y propagaban este cuadro singular de sentimientos religiosos a fin de llegar a convertir a todos, como gustosamente decían, fuera la secta que fuere; sin embargo, cuando los convertidos empezaron a dividirse, yéndose unos con este partido y otros con aquél, se vio que los presuntos buenos sentimientos, tanto de los sacerdotes como de los prosélitos, eran más bien fingidos que verdaderos; porque se desarrolló una escena de mucha confusión y malos sentimientos—sacerdote contendiendo con sacerdote y prosélito con prosélito—de modo que, todos sus buenos sentimientos del uno para con el otro, si alguna vez los abrigaron, ahora se perdieron completamente en una lucha de palabras y contienda de opiniones. "Para entonces yo había entrado en los quince años. La familia de mi padre fué convertida a la fe presbiteriana; y cuatro de ellos se unieron a esa iglesia, a saber, mi madre Lucía, mis hermanos Hyrum y Samuel Hárrison, y mi hermana Sofronia. "Durante estos días de tanta agitación, mi mente se vio sujeta a seria reflexión y mucha inquietud; pero aun cuando mis sentimientos fueron profundos y a menudo penetrantes, sin embargo me conservé apartado de todos estos grupos, aunque concurría a sus varias juntas cada vez que la ocasión me lo permitía. Con el transcurso del tiempo llegué a favorecer algo la secta metodista, y sentí cierto deseo de unirme a ella, pero era tanta la confusión y contención entre las diferentes denominaciones que era imposible que una persona tan joven y falta de experiencia en cuanto a los hombres y las varias cosas, como lo era yo, llegase a una determinación precisa
181

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO sobre quién tendría razón y quién no. "Tan grande e incesante eran el clamor y alboroto, que a veces mi mente se agitaba muchísimo. "En medio de esta guerra de palabras y tumulto de opiniones, a menudo me decía a mí mismo: ¿Qué se puede hacer? ¿Cuál de todos estos partidos tiene razón; o están todos en error? Si alguno de ellos es el verdadero, ¿cuál es, y cómo podré saberlo? "Hallándome en medio de las inmensas dificultades originadas por las contenciones de estos partidos religiosos, un día estaba leyendo la Epístola de Santiago, primer capítulo y quinto versículo, que dice: 'Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, demándela a Dios, el cual da a todos abundantemente, y no zahiere; y le será dada.' "Nunca hubo pasaje de las Escrituras que llegara al corazón de un hombre con más fuerza que éste en esta ocasión al mío. Parecía introducirse con inmenso poder en cada fibra de mi corazón. Lo medité repetidas veces, pues sabia que si alguna persona necesitaba sabiduría de Dios, esa persona era yo, porque no sabía qué hacer; y, a menos que pudiese lograr mayor sabiduría de la que hasta entonces tenía, jamás llegaría a saber; pues los maestros religiosos de las diferentes sectas interpretaban los mismos pasajes de las Escrituras de un modo tan distinto, que destruía toda esperanza de resolver el problema con recurrir a la Biblia. "Por último, llegué a la conclusión de que tendría que permanecer en tinieblas y confusión, o, de lo contrario, hacer lo que Santiago aconsejaba, es decir, pedir a Dios. Al fin tomé la determinación de pedir a Dios, habiendo concluido que si El daba sabiduría a quienes carecían de ella, y la impartía abundantemente y sin zaherir, yo podría aventurarme. "Por consiguiente, de acuerdo con esta resolución mía de acudir a Dios, me retiré al bosque para hacer la prueba. Fué la mañana de un día hermoso y despejado, en los primeros días de la primavera de 1820. Era la primera vez en mi vida que hacía tal intento, porque en medio de toda mi ansiedad no había procurado orar vocalmente sino hasta ahora. "Después de haberme retirado al lugar, que previamente había designado, mirando a mi derredor y encontrándome solo, me arrodillé y empecé a elevar a Dios los deseos de mi corazón. Apenas lo hube hecho, cuando súbitamente se apoderó de mí una fuerza que completamente me dominó, y fué tan asombrosa su influencia que se me trabó la lengua de modo que no pude hablar. Una espesa niebla se formó alrededor de mí, y por un tiempo me pareció que estaba destinado a una destrucción repentina. "Mas esforzándome con todo mi aliento para pedirle a Dios que me librara del poder de este enemigo que me había prendido, y en el momento preciso en que estaba para hundirme en la desesperación y entregarme a la destrucción—no a una ruina imaginaria, sino al poder de un ser efectivo del mundo invisible que tenía tan asombrosa fuerza cual jamás había sentido yo en ningún ser—precisamente en este momento de tan grande alarma vi una columna de luz más brillante que el sol, directamente arriba de mi cabeza; y esta luz gradualmente descendió hasta descansar sobre mí. "No bien se hubo aparecido, cuando me sentí libre del enemigo que me tenía sujeto. Al reposar la luz sobre mí, vi a dos Personajes, cuyo brillo y gloria no admiten descripción, en el aire arriba de mí. Uno de ellos me habló, llamándome por mi nombre, y dijo, señalando al otro: '¡Este es mi Hijo Amado: Escúchalo!' "Había sido mi objeto acudir al Señor para saber cual de todas las sectas era la verdadera, a fin de saber con quién unirme. Por tanto, luego que me hube recobrado lo suficiente para poder hablar, pregunté a los Personajes que estaban en la luz arriba de mí, cuál de todas las sectas era la verdadera, y a cuál debería unirme. "Se me contestó que no debería unirme a ninguna, porque todas estaban en error; y el Personaje que me habló dijo que todos sus credos eran una abominación a su vista; que todos aquellos profesores se habían pervertido; que 'con los labios me honran, mas su corazón lejos está de mí; enseñan como doctrinas mandamientos de hombres, teniendo apariencia de piedad, mas negando la eficacia de ella.'" (Perla de Gran Precio, pág. 44, versos 5-19)

LA RESTAURACIÓN
José Smith no fué el primero en darse cuenta de que las iglesias cristianas se habían apartado del espíritu, propósito y enseñanzas del primitivo evangelio e Iglesia de Jesucristo. Muchos otros hombres lo reconocieron antes que él, Lutero y Wesley, por ejemplo. Ni tampoco fué el primero en la historia del cristianismo que intentó
182

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO restablecer el evangelio y la iglesia a su carácter primitivo. Alejandro Campbell y otros lo intentaron sinceramente antes que él. La originalidad del profeta José Smith consistió en dirigirse a Dios directamente sobre el asunto. Se allegó a El con fe en su corazón y con una mente despejada y libre de ideas preconcebidas o prejuicios personales acerca de la religión. Sencillamente deseaba saber y creía que Dios le diría. Su oración sencilla fué contestada por una revelación tan notable como cualquiera de las que hallamos en las Sagradas Escrituras. De ahí, el espíritu y corazón mismos de nuestra religión. Jesucristo habló al joven investigador y le hizo saber la necesidad de la restauración de su evangelio y su Iglesia. La idea de la restauración vino de Dios, aunque fué en respuesta a la necesidad de saber por parte del hombre. En esta experiencia religiosa, que los Santos de los Últimos Días llaman la primera visión, José aprendió que Dios vive, que Jesús, aunque a su imagen, es una persona distinta y separada, y que la revelación que viene de Dios es tan genuina y objetivamente real como antiguamente se creía que lo fué en la vida de Moisés, Isaías, Jeremías y el apóstol Pablo. Paso a paso, desde 1820 hasta 1844, año en que murió el Profeta, Dios restauró el evangelio y la Iglesia de Jesucristo por conducto de José Smith, que fué llamado de Dios para hacer esta obra. Cuando quedó terminada su obra, él había sido el medio, en las manos de Dios, de traer el verdadero evangelio de Jesucristo al género humano; de traernos nuevamente el plan fundamental de vida que Dios había preparado para el hombre, aun antes que éste viniera a vivir a la tierra. Ahora indicaremos algunos de los pasos más importantes de esta restauración.

SE REVELA EL LIBRO DE MORMÓN
Después que el joven José recibió la visión del Padre y del Hijo, fué natural que él quisiera compartir las buenas nuevas con otros. Su padre y su madre le creyeron, pero el primero de los ministros a quien él relató esta experiencia trascendental la trató con desprecio, diciéndole que las revelaciones y visiones habían cesado desde el tiempo de los antiguos apóstoles. Los años siguientes fueron de amarguras para José, según lo relata en su propia historia: "Sin embargo, pronto descubrí que el relato de mi experiencia había despertado mucho prejuicio en mi contra entre los profesores de religión, y trajo sobre mí una fuerte persecución, cada vez mayor; y aunque no era yo sino un muchacho desconocido de entre catorce y quince años, y tal mi posición en la vida que no era un joven de importancia alguna en el mundo, no obstante, los hombres en altas posiciones se fijaban en mí lo suficiente para agitar el sentimiento público en mi contra, desatando así una amarga persecución; y esto fué general entre todas las sectas: todas se unieron para perseguirme. "En aquel tiempo me fué motivo de seria reflexión, y frecuentemente lo ha sido desde entonces: cuan extraño que un muchacho desconocido de poco más de catorce años, y además uno que estaba bajo la necesidad de ganarse un escaso sostén con su trabajo diario, fuese considerado persona de importancia suficiente para llamar la atención de los grandes personajes de las sectas más populares del día; y a tal grado que provocaba en ellos un espíritu de la más rencorosa persecución y vilipendio. Pero extraño o no, así aconteció; y a menudo fué motivo de mucha tristeza para mí. "Como quiera que sea, era, no obstante, un hecho que yo había visto una visión. Se me ha ocurrido desde entonces que me sentía igual que Pablo, cuando presentó su defensa ante el rey Agripa y refirió la visión en la que vio una luz y oyó una voz. Sin embargo, fueron pocos los que lo creyeron; unos dijeron que estaba mintiendo, otros, que estaba loco; y se burlaron de él y lo vituperaron. Pero aquello no destruyó la realidad de su visión. Había visto una visión, sabía que la había visto, y toda la persecución debajo del cielo no podría cambiar aquello; y aunque lo persiguieran hasta la muerte, con todo eso, sabía, y sabría hasta su último suspiro que había visto una luz así como oído una voz que le habló; y el mundo entero no podría hacerlo pensar o creer lo contrario. "Así era conmigo. Efectivamente había visto una luz; en medio de la luz vi a dos Personajes, y ellos en realidad me hablaron; y aunque se me odiaba y perseguía por decir que había visto una visión, no obstante, era cierto; y mientras me perseguían, me censuraban y decían toda clase de falsedades en contra de mí por afirmarlo, yo pensaba en mi corazón: ¿ Por qué me persiguen por decir la verdad? En realidad he visto una
183

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO visión, y ¿quién soy yo para oponerme a Dios? ¿o por qué cree el mundo que me hará negar lo que realmente he visto? Porque había visto una visión; yo lo sabía y comprendía que Dios lo sabía; y no podía negarlo, ni osaría hacerlo; por lo menos, entendía que si lo hacía ofendería a Dios y caería bajo condenación." (Perla de Gran Precio, pág. 47, versículos 22-25) Aproximadamente tres años y medio después de esta visión, José oraba sinceramente una noche, al retirarse a su cama, pidiendo el perdón de sus faltas juveniles y la seguridad de su aceptación delante de Dios, cuando recibió otra manifestación celestial que él describió detalladamente en un lenguaje claro y sencillo: "Encontrándome así en el acto de suplicar a Dios, vi que se aparecía una luz en mi cuarto, y que siguió aumentándose hasta que el cuarto quedó más iluminado que al mediodía; cuando repentinamente se apareció un personaje al lado de mi cama, de pie en el aire, porque sus pies no tocaban el suelo. "Llevaba puesta una túnica suelta de una blancura exquisita. Era una blancura que excedía cuanta cosa terrenal jamás había visto yo; ni creo que exista objeto alguno en el mundo que pudiera presentar tan extraordinario brillo y blancura. Sus manos estaban descubiertas, así como sus brazos, un poco más arriba de las muñecas; igualmente tenía descubiertos los pies, así como las piernas, poco más arriba de los tobillos. También tenía descubiertos la cabeza y el cuello. Pude darme cuenta de que no llevaba puesta más ropa que esta túnica, porque estaba abierta de tal manera que podía verle el pecho. "No sólo tenía su túnica esta blancura singular, sino que toda su persona brillaba más de lo que se puede describir, y su faz era como un vivo relámpago. El cuarto estaba sumamente iluminado, pero no con la brillantez que había en torno de su persona. Cuando lo vi por primera vez, tuve miedo; mas el temor pronto se apartó de mí. "Me llamó por mi nombre, y me dijo que era un mensajero enviado de la presencia de Dios, y que se llamaba Moroni; que Dios tenía una obra para mí, y que entre todas las naciones, tribus y lenguas se tomaría mi nombre para bien y mal, o que de él se iba a hablar bien o mal entre todo pueblo. "Dijo que se hallaba depositado un libro, escrito sobre planchas de oro, el cual daba una relación de los antiguos habitantes de este continente, así como del origen de su procedencia. También declaró que en él se encerraba la plenitud del evangelio eterno cual el Salvador lo había entregado a los antiguos habitantes." (Perla de Gran Precio, pág. 50, versículos 30-34) Este mensajero celestial, Moroni, había vivido en el continente americano, el último sobreviviente de un pueblo culto y civilizado. Había enterrado los anales de su pueblo, a principios del quinto siglo de nuestra era. Contenían una historia escrita por Moroni y sus antecesores sobre planchas de oro, durante muchos siglos. Moroni le explicó a José Smith acerca de su pueblo y también de la futura misión de José de publicar la historia cuando él la hubiera traducido "por el don y el poder de Dios". También le habló de la necesidad de la restauración del evangelio y de la Iglesia de Jesucristo y le dijo que si él (José) permanecía fiel, sería un instrumento en las manos de Dios para cumplir la restauración de todas las cosas. Moroni también le citó pasajes del Antiguo Testamento y le mostró cómo se cumplirían al realizarse la restauración. José estaba para cumplir los dieciocho años de edad cuando recibió estas instrucciones de Moroni. Le fué requerido esperar cuatro años, durante los cuales creció en madurez y se probó a sí mismo, y recibió instrucciones anualmente de Moroni, antes de poder recibir los antiguos anales en 1827. José completó y publicó esta historia, conocida hoy como el Libro de Mormón, en la primavera de 1830. Mientras estudiaban y traducían estos anales, José Smith y su ayudante, Oliverio Cowdery, encontraron muchas enseñanzas que los asombraron y les hicieron dudar de sus propios conceptos religiosos. Una de ellas se relacionaba con la doctrina del bautismo para la remisión de pecados. El Libro de Mormón enseñaba el tema tan clara y diferentemente de la doctrina a la que estaban acostumbrados, que determinaron buscar la verdad concerniente al bautismo.

LA RESTAURACIÓN DEL SACERDOCIO
Ya para este tiempo, José sabía a dónde debía ir para recibir instrucción sobre las preguntas religiosas. Sus oraciones habían sido contestadas antes, de acuerdo con sus necesidades y sus deseos justos. En mayo de 1829, él y Oliverio Cowdery fueron al bosque a orar. La respuesta a su oración la daremos con las mismas palabras de José:
184

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO "El mes siguiente (mayo de 1829), hallándonos todavía en la obra de la traducción, nos retiramos al bosque cierto día, para orar y preguntar al Señor acerca del bautismo para la remisión de los pecados, del cual vimos que se hablaba en la traducción de las planchas. Mientras a ello nos dedicábamos, orando e implorando al Señor, descendió un mensajero del cielo en una nube de luz y, habiendo puesto sus manos sobre nosotros, nos ordenó, diciendo: "Sobre vosotros mis consiervos, en el nombre del Mesías confiero el Sacerdocio de Aarón, el cual tiene las llaves de la ministración de ángeles, y del evangelio de arrepentimiento, y del bautismo por inmersión para la remisión de pecados; y este sacerdocio nunca más será quitado de la tierra, hasta que los hijos de Leví de nuevo ofrezcan un sacrificio al Señor en justicia. "Declaró que este sacerdocio aarónico no tenía el poder de imponer las manos para comunicar el don del Espíritu Santo, sino que se nos conferiría más tarde; y nos mandó que fuéramos a bautizarnos, instruyéndonos que bautizara yo a Oliverio Cówdery, y que después me bautizara él a mí. "Por consiguiente, fuimos y nos bautizamos. Yo lo bauticé primero, y luego me bautizó él a mí—después de lo cual puse mis manos sobre su cabeza y le conferí el Sacerdocio de Aarón, y luego él puso sus manos sobre mí, y me confirió el mismo sacerdocio— pues así se nos había mandado. "El mensajero que en esta ocasión nos visitó y nos confirió este sacerdocio dijo que se llamaba Juan, el mismo que es conocido como Juan el Bautista en el Nuevo Testamento; que obraba bajo la dirección de Pedro, Santiago y Juan, quienes tenían las llaves del Sacerdocio de Melquisedec, sacerdocio que nos sería conferido, dijo él, en el debido tiempo; y que yo sería el primer eider de la Iglesia, y él (Oliverio Cówdery) el segundo. Fué el quince de mayo de 1829 cuando nos ordenó este mensajero, y nos bautizamos. "Inmediatamente después de salir del agua, luego que nos hubimos bautizado, sentimos grandes y gloriosas bendiciones de nuestro Padre Celestial. No bien hube bautizado a Oliverio Cówdery, cuando el Espíritu Santo descendió sobre él, y éste puso de pie y profetizó muchas cosas que habían de acontecer en breve. Además, tan pronto como él me bautizó recibí también el espíritu de profecía, y, poniéndome en pie, profeticé concerniente al desarrollo de esta Iglesia y muchas otras cosas que se relacionaban con ella y con esta generación de los hijos de los hombres. Nos sentimos llenos del Espíritu Santo, y nos regocijamos en el Dios de nuestra salvación." (Perla de Gran Precio, pág. 56, versículos 68-73) Poco después, en el mismo año de 1829, Pedro, Santiago y Juan se aparecieron y confirieron a José Smith y Oliverio Cówdery el sacerdocio mayor o sea el Sacerdocio de Melquisedec Con este sacerdocio se recibió toda la autoridad necesaria para representar en la tierra al Padre y al Hijo y para restaurar la Iglesia de Jesucristo con todos sus poderes y bendiciones para la humanidad.

LA ORGANIZACIÓN DE LA IGLESIA
El 6 de abril de 1830, en la casa de Pedro Whit-mer, padre, uno de los hombres que habían creído en el relato de José Smith sobre la restauración del sacerdocio y la traducción del Libro de Mormón, se organizó formalmente la Iglesia, de acuerdo con un mandamiento recibido de Dios y en conformidad con las leyes del estado de Nueva York. Estuvieron presentes seis hombres que previamente habían sido bautizados.* Con un espíritu democrático y cristiano, reconocieron su deseo de sostener a José Smith. y Oliverio Cowdery como sus directores y maestros, y también . de asumir sus responsabilidades como discípulos en la Iglesia de Cristo. Estos hombres fueron bautizados otra vez y confirmados miembros de la Iglesia, recibieron el Espíritu Santo y se administraron el sacramento de la Santa Cena el uno al otro. En esta ocasión se sintió la influencia del Espíritu Santo y hubo un gran regocijo. La restauración de la Iglesia de Jesucristo por medio de José Smith ahora era un hecho logrado. Estos jóvenes, bajo la dirección del joven profeta, se pusieron a proclamar las buenas al mundo. El Libro de Mormón se publicó el mismo mes. Contenía muchas de las enseñanzas del evangelio que predicaron el Salvador mismo y los profetas que habían vivido en el continente americano. Más tarde se podrían recibir otras revelaciones, a medida que se necesitaran para establecer en forma completa la verdadera Iglesia de Jesucristo y el verdadero evangelio.

185

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

RESUMEN
En este capítulo hemos narrado brevemente el origen del movimiento de los Santos de los Últimos Días. Hemos indicado que no tiene relación con las iglesias cristianas que declaran ser la continuación, durante los siglos, de la Iglesia Primitiva. Tampoco se está protestando contra la madre iglesia. Comenzó nuestra Iglesia con el deseo de un joven de encontrar el verdadero evangelio e Iglesia de Jesucristo. En su investigación recurrió directamente a Dios para que se le respondiera. La respuesta que recibió fué sencilla y directa como su pregunta. Le fué dicho que no se uniera a ninguna de las iglesias cristianas existentes, porque ninguna tenía el evangelio e Iglesia de Cristo en su pureza primitiva. No nos asombramos de que tan arriesgada afirmación, aunque relatada en el lenguaje de un joven, fuese recibida con asombro y ridiculez por aquellos cuya fe la anterior declaración naturalmente desacreditaba. No nos asombra tampoco que el relato de José Smith sea recibido con estupefacción y escepticismo en nuestros días de erudición, ni que la gente mire con desconfianza a los milagros, visiones celestiales, revelaciones, ángeles y dones divinos del espíritu. Esto no causa sorpresa. Para nosotros que hemos crecido en la Iglesia y oído el relato desde nuestra infancia, nos parece natural y razonable; para el adulto que oye el relato por primera vez en su madurez, no es sino natural que despierte en él el asombro, la incredulidad y el escepticismo. Por una parte es asombroso. Hasta donde sabemos, nunca ha habido un relato tal, desde los días de Jesús, San Pedro y San Pablo en el Nuevo Testamento. Por otra parte, la restauración del evangelio y la Iglesia de Jesucristo, como la ha narrado José Smith, es tan natural y razonable como notable. ¿Qué podía ser más natural que un joven buscara la verdad? ¿Hay algo más razonable que aquellos que creen en un Dios viviente, creador del hombre, se alleguen a El en oración? ¿Qué es más natural sino que un Padre amoroso dé a conocer su voluntad a un hijo creyente y sincero? En el capítulo siguiente nos ocuparemos en explicar porqué hubo necesidad de esta restauración efectuada por medio del profeta José Smith.

186

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO

Capítulo 42 LA POSICIÓN DE LA IGLESIA DE JESUCRISTO ENTRE LAS OTRAS RELIGIONES DE LA HUMANIDAD
En el capítulo anterior repasamos el origen de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Dijimos que no forma parte ni de la tradición católica ni de la protestante, sino que surgió como resultado de la pregunta directa de José Smith a su Padre en los cielos. Como respuesta a la sencilla pregunta sobre a cuál iglesia debía unirse, hecha con la sinceridad y la fe de la juventud, creemos que Dios, el Padre Eterno, y su Hijo Jesucristo aparecieron a José Smith en una manifestación celestial en la primavera de 1820. Y Jesucristo le dijo que no se uniera a ninguna, explicándole al joven que el evangelio y la Iglesia de Jesucristo, en su verdadero carácter y autoridad, no estaban sobre la tierra, y que serían restauradas en el debido tiempo.

LA RESTAURACIÓN
El concepto de una restauración es la clave al entendimiento de la naturaleza y posición de la Iglesia de los Santos de los Últimos Días. Comenzando por su primera visión en 1820 y continuando hasta su muerte en 1844, el joven profeta estuvo activamente ocupado en restablecer el evangelio y la Iglesia de Jesucristo a su carácter primitivo tal como los encontramos en el Nuevo Testamento. José Smith no fué el único ni el primero de los religiosos que pensó en restablecer el cristianismo prístino. Muchos reformadores previamente habían tratado de hacer volver a la humanidad al espíritu y enseñanzas de la Biblia. Algunos, como Alejandro Campbell, se habían dedicado sistemáticamente a restaurar la enseñanza cristiana primitiva. Pero en el relato que José Smith hace de la restauración, hay varias cosas que son únicas. De acuerdo con su propia narración, escrita en 1838, anunció la próxima restauración a su familia y a otros cuando tenía quince años, edad en que recibió su primera visión. Lo hizo sin tener ni una idea de cómo iba a realizarse, sino con fe en que Dios lo llevaría a cabo. Más aún, él no tenía ninguna preparación especial para su futuro papel profético, aparte de su fe profunda en la oración. Y sin embargo, de cuando en cuando, durante un período de veinticuatro años, "línea por línea, precepto por precepto, un poco aquí y un poco allí", le fué revelado el evangelio de Jesucristo y se restableció la Iglesia. Cuando la vida de José llegó a su fin, a la edad de treinta y nueve años, el trabajo de la restauración se había llevado a cabo con notable perfección y exactitud. No había en el Nuevo Testamento ninguna cosa de consecuencia en cuanto a doctrina y práctica de la Iglesia, que no quedara restablecida en la obra de los últimos días. Dios el Padre volvió a ser otra vez, no un concepto abstracto, empotrado y oculto en credos cuidadosamente redactados, sino en una Persona tan íntima y real como lo había sido el Salvador mismo, como se nos muestra en el Sermón del Monte. Fué otra vez un Dios que se revela "a sus siervos los profetas". (Amos 3:7) José Smith llegó a ser el profeta y portavoz de Dios, un testigo viviente del principio de revelación continua que caracterizó las relaciones de Dios y el hombre en forma continua durante los tiempos del Antiguo y del Nuevo Testamento. En la restauración, el hombre fué elevado otra vez a la dignidad que había conocido anteriormente en las escrituras hebreas y cristianas. El pecado original y la depravación humana desaparecieron y en su lugar volvieron otra vez el alto concepto de la dignidad del hombre expresada por Jesús, el valor de cada individuo como hijo de Dios, y se hizo mayor hincapié en la libertad del hombre y responsabilidad consiguiente. Se destaca más esta última doctrina en la enseñanza de los Santos de los Últimos Días sobre la salvación, en la cual se revela un delicado contrapeso entre la gracia de Dios y los méritos individuales del hombre. Creemos que en la Iglesia de los Santos de los Últimos Días se encuentra esta misma plenitud de restauración que caracteriza la restauración del evangelio de Jesucristo. La Iglesia restaurada tiene esencialmente la misma organización que existió en la Iglesia Primitiva, dirigida por apóstoles y profetas, y con muchos otros oficios del sacerdocio, todos los cuales son ocupados por los miembros laicos de la Iglesia. Pueden seguir la línea de su autoridad y ordenación, mediante la revelación, hasta los discípulos originales de Cristo, Juan el Bautista, Pedro, Santiago y Juan. El propósito de la Iglesia restaurada es el bien del hombre, el
187

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO desarrollo de la personalidad'cristiana y la alegría y la felicidad en la vida humana, aun como Jesucristo y San Pablo lo concibieron: El ladrón no viene sino para hurtar, matar y destruir: yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. (Juan 10:10) Estas cosas os he hablado para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido. (Juan 15:11) Y él mismo dio unos, ciertamente apóstoles; y otros profetas; y otros evangelistas; y otros pastores y doctores; para perfección de los santos, para la obra del ministerio, para edificación del cuerpo de Cristo; hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la edad de la plenitud de Cristo. (Efesios 4:11-13) En la Iglesia restaurada tenemos un sistema de misioneros que corresponde con el trabajo misionero que nos revelan las páginas del Nuevo Testamento. Las ordenanzas básicas y sacramentos de la Iglesia se distinguen por su sencillez primitiva. Mucho de lo que es vital en el Antiguo Testamento también llegó a formar parte integrante del evangelio y la Iglesia restaurada. El concepto de un pueblo del convenio es uno de los temas principales de la doctrina de los Santos de los Últimos Días. El Libro de Mormón agrega abundante significado al relato de Israel antiguo y su misión entre los hijos de los hombres. Cuando terminó la misión prof ética de José Smith, el relato no paró allí; el libro no se cerró; la Iglesia quedó con el principio de la revelación continua y con profetas vivientes para recibirla y proclamarla. Creemos todo lo que Dios ha revelado, todo lo que actualmente revela, y creemos que aún revelará muchos grandes e importantes asuntos pertenecientes al reino de Dios. (Décimo Artículo de Fe) Como si esto no fuera suficiente, nuestro legado de José Smith incluye también una resolución en la cual se declara que "si hay algo virtuoso, bello, o de buena reputación, o digno de alabanza, a esto aspiramos." Por último, lo que es más importante respecto del concepto que los Santos de los Últimos Días tienen de la restauración, es que en primer lugar no fué idea de José Smith. En la primera visión del Profeta, el Padre señaló a su Hijo y declaró: "Este es mi Hijo amado: Escúchalo." Y el Salvador, por medio de revelación, dirigió la restauración de su evangelio, su autoridad y su Iglesia. La restauración fué la obra de Dios, no de José Smith, aunque éste y otros hombres desempeñaron un papel muy importante y necesario "en ella.

LO QUE SE DEDUCE DE LA RESTAURACIÓN
De la fe de los Santos de los Últimos Días en la restauración del evangelio y la Iglesia de Jesucristo se derivan importantes deducciones. La primera es que la verdadera religión cristiana es divina: es un producto de la revelación de Dios. Esto significa que el evangelio de Jesucristo no es solamente lo que cualquier hombre o grupo de creyentes quisieran que fuera; no es la suma total de todo lo que se ha dicho, escrito o hecho en el nombre de Jesucristo desde el principio. Es el fruto de la revelación y ha venido a nosotros por medio de Cristo y los hombres que El ha llamado e investido con el don del Espíritu Santo. Creemos que Cristo no es el autor de confusión y contradicción. El evangelio revela su divinidad como Hijo de Dios, la brillantez de su pensamiento y la unidad de sus enseñanzas. El Espíritu Santo fué enviado para dar testimonio de Cristo y conducir a los hombres a la verdad. El evangelio de Jesucristo es un plan de Dios que existió en la mente del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo mucho antes que el hombre naciera sobre la tierra. La religión cristiana, cual la enseñan el Nuevo Testamento y otras Escrituras de la Iglesia restaurada, no es del hombre, sino de Dios. Afirmamos las palabras de San Pablo: Mas os hago saber hermanos, que el evangelio que ha sido anunciado por mí, no es según hombre; pues ni yo lo recibí, ñi lo aprendí de hombre, sino por revelación de Jesucristo. (Gálatas 1:11-12) Este reconocimiento del evangelio de Jesucirsto, como plan divino revelado por Dios, no elimina la actuación del hombre en la religión. La palabra de Dios ha llegado a los hombres "en su debilidad, según su idioma, para que entendiesen".* Los hombres no tienen una comprensión perfecta del plan de Dios; no poseen un entendimiento completo de determinada doctrina o principio de la religión. No sabemos todo lo que hay que saber acerca de Dios, Cristo, la naturaleza del hombre, de la fe o del amor. Este hecho debía ser evidente de por sí. Sin embargo, creemos que nuestras mentes finitas saben lo suficiente, que en nuestra comprensión del evangelio, aun cuando limitada, no debe haber contradicciones ni principios y prácticas contrarios a su carácter
188

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO fundamental. Creemos que la Iglesia de Jesucristo no puede ser sencillamente cualquier cosa que los hombres quieren que sea. Creemos que es razonable suponer que una iglesia que tiene como objeto hacer la obra de Cristo ha de tener su autorización, su orientación y características que corresponden con su evangelio y propósito. Consideramos a la Iglesia como la Iglesia de Cristo, siendo El su cabeza, pero confiada a los hombres como el medio importante de poner a su alcance la salvación y la vida eterna.

OTRAS CONSIDERACIONES
Al hacer las afirmaciones anteriores nos damos cuenta de lo que quieren decir para nosotros y los demás. Si el evangelio de Jesucristo, como lo enseñaron El y los hombres que El llamó en el primer siglo de nuestra era, es en verdad un plan de vida divino y definido, entonces los hombres no tienen derecho de modificarlo de acuerdo con su propio razonamiento sin revelación de Dios. La restauración del evangelio e Iglesia de Cristo en el siglo diecinueve indica que se había hecho precisamente esto en la historia cristiana. Creemos que los hombres hicieron cambios fundamentales en la doctrina, propósitos y prácticas del evangelio e Iglesia primitivos. Hubo una apostasía o alejamiento del verdadero carácter de las enseñanzas de Cristo en los siglos que vinieron después de la era apostólica. Hubo muchos reformadores inspirados y con buenas intenciones que reconocieron el hecho, y en algunos casos hicieron cambios fundamentales hacia lo verdadero, pero no pudieron restaurar el evangelio e Iglesia originales. Creemos que José Smith fué llamado de Dios para efectuar una restauración completa. Es una afirmación vigorosa y osada, pero es la deducción de la experiencia del Profeta. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días fué establecida por Jesucristo mismo, investida con autoridad divina y con la responsabilidad de dar a los hombres el conocimiento y los dones y bendiciones del evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Tal es la posición que con humildad y con un sentimiento de grave responsabilidad nosotros profesamos. La posición de la Iglesia de los Santos de los Últimos Días no favorece a las otras iglesias. A ellas también les agrada sentir que representan a Cristo y hacen su obra e imparten sus enseñanzas. Fácilmente podemos entender cómo esta afirmación especial de nuestra Iglesia, de tener la autoridad divina y relación directa con la Iglesia primitiva, puede ser considerada como una afrenta por nuestros hermanos cristianos de otras fes. Para calmar este sentimiento necesitamos explicar algo más. I. Los Santos de los Últimos Días no tienen el monopolio de la verdad. Reconocemos que Dios es el Padre de todos los hombres y que es imparcial en su interés y amor hacia ellos. Nuestro propio Libro de Mormón reconoce que los hombres de todas las naciones y lenguas son inspirados de Dios de acuerdo con sus deseos, su capacidad de recibir inspiración y las circunstancias bajo las cuales viven. Pues he aquí, el Señor concede a todas las naciones, que de su propia nación y lengua les enseñen su palabra, sí con sabiduría, cuanto él juzgue conveniente que tengan; por lo tanto, vemos que el Señor aconseja en sabiduría, de conformidad con lo que es justo y verdadero. (Alma 29:8) ¿No sabéis que hay más de una nación? ¿No sabéis que yo, el Señor vuestro Dios, he creado a todos los hombres y me acuerdo de los que viven en las islas del mar; que gobierno arriba en los cielos y abajo en la tierra y llevo mi palabra a los hijos de los hombres, sí, a todas las naciones de la tierra? (2 Nefi 29:7) Más aún, nuestro décimotercer Artículo de Fe, que hemos mencionado varias veces en este estudio, y el cual dice: "Si hay algo virtuoso, bello, o de buena reputación, o digno de alabanza, a esto aspiramos", claramente indica nuestras propias limitaciones y nuestra necesidad y deseo de aprender de aquellos que a menudo poseen estas cosas con mayor abundancia que nosotros. Juan Taylor, uno de los primeros presidentes de la Iglesia, dijo: Acerca de nuestra religión diré que abarca todo principio de verdad e inteligencia que se relaciona con nosotros como seres morales, intelectuales, mortales e inmortales, y con lo que pertenece a este mundo y al mundo venidero. Estamos dispuestos a recibir la verdad de cualquier clase, no importa de dónde venga, dónde se origine o quién la crea. (Journal of Dis-courses 25:215) Varias veces se han atribuido a Brigham Young estas palabras: "El Mormonismo, así llamado, comprende toda la verdad." Esto no significa que ha llegado a nosotros toda la verdad por medio de la restauración, sino que estamos en libertad de aceptar y adoptar la verdad de cualquier fuente, confiando en que todo el
189

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO conocimiento puede usarse para ayudar a^-la humanidad a cumplir con el propósito de la vida como lo enseña el evangelio de Jesucristo. Sabemos que otras religiones contienen muchas verdades y efectúan mucho bien. Como lo expresaba el finado presidente de la Iglesia, Jorge Alberto Smith: Conozco a miembros de la Iglesia Católica, la Presbiteriana, la Metodista y otras, y encuentro en estos hombres y mujeres virtudes que son muy hermosas para mí. Conservad todo lo bueno que tenéis y permitidnos traeros más cosas buenas para que podáis ser más felices y podáis estar preparados para entrar en la presencia de nuestro Padre Celestial. Con este espíritu invitamos a todos los cristianos, y de hecho a todos los hombres, a investigar las enseñanzas del evangelio restaurado y el carácter de la Iglesia para ver si la religión de los Santos de los Últimos Días corresponde en principio y en espíritu con las normas primitivas del cristianismo, y a la vez juzgar nuestra religión por sus propios méritos. Descansa sobre los Santos de los Últimos Días la responsabilidad de revelar a la humanidad que la religión que ellos profesan es la interpretación verdadera y más completa del evangelio de Jesucristo. La responsabilidad de la decisión final descansa sobre el investigador. Con la ayuda de Dios se le alienta a seguir este consejo: "Examinadlo todo; retened lo bueno." II. Los Santos de los Últimos Días no tienen el monopolio de la virtud o de la rectitud. Reconocemos la maravillosa cualidad de la vida cristiana que ha caracterizado la vida de los santos de todas las épocas. Respetamos a los santos de nuestros días, hombres y mujeres de toda fe, raza y color que llevan vidas de amor, y se sacrifican dedicándose a los ideales de Jesucristo. Sabemos que hay muchos, no de nuestra fe, que viven más cerca del ideal cristiano, que muchos de nosotros que confesamos tener fe en el evangelio restaurado y pertenecemos a la hermandad de la Iglesia restaurada. Reconocemos también el maravilloso servicio cristiano rendido por otros grupos, por ejemplo, el humilde y bondadoso servicio del Ejército de Salvación, y la devoción de la Sociedad de Amigos a la paz y la hermandad humanas. También nos damos cuenta de muchas de nuestras faltas como Santos de los Últimos Días. Tenemos gran necesidad de ser más humildes, de buscar la verdad; de prestar mayor obediencia a los principios del evangelio; de aumentar nuestra reverencia, servicio y amor. Mas con todo, aún creemos que la teología del evangelio restaurado, el énfasis moral y práctico de la Iglesia y los poderes y dones asociados con el sacerdocio de Dios ponen al alcance de todos los hombres las oportunidades más ricas sobre la tierra para cumplir con la vida cristiana como miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Hemos visto la fuerza de estas cosas en la vida de hombres, mujeres y jóvenes que traen una devoción genuina a su fe de Santos de los Últimos Días. Si no fuera así, no podríamos recomendar a otros que investigaran nuestra fe, ni pasaríamos los días preciosos de nuestra vida como sus discípulos. Hay en el evangelio e Iglesia restaurada de Jesucristo una influencia para el bien y una fuente de alegría para todo aquel que cree. Como lo dice uno de los profetas del Libro de Mormón: . . . Pero si cultiváis la palabra, si mientras él árbol empieza a crecer lo alimentáis con vuestra fe, con gran diligencia y paciencia, teniendo esperanza en su fruto, echará raíz; y he aquí será un árbol que brotará para vida eterna. Y a causa de vuestra diligencia, vuestra fe y paciencia en cultivar la palabra, para que eche raíz en vosotros, he aquí, que con el tiempo recogeréis su fruto, el cual es sumamente precioso y más dulce que todo lo dulce, y más blanco que todo lo blanco, sí, más puro que todo lo puro; y comeréis de este fruto hasta quedar satisfechos, y no tendréis hambre ni sed. (Alma 32:41, 42) III. Los Santos de los Últimos Días afirman tener el sacerdocio de Dios. Como indicamos en el capítulo anterior, se comunicó por ordenación mediante los hombres que lo recibieron de Cristo mismo. Nosotros sostenemos que el sacerdocio de Dios es una característica particular de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. También ésta es una afirmación atrevida. Pero recordemos que no se dio el sacerdocio para honrar al hombre, sino es la autoridad que Dios le ha delegado para la salvación de otros. Es el poder divino para servir y bendecir a nuestros semejantes. Como nuestras propias Escrituras lo atestiguan, es una responsabilidad que se debe ejercer solamente con el espíritu de Cristo: He aquí, muchos son los llamados, pero pocos los escogidos. ¿Y por qué no son escogidos? Porque tienen sus corazones de tal manera fijos en las cosas de este mundo, y aspiran tanto a los honores de los hombres, que no aprenden esta lección única: Que los derechos del sacerdocio están inseparablemente unidos a los poderes del cielo, y que éstos no
190

http://bibliotecasud.blogspot.com

CONOZCA EL EVANGELIO pueden ser gobernados ni manejados sino conforme a los principios de justicia. Cierto es que se nos confieren; pero cuando tratamos de cubrir nuestros pecados, o de gratificar nuestro orgullo, nuestra vana ambición, o de ejercer mando, dominio o compulsión sobre las almas de los hijos de los hombres, en cualquier grado de injusticia, he aquí, los cielos se retiran, el Espíritu del Señor es ofendido, y cuando sé aparta, ¡se acabó el sacerdocio o autoridad de aquel hombre! He aquí, antes que se dé cuenta, queda solo para dar coces contra el aguijón, para perseguir a los santos y para combatir contra Dios. Hemos aprendido por tristes experiencias que la naturaleza y disposición de casi todos los hombres, al obtener, como ellos suponen, un poquito de autoridad, es empezar desde luego a ejercer injusto dominio. Por tanto, muchos son llamados, pero pocos son escogidos. Ningún poder o influencia se puede ni se debe mantener, en virtud del sacerdocio, sino por persuasión, longanimidad, benignidad y mansedumbre, y por amor sincero; Por bondad y conocimiento puro, lo que ennoblecerá grandemente el alma sin hipocresía y sin malicia: Reprendiendo a veces con severidad, cuando lo induzca el Espíritu Santo, y entonces demostrando amor crecido hacia aquel que has reprendido, no sea que te estime como su enemigo; Y para que sepa que tu fidelidad es más fuerte que el vínculo de la muerte. Deja que tus entrañas se hinchan de caridad hacia todos los hombres y hacia la casa de fe, y que la virtud engalane tus pensamientos incesantemente; entonces tu confianza se fortalecerá en la presencia de Dios, y la doctrina del sacerdocio destilará sobre tu alma como rocío del cielo. El Espíritu Santo será tu compañero constante; tu cetro será un cetro inmutable de justicia y de verdad; tu dominio, un dominio eterno, y sin ser obligado correrá hacia ti para siempre jamás. (Doctrinas y Convenios 121:34-46)

RESUMEN
Los Santos de los Últimos Días creen que el evangelio de Jesucristo es de Dios, un plan divino dado a los hombres para su bien, su gozo y su salvación. Es el fruto de la revelación por medio del Espíritu Santo, y por la vida, enseñanzas y misión de nuestro Señor Jesucristo. Creemos que después de la muerte de los antiguos apóstoles, se introdujeron importantes cambios en la doctrina, propósitos y prácticas del cristianismo, que fueron graves desviaciones del plan de Dios. Por esta razón la autoridad divina fué quitada de la tierra. Aunque muchos hombres intentaron traernos nuevamente el evangelio original de Cristo, y dieron algunos pasos en esa dirección, creemos que no fué sino hasta el siglo diecinueve que Dios y Cristo juzgaron conveniente restaurar a la humanidad el evangelio y la Iglesia en su carácter primitivo e investida con el sagrado sacerdocio. Creemos que José Smith fué llamado para ser un instrumento en las manos de Dios en respuesta a su propio deseo de conocer la verdad. Creemos que aun cuando muchas de las iglesias del género humano tienen muchas verdades y realizan mucho bien, la plenitud mayor del evangelio y la autoridad divina han venido de Dios por conducto de José Smith como instrumento. Esto no significa que los Santos de los Últimos Días tengan el conocimiento completo del evangelio de Jesucristo, porque creemos no solamente lo que Dios ha revelado, sino lo que actualmente revela y creemos que aún revelará muchos grandes e importantes asuntos pertenecientes al reino de Dios. También creemos que Dios ha inspirado a los hombres de toda nación y lengua—renombrados religiosos, científicos, poetas, filósofos y otros—para que comprendiesen la verdad. Cada nación, cada alma sensible, cada mente inspirada de Dios ha expresado la verdad en tal forma que ha sido de gran valor para nosotros y todos los hombres que tienen "ojos para ver y oídos para escuchar".

191

http://bibliotecasud.blogspot.com

Master your semester with Scribd & The New York Times

Special offer for students: Only $4.99/month.

Master your semester with Scribd & The New York Times

Cancel anytime.