MAL MENOR

Por JAIME BEDOYA

8 de agosto de 2002

Disculpen La Pequeñez
LATINOAMERICA es un gran pueblo hermano. Compartimos los mismos dolores y esperanzas, y en la carencia del prójimo la vecindad se hace fraterna en favor del que poco tiene. Los hermanos chilenos acaban de ser estigmatizados por la brevedad, rayana en lo microscópica, de su virilidad. Bajo el lente de aumento que brinda la justa medida de lo objetivo, ampliemos la perspectiva sobre esta diminuta cuestión que inquieta a hombres -y mujeres- al sur de Tacna. A raíz de una performance de sobredimensionada importancia dada su elementalidad, miles de chilenos posaron desnudos en las frías calles de Santiago para un fotógrafo norteamericano, valga la ironía, de marcados rasgos eunucos. La ocasión fue celebrada como síntoma de liberación de la constreñida mentalidad sureña, y dados los niveles de euforia que alcanzó, estuvo a punto de desbordarse en bizarro levantamiento de no ser porque el bienestar en que viven hace que lo único en contra de lo cual valga rebelarse sea el aburrimiento. Las malas noticias vinieron semanas después. Un periodista chileno1, valiente debe admitirse, consignó en un artículo que lo que había llamado la atención de una amiga suya norteamericana a propósito de dicha desnudez no era la audacia de posar sin ropa en un país conservador y bajo un clima infame, sino lo poco que habían tenido para mostrar los varones. Con ojo clínico y probablemente entrenado, la joven calculaba el promedio viril chileno blandido ante la asombrada audiencia mundial entre los tres y cinco centímetros, o sea cuatro. Se sabe del efecto que la baja temperatura infringe en la plenitud expresiva de la masculinidad: la contracción vaso sanguínea reduce todo a su mínima expresión. Pero la coartada climática era desmenuzada por la joven mediante sólido trípode argumental: a) el caso de los pescadores de langosta del frío Maine con atributos jumbo que intimidaban la habitual hostilidad de los crustáceos, b) rusos luciendo sus péndulos naturales en las crueles condiciones siberianas, c) inocentes

esquimales que retozaban desnudos en la nieve del ártico enredándose en su propia humanidad como si de una hiedra amable se tratara. El evento chileno quedó bautizado para la posteridad como La Marcha de los 4 Centímetros. Admitamos que las históricas diferencias que recorren el devenir de nuestros países no pueden recurrir a estas minucias como excusa para el cargamontón. Un centímetro más, un centímetro menos, no hacen más hombre a un hombre. Así como una piel oscura, digamos la peruana, no hace menos persona a un vendedor ambulante en Santiago. A nosotros antaño se nos enseñaba arteramente que al sur había un enemigo. A ellos se les decía con falsía que la civilización acababa al norte de Arica. Refutemos lo que nos toca. Nuestro sabio tradicionalista Ricardo Palma -a la sazón reconstructor de la Biblioteca Nacional luego que la ocupación chilena la usara como establo-, decía que en el Perú el que no tiene de inga tiene de mandinga. Con la cabeza fría pero ardiente rigor recordemos que lo mandinga se refleja en la contundente ventaja de José Manuel, esclavo mulato que conquistara a Luz María, la hija de su amo, en la novela costumbrista Matalaché2. Y de inga, antiguo nombre que señalaba la cultura andina cuya influencia llegaba por el sur hasta Tierra del Fuego, recibimos con orgullo la herencia reunida en un majestuoso huaco Moche (año 500 de la era cristiana). El ceramio muestra a un antiguo peruano humilde y amigable, que mientras con una mano saluda inocentemente a su atemporal espectador, con la otra empuña un supremo miembro de reverenciales proporciones que apunta al infinito, partiendo el mundo en dos con la sombra de su diagonal poderío. La historia no miente. Antes de dejarse apesadumbrar por la cruel exactitud de las matemáticas, los chilenos habrían de considerar por lo menos dos argumentos a favor de lo poco. Primero lo básico. El mito de la superioridad funcional de la genitalidad superlativa tiene entre sus involuntarios padres fundadores a Sir Richard Burton, explorador del siglo XIX. En Africa, Burton dedicose entre otras cosas a medir colgantes apéndices de los nativos. Por razones ahora obvias como son la ausencia de la tiranía del calzoncillo, el imperio de la ley de la gravedad y características maximalistas propias de la raza, los resultados, siempre en reposo, fueron abultados3. Sin entrar en tecnicismos, ha quedado corroborada la irrelevancia del tamaño al momento de cumplir con la especie. Así como una aparatosa escopeta de perdigones asusta pero no mata, una compacta Smith &Wesson 38 de cañón corto es letal, aun antes del primer disparo.

Segundo, sufrimos con andino estoicismo las desesperadas ansias chilenas por aportar algo propio al mundo. Nos halaga y enternece el apasionado ímpetu legal con el que pretende adjudicarse nuestro pisco o nuestra chirimoya. Pero tan equivocado esfuerzo, además de impostado, ahora deviene en innecesario. El Kama Sutra hindú afirma que el hombre viene al mundo dotado como tal dentro de tres categorías de analogía zoológica: con pene de liebre (13 cm), de toro (22 cm), o de caballo (25 cm). La singular revelación chilena en este rubro establecería una nueva categoría de equipamiento imposible de derrotar sin entrar en terrenos pediátricos4. Este aporte 100 % chileno y que a nadie tendrían que disputar, provisionalmente podría denominarse pene Lucchetti. La marca chilena de pastas produce una suerte de mini penne o pennettecomercialmente llamado "Plumita" que tiene una extensión promedio precisamente de 4 cm. La medida siguiente, la de su "Canuto Rayado", 5 cm de largo, posiblemente sea demasiado extensa para lo que nos ocupa. Merecido homenaje que la comunidad científica le haría a una empresa que cree en la verdad, en la naturaleza, y en ese aventajado de la insignificancia moral que fue y sera Vladimiro Montesinos. _______ 1 Juan de Nadie, revista Caras. 2 Enrique López Albújar, 1928. 3 En Somalia midió a un lugareño mientras dormía: 15 respetables centímetros en pleno estado de semi- inconsciencia. 4 Durante los primeros 6 meses de vida el pene estirado de un lactante tiene un tamaño medio de 3 a 4 centímetros. Si mide menos de 2 centímetros se considera micropene e implica investigar la etiología (causa) y determinación del sexo. La maniobra de estiramiento debe ser realizada por el profesional en salud infantil.