Si en Nicaragua habláramos irlandés Por Rosa María Vivas Moncada Licenciada en Psicología con postgrado en Mercadeo vivas_moncada@hotmail.

com Diego Luís Córdoba (1907-1964) cita: Por la ignorancia se desciende a la servidumbre, por el conocimiento se asciende a la libertad . En el 2008 publiqué por este mismo medio un artículo titulado: Aprendamos de Irlanda donde abordaba el admirable crecimiento económico del país celta. En esta ocasión se hará énfasis en la creación del capital más valioso que se debe poseer: capital intelectual. Una de las dificultades más relevantes con respecto a la educación superior en Nicaragua es la absoluta falta de interés por la lectura y la investigación posteriores a las clases presenciales. Es una actitud predecible y muy cómoda limitarse a obtener sólo la información procesada por el catedrático en unas cuantas páginas que sentarse a leer 200 ó 300 páginas de un libro y comprenderla por sí mismo. En teoría, se dice que el rol de los educadores es ser facilitadores en el proceso de enseñanzaaprendizaje, promoviendo en el alumno la lectura y la investigación para fortalecer lo impartido en clases. Insisto, en teoría, se habla de un empoderamiento analógicamente hablando docente/alumno como socios de una empresa aportan el 50 por ciento para su óptimo funcionamiento- en el sistema educativo en Nicaragua. Ahora pregunto, ¿realmente esto ocurre en la práctica?, ¿se está dando de forma correcta la generación de capital intelectual en Nicaragua?... avocándose en los hechos no se aprecia una evolución en ese sentido. Los individuos que están ubicados en posiciones estratégicas y de suma confianza en la administración de los bienes del estado y el capital financiero parecen haber obviado en todas sus dimensiones la generación de capital intelectual entre los nicaragüenses, es decir, invertir en educación como punto de agenda mínima. Irlanda, pertenece a esos modelos de países desarrollados porque se sacudieron los prejuicios y renovaron un sistema obsoleto. Se aprecian las personas no sólo por sus títulos sino por su creatividad e innovación producto de una base académica muy sólida, intereses, aptitudes y talentos identificados por la participación en una amplia oferta de actividades curriculares y extracurriculares establecidas desde la educación preescolar en los países desarrollados; de las cuales se deben de cumplir un mínimo de créditos para poder graduarse. Los grandes capitales surgieron de grandes ideas, acá Nicaragua- no existe el interés de cultivar esas grandes ideas. Las instituciones académicas deben proporcionar las condiciones para que el estudiante desarrolle sus conocimientos pero no es la única responsable de que esto ocurra. Grandes personajes de la historia fueron autodidactas, no accedieron a una educación formal pero sí decidieron creer en una idea y desarrollarla. Porque decidieron documentarse, leer, discernir, descubrir la verdad objetiva sin sesgos ni interpretaciones ajenas. Para los irlandeses, la capacidad creadora e innovadora amén de las buenas decisiones administrativas y financieras propiciadas por un diálogo nacional- hicieron posible que el gigante celta despertara de su antiquísimo letargo; pero primero fueron capaces de empoderarse como nación para generar un excelente capital intelectual y social. Crearon atractivas condiciones para los inversionistas cuando capacitaron a su capital humano en las industrias tecnológicas y farmacéuticas. Fue la gran necesidad la que hizo posible crear un plan

nacional de desarrollo. Ante tantas limitaciones surgieron ideas brillantes que las autoridades quisieron escuchar. Se exigieron a sí mismos y lo lograron. .