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INERCIA SUICIDA.

Hace unos cuantos días me encontraba conversando con un joven a quien yo identifico como un
muy buen ser humano y me consternó lo que me llegó a decir en tan sólo 10 minutos de encuentro.
Ambos teníamos muy poco tiempo, él tenía que regresar corriendo a su trabajo, del que se había
salido solo un momento para saludarme, y yo estaba a punto de iniciar una conferencia. Conozco a
este carismático joven y sé que tiene un tremendo gusto por la música, de hecho, tiene su banda y
él es el vocalista y líder del grupo. Sin embargo, formalmente trabaja en el área de sistemas como
apoyo a diferentes compañías (hasta donde entiendo, porque nunca me ha quedado bien claro qué
es lo que hace). Cuando estuvimos platicando sólo unos minutos, por el brillo de sus ojos ante el
hecho de tener que regresar corriendo a su trabajo, solté una pregunta clásica de Nueva
Conciencia:

- ¿Eres feliz? ¿Sientes que fluyes con eso que haces?

- No -me dijo luego de un silencio reflexivo y moviendo sus ojos hacia arriba y a la derecha, como
imaginando su vida...

- ¿Entonces?

- Tú sabes que lo que me hace fluir y me prende es la música. Me conoces, y cantar y tener mi
grupo, eso sí me hace feliz y me llena.

- ¿Entonces por qué no te dedicas a eso, o le echas más ganas a otro negocio para tener el dinero
suficiente que te mantenga en lo que ganas tu dinero con la música?

Hizo un silencio, y luego continuó:

- Bueno, la verdad no sé. Lo que pasa es que aunque veas que te conviene hacer otra cosa, no sé,
pero como que esperas algo. De hecho, en este trabajo entro "teóricamente" a las 9 y salgo a las 7.
Pero por lo que tengo que hacer, muchas veces el cliente nos pide que lleguemos a las 8 u 8:30 y
ando saliendo algunas veces hasta las 11 pm. Y si a eso le aumentas que hago casi 2 horas y media
de mi casa hasta acá, pues ya estoy analizando la posibilidad de venirme a vivir por acá para no
vivir esto, y es que son casi 4 horas al día de puro trayecto entre venir al trabajo y luego regresar a
mi casa.

¡Qué! -pensé-- Trabaja en algo que no le gusta, trabaja en algo con lo que no fluye su espíritu,
muchas veces entrando a las 7:30 y saliendo luego de las 11 pm, ganando una cantidad de dinero
que me comentó que yo sé que puede ganar en muchos otros lados y mucho más, hace más de 4
horas diarias de trayecto de su casa al trabajo y de regreso, y luego de todo esto... ¡sigue ahí! De
inmediato continué con otra pregunta:

- Oye, y pues con todo este... "pesar", ¿por qué sigues ahí y no emprendes ese otro negocio que te
he recomendado donde ganarías más e invertirías menos tiempo? O incluso cualquier otro trabajo
que sea mejor en todos los sentidos y que vaya más con lo tuyo. ¿Qué pasa?

A lo que respondió tajante y sin dudar mirándome fijamente a los ojos:

- Sabes Alex, no sé pero, aunque te quede claro que esto no es lo tuyo, como que una vez que
has iniciado y llevas tiempo, pues simplemente te sigues y ya. Como que te vas acostumbrando y
simplemente te sigues.

Alcé las cejas. Mantuvimos nuestras miradas unos segundos..., y terminó diciendo que ya se tenía
que ir. Yo también ya estaba a tiempo de entrar a mi conferencia. Nos dimos un abrazo con mucho
afecto y se fue a su trabajo. Y yo sé que se fue no tan solo porque es muy responsable, haga lo que
haga, sino por lo que hoy aquí quiero llamar: inercia suicida. Gente que sin darse cuenta, se va
matando a sí misma -metafóricamente-- por no atreverse a vivir lo que realmente los hace sentir
vivos.

Ese diálogo tiene más de dos o tres semanas de haber sucedido. Y desde aquel entonces
sentí el impulso irrefrenable de escribir algo al respecto. Quizá tenga que ver que le tengo mucho
afecto a este joven, pero independientemente de eso, me dolió algo en mi interior al atestiguar un
fenómeno que es harto común: muchas personas son lo que no quieren ser, hacen lo que no les
gusta, están donde les desagrada, pero "se aguantan", viven un "...no sé..., simplemente te sigues
y ya", caen un una inercia suicida, donde poco a poco van matándose a si mismos y sin darse
cuenta de este suicidio paulatino, pero que sin duda, los hace sentir muertos en vida,
experimentando esos momentos que creen comunes y donde experimentan poco a poco más
aburrimiento, apatía, hartazgo, mal humor, y hasta sintiéndose quizá víctimas de la cruel vida que
les ha tocado vivir. Por supuesto que este no es el caso de mi amigo. Mi amigo tiene la dicha y la
fortuna de "revivir" en cada evento musical que tiene, donde por suerte y pasión, los tiene con
frecuencia. Me encanta cuando me envía por correo electrónico fotos en donde sale cantando en
algún concierto que da, cuando me envía entrevistas en YouTube en donde admira -y también me
hace admirar-- historias de jóvenes músicos que han triunfado, cuando me comparte canciones de
su autoría, etc. Es esa hermosa parte que sólo algunos tienen para "compensar" la inercia suicida de
sus trabajos convencionales con la pasión y vida de su verdadero sentido existencial. Y entonces,
ahí la llevan, muriendo y reviviendo, muriendo y reviviendo.

Sin embargo, hoy aquí quiero reflexionar en otro caso, en uno que he visto en varios de mis
pacientes y de algunas personas que se me acercan al finalizar mis conferencias, gente que no
tienen ni la dicha de haber encontrado una pasión y tenerla aunque sea como hobbie. Gente que
bien sabe que lo que hace no es lo que le llena, no es con lo que fluye, gente que no entiende por
qué otras personas son felices y ellos no, gente que incluso no cree en la felicidad como estado
emocional predominante, gente que así sufre la vida y sin embargo en aquello que hacen piensan...
"una vez que has iniciado y llevas tiempo, pues simplemente te sigues y ya. Como que te vas
acostumbrando y simplemente te sigues", así, sin pensar, muriendo en vida. Y esto es aplicable al
trabajo que puedes elegir y no es lo tuyo, como a la persona que también has elegido de pareja y
que desde el principio supiste que no era alguien para ti, pero... "una vez que has iniciado y llevas
tiempo, pues simplemente te sigues y ya". Piensa si es tu caso.

¡No debes seguir esa inercia suicida! ¡Atrévete a cambiar! ¡Despierta! ¡Revive! Este
planteamiento es perfectamente posible. Puedes volver a empezar estés donde estés. Puedes
conocer la dicha de ser lo que siempre quisiste ser, hacer lo que más te gusta y estar donde más te
agrada... en cualquier momento, aunque cuanto antes mejor. Si ya llevas mucho tiempo siendo,
haciendo y estando lo que no te gusta, quizá sientas un poco de más dificultad en soltar y dejar ir
para volver a empezar, pero ¡es posible! Lo que pasa, es que mientras más avanzas en esta inercia
suicida, con el tiempo se va acumulando más miedo. Y ese es el que precisamente paraliza. El
miedo. Miedo a volver a empezar. Miedo a no saber si podemos ganar dinero y mantener el ritmo de
vida que llevamos; miedo a atrevernos a reclamarnos a nosotros mismos. Pero aquí debo decirte: el
origen del miedo es la ignorancia.

La ignorancia de no saber qué hermosa vida nos espera en cuanto decidamos un cambio, la
ignorancia de no saber que siempre hay otra opción, la ignorancia de no saber si estamos en la
edad para hacer el cambio, lo ignorancia de no saber si todavía estaremos a tiempo de cambiar; la
ignorancia de no saber qué va a pasar después de dejar lo que sabemos que nos está matando (un
trabajo o una relación); esa ignorancia es la que origina el miedo y éste es el que paraliza.
Entonces, la solución es: ¡eliminar esa ignorancia! ¿Cómo? Adquiriendo conocimiento y motivación,
como lo estás haciendo al leer esto hoy, aquí y ahora.

Para aquel que se atreve a reclamarse a sí mismo y se lanza a la conquista de su verdadero
ser, el Universo mismo lo respeta y se inclina hacia él, dándole el paso a un nuevo mundo donde
todo lo que necesite se le proveerá. Y es que el Universo no necesita a gente muy eficiente en lo
que hace aunque no sea feliz, necesita a gente feliz, con la consecuente eficiencia que logra, que
irradie entusiasmo y fe en la vida para el beneficio de la humanidad entera. En esto creo. Lo sé. Me
sostengo en la evidencia. Lo he vivido por décadas, y conozco a mucha gente que también lo
experimenta. Sabe y acepta esta verdad que desde mi corazón te confieso. Saber esto, desvanece
aquella ignorancia generadora del miedo. Así este se esfuma también y se abren caminos de luz
frente a ti.

En su extraordinario libro La rueda de la vida, Elizabeth Kübler-Ross afirma: "Es muy
importante que hagáis lo que de verdad os importe... sólo así podréis bendecir la vida cuando la
muerte esté cerca". Esta es otra gran verdad que debes saber y sentir. Sobre todo, porque, no sé
tú, pero yo he sentido que el tiempo cada vez se pasa más rápido, y si tan velozmente vamos
pasando por esta experiencia como humanos, entonces urge salirse de esa inercia suicida y
atreverse a vivir de verdad.

Quizá, haciendo lo hacemos, estando donde estamos, la vida nos está ofreciendo una
oportunidad para aprender alguna lección. Pues bien, entonces apréndela. Pero una vez aprendida,
¡a lo que sigue! No se trata de perpetuar una lección y creer que el dolor o la apatía es un estado
común y frecuente. Se trata de darnos cuenta, de despertar, de saber que si no estamos fluyendo
con la alegría, paz y armonía de la vida misma, es debido nosotros mismos, a las malas decisiones
que hemos tomado pero... ¡que en cualquier momento de luz y despertar podemos volver a
cambiar! Podemos retractarnos, podemos desdecirnos, podemos reivindicar, ¡podemos corregir!
Recuerda: se trata de tu vida, esa que está pasando tan rápido. Se trata de que descubras las
señales que abundantemente te vienen gritando en forma de susurros al oído: "¡Cambia! Deja ir
aquello y vuelve a empezar". No te puedo dar pautas exactas para saber si ya es el momento de tu
cambio y detener esa inercia suicida. Lo que sí te puedo afirmar es que... tú lo sabes bien. El
momento adecuado, tú lo sientes en tu interior, y nadie mejor que tú lo puede detectar. El cuerpo te
va a ayudar. Tu cuerpo va a enfermar con frecuencia como clara señal a la que debes atender. Pero
aunque tu cuerpo ya te lo esté diciendo, más fuerte aún tú lo sientes en tu interior. Quizá lo único
que quedaría es esta recomendación: Confía en ti mismo. Cree en ti y en eso que sientes dentro. Y
espero que este boletín tan sólo te haya ayudado a sentirte más a ti mismo para decidir y actuar en
consecuencia. Es hora de eliminar la inercia suicida y empezarse a mover en otra dirección, la que
nos lleva a una constante... ¡Emoción por Existir! - Alejandro Ariza.

Palabras transformadoras
"Conoces lo que tu vocación pesa en ti. Y si la traicionas, es a ti a quien desfiguras; pero
sabes que tu verdad se hará lentamente, porque es nacimiento de árbol y no hallazgo de
una fórmula".

- Antoine de Saint-Exupery

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