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DEPRESIÓN Y SEMBLANTES

1
Claudia Velásquez

PRESENTACIÓN DEL PROBLEMA

Los afectos son un tema capital del ser humano, y entre ellos la tristeza no lo es menos. Ella
ha sido objeto de diversas explicaciones y abordajes a lo largo de la historia. Se la ha asociado a
diferentes disposiciones subjetivas, desde aquella requerida para alcanzar la realización de una
creación, artística por ejemplo, hasta designar a un individuo bajo una condición de enfermedad. Es
allí, como enfermedad, donde la tristeza entra al campo de la enfermedad mental y su
psicopatología, tomando el nombre de depresión.
Ya en la antigüedad, siglo V a.c., con Hipócrates, el afecto tristeza es reconocido y
relacionado con uno de los cuatro humores, bilis negra, que conforman el cuerpo y es denominado
melancolía. En la edad media se le conoce como falla moral, efecto de falta de fe. Propia de los
monjes que vivían en los monasterios, la tristeza era llamada el “demonio meridiano”, pues se
presentaba al momento de esconderse el sol, como una cierta falta de sentido de la vida religiosa
elegida; de allí su estatuto de pecado.2 El término como tal, “deprimir”, aparece en el siglo XVI
derivado del latín deprimere, que se traduce como apretar; posteriormente surgirán los términos
depresión y depresivo. El siglo XIX, siglo del nacimiento de la clínica moderna, corta con la
tradición hipocrática y abre el camino para que en 1957, con la invención de los antidepresivos,
diversos desórdenes que presentan humor triste, abatido, y comportamiento desganado, queden
agrupados bajo el término depresión.
Si bien hay lo que Freud llamó “el desamparo radical del ser humano”, es cuando éste se
enlaza con el discurso capitalista y la ciencia a su servicio, que se habla de depresión, tal como se
hace en nuestros días. Ese desamparo radical que experimenta el sujeto ante la insuficiencia del
lenguaje, del inconsciente, del Otro, del amor, del narcisismo… para hacer con su ser pulsional,
confronta su existencia con la fragilidad, con el límite mismo de su sentido, acompañado todo ello
de afecto. Esta posición del sujeto que se manifiesta como desgano y abatimiento, puede conducirlo
al abandono de sus funciones, y es aquí donde el capitalismo hace su parte: “no perdona”, por
cuanto funcionar y producir son su imperativo. Seguramente por ello la ciencia se enlaza bien allí y
viene a tratar fundamentalmente ese ánimo, ese humor, para que el sujeto siga respondiendo a las
exigencias de producción, adaptación y consumo -de esos objetos del mercado separados del Otro-,
dejando de lado el ser y apuntando a la funcionalidad.
Por su parte, el psicoanálisis se propone tratar el ser del desamparo radical, el que está
implicado en su dolor de existir por su falta de ser y por su ser de goce, es decir, ofrece al sujeto la
posibilidad de “hacerse cargo, al mismo tiempo, de dos imposibilidades: la imposibilidad de
sustraerse a la exigencia pulsional y la de someterse a ella sin límite”,3 y para esto su oferta es la del
objeto analista con el que, a diferencia del de consumo, puede hacer un lazo llamado transferencia.
A continuación daré un rápido vistazo sobre lo que sería la depresión bajo la perspectiva de
la salud mental y luego me detendré en algunas proposiciones psicoanalíticas.

1
Psicóloga. Psicoanalista miembro de la Nueva Escuela Lacaniana (NEL Medellín) y de la Asociación Mundial de
Psicoanálisis. Magister en Ciencias Sociales de la Universidad de Antioquia. Docente del Departamento de Psicoanálisis
de la Universidad de Antioquia.
e.mail: claudiamvelasquezm@gmail.com
2
Cfr. Godoy, C., Tristeza y depresión. En: Virtualia, Revista digital de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL), Vol
V, N° 14, Enero/Febrero 2006. Disponible en: http://virtualia.eol.org.ar/014/default.asp?dossier/godoy.html
3
Berenguer, E., Depresión y “cobardía moral”. [Documento de Internet]. Publicado en la Web del Forum Psicoanalítico
de Murcia. Disponible en: http://www.forumpsimu.com/web/temas/varios/50-depresion-y-cobardia-moral.html
DEPRESIÓN Y SALUD MENTAL

Sobre el diagnóstico

El término depresión se aplica para diagnosticar como deprimido a aquel que presente una
serie de fenómenos tales como: “cambios afectivos displacenteros anormales persistentes, asociados
con sentimientos de desvalorización, culpa, desamparo y desesperación, ansiedad, llanto, tendencias
suicidas, pérdidas de interés por el trabajo y otras actividades, disminución de la capacidad para
llevar a cabo diligencias sociales cotidianas e hipocondría acompañada de alteraciones orgánicas,
como anorexia, disminución del peso, retardo o inhibición psicomotriz, cefaleas y otros trastornos
orgánicos”.4
El diagnóstico de depresión tiene en este campo un uso ampliado: hechos clínicos de
diferentes estructuras y causas, caen bajo su nominación, si bien es cierto que la causa común que
se les atribuye a todos es el de un problema químico, más específicamente una baja serotonina
(neurotransmisor del sistema nervioso central al que se le atribuye la inhibición de fenómenos que
van desde el enfado, pasando por el humor, hasta llegar a la sexualidad). Pareciera que aquella
inhibición evidente del deprimido que se aprecia en su desgano e inactividad, encontrara su exacta
correspondencia en la inhibición de una sustancia, respondiendo así a la concepción de la mente
como un órgano, idea propia del discurso de la salud mental.
Para continuar, quisiera hacer una precisión. No se trata de negar que en la depresión haya
manifestaciones neuro-hormonales que dan cuenta de la falta de excitación y que es por esto que el
medicamento puede producir una modificación del humor, sólo que pensar y tratar la depresión
desde esta perspectiva mantiene intacta la relación al Otro, al goce y al deseo.
Además de los fenómenos ya indicados para diagnosticar una depresión -fuera de los que
ampliamente enumera el DSM-, recientemente se planteó el diagnóstico QPM (medida de potencial
cuántico): mide desde la personalidad, las marcas de la experiencia, hasta la depresión y el estress,
por medio de una descarga eléctrica en el cuerpo que arroja un gráfico, gracias a la actividad
electrónica del organismo.5 Este método pone en evidencia las tentativas de silenciar al sujeto para
hacer hablar al organismo vía la técnica.

Sobre el tratamiento

Se encuentra en el mercado de la salud mental, la terapia cognitivo-comportamental para la


cura de la depresión, en la que el cognitivismo “no se postula como teoría sino como aplicación
práctica de las ciencias del comportamiento y el pensamiento, para la resolución de diversos
problemas”.6 Se trata de técnicas de autoayuda para corregir distorsiones cognitivas y así alcanzar la
optimización del individuo. Esto por cuanto la depresión se considera un error de juicio sobre la
realidad y el terapeuta tiene como tarea debatir dicho juicios con el cliente; así, se parte de que el
paciente desea su propio bien y si no lo consigue es por su ignorancia. Todo queda a nivel del
pensamiento, del significante, pero desanudado de cualquier relación al ser y al goce; se trata de un
orden simbólico que desconoce lo real, “Por eso Lacan formula que mientras el sujeto construye
ficciones de las que padece, no se da cuenta de que en lo irreal, es lo real lo que lo atormenta”.7

4
Sobre-Casas, L.F., Lo clásico en la depresión, en: La depresión y el reverso de la psiquiatría. Buenos Aires: Paidós,
1997. Pág. 36
5
Pernot, P., Las dos soluciones del hedonismo contemporáneo. En: Virtualia, Revista digital de la Escuela de la
Orientación Lacaniana (EOL), Año VII, N° 17, Enero/Febrero 2008. Disponible en:
http://virtualia.eol.org.ar/017/default.asp?dossier/pernot.html
6
Barros, M., Las salud de los nominalistas: un estudio sobre las prácticas psicoterapéuticas. En: Lacaniana, Revista de
psicoanálisis. Buenos Aires. Vol. 2, N° 2, Agosto 2004. Pág. 23
7
Ibid. Pág. 28
También se encuentra en el mercado el antidepresivo, objeto ofrecido no sólo para la cura
de la depresión sino también para el diagnóstico, por cuanto al producir efectos lo confirma. Y dado
que la depresión tiene el componente de la afectación del humor, aspecto sobre el cual la
bioquímica opera, es propicia entonces para hacer entrar al medicamento en el campo de su clínica.
Un tercer ofrecimiento del mercado es la ya conocida terapia electro convulsiva, que
mediante un choque eléctrico busca mejorar el funcionamiento cerebral y por ende el humor del
individuo.

DEPRESIÓN Y PSICOANÁLISIS

Vacío central de la existencia

Interrogar la existencia conduce a su vacío central, es decir, al vacío de su sentido: la


existencia no trae el sentido adosado si se trata de un ser hablante, que es precisamente aquel que
queda preso del sentido. Este vacío es experimentado con dolor, el “dolor de existir”, de allí que se
le intente taponar por distintos medios, hasta con la felicidad en oposición al dolor.
Dice Recalcati: “El dolor de existir muestra la vida como separada del sentido, lo real de la
existencia como irreductible a los semblantes imaginarios y simbólicos que ordenan la realidad…”, 8
y continúa, “La función narcisista de la imagen y la del sentido buscan remediar y velar lo real
bruto y escabroso de la existencia, pero lo real de la vida no puede ser sublimado ni en la
especularización narcisista, ni en el aferrar del sentido. Lacan insiste sobre el hecho de que la vida
en su real está separada tanto del ideal de la imagen como del orden simbólico del sentido”. 9 Más
allá del sentido y los ideales, la vida está ligada a la muerte y es esta ligazón lo que se haya en el
corazón de la depresión; la vida insiste en entrar en el orden del sentido pero encontrará un límite,
una resistencia, allí donde se enlaza con la muerte.
El afecto depresivo acompaña y se suma a este dolor de existir, esta lesión real del sujeto
que no puede sanar. Ahora bien, en tanto el sujeto es la no coincidencia con el ser, es aquel a quien
falta su ser; es sobre esto, a su vez, que el deseo puede emerger, y que podría decirse de él, de
manera paradójica, que puede hacer las veces de un sentido para la existencia, de tal manera que no
tapona su sin-sentido. Así, el deseo puede ser un “antidepresivo” eficaz.

Problema ético: deseo y goce

Si la depresión se enlaza de una parte con el dolor de existir dado por una falla estructural
del ser hablante, y de la otra con un afecto que lo aleja de aquella falta y por consiguiente del deseo
que de ella podría emerger, es posible entonces plantearse este problema bajo dos preguntas que
retomo de Skriabine:
• ¿El ser hablante estaría estructuralmente predispuesto a la depresión? Esto, por cuanto
hay una falla estructural instaurada por el significante que deja al sujeto en relación con
algo perdido, con su falta de ser.
• ¿El sujeto encuentra en el afecto depresivo su felicidad, es decir el plus-de-gozar en el
que se sostiene?10
Esto por cuanto algo viene a colmar la falta, con lo cual está diciendo que gozar se paga con
depresión.
8
Recalcati, M., Depresiones contemporáneas. Buenos Aires: Grama ediciones, 2005. Pág.66
9
Ibid. Pág. 67
10
Skriabine, P., La depresión, ¿felicidad del sujeto? En: Virtualia, Revista digital de la Escuela de la Orientación
Lacaniana (EOL), Vol V, N° 14, Enero/Febrero 2006. Disponible en: http://virtualia.eol.org.ar/014/default.asp?
dossier/skriabine.html
Me detendré en la primera pregunta, para plantear cómo la depresión viene como efecto de
esta falla estructural.
En un momento de su enseñanza Lacan plantea la depresión como cobardía moral; dice: “Se
califica por ejemplo a la tristeza de depresión cuando se le da el alma por soporte… Pero no es un
estado del alma, es simplemente una falla moral, como se expresaba Dante, incluso Espinoza: un
pecado, lo que quiere decir una cobardía moral, que no cae en última instancia más que del
pensamiento, o sea, del deber de bien decir o de reconocerse en el inconsciente, en la estructura”.11
Las palabras de Lacan indican cómo el sujeto deprimido no se reconoce en la experiencia
de la pérdida, en la relación a su inconsciente, en ser efecto de la estructura del lenguaje. Esta
posición subjetiva es planteada en términos de cobardía, por cuanto el sujeto interpone un obstáculo
entre él y su falta, impidiendo entonces el efecto de división y con ello la posibilidad de emergencia
del deseo.
Este no confrontarse con lo real de su existencia por la vía de su condición hablante,
alcanza el decir mismo del sujeto, de allí que Lacan diga que la cobardía moral cae del deber del
bien decir, tal como se citó más arriba. Allí, fundamentalmente, se sitúa el problema ético de la
depresión. Se abandona el “bien decir” que podemos entender como “decir aquello en lo que el
sujeto está concernido en ese punto de impasse que causa lo que lo aflige”.12 El deprimido no enlaza
su palabra al goce, por ello no se implica en su decir ni se confronta con su deseo, tampoco con la
contingencia del deseo del Otro que se pone en juego en los lazos sociales, de allí su aislamiento y
encierro.
Este impasse del deseo, de lo que mueve y orienta al sujeto, hace que la depresión tenga el
carácter de inhibición. Freud plantea que la depresión es una inhibición -no pensar, no hacer, no
moverse-, que se produce cuando el sujeto es requerido por una tarea psíquica exigente de toda su
energía. Esto se traduce entonces en un desinterés que puede llegar hasta el abandono de sí mismo y
su mundo, sumado a la falta de sentido.
Dice el sociólogo francés Alain Ehrenberg que esta perspectiva de la depresión como
inhibición ha sido central en la psiquiatría actual, más que la dimensión moral de la tristeza;
inhibición que se extiende a lo propiamente psicomotor como desarreglo de la acción, “la acción
atascada determina el humor trastornado”.13 La pasión de ser uno mismo, la exigencia de iniciativa
individual propia de la época y la dificultad para asegurársela, lo lleva a plantear que el deprimido
es tomado como “el individuo insuficiente”, tesis que propone en su texto La fatiga de ser uno
mismo.
Precisamente el psicoanálisis, a diferencia de la psiquiatría, al tomar la depresión como un
afecto está indicando, como lo señala Miller, que es necesario pasar de la psicofisiología (descarga,
cambios corporales) a la ética, y que si bien la emoción está implicada, no se reduce a ello. De allí
que la depresión haya que situarla en el campo del sujeto y el significante, y que el afecto signifique
que “el sujeto está afectado de sus relaciones con el Otro”.14
Ahora bien, la depresión en tanto afecto, también tiene un componente de goce, que, al
igual que el Otro, no puede ser situado en lo biológico ni psicofisiológico, sino en el campo de la
ética. Y si bien el cuerpo está puesto en juego, lo está por recibir los efectos del lenguaje y de la
puesta en juego del objeto de goce que ello implica.
Paso ahora a la segunda pregunta, donde Skriabine plantea lo que habría de felicidad, de
goce, en el deprimido. Lacan dice que el sujeto es feliz,15 todo encuentro con el objeto es un
encuentro con el plus de gozar que pone de presente el objeto perdido que se espera reencontrar en
11
Lacan, J., Psicoanálisis, Radiofonía y Televisión. Barcelona: Anagrama, 1977. Pág.107
12
Godoy, Op. Cit
13
Ehrenberg, A. La fatiga de ser uno mismo. Depresión y Sociedad. Buenos Aires: Nueva Visión, 2000. Pág. 198
14
Miller, J.-A., A propósito de los afectos en la experiencia analítica. En: Matemas II. Buenos Aires: Ed. Manantial,
1991. Pág.160
15
Lacan, Op. Cit. Pág.107
la repetición. A partir de esto, me pregunto si el afecto mismo no viene a hacer las veces de objeto,
como un plus de goce alcanzado que tapona la falta del sujeto.
Sobre esta perspectiva se fundan también las tesis sobre lo propio de algunas depresiones de
nuestra época, puesto que el capitalismo invita a una relación con el objeto de goce separado del
Otro. El sujeto en su intento por unirse con ese objeto produce un cierre sobre sí mismo, queda
preso de las vueltas que da sobre sí en su intento y anula con ello el deseo. “Son depresiones de
confort, de rutina, depresiones que surgen del ápice maniaco, del divertissement contemporáneo. Su
fundamento no es más la separación del sujeto sino su aislamiento autístico en una alienación rígida
a los semblantes que parece anular todo iato entre el ser y el semblante, consolidando más bien el
ser del sujeto en la identidad sin divisiones de una máscara social”. 16 Así, esta depresión no es
necesariamente asociada a una pérdida, concreta e identificable, si bien sigue siendo una afectación.
Para ampliar un poco la noción de semblante y su relación con la depresión, me apoyaré en
lo que puede ser explicado con relación a la depresión neurótica en términos de la caída o
“deflación del falo”, por cuanto el falo, si bien no es el único semblante, es el semblante por
excelencia.17

Deflación fálico-narcisista

Se entiende por semblante aquello que aparece, aquello que hace creer que hay algo donde
no lo hay; no debe confundirse con la artificialidad, con un truco o con la simple apariencia, pues
más allá de encubrir lo que es, el semblante es “lo que aparece de lo que es”. El semblante señala
el lugar donde se pretende un goce no tachado, una evitación de la castración, de allí que no esté
radicalmente separado de lo real, lo cual permite operar con él en un análisis en dirección de
alcanzar lo real que subyace a la falta en ser.
El falo es semblante, incluso, el semblante por excelencia, dado que en tanto simbólico
(significante), representa lo que no hay; también en tanto imagen muestra el goce supuesto a la
potencia. El falo es aquello sobre lo cual cada uno soporta su ser en el Otro para ser reconocido;
soportes tales como: la belleza, el dinero, el saber, la fuerza,… incluso la pareja.
Se esquiva la falta de ser, la muerte y lo real, con este recubrimiento fálico-narcisista que
viste la imagen del cuerpo dándole un sentimiento de vida; también le da vida a las palabras,
produciendo un efecto de significación. No basta con estar vivo para sentirse vivo, ni basta
pronunciar palabras para que signifiquen.
Aquel recubrimiento fálico se produce gracias a la mirada y los signos del Otro; es él quien
al hacer amable al sujeto y al dar a sus palabras un sentido, lo reviste de manera narcisista. Se
podría decir que la imagen fálico-narcisista cumple una función compensadora al acercar y enlazar
al sujeto de la falta en ser con el yo como ideal.
Es por todo lo anterior que en las situaciones de fracaso y pérdida, esta función
compensadora se ve afectada pues en ellas se pone en juego lo que del Otro viene a soportar la
significación fálica que narcisisa la imagen de sí.
El objeto perdido daba brillo fálico al sujeto, lo sostenía en su imagen narcisista, por lo cual
se hacía una valoración fálica del objeto. En la depresión dicha valoración fálica no está, cae el falo
como semblante, se produce una “deflación fálica”. El sujeto es consciente del afecto depresivo,
pero lo concerniente a su división queda rechazado de su consciencia.
Como el objeto perdido era el soporte narcisista de la imagen ideal del sujeto, ante su
pérdida se arruina dicha imagen. El duelo implica entonces la reconstitución de la propia imagen
fálico narcisista por medio de un trabajo de desidealización del objeto perdido; se simboliza aquello
16
Recalcati, Op. Cit. Pág.71
17
Bassols, M., Algunas observaciones acerca del “semblante”. [Documento de Internet]. Publicado en la página Web de
la AMP. En: Papers - Versión 2009-2010 - N°2 - Junio 2009. Disponible en:
http://www.wapol.org/es/articulos/Template.asp
que portaba el objeto perdido para poder recuperar la libido puesta en él y así volver a investir
libidinalmente el mundo.
Si el trabajo del duelo es la separación del objeto perdido, la depresión es el estancamiento
de este trabajo; el sujeto no quiere separarse del objeto, hace una eternización imaginaria del objeto
en oposición al deseo. De esta manera, ante la pérdida del objeto el semblante fálico no viene a
cumplir su función tranquilizadora y compensatoria, y por tanto muestra su insuficiencia ante el real
al cual puede conducir aquella pérdida.
Ante la inoperancia de la compensación fálica, se podría pensar que la depresión podría
jugar también el papel de semblante. Lo dejo simplemente como proposición que quizás podría
analizarse y ser pensada a partir de estas dos citas: “Enfermar de depresión, un velo antes del horror
de lo real”,18 y “El afecto más auténtico, el más vivo, el más inmediato en apariencia, es pariente sin
embargo del semblante.”19

BIBLIOGRAFIA

1. Barros, M., Las salud de los nominalistas: un estudio sobre las prácticas psicoterapéuticas.
En: Lacaniana, Revista de psicoanálisis. Buenos Aires. Vol. 2, N° 2, Agosto 2004.
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http://www.congresoamp.com/es/template.php?
file=textos/noche_01/santiago_semblantisation.html
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Disponible en: http://www.wapol.org/fr/articulos/Template.asp?
intTipoPagina=4&intPublicacion=29&intEdicion=1&intArticulo=1819&intIdiomaArticulo
=1
17. Trobas, G., Depresión…De la depresión y síntomas modernos. En: El Caldero de la
Escuela, publicación de la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL), N°76, Mayo 2000
18. Varios, La depresión y el reverso de la psiquiatría, Buenos Aires: Paidós, 1997
19. Velásquez, C., Depresión: cuerpos sin brillo… entonces deseo. Conferencia presentada en
la Fundación Universitaria Luis Amigó, Medellín, febrero 20 de 2004

Velásquez, Claudia
"Depresión y semblantes". 1.ed. Medellín: 2010. pp. 109-120.
En: Ruiz L., Adolfo. El silencio de los síntomas: la salud mental. Serie Cursos Introductorios No. 3.
Ed. NEL-Medellín,
Octubre de 2010. 145 p.

El Directorio de la NEL-Medellín, Adolfo Ruiz L. Editor y compilador del libro y la autora,


autorizan la difusión virtual de este texto.