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Ciencias naturales y ciencias sociales: ¿De qué territorialidad estamos

hablando?

Por: Rodrigo Arce1

Existe una viejo conflicto anecdótico entre botánicos forestales (Dendrólogos) y


botánicos biólogos. El tema es que los biólogos consideran como elemento
fundamental de clasificación taxonómica a la flor, como estructura reproductiva por
excelencia. Los dendrólogos también se basan en la flor pero no se reducen a ella
cuando se trata de identificar un árbol en el bosque, para ellos (y ellas) también es
válido evaluar la conformación del árbol, el exudado de látex o resinas, la
pubescencia de las hojas, el sitio en el que se desarrolla o las plantas a las que
se encuentran asociadas. El conflicto está en saber quién es más científico que el
otro. Ajenos a esta discusión los montaraces, llamados localmente “materos”,
pican su machete a un árbol tumbado, sin hojas y quemado – huelen la astilla de
madera - y dicen: “ingeniero ¿quién habrá tumbado esta requia?”. No una si no
muchas formas de acceder al conocimiento.

Durante nuestro acompañamiento a las Facultades Forestales del país para


reflexionar sobre la estructura curricular recogimos el siguiente testimonio:

"Antes los shipibos no querían tocar la lupuna porque decían que era la
madre de los bosques. Y para nosotros, que somos profesionales, ésas son
tonterías. Después de un arduo trabajo de extensión forestal hemos
logrado que ellos aprovechen la madera de lupuna y que reforesten. Ha
sido el producto de la entrega y el sacrificio de nuestros extensionistas
forestales.

...Aunque debo reconocer que ahora hay menos árboles de lupuna que
antes".

Un Ex Decano Forestal

En cuanto a Áreas Protegidas tuvimos la oportunidad de contemplar unas


despreocupadas vaquitas al interior del Parque Nacional Palo Verde en Costa
Rica – como también se las ve en el Parque Nacional del Huascarán – y cuando
preguntamos por qué esas vaquitas tenían licencia para pastar en un área de
protección estricta el guardaparque nos comentó que si no permitían esto el
pastizal circundante a todo el parque terminaría por ganarle a la vegetación que
era la razón central de protección. Lo mismo en el caso del antiguo “Santuario
Nacional Pampas de Heath” (hoy parte del Parque Nacional Bahuaja Sonene) se
tuvo que aceptar que las quemas controladas –realizadas tradicionalmente por los
Ese Ejas - eran absolutamente necesarias si es que se quería mantener la
integridad de las formaciones vegetales pecualiares del Santurario. En otras
palabras, eso de áreas prístinas lejos de la interferencia humana resultaron

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Consultor forestal y de facilitación de procesos sociales. rarcerojas@yahoo.es

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altamente motivadoras pero que no recogían la realidad de las interacciones
naturaleza-sociedad- cultura.

Si pues, por más esfuerzos que hemos realizado por mantener nuestra
territorialidad en las ciencias naturales, en sus diversas especialidades, hace
tiempo que ya hubo “invasiones” de todo tipo. La pregunta es ¿cuál debe ser
nuestra actitud frente a tales “invasiones”?. Trataremos de contribuir a la reflexión
con algunas ideas básicas.

Lo primero que se nos ocurre es identificar cuáles serían las posibles razones que
explicarían la “invasión” de los científicos sociales en los predios de los
profesionales de las ciencias naturales:

- Por motivaciones políticas


- Porque el gobierno de turno no tiene amigos y amigas de las ciencias
naturales
- Por su mayor preocupación en asuntos humanistas por ser la razón
fundamental de sus disciplina
- Porque muchos de ellos y ellas han realizado especializaciones vinculadas
a las ciencias naturales (postgrados, cursos, diplomados)
- Porque muchos de ellos y ellas consideran que ahí donde hay personas en
interacción social, ahí deben estar los científicos y profesionales forestales
y en los bosques también hay personas.

Pero también podríamos hacer un esfuerzo por identificar algunas ideas por las
cuales no hemos incursionado en las ciencias sociales

- Porque somos científicos objetivos, neutrales, apolíticos


- Porque las ramas ingenieriles son ciencias aplicadas a lograr la mayor
productividad de los ecosistemas y hacer negocios sostenibles para que
hayan mayores y mejores ingresos económicos para todos
- Porque nuestro trabajo es el manejo sostenible de recursos
independientemente de quien lo haga. Lo importante es que haya manejo
- Porque nosotros ya tenemos las complejidades de nuestras propias
especialidades como para incursionar en otros campos, para eso están
ellos y ellas (los sociales)
- Porque los científicos y profesionales forestales complican nuestro trabajo,
generan tensiones con la población local, dilatan las respuestas con los
procesos participativos
- Porque dificultan nuestro trabajo con enfoques y métodos comunistas ya
superados
- Porque sólo llevamos uno o dos cursos de sociología y encima no
aprendimos nada (o muy poco)...

Bueno y así podríamos seguir recuperando algunas ideas leídas, escuchadas o


inferidas en nuestras interacciones con profesionales de las ciencias naturales. Sin

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embargo después de estos primeros aspectos, tal vez las preguntas de los
profesionales de las ciencias naturales deberían ser:

1. ¿Por qué razones tendría yo que preocuparme más en conocer de ciencias


sociales y aplicarlo en mi campo?
2. ¿Cuál es la razón fundamental de mi profesión? ¿Cuál es mi negocio?

Es indudable que la especialización ha contribuido a un avance vertiginoso de la


ciencia y tecnología y muchos de los bienes y servicios que disfrutamos de la
sociedad moderna se deben a la especialización. Pero también es cierto que en la
pretensión por fragmentar más y más el conocimiento muchas veces hemos
perdido la referencia del sistema mayor del que somos parte.

Históricamente la Ilustración fue una época en la que se pretendía conocer todo y


con el nivel de información que se tenía al momento era posible lograr un
conocimiento enciclopédico que hoy ya no es posible. De otro lado el
postmodernismo relativiza todo. Los pensadores ilustrados creen que se puede
conocer todo y los postmodernistas radicales piensan que no se puede conocer
nada (E.O Wilson, 1998).

La conciencia del impacto de la ciencia en el orden social producto de una


excesiva fragmentación llevó a los pensadores a recuperar su sentido total.
Producto de ello son las propuestas de la tercera cultura (Brokman, 1996), la
Pléctica que se refiere al estudio del mundo físico, biológico y cultural, como un
todo coherente y unificado y que pretende “Dar una mirada cruda a la realidad
como un todo” (Murray Gell-Mann; citado por Fisher, 2000), entre otras propuestas
holísticas y sistémicas. Pero también los holismos e integrismos son criticados por
la pérdida de sensibilidad al detalle, clave de la ciencia del análisis y la síntesis.

Si uno revisa rápidamente la historia de la biología y la ecología encuentra que


primero surge una preocupación por conocer la clasificación de las plantas y
animales (taxonomía), luego interesa conocer las formas, luego la fisiología, luego
las relaciones entre seres vivos y el ambiente. Así tenemos derivaciones de la
ecología desde ecología a secas, ecología social, ecología humana, ecología
política. Es decir recuperando paulatinamente con mayor claridad y compromiso
las interacciones entre ecosistemas-sociedad-cultura y que de paso siempre
existió en las cosmovisiones indígenas.

Desde Tansley estuvo muy claro que el campo temático de la ecología incluye
tanto al ser humano como a las interacciones de éste con el ambiente,
consecuentemente la ecología de la conservación debe atender a cómo el ser
humano participa de los sistemas ecológicos (Gudynas, 2002). Y para los
excesivamente economicistas es bueno conocer y reconocer que aún Adam
Smith, el padre del liberalismo, no disociaba la economía de los valores morales.

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Lo concreto es que la división artificial que hemos realizado de la realidad tiene
sus límites y no logra dar cuenta de las necesidades de contribuir por un orden
superior en el que se conjuguen el valor del individuo y el valor de la comunidad.

Afirmaba Hawley (1996) que “no se puede decir, hoy, que la sociología es la
ciencia del ser humano en sociedad, con un mínima (o sin ninguna) referencia
referencia al mundo de la Biología; como tampoco la Biología, puede ignorar, y no
sólo respecto del hombre, que la sociedad es una realidad que se puede dar por
sabida o más, frecuentemente, pasada por alto”.

Podríamos replegarnos en nuestro marco conceptual, doctrinario, metodológico e


instrumental propias de nuestras disciplinas o podemos abrirnos a la realidad que
no tiene límites ni se desenvuelve en una lógica lineal y plana.

Bajo una concepción más amplia del (medio) ambiente es entendido como el
compendio de valores naturales, sociales, culturales que en un momento
determinado influyen en las características materiales, sicológicas y sociológicas
del hombre. Afirma Ingemar Hedström que hace rato que la ecología ha salido de
la jaula de definiciones académicas, y que jamás seremos capaces nuevamente
de volver a meter la definición científica de la ecología, dentro de su jaula original
(Gudynas, 2002).

Desde la perspectiva de la ecología humana la vida colectiva es un proceso


adaptativo que consiste en la interacción del medio ambiente con la población y
organización. Dicho de otro modo la ecología humana es un intento de tratar en su
totalidad el fenómeno de la organización. En tal sentido información, comunicación
y transporte forman parte de los materiales y energía que se intercambian en el
ecosistema (Hawley, 1996).

La Ecología Humana es una disciplina sociológica que representa un intento de


tratar en su totalidad el fenómeno de la organización, incorporando a la
comprensión de ésta las relaciones del grupo social con el medio, tanto físico
como social (Cristóbal Gómez Benito, 2005).

De otro lado, hay que considerar que el universo físico es el mundo de lo simple y
el conjunto de sistemas adaptativos complejos, el mundo de los complejos.
Simplicidad y complejidad son las dos caras de la realidad que nos rodea (Fisher,
2000).

Las visiones lineales y unidimensionales han demostrado sus limitaciones:

A medida que los estudios del caos cuestionan la idea de que el cambio
siempre era paulatino y pronosticable, la noción de la complejidad
cuestiona las ideas reduccionistas de que las cosas se comprenden mejor
dividiéndolas en componentes más pequeños. Con una urgencia creciente,
muchos científicos han llegado a creer que el enfoque reduccionista, y la
estructura cada vez más compertamentalizada de la ciencia moderna que

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se produjo, se aproximaban a un callejón sin salida. Cuanto más aprendía
la ciencia, parecía que tanto menos tenía que decir acerca de muchos de
los problemas más complejos del mundo (Breslin, 2004)

Las presentes notas pretenden contribuir a los procesos de reflexión sobre los
currículos universitarios, el rol de los gremios profesionales y el desenvolvimiento
profesional de los profesionales de las ciencias naturales y plantear nuevas,
originales y creativas formas de generar un diálogo intercultural entre cientistas
naturales y cientistas sociales ¿de qué territorio estábamos hablando?

Lima, 22 de Mayo del 2005

Literatura citada:

Breslin, Patrick 2004


Al margen de Newton: Metáforas para el desarrollo de base. En Desarrollo de
Base. Revista de la Fundación Interamericana. 25(1):1-9

Fisher, A. 2000
Evolución... El nuevo paradigma. Una nueva aproximación a las Ciencias Sociales.
Editorial Universitaria. Santiago de Chile.

Hewley, A. 1996
Teoría de la ecología humana. Tecnos. Madrid