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Programa Bosque-Escuela

Documentos para el debate forestal


2006
Bosques Nativos Andinos y Desarrollo

Por. Rodrigo Arce1

Presentación:

El enfoque de este artículo está orientado a analizar las posibilidades


de los bosques (entendidos en su sentido más amplio como los
complejos agroproductivos de los campesinos y campesinas) en la
construcción de ciudadanía forestal como condición necesaria para
dar cuenta de las estrechas interacciones bosque-sociedad-cultura. Se
plantea que tan importante como avanzar en la productividad
ecológica de los bosques es avanzar en la productividad humana.

1. Breve balance de los proyectos de desarrollo forestal andino:

Un breve balance de los proyectos de desarrollo forestal andino


permite reconocer algunos aspectos positivos tales como:

Incremento de superficie de bosques en las comunidades


Institucionalización de los viveros comunales
Incorporación de especies nativas andinas en las prácticas forestales
Desarrollo de tecnología forestal y social para trabajar con
comunidades campesinas
Incorporación del árbol en el sistema productivo
Desarrollo de pequeñas industriales forestales
Formación de capacitadores comunales
Diversificación económica a partir de los bosques

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Ingeniero Forestal, Asociación Bosques Sociedad y Desarrollo, BSD
rarcerojas@yahoo.es

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También nos permite reconocer algunos aspectos que debemos tener


en cuenta para nuevas experiencias:

El enfoque de bosques para la industria ha restado importancia a las


nativas andinas
La tecnología social desarrollada ha sido mayormente funcional a la
operatividad de los proyectos antes que compromisos legítimos
Incorporación de género y de la participación más por exigencia
financiera que por convicción de los líderes
Proyectos forestales - forestales que no contribuyen al desarrollo local
Predominio de una visión de productividad ecológica antes que de
productividad humana (capacidades locales)
Poca capacidad de ser autocríticos en relación al rol institucional y
profesional en el desarrollo humano de las personas “beneficiarias”
de proyectos forestales.

Todo ello nos permite reconocer algunas lecciones aprendidas:

• No se puede forzar el trabajo de bosques nativos andinos sólo


con comunidades. Se tiene que trabajar con una diversidad de
formas organizativas de acuerdo a cada contexto. Ello no implica,
sin embargo, perder de vista el enfoque de gestión territorial.
• Las personas locales involucradas en los proyectos trabajan por
motivaciones tangibles y éstas son legítimas
• Los proyectos son más exitosos ahí donde se construye
ciudadanía, se generan condiciones para la acción colectiva y se
avanza en la construcción de capital social
• Inversión en el fortalecimiento de capacidades locales es
estratégico como valor de sostenibilidad
• La seguridad de tenencia de la tierra es un factor que incide en
acciones de manejo y conservación de los recursos forestales
• Los proyectos son más sostenibles en la medida en que los
grupos involucrados tengan mayores y mejores oportunidades
para la toma de decisiones directas.
• Los proyectos forestales deben concebirse en términos de
cadenas de valor para evitar frustraciones de articulación al
mercado cuando ese sea el caso

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• Tenemos que reconocer que no siempre el árbol y los bosques
son la motivación principal de los campesinos pero éstos pueden
contribuir decidida y compatiblemente con sus propios opciones
económicas a partir de la diversidad de recursos naturales que
manejan.

2. Los bosques nativos andinos y el proceso de globalización

Es interesante hacer una comparación entre el destino de los Bosques


Nativos Andinos y la cultura andina que como consecuencia del
proceso de globalización evidencia un proceso contradictorio de
posibilidades pero también de amenazas

Por el lado de amenazas vemos como las presiones de


homogeneización afectan la diversidad en tanto los mercados
exigentes demandan homogeneidad, volúmenes y patrones
compactos de atributos físicos mecánicos en el caso de productos
maderables. Esta realidad no se condice con el caso para las especies
maderables nativas, que conforme ascienden altitudinalmente vemos
que se van enrareciendo en densidad, se achican en tamaño, son de
formas más sinuosas -no siempre- y están sujetas a condiciones
climáticas hostiles que provocan que la madera se encuentre
altamente tensionada. Consecuentemente al no caer en la categoría
de “especies comerciales valiosas” pierden valor para la industria
forestal lo que explica la predominancia absoluta del eucalipto y el
pino. Bajo esta perspectiva los bosques nativos andinos se parecen a
las culturas exóticas que son importantes atender de vez en cuando
pero que pareciera que están condenadas irremediablemente a
desaparecer

Pero no son los factores directos del mercado de maderas que


presionan sobre los bosques nativos. La amenaza más directa se
debe a factores antrópicos explicados por causas indirectas de
deforestación, llamados también las causas subyacentes, que tienen
que ver con políticas económicas, agrarias y leyes que tienen efectos
perversos sobre la conservación de los bosques. En este caso la

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gente es consciente que va perdiendo la diversidad genética de sus
especies nativas, perdiendo fertilidad de los suelos pero las presiones
económicas son más poderosas y terminan por aplastar los rezagos
de un espíritu conservacionista que otrora caracterizó a los
campesinos y campesinas pero que ahora este espíritu se encuentra
seriamente deteriorado.

Vemos entonces cómo la diversidad de los bosques se ve arrinconada


por una cultura globalizante. Mientras los mercados prefieren especies
de rápido crecimiento nuestras especies nativas, la mayoría, se toman
su tiempo; mientras las industrias demandan fustes rectos, productos
homogéneos, muchas de nuestras especies nativas se enorgullecen
de ser tropicalmente sinuosas y provocadoras; mientras los mercados
demandan producción constante la incipiente industria forestal
campesina, la alta dispersión de los bosques, la diversidad
tecnológica, entre otros factores no ayuda para tener una producción
permanente y uniforme. De ello se deriva la conclusión que no es por
el lado de la madera comercial donde se encuentran las
potencialidades de los bosques nativos andinos sino por el lado de
bienes y servicios para la economía rural y específicamente servicios
ambientales para la sociedad peruana y sociedad planetaria.

La realidad da cuenta de ello. El potencial económico de las especies


nativas está más por el lado del valor agregado que se le dan a los
frutos nativos, su valor medicinal, su contribución en la captura de
carbono, su rol en la regulación climática e hídrica, la fertilidad de los
suelos, su riqueza en biodiversidad y paisajes. Aquí si el mercado
cambias los ojos y empieza a ver los bosques nativos andinos como
un recurso estratégico para el desarrollo. Entonces vemos como de las
amenazas pasamos a ver las posibilidades de los bosques nativos
andinos.

Es así cómo el mundo desarrollado pone atención en la conservación


de los bosques nativos andinos no sólo por la diversidad genética que
alberga, los servicios ambientales que nos brindan sino también
porque empieza el reconocimiento de la estrecha correlación entre
diversidad biológica y diversidad cultural. Los enfoques de
interculturalidad también llegan hasta los bosques y se trata de
entender de mejor manera cuál es la ecología política de los bosques

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nativos andinos para entender los factores políticos, sociales,
económicos y culturales que explican la degradación de los bosques.

3. La Ecología política de los bosques nativos andinos

No se trata sólo de condenar a los agricultores por deforestadores


(depredadores dicen algunos sin ruborizarse) sino de entender cuáles
son los grandes factores que finalmente tienen repercusión en las
mentes y actitudes de la gente que están provocando que cada día
que pase el destino de los bosques nativos se vea seriamente
amenazado. Ello nos permite comprender por ejemplo que la gente se
guía por motivaciones económicas, que muchas veces el plantar
quenuales está asociado a desgracia haciendo correspondencia con el
aspecto andrajoso que tienen estos árboles que se encuentran
seriamente amenazados. Es decir nuestra actitud tan racional de ver la
linealidad de causa y efecto se ve grandemente superada por la
realidad campesina que se mueve en diferentes planos más allá de lo
estrictamente racional.

No es sólo entender la ecología de los bosques, sino la medida en que


bosque y sociedad interactúan. Total, la separación entre sociedad y
naturaleza es una invención cultural de occidente cuando vemos que
muchas culturas, muchas religiones no hacen la distinción y sólo
reconocen un continuo de vida. Es más desde la perspectiva de la
pléctica se reconoce un continuo de evolución física, biológica y
cultural. Con la occidentalización de las sociedades rurales,
sociedades rurbanas2 diría Etiene Durt, este continuo se ve seriamente
amenazado.

Por tanto no es únicamente entender para qué sirven estos bosques,


en qué estado se encuentran sino también comprender a los hombres
y mujeres que interactúan con los bosques. Así nos podemos dar
cuenta que en buena cuenta el mapa de distribución de bosques
nativos andinos coincide con un mapa de la pobreza. Alegremente
entonces podríamos inferir, determinísticamente, que a mayor
diversidad genética entonces mayor pobreza. De ahí la falsa inferencia
de que para superar la pobreza entonces tenemos que homogeneizar
la diversidad. Aseveración errónea porque no son las condiciones

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Palabra propuesta por E. Durt fusionando las palabras rural y urbano: “rur-bano”

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naturales las que determinan la condición actual de los campesinos y
campesinas sino que la pobreza material que los caracteriza es más
bien un fenómeno multidimensional, explicado por factores históricos,
sociales, políticos y económicos. De ahí que se haya reconocido que
la conservación no es en el fondo un problema estrictamente
ambiental sino una fenómeno político y económico.

4. Los bosques nativos andinos, la lucha contra la erradicación de


la pobreza y la construcción de la ciudadanía forestal

Es verdad que existen campesinos forestales (cuando los árboles dan


bienes y servicios a favor de la chacra) y menos forestales campesinos
(cuando la chacra sólo complementa la principal actividad económica
como es el caso de la Granja Porcón en Cajamarca). Genéricamente
vemos que los campesinos forestales podrían ser tipificados como
agricultores pobres y los forestales campesinos podrían ser
clasificados como agricultores ricos. Aprecie que en este caso
estamos hablando de agricultores ricos cuya riqueza se basa en el
aprovechamiento comercial de muy pocas especies forestales, por
ejemplo pino en el caso de Porcón y con reducida presencia de
especies nativas que cumplen más bien un rol de estabilización de
suelos y fertilizantes naturales de suelos. Otro ejemplo que empieza
tomar cuerpo es el aprovechamiento de la tara o taya.

La pregunta que surge inmediatamente es: ¿es posible hablar de


opciones de desarrollo para los campesinos forestales a partir de los
bosques nativos andinos? También uno puede preguntarse: ¿en qué
medida los bosques nativos andinos pueden contribuir a la lucha
contra la erradicación de la pobreza?

Nuestro planteamiento dice que sí es posible que los bosques jueguen


un rol preponderante en la lucha contra la erradicación de la pobreza.
No sólo por la existencia de los bosques, en mayor o menor superficie,
por sus productos y servicios, en mayor o menor cantidad sino por las
oportunidades de fortalecer las capacidades de gestión, la ampliación
de capacidades y derechos de los campesinos forestales.

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Me explico, la pobreza en sí no está por el lado de la existencia o


inexistencia del recurso forestal, aunque es mejor que exista. Ello
explica porque existen países desarrollados cuya base de recursos
naturales es muy reducida o casi inexistente. También porque hay
países exportadores de productos que no producen. Entonces la
conclusión es concluyente la base de la riqueza está en las
capacidades y las competencias de la gente. Lección tardía que
hemos aprendido algunos forestales que nunca vimos el problema
desde esta perspectiva y nos restringimos al reduccionista enfoque de
qué hacer para que los árboles produzcan más rápida, más cantidad y
de una manera más homogénea. Entonces nos angustiamos por
contar con grandes superficies de masas boscosas para tener
capacidad de respuesta a los grandes mercados internacionales. Nos
mueve el atractivo que los precios de la madera en el mercado
internacional siguen una tendencia de crecimiento inmejorable. Frente
al dilema de exportar o morir, lo que también puede ser entendido
como homogeneizar o morir, entonces se decretó implícitamente la
muerte de nuestra diversidad (repito considerando sólo desde una
perspectiva maderera).

Entonces que mejor que nuestros bosques estén ahí, con sus bienes,
con sus servicios, con su cultura asociada. El ingrediente
complementario es entonces trabajar en capacidades y competencias.

Bajo esta óptica los bosques constituyen una excelente oportunidad


para fortalecer nuestras capacidades de gestión en toda su expresión,
es decir en aprender o consolidar nuestros aprendizajes sobre
previsión, planificación, organización, dirección y control tanto en la
perspectiva individual como en la perspectiva colectiva. Los bosques
se yerguen entonces como oportunidades para mejorar nuestras
capacidades de organización, de reflexión, de generación de
propuestas, de negociación y de participación activa en la política
pública forestal y nacional.

Cómo desplegamos entonces las múltiples oportunidades que nos dan


los bosques para generar alternativas que puedan ser llevadas a los
espacios diálogo y concertación, a los espacios de discusión de los
planes concertados de desarrollo local y presupuestos participativos.
Cómo hacemos entonces para mejorar nuestra calidad de

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participación y ejercicio de derechos humanos a partir de la
cotidianeidad de los bosques. Y Cuando hablamos de “bosques”
estamos haciendo alusión al complejo agroproductivo como lo
entienden los campesinos forestales.

En tal sentido entonces, el bosque se constituye como espacio de


encuentro, como foro, como escuela, como arena pública donde se
fusiona lo público y lo privado. Espacio para la generación no sólo de
reivindicaciones, que también son legítimas, si no además propuestas
para autogenerarnos opciones. Pero además para desarrollar
capacidad para atraer voluntades, recursos y capacidades para
sumarse a nuestra agenda colectiva. La interculturalidad como
elemento puesto a favor de buscar juntos opciones concretas de
desarrollo.

Entonces el bosque no es sólo lo que tenemos más a mano, sino la


base material para cimentar nuestro desarrollo personal y colectivo, la
palanca para desplegar nuestras capacidades para escucharnos a
nosotros mismos, para escuchar mejor a otros, para explorar opciones
y para actuar emprendedoramente y también para hacernos escuchar.

Oportunidad entonces para construir la ciudadanía forestal en una


perspectiva de ciudadano total y ciudadano global. Cómo hacemos
entonces para que alrededor del proyecto estrella “bosques” también
despleguemos las oportunidades para mejorar la salud, la educación,
la economía.

Al respecto, Christoph Dürr sugiere que los problemas de los grupos


población pobres para un sustento duradero deben ser abordados en
forma transdisciplinaria. Menciona que la puesta en práctica exitosa de
propuestas de solución sólo puede lograrse si los cambios políticos e
institucionales crean un entorno más favorable. Así por ejemplo
sugiere:

 Crear unan verdadera convivencia y unidad de acción con los


pobres
 Fortalecer capacidades locales para reconocer su situación y
hacer valer su derecho a implicarse en la creación de
condiciones marco

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 Fortalecer la postura negociadora de los desfavorecidos en el
aprovechamiento forestal para reforzar su autoestima
 Promover cambios en las estructuras de poder y de conflictos
 Promover acuerdos de manejo forestal colaborativo
 Descentralizar las decisiones sobre el manejo forestal

Ello está más acordes con las propuestas de la nueva ruralidad que
supera la antigua visión de concebir lo rural sólo como lo
agroproductivo para reconocer la diversidad de estrategias de ingresos
y sobre todo el reconocimiento explícito de la necesidad de avanzar
hacia la construcción de la ciudadanía en el campo y una mayor
democratización en la toma de decisiones.

El marco en el que se desenvuelven las comunidades campesinas no


siempre tiene las mejores condiciones para el despliegue de
capacidades de la gente. Al respecto Barkin (2002), reconoce que los
obstáculos más sobresalientes en los esfuerzos sociales para
proseguir con una estrategia para el manejo sustentable de los
recursos regionales son:

• Políticas macroeconómicas y sectoriales discriminatorias


• Sistemas inadecuados y polarizados de tenencia de la tierra
• Sesgo-anticampesino en las instituciones de desarrollo
• Distribución desigual del ingreso y del poder político
• Políticas inadecuadas de empleo, castigando las actividades
tradicionales
• Presiones contra las instituciones culturales locales
• La migración y la feminización de la pobreza
• El sesgo hacia la modernización urbana y la pobreza rural

Por todo ello el desarrollo forestal campesino no puede obviar la


dimensión política de su lucha.

En resumen: los bosques constituyen una base material y energética


de primer orden pero hacer tangible su contribución al desarrollo local
se requiera que la cultura, manifiesta en capacidades y competencias,
vaya estrechamente asociada. Es decir tan importante como pensar
en la productividad ecológica de los bosques hay que pensar en la
productividad de los seres humanos. Esa es la agenda que deberá

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ocupar nuestros mejores esfuerzos para hacer que el bosque haga
más visible su contribución al desarrollo rural y al desarrollo local.

Bibliografía:
Arce, R. 2003
Propuesta de Restauración, Manejo y Conservación de Bosques
Nativos Andinos. Estrategia Nacional para el Desarrollo Forestal
(ENDF-FAO), Lima
Barkin, D. 2002
El desarrollo autónomo: un camino a la sostenibilidad. En
Ecología Política Naturaleza, sociedad y utopía. CLACSO,
Buenos Aires

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