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Fecha captura: URL Original: Recopilado por: Título: Asunto: 09/08/2005 Fecha artículo: 09/08/2005 http://www.clarin.com/diario/2005/08/09/conexiones/t -1029877.htm Dani (trufito) Autor artículo: Mitos y verdades de la lactancia materna Que no es posible embarazarse mientras se amamanta, que si el bebé no engorda es porque la leche de la mamá es de “baja calidad”... ¿ficción o verdad? Qué dicen los especialistas.

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SALUD

Mitos y verdades de la lactancia materna

Que no es posible embarazarse mientras se amamanta, que si el bebé no engorda es porque la leche de la mamá es de “baja calidad”... ¿ficción o verdad? Qué dicen los especialistas.

Mariana Nisebe. . De la Redacción de Clarín.com mnisebe@claringlobal.com.ar La Organización Mundial de la Salud recomienda lactancia exclusiva hasta el sexto mes de vida y continuada hasta los 2 años. Cada año, en Argentina, nacen cerca de 680.000 niños y el inicio de la lactancia (http://med.unne.edu.ar/fisiologia/revista4/lactancia.htm) es alto hasta el tercer mes, donde la mayoría continúa tomando el pecho; pero a los 6 meses, sólo una tercera parte tienen como alimento principal la leche materna. La buena alimentación para lograr un sano crecimiento del recién nacido está ligada incuestionablemente a la información que manejan los padres. Por tal motivo, la Liga de la Leche Argentina, (http://www.lalecheleague.org/Argentina.html) organización internacional sin fines de lucro, informó durante la semana pasada, dedicada internacionalmente a la lactancia materna, cuáles son los mitos más comunes (http://www.lalecheleague.org/Lang/LVAprMay98.html) a los que se enfrentan las mamás que amamantan. La leche materna (http://womenshealth.gov/breastfeeding/Spanish/sp-breastfeeding.pdf) tiene exactamente la cantidad necesaria de grasa, azúcar, agua y proteínas que se requieren para el crecimiento y el desarrollo de un bebé; incluso es más fácil de digerir que la artificial. Pero como si esto fuera poco, además posee agentes (denominados anticuerpos) que contribuyen a proteger a los lactantes de las bacterias y los virus, y los ayudan a combatir infecciones y enfermedades. Según información brindada por

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la Liga de la Leche Argentina, “cada año el 55% de las muertes de los niños pequeños debidas a enfermedades diarreicas e infecciones respiratorias agudas puede reducirse mediante la lactancia materna exclusiva durante los seis primeros meses de vida, y con una alimentación complementaria apropiada mientras se mantiene la lactancia hasta al menos los dos años de edad”. Consultada por Clarín.com al respecto, la doctora Ana Pedraza, Jefa de Neonatología de la Clínica y Maternidad Suizo Argentina, es importante “mantener la lactancia exclusiva el máximo tiempo posible, dado que crea un vínculo único entre la madre y el bebé, que se constituirá en el pilar de su desarrollo, además de reducir enfermedades y brindar un alimento nutritivo y de fácil digestión”. Después de los seis meses de edad, aclara la especialista, “los bebés necesitan otros alimentos, además de la leche materna para cubrir sus necesidades nutricionales. Lo más importante en está etapa es no descuidar la lactancia, dado que provee factores inmunológicos, proteínas, vitaminas, minerales y ácidos grasos, esenciales para el buen desarrollo de los infantes”. Por su parte, a estos beneficios para el bebé, se suman los de la mujer; ya que amamantar ahorra tiempo y dinero. No hay que comprar, medir y mezclar fórmulas, y ¡no hay que calentar mamaderas a medianoche!. Y eso es sólo un aspecto. El contacto físico ayuda a crear un vínculo entre la madre y su bebé muy importante ya que los ayuda a sentirse más seguros, cálidos y cómodos. Respecto al cuerpo de la mujer; al amamantar se gastan más calorías, haciendo que sea más fácil bajar los kilos ganados durante el embarazo. También ayuda a que el útero retorne a su tamaño original más rápidamente y disminuye cualquier hemorragia que pueda presentar una mujer luego del parto. Como si esto fuera poco, puede disminuir el riesgo de cáncer de mama y de ovario. Pero a pesar de todos estos beneficios, existen un montón de mitos que la Liga de la Leche Argentina intenta clarificar. Por ejemplo la creencia de que “la lactancia prolongada más allá de los 6 meses del niño carece de valor, ya que la calidad de la leche materna empieza a deteriorarse”. Sin embargo la realidad es otra: la composición de la leche materna cambia de acuerdo con las necesidades del niño conforme éste madura. Aun cuando el bebé ya es capaz de recibir otro tipo de alimentos, la leche materna es su fuente primordial de nutrición durante los primeros 12 meses y se convierte en complemento de los alimentos al segundo año de vida y más. Además, el sistema inmunológico del niño tarda entre dos y seis años en madurar. La leche materna continúa complementando y ayudando al sistema inmune mientras el niño la siga tomando. Otro mito muy común es que “las madres que amamantan no pueden quedar embarazadas”. Algo relativo, ya que el método de amenorrea de la lactancia o MELA (http://www.sogiba.org.ar/lacomunidad/e3_lacta.htm) que funciona como anticonceptivo natural, se basa en la infertilidad natural del postparto, que ocurre siempre y cuando la mujer se encuentre en ausencia de la menstruación, el niño sea menor a 6 meses de edad y se esté amamantando plenamente (tanto de día como de noche cada 3 horas). Esto implica que si el bebé duerme por períodos más largos, el método no es aplicable. En general, el MELA es difícil de cumplir y como la mujer desea sentirse segura, es importante elegir un método complementario para prevenir un embarazo. Con respecto al crecimiento del niño, existe la creencia popular que “si un bebé no aumenta bien de peso, es posible que la leche de su madre sea de baja calidad”. Los estudios demuestran que aún las mujeres desnutridas son capaces de producir leche de suficiente calidad y cantidad para suplir las necesidades de crecimiento del niño. En la mayoría de los casos, el escaso peso se debe a la baja frecuencia con que se prende al bebé al pecho, a una mala técnica en la posición o bien se trata de un problema orgánico del niño, explica la Liga. Por último un mito muy difundido que hace sentir culpa muchas veces dice que “las madres que miman mucho a sus hijos y los llevan demasiado en brazos los malcrían”. Tranquilas mamás: los niños a quienes se lleva en brazos a menudo lloran menos horas al día (http://www.portareipiccoli.it/trial_hunziker.htm) y muestran mayores rasgos de seguridad al crecer.

Vínculos:

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¿ES ACTUALMENTE LA LACTANCIA UNA CONDUCTA FRECUENTE? Resultados de una Encuesta en la Maternidad de un Hospital Público
http://med.unne.edu.ar/fisiologia/revista4/lactancia.htm

Rivero MI, Berrone JL, Villalba MT, Schinini J. Servicio de Tocoginecología. Hospital A Llano. Corrientes. Argentina

La Organización Mundial de la Salud recomienda Lactancia exclusiva hasta el sexto mes de vida y continuada hasta los 2 años. En Argentina, el inicio de la lactancia es alto, al 3º mes la mayoría continúa lactando, pero a los 6 meses, sólo una tercera parte de los niños tienen como alimento principal la leche materna. Objetivo: Evaluar la frecuencia y los motivos de lactancia en mujeres internadas en la Maternidad de un hospital público. Material y métodos: Encuesta realizada durante el período 1/02/02 al 31/05/02 a 389 mujeres del sector de puerperio de la maternidad, con el antecedente de al menos un hijo, previo al actual, con posibilidades de haber sido amamantado. Resultados: La edad media fue 27.1 ? 6 años. Según la edad, fueron adolescentes = 7.7%; entre 20-29 años =58.6% y ?30 años = 33.7%. El grado de instrucción fue primario en 57.8%, con 4.1% de analfabetismo; 87.4% fueron amas de casa; el estado civil fue soltera 12.3%, casada 32.4% y unión estable 55%. La media de gestaciones fue 4.1?2.4 (mediana =3), con 2.8?2.3 (mediana =2) hijos que podían ser amamantados. La lactancia fue utilizada por 347 mujeres (89.2%), en un promedio de 2.7?2 hijos por madre (rango 1-10), de ellas 85.6% lo hicieron con todos sus hijos. Las razones para lactancia fueron: por considerarlas saludable para el hijo: 67%, por indicación médica en 33%, por el vínculo afectivo en 21% y debido a razones económicas en 9.2%. El tiempo promedio referido por las madres de lactancia exclusiva fue 3.8 ? 0.45 meses y el de lactancia continuada fue 12 ? 1 meses. Conclusiones: La lactancia es actualmente una conducta frecuente, con una elevada proporción de madres que la utilizaron en todos sus hijos. Si bien el tiempo de lactancia exclusiva no fue el considerado ideal, los datos de lactancia continuada fueron aceptables. El motivo referido con mayor frecuencia se relacionó con la salud, con poca influencia del vínculo afectivo que el amamantamiento genera.

Introducción

La Organización Mundial de la Salud (OMS) en el Consenso de Expertos realizado en Ginebra en marzo de 2001 recomienda la lactancia materna como alimentación exclusiva del recién nacido hasta los 6 meses de vida, seguida de un régimen de lactancia más alimentación complementaria hasta los 2 años de edad. (1) Cuando se analiza la lactancia materna (“amamantamiento”) en los distintos países, se encuentra que, en los países desarrollados, factores como: el mejor nivel socio-económico e incluso el trabajo fuera del hogar
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se asocian con mayores porcentajes de “amamantamiento”, mientras que en países en vías de desarrollo estos mismos factores parecen actuar en forma contraria. (2,3,4) En países de Latinoamérica disminuyó el inicio, la exclusividad y la duración de la lactancia en el primer año de vida. Este dato llama la atención teniendo en cuenta los beneficios nutritivos, inmunológicos y de maduración que la leche proporciona a los niños. (5) Son varios los factores que influyen en la problemática de la lactancia materna: biológicos, socioculturales, institucionales, producción industrializada de sucedáneos de la leche humana, etc. En 1989 la OMS junto a UNICEF (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia), propiciaron acciones tendientes a conservar y promover la lactancia natural, y dieron así lugar al nacimiento de los centros conocidos con el nombre de “Hospital amigo de la madre y el niño” (6). En la Argentina es elevado el número de madres que “amamantan” hasta el tercer mes, sin embargo, a los seis meses, solo la tercera parte de los niños tienen como principal alimento a la leche materna.(7) No existen publicaciones que reflejen la situación de la lactancia materna exclusivamente en el Nordeste Argentino. Por ello en la maternidad de “La Dulce Espera” del Hospital Angela Iglesia de Llano, de la capital de la provincia de Corrientes, decidimos estudiar el inicio, la frecuencia y los factores influyentes para la lactancia materna.

Objetivos Evaluar la frecuencia y los motivos de lactancia en mujeres internadas en la Maternidad de un hospital público.

Material y Métodos

Población: Se entrevistaron en forma prospectiva acerca de la lactancia a todas las puérperas de la maternidad durante el período 01/02/02 hasta el 31/05/02; con el antecedente de por lo menos un hijo previo con posibilidad de haber sido amamantado. Se excluyeron las primíparas.

Protocolo de la encuesta: Se interrogaron 389 mujeres respecto de la lactancia en sus partos anteriores. El cuestionario evaluó sobre a) edad; b) procedencia: capital de Corrientes, interior de Corrientes, otra provincia, otro país; c)estudios: analfabeta, primarios, secundarios, terciarios; d) ocupación: ama de casa, trabaja fuera de casa, estudiante; e) estado civil: casada, soltera, unión estable, viuda; f) nº de gestas; g) nº de hijos (paridad); h) nº de cesáreas; i) nº de abortos espontáneos; j) nº de abortos provocados; k) “¿dio de mamar a sus hijos anteriores?”: si, no; l) “¿porqué amamantó a sus hijos?”: por indicación del médico, por la salud del hijo, porque es barata, porque aumenta el vínculo madre-hijo; m) edad en meses que amamantó exclusivamente a cada uno de sus hijos, edad en meses que amamantó junto a otros alimentos a cada uno de sus hijos.

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Protocolo de la encuesta: Se realizó un análisis descriptivo, donde las variables cualitativas se expresan como porcentajes y las variables cuantitativas son presentadas como media ? desvío estándar.

Resultados
Sobre un total de 389 puérperas amamantaron 347 (89 %), de las cuales el 85.6 % lo hicieron con todos sus hijos. La media de edad fue de 27.1 ? 6 años. El 7.7 % fueron adolescentes; el 58.6 % tuvieron edades entre 20-29 años; y el 33.7 % fueron mayores de 30 años. Su lugar de origen fue: Corrientes Capital el 72 %, del interior de la provincia el 23 %, de otras provincias 4.5 % y de otros países el 0.5 %. Respecto del estado civil el 12% eran solteras, el 32 % casadas, y con unión estable el 56 %. El 4 % eran analfabetas, 58 % tenían instrucción primaria, 36% estudios secundarios y 2.1 % instrucción terciaria. La ocupación más frecuente fue: amas de casa en el 87.4 %. La media de gestaciones fue 4.1?2.4 (mediana =3), con 2.8?2.3 (mediana =2) hijos que podían ser amamantados. El tiempo promedio de alimentación exclusiva con leche materna fue de 3.8 ? 0.45 meses, mientras que la lactancia se continuó complementada con otros alimentos hasta los 12 ? 1 meses. Las razones que tuvieron para amamantar las mujeres entrevistadas fueron: por considerarla saludable para el hijo, el 67 %; por indicación del médico, el 33 %; por aumentar el vínculo afectivo, el 21 % y por razones económicas el 9 %.

Discusión La campaña de propiciar acciones por parte de la OMS para promocionar mundialmente la leche materna como alimentación exclusiva del niño hasta los seis meses y luego de este tiempo complementar con alimentación hasta los dos años de edad, tiene su base no solo en causas afectivas – aumento del vínculo madre-hijo- y económicas; sino que se ha demostrado en varios reportes que los niños cuya alimentación no está hecha en base a leche materna, presentan mayor frecuencia de enfermedades respiratorias, gastrointestinales y más mortalidad.(8,9,10) Los distintos reportes muestran variadas frecuencias respecto de la lactancia como alimentación exclusiva y posteriormente complementada con otros alimentos, así por ejemplo tenemos que en Sonora (México) la lactancia exclusiva ya desaparece totalmente al tercer mes practicándose solo lactancia mixta en un 55 %. (11) Otras publicaciones informan una frecuencia ente el 21 % y el 50 % de lactancia materna exclusiva alrededor del cuarto mes (12,13) y las mayores frecuencias la tienen Honduras, Bolivia, Colombia y Guatemala con 92 a 98 %. (14,4,13) En nuestra maternidad cuya población es de bajos recursos económicos y con escolaridad primaria, casi el 90 % de las madres amamantan a sus hijos y el 85% de estas lo hizo con todos ellos. La mediana de la alimentación exclusiva fue de 3.8 meses extendiéndose hasta los doce meses la complementada con otros alimentos. Se puede decir que es solo algo menor a los países de mayor frecuencia nombrados anteriormente, y teniendo en cuenta que la mayor razón para amamantar en nuestras pacientes fue el consejo del médico, podríamos inferir que en el futuro, la campaña de promoción acerca de la lactancia propiciada por la OMS, e iniciada recientemente en forma masiva en nuestro hospital, podría elevar aún más la frecuencia del amamantamiento en nuestro medio.

Conclusiones

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La lactancia es actualmente una conducta frecuente, con una elevada proporción de madres que la utilizaron en todos sus hijos. Si bien el tiempo de lactancia exclusiva no fue el considerado ideal, los datos de lactancia continuada fueron aceptables. El motivo referido con mayor frecuencia se relacionó con la salud, con poca influencia del vínculo afectivo que el amamantamiento genera.

Bibliografía
Descripción de las acciones y los instrumentos a utilizar. Propuesta Normativa Perinatal. Promoción, protección y apoyo a la lactancia materna, tomo III. 1996: 20-48. 2) Stahlberg MR. Breast-feeding and social factors. Acta Paediatr Scand 1985;74:36

3) Magaña A, Padilla LM, García JE, Rogelio TR, Ariel DB. Some epidemiological asp maternal breastfeeding in a population entitled to social welfare services in Health Organ 1981; 15: 139-147. 4) Perez-Escamilla R. Patrones de la lactancia natural en América Latina y el Caribe. Sanit Panam 1993; 115:185-193. 5) Perez-Esacamilla R, Dewey GK. Epidemiología de la lactancia materna en zonas rurales y urbanas de México. Bol Oficina Sanit Panam 1993;114:399-405 6) World Health Organization/Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia. Statem Protecting, promoting and supporting breast-feeding. The especial role de matern Ginebra: World Health Organization, 1989. 7) Atención del embarazo normal, parto de bajo riesgo y atención inmediata del recién nacido. Propuesta Normativa Perinatal. Ministerio de Salud y Acción Social de la Nación Argentina, tomo I. 1993: 71-73 8) Popkin BM, Adair L, Akin JS, Black R, Briscoe J, Fileger W. Breast-feeding and morbidity. Pediatrics 1990; 86:874-882. 9) López AMG. Interacción entre lactancia materna, morbilidad por enfermedades infecciosas y velocidad de crecimiento en una cohorte de niños menores de seis meses. Tesis doctorado Ciencia Médicas. México, DF. : universidad autónoma de México, 1992. 10) Bobadilla JL, Schlaepfer L, Alagón J. Family formation patters and child mortality. The population Council: Demographic and health surveys. Nueva York: Institute from Development/Macro systems, Inc., 1990. 11) Margen S, Melnick V, Neuhauser L, Ríos E. Infant feeding in México. A study of facility and mothers practices in three regions. Washington, D. C.: Nestlé Infant Commission, 1991. 12) Dimond HJ, Ashworth A. Infant feeding practices in Kenya, México and Malaysia of the exclusively breast-fed infant. Hum Nutr Appl Nutr 1987; 41A: 51-64 13) Amador M, Silva LC, Valdez-Lazo F. Breast-feeding trends in Cuba and the America. Pan Am Health Organ 1994; 28: 220-228 14) Popkin BM, Canahuati J, Bailey PE, O¨Gara C. proalma: An evaluation of national feeding promotion in Honduras. J Biosoc Sci 1990; 23: 5-21

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http://www.lalecheleague.org/Lang/LVAprMay98.html

Mitos habituales sobre la lactancia materna (Common Breastfeeding Myths)
Lisa Marasco, Leaven, abril/mayo 1998, págs. 21-24 Traducción de Norma Escobar y Yanet Olivares
Mito 1: Amamantar frecuentemente al niño reduce la producción de leche, produce un reflejo de eyección débil y al fracaso de la lactancia Realidad: La cantidad de leche que una madre produce llega a su punto óptimo cuando se le permite al niño sano amamantar tantas veces como lo necesite. El reflejo de eyección de la leche opera más fuertemente en presencia de un buen suministro de leche, que normalmente ocurre cuando se alimenta al niño a demanda. DeCaralho, M et al., Effect of frequent breastfeeding on early milk production and infant weight gain, Pediatrics, 1983; 72:307-11 Hill, P., Insufficient milk supply syndrome, NAACOG's Clin Issues, 1992; 3(4):605-12 Klaus, M., The frequency of suckling: neglected but essential ingredient of breastfeeding, Ob Gyn Clin North Am 1987; 14(3):623-33 Neifert, M., Early assessment of the breastfeeding infant, Contemporary Pediatrics, octubre 1996 Lawrence, R., Breastfeeding: A Guide for the Medical Profession, 4ª ed. St. Louis: Mosby 1994;188 Salariya E. et al., Duration of breastfeeding after early initiation and frequent feeding, Lancet 1978 2(8100): 141-43 Slaven, S. Harvey, D., Unlimited sucking time improves breastfeeding, Lancet 1981; 14: 392-93 Stuart-Macadam, P., Dettwyler, K., Breastfeeding: Biocultural Perspectives, Hawthorne, Nueva York: Aldine de Gruyter, 1995; 129 Woolridge, M. y Baum, J., Infant appetite-control and the regulation of the breast milk supply, Child Hosp Qtrly 1992; 3:113-19 Mito 2: Una madre necesita amamantar únicamente de cuatro a seis veces cada 24 horas para mantener una buena cantidad de leche. Realidad: Los estudios científicos demuestran que cuando una madre amamanta frecuentemente desde que nace el niño, con un promedio de 9,9 veces cada 24 horas durante los primeros 15 días, su producción de leche es mayor, el niño aumenta mejor de peso y la madre amamantará durante un período de tiempo más largo. La producción de la leche ha demostrado estar relacionada con la frecuencia de las tomas. La cantidad de leche empieza a disminuir cuando las tomas son poco frecuentes o restringidas.

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Daly, S., Hartmann, P., Infant demand and milk supply: Part 1 and 2, J Hum Lact 1995; 11(1):21-37 DeCaralho, M et al., Effect of frequent breastfeeding on early milk production and infant weight gain, Pediatrics, 1983; 72:307-11 De Coopman, J., Breastfeeding after pituitary resection: support for a theory of autocrine control of milk suppy, J Hum Lact 1993; 9(1): 35-40 Riordan, J., y Auerbach, K., Breastfeeding and Human Lactation, Boston y Londres: Jones and Bartlett 1993:88 Mito 3: Los niños obtienen toda la leche que necesitan durante los primeros cinco a diez minutos de mamar. Realidad: Aunque muchos bebes mayorcitos pueden tomar la mayor parte de su leche en los primeros cinco a diez minutos, esto no es generalizable a todos los niños. Los recién nacidos, que apenas están aprendiendo a mamar, no siempre son tan eficaces al pecho y a menudo requieren mucho más tiempo para comer. Poder mamar también depende del reflejo de subida de la leche materna. Aunque a muchas madres les sube la leche casi inmediatamente, a otras no les sucede igual. En algunas mujeres, la subida de la leche es escalonada, tiene lugar varias veces durante una sola toma. En vez de adivinar, es mejor permitir que el niño mame hasta que muestre señales de satisfacción, tales como soltarse él solo o tener los brazos y las manos relajados. Lucas, A., Lucas, P., Aum, J., Differences in the pattern of milk intake between breast and bottle-fed infants, Early Hum Dev 1981; 5: 1995 Stuart-Macadam, P., Dettwyler, K., Breastfeeding: Biocultural Perspectives, Hawthorne, Nueva York: Aldine de Gruyter, 1995; 220-37 Mito 4: Las madres lactantes deben espaciar las tomas para que puedan llenársele los pechos. Realidad: Cada pareja madre/hijo es única y diferente. El cuerpo de una madre lactante siempre está produciendo leche. Sus senos funcionan en parte como "depósitos de reserva", algunos con mayor capacidad que otros. Cuanto más vacío este el pecho, más rápido trabajará el cuerpo para reabastecerlo. Cuanto más lleno esté el pecho, más lenta será la producción de leche. Si una madre espera sistemáticamente a que se le "llenen" los pechos antes de amamantar, su cuerpo puede recibir el mensaje de que está produciendo demasiada leche y, por tanto, reducir la producción. Daly, S., Hartmann, P., Infant demand and milk supply: Part 2, J Hum Lact 1995; 11(1):27-37 Lawrence, R., Breastfeeding: A Guide for the Medical Profession, 4ª ed. St. Louis: Mosby 1994; 240-241 Mito 5: A las ocho semanas de edad el niño sólo necesita entre seis y ocho tomas de leche materna; a los tres meses sólo requiere de cinco a seis tomas; y a los seis meses, no más de cuatro o cinco tomas al día. Realidad: La frecuencia de las tomas del niño alimentado al pecho varía de acuerdo con la producción de leche de la madre y su capacidad de almacenamiento (las madres con más pecho en general tienen mayor capacidad de almacenamiento), así como con las necesidades de crecimiento del niño. Los días en que se producen picos de crecimiento (días de mayor frecuencia) y las enfermedades del niño pueden cambiar temporalmente los patrones alimenticios del bebé. Además, el consumo calórico del niño aumenta al final de la toma, así que imponer límites arbitrarios sobre la frecuencia o duración de las tomas puede desembocar en un consumo demasiado bajo de calorías para el niño. Daly, S., Hartmann, P., Infant demand and milk supply: Part 1, J Hum Lact 1995; 11(1):27-371-6 Klaus, M., The frequency of suckling: neglected but essential ingredient of breastfeeding, Ob Gyn Clin North Am 1987; 14(3):623-33 Lawrence, R., Breastfeeding: A Guide for the Medical Profession, 4ª ed. St. Louis: Mosby 1994; 253 Millard., A., The place of the clock in pediatric advice: rationales, cultural themes and impediments to breastfeeding, Soc Sci Med 1990: 31:211 Woolridge,M., "Baby controlled breastfeeding: biocultural implications" en Stuart-Macadam, P., Dettwyler, K., Breastfeeding: Biocultural Perspectives, Hawthorne, Nueva York: Aldine de Gruyter, 1995; 217-42

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Mito 6: Es la cantidad de leche que el niño consume, no si es leche materna o de fórmula, lo que determina cuánto tiempo aguanta un niño entre dos tomas. Realidad: Los niños amamantados vacían el estómago más rápidamente que los niños alimentados con biberón, aproximadamente en 1,5 horas en vez de hasta 4 horas. Esto se debe al tamaño mucho menor de las moléculas de las proteínas que forman parte de la leche materna. Aunque la cantidad de leche que se consume es uno de los factores que determinan la frecuencia de las tomas, el tipo de leche es de igual importancia. Los estudios antropológicos de las leches producidas por los diversos tipos de mamíferos confirman que los bebes humanos están diseñados para recibir alimento con frecuencia y que así lo han hecho a través de la historia. Lawrence, R., Breastfeeding: A Guide for the Medical Profession, 4ª ed. St. Louis: Mosby 1994; 254 Marmet, C., Shell, E., Breastfeeding Is Important, Encino, California: Lactation Institute, 1991; 4 Stuart-Macadam, P., Dettwyler, K., Breastfeeding: Biocultural Perspectives, Hawthorne, Nueva York: Aldine de Gruyter, 1995; 192 Mito 7: Nunca despiertes al niño que duerme. Realidad: Aunque es verdad que la mayoría de los niños indican cuándo tienen hambre, es posible que los recién nacidos no se despierten tan a menudo como lo necesitan, por lo que hay que despertarlos si fuera necesario para que coman por lo menos ocho veces cada 24 horas. Quizá no se despierta a causa de los medicamentos que recibió la madre durante el parto, por ictericia, trauma, chupete, medicamentos maternos o comportamiento introvertido por parte de los niños a los que se les hace esperar cuando dan señales de hambre. Además, las madres que quieran aprovechar la infertilidad natural que produce la amenorrea durante la lactancia comprobarán que el regreso de la menstruación se demora aun más cuando el niño sigue mamando de noche. American Academy of Pediatrics Policy Statement on Breastfeeding and the Use of Human Milk, Pediatrics 1997: 100(6): 1035-39 Klaus, M., The frequency of suckling: neglected but essential ingredient of Breastfeeding, Ob Gyn Clin North Am 1987; 14(3):623-33 Mohrbacher, N., Stock, J., Breastfeeding Answer Book, Schaumburg, Illinois: LLLI, 1997;60-65, 360-61 Tips for Rousing a Sleepy Newborn, LLLI, 1997, Publication No. 485 Mito 8: El metabolismo del niño se encuentra desorganizado al nacer y requiere que se le imponga una rutina u horario para ayudar a resolver esta desorganización. Realidad: Los niños nacen programados para comer, dormir y tener períodos de vigilia. No es un comportamiento desorganizado, sino un reflejo de las necesidades únicas de cada recién nacido. Con el transcurso del tiempo los bebés se adaptan gradualmente al ritmo de vida de su nuevo ambiente sin precisar entrenamiento ni ayuda. Mohrbacher, N., Stock, J Breastfeeding Answer Book, Schaumburg, Illinois: LLLI, 1997;60-65, 360-61 Sears, W., The Fussy Baby, LLLI 1985; 12-13

Mito 9: Las madres lactantes deben usar siempre ambos pechos en cada toma. Realidad: Es mucho más importante dejar que el niño termine de tomar del primer lado antes de ofrecer el segundo, aunque esto signifique que rechace el segundo lado durante esa toma. La última leche (que contiene más calorías) se obtiene gradualmente conforme se va vaciando el pecho. Para algunos niños, si se les cambia de lado de forma prematura, se llenarán de la leche primera, más baja en calorías, en vez de obtener el equilibrio natural entre la leche primera y segunda. Como resultado, el niño no se satisfará y perderá peso. Durante las primeras semanas, muchas madres ofrecen ambos pechos en cada toma para ayudar a establecer el suministro de leche.

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Mohrbacher, N., Stock, J., Breastfeeding Answer Book, Schaumburg, Illinois: LLLI, 1997;60-65, 25 Stuart-Macadam, P., Dettwyler, K., Breastfeeding: Biocultural Perspectives, Hawthorne, Nueva York: Aldine de Gruyter, 1995; 192 Woolridge, M., Fisher, C., Colic, "overfeeding" and symptoms of lactose malabsorption in the breastfed baby: a possible artifact of feeding management?, Lancet 1988; 11(8605): 382-84 Woolridge, M. et al., Do changes in pattern of breast usage alter the baby's nutritional intake?, Lancet 1990; 336 (8712): 395-97 Mito 10: Si un niño no aumenta bien de peso, es posible que la leche de su madre sea de baja calidad. Realidad: Los estudios demuestran que aun las mujeres desnutridas son capaces de producir leche de suficiente calidad y cantidad para suplir las necesidades de crecimiento del niño. En la mayoría de los casos, el escaso peso se debe al consumo insuficiente de leche materna o a un problema orgánico del niño. Mohrbacher, N., Stock, J., Breastfeeding Answer Book, Schaumburg, Illinois: LLLI, 1997;60-65, 25 Wilde, C. et al., Breastfeeding; matching supply with demand in human lactation, Proc Nutr Soc 1995; 54: 401-06 Mito 11: Cuando una mujer tiene escasez de leche, generalmente se debe al estrés, la fatiga o el bajo consumo alimenticio y de líquidos. Realidad: Las causas más comunes de leche escasa son: tomas infrecuentes y/o problemas con el afianzamiento y postura del bebé al mamar. Ambos problemas se deben en general a información incorrecta que recibe la madre lactante. Los problemas de succión del niño también pueden afectar de forma negativa a la cantidad de leche que produce la madre. El estrés, la fatiga o la mala nutrición rara vez son causas de baja producción de leche, ya que el cuerpo humano ha desarrollado mecanismos de supervivencia para proteger al lactante en tiempos de hambruna. Dusdieker, B., Stumbo, J. Booth, B. et al, Prolonged maternal fluid supplementation in breastfeeding, Pediatrics 1990; 86: 737-40 Hill, P., Insufficient milk supply syndrome, NAACOG's Clin Issues 1992; 3(4):605-13. Wooldridge, M., Analysis, classification, etiology of diagnosed low milk output, Plenary session at the International Lactation Consultant Association Conference, Scottsdale Arizona, 1995. World Health Organization, Not enough milk, Division of Child Health and Development Update Feb 1995: 21, http://www.who.ch/programmes/cdr/pub/newslet/uptate/updt-21.htm Mito 12: Una madre debe tomar leche para producir leche. Realidad: Una dieta saludable de verduras, frutas, cereales y proteínas es todo lo que una madre necesita para nutrirse adecuadamente y producir leche. El calcio se puede obtener de una gran variedad de fuentes no relacionadas con los lácteos, como las verduras verdes, semillas, frutos secos y pescados como la sardina y el salmón con espina. Ningún otro mamífero toma leche para producir leche. Behan, E. Eat Well, Lose Weight While Breastfeeding, Nueva York: Villard Books, 1992; 145-46 Mohrbacher, N., Stock, J., Breastfeeding Answer Book, Schaumburg, Illinois: LLLI, 1997;377, 379 Mito 13: Chupar sin el propósito de alimentarse (succión no nutritiva) no tiene base científica. Realidad: Las madres con experiencia en lactancia aprenden que los patrones de succión y las necesidades de cada niño varían. Aunque que las necesidades de succión de algunos niños se satisfacen primordialmente cuando comen, otros niños requieren más succión al pecho, aun cuando hayan acabado de comer hace unos minutos. Muchos niños también maman cuando tienen miedo, cuando se sienten solos o cuando algo les duele.

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Lawrence, R., Breastfeeding: A Guide for the Medical Profession, 4ª ed. St. Louis: Mosby 1994; 432 Riordan, J. y Auerbach, K., Breastfeeding and Human Lactation, Boston y Londres: Jones and Bartlett 1993:96-97 Mito 14: Las madres no deben prestarse a ser el "chupón" de su hijo. Realidad: Consolar y suplir las necesidades de succión al pecho es el diseño de la naturaleza para madres e hijos. Los chupones (chupetes, bobos, pepes) son un sustituto de la madre cuando ella no está. Otras razones de ofrecer el pecho para apaciguar al niño incluyen un mejor desarrollo oral y facial, la prolongación de la amenorrea, evitar la confusión de succión y estimular una producción adecuada de leche que asegure un índice más elevado de éxito de la lactancia. American Academy of Pediatrics Policy Statement on Breastfeeding and the Use of Human Milk, Pediatrics 1997: 100(6): 1035-39 Barros, F. et al., Use of pacifiers is associated with decreased breastfeeding duration, Pediatrics 1995; 95: 497-99 Gotsch, G., Pacifiers: Yes or No?, LLLI, 1996, Publication No. 45. Mohrbacher, N., Stock, J., Breastfeeding Answer Book, Schaumburg, Illinois: LLLI, 1997;34-35, 43-44 Newman, J., Breastfeeding problems associated with the early introduction of bottles and pacifiers, J Hum Lact 1990; 6(2), 59-63 Mito 15: La confusión tetina-pezón no existe. Realidad: La alimentación al pecho y la alimentación por biberón requieren diferentes técnicas orales y motrices. Las tetinas artificiales proveen una especie de "sobreestimulación" en la que los niños pueden fijarse y preferir al pezón, más suave. Como resultado, algunos bebés desarrollan la confusión de succión y usan técnicas no adecuadas para mamar al pecho cuando se les ha ofrecido biberón y pecho. Blas, E., Behavioral and physiological consequences of suckling in rat and human newborns, Acta Paediatr Suppl 1994; 397:71-76 Mohrbacher, N., Stock, J., Breastfeeding Answer Book, Schaumburg, Illinois: LLLI, 1997;82-87 Neifert, M. et al., Nipple confusion: toward a formal definition, J Pediatr 1995: 126(6):S125-9 Nipple Confusion: Overcoming and Avoiding this Problem, LLLI, 1992, Publication No. 32. Mito 16: La lactancia frecuente puede dar lugar a la depresión postparto. Realidad: Se cree que la causa de la depresión postparto es debida a las hormonas fluctuantes que se presentan después del nacimiento del niño y que puede agudizarse por la fatiga y por la falta de apoyo social. Sin embargo, se da en mujeres con problemas anteriores al embarazo. Astbury, J. et al., Birth events, birth experiences, and social differences in postnatal depression, Aust J Public Health 1994; 18 (2): 176-84 Dunnewold, A., Breastfeeding and postpartum depression: is there a connection?, Breastfeeding Abstracts, LLLI, May 1996; 25 Lawrence, R., Breastfeeding: A Guide for the Medical Profession, 4ª ed. St. Louis: Mosby 1994; 191-92 Mito 17: Alimentar al niño a demanda no facilita el vínculo maternal. Realidad: Responder de forma sensible a las señales del niño une a la madre con su hijo de tal forma que se sincronizan, lo cual crea un vínculo mayor. Ainswort h, M., Infant-mother attachment, Am Psych 1979; 34(10):932-37 Berg-Cross, L., Berg-Cross, G., McGeehan, D., Experience and personality differences among breast and bottle-feeding mothers, Psych of Women Qtly 1979: 3(4):344-58. Kennell, J., Jerauld, R., Wolfe, H. et al., Maternal behavior one year after early and extended post-partum contact, Developmental Medicine and Child Neurology 1974;16(2):99-107
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Temoury, M. et al., Influence of breastfeeding on the infant's intellectual development, J Ped Gastro Nutr 1994; 18:32-36 Mito 18: Las madres que miman a sus hijos demasiado y los llevan demasiado en brazos los malcrían. Realidad: Los niños a quienes se lleva en brazos a menudo lloran menos horas al día y muestran mayores rasgos de seguridad al crecer. Anisfeld, E. et al., Does infant carring promote attachment? An experimental study of the effects of increased physical contact on the development of attachment, Child Dev 1990; 61:1617-27 Barr, R. y Elias M., Nursing interval and maternal responsivity: effect on early infant crying, Pediatrics 1988; 81:529-36 Bowlby. J., Attachment and Loss: Attachment, vol 1. Nueva York: Basic Books, 1969; 178, 208, 240 Heller, S., The Vital Touch: How Intimate Contact with Your Baby Leads to Happier, Healthier Development, Nueva York: Henry Holt, 1997; 41-53, 204-21 Hunziker, U. y Barr R., Increased carrying reduces infant crying: a randomized controlled trial, Pediatrics 1986; 77:641 Matas, L., Arend, R., Sroufe, L., Continuity of adaptation in the second year: the relationship between quality of attachment and later competence, Child Dev 1978; 49:547-56 Mito 19: Es importante que los demás miembros de la familia alimenten al niño para que también ellos desarrollen un vínculo. Realidad: Alimentar al niño no es la única forma con la que los demás miembros de la familia pueden acercarse al niño. Cargar, acariciar, bañar y jugar con el bebé son muy importantes para su crecimiento y desarrollo, así como para su vínculo con los demás. Heller, S., The Vital Touch: How Intimate Contact with Your Baby Leads to Happier, Healthier Development, Nueva York: Henry Holt, 1997; 60-61 Mito 20: El hecho de que sea el niño quien dirija su alimentación (con la lactancia a demanda) tiene un efecto negativo sobre la relación de la pareja. Realidad: Los padres maduros se dan cuenta de que las necesidades del recién nacido son muy intensas, pero que también disminuyen con el tiempo. De hecho, el trabajo de equipo que se realiza al cuidar de un recién nacido puede unir a la pareja conforme aprenden a ser padres juntos. Bocar, D., Moore, K., Acquiring the parental role: a theoretical perspective, LLLI Lactation Consultant Series, Unit 16. Garden City Park, Nueva York: Avery, 1987 Sears, W., Becoming a Father, Schaumburg, Illinois: LLLI, 1986; 29-50, 119-29 Mito 21: Algunos niños son alérgicos a la leche materna. Realidad: La leche materna es la sustancia más natural y fisiológica que el niño puede ingerir. Si el bebé muestra señas de sensibilidad relacionadas con la alimentación, en general se deben a alguna proteína ajena que ha logrado entrar a la leche materna, y no a la leche materna en sí. Esto se remedia fácilmente eliminando el alimento ofensivo de la dieta materna durante un tiempo. Hudson, I. et. al., A low allergen diet is a significant intervention in infantile colic: results of a communitybased study, J Allergy Clin Immunol 1995; 96:886-92 Mohrbacher, N., Stock, J., Breastfeeding Answer Book, Schaumburg, Illinois: LLLI, 1997;97-99 Salmon, M., Breast Milk: Nature's Perfect Fórmula, Demarest, Nueva Jersey: Techkits, 1994;32-3 Mito 22: La lactancia demasiado frecuente causa obesidad cuando el niño crece.

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Realidad: Los estudios científicos demuestran que los niños amamantados que autocontrolan sus patrones alimenticios y la cantidad que ingieren tienden a consumir la cantidad de leche adecuada para su propio cuerpo. Es la alimentación con biberón y la introducción precoz de alimentos complementarios la causa de que se vean afectados de obesidad al crecer, no la lactancia natural. Dewey, K., Lonnerdal, B., Infant self-regulation of breastmilk intake, Acta Paediatr Scand 1986; 75:893-98 Dewey, K., et al., Growth of breast-fed and fórmula-fed infants from 0 to 18 months: the DARLING study, Pediatrics 1992a; 89(6):1035-41 Kramer, M., Do breastfeeding and delayed introduction of solid foods protect against subsequent obesity?, J Pediatr 1981;98:883-87. Stuart-Macadam, P., Dettwyler, K., Breastfeeding: Biocultural Perspectives, Hawthorne, Nueva York: Aldine de Gruyter, 1995; 192 Woolridge, M. Returning control of feeding to the infant, Paper presented at the LLL of Texas Area Conference, Houston, Tejas, EE.UU., julio 42-26, 1992. Mito 23: Dar el pecho mientras el niño está recostado causa infecciones de oído. Realidad: Dado que la leche materna es un fluido vivo y lleno de anticuerpos e inmunoglobulinas, el bebé lactante tiene menor probabilidad de desarrollar infecciones de oído, independientemente de la postura que utilice. Anainsson, G. et al., A prospective cohort study on breastfeeding and otitis media in Swedish infants, Pediatr Infect Dis J 1994: 13:183-88 Harabuchi, Y. et al., Human milk secretory IgA antibody to nontypeable haemophilus influenzae: possible protective effects against nasopharyngeal colonization, J Pediatr 1994; 124(2): 193-98 Mito 24: La Lactancia prolongada más allá de los 12 meses del niño carece de valor, ya que la calidad de la leche materna empieza a deteriorarse a partir de los seis meses de vida. Realidad: La composición de la leche materna cambia de acuerdo con las necesidades del niño conforme éste madura. Aun cuando el niño ya es capaz de recibir otro tipo de alimentos, la leche materna es su fuente primordial de nutrición durante los primeros 12 meses. Se convierte en complemento de los alimentos al segundo año de vida. Además, el sistema inmunológico del niño tarda entre dos y seis años en madurar. La leche materna continúa complementando y ayudando al sistema inmune mientras el niño la siga tomando. American Academy of Pediatrics Policy Statement on Breastfeeding and the Use of Human Milk, Pediatrics 1997: 100(6): 1035-39 Goldman, A., Immunologic components in human milk during the second year of lactation, Acta Paediatr Scand 1983; 72:461-62 Gulick, E., The effects of breastfeeding on toddler health, Ped Nursing 1986; 12:51-54 Innocenti Declaration on the protection, promotion and support of breastfeeding, Ecology of Food and Nutrition 1991; 26:271-73 Mohrbacher, N., Stock, J., Breastfeeding Answer Book, Schaumburg, Illinois: LLLI, 1997;164-68 Saarien, U., Prolonged breastfeeding as prophylaxsis for recurrent otitis media, Acta Paediatr Scand 1982; 71:567-71 Traduccion por Norma Escobar y Yanet Olivares de Saiz. Última fecha de modificación 26/12/01 por sak.

MELA: METODO DE LACTANCIA - AMENORREA
http://www.sogiba.org.ar/lacomunidad/e3_lacta.htm

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"MELA" MELA - M étodo de Lactancia - Amenorrea* (Lactancia exclusiva para espaciar los nacimientos naturalmente) El método de lactancia amenorrea permite evitar el embarazo durante los seis primeros meses después del parto, siempre que se cumplan tres condiciones indispensables: que el bebé sea menor de seis meses, que se practique lactancia exclusiva que la mamá no haya menstruado. Es un método natural y seguro que da resultado en aquellas mamás que alimentan al bebé sólo con su leche. Todas las mamás y parejas que deseen distanciar los nacimientos de sus hijos obtienen con este método seis meses de protección. Durante este tiempo, pueden consultar con el médico y elegir otro método para planificar la familia Para la salud de la mamá y del bebé, lo mejor es esperar dos años hasta el próximo embarazo.

Cuando el bebé succiona el pezón al mamar, estimula dentro del cuerpo de la mamá la producción de una hormona llamada prolactina. La prolactina tienen dos funciones fundamentales: produce la leche materna. actúa sobre los ovarios evitando la ovulación.

*Amenorrea: falta de menstruación.

Tres condiciones INDISPENSABLES para que el MELA sea efectivo: 1 MENOR DE SEIS MESES Hasta los seis meses de vida, el mejor alimento para un bebé es la leche de la mamá. No necesita otra comida ni otra bebida (nada de agua, ni jugo, ni yogur, ni papilla, etc.) El bebé crecerá más sano y subirá de peso normalmente si toma sólo el pecho. Por esta razón, el método MELA sólo se recomienda hasta los seis meses de edad del bebé, ya que a partir de ese momento el bebé incorporará otros alimentos, además de mantener la lactancia.

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Durante las 24 hs, el bebé realizará al menos ocho mamadas. En la noche, tendrá que mamar al menos una vez, aunque es mejor que lo haga dos veces. No deben transcurrir más de seis horas entre mamada y mamada. Si el bebé no es alimentado durante la noche o se le dan otros líquidos o comida, el método deja de ser seguro. 3 AUSENCIA DE MENSTRUACION El método MELA impide la aparición de la menstruación. Todo sangrado que aparezca a partir de los 56 días después del parto es una menstruación. EFECTIVIDAD DEL 98% Si se cumplen las tres condiciones (que el bebé tenga menos de seis meses, que se alimente sólo de leche materna y que la mamá todavía no haya menstruado) este método es efectivo en un 98%. Es decir que de cada 100 mamás que usan el método, 98 no quedan embarazadas. RECORDAR! La mamá y el bebé tienen que asistir a los controles médicos todos los meses. Es importante que no aparezca menstruación en la mamá. Si la mamá observa sangrado, deberá consultar al médico sobre otro método para evitar el embarazo. El preservativo es el único método que previenen las enfermedades de transmisión sexual y el sida, y puede usarse en todo momento.
Vuelve a Etapa Gestación

Embarazo Parto

Cesárea Aborto

Post-parto

Lactancia

Increased Carrying Reduces Infant Crying: A Randomized Controlled Trial

http://www.portareipiccoli.it/trial_hunziker.htm

Increased Carrying Reduces Infant Crying: A Randomized Controlled Trial Urs A. Hunziker, MD, and Ronald G. Barr, MDCM, FRCP(C) From the Department of Pediatrics, The McGill University-Montreal Children's Hospital Research Institute, Montreal, Quebec, Canada. ABSTRACT. The crying pattern of normal infants in industrialized societies is characterized by an overall increase until 6 weeks of age followed by a decline until 4 months of age with a preponderance of evening crying. We hypothesized that this "normal" crying could be reduced by supplemental carrying, that is, increased carrying throughout the day in addition to that which occurs during feeding and in response to crying. In a randomized controlled trial, 99 mother-infant pairs were assigned to an increased carrying or control

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group. At the time of peak crying (6 weeks of age), infants who received supplemental carrying cried and fussed 43% less (1.23 u 2.16 h/d) overall, and 51% less (0.63 u 1.28 hours) during the evening hours (4 PM to midnight). Similar but smaller decreases occurred at 4,8, and 12 weeks of age. Decreased crying and fussing were associated with increased contentment and feeding frequency but no change in feeding duration or sleep. We conclude that supplemental carrying modifies "normal" crying by reducing the duration and altering the typical pattern of crying and fussing in the first 3 months of life. The relative lack of carrying in our society may predispose to crying and colic in normal infants. Pediatrics 1986;77:641-648; crying, carrying, colic,- mother-infant interaction. All normal infants cry. In our society, crying typically occurs in a pattern characterized by an increase in crying duration until about 6 weeks of age, followed by a gradual decrease until 4 months of age.1'4 Within the day, crying is increasingly prevalent during the late afternoon and evening hours.1'2'4'5 Although we have come to regard this crying pattern as "normal,"!'6 infants with similar crying patterns are frequently brought to pediatric clinicians as crying problems. Not uncommonly, they are labeled as having "paroxysmal fussing" or "3-month colic," 1'2'7" 9 variously estimated to affect about 20% of normal newborns.2'9'10 In recent years, crying has come under increasing scrutiny, not only because of its theoretical importance in early mother-infant interaction,11'14 but also because of its clinical importance as a cause of maternal distress,12 a cause of discontinuation of breastfeeding,5 and a stimulus for child abuse. Despite its salience for both parents and clinicians, remarkably little is known of the conditions associated with infant care-taking practices that might contribute to or modulate crying behavior. This lack of information is more striking in the light of anecdotal reports from cross-cultural studies of little or no prolonged fussiness in societies in which infant care practices differ significantly from our own.17" 20 Among the many differences, infant care giving is characterized by constant close mother-infant proximity and extended carrying.17' 21 The soothing effects of carrying and rocking have long been appreciated, and short-term studies examining elements of these complex behaviors have supported the concept that they reduce crying, shift arousal to stares of increased visual and auditory alertness, and produce soothing effects which persist postintervention.22" 33 In our society, picking up and holding are also the most frequently used and effective soothing behaviors"'34 but are typically elicited in response to crying. In addition, mothers have less direct contact and a greater relative distance from their infants.17'21'22 Although constant carrying is unlikely to become the typical infant care-taking practice in our society, we hypothesized that the "normal" crying pattern might be changed by supplemental carrying, that is, increased carrying throughout the day in addition to that which occurs during feeding. If so, such carrying might have anticipator.- soothing effectiveness in normal infants and therapeutic or preventative value in relation to infant "colic." METHODS Overall Design The study was a randomized controlled trial to assess the effectiveness of supplemental parental carrying in reducing crying/fussing behavior of normal infants between 3 and 12 weeks of age. Normal mother-infant pairs were recruited at birth and entered the trial when the baby was 3 weeks of age. After obtaining baseline data for 1 week, subjects were randomized to a supplemental carrying or control group. In the supplemented group, parents were asked to carry their baby in their arms or in a carrier for at least three hours a day. In the control group, parents were asked to situate their baby facing a mobile and an "abstract" of a face when the baby was placed in the crib. Infant behaviors, including crying and fussing, and parental activities directed toward the infant were monitored by diaries completed by the parent(s) at week 3 (baseline) and when the baby was 4, 6, 8, and 12 weeks of age. The study was approved by the Montreal Children's Hospital Committee on Medical and Dental Evaluation and all participating mothers gave written

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informed consent. Subjects Between June and November 1983, 234 eligible mother-infant pairs were approached on maternity wards of two general hospitals in central Montreal. AU infants eligible for the study were breast-fed, first-born at term with a birth weight of at least 2,500 g and had uncomplicated pre-, peri-, and postnatal histories. The nature of the trial was explained and they were told that, if they participated, the form of additional stimulation (carrying or visual) they would be asked to provide would be determined randomly (by chance). Of those who were eligible, 50% (n = 117) agreed to participate at 3 weeks. By randomization, 59 babies were assigned to the supplemented group (ten subsequently dropped out); 58 were assigned to the control group (eight left the study). Reasons given for discontinuation were maternal inconvenience (n = 11), including the work of completing diaries regularly (missing 2 weeks or more), being too busy, and maternal illness; infant illness (n = 1); and miscellaneous (n = 6), including diaries lost in the mail and change of residence. Subjects who discontinued the study differed from those who remained: those who left were of lower socioeconomic status (61 o 68 by Green Index,35 unpaired t = 3.02, P < .01) and younger (26 u 29 years, unpaired t = 2.68, P < .01) but they were not different on neonatal indices (duration of gestation, birth weight, Apgar score at one and five minutes), infant characteristics (sex, race) and remaining parental characteristics (religion, language, marital status, age of father). In the remaining 49 supplemented and 50 control subjects, there were no differences on any of the above infant or parental variables (Table). Size of this study population was determined a priori on the assumption that a reduction of 25% in daily crying/fussing behavior would be a meaningful behavioral change. We used previously available data36 to determine that a sample size of 45 subjects per group would be sufficient for a decrease of this magnitude to occur by chance in only 5% of samples, whereas a true decrease would fail to be seen in 20%. For some subjects, 1 week of diary data was missing, but missing data never exceeded 10% of the total for either group for any week. Parental Diaries Parents recorded their baby's behaviors and their own activities in pretested continuous 24hour diaries. One complete day was represented on each sheet by four horizontal "time" bars, each subdivided into five-minute units. The upper half of each bar was used for recording infant behaviors of sleeping, awake and content, crying, fussing, and feeding. The lower half was used for recording parental activities of carrying with body contact, moving with the baby but without body contact (ie, in a car or a pram) and care-taking activities (ie, changing, bathing, dressing the baby). The duration of each behavior was indicated by filling in these bars with a symbol assigned to each behavior. The diaries of the supplemental and control groups differed only in the name given to the symbol representing the intervention. For the baseline recording (week 3), this category was omitted for both groups. Validation for short-term use of the parental diary was undertaken prior to the study by a direct comparison of parental diary recordings of crying and fussing with electronically recorded crying (negative vocalizations) during 24 hours in ten mother-infant pairs. Moderately strong product-moment correlations were obtained between duration of diaryrecorded crying and negative vocalization (/• = .65, P < .05) and between frequency of crying/fussing episodes and clusters of negative vocalizations (r = .71, P < .05).37 If one poorly completed diary recording was eliminated, the strength of association of the recording methods for these measures improved further to .89 and .85, respectively (P < .01).

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The dependent measures of infant behavior derived from the diaries were duration (hours per day) and frequency (episodes per day) of crying/fussing (crying and fussing combined), sleeping, awake and content, and feeding. The same measures were derived for parental activities of carrying with body contact, moving baby without body contact, and care taking. These measures were also derived for three periods of the day: night (midnight to 8 am), day (8 AM to 4 PM) and evening (4 PM to midnight). To monitor potential recording bias introduced by the different interventions, parents also recorded the frequency of five infant behaviors presumed not to be affected by parental carrying, specifically hiccups, bowel movements, regurgitation, vomiting, and tremors. Procedure At the time of recruitment, eligible mothers were provided with the diary and verbal and written instructions regarding its use. At week 3, parents were contacted by telephone to determine whether they wished to be study participants. Participating parents were then asked to complete the diary for 1 week. At the end of week 3, parents were assigned by random number to the supplemented or control group, and they were then visited at their homes. Diaries were reviewed and new diaries were provided for the remainder of the study. In the supplemented group, parents were asked to carry their baby for a minimum of three hours per day and it was emphasized that carrying should occur throughout the day, not only in response to crying, in addition to carrying during feeding, and independent of whether the baby was awake or asleep. In the control group, parents were asked to expose their infant to the visual stimuli when they were placed in the crib, but they were not asked to increase time in the crib. The investigators provided infant carriers to the supplemented group and mobiles and face pictures to the control group. To minimize recording bias, the purpose of the study was described as being the study of the effect of additional amounts of common stimulation on the development of behavioral rhythms (sleep, feeding, regurgitation, etc) in normal infants. Neither the specific hypothesis nor the crying target variables (crying and fussing) were identified to the parents. During weeks 4 to 12, the parents were contacted by telephone at the beginning of each week scheduled for diary recording. Completed diaries were returned by mail after each week of recording. At the end of week 12, parents were asked about the type of current feeding (breast, formula, mixed) and whether the pacifier had been used frequently or rarely. Data Analysis
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A research assistant blind to the study hypothesis transferred the parental recordings of each diary sheet to an identical diary analogue displayed on the screen of a computer terminal. Compilation of frequencies and duration of behaviors, data reduction, and analyses were accomplished by programs developed for this study. Between-group differences were analyzed by planned comparisons using Student's one-way t test of the means of independent samples. Fig.1 Daily duration of infant crying/fussing in re-sponse to change in parental carrying. Top: Means and SD of crying/fussing behavior in hours per day averaged over each week of parental recording for supplemented (0, - - -) and control (o, --) infants, respectively. Intervention (see text) for both groups started at begin-ning of week 4 after 1 week of baseline recording (week 3). Bottom: Means and SD of carrying in hours per day averaged over each week of parental recording for supplemented and control groups. Carrying during interven-tion in supplemented group is represented by method of holding in parent's arms or in infant carrier. RESULTS As expected, the mean daily duration of carrying of supplemented and control infants was similar during week 3 (3.4 y 2.7 h/d, P > .05; Fig 1, bottom). At each of weeks 4 to 12, parents in the supplemented group did significantly more carrying, the difference ranging from 2.1 h/d at week 4 to 1.5 h/ .-d at week 12 (average 1.8 h/d; all P < .001). As a result, the supplemented infants were carried an average of 4.4 h/d during the intervention period, of which 3.5 hours was in the parent's arms and 0.9 hours was in the carrier. The control infants were carried an average of 2.7 h/d throughout this intervention period. Increased carrying changed the typical pattern of combined crying and fussing duration (crying/fussing) of infants after the intervention began (Fig 1, top). In the control group, the "normal" crying/ fussing curve started at 1.7 h/d (week 3), peaked at 2.2 h/d (week 6), and decreased to 1.3 h/d at week 12. In supplemented babies, however, the peak at week 6 was eliminated. Duration of crying/fussing was longest at week 3 (1.8 h/d) and was followed by a gradual decrease to 1.0 h/d at week 12. The differences were-significant at weeks 6, 8 (P < .001), and 12 (P < .05) and represented reductions of crying/fussing duration of 43%, 41%, and 23% respectively: If crying and fussing were considered separately, the patterns of differences between the groups were similar. Significant differences occurred at 6, 8, and 12 weeks for crying and 6 and 8 weeks for fussing (all P < .05). The changes in crying/fussing duration within the day are displayed in Fig 2.

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Fig.2 Distribution of infant crying/fussing behavior within day. Mean crying/fussing behavior in minutes per hour at each hour of day for supplemented and control infants during baseline (week 3) and during weeks 4, 6, 8, and 12 of the intervention period.

The typical clustering of crying during the evening remained the same for both groups at all ages. However, although the supplemented group tended to have less crying/ fussing behavior throughout the day, these differences were particularly striking during the evening, representing a reduction of 54% and 47% at weeks 6 and 8, respectively. Significant reductions within the day occurred at week 6 during the day (0.4 u 0.6 hours, P < .005), evening (0.6 u 1.3 hours; P < .005), and night (0.2 u 0.3 hours; P < .01). At week 8, significant reductions occurred during the day (0.4 v 0.6 hours; P < .001) and evening (0.5 v 1.0 hours; P < .001). There were no significant differences within the day during weeks 4 and 12. To determine which other behaviors may have been affected, similar analyses were performed post hoc for feeding, sleeping, and awake and content duration. There were no differences in feeding or sleeping duration at any age; however, awake and content behavior was significantly increased in the supplemented babies at weeks 4 (4.1 u 3.8 h/d), 6 (5.6 u 4.6 h/d), and 8 (6.0 u 5.0 h/d; all P < .01). It appeared, therefore, that reduced crying/fussing was replaced by increased awake and content behavior during this time. During the intervention period, the feeding frequency calculated in mean episodes per day was higher in the supplemented compared with the control group, averaging 8.8 u 7.2 episodes per day (P < .025 at all weeks). This was in contrast to the frequency measures calculated for all other infant behaviors (crying/fussing, sleeping, feeding, awake and content) which were similar in both groups during all weeks. In addition, there were no between-group differences in frequency of hiccups, bowel movements, regurgitation, vomiting, or tremors. With respect to the retrospective question concerning pacifier use, frequent use was reported by 70% of the control parents o 47% of the parents of supplemented babies (x2 = 5.15, P < .05). Forty-five percent of supplemented and 40% of control parents reported having introduced partial or total formula feeding by the end of the study period (P > .05). DISCUSSION The results of the present study demonstrate that increased parental carrying was associated with a substantial reduction in crying and fussing behavior in these first-born, breast-feeding

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infants during the first 3 months of life. This behavioral change was particularly apparent in relation to two of the characteristics of crying of normal infants noted in our control group and in previous studies namely, elimination of the peak at 6 weeks of age and diminution of the crying and fussing that clusters during the evening. This reduction appeared to be replaced by increased awake contentment rather than changes in sleeping or feeding duration. The difference was most marked by 6 weeks of age when an increase in carrying time of two hours was associated with an overall reduction of one hour (43%) in crying and fussing behavior. Whether these findings can be generalized to bottle feeders, later parity infants, infants with younger mothers and lower socioeconomic status, or mother-infant pairs who choose not to participate in such studies cannot be determined from this study. There are a number of reasons why the increased carrying might have been effective, related both to its content and timing. In all societies, there are a variety of everyday techniques that are used to calm a crying baby such as picking up, rocking, patting, cuddling, and swaddling. Such soothing behaviors share the characteristics of postural change, repetitiveness, constancy and/or rhythmicity, close proximity between mother and infant, and the involvement of many sensory modalities. In short-term experiments with newborns who are already crying or in whom cries have been elicited, many of the elements of these complex behaviors have been shown to soothe infants.22-24'26-29-31-33 Similarly, in naturalistic observations in the home, picking up and holding was the most frequent and most effective intervention in response to crying, with other effective interventions being swaddling, presence of a human voice, contact, and visual stimulation.11'34 These interventions all imply relatively more mother-infant proximity, which correlates inversely with incidence of crying behavior.11 Wolff34 noted that psychologically significant interventions such as the human voice (compared to nonhuman sounds) and human figures (compared to visual distraction in general) become increasingly important as effective soothing interventions after the second week of life. The supplemental carrying received by the experimental group would have effectively increased mother-infant proximity and the exposure of these infants to both physiologic and psychologic forms of these soothing behaviors throughout the intervention period. It is possible, however, that the timing rather than the content of the supplemental carrying better explains its effectiveness. In the supplemented group, the mothers were encouraged to carry their infants throughout the day regardless of the state of the infant and not just in response to crying or fussing. Previous investigations have demonstrated the importance of environmental factors in modulating early infant behavior and have focused on the sensitivity of the care giver to infant signals and the immediacy of the care giver response.11'38 The increase in carrying could have systematically predisposed these mothers to detecting their infant's demands and to shortening the response time to infant distress, thereby facilitating a more synchronous mother-infant interaction.38 Alternatively, the increased carrying may have acted to reduce infant demands by maintaining the infant's state of quiet alertness.22'23'28'39'40 Gentle rocking of quiet newborn infants in a bassinet or a caretaker's arms has been shown to be effective in delaying or reducing later crying in short-term observations.41'42 Consequently, the supplemental carrying could have the effect of increasing parental responsivity and/or lowering the infants' arousal levels throughout the day. In this sense, the supplemental carrying "anticipates" and possibly prevents the behavioral decompensation represented by crying and fussing that would otherwise occur later in the day. The anticipatory nature of the carrying may be particularly important in relation to the clinical syndrome of infant colic, because these infants are often described as being unresponsive to carrying initiated after the crying has begun.7'8 SPECULATION AND RELEVANCE The rather impressive change implies that this pattern of crying in the first 3 months of life is only normal in the sense of being typical for infant care-giving practices of our society. However, these findings do not demonstrate that absence of carrying is either a necessary or a sufficient cause of infant crying. It is probable that this particular pattern reflects underlying biologic changes, the behavioral manifestations of which are subject to modulation by different care-taking practices. For example, the changes in crying may

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represent changes in development and maturation of the nervous system facilitated by favorable interaction with the care-taking environment.1'3'14 Additionally, crying and fussing could be initiated by the stimulus of intraintestinal gas production secondary to the incomplete carbohydrate absorption which persists into the third month of life in response to typical feeding patterns.36'43 Whatever the particular constraints imposed by these biologic factors, the behavioral manifestations nevertheless remain subject in part to environmental influence. Consequently, normal crying most likely represents a culture-specific pattern reflecting the interaction between biologic factors and infant care-giving practices typical of our society. We speculate that the potential for changing infant-carrying patterns may have important clinical consequences. Early infant crying is an adaptive behavior that acts to promote mother-infant proximity and to provide opportunities for social interaction.11'14 These opportunities usually result in elicitation of appropriate emotional-motivational reactions, care and feeding behavior, and parent-child attachment.3'11'12 The increased carrying reduces crying behavior but promotes proximity so that crying is less necessary. In addition, the associated increased awake contentment would likely be associated with a state of quite alertness and visual exploration necessary for positive social contact.25'30 If an infant's crying behavior is considered excessive, however, it may promote negative interactions 12 and increase the frequency of clinical complaints. Excessive crying has been associated with the erosion of positive emotions and coping skills in mothers,44'45 parental responses that are less plentiful and of poorer quality, 46 and occasionally episodes of child abuse.ls'16 In clinical practice, complaints of crying typically present as feeding problems or as colic. Because parents commonly perceive crying as hunger, elimination of the crying peak may remove one impetus to engage in formula changes, discontinue breast-feeding, or begin early solid food intake.5'47 Indeed, the associated increased feeding frequency noted with the carried infants might also facilitate early weight gain, prolong breast-feeding, and diminish the insufficient milk syndrome in breast-feeding infants.48'49 Finally, increased carrying, particularly anticipatory carrying throughout the day, may represent a relatively simple nonpharmacologic therapeutic intervention for colic, because there is a close similarity between the patterns of crying seen in normal babies and infants with colic, as well as lack of evidence of pathology in colicky infants.2'7'9 Alternatively, increased carrying may have significance as part of pediatric anticipatory guidance. Overall, supplemental carrying may be a more effective approach to feeding and crying problems than the more traditional supplemental bottle. ACKNOWLEDGMENTS This study was supported, in part, by grants from the McGill University-Montreal Children's Hospital Research Institute and the W. T. Grant Foundation. Dr Hunziker is a recipient of an investigator award from the "Kredit zur Förderung des akademischen Nachwachses der Erziehungsdirektion des Kantons Zurich". Dr Barr is a W. T. Grant Faculty Scholar. The authors thank Heinz Spiess of the Departement d'information et de recherche operationnelle de 1'Université de Montréal for design of computer software programs and data analysis, James Hanley, PhD, for statistical advice, Christa Hunziker and Donna Steinberg for subject recruitment and follow-up, Anne O'Donnell for technical help, and Maria Szasz and Madeleine Ranger for secretarial assistance. We thank Drs Philip Zelazo, Barry Zuckerman, Terence Nolan, and Howard Foye for helpful critical reviews of the manuscript. REFERENCES (.. see on link) 1. Brazelton TB: Crying in infancy. Pediatrics 1962:29:579-588 2. Wessel MA, Cobb JC, Jackson ES, et al: Paroxysmal fussing in infancy. Pediatrics 1954:14:421-434 -—

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