-----Mensaje original----De: Susana [mailto:] Enviado el: viernes, 30 de septiembre de 2005 15:22 Para: crianzanatural@eListas.

net Asunto: [crianzanatural] Fw: [matronas-comadronas] Artículo de Michel Odent Comparto: cariños Susana (Málaga)

----- Original Message ----From: RF To: M-C @yahoogroups.com Sent: Friday, September 30, 2005 10:38 AM Subject: [matronas-comadronas] Artículo de Michel Odent

He traducido este artículo aparecido en la revista Midwifery Today en 1999. Está firmado por Michel Odent. Como siempre he intentado ser lo mas fiel posible a la traducción, pero limitado como siempre por mi capacidad de entendimiento de la lengua inglesa. Al ser un artículo publicado en una revista donde pone todos los derechos reservados, no se si incumplo alguna Ley, posiblemente Mariola o Juán Ignacio Valle pueden responderme a esto. El objetivo como siempre es el de compartir con los colegas un poco de la luz que gente mas experta puedan aportarnos a las matronas como comunidad, empezando por mi mismo. ¿Tiene que ver el planteamiento de este artículo con lo que leíamos no hace mucho de la desaparición del estímulo sexual en hombres que han asistido a los partos de sus mujeres? Mando como hice el último día primero la traducción y después el original. Es peligrosa la participación del marido durante el parto?

© 1999 Midwifery Today, Inc. All Rights Reserved.

[Editor's note: This article first appeared in Midwifery Today Issue 51, Autumn 1999.] Hace un siglo, cuando la mayoría de los bebés nacían en casa, esta clase de preguntas habría sido considerada irrelevante. En aquel tiempo, cada uno sabía que el nacimiento era “asunto de mujeres”. Al marido se le adjudicaba una tarea práctica, como podía ser estar durante horas hirviendo agua, pero sin estar envuelto en el parto propiamente dicho. Hoy la misma cuestión es considerada irrelevante o incluso estúpida. Al amanecer del Siglo XXI, todo el mundo sabe la importancia y el activo rol del padre en “el nacimiento de la familia”. La mayoría de las mujeres ni siquiera podrían imaginar dar a luz sin la participación de su “pareja”. “Hemos oído incontable número de historias maravillosas de “parejas dando a luz”. Los padres son bienvenidos incluso en los paritorios más convencionales. A menudo se elude abordar el tema de los maridos en profundidad, y en vez de hablar de una mutación en el concepto, habría que decir que estos asuntos son complejos. En orden a interpretar estos radicales cambios en conceptos y comportamiento, habría que colocar todo esto en su contexto histórico. Es esencial recalcar que el intrigante fenómeno que estamos estudiando, empezó de manera inesperada en la mayoría de los países industriales en los años 60. Fue entonces que una nueva generación de mujeres sintió la necesidad de ser ayudada por el padre del bebé en el momento del nacimiento de este. Ellas empezaron a expresar esta nueva demanda cuando los nacimientos

empezaron a concentrarse en hospitales cada vez más y más grandes. Desde un punto de vista histórico, no se puede disociar los partos en los hospitales de la presencia de los padres de los bebés en el parto. Esto también coincidió con el momento en que empezó la tendencia a hacerse la familia cada vez mas pequeña, y comúnmente reducida a la familia nuclear, de manera que en la vida diaria de muchas mujeres, el padre del hijo era la única persona alrededor. Lo que es mas, los años 60 representan el tiempo en que las matronas se convirtieron en uno de los miembros de numeroso equipo médico (en los países donde estas no había desaparecido por completo).Esta claro que la participación de los padres fue una adaptación a situaciones antes no existentes: no había ocurrido anteriormente en la historia del género humano que las mujeres hubieran parido en grandes hospitales entre extraños; la familia nuclear era algo desconocido en ninguna otra cultura y las matronas siempre habían sido independientes. Aquellos que fueron testigos directos de estos traumáticos cambios de comportamiento, recuerdan lo rápidamente que los teóricos establecieron nuevas doctrinas. Por ejemplo, recuerdo haber oído sobre 1970, que la participación del padre estrecharía lazos dentro de la pareja, y que se debían esperar por tanto una disminución en los ratios de divorcios y separaciones. También oí, que la presencia del padre, como persona del entorno familiar, debe de hacer mas fácil el parto, y por tanto que deberíamos esperar una disminución en el número de cesáreas.

Los albores del Siglo XXI, significan, 30 años después, el comienzo de otra fase en la historia del nacimiento de los bebés. El actual momento crucial, está relacionado con el rápido desarrollo de “la obstetricia basada en la evidencia” y de la “partería basada en la evidencia”. Uno de los primeros efectos de este enfoque científico es que estimula una nueva conciencia de la importancia de los factores ambientales durante el periodo perinatal. Por ejemplo, aprendimos de una serie de estudios controlados prospectivos al azar que un ambiente electrónico tiende a hacer el parto mas dificultoso y que no tiene otro efecto beneficioso en la estadística que el incremento del número de cesáreas. La Obstetricia basada en la evidencia es un instrumento para la preparación de la “era post electrónica” en la historia de los nacimientos. La actual crisis, inducida por la evidencia basada en la práctica, representa una única oportunidad para reconsiderar muchas teorías e ideas preconcebidas y hacer un inventario de las preguntas que se han de plantear. En lo que concierne a la participación de los padres en el parto debemos plantearnos al menos tres preguntas: Primera pregunta: ¿La presencia de los padres ayuda o dificulta el parto? Aquellas que son lo suficientemente viejas como para recordar los partos donde solo una experimentada y maternal matrona, pero de baja formación, controlaba la escena, se inclinan a plantear la pregunta de esta manera.

Nuestro objetivo no es dar respuestas sino analizar las muchas razones del por qué es este problema tan complejo. Hay muchas clases de parejas, depend iendo del tiempo de convivencia, el grado de intimidad, etc. Hay muchas clases de hombres, algunos mantienen una conducta por debajo de la que se espera de ellos mientras sus mujeres están dando a luz; otros tienden a comportarse como observadores o como guías, por otro lado otros son mucho más protectores. En el justo momento que una mujer de parto necesita reducir al máximo su actividad intelectual (de su neocortex) e irse a “otro planeta”, muchos hombres no pueden parar de ser racionales. Algunos se muestran valientes, pero la liberación de sus altos niveles de adrenalina es contagiosa. El doble lenguaje de los seres humanos aparece como la mayor razón del por qué la complejidad de estos temas se están subestimando. Existe un conflicto frecuente entre el lenguaje verbal y el” lenguaje corporal” de las mujeres embarazadas. Con palabras, la mayoría de las mujeres modernas son categóricas al demandar la participación de los padres de los bebés durante el parto, pero en el día del parto las mismas mujeres pueden expresar lo contrario de lo dicho de una manera no verbal. Recuerdo un cierto número de partos que fueron desarrollándose muy lentamente hasta el momento en que el padre de manera inesperada fue obligado a salir (por ejemplo a comprar algo urgentemente antes de que cerraran la tienda), tan pronto como el hombre desapareció, la mujer de parto empezaba a gritar, iba al baño y el bebé nacía después de una serie de poderosas e irresistibles contracciones (a las que yo llamo “reflejo de ejección del feto”). Cuando se plantea este tipo de cuestiones uno ha de tener en cuenta las particularidades de los diferentes estadios del parto. A menudo en la tercera fase del parto, muchos hombres tienen una repentina necesidad de actividad, en el justo momento en que la madre no tiene otra cosa que hacer que mirar a los ojos de su recién nacido y sentir el contacto de la piel de su bebé en una cálida atmósfera. En este momento cualquier distracción tiende a inhibir la liberación de oxitocina y por tanto se interfiere en el alumbramiento de la placenta.

Segunda pregunta: ¿Puede la presencia del padre en el parto influir en la vida sexual de la pareja en el futuro? A través de esta pregunta estamos introduciendo un tema muy complejo relacionado con la atracción sexual. La atracción sexual es un misterio. El misterio es un rol que se juega al inducir y cultivar la atracción sexual. Hubo un tiempo en que existieron madres diosas. En aquella época el nacimiento de un niño era enigmático dentro del mundo de los hombres. Tuve oportunidad en el pasado de hablar del nacimiento de sus hijos con mujeres que nacieron ellas mismas al final del Siglo XIX. Ellas no se imaginaban siendo observadas por sus maridos mientras parían “¿Y que pasaba con la vida sexual después de esto?, era su reacción mas común. Hoy en día me quedo perplejo con el gran número de parejas que rompen algunos años después de un maravilloso parto de acuerdo a los modernos criterios. Siguen siendo buenos amigos, pero no tienen relaciones sexuales por mucho más tiempo. Es como si el nacimiento de su hijo, los hubiera hecho más colegas al mismo tiempo que la atracción sexual se iba desvaneciendo. Tercera pregunta: ¿Pueden todos los hombres afrontar las fuertes reacciones emocionales que van a sufrir mientras participan en el parto?

No puedo pensar en una mujer viendo la televisión en el momento de estar pariendo, con suero y epidural, sino en una mujer que depende de sus hormonas. Nunca había pensado en plantear esta cuestión, mientras solo tuve la experiencia de partos en el hospital. Durante los días que seguían al parto en el hospital, nadie se preocupaba del bienestar del padre. Al visitar a la familia dos o tres días después de un parto domiciliario, casi siempre encontré a una madre feliz y activa al cuidado de su bebé. Me encontraba una sorpresa al preguntar por el padre. Muy a menudo escuchaba que el padre estaba en cama por un dolor de barriga, dolor de espalda, resfriado o dolor de muelas, o simplemente porque estaba “exhausto”, como la madre me decía. Al referirme a mi experiencia en partos en casa, estoy tentado a afirmar que la depresión postparto del hombre es mas común que la depresión postparto de la mujer, aunque es algo no reconocido. El concepto de la depresión postnatal masculina es un recordatorio de que en muchas culturas existen rituales cuyos efectos canalizan las reacciones emocionales del padre. Todos estos rituales se enmarcan en el concepto de la “couvade” (los antropólogos usan este término que significa originalmente en frances, ¿incubación?). Estos rituales con sus particularidades locales, hacen que el padre se sienta muy ocupado en el momento en que su mujer está dando a luz.. El último ejemplo de esta incubación(no se si es la traducción correcta), es la del hombre hirviendo agua durante horas). No se si ayuda pensar, el caso de un hombre joven que pierde una enorme cantidad de tiempo montando en casa una bañera para parir que ha alquilado, y que finalmente el niño nace antes de que la bañera esté lista. ¿Sería esto revivir esta “couvade”? Mi único objetivo es justificar una serie de cuestiones sugiriendo que los temas son mucho mas complejos de lo que a menudo se cree. Sería prematuro ofrecer claras soluciones. Las preguntas deben preceder a las doctrinas.

Michel Odent, médico, fundó el “Centro del Recién Nacido en Londres y desarrollóla Maternidad de Pithivers (Francia), donde se usan las bañeras para nacer. Es el autor de 10 libros (este artículo recordarlo es de 1999, por tanto no cuenta con los libros posteriores),publicados en 19 idiomas. Dos de ellos “Nacimiento Renacido” y la Naturaleza del Parto y la Lactancia Materna”, fueron publicados originalmente en Estados Unidos. Su próximo libro “La cientificación del amor”será publicado en Noviembre de 1999.

Is the Participation of the Father at Birth Dangerous? by Michel Odent, MD
© 1999 Midwifery Today, Inc. All Rights Reserved. [Editor's note: This article first appeared in Midwifery Today Issue 51, Autumn 1999.]

A century ago, when most babies were born at home, such a question would have been deemed irrelevant. At that time, everybody knew that childbirth is "women's business." The husband was given a practical task, such as spending hours boiling water, but he was not involved in the birth itself. Today, the same question is still deemed irrelevant, even stupid. At the dawn of the 21st century, everybody knows about the importance of the active role of the father in the "birth of a family" Most women cannot even imagine giving birth without the participation of their "partner." We have heard countless wonderful stories of "couples giving birth." Fathers are welcome in the most conventional delivery rooms. If it is commonplace to dodge the real question, in spite of a conceptual mutation, this means that the issues are complex. In order to interpret such sudden and radical changes in concepts and behavior, one must put them into their historical context. It is essential to recall that the © Patti Ramos & Midwifery intriguing phenomenon we are studying began unexpectedly in most Today, Inc industrialized countries in the 1960s. Then, a new generation of women felt the need to be assisted by the baby's father when giving birth. They started to express this new demand at the very time when births were more and more concentrated in larger and larger hospitals. From a historical viewpoint one cannot dissociate hospital birth and the participation of the baby's father. This was also the time when the family had a tendency to become smaller and commonly reduced to the nuclear family, so that in the daily life of many women the baby's father was the only familiar person. Furthermore the 1960s represent the time when the midwife became one of the members of a large medical team (in the countries where she had not completely disappeared). It is clear that the participation of the father was as an adaptation to unprecedented situations: it had not happened before in the history of mankind that women had to give birth in large hospitals among strangers; the nuclear family was unknown in any other culture and midwives had always been independent. Those who have been active witnesses of such behavioral upheavals remember how quickly theoreticians established new doctrines. For example I heard around 1970 that the participation of the father will strengthen ties between the couple and that we should expect a decrease in the rate of divorces and separations. I also heard that the presence of the father, as a familiar person, should make the birth easier and that we should expect a decrease in the rate of caesarean sections. The dawn of the 21 st century represents, thirty years later, the beginning of another phase in the history of childbirth. The current turning point is related to the fast development of "evidence based obstetrics" and "evidence based midwifery." One of the first effects of a scientific approach is to stimulate a new awareness of the importance of environmental factors in the perinatal period. For example, we learned from a series of prospective randomised controlled studies that an electronic environment tends to make the birth more difficult and has no other effects on statistics than to increase the rates of caesarean sections. Evidence based obstetrics is instrumental in the preparation for the "post electronic age" in childbirth. The current crisis, induced by evidence based practices, represents a unique opportunity to reconsider many theories and preconceived ideas and to take an inventory of the questions we must raise. Where the participation of the father at birth is concerned, we mus t raise at least three questions:

First question: Does the participation of the father aid or hinder the birth? Those who are old enough to remember what a birth can be like when there is nobody else around than an experienced, motherly and low profile midwife are inclined to formulate the question that way. Our objective is not to provide answers but to analyze the many reasons why it is such a complex issue. There are many sorts of couples according to the duration of cohabitation, the degree of intimacy, and so forth. There are many sons of men: some can keep a low profile while their partner is in labor; others tend to behave like observers, or like guides, whereas others are much more like protectors. At the very time when the laboring woman needs to reduce the activity of her intellect (of her neocortex) and "to go to another planet" many men cannot stop being rational. Some look brave, but their release of high levels of adrenaline is contagious. The double language of human beings appears as the main reason why the complexity of such issues is underestimated. There is a frequent conflict between the verbal language and the "body language" of pregnant women. With words, most modern women are adamant that they need the participation of the baby's father while they give birth; but on the day of the birth the same women can express exactly the opposite in a nonverbal way. I remember a certain number of births that were going on slowly up to the time when the father was unexpectedly obliged to get out (for example to buy something urgently before the store is closed). As soon as the man left, the laboring woman started to shout out, she went to the bathroom and the baby was born after a short series of powerful and irresistible contractions (what I call a "fetus ejection reflex"). When raising such a question one must also take into account the particularities of the different stages of labor. It is often during the third stage that many men have a sudden need for activity, at the very time when the mother sho uld have nothing else to do than to look at her baby's eyes and to feel the contact with her baby's skin in a warm place. At this time any distraction tends to inhibit the release of oxytocin and therefore interferes with the delivery of the placenta. Second question: Can the participation of the father at birth influence the sexual life of the couple afterward? Through such a question we introduce the complex issue of sexual attraction. Sexual attraction is mysterious. Mystery has a role to play in inducing and cultivating sexual attraction. Once there were mother goddesses. At that time childbirth was enigmatic among the world of men. I had the opportunity in the past to talk about the birth of their baby with women who were themselves born at the end of the 19th century. They could not imagine being watched by their husband when giving birth: "And what about our sexual life afterward?" was their most common reaction. Today I am amazed by the great number of couples who split off some years after a wonderful birth according to the modern criteria. They remain good friends but they are not sexual partners any longer. It is as if the birth of the baby had reinforced their comradeship while sexual attraction was fading away. Third question: Can all men cope with the strong emotional reactions they may have while participating in the birth? I am not thinking of a woman watching the TV while giving birth with a drip and an epidural, but of a woman relying on her own hormones. I would have never thought of raising such a question as long as I had only the experience of hospital birth. During the days following a hospital birth, nobody is wondering about the well being of the father. When visiting a family two or three days after a homebirth, I almost always found a happy and active mother taking care of her baby. I had a surprise

when asking about the father. More often than not I heard that the father was in bed because he had a tummy ache, or a backache, or a flu, or a toothache, or simply because he was "drained," as a mother told me. When referring to my experience of homebirth, I am tempted to claim that male postnatal depression is more common than female postnatal depression, although it is not recognized as so. The concept of male postnatal depression is a reminder that many cultures have rituals whose effects are to channel the emotional reactions of the father. All these rituals belong to the framework of the couvade (anthropologists use this term that originally means, in French, "hatching"). These ritua ls, whatever the local particularities, make the father busy while his wife is giving birth. The last example of couvade was the man spending long hours boiling water. I cannot help thinking of the case of young modern men who spend a long time rebuilding a rented transportable birthing pool: finally the baby is born before the pool is ready. Is it a revival of the couvade? My only objective is to justify a series of questions by suggesting that the issues are much more complex than we commonly believe. It would be premature to offer clear-cut answers. Questions should precede doctrines. Michel Odent, MD founded the Primal Health Research Centre in London and developed the maternity unit in Pithiviers, France where birthing pools are used. He is the author of ten books published in nineteen languages. Two of them—Birth Reborn and The Nature of Birth and Breastfeeding—were published originally in the United States. His forthcoming book The Scientification of Love will be published in November 1999. Related information:
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