LAS VACUNAS Y SUS MITOS

Eduardo Ángel Yahbes
INTRODUCCIÓN Cuando uno realiza comentarios acerca de la verdadera utilidad de las vacunaciones y de sus efectos secundarios, percibe que los interlocutores adoptan actitudes antagónicas. Están quienes son fanáticos de las vacunas y no hay razones que los alejen de sus convicciones, y quienes han tenido alguna experiencia negativa con alguna vacuna y prestan atención hacia alguien que les está dando argumentos científicos, que explican cuál fue la causa de aquella experiencia. Desde ya que dentro de los profesionales de la salud predominan en forma notoria los fanáticos de las vacunas. Creo saber por mi propia vivencia, que se debe a que la información que reciben es parcial y desconocen las investigaciones que dan un panorama diferente a la tan mentada efectividad e inocuidad de las vacunas. Por ejemplo el simple y concreto hecho de que las enfermedades infecciosas han declinado notoriamente en su morbimortalidad, antes del comienzo del uso de las vacunaciones. Desgraciadamente en nuestro país como en tantos otros (no en todos), la mayoría de las vacunas son obligatorias por ley. No aplicarlas implicaría una acción contraria a la ley. En Estados Unidos, durante el año 1986, se promulgó una ley de compensación para indemnizar a quienes sufren los efectos nocivos de las vacunas obligatorias, cubierta por el estado. Es decir lo cubren los mismos ciudadanos con sus aportes tributarios. En nuestro país no existe una ley similar ni es obligatoria la denuncia de los efectos adversos de las vacunas, motivo por el cual es imposible hacer análisis propios acerca de la efectividad y nocividad de las mismas. Si bien son los padres quienes debieran decidir la conveniencia de vacunar o no a sus hijos, para ello deben informarse. Siendo mi obligación como médico informar que en países donde se hacen controles, se reportan anualmente miles de reacciones y cientos de muertes y de invalidez permanente como consecuencia de las vacunas. Por otra parte muchas comunidades completamente vacunadas han padecido epidemias e investigadores atribuyen a los programas de inmunización masivos el desarrollo de trastornos inmunológicos y neurológicos crónicos CONCLUSIÓN Por todo lo analizado podemos sacar como conclusión que existe una contradicción entre la ciencia médica y la política inmunizatoria. Cuando observamos las posibles consecuencias de las vacunas, que van desde enfermedades agudas leves hasta enfermedades crónica graves o mortales, se hace indispensable que las autoridades adviertan a los padres de los riesgos. Cuál es el laboratorio que elaboró las mismas, incluyendo su número de lote. Cuáles son las contraindicaciones para su aplicación y cuáles los signos de alarma que deben controlar. No es posible que la política sanitaria se haga de acuerdo a la conveniencia de los laboratorios. Son los laboratorios que tendrían que desarrollar vacunas efectivas y seguras por normativas de las autoridades sanitarias. Es indispensable que las autoridades sanitarias consideren que en todo programa de

inmunización, los riesgos inherentes al mismo deben ser menores que los riesgos probables de la epidemia que se trata de controlar. En mi criterio las vacunas no deberían ser obligatorias. Sólo deberían aplicarse aquellas que demuestren ser efectivas y que no tengan una alta incidencia de efectos adversos, sobre todo comparado con el riesgo de la enfermedad natural. Cada ciudadano tendría que recibir y buscar información, para tomar una decisión libre y responsable.