Altiplano estepario

Ambientes semiáridos del sureste andaluz

Unión Europea
Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural

Ambientes semiáridos del sureste andaluz

Edición
Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía

Dirección
Miguel Simón Mata

Autores
Javier de la Cruz Pardo, Miguel Yanes Puga, Cristina Patricia Sánchez Rojas y Miguel Simón Mata

Colaboraciones textos
Cristina Pardo Calle, Gloria García Fernández y José Luis Vizoso Ramírez de Verger

Otras colaboraciones
Antonio Castellano Torrejón, José Antonio Garrido García

Cartografía y SIG
Carolina Saldaña Díaz

Fotografía de portada
Javier Hernández Gallardo

Fotografías
Agustín Madero Montero (AMM), Amelia Garrido Campos (AGC), Antonio Herrera (AH), Antonio Rodríguez Mariscal (ARM), Antonio Ruiz Ruiz (AR), Archivo Consejería de Medio Ambiente (CMA), Carlos Palacín (CP), Carlos Serrano Nuñez (CSN), Cristina Patricia Sánchez Rojas (CPS), Elena Diéguez (ED), Enrique García Barros (EGB), Francisco Bruno Navarro Reyes (FBN), Francisco Martín Barranco (FMB), Francisco Sánchez Piñero (FSP), Fundación Gypaetus (FG), Gabriel Blanca (GB), Gonzalo Muñoz (GM), Ildefonso Alcalá (IA), Javier de la Cruz (JC), Javier Hernández Gallardo (JH), Javier Milla López (JM), Javier Olivares (JO), Javier Pérez López (JPL), José Ángel Gómez Palomares (JAGP), José Antonio Garrido (JAG), José Bayo Valdivia (JB), José Luis Sánchez Balsera (JLS), José Luis Vizoso Ramírez de Verger (JLV), José Manuel Castro (JMC), José Manuel Martín Martín (JMMM), José Miguel Barea Azcón (JMB), José Miguel Molina (JMM), Juan Carlos Braga (JCD), Juan Carlos Delgado Santabárbara (JCD), Juan Carlos Feixas (JCF), Juan Manuel Delgado Marzo (JMD), Luis García Cardenete (LGC), Manuel Otero Pérez (MOP), Marta Vázquez Arias (MVA), Miguel Ángel García Arias (MAGA), Miguel Rouco (MR), Miguel Villalobos Megía (MV), Miguel Yanes Puga (MY), Pablo Barranco (PB), Programa de Actuaciones para la Conservación del Alimoche en Andalucía (PCCAA)

Coordinación por Tragsatec
Silvia Renau Casla

Diseño y maquetación
Luciano Rosch. ESTUDIO GRÁFICO AM GRAPHIS

Impresión
Artes Gráficas GANDOLFO

ISBN
978-84-92807-40-6

Depósito legal
SE-3777-2010

Agradecimientos
Amelia Garrido Campos, Antonio Ruiz Ruiz, Borja Nebot Sanz, Carlos Barrero Rodríguez, Carlos Salazar Mendías, Elena Ballesteros Duperón, Fidel Fernández Rubio, Francisco Bruno Navarro Reyes, Francisco Javier Pérez López, Francisco Jesús Martín Barranco, Francisco Sánchez Piñero, Francisco Suárez Cardona, Gabriel Blanca López, Leonardo Gutiérrez Carretero, Luis García Cardenete, María del Carmen Pérez Alvarado, Mario Ruiz Girela, Marta Vázquez Arias, Javier Alba Tercedor, Jorge Garzón Gutiérrez, José Ángel Gómez Palomares, José Antonio Mancera, José Manuel Tierno de Figueroa, José María Gil Sánchez, José Miguel Barea Azcón, Juan Carlos Delgado Santabárbara, Juan Lorite Moreno, Juan Manuel Delgado Marzo, Juan Ramírez Román, Juan Ramón Fernández Cardenete, Julio Miguel Luzón Ortega, Octavio Infante Casado, Pablo Barranco Vega, Pascual Rivas Palomo y Susana Molinero Herranz

Para citar este trabajo se sugiere: de la Cruz, J.; Yanes, M.; Sánchez, C.P. y Simón, M. 2010. Ambientes semiáridos del sureste andaluz. Altiplano estepario. Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía. Sevilla.

Presentación
En los actuales ambientes semiáridos y esteparios de Andalucía oriental está el registro de los primeros homínidos conocidos para el sur de España, como también los del Argar y una dilatada sucesión de culturas que, desde la Bastetania al tiempo actual, han venido explotando el territorio. A este intenso y reconocido uso suele achacarse en exclusiva el aspecto -e incluso las condiciones físicas- del mismo. Pero con ser cierta la prolongada presencia humana y su intensa actividad modificadora del espacio, no lo es menos que este tipo de ambientes han estado siempre presentes en la cuenca mediterránea de forma ajena al hombre, ocupando mayor o menor extensión en función de las circunstancias paleoclimáticas. Una gran cantidad de evidencias biogeográficas, palinológicas, arqueológicas e incluso históricas así lo atestiguan, y ello, junto a su emplazamiento geográfico, está detrás de su elevada singularidad actual. Coincide la publicación de este libro con el Año Mundial de la Biodiversidad, una iniciativa promovida por la Asamblea General de las Naciones Unidas con el fin de incrementar la atención internacional sobre el problema de la pérdida de diversidad biológica. Tal diversidad entraña gran parte de la riqueza que, entre los valores del medio natural, presentan estos ecosistemas. No podía ser de otra manera, ya que los territorios más áridos de Andalucía suponen uno de sus núcleos fundamentales de biodiversidad. Entre las estepas y las altas cadenas montañosas se reparte la mayoría de organismos endémicos más originales de Andalucía, los cuales se corresponden frecuentemente con aquellos de mayor grado de amenaza. Pero su aportación a la diversidad en el contexto europeo no es únicamente taxonómica sino también ecológica, paisajística, geomorfológica y climática, lo que los convierte en territorios de gran importancia para la gestión del medio natural. Las interacciones ecológicas subyacentes al semiárido y sus procesos físicos, únicos en Europa occidental, se traducen en unos paisajes impresionantes, retadores pero sugerentes, marcadamente atractivos. Por eso en este libro, además de ciencia, técnica y una meritoria recopilación de información relativa a estos medios, hay también espacios para el vínculo emotivo al paisaje; para esos lugares fotogénicos y hechos metáfora por los poetas de la Andalucía más árida como Celia Viñas o Julio Alfredo Egea. Además, no puede olvidarse que a las estepas del semiárido corresponden algunas de las comarcas andaluzas más deprimidas demográfica y económicamente. Esta doble circunstancia, la de unos territorios escasamente desarrollados y altamente valiosos para la conservación de la naturaleza, requiere el tratamiento del desarrollo sostenible. Éste es principio inspirador de buena parte de la política territorial de la Junta de Andalucía y, más específicamente, de la Consejería de Medio Ambiente y su Programa de Conservación, Protección y Restauración de los Ambientes Esteparios Semiáridos del Sureste Andaluz, del cual, precisamente, esta obra es uno de sus resultados.

En este contexto, el presente libro, destinado exclusivamente al Altiplano -primero de una serie de dos entre los que acabará abordándose la totalidad de los ambientes semiáridos-, constituye ya un elemento de referencia para la preservación de la integridad ecológica y los valores naturales de estos territorios, de forma compatible con su desarrollo sostenible y, siempre que sea posible, mediante la difusión y el conocimiento de su patrimonio ecológico, paisajístico y cultural.

José Juan Díaz Trillo Consejero de Medio Ambiente

5

Euchloe bazae. JO

Indice

Índice

Ambientes semiáridos del sureste andaluz
Antecedentes Introducción La estepa: un concepto controvertido
Los medios esteparios del sureste andaluz 10 12 14 20 22 22 25 37

Ámbito de estudio
Criterios de delimitación Zonificación Primera fase: el Altiplano estepario

7

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

El Altiplano estepario
1. 2. 3. Objetivos Marco metodológico Límites del ámbito de estudio
3.1. Límites geográficos 3.2. Ámbito administrativo 41 45 51 52 55 63 65 72 82 86

4.

Figuras de protección del territorio
4.1. Espacios Naturales Protegidos 4.2. Red Natura 2000 4.3. Un elemento de referencia: las Áreas Importantes para las Aves (IBAs) 4.4. La protección de la estepa, una asimétrica desatención

5.

Apuntes sobre la prehistoria, historia y gestión cultural del medio
5.1. Prehistoria en el Altiplano 5.2. Edad Antigua: el comienzo de la Historia 5.3. Edad Media: el dominio del Islam 5.4. Edad Moderna: del Renacimiento al Regeneracionismo 5.5. El pasado reciente

91 93 97 99 103 108 115 117 134 137 143 145 155 172 190 204 226

6.

Sociedad y población actual
6.1. Estructura y dinámica demográfica 6.2. Nivel de renta 6.3. Actividad económica

7.

Medio físico
7.1. El relieve 7.2. El clima 7.3. Geología 7.4. Geomorfología 7.5. Los suelos 7.6. El agua

8
Cortijo en el sureste de Jaén. MY

Índice

8.

Comunidades bióticas y biodiversidad
8.1. Vegetación y flora 8.2. Hábitats de interés comunitario 8.3. Fauna

261 267 328 345 429 455 463 481 487 489 500 515 517 540 550 570 578 588 597 598 602 603 623 625 635 660 663

9.

Usos del suelo y su evolución histórica reciente (1956-2003)

10. Los procesos de desertificación
10.1. Los procesos de desertificación en el Altiplano 10.2. Implicaciones ambientales y socioeconómicas de la desertificación

11. Paisajes y geodiversidad
11.1. Paisaje 11.2. Geodiversidad

12. Actividades económicas
12.1. Agricultura 12.2. Ganadería 12.3. Aprovechamientos tradicionales 12.4. Productos de calidad 12.5. Sector industrial y terciario vinculado a la estepa 12.6. Nuevas tendencias: las energías renovables

13. Los montes públicos: un espacio de referencia
13.1. Evolución histórica del monte público 13.2. Función del montes público 13.3. Montes públicos en el Altiplano

14. Diagnosis territorial y biodiversidad: el Valor de Conservación
14.1. Marco conceptual y metodológico 14.2. Resultados 14.3. Sectorización del territorio e implicaciones para su planificación 14.4. Actualización y manejo del modelo

15. Medidas para una estrategia de gestión del Altiplano estepario y sus montes públicos 16. Referencias bibliográficas

665 693

Altiplano estepario

Proximidades del monte público Cortijo Conejo. JC

El Altiplano, tierra dura. He aquí un vasto territorio, también conocido como la hoya, de Guadix, de Baza, de Huéscar y sus prolongaciones, en continuidad común del gran surco Intrabético. Y es en este aparente antagonismo semántico, donde el territorio encuentra su más perfecta dimensión geográfica. Así es el Altiplano. Por un lado, espacio predominantemente llano y dispuesto a notable altura sobre el nivel del mar, mientras que por otro, constituye también hoya, depresión intramontana circundada por unas sierras con respecto a las cuales queda, ciertamente, a muy inferior cota. Cementerio de

cumbres, en palabras de la poetisa Celia Viñas, almeriense de vocación... Prefiriendo aquí el nombre que describe aquello que el territorio es en sí mismo, antes que aquel que designa lo que resulta respecto al medio circundante, en cualquier caso el Altiplano ha sido y sigue siendo uno de los principales y más extensos espacios de índole esteparia en el contexto europeo, una estepa tempranamente reconocida como tal desde los pioneros estudios sobre este tipo de medios en la Península Ibérica (Willkomm, 1896; Reyes-Prósper, 1915; Cuatrecasas, 1929).

Se me muere esta tierra entre las manos con vocación de luna deshojada, cementerio de cumbres, tierra dura donde sólo las rocas sueñan sangre y en los barrancos humedad de axila...
Celia Viñas

El Altiplano es estepa interior y aunque aún pobremente conocido y reconocido, atesora, ya se ha escrito, una elevada singularidad y diversidad ecológica, geomorfológica y paisajística. Ello no es sino el resultado ancestral de una sinergia de hostilidades biogeográficas, climáticas y edafológicas, a las que se añade el intenso uso humano del territorio. Un uso vehemente y antiquísimo, pues no en vano de aquí proceden los primeros registros conocidos sobre el poblamiento humano de Andalucía. Ahora bien, la historia natural y humana del Altiplano, sustancialmente similar durante siglos, ha experimentado

cambios muy importantes en las últimas décadas. Buena parte de esta evolución es necesaria e ineludible por orientada al desarrollo de uno de los territorios más desfavorecidos socioeconómicamente de Andalucía. Pero algunos de tales cambios, sin embargo, vienen arrastrando consigo la pérdida, en gran medida irreversible, de una parte de los valores naturales más importantes del Altiplano. Y es precisamente para intentar conjugar ambos factores, conservación y desarrollo, el motivo por el que la Consejería de Medio Ambiente gesta y propone el Programa de Conservación, Protección y Restauración del Altiplano Estepario.

Atardecer en el sureste de Jaén. JM

Objetivos

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Objetivos
“Cuando salgo a los surcos, cuando llevo simiente, cuando el niño me sigue con la lleta del trigo, cuando un hombre de esparto a mi canción se enrola”
Julio A. Egea

Abejaruco. JM

El objetivo general del Programa de Conservación, Protección y Restauración del Altiplano estepario es contribuir a preservar la integridad ecológica y los valores naturales de este territorio de forma compatible con su desarrollo sostenible, mediante la puesta en valor de sus funciones ecológicas, paisajísticas e histórico-culturales. En desarrollo de este planteamiento general, se establecen los siguientes objetivos particulares: 1. Delimitar geográfica y administrativamente el Altiplano, como unidad biogeográfica y de gestión territorial. Describir las principales características del poblamiento humano del Altiplano en lo relativo a sus circunstancias históricas, culturales, sociales y económicas, así como la evolución reciente y las perspectivas futuras en los usos del territorio. Realizar una descripción y caracterización del medio natural en el ámbito del Programa, con especial atención a los aspectos climáticos, orográficos, geomorfológicos, edafológicos, hidrológicos, faunísticos, botánicos, forestales y a los procesos de desertificación. Revisar y sintetizar el estado actual de conocimiento sobre los valores naturales más importantes de la zona, especialmente acerca de la distribución y los requerimientos ecológicos de aquellos elementos considerados prioritarios en la normativa comunitaria y/o actualmente en procesos de rarefacción, así como de los elementos singulares del paisaje.

2.

3.

4.

42

Objetivos

5.

Poner a punto un modelo matemático de valorización relativa del territorio, capaz de identificar las zonas de mayor relevancia desde el punto de vista de la conservación de la biodiversidad y su grado de amenaza. Sectorizar el territorio y delimitar áreas de espacial sensibilidad en función de la riqueza, diversidad y vulnerabilidad de los elementos anteriores, con especial atención a los montes públicos integrados en el ámbito del Programa. Delimitar posibles acciones encaminadas a la protección, conservación y gestión de las estepas semiáridas de este contexto geográfico, considerando distintos niveles de actuación en función de las características de los diferentes sectores. Promover la contribución de las diferentes administraciones, agentes sociales y propietarios implicados, fomentando su participación conjunta en las actuaciones de conservación y puesta en valor de los elementos paisajísticos, ecológicos y culturales del Altiplano. Promover la búsqueda de fuentes de financiación externas a Andalucía para la conservación y el aprovechamiento sostenible de tales recursos.

6.

7.

8.

9.

10. Diseñar un marco estratégico que sintetice todo lo anterior y que, encajado en los grandes Planes y Estrategias de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, sirva de documento de referencia para el desarrollo de políticas y acciones posteriores.

Cultivos y cárcavas en la hoya de Guadix. JH

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Niño jugando en un acúmulo de esparto recolectado, Jódar. MY

Marco metodológico

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Marco metodológico

“Hasta borrarse en el cielo, suben las alondras. ¿Quién puso plumas al campo? ¿Quién hizo alas de tierra loca? “
Antonio Machado

La metodología y las referencias concretas empleadas en cada una de las aproximaciones realizadas en el presente trabajo se exponen en los respectivos capítulos. Ahora bien, en general el desarrollo del Programa se ha articulado en torno a tres fases complementarias y sucesivas. Éstas han sido la colecta de información, el tratamiento de la misma y el diseño de un documento estratégico.

Fase A: Colecta de información
Además de la información publicada sobre los distintos aspectos abordados en el Programa, se han utilizado, a su vez, tres canales básicos de obtención de información: Principalmente se han recopilado todos los documentos e información preexistente en la Consejería de Medio Ambiente, a través de sus distintos servicios estructurales y programas de conservación o gestión, en lo relativo al medio físico, comunidades bióticas y biodiversidad, paisaje, espacios naturales protegidos, usos del suelo, manejo forestal y montes públicos. También se ha recopilado información en otras Consejerías y órganos de la Junta de Andalucía y otras administraciones, fundamentalmente en los aspectos relativos al contexto histórico y socioeconómico, agricultura, ganadería e instrumentos financieros de desarrollo local.

Cynomorium coccineum. CPS

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Marco metodológico

De forma complementaria, se han realizado prospecciones de campo orientadas al mejor conocimiento del medio, así como de las peculiaridades locales concretas y su potencial utilidad para el desarrollo local. Cuando se entendió necesario, se ha contado igualmente con expertos externos que asesoraron sobre determinados aspectos del Programa de Conservación, en especial aquellos elementos singulares que podían condicionar la sectorización del territorio.

Saladar de El Margen. FMB

Fase B: Tratamiento de la información
En primer lugar, tanto para la integración geográfica de la información como para su tratamiento, se ha desarrollado un sistema de información geográfica cuyas características se describen en un anexo a esta obra, denominado “Propuesta metodológica para la creación de un SIG”. Por otro lado, se ha diseñado un indicador sintético desde el punto de vista del valor relativo de conservación del territorio. Para ello se han establecido y ponderado los parámetros implicados, integrando geográficamente el valor correspondiente a los mismos sobre cuadrículas de 1x1 km. Finalmente se ha sectorizado

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

el territorio en función de los valores obtenidos mediante este indicador.

Fase C: Diseño de documento estratégico
En base a la recopilación y el tratamiento de la información, se ha diseñado una propuesta estratégica integrada por un conjunto de directrices sobre conservación de la biodiversidad y la geodiversidad, espacios naturales, política forestal, agricultura, ganadería, paisaje, agua, turismo rural, otros usos y aprovechamientos y, en general, todas aquellas nuevas posibilidades y enfoques orientados a la puesta en mayor valor de los ecosistemas y paisajes comprendidos en el ámbito de estudio. En este sentido se han desarrollado planteamientos estratégicos previamente consignados en instrumentos de planificación como la Estrategia Andaluza de Desarrollo Sostenible y el Plan de Medio Ambiente de Andalucía, de manera que la presente propuesta quedara integrada en estos, como referente previo que son para las políticas de conservación y desarrollo de la Junta de Andalucía. En definitiva, como resultado del Programa se ha pretendido obtener, por un lado, una diagnosis fina del Altiplano, en especial de aquellos hábitats y especies amenazadas, así Artesana tejiendo una sombrilla de esparto. MY como de los elementos vinculados a la estepa semiárida, como circunstancia identitaria y singular del territorio desde el punto de vista ecológico, social y cultural. Por otro, una sectorización territorial del Altiplano en función de su sensibilidad e importancia para la conservación de la biodiversidad, factor de utilidad para el gestor del medio natural en cuanto elemento de juicio en análisis posteriores sobre la procedencia de otros programas, proyectos y obras. Y por último, quizá lo más importante, ofrecer también una propuesta estratégica de referencia para la gestión territorial de este espacio geográfico andaluz, especialmente en todos aquellos aspectos que resultan del ámbito competencial directo de la Consejería de Medio Ambiente.

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Marco metodológico

Figura 2.1. Secuencia metodológica para el desarrollo del Programa de Conservación, Protección y Restauración

FASE A: COLECTA INFORMACIÓN

FASE B: TRATAMIENTO INFORMACIÓN

FASE C: DISEÑO DOCUMENTO ESTRATÉGICO

Prospección de campo

Expertos

RESULTADO 1: Caracterización y diagnosis general del Altiplano

RESULTADO 3: Documento de directrices de gestión para la Conservación, Protección y Restauración del Altiplano.

Información preexistente

RESULTADO 2: Delimitación de zonas de importancia para la conservación de la biodiversidad en el Altiplano

Plebejus pylaon hespericus. JO

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Vista aérea de parte de la hoya de Baza. JH

Límites del ámbito de estudio

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Límites del ámbito de estudio

¿Hacia dónde viajan los límites de un paisaje? ¿Qué palabra ondula frente al ojo que intenta describirlo, hacerlo sentido a partir de la reanudación de la memoria? El llano tiene la ventaja de perderse en su extensión: alisa la mirada y la perturba. Siempre retorna polvoriento al mismo sitio.
Alberto Hernández Cobo.

El Altiplano es una depresión situada en el extremo oriental del surco Intrabético, que comprende los territorios de la hoya de Guadix-Baza, adentrándose por el norte en el valle del Guadiana Menor hacia Jaén, y hacia Almería por sus prolongaciones naturales de Fiñana, Serón y Chirivel. Se trata de un conjunto geográfico caracterizado por su relieve relativamente suave, en vivo contraste con el cinturón de sierras béticas que lo circundan, y por su elevada altitud media, que oscila entre los 600 y 1.300 m.s.n.m.

3.1. Límites geográficos
Una vez aplicados los criterios técnicos para la definición geográfica del Altiplano, los límites del ámbito de estudio resultan los siguientes: En el Noroeste, el Altiplano penetra en la provincia de Jaén a través de la depresión del río Guadiana Menor. Este extremo limita al oeste con las sierras de La Golondrina y La Cruz, en Sierra Mágina, llegando casi hasta la misma ciudad de Jódar; la parte más norteña coincide con la carretera A-322, y al este con el mismo Guadiana Menor. En dirección este, se encuentra la única excepción de solapamiento con un Parque Natural. Esto sucede en terrenos de cuatro montes públicos incluidos dentro del Parque Natural Sierra de Cazorla, Segura y Las Villas, en concreto: “Terrenos comunales” y “Cerro de Hinojares” del Ayuntamiento de Hinojares, y “Peñas de Caja” y “Grupo de Montes de Cumbres de Poyatos” del Ayuntamiento de Huesa. Continuando hacia el este, el Altiplano limita con la Sierra del Pozo y Sierra de Castril (ambas Parques

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Límites del ámbito de estudio

Naturales), así como por un continuo de sierras no incluidas en espacios naturales protegidos como son las de Duda, de Moncayo, de la Sagra, Bermeja, Montilla, de Jureña, de Alcatín y de los Tornajos. La parte más oriental está delimitada de norte a sur por la Sierra del Oso, Sierra Áspera y Sierra de la Zarza, todas ellas muy cercanas a la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia. Al sur el Altiplano limita con Sierra Nevada, Sierra de Baza, Sierra de Gor, Sierra de las Estancias, Filabres y Orce, así como con Sierra María, con la excepción de los tres pasillos que se abren hacia el Mediterráneo por la provincia de Almería. El pasillo más occidental transcurre entre Sierra Nevada y la Sierra de Baza por Dólar, Huéneja y Fiñana, terminando en terrenos de los municipios de Abla y Abrucena. El central, se encuentra entre la Sierra de Baza y Filabres por un lado, y la Sierra de Lúcar y de las Estancias por otro, incluyendo municipios tales como Alcóntar, Serón o Tíjola. El último y más oriental es el localizado entre la Sierra de las Estancias al sur y la Sierra de Orce y Sierra María al norte, a través de Chirivel, Vélez-Rubio y Vélez Blanco. Por el oeste, el límite del Altiplano lo conforma, a grandes rasgos, la línea de núcleos de población constituida por Guadahortuna, Torre-Cardela, Moreda (Morelábor), Darro, Diezma y La Peza, estos últimos en la base de las sierras de Arana y Huétor.

Sierra Nevada cierra al Sur el Altiplano y tiene una especial relevancia en la climatología actual del territorio. JMD

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Delimitación geográfica del Altiplano estepario

Fuente: Ortoimagen del satélite SPOT HRVIR. Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía, 2005

Límite del Altiplano Límite autonómico Límite provincial

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Límites del ámbito de estudio

3.2. Ámbito administrativo
Todos estos territorios se extienden sobre una superficie de 485.288 hectáreas, en su mayor parte correspondientes a la provincia de Granada, pero englobando también terrenos de Jaén y Almería (Tabla 3.1.). Ello supone algo más del cinco por ciento de la superficie total de la comunidad autónoma andaluza.
Tabla 3.1. Provincias con superficie incluida
ÁMBITO SUP. TOTAL (ha) SUP. DEL ALTIPLANO (ha) % DEL ÁMBITO % SUP. DEL ALTIPLANO

ALMERÍA GRANADA JAÉN

876.900 1.263.500 1.348.400

50.863 380.647,6 53.777,4

5,80 30,12 3,98

11,08 78,44 10,08

ANDALUCíA

8.759.700

485.288

5,55

100
Fuente: Elaboración propia.

La ubicación del Altiplano lo convierte en zona de tránsito desde Andalucía hacia el levante ibérico, lo que permite establecer interesantes relaciones económicas a través de las principales vías de comunicación. Esto se realiza fundamentalmente a través de la autovía A-92 que une la capital andaluza con la ciudad de Almería, pasando por Guadix y el pasillo de Fiñana; así como su ramal A-92 N que partiendo de Guadix, pasa por Baza y el pasillo de Chirivel hasta confluir finalmente con la autovía del Mediterráneo A7, que vertebra todo el Levante. El pasillo central que comunica el Altiplano con Almería por Serón y Tíjola también presenta una vía de comunicación importante, la A-334, carretera de la red autonómica andaluza que une Baza con la autovía del Mediterráneo y la costa almeriense. Entre las provincias y los municipios existe una demarcación territorial intermedia, la comarca. Se trata de una unidad administrativa que representa a una agrupación de municipios limítrofes con características geográficas, económicas, sociales e históricas afines (Ley Orgánica 2/2007, de 19 de marzo, de reforma del Estatuto de Autonomía para Andalucía). El Altiplano además de ocupar parte de tres provincias se extiende por un total de diez de estas comarcas, tres de las cuales, las de Baza, Guadix y Huéscar (Tabla 3.2.), representan en su conjunto más de dos tercios de la superficie total de éste. En estas diez comarcas y dentro de los límites del Altiplano se localizan un conjunto de 72 municipios (total o parcialmente incluidos), de los cuales 52 pertenecen a la provincia de Granada, 10 a Almería y otros 10 a Jaén. De los 72 municipios tan solo 18 están completamente contenidos en el Altiplano, todos ellos en Granada. En Jaén, sólo Hinojares y Huesa superan el 80 por ciento de superficie municipal incluida, y en Almería únicamente María supera el 70 por ciento de inclusión (Tabla 3.3.). No obstante, todos los municipios no son igualmente representativos, existiendo una amplia variación en el porcentaje de superficie municipal incluida en el Altiplano, con casos como el de Píñar (3,39%) o Peal de Becerro (0,01%), que tienen una ínfima representación en el ámbito de estudio. Desde el punto de vista del

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Tierras de María en el extremo nororiental del Altiplano, cerrado por las sierras del Oso y Áspera. JMD

tratamiento estadístico (p.e. análisis demográficos, económicos, cinegéticos, etc), ello supone un problema pues estos municipios con una baja proporción de superficie incluida con respecto a su término municipal, generan “ruido” en el tratamiento estadístico y desvían los valores medios hacia lo que realmente son otros contextos geográficos. Sirva como ejemplo el caso del municipio de Úbeda que, con una baja proporción de superficie incluida (2,17%), presenta además considerables diferencias paisajísticas (VV.AA., 2005) y socioeconómicas con el resto del territorio.
Tabla 3.2. Relación de las comarcas y municipios con superficie incluida en el Altiplano
PROVINCIA COMARCA % ALTIPLANO MUNICIPIOS

ALMERÍA

ALTO ALMANZORA LOS VéLEZ RÍO NACIMIENTO BAZA GUADIx

1,97 7,65 0,87 24,88 24,68

Alcóntar, Lúcar, Serón, Tíjola Abla, Abrucena, Fiñana Chirivel, María, Vélez Blanco, Vélez Rubio Baza, Benamaurel, Caniles, Cortes de Baza, Cuevas del Campo, Cúllar, Freila, Zújar Albuñán, Aldeire, Alicún de Ortega, Alquife, Beas de Guadix, Benalúa de Guadix, Cogollos de Guadix, Cortes y Graena, Darro, Dehesas de Guadix, Diezma, Dólar, Ferreira, Fonelas, Gor, Gorafe, Guadix, Huélalo, Huéneja, Jérez del Marquesado, La Calahorra, La Peza, Lanteira, Lúgros, Marchal, Polícar, Purullena, Valle del Zalabí, Villanueva de las Torres Castilléjar, Castril, Galera, Huéscar, Orce, Puebla de Don Fadrique Alamedilla, Gobernador, Guadahortuna, Montejícar, Morelábor, Píñar, Pedro Martínez, Torre-Cardela Úbeda Hinojares, Huesa, Peal de Becerro, Pozo Alcón, Quesada Cabra de Santo Cristo, Huelma, Jódar, Larva
Fuente: Elaboración propia.

GRANADA

HUéSCAR IZNALLOZ

20,54 8,32

JAÉN

LA LOMA SIERRA DE CAZORLA SIERRA MÁGINA

0,18 7,39 3,52

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Límites del ámbito de estudio

Situación comarcal y municipal

Fuente: Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía, 2004

Límite del Altiplano Límite autonómico Límite provincial

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Con el fin de evitar que este tipo de municipios, con escasa representación territorial en el Altiplano, participen de determinados análisis, se han estimado dos criterios de consideración en este ámbito. Tales criterios son: Tener al menos el 20% de su término municipal incluido dentro de los límites del Altiplano. Tener al menos 3.000 ha dentro del Altiplano, aún cuando esta superficie resulte inferior al 20% del término municipal.
Tabla 3.3. Municipios con superficie incluida en el Altiplano
PROVINCIA MUNICIPIOS SUP. MUNICIPAL (ha) SUP. INCLUIDA (ha) % MUNICIPAL INCLUIDO ALTITUD (m.s.n.m.)

ALMERÍA

Abla * Abrucena * Alcóntar Chirivel Fiñana Lúcar * María Serón Tíjola Vélez-Blanco Vélez-Rubio Alamedilla Albuñán Aldeire Alicún de Ortega Alquife Baza Beas de Guadix Benalúa Benamaurel Caniles Castilléjar Castril Cogollos de Guadix Cortes de Baza Cortes y Graena Cuevas del Campo Cúllar Darro Dehesas de Guadix Diezma

4.530,61 8.285,62 9.362,29 19.706,28 13.455,84 9.508,98 22.500,26 16.652,42 7.019,67 44.109,34 28.240,71 9.039,40 857,85 6.989,16 2.281,42 1.208,05 54.524,14 1.613,17 733,55 12.733,82 21.674,48 13.174,50 24.665,68 3.010,07 14.043,65 2.224,97 9.663,12 42.722,58 4.989,65 7.167,75 4.198,66

652,21 736,02 2.426,74 6.796,65 2.843,71 145,53 16.777,71 5.444,71 1.519,96 9.605,77 3.938,26 9.039,40 857,85 2.499,51 2.281,42 874,36 21.300,51 1.613,17 733,55 12.733,82 16.471,96 13.174,50 9.577,91 1.580,54 13.909,31 2.200,29 9.663,12 30.467,35 3.147,21 7.167,75 850,54

14,40 8,88 25,92 34,49 21,13 1,53 74,57 32,70 21,65 21,78 13,95 100,00 100,00 35,76 100,00 72,38 39,07 100,00 100,00 100,00 76,00 100,00 38,83 52,51 99,04 98,89 100,00 71,31 63,07 100,00 20,26

861 978 959 1.034 950 895 1.194 822 693 1.070 847 862 1.120 1.297 709 1.191 844 950 886 719 911 792 890 1.135 701 971 855 897 1.120 681 1.230

GRANADA

* municipios que no cumplen los criterios indicados, a efectos de su inclusión en los análisis socioeconómicos.
Fuente: Elaboración propia.

58

Límites del ámbito de estudio

PROVINCIA

MUNICIPIOS

SUP. MUNICIPAL (ha)

SUP. INCLUIDA (ha)

% MUNICIPAL INCLUIDO

ALTITUD (m.s.n.m.)

GRANADA (cont.)

Dólar Ferreira Fonelas Freila Galera Gobernador Gor Gorafe Guadahortuna Guadix Huélago Huéneja Huéscar Jérez del Marquesado * La Calahorra Lanteira Lugros * Marchal Montejícar * Morelábor Orce Pedro Martínez La Peza Píñar * Polícar Puebla de Don Fadrique Purullena Torre-Cardela Villanueva de las Torres Zújar Valle del Zalabí Cabra del Santo Cristo Hinojares Huelma * Huesa Jódar Larva Peal de Becerro * Pozo Alcón Quesada Úbeda *

7.818,04 4.348,48 9.627,55 5.980,96 11.732,57 2.292,09 18.151,56 7.703,67 12.001,77 31.696,33 3.266,26 11.652,47 46.814,42 8.270,00 3.965,94 5.297,68 6.322,86 776,59 8.905,18 3.857,25 32.407,84 13.751,78 10.125,48 12.628,62 551,16 52.257,50 2.987,33 1.453,02 6.609,71 10.214,60 10.785,02 18.655,31 4.075,54 24.987,13 13.718,38 14.904,08 4.235,91 14.698,09 13.862,70 32.828,16 40.179,21

3.221,50 2.056,39 9.627,55 5.980,96 11.347,73 2.215,32 7.074,19 7.703,67 9.107,48 30.517,74 3.057,33 6.653,57 19.267,04 1.297,68 3.690,31 1.222,10 549,20 776,59 1.609,00 3.381,65 23.846,81 13.751,78 3.717,11 427,80 551,16 22.427,66 2.987,33 934,03 6.609,71 10.214,60 4.597,94 8.610,38 3.673,07 2.759,25 11.277,33 3.274,85 2.531,54 0,82 9.405,21 11.425,82 873,12

41,21 47,29 100,00 100,00 96,72 96,65 38,97 100,00 75,88 96,28 93,60 57,10 41,16 15,69 93,05 23,07 8,69 100,00 18,07 87,67 73,58 100,00 36,71 3,39 100,00 42,92 100,00 64,28 100,00 100,00 42,63 46,16 90,12 11,04 82,21 21,97 59,76 0,01 67,85 34,80 2,17

1.209 1.258 810 822 843 1.035 1.238 855 952 949 913 1.158 953 1.229 1.192 1.278 1.250 905 1.137 1.090 928 1.035 1.055 950 1.156 1.164 935 1.214 633 775 1.011 942 675 981 655 647 720 550 854 676 735

JAÉN

* municipios que no cumplen los criterios indicados, a efectos de su inclusión en los análisis socioeconómicos.
Fuente: Elaboración propia.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Situación municipal tras la aplicación de los criterios de representatividad territorial

Fuente: Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía, 2004

Municipios excluidos Municipios parcialmente incluidos Municipios incluidos totalmente

Límite del Altiplano Límite autonómico Límite provincial Municipios

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Límites del ámbito de estudio

Una vez aplicados estos criterios se obtiene un total de 62 municipios territorialmente representativos, en base a los cuales se realizarán los tratamientos estadísticos relativos al medio humano y socioeconómico (Tabla 3.3.). De estos municipios, 48 pertenecen a Granada, 7 a la provincia de Almería y otros 7 a la de Jaén. En cualquier caso, los límites físicos al resto de efectos son los que han sido anteriormente expuestos en el apartado 3.1.

El pasillo entre las sierras de Mágina y Cazorla, surcado por el río Guadiana Menor, constituye la contribución giennense al Altiplano estepario. MY

61

La zona más árida del Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas foma parte del Altiplano. JLS

Figuras de protección del territorio

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Figuras de protección del territorio

“Dame retama amarga hiel de tus leñosas venas para mezclar el vino de mi sangre roja. Dame, esparto de tu lanza cruel que al cielo hiere el aguijón que despierte mi cansado cuerpo.”
Juan J. Alarcón

La gran diversidad biológica, geológica y paisajística de Andalucía dota a esta región de uno de los patrimonios naturales más ricos y mejor conservados de Europa. Dicha diversidad y la posibilidad de compatibilizar la conservación de la naturaleza con el aprovechamiento ordenado de los recursos naturales y el desarrollo económico, fueron motivos suficientes para que en 1989 se creara la Red de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía (RENPA) con la publicación de la Ley 2/1989, de 18 de julio, por la que se aprueba el Inventario de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía y se establecen medidas adicionales para su protección. Este inventario incluye las figuras de la normativa estatal entonces vigente (Ley 4/1989, de 27 de marzo, de Conservación de los Espacios Naturales y de la Flora y Fauna Silvestre) como Parques, Reservas Naturales, Monumentos Naturales y Paisajes Protegidos, así como otras tres figuras propias, Paraje Natural, Parque Periurbano y Reserva Natural Concertada. Además, en el contexto normativo andaluz las figuras legales de protección de la RENPA se complementan con la figura legal denominada “Zonas de Importancia Comunitaria (ZIC)” de acuerdo con la modificación del artículo 2 de la Ley 2/1989, producida mediante el artículo 121 de la Ley 18/2003. Esta nueva figura legal corresponde a todos los espacios naturales protegidos que integran la Red “Natura 2000” en Andalucía. La denominada Red Natura 2000 se configura como una red ecológica europea de Zonas Especiales de Conservación (ZEC) y su creación viene establecida en la Directiva 92/43/CEE del Consejo de 21 de mayo, relativa a la conservación de hábitats naturales y de la fauna y flora silvestres, conocida como Directiva Hábitats. Además ésta recoge expresamente la integración en la Red Natura 2000 de las Zonas Especiales de Protección para Aves (ZEPA) ya clasificadas como tal o las que se clasifiquen en un futuro en virtud de la Directiva 79/409/CEE del Consejo, de 2 de abril de 1979, relativa a la Conservación de las Aves Silvestres, conocida con Directiva Aves.

64

Figuras de protección del territorio

4.1. Espacios Naturales Protegidos
Hoy en día, la RENPA se configura como un sistema integrado y unitario de todos los espacios naturales ubicados en el territorio de la Comunidad Autónoma de Andalucía que gocen de un régimen especial de protección en virtud de la normativa autonómica, estatal y comunitaria, o de convenios y normativas internacionales. Además, puede incardinarse, total o parcialmente, en otras redes similares de ámbito territorial superior, ya sean nacionales o internacionales. La RENPA es la red de carácter regional de espacios protegidos más importante en número y superficie de la Unión Europea. Está constituida, en 2007, por 150 espacios protegidos entre Parques Nacionales (2), Parques Naturales (24), Parques Periurbanos (21), Parajes naturales (32), Paisajes Protegidos (2), Monumentos Naturales (37), Reservas Naturales (28) y Reservas Naturales Concertadas (4), en los que se encuentran los ecosistemas más representativos del territorio andaluz.
Tabla 4.1. Relación de Espacios Naturales Protegidos
FIGURA DENOMINACIÓN SUPERFICIE (ha) SUPERFICIE INCLUIDA ALTIPLANO (ha) % INCLUIDO ALTIPLANO

MONUMENTO NATURAL PARQUE NATURAL

Peña de Castril Cárcavas de Marchal Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas

3,5 5,2

3,50 5,20

100,00 100,00

209.920,0

4.650,02

2,21

209.928,7

4.658,72

2,21

Fuente: Datos obtenidos de la Consejería de Medio Ambiente, 2007. Elaboración propia.

Los Monumentos Naturales son espacios o elementos de la naturaleza constituidos básicamente por formaciones de notoria singularidad, rareza o belleza, así como las formaciones geológicas, yacimientos paleontológicos y demás elementos de la gea que reúnan un interés especial por la singularidad o importancia de su valores científicos, culturales o paisajísticos (Ley 4/1989, de Conservación de los Espacios Naturales y de la Flora y Fauna Silvestre). En el territorio se localizan dos Monumentos Naturales, uno en Castril y otro cercano a Guadix (Tabla 4.1.), ambos dentro de los límites del Altiplano. El ámbito de estudio está rodeado por un conjunto de sierras que mayoritariamente se corresponden con espacios naturales protegidos, en concreto siete: P. N. Sierra de Huétor, P. N. Sierra Mágina, P. N. Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, P. N. Sierra de Castril, P. N. Sierra María – Los Vélez, P. N. Sierra de Baza y el Espacio Natural de Sierra Nevada. La unidad paisajística del Altiplano estepario considerado en el Atlas de los Paisajes de Andalucía (Moreira et al., 2005) se solapa con cinco de ellos, si bien y tras aplicar los criterios de delimitación de este proyecto únicamente un Parque Natural está incluido dentro de sus límites, el de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas. Otros cuatro (Sierra de Castril, Sierra María - Los Vélez, Sierra de Baza y Sierra Nevada) conforman parte del límite del ámbito de estudio, y otros dos quedan en su inmediata periferia (Mágina y Huétor).

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

MONUMENTO NATURAL PEÑA DE CASTRIL
Formación geológica de notoria singularidad y belleza asentada en la margen izquierda del río Castril, en el extremo nordeste de la provincia de Granada. La Peña se levanta sobre el casco urbano de Castril y estrechamente vinculada con éste, por lo que la evolución conjunta de los elementos naturales y humanos ha propiciado que ambos aspectos se encuentren totalmente integrados en el paisaje. En la cota máxima de la Peña de Castril, se encuentran las ruinas de un castillo árabe, situado a más de cien metros de altura sobre el pueblo, desde donde se disfrutan de unas excelentes vistas de la homónima sierra y de buena parte del Altiplano. El espacio natural protegido ocupa aproximadamente de 3,5 ha de este municipio.

Peña y pueblo de Castril. JC

MONUMENTO NATURAL CÁRCAVAS DE MARChAL
Es una formación arcillosa caracterizada por sus formas acarcavadas, producto de la acción erosiva del agua sobre los sedimentos blandos previamente depositados, en su mayoría arcillas y limos. Debido a la escasa vegetación, a las lluvias de tipo torrencial frecuentes en la zona y al consiguiente arrastre de materiales, fue creándose un paisaje de barrancos, regueras y profundas zanjas denominadas cárcavas. Estas peculiares formaciones de tonalidades marrones, ocres y verdes constituyen un conjunto de gran atractivo visual Además, su estructura ha sido históricamente horadada por el hombre, quién construyó viviendas trogloditas así como almacenes de grano y otros materiales. Este Monumento cuenta con una superficie de 5,2 hectáreas íntegramente en el término municipal de Marchal.

Cárcavas de Marchal. JLV

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Figuras de protección del territorio

Parque Natural Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas
Se trata del espacio natural protegido más extenso de España, con una superficie de 209.920 ha. De tal extensión participan un total de 23 municipios cuya población se eleva casi a 90.000 habitantes. Está situado en el nordeste de la provincia de Jaén, y une el sector oriental de Sierra Morena con el sistema Subbético que lo conforma en su gran mayoría. El Parque es nacimiento oficial de dos de los ríos más importantes de la Península Ibérica: el Guadalquivir, que vierte sus aguas en el Atlántico, y el Segura, que lo hace en el Mediterráneo. La importancia de este espacio reside en los bosques de quercíneas extendidos por todo el Parque Natural, desde las cotas inferiores hasta los 1750 m y en todos los tipos de hábitats, desde los de suelo más pobre y clima más árido, hasta los de suelo de máxima calidad y clima mesófilo, que sirven de protección a una amplia flora endémica entre la que sobresalen Viola cazorlensis, Aquilegia cazorlensis, Geranium cazorlense, Erodium cazorlanum, Erodium astragaloides, Hormathophylla spinosa, Erysimun cazorlense y Narcissus longispathus, sumando hasta un total de 24 especies endémicas. Este Parque Natural es el único que presenta parte de su territorio incluido dentro de los límites descritos para el Altiplano (apartado 3.1.). En concreto 4.650 ha en el sector más suroccidental, en torno al municipio de Hinojares, lo cual supone poco más del 2% del Parque Natural. Esta superficie incluida del Parque se corresponde con la zona más árida del espacio.

El Altiplano se solapa con el P.N. de Cazorla, Segura y Las Villas en las zonas más áridas de éste. MY

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Parque Natural Sierra de Castril
El Parque Natural de la Sierra de Castril, ubicado al oeste del apéndice nororiental de la provincia de Granada, forma parte de la cordillera oriental del sistema Subbético andaluz. Abarca 12.696 ha y se encuentra en su totalidad en el término municipal de Castril, contando con una población aproximada de 3.150 habitantes. La principal característica de este espacio natural es su espectacular relieve, fruto de la naturaleza caliza del suelo, las numerosas precipitaciones en las cumbres y la acción de las aguas corrientes. Esto permite la concurrencia de ecosistemas acuáticos con abundantes saltos, cascadas y cuevas, como la de San Fernando, que tiene las galerías de mayor longitud y profundidad de la provincia de Granada, o la Cueva del Muerto, donde se pueden contemplar notables formaciones de estalactitas y estalagmitas. Sobre su abrupta topografía crece una vegetación dominada, en las zonas bajas, por especies del género Quercus, encina fundamentalmente, y por masas de pino carrasco, las cuales son sustituidas por quejigos, fresnos y arces en las áreas más húmedas. El pino salgareño domina las partes altas de la sierra, dejando paso, a su vez, a la sabina rastrera y a las comunidades de tipo almohadillado-espinoso o piornales en las crestas y roquedos.

Parque Natural Sierra María - Los Vélez
Se encuentra situado en el extremo oriental andaluz del sistema Bético, en la provincia de Almería. Cuenta con una superficie de 22.562 ha distribuidas entre 4 municipios y con una población total aproximada de unos 12.000 habitantes. Esta sierra presenta una estructura masiva y alargada que se levanta como una isla, constituyendo una zona boscosa de altísimo interés, por el contraste que ofrece con el entorno inmediato de la provincia. Estas formaciones forestales son las mejor conservadas de la provincia de Almería, con rodales de vegetación arbustiva y subarbustiva y cultivos agrícolas dando lugar a una alta variedad de hábitats que enriquecen la comunidad faunística presente en el espacio. Destaca el grupo de los invertebrados con 244 taxones censados, de los que un 15% son endémicos en distinto grado, así como su elevado interés desde el punto de vista florístico, con numerosos endemismos locales, béticos y manchego levantinos debido a su ubicación biogeográfica. También son destacables los yacimientos arqueológicos del Paleolítico y Neolítico, así como las pinturas rupestres del Parque.

Parque Natural Sierra de Baza
El Parque Natural Sierra de Baza está constituido por un macizo montañoso situado al nordeste de la provincia de Granada que se prolonga por Almería a través de la Sierra de los Filabres, formando un conjunto paralelo a Sierra Nevada por su cara nordeste. Posee una superficie de 53.649 ha aportadas por cinco municipios, con una población total aproximada de 30.000 habitantes.

68

Figuras de protección del territorio

Esta sierra constituye una mole con altitudes superiores a los 2.000 m, que se eleva por encima del Altiplano, participando por su ubicación de los endemismos béticos filábrides y nevadenses. El Parque encierra entre sus límites amplias y densas masas arboladas de pinares autóctonos de pino silvestre (Pinus sylvestris) y pino negral (Pinus nigra salzmannii) y, en menor medida, encinares mezclados con rodales y manchas mixtas de bosque caducifolio de acerales (Acer opalus subsp. granatense) y serbales (Sorbus aria). Asimismo, se pueden encontrar tejos relícticos en peligro de extinción (Taxus baccata), acompañados por matorral almohadillado de alta montaña y formaciones rastreras de sabina y enebro junto a pastizales en las zonas de mayor cota. También, son de gran interés los hallazgos arqueológicos, testimonio de su intenso y antiguo poblamiento.

Espacio Natural de Sierra Nevada
Se encuentra entre las provincias de Granada y Almería, en pleno corazón de la cordillera Penibética. Comprende un gran número de municipios, un total de 60 entre ambas provincias. Es uno de los espacios naturales protegidos más extensos de Andalucía, pues cuenta con una superficie de 171.829 hectáreas de las que 86.208 han sido declaradas como Parque Nacional. Constituye uno de los macizos montañosos de mayor altitud de toda Europa occidental, tras Los Alpes, y es el techo de la Península

La zona cacuminal de Sierra Nevada constituye la máxima elevación de la Península Ibérica y sirve de horizonte sur al Altiplano. En la imagen, cara norte de los picos Mulhacén, Veleta y Alcazaba. JMD

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Ibérica pues alberga sus dos mayores cotas, el Mulhacén (3.482 m) y el Veleta (3.398 m), además de otros veinte picos por encima de los 3.000 m.s.n.m. Su relieve tiene un extraordinario interés geomorfológico debido a las formas de modelado glacial y periglacial existentes. La diferencia altitudinal con la consiguiente variación de las condiciones climatológicas, su historia geológica y su estratégica situación geográfica dotan a este Espacio Natural de una enorme riqueza botánica, siendo el área con mayor concentración de endemismos del continente europeo. Presenta 2.100 especies vegetales, de las que 116 se encuentran amenazadas. Asimismo representa el límite suroriental de distribución para distintos elementos faunísticos, vinculados a medios marginales en el contexto meridional ibérico, como los robledales y pastizales de alta montaña. Sus principales comunidades vegetales son los encinares, bosques caducifolios de castaños y melojos, pinares de alta montaña y el piornal en cotas más altas, donde las especies adoptan una forma almohadillada para preservarse de las bajas temperaturas invernales y los helados vientos. Los innumerables cursos de agua que discurren por Sierra Nevada están flanqueados por bosques en galería formados por choperas y saucedas. En los «cascajares», acumulaciones de piedras sueltas, y en los «borreguiles», pastizales de alta montaña propios de suelos húmedos, se localizan la mayor parte de las más de 60 especies que de manera exclusiva crecen en Sierra Nevada. Además, en este macizo habitan un alto número de especies de invertebrados, entre los que, por ejemplo, se han inventariado 116 mariposas diurnas (Carrión y López, 2002). Una parte importante de esta fauna es endémica, caso de 15 mariposas como Plebicula golgus o la muy conocida Parnasius apollo nevadensis, al menos 37 coleópteros como el Iberocardium loquinii, y 90 especies de insectos acuáticos (Molero et al.,1992).

El macizo de Mágina desde el Altiplano, en los montes orientales. MY

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Figuras de protección del territorio

Localización de los Espacios Naturales Protegidos de la RENPA

Fuente: Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía, 2004

Espacio Natural Parque Natural Monumento Natural

Límite del Altiplano Límite autonómico Límite provincial

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Además de los Parques mencionados, otros dos se encuentran en la proximidad del Altiplano, si bien no sirven de límite a éste. Se trata de los Parques Naturales de Sierra de Huétor y Sierra Mágina.

Parques Naturales de Sierra de Huétor y Sierra Mágina
En el centro de la provincia de Granada se halla el Parque Natural de la Sierra de Huétor. Ocupa 12.428 hectáreas correspondientes a 7 municipios. Este Parque se puede catalogar en su conjunto como de media montaña, donde se alternan importantes elevaciones montañosas, estrechos barrancos, tajos, calares y arroyos, que forman un relieve muy complejo debido a la naturaleza caliza del terreno que hace que surjan numerosas formaciones kársticas. La cobertura forestal está dominada en su mayor parte por pinares (46%), algunos naturales, pero la mayoría de repoblación. Son bosques muy dispersos y, por tanto, de baja cobertura donde dominan el pino resinero (Pinus pinaster) y la sabina mora (Juniperus phoenicea). Sin embargo es en el matorral donde se encuentran las especies vegetales más interesantes, por abundar entre ellas endemismos como Hippocrepis eriocarpa o Sideritis incana. Situada al sur de la provincia de Jaén, la Sierra Mágina constituye el macizo más elevado de la provincia de Jaén, alcanzando los 2.167 m en el pico de Mágina. En su superficie, de 19.961 ha, están incluidos 9 municipios con una población aproximada de 36.000 habitantes, si bien no existe ningún núcleo poblacional en su interior. Sobre su relieve escabroso, de pronunciadas pendientes y profundos barrancos, se asienta una valiosa vegetación mediterránea, que incluye especies de distribución muy restringida en el sur de la Península Ibérica y otras exclusivas de esta sierra como Jurinea fontqueri o Helianthemun frigidulum. Por otro lado, la naturaleza caliza de las rocas ocasiona un paisaje escabroso donde abundan los lapiaces, torcales, dolinas y otras formas propias del llamado modelado kárstico.

4.2. Red Natura 2000
El objeto de esta Directiva es contribuir a garantizar la biodiversidad mediante la conservación de los hábitats naturales y de la fauna y flora silvestres calificados de interés comunitario, en el territorio europeo de los Estados miembros, mediante el mantenimiento o restablecimiento de los mismos en un estado de conservación favorable. Según la Directiva 92/43/CEE, las Zonas de Especial Conservación (ZEC) son espacios delimitados para garantizar el mantenimiento o, en su caso, el restablecimiento, de un estado de conservación favorable de los tipos de hábitats naturales de interés comunitario, así como de los hábitats de las especies de interés comunitario.

72

Figuras de protección del territorio

El proceso de declaración de las ZEC en la región biogeográfica mediterránea se encuentra en la primera fase. Es decir, se ha aportado la lista de lugares obtenida de la evaluación del territorio, para que se integre en la Lista Nacional de Lugares de Importancia Comunitaria. La selección de los lugares incluidos en la propuesta se realizó utilizando la información de distribución de hábitats de interés comunitario, que proviene del Inventario Nacional de Hábitats realizado por el Ministerio de Medio Ambiente, así como la distribución de las especies de fauna y flora incluidas en la Directiva, información obtenida por la propia Consejería de Medio Ambiente.

Lugares de Interés Comunitario (LIC)
La propuesta de Lugares de Interés Comunitario (LIC) de Andalucía, hasta julio de 2004, constaba de 191 lugares con una superficie cercana a las 2.600.000 hectáreas, de las cuales cerca del 84% son áreas forestales y naturales, lo que, junto con el 6,8% que aportan las zonas húmedas y superficies de agua, implica que la propuesta se configura en más de un 90% con territorios que no incluyen infraestructuras o zonas agrícolas. La mayor parte (62%) de los LIC se localizan en espacios incluidos en la actual Red de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía (RENPA), suponiendo la práctica totalidad de la superficie que constituye la RENPA (99’38%). Los núcleos de población en el interior de estos LIC suman algo menos de 100.000 habitantes. Además, la población comprendida por LIC que no gozan de ninguna figura de protección se encuentra ligeramente por encima de los 14.000 habitantes. En cuanto a la titularidad del territorio propuesto, destaca que los montes públicos suponen más del 26%, unas 654.943 hectáreas. A esta superficie de titularidad pública se añade la correspondiente a las zonas marinas, 84.178 hectáreas, y la superficie que aportan los tramos de ríos incluidos en la propuesta. De esta propuesta de Lugares de Interés Comunitario, únicamente seis casos se localizan parcialmente en el ámbito de estudio y otro se encuentra incluido totalmente, sumando el Altiplano un total de 11.697 ha declaradas como LIC (Tabla 4.2.).
Tabla 4.2. Lugares de Interés Comunitario (LICs)
DENOMINACIÓN SUPERFICIE (ha) SUPERFICIE INCLUIDA ALTIPLANO (ha) % INCLUIDO ALTIPLANO

Río Guadiana Menor-Tramo Superior Río Guadiana Menor-Tramo Inferior Sierra de Baza Norte Sierras del Nordeste Sierra de Arana Sierra del Oso Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas

31,73 49,21 1.190,09 46.184,42 19.991,97 12.017,49 209.920,00

31,73 20,03 428,93 5.176,33 1.013,47 377,73 4.649,02

100,00 40,71 36,04 11,21 5,07 3,14 2,21

289.384,91

11.697,24

4,04

Fuente: Datos obtenidos de la Consejería de Medio Ambiente, 2007. Elaboración propia.

73

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Río Guadiana Menor. JH

74

Figuras de protección del territorio

LIC ES6160015 – Río GuadIana MEnoR- TRaMo SuPERIoR Único lugar de interés comunitario incluido por completo en el ámbito de estudio. Este tramo discurre por las provincias de Jaén y Granada, desde el límite suroeste del P. N. Cazorla, Segura y Las Villas hasta la presa del embalse del Negratín. Este tramo del Guadiana Menor es importante para el Calandino.
Tabla 4.3. Tipos de hábitat presentes en el LIC Río Guadiana Menor-Tramo Superior
CÓDIGO TIPO DE HÁBITAT % COBERTURA

92 D0

Galerías y matorrales ribereños termomediterráneos (Nerio-Tamaricetea y Securinegion tinctoriae)

3%

Fuente: Consejería de Medio Ambiente.

LIC ES6160011 – Río GuadIana MEnoR- TRaMo InfERIoR Tramo del Guadiana Menor perteneciente a la provincia giennense y que transcurre desde su unión con el Guadalquivir hasta la altura donde recibe las aguas del río Ceal. A lo largo de su recorrido coincide con territorios del Altiplano hasta aproximadamente su intersección con la carretera A-322. Al igual que el tramo superior, es importante para el Calandino.
Tabla 4.4. Tipos de hábitat presentes en el LIC Río Guadiana Menor-Tramo Inferior
CÓDIGO TIPO DE HÁBITAT % COBERTURA

92 D0 92 A0 64 20

Galerías y matorrales ribereños termomediterráneos (Nerio-Tamaricetea y Securinegion tinctoriae) Bosques galería de Salix alba y Populus alba Prados húmedos mediterráneos de hierbas altas del Molinion-Holoschoenion

11% 11% 4%

Fuente: Consejería de Medio Ambiente.

LIC ES6140010 - SIERRa dE Baza noRTE Pequeño LIC serrano de 1.190 ha situado entre el nordeste del P.N. Sierra de Baza y el propio municipio de Baza, presentando en el Altiplano un tercio de su superficie. Se caracteriza por sus amplias extensiones de pastizales áridos, siendo asimismo importante para el hábitat 6110 de la Directiva 92/43/CEE. No presenta ninguna especie de fauna de la directiva pero si una de flora, Festuca elegans.

75

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Tabla 4.5. Tipos de hábitat presentes en el LIC Sierra de Baza Norte
CÓDIGO TIPO DE HÁBITAT % COBERTURA

40 90 62 20 61 10 93 40

Brezales oromediterráneos endémicos con aliaga Zonas subestépicas de gramíneas y anuales Thero-Brachypodietea Prados calcáreos cársticos o basófilos del Alysso-Sedion albi Encinares de Quercus ilex y Quercus rotundifolia

44% 9% 3% 1%
Fuente: Consejería de Medio Ambiente.

LIC ES6140005 - SIERRa dEL noRdESTE Conjunto de Sierras al este del P. N de Castril y al sudeste del P. N. de Cazorla, Segura y Las Villas. En concreto, esta formado por las siguientes: de Duda, Seca, de la Sagra, Bermeja, Montilla, de Jureña, de los Tornajos, de la Taibilla y parte de las sierras de la Encantada y de Marmolance. Todas ellas suman más de 46.000 ha, de las que algo más de 5.000 ocupan el Altiplano, convirtiéndose en el LIC con mayor representación territorial del ámbito de estudio.
Tabla 4.6. Tipos de hábitat presentes en el LIC Sierra del Nordeste
CÓDIGO TIPO DE HÁBITAT % COBERTURA

40 90 93 40 62 20 61 70 52 10 95 30 82 10 92 A0 64 30 92 40 64 20 81 30 61 10 72 20 53 30

Brezales oromediterráneos endémicos con aliaga Encinares de Quercus ilex y Quercus rotundifolia Zonas subestépicas de gramíneas y anuales Thero-Brachypodietea Prados alpinos y subalpinos calcáreos Matorrales arborescentes de Juniperus spp. Pinares (sud-) mediterráneos de pinos negros endémicos Pendientes rocosas calcícolas con vegetación casmofítica Bosques galería de Salix alba y Populus alba Megaforbios eutrofos hidrófilos de las orlas de llanura y de los pisos montano a alpino Robledales ibéricos de Quercus faginea y Quercus canariensis Prados húmedos mediterráneos de hierbas altas del Molinion-Holoschoenion Desprendimientos mediterráneos occidentales y termófilos Prados calcáreos cársticos o basófilos del Alysso-Sedion albi Manantiales petrificantes con formación de tuf (Cratoneurion) Matorrales termomediterráneos y pre-estépicos

19% 11% 7% 6% 5% 5% 3% 1% 1% 1% 1% 1% 1% 1% 1%
Fuente: Consejería de Medio Ambiente.

76

Figuras de protección del territorio

Este espacio es imprescindible para los hábitats 6173 y 8230 e importante para los hábitats 6175, 9533 y 9561 de la Directiva 92/43/CEE . Los hábitats más destacables son los brezales oromediterráneos endémicos con aliaga y los encinares de Quercus ilex y Quercus rotundifolia. Asimismo presenta otros elementos de alto interés como nutria paleártica, galápago europeo, galápago leproso, sapillo pintojo ibérico (Discoglossus galganoi) y Atropa baetica.

LIC ES6140006 - SIERRa dE aRana Situado al norte del P. N. de Huétor, este LIC posee casi 20.000 ha de las que un millar aproximadamente se localizan en el Altiplano en su parte más oriental, al norte de Diezma y oeste de Darro. Además el arroyo Anchurón (o de Frontina), incluido en el LIC, penetra en el Altiplano por el sur de Darro y hasta el norte de Belerda (Guadix). Se trata de un lugar importante para hábitats como los brezales oromediterráneos endémicos con aliaga o los matorrales arborescentes de Juniperus spp. Por otro lado es muy importante para el cangrejo de río autóctono (Austropotamobius pallipes) y otro invertebrado, la doncella de ondas rojas (Euphydryas aurinia), habiéndose citado potencial presencia de lince ibérico (Lynx pardinus) en este entorno.
Tabla 4.7. Tipos de hábitat presentes en el LIC Sierra de Arana
CÓDIGO TIPO DE HÁBITAT % COBERTURA

40 90 93 40 52 10 62 20 83 10 40 60 81 30 82 10 61 70 53 30 95 40 92 A0

Brezales oromediterráneos endémicos con aliaga Encinares de Quercus ilex y Quercus rotundifolia Matorrales arborescentes de Juniperus spp. Zonas subestépicas de gramíneas y anuales Thero-Brachypodietea Cuevas no explotadas por el turismo Brezales alpinos y boreales Desprendimientos mediterráneos occidentales y termófilos Pendientes rocosas calcícolas con vegetación casmofítica Prados alpinos y subalpinos calcáreos Matorrales termomediterráneos y pre-estépicos Pinares mediterráneos de pinos mesogeanos endémicos Bosques galería de Salix alba y Populus alba

25% 12% 8% 2% 1% 1% 1% 1% 1% 1% 1% 1%
Fuente: Consejería de Medio Ambiente.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

LIC ES6110004 – SIERRa dEL oSo Localizado al nordeste de la provincia de Almería, penetra en el ámbito de estudio únicamente 370 hectáreas por el oeste y suroeste de Topares. Comprende dos zonas donde la geología condiciona en gran medida la diferenciación de sus comunidades vegetales. Al norte, en el entorno de rambla Mayor, se abre hacia el este una extensa depresión conocida como Los Barrancos en la que dominan los afloramientos de margas yesíferas colonizados por comunidades de Gypsofila. Al sur, predominan los afloramientos calizos sobre los que se asientan encinares y pinares mesógenos de pino carrasco. Los hábitats más característicos de este espacio son los brezales oromediterráneos endémicos con aliaga y las zonas subestépicas de gramíneas y anuales Thero-Brachypodietea.
Tabla 4.8. Tipos de hábitat presentes en el LIC Sierra del Oso
CÓDIGO TIPO DE HÁBITAT % COBERTURA

40 90 62 20 53 30 52 10 93 40 15 20 82 10 92 D0

Brezales oromediterráneos endémicos con aliaga Zonas subestépicas de gramíneas y anuales Thero-Brachypodietea Matorrales termomediterráneos y pre-estépicos Matorrales arborescentes de Juniperus spp. Encinares de Quercus ilex y Quercus rotundifolia Vegetación gipsícola ibérica (Gypsopholetalia) Pendientes rocosas calcícolas con vegetación casmofítica Galerías y matorrales ribereños termomediterráneos (Nerio-Tamaricetea y Securinegion tinctoriae)

28% 22% 9% 7% 6% 3% 1% 1%

Fuente: Consejería de Medio Ambiente.

LIC ES0000035 - SIERRaS dE CazoRLa, SEGuRa y LaS VILLaS Lugar de interés comunitario que coincide completamente con el Parque Natural homónimo. Por tanto, el territorio del LIC se superpone con el Altiplano en la misma zona que el Parque Natural. Esta figura cuenta con una larga lista de hábitats del anexo I de la Directiva 92/43/CEE, entre los cuales destacan por su abundancia (cobertura) los brezales oromediterráneos endémicos con aliaga, los prados alpinos y subalpinos calcáreos, los encinares de Quercus ilex y Quercus rotundifolia, o los pinares (sud-) mediterráneos de pinos negros endémicos. En cuanto a las especies del anexo II en este espacio residen cinco quirópteros: murciélago ratonero grande (Myotis myotis), murciélago ratonero pardo (Myotis emarginata), murciélago de cueva (Miniopterus scheibersii), murciélago de bosque (Barbastella barbastellus) y el murciélago ratonero forestal (Myotis bechsteinii), así como topillo de Cabrera (Microtus cabrerae) y nutria paleártica (Lutra lutra).

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Figuras de protección del territorio

Tabla 4.9. Tipos de hábitat presentes en el LIC Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas
CÓDIGO TIPO DE HÁBITAT % COBERTURA

40 90 61 70 93 40 95 30 52 10 62 20 31 70 51 10 82 10 32 50 61 10 72 10 83 10 64 30 92 D0 81 30 92 A0 64 20 72 20 63 10 92 40 61 60 92 30

Brezales oromediterráneos endémicos con aliaga Prados alpinos y subalpinos calcáreos Encinares de Quercus ilex y Quercus rotundifolia Pinares (sud-) mediterráneos de pinos negros endémicos Matorrales arborescentes de Juniperus spp. Zonas subestépicas de gramíneas y anuales Thero-Brachypodietea Estanques temporales mediterráneos Formaciones estables xerotermófilas de Buxus sempervirens en pendientes rocosas Pendientes rocosas calcícolas con vegetación casmofítica Ríos mediterráneos de caudal permanente con Glaucium flavum Prados calcáreos cársticos o basófilos del Alysso-Sedion albi Turberas calcáreasa del Cladium mariscus y con especies del Caricion davallianae Cuevas no explotadas por el turismo Megaforbios eutrofos hidrófilos de las orlas de llanura y de los pisos de montano a alpino Galerías y matorrales ribereños termomediterráneos (Nerio-Tamaricetea y Securinegion tinctoriae) Desprendimientos mediterráneos occidentales y termófilos Bosques galería de Salix alba y Populus alba Prados húmedos mediterráneos de hierbas altas del Molinion-Holoschoenion Manantiales petrificantes con formación de tuf (Cratoneurion) Dehesas perennifolias de Quercus spp. Robledales ibéricos de Quercus faginea y Quercus canariensis Prados ibéricos silíceos de Festuca indigesta Robledales galaico-portugueses con Quercus robur y Quercus pyrenaica

18% 8% 7% 6% 6% 5% 1% 1% 1% 1% 1% 1% 1% 1% 1% 1% 1% 1% 1% 1% 1% 1% 1%

Fuente: Consejería de Medio Ambiente.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Respecto a otros grupos de vertebrados cuenta con galápago europeo (Emys orbicularis), galápago leproso (Mauremys leprosa), sapillo pintojo ibérico (Discoglossus galganoi) y tres peces: el calandino (Leuciscus alburnoides), la boga de río (Chondrostoma polylepis) y la colmilleja (Cobitis paludica). Los invertebrados incluidos en el anexo II presentes son la mariposa isabelina (Graellsia isabellae), la doncella de ondas rojas (Euphydryas aurinia), el caballito del diablo (Coenagrion mercuriale) y el cangrejo de río autóctono (Austropotamobius pallipes). Y, por último, este LIC posee tres especies vegetales en el citado anexo Aquilegia pyrenaica ssp. cazorlensis, Atropa baetica y Crepis granatensis.

Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA)
La Directiva 79/409/CEE define estas zonas como espacios delimitados para el establecimiento de medidas de conservación especiales, con el fin de asegurar la supervivencia y la reproducción de las especies de aves. En concreto las especies de aves presentes en el anexo I de esta Directiva deberán ser objeto de medidas de conservación especiales en cuanto a su hábitat. En cuanto a las ZEPA, en estos momentos Andalucía cuenta con 62 zonas declaradas, lo que supone, más de 1.500.000 hectáreas designadas, así como otras dos propuestas. De estas 62 ZEPA en el entorno del Altiplano se localizan cinco. Éstas son ZEPA ES0000035 Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, ES6110003 Sierra María - Los Vélez, ES6140002 Sierra de Castril, ES6140004 Sierra Nevada y ES6160007 Sierra Mágina. Todas ellas coinciden totalmente con los espacios naturales del mismo nombre. De las cinco zonas de especial conservación para las aves únicamente la de Cazorla, Segura y Las Villas se superpone con el Altiplano, y al coincidir totalmente con el Parque Natural, la ZEPA también lo hace en la misma superficie que el LIC.
Chova piquirroja. JM

80

Figuras de protección del territorio

Localización de la propuesta de Lugares de Interés Comunitario (LIC) y de las Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA) de la Red Natura 2000

Fuente: Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía, 2004

ZEPAs LICs

Límite del Altiplano Límite autonómico Límite provincial

81

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Tabla 4.10. Aves del anexo I presentes en las distintas ZEPA del entorno del Altiplano
ORDEN ESPECIES

CICONIFORME FALCONIFORME

Garceta común (Egretta garzetta)1 Culebrera europea (Circaetus gallicus)1,2,4,5, milano negro (Milvus migrans)1, milano real (Milvus milvus)1,3, alimoche común (Neophron percnopterus)1,3, buitre leonado (Gyps fulvus)1,2,3,4, águila real (Aquila chrysaetos)1,2,3,4,5, aguililla calzada (Hieraaetus pennatus)1,2,4, búho real (Bubo bubo)1,2,4,5, águila pescadora (Pandion haliaetus)1, cernícalo primilla (Falco naumanni)1,2, halcón peregrino (Falco peregrinus)1,2,3,4,5, águila–azor perdicera (Hieraaetus fasciatus)1,4,5, aguilucho lagunero (Circus aeruginosus)4, aguilucho pálido (Circus cyaneus)2,4 Alcaraván común (Burhinus oedicnemus)2 Ganga ortega (Pterocles orientalis)2,5 Chotacabras europeo (Caprimulgus europaeus)4, carraca europea (Coracias garrulus)4 Martín pescador (Alcedo atthis)1,4 Chova piquirroja (Phyrrhocorax pyrrhocorax)1,2,4,5, cogujada montesina (Galerida theklae)1,2,4, totovía (Lullula arborea)1,2,4, collalba negra (Oenanthe leucura)1,2,4,5, curruca rabilarga (Sylvia undata)1,2,4, terrera común (Calandrella brachydactyla)2, bisbita campestre (Anthus campestris)2,4, pechiazul (Luscinia svecica)4, escribano hortelano (Emberiza hortulana)4
1-ZEPA Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas; 2-ZEPA Sierra María–Los Vélez; 3-ZEPA Sierra de Castril; 4-ZEPA Sierra Nevada; 5-ZEPA Sierra Mágina Fuente: Datos obtenidos de Consejería de Medio Ambiente, 2003. Elaboración propia.

CHARADRIIFORME PTEROCLIFORME CAPRIMULGIFORMES CORACIIFORME PASERIFORME

4.3. Un elemento de referencia: Las Áreas Importantes para las Aves (IBAs)
Las Áreas Importantes para las Aves son espacios no protegidos legalmente, pero en los que se encuentran presentes regularmente una parte significativa de la población de una o varias especies de aves consideradas prioritarias por BirdLife. Fueron delimitadas por este organismo conservacionista internacional, cuya representación española recae en SEO-BirdLife, y se seleccionaron de manera que juntas formaran una red en el conjunto de la distribución biogeográfica de cada especie prioritaria. Según BirdLife estas Áreas Importantes para las Aves deben considerarse como el mínimo esencial para asegurar la supervivencia de tales especies en su área de distribución (BirdLife International, 1995). Aunque no se trata de espacios legalmente protegidos y, por tanto, no son jurídicamente vinculantes, existe una extensa jurisprudencia del tribunal de Luxemburgo en el sentido de atribuirles condición de referencia para apreciar si un estado miembro de la UE ha declarado suficientes ZEPA en número y extensión.

82

Figuras de protección del territorio

En España se encuentran delimitadas un total de 391 IBA, de las cuáles 55 están en Andalucía y de éstas, siete se localizan total o parcialmente en el Altiplano. Se trata de las Sierras de Cazorla y Segura, Puebla de Don Fadrique-Las Cañadas, Sierra María-Los Vélez, Hoya de Baza, Hoya de Guadix, Sierra Nevada y Sierras al Sur de Jaén.
Tabla 4.11. Áreas de Importancia para las Aves (IBAs) presentes
DENOMINACIÓN SUPERFICIE (ha) SUPERFICIE INCLUIDA ALTIPLANO (ha) % INCLUIDO ALTIPLANO

Hoya de Guadix Hoya de Baza Puebla de Don Fadrique-Las Cañadas Sierra de María-Los Vélez Sierras de Cazorla y Segura Sierra Nevada Sierras al Sur de Jaén

55.008,05 45.798,31 49.957,49 71.329,73 254.407,90 244.094,25 203.664,56

55.006,54 44.271,44 45.221,64 24.569,15 9.488,75 8.830,54 654,99

99,99 96,67 90,52 34,44 3,73 3,62 0,32

924.260,29

188.043,05

20,34

Fuente: SEO-BirdLife, 2007. Elaboración propia.

IBa 214. Hoya dE GuadIx Esta área es una de las mejores zonas para aves esteparias de Andalucía, con sisón, alcaraván, ganga ortega, calandria (una de las mejores zonas de España), terrera común (abundante), terrera marismeña, cogujada común, cogujada montesina, collalba negra, collalba rubia y carraca. Además, también sostiene rapaces nidificantes como el águila real, águila-azor perdicera, halcón peregrino y búho real.

IBa 213. Hoya dE Baza Área seleccionada por su importancia para las aves esteparias como el sisón, alcaraván, ganga ortega, calandria, terrera marismeña, cogujada común, collalba negra y carraca. Se encuentra casi totalmente incluida en el ámbito de estudio con la excepción de poco más del 3% que se queda al este de La Jamula (Baza).

IBa 211. PuEBLa dE don fadRIquE - LaS CañadaS Área localizada entre las provincias de Granada y Almería, que destaca por la población de cernícalo primilla y la presencia de otras aves esteparias como el sisón, el alcaraván o la ganga ortega. Más del noventa por ciento de la IBA se encuentra incluida en el Altiplano (45.000 ha), con la excepción de pequeños territorios que se corresponden por un lado con el entorno de la Sierra del Alcatín y por otro con la zona al este y nordeste de Bugéjar (Puebla de Don Fadrique).

83

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

IBa 212. SIERRa dE MaRía – LoS VéLEz Sierras calizas de media y alta montaña, con escarpes y formaciones kársticas que destacan por su población de rapaces tanto forestales como rupícolas, con culebrera europea, águila real, aguililla calzada, halcón peregrino y búho real. La mayor parte de la IBA se halla fuera de los límites del Altiplano. No obstante, más de 24.000 ha se superponen con el mismo, repartidas entre el norte del P. N. Sierra María – Los Vélez y el pasillo de Chirivel a los Vélez.

IBa 210. SIERRaS dE CazoRLa y SEGuRa Extenso grupo de alineaciones montañosas entre las provincias de Jaén, Granada y Albacete. Sus más de 250.000 ha tienen alta importancia para las rapaces, pues acogen alimoche común, buitre leonado, águila real, aguililla calzada, halcón peregrino y búho real. También cría la chova piquirroja. Esta IBA se superpone con el ámbito de estudio en dos zonas: la primera entre Hinojares y Pozo Alcón; la segunda en tres pequeñas áreas, al norte de Castril, al norte de Fátima (Castril) y en el entorno del Canal de San Clemente (Huéscar), suponiendo en su conjunto casi 9.500 ha incluidas en el Altiplano.

IBa 222. SIERRa nEVada IBA que se extiende por las provincias de Granada y Almería. Posee una interesante comunidad de aves de montaña con especies como el acentor alpino (Prunella collaris), que encuentra en esta área su única zona de cría en la mitad sur peninsular. Entre las rapaces destaca el águila real, águila-azor perdicera, aguililla calzada, halcón peregrino, azor común y búho real. El Altiplano se superpone con ésta en unas 9.000 ha, en el entorno de Cortes y Graena, Polícar y Beas de Guadix, lo que tan solo supone el 3,6% de la superficie de la IBA.

IBa 227. SIERRaS aL SuR dE Jaén Área de media montaña con 200.000 ha fundamentalmente a lo largo de la provincia de Jaén, pero que también transcurre por la de Granada. Se trata de una área muy importante para el águila-azor perdicera, así como para otras rapaces rupícolas como el águila real, el halcón peregrino y el búho real. Además también crían especies como la chova piquirroja, la collalba negra, la collalba rubia o el roquero solitario. Esta IBA es la que presenta una menor representación dentro del ámbito de estudio puesto que tan solo se superpone en 650 ha con el Altiplano, en concreto al sureste de la ciudad de Jódar. Casi el 90% de la superficie considerada IBA en el Altiplano lo es debido a la presencia de aves esteparias, lo cual resulta indicativo de la importancia del territorio para este grupo de aves. La Consejería de Medio Ambiente, en coordinación con la Delegación Andaluza de SEO-BirdLife, ha realizado una delimitación de mayor detalle sobre la base de las IBA en aquellas zonas de especial importancia para las aves esteparias, a las que ha denominado ZIAE (Yanes y Delgado, 2006; apartado 8.3.2.). Cuatro de estas zonas están íntegra-

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Figuras de protección del territorio

Localización de las Áreas de Importancia para las Aves (IBA) de BirdLife

Fuente: SEO- BirdLife, 2007

IBAs

Límite del Altiplano Límite autonómico Límite provincial

85

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

mente dentro del Altiplano, suponiendo una superficie menor y más ajustada que las IBAs, cuya delimitación tienen casi ya una década (Viada, 1998). En caso de que la Consejería de Medio Ambiente decidiera proponer alguna ZEPA de índole esteparia sobre este territorio, podría utilizar la delimitación de alguna o algunas de estas ZIAE, en buena medida coincidentes con las IBA.

En la hoya de Guadix concurre una nutrida representaciónde aves esteparias ibéricas. MY

4.4. La protección de la estepa, una asimétrica desatención
A pesar de los valores naturales, culturales y paisajísticos del Altiplano, de lo expuesto en el presente capítulo se deduce la escasa superficie protegida de la que dispone este territorio. En la actualidad y hasta la aprobación definitiva de la Red Natura 2000, suma un total de 4.658 ha, una cifra ligeramente inferior al 1% del Altiplano. La mayor parte de esta superficie se corresponde al retazo más estepario del P.N. de Cazorla, Segura y Las Villas, quedando los dos Monumentos Naturales y el LIC del curso alto del Guadiana Menor como las únicas figuras que se localizan íntegramente dentro del Altiplano.

86

Figuras de protección del territorio

Este ínfimo 1% de superficie protegida contrasta vivamente con el casi 20% del territorio andaluz bajo alguna figura de protección en la Red de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía (RENPA), al igual que ocurre con las figuras europeas denominadas LIC y ZEPA. Esta situación asimétrica, desproporcionada, contrasta con la figura no protegida legalmente, pero útil como referencia, de las Áreas Importantes para las Aves (IBA), donde el porcentaje de superficie considerada como tal en el Altiplano es similar al total andaluz, incluso ligeramente superior (Tabla 4.12.).
Tabla 4.12. Superficie de las figuras de protección en relación al Altiplano y Andalucía
FIGURA ÁMBITO SUPERFICIE (ha) SUPERFICIE FIGURA (ha) % TERRITORIAL

EENNPP

Altiplano Andalucía Altiplano Andalucía Altiplano Andalucía Altiplano Andalucía

485.288 8.759.100 485.288 8.759.100 485.288 8.759.100 485.288 8.759.100

4.658,70 1.694.825,23 11.697,25 2.589.562,74 4.650,02 1.572.369,00 188.043,05 3.224.495,13

0,95 19,35 2,41 29,56 0,95 17,95 38,74 36,81

LIC

ZEPA

IBA

Fuente: Consejería de Medio Ambiente, 2007. Elaboración propia.

La RENPA es la mayor en superficie total protegida de cualquier comunidad autónoma en España, y una de las que mayor proporción suponen sobre el conjunto de su territorio. Por tanto, esta Red se encuentra próxima a lo que pueden ser los máximos de este tipo de políticas. No obstante, en su diseño se observa un evidente sesgo hacia los espacios de montaña y zonas húmedas, en detrimento de ecosistemas y paisajes propios de las estepas interiores de Andalucía, en línea quizá con lo que aún hoy es la percepción que el gran público tiene de este tipo de medios. Actualmente, se observan signos importantes de que esta percepción social está cambiando, y la consideración como protegidos de alguno de estos espacios en el Altiplano les permitiría aprovecharse de las políticas e inversiones que, en cuanto a uso público, acompañan a la RENPA. En este sentido, se podría ampliar puntualmente la RENPA sobre algunas zonas del Altiplano, considerando la posibilidad de declarar un Parque Natural de mediano tamaño en este ámbito (p.e. Badland de Gorafe y Negratín, o montes de Cortijo Conejo) y, especialmente, incrementando el número de espacios acogidos a las figuras de Monumento Natural y Paraje Natural. Igualmente debería estudiarse la posibilidad de considerar una nueva ZEPA sobre alguna de las IBA existentes, o sobre alguna de las Zonas de Importancia para las Aves Esteparias (ZIAE), delimitadas con información más actualizada (Yanes y Delgado, 2006; apartado 8.3.). El desarrollo de opciones de uso público asociadas a esos posibles nuevos espacios naturales protegidos, así como el vinculado a paisajes y georrecursos catalogados en el Altiplano (capítulo 11), supondría, sin duda, una vía de desarrollo local y sostenible aún por explotar.

87

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Complementariamente, y debido a la abundancia en el Altiplano de formas de vida silvestre extremadamente originales en el contexto europeo y distribuidas sobre pequeñas superficies de terreno (capítulo 8), se estima igualmente interesante considerar el diseño y establecimiento de una red de microrreservas de flora y fauna de invertebrados en el interior de montes públicos y, en su caso, mediante convenios con particulares. Está experiencia, no acometida en Andalucía pero sí ampliamente en otras comunidades autónomas, resulta especialmente adecuada para especies con distribución muy restringida.

88

Figuras de protección del territorio

Badlands de Gorafe y del Negratín; al fondo el embalse de Negratín y cerro Jabalcón. CPS

89

Apuntes sobre la prehistoria, historia y gestión cultural del medio

Cortijo de Hoya Rasa, María. JMD

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Apuntes sobre la prehistoria, historia y gestión cultural del medio
“El esparto no se comenzó a usar hasta la guerra que los púnicos llevaron primeramente a Hispania... los campesinos confeccionan con él sus lechos, su fuego, sus antorchas, sus calzados; los pastores hacen sus vestidos... para emplearlo se lo arranca cuidadosamente, envolviendo las piernas en fundas y las manos en guantes, enrollándolo en un vástago de hueso o madera.”
C. Plinio “El Viejo”. Siglo I

“El medio geográfico deja de considerarse determinante en la historia de los pueblos, porque depende del hombre el que se realicen o no las posibilidades que ofrece el medio natural. Pero se está perdiendo la visión cultural de la geografía, su vínculo con la historia.”
Nicolás de Ortega.

Los ecosistemas y paisajes actuales del contexto mediterráneo no pueden entenderse sin la acción del hombre, pero es que, además, en pocos territorios ibéricos esta acción dio comienzo tan temprano para acabar siendo históricamente tan intensa como en el caso del Altiplano. Como se verá más adelante, éste es, por otro lado, un espacio geográfico sometido durante los últimos miles de años a un complejo conjunto de condicionantes climatológicos, edafológicos, hidrológicos y, en suma, ecológicos. Por ello, para valorar correctamente el rol desempeñado por el actor humano sobre tal escenario, resulta imprescindible asimilar la presencia activa de una impresionante sucesión de culturas y civilizaciones que, desde la prehistoria, han venido actuando aquí como uno de los principales agentes modeladores del medio natural. A través de la gestión cultural, la huella de la prehistoria y, sobre todo, de la historia humana, está en el paisaje y en los ecosistemas como parte ineludible de estos. E ignorarlo es errar. Una parte de su registro es interpretable también actualmente en diversos museos y yacimientos repartidos por el Altiplano, aportándole un valor añadido y conformando, junto con sus valores biológicos y paisajísticos, un conjunto de recursos que a medio y largo plazo pueden resultar trascendentes en el desarrollo sostenible de este territorio. En referencia a este patrimonio cultural del Altiplano, estrechamente vinculado con los aspectos geográficos, ecológicos y etnológicos, tráigase aquí el reciente Estatuto de Autonomía de Andalucía, en cuyo artículo 33 se afirma que “todas las personas tienen derecho, en condiciones de igualdad, al acceso a la cultura, al disfrute

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de los bienes patrimoniales, artísticos y paisajísticos de Andalucía, así como el deber de respetar y preservar el patrimonio cultural andaluz”. Un derecho y un deber, en suma, que pasan por conocer y reconocer la herencia cultural acumulada, desde los albores de la prehistoria hasta el pasado más reciente.

5.1. Prehistoria en el Altiplano
La cuenca sedimentaria de Guadix-Baza está dividida en dos grandes sectores: la formación de Guadix, con sedimentos mayoritariamente fluvio-torrenciales, y la formación de Baza, con sedimentos lacustres (apartado 7.3.). Durante el Plio-Cuaternario esta cuenca había sido endorreica, con uno o dos lagos centrales que colectaban las aguas de las altas cumbres Béticas (Sierra Nevada, Sierra de Baza, Sierra de Castril, etc.). A lo largo de la evolución de este sistema, se fueron depositando abundantes sedimentos fósiles de aquellos vertebrados que se han ido sucediendo en su entorno, sobre todo mamíferos, los cuales brindan posibilidades para una cierta reconstrucción de la historia paleobiológica de la región durante los últimos millones de años (p.e. Bernis, 2001). Una reconstrucción que lo es también del escenario evolutivo, ecológico y cultural de la más temprana humanidad en el Altiplano, cuyos yacimientos lo han convertido en un escenario privilegiado de relevancia mundial. Mucho después ya, en el revolucionario Neolítico, el hombre comienza a desarrollar culturalmente sus primeras capacidades agrícolas y pastoriles. Le siguen, a partir del tercer milenio a.C., las escalonadas y cada vez más evolucionadas edades del Cobre, el Bronce y el Hierro, y con ellas una capacidad creciente de modificar el medio natural y darle una gestión cultural.

Área de excavación en Venta Micena, Orce. IJ

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Toda la cuenca de Guadix-Baza es extraordinariamente rica en yacimientos paleontológicos y arqueológicos; de forma especial su sector nororiental, en el triángulo que forman las localidades de Baza, Orce y Huéscar. El punto de mayor importancia se encuentra en Orce y sus alrededores, donde, sobre una superficie de aproximadamente dieciséis kilómetros cuadrados, se produce la mayor densidad de fósiles de toda Europa, sólo comparable con los legendarios yacimientos de África del Este (Palmqvist et al., 1999). Estatigráficamente se constata una ocupación por homínidos ya en el final del Pleistoceno Inferior en Venta Micena, Orce (Gibert et al., 1983), y a comienzos del Pleistoceno Medio en Cúllar (Ruiz-Bustos, 1976; Ruiz-Bustos et Michaux, 1976). En Venta Micena se registra el homínido más antiguo de la Península, con datación superior al millón de años, posiblemente hasta 1,6 millones de años (Gibert, 1984, 1985; Torres et al., 2002). Cuatro restos se han encontrado y atribuido a este primer homínido por sus descubridores: tres de ellos procedentes de Venta Micena (un fragmento de cráneo y dos de húmero) y uno de Barranco León (esmalte dentario). El registro antropológico del cráneo de Venta Micena, así como la importante ocupación del Guadalquivir plantea el posible paso del estrecho por grupos de Homo erectus, de procedencia africana. Con un aprovechamiento sistemático de guijarros de cuarzo en el Altiplano, se trata de grupos humanos bien adaptados al medio como cazadores-recolectores, que encontraban abastecimiento de recursos cinegéticos en los grandes mamíferos que acudían a las lagunas interiores y riberas del gran río colector (Ramos, 1998). Los restos líticos encontrados en diversos lugares de la región de Orce, una vez aceptados por la comunidad científica, evidencian la ocupación humana de esta zona en fechas muy tempranas, citándose como la primera ocupación humana conocida para Europa (Querol y Martínez, 1996).

Fósiles de fragmentos óseos de rinoceronte e hipopótamo, expuestos en el Museo de Orce. JLV

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Durante más de 1,5 millones de años el hombre vivió como cazador-recolector en las estepas de clima cálido. Estas condiciones además de en África se dieron también en ciertos puntos de Europa, como en el Altiplano. En este contexto el ser humano era parte de una comunidad de grandes mamíferos compuesta por elefantes (Mammuthus meridionales), rinocerontes (Stephanorthinus etruscus), hipopótamos (Hippopotamus antiqus), caballos (Equus altidens), ciervos (Megaloceros solilhacus) y bóvidos (Cervus, Bos), junto a animales carnívoros (Megantercon whitei), como demuestran los yacimientos de Fuente Nueva y Barranco León, con una antigüedad aproximada de 1,3 millones de años. El salto a la agricultura en el Altiplano, si bien pudo producirse algo antes, no está perfectamente reconocido hasta el cuarto milenio a.C. En varios yacimientos como el del Cerro de la Virgen o el de Malagón, se han encontrado restos de semillas cultivadas ya en el nivel Cobre antiguo (Buxó, 1997), en concreto variedades de trigo (Triticum aestivum/durum), cebada (Hordeum vulgare) y habas (Vicia faba minor). Posteriormente, en los estratos correspondientes a la plenitud del Cobre e incipiente Bronce de estos mismos yacimientos, el espectro de semillas se amplia a otras variedades de trigo (T. compactum, T. diccocum, T. monoccocum), cebada (H. v. nodum) y leguminosas como determinadas variedades de guisante (Pisum sativum ssp. elatium) o las vezas (Vicia sp.). En el caso del Cerro de la Virgen, análisis antracológicos y palinológicos revelan que en este período se produce una reducción en la flora silvestre y un incremento en los cultivos de cereal, mientras que simultáneamente los restos de fauna silvestre disminuyen en favor del ganado (Rodríguez, 1992; Buxó, 1997). Por tanto, en la Edad del Cobre comienza a desarrollarse, si bien aún en proporciones relativamente discretas, la cultura agroganadera en el Altiplano.

La cultura argárica
Aparece en la Edad del Bronce y tuvo su mayor manifestación y expresión en los poblados del sureste peninsular, formando una de las sociedades de mayor relevancia en la Europa del II milenio a.C. En un primer momento, debido a su desarrollo cultural se entendieron como colonizadores, pero actualmente se piensa que no constituyeron sino una continuidad autóctona de la cultura almeriense de Los Millares con influencia oriental. La argárica se caracteriza por ser una de las primeras sociedades urbanas de Europa occidental. Además aportó un conjunto de importantes cambios en distintos ámbitos como la cerámica, los útiles líticos y fundamentalmente los objetos de metal, completando un mayor desarrollo de la metalurgia del cobre. Por otro lado también aportaron cambios sociales, comenzando a delimitar jerarquías sociales, desarrollando una estructura aristocrática y militar en su sociedad, y sustituyendo el enterramiento colectivo en necrópolis por la inhumación individual o familiar junto a ajuares en el interior de las propias casas. Después de alcanzar un importante nivel de desarrollo, siempre ha sorprendido a los historiadores su desaparición repentina, en torno al 1500 a.C. Muy recientemente, un estudio científico sustentado en el análisis de sedimentos polínicos de la Sierra de Baza (Carrión et al., 2007), ha demostrado que previamente se manifestó un gran cambio en la composición y estructura de las comunidades vegetales. En torno al segundo milenio a.C. se había intensificado la minería y comenzó a producirse una mayor explotación de los

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bosques. Gracias a los restos carbonizados, se sabe que en torno al 2100 a.C. se extendieron los fuegos provocados, quizás para aumentar los pastos, y en el 1800 a.C. la vegetación había cambiado sustancialmente: los bosques existentes tan solo unas centurias atrás habían desaparecido y se transformaron en comunidades de matorral y espinosas. Las evidencias apuntan, por tanto, a que éste pudo ser el primer momento en que la acción humana produjo grandes modificaciones en el sureste ibérico (Carrión et al., 2003), trayendo además pésimas consecuencias para la cultura que las provocó, cuyos valedores muy probablemente se vieron abocados a emigrar o acabar fundiéndose culturalmente con otros pobladores. En tanto persistió, la cultura argárica se expandió principalmente desde Almería hacia Jaén por occidente y en las hoyas de Guadix y Baza, encontrándose los principales yacimientos en Almería, Granada (en el Altiplano) y Murcia. Un ejemplo importante es la localidad de Galera, que cuenta con siete yacimientos arqueológicos correspondientes a este período entre los que el más significativo resulta El Castellón Alto. Precisamente en este yacimiento, al igual que en el cercano de Fuente Amarga, se han encontrado restos de sogas y cestería elaboradas con esparto (Buxó, 1997), las cuales anteceden en más de un milenio el extendido uso ibérico que Plinio dató en la primera guerra púnica.

Yacimiento de Castellón Alto, Galera. JMG

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5.2. Edad Antigua: El comienzo de la historia
Cuando da comienzo la historia, en los nebulosos tiempos de la protohistoria, el Altiplano estaba desvinculado de la influencia celta y, sobre todo, tartésica, tan relevante en el occidente andaluz. Por tanto, y de manera necesariamente simplificada, la protohistoria puede hacerse coincidir aquí con la gestación de la Bastetania, concediendo así al pueblo ibero la condición de primera cultura autóctona ya plenamente histórica del Altiplano.

La cultura ibérica
La formación de la cultura ibérica, de especial importancia en el Altiplano, debe interpretarse como consecuencia de la influencia de los pueblos coloniales, fundamentalmente griegos y fenicios, sobre la población indígena (Ministerio de Cultura, 1983). Si bien son escasas las fuentes escritas existentes, el Altiplano y su entorno debió corresponderse con la llamada Bastetania, cuya ciudad epónima sería Basti, situada en Cerro Cepero, cerca de la actual Baza (Adroher et al., 2002). Todo el territorio de la Bastetania desempeñó un papel clave en la época ibérica en Andalucía oriental y el sureste murciano-manchego, controlando las diferentes rutas que comunicaban la costa mediterránea con la Alta Andalucía y la rica zona minera en torno a Cástulo (Linares, Jaén). El término Bastetania aparece por primera vez cuando los romanos se ven en la obligación de controlar un territorio que escapa a lo que sucede en otras áreas próximas. Se desconoce si este espacio llegó a contar con una entidad clara y quizás ni siquiera con una organización política, como puede deducirse de la variedad de límites que asignan cada uno de los autores clásicos. Algunos opinan que Basti podría ser su capital, aunque no fuese el asentamiento más grande, incluso se le puede considerar como de pequeñas dimensiones (menos de 6 hectáreas, frente a localidades con 44 hectáreas; Adroher, 1999). En cualquier caso, parece que el Altiplano encaja dentro de los límites de tal región Bastetana, que ha sido aceptada como aquella existente entre las actuales provincias de Granada, Almería, suroeste de Murcia, sur de Albacete, oeste y sur de Jaén y oeste de Málaga, la cual debió conformar una entidad socio-cultural, religiosa y económica propia (Adroher, 1999). Aunque por otra parte no muestra una respuesta homogénea a la presencia romana, lo cual sugiere que no se trató de una entidad políticamente compleja sino, más bien, de una asociación de poblados que, dependiendo de las circunstancias, se amoldaban a las situaciones, tal y como ocurrió también en otros ámbitos geográficos de la cultura íbera previa a la romanización (Ruiz y Molinos, 1993).

Los oppida
El siglo IV a.C. supuso un periodo de especial esplendor para los bastetanos, que levantaron numerosas ciudades fortificadas u “oppida” (“oppidum”, en singular), los núcleos de población básicos de los que dependían

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directamente el resto de asentamientos (Adroher et al., 2002). Éstas pueden ser consideradas como verdaderas ciudades, ya que agrupan cantidades importantes de población. En el Altiplano parece apreciarse cierta linealidad en la distribución de los principales oppida y sus explotaciones asociadas. De sur a norte sobresalen Acci (la actual Guadix), Basti (Baza), Tutugi (Galera) y Molata de Casa Vieja (Puebla de Don Fadrique), destacando la curiosa equidistancia entre estos cuatro oppida, de 35 kilómetros. En cualquier caso, toda el área de estudio estuvo dentro del ámbito de la cultura y la sociedad iberas, encontrándose oppida desde las riberas del Guadalquivir, en el extremo noroccidental del territorio hasta el levante almeriense. Parte de estos oppida son reconvertidos después a villas y ciudades romanas, mientras otros caen abandonados tras la colonización romana, en los albores de la era cristiana. La economía de estos oppida estaba sustentada en un modelo agrario caracterizado por el dominio del cereal y una importancia notable de la ganadería, mayor ésta en cuanto menor fuera el potencial agrícola del asentamiento (Ruiz y Molinos, 1993). Las especies ganaderas por entonces utilizadas eran sustancialmente las mismas que en la actualidad: vacuno, equino, bovino, caprino y porcino. También, a tenor de los hallazgos zooarqueológicos en distintos yacimientos, la carne de caza sigue jugando un papel importante en la alimentación del pueblo íbero. La importancia relativa de los distintos elementos de este modelo productivo variaba en función de las características ecológicas de cada asentamiento. Así por ejemplo, en el yacimiento de Castellones de Ceal, correspondiente a la zona más árida del Altiplano giennense, la importancia de la agricultura resulta menor y el ganado mayoritariamente empleado fue el caprino, el menos exigente, teniendo una mayor importancia la caza (Ruiz y Molinos, 1993).

Las necrópolis
Se localizaban normalmente junto a los oppida. Incluso se ha localizado más de una necrópolis en algunas de estas ciudades, caso entre otras de Basti a la que corresponden Cerro del Santuario y Cerro Largo. En estas necrópolis se ha recuperado un variado conjunto de materiales, entre los que se encuentran gran cantidad de piezas griegas, que formaban parte de los ajuares de las tumbas y particulares ritos de enterramiento de los bastetanos, lo que les diferenciaba de otros pueblos íberos peninsulares. Tal es el caso de su costumbre de enterrar las cenizas de sus muertos de mayor rango social en cajas de piedra o estatuas-urna, entre las que destaca, como uno de los máximos exponentes del arte íbero, la conocida con el nombre de Dama de Baza (p.e. Bendala, 2000).

Dama de Baza, hallada en el Cerro del Santuario, Baza, en 1971. MY

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La civilización romana
La importancia de la huella ecológica romana en el Altiplano es sin duda mucho menor a la que alcanzó en otros ámbitos de la geografía andaluza. Según González-Román (1999), Acci constituye la única gran colonia romana en lo que hoy es la provincia de Granada, considerándola como la ciudad romana por antonomasia en el contexto del ordenamiento jerárquico de los estatutos jurídicos, si bien este autor reconoce también otros dos centros más en el Altiplano: Basti y Tutugi, herederas todas de antiguas oppida. Por tanto, característica de esta región durante el período cultural romano fue la relativamente escasa densidad de poblamientos y población, notablemente inferior a la del Alto Guadalquivir. Ello probablemente se debiera a que en las intrabéticas no se producía un excedente agrícola de la importancia del generado en el Alto Guadalquivir. A pesar de no ser un verdadero núcleo de producción directa de excedentes agrícolas, se han encontrado materiales de prestigio, lo cual indica que sus pobladores tenían algún tipo de excedente, y parece ser que tal factor productivo no fue sino el metal, sobre todo procedente de las cordilleras costeras almerienses y de la zona del Marquesado del Zenete (Asenjo, 1999). De hecho, en el Zenete se ha demostrado la existencia de dos importantes asentamientos mineros, al menos desde el siglo IV a. C. Probablemente debido a esta riqueza metalúrgica Julio César estableció en Acci la capitalidad de la zona. Ahora bien, la explotación del metal no es en sí misma suficiente para explicar la presencia de vasijas griegas y otros materiales foráneos, por lo que se piensa que el comercio pudo jugar un papel importante en la economía de la zona, emplazada desde antiguo en un pasillo de comunicación relevante. Esto explicaría la presencia de pequeños asentamientos en las depresiones intrabéticas de Guadix-Baza, que servían de conexión entre las producciones vitícolas de la costa y los centros de distribución de excedentes agrícolas del Alto Guadalquivir.

5.3. Edad Media: El dominio del Islam
La Edad Media en el Altiplano es prácticamente un sinónimo de Islam
Y es que, tras el desmoronamiento del Imperio Romano, tan solo el lapso temporal transcurrido entre los siglos VI y VII queda al margen de tal percepción. Este período, el de la época visigótica, cristiana, que algunos autores hacen coincidir con la primera unidad política autóctona de España, es sin embargo uno de los peor documentados. En cualquier caso, la sociedad visigoda asume el pasado romano y la influencia bizantina, alcanzando un cierto nivel de desarrollo y estableciendo en Toledo la capitalidad ibérica. Pero en la segunda mitad del siglo VIII comienza a debilitarse, cayendo en una crisis económica y social agudizada por los conflictos bélicos entre distintos linajes nobiliarios (p.e. Castillo, 2006). El sistema sólo necesitaba para derrumbarse del empuje de un nuevo poder cargado de vigor como el musulmán. Así, en un impresionante y rápido

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proceso de ocupación, entre los años 711 y 716, el Islam arrebató a los godos el control de la mayor parte de la Península Ibérica. Comienza Al Andalus, y de esta manera una crucial etapa en la historia de España y el Altiplano. A lo largo del devenir histórico de Al Andalus, dos ciudades cercanas al Altiplano, Elvira y Granada, se reparten su capitalidad (Peinado y López de Coca, 1987). Cada gran territorio o cora tenía una ciudad de importancia que solía denominarse hadra (sede) junto a otras ciudades menores. La cora que incluía los territorios del Altiplano cuando dependió de Elvira se extendía por casi toda la actual provincia de Granada, parte de Almería, Jaén y Córdoba, si bien con la excepción de Baza y Huéscar, que dependían de la cora giennense. Baza en un principio tuvo cora propia pero después fue incluida en la ya mencionada giennense, si bien manteniendo circunstancialmente gobernadores propios (Peinado y López de Coca, 1987). De esta época es poco lo que se conoce sobre otras ciudades de la cora de Elvira y del reino de Granada, aunque según al-Idrisi y al-Himyari, cronistas de la época, las otras ciudades importantes fueron Baza, Guadix y, ya fuera del Altiplano, también Almuñecar, Loja y Priego de Córdoba. Las tres primeras calificadas como urbes de medianas dimensiones y las otras dos más pequeñas. Tanto Guadix como Baza estaban amuralladas, y según al-Idrisi en Baza existían soberbios edificios. En el noroeste del Altiplano, otro municipio, Jódar, fue también circunstancialmente capital de la Cora de Jaén. Tan solo durante un pequeño lapso de tiempo, entre los años 1145 a 1156, se constituyó en el Altiplano un Reino de Taifas sobre Guadix, Baza y sus dominios, si bien con la invasión almohade todo este territorio pasaría definitivamente al Reino Nazarí de Granada, en el que se mantendría hasta el final del dominio islámico. Con el cambio de religión y la llegada masiva de nuevos colonizadores se produce un drástico cambio cultural con efectos en la percepción y gestión del territorio. El agua es extremadamente importante en el Islam, pues se considera origen de la vida y se le adjudica un sentido purificador del hombre. Proporcionar agua a otros hombres e incluso a otros seres, como animales y plantas, se considera zakat o limosna piadosa. Este concepto trascendente de purificación en relación al agua explica algunas características del modelo de organización social en Al-Andalus. Así, tal circunstancia está detrás de la importancia concedida al abastecimiento de agua a las ciudades, y mezclado con ideas estéticas o poéticas, se manifestó en la arquitectura del agua que ornamentaba las construcciones más suntuosas. Pero sobre todo y fundamentalmente se tradujo en un importante desarrollo de la agricultura en regadío. En realidad, sin despreciar el precedente ibero y, sobre todo, romano, la extensión de la agricultura irrigada puede considerarse una aportación fundamental de los árabes al Mediterráneo occidental. Con ellos, una nueva y más productiva forma de entender la agricultura se va instalando en Al-Andalus a partir del siglo IX. En las culturas que anteriormente se habían sucedido en el Altiplano, los regadíos se limitaron en general a pequeñas superficies ubicadas en las proximidades de fuentes y poblamientos humanos. Por el contrario en la baja edad media y para amplias zonas del Reino Nazarí, la escasa documentación conservada revela que una parte importante de las tierras en cultivo recibían aporte de agua de riego. Un agua tomada en la

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cabecera de los discretos pero abundantes ríos del Altiplano, para después conducirla mediante acequias hasta su distribución por gravedad entre los cultivares. Además, la hidráulica agraria nazarí era un sistema muy superior al simple hecho físico de regar los vegetales y ordenarlos agrícolamente. Por lo general, respondía a planteamientos y diseños perfilados en su estructura fundamental desde el principio. Su implantación era objeto de decisiones sociales tomadas bien por un determinado grupo humano, por ejemplo los vecinos de una alquería, bien por la representación del Estado. Con el agua, los agrosistemas del Altiplano, y muy especialmente los del período nazarí, alcanzaron una notable complejidad e incorporaron gran cantidad de nuevas especies agrícolas. Aunque también se cultivaba cereal en secano y su economía comercial a finales del siglo XV estaba basada en la exportación de seda, pasas y, en menor medida, almendra y aceite, lo cierto es que el Islam aportó a Europa plantas como el sorgo (Sorgohum vulgare), el arroz (Oryza sativa), la caña de azúcar (Saccharum officinarum), el algodón (Gossypium herbaceum), el limón (Citrus limonum), la lima (C. aurantifolia), el pomelo (C. paradisii), el plátano (Musa paradisiaca), la sandía (Citrullus lanatus), la espinaca (Spinacia oleracea), la alcachofa (Cynara scolymus) o la berenjena (Solanum melongena).

Las conducciones de agua y sus sistemas de regulación a pequeña escala, alcanzan un desarrollo notable durante el período musulmán en el Altiplano. En la imagen, alberca en Cañada de Cañepla, María, una de las primeras fuentes del Guadalquivir. JMD

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Únicamente en las zonas más septentrionales del Altiplano, que fueron fronterizas entre los siglos XIII al XV, el complejo sistema agronómico musulmán se abandonó antes, por razones de seguridad, en favor de otros aprovechamientos más extensivos y, sobre todo, de la ganadería, en una estrategia similar a la seguida por los colonos cristianos (Argente, 1991). A lo largo de todo este período se suceden momentos de una relativa tregua con otros de mayor tensión, en los que se producen incursiones e incluso conquistas y reconquistas de plazas. Como resultado de ello se conocen algunos episodios de intensas deforestaciones, como las acaecidas en Cabra del Santo Cristo e incluso, ya en el tramo final de la conquista castellana, también en Baza (Cano, 1974; Argente, 1991).

Torres de observación militar construidas durante el período nazarí. Este tipo de estructuras constituían una red de puntos de vigilancia, interconectados entre sí y con los centros de gobierno, cuyos restos aún pueden reconocerse repartidos por distintos puntos del Altiplano. Izqda: Atalaya de Jódar. IA; Dcha: Torre de Castril, en Benamaurel. JC

En definitiva, la impronta musulmana en el Altiplano es enorme pues, no en vano, la práctica totalidad del territorio y sus principales ciudades, Guadix y Baza, se tomaron definitivamente en 1489, es decir tan solo tres años antes de la rendición de Granada. Desde los primeros años del siglo VIII hasta estas postrimerías del XIV, habían transcurrido casi setecientos años. Un tiempo mayor al de cualquier otra civilización histórica, superior también al de la propia historia de España como Estado, cuyo nacimiento se asocia precisamente al gobierno de los Reyes Católicos. Tan longeva e intensa absorción persiste actualmente en un enorme acervo cultural, manifestado en la toponimia, la gastronomía, el arte y multitud de construcciones, y que hasta hace relativamente poco tiempo se ha mantenido también, cuando menos parcialmente, en los sistemas tradicionales de aprovechamiento hídrico y la explotación agrícola del regadío.

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5.4. Edad Moderna: Del Renacimiento al Regeneracionismo
Anexión al Reino de Castilla e inicio de la Edad Moderna (siglos XVI-XVII)
La repoblación del Reino Nazarí de Granada es compleja y escapa de una síntesis apretada. Ahora bien, es evidente que siguió criterios distintos a los que fueron habituales en fases anteriores de la reconquista, ya que la Corona disfruta ahora de un papel mucho más relevante, fortalecida como cabeza del nuevo Estado (Guzmán, 2004). En el caso de Granada, los Reyes Católicos no concedieron señoríos a instituciones eclesiásticas u órdenes militares, sino únicamente a aquellos nobles y oficiales de la Administración Real a quienes desearon agradecer los servicios prestados. Se acrecentó igualmente el papel del campesinado, en gran parte integrado por moriscos, quienes mantuvieron las prácticas agrarias nazaríes y aumentaron el uso de las tierras de realengo (Mignon, 1982), también llamadas baldíos, que con la anexión a Castilla pasaron a propiedad de la Corona. Así por ejemplo, se conoce que una Real Cédula de 1523 posibilitó en Baza el reparto de tierras montaraces y su reversión a cultivo entre todos los residentes en la ciudad, que por aquel entonces mantenía un censo de 3.600 vecinos. No obstante, durante las primeras décadas del Renacimiento la fisonomía de los paisajes no debió experimentar todavía cambios relevantes con respecto al período inmediatamente anterior, coexistiendo lo musulmán y lo castellano en provecho y enseñanza mutua. Sin embargo, conforme avanzaba el siglo XVI comenzaron a producirse cambios drásticos asociados a la roturación de montes (los Montes de Granada) para el cultivo de nuevas tierras de cereal en secano (Garrido, 2008), al hundimiento del mercado de la seda, la protección del viñedo y el vino, y fundamentalmente, las sucesivas oleadas migratorias de la población musulmana tras el imperativo de convertirse al cristianismo (Guzmán, 2004).

Isletas de encinar entre cereales en los Montes Orientales, una imagen ilustrativa de los terrenos roturados al monte para su puesta en cultivo. MY

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Aunque quizá resulte una excesiva simplificación histórica, existe un cierto consenso en que el cristiano viejo llega más familiarizado con una agricultura extensiva y de secano, complementada por la ganadería, mientras que el musulmán había sido más hortelano. La masiva expulsión de moriscos realizada entre los años 1569 y 1571, cuyo hueco fue cubierto, al menos en parte, con campesinos procedentes de Extremadura y la Alta Andalucía (Ladero, 1989), devino a partir de la segunda mitad del siglo XVI y durante el XVI en el abandono de parte del regadío y sus canales de abastecimiento, que quedan en algunos casos relegados a simples objetos arqueológicos. Ahora bien, otras huertas se mantienen y posteriormente, entre los siglos XVIII y XIX, comenzarán a incorporar nuevos elementos vegetales traídos de América, tales como la patata (Solanum tuberosum), tomate (Lycopersicum esculentum) o maíz (Zea mays), permaneciendo así en lo sustancial hasta tiempos casi contemporáneos. Las informaciones aportadas en las Relaciones Topográficas mandadas hacer por Felipe II en 1575, revelan que la mayor parte del territorio mantenía su condición forestal. Mayoritariamente no arbolada pero forestal, tal y como continuaría durante al menos otros dos siglos más. Parte de esos montes eran gestionados para la producción de esparto, como consta en las citadas Relaciones al menos para el municipio de Jódar. Por entonces, en los montes del Altiplano debía pastar una notable cabaña ganadera, pues la Mesta ya se había constituido en 1273, y con la reconquista llega este modelo ganadero al territorio, de efecto nada despreciable como agente modelador del espacio y los sistemas naturales.

El ovino fue en todo tiempo, y sigue siendo, la principal cabaña ganadera en el Altiplano. MY

Siglo XVIII
En los años centrales del siglo XVIII comienza el ocaso del Antiguo Régimen en lo que se refiere a las estructuras de uso del territorio. Por entonces ya se había producido la consolidación y evolución definitiva de los señoríos (Soria, 1995), y simultáneamente había tenido lugar la fijación jurídica de la propiedad municipal, ya fueran bienes de propios o comunales (Guzmán, 2004).

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En estos momentos comienza la modernización de la agricultura en otros países de Europa, incluso en algunas zonas de España, pero el Altiplano permanece ajeno a estos cambios. El principal uso del secano era el cultivo del cereal, complementado con algunas especies de leguminosas destinadas al autoconsumo. Sin embargo, también existían regadíos importantes, intensamente aprovechados desde al menos el período nazarí. Utilizando como referencia las tres localidades de mayor tamaño en el ámbito de estudio, según el Catastro del Marqués de la Ensenada, realizado en 1752 (Tabla 5.1.), el regadío alcanza proporciones relevantes en las vegas de Baza y Guadix, localidad esta última donde incluso constituye la superficie agrícola mayoritaria. Pero los regadíos de Baza resultaban más extensos y, aparentemente también más diversos que los de Guadix, constando por entonces el cultivo, además de hortalizas y cereal, también de lino (Linum usitatissium), cáñamo (Cannabis sativa) y maíz (p.e. Cano, 1974). En Jódar, por el contrario, la mayor parte de la pequeña superficie de regadío se destinaba a olivar (Alcalá, 2008), y es precisamente en este siglo cuando el olivo comienza a cultivarse también en localidades del Altiplano granadino, donde había sido árbol casi meramente testimonial hasta entonces (Guzmán, 2004).
Tabla 5.1. Uso del suelo en el siglo xVIII en las tres ciudades de mayor población
APROVECHAMIENTO BAZA GUADIx JÓDAR

Agrícola de regadío Agrícola de secano Tierras incultas y monte

20,2 % 26,8 % 53,0 %

12,8 % 3,3 % 83,9 %

3,5 % 23,0 % 73,5 %

Fuente: Catastro del Marqués de la Ensenada (Campos y Camarero, 1990; Camarero y Campos, 1991; Alcalá, 2008).

Por entonces la mayor parte del territorio permanecía inculto (Tabla 5.1.), en coadyuvante concurrencia de la aspereza del terreno y la adversa climatología, con una demanda aún discreta por parte de una población que no comenzará a crecer significativamente hasta finales del XVII y a lo largo del XIX (Figura 6.3. en capítulo siguiente).

Siglo XIX
El siglo XIX supone el triunfo definitivo de las ideas liberales sobre el sistema ya envejecido del Antiguo Régimen. A éste correspondía una estructura social estamental e inmovilista, mientras que ahora comienza a fraguarse otra sociedad más abierta y dinámica, pero también escasamente igualitaria: la sociedad de clases. En el medio rural andaluz persisten los grandes propietarios herederos de la antigua aristocracia, a los que se añade una nueva burguesía enriquecida que supo sacar provecho de las desamortizaciones. Pero ni estos ni los pequeños y medianos propietarios

El cultivo del olivo comienza a expandirse en el Altiplano durante el siglo XVIII, si bien por entonces aún a una escala territorialmente discreta. MY

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

aportan al medio rural una mentalidad capitalista. Bien al contrario, los primeros continúan manteniendo en régimen de arrendamiento una parte importante de sus tierras o destinándolas a pastos para el ganado. Tanto estos arrendatarios como los propietarios menores siguen desarrollando en ellos prácticas agrarias muy similares a las de siglos anteriores (Guzmán, 2004). En el censo de 1860, la proporción de propietarios y arrendatarios (12,4% de la población) del antiguo Reino de Granada era superior a la de los Reinos occidentales de Andalucía, Sevilla (6,2%) y Córdoba (8,95), más marcadamente latifundistas (Álvarez y García-Baquero, 1981). Por ello la masa jornalera era proporcionalmente inferior (14,8% frente al 17,1% y 20,2%, respectivamente), si bien suponía entonces una bolsa importante de trabajadores eventuales del campo, casi 180.000 personas en todo el Reino de Granada, una circunstancia que, a pesar del masivo movimiento migratorio del siglo XX, se ha mantenido hasta la actualidad en niveles muy importantes para algunas localidades del Altiplano (Diputación Provincial de Jaén, 2001; González et al., 2007). Durante el siglo XIX, la superficie cultivada en el contexto andaluz alcanza el máximo histórico, superior incluso al momento inmediatamente anterior a la crisis de mediado el siglo XX (Guzmán, 2004). Las necesidades de una población en significativo aumento demográfico y el proceso desamortizador favorecieron esta situación. Y es que éste es el siglo de las desamortizaciones, fundamentalmente a través de las leyes de Mendizábal, en 1837, y Madoz, en 1855, un proceso de gran trascendencia social y ecológica en el conjunto del Estado. Aunque el mecanismo desamortizador funcionó particularmente mal en la provincia de Granada (Gómez, 1983), por oposición a, por ejemplo, la vecina Jaén (LópezCordero, 1998), lo cierto es que también supuso cambios de propiedad y explotación de nuevas tierras en el Altiplano. Sólo en lo que respecta a la desamortización de bienes eclesiásticos, las tierras afectadas alcanzan superficies de 1.796, 1.181 y 499 fanegas, en las localidades de Baza, Guadix y Huéscar, respectivamente (Gómez, 1983). La mayor parte de las nuevas tierras se destinan al cultivo de cereal en secano, aunque a finales de siglo también había aumentado el olivar, en parte sobre terrenos tomados al monte pero fundamentalmente en las vegas, y si bien aún suponiendo una superficie total no superior a las 4.000 ha en todo el Altiplano (Morell, 1888; Guzmán, 2004). A lo largo del siglo se produce un incremento aún mayor de la superficie de viñedos, pero éste quedó definitivamente segado hacia el final de la centuria, cuando se extiende la plaga de la filoxera (Guzmán, 2004). Por otro lado la mesta había desaparecido oficialmente en 1836, con todo lo que entrañaba de símbolo, y ello coincide en el Altiplano con una disminución de la cabaña ganadera, asociada al ya comentado incremento de tierras en cultivo (Álvarez y García-Baquero, 1981). Pero el aumento de la superficie cultivada se muestra relativamente efímero, pues se había logrado ampliándola hacia zonas de manifiesta marginalidad, sin mejora alguna en las técnicas agronómicas. Su abandono posterior, incluso a lo largo del mismo siglo, le devolvería la condición forestal en forma de retamales, tomillares, comunidades halófilas y, de forma más lenta y culturalmente manejada, también de los espartales. Además, desde el punto de vista demográfico y social, provoca en algunas localidades la ruptura del frágil equilibrio entre necesidades de mano de obra y población jornalera, agravada por el aumento poblacional experimentado entre este siglo y el precedente (Figura 6.3.).

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Apuntes sobre la prehistoria, historia y gestión cultural del medio

Para la gran masa jornalera, el esparto gana importancia como recurso entre campañas agrícolas, lo que llega a provocar incluso movimientos migratorios en el interior del Altiplano, por ejemplo desde las zonas de Almería y Granada hacia la ciudad de Jódar, por entonces sede de una importante industria de manufactura espartera, destinada sobre todo a cubrir la creciente necesidad nacional de capachos para almazara (Alcalá, 2008) Esta población inmigrante trae consigo prácticas culturales desconocidas hasta entonces en Jódar, como la horadación de viviendas trogloditas, que llegan a alcanzar la cifra de 406 en el año 1889 (Alcalá, 2007). De hecho, aunque se pueden encontrar referencias históricas anteriores, las cuevas habitadas se expanden también por otras zonas del Altiplano fundamentalmente a lo largo del siglo XIX y durante la primera mitad del XX (Moreno, 1971). Por otro lado, éste es el siglo del desarrollo del ferrocarril en España. La línea ferroviaria que unía Granada con Murcia, por Baza, se inaugura en 1885 y otro tanto ocurre, en 1899, con la que conecta el centro de la Península con Almería, atravesando ambas el Altiplano e incrementando notablemente la capacidad de movimiento de personas y bienes (Maluquer, 1899). De hecho, el ferrocarril se convierte en el principal medio de transporte de mercancías en el Altiplano, ejerciendo un cierto efecto dinamizador de la industria local en las principales ciudades, una función que seguiría desempeñando hasta mediado el siglo XX. Y también en este siglo estuvo a punto de producirse un hecho fundamental que hubiera podido cambiar radicalmente la percepción y situación actual del Altiplano. En 1833 y bajo la tutela de Javier de Burgos, Ministro de Fomento con la Reina Regente Ma Cristina, se realizó la división administrativa de España en provincias, tal y como se mantiene en la actualidad. Pues bien, en aquel momento se estudió muy seriamente la creación de una nueva provincia que, englobando una parte importante del Altiplano y de la actual provincia de Almería, tuviera su capitalidad en la localidad de Baza (Izquierdo, 1992). Finalmente, aquella idea quedó desestimada, adjudicándose este rango únicamente a las ciudades de Granada y Almería. De haberse consumado el proyecto muy probablemente el posterior desarrollo urbano, industrial y de servicios hubiese sido mucho mayor en el Altiplano, y estos apuntes lo habrían Viaje inaugural de la línea del ferrocarril Baeza-Almería, a su paso por el último tramo construido, sido bajo el epígrafe de historia de la el Puente de arroyo Salado, en el Altiplano giennense. 12 de mayo de 1899. En J.A. Cerdá, I. Lara y M.U. Pérez provincia de Baza. (2001). Del tiempo detenido: Fotografía etnográfica giennense del Dr. Cerdá y Rico.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

5.5. El pasado reciente
Siglo XX
En el comienzo del siglo XX y durante la práctica totalidad de su devenir posterior, las provincias de Granada, Jaén y Almería fueron fundamentalmente agrícolas. En los albores de este siglo, al menos el 80% de la población activa granadina dependía de las tareas agrarias, en su mayoría arrendatarios, diminutos propietarios y jornaleros. Era, en consecuencia, habitual que los jornaleros de Granada emigraran estacionalmente a Jaén y Andalucía occidental para trabajar, ya fuera en invierno al olivar y desde finales de primavera en los trabajos de siega, allí fenológicamente previos a los del Altiplano. Por entonces, la vivienda troglodita queda definitivamente consolidada en amplias zonas del Altiplano, especialmente en las comarcas de Guadix y Baza, así como en el sureste de Jaén. Algunas bajo la estructura de casa-cueva, que aún en la actualidad conservan una excelente representación y valoración social, constituyen seña de identidad territorial e incluso se ofrecen como un atractivo turístico y hostelero (Urdiales, 2003). Pero otras, entonces más frecuentes, no fueron sino simples oquedades horadadas sobre el sustrato natural, sin mayor obra, y cuyas barriadas constituyeron auténticos focos de miseria e insalubridad heredados del siglo anterior (Costa, 1891).

Viviendas trogloditas en Guadix, en la década de 1910. En K. Hielscher (2000). España inédita en fotografías.

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Apuntes sobre la prehistoria, historia y gestión cultural del medio

El caciquismo llega en estas primeras décadas del siglo XX a su máxima expresión (Cuenca, 1982), por lo que la Segunda República trae importantes expectativas en cuanto a una posible solución de lo que se dio en llamar “el problema de la tierra”. Así, la Ley de Reforma Agraria de 1932 tenía previsto repartir en Andalucía unos 2,4 millones de hectáreas. Sin embargo, a lo largo de todo el bienio reformador no se repartieron más de 22.000 ha en toda Andalucía, y de ellas únicamente en torno a 700 en Granada y 2.500 en Jaén, si bien en su mayoría fuera del ámbito del Altiplano. Estas cifras aumentaron en 1936, bajo el gobierno del Frente Popular, ascendiendo a 1.300 y 8.300 ha, respectivamente, aunque quedando muy por debajo de las casi 90.000 ha que suman en este momento las tierras expropiadas en las provincias de Andalucía occidental, donde el latifundio venía suponiendo, desde tiempos históricos, una mayor superficie relativa (Florencio, 2006). En 1936 el escenario general de miseria e intensa conflictividad social desemboca, al igual que en el resto del Estado, en la última guerra civil española. La totalidad del Altiplano queda inicialmente en el bando republicano, donde permanecería hasta el final de la contienda, ocupando el centro geográfico de lo que fue la Andalucía republicana durante el transcurso de la guerra. Precisamente esta circunstancia lleva, en 1937, a establecer en la localidad de Baza el cuartel general del Ejercito Popular de Andalucía (Carmona, 1999). Durante la guerra se realizan algunas experiencias de colectivización de la tierra, si bien éstas, al igual que ocurrió en el siglo anterior con la desamortización, no alcanzan una especial significación territorial en las provincias de Granada y Almería, siendo mayores en Jaén (Tussel, 2004). Inmediatamente después del dramático conflicto civil, la década de los cuarenta surge como la época de mayor miseria en la historia reciente de España. Los antiguos propietarios recuperan inmediatamente su tierras, dentro o fuera de la legalidad, y en toda Andalucía oriental se produce una severa depresión agraria, con retroceso en los rendimientos de cereal y olivar, así como una disminución de la cabaña ganadera (Florencio, 2006). En Jaén y Granada se constata que la superficie de olivar permanece prácticamente estancada entre 1940 y 1955 (Guzmán, 2004; Florencio, 2006). La producción agraria no abastecía las necesidades de la población, y simultáneamente se produjo un retroceso de la producción industrial, estrangulada por falta de materias primas, capitales y tecnología, un descenso del nivel de vida, la caída de los salarios y hambre generalizada. El régimen respondió con el racionamiento, lo que a su vez hizo florecer el estraperlo, todo ello en un marco económico de férreo intervencionismo estatal (Martínez, 2006). El Servicio Nacional del Trigo, creado por el gobierno de Burgos en plena guerra civil, comienza operando como monopolio en la compraventa del cereal, desarrollando posteriormente severas funciones de intervención en los mercados (Martínez, 2006). Si bien menos abundantes que en el valle del Guadalquivir, su red de silos repartidos por toda la geografía nacional tiene también en el Altiplano algunos exponentes, inútiles ya a su originaria función y abandonados, pero aún relativamente bien conservados y ofreciéndose como un recurso susceptible de recibir nuevos y distintos usos. Una estructura administrativa similar que merece especial mención aquí debido a su estrecha relación con el Altiplano es el Servicio Nacional del Esparto, creado unos años después, en 1948, y dependiente del Ministerio de Agricultura, por un lado, y del de Industria y Comercio, por otro (Servicio Nacional del Esparto, 1950). Su función principal, análoga a la desarrollada anteriormente con los cereales, fue la de

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

ejercer control estatal sobre la producción y manufactura del esparto, que por entonces llegó a alcanzar una importancia crucial para sectores como la industria papelera o la oleícola. Pero además, desarrolló toda una serie de experiencias técnicas orientadas a cuantificar y mejorar la producción espartera, así como a la restauración de los propios espartales abandonados (Servicio Nacional del Esparto, 1951 y 1953). Precisamente una parte de estos trabajos se realizaron en el Altiplano, especialmente en el monte Atochares, en t.m. de Benamaurel, donde varios miles de hectáreas fueron dedicadas casi exclusivamente a este tipo de experiencias forestales. Ello devino, por primera vez, en una nueva aunque breve perspectiva esteparia en la gestión forestal del Estado. Tal perspectiva, que heredó e incorporó el milenario bagaje cultural asociado a la gestión de los atochales, condicionó localmente el paisaje actual, y constituye aún hoy uno de los escasos referentes técnicos para la gestión y restauración de comunidades vegetales en ámbitos esteparios del SE Ibérico (apartado 13.3.). Pero la industria del esparto, que llegó a ser muy importante en el Altiplano, se derrumba casi totalmente entre finales de los años 50 y los 60, debido a la entrada de otras fibras y, sobre todo, de los materiales sintéticos, lo que deja a los jornaleros sin su actividad principal entre campañas. Ello, unido a la escasa productividad inherente a la mayor parte de las tierras agrícolas y a la apertura de nuevas posibilidades laborales en la ciudad,

Plantaciones de esparto en el monte Atochares, Benamaurel, realizadas a mediados del siglo XX. MY

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Apuntes sobre la prehistoria, historia y gestión cultural del medio

desemboca durante este período en una masiva sangría migratoria, con destino mayoritario hacia las grandes urbes del centro y norte peninsular (y hacia otros países de Europa), que vino a la postre a hacerse definitiva para una parte muy significativa de la población del Altiplano (apartado 6.1.). Paralelamente caen también otros sectores productivos, y así la última explotación minera de metales en la comarca de Baza se cierra en 1968, ciudad de la que desaparece también el ferrocarril en 1984. Esta última circunstancia constituyó un Comercio de alfarería en Purullena. JC golpe importante a la interconexión de los municipios del Altiplano, si bien fue sobradamente compensada poco después con la apertura de la Autovía A-92 que vino a mejorar sustancialmente la calidad de las comunicaciones, no sólo dentro de este territorio sino entre el conjunto de Andalucía y el levante español. Pero las décadas centrales del siglo XX habían marcado ya el tamaño y la estructura demográfica de la población humana actual en el Altiplano. En cualquier caso, esta población, a cuyo análisis se dedica específicamente el capítulo siguiente, es albacea del efecto enriquecedor, por alternante y acumulativo, que ha tenido la sucesión cultural en el Altiplano, de su efecto modelador sobre el medio y de lo que supone y puede suponer su registro (prehistórico e histórico) como potencial recurso para el desarrollo sostenible.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

yACIMIENTOS ARQUEOLógICOS
La importancia arqueológica del Altiplano no debe pasar inadvertida, ya que presenta además un buen número de lugares visitables y otros que están en proceso de serlo. Todos ellos constituyen recursos de interés que, ofertados complementariamente a otros valores y peculiaridades del territorio, albergan una utilidad potencial para el desarrollo local que ha sido sin duda insuficientemente explotada hasta la actualidad La más importante representación de los yacimientos prehistóricos del Altiplano se encuentra en la localidad granadina de Orce, donde se localizan los yacimientos de Venta Micena, Fuente Nueva y Barranco León, exponentes de los primeros pobladores homínidos (Gibert, 1985, 1986; Torres et al., 2002). Estos sólo pueden visitarse durante la campaña de excavación, del 15 de junio a principios de Agosto. A lo largo de los badlands del río Gor se conservan en torno a 200 tumbas, que según García y Spanhi (1959) se agrupan en once necrópolis megalíticas construidas entre el 4.000 y el 2.000 a.C. Casi todas ellas constan de un espacio funerario principal o cámara a la que se accede por un pasillo o corredor. En cada una se enterraban los miembros de una fracción de la comunidad durante un largo período de tiempo configurándolas como verdaderos panteones colectivos, cuyo carácter monumental queda patente por su ubicación, su fábrica en grandes bloques de piedra y por la acumulación de tierra que, dispuesta sobre estos, conforma una pequeña colina o túmulo. Estas necrópolis se distribuyen por los términos municipales de Villanueva de las Torres, Gorafe, Guadix y Gor. Actualmente tres de ellas están siendo objeto de intervenciones de valorización que culminarán en la creación de un Museo Monográfico en la localidad de Gorafe. En el Altiplano se encuentra también uno de los yacimientos más importantes de la cultura argárica, El Castellón Alto, incluido dentro de la Red Andaluza de Yacimientos Arqueológicos (RAYA) y localizado en la margen izquierda del río Galera, a un kilómetro del actual núcleo de población. De la época ibera se pueden visitar los vestigios de la antigua Basti en el Cerro Cepero, de Baza, así como los Castellones de Ceal, en la ribera del río Guadiana Menor, éste último de los más importantes del entorno y que tuvo su origen en el control de la ruta comercial que introducía productos del mediterráneo en el valle del Guadalquivir. También en el sureste de Jaén, si bien sobre la ribera de otro río, el Jandulilla, están los yacimientos de la Loma del Perro y xandulilla. Por otro lado, aunque todavía no visitable si bien lo estará en un futuro, se encuentra la Necrópolis de Tútugi (Galera), ciudad íbero-romana situada en la confluencia de los ríos Orce y Barbatas. Se trata posiblemente de la mayor necrópolis ibérica de España con más de 130 túmulos, alcanzando algunos los 20 m de perímetro y 4,5 m de altura. Además en uno de estos apareció la Diosa de Galera, actualmente en el Museo Arqueológico Nacional. También en la localidad de Galera, junto a la cañada de la Encantada, se encuentra la necrópolis romana de Cerro del Real, que presenta enterramientos muy sencillos pero de variada tipología, con hasta nueve tipos distintos de túmulos. Otro vestigio romano es el camino Real de Hinojares, que alcanza en parte de su recorrido el municipio de Cuevas del Campo. No obstante la vía ha sido asfaltada como camino agrícola, quedando únicamente unos aljibes en el entorno próximo de esta localidad. Además, en Orce se encuentra el Poblado del Cerro de la Virgen, que aunque en mal estado de conservación presenta una sucesión de asentamientos celtas, iberos, romanos y árabes. Todos estos yacimientos se pueden visitar, si bien es recomendable pasarse previamente por las oficinas de turismo de los respectivos municipios.

Yacimiento de Venta Micena, Orce. MV

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Apuntes sobre la prehistoria, historia y gestión cultural del medio

MUSEOS ARQUEOLógICOS
Además de por la abundancia y riqueza de sus yacimientos, el Altiplano se caracteriza por la presencia de Museos en los que conserva parte de sus restos paleontológicos, prehistóricos y arqueológicos hallados. Algunos de ellos se localizan en municipios con menos de 2.000 habitantes, como es el caso de Orce y Galera. En 1987 se crea el Museo de Prehistoria y Paleontología de Orce, en la torre del castillo de esta localidad granadina. En él se recogen una colección de piezas procedentes de diferentes yacimientos encontrados en el término municipal. El Museo consta de tres salas, la primera dedicada a la fauna donde se encuentran restos craneales y post-craneales, destacando los de felinos tigres dientes de sable (Megantereon y Homoterium); la segunda contiene fracciones completas de yacimientos; la tercera está dedicada a la industria lítica hallada en Fuente Nueva, y en concreto a lascas de sílex que acreditan que dicho lugar fue un asentamiento humano; además también se expone una copia del célebre fragmento craneal humano hallado en el yacimiento de Venta Micena. El Museo Municipal de Baza fue creado en 1988 por el Ayuntamiento de la localidad, y se halla incluido en la Red Andaluza de Museos dependiente de la Consejería de Cultura de la Junta Andalucía. La mayoría de los fondos son de carácter arqueológico, disponiendo de cuatro salas permanentes, que se estructuran en grandes períodos: prehistoria, época ibera, época romana y épocas medieval y moderna. Una de las piezas más valiosas del Museo es el Guerrero de Baza. Concebida como urna funeraria, esta escultura representa a un guerrero elevado a la categoría de héroe o a un personaje de alto rango en la aristocracia ibérica. Esta pieza está datada entre los siglos II-I a. C. En 2001 se inauguró el Museo Arqueológico y Etnológico de Galera, ubicado en el antiguo convento de monjas de Cristo Rey. Conserva objetos pertenecientes a todos los períodos del desarrollo histórico de la comarca. En la planta superior se hace un recorrido por la prehistoria mostrando herramientas, cerámica y armas de la Edad del Cobre. Después describe la cultura argárica para terminar en el Bronce Final. En la planta baja se recogen piezas de tres períodos cultura ibérica, romana y medieval, contando con una réplica de la “Diosa de Galera”. La última planta aún está en proyecto y tendrá carácter etnológico. En el sureste de Jaén se encuentra el Museo de Jódar. Creado en 1997 por la Asociación Cultural “Saudar” en colaboración con el ayuntamiento de Jódar, el museo se estructura en tres salas y un aula de cultura en la que se expone la imagen de Jódar en el tiempo. Dos de las salas son de carácter etnológico mostrando artes y costumbres populares, especialmente en lo relativo a la artesanía e industria del esparto. La otra sala es arqueológica y tiene representación de las culturas ibera, romana y musulmana. Quizás lo más destacable pertenezca a la época ibera ya que en el museo se encuentran varios molinos harineros domésticos, uno de ellos completo y montado, urnas funerarias que aún contienen sus cenizas originales, así como monedas, fábulas y falcatas. En 1988 y tras varios intentos fallidos la corporación municipal de Vélez Rubio materializó el proyecto de Museo Comarcal Velezano “Miguel Guirao”, actualmente incluido en la Red Andaluza de Museos. éste conserva una colección de piezas que muestran la evolución desde las fases más primitivas de la prehistoria hasta objetos contemporáneos de la cultura popular. La finalidad de este Museo es tanto la exposición de la colección del patrimonio arqueológico de la comarca y otros lugares del sureste ibérico, como la concienciación sobre la necesidad de su protección y conservación.

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La ciudad de Guadix y su entorno. JH

Sociedad y población actual

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Sociedad y población actual

“Atraviesa la muerte con herrumbosas lanzas y en traje de cañón, las parameras donde cultiva el hombre raíces y esperanzas, y llueve sal, y esparce calaveras.”
Miguel Hernández

La actual situación demográfica y social de la población humana en el Altiplano es una realidad fruto de un largo proceso histórico que se remonta, cuando menos, a la estructura social y el crecimiento demográfico de los siglos XVIII y XIX. Pero fundamentalmente tiene su más inmediato origen en el masivo fenómeno migratorio sufrido durante la segunda mitad del siglo XX. Y es que la relación entre población y crecimiento económico no es ni mucho menos directamente proporcional, es decir, no por disponer de una mayor población, es mayor la fuerza de trabajo y el crecimiento económico. Bien al contrario, ello puede incluso constituir una rémora en aquellas sociedades para las que tan solo la actividad agrícola había tenido significación económica, como ha sido el caso del Altiplano hasta más de mediado el siglo XX. Una actividad agrícola desarrollada, por añadidura, en un entorno mayoritariamente hostil a la misma, debido a las severas limitaciones agronómicas de una gran parte del territorio. De ahí que, a partir de los años sesenta del pasado siglo, con el incipiente desarrollo económico y la apertura de nuevas posibilidades laborales en las ciudades, el modelo socioeconómico que en el Altiplano llevaba manteniéndose de forma sustancialmente similar durante siglos, salta por los aires. Y con él arrastra una parte muy importante de la población. De aquellas riadas de gente emigrante proceden los lodos demográficos que ahora se reparten por el Altiplano, y a cuyo análisis se destina precisamente este capítulo. En este contexto, el Programa de Conservación, Protección y Restauración del Altiplano es precisamente una más de las medidas que, desde la Administración autonómica, se vienen implementando para promover y posibilitar mecanismos de desarrollo sostenible en una población que, desde luego, los necesita.

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Sociedad y población actual

6.1. Estructura y dinámica demográfica
La estructura y dinámica demográfica son variables de gran importancia en el análisis de la población humana de un territorio. Aspectos poblacionales como la distribución por edades y sexo, la evolución demográfica o la inmigración, entre otros, determinan la estructura de una población e influyen en sus aspectos económicos, sociales y culturales (González et al., 2007).

Población actual
En el análisis demográfico y socioeconómico se consideran los 62 municipios seleccionados por cumplir alguno de los criterios determinados con anterioridad (apartado 3.2.). Se trata de tener al menos el 20% de su término municipal incluido dentro de los límites de la unidad o disponer de más de 3.000 ha en el Altiplano aún cuando esta superficie sea inferior al 20% de su término. Para determinar el número de habitantes del Altiplano se ha utilizado el padrón municipal del ejercicio 2005, registro administrativo donde figuran los vecinos de cada municipio. A nivel estadístico facilita el recuento de la población y el conocimiento de la estructura demográfica. Hasta la aparición de la Ley 4/1996, de 10 de enero, por la que se modifica la Ley 7/1985, de 2 de abril, Reguladora de las Bases del Régimen Local, en relación con el Padrón Municipal, este último se revisaba anualmente y se renovaba completamente cada 5 años; pero con ella y hasta la actualidad, se implantó una gestión continua e informatizada de los padrones, basada en la coordinación de todos ellos por el Instituto Nacional de Estadística.

Guadahortuna. MY

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Según el padrón de 2005 (Tabla 6.1.), el Altiplano cuenta con un total de 163.120 habitantes. Por provincias, más de dos tercios se localizan en Granada, con 111.737, mientras que en la provincia de Jaén se encuentran 29.468 y en Almería 21.915.
Tabla 6.1. Número de habitantes municipal (Padrón 2005)
MUNICIPIOS HABITANTES MUNICIPIOS HABITANTES

ALMERÍA

Alcóntar Chirivel Fiñana María Serón Tíjola Vélez-Blanco Vélez-Rubio

647 1.849 2.442 1.565 2.429 3.820 2.126 7.037 811 462 735 563 780 22.220 377 3.288 2.323 798 4.849 1.606 2.565 741 2.335 1.081 2.097 4.898 1.488 556 860 592 323

GRANADA Alamedilla Albuñán Aldeire Alicún de Ortega Alquife Baza Beas de Guadix Benalúa Benamaurel Calahorra (La) Caniles Castilléjar Castril Cogollos de Guadix Cortes de Baza Cortes y Graena Cuevas del Campo Cúllar Darro Dehesas de Guadix Diezma Dólar Ferreira

GRANADA Fonelas Freila Galera Gobernador Gor Gorafe Guadahortuna Guadix Huélago Huéneja Huéscar Lanteira Marchal Morelábor Orce Pedro Martínez Peza (La) Polícar Puebla de Don Fadrique Purullena Torre-Cardela Villanueva de las Torres Valle del Zalabí Zújar JAÉN Cabra del Santo Cristo Hinojares Huesa Jódar Larva Pozo Alcón Quesada

1.165 1.039 1.127 317 997 540 2.261 20.136 455 1.231 8.225 488 404 847 1.397 1.254 1.381 233 2.621 2.307 1.103 789 2.326 2.746 2.246 467 2.727 12.153 474 5.437 5.964

TOTAL ALTIPLANO*

163.120

* Suma de todos los habitantes de los términos municipales incluidos en el Altiplano. Fuente: SIMA, 2006. Instituto de Estadística de Andalucía. Elaboración propia.

dEnSIdad PoBLaCIonaL Este parámetro es un elemento descriptivo relevante en la población, en el cual se relacionan los habitantes de un territorio y su superficie. Es comúnmente aceptado que densidades poblacionales

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Sociedad y población actual

situadas entre 0 y 50 hab/km2 son bajas, entre 51 y 100 hab/km2 medias, y superiores a 100 hab/km2 altas (Puyol et al, 1992). El Altiplano con sus 20 hab/km2 se muestra como un área de baja o muy baja densidad poblacional, donde más del 85% de los municipios presentan densidades bajas, e incluso casi el 75% de ellos por debajo de los 25 hab/km2. Poco más del 10% mantienen una densidad media y tan solo uno presenta densidad alta, el municipio de Benalúa, debido a su pequeña superficie. Al comparar la densidad del área de estudio con la provincia de Granada, 68,1 hab/km2, se advierte que esta área se encuentra bastante por debajo de los niveles provinciales y aún más, si se compara con la densidad total en Andalucía, 89,6 hab/km2, o la nacional, 82,3 hab/km2.
Tabla 6.2. Densidad poblacional municipal (hab/km2)
MUNICIPIOS DENSIDAD MUNICIPIOS DENSIDAD

ALMERÍA

Alcóntar Chirivel Fiñana María Serón Tíjola Vélez-Blanco Vélez-Rubio

6,91 9,38 18,19 6,96 14,59 54,42 4,82 24,92 8,97 53,86 10,52 24,68 64,57 40,75 23,37 448,23 18,24 20,12 22,37 12,19 10,40 24,62 16,63 48,58 21,70 11,46 29,82 7,76 20,48 7,57 7,43

GRANADA Alamedilla Albuñán Aldeire Alicún de Ortega Alquife Baza Beas de Guadix Benalúa Benamaurel Calahorra (La) Caniles Castilléjar Castril Cogollos de Guadix Cortes de Baza Cortes y Graena Cuevas del Campo Cúllar Darro Dehesas de Guadix Diezma Dólar Ferreira

GRANADA Fonelas Freila Galera Gobernador Gor Gorafe Guadahortuna Guadix Huélago Huéneja Huéscar Lanteira Marchal Morelábor Orce Pedro Martínez Peza (La) Polícar Puebla de Don Fadrique Purullena Torre-Cardela Villanueva de las Torres Valle del Zalabí Zújar JAÉN Cabra del Santo Cristo Hinojares Huesa Jódar Larva Pozo Alcón Quesada

12,10 17,37 9,61 13,83 5,49 7,01 18,84 63,53 13,93 10,56 17,57 9,21 52,02 21,96 4,31 9,12 13,64 42,27 5,02 77,23 75,91 11,94 21,57 26,88 12,04 11,46 19,88 81,54 11,19 39,22 18,17

TOTAL ALTIPLANO*

19,67

* Media de los municipios incluidos en el Altiplano. Fuente: SIMA, 2006. Instituto de Estadística de Andalucía. Elaboración propia.

119

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Densidad de población municipal en 2005

Fuente: SIMA, 2006

< 50 hab/ Km2 50 - 100 hab/ Km2 > 100 hab/ Km
2

Límite del Altiplano Límite autonómico Límite provincial Municipios

120

Sociedad y población actual

Cañada de Cañepla, en el municipio de María. JMD

A nivel comarcal (Figura 6.1.), todas las unidades territoriales de este tipo que tienen superficie en el Altiplano se hallan, según Puyol et al. (1992), en la categoría de baja densidad, siendo la de Huéscar, con 9,6 hab/km2, la de menor densidad poblacional entre todas las comarcas granadinas (González et al., 2007).
Figura 6.1. Densidad media de población por km2, 2005

Fuente: SIMA, 2006. Instituto de Estadística de Andalucía. Elaboración propia.

Distribución espacial de la población
La distribución espacial de la población hace referencia a la forma en que los habitantes se localizan sobre un territorio. Para ello, el Nomenclátor del Instituto de Estadística de Andalucía (2005) diferencia entre distintas unidades:

121

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Término municipal. Entidad colectiva. Entidad singular. Núcleo (puede incluir un núcleo en sí o hacer referencia a población diseminada).

dISTRIBuCIÓn dEL PoBLaMIEnTo Este parámetro analiza los asentamientos de población, teniendo en cuenta su número, tamaño y distribución en un determinado ámbito territorial, que en el mayor de los casos son ciudades, villas, aldeas, barriadas y caseríos. En el Altiplano existe un promedio de 4,2 entidades singulares por municipio, estando la gran mayoría de los términos municipales cercanos a esta media. Destacan, no obstante seis municipios con una única entidad y otros con un alto número de ellas, como Vélez Rubio (28 entidades singulares), Serón (20), Quesada (12) o Caniles (11). El número de habitantes empadronados en 2005 por municipio oscila desde los 233 habitantes de Polícar a los 22.220 de Baza (SIMA, 2006). Algo más de un tercio de los municipios tienen menos de 1.000 habitantes y más de la mitad de ellos presentan entre 1.000 y 3.000 hab (Tabla 6.3.). Por otro lado, también hay que reseñar que en tan solo tres municipios (Baza, Guadix y Jódar) se aglutina un tercio de la población.

En la comarca de Baza abundan los núcleos diseminados, si bien no suponen una proporción relevante en relación al total poblacional. JH

122

Sociedad y población actual

Bácor-Olivar, entidad local autónoma en t.m. de Guadix. JH

123

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Figura 6.2. y Tabla 6.3. Distribución de la población (Padrón 2005)

RANGO HABITANTES

No DE MUNICIPIOS

<1.000 1.000 - 2.000 2.000 - 3.000 3.000 - 5.000 5.000 - 10.000 10.000 - 20.000 >20.000

24 13 14 4 4 1 2

Fuente: SIMA, 2006. Instituto de Estadística de Andalucía. Elaboración propia.

dISTRIBuCIÓn dE La PoBLaCIÓn En base a los datos del Nomenclátor de 2005, una vez analizados los municipios incluidos, puede afirmarse que de forma mayoritaria la población se agrupa en los núcleos principales (o capitales), ya que en promedio el 86,9% de la población reside en el núcleo principal del término municipal. Pueden identificarse tres tipos de comportamiento en estos municipios en función de la distribución espacial de la población. En primer lugar, municipios con la población distribuida en varias entidades sin que exista un importante peso específico del núcleo principal respecto al total, no llegando dicho núcleo principal al 50% de la población municipal. Este es el caso de Alcóntar (29,2% para el núcleo principal), Castril (34,7%) o Cortes de Baza (45,4%). En segundo lugar, están los municipios con varias entidades singulares, pero en los que al menos el 70% de la población se hallaría en el núcleo. Destacan Alamedilla (5 y 97,4%), Fiñana (5 y 95,8%), Huesa (5 y 94,6%) y Orce (3 y 92,6%). Por último, destacar que sólo seis municipios tienen una única entidad singular y el 100% de población en el núcleo, son Albuñán, Beas de Guadix, Lanteira, Marchal, Polícar y Jódar. Si se hace referencia a la concentración-dispersión de la población de los municipios del Altiplano, se destacaría que menos del 15% de la población vive fuera del núcleo principal del municipio. Además, la población que el Nomenclátor señala como diseminada no asciende ni siquiera al 5%, aunque como excepciones resultan destacables los casos de Huéneja (24,7%), Serón (21,2%), Chirivel (18,9%), Castril (17,6%) o Píñar (15,5%).

124

Sociedad y población actual

Distribución de la población a nivel municipal 2005

Fuente: SIMA, 2006

< 1.000 habitantes 1.001 - 3.000 habitantes 3.001 - 5.000 habitantes

5.001 - 10.000 habitantes 10.001 - 20.000 habitantes > 20.000 habitantes

Límite del Altiplano Límite autonómico Límite provincial Municipios

125

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

dISPERSIÓn – ConCEnTRaCIÓn Una población es más dispersa cuanto más homogéneamente se reparta por un territorio, mientras que un poblamiento será más disperso cuanto mayor sea el número de asentamientos de población por unidad de superficie. El modelo del Altiplano es del tipo “concentrado-disperso” (Vinuesa et al., 1994), definido por un elevado número de asentamientos, en los que la mayor parte de la población aparece localizada en un número muy reducido de ellos. Por todo esto, puede concluirse que el Altiplano destaca por: Ser un área bastante despoblada, sobre todo la zona nororiental, lo cual está relacionado con las condiciones físicas (más de 1.000 m.s.n.m.) y agrarias (tierras por lo general poco productivas) del territorio. Tener sus municipios pocos vecinos, con la excepción de aquellos que son cabeza de comarca.

Dinámica de la población
A diferencia de lo que ocurrió durante los siglos XVIII y XIX (apartado 5.4.), la evolución de la población desde mediados del siglo XX en el Altiplano se caracteriza por un descenso continuo de los efectivos poblacionales, una característica común a la gran mayoría de los municipios del entorno rural andaluz. Para el total de los 62 municipios del ámbito de estudio, la población censada alcanzaba los 292.089 habitantes en 1950, mientras que en el 2001 había descendido hasta los 161.281 habitantes, cifra similar a la de 1860.

El envejecimiento poblacional afecta a la práctica totalidad de comarcas del Altiplano. En la imagen, un ganadero desplazando reses por las llanuras de Jérez del Marquesado. AH

126

Sociedad y población actual

A pesar de existir un paralelismo entre la evolución demográfica de los municipios del Altiplano y el total provincial granadino, puede observarse una diferencia contrastada (Figura 6.3.) a partir de la década de los ochenta del pasado siglo, momento en la que la provincia de Granada retoma una tendencia poblacional ascendente, mientras que en el Altiplano continúa descendiendo. Algo similar sucede al comparar el Altiplano con el total autonómico andaluz, ya que ambos muestran un crecimiento continuo hasta 1950, momento en el que se produce la divergencia. Por un lado, la comunidad autónoma mantiene un crecimiento constante a lo largo de las décadas, sólo con una cierta ralentización entre los años 60 y los 70, y por otro, la situación ya mencionada del Altiplano, cuya población continúa decreciendo.
Figura 6.3. Comparación de la evolución demográfica entre el Altiplano y la provincia de Granada

Fuente: SIMA, 2006. Instituto de Estadística de Andalucía. Elaboración propia.

Las cifras vegetativas (nacimientos-defunciones) del Altiplano en el período 1996-2004 fueron negativas (Tabla 6.4.), presentando únicamente datos positivos nueve municipios. Esta situación es consecuencia de un envejecimiento de la población de la zona, condicionante añadido a una tendencia nacional descendente en las tasas de natalidad (González et al., 2007). Las comarcas de Huéscar y Vélez son las más afectadas por un crecimiento vegetativo negativo, mientras que las de Mágina e Iznalloz son las únicas con datos positivos. A estos datos hay que sumar un saldo migratorio también negativo, circunstancia que agrava el despoblamiento. La situación más preocupante en el Altiplano es el saldo migratorio (Tabla 6.4.), ya que está cifrado en más de siete mil habitantes mientras que el vegetativo no asciende a dos mil. El origen de este saldo migratorio negativo se encuentra en el escaso dinamismo económico de las últimas décadas en esta zona (González et al., 2007), siendo especialmente grave la situación de las comarcas de Guadix y Cazorla, que han perdido más de tres mil habitantes en estos ocho años.

127

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Tabla 6.4. Evolución comarcal de la población del Altiplano entre 1996 y 2004
COMARCA ALTO ALMANZORA LOS VÉLEZ RÍO NACIMIENTO BAZA GUADIX HUÉSCAR IZNALLOZ MÁGINA SIERRA DE CAZORLA ALTIPLANO CRECIMIENTO VEGETATIVO CRECIMIENTO REAL SALDO MIGRATORIO

-278 -561 -399 -398 -414 -550 280 374 -164 -1.602

2.335 -32 -557 -1.468 -3.146 -1.599 -1.655 -643 -3.110 -8.844

2.613 529 -158 -1.070 -2.732 -1.049 -1.935 -1.017 -2.946 -7.242

Fuente: SIMA, 2006. Instituto de Estadística de Andalucía. Elaboración propia.

EL faCToR CLaVE: La EMIGRaCIÓn El despoblamiento del Altiplano comienza en de la década de los 50 del siglo XX, ya que hasta ese momento el saldo natural (nacimientos-mortalidad) compensa las pérdidas por emigración e incluso aumenta la población (Carvajal, 1986). En los años 50 los municipios del Altiplano albergaban una población cercana a los 300 mil habitantes, y desde entonces la emigración se ha convertido en el factor que modela la evolución demográfica del Altiplano (apartado 5.5.), si bien no siempre se ha presentado con la misma intensidad. En este proceso de emigración y su consiguiente descenso demográfico destacan las cifras del período comprendido entre 1960 y 1981, cuando se produjo una pérdida media del 30% en los municipios del Altiplano, llegando casi al 35% si se amplia el período desde 1950 a 1981. En el ámbito municipal, la pérdida de población en el período 1960-1981 fue incluso mayor del cincuenta por ciento en municipios como Villanueva de las Torres o Puebla de Don Fadrique, y superó casi el setenta por ciento en Gor. No obstante, a partir de 2001 parece evidenciarse una ligera tendencia a la estabilización de la población, e incluso un ligero crecimiento (SIMA, 2006).

A mediados del siglo XX, el ferrocarril y los primeros coches de línea llevaron hacia la emigración a un tercio de la población del Altiplano. Autor anónimo, imagen cedida por IA.

128

Sociedad y población actual

Evolución de la población entre 1996 y 2005

Fuente: SIMA, 2006

Descenso mayor de 500 habitantes Descenso entre 500 y 250 habitantes Descenso menor de 250 habitantes

Incremento menor de 500 habitantes Incremento entre 500 y 1.000 habitantes Incremento mayor de 1.000 habitantes

Límite del Altiplano Límite autonómico Límite provincial Municipios

129

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

un CaMBIo En La TEndEnCIa: La InMIGRaCIÓn Actualmente en el Altiplano se está produciendo otro fenómeno demográfico significativo. Se trata del incremento de la población emigrante residente empadronada (Figura 6.4.). Este aumento del flujo migratorio es especialmente relevante en las comarcas almerienses del Alto Almanzora y Los Vélez y en la granadina de Baza, donde municipios como Vélez-Rubio o Freila tienen empadronados a más de cien extranjeros por cada mil habitantes, superando el 10% de la población. Esta situación coincide con el incremento de la actividad agrícola en estas comarcas durante los últimos años (apartado 12.1.). En el otro extremo se encuentran algunos municipios de la base de Sierra Nevada como Alquife, Ferreira, Huéneja, Lanteira o La Peza, u otros de la depresión del Guadiana Menor como Huesa, Jódar y Larva, en los que no se alcanzan los seis inmigrantes por cada mil habitantes.

La intensificación de cultivos se ha traducido en un incremento de la necesidad de mano de obra, en gran medida cubierta por trabajadores inmigrantes. CPS

En términos más globales, durante el período 1996-2005 el Altiplano ha multiplicado casi por 18 veces la población inmigrante, mientras que Andalucía lo ha hecho en poco más de 4 y la provincia granadina en 6, si bien la proporción de inmigrantes en ambas todavía supera ampliamente a la del Altiplano.
Figura 6.4. Población inmigrante por cada mil habitantes, 1996-2005

Fuente: SIMA, 2006. Instituto de Estadística de Andalucía. Elaboración propia.

130

Sociedad y población actual

Inmigración. Densidad de inmigrantes por cada 1.000 habitantes en 2005

Fuente: SIMA, 2006

> 20 inmigrantes/ 1.000 habitantes 21 - 40 inmigrantes/ 1.000 habitantes 41 - 60 inmigrantes/ 1.000 habitantes

61 - 80 inmigrantes/ 1.000 habitantes 81 - 100 inmigrantes/ 1.000 habitantes > 100 inmigrantes/ 1.000 habitantes

Límite del Altiplano Límite autonómico Límite provincial Municipios

131

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Estructura biológica
La despoblación es un fenómeno que afecta directamente a la estructura poblacional, provocando un envejecimiento progresivo. Tal envejecimiento influye en aspectos sociales y económicos determinantes en diversos sectores de la actividad económica.

dISTRIBuCIÓn PoR EdadES La composición por edades de una población es un dato importante ya que explica una serie de cuestiones demográficas (natalidad, mortalidad, migraciones) así como socioeconómicas (población activa, desempleada, etc.). De forma general, la población puede clasificarse en tres grupos de edad: niños (0 a 14), jóvenes y adultos (15 a 64), y mayores (mayores de 65). En función de esta clasificación se calcularán los distintos índices de juventud o vejez. El envejecimiento de una sociedad se plantea cuando el número de habitantes mayores de 65 dividido entre el de menores de 15 es mayor a 0,5. Pues bien, en el Altiplano este cociente es de 1,24. Asimismo, una población tiende al envejecimiento cuando la fracción mayor de 65 años (índice de envejecimiento) supera una cifra entre el 10% y el 13%, según autores, del total poblacional. En los municipios incluidos en el Altiplano la población mayor de 65 años supone algo más de un 20% del total, por lo que puede concluirse que está caracterizada por un elevado índice de envejecimiento. Tal índice es bastante superior a la media andaluza y también a las provinciales de Almería, Granada y Jaén (Tabla 6.5.).
Tabla 6.5. Distribución por edades según Censo 2001
ÁMBITO
ALTIPLANO ALMERÍA GRANADA JAÉN ANDALUCIA

0 A 14 AÑOS 15 A 64 AÑOS MÁS DE 64 AÑOS (% POB) (% POB) (% POB)

16,9 17,9 17,2 17,9 17,3

62,1 68,6 66,5 64,4 68

21 13,5 16,3 17,7 14,6

Fuente: SIMA, 2006. Instituto de Estadística de Andalucía. Elaboración propia.

El estudio económico del Altiplano de González et al. (2007) expone como conclusión que el envejecimiento es una característica propia de la provincia de Granada, siendo este fenómeno más intenso en las comarcas del Altiplano. Además el envejecimiento de la población se produce a mayor ritmo en las comarcas más despobladas.

132

Sociedad y población actual

dISTRIBuCIÓn PoR SExoS La sex-ratio o estructura de sexos suele medirse mediante la relación de masculinidad Rm o número de varones por cada 100 mujeres (Bielza et al., 1993), aunque otros autores lo expresan en tantos por ciento (tasa de masculinidad). De forma general, el valor de Rm suele oscilar entre 95 y 102 (47% a 51%), y en los países desarrollados suele tener valores en torno a 95 (Vinuesa, 1994). En estos países predominan habitualmente las mujeres, que debido a su mayor longevidad y al progresivo envejecimiento demográfico se hacen proporcionalmente más abundantes (Puyol et al., 1992). El Altiplano presenta un par de particularidades en relación a la estructura de sexos (Tabla 6.6.). La primera, es que a pesar de predominar en número las mujeres, parece que lo hacen de forma ligeramente inferior a la media andaluza y con una diferencia algo mayor respecto al ámbito provincial.
Tabla 6.6. Distribución por sexos según el Censo 2001
ÁMBITO
ALTIPLANO ALMERÍA GRANADA JAÉN ANDALUCIA

Los mayores de 65 años suponen más del 20% de la población total del Altiplano. MY

MUJERES

HOMBRES

50,4 49,3 51 50,6 50,8

49,6 50.4 49 49,3 49,2

Fuente: SIMA, 2006. Instituto de Estadística de Andalucía. Elaboración propia.

La otra particularidad reside en que casi en la mitad de los municipios el sexo predominate es el masculino (30 sobre 62), originándose principalmente este fenómeno en los municipios más pequeños, concretamente en los que tienen menos de 3.000 habitantes, donde predomina el sexo masculino (29 sobre 51).
Tabla 6.7. Situación de los municipios por sexos, 2001
RANGO POBLACIONAL
< 1000 1.000 – 2.000 2.000 – 3.000 3.000 – 5.000 5.000 – 10.000 10.000

No MUNICIPIOS

> HOMBRES

24 13 14 4 4 3

14 6 9 0 1 0

Fuente: SIMA, 2006. Instituto de Estadística de Andalucía. Elaboración propia.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Según los rangos de Rm ofrecidos por Vinuesa (1994), se puede considerar que hay una tendencia hacia tasas altas de masculinidad, ya que en 30 de los 62 municipios este rango se supera o está sobre el límite (Tabla 6.7.). Esta particularidad de municipios pequeños (menores de 3.000 habitantes) caracterizados por una población envejecida y en buena parte de las ocasiones con predominancia masculina, es una situación demográfica particular, propia de zonas con poco desarrollo urbano y mayor porcentaje de población rural (Vinuesa, 1994).

El envejecimiento de la población ha motivado el abandono de las tierras de menor rentabilidad, fundamentalmente en las localidades más pequeñas. Éste es el caso de las charcinas o bancales de Hinojares. MY

6.2. Nivel de renta
Una de las características más patente de esta zona es su economía deprimida, la cual determina el citado despoblamiento y envejecimiento de la población. No obstante, se han encontrado dificultades presentes en los análisis económicos de los municipios del Altiplano como son, por un lado, la inexistencia de datos en determinados municipios y, por otro, la difícil cuantificación de indicadores económicos típicos. A tal efecto se ha creado aquí un índice que sirva como herramienta para poder cuantificar económicamente los distintos ámbitos andaluces: municipal, provincial y regional.

Nivel económico municipal
Con el fin de poder medir el nivel de desarrollo global y la riqueza de una población en una determinada área geográfica es necesario utilizar parámetros económicos que lo definan y resulten comparables entre

134

Sociedad y población actual

distintos ámbitos. A tal fin es frecuente la utilización como parámetro sintético la renta per cápita o alguna de sus variantes. En el Sistema de Información Multiterritorial de Andalucía (SIMA, 2006) aparece el parámetro denominado renta familiar por habitante, si bien resulta de difícil aplicación aquí debido a que no se ofrece cuantificado para todos los municipios del Altiplano. Además, las cifras aportadas son intervalos y no valores absolutos. Con objeto de solventar este problema, en el presente trabajo se ha diseñado y empleado un indicador económico (IE, en adelante), sintético y metodológicamente homogéneo para todos los municipios, construido en base a la información disponible. Este indicador es:

IE = Renta neta declarada IRPF 2003 / Número de declaraciones 2003
El primer parámetro implicado, la renta neta declarada, es el sumatorio de cuatro tipos de rentas, que son: Rentas netas del trabajo: Es el importe de la diferencia entre los rendimientos del trabajo y los gastos fiscalmente deducibles, siendo los primeros la cuantía de las contraprestaciones, cualquiera que sea su denominación o naturaleza, que se deriven exclusivamente del trabajo personal por cuenta ajena del sujeto pasivo, y que no tengan el carácter de rendimientos empresariales o profesionales. Rentas netas de actividades empresariales: Se trata de aquellos rendimientos que procediendo del trabajo personal y del capital conjuntamente, o de uno solo de estos factores, supongan por parte del sujeto pasivo la ordenación por cuenta propia de medios de producción y de recursos humanos, o de uno de ambos, con la finalidad de intervenir en la producción o distribución de bienes o servicios. A estos efectos, se consideran actividades empresariales las incluidas en la sección primera del Impuesto sobre Actividades Económicas. Minorando los rendimientos íntegros en la cuantía de los gastos deducibles, se obtiene la cuantía de las Rentas netas de actividades empresariales. Rentas netas de actividades profesionales: Se consideran rendimientos íntegros de actividades profesionales aquellos que procediendo del trabajo personal y del capital conjuntamente, o de uno solo de estos factores, supongan por parte del sujeto pasivo la ordenación por cuenta propia de medios de producción y de recursos humanos, o de uno de ambos, con la finalidad de intervenir en la producción o distribución de bienes o servicios. Para ello, se han considerado actividades profesionales las incluidas en las secciones segunda y tercera del Impuesto sobre Actividades Económicas. Minorando los rendimientos íntegros en la cuantía de los gastos deducibles, se obtiene la cuantía de las Rentas netas de actividades profesionales. Otro tipo de rentas netas: Incluyen los rendimientos netos (es decir, el importe íntegro minorado en la cuantía de los gastos deducibles) que procedan del capital inmobiliario, capital mobiliario, imputación de rentas en régimen de transparencia fiscal, rendimientos irregulares, e incrementos y disminuciones de patrimonio.

135

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

El segundo parámetro implicado en el IE es el número de declaraciones por el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas en el año 2003. Éste contabiliza el número de declaraciones presentadas para ese ejercicio, si bien en tal parámetro debe considerarse que existe un umbral mínimo de renta por debajo del cual no es obligatorio presentar declaración (SIMA, 2006).
Tabla 6.8. Nivel Económico 2003
ÁMBITO
ALMERÍA GRANADA JAÉN ALTIPLANO ANDALUCÍA

IE (euros)

12.976,1 13.986,6 11.735,8 9.550,5 14.159,6

Fuente: SIMA, 2006. Instituto de Estadística de Andalucía. Elaboración propia.

Una vez aplicado el indicador económico en los municipios del Altiplano, parece que éste presenta un nivel económico muy inferior a la media provincial de Granada, Jaén y Almería (Tabla 6.8.). La renta neta media declarada (IE) andaluza es superior en más de un 30% a la del Altiplano. Esta situación se acentúa al excluir del análisis a las dos ciudades con mayor número de habitantes del Altiplano, Baza y Guadix, descendiendo entonces el índice económico hasta los 8.630,9 euros. En el ámbito de estudio muestra notorias diferencias entre zonas y comarcas. Ejemplo de esto es la zona noreste, donde comarcas como las de Mágina, Montes Orientales y Cazorla se encuentra sensiblemente por debajo de la media del Altiplano
Figura 6.5. Situación económica por comarcas y provincias, 2003

Fuente: SIMA, 2006. Instituto de Estadística de Andalucía. Elaboración propia.

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Sociedad y población actual

Guadix, la segunda población en número de habitantes del Altiplano. JAG

A nivel municipal, se observa que tan solo 10 de los 62 municipios se encuentran por encima de la media del Altiplano. De estos destacan los dos con mayor número de habitantes, Guadix y Baza, cabeza de sus respectivas comarcas, y que son los únicos que superan los doce mil euros. No obstante, en 2003 ninguno de los municipios del Altiplano superan a sus respectivas medias provinciales.

6.3. Actividad económica
El análisis de la actividad económica de una zona permite evaluar e intuir el desarrollo económico de la zona en función de la importancia relativa de los tres sectores. Sin embargo, hay que tener en cuenta que estos análisis tienen como referencia los impuestos y que por tanto cualquier actividad sumergida no queda recogida.

137

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Población activa y tasa de ocupación
La primera clasificación que cabe hacer en relación a la actividad económica es aquella que divide la población en dos grandes grupos: población activa e inactiva. La población activa es la que desempeña una actividad remunerada o tiene intención efectiva de desempeñarla, separando entre ocupados y desocupados o parados, mientras que la inactiva es aquella que consume sin producir (Bielza et al, 1993). El límite real entre ambos grupos se muestra difuso ya que, por ejemplo, hay mujeres que ayudan a sus maridos en las labores agrícolas o comerciales pero se declaran amas de casa, también jubilados que trabajan, etc. Dentro del grupo de los activos se pueden considerar varios niveles: pleno empleo, empleo eventual y paro. El empleo eventual es típico en el medio rural andaluz, como sucede con los jornaleros que trabajan exclusivamente durante las campañas agrícolas. Un modo para poder cuantificar y comparar la fracción de población activa es mediante la tasa de actividad, que calcula la fracción de población activa respecto al total poblacional. Para analizar la actividad en el Altiplano, así como su posible comparación con otros ámbitos, se ha utilizado el parámetro:

Índice de Actividad* = (Población activa total (Población activa 2001, SIMA 2006) / población total (Censo 2001, SIMA 2006)) x100
*Se ha utilizado este índice en vez de la tasa de actividad debido a que el SIMA ofrece las cifras de población mayor de 16 años a nivel provincial y de comunidad autónoma, pero no municipal, por lo que no se puede calcular dicha tasa para el conjunto de municipios que conforma el Altiplano.

Siendo la población activa total, según SIMA (2006), aquella integrada por las personas de 16 o más años, residentes en viviendas familiares, que suministran mano de obra para la producción de bienes y servicios económicos (población activa ocupada) o que están disponibles y hacen gestiones para incorporarse a dicha producción (población activa parada). Y siendo la población total el conjunto de los habitantes según censo (SIMA, 2006), las cifras de población que se incluyen en este apartado tienen una consideración puramente estadística, ya que las cifras oficiales de población son únicamente las que se derivan del procedimiento de gestión de los padrones municipales. Aquí se ha seleccionado el censo en lugar del padrón debido a que la tasa de actividad se viene calculando en Andalucía con los datos censales (SIMA, 2006). Como puede observarse en la Tabla 6.9., existe una diferencia en este parámetro de ocho puntos entre el Altiplano y la provincia de Almería, dos con la de Granada, y casi cuatro con respecto al conjunto de Andalucía. Los datos resultantes de este parámetro muestran una menor índice de actividad en el Altiplano que en el contexto general andaluz, aunque los valores se igualan algo más al compararlos con los provinciales de Granada y sobre todo Jaén. Posiblemente el menor grado de actividad tenga relación con el envejecimiento de la población descrito anteriormente, así como con la existencia de una importante población jornalera que hunde su raigambre en la evolución social del siglo XIX (apartado 5.4.). En el caso de Jaén destaca el hecho, además, de que las localidades de Huesa y fundamentalmente Jódar, sufren los niveles de desempleo agrícola más elevados de la provincia.

138

Sociedad y población actual

La misma tendencia existe cuando se analiza la actividad por sexos (Tabla 6.10.), destacando que las cifras obtenidas son bajas, de forma general para toda Andalucía, lo cual indica una estructura económica heterogénea, en la que las mujeres se excluyen pasando a formar parte de la población inactiva (Castelló, 2004).
Tabla 6.9. Índice de actividad 2001
ÁMBITO
ALMERÍA GRANADA JAÉN ALTIPLANO ANDALUCÍA

Tabla 6.10. Índice de actividad por sexos 2001
ÁMBITO
ALMERÍA GRANADA JAÉN ALTIPLANO ANDALUCÍA

ÍNDICE DE ACTIVIDAD (%)

MUJERES

HOMBRES

48,35 42,71 40,25 40,30 44,26

37,79 33,23 28,44 30,32 33,63

58,63 52,62 52,44 50,40 55,21

Fuente: SIMA, 2006. Instituto de Estadística de Andalucía. Elaboración propia.

Fuente: SIMA, 2006. Instituto de Estadística de Andalucía. Elaboración propia.

Desempleo y tasa de paro
Dentro de la población activa, como se ha visto en el apartado anterior, al mismo tiempo que hay una población activa ocupada también existe una desocupada o parada. Del mismo modo que en el caso anterior, se ha sintetizado un parámetro relativo, en este caso utilizando la tasa de paro.

Tasa de Paro = (Población activa desocupada / población activa total) x 100
Siendo la población activa desocupada: Población activa total - población activa ocupada Al comparar los valores de esta tasa en los distintos ámbitos (Tabla 6.11.), se observa que el área de estudio se sitúa más de 9 puntos porcentuales sobre la media andaluza y de la provincia de Granada, y más de quince respecto a la provincia de Almería (SIMA, 2006), así como cerca de 17 puntos por encima de las cifras nacionales para este año (Instituto Nacional de Estadística, 2001).
Tabla 6.11. Tasa de paro 2001
ÁMBITO
ALMERÍA GRANADA JAÉN ALTIPLANO ANDALUCÍA

TASA PARO

10,50 18,60 17,11 27,45 18,70

Fuente: SIMA, 2006. Instituto de Estadística de Andalucía. Elaboración propia.

Al alto paro que registra esta zona habría que sumarle, además, el efecto de una baja tasa de actividad femenina, que encubre una cifra aún más elevada de desempleo.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Actividad económica por sectores
En el contexto económico la población activa se reparte generalmente en tres sectores: primario, secundario y terciario, si bien no existe una definición-separación universalmente admitida. No obstante, a través de la distribución por sectores económicos de la población se puede realizar una aproximación al estado de desarrollo de una zona o región. La distribución por sectores económicos en Andalucía se reparte de la siguiente forma: sector primario, 11,5%; sector secundario, 24,84%; sector terciario o servicios, 63,66% (Tabla 6.12.). Este balance redunda en la circunstancia de que Andalucía es una región dependiente fundamentalmente del sector servicios, como consecuencia de la gran cantidad de turismo que visita la comunidad.
Tabla 6.12. Población ocupada por sectores económicos en el Altiplano, en 2001
ÁMBITO
MUNICIPIOS DE ALMERÍA MUNICIPIOS DE GRANADA Espartero en Jódar. La recolección de esparto complementa puntualmente los ingresos de la población jornalera entre campañas agrícolas. MY MUNICIPIOS DE JAÉN ALTIPLANO ALMERÍA GRANADA JAÉN ANDALUCÍA

PRIMARIO

SECUNDARIO

TERCIARIO

21,8% 19,4% 47,8% 25,5% 20,3% 13,5% 22,2% 11,5%

29,7% 25,8% 20,4% 25,3% 19,5% 20,6% 27,6% 24,8%

48,5% 54,8% 31,8% 49,2% 60,2% 65,9% 50,2% 63,7%

Fuente: SIMA, 2006. Instituto de Estadística de Andalucía. Elaboración propia.

Ahora bien, en el Altiplano, la importancia del sector primario asciende en detrimento del terciario, manteniéndose el secundario, lo que resulta indicativo de que en esta zona el sistema agrario tiene una mayor importancia relativa, sólo comparable con las cifras de la provincia de Jaén. Al clasificar los municipios incluidos por sectores, en cuarenta y seis de ellos el terciario es el que mantiene ocupada a más población, en catorce municipios el predominante es el primario, y sólo en dos lo es el secundario. No obstante, a la hora de interpretar correctamente esta información, es necesario tener presente que una parte importante de la población activa es jornalera, y su trabajo es eventual en el sector agrario, limitado a las campañas agrícolas estacionales. Por todo ello y a modo de síntesis, puede afirmarse que el Altiplano es un territorio escasamente poblado, con una población, además, envejecida, donde el 20% de sus habitantes tiene más de 65 años. Esto supone un balance vegetativo (nacimientos-defunciones) negativo, donde el proceso de feed-back demográfico está

140

Sociedad y población actual

Las viviendas y establos trogloditas constituyen una peculiaridad del territorio. JH

también condicionado por un saldo migratorio negativo que agrava tal escenario. No obstante, en los últimos años esta preocupante situación se está paliando en parte con el incremento de la población inmigrante, que ha aumentado considerablemente durante la última década. En el contexto económico, el Altiplano se muestra como un área deprimida, prisionera de sus propios condicionantes demográficos, con un promedio de renta inferior en un 30% a la media andaluza, con una menor tasa de actividad, mayor tasa de paro y una actividad económica aún muy centrada en el sector primario.

Las casa cueva se están manifestando como una oferta de alojamiento turístico de creciente demanda. JC

141

Tierras de labor bajo la nieve en Cabra de Santo Cristo. JLS

Medio físico

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Medio físico

“...resiste en los páramos despoblados los ardientes rayos de sol en la mitad del verano, y en el invierno la dura inclemencia de los vientos y de los yelos...”
Miguel de Cervantes. Siglo XVII

“Decían << Ojú, qué frío >>; no: << Qué espantoso, tremendo injusto, inhumano frío >>. Resignadamente << Ojú, qué frío... >> Los andaluces...”
José Hierro

Las características del medio físico constituyen el principal condicionante en la génesis de cualquier territorio y, junto a la acción humana, también en la evolución de su historia natural. El caso objeto de estudio, el Altiplano, es un ejemplo de ello, pues se ha conformado bajo unas condiciones geológicas muy específicas y heterogéneas. Su historia geológica propició una climatología extrema que a su vez ha tenido y tiene fuerte impronta sobre otros parámetros del medio físico, tales como los suelos o las geoformas. El conjunto de parámetros físicos condiciona el devenir de la biota sobre el territorio, provocando que las formas de vida adquieran determinadas adaptaciones evolutivas. Y las características del medio físico también influyen intensamente en el desarrollo de las poblaciones humanas, de lo cual es excelente ejemplo el Altiplano, donde la escasez de agua, los rigores climáticos y la abundancia de suelos pesados o esqueléticos han limitado la capacidad productiva humana. De la misma manera el hombre, a su vez, es responsable de algunos patrones y tendencias en la evolución del medio físico y biótico. En el presente capítulo se presentan los parámetros físicos de mayor relevancia en el ámbito de estudio: relieve, clima, geología, geomorfología, suelos y el agua. En el caso de los suelos, además de una caracterización del territorio, se aportan datos sobre su faceta productiva, y en el caso del agua se incide en la problemática de su gestión en el marco de la nueva cultura del agua.

144

Medio físico

7.1. El relieve
En términos ecológicos, el relieve no es sino el conjunto de formas y perfiles que accidentan la superficie del territorio, y, como tal, puede ser analizado desde sus componentes o como factor condicionante de las principales variables ambientales. En Andalucía las tres grandes unidades de relieve (Sierra Morena, depresión del Guadalquivir y cordillera Bética) condicionan el clima, el desarrollo edáfico, la escorrentía, la organización de la red de drenaje, la erosión y la bioclimatología, configurándose como vertebradoras de la capacidad de uso de los recursos naturales, y condicionante de algunos de los riesgos más frecuentes de las regiones mediterráneas (p.e. Moreira, 2005). Los principales componentes físicos del relieve son la pendiente y la altimetría, aunque la orientación o la longitud de laderas también se constituyen como descriptores adecuados desde el punto de vista ecológico. En virtud de todos ellos el relieve andaluz se caracteriza por su elevada variedad y heterogeneidad, mostrando un amplio elenco de formas tales como la alta montaña, montañas medias, amplias llanuras, valles encajados, paisajes alomados, acantilados, costas y, como no, altiplanicies (Perles y Mérida, 2000). El Altiplano objeto de interés aquí es el de mayor superficie en el contexto andaluz y en él confluyen distintos componentes, a cuya descripción se destina precisamente este apartado.

Distribución del relieve
El territorio andaluz está constituido por una gran depresión, la del Guadalquivir, enmarcada entre dos cordilleras: Sierra Morena (al norte) y la Bética (al sur). Esta última a su vez se subdivide en dos amplios conjuntos denominados zonas externas y zonas internas, separados por otra depresión menor, el surco Intrabético (Ocaña y García, 1990). Tales unidades tienen diferentes orígenes. Por un lado Sierra Morena emergió en el primario, durante la orogenia herciniana, y constituye el extremo sur-occidental del gran plegamiento centro europeo, mientras que las béticas pertenecen a la orogenia alpina y terminaron de emerger a mediados del mioceno, de forma simultánea a la formación de la depresión del Guadalquivir y el surco Intrabético. Las cordillera Bética constituye el conjunto montañoso más importante de Andalucía, ocupando el sur y este de la región. Una de las principales características de esta cordillera es su composición heterogénea, formada por diferentes alineaciones claramente separadas por amplios espacios llanos. Debido a la presencia de extensas llanuras intramontanas se emplea el término de sistemas béticos, que engloba tanto a las alineaciones montañosas como a las llanuras intramontanas. En la Bética se reconocen dos alineaciones montañosas. Una con localización más meridional y mayores altitudes, la cordillera Penibética, que ocupa desde la Serranía de Ronda hasta la Sierra de las Estancias. La otra más septentrional y de cotas inferiores, la cordillera Subbética, que va desde la Sierra de Grazalema hasta la Sierra de María, al este, y las de Cazorla y Segura, al norte. La Penibética supera los 3.000 m.s.n.m. en Sierra Nevada (Mulhacén 3.478 m, Veleta 3.392 m y La Alcazaba 3.266 m) así como en otras sierras los 2.000 m, como

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

sucede en Tejeda (2.066 m), Baza (2.269 m) o Gádor (2.249 m). La Subbética únicamente rebasa los 2.000 metros en el sector más oriental, por ejemplo en La Sagra (2.381 m), Mágina (2.164 m) o Arana (2.027). Entre ambas alineaciones montañosas se extiende una continuidad de depresiones que, debido a su forma de pasillo, reciben el nombre de surco Intrabético. Éste abarca, de oeste a este, las depresiones de Ronda, Antequera, Loja, Granada, Guadix, Baza y Huéscar, siendo las tres últimas aquellas que conforman la mayor parte del Altiplano. Al igual que sucede con las sierras béticas, esta sucesión de depresiones aumenta en altitud y amplitud hacia el oriente, mientras que las occidentales están en torno a los 500 y 600 m, y las orientales se alcanzan alrededor de los 1.000 m, convirtiéndose en auténticas altiplanicies. Además de la altitud, el gradiente oeste-este marca la amplitud de las depresiones, y así, mientras las más occidentales cuentan con apenas 10 km de anchura, las orientales de Baza o Huéscar superan los 30 km (Perles y Mérida, 2000). Por último, otro aspecto del surco Intrabético es la continua conexión entre depresiones, justificando el sentido de corredor o pasillo, si bien el Altiplano se encuentra relativamente aislado por la Sierra de Huétor. Por tanto, el Altiplano se configura, en términos de relieve, como la depresión intrabética a mayor altura, aislada geográficamente del resto de depresiones y rodeada por las mayores cumbres de Andalucía. Todo ello contribuye a configurar un área muy continentalizada, donde la influencia térmica marina se ve obstaculizada, y donde la humedad acusa el efecto Foehn, consecuencia de la barrera que ejercen las elevadas sierras circundantes sobre los vientos atlánticos y mediterráneos.

Pendientes
La pendiente es el principal componente del relieve, condicionante de multitud de procesos naturales o acelerados por la actividad humana (Moreira, 2005). Y en el territorio andaluz las pendientes extremas, aquellas más abruptas o más planas, no son las predominantes (Perles y Mérida, 2000).

Panorámica de La Calahorra. Contraste entre las acusadas pendientes de Sierra Nevada y la llanura del Altiplano. JMD

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Medio físico

Uno de los rasgos fundamentales del Altiplano, como su propio nombre indica, es la abundancia de amplias áreas llanas o levemente onduladas, que en este caso suponen la mitad de su superficie. Sin embargo, el Altiplano andaluz presenta la particularidad de tener en la parte central una zona de pendientes medias asociadas a geoformas inestables y fácilmente erosionables. No obstante, tan solo una quinta parte del territorio supera el 15% de pendiente. Esta circunstancia, que justifica la denominación de Altiplano, contrasta intensamente con la de las provincias en las que se encuadra, que destacan por las altas pendientes típicas de la cordillera Bética. En un análisis territorial (Tabla 7.1.) se observa que las zonas más llanas (pendientes entre 0-3%) se corresponden con los cauces de agua, ya que el 40% de la superficie que ocupa este intervalo está representado por terrazas, ramblas y llanuras de inundación. El intervalo de pendiente de 3-7% es el que ostenta la mayor representación, estando muy ligado a una de las unidades geomorfológicas más importantes del Altiplano, los glacis, que suponen más del 40% de este intervalo. El intervalo entre 7-15%, conforma las pendientes medias-bajas; en éste se incluyen la mayoría de los badlands y ramblas del Altiplano (Tabla 7.2.). La suma de estos intervalos supone casi el 80% de todo el territorio del Altiplano.
Tabla 7.1. Distribución de las pendientes
PENDIENTE (%)
ALMERÍA

% SOBRE LA SUPERFICIE DEL ÁMBITO
GRANADA JAéN ALTIPLANO ANDALUCÍA

0-3 3-7 7-15 15-30 30-45 >45

5,9 20,5 26,3 20,7 3,4 23,1

6,6 23,5 23,5 15,2 4,2 27,0

10,1 17,8 28,4 14,5 3,2 26,0

9,6 40,4 29,2 11,8 1,6 7,4

13,3 27,2 24,2 15,7 3,1 16,5

Fuente: SINAMBA, 1997. Elaboración propia.

Los espacios con pendientes entre el 15-30% se localizan fundamentalmente entre las depresiones accitana y bastetana, ocupando los ríos Guadalentín, Guadiana Menor, Fardes y Guadahortuna, aunque también algún tramo en el Castril y Guardal, así como el piedemonte de algunas sierras. Las pendientes mayores tienden a localizarse en el centro-oeste del Altiplano, entre las hoyas de Guadix y Baza, teniendo representación mayoritaria en los tramos finales del río Fardes, Guadahortuna y su unión con el Guadiana Menor, así como en los alrededores de éste al norte del embalse del Negratín y su posterior depresión, ya en la provincia de Jaén. El intervalo entre 30-45 % resulta muy escaso en el Altiplano apareciendo representado únicamente en la bases de las sierras Orce, Castril, La Sagra y del cerro Jabalcón, tratándose fundamentalmente de piedemontes. Las pendientes más pronunciadas, aquellas superiores al 45%, están ligadas a las proximidades de los cauces de mayor importancia. En la provincia de Granada se localizan por un lado en las inmediaciones de los ríos Guardal, Guadalentín, Castril y Guadahortuna, y por otro en los picos Jabalcón y El Mencal. En la provincia

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

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Medio físico

Distribución de pendientes
de 0 a 3% de 3 a 7% de 7 a 15% de 15 a 30% de 30 a 45% > 45%

Escala 1:400.000

Fuente: Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía, 2003

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Vista desde la peña Cambrón, en el sureste de Jaén, una de las áreas con mayor pendiente media del Altiplano. MY

de Jaén, que es la que cuenta con mayor representación de este intervalo, aparece en varios montes públicos del entorno del Guadiana Menor como Dehesas del Guadiana, Bernales, Baldíos o Terrenos Comunales de Hinojares; todos ellos caracterizados por la presencia de pendientes acusadas y geoformas inestables.
Tabla 7.2. Porcentaje superficial de las unidades geomorfológicas en los diferentes intervalos de pendiente
UNIDAD GEOMORFOLÓGICA % DE LA UNIDAD EN EL INTERVALO DE PENDIENTE
0-3 % 3-7% 7-15% 15-30% 30-45% >45%

Badlands-cárcavas Cerros y colinas cónicas (trías con yesos) Colina con fuerte erosión Colinas estructurales Colinas y lomas de disección Conos de deyección-abanicos aluviales Glacis de cobertera conservado Glacis de cobertura disectado Llanura aluvial-coluvial Llanuras y lomas Rambla Terrazas

2,46 12,86 7,42 3,32 21,48 12,77 4,02 6,98 14,53 10,81 19,43 73,77

25,43 2,33 21,20 64,91 22,70 52,38 65,40 67,06 50,27 30,25 28,71 6,14

41,98 26,13 42,08 13,84 47,00 17,15 17,42 16,63 22,45 51,27 41,41 18,87

19,68 27,52 22,08 12,62 6,81 2,59 5,55 4,58 7,48 6,93 7,27 1,05

0,00 0,00 0,23 0,04 0,17 8,01 1,16 0,72 0,67 0,25 0,50 0,00

10,45 31,16 6,98 5,31 1,85 7,10 6,16 3,92 2,76 0,18 2,59 0,14

Fuente: SINAMBA, 1997; Mapa geomorfológico. Junta de Andalucía, 2005. Elaboración propia.

Altimetría
La altimetría es otro de los componentes de mayor importancia del relieve, e interviene sobre el clima imponiendo notables gradientes térmicos altitudinales, p. e. en las solanas béticas 0,33o/100 m con valores más acusados en invierno (Pita, 2003). Además, la disposición del relieve en Andalucía, en orientación SWNE, propicia que en la región predomine la influencia atlántica sobre la mediterránea. Esta última influencia

150

Medio físico

está restringida al ámbito costero y a las penetraciones que encauzan los valles que vierten al mediterráneo, sólo alcanzando cierto desarrollo en el levante almeriense. El Altiplano, además de caracterizarse por su perfil relativamente llano, también lo hace por la otra premisa que define a ésta y todas las altiplanicies: la altitud a la que se encuentra. En este caso la mayor parte del territorio se halla entre los 600 y 1.200 m.s.n.m., encontrándose más de cuatro quintas partes por encima de los 800 m y siendo el intervalo altimétrico de mayor representación el de 1.000 a 1.200 m (Figura 7.1., Tabla 7.1.).
Figura 7.1. y Tabla 7.3. Porcentaje superficial del Altiplano en los intervalos de altura
ALTITUD % ALTIPLANO

200-400 400-600 600-800 800-1.000 1.000-1.200 1.200-1.400 1.400-1.600

0,01 2,89 16,04 37,15 40,60 3,26 0,06

Fuente: SINAMBA, 1997. Elaboración propia.

La zona más baja del ámbito de estudio (400-600 m) se corresponde con la depresión del Guadiana Menor desde la presa del Negratín hacia el sureste de Jaén, donde acaba confluyendo en el valle del Guadalquivir. La zona central, surcada por todos los cauces de cierta importancia, se encuentra entre los 600 a 800 m. Este rango altimétrico adquiere especial significación en la confluencia de los ríos Castril, Guardal y Baza con el Guadiana Menor, y que también se caracteriza por su escasa pendiente. El grueso de la franja central, y principalmente en la hoya de Baza, se corresponde con el intervalo entre los 800 y 1.000 m.

Tierras altas de María. JMD

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

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Medio físico

Mapa hipsométrico
200 - 400 m 400 - 600 m 600 - -800 m 800 - 1.000 m 1.000 - -1.200 m 1.200 - 1.400 m 1.400 - -1.600 m

Escala 1:400.000

Fuente: Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía, 2003

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

154 Ramblas en Guadix y Fonelas. Al fondo el cerro del Mencal, una de las principales elevaciones del interior del Altiplano. JH

Medio físico

Los territorios que alcanzan una mayor altura (1.000 y 1.200 m) son los del extremo oriental y occidental, destacando tres zonas. La primera y de mayor extensión es la franja nororiental, Puebla de Don Fadrique, Orce y María. Las otras dos están en el pasillo de Guadix a Fiñana y en el entorno de Guadahortuna, todas relativamente llanas. Por último, sólo unas pocas hectáreas se localizan por encima de los 1.200 m, todas ellas en las proximidades de los límites serranos del Altiplano, salvo tres excepciones interiores: la parte más alta de la Sierra de Marmolance (1.519 m), y los cerros Jabalcón (1.488 m) y El Mencal (1.447 m). En suma, el Altiplano se configura como la depresión intrabética más oriental, circundada por las cumbres más elevadas de la región. El relieve actual tiene origen en la captura por el Guadalquivir, a través del Guadiana Menor, de la antigua cuenca endorreica (apartado 7.3.), lo cual actualmente se traduce en un gradiente altitudinal desde las sierras hacia el Guadiana Menor (centro del Altiplano), perdiendo altura conforme este río avanza hacia su desembocadura en el Guadalquivir.

7.2. El clima
Los climas del planeta son el resultado del funcionamiento de un sistema fundamentalmente físico, en el que sus distintos elementos actúan e interactúan de forma conjunta, configurando las principales características del clima y ejerciendo una notable influencia sobre las comunidades vegetales, animales y humanas. Los climas pueden agruparse de forma sistemática sobre la base de las propiedades que tienen en común y con posibilidad de empleo de muchas variables. Según Fernández (1995), existen gran número de clasificaciones de las escalas climáticas y la nomenclatura varía de unos autores a otros. Existen una serie de factores climáticos que afectan a amplias regiones de la Tierra produciendo las grandes clases de clima (p.e. Cuadrat y Pita, 1997; Domínguez et al., 2000). Estos factores se concentran en tres grupos: astronómicos, geográficos y meteorológicos. Los factores astronómicos se corresponden básicamente con la Latitud, que actúa de forma periódica confiriendo a los climas sus ritmos estacionales en función del grado de inclinación de los rayos solares. Los factores geográficos son fijos e invariables, actuando de forma continua y generando las diferencias locales que, incluso entre zonas muy próximas, pueden tener cierta importancia (Domínguez et al., 2000); se trata por un lado del relieve y, por otro, de la distribución y situación relativa de tierras y masas de agua. El tercer factor, el meteorológico, es el que actúa de una forma aparentemente más aleatoria y define las grandes regiones climáticas; éste incluye aspectos como la composición de la atmósfera, las masas de aire, los vientos y los frentes.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Una gran nevada sobre el Altiplano, en las inmediaciones de Baza. JH

En el marco regional, Andalucía se localiza en una latitud comprendida entre los 36o 00 ́N y los 38o 44 ́N, y por tanto bajo el dominio de los climas subtropicales, en una franja de transición entre los climas de latitud media y tropical (Pita, 2003). En este contexto general, similar al de otros puntos de la cuenca mediterránea, la región andaluza muestra unos rasgos climáticos particulares derivados de la conjunción de los factores de carácter geográfico y termodinámico. El hecho más destacable en relación a los factores termodinámicos es la posición de Andalucía, situada en el flanco más meridional de las latitudes medias, lo cual determina una cierta marginalidad respecto del flujo circumpolar del oeste que recorre en altura estas latitudes y es el principal responsable del tiempo en esta zona. Dentro de los geográficos destacan por su importancia la disposición del relieve y la altimetría, ya abordados en el apartado anterior, y la naturaleza de la superficie, esta última, aunque de menor importancia, tiene un efecto regulador de la temperatura tanto del Atlántico como del Mediterráneo y del propio contraste entre ambos. En función de todos estos factores se genera un determinado clima manifestado a través de sus principales elementos, que son aquellos más directamente experimentados por los seres vivos: las precipitaciones y las temperaturas. Asimismo, la variabilidad climática se refleja principalmente en

156

Medio físico

modificaciones del paisaje y de sus elementos, con componentes que se manifiestan a corto y medio plazo. Estos últimos son los que mayor relevancia adquieren, provocando que tales modificaciones generen cambios en niveles superiores relacionados con las especies que habitan los ecosistemas y con su distribución (Ruiz et al., 2002).

Elementos del clima del Altiplano y metodología aplicada
En cualquier estudio climático es fundamental abordar el análisis de los elementos precipitación y temperatura, así como su distribución tanto a escala temporal como espacial. Factores como la evapotranspiración o la insolación entre otros, sirven para afinar con mayor detalle las características climáticas de un determinado ámbito geográfico. En el caso del Altiplano las variables utilizadas para la caracterización climática son la precipitación, la temperatura y la aridez, aunque también se tratará, si bien menos profusamente, la insolación y la evapotranspiración. Para analizar la distribución espacial de las variables climáticas se han utilizado los modelos de superficies. Estos modelos se han obtenido mediante interpolación espacial de series de datos (1971-2000) recogidas en estaciones climáticas y proporcionadas por la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía. Con objeto de poder analizar las variables climáticas más importantes del área de estudio se han seleccionado una serie de estaciones de la Red Secundaria de Estaciones del Instituto Nacional de Meteorología (Tabla 7.4.). La selección de tales estaciones se ha realizado en función de tres premisas: 1) disponer de información de calidad, 2) mostrar homogeneidad en los datos, y 3) constituir, en su conjunto, una adecuada representación de todo el territorio.
Tabla 7.4. Estaciones empleadas, correspondientes a la Red Nacional de Meteorología.
PROV
AL

CUENCA
Guadalquivir Segura

ESTACIÓN

MUNICIPIO

TIPO

UTM-x

UTM-Y

ALTITUD (m.s.n.m.)

HOJA 50.000

HUSO

Vélez Blanco-Topares VéLEZ BLANCO Vélez Rubio I L Benamaurel “Los Atochares” Caniles “Freila-Negratín” Guadix “Instituto Técnico” Huéscar “C.P.C. Huéscar” Orce - “Fuente Nueva” Alamedilla Cabra de Sto. Cristo “Estación”
VéLEZ RUBIO BENAMAUREL CANILES FREILA GUADIx HUéSCAR ORCE ALAMEDILA CABRA DE STO. CRISTO

Termo-Pluvio Termo-Pluvio Pluvio Pluvio Termo-Pluvio Termo-Pluvio Termo-Pluvio Termo-Pluvio Pluvio Termo-Pluvio

567807,6 581143,1 526465,5 524403,3 502458,7 487844,9 541450,0 552604,2 478264,7 483416,3

4190539,8 4167469,6 4162231,6 4143142,6 4157418,8 4128581,9 4183928,8 4174339,6 4159221,7 4174409,7

1192 842 727 911 650 905 940 960 863 840

930 974 972 994 971 1011 950 951 970 948

30 30 30 30 30 30 30 30 30 30

gR

Guadalquivir

JA

Guadalquivir

Fuente: Agroclima. Elaboración propia.

157

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Estas series de datos procedentes del INM han sido obtenidos y analizados mediante el programa Agroclima (TRAGSA), que cuenta con información desde 1950 a 2003. Esto servirá para completar la información derivada de los modelos de superficie de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía.

Las precipitaciones
En Andalucía pueden establecerse cuatro grandes dominios en términos pluviométricos: >750mm / entre 750 y 500mm / entre 500 y 250mm / <250mm. El primero y por tanto el más lluvioso se localiza en las sierras de Aracena, Cazorla-Segura y Grazalema. En el segundo se incluye la mayoría de Andalucía: valle del Guadalquivir, Sierra Morena y parte de la costa mediterránea. El tercer dominio es el que recibe precipitaciones por debajo de los 500 mm, correspondiéndose éste con las depresiones y altiplanos interiores de las cadenas béticas. Y por último la costa oriental almeriense, con precipitaciones inferiores a 250 mm (Pita, 2003). El Altiplano por tanto se halla incluido en el tercer dominio y fundamentalmente entre las isoyetas de 300 y 400 mm en contraste con las sierras circundantes del norte y oeste, bastante más húmedas y que actúan como barreras. No obstante, existen diferentes rangos de precipitación bien marcados geográficamente. Por ejemplo las zonas con registros más bajos, inferiores a los 300 mm, se localizan fundamentalmente en la parte central de las hoyas de Guadix, Baza y Huéscar. En ello juega un papel importante la barrera que Sierra Nevada supone para los frentes que entran desde el Mar Mediterráneo, en el fenómeno conocido como efecto Foehn. La gran cadena montañosa obliga a elevarse a las masas de aire húmedo, lo que provoca que

En el sureste de Jaén, los frentes atlánticos son responsables de un mayor nivel de precipitaciones que en el resto del Altiplano. MY

158

Medio físico

éstas se enfríen y que el vapor de agua que contienen se condense y precipite sobre la sierra. A sotavento, el aire ya seco desciende rápidamente, aumentando la presión atmosférica y la temperatura debido al gradiente adiabático y generando un efecto de sombra de lluvia sobre la zona central del Altiplano. Las precipitaciones más abundantes se recogen a lo largo de los bordes oeste y noroeste del ámbito de estudio, alcanzando el Altiplano los valores más elevados en el entorno de las Sierras de Cazorla y Segura pudiendo superarse los 600 mm. El análisis de la distribución temporal de las precipitaciones acumuladas en las estaciones seleccionadas muestra una cierta heterogeneidad, en parte debida a la similitud entre ellas, pero parece seguir el patrón primavera > otoño > invierno > verano. Este patrón de distribución temporal del ámbito de estudio resulta diferente al general de Andalucía, que es invierno > primavera > otoño > verano, con el matiz de que en el dominio andaluz de mayor influencia mediterránea se producen fuertes precipitaciones durante el otoño por la presencia de depresiones y gotas frías (Pita, 2003).
Figura 7.2. y Tabla 7.5. Medias mensuales por estación (mm)
ESTACIÓN PRI VER OTO INV

Vélez Rubio Vélez Blanco-Topares Alamedilla Benamaurel Caniles Freila Guadix Huéscar Orce Cabra de Sto. Cristo

35,1 37,6 36,3 30,4 30,8 34,9 33,7 27,6 29,1 39,4

15,3 11,9 11,8 10,7 9,7 11,6 13,6 12,7 4,2 11,6

40,9 36,8 27,9 28,7 31,1 27,4 27,5 27,3 39,8 29,2

27,7 30,5 34,5 30,5 32,9 25,5 28,2 26,8 26,7 35,0

Porcentaje (mm/mes)

31,5

10,6

29,8 28,1

Fuente: Agroclima. Elaboración propia.

La distribución estacional deja intuir la existencia de un cierto gradiente noroeste-sudeste, en el que la mitad noroeste recibe las precipitaciones más cuantiosas en primavera, mientras que en la mitad sudeste en otoño. Al igual que en toda la región mediterránea el verano es la estación más seca, sin embargo en el Altiplano éste no se caracteriza por la ausencia total de precipitaciones. Esta particularidad es debida a la existencia de episodios de lluvia de escasa cuantía producto de la termoconvección derivada de la continentalidad y la fuerte insolación. Dichos eventos suponen en torno al 10% de la precipitación recibida en la estaciones seleccionadas, cifra superior a la regional que suele aproximarse al 3% y que muy raramente supera el 6% (Pita, 2003).

159

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Precipitaciones medias anuales

Fuente: Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía, 1997

< 200 mm 200 - 300 mm 300 - 400 mm 400 - 500 mm

500 - 600 mm 600 - 700 mm 700 - 800 mm 800 - 900 mm

900 - 1.000 mm 1.000 - 1.100 mm 1.100 - 1.200 mm Estaciones seleccionadas

Límite del Altiplano Límite autonómico Límite provincial

160

Medio físico

Tormenta de final de verano en el Altiplano almeriense. FMB

Tabla 7.6. Distribución mensual de las precipitaciones (mm)
ESTACIÓN
VéLEZ RUBIO VéLEZ BLANCO-TOPARES ALAMEDILLA BENAMAUREL CANILES FREILA gUADIx hUéSCAR ORCE CABRA DE STO. CRISTO

E

F

M

A

M

J

JL

A

S

O

N

D

TOTAL

25,4 32,4 37,9 29,5 34,5 27,1 31,7 27,9 20,6 29,3

26,4 30,8 33,5 33,6 37,1 24,8 25,5 29,2 33,5 40,0

31,3 28,4 32,2 28,2 27,1 24,8 27,4 23,4 26,0 35,7

32,5 31,6 36,0 25,7 30,6 31,9 28,6 24,1 21,0 45,6

37,7 43,7 36,6 35,1 31,0 37,9 38,9 31,1 37,2 33,3

29,2 21,6 26,7 19,1 16,2 18,6 28,2 22,4 3,9 22,1

7,1 5,5 2,3 5,3 5,0 6,2 4,1 8,5 5,5 5,8

9,5 8,6 6,4 7,6 8,0 10,1 8,7 7,1 3,3 6,9

27,5 27,6 15,4 23,1 23,9 19,7 20,8 16,6 48,3 17,6

52,3 42,1 34,3 34,1 38,0 34,3 32,7 35,2 37,8 36,8

42,9 40,8 34,2 28,8 31,3 28,1 29,0 30,2 33,3 33,3

23,6 28,9 38,6 32,7 30,4 27,9 30,4 25,5 34,0 32,4

345,4 341,8 334,0 303,0 313,2 291,3 305,7 281,2 304,2 338,6

Fuente: Agroclima. Elaboración propia.

De forma general, las precipitaciones en el área de estudio son escasas, pero se reparten en un amplio período que se extiende desde septiembre hasta mayo e incluso junio (Tabla 7.6.). De estos meses, aún siendo la primavera la estación más lluviosa, es octubre el mes en el que se obtienen los valores máximos, si bien en una cuantía pareja a mayo. Julio es el mes más seco y le sigue agosto con un ligero aumento en la media acumulada. Otro rasgo común a la región andaluza y que se acentúa en el Altiplano es el escaso número de días en el que se acumulan la totalidad de las precipitaciones (Tabla 7.7.). A nivel regional el número de

161

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

días de lluvia es inferior al 25% del total de días del año, alcanzando valores cercanos al 15% en el litoral del sureste. De las estaciones analizadas en el Altiplano se obtiene un porcentaje aún inferior, alrededor del 11%.
Tabla 7.7. No de días de lluvia anuales y cuantía de las precipitaciones
ESTACIONES VÉLEZ RUBIO VÉLEZ BLANCO-TOPARES ALAMEDILLA BENAMAUREL CANILES FREILA GUADIX HUÉSCAR ORCE CABRA DE STO. CRISTO No DÍAS LLUVIA % AÑO MM/DÍA DE LLUVIA

39,5 33,2 40,9 58,5 39,9 27,2 51,8 37,4 38,7 50,0

10,8 9,1 11,2 16,0 10,9 7,4 14,2 10,2 10,6 13,69

8,7 10,3 8,2 5,2 7,9 10,7 5,9 7,5 7,9 6,8

TOTALES

41,7

11,4

7,6

Fuente: Agroclima. Elaboración propia.

Las precipitaciones en el Altiplano muestran una elevada irregularidad interanual, es decir concurren años o grupos de años más lluviosos y otros excepcionalmente secos. Además, también es típico en la zona la existencia de fuertes variaciones interanuales en determinados meses, generalmente los más pluviosos pero fundamentalmente septiembre y octubre. Esta irregularidad llega a ser tal que las medias de precipitación de algunos meses en ciertas estaciones supera en la muestra una desviación típica de 40, por ejemplo la desviación típica es de 68.3 para el mes de septiembre en Orce o de 53.8 para octubre en Vélez Rubio. Por último, destacar dos características del Altiplano comunes a las zonas bajo clima mediterráneo semiárido: la poca cantidad de agua que cae en cada día de lluvia y los episodios de torrencialidad. Así, por un lado, son habituales las precipitaciones de poca intensidad, recogiéndose en el Altiplano (estaciones seleccionadas) apenas 8 mm de media por día de lluvia, mientras que la media andaluza supera los 10 mm. Situación extrema es la de Benamaurel que con 58,5 días de lluvia/año, sólo recibe 300 mm; con 4 días menos de lluvia se encuentra por ejemplo Alanís (Sierra Norte de Sevilla) que recibe más de 800 mm. Y por otro la torrencialidad de algunos episodios de lluvia, porcentaje que la precipitación máxima en 24 horas (para un periodo de retorno de 100 años) supone respecto a la precipitación de todo el año. Estos valores son máximos en Almería, donde existen registros de precipitación máxima diaria similares a la precipitación total media anual. En el Altiplano también se producen en ciertas ocasiones, como por ejemplo en septiembre de 1989 cuando en Orce cayeron 170 mm en 24 horas, o en octubre de 1973 con 130 mm en Alamedilla. La torrencialidad en esta zona puede generar impactos muy negativos ya que tales episodios se producen en un medio condicionado por las escasas precipitaciones y donde abundan los materiales de alta erodibilidad como las margas o los yesos del trías

162

Medio físico

Insolación y temperaturas
La intervención de los factores termodinámicos y la latitud subtropical en la que se encuentra la región proporciona abundantes situaciones anticiclónicas y una insolación muy elevada. Todo el valle del Guadalquivir y los espacios costeros superan las 2.800 horas de sol al año, e incluso las 3.000 horas en algunos enclaves del golfo de Cádiz y la costa Almeriense. El resto de la región queda incluida en el intervalo entre 2.800-2.600 horas de sol, quedando por debajo de las 2.600 horas sólo aquellos enclaves serranos más elevados, debido al efecto local de la nubosidad de evolución. Los altos valores de insolación asociados al elevado ángulo de incidencia de los rayos solares en estas latitudes bajas determinan también valores elevados de recepción de radiación solar, constituyendo una de las principales características (y también recurso) del clima andaluz, pero además tienen una notable incidencia en la configuración de las temperaturas y la organización de la vida en de la región.

La escasa nubosidad y elevada insolación en el Altiplano limitan, en unión a otros factores, las comunidades vegetales, especialmente en zonas con una gran proporción de suelo desnudo de alto albedo, caso por ejemplo de los yesares. FMB

La temperatura media anual regional es muy variada y refleja un gradiente costa-interior, pero sobre todo el gradiente altitudinal. Tal es así que los valores más bajos (inferiores a 9-10o) se encuentran en los enclaves montañosos del interior de las cadenas béticas, mientras que algunos puntos de la costa mediterránea pueden rebasar los 18o, alcanzando incluso los 20o en enclaves del litoral almeriense. Dentro de estos rangos el Altiplano se encuentra entre las zonas con valores medios anuales más bajos, comprendidas entre los 11 y los 14oC, estando la mayor parte del territorio en torno a los 13oC. A grandes rasgos dentro del ámbito de estudio se diferencian tres zonas térmicas: una occidental que se corresponde con

163

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

la hoya de Guadix y tendría una temperatura media anual de 13oC, otra central y la depresión del Guadiana Menor que sería la más cálida con 14oC, y una última franja más fría nororiental, que se quedaría en los 12oC. Estas bajas temperaturas se deben en parte a que las sierras que lo aíslan de los flujos húmedos del oeste no lo hacen del mismo modo de los procedentes del norte y nordeste, acabando por constituir un “laboratorio de frío” que produce fuertes acumulaciones de masas frías sobre las depresiones debido a los procesos de inversión térmica que aparecen en ellas y que se hacen efectivos por la escasa humedad relativa existente.
Tabla 7.8. Temperaturas medias mensuales y anuales
ESTACIÓN
VéLEZ BLANCO-TOPARES ORCE hUéSCAR VéLEZ RUBIO gUADIx CABRA DE STO. CRISTO FREILA

E

F

M

A

M

J

JL

A

S

O

N

D

TOTAL

4,88 4,96 5,00 7,71 5,89 6,14 6,23

5,81 6,42 7,8

7,41 8,9 10,4

9,28 10,66 14,7 11,79 11,7 11,13 13,98

13,33 14,76 17,4 14,7 15,71 15,39 18,92

17,84 18,83 19,00 19,33 20,42 21,2 23,13

23,23 22,58 21,2 22,82 24,38 25,05 26,81

22,77 18,01 22,38 18,15 18,5 18,00 23,11 19,89 24,44 20,16 24,81 21,39 26,46 21,15

12,46 13,17 14,9 14,82 14,81 15,46 15,67

7,95 8,76 11,2 10,65 9,38 9,51 10,52

5,33 6,06 6,5 8,13 6,63 6,98 7,32

8,45 10,02 7,81 10,26 7,51 8,48 9,76 11,66

12,36 12,97 13,72 14,28 14,30 14,53 15,86

Fuente: Agroclima. Elaboración propia.

Por meses, enero resulta el mes más frío y julio el más cálido. La temperatura media del Altiplano en enero oscila entre los 4-6oC, alcanzando puntualmente los 7oC en el entorno de Vélez-Rubio. Las zonas con temperaturas medias más bajas se localizan en la franja nororiental, la caída de la Sierra de Baza y el entorno de Guadahortuna, y la más cálida en la depresión del Guadiana Menor y la franja más meridional de la hoya de Guadix. En julio, según la distribución espacial, las medias se situarían entre los 22oC y los 27oC, siendo la temperatura más representativa los 25oC. No obstante, la franja nororiental y el pasillo hacia Vélez Rubio se encuentran en los 23oC, siendo las zonas más frías la parte este de la Sierra de Baza (Caniles) y el pasillo entre Sierra Nevada y Baza a la altura de Huéneja, con 22oC. Las temperaturas mínimas medias se producen en el mes de enero y sitúan la mayor parte del territorio entre los 0-2oC, mientras que la de la depresión del Guadiana Menor estaría en 2-4oC. Las zonas más frías en las que se alcanzan valores negativos son el contorno de la Sierra de Baza y, más puntualmente, en el límite con Sierra Nevada y Sierra de Marmolance. Los valores medios de temperaturas máximas se registran en julio, presentando en el Altiplano distintos rangos de temperatura que permiten diferenciar tres zonas. El rango más extendido es el de 31-33oC, que se distribuye principalmente por la hoya de Guadix, sureste de Jaén y franja nororiental. El rango 33-35oC se localiza fundamentalmente en la hoya de Baza y continúa hacia el valle del Guadalquivir a través del Guadiana Menor. La zona que presenta una media de temperaturas máximas más elevada y comprendida entre los 35-39 oC se corresponde con el norte de la hoya de Baza y sus sierras periféricas como son Sierra

164

Medio físico

Temperaturas medias anuales

Fuente: Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía, 1997

40C 50C 60C

70C 80C 90C

100C 110C 120C

130C 140C 150C

160C 170C 180C

190C

Límite del Altiplano Límite autonómico Límite provincial

165

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Bermeja, Marmolance y La Encantada entre otras. Por el contrario, la zona con temperaturas máximas más bajas, 29-31oC, se sitúa en el pasillo más occidental, el de Fiñana. Todos estos datos se traducen en una elevada amplitud térmica, entendiendo como tal la diferencia entre la temperatura más alta y la más baja registrada en un lugar durante un periodo de tiempo determinado. Atendiendo a este parámetro el área de estudio manifiesta una amplitud térmica de entre 12-14oC, aunque esta cifra se incrementa hasta los 14-16oC en el eje Caniles-Huéscar, alcanzando valores muy similares a los del valle de Guadalquivir, en un caso teniendo origen en las bajas temperaturas y en otro en las altas. Ahora bien, en todos los casos expuestos hasta el momento, temperaturas mínimas, máximas y amplitud térmica, se ha trabajado con medias que enmascaran parcialmente la realidad climática del Altiplano, en el que se producen amplios rangos térmicos debido a las temperaturas extremas que sufre el territorio. En general los inviernos son muy fríos, con medias mínimas absolutas inferiores a 0oC en todas las estaciones de diciembre a marzo, lo que define una alta continentalidad y conlleva, como se verá más adelante, un periodo de heladas dilatado en el tiempo. La época estival refleja del mismo modo este fuerte contraste, con un mes de julio en el que la media de las temperaturas máximas absolutas rebasa en todas las estaciones los 35oC. Uno de los casos más nítidos de oscilaciones extremas es el de Orce, donde las temperaturas medias de las mínimas absolutas son negativas desde octubre a abril, teniendo ambos meses las máximas absolutas por encima de los 25oC.
Figura7.3. Temperaturas medias de las máximas y mínimas absolutas

Fuente: Agroclima. Elaboración propia.

166

Medio físico

Para abordar los periodos cálidos, fríos y de heladas se han utilizado las temperaturas medias de las máximas y mínimas absolutas. El periodo cálido se puede definir como el número de meses donde la temperatura media de las máximas es superior a 30oC, y el periodo frío como el número de meses donde la temperatura media de las mínimas es menor a 7oC.
Tabla 7.9. Periodo frío, cálido y de heladas en las estaciones seleccionadas
ESTACIONES
FREILA ORCE hUéSCAR VéLEZ RUBIO VéLEZ BLANCO-TOPARES CABRA DE STO. CRISTO gUADIx

E

F

M

A

M

J

JL

A

S

O

N

D

PERIODO PERIODO PERIODO FRíO hELADAS CÁLIDO
(meses) (meses) (meses)

6 8 5 6 8 6 6

5 7 1 4 6 6 5

3 2 1 2 2 2 2

Fuente: Agroclima. Elaboración propia.

La duración del periodo cálido en el ámbito de estudio se cifra entre 1 y 3 meses, siendo la de Freila la estación con un periodo cálido más prolongado, 3 meses, de junio a agosto ambos inclusive, y la de Huéscar la que presenta el menor número de meses de periodo cálido, tan solo el de julio. De forma general, todas las estaciones seleccionadas, con la única excepción de Freila, ven retrasada a julio la entrada de este corto periodo cálido. En cambio el período frío varía entre 5 y 8 meses, siendo las estaciones de Vélez Blanco-Topares y Orce las que presentan la mayor duración, desde noviembre a mayo, mientras Huéscar muestra el menor número de meses fríos. Pero además de por este dilatado período de frío, el Altiplano se caracteriza por un elevado número de meses con heladas, cuando la temperatura mínima absoluta está por debajo de los 0oC, presentando Orce el valor máximo con un total de 7 meses y la estación seleccionada en Huéscar solamente uno. Por tanto se puede concluir que el Altiplano se caracteriza térmicamente por ser una zona fría en el contexto andaluz y además continentalizada, en la que se producen una serie de eventos de temperatura extrema tanto en verano (p.e. 40,8oC en Freila), como en invierno (p.e. –7oC en Orce). Aparte de estos rasgos genéricos, dentro del Altiplano existe un gradiente térmico reconocible, presentando una zona central más cálida, a partir de la cual las temperaturas descienden hacia el oeste y fundamentalmente hacia el este, haciéndose más patente en la franja nororiental. No obstante, la zona más fría se localiza en el pasillo occidental, en los municipios de Huéneja, Dólar y Ferreira.

167

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Temperaturas medias máximas y mínimas

Fuente: Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía, 1997

< 250C 25 - 270C

27 - 290C 29 - 310C

31 - 330C 33 - 350C

> 350C

< 00C 0 - 20C

2 - 40C 4 - 60C

6 - 80C > 80C

Límite del Altiplano

Límite autonómico

Límite provincial

168

Medio físico

El balance de agua del suelo y la aridez
La evapotranspiración es la consideración conjunta de los procesos de evaporación y transpiración. La evaporación es el fenómeno físico por el que el agua pasa de líquido a vapor y la transpiración el fenómeno biológico mediante el que las plantas liberan agua a la atmósfera. Por tanto, la evapotranspiración potencial (ETP) es la evapotranspiración que se produciría si la humedad del suelo y la cobertura vegetal estuviera en condiciones óptimas (Pita, 2003). A nivel regional los valores de ETP más frecuentes son los incluidos entre 800-900 mm. En el valle del Guadalquivir estos valores son mayores, 900-1.000 mm, mientras que descienden en la zona oriental a los 700-800 mm, con la excepción del sudeste almeriense que los supera y las grandes sierras béticas en donde la ETP se reduce en gran medida. El Altiplano en particular se encuentra definido por los 700-800 mm de ETP, sin embargo en el entorno del Guadiana Menor, de menor altitud y más cálido, estos valores oscilan entre los 800-900 mm, alcanzando incluso los 900-1.000 mm en los alrededores de Jódar. Por tanto, la evapotranspiración potencial que sufre el Altiplano es elevada, pero no de las más altas. Ahora bien, al recibir unas precipitaciones escasas el déficit hídrico registrado en estos territorios es mayor que el de otras zonas con mayor ETP pero también mayor pluviosidad. Esta relación de escasas precipitaciones y elevada evapotransipración potencial aproxima al término de aridez, que se puede definir como la relación temporal entre la cantidad de agua que llega al suelo a través de las precipitaciones y la que escapa por la evapotranspiración (Pita, 2003). Si se toma como muestra el denominado índice de aridez (UNEP, 1992), definido como el cociente entre precipitación y evapotranspiración de referencia (P/ET0), se puede estimar el grado de aridez de una determinada zona siguiendo la siguiente clasificación: Árido: 0,05 – 0,2 Semiárido: 0,2 – 0,5 Subhúmedo seco: 0,5 – 0,65 Subhúmedo húmedo: 0,65 – 0,75 Húmedo: > 0,75 En la mayor parte del ámbito de estudio este índice corresponde a la categoría semiárida, abarcando casi enteramente las hoyas de Guadix y de Baza los valores comprendidos entre 0,2 y 0,5. Ello indica que la evapotranspiración triplica los datos de precipitación registrados. Las zonas limítrofes a las grandes sierras muestran valores superiores en este índice, indicativos de un menor grado de aridez. Esto se debe a las mayores precipitaciones propias del piedemonte montañoso. La etapa subhúmeda-seca (0,5-0,65) está presente en el Altiplano fundamentalmente en el sureste de Jaén, Guadahortuna y la periferia de la Sierra de Cazorla y Sierra Nevada.

169

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

La mayor parte del Altiplano corresponde al ámbito semiárido, con escasas precipitaciones y elevada evapotranspiración potencial. JH

170

Medio físico

Evapotranspiración media anual

Fuente: Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía, 1997

INDICE DE ARIDEZ

ETP

0,2 0,3 0,4

0,5 0,8 1

1,5

300 - 400 mm 400 - 500 mm 500 - 600 mm

600 - 700 mm 700 - 800 mm 800 - 900 mm

900 - 1.000 mm > 1.000 mm

Límite del Altiplano Límite autonómico Límite provincial

171

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

En síntesis, puede afirmarse que el Altiplano se engloba dentro del contexto climático mediterráneo, siendo una de las zonas más secas de la Península Ibérica y caracterizado además por una marcada continentalidad. Su territorio queda climatológicamente definido por tres rasgos fundamentales que dan idea de la dureza de las condiciones: escasas precipitaciones, temperaturas extremas y un período de heladas muy prolongado. Asimismo, gran parte del ámbito de estudio sufre un importante déficit hídrico anual, ya que las precipitaciones recibidas no son suficientes para paliar el fuerte efecto evaporativo. Todo ello confiere al Altiplano una de sus características más destacables: el carácter semiárido de la mayor parte del territorio.

7.3. Geología
La Geología (del griego geo, tierra, y logos, estudio) es la ciencia que estudia la forma interior de la Tierra, los materiales que la componen, las unidades geoestructurales en las que se puede dividir, sus mecanismos de formación, los periodos o edades en que tuvieron lugar su génesis y desarrollo, los cambios o alteraciones que éstas han experimentado desde su origen y la distribución que presentan en su estado actual. Es uno de los pilares básicos en el estudio del medio físico debido a su cualidad de constituir el soporte primario de los sistemas naturales y las actividades antrópicas. En este sentido, el componente que mejor lo define son los materiales, y estos son los que realmente conforman el sustrato primario de las actividades biológicas, ecológicas y sociales, almacén de recursos (materias primas, agua...) y receptor de subproductos (residuos, deshechos...; Pedraza, 1981). El carácter del sustrato y sus funciones son esenciales, por tanto, en la ordenación del territorio, por cuanto de ellos puede deducirse la gestión de los recursos y sostenibilidad, evaluaciones territoriales a partir de las correspondientes unidades cartográficas, conservación del patrimonio geológico, establecimiento de los usos del suelo, según su vocación y capacidad, así como sus influencias y repercusiones (Ministerio de Medio Ambiente, 2006). En Andalucía se pueden diferenciar tres grandes unidades geológicas, que en gran parte coinciden con las unidades morfológicas citadas en el apartado de relieve (Sierra Morena, depresión del Guadalquivir y cordillera Bética), aunque algunas de ellas se extienden fuera de los límites de la comunidad autónoma. Éstas son: 1.- Macizo Hercínico de la Meseta o macizo Hespérico. Al norte del valle del Guadalquivir, coincidiendo con la unidad morfológica de Sierra Morena, aflora este macizo, constituido por materiales precámbricos y paleozoicos plegados durante la orogenia hercínica (hacia el final del Carbonífero medio) que ocupa gran parte de la Península (Julivert et al., 1974). 2.- Cordillera Bética. Se eleva en la parte mas meridional y ocupando la mayoría de la superficie, coincidiendo en gran parte con la unidad morfológica del mismo nombre. Como unidad

172

Medio físico

geológica, se prolonga hacia el Este, ya fuera de la comunidad andaluza, por las provincias de Murcia, Albacete, Alicante y sur de Valencia, continuando bajo el Mediterráneo para aflorar en Ibiza y Mallorca. Se trata de una cadena de plegamiento alpino formada durante el Mioceno y que a su vez está constituida por dos grandes unidades: las zonas externas y las zonas internas. 3.- Depresiones Neógenas. Es la tercera unidad geológica y la que presenta mayores diferencias en cuanto a su coincidencia con las unidades morfológicas. Se trata de las áreas que quedaron “deprimidas” después de la orogenia alpina y que fueron rellenadas por sedimentos producto de la erosión de los nuevos relieves.
Figura 7.4. Unidades geológicas de Andalucía

MACIZO HESPÉRICO

CORDILLERA BÉTICA

DEPRESIONES NEÓGENAS
Olistostromas del frente bético Depresiones neógenas-rocas volcánicas

Zonas externas
Zona Centroibérica Batolito de los Pedroches Zona de Ossa-Morena Zona sudportuguesa Cobertera tabular Prebética externo Prebética interno Dominio intermedio Subbético externo Subbético medio Subbético interno Penibético

Zonas internas
Unidades del Campo de Gibraltar Complejo maláguide Complejo alpujárride Complejo nevado-filábride

Fuente: Vera, 1994.

173

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

El estudio de la geología del Altiplano aquí presentada se centra en los periodos geológicos en que tuvo lugar su origen y evolución, las unidades geológicas que lo componen, mecanismos de formación y materiales que lo constituyen (litología). El Altiplano estepario se localiza, desde un punto de vista geológico, en el ámbito de las cordillera Bética, formando parte de dos grandes unidades geológicas o geoestructurales en Andalucía: las depresiones Neógenas y la cordillera Bética. Las depresiones neógeno-cuaternarias, las más abundantes (82,8% del Altiplano), se localizan en el denominado surco Intrabético, en las depresiones intramontanas denominadas Guadix-Baza y del Almanzora. Los relieves de sierra que las rodean se encuentran localmente representados por materiales pertenecientes a las zonas internas y externas de la cordillera Bética (17,2%).
Tabla 7.10. Distribución de las unidades geo-estructurales localizadas en el Altiplano
ZONA UNIDAD SUP. (ha) %

DEPRESIONES NEÓGENO-CUATERNARIAS Depresiones Postorogénicas CORDILLERA BÉTICA - ZONAS EXTERNAS Subbético Interno Subbético Medio Subbético Externo Prebético Interno Prebético Externo Término Comunes (Zonas Intermedias) CORDILLERA BÉTICA - ZONAS INTERNAS Complejo Nevado-Filábride. Manto Mulhacén Complejo Nevado-Filábride. Manto Veleta Complejo Alpujárride. Mantos Superiores Complejo Alpujárride. Mantos Intermedios Complejo Alpujárride. Mantos Inferiores Complejo Dorsaliano Complejo Maláguide

401.906 401.906 69.415 1.923 5.229 18.988 5.712 346 37.218 13.968 682 1.454 5.044 4.223 377 2.136 52

82,8 82,8 14,3 0,4 1,1 3,9 1,2 0,1 7,7 2,9 0,1 0,3 1,0 0,9 0,1 0,4 0,0

TOTAL

485.289

100,0

Fuente: Mapa geológico. Junta de Andalucía, 2005. Elaboración propia.

7.3.1. Origen y Evolución del Altiplano:
PRInCIPaLES aConTECIMIEnToS GEoLÓGICoS A grandes rasgos la historia geológica del Altiplano comienza con la orogenia alpina que da lugar a la formación de la cordillera Bética y de depresiones intramontanas entre los relieves emergentes. Hasta ese

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Medio físico

Depresión de Guadix y Sierra Nevada al fondo. CPS

momento el mar alcanzaba el límite sur del macizo Hercínico y se estaba produciendo una acumulación de sedimentos marinos en su fondo. A partir de la orogenia alpina comienza la acumulación de sedimentos Neógeno-Cuaternarios, en principio marinos, en las depresiones, y se inicia una paulatina retirada del mar dando lugar a la formación de un gran lago endorreico con aportes de agua dulce (Sanz de Galdeano and Vera, 1992) que termina con la colmatación de las depresiones con sedimentos ya continentales. Tras la retirada del mar empieza a formarse toda una red de abanicos aluviales que van a dar lugar a la red hidrográfica, en principio orientada hacia el norte y posteriormente, debido a la reactivación de los movimientos tectónicos en el sector oriental, se produce un basculamiento generalizado hacia el noroeste de toda la cuenca, produciéndose un cambio en la dirección de la red de drenaje que pasa de desaguar al Mediterráneo a canalizarse hacia el Atlántico por el Guadalquivir a través del Guadiana Menor (Goy et al., 1989). Este basculamiento supuso un gran arrastre de materiales blandos que se habían ido acumulando en capas a lo largo del tiempo, como margas, yesos, arcillas y arenas; sobre las cuales se fueron acumulando en los siglos posteriores sedimentos cuaternarios, formados por los arrastres aluviales que, al sufrir el ataque de unas lluvias por aquel entonces torrenciales y muy abundantes, formaron el actual paisaje abarrancado (Rodríguez, 2006).

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Tabla 7.11. Evolución paleogeográfica del Altiplano
ERA
PALEOZOICA

PERIODO

SERIE(éPOCA)

PISO(EDAD)

MILLONES DE AÑOS

PRINCIPALES ACONTECIMIENTOS GEOLÓGICOS

590 Triásico 248 206 144 Paleógeno Paleoceno Eoceno 65 55
Inferior Superior

- Aumento del nivel del mar y acumulación de sedimentos en el mar Tethys - Andalucía durante el Triásico (facies Keuper) era una extensa llanura costera. - Hundimiento de la cuenca e instalación de ambiente marino en extensas zonas entre las placas Africana y Europea - Se homogeniza la sedimentación de margas en el Subbético

MESOZOICA Secundaria

Jurásico Cretácico Terciario

- Continúa la sedimentación de margas y se generaliza la sedimentación turbidítica con relleno de cañones submarinos

CENOZOICA

Oligoceno

34 30
- Comienzo claro de la orogenia alpina. - Se producen mantos de corrimiento y fuertes presiones que hacen emerger materiales Paleozoicos - Se forma la cordillera Bética (emergen grandes relieves) debido a la orogenia alpina - Creación de las cuencas intramontanas o depresiones - Apertura depresión del Guadalquivir y del Mediterráneo. - Relleno de las cuencas en medio marino - Comienza la individualización de las cuencas - Comienza la retirada del mar - Continúa la regresión marina y formación de un gran lago endorreico de agua dulce. - Colmatación de cuencas interiores con acumulación de margas, carbonatos, evaporitas y rocas detríticas en medio continental. - Individualización de las hoyas de Guadix y la de Baza - Formación de glacis en los piedemontes Béticos. - Emergen los relieves Subbéticos. - Se abre el estrecho de Gibraltar - Comienzan a formarse abanicos aluviales y fluviales con una dirección hacia el norte - Desarrollo de abanicos aluviales y glacis al pie de los relieves Béticos - En las depresiones de Guadix-Baza se produce el relleno de las cuencas con calizas y tobas lacustres. - Desarrollo de travertinos y encajamiento de la red hidrográfica - Basculamiento hacia el Oeste pasando los lagos a ser una cuenca exorreica hacia el Guadalquivir a través del Guadiana Menor, al encajarse la red fluvial sobre depósitos de glacis. - Desarrollo del modelado fluvio-coluvial, denudativo, kárstico... - Depósitos en las zonas de inundación de los cursos fluviales actuales
Fuente: Pérez-López y López-Chicano, 1989; Vera, 2004; Mapa geológico. Junta de Andalucía, 2005. Elaboración propia.

Neógeno

Mioceno

Inferior Medio

23 16 11

Superior

Plioceno

Inferior

5

Superior

3,5 1,8 0,7

Cuaternario

Neógeno

Pleistoceno

Inferior Medio

Superior

0,12

Holoceno

0,01

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Medio físico

Unidades geoestructurales

Fuente: Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía, 2005

CORDILLERAS BÉTICAS. ZONAS EXTERNAS

CORDILLERAS BÉTICAS. ZONAS INTERNAS

NEÓGENOS Y CUATERNARIOS

Subbética interno Subbética medio Subbética externo Prebética interno Prebética externo Términos comunes

Complejo nevado-filabride. Manto Mulhacén Complejo nevado-filabride. Manto Veleta Complejo alpujarride. Manto superior Complejo alpujarride. Manto intermedio Complejo alpujarride. Manto inferior Complejo malaguide Complejo dorsaliano

Depresiones postorogénicas

Límite del Altiplano Límite autonómico Límite provincial

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Periodos geológicos

Fuente: Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía, 2005

PALEOZOICO
PRIMARIO SECUNDARIO

MESOZOICO
TERCIARIO

CENOZOICO
CUATERNARIO

Paleozóico Paleozóico-Trías

Trías Triásico Jurásico

Trías-Jurásico-Paleógeno Jurásico-Paleógeno

Paleógeno Paleógeno-Mioceno inferior Mioceno inferior-medio Mioceno superior-Plioceno Plioceno Plioceno-Cuaternario

Cuaternario Límite del Altiplano Límite autonómico Límite provincial

Jurásico-Cretácico Cretácico

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Medio físico

Laderas sobre el río Guadahortuna. FMB

Depresiones neógenas En Andalucía, las depresiones neógenas o post-orogénicas son áreas que quedaron deprimidas después de la orogenia alpina (colisión entre las zonas internas y las externas hace unos 15 millones de años, durante el Mioceno medio) y corresponden a extensas cubetas sinclinales. Se fueron rellenando por potentes sedimentos de materiales postorogénicos Neógenos (Mioceno superior, Plioceno) y del Cuaternario (Pleistoceno), como producto de la erosión de los nuevos relieves (Vera, 1994), alcanzando localmente espesores de hasta 4.000 metros. La más extensa de estas depresiones es la depresión del Guadalquivir, localizada entre el macizo Hercínico de la Meseta y el borde septentrional de las cordillera Bética. Pero además de ésta, se incluyen también un conjunto de superficies ubicadas dentro de la cordillera Bética (cuencas intramontañosas) que tienen importantes rellenos sedimentarios de materiales neógenos postorogénicos. Entre ellas destacan por su amplitud y potencia de relleno sedimentario, de Oeste a Este, las depresiones o cuencas de Ronda, Granada, GuadixBaza, Almería, Sorbas y Huércal-Overa.
Figura 7.5. Cuencas intramontañosas de la cordillera Bética tras la orogenia alpina en Andalucía

Córdoba Jaén
CUENCA GUADIX-BAZA

Sevilla Huelva

CUENCA DEL GUADALQUIVIR

CUENCA DE RONDA

CUENCA DE GRANADA

Granada

CUENCA SORBAS-TABERNAS

Málaga Cádiz

Almería

Límite de la costa actual Zonas emergidas Posibles vías de comunicación entre el Atlántico y el Mediterráneo
Fuente: Serrano, 1979.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

En el Altiplano, las depresiones neógenas constituyen el 83% (401.906 ha) del territorio, distribuidas en varios dominios paleogeográficos diferentes. Se extiende principalmente por las cuencas intramontañosas de Guadix-Baza en la provincia de Granada y la del río Almanzora en Almería. Localmente se observan afloramientos de este tipo entre la Sierra de las Estancias y los Filabres, así como en parte de las cuencas de los ríos Guadiana Menor y del Guadahortuna, al sur y sureste de la provincia de Jaén. Estos últimos poseen una distribución irregular y suelen ocupar las partes más deprimidas del relieve. La depresión de Guadix-Baza, la más extensa en la zona de estudio, queda limitada al sur por las sierras de Baza (zona Bética-complejo Alpujárride), de las Estancias (zona Bética) y Orce (zona Subbética), y al norte por las de Castril y del Pozo (zona Prebética) y otras sierras más orientales (zona Subbética). Se trata de una cuenca cuyas formaciones son tanto fluviales como lacustres o evaporitas, con unos materiales cuyas edades datan desde el Neogéno (Mioceno superior y Plioceno) hasta el Cuaternario. En general, el potente relleno sedimentario de las cuencas intramontañosas en el Altiplano se apoya de manera discordante sobre los materiales de las zonas externas e internas de la cordillera Bética. Su reciente evolución paleogeográfica y tectónica, la escasa deformación de sus materiales, que quedan subhorizontales, junto a la naturaleza en general blanda de los mismos, han dado lugar a un tipo de paisaje muy característico

La erosión conforma el paisaje y deja al descubierto los materiales geológicos. MY

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Medio físico

denominado bad-lands (tierrras malas). Este modelado tan peculiar le confiere a este espacio unas características físicas muy singulares (Águeda et al., 1983). Tradicionalmente han sido despreciados por el hombre, si bien últimamente están adquiriendo el reconocimiento que merecen como enclaves de interés paisajístico, geológico, botánico y faunístico. La sedimentación en estas cuencas se inició en el Neógeno. Durante el Mioceno superior ésta ocurrió en medios marinos para, al final del Mioceno superior y el Plioceno, retirarse el mar de las cuencas más alejadas de las costas actuales y comenzar el depósito de importantes volúmenes de sedimentos continentales. A su vez, los sedimentos del Cuaternario son muy numerosos y extensos. Se pueden distinguir varios niveles según sus características sedimentarias y morfológicas: Cuaternario antiguo, Cuaternario medio y los depósitos aluviales. El antiguo se presenta como nivel de colmatación del interior de la depresión y en los bordes como depósitos de pie de monte con costras; el medio se corresponde con las terrazas y glacis locales; y los depósitos aluviales están asociados a los cauces de los principales ríos, en especial cuando el sustrato está constituido por rocas blandas. A una escala de mayor detalle, la depresión de Guadix se considera individualizada del resto de las depresiones béticas orientales desde el Plioceno basal, atendiendo a criterios paleogeográficos (García-Aguilar, 1986), ya que sólo es a partir de entonces cuando esta cuenca posee su propio nivel de base representado por el lago endorreico de la formación Gorafe-Huélago (Vera, 1970). Los últimos materiales marinos encontrados en esta cuenca, de tipo somero, son del Mioceno superior. La retirada del mar y el levantamiento de la Sierra de Baza ocurre en el Mioceno superior y el Plioceno inferior. Comienzan a formarse entonces abanicos aluviales y fluviales con una dirección de la escorrentía hacia el Norte. Los depósitos más recientes de esta cuenca se corresponden con la instalación de amplias llanuras aluviales con sistemas de canales trenzados. Litológicamente la hoya de Guadix corresponde a un régimen fluvial dominante donde se depositaron materiales detríticos y los suelos que se desarrollan a partir de esos materiales son diferentes a los de la hoya de Baza. Separada de la depresión de Guadix por el relieve del Jabalcón y por la Sierra de Baza se encuentra la depresión de Baza. Dichos límites fijan a grosso modo la repartición litológica de los depósitos, ya que en la cuenca de Baza el régimen dominante es lacustre con contactos eventuales con el marino y deposición de materiales de precipitación química. Está ocupada principalmente por capas margo-yesíferas (Vera, 1970). Los estudios llevados a cabo en esta área por Goy et al. (1989) sugieren la presencia del mar al menos en el sector suroriental de la cuenca durante el Plioceno inferior, posteriormente el mar se retira dando paso, durante el Plioceno, a un gran lago interior alimentado por una cuenca endorreica (Sanz de Galdeano y Vera, 1992). En el Pleistoceno este gran lago interior se rompió aproximadamente en el lugar conocido como Cerrada del Negratín, a la altura de la actual cabecera del embalse del Negratín (Rodríguez, 2006), y basculó hacia el oeste, pasando a depositarse sistemas de abanicos aluviales que dejaron en su brutal arrastre materiales blandos que se habían ido acumulando en capas a lo largo del tiempo, es decir, dejaron depósitos de 1playa-

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

A la altura del actual embalse del Negratín se produjo durante el Pleistoceno la ruptura de la cuenca endorreica, conformándose el río Guadiana Menor, que pasó a drenar la mayor parte de las aguas del Altiplano. FMB

lake hacia el centro y el sector occidental de la cuenca, sobre los que se siguen acumulando posteriormente depósitos cuaternarios. Este basculamiento generalizado hacia el noroeste de toda la cuenca, produjo un cambio en la dirección de la red hidrográfica que pasa a desaguar hacia el Atlántico. Según García-Aguilar (1986), en la depresión de Guadix-Baza se localiza “el registro sedimentario más continuo de los medios continentales de los últimos siete millones de años de la historia de la Tierra que existe en la Península Ibérica y en toda Europa occidental”.

CoRdILLERa BéTICa La otra unidad geológica representada en la zona de estudio es la cordillera Bética. Constituye el extremo más occidental del conjunto de las cadenas alpinas europeas y ocupa más de la mitad de la superficie de Andalucía. Dentro de la cordillera Bética se diferencian dos dominios principales: las zonas externas que se sitúan al norte y zonas internas al sur. En las zonas externas se separan tres subdominios paleogeográficos principales (García et al., 1980); al norte se sitúa la zona Prebética y al sur la zona Subbética, entre ambas, la zona intermedia; ésta última presenta formaciones terciarias con características paleogeográficas y tectónicas muy distintas

1

Playa-lake: zona llana, de sedimentos detríticos de tamaño limo y arcilla, asociados a evaporitas, ocupada previamente por un lago endorreico desértico.

182

Medio físico

Peñón de Alamedilla. La diferente naturaleza y dureza de los materiales geológicos determina la modelación del paisaje. FMB

a las unidades que la rodean. En las zonas internas se diferencian tres complejos o unidades principales: el Nevado-Filábride, el Alpujárride y el Maláguide. La representación de la cordillera Bética en el Altiplano se limita a áreas más o menos puntuales pertenecientes a las zonas basales de los sistemas montañosos que rodean la zona de estudio. En total suponen un 17,2% de la superficie del mismo y se circunscribe a una pequeña porción de las zonas externas (14,3% de la superficie de estudio) y aún menor de las zonas internas (2,9%).

7.3.2. Litología
Como se ha expresado anteriormente, la orogenia alpina hizo emerger grandes relieves procedentes de antiguos sedimentos marinos (del Mesozoico y Cenozoico). A su vez, el proceso que ha dado lugar a las depresiones post-orogénicas tras su formación es la gran acumulación de sedimentos marinos y continentales del Neógeno y Cuaternario (Vera, 1994). Por ello, resulta lógico que el 98% de la superficie del Altiplano esté constituida por materiales sedimentarios (475.602 ha). Tan solo un 2% corresponde a afloramientos de rocas metamórficas (9.687 ha) que se localizan puntualmente en las zonas externas e internas de la cordillera Bética, debido a que se producen al comienzo de la orogenia alpina mantos de corrimiento y grandes presiones que metamorfizan y hacen emerger materiales Paleozoicos (VV.AA., 2005).

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Tabla 7.12. Litología del Altiplano por superficie y frecuencia de representación
LITOLOGIA
ROCAS SEDIMENTARIAS 2 Conglomerados, arenas y arcillas Conglomerados, arenas, lutitas y calizas (fluviales y lacustres) Calcarenitas, margas, yesos y calizas Arcillas abigarradas, areniscas rojas, yesos y calizas Calizas y margas Facies turbidíticas Margas, areniscas y silexitas Margas y calizas margosas pelágicas Arenas y margas Calizas, margas, calizas con sílex y margas radiolaríticas Calizas oolíticas y dolomías Rocas carbonatadas poco metamórficas Calizas, margas y areniscas Calizas y margas, areniscas y arcillas. Dorsal externa Carbonatos Arcillas, calizas y niveles detríticos Dolomías, calizas y calizas con sílex Olistostromas con matriz margosa Calizas y dolomías Alternancias de arcillas y dolomías rojas Arcillas, margas y dolomías Calizas y margas, areniscas y arcillas. Dorsal interna Formaciones de naturaleza esencialmente carbonatada Areniscas, limos y conglomerados rojos ROCAS METAMÓRFICAS 3 Mármoles Micaesquistos con granate, estaurolita, andalucita Micaesquistos grafitosos albíticos con granate, a veces cloritoide Filitas y cuarcitas Basaltos espilíticos con “pillow-lavas” Esquistos y cuarcitas de grano fino con biotita Micaesquistos feldespat. (gra.dis.est.) Niveles gneísicos turm. Marm Esquistos oscuros, con sillimanita y feldespato potásico Micaesquitos grafitosos con granate y cloritoides. Localmente andalucita Metapelitas y filitas Intercalaciones de esquistos con granate y micaesquistos con glaucofana

SUP. (ha)

%

475.602 206.489 159.892 23.671 16.609 15.874 14.529 6.866 5.468 4.988 4.144 4.088 2.819 2.652 2.089 1.948 1.112 948 613 359 261 85 47 42 10 9.687 2.653 2.418 1.454 1.404 1.085 299 182 87 71 18 17

98,0 42,5 32,9 4,9 3,4 3,3 3,0 1,4 1,1 1,0 0,9 0,8 0,6 0,5 0,4 0,4 0,2 0,2 0,1 0,1 0,1 0,0 0,0 0,0 0,0 2,0 0,5 0,5 0,3 0,3 0,2 0,1 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0

TOTAL

485.289

100,0

Fuente: Mapa litológico. Junta de Andalucía, 2005. Elaboración propia.

2 Rocas sedimentarias: producidas como consecuencia de fenómenos de alteración, transporte y sedimentación sobre cualquier tipo de roca anterior, por lo tanto los minerales que las componen pueden ser los mismos que existían en la roca anterior después de haber sufrido disgregación física, transporte y sedimentación, o bien pueden ser minerales formados por alteración química de otras preexistentes. 3

Rocas metamórficas: formadas por la presión y las altas temperaturas. Proceden indistintamente de la transformación de rocas ígneas y de rocas sedimentarias.

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Medio físico

LIToLoGía dE LaS dEPRESIonES nEÓGEnaS dEL aLTIPLano Los materiales blandos y poco consistentes de origen sedimentario son los depósitos por excelencia en las depresiones del Altiplano. Es el caso de arcillas, arenas, calizas, margas, conglomerados y otros materiales análogos. Las principales unidades litológicas de las depresiones neógenas son las siguientes:
Tabla 7.13. Unidades litológicas dominantes en las depresiones neógenas
TIEMPO GEOLÓGICO
CUATERNARIO PLIOCENO-CUATERNARIO MIOCENO SUPERIOR-PLIOCENO MIOCENO INFERIOR-MEDIO PLIOCENO
5

LITOLOGÍA 4

SUPERFICIE (ha) %

Conglomerados, arenas y arcillas Conglomerados, arenas, lutitas y calizas (fluviales y lacustres) Calcarenitas, margas, yesos y calizas Margas, areniscas y silexitas Arenas y margas

206.489 159.892 23.671 6.866 4.988

42,5 32,9 4,9 1,4 1,1

Las distintas litologías se definen de forma somera a pie de página. Fuente: Mapa litológico. Junta de Andalucía, 2005. Elaboración propia.

Conglomerados, arenas, lutitas y calizas: se localizan principalmente en el centro de la hoya de Guadix y de la hoya de Baza, apareciendo también en la comarca de Guadahortuna y entre Sierra María y la Sierra de las Estancias, ocupando en torno al 33% de la superficie total del Altiplano. Estos materiales se depositaron durante el Plioceno y Cuaternario. Conglomerados, arenas y arcillas: se encuentran en los bordes de las principales sierras que rodean al Altiplano, expandiéndose en envolvente de la unidad anterior dejando al sur Sierra Nevada, Sierra de Baza y Sierra de Gor, al este Sierra María y Sierra de las Estancias y finalmente, al norte, la Sierra de Cazorla. Estos materiales procedentes del Cuaternario ocupan la mayor extensión en el Altiplano, con una superficie aproximada de 206.500 ha (43%). Calcarenitas, margas, yesos y calizas: procedentes del Neógeno (Mioceno superior–Plioceno), afloran de manera local en el Altiplano ocupando una extensión del 5% aproximadamente. Se localizan

4 arenas: material compuesto de partículas cuyo tamaño varía entre 0,063 y 2 mm de Ø. La roca consolidada y compuesta por estas partículas se denomina arenisca. normalmente depositadas en cauces o riberas de los ríos, indicativas de corrientes fluviales importantes.

arcillas: la fracción más fina del suelo, de tamaño < 0,002 mm de Ø. depende de su naturalza le confiere al suelo distintas características, pero en general plasticidad en mojado y dureza en seco. Están asociadas a las llanuras de inundación de los ríos y lagunas con aguas estancadas. Suelen ser rocas muy blandas. Calcarenitas: arenisca con aglomerante calcáreo y grano calizo o no. Calizas: roca sedimentaria porosa de origen químico y grano muy fino, cuyo componente mayoritario es el carbonato cálcico. Cuando tiene alta proporción de carbonatos de magnesio y calcio se le conoce como dolomita. fueron depositados en extensas llanuras de mareas y zonas marinas muy poco profundas. Con frecuencia presentan fósiles. Conglomerados: roca sedimentaria de tipo detrítico formada por cantos redondeados de tamaño mayor a la arena (>2 mm) unidos por un cemento de elementos más finos de la misma naturaleza o de otra distinta. Lutitas: roca detrítica (resultante de la erosión y arrastre por el agua) integrada por partículas del tamaño de la arcilla y del limo. Margas: roca sedimentaria, generalmente blanda constituida hasta un 90% de carbonato cálcico y arcilla en proporciones variables. yesos: roca salina de precipitación química (evaporita) compuesta principalmente por sulfato de calcio hidratado y cristalizado con algunas impurezas. Sedimentados en zonas de laguna y albufera e incluso charcas de llanuras costeras. Son indicativos de condiciones de aridez y climas cálidos ya que requieren para su formación una evaporación intensa que concentre las sales y facilite su precipitación.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

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Medio físico

Unidades litológicas

METAMóRFICAS
Metamórficas

SEDIMENTARIAS
Calcarenitas, margas, yesos y calizas Arenas y margas Areniscas, limos y conglomerados rojos Arcillas abigarradas, areniscas rojas, yesos y calizas Arcillas, calizas y niveles detríticos Arcillas, margas y dolomías Alternancia de arcillas y dolomías rojas Dolomías, calizas y calizas con sílex Calizas colíticas y dolomías Calizas y dolomías Calizas y margas Calizas, margas y areniscas Calizas, margas, areniscas y arcillas rojas. Dorsal externa Calizas, margas, areniscas y arcillas rojas. Dorsal interna Calizas, margas, calizas con sílex y margas radiolíticas Conglomerados, arenas y arcillas Conglomerados, arenas, lutitas y calizas (fluviales y lacustres) Facies turbídicas Margas y calizas margosas Margas, areniscas y silexitas Olistostromas con matriz margosa Rocas carbonatadas poco metamórficas Carbonatos Formaciones de naturaleza esencialmente carbonatada

Escala 1:400.000

Fuente: Mapa litológico. Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía, 2005

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

principalmente en la hoya de Guadix. Están constituidos por materiales detríticos, que se intercalan, muy localmente, con niveles carbonatados. Los mejores afloramientos de esta formación se encuentran a lo largo de los cursos de la red fluvial tributaria de los ríos Guadiana Menor y Fardes, tras la franja formada por los depósitos aluviales. Los efectos de la erosión remontante en los cauces se traducen en el desarrollo de infinidad de quebradas y ramblas de laderas verticales y acarcavadas, que configuran los mencionados paisajes de tipo “bad-land”.

LIToLoGía dE LaS CoRdILLERaS BéTICaS dEL aLTIPLano La cordillera Bética presenta una mayor variedad en cuanto a mateConglomerados y arenas en un las terrazas del Guadiana Menor. MY riales litológicos se refiere, a pesar de tener una escasa representación en el Altiplano. Así, dentro de las zonas externas, se pueden distinguir a su vez otras tres zonas de menor rango (Subbética, Prebética e Intermedia), al igual que ocurre también en las zonas internas de la cordillera Bética en el Altiplano (complejos Nevado-Filábride, Alpujárride y Maláguide-Dorsaliano).

zonaS ExTERnaS La zona Subbética está constituida por rocas sedimentarias de edades comprendidas entre el Triásico y el Mioceno inferior y plegadas en la orogenia alpina. Para la parte ocupada por el Altiplano, la composición de materiales data desde el Jurásico al Cretácico. Cabe destacar como unidades litológicas dominantes las calizas y margas del Cretácico con una extensión aproximada del 3% de la superficie de la zona de estudio. De forma general, los materiales pertenecientes a este dominio ocupan el sector noroccidental de la zona de estudio, desde la Sierra de la Cruz hasta La Sagra, y en el sector oriental define la alineación de las Sierras de Orce y María. También se observan afloramientos puntuales alrededor del Guadiana Menor y el Guadahortuna, al sur de Sierra Arana y en el cerro del Jabalcón. La zona Prebética está constituida por materiales que datan desde el Trías al Mioceno inferior, plegados y con facies más neríticas5 y marginales que en la zona Subbética. En los alrededores del Altiplano aflora formando las Sierras de Cazorla, del Pozo, Castril y de la Seca, penetrando de manera puntual al norte del perímetro del Altiplano en los bordes con las sierras anteriormente citadas. Las tres primeras están constituidas por facies casi enteramente detríticas en el Cretácico mientras que la de la Seca se corresponde con un dominio sedimentario con características mixtas entre el prebético y subbético, denominándose también “unidades intermedias”. Las formaciones litológicas de esta unidad son muy puntuales y no son representativas de la

5 facies nerítica: los sedimentos se depositaron en un mar poco profundo. Carbonatos: minerales o rocas con el radical Co3-2. Incluye a los carbonatos cálcicos (calcita)y cálcico-magnésicos (dolomita) que son muy abundantes y otros menos frecuentes. arcillas abigarradas: sucesión de capas delgadas de arcillas del Triásico de diversos colores colocadas al azar

188

Medio físico

zona de estudio. No obstante, a título informativo, la litología dominante de esta zona está formada por calizas, margas y areniscas o carbonatos, ambas del Cretácico. La zona Intermedia, o términos comunes, se encuentra entre las formaciones de Sierra María y la rambla de Chirivel, al sur del río Guadahortuna y entre las sierras occidentales y el cauce del Guadiana Menor (representando un 8% del territorio, 37.218 ha). En la zona intermedia del Altiplano hay una confluencia de distintas unidades litológicas que datan desde el Triásico al Neógeno. En estas zonas abundan los afloramientos de sustratos geológicos especiales tales como margas yesíferas, yesos y depósitos salinos, además de areniscas y calizas. Las unidades litológicas predominantes son: ́́ Arcillas abigarradas, areniscas rojas, yesos y calizas, sedimentos típicos del Triásico (facies de Keuper). Es una de las dos unidades litológicas dominantes dentro de este grupo con un 3,5% de la superficie. Se encuentra situada al sur del río Guadahortuna.
6

́

Facies Turbidíticas del Paleógeno. Abarcando aproximadamente un 3% de la superficie total del Altiplano, estas facies oscuras se encuentran localizadas principalmente al sur de la Sierra de Cazorla, en la provincia de Jaén y, de manera muy puntual, al norte de Sierra María.

zonaS InTERnaS El complejo Nevado-Filábride constituye la entidad tectónica más profunda de las zonas internas. Sus afloramientos únicamente aparecen de manera muy puntual en los bordes del Altiplano, en los límites con Sierra Nevada y al sur de la Sierra de Baza. Está formado por asociaciones de materiales metamórficos distribuidos en diferentes unidades alóctonas y mantos, con un zócalo paleozoico y una cobertura triásica, manto del Veleta y manto del Mulhacén. Las unidades litológicas que se pueden encontrar son despreciables por tratarse de pequeñas superficies limítrofes con la cadena montañosa y no ser representativas de la zona de estudio. El complejo Alpujárride se trata de un conjunto tectónicamente superpuesto al Nevado-Filábride. Se localiza en las estribaciones de la Sierra de Baza y Gor, al sur de Sierra Arana y en la prolongación granadina de las Estancias. Abarca aproximadamente el 2% de la superficie total del Altiplano y está constituido por un zócalo Pretriásico de rocas metamórficas muy recristalizadas durante la orogenia alpina con relictos prealpinos. Los afloramientos más antiguos pertenecen al Cámbrico. Estos se localizan en las estribaciones de la Sierra de Baza, en término de Gor, y están compuestos por micaesquistos y cuarcitas. Los afloramientos de Sierra de las Estancias pertenecen al Triásico y están constituidos por materiales como filitas y cuarcitas. También existen formaciones puntuales de calizas y/o dolomías en los alrededores de los términos de Freila y Zújar, pertenecientes a las estribaciones de la Sierra de Baza. El complejo Maláguide-Dorsaliano se localiza atravesando de manera discontinua el Altiplano, aunque no tiene una representación significativa dentro del ámbito de estudio. Se trata de un complejo superior al Alpujárride, constituido por un zócalo Paleozoico poco o nada metamorfizado. Se extiende a lo largo de la

6 La facies turbidítica comprende el conjunto de sedimentos que fueron transportados a través de los valles submarinos y se depositaron en el medio marino profundo formado un cuerpo sedimentario característico.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

rambla de Chirivel y puntualmente también en pequeños afloramientos en la cuenca del río Almanzora y en el cerro Jabalcón.

7.4. Geomorfología
La Geomorfología estudia las formas de la superficie terrestre, los factores que contribuyen a su desarrollo y los procesos que la originan (Costa and Baker, 1981; Ministerio de Medio Ambiente, 2006). Constituye una disciplina de síntesis que permite comprender los procesos físicos que se desarrollan sobre un territorio. Está condicionada por la historia geológica y climática y responde a la estructura y composición de las rocas. En los estudios del medio físico la geomorfología se centra en la caracterización de las formas concretas del terreno, sus funciones y dinámicas actuales. Desde la última mitad del siglo XX, un gran sector se ha enfocado particularmente en encontrar relaciones entre procesos y formas. Los procesos geomorfológicos dejan su impresión distintiva sobre las formas del terreno y cada proceso geomorfológico desarrolla su propio conjunto característico de formas de relieve. Los desencadenantes de los procesos geomorfológicos pueden dividirse en dos grandes grupos: ́ Factores endógenos: como la geología y la fuerza de la gravedad que actúa como equilibradora de los desniveles; es decir, hace que las zonas elevadas tiendan a caer y colmatar las zonas deprimidas. Factores exógenos: como la atmósfera, la hidrosfera y la biosfera, responsables de la erosión que estos producen.

́

De la interacción de estos elementos resultan los procesos morfogenéticos, que son los procesos de meteorización, erosión, transporte y sedimentación responsables del modelado del relieve. En los estudios geomorfológicos se definen unas unidades cartográficas-territoriales básicas homogéneas cuyo objetivo es práctico, buscando disponer de la información más sintética y sencilla que permita comprender los procesos y potencialidades de un territorio. Ello es debido a que las formas del terreno son fácilmente identificables, ocupan toda la superficie de la tierra, se pueden organizar jerárquicamente, pudiéndose estudiar a diversas escalas y sirven para predecir otras variables ambientales (Cooke and Doornkamp, 1990). Atendiendo a todo lo comentado, la Junta de Andalucía ha abordado el estudio de la geomorfología de la comunidad autónoma a una escala de reconocimiento territorial, elaborando una cartografía digitalizada E, 1/400.000 para facilitar un primer nivel de clasificación de las tierrras andaluzas que sirva de base al conocimiento más detallado que se derive de los paisajes, georrecursos y de los suelos en ellas incluidos (VV. AA., 2005).

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Medio físico

La metodología aplicada en la elaboración de dicha cartografía utiliza el concepto de geomorfología de modo muy amplio, siendo equivalente a los procedimientos de evaluación de las tierras abordados por la edafología pero prevaleciendo el análisis de la fisiografía. Se definen unas unidades cartográficas-territoriales básicas homogéneas caracterizadas por una serie de variables como material originario, topografía y relieve, procesos asociados y génesis de las formas (VV.AA., 2005). Todas estas variables han sido analizadas a través de un Sistema de Información Geográfica (SIG). La información se ha estructurado en cuatro niveles: Dominios (3): marino, continental y marino-continental Sistemas morfogenéticos (12): que agrupan en conjuntos territoriales aspectos geomorfológicos que hacen alusión a la génesis dominante en las principales unidades fisiográficas: tres en el marino-continental (litoral, estuarino y eólico), ocho en el continental (fluvial, lacustre, fluviogravitacional, denudativo, estructuraldenudativo, kárstico-denudativo, glaciarperiglaciar y volcánico-denudativo) y el sistema antrópico que se encuadra en los dos y tiene un origen artificial más que geomorfológico. Fisiografías dominantes (34), para el dominio continental y marino-continental Unidades geomorfológicas (130), equivalentes a los denominados por otros autores como edafopaisajes, (Finke et al., 1999) que, en un proceso posterior, incorporan información sobre cuerpos edáficos asociados, dando lugar a unidades geomorfoedáficas, las cuales a escalas 1/50.000 y 1/10.000, vienen generándose para los espacios naturales de Andalucía (Moreira y Rodríguez, 2001). El Altiplano presenta un paisaje geomorfológico muy diversificado debido a la geología que presenta junto con las formas derivadas de los distintos procesos que han condicionado el modelado de la zona, a su vez favorecido por la escasa cobertura vegetal, lo que permite apreciar en toda su magnitud las formas existentes.

La acción erosiva sobre los depósitos neógenos puede configurar puntualmente geoformas peculiares, tal es el caso del “mono de Jódar” que recuerda las facciones de un simio. MY

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Sistemas morfogenéticos

Fuente: Mapa geomorfológico. Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía, 2005

Formas artrópicas Sistema denutativo Sistema lacustre

Sistema estructural-denudativo Sistema fluvial Sistema gravitacional-denutativo

Sistema kárstico-denudativo Sistema volcánico

Límite del Altiplano Límite autonómico Límite provincial

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Medio físico

Los sistemas morfogenéticos de medios áridos como el Altiplano se caracterizan por un amplio predominio de las acciones mecánicas sobre las físico-químicas o bioquímicas. Tal predominio se debe a los rigores climáticos y a la insuficiente protección proporcionada por la vegetación frente a dichas agresiones. Los sistemas morfogenéticos más importantes presentes en el Altiplano son los siguientes:
Tabla 7.14. Sistemas morfogenéticos dominantes
SISTEMAS SUPERFICIE (ha) %

Sistema denudativo Sistema gravitacional - denudativo Sistema fluvial Sistema estructural-denudativo Sistema kárstico-denudativo Sistema lacustre Formas antrópicas Sistema volcánico

196.645 140.277 92.724 37396 9488 5795 1811 1151

40,5 28,9 19,1 7,7 2,0 1,2 0,4 0,2

TOTAL

485.288

100,0

Fuente: Mapa geomorfológico. Junta de Andalucía, 2005. Elaboración propia.

En Andalucía los sistemas morfogenéticos presentan un diferente grado de protección por la legislación ambiental, no siempre coincidente con su grado de fragilidad. Así, algunos de los mejor representados en la zona de estudio como es el denudativo sólo está protegido en un 5% y el fluvial en un 6% en toda la comunidad autónoma.

Sistema denudativo
La denudación está asociada a una erosión y un transporte, y supone tanto pérdida de suelo, vegetación, materia orgánica..., es decir, conlleva una degradación y una eliminación. En general, el modelado de tipo denudativo (erosivo) por las aguas está siempre presente en climas como el mediterráneo, de hecho se considera uno de los factores más importantes en los procesos de degradación de los suelos en estos ambientes (Martínez-Mena et al., 2001), si bien, puede aparecer mezclado con otros tipos de procesos morfogenéticos. Este modelado es predominante sobre todas aquellas formaciones litológicas que se podrían denominar blandas, al ser más fácilmente erosionables, en las que los procesos son más o menos dinámicos en función de factores como la pendiente y la erosividad de las lluvias. El sistema denudativo es el sistema dominante en el Altiplano con más de un 40% de representación y 196.645 ha. Y lo es no sólo por la superficie que ocupa, sino porque además es el responsable del retoque morfológico del resto de sistemas al estar asociado con todos los procesos erosivos, principalmente por las aguas de escorrentía.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

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Medio físico

Unidades gemorfológicas
FORMAS ANTRóPICAS
Embalses Escombreras y suelos alterados

SISTEMA LACUSTRE
Cubeta de relleno endorreico

SISTEMA VOLCÁNICO
Relieves residuales volcánicos

SISTEMA DENUDATIVO
Bad lands-cárcavas Cerros sobre conglomerados Cerros sobre margas. Areniscas y/o conglomerados Cerros y colinas cónicas (trías con yesos) Colinas con aristas agudas Colinas con fuerte erosión Colinas en piedemonte Colinas sobre lutitas y yesos Colinas sobre rocas conglomeráticas Colinas y cerros calizos Colinas y lomas de disección Llanuras y lomas

SISTEMA FLUVIAL
Cañón o valle encajado. Barrancos Conos de deyección/ Abanicos aluviales Escarpe en red fluvial Lecho fluvial actual y llanura de inundación Llanura aluvial- coluvial Piedemontes Rambla Terraza alta Terraza baja Terraza en general Terraza media

SISTEMA ESTRUCTURAL DENUDATIVO
Anticlinal Cerros estructurales Colinas y cerros en rocas metamórficas Colinas estructurales Diques intrusivos o metamórficos Inselgerg o monadnock Lomas estructurales Relieves residuales Relieves tabulares disectados Relieves tabulares mono y aclinales Sierras sobre margas. Arcillas y calizas Sierras sobre pizarras. Esquistos y filitas Sinclinal

SISTEMA gRAVITACIONAL-DENUDATIVO
Canchales y derrubios de ladera Glacis de cobertera conservado Glacis de cobertera disectado Morfología de Glacis (desmantelado)

SISTEMA KÁRSTICO-DENUDATIVO
Colinas karstificadas Crestones y sierras calizas Plataformas karstificadas

Escala 1:400.000

Fuente: Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía, 2005

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Tabla 7.15. Distribución de las diferentes unidades geomorfológicas del sistema denudativo
UNIDADES GEOMORFOLÓGICAS DEL SISTEMA DENUDATIVO SUP. (ha) %

Colinas con fuerte erosión Badlands - cárcavas Colinas y lomas de disección Llanuras y lomas Cerros y colinas cónicas (trías con yesos) Cerros sobre margas. Areniscas y/o conglomerados Colinas y cerros calizos Otros TOTAL SISTEMA DENUDATIVO

60.299 53.628 30.846 27.875 14.577 5.554 3.120 747

12,4 11,1 6,4 5,7 3,0 1,1 0,6 0,2 40,5

196.645

Fuente: Mapa geomorfológico. Junta de Andalucía, 2005. Elaboración propia.

Las principales unidades geomorfológicas del sistema denudativo en el Altiplano son las colinas con fuerte erosión que ocupan un 12% de superficie total, estando localizadas principalmente en las depresiones postorogénicas; son frecuentes en el interior de la hoya de Guadix-Baza, además de encontrarse al pie de las sierras subbéticas triásicas, donde están sometidas a fuertes procesos de erosión hídrica. Una importancia similar tienen los bad-lands y cárcavas, con aproximadamente el 11% de la superficie. El desarrollo de infinidad de quebradas y barrancos de laderas verticales y acarcavadas provocados por los efectos de la escorrentía en cabecera y la erosión remontante en los cauces da lugar a este tipo de paisaje. Cabe destacar igualmente la presencia de colinas y lomas de disección dispersas a lo largo de ambas depresiones y las llanuras y lomas del sector más oriental de la hoya de Baza. Estas morfologías claramente erosivas se desarrollan sobre materiales sedimentarios blandos del NeógenoCuaternario (Tabla 7.16.). En el Altiplano el sistema denudativo se desarrolla fundamentalmente sobre conglomerados, arenas, lutitas y calizas, en 106.014 ha (representa el 22% de la superficie total) y se localiza en las zonas centrales de las hoyas de Guadix y Baza, llegando al extremo más oriental. Lo siguen en importancia los conglomerados, arenas y arcillas con 32.855 ha (7%), en contacto con los anteriores. Estos dos tipos de materiales mayoritarios, junto a calcarenitas, margas, yesos y calizas (17.654 ha); arcillas abigarradas, areniscas rojas, yesos y calizas (11.713 ha) y calizas y margas (8.509 ha), representan el 90% de los materiales que conforman este sistema definido por los procesos erosivos.
Tabla 7.16. Litología dominante en el sistema denudativo
LITOLOGÍA DOMINANTE EN EL STMA. DENUDATIVO SUP. (ha) %

Conglomerados, arenas, lutitas y calizas (fluviales y lacustres) Conglomerados, arenas y arcillas Calcarenitas, margas, yesos y calizas Arcillas abigarradas, areniscas rojas, yesos y calizas Calizas y margas Arenas y margas Facies turbidíticas Margas y calizas margosas pelágicas

106.014 32.855 17.654 11.713 8.509 3.645 2.920 2.500

21,8 6,8 3,6 2,4 1,8 0,8 0,6 0,5

Fuente: Mapa geomorfológico. Junta de Andalucía, 2005. Elaboración propia.

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Medio físico

BADLANDS
Los badlands o malpaís son los típicos paisajes de cárcavas de las zonas áridas y semiáridas que caracterizan al sureste ibérico. En ellos la vegetación es muy reducida o inexistente, y los suelos consisten en una capa de regolita de pocos centímetros de profundidad que no permiten las actividades agrícolas debido a la activa dinámica de los procesos geomórficos superficiales y a sus geoformas (Bryan and Yair, 1982). Su nombre en inglés, badlands (tierras malas), alude al concepto que tradicionalmente se tenía y aún se tiene de estas tierras, pero en las últimas décadas su visión está cambiando y se comienzan a considerar zonas de gran relevancia desde el punto de vista ecológico, con un alto interés paisajístico, geológico, botánico y faunístico, llegando a catalogarse bajo diferentes figuras de protección en la legislación ambiental autonómica. Se consideran laboratorios naturales (Abrahams and Parsons, 1994) que ofrecen en miniatura y en intervalos de tiempo cortos muchos de los procesos y formas de los paisajes fluviales normales, incluyendo todos los tipos de laderas, sus redes de drenaje y sedimentos asociados (Bryan and Campbell, 1986; Mota et al., 2004). Sus superficies baldías facilitan la observación de todos los procesos erosivos (Campbell, 1989; Howard, 1994; Bryan, 2000; Cantón et al., 2001; Martínez-Mena et al., 2001) y permiten conocer el funcionamiento de los sistemas geomórficos (Gregory and Walling, 1973; Payá y Cerdà, 1992). Estas zonas acarcavadas se forman por los procesos de erosión tan activos que sufren en espacios muy reducidos, debido por un lado al régimen de precipitaciones muy escasas, irregulares y torrenciales al que están sometidos (Campbell, 1989), y por otro al sustrato altamente erosionable, a la escasa cobertura vegetal y al milenario uso antrópico (López-Bermúdez y Albadalejo, 1990). El régimen de lluvias propicia que las arroyadas sean muy fuertes y que la escorrentía superficial directa se produzca con gran rapidez, contribuyendo con elevados volúmenes de agua a los cauces y favoreciendo una elevada tasa de erosión a su paso, así como un gran aporte de sedimentos a los mismos que impide la existencia de una cubierta vegetal natural estable a corto plazo (Cerdà et al., 1995; Cerdà y Navarro, 1997). La tasa de erosión depende fundamentalmente de la pendiente y de los materiales litológicos que los constituyen. Estos factores explican las variaciones encontradas al hacer estudios de erosión y comportamiento hidrológico de los suelos (Cantón et al., 2001; Martínez-Mena et al., 2001; Poesen and Ingelmo, 1992). Por tanto son factores que hay que tener en cuenta a la hora de acometer una serie de actuaciones en la zona si quieren ser exitosas, no sólo para las zonas de badlands, sino para otras unidades geomorfológicas como colinas con fuerte erosión, de igual importancia y representación en el Altiplano y con una dinámica y comportamiento similar.

Badlands de Gorafe. CPS

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Sistema gravitacional-denudativo
Se corresponde con las fisiografías en las que su génesis se vincula a la acumulación de depósitos de gravedad en laderas (modelado de vertientes) como son canchales y derrubios de ladera; o a coberteras detríticas ocasionadas o retocadas por arrastres masivos de materiales en condiciones de gran torrencialidad alternadas durante el Cuaternario con periodos de semiaridez, que dieron lugar a la formación e incisión de los denominados glacis (VV.AA., 2005). Estos últimos con una representación mucho mayor en la zona de estudio. En Andalucía, muchas de las montañas del sudeste semiárido aparecen con sus bases tapizadas de suaves y prolongados planos inclinados llamados glacis de acumulación, más o menos erosionados. Estos planos inclinados llegan a ser espectaculares paisajes subdesérticos en zonas como las laderas de Sierra Alhamilla, en Almería, o en las depresiones interiores de Guadix y Baza, pero son también frecuentes al pie de muchas de las montañas de Jaén, Granada y Almería, y menos en las de Málaga, Córdoba y Sevilla (Moreira y Rodríguez , 2001). Este sistema es el segundo en extensión en la zona de estudio, con 140.277 ha (representa el 29% de la superficie total). El plano muestra la distribución espacial de las cuatro unidades presentes en el Altiplano. Las superficies de las distintas fisiografías de este sistema vienen representadas en la Tabla 7.17.

gLACIS
Palabra de origen francés, “glacis”, que incorporó el castellano para designar el declive de tierra que rodea un castillo y que termina en el foso, proviene del verbo francés glacer, que en su acepción antigua significa resbalar. Se utiliza en geomorfología para designar terrenos extensos, aplanados, inclinados, formados por materiales procedentes del desmantelamiento de una zona montañosa próxima. Un glacis es una suave pendiente (inferior al 10%), generalmente formada por la lixiviación y posterior deposición de las partículas finas de un cono de deyección o una ladera. Conforma estructuras planas y siempre flanqueadas por relieves montañosos y vigorosos que actúan como área de captación de caudales hídricos y “área fuente” de parte de los derrubios movilizados por ellos (glacis rocoso o de erosión), sobre material detrítico acumulado (glacis detríticos o de acumulación) o presentando ambas modalidades (glacis mixto). Los glacis erosivos, también llamados rocosos, son modelados por la arroyada difusa sobre roquedo compacto in situ y muestran en su arranque una separación con las laderas de los relieves que los dominan. Resultan de una eficaz desagregación de las rocas durante los periodos secos y una escorrentía abundante concentrada en pocos eventos anuales, capaz de “barrer” el recubrimiento generado por la meteorización. En cambio, los glacis de acumulación se desarrollan sobre depósitos llevados por la arroyada y enlazan con los relieves de la cabecera sin ruptura ni pendiente. Resultan de una fragmentación muy intensa de los afloramientos rocosos en los propios relieves donde se inician los sistemas de arroyada,

recubriendo la roca in situ y generando un plano inclinado constituido por una formación detrítica con caracteres coluviales atenuados. Los glacis del altiplano son esencialmente de acumulación o cobertera, bordean los macizos montañosos y recubren gran parte de formaciones finiterciarias sobre las cuales se asientan. Se modelan durante el Cuaternario sobre materiales detríticos aportados tras la elevación de los macizos montañosos circundantes (Martínez et al., 1992), en dominio continental (Sanz de Galdeano, 1983). Principalmente están constituidos por conglomerados, arenas y arcillas rojas; la naturaleza de sus materiales va a ser coincidente a la de los relieves circundantes. Se pueden diferenciar dos tipos claramente delimitados, los relacionados con el Cuaternario antiguo y los asociados al Cuaternario reciente (Proyecto Lucdeme, 1988 y 1990). Los glacis relacionados con el Cuaternario antiguo se localizan a modo de orla alrededor de los referidos relieves béticos circundantes y se sitúan sobre superficies de erosión o relieves de pendiente suave y continuada; los materiales sólo recubren y rellenan los resaltes existentes en los materiales del Neógeno pero sin afectarlo y su depósito se realizó antes de que se individualizara la red hidrográfica actual. Todo este proceso de formación de glacis se desarrollaba sobre superficies deforestadas y venía condicionado por un clima árido o semiárido, posiblemente frío, con lluvias esporádicas e intensas que permitieron primero la acumulación y luego el arrastre de depósitos procedentes de los macizos montañosos llegando a tapizar de depósitos estas superficies pero sin llegar a producirse grandes acumulaciones. En general se inician con depósitos de piedemonte, cuyas potencias oscilan entre 10 y 20 m; el espesor de los materiales desciende a

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Medio físico

Tabla 7.17. Distribución de las diferentes unidades geomorfológicas del sistema gravitacional-denudativo
UNIDADES GEOMORFOLÓGICAS DEL STMA. GRAVITACIONAL-DENUDATIVO SUP. (ha) %

Glacis de cobertera disectado Glacis de cobertera conservado Morfología de glacis (desmantelado) Canchales y derrubios de ladera Total Sistema gravitacional-denudativo

70.108 58.514 10.876 780 140.277

14,4 12,1 2,2 0,2 28,9

Fuente: Mapa geomorfológico. Junta de Andalucía, 2005. Elaboración propia.

Los glacis de las depresiones post-orogénicas están constituidos por conglomerados de matriz arcillosa. En el Altiplano están localizados principalmente en los bordes de las dos hoyas, constituyendo los materiales de relleno de las ramblas y lechos de ríos actuales. Continúan extendiéndose por el norte hasta las estribaciones de la Sierra de las Estancias. Son formas que se modelan en el Cuaternario y tienen gran importancia en el Altiplano por su significación morfológica, su amplio desarrollo superficial y su influencia directa en la formación y evolución de los suelos.

medida que se acerca uno al centro de la depresión; así en las zonas medias el espesor medio desciende a 2-3 m y en las zonas centrales alcanza hasta menos de 1m. Se estima un valor medio de 1 m de espesor en la hoya de Guadix. El tamaño de los cantos (conglomerados) sigue una secuencia paralela al espesor de los glacis, con diámetros que van de 5 a 30 cm; el cemento es poco abundante formado por arenas y arcillas principalmente rojas, siendo localmente calcáreo-dolomítico (Martínez et al., 1992), pudiendo llegar a formar costras calcáreas. Al descender hacia el centro de la depresión, los cantos se reducen de tamaño, pasando a ser de pocos centímetros a algunos milímetros al final del glacis (zona central). La evolución y transformación de estos glacis del Cuaternario antiguo está determinada por los cambios climáticos, morfológicos y tectónicos que suceden después del depósito de los mismos. Así, el levantamiento de la depresión determina una readaptación de la red fluvial y su conformación actual, se intensifican entonces los fenómenos erosivos y prácticamente desaparecen los de sedimentación. Como consecuencia de todo ello los glacis antiguos se quedan en desequilibrio con las nuevas condiciones ambientales, comenzando a ser desmantelados y los materiales arrastrados originan nuevas superficies de glacis, con pendientes más pronunciadas y en niveles topográficos más bajos. Por tanto los glacis del Cuaternario reciente o moderno se originan después de desarrollarse la red fluvial actual. Están compuestos por conglomerados, arenas, limos y arcillas, pero estos presentan una abundante matriz arcillosa rojiza depositados al pie de macizos montañosos o formados a expensas de los glacis del Cuaternario antiguo. Posteriormente a la formación de estos

glacis modernos la erosión continúa y se inicia un nuevo ciclo erosivo sobre estas nuevas formas en donde la erosión remontante se acelera y esas amplias superficies cuaternarias empiezan a ser desmanteladas, aflorando el sustrato neógeno sobre el que se asientan. Estos nuevos glacis ocupan amplias superficies del centro de la depresión, al sur de Baza; aparte de toda la zona existente entre la Sierra de las Estancias y los cauces del Golopón y Gallego.

El río Golopón atraviesa una zona de glacis del cuaternario reciente, en cuya formación jugaron un papel relevante los cambios de pendiente que conformaron la red fluvial actual.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Sistema fluvial
Este sistema, que abarca el 19% de la superficie (92.724 ha; Tabla 7.18.), corresponde con aquellas formas que han sido generadas por procesos de erosión-acumulación causados por la red hidrográfica superficial y por la arroyada en manto, dando lugar a morfologías muy características en las que predominan las llanuras y los planos inclinados.
Tabla 7.18. Distribución de las diferentes unidades geomorfológicas del sistema fluvial
UNIDADES GEOMORFOLÓGICAS DEL STMA. FLUVIAL SUP. (ha) %

Rambla Conos de deyección / Abanicos aluviales Piedemontes Lecho fluvial actual y llanura de inundación Llanura aluvial - coluvial Terraza media Escarpe en red fluvial Cañón o valle encajado. Barrancos Terraza en general Terraza baja Terraza alta Total sistema fluvial

19.743 19.728 17.903 13.007 10.837 6.645 1.895 1.311 1.067 448 139 92.724

4,1 4,1 3,7 2,7 2,2 1,4 0,4 0,3 0,2 0,1 0,03 19,1

Fuente: Mapa geomorfológico. Junta de Andalucía, 2005. Elaboración propia.

La unidad geomorfológica dominante en el Altiplano en este sistema es la rambla. Tan importantes en el sureste andaluz, las ramblas se definen como barrancos o torrentes con un caudal temporal u ocasional que activan procesos erosivos y de sedimentación importantes debido a condiciones de precipitación intensas. Tras cada avenida importante se asiste a un cambio en la distribución de sedimentos en las ramblas. Las ramblas representan un 4% de la superficie aunque se extienden por todo el Altiplano debido a su condición de linealidad. Esta unidad está constituida por depósitos aluviales (cantos, gravas, arenas, limos y arcillas), abarcando especialmente toda la cuenca tributaria del Guadiana Menor, así como las ramblas de Chirivel y Fiñana entre otras. Con la misma extensión se encuentran los conos de deyección o abanicos aluviales generados al final de los valles torrenciales, en las zonas de piedemonte, donde la pendiente de las laderas enlaza con una zona llana, como Sierra Nevada. En el Altiplano están distribuidos al sur de la hoya de Guadix y en la parte oriental de la hoya de Baza, al borde de Sierra Nevada y de Sierra María y Sierra de Orce, respectivamente. Se pueden localizar pequeñas terrazas irregularmente distribuidas y constituidas por materiales aluviales producto de la erosión de los materiales de relleno y de los relieves circundantes al valle de Almanzora y en las proximidades de Guadix. Las fisiografías de terrazas reflejan la reciente evolución del encajonamiento de la red fluvial actual y de la importancia que las llanuras de inundación de los ríos llegaron a tener.

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Medio físico

RAMBLAS
Las ramblas constituyen un rasgo geomorfológico típico de áreas de clima semiárido y árido. Son características del sureste español (Pulido, 1991) y están muy bien representadas en el Altiplano. La palabra rambla procede del árabe “rámla” que significa arenal. Se puede definir atendiendo a su etimología como el cauce o parte del cauce de un río, muy arenoso y seco de ordinario, cuyo depósito de arena proviene de las avenidas (Catalina, 1993). Por otro lado el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española define el término como lecho natural de las aguas pluviales cuando caen copiosamente o bien como suelo por donde las aguas pluviales corren cuando son muy copiosas (RAE, 2001). Desde un punto de vista técnico, las ramblas se pueden caracterizar por ser cursos de agua propios de zonas áridas o semiáridas normalmente secos, salvo en las avenidas medias o grandes, con un cauce largo y ancho, de poca pendiente, de sección en forma de U abierta, con un perfil transversal convexo, con gran transporte de materiales sólidos (fundamentalmente acarreos finos) y con una distribución de sus sedimentos en estratos paralelos heterogéneos (del Palacio, 2002). Se forman por la interrelación de cuatro factores: geológicos, morfológicos, climáticos y antrópicos. El comportamiento hídrico tan singular que presentan, unido al hecho de que sus cuencas media y baja suelen tener una topografía suave y cauce ancho, hacen que las ramblas mediterráneas hayan sido utilizadas también como vías de comunicación, lugar de aprovechamiento hídrico de las aguas subterráneas, al formarse acuíferos subálveos (situados debajo del lecho del río) por la gran permeabilidad del lecho, e invadidas para uso agrícola y/o urbano (Pulido, 1991). Con frecuencia el típico y aparente paisaje natural de ramblas mediterráneas tiene su origen no sólo en los elementos naturales de fisiografía y clima sino en el propio manejo ancestral del territorio por parte del hombre. Las ramblas pueden asimilarse a “ríos invisibles” al carecer de flujo hídrico en superficie durante largos periodos de tiempo pero tenerlo en profundidad, dando lugar a auténticos ríos subterráneos, conocidos desde la antigüedad y aprovechados por el hombre (Moreno et al., 1982). Pero las ramblas son un recurso limitado, tanto a nivel de sus aportaciones líquidas como de los sólidos que contienen sus lechos, y como tal deben ser gestionadas. El agua y la dinámica tan peculiar que presentan este tipo de cauces ha permitido el desarrollo sostenido de la civilización humana, pero también de la flora y fauna característica de estos ecosistemas singulares favoreciendo una biodiversidad especialmente importante por el hecho de situarse en entornos áridos y semiáridos (del Palacio, 2002). El funcionamiento hidrológico de este tipo de cauces no es fácil de comprender ni sencillo el diseño de las actuaciones a llevar a cabo sobre ellas. Son a la vez fuente de vida y biodiversidad, pero ocasionalmente, debido a su torrencialidad, pueden ser muy vulnerables frente a las avenidas catastróficas sufriéndolas ellas mismas y generando destrucción allí donde desaguan.

Después de los episodios pluviales el lecho de algunas ramblas manifiesta fenómenos de surgencia que pueden mantenerse durante un cierto tiempo. Rambla de arroyo Salado, en el sureste de Jaén. MY

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Buenos ejemplos de estas llanuras de inundación formadas en los grandes ríos aparecen en el Altiplano en las confluencias del río Fardes y el Guadix o la del río Guardal con el Castril y el Guadiana Menor, donde adquieren una importante extensión.

Sistema estructural-denudativo
Las formas dominantes en este sistema están generadas por las estructuras de plegamiento (colinas, cerros o montañas), o por depósitos de materiales consolidados (como relieves tabulares -horizontales).
Tabla 7.19. Distribución de las diferentes unidades geomorfológicas del sistema estructural-denudativo
UNIDADES GEOMORFOLÓGICAS DEL STMA. ESTRUCTURAL-DENUDATIVO SUP. (ha) %

Colinas estructurales Cerros estructurales Sierras sobre margas, arcillas y calizas Relieves residuales Anticlinal Sinclinal Sierras sobre pizarras, esquistos y filitas Relieves tabulares disectados Lomas estructurales

20.699 6.281 5.445 1.498 1.007 653 569 457 419

4,3 1,3 1,1 0,3 0,2 0,1 0,1 0,1 0,1

Fuente: Mapa geomorfológico. Junta de Andalucía, 2005. Elaboración propia.

En el Altiplano se extiende a través de una superficie de 37.396 ha (Tabla 7.19.), presentando principalmente tres unidades geomorfológicas dominantes que están localizadas en la fracción de la zona externa de la cordillera Bética asentadas sobre facies turbidíticas1 del Paleógeno y las depresiones postorogénicas. Las colinas estructurales se revelan como la unidad más abundante, abarcando aproximadamente un 4% de la superficie total. Se encuentran emplazadas al sur del río Guadahortuna, presentando pequeñas segmentos de relieves anticlinales y sinclinales dispersos entre ellas. Sobre la misma zona externa pero al sur de la provincia de Jaén, se encuentran pequeñas sierras sobre margas. Finalmente, los cerros estructurales, por el contrario, se encuentran dispersos por toda la hoya de Guadix-Baza en forma de pequeños enclaves puntuales.

1 Los sistemas turbidíticos comprenden el conjunto de sedimentos que son transportados a través de los valles submarinos y se depositan en el medio marino profundo formado un cuerpo sedimentario característico.

202

Medio físico

Meseta de Bocaire, un ejemplo de relieve tabular en la hoya de Guadix. MY

Otros sistemas geomorfológicos
Una vez expuestos los sistemas geomorfológicos dominantes es importante señalar la existencia de otros sistemas que salpican de manera puntual el Altiplano estepario. Tal es el caso del sistema kárstico, representado por colinas y plataformas karstificadas o crestones y sierras calizas, en las proximidades de Sierra María, Sierra de Cazorla o Sierra Nevada, y el sistema lacustre representado en la zona por la cubeta de relleno endorreico de la antigua laguna de Bugéjar.

Relación entre Litología y Geomorfología
Al correlacionar Litología y Geomorfología del Altiplano se pueden sacar algunas conclusiones generales: Las rocas sedimentarias son las más abundantes en el Altiplano. Entre ellas las mayoritarias son conglomerados, arenas y arcillas con 206.489 ha (43%) y el 33% conglomerados, arenas, lutitas y calizas (fluviales y lacustres). Estos materiales no se distribuyen aleatoriamente por las distintas unidades geomorfológicas, sino que cada unidad geomorfológica, más aún, cada sistema morfogenético, se desarrrolla preferentemente sobre un material determinado. Las unidades geomorfológicas más extendidas y características del sistema denudativo (determinado por los procesos erosivos) del Altiplano son las colinas con fuerte erosión, bad lands – cárcavas, colinas y lomas de disección y llanuras y lomas, que se desarrollan (en más del 50%) sobre conglomerados, arenas, lutitas y calizas.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Las unidades geomorfológicas más extendidas y características del sistema gravitacional-denudativo del Altiplano son el glacis de cobertera disectado y glacis de cobertera conservado, que se desarrollan (en más del 75%) sobre conglomerados, arenas y arcillas. ➢Las unidades geomorfológicas más extendidas y características del sistema fluvial del Altiplano como son los conos de deyección/abanicos aluviales, piedemontes, lecho fluvial actual y llanura de inundación, y llanura aluvial - coluvial, se desarrollan (en más del 60%) sobre conglomerados, arenas y arcillas, excepto las ramblas que se distribuyen en la misma proporción sobre los dos tipos de materiales principales (conglomerados, arenas y arcillas, y por otro lado conglomerados, arenas, lutitas y calizas).

7.5. Suelos
El suelo es un recurso natural de esencial gestión para la conservación de otros recursos naturales con él relacionados, tales como el agua, la vegetación natural o los hábitats, así como para asegurar una producción agraria sostenible. Su deterioro como recurso va en aumento a consecuencia de un manejo inadecuado, lo que justifica la puesta en marcha de programas dirigidos a la racionalización del uso de los suelos así como a la optimización de medidas de protección o restauración (Finke et al., 1999), y de manera más prioritaria cuanto más árida sea la región ya que la falta de humedad ralentiza todo el proceso de formación del suelo (Simón, 1993). No obstante, la necesidad de gestión choca con el escaso desarrollo de información edáfica expresada territorialmente, de forma que es muy difícil evaluar adecuadamente el potencial productivo de este recurso natural y los riesgos que los diferentes usos del mismo puedan entrañar, así como identificar los cuerpos edáficos que podrían ser considerados especialmente significativos en el contexto territorial de Andalucía y su interés como georrecurso. La aproximación al conocimiento de los recursos edáficos mediante el análisis de unidades homogéneas, desde un punto de vista litológico, de la pendiente, los procesos y las formas sobre las que se desarrollan, constituye la línea de trabajo de diferentes escuelas edafológicas en el mundo. Este tipo de aproximaciones es, eminentemente práctico, buscando disponer de la información más sintética, sencilla y económica que permita comprender los procesos y potencialidades de un lugar para poder proceder a su puesta en valor y ordenación (Moreira y Rodríguez, 2001). El suelo es un sistema físico complejo, abierto y dinámico, que se forma en la superficie de la tierra a lo largo del tiempo como consecuencia de la meteorización del material geológico y condicionado fundamentalmente por el clima, pero también por otros factores como el relieve y los organismos vivos. Una vez formado sigue un proceso evolutivo a lo largo del tiempo (cuya escala es de miles a millones de años) durante el cual se van

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Medio físico

desarrollando toda una serie de propiedades que se dirigen a incrementar su profundidad, a enriquecerlo en elementos finos (arcillas), nutrientes y materia orgánica y que contribuyen a un mejor desarrollo estructural, factor de gran importancia en el comportamiento hídrico de los suelos (Simón, 1993), y más aún en zonas semiáridas como la mayor parte del Altiplano. En el Altiplano, como en el resto de Andalucía, los estudios y la generación de información relativa a este recurso son escasos y poco sistemáticos en el tiempo y el espacio. Se cuenta para ello con la información edáfica del Mapa de Suelos de Andalucía (IARA – CSIC, 1989), representada cartográficamente a

El tipo de suelo y la topografía condicionan el uso diferencial del territorio en el Altiplano. JH

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

escala 1/400.000 y con el mapa de suelos E 1/100.000 elaborado por el Ministerio de Medio Ambiente para el Proyecto LUCDEME de lucha contra la desertificación (1985-1997) que emplea procedimientos estrictamente edáfológicos en su realización. Para la descripción de los suelos se ha seguido la clasificación FAO, 1974 que sirve de base para definir las unidades edafológicas en el mapa de suelos de Andalucía, 1989 y su última modificación que es la Clasificación de la Base Referencial Mundial del Recurso Suelo (WRB) de 1998 llevada a cabo por la FAO-ISRC-ISSS (referida como clasificación FAO, 1998); la cual permite la clasificación de los suelos utilizando esencialmente los horizontes de diagnóstico basados en los procesos formadores de los mismos.

Tipología de suelos
El Altiplano, como ambiente semiárido que es, se caracteriza por la gran diversidad de suelos estrechamente relacionados con la litología, geomorfología y una gran fragmentación espacial. Existe una variedad de tipologías de suelos con desigual representación: Cambisoles, Regosoles, Fluvisoles, Luvisoles, Litosoles, Vertisoles, Xerosoles y Solonchaks. Los suelos más extendidos por el Altiplano se muestran en la Tabla 7.20. Hay que tener presente que aunque en la distribución espacial se haga mención expresa a un tipo de suelos por simplificación, esto significa que aquel es el dominante, si bien suele venir asociado a otros que pueden alcanzar también una superficie significativa.
Tabla 7.20. Tipo de suelos dominantes
DENOMINACIÓN SUP. (ha) %

Cambisoles cálcicos Regosoles calcáricos Fluvisoles calcáricos Luvisoles crómicos Litosoles (Leptosoles) Luvisol cálcico Cambisoles eútricos Vertisoles crómicos y pélicos Xerosoles cálcicos Cambisoles vérticos Solonchaks takíricos Otros TOTAL

208.684 173.904 52.406 16.024 12.927 9.327 8.487 1.855 584 459 255 377 485.289

43.0 35,8 10,8 3,3 2,7 1,9 1,7 0,4 0,1 0,1 0,1 0,1 100,0

Fuente: Mapa de suelos. Junta de Andalucía, 2005. Elaboración propia.

Los Cambisoles, Regosoles y Fluvisoles suponen en su conjunto el 90% de toda la superficie del Altiplano, por lo que se describen más detalladamente a continuación.

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Medio físico

CaMBISoLES Se clasifican dentro del grupo “suelos condicionados por una edad limitada” (FAO-ISRIC-SICS, 1998). Presentan cierto grado de evolución con perfil tipo ABWC. Se caracterizan por tener un horizonte subsuperficial con evidentes signos de alteración respecto a los horizontes subyacentes en cuanto al color, estructura o contenido en carbonatos (horizonte cámbico). Se extienden por todo el Altiplano, bordeándolo y ocupando grandes superficies en el sopié de las sierras circundantes. Se desarrollan sobre distintas litologías de textura media y fina (de limo arenosa a limo arcillo arenosa) y en relieves relativamente suaves, o en las zonas de mayor pendiente protegidos de los procesos erosivos por la cubierta vegetal. Los Cambisoles son los suelos pardos y tierras pardas de muchas clasificaciones. Son, junto con los Regosoles con los que forman asociación, los suelos de mayor predominio en el Altiplano. Esto es debido al clima y a la roca madre fundamentalmente. Dentro de los Cambisoles los de mayor extensión son los cálcicos. Están ampliamente representados por todo el Altiplano. De forma testimonial aparecen en el sur algunas pequeñas manchas de Cambisoles eútricos (sobre cuarcitas) y algún Cambisol vértico en el extremo noroccidental. Los Cambisoles cálcicos son los más abundantes dentro la zona de estudio, distribuidos sobre 208.684 ha (43% de la superficie total). Se caracterizan por la presencia de carbonato cálcico, que en algunas ocasiones puede alcanzar valores considerables. Todos estos suelos son básicos, con valores de pH elevados. En ocasiones presentan ligeras cantidades de sales, heredadas de la roca madre. Se encuentran ampliamente distribuidos en el Altiplano, ocupando el sopié de las sierras calizas. También en terrazas, cubetas, depresiones y cuencas cerradas. En el caso del Altiplano, estos suelos aparecen sobre distintos sustratos litológicos, lo que les confiere características particulares.

Suelos de tipo Cambisol en el pasillo entre Sierra de Baza y Sierra Nevada. JC

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

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Medio físico

Unidades edafológicas de los suelos dominantes
FLUVISOL CALCÁRICO (Jc)
Fluvisoles calcáreos (2)

xEROSOL CÁLCICO (xk)
Xerosoles cálcicos y Xerosoles lúvicos con Regosoles calcáreos y Fluvisoles calcáreos (30)

REgOSOL CALCÁRICO (Rc)
Regosoles calcáreos y Regosoles éutricos (9) Regosoles calcáreos y Litosoles con Cambisoles cálcicos (11) Regosoles calcáreos y Cambisoles cálcicos con Litosoles, Fluvisoles calcáreos y Rendsinas (13) Regosoles calcáreos y Cambisolescálcicos con Luvisoles cálcicos y Fluvisoles calcáreos (14)

CAMBISOL EÚTRICO (Be)
Cambisoles éutricos, Regosoles éutricos y Luvisoles crómicos con Litosoles (32) Cambisoles éutricos, Luvisoles crómicos y Cambisoles cálcicos con Regosoles éutricos y calcáreos y Luvisoles cálcicos (36)

LITOSOL (I)
Litosoles, Luvisoles crómicos y Rendsinas con Cambisoles cálcicos (19)

CAMBISOL CÁLCICO (Bk)
Cambisoles cálcicos con Regosoles calcáreos (40)

VERTISOL (Vp, Vc)
Vertisoles pélicos y Vertisoles crómicos (22) Vertisoles crómicos y Cambisoles vérticos con Cambisoles cálcicos, Regosoles calcáreos y Vertisoles pélicos (23)

Cambisoles cálcicos con Regosoles calcáreos (41) Cambisoles cálcicos con Regosoles calcáreos, Fluvisoles calcáreos y Luvisoles cálcicos (42) Cambisoles cálcicos y Regosoles calcáreos con Litosoles, Fluvisoles calcáreos y Cambisoles vérticos (43) Cambisoles cálcicos, Regosoles calcáreos y Litosoles con Rendsinas (44) Cambisoles cálcicos, Cambisoles gleicos y Regosoles calcáreos (45) Cambisoles cálcicos, Luvisoles crómicos y Regosoles calcáreos (46) Cambisoles cálcicos, Luvisoles cálcicos y Luvisoles crómicos con Litosoles y Fluvisoles calcáreos (47)

SOLONChAKS (xk)
Solonchaks takíricos y Solonchaks gleicos (24)

LUVISOL CRóMICO (Lc)
Luvisoles crómicos con Cambisoles cálcicos y Litosoles (52)

CAMBISOL VéRTICO (Bv) LUVISOL CÁLCICO (Lk)
Luvisoles cálcicos, Cambisoles cálcicos y Luvisoles crómicos con Regosoles calcáreos (58) Cambisoles vérticos, Regosoles calcáreos y Vertisoles crómicos con Cambisoles cálcicos (48) Cambisoles vérticos, Vertisoles crómicos y Cambisoles cálcicos con Regosoles calcáreos (49)
Fuente: Mapa de suelos. Junta de Andalucía, 2005

Escala 1:400.000

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Figura 7.6. Distribución espacial de los Cambisoles cálcicos

Arenas Areniscas calcáreas Derrubios Calizas y dolomias Limos Yesos

Fuente: Mapa de suelos y mapa litológico. Junta de Andalucía, 2005. Elaboración propia.

Tabla 7.21. Litología de Cambisoles cálcicos
DENOMINACIÓN SUP. (ha) %

Limos Calizas y dolomías Yesos Derrubios Arenas Areniscas calcareas TOTAL CAMBISOLES CÁLCICOS

154.173,8 21.273,9 19.299,5 9.282,9 2.859,7 1.793,8 208.683,6

31,8 4,4 4,0 1,9 0,6 0,4 43,0

Fuente: Mapa de suelos. Junta de Andalucía, 2005. Elaboración propia.

Principalmente se desarrollan sobre sedimentos calcáreos del Plio-Cuaternario: conglomerados, limos, margas, areniscas calcáreas, derrubios y aluviones. Destaca por su importancia y repercusión la presencia de yesos en varias de las unidades edafológicas que tienen como suelo dominante el Cambisol cálcico.

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Medio físico

Los suelos asentados sobre limos son los más abundantes (31,8% de la superficie total del Altiplano), ocupando terrazas o parte de cuencas cerradas. En el ámbito de estudio se pueden localizar entre las dos hoyas principales, Guadix y Baza, y a lo largo de grandes superficies en la periferia del Altiplano. Los desarrollados sobre calizas y dolomías se distribuyen de forma esporádica a través de toda la superficie (21.274 ha), ocupando laderas de montañas en las proximidades de las sierras calizas que rodean al Altiplano. Los Cambisoles cálcicos desarrollados sobre yesos y margas abigarradas del Triásico (4,0%) se localizan en el extremo noroccidental y en mayor superficie en el extremo nororiental. En contacto con estos últimos, sobre cuencas endorreicas, se localizan los Cambisoles con propiedades gleycas y drenaje deficiente sobre derrubios. La pedregosidad de estos suelos es variable y condiciona su uso. Generalmente constituyen las áreas dedicadas al cultivo de cereales en secano con baja producción, aromáticas y en las zonas de mayor pendiente se dedican al cultivo de olivar y almendros; también matorral tipo garriga, encinar y repoblaciones de pinos. Sus limitaciones más importantes son la sequía estival severa, riesgo de erosión en zonas de pendiente, alto porcentaje de caliza activa en algunas zonas, así como presencia de yesos y, en general, drenaje deficiente.

REGoSoLES Este grupo de referencia se encuadra dentro de “suelos poco evolucionados condicionados por la topografía” (FAO-ISRIC-SICS, 1998). Constituyen un conjunto de suelos cuyas principales características son por exclusión. Se trata de suelos desarrollados sobre materiales no consolidados y que presentan una escasa evolución (perfil tipo AC y normalmente con horizonte A ócrico), fruto generalmente de su nueva formación sobre aportes recientes no aluviales o por localizarse en zonas con fuertes procesos erosivos que provocan un continuo rejuvenecimiento del mismo. Aparte de estas características comunes, presentan una gran variabilidad debida a la naturaleza del material original y su posición fisiográfica. Se han formado sobre una gran diversidad de materiales, tales como arcillas, margas, calizas margosas, margas con yeso, conglomerados, derrubios, esquistos, filitas y arenas, es decir, rocas en general poco cementadas. Los Regosoles representan el segundo grupo de suelos en importancia de la zona de estudio (36% de la superficie). Se extienden por el centro y oeste del Altiplano y en menor proporción por el extremo oriental, sobre relieves colinados y fuertemente ondulados o en grandes cárcavas. Este tipo de suelos dominan en los bad-lands del Altiplano. Están asociados con los Cambisoles cálcicos y en las zonas de mayor erosión con los Litosoles (Leptosoles). Dentro de los Regosoles, los dos tipos que están representados en este ámbito son Regosoles calcáricos y Regosoles eútricos, siendo los primeros el suelo dominante.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Los Regosoles calcáricos tienen presencia de carbonato cálcico por lo menos entre 20 y 50 cm desde la superficie del suelo. Engloban varias unidades edafológicas, en una de las cuales (9) se asocia con los Regosoles eútricos. Se pueden subdividir según las características de dichos materiales.
Figura 7.7. Distribución espacial de Regosoles

Arenas Margas Arcillas y yesos

Fuente: Mapa de suelos de Andalucía y mapa litológico. Junta de Andalucía, 2005. Elaboración propia.

Tabla 7.22. Litología sobre las que se desarrollan los Regosoles
DENOMINACIÓN SUP. (ha) %

Margas Arenas Arcillas y yesos TOTAL REgOSOLES

67.907,6 57.631,4 48.364,8 173.903,8

14 11,9 10 35,8

Fuente: Mapa de suelos de Andalucía y mapa litológico. Junta de Andalucía, 2005. Elaboración propia.

Así, los formados sobre margas y margocalizas se localizan en los extremos occidental y oriental del Altiplano (14%). Están escasamente desarrollados, con un alto contenido en carbonato cálcico, sin presentar signos visibles de lavado y carentes, por tanto, de horizontes de acumulación cálcicos o petrocálcicos.

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Medio físico

Los desarrollados sobre arcillas y yesos del Trías (10%) se localizan en la zona central y están muy relacionados con los Cambisoles cálcicos desarrollados sobre esos mismos materiales. Los desarrollados sobre arenas (11,9%) corresponden tanto a Regosoles cálcáricos desarrollados sobre materiales silicatados, como a Regosoles eútricos. Morfológicamente ambos se asemejan mucho, diferenciándose estos últimos por no ser calcáreos entre los 20 y 50 cm de profundidad. Se extienden por una amplia superficie al norte de Guadix, a ambos lados de los ríos Morollón, Alhama, Guadix y Fardes. Los Regosoles eútricos se caracterizan por la escasa diferenciación de su perfil tipo AC, erosión intensa, con el consiguiente rejuvenecimiento constante del suelo, y se corresponden con los badlands. Son débilmente o no calcáreos en superficie, pudiendo presentar en niveles inferiores un horizonte cálcico; bajo contenido en materia orgánica y nutrientes; textura entre limosa y arenosa, débilmente estructurados. Presentan capacidad de cambio baja, saturación en bases, el sodio de cambio puede ser muy alto y el pH elevado. Por el mínimo espesor de estos suelos y su textura gruesa, la reserva de agua utilizable es pequeña, lo que origina períodos de sequía muy prolongados. El drenaje es bueno como corresponde a su textura, aunque en ocasiones se encuentra impedido en profundidad. Todas estas características justifican la escasa vegetación que presentan y su elevada erosión. Los usos principales de los Regosoles eútricos han sido históricamente el ganadero y forestal, habiendo constituido

Suelos esqueléticos del tipo Regosol eutrítico, en los badlands de Cuevas del Campo. JC

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

asiento para una parte importante de las plantaciones de pino carrasco en el Altiplano. En general, los Regosoles calcáricos son suelos que presentan pequeña pedregosidad, de tal manera que no se impiden las labores agrícolas. Su principal uso agrícola es el cultivo de almendros, olivos y puntualmente cereal en secano. Donde la presencia de piedras y afloramientos rocosos es alta, no son cultivables y están colonizados por una vegetación de matorral subserial xeromediterráneo de porte medio a bajo. Las limitaciones principales de este grupo de suelos, aparte de la fuerte sequía estival común a todos, son las derivadas de la topografía y naturaleza del material original, es decir, fuerte erosión, presencia de yesos y, en ocasiones, exceso de caliza activa.

fLuVISoLES Los Fluvisoles están clasificados, según la FAO (1998), como “suelos poco evolucionados condicionados por la topografía”. La posición fisiográfica que ocupan es la de fondos de valles y depresiones, desarrollados sobre superficies llanas y sin afloramientos rocosos por lo que se han convertido tradicionalmente en suelos muy aptos para el cultivo, alrededor de los cuales se han establecido los principales núcleos de población. Se sitúan en terrenos inmediatos a los cursos fluviales, en todas las zonas de inundación de las cuencas fluviales (son los denominados suelos de vega). Se trata de suelos profundos, desarrollados sobre depósitos aluviales recientes y estratificados dentro de los 25 cm desde la superficie y llegando al menos hasta los 50 cm de profundidad. Presentan un perfil tipo AC de escaso grado de desarrollo donde los horizontes se diferencian fundamentalmente por variaciones texturales, debidas a los diferentes aportes sedimentarios en capas horizontales superpuestas de conglomerados, arenas, limos y arcillas poco o nada consolidados, siendo éste uno de los caracteres diferenciadores de este tipo de suelo. Son más ricos en gravas cuanto más próximos al lecho fluvial se sitúen, están saturados en bases, tienen pH básico y contenido variable de materia orgánica. Los más extendidos en la zona de estudio son los Fluvisoles calcáricos que están presentes por todo el Altiplano ocupando la mayoría de cauces actuales (arroyos, cañadas y ramblas) y vegas calcáreas donde se muestra las sucesivas aportaciones aluviales con dominio de las fracciones gruesas y formas redondeadas, como arenas y gravas. Dichos suelos abarcan en torno al 11% de la superficie total del Altiplano. Los suelos de vega calcáreos al ser fértiles están muy antropizados. Generalmente tienen varios horizontes A, siempre calcáreos, básicos, con complejo de cambio saturado, textura areno-limosa o más fina y estructura granular a bloques subangulares finos o medianos (Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, 1990). Su contenido en macronutrientes es generalmente bueno y la reserva de agua útil para las plantas es elevada debido a la gran potencia del suelo. En profundidad, se pueden diferenciar distintos horizontes C discontinuos litológicamente, pero semejantes en morfología y composición.

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Medio físico

Figura 7.8. Distribución espacial de Fluvisoles

Arenas

Fuente: Mapa de suelos y mapa litológico. Junta de Andalucía, 2005. Elaboración propia.

En cuanto a sus usos, la vegetación natural calcícola húmeda suele ser escasa al estar cultivados intensamente, principalmente de frutales y cultivos de regadío. Muestra escasas limitaciones edafológicas. La principal, la acusada sequía estival y puntuales indicios de salinidad en proximidad a terrenos yesíferos.

Suelo del tipo Fluvisol en las huertas del Guardal, Benamaurel. JC

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

LuVISoLES Los Luvisoles pertenencen al grupo “suelos condicionados por el clima que requieren de una estación húmeda y otra seca, típico del clima mediterráneo” dentro de la clasificación WBR, 1998. Ocupan relieves planos o ligeramente ondulados preservados de procesos erosivos muy intensos. Se localizan sobre todo en áreas de terraza y glacis de erosión. Cartográficamente aparecen asociados o como inclusiones de otros tipos de suelos. En el Altiplano ocupan aproximadamente el 5% del territorio entre Luvisoles crómicos y Luvisoles cálcicos. Se trata de suelos evolucionados, con perfil tipo ABtC y relativamente antiguos que se caracterizan por la presencia de un horizonte subsuperficial árgico o de acumulación de arcillas, con coloraciones pardo rojizas o pardo amarillentas, dando al paisaje una policromía variada y peculiar. No tienen un alto contenido en materia orgánica. Se desarrollan sobre diferentes litologías que condicionan la variabilidad y propiedades de estos suelos (principalmente su coloración más o menos roja, textura, pH, etc.). Aparecen especialmente sobre conglomerados, areniscas calcáreas y cuarcitas, dando lugar a Luvisoles crómicos, pero también sobre materiales calizos resultando entonces en Luvisoles cálcicos. Presentan adecuadas condiciones de fertilidad, tanto física como química y por tanto se encuentran cultivados prácticamente en su totalidad. Los Luvisoles crómicos son dedicados principalmente al cultivo de cereales y repoblaciones de pinos. Los luvisoles cálcicos, con mayor índice de fertilidad que los Luvisoles crómicos, suelen estar dedicados al cultivo del olivar, almendros y cereal. En ambos pueden aparecer enclaves con bosquetes y matorral mediterráneo. Las principales limitaciones vienen derivadas de la fuerte sequía estival, la dificultad de laboreo por la consistencia del suelo e incluso problemas de impermeabilidad. Además, sobre Luvisoles cálcicos puede aparecer exceso de caliza activa en áreas erosionadas.

Olivar sobre Luvisol cálcico en Jódar. MY

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Medio físico

LIToSoLES (LEPToSoLES) Según la FAO (1998), se clasifican dentro del grupo “suelos poco evolucionados y condicionados por el material originario”, cuya característica principal es su constante rejuvenecimiento debido a la erosión que sufren por la topografía tan accidentada y el sustrato calizo sobre el que se suelen presentar. Son suelos esqueléticos, poco desarrollados, de perfil tipo AR o AC. Permanecen secos prácticamente todo el año debido a su escaso espesor y a su bajo contenido en arcilla y limo. Dichos suelos están situados sobre fuertes pendientes donde generalmente predominan los afloramientos rocosos sin cobertura edáfica alguna con un alto porcentaje de pedregrosidad. En el Altiplano suponen casi el 3%. En localizaciones con pendientes más moderadas se asocian con Regosoles, Cambisoles y Luvisoles. Debido a sus características suelen presentar una vegetación natural de monte bajo o alto mediterráneo calcícola, tipo garriga, con repoblaciones de pino. Sus usos han estado históricamente orientados hacia lo forestal y cinegético, así como a la ganadería extensiva.

Leptosol en el piedemonte de Sierra Arana, Darro. MY

Consideraciones acerca de la productividad de los suelos
Es necesario conocer el medio físico, sus propiedades y características, así como su dinámica y evolución de cara a su adecuada utilización, tanto para el logro del máximo aprovechamiento de los recursos naturales como para evitar deterioros irreversibles o la aparición de fenómenos perjudiciales para el medio natural o para las propias actividades humanas; es decir, llevar a cabo un desarrollo sostenible del medio natural.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

En todo ello juega un papel esencial el suelo, por un lado como cimiento de la actividad humana y, por otro, como soporte y fuente de nutrientes para la cubierta vegetal, surgiendo otra perspectiva en su estudio como es la fertilidad o productividad. La fertilidad del suelo se define como la capacidad de éste para suministrar elementos nutritivos a la vegetación (Gandullo, 1985). La productividad del suelo es un aspecto complejo que integra características y propiedades del suelo, en sentido estricto, con prácticas culturales y con características y propiedades de otros elementos ambientales (vegetación, litología, pendiente, etc.) mutuamente interrelacionados (Ministerio de Medio Ambiente, 2006). Es un término tradicionalmente ligado al de fertilidad, habiendo sido muy discutido porque para algunos autores la productividad es un concepto puramente económico, no ligado a cualidades intrínsecas del suelo y en cambio otros autores lo conciben en el sentido de que su potencial de producción agraria o forestal puede mantenerse y ser útil para evaluar su susceptibilidad de aprovechamiento. En cualquier caso, está directamente relacionada con el clima y el suelo. En este último sentido se han desarrollado diversas metodologías destinadas a evaluar la productividad de los suelos, tanto agraria como forestal.

PRoduCTIVIdad aGRaRIa Uno de los métodos más utilizados en el Estado español es la “caracterización de la capacidad agrológica de los suelos de España” elaborada por la Dirección General de la Producción Agraria del Ministerio de Agricultura. Se basa en sus posibilidades de utilización, es decir, clasifica las aptitudes del suelo. Es una modificación de la clasificación llevada acabo por el Servicio de Conservación de Suelos de USA. La capacidad agrológica se define como la adaptación que presentan los suelos a determinados usos específicos. El método tiene en cuenta los condicionantes y limitaciones del suelo para la actividad agraria. Define ocho clases agrológicas divididas en tres grupos, que de forma esquemática son: ́ ́ Terrenos apropiados para cultivos y otros usos. Terrenos de uso limitado, generalmente no adecuados para cultivos y adecuados para praderas y arbolado. Terrenos no apropiados para el cultivo ni para pastos ni para bosques.

́

La clasificación se realiza atendiendo a las siguientes características del terreno: pendiente, erosibilidad, peligro de inundación, profundidad del suelo, estructura del suelo y facilidad de laboreo, drenaje, capacidad de retención de agua, salinidad, nivel de nutrientes, clima, prácticas de manejo requeridas para los cultivos y pedregosidad.

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Medio físico

A pesar del interés para su aplicación en los estudios del medio físico y los planes de conservación y ordenación del territorio, sólo se dispone de toda esa información en la zona norte del país y no está publicada la cartografía de las clases agrológicas para la zona del Altiplano.

El suministro de agua y nutrientes permite elevar la capacidad agrológica de los suelos e introducir nuevos cultivos, caso de los hortícolas en la hoya de Baza (arriba). JC; Por el contrario, muchos suelos agrícolamente marginales, con dificultad de laboreo y escasa rentabilidad, han sido abandonados en las últimas décadas (abajo). MY

PRoduCTIVIdad PoTEnCIaL foRESTaL De igual manera hay varias metodologías para evaluar la productividad forestal. La más utilizada en este contexto es el “mapa de la productividad potencial forestal de España”, E. 1:200.000, con cartografía digitalizada y actualizada al año 2000. Se considera una información básica del medio natural muy importante para la planificación y gestión territorial. El concepto de productividad potencial forestal, que nació originariamente como un parámetro sustancialmente económico, representa la máxima productividad, expresada en m3 de madera, de una estación

219

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

forestal con las restricciones impuestas por el suelo y clima de la misma, por lo que tiene también un componente ecológico asociado. La metodología seguida para cuantificar la productividad potencial se ha basado en la utilización del Índice Climático de Paterson (1956), modificado en función de la presencia de distintos substratos litológicos, en el sentido de considerar a estos como capaces de generar suelos con diferentes características y condicionamientos que permitan alcanzar altas producciones de las masas arbóreas instaladas o, por el contrario, limiten dichas producciones. Primero se elabora una cartografía de productividad climática, después se define y realiza la cartografía de clases litológicas isoproductivas y por último se obtiene un mapa de productividad potencial forestal integrando los dos niveles anteriores de información (Sánchez y Sánchez, 2000). Las clases de Productividad climática serían siete y a la vez algunas de ellas se subdividen en varias:
Tabla 7.23. Productividad climática
CLASE PRODUCTIVIDAD CLIMÁTICA (m3/ha/año)

I

Ia Ib Ic IIa IIb IIIa IIIb IVa IVb Va Vb VIa VIb VII

> 9,00 8,25 – 9,00 7,50 – 8,25 6,75 – 7,50 6,00 – 6,75 5,25 – 6,00 4,50 – 5,25 3,75 – 4,50 3,00 – 3,75 2,25 – 3,00 1,50 – 2,25 1,00 – 1,50 0,50 – 1,00 < 0,50

II III IV V VI VII

Fuente: Mapa de productividad potencial forestal. MMA, 2000.

Por otro lado, se definen ocho clases litológicas isoproductivas caracterizadas por: Clase A. Corresponde a litologías que dan lugar a suelos que se pueden considerar como óptimos para la producción forestal. No tienen limitaciones considerables en ninguna de sus características de pedregosidad, textura, fertilidad potencial, pH y caliza activa. Clase B. Dan lugar a suelos muy adecuados para la producción forestal, si bien pueden presentar alguna característica limitante, que generalmente es una alta pedregosidad potencial.

220

Medio físico

Clase C. Litologías que dan lugar a suelos aceptables para la producción forestal, aunque presentan limitaciones en algunas de sus características, que en ningún caso llegan a ser excesivas. Clase D. Los suelos generados por estas litifacies se pueden considerar como mediocres para la producción forestal, por presentar limitaciones sensibles en algunas o varias de las cuatro características consideradas. Estas limitaciones son muy acusadas en una de ellas. Clase E. Suelos deficientes para la producción forestal. Se diferencian de la clase anterior en que la característica más limitante lo es en mucho mayor grado. Clase F. Suelos muy deficientes para la producción forestal, por presentar una característica limitante en grado, o bien dos fuertemente limitantes, pudiéndose destacar la presencia de sales solubles. Clase G. Suelos prácticamente improductivos, o litologías que no dan lugar a la creación de suelos. Clase H. Corresponde a zonas con encharcamiento permanente o semipermanente, que se consideran totalmente improductivos desde un punto de vista forestal, por impedir la presencia de vegetación arbórea. La cuantificación de los efectos de la presencia de una u otra clase litológica en la productividad climática obtenida implica la asignación de un coeficiente para cada clase litológica que evalúa, en condiciones isoclimáticas, el efecto del suelo sobre la productividad potencial.
Tabla 7.24. Clases litológicas y coeficientes
CLASE LITOLÓGICA COEFICIENTE

A B C D E F G H

1,66 1,44 1,22 1,00 0,77 0,55 0,33 0,00

Fuente: Mapa de productividad potencial forestal. MMA, 2000.

Estos coeficientes aplicados al valor de la productividad climática correspondiente, conducen a la obtención del valor final de productividad forestal potencial, que es el que se usará para la clasificación definitiva y las clases. Se ha elaborado la base digital necesaria de estas clases litológicas para integrar esa información con el mapa digital de las clases productivas climáticas y así obtener el mapa de la productividad potencial forestal de España.

221

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Las siete clases en que se divide la productividad potencial forestal quedan caracterizadas de forma esquemática de la siguiente manera y los valores coinciden con los de productividad climática: Clase I. Tierras que no tienen limitaciones para el crecimiento de bosques productivos Clase II. Tierras que tienen limitaciones débiles para el crecimiento de bosques productivos Clase III. Tierras que tienen limitaciones moderadas para el crecimiento de bosques productivos Clase IV. Tierras que tienen limitaciones moderadamente graves para el crecimiento de bosques productivos Clase V. Tierras que tienen limitaciones graves para el crecimiento de bosques productivos Clase VI. Tierras que tienen limitaciones muy graves para el crecimiento de bosques productivos Clase VII. Tierras con limitaciones suficientemente graves para impedir el crecimiento de bosques productivos El resultado de aplicar todo ello a la zona de Altiplano es la distribución espacial de la productividad forestal que se muestra en el plano adjunto y Tabla 7.25.
Tabla 7.25. Clases de productividad potencial forestal
CLASE PRODUCTIVIDAD (m3/ha/año) SUPERFICIE (ha) %

Vb Va IVa IVb IIIb IIIa IIb IIa VIa Ic TOTAL

1,50 - 2,25 2,25 - 3,00 3,75 - 4,50 3,00 - 3,75 4,50 - 5,25 5,25 - 6,00 6,00 - 6,75 6,75 - 7,50 1,00 - 1,50 7,50 - 8,25

270.603 84.316 50.244 40.067 12.244 10.908 6.594 5.576 3.463 1.275 485.289

55,8 17,4 10,4 8,3 2,5 2,2 1,4 1,1 0,7 0,3 100,0

Fuente: Mapa de productividad potencial forestal. Ministerio de Medio Ambiente, 2000. Elaboración propia.

Tres cuartas partes de la superficie del Altiplano (354.919 ha) corresponden a la clase V (tierras que tienen limitaciones graves para el crecimiento de bosques productivos) y junto a la clase IV (tierras que tienen limitaciones moderadamente graves para el crecimiento de bosques productivos) suponen más del 90% de la superficie total. En conjunto ambas clases disminuyen la productividad forestal por la litología desfavorable. Como se ha mostrado a lo largo del apartado, el suelo condiciona el potencial biológico de una zona pero más todavía lo hace el clima. En zonas semiáridas como el Altiplano, la falta de humedad se convierte en el fundamental factor limitante del crecimiento vegetal en general.

222

Medio físico

Productividad forestal

Fuente: Dirección General de Conservación de la Naturaleza. Ministerio de Medio Ambiente, 2000

Ic (7,50-8,25 m3/ha/año) IIa (6,75-7,50 m /ha/año)
3

IIIa (5,25-6,00 m3/ha/año) IIIb (4,50-5,25 m /ha/año)
3

IVb (3,00-3,75 m3/ha/año) Va (2,25-3,00 m /ha/año)
3

Vla (0,50-1,00 m3/ha/año)

Límite del Altiplano Límite autonómico Límite provincial

IIb (6,00-6,75 m3/ha/año)

IVa (3,75-4,50 m3/ha/año)

Vb (1,50-2,25 m3/ha/año)

223

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Si se comparan los planos de litología, suelos y productividad potencial forestal se observa como las zonas de mayor productividad coinciden con los suelos más fértiles de vega (Fluvisoles calcáricos) desarrollados sobre conglomerados, arenas, arcillas y limos calcáreos del Neógeno y Cuaternario, libres de yesos (clase Ic y II) y en las zonas de Fluvisoles con presencia de yesos la productividad forestal desciende a la clase III (de 4,5 a 6 m3/ha/año). La clase V se extiende por las grandes extensiones de las depresiones postorogénicas, sobre sedimentos de conglomerados, arenas, lutitas y calizas (fluviales y lacustres) del Neógeno-Cuaternario. La clase IV (17% de la superficie) se circunscribe a las zonas internas y externas de la cordillera Bética. La clase VIa, la menos productiva del ámbito de estudio, se localiza en una zona muy determinada al noreste del Altiplano, coincidiendo en fondos de valles con suelos dominantes tipo Cambisoles gleycos que presentan mal drenaje e incluso encharcamientos en los periodos lluviosos. En resumen, se puede concluir que, aparte del factor clima, las características edafológicas más frecuentes que actúan como limitantes, tanto para la capacidad agrológica como para la productividad forestal en el Altiplano son: El alto riesgo de erosión debido a la pendiente, la escasa cubierta vegetal y al régimen de precipitaciones (escasas, irregulares y torrenciales). La escasa profundidad de los suelos, que impide el desarrollo radicular y limita la fertilidad y la capacidad de retención hídrica de los mismos. La presencia de yesos y la salinidad, que impiden el desarrollo de la mayoría de las especies cultivadas y restringe y dificulta el desarrollo de la vegetación natural salvo en el caso de aquellas especies particularmente adaptadas a estos medios.

Consideraciones acerca del suelo como componente del ecosistema y su conservación
En general, el equilibrio de los suelos en el Altiplano es frágil, precario, y la capacidad de adaptación a las sequías prolongadas, fuertes insolaciones e irregulares y torrenciales lluvias, es tan exigente que en caso de abandono de cultivos, tienden a la fosilización, por lo que suelen abundar ellos los endemismos de flora y fauna (VV.AA., 2005). Estas singularidades unidas al interés de sus procesos geomorfológicos confieren a estas zonas del Altiplano unos valores ecológicos y paisajísticos singulares. Respecto al estado actual de los suelos, prevalecen aquellos con escasa profundidad útil, lo que resulta indicativo del predominio de los procesos erosivos, favorecido por la escasa cubierta vegetal y la climatología. En el Altiplano los procesos degradativos o de destrucción de los suelos superan generalmente la tasa de formación de los mismos, muy ralentizada por la adversidad climatológica. Por ello es importante destacar la extrema fragilidad de los suelos de estas zonas que se pueden ver abocados a importantes procesos degradativos si se realiza un uso inadecuado de los mismos, siendo la actividad humana uno de los factores de mayor riesgo. Respecto al papel desempeñado por los suelos en el funcionamiento de los ecosistemas, existe una extensa bibliografía que pone de manifiesto el decisivo rol de las propiedades del suelo en la configuración de

224

Medio físico

fitocenosis de medios tan restrictivos como son los ambientes semiáridos aquí tratados. El resultado sería la presencia de un mosaico de vegetación determinado por las características geológicas, geomorfológicas y edáficas del paisaje (Mota et al., 2004). Sin embargo, en el Altiplano el principal factor limitante del crecimiento vegetal en general es la falta de humedad. Aún con todo, los suelos con un cierto grado de evolución, con una capacidad de retención de agua útil elevada y cierto equilibrio entre sus distintas propiedades, serán capaces de aprovechar al máximo la escasa lluvia recibida y la evolución de los ecosistemas será la máxima posible para esas circunstancias (Simón, 1993). En este contexto, los montes públicos, cuya superficie (65.182 ha; capítulo 13) es relativamente importante en el Altiplano, pueden jugar un papel relevante en la conservación de los suelos y la lucha contra la desertificación (capítulo 10). Entendido el monte público cada vez en mayor medida como un espacio multifuncional orientado prioritariamente a la conservación del medio natural, éste de la conservación del suelo debe ser uno de los principios inspiradores de su gestión. Ahora bien, la repetición de modelos tradicionales basados en el incremento de la cobertura de arbolado mediante plantación de formaciones homogéneas de coníferas, responde a cánones de productividad forestal propios de otras latitudes y contextos ecológicos. De hecho, como se ha mostrado en este apartado, la práctica totalidad del Altiplano tiene limitaciones graves o moderadamente graves para el desarrollo de formaciones boscosas. Además, en el pasado estos intentos se

Plantaciones de pino carrasco en el monte Cortijo Becerra, Guadix. JH

225

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

acometieron no raramente sobre hábitats de interés comunitario y ecosistemas de gran singularidad y valor de conservación. Por ello es necesario un mayor esfuerzo imaginativo en el diseño de nuevos modelos de restauración de la vegetación en ambientes semiáridos. Unos modelos que permitan conjugar la conservación del suelo y la prevención de la erosión con la conservación de la biodiversidad, usos y paisajes de este tipo de ambientes en Andalucía, entre los que el Altiplano destaca por su extensión y potencialidad de sus montes públicos.

7.6. El agua
El agua es vida. Y es que entre los factores limitantes para la vida silvestre y humana, muy pocos hay tan fundamentales como el agua. El agua, entendida como recurso natural renovable, resulta imprescindible para la subsistencia, la actividad y el desarrollo humano (p.e. Rivera, 1998; Frers, 2003). A escala planetaria, el volumen del agua es de unos 1.360 millones de km3, lo cual pudiera inducir a creerla un recurso prácticamente ilimitado; sin embargo, únicamente un 3% del agua es dulce y tan solo la mitad potable (Frers, 2003). Además, gran parte de las aguas dulces se encuentran en forma de hielo o corresponden a aguas subterráneas de difícil acceso, con lo que sólo el 0.008% se halla en lagos o ríos. A esto se añade que el agua de lluvia no se reparte de forma homogénea si no que, bien al contrario, se concentra en gran medida sobre determinadas latitudes, lo que acaba convirtiendo al agua en un recurso escaso y muy limitado en grandes superficies del planeta, como son las áridas y semiáridas. De forma genérica, los balances de agua en las regiones áridas y semiáridas resultan negativos debido a condiciones climáticas estresantes como son las escasas precipitaciones, muy variables en el espacio y en el tiempo, la alta radiación solar y la escasa infiltración del agua en el suelo, entre otras. El déficit hídrico se manifiesta como una gran limitación en estos medios, con claras repercusiones a medio y largo plazo, tanto desde el punto de vista ecológico como socioeconómico. En el contexto europeo la entrada en vigor de la Directiva 2000/60/CE del Parlamento Europeo y del Consejo de 23 de octubre de 2000, por la que se establece un marco comunitario de actuación en el ámbito de la política de aguas, también conocida como Directiva Marco del Agua (DMA), supuso un punto de inflexión en la politíca del agua, estableciendo un nuevo marco comunitario en el que se definen las directrices para alcanzar una nueva cultura del agua. Esta Directiva se implanta en España mediante el artículo 129 de la Ley 62/2003 de medidas fiscales, administrativas y de orden social. Parte del nuevo enfoque procede de considerar de forma conjunta las aguas continentales superficiales y subterráneas, de transición y costeras. Además, sus objetivos pretenden la consecución de un buen estado del agua, dando protección a los ecosistemas que dependen de ella.

226

Medio físico

La nueva cultura del agua está en consonancia con los criterios y objetivos medio ambientales, debido a que la protección del medio ambiente es esencial para la calidad de vida de las generaciones presentes y venideras. Por tanto, puede afirmarse que en la nueva política del agua la principal novedad es el medio ambiente, que pasa a convertirse en objetivo y pilar fundamental de la gestión hídrica, situándose al nivel de los otros dos pilares: economía y participación pública. El desafío reside en la necesidad de imbricar estas cuestiones con un desarrollo económico sostenible a largo plazo.

7.6.1. División territorial
La Directiva Marco del Agua aporta un nuevo concepto, el de demarcación hidrográfica, que se establece como la unidad de gestión de los recursos hídricos, entendiéndose como tal aquella zona terrestre y marina compuesta por una o varias cuencas hidrográficas vecinas y las aguas de transición, subterráneas y costeras asociadas a dichas cuencas. Por ello deben predominar los límites naturales de las cuencas sobre otras posibles divisiones administrativas. La Ley de Aguas define la cuenca hidrográfica como la superficie de terreno cuya escorrentía superficial fluye en su totalidad a través de una serie de corrientes, ríos y eventualmente lagos hacia el mar por una única desembocadura, estuario o delta. En un nivel inferior se encuentran las subcuencas, que se diferencian de las anteriores por fluir hacia un determinado punto de un curso de agua. Por tanto, la demarcación hidrográfica se configura como la principal unidad de gestión a efectos de cuencas, constituyendo el ámbito espacial en el que se aplican las normas de protección de las aguas, y la cuenca hidrográfica como la unidad de gestión indivisible del recurso. El territorio del Altiplano se extiende por tres demarcaciones hidrográficas: Guadalquivir, Segura y Cuencas Mediterráneas Andaluzas, las cuales integran a su vez cuatro cuencas.
Tabla 7.26. Distribución de demarcaciones, cuencas y subcuencas (km2)
DEMARCACIÓN HIDROGRÁFICA
gUADALQUIVIR

CUENCA

SUBCUENCA

% EN EL ALTIPLANO

SUPERFICIE EN EL ALTIPLANO

% DEL ALTIPLANO

Guadalquivir Alto Genil Guadalquivir de Guadiana Menor-Guadalbullón Guadiana Menor 0,53 4,51 61,52 28,11 Chirivel

4.423,99 25,18 43,60 4.355,20 239,27 239,27 189,62 98,59 91,02

91,16 0,52 0,90 89,74 4,93 4,93 3,91 2,03 1,88

SEgURA

Segura

MEDITERRÁNEA ANDALUZA

Almanzora Andarax

3,59 4,21

4.852,88

100,00

Fuente: Plan Director de Riberas de Andalucía, 2003. Elaboración propia.

227

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

La cuenca del Guadalquivir es la principal, con más del noventa por ciento de la superficie del Altiplano, donde cuenta con representación de tres subcuencas: Alto Genil, Guadalquivir de Guadiana MenorGuadalbullón y Guadiana Menor, siendo esta última la más importante y la que vertebra hidrológicamente la mayor parte del territorio. La subcuenca del Guadiana Menor atraviesa las provincias de Granada y Jaén, con pequeñas aportaciones de Albacete, Murcia y Almería. Tiene una superficie de 7.251 km2, de los que algo más del sesenta por ciento se encuentran en el Altiplano. Las otras dos demarcaciones hidrográficas (en adelante D.H.) tienen una relevancia muy inferior, sumando entre ambas únicamente el 10 % del Altiplano. La del Segura penetra en Andalucía por su franja más oriental, y en el Altiplano está representada por la subcuenca de Chirivel, si bien, como se verá más adelante, dicha subcuenca se corresponde con las subzonas Valdeinfierno y Los Vélez englobadas por la zona Guadalentín. La D.H. de las Cuencas Mediterráneas Andaluzas es la de menor representación territorial, con apenas 190 km2 en el área de estudio. Esta demarcación se caracteriza por aglutinar un elevado número de cursos de escasa longitud, con origen en sistemas montañosos cercanos a la costa. A pesar de la escasa representación territorial está representada por dos cuencas, Almanzora y Andarax. La primera en el pasillo central del Altiplano, el de Serón y Tíjola, y la segunda en el más occidental, el de Fiñana.

PLanIfICaCIÓn HIdRoLÓGICa Según el Real Decreto Legislativo 1/2001, de 20 de julio, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley de Aguas, la planificación hidrológica tiene por objeto conseguir el buen estado y la adecuada protección del dominio público hidráulico y de las aguas, la satisfacción de la demanda de agua, el equilibrio y armonización del desarrollo regional y sectorial, incrementando las disponibilidades del recurso, protegiendo su calidad, economizando su empleo y racionalizando sus usos en armonía con el medio ambiente y los demás recursos naturales.

Río Guadiana Menor. Su subcuenca supone el 90% de todas las aguas superficiales del Altiplano. MY

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Medio físico

Para ello la planificación se realizará mediante los planes hidrológicos de cuenca y el Plan Hidrológico Nacional. El ámbito territorial de cada plan hidrológico de cuenca será coincidente con el de la demarcación correspondiente, en consonancia con lo dispuesto por la DMA. Un plan hidrológico debe comprender, entre otros, la descripción general de la demarcación hidrológica, la descripción de los usos, presiones e incidencias antrópicas significativas, los criterios de prioridad y de compatibilidad de usos, el orden de preferencia y la definición de los sistemas de explotación. También es de vital importancia en su planificación la identificación y cartografiado de zonas protegidas, la lista de objetivos medioambientales y un análisis económico del uso del agua. Los planes de cuenca fueron aprobados por el Real Decreto 1664/1998, y en ellos como ya se ha dicho se establecen los sistemas de explotación, aspecto de especial relevancia en estos territorios semiáridos, ya que de forma general en ellos se regula el volumen de agua destinado a actividades agrícolas y posibles cambios de uso. La D.H. del Guadalquivir está organizada en 8 zonas hidrológicas, que contienen 15 sistemas de explotación de los recursos. Según esta zonificación la parte del Altiplano correspondiente a esta cuenca coincide con la Zona 2: Guadiana Menor que incluye los sistemas de explotación de los recursos Hoya de Guadix, Alto Guadiana Menor y Regulación General. A efectos de planificación hidrológica, la D.H. Cuencas Mediterráneas Andaluzas se halla dividida en 5 sistemas y 16 subsistemas de explotación de los recursos, coincidiendo las zonas hidrográficas con los subsistemas de explotación. La zona de estudio está localizada en los sistemas de explotación de Sierra de GádorFilabres (subsistemas río Andarax) y Sierra de Filabres-Estancias (río Almanzora). En la D.H. del Segura la organización es sustancialmente diferente debido a que existen 14 zonas hidráulicas que contienen 34 subzonas, pero sólo un sistema de explotación para toda la demarcación. En el Altiplano ocupa parcialmente la zona del Guadalentín y dos subzonas: Valdeinfierno y Los Vélez. La demanda de agua para regadío de un determinado área se adjudica a su correspondiente sistema de explotación y en el caso de ser viable se satisface mediante los recursos superficiales o subterráneos. En el Altiplano los sistemas de explotación con mayor representación son los de Hoya de Guadix y Alto Guadiana Menor, ocupando más del 80 % del Altiplano. El primero soporta una demanda de 71 Hm3/año, de los que 47 proceden de aguas superficiales y 24 de subterráneas. El segundo presenta una demanda de 61 Hm3/año, de ellos 44 tienen origen en aguas superficiales y 17 en subterráneas.

7.6.2. Aguas superficiales
Según el Plan Director de Riberas de Andalucía (VV.AA., 2003), las corrientes naturales de agua como ríos, arroyos, manantiales o ramblas realizan la importante función de transportar agua y materiales sólidos, conformar hábitats donde viven comunidades específicas de animales y vegetales, constituir corredores ecológicos, proporcionar belleza y calidad a los paisajes y servir como lugar de ocio y esparcimiento.

229

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Cuencas y cauces de aguas superficiales

Fuente: Plan Director de Riberas. Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía, 2003

D.h. DE LAS CUENCAS MEDITERRÁNEAS ANDALUZAS
Aguas Almanzora Andarax Grande de Adra Guadalfeo

D.h. DEL SEgURA
Alto Segura Chirivel Guadalimar

D.h. DEL gUADALQUIVIR
Alto Genil Guadalbullón Límite del Altiplano Límite autonómico Límite provincial Guadalquivir Tranco-Guadalimar Guadalquivir de Tranco-Gaudiana Menor Guadalquivir hasta el Tranco Guadiana Menor

Guadalquivir de Guadiana Menor-Guadalbullón

230

Medio físico

Un cauce puede examinarse desde cuatro niveles de percepción: el hidráulico, para el que éste es un mero transportador de agua y sedimentos; el hidrológico, que lo contempla como elemento dinámico asociado a una cuenca; el ecosistémico, que lo muestra como ecosistema; y, por último, el holístico que tiene en cuenta los valores metafísicos, culturales y evocadores del río (VV.AA., 2003). En los últimos tiempos este último nivel perceptivo, el holístico, está cobrando mayor importancia relativa frente al meramente hidráulico o dinámico. La Junta de Andalucía, en consonancia con la Nueva Cultura del Agua, entiende y considera a los ríos y humedales como cuerpos vivos, complejos y dinámicos y no simples colectores. A tal efecto está enfocando sus esfuerzos hacia el respeto de la funcionalidad de los cursos, recuperando el valor lúdico, estético y simbólico de los paisajes del agua, por otro lado tan característicos de la cultura mediterránea. La importancia de los ríos y riberas como elementos imprescindibles del patrimonio cultural, ecológico y paisajístico andaluz, ha quedado constantemente reflejada en diversos documentos de planificación y gestión realizados desde la administración andaluza, tales como Plan Forestal Andaluz, que en 1989 planteaba la importancia de la conservación y restauración de riberas, o la Ley 2/89 de Inventario de los Espacios Naturales Protegidos de Andalucía, que incluye entre los humedales algunos tramos de río. Esta tendencia ha culminado con el Plan Director de Riberas de Andalucía (VV.AA, 2003).

REd HIdRoGRáfICa Según el Plan Director de Riberas de Andalucía, la red hidrográfica que recorre el Altiplano cuenta con aproximadamente 1.500 km lineales de sistemas fluviales, en los cuales aparecen diferentes tipos de cauces como ramblas, arroyos y ríos.
Tabla 7.27. Relación longitudinal de los cauces por demarcación hidrográfica (km)
DEMARCACIÓN HIDROGRÁFICA
gUADALQUIVIR

CUENCA

SUBCUENCA

TOTAL

Guadalquivir Alto Genil Guadalquivir de Guadiana Menor-Guadalbullón Guadiana Menor

1.338,410,52 0,00 13,88 1.324,53 58,17 58,17 64,96 23,59 41,36

SEgURA

Segura Chirivel

MEDITERRÁNEA ANDALUZA

Almanzora Andarax

TOTAL ALTIPLANO

1.461,54
Fuente: Plan Director de Riberas de Andalucía, 2003. Elaboración propia.

231

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

La mayor parte de esta red fluvial pertenece a la cuenca del Guadalquivir y de forma particular a la subcuenca del Guadiana Menor, que además es la que acoge los cauces de mayor relevancia del Altiplano como son el Fardes, Guadahortuna, Guadalentín, Castril, Barbata, Guardal, Baza y Guadiana Menor, en el que desembocan todos los anteriores. Tanto el río Fardes, que recoge aguas de Sierra Nevada, como el Guadahortuna, que lo hace de la vertiente sur de Mágina, desembocan en el Guadiana Menor aguas debajo de la presa del Negratín; en cambio, los ríos de la franja más oriental de la subcuenca lo hacen antes de dicho embalse. En la parte oriental de la subcuenca y de oeste a este, se localiza el río Guadalentín, que capta agua de la Sierra de Segura; el río Castril que lo hace de la Sierra de Castril y de la Seca; el río Baza de la fracción noroccidental de la Sierra de Baza, y el Guardal, que recoge el agua de un nutrido grupo de sierras del tercio oriental del Altiplano (de Duda, Marmolance, La Sagra, Orce, María, Lúcar). La ínfima representación de la subcuenca del Alto Genil en el área de estudio no presenta ningún cauce, y la subcuenca del Guadalquivir de Guadiana Menor-Guadalbullón sólo posee uno con cierta entidad, el Jandulilla, en el límite noroccidental del Altiplano. Por otro lado las otras dos demarcaciones, Cuencas Mediterráneas Andaluzas y Segura, tienen poca relevancia en cuanto al volumen de agua y la longitud total de sus cauces, en concordancia con la escasa representación que ambas cuencas tienen.

Ríos Fardes y Guardal. JC

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Medio físico

Río Jandulilla. MY

En las cuencas mediterráneas andaluzas dos son los cauces más representativos, uno por cuenca. En la cuenca del Andarax se encuentra el río Nacimiento que capta aguas de Sierra Nevada a través del río Huéneja y de la Sierra de Baza mediante las ramblas de las Piletas, del Gobernador y del Cortal. En la cuenca del Almanzora el cauce más notable es el río Alcóntar que a poca distancia aguas abajo y ya fuera de los límites del Altiplano pasa a denominarse río Almanzora. La parte de la cuenca del Segura presenta dos cauces de cierta importancia: el río Caramel, que transcurre por la Sierra del Oso y el río Claro, con origen en Sierra María y al que luego se le une la rambla de Chirivel, que discurre por el pasillo existente entre las Sierras de María y de las Estancias.

233

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

CaRaCTERIzaCIÓn HídRICa E HIdRáuLICa Una de las formas principales de tipificar o clasificar los cauces de cualquier ámbito geográfico es mediante la caracterización de los regímenes hídricos e hidráulicos. Por un lado el régimen hídrico define el periodo durante el cual el río lleva agua en su cauce, pudiendo diferenciarse tres tipos: permanente, temporal y esporádico. Por otro, el régimen hidráulico aporta información sobre la velocidad de desagüe, la posibilidad de una mayor o menor infiltración del agua en el suelo y la magnitud y frecuencia de las crecidas, siendo el factor que mejor lo define la pendiente longitudinal del tramo, y pudiendo diferenciarse así cuatro tipos de tramos fluviales: tranquilos, rápidos, torrenciales torrentes. En cuanto al régimen hídrico, son permanentes aquellos cauces que transportan agua durante todo el año, pudiendo tener déficit hídrico los años secos siempre que la capa freática se encuentre a escasa profundidad y con volumen suficiente para permitir el desarrollo de especies freatófilas. Los cauces temporales son los que permanecen secos durante un período inferior a seis meses todos los años en la época de estío, aunque puedan mantener pozas con agua y/o flujos intermitentes. Si se superan estos seis meses el cauce pasaría a considerarse como de régimen esporádico, aunque normalmente sigue existiendo un flujo subterráneo que permite el mantenimiento de la vegetación riparia. En el ámbito de estudio el régimen dominante es el permanente, debido a la importancia cuantitativa que tienen los ríos de mayor jerarquía como Fardes, Guadalentín, Castril, Guardal y Guadiana Menor, todos ellos pertenecientes a la subcuenca del Guadiana Menor y procedentes de las sierras más húmedas. Sin embargo, no sucede lo mismo en las otras subcuencas, donde la representación de cauces permanentes es muy escasa, llegando a ser incluso inexistentes en las del Almanzora y Andarax. En contraposición a la subcuenca del Guadiana Menor, en éstas los cauces más frecuentes son de régimen esporádico.
Tabla 7.28. Régimen hídrico de los cauces (en kilómetros)
DEMARCACIÓN HIDROGRÁFICA
gUADALQUIVIR

CUENCA

SUBCUENCA

PERMANENTE TEMPORAL ESPORÁDICO

TOTAL

Guadalquivir Alto Genil Guadalquivir de Guadiana Menor-Guadalbullón Guadiana Menor

612,31 0,00 0,00 612,31 15,79 15,79 0,00 0,00 0,00

475,59 0,00 13,67 461,92 16,38 16,38 44,83 4,43 40,40

250,50 0,00 0,20 250,29 25,99 25,99 20,12 19,16 0,96

1.338,41 0,00 13,88 1.324,53 58,17 58,17 64,96 23,59 41,36

SEgURA

Segura Chirivel

MEDITERRÁNEA ANDALUZA

Almanzora Andarax

628,10

536,82

296,62

1.461,54

Fuente: Plan Director de Riberas de Andalucía, 2003. Elaboración propia.

234

Medio físico

EL gUADIANA MENOR y LAS FUENTES DEL gUADALQUIVIR
El río Guadiana Menor, conocido como uno de los principales afluentes del Río Grande de los andaluces, debiera en puridad ser tratado como el verdadero Guadalquivir. Es el tronco originario bajo criterios técnicos, con longitud y caudal mayores que los del río nacido en la Sierra de Cazorla. Y así fue reconocido en su historia, tempranamente entendido como fuente principal por autores romanos y sobre todo por los musulmanes, entre otros al-Idrisi, al-Zuhri o Yakut al-Hamawi, quienes reconocen en él al río primordial que luego habría de llegar a Sanlúcar. Es con la conquista cristiana cuando se mudan sus fuentes primeras al Adelantamiento de Cazorla y las sierras de Segura, tomadas por la Orden de Santiago. Es fácil comprender la razón histórica que motivó tan radical diferencia en la percepción de las fuentes y del río mismo. Desde mediados del siglo xIII hasta inmediatamente antes de la conquista de Granada, la práctica totalidad de la cuenca del Guadiana Menor fue tierra musulmana, en poder del reino nazarí (apartado 5.3.). El Guadalquivir cristiano, el río controlado entonces, era solo aquel que se podía remontar hasta el macizo de Cazorla-Segura. El hostil territorio nazarí, bien podía ser objeto de incursiones y escaramuzas militares, pero resultaba en todo punto inadecuado para una exploración cristiana de índole geográfico-científica. De aquella limitación histórica deviene un dislate que resulta hoy único entre los grandes ríos de la geografía ibérica. Mejor que nadie lo tiene desde hace tiempo escrito Vicente González Barberán (1977), en la colosal obra “Guadalquivires”, editada Surgencia de Hoya Rasa, en la Cañada por la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir con motivo del de Cañepla, María. JMD 50 aniversario de su creación: “Cuando, en 1488 y 1489, los Reyes Católicos conquistan sucesivamente las tierras de Huéscar –que los nazaríes arrebataron a la Orden de Santiago a comienzos del siglo XIV-, Baza y Guadix, su red fluvial ‹‹llegó tarde›› a la geografía castellana. Ya había entonces una tradición de un Guadalquivir cristiano, hecho y funcionando, de Cazorla a Sanlúcar, desde hacía más de doscientos cincuenta años. Durante ese tiempo habían escrito muchos sabios –y el mismo Rey Sabio- sus gruesos libros de ciencias y de historia. La geografía española ya estaba ‹‹hecha››. El río ‹‹degradado›› a Guadiana Menor, como un ‹‹cristiano nuevo›› advenedizo, no tuvo más remedio que unirse ‹‹políticamente›› a la geografía redimida por el Rey Santo, con silenciosa modestia de afluente. También hasta nuestros días y para siempre.” En el Altiplano, realmente el río Guadiana Menor no transcurre bajo tal denominación por la provincia de Almería, ni en la mayor parte de Granada, sino que toma este nombre al salir del actual embalse del Negratín, junto a la confluencia con el Fardes. Es el drenaje a occidente, hacia el Atlántico, de un antiguo gran lago de agua dulce y fondo plano que ocupaba, desde el Terciario superior, lo que actualmente es buena parte del Altiplano y que tuvo hasta la Edad Media su última representación en la Laguna de Bugéjar (apartado 7.3.). La cuenca del Guadiana Menor, mucho más amplia que la del Alto Guadalquivir oficial, recoge en múltiple cabecera, aguas de las sierras del Pozo, Castril, la Sagra, Baza, Orce, María y otras elevaciones menores. Los ríos más importantes que se entregan hasta formarlo son el Guadalentín, Castril, Guardal, Baza, Orce y Barbata, éste último firme candidato también a ser la prístina cabecera. Pero el más extenso de los ramales, que confiere 70 km más de longitud al Guadiana Menor que al Alto Guadalquivir, es precisamente el que viene de la Cañada de Cañepla, en t.m. de María, en tierras altas del Altiplano. Con ello, la provincia almeriense le pone al Guadalquivir mucho más que unos escasos 229 km2 de cuenca. Lo que realmente entrega es el origen más distante, la raíz más profunda en la rizosfera de sus fuentes, lo cual no es sino entregar, sencillamente... el río mismo. Un Guadalquivir que nacería entonces humildemente en el Altiplano, sobre la llanura, rodeado de trigo y cebada, que no de pinos serranos.

235

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Figura 7.9. Comparativa hídrica regional

Fuente: Plan Director de Riberas de Andalucía, 2003. Elaboración propia.

A pesar de que la mayor parte del Altiplano pertenece a la cuenca del Guadalquivir (90%), la relación de proporciones entre los tres tipos de régimen hídrico le acerca más a la situación de la cuenca del Segura, en gran parte debido a que sus condiciones climáticas son más semejantes a las del Segura que a las de Andalucía occidental. Ello se refleja en que la proporción de cauces esporádicos es inferior en nueve puntos porcentuales en toda la cuenca del Guadalquivir que en el Altiplano. En cuanto al régimen hidráulico, los tramos tranquilos son aquellos que tienen una pendiente longitudinal baja, lo que se correspondería con ríos de baja velocidad y escasa turbulencia que, cuando se desbordan generan una superficie de inundación amplia pero sin apenas velocidad. Asimismo, se pueden producir sedimentaciones con aportes de finos y mayor presencia de suelos limosos y arcillosos, y cambios en los nutrientes o elementos en suspensión que son reducidos por el agua y una menor cantidad de oxígeno disuelto. Estos ríos suelen presentar comunidades vegetales especializadas en soportar encharcamientos prolongados y tolerancia a las sales y suelos compactos. Los tramos fluviales rápidos tienen una pendiente longitudinal media, así como velocidades elevadas cuando se producen episodios de crecida. Los torrenciales presentan pendiente alta y se corresponden con los tramos de transporte de las cuencas. Por último, los torrentes son aquellos tramos con pendiente muy alta y que presentan una elevada capacidad de transporte sólido en sus crecidas y frecuentemente forman parte de los tramos altos de las cuencas torrenciales.

236

Medio físico

Régimen hídrico de los cauces del Altiplano estepario

Fuente: Plan Director de Riberas. Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía, 2003

DEMARCACIóN hIDROgRÁFICA
D.H. del Guadalquivir D.H. del Segura D.H. Cuencas mediterráneo andaluzas Subcuencas

RégIMEN híDRICO
Régimen esporádico Régimen permanente Régimen temporal Límite del Altiplano Límite autonómico Límite provincial

237

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Tabla 7.29. Régimen hidráulico de los cauces (kilómetros)
DEMARCACIÓN HIDROGRÁFICA
gUADALQUIVIR

CUENCA

SUBCUENCA

TORRENTE

TORRENCIAL

RÁPIDO

TRANQUILO

TOTAL

Guadalquivir Alto Genil Guadalquivir de Guadiana Menor-Guadalbullón Guadiana Menor

14,98 0,00 1,56 13,41 0,15 0,15 0,85 0,74 0,10

731,78 0,00 3,69 728,08 29,20 29,20 54,32 21,05 33,27

458,35 0,00 8,28 450,07 28,08 28,08 8,24 1,78 6,46

133,28 0,00 0,33 132,95 0,72 0,72 1,53 0,01 1,52

1.338,41 0,00 13,88 1.324,53 58,17 58,17 64,96 23,59 41,36

SEgURA

Segura Chirivel

MEDITERRÁNEA ANDALUZA

Almanzora Andarax

15,98

815,32

494,69

135,54

1.461,54

Fuente: Plan Director de Riberas de Andalucía, 2003. Elaboración propia.

De los 1.461 km de sistema fluvial que tiene el Altiplano en forma de ramblas, arroyos y ríos, más de la mitad presentan régimen torrencial. En ellos el agua circula a gran velocidad, debido a su pendiente, pudiendo ser muy activos en el proceso erosivo y de arrastre de materiales. Como ya se ha referido anteriormente, el Altiplano está asentado mayoritariamente sobre materiales sedimentarios. Si a esto se le añade la gran capacidad de transporte de sedimentos que tienen los cauces de régimen torrencial, el resultado es una sucesión de fenómenos de socavación y agrandamiento a lo largo de sus trayectorias. El régimen rápido es el segundo en importancia de esta zona, suponiendo un tercio de la red fluvial. En este caso, la capacidad de transporte de sedimentos es baja, y el río puede comenzar a depositar parte de los sedimentos en suspensión y de fondo que trae desde zonas de mayor capacidad de transporte. Cuando el río recorre un tramo plano, de llanura, existe una alta probabilidad de que se presenten desbordamientos, los cuales ocupan la zona adyacente, conocida como llanura de inundación. Estas llanuras se aprovechan para el riego de cultivos hortícolas y choperas, cultivo, este último, con una expansión actual importante.

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Medio físico

Régimen hidráulico de los cauces del Altiplano estepario

Fuente: Plan Director de Riberas. Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía, 2003

DEMARCACIóN hIDROgRÁFICA
D.H. del Guadalquivir D.H. del Segura D.H. Cuencas mediterráneo andaluzas Subcuencas

RégIMEN hIDRÁULICO
Torrencial Torrente Rápido Tranquilo Límite del Altiplano Límite autonómico Límite provincial

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Figura 7.10. Comparativa hidráulica regional

Fuente: Plan Director de Riberas de Andalucía, 2003. Elaboración propia.

A nivel regional existe una clara diferenciación entre Andalucía occidental, con mayoría de tramos rápidos y una buena representación de tranquilos, respecto a Andalucía oriental, donde predominan los cauces de carácter torrencial (VV.AA., 2003). En este contexto destaca la presencia de un área de régimen tranquilo en la zona central del Altiplano y más concretamente a lo largo del Guadiana Menor y los tramos próximos al embalse del Negratín del Guardal, Castril y Guadalentín.

CaRaCTERIzaCIÓn dE LaS RIBERaS Además de la antedicha caracterización física, hídrica e hidráulica, los cauces también pueden tipificarse en función de sus aspectos bióticos o ecosistémicos, que aportan información sobre la calidad de las aguas. Aunque estos aspectos se desarrollarán con mayor profusión cuando se describa la vegetación (apartado 9.1.), a continuación se exponen algunos datos someros sobre las formaciones vegetales que ocupan la ribera de los principales cauces. En el ámbito de estudio predominan dos geoseries, las denominadas EH 11 y EH 8, sumando el resto únicamente un 10% entre todas.
Figura 7.11. Principales geoseries edafohigrófilas de los cauces más relevantes

Fuente: Plan Director de Riberas de Andalucía, 2003. Elaboración propia.

240

Medio físico

La EH11 o geoserie edafohigrófila mesomediterránea mediterránea-iberolevantina meridional semiárida mesohalófila, resulta la más habitual en los sistemas fluviales del Altiplano, siendo característica en ríos como el Guadiana Menor, Castril, Guadix o Baza. Esta geoserie es típica de ramblas y ríos de caudal fluctuante y sometidos a largos períodos de estiaje, como también de aquellos que se sitúan sobre sustratos ricos en sales, predominando especies como el taray (Tamarix canariensis) y la anea (Thypha dominguensis). La EH8 o geoserie edafohigrófila mesomediterránea mediterráneo-iberolevatina y bética oriental es también frecuente, localizándose en tramos medios y bajos de ríos mesomediterráneos sobre materiales carbonatados. Es la más representativa en ríos como el Guadalentín, Orce, Galera o Huéscar, donde las especies más representativas son chopos (Populus alba) y sauces (Salix purpurea o S. neotricha).

Ribera en el río Guadiana Menor. JC

El Plan Director de Riberas de Andalucía, siguiendo las directrices europeas (DMA), ha clasificado la calidad de las riberas andaluzas en 5 tipologías. Éstas son: 1) calidad pésima: degradación extrema; 2) calidad mala: alteración fuerte; 3) calidad aceptable: inicio de alteración importante; 4) calidad buena: ribera ligeramente perturbada; y por último, 5) estado natural: ribera sin alteraciones.
Tabla 7.30. Calidad de las riberas (%)
CALIDAD
Pésima Mala Aceptable Buena Estado natural

ALTIPLANO

ANDALUCÍA

2,1 62,6 10,0 23,6 1,7

10,0 21,0 11,4 42,3 15,3

Fuente: Plan Director de Riberas de Andalucía, 2003. Elaboración propia.

241

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Para adscribir cada una de las riberas a estas tipologías se han tomado una serie de puntos de referenciamuestreo, los cuales incluyen información sobre usos del suelo, perturbaciones o la calidad misma entre otros. Andalucía cuenta con un total de 11.584 puntos de los que 748 se localizan en la zona de estudio (VV.AA., 2003). Del análisis de los citados puntos de referencia se desprende que tan solo el 17% de ellos están libres de cualquier tipo de perturbación, mientras que a nivel andaluz esta cifra es notablemente superior, representando casi un tercio del total. Otra particularidad de las riberas del Altiplano es que más de dos terceras partes de las perturbaciones que reciben tienen un origen agrario.
Tabla 7.31. y Figura 7.12. Tipología y cuantificación de las perturbaciones en los puntos de muestreo
ALTIPLANO ANDALUCÍA
TIPOLOgíA Agrícola Ganadera Urbana Vehículos Forestal

68,6 16,0 4,7 4,3 0,5 17,2 72,3 9,5 0,9 0

51,2 18,2 5,7 2,2 0,3 30,4 62,4 6,4 0,7 0,1
Fuente: Plan Director de Riberas de Andalucía, 2003. Elaboración propia.

SUMA 0 PERTURBACIONES 1 2 3 4

De forma general, puede decirse que el ámbito de estudio presenta unas riberas de baja calidad, estando valoradas aproximadamente el 65% como malas o pésimas por el Plan Director de Riberas de Andalucía (VV.AA., 2003). A nivel de subcuencas, la de los ríos Guadix, Guadahortuna, Guadiana Menor, Guardal, Cúllar y Chirivel presentan riberas de mala calidad, estando en peor situación las ramblas y arroyos de la zona más nororiental (rambla del Prado y acequia de Bugéjar), con calidad pésima. Las riberas de la subcuenca del Fardes muestran diferencias según tramos, aunque mayoritariamente presentan escasa calidad. En la cabecera, aguas arriba del embalse Francisco Abellán y posteriormente hasta su unión con el río Alhama se mantiene en buen estado.El tramo medio cuenta con riberas de mala calidad, mejorando a partir de la unión con el arroyo Huélago. Por el contrario, las riberas situadas en las subcuencas de los ríos Baza y Castril, así como rambla del Baúl cuentan con buena calidad. Únicamente se halla catalogada en estado natural la subcuenca del río Guadalentín.

242

Medio físico

Calidad de riberas y subcuencas del Altiplano estepario

Fuente: Plan Director de Riberas. Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía, 2003

CALIDAD DE LA SUBCUENCA
Estado natural Buena Aceptable Mala Pésima

CALIDAD DE LA RIBERA
Estado natural Buena Aceptable Mala Pésima Límite del Altiplano Límite autonómico Límite provincial

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Esta situación es, en general, considerablemente peor que la regional, y contrasta fuertemente con la escasa densidad poblacional que sostiene el Altiplano (apartado 6.1.). Normalmente la alteración de las riberas guarda directa correspondencia con la presión demográfica a su alrededor, pero éste no es el caso para el conjunto del Altiplano. Sin embargo, esta aparente paradoja, “escasa densidad poblacional vs intenso uso y deterioro de los ríos”, debe interpretarse en el contexto general del medio físico del Altiplano, en el que el agua y su entorno inmediato en cauces y llanuras de inundación han sido objeto de un intenso aprovechamiento, debido a las limitaciones climatológicas, geomorfológicas, edafológicas y, en definitiva, agronómicas y ganaderas de la mayor parte del territorio circundante.

oBRaS dE REGuLaCIÓn dE LoS RECuRSoS HídRICoS Las obras de regulación de los recursos hídricos se acometen con el objeto de poder satisfacer las demandas de agua, posibilitar un equilibrio en el desarrollo regional y sectorial, incrementando la disponibilidad del recurso, economizando su empleo y racionalizando sus usos y compatibilidades con el medio ambiente. De los cauces citados con anterioridad, cinco de ellos presentan obras de regulación, se trata del Fardes, Guadalentín, Castril, Guadiana Menor y Guardal, todos ellos pertenecientes a la subcuenca del Guadiana Menor. Tanto la regulación del Guadalentín como la del Castril se efectúan fuera del Altiplano, pero en el entorno próximo, a escasos kilómetros. Por un lado, el embalse de la Bolera que almacena aguas del río Guadalentín y dispone de una capacidad para 53 Hm3, y por otro el embalse del Portillo que obra de igual manera en el río Castril con una capacidad de 33 Hm3. Ubicado por completo en el término municipal de Huéscar está el embalse de San Clemente, que regula el río Guardal y se encuentra parcialmente incluido en el Altiplano. Este embalse con capacidad de 117,3 Hm3 tiene como único uso del agua el regadío de casi 9.000 ha de tierras agrícolas. Tan solo dos obras se hallan en su totalidad dentro de los límites del Altiplano. Se trata de los embalses Francisco Abellán y Negratín. El primero se sitúa sobre el cauce del Fardes, entre las localidades de la Peza y Lopera (Cortes y Graena) poseyendo una capacidad de 58,21 Hm3 con uso destinado tanto a abastecimiento como a riego, dando servicio a 5.000 ha. Sin embargo, la pieza de regulación más importante y emblemática es el embalse del Negratín, ubicado sobre el propio Guadiana Menor en la provincia de Granada, que recoge y modula las escorrentías residuales de una parte muy importante de la cuenca.

Presa del embalse del Negratín. MY

244

Medio físico

El Negratín, con una superficie de 2.170 ha, se extiende por los municipios de Freila, Zújar, Cuevas del Campo, Cortes de Baza, Baza y Benamaurel. Con sus 567 Hm3 es el cuarto en capacidad de la Comunidad Autónoma de Andalucía, sólo superado por los embalses de Iznájar, Guadalcacín y Andévalo. El agua embalsada es utilizada para el riego, un total de 336 Hm3, y la electricidad, produciendo 10.000 kW, así como en otros aprovechamientos como la pesca, los deportes náuticos y el baño. El sustrato geológico donde se asienta está compuesto por conglomerados y arenas gruesas, margas y yesos triásicos, destacando al norte los badlands que conforman, junto a la lámina de agua, un sugerente paisaje de profundos contrastes.

Embalse del Negratín, donde toman el nombre de río Guadiana Menor las aguas de distintos cauces del Altiplano. MY

LaS RaMBLaS La palabra rambla proviene del árabe “ramla”, que significa arenal, y generalmente se aplica a cauces anchos, de sustrato pedregoso, secos y que sólo transportan agua de evacuación muy rápida tras fuertes lluvias (Mateu, 1989). Estas características hacen referencia a modelos geomorfológicos e hidrológicos típicos de las zonas más áridas del entorno mediterráneo.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

En sentido longitudinal, una rambla está formada por la cuenca de erosión, el cauce y el lecho de depósitos, mostrando un esquema morfológico afín al de los torrentes de montaña, pero que se modifica en su zona inferior debido a un proceso de colmatación de la plana aluvial (del Palacio, 2002). Su formación se produce fundamentalmente por la interrelación entre factores geológicos, morfológicos, climáticos y antrópicos, por ejemplo el pastoreo excesivo o la existencia de cultivos (del Palacio, 2002). Las ramblas poseen unas características ecológicas peculiares que vienen determinadas fundamentalmente por la inestabilidad e irregularidad (Suárez y Vidal-Abarca, 1993), y aportan una mayor diversidad al paisaje, debido a la temporalidad de la presencia de agua que proporciona una estructura y dinámica particular (Gómez et al., 1990). Al ser una formación típica de regiones de clima semiárido, es frecuente que se produzcan concentraciones en mayor o menor grado de cloruros y sulfatos en el suelo, por lavado. La salinidad, como es sobradamente conocido, constituye un factor ecológico de la mayor importancia que condiciona por sí mismo la composición florística de muchas comunidades vegetales (p.e. López, 1993).

Eflorescencias salinas en el lecho de una rambla. MY

Esta tipología de cauce es típica del mediterráneo occidental y en particular de las zonas semiáridas y áridas del sureste ibérico. En el Altiplano los cauces denominados como tal suponen más de una tercera parte de la longitud total, lo que da una idea de su importancia.
Tabla 7.32. Caracterización de las ramblas
RéGIMEN
hIDRÁULICO Permanente Temporal Esporádico Tranquilo Rápido Torrencial Torrente

%

12,23 53,12 34,65 1,85 16,88 79,62 1,65

híDRICO

Fuente: Plan Director de Riberas de Andalucía, 2003. Elaboración propia.

Las ramblas del Altiplano presentan fundamentalmente un régimen hidráulico temporal-esporádico y un régimen hídrico torrencial. No obstante, llama la atención que existan ramblas de carácter temporal, lo cual puede deberse a dos motivos. En primer lugar, desde luego, por haber utilizado en el análisis espacial todos aquellos cauces denominados como ramblas, siendo posible que tal denominación no concuerde con la topología en algún tramo. En segundo, por la determinación de un cauce como permanente debido al desarrollo de vegetación freatófila. La aparición de este tipo de vegetación en las ramblas encuentra explicación

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Medio físico

en la persistencia de los flujos subterráneos, que en las regiones áridas o semiáridas son responsables del mantenimiento de un nivel freático perceptible por las comunidades vegetales (González-Bernáldez, 1987). Tal es así que en algunas cuencas mediterráneas áridas la relación entre recursos superficiales y los subterráneos es inferior a uno (Suárez y Vidal-Abarca, 1993).

Rambla de Fiñana. JC

En el sureste ibérico aparecen un conjunto de ramblas que vierten al Mediterráneo (exorreicas), junto a otras emplazadas en el interior y sujetas a la estructura en mosaico del relieve donde se detectan procesos semiendorreicos (Grupo de Análisis Ambiental, 1990). Las ramblas interiores están ligadas directamente, al menos en ciertos tramos, al funcionamiento dinámico de los sistemas terrestres adyacentes, constituyendo lo que González-Bernáldez (1988) denomina “wadi complex”. Estos complejos formados por ramblas o ríos efímeros de regiones áridas manifiestan una dinámica temporal muy compleja y pueden actuar como sistemas exportadores o importadores de agua, sedimentos y sales, en distintos momentos.

7.6.3. Aguas subterráneas
Las aguas subterráneas son aquellas que se encuentran bajo la superficie del suelo en la zona de saturación y en contacto con el suelo o el subsuelo (Directiva Marco del Agua). Cuando un determinado volumen de agua subterránea se encuentra claramente diferenciado, en uno o varios acuíferos, se aplica la acepción de masa de agua subterránea. Una masa de agua puede estar formada por uno o varios acuíferos, entendiendo por tal la capa o capas subterráneas de roca o de otros estratos geológicos que tienen la suficiente porosidad y permeabilidad para permitir ya sea un flujo suficiente o la extracción de cantidades significativas de aguas subterráneas (p.e. arenas, gravas, granito).

247

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Con anterioridad a la implementación de la Directiva Marco del Agua, la gestión del agua subterránea en España se basaba en las unidades hidrogeológicas, que se definían como un acuífero o conjunto de ellos susceptibles de ser considerados de manera conjunta para la gestión racional y eficaz del recurso hídrico. Con la aplicación a nivel estatal de la citada Directiva, las unidades hidrológicas pasan a denominarse masas de agua y los acuíferos en situación de sobreexplotación se definen como nuevas masas de agua independientes. Según la DMA, los estados miembros deben desarrollar una caracterización de las masas de agua subterráneas basada en la definición de la ubicación, límite de la masa, presiones (fuentes de contaminación difusa y puntuales, extracciones o recargas artificiales), características generales de los estratos suprayacentes en la zona de captación y dependencia de ecosistemas de aguas superficiales o ecosistemas terrestres.

Pozo en tierras de María. MY

En el Altiplano la relación de masas de agua subterráneas-cuenca hidrográfica se ajusta aproximadamente a la importancia cuantitativa de cada una de ellas.
Tabla 7.33. Superficie de masas subterráneas de agua por cuenca
DEMARCACIÓN HIDROGRÁFICA
gUADALQUIVIR

CUENCA

SUBCUENCA

SUPERFICIE

%

Guadalquivir

Alto Genil Guadalquivir de Guadiana MenorGuadalbullón Guadiana Menor Chirivel

300.602,51 1.694,01 996,28 297.942,22 17.545,50 17.545,50 19.034,76 9.814,24 9.220,52

89,15 0,50 0,29 88,36 5,20 5,20 5,64 2,91 2,73

SEgURA

Segura

MEDITERRÁNEA ANDALUZA

Almanzora Andarax

Fuente: Datos obtenidos de Consejería de Medio Ambiente, 2006. Elaboración propia.

337.182,77

100,00

En el conjunto de las capas subterráneas del ámbito de estudio se encuentran un total de 27 masas de agua, de las que tan solo dos se hallan íntegramente en el subsuelo del Altiplano: la del Mencal y la del Jabalcón. Asimismo cuentan con la mayor parte de la masa de agua en el ámbito de estudio las masas de Guadix-Marquesado, Orce-María-Cúllar, Huéscar-Puebla de D. Fadrique y Baza-Caniles. Con menos del 50% incluido, pero con una buena representación, se encuentran las de Sierra de Baza y Guadahortuna-Larva.

248

Medio físico

Jérez del Marquesado. La masa de agua subterránea denominada Guadix-Marquesado, al norte de Sierra Nevada, es la de mayor superficie en el interior del Altiplano. AH

Tabla 7.34. Masas de agua subterráneas en el Altiplano
CODIGO DENOMINACIÓN SUP. (ha) % TOTAL MASAS CODIGO DENOMINACIÓN SUP. (ha) % TOTAL MASAS

30563 Guadix-Marquesado 30544 Orce-María-Cúllar 30554 30549 30540 30529 30555 30522 30532 30455 30553 30562 30495 30496

54.152,91 50.452,46 Sierra de Baza 37.758,03 El Mencal 37.402,04 Guadahortuna-Larva 32.462,38 Huéscar-Puebla de D. Fadrique 24.810,99 Baza-Caniles 22.949,72 Quesada-Castril 14.218,51 Duda-La Sagra 13.699,13 Cuenca del Río Nacimiento 8.837,40 Sierra de Las Estancias 8.081,16 Sierra Arana 6.846,68 Sierra de Las Estancias* 4.908,59 Alto-medio Almanzora 4.669,44

16,06 14,96 11,20 11,09 9,63 7,36 6,81 4,22 4,06 2,62 2,39 2,03 1,45 1,38

30446 Detrítico de Chirivel-Maláguide 30531 30551 30568 30589 30521 30445 30428 30497 30590 30548 30497 30423 La Zarza

4.466,45 3.692,50 Jabalcón 3.688,39 La Peza 1.091,08 Bedmar-Jódar 769,93 Sierra de Cazorla 768,64 Alto Quípar 486,16 Vélez Blanco-María 318,95 Sierra de Los Filabres 221,68 Sierra Mágina 196,35 Montes Orientales. Sector Norte 182,70 Valdeinfierno 43,45 Sierra de La Zarza 7,03

1,32 1,10 1,09 0,32 0,23 0,23 0,14 0,09 0,07 0,06 0,05 0,01 0,00

TOTAL

337.182,77

100,00

Fuente: Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, 2005. * Masa inferior

249

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Localización de las masas de agua subterráneas

Masas de agua subterráneas

Límite del Altiplano Límite autonómico Límite provincial

Fuente: Confederación Hidrográfica del Guadalquivir. 2007

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Medio físico

Entre algunas de estas masas de agua subterráneas se producen solapamientos debido a que los materiales acuíferos pueden hallarse en distintos niveles. Cuando esto sucede es evidente que siempre uno se localiza en un estrato superior y otro en el inferior, lo cual muestra relevancia para una posible explotación de las masas. Este escenario también se produce en el Altiplano, con una superficie de masas solapadas de aproximadamente 3.500 ha. De ellas, aproximadamente unas 2.900 se producen en el solape de la masa de Orce–María-Cúllar con la masa detrítica Chirivel-Maláguide. Además la primera se solapa con la masa de Vélez Blanco-María en unas 300 ha, siendo en ambos casos la de Orce la masa superior.

Interior de un pozo para regadío en el Altiplano. ED

También resulta particular el caso de las masas de agua denominadas Sierra de Las Estancias, ya que existen dos con la misma denominación y además parcialmente solapadas. De ellas, la emplazada en una capa superior es la situada más al sur y casi totalmente en la provincia de Almería. En lo relativo a la gestión de las masas de agua subterránea, cada demarcación hidrográfica considera como propias todas las aguas subterráneas situadas bajo los límites definidos por las divisorias de las cuencas hidrográficas de la correspondiente demarcación. En el caso de acuíferos compartidos por varias demarcaciones hidrográficas se atribuye a cada una de ellas la parte de acuífero correspondiente a su respectivo ámbito territorial, debiendo garantizarse una gestión coordinada entre demarcaciones afectadas. A tal efecto son acuíferos compartidos los definidos como tales en el Plan Hidrológico Nacional. Esto se produce de forma nítida en la masa de Orce-María-Cúllar, donde dos tercios de la misma se encuentran en la cuenca del Guadalquivir y el otro tercio en la del Segura. Además de la localización y delimitación de las masas de agua subterránea, resulta esencial para la planificación hidrológica la definición de objetivos medioambientales y el análisis del cumplimiento de dichos objetivos. Para ello es necesario conocer qué presiones afectan a las masas de agua superficial y el impacto causado por tales presiones. A partir del análisis de presiones/impactos que sufre cada masa de agua, se evalúa el riesgo de no alcanzar los objetivos medioambientales establecidos, en lo que constituye un proceso conocido como análisis de presiones e impactos.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Tabla 7.35. Matriz de cálculo del riesgo de las principales masas de agua subterránea
MASAS DE AGUA SUBTERRÁNEA PRESIONES SIGNIFICATIVAS INDICADORES IMPACTO
CONDUCTIVIDAD

RIESGO

PUNTUALES

PUNTUALES

CAPTACIóN

CAPTACIóN

INTRUSIóN

INTRUSIóN

CATÁLOgO

NITRATOS

DIFUSAS

DIFUSAS

NIVELES

gLOBAL

gLOBAL

gUADIx-MARQUESADO ORCE-MARíA-CÚLLAR SIERRA DE BAZA EL MENCAL gUADAhORTUNA-LARVA hUéSCAR-PUEBLA DE D.FADRIQUE BAZA-CANILES DUDA-LA SAgRA JABALCóN

1 1 1 1 1 1 1 1 0

0 0 0 0 0 0 0 0 0

1 0 0 1 1 1 0 0 0

0 0 0 0 0 0 0 0 0

1 1 1 1 1 1 1 1 0

I0 I0 I0 IC I0 I0 I0 I0 I0

I0 I0 I0 IP I0 I0 I0 IP I0

I0 I0 I0 I0 IC I0 I0 I0 I0

IP IC IP SD SD IC IC I0 I0

IP IC IP IC IC IC IC IP I0

R0 R0 R0 RS R0 R0 R0 R0

R0 R0 R0 R0 R0 R0 R0 R0

REE R0 REE RS R0

RS RS RS RS RS REE R0

REE R0 REE REE R0 RS RS RS R0 R0 R0 R0 R0

REE R0

REE R0

I0= Impacto nulo IP= Impacto probable IC= Impacto comprobado SD= Sin datos RS= Riesgo seguro REE= Riesgo en estudio R0=Riesgo nulo
Fuente: Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, 2005.

De la matriz de cálculo de riesgos se extrae que cinco de las masas subterráneas más importantes del Altiplano presentan riesgo seguro, es decir, presentan indicios claros de incumplir alguno de los objetivos medioambientales de la Directiva Marco del Agua. Las presiones más comunes de las masas de este entorno son la difusa y la captación. Algunos de los riesgos de las masas de agua subterráneas ya están documentados, por ejemplo en la de Orce-María-Cúllar, que presenta una alta vulnerabilidad derivada del riesgo de contaminación asociada a los antiguos vertederos de RSU y los vertidos de aguas residuales urbanas, fundamentalmente de los núcleos de Cúllar, Orce y Vélez-Blanco, además de un posible riesgo asociado al desarrollo de la agricultura intensiva así como algún foco de origen ganadero (Rubio et al., 2002). En la masa Huéscar-Puebla la presión es de tipo cualitativo derivado del abonado y uso extendido de la aplicación de fitosanitarios en el riego (Rubio et al., 2002). Otro caso es el de la masa de Baza-Caniles, cuyo uso preferente es el agrícola y, en menor medida, el abastecimiento. La dotación para riego parece insuficiente frente a la demanda teórica total, lo que, unido a la puesta en regadío de nuevas superficies, podría provocar severos problemas de salinización de las masas (Hidalgo, 2002). En síntesis, puede afirmarse que el principal riesgo que sufren las masas de agua subterráneas es la sobreexplotación y contaminación difusa por productos o residuos agropecuarios. Por tanto, con el objeto de prevenir este riesgo, sería recomendable optimizar las prácticas agrícolas y estudiar, desde una perspectiva conservativa, las posibles ampliaciones de superficie regable con agua de este origen.

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gLOBAL

Medio físico

7.6.4. Humedales, criptohumedales y salinas de interior
En la cuenca de Guadix-Baza a lo largo de los últimos 20 millones de años pueden diferenciarse dos grandes etapas desde el punto de vista geodinámico. Una primera, desde los primeros sedimentos encontrados en el Burdigaliense (Mioceno inferior) hasta final del Tortoniense (7 millones de años), donde se depositaron materiales formados en diferentes medios marinos, y una segunda, marcada por el apilamiento de sedimentos exclusivamente continentales. Esta segunda etapa de carácter continental tiene a su vez dos fases, que divergen en el Pleistoceno Superior. En primera instancia, la cuenca de Guadix-Baza se comporta como endorreica, con uno o dos lagos centrales que atrapaban las aguas de las cumbres Béticas. En la segunda fase, se produce la captura de las aguas del lago por el río Guadalquivir, a través de su afluente el Guadiana Menor. Hace aproximadamente entre 100.000 y 17.000 años la cuenca deja de ser endorreica para convertirse en exorreica (Calvache and Viseras, 1997), llegando a conformarse la actual red hidrográfica. Los últimos vestigios de este gran humedal endorreico han quedado reflejados en el sistema lacustre de la cubeta de relleno endorreico de Bugéjar (ver también apartado 6.4.3.), y muy puntualmente en pequeños humedales estacionales de carácter endorreico cuyos vestigios aún subsisten, por lo general en un deficiente estado de conservación.

HuMEdaLES y CRIPToHuMEdaLES Las zonas húmedas o humedales encabezan la lista de hábitats prioritarios a proteger en la Unión Europea por ser uno de los espacios naturales con mayor valor desde un punto de vista ambiental. Es el caso del mantenimiento de la diversidad biológica y la conservación de especies en peligro de extinción, así como desde el punto de vista cultural, histórico y económico (González-Bernáldez, 1987; Williams, 1999). Andalucía es la comunidad autónoma con mayor número de humedales a nivel peninsular, siendo igualmente la que ha protegido un mayor porcentaje de ellos, tanto en número como en superficie (GonzálezCapitel, 2003). Pese a esto, el grado de protección no es homogéneo, ya que existe un sesgo hacia Andalucía occidental (Madero et al., 2004). En el Plan Andaluz de Humedales (VV.AA., 2002) se define el término humedal de la siguiente manera: “Ecosistema o unidad funcional de caráter predominante acuático, que no siendo un río, ni un lago ni el medio marino, constituye, en el espacio y en el tiempo, una anomalía hídrica positiva respecto a un entorno más seco. La confluencia jerárquica de factores climáticos e hidrogeomorfológicos, hace que se generen condiciones recurrentes de inundación con aguas someras, permanentes, estacionales o erráticas y/o condiciones de saturación cerca o en la superficie del terreno por la presencia de aguas subterráneas, lo suficientemente importantes como para afectar a los procesos biogeofísicoquímicos del área en cuestión. La característica esencial mínima para diagnosticar la existencia de un humedal es la inundación con aguas someras (formación palustre) o la saturación recurrente cerca o en la superficie del terreno (criptohumedal); lo que

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

condiciona otras características fundamentales de apoyo al diagnóstico, que son la presencia de suelos hídricos y/o vegetación hidrófila. Generalmente, estas propiedades se traducen también en la existencia de unas comunidades especiales de microorganismos y fauna, así como en aprovechamientos humanos diferentes y en un paisaje con elevado grado de calidad visual.” En el ámbito de estudio la existencia e importancia de humedales es casi nula, debido en parte a las condiciones climáticas (apartado 6.4.1.) y los cambios recientes en el uso del territorio (apartado 6.7.). No obstante, según el inventario de humedales del Alto Guadalquivir (Ortega et al., 2003) en el sureste de Jaén existe una que se hallaría dentro de los límites del Altiplano. Denominada como “La Laguna”, cuenta con aproximadamente 30 ha localizadas en el término municipal de Larva (30SVG8081) y se caracteriza por un régimen hídrico del tipo estacional ocasional (Ortega et al., 2003). Con posterioridad a este inventario la Consejería de Medio Ambiente y la Universidad de Jaén llevaron a cabo el estudio denominado “Lagunas y vías pecuarias en la provincia de Jaén: una oportunidad para la conservación de humedales” (Madero et al., 2004). En este estudio además de constatar la relación existente entre humedales y vías pecuarias, se identificó la avifauna y vegetación asociada, así como la concurrencia de distintos tipos de amenaza o riesgos que pudiesen condicionar la presencia de estas especies o de los propios sistemas. Con todo esto se establecieron cinco clases de prioridad, que oscilan desde la “muy baja” a la “muy alta”. En este último trabajo se atribuye a la Laguna de Larva la categoría de prioridad “muy alta”, lo cual significa que: Mantiene comunidades de hábitat de carácter prioritario y/o especies de aves acuáticas incluidas en el anexo I de la Directiva Aves. Muestra peligro inminente de desaparición. Presenta facilidades de restauración (vía pecuaria). Por último, los autores señalan como la agresión principal de este espacio a la agricultura, ya que actualmente la laguna se encuentra transformada casi totalmente en un olivar. Por otro lado, en la provincia de Jaén han proliferado en los últimos diez años las balsas de riego, que en algunos casos alcanzan dimensiones muy grandes. Estas estructuras artificiales son generalmente muy conspicuas al emplazarse en lugares elevados para regar desde ellas por gravedad. Algunos de estos “humedales” artificiales pueden acabar naturalizándose parcialmente con el paso del tiempo y albergar elementos de flora y fauna propios de los humedales naturales. Consciente del potencial de estos enclaves en un entorno en el que son escasos los humedales, la Consejería de Medio Ambiente tiene encargada actualmente una asistencia técnica denominada “Balsas Vivas”. Este trabajo, de carácter experimental, está orientado a determinar hasta qué punto pequeños cambios en su diseño y un presupuesto insignificante en relación a la obra pueden lograr beneficios ambientales significativos. Estas balsas reúnen una serie de requisitos en cuanto a la calidad del agua y requerimientos alimenticios,

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Medio físico

faltando únicamente proporcionarles sustratos adecuados para el refugio y la reproducción, posibilitando la creación de zonas productoras de biodiversidad, especialmente para aves acuáticas amenazadas y raras en Andalucía. Los primeros ensayos de esta asistencia técnica se están llevando a cabo en el entorno del Altiplano, más concretamente en una gran balsa de 14 ha de superficie en t.m. de Jódar, al sureste de Jaén (30SVG7486 y 30SVG7386). Durante el verano de 2007 se han instalado en este lugar ocho islas vegetadas de 1 m2 de superficie y otras cuatro de 9 m2. Simultáneamente se han iniciado experiencias de retirada de nutrientes.

Instalación de islas con vegetación acuática en la balsa de Las Quebrás, Jódar. AMM

Como se ha constatado, la importancia actual de los humedales naturales en el Altiplano es escasa. Sin embargo hay un tipo de humedal que posiblemente albergue mayor relevancia que los anteriores, son los criptohumedales. Este tipo de medios no está suficientemente tipificado ni inventariado en Andalucía. No es el caso de otras comunidades del entorno mediterráneo, especialmente de Murcia, en cuyo inventario de humedales se establece como uno de los once tipos presentes, definiéndolos de la siguiente manera: “aquellos en los que la lámina de agua superficial no existe o presenta una extensión muy reducida y carácter temporal, si bien el nivel freático siempre queda lo suficientemente próximo al suelo como para permitir el desarrollo de una comunidad de plantas freatófilas y la presencia de un sustrato saturado en agua y generalmente rico en sales” (VV.AA., 1990). Esta definición en el ámbito de estudio aunaría todos los humedales carentes de lámina de agua libre en la mayor parte de su superficie, que se desarrollen sobre llanuras de inundación relictas de ríos o ramblas, lagunas colmatadas, antiguas salinas u otras zonas llanas o de escasa pendiente y drenaje difuso, receptoras de escorrentías y descargas laterales y subterráneas, pero topográfica y funcionalmente independientes de la red hidrográfica asociada. En la comunidad andaluza, ya se ha dicho, aún no existe un cartografiado temático de estos humedales, sin embargo, en buena medida se pueden identificar por su aparente relación con la flora halófila y los saladares.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Por ejemplo, en la vecina Región de Murcia, de los 21 criptohumedales inventariados, 14 son saladares (VV. AA., 1990). En el contexto del Altiplano, según Lendínez et al. (2004), este tipo de vegetación halófila estaría presente en tres enclaves de la hoya de Baza: proximidad del río Baza (Benamaurel y Cúllar), Venta del Peral y arroyo Salado del Margen. En la actualidad estos saladares poseen aproximadamente unas 180 ha (Lendínez et al., 2004). A pesar de su escasa representación territorial resulta muy significativo el número de especies halófilas que mantienen, algunas de ellas muy raras, incluyendo endemismos locales como Limonium minus y Limonium majus (apartado 9.1.3.). No obstante, la extraordinaria sensibilidad de estos medios y los abundantes cambios de uso, pueden llevar a una subestimación en el número y superficie de estos humedales, que merecerían un futuro inventario y catalogación.

SaLInaS dE InTERIoR La constitución geológica de Andalucía, con presencia de sustratos ricos en sal, explica la existencia desde la antigüedad de numerosas salinas en zonas alejadas de la costa. El inventario andaluz ha cifrado el número de salinas interiores en 85, de las que 27 aún están activas. Su carácter marginal y minoritario, si se comparan con las salinas costeras, las ha convertido en grandes desconocidas. No obstante y a pesar de la escasa representación territorial y sus modestos tamaños, resultan unos sistemas de gran originalidad y singularidad con notables valores culturales, etnológicos y medioambientales que no deben pasar inadvertidos. Los rasgos fisiográficos del territorio son factores determinantes para interpretar el patrón de distribución de las salinas de interior en Andalucía. Las explotaciones salineras sólo pueden aparecer allí donde el terreno es rico en sales, y éstas se presentan mayoritariamente asociadas a materiales sedimentarios del Trías Keuper (230-205 millones de años), de elevado contenido en cloruros y sulfatos. Con menor frecuencia pueden aparecer relacionados con sedimentos evaporíticos más modernos, del Neógeno (20-2 millones de años), depositados en las depresiones interiores propias de Andalucía oriental. En cualquier caso, bien margas del Trías o bien sedimentos de cuencas neógenas (apartado 6.4.2.), la presencia de sales en el sustrato se debe a fenómenos de precipitación por evaporación y desecación de antiguas cuencas marinas (VV.AA., 2004). Por otra parte, también se detecta una asociación de la distribución de salinas con la de las lagunas esteparias. Este fenómeno de desarrollo de complejos lagunares en la depresión del Guadalquivir, conocido como “endorreísmo bético”, se relaciona con el sustrato geológico de margas yesíferas del Trías y condiciones de semiáridez local. Del análisis de la distribución de las salinas en Andalucía se deduce una abundancia creciente conforme se asciende por el valle del Guadalquivir, con mínimo número en Cádiz y máximo en Jaén, teniendo Sevilla

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y Córdoba valores intermedios. Esta distribución actual apoya la hipótesis de que la pervivencia de salinas hasta nuestros días puede explicarse, al menos en parte, por factores de aislamiento comercial, posibilitando la satisfacción de demandas de escala local orientadas a la ganadería, salmueras para aderezo de aceituna o la conservación de productos cárnicos de matanza. Históricamente, en el extremo NE del reino de Granada se hallaba un conjunto de explotaciones salineras que aunque existentes en tiempos muy anteriores a los nazaríes, cobran una especial significación cuando se define la frontera con los castellanos, a partir del siglo XIII. Sirven de transición entre la parte llana y la montañosa y, por tanto, se ubican en el camino de paso obligado para los ganados que marchan a los pastos de verano de las cumbres, en este caso, de las sierras de Cazorla, Segura y Las Villas. Entre ellas se encuentran las salinas de Hinojares, antiguas alquerías andalusíes (VV.AA., 2004). En la actualidad se encuentran inventariadas 4 salinas dentro del ámbito de estudio, que son: la de Barchel en Dehesas de Guadix, la de Chíllar y Mesto en Hinojares y la salina de Jódar. Todas ellas se encuentran en desuso, con la excepción de la de Chíllar que aún parece mantener un cierto uso marginal. Además, en el entorno próximo del Altiplano se hayan otras dos en desuso, las de Belerda y el Romeroso, en término municipal de Quesada, y una en uso, la de Montejícar.

Salina de Chíllar, Hinojares. JMD

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Localización de salinas de interior y otros humedales

Fuente: Inventario de salinas de interior de Andalucía. Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía, 2002

SALINAS INTERIORES
Balsa A.T. “Balsas vivas” (x:474114, y:4186559) Laguna de Larva (x:480457, y:4181713) Salina de Barchel (x:499911, y:4158488) Salina de Chíllar (x:500969, y:4174627) Salina de Jódar (x:472806, y:4187778) Salina de Mesto (x:500399, y:4176378) Límite del Altiplano Límite autonómico Límite provincial

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La salina de Barchel se localiza en torno a los cortijos de Barchel Alto y Barchel Bajo. Actualmente está arruinada y su acceso es complicado debido a la obra hidráulica del pantano del Negratín. En esta salina el agua se recogía por medio de una noria, pasándose a una alberca, y luego a unas pozas. Pero, también se ha detectado la construcción de galerías subterráneas en otro punto distinto al que está el pozo, que probablemente se utilizaba cuando la capa freática había descendido ostensiblemente. Quizás de las cuatro salinas, la de mayor importancia sea la de Chíllar o Chillas. Esta explotación situada en las proximidades de Hinojares, se encuentra en una rambla cercana al barranco de la Salinilla. Muy cerca de allí se encuentra el cortijo de Chillas, antiguo solar de la alquería del mismo nombre, que alberga restos medievales de importancia, asimismo en torno a la misma salina se han identificado cerámicas de la época del Bronce. En esta salina la sal se extrae de un nacimiento de agua salada, por medio de una presa, situada a un nivel superior al de la salina. El agua se deriva hacia una acequia que la lleva al calentador y desde éste a las distintas pozas o piletas en donde se produce la definitiva cristalización. Aparte de la importancia histórica, cultural y económica de estos sistemas, también se debe incidir en que los medios salinos del interior ibérico constituyen un ecosistema de gran singularidad en el contexto europeo occidental, ya que son prácticamente exclusivos de España y aparecen asociados a condiciones semiáridas propias de áreas esteparias (VV.AA., 2004).

Las salinas en el Altiplano están asociadas a margas yesíferas del Trías. MY

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Limonium quesadense. AGC

Comunidades bióticas y biodiversidad

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Comunidades bióticas y biodiversidad

“Nace el ave, y con las galas que le dan belleza suma, apenas es flor de pluma... Nace el bruto, y con la piel que dibuja manchas bellas, apenas es signo de estrellas... Nace el pez que no respira, aborto de ovas y lamas, y apenas bajel de escamas... Nace el arroyo, culebra que entre flores se desata, y apenas, sierpe de plata...”
Calderón de la Barca. Siglo XVII

En la actualidad, uno de los conceptos más comúnmente manejados, tanto en el campo de las ciencias biológicas como entre los agentes y medios de comunicación social, para referirse al valor natural de un determinado territorio es el de diversidad biológica, también denominada biodiversidad. Autores como Wilson (1988) entienden por biodiversidad lo referido al contenido genético total que contiene un grupo biológico, una comunidad o la biosfera total. Para el World Wildlife Fund (1989) biodiversidad es “la riqueza de la vida sobre la Tierra, los millones de plantas, animales y microorganismos, los genes que contienen y los intrincados ecosistemas que contribuyen a construir en el medio natural”. A mayor detalle, la diversidad biológica comprende la variación genética dentro de las especies, tanto entre las poblaciones separadas geográficamente, como entre individuos de una misma población (Primack y Ros, 2002). Otro concepto de interés es el de comunidad biótica, definido como el ensamble de organismos en todos los niveles tróficos que viven juntos e interactúan entre sí (p.e. Heatwole, 1982), o también el conjunto de

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Comunidades bióticas y biodiversidad

especies que habitan en una localidad particular, más las interacciones entre estas especies. Además una comunidad junto con su medio físico asociado conforman un ecosistema (Primack y Ros, 2002). La diversidad biológica (biodiversidad) comprende también la variación existente dentro de las comunidades biológicas a las que pertenecen las especies, los ecosistemas en los que existen las comunidades y las interacciones entre estos niveles (Primack y Ros, 2002). El ámbito de estudio, como ya se ha mencionado con anterioridad, se encuentra ubicado en la zona occidental de la cuenca Mediterránea. En lo sustancial, esta zona se caracteriza por una alta diversidad paisajística traducida en paisajes en mosaico. Ello propicia una alta heterogeneidad de hábitat, parámetro que juega un papel crítico en la generación y mantenimiento de la diversidad específica (Kerr, 1997). Tal diversidad paisajística es en parte debida a su topografía, clima y compleja geomorfología, haciendo del mediterráneo una zona excepcionalmente rica en plantas regionales o locales y animales endémicos a niveles de género, especie o subespecie. Asimismo esta cuenca es un excepcional marco para que sucedan procesos de especiación en poblaciones aisladas por barreras geográficas y ecológicas. Las montañas mediterráneas muestran hasta un 42% de endemismos entre sus plantas superiores (Medail and Quèzel, 1997). Por todo ello Myers et al. (2000) incluyó la cuenca Mediterránea como uno de los 25 puntos calientes de biodiversidad o “biodiversity hotspots” del mundo, debido a sus aproximadamente 25.000 especies de plantas, de las cuales más de la mitad son endémicas, y sus 770 especies de vertebrados, de los que 235 son también endémicos (Myers et al., 2000). Todo esto es el legado de los muchos procesos de inmigración, extinción, selección y diferenciación regional (Blondel and Aronson, 1999) acaecidos en este ámbito geográfico. La diversidad mediterránea representa una gama de adaptaciones evolutivas y ecológicas de las especies a ambientes particulares (Primack y Ros, 2002), como es el caso del ámbito de estudio, donde las condiciones de aridez favorecen la aparición de una serie de adaptaciones a las condiciones extremas. Apartando por un instante los términos más científicos, la percepción social del concepto biodiversidad y su conservación es cada vez más amplia, si bien se mantiene sesgada hacia algunos grupos de vertebrados y hábitats naturales más atrayentes y espectaculares que fundamentalmente

Algunos elementos florísticos son endémicos del Altiplano, como es el caso de Centaurea saxifraga. GB

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

guardan correspondencia con zonas de montaña de buena cobertura forestal (Ballesteros y Barea, 2003). Sin embargo, la mayor aportación a la diversidad específica proviene del grupo de los invertebrados (Wilson, 1992) y buena parte de los enclaves y parajes que atesoran un mayor número de especies, muchas de ellas endémicas, son paisajes poco llamativos y a menudo olvidados de las políticas de protección del territorio. En lo relativo a la conservación de la naturaleza y de la biodiversidad en particular, muchos de los ecosistemas planetarios están sufriendo actualmente grandes pérdidas o cambios en la composición de especies. Por ello es de gran importancia avanzar en el conocimiento de la diversidad para lograr una mejor comprensión tanto de su valor intrínseco como del funcionamiento de los ecosistemas. A tal efecto se plantea este capítulo, describiendo la flora endémica y amenazada, los principales grupos de fauna, los hábitats prioritarios de estos medios, así como los factores de amenaza que puedan suponer una ostensible pérdida de biodiversidad, fragmentación y disminución de la calidad del hábitat. Por último, se recalca la carencia de información de detalle que se tiene de algunos grupos.

ASPECTOS NORMATIVOS DE LA CONSERVACIóN DE LA BIODIVERSIDAD
El formidable patrimonio de especies vegetales y animales que pueblan la cuenca Mediterránea y en particular la Península Ibérica, muchas de ellas endémicas, hace que su conservación sea una obligación ética, así como una condición inexcusable para mantener el funcionamiento de los ecosistemas naturales. Para ello la Administración ha desarrollado instrumentos y herramientas específicas enfocadas a la gestión y recuperación de especies amenazadas. Se trata de los Catálogos de Especies Amenazadas y Planes de Actuación. El año 1989 supone una fecha de vital importancia para la conservación de la naturaleza en España, ya que fue promulgada la Ley 4/1989, de 27 de marzo, de Conservación de los Espacios Naturales y de la Flora y Fauna Silvestres, que aporta por primera vez la idea de la conservación activa. Además supuso un cambio de concepto en lo que hasta el momento se consideraba la protección de las especies. Esta ley da, por primera vez, un tratamiento específico a las especies amenazadas. En esta misma línea, el artículo 10 del Real Decreto 1997/1995, de 7 de diciembre, por el que se establecen medidas para contribuir a garantizar la biodiversidad mediante la conservación de los hábitats naturales (transposición de la Directiva 92/43/CEE de Hábitats), refuerza el papel del Catálogo Nacional. La Ley 4/1989 en su artículo 30.1 crea el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas*, en el que han de incluirse las especies, subespecies o poblaciones cuya protección efectiva exija medidas específicas por parte de las Administraciones Públicas. El proceso de catalogación implica que la protección de las especies amenazadas no consista tan solo en medidas pasivas de carácter preventivo sino que incorpore medidas positivas por parte de las administraciones públicas, con objeto de remediar los factores de amenaza sobre las especies de flora y fauna y sobre sus hábitats. Con la elaboración del Catálogo Nacional se consiguió extraer del conjunto una serie de especies que requieren de medidas específicas, debiéndose incluir en alguna de las cuatro categorías que se definen, dependiendo de la problemática de cada una. Las categorías establecidas son: en peligro de

* La Ley 4/1989, fue derogada por la Ley 42/2007, de 13 de diciembre, del Patrimonio natural y de la Biodiversidad. Esto afecta al Catálogo nacional de Especies amenazadas, pues pasaría a considerar sólo dos categorías “en peligro” y “vulnerable”, si bien en el momento de esta publicación no se ha hecho efectivo tal cambio.

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Comunidades bióticas y biodiversidad

extinción, sensibles a la alteración de su hábitat, vulnerable y de interés especial. • En peligro de extinción: incluye a aquellas cuya supervivencia es poco probable si los factores causales de su actual situación siguen actuando. • Sensibles a la alteración de su hábitat: incluye a aquellas cuyo hábitat característico está particularmente amenazado, en grave regresión, fraccionado o muy limitado. • Vulnerable: incluye a aquellas que corren el riesgo de pasar a las categorías anteriores en un futuro inmediato si los factores adversos que actúan sobre ellas no son corregidos • De interés especial: incluye a aquellas que, sin estar contempladas en ninguna de las precedentes, sean merecedoras de una atención particular en función de su valor científico, ecológico, cultural, o por su singularidad. El catalogar una especie supone dotarla de un soporte jurídico que obliga y facilita la aplicación de las medidas de protección necesarias. De forma general estas medidas conllevan un compromiso de la Administración responsable. La categoría de “en peligro de extinción” obliga a un Plan de Recuperación, “sensible a la alteración del hábitat” a un Plan de Conservación del Hábitat, “vulnerable” a un Plan de Conservación y por último la de “interés especial” un Plan de Manejo. En el ámbito regional, la Ley 8/2003, de 28 de octubre, de la Flora y la Fauna Silvestres, en su capítulo II artículo 25 crea el Catálogo Andaluz de Especies Amenazadas en el que se incluyen las especies, subespecies, razas o poblaciones que requieren especiales medidas de protección. En el artículo 26 de dicha ley se establecen seis categorías, cuatro se corresponden con las del Catálogo Nacional y las otras dos son nuevas. • Extinto: cuando exista la seguridad de que ha desaparecido el último individuo en el territorio

de Andalucía. Exige un estudio sobre la viabilidad de su reintroducción y, en caso de ser favorable, un Plan de Reintroducción. • Extinto en estado silvestre: cuando sólo sobrevivan ejemplares en cautividad, en cultivos, o en poblaciones fuera de su área natural de distribución. Exige un estudio sobre la viabilidad de su reintroducción y, en caso de ser favorable, un Plan de Reintroducción • En peligro de extinción: cuando su supervivencia resulte poco probable si los factores causales de su actual situación siguen actuando. Exige un Plan de Recuperación. • Sensibles a la alteración de su hábitat: cuando su hábitat característico esté especialmente amenazado por estar fraccionado o muy limitado. Exige un Plan de Conservación del Hábitat. • Vulnerable: cuando corra el riesgo de pasar en un futuro inmediato a las categorías anteriores si los factores adversos que actúan sobre ella no son corregidos. Exige un Plan de Conservación y, en su caso, la protección de su hábitat • De interés especial: cuando, sin estar contemplada en ninguna de las precedentes, sea merecedora de una atención particular en función de su valor científico, ecológico, cultural, o por su singularidad. Exige un Plan de Manejo. El apartado de fauna del Catálogo Andaluz incluye las especies que forman parte del Catálogo Nacional de Especies Amenazas con una serie de modificaciones relativas a especies que adquieren un mayor grado de protección legal en Andalucía. Una herramienta orientativa para elaborar o modificar los catálogos de especies amenazadas son los libros rojos y las listas rojas, documentos técnicos de referencia y apoyo a la gestión del medio natural. La Lista Roja es un inventario científico del estado de conservación de la diversidad biológica animal o vegetal de un territorio y el Libro Rojo es

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

un documento científico y técnico que refleja el grado de amenaza de los taxones en él contenidos. Ambos carecen de carácter legal. En Andalucía se han elaborado tres libros rojos, el de la Flora Silvestre Amenazada de Andalucía (Valdés et al., 1999 y 2000), el de los Vertebrados Amenazados de Andalucía (Franco y Rodríguez, 2001) y el de Invertebrados Amenazados de Andalucía (Barea et al., 2008); además la Consejería de Medio Ambiente cuenta también con la Lista Roja de la flora vascular de Andalucía (Cabezudo et al., 2005). Para la evaluación del riesgo de extinción de Libros y Listas Rojas se utilizan los criterios establecidos por la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN), si bien al estar realizados en diferentes años los criterios UICN utilizados son versiones distintas. Para la realización del apartado de taxones endémicos o amenazados se ha utilizado la Lista Roja de la Flora Vascular de Andalucía (Cabezudo et al., 2005) que sigue criterios UICN 2001. En el caso de la fauna, se han utilizado el Libro Rojo de los Invertebrados de Andalucía con criterios UICN versión 2.3 (1994, 2000) y el Libro Rojo de los Vertebrados de Andalucía con criterios UICN versión 3.0 (1999). Las categorías de la Lista Roja de la UICN 2001 a nivel regional son las siguientes: • Extinto (Ex): cuando no hay duda razonable de que el último individuo existente ha muerto. Se considera que un taxón está extinto cuando prospecciones exhaustivas de sus hábitats conocidos y/o esperados, en los momentos apropiados y a lo largo de su área de distribución histórica, no han podido detectar un solo individuo. Las prospecciones deberán ser realizadas en periodos de tiempo apropiados al ciclo de vida y formas de vida del taxon. • Extinto en estado silvestre (EW): cuando sólo sobrevive en cultivo, cautividad o como población (o poblaciones) naturalizadas completamente

fuera de su distribución original. Se presume que un taxón se encuentra en esta categoría cuando prospecciones exhaustivas de sus hábitats, conocidos y/o esperados, en los momentos apropiados, y a lo sargo de su área de distribución histórica, no han podido detectar un solo individuo. Las prospecciones deberán ser realizadas en períodos de tiempo apropiados al ciclo de vida y formas de vida del taxon. • Extinto a nivel regional (RE): cuando no hay una duda razonable de que el último individuo capaz de reproducirse en la región ha muerto o desaparecido de la naturaleza de la región, o en el caso de ser un antiguo taxón visitante, el último individuo ha muerto o desaparecido de la naturaleza en la región. La fijación de cualquier límite de tiempo para su inclusión en la lista como RE es dejado a la discreción de la autoridad regional, pero en ningún caso debe ser una fecha anterior a 1.500 d.C. • En peligro crítico (CR): cuando la mejor evidencia disponible indica que cumple cualquiera de los criterios “A” a “E” para en “peligro crítico”, por tanto se considera que está expuesto a un riesgo extremadamente alto de extinción silvestre. • En peligro (EN): cuando la mejor evidencia disponible indica que cumple cualquiera de los criterios “A” a “E” para “en peligro” y por tanto se considera que está expuesto a un riesgo muy alto de extinción silvestre. • Vulnerable (VU): cuando la mejor evidencia disponible indica que cumple cualquiera de los criterios “A” a “E” para “vulnerable” y por tanto se considera que está expuesto a un riesgo alto de extinción en estado silvestre. • Casi amenazado (NT): cuando ha sido evaluado según los criterios y no satisface, actualmente, los criterios para “en peligro crítico”, “en peligro” o “vulnerable”; pero está próximo a satisfacerlos, o posiblemente los satisfaga, en un futuro muy cercano.

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Comunidades bióticas y biodiversidad

• Preocupación menor (LC): cuando ha sido evaluado según los criterios y no satisface los criterios para “en peligro crítico”, “en peligro”, “vulnerable” o “casi amenazado”. • Datos Insuficientes (DD): cuando no existe

información suficiente para llevar a cabo una evaluación de su riesgo de extinción basándose en la distribución y/o condición de la población. • No Evaluado (NE): cuando todavía no ha sido clasificado en relación con estos criterios.

Figura 8.1. Estructura de las categorías de la UICN Extinto (Ex) Extinto en estado silvestre (EW) Extinto a nivel regional (RE) En peligro crítico (CR) (Amenazado) En peligro (EN) Vulnerable (VU) Casi amenazado (NT) Preocuación menor (LC) (Evaluado) Datos insuficientes (DD) No aplicable (NA) No evaluado (NE)
Fuente: UICN, 2003.

8.1. Vegetación y flora
El paisaje vegetal del Altiplano se configura como un mosaico de ambientes de estructura predominantemente abierta, que no son sino el fruto del devenir evolutivo, paleogeográfico y climático de sus ecosistemas, así como de la larga historia que el hombre ha ido protagonizando sobre el territorio. Fruto de este conjunto de factores condicionantes, pretéritos y actuales, que en su mayoría ya se han descrito con anterioridad, los espacios del Altiplano manifiestan una teórica potencialidad vegetal, una vegetación actual, sustancialmente estépica, y un contingente florístico original, especialmente rico en

267

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

elementos endémicos y/o amenazados. Precisamente a describir cada uno de estos aspectos en el Altiplano se destinan los siguientes apartados.

8.1.1. Vegetación potencial
Existe un gran cuerpo de evidencias palinológicas, geobotánicas, arqueológicas e históricas que permiten asumir, sin ningún género de dudas, que desde tiempos remotos los espacios abiertos han sido frecuentes en la Península Ibérica, especialmente en su cuadrante suroriental (p.e. Yanes y Delgado, 2006). La existencia de espacios abiertos a lo largo del Cuaternario, coexistiendo con bosques más o menos densos, aparece como un fenómeno incuestionable en los análisis paleopolínicos. Asimismo notables disyunciones presentes en el Altiplano, caso por ejemplo de Krascheninnikovia ceratoides o Microcnemun coralloides, o distribuciones circunmediterráneas como las de Stipa tenacissima, S. capillata, Lygeum spartum o Hammada articulata, sólo pueden explicarse mediante la persistencia de áreas esteparias de cierta extensión durante el Cuaternario (p.e. Suárez et al., 1991; Blanco et al., 1997). Después, por supuesto, la capacidad transformadora del hombre sobre el medio natural vendría a expandir la estepa, en detrimento de las formaciones boscosas más o menos abiertas y las desarrolladas arbustedas que debieron ocupar primitivamente una parte significativa del Altiplano. En ausencia aún de una acción antrópica intensa (por ejemplo al inicio del Neolítico) puede imaginarse la relación de los vegetales con su medio como un dinámico entramado de interacciones, en el que los factores climatológicos, topográficos, edafológicos y bióticos trabajan sobre unos elementos vegetales cuyo areal es el resultado de su pasado evolutivo y geobotánico, configurando de manera casi exclusiva la estructura y función de las fitocenosis. Esta perspectiva ecológica y, por qué no decirlo, más científica, se muestra sin embargo menos útil para la descripción y, sobre todo, la tipificación de las comunidades vegetales, tanto las actuales como las pretéritas. De ahí la utilidad de la disciplina fitosociológica. Tal utilidad está también actualmente fuera de toda duda, encontrando correspondencia a nivel europeo con los hábitats delimitados en la Directiva 97/62/CE1 y clasificaciones de biotopos como fue anteriormente el programa CORINE. Además, ha sido utilizada por la propia Consejería de Medio Ambiente para construir sus modelos de restauración forestal (Valle et al., 2004), reciente documento de referencia para los proyectos de restauración de la vegetación natural en Andalucía. Mediante la fitosociología, de acuerdo a las características bioclimáticas y biogeográficas de un territorio, pueden definirse una serie de comunidades vegetales que configuran el paisaje vegetal del mismo. Tales comunidades están sujetas a un dinamismo continuo, pero siguiendo un patrón más o menos predecible en función de las condiciones ecológicas del medio. Teóricamente, en ausencia de perturbaciones la vegetación va evolucionando con el tiempo hacia tipos más complejos y desarrollados, de modo que el proceso sucesional tienda a alcanzar la etapa clímax o vegetación potencial para esa zona (p.e. Rivas-Martínez, 1996). Si por el contrario suceden cambios en el medio físico o alteraciones antrópicas, la vegetación es sustituida por estadíos
1

directiva 97/62/CE del Consejo, de 27 de octubre de 1997, por la que se adapta al progreso científico y técnico la directiva 92/43/CEE, relativa a la conservación de los hábitats naturales y de fauna y flora silvestres

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Comunidades bióticas y biodiversidad

La acción humana es el principal factor de alteración de la vegetación climática. En la imagen, un cortijo en el Altiplano almeriense. JMD

menos desarrollados de la dinámica sucesional como respuesta a la alteración acontecida. En la práctica tales estadíos pueden, no obstante, alcanzar un nivel importante de estabilidad, como es el caso de determinadas formaciones esteparias, y albergar valores botánicos o de otra índole dignos de ser preservados, circunstancias ambas que deben ser tenidas en cuenta en los planteamientos de gestión y conservación del medio natural. En cualquier caso, la unidad tipológica de referencia en la dinámica fitosociológica se denomina serie de vegetación y expresa todas las comunidades de plantas o conjunto de estadíos que pueden encontrarse en un espacio determinado de características homogéneas (tesela), como resultado del proceso de sucesión. Ésta incluye no solo el tipo de vegetación representativa del estado maduro o cabeza de serie, sino también aquellos otros estadíos iniciales o subseriales que la reemplazan (Rivas-Martínez, 2002). Sin perder la perspectiva ecológica, de cara a la conservación y gestión del medio natural del Altiplano es importante considerar las tendencias en la dinámica sucesional de las comunidades del territorio, lo que se aborda aquí simplificadamente desde el punto de vista de las “series de vegetación” (Rivas-Martínez et al., 1997; Valle, 2003), y partiendo de la información proporcionada por la cartografía disponible en Andalucía para tales series a escala 1:400.000, de la Consejería de Medio Ambiente.

BIoCLIMaToLoGía Desde la perspectiva de la bioclimatología, el territorio se incluye en el macrobioclima mediterráneo (Rivas-Martínez, 1996), caracterizado por una acusada xericidad estival debida a la falta de precipitaciones durante esta época más cálida. Los bioclimas predominantes en la zona son de tipo xérico-oceánico fundamentalmente en las zonas más interiores del Altiplano (p.e. Guadix, Castilléjar), pluviestacional oceánico, en las zonas limítrofes a las montañas (p.e. Chirivel, Baza), y tornando a xérico continental en la zona noreste del territorio (p.e. Huéscar, María), donde la oscilación térmica es más acusada (Valle et al., 2004). La práctica totalidad del área pertenece al termotipo mesomediterráneo en sus variantes inferior y superior, tanto de ombrotipo semiárido como seco.

269

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Tabla 8.1. Rangos de valor asignados a los distintos bioclimas, termotipos y ombrotipos de la región Mediterránea
BIOCLIMAS
Mediterráneo xérico oceánico M. pluviestacional oceánico M. xérico continental

IC

IO

P<2T

OMBROTIPO
Semiárido Seco (Io:2.0-3.6) a hiperhúmedo (Io:12-24) Semiárido-seco

≤21 ≤21 >21

0.9-2.0 >2.0 0.9-2.5

0-8 3-10 0-8

Ic: Índice de continentalidad (intervalo térmico anual). Io:Índice ombrotérmico. P: Precipitación media. T: Temperatura media anual
Fuente: Adaptado de Rivas-Martínez, 1996 y Rivas-Martínez et al., 2002; en Valle et al., 2004.

BIoGEoGRafía Desde el punto de vista biogeográfico, el Altiplano abarca dos unidades más representativas que son la provincia Bética y la Castellano-Maestrazgo-Manchega, así como una mínima participación de la MurcianoAlmeriense en la zona más meridional (Valle et al., 2004; Rivas-Martínez et al., 1997). La mayoría del territorio se ubica dentro de la provincia corológica Bética, con claro predominio del sector Guadiciano Bacense, parte de Subbético al este y norte, así como pequeñas fracciones de otros sectores en la periferia sur del área, de mínima significación en el análisis del conjunto (Tabla 8.2.). El sector GuadicianoBacense, y más concretamente el distrito Guadiciano-Bastetano (Rivas-Martínez et al., 1997), abarca el noreste de la provincia de Granada y parte del norte almeriense, adentrándose puntualmente en la provincia de Jaén por el valle del Guadiana Menor y suponiendo casi el 70% del territorio. La segunda unidad en importancia en el territorio pertenece a la provincia biogeográfica CastellanoMaestrazgo-Manchega, que se adentra en el Altiplano por el norte de las provincias de Granada y Almería, en contacto con la provincia Bética, representando el único territorio de Andalucía de tales características. La separación entre ambas provincias está sujeta a controversia ya que, entre otras razones, la fuerte acción antrópica durante siglos ha mermado la vegetación natural hasta el punto de dificultar la distinción de sus límites.
Tabla 8.2. Unidades biogeográficas
UNIDAD BIOGEOGRÁFICA
PROVINCIA BéTICA

SUPERFICIE (ha)

%

Sector Guadiciano-Bacense Sector Subbético Sector Nevadense Sector Malacitano-Almijarense
PROVINCIA CASTELLANO MAESTRAZgO-MANChEgA

405.773 335.863 61.831 6.778 1.300 78.565 78.565 951 951

83,6 69,2 12,7 1,4 0,3 16,2 16,2 0,2 0,2

Sector Manchego
PROVINCIA MURCIANO-ALMERIENSE

Sector Almeriense

485.289

100
Fuente: Valle et al., 2004.

270

Comunidades bióticas y biodiversidad

Pisos bioclimáticos y sectores biogeográficos

Fuente: Mapa de unidades biogeográficas de Andalucía. Valle et al.,2004

Mesomediterráneo inferior Mesomediterráneo superior

Guadiciano bacense Subbético Nevadense

Malacitano Almijarense Manchego Almeriense

Límite del Altiplano

Límite autonómico

Límite provincial

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

SERIES DE VEGETACIóN Por su localización, el Altiplano recibe la influencia de distintas unidades biogeográficas, compartiendo caracteres de las tres provincias corológicas que concurren en el territorio, lo que unido a sus condiciones de aridez, le confiere una cierta originalidad, tanto en elementos florísticos como fitocenóticos. La vegetación potencial de este territorio pertenece al termotipo mesomediterráneo en sus variantes superior e inferior. Tienen especial importancia en este contexto las series correspondientes a la encina y la coscoja, con sus distintas variantes, que en conjunto superan el 95% de superficie del Altiplano (Tabla 8.3.). Las zonas correspondientes a las series de la encina abarcan algo más de la mitad del territorio y se ubican por lo general en una amplia banda periférica, rodeando a las series de la coscoja que ocupan las zonas más interiores, en coincidencia con los materiales del plioceno-cuaternario y zonas de máxima aridez en el territorio. La series del encinar son la bética basófila de la encina (Paeonio coriaceae-Querceto rotundifoliae S.) y la manchega de la encina (Bupleuro rigidi-Querceto rotundifoliae S.), propia ya de la provincia Castellano Maestrazgo Manchega y situada únicamente en el extremo nororiental del Altiplano. La segunda en importancia es la serie semiárida de la coscoja (Rhamno lycioidis-Querceto cocciferae S.), que se extiende en general por debajo de los 1.000 m.s.n.m. en sus dos faciaciones (guadiciano-bacense y almeriense con Ephedra fragilis y termófila con Pistacia lentiscus). Esta última se distribuye por el entorno del Guadiana Menor que constituye una zona más térmica, de ahí que aparezcan faciaciones de carácter termófilo tanto correspondientes a la encina (PcQr.t) como a la coscoja (RlQc.t) en la mayor parte del valle de este río, recorriendo el corazón del Altiplano desde el río Guardal al Jandulilla. La vegetación edafoxerófila es poco significativa en el territorio, con apenas 10 ha en la zona basal de las sierras de Baza y Las Estancias, así como en el entorno del pico Jabalcón. Las series edafoxerófilas de este espacio corresponden a distintas combinaciones de series de la sabina mora (Juniperus phoenicea). Entre las geoseries edafohigrófilas mejor representadas destacan la mediterráneo-iberolevantina meridional semiárida mesohalófila, y la mediterráneo-iberolevantina y bética oriental basófila. Y con escasa extensión la microgeoserie guadiciano-bastetana semiárida hiperhalófila, que define los notables saladares del Altiplano (Tabla 8.3.). Como se verá en el apartado de la vegetación actual, el grado de desarrollo de las comunidades se aleja de la etapa descrita como clímax para las series de vegetación del territorio por Valle et al. (2004). Las formaciones medianamente conservadas de coscojar y encinar, que debieran ser más abundantes en consonancia con la descripción de la vegetación potencial del territorio, ocupan en realidad proporciones muy bajas de superficie. Según el cuerpo teórico de la fitosociología, las comunidades actuales corresponderían a etapas degradativas de las series definidas para el territorio (mapa de vegetación forestal E/1:10.000). A continuación se describen las series de vegetación más representativas del Altiplano para cada tipología. Para ello se han distinguido dos grandes tipos, las series climatófilas y las edafófilas, y dentro de éstas últimas una subdivisión entre edafoxerófilas y edafohigrófilas en función de las características puntuales del medio.

272

Comunidades bióticas y biodiversidad

SERIES CLIMaTÓfILaS

Son aquellas cuya dinámica está regida por los fenómenos hídricos propios del macroclima y que se asientan sobre suelos normales. Como se aprecia en la Tabla 8.3., hay cuatro series significativas para el territorio que se describen a continuación por orden de importancia en el territorio.

Pc-Qr. Serie mesomediterránea, bética, seca-subhúmeda basófila de la encina (Quercus rotundifolia): Paeonio coriaceae-Querceto rotundifoliae S. Faciación típica Esta serie es propia de las zonas mesomediterráneas de la provincia Bética, generalmente bajo ombrotipo seco y sobre suelos ricos en bases. Se localiza de forma discontinua en casi todo el contorno del Altiplano estepario. La comunidad más evolucionada corresponde a un encinar (Paeonio-Quercetum rotundifoliae). Como orla y primera etapa de degradación de estos encinares aparecen los coscojales (Crataego-Quercetum cocciferae) que, en ocasiones, ocupan situaciones más desfavorables como crestas y afloramientos rocosos muy soleados, donde pueden adquirir cierto carácter de comunidad permanente. En zonas soleadas, las orlas están constituidas por retamales (Genisto speciosae-Retametum sphaerocarpae) que se sitúan en suelos de poca pendiente, profundos, bajo ombrotipo estrictamente seco. En zonas con suelos relativamente profundos pero con una acusada xericidad se presentan los espartales (Thymo gracilis-Stipetum tenacissimae, Sideritido funkianae-Stipetum tenacissimae) o lastonares (Helictotricho filifolii- Festucetum scariosae, Festuco scariosae-Helictotrichetum arundani), que proliferan especialmente sobre sustratos de naturaleza margosa. En los medios más degradados y de suelos más pobres y esqueléticos (leptosoles) aparecen romerales y tomillares como Paronychio-Astragaletum tumidi exclusiva del sector Guadiciano-Bacense, y también Siderito incanae-Lavanduletum lanatae, Thymo orospedani-Cistetum clusii, Thymo gracilis-Lavanduletum lanatae y Ulici baetici-Lavanduletum lanatae que presentan una gran variabilidad en la extensión de la serie y son los que le confieren mayor originalidad. Sobre margas y suelos xéricos aparecen comunidades de Anthyllis cytisoides.

Los espartales acompañan a la encina en os ámbitos de mayor xericidad. MY

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

En suelos muy erosionados, donde son frecuentes los afloramientos rocosos se sitúa un pastizal-tomillar (Phlomido-Brachypodietum retusi). Cuando se rotura el matorral, bordes de caminos y pistas forestales, aparecen comunidades de caméfitos nitrófilo-colonizadores (Artemisio glutinosae-Santolinetum canescentis, Andryalo ragusinae-Artemisietum barrelieri). En los claros del matorral y en suelos muy poco evolucionados aparecen pastizales terofíticos efímeros de desarrollo primaveral (Saxifrago-Hornungietum petraeae, Violo demetriae-Jonopsidietum prolongoi). Estos pastizales terofíticos evolucionan por moderado pastoreo hacia los prados subnitrófilos (Medicago-Aegilopetum geniculatae, Aegilopo geniculatae-Stipetum capensis), si bien cuando el redileo se hace constante tienden a transformarse en majadales calcícolas (Poo bulbosae-Astragaletum sesamei). En el territorio giennense del Altiplano aparece una faciación termófila de esta serie (Pc-Qr.t.; Tabla 8.3.). Esta faciación es propia del termotipo mesomediterráneo con ombrotipo fundamentalmente seco y se sitúa sobre suelos ricos en bases. Se localiza al oeste del río Jandulilla, en las proximidades de Jódar. La mayoría de la superficie de estudio teóricamente correspondiente a este dominio está actualmente ocupada por cultivos, fundamentalmente olivar y matorral de tipo espartal o lastonar, por lo que apenas se vislumbra la estructura original de este dominio. En esta faciación la serie típica se enriquecería en especies termófilas como: Pistacia lentiscus, Asparagus albus, Smilax aspera, Ephedra fragilis, Olea europea var. sylvestris, Cytisus fontanesii, Bupleurum gibraltaricum y otras. Fisonómicamente, tanto la clímax como las etapas de sustitución son similares a la faciación típica, es decir, la cabeza de serie es un encinar (Paeonio coriaceae-Quercetum rotundifoliae) pero, como ya se ha mencionado, presenta un conjunto de especies termófilas características dentro de la misma. La siguiente etapa de sustitución es un coscojal o lentiscar (Asparago-Rhamnetum oleoidis). Rl-Qc. Serie mesomediterránea semiárida guadiciano-bacense, setabense, valenciano-tarraconense y aragonesa semiárida de la coscoja (Quercus coccifera): Rhamno lycioidis-Querceto cocciferae S. Faciación guadiciano-bacense y almeriense con Ephedra fragilis
En la serie de la coscoja es frecuente su asociación con el pino carrasco, ampliamente representado de forma espontánea. MY

Aparece en Andalucía fundamentalmente en la hoya de Guadix-Baza (distrito Guadiciano-

274

Comunidades bióticas y biodiversidad

Bastetano), donde es la serie de vegetación más extendida, presentándose por debajo de los 900 a 1000 m de altitud. Se adentra en la provincia de Jaén por el valle del Guadiana Menor con altitudes de 600 m y hacia el este penetra por la cuenca del Almanzora en el sector Almeriense. Se presenta en todo el dominio del termotipo mesomediterráneo de ombrotipo semiárido, muy condicionado por el sustrato, que suele estar formado por materiales arcillosos, impermeables y compactos, como son las margas y los yesos, imprimiendo un carácter de xericidad edáfica importante, que se añade a la xericidad climática general existente en la zona. Teóricamente, la etapa madura es un coscojal denso (Rhamno lycioidis-Quercetum cocciferae), formado por especies arbustivas leñosas y a veces enriquecido en pino carrasco (Pinus halepensis) cuando esta formación presenta claros. En las zonas de topografía abrupta aparece un pinar de carrasco muy abierto en el que dominan fundamentalmente gimnospermas, por su alta resistencia ante condiciones de mayor xericidad, mientras que se hacen más raros elementos de requerimientos mayores como la coscoja, lentisco y espino negro (Rhamnus lycioides).

Rl-Qc.t. Serie mesomediterránea semiárida guadiciano-bacense, setabense, valenciano-tarraconense y aragonesa semiárida de la coscoja (Quercus coccifera): Rhamno lycioidis-Querceto cocciferae S. Faciación termófila mesomediterránea inferior con Pistacia lentiscus Esta faciación de la serie anteriormente descrita, se presenta únicamente en el valle del río Guadiana Menor, entre las provincias de Jaén y Granada, abarcando la mayor parte de ésta. Desde el punto de vista dinámico coincide con la faciación típica, pero se diferencia de ésta por la presencia de elementos termófilos como Pistacia lentiscus, Olea europea var. sylvestris, Ononis speciosa, etc., debido a que se sitúa en el horizonte inferior del termotipo mesomediterráneo. Relacionadas con estas formaciones, aparecen comunidades de matorral como retamales (Genisto speciosae-Retametum sphaerocarpae), sobre suelos bien desarrollados o espartales (Sideritido funkianae-Stipetum tenacissimae) en zonas con textura limosa y suelos profundos. Estos espartales tienen gran trascendencia en el paisaje vegetal actual. En los suelos poco compactados, muy xéricos, puede presentarse una comunidad de Anthyllis cytisoides. Sobre suelos salobres, dan paso a los albardinares (Dactylo

El lentisco acompaña a la coscoja en el valle del Guadiana Menor, incluso sobre sustratos ricos en yeso. MY

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

hispanicae-Lygeetum spartii) y en las zonas con menos suelo, a veces con carácter permanente, aparecen romerales (Paronychio-Astragaletum tumidi). Sobre yesos se presenta el romeral gipsícola (Jurineo pinnataeGypsophiletum struthii), que en suelos decapitados da paso al tomillar subnitrófilo de parameras gipsícolas (Artemisio herba-albae-Frankenietum thymifoliae). En las zonas más alteradas por la acción humana aparecen una gran variedad de formaciones de pastizales-eriales (Phlomido lychnitis-Brachypodietum retusi, Plantagini albicantis-Stipetum parviflorae), tomillares nitrófilos (Andryalo ragusinae-Artemisietum barrelieri) y matorrales halonitrófilos (Pegano harmalae-Salsoletum vermiculatae).

Br-Qr. Serie mesomediterránea castellano-maestrazgo-manchega y aragonesa de la encina (Quercus rotundifolia): Bupleuro rigidi-Querceto rotundifoliae S. Esta serie, propia del sector Manchego, aparece en zonas mesomediterráneas, secas o subhúmedas, de acusada continentalidad, en el norte de las provincias de Granada y Almería. El área de estudio contiene más de la mitad de los territorios de este dominio en Andalucía, desde los Llanos de Orce y Venta Micena hacia Topares y los campos de Bugéjar, mientras que en Almería aparece hasta Chirivel. Esta serie está muy desdibujada, las zonas en las que potencialmente podría aparecer han estado dedicadas tradicionalmente a los cultivos de secano, cereal y almendro fundamentalmente, por lo que su delimitación se ha hecho en base a la presencia de numerosas especies castellano-maestrazgo-manchegas que se presentan en estos territorios, caso de Thymus vulgaris, Thymus membranaceus, Sideritis leucantha subsp. bourgaeana, Vella pseudocytisus, Onobrychis pedicularis, Onosma tricerosperma subsp. tricerosperma, Santolina chamaecyparisus subsp. squarrosa. La formación potencial es un encinar (Bupleuro rigidi-Quercetum rotundifoli), que en algunas ocasiones puede dejar paso, de forma esporádica, a pinares edáficos sobre margas (comunidad de Pinus halepensis) o a sabinares topográficos en los distintos afloramientos de roquedos calizos que existen diseminados por el territorio, siendo en la mayoría de los casos imposible su separación por constituir un mosaico donde la encina ocupa micronichos más favorecidos. Entre los matorrales, destacan los retamales (Genisto scorpii-Retametum sphaerocarpae), por su originalidad los romerales (Paronychio aretioides-Astragaletum tumidi) y alternando con ellos, sobre suelos algo más limosos y/o arcillosos, los espartales (Helictotricho filifolii-Stipetum tenacissimae). Constituyendo una etapa de degradación muy avanzada de los encinares manchegos aparece un tomillar (Helianthemo rotundifolii-Thymetum membranacei) y en suelos muy erosionados, en ocasiones como etapa primocolonizadora en lapiaces y grietas de rocas horizontales, se presenta el yesqueral (Phlomido lychnitidisBrachypodietum retusi). Por último, en zonas de cultivos abandonados o con alteración de los horizonates edáficos (márgenes de carreteras, pistas forestales, etc.) es frecuente el tomillar nitrófilo (Plantagini sempervirentis-Santolinetum squarrosae), y donde concurren acúmulos de sales y cierta hidromorfía, un albardinar (Dactylo hispanicae-Lygeetum spartii).

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Comunidades bióticas y biodiversidad

Tabla 8.3. Distribución de las series de vegetación
SERIES CLIMATÓFILAS SUP. (ha) %

Pc-Qr Pc-Qr.t Rl-Qc

Serie mesomediterránea, bética, seca-subhúmeda basófila de la encina (Quercus rotundifolia): Paeonio coriaceae-Querceto rotundifoliae S. Faciación típica. Serie mesomediterránea, bética, seca subhúmeda basófila de la encina (Quercus rotundifolia): Paeonio coriaceae-Querceto rotundifoliae S. Faciación termófila bética con Pistacia lentiscus. Serie mesomediterránea semiárida guadiciano-bacense, setabense, valenciano-tarraconense y aragonesa de la coscoja (Quercus coccifera): Rhamno lycioidis-Querceto cocciferae S. Faciación guadiciano-bacense y almeriense con Ephedra fragilis. Serie mesomediterránea semiárida guadiciano-bacense, setabense, valenciano-tarraconense y aragonesa de la coscoja (Quercus coccifera): Rhamno lycioidis-Querceto cocciferae S. Faciación termófila mesomediterránea inferior con Pistacia lentiscus. Serie mesomediterránea castellano-maestrazgo-manchega y aragonesa de la encina (Quercus rotundifolia): Bupleuro rigidi-Querceto rotundifoliae S. Serie supramediterránea bética basófila seca-subhúmeda de la encina (Quercus rotundifolia): Berberido hispanicae-Querceto rotundifoliae S.

183.020,36 1.843,81 153.459,52

37,71 0,38 31,62

Rl-Qc.t

53.771,19

11,08

Br-Qr Bh-Qr Otros Ad-Qr.m Bg-Pl.w Bg-Pl Ad-Qr.s

78.434,92 3.514,68 10.296,67

16,16 0,72 2,12 1,83 0,18 0,10 0,00

Serie supra-mesomediterránea filábrica y nevadense silicícola de la encina (Quercus rotundifolia): Adenocarpo decorticantis-Querceto rotundifoliae S. Faciación mesomediterránea con Retama sphaerocarpa. Serie termo-mesomediterránea alpujarreño-gadorense, filábrico-nevadense y almeriense, semiárido-seca del lentisco (Pistacia lentiscus): Bupleuro gibraltarici-Pistacieto lentisci S. Faciación con Salsola webbi. Serie termo-mesomediterránea alpujarreño-gadorense, filábrico-nevadense y almeriense, semiárido-seca del lentisco (Pistacia lentiscus): Bupleuro gibraltarici-Pistacieto lentisci S. Faciación típica. Serie supra-mesomediterránea filábrica y nevadense malacitano-almijarense y alpujarreño-gadorense silicícola de la encina (Quercus rotundifolia): Adenocarpo decorticantis-Querceto rotundifoliae S. Faciación típica supramediterránea.

8.902,04 889,31 503,21 2,11

TOTAL

484.341,15

99,80

En el extremo nororiental del territorio, el encinar potencial corresponde a la serie castellano-maestrazgo-manchega y aragonesa, si bien, debido a la profundidad y aptitud del suelo, éste ha sido históricamente roturado a tierras de labor. En la imagen encinas relictas sobre labores en María. JMD

277

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

SERIES EDAFOxERÓFILAS

SUP. (ha)

%

Pc-Qr+Rl-Jp

Serie mesomediterránea, bética, seca-subhúmeda basófila de la encina (Quercus rotundifolia): Paeonio coriaceae-Querceto rotundifoliae S. Faciación típica. Serie edafoxerófila castellano-maestrazgo-manchega y bética nororiental sobre calizas duras de la sabina mora (Juniperus phoenicea): Rhamno lycioidis-Junipereto phoeniceae S.

548,64

0,11

Pc-Qr+Rm-Jp.m

Serie mesomediterránea, bética, seca-subhúmeda basófila de la encina (Quercus rotundifolia): Paeonio coriaceae-Querceto rotundifoliae S. Faciación típica. Serie edafoxerófila meso-supramediterránea malacitano-almijarense, guacidiano-bacense, rondeña y subbética basófila de la sabina mora (Juniperus phoenicea): Rhamno myrtifoliae-Junipereto phoeniceae S. Faciación mesomediterránea.

125,06

0,03

Rm-p.m

Serie edafoxerófila meso-supramediterránea malacitano-almijarense, guacidiano-bacense, rondeña y subbética basófila de la sabina mora (Juniperus phoenicea): Rhamno myrtifoliae-Junipereto phoeniceae S. Faciación mesomediterránea. Serie edafoxerófila castellano-maestrazgo-manchega y bética nororiental sobre calizas duras de la sabina mora (Juniperus phoenicea): Rhamno lycioidis-Junipereto phoeniceae S.

11,35

0,00

Br-Qr+Rl-Jp

129,63

0,03

TOTAL

814,67

0,17

Fuente: Valle et al., 2004.

SERIES EdafoxERÓfILaS Constituyen las series edafoxerófilas aquellas que obedecen a condiciones ecológicas concretas del suelo en una localidad puntual más que al macroclima imperante en la zona, y por ello dependen de unas condiciones de especial xericidad. Este tipo de series suponen un porcentaje ínfimo en relación a las climatófilas y se emplazan en el entorno del cerro Jabalcón y las zonas basales de las montañas que circundan al Altiplano.

Formaciones de sabina mora. Consejería de Medio Ambiente

278

Comunidades bióticas y biodiversidad

Rm-Jp.m. Serie edafoxerófila meso-supramediterránea malacitano-almijarense, guacidiano-bacense, rondeña y subbética basófila de la sabina mora (Juniperus phoenicea): Rhamno myrtifoliae-Junipereto phoeniceae S. Faciación mesomediterránea. Se localiza, con cierta extensión, en el sector Guadiciano Bacense, en zonas montañosas de materiales calizos o dolomíticos, bajo termotipo meso y supramediterráneo, como las sierras de Baza y Las Estancias. En el Altiplano aparece tan solo de forma testimonial (11,35 ha) en la zona basal de las citadas sierras. Esta faciación aparece entremezclada con las series de los encinares basófilos, y en ella domina, casi exclusivamente, el pino carrasco. La comunidad más evolucionada corresponde a un pinar (Rhamno myrtifolii- Juniperetum phoeniceae) generalmente abierto, donde domina el pino carrasco. Los matorrales y pastizales de sus claros son romerales (Thymo orospedani–Cistetum clusii, Siderito incanae-Lavanduletum lanatae), tomillares (Thymo granatensis–Arenarietum tomentosae) o espartales (Thymo gracilis-Stipetum tenacissimae).

SERIES EdafoHIGRÓfILaS Las series de vegetación edafohigrófilas surgen también como consecuencia de condiciones edáficas y microclimáticas, en este caso desarrolladas sobre suelos con un aporte hídrico adicional como ocurre con los cursos de agua. Las comunidades vegetales edafohigrófilas, tanto las propias de cursos de agua como las de zonas húmedas estancadas, se encuentran particularmente alteradas por la acción antrópica. Este hecho dificulta dilucidar la vegetación original en torno a los ríos y arroyos. Las series riparias de mayor extensión en la zona corresponden a las dos geoseries de distribución iberolevantina (EH 11 y EH 8, Tabla 8.4.). La primera, de carácter mesohalófilo, ocupa sobre todo la hoya de Baza y la segunda, de carácter basófilo, la de Guadix. Se describen para la zona otras tres geoseries (EH5, EH4a, EH15), de menor relevancia por su menor extensión y por ser más bien propias de algunos sistemas montañosos que circundan la zona, adentrándose solo puntualmente en las zonas periféricas del Altiplano. En cuanto a las series de carácter poligonal o superficial, destaca la presencia de una microgeoserie de

Bosquete en galería en el río Guadiana Menor. MY

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

mayor extensión en el área de estudio que el resto de esta tipología y endémica del distrito biogeográfico Guadiciano-Bastetano (sector Guadiciano-Bacense). Dicha serie (EH12) aparece en zonas con afloramientos salinos y alberga comunidades de notable originalidad e importancia tanto en el contexto del Altiplano como fuera de éste. Su relevancia será descrita más adelante, cuando se refieran los hábitats de interés comunitario (apartado 8.2.). Muy puntualmente cabe citar otras dos geoseries que se presentan en la periferia del área de estudio, concretamente en el valle del Almanzora (Serón); una de carácter basófilo ya descrita (EH8) y otra propia del sector almeriense (EH 18), aunque no se entra en más detalles por su escasa representación en el territorio (Tabla 8.4.). Se describen a continuación cada una de las geoseries de mayor presencia en la zona, ordenadas en función de la extensión que ocupan en el territorio y en su caso las series concatenadas que las integran.
Tabla 8.4. Series de vegetación edafohigrófilas
ZONAS HÚMEDAS ESTANCADAS SUP. (ha) %

EH8 EH18 EH12*

Geoserie edafohigrófila mesomediterránea mediterráneo-iberolevantina y bética oriental basófila. Geoserie edafohigrófila termomediterránea murciano-almeriense y mulullense basófila. Microgeoserie edafohigrófila mesomediterránea guadiciano-bastetana semiárida hiperhalófila.

122,41 10,49 975,68

0,03 0,00 0,20

TOTAL

132,91

0,03

CURSOS DE AGUA

SUP. (ha)

%

EH11 EH8 EH5 EH4a EH15

Geoserie edafohigrófila mesomediterránea mediterráneo-iberolevantina meridional semiárida mesohalófila Geoserie edafohigrófila mesomediterránea mediterráneo-iberolevantina y bética oriental basófila Geoserie edafohigrófila supramediterránea ibérica basófila. Geoserie edafohigrófila supra-mesomediterránea nevadense silicícola. Faciación típica supramediterránea Geoserie edafohigrófila meso-termomediterránea ibérica sobre aluviones inestables basófila

500.503,40 215.723,28 53.943,36 23.855,99 9.929,30

62,26 26,83 6,71 2,97 1,24

TOTAL

803.955,32 100,00
Fuente: Valle et al., 2004.

Geoserie edafohigrófila mesomediterránea mediterráneo-iberolevantina meridional semiárida mesohalófila (EH11) Esta serie se distribuye por la mitad occidental del Altiplano y se extiende hacia el sur de la comarca de Baza. Se da bajo termotipo mesomediterráneo y termomediterráneo, con ombrotipo semiárido, por lo que está bien representada en el territorio. Aparece en arroyos de caudal muy fluctuante, sobre sustratos sedimentarios ricos en sales, que le confieren un carácter mesohalófilo.

280

Comunidades bióticas y biodiversidad

Series y fitocenosis principales: La primera banda, en contacto directo con las aguas de curso lento y poco oxigenadas, está constituida por la serie Typho -Schoenoplecteto glauci S. Está encabezada por los espadañales Typho angustifoliae-Schoenoplectetum glauci, aunque en ramblas con sequía esta primera banda está ausente. Destacan también comunidades de juncial halófilo, que en general están bien conservadas, juncales helofíticos, juncales enanos de Cyperetum distachyi, bastante raros en Andalucía, y berredas. En la segunda banda de vegetación (Agrostio-Tamariceto canariensis suaedetoso verae sigmetosum.), la cabeza de serie corresponde a los tarayales mesohalófilos de la subasociación Agrostio stoloniferae-Tamaricetum canariensis subas. Suaedetosum verae, los cuales en muy puntuales ocasiones se sustituyen por arbustedas termófilas denominadas alocales (Vinco majoris-Viticetum agni-casti). En otras ocasiones, la presencia de un alto grado de termicidad y suelos rocosos propicia la aparición de adelfares halófilos de la asociación Limonio delicatuli-Nerietum oleandri. La vegetación exoserial corresponde a formaciones hidrofíticas algales (Charetum vulgaris), junto con otras plantas vasculares sumergidas, adaptadas a la salinidad como las comunidades de Zannichellia contorta.

Geoserie edafohigrófila mesomediterránea mediterráneo-iberolevantina y bética oriental basófila (EH8) Esta geoserie se presenta principalmente en la zona más oriental, tanto con carácter lineal como poligonal. Aparece en niveles medios y bajos de ríos bajo termótipo mesomediterráneo, con caudal permanente aunque con fuertes estiajes. Está muy extendida en el territorio andaluz oriental debido a la abundancia de cursos de agua sobre sustratos básicos en este termotipo, aunque se halla muy deteriorada, siendo difícil actualmente encontrar formaciones naturales de choperas blancas u olmedas de gran extensión. La primera banda de vegetación es una sauceda de escasa altura dominada por Salix neotricha, y la segunda banda está encabezada por las choperas blancas de Populus alba. Potencialmente existe una tercera banda, generalmente destruida por la actividad agrícola, que se correspondería a las olmedas de Ulmus minor.

Microgeoserie edafohigrófila mesomediterránea guadiciano-bastetana semiárida hiperhalófila (EH12) Esta microgeoserie, endémica del Altiplano, aparece en cubetas de carácter endorreico en las que se produce una importante acumulación de sulfatos (yesos), que se inundan en invierno-primavera y se secan en el verano, apareciendo entonces una capa de eflorescencias salinas. Se trata de un tipo de vegetación confinada a determinados lugares de la depresión de Baza (Galera, entorno del río de Baza, saladares de El Margen de Cúllar y otros enclaves menores) que se encuentran amenazados por el drenaje de los humedales con fines agrícolas, el exceso de pastoreo y otros factores adversos. Su reducida superficie, así como la alta tasa de elementos endémicos y amenazados, demanda actuaciones de protección, conservación y restauración de estas comunidades (Lendínez et al. 2004, Valle et al. 2004).

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

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Comunidades bióticas y biodiversidad

Series de vegetación potencial, climatófilas, edafoxerófilas y edafohigrófilas
SERIES EDAFOhIgRóFILAS EH4a EH5 EH8 EH11 EH15 EH18 EH12 EH8

SERIES CLIMATóFILAS Pc - Qr Pc - Qr.t RI - Qc RI - Qc.t Br - Qr Bh - Qr Otras (Bg - PI, Bg - PI.w, Ad - Qr.s, Ad - Qr.m

SERIES EDAFOxERóFILAS Br - Qr + RI -Jp Pc - Qr + RI - Jp Pc - Qr + Rm -Jp.m Rm - Jp.m

Escala 1:400.000

Fuente: Mapa de series de vegetación. Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía, 2005

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

La vegetación que aparece sobre este tipo de sustratos fuertemente salinos apenas desarrolla porte arbustivo, quedando el límite superior representado por tarayales hiperhalófilos. Las distintas comunidades de vegetación leñosa o herbácea no se sitúan en bandas como sería propio de la vegetación edafohigrófila, sino que se disponen en función de la salinidad del suelo. En cubetas con acumulación temporal de agua, se pueden establecer juncales halófilos de la asociación Caro-Juncetum maritimi, cercados a continuación por juncales-praderas halófilas de Centaureo dracunculifoliae-Dorycnietum gracilis. En estas mismas condiciones pueden encontrarse juncales negros halófilos de la asociación Schoeno nigricantis-Plantaginetum maritimae. En ambientes de mayor sequedad y salinidad, aparecen los llamados sapinares, unos matorrales halófilos de la asociación Cistancho phelypaeae-Arthrocnemetum fruticosi, que en situaciones de mayor grado de salinidad aparece como variante con Arthrocnemum macrostachyum. En biotopos contiguos, envolviendo a los sapinares se pueden encontrar las praderas halófilas de la subasociación endémica del distrito guadiciano-bastetano Limonio delicatuli-Gypsophiletum tomentosae subas. limonietosum maji, dominadas por saladillos (Limonium spp.). Las comunidades exoseriales que aparecen en esta geoserie son escasas. Entre ellas cabe citar las de terófitos adaptados a la salinidad y de fenología primaveral, caso de la comunidad de Sphenopus divaricatus y Campanula fastigiata, o bien estival como Microcnemetum coralloidis.

Saladar de El Margen, Cúllar. FMB

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Comunidades bióticas y biodiversidad

8.1.2. Vegetación actual
Tal y como se describió previamente en el capítulo 5, la gestión cultural del medio ha ido modelando unos nuevos paisajes vegetales sobre la base de aquellos preexistentes en el Altiplano. Los principales usos humanos que modificaron históricamente las formaciones vegetales naturales fueron la agricultura y la ganadería, pero también otros tales como el carboneo, la saca de leña, la minería o, más recientemente, las plantaciones forestales. La mayor parte de estas actuaciones, ancestrales y comunes a la práctica totalidad de la cuenca Mediterránea, bien pudo tener en el Altiplano una incidencia e irreversibilidad mayor que en otros territorios, debido a su carácter semiárido y limitado también por una notable continentalidad. Ello ha provocado la expansión histórica del paisaje vegetal estepario (p.e. Carrilero et al., 2004; Carrión et al., 2007), tanto en lo que respecta a la vegetación natural como al principal cultivo, el cereal en secano, también sustancialmente estépico. En general, la vegetación silvestre predomina en las zonas interiores del Altiplano, coincidiendo en gran medida con los relieves más inestables y menos aptos para el cultivo, situados en la zona central, mientras que los cultivos se distribuyen por toda su periferia, mayoritariamente en la base de las sierras limítrofes, ocupando en buena parte los dominios del encinar, con mejor aptitud agrícola. En este contexto mayoritariamente estepario y semiárido, cobran especial protagonismo los espartales y lastonares, así como varias formaciones de matorral más o menos ralo. Junto a ellos, como principales formaciones arboladas, destacan los pinares de pino carrasco, la mayor parte con origen en reciente plantación, así como el encinar, por lo general en estructura adehesada, y los sotos arbolados, dispuestos linealmente a lo largo de las riberas de los principales cursos de agua. Además, el Altiplano alberga una serie de formaciones, que si bien ocupan localidades puntuales y superficies menores, son de gran importancia por su singularidad. Su área de distribución relativamente pequeña y su composición florística las hacen destacables a nivel ibérico y en el contexto europeo. Tal originalidad se encuentra avalada por su consideración como hábitat de interés comunitario (Directiva 92/43/CEE)2. Entre ellas destacan las comunidades de saladares, la vegetación gipsófila y determinadas formaciones encabezadas por los géneros Juniperus o Tamarix.

dESCRIPCIÓn dEL PaISaJE VEGETaL La descripción de las principales formaciones de vegetación actual se ha realizado tomando como base la cartografía temática disponible sobre vegetación y usos del suelo de la Junta de Andalucía. Para ello se ha hecho una primera distinción en función del carácter agrícola o forestal del espacio, y a partir de ahí diferenciando una serie de unidades de vegetación natural. En este apartado se abordará exclusivamente la superficie forestal, tratando posteriormente los cultivos (apartado 12.1.1.) y la evolución en los usos del suelo (10). El establecimiento de las clases principales se ha realizado a partir del mapa de vegetación de Andalucía E/1:400.000, con ciertas variaciones en función de las características concretas del territorio y la información de detalle disponible (véase información cartográfica). De esta manera se han agregado una serie de nuevas unidades con objeto de caracterizar mejor determinados aspectos relevantes de la vegetación del territorio.
2

directiva 92/43/CEE del Consejo, de 21 de mayo de 1992, relativa a la conservación de los hábitats naturales y de fauna y flora silvestres

285

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Para la descripción de la vegetación natural, se ha tenido en cuenta la información del mapa de usos y coberturas E/1:25.000 y la cartografía de la superficie forestal E/1:10.000, realizada para la mayor parte de la superficie en estudio. Se tratarán aquí los aspectos más relevantes de la vegetación forestal del Altiplano, según la cual se ha tipificado un total de 23 unidades de vegetación forestal, algunas de las cuales se omiten en el texto por su escasa representatividad en el territorio. Para su descripción se han agrupado en 18 clases reunidas en tres grandes grupos según su estructura, fisonomía y ecología, distinguiendo entre arbóreas, no arbóreas y otras comunidades como las riparias, acuáticas, formaciones de roquedos o saladares, e incluyendo también las procedentes de repoblación. En segundo lugar, se ha estimado procedente considerar subunidades dentro de alguna de las anteriores, en función de la composición florística y especie dominante. Como puede apreciarse en la Tabla 8.5. las formaciones que ocupan mayor extensión en el territorio son el matorral en sentido amplio y los pastizales de alto porte (estepas y lastonares), que se traducen para el territorio como espartal y albardinal, seguidos de las formaciones de coníferas naturales o procedentes de repoblación, prácticamente todas de pino carrasco, y el encinar abierto.
Tabla 8.5. Principales formaciones de vegetación actual
VEGETACIÓN DOMINANTE SUP. (ha) %

Cultivos agrícolas Estepas y lastonares Pinares de carrasco Matorrales calcícolas Encinar Tomillares, romerales y cantuesales Retamales y otros matorrales retamoides Mezcla de frondosas y coníferas garriga degradada Otras formaciones vegetales: Galería arbórea y arbustiva Matorrales mixtos Espinares, piornales y aulagares Matorrales halófitos y gipsófilos Roquedos y zonas sin vegetación Superficies de agua Quejigal Sabinares y enebrales Otras formaciones de coníferas Garriga densa / Coscojar Pinus nigra / Pinus halepensis Pinus sylvestris Pinus pinaster Otros pinares
TOTAL ALTIPLANO

256.619 60.968 42.733 31.186 30.591 12.286 8.323 7.339 7.102 28.142 8.137 5.404 5.031 4.273 1.351 1.269 936 671 345 339 207 104 59 16

52,88 12,56 8,81 6,43 6,30 2,53 1,72 1,51 1,46 5,80 1,68 1,11 1,04 0,88 0,28 0,26 0,19 0,14 0,07 0,07 0,04 0,02 0,01 0,00

485.289

100,00

Fuente: Mapa de vegetación natural. E/1:400.000. Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía. 2005. Elaboración propia.

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Comunidades bióticas y biodiversidad

La vegetación de tipo estepario constituye la cubierta vegetal silvestre más abundante en el Altiplano. JH

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

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Comunidades bióticas y biodiversidad

Vegetación actual

Cultivos agrícolas Garriga degradada Matorrales calcícolas Retamales y otros matorrales retamoides Tomillares, romerales y cantuesales Encinar Estepas y lastonares Mezcla de frondosas y coníferas Pinus halepensis Otras formaciones

Escala 1:400.000

Fuente: Mapa de vegetación natural. Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía, 2005

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

foRMaCIonES aRBÓREaS Pinares de pino carrasco De las formaciones arbóreas del territorio la más abundante es la encabezada por el pino carrasco (Pinus halepensis); especie ampliamente distribuida por todo el ámbito mediterráneo, desde el nivel del mar hasta los 1.600 m de altitud en algunas localidades. Bajo condiciones climáticas semiáridas, presenta un desarrollo moderado, apareciendo más bien disperso sobre un estrato arbustivo de densidad variable, sin conformar estructura de bosque cerrado. Así, las formaciones de pino carrasco constituyen en el territorio, masas de estructura y densidad variable, muchas veces con fisonomía adehesada, como en parte de las Dehesas del Guadiana en Jaén o de Castilléjar en Granada. Es frecuente también encontrar zonas de matorral con pies dispersos de pino carrasco, dispuestos sobre medios inestables de considerable pendiente como los badlands. En el Altiplano, se asientan fundamentalmente sobre terrenos margosos, aunque también sobre calizos y arcillosos, entre los 600 y 1.100 metros de altitud. Entre las especies acompañantes pueden encontrarse coscoja (Quercus coccifera), lentisco (Pistacia lentiscus), romero (Rosmarinus officinalis), jara blanca (Cistus albidus) y espino negro (Rhamnus lycioides), o bien gimnospermas de mayor resistencia a la xericidad como la efedra (Ephedra fragilis) o el enebro de miera (Juniperus oxycedrus). Más hacia el valle del Guadiana Menor, el pinar se enriquece en elementos termófilos.

Pinares de pino carrasco en el monte Dehesa del Guadiana, Quesada. MY

290

Comunidades bióticas y biodiversidad

Formaciones espontáneas de pino carrasco sobre laderas del arroyo Salado, en el sureste de Jaén. MY

Desde Sierra Mágina hasta los confines murcianos se extienden bosques de pino carrasco sobre sustratos margosos y yesos. Se trata de pinares aclarados con un sotobosque termófilo rico en especies arbustivas como el lentisco, la sabina mora (Juniperus phoenicea), el enebro de miera, la coscoja o el romero, además caméfitos como la jara blanca, la salvia (Salvia lavandulifolia) o el tomillo morisco (Fumana thymifolia). En ocasiones también aparecen elementos gipsícolas como Ononis tridentata o Helianthemum squamatum. Como especies herbáceas más comunes cabe citar a Stipa tenacissima, Brachypodium retusum y Helictotrichon filifolium. Las principales formaciones se localizan en la zona giennense del Altiplano, distribuidas por los montes públicos del entorno del río Guadiana Menor, así como en las zonas norte y centro de la hoya de Guadix-Baza y hacia el este, en los municipios de María y Vélez Blanco. Hay evidencias de que estas formaciones ocuparon antaño una superficie mayor en determinadas zonas (Rodríguez-Ariza et al., 1996; Costa et al., 1990; López y López, 1998), pero existe controversia acerca de su extensión real. En cualquier caso, el dominio de éste u otro tipo de vegetación es un fenómeno coyuntural dependiente de la escala temporal desde la que se contemple (Herrera, 2005), y sin duda su importancia relativa ha debido oscilar notablemente desde la última glaciación a la actualidad. Ahora bien, tan cierto es que el pino carrasco es autóctono del Altiplano estepario y en general del sureste ibérico, como que esta especie ha supuesto la base, cuando no el único elemento vegetal, sobre el que se han sustentado las plantaciones forestales ejecutadas en el territorio durante las tres últimas décadas (Blanco et al., 1997; Yanes, 2000).

Otros pinares En la periferia del territorio, en las zonas basales de las sierras limítrofes, se localizan muy puntualmente formaciones de pinar de otras especies como Pinus nigra, P. sylvestris o P. pinaster, pero en su conjunto apenas alcanzan 400 ha de superficie.

291

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Formaciones mixtas de coníferas y frondosas En ocasiones se presentan formaciones mixtas con encinas y pinos (1,5% de la superficie), con frecuencia en el dominio del encinar. El pinar se asienta en exposiciones Sur y Este, donde las condiciones edáficas y el relieve sean más desfavorables para el encinar. En determinadas circunstancias ecotonales, ambas formaciones conforman un mosaico. El municipio de Castilléjar alberga zonas que constituyen un buen ejemplo de pinar natural con coscojas y chaparros de cierta extensión y bien conservados.

Encinar Según la cartografía disponible, el área relativa al encinar en sentido amplio ocupa aproximadamente 30.500 ha, lo que supone un 6,3% del territorio. Sin embargo las formaciones actuales medianamente conservadas son escasas en el territorio, tratándose más bien de restos dispersos de esta formación y pies aislados entre comunidades procedentes de su degradación (retamales, coscojares, etc.) o cultivos.

Los encinares actuales del Altiplano se reducen fundamentalmente a formaciones adehesas, destinadas a pastizal o cultivares de cereal. JH

292

Comunidades bióticas y biodiversidad

Se disponen en las zonas periféricas del Altiplano, normalmente entre los 900 y los 1.200 m, sobre materiales de naturaleza margosa o conglomerados. Ocupan las zonas con mejores suelos y generalmente bajo ombroclima seco, motivo por el cual la mayor parte ha sido sustituida por cultivos, al coincidir con las zonas de mejor aptitud agrícola. Presentan una estructura mayoritariamente abierta, de matorral con encinas; aunque variable desde formaciones achaparradas densas a cultivos herbáceos con pies de encina dispersos. Es posible diferenciar dos tipos de encinar en función de la unidad biogeográfica a la que pertenecen (apartado 8.1.1.). Así, la mayor extensión potencial correspondería al encinar bético (serie bética basófila de la encina: Paeonio coriaceae-Querceto rotundifoliae), mientras que la zona manchega albergaría los encinares propios de la serie Bupleuro rigidi-Querceto rotundifoliae, más pobres en especies y que actualmente aparecen aún más desdibujados y sustituidos por cultivos.

Quejigal La presencia de formaciones con Quercus faginea es anecdótica en el territorio, alcanzando apenas 900 ha. Se localizan varios rodales en la parte occidental del ámbito de estudio, fundamentalmente en los municipios granadinos de Guadahortuna y Pedro Martínez, donde las precipitaciones son superiores a la generalidad del territorio.

Ejemplares de quejigo y encina en un lindazo entre labores, Guadahortuna. MY

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Plantación de pino carrasco en las inmediaciones de Guadix. MY

Repoblaciones forestales Mención aparte corresponde a cierta extensión del ámbito de estudio dedicada a plantaciones de especies forestales, realizadas casi todas entre las décadas de los 70 y 90 del pasado siglo, e incluso algunas más recientes. Se trata mayoritariamente de pino carrasco y, en ocasiones puntuales, otras coníferas o encina. No se puede precisar numéricamente la extensión que ocupan debido a que en la cartografía utilizada no aparece diferenciada de las formaciones naturales. Los montes públicos del territorio, adquiridos en su mayoría entre los años 80 y los 90, fueron repoblados total o parcialmente con pino carrasco. A estas repoblaciones se suman las superficies acogidas a las ayudas europeas para la reforestación de tierras agrarias. Éstas suponen para el Altiplano aproximadamente entre 8-9.000 ha. Las repoblaciones en monte público se localizan preferentemente en el entorno del Guadiana Menor y de la hoya de Guadix, aunque también alcanzan los territorios al norte del Altiplano. En ocasiones el porcentaje de marras en estas plantaciones es elevado y su desarrollo general escaso, especialmente en las zonas con condiciones edáficas y climatológicas más adversas, existiendo casos muy llamativos en Galera, Benamaurel, Castilléjar o Guadix. En cualquier caso, estos trabajos, más o menos diluidos por las marras, han incorporado al paisaje vegetal del Altiplano un nuevo modelo de pinares, homogéneos en edad y porte, y mucho más pobres en diversidad de especies que las formaciones naturales que pretendieron emular. En ocasiones, este tipo de plantaciones forestales se acometieron sobre hábitats que hoy son considerados prioritarios por la Unión Europea y que distan de los modernos planteamientos de restauración del medio natural; es, entre otros, el caso de las comunidades de yesos y pastizales subesteparios que sustentan comunidades faunísticas de alto valor ecológico (Sánchez-Piñero et al., 1998).

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Comunidades bióticas y biodiversidad

foRMaCIonES aRBuSTIVaS, MaToRRaL y PaSTIzaL Las formaciones de bajo y medio porte dominan el paisaje vegetal en gran parte del Altiplano, especialmente el matorral y algunos tipos de pastizal muy representativos de este contexto estepario: los espartales y albardinares. Destacan en este contexto determinadas formaciones que, por su originalidad o importancia florística, han sido designadas como de interés comunitario (Directiva 92/43/CEE). Se trata de las comunidades propias de saladares y terrenos yesíferos, que por sus requerimientos ocupan superficies reducidas, así como de pastizales xerofíticos, mucho más abundantes en el territorio (apartado 8.2.). En función de su porte y ecología se diferencian una serie de tipos principales de comunidades arbustivas (coscojar, sabinar y enebral), o de matorral y pastizal. Las comunidades climatófilas más relevantes en la zona son los romerales, tomillares, espartales, albardinales, retamares, lentiscares-coscojares y matorales halonitrófilos.

Coscojar-lentiscar Son formaciones arbustivas dominadas por la coscoja (Quercus coccifera) o más frecuentemente el lentisco (Pistacia lentiscus), que aparecen bajo ombrotipo semiárido. A pesar de que una buena parte del territorio pertenece al dominio teórico del coscojar, las comunidades de coscoja son escasas y aparecen entremezcladas con otras comunidades, sobre todo de espartal. Según la cartografía utilizada, las formaciones densas de coscojar alcanzan unas 300 hectáreas (garriga densa), en ocasiones acompañadas también de encinas. Otras especies acompañantes son la efedra (Ephedra fragilis), el enebro (Juniperus oxycedrus) y el espino negro (Rhamnus lycioidis). Se localizan tanto en la unidad biogeográfica bética como en la manchega, apareciendo variaciones en su composición. Las zonas mejor conservadas y densas se localizan de forma puntual en la zona de Guadix, Alamedilla, Dehesas de Guadix y Guadahortuna. Otros rodales dispersos se presentan en la zona noreste del ámbito (sector Manchego) y de forma discontinua en la fracción giennense (Huesa, Hinojares, Jódar, Quesada).

Sabinares y enebrales Las formaciones de sabinas y enebros representan una gran originalidad en el contexto europeo, ya que sólo en España perviven bosquetes del género Juniperus de cierta entidad (Blanco et al., 1997). Aparte de estar integrados por especies de la familia de las cupresáceas, su peculiaridad radica en una estructura muy abierta, lo que se relaciona con la ocupación de territorios adversos para otras especies arbóreas debido a sus condiciones de continentalidad o xericidad. En esta área, las especies mejor representadas son el enebro de miera (Juniperus oxycedrus) y la sabina mora (J. phoenicea). Por su parte la presencia de sabina albar (Juniperus thurifera), aunque escasa, posee un alto valor ambiental debido a su carácter relicto ya que el Altiplano es una de las pocas zonas de Andalucía donde aparece, suponiendo el enclave más meridional para la especie en la Península. Concretamente, se conoce al menos en los municipios de Alamedilla y Galera, a una altitud de 850-900 m, ocupando laderas expuestas.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Formaciones de sabina mora en el Altiplano almeriense (izqda., Consejería de Medio Ambiente) y notables ejemplares de Juniperus thurifera en la hoya de Guadix (dcha., CPS).

Las comunidades de Juniperus oxycedrus se localizan mayoritariamente en la hoya de Baza y su continuación hacia Almería, especialmente en los municipios de Cúllar y María. Presentan una fisonomía variada, según se acompañen bien de encinas o pinos, bien de cerveral y tomillar. Aparecen comunidades de sabina mora (J. phoenicea) al norte del Altiplano estepario, particularmente en el noroeste, distribuidas por los municipios comprendidos entre Cuevas del Campo, Huéscar y Vélez Blanco. Es la sabina más frecuente en la Península, sin embargo no suele ser abundante, presentándose muchas veces aislada o en rodales poco extensos. Dos de estos taxones, Juniperus thurifera y J. phoenicea, han sido incluidos en la Lista Roja de la Flora Vascular de Andalucía (Cabezudo et al., 2005), en la categoría de vulnerable y casi amenazado, respectivamente.

Retamal y otras formaciones retamoides Son formaciones abiertas pero con cierta relevancia en determinadas zonas. Aparecen sobre suelos profundos, a consecuencia de la degradación del encinar o del abandono de cultivos. Se desarrollan sobre suelos básicos bajo ombroclima seco y semiárido. En ellas prevalece la retama (Retama sphaerocarpa) y otras leguminosas como la hiniesta (Genista cinerea). Tambien puede acompañar la especie Genista scorpius. En aquellas zonas de ombrotipo semiárido tiende a refugiarse en vaguadas y en el lecho de las ramblas.

Romerales y tomillares La cartografía principal empleada distingue entre diversos tipos de matorral bajo (matorrales calcícolas, tomillares, romerales y cantuesales, matorrales halófitos y gipsófilos, etc) que corresponden a distintos tipos

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Comunidades bióticas y biodiversidad

Retamal, Cabra del Santo Cristo. MY

de tomillar o romeral diferenciados en función de su composición florística, fisonomía y especie predominante. Se trata de agrupaciones de escaso porte constituidas principalmente por especies pertenecientes a la familia de las labiadas, en combinación con cistáceas y compuestas. Algunas de estas agrupaciones adquieren gran interés florístico por los destacados endemismos que contienen y la particular corología de algunas de sus especies. En cuanto a los romerales se distinguen dos tipos, los de sustratos básicos bajo ombrotipo seco, pertenecientes a la asociación Thymo gracilis-Cistetum clusii, y los de sustratos yesosos bajo ombrotipo semiárido. Los primeros son muy relevantes por su importancia y originalidad florística, constituyendo un hábitat prioritario de interés comunitario “Vegetación gipsícola ibérica”. Se trata de formaciones fruticosas tipo romeral o tomillar, en las que predominan especies gipsófitas. Pertenecen a la asociación Jurineo-pinnatae-Gypsophiletum struthii, propia del distrito Guadijeño-Baztetano (Peinado et al., 1992), integrada por especies como Gypsophila struthium, Ononis tridentata, Rosmarinus officinalis, Jurinea pinnata, Launea resedifolia, Helianthemum squamatum, Lepidium subulatum, etc. Los depósitos de yesos más valiosos para la conservación de la flora gipsícola se localizan en el sureste ibérico, especialmente en la provincia de Almería (Cerrillo et al., 2002). En el Altiplano, aparte de alguna de estas zonas almerienses destacadas, las principales comunidades de yesos se localizan en la hoya de Baza, distribuidas por Benamaurel, Galera, Castilléjar y Cúllar, donde de forma general aparecen combinadas con espartales o espartales con albardín. También alcanzan cierta extensión en el sureste de Jaén y la hoya de Guadix. Bajo ombrotipo semiárido, aparecen tomillares sobre sustratos no excesivamente yesosos, correspondiente a la asociación Paronychio aretioidis-Astragaletum tumidi. Se trata de una asociación propia de zonas continentalizadas, extendida por las zonas manchegas, que penetra en el distrito Guadiciano-Bastetano. En ella predomina el caméfito espinoso Astragalus clusianus, acompañado de plantas como Helianthemum hirtum y H. cinereum, Fumana thymifolia y F. ericoides, Sideritis funkiana, etc. Una subasociación propia del distrito

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Guadiciano-Baztetano (subas. thymetosum orospedani) (Navarro et al., 2001), que incluye además elementos endémicos como Helianthemum viscidulum subsp. guadicianum. Otro tipo de matorrales son los constituidos por las comunidades de carácter nitrófilo y halófilo, que se instalan sobre suelos ya sea alterados y removidos, ya sea salinos. De estas comunidades se puede hacer mención a los tres tipos de formaciones de tomillar más relevantes, caracterizadas por su carácter nitrófilo, halófilo o la conjunción de ambos factores. Por un lado se presentan los tomillares nitrófilos, de escasa talla y cobertura, pertenecientes a la asociación Salsolo vermiculatae-Artemisietum herbaalbae, denominados sisallares y muy propios de algunas zonas de Aragón, La Mancha y el sureste semiárido español, caracterizadas todas por una cierta continentalidad. Se asientan sobre terrenos removidos a causa de actividades antrópicas como la agricultura o la construcción de infraestructuras, por lo que son frecuentes en cultivos abandonados sustituyendo a las comunidades arvenses ligadas al laboreo continuo. Predominan especies como Artemisia herba-alba, Salsola vermiculata, Halogeton sativus, Peganum harmala, etc.
Romeral con esparto, Purullena. CPS

En cubetas con cierta acumulación de agua aparecen tomillares halófilos, formaciones de menor talla correspondientes a la asociación Artemisio herba-albae-Frankenietum thymifoliae, en los que predomina Frankenia thymifolia (Salazar et al., 2001).

En zonas donde los suelos son arcillosos y presentan una cierta nitrificación e hidromorfía se desarrollan comunidades halonitrófilas, matorrales fruticosos de las asociaciones Atriplicetum glauco halimi y SalsoloSuaedetum verae. Suelen darse en cunetas, bordes de cultivo y vaguadas y predominan especies de la familia Quenopodiáceas (Suaeda vera, S. pruinosa, Salsola oppositifolia, S. vermiculata, Atriplex glauca, A. halimus, Hammada articulata) y Zigofiláceas como Peganum harmala y Zygophyllum fabago, especie ésta de distribución iranoturaniana.

Matorrales espinosos Se agrupan bajo este epígrafe diversos tipos de matorral espinoso de poca relevancia en el territorio, que en su conjunto apenas alcanzan un 1% de la superficie total del Altiplano. Se trata fundamentalmente de aulagares de Genista scorpius y, en menor medida, de espinares encabezados por Crataegus monogyna, entre otras.

Pastizales xerofíticos Entremezclados con romerales y tomillares se presentan diversas especies de gramíneas perennes, sobre todo esparto y albardín, que debido a sus adaptaciones pueden llegar a dominar el paisaje vegetal constituyendo una

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Comunidades bióticas y biodiversidad

de las formaciones homogéneas más genuinamente esteparias de la Península Ibérica (Suárez et al., 1991). La especie más extendida es el esparto, y sus formaciones ocupan extensas áreas en el contexto árido y semiárido en el que se ubican. Otras muchas especies de gramíneas participan en este tipo de comunidades, destacando Brachypodium retusum que en situación de dominancia forma los llamados cerverales, Helictotrichum filifolium, Stipa parviflora, etc. Algunas formaciones de este biotopo se contemplan en la Directiva Hábitat como prioritarias, recogidas en el apartado “zonas subestépicas de gramíneas y anuales del Thero-Brachypodietea”. Estas formaciones corresponden, para el área de estudio, a pastizales xerofíticos de distintas asociaciones vegetales pertenecientes en su mayoría a la clase fitosociológica Lygeo-Stipetea y encabezadas por la gramínea Brachypodium boissieri. La cartografía generada sobre los hábitats de interés comunitario (año 1993) contiene algunas de sus localidades, pero excluye una porción importante de la superficie ocupada por estas comunidades (apartado 8.2.) que se combinan con el espartal y albardinar, tipos de pastizal dominantes en el paisaje del Altiplano.

Espartal Son comunidades graminoides de tipo pastizal, constituidas por hemicriptófitos y geófitos y encabezadas por Stipa tenacissima. Están representadas en el territorio por dos asociaciones según el sustrato sea o no yesoso. La asociación Thymo gracile-Stipetum tenacissimae aparece relegada a las zonas con suelos potentes y de poca consistencia pero sin yesos, generalmente bajo ombrotipo seco. Son más frecuentes los espartales sobre yesos de la asociación Helianthemo squamati-Stipetum tenacissimae, siendo dominante el esparto junto a especies gipsófilas tales como Lepidium subulatum o Helianthemum squamatum. No obstante, cabe resaltar que la extensión del espartal se ha potenciado en el territorio, dado que se cultivaba con fines industriales y artesanales (Servicio Nacional del Esparto, 1951 y 1953).

Espartales en ladera sobre los badlands de Gorafe (izquierda, CPS) y espartal de llanura en Las Quebrás, Jódar (derecha, MY) .

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Los espartales sobre yesos constituyen ecosistemas más frágiles, adaptados a las especiales condiciones del medio, donde juegan un papel relevante en la retención del suelo y en las interacciones ecológicas, y donde generalmente fracasan los intentos de arborización del monte (García-Fuentes et al., 2002).

Albardinal Comunidades también graminoides, presididas en este caso por el albardín (Lygeum spartum), que aparecen sobre sustratos yesosos, pero ocupando generalmente aquellos lugares menos expuestos y de mayor humedad, caso de las vaguadas y el lecho de las ramblas.

oTRaS foRMaCIonES dE InTERéS En EL áREa dE ESTudIo Además de las anteriormente citadas, concurren en la zona otras diversas formaciones de importancia, cuya presencia está ligada a En el Altiplano, el albardín tiende a ocupar zonas de vaguada, ambientes particulares. Se trata, por un lado de la vegetación propia admitiendo suelos ricos en yesos y sales. CPS de roquedos y por otro de aquella desarrollada en zonas húmedas: ríos, ramblas, balsas, saladares y cuencas endorreicas (vegetación edafohigrófila). También se ha querido hacer mención a algunas comunidades de plantas no vasculares desarrolladas en sustratos yesíferos. El medio ribereño constituye una singularidad ambiental y paisajística dentro del territorio en que se desarrolla. Este hecho cobra particular relevancia en contextos semiáridos, donde la magnitud de los cambios con respecto al entorno se acentúa, actuando desde el punto de vista ecológico como una isla de importancia clave tanto para las formas de vida específicas de tal medio como para aquellas otras que, siendo mayoritariamente ajenas al mismo, lo utilizan también como recurso vital. La importancia de la conservación de las formaciones presentes en estos medios radica tanto en su importancia botánica y ecológica, avalada por las numerosas formaciones que han sido contempladas en la normativa europea para la conservación de hábitats naturales, como en su función de mantenimiento de la estabilidad de los cauces y contra la erosión.

Formaciones riparias y otras formaciones edafohigrófilas Se incluyen en este apartado las comunidades más destacables propias de zonas húmedas, distinguiendo, en función de sus requerimientos entre vegetación acuática flotante, vegetación típica de ribera (arbustiva, arbórea o helofítica asociada al borde del cauce) y vegetación halófila continental (saladares). Como variante de particular importancia en la caracterización del paisaje vegetal de este contexto semiárido destacan las ramblas y sus formaciones vegetales asociadas.

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Comunidades bióticas y biodiversidad

La mayor parte de las fitocenosis que integran la vegetación riparia del Altiplano, tienen una distribución más o menos amplia en otras áreas de la Península. Excepcionalmente algunas se restringen a los territorios del sudeste peninsular como las formaciones halófilas de tarayales y adelfares. Entre las formaciones de corología restringida presentes en el territorio resulta de gran interés la microgeoserie hiperhalófila endémica del sector Guadiciano-Bastetano, caracterizada por los endemismos Limonium majus y L. minus (apartado 8.1.1.). La similitud del territorio con otros semiáridos se aprecia en la composición de su flora y vegetación, pues comparte comunidades con territorios aragoneses, o provincias biogeográficas colindantes. Presenta además un conjunto de endemismos ibéricos como Puccinellia caespitosa o Gypsophila tomentosa y, debido a la continentalidad menos acusada del territorio y su conexión con zonas más térmicas, incluye taxones y fitocenosis propias de zonas costeras como Carum foetidum o Centaurea dracunculifolia. Cabe destacar una serie de localidades de mayor interés en cuanto a flora y vegetación endémica, rara y/o amenazada de las zonas húmedas, son los ríos Baza, Cúllar y Salado del Margen (para el sector GuadicianoBastetano); y Guadalentín, Castril, Guardal y Huéscar (Salazar et al., 2001).

Vegetación acuática Entre las comunidades acúaticas más relevantes cabe citar por un lado las formaciones algales presididas por charáceas, y por otro las formaciones de fanerógamas acuáticas, entre las que destacan las comunidades de Zannichellia contorta, que habitan cursos de corriente variable, generalmente someros o bien charcas (Salazar et al., 2002). Esta planta de distribución mediterránea, aparece en la hoya de Baza con cierta frecuencia dentro de su particular ecología, pero dada la escasez de los ambientes que requiere, globalmente puede considerarse escasa, por lo que está incluida en la Lista Roja de la Flora Vascular de Andalucía (Cabezudo et al., 2005).

Vegetación de ribera La vegetación de ribera predominante está formada mayoritariamente por arbustedas, más resistentes que el árbolado a la sequía prolongada, así como por formaciones de helófitos, que por el contrario pueden desaparecer ante determinadas condiciones de sequía, como las de algunas ramblas. Las formaciones riparias arbóreas son pues escasas en el territorio, particularmente en zonas de sustratos fuertemente salinos. Éstas se encuentran más bien en la periferia, en ríos de caudal más constante y están representadas por choperas blancas (Rubio tinctorum-Populetum albae), dispuestas sobre todo en las terrazas aluviales, y saucedas (Salicetum neotrichae). Ahora bien, éstas ultimas suelen ser más bien de porte arbustivo con especies propias de saucedas basófilas como Salix purpurea, S. neotricha, etc., aunque también incluye especies como Populus nigra o Fraxinus angustifolia de forma puntual. Algunas de sus localidades han sido integradas en el conjunto de árboles y arboledas singulares de Andalucía, como los fresnos del “Cortijo el Doctor” en el municipio de Huéscar (Irurita et al., 2003).

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Tarayales en el río Guadiana Menor. JC

Las numerosas ramblas y ríos del área de estudio se hallan pobladas por formaciones arbustivas de la clase Nerio-Tamaricetea. Entre ellas se hallan tarayales subhalófilos dominados por Tamarix gallica y halófilos encabezados por Tamarix canariensis. Más localizados se hallan los adelfares halófilos de la asociación Limonio delicatuli-Nerietum oleandri (Salazar et al., 2001), que aparecen tan solo en algunos barrancos termófilos con cierta salinidad, del piso bioclimático mesomediterráneo inferior. Se presentan en suelos de textura gruesa con nivel freático bajo o aguas de carácter intermitente. A la especie dominante Nerium oleander, le acompañan tarays (Tamarix canariensis y T. africana) y un buen número de especies halófilas (Limonium delicatulum, L. quesadense, Juncus maritimus, J . subulatus y otras). Aparecen también sauzgatillos (Vitex agnus-castus) en localizaciones muy concretas (ríos Guadix y Fardes), y saúcos (Sambucus nigra), como los de la rambla de Chirivel, incluida también en el inventario de árboles y arboledas singulares (Irurita et al., 2003). Son frecuentes las formaciones helofíticas encabezadas por gramíneas, que pueden aparecer como banda de vegetación más interna del cauce o incluso como formaciones únicas en determinadas situaciones. Los más representativos son los espadañales (con Typha domingensis), carrizales (con Phragmites australis), cañaverales (con Arundo donax) y, más puntualmente, los juncales subhalófilos como los de Molino Baico en Baza, dominados por Scirpus holoschoenus y Juncus acutus y acompañados de especies halófilas como Juncus maritimus o J. subulatus. Puntualmente también pueden presentarse zarzales (Rubus spp.).

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Saladares La vegetación de los saladares cobra particular importancia en este contexto, donde presenta numerosas comunidades vegetales de alta singularidad, restringidas a puntos muy concretos del territorio. Esta vegetación no se estructura en bandas sino que se dispone en función de la salinidad del suelo. Las formaciones de saladares del Altiplano corresponden a la microserie de vegetación halófila, endémica del distrito biogeográfico Guadiciano-Bastetano, constituida por 13 comunidades vegetales de saladares, todas incluidas en la Directiva Hábitat bajo el epígrafe de “Estepas salinas mediterráneas”, y con una singular composición florística, integrada por más de medio centenar de taxones halófilos (Lendínez et al., 2004). Entre estas comunidades destacan tres formaciones de praderas y juncales halófilos endémicas de dicha unidad biogeográfica. Se trata de los juncales Caro foetidi-Juncetum maritimi, desarrollados en cubetas endorreicas de inundación temporal; Centaureo dracunculifoliae-Dorycnietum gracilis en ambientes con menor grado de humedad y salinidad, y por último la pradera halófila Limonio delicatuli-Gypsophiletum tomentosae subas. Limonietosum maji dominada por saladillos (Limonium spp.), Gypsophila tomentosa, y dos elementos exclusivos de los saladares bastetanos, Limonium majus y L. minus. Estas praderas de saladillos son de carácter prioritario en la mencionada Directiva. Tal normativa recoge también, aunque no con carácter prioritario, los juncales negros de la asociación Schoeno nigricantisPlantaginetum maritimae, presentes tanto en la zona de estudio como en territorios aragoneses y manchegos, tratándose de comunidades de bajo porte desarrolladas sobre suelos salobres húmedos y conformadas por especies como Plantago maritima o Sonchus crassifolius. En las orillas de cursos de agua salina se desarrollan gramales halófilos del Puccinellietum caespitosae, comunidad descrita para los territorios manchegos con irradiaciones hacia los territorios béticos del ámbito de estudio. En cubetas endorreicas salinas se pueden hallar formaciones de plantas suculentas, ya sean caméfitos dominados por Salicornia fruticosa, o bien terófitos suculentos de la asociación Microcnemetum coralloides, fitocenosis de gran valor botánico (Directiva 92/43/CEE) y muy escasa en el territorio. A pesar de la escasa superficie ocupada por los saladares más importantes en el Altiplano, apenas 200 ha (Lendínez et al., 2004), es muy significativa la cantidad de especies halófilas que acoge, algunas de ellas extremadamente raras. Resaltan los dos endemismos locales ya citados (Limonium minus y L. majus), y numerosos endemismos iberonorteafricanos e ibéricos como Centaurea dracunculifolia, Carum foetidum, Elymus curvifolius,

Saladar de Molino Baico, Baza. CPS

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Puccinellia caespitosa, Sonchus crassifolius, taxones todos incluidos en la Lista Roja de la Flora Vascular de Andalucía (Cabezudo et al., 2005). Esta vegetación halófila, que en ocasiones incluye también cierta cantidad de yesos, está principalmente representada en cuatro enclaves: las proximidades del río Baza, Galera, Venta del Peral y arroyo Salado de El Margen.

Comunidades de roquedos Este tipo de comunidades escasea en el territorio, donde dominan los materiales geológicos de depósito. Sin embargo se presentan en algunos lugares puntuales, entre los que destaca el pico Jabalcón, monte isla de 1.492 m.s.n.m. y naturaleza calizo-dolomítica. En estos roquedos se presenta la especie Centaurea saxifraga, planta exclusiva de este accidente topográfico y catalogada como en peligro de extinción (Cabezudo et al., 2005). Dos asociaciones vegetales destacables son Jasonio glutinosae-Teucrietum rotundifolii y Sarcocapnetum crassifoliae y, hacia la zona nororiental del territorio las comunidades de Hypericion ericoidis, formaciones todas recogidas en la Directiva Hábitats.

Briófitos y comunidades liquénicas de interés Los afloramientos de yeso son importantes, ya se ha referido, en cuanto a la originalidad de su flora vascular, pero también resultan interesantes por sus briófitos y comunidades liquénicas. La flora liquénica de estas zonas es extremadamente original en el contexto europeo, donde tales hábitats son muy escasos (Llimona and Hladun, 2001; Casares-Porcel y Gutiérrez, 2004).

Costras liquénicas sobre suelo margoso, Gorafe. CPS

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Desde el punto de vista florístico, las áreas yesíferas del sureste destacan en el contexto peninsular respecto a su flora y vegetación liquénica. Guerra et al. (1995) resaltan los afloramientos de yesos del sureste peninsular, desde Almería a la depresión de Baza, como refugio de briófitos y líquenes raros y amenazados de extinción. En su trabajo proponen 14 localidades, distribuidas por Almería, Granada, Murcia y Albacete, que debieran ser protegidas para la conservación de estas especies, muchas de ellas afectadas por actividades humanas como extracción de yesos, construcción o agricultura. Entre estas localidades se contemplan dos para el Altiplano estepario: Galera (WG3976) y Benamaurel (WG3069). De todas las comunidades liquénicas gipsícolas, destacan como más conocidas y frecuentes, las que se desarrollan sobre suelos de consistencia terrosa. Estas formaciones caracterizan el paisaje de grandes extensiones, en las zonas áridas de la Península y atenúan la erosión en estos medios. Como elemento quizá más destacable en el Altiplano cabe citar la familia Biatorellaceae, integrada por un cuerpo de especies correspondientes a un sólo género con amplia distribución pero escasamente conocida. Su localidad tipo se localiza en la hoya de Baza y fue descrita a partir de la especie Biatorella fossarum por Hafellner y Casares-Porcel (1992).

8.1.3. Flora: taxones endémicos o amenazados
La diversidad vegetal se puede expresar tanto por la variedad de taxones y formas de vida presentes en un territorio como por el grado de complejidad e integración de sus relaciones al configurar el paisaje vegetal (García et al., 2002). Como indican Mota et al. (2003), la concentración de elementos endémicos y disyuntos es una forma de medir la diversidad genética, y constituye un criterio fundamental para asignar alto valor ambiental a un territorio y justificar su conservación. En el caso del Altiplano, sus peculiares eventos paleogeográficos y sus condicionantes biogeográficos y ecológicos se traducen en una flora no especialmente cuantiosa en lo que respecta al número de especies; pero sí extremadamente original, con abundancia de formas endémicas, especies estenócoras, estirpes evolutivamente aisladas y algunas significativas disyunciones de carácter oriental (mediterráneo iranoturaniana y sáharo-índica).

La fLoRa En EL ConTExTo MEdITERRánEo y MundIaL La riqueza florística de un territorio puede evaluarse en función de la densidad específica areal, por ejemplo como no de especies/10.000 km2. El valor de este parámetro es de 100 o inferior en el ámbito ártico, 1.000 en centroeuropa, 1.500 para los países mediterráneos y entre 2.000-4.000 para las regiones intertropicales. En este contexto, la Península Ibérica destaca como el territorio continental que reúne la mayor diversidad de especies y endemismos de Europa (Medail and Quèzel, 1997; Gómez-Campo, 2002). Según el cálculo avanzado por Blanco (1998), el número de especies y subespecies en el conjunto de España alcanzaría los 8.300 taxones, cifra que otros autores elevan incluso hasta los 9.000. En cualquier caso, pese a la diferencia en

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las cifras en función de la inclusión o no de infrarangos y del caso particular de las Islas Canarias, la realidad es que su riqueza florística destaca en el entorno mediterráneo. La razón de esta diversidad se debe a la alta diversidad local y regional, originada por la amplia gama de condiciones ecológicas y paisajes en espacios relativamente reducidos (Blondel and Aronson, 1995).
Tabla 8.6. Riqueza florística en países mediterráneos PAÍS (AUTOR) No DE ESPECIES

España (E. F. Galiano) Turquía (P.H. Davis) Italia (G.Moggi) Grecia(Greuter y otros) Marruecos (C. Sauvage) Argelia y Túnez (P. Quézel y D. Bounaga) Portugal, Madeira, Azores Francia mediterránea Egipto y Libia (L. Boulos)

c. 7.500 c. 8.000 5.500-6.000 c. 5.500 c. 4.200 c. 3.300 3.117 3.000 2.085
Fuente: Castroviejo, 2002.

El territorio andaluz destaca particularmente, ya que del total de la flora española un 60% se presenta en esta región, que supone tan solo un 15% de la superficie total ibérica. La flora andaluza se estima integrada por unos 4.000 taxones, entre especies y subespecies, mostrándose las provincias orientales como más ricas en especies que las occidentales (Hernández y Clemente, 1994). Estas provincias orientales pertenecen a una de las zonas mediterráneas destacadas como “hotspots” o puntos calientes de biodiversidad, el sureste español (Medail and Quèzel, 1997; Myers et al., 2000). Las causas de tal diversidad se encuentran en la importante variación espacial de las condiciones ecológicas, marcadamente superior en la zona oriental respecto a la occidental.
Tabla 8.7. Riqueza específica aproximada en cada provincia andaluza
PROVINCIAS OCCIDENTALES No ESPECIES PROVINCIAS ORIENTALES No ESPECIES

Córdoba Huelva Sevilla Cádiz

1700 1700 1700 2100

Jaén Málaga Almería Granada

2500 2700 2800 3500
Fuente: Hernández y Clemente, 1994.

La ratio de taxones endémicos del sur de la Península Ibérica es considerablemente más alta que en otras áreas de la región Mediterránea, incluyendo algunas zonas insulares destacables como Sicilia o Córcega. Del conjunto de los 553 taxones endémicos registrados para el sur peninsular, 528 se presentan en Andalucía (Giménez et al.,

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2004), lo que supone un 13% respecto a los 4.000 taxones indicados. De estos taxa, unos 362 son exclusivos de Andalucía (Melendo et al., 2003) y una parte importante se encuentra en los territorios orientales. El Altiplano se encuentra, por tanto, dentro de un ámbito geográfico, el de Andalucía oriental, que destaca por su riqueza florística y su elevado nivel de endemicidad. Ahora bien, debido a que aquí las condiciones del medio físico son más hostiles (capítulo 7) que en la generalidad de Andalucía, su flora no destaca tanto por la cifra total de especies como por su originalidad y por las características adaptativas desarrolladas para habitar en la estepa mediterránea.

Endemismo local, Limoniun alicunense, Villanueva de las Torres. JC

oRIGEn, EVoLuCIÓn y dIVERSIdad dE La fLoRa VaSCuLaR En EL aLTIPLano La flora y vegetación han sufrido profundos cambios a lo largo de la historia evolutiva del territorio. Actualmente, la flora andaluza es el resultado de su coevolución con animales, de los grandes cambios geológicos y climáticos, de la elevación de cadenas montañosas y distribución de las tierras emergidas-sumergidas, y de su posición geográfica y disposición del territorio en que se integra. Los procesos que más han influido en la composición actual de la flora, tanto a nivel del Altiplano como a escala peninsular, han tenido lugar a partir del Mioceno (Periodo Terciario), desde hace unos 20 millones de años (Blanca, 1993). En esta época geológica tiene lugar una continentalización de los climas, que hasta entonces eran predominantemente de tipo tropical-subtropical, y un descenso de las temperaturas que sería preámbulo de los posteriores periodos fríos y glaciaciones del Cuaternario. La confluencia de determinados aspectos biogeográficos con los eventos paleogeográficos acontecidos, ayuda a entender tanto la diversidad de paisajes, como la riqueza florística en cuanto al número de taxones y la variedad de elementos florísticos de Andalucía y el Altiplano.

aSPECToS BIoGEoGRáfICoS MáS RELEVanTES Desde el Cretácico inferior, momento en el que la Península Ibérica queda geográficamente situada en su lugar actual, hace unos 110-135 m.a., los mayores condicionantes biogeográficos sobre la flora regional y del Altiplano han sido:

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Posición en el extremo suroccidental europeo: estos territorios actuaron de frontera entre los dos grandes mundos biogeográficos, Laurasia y Gondwana, que durante mucho tiempo evolucionaron por separado entrando en contacto a mediados de la era terciaria. Debido a su situación geográfica, el mediterráneo se ha comportado como un área de ecotonía, centro de especiación y refugio, donde se mezclaron taxones nuevos y evolutivamente activos con otros relícticos (García et al., 2002). Relativo aislamiento por el efecto peninsular: en la migración de taxones europeos durante las glaciaciones, la Península constituye una zona de relativo aislamiento, debido a que el estrecho de Gibraltar supone una barrera importante, pero semipermeable, sobre todo para las plantas más termófilas, que pudieron atravesarlo aprovechando los periodos glaciares en los que la superficie emergida era mayor debido al descenso del nivel del mar. Choque de las placas africana y europea: este fenómeno es responsable de la orogenia alpina, todavía activa en la cordillera Bética y en el Rif, y originó cambios importantes a nivel climático local, concretamente en Andalucía oriental. Con el levantamiento de las sierras béticas se produjo un efecto barrera en cuanto a las precipitaciones. Este hecho supuso la creación de nuevos biotopos de carácter árido, además de un aislamiento entre poblaciones de especies confinadas en los diferentes núcleos montañosos. Alta diversidad geomorfológica y climática: la riqueza de hábitats existente en el territorio justifica una alta tasa de especiación adaptativa relacionada con los fuertes contrastes litológicos (yesos, dolomías, calizas, pizarras, etc.) y los gradientes ambientales climáticos (continentalidad-mediterraneidad, humedad-aridez, etc.).

fEnÓMEnoS GEoLÓGICoS y CLIMáTICoS En La HISToRIa EVoLuTIVa dEL TERRIToRIo Con MayoR REPERCuSIÓn En La fLoRa Periodo terciario: condiciones de partida Se considera que el clima predominante de estas zonas durante el terciario era relativamente estable, de tipo subtropical, cálido y uniforme, lo que permitió el desarrollo de bosques lluviosos de tipo lauroide o siempreverde con lauráceas, palmeras, helechos tropicales, etc. Asociadas a ellas y dominando en situaciones más septentrionales, se encontraban especies caducifolias y aciculifolias, que alcanzaban casi el Polo Norte. De entonces se han datado ya géneros que forman parte de la flora actual (Pinus, Fagus, Quercus, Corylus, Ulmus, Acer y otros). Este cuerpo de flora, junto a géneros hoy extintos, se distribuía por América y Asia aún no separadas por el estrecho de Bering, conformando la llamada flora artoterciaria, componente principal de la flora actual del reino Holártico. Según Meusel (1969), las especies que actualmente cubren la región Mediterránea se originaron, al menos en parte, a partir de dicha flora por adaptación evolutiva a la sequía (Favarger, 1971).

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Comunidades bióticas y biodiversidad

Hitos principales Al inicio del Mioceno, hace unos 25 m.a., se produce una continentalización del clima y un descenso en las temperaturas. En los bosques mediterráneos de baja altitud comenzaron a entrar elementos más septentrionales de la flora artoterciaria, coincidiendo con la extinción de muchas especies propias de la selva lluviosa. De esta forma, a mediados del Mioceno, el paisaje estaría conformado a baja altitud por bosques subtropicales probablemente de tipo laurisilva, mientras que los antepasados de las especies esclerófilas que hoy ocupan la mayor parte de la región Mediterránea estarían confinados a las zonas más frías y secas. A partir de mediados del Mioceno comienza un periodo de aridez que alcanza su máximo en el Messiniense (6,5-5 m.a.). Se inicia entonces una desecación progresiva del Mediterráneo por pérdida de continuidad con el Atlántico (Figura 8.2.). Simultáneamente, a raíz de la orogenia alpina, tiene lugar la formación de la cordillera Bética y del Rif, debido al empuje de la placa africana sobre la euroasiática. A consecuencia de estos hechos la distribución de las tierras emergidas se modifica, quedando la Península Ibérica conectada al noroeste de África por un puente continental que permite el intercambio de la flora en ambos sentidos. La dirección de intercambio entre la flora de ambos continentes varía en función de la aparición de períodos cálidos o fríos. En los fríos, las especies septentrionales que ya habían alcanzado la Península durante el enfriamiento climático del comienzo del Mioceno, pudieron llegar al Norte de África. En los cálidos, llegan a la Península Ibérica elementos florísticos procedentes de las regiones esteparias del norte de África y suroeste asiático (Greuter, 1970), lo que justifica la existencia en la actualidad de numerosas especies ampliamente distribuidas en dichas zonas que alcanzan sobre todo el sur y sureste peninsular. Tales áreas a un lado y otro del Mediterráneo, ahora disyuntas, fueron continuas en aquella época.
Tabla 8.8. Cronología geológica sintética
ERA PERIODO éPOCA MILLONES DE AÑOS

CENOZOICO

Cuaternario

Holoceno Pleistoceno

0,01 1,7 5 25 38 54 65 225 600 2.600 3.900

Terciario

Neógeno

Plioceno Mioceno

Paleógeno

Oligoceno Eoceno Paleoceno

MESOZOICO PALEOZOICO PROTEROZOICO ARQUEOZOICO

Fuente: Pérez-López y López-Chicano, 1989; Vera, 2004.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

De forma sincrónica a la desecación del Mediterráneo se produce la de los lagos de las depresiones interiores ibéricas, de modo que sus depósitos salinos permiten la expansión del elemento florístico estepario-halófilo con géneros como Suaeda, Gypsophila, Salsola y Microcnemum. Además, tiene lugar la convergencia de la Península Arábiga y Turquía, que permitirían un importante intercambio florístico entre Asia, África y Europa. Se generalizó la aridificación con un clima subtropical de larga estación seca y con ella la expansión de plantas mediterráneo-iranoturánicas como Cynomorium coccineum y saharo-índicas, sobre todo crucíferas, compuestas, quenopodiáceas (Salsola), gramíneas (Stipa), leguminosas (Astragalus), cistáceas, labiadas, cariofiláceas, cupresáceas (Juniperus, Tetraclinis), del género Ephedra y otras. Algunas de estas especies procedentes de regiones esteparias abundan particularmente en las zonas áridas almerienses. Entre ellas se puede mencionar Fagonia cretica, Cistanche phelypaea es una especie parásita típica de zonas Ziziphus lotus, Rosmarinus eriocalix, Ammochloa palaestina o semiáridas del sureste ibérico, Baza. CPS Leysera leyseroides, género este último de particular interés pues casi todas sus especies se distribuyen por el suroeste de África. La flora del Altiplano y sobre todo la de sus vecinas zonas áridas almerienses muestra un fuerte nexo con respecto a la procedente de la región IranoTuraniana, con la que compartió pasado geológico. Al final del Terciario se produce el aislamiento definitivo de Andalucía y África por la reapertura del Estrecho y las posibilidades de intercambio quedarían muy restringidas. A partir de entonces, la flora de ambos continentes comienza a diferenciarse gradualmente, apareciendo nuevas especies a ambos lados.
Figura 8.2. Distribución de tierras emergidas (punteado) en el sur peninsular y norte de África.

Mioceno medio

Mioceno superior

Plioceno superior
Fuente: Blanca, 1993.

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Comunidades bióticas y biodiversidad

Sonchus crassifolius, endemismo ibérico amenazado en los saladares de El Margen, Cúllar. CPS

Por otra parte, las adaptaciones más importantes a la sequía que presentan las plantas denominadas xeromorfas tuvieron su origen por este tiempo hasta finales del Plioceno, debido a la aridez persistente desde el Mioceno. Con posterioridad, las condiciones climáticas no favorecieron cambios importantes en este sentido, pues los periodos cálidos que se sucedieron fueron relativamente cortos y lluviosos. También se sitúa en este momento el origen de muchas plantas de ciclo corto (anuales o terófitos), adaptadas a la sequía pasando la estación desfavorable como semilla. De ellas la flora andaluza presenta un elevado porcentaje, particularmente las zonas más bajas y áridas. Ya casi en el Cuaternario se inician las glaciaciones en el Hemisferio Norte y tienen lugar grandes oscilaciones climáticas, con períodos fríos y generalmente secos frente a otros cálidos y habitualmente húmedos. Fluctuaron los niveles del mar y se alternaron formaciones abiertas y desarboladas-esteparias o de tipo landa, con bosques aciculifolios, planifolios y esclerófilos. Durante los periodos fríos dominaron gramíneas, compuestas, quenopodiáceas, labiadas o rodales de Juniperus, Ephedra y Pinus. En los períodos interglaciares se recuperaron los bosques a partir de refugios en lugares abrigados o próximos a las costas. Las coníferas predominaron en montañas, parameras frías y enclaves áridos, y las formaciones esclerófilas ocuparon las zonas de clima mediterráneo más genuino. Las áreas costeras jugaron un importante papel como refugio tanto de elementos que ahora son endémicos de territorios concretos de escasa extensión, tal es el caso de Rosmarinus tomentosus, Lafuentea rotundifolia y Salsola papillosa, endemismos exclusivos del sureste ibérico y el almeriense Euzomodendron bourgeanum; así como de especies procedentes de zonas esteparias africanas como Forsskaolea tenacissima, Caralluma europaea, Launea arborescens, etc., cuyas únicas localidades en el continente se hallan en el sureste ibérico o exclusivamente en Almería.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

ADAPTACIONES EN LA FLORA DEL ALTIPLANO
Las zonas áridas y semiáridas son ambientes ecológicos donde predominan condiciones físicas de sequedad extrema y reducida cubierta vegetal. En concreto el Altiplano presenta periodos secos prolongados, lluvias irregulares con promedios bajos y temperaturas medias en torno a los 13oC, en ocasiones muy fluctuantes entre el día y la noche, con considerable contraste entre las distintas estaciones, encontrando para el mes de julio máximas absolutas que superan los 35oC (apartado 7.2.). Esta situación repercute en los procesos y estrategias vitales de las diferentes especies adaptadas a vivir en tales condiciones. Las plantas de estos enclaves poseen distintas adaptaciones estructurales y fisiológicas que les permiten tolerar las condiciones del medio: estrés hídrico, temperaturas extremas, salinidad y déficit de nutrientes. En el caso del Altiplano como en otros contextos semiáridos están relacionadas fundamentalmente con la optimización del contenido hídrico y la obtención de agua del suelo, pero también con la tolerancia a determinados tipos de sustratos ricos en sales o yesos que acrecientan más las condiciones extremas. El desarrollo de determinadas adaptaciones fisiológicas y morfológicas permite a las plantas habitar estos ambientes. Las respuestas fisiológicas frente a los distintos estímulos del medio que provocan estrés en la planta, implican la transmisión de una señal interna que promueve determinados cambios celulares en respuesta a tal estímulo. Entre los compuestos responsables de la transmisión de dicha señal se encuentran las fitohormonas, cuya acumulación induce a la síntesis de determinadas proteínas implicadas en la adquisición de tolerancia al daño producido por el agente externo. Entre ellas están la modificación del patrón de crecimiento, la eliminación de órganos envejecidos o dañados, la reducción del potencial hídrico de los tejidos mediante la fabricación de determinados compuestos osmoprotectores, la degradación y reparación de proteínas, así como la síntesis de proteínas protectoras frente al choque térmico o el estrés hídrico. En cuanto a las respuestas morfológicas cabe decir que los distintos factores climáticos inciden sobre las formaciones vegetales, de modo que éstas desarrollan determinadas características fisonómicas que las hacen más aptas para las condiciones del medio. La conjunción de determinadas combinaciones de características resulta en una serie de formas de vida o biotipos (p.e. Raunkiaer, 1934). Entre el abanico de biotipos que componen los ambientes semiáridos destacan en proporción, según Merlo et al. (2004), los terófitos y hemicriptófitos, seguidos por los caméfitos (Tabla 8.9.).

Déficit hídrico
Las estrategias vegetales que permiten mejorar la resistencia al estrés hídrico se reducen básicamente a dos tipos, bien escapar o evitar la sequía, bien resistirla.

Tabla 8.9. Biotipos vegetales
BIOTIPOS CARACTERÍSTICAS

Fanerófitos Caméfitos hemicriptófitos geófitos hidrófitos Terófitos

Yemas a más de 50 cm. del suelo Yemas perdurantes próximas al suelo, entre 10 y 50 cm Yemas perdurantes entre el suelo y 10 cm Yemas bajo el nivel del suelo, la parte aérea desaparece durante periodo desfavorable Yemas quedan en el barro o zonas encharcadas Plantas anuales que pasan el periodo desfavorable en fase de semilla
Fuente: Raunkiaer, 1934.

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Comunidades bióticas y biodiversidad

Algunas plantas evitan la sequía acoplando el ciclo de su vida a los periodos favorables, de manera que el resto del tiempo sólo persisten en forma de semilla (terófitos). En los criptófitos y hemicriptófitos la estrategia es parecida: aunque permanece viva una parte de la planta, sus órganos subterráneos, los cuales responden rápidamente a los estímulos de humedad en el suelo. Los hemicriptófitos desarrollan extensos sistemas radiculares mientras que los criptófitos, por su parte, sobreviven durante los periodos secos en forma de bulbo o rizoma, produciendo hojas y flores únicamente durante el invierno y/o la primavera. Entre los fanerófitos algunos son capaces de escapar al efecto de la sequía gracias a mecanismos muy eficientes para el aprovisionamiento de agua, básicamente raíces profundas capaces de alcanzar la capa freática; es el caso por ejemplo de Retama spherocarpa o Nerium oleander. Otros vegetales poseen la capacidad de vivir con estrés hídrico moderado en los tejidos sin que ello implique disminución del crecimiento. Para ello recurren a la acumulación de agua en hojas o tallos, como en el caso de las plantas suculentas y cactiformes. En el Altiplano se relacionan más bien con plantas de ambientes salinos que desarrollan cierta suculencia sin alcanzar el biotipo cactiforme. Otra manera es mediante el ahorro hídrico, a través de modificaciones estructurales que atañen fundamentalmente a las hojas, ya sea disminuyendo su tamaño, desarrollando cutículas gruesas, disponiendo los estomas hundidos en criptas epidérmicas, generando un indumento denso y normalmente blanquecino para reflejar la luz, o bien dejando caer las hojas durante el periodo seco. Además, también pueden aumentar la resistencia de las raíces para evitar la pérdida de agua y acumular en sus tejidos compuestos orgánicos que reduzcan el potencial hídrico. Asimismo existen plantas cuyas especiales propiedades les confieren tolerancia a la deshidratación, siendo capaces de sobrevivir en intenso estado de estrés hídrico. éstas constituyen el componente más numeroso de la flora perenne de zonas áridas e incluyen ciertos arbustos xerófitos perennes y plantas halófitas, que sufren situaciones de sequía fisiológica. Sus adaptaciones morfológicas y fisiológicas les permiten mantener el crecimiento en condiciones

hídricas muy desfavorables, realizando la fotosíntesis todo el año, incluso en condiciones de extrema sequía. En general, poseen sistemas radiculares muy extensos, tanto en profundidad como en superficie, para optimizar el aprovechamiento de las lluvias. De igual forma presentan modificaciones en las hojas y tallos dirigidas a almacenar agua y sales, como es el caso de distintos elementos de la familia Chenopodiaceae que habitan en saladares, Sarcocornia fruticosa, Arthrocnemum macrostachyum (p.e. Salazar et al., 2002), Microcnemum coralloides y especies de los géneros Atriplex, Salsola o Suaeda. Otro mecanismo es la pérdida de las hojas en la estación desfavorable como le sucede a Anthyllis cytisoides, que pierde las hojas en verano y recurva las ramas protegiendo en su interior las yemas de renuevo. Igualmente pueden desaparecer las hojas por completo o casi, adoptando los tallos la función fotosintética como en el caso de Retama spherocarpa o Genista spp. El enrollamiento del borde de las hojas es otra estrategia para optimizar el contenido de agua, pues crea una microatmósfera propicia alrededor de los estomas que atenúa la

Microcnemum coralloides, un muy escaso terófito típico de ambientes salinos. CPS

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evapotranspiración, caso de Stipa tenacissima. Otro rasgo anatómico es la lignificación de los tejidos que aporta soporte mecánico sin que sea necesaria la turgencia. También es excepcional la capacidad de plantas no vasculares como musgos y líquenes, capaces de secarse completamente durante largo tiempo y rehidratarse en condiciones de humedad, activándose de nuevo. Además de todas estas adaptaciones y de la eficiencia en el uso del agua, la resistencia a la desecación aumenta gracias a la capacidad de los vegetales para generar y acumular sustancias protectoras de las estructuras celulares ante estados de desecación (etileno y otros metabolitos).

mismas y su inclinación natural posibilitan la creación de un microambiente favorable para la hoja y la propia planta (Ramírez et al., 2006). La forma en macolla de la planta proporciona al esparto y también al albardín (Lygeum spartum), una ventaja adaptativa en estos ambientes al reducir la absorción de radiación (Pugnaire and Haase, 1996). La capacidad para plegarse de la hoja de esparto, incluso circadianamente, le permite evitar pérdidas de agua ante situaciones de alto estrés hídrico. Algunos autores inciden sobre la plasticidad y rapidez en la respuesta fisiológica del esparto para adaptarse a los cambios en las condiciones hídricas del medio (Pugnaire and Hasse, 1996). Otras adaptaciones fisiológicas permiten mantener un mayor contenido de humedad en la hoja del esparto, caso de su pared celular rígida y del gran control estomático de las pérdidas hídricas (Maestre et al., 2007). El esparto presenta además un potente sistema radicular concentrado fundamentalmente bajo la macolla. éste constituye la mayor parte de su biomasa y puede alcanzar profundidades superiores a 50 cm, si bien la mayor parte queda situado entre los 10-20 cm de profundidad (Puigdefabregas et al., 1999). Tal circunstancia permite el aprovechamiento de todas las

Un caso particular: Adaptaciones morfo-fisiológicas del esparto
El esparto posee una serie de características morfoestructurales y fisiológicas interrelacionadas que le han permitido colonizar de forma exitosa los ambientes semiáridos mediterráneos. El mantenimiento de las hojas muertas en la mata, la capacidad de arrollamiento de las

Espectacular floración en el espartal de Las Quebrás, Jódar. MY

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precipitaciones, por ínfimas que éstas sean, así como de otros depósitos hídricos superficiales como el rocío (Ramírez et al., 2007). A su vez, la forma de crecimiento típicamente anular de la macolla de esparto, con senescencia de la zona central y expansión radial de la masa foliar, genera un microambiente favorable para el asentamiento y desarrollo de otros pequeños vegetales (Sánchez, 1995). Finalmente, el esparto muestra acusadas diferencias interanuales en la producción de inflorescencias y semillas, coincidiendo por lo general las mayores floraciones con años de alta pluviosidad a final del invierno y principios de la primavera (Haase et al., 1995).

de dos componentes, por un lado la dificultad para compensar los valores tan negativos del potencial hídrico de estos suelos y por otro la toxicidad de determinados iones como el ión cloruro (Cl-) y el ión sodio (Na+), cuya acumulación en los tejidos reduce la tasa fotosintética, induce la pérdida de pigmentos y provoca el envejecimiento y caída de la hoja. Las plantas halófitas presentan modificaciones estructurales y funcionales que incluyen la aparición de suculencia en hojas o tallos, y células capaces de almacenar sales. Tal acumulación permite aumentar la presión osmótica interna y seguir extrayendo agua del medio aunque ésta escasee. Ya se han citado en el apartado sobre el estrés hídrico determinadas quenopodiáceas presentes en el Altiplano que sirven como ejemplo también en este caso. Las plantas más específicamente halófitas, como el género Limonium, soportan elevados niveles de sal, aunque lo más frecuente es la presencia de glándulas en las hojas que excretan el exceso de sales (p.e. Tamarix). A este fin aparecen células y tejidos secretores o estructuras especiales como pelos. El género Atriplex, por ejemplo, acumula la sal en las hojas. La

Altas temperaturas
Las temperaturas extremas provocan, entre otros efectos, la reducción de la tasa de crecimiento vegetal, así como la inhibición de la fotosíntesis y respiración. La mayoría de las plantas ralentiza su fotosíntesis a temperaturas superiores a los 30oC, o incluso los 40oC, pero tan solo muy determinadas plantas xerófitas pueden sobrevivir cuando se superan los 50oC. Y en un medio como el Altiplano, en las horas centrales del día durante los máximos veraniegos, la temperatura superficial del suelo puede acariciar casi los 60oC. Para atenuar el deletéreo efecto de tales temperaturas aparecen adaptaciones como la presencia de hojas estrechas que favorecen la aireación, indumentos blanquecinos que aumenten el albedo vegetal, epidermis brillantes dotadas de ceras o resinas refractarias, etc. La presencia de aceites aromáticos volátiles también contribuye con su evaporación a limitar la pérdida de agua por transpiración y eliminar parte del calor acumulado. Y sobre todo, la mayor parte de los organismos de estos medios responde al aumento de temperatura sintetizando de forma rápida, sustancias que los protegen del choque térmico, por medio de la protección de componentes celulares esenciales como determinadas enzimas y ácidos nucleicos.

Salinidad
La presencia de elevadas concentraciones de sales en el suelo es un factor de estrés muy común en zonas áridas y semiáridas. El estrés salino consta

arthrocnemum macrostachyum. MY

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excreción de sal permite a algunas plantas la fijación de agua de la atmósfera gracias a las propiedades higroscópicas y así el agua puede pasar al interior de las hojas.

Presencia de yesos
Aunque los mecanismos de adaptación vegetal a los sustratos gipsícolas están peor conocidos que en otros sustratos, tal y como apuntan Merlo et al. (1998), existen una serie de argumentos que sugieren adaptaciones muy particulares. Por un lado, los suelos originados a partir de ciertos tipos de rocas provocan fenómenos adaptativos en las plantas ligadas a ellos, que en el caso de las plantas gipsófitas parecen traducirse en suculencia foliar, microfilia y otros rasgos. Por otro, a los afloramientos yesíferos se vincula una flora especial con alto contenido en endemismos, lo que induce a pensar que ésta posee determinadas adaptaciones fisiológicas que, si bien no están bien conocidas, le permiten habitar dichos medios. Según Palacio et al. (2007), las plantas gipsófilas que dominan en estos medios parecen estar específicamente adaptadas a los suelos yesosos, mientras que otra serie de plantas denominadas gipsovagas parecen ser especies tolerantes al estrés derivado de las limitaciones de los suelos que contienen yeso.

desarrollo vegetal, como el nitrógeno o el potasio, lo que puede causar disminución del mismo. Por otra parte, los suelos de medios áridos suelen ser pobres en materia orgánica y, en general, susceptibles a la erosión. Ante tales condiciones, las plantas desarrollan mecanismos para acceder a los nutrientes por medio de su solubilización, por ejemplo variando el pH, o bien los obtienen parasitando otras plantas, estrategia de los hemiparásitos Cistanche phelypaea y Cinomorium coccineum, o estableciendo simbiosis con otros organismos como en el caso de las micorrizas.

Déficit de nutrientes
La carencia de agua en el suelo o el incremento de salinidad ocasionan una reducción de las formas solubles de los elementos minerales esenciales para el

Cinomorium coccineum. JLS

CoMPoSICIÓn dE La fLoRa: ELEMEnToS SInGuLaRES La flora del sureste ibérico es muy rica y típicamente mediterránea, presentando un elevado porcentaje de endemismos. Muestra relaciones con la flora norteafricana, del mediterráneo occidental y otros entornos semiáridos o esteparios de la Península Ibérica. Esta zona ha sido destacada (Medail and Quèzel, 1997 y 1999) por albergar una gran riqueza de flora y de endemoflora, siendo las provincias de Almería y Granada

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las de mayor riqueza florística de la región (Hernández y Clemente, 1994). El Altiplano en particular presenta una elevada proporción de endemismos y plantas singulares. De acuerdo con Giménez et al. (2004), las depresiones semiáridas del sureste peninsular constituyen áreas de gran interés para la conservación de la flora endémica y requieren de políticas de conservación en concordancia con sus peculiares características, formas de vida, modos de dispersión y flora endémica. El componente florístico más ampliamente representado en el Altiplano, al igual que en el conjunto de Andalucía, lo constituyen las especies mediterráneas, que suponen aproximadamente un 75% de la flora, incluyendo elementos florísticos circunmediterráneos (p.e. Pinus nigra), mediterráneo occidental (p.e. Microcnemum coralloides), iberonorteaficano (p.e. Cistanche phelypaea), hispano marroquí (p.e. Loeflingia baetica) e ibérico (p.e. Limonium delicatulum). Específicamente para el Altiplano se puede destacar un componente de menor entidad a nivel regional pero de gran significación geográfica: el elemento estepario de carácter oriental (sáharo-índico e iranoturaniano), que otorga notable originalidad a la flora. Parte de este elemento lo constituyen especies de distribución disyunta (García et al., 2002) como Krascheninikovia ceratoides o bien especies vicariantes de otras presentes en las zonas áridas del cercano oriente como el género Gypsophyla (Gypsophylla struthium-G. perfoliata). El área de estudio en su conjunto reúne flora de seis sectores corológicos pertenecientes a tres provincias biogeográficas diferentes. Los sectores Manchego y Guadiciano-Bacense son los mejor representados en el área, estando incluida en la zona de estudio la mayor parte de este último.
Tabla 8.10. Distribución de las unidades biogeográficas en el área de estudio
PROVINCIA SECTOR SUP. (ha) %

BéTICA guadiciano-Bacense Subbético Nevadense Malacitano-Almijarense CASTELLANO MAESTRAZgO-MANChEgA Manchego MURCIANO-ALMERIENSE Almeriense

405.773 335.863 61.831 6.778 1.300 78.565 78.565 951 951

83,6 69,2 12,7 1,4 0,3 16,2 16,2 0,2 0,2

TOTAL

485.289

100

Fuente: Mapa de unidades biogeográficas. Valle et al., 2004.

Las zonas áridas, especialmente los sustratos yesosos y saladares, concentran una importante cantidad de elementos singulares, entendiendo por ello endemismos y especies relícticas, raras y amenazadas de extinción (Hernández y Clemente, 1994 ).

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En los apartados siguientes se expone una síntesis de los valores florísticos más destacados del territorio agrupando por un lado los taxones endémicos y por otro los de mayor riesgo de extinción según la evaluación en base a criterios UICN, de la Lista Roja de la Flora Vascular de Andalucía (Cabezudo et al., 2005).

fLoRa EndéMICa Como ya se ha referido anteriormente, la mayor importancia de la zona radica en albergar numerosos endemismos tanto paleoendémicos como de más reciente génesis. El primer tipo de endemismos se debe a que la zona de estudio estuvo inmersa, dentro del contexto peninsular, en una zona de confluencia de importantes vías migratorias durante los sucesivos cambios climáticos del Terciario, actuando como refugio de especies relícticas del Terciario durante las glaciaciones del Cuaternario. Como elementos relícticos contenidos en la zona se puede hablar por ejemplo de Microcnemum coralloides o Juniperus thurifera, representativos del componente estepario mediterráneo. Respecto a los neoendemismos es importante resaltar que las áreas de intercambio de floras y las zonas de transición suelen entrañar una mayor riqueza de nuevos endemismos. Otro hecho de interés al respecto es que del aislamiento geográfico, debido a los altos gradientes y condiciones edáficas de estas zonas, cabe esperar la aceleración de los procesos evolutivos (Stebbins and Major, 1965; Mota et al., 2003). Dadas las características del área de estudio y su contexto, es lógico que el territorio posea una extraordinaria importancia como parte de una amplia zona potencial de origen de formación de nuevas especies, uno de los llamados centros de diversidad genética. Además, en relación con las zonas áridas y según autores como Stebbins (1972), las comunidades xerofíticas poseen menos especies, pero el número de comunidades por unidad de área es mayor que en las regiones mesofíticas. Se podría enumerar una larga lista de elementos endémicos de distinto rango corológico, entre los cuales, los más importantes se tratan a continuación como flora amenazada. Por ello, aquí se ponen de manifiesto una serie de endemismos locales ligados al sector biogeográfico Guadiciano–Bacense, los cuales se muestran en la Tabla 8.11.

Vella pseudocytisus ssp. pseudocytisus, un endemismo estepario ibérico. CPS

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Tabla 8.11. Endemismos vegetales exclusivos del área de estudio
TAxONES ENDéMICOS DEL SECTOR GUADICIANO-BACENSE

Arenaria arcuatociliata Centaurea saxifraga* Haplophyllum bastetanum* Helianthemum viscidulum subsp.guadiccianum (H. cinereum subsp. guadiccianum)

Limonium alicunense* Limonium majus Limonium minus Limonium quesadense Sideritis funkiana
Fuente: Rivas-Martínez et al., 1991 y 1997; * otras fuentes.

fLoRa aMEnazada El deterioro progresivo de los ecosistemas puede entrañar la pérdida irreparable de formaciones vegetales únicas y la extinción de algunas de sus especies. En la actualidad, el desarrollo de técnicas para cultivar tierras tradicionalmente improductivas y otros avances tecnológicos han ocasionado el cambio de uso del suelo sobre superficies de cierta entidad, en detrimento de la conservación de importantes valores naturales de determinadas zonas, consideradas, desde el desconocimiento, como áreas de escaso interés incluso ambiental. Es el caso, por ejemplo, de la extensión puntual del cultivo bajo plástico, el drenaje y roturación de tierras para cultivo de hortícolas en saladares, o las plantaciones forestales sobre comunidades gipsícolas. El grado de amenaza o vulnerabilidad a la extinción es uno de los criterios más importantes en la toma de decisiones sobre la conservación de la biodiversidad. Y para planificar qué y cómo debe conservarse de forma prioritaria juegan un papel fundamental las listas de taxones susceptibles de protección. Éstas constituyen un paso previo y necesario, incluso cuando puedan resultar incompletas en función del grado de conocimiento de la flora. En el caso del Altiplano, una evaluación preliminar del territorio sobre la base del conocimiento florístico actual, aún incompleto en algunas zonas, ofrece una primera aproximación a las localidades particularmente interesantes, cuya conservación es más urgente. Las principales causas de índole antrópica que ponen en riesgo la supervivencia de numerosas especies del Altiplano son la transformación del hábitat por causas diversas, contemplando la destrucción y fragmentación de hábitat, la contaminación y modificación de los cursos de agua y los drenajes de saladares para su puesta en cultivo, el pastoreo y la explotación de canteras, particularmente las de yesos, ricas en endemismos. A estos factores se añade el hecho de que, en muchos casos, se trata de poblaciones con pocos individuos y/o distanciadas entre sí, cuya expansión se ve limitada por la fragmentación de su hábitat óptimo. La selección de especies que refleja el presente trabajo se basa principalmente en dos fuentes, por un lado la cartografía 2007 de taxones amenazados elaborada por la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, y por otro la Lista Roja de la Flora Vascular de Andalucía (Cabezudo et al., 2005). De la cartografía se han extraído los taxones presentes en el ámbito de estudio, agrupándose según la categoría de amenaza

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atribuida en la mencionada Lista Roja, con independencia de su nivel de protección legal. También se han incluido algunas localizaciones de elementos de la Lista Roja que aún no han sido incluidos en la cartografía pero cuya presencia ha sido constatada en el área en diversas publicaciones y trabajos de campo. Aparte, se exponen otros taxones contemplados en la cartografía y calificados como “Otras especies de interés para la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía”. El Altiplano muestra un gran elenco de paisajes contrastados y ambientes ecológicos, dentro del contexto general semiárido en que se halla. Por eso, y por su pasado biogeográfico, presenta un número importante de especies particulares con poblaciones muy localizadas. En él tienen cabida un mosaico de llanos, ramblas y dehesas, al que se incorporan elementos como los montes isla calizos, entre los que destaca el cerro Jabalcón, con un taxón exclusivo como es Centaurea saxifraga, o los propios ríos, que en este entorno árido constituyen verdaderas islas para la flora. Pero sobre todo, son los afloramientos salinos, saladares y sustratos yesosos los que aportan numerosos edafismos, adaptados a estas particulares condiciones ligadas al tipo de sustrato. Buena parte de los elementos singulares que acogen estos medios se encuentran amenazados de extinción. Se trata por un lado de taxones más o menos estenócoros, bien exclusivos del territorio como los endemismos locales (Limoniun majus, L minus, L. quesadense, Haplophyllum bastetanum o Centaurea saxifraga), bien de distribución restringida al sureste andaluz (Arenaria arcuatociliata o Sarcocapnos baetica subsp. integrifolia) o a nivel ibérico (Clypeola eriocarpa, Puccinellia caespitosa, Vella pseudocytisus subsp. pseudocytisus). También alberga taxones muy escasos pero de área de distribución más amplia, iberonorteafricana, mediterránea o aún mayor como Krascheninnikovia ceratoides, un elemento común con las estepas del oriente de Europa; algunos de ellos tienen en el Altiplano sus únicas localidades para el territorio andaluz (Microcnemum coralloides) o ibérico (Clypeola eriocarpa). La distribución de los taxones seleccionados será uno de los parámetros implicados posteriormente en la diagnosis y análisis diferencial del territorio en función de su importancia para la conservación de la biodiversidad (capítulo 14), permitiendo reconocer los principales enclaves donde se concentran elementos florísticos de singular valor, es decir aquellas áreas más importantes y prioritarias de cara a su gestión y conservación. Cabe adelantar aquí que la distribución de los taxones se extiende por buena parte del territorio pero se concentra principalmente en la zona oriental del territorio, en los municipios de Baza, Cúllar, Galera y Orce, coincidiendo en gran medida con los ambientes de condiciones físicas más hostiles.

Senecio auricula, endemismo del sureste peninsular. CPS

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Comunidades bióticas y biodiversidad

Tabla 8.12. Flora amenazada del Altiplano, distribución por municipios
TAxÓN LOCALIZACIÓN LEY 8/2003 LISTA ROJA-05

1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 8. 9.

Arenaria arcuatociliata Astragalus oxyglottis Boreava aptera Buxus sempervirens Camphorosma monspeliaca Carum foetidum Celtis australis Centaurea dracunculifolia Centaurea saxifraga

Cúllar, Chirivel, Guadix Alamedilla, Cabra del Sto. Cristo, Dehesas de Guadix, Gorafe, Quesada, Vva. de las Torres Guadix, La Calahorra, Valle del Zalabí Puebla de Don Fadrique Fonelas, Vva. de las Torres Baza, Benamaurel, Cúllar, Galera Vélez Blanco Baza, Cúllar Zújar Alicún de Ortega, Baza, Cúllar, Dehesas de Guadix, Fonelas, Galera, Quesada Castilléjar, Fonelas, Gorafe, Guadix, Vva. de las Torres Benamaurel, Cúllar María Baza*, Benamaurel, Castilléjar, Cúllar, Dehesas de Guadix, Fonelas, Gorafe, Guadix, Hinojares, Huesa, Orce, Pozo Alcón, Quesada

VU I.E VU VU

VU CR EN NT DD CR NT DD EN DD CR EN VU VU

10. Cistanche phelypaea 11. Clypeola eriocarpa

12. Cochlearia glastifolia 13. Crataegus laciniata 14. Cynomorium coccineum

15. Dorycnium gracile 16. Ephedra nebrodensis 17. Erodium cazorlanum 18. Guiraoa arvensis 19. Gypsophila tomentosa 20. Haplophyllum bastetanum 21. Helianthemum cinereum subsp. guadiccianum 22. Juniperus phoenicea subsp. Phoenicea 23. Juniperus thurifera 24. Koelpinia linearis 25. Krascheninnikovia ceratoides 26. Limonium alicunense 27. Limonium majus 28. Limonium minus 29. Limonium quesadense 30. Loeflingia baetica 31. Microcnemum coralloides

Baza, Benamaurel, Cúllar, Galera María, Orce Cortes de Baza Vélez Blanco Baza, Cúllar, Fonelas, Galera Gorafe, Guadix, Vva. de las Torres Cúllar, Galera, Guadix Cortes de Baza, Cuevas del Campo, Huéscar, Orce, Vélez Blanco, Zújar Alamedilla, Galera Fonelas Ferreira, Huéneja Fonelas, Villanueva de las Torres Baza, Benamaurel, Castilléjar, Cúllar, Galera Cúllar, Galera Hinojares, Huesa, Quesada Caniles, Guadix Baza, Galera

P.E VU VU VU -

VU NT EN VU VU CR NT VU VU CR DD EN EN EN NT VU

*: Cita presente proyecto; **: Cita bibliografía o herbario

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

TAxÓN

LOCALIZACIÓN

LEY 8/2003 LISTA ROJA-05

32. Moehringia intricada subsp.intricata 33. Onosma tricerosperma 34. Plantago crassifolia 35. Plantago maritima 36. Puccinellia caespitosa 37. Puccinellia fasciculata 38. Sarcocapnos baetica subsp. integrifolia 39. Sarcocapnos pulcherrima 40. Senecio auricula 41. Sonchus crassifolius 42. Teucrium compactum 43. Vella pseudocytisus subsp. Pseudocytisus 44. Zannichellia contorta

Zújar Vélez Blanco Baza, Benamaurel, Cúllar, Galera Baza, Galera Baza, Benamaurel, Cúllar, Galera Benamaurel, Baza** Quesada Baza, Zújar Galera Baza, Cúllar Lúgros Fonelas, Hinojares, Orce, Puebla de Don Fadrique Cúllar, Galera, Guadix

VU VU P.E. -

VU DD DD EN VU VU VU NT EN EN NT EN VU

*: Cita presente proyecto; **: Cita bibliografía o herbario

nIVEL dE aMEnaza y PRoTECCIÓn LEGaL dE LaS ESPECIES Teniendo en cuenta los taxones incluidos en la Lista Roja y su clasificación según criterios UICN 2001, se obtienen para el Altiplano un total de 44 taxones (Tabla 8.12.), algunos exclusivos de esta unidad. Dos terceras partes de estos tienen un nivel de amenaza vulnerable o superior, mientras que siete se consideran casi amenazados y seis precisan aún de un mayor nivel de conocimiento. Respecto al nivel de protección legal, solo once taxones se encuentran recogidos en la legislación andaluza, lo que supone solo un tercio de las recogidas en la Lista Roja elaborada por la Consejería de Medio Ambiente (Cabezudo et al., 2005). Dos de estos taxones se encuentran catalogados como en peligro de extinción: Vella pseudocytisus subsp. pseudocytisus, que se distribuye únicamente en dos núcleos aislados en el centro y sur peninsular, éste último precisamente correspondiente al Altiplano, y con menor grado de estenocoria, Erodium cazorlanum, endémico de las sierras béticas orientales.
Figura 8.3. Distribución de taxones por categoría de amenaza (UICN 2001).

Fuente:Cabezudo et al., 2005. Elaboración propia.

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Comunidades bióticas y biodiversidad

En cuanto a las ocho especies incluidas en la categoría de vulnerable en la Ley 8/2003 (Tabla 8.12.), dos de ellas son Buxus sempervirens y Crataegus laciniata, ambas presentes en el área de forma muy puntual, en la zona limítrofe al norte de la altiplanicie. El resto de especies están totalmente incluidas dentro del territorio como Limonium majus, o bien parcialmente como Cynomorium coccineum, que habita en el sureste andaluz desde las zonas áridas del sureste de Jaén y el Altiplano granadino hasta zona de Tabernas-Gérgal, llegando incluso al litoral. Además, se añade otro taxón consignado como de interés especial en la Ley 8/2003, se trata de Celtis australis, cuya consideración en la Lista Roja de la Flora Vascular andaluza es de casi amenazado. Contrastando la protección legal de las especies del Altiplano con el grado de amenaza evaluado en la Lista Roja, resulta un total de siete especies con protección legal de las 30 incluidas como vulnerable, en peligro o en peligro crítico. Resalta el hecho de que ninguna de las de máxima categoría de amenaza, en peligro crítico, goza de protección legal y de las once catalogadas como en peligro, solo disponen de ella tres especies.

TaxonES En PELIGRo CRíTICo y En PELIGRo Según la Lista Roja (Cabezudo et al., 2005), de los 30 taxones considerados como amenazados del Altiplano, 16 ocupan las categorías de mayor riesgo, en peligro crítico y en peligro. Entre los incluidos en la máxima categoría de amenaza cabe destacar el endemismo Haplophyllum bastetanum, cuyas dos únicas localizaciones se encuentran en la depresión de Guadix, considerablemente distanciadas, así como Clypeola eriocarpa, endemismo ibérico que llegó a considerarse extinto (Benavides et al., 2001) hasta constatarse su persistencia en el Altiplano (Giménez-Benavides et al., 2004, Navarro et al., 2002). Además son destacables las plantas de hábitat restringido, como aquellas propias de sustratos yesosos y salinos, varias de ellas endémicas del Altiplano, caso por ejemplo de los salados endémicos, Limonium majus y L. minus de la depresión de Baza y L. quesadense, propio de los arenales salinos de Huesa e Hinojares, en Jaén. También se encuentran representados en los saladares taxones propios de esta ecología compartidos con otras zonas del mediterráneo o areal mayor, como Carum foetidum, especie iberonorteafricana, y Plantago maritima, distribuida por los saladares del Hemisferio Norte. Los sustratos de yesos albergan, por sus especiales condiciones ecológicas, numerosos elementos endémicos y raros adaptados a los factores limitantes que impone esta ecología, lo que unido a la escasez de dichos hábitats en el contexto europeo los convierte en lugares singulares, prioritarios en cuanto a la conservación. En concreto los afloramientos yesíferos del sureste ibérico han sido destacados como enclaves únicos desde el punto de vista fitosociológico (Garrido et al., 2004) y están incluidos en la Directiva Hábitat como ambientes prioritarios.

Haplophyllum bastetanum. FBN

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

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Comunidades bióticas y biodiversidad

Distribución de taxones de flora silvestre amenazada y/o protegida

Presencia de taxones incluidos en la Lista Roja de la Flora Vascular de Andalucía y protegidos por la Ley 8/2003 Presencia de taxones incluidos en la Lista Roja de la Flora Vascular de Andalucía Presencia de taxones protegidos por la Ley 8/2003

Escala 1:400.000

Fuente: Datos obtenidos de Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía, 2007

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Los aljezares del Altiplano presentan numerosas especies exclusivas y otras compartidas con otras comunidades de yesos a nivel andaluz, ibérico y mediterráneo. Un notable ejemplo es el endemismo ibérico Vella pseudocytisus subsp. pseudocytisus, presente únicamente en dos emplazamientos: sobre algunos yesares del Valle del Tajo y en el Altiplano granadino-sureste de Jaén. Relacionadas con los yesos existen otras dos especies de distribución disyunta: Astragalus oxyglottis (región Mediterránea y oeste de Asia) y Krascheninnikovia ceratoides (Eurasia), cuya presencia en la Península se limita a Aragón y el Altiplano. Este último taxón, se consideró extinto en Granada hasta su reciente redescubrimiento (del Río y Peñas de Giles, 2006); es propio de la flora irano-turánica y caracteriza los ecosistemas de regiones montañosas áridas en las estepas centroasiáticas. En los ambientes de saladares y yesos destacan también dos especies de Compuestas; Senecio auricula propia del sureste ibérico, y Sonchus crassifolius, del centro y sureste de la España peninsular. Por otro lado, resulta destacable la especie Centaurea saxifraga, endémica de las cumbres del cerro Jabalcón. Erodium cazorlanum es un elemento endémico de las sierras béticas orientales que aparece en el área de estudio de forma puntual, con una localización única en Cortes de Baza que merece ser tenida en cuenta. Esta especie mantiene el grueso de sus efectivos fuera del Altiplano, en las vecinas sierras de Cazorla y del Pozo, ocupando zonas de mayor altitud. Cochlearia glastifolia es también un endemismo ibérico de distribución restringida que aparece en el Altiplano de forma muy localizada. De más amplia distribución es la especie mediterránea Boreava aptera, que se extiende por los cultivos de cereal del interior de la depresión.

TaxonES VuLnERaBLES En esta categoría se encuadran 14 especies con distintos rangos de distribución, incluyendo endemismos propios de las sierras béticas orientales, ibéricos, del oeste de la región mediterránea o de distribución más amplia. La ecología que ocupan también es diversa, saladares, roquedos, matorral y ríos o charcas, siendo las más importantes los saladares, ámbito que concentra casi la mitad de tales especies (Puccinellia caespitosa, P. fasciculata, Microcnemum coralloides, Dorycnium gracile, Gypsophila tomentosa y Cynomorium coccineum). Como endemismos andaluces de las sierras béticas se presentan Arenaria arcuatociliata, con óptimo en la zona, y Sarcocapnos baetica subsp. integrifolia, que sólo presenta dos localidades en el área de estudio, ambas en Quesada. Se incluyen endemismos ibéricos del centro y sur de España, presentes en las béticas orientales sólo en Granada (Puccinellia caespitosa) o en Granada y Almería (Gypsophila tomentosa), asociados a saladares o yesos. Por otro lado está Moehringia intricata subsp. intricata, que se restringe al cuadrante suroriental de la Península presentando una localidad en el cerro Jabalcón (Zújar), y Guiraoa arvensis, propia del este de España y cuya distribución en Andalucía se restringe al norte de la provincia de Almería, adentrándose de forma marginal en el Altiplano sobre herbazales ruderales en suelos margo-yesíferos. Como ejemplo de amplia distribución se encuentra Puccinellia fasciculata, propia del área paleotemplada, que se presenta en Andalucía tan solo en la depresión del Guadalquivir y sierras béticas orientales. Para el

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Comunidades bióticas y biodiversidad

área de estudio ha sido citada en el entorno de los saladares de Cúllar. Pero quizá el más emblemático de estos elementos es Cynomorium coccineum, parásito de la raíz de Chenopodiáceas y otros géneros halófilos tales como Suaeda, Salsola, Frankenia. La distribución de esta especie abarca la región mediterránea y zonas templadas de Asia. Habita los saladares y suelos arenosos de la hoya de Guadix-Baza y la cuenca del Guadiana Menor en Jaén. Juniperus thurifera se distribuye por la región mediterránea, siendo escaso en el sur de España donde alcanza las béticas orientales. Mantiene algunas localidades al norte del Altiplano, en situaciones bastantes expuestas y de notoria continentalidad. Otro elemento interesante del oeste de la región mediterránea es Zannichellia contorta, una especie rara propia de ríos de aguas rápidas carbonatadas, que se presenta en la base de la Sierra de Baza y de Sierra María. De similar corología, la rosácea Crataegus laciniata está presente en el área de forma puntual, en el extremo norte del Altiplano y bajo condiciones pluviométricas más favorables.

arenaria arcuatociliata, endemismo bético. CPS

Por último cabe resaltar la presencia de Koelpinia linearis, un taxón de distribución iranoturaniana, que se presenta en el sur de España únicamente en las provincias de Granada y Almería formando parte de los pastizales semiáridos.

oTRoS ELEMEnToS dE InTERéS La Lista Roja incluye también una serie de especies interesantes que han sido evaluadas como próximas a la amenaza y otras para el que el nivel de conocimiento actual impide diagnosticar correctamente su grado de amenaza (Tabla 8.12.). El territorio incluye un total de 13 elementos, de los cuales siete se encuentran próximos a la amenaza y seis con datos insuficientes para su evaluación. Entre los elementos casi amenazados destacan dos propios de los matorrales xerofíticos, Ephedra nebrodensis que se instala sobre suelos calcáreos o yesosos, y la sabina negra Juniperus phoenicea ssp. phoenicea, así como una especie de distribución iberonorteafricana, Loeflingia baetica, que presenta varias localidades en el entorno de la Sierra de Baza, en torno a los 1000 m.s.n.m. Aquellos para los que aún no se dispone de información suficiente se corresponden en su totalidad con flora de hábitats salinos. Se trata de Centaurea dracunculifolia, Plantago crassifolia, Cistanche phelypaea (una especie parásita de la familia Chenopodiaceae) y Limonium alicunense (descrita en el entorno de los baños de

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Alicún de las Torres, en Villanueva de las Torres, y ligada a la acequia de desagüe del balneario). También presentan varias localidades en el Altiplano la quenopodiácea Camphorosma monspeliaca, propia de la región Mediterránea, y el endemismo ibérico Onosma tricerosperma, que se presenta de forma puntual en Vélez Blanco. Finalmente, otro elemento notable fuera de la Lista Roja, pero considerado de interés para la región (Consejería de Medio Ambiente, Junta de Andalucía; cartografía de flora amenazada, 2007) es el endemismo bético Helianthemum cinereum subsp. guadiccianum, localmente frecuente en los matorrales del territorio y que figura como vulnerable en la legislación (Ley 8 /2003). Algunos autores como Rivas-Martínez et al. (1991, 1997), lo consideran un taxón endémico del distrito biogeográfico Guadiciano-Baztetano, y junto con Arenaria arcuatociliata forma parte de romerales sobre sustratos pedregosos. En definitiva, la flora del Altiplano no es sino el reflejo de la historia paleogeográfica y biogeográfica de este territorio, que presenta un cuerpo importante de especies exclusivas y de otras que encuentran en él la única o una de sus pocas localidades andaluzas. Especies, en suma, amenazadas, que confieren un notable valor natural al Altiplano y necesitan, en la mayor parte de los casos, de la implantación de medidas de conservación, protección y restauración de sus poblaciones. Ello pasa, en primer lugar, por el conocimiento y reconocimiento de su valor, su distribución y su importancia relativa de cara a la conservación de la biodiversidad. En el presente apartado se ha dado un primer paso en la recopilación y síntesis de este tipo de información para el Altiplano. Una información que, en este mismo trabajo será analizada junto a la disponible para otras formas de vida silvestre amenazada (capítulo 14) y trasladada a una cartografía de referencia como instrumento de potencial utilidad para la conservación de la biodiversidad en el Altiplano estepario.

8.2. Hábitats de interés comunitario
La aprobación por parte de la Comisión Europea en 1992 de la Directiva 92/43/CEE, de 21 de mayo de1992, relativa a la conservación de los hábitats naturales y la fauna y flora silvestres, supone un paso muy importante en la política comunitaria en materia de conservación de la naturaleza. El objetivo es la creación de una red coherente de Zonas de Especial Conservación (ZEC), que garantice la biodiversidad de los hábitats naturales y de la fauna y flora silvestres en el territorio de la Unión Europea y oblige a los estados miembros a su conservación. Esta Directiva se traspuso al ordenamiento jurídico español mediante el R.D. 1997/1995 en el que se atribuye a las Comunidades Autónomas la designación de los lugares de interés comunitario y la declaración de las ZEC. Mediante esta normativa europea se perfila el mayor sistema de espacios protegidos del mundo y, por primera vez en Europa, se establecen una serie de objetivos que pretenden, a través de la citada Directiva 92/43/CEE y la Directiva 79/409/CEE3 para la Conservación de las Aves Silvestres, contribuir a mantener todos los tipos de hábitats naturales y especies de flora y fauna, frenando con ello la pérdida de diversidad biológica en el continente europeo. Después de varias prórrogas, la fecha límite para conseguir los objetivos planteados es el año 2010.
3

directiva 79/409/CEE del Consejo, de 2 de abril de 1979, relativa a la conservación de las aves silvestres

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Comunidades bióticas y biodiversidad

Se entienden pues por hábitats de interés comunitario aquellos ambientes naturales de los Estados miembros a los que resulta de aplicación la mencionada Directiva. Ésta especifica en sus anexos, apoyándose en gran medida en la perspectiva fitosociológica, aquellos tipos de hábitats susceptibles de protección en función de su amenaza de desaparición, distribución natural reducida o representatividad de una o varias de las regiones biogeográficas contempladas para el territorio comunitario. Dentro de la relación de tipos de hábitat naturales, detallada en el anexo I, se hace la distinción de “hábitats prioritarios” para determinados tipos amenazados de desaparición y cuya conservación supone una especial responsabilidad para la Unión Europea. Dada su importancia, estos se abordan con mayor detalle en el presente apartado. En virtud de la Directiva 92/43/CEE, la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía ha elaborado una cartografía de estos hábitats según la cual concurren en territorio andaluz un total de 76 tipos de hábitat de interés comunitario, 18 de los cuales considerados prioritarios (1998, Cartografía de los Hábitats de la Directiva 92/43/CEE, E/1:50.000, Consejería de Medio Ambiente). En el Altiplano se encuentran un total de 30 tipos, siete de los cuales son prioritarios. Para la elaboración de este apartado se ha empleado como fuente principal de información esta versión oficial de la cartografía de hábitats, elaborada por la Consejería de Medio Ambiente. Además se han comparado las superficies y localizaciones de los hábitats de carácter prioritario con otros trabajos (Rivas-Martínez y Penas, 2003; Salazar et al., 2001 y 2002; Lendínez et al., 2004) y la cartografía más reciente de vegetación y hábitats (Inventario de hábitats naturales y seminaturales de España, E/1:50.000. Ministerio de Medio Ambiente, 2003; Mapa de vegetación forestal de Andalucía, E/1:10.000. Consejería de Medio Ambiente, 2006). Ello ha permitido constatar que la cartografía oficial utilizada aquí como referencia básica, muestra disparidades en el criterio seguido para la identificación de los hábitats según unidades de cartografiado (hojas cartográficas E/1:50.000), manifestando notables discontinuidades, especialmente en el caso de los pastizales xerofíticos mediterráneos. La falta de coincidencia con fuentes posteriores de información cartográfica del Ministerio de Medio Ambiente y de la propia Junta de Andalucía, muestra que la superficie a considerar como hábitats de interés comunitario es realmente superior a la de la versión de referencia, particularmente en otras tipologías prioritarias como son las formaciones de yesos y saladares. Tales diferencias han sido parcialmente subsanadas por la Consejería de Medio Ambiente mediante trabajos posteriores de cartografía de hábitats y vegetación a mayor detalle. A lo largo del presente apartado se describen los hábitats presentes en el Altiplano sobre la base de la cartografía oficial andaluza y se discuten algunos aspectos relativos a su nivel de conocimiento e inventario.

Hábitats prioritarios
En el Altiplano se encuentran un total de treinta tipos de hábitat incluidos en la Directiva 92/43/CEE, y siete de ellos son considerados prioritarios (Tabla 8.16.). Entre estos, son los pastizales xerofíticos mediterráneos los que se distribuyen por una mayor superficie, ocupando fundamentalmente la zona noroccidental del Altiplano y enclaves puntuales en los municipios de Orce, María y Vélez Rubio. Otros dos hábitats especialmente destacables por su singularidad en el contexto europeo son las estepas salinas y las de yesos, que albergan

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

formaciones exclusivas del ámbito de estudio y presentan ambas un escaso areal, tanto a nivel local como ibérico. Los otros cuatro tipos de hábitats prioritarios son las formaciones arbustivas de Juniperus (Rhamno lycioidis-Juniperetum phoeniceae), algunos bosques de Pinus salzmanii (Junipero phoeniceae-Pinetum salzmanii) y, restringidos a ambientes muy concretos, la vegetación ligada a manantiales petrificantes y los pastizales rupícolas.
Tabla 8.16. Relación de hábitats de la Directiva 92/43/CEE presentes en el territorio
CÓDIGO HÁBITAT PRIORITARIOS - DESCRIPCIÓN SUP. (m2)

1510 151033 1520 152033 6110 511021 6220 522062 522076 522077 522079 52204E 52207B 7220 622027 9533 853342 853341 9561 856132
CÓDIGO

Estepas salinas mediterráneas (Limonietalia) +Senecioni auriculae-Lygeetum sparti+ Rivas Goday & Rivas-Martínez in Rivas-Martínez & Costa 1976 Vegetación gipsícola ibérica (Gypsophiletalia) +Jurineo pinnatae-Gypsophiletum struthii+ (Rivas Goday & Esteve 1966) Peinado, Alcaraz & Martínez Parras 1992 Prados calcáreos cársticos del Alysso-Sedion albi +Sedetum micrantho-sediformis+ O. Bolòs & R. Masalles in O. Bolòs 1981 Zonas subestépicas de gramíneas y anuales del Thero-Brachypodietea +Poo bulbosae-Astragaletum sesamei+ Rivas Goday & Ladero 1970 +Phlomido lychnitidis-Brachypodietum ramosi (retusi)+ Br.-Bl. 1924 +Pilosello capitatae-Brachypodietum retusi+ Alcaraz, Sánchez Gómez, De la Torre, Ríos & Alvarez Rogel 1991 +Ruto angustifoliae-Brachypodietum retusi+ Br.-Bl. & O. Bolòs 1958 +Saxifrago tridactylitae-Hornungietum petraeae+ Izco 1975 +Teucrio pseudochamaepytios-Brachypodietum retusi+ O. Bolòs 1957 Vegetación de manantiales petrificantes de aguas carbonatadas formadoras de tobas +Trachelio coeruleae-Adiantetum capilli-veneris+ O. Bolòs 1957 Pinares mediterráneos de pinos negros endémicos (Pinus salzmannii, Pinus clusiana) +Junipero phoeniceae-Pinetum salzmannii+ Valle, Mota & Gómez Mercado 1988 +Daphno hispanicae-Pinetum sylvestris+ Rivas-Martínez 1964 subas. +pinetosum clusianae+ Rivas Goday 1968 Bosques mediterráneos endémicos de Juniperus sp. +Rhamno lycioidis-Juniperetum phoeniceae+ Rivas-Martínez & G. López in G. López 1976
HÁBITAT NO PRIORITARIOS - DESCRIPCIÓN

190.999 190.999 217.223 217.223 411.194 411.194 224.078.760 5.336 116.952.815 94.959 2.634.566 85.427.276 18.963.809 98 98 7.509.220 7.451.875 57.345 11.480.413 11.480.413
SUP. (m2)

1310 1410 1420 1430 3140 3150 3250 3280 4090

Vegetación anual pionera con Salicornia y otras especies de zonas fangosas o arenosas Pastizales salinos mediterráneos (Juncetalia maritimi) Matorrales halófilos mediterráneos y termoatlánticos (Sarcocornetea fructicosae) Matorrales halo-nitrófilos (Pegano-Salsoletea) Aguas oligomesotróficas calcáreas con vegetación béntica de Chara spp. Lagos eutróficos naturales con vegetación Magnopotamion o Hydrocharition Ríos mediterráneos de caudal permanente con Glaucium flavum Ríos mediterráneos de caudal permanente del Paspalo-Agrostidion con cortinas vegetales ribereñas de Salix y Populus alba Brezales oromediterráneos endémicos con aliaga

43 25.671 551.960 465.493 36.579 22.559 309.460 12.051 138.296.669

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Comunidades bióticas y biodiversidad

CÓDIGO

HÁBITAT NO PRIORITARIOS - DESCRIPCIÓN

SUP. (m2)

5210 5334 5335 6175 6310 6420 6431 8211 8230 9240 92A0 92D0 9340 9540

Matorrales arborescentes de Juniperus spp. Fruticedas, retamares y matorrales mediterráneos termófilos: matorrales y tomillares (Anthyllidetalia terniflorae, SaturejoCorydothymion) Fruticedas, retamares y matorrales mediterráneos termófilos: retamares y matorrales de genisteas Pastizales basófilos mesofíticos y xerofíticos alpinos (cántabro-pirenaicos) y crioturbados de las altas montañas ibéricas: Festuco-Poetalia ligulatae Dehesas perennifolias de Quercus spp. Prados húmedos mediterráneos de hierbas altas del Molinion-Holoschoenion Comunidades de megaforbios heliófilos o esciófilos: Convolvuletalia sepium, Galio-Alliarietalia Vegetación casmofítica: subtipos calcícolas (Potentilletalia caulescentis, Asplenietalia glandulosi, Homalothecio-Polypodion serrati, Arenarion balearicae) Roquedos silíceos con vegetación pionera del Sedo-Scleranthion o del Sedo albi-Veronicion dillenii Robledales ibéricos de Quercus faginea y Quercus canariensis Bosques galería de Salix y Populus alba Arbustedas, tarayales y espinales ribereños (Nerio-Tamaricetea, Securinegion tinctoriae) Encinares de Quercus ilex y Quercus rotundifolia Pinares mediterráneos de pinos mesogeanos endémicos

30.656.346 333 1.549.011 57.345 20.189.693 2.277.134 60.016 33.780.730 14.220.850 143.763 6.832.113 2.522.000 117.191.764 768.400

Superficie del Altiplano con algún hábitat de la Directiva hábitats (m2)* Superficie del Altiplano con algún hábitat prioritario (m2)*

262.590.595 158.012.875

Fuente: Cartografía de Hábitat, Consejería de Medio Ambiente, 1998. Elaboración propia. *Según la cartografía empleada, determinados hábitat se superponen en el territorio, de modo que el sumatorio de la superficie de cada uno de ellos no se corresponde con la superficie total calculada sobre base cartográfica.

Hábitat de estepa salina, entre Baza y Benamaurel. MY

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

ESTEPaS SaLInaS MEdITERRánEaS (LIMonIETaLIa; CÓd. 1510) Las formaciones halófilas de carácter prioritario son asociaciones ricas en plantas perennes de estructura arrosetada (Limonium spp.), o gramíneas tales como Lygeum spartum, que ocupan suelos con formación de eflorescencias salinas debido a la evaporación de aguas cargadas de sales. En el Altiplano concurren dos asociaciones propias de estos ambientes: una de carácter endémico local y otra de distribución más amplia (Rivas-Martínez y Penas, 2003). Ambas se encuentran confinadas a determinados lugares de la hoya de Baza, en las inmediaciones del río Baza, Venta del Peral y Salado del Margen, en Cúllar (Lendínez et al., 2004), y el de Galera (Salazar com. pers.). De acuerdo con la cartografía oficial de la Consejería de Medio Ambiente, los hábitats de estepas salinas ocuparían en el Altiplano únicamente una superficie ligeramente superior a las 19 ha. Por un lado, se trata de los matorrales halófilos guadijeño-bastetanos y alicantinos (Rivas-Martínez y Penas, 2003) pertenecientes a la asociación Limonio delicatuli-Gypsophiletum tomentosae, definida por los taxones Gypsophila tomentosa, Limonium delicatulum y Limonium supinum. Más concretamente se describe para el territorio la subasociación limonietosum maji, endémica del distrito Guadiciano-Bastetano caracterizada por la presencia de los endemismos locales Limonium majus y L. minus (Salazar et al., 2002). Esta comunidad entra en contacto con matorrales gipsícolas (Lepidion subulati), pero se desarrolla sobre suelos que retienen mayor humedad. La distribución de este ambiente prioritario se limita a varios enclaves en la hoya de Baza, de necesaria protección debido a su escasez, el carácter endémico local y la significativa cantidad de especies halófilas que sustenta dicha formación (Lendínez et al., 2004).

Saladar de El Margen. FMB

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Comunidades bióticas y biodiversidad

Por otro lado se presentan los albardinales (Senecioni castellani/auriculae-Lygeetum sparti), de distribución más amplia pero que también suponen una superficie escasa en el territorio. Se desarrollan sobre suelos sujetos a desecación prolongada pero con eflorescencias salinas, sobre todo de sulfatos. Las especies que caracterizan a la formación son Senecio auricula subsp. auricula, Lepidium cardamines y Limonium dichotomum, además de Lygeum spartum y con frecuencia Puccinellia fasciculata. Se debe indicar aquí que la cartografía de 1998, a diferencia de la elaborada posteriormente por el Ministerio, no incluye la primera de estas dos asociaciones, cuya presencia está constatada en el territorio (Salazar et al., 2002; Lendínez et al., 2004), y tan solo contempla parcialmente algunas localidades de la segunda, un conjunto de pequeñas áreas dispersas en Baza, Cúllar y Galera, excluyendo otras importantes cuyo caso más relevante es Benamaurel. Autores como Lendínez et al. (2004) indican una superficie total para los saladares de unas 180 ha. En general, estos hábitats contienen numerosas especies exclusivas de la depresión de Baza o de interés a nivel regional y nacional, presentando aquí sus únicas localidades andaluzas. De acuerdo a la propuesta de Lendínez et al. (2004) para la adecuada protección de este tipo de hábitat, sería conveniente realizar una cartografía de detalle al menos en las localidades más interesantes. Ésta debiera ser la base cartográfica sobre la que pudiera posteriormente implementarse un sistema de conservación y restauración de estos hábitats, por ejemplo mediante el establecimiento de una red de microrreservas similar a la existente en otras comunidades autónomas. En este sentido, merecen especial atención los saladares del arroyo Salado del Margen, por ser los mejor conservados y extensos, así como los próximos al río Baza y al núcleo de población de Galera, estos últimos más deteriorados y amenazados por la acción humana (Salazar, 2002 y com. pers.).

VEGETaCIÓn GIPSíCoLa IBéRICa (GyPSoPHILETaLIa; CÓd. 1520) La vegetación asentada sobre suelos ricos en yeso posee una extrema originalidad e importancia de cara a la conservación de la biodiversidad. En la Península Ibérica estas formaciones corresponden a un sólo orden fitosociológico de carácter endémico (Gypsophiletalia) que integra todas las formaciones gipsícolas peninsulares, todas a su vez también consideradas ambientes prioritarios en la Directiva Hábitat. Se trata de formaciones abiertas caracterizadas por la presencia de especies gipsófilas de los géneros Gypsophila y Lepidium, acompañadas de representantes de los géneros Thymus, Helianthemum, Teucrium, Centaurea, Jurinea, Santolina y Frankenia. Entre estas formaciones vegetales, conocidas también como aljezares, pueden distinguirse cuatro grandes grupos en la Península Ibérica: Meseta, Levante, Ebro y Sureste (Garrido et al., 2004). De ellos, el correspondiente al sureste ibérico, del cual participa el Altiplano, es el más importante en cuanto a la diversidad de especies. Se trata de tomillares gipsícolas mesomediterráneos secos, propios del distrito Guadijeño-Baztetano (Jurineo pinnatae-Gypsophiletum struthii), que se caracterizan por la presencia de Jurinea pinnata, Reseda suffruticosa y Teucrium pumilum. Según la cartografía de referencia ocupan menos de 22 ha, todas en la hoya de Baza, lo

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Comunidades sobre margas yesíferas entre El Margen y Galera. FMB

cual contrasta enormemente con la información de otras fuentes cartográficas más recientes y las evidencias sobre el terreno. Realmente este tipo de hábitat puede ocupar actualmente en el Altiplano una superficie de al menos 9.000 ha en las zonas con mayor cobertura y presentarse con menor protagonismo en otras 11.000 ha más, fundamentalmente en la hoya de Baza pero también extendiéndose hacia el sureste de Jaén (Inventario de hábitats naturales y seminaturales de España, 2003), e incluso hacia las zonas más interiores de la hoya de Guadix (mapa de vegetación forestal, 2006). Dada la justificada importancia de estas formaciones del Altiplano, tanto en el contexto local como a mayores niveles, queda patente la necesidad de incrementar los esfuerzos para su correcta cartografía y preservación. En este caso, además, existe una importante representación de sustratos gipsícolas sobre monte público, susceptibles de ser conservados y/o restaurados con mayor facilidad.

PRadoS CaLCáREoS CáRSTICoS dEL aLySSo-SEdIon aLBI (CÓd. 6110) Entre los ambientes prioritarios de la Directiva, existe una representación en el Altiplano de céspedes calcáreos (Sedetum micrantho-sediformis) que ocupan una superficie próxima a las 41 ha. Estas formaciones, encabezadas por Sedum sediforme y otras plantas vivaces de hojas suculentas, colonizan litosuelos asentados sobre afloramientos rocosos calcáreos, con ombroclima desde semiárido a subhúmedo. En el Altiplano estos hábitats se encuentran exclusivamente en dos enclaves, ubicados ambos en la base de la Sierra de BazaFilabres (Serón y Baza).

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Comunidades bióticas y biodiversidad

zonaS SuBESTéPICaS dE GRaMínEaS y anuaLES dEL THERo-BRaCHyPodIETEa (CÓd. 6220) La Directiva Hábitat considera prioritaria la conservación de ciertos prados y pastizales muy valiosos en Europa al constituir un importante refugio de biodiversidad para numerosas especies raras o endémicas. Para la Península Ibérica dicha Directiva recoge una amplia gama de estos ecosistemas, muchos de ellos exclusivos de España. En el Altiplano se encuentran diversos tipos de pastizales de carácter xerofítico que en total abarcan una superficie de aproximadamente 22.400 ha, siendo con diferencia el hábitat prioritario con mayor extensión sobre el territorio (Tabla 8.16.). Se diferencian seis subtipos, dos de los cuales aparecen de forma marginal al este del territorio y el resto corresponden a lastonares de Brachypodium retusum y pastizales anuales efímeros de la asociación Saxifrago tridactylitae-Hornungietum petraeae. Los lastonares son los más extendidos y comprenden tres asociaciones distintas, siendo Phomido lychnitidisBrachypodietum retusi (ramosi) la de mayor importancia superficial respecto al conjunto de hábitats prioritarios del Altiplano. Le siguen Teucrio pseudochamaepytios-Brachypodietum retusi y Ruto angustifoliae-Brachypodietum retusi respectivamente, que se distribuyen por la zona oriental del territorio. Este último, de distribución castellano aragonesa, se introduce puntualmente en el territorio por el extremo nororiental. Pero se trata en general de formaciones de similar composición florística encabezadas por Brachypodium retusum y desarrolladas sobre suelos calcáreos, poco profundos y secos. Otras especies características son Phlomis lychnitis y diversos Allium u orquídeas (Ophrys spp. y Orchis spp.). Según la cartografía oficial andaluza, las formaciones de Phlomido lychnitidis-Brachypodietum retusi se distribuyen por la hoya de Guadix y el sureste de Jaén, donde entran a formar parte de una considerable extensión de montes públicos, entre los que están, por ejemplo, Cortijo Conejo (Guadix), Dehesa del Guadiana (Quesada) o Bernales (Huesa). No obstante, destaca en esta

Panorámica del extremo noroccidental del Altiplano, en Jódar, con pastizales del TheroBrachypodietea intercalados con espartales y otros tipos de hábitats. JMD

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

cartografía la drástica ruptura de continuidad del hábitat entre hojas contiguas 1:50.000, lo que apunta a la existencia de severas diferencias en los criterios seguidos por los distintos equipos para su identificación en campo. De hecho, las otras fuentes cartográficas posteriores apuntan una mayor extensión de este hábitat en el Altiplano (mapa de vegetación forestal de Andalucía) y de forma muy notable en la zona central de la hoya de Guadix (Cartografía de los hábitats naturales y seminaturales. Ministerio de Medio Ambiente, 2003), pudiendo alcanzar en total unas 32.500 ha. Por su parte, los pastizales anuales (Saxifrago tridactylitae-Hornungietum petraeae), desarrollados también sobre suelos en general calcáreos, colonizan amplias áreas del interior peninsular extendiéndose hacia las provincias Bética y Murciano Almeriense. En el Altiplano se localizan principalmente en dos zonas, en torno al municipio de Alamedilla y en buena parte del sureste de Jaén, donde confluyen frecuentemente con los pastizales de Phomido lychnitidis-Brachypodietum ramosi, anteriormente referidos.

VEGETaCIÓn dE MananTIaLES PETRIfICanTES dE aGuaS CaRBonaTadaS foRMadoRaS dE ToBaS (CÓd. 7220) Aunque con una ínfima representación de tan solo 98 m2, concurre en el Altiplano el hábitat de carácter prioritario conformado por comunidades briocormofíticas que colonizan roquedos o taludes rezumantes y umbríos, en acequias o manantiales de naturaleza calcárea. La formación vegetal presente en el territorio, denominada Trachelio coeruleae-Adiantetum capilli veneris, se caracteriza florísticamente por la presencia de Trachelium caeruleum, Adiantum capillus-veneris, Eucladium verticillatum y Pteris vittata. En general se distribuye por la zona ibérica meridional, presentando en el Altiplano dos pequeños enclaves ligados al río Guardal (Castilléjar-Huéscar).

PInaRES MEdITERRánEoS dE PInoS nEGRoS EndéMICoS. (CÓd. 9533) Estas formaciones abarcan en su conjunto unas 750 ha y corresponden mayoritariamente a la asociación Junipero phoeniceaePinetum salzmannii. Se trata de pinares abiertos, dispuestos en sustratos básicos, bajo condiciones de precipitación anual próximas a los 500 mm, en los niveles meso- y supramediterráneo. En ellos son frecuentes las especies Juniperus phoenicea, J. oxycedrus y Rhamnus myrtifolius. Se sitúan sobre sustrato rocoso, fuertemente xérico y en general de elevada pendiente. Su distribución se restringe al sureste peninsular, principalmente al núcleo Segura-Cazorla y algunas otras localidades de Jaén y Granada (Valle, 2003; RivasMartínez y Penas, 2004). Estas formaciones, mucho más abundantes en las citadas sierras, alcanzan de forma puntual la zona norte del Altiplano, fundamentalmente en los municipios de Huéscar y Castril (sierras de Marmolance, Montilla y Seca).

adiantum capillus-veneris, helecho utilizado para nominar este hábitat escaso en el Altiplano. MY

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Comunidades bióticas y biodiversidad

Campos de Puebla de Don Fadrique. Al fondo, las elevaciones que cierran al norte el Altiplano albergando bosquetes endémicos de Juniperus spp. FMB

De forma minoritaria aparecen también otras formaciones correspondientes a la asociación Daphno hispanicae-Pinetum sylvestris en la periferia de la Sierra de Cazorla, concretamente en t.m. de Hinojares.

BoSquES MEdITERRánEoS EndéMICoS dE JunIPERuS SPP. (CÓd. 9561) El Altiplano incluye igualmente bosquetes de sabinar basófilo de Juniperus phoenicea, correspondientes a la asociación Rhamno lycioidis-Juniperetum phoeniceae, de distribución bético-manchego-alcarreña. Ocupan, según la cartografía de referencia, unas 1.150 ha y como especie característica de esta formación destaca Ephedra nebrodensis. Estas formaciones aparecen sobre calizas duras y bajo régimen bioclimático mesomediterráneo seco. En el Altiplano ocupan emplazamientos con cierto relieve y precipitación media anual generalmente por encima de los 400 mm. Se extienden por la periferia del territorio, donde ocupan por lo general cotas entre los 900-1.300 m descendiendo a 500-700 en el sureste de Jaén. Las manchas más significativas se localizan en las sierras del norte de Granada, desde la Sierra de Duda hasta la de Jureña (t.m. de Huéscar y Puebla de Don Fadrique). De forma más diluida aparecen también en zonas interiores de la depresión y en los montes públicos del sureste de Jaén, entre los municipios de Huesa e Hinojares.

oTRoS HáBITaTS dE InTERéS De las formaciones incluidas en la Directiva Hábitat, resultan también destacables otras de carácter no prioritario que confluyen en el territorio. Se trata de 23 tipos de hábitats (Tabla 8.16.), que comprenden ambientes tan dispares como la vegetación halofítica, hábitats de agua dulce corriente o estancada, brezales y matorrales de zona templada, matorrales esclerófilos, formaciones herbosas naturales y seminaturales,

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Hábitats prioritarios de la Directiva 92/43/CEE del Consejo, de 21 de mayo de 1992, relativa a la conservación de los hábitats naturales y de la fauna y la flora silvestres

Fuente: Cartografía de los hábitat de la Directiva 92/43/CEE. Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía, 1998

Zonas subestépicas de gramíneas y anuales del Thero-Brachypodletea
Teucrio pseudochamaeytis-Brachypodietum retusi (52207B) Ruto angustifoliae-Brachypodietum retusi (522079) Saxifrago tridactylitae-Homungietum petraeae (5220E) Phlomido lychnitidis-Brachypodietum retusi (522076)

Estepas salinas mediterráneas (1510)
Senecioni auriculae-Lygeetum sparti (151033)

Manantiales petrificantes con formaciones de tuf (Craoneurion) (7220)
Trachelio coeruleae-Adiantetum capilli-veneris (622027)

Vegetación gipsicola ibérica (1520)
Jurineo pinnatae-Gypsophiletum struthii (152033)

Bosques mediterráneos endémicos de Juniperus (9561)
Rhamno lycioidis-Juniperetumphoeniceae (856132)

Pinares mediterráneos de pinos negros endémicos (9533)
Daphno hispanicae-Pinetum sylvestris (853341) Junipero phoeniceae-Pinetum salzmannii (853342)

Prados calcáreos kársticos (6110)
Sedetum micrantho-sediformis (511021)

Límite del Altiplano Límite autonómico Límite provincial

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Comunidades bióticas y biodiversidad

Dehesa muy laxa de encinas sobre tierras de labor, Huelma. MY

hábitats rocosos y bosques. Estas 23 tipologías se corresponden con 51 asociaciones vegetales, de las que 14 de ellas son exclusivas o casi exclusivas de Andalucía (Tabla 8.17.). Las clases más destacables en relación con la superficie que ocupan (Tabla 8.16) son, por este orden, los brezales oromediterráneos endémicos con aliaga (cód. 4090), las dehesas y encinares de Quercus spp. (cód. 6310 y 9340), la vegetación casmofítica de carácter calcícola (cód. 8211), los roquedos silíceos (cód. 8230), los matorrales arborescentes de Juniperus spp. (cód. 5210) y las formaciones de ribera correspondientes a los “bosques en galería de Salix y Populus alba” (cód 92A0) y a arbustedas, tarayales y espinales ribereños (cód. 92D0). Así, entre los matorrales resalta la presencia de los llamados “brezales endémicos con aliaga”, matorrales primarios de mediano porte y cobertura, con frecuencia almohadillados. En su composición florística dominan las labiadas y compuestas, pudiendo llegar a hacerlo las genisteas. Algunos de ellos son propios del sector biogeográfico Guadijeño-Bacense o compartidos con sectores colindantes, como los romerales de Cistus clusii o el matorral calcícola caracterizado por Sideritis leucantha subsp. incana, Arenaria arcuatociliata, Thymus longiflorus, etc. Entre las formaciones arbóreas más características se encuentran las dehesas y encinares de la asociación Paeonio coriaceae-Quercetum rotundifoliae (cód. 9340 y 6310), que en condiciones óptimas son densos y ricos en especies, llegando a albergar un alto número de endemismos béticos. De la vegetación casmofítica destaca la asociación Jasonio glutinosae-Teucrietum rotundifolii (cód. 8211) desarrollada sobre paredes rocosas carbonatadas, en grietas, repisas o cárcavas de ambientes secos. Como especies características presenta Jasione glutinosa, Teucrium rotundifolium, Antirrhinum hispanicum y helechos como Asplenium ceterach o A. petrarchae. También de esta clase y exclusiva de la región se presenta

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Sauceda relicta junto a una acequia en Cañada de Cañepla, María. JMD

Sarcocapnetum crassifoliae. Acercándose a la zona manchega, sobre oquedades y grietas prosperan comunidades caracterizadas por Hypericum ericoides (cód. 8230) al que acompañan Galium balearicum y Sideritis sericea, entre otras. De arboledas de Juniperus spp. se encuentran varios tipos de formaciones que en teoría se definen como coscojares, pero de las que participan especies del género Juniperus. Sirva como ejemplo la asociación Rhamno lycioidis-Quercetum cocciferae, que con frecuencia se halla coronada por la sabina mora (Juniperus phoenicea) y el pino carrasco (Pinus halepensis). En el entorno ribereño cabe referir la presencia de saucedas y choperas de la asociación Rubio tinctorumPopuletum albae (cód. 92A0), dominadas por el álamo blanco, en las que son frecuentes otros árboles como Populus nigra o Salix neotricha y en ocasiones Tamarix gallica. Por otro lado destaca la presencia de adelfares (Rubo ulmifolii-Nerietum oleandri) en las ramblas y tarayales encabezados por Tamarix gallica (Tamaricetum gallicae), ambos englobados bajo el código 92D0. Otras formaciones de importancia, no por la superficie que ocupan sino por su exclusividad a nivel local o regional, son aquellas también propias de saladares que, si bien no han sido consideradas como hábitats prioritarios, destacan por su originalidad y contenido en taxones escasos o amenazados de extinción. Entre la vegetación halófila de mayor importancia a nivel local destacan, además de la ya citada asociación prioritaria Limonio delicatuli-Gypsophiletum tomentosae, otras dos formaciones de carácter endémico local propias del sector Guadiciano-Bastetano (Lendínez et al., 2004). Son los juncales halófilos lacustres Caro foetidi-Juncetum maritimi (Cód. 1410), desarrollados sobre sustratos yesíferos y bajo ombroclima semiárido, y Centaureo dracunculifoliae-Dorycnietum gracilis, un herbazal–juncal moderadamente halófilo, definido por la combinación de Dorycnium gracile, Centaurea dracunculifolia, Lotus corniculatus subsp. preslii y Centaurea dracunculifolia que acoge una importante cifra de taxones endémicos, raros y amenazados (Lendínez et al.,

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Comunidades bióticas y biodiversidad

2004; Rivas-Martínez y Penas, 2003, Salazar et al., 2001). Esta última asociación no está incluida en la cartografía de referencia pero sí en trabajos de otros estudiosos de la zona (Salazar et al., 2002, Lendínez et al., 2004) y posteriores cartografías de hábitat (Rivas-Martínez y Penas, 2003), por lo que se puede asumir como parte del conjunto de hábitats de interés comunitario perteneciente al tipo codificado como 1410. También como parte de la vegetación halófila cabe hacer mención a otras formaciones halófilas y halonitrófilas referidas también en los apartados de vegetación. Destacan a este nivel las comunidades de Microcnemetum coralloidis, muy escasas en el territorio y conformadas prácticamente por la especie amenazada que la nomina. En el caso de los matorrales halonitrófilos, se presenta la asociación Salsolo oppositifoliae-Suaedetum-verae y destaca con carácter exclusivo regional Atriplicetum glauco-halimi (cód. 1430), dominado por Atriplex halimus. Estos se desarrollan sobre suelos compactos y antropizados, en ocasiones con cierto grado de hidromorfía. Por último, citar también las praderas de almajo salado Cistancho phelypeae-Arthrocnemetum fruticosi (cód. 1420), asociaciones halófilas dominadas por Arthrocnemum fruticosi y en ocasiones por A. macrostachyum, con presencia de la especie parásita Cistanche phelipaea subsp. lutea.
Tabla 8.17. Relación de asociaciones de hábitats no prioritarios de la Directiva 92/43/CEE presentes en el territorio.
CÓDIGO UE CÓDIGO HABITAT ASOCIACIÓN

1310 1410 1410 1410 1420 1430 1430 3140 3150 3150 3250 3280 4090 4090 4090 4090 4090 4090 4090 4090 4090 4090 4090 5210

131032 141014 141022 141022 142032 143011 * 143014 * 214011 215052 21505C 225011 228011 309070 309074 309075 * 309076 309077 309078 309079 * 309095 3090A7 * 3090B2 3090B4 421011

+Microcnemetum coralloidis+ Rivas-Martínez in Rivas-Martínez & Costa 1976 +Caro-Juncetum maritimi+ Esteve & Varo 1975 +Schoeno-Plantaginetum crassifoliae+ Br.-Bl. 1931 +Schoeno-Plantaginetum crassifoliae+ Br.-Bl. 1931 +Cistancho luteae-Arthrocnemetum fruticosi+ Géhu & Géhu-Franck 1977 +Atriplicetum glauco-halimi+ Rivas-Martínez & Alcaraz in Alcaraz 1984 +Salsolo oppositifoliae-Suaedetum verae+ Rivas Goday & Rigual 1958 corr. Alcaraz, et al. +Charetum vulgaris+ Krause 1969 +Potametum denso-nodosi+ O. Bolós 1957 Comunidad de +Potamogeton pectinatus+ +Andryaletum ragusinae+ Br.-Bl. & O. Bolós 1958 +Cyperetum distachyi+ O. Bolós & Molinier 1984 +Lavandulo lanatae-Echinospartion (Genistion) boissieri+ Rivas Goday & Rivas-Martínez 1969 +Salvio pseudovellereae-Teucrietum leonis+ Sánchez Gómez & Alcaraz 1992 +Santolino canescentis-Salvietum oxyodonti+ Rivas Goday & Rivas-Martínez 1969 +Saturejo intricatae-Echinospartetum boissieri+ Rivas Goday & Rivas-Martínez 1969 corr. Martínez Parras et al. 1984 +Sideritido incanae-Lavanduletum lanatae+ Alcaraz et al. 1991 +Teucrio webbiani-Helianthemetum origanifolii+ Esteve 1973 +Thymo orospedani-Cistetum clusii+ Valle et al. 1988 +Paronychio aretioidis-Astragaletum tumidi+ Rivas Goday & Rivas-Martínez 1969 +Thymo granatensis-Arenarietum tomentosae+ Mota & Valle 1992 +Erinaceo anthyllidis-Genistetum longipedis+ O. Bolós & Rigual in O. Bolós 1967 +Saturejo intricatae-Velletum spinosae+ Rivas Goday 1968 corr. Alcarazet al. 1991 +Crataego monogynae-Quercetum cocciferae+ Martínez Parras et al. 1985 (coscojares con +Juniperus)

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

CÓDIGO UE

CÓDIGO HABITAT

ASOCIACIÓN

5210 5334 5335 5335 5335 6175 6175 6310 6420 6420 6431 8211 8211 8211 8230 9240 92A0 92A0 92A0 92A0 92A0 92D0 92D0 9340 9340 9340 9340 9540

421014 43345B * 433522 * 433524 433529 * 517522 * 517526 531016 542015 54201J 543112 721114 * 721185 721189 * 723040 824013 82A0 82A034 82A041 82A061 82A062 82D021 82D033 834011 * 834012 834015 * 834034 854012 *

+Rhamno lycioidis-Quercetum cocciferae+ Br.-Bl. & O. Bolós 1954 (coscojares con +Juniperus) +Thymo gracilis-Lavanduletum lanatae+ Pérez Raya 1987 +Bupleuro gibraltarici-Ononidetum speciosae+ Rivas Goday & Rivas-Martínez 1969 +Genisto scorpii-Retametum sphaerocarpae+ Rivas-Martínez ex V. Fuente 1986 +Ulici-Genistetum speciosae+ Rivas Goday & Rivas-Martínez 1969 +Coronillo minimae-Astragaletum nummularioidis+ Pérez Raya 1987 +Seseli granatensis-Festucetum hystricis+ Martínez Parras et al. 1987 Dehesas de +Paeonio coriaceae-Quercetum rotundifoliae+ Rivas-Martínez 1964 +Cirsio monspessulani-Holoschoenetum+ Br.-Bl. 1931 +Lysimachio ephemeri-Holoschoenetum+ Rivas Goday & Borja 1961 +Arundini-Convolvuletum sepium+ Tüxen & Oberdorfer ex O. Bolós 1962 +Jasonio glutinosae-Teucrietum rotundifolii+ Pérez Raya & Molero Mesa 1988 +Jasiono minutae-Saxifragetum rigoi+ Mota et al.1991 +Sarcocapnetum crassifoliae+ Cuatrecasas ex Esteve & Fernández Casas 1971 +Hypericion ericoidis+ Esteve 1967 +Daphno latifoliae-Aceretum granatensis+ Rivas-Martínez 1964 (quejigares) Saucedas y choperas mediterráneas +Rubio tinctorum-Populetum albae+ Br.-Bl. & O. Bolós 1958 +Aro italici-Ulmetum minoris+ Rivas-Martínez ex G. López 1976 +Salicetum discoloro-angustifoliae+ Rivas-Martínez ex G. López 1976 corr. Alcaraz et al. 1991 +Salicetum neotrichae+ Br.-Bl. & O. Bolós 1958 +Agrostio stoloniferae-Tamaricetum canariensis+ Cirujano 1981 +Rubo ulmifolii-Nerietum oleandri+ O. Bolós 1956 +Adenocarpo decorticantis-Quercetum rotundifoliae+ Rivas-Martínez 1987 +Berberido hispanicae-Quercetum rotundifoliae+ Rivas-Martínez 1987 +Paeonio coriaceae-Quercetum rotundifoliae+ Rivas-Martínez 1964 +Quercetum rotundifoliae+ Br.-Bl. & O. Bolós 1958 +Rhamno myrtifolii-Juniperetum phoeniceae+ Molero Mesa & Pérez Raya 1987
Fuente: Inventario de hábitats de interés comunitario de Andalucía, Consejería de Medio Ambiente, 1998. Elaboración propia.

Algunas consideraciones sobre la cartografía de referencia
Para finalizar y tal y como se apuntaba ya en la introducción al presente apartado, los datos de las superficies de hábitats, en especial aquellos prioritarios, se han tomado de la cartografía oficial al respecto obrante en la Consejería de Medio Ambiente, la cual data de 1998. Otras fuentes y las prospecciones realizadas sobe el terreno apuntan a que estas superficies están por debajo de la realidad actual. Además se excluyen determinadas asociaciones que según otras fuentes (p.e. Rivas-Martínez y Penas, 2003) entrarían a formar parte del conjunto de hábitats de interés comunitario, tanto prioritarias como no prioritarias, caso por ejemplo de los hábitats salinos endémicos del territorio: Centaureo dracunculifoliae-Dorycnietum gracilis y Limonio delicatuli-Gypsophiletum tomentosae subas. limonietosum maji.

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Comunidades bióticas y biodiversidad

Hábitats no prioritarios de la Directiva 92/43/CEE del Consejo, de 21 de mayo de 1992, relativa a la conservación de los hábitats naturales y de la fauna y la flora silvestres

Fuente: Cartografía de los hábitat de la Directiva 92/43/CEE. Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía, 1998

Límite del Altiplano Hábitats no prioritarios Límite autonómico Límite provincial

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

La representación de los sustratos de yesos en el Altiplano es muy superior a lo que sugiere la cartografía actual de hábitats. En la imagen, laderas en Los Cotos, Pozo Alcón. MY

Centrando la atención en los hábitats prioritarios, la diferencia es muy notable en algunas tipologías, particularmente en las dos clases más singulares del territorio, las estepas salinas y yesosas, hábitats ambos estrechamente relacionados con unas especiales condiciones del suelo. También se observan considerables diferencias en cuanto a la extensión y los límites de determinados pastizales xerofíticos de carácter prioritario, concretamente del tipo Phomido lychnitidis-Brachypodietum retusi que según otras fuentes cartográficas estarían mucho más extendidos por el Altiplano. Algunas de estas deficiencias han sido parcialmente subsanadas por la Consejería de Medio Ambiente en posteriores cartografías temáticas pero aún no están integradas en la cartografía de referencia para hábitat de interés comunitario. El caso de la vegetación gipsícola en el Altiplano cobra especial importancia, debido a que su representación en la cartografía de referencia y en la propuesta de LIC es ínfima en relación al areal que ocupa según, por ejemplo, la cartografía de vegetación forestal (E/1:10.000) elaborada por la propia Consejería de Medio Ambiente. A ello se añade que la Comisión Europea considera que en lo concerniente al territorio español, no se puede afirmar que la Red Natura esté completa en cuanto a este tipo de hábitat prioritario, así como a otros tantos presentes en el territorio (Diario Oficial de la Comunidad Europea: D.O. L 259 de 21.9.2006). Por tanto, al menos en el contexto del Altiplano, se entiende muy deseable que desde la Consejería de Medio Ambiente se acometa una revisión de la cartografía de hábitats, especialmente para aquellos considerados prioritarios, unificando los criterios y la información preexistente, para convertirlos en objeto de proyectos de restauración sobre monte público y, asimismo, estudiar la posibilidad de arbitrar una red de microrreservas sobre aquellos enclaves de mayor valor.

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Comunidades bióticas y biodiversidad

8.3. Fauna
A lo largo de la historia se han descubierto más de 1,5 millones de especies animales y en la actualidad siguen describiéndose miles cada año. Algunos zoólogos estiman que las especies conocidas hasta hoy apenas suponen el 20% de las existentes y menos del 1% de todas las que existieron en el pasado (Hickman et al., 2006). Ahora bien, la información disponible para los distintos grupos de fauna no es homogénea, existiendo grandes diferencias entre vertebrados e invertebrados, tanto a nivel del número de especies por catalogar, como de su autoecología y área de distribución real. Esto es una circunstancia general en la fauna y el Altiplano no es a este respecto una excepción. De todas las especies faunísticas del Altiplano serán aquí tratadas con mayor profusión las aves y en particular dos grupos, las aves esteparias y las rapaces rupícolas. Las primeras, como su propio nombre indica, por ser exclusivas de medios esteparios, y las segundas por mantener subpoblaciones densas y bien conocidas en este contexto, nidificando mayoritariamente en el cinturón de sierras circundante pero utilizando de forma cotidiana el ámbito de estudio. El caso de los invertebrados es bien distinto y así la información disponible no es homogénea ni de gran detalle, a pesar de la importancia que tienen tanto a nivel de la riqueza de especies como del alto grado de relación existente entre determinados grupos y los medios semiáridos. La utilidad y convencionalidad inherente a la clasificación taxonómica, determina que el presente apartado se haya estructurado en función de tal clasificación, con la única salvedad de las aves esteparias y las rapaces rupícolas, tratadas con mayor profusión y agrupadas según la categoría de amenaza asignada en el Libro Rojo de los Vertebrados de Andalucía (Franco y Rodríguez, 2001).
Larva de Coscinia romeii, un lepidóptero ibérico que tiene en el Altiplano su única localidad conocida en Andalucía. EGB

Invertebrados
La mayor contribución de la fauna a la biodiversidad proviene del grupo de los invertebrados. Suponen en torno al 97% de las especies animales descritas en el mundo y cerca del 89% son artrópodos (Wilson, 1988). Los artrópodos son del mismo modo los invertebrados dominantes en sistemas áridos, no obstante la fauna de estos ambientes incluye también moluscos, anélidos y nematodos, capaces de sobrevivir en condiciones de elevada salinidad, alta desecación y temperaturas extremas.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

AMBIENTES SEMIÁRIDOS MEDITERRÁNEOS y ADAPTACIONES DE LA FAUNA
De forma análoga a lo que ocurre con la flora, aunque a una escala menor, la fauna del ámbito mediterráneo presenta un buen número de especies y alcanza un destacable grado de endemicidad, aproximadamente entre el 15-16% (Tortonese, 1985). La heterogeneidad de los sistemas mediterráneos es una característica de gran relevancia para comprender su diversidad, especialmente en aquellos ambientes con marcada aridez que proporcionan una parte significativa de la diversidad asociada a los ecosistemas mediterráneos. El escaso porte y cobertura de la vegetación junto a la alta proporción de suelo desnudo típica de estos hábitats les hacen parecer simples y de escasa diversidad, generando la impresión de hábitats con poco interés natural. Sin embargo las características del medio físico, como la edafología o las extremas condiciones climáticas, propician condiciones óptimas para la aparición de sorprendentes formas de vida animal que proporcionan biodiversidad y un acusado dinamismo a estos medios (Sánchez-Piñero, 2006). Cualquier tipo de hábitat posee una cierta variabilidad, pero en los semiáridos se hace particularmente alta debido a que la escasa vegetación no actúa como amortiguador de los cambios de temperatura o de la evaporación. Ello acentúa la importancia de determinados microhábitats en los que se acumulan humedad y nutrientes, o donde se dan condiciones más favorables de temperatura o insolación (Sánchez-Piñero, 2006). La fauna de zonas semiáridas y áridas, con objeto de adaptarse a las condiciones extremas, ha evolucionado desarrollando una serie de adaptaciones que pueden agruparse en tres grandes tipos. El primero es el desarrollo de adaptaciones etológicas que permiten adaptarse a las condiciones extremas. Es el caso de la modificación de los ritmos de actividad, adquisición de hábitos fosoriales, es decir excavadores, o el uso de cavidades ajenas para refugiarse de las condiciones extremas (caso por ejemplo de arañas o escorpiones). También, por ejemplo, el patrón general entre los aláudidos esteparios de emplazar sus nidos en orientaciones protegidas de la insolación (Yanes et al., 1996) La segunda es la adquisición de características morfológicas y fisiológicas para reducir las pérdidas de agua y el estrés térmico mediante mecanismos termorreguladores y de eficiencia bioenergética. A este nivel, un caso sobresaliente entre las aves esteparias es el de los pteróclidos (Hinsley et al., 1993). Para reducir la pérdida de agua por excreción, algunas especies de invertebrados tienen la capacidad de excretar ácido úrico (artrópodos o reptiles), o la de rehidratar sus tejidos con las lluvias tras sufrir un estado latente de desecación (ácaros, colémbolos o nematodos). Por último, para hacer frente a la escasez de recursos tróficos de estos ambientes, la fauna ha desarrollado dos estrategias marcadamente diferenciadas, como son las dietas generalistas y especializadas. Las especies que han adoptado evolutivamente la estrategia de una dieta generalista pueden explotar un vasto espectro de recursos, lo que constituye una indudable ventaja. Asimismo la especialización trófica aparece también en especies adaptadas a explotar recursos abundantes y predecibles (Hódar, 1995, Hódar et al., 1996; Hódar and Sánchez-Piñero, 2002). La necesidad de estas adaptaciones para sobrevivir a condiciones extremas y escasez de recursos tróficos, limita las especies que pueden formar parte de la comunidad. Tal situación origina en gran medida la aparición de una fauna integrada tanto por especies exclusivas de este tipo de ambientes como por otras generalistas capaces de soportar condiciones muy diversas. Estos factores ecológicos desempeñan un papel esencial como determinantes de la diversidad y singularidad faunística que albergan en la actualidad los ambientes semiáridos andaluces.

Nido de terrera común, orientado al Norte para minimizar la insolación. JHB

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Comunidades bióticas y biodiversidad

La filogenia de los artrópodos revela que la cuenca Mediterránea es un área de historia biogeográfica compleja donde se repiten eventos de dispersión y vicarianza, la especiación resultante de la separación y el subsecuente aislamiento de porciones de una población original. En este entorno geográfico se reconocen numerosas áreas de endemismos tales como la Península Ibérica, Alpes, Balcanes, Magreb occidental y oriental o Córcega y Cerdeña entre otros. No obstante, los resultados de los estudios filogenéticos también muestran que un mismo área puede ser escenario de diferentes historias biogeográficas. Así, mientras la Península Ibérica resulta ser área ancestral para algunos grupos, muestra una condición biogeográfica derivada en otros (Martín-Piera y Sanmartín, 1999). Las zonas áridas en general destacan por la importancia y singularidad de su fauna invertebrada, adaptada a las particulares condiciones del medio. Los invertebrados constituyen el grupo de fauna más importante, tanto por su riqueza de especies como por la biomasa que suponen. En la Península destacan en este sentido el área de los Monegros en Aragón y las zonas semiáridas del sureste peninsular, entre las que se encuentra el Altiplano. Los artrópodos constituyen el grupo dominante, aunque en estos medios, ya se ha dicho, cuentan también con representación de otros grupos. Así, la fauna del sureste peninsular incluye moluscos como Iberus gualterianus (algunas de sus variedades geográficas) y anélidos como la lombriz de tierra Allolobophora caliginosa, capaz de sobrevivir en condiciones de elevada salinidad, alta desecación y temperaturas extremas (SánchezPiñero, 2006). Entre los artrópodos se engloba una elevada diversidad de especies de arácnidos, crustáceos, miriápodos e insectos, con un componente importante de endemicidad. Por ejemplo, los endemismos propios del sureste peninsular constituyen alrededor de un 11% de las especies de familias de coleópteros dominantes en el ámbito de estudio (Barea et al., 2008). A pesar de la importancia de este grupo de seres vivos, los invertebrados del semiárido andaluz han sido comparativamente menos estudiados y con menor intensidad que el resto de elementos de fauna y flora vascular. Asimismo debe tenerse en cuenta que esta zona no participa más que mínimamente en la Red de Espacios Naturales de Andalucía (RENPA), a pesar de sus numerosos y característicos valores naturales, lo que agudiza, si cabe, la necesidad de estudios detallados. En este sentido, los trabajos desarrollados en el entorno por Sánchez-Piñero (2002 y 2006), Picazo (1995), Garrido (2005 y 2007) o Arrébola (2002), y en ambientes semiáridos almerienses por Tinaut y Pascual (2004-2006) o Barranco (1993 y 2004), han supuesto un importante avance, pero serían necesarios más estudios representativos de todo el Altiplano para el deseable conocimiento y efectiva conservación de la biodiversidad. El papel del Libro Rojo de los Invertebrados de Andalucía (Barea et al., 2008; en adelante LRIA) supone un paso decisivo en favor de la protección de los mismos, pues se trata de una herramienta esencial para la futura protección directa de, al menos, un número limitado de especies de las que se dispone de mayor conocimiento. Indirectamente, las acciones encaminadas a la protección de éstas tendrá repercusión en las numerosas especies que comparten hábitat con ellas y que, si bien son menos conocidas, pueden presentar similar interés de conservación. Otras referencias importantes en la conservación de los invertebrados han sido los proyectos desarrollados por la Consejería de Medio Ambiente de la Junta

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

de Andalucía, tanto de invertebrados andaluces en general, como los relativos a la conservación de caracoles terrestres de Andalucía4 en particular, cuya segunda fase está actualmente en ejecución5.

ESPECIES PRESEnTES En EL aLTIPLano Los animales dominantes en los medios áridos y semiáridos son, como en casi todos los ecosistemas, los insectos. En la depresión de Guadix-Baza el 95% de las especies de invertebrados son artrópodos, dominando las pertenecientes a los órdenes himenópteros y coleópteros. Otros órdenes de insectos abundantes y de marcada originalidad en estos territorios son los ortópteros, hemípteros y lepidópteros. El ámbito de estudio incluye una de las diez zonas más importantes de Andalucía para la conservación de los invertebrados continentales (Consejería de Medio Ambiente, 2006). Estos territorios destacan por su riqueza en artrópodos y moluscos continentales amenazados, además de por la diversidad y singularidad de especies, entre las que se pueden citar endemismos del sureste andaluz como el coleóptero Iberodorcadion ferdinandi, el ortóptero Omocestus femoralis o el lepidóptero Heterogynis andalusica, propio éste último de las zonas semiáridas de Granada y Almería. Y también especies raras como Longitarsus tunetanus, que presenta sus dos únicos emplazamientos en España en las provincias de Zaragoza y Granada, aquí concretamente en Baza. En particular la depresión de Baza posee enorme interés entomológico presentando una elevada diversidad de entomofauna, con algunos taxones endémicos locales como el mencionado Heterogynis andalusica o el ropalocero Euchloe bazae, que tiene aquí una subespecie diferenciada de la que habita en Los Monegros (Back et al., 2005). Entre los órdenes con mayor número de especies amenazadas en el Altiplano destacan los lepidópteros y coleópteros, en concordancia con la propia diversidad de dichos grupos a todos los niveles. En función de la catalogación realizada para la elaboración del LRIA (Barea et al., 2008), según criterios de evaluación de la UICN (2001), se exponen a lo largo del presente apartado todas aquellas especies amenazadas características del Altiplano estepario o de presencia marginal que concurren en la zona, organizadas en diez grupos: moluscos terrestres y de agua dulce, y artrópodos de los órdenes Aranei, Decapoda, Odonata, Coleoptera, Lepidoptera, Plecoptera, Ephemeroptera y Orthoptera. Igualmente, se hace mención también a otras especies de interés no amenazadas que han sido evaluadas para el citado Libro Rojo (categorías casi amenazada, datos insuficientes y preocupación menor). Las figuras de protección legal no amparan ninguna de las especies amenazadas aquí tratadas, con excepción del cangrejo de río (Austropotamobius pallipes), incluido en el Catálogo Andaluz de Especies Amenazadas aprobado por la Ley 8/2003, de 28 de octubre, de la Flora y la Fauna Silvestres.

4 5

Programa de actuaciones para la Conservación y uso Sostenible de los Caracoles Terrestres de andalucía (I)-2002-2005 Programa de actuaciones para la Conservación y uso Sostenible de los Caracoles Terrestres de andalucía -2005-2007

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Comunidades bióticas y biodiversidad

MoLuSCoS dE aGua duLCE Filo MOLLUSCA/Clase Gastropoda/Orden Caenogastropoda

Los moluscos de esta familia son un grupo diverso perteneciente al phyllum moluscos, de distribución cosmopolita e integrado por especies acuáticas de reducido tamaño (habitualmente inferior a 8 mm). La Península Ibérica en general y Andalucía en particular, constituyen enclaves de gran valor para la conservación del grupo, debido no sólo a la elevada diversidad de especies, sino también a que muchas de ellas son endémicas y exclusivas de reducidas regiones geográficas (Arconada and Ramos, 2001). La Península Ibérica junto con Italia y la región de los Balcanes constituyen centros evolutivos para este grupo de moluscos.
Tabla 8.18. Moluscos de agua dulce amenazados
CATEGORÍA FAMILIA TAxON

MELANOPSIDAE VULNERABLE HYDROBIIDAE

Melanopsis spp. Milesiana schuelei Pseudamnicola falkneri
Fuente: Barea et al., 2008.

El Altiplano presenta dos especies importantes de estos moluscos, pertenecientes a la familia Hidrobiidae. Se trata de Milesiana schuelei y Pseudamnicola falkneri; ambas consideradas vulnerables (Barea et al., 2008), que ocupan hábitats extremadamente sensibles, al igual que el resto de integrantes de la familia considerados en el LRIA. Milesiana schuelei es el único representante del género en el mundo. Habita en medios de aguas limpias, no contaminadas, ricas en vegetación acuática, que mantienen un flujo de agua constante. Estos manantiales y fuentes son escasos y dispersos, estando sujetos a deterioro y desaparición, principalmente debido a la sobreexplotación de los Ejemplar de Melanopsis spp. JMB recursos hídricos, tan problemática en estos medios áridos. Se distribuye por las sierras béticas andaluzas, presentando dos localidades conocidas en el Altiplano, una en Galera-Orce y otra en Graena. Pseudamnicola falkneri es un endemismo del sureste ibérico que tiene en el Altiplano una de sus tres poblaciones andaluzas. Se localiza también en los municipios de Galera y Orce, en varias fuentes en los márgenes del río Galera, donde fue descrita la especie.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Figura 8.4. Distribución de los moluscos de agua dulce amenazados

Milesiana schuelei Melanopsis sp.
Fuente: Barea et al., 2008

Milesiana schuelei, Melanopsis sp., Pseudamnicola falkneri

Por su parte, el género Melanopsis (familia Melanopsidae) ha sido evaluado en su conjunto como vulnerable, incluyéndose de esta forma en el LRIA, a la espera de estudios detallados que clarifiquen sus problemas taxonómicos, debidos a la amplia gama de caracteres intermedios entre tipos o especies. En Andalucía se reconocen en principio tres especies bien diferenciadas por su concha; M. cariosa, M. lorcana y M. praemorsa, cuyo estatus taxonómico está en discusión. Las poblaciones del Altiplano aún no pueden atribuirse claramente a ninguna de ellas. Estas especies habitan medios acuáticos de diversa tipología tales como fuentes, manantiales, acequias o balsas, si bien preferentemente de aguas duras y sustratos rocosos o consistentes.

MoLuSCoS TERRESTRES Filo MOLLUSCA/Clase Gastropoda/Orden Stylommathophora

En este grupo se encuentran los caracoles y las babosas, cuya principal diferencia radica en la presencia de concha en el primer grupo y su ausencia en el segundo. Estas especies juegan un importante papel en los ecosistemas ibéricos como alimento de numerosas especies de reptiles, anfibios, micromamíferos, insectos y aves, que obtienen de ellos proteína y sales minerales. Otra función importante es la aireación y formación de suelo. La malacofauna terrestre participa también de la dispersión de semillas, polen y esporas, interviene

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Comunidades bióticas y biodiversidad

en la fertilización del suelo al reciclar la celulosa de la materia vegetal y facilita la desaparición de sus componentes inertes. Además destaca la importancia del potencial gastronómico de varias especies.
Tabla 8.19. Caracoles terrestres amenazados
CATEGORÍA EN PELIgRO CRíTICO PREOCUPACIóN MENOR DATOS INSUFICIENTES FAMILIA TAxON

ORCULIDAE CHONDRINIDAE HYGROMIIDAE

orculella bulgarica Chondrina granatensis Helicella zujarensis
Fuente: Barea et al., 2008.

Dos elementos destacables del Altiplano, ambos pertenecientes al orden Pulmonata, se recogen en el LRIA (Barea et al., 2008) por su delicado estado de conservación. Se trata de Orculella bulgarica, considerada en peligro crítico y Helicella zujarensis, en la categoría de datos insuficientes. O. bulgarica habita zonas húmedas o encharcadas, relacionadas con surgencias de agua en terrenos calizos. Esta especie, de distribución original circunmediterránea, presenta en la hoya de Guadix y su entorno las únicas poblaciones conocidas con ejemplares vivos, en concreto seis pequeños núcleos (Arrébola y Garrido, 2008). Su estado de conservación es comprometido, pues la población se encuentra en una situación de declive, que se ha manifestado en la desaparición de buena parte de sus subpoblaciones conocidas.

La escasa y amenazada orculella bulgarica mantiene en el Altiplano sus únicas poblaciones. AR

Por otro lado Helicella zujarensis, hasta el momento solo conocida en Granada, ocupa biotopos de roca caliza, a una altitud entre los 700-1000 metros. La información disponible acerca de la especie no permite un correcto diagnóstico de su estado de conservación, por lo que se ha asignado a la categoría de datos insuficientes. No obstante, el hecho de que solo haya sido encontrada en este área y no haya sido relocalizada hace que requiera especial atención y revela la necesidad de estudios de detalle en la zona. Otro elemento interesante es el endemismo ibérico Chondrina granatensis, localizado en el cerro Jabalcón (Zújar) y varios puntos de las sierras periféricas a la depresión, donde ocupa superficies de rocas calizas (Arrébola y Ruiz, 2008). Cabe referir también la presencia de otros endemismos de rango regional o ibérico no amenazados. Se trata de Iberus gualterianus morfo angustatus y morfo campesinus, ambos de tendencia xerófila y endémicos de Andalucía, así como los endemismos ibéricos Helicella madritensis, Xerocrassa murcica, Xerosecta promissa e Iberus gualterianus morfo alonensis.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Figura 8.5. Distribución de los moluscos terrestres amenazados

Fuente: Barea et al., 2008

Orculella bulgarica Orculella bulgarica (cita bibliográfica) Chondrina granatensis Helicella zujarensis, Chondrina granatensis

aRáCnIdoS Filo ARTHROPODA/Clase Arácnida/Orden Aranei-Palpatores

La araña negra de los Alcornocales (Macrothele calpeiana) es la de mayor tamaño de toda Europa, hasta el momento sólo conocida en el sur peninsular. Habita zonas de alcornocal o bosques mixtos de altitud media y no muy fríos (Barea et al., 2008). Aparte de su escasez, su singularidad radica en que junto con M. cretica, son los dos únicos representantes de la familia Hexathelidae en Europa, mientras el resto de especies se distribuyen por África central y Asia (Fauna Europaea Web Service, 2004). En el territorio ibérico es la única especie del género (Iberfauna, 2000-2007). Las localidades más cercanas a la depresión de Guadix-Baza se encuentran en Sierra Arana y Parapanda, no obstante, presenta localizaciones muy próximas al Altiplano en Diezma y muy probablemente alcancen el mismo en las zonas periféricas de microclima algo más húmedo. Por su singularidad y valor científico, ostenta la categoría de vulnerable en el LRIA (Barea et al., 2008).

dECáPodoS Filo ARTHROPODA/Clase Malacostraca/Orden decapoda

Una especie emblemática tanto de esta zona como de otros muchos cauces calcáreos de Andalucía es el cangrejo de río (Austropotamobius pallipes). Este endemismo europeo se encuentra en una grave situación a nivel

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Comunidades bióticas y biodiversidad

ibérico y en peligro de extinción en Andalucía tanto en el LRIA (Barea et al., 2008) como en el Catálogo Andaluz de Especies Amenazadas. La especie ocupó antaño extensiones importantes en varios ríos del Altiplano, ocupando hasta la pasada década de los 80 cauces como el Castril, Guardal o Galera, así como parte de la cuenca del río Fardes, adentrándose en la depresión de Guadix. Para las poblaciones de la hoya de Guadix, en el arroyo de la Frontina, se registraron las máximas temperaturas del agua conocidas para la especie, tal vez una El cangrejo de río ocupó históricamente una distribución más amplia en el Altiplano. CS adaptación local excepcional (Gil-Sánchez, 1999). Sin embargo, la degradación ambiental de los ecosistemas fluviales, la incidencia de sequías y la falta de un caudal mínimo en algunos puntos donde habitaba la especie, aparte de la problemática de conservación particular que supone la devastadora incidencia de la afanomicosis (infección por el hongo parásito Aphanomyces astaci procedente del cangrejo rojo americano Procambarus clarkii), han impedido que persistieran las notables poblaciones históricas en la zona. En definitiva, no se conoce la presencia actual en el área de estudio, si bien no puede descartarse totalmente que haya subsistido de forma marginal en algún enclave puntual aislado. Podría considerarse su futura reintroducción a partir de ejemplares criados en cautividad en aquellos cauces del territorio que aún reúnan las condiciones adecuadas y estén aislados de la influencia del cangrejo rojo americano.

odonaToS Filo ARTHROPODA/Clase Insecta/Orden Odonata

Dentro de este orden cabe referir varias especies por distintos motivos. En primer lugar, aclarar que la especie Ophiogomphus cecilia, incluida tanto en la Directiva Hábitats como en el Catálogo Andaluz de Especies Amenazadas, ya que se creía presente en Andalucía (Guadalquivir y dentro del Altiplano, en el Guadiana Menor), si bien recientemente, en una revisión de sus citas se ha descartado su presencia en la región. Es probable que fuese inicialmente confundida con otra especie de la misma familia (Ferreras Romero com. pers.). Por tanto, en el Altiplano actualmente no hay presencia de ningún odonato amenazado incluido en el Libro Rojo de losInvertebrados de Andalucía. Ahora bien, algunas especies del género Coenagrion catalogadas como vulnerables en dicho Libro Rojo (C. caerulescens, C. mercuriale y C. scitulum) se presentan en entornos relativamente cercanos, como Sierra Arana, concretamente en el río Fardes, y alguna podría adentrarse en territorio del Altiplano, no obstante resulta poco probable debido a la ecología de estas especies.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

EfEMERÓPTERoS Filo ARTHROPODA/Clase Insecta/Orden Ephemeroptera

Los efemerópteros, también conocidos como efémeras, presentan una forma de vida adulta aérea de corta duración y un estado juvenil acuático. Los componentes de este grupo desempeñan un importante papel como detritívoros y filtradores, y se consideran bioindicadores de la buena calidad del agua por su elevada sensibilidad a la contaminación. En general, se asocian a ríos y arroyos de aguas rápidas, frías y oxigenadas, por lo que su presencia en el Altiplano está restringida a los pocos hábitats favorables.
Tabla 8.20. Efémeras amenazadas
CATEGORÍA EN PELIgRO FAMILIA TAxON

EPHEMERELLIDAE

Torleya nazarita
Fuente: Barea et al., 2008.

Tan solo se conoce una especie amenazada para la zona Torleya nazarita, que presenta en el Altiplano una única localidad en el río Castril. La distribución de esta especie endémica de Andalucía oriental se limita a unas pocas localidades en Granada, todas en la cuenca del Guadalquivir. Otras especies destacables para la zona, por su escasez tanto a nivel local como nacional, son el endemismo iberonorteafricano Pseudocloeon neglectus, distribuido por España y Argelia6, y Rhithrogena marcosi distribuida por España y Bulgaria7 y cuyas localizaciones conocidas se restringen a las provincias de Jaén y Granada (Alba Tercedor com. pers.).

oRTÓPTERoS Filo ARTHROPODA/Clase Insecta/ Orden Orthoptera

Los ortópteros constituyen un orden de insectos de tamaño relativamente grande, a menudo de colores atractivos y algunos de ellos con incidencia económica. Comprende formas tan típicas como los grillos, chicharras, cigarrones y grillotopos o alacranes cebolleros. En general son fitófagos, aunque existen especies depredadoras. Se reconocen hoy día más de 400 especies de ortópteros para la fauna iberobalear (Pascual, 2006) de las cuales una buena parte son endémicas y cerca de 200 están presentes en Andalucía. Entre las especies andaluzas destacan casi una treintena de endemismos de distribución muy restringida.

6 7

http://www.gbif.es/ Records 6590480 (argelia) y yuq7zszGv7y1iezEyjoWka (España). http://www.gbif.es/ Records:5ynSmrtMqesmxLySkjBcfa y MSoHq1s+asKlPqq4yzgqow

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Comunidades bióticas y biodiversidad

Tabla 8.21. Ortópteros amenazados
CATEGORÍA FAMILIA TAxON

omocestus femoralis VULNERABLE ACRIDIDAE Sphingonotus octofasciatus dericorys carthagenovae
Fuente: Barea et al., 2008.

En el Altiplano concurren tres ortópteros amenazados: Dericorys carthagenovae, Sphingonotus octofasciatus y Omocestus femoralis. Dericorys carthagenovae es un endemismo del sureste ibérico que ocupa matorrales xerofíticos del tipo tomillar-espartal en medios semiáridos y áridos (Barranco y Pascual, 1993).
Figura 8.6. Distribución de los ortópteros amenazados presentes en el Altiplano

Omocestus femoralis Sphingonotus octofasciatus Sphingonotus octofasciatus, Dericorys carthagenovae

Fuente: Barea et al., 2008

Sphingonotus octofasciatus es propia de zonas esteparias xéricas del norte de África, Asia y Oriente próximo, y cuya presencia en la Península se limita a la depresión de Guadix-Baza. En el ámbito de estudio selecciona

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

sistemas de ramblas y mesetas cubiertas de matorral bajo con pequeñas manchas forestales (encinas o pinos), así como también algunos almendrales y terrenos de cereal abandonados (Pascual y Barranco, 2008). Esta especie y la anterior se han citado en el Barranco del Espartal, destacando por ello este espacio como un área importante para la conservación de ortópteros amenazados. Por último, Omocestus femoralis, especie endémica del sureste andaluz que alcanza el Altiplano de forma marginal en el entorno de Sierra María. Esta especie tiene su óptimo en zonas más elevadas, caracterizadas por matorral almohadillado espinoso (García y Presa, 1995).

PLECÓPTERoS Filo ARTHROPODA/Clase Insecta/ Orden Plecoptera

Ejemplares de Sphingonotus octofasciatus. PB

Grupo de insectos que presenta una fase juvenil acuática y una adulta de vida aérea y breve que no suele alejarse de las aguas donde se ha desarrollado. Por lo general están asociados a cursos de agua rápidos, fríos y oxigenados. Por estos condicionantes, los plecópteros son escasos en zonas áridas y las especies presentes no son particularmente destacables en general.
Tabla 8.22. Plecópteros amenazados del Altiplano
CATEGORÍA VULNERABLE FAMILIA TAxON

PERLIDAE

Marthamea selysii
Fuente: Barea et al., 2008.

Marthamea selysii es el único plecóptero amenazado presente en el Altiplano. JMB

Sin embargo en el sureste de Jaén se encuentra la especie Marthamea selysii, que vive en las aguas del río Guadiana Menor, en torno a los 400 m de altitud. Esta especie es uno de los dos únicos representantes del género en la fauna ibérica. Se distribuye por Europa central y occidental, presentándose puntualmente en el norte, centro y sur peninsular y alcanzando en Andalucía las provincias de Jaén, Granada y Málaga. Dada la fragmentación de su población ha sido incluida tanto en el Libro Rojo de Andalucía como en el nacional. Al menos en Andalucía se desconoce la extensión real de su área de distribución y evolución, por lo que se hacen necesarios estudios encaminados a determinar la situación de la especie.

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Comunidades bióticas y biodiversidad

CoLEÓPTERoS Filo ARTHROPODA/Clase Insecta/ Orden Coleoptera

Entre las zonas de mayor interés para la conservación de los coleópteros se encuentra sin duda la depresión de Guadix-Baza, por su importancia y riqueza en especies (Sánchez-Piñero, 2002 y 2006; Consejería de Medio Ambiente, 2005-2007). Esta cuenca sedimentaria posee una rica e interesante fauna de coleópteros endémicos y característicos de estos ecosistemas, debido especialmente a sus condiciones extremas y escasez de recursos, lo que supone una importante limitación para la colonización general de la fauna.
Tabla 8.23. Coleópteros amenazados
CATEGORÍA FAMILIA TAxON

VULNERABLE

SCARABAEIDAE DASYTIDAE MELOIDAE CERAMBYCIDAE

Scarabaeus sacer Scarabaeus puncticollis allotarsus cobosi* Berberomeloe insignis Meloe (eurymeloe) nanus Iberodorcadion ferdinandi Longitarsus tunetanus ocladius grandii Macrosiagon pallidipennis* Cerambyx cerdo*

PREOCUPACIóN MENOR

BRACHYCERIDAE RHIPIPHORIDAE CERAMBYCIDAE

Fuente: Barea et al., 2008. (* especie probable en el Altiplano)

Las especies de coleópteros amenazados que tienen poblaciones en esta área son Iberodorcadion ferdinandi, Ocladius grandii, Longitarsus tunetanus y Meloe nanus, así como dos especies de escarabajos peloteros del género Scarabaeus (S. sacer y S. puncticollis), todos ellos calificados como vulnerables (Barea et al., 2008). Iberodorcadion ferdinandi es una especie exclusiva de Andalucía, de la que tan solo se conocen cinco localidades situadas entre las provincias de Granada y Almería, bastante separadas entre sí y asociadas en su mayoría al entorno del Altiplano, donde es algo más frecuente (poblaciones de Galera, Huéscar y La Puebla de Don Fadrique) pero siempre confinada al entorno de cursos de agua. Ocladius grandii es el único representante del género en Europa (Fauna Europaea, 2004)8 y además endémico del sureste español, donde ocupa áreas semidesérticas. Tan solo cuenta con tres poblaciones conocidas y una de ellas en el Altiplano, concretamente en el Barranco del Espartal (Baza).

8

www faunaeur.org.

357

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Figura 8.7. Distribución de los coleópteros amenazados presentes en el Altiplano

Longitarsus tunetanus, Scarabaeus sacer, Meloe (eurymeloe) nanus, Scarabaeus punticollis, Ocladius grandii Scarabaeus puncticollis, Macrosiagon pallidipennis Scarabaeus puncticollis, Scarabaeus sacer Meloe (eurymeloe) nanus, Scarabaeus sacer Ibedorcadion ferdinandi Scarabaeus puncticollis Allotarsus cobosi

Fuente: Barea et al., 2008

Las otras cuatro especies presentan una distribución mediterránea más o menos amplia y su presencia en Europa se limita en casi todos los casos a la Península Ibérica, caso del ya mencionado Longitarsus tunetanus exclusivo de zonas esteparias áridas y semiáridas del mediterráneo, y cuya única población andaluza se conoce también del Barranco del Espartal. Meloe nanus, de distribución surmediterránea, se presenta en la mitad meridional de España en zonas esteparias semiáridas, estando presente también en el Barranco del Espartal y Ladihonda (Guadix). El escarabajo pelotero Scarabaeus puncticollis se distribuye por la zona surmediterránea, Chipre y oriente próximo. En Andalucía presenta tan solo cuatro localidades confirmadas en la franja oriental, habitando zonas gipsícolas. En la hoya de Baza se concentra el mayor núcleo poblacional de Andalucía. Con una distribución más amplia se encuentra otro escarabajo pelotero conocido como escarabajo sagrado (Scarabaeus sacer), que habita fundamentalmente zonas abiertas circunmediterráneas, colonizando extensas áreas del continente asiático. Éste ha sido citado en todas las provincias andaluzas, con óptimo poblacional hasta los 500-600 m de altitud, pero alcanzando máximos próximos a 1000 m, como en esta altiplanicie. En el ámbito de estudio selecciona margas yesíferas en la hoya de Baza y suelos arcillosos en la de Guadix (Sánchez-Piñero y López, 2008). Ambas especies de Scarabaeus están bastante repartidas por la Península, tratándose en general de especies raras y

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Comunidades bióticas y biodiversidad

poco abundantes en la mayoría de las localidades. Las investigaciones actuales indican que han experimentado un importante declive poblacional (Lobo, 2001). Entre otras muchas especies de interés cabe citar a Macrosiagon pallidipennis, endemismo ibérico conocido de Castilla la Mancha y Andalucía (Vélez Blanco). Probablemente confluya en la zona Cerambyx cerdo y los también amenazados Allotarsus cobosi, en la vertiente norte de Sierra María, y la aceitera real (Berberomeloe insignis), endemismo éste último del sureste ibérico propio de zonas semiáridas termófilas que alcanza puntualmente el mesomediterráneo, pudiendo encontrarse en el Altiplano en los alrededores del pasillo de Fiñana. Queda de nuevo patente en este epígrafe la enorme importancia del Barranco del Espartal, localidad típica de estudio entomológico y enclave de enorme interés desde el punto de vista de la conservación. Este enclave alberga cinco de las siete especies amenazadas (LRIA) de coleópteros reseñadas como seguras para el Altiplano.

ocladius grandii es una especie típica de zonas semidesérticas. JMB

LEPIdÓPTERoS Filo ARTHROPODA/Clase Insecta/ Orden Lepidoptera

Se trata de uno de los órdenes de insectos más diversificados, tras los coleópteros e himenópteros. Con un total estimado en torno a las 150.000 especies en el mundo, su inventario está aún lejos de acercarse a la totalidad, tanto en regiones tropicales como en latitudes más septentrionales. En el caso de España se han inventariado unas 4.120 especies (Martín-Piera y Lobo, 2000), y para el territorio andaluz se cifra actualmente en unas 800. En el Altiplano destaca particularmente la zona yesífera de la depresión de Baza como área de interés entomológico por su lepidofauna, además de por otros órdenes de insectos.
Tabla 8.24. Lepidópteros amenazados
CATEGORÍA FAMILIA TAxON

EN PELIgRO VULNERABLE

LYCAENIDAE HETEROGYNIDAE ZYGAENIDAE PIERIDAE ARCTIIDAE NOCTUIDAE

Plebejus pylaon hespericus Heterogynis andalusica zygaena ignifera Euchloe bazae Coscinia romeii Caradrina caesaria (distigma) Iolana iolas Euphydryas aurinia Jordanita vartianae
Fuente: Barea et al., 2008.

CASI AMENAZADA PREOCUPACIóN MENOR DATOS INSUFICIENTES

LYCAENIDAE NYMPHALIDAE ZYGAENIDAE

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Algunas de estas especies han sido catalogadas como amenazadas en el LRIA (Barea et al., 2008). Se trata de Plebejus hespericus, catalogada como “en peligro” y cinco especies consideradas “vulnerables”; Caradrina caesaria, Coscinia romeii, Zygaena ignifera (Fernández-Rubio com. pers.) y los endemismos locales de zonas áridas de Granada Heterogynis andalusica y Euchloe bazae. Euchloe bazae es una mariposa endémica de la hoya de Baza. Habita en matorrales yesófilos de cárcavas y barrancos, típicos del interior de esta depresión, entre los 700 y 1.000 m. Las observaciones en los últimos años detectan un leve descenso de individuos (Olivares y Jiménez, 2008). Otras especies interesantes que aparecen de forma más puntual son Euphydryas aurinia, presente en casi todas las sierras circundantes, Jordanita vartianae y, probablemente, Iolana iolas; que respectivamente figuran en las categorías de Heterogynis andalusica, una mariposa riesgo menor, casi amenazado y datos insuficientes para su evaluación en el endémica de la hoya de Baza. FSP LRIA. Además, también merece mención la mariposa de la alcaparra Colotis evagore, distribuida irregularmente en función de su planta nutricia, relativamente frecuente en determinadas zonas del territorio sobre suelos margosos. La lepidofauna nocturna, más adaptada a las condiciones ecológicas de la estepa semiárida, es la que aporta mayor entidad a la diversidad entomológica de la zona. Entre las especies nocturnas más importantes de este territorio destacan varios endemismos y especies raras o de localización puntual. Es el caso de Heterogynis andalusica, endémica de las zonas yesíferas con vegetación halófita de la hoya de Baza. O también de Coscinia romeii, endemismo ibérico que tiene en la depresión de Baza su única localización conocida en Andalucía.

Colotis evagore, mariposa de la alcaparra, en su planta nutricia. MY

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Comunidades bióticas y biodiversidad

Otras originales especies nocturnas presentes en el Altiplano, aunque no amenazadas, son Eremobastis fulva, Lasiocampa serrula o Albarracina warionis. En las zonas yesíferas del Barranco del Espartal también están citadas Caradrina caesaria, típica de zonas áridas y C. flava, junto a otros nóctuidos como Cryphia gea, Victrix microglossa, Alvaradoia numerica, Cucullia achilleae, Powellinia pierreti, Pseudohadena chenopodiphaga, Discestra sodae, D. sociabilis, Saragossa seeboldi y Eremopola lenis (Pérez-López com. pers.), ésta última catalogada como en peligro en el Libro Rojo de los Invertebrados de España (Verdú y Galante, 2005).
Figura 8.8. Distribución de los lepidópteros amenazados

Plebejus pylaon hespericus, Euchloe bazae, Heterogynis andalusica Caradrina distigma, Coscina romei, Heterogynis andalusica Plebejus pylaon hespericus Euchloe bazae, Heterogynis andalusica Euchloe bazae Euphydryas aurinia Iolana iolas
Fuente: Barea et al., 2008

Zygaena ignifera

CaRaCTERIzaCIÓn dEL HáBITaT Una herramienta fundamental para la conservación de una especie o un grupo de ellas es conocer los parámetros que rigen su distribución (Fleishman et al., 2001). En el caso de los invertebrados, tanto la falta de conocimiento de aspectos básicos de su biología como la falta de inventarios completos suponen una limitación significativa a la hora de establecer tendencias generales para grandes grupos (Barea et al., 2008), aunque existen ciertas excepciones.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

A pesar de ello, en el LRIA se establecen una serie de tipologías de hábitat para los invertebrados amenazados continentales, por ejemplo aguas epicontinentales, ecosistemas costeros, alta montaña, estepas subdesérticas, bosques, etc. De todos ellos los que mantienen un mayor número de especies amenazadas son los cursos de agua (>35), en segundo los ecosistemas costeros (>25), y en tercer lugar de importancia la alta montaña y las estepas subdesérticas, ambas con más de 20 especies.
Tabla 8.25. Relación de especies amenazadas y hábitat tipo del Altiplano
TIPOLOGÍA GRUPO ORTóPTEROS COLEóPTEROS ESPECIES

ESTEPA SUBDESéRTICA

LEPIDóPTEROS

Sphingonotus octofasciatus dericorys carthagonovae Scarabaeus sacer Scarabaeus puncticollis Berbemeloe insignis Meloe nanus Longitarsus tunetanus ocladius grandii Heterogynis andalusica Euchloe bazae Coscinia romeii Caradrina caesaria Melanopsis sp Milesiana schuelei Pseudamnicola falkneri orculella bulgarica austropotamobius pallipes* Torleya nazarita Marthamea selysii Iberodorcadion ferdinandi Helicella zujarensis Chondrina granatensis omocestus femoralis Iolanas iolas Macrothele calpeiana* Cerambyx cerdo* Plebejus pylaon hespericus allotarsus cobosi* zygaena ignifera
Fuente: Barea et al., 2008.

AgUAS EPICONTINENTALES

MOLUSCOS DE AGUA DULCE

MOLUSCOS TERRESTRES DECáPODOS EFEMERóPTEROS PLECóPTEROS COLEóPTERO

ROQUEDOS MATORRAL FORMACIONES ARBóREAS

MOLUSCOS TERRESTRES ORTóPTEROS LEPIDóPTEROS ARáCNIDOS COLEóPTEROS LEPIDóPTEROS COLEóPTEROS LEPIDóPTEROS

PASTIZAL

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Comunidades bióticas y biodiversidad

El Altiplano cuenta con representación de buena parte de ellos, matorrales, sistemas agrícolas y mosaicos, roquedos, pinares autóctonos y repoblaciones forestales, entre otros. Ahora bien, los que aglutinan un mayor número de especies son las estepas subdesérticas, con doce especies amenazadas, y los cursos de agua, con siete especies seguras y otra probable. El hábitat denominado como estepas subdesérticas por el LRIA es, a grandes rasgos, el objeto principal de este Programa. Estos sistemas tienen unas características climáticas, geológicas y edafológicas ya descritas en capítulos precedentes, que generan una importante variabilidad espacial y temporal en las comunidades de seres vivos, lo que provoca la existencia de comunidades diversas y ricas, en particular de flora e invertebrados (Barea et al., 2008).

Coscinia romeii, una especie típica de ambientes esteparios semiáridos ibéricos. JPL

Por otro lado se encuentran las aguas continentales en todas las tipologías ya citadas en el apartado 7.5. (ríos, arroyos, ramblas, etc.). Éstas albergan especies de invertebrados amenazados, destacando grupos como los moluscos de agua dulce, libélulas, efémeras o plecópteros. Dependiendo de las especies o grupos este medio es utilizado en alguna de sus fases del ciclo biológico o durante toda la vida del organismo.

faCToRES dE aMEnaza y RECoMEndaCIonES dE GESTIÓn Las especies amenazadas de la fauna invertebrada son altamente vulnerables a ligeros cambios en sus ecosistemas, fundamentalmente debido a la especificad de su nicho ecológico, estando documentado el declive de gran número de especies por cambios en sus hábitat, caso por ejemplo de algunos escarabajos ibéricos (Lobo, 2001), ortópteros endémicos griegos (Kati et al., 2006) o mariposas de los pastos calcáreos alemanes (Wenzel et al., 2006).

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Para cada especie se pueden citar o identificar una serie de amenazas, en gran medida determinadas por el hábitat que ocupa. Una de las más importantes y conocidas es la intensificación de la agricultura, que afecta a más de 70 especies amenazadas en Andalucía y está asociada a la aplicación de herbicidas, insecticidas y fertilizantes químicos, con impacto directo sobre este grupo e indirectamente sobre la escala trófica. Otras amenazas también importantes son la creación de nuevas infraestructuras, la sobreexplotación de los recursos hídricos, la contaminación y polución, los cambios en el uso agrícola y el deterioro de cauces. A lo largo de este apartado se ha hecho evidente que la hoya de Baza posee una muy relevante riqueza en especies de invertebrados amenazados, fundamentalmente ligados a los sistemas de ramblas yesíferas bien conservadas. En especial el reiteradamente mencionado Barranco del Espartal, que presenta excepcional riqueza y singularidad de especies correspondientes a diferentes órdenes. De hecho, este paraje se sitúa entre las tres zonas con mayor número de especies amenazadas de Andalucía con un total de 10 (Barea et al., 2008). Estudios realizados por el Departamento de Biología de la Universidad Autónoma de Madrid (López et al., 2008) proponen la creación de microrreservas en lugares importantes para determinadas especies de invertebrados como estrategia adecuada para completar la Red de Espacios Naturales Protegidos en Andalucía. Estos autores en su trabajo sobre lepidópteros consideran que la RENPA abarca territorios suficientes para

El Barranco del Espartal es un enclave que merece protección por su importancia para los invertebrados. CPS

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Comunidades bióticas y biodiversidad

la conservación de este grupo invertebrado, con dos excepciones, ambas en la provincia granadina, la Sierra de la Sagra y la hoya de Baza. En este sentido el Barranco del Espartal, en plena hoya de Baza, podría ser un excelente ejemplo de territorio sobre el que implementar una fórmula de protección territorial de este tipo. También cuentan con gran importancia otros parajes como la Rambla del Grao o varios puntos de la hoya de Baza, siendo de especial interés los biotopos donde habita Orculella bulgarica, especie en peligro crítico, así como otros moluscos acuáticos muy localizados y de fácil protección mediante esta figura de microrreservas. En cualquier caso, se desea destacar nuevamente la necesidad de emprender nuevos estudios dirigidos a una mayor prospección entomológica de las zonas semiáridas, en particular del Altiplano. De esta labor muy probablemente hayan de surgir aún nuevas especies y, sobre todo, nuevas localidades para especies escasas y amenazadas que de otro modo acabarían desapareciendo sin que, ni siquiera, se haya tenido consciencia de su presencia en el Altiplano.

Vertebrados
La historia de los vertebrados se despliega a lo largo de 530 millones de años, desde principios del Cámbrico (Hickman et al., 2006), tiempo durante el cual han evolucionado hasta conformar los mayores y más complejos animales conocidos. Esta evolución ha supuesto una progresiva diversificación adaptativa, que les ha permitido colonizar ambientes cada vez más restrictivos. En la actualidad los vertebrados habitan medios marinos, dulciacuícolas, terrestres y aéreos, presentando una enorme variedad de modos de vida (p.e. Kardong, 2006). Taxonómicamente los vertebrados están todos incluidos en el filo Chordata, subfilo vertebrata, sumando más de 51.000 especies (Hickman et al., 2006). En España, según los datos de los diferentes Atlas Nacionales y del Inventario Nacional de Biodiversidad del Ministerio de Medio Ambiente, el número de especies de vertebrados suma un total de 1.068, incluidos los peces marinos. Esto le convierte en el país europeo con mayor cantidad de especies descritas, endemismos y proporción más alta de especies en peligro de extinción (Ramos et al., 2002). Tal situación es resultado de una combinación de procesos geológicos y bioclimáticos, pero también de las sucesivas intervenciones humanas en el territorio (Tellería, 2002). La alta diversidad que atesoran España y Andalucía les confiere una gran responsabilidad en la conservación de la biodiversidad europea de vertebrados, en particular debido a la elevada relación de fauna amenazada. Tal situación ya quedó recogida en el Libro Rojo de los Vertebrados de España (Blanco y González, 1992), donde se exponía que el 42% de las especies de vertebrados españoles (peces marinos excluidos) sufrían algún tipo de amenaza, siendo esta más grave en un 20% de los casos. A pesar de la extrema y condicionante climatología con la que cuenta el Altiplano (apartado 7.2.) éste mantiene representación de un tercio de las especies de vertebrados continentales españoles, destacando especialmente los territorios de ecotono entre la depresión y las sierras circundantes.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Tabla 8.26. Comparativa del número de especies
GRUPO ALTIPLANO ANDALUCÍA P. IBéRICA ESPAÑA

PECES CONTINENTALES*1 ANFIBIOS*2 REPTILES*2 AVES*3 MAMíFEROS TERRESTRES*4

10 8 18 133 48

31 17 32 206 55

67 29 52 315 93

67 33 81 337 107

TOTAL*5

217

341

556

625

*1 Doadrio, 2002;*2 Pleguezuelos et al., 2002; Montori y Llorente, 2005.*3 Martí y Del Moral, 2003;*4 Palomo y Gisbert. 2002; *5 Excluidos los peces y mamíferos marinos

A continuación se tratan los grupos de vertebrados con mayor relevancia en estos territorios semiáridos. Tales son las aves esteparias y las rapaces rupícolas, estas últimas, aunque no específicas de estos medios, si presentan en ellos sus zonas de alimentación. Además se han agrupado bajo el epígrafe “otros vertebrados de interés” al resto de especies de vertebrados con alto valor en el Altiplano.

aVES ESTEPaRIaS Se entiende por aves esteparias aquellas que presentan la totalidad o la mayoría de sus efectivos poblacionales en hábitats esteparios, así como también aquellas que, a pesar de ocupar también otros tipos de medios, alcanzan las densidades más altas en este tipo de hábitat. El conjunto de aves definidas como esteparias de la cuenca Mediterránea constituye una peculiar combinación de elementos faunísticos asiáticos y norteafricanos, presentando adaptaciones morfológicas, fisiológicas, etológicas y ecológicas que les permiten ocupar estos singulares ambientes esteparios. Se distribuyen formando comunidades ligadas a una determinada estructura de la vegetación y, en menor grado en Andalucía, por un gradiente biogeográfico y climatológico, factores todos que responden a los grandes patrones de distribución en la Península Ibérica. Muchas de ellas son formas de vida evolucionadas en ambientes áridos, correspondiendo a grupos con centros de especiación en el vecino continente africano, y que por tanto son de gran singularidad biológica y ecológica en el contexto europeo. Una originalidad que se añade al valor de conservación de algunas de estas especies que suponen una aportación exclusiva o casi exclusiva de España y Andalucía a la biodiversidad en la Unión Europea. La avifauna de los ambientes esteparios posee una notable singularidad en el contexto de la UE. La reducida representación territorial que tienen estos medios y la composición de sus comunidades, con una elevada proporción de elementos exclusivos, le confiere una gran originalidad y rareza. La Península Ibérica presenta algunos de estos escasos enclaves europeos, solamente comparables con los que se encuentran en el otro extremo del continente.

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Comunidades bióticas y biodiversidad

Las zonas de ecotono entre el Altiplano y las sierras circundantes tienden a ser las de mayor riqueza en especies de vertebrados. En la imagen, mosaico de pinares, espartales y tierras de labor al pie de la Sierra de Castril. JH

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

La Península Ibérica resulta fundamental para las aves esteparias. Esto es así debido a que el 60 % de estas especies mantienen más de la mitad de sus efectivos europeos en territorio ibérico y seis tienen en él la totalidad o casi de sus efectivos (Tabla 8.27.).
Tabla 8.27. Población ibérica de aves esteparias respecto al total europeo
POBLACIÓN IBéRICA ESPECIES

100% 95% 75% 50%

ganga ortega, alondra ricotí, collalba negra cogujada montesina, camachuelo trompetero, ganga ibérica cernícalo primilla, sisón común, collalba rubia, perdiz roja avutarda común, canastera común, terrera común, bisbita campestre, curruca tomillera
Fuente: Yanes y Delgado, 2006.

El papel de Andalucía desde el punto de vista poblacional es también destacable para una buena parte de las especies de aves esteparias. Catorce especies muy probablemente mantengan más del 10% de sus efectivos ibéricos en esta comunidad. Tres de ellas, además, encuentran más de la mitad de sus efectivos ibéricos en tierras andaluzas. Cabe destacar que las especies con poblaciones más amenazas en Andalucía son las que suponen una parte menor de las poblaciones ibéricas, con la excepción de la canastera (Glareola pratincola; Tabla 8.28.).
Tabla 8.28. Población andaluza de aves esteparias respecto al total en España
POBLACIÓN ANDALUZA ESPECIES

> 50% > 25% > 10%

collalba negra, canastera común, camachuelo trompetero cernícalo primilla, aguilucho cenizo, carraca europea terrera marismeña, perdiz roja collalba rubia, alcaraván común, cogujada común, curruca tomillera, cogujada montesina, codorniz común
Fuente: Yanes y Delgado, 2006.

De estas especies que cuentan con un mayor grado de amenaza, en el ámbito de estudio, se encuentra la ganga ortega (Pterocles orientalis) y la alondra ricotí (Chersophilus duponti), la primera se estima mantiene en Andalucía entre el 5-10% de los efectivos ibéricos, y la segunda aproximadamente el 1%. En el contexto continental y desde el punto de vista cualitativo España es el país con mayor importancia para las aves esteparias (Figura 8.9.).

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Comunidades bióticas y biodiversidad

Figura 8.9. Número de especies esteparias y amenazadas en países europeos

Fuente: Yanes y Delgado, 2006. Elaboración propia.

> 10 especies

< 10 especies

Nº total de especies amenazadas Nº total de especies presentes

En la España peninsular, y dejando aparte la avifauna esteparia insular, que en el caso de las Islas Canarias incorpora especies estrictamente macaronésicas, la distribución de las aves esteparias en la Península se caracteriza por la escasa riqueza de la región Eurosiberiana, siendo la región Mediterránea la que aglutina el verdadero núcleo de distribución y Andalucía la región con mayor número de especies (Figura 8.10.). Desde la perspectiva andaluza se observa que la mitad occidental alberga mayoritariamente estepas cerealistas, siendo Sevilla la provincia que presenta un mayor número de especies, con un total de veintitrés, mientras que en la mitad oriental, representativa de la estepa leñosa, Almería alcanza esta misma cifra. A pesar de la riqueza específica de este grupo en la Península Ibérica, no existe un nivel de endemicidad relevante, debido posiblemente a la respuesta de este grupo ante el paleoclima, pues cuentan con una gran movilidad y ello dificulta la especiación. No obstante, existen dos casos de especies con área de distribución más restringida, ambas iberonorteafricanas, la collalba negra (Oenanthe leucura) y la alondra ricotí. La mayor parte de las aves esteparias cuenta con protección legal, con la excepción de la alondra común (Alauda arvensis), triguero (Miliaria calandra), codorniz (Coturnix coturnix) y perdiz roja (Alectoris rufa), las dos últimas consideradas también especies cinegéticas.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Figura 8.10. Número de especies esteparias y amenazadas en las comunidades autónomas peninsulares españolas
Nº total de especies amenazadas Nº total de especies presentes

PROVINCIA

Nº AVES ESTEPARIAS

Nº AVES ESTEPARIAS AMENAZADAS

Córdoba Jaén huelva Sevilla granada Almería Málaga Cádiz

21 20 22 23 21 23 19 20

11 10 13 13 11 13 9 11

Altiplano

22

12

Fuente: Yanes y Delgado, 2006. Elaboración propia.

Menos de 15 especies Entre 15 y 20 especies

21 22

23 24

25

ESPECIES PRESEnTES En EL aLTIPLano La importancia del Altiplano para este grupo de aves es elevada, ya que en menos de medio millón de hectáreas se encuentran representadas veintidós de las veinticinco especies andaluzas. Este alto número de especies reproductoras sitúa al Altiplano por encima de la mayoría de las provincias andaluzas, al mismo nivel que comunidades autónomas como Extremadura y Murcia; y por encima de todos los países europeos (Figuras 8.9. y 8.10.). De las 22 especies presentes en el ámbito de estudio 12 se encuentran amenazadas, entendiendo como tales aquellas incluidas en el Libro Rojo de los Vertebrados Amenazados de Andalucía (Franco y Rodríguez, 2001). Actualmente, las aves

Macho de collalba gris (oenanthe oenanthe). JMD

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Comunidades bióticas y biodiversidad

esteparias son el grupo de vertebrados que acapara la mayor proporción de especies amenazadas; hasta el 60% de las mismas tienen algún grado de amenaza, y el 83% presentan una situación de conservación desfavorable, siendo el grupo de aves más amenazado en Europa, con un riesgo de desaparecer en las próximas décadas superior al de cualquier otro grupo ornitológico europeo.
Tabla 8.29. Aves esteparias presentes en el Altiplano y estado de conservación
CATEGORÍA TAxÓN ALONDRA RICOTÍ GANGA ORTEGA AGUILUCHO CENIZO SISóN COMúN ALCARAVáN COMúN CERNÍCALO PRIMILLA CARRACA EUROPEA COLLALBA NEGRA TERRERA MARISMEñA CAMACHUELO TROMPETERO TERRERA COMúN COLLALBA RUBIA PERDIZ ROJA CODORNIZ COMúN ALONDRA COMúN COGUJADA MONTESINA COLLALBA GRIS CALANDRIA COGUJADA COMúN TRIGUERO BISBITA CAMPESTRE CURRUCA TOMILLERA

EN PELIgRO VULNERABLE

(Chersophilus duponti) (Pterocles orientalis) (Circus pygargus) (Tetrax tetrax) (Burhinus oedicnemus) (falco naumanni) (Coracias garrulus) (oenanthe leucura) (Calandrella rufescens) (Bucanetes githagineus) (Calandrella brachydactyla) (oenanthe hispanica) (alectoris rufa) (Coturnix coturnix) (alauda arvensis) (Galerida theklae) (oenanthe oenanthe) (Melanocorypha calandra) (Galerida cristata) (Miliaria calandra) (anthus campestris) (Sylvia conspicillata)
Fuente: Franco y Rodríguez, 2001.

CASI AMENAZADA

NO AMENAZADA

DATOS INSUFICIENTES

A pesar de las políticas agroambientales desarrolladas en el ámbito de la PAC (Política Agraria Común) a lo largo de la última década, la situación de las poblaciones de las aves esteparias en Europa no ha dejado de empeorar. En España la situación es similar ya que las aves esteparias son el único grupo de aves terrestres que ha acrecentado el número de especies amenazadas desde 1986. Las experiencias de conservación más recientes indican que es posible desarrollar medidas agroambientales que favorezcan a este grupo sin comprometer la viabilidad de una agricultura sostenible (Oñate et al., 2007).

TaxonES En PELIGRo

El Altiplano cuenta con dos especies de aves esteparias catalogadas “en peligro de extinción”, la alondra ricotí y la ganga ortega.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Alondra ricotí La ricotí es un aláudido escaso y muy localizado en Andalucía, que se comporta de forma muy estricta en cuanto a la selección del hábitat, eligiendo estepas de vegetación natural, en terrenos llanos o de suaves pendientes, y con vegetación de caméfitos u otras leñosas de escaso porte (altura media entre 20 y 40 cm, y altura máxima entre 60 y 80 cm), así como una importante proporción de suelo desnudo (Garza y Suárez, 1990; Garza et al., 2005; Garza et al., 2006). En Andalucía su distribución se limita a las provincias de Granada y Almería. En Granada, se encuentra la población con mayor número de efectivos en los espartalestomillares del Padul, la cual representa aproximadamente el 55% del total andaluz (Martín et al., 2006); existen otras poblaciones en Almería, en concreto en el Campo de Níjar, Sierra de Gádor y Sorbas (Martín et al., 2006). En 2001 la población reproductora andaluza se estimó en 200 parejas (Castro y Manrique, 2001a) y en el 2003 no superior a 200 aves. (Garza et al., 2003). Los correspondientes a 2005 hablan de entre 22 y 33 machos territoriales (Calero et al., 2005) y en 2006 el equipo de seguimiento de la Consejería de Medio Ambiente detectó un mínimo Hembra de alondra ricotí. MY de 19 machos (Martín et al., 2006). Aunque la diferente metodología probablemente sobreestimara los efectivos en los primeros censos, resulta en cualquier caso indicativo de una tendencia poblacional regresiva que sufre la especie y su creciente posibilidad de extinción en la región andaluza. En el Altiplano actualmente no existen evidencias de su reproducción, al menos en los últimos censos (2005 y 2006). En 2005 no hubo contactos ni en la hoya de Guadix-Baza ni en los Llanos de Orce. En 2006 el Programa de Actuaciones para la Conservación de las Aves Esteparias en Andalucía de la Consejería de Medio Ambiente tampoco obtuvo contacto alguno en los censos efectuados sobre varias áreas seleccionadas del Altiplano durante la época de reproducción. No obstante, en este territorio hay zonas que muestran potencialidad para la reproducción e invernada de la alondra ricotí, como son la hoya de Baza, la hoya de Guadix, el entorno de Darro y los Llanos de Orce. La hoya de Baza mantuvo al menos hasta 1988 una población de 11 parejas en dos pequeñas zonas, ambas próximas a la localidad de Baza, aunque ya desde principios de los noventa no se han vuelto a escuchar reclamos en la zona. En la hoya Accitana la primera observación publicada es de 1978 de un bando de 20 ejemplares cerca de la carretera de Guadix a Baza (De Juana, 1983), en el entorno del monte Cortijo Conejo. En 1982 se citó un ave en Pedro-Martínez y otra en 1990 en la misma zona (Pleguezuelos, 1992). En Guadahortuna existe una posible cita en 2002 (Calero et al., 2005). Más recientemente, un ave fue observada en noviembre de 2005 en Cortijo Becerra (F. J. Martín, com. pers.).

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Comunidades bióticas y biodiversidad

También en el entorno de Darro, muestreado con resultado negativo, se conocen un par de citas, una en 1990 y otra más reciente en 2005 (Calero et al., 2005). Por último, para los Llanos de Orce se publica también una observación en 2002 (Palanca, 2004). A pesar de no existir constancia de reproducción actual en el Altiplano, estas zonas tienen aún características para su posible uso invernal por la especie e incluso para una hipotética recolonización futura. Asimismo, la Consejería de Medio Ambiente, a través del Programa de Actuaciones para la Conservación de las Aves Esteparias, está realizando una serie de trabajos experimentales orientados a mejorar el hábitat para ésta y otras especies de aves esteparias. Alguno se ha efectuado en el Altiplano, como es el caso del monte Cortijo Conejo. Además, en un futuro se pretende actuar en el monte Atochares (término municipal de Benamaurel), donde existió un núcleo reproductor hasta principios de los noventa (Martín et al., 2006).

Ganga ortega La otra especie en peligro, la ganga ortega selecciona zonas abiertas de poca cobertura vegetal como barbechos de larga duración, eriales y pastizales, importantes durante los períodos reproductor e invernal. Las siembras parecen ser seleccionadas negativamente, al igual que los matorrales de cierta altura. En el caso de las leguminosas son seleccionadas en ciertas ocasiones de forma positiva, mientras que otras lo hacen de forma negativa (Suárez et al., 1999). La especie utiliza para nidificar las áreas más desnudas y pedregosas, a veces en límites de campos de cultivo (Castro y Manrique, 2001b). La población nidificante en Andalucía se ha estimado en 450 parejas, repartidas en unas 200 parejas en Granada, 100 parejas en Almería y otras 100 en Jaén, y el resto en Andalucía occidental, no estando presente en la provincia gaditana (Yanes y Delgado, 2006). En el contexto del Altiplano la ortega sería posiblemente el ave esteparia con mayor importancia y representatividad, debido a su grado de amenaza y a su abundancia relativa en la zona, pues se estima que esta zona mantiene en torno al 60% de la población andaluza reproductora.

Macho de ganga ortega. JHB

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Distribución de aves esteparias amenazadas en el Libro Rojo de los Vertebrados de Andalucía*
Presencia de especies con categoría ‘en peligro de extinción’ Presencia de especies con categoría ‘en peligro de extinción’ y ‘vulnerable’ Presencia de especies con categoría ‘vulnerable’

*A excepción del alcaraván (Burhinus oedicnemus)

Escala 1:400.000

Fuente: Martín et al., 2006; SEO-BirdLife, 2006; Ramírez com. pers.; Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía, 2006; Delegación Provincial de Medio Ambiente de Granada. Junta de Andalucía, 2007

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TaxonES VuLnERaBLES

Presentes en el área de estudio se encuentran tres de las cuatro especies de aves esteparias consideradas vulnerables en Andalucía: sisón común (Tetrax tetrax), aguilucho cenizo (Circus pygargus) y alcaraván común (Burhinus oedicnemus). Sisón común El sisón es una especie de distribución Paleártica, pero que presenta en la Península más de la mitad de su población mundial. En Andalucía alcanza las mayores poblaciones en el valle del Guadalquivir, el Andévalo y las estepas granadinas. Selecciona amplios espacios abiertos de cultivo de cereal en secano, especialmente aquellos con linderos, eriales y barbechos (Martínez, 1994), aunque también puede ocupar pastizales y dehesas, siempre que la densidad de arbolado sea muy baja, y puntualmente espartales como los que dominan el Altiplano (Franco y Rodríguez, 2001). En el ámbito de estudio se encuentra mejor representado en las zonas periféricas, coincidiendo con los cultivos de secano (apartado 12.1.).

Alcaraván común Se trata de la especie esteparia con mayor rango de distribución, y posiblemente una de las más ubicuas del grupo. Selecciona positivamente superficies llanas y desarboladas, bien pastizales o cereales; no obstante, también se distribuye por hábitats arbolados como almendreras o dehesas, incluso alcanzando densidades importantes en olivares.
Macho de sisón común. JMD

Aguilucho cenizo El aguilucho cenizo, especie también paleártica, cría en la Península Ibérica fundamentalmente sobre cultivos de cereal, aunque también nidifican en oleaginosas, humedales y marjales, brezales de montaña e incluso en algunos olivares. La población andaluza en 2001 se estimó entre 1.366-1.505 parejas, principalmente en Cádiz y Sevilla, siendo muy escaso en el sureste andaluz, llegando a no tener ninguna pareja reproductora en la provincia almeriense en el 2005. En este año, durante los censos realizados por el Programa de Actuaciones para la Conservación del Aguilucho cenizo en Andalucía, que lleva a cabo la Consejería de Medio Ambiente, se detectaron un total de 570 nidos en Andalucía.

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Alcaraván común. JM

Dentro del ámbito del proyecto se ha encontrado una única pareja, localizada en el sureste de Jaén, aunque hay datos históricos de alguna otra en el norte de la provincia de Granada. Este bajo número de reproductores llama la atención, máxime cuando casi el cincuenta por ciento del Altiplano se destina a cultivo de cereal. Esta situación puede explicarse, en gran medida, por el tardío desarrollo del cereal, que imposibilita la ocultación de nidos cuando los aguiluchos llegan procedentes de África (A. Madero com. pers.).

TaxonES CaSI aMEnazadoS

Como puede observarse en la Tabla 8.23. en el Altiplano están presentes cinco especies casi amenazadas: cernícalo primilla (Falco naumanni), carraca europea (Coracias garrulus), camachuelo trompetero (Bucanetes githagineus), terrera marismeña (Calandrella rufescens) y collalba negra (Oenanthe leucura).

Cernícalo primilla Falcónido típico de la estepa cerealista que ocupa puntualmente también zonas de olivares y pastizales ganaderos. De forma mayoritaria nidifica en construcciones y muy puntualmente en cortados rocosos. En Andalucía es más frecuente en el valle del Guadalquivir y Cádiz. En 1995 se cifró la población andaluza en 3.923 parejas, pero los datos recientes de la Consejería de Medio Ambiente 2004/2005 hablan de 3.492 y 3.805 pp., siendo Granada y Almería las provincias que presentaban menor número de parejas. En el Altiplano la tendencia poblacional parece ser favorable, debido a que las colonias del entorno de Puebla de Don Fadrique, Huéscar y Guadahortuna están evolucionando positivamente. En cambio, en el

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Macho de primilla en vuelo. JM

sureste de Jaén la tendencia se muestra negativa asociada a la implantación generalizada del olivar, quedando únicamente una colonia con ocho parejas en 2007 en el territorio giennense del Altiplano. El cernícalo primilla en Andalucía está siendo objeto de programas de reintroducción en localidades con presencia histórica y actualmente desaparecidas. Uno de estos programas se ha efectuado en el Altiplano, concretamente en la localidad de Jódar, si bien no obtuvo los resultados esperados en cuanto a la recolonización del casco urbano. Carraca europea La carraca europea no es una especie exclusiva de la estepa, pues puede ocupar otros medios como olivares y dehesas. Ahora bien, estudios de selección de hábitat muestran que la carraca tiene preferencia por las estepas de vegetación natural frente a los campos de cereal (Avilés et al., 2000). Además, otra característica de su ecología es que evita las zonas de influencia oceánica y nidifica a altitudes bajas, en torno a 400-600 m, salvo en la comarca de Guadix donde alcanza los 1000 m (Avilés, 2006). En los espartales del ámbito de estudio, fundamentalmente en las prolongaciones hacia Almería (ver 3.1. Límites geográficos), la especie alcanza densidades elevadas, de hasta 0,4 aves/km (Pleguezuelos, 2001).
Carraca europea. MR

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Camachuelo trompetero El camachuelo trompetero es una especie de distribución paleártica, que en Europa únicamente aparece en el sureste ibérico, Canarias y Turquía. En Canarias está presente la subespecie amantum que es endémica, y en la Península zedlitzi que se extiende de forma fragmentada por Alicante, Murcia, Almería y Granada. La especie ocupa en España zonas semidesérticas y esteparias cubiertas por caméfitos y gramíneas perennes, habitando también ramblas y dunas costeras. Nidifica en zonas de relieve muy quebrado, con una importante proporción de suelo desnudo, utilizando para ello oquedades profundas en el suelo, taludes o rocas. El trompetero necesita acceso diario a puntos de agua y para esto realiza desplazamientos de varios kilómetros al final del período reproductivo, cuando ésta escasea en sus localidades.

Las poblaciones de camachuelo trompetero del sudeste ibérico son las únicas de Europa occidental (continental). FMB

La especie se cita por primera vez como reproductor en la Península a principios de los 70 en Almería (García, 1972) y desde entonces ha protagonizado un proceso expansivo que la ha llevado a ocupar en la década de los 80 parte de la costa murciana. En la actualidad, se encuentra como reproductora en todas las provincias costeras del sureste peninsular desde Almería hasta Alicante, con citas recientes en época de cría en Baleares (AOB, 2003). La población española se estima entre 4.300 – 5.500 pp. estando en Canarias la mayor parte 4.000 – 5.000 pp. En la Península la mayor parte de la población se encuentra en Almería con 200 – 300 pp. y en Granada se reproduce de forma reciente en la hoya de Guadix (Gorafe y alrededores), donde además se producen grandes concentraciones de aves durante el período postreproductivo, en su mayoría juveniles (FernándezOrdoñez et al., 2002; Moreno, 2004).

Terrera marismeña La terrera marismeña presenta una distribución muy amplia, pero limitada al Paleártico meridional ocupando zonas esteparias continentales, mediterráneas y semidesérticas. En Europa nidifica exclusivamente en la Península Ibérica y Canarias, utilizando llanuras con vegetación espontánea y rala de caméfitos o espartales-albardinales con escasa cobertura vegetal. Los núcleos peninsulares más abundantes están en las costas atlánticas andaluzas, litoral almeriense y valle del Ebro, presentando también densidades muy elevadas en algunas comarcas interiores de Alicante (Sánchez, 1991), Granada y Almería (Garza et al., 1989).

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La situación de las marismeñas en el Altiplano se caracteriza por varios rasgos: se trata de las únicas poblaciones exclusivamente interiores de Andalucía, son pequeñas y dispersas (Yanes y Delgado, 2006), y alcanzan altas densidades tanto en primavera (34,4 - 89,1 aves/10 ha) como en invierno (62,8 – 145,1/ 10 ha; Martí y del Moral, 2003).

Terrera marismeña. JB

Macho de collalba negra. MY

Collalba negra La collalba negra ocupa una gran variedad de hábitats, si bien todos ellos tienen en común una escasa o nula cobertura arbórea, la presencia de elementos verticales donde nidificar y, normalmente, una elevada aridez (Moreno, 1997). En Andalucía aparece tanto en contextos esteparios como en sierras, pero principalmente al sur del Guadalquivir. La población española supone casi la totalidad de la Europea, ya que en Portugal apenas hay efectivos (BirdLife International, 2004). El ámbito de estudio cuenta con buena parte de la población andaluza, y por tanto de la ibérica y europea. En concreto en la comarca de Guadix se ha detectado la mayor densidad conocida para la especie (3-8 parejas/km). Esta abundancia se ve incentivada por la existencia de antiguas viviendas trogloditas horadadas por el hombre, que constituyen un emplazamiento más seguro para la construcción de sus nidos (Moreno y Soler, 1995).

zonaS dE IMPoRTanCIa PaRa LaS aVES ESTEPaRIaS La Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía dentro del Programa de Conservación de las Aves Esteparias de Andalucía ha identificado una serie de áreas prioritarias denominadas Zonas de Importancia para las Aves Esteparias (ZIAE). Tales zonas tienen representación de estepa leñosa, pastizal y/o estepa cerealista. La red de ZIAE constituye un instrumento de trabajo sobre el que sostener tanto una hipotética protección futura de algunos de estos espacios como, lo que puede ser más importante, el desarrollo

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de acciones concretas sobre montes públicos y mediante convenio sobre tierras de titularidad privada con interés para las aves esteparias. La selección de las áreas que constituyen las ZIAE de Andalucía se ha realizado siguiendo dos pasos: Primero, considerar toda la información disponible sobre distribución de las aves esteparias en Andalucía, utilizando: a) IBA, Áreas Importantes para las Aves. b) Atlas de las Aves Reproductoras de España. c) Información de la Consejería, incluyendo los censos de SEO/BirdLife Andalucía. d) Documentación actualizada. Segundo, agregar la información disponible sobre las ZEPA andaluzas con valor para las aves esteparias. De esta manera, se han identificado un total de 23 espacios (Fig. 8.15.) que muestran especial relevancia para las aves esteparias en Andalucía (Yanes y Delgado, 2006). No obstante, este proceso no está cerrado ya que desde el inicio del Programa de Conservación de las Aves Esteparias se está mejorando significativamente la precisión en el conocimiento de este grupo de aves en Andalucía.
Figura 8.11. Distribución de las Zonas de Importancia para las Aves Esteparias en Andalucía (ZIAEs)

1 Andévalo occidental, 2 Doñana; 3 Campos de Tejada; 4 Llanuras de Guadalcanal; 5 Campiñas de Carmona-Arahal; 6 Campiñas de Osuna-écija; 7 Campiña de Jerez-Lebrija; 8 La Janda; 9 Entorno de Fuente de Piedra-Campillos; 10 Llanuras del Alto Guadiato; 11 Pedroches occidentales; 12 Campiñas de Córdoba-Baena; 13 Campiña de Porcuna; 14 Campiña de Cazalilla; 15 Sureste de Jaén; 16 El Temple Lomas de Padul; 17 Hoya de Guadix; 18 Hoya de Baza; 19 Cañadas-Los Llanos; 20 Desierto de Tabernas; 21 Llanos de Canjáyar; 22 Sierra Alhamilla; 23 Cabo de Gata (Yanes y Delgado, 2006)

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Únicamente cinco de estas ZIAE se encuentran actualmente reconocidas como ZEPA, lo que refleja la relativamente escasa representación de esta figura entre las ZIAE. Sin embargo, la mayoría están consideradas IBA total o parcialmente (19 de 25; Yanes y Delgado, 2006). La propuesta de trabajo de estas zonas alberga la totalidad o la mayor parte de las poblaciones de especies estrictamente esteparias “en peligro crítico” y “en peligro”, así como una fracción importante del resto de especies amenazadas. Dentro del ámbito se encuentran cuatro ZIAE, todas ellas representativas de la estepa leñosa.
Tabla 8.30. Zonas de Importancia para las aves esteparias (ha)
DENOMINACIÓN SUPERFICIE % INCLUIDO ALTIPLANO

SURESTE DE JAéN hOyA gUADIx hOyA DE BAZA CAÑADA - LOS LLANOS

10.500 21.400 24.000 19.500

100 100 100 100

TOTAL ZIAE ALTIPLANO TOTAL ZIAE

75.400 516.700

100 14,6

Fuente: Yanes y Delgado, 2006. Elaboración propia.

Sureste de Jaén Área de 10.500 ha dominada por la estepa leñosa seca de espartal-tomillar. Actualmente, con el avance del olivar el paisaje está conformado por un mosaico de estepa leñosa con olivares y pequeñas parcelas de cereal. Se encuentra fuera del límite de la IBA 227, con la excepción del extremo más occidental, donde se solapan casi 700 ha. Además, al oeste linda con la ZEPA ES6160007.

Tabla 8.31. Especies esteparias presentes ZIAE Sureste de Jaén
ESTADO ESPECIES

AMENAZADAS

ganga ortega, aguilucho cenizo, sisón, alcaraván, cernícalo primilla, carraca, collalba negra y curruca tomillera calandria, codorniz común, cogujada común, cogujada montesina, collalba gris, collalba rubia, perdiz roja, terrera común y triguero
Fuente: Yanes y Delgado, 2006.

NO AMENAZADAS

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Panorámica en la zona suroeste de la ZIAE Hoya de Guadix. JMD

Hoya de Guadix La zona cuenta con una extensión de unas 21.400 ha, y coincide con la IBA 214. Se trata de un área de estepa mixta leñosa-cerealista con presencia de zonas con pies aislados de encina. Presenta una comunidad ornitológica de interés, debido a que tiene representación de los dos principales tipos de medios esteparios (cereal/leñosa).
Tabla 8.32. Especies esteparias presentes ZIAE Hoya de Guadix
ESTADO ESPECIES

AMENAZADAS

ganga ortega, aguilucho cenizo, sisón, alcaraván, cernícalo primilla, carraca, collalba negra, camachuelo trompetero, bisbita campestre y curruca tomillera alondra común, calandria, codorniz común, cogujada común, cogujada montesina, collalba gris, collalba rubia, perdiz roja, terrera común y triguero
Fuente: Yanes y Delgado, 2006.

NO AMENAZADAS

Hoya de Baza Con más de 24.000 ha y vegetación predominante típica de la estepa leñosa, esta ZIAE se caracteriza por la presencia de badlands y terrenos dedicados al cultivo de cereal en secano. Queda casi totalmente inmersa en la IBA 213.

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Tabla 8.33. Especies esteparias presentes ZIAE Hoya de Baza
ESTADO ESPECIES

AMENAZADAS

ganga ortega, aguilucho cenizo, sisón, alcaraván, cernícalo primilla, carraca, terrera marismeña, collalba negra, bisbita campestre y curruca tomillera alondra común, calandria, codorniz común, cogujada común, cogujada montesina, collalba gris, collalba rubia, perdiz roja, terrera común y triguero
Fuente: Yanes y Delgado, 2006.

NO AMENAZADAS

Cañada – Los Llanos Algo más de 19.500 ha de hábitat mixto, fundamentalmente estepas leñosas y cultivos herbáceos de secano conforman esta ZIAE, de la que la mayor parte de su superficie (90%) coincide con el territorio de la IBA 211. Es la única de las ZIAE incluida en el Altiplano que se reparte entre dos provincias.
Tabla 8.34. Especies esteparias presentes ZIAE Cañada - Los Llanos
ESTADO ESPECIES

AMENAZADAS

ganga ortega, aguilucho cenizo, sisón, alcaraván, cernícalo primilla, carraca, collalba negra, bisbita campestre y curruca tomillera alondra común, calandria, codorniz común, cogujada común, cogujada montesina, collalba gris, collalba rubia, perdiz roja, terrera común y triguero
Fuente: Yanes y Delgado, 2006.

NO AMENAZADAS

Campos de labor en la ZIAE Cañada-Los Llanos. JMD

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faCToRES dE aMEnaza La principal amenaza para este grupo de aves es la pérdida de hábitat asociada a los cambios en la superficie de los distintos usos agrarios. En el oriente andaluz esta pérdida es muy acusada debido al avance del olivar y al retroceso del cultivo de cereal y de los barbechos. De forma más puntual, en el nordeste del Altiplano (entorno de Huéscar y Puebla de Don Fadrique) el problema se origina por la transformación de terrenos de secano a regadío, con el fin de producir hortícolas de verdeo como el brócoli.

La demolición o inadecuada restauración de cortijos abandonados con colonias de cernícalo primilla, es una de las principales amenazas para la especie en el Altiplano. JC

La intensificación de la agricultura y el uso excesivo de fitosanitarios es otro de los grandes problemas. Esta intensificación en algunos casos ha llevado al monocultivo, así como a la utilización de variedades de cereal de ciclo corto, que generan un adelanto en las fechas de cosechar. Este adelanto produce un riesgo importante de fracaso reproductivo para especies como el aguilucho cenizo, el sisón, la perdiz roja o la codorniz. Otro efecto de esta intensificación agrícola es la desaparición de linderos, que produce la pérdida de lugares de nidificación de especies como la carraca. Por último, también destacar que la mayoría de restauraciones de edificios en el medio rural e incluso en el urbano se ejecuta sin tener en cuenta la existencia de aves reproductoras. Asimismo, en sentido inverso pero igualmente deletéreo, la demolición de viejos cortijos acarrea la pérdida de lugares de nidificación de especies asociadas a estos medios como la carraca o la collalba negra, e incluso la pérdida de cuantiosas colonias en el caso del cernícalo primilla.

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RaPaCES RuPíCoLaS Dentro de los diversos grupos de fauna, las rapaces constituyen uno de los que entraña mayor atractivo para los amantes de la naturaleza. En el grupo de las rapaces se incluyen tanto especies diurnas como nocturnas. Bajo este epígrafe se tratarán las especies diurnas, es decir aquellas correspondientes al orden Falconiformes (del Hoyo et al., 1994), y en concreto las que utilizan como lugar de nidificación los cortados rocosos, recibiendo la denominación de rapaces rupícolas. A diferencia de las esteparias, las aves rapaces tienen orígenes evolutivos inciertos y su afinidad entre familias permanece relativamente desconocida (Martínez y Calvo, 2006), no estando su filogenia resuelta (Newton and Olsen, 1993). A pesar de las diferencias taxonómicas y desde un punto de vista ecológico las rapaces son por lo general aves grandes, carnívoras, con extraordinaria agudeza visual, picos y garras fuertes y un poderoso vuelo. No obstante, existen diferentes adaptaciones morfológicas a las características de sus presas y hábitats, pudiendo explotar un amplio espectro de recursos alimenticios desde mamíferos, aves, insectos, reptiles, peces o incluso huesos, caso del quebrantahuesos (Gypaetus barbatus). Tal y como sucede con las aves esteparias, las rapaces tampoco son un grupo relevante por su grado de endemicidad. De hecho, el área de distribución de alguna de estas especies está entre las mayores existentes en las aves, caso por ejemplo el halcón peregrino (Cramp and Simmons, 1977; del Hoyo et al., 1994). Aunque no con el mismo grado de importancia relativa que la avifauna esteparia, la representación española de rapaces rupícolas presenta gran importancia en el contexto europeo. Así, al menos seis especies de rapaces rupícolas tienen una población española superior a la de cualquier otro país europeo (Tabla 8.35.).
Tabla 8.35. Población ibérica de aves rapaces rupícolas respecto al total europeo
SINGULARIDAD ESPECIES

> 85% > 60% > 25% 10 - 20% > 10%

buitre leonado águila-azor perdicera alimoche común halcón peregrino águila real, quebrantahuesos
Fuente: BirdLife, 2004.

En el contexto andaluz cabe resaltar al águila-azor perdicera (Hieraaetus fasciatus), por presentar una mayor amenaza en España y Europa, al encontrarse catalogada como en “en peligro” en ambos contextos geográficos (BirdLife, 2004). En España nidifican nueve especies de rapaces rupícolas. De éstas el halcón tagarote sólo se reproduce en las Canarias, el halcón de Eleonora (Falco eleonorae) en las Baleares, Columbretes y Canarias, y el águila pescadora (Pandion haliaetus) en los archipiélagos Canario y Balear, si bien es muy posible que esta especie

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vuelva a criar en Andalucía debido a las actuaciones que está realizando la Consejería de Medio Ambiente a través del Programa de Reintroducción de esta especie en las provincias de Cádiz y Huelva.
Tabla 8.36. Población andaluza de aves rapaces rupícolas respecto al total en España
SINGULARIDAD ESPECIES

> 40% > 15% >10% < 5%

águila-azor perdicera águila real, buitre leonado halcón peregrino alimoche común
Fuente: Franco y Rodríguez, 2001; Madroño et al., 2004.

De las seis especies rupícolas nidificantes en la península, el Libro Rojo de las Aves Reproductoras de España (Martí y del Moral, 2003) indica que cuatro de ellas presentan alguna categoría de amenaza y dos no están catalogadas (buitre leonado, Gyps fulvus, y halcón peregrino, Falco peregrinus). En el ámbito andaluz, únicamente el buitre leonado no cuenta con ninguna categoría de amenaza en el Libro Rojo de los Vertebrados de Andalucía (Franco y Rodríguez, 2001).
Tabla 8.37. Especies de aves rapaces rupícolas reproductoras, según contexto geográfico.
ÁMBITO No ESPECIES ESPECIES

ESPAÑA

9

quebrantahuesos, alimoche, águila azor-perdicera, águila real, águila pescadora, halcón peregrino, halcón tagarote, halcón de Eleonora, buitre leonado quebrantahuesos, alimoche, águila azor-perdicera, águila real, halcón peregrino, buitre leonado alimoche, águila azor-perdicera, águila real, halcón peregrino, buitre leonado
Fuente: Franco y Rodríguez, 2001; Martí y Del Moral, 2003.

PENíNSULA IBéRICA ANDALUCíA

6

5

En general, parece existir una cierta tendencia poblacional positiva, ya que si se comparan los Libros Rojos de las Aves de España de 1986, 1992 y 2004 puede observarse que ha descendido la proporción de especies amenazadas, todo lo contrario de lo que está sucediendo con las aves esteparias. Aún así, dentro de las especies rupícolas, tanto alimoche común como águila-azor perdicera parecen estar sufriendo declive poblacional en el territorio nacional, si bien para la última no tan patente a nivel andaluz. En el contexto legal, a nivel nacional el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas incluye, en distintas categorías, a todas las especies de aves rapaces reproductoras. En Andalucía el Catálogo de Especies Amenazadas también incluye todas las especies de aves rapaces nidificantes, pero con alguna modificación, como es el caso del alimoche común (Neophron percnopterus) que pasa de “interés especial” a “en peligro de extinción”.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

ESPECIES PRESEnTES En EL aLTIPLano La distribución de estas especies a nivel paisajístico parece tener relación con determinadas características del lugar de nidificación como la altitud o el grado de humanización (Martínez y Calvo, 2006). El águila real (Aquila chrysaetos) y el buitre leonado suelen ocupar los roquedos de los núcleos montañosos de mayor altitud, mientras que el águila-azor perdicera y el halcón peregrino ocupan los roquedos de áreas periféricas, de menor altitud y sometidos generalmente a una mayor presión humana (Sánchez-Zapata, 1999). El ámbito de estudio es, en lo sustancial, un área deprimida con respecto a las elevaciones que la circundan, lo que hace de ella el lugar de alimentación de las rapaces rupícolas que se reproducen en los cantiles y cortados rocosos de las sierras colindantes, así como en los badlands y cárcavas presentes en el interior. En el contexto ornitológico, este territorio destaca por su comunidad de rapaces rupícolas, especialmente por el número de parejas reproductoras de águila-azor perdicera, águila real y halcón peregrino. La población de águila-azor perdicera andaluza suma un tercio de la población europea (Balbotín et al., 2003) contando con 325 parejas reproductoras (Gil-Sánchez et al., 2005) y la cordillera Bética mantiene actualmente el principal núcleo ibérico (Garza y Arroyo, 1996). En el caso del águila real, las béticas cuentan con más del 50% de la población andaluza, al menos 150 parejas, y la provincia de Granada con una de las poblaciones más abundantes de Andalucía y, por tanto, de la Península Ibérica (Arroyo et al.,1990; GilSánchez et al., 2000a). Por último, añadir que esta cordillera sostiene aproximadamente el 85% de las parejas reproductoras de halcón peregrino de Andalucía, siendo una de las regiones europeas más importantes para este falcónido (Gainzarain et al., 2002). Todo esto permite que el águila azor perdicera, águila real y halcón peregrino presenten zonas con densidad relevante dentro del ámbito de estudio. Incluso algunos trabajos realizados en la provincia granadina afirman que se encuentra en buena medida saturada, tanto para el águila azor perdicera como para la real (Gil-Sánchez et al., 2000a).
Tabla 8.38. Rapaces rupícolas amenazadas
CATEGORÍA TAxON

ExTINTA A NIVEL REgIONAL EN PELIgRO CRíTICO VULNERABLE

quebrantahuesos (Gypaetus barbatus) alimoche común (neophron percnopterus) águila-azor perdicera (Hieraaetus fasciatus) águila real (aquila chrysaetos) halcón peregrino (falco peregrinus)

NO CATALOgADO

buitre leonado (Gyps fulvus)
Fuente: Consejería de Medio Ambiente. Franco y Rodríguez, 2001.

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Comunidades bióticas y biodiversidad

TaxonES ExTInToS a nIVEL REGIonaL

Dos especies son consideradas por el Libro Rojo de los Vertebrados de Andalucía como extintas a nivel regional, el águila pescadora y el quebrantahuesos. Ambas disfrutan por parte de la Consejería de Medio Ambiente de sendos programas de reintroducción. Quebrantahuesos El quebrantahuesos se distribuye actualmente a lo largo de regiones montañosas de Eurasia y África (Cramp and Simmons, 1980; Del Hoyo et al., 1994). En España a lo largo del siglo XX la especie se extinguió en los principales macizos montañosos: cordillera Cantábrica, sistema Ibérico, sistema Central, Sierra Morena y sistemas Bético y Penibético (Hiraldo et al., 1979; Heredia y Heredia, 1991), siguiendo la tendencia general de la población europea. Actualmente la última población se localiza en la cordillera pirenaica, en toda su extensión. Existe sólo un núcleo extrapirenaico en los montes vascos, formado por unos pocos individuos territoriales que todavía no han llegado a reproducirse con éxito. La población pirenaica es la mayor de Europa, con un centenar de parejas (Antor et al., 2004) El quebrantahuesos estaba ampliamente distribuido en toda Andalucía a finales del siglo XIX y nidificaba en la mayoría de las sierras andaluzas, siendo Sierra Nevada, Sierra de Cazorla y Segura, y la Serranía de Ronda y su entorno donde presentaba un mayor número de ejemplares. La última pareja reproductora andaluza se encontraba en 1983 en el Parque Natural Sierra de Cazorla, Segura y Las Villas, y en 1987 dejó de verse allí el último individuo territorial conocido.

Trabajos en el Centro de Cría Guadalentín (izqda.) y uno de los quebrantahuesos liberados en el marco del programa de reintroducción del quebrantahuesos en Andalucía (dcha). FG

El Programa de Reintroducción del Quebrantahuesos en Andalucía tiene como objetivo fundamental recuperar en la región una población permanente de la especie con garantías suficientes de viabilidad genética y demográfica a largo plazo, contribuyendo con ello a la conservación de la especie en Europa. Entre los años 2006-09 se han liberado 14 ejemplares nacidos en cautividad. El lugar de suelta de estos quebrantahuesos está en el cercano P.N. de Cazorla, Segura y Las Villas, y durante este tiempo los animales en sus desplazamientos han sobrevolado el Altiplano en multitud de ocasiones (M.A. Simón com. pers.).

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

TaxonES En PELIGRo CRíTICo y En PELIGRo

En esta categoría únicamente se encuentra una especie, el alimoche común. Alimoche común Este buitre de distribución Euroasiática, ocupa el área circunmediterránea, Oriente Medio, centro de Asia e India, además del sur del Sahara y las áreas secas de África del este y del sur. En España se distribuye de forma irregular por buena parte de su territorio, si bien mantiene la mayor población de todo el Paleártico occidental y, probablemente, una de las más importantes del mundo, dado que la especie se encuentra en declive generalizado y/o extinta en buena parte de su antigua área de distribución (Donázar, 2003; 2004). La tendencia general de la población española en los últimos 20 años ha sido de claro declive, habiéndose extinguido de provincias como Almería, Huelva, Murcia, Albacete, Madrid, Ávila y Orense. En el año 2000 se realizó un censo nacional que cifró la población española entre 1.320 y 1.475 pp. para la Península y archipiélagos (Del Moral, 2002). En Andalucía está ausente como reproductor de las provincias de Huelva y Almería, siendo muy escaso en Sevilla, Córdoba, Granada y Málaga, algo menos en Jaén y relativamente abundante en Cádiz. En la región, por tanto, ocupa fundamentalmente el extremo sur y la parte más oriental de los sistemas béticos, además de unas pocas parejas asentadas en Sierra Morena. Según el censo realizado entre 1987 y 1988, la población andaluza constaba de 81 parejas seguras y 9 posibles, mientras que en el 2000 la población se había reducido a 47 parejas seguras y 9 probables, lo que ha supuesto un descenso en torno al 40% en 12 años (Franco y Rodríguez, 2001). En el ámbito del Altiplano hasta el año 2005 existía una pareja reproductora, la última de la provincia de Granada, y en el entorno próximo había otras dos en el Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas. Actualmente todas han desaparecido, por lo que puede considerarse extinto como reproductor en el Altiplano. Ahora bien, debido a la importancia de la especie se tienen en consideración las zonas con nidificación reciente.

Cadáver de un alimoche envenenado. El veneno fue una de las causas de desaparición de esta especie en el Altiplano. Imagen cedida por el Programa de Actuaciones para la Conservación del Alimoche en Andalucía.

TaxonES VuLnERaBLES

En Andalucía tres especies se encuentran en esta categoría, el águila-azor perdicera, el águila real y el halcón peregrino. Aunque en Andalucía consten en la misma categoría, existe una clara diferencia entre los estatus regional, estatal, europeo y global de estas tres especies. Por un lado, se encuentra la perdicera, que en Andalucía mantiene aún una buena población, pero su situación no es tan favorable a nivel estatal y europeo encontrándose “en peligro de extinción”. Por el contrario, las otras dos especies tienen un estatus de mayor amenaza en Andalucía que en los otros dos ámbitos (estatal y europeo), donde no se consideran amenazadas.

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Comunidades bióticas y biodiversidad

Águila-azor perdicera El águila-azor perdicera tiene rango de distribución Indoafricano. La subespecie nominal habita desde Indochina hasta el Mediterráneo, donde sus mayores efectivos se encuentran en la Península Ibérica y los países del Magreb. La población europea se estima en 860 – 1.100 pp. reproductoras, de las que entre 650-713 pp. son españolas. Selecciona zonas montañosas de mediana y baja latitud donde suele predominar el matorral mediterráneo. Nidifica en riscos y salientes rocosos, aunque se da el caso de hacerlo en árboles e incluso sobre torretas eléctricas. La altura de los cortados ocupados varía desde 10 a más de 100 m, y en la provincia de Granada anida en un rango altitudinal que oscila entre los 200 y los 1.600 m s.n.m. (Gil-Sánchez et al., 2004).

Águila-azor perdicera sobrevolando un campo de esparto. MOP

En Andalucía se concentra la mayor parte de la población española, con 325–343 parejas. La población granadina parece presentar una tendencia positiva ya que desde mediados de la década de los 90 se han establecido unas 7-8 nuevas parejas (Gil -Sánchez et al., 2004, Moleón et al., 2004), mientras que la tendencia es contraria en España, donde han desaparecido 116 parejas entre 1980 y 1990 (Garza y Arroyo, 1996). Además, los valores de éxito reproductor y supervivencia adulta son los mayores conocidos para la especie en el Mediterráneo europeo occidental, con una media de productividad de 1,4 por pareja (Gil-Sánchez et al., 2000 b) mientras que el valor máximo citado en estudios de larga duración había sido de 1.24 por pareja (Real and Mañosa, 1997). En el Altiplano, la perdicera selecciona las zonas más térmicas ocupando fundamentalmente la hoya de Guadix y la depresión del Guadiana Menor. En la hoya de Guadix nidifican cuatro parejas y en el sureste de Jaén otras seis, además de otras tres que solapan parcialmente su territorio con el del Altiplano. En los pasillos hacia Almería también se produce solapamiento con territorios de esta rapaz, que anida en las sierras circundantes. Águila real El águila real es una especie de distribución típicamente holártica y carácter generalista. Su presencia se relaciona con ambientes rupícolas, principalmente en regiones de montaña. Ocupa una amplia variedad de hábitats, mostrando una cierta preferencia por los paisajes abiertos y evitando las áreas forestales extensas. La altitud media de nidificación es de 950 metros de altitud, aunque varía entre los 160 y los 2.500 m, que alcanza en Sierra Nevada (Gil-Sánchez et al., 1995). Emplaza generalmente sus nidos en roquedos (90%) y, en menor proporción, en árboles (10%) (Arroyo, 2004). Su población mundial se estima entre 50.000 y 100.000 parejas, de las que 6.600–12.000 corresponderían a la población Europea (BirdLife International, 2004). En la Península presenta una amplia y heterogénea

Águila real. MOP

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

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Comunidades bióticas y biodiversidad

Distribución de rapaces rupícolas amenazadas en el Libro Rojo de los Vertebrados de Andalucía

Presencia de especies con categoría ‘en peligro de extinción’ Presencia de especies con categoría ‘en peligro de extinción’ y ‘vulnerable’ Presencia de especies con categoría ‘vulnerable’

Escala 1:400.000

Fuente: Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía, 2006

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

distribución, ocupando los principales sistemas montañosos y alcanzando una población reproductora de 1.277–1.294 parejas (Arroyo, 2003). En Andalucía está presente en todas las provincias andaluzas aunque se concentra en Sierra Morena, sus estribaciones (139-148 pp.) y las cordilleras béticas (151-155 pp.), sumando un total de 290 –303 pp. para toda la región (Bautista et al., 2006). Los últimos censos realizados en 2006 por la Consejería de Medio Ambiente apuntan a una cifra ligeramente superior (García, com. pers.). La densidad de esta especie en la cordillera Bética se ha estimado en 0,43 pp. /100 km2 (Arroyo et al., 1990). En la provincia de Granada el estudio de Moleón et al., (2002) expone que la productividad y la tasa de vuelo se sitúa entre las cifras más altas de la Península Ibérica, y que a su vez son mayores que las del resto de Europa, aunque similares a las de la cordillera Bética (Arroyo et al., 1990). En el ámbito de estudio se localizan 12 parejas con nidificación dentro de los límites y otras 11 en un entorno próximo (menos de un kilómetro). Por tanto, tendrían la totalidad o parte de su área de campeo y alimentación en el Altiplano hasta 23 parejas de águila real. Destacar que la mayoría de las parejas se localizan desde el entorno de Fonelas, hacia la depresión del Guadiana Menor, con 11 parejas reproductoras.

Halcón peregrino Rapaz cosmopolita que ocupa todos los continentes excepto la Antártida, con las principales poblaciones en las islas del Pacífico norte, Australia, la Península Ibérica e Islas Británicas (del Hoyo et al., 1994). Aunque puede anidar en edificios, canteras y torretas eléctricas, la mayoría de la población lo hace en cortados y roquedos, por lo que su distribución se halla altamente ligada a la presencia de este tipo de estructuras naturales (Heredia et al., 1988; Gainzarain et al., 2000 y 2002). Nidifica en la mayoría de los países europeos alcanzando las 7.600–11.000 pp. (BirdLife International, 2000). En España se reproduce en todas provincias (excepto las Islas Canarias, donde lo hace el halcón Tagarote), contando con un total de 2.435 –2.743 pp. Este elevado número de parejas hace de la población española la mayor de Europa (Hagemeijer and Blair, 1997), y una de las más importantes del mundo (del Hoyo et al, 1994). Además, el peregrino está mostrando una evolución estatal que en conjunto parece ser positiva (Gainzarain et al., 2002). En Andalucía, aunque presente en todas las provincias andaluzas, la gran mayoría de las parejas se localizan en la cordillera Bética, siguiendo la tendencia española de asentarse

Halcón peregrino. MR

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Comunidades bióticas y biodiversidad

sobre terrenos calizos (Zuberogoitia, 1997) y alcanzando valores mínimos en el extremo occidental andaluz (Gainzarain et al., 2002). Los datos existentes para el Altiplano son un tanto heterogéneos; la parte giennense presenta una buena actualización, y arroja la cifra de cuatro parejas, todas ellas en monte público, y otras dos más justo en los bordes del ámbito de estudio, una en Mágina y la otra en el P. N. de Cazorla, Segura y Las Villas. En la provincia de Granada los datos parecen incompletos (Gil-Sánchez com. pers.), pero al menos tres parejas se reproducen en la hoya de Guadix-Baza; y, ya fuera del ámbito, dos más lo hacen en las sierras al norte del Altiplano y otra por el contorno de la Sierra de Orce. En la parte almeriense del Altiplano nidifican cuatro parejas, una al norte de Sierra María y tres al sur. Además, en torno a otras diez parejas se localizan en el P. N. de Sierra María-Los Vélez, extendiendo sus territorios de campeo, caza y dispersión por el área de estudio.

TaxonES no aMEnazadoS

La única especie con hábitos rupícolas en esta categoría es el buitre leonado. Buitre leonado Esta especie se distribuye de forma fragmentada por la cuenca del Mediterráneo y Mar Rojo, y de forma continua desde Turquía hasta la India y Mongolia. En Europa cría buena parte de la población mundial, especialmente en España, donde se instala preferentemente en la periferia de los grandes sistemas montañosos, nidificando en cortados rocosos y cañones fluviales, cerca de áreas abiertas con escaso arbolado donde busca su alimento. La población europea se ha estimado en 9.300-11.000 pp. sin incluir España (BirdLife International, 2000), donde en 1999 se censaron 17.337–18.070 pp. y se estimaron 22.455 pp. Según este censo Andalucía contaba con 2.929 pp. (Del Moral y Martí, 2001). En el Altiplano esta especie se encuentra únicamente como reproductor en los montes Jabalcón y Mencal, en este último de forma más reciente, con un total de diez parejas (Ballesteros com. pers.). No obstante, la zona de reproducción más importante se halla en los Parques Naturales limítrofes, Sierra de Cazorla, Segura y Las Villas y Sierra de Castril, así

Grupo de buitres leonados sobrevolando un comedero en el Altiplano. MY

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

como otras sierras contiguas, desde los que se alimentan de forma diaria, de las carroñas generadas por la numerosa cabaña ganadera del norte granadino (apartado 12.2.). Entre los dos núcleos reproductores del Altiplano se encuentra desde 2004 el único comedero de aves carroñeras de la Red Andaluza en la provincia granadina.

faCToRES dE aMEnaza

En general, una de las principales amenazas que ha sufrido este grupo de aves es la mortalidad por persecución directa por parte del hombre, ya que éste las ha entendido tradicionalmente como competidoras. Además, los nidos de las rapaces de menor tamaño, y en particular de halcón peregrino, han sido puntualmente objeto de expolio para su posterior uso en cetrería. En el caso del águila-azor perdicera su causa primera de declive es de origen demográfico. El incremento de la mortalidad adulta se ha revelado como una de las causas principales de regresión de las poblaciones ibéricas, siendo el índice de mortalidad adulta el parámetro con mayor incidencia negativa en la tasa de cambio anual, y por tanto, con gran relevancia en la evolución demográfica de las poblaciones (Real and Mañosa, 1997). En la actualidad, a los problemas tradicionales se le han unido otros, consecuencia de nuevas actividades económicas. Uno de los que está generando mayor amenaza es el incremento de tendidos eléctricos, que en las dos últimas décadas ha multiplicado por tres el número de muertes que provoca. Otro problema, aparentemente con menor importancia, proviene del incremento de actividades recreativas en el medio natural, que puede generar severas molestias en época de cría. En último lugar mencionar la situación producida por los brotes de encefalopatía espongiforme bovina, a partir de la cual quedó prohibido el abandono de reses muertas en el campo, lo cual supuso un descenso en la disponibilidad de alimento para las aves carroñeras. No obstante, muy recientemente la Unión Europea ha previsto la posibilidad de autorizar nuevamente estas prácticas en determinadas condiciones, normativa que se encuentra a la espera de transposición a la legislación nacional.

La electrocución es una de las principales causas de mortalidad entre las rapaces rupícolas. En la imagen, inmaduro de águila perdicera electrocutado en un apoyo. CSN

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Comunidades bióticas y biodiversidad

oTRoS VERTEBRadoS dE InTERéS Además de los grupos anteriores, cabe también hacer mención a la importancia de otras especies de vertebrados como es el caso de algunos anfibios, reptiles, mamíferos e incluso de otras aves, que destacan por su grado de amenaza, carácter endémico o ambos simultáneamente.

Especies presentes en el Altiplano A pesar de no caracterizarse a priori estos ambientes semiáridos por una alta riqueza específica de vertebrados, lo cierto es que sirven de hábitat a un cuerpo no desdeñable de especies interesantes. Por ejemplo, el Altiplano mantiene comunidades de reptiles caracterizadas por una alta endemicidad, principalmente ibérica, un elevado número de quirópteros y otras especies amenazadas según el Libro Rojo de los Vertebrados de Andalucía (Franco y Rodríguez, 2001), las cuales suponen un total de 62 especies.
Tabla 8.39. Listado de otras especies incluidas en el Libro Rojo de los Vertebrados de Andalucía
ESPECIE CATEGORÍA
EN PELIGRO VULNERABLE

ENDEMICIDAD -IBÉRICO

LEGAL OP OP -OP --

PECES

trucha común (Salmo trutta) boga del Guadiana (Chondrostoma willkommii) colmilleja (Cobitis paludica) cacho (Leuciscus (squalius) pyrenaicus) calandino (Leuciscus alburnoides) barbo gitano (Barbus sclateri) sapo partero Bético (Alytes dickhilleni) salamandra (Salamandra salamandra morenica) sapillo moteado común (Pelodytes punctatus) lagartija de Valverde (Algyroides marchi) víbora hocicuda (Vipera latasti) culebra de collar (Natrix natrix) culebra de cogulla (Macroprotodon brevis) milano real (Milvus milvus)* paloma zurita (Columba oenas) alzacola (Cercotrichas galactotes) avetorillo (Ixobrychus minutus) garza imperial (Ardea purpurea)* elanio azul (Elanus caeruleus)* martín pescador (Alcedo atthis) tórtola europea (Streptopelia turtur) chotacabras europeo (Caprimulgus europaeus) roquero rojo (Monticola saxatilis)

RIESGO MENOR VULNERABLE RIESGO MENOR DATOS INSUFICIENTES VULNERABLE RIESGO MENOR DATOS INSUFICIENTES

OP BÉTICO --BÉTICO IBERO-MAGREBÍ -IBERO-MAGREBÍ -IE OC IE IE IE IE IE OC IE IE IE -IE IE -IE

ANFIBIOS

REPTILES

EN PELIGRO

------

AVES

VULNERABLE

-----

*Especies con presencia según años. EN= en peligro; VU= vulnerable; IE = Interés especial; OP= objeto de pesca; OC= objeto de caza

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

ESPECIE

CATEGORÍA
RIESGO MENOR

ENDEMICIDAD --------

LEGAL IE IE OC IE IE IE IE IE IE IE IE IE -EN IE -VU VU IE VU IE VU VU VU --OC IE --IE IE IE IE IE OC IE IE IE

AVES

martinete (Nycticorax nycticorax) torcecuello (Jynx torquilla) avefría europea (Vanellus vanellus) alcotán europeo (Falco subbuteo) chorlitejo chico (Charadrius dubius) autillo (Otus scops) chotacabras pardo (Caprimulgus ruficollis) avión zapador (Riparia riparia) golondrina dáurica (Hirundo daurica) zarcero pálido (Hippolais pallida) curruca mirlona (Sylvia hortensis) chova piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax) cuervo (Corvus corax) murciélago patudo (Myotis capaccinii) topillo de Cabrera (Microtus cabrerae) musgaño de Cabrera (Neomys anomalus) murciélago grande de herradura (Rhinolopus ferrumequinum) murciélago herradura mediterráneo (Rhinolophus euryale) murciélago pequeño de herradura (Rhinolophus hipposideros) murciélago de oreja partida (Myotis emarginata) murciélago ratonero gris (Myotis nattereri) murciélago ratonero grande (Myotis myotis) murciélago ratonero mediano (Myotis blythii) murciélago de cueva (Miniopterus schreibersi) ardilla roja (Sciurus vulgaris) rata de agua (Arvicola sapidus) cabra montés (Capra pyrenaica hispanica) nutria paleártica (Lutra lutra) topo ibérico (Talpa occidentalis) musarañita (Suncus etruscus) murciélago de borde claro (Pipistrellus kuhlii) murciélago montañero (Hypsugo savii) murciélago hortelano (Eptesicus serotinus) murciélago rabudo (Tadarida teniotis) murciélago orejado gris (Plecotus austriacus) ciervo (Cervus elaphus hispanicus) murciélago de ribera (Myotis daubentonii) murciélago enano (Pipistrellus pipistrellus) murciélago enano (Pipistrellus pygmaeus)

DATOS INSUFICIENTES

-------

EN PELIGRO CRÍTICO EN PELIGRO

-IBÉRICO --------

VULNERABLE

----IBÉRICO -IBÉRICO ----

MAMÍFEROS

RIESGO MENOR

------

DATOS INSUFICIENTES

---

EN= en peligro; VU= vulnerable; IE = interés especial; OP= objeto de pesca; OC= objeto de caza
*Especies con presencia según años.

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Comunidades bióticas y biodiversidad

PECES

Filo CHORDATA/Clase Actinopterygii/Orden Salmoniforme-Cipriniforme La mayoría de los sistemas fluviales ibéricos se caracterizan por su variabilidad anual, estando la ictiofauna epicontinetal ibérica adaptada evolutivamente a estas características (Granado, 2002). Tal adaptación ha generado que este grupo se caracterice por un alto grado de endemicidad, superior al 55% y que incluso sería mayor (cercana al 80%) si sólo se tuviesen en cuenta las especies estrictamente continentales (Doadrio, 2002). Los cauces del ámbito de estudio, a pesar de la elevada proporción de tramos con régimen hídrico temporal o esporádico, cuentan con 10 especies, casi un tercio de la fauna piscícola andaluza. De ellas seis son autóctonas y cuatro endémicas de la Península Ibérica: boga del Guadiana (Chondrostoma willkommii), calandino (Leuciscus alburnoides), cacho (Leuciscus pyrenaicus) y colmilleja (Cobitis paludica). Ninguna es típica de cauces semiáridos, si bien el cacho está muy adaptado al estiaje y el barbo gitano es una especie más exclusiva de la región andaluza. También están presentes cuatro especies exóticas, que son la trucha arcoiris (Oncorhynchus mykiss), el black-bass (Micropterus salmoides), la carpa (Cyprinus carpio) y el gobio (Gobio gobio) que, aunque es una especie autóctona en el norte de la Península, ha sido introducida de forma artificial en el resto.

Manejo de un ejemplar de trucha común dentro del Programa de Recuperación de la especie en Andalucía. JCD

Atendiendo al Libro Rojo de los Vertebrados de Andalucía los cauces del Altiplano cuentan con una especie en peligro, la trucha común (Salmo trutta), cuatro catalogadas en el nivel “vulnerable” (boga del Guadiana, cacho, calandino y colmilleja) y una en riesgo menor, el barbo gitano (Barbus sclateri). Ninguna de las especies amenazadas se encuentra incluida en el Catálogo Andaluz de Especies Amenazadas y por tanto no cuentan con protección legal. Además todas son objeto de pesca, con la excepción de la colmilleja y el calandino.
Tabla 8.40. Relación de peces amenazados
CATEGORÍA EN PELIgRO VULNERABLE FAMILIA TAxON

SALMONIDAE CYPRINIDAE

Salmo trutta1 Chondrostoma willkommii Squalius alburnoides Squalius pyrenaicus

COBITIDAE
RIESgO MENOR

Cobitis paludica Barbus sclateri

CYPRINIDAE

Fuente: Inventario Nacional de Biodiversidad (Ministerio de Medio Ambiente, 2007). 1 Datos cedidos por la Delegación Provincial de Medio Ambiente de Granada (año 2007). Junta de Andalucía.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

La trucha común presenta una distribución paleártica, habitando tramos altos de ríos y lagunas de montaña con aguas limpias, bien oxigenadas y con temperatura menor de 20oC (Granado, 2001a). Aún no siendo una especie típica de medios semiáridos, se localiza de forma puntual en el ámbito de estudio, en cauces de aguas permanentes en la base de Sierra Nevada, en el río Castril y en el Guardal. En Andalucía está considerada en peligro en el Libro Rojo (Franco y Rodríguez, 2001). Por ello y ante las amenazas a las que se encuentra sometida, la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía efectúo un estudio en el que se determinaron diversos parámetros biológicos, entre ellos el genético, con objeto de conocer el grado de introgresión genética. Actualmente, la especie cuenta en Andalucía con un Programa de Recuperación, el cual incluye actuaciones de cría en cautividad.
Figura 8.12. Distribución de peces amenazados

Chondrostoma willkommii, Leuciscus pyrenaicus, Leuciscus alburnoides, Cobitis paludica Chondrostoma willkommii, Leuciscus pyrenaicus, Leuciscus alburnoides Chondrostoma willkommii, Leuciscus alburnoides, Cobitis paludica Chondrostoma willkommii, Leuciscus alburnoides Chondrostoma willkommii, Leuciscus pyrenaicus Chondrostoma willkommii
Fuente: Inventario Nacional de Biodiversidad. Ministerio de Medio Ambiente, 2007

Cobitis paludica Salmo Trutta

Leuciscus pyrenaicus

De las cuatro especies con categoría vulnerable, la colmilleja es la que se distribuye por un mayor número de cuencas ibéricas y la que sufre una mayor regresión, habiendo desaparecido de varios ríos de la cuenca del Guadalquivir (Doadrio, 2002). En el Altiplano ocupa tramos del Guadiana Menor y Castril con poca corriente y fondos de arena, grava o limo con abundante vegetación acuática (Granado, 2001b), así como un par de pequeños tramos en la cuenca del Fardes.

400

Comunidades bióticas y biodiversidad

Las dos especies de Leuciscus comparten fundamentalmente tramos de río en el Guadiana Menor y Guadalentín. No obstante, el cacho selecciona tramos medios y altos alcanzando incluso tramos altos del río Guardal, no estando presente en tramos más bajos del Guadiana Menor (provincia de Jaén) en los que sí se encuentra el calandino. Por último, la boga del Guadiana presenta una amplia distribución en el Altiplano, lo cual puede deberse a su tolerancia de concentraciones moderadas de oxígeno y su adaptabilidad a los embalses. Esta especie selecciona tramos de río con corriente moderada, en fondos de arena y limo, aunque también aparece en zonas rápidas. El barbo gitano ocupa diferentes tramos de río, pero no aparece en aguas frías y rápidas o en zonas embalsadas. De todas las especies de peces presentes en el Libro Rojo es el que tiene un área de distribución mayor, estando presente en la mayoría de los cauces de cierta entidad, como el Fardes, Guadiana Menor, Guadalentín, Castril, Guardal, Galera y Huéscar. Los datos de localización de estas especies proceden de fuentes distintas, en el caso de la trucha común corresponden a información inédita de la Consejería de Medio Ambiente y para el resto de especies se ha utilizado el Inventario Nacional de Biodiversidad del Ministerio de Medio Ambiente.

Colmilleja. JMD

anfIBIoS

Filo CHORDATA/Clase Amphibia/Orden Urodela y Anura La presencia de este grupo de vertebrados está limitada, como es lógico, por las condiciones climáticas del Altiplano, a pesar de lo cual se localizan en su interior un total de ocho especies, que son: salamandra común (Salamandra salamandra), rana común (Rana perezi), sapo común (Bufo bufo), sapo de espuelas (Pelobates cultripes), sapo corredor (Bufo calamita), sapillo moteado común (Pelodytes punctatus), sapillo pintojo meridional (Discoglossus jeanneae) y sapo partero bético (Alytes dickhilleni). Las especies citadas con la excepción de las tres primeras están incluidas en la categoría de interés especial del Catálogo de Especies Amenazadas de Andalucía. Además, el Altiplano mantiene poblaciones de tres de las siete especies amenazadas incluidas en el Libro Rojo de los Vertebrados de Andalucía, siendo dos de ellas endémicas de las Península Ibérica.

401

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Tabla 8.41. Relación de anfibios amenazados
CATEGORÍA VULNERABLE RIESgO MENOR DATOS INSUFICIENTES FAMILIA TAxON

DISCOGLOSSIDAE SALAMANDRIDAE PELODYTIDAE

alytes dickhilleni Salamandra salamandra morenica Pelodytes punctatus

Fuente: Inventario Nacional de Biodiversidad. Ministerio de Medio Ambiente, 2007.

Posiblemente la especie presente con mayor relevancia en el ámbito de estudio sea el sapo partero bético, debido a que se trata de un endemismo bético con distribución circunscrita a la zona bética oriental y única especie catalogada como vulnerable en Andalucía (Franco y Rodríguez, 2001), ya que en el caso de la salamandra tan solo lo está la subespecie longirostris. El partero bético se puede encontrar en el Altiplano en la base de las sierras del Pozo, Castril, Duda, Marmolance, la Encantada, Baza o María. La otra especie endémica de la Península Ibérica es el sapillo pintojo meridional (Discoglossus jeanneae), mejor distribuido que el anterior en el Altiplano, fundamentalmente por la hoya bastetana.
Figura 8.13. Distribución de los anfibios amenazados

Alytes dickhilleni, Salamandra salamandra morenica, Pelodytes punctatus Alytes dickhilleni, Salamandra salamandra morenica Alytes dickhilleni, Pelodytes punctatus Alytes dickhilleni Salamandra salamandra morenica
Fuente: Inventario Nacional de Biodiversidad. Ministerio de Medio Ambiente, 2007

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Comunidades bióticas y biodiversidad

Hasta hace poco, se pensaba que el sapillo moteado ibérico (Pelodytes ibericus), también endemismo ibérico, se localizaba por las sierras béticas orientales, pero finalmente se descubrió que se trataba de sapillo moteado común (Barbadillo, 2002a y 2002b). Esta especie utiliza para reproducirse charcas estacionales, cunetas y zonas encharcadas en diferentes hábitats incluyendo los agrícolas (Márquez, 2001). La salamandra común, subespecie morenica, catalogada como en riesgo menor, se distribuye de forma generalizada por Sierra Morena y Sierra de Cazorla. En la zona de estudio aparece ligada a fuentes en el piedemonte de las sierras de Quesada, Seca, Duda, Marmolance o Montilla.

Sapo partero bético. LGC

REPTILES

Filo CHORDATA/Clase Reptilia/Orden Chelonii y Squamata De igual forma que en la cuenca Mediterránea, la principal característica de la comunidad de reptiles del Altiplano es que ostenta el mayor porcentaje de endemicidad de todos los grupos de vertebrados (Cheylan e Poitevin, 1998), ya que casi la mitad de las especies presentes tiene una distribución bética, ibérica o iberomagrebí.
Tabla 8.42. Reptiles endémicos presentes en el Altiplano
CATEGORÍA BéTICO IBéRICO IBERO-MAgREBí FAMILIA TAxON

LACERTIDAE SCINCIDAE AMPHISBAENIDAE LACERTIDAE

algyroides marchi Chalcides bedriagai Blanus cinereus acanthodactylus erythrurus Podarcis hispanica Psammodromus algirus

COLUBRIDAE VIPERIDAE

Hemorrhois hippocrepis Macroprotodon brevis Vipera latasti
Fuente: Pleguezuelos et al., 2002.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Quince de las dieciocho especies de reptiles conocidas para el ámbito de estudio cuentan con protección legal, todas ellas en la categoría de interés especial en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas. Asimismo cuatro están incluidas en el Libro Rojo de los Vertebrados de Andalucía; dos en la categoría de vulnerable, lagartija de Valverde (Algyroides marchi) y víbora hocicuda (Vipera latasti), otra en riesgo menor, la culebra de collar (Natrix natrix), y la culebra de cogulla occidental (Macroprotodon brevis), con datos insuficientes.
Tabla 8.43. Relación de reptiles amenazados
CATEGORÍA VULNERABLE RIESgO MENOR DATOS INSUFICIENTES FAMILIA TAxON

LACERTIDAE VIPERIDAE COLUBRIDAE

algyroides marchi Vipera latasti natrix natrix Macroprotodon brevis

Fuente: Inventario Nacional de Biodiversidad. Ministerio de Medio Ambiente, 2007.

Entre todos ellos destaca por su exclusividad la lagartija de Valverde, especie de origen tirrénico y único representante del género en la Península Ibérica, aparte de uno de los lacértidos continentales con distribución geográfica más restringida (Rubio, 2002), puesto que únicamente se localiza en el entorno de las sierras de Alcaraz, Cazorla, Castril y Segura. En el Altiplano posiblemente sólo se encuentra en la parte norte de la sierra de Montilla y de la Encantada, asociada a puntos de agua en zonas de umbría. La víbora hocicuda, aunque no muestra tal exclusividad, tiene una corología típica iberomagrebí. En el área de estudio se encontraría sobre zonas rocosas con baja presencia humana en la base de las sierras, tales como Sierra Mágina, Baza, Nevada y las pequeñas serrezuelas al norte de María. Hay dos especies de reptiles que, aun estando en una categoría de amenaza menor en Andalucía, son escasas en estos territorios semiáridos. Una de ellas es la culebra de collar, presente de forma muy puntual

La endémica y amenazada lagartija de Valverde aparece de forma muy localizada en el Altiplano. LGC

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Comunidades bióticas y biodiversidad

en el Altiplano, ya que se encuentra en el borde suroriental de distribución ibérica. La otra es la ibero-norteafricana culebra de cogulla occidental, catalogada como “datos insuficientes para ser evaluada”, y según autores el colúbrido mediterráneo más escaso de la Península Ibérica que, además, se hace más raro en el sureste ibérico (Pleguezuelos y Fernández-Cardenete, 2002).
Figura 8.14. Distribución de los reptiles amenazados

Algyroides marchi, Vipera latasti, Natrix natrix, Macroprotodon brevis Vipera latasti, Macroprotodon brevis Vipera latasti, Natrix natrix Macroprotodon brevis Natrix natrix Vipera latasti
Fuente: Inventario Nacional de Biodiversidad. Ministerio de Medio Ambiente, 2007

Por último, citar que actualmente un equipo de herpetólogos está trabajando en la descripción de una lagartija del género Podarcis exclusiva de la zona de badlands de Gorafe, si bien aún no está disponible la publicación correspondiente (García Cardenete, com. pers.). Su aceptación científica supondría la existencia de un vertebrado endémico del Altiplano.
Culebra de cogulla occidental. LGC

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

aVES

La clase Aves está conformada por más de 9.900 especies que se agrupan en 25 órdenes de aves vivientes (Hickman et al., 2006). En España se reproducen 337 especies, lo que supone buena parte de todas las existentes de la cuenca Mediterránea (366 sp.; Covas and Blondel, 1998). En el área de estudio nidifican en torno a las 130 especies, incluyendo esteparias y rapaces rupícolas que ya han sido tratadas con anterioridad.

Ardeidas Filo CHORDATA/Clase Aves/Orden Ciconiiformes Las ardeidas constituyen una familia de aves zancudas de tamaño medio a grande que habitan zonas húmedas, nidificando sobre árboles o entre la vegetación palustre (carrizales y eneales). En el Altiplano podrían encontrar zonas óptimas-subóptimas en determinados puntos de las colas de embalses y balsas donde exista la vegetación necesaria.
Tabla 8.44. Relación de ardeidas amenazadas
CATEGORÍA VULNERABLE RIESgO MENOR FAMILIA TAxON

ARDEIDAE

Ixobrychus minutus ardea prupurea nycticorax nycticorax

Fuente: Inventario Nacional de Biodiversidad. Ministerio de Medio Ambiente, 2007.

Colas del embalse del Negratín, un hábitat adecuado para la nidificación de ardeidas en el Altiplano. JLV

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Comunidades bióticas y biodiversidad

En estos medios el avetorillo común (Ixobrychus minutus) aparece de forma puntual, estando citado como reproductor probable entre carrizos y eneas de la cola del embalse del Negratín, en el paraje conocido como Junta de los Ríos. Asimismo, es posible que algunos años llegue a reproducirse en alguna balsa de riego con vegetación suficiente como sucede en el entorno de Huélago (Fernández-Cardenete com. pers.). En esta zona del Negratín también es posible que ocasionalmente puedan reproducirse la garza imperial (Ardea prupurea) y el martinete (Nycticorax nycticorax).

Otras rapaces Filo CHORDATA/Clase Aves/Orden Falconiformes –Strigiformes Además de las rupícolas, tratadas más extensamente con anterioridad, en el Altiplano concurren otras especies interesantes de aves rapaces. Es el caso, por ejemplo, del milano negro (Milvus migrans), que siendo una especie abundante en la Península, no lo es tanto en Andalucía, y menos aún en su mitad oriental, constituyendo la hoya de Baza el límite suroriental de distribución peninsular. Entre las especies amenazadas resalta el milano real (Milvus milvus), citado como reproductor en el borde de las sierras del norte de la depresión de Baza hasta 1996 (Gil-Sánchez Milanos negros posados en un tendido eléctrico. Adulto en primer plano y juvenil atrás. MR et al., 2000a). Con posterioridad se han observado ejemplares en época de reproducción en los alrededores de Castilléjar, zona tradicional de nidificación (Ballesteros, com. pers.), aunque en el Atlas de Aves Reproductoras se le cita también como reproductor posible durante el período 1998-2002 en el entorno de Pozo Alcón y Cortes de Baza.
Tabla 8.45. Otras rapaces (no rupícolas) amenazadas
CATEGORÍA EN PELIgRO VULNERABLE DATOS INSUFICIENTES FAMILIA TAxON

ACCIPITRIDAE FALCONIDAE STRIGIDAE

Milvus milvus Elanus caeruleus falco subbuteo falco colombarius* otus scops

Fuente: Inventario Nacional de Biodiversidad. Ministerio de Medio Ambiente, 2007. * Especie invernante.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

También es dudosa la nidificación de elanio azul (Elanus caeruleus), considerado vulnerable (Franco y Rodríguez, 2001), que podría reproducirse en terrenos abiertos con árboles dispersos, como encinares adehesados de la cara norte de la Sierra de Baza, o en la de Sierra Nevada en el pasillo de Fiñana, lugares todos en los que se han registrado contactos. Otra especie escasa en Andalucía y en los ambientes esteparios semiáridos es el alcotán europeo (Falco subbuteo), ave estival que utiliza para la cría pequeños bosques junto a zonas abiertas donde caza. Gil-Sánchez et al. (1999) la cataloga como vulnerable para la provincia de Granada y estiman un total de doce parejas, de las que siete se localizarían en la hoya de Guadix y al menos una en la de Baza. Estos autores recomiendan la realización de un censo específico debido a su delicado estatus. El autillo europeo (Otus scops) es la única rapaz nocturna considerada como amenazada en el Libro Rojo de los Vertebrados de Andalucía. Esta nocturna de fenología estival es reproductor común en bosquetes abiertos, alcanzando las máximas densidades en zonas agrícolas con setos y árboles, sotos fluviales, pueblos y ciudades (SEO BirdLife, 1999). En ambientes semiáridos las mayores densidades se encuentran en mosaicos agroforestales y ramblas (Alonso et al., 2003)
Figura 8.15. Distribución de las rapaces (no rupícolas) amenazadas

Milvus milvus, Falco subbuteo, Otus scops Milvus milvus, Otus scops Falco subbuteo, Elanus caeruleus Falco subbuteo, Otus scops Milvus milvus Elanus caeruleus Falco subbuteo Otus scops
Fuente: Inventario Nacional de Biodiversidad. Ministerio de Medio Ambiente, 2007. (En el caso de Milvus milvus, aparentemente extinto como reproductor, se muestra la distribución histórica reciente)

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Comunidades bióticas y biodiversidad

Limícolas Filo CHORDATA/Clase Aves/Orden Charadriiformes Las limícolas son un conjunto de aves de patas largas que suelen vivir cerca del agua, donde se alimentan de invertebrados. Junto a gaviotas, charranes y álcidos conforman el orden caradriforme, de escasa representación en estos territorios.
Tabla 8.46. Relación de limícolas amenazados
CATEGORÍA RIESgO MENOR DATOS INSUFICIENTES FAMILIA TAxON

CHARADRIIDAE

Vanellus vanellus Charadrius dubius

Fuente: Inventario Nacional de Biodiversidad. Ministerio de Medio Ambiente, 2007.

La avefría europea (Vanellus vanellus) mantiene una importante población invernante en la Península Ibérica, donde también nidifica. En Andalucía se reproduce fundamentalmente en las marismas del Guadalquivir y la laguna de Fuente de Piedra, presentando en la hoya de Baza un núcleo reproductor ocasional que marca el límite suroriental para la especie en la península. El chorlitejo chico (Charadrius dubius) está mejor distribuido por Andalucía y el Altiplano. En al área de estudio ocupa principalmente tramos con guijarros en ríos como el Fardes, Alicún, Guadiana Menor, Baza, Jandulilla y otros arroyos menores.
Chorlitejo chico. MY

Colúmbidos Filo CHORDATA/Clase Aves/Orden Columbiformes Las palomas y tórtolas están representadas en España por siete especies autóctonas, dos de ellas exclusivas del archipiélago Canario. Las otras cinco se pueden localizar en el Altiplano, destacando la presencia de la paloma zurita (Columba oenas), considerada en peligro en Andalucía.
Tabla 8.47. Relación de colúmbidos amenazados
CATEGORÍA EN PELIgRO VULNERABLE FAMILIA TAxON

COLUMBIDAE

Columba oenas Streptopelia turtur

Fuente: Inventario Nacional de Biodiversidad. Ministerio de Medio Ambiente, 2007.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

La zurita es un reproductor escaso en Andalucía que, paradójicamente, sigue contando con el riesgo añadido de estar considerada especie cinegética. Este colúmbido presenta en la región andaluza una evolución negativa, habiendo desaparecido poblaciones muy significativas como las de Huelva o Cádiz (Fernández y Bea, 2003). En el área de estudio parece reproducirse únicamente en la hoya de Guadix, concretamente en la zona de ramblas y badlands del entorno de Gorafe y Guadix, así como en el sureste de Jaén. También cría en la Sierra de Castril, ya fuera de los límites del Altiplano. En las ramblas instala sus nidos en oquedades naturales en los taludes, de modo similar a lo que hacen grajillas (Corvus monedula), carracas o mochuelos (Athene noctua). En la categoría de vulnerable y también objeto de caza está la tórtola europea (Streptopelia turtur), que muestra un acusado declive en las últimas décadas. A pesar de esto aún se distribuye de forma generalizada por zonas de cultivo con setos arbolados, bosques de ribera y olivares (Balmori, 2003).
Figura 8.16. Distribución de los colúmbidos amenazados

Paloma zurita en bebedero del monte Cortijo Conejo. MY

Columbus oenas, Streptopelia turtur Streptopelia turtur

Fuente: Inventario Nacional de Biodiversidad. Ministerio de Medio Ambiente, 2007

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Comunidades bióticas y biodiversidad

Caprimúlgidos Filo CHORDATA/Clase Aves/Orden Caprimulgiformes Los chotacabras constituyen un peculiar orden de aves, de hábitos nocturnos y plumaje críptico, con una gran abertura bucal y vibrisas en sus vértices para facilitar la captura de insectos voladores nocturnos.
Tabla 8.48. Relación de caprimúlgidos amenazados
CATEGORÍA VULNERABLE DATOS INSUFICIENTES FAMILIA TAxON

CAPRIMULGIDAE

Caprimulgus europaeus Caprimulgus ruficollis

Fuente: Inventario Nacional de Biodiversidad. Ministerio de Medio Ambiente, 2007.

El chotacabras europeo o gris (Caprimulgus europaeus) y el pardo (C. ruficollis) son especies con distribución generalmente complementaria, posiblemente debido a interacciones de competencia (Hagemeijer and Blair, 1997). El primero presenta una distribución mayoritariamente eurosiberiana y el segundo, en cambio, más mediterránea. No obstante, en la franja oriental del sistema Bético, fundamentalmente en Granada y Jaén, están presentes las dos especies, el pardo en zonas más térmicas por debajo de los 800-1000 m (Bernis, 1970) y el europeo normalmente por encima de estas cotas (Díaz et al., 1996).
Chotacabras pardo. MY

Coraciformes Filo CHORDATA/Clase Aves/Orden Coraciiformes Este orden, de origen africano, incluye especies de exuberantes colores y fuertes y prominentes picos. En el Altiplano se encuentran todos los coraciformes ibéricos, que son el abejaruco común (Merops apiaster), la abubilla (Upupa epops), el martín pescador (Alcedo atthis) y la carraca europea.
Tabla 8.49. Relación de coraciformes amenazados (excluidos aves esteparias)
CATEGORÍA VULNERABLE FAMILIA TAxON

ALCEDINIDAE

alcedo atthis

Fuente: Inventario Nacional de Biodiversidad. Ministerio de Medio Ambiente, 2007.

Además de la carraca (tratada con anterioridad), la otra especie amenazada es el martín pescador, un ave escasa en el sureste peninsular (Moreno-Opo, 2003) y que en el Altiplano se limita a los cauces del Guadiana Menor, Jandulilla, Fardes, Guadalentín y Castril, marcando estos el límite suroriental de su distribución en la Península Ibérica.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Martín pescador. JM

Piciformes Filo CHORDATA/Clase Aves/Orden Piciformes Dos son las características fundamentales de este orden; una es presentar dos de los dedos dirigidos hacia delante y dos hacia atrás, y la otra es disponer de un pico muy especializado. El torcecuello (Jynx torquilla) es el único pícido amenazado presente en el área de estudio, conocido al menos para las choperas y otros bosques de ribera en tramos medios-altos del río Fardes, cuando dispongan de oquedades aptas para la nidificación.
Tabla 8.50. Relación de piciformes amenazados
CATEGORÍA CASI AMENAZADA FAMILIA TAxON

PICIDAE

Jynx torquilla

Fuente: Inventario Nacional de Biodiversidad. Ministerio de Medio Ambiente, 2007.

Paseriformes Filo CHORDATA/Clase Aves/Orden Passeriformes Con sus 56 familias y más de 5.900 especies, es el orden más numeroso suponiendo el 60% de todas las aves (Hickman et al., 2006). Además de las especies de índole esteparia, ya abordadas anteriormente, en el Altiplano concurren otras ocho especies de paseriformes amenazados.

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Comunidades bióticas y biodiversidad

Tabla 8.51. Otros paseriformes amenazados (excluidas aves esteparias)
CATEGORÍA EN PELIgRO VULNERABLE DATOS INSUFICIENTES FAMILIA TAxON

TURDIDAE HIRUNDINIDAE SYLVIIDAE CORVIDAE

Cercotrichas galactotes1 Monticola saxatilis Riparia riparia Hirundo daurica Sylvia hortensis Hippolais pallida Pyrrhocorax pyrrhocorax Corvus corax

Fuente: Inventario Nacional de Biodiversidad. Ministerio de Medio Ambiente, 2007. 1 El alzacola en España. I Censo nacional (2004). Seoane, 2005.

El alzacola (Cercotrichas galactotes) junto a la alondra ricotí, anteriormente abordada, son los paseriformes más amenazados de Andalucía (Franco y Rodríguez, 2001). El alzacola presenta una distribución mediterránea, limitando su presencia en el Altiplano al término municipal de Abla (Seoane, 2005).
Figura 8.17. Distribución de paseriformes amenazados (excluidos aves esteparias)

Número de especies 6 5 4 3 2 1 Cercotrichas galactotes, Monticola saxatilis Monticola saxatilis
Fuente: Inventario Nacional de Biodiversidad. Ministerio de Medio Ambiente, 2007; Seoane, 2005

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

El alzacola es un paseriforme estival muy escaso en el Altiplano. JM

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Comunidades bióticas y biodiversidad

Según Manrique (1993) la población del sureste semiárido ibérico ha registrado un acusado declive en las últimas décadas y, aunque en algunos puntos puede seguir siendo relativamente abundante, no aparece en extensas áreas de hábitat potencial. El roquero rojo (Monticola saxatilis) se encuentra en Andalucía únicamente en sierras a partir de los 1.400 m. Su reproducción no está confirmada en el Altiplano, y de producirse quedaría restringida a las cotas más altas. Por último, otros dos paseriformes amenazados presentan una distribución restringida, en este caso asociada a cauces. Se trata, por un lado, del avión zapador (Riparia riparia) que nidifica en taludes fluviales cercanos a cursos de agua con materiales blandos (Palomino, 2001) y que tiene una presencia muy local en Andalucía oriental (Malo de Molina, 2003), siendo las colonias del Altiplano las más orientales de la región. Por otro, del zarcero pálido (Hippolais pallida), ligado a cauces con vegetación densa de Tamarix sp. y Arundo donax (Muñoz-Cobo, 2001), caso de algunos tramos del bajo Guadiana Menor o la zona de la Junta de los Ríos.

MaMífERoS

Las depresiones de Guadix-Baza-Huéscar y sus sierras circundantes constituyen una de las áreas sobre las que se tiene un mayor conocimiento de la fauna de vertebrados (Casinello, 1989; Pleguezuelos, 1992; Fernández-Cardenete et al., 2000), y de forma particular sobre su comunidad de mamíferos (Garrido, 1992; Gil-Sánchez et al., 2001; Garrido y Nogueras, 2002-2003). La profundidad de los estudios realizados (Mitchell-Jones et al., 1999), sobre todo en quirópteros, así como la gran variedad de ecosistemas presentes y el relativo mantenimiento de sistemas tradicionales de explotación capaces de mantener una alta biodiversidad (Garrido y Nogueras 2002-2003), facilita que en el ámbito de estudio se localicen el 75% de los mamíferos terrestres de Andalucía. Según Garrido y Nogueras (20022003) la cuadrícula UTM 50x50 30SVG4, con 46 especies, muestra la riqueza de mamíferos más elevada de la región Mediterránea ibérica, exceptuando las zonas limítrofes con la región eurosiberiana, en las que se mezclan elementos faunísticos de ambas (Mitchell-Jones et al., 1999). Asimismo, estos autores encuentran que la cuadrícula UTM 10x10 VG82 (90% de inclusión en el Altiplano) alberga la comunidad de mamíferos más rica (35 especies). Aunque existe predominancia de especies generalistas como el zorro (Vulpes vulpes), jabalí (Sus scofra), tejón (Meles meles), erizo común (Erinaceus occidentalis), y otras, en el Altiplano se dan cita cinco mamíferos endémicos ibéricos, tres de ellos bien distribuidos a lo largo de la Península: cabra montés (Capra pyrenaica hispanica), topo ibérico (Talpa occidentalis) y liebre ibérica (Lepus capensis), y otros dos no tan ampliamente como el topillo de Cabrera (Microtus cabrerae) y el murciélago ratonero gris (Myotis nattereri). Este último muestra una situación particular, ya que recientemente se han descrito, tras realizar análisis tanto genéticos como anatómicos, tres especies a partir de Myotis nattereri. De éstas Myotis escalerae es la que estaría presente en el sur peninsular y norte de África (Ibáñez et al., 2006).

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Soricomorfos (insectívoros) Filo CHORDATA/Clase Mammalia/Orden Soricomorpha Las tres especies de mamíferos amenazados pertenecientes a este orden tienen en el Altiplano una distribución muy ligada a las sierras circundantes y especialmente a los cauces de agua procedentes de éstas.
Tabla 8.52. Relación de soricomorfos amenazados
CATEGORÍA EN PELIgRO VULNERABLE RIESgO MENOR
Topo ibérico. CS

FAMILIA

TAxON

SORICIDAE TALPIDAE SORICIDAE

neomys anomalus Talpa occidentalis Suncus etruscus

Fuente: Inventario Nacional de Biodiversidad. Ministerio de Medio Ambiente, 2007.

El musgaño de Cabrera (Neomys anomalus) es una especie ligada a medios acuáticos y encharcados, ricos en invertebrados. En el área de estudio ha sido citada tan solo en dos ocasiones, una en la vega de Guadix y otra en el río Fardes (Garrido y Nogueras, 2002-2003), pero también puede estar presente en tramos con hábitat óptimo del río Castril.
Figura 8.18. Distribución de soricomorfos amenazados

Neomys anomalus, Talpa occidentalis Talpa occidentalis, Suncus etruscus Neomys anomalus Suncus etruscus Talpa occidentalis
Fuente: Inventario Nacional de Biodiversidad. Ministerio de Medio Ambiente, 2007

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Comunidades bióticas y biodiversidad

El topo ibérico es endémico de la Península Ibérica, donde ocupa suelos aptos para ser excavados y abundancia de presas, desde el nivel del mar a los 2.800 m en Sierra Nevada. Las poblaciones del área de estudio son las más orientales de Andalucía, y posiblemente sufran una fragmentación aún más acusada que la de por sí ya preocupante para el conjunto del territorio andaluz.

Murciélagos Filo CHORDATA/Clase Mammalia/Orden Chiroptera De forma general el ámbito de estudio parece ser una zona relativamente discreta en poblaciones de quirópteros, en parte quizá debido a sesgos en la información disponible. Ello se debe a que los murciélagos de la zona central del Altiplano encuentran unas condiciones ecológicas desfavorables, consecuencia del carácter semiárido de estos territorios. En general, las especies con hábitos trogloditas son más característicos de zonas forestales (Horacek et al., 2000). Las barreras geográficas, fundamentalmente el estrecho de Gibraltar, propiciaron que en la segunda mitad del Holoceno, en plena expansión de los medios semiáridos, las especies de familias más típicamente desertícolas del Magreb, tales como Hipposideridae, Emballonuridae o Rhinopomatidae, no se instalasen en el sureste peninsular (Aulagnier et Thevenot, 1986; Kowalski and Rzebik-Kowalska, 1991; Horacek et al., 2000).
Tabla 8.53. Relación de quirópteros amenazados
CATEGORÍA EN PELIgRO CRíTICO VULNERABLE FAMILIA TAxON

VESPERTILIONIDAE RHINOLOPHIDAE

Myotis capaccinii Rhinolophus ferrumequinum Rhinolophus euryale Rhinolophus hipposideros

VESPERTILIONIDAE

Myotis emarginata Myotis nattereri Myotis myotis Myotis blythii

MINIOPTERIDAE
DATOS INSUFICIENTES

Miniopterus schreibersii Myotis daubentonii Pipistrellus pipistrellus Pipistrellus pygmaeus
Fuente: Garrido, 2007.

VESPERTILIONIDAE

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

No obstante, los murciélagos suponen más de un tercio de los mamíferos del ámbito de estudio. Tal riqueza, que en principio podría sorprender para una zona semiárida, posiblemente esté favorecida por la presencia de superficies forestales en el entorno del Altiplano, aunque mayoritariamente se trata de especies cavernícolas que se reproducen y alimentan en zonas abiertas o de borde forestal-abierto. Además, de las 17 especies presentes 12 están incluidas en el Libro Rojo de los Vertebrados de Andalucía.

Myotis sp. JLS

Rhinolophus hipposideros. JLS

El quiróptero más relevante de los presentes en el Altiplano es el murciélago ratonero patudo (Myotis capaccinii), especie en peligro crítico en Andalucía (Franco y Rodríguez, 2001) y que se distribuye por los países mediterráneos ubicando sus refugios cerca de ecosistemas acuáticos (cursos de agua, pantanos, etc.) donde tiene sus zonas de caza. Se trata de un troglodita estricto, y termófilo, aunque recientemente se han encontrado colonias en Andalucía oriental a 1200 m s.n.m. (Almenar et al., 2002). En la zona de estudio, al igual que en el conjunto de Andalucía, es escaso, conociéndose sólo dos refugios ocupados por colonias, ambas cerca de embalses (La Bolera y Pedro Abellán). Una de ellas se sitúa en La Peza, y sólo es empleada como lugar de descanso en los movimientos entre áreas de cría e invernada. La otra está ubicada en Pozo Alcón y es utilizada por al menos 800 hembras reproductoras, lo que se estima en torno al 32% de la población andaluza (Garrido, 2007). Otro vespertiliónido interesante es el murciélago ratonero gris, a partir del cual se han descrito varias criptoespecies gemelas y alopátricas mediante estudios filogeográficos (Ibáñez et al., 2006). Parece que en la Península habría dos especies, una al norte del Ebro (aún no formalmente descrita) y otra que ocuparía el resto del territorio peninsular y por tanto se trataría de un endemismo ibérico. Éste es Myotis escalerae, descrito en 1904 por Cabrera, que aún no ha sido considerado válido pero para el que en cualquier caso existiría

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Comunidades bióticas y biodiversidad

desconocimiento sobre el estado poblacional y categoría de amenaza en que podría encontrarse la especie a nivel andaluz. También es digno de mención el descenso poblacional que está sufriendo el murciélago ratonero grande (Myotis myotis; Garrido com. pers.), lo que hay que sumar el riesgo asociado a su conocido gregarismo, por el que la pérdida de un único refugio puede acarrear severos declives poblacionales (Romero, 2000). En el Altiplano las dos especies que destacan por la importancia relativa respecto al total regional de efectivos poblacionales son vespertiliónidos, en concreto el murciélago orejudo gris (Plecotus austriacus) y el murciélago ratonero patudo. Aunque los datos disponibles para la primera sobre la población andaluza están incompletos actualmente, la mayor parte de las citas disponibles se concentran en la zona de estudio y sus sierras circundantes: Cazorla-Segura, Baza, Filabres, Arana o Sierra Nevada (Garrido, 2007). El murciélago mediterráneo de herradura (Rhinolophus euryale) es el rinolofo más escaso en el Altiplano, conociéndose únicamente dos emplazamientos, ambos en las cercanías de valles fluviales de Jaén. Este quiróptero es muy sensible a las molestias producidas por visitantes, habiendo sufrido las poblaciones con censos continuados un fuerte descenso, cifrado en torno al 30% en las provincias de Granada y Almería.
Figura 8.19. Distribución de los quirópteros amenazados y zonas de alto interés

Presencia de especies con categoría ‘en peligro crítico’ Presencia de especies con categoría ‘en peligro crítico’ y ‘vulnerables’ Presencia de especies con categoría ‘vulnerables’ Zonas de especial importancia

Fuente: Inventario Nacional de Biodiversidad. Ministerio de Medio Ambiente, 2007; Garrido, 2007; Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía 2007

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Las galerías de explotaciones mineras abandonadas constituyen un excelente refugio para quirópteros. En la imagen, minas de Alquife. MV

Las principales poblaciones de murciélagos troglófilos se sitúan en el borde del Altiplano, entre los bosques de las sierras colindantes, en los medios fluviales, bosques de ribera y cultivos de regadío asociados a los ríos. Aunque la mayoría de las poblaciones son poco relevantes en el contexto andaluz, algunas de las colonias sí tienen importancia, debido al tamaño de las poblaciones que albergan. Este es el caso del Cerro Minero de Alquife, la Cueva de Peña Lentisco en Hinojares o el Túnel de las Huertas en Pozo Alcón. La colonia del Cerro Minero de Alquife ocupa una explotación minera abandonada que aprovechaba un yacimiento masivo de hematites pardos encajados en mármoles triásicos (Garrido, 2007). Los estudios de Ibáñez et al. (2005) no le conferían la importancia que con posterioridad advirtió un estudio más profundo realizado por el equipo de seguimiento de murciélagos cavernícolas de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía. Este trabajo cifró el contingente de murciélagos en la cueva en torno a 6.000 ejemplares, el mayor del Altiplano y de toda la provincia de Granada, integrado por murciélago grande de herradura (Rhinolophus ferrumequinum), de herradura mediterráneo, ratonero grande y mediano (Myotis blythii), y fundamentalmente murciélago de cueva (Miniopterus schreibersii). Además el área del Cerro Minero cuenta con un dormidero invernal de chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax) que llega aglutinar a más de 1.000 ejemplares. Éste es un excelente ejemplo de enclave que podría ser incluido en la Red Natura 2000 como Zona de Especial Conservación. La Cueva de Peña Lentisco es una sima de 50 m de profundidad en una capa de margas yesíferas del triásico (Garrido, 2007), dentro del P.N. de Cazorla, Segura y Las Villas. En esta cueva se reproduce una colonia importante de murciélago grande de herradura y de herradura mediterráneo, aunque es, si cabe, más

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Comunidades bióticas y biodiversidad

relevante durante el invierno, cuando acoge a 350 individuos de murciélago grande de herradura. La cueva y su entorno merecerían ser considerada como Área de Especial Conservación en el PORN y PRUG de dicho espacio protegido, y como Zona de Especial Conservación en la Red Natura 2000. El Túnel de las Huertas es parte del antiguo trazado del canal principal de la zona regable de Pozo Alcón, en la actualidad abandonado. Este túnel de 1.500 m es utilizado como depósito de agua para el riego de una pequeña zona de huertas del entorno, permaneciendo inundado la mayor parte del año. Su colonia de murciélagos es la segunda más importante del Altiplano en número de ejemplares, con un comunidad reproductora conformada por 2.000 individuos de murciélago de cueva, 1.000 de ratonero grande, 200 de herradura mediterráneo, 150 de grande de herradura y sobre todo 800 individuos de murciélago patudo, así como una población invernante de más de 600 de murciélago de cueva, más de 100 de grande de herradura y más de 100 de murciélago patudo. Cuenta, por tanto, con la mayor colonia reproductora de murciélago patudo de la región, un tercio de total andaluz, tratándose de una de las poblaciones más valiosas de quirópteros de toda Andalucía. Este túnel, junto con el tramo del río Guadalentín que constituye su área principal de alimentación, debiera también ser integrado en la Red Natura 2000 como Zona de Especial Conservación.

Roedores Filo CHORDATA/Clase Mammalia/Orden Rodentia De modo similar al grupo anterior la comunidad de roedores está definida por la predominancia de especies eurosiberianas y en buena parte generalistas. En el caso de los roedores se pone de manifiesto por una mayoría de integrantes de Microtinae frente a Murinae, situación típica de la fauna eurosiberiana (Orsini et Poitevin, 1984), no existiendo taxa específicamente adaptados a explotar los nichos existentes en medios semiáridos (Garrido y Nogueras, 2002-2003). Esta situación contrasta con la rica fauna de Murinae, Dipodidae y especialmente Gerbilidae existente en las estepas magrebíes (Aulagnier et Tevenot, 1986).
Tabla 8.54. Relación de roedores amenazados
CATEGORÍA EN PELIgRO CRíTICO VULNERABLE FAMILIA TAxON

MURIDAE SCIURIDAE MURIDAE

Microtus cabrerae Sciurus vulgaris arvicola sapidus

Fuente: Inventario Nacional de Biodiversidad. Ministerio de Medio Ambiente, 2007.

Ejemplo de endemicidad entre los roedores ibéricos es el topillo de Cabrera, un endemismo estricto ibérico. En la actualidad se considera que ocupa un área relicta, con distribución fragmentada entre varios núcleos del Prepirineo, sistema Ibérico meridional, sistema Central, algunas áreas de la provincia de Zamora y las sierras béticas orientales (Albacete, Jaén, Granada y Murcia).

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Este arvicolino habita exclusivamente zonas climáticas estrictamente mediterráneas (Fernández-Salvador, 1998 y 2002), y en el caso del Altiplano el hábitat es un mosaico de junquera-fenalar (ElymoBrachypodietum phoenicoides y Cirsio monspessulani-Holoschoenetum vulgaris) que en alguna ocasión cuenta con matorral disperso (Rubus ulmifolius, Crataegus monogyna, Rosa sp.), pero siempre asociado a suelos húmedos junto a fuentes (Garrido, Ardilla roja. JM 1999). Las localizaciones en el Altiplano son las más meridionales conocidas para la especie hasta el momento y además corren un serio riesgo por cambios de uso del suelo, habiéndose constatado la desaparición de algunas localizaciones de cría en el entorno de Guadix (Garrido com. pers.).
Figura 8.20. Distribución de los roedores amenazados

Microtus cabrerae, Sciurus vulgaris, Arvicola sapidus Microtus cabrerae, Sciurus vulgaris Sciurus vulgaris, Arvicola sapidus Microtus cabrerae Arvicola sapidus Sciurus vulgaris

Fuente: Inventario Nacional de Biodiversidad. Ministerio de Medio Ambiente, 2007

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Comunidades bióticas y biodiversidad

Carnívoros Filo CHORDATA/Clase Mammalia/Orden Carnivora Posiblemente los carnívoros más escasos en la zona de estudio sean el turón (Mustela putorius aureolus) y la nutria (Lutra lutra). El primero fue detectado en la hoya accitana por primera vez en 2003, en los sotos fluviales del Balneario de Alicún, aunque posteriormente se ha localizado en el Fardes de forma muy puntual. La especie también puede aparecer en zonas cercanas a Sierra Mágina y sierras de Cazorla y Castril.
Tabla 8.55. Relación de carnívoros amenazados
CATEGORÍA VULNERABLE FAMILIA TAxON

MUSTELIDAE

Lutra lutra

Fuente: Fuente: Inventario Nacional de Biodiversidad. Ministerio de Medio Ambiente, 2007; Gil-Sánchez com. pers.

La nutria fue considerada extinta en 2001 en el Altiplano (Gil-Sánchez et al., 2001), si bien actualmente parece haberse recuperado y puede encontrarse en varios cauces como el Guadiana Menor, Jandulilla, Guadalentín, Castril, Guardal, parte del río Galera y algún tramo del río Fardes (Gil-Sánchez com. pers.).

Nutria. JM.

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Artiodáctilos Filo CHORDATA/Clase Mammalia/Orden Artiodactyla La situación de los artiodáctilos andaluces amenazados resulta en cierta medida contradictoria, ya que tanto la cabra montés como el ciervo han sido incluidos en el Libro Rojo de los Vertebrados de Andalucía, siendo cinegéticas ambas especies y encontrándose en franca expansión territorial. No obstante, se ha entendido que sus amenazas radican en los modelos de gestión y manejo, que les pueden acercar localmente a situaciones de empobrecimiento o contaminación genética.
Tabla 8.56. Relación de artiodáctilos amenazados
CATEGORÍA VULNERABLE RIESgO MENOR FAMILIA TAxON

BOVIDAE CERVIDAE

Capra pyrenaica hispanica Cervus elaphus hispanicus

Fuente: Inventario Nacional de Biodiversidad. Ministerio de Medio Ambiente, 2007.

La cabra montés es un endemismo ibérico que actualmente se distribuye de forma más o menos homogénea por la mitad occidental del Altiplano. Tras haber quedado relegada en los años 50 a pequeños núcleos en las Reservas Nacionales Caza de Sierra Nevada y Cazorla-Segura (Farfán et al., 2004) comenzó a aparecer en la hoya de Guadix entre 1980 y 1990, localizándose en las cárcavas situadas entre los ríos Guadix y Fardes

Manada de cabra montés en el Altiplano, un exitoso colonizador de ámbitos semiáridos. MY

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Comunidades bióticas y biodiversidad

desde los Baños de Alicún hacia el norte (Garrido y Nogueras, 2002-2003). Aún estando catalogada como vulnerable en el Libro Rojo de los vertebrados de Andalucía está considerada como especie cinegética tras un importante incremento poblacional. El macho montés tiene una alta valoración y tradición cinegética en España, lo que es un potencial generador de recursos económicos en las localidades donde se efectúa su caza. El ciervo (Cervus elaphus) en el Altiplano tiene una presencia limitada a la base de Sierra Nevada, Sierra de Baza (Torres, 1998), Cazorla, del Pozo, Castril y La Sagra, en parte debido a que la especie tiene dificultades de expansión en este contexto semiárido, no pudiendo cruzar las depresiones tal y como hace la cabra montés, mucho más tolerante a las condiciones xéricas. Asimismo, mencionar que las poblaciones de ciervo de estas sierras provienen de sueltas con fines cinegéticos, como las producidas en la Reserva Nacional de Caza de Cazorla, coto Maguillo en Sierra Nevada o Romailique en Sierra de Arana.
Figura 8.21. Distribución de los artiodáctilos amenazados

Capra pyrenaica hipanica, Cervus elaphus hispanicus Capra pyrenaica hipanica Cervus elaphus hispanicus

Fuente: Inventario Nacional de Biodiversidad. Ministerio de Medio Ambiente, 2007

En general y a modo de síntesis, la comunidad de mamíferos presente en el Altiplano encaja dentro de los patrones típicos descritos para la fauna mediterránea (Blondel and Aronson, 1999), que se basan fundamentalmente en dos características. Por un lado el predominio de especies eurosiberianas, pero con presencia

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

significativa de endemismos mediterráneos y, en menor medida, elementos subtropicales. Por otro, la fuerte transformación del medio natural derivada de la actividad humana (reciente e histórica) lo cual favorece la aparición de especies introducidas o comensales del hombre, como la rata campestre (Rattus rattus), la rata gris (Rattus norvegicus), el arruí (Ammotragus laervia) o el gamo (Dama dama), entre otros.

faCToRES dE aMEnaza

Al igual que en el caso de la flora (apartado 8.1.), las causas de riesgo fundamentales para la supervivencia de vertebrados en el Altiplano son la destrucción y fragmentación de hábitat, asociadas a los cambios de uso del suelo, la contaminación de los cauces, la modificación y creación de infraestructuras en los cursos de agua, así como la creación de infraestructuras viales, industriales, energéticas y turísticas. Las principales amenazas de las especies piscícolas en España y por ende en el Altiplano son la construcción de presas, alteración de cauces, e incluso la extracción de áridos, que afecta directamente a especies como la colmilleja. La herpetofauna presenta algunas características que la hacen más vulnerable que otros grupos de vertebrados ante las alteraciones ambientales, sobre todo los anfibios, pues su piel es muy permeable a los agentes químicos y sus ciclos biológicos combinan fase terrestre y acuática. Los anfibios y reptiles continentales están estrechamente ligados a sus hábitats y biotopos de reproducción debido a su escasa movilidad. Esto les hace especialmente sensibles a cambios locales concretos que impliquen la destrucción, alteración o contaminación de los mismos. Una actividad antrópica que afecta exclusivamente a peces y anfibios es la llegada al medio de especies exóticas para su posterior pesca o bien por su uso como cebo, afectando a las especies piscícolas autóctonas y a los primeros estadíos larvarios de algunos anfibios. En el Altiplano la pérdida o remodelación inadecuada de antiguas balsas y acequias es también un problema para peces y anfibios (Garrido y García-Cardenete com. pers.). Las causas de amenaza para la avifauna son más diversas pues las aves ocupan un rango mayor de biotopos. Algunas de las más comunes son la alteración, fragmentación o pérdida total de hábitat y los riesgos asociados a su ecología trófica. Ejemplos de esta última son el uso intencionado de veneno con fines cinegéticos y/o ganaderos, así como el abuso de biocidas en los modelos agrícolas más intensivos. Entre los mamíferos, la principal causa de amenaza también es la fragmentación y alteración del hábitat, existiendo el caso particular de los quirópteros cavernícolas, que tienen su mayor problema de conservación en el uso de cuevas con fines turísticos o deportivos (espeleología), principalmente en el entorno de Guadix. Ejemplo paradigmático de la pérdida de hábitat es el caso del raro topillo de Cabrera, el cual ha desaparecido de algunas localizaciones en Guadix debido a la roturación de los pastizales que ocupaba. A lo largo del presente capítulo, se ha puesto de manifiesto la diversidad, complejidad y singularidad biológica del Altiplano. Y de ello se pueden obtener dos conclusiones generales. La primera es la presencia de una proporción elevada de plantas vasculares e invertebrados endémicos del Altiplano, otros muchos exclusivos

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Comunidades bióticas y biodiversidad

de estos ambientes en España, e incluso algunos vertebrados que resultan únicos en Europa. La segunda, es que la flora y fauna presente en estos ambientes tiene un alto grado de amenaza; únicamente entre los vertebrados en el Altiplano concurren 100 de las 180 especies consideradas amenazadas en el territorio andaluz. Estos datos evidencian que, en contra de la idea socialmente arraigada de que las zonas áridas del sudeste peninsular son ecosistemas pobres originados por degradación de otros medios más valiosos, se trata en cambio, de ambientes singulares; en gran medida fruto, sí, del uso humano del territorio, pero un uso que vino a sumarse al proceso evolutivo ya en marcha en el Altiplano desde muchos miles de años antes de que el hombre alcanzara una capacidad relevante de intervención sobre el territorio. Además de la indudable diversidad que atesoran estos ambientes semiáridos, la importancia de su conservación va mucho más allá de preservar determinados elementos de flora y fauna singular, sino que debe considerar al menos una parte significativa del todo, permitiendo que los ecosistemas semiáridos y sus biocenosis sigan contribuyendo a la diversidad intrínseca del conjunto de ecosistemas mediterráneos.

El eslizón ibérico es uno de los reptiles endémicos de la Península Ibérica presentes en el Altiplano. LGC

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Mosaico de usos del territorio en el extremo occidental de la hoya de Guadix. JH

Usos del suelo y su evolución histórica reciente

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Usos del suelo y su evolución histórica reciente (1956 - 2003)

En Alicún se cantaba “si la luna sale, mejor entre los olivos que entre los espartales”
Antonio Machado

Muy probablemente de los baños de Alicún, en Villanueva de las Torres, se trajo D. Antonio esta coplilla, cante del norte granadino, escuchada en Alicún y transcrita en Baeza, que bien vale para todo el territorio comprendido entre ambas localidades. Y es que el típico paisaje de Villanueva, como también el de Alicún de Ortega, como en Jaén el de Cabra del Sto. Cristo, Jódar, Huesa o Larva, y en general como el de buena parte del Altiplano, ha estado históricamente integrado por vastos territorios esteparios, ornados de cerros y ramblas, entre los que se arañaban besanas más o menos ingratas, y donde el olivar quedaba en lo menos. Aún cuando mitigasen pasadas miserias, que lo hicieron y mucho, ni el esparto, ni siquiera el grano, nunca pudieron ni pueden competir en la valoración social con el árbol, ya sea éste olivo, almendro o cítrico. En los más de ochenta años que separan de la actualidad el Cancionero Aprócrifo de Antonio Machado, muy poco ha cambiado el espíritu del cante y mucho el panorama estepario. Los cambios en el aprovechamiento y los usos que se han sucedido en algunas zonas del extremo noroccidental del Altiplano, y de una forma especial durante los últimos diez o quince años, se hallan entre los más drásticos y veloces de toda Andalucía (Martos, 1998; Yanes et al., 2005; González et al., 2007), puntualmente comparables a aquellos acontecidos también sobre otros territorios semiáridos en el litoral almeriense (Mota et al., 1996).

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Usos del suelo y su evolución histórica reciente

Sea como fuere, el estudio de los usos del suelo y de su variación a lo largo del tiempo permite el análisis de múltiples aspectos del territorio, entre ellos las tendencias y ritmos de cambio, la potencialidad económica, y la evolución de las superficies agrícolas, forestales y urbanas, o de las superficies de agua en un lapso de tiempo determinado. En este capítulo se pretende, por un lado, cuantificar los cambios más relevantes acontecidos en el Altiplano desde la década de los 50 del pasado siglo y, por otro, ofrecer una idea general de las tendencias que a este nivel ha seguido y sigue el territorio. Esta información servirá de referencia en relación a las implicaciones que tal evolución haya tenido y tenga en la conservación de los principales valores naturales del Altiplano.

Notas metodológicas
Para la elaboración de este capítulo se ha empleado un reciente estudio de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía sobre la evolución de las coberturas vegetales y usos del suelo en Andalucía desde el año 1956 al 2003. Dicho estudio se basa en la comparación de la información del vuelo fotogramétrico de 1956, realizado por el Servicio Cartográfico del Ejército de los Estados Unidos de América, con la cartografía de usos y coberturas vegetales del suelo, concretamente la correspondiente a los años 1999 y 2003. Esta última es generada periódicamente desde 1987 e integrada en el programa de control de cambios sobre el territorio del Sistema de Información Ambiental de Andalucía. La caracterización de los distintos usos y coberturas del suelo en la cartografía se establece por tipologías organizadas de modo jerárquico en distintos niveles, a partir de cuatro grandes grupos: 1) superficies edificadas e infraestructuras, 2) zonas húmedas y superficies de agua, 3) territorios agrícolas, y 4) superficies forestales y naturales. A partir de estos grupos se desarrollan los distintos subgrupos hasta alcanzar en algunos casos seis niveles de desarrollo jerárquico, lo que permite llevar a cabo operaciones tanto de agregación como de desglose de los datos (Moreira y González, 1997). El tratamiento y exposición de los datos de este apartado se aborda a dos niveles: de un lado, mediante el análisis global del territorio según las distintas categorías, y de otro, mediante un análisis pormenorizado dentro del área, que aborda con mayor detalle las modificaciones concretas en distintos subámbitos territoriales. Como tales se diferencian los territorios giennense y almeriense del Altiplano, así como las distintas comarcas agrarias granadinas que, por su importancia en el contexto, se tratan de forma individualizada. Cabe matizar que, con carácter general, no se han tenido en cuenta las áreas agrícolas heretogéneas configuradas por mosaicos de secano y regadío u otras combinaciones que son muy minoritarias y, sin embargo, dificultarían el análisis y la exposición de resultados.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Usos del suelo y su evolución según categorías principales
En la actualidad los principales usos del suelo en el Altiplano corresponden a la actividad agrícola, rasgo que se mantiene al menos desde los años 50 del pasado siglo (61,65% de toda la superficie del Altiplano en 2003; 59,61% en 1956). Como se verá mas adelante, la mayoría del territorio agrícola en el Altiplano se destina a secano, sobre todo a cultivos herbáceos, seguido en importancia por la superficie forestal, con prevalencia del matorral desarbolado y en menor medida con árboles. Esta situación contrasta con el patrón general para Andalucía, donde en su conjunto la superficie destinada a la actividad agrícola (43,9% en 2003) es inferior a la forestal (50,8%), lo que resulta indicativo del carácter comparativamente más agrario del Altiplano. La evolución del conjunto de Andalucía en el período 1956 a 2003 se ha traducido en una ligera disminución de las áreas naturales y seminaturales, un notable incremento de las superficies edificadas e infraestructuras y superficies de agua artificiales, y una proporción de superficie agrícola prácticamente estable (Consejería de Medio Ambiente, 2007a). En el Altiplano los cambios en los usos del suelo durante el periodo contemplado han sido intensos, afectando al 32,5% de su superficie total. Sin embargo su proporción final de usos, en cuanto a los cuatro grandes grupos, ha cambiado poco respecto al año 1956 (Tablas 9.1. y 9.2.). Esto se debe a que buena parte de tales cambios han tenido lugar dentro del mismo grupo de uso (23,1%), si bien no por ello dejan de tener importantes repercusiones para el medio natural. Es el caso, por ejemplo, de la superficie agrícola, sobre la que se han producido modificaciones tan relevantes como el paso de cereal a leñosos o la transformación a regadío, circunstancias ambas que cambian radicalmente las condiciones del hábitat.
Tabla 9.1. Nivel de persistencia hasta 2003 en la superficie de cada tipo de uso del suelo considerado en 1956, y proporción de su evolución a otros usos durante este intervalo temporal
USOS DE SUELO EN 2003 ES:
Sup. edificadas Zonas húmedas e infraestructuras y sup. de agua Superficies edificadas e infraestructuras Territorios agrícolas Áreas Naturales y seminaturales

TOTAL 100 100 100 100

97,67 0,04 1,19 0,34

0,31 92,84 0,53 0,20

0,56 4,63 93,77 14,02

1,46 2,50 4,51 85,43

EN 1956 ERA:

Zonas húmedas y superficies de agua Territorios agrícolas Áreas naturales y seminaturales

Los valores se expresan en porcentaje sobre el tipo de uso del suelo en 1956 y muestran la proporción en que cada uso se ha mantenido o cambiado a otro hasta 2003. En sombreado: proporción que se mantiene desde 1956. Fuente: Mapa de evolución de usos del suelo 1956-2003. Junta de Andalucía, 2008. Elaboración propia.

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Usos del suelo y su evolución histórica reciente

Emprendiendo el análisis en función de los cuatro grandes grupos de usos del suelo expuestos con anterioridad, se observa cómo el cambio más llamativo respecto al año 1956 es la disminución de las áreas naturales y seminaturales en casi tres puntos porcentuales, frente al incremento de superficie del resto de categorías (Tabla 9.2.). La superficie agrícola, en contra del patrón general en Andalucía, se ha incrementado en casi dos puntos porcentuales. Le sigue, como resulta previsible, una subida de las superficies edificadas e infraestructuras que pasan del 0,48% al 1,31% en 2003. Las zonas húmedas crecen significativamente debido a la construcción de tres embalses en el territorio durante este período, en detrimento de los cursos naturales que tienden más bien a perder superficie. Esta tendencia hacia una mayor dedicación del suelo a usos productivos sucede, curiosamente, sobre un territorio que ha perdido durante este período una parte importante de su población. Así, también en contraposición a la tendencia regional, la evolución poblacional ha seguido durante este tiempo una tendencia a la baja, presentando en 2001 unos 131.000 habitantes menos (44,8%) que en la década de los 50 del pasado siglo (apartado 6.1.).

Un ejemplo de transformación de los usos agrícolas del suelo en el Altiplano: Los badlands de Huesa. Arriba, hacia 1925 (autor desconocido; CMA, Delegación Provincial de Medio Ambiente de Jaén); abajo, en 2008. CPS

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Tabla 9.2. Distribución de la superficie por grupos de usos de suelo (en orden decreciente según su superficie en 2003)
GRUPOS DE USOS DE SUELO SUPERFICIE (ha) PROPORCIÓN (%)

1956 Territorios agrícolas Áreas Naturales y seminaturales Superficies edificadas e infraestructuras Zonas húmedas y superficies de agua 290.755 187.632 2.323 4.577

1999 297.228 175.765 6.252 6.042

2003 299.168 173.569 6.381 6.169

1956 59,91 38,66 0,48 0,94

1999 61,25 36,22 1,29 1,25

2003 61,65 35,77 1,31 1,27

TOTAL

485.287 485.287 485.287

100

100

100

Fuente: Mapa de evolución de usos del suelo 1956-2003. Junta de Andalucía, 2008. Elaboración propia.

Tabla 9.3. Distribución de los cambios de uso del suelo
USOS DE SUELO SUPERFICIE 2003 (ha)
Sup. edificadas Zonas húmedas e infraestructuras y sup. de agua Superficies edificadas e infraestructuras Zonas húmedas y superficies de agua Territorios agrícolas Áreas naturales y seminaturales Territorios agrícolas Áreas Naturales y seminaturales

TOTAL 2.323 4.577 290.755 187.632 485.287

2.269 2 3.472 638

7 4.249 1.530 383

13 212 272.636 26.307

34 114 13.118 160.303

1956

TOTAL

6.381

6.169

299.168

173.569

Fuente: Mapa de evolución de usos del suelo 1956-2003. Junta de Andalucía, 2008. Elaboración propia.

Ahora bien, este análisis global de las variaciones puede enmascarar la relevancia u orientación diferencial de determinados cambios acaecidos a menor escala en el territorio. Aumentando el nivel de detalle del análisis, se aprecia cómo evolucionan los cambios dentro del Altiplano y su magnitud en las distintas unidades territoriales. De este modo cabe hacer distinción entre la componente almeriense del territorio, la giennense y las comarcas granadinas, conforme a cuya división territorial se analizan también los datos. Como ya se ha anticipado, considerando íntegramente al Altiplano, se aprecia, respecto al año 1956, una pérdida importante de territorios forestales que afecta a casi un 3% de la superficie. En sentido opuesto, el resto de categorías incrementan su extensión: la agrícola en 8.400 ha, la urbana en unas 4.000 y las superficies de agua en 1.500. La contribución principal a esta tendencia radica en los territorios granadinos por su mayor participación, aunque desigual, llegando a invertirse la tendencia para la comarca de Guadix (ver

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Usos del suelo y su evolución histórica reciente

plano), donde la superficie forestal aumenta levemente y la agrícola disminuye sensiblemente (2.181 ha). Otra excepción a esta tendencia general es la provincia de Jaén, donde las superficies de agua disminuyen levemente (69 ha). A lo largo de los siguientes apartados se describen los rasgos más importantes en cuanto a los distintos usos del suelo y sus cambios más notables desde mediados del siglo XX, en cada una de las categorías y territorios.

Superficie agrícola
Como se ha venido apuntando, el cambio más apreciable en el territorio es el crecimiento de la superficie destinada a la agricultura, hecho que ocurre en detrimento del suelo de carácter forestal y resulta proporcionalmente más apreciable en la comarca de Huéscar. Los territorios con mayor protagonismo en el incremento de superficie agrícola del Altiplano son esta comarca (61,7% del incremento) y la de Iznalloz (24,9%), seguidas por la comarca bastetana (19,8%) y el Altiplano almeriense (17,2%). Por su parte, la comarca de Guadix pierde territorio agrícola mientras la zona giennense permanece prácticamente estable (Figura 9.1.).
Figura 9.1. Comparativa de la evolución de superficie forestal y agrícola por territorios

Fuente: Mapa de evolución de usos del suelo 1956-2003. Junta de Andalucía, 2008. Elaboración propia.

En cuanto al tipo de usos agrícolas, la tendencia del Altiplano desde el año 1956 muestra por un lado un mantenimiento de la extensión total de secano y un incremento del regadío próximo a las 5.500 ha (Tabla 9.4.). Esta cifra realmente puede estar muy por debajo de la realidad, debido a la existencia de regadíos en precario, pendientes de la definitiva autorización administrativa por parte de Confederación, pero que en la práctica acometen riegos con anterioridad a su cómputo. Ello es especialmente notable en Jaén, y puede suponer al menos otras 2-3.000 ha más sólo en el territorio correspondiente al Altiplano en esta provincia. Por otro lado y aunque continúan siendo mayoritarios (aproximadamente el 70% de la superficie actual cultivada), resulta llamativo el claro descenso de los cultivos herbáceos en antagonismo con los leñosos, cuya proporción se ha cuadruplicado desde 1956 (Figura 9.2.).

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

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Usos del suelo y su evolución histórica reciente

Transformación de superficie agrícola a forestal y viceversa (1956 - 2003)
Territorios agrícolas a áreas forestales y naturales Áreas forestales y naturales a territorios agrícolas

Escala 1:400.000

Fuente: Mapa de usos y coberturas de Andalucía 1956-2003. Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía, 2005

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Tabla 9.4. Superficies y proporción de tierras agrícolas según modalidad de cultivo
CATEGORÍA SUPERFICIE (ha) PROPORCIÓN (%)

1956 Cultivos en secano Cultivos en regadío Mosaicos de secanos y regadío* Mosaico de cultivos con vegetación natural* 240.948 20.697 13.730 15.379

1999 240.267 24.315 15.885 16.761

2003 240.378 26.186 15.664 16.941

Diferencia 1956-2003 -570 5.489 1.934 1.562

1956 82,87 7,12 4,72 5,29

2003 80,35 8,75 5,24 5,64

TOTAL

290.754

297.228 299.168

8.414

100

100

Fuente: Mapa de evolución de usos del suelo 1956-2003. Junta de Andalucía, 2008. Elaboración propia. * No se tienen en cuenta las zonas heterogéneas en cálculos posteriores debido a su dificultad de análisis.

Figura 9.2. Evolución de cultivos leñosos y herbáceos de secano y regadío en el período 1956-2003

Fuente: Mapa de evolución de usos del suelo 1956-2003. Junta de Andalucía, 2008. Elaboración propia.

En cuanto a la disminución generalizada de los herbáceos es especialmente reseñable el secano, cuyo descenso en unas 52.000 ha se debe en gran medida a su conversión en cultivos leñosos, principalmente de olivar y frutales. Los herbáceos de regadío también han menguado desde 1956, pero repuntan ligeramente desde el año 1999 (Figura 9.2.), en lo que parece constituir una nueva tendencia debida a la aparición de cultivos de mayor productividad, caso de las plantaciones de hortícolas al descubierto (apartado 12.1.) y los cultivos forzados bajo plástico, estos últimos aún en muy baja proporción. El Altiplano, por sus características climáticas, permite el cultivo de determinadas especies y variedades hortícolas de alta demanda en el mercado durante períodos complementarios al ciclo productivo de las principales zonas de Levante y Almería. Respecto a los cultivos leñosos el incremento se aprecia tanto en secano como en regadío, en proporciones similares aunque con distinta importancia superficial, prevaleciendo los leñosos de secano con 55.157 ha frente a las 9.203 del regadío. Más de la mitad de la superficie dedicada a estos corresponde al olivar, que ha triplicado desde entonces su extensión, alcanzando las 33.847 ha. El olivar de secano mantiene protagonismo

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Usos del suelo y su evolución histórica reciente

Invernadero en el sureste de Jaén. MY

en superficie y continúa aumentando, pero proporcionalmente la modalidad de regadío ha multiplicado su extensión en casi seis veces hasta el año 2003 (Tabla 9.4.). Unas 5.000 ha de secano, formadas sobre todo por cultivos herbáceos y en menor medida olivar (1.344 ha), han sido reconvertidas a olivar de regadío, en su mayor parte en la provincia de Jaén. Por su parte las tierras destinadas actualmente a olivar de secano, que superan las 26.600 ha, estuvieron anteriormente ocupadas por cultivos herbáceos (63%), el propio olivar (21%) o superficie forestal (12%), tanto de matorral como arbolada con quercíneas. Otros cultivos leñosos de secano han experimentado en su conjunto un considerable incremento (aprox. 24.000 ha), llegando casi a igualar la superficie destinada al olivar de secano. El tipo mayoritario es el almendro, tal y como se refiere en el apartado correspondiente a la agricultura (apartado 12.1.), si bien aquí la cartografía empleada no contempla una unidad cartográfica específica para este cultivo, quedando integrado con otros leñosos (Tabla 9.5.)

Plantación de lechugas en la hoya de Guadix. JC

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Tabla 9.5. Extensión de los cultivos leñosos
TIPO DE CULTIVO SUPERFICIE (ha)

1956 Olivar en secano Olivar en regadío Otros leñosos (almendro y otros leñosos de áreas homogéneas) en secano Otros leñosos en regadío 8.492 1.230 4533 719

1999 23.996 7.051 23.516 1.578

2003 26.656 7.191 28.501 1.767

Fuente: Mapa de evolución de usos del suelo 1956-2003. Junta de Andalucía, 2008. Elaboración propia.

El manejo y la regulación hídrica han posibilitado el establecimiento de regadíos sobre el lecho de ramblas en las zonas más áridas del territorio. MY

Los distintos territorios o unidades presentan importantes diferencias individuales entre ellos y respecto a la totalidad del territorio que se destacan a continuación: Las mayores diferencias con respecto al conjunto se observan en la comarca de Guadix, donde tiene lugar un llamativo descenso de los herbáceos en regadío en casi 6.000 hectáreas y un pequeño incremento relativo de los leñosos (1.715 ha), principalmente de olivar, que no compensa el balance de superficies en regadío. Asimismo los herbáceos de secano de esta comarca sufren una espectacular disminución (14.328 ha) que no se ve compensada con el importante incremento de los cultivos leñosos de frutales (6.928 ha) y olivar (1.514 ha). En conjunto la comarca accitana ha perdido territorio agrícola tanto en la modalidad de secano como de regadío, quedando abandonado o destinado a infraestructuras. En Baza se mantiene aproximadamente la superficie regada, mientras que crece en el resto de comarcas, en mayor medida en la de Huéscar y el Altiplano giennense, respectivamente en unas 2.200 y 3.300 ha.

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Usos del suelo y su evolución histórica reciente

La comarca de Baza sigue en líneas generales la tendencia del conjunto del Altiplano, salvo para el regadío de herbáceos, con un leve descenso. Por el contrario, la comarca de Huéscar y la zona almeriense representan los únicos territorios donde el regadío de herbáceos aumenta. En el caso de Huéscar, estos superan en tres veces la superficie dedicada al regadío de leñosos. Respecto a los cultivos leñosos cabe señalar un importante incremento en todos los territorios, especialmente en Baza (12.215 ha), Altiplano giennense (10.359) y Guadix (10.176), debido fundamentalmente a la modalidad de secano, mientras que su regadío sube discretamente, salvo en Jaén (3.605 ha) y Guadix (1.715 ha), donde el ascenso es más notable. En cuanto al tipo de cultivo cabe matizar que, salvo en la comarca de Iznalloz y la zona giennense, donde el protagonista único es el olivar, en el resto cobran más importancia los frutales y almendros (Tabla 9.6.).

Arriba: La mayor parte de las tierras de labor en el Altiplano giennense han sido revertidas a olivar en los últimos 15 años. Abajo izqda: Las canalizaciones acercan el agua y facilitan el cambio en los usos agrícolas. Abajo dcha: Ahoyado para nuevas plantaciones de olivo. MY

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Tabla 9.6. Evolución de las superficies agrícolas en sus distintas modalidades, según unidad territorial desde 1956 a 2003
UNIDAD TERRITORIAL SECANO (ha) REGADÍO (ha) LEÑOSOS (ha) HERBÁCEOS (ha)

Baza Guadix Huéscar Iznalloz Altiplano almeriense Altiplano giennense

-3.726 -5.867 974 1.736 -709 -2.527

-115 -4.241 2.255 279 569 3.304

12.215 10.176 6.915 5.733 3.983 10.359

-16.057 -20.284 -3.686 7.430 -4122 -9.582

Fuente: Mapa de evolución de usos del suelo 1956-2003. Junta de Andalucía, 2008. Elaboración propia.

Superficie forestal
Las superficies de índole forestal, entendidas como las áreas naturales y seminaturales en su conjunto, ocupan en la actualidad un 36% del territorio del Altiplano. Éstas han disminuido desde el año 1956 en unas 14.000 hectáreas netas aproximadamente, lo que supone un 3% del territorio (Tabla 9.7.). Sin embargo la cuantía total de pérdida de superficie forestal en el periodo transcurrido entre los años 1956 al 2003 supera las 27.000 ha, de las cuales un 96,3 % ha sido transformada a superficie agrícola. Tal conversión se ha producido también en sentido inverso, de agrícola a forestal, pero aunque numéricamente ello pueda compensar parte de la pérdida de superficie forestal, no es así en cuanto a la calidad del medio. Es el caso de formaciones preexistentes de quercíneas y también, si bien menos reconocido, de los espartales, formaciones ambas necesitadas de lapsos temporales muy dilatados para recolonizar espontáneamente la superficie perdida tras una roturación. Y, por supuesto, puntualmente también de hábitats forestales de extraordinario valor como los conformados por comunidades vegetales gypsófilas y de saladar. Los campos de cultivo abandonados, bien al contrario, suelen ser colonizados con rapidez por un conjunto de especies vegetales (Artemisia spp., Retama sphaerocarpa, Capparis spinosa, etc) que alcanzan cierta estabilidad en el tiempo pero tienen un valor muy inferior como hábitat singular o utilizado por especies amenazadas. De cara a las repercusiones que pueda tener la transformación del hábitat para algunas de las especies de flora y fauna más importantes en el Altiplano, interesa analizar los cambios experimentados en la superficie forestal en cuanto a su estructura, como pueden ser la conversión del pastizal o matorral a superficie arbolada, la densificación de la misma o, en su caso, el tipo de cultivo al que se ha destinado lo que antes fuese terreno forestal.
Tabla 9.7. Extensión de la superficie forestal
TIPOS DE ÁREAS NATURALES Y SEMINATURALES SUPERFICIE (ha)

1956 Zonas forestales y naturales arboladas Matorral sin arbolado Pastizales no arbolados Espacios abiertos con poca o sin vegetación 44.490 134.085 7.458 1.599

1999 53.766 114.645 5.435 1.919

2003 63.981 112.625 5.132 1.832

TOTAL

187.632

175.765

173.569

Fuente: Mapa de evolución de usos del suelo 1956-2003. Junta de Andalucía, 2008. Elaboración propia.

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Usos del suelo y su evolución histórica reciente

Entre los cambios más importantes, tal y como ya se ha apuntado, resalta en primer lugar la importante fracción de superficie forestal que se ha transformado en agrícola (26.307 ha), en su mayoría de secano y destinada principalmente a cultivos herbáceos. Buena parte de esta superficie correspondía a terrenos forestales arbolados, con una importante representación de quercíneas (aproximadamente 9.500 ha), lo que supone una significativa pérdida en el Altiplano. En segundo lugar, respecto a los territorios que continúan siendo forestales (85,4%), se aprecian varias circunstancias importantes en la evolución del territorio (Figura 9.3.). Por un lado, la superficie arbolada ha aumentado significativamente desde los años 50 del pasado siglo, concretamente en una cuantía próxima a las 20.000 ha, lo que ha sido propiciado fundamentalmente por las políticas forestales desarrolladas desde aquellos años hasta la fecha. Éstas se han ejecutado fundamentalmente en los montes públicos, en su mayoría adquiridos por la Administración durante este intervalo temporal (capítulo 13), y posteriormente también en menor medida a través de subvenciones de la Unión Europea para la reforestación de tierras agrarias. En el incremento de la superficie arbolada, la mayor contribución parte de las formaciones arboladas densas y el matorral disperso con arbolado, lo que revierte en un mayor protagonismo respecto al año 56 del matorral y el arbolado denso en detrimento de los cultivos herbáceos con arbolado de quercíneas que quedan reducidos a menos de la mitad.

El Torreón, en Esfiliana (Alcudia de Guadix): Un temprano ejemplo de transformación del paisaje forestal mediante plantación de pino carrasco en el Altiplano. Arriba izqda, en 1930 (L. Casado); arriba dcha, en 1932 (autor desconocido); abajo izqda, en 1946 (autor desconocido); abajo dcha, en 2001 (J. González Cordero).

Fuente: Consejería de Medio Ambiente (2007 b).

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Las coníferas han sido especies preferentes en las reforestaciones, sobre todo el pino carrasco (Pinus halepensis). De ahí que en la actualidad el componente principal de las formaciones arboladas sean las plantaciones densas de coníferas que, desde el año 1956, se han duplicado alcanzando el 80% de la superficie arbolada densa. Se aprecia pues que casi la mitad de los territorios de coníferas lo eran ya en el 56 mientras que el resto se trataba de matorral más o menos denso, pastizal y cultivos.

Plantaciones de pino carrasco con 15-20 años de edad en los montes Cortijo Conejo, Guadix (izqda), y Cortijo Nuevo, Jódar (dcha). MY

Por el contrario, la extensión de las formaciones densas de quercíneas se ha reducido en casi cinco veces. También han disminuido las formaciones de quercíneas en menor densidad, siendo sustituidas en gran parte por cultivos debido a su mejor aptitud agrícola. Finalmente, el matorral no arbolado ha ido menguando de forma progresiva, perdiendo más de 21.000 ha, a la par que los pastizales retrocedían considerablemente hasta 1999 (aprox. 2.000 ha) para estabilizarse luego hasta la actualidad.
Figura 9.3. Evolución de las áreas forestales en general y detalle de la evolución de las superficies arboladas (expresado en hectáreas)

Fuente: Mapa de evolución de usos del suelo 1956-2003. Junta de Andalucía, 2008. Elaboración propia.

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Usos del suelo y su evolución histórica reciente

Abordando el análisis desde el punto de vista de las distintas subunidades territoriales diferenciadas, se aprecia que la superficie forestal desciende conforme a la tendencia de conjunto, en casi todas las comarcas consideradas, salvo en la zona giennense y la comarca de Guadix donde prácticamente permanecen estables. Las comarcas más afectadas por este descenso son las de Huéscar con 5.520 ha y Baza con 4.405 ha. En cuanto a las zonas arboladas, aumentan en todos los territorios, a excepción de la zona de Iznalloz, donde menguan en unas 1.000 ha a causa de la implantación de cultivos de secano, tanto herExperiencia forestal de transplante de encinas en el monte Cortijo Conejo, Guadix. MY báceos como olivar. Por el contrario descienden el pastizal y, más sensiblemente, el matorral desarbolado (Tabla 9.7.). Tal descenso se relaciona en gran medida con su conversión a superficie arbolada (14.392 ha) y agrícola (13.930 ha), presentando una incidencia mayor en las comarcas de Baza y Huéscar. Las áreas con escasa o nula vegetación se mantienen o crecen ligeramente, con máximo de 119 ha en la comarca de Baza (Tablas 9.8. y 9.9.). En la actualidad los medios arbolados han quedado conformados en el territorio como formaciones con estructura preferentemente de matorral, denso o disperso, con arbolado de coníferas o quercíneas (66% de las zonas arboladas). En segundo orden de importancia figuran las masas arboladas densas (21%), compuestas en su mayoría por plantaciones de coníferas. Éstas varían su proporción de unas unidades a otras, registrándose las mayores extensiones en la comarca accitana y el sureste de Jaén, y la inferior en la comarca de Iznalloz, donde apenas hay zonas repobladas de estas características. El resto de unidades presentan una importancia similar en cuanto a la superficie ocupada por estos medios (Tabla 9.9.).
Tabla 9.8. Superficie por categoría de uso, según unidades territoriales, en 1956
CATEGORÍA DE USO DEL SUELO
BAZA GUADIX

SUPERFICIE 1956 (ha)
HUÉSCAR IZNALLOZ ALTIPLANO ALTIPLANO ALMERIENSE GIENNENSE

Áreas forestales Arboladas Áreas arboladas densas Áreas de coníferas densas Matorral sin arbolado Pastizal no arbolado Espacios abiertos con poca o sin vegetación

44.289 9.023 1.952 254 33.815 1.284 168

50.371 7.862 1.589 1.234 40.411 11.91 907

31.889 8.875 660 653 22.471 512 32

11.628 4.065 111 28 7.220 297 46

17.657 4.650 925 870 12.213 791 3

31.783 10.010 1.574 1.476 17.946 3.383 443

Fuente: Mapa de evolución de usos del suelo 1956-2003. Junta de Andalucía, 2008. Elaboración propia.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Tabla 9.9. Superficie por categoría de uso, según unidades territoriales, en 2003
CATEGORÍA DE USO DEL SUELO
BAZA GUADIX

SUPERFICIE 2003 (ha)
HUÉSCAR IZNALLOZ ALTIPLANO ALTIPLANO ALMERIENSE GIENNENSE

Áreas forestales Arboladas Áreas arboladas densas Áreas de coníferas densas Matorral sin arbolado Pastizal no arbolado Espacios abiertos con poca o sin vegetación

39.884 11.445 1.681 1.144 2.7699 453 287

50.573 11.507 3.412 2.332 37.108 997 961

26.369 9.226 1.934 1.648 16.442 641 60

9.433 3.069 112 27 6.026 290 48

15.790 6.475 1.988 1.856 9.080 222 13

31.508 12.253 1.988 1.857 16.264 2.530 462

Fuente: Mapa de evolución de usos del suelo 1956-2003. Junta de Andalucía, 2008. Elaboración propia.

Superficie edificada e infraestructuras
A pesar de la importante disminución en la densidad de población humana sufrida por el territorio durante el período considerado, el cambio en las necesidades y modos de vida ha propiciado una mayor demanda de infraestructuras y superficies edificadas. El abandono de los cortijos dispersos es generalizado, pero la superficie ocupada por suelo urbano e industrial en el Altiplano se ha multiplicado casi por tres veces durante este período. La mayor proporción de esta subida se debe en primer lugar a las zonas urbanas, seguidas por el conjunto de áreas industriales, comerciales e infraestructuras de distinta índole. Estas últimas se han quintuplicado desde el año 1956, tendencia que también afecta al incremento experimentado por las zonas verdes y espacios de ocio, que llegan a cuadruplicarse, aunque suponen una superficie mínima en su conjunto

Cortijo abandonado en el Altiplano almeriense, María. JMD

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Usos del suelo y su evolución histórica reciente

(Tabla 9.10.). Entre la gran cantidad de infraestructuras desarrolladas, destaca la autovía A-92, que supone el principal eje vertebrador para el desarrollo y la economía de la zona.

Evolución del entorno de La Calahorra, al sur del Altiplano. Nótese, además de las plantaciones forestales en primer plano, también el crecimiento del casco urbano, la construcción del silo de cereales y naves industriales, el incremento de los cultivos leñosos y los acúmulos de destierro y escoria de las nuevas explotaciones mineras. Arriba, en 1958 (A. Castillo); abajo, en 2001 (J. González Cordero).

El aumento de las superficies de carácter urbano es generalizado, pero se hace más notable en las comarcas de Guadix y Baza, donde tal aumento tiene lugar mayoritariamente a costa del suelo agrícola. El mayor protagonismo de dichas zonas está en consonancia con el tamaño y número de habitantes de los municipios de Guadix y Baza, pero no es exclusivo de éstas. Bien al contrario, en mayor o menor medida la práctica totalidad de los municipios del Altiplano han visto incrementada la superficie ocupada por su casco urbano. Algunos autores indican, y lamentan, una notable pérdida de superficie agrícola en zonas de vega en favor de suelo industrial (Lupiani et al., 2002). Éste es el caso, por ejemplo, de nuevas infraestructuras asentadas sobre suelos muy fértiles en municipios como Guadix, Benalúa o Purullena, lo cual no parece la planificación más acertada para tales territorios. De esta manera una parte de los suelos con mayor calidad agrícola se han perdido de forma irreversible.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Tabla 9.10. Extensión de las superficies edificadas e infraestructuras
USOS SUPERFICIE (ha)

1956 Zonas urbanas Zonas industriales y comerciales e infraestructuras técnicas Zonas mineras, vertederos y áreas en construcción Zonas verdes y espacios de ocio 1.712 325 264 22

1999 3.484 1.749 943 76

2003 3.491 1.810 987 92

TOTAL

2.323

6.252

6.381

Fuente: Mapa de evolución de usos del suelo 1956-2003. Junta de Andalucía, 2008. Elaboración propia.

Figura 9.4. Evolución de las superficies edificadas e infraestructuras (expresado en hectáreas)

Fuente: Mapa de evolución de usos del suelo 1956-2003. Junta de Andalucía, 2008. Elaboración propia.

Zonas húmedas y superficies de agua
El cambio más significativo en la gestión del agua desde 1956 corresponde a la construcción de embalses y balsas, adquiriendo el principal protagonismo la superficie ocupada por el pantano del Negratín. Este embalse, construido en la pasada década de los 80, ocupa una superficie potencial máxima de 2.170 ha y sus 567 Hm3 lo convierten en el cuarto embalse de Andalucía en cuanto a capacidad de almacenamiento. Otros embalses menores en la zona son el de San Clemente en el río Guardal, municipio de Huéscar, y la presa de Francisco Abellán en el río Fardes, de construcción más reciente. Ahora bien, el incremento de superficies de agua artificiales va en detrimento de los cursos de agua naturales, como muestra la disminución de superficie sufrida en ríos y cauces (Tabla 9.11.). A ello se añaden determinadas actuaciones destinadas a la actividad agrícola, como las derivaciones de agua para la implantación de regadíos. Es el caso, entre otros, de las plantaciones de chopos, puntualmente responsables de graves alteraciones en el cauce y su entorno, provocando la rarefacción o desaparición de determinadas especies de fauna muy sensibles a los cambios en su hábitat.

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Usos del suelo y su evolución histórica reciente

Tabla 9.11. Extensión ocupada por zonas húmedas y superficies de agua
USO SUPERFICIE (ha)

1956 Ríos y cauces Canales artificiales Lagunas continentales Embalses y balsas 4.541 23 7 5

1999 3.987 23 7 2.025

2003 3.981 23 7 2.157

Total

4.577

6.042

6.169

Fuente: Mapa de evolución de usos del suelo 1956-2003. Junta de Andalucía, 2008. Elaboración propia.

La construcción del embalse del Negratín ha supuesto una importante transformación de la zona de confluencia de los distintos cursos del Altiplano que acaban conformando allí el río Guadiana Menor. Arriba, en 1929 (autor desconocido); abajo, en 2008 (CPS)

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Plantación de chopos sobre un antiguo prado que albergaba una de las escasas poblaciones conocidas del molusco orculella bulgarica, una especie en peligro crítico de extinción. JAG

En lo que atañe a las zonas húmedas, su extensión, según la cartografía utilizada, se mantiene relativamente estable. Sin embargo cabe hacer mención a una serie de zonas que, inconspicuas por superficialmente pequeñas, no han quedado registradas en esta cartografía. Se trata de pequeñas zonas húmedas que suponen hitos relevantes en este entorno, tal y como se ha referido en otros apartados (8.1.3. Flora y 7.6.4. Humedales). Áreas de estas características, como son los saladares, están en regresión debido a la acción antrópica (Lendínez et al., 2004), lo que redunda en una pérdida de biodiversidad de la particular flora de estos ambientes escasos.

Patrones generales en la evolución de usos del territorio y tendencias más recientes
Con carácter general, el Altiplano ha mostrado un incremento de las superficies destinadas a uso agrícola respecto a la década de los 50 del pasado siglo, apartándose con ello del patrón general en Andalucía. En el Altiplano la transformación de tierras de carácter forestal a agrícola ha sido más intensa, casi el doble, que el cambio inverso, lo que resulta en casi 13.200 hectáreas netas a favor de los territorios cultivados. Como se aprecia en el mapa mostrado páginas atrás, la ampliación de la superficie agrícola en detrimento de la forestal ha tenido lugar de forma bastante repartida en el territorio, pero con intensidad variable según zonas. El cambio se hace más notable en este sentido hacia la zona nororiental del Altiplano (comarcas de Huéscar, Baza y Los Vélez), mientras que la hoya de Guadix muestra más bien una tendencia contraria, con

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Usos del suelo y su evolución histórica reciente

Plantación irrigada de acebuches sobre comunidades naturales de yesos en Cabra del Sto. Cristo, una actuación financiada por fondos europeos destinados a la reforestación de tierras agrícolas. En la práctica, y debido al escaso interés levantado por esta línea de subvenciones en la provincia de Jaén, se han empleado para realizar plantaciones de especies arbóreas en terrenos forestales desarbolados. MY

un ligero ascenso de la superficie forestal en unas 200 hectáreas y una pérdida de superficie agrícola similar al incremento de la superficie dedicada a infraestructuras y edificaciones próxima a las 2.000 hectáreas. Se observa pues, una marcada tendencia al cambio en algunas zonas que queda diluida en el cómputo general. Estas modificaciones del territorio tienen lugar, como se ha visto, con orientación opuesta en algunos casos, pudiendo compensarse en su conjunto o, por el contrario, primando alguno de sus componentes sobre los demás. Como hechos fundamentales en la transformación del territorio destacan otros tres por suponer modificaciones significativas del hábitat. Se trata, por un lado el incremento del regadío, que entraña un cambio cualitativo en el uso del agua y las condiciones del medio. Por otro lado, la significativa sustitución de cultivos herbáceos de secano por cultivos leñosos (Figura 9.2.); de hecho, la mayoría de la superficie ocupada actualmente por cultivos arbóreos correspondía en 1956 a herbáceos de secano; este tipo de cambio supone, aún conservándose el carácter agrícola en los usos, una drástica modificación del hábitat, incompatible con la persistencia de formas de vida silvestre amenazada cuyo ejemplo paradigmático son la mayoría de aves esteparias. Y por último, el notable incremento del territorio ocupado por masas arboladas en los terrenos forestales. La reforestación de tierras agrarias se hace notar en el territorio sobre todo en el período comprendido entre 1993 y 1999. En las comarcas granadinas, donde alcanza unas 7.000 ha (Datos cedidos por la Delegación Provincial de Granada. Consejería de Agricultura y Pesca.), las parcelas sometidas a reforestaciones suponen un 72% del total provincial, especialmente concentradas en las áreas de Huéscar y Guadix. Como especie preferente se ha utilizado Pinus halepensis y en menor medida Quercus ilex subsp. ballota.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Nuevas instalaciones de energía eólica en el pasillo entre Sierra Nevada y Sierra de Baza. GM

Por tanto, puede identificarse un denominador común a buena parte de los cambios de uso en el Altiplano: la arborización del territorio, tanto en lo que respecta al tipo de cultivos como a las comunidades forestales. La afección de este proceso puede cuantificarse entre 1956 y 2003 en al menos 56.666 hectáreas, un 12% de la superficie total del Altiplano. Y la introducción de árboles tanto en el suelo agrícola, inherente a los nuevos y más rentables modelos productivos, como en el monte, en principio bienintencionada y potencialmente beneficiosa para la restauración y retención de suelos, lleva consigo una alteración del hábitat que disminuye la calidad del mismo para con la fauna y flora esteparia, llámense plantas vasculares, aves o invertebrados. En este conjunto de cambios han tenido un papel importante determinadas políticas en el plano agrario y forestal, entre ellas las ya mencionadas de reforestaciones de tierras agrarias o propiamente las de manejo de montes públicos, pero también las distintas ayudas agrarias, procedentes de fondos europeos, para la mejora de los cultivos y su rentabilidad económica, que se han ido sucediendo en épocas recientes. A esto hay que añadir la construcción y mejora de infraestructuras que han posibilitado la ampliación de los regadíos, como el canal del Jabalcón en la comarca de Huéscar, o el embalse de Francisco Abellán en la de Guadix, así como otras canalizaciones asociadas al río Fardes, en cuyo entorno se han incrementado notablemente los regadíos sobre todo de choperas y frutales de hueso.

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Usos del suelo y su evolución histórica reciente

Por otra parte, tienen lugar determinadas tendencias muy recientes en los cambios de uso del suelo, aún no registradas y/o no cuantificables satisfactoriamente con las fuentes de datos más recientes aquí empleadas. Algunas se han ido acentuando desde el año 2003. Entre ellas, las más relevantes para el Altiplano son por un lado las de carácter agrícola, derivadas de la aplicación de técnicas y variedades de cultivo con mayor productividad o de la implantación de especies con mejores expectativas de mercado, caso de la creciente tendencia en la implantación de hortícolas. Y por otro, las referentes a la implantación de infraestructuras destinadas a la producción de energías renovables –solar y eólica- (apartado 12.6.), y a la ampliación de superficies destinadas a polígonos industriales en los municipios de mayor tamaño. Como ya se ha ido apuntando a lo largo del apartado, algunas transformaciones acontecidas están directamente relacionadas con la pérdida de biodiversidad. Entre ellas se pueden citar la pérdida de superficie de comunidades de saladar en la hoya de Baza (Lendínez et al., Drenaje en el saladar del Baico (Baza), intensamente constreñido por el 2004), la ampliación del polígono industrial de Guadix uso agrícola. CPS sobre una zona de importancia para las aves esteparias (Yanes y Delgado, 2006), y la desaparición de poblaciones de especies de invertebrados por implantación de cultivos de regadío (p.e. Orculella bulgarica; Garrido, com. pers.) o balsas para regadío (p.e. Pseudamnicola falkneri; Arconada et al., 2008). Éste sería también el caso de la nutria, Lutra lutra, que se presentaba en el río Fardes a su paso por la depresión de Guadix al menos hasta los años sesenta (Blas, 1970), pero a causa de la disminución de su caudal debido al aprovechamiento agrícola, este río ya no puede mantener poblaciones estables de peces, condición indispensable para la presencia del mustélido (Ruiz-Olmo y Delibes, 1998); no obstante se han detectado indicios relativamente recientes de su presencia, en tramos medios del Fardes, a su paso por Villanueva de las Torres, que no perduran en la actualidad (Gil-Sánchez com. pers.), lo que induce a pensar que, con ciertas modificaciones en el uso del agua, su recolonización sería posible. Todos los ejemplos anteriores no son sino una pequeña muestra de cómo pueden afectar a la biodiversidad aquellos cambios en el uso al que el hombre destina el territorio; un espacio que, por otro lado, no debe olvidarse, normalmente es suyo con el Código Civil en la mano. Es por eso que, conocidos los principales cambios y tendencias y avanzado ya el conocimiento acerca de la distribución y autoecología de las formas de vida silvestre más amenazadas, la Consejería de Medio Ambiente haya querido diseñar un programa de conservación como el aquí desarrollado. Un programa que necesariamente ha tenido que entrar en la descripción y diagnosis de los usos y sus tendencias.

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Los procesos de desertificación

Cárcavas en la proximidad del Guadiana Menor. JH

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Los procesos de desertificación
“La región oriental del reino de Granada posee un carácter completamente distinto al resto de Andalucía. En cuanto se traspasan los Montes de Granada acaba este suelo tremendamente fértil, que se extiende hacia el Oeste y llega hasta las márgenes del Guadiana, cerca de la costa portuguesa.”
Moritz Willkomm, siglo XIX.

“Sequía y desertificación amenazan el sustento de mil millones de personas en más de 110 países alrededor del mundo.”
Kofi Annan

Entre los importantes cambios y alteraciones ambientales que afectan a los paisajes de las regiones áridas, semiáridas y subhúmedas secas, la desertificación constituye una seria amenaza por su incidencia territorial, ambiental, ecológica y socioeconómica. Desertificación es un término complejo (Rubio, 1992 y 1995), controvertido, con frecuencia utilizado erróneamente y de difícil conceptualización debido a lo impreciso de su significado, pero es lo suficientemente intuitivo para ser objeto de un antiguo tratamiento mediático sin dar cuenta de su significado estricto (Ibáñez et al., 1970). La realidad es que tras el término desertificación se esconde todo un conjunto de procesos interrelacionados (físicos, biológicos, históricos, económicos, sociales, culturales y políticos) que se manifiestan a diferentes niveles de resolución tanto espaciales como temporales (García et al., 1996; Ibáñez et al., 1997). La definición más ampliamente aceptada fue formulada por la United Nations Conference on Environment and Development (UNCED, 1992) y la Convention to Combat Desertification (CCD 1994) como un proceso que reduce la productividad y el valor de los recursos naturales en el contexto específico de condiciones climáticas áridas, semiáridas y subhúmedas secas, resultado de variaciones climáticas y actuaciones humanas adversas. Las causas que la desencadenan y los factores que la controlan son múltiples y hay que buscarlos en la acción sinérgica de un amplio conjunto de procesos físicos y antrópicos multiescalados en el tiempo y en el espacio, como resultado de un feedback positivo (Figura 10.1.), difícil de frenar, que refuerza o amplifica determinados mecanismos naturales a causa de la intervención humana (Charney, 1975; Scoging, 1991;

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Los procesos de desertificación

Thomas y Middleton, 1994; Puigdefábregas, 1995b; García et al., 1996; López-Bermúdez, 1996a; Ibáñez et al., 1997). La desertificación puede considerarse como el paradigma del estado ambiental de extensas regiones mediterráneas, pudiendo el cambio climático acentuar el problema (Linés, 1990; Boer et al., 1990; Fantechi et al., 1991; Moreno and Fellous, 1997; Marairota et al., 1998; GCTE, 1998). La desertificación es, a la vez, una crisis climática, una crisis ecológica y una crisis socioeconómica que desencadena nuevos mecanismos de degradación ambiental que dificultan e incluso impiden la conservación de la base de recursos naturales imprescindibles para el desarrollo sostenible. De ahí la necesidad de detener y mitigar estos procesos de degradación, de recuperar geosistemas que no hayan rebasado el umbral de la irreversibilidad y de poner en marcha planes y estrategias para la protección y salvaguarda de los recursos naturales básicos y del medio ambiente de las tierras más amenazadas.
Fig. 10.1. Mecanismos de retroalimentación en la desertificación

Presión de la población Sistema de explotación no sostenible
FACTORES hUMANOS Incendios Sobrepastoreo y deforestación

Marginación social y emigración

Descenso de los ingresos

Sobreexplotación y agutamiento de los recursos

Ciclo de retroalimentación social Descenso de la tierra productiva

Degradación y pérdida de suelo y vegetación

DESERTIFICACIóN
CAMBIO CLIMÁTICO
Aumento en la duraciónde los periodos de sequia. Mayor aridez
Disminución de la humedad del suelo

FACTORES CLIMÁTICOS y gEOMORFOLógICOS

Incremento: albedo, torrencialidad lluvia, escorrentías, erosión

Reducción de la evaporación

Ciclo de retroalimentación biofísico Reducción de la precipitación Incremento de la subsidiencia del aire. Aumento de la temperatura del suelo
Fuente: López-Bermúdez, 1996b; Barberá et al., 1997.

Mayor reflectancia

Menor nubosidad

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

La aridificación y degradación de los ecosistemas mediterráneos es, en parte, consecuencia del progresivo establecimiento de unas condiciones ambientales de aridez desde el Holoceno Superior que ha ocasionado el descenso de la biomasa vegetal y de la protección del suelo frente al impacto de la lluvia y la erosión. A este fenómeno natural se le conoce como desertización (Martín de Santa Olalla, 2001). Por otra parte, se trata de una herencia histórica de la actividad humana sobre el territorio, que arranca en los tiempos neolíticos con la aparición de la agricultura y las primeras roturaciones del terreno y que se extiende a través de numerosas fases de crisis ambientales hasta la actualidad (capítulo 5).

Algunos conceptos sobre desertificación
Tanto para la desertificación como para el desarrollo de este capítulo es necesario explicar previamente cuatro conceptos claves: desertificación heredada, desertificación actual, sensibilidad a la degradación o desertificación, y riesgo de desertificación. Desertificación heredada: define las áreas donde secularmente han incidido desde tiempos remotos los procesos causantes de la desertificación, provocando sobre el territorio una degradación de la capacidad productiva de las tierras de tal manera que para obtener producciones agrícolas es necesario emplear elementos tecnológicos e inputs de alto valor, además de suponer actuaciones sobre el medio de fuerte impacto ambiental (Moreira et al., 2005). Esta “situación heredada” se considera un fenómeno difícilmente reversible y que, con frecuencia, conforma actualmente un paisaje de alto valor ecológico (capítulo 11).

La desertificación heredada es un proceso difícilmente reversible, que se ha traducido históricamente en geoformas de alto valor paisajístico y ecológico. CPS

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Los procesos de desertificación

Desertificación actual: corresponde a otro fenómeno que se manifiesta paralelamente al anterior. Aparece en zonas donde los procesos que causan la desertificación se encuentran activos, siendo aún su nivel de degradación reversible. En estas zonas es posible mitigar la incidencia de esta problemática mediante la adopción de medidas correctoras (López-Bermúdez, 2001). Sensibilidad a la degradación y/o desertificación: se trata de una expresión de la fragilidad de los territorios ante el problema de la desertificación. En definitiva es la susceptibilidad potencial de un área a degradarse o que está sufriendo, en la actualidad, procesos asociados a la desertificación. Riesgo de desertificación: se define como la unión de los tres diagnósticos anteriores. Esta conjunción permite emitir un diagnóstico general del estado de las tierras respecto a la desertificación junto con las zonas donde los procesos se muestran más activos, incluso en aquellos casos donde la incidencia de los factores de riesgo en el medio no muestren señales de deterioro de éste (Moreira et al., 2005). Por otro lado, hasta hace bien poco los términos desertificación y erosión se consideraban dos caras de la misma moneda, tanto en la producción científica como en las políticas nacionales y europeas de I+D. Hoy día el concepto de desertificación es más funcional, pasando a ser considerado como una perturbación que se produce en climas áridos y que conduce al sistema (hombre-recursos naturales) a una pérdida irreversible de sostenibilidad (Puigdefábregas, 2001). El efecto actual del hombre sobre ecosistemas y paisajes es muy grande y parece que jamás ha tenido equivalente en el pasado. Las acciones antrópicas en el medio natural pueden implicar que dichos cambios sean irreversibles y, a gran escala, es la primera vez que esto sucede en la dilatada historia de la especie humana (Martín de Santa Olalla, 2001). En cambio, la erosión consiste en la pérdida de suelo por arranque, transporte y posterior acumulación, bien por la acción del viento o del agua (López-Bermúdez y Romero, 1998). Este proceso se puede entender como una forma de degradación del recurso suelo, y por tanto, un efecto o síntoma de la desertificación, pero si bien no es el único. Otros efectos de la desertificación se producen también sobre el suelo (salinización), la vegetación, el agua o la atmósfera (p.e. incremento del flujo de calor sensible o incorporación de polvo; Puigdefábregas, 2001). A escala mundial la principal forma de erosión asociada a la desertificación es la eólica, aunque en la Península Ibérica predomina la erosión hídrica, constituyendo ésta un problema ambiental endémico de la mayor parte de la España mediterránea y, en particular, del sureste peninsular (López-Bermúdez y Romero, 1998). La desertificación, a nivel mundial, está causada por un buen número de factores que varían en función de la región sobre la que se trabaje y que además se encuentran relacionados en mayor o menor medida. Geist y Lambin (2004) analizaron una serie de estudios sobre la materia, tras lo cual identificaron cuatro categorías principales de agentes causales de la desertificación. Tales son el aumento de la aridez, los impactos de la actividad agrícola y ganadera, el fuego, la extracción de madera y de otros componentes de la vegetación, y por último, los impactos producidos por el aumento de las infraestructuras. En este último pueden diferenciarse los regadíos, las carreteras, las poblaciones y la industria extractiva. Además, estos autores demostraron que la importancia de los distintos agentes es relativa y que varía en función de las combinaciones entre los factores socioeconómicos y biofísicos naturales de las regiones. En el sur de Europa el 54% de las situaciones evaluadas se identifican con una mezcla de factores climáticos y tecnológicos.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

La erosión hídrica llega a eliminar por completo la vegetación en zonas con elevadas pendientes. JC

En el ámbito nacional el fenómeno de la desertificación, por lo general, se manifiesta asociado a la expansión de la agricultura marginal, del sobrepastoreo y a veces del fuego. Estos factores incrementan la escorrentía por reducción de la permeabilidad del suelo y por la longitud de su recorrido, ya que al menguar la vegetación disminuyen las oportunidades de reinfiltración. Por ello, existe más agua disponible (ladera abajo) favoreciendo el acarcavamiento, proceso erosivo varios órdenes más potente que la arroyada difusa (Puigdefábregas, 2001).

Diagnóstico, situación nacional y regional
La desertificación, como resultado de un conjunto de circunstancias climáticas y actuaciones humanas, conlleva la pérdida de coberturas vegetales y la acentuación de procesos erosivos. De esta manera, por su propia definición, se trata de un proceso que provoca la degradación de las tierras, alterándose los niveles de productividad de las mismas. En España, actualmente una parte importante de la superficie del territorio está amenazada por procesos de desertificación, especialmente por el impacto de los incendios forestales, la pérdida de fertilidad del suelo de regadío por salinización y la erosión. Según el Convenio de las Naciones Unidas de Lucha Contra la Desertificación (anexo IV), España es uno de los países afectados por procesos de desertificación y las proyecciones del cambio climático agravarían dichos problemas de forma generalizada, especialmente en la franja con clima mediterráneo seco, árido y semiárido. En el momento actual se reconoce que un 31,5 % de la superficie española está afectada gravemente por la desertificación (PAND, 2000). Según las mismas fuentes, un 42% de la superficie nacional estaría por encima de los límites de erosión tolerables (la erosión hídrica en condiciones mediterráneas es altamente

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Los procesos de desertificación

episódica en la actualidad) y afectaría principalmente a las cuencas del Guadalquivir, Ebro, Tajo, Segura, Júcar y Sur. Las comunidades autónomas más amenazadas son Murcia, Andalucía, Valencia, Castilla-La Mancha, Aragón, Madrid, Extremadura y Canarias (López, 1992). El problema de la salinización de los suelos afecta en grado severo a un 3 % y bajo alto riesgo a un 15% de los 35.000 km2 de regadío existentes en España, especialmente a las cuencas del Guadalquivir, Tajo, Sur y a lo largo de la costa levantina (PAND, 2000). El único país de Europa que presenta un riesgo de desertificación muy alto (según el mapa elaborado en la conferencia de Nairobi de 1997) es España y concretamente la mitad de la superficie de Andalucía oriental sufre procesos de erosión muy graves (pérdidas de suelo mayores de 200 Tm/ha/año). Las características ecológicas del extremo oriental de Andalucía, donde existen precipitaciones inferiores a los 300 litros/año, materiales geológicos fácilmente erosionables, suelos esqueléticos y pobres en materia orgánica (apartado 7.5.), vegetación arbustiva de cobertura y tamaño muy reducido, junto a una fuerte acción antrópica (ganadería, agricultura, minería, etc.) que data de tiempos históricos, han modelado el paisaje actual de estos territorios. Si bien no hay que olvidar que una parte de ellos tiene gran importancia ecológica. En Andalucía este fenómeno manifiesta dos vertientes. Por un lado está la desertificación “natural o heredada”, responsable de los paisajes áridos y desérticos del interior de las provincias de Almería, Granada y el sureste de Jaén, y por otro la desertificación “actual o inducida”, resultado de las actividades humanas y de las variaciones climáticas recientes. Con todo, Jaén y Sevilla son, después de Cádiz, las provincias con menor nivel de desertificación actual de Andalucía, con unos porcentajes medios por debajo del 12%. La desertificación actual se distribuye por toda la región, con especial incidencia en los ámbitos litorales y prelitorales de Málaga y Granada, y en los cultivos del interior andaluz (Córdoba, Jaén y Sevilla).

Los incendios forestales acentúan los procesos de desertificación. MY

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

En la región andaluza las causas principales de este proceso son la existencia de zonas relativamente extensas con clima semiárido y extrema variabilidad de las lluvias; las prácticas agrícolas intensivas, tanto en cultivos leñosos como hortícolas, y el progresivo abandono de la agricultura tradicional; el relieve desigual con fuertes pendientes; la incidencia de los incendios y la actividad minera; así como la explotación insostenible de los recursos hídricos, pues el 30% del agua consumida en Andalucía procede de acuíferos subterráneos, en la mayoría de los casos por encima de su capacidad de recarga. La toma de conciencia sobre el problema de la desertificación no ha sido reciente. Desde hace años se han realizado estudios sobre el fenómeno, tanto a nivel nacional como internacional. En el ámbito internacional destaca el Proyecto Medalus (Mediterranean Desertification and Land Use), desarrollado entre los años 1991 y 1999. En España hay que destacar el PAND (Plan de Acción Nacional de Lucha contra la Desertificación), en el que se establecieron una serie de prioridades de actuación en función de variables como erosión, incendios, aridez o sobreexplotación de los acuíferos. El objetivo fundamental del PAND es contribuir al logro del desarrollo sostenible de las zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas del territorio nacional y, en particular, la prevención o la reducción de la degradación de las tierras, la rehabilitación de tierras parcialmente degradadas y la recuperación de tierras desertificadas. El proyecto LUCDEME (Lucha Contra la Desertificación en el área Mediterránea) surge como iniciativa del Gobierno Español tras las recomendaciones del Plan de Acción contra la Desertificación de las Naciones Unidas (DESCOM) para promover estudios y trabajos que permitan conocer la situación real de las áreas afectadas y sus particularidades, la influencia de los diferentes factores que dan lugar a los procesos relacionados con el fenómeno de la desertificación y facilitar el diseño de las medidas de acción adecuadas dentro de las premisas del desarrollo sostenible. Este proyecto se desarrolla en la totalidad de la vertiente mediterránea española. Se estableció una primera fase que comprendía una superficie de 32.622 km2, que englobaba las provincias de Almería, Murcia y la vertiente mediterránea de la provincia de Granada. Las principales cuencas que quedan incluidas en esta primera fase son las cuencas de los ríos Guadalentín o Sangonera, Almanzora, Adra, Albuñol y Guadalfeo. A nivel regional, la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía sigue una sistematización de trabajo similar al PAND en el Plan Andaluz de Control de la Desertificación, pretendiendo establecer niveles de desertificación por subcuencas hidrográficas. Por otro lado, esta Consejería ha participado en el proyecto europeo DesertNet, el cual pretende hacer un diagnóstico del problema de la desertificación y la valoración del riesgo existente en el ámbito mediterráneo. El objetivo principal de este proyecto es conocer la evolución de la desertificación inducida, haciendo hincapié en las zonas semiáridas de Andalucía oriental de cara a delimitar las posibles medidas correctoras.

La intensificación de las prácticas agrícolas, caso de las nuevas plantaciones masivas de olivar de regadío, constituyen un elemento de riesgo de desertificación inducida. MY

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Los procesos de desertificación

10.1. Los procesos de desertificación en el Altiplano
En el desarrollo de este apartado se han tenido en cuenta los cuatro conceptos definidos con anterioridad: desertificación heredada, desertificación actual, sensibilidad a la degradación o desertificación, y riesgo a la desertificación. Para la realización de los análisis sobre procesos de desertificación se ha utilizado la información espacial generada dentro del estudio “Diagnóstico de la Desertificación en Andalucía”, enmarcado dentro del programa de la Unión Europea Interreg III B. Dicho estudio regional ha sido elaborado por el Servicio de Información y Evaluación Ambiental de la Dirección General de Participación e Información Ambiental de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía.

Desertificación heredada
Como se ha visto con anterioridad, la desertificación heredada afecta a tierras donde este fenómeno es un proceso natural al que se han adaptado unas actuaciones humanas sobre el medio desde tiempos históricos. El diagnóstico de la desertificación natural o heredada se ha realizado a partir del análisis de distintos factores; clima (precipitación media anual y el índice de aridez), geomorfología (badlands y ramblas), suelos (esqueléticos y con alto grado de pedregosidad) y vegetación (grado de degradación de las series de vegetación).
Tabla 10.1 Cuantificación superficial de los niveles de desertificación heredada (ha)
NIVEL SUPERFICIE %

Áreas muy cercanas y/o desertificadas Áreas potencialmente cercanas Áreas alejadas Áreas muy alejadas

82.447,50 201.638,49 200.066,93 1.128,23

16,99 41,55 41,23 0,23

Fuente: Mapa de desertificación heredada. Consejería de Medio Ambiente, 2005. Elaboración propia.

El ámbito de estudio tiene aproximadamente 82.500 ha en el nivel de áreas muy cercanas y/o desertificadas, lo que se traduce en aproximadamente el 17% de su superficie. Este nivel se extiende especialmente por la zona central de la hoya de Guadix y de Baza, estando su aparición muy ligada a la presencia de regosoles y, por tanto en estrecha relación también con los badlands. Este rango se corresponde con las franjas de mayor aridez y los registros más bajos de precipitación en el ámbito de estudio. Además de la zona central del Altiplano también se encuentran en esta situación las cuencas del río Almanzora y Andarax.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Desertificación heredada

Fuente: Diagnóstico de la desertificación en Andalucía. Moreira et al., 2007

Áreas muy cercanas y/o desertificadas Áreas potencialmente cercanas

Áreas alejadas Áreas muy alejadas

Límite del Altiplano Límite autonómico Límite provincial

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Los procesos de desertificación

Las áreas potencialmente cercanas están repartidas por todo el ámbito de estudio, ocupando las campiñas y la red de ramblas de carácter torrencial del Altiplano. Envolviendo a las zonas que poseen el máximo grado de desertificación, forman un gradiente de mayor a menor afección desde el interior de la altiplanicie hacia las cadenas montañosas que la rodean. Dentro de esta categoría se encuentra también una parte importante de la cuenca del Guadahortuna y, la zona comprendida entre la Sierra del Pozo y el río Jandulilla, donde son frecuentes los suelos esqueléticos del tipo litosol (apartado 7.5.). Las áreas más alejadas de los procesos de desertificación son aquellas que están próximas a las grandes cadenas montañosas, donde los valores de precipitación son más elevados que en el interior de la altiplanicie. Dichas áreas se distribuyen a lo largo de la franja colindante con Sierra Nevada, Sierra de Baza, Sierra de Castril, Sierra de Cazorla y al este con Sierra de María y los pasillos geológicos de toda la parte oriental del Altiplano, incluyendo las serranías del norte de la provincia de Granada. Además, se corresponden con los fluvisoles calcáreos. Este nivel también aparece en el interior asociado a los cauces de agua más importantes del ámbito de estudio como son los del Guardal, Guadahortuna, Fardes, Jandulilla y Guadiana Menor, entre otros. Finalmente las áreas muy alejadas de los procesos de desertificación heredada se encuentran también de manera muy puntual en el entorno del río Jandulilla y entre la Sierra Seca y Sierra de Moncayo. Los procesos de desertificación heredada han conformado y moldeado paisajes singulares de gran valor, como el Monumento Natural de las Cárcavas de Marchal (capítulo 4) o georrecursos como los Badlands del Negratín o los Abanicos de Capas de Hinojares (capítulo 11).

Badlands de Gorafe. CPS

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Desertificación actual
En contraposición a la desertificación heredada existen procesos actuales, tanto sobre zonas naturalmente desérticas como sobre otras que han sufrido recientemente o están sufriendo degradaciones que están llevando a la desertificación de dichos territorios (Moreira et al., 2005). Para determinar las áreas actualmente desertificadas o cercanas a la desertificación y dónde los procesos están actualmente activos, se procedió a la combinación de información referente a clima, aguas subterráneas, adecuación de uso y capacidad productiva del suelo, usos, biodiversidad y geomorfología. Tras este análisis se obtuvieron diferentes grados de desertificación: áreas muy alejadas, áreas alejadas, áreas potencialmente cercanas, áreas muy cercanas y/o desertificadas y áreas no evaluadas. Para la elaboración del mapa de desertificación actual de Andalucía se han tenido en cuenta igualmente aquellas zonas afectadas por la desertificación heredada o natural, logrando hacer un diagnóstico general de todas las áreas afectadas por estos procesos activos en la actualidad. Las áreas desertificadas resultantes se corresponden generalmente con zonas de producción agrícola tradicional de carácter marginal, gran parte de las áreas de cultivo que se han abandonado, acentuándose su degradación, y zonas donde sólo pueden subsistir cultivos altamente cualificados capaces de hacer rentables las inversiones de este tipo de explotaciones intensivas.
Tabla 10.2. Cuantificación superficial del estado de la desertificación actual (ha)
NIVEL SUPERFICIE %

Áreas muy cercanas y/o desertificadas Áreas potencialmente cercanas Áreas alejadas Áreas muy alejadas No evaluado

134.916,19 218.604,22 112.761,30 13.711,60 4386,36

27,85 45,13 23,28 2,83 0,91

Fuente: Mapa de desertificación actual. Consejería de Medio Ambiente, 2005. Elaboración propia.

De esta manera, se puede decir que el Altiplano está caracterizado por tener más de un cuarto de su superficie catalogada como muy cercana y/o desertificada. Esta categoría se localiza principalmente en el centro de las hoyas de Guadix y de Baza, coincidiendo con las zonas afectadas por la desertificación heredada. Además, las nuevas técnicas agrícolas y los cambios en los sistemas de explotación tradicionales a otros más intensivos, como se ha mencionado anteriormente, han ocasionado un descenso en el valor de la biodiversidad y un incremento en las tasas de erosión del suelo, apareciendo por consiguiente nuevas áreas dentro de este nivel de afección. En las grandes zonas de cultivos herbáceos de secano de las comarcas de Guadix, Baza y Huéscar se concentran las áreas muy cercanas y/o desertificadas. Cabe destacar que en segundo nivel de ocupación del suelo de estas tierras degradadas está el matorral. La degradación de las aguas subterráneas mediante la combinación de información puntual de salinidad, intrusiones y sobreexplotación, asociado todo ello al grado de permeabilidad que presentan, se puede considerar igualmente como un factor activo dentro de los procesos de desertificación actual en el territorio (Moreira et al., 2005).

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Los procesos de desertificación

Las geoformas características dentro de esta categoría son las mismas que las consideradas en el diagnóstico de desertificación heredada: badlands, cárcavas y otras formas erosivas. Dichas unidades geomorfológicas se distribuyen principalmente en las proximidades de los principales cauces que drenan este territorio, como son el Guadiana Menor, Fardes, Guadahortuna, Guardal y Galera principalmente, donde predominan también las colinas con fuerte erosión. El 45% del territorio se presenta como áreas potencialmente cercanas a la desertificación. Su distribución superficial atiende al mismo modelo de distribución que la desertificación heredada; ocupan grandes superficies adyacentes a los límites del ámbito de estudio, envolviendo de manera uniforme las zonas de mayor grado de afección. Las áreas alejadas suman el 23% de la superficie. Geográficamente se corresponden con algunos tramos de los ríos Guadahortuna, Guadiana Menor, Castril, Guardal y Galera, expandiéndose hacia las serranías del norte y al sur de Guadix principalmente, donde abundan el matorral o las estepas y lastonares que se alternan con los cultivos agrícolas. Las áreas menos afectadas por la desertificación actual, definidas como áreas muy alejadas, se concentran en el extremo sureste de la provincia de Jaén. Esta zona está ocupada principalmente por masas de Pinus halepensis y se corresponde mayoritariamente con montes públicos. Cabe destacar, dentro de este nivel, la presencia de una serie de pequeños enclaves localizados a la izquierda del embalse del Negratín y al norte del río Guadahortuna. La representación espacial de las áreas muy alejadas es ínfima respecto al total de la superficie del Altiplano, ocupando menos del 3% del territorio.

Mosaico de cultivos de secano en Zújar, panorámica desde el Jabalcón. JLV

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Desertificación actual

Fuente: Diagnóstico de la desertificación en Andalucía. Moreira et al., 2007

Áreas muy cercanas y/o desertificadas Áreas potencialmente cercanas Áreas alejadas

Áreas muy alejadas No evaluado

Límite del Altiplano Límite autonómico Límite provincial

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Los procesos de desertificación

Sensibilidad a la degradación y/o desertificación
Con el objeto de identificar las áreas vulnerables o sensibles a la desertificación, el Servicio de Información y Evaluación Ambiental de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía utilizó un modelo denominado MEDALUS (Kosmas et al., 1999), desarrollado en el marco del homónimo proyecto europeo. Este modelo está basado en la aplicación de indicadores biofísicos y socioeconómicos, cuya combinación es la expresión de la fragilidad de estos territorios amenazados por los procesos de desertificación, en definitiva, las áreas potencialmente susceptibles de desarrollar o que están sufriendo en la actualidad procesos asociados a la desertificación. Básicamente el estudio se basa en la implementación de cuatro índices de calidad de factores directamente relacionados con la desertificación: suelo, clima, vegetación y gestión del territorio. Los índices obtenidos fueron los siguientes:

índICE dE CaLIdad dEL CLIMa El clima se manifiesta como uno de los factores más determinantes en los procesos de degradación del medio (Moreira et al., 2005), estando situado el área de estudio en una de las regiones más áridas de Europa. Como ya se ha referido anteriormente (apartado 7.2.), el Altiplano está caracterizado por un régimen de escasas precipitaciones y amplia variabilidad interanual de las mismas, lo que unido a los altos valores de evapotranspiración sitúa al Altiplano en un marco territorial muy sensible a los procesos de desertificación.

índICE dE CaLIdad dEL SuELo Este índice se presenta como fundamental para el estudio de los procesos de desertificación, ya que la degradación del suelo conduce a una pérdida de la cobertura vegetal y de su capacidad productiva. Dentro de este factor se evaluaron los siguientes parámetros a partir de la información espacial disponible: litología, textura, pedregosidad, profundidad del suelo, capacidad de drenaje del suelo, pendiente y su relación con la erosión del suelo.

índICE dE CaLIdad dE La VEGETaCIÓn La vegetación juega un papel clave en la protección del suelo, siendo su influencia sobre el microclima palpable. La vegetación ejerce de barrera protectora, reduciendo la insolación directa, favoreciendo la infiltración y protegiéndolo de la desecación ocasionada por los vientos. Es importante señalar que la destrucción de la cubierta vegetal en las regiones mediterráneas está generalmente ocasionada por factores antrópicos. El ámbito de estudio contiene aproximadamente un 40% de superficie de vegetación forestal según el mapa de vegetación actual E 1/400.000 (apartado 8.1.). El índice de calidad de la vegetación fue determinado utilizando los siguientes factores: riesgo de incendios, protección frente a la erosión, resistencia a la sequía y cobertura vegetal. La información necesaria para evaluar tales factores se extrajo del mapa de usos y coberturas de 1999.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

índICE dE CaLIdad dE La GESTIÓn La desertificación es un proceso natural-antrópico con una dinámica natural (desertización) a ritmos temporales relativamente lentos, pero que se aceleran cuando el hombre interviene de manera inadecuada sobre el medio (Moreira et al., 2005). Para la valoración de este índice, el Servicio de Información y Evaluación Ambiental (SIEA) utilizó dos parámetros: intensidad de uso del suelo, obtenida a partir del mapa de usos y coberturas vegetales, y política de protección a través de la Red de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía (RENPA).

Distintos estadíos del proceso de acarcavamiento sobre tierras de cultivo. JH

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Los procesos de desertificación

De esta manera y tras el análisis combinado de los cuatro índices anteriormente expuestos, se obtuvieron varios niveles o rangos de áreas sensibles a la degradación. Tales son: áreas no sensibles, áreas potenciales, áreas frágiles (3 subniveles) y áreas críticas (3 subniveles).
Tabla 10.3. Cuantificación superficial de la sensibilidad a la degradación (ha)
NIVEL SUBNIVEL SUPERFICIE %

Áreas críticas C1 C2 C3 Áreas frágiles F1 F2 F3 Áreas potenciales No evaluado No sensibles

393.590,11 39.899,80 175.122,52 178.567,79 73.769,68 11.317,85 28.218,75 34.233,08 8.308,44 5.263,02 3.783,60

81,20 8,23 36,13 36,84 15,22 2,33 5,82 7,06 1,71 1,09 0,78

Fuente: Mapa de sensibilidad a la desertificación. Consejería de Medio Ambiente, 2005. Elaboración propia.

El Altiplano en su conjunto está caracterizado por la presencia de áreas críticas en el 81% de su superficie. Se pueden definir como áreas críticas a aquellas que ya están altamente degradadas (desertificación heredada) y presentan una amenaza de degradación de las áreas adyacentes. Por ejemplo, zonas muy erosionadas sujetas a una alta escorrentía y alta producción de sedimentos, que pueden causar inundaciones aguas abajo y la colmatación de embalses. Las áreas críticas C1 se extienden a través de todo el ámbito de trabajo, ocupando el 8,23% de la superficie total del Altiplano. Las C1 aparecen fundamentalmente por la hoya de Guadix, situándose en las vegas fértiles de los cauces principales que riegan la depresión accitana (Fardes, Guadiana Menor o Guadahortuna), donde los grandes cultivos intensivos han ido desplazando a las técnicas agrícolas tradicionales. Asimismo, también se localizan en las proximidades de Sierra Nevada y Sierra de Baza, o en el sureste de Jaén, en la zona próxima al río Jandulilla, donde la expansión del olivar intensivo crece de forma exponencial. Su presencia también se hace patente en las serranías del norte y, de manera más puntual, en pequeñas áreas limítrofes con Sierra María o Sierra de las Estancias, en la provincia de Almería. Hay que señalar que las C1 se corresponden geográficamente con las zonas de mayor evapotranspiración y menores registros de precipitación de toda la zona de trabajo, encontrándose mayoritariamente sobre suelos de tipo Regosol (apartado 7.5.).

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

La distribución de las C2 es más amplia, expandiéndose a través de todo el territorio de estudio y alternándose con las C3, con las que comparten el mismo modelo de distribución superficial, ocupando las primeras el 36,13% del territorio y el 36,84% las segundas. En conjunto, estas áreas se asientan sobre suelos de tipo regosol eútricos en la comarca de Guadix y calcáreos en la de Baza, fluvisoles en la mayoría de los cauces y vegas de las dos hoyas y por último sobre litosoles, presentes en la comarca de Guadahortuna, en el sur de Jaén, en las estribaciones del conjunto de sierras del norte y en los pasillos geológicos de Sierra María y Sierra de las Estancias. Estas zonas siguen los mismos patrones climáticos que los anteriores; escasez de lluvias y fuerte evapotranspiración. En segundo lugar se encuentran las áreas frágiles, caracterizadas por ser muy sensibles en el delicado balance entre naturaleza y actividad humana, pudiendo desembocar en procesos de desertificación. Se muestran sensibles a desequilibrios tales como el cambio climático, a gran escala, o los cambios drásticos en los usos del suelo, a menores escalas. En el ámbito de estudio representan el 15,22% de la superficie total. Las áreas frágiles de primer orden (F1) se extienden a través del 2,3% de la superficie y se hallan concentradas en la parte del Altiplano del sur de la provincia de Jaén, principalmente en montes públicos, Bernales,

Pinares en el monte Dehesa del Guadiana, Jaén. MY

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Los procesos de desertificación

Las Cumbres, Dehesas del Guadiana, Coto Charrín o Baldíos, y una pequeña porción del Parque Natural de Sierra de Cazorla, Segura y Las Villas. Su fragilidad es manifiesta al tratarse de zonas con una amplia superficie forestal, donde la cubierta de vegetación es aún importante pero ecológicamente amenazada a causa de la sobreexplotación de sus recursos (p.e. sobrepastoreo) y de la expansión de los grandes cultivos en torno a estos enclaves naturales (constricción del hábitat). De manera más puntual también se encuentran F1 en distintas zonas de la hoya de Baza, en las inmediaciones del río Guadahortuna y en el conjunto de sierras del norte. Igualmente siguen ocupando parte de los montes públicos del ámbito de estudio: Cortijo Becerra al norte de Guadix, Maitena al norte de Huéscar, Monte del Pueblo de Zújar o Monte del Pueblo de Cuevas del Campo entre otros. El resto de áreas dentro de esta categoría (F2 y F3) están presentes en todo el Altiplano, siempre cercanas a los ríos, ramblas y pequeños cauces. Su extensión total abarca aproximadamente 62.450 ha. Las áreas potenciales son aquellas que están amenazadas por procesos de desertificación debidos al cambio climático, el cual puede verse implementado por su combinación con los cambios en los usos del suelo o incluso por los impactos no locales que son aquellos inducidos por las áreas sensibles a la degradación sobre zonas adyacentes o lejanas (Kosmas et al., 1999). Igualmente se pueden incluir dentro de este tipo zonas de cultivos abandonados que no son apropiadamente gestionadas. Es una forma menos severa que la de las áreas frágiles, ante las cuales sería necesaria una buena planificación para corregir estos efectos. En el ámbito de estudio dichas zonas se expanden al sur de la Sierra del Pozo, provincia de Jaén, cercana al Parque Natural de Sierra de Cazorla. El suelo predominante es de tipo litosol albergando principalmente matorral disperso alternado entre masas de coníferas y frondosas. La superficie ocupada es de aproximadamente 8.300 ha (1,7%), estando localizada bajo condiciones de semiaridez. Por último cabe resaltar la existencia de áreas no sensibles a los procesos de desertificación en el sur de la provincia de Jaén. Estas áreas se alternan con las áreas potenciales anteriormente descritas, ocupando tan solo el 0,78% de la superficie del Altiplano. Se localizan al oeste de la Sierra del Pozo, próximas a Larva. Dichas áreas están caracterizadas del mismo modo por condiciones de semiáridez, ubicándose sobre suelos del tipo litosol, poco profundos, con vegetación dominante de matorral denso que a veces alterna con masas arbóreas, principalmente de coníferas.

Riesgo de desertificación
El Servicio de Información y Evaluación Ambiental de la Consejería de Medio Ambiente (Junta de Andalucía) a partir de los tres diagnósticos anteriores (desertificación heredada, desertificación actual y sensibilidad a la degradación y/o desertificación), ha definido el estado de las tierras de Andalucía respecto a la desertificación junto con las zonas donde los procesos que la provocan se muestran más activos (Moreira et al., 2005). De esta manera, se puede observar que existen distintos niveles de riesgo: áreas cercanas y/o muy desertificadas, áreas potencialmente desertificables y áreas no desertificadas.

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Los procesos de desertificación

Sensibilidad a la desertificación

ÁREAS CRíTICAS C1 C2 C3 ÁREAS FRÁgILES F1 F2 F3 OTROS Áreas potenciales No sensibles No evaluado

Escala 1:400.000

Fuente: Diagnóstico de la desertificación en Andalucía. Moreira et al., 2007

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Cultivares marginales en la Cañada del Caballo, Benamaurel. FMB

Tabla 10.4. Distribución superficial del riesgo de desertificación (ha)
NIVEL SUBNIVEL SUPERFICIE %

Áreas muy cercanas y/o desertificadas

Áreas de desertificación heredada Con procesos activos Con procesos muy activos

134.408,28 83.447,21 1.900,22 49.060,85 126.272,52 73.964,89 42.208,05 10.099,59 217.929,21 18.930,01 198.999,20 5.753,94 5.753,94

27,75 17,23 0,39 10,13 26,07 15,27 8,71 2,09 44,99 3,91 41,08 1,19 1,19

Áreas no desertificadas Con fuerte riesgo Con riesgo alto Sin procesos activos Áreas potencialmente desertificables

Con riesgo alto Sometidas a fuerte riesgo

No evaluado No evaluado

Fuente: Mapa de sensibilidad a la desertificación. Consejería de Medio Ambiente, 2005. Elaboración propia.

Las áreas muy cercanas y/o desertificadas se clasifican en función de los procesos de degradación a los que están sometidas: activos, muy activos o áreas de desertificación heredada. Las áreas que presentan mayor nivel de riesgo son las áreas de desertificación heredada, que se concentran en el interior del Altiplano. Puede observarse que dichas zonas coinciden con aquellas en las que los procesos de degradación tienen su origen en el pasado (desertificación heredada) y donde los procesos actuales causantes de la degradación son más graves. Se extienden a través de los márgenes de los ríos Fardes, Guardal, Cúllar y

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Los procesos de desertificación

Galera. Igualmente significativas se pueden encontrar áreas de esta categoría en las cuencas del río Andarax y Almanzora y al sur de la provincia de Jaén. Esta categoría ocupa una superficie de 83.447 ha (17 %). Las áreas con procesos muy activos ocupan un total de 49.060 ha del territorio de estudio (10%). Están distribuidas por todo el Altiplano, aunque de manera más concentrada se localizan al norte de Guadix y formando una banda entre los límites del Altiplano con Sierra Nevada y dicha localidad. También están presentes en el entorno de la localidad de Huéscar y de Baza y al sur del río Cúllar. Asimismo existen áreas de este tipo en forma de pequeños enclaves en el noreste y en los límites del pasillo geológico formado entre Sierra María y la Sierra de las Estancias. Las áreas con procesos activos tienen poca representación en el ámbito de estudio, tan solo el 0,39% de la superficie del Altiplano. Se localizan esencialmente en los límites con Sierra Nevada en forma de focos puntuales. Al igual que el nivel anterior las áreas no desertificadas se clasifican en tres niveles de sensibilidad diferentes en función de los procesos de degradación: áreas con fuerte riesgo, áreas con riesgo alto y áreas sin procesos activos. Este nivel cuenta en el Altiplano con más de 125.000 ha lo que supone el 26% del total del territorio. Las áreas con fuerte riesgo abarcan en torno al 15% de la superficie de estudio, aproximadamente 74.000 ha del territorio. Su distribución espacial no sigue un patrón determinado, si bien coinciden espacialmente con zonas de áreas frágiles y de áreas críticas. Se extienden a lo largo de todo el Altiplano y están localizadas al sur de la Sierra de Castril, en el sureste de Jaén, en las inmediaciones de las sierras del noreste del Altiplano y al sur de Guadix, principalmente. También se concentran en los márgenes de los cauces principales que riegan este territorio, como son los ríos Cúllar, Fardes, Galera, Guadahortuna, Guadiana Menor y Guardal, entre otros.

Huertas de Benamaurel, en la vega de río Guardal. JC

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Los procesos de desertificación

Riesgo de desertificación
ÁREAS CERCANAS y/O MUy DESERTIFICADAS Áreas muy cercanas y/o desertificadas. Áreas de desertificación heredada Áreas muy cercanas y/o desertificadas. Con procesos muy activos Áreas muy cercanas y/o desertificadas. Con procesos activos

ÁREAS POTENCIALMENTE DESERTIFICABLES Áreas potencialmente desertificables. Sometidas a fuerte riesgo Áreas potencialmente desertificables. Con riesgo alto

ÁREAS NO DESERTIFICABLES Áreas no desertificadas. Con fuerte riesgo Áreas no desertificadas. Con riesgo alto Áreas no desertificadas. Sin procesos activos

NO EVALUADO No evaluado

Escala 1:400.000

Fuente: Diagnóstico de la desertificación en Andalucía. Moreira et al., 2007

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Las áreas con riesgo alto constituyen en torno a las 42.200 ha, un 8,7% de la superficie del Altiplano. Su modelo de distribución es similar a las anteriormente expuestas, si bien aparecen más concentradas en el sureste de Jaén, ocupando el conjunto de montes públicos citado en la descripción de desertificación actual y otros del interior del Altiplano, donde las áreas están más alejadas de los procesos actuales causantes de desertificación. En el ámbito de estudio, las áreas sin procesos activos están escasamente representadas, tan solo el 2% del territorio. Cabe destacar que estas zonas coinciden en gran medida con monte público. Las áreas potencialmente desertificables afectan al 45% del territorio. Se dividen en zonas sometidas a fuerte riesgo y zonas con riesgo alto. Las áreas sometidas a fuerte riesgo son las más abundantes en el Altiplano coincidiendo espacialmente con la distribución de áreas críticas (sensibilidad a la degradación y/o desertificación), presentando una superficie de 198.999 ha (41%) y extendidas por todo el territorio envolviendo a las áreas muy cercanas y/o desertificadas. Las áreas con riesgo alto representan aproximadamente el 4% de la superficie, 18.930 ha. Dichas áreas aparecen dispersas por todo el territorio, encontrándose siempre próximas a las áreas con mayor grado de riesgo. Se presentan como un conjunto de pequeños enclaves que de manera significativa aparecen más concentrados en determinadas zonas del Altiplano, como son el sur de la provincia de Jaén, las proximidades del río Guadahortuna y en los alrededores de Guadix y de Baza entre otros. Su patrón de distribución coincide con la distribución espacial de las áreas frágiles a los procesos de degradación. Por último hay que señalar que para un 1,2% de la superficie del Altiplano no existe evaluación. En síntesis, la desertificación constituye hoy en día un serio problema global, económico, social y ambiental, que tiene su origen tanto en el pasado como en procesos actuales de degradación. El clima de las regiones mediterráneas es muy sensible a todo el cambio global y su evolución podría ser considerada como un buen indicador de las eventuales modificaciones a gran escala (ENRICH/STAR, 1996). El diagnóstico de desertificación heredada en el territorio de estudio nos muestra que el 17% del territorio está desertificado, afectando principalmente a la cuenca del Guadiana Menor. Esta cifra contrasta con el 41% de la superficie que está alejada de los procesos de degradación originados en el pasado. Los procesos de degradación actuales, desertificación actual, actúan tanto en las zonas de desertificación heredada como con las zonas donde los procesos de degradación son activos en la actualidad. El Altiplano ofrece cifras alarmantes; aproximadamente el 28% de la superficie se encuentra desertificada y/o muy cercana a la desertificación y el 45% se corresponde con zonas potencialmente desertificables. Las áreas más alejadas son aquellas que ocupan los principales montes públicos, mostrándose como pequeñas “islas naturales” fuertemente amenazadas por las actividades antrópicas, principalmente agrícolas. La identificación de áreas vulnerables o sensibles a la desertificación se puede realizar mediante la aplicación de indicadores biofísicos y socio-económicos. De este análisis se puede concluir que en el Altiplano el 81% de su superficie se corresponde con áreas críticas, el 15% lo constituyen áreas frágiles y aproximadamente el 2% son potencialmente sensibles.

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Los procesos de desertificación

Todo el cuerpo de conocimientos e información expuesta anteriormente puede ser utilizada como herramienta base para definir futuras actuaciones, ya que se puede diferenciar entre áreas afectadas naturalmente y aquellas cuya causa son actuaciones recientes y actualmente activas y finalmente aquellas zonas no afectadas en la actualidad pero con una fuerte incidencia de procesos que pueden conducir a medio-largo plazo a situaciones cercanas a la desertificación (mapa de riesgo de desertificación; Moreira et al., 2005). Para el caso del Altiplano, las cifras hablan por sí solas. Dentro de las áreas muy cercanas y/o desertificadas el 17% está desertificado y un 10% de la superficie está sometida a procesos muy activos. El 15% del territorio de estudio está constituido por áreas no desertificadas con un fuerte riesgo de desertificarse y un 41% del total lo conforman áreas potencialmente desertificables que están sometidas a fuerte riesgo de desertificación. En la actualidad existe una voluntad manifiesta de las Administraciones Públicas para unificar fuerzas y luchar contra la desertificación mediante programas, proyectos y todo un conjunto de planes de actuación que apuntan a la protección del medio natural, la concienciación ciudadana, la planificación, investigación, etc. En todo momento este esfuerzo debe considerar e integrar aquellos valores ecológicos y paisajísticos que hacen del Altiplano uno de los territorios más originales de la Unión Europea, modelo de sistemas áridos y fuente de diversidad biológica, geomorfológica y paisajística.

10.2. Implicaciones ambientales y socioeconómicas de la desertificación
La desertificación es uno de los principales problemas ambientales a los que se enfrentan los países o regiones con clima árido, semiárido y seco-subhúmedo (Kassas, 1995; Puigdefábregas, 1995; Dregne, 1996; Darkoh, 1998; Reynolds y Stafford Smith, 2002). Asimismo ha sido citada por la Naciones Unidas (ONU) como uno de los aspectos del cambio global más importantes a los que se enfrenta la humanidad, prueba de ello es que, al igual que el cambio climático y la biodiversidad, es objeto de una convención internacional auspiciada por la ONU, la Convención para la Lucha contra la Desertificación (CLD). Del mismo modo que para realizar un diagnóstico de la desertificación se diferenció entre heredada y actual, procede realizar aquí de nuevo el mismo ejercicio, ya que cada concepto no tiene las mismas implicaciones.

Desertificación heredada (aridez centenaria) y biodiversidad
La progresiva aridificación del clima desde el Holoceno ha propiciado un permanente estado de cambio. Al producirse este cambio durante dilatados períodos de tiempo permite la adaptación de las diferentes especies a las nuevas condiciones, desapareciendo las especies o comunidades que no son capaces de adaptarse a las

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

mismas. Esta aridez centenaria ha propiciado un paulatino cambio y evolución no sólo en las comunidades bióticas sino también en el suelo que se crea y destruye en un proceso lento pero permanente. Los ecosistemas áridos son especialmente frágiles debido a que la aridez climática es una de las principales causas de vulnerabilidad de los suelos frente a los agentes de degradación. Sin embargo, los ecosistemas áridos mediterráneos presentan una capacidad evolutiva que les confiere cierta seguridad en su preservación. En el ámbito regional, el Plan Andaluz de Control de la Desertificación establece una serie de zonas con desertización natural, las cuales presentan especial vulnerabilidad. Estas zonas están caracterizadas en función de sus peculiaridades zonales, bien sean climáticas, de relieve o litológicas. Entre las áreas vulnerables debidas a la climatología se encuentran aquellas zonas con un elevado grado de aridez. Su existencia viene explicada principalmente por dos factores biogeográficos, por un lado la influencia biogeográfica que África tiene sobre el territorio andaluz y, por otro, la existencia de un periodo interglaciar. En la actualidad hay una regresión glaciar hacia el Norte junto con una expansión de las zonas cálidas ecuatoriales, lo que supone que la franja de influencia desértica también se desplaza hacia latitudes más norteñas. Esta situación explica la existencia en Andalucía de áreas con fuerte carácter norteafricano. Las zonas desérticas están penetrando en Europa occidental a través de amplias áreas de carácter árido o semiárido localizadas principalmente en Almería.

Hammada articulata, a la izquierda (MY) y Vella pseudocitysus, a la derecha (CPS) son dos especies iberonorteafricanas presentes en el Altiplano, si bien con distinto status: La primera ampliamente distribuida y la segunda amenazada de extinción en Andalucía.

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Los procesos de desertificación

De forma particular, estas zonas destacan en Andalucía por el importante aporte florístico, en concreto de elementos norteafricanos de ambientes áridos. Esto se traduce, por ejemplo, en que la provincia almeriense es la segunda en número de especies de flora, en torno a las 2.800 (Hernández y Clemente, 1994), asimismo el sector biogeográfico almeriense mantiene el 10% de los taxones endémicos de Andalucía. Estos aportes botánicos están representados por la presencia de endemismos ibéricos o bético-mauritanos. Todo ello hace que estos territorios estén incluidos en el mapa de puntos calientes para la biodiversidad, que muestra las zonas de importancia clave para la conservación de la biodiversidad del planeta (Myers, 1988).

Desertificación actual e implicaciones
La desertificación actual es un fenómeno ligado a unas condiciones climáticas específicas y generadas en la actualidad por actividades humanas no sostenibles (López Bermúdez, 2006), manifestándose en la degradación del suelo, vegetación y agua, en muchos casos de manera irreversible (López-Bermúdez y Romero, 1998). La desertificación representa una seria amenaza para la fertilidad del suelo en extensas áreas de las tierras mediterráneas españolas, y en particular, para el sureste ibérico. La desertificación actual se interpreta como una disminución, prácticamente irreversible, al menos a escala temporal humana, de los niveles de productividad de los ecosistemas terrestres como resultado de la sobreexplotación, uso y gestión inapropiados de los recursos en territorios fragilizados por las sequías y la aridez. La degradación de los ecosistemas, la pérdida de biodiversidad, degradación de aguas y suelos, puede ocasionar, por un lado, una marcada disminución del potencial biológico o productivo, y por otro incluir ecosistemas cada vez más pobres y vulnerables. La conjunción de ambos procesos puede ocasionar la ruptura de los frágiles equilibrios geoecológicos y acentuar la crisis climática, ambiental y socio-económica inherente a la desertificación. Desde el punto de vista biofísico, tanto las manifestaciones de la desertificación como sus consecuencias se inician con la pérdida y/o degradación del suelo y la vegetación, las cuales propician un “efecto cascada” sobre otros componentes y procesos bióticos. Todo ello genera un deterioro progresivo de la estructura y funcionamiento del ecosistema. Las consecuencias biofísicas de la desertificación varían entre regiones en función de la intensidad y el número de agentes causales involucrados, la extensión del área afectada y la duración de la degradación (Reynolds et al., 2005). Asimismo también existen diferencias dentro de una misma región, ya que cada ecosistema presenta características internas, componentes y procesos específicos. La desertificación tiene consecuencias significativas desde el punto de vista biofísico y socioeconómico, perceptibles a distintas escalas espacio-temporales (Reynolds et al., 2005). Desde el punto de vista socioeconómico, buena parte de las consecuencias derivan de la pérdida de la capacidad de la tierra para mantener el crecimiento vegetal y la producción animal. Durante las primeras etapas de la desertificación estas pérdidas son compensadas por los incentivos y la resiliencia de las poblaciones humanas, especialmente en los países desarrollados o en vías de desarrollo (Vogel y Smith, 2002). Sin embargo, cuando ciertos umbrales

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

son sobrepasados, las contribuciones de los gobiernos y la resiliencia social no son suficientes para compensar las pérdida de productividad de la tierra, lo que genera cambios socioeconómicos que oscilan desde pequeñas modificaciones en la actividad comercial hasta grandes movimientos migratorios (Fernández et al., 2002), circunstancias todas que debieran ser consideradas en un enfoque holístico de los usos y las tendencias futuras de la población y del propio territorio en el Altiplano.

Tabla 10.5. Algunas consecuencias biofísicas y socioeconómicas de la desertificación y las escalas espaciales más relevantes
DIMENSIÓN CONSECUENCIA Pérdida de nutrientes edáficos Disminución de la tasa de infiltración Modificación de la geomorfología Aumento de las acumulación de sedimentos en lagos Disminución de la cobertura vegetal Cambios de la riqueza específica y la composición de especies Cambios en la productividad primaria neta Cambios en el patrón especial de los recursos Pérdida de la biodiversidad Aumento de la biodiversidad Pérdida de la costra biológica Disminución del carbono almacenado en el suelo Disminución de los nutrientes almacenados en el suelo Reducción de la resiliencia del ecosistema Cambios en el clima ESCALA EJEMPLOS Schlesinger et al., 1999 Sharma, 1998 Lavee et al., 1998 Kelley y Nacer, 2000 Asner et al., 2003 González, 2001 Huenneke et al., 2002 Schlesinger et al., 1990 Whitford, 1993 Bestelmeyer, 2005 Belnap y Eldridge, 2001 Jackson et al., 2002 Asner et al., 2003 Von Handenberger et al., 2001 Rosenfeld et al., 2001 Zaman, 1997 Fredrickson et al., 1998 Latchininsky y Gapparov, 1996 Pamo, 1998 Bollig y Schulte, 1999 Gallart et al., 1994 Zhao et al., 2005
Fuente: Reynolds et al., 2005.

BÍOFÍSICA

P, L P P, R P, L, R P, L, R P, L, R P, L, R P, L, R R, G R, G P, L P, L, R, G P, R P, L, R R, G F, C F, C C, N C, N C, N N, I C, N

Disminución de las cosechas SOCIOECONÓMICA Disminución de la producción animal Pérdida de especies con interés económico Movimientos migratorios Pérdida de conocimiento ecológico tradicional Pérdida de estructuras agrícolas tradicionales Cambios en los patrones de uso de la tierra

Dimensión socioeconómica: F = granja/unidad familiar; C = comunidad; N = Nacional; I = Internacional; Dimensión biofísica: P = mancha; L = paisaje; R = regional; G = global.

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Los procesos de desertificación

El pino sobre la vieja cueva abandonada constituye, en si mismo, una metáfora del polifacético conflicto hombre-naturaleza en el Altiplano. MY

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Badlands del Negratín. JH

Paisaje y geodiversidad

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Paisaje y geodiversidad

“Sobre ti pesa también el prejuicio enorme, invencible, aterrador, de que lo que no es selva no es paisaje.”
Azorín

“...el clima y el paisaje no son el decorado ante el que se desarrolla la historia, sino unos protagonistas muy importantes de la trama.”
Juan Luis de Arsuaga

Los ya clásicos estudios sobre preferencias paisajísticas en España han mostrado que la mayoría de personas seleccionan preferentemente paisajes arbolados y con agua, del tipo de los que abundan por ejemplo en el Parque Nacional de Sierra Nevada o el Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas (p.e. González Bernáldez et al., 1989 y Gallardo et al., 1989). Las cifras anuales de visitantes en estos espacios naturales así lo avalan. Sin embargo, entre ambos Parques queda un territorio que sólo puntualmente ofrece árboles y agua en superficie, el Altiplano. Las palabras de Azorín, que fueron escritas en los albores del siglo XX a la vista de las desnudas montañas de Alicante, bien pudieron haberse redactado para el Altiplano. Y es que hasta muy recientemente el paisaje no ha existido en el Altiplano, no se ha considerado más que para salvar sus adversidades, para domeñarlo en lo posible, como actor que fue, aún sin tener conciencia plena de él, en el drama cotidiano de sus habitantes. Afortunadamente los tiempos cambian y la sociedad con ellos. La dependencia humana del medio físico ha disminuido enormemente en las últimas décadas y actualmente se considera que la biodiversidad, abordada aquí anteriormente, la geodiversidad y el paisaje, como manifestación perceptible e integradora de estos elementos bióticos y abióticos, conforman un conjunto de recursos naturales y culturales de necesaria incorporación a los planes de gestión del medio ambiente y el territorio. Como quiera que, además, algunos paisajes y geoformas propias de ambientes semiáridos muestran un creciente atractivo estético y una marcada

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Paisaje y geodiversidad

originalidad en el contexto europeo, estos deben entenderse también como recursos fundamentales para el desarrollo sostenible del territorio.

11.1. Paisaje
El término paisaje es antiguo como los conceptos que ha pretendido delimitar, por lo que históricamente ha tenido múltiples acepciones. No obstante, hace tiempo que se viene considerando como un elemento sintético, integrador de otras realidades más elementales, y también como un recurso. En lo que respecta a España, ya un temprano Hernández-Pacheco (1934) define el paisaje como “la manifestación sintética de las condiciones y circunstancias geológicas y fisiográficas que concurren en un país”. Casi medio siglo después, González Bernáldez (1981), ilustre ecólogo y también teórico del paisaje, expone un enfoque de este concepto asociado a la información que el hombre recibe de su entorno ecológico y añade “el paisaje es un valioso recurso natural cuya gestión y protección requiere a la vez conocimientos (ciencia) y sensibilidad, pero que, al mismo tiempo, tiene un valor pedagógico pudiendo utilizarse para el aprendizaje y la formación estética. Poseyendo calidades estéticas formales, pero sobre todo de carácter expresivo y no formal, ligadas a un pasado y una experiencia.” Este criterio estrechamente vinculado a la percepción es asumido por la Convención Europea del Paisaje (2000), donde éste se define como “cualquier parte del territorio, tal como es percibida por las poblaciones, cuyo carácter resulta de la acción de factores naturales y/o humanos y de sus interrelaciones”. El paisaje tiene,

Mirador en el parque temático sobre el megalitismo, Gorafe. CPS

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

por tanto, una carga notable de subjetividad sensorial y cultural. Así, la interpretación del paisaje depende también de la percepción del entorno según culturas y pueblos (White, 1977). El hábito en la interpretación de lo percibido lleva a una conciencia del medio por parte de las comunidades humanas, y esta habilidad puede estar debilitada en culturas urbanas modernas si se compara con las rurales (MAB Canadá, 1977; Bugnicourt, 1976). La geomorfología y la vegetación son componentes fundamentales del paisaje, pero el paisaje no se reduce a aquellos sino que supone una integración de naturaleza, historia y cultura, conformando en cierta medida la esencia del territorio. Por tanto es dinámico, sujeto a continuos cambios, modelándose y remodelándose a lo largo del tiempo bajo la influencia de componentes externos naturales, sociales, económicos y culturales ,y percibiéndose a través de medios subjetivos, sensoriales, intrínsecos a cada persona o comunidad (Rubio y Portillo, 2007). En las sociedades prósperas el paisaje se está convirtiendo en un elemento de calidad de vida y disfrute, en un derecho personal y colectivo. Las formas del espacio están siendo consideradas, simultáneamente, como indicador ambiental y de bienestar, una manifestación de identidad cultural y un recurso económico, con influencia en cuestiones tan dispares como la localización de actividades, el coste de las viviendas o la creación de empleo. Andalucía goza de una gran riqueza y diversidad de paisajes. La geología, orografía, climatología y demás factores naturales se han unido a la acción humana para dotar al territorio andaluz de una variedad paisajística extraordinaria. Tal riqueza constituye un patrimonio ambiental, cultural, social e histórico que influye en la calidad de vida de los ciudadanos y puede suponer un recurso de desarrollo económico. En esta región, el paisaje cobra una dimensión aún más relevante porque se ubica íntegramente en el dominio climático mediterráneo que tiene una presencia escasa a escala planetaria, siendo muy apreciado por su bonanza ambiental, sus consecuencias en la diversidad biológica, su alto significado cultural y, sobre todo, por su calidad sensorial en muchos momentos del año. No obstante, entre sus características debe incluirse también su fragilidad ecológica, tanto con base natural como por causa antrópica, pues la dilatada ocupación humana de estas tierras y su aprovechamiento han contribuido a hacer más inestables determinadas situaciones naturales que, a su vez, definen frecuentemente su identidad. El nuevo Estatuto de Autonomía de Andalucía destaca la importancia del paisaje andaluz y del derecho a su disfrute en sus artículos 10 (3.10), 28 y 33, lo cual no es sino reflejo del aprecio creciente de la sociedad andaluza hacia sus paisajes. Aumentan el número y calidad de los instrumentos y actuaciones de la política territorial, agraria, ambiental o del patrimonio, que contienen manifestaciones de sensibilidad y aprecio creciente hacia los paisajes andaluces. Incluso, con cierta frecuencia, los medios de comunicación dan cuenta de reacciones sociales ante propuestas perjudiciales para el paisaje propio, apreciado. Afortunadamente, de un tiempo a esta parte no son ajenos a tal tendencia los paisajes esteparios, semiáridos, desarbolados, tradicionalmente apartados del patrón estético de apreciación mayoritaria y a cuya identidad responden mayoritariamente los paisajes del Altiplano.

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Paisaje y geodiversidad

El paisaje del Altiplano
Los condicionantes físico-naturales que intervienen e intervinieron en tiempo geológico en el Altiplano, junto a la propia actividad humana, han generado sobre este territorio un modelo de paisajes de marcado carácter estepario. Y la estepa es uno de los paisajes más frágiles, amén de más originales, en el contexto europeo. Este carácter mayoritariamente estepario del paisaje del Altiplano ha quedado nítidamente recogido en el Mapa de Paisajes de Andalucía, elaborado expresamente para el Atlas de Andalucía (Junta de Andalucía, 2005), y que desarrolla a nivel andaluz las orientaciones y tipologías de los paisajes de Europa según el Informe Dobris (Agencia Europea de Medio Ambiente, 1995). En el mapa de paisajes de Andalucía se han interpretado tres niveles de paisaje que son las categorías, áreas y ámbitos paisajísticos. Las categorías responden a grandes conjuntos de morfología y usos del suelo que conectan con los tipos de paisaje contemplados para Europa en el informe anteriormente aludido y quedaron establecidas en 6 tipos distintos, uno de los cuales es precisamente el de los altiplanos y subdesiertos. Las áreas suponen una subdivisión de las categorías, definiéndose 21 áreas paisajísticas en Andalucía que marcan transiciones entre categorías o situaciones geográficas con particular impronta morfológica, de cubierta vegetal o de utilización del territorio. Y en el nivel inferior, se delimitaron 85 ámbitos paisajísticos distintos en base a criterios naturales, socioculturales y de ordenación del territorio. En Andalucía la mayor superficie en la categoría de altiplanos y subdesiertos corresponde precisamente al área paisajística denominada Altiplano estepario, que con sus 442.146 ha alcanza el 5,2% del total andaluz y el 91,1% del territorio objeto de análisis en el presente libro (Tabla 11.1.). Como es lógico existe una elevada correspondencia entre este último y el área paisajística denominada Altiplano estepario, a la cual engloba en su totalidad. El resto corresponde a las pequeñas fracciones de áreas de campiña y serranas que se incluyeron aquí en la delimitación del Altiplano, debido a su marcada continuidad y en función de criterios de clima, biocenosis, pendiente, altimetría y gestión del territorio. Estas zonas se corresponden en Jaén con determinadas zonas de campiña alta y de las serranías de Alta Coloma-Mágina y Cazorla-Segura, así como en Granada con parte de los montes orientales (Tabla 11.1.).
Tabla 11.1. Categorías, áreas y ámbitos paisajísticos en el Altiplano.
CATEGORÍAS
ALTIPLANOS y SUBDESIERTOS CAMPIÑAS SERRANíAS

ÁREAS PAISAJÍSTICAS

ÁMBITOS PAISAJÍSTICOS

(ha)

SUPERFICIE (%)

Altiplanos esteparios Campiñas alomadas, acolinadas y sobre cerros Serranías de montaña media

Depresión de Guadix Hoya de Baza Campiñas Altas Montes Orientales Sierras Alta Coloma y Mágina Sierras de Cazorla y Segura

180.703,37 261.442,79 7.879,97 22.325,07 11.768,06 1.169,51

37,24 53,88 1,62 4,60 2,42 0,24

485.288,78

100

Fuente: Mapa de paisajes de Andalucía. Consejería de Medio Ambiente, 2005.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Geomorfología y vegetación son los elementos principales del paisaje, que en el Altiplano tiene un marcado carácter estepario. En la imagen, los badlands de Gorafe. JH

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Paisaje y geodiversidad

Desde Sierra Nevada, con la Sierra de Baza a la derecha de la imagen, Arana a la izquierda y Mágina al fondo, aparece nítida la condición del Altiplano como gran cubeta sedimentaria. AH

La evolución del Altiplano como ámbito geológico se describió con detalle en el apartado 7.3. de esta obra. No procede por tanto repetir aquí lo previamente reseñado. Tan solo resaltar que la evolución geológica del territorio explica la mayor parte de las características actuales de los paisajes en el Altiplano. Porque este territorio no es sino una cubeta sedimentaria rodeada de sierras, en la que durante los últimos siete u ocho millones de años se ha acumulado un importante espesor de sedimentos en ambientes primero marinos, después lacustres y finalmente fluviales. El último de estos niveles, originado por extensos sistemas de abanicos aluviales supuso la colmatación de la cuenca con unos sedimentos de condición extensa y predominantemente llana, sobre los cuales comenzarían a dibujarse las primitivas redes de drenaje, los cauces que tuvieron un carácter fundamentalmente endorreico en esta cubeta hasta hace unos 100.000 años. Aproximadamente en tal momento la gran cuenca endorreica es capturada por el Guadalquivir a través del actual río Guadiana Menor, para acabar desaguando en el océano Atlántico. A partir de entonces la erosión se convierte en el proceso predominante en el Altiplano y el sistema denudativo en el mecanismo principal de generación de paisaje. La cuenca comienza a exportar los sedimentos que había recibido anteriormente y en las fases iniciales del proceso con una especial intensidad asociada a la brusca ruptura de pendiente. Este proceso explica la presencia de extensas superficies de badlands, muy desarrollados en las inmediaciones del río Guadiana Menor, y aunque más atemperado, sigue activo en la actualidad. En adición a los badlands, otras unidades geomorfológicas del sistema denudativo (apartado 7.4.), las denominadas colinas, ya sea con fuerte erosión o con lomas de disección, así como las lomas, constituyen en su conjunto casi el 40% de la superficie del Altiplano. Éste es el principal componente geomorfológico del paisaje y al mismo corresponden los escenarios más espectaculares, que se localizan fundamentalmente en los ámbitos denominados depresión de Guadix y hoya de Baza. Pero desde muy anteriormente en la historia geológica, el paulatino desmantelamiento gravitacional-denudativo de las cadenas montañosas que circundan el Altiplano ya venía traduciéndose en una importante extensión y potencia de glacis desde el Cuaternario antiguo. El desequilibrio de estos glacis tras conformarse

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Áreas y ámbitos paisajísticos

Fuente: Mapa de paisajes de Andalucía. Consejería de Medio Ambiente, 2005

ALTIPLANOS ESTEPARIOS

CAMPIÑAS ALOMADAS, ACOLINADAS y SOBRE CERROS

SERRANíAS DE MONTAÑAS MEDIAS

Depresión de Guadix Hoya de Baza

Campiñas altas

Montes orientales Sierras Alta Coloma y Mágina Sierras de Cazorla y Segura

Límite del Altiplano Límite autonómico Límite provincial

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Paisaje y geodiversidad

la red fluvial derivó en otros glacis secundarios o recientes que se extienden hacia el interior del Altiplano. En su conjunto, los glacis suponen aproximadamente un tercio de la extensión total del Altiplano y sobre ellos se asientan buena parte de las mejores superficies agrícolas. El sistema fluvial supone en torno al 19% de la superficie del Altiplano. La unidad geomorfológica quizá más representativa de los mismos es la rambla, típico curso temporal de agua en ambientes semiáridos con elevada capacidad de transporte y depósito aluvial. La linealidad de las ramblas se reparte ampliamente por todo el territorio, rarificándose tan solo en el ámbito paisajístico Montes Orientales. Localmente también confieren notable impronta al paisaje los conos de deyección generados cuando un valle torrencial contacta con la llanura, lo que concurre reiteradamente en el contacto entre el Altiplano y la cara norte de Sierra Nevada. Otro tanto sucede con las llanuras de inundación que coinciden con los paisajes de vega y hortales tradicionales en muchos pueblos del interior del Altiplano, dispuestos a lo largo de los ríos que acaban confluyendo en el Guadiana Menor.

Paisaje cerealista en Torrecardela. En el horizonte, cerro El Mencal y Sierra de Cazorla. MY

Junto a la geomorfología, la vegetación es componente principal del paisaje, en este caso mucho más moldeable por la acción humana, cuyo influjo se ha signado sobre las superficies agrícolas pero también de una manera muy intensa en lo que respecta a la vegetación forestal. El suelo agrícola supone casi el 60% del territorio en el Altiplano y es por tanto un elemento muy importante en la configuración de su paisaje. El modelo agrario predominante es el cerealista, con aproximadamente 180.000 ha dedicadas a este cultivo, si bien las labores del Altiplano tienen poco que ver con las de la campiña

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

en el valle del Guadalquivir. Son menos productivas y su nivel de imbricación con los terrenos forestales mucho más intenso, manteniendo una proporción de barbecho significativa y, con mayor o menor frecuencia, también lindes de vegetación silvestre, incluso arbóreas en el ámbito Montes Orientales. En este ámbito paisajístico y en el de las serranías de Alta Coloma-Mágina y Cazorla-Segura, el olivar adquiere principal protagonismo en el paisaje agrario, como ocurre también puntualmente con otro árbol cultivado, el almendro, para ciertas zonas de los ámbitos depresión de Guadix y hoya de Baza, en este último caso fundamentalmente en los pasillos orientales del Altiplano hacia Almería. El paisaje del Altiplano incluye el aprovechamiento agrario de los lechos de algunas ramblas, así como laderas cuyas pendientes truncó históricamente el hombre mediante terrazas o bancales. Por otro lado, el suelo forestal supone aproximadamente el 40% de la superficie. La vegetación forestal es predominantemente esteparia, especialmente en el área paisajística Altiplano estepario, donde la formación más representativa es el espartal, que ocupa vastas superficies de anfractuosos relieves del sistema denudativo y, en menor medida, del gravitacional-denudativo. El espartal, en sus distintas manifestaciones, es quizá la más típica cubierta no sólo del ámbito de estudio sino, en general, de las estepas de vegetación silvestre en la España peninsular (Suárez et al., 1991), y ha sido objeto de una intensa gestión y promoción cultural debido a las utilidades de su fibra. Pero el espartal no es la única vegetación del paisaje estepario en el Altiplano. La precipitación de capas de yeso en situaciones de elevada evaporación de aguas someras, como las acaecidas durante el Plioceno, está en el origen de los sustratos gipsícolas actuales, caracterizados por condicionar paisajes con importante proporción de suelo desnudo y una laxa cubierta vegetal de escaso porte, mayoritariamente integrada por caméfitos. Tales formaciones corresponden a diversas asociaciones florísticas entre las que alguna está considerada como hábitat

Espartal en cerro Botardo, Orce. FMB

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Paisaje y geodiversidad

Dehesa de encinas en Cortijo Conejo, Guadix. CPS

prioritario. Estos ámbitos semiáridos suelen presentar también suelos salinos en las áreas donde el agua de escorrentía deposita las sales que lava previamente. Tal circunstancia, en unión a una elevada evaporación, origina suelos halomorfos. En el Altiplano estos suelos se forman como consecuencia de la disolución de sales con origen a su vez en aquellos primigenios depósitos del Plioceno. Los saladares interiores de la hoya de Baza son los más meridionales de la Península Ibérica, teniendo gran importancia por su carácter relicto y alta originalidad florística, por lo que también están considerados como hábitat prioritario. Con independencia de la extensión superficial del paisaje estepario, en el Altiplano también hay espacios donde el árbol silvestre es elemento del paisaje y en el pasado lo fue en mayor medida. De hecho, desde la perspectiva fitosociológica (apartado 8.1.1.) la mayor parte del territorio se encuentra en el dominio potencial del encinar y coscojar. En la actualidad las formaciones de encinar bien conservadas son meramente testimoniales y, salvo en el piedemonte de las sierras circundantes, su impronta en el paisaje se reduce a estadíos aclarados, normalmente en forma de bosquetes isla o de dehesas. Dehesas que no suelen destinarse a pastizal ganadero, como en otras comarcas andaluzas, sino al cultivo de cereal en secano. Desde el punto de vista paisajístico, los bosques de mayor entidad en el Altiplano son los pinares de pino carrasco que ocupan superficies de considerable extensión, especialmente en los montes del sureste de Jaén pero también en Castillejar, Castril o, más puntualmente, en el Altiplano almeriense. Las repoblaciones forestales se entremezclan aquí con formaciones espontáneas, pinares naturales que adquieren una estructura abierta e irregular en la que destacan muy viejos ejemplares. El pino penetra también en el suelo agrícola como dehesa muy laxa, de forma análoga a la quercínea. Los pinares espontáneos de carrasco sobre un solar de esparto y matorral, frecuentemente entremezclados con las tierras de labor, constituyen un paisaje típico del norte del Altiplano. Y en la zona central también concurren pinares de carrasco, si bien en este caso básicamente como resultado de plantaciones forestales relativamente recientes, lo que se traduce por lo general en masas coetáneas de límites cartesianos y aspecto escasamente natural.

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UNA IMAGEN DE PORTADA

1

3

2

n esta imagen, seleccionada como portada del libro precisamente por su representatividad, se reconocen perfectamente las tres grandes unidades fisiográficas y de paisaje más características en este territorio: glacis, badlands y fondos de valle.

E

un horizonte delimitado por las serranías circundantes y se hace especialmente significativo en las zonas voladas sobre badlands y barrancos, magníficos enclaves para la interpretación del paisaje.

Esta unidad corresponde a las planicies que se extienden entre los badlands y los relieves serranos que rodean el Altiplano y que, en la imagen, corresponden a la Sierra de Baza y Sierra Nevada. Estas superficies permitieron el desarrollo histórico de una agricultura extensiva que ha difuminado los rasgos naturales del paisaje, quedando relegados a arbolado disperso, linderos forestales y pastizales xerofíticos. Desde el punto de vista paisajístico, su principal característica es su potencial panorámico, que se extiende hacia

1

glacis y piedemontes

Esta unidad fisiográfica de extraordinaria personalidad supone quizá el tipo de paisaje de mayor identidad para el territorio. Los áridos y agrestes sistemas como el del “arranque” de los badlands de Gorafe, en la imagen, muestran una proporción importante de suelo desnudo y una cubierta vegetal mayoritariamente esteparia. Históricamente han impuesto fuertes limitaciones a la actividad humana, y como consecuencia de ello condicionan una matriz de asentamientos laxa, sin severos elementos de intrusión relacionados con el hombre. Los badlands son, por lo

2

Badlands

Construcción y deconstrucción del paisaje
El Altiplano es una enorme cubeta rellena de sedimentos que han venido depositándose durante millones de años en un ambiente inicialmente marino y después continental, en forma de abanico desde las sierras circundantes y sobre sistemas lacustres y/o fluviales. Como resultado de este modelo constructivo, por deposición, el paisaje devino en una marcada horizontalidad de la cual aún restan extensas superficies testigo. Pero el establecimiento de las redes fluviales y en especial la pérdida del carácter endorreico original de la cuenca debido a su desagüe a través del río Guadiana Menor, hizo cobrar una importancia mucho mayor a los procesos erosivos. Estos son, hoy por hoy, los principales mecanismos de generación de paisaje en el Altiplano.

Procesos de formación del paisaje Evolución de laderas
Desplomes por retroceso de laderas

Descalce por socavamiento basal

Erosión en túnel (piping)

Desprendimiento en masa

Mecanismos de erosión por escorrentía
Impactos de gotas de lluvia

Erosión laminar
general, paisajes de muy elevada fragilidad, sensibles tanto a las actuaciones que alteren el ciclo del agua a escala local y las dinámicas erosivas, como a aquellas otras que supongan la introducción de elementos extraños a su naturalidad. riesgo de avenidas y balance sedimentario, se trata de espacios donde se ha desarrollado considerablemente la agricultura, constituyendo el emplazamiento tradicional de modelos agrícolas más intensivos tales como huertas, cítricos y otros frutales. Los cauces más relevantes, como el río Gor en la imagen, albergan sotos arbolados que a nivel interno constituyen hitos principales, aportándole diversidad y naturalidad al paisaje. Su fragilidad está condicionada, en buena medida, por el grado de intrusión que registren, pues se trata de zonas muy sensibles a la pérdida de rasgos de identidad propios, caso de la citada vegetación de ribera.

Erosión en surcos

Es la unidad fisiográfica más joven, en la cual pueden distinguirse dos sectores: uno más próximo al cauce y más llano, y otro más alejado que enlaza, más o menos suavemente, con el pie de las cárcavas. A pesar de las limitaciones físicas derivadas del régimen de precipitaciones,

3

Fondos de valle

Cárcavas y barrancos

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Pinos carrascos y labores en el barranco del Cerveral, Quesada. MY

A la geomorfología y vegetación se suma, en clave horizontal, el uso humano, lo que deviene en un complejo mosaico de paisajes repartidos por el Altiplano. Bajo el denominador común de su carácter semiárido y la predominancia del sistema geomorfológico denudativo, el resultado es un paisaje de paisajes donde se entremezclan usos agrícolas y forestales, distintos niveles de intensidad o abandono, preponderancias de distintos biotipos o de lo abiótico, y atribuyendo mediante sus teselas dispares coloraciones, texturas y formas al paisaje que, por lo general, siempre acaba encontrando prolongación en los amplios horizontes de la estepa.

11.2. Geodiversidad
La geología constituye uno de los componentes fundamentales del paisaje. Más aún, se trata de la columna vertebral sobre la que se articulan los demás elementos que en la actualidad lo integran. El “paisaje geológico” es soporte físico de los ecosistemas terrestres, sí, pero además y sobre todo, está en su génesis y supone el registro de su origen y de su evolución geográfica, climática y biológica. De ahí la importancia de la geodiversidad. Según Serrano y Ruiz (2007) el término “Geodiversidades” se acuñó en los años 40 del siglo XX por Daus en el marco de la Geografía cultural. La geodiversidad se entendía entonces como la diversidad paisajística y cultural, como elenco geográfico de lugares relacionados con la intervención humana. Tal concepto es previo

500

Paisaje y geodiversidad

al de biodiversidad, entendida como diversidad biológica. Con la ampliación y profundización del concepto de biodiversidad se pone de manifiesto la importancia del medio abiótico en el desarrollo de los ecosistemas y las especies, sin el cual no es posible gestionar ni conservar la naturaleza. En este nuevo avance se considera a la geodiversidad como sustento de la biodiversidad, conformando ambas la diversidad natural. Por analogía, el concepto de geodiversidad se entiende en un principio como diversidad geológica. En la actualidad, el concepto se está ampliando y tiende a concebirse como diversidad abiótica (Eberhard, 1997; Sharples, 2002; Gray, 2004). Así Kozlowski (2004), la define como “diversidad natural en la superficie terrestre referida a los rasgos geológicos, geomorfológicos, edafológicos, hidrológicos, así como otros sistemas generados como resultado de procesos naturales (endógenos y exógenos) y de la actividad humana”. Y a su vez el paisaje integra la diversidad abiótica y biótica, constituyendo en cierta medida una síntesis de ambas. El registro geológico acumula una valiosa información acerca de la geografía, los climas, ecosistemas y paisajes del pasado, que ayuda a interpretar y reconocer los procesos geológicos y biológicos acontecidos en la actualidad. La geología almacena las claves de la evolución del planeta y la vida, lo que constituye la memoria de la Tierra, por lo que debe ser considerada un bien común y formar parte del patrimonio natural y cultural de la humanidad, como queda reflejado en la Declaración Internacional sobre los derechos de la memoria de la Tierra (Digne, 1991). El patrimonio geológico es un recurso natural y cultural. Está constituido por formaciones rocosas, estructuras, acumulaciones sedimentarias, formas, yacimientos minerales o paleontológicos, colecciones de objetos geológicos de valor científico, cultural o recreativo, especialmente adecuados para reconocer, estudiar e interpretar la evolución de la historia geológica que ha modelado la tierra (Nuche del Rivero et al., 2004). A su vez, es un recurso no renovable, es decir, finito y agotable que hace imprescindible su protección y conservación. Por todo ello en la actualidad se empieza a incorporar también la preservación del patrimonio geológico a las políticas medioambientales. Andalucía cuenta con un patrimonio geológico excepcional debido a que en la región se encuentran rocas de todos los periodos geológicos y de distintos orígenes, desde el Precámbrico (más de 540 millones de años) hasta la actualidad. Posee una gran diversidad litológica, cronoestratigráfica, mineralógica, minera, paleobiológica y geomorfológica que la convierte en un mosaico de geodiversidad. Todo este importante patrimonio aglutina valor científico, didáctico y turístico, y demanda una gestión enfocada tanto a su conservación como a su puesta en valor. La importancia e interés de este tipo de patrimonio motivó el diseño de una propuesta de Estrategia Andaluza para la Conservación de la Geodiversidad (Consejería de Medio Ambiente, 2002), documento marco de referencia que establece las bases y criterios generales para la conservación del patrimonio geológico. Una de las primeras acciones derivadas de su puesta en marcha fue la elaboración del Inventario Andaluz de Georrecursos Culturales (Consejería de Medio Ambiente, 2004), un catálogo abierto y en permanente actualización de aquellos enclaves que albergan georrecursos de interés científico, didáctico o geoturístico. En éste se identifican, caracterizan y valoran un total de 588 georrecursos, localidades de interés repartidas en 14 áreas geográficas (Villalobos y Pérez, 2006) y agrupadas según 11 categorías: estratigráfica, sedimentológica,

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

paleontológica, geomorfológica, cavidades, petrológica, mineralógica, tectónica, geominera, hidrogeológica y geoarqueológica.

Presencia de georrecursos en el Altiplano
El Altiplano y su compleja historia geológica suponen un excelente ejemplo de geodiversidad en el contexto andaluz, actualmente patente en su riqueza de geoformas y paisajes semiáridos, así como en la frecuencia e importancia de sus yacimientos paleontológicos. Dicho ámbito alberga una importante muestra de georrecursos culturales, particularmente en la zona occidental de la cuenca de Guadix-Baza, a lo largo del límite norte del Altiplano y en la comarca de Orce, donde son especialmente reseñables los yacimientos. En la zona de estudio se han inventariado un total de 37 georrecursos (Tabla 11.2.), extendiéndose a lo largo de 4.038 ha, lo que supone el 0,01% del territorio, una proporción ligeramente superior a la del conjunto de Andalucía. Los elementos geológicos más abundantes son de tipo sedimentológico, paleontológico y estratigráfico, con frecuencia aunando varias categorías en un mismo georrecurso. Muy bien representados están los elementos de tipo geomorfológico, caso de los badlands que suponen en total 2.773 ha, es decir dos tercios de la superficie de georrecursos inventariada en el Altiplano. El resto de georrecursos tienen una discreta extensión superficial, en casi todos por debajo de las 100 ha. Los municipios que concentran mayor número de elementos de este tipo son los de Alamedilla, Fonelas, Villanueva de las Torres y Gorafe en la parte oeste y la zona de Orce, al noreste de la provincia.

Yesos de Galera. JMM

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Paisaje y geodiversidad

Tabla 11.2. Georrecursos inventariados en el Altiplano
CÓDIGO GEORRECURSO PARAJE MUNICIPIO CATEGORÍA SUP. (ha)

ALMERÍA 69
Maláguide de Vélez Rubio

Cerro del Castillón

Vélez-Rubio

Estratigráfica

58,06

GRANADA 291 295 297 298 299 300 301 302 303 304 305 306 307 308 309 310
Serie Oligoceno-Mioceno del Navazuelo Cueva Horá Serie Miocena del cerro Molicies Lavas almohadilladas de Alamedilla Serie Cretácico superiorEoceno de Alamedilla Fluviales de Belerda Serie Jurásica de cerro Méndez Manantial de Graena Yacimiento de Fonelas P-1 Serie Eoceno-Oligoceno de Fuente Caldera Depósitos lacustres de Fonelas Minas de cobre y plomoplata de Santa Constanza Glacis de mesa de Bacaire Minas de hierro del Marquesado Yacimiento de solana del Zamborino Baños de Alicún

Arroyo Piletas/Cerro Granadao Cerro de la Torre Cerro Molicies Guadahortuna Barranco Valencianos Solanas de Canales Cerro Mendez Baños de Graena Cañada de la Langosta Fuente Caldera Los Llanillos Minas de Santa Constanza, Los Mogones Mesa de Bacaire Cerro de Alquife, Llanos del Marquesado Llano de Zamborino Baños de Alicún de las Torres Río Gorafe El Cerrón Colorado/Lomas de la Bandera y Yeguas Majada Pelada y Lomas de Enmedio y las Tablas Ermita vieja

Guadahortuna Huélago La Peza Alamedilla Alamedilla Guadix Alamedilla Cortes y Graena Fonelas Pedro Martínez Fonelas Jérez del Marquesado Fonelas, Guadix y Villanueva de las Torres Aldeire, Alquife y Lanteira Fonelas Villanueva de las Torres

Estratigráfica, sedimentológica y paleontológica Geoarqueológica y paleontológica Estratigráfica y sedimentológica Petrológica Estratigráfica, sedimentológica y paleontológica Sedimentológica Estratigráfica, sedimentológica y paleontológica Hidrogeológica Paleontológica Estratigráfica, sedimentológica y paleontológica Estratigráfica y sedimentológica Geominera Geomorfológico Geominera Paleontológica y Geoarqueológica Sedimentológica, geomorfológico y hidrogeológica

30,08 3,14 149,94 3,39 51,94 3,14 25,52 0,29 11,82 10,83 37,38 15,26 17,53 282,42 3,14 10,7

311 312 313 317

Discordancia de Gorafe Badland del Negratín Badland de Gorafe Depósitos fluviolacustres de Zújar

Gorafe Gorafe y Villanueva de las Torres Gorafe Cuevas del Campo

Estratigráfica Geomorfológico Geomorfológico Sedimentológica

10,95 914,51 1.606,44 14,81

Fuente: Inventario de georrecursos de Andalucía, Consejería de Medio Ambiente, 2004.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

CÓDIGO

GEORRECURSO Minas de azufre de Benamaurel Peña de Castril

PARAJE

MUNICIPIO

CATEGORÍA Petrológica, mineralógica y geominera Geomorfológico Sedimentológica y paleontológica Sedimentológica y geomorfológico Sedimentológica Sedimentológica

SUP. (ha)

320 321 325 326 327 328 329 330

Llano de los Pozos, Cuevas del Negro Peña de Castril

Benamaurel y Cortes de Baza Castril Castril

75,06 3,52 2,39 3,6 11,76 0,85 8,66 10,45

Serie del Albiense superior de las Hazadillas Yesos de Benamaurel Cañón del río Guardal Sismitas de Castilléjar Yesos de Galera Serie del Jurásico inferior del barranco de la Cueva del Agua

Cortijo de las Hazadillas Benamaurel Llanos de San Marcos Puente Duda Cortijo del Cura Cañada Quitapellejos Huéscar Galera Galera Huéscar

Estratigráfica, Sedimentológica

331 332 333 JAÉN 451 455 457 459 467

Yacimiento de Barranco León Yacimiento Fuentenueva 3 Yacimiento de Venta Micena

Barranco de la Cueva del Agua Orce Cañada de Vélez

y paleontológica

Orce Orce Orce

Paleontológica y geoarqueológica Paleontológica y geoarqueológica Paleontológica y geoarqueológica

3,13 3,13 3,14

Llano de la Almeida
Serie volcanosedimentaria del cerro Cabeza Montosa Picos del Guadiana Menor Badlands del Guadiana Menor Abanico de capas en Hinojares Cañón del río Guadalentín

Cabeza Montosa Picos del Guadiana Cortijo Cherín Arroyo Turillas Embalse de la Bolera

Cabra del Santo Cristo y Huelma Huesa Huesa Hinojares Pozo Alcón

Sedimentológica y petrológica Estratigráfica, sedimentológica y Tectónica Sedimentológica y geomorfológico Sedimentológica Geomorfológico

245,17 88,31 252,16 33,55 31,52

SuPeRFiCie TOTAL de GeORReCuRSOS

4.038
Fuente: Inventario de georrecursos de Andalucía, Consejería de Medio Ambiente, 2004.

La Consejería de Medio Ambiente realiza en su inventario de georrecursos una valoración de los mismos en función de su interés científico, didáctico y turístico. Con ello se les ha pretendido asignar un valor cualitativo que permitiera, por un lado, analizar comparativamente distintas localidades y, por otro, obtener criterios con los que priorizar intervenciones propuestas para cada una de ellas (Villalobos et al., 2004). El interés científico de un determinado georrecurso viene delimitado por su interés para entender la historia geológica de la región y por la atención despertada entre los investigadores, frecuentemente destinada a conocer tal historia y evaluar los recursos primarios. El interés didáctico corresponde a su valor para la

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Paisaje y geodiversidad

Localización de georrecursos presentes en el Altiplano

Fuente: Inventario de georrecursos de Andalucía Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía, 2004

Estratigráfica Geominera Geomorfológico Hidrogeológica Paleontológica Petrológica

Sedimentológica Estratigráfica y sedimentológica Estratigráfica, sedimentológica y paleontológica Estratigráfica, sedimentológica y tectónica Geoarqueológica y paleontológica Paleontológica y geoarqueológica

Petrológica, mineralógica y geominera Sedimentológica y geomorfológico Sedimentológica y paleontológica Sedimentológica y petrológica Sedimentológica, geomorfológico y hidrogeológica

Límite del Altiplano Límite autonómico Límite provincial

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

enseñanza práctica de la geología de los niveles académicos medio y superior, así como en cursos de especialización y reciclaje. Y por último, el interés turístico y su inherente faceta económica responden a la creciente atención despertada como recursos integrados dentro de estrategias de desarrollo sostenible, de acuerdo con las políticas europeas de impulso del turismo rural. El resultado de la valoración para los georrecursos del Altiplano se muestra en la Tabla 11.3.
Tabla 11.3. Valoración de los georrecursos
CÓDIGO GEORRECURSO CIENTÍFICO INTERÉS DIDÁCTICO TURÍSTICO

ALMERÍA 69 GRANADA 291 295 297 298 299 300 301 302 303 304 305 306 307 308 309 310 311 312 313 317 320 321 325 326 327 328 329 330 331 Serie Oligoceno-Mioceno del Navazuelo Cueva Horá Serie Miocena del cerro Molicies Lavas almohadilladas de Alamedilla Serie Cretácico superior-Eoceno de Alamedilla Fluviales de Belerda Serie Jurásica de cerro Méndez Manantial de Graena Yacimiento de Fonelas P-1 Serie Eoceno-Oligoceno de Fuente Caldera Depósitos lacustres de Fonelas Minas de cobre y plomo-plata de Santa Constanza Glacis de mesa de Bacaire Minas de hierro del Marquesado Yacimiento de solana del Zamborino Baños de Alicún Discordancia de Gorafe Badland del Negratín Badland de Gorafe Depósitos fluviolacustres de Zújar Minas de azufre de Benamaurel Peña de Castril Serie del Albiense superior de las Hazadillas Yesos de Benamaurel Cañón del río Guardal Sismitas de Castilléjar Yesos de Galera Serie del Jurásico inferior del barranco de la cueva del Agua Yacimiento de Barranco León
alto alto bajo alto muy alto medio alto bajo alto muy alto medio medio medio alto muy alto medio medio alto medio medio medio bajo alto alto bajo medio medio alto muy alto medio alto medio medio medio medio medio medio medio medio alto alto alto alto alto alto medio alto alto medio alto medio medio medio alto medio medio medio medio medio medio medio medio medio medio bajo medio bajo bajo medio medio medio alto medio alto medio alto alto medio medio alto medio medio alto medio bajo bajo medio

Maláguide de Vélez Rubio

alto

medio

medio

Fuente: Inventario de georrecursos de Andalucía, Consejería de Medio Ambiente, 2004.

506

Paisaje y geodiversidad

CÓDIGO

GEORRECURSO

CIENTÍFICO muy alto muy alto

INTERÉS DIDÁCTICO alto alto

TURÍSTICO alto alto

332 333 JAÉN 451 455 457 459 467

Yacimiento Fuentenueva 3 Yacimiento de Venta Micena

Serie volcanosedimentaria del cerro Cabeza Montosa Picos del Guadiana Menor Badlands del Guadiana Menor Abanico de capas en Hinojares Cañón del río Guadalentín

medio medio medio medio medio

alto alto alto alto alto

medio medio alto medio alto

Fuente: Inventario de georrecursos de Andalucía, Consejería de Medio Ambiente, 2004.

Abanico de capas de Hinojares. JMC

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Los georrecursos de la provincia de Granada muestran, en general, un gran valor científico, englobando los yacimientos paleontológicos de Barranco León, Venta Micena y Fuentenueva 3 (Orce), el de la Solana de Zamborino (Fonelas), y otros de carácter petrológico y litológico (Alamedilla); esta última localidad alberga originales elementos como las lavas almohadilladas y la serie estratigráfica del Barranco Valencianos, propuesta como localidad tipo del límite Paleoceno-Eoceno. El interés didáctico de todos ellos es alto o medio y su interés turístico oscila de alto a medio, o incluso bajo en función de otros componentes ajenos a las características geológicas. Varios tipos de recursos geológicos tienen un gran potencial turístico. Desde un punto de vista geomorfológico, destacan los impresionantes paisajes erosivos de los badlands de Gorafe, Negratín y Guadiana Menor, en Granada y Jaén. En este sentido resultan también atractivos recursos hidrogeológicos como los baños de Alicún y de Cortes-Graena, y cavidades como la cueva de Horá en t.m. de Huélago (Granada). Destacan por su interés a este nivel otros emplazamientos como el cañon del Guadalentín ubicado en Pozo Alcón (Jaén) o las minas de hierro del Marquesado, de gran extensión superficial. Además de los badlands, aguas termales y yacimientos paleontológicos ya referidos, se encuentran otros elementos con potencial didáctico y científico. Se trata de tipos sedimentológicos como el abanico de capas en Hinojares, un magnífico ejemplo del relleno de un abanico aluvial formado por capas de conglomerados,

Peña de Castril. JCB

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Paisaje y geodiversidad

limos y arcillas. También de yacimientos y explotaciones minerales, como las minas de hierro y las de cobre, plomo y plata de Santa Constanza, en el Marquesado, o las minas de azufre de Benamaurel. Y de uno de los mejores ejemplos de la actividad volcánica submarina, en el cerro de Cabeza Montosa (Cabra del Santo Cristo y Huelma, Jaén), donde sobre las rocas volcánicas submarinas se encuentran calizas oolíticas del Jurásico medio; en este emplazamiento se observan formaciones de guyots (montes submarinos de cimas planas, originados por acumulación de coladas de lava) y lavas almohadilladas con sedimentos pelágicos marinos intercalados. Entre las estructuras de tipo tectónico, destacan por su interés y singularidad morfológica los picos del Guadiana (Huesa). La cueva Horá (Huélago), es también una referencia importante desde el punto de vista paleontológico y geoarqueológico; se trata de una cueva cárstica labrada sobre calizas, en el límite de contacto con la hoya de Guadix, cuyo interés principal reside en el hallazgo de un cráneo de homínido del Paleolítico y diversos fósiles faunísticos.

Grado de protección de los georrecursos
La correspondencia entre georrecursos y espacios protegidos, como la propia extensión de estos últimos (apartado 4.4.), resulta claramente insuficiente en el Altiplano. Tan solo dos georrecursos están amparados íntegramente bajo una figura legal de protección (Tabla 11.4.): el abanico de capas de Hinojares y la peña de Castril. Otros cinco se encuentran parcialmente protegidos por un espacio natural pero el resto, la gran mayoría, no corresponde a ninguno de ellos.
Tabla 11.4. Georrecursos del Altiplano en el interior de espacios naturales protegidos
PROVINCIA
GRAnAdA

FIGURA E.N.P. Parque Natural Monumento Natural

DENOMINACIÓN Sierra Nevada Sierra de Castril Peña de Castril

CÓDIGO

GEORRECURSO

INCLUSIÓN

306 325 321 455

Minas de Santa Constanza Albiense superior de las Hazadillas Peña de Castril Picos del Guadiana Menor Abanico de capas en Hinojares Cañón del río Guadalentín

Parcial Parcial Total Parcial Total Parcial

JAén

Parque Natural

Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas

459 467

Fuente: Inventario de georrecursos de Andalucía, Consejería de Medio Ambiente, 2004.

A modo de síntesis se puede afirmar que la zona de estudio es rica en elementos geológicos de gran importancia para entender la historia geológica del planeta y la vida; también de la vida humana, para cuyo registro algunos de los yacimientos del Altiplano se han revelado entre los más importantes de Europa. Además, otros georrecursos constituyen elementos de indudable interés paisajístico y excelente potencialidad turística. Por tanto, avanzar en la preservación de este patrimonio geológico y cultural confiriéndole la importancia que merece, incluyéndolo en los planes de ordenación y gestión territorial, y promoviendo su uso sostenible es una de las tareas de futuro que mayor y mejor provecho pueden traer al Altiplano y sus pobladores.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Georrecurso /código: Paraje: Municipio Coordenadas uTM Superficie: Posición geológica regional:

MALÁGuide de VéLeZ RuBiO / 069 Cerro del Castillón Vélez-Rubio (Almería) X: 581053,00 Y: 4166185,00 Z: 900,0 58,06 ha cordillera Bética - zonas internas - Maláguide

Vista general de los materiales Permo-Triásicos de la sección. JCB

Sección bastante completa y representativa del complejo Maláguide. Con un buzamiento general hacia el norte, de suroeste a nordeste afloran 1) pizarras, grauvacas, cuarcitas, conglomerados y calizas del Paleozoico, de tonos grises oscuros, 2) conglomerados, arenas, arcillas, dolomías y yesos del Permo-Triásico, de colores rojos predominantes, y 3) calizas y calizas margosas del Mesozoico y Cenozoico. Del Paleozoico, no obstante, en la localidad sólo se recoge una porción poco significativa de la compleja estratigrafía del conjunto. Esta es la localidad tipo de la formación Castillón y de la formación Vélez-Rubio.

Georrecurso /código: Paraje: Municipio Coordenadas uTM Superficie: Posición geológica regional:

BAÑOS de ALiCÚn / 310 Baños de Alicún de las Torres Villanueva de las Torres (Granada) X: 490542,00 Y: 4151679,00 Z: 753,0 10,7 ha Depresiones Neógenas-Cuaternario. Cuencas intramontañosas

Manantial de aguas termales que surgen en las instalaciones de un balneario en funcionamiento con servicios de hostelería. El agua sobrante es canalizada por una acequia en la que se forman activamente travertinos y debido a ello se ha levantado hasta casi 5 metros de su altura de curso original y se ha formado una “muralla” de travertinos espectacular. Esta muralla discurre alrededor de la plataforma natural de travertinos de terraza.
Edificaciones del balneario de Alicún. JCB

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Paisaje y geodiversidad

Georrecurso /código: BAdLAnd deL neGRATÍn / 312 Paraje: El Cerrón Colorado, Lomas de la Bandera y Yeguas Municipio Gorafe y Villanueva de las Torres (Granada) Coordenadas uTM X: 497509,00 Y: 4157782,00 Z: 694,0 Superficie: 914,51 ha Posición geológica regional: D e p r e s i o n e s Neógenas-Cuaternario. Cuencas Intramontañosas

Espectacular y extenso badland desarrollado en terrenos arcillosos y arenosos, de tonalidades rojizas y rosáceas, del Turoliense superior de la Cuenca de Guadix-Baza. En la zona se han hecho estudios de micromamíferos fósiles. Muy próximos se encuentran también otros dos georrecursos culturales de características estructurales similares, los badlands de Gorafe (código 313) y del Guadiana Menor (código 457).
Vista general de los badlands del Negratín. MV

Georrecurso /código: Paraje: Municipio Coordenadas uTM Superficie: Posición geológica regional:

MinAS de AZuFRe de BenAMAuReL / 320 Llanos de los Pozos, Cuevas del Negro Benamaurel y Cortes de Baza (Granada) X: 519757,00 Y: 4163388,00 Z: 688,0 75,06 ha Depresiones Neógenas-Cuaternario. Cuencas Intramontañosas

Explotaciones de azufre tradicionales de carácter muy local pero extendidas a lo largo de más de 100 km2, entre los que se ha escogido este sector por ser el que más labores superficiales presenta. Se trata de explotaciones artesanales compuestas por pequeños pozos de alrededor de 1m de diámetro y entre 3-6 m de profundidad, trabajadas a mano para extraer pequeños nódulos de azufre pulverulento, que eran posteriormente transportaPanorámica del Llano de los Pozos. JCF dos hasta una modesta fábrica de la que hoy solo restan los cimientos. La minería de esta comarca tuvo importancia entre 1915 y 1930 estando hoy totalmente abandonada. Se trata de yacimientos de carácter estratiforme y estratoide de azufre biosingenético, con ciertas reservas depositadas en un medio lagunar con frecuentes desecaciones. Se conocen hasta siete horizontes ricos en azufre distribuidos a lo largo de una secuencia sedimentaria de algo menos de 100 m de espesor. Los horizontes de azufre se distribuyen en capas de no más de 3 m de potencia donde aparecen filoncillos, nódulos y pátinas.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Georrecurso /código: Paraje: Municipio Coordenadas uTM Superficie:

SiSMiTAS de CASTiLLéJAR / 328 Cortijo del Cura Galera (Granada) X: 534512,28 Y: 4176891,73 Z: 807,0 0,85 ha Posición geológica regional: Depresiones Neógenas-Cuaternario. Cuencas intramontañosas Nivel de arenisca intensamente plegada intercalado entre estratos de limos y arcillas muy horizontalizados y sin deformar de edad Pliocena. La deformación que presenta es sinsedimentaria y producida por la acción de un antiguo terremoto.

Nivel de arenisca plegado y detalle de pliegues de “slump” apretados. JMM

Georrecurso /código: Paraje: Municipio Coordenadas uTM Superficie: Posición geológica regional:

YACiMienTO de BARRAnCO LeÓn / 331 Orce Orce (Granada) X: 548---,00 Y: 4175---,00 Z: 984,0 3,13 ha Depresiones Neógenas-Cuaternario. Cuencas intramontañosas

Exteriores del yacimiento de Barranco León. JC

Yacimiento paleontológico de interés geoarqueológico ubicado en las proximidades de Orce, en el talud del Barranco León, en la cuenca NeógenoCuaternaria de Guadix-Baza. En el Pleistoceno la zona constituía un lago en cuyos bordes se produjo la acumulación de restos óseos de vertebrados. Los materiales localizados están depositados en una arena muy fina que indica el margen casi sin corriente de un río poco caudaloso. La importancia de este yacimiento radica en la aparición de los registros fósiles del Homo sapiens más antiguos del continente euroasiático, junto a lascas de sílex y cuarcitas. Se han registrado también más de 15.000 restos fósiles correspondientes a 19 especies extintas de mamíferos, principalmente insectívoros, roedores, lagomorfos, carnívoros y artiodáctilos.

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Paisaje y geodiversidad

Georrecurso /código: Paraje: Municipio Coordenadas uTM Superficie: Posición geológica regional:

SeRie VOLCAnOSediMenTARiA CABeZA MOnTOSA / 451 Cerro de Cabeza Montosa Cabra del Santo Cristo y Huelma (Jaén) X: 472956,59 Y: 4165452,26 Z: 1148,0 245,17 ha cordillera Bética - zonas externas - Subbético

Durante el Jurásico medio-superior en el margen continental sudibérico existió, en amplios sectores del área con sedimentación pelágica (subbético medio), una actividad subvolcánica submarina de composición basáltica que dio lugar a elevaciones morfológicas en el fondo marino que controlaron gran parte de la sedimentación. La estructura más característica de las efusiones volcánicas submarinas son las lavas almohadilladas o pillow-lavas. Las coladas de lava formaban localmente acumulaciones a modo de grandes edificios volcánicos. Sobre algunos de estos edificios se originaron plataformas carbonatadas someras aisladas en medio del océano de tipo guyots. La formación de guyots se produjo Ejemplo de guyot jurásico en Cabeza Montosa. JMM en un contexto geodinámico muy especial de margen continental pasivo, en el que tuvo una gran influencia la actividad volcánica, que controló básicamente la distribución de las facies sedimentarias a lo largo del Jurásico medio-superior. Uno de los mejores ejemplos se encuentra en el cerro de Cabeza Montosa, donde sobre las rocas volcánicas submarinas se encuentran calizas oolíticas del Jurásico medio (formación camarena).

Georrecurso /código: Paraje: Municipio Coordenadas uTM Superficie: Posición geológica regional:

PiCOS deL GuAdiAnA MenOR / 455 Picos del Guadiana Huesa (Jaén) X: 491463,74 Y: 4177941,15 Z: 599,0 245,17 ha Depresiones Neógenas-Cuaternario. Cuencas intramontañosas

Los picos del Guadiana constituyen un peculiar modelo de relieve litológico y estructural. Los materiales que confieren el relieve son unos potentes niveles de calizas de algas, calizas bioclásticas y areniscas calcáreas del Serravalliense, que contrastan litológicamente con las margas-arcillosas en las que se encuentran embebidos. Desde el punto de vista estructural, estos materiales se disponen verticales y desde su perspectiva genética constituyen un olistolito de la unidad olistotrómica del Guadiana Menor.

Crestería generada por los estratos verticales en Picos del Guadiana. MY

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Ganado ovino en el Altiplano almeriense. JMD

Actividades económicas

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Actividades económicas

“Surco a surco se va haciendo la alegría, el arroyo sin el que los hombres perecen.”
José A. Muñoz Rojas

“¡Glorias, glorias al trabajo, mar inmenso donde flota el cadáver de los vicios como barca frágil rota, donde surgen ideas puras, donde nace lo inmortal!”
Miguel Hernández

Cualquier iniciativa en favor de la conservación de la biodiversidad ha de considerar el contexto socioeconómico del territorio, de manera que sus objetivos queden integrados en la realidad local. Partiendo de este concepto, se tratan en el presente capítulo determinadas actividades humanas con mayor repercusión o interrelación con el medio natural del territorio. La idea del desarrollo local como proceso reactivador de la economía y dinamizador de la sociedad propicia un cambio en la concepción del desarrollo rural enfocado hacia el aprovechamiento sostenible de sus recursos endógenos y potencialidades. En este sentido juegan un importante papel los productos derivados de la agricultura, ganadería y aprovechamientos forestales que, con una adecuada orientación y una política de inversiones enfocada al valor añadido de los productos y su comercialización, favorecería en gran medida la economía de las zonas de origen. La agricultura y ganadería ecológica, o la potenciación del uso de razas y variedades autóctonas forman parte de la apuesta por el progreso económico del medio rural. Del mismo modo se verá como existe una oferta cada vez más amplia de alojamientos turísticos, entre los que destacan las casas-cueva, un elemento arquitectónico original de esta zona. De otra parte, la zona posee un importante potencial de cara al aprovechamiento de las energías renovables, el cual ya ha comenzado a explotarse.

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Actividades económicas

Las tierras de labor sustentan una parte muy relevante de la economía del Altiplano. JLS

12.1. Agricultura
La agricultura ha sido y sigue siendo una actividad básica en el Altiplano, donde un 25,5% de la población se dedica al sector primario a pesar de que, en principio, buena parte del territorio no es muy propicio para la actividad agrícola. Tanto la superficie destinada a tierras de cultivo como la prevalencia en la dedicación al sector primario de buena parte de los municipios, atestiguan la importancia de la agricultura en la zona. No obstante, el desarrollo de la misma está condicionado por una serie de factores naturales que caracterizan las distintas comarcas del Altiplano. Estos territorios tienen en su mayor parte una altitud media alta, en torno a los 900-1.000 m.s.n.m. Por ello, a pesar de la latitud se producen abundantes heladas, sobre todo durante el invierno e incluso en plena primavera, lo que limita la potencialidad agrícola. La orografía circundante acentúa la continentalidad y aridez. Otro factor adverso para la explotación del suelo es la presencia de terrenos escarpados en bastantes zonas, lo que condujo a la proliferación histórica de bancales y dificulta actualmente su mecanización. La escasez de precipitaciones, en general inferiores a 350 litros/año, y su irregularidad, en cuanto a cantidad, torrencialidad, distribución temporal y variaciones interanuales, son otros aspectos limitantes en unión a una alta insolación y evapotranspiración, así como a las fuertes oscilaciones térmicas (apartado 7.2.). Por otro lado, los abundantes sustratos de suelos pobres y poco profundos, con abundante contenido en materiales arcillosos, arenosos y yesos también imponen limitaciones para la agricultura (apartado 7.5.).

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Por su parte, el uso y dominio del agua ha supuesto históricamente un factor de producción tan importante como la propia tierra en las comunidades agrarias del sureste andaluz. Tal circunstancia ha condicionado la ubicación de los núcleos de población en función de las disponibilidades hídricas, colonizándose preferentemente las zonas de fondo de valle. Así, junto con la vega de Granada, los términos de Guadix y Baza concentraban los mayores espacios irrigados de Andalucía ya en la mitad del siglo XIX (Sánchez-Picón, 2001); a considerable distancia quedaban los regadíos costeros, ubicados en los conos de deyección de los ríos que vierten al Mediterráneo: Almanzora, Andarax, Adra, etc. En la actualidad la superficie en regadío del Altiplano oscila según las distintas fuentes consideradas entre casi el 11% (Cartografía de Cultivos y Aprovechamientos; Consejería de Agricultura y Pesca, 2003 b) y el 16% (Inventario de Regadíos; Consejería de Agricultura y Pesca, 2003), diferencias en parte atribuibles a que los datos del inventario de regadíos se han elaborado básicamente mediante encuestas y entrevistas directas a las entidades vinculadas a la agricultura de regadío. Para la caracterización general de la superficie cultivada se emplearán, como referencia principal, los datos extraídos del mapa de cultivos y aprovechamientos de Andalucía (Consejería de Agricultura y Pesca, 2003) y puntualmente la cartografía de usos y coberturas del suelo relativos al año 2003, elaborada por la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía. La información referente a los tipos de cultivos procede de los datos estadísticos de ámbito municipal del Sistema de Información Multiterritorial de Andalucía (SIMA), referidos al año 2003 o, en su defecto, al año más reciente del que se dispusieran datos. De forma complementaria se utilizarán los datos aportados por las oficinas comarcales agrarias correspondientes. Este tipo de información, referida a totales municipales y comarcales, presenta la limitación de no poder extraer aquellos datos que se ajusten exactamente a la realidad física del Altiplano, por lo que los datos expuestos deben entenderse como orientativos, es decir, relativos a la superficie total de los municipios que lo integran. Esta información se agrupa para su análisis y exposición en función de las comarcas a las que pertenecen, aunque participen de forma parcial en la superficie del Altiplano. De esta forma, salvo las comarcas granadinas de Guadix, Baza y Huéscar, el resto de datos comarcales referidos en el apartado corresponde a las fracciones comarcales correspondientes a los municipios que integran el Altiplano. Por su parte, los datos procedentes de la cartografía de usos y coberturas del suelo se muestran agrupando por un lado los distintos territorios comarcales de Jaén y Almería y de forma individualizada las comarcas granadinas por su mayor representación. El regadío se analizará con mayor detalle dadas sus repercusiones económicas y medioambientales partiendo de la información y cartografía proporcionada por el Inventario y Caracterización de los Regadíos de Andalucía (Consejería de Agricultura y Pesca, 2003 b). Cabe señalar que existen importantes diferencias entre las distintas fuentes utilizadas, principalmente por el distinto ámbito de referencia. Así, mientras los datos procedentes de la cartografía son mucho más precisos por la posibilidad de ajustarlos al territorio concreto, los datos estadísticos presentan la dificultad de no poder segregarlos de la totalidad del municipio, de forma que pueden estar aportando ruido, variando considerablemente la proporción relativa de las distintas modalidades de cultivo. Por

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Actividades económicas

el contrario, estos últimos aportan valiosa información en cuanto a tipologías de cultivo que no contempla la cartografía.

Principales cultivos
El Altiplano en su conjunto es una zona eminentemente cerealista, como lo son casi todas las comarcas o fracciones de éstas que lo integran, a excepción de la provincia de Jaén, cuyo carácter actual es fundamentalmente olivarero. Los cultivos de secano están repartidos por todo el territorio, dominando el paisaje agrícola y participando también del forestal. La distribución del regadío se concentra en determinadas zonas, destacando el sur de la comarca accitana, el entorno de los ríos Baza, Guardal y Galera y el municipio de Puebla de Don Fadrique. De este modo, según la cartografía manejada los cultivos de secano abarcan casi la mitad del territorio, llegando a superar las 235.000 ha (Tabla 12.1.; Figura 12.1.) mientras que el regadío representa el 11%, lo que equivale a unas 55.000 ha. Sin embargo, cabe advertir que según el reciente inventario de regadíos (Consejería de Agricultura y Pesca, 2003) esta superficie podría alcanzar las 76.000 ha y sigue una tendencia ascendente.

La cebada es el tipo de cultivo que ocupa mayor superficie en el Altiplano. MY

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Tabla 12.1. Principales tipos de cultivo, año 2000
DESCRIPCIÓN SUP. (ha) % ALTIPLANO % SUP. CULTIVADA

REGADÍO

Invernadero Huerta Chopos Frutales regadío Olivar regadío Herbáceos regadío TOTAL Olivar-frutal Viñedo Olivar secano Frutales secano Herbáceos secano TOTAL Quercíneas Quercíneas-pastizal Mezclas Formaciones riparias Pastizal-otros vuelos Pastizal Talas y cortas Sin vegetación Coníferas Quercíneas-matorral Improductivo Matorral-otros vuelos Matorral TOTAL

18,6 34,1 1.883,0 1.907,3 12.699,4 38.789,9 55.332 14,0 187,1 21.458,2 29.823,2 184.116,0 235.599 42,1 143,8 225,6 419,2 1.050,6 3.760,8 3.802,5 6.304,6 7.105,3 8.644,8 10.410,3 47.486,2 104.957,2 194.353

0,004 0,007 0,388 0,393 2,617 7,993 11,4 0,003 0,039 4,422 6,145 37,940 48,5 0,009 0,030 0,046 0,086 0,216 0,775 0,784 1,299 1,464 1,781 2,145 9,785 21,628 40,0

0,0062 0,0114 0,6294 0,6375 4,2449 12,9659 18,5 0,0047 0,0626 7,1726 9,9687 61,5427 78,8 0,0141 0,0481 0,0754 0,1401 0,3512 1,2571 1,2710 2,1074 2,3750 2,8896 3,4798 15,8728 35,0830 65,0

SECANO

FORESTAL/OTROS

ALTiPLAnO TOTAL

485.284
Fuente: Mapa de cultivos y aprovechamientos. Consejería de Agricultura y Pesca, 2003. Elaboración propia.

Otra característica fundamental de la zona es la preponderancia de los herbáceos frente a los leñosos con un 46% frente a un 14%. Ahora bien, la tendencia de los leñosos es al incremento, debido a su mayor rentabilidad (Figura 12.2.). Descendiendo a nivel comarcal y municipal el grado de prevalencia de las distintas modalidades de cultivo varía. Así se observa una mayor importancia relativa del regadío con respecto al secano en las comarcas de Guadix y Baza, llegando a predominar en la fracción del Altiplano giennense. Algunos de los municipios más destacados en cuanto al regadío son Alicún de Ortega, Benalúa, Cortes y Graena, Dehesas de Guadix, Marchal y Purullena. En cuanto al tipo de cultivos, la mayor aportación a la superficie

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Actividades económicas

Alpacas de cereal. MY

de herbáceos parte de los municipios de Cúllar, Orce, Pedro Martínez, María, Guadix y Guadahortuna. Para los leñosos destacan sin embargo Zújar, Cortes de Baza, Caniles y Huesa y de nuevo Cúllar, Guadix y Guadahortuna.
Figura 12.1. Comparativa de superficies destinadas a secano y regadío por unidad territorial

Fuente: Mapa de usos y coberturas del suelo. Consejería de Medio Ambiente, 2003. Elaboración propia.

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Actividades económicas

Cultivos y aprovechamientos

CuLTiVOS de ReGAdÍO Chopos Frutales regadío Herbáceos regadío Olivar regadío

CuLTiVOS de SeCAnO Frutales secano Herbáceos secano Olivar secano OTROS Improductivo Sin vegetación Talas y cortas Forestal

Escala 1:400.000

Fuente: Mapa de usos y coberturas del suelo. Consejería de Medio Ambiente, 2003. Elaboración propia.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Figura 12.2. Comparativa de cultivos herbáceos y leñosos por unidad territorial

Fuente: Mapa de usos y coberturas del suelo. Consejería de Medio Ambiente, 2003. Elaboración propia.

Otro de los rasgos principales del ámbito de estudio es la marcada especialización de cultivos en cuanto a las especies vegetales (Tablas 12.2. y 12.3.), pues tan solo tres de ellas superan el 75% de la superficie cultivada. Se trata de la cebada, el almendro y el olivar de aceite, tanto en régimen de secano como de regadío. Este último cultivo muestra un claro predominio de la variedad “picual” en todo el territorio, salvo en la comarca de Los Vélez, donde la selección varietal está más repartida, presentando otras como “lechín” y “lechín de granada” en mayor proporción. De la cebada domina el tipo de ciclo largo llamada “seis carreras”o cebada caballar, que se destina en general a la elaboración de piensos. El almendro ha experimentado en los últimos años una creciente expansión, ya que se trata de un producto con excelente futuro y bien adaptado a las condiciones del territorio (Beas y Pérez, 1994).
Tabla 12.2. Especialización en cultivos herbáceos y leñosos de secano y regadío según municipios, año 2003

ÁMBITO
COMARCA MUNICIPIO REGADÍO

HERBÁCEOS
ha SECANO ha REGADÍO ha

LEÑOSOS
SECANO ha

ALTO ALMANZORA

Alcóntar Serón Tíjola

Cebada Cebada Alcachofa Cereales de invierno Lechuga Lechuga Cebada Cereales de invierno

2 28 36 20 32 175 25 212

Cebada Cebada Cebada Cebada Cebada Cebada Cebada Cebada

170 350 60 8 1.200 3.600 3.147 1.100

Almendro Olivar Olivar Almendro Almendro Almendro Olivar Almendro

18 210 695 334 66 58 335 372

Almendro Almendro Almendro Almendro Almendro Almendro Almendro Almendro

910 1.510 580 1.582 7.593 1.509 2.870 10.600

RÍO NACIMIENTO Fiñana VÉLEZ

Chirivel María Vélez Blanco Vélez-Rubio

Los datos relativos al municipio de Cuevas del Campo figuran integrados con los de Freila. Fuente: SIMA (datos referidos a 2003). IEA, 2006. Elaboración propia.

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Actividades económicas

ÁMBITO
COMARCA MUNICIPIO REGADÍO

HERBÁCEOS
ha SECANO ha REGADÍO ha

LEÑOSOS
SECANO ha

BAZA

Baza Benamaurel Caniles Cortes de Baza Cúllar Freila Zújar Albuñán Aldeire Alicún de Ortega Alquife Beas de Guadix Benalúa Calahorra (La) Cogollos de Guadix Cortes y Graena Darro Dehesas de Guadix Diezma Dólar Ferreira Fonelas Gor Gorafe Guadix Huélago Huéneja Lanteira Marchal Peza (La) Polícar Purullena Valle del Zalabí Villanueva de las Torres

Cebada Cebada Cebada Maíz Haba verde Avena Avena Cebada Cebada Girasol Cebada Veza Pimiento Cebada Cebada Cebada Cebada Cebada Avena Cebada Cebada Cebada Cebada Cebada Cebada Cebada Cebada Cebada Cereales de invierno Cebada Avena Alfalfa Cebada Espárrago Maíz Trigo Maíz Cebada Cebada Cebada

800 160 131 40 120 82 80 239 514 16 11 12 10 562 260 14 13 94 79 315 297 76 30 15 281 48 335 138 5 20 28 10 41 40 115 90 220 370 170 1.018

Cebada Avena Cebada Cebada Cebada Cebada Cebada

1.200 423 2.230 742 3.197 100 270

Olivar Olivar Olivar Olivar Olivar Olivar Olivar Olivar Almendro Olivar Almendro Olivar Melocotonero Melocotonero Almendro Melocotonero Olivar Olivar Olivar Almendro Almendro Olivar Viñedo Olivar Olivar Olivar Olivar Almendro Olivar Olivar Olivar Melocotonero Olivar Olivar Olivar Olivar Olivar Olivar Olivar Olivar

1.700 563 805 220 585 480 3.056 51 399 354 106 153 110 28 454 289 135 821 222 395 264 165 52 188 1.450 53 130 355 110 122 45 160 200 237 105 309 61 710 13 15

Almendro Olivar Almendro Olivar Almendro Almendro Almendro Almendro Almendro Almendro Almendro Olivar Almendro Almendro Almendro Almendro Olivar Almendro Olivar Almendro Almendro Almendro Almendro Almendro Almendro Olivar Almendro Almendro Almendro Almendro Viñedo Almendro Almendro Almendro Almendro Almendro Almendro Almendro Almendro Almendro

1.300 242 1.500 1.976 5.700 600 1.130 1 68 81 8 105 7 340 286 114 220 20 210 1.252 590 400 1.757 280 993 150 1.155 37 20 533 32 13 306 612 450 2.900 300 1.600 1.350 2.800

GUADIX

Cereales de invierno 15 107 Trigo 9 Cereales de invierno 10 Cebada 5 Cereales de invierno 492 Trigo 89 Cebada 19 Avena 763 Avena 84 Garbanzo 125 Cebada 190 Trigo 187 Trigo 234 Trigo 377 Cebada 121 Trigo 1.650 Trigo 691 Cebada 303 Trigo 6 Cereales de invierno 10 Cereales de invierno 153 Cebada 6 Cereales de invierno 58 Cebada 398 Trigo 90 Garbanzo Cebada Cebada Cebada Cebada Cebada Cebada 698 323 879 2.800 3.810 6.000

HUÉSCAR Castilléjar

Castril Galera Huéscar Orce Puebla de Don Fadrique

Los datos relativos al municipio de Cuevas del Campo figuran integrados con los de Freila. Fuente: SIMA (datos referidos a 2003). IEA, 2006. Elaboración propia.

525

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

ÁMBITO
COMARCA MUNICIPIO REGADÍO

HERBÁCEOS
ha SECANO ha REGADÍO ha

LEÑOSOS
SECANO ha

IZNALLOZ

Alamedilla Gobernador Guadahortuna Morelabor Pedro Martínez Torre-Cardela Hinojares Huesa Pozo Alcón Quesada Cabra Jódar Larva

Cebada Trigo Girasol Girasol Alfalfa Alfalfa Cebada Alfalfa Espárrago -

122 2 207 -32 14 22 42 93 60

Trigo Cebada Cebada Cebada Avena Cebada Cebada Cebada Cebada Trigo Trigo Trigo Trigo

870 705 2.314 1.003 2.333 364 13 55 38 742 1.129 94 237

Olivar Olivar Olivar Olivar Olivar Olivar Olivar Olivar Olivar Olivar Olivar Olivar Olivar

583 49 1.076 2 353 10 264 1.700 3.620 3.785 2.196 4.000 678

Olivar Olivar Olivar Olivar Olivar Olivar Olivar Olivar Almendro Olivar Olivar Olivar Olivar

712 260 2.007 506 1.060 219 49 296 1.150 6.334 2.231 2.229 575

CAZORLA

MÁGINA

Cultivo principal Altiplano

Cebada regadío

6.171

Cebada secano

37.879

Olivar

32.614

Almendro

56.807

Los datos relativos al municipio de Cuevas del Campo figuran integrados con los de Freila. Fuente: SIMA. IEA, 2006. Elaboración propia.

Tabla12.3. Principales cultivos herbáceos y leñosos, año 2003
HERBÁCEOS REGADÍO ha HERBÁCEOS SECANO ha LEÑOSOS REGADÍO ha LEÑOSOS SECANO ha

CULTIVOS

Cebada Lechuga Avena Guisante seco Maíz Cereales de invierno para forraje Girasol

6.999 1.499 1.468 1.029 855 653

Cebada Trigo Avena Girasol Garbanzo

44.052 24.708 15.488 1.625 1.266

Olivar aceite 33.866 Almendro 3.716 Melocotonero 1.157 Viñedo vino 467 Cerezo y guindo 210

Almendro 60.514 Olivar aceite 25.878 Viñedo vino 567 Cerezo y guindo 129 Alcaparra 52

572
Superficie orientativa en hectáreas, estimada a partir de los tres cultivos principales de cada municipio Fuente: SIMA (datos referidos a 2003). IEA, 2006. Elaboración propia.

Cultivos de secano
En el secano se observa que los cultivos herbáceos más importantes son la cebada, el trigo y la avena. La cebada muestra una distribución muy repartida por todo el Altiplano, siendo el cultivo más generalizado en todas

526

Actividades económicas

las comarcas. Entre los trigos predominan las variedades duras, aunque se aprecia una dinámica de descenso de éstas a favor de otros cereales. El trigo blando sube levemente por sus mayores rendimientos, como es el caso de la comarca de Los Vélez, principal zona cerealista de la provincia almeriense. Por su parte las comarcas agrarias del Altiplano granadino juegan un importante papel en el hecho de que la provincia de Granada mantenga la mayor superficie de cebada y avena de Andalucía, según cifras del año 2007 (Sistema Integrado de Información Agraria. Consejería de Agricultura y Pesca, 2007). Destacan en menor medida, el girasol y leguminosas como el garbanzo, el yero o la veza. En segundo orden de importancia se presentan los leñosos, principalmente el almendro y el olivar de aceituna de aceite. El almendro de secano está muy extendido en general, predominando en la mayoría del territorio, salvo en los municipios pertenecientes a las comarcas de Mágina, Cazorla e Iznalloz, donde es sustituido por el olivar. Otros cultivos interesantes de secano son los de cerezo y guindo y los de alcaparra. Esta última, muy apropiada para medios secos, se ha venido cultivando sobre todo en los municipios de Cortes de Baza, Gorafe, Galera, Guadix y Huesa.
Girasol. MY

Cultivos de regadío
Entre los cultivos leñosos predomina de nuevo el olivar para aceite y el almendro, pero con notable superioridad del primero. Destacan también el melocotonero, el viñedo para vino y en menor medida el cerezo y el guindo, como muestran las Tablas 12.2. y 12.3. La distribución del olivar de regadío también alcanza la mayoría del territorio, si bien en buena parte de la comarca accitana domina el melocotonero, y en la zona de Los Vélez cobra más protagonismo el almendro. Otro cultivo significativo en la zona es el chopo, que distribuido en torno a las riberas, fundamentalmente a lo largo del río Fardes, supone una superficie próxima a las 1.900 ha (Consejería de Agricultura y Pesca, 2003 b).

527

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Chopera en el Guadiana Menor. MY

Entre los herbáceos de regadío, de nuevo es la cebada el cultivo dominante, pero la variedad de especies utilizadas en este caso es mucho más amplia, encontrando también una superficie significativa de lechuga, avena y guisante seco. Otros cultivos relevantes son maíz, cereales forrajeros de invierno, girasol, trigo y haba verde. El incremento de cultivos de hortícolas al aire libre y en particular de lechuga ha sido muy significativo en la última década, concentrando la mayor parte de la producción en la comarca de Huéscar. El caso más llamativo es Puebla de Don Fadrique, que ha pasado de apenas 35 ha en el año 1995 a 500 en 2003 (Sima, 2006). El reciente inventario de regadíos estima una superficie total de hortícolas para dicho municipio próxima a las 4.800 ha. Según dicha fuente también en la fracción de Los Vélez aparecen superficies de hortícolas de relativa importancia, con más de 1.200 has en el Altiplano (Consejería de Agricultura y Pesca, 2003).

Caracterización del regadío
La superficie de riego se distribuye a modo de grandes núcleos esparcidos por el territorio del Altiplano asociados en general a los principales cursos de agua, pero destacando por su mayor superficie algunos núcleos, áreas y municipios tales como Baza, Puebla de Don Fadrique, Huéscar o las zonas Guadix-Marquesado y Pozo Alcón-Cuevas del Campo. La superficie de tierras en regadío ha aumentado progresivamente desde el año 56, hecho que se manifiesta sobre todo en el caso del olivar, con al menos 6.000 ha transformadas de secano a regadío (Consejería de Medio Ambiente, 2007a) y una tendencia a la densificación del marco de plantación en las nuevas producciones. Se aprecia una leve tendencia general al incremento en cuanto a la superficie regada en los últimos cinco años, particularmente en Jaén y la comarca de Baza (capítulo 9). Las transformaciones al regadío han tenido lugar en su mayoría por iniciativa privada, por medio del programa de mejora de regadíos, o bien como nuevos regadíos puestos en funcionamiento por particulares o

528

Actividades económicas

Hortícolas en Puebla de Don Fadrique. FMB

comunidades de regantes. Las comunidades de regantes llevan a cabo la gestión de la mayoría de las superficies frente a un mínimo porcentaje de regantes individuales. La antigüedad media de su declaración varía en cada caso, de las más antiguas con más de 100 años, a las más recientes de la actualidad, aunque una parte importante proviene de los años 50-60 del pasado siglo.

El agua de riego: caracterización y gestión
Partiendo del punto de vista hidrológico, el territorio se enmarca fundamentalmente en dos Sistemas de Explotación de Recursos: Alto Guadiana Menor y hoya de Guadix. En menor medida participa de otros tres sistemas en las zonas periféricas: De un lado, Regulación general (al norte y dentro de la Distrito Hidrográfico del Guadalquivir), y de otro Sierra de Gádor-Filabres y Sierra de Filabres-Estancias (D.H. Cuencas Mediterráneas Andaluzas; apartado 7.6.). El origen del agua es en su mayoría superficial, en torno al 75% del total, mientras que la subterránea supone por término medio un 24% y para las aguas residuales sólo merece mención la comarca de Baza, que con 2.032 hectáreas, llega a igualar el porcentaje de uso de aguas de origen subterráneo. Respecto a la calidad del recurso cabe decir que se evalúa como buena en su mayoría. Sin embargo para las comarcas de Guadix y Huéscar, un 36 y 23% respectivamente, se valora como de calidad regular e incluso en Baza un 12% es de mala calidad. El coste del agua alcanza un valor medio de 151€/ha para el conjunto de comarcas integrantes, aunque el valor más frecuente oscila entre los 59 y 83 €/ha.

Acequia en Benalúa de Guadix. JC

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Tuberías de salida de la balsa de Las Quebrás, en Jódar, que embalsa aguas del río Guadiana Menor y riega casi 2.000 ha de olivar. MY

El sistema de riego mayoritario es por gravedad, seguido con mucha diferencia por el riego localizado y puntualmente aspersión, apenas destacable a excepción de la comarca de Huéscar, donde alcanza un 12% frente al 60% gravitacional y al 27% localizado. La distribución del agua tiene lugar por turno y en muy baja medida a demanda. Esta se lleva a cabo mediante distintas infraestructuras según la zona de que se trate: mediante acequia revestida en la zona almeriense del Altiplano y la comarca accitana, a través de acequia de tierra en la comarca de Baza, y por último en la de Huéscar y las comarcas restantes prevalece el uso de tuberías. Tanto la antigüedad como el estado de conservación son heterogéneos. Así para la comarca de Baza el estado de la red, con una antigüedad entre 50 y 100 años, se considera malo. En Huéscar una buena parte de la red es de idénticas características, pero también dispone de otra fracción importante, aunque menor, de red de tuberías (43%) en buen estado de conservación y relativamente recientes, con menos de 15 años de antigüedad. Para el resto del territorio el estado de conservación de la red es aceptable en general. Los cultivos con mayor consumo en términos absolutos son, por este orden, los frutales, hortícolas al aire libre, extensivos de verano y de invierno, y olivar (Tabla 12.4.), resultando un consumo medio por hectárea estimado en 3.280 m3.
Tabla 12.4. Consumo de agua expresado en m3/ha por cultivo y comarca agraria
COMARCA CÍTRICOS EXTENSIVOS DE INVIERNO DE VERANO EXTENSIVOS FRESA FRUTALES AIRE LIBRE HORTÍCOLAS INVERNADEROS OLIVAR OTROS 2 - SEMIINTENSIVOS

LOS VÉLEZ ALTO ALMANZORA RÍO NACIMIENTO GUADIX BAZA HUÉSCAR IZNALLOZ MÁGINA SIERRA DE CAZORLA 5666 3719

1848 3696 4953 3052 3075 2933 2533 3755 3989

2915 4008 8414 2896 3166 4337 2573 4000 3472 3439 4926

8249 4564 2932 3231 8706 6625 9683 3089 9212

3045 4508 4009 5439 4792 4614 4404 4879 4185

4015 5223 3124 4788 4182

2823 3761 2293 2446 3040 3516 1838

2992 4444 3549 3496 4053 3620 3135 3643 4071 5370 4192 2833 3607

3916

2562 3031

Fuente: Inventario y caracterización de los regadíos de Andalucía. Consejería de Agricultura y Pesca. Junta de Andalucía, 2003. Elaboración propia.

530

Actividades económicas

Explotaciones y titulares
La situación actual de la agricultura del Altiplano tiene su origen en los factores físicos comentados pero también en el factor humano y la política agraria desarrollada hasta la fecha. A este respecto hay que tener en cuenta circunstancias como la concentración parcelaria llevada a cabo entre los años 60 y 70 en municipios como Dólar, Ferreira y otros. Ésta supuso un cambio progresivo que ha favorecido la mecanización y la accesibilidad de las explotaciones (Beas y Pérez, 1994). Se definen a continuación una serie de parámetros relevantes para la caracterización de la agricultura en el Altiplano en cuanto a las características de la explotación y los agricultores. En lo que se refiere al tamaño de las explotaciones, la zona posee una marcada tendencia minifundista, pues el rango de superficie mayoritario corresponde a las explotaciones entre 0,1 y 5 ha, a lo que se suma un buen porcentaje de explotaciones de tamaño medio, entre 5 y 20 ha. En el caso opuesto se sitúan las explotaciones mayores de 50 ha, que resultan minoritarias, con un 9% de porcentaje medio, aunque esto suele significar en realidad un porcentaje de superficie considerable que, como en el caso de la comarca accitana, puede suponer casi una coexistencia con el minifundio (Beas y Pérez, 1994). Esta orientación respecto a la dimensión de las explotaciones también se observa a nivel regional (Tabla 12.5.).

Plantación reciente de melocotón de regadío en Zújar. JLV

531

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Tabla 12.5. Explotaciones por tamaño en los distintos municipios, expresado en porcentaje según datos del año 1999
MUNICIPIO % 0,1 A 5 ha % 5-10 ha % 10-20 ha % 20-50 ha % No TOTAL MÁS DE 50 ha EXPLOTACIONES

Alcóntar Chirivel Fiñana María Serón Tíjola Vélez-Blanco Vélez-Rubio Alamedilla Albuñán Aldeire Alicún de Ortega Alquife Baza Beas de Guadix Benalúa Benamaurel Caniles Castilléjar Castril Cogollos de Guadix Cortes de Baza Cortes y Graena Cuevas del Campo Cúllar Darro Dehesas de Guadix Diezma Dólar Ferreira Fonelas Freila Galera Gobernador Gor Gorafe Guadahortuna

29,51 18,18 81,06 22,73 48,29 63,60 42,59 26,18 26,11 42,86 39,06 56,41 68,42 74,45 87,38 90,32 68,12 56,32 47,10 55,13 39,68 52,73 84,89 61,60 53,65 39,69 55,00 65,32 23,24 17,24 63,93 54,04 49,77 23,30 36,67 53,38 30,42

31,15 14,49 9,65 15,03 14,15 12,64 12,57 13,65 10,83 20,41 12,50 20,51 15,79 8,66 8,25 6,45 14,75 16,29 23,19 21,05 29,37 18,64 10,27 22,93 9,49 24,90 12,50 12,72 21,13 22,41 10,93 16,14 9,68 16,50 20,83 9,46 15,34

16,39 18,47 5,46 13,29 18,05 13,03 10,69 16,57 17,83 24,49 6,25 10,26 5,26 5,89 2,43 2,69 8,93 11,10 12,68 14,96 19,84 11,52 3,32 12,66 6,93 19,84 11,25 12,14 21,13 24,14 6,01 16,84 11,06 31,07 19,44 10,81 18,78

16,39 21,02 2,73 20,28 10,24 6,51 13,32 28,13 19,11 12,24 15,63 2,56 10,53 5,19 0,49 0,00 5,28 9,09 8,70 6,30 7,94 7,88 0,30 2,53 9,37 11,28 5,00 6,94 25,35 20,69 3,28 5,96 11,52 20,39 13,89 14,86 20,63

6,56 27,84 1,09 28,67 9,27 4,21 20,83 15,46 26,11 0,00 26,56 10,26 0,00 5,82 1,46 0,54 2,91 7,20 8,33 2,56 3,17 9,24 1,21 0,28 20,56 4,28 16,25 2,89 9,15 15,52 15,85 7,02 17,97 8,74 9,17 11,49 14,81

122 352 549 286 205 261 533 718 157 49 64 39 19 1.444 206 186 549 847 276 936 126 660 331 711 822 257 80 173 142 58 183 285 217 103 360 148 378

Fuente: SIMA, 2006. Elaboración propia.

532

Actividades económicas

MUNICIPIO

% 0,1 A 5 ha

% 5-10 ha

% 10-20 ha

% 20-50 ha

% No TOTAL MÁS DE 50 ha EXPLOTACIONES

Guadix Huélago Huéneja Huéscar La Calahorra Lanteira Marchal Morelábor Orce Pedro Martínez Peza (La) Polícar Puebla de Don Fadrique Purullena Torre-Cardela Valle del Zalabí Villanueva de las Torres Zújar

67,67 31,75 44,05 74,97 33,64 78,63 95,12 35,96 20,79 21,02 75,28 70,67 29,47 84,38 42,22 54,64 57,14 71,14

11,67 4,76 20,58 4,57 14,95 12,98 2,44 19,21 9,32 17,72 15,17 21,33 12,55 6,91 27,41 22,95 12,14 16,76 12,45 12,76 10,56 12,19 14,57 19,70 13,72

6,53 15,87 15,76 4,91 29,91 3,05 0,81 21,18 13,26 25,83 4,78 5,33 7,79 4,50 17,78 13,11 8,57 9,44 8,98 7,65 7,22 5,10 20,60 8,38 5,27

6,10 28,57 12,22 6,51 14,95 4,58 0,00 17,24 15,41 18,32 3,09 0,00 16,92 2,70 9,63 5,46 5,71 1,99 7,55 1,02 2,99 2,96 7,04 2,10 3,28

8,03 19,05 7,40 9,03 6,54 0,76 1,63 6,40 41,22 17,12 1,69 2,67 33,27 1,50 2,96 3,83 16,43 0,66 13,27 2,55 2,29 2,00 11,06 0,59 2,76

934 63 311 875 107 131 123 203 279 333 356 75 526 333 135 366 140 752 490 196 568 1.452 199 1.193 1.954

Cabra del Santo Cristo 57,76 Hinojares Huesa Jódar Larva Pozo Alcón Quesada 76,02 76,94 77,75 46,73 69,24 74,97

ALTiPLAnO ALMeRÍA GRAnAdA JAén AndALuCiA

53 74,77 69,28 69,48 65,91

15 9,73 13,10 14,64 13,44

12 6,53 8,31 8,29 8,96

10 4,90 5,25 4,41 6,08

9 4,07 4,07 2,77 5,61 34.723 63.529 98.252 364.911

Fuente: SIMA, 2006. Elaboración propia.

Se aprecia un desigual grado de mecanización entre los distintos municipios, destacando, como es lógico, aquellos de mayor superficie, a partir de 10.000 ha, como María, Puebla de Don Fadrique, Huéscar, Orce, etc., en los que se registra la mayor cantidad de cosechadoras de todo el territorio y buena cantidad de tractores.

533

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Resaltan por otro lado municipios de menores dimensiones con alta proporción relativa de maquinaria con respecto a los demás, como es el caso de Purullena o Benalúa. En comparación con Andalucía o los totales provinciales de Almería, Granada y Jaén, los municipios que integran el Altiplano presentan un valor medio inferior. Sin embargo destacan 16 municipios por encima de este valor medio de maquinaria por hectárea agrícola.

Tractor alpacando en Huelma. MY

Respecto al grado de dedicación del agricultor lo más común es que los empresarios agrícolas se dediquen a su explotación como actividad principal. Sin embargo una parte importante de ellos trabaja en su explotación a tiempo parcial, bien dedicándose a esta actividad de forma secundaria, o bien, en menor grado, manteniendo otra actividad de forma secundaria, fundamentalmente la ganadería (Figura 12.3.). La tendencia provincial y regional sigue a grandes rasgos una línea similar, salvo en Almería, cuya medida de empresarios con dedicación exclusiva es muy superior por la creciente prosperidad económica generada en torno a la franja litoral.
Figura 12.3. Empresarios por ocupación principal 1999

Fuente: SIMA, 2006. Elaboración propia.

534

Actividades económicas

535

Alternancia de cultivos en Cuevas del Campo. Al fondo, la Sierra del Pozo. JH

Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Como norma general predomina claramente la tenencia de la tierra en propiedad frente a frecuencias para arrendamiento en torno al 11% y un nivel de aparcería poco significativo (Tabla 12.4.). El conjunto de municipios que integran el Altiplano presenta un valor medio de explotaciones en propiedad algo inferior a las cifras regionales.
Figura 12.4. Superficie de las explotaciones por régimen de tenencia 1999

Fuente: SIMA, 2006. Elaboración propia.

La edad de los titulares supera en la mayoría de los casos los 55 años, lo que se puede generalizar al conjunto de los agricultores. Por el contrario, el porcentaje de agricultores menores de 35 años no alcanza el 11%, lo que pone de manifiesto la ausencia de relevo generacional. Las preferencias de trabajo entre los jóvenes se han venido orientando más al sector servicios y a la construcción, aunque todavía existe un importante porcentaje de trabajadores entre los 35 y 55 años, lo que permite presuponer un mantenimiento de la actividad agrícola a corto-medio plazo. Desde el punto de vista regional y provincial la situación es semejante salvo en el caso almeriense, que de nuevo despunta por su reciente prosperidad agrícola, ajena a las circunstancias del Altiplano.
Figura 12.5. Titulares de las explotaciones por edad

Fuente: SIMA, 2006. Elaboración propia.

536

Actividades económicas

Por último, cabe hacer mención a un aspecto socioeconómico de interés: el empleo generado. Atendiendo a éste como unidades de trabajo al año, se aprecia una desigual importancia económica de la actividad agraria en los distintos municipios. Así, entre los que mayor empleo generan pueden señalarse como más representativos los de Benalúa, Purullena, Alquife y Polícar, pero a excepción de estos, el territorio está en promedio por debajo de Andalucía. Según el tipo de cultivo los que más empleo generan, representando a su vez los de mayor productividad, son en primer lugar los cultivos hortícolas al aire libre e invernadero, seguidos de cerca por los frutales y olivar en regadío. En contraposición, los cultivos extensivos de invierno son los que menos mano de obra requieren (Inventario de regadíos. Consejería de Agricultura y Pesca 2003).
Tabla 12.6. Unidades de trabajo por municipio
UNIDADES DE TRABAJO MUNICIPIOS

< 50

Albuñán, Alicún de Ortega, Alquife, Beas de Guadix, Cogollos de Guadix, Diezma, Gobernador, Hinojares, Huélago, Marchal, Morelábor, Polícar, Torre-Cardela. Alamedilla, Alcóntar, Aldeire, Benalúa, Calahorra (La), Castilléjar, Cortes y Graena, Darro, Dehesas de Guadix, Dólar, Ferreira, Freila, Gorafe, Lanteira, Larva, Villanueva de las Torres. Benamaurel, Fiñana, Fonelas, Galera, Gor, Huéneja, Huesa, María, Pedro Martínez, Peza (La), Purullena, Serón, Tíjola, Valle del Zalabí. Baza, Cabra del Santo Cristo, Caniles, Castril, Cortes de Baza, Cuevas del Campo, Cúllar, Chirivel, Guadahortuna, Guadix, Huéscar, Jódar, Orce, Pozo Alcón, Puebla de Don Fadrique, Quesada, Vélez-Blanco, Vélez-Rubio, Zújar.
Andalucía: 288.285 Unidades de trabajo/año. (0,04 ud. trabajo por ha agrícola y año) Almería: Granada: Jaén
Fuente: SIMA, 2006. Elaboración propia.

50-100

100-200

> 200

Las plantaciones de hortícolas son el tipo de cultivo con mayor necesidad de mano de obra en el Altiplano. JC

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Agricultura ecológica
La superficie dedicada a la producción ecológica en España se ha multiplicado en los últimos años, una evolución que sitúa a España entre los líderes europeos a este nivel. Por su parte Andalucía, con 519.910 ha inscritas en el año 2006 (un 28,9% más que en 2005), lidera la producción de agricultura ecológica en España, tanto en superficie como en número de productores y con una tendencia continua de crecimiento, potenciada por las políticas de fomento y ayudas a la producción ecológica. Esta cifra supone el 57% de la superficie total de agricultura ecológica en España, porcentaje liderado por el olivar ecológico, que tiene su mayor extensión en la provincia de Córdoba (Consejería de Agricultura y Pesca, 2006 y 2007). Se aprecia una marcada especialización a nivel provincial y comarcal respecto al tipo de cultivo. Por ejemplo las provincias de Almería y Granada orientan la mayoría de su producción ecológica a los herbáceos de secano, de lo que participa también el Altiplano, en cuyo entorno destaca la comarca de Los Vélez, orientada a la producción ecológica de frutales de secano. Como se aprecia en la Tabla 12.7., las comarcas con mayor protagonismo en la producción ecológica del Altiplano son las de Los Vélez, Baza y Huéscar. A nivel municipal destacan los municipios de María, Cortes de Baza, Chirivel, Vélez Rubio y Vélez Blanco (Tabla 12.8.), pertenecientes a las citadas comarcas. Sin embargo con relación al total de superficie comarcal, la representación de la agricultura ecológica es bastante baja en la actualidad (Tabla 12.7., Figura 12.6.).
Tabla 12.7. Superficie de agricultura ecológica por provincias y comarcas en Andalucía (ha)
PROVINCIA COMARCA AGRARIA
ALTO ALMANZORA LOS VELEZ RÍO NACIMIENTO

SUPERFICIE

SUPERFICIE COMARCAL

ALMERÍA

3.665,52 8.686,70 45,69 6.057,04 1.871,94 4.272,68 708,15 217,37 715,98 213,00

155.849 114.630 147.293 169.229 183.707 178.600 120.333 145.924 133.680 133.230

GRANADA

BAZA GUADIX HUÉSCAR IZNALLOZ

JAÉN

LA LOMA MÁGINA SIERRA DE CAZORLA

Fuente: Plan Andaluz de Agricultura Ecológica, 2002. Datos a 24 septiembre 2001.

Frente a la agricultura convencional, la producción ecológica, además de las ventajas medioambientales asociadas, puede constituir una fórmula de desarrollo rural alternativa (del Campo y Navarro, 2001), como complemento a la renta agraria tradicional, que resulta idónea en el territorio del Altiplano por las características de sus cultivos y la problemática asociada al medio físico. Esta práctica posibilita la continuidad de algunos cultivos, probablemente abocados al abandono por falta de competitividad respecto a otras zonas, y contribuye no solo a paliar la degradación y desarticulación de sus agrosistemas, sino también al desarrollo económico de las zonas de origen de los productos.

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Actividades económicas

Figura 12.6. Superficie en régimen ecológico respecto al total comarcal

Fuente: Plan Andaluz de Agricultura Ecológica, 2002.

Esta ventaja económica puede acrecentarse aún más en la medida en que se cierre el ciclo productivo por medio de la potenciación de la agroindustria local y la comercialización de los productos, de forma que el valor añadido revierta en el propio entorno.
Tabla 12.8. Distribución municipal de explotaciones con agricultura ecológica en 1999
MUNICIPIO No DE EXPLOTACIONES MUNICIPIO No DE EXPLOTACIONES MUNICIPIO No DE EXPLOTACIONES

María Cortes de Baza Chirivel Vélez-Rubio Vélez-Blanco Orce Puebla de Don Fadrique Guadix Quesada Baza Cúllar Cabra del Santo Cristo

31 25 22 21 13 9 9 8 7 6 5 4

Jódar Gor Pozo Alcón Castril Cortes y Graena Huéscar Morelábor Beas de Guadix Benalúa Benamaurel Fonelas Freila

4 3 3 2 2 2 2 1 1 1 1 1

Gobernador Guadahortuna Huéneja Peza (La) Villanueva de las Torres Fiñana Serón Tíjola Larva Otros municipios del Altiplano

1 1 1 1 1 1 1 1 1 0

Fuente: SIMA, 2006.

De lo anteriormente expuesto se puede extraer que en la agricultura de la zona abundan las parcelas de baja producción, aunque en los últimos años se aprecia un incremento de la intensificación y del regadío, con un creciente auge de las hortalizas a descubierto que, junto a los invernaderos, son el cultivo más productivo y que más empleo genera, pero también uno de los que conlleva mayores consumos de agua. Otra de las tendencias más relevantes del entorno es el incremento de los leñosos, sobre todo olivar y almendro.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

12.2. Ganadería
España cuenta con uno de los patrimonios ganaderos más importantes de toda Europa. Tras siglos de diferenciación genética en un territorio marcado por fuertes contrastes climáticos y orográficos, se han originado multitud de razas ganaderas. Las diferentes culturas ganaderas ibéricas han sabido seleccionar sus animales en base a estas diferencias para conseguir en cada caso las máximas adaptaciones y utilidades (Rodero et al., 1995). Junto a otros factores históricos, como los distintos episodios de roturación, los conflictos bélicos, las extracciones de madera para la construcción naval o las desamortizaciones decimonónicas, la ganadería ha jugado un papel muy importante en el modelado del paisaje ibérico. Esta actividad, conocida desde el Neolítico, se consolida especialmente como aprovechamiento clave en la Península Ibérica a partir de 1273, cuando Alfonso X el Sabio crea el “Honrado Concejo de la Mesta de Pastores” concediéndole carta de privilegio.

Ganado equino en espartales de Jódar. MY

En la actualidad, en las comarcas o territorios con importancia del sector primario, como es el caso del Altiplano, la ganadería también tiene una fuerte relación e influencia en el medio natural. Asimismo, existe una incipiente tendencia a utilizar la ganadería además de como un sector meramente productivo, como una herramienta de manejo del medio natural, como es el caso de las áreas pasto-cortafuegos, una experiencia

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Actividades económicas

de silvicultura preventiva que realiza la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía sobre más de 2.000 ha en este ámbito.

Estado actual: el censo ganadero
Según los datos recogidos en SIMA (2006) para 1999 los municipios incluidos en el Altiplano contaban con más de dos millones de cabezas de ganado, lo que supone el 8,7% del total andaluz. Si se compara el número de cabezas de ganado del Altiplano con las provincias andaluzas, puede observarse que éste supera a provincias completas como Almería o Jaén.
Tabla 12.9. Comparativa del número de cabezas de ganado, año 1999
ÁMBITO BOVINO OVINO CAPRINO PORCINO AVÍCOLA EQUINO CONEJAS MADRE TOTAL

ALMERÍA GRANADA JAÉN ALTIPLANO ANDALUCIA

2.711 24.343 36.070 6.653 564.768

207.300 465.777 277.564 410.800 2.572.979

130.298 151.874 62.835 81.883 1.022.506

314.319 92.921 234.322 94.378 1.936.624

1.391.027 2.342.498 1.559.646 1.786.272 21.288.568

1.662 4.909 3.280 1.668 56.275

9.115 12.514 3.016 10.533 47.868

2.056.432 3.094.836 2.176.733 2.392.187 27.489.588

Fuente: SIMA, 2006. Elaboración propia.

De forma genérica, cuando se analizan los datos ganaderos estos se transforman de cabezas de ganado a Unidades Ganaderas (en adelante UG), cuya correspondencia depende de la aplicación de un coeficiente. Bajo esta unidad de referencia el Altiplano contaría en su territorio con el 6,1% de las UG andaluzas, cifra inferior al 8,7 % anterior (cabezas de ganado) debido a la baja presencia de ganado bovino. El ámbito de estudio destaca fundamentalmente en el contexto andaluz por su cabaña ovina, que supone el 16% del total autonómico. Y en cuanto al ganado menor, lo hace por el elevado número de conejas madre respecto al total andaluz (22%).
Tabla 12.10. Comparativa del número de UG, año 1999
ÁMBITO BOVINO OVINO CAPRINO PORCINO AVÍCOLA EQUINO CONEJAS MADRE TOTAL

ALMERÍA GRANADA JAÉN ALTIPLANO ANDALUCIA

1.995 18.607 27.855 4.590 423.992

20.730 46.578 27.756 41.080 257.297

13.030 15.187 6.284 8.195 102.251

88.174 26.236 43.954 25.532 504.299

11.911 20.663 13.205 14.296 223.837

1.330 3.927 2.624 1.335 45.020

182 250 60 209 956

137.352 131.448 121.738 95.237 1.557.652

Fuente: SIMA, 2006. Elaboración propia.

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Cuantificación de unidades ganaderas (UG) a nivel municipal (1999)

Fuente: SIMA, 2006

0 UG 1 - 100 UG 101 - 500 UG 501 - 1.000 UG

1.001 - 2.000 UG 2.001 - 3.000 UG 3.001 - 4.000 UG 4.001 - 5.000 UG

5.001 - 10.000 UG > 10.000 UG

Límite del Altiplano Límite autonómico Límite provincial Municipios

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Actividades económicas

Figura 12.7. Importancia de los distintos tipos de ganadería en el Altiplano, año 1999

Fuente: SIMA, 2006. Elaboración propia.

En total, el ovino es el que presenta un mayor número de UG con 41.080, a continuación se encuentra el porcino con 25.532 y tras ambos el sector avícola con más de 14.000 UG. La importancia del ovino se hace más patente en las comarcas de Baza y sobre todo Huéscar, donde supone algo más del 70% de las UG comarcales. Por municipios el que posee mayor número de cabezas de ovino es Puebla de Don Fadrique seguido por Huéscar, Vélez-Blanco y Baza. Es tal el desarrollo que ha adquirido el ovino en estas zonas que incluso llega a adquirir preponderancia sobre la agricultura, convirtiéndose en la principal fuente de ingresos. Asimismo los ganaderos oscenses y bastetanos defienden que los ingresos de la ganadería son más seguros, ya que obtienen periódicamente producciones más o menos grandes pero seguras (García, 1990). Dentro del ovino la raza más abundante es la Segureña, que supone aproximadamente el 60% del total Granadino (García, 1990); también merece atención la presencia de Montesina, raza autóctona y en peligro, que representa aproximadamente el 15%. La Segureña es una raza autóctona con origen en la sierra y cuenca del Segura, y puede considerarse procedente de la raza manchega, de la que se diferencia por su adaptación a medios más duros. Esta raza se explota principalmente para la producción de carne, proporcionando corderos de alta calidad con elevados rendimientos en matadero.

Las ovejas de raza Segureña son muy prolíficas a pesar de las condiciones extremas de los medios donde habitan. JAGP

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Ambientes semiáridos del sureste andaluz: el Altiplano estepario

Además esta raza ofrece una serie de cualidades y ventajas para estos territorios, como son su elevada rusticidad, que le permite explotar medios inhóspitos, adaptándose a las condiciones semiáridas y de escasa vegetación del Altiplano, pastando en terrenos donde la especie domi