Expansion Cererebral Por La Luz Natural

El ABC DE LA MEZCLA FOSFÉNICA

Expansión cererebral por la Luz Natural
Cómo aumentar considerablemente el potencial mental para tener éxito en los estudios, los exámenes y los proyectos

Doctor Francis LEFEBURE

Medalla de Oro y Premio del Concurso Lépine 1963 Medalla de Oro del Salón Internacional de Inventores de Bruselas 1964, por la acción sobre el cerebro de su aparato para la Audición Alternativa

Fosfenismo® España y Latino América Escuela del Doctor Lefebure® Fosfenología® Edición y Producción
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Doctor Francis Lefebure

Leonardo da Vinci

LEONARDO DA VINCI: Observa la luz y admira su belleza. Lo que has visto ya no existe; lo que verás todavía no existe
Citado por Gonzagues SAINT-BRIS, en la emisión de Jacques Martin «Tout le monde le sait» (Todo el mundo lo sabe), el domingo 14 de junio de 1987.

Advertencia: La práctica de los ejercicios descritos en este libro sólo puede realizarse con la «lámpara fosfénica» del Doctor Lefebure (véase nota). Cualquier otra lámpara o fuente luminosa puede tener graves consecuencias sobre su vista. Además, es muy aconsejable que consulte a su médico o a un oftalmólogo en caso de duda sobre la salud de sus ojos.

Nota: todo el material adecuado e imprescindible para una observación fija sin problemas oculares, lo suministra, Fosfenismo® España y Latinoamérica. Escuela del Dr. Lefebure®. Fosfenología® Edición y Producción.

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PREFACIO

Comportaos como hijos de la luz (Cartas de San Pablo a los Efesios, V, 8)

En 1966, por casualidad y gracias a uno de sus primos, tuve en mis manos la tesis que el Doctor Francis Lefebure había defendido en Argel en 1942 para su doctorado en medicina: La respiration rythmique et la concentration mentale (en éducation physique, en thérapeutique et en psychiatrie). La respiración rítmica y la concentración mental (en educación física, en terapéutica y en psiquiatría). No fue el tema, poco habitual para una tesis de medicina, lo que me apasionó, sino más bien el contenido. Hablaba de la homología del psiquismo y del cuerpo, así como de la cultura psicofísica que de ello se podía derivar. Más allá de la acción física pura de la respiración, abordaba la importancia de una respiración rítmica sobre las pulsaciones cardíacas. Desarrollaba la influencia positiva de esta respiración rítmica sobre el pensamiento e incluso la influencia del ritmo del pensamiento sobre el propio pensamiento. Llegaba a la conclusión de que la respiración rítmica era capaz de proporcionar un aumento de vitalidad y favorecer el desarrollo físico e intelectual de los enfermos, pero también de cada uno de nosotros, incluidos los niños.
Expansión cerebral por la luz natural. El ABC de la mezcla fosfénica

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En esta tesis de ciento cuarenta páginas, abordaba finalmente el tema de la concentración mental; gracias a la repetición de un ejercicio sencillo, como intentar imaginarse una rosa, el Doctor Lefebure demostraba que un ejercicio tan insignificante actuaba poco a poco, primero sobre el pensamiento, después sobre la sensibilidad y, por fin, podía incluso modificar las tres funciones fundamentales del psiquismo: el pensamiento, el sentimiento y la voluntad. Terminaba con la «concentración suprema»: visualizar una mancha luminosa y un punto luminoso lo más pequeño posible. Por lo tanto, en esta tesis de medicina, ya se encontraban reunidas las tres palabras que iban a dirigir el resto de la vida y las investigaciones del Doctor Lefebure: Ritmo - Luz - Concentración Atraído por este método, empecé a entrenarme en la respiración rítmica, pero de paso, aspiraba a encontrarme con el Doctor Lefebure, tanto más cuanto que los miembros de su familia, que yo frecuentaba, me hablaban de él como de un personaje inteligente y culto pero ¡un poco al margen de las corrientes de pensamiento habituales! Sin embargo, no fue hasta el 20 de octubre de 1969 cuando subí, feliz pero emocionado, la escalera del 104 de la calle Réaumur en París para ver al Doctor Lefebure. Allí me expuso ampliamente su teoría del desarrollo de la memoria y la inteligencia mediante la mezcla de los pensamientos con los fosfenos; me citó numerosos casos de mejoría rápida de la memorización en niños, pero también en adultos. Y fue con él con quien hice aquel día, mi primera experiencia de «mezcla fosfénica».
Daniel Stiennon

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Regresé a la Rochelle, donde residía entonces, convencido de que mi encuentro con el Doctor Lefebure había sido esencial y que esta mezcla entre el pensamiento y el fosfeno era un descubrimiento extraordinario. El Doctor Lefebure me había dedicado su último libro, afirmando que su Initiation de Pietro (véase nota) era el resumen de todos sus conocimientos y de todos sus trabajos de investigación. Esperaba un libro sencillo, práctico y didáctico, pero descubrí un libro medio iniciático medio científico cuya abundancia de ideas y pensamientos me desanimó un poco. Los años pasaron y me mantuvieron muy ocupado; en 1971, abandoné mi consulta de rehabilitación funcional para iniciar mis estudios de medicina en Nantes. En 1979, al final de mis estudios, recuperé el contacto con el Doctor Lefebure. Al mismo tiempo que continuaba con sus estudios, intentaba desarrollar el principio de la «mezcla fosfénica» multiplicando las conferencias, en Francia y en el extranjero, sobre su nuevo método de desarrollo de la memoria y del espíritu de iniciativa. Me incitó a volver a los ejercicios de «mezcla fosfénica» que conocía y que había abandonado un poco... Y quizá gracias a ellos terminé sin problemas mis estudios de medicina. Después, no tardé en abrir una consulta médica y, con el paso de los años, me di cuenta de que cada vez con mayor frecuencia, los padres me traían a sus hijos para consultar sobre sus malos resultados escolares por falta de concentración e incapacidad de permanecer mucho tiempo centrados en sus deberes y también en sus lecciones.
Nota: de próxima aparición en esta editorial. Expansión cerebral por la luz natural. El ABC de la mezcla fosfénica

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Por lo tanto, me puse de nuevo en contacto con el Doctor Lefebure para intentar profundizar mis conocimientos y averiguar cómo aplicar lo mejor posible este método pedagógico a los niños. En su respuesta, el Doctor Lefebure me comunicó la creación de una sociedad dedicada exclusivamente al lanzamiento de sus trabajos: ... Doy cursillos de vez en cuando, los fines de semana; en agosto, doy un cursillo más detallado de una semana completa. Si pudiera asistir, vería en qué punto de los trabajos nos encontramos. Se han descubierto muchos fenómenos nuevos que podría utilizar en su consulta. ¡Su invitación estaba fechada el 6 de diciembre de 1987, es decir, tres meses antes de su muerte! Por lo tanto, fue con Daniel Stiennon con quien hice una serie de cursos de «mezcla fosfénica». Y, después de diez años, he podido constatar una clara mejoría en los resultados escolares en los niños a los que he explicado los rudimentos de la «mezcla fosfénica» y que la han utilizado a veces hasta la facultad. Con frecuencia, también he constatado un cambio en las características psíquicas de estos niños (que me cuentan sus padres): mejoría del sueño, niños más relajados, más calmados y más abiertos. Hoy sólo tengo palabras de felicitación para Daniel Stiennon, que nunca ha dejado de impulsar, y sin jamás traicionarle, la «mezcla fosfénica» del Doctor Lefebure.
Daniel Stiennon

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Con su ABC de la «mezcla fosfénica», Daniel Stiennon hace posible que todos, padres o hijos, podamos utilizar de forma sencilla, concreta y práctica, la «mezcla fosfénica», fuente de progresos escolares innegables y de un equilibrio psíquico mejor, gracias al aumento de la concentración. Doctor Daniel GEOFFROY

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Daniel Stiennon

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A MODO DE INTRODUCCIÓN TESTIMONIO

Jean-Philippe S., estudiante, NEUILLY-SUR-MARNE. Apreciado Daniel: Gracias al curso que me diste hace unos dos meses, he podido darme cuenta de los progresos que esta técnica me ha permitido realizar, tanto desde el punto de vista escolar (estoy en segundo) como en la vida diaria. Hace un tiempo, tuve un examen oral de francés (preparación al examen de bachillerato) que había preparado con la ayuda de los fosfenos; el resultado ha sobrepasado mis esperanzas. En efecto, ante la simple lectura del texto, el comentario surgía por sí mismo, sin que tuviera necesidad de pensar. He observado también los efectos sobre el sueño; hacía algunos años que sufría insomnio, me despertaba por la noche y no podía volver a conciliar el sueño hasta una o dos horas más tarde. ¡Desde que practico la «mezcla fosfénica», duermo toda la noche sin interrupción! También tengo que decirte que este método ha mejorado mi vista; a los 12 años, tuve que ponerme gafas. Ahora creo notar una sensible mejoría. Con toda mi amistad y reconocimiento.
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Una enciclopedia no bastaría para reunir todos los testimonios, por lo tanto nos hemos limitado a extraer uno representativo, simple avanzadilla de lo que va a descubrir el lector si acepta realmente poner en práctica este método. Para facilitar la comprensión de este método, que se basa en ejercicios prácticos, hemos organizado el libro de modo que a cada explicación teórica le sigue un ejercicio práctico.

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INTRODUCCIÓN A LA EDICIÓN CASTELLANA

El trabajo del Doctor Lefebure es extraordinario. Hace cuarenta años que viene recogiendo reconocimientos, agradecimientos, testimonios, premios, etc. La aplicación extensión y calidad de su obra hacen de él un genio. Pero hay que poner el método en marcha, hacerlo llegar a todo el mundo de forma clara, precisa impecable, como hasta ahora se ha hecho. Hay mucho trabajo que los difusores del método día a día realizan con gran esfuerzo, difusores en todo el mundo, colaboradores en todos los países. Daniel Stiennon es el director y máximo responsable de la difusión internacional. Su trabajo desde el fallecimiento del Doctor Lefebure ha sido poner al alcance de todos, de un modo acorde con nuestros tiempos, con una organización únicamente dedicada a la difusión del método, los fantásticos descubrimientos del Doctor Lefebure. Somos muchos los que le acompañamos en esta tarea pero creo que todos estamos de acuerdo en que sin él todo habría sido más difícil o no habría sido, y el trabajo habría quedado relegado a unos cuantos elegidos, precisamente lo que nunca se ha pretendido. En esta línea aparece este libro, claro y fácil, sin el lenguaje en ocasiones técnico, del Doctor Lefebure.
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Ahora depende de usted plasmar en su vida cotidiana con resultados maravillosos el genial esfuerzo del Doctor Lefebure por explicar lo que un pequeño grupo de iniciados ha sabido desde el comienzo de los días. Muchas gracias amigo lector, y disfrute el libro. Quien no haya quedado fuertemente impresionado por el Fosfenismo es que no lo ha entendido.

Francesc Celma Director de Fosfenismo España e Iberoamérica

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LA LUZ, FUENTE DE BIENESTAR

Un potente estimulante natural: la luz natural La luz es uno de los principales elementos en los que estamos sumergidos más o menos plenamente de forma continua, según la zona geográfica. En la antigüedad, se deificaba la luz bajo todas sus formas, ya que no solamente proporciona beneficios al favorecer los cultivos, sino que también proporciona una comodidad no despreciable, muestra de ello es el fuego para cocinar y trabajar los metales, así como las estrellas que guiaban a los viajeros y los navegantes antes de la invención del compás. Pero los beneficios de la luz no se detienen aquí, y parece ser que, en la antigüedad, lo sabían muy bien. En efecto, textos que se remontan a dos mil años antes de Cristo muestran que el sol, por ejemplo, se consideraba como un allegado del hombre y protector de los bienes terrestres. Las relaciones entre nuestros ancestros y la luz son muy diferentes de lo que nos parecía y en todas las tradiciones y en todas las culturas, se encuentra la práctica de mirar fijamente los reflejos del sol en el agua, el fuego, la luna, las estrellas o un cielo luminoso; en todos los tiempos, estas técnicas estaban generalizadas. Sólo ahora empezamos a darnos cuenta de la importancia de la acción de mirar fijamente una fuente luminosa sobre el psiquismo y el organismo.
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Desde los años 1950, sabemos que la luz tiene una gran influencia sobre las funciones hormonales por medio de la hipófisis, y recientemente, una serie de investigadores han utilizado la acción estructurante de la luz sobre el sistema nervioso en la depresión crónica. En efecto, estos investigadores se han dado cuenta que en ciertas formas de depresión, las recaídas más graves se producen durante el otoño, una época en que la luminosidad decrece. En diversos hospitales, las personas con una depresión crónica se colocan bajo potentes lámparas de 110 a 500 vatios, e incluso más, y de al menos 10.000 lux, durante una hora por la mañana y una hora por la tarde, como ocurre en el servicio del Doctor Lemoine de la Unidad de Psiquiatría Biológica del hospital Vinatier de Lyon, en el hospital Sainte-Anne (servicio de depresiones estacionales) París 14º, en el hospital LouisMourier (servicio de psiquiatría del profesor Ades) 92700 Colombes, etc. El SDE (Síndrome Depresivo Estacional), muy extendido en los países nórdicos a causa de la duración extrema de las noches, ha impulsado a los médicos e investigadores a buscar una alternativa a los medicamentos para combatir estos problemas. La luz se utiliza también como sincronizador para regularizar los ritmos de sueño completamente alterados. Estas investigaciones se realizan, entre otros lugares, en la unidad 3 del INSERM (Instituto Nacional de la Salud y la Investigación Médica) de París y en el hospital de la Salpêtrière. Actualmente, el cuerpo médico reconoce de forma unánime los beneficios que aporta el baño de luz mediante la lámpara de luz natural. En el laboratorio del sueño, se despierta a una serie de voluntarios dos horas antes de su hora habitual.
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Seguidamente, se les somete durante dos horas a una luz intensa y, durante el día, se mide su temperatura y sus valores hormonales, así como diversas variables fisiológicas y psicofisiológicas. La hipótesis de los investigadores es que la luz, por sí sola, permite adelantar y equilibrar los ritmos vitales. Un responsable de la Universidad de Charleroi, en Bélgica, recuerda a menudo a los que dudan de la acción de la luz sobre el cerebro la definición que se puede encontrar en las enciclopedias buscando la palabra «helioterapia»: La luz es buena para las plantas, los animales y los seres humanos. Encontramos también otra definición de la luz como: Tratamiento de las enfermedades mediante los rayos solares. Esto confirma los efectos beneficiosos de la luz sobre el conjunto del organismo. De ahí a pensar que la luz podía tener un efecto estimulante sobre las facultades cerebrales, en particular las intelectuales, sólo había un paso, que el Doctor Francis Lefebure ya había dado en 1959, después de haber realizado numerosas observaciones detalladas. Efectivamente, la luz es una energía que, al llegar al ojo, da lugar a una serie de reacciones químicas y eléctricas en el cerebro que producen sincronizaciones entre las células cerebrales, acelerando y amplificando los procesos psicológicos. De forma que mirar fijamente durante un corto período una fuente luminosa adecuada, provoca un aporte de energía suplementaria en el conjunto de la masa cerebral, mejorando las capacidades mentales (memoria, concentración, ideación, creatividad, iniciativa, etc.), es decir, la inteligencia en su conjunto.
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Observación de la «lámpara fosfénica» La «mezcla fosfénica» consiste en mezclar un pensamiento con el fosfeno. Para hacer el fosfeno con la «lámpara fosfénica» del Doctor Lefebure: colóquela entre 1,50 m y 2 m de distancia de usted.

Nota: todo el material adecuado e imprescindible para una observación fija sin problemas oculares, lo suministra, Fosfenismo® España e Iberoamérica. Escuela del Dr. Lefebure®. Fosfenología® Edición y Producción.

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¿QUÉ ES LA MEZCLA FOSFÉNICA?

Explicación del termino «mezcla fosfénica» En 1966, el Doctor Lefebure tuvo por primera vez la idea de experimentar con la mezcla de pensamientos y fosfenos. Rápidamente observó sus efectos claramente favorables, hasta tal punto que desarrolló un método pedagógico, con modalidades de aplicación precisas para cada una de las disciplinas escolares. En general, en las primeras sesiones, el niño se da cuenta de que su trabajo rinde más; en un mes, sus notas mejoran ostensiblemente. Algunos retrasos importantes se recuperan de forma espectacular en pocas semanas. Esta mejoría del rendimiento escolar se acompaña de una mejora del carácter, lo cual facilita la disciplina. Se observa también un aumento de la curiosidad intelectual y del espíritu de iniciativa. La explicación de esta técnica no es pesada, sino al contrario, relajante, porque libera una energía que proporciona una sensación de bienestar. Además, no hace perder tiempo al estudiante, ya que es esencialmente una nueva forma de aprender las lecciones y, aunque en menor grado, de hacer los deberes. El principio de este método es muy sencillo y se resume fácilmente. Para empezar, ¿qué es un fosfeno? Una sensación luminosa subjetiva dice el diccionario Littré. Por lo tanto, los hay de varios tipos, señalemos, por ejemplo, el fosfeno por compresión, que incluye «las estrellas» que vemos cuando recibimos un golpe en el ojo.
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Pero, con un objetivo escolar, utilizamos principalmente la variedad llamada «posfosfeno» o fosfeno procedente de la iluminación, excluyendo los fosfenos obtenidos por otros métodos, como la compresión ocular, etc. Para observar el fosfeno, miramos la «lámpara fosfénica» durante treinta segundos a un metro de distancia, después la apagamos y nos quedamos a oscuras. Entonces vemos una serie de colores que se suceden durante tres minutos; generalmente, después de unos segundos de latencia, estos colores consisten en nubes grises, un hermoso matiz verde, brillante o amarillo, rodeado de rojo. Los límites entre los colores varían bruscamente; incluso a veces el fosfeno experimenta eclipses completos, pero en general el rojo aumenta; después, al cabo de un minuto y medio, el fosfeno se vuelve completamente rojo. A los tres minutos, el núcleo se vuelve azul oscuro o negro; entonces se rodea de una nube gris pálido, tres o cuatro veces más ancha que el núcleo central, como una nube con bordes desdibujados, mucho más estable que los colores vivos. El Doctor Lefebure llamaba «resplandor difuso» a esta nube con la que finaliza el fosfeno. Estas cortas sesiones de fijación de la mirada no fatigan en absoluto la vista, sino que constituyen, por el contrario, una excelente gimnasia ocular. La única contraindicación para la utilización de fosfenos es el glaucoma, es decir, el aumento de presión del líquido del ojo. Por lo tanto, en la oscuridad, el fosfeno se presenta en forma de una mancha de colores cambiantes, que persiste durante tres minutos.
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LA LÁMPARA FOSFÉNICA

Solamente la «lámpara fosfénica» ofrece una seguridad total para hacer los fosfenos; esta lámpara se basa en normas establecidas por más de 40 años de práctica con miles de personas. Nos parece útil señalar que, en treinta y cinco años y en miles de practicantes, no hemos tenido, que sepamos, casos de personas que hayan constatado un efecto negativo en su vista con la lámpara del Doctor Lefebure equipada con bombillas (fotocrescenta) de 75, 100, 150 e incluso 250 vatios; más bien al contrario. Por lo tanto, si utiliza la bombilla que viene con la lámpara, cumple por completo las normas de seguridad definidas por el Doctor Lefebure, cuya «lámpara fosfénica» se basa en un máximo de normas de seguridad. En resumen, esta «lámpara fosfénica», con bombilla de «luz natural» está especialmente adaptada al gran público. En su libro La mezcla fosfénica en pedagogía, (véase nota) el Doctor Lefebure explica las diferentes fuentes luminosas. Este es el libro de referencia en el que encontrará toda la información útil sobre el empleo de las diversas fuentes luminosas, excepto las bombillas de «luz natural», posteriores a los descubrimientos del Doctor Lefebure.
Nota: de próxima aparición en esta editorial.

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Lámpara fosfénica del Doctor Lefebure

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REPERCUSIONES DE LA PRÁCTICA DE LA MEZCLA FOSFÉNICA SOBRE LA VISTA

La mejoría de la vista Mirar fijamente la «lámpara fosfénica» a un metro escaso de distancia durante treinta segundos y después quedarse a oscuras no es peligroso para la vista, como podrían temer algunas personas. Al contrario, el método es muy saludable para la visión. La luz seguida de oscuridad total provoca una gimnasia del iris (se contrae con la luz). La púrpura retiniana se destruye durante cada período de iluminación y se vuelve a formar en la oscuridad. Esta gimnasia química de la retina da como resultado un aumento de la circulación capilar. Por este motivo, siempre se produce cierto grado de mejoría de la visión después de las primeras semanas de tratamiento. El cambio en la agudeza visual por estimulación de la retina a menudo produce la sensación de que una miopía ha mejorado, a pesar de que es muy difícil demostrar una modificación de la curvatura de los elementos transparentes del ojo; aunque, al parecer, a veces esto es lo que ocurre. El Doctor Lefebure fue una demostración viviente del efecto positivo de su método sobre el ojo. Fisiológicamente, la presbicia empieza a los 50 años y alcanza su máximo a los 60 años.
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La distancia mínima de lectura para una persona joven es de 30 cm. Sin embargo, él demostró, en conferencias públicas, que, a los 72 años, podía leer letras grandes o pequeñas como antes, mucho más lejos de lo que daban sus brazos, muchos jóvenes no pueden hacerlo. Por lo tanto, este método, practicado durante años, no sólo le permitió frenar el envejecimiento de los ojos, sino que al parecer los rejuveneció. Naturalmente, hay que ser muy prudente en presencia de un caso sospechoso de glaucoma, es decir, de aumento de la presión de los líquidos intraoculares. Generalmente, esta enfermedad se debe a una mala reabsorción del humor acuoso por los procesos ciliares, unos paquetes vasculares situados en la cara posterior del iris. Sin embargo, la gimnasia intensa de este órgano, provocada por la alternancia de luz y oscuridad, contribuye a revigorizar estos procesos ciliares y con ello facilita la reabsorción. Por otra parte, en el glaucoma, los médicos prescriben gotas destinadas a contraer el iris; mirar fijamente la luz fosfénica, según nuestra experiencia, produce el mismo efecto, aunque momentáneo. Actúa en sentido idéntico a la terapéutica clásica. Esto explica que, también en esta enfermedad, la práctica de la «mezcla fosfénica» tenga con frecuencia un efecto favorable. Sin embargo, cualquier terapia puede tener, en su inicio, un efecto adverso al objetivo perseguido, sobre todo si es activa. Dado que dos o tres brotes de glaucoma pueden ser suficientes para destruir la retina, es conveniente empezar progresivamente y solicitar la opinión del oftalmólogo.
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Durante las primeras sesiones de entrenamiento, la conjuntiva puede congestionarse después de mirar fijamente la luz. Eventualmente, se produce una ligera migraña supraorbitaria después de la sesión, debido a un aumento no habitual de la circulación meníngea. Esta reacción es muy rara y desaparece después de tres o cuatro días, o incluso menos, el tiempo que tardan en adaptarse los reflejos vasomotores. Para más información sobre la influencia de la luz sobre la vista, véase el libro del Doctor Lefebure La mezcla fosfénica en pedagogía.

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El Doctor Lefebure realizando un examen cerebroscópico

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LAS BASES DE LA MEZCLA FOSFÉNICA EN PEDAGOGÍA

La lectura con fosfenos Las técnicas fosfénicas proporcionan elementos que pueden solucionar muchos problemas, como han podido comprobar todos los estudiantes que han utilizado el método de la «mezcla fosfénica» en pedagogía. Las ventajas han sido tan importantes que ahora los fosfenos forman parte de su vida, puesto que su acción es rápida, profunda y duradera. Relajarse sin problemas La primera acción del fosfeno se deja sentir sobre el sistema nervioso, lo que da lugar a la relajación profunda y al descanso que se experimenta cuando se utiliza la técnica. Los pescadores son un buen ejemplo para ilustrar esta acción favorable de los fosfenos sobre el sistema nervioso. En efecto, cuando están pescando, son capaces de permanecer durante horas mirando fijamente el agua para ver si pican; y no es el atractivo de los peces lo que motiva esta paciencia. Por otra parte, los pescadores afirman que no les molesta que el pez no pique. Además, personas supernerviosas o que habitualmente son incapaces de estarse quietas, encuentran en esta actividad un descanso y una calma especiales. Dicen que sienten una paz y una serenidad que no experimentan en ninguna otra parte.
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Este bienestar se debe a la reflexión del sol o del cielo luminoso sobre el agua. La fijación de la mirada se produce sin que el pescador se dé cuenta. Simplemente observa el movimiento o la corriente del agua; sigue con la mirada el corcho y tira de él regularmente, y esto basta para imprimir un ritmo a su pensamiento. Por lo tanto, dispone siempre de un fosfeno debido a la fijación de la mirada en el agua y, al mismo tiempo, de un ritmo regular producido por la corriente del agua. Ritmo y fosfeno se difunden por el conjunto del sistema nervioso y la masa cerebral. Son las dos condiciones que determinan el desarrollo de las facultades superiores del cerebro, lo cual explica también que algunos pescadores, sobre todo los pescadores profesionales que, en el mar, tienen constantemente los reflejos del sol o del cielo ante los ojos, posean la capacidad de la intuición. Pero aquí, lo que nos interesa especialmente es la acción estructurante del fosfeno sobre la personalidad, ya que es evidente que, si en la vida de cada día nos sentimos más calmados y estamos más descansados, estaremos mucho mejor preparados para todas las actividades y, como consecuencia, seremos mucho más eficaces. Además, estas fijaciones desarrollan un gran optimismo. Por lo tanto, es muy interesante adormecerse haciendo algunos fosfenos, que obtendremos fijando la mirada en la «lámpara fosfénica» durante treinta segundos. Después de este tiempo, se apaga la lámpara y, en la oscuridad, simplemente se observan los colores dejándose llevar sin esfuerzo por los pensamientos. Después de tres minutos, se vuelve a mirar fijamente la «lámpara fosfénica» y se observa de nuevo el fosfeno.
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En general, al poco tiempo, aparece el sueño durante la observación de los colores, con el beneficio especial de este aporte de energía. Son muchas las personas que han recuperado el sueño gracias a los fosfenos. A la mañana siguiente, se sienten más descansadas y se despiertan con una gran alegría. Por esta razón, es bueno hacer algunos fosfenos antes de empezar la jornada. Aprender más fácilmente gracias a los fosfenos Esta acción estructurante del fosfeno sobre el sistema nervioso permite numerosas aplicaciones, tanto en el desarrollo de la personalidad como en el ámbito pedagógico. Especialmente los estudiantes experimentan los formidables beneficios de la práctica de la «mezcla fosfénica». Estar más descansado, más despierto, más dinámico significa también obtener mejores resultados. Basta con integrar los fosfenos en los repasos, los deberes o el aprendizaje. El estudiante puede leer bajo la influencia de los fosfenos. Para ello, hace un fosfeno mientras piensa en el tema de su lectura, por ejemplo, repitiendo el título de su lección durante el tiempo de fijación de la mirada (no más de 30 segundos). Después, cuando percibe la fase azul del fosfeno (cofosfeno), apaga la lámpara de fosfenos para empezar la lectura. Durante los primeros segundos, el fosfeno le molesta, porque se superpone a las letras. Si se coloca una lámpara de mesa sobre el texto, el fosfeno desaparece y ya no molesta para leer. La lectura se hace como de costumbre, pero la asimilación, la comprensión y la memoria aumentan con la presencia del fosfeno.
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Muchos niños descubren este sistema de forma instintiva y les gusta leer con el texto iluminado por el sol. Si se les habla de ello, muchos adultos recuerdan haber estudiado sus lecciones de esta manera y destacan que fue el período en el que trabajaban mejor, en el que sus notas eran mejores y en el que tenían mayor facilidad para aprender. El Doctor Lefebure hizo muy joven la siguiente observación: Hasta los 12 años, yo era un mal estudiante y sufría mucho moralmente. Hasta tal punto que a los once años el profesor quiso expulsarme definitivamente de la escuela y sólo pude quedarme gracias a la enérgica intervención de mi abuela. Pero, después de las vacaciones de Pascua de mi segundo año, de repente me convertí en un buen alumno, y de una forma tan sorprendente que mis compañeros me llevaron a hombros por el patio. Más tarde, siempre estuve entre los mejores en ciencias. ¿Qué había pasado durante estas famosas vacaciones de Pascua? Habíamos cambiado de casa. Antes, vivía en un apartamento donde nunca daba el sol. El nuevo apartamento era maravillosamente soleado, y me acostumbré a trabajar a menudo con el sol sobre el libro, aunque ciertas personas pretendían que me haría daño en los ojos. Sin embargo, no ocurrió nada de eso, al contrario, fue a partir de aquel momento cuando me convertí en un buen alumno. Creo que hay en esto algo de precursor de mis investigaciones sobre los fosfenos. Ciertamente, nos daremos cuenta que se entiende mejor un texto y se retiene mejor si está muy iluminado. Si es con una lámpara, hay que procurar que tenga un reflector de metal oscuro, para que los rayos no incidan directamente sobre los ojos.
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Si es con el sol con lo que se ilumina el texto, conviene girar tres cuartos de vuelta para que sólo se ilumine el libro. En cambio, la luz de las lámparas de «neón» es más débil; observaremos que se trabaja mal con esta iluminación. Después, me mantuve siempre entre los mejores en ciencias y acabé de los primeros en el FQN (Física, Química y Ciencias Naturales), que entonces era el curso preparatorio para Medicina, a pesar de que éramos más de cuatrocientos candidatos a esta prueba y yo era de los más jóvenes (17 años). Ideas mejor estructuradas La lectura con fosfenos proporciona resultados muy interesantes en poco tiempo. La mezcla de un pensamiento y un fosfeno aumenta la atención y, como consecuencia, la memoria. Por lo tanto, el texto se asimila mejor. El fosfeno actúa también sobre la comprensión. Si se dispone de dos lámparas (una para hacer fosfenos y otra para iluminar el texto), también se puede hacer un fosfeno antes de cada relectura del texto. Las ideas principales se captan mejor, así como las ideas accesorias y las ideas clave. El sentido del texto se comprende mejor en su conjunto. La estructura del texto se asimila mejor y se encuentran con mayor facilidad los diversos elementos que la componen. Con el tiempo, y siempre que se lean cada día las lecciones con fosfenos, los estudiantes se dan cuenta de que aprenden más deprisa y retienen mejor. Los resultados repercuten en las notas, y los profesores se sorprenden de la mejora de los aprendizajes. Los resultados son especialmente claros cuando se hace trabajar a los niños con fosfenos.
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Los profesores que utilizan el método fosfénico en los cursos de recuperación escolar nos dicen que los padres son los primeros sorprendidos ante los avances y que están «estupefactos», hasta este punto los progresos son evidentes. Por ejemplo, el testimonio de esta madre, que estaba desesperada por el retraso escolar de sus hijos: Hoy, puedo decir que he encontrado lo que buscaba. He perdido mucho el tiempo antes de encontrar esto. Mis hijos han hecho grandes progresos con la mezcla (mi hija sacaba un 2,5 en matemáticas y ahora saca un 17,5; igual que en las demás asignaturas. Hizo 2 años de ortofonía por dislexia, ¡tiempo perdido!). La «mezcla fosfénica» favorece la desaparición de los problemas de dislexia y de disortografía, porque estos últimos se deben a que los niños se ven obligados a adoptar hábitos y costumbres que no corresponde a los ritmos cerebrales. Gracias a los fosfenos, son muchos los niños y los adultos que han podido resolver eficazmente este problema. En efecto, muchos adultos padecen este tipo de alteración, incluidos los profesores. El colmo, ¿verdad? Al principio, hay que crear en el niño la costumbre de hacer fosfenos cuando aprende las lecciones, ya que no comprende bien su importancia. Pero rápidamente se da cuenta de que los fosfenos le ayudan a aprender mejor. Entonces él solo fija la mirada en la lámpara, si sus padres han instalado una para este uso, y con frecuencia pide estudiar con fosfenos. Es necesario un período de un mes para poner en marcha correctamente el proceso, pero de hecho, los efectos de la «mezcla fosfénica» (mezcla de un pensamiento y un fosfeno) se pueden observar en pocos días.
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La alternancia cerebral El fosfeno dura 3 minutos, pero de ningún modo se está obligado a repetirlo cuando desaparece. Es evidente que no vamos a interrumpir el estudio o la lectura simplemente porque se haya acabado. La energía del fosfeno se acumula, por lo tanto, no dependemos de él para trabajar de forma continua. No obstante, cuando se experimenta una disminución de la atención, volver a hacer un fosfeno permite continuar el estudio sin cansancio. En efecto, el cerebro no funciona de forma continua sino de manera rítmica, con alternancias. Esto explica que, conforme pasa el tiempo, tengamos problemas para continuar leyendo o aprendiendo. Por más que volvamos a leer, no aumenta nuestra comprensión, y la atención ya no se puede centrar en el tema. Es una saturación completamente normal, y basta con dejar un momento de trabajar, e incluso pensar en otra cosa durante unos instantes (por ejemplo, haciendo un fosfeno para observar los colores en la oscuridad, sin preocuparse de la lección, o realizar pequeños balanceos con la cabeza durante unos minutos, después de hacer un fosfeno) para respetar esta alternancia cerebral. Esto da un nuevo impulso a la atención y facilita la asimilación. Después, para volver al estudio, se forma un nuevo fosfeno. Por supuesto, esto parece ir en contra de lo que hacemos habitualmente cuando estudiamos durante muchas horas seguidas. Al constatar estos bajones de atención, muchos creen que tienen problemas de concentración, puesto que no pueden trabajar durante mucho tiempo sobre el mismo tema de una forma continuada y sotenida.
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Pero, de hecho, el problema no se plantea de esta forma. Efectivamente, en la vida diaria, podemos observar que tenemos siempre un hervidero de pensamientos en la mente, pasamos de una reflexión a otra sin darnos cuenta y de forma totalmente espontánea. Muchos libros describen un ejercicio para desarrollar la concentración que consiste en conservar durante mucho tiempo el mismo pensamiento en la mente. Sin embargo, en la práctica, uno se da cuenta rápidamente de que el ejercicio es muy difícil de realizar; no se consigue mantener durante mucho tiempo este único pensamiento, sino que desaparece de la conciencia, después reaparece o surgen otras ideas parásitas que perturban a quién medita. Esto significa y acentúa la siguiente realidad: ¡conservar durante mucho tiempo en la mente un mismo pensamiento no es del todo fisiológico! Los investigadores que se han prestado a la experiencia han observado que, al principio, esto les supone un esfuerzo extremadamente agotador y, cuando dejan de hacer este «ejercicio», tienen problemas para volver a reflexionar. La reflexión está paralizada, en esto todos coincidiremos, ¡no ayuda al desarrollo del individuo ni al de la creatividad! Además, este ejercicio produce dolores de cabeza importantes. Lo mismo ocurre con el «ejercicio» que consiste en conseguir lo que se ha dado en llamar «el vacío mental», haciendo grandes esfuerzos para expulsar los pensamientos que surgen. Esto no es fisiológico, y las personas que practican este tipo de ejercicios, a veces durante diez o veinte años, no hacen más que desarrollar graves trastornos nerviosos.
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Con el pretexto de una búsqueda de concentración o de una falta de concentración, la práctica de estos ejercicios conduce exactamente a lo contrario del objetivo buscado: la desaparición del sentido crítico, un estado de dependencia y el debilitamiento de la personalidad en su conjunto. Cuando decimos a un niño: ¡Piensa sólo en lo que estás haciendo!, le estamos pidiendo que haga lo que un adulto no es capaz de hacer. Por lo tanto, trabajar de forma continua no sirve para nada y más bien contribuye a trastornar los ritmos cerebrales. Es mejor, por el contrario, haces sesiones cortas pero frecuentes. Así se respeta la alternancia cerebral y nunca se produce ni saturación ni fatiga. El aprendizaje se convierte en eficaz porque el cerebro da el máximo de su potencial siempre renovado. Un canadiense me explicaba que no puede estar mucho tiempo haciendo lo mismo. Si corta madera, al poco rato siente la necesidad de hacer otra cosa. Entonces se pone a cortar la hierba. Después se detiene de nuevo para ir a dar de comer a los conejos, y así continuamente. No deja de cambiar de actividad. De esta forma, respeta sus ritmos cerebrales y no padece ninguna fatiga. Al contrario, si varía frecuentemente de trabajo, adquiere una energía considerable porque sigue espontáneamente su estructura fisiológica al hacer sesiones cortas pero repetidas. German Côté (en Canadá) posee un dinamismo y una vitalidad formidables. Tiene una moral de acero y un optimismo increíble. ¡A los cuarenta años, aparenta treinta...!

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Observe sus ritmos cerebrales Pruebe su alternancia cerebral. Este dibujo produce la sensación de un cubo con volumen. Observe su posición en el espacio durante unos minutos, sin esfuerzo de concentración. ¿Su posición es constante? ¿Percibe cada posición del cubo durante un tiempo igual?

Cubo NEKER

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¿La alternancia es regular? En caso afirmativo, bravo, los intercambios entre los dos hemisferios son regulares y su atención es correcta. En caso negativo, tiene problemas para mantener la atención en un trabajo y se cansa con rapidez. Practique los ejercicios de oscilación para restablecer su alternancia cerebral y mejorar su trabajo mental. Al mirar este cubo, nos damos cuenta, al cabo de un momento, de que da la sensación de cambiar espontáneamente de eje, como si se desplazara. Este fenómeno se clasifica habitualmente entre las ilusiones ópticas, pero de hecho se trata de un análisis particular del cerebro. Esta fluctuación del dibujo se debe al trabajo alternativo de los dos hemisferios, el mismo que el que nos muestran los fosfenos dobles (véase nota). Vemos aquí a nuestro cerebro en pleno trabajo rítmico. Si no ha visto cambiar la posición del cubo o si la alternancia es muy lenta, es que está cansado. Repita la misma observación después de una buena noche de reposo y percibirá su alternancia cerebral. Una pedagogía sólo puede ser eficaz si tiene en cuenta el funcionamiento real del cerebro.
Nota: Exploración cerebral mediante la oscilación de los fosfenos dobles del Dr. Lefebure disponible en esta editorial.

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La alternancia vertical: esta escalera tiene una propiedad especial. Puede verse al revés. Esta simetría muestra que el cerebro analiza las formas más allá de lo que creemos ver con certeza. Puede verse de otra manera: una mampara vista desde abajo que divide una pieza en dos. Sea cual sea el dibujo, algunas personas ven incluso algunos trazos que desaparecen de forma regular. Todos estos fenómenos muestran el trabajo rítmico de los dos hemisferios. La atención, la memoria y la reflexión están en función de la regularidad de la alternancia cerebral.

¿Una escalera?

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El secreto del éxito: el ritmo El ritmo está intensamente asociado a la memoria, como los publicistas han comprendido muy bien; pero hay que decir que han estudiado los procesos cerebrales, lo que no han hecho los pedagogos, que se empeñan en hacer estudios psicológicos y no de fisiología aplicada. La verdadera causa del fracaso escolar generalizado, y los profesores están de acuerdo con esto, ¡es que no hay pedagogía! No entiendo por pedagogía el hecho de cambiar, suprimir o añadir asignaturas. Esto no cambia para nada el problema, no más que lo haría simplificar la ortografía. Por pedagogía, entiendo un método de organización del trabajo y del estudio que vaya en el sentido del funcionamiento cerebral. Los anuncios publicitarios son cortos, con mucho ritmo y repetitivos, lo cual se corresponde exactamente con el ritmo cerebral, este es el motivo por el cual los niños se los conocen perfectamente. En cambio, las lecciones se aprenden de forma lineal, y las clases se siguen sin ninguna relación entre ellas, lo cual no respeta la alternancia cerebral y explica las dificultades que tienen los niños para comprender y recordar sus clases. A priori, se podría creer que, puesto que después de una clase hay otra diferente, se respetan los ritmos cerebrales, pero desgraciadamente esto no es así. En efecto, el cerebro odia pasar de una asignatura a otra sin poder establecer una relación entre ellas. Toda la personalidad evoluciona alrededor de un centro de interés que se establece en la primera infancia.
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Si no se respeta el polo central que constituye la aspiración y la motivación del individuo, éste se encuentra en situación de fracaso. Pasar de una clase a otra requiere cada vez una adaptación nueva para establecer una relación entre la asignatura y esta motivación, lo cual no suele ser posible, ya que los programas no se prestan a este tipo de adaptación. A causa de esto, el cerebro pasa más tiempo en readaptarse a la forma de pensar de cada asignatura que en comprenderla, memorizarla y asimilarla. El resultado es que se produce una aparente incompatibilidad entre las asignaturas analíticas (matemáticas, física, química, etc.) y las asignaturas artísticas (dibujo, música, teatro, creatividad, etc.), ya que las primeras dependen del hemisferio izquierdo y las segundas del hemisferio derecho. Las técnicas fosfénicas permiten restablecer el equilibrio entre los dos hemisferios y, por lo tanto, aumentar la capacidad cerebral en su conjunto. Por otra parte, algunas culturas han conservado la práctica del aprendizaje rítmico, como las escuelas zoroastrianas de la India; en estas escuelas musulmanas, los niños aprenden dando un ritmo al texto y balanceando lateralmente el cuerpo. Lo mismo ocurre con los judíos Lubavitch, que aprenden mientras se balancean con pequeños movimientos laterales y dando un ritmo a la lectura en voz alta. Los Lubavitch son todos eruditos y trabajan como médicos, arquitectos, abogados, etc. Sin embargo, hubo un tiempo en que los niños franceses aprendían el alfabeto y las tablas de multiplicar de forma rítmica y acompasada. ¿El método era demasiado eficaz para que este aprendizaje rítmico fuera abandonado?
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Por otra parte, los niños tienen una tendencia natural a realizar estos balanceos. En efecto, el niño se deja llevar por sus propios ritmos cerebrales, lo cual le permite desarrollar su sistema nervioso. También podemos observar que los niños que continúan balanceándose tienen más memoria, una facilidad de aprendizaje mucho mayor y son más despiertos que los niños de la misma edad que no se balancean. Por lo tanto, el ritmo tiene relación con la memoria y la organización del sistema nervioso. Generalmente, los padres impiden al niño que se balancee, con el pretexto de que esto no se hace. Actuando de esta forma, bloquean y alteran la evolución cerebral de su hijo. Dado que sienten estos ritmos, muchos niños aprenden sus lecciones balanceándose, cantando e incluso andando arriba y abajo de la habitación. Se dan cuenta de que aprenden más deprisa y mejor cuando añaden un ritmo al estudio. Por esta razón podemos ver a niños muy pequeños repetir incansablemente unas sílabas mientras se balancean. Un método del presente y del futuro Este método, la «mezcla fosfénica», no está reservado solamente a los niños y a los estudiantes, ya que los adultos que lo ponen en práctica encuentran también en él numerosos atractivos y beneficios: estimula la memoria, aumenta la confianza en uno mismo y desarrolla la creatividad. He tenido ocasión de formar a bailarines, pintores y profesores de música, y todos han experimentado un desarrollo muy importante de la inspiración y la creatividad.
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Los artistas coreográficos, los profesores y los monitores deportivos han notado una gran influencia de los fosfenos sobre la resistencia nerviosa, la resistencia física y la motricidad, de forma que los movimientos y la coordinación se realizan sin esfuerzo y de forma más espontánea. La fosfenopedagogía no es sólo un método que permite hacer un trabajo más eficazmente: es sobre todo una técnica que permite un verdadero desarrollo de la personalidad. Por ello, el Doctor Lefebure distinguió dos campos propios de aplicación: el estudio de las técnicas ritmofosfénicas y el método pedagógico que desarrolló en su libro La mezcla fosfénica en pedagogía, método por el cual recibió la Medalla de Plata del Salón de los Inventores, en 1975, en Bruselas. Los instrumentos parecen faltar en el campo escolar, y algunos encuentran más fácil modificar la ortografía que poner en marcha un verdadero método pedagógico que vaya en el sentido del funcionamiento cerebral, sin embargo, estos instrumentos existen. Son las técnicas ritmofosfénicas. La fijación de la mirada en una fuente luminosa, largo tiempo incomprendida, pasaba por un simple ritual cuyo sentido e importancia algunas tradiciones y prácticas han terminado por olvidar. No se trata pues de una utopía, ni siquiera de una creencia, como remedios para tranquilizarse. La experiencia iniciática empieza ahora, es decir, que forma parte de la vida. Enriquece la vida porque proporciona medios «nuevos» para aprovecharla. Ya no es una esperanza vana sino que tiene un número considerable de repercusiones sobre la vida cotidiana.
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Y esto podemos comprobarlo por nosotros mismos, si verdaderamente queremos. El Doctor Lefebure nos ha dado los medios. La mezcla fosfénica en pedagogía es el mejor regalo que ha hecho a la humanidad. A ella corresponde saberlo utilizar... En la antigüedad, se decía a menudo: La luz es fuente de conocimiento. Actualmente, gracias a los trabajos del Doctor Lefebure, comprendemos por qué.

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El Doctor Lefebure recibiendo la medalla Vermeil del Concurso Internacional de Inventores de Fontainebleau en 1967

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RECAPITULACIÓN DE LOS PASOS A SEGUIR PARA FACILITAR EL SUEÑO Y LA RECUPERACIÓN VITAL

Las repercusiones sobre el sueño Este efecto, fácil de observar, es especialmente apreciado. La experiencia lo demuestra: el sueño no aparece nunca durante la fijación de la mirada en la lámpara, sino durante la presencia del fosfeno asociado a un pensamiento. Por lo tanto, no existe peligro de despertarse al día siguiente con la lámpara encendida. Esta práctica ayuda a dormir: ya ha curado muchos insomnios. Después de unos días de práctica, los sueños se vuelven más luminosos, más coloreados; las imágenes de los sueños suelen volverse más grandes. Por ejemplo, si el sujeto sueña con una montaña, es la más alta que ha visto nunca. Por la mañana, se despierta más lúcido y más dinámico, y todo el día lleva la marca de la alegría interior. Ejercicio: ➫ a una distancia de 1,50 a 2 m, en la prolongación de su cuerpo, es decir, delante de usted, mire fijamente la «lámpara fosfénica» durante 30 segundos y después observe el fosfeno.

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Cuando llegue al final del fosfeno, al terminar la fase azul, o sea, al cabo de 3 minutos de observación, vuelva a encender la lámpara y repita la misma operación 3, 4 o 5 veces seguidas. Para los insomnes Debemos realizar la misma operación descrita anteriormente, pero respetando una regla básica, después de haber mirado fijamente la «lámpara fosfénica» y observado el fosfeno, cuando cambie al azul, es decir, al cabo de 2 minutos a 2 minutos y medio, encienda de nuevo la lámpara. Es muy importante no esperar que termine el fosfeno para encender la lámpara. Y, como antes, repita esta operación 4, 5 o 6 veces seguidas.

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EJERCICIOS BÁSICOS PARA REALIZAR DURANTE LA CONTINUACIÓN DE LA LECTURA DE ESTE LIBRO

PRIMERA PARTE
Primera etapa: la lectura con fosfenos Recordatorio de los pasos a seguir: no se coloque en la oscuridad. Si es de noche o el día es sombrío, encienda la luz ambiental. Coloque la «lámpara fosfénica» en la mesa de estudio o al lado, aproximadamente a 1 metro de los ojos. Después de hacer el fosfeno (20 a 30 segundos de fijación de la mirada), proyéctelo sobre el libro. Se paseará por el papel. Durante el primer minuto, debido a su densidad, puede enmascarar las letras. Si esto ocurre, aumente un poco la iluminación de la habitación. Usted sabe que el fosfeno dura 3 minutos, pero no porque no lo vea ha dejado de «actuar». En el ámbito de la lectura, un fosfeno cada 10 o 15 minutos permite aumentar el porcentaje de atención y de memorización. Segunda etapa: la «mezcla fosfénica» Después de haber leído un pasaje o un capítulo, haga un fosfeno y seguidamente, en la oscuridad con una venda en los ojos, o con un antifaz de relajación, durante la presencia del fosfeno, repita sucintamente lo que acaba de estudiar. Esto tiene como efecto ayudar a recordar el pasaje leído.
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Para una nueva pedagogía (fosfénica) En una época de susceptibilidades respecto a las cuestiones escolares, puede ser interesante comunicar a un público lo más amplio posible ciertas investigaciones de fisiología cerebral que permiten, mediante la comprensión que proporcionan sobre el funcionamiento del cerebro, adaptar los estudios a la forma natural de percepción y asimilación, al revés de lo que se hace normalmente. Gracias a sus estudios de fisiología cerebral, el añorado Doctor Lefebure (1916-1988), antiguo externo de los hospitales de París y antiguo médico de higiene escolar, ha puesto en evidencia ciertas leyes fisiológicas que, cuando se respetan, dan lugar a una gran mejoría de los resultados escolares. Muchas pruebas y miles de observaciones, tanto en Francia como en otros lugares, estudios de laboratorio y aplicaciones en las escuelas, han demostrado a lo largo de muchos años, la gran eficacia de sus trabajos, que perfeccionó con los años con objeto de estructurar un método accesible a todos, tanto a los niños y a los estudiantes como a los adultos que quieren continuar sus estudios (un paso difícil cuando se ha dejado de estudiar durante mucho tiempo) y a las personas de edad que desean mantener sus facultades cerebrales. Por más curioso que pueda parecer, muchos profesores lamentan no haber recibido nunca una verdadera formación pedagógica. Sin embargo, durante una inspección, el profesor debe ser capaz, en cualquier momento del curso, de explicar por qué utiliza unas palabras, por qué tiene determinada actitud, las preguntas y el interés que suscita, la relación psicológica, etc.
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Debe poder justificar cada elemento de sus clases y sus demostraciones, en función del objetivo a obtener: hacer que el alumno adquiera cierto conocimiento. Pero el resultado suele ser imponer un solo tipo posible de conocimiento. Entonces la enseñanza se convierte en un molde. Es una «pedagogía calculada». En otras palabras, una manipulación cuyo único objetivo es hacer ingerir un programa, pero no hacer descubrir los conocimientos, ni siquiera el sentido más valioso, como me decía un médico suizo, es decir, provocar una toma de conciencia en el sentido de una apertura mental y una comprensión nueva. En cambio, la pedagogía debería tener por objeto permitir que el niño descubriera el sentido más valioso a través del trabajo, del estudio y del juego. Una «pedagogía calculada» sólo puede dar lugar a la adaptación forzada del niño a la enseñanza, lo cual va en contra de una pedagogía eficaz, es decir, de la adaptación de la enseñanza al niño. En sí misma, la «pedagogía calculada» es una forma de enseñanza altamente científica, puesto que impone una forma de actuar tanto al profesor como al alumno. Pero lo es demasiado o no lo suficiente, ya que, si bien tiene en cuenta las necesidades del sistema, no tiene en cuenta las de los profesores y los alumnos. Además, al imponer una sujeción, no tiene en cuenta para nada las realidades fisiológicas. Por lo tanto, los profesores se enfrentan a un conflicto: respetar las reglas del sistema (¡y las hay!) al mismo tiempo que intentan aportar el máximo de cosas posible a los niños; dos actitudes con frecuencia incompatibles, puesto que el profesor necesita independencia.
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El profesor es un individuo completo que deja su marca en las clases. Es la personalidad lo que hace que las lecciones entren o no entren y esto es independiente de cualquier programa. Todos los descubridores e inventores, todos los «grandes hombres» han dejado la marca de su personalidad en sus obras, incluso aunque ésta haya disimulado con frecuencia sus defectos (o los haya utilizado en beneficio propio) y su incompetencia en otros campos. ¿No dijo Ampère que un tren que pasara a gran velocidad por un túnel provocaría una sordera definitiva en los pasajeros? Otro ejemplo es Galileo, que recibió como regalo un anteojo astronómico y que, para evitar la «competencia» de Kepler, le prohibió el acceso a este maravilloso objeto. Esto no impidió que Galileo copiara los trabajos de Kepler y que fuera considerado como el inventor del anteojo... También Descartes, con su Discurso del método, influyó mucho en la evolución de las matemáticas. Esta evolución incluso entró en las costumbres y en nuestra forma de pensar, hasta tal punto que barrió completamente lo irracional griego que todavía existía en la época, en beneficio de un racionalismo frenético que hace que, en nuestros días, la mayor parte de la gente se sienta obligada a justificar a posteriori todos sus actos, todas sus palabras e incluso sus pensamientos. Evidentemente, no es una casualidad que los profesores deban ser capaces de justificar, a todos los niveles, lo bien fundado de cada elemento de sus clases con respecto a una forma de actuar que sirve de referencia, o mejor dicho, de molde. Sin embargo, también Descartes sacó su «método» de lo irracional, puesto que tuvo la «revelación» a través de tres «sueños».
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Pero se guardó mucho de estudiar cómo un sueño había podido proporcionarle los conocimientos. Por otra parte, los matemáticos afirman que Descartes cometió graves errores en sus cálculos (Upinski), pero lo que todos podemos comprobar es la absurda descripción del hombre cuyas entrañas están constituidas sólo de poleas y cadenas. Esto constituía incluso un paso atrás en el oscurantismo porque, al deambular por las calles, podía observar a las amas de casa troceando gallinas y conejos. Un poco de observación quizá le habría permitido darse cuenta de que no eran cadenas ni poleas lo que comía diariamente. El colmo es que este método, atestado de errores y que lleva a la ignorancia, se estudia en los institutos como EL MÉTODO EJEMPLAR A SEGUIR. Evidentemente, era tentador, en la época de la expansión de la mecánica, comparar a los seres vivos con una máquina. Era un modelo fácil y, por otra parte, no hacemos otra cosa cuando pretendemos que el cerebro funciona como un ordenador. No obstante, a pesar de la evolución de los modelos que intentan describirlo, el funcionamiento cerebral sigue siendo inaccesible e incomprensible, a pesar de los análisis cada vez más precisos de las reacciones químicas, eléctricas y del comportamiento. Según la opinión general, el cerebro debería comportarse como una máquina o un ordenador y, sin embargo, sigue siendo algo diferente. También es cierto que no puede aislarse del ser que le da vida o al que pertenece (como queramos). Esto muestra que nuestra manera de observar, incluso a los seres vivos, es siempre «cartesiana», es decir, disociar el objeto en las partes más pequeñas posibles.
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Sin embargo, a menudo se olvida la operación inversa, reconstituir el objeto a partir de sus diversas partes para formar el todo. Pero, propone Upinski, intenten disociar a un hombre en sus partes más pequeñas y reconstituirlo después... Decididamente, el ser vivo es algo muy diferente de un objeto mecánico, tanto en su comportamiento como en su naturaleza. Con esto hemos llegado al centro del tema: no será posible ninguna pedagogía si consideramos al individuo sólo como una máquina de ingerir datos, y al profesor como un programador de cerebros. Desconfiemos de las evidencias Se nos ha acostumbrado a limitar nuestra percepción a cinco sentidos, con predominio de la vista, es decir, que nos empeñamos en no percibir más que lo que es evidente, por lo tanto, lo exterior. Es el primer principio del «método» de Descartes. No obstante, percibir la evidencia no explica ni la naturaleza de la percepción ni la naturaleza de lo percibido. Como máximo, la evidencia permite no hacerse más preguntas sobre lo que se percibe porque, a menudo, la evidencia se presenta como una conclusión en sí misma: es evidente. Sin embargo, es a partir del momento en que empezamos a plantearnos preguntas sobre lo que parece evidente cuando nos damos cuenta de los problemas más interesantes. Lo mismo ocurre con la famosa expresión la excepción confirma la regla, ya que, si hay una excepción, ¡es que la regla es falsa! Entonces se vuelve interesante estudiar esta excepción, porque sólo puede conducir a nuevos descubrimientos.
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El fosfeno se percibe como una evidencia, puesto que lo tenemos literalmente delante de los ojos después de mirar fijamente una fuente luminosa. El fosfeno es una sensación subjetiva, es decir, la percepción, precisamente, de lo que no es un objeto físico. Por lo tanto, se trata de la negación del primer principio del Método de Descartes: la percepción del fosfeno es evidente, pero esto no explica lo que es el fosfeno. Además, es evidente que, cuando tiramos una piedra al aire, vuelve a caer. Sin embargo, fue necesario Newton para que comprendiéramos que la caída inevitable de la piedra se debe a la gravitación; una explicación que, por sí misma, no es evidente. Hay que desconfiar pues de las evidencias, porque una evidencia puede esconder un problema de fondo. La evidencia de la presencia del fosfeno es una cosa, pero decir que se trata de la persistencia retiniana no es suficiente para explicar la naturaleza del fosfeno, tanto más cuanto que la observación permite constatar que tiene un comportamiento especial que no se espera encontrar en una sensación subjetiva. Además, el pensamiento es rebelde. No se somete a nuestra voluntad, de ahí los problemas de atención y de concentración que padecen muchas personas. Es evidente que el pensamiento es también un fenómeno subjetivo, puesto que no es un elemento físico, y uno es el único testigo de su pensamiento. Pero aunque un observador externo no pueda conocer el contenido de nuestro pensamiento ni saber si estamos pensando o no, esto no impide pensar y reflexionar. El hecho de que nadie pueda percibir nuestro pensamiento como se percibe un objeto físico no impide a nuestro pensamiento ser y existir.
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Si queremos ir más lejos en el desarrollo de una forma más rica de pedagogía, debemos tener en cuenta este universo subjetivo que, generalmente, nos motiva y nos anima sin que lo sepamos. ¿Cómo tiene lugar el aprendizaje? En un primer tiempo, sólo podemos constatar la existencia de un universo subjetivo. Mediante los sueños, para empezar, y después mediante la agitación mental que se deja sentir a lo largo del día. En efecto, nos pasamos el tiempo pensando y reflexionando, con ideas en la cabeza, ya sean «ideas negras», proyectos o preocupaciones, ya sean temas agradables. Estas reflexiones aparecen sin que nos demos cuenta, es decir, que las ideas surgen sin que las esperemos y sin que conozcamos las leyes que dan lugar a la aparición de una idea o un recuerdo. Hablar de asociación de ideas está bien, pero es insuficiente porque no explica la posibilidad de tener ideas nuevas ni cómo se efectúa la comprensión, ya que estos dos tipos de fenómenos aparecen de forma inesperada. Es bien conocido, y la experiencia demuestra, que, cuando se aborda un campo nuevo, hay todo un período durante el cual no captamos todo lo que pasa (si se trata de un trabajo nuevo, por ejemplo) ni todos los conceptos (si se trata de un estudio). Es a fuerza de repetir diferentes fases de la tarea y de repetir operaciones y reflexiones sobre el mismo concepto que un buen día, sin que sepamos ni por qué ni cómo, surge la comprensión como un relámpago luminoso o de genio. El bebé no hace otra cosa para aprender. Le gusta jugar con cosas sencillas y repetir incansablemente los mismos gestos.
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Vuelve a hacer las mismas operaciones, primero de una manera automática hasta que controla perfectamente el movimiento, lo que le conduce después a la comprensión, que los padres querrían que fuera inmediata. Por eso, cuando le regalamos un bonito y sofisticado juguete, lo abandona rápidamente y vuelve a ese pequeño objeto sencillo que conoce bien y que le tranquiliza. Este objeto le asegura el éxito constante, y sólo cuando ha comprendido su mecanismo rudimentario se arriesga a intentar un nuevo descubrimiento, un nuevo gesto, una nueva investigación del mundo. La pedagogía consiste en proporcionarle un elemento más que pueda repetir incansablemente hasta su control completo; pero sólo lo repetirá si tiene éxito. Si la operación es demasiado complicada, abandonará rápidamente. Esto significa que únicamente aprendemos bien aquello que nos sale bien. Los elementos que añadimos sólo serán atractivos si se ven coronados por el éxito. Si estos conocimientos nuevos se vuelven un obstáculo, el niño no avanza y pierde el interés. La pedagogía del obstáculo se convierte en la pedagogía del fracaso. Lo que los padres consideran un juego es en realidad una actividad muy seria para el pequeño. No hay más que ver con qué concentración «juega». De hecho, está estudiando, aprendiendo. Aplica una forma de pedagogía intuitiva que el adulto no comprende. Cuando se hace mayor, le gusta oír una y otra vez la misma historia. Infatigable, es capaz de escuchar una y otra vez la misma canción, para exasperación de sus padres. Sin embargo, de esta forma, continúa aprendiendo, y el adulto debería considerar esto como un centro de interés y no como un capricho (su desgracia es que el niño no se interesa por lo que los padres quieren).
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Este interés es una llamada; el niño tiende un puente hacia nuevos conocimientos de los que deberían aprovecharse los padres. Estudios sobre los superdotados demuestran que, desde la más tierna infancia, el niño solicita intensamente aprender más. Los padres de niños superdotados comprenden muy pronto esta demanda y siempre responden a sus preguntas. Cuando no pueden responder, proponen al niño que busque la respuesta con ellos, en el diccionario o la enciclopedia. En una palabra, ¡«juegan» con él! Por lo tanto, jugar no es hacer cualquier cosa, sino por el contrario ayudar al niño a aprender, siguiendo la forma de aprendizaje que le es personal, así como sus propios centros de interés. Evidentemente, nuestra forma de vida hace que los padres no puedan responder a la mayoría de las demandas, y la escuela es la encargada de tomar el relevo. La cuestión es pues saber si la escuela debe imponer cierto tipo de conocimientos que están muy lejos de las preocupaciones del niño o bien responder eficazmente a sus centros de interés. El niño está bien situado para saber cómo funciona, y es una lástima no poder escucharlo, porque sería una garantía de eficacia. Por ejemplo, le pedimos que aprenda las reglas de la gramática. Se trata de un conocimiento nuevo. El único problema es que a menudo no sabe aplicarlas porque, para él, no existe ninguna relación entre lo que ha aprendido de memoria y el texto escrito. Este conocimiento es, por tanto, artificial e inútil ya que el niño no puede utilizarlo, aunque lo conozca perfectamente. Además, la terminología utilizada en gramática, como en matemáticas, sigue siendo una abstracción con respecto a su realidad.
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Pero, si se siguen sus inclinaciones, es decir, las aspiraciones que muestra todos los días con diferentes matices, hay muchas posibilidades de encontrar un eslabón que tenga relación, por ejemplo, con la escritura; del mismo modo que los niños y los jóvenes que se interesan por la informática aprenden muy fácilmente los términos técnicos ingleses, cuando no es probable que se interesaran, en un principio, por el inglés. Todo es cuestión de motivación. Esta motivación forma parte del niño y se mantiene viva en el adulto. La mayor parte del tiempo, tanto en uno como en otro, la motivación no se estimula ni se mantiene; esto explica que veamos frecuentemente adultos que quieren dejar su trabajo o su actividad para dedicarse a una tarea que le interesa más. Por otra parte, ellos mismos dicen que esta atracción ya era muy fuerte después de la infancia. El entorno y la escuela no han hecho más que apartarlo de sus aspiraciones profundas. La concentración y la reflexión La mejor pedagogía, si se pretende científica, sólo puede ir en el sentido de las leyes de la naturaleza. Son las leyes que los griegos llamaban «fisiología», y se descubren sus efectos en la vida de cada día. Por ejemplo, cuando un profesor pide de repente a sus alumnos que hagan una redacción o una argumentación sin haber sugerido previamente el tema, es muy difícil para el niño o el estudiante tener ideas y organizarlas correctamente. En general, hace lo que puede, pero raramente está satisfecho con su trabajo. Lo peor es que se da cuenta, una o dos horas más tarde o al día siguiente, de que le vienen ideas interesantes con las que podría haber hecho un ejercicio espléndido, ¡pero es demasiado tarde! ¡Vaya, es verdad! ¿Cómo no pensé en esto antes?
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De hecho, le habría resultado imposible pensar antes en ello por la simple razón de que el proceso de reflexión no estaba en marcha. En efecto, como hemos visto, las reacciones fisiológicas siempre tienen lugar después de un tiempo de incubación, como las reacciones a las vacunas. Esto no se debe al azar. Por lo tanto, si queremos tener ideas más interesantes y mejor estructuradas que las primeras que surgen, hay que reflexionar sobre el tema antes de ponerse a escribir. El problema es que no se puede saber con antelación el tema que el profesor pondrá. Para resolver este dilema, existe una posibilidad: llevar siempre encima un cuaderno para anotar las ideas que surjan en cualquier momento. Estas ideas proceden de reflexiones o preocupaciones que se han planteado anteriormente. Aparecen en el momento menos pensado; y, si bien pensamos de forma continua, rara vez prestamos atención al contenido del pensamiento. Todo el trabajo consiste aquí en ser consciente de este contenido y anotar estas ideas, así como su estructura si es necesario (un plan o un proyecto que surgen en la mente, por ejemplo). Algunas personas reaccionan diciéndose que recordarán una idea o un argumento. Pero, cuando necesiten las ideas, se darán cuenta de que no son capaces de recordarlas. Esto se debe a que, cuando reflexionamos, nos colocamos en cierto estado de percepción subjetiva. Por lo tanto, estos pensamientos no tienen las mismas características que los que «giran» constantemente sin que seamos verdaderamente conscientes de ello. Éstas están, además, mucho mejor organizadas si tenemos la costumbre de trabajar con fosfenos, porque nos beneficiamos de la energía de los fosfenos entre las sesiones. El pensamiento se encuentra entonces constantemente fosfenizado y, como consecuencia, es denso.
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Por eso, las ideas que surgen espontáneamente son más ricas y perfectamente estructuradas. Cuando necesitamos estos argumentos, ya no nos encontramos en el estado de percepción que les corresponde y se pierden, aunque puedan reaparecer bajo otra forma más tarde, pero incluso en este caso, no los notamos, no los volvemos a encontrar... La necesidad de una relación entre las asignaturas El único medio eficaz es anotarlas y después iniciar la reflexión a partir de estas ideas. Con el tiempo, se habrán acumulado datos procedentes de una sucesión de reflexiones y de tiempos de latencia; esto reúne una cantidad de datos, informaciones y razonamientos que seguirán disponibles porque, dado que el impulso de la reflexión se mantiene, está en pleno rendimiento cuando se interrumpe un ejercicio. Entiendo por reflexión todo tipo de temas, ya que el cerebro odia pasar de un tema a otro sin que haya relación entre los dos. Al penetrar en un estudio que requiere una actitud mental diferente de la anterior, se encuentra desamparado y todo el proceso de readaptación tiene que empezar de cero. Por eso, los niños, como los adultos, no consiguen pasar fácilmente del francés a las matemáticas o la filosofía, por ejemplo. Esta incompatibilidad se debe al hecho de que no se han creado lazos entre las diferentes asignaturas. Se pasa bruscamente y sin transición de una asignatura a otra, de un estudio a otro. No obstante, sería fácil crear este lazo necesario, ya que, en la clase de matemáticas, puede hablarse también de los hombres que han descubierto los conceptos. Entonces se puede hablar de su época, es decir, de la historia, así como de los lugares y países en los que han vivido: se trata de la geografía.
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Quien dice historia y geografía dice también obras realizadas. Cuando éstas son técnicas, permiten penetrar en el estudio de la tecnología, de las ciencias naturales, de la química, etc. Y cuando son literarias o artísticas, se entra en el estudio de una lengua, del teatro, de la historia del arte, del dibujo, de la música, de la danza, etc. Y así es posible pasar suavemente de un estudio a otro sin que el cerebro pierda los puntos de referencia anteriores, y su experiencia no se pone constantemente en duda, lo cual rompe el impulso del conjunto de sus facultades. Por otra parte, la continuidad de una asignatura y otra permite una mejor estimulación de la memoria y la asimilación, que necesitan puntos de referencia fijos. Siempre hay que partir de algo conocido para captar bien los nuevos conocimientos. Este centro de interés es el que motiva al individuo en sus acciones, sus reacciones, sus reflexiones, sus iniciativas y su estructura psicológica en general. Es la base misma de su personalidad. No tenerlo en cuenta es, por una parte, no respetar al individuo, pero sobre todo canalizar una energía a contracorriente y, por lo tanto, hacerla ineficaz. ¡Qué lío! Así, vemos personas que hacen un trabajo que no les conviene, y no es que sean incompetentes, pero las circunstancias las han llevado a hacerlo por necesidad. En resumen, se dice que no están hechas para esto. Por lo tanto, la reflexión sigue su curso a partir de los elementos que ya posee y no necesita partir del período de incubación. Esto le permite ser más rica y más rápida. Dicho de otra manera, así se mantienen las vías neurológicas de la reflexión.
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La chuleta fosfénica Antes que escribir los datos o las fórmulas de matemáticas en la palma de la mano, es mejor imaginárselas escritas en el «superfosfeno o fosfeno sostenido». El fosfeno sostenido permite grabar bien en la memoria lo que se quiere recordar, lo cual constituye una ayuda valiosa para aprender tablas, fórmulas complicadas, mapas de geografía, etc. Muchos estudiantes nos dicen que, durante los exámenes, tienen la sensación de tener sus libros y cuadernos delante de los ojos, de tan claros y precisos que son sus recuerdos. ¡De esta forma, pueden encontrar a voluntad la información que necesitan! Descripción de este ejercicio (superfosfeno o fosfeno sostenido) en el capítulo continuación de los ejercicios básicos de Fosfenopedagogía. Los trucos de los superdotados ¡Yo, me balanceo! Si toma a un bebé en sus brazos y se pone a llorar, ¿qué hace usted? ¡Lo zarandea o lo mece! A veces, hace las dos cosas a la vez. Es espontáneo. Pero, ¿cuántos padres se preguntan por qué el bebé o el niño se calma cuando lo mecen? En general, no nos planteamos la pregunta y nos contentamos con constatar el efecto de mecerlo, después de todo, es muy práctico. El niño adora que lo acunen. Le gusta balancearse; incluso es el juego favorito de algunos, no en vano se «ha inventado» el columpio. Además, al niño le gusta repetir sílabas al mismo tiempo que se balancea. ¿Por qué no seguir esta estructura fisiológica que quiere que el pensamiento esté ligado a los ritmos del cuerpo?
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Sería una pedagogía que respetaría los ritmos fundamentales del individuo. Con la edad, los padres dejan de mecer al niño. Sin embargo, no es raro que éste se acerque a su padre o su madre para que lo acune. El pequeño parece encontrar en este balanceo alguna cosa que el adulto no capta. Al niño le gusta también balancearse cuando escucha una historia; y además, le gusta escuchar muchas veces la misma historia, lo cual muchos padres tampoco comprenden: ¡Pero ya te la conté ayer!. Después, cuando el niño crece, los padres se las arreglan para no «mecerlo» más, a veces con este pretexto: Ya eres mayor ahora. En efecto, el niño es lo suficientemente mayor como para balancearse solo y no deja de hacerlo para dormirse, pero también cuando despierta y en cualquier momento del día. Todos los niños se balancean cuando sueñan despiertos, ya sea a espaldas de sus padres, ya sea delante de ellos. A veces, los padres reaccionan muy mal ante esta actitud que no entienden; una persona me explicaba que, cuando era pequeña, se balanceaba durante horas. Su madre, para quitarle esta mala costumbre, la ataba rodeada de almohadas para inmovilizarla. Esta represión más bien bárbara muestra hasta qué punto el adulto ignora los asuntos referentes a los niños. Sin embargo, esta costumbre infantil tiene un papel importante en el desarrollo cerebral del niño. En efecto, los niños cuyos padres aceptan esta práctica espontánea se muestran más despiertos que los niños de la misma edad que ya no se balancean. Además, tienen una memoria mejor que sus compañeros y aprenden con mayor rapidez en la escuela. Por otra parte, su capacidad de aprendizaje sigue siendo importante cuando son adultos.
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Por lo tanto, los balanceos tienen una influencia destacable sobre la capacidad cerebral en general, esto sin tener en cuenta que más adultos de los que nos imaginamos continúan balanceándose, aunque no saben realmente por qué. Sienten que esto les aporta alguna cosa agradable y continúan con esta práctica intuitiva porque se encuentran bien con ella. En el ámbito fisiológico, los balanceos suaves estimulan el conjunto del encéfalo. Gracias a los balanceos, el niño da un verdadero y profundo masaje al cerebro. Estimula el conjunto de las conexiones nerviosas y provoca fricciones a diferentes niveles de la masa cerebral. Como todos sabemos, cualquier roce libera energía, ya sea en forma de calor, ya sea en forma de reacción química o eléctrica. Por consiguiente, mediante los balanceos, el niño ayuda al desarrollo de su propio sistema nervioso. Los balanceos constituyen pues una verdadera higiene mental. En nuestra época, los balanceos han sido suprimidos de la primera infancia. Las familias a menudo están desestructuradas: la abuela ya no representa su papel, pero sobre todo el hecho de que la mujer trabaje y el niño se encuentre muy temprano en manos de una canguro o en la guardería hace que esta práctica de acunar esté a punto de perderse. Además, las camas balancín han dado paso a camas rígidas en las que el ritmo del niño se anula rápidamente. Podemos observar el resultado cada vez que miramos a un niño. ¿Qué se dice con mayor frecuencia de los niños? Que son revoltosos y que se mueven en todos los sentidos, más de lo que debería ser normal.
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Los balanceos son la expresión de nuestros ritmos cerebrales y tienen relación con los ritmos de los fosfenos. Al verse privado de esta función natural, el cerebro del niño no alcanza la madurez o, al menos, las ramificaciones neurológicas no se establecen como deberían. La energía cerebral, que ya no se canaliza, se desplaza a las zonas del cerebro relacionadas con la motricidad y la actividad física. Todo este desbordamiento de energía conduce a un exceso de tensión nerviosa que lleva al niño a experimentar, antes de tiempo, este fenómeno social llamado ESTRÉS. Los balanceos deben ser suaves y rítmicos: para los adultos con un metrónomo, a un ritmo de alrededor de 2 segundos. Los movimientos de cabeza se hacen con una amplitud que no sobrepasa los 45º con respecto al eje vertical. El Doctor Lefebure desarrolló lo suficiente el estudio de los balanceos, especialmente en su libro El neumófeno (véase nota), como para que nosotros no lo tratemos en detalle. Fosfeno e imagen eidética En 1829, un belga llamado PLATEAU observó la persistencia de la impresión retiniana: después de la recepción de una imagen, el ojo todavía la percibe una décima de segundo después de su desaparición. Por lo tanto, una sucesión de más de 10 imágenes por segundo produce una sensación de movimiento. Se construyeron varios aparatos a partir de este principio. El primero, fabricado por PLATEAU, se llamaba FENAQUISTICOPIO. ¡Las imágenes de persistencia retiniana, o fosfenos, son pues uno de los principios esenciales del cine!
Nota: de próxima aparición en esta editorial. Daniel Stiennon

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Estudios realizados con superdotados muestran que algunos poseen la capacidad de mantener una imagen durante mucho tiempo en su campo visual, como si estuviera fotografiada. Las pruebas han mostrado que el niño percibe todavía todos los detalles de la imagen, a pesar de que no se encuentra delante de sus ojos, y que es capaz de indicar cuántas ardillas había en el árbol, por ejemplo, sin haber hecho el esfuerzo de memorización. Por otra parte, algunos dicen ver literalmente la foto o el dibujo. Es perfectamente posible que estos superdotados tengan una hipertrofia de la función fosfénica que haga que la imagen de persistencia retiniana permanezca más tiempo que la media. Otra variedad de fosfenos se obtiene mirando por ejemplo fijamente, una superficie coloreada. Es lo que se llama hacer fosfenos por contigüidad de colores. Si esta superficie incluye un dibujo bien diferenciado, después de mirarlo fijamente, el dibujo aparecerá «en negativo». Entonces tenemos una imagen eidética, verdadera fotografía de la imagen fijada. Por lo tanto, estos niños superdotados utilizarían una forma poco habitual de exageración de la función fosfénica, lo cual les permitiría desarrollar una formidable memoria visual por imágenes eidéticas y podría explicar la capacidad que tienen de encontrar instantáneamente la información requerida, puesto que la tienen ante los ojos. Sabemos que, cuando mezclamos un pensamiento con un fosfeno, el pensamiento se encuentra densificado y reforzado, lo cual aumenta automáticamente la atención y, por lo tanto, la memoria (véase La mezcla fosfénica en pedagogía).
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Figura 1: mire fijamente el centro de esta imagen y, al mismo tiempo, cuente lentamente hasta cuarenta. Después, proyecte la mirada sobre una superficie lisa (por ejemplo, una hoja de papel blanco). La visión del disco aparecerá en blanco y, en el interior, se formará progresivamente la letra «A», pero de color oscuro. Es una imagen eidética invertida

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Figura 2: oculte el disco negro con la mano y mire fijamente el centro de la letra «A» mientras cuenta lentamente hasta cuarenta. Después, retire la mano del disco y proyecte la mirada sobre el fondo negro. Verá que se forma la imagen de la letra «A» sobre el fondo liso. Percibirá entonces una variedad de fosfenos que reciben el nombre de imágenes eidéticas

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Dado que los superdotados poseen una función fosfénica más desarrollada de lo «normal», los pensamientos que se mezclan espontáneamente con el fosfeno experimentan las consecuencias de esta mezcla. Todo lo que aprenden se analiza sistemáticamente de la forma más eficaz, es decir, aquélla que proporciona los mejores resultados. En otras palabras, estos pequeños genios utilizan siempre el mismo conjunto de técnicas en las que se han entrenado desde la más tierna infancia. En definitiva, siempre tendrán tendencia a hipertrofiar casi voluntariamente las capacidades que mejor les sirven. Lo que los diferencia de los otros niños quizá no sea el hecho de comprender más deprisa y retener mejor que los demás, sino de reconocer y conservar un método propio y que les da resultados. Es cierto que no se dejan influir por su entorno (padres, compañeros, profesores) y que desarrollan una forma de trabajo personal. Lectura de un libro muy iluminado A mucha gente, le gusta leer al sol, con el libro bien iluminado. Una persona incluso me dijo que notaba una gran diferencia entre una lectura hecha en condiciones normales y habituales de iluminación y una lectura efectuada al sol. Precisaba, además, que al leer así, al sol, aprendía más deprisa y retenía mucho mejor. Hasta tal punto que, durante sus estudios, repasaba todas las clases de esta manera. Consideraba que había terminado sus estudios gracias a esta manera de actuar, pero no comprendió la naturaleza de esta diferencia hasta que conoció las técnicas fosfénicas.
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Habitualmente, cuando leemos, la luz es indirecta, está demasiado alejada del texto, o incluso es demasiado débil, para permitir la formación de un fosfeno, en cambio la reflexión de la luz solar sobre un libro provoca un fosfeno por la fijación de las líneas negras sobre la página blanca. Pero no todo el mundo tiene la suerte de vivir al sur de Francia y, para estimular la función fosfénica al estudiar, se puede utilizar perfectamente la «lámpara fosfénica» del Doctor Lefebure colocándola suficientemente cerca de la persona y un poco por encima del libro o del texto, de manera que la bombilla de la lámpara no moleste. Lo que nos interesa aquí es aprovechar la reflexión de la luz sobre las páginas y por lo tanto, obtener constantemente fosfenos sin tener que preocuparse por ellos. La lectura se realiza entonces normalmente. La única diferencia es una mejor iluminación del texto. ¡Pero qué diferencia! Sin embargo, atención, no porque se viva en una región soleada se es forzosamente más inteligente y se tiene más éxito en los estudios. Porque todo es una cuestión de contexto. SÓLO HACER FOSFENOS NO DESARROLLA NADA, o al menos casi nada. Es imperativo mezclar los pensamientos con el fosfeno (mezcla), lo cual permite desarrollar la memoria y la atención. Es evidente que, en una región soleada, es más fácil hacer estas «mezclas», incluso de forma involuntaria. Los pueblos del sur de Francia, por ejemplo, son más resplandecientes, más alegres; los estudiantes trabajan allí mejor, de manera más relajada, con mucho menos esfuerzo que los de la región Nord-Pas-de-Calais o de Bretaña, que son las que tienen el mayor número de estudiantes angustiados (estresados) y deprimidos.
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Aunque, paradójicamente, la Academia de Rennes es una de las mayores academias de Francia, pero a qué precio... puesto que Bretaña es la región que tiene el triste récord de suicidios entre los estudiantes. Aprender con los oídos tapados Muchos niños lo hacen espontáneamente para aprender. Un día, me pusieron el ejemplo de un empresario que, cuando era niño, aprendía sus lecciones con los oídos tapados. Más tarde, se le clasificó en la categoría de los superdotados. Todavía hoy, cada vez que tiene que reflexionar en un proyecto o tiene algo que estudiar, lo hace sistemáticamente con los oídos tapados. Él mismo dice que trabajando de esta manera es como le han venido todas las ideas que le han conducido al éxito. Al taparnos los oídos, no solamente cortamos el ruido del entorno, sino que, sobre todo, escuchamos lo que ocurre en nuestro interior. Lo que primero sentimos y oímos claramente son las pulsaciones debidas a los latidos del corazón. Después, percibimos un zumbido, un pitido o un silbido: diferentes aspectos del ruido de la circulación de la sangre, amplificados por la caja craneana. Este fenómeno es el que oyen los niños cuando les ponemos una caracola en la oreja y les decimos que es el ruido del mar. Se trata del acúfeno fisiológico. Es interesante recordar que el principio de las técnicas del yoga es dirigir las percepciones hacia el interior. Y esto tanto más cuanto que hay muchas cosas para percibir: en este caso, los latidos del corazón y el acúfeno.
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Un poco de práctica permite darse cuenta de que si centramos la atención en estos ruidos interiores, al cabo de un cuarto de hora, sentiremos una relajación física importante, así como una gran calma mental. Nos sentimos tranquilos y descansados, más equilibrados. ¿Por qué ocurre esto? El sentido del equilibrio está situado en el oído interno. Al taparse los oídos, se produce una estimulación de este sentido. Es cierto que se habla siempre de los cinco sentidos, pero nunca del sentido del equilibrio. Sin embargo, éste es primordial, y las observaciones de la vida cotidiana pueden hacernos conscientes de ello. Por ejemplo, algunas personas dudan que, tapándose los oídos, se pueda actuar positivamente sobre el sentido del equilibrio y, por lo tanto, sobre el sistema nervioso central. Sin embargo, basta con tomar un tren y que éste entre bruscamente en un túnel para que inmediatamente los oídos se tapen y el sentido del equilibrio se altere. Algunas personas incluso se marean. Además, en un avión a gran altura, la presión no es la misma que en el suelo y, también en este caso, esto provoca mareos en algunas personas. Algunas técnicas de yoga consisten precisamente en escuchar estos ruidos interiores, especialmente el ruido de la respiración y los latidos del corazón. Los psicólogos han observado que, cuando un bebé escucha latir el corazón de su madre, se calma instantáneamente. También han descubierto que los adultos son muy sensibles a los ruidos del corazón y han desarrollado una forma de psicoterapia. Con la observación del acúfeno, se obtiene, además de una profunda relajación, una gran estimulación mental.
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En efecto, escuchando este sonido que se sitúa en la cabeza, el conjunto de la masa cerebral se beneficia de esta relajación, favoreciendo un mejor funcionamiento del cerebro y, como consecuencia, una mejor organización del pensamiento. Notaremos también que los niños encuentran por instinto gestos que les permiten ayudar al desarrollo de su sistema nervioso. Lo más extraño es que algunos adultos se pasan toda la vida buscando técnicas secretas para, finalmente, hacer lo que quizá hacían intuitivamente cuando eran pequeños. Aprender eficazmente en estado de relajación y descanso permite acumular una energía física y mental que hace el trabajo todavía más eficaz. Éste es uno de los secretos del éxito en los estudios: no «estresarse». Actuar en este sentido es el futuro de la pedagogía. El acúfeno es el equivalente del fosfeno en el ámbito de la audición. Estos dos «fenos» poseen las mismas propiedades, desde el punto de vista del desarrollo de la ideación y la creatividad. La ventaja es que un niño o un estudiante de internado, que no tiene la posibilidad de trabajar con los fosfenos, puede hacerlo fácil y diariamente con el acúfeno. Ando, luego aprendo Un día, expliqué a un joven dentista algunos elementos de fisiología cerebral. A la luz de mis explicaciones, me dijo que ahora comprendía por qué, si quería aprender correctamente sus lecciones cuando estudiaba, tenía que andar sistemáticamente arriba y abajo de su habitación. Se había dado cuenta de que las aprendía más rápidamente y las recordaba mucho mejor que si trabajaba sentado en su mesa.
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En cuanto a los deberes, había observado que las ideas le venían mucho más fácilmente y eran más interesantes cuando deambulaba largamente al mismo tiempo que reflexionaba. Esto recuerda curiosamente la forma de actuar de los filósofos griegos que llamamos «peripatéticos», es decir, los «paseantes». En el año 335 antes de cristo ARISTÓTELES abrió su escuela en el barrio del Liceo de Atenas, donde sus discípulos platicaban, escuchaban y reflexionaban mientras caminaban. A todas luces, estamos muy lejos del «hombre tronco», que se supone que lo tiene todo en la cabeza sin participación del cuerpo. Al contrario, actualmente parece bien establecido que, para aprender de forma eficaz y desarrollar la creatividad, es necesario seguir los ritmos del cuerpo. MEZCLA FOSFÉNICA + RITMO = ÉXITO

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¡EL FRACASO ESCOLAR NO ES UNA FATALIDAD!
Évelyne Dauchez profesora de francés

Graves lagunas... Trimestre lamentable.... ningún trabajo... Resultados catastróficos... No se puede pensar en el paso al curso superior ¡Cuántas veces habré leído, consternada, estos comentarios explosivos antes de poner mi propio comentario en el boletín trimestral! ¡Ah, estos finales de trimestre, estos penosos consejos de estudios, reuniones de profesores desanimados, amargados, despreciativos! Despreciativos y que no dudan en lanzar anatemas reiterados y destructores a los alumnos revoltosos y a los padres abrumados. Pero el drama está en el otro lado, el lado de los alumnos y de los padres. El trastorno de las madres, la cólera de los padres y el fracaso de los niños. El círculo maldito no termina nunca de estrecharse alrededor del niño o del adolescente acosado, rechazado, juzgado y condenado. Me sentía dispuesto a hacerlo todo lo mal que se esperaba de mí, escribía Chateaubriand, el niño terrible y maltratado, el granuja lloriqueante y risueño que frecuentaba las calles de Saint-Malo.
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¡A ver! ¿Tienen otra solución que despreciar este mundo que los desprecia, que denigrar esta autoridad que los denigra, que desinteresarse por este saber imposible de alcanzar, estos niños en apuros? Todavía los veo delante de mí... 30 o 35 rostros atentos, esos rostros de duros que tienen el mundo entero en el corazón, esos rostros de duros que tienen miedo. Unas palabras mágicas, una sonrisa, una broma, una mirada afectuosa y aquí están, todos, listos para trabajar, listos para dar el callo como ellos dicen. ¡Ésa es toda la esperanza que necesitan! La esperanza de ser mayores algún día, de poseer el control, de saber. ¡Si, lo juro, no piden otra cosa que creer en ello! Durante años, he echado pestes contra un sistema pedagógico devastador, que pisotea el oro más puro, las fuerzas vivas de la juventud. He hecho lo que he podido en este sistema, pero estaba sola y prisionera de los programas y el empleo del tiempo, y no podía hacer milagros. No obstante, he visto a muchos alumnos trabajar incansablemente para llenar sus lagunas — sobre todo en ortografía, esta gran enfermedad de fin de siglo — y me sentía impotente ante sus bloqueos, su «dislexia», estas lagunas que arrastrarían durante toda su vida: ¡el amor no lo puede todo cuando falta el tiempo! ¡Ah! ¡La ortografía, qué monstruo temible para nuestros devoradores de imágenes preconcebidas, para estos hijos del consumo y la tele! La ortografía es la ciencia de los burros, pero también la ciencia indispensable para alcanzar un lugar en nuestro sistema escolar, económico y social.
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Y precisamente, a todos los niveles, y cada vez más, es ahí donde todo el mundo se encalla. No hay nada que hacer, ¡el monstruo es ineludible! Por más que sonriera al devolver los dictados plagados de faltas, el cero se recibía mal, muy mal. ¿Qué hacer? Entonces, como es cierto que la vida nos lleva siempre donde quiere, a fuerza de sonreír, de entristecerme, de luchar, de amar, en una palabra, a fuerza de enseñar como podía, ¡encontré una respuesta! ¡En el mundo de las preguntas, encontré una respuesta! ¡Fue una suerte rara, entre otras cosas, que me eligió para posarse! ¡Esta respuesta brillaba por encima de mi cabeza y yo no la veía! ¡Latía detrás de mis sienes y no la oía! Fue necesario que un hombre, un sabio, la reconociera, la identificara y le diera un nombre: la «fosfenopedagogía». El día que tuve por primera vez entre mis manos el libro La mezcla fosfénica en pedagogía, me vi transportada por una alegría, un entusiasmo y un alivio como el que debieron sentir los miembros del equipo de Cristóbal Colón al avistar aquella nueva tierra llena de promesas, aquella tierra quimérica que se hacía realidad. En aquel océano de incertidumbre, de esfuerzos inútiles y de simpatía vana, divisé una tierra sólida: ¡un «método» de una evidencia y eficacia deslumbradoras! Y después, en el momento de probarlo, la duda me invadió: ¡todo aquello era muy bonito, demasiado bonito! ¿Y si aquella tierra no era más que una isla desierta o incluso una sarta de ilusiones, un montón de teorías coherentes, pero inoperantes en la práctica? ¡Porque lo que yo quería eran resultados tangibles! Pero al fin, entre dudas y esperanzas, me puse en marcha: me armé de confianza y empece a aplicar la «mezcla fosfénica» a los alumnos más atrasados.
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¡E inmediatamente comprendí que en verdad pasaba alguna cosa! Desde la primera sesión, cada uno de estos niños o adolescentes que tomé aparte, experimentó un cambio enorme. Con palabras muy sencillas, les explicaba de qué fuente tenían que beber para superar las dificultades escolares; después, ellos practicaban la mezcla durante tres cuartos de hora. ¡Y sus rostros pronto cambiaron! De ceñudos o asustados que estaban, se convirtieron en vivos, la expresión se liberó y se encendió una chispa de interés en el fondo de sus ojos. Unos decían ¡qué guai!, otros ¡qué divertido! (y mucho mejor si algo los divierte), pero todos, todos, tenían ganas de volver a empezar. ¡Y, al partir, me miraban a los ojos para decirme adiós! Algunos obtenían unos resultados brillantes. Después de la primera sesión, Aurélien se sabía de memoria las lecciones de geografía de un trimestre entero, que había dejado de lado porque no podía aprenderlas y también, por supuesto, porque no quería. Me había venido a ver desesperado: la prueba era para el día siguiente, e hice con él algo que me parecía aberrante, empezar por un gran trabajo antes de que se hubiera familiarizado con la Mezcla. Al cabo de dos días, el maestro, asombrado, le devolvía sus deberes ¡con la mejor nota! Dos días más tarde, le expliqué el mecanismo de la división, con fosfenos. El día siguiente, sacó un 10/10 en el dictado, ¡algo que no le había ocurrido nunca! Elise, que recibía reeducación en ortofonía desde hacía dos años y medio, dio un gran paso adelante con 6 sesiones: en séptimo curso, volvió, radiante, blandiendo un cuaderno de clase en el que su maestra había escrito: Progresos espectaculares en ortografía y escritura. Ánimo.
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Los resultados de los de menor edad eran todavía más rápidos, a juzgar por sus dibujos, que súbitamente se hacían grandes, más detallados y, sobre todo, más coloreados. En los adolescentes, los resultados son más progresivos. Sin embargo, los tres alumnos propuestos para repetir curso, de los que me encargué a principios del tercer trimestre, al final pasaron al curso superior. ¡Qué esperanza! Lo más importante eran esas ganas súbitas de luchar, de mirar de frente sus dificultades, sin pánico, sin desánimo y sin rebelarse, y de avanzar con paciencia y tenacidad. La práctica de la mezcla con los alumnos «bloqueados» me permitió reflexionar y extraer cierto número de leyes esenciales para aplicar en casos semejantes. La primera, y más importante, es ser extremadamente limitado en los objetivos inmediatos. Lo que hay que hacer es llegar a realizar un trabajo perfecto con fosfenos. Poco importa el contenido de este trabajo. No es cuestión de aprender un programa amplio: es cuestión de aprender a aprender. Pasar tres cuartos de hora para integrar profundamente las estructuras de una sola palabra o bien una lección entera, no cambia para nada el beneficio del trabajo. No hay que preocuparse por el contenido sino por la forma. Y, si es correcta, el conjunto del trabajo se hará fácilmente. Por lo tanto, nada de precipitarse: no hay que tener miedo de perder el tiempo en un solo concepto. Al contrario, si se quiere llegar al fondo de un bloqueo, hay que dedicarse durante mucho tiempo a lo que puede ser lo más fácil. El tiempo no respeta lo que hacemos sin él.
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Para convencerse, basta con observar la actividad de un niño pequeño. Cuando el adulto — como ocurre a menudo — le pone en las manos un juguete cuyo funcionamiento supera su capacidad, rápidamente lo abandona. En cambio, ¿cuánto tiempo pasará haciendo y volviendo a hacer una actividad que controla? Observemos su gravedad, el ritmo de sus gestos incansables: con esta actividad controlada, se construye su cerebro. Cuando le sale bien, acumula una energía que le permitirá, cuando esté preparado, pasar a una actividad un poco más complicada. Hay que proceder de la misma manera con la «mezcla fosfénica». El niño debe empezar por mezclar una cosa que conoce bien, después hay que introducir gradualmente nuevas dificultades. Por otra parte, nos daremos cuenta de que se pueden introducir más dificultades muy deprisa: lo esencial es empezar, los pasos de gigante llegarán rápidamente. La segunda ley es todavía más sencilla: el niño debe actuar con fosfenos. Esto significa que debe utilizar todas sus posibilidades, que debe encontrarse en situación de actor, no de espectador. Es importante que las actividades varíen a lo largo de la misma sesión. Entre otros aspectos, es esencial utilizar su inteligencia motriz para que pueda captar también la energía desprendida por el fosfeno. En pocas palabras, una misma sesión debe utilizar el repertorio más amplio de posibilidades del niño. Finalmente, hay algo que no debe pasarse por alto: es la imaginación.
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Por más curioso que pueda parecer, es la imaginación la que permite cualquier paso adelante, porque es ella y sólo ella la que permite que el entendimiento supere sus propios límites. Todos los grandes descubrimientos surgieron de un esfuerzo de imaginación, de un esfuerzo por liberarse de lo conocido. El trabajo de la imaginación es ejercicios de flexibilidad para la utilizar el fosfeno y utilizar visualización. Los niños adoran rápidamente. para la inteligencia lo que los bailarina. Por lo tanto, hay que los ritmos para ejercitar la estos ejercicios y los dominan

Podemos ayudarlos planteándoles preguntas muy precisas sobre el paisaje, el personaje o el objeto que les pedimos que visualicen. Detalle a detalle, se vuelven creativos y esta creatividad adquiere, gracias al fosfeno, una densidad que les encanta. Este ejercicio tiene una potencia asombrosa, especialmente en los niños que tienen problemas de lectura. Estas leyes se aplican en todos los casos, pero hay otras muchas constataciones esenciales en la práctica de la mezcla con los niños y los adolescentes. No hay que perder nunca de vista que, si bien las dificultades se parecen de un niño a otro, estamos, en cada caso, ante un individuo único, y debe dejarse un lugar importante a la improvisación de las técnicas empleadas. Los obstáculos del trabajo constituyen siempre la percepción profunda del ser que está aquí y de la confianza absoluta en sus capacidades. El resto llega por sí solo.

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El mayor descubrimiento del Doctor Lefebure es, con mucha probabilidad, esta gran potencia del hombre cuando se sumerge en el camino de la armonización de sus fuerzas, de sus ritmos y de las fuerzas del medio en que vive. Captar y controlar las energías ambientales, he ahí el secreto, este secreto viejo como el mundo y evidentemente luminoso. ¡Rindamos pues un homenaje a quien ha sabido detenerse ante la evidencia para abrir la puerta y descubrir lo esencial! ¡Demos las gracias al ser cuya inteligencia ha sabido poner los secretos iniciáticos más poderosos al alcance de todas las mentes! Ahora nos toca a nosotros hacer circular su palabra y sembrar a todos los vientos la semilla del conocimiento y la armonía.

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CONTINUACIÓN DE LOS EJERCICIOS BÁSICOS DE FOSFENOPEDAGOGÍA

Hemos aprendido a practicar el ejercicio básico la «lectura con fosfenos» y la «mezcla fosfénica», ahora vamos a estudiar otras modalidades de aplicación. TODOS LOS EJERCICIOS QUE ESTUDIAMOS PUEDEN PRACTICARSE CON ACÚFENOS. Los acúfenos son equivalentes a los fosfenos, pero en el ámbito auditivo. La mezcla acufénica tiene las mismas propiedades que la «mezcla fosfénica». ¿Cómo ser consciente del acúfeno? El acúfeno no es difícil de percibir. Basta con taparse los oídos presionando el trago (el pequeño cartílago que se encuentra cerca del conducto auditivo) con el pulgar, o también tapándose los conductos con el índice, lo cual permite oír mejor el acúfeno. Para mayor comodidad, puede apoyar los codos sobre una mesa o colocar libros bajo los codos, de forma que la cabeza quede recta, lo cual hace más agradable la postura y mejora la irrigación del cerebro. Si se tapa los oídos presionando el trago con el pulgar, los demás dedos quedarán a la altura de la frente para sujetar la cabeza. Si se los tapa con el índice, serán las palmas de las manos las que sujetarán la cabeza. Después, simplemente escuche el ruido interior.
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De esta forma, percibirá el acúfeno en una posición cómoda, sin hacer ningún esfuerzo mental especial. Para la escritura acufénica, utilice tapones para los oídos de los que venden en las farmacias. Así tendrá las manos libres. Los tapones permiten oír y respetan los ciclos cerebrales. De manera que el pensamiento ordinario se beneficia de la energía rítmica del acúfeno. Cuando se asocian fosfenos y acúfenos, se multiplican por dos las facultades cerebrales. En cambio, el uso del walkman, sea cual sea la música que se escuche, altera los ritmos cerebrales, al contrario que la música ambiental (clásica, de percusión o compuesta por ritmos incluso muy modernos), que no modifica la alternancia cerebral. Esto se debe al hecho de que, con el walkman, desaparece el efecto del espacio sonoro. Por lo tanto, el walkman está proscrito durante cualquier estudio intelectual. Tiempo de práctica y duración de las sesiones No hay límite para el número de fosfenos que se pueden hacer en una sesión de trabajo. Muchos estudiantes practican durante varias horas seguidas sin la menor fatiga, a razón de una fijación de la mirada cada cinco, diez o quince minutos según el estudio. A un niño, le basta con hacer los deberes y aprender las lecciones con fosfenos para que los resultados escolares mejoren rápidamente. Los estudiantes y los adultos con frecuencia tienen que estudiar durante varias horas seguidas debido a la importancia de los programas. Para optimizar el trabajo, les basta con asociar fosfenos al estudio, esto permite ganar tiempo y acumular una energía considerable en el pensamiento y en el sistema nervioso.
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Por lo tanto, se hacen sistemáticamente tantos fosfenos como sea posible durante el estudio. Utilización de la «mezcla fosfénica» para mejorar la ortografía, la dislexia y la disortografía Técnica a utilizar para un dictado de palabras: por ejemplo, palabras con las que el niño hace faltas regularmente o palabras especialmente complicadas. Técnica ☛ 1: El niño empieza por hacer un fosfeno. Después lee varias veces la palabra que debe memorizar. Seguidamente cierra los ojos y se esfuerza por ver la palabra con la imaginación. Para asegurarse de que la memorización es buena, es importante que el niño diga la palabra en voz alta. Técnica ☛ 2: Después el niño hace otro fosfeno y se pone una venda en los ojos. En la oscuridad, escribe la o las palabras sin ver ni el papel ni lo que escribe. Es importante que escriba así, con los ojos vendados. Por una parte, se observa que el niño consigue escribir muy fácilmente sin ver el papel y, por otra parte, al trabajar de esta manera, la energía del fosfeno se canaliza hacia la memoria motriz. Cuando el niño hace una falta, debe volver a empezar inmediatamente la operación. Se le hace escribir la palabra entre cinco y diez veces seguidas para que se cree el automatismo de la escritura.
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Observamos que, trabajando de esta manera, se hacen funcionar tres tipos de memoria: la memoria auditiva, la memoria visual y la memoria motriz (responsable en gran parte de la ortografía). Técnica ☛ 3: El principio básico es el mismo, salvo que, en lugar de trabajar palabra por palabra se procede frase por frase. Esta vez, sólo se hacen deletrear al niño las palabras con las que tropieza, para no perder el tiempo y, sobre todo, para que el niño no se canse inútilmente. Es imperativo corregir al niño enseguida cuando hace una falta, de lo contrario, memorizará la falta y no la forma correcta. Esta práctica de «escritura con los ojos vendados» es muy importante y se muestra muy eficaz para resolver todos los problemas de dislexia y disortografía. Contrariamente a lo que se podría creer, con un poco de entrenamiento, no hay problemas para escribir en la oscuridad. El único problema que se puede presentar es que las líneas se superpongan. Pero, en todos los casos, las líneas respetan más o menos una cierta horizontalidad. En caso de superposición, los padres o el profesor colocará bien el papel bajo el bolígrafo del alumno. Para la dislexia Se practica de la misma forma, pero deletreando con fosfenos, sílaba a sílaba, la palabra con la que el niño tropieza. Al principio, tenemos la ventaja de poder hacerle trabajar con palabras y frases con las que no tiene problema, porque este trabajo tendrá una repercusión sobre las palabras más difíciles con las que habitualmente choca.
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De esta manera, el niño no percibe el método como una agresión contra él, en relación con su problema, pero se beneficia del aporte de la mezcla para mejorar la pronunciación. Va adquiriendo más confianza en sí mismo y le gusta trabajar con la mezcla. Después del estudio de las palabras, se le hacen leer frases cortas, con fosfenos. El niño pronto se dará cuenta él solo, de que tiene menos dificultades cuando lee con fosfenos. Para la disortografía Conviene insistir sobre la escritura con fosfenos con la venda, de forma que la energía del fosfeno se canalice hacia la memoria motriz. Esto obliga al niño a dirigir la atención hacia las letras que debe escribir, sin utilizar la vista para corregirse. De esta forma, solamente se utiliza la memoria muscular, que es en la que se basa el aprendizaje de la ortografía y no en la memoria visual. Habrá que hacerle trabajar sobre la misma palabra hasta que deje de hacer faltas y siempre con fosfenos y con la venda. Conviene hacerle hacer tantos fosfenos como sea necesario. Este método permite corregir rápidamente los problemas de dislexia y de disortografía; pero, en los casos importantes, se puede añadir también el Alternófono, un aparato de audición alternativa que dispone de unos auriculares que distribuyen los sonidos no de forma simultánea en ambos auriculares sino de forma alterna; por ejemplo, un chasquido en un lado y después en el otro, con un ritmo regular ajustable. El Alternófono estimula así los lazos entre los dos hemisferios y refuerza sus intercambios; esto no solamente facilita la memorización debido al ritmo alterno de un hemisferio al otro, sino que proporciona una acción estructurante al sistema nervioso y, por lo tanto, a la motricidad, como ocurre con el fosfeno.
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Es suficiente estudiar con el Alternófono para sentir rápidamente una relajación física, un bienestar y una importante estimulación mental. Las ideas se organizan mejor, la atención se mantiene mejor y la pronunciación mejora mucho. Esto es especialmente destacable en la corrección y desaparición del tartamudeo. Este efecto sobre la pronunciación y el tartamudeo es tan claro que, durante las conferencias y demostraciones públicas, los animadores no dudan en utilizar el aparato con niños que tartamudean. Cuando les hacen hablar con el Alternófono, los padres se dan cuenta que el flujo de palabras es más regular, y las palabras salen con mayor facilidad. Al cabo de un cuarto de hora, el animador les quita el casco y les hace leer un texto. Incluso entonces, el tartamudeo es mucho menos intenso y, a veces, desaparece momentáneamente. Por supuesto que hacen falta meses de una práctica regular con el Alternófono para que el tartamudeo desaparezca definitivamente, pero esto demuestra la fuerza de la audición alternativa sobre la organización cerebral para corregir esta arritmia del lenguaje que es el tartamudeo. La aplicación práctica es muy sencilla. Basta que el niño se ponga cada día el Alternófono durante diez minutos, escuche chasquidos fuertes al ritmo de un segundo por cada lado y se deje llevar por este ritmo; después, por la tarde, el niño debe recitar su lección con fosfenos y con el Alternófono puesto, pero con chasquidos más suaves. Por el Alternófono, el Doctor Lefebure recibió grandes premios: Medalla de Oro del Premio del Concurso Lépine en 1963. Medalla de Oro del Salón Internacional de Inventores de Bruselas en 1964.
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Desde entonces, su aparato se ha seguido difundiendo (a razón de varios miles de unidades), pero de una forma que podríamos llamar confidencial, es decir, reservada a ciertas personas. Actualmente, el gran público puede por fin beneficiarse de estos trabajos. ¿Cómo desarrollar un tema para un trabajo, una reflexión o una argumentación? Si se asocia el fosfeno a la reflexión, se produce una aceleración del proceso de organización del pensamiento. Mientras el fosfeno esté presente, piense en un tema de reflexión. Esta reflexión debe continuarse durante varios fosfenos consecutivos. Para ello, basta con mezclar el tema que se quiere desarrollar y anotar en un papel todas las ideas que surgen, aunque las que aparezcan al principio sean ideas que ya se han tenido antes sobre el tema, leído o escuchado. Este tipo de ideas suelen ser las primeras que aparecen. Pero es importante dejar que se impongan y anotarlas, porque el hecho de aceptarlas permite iniciar el proceso de reflexión sobre el tema elegido. Entonces nos daremos cuenta de que las ideas que siguen tienen una lógica, dan una visión del tema a la vez analítica y sintética, y por ello, ofrecen nuevas salidas a la reflexión, dejando entrever aspectos y elementos que nos han podido pasar desapercibidos anteriormente. Además, pueden aportar una visión que no se había tenido antes sobre tema en el que se quiere profundizar.
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Después de varios fosfenos, surgen ideas completamente nuevas. No es raro que en una mezcla de tres fosfenos seguidos, se vislumbren soluciones a un problema o a una situación difícil. Cada aspecto o idea puede desarrollarse sucesivamente de la misma forma. Es suficiente pensar en ello con fosfenos y anotar todas las ideas que aparecen. Técnica de la mezcla en cascada para aumentar la capacidad de ideación Dado que los fosfenos permiten obtener ideas mejor organizadas, así como ideas nuevas, puede utilizarlos directamente para hacer una redacción, una argumentación o un trabajo. Para acelerar un poco más el proceso de ideación, se practica la mezcla en cascada. Ésta se efectúa mezclando primero el tema con el fosfeno, ya sea repitiéndolo mentalmente mientras se mira la luz fijamente y durante el fosfeno, ya sea sintetizándolo en forma de una imagen mental. También se puede mezclar un pensamiento a la vez visual y auditivo. Si el tema es un pensamiento abstracto, se practica de la misma forma, puesto que un pensamiento abstracto se representa necesariamente a través de un pensamiento visual o auditivo. Después, como antes, se deja que surjan las ideas y se anotan para no perderlas. Llega un momento en que no aparece ninguna idea pero, en general, el hecho de no tener ideas suele deberse a que no se aceptan las que se imponen de forma espontánea, o incluso a que se hace un esfuerzo por obtener un resultado, lo cual da lugar a una tensión que impide observar bien lo que llega a la mente.
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Por lo tanto, si no surge ninguna idea, hay que volver a repetir la misma operación. Las ideas pueden surgir en forma de una reflexión auditiva o en forma de imágenes mentales. A menudo, se presentan en ambas formas. Hay que tener cuidado con estas imágenes mentales, porque incluyen matices, a veces, muy finos. Si surgen varias ideas, se utiliza la más clara para mezclar con el segundo fosfeno, durante la fijación de la mirada y toda la duración del fosfeno. Generalmente, la cantidad de ideas es mayor que con el primer fosfeno. También en este caso, se anotan todas y se elige de nuevo la más clara para mezclar con el fosfeno siguiente. El número de ideas será todavía mayor, y las ideas serán cada vez más ricas. Por lo tanto, conviene que practique la mezcla en cascada hasta que tenga suficientes ideas interesantes para hacer el trabajo. Con frecuencia nos damos cuenta de que el esquema del trabajo se establece prácticamente en el orden en el cual surgen las ideas, o que éstas muestran una progresión que requiere pocos cambios para acabar el esquema. Pero, si es necesario, puede hacer su propio esquema volviendo a pensar, con uno o varios fosfenos, en las ideas que ha seleccionado y en la manera de organizarlas. La mezcla en cascada consiste en mezclar la idea más clara con el fosfeno siguiente. Técnica de las preguntas en cascada con el acúfeno Para hacer una reflexión con el acúfeno, se puede dejar que surjan los pensamientos, como hemos visto antes, o también plantear preguntas en cascada.
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La modalidad de trabajo es muy sencilla y también en este caso, utilizaremos los procesos rítmicos del cerebro practicando de la siguiente forma: mientras se escucha el acúfeno, se trata de plantear una pregunta mentalmente e imaginar que se escucha la pregunta por un lado (por ejemplo, el derecho), después se dirige la atención al otro lado, con la idea de escuchar la respuesta. Hay que estar disponible para cualquier idea que pueda surgir. El tiempo de observación debe ser aproximadamente el mismo que el empleado en hacer la pregunta. Si no surge ninguna idea, se vuelve a plantear la misma pregunta por el otro lado, se dirige de nuevo la atención al lado opuesto y se observa si surge una eventual respuesta. Al cabo de poco tiempo, aparecerá una idea, que aportará al menos un elemento a la respuesta, o bien la pregunta se reformulará espontáneamente de otra manera. Esta nueva idea es la que se mezclará con el acúfeno, en el lado por el que se había planteado la pregunta; se repite el vaivén de la observación y la repetición de la pregunta hasta obtener una nueva idea y así sucesivamente, hasta que se disponga de suficientes elementos sobre el tema que se desea desarrollar. También en este caso, puede perfectamente asociar fosfeno y acúfeno haciendo un fosfeno antes de trabajar con el acúfeno. Estudio de las matemáticas con fosfenos Los fosfenos tienen una influencia muy grande sobre la organización de las ideas y sobre la lógica, por lo tanto se pueden utilizar especialmente para el razonamiento matemático.
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Técnica ☛ 1: Lo primero que hay que hacer es leer varias veces con atención los datos del problema con fosfenos. A continuación, se mira fijamente la lámpara durante treinta segundos, como de costumbre. Después de apagar la lámpara, se observa el fosfeno sin pensar en el problema, pero observando las ideas que surgen. No es raro que de esta forma surja un elemento de la respuesta, e incluso el razonamiento a seguir, al principio del fosfeno. Si aparece un solo elemento, se utiliza esta idea para mezclarla durante la fijación de la mirada y se observa de nuevo el fosfeno sin pensar en el problema. Entonces se esperan los nuevos elementos, y así sucesivamente. Técnica ☛ 2: Una variante consiste en reflexionar en el problema durante los tres minutos que dura el cofosfeno, es decir, durante la fijación de la mirada en la «lámpara fosfénica», y seguidamente observar de forma pasiva el postfosfeno como antes, esperando las ideas. Algunos niños prefieren la primera técnica, otros tienen preferencia por la segunda. En los dos casos, observaremos rápidamente que el niño comprende mejor sus clases de matemáticas y que sus resultados escolares mejoran con celeridad. Técnica ☛ 3: Esta vez, con la ayuda del acúfeno, se lee varias veces el problema con atención, después se tapan los oídos y se escucha el acúfeno sin reflexionar en el problema. Hay que dejarse llevar por las ideas sin hacer ningún esfuerzo.
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Cuando surge una idea relacionada con el problema, es absolutamente necesario anotarla para no perderla. Después, con la idea por escrito, se vuelve a escuchar el acúfeno, y así sucesivamente. La ventaja del acúfeno es que se puede utilizar en lugares donde no es posible hacer fosfenos, por ejemplo, en clase, durante un trabajo. Para los niños pequeños Aprender las tablas de multiplicar es más fácil si se utiliza la función rítmica del cerebro tal como venía haciéndose desde hace tiempo. Los niños aprendían las tablas con ritmo. Es un método fácil y eficaz de recordarlas, es una lástima que se haya abandonado, porque daba excelentes resultados. Emplear el ritmo no significa volver atrás, ya que hemos visto que el aprendizaje rítmico da lugar al desarrollo de la memoria y de toda la personalidad. El niño debe leer varias veces la primera parte de la tabla de multiplicar, después hacer un fosfeno al mismo tiempo que empieza a recitar en voz alta. Al apagar la lámpara, debe continuar recitando durante todo el fosfeno. Cuando se sepa bien esta parte, debe continuar con la siguiente de la misma manera, llevando bien el ritmo de la repetición. Por ejemplo (cantando): 6 x 1, 6; 6 x 2, 12; 6 x 3, 18... 6 x 1, 6; 6 x 2, 12; 6 x 3, 18... y así sucesivamente. Así fue como nuestros padres y nuestros abuelos aprendieron las tablas de multiplicar y el alfabeto, como se hacía antes.
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El acúfeno es especialmente interesante para este tipo de aprendizaje. En efecto, mientras se escucha el acúfeno con los oídos tapados, se puede imaginar que se escuchan los factores por un lado, por ejemplo por el oído izquierdo, y se centra la atención en el otro lado, para obtener el resultado como si se esperara por el lado derecho. Después se pasa a los factores siguientes a la izquierda, con el resultado a la derecha, y así sucesivamente, con suficiente ritmo, aunque no sea rápido. El hecho de que los factores y los resultados estén a la derecha o a la izquierda no tiene ninguna importancia en sí mismo. En cambio, lo que sí es importante, es que los factores surjan siempre por el mismo lado y los resultados siempre por el otro. Si se practica así, se respeta el funcionamiento rítmico del pensamiento y se memoriza con mayor facilidad. Después, se puede volver a hacer un fosfeno y a repetir la tabla en voz alta, así se multiplican las estimulaciones mentales y cerebrales al mismo tiempo que se estudia un tema concreto, lo cual rompe la monotonía del estudio. Para las fórmulas de matemáticas avanzadas Para aprender las fórmulas de matemáticas, los estudiantes utilizan a la vez la mezcla de una imagen mental y de un pensamiento auditivo. Para ello, basta con imaginar una fórmula escrita en el fosfeno. En el caso de una fórmula corta, se imagina que está escrita en el interior del fosfeno y se repite mentalmente, pero también de vez en cuanto, en voz alta. En general, dos o tres fosfenos son suficientes para registrar bien la fórmula en la memoria. Si la fórmula es larga y compleja, se corta en varias partes más cortas y se mezcla cada una de ellas por separado con un fosfeno.
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Mezcla con el fosfeno sostenido Sea cual sea la dificultad del estudio y su complejidad, ya se trate de una fórmula larga, un cuadro, un mapa o un esquema, el estudiante podrá fijar mejor el objeto de estudio en la memoria si trabaja con el fosfeno sostenido: una forma de mezcla que aumenta la claridad y la densidad del pensamiento, hasta el punto de hacerlo semejante a la visión. Muchos estudiantes nos dicen que durante los exámenes, han tenido la sensación de tener sus apuntes ante los ojos, de tan claro y preciso que era el recuerdo de las diferentes materias. También aquí, esta forma de mezcla permite ganar un tiempo y una energía considerables. Para obtener un fosfeno sostenido, basta con encender y apagar la lámpara con mucha regularidad. Es importante mantener la mirada inmóvil, bien fija en el centro de la lámpara. Lo ideal sería, después de haber estudiado el tema como de costumbre con los fosfenos, dejar la habitación a oscuras, sin ponerse la venda en los ojos, a continuación, encender la lámpara de fosfenos durante dos a cuatro segundos pensando en el tema y apagarla durante dos a cuatro segundos manteniendo el tema de estudio en la mente, y así sucesivamente. Se puede trabajar de esta forma durante un cuarto de hora seguido. La imagen mental se enriquece y se hace cada vez más precisa gracias a los fosfenos. No obstante, algunas personas tienen dificultades para pasar bruscamente de la oscuridad a la luz. Por ello, les cuesta mantener los ojos inmóviles y no consiguen retener el tema de estudio en la mente, ya que su atención se desvía continuamente hacia la iluminación, la oscuridad y la adaptación a la luz.
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Para remediar este inconveniente, basta con dejar una lámpara de la habitación encendida. Así, el paso de la oscuridad a la luz es menos brusco, lo que permite estar atento a los detalles que aparecen en el pensamiento y enriquecen el objeto de estudio. A fin de observar los efectos del fosfeno sostenido sobre la intensidad del pensamiento, vamos a hacer un ejercicio. Elija un elemento de estudio especialmente difícil de aprender, ya sea un texto, un mapa, una tabla o un esquema. Utilice una de las modalidades siguientes después de haber determinado si pasa fácilmente de la oscuridad a la luz o necesita mantener una luz encendida. Primera modalidad: estudie varias veces el tema con fosfenos, como ha aprendido a hacer. Después apague la luz e intente encontrar los elementos del estudio al mismo tiempo que enciende la lámpara durante dos segundos y la apaga durante otros dos segundos, se repite esta operación por espacio de unos cinco minutos aproximadamente. No olvide mantener la mirada inmóvil hacia la lámpara. Segunda modalidad: póngase en las mismas condiciones que antes, pero ahora no se mantenga en la oscuridad, sino que conserve una iluminación diferente de la lámpara de fosfenos. Tercera modalidad: emplee un tiempo de iluminación de unos cuatro segundos y un tiempo de oscuridad de unos diez segundos. Cuarta modalidad: iluminación de unos diez segundos y oscuridad de unos treinta segundos.
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Practique el fosfeno sostenido durante cinco minutos pensando por ejemplo en una fórmula de matemáticas. Tómese el tiempo que mejor le convenga, aunque sea aproximado. Solamente mantenga la regularidad de la alternancia entre la iluminación y la oscuridad. ¿Cómo estudiar una lengua con fosfenos? Estudio a partir de un método audio La mayoría de los métodos de enseñanza de lenguas incluye casetes, para poder escuchar el acento y la sonoridad de la lengua. El fosfeno se asocia perfectamente al pensamiento auditivo y a los sonidos, por lo tanto será muy ventajoso escuchar la clase con fosfenos para mejorar el acento y la pronunciación. Primera etapa: Escuche la palabra o la frase al mismo tiempo que fija la mirada en la «lámpara fosfénica». Segunda etapa: Después pare el casete poniendo el aparato en pausa y, durante la presencia del fosfeno, repita una o varias veces la palabra o la frase a media voz. Para estudiar a partir de un libro, el proceso es el mismo Haga un primer fosfeno para leer el texto a estudiar con fosfenos. Después lea una primera parte en voz alta.
Nota: los tiempos de iluminación y oscuridad se calculan de forma aproximada; no se mira el reloj, ni se cuentan los segundos. Sin embargo, si se quiere ser preciso, se puede utilizar un cronorruptor (reloj de programación) que se vende en grandes almacenes. Daniel Stiennon

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Cada vez que encuentre una palabra nueva, una frase que no comprende o un fragmento que le cuesta pronunciar, anótelo en un papel y continúe la lectura hasta el final del texto o de la parte en cuestión. Después busque la traducción de las palabras nuevas y escríbalas al lado de la palabra original en el papel. Lea varias veces la palabra prestando atención a la ortografía. Después haga otro fosfeno. Durante la fijación de la mirada, pronuncie la palabra en voz alta al mismo tiempo que se la imagina escrita en el fosfeno. También puede deletrearla, si es posible, pronunciando las letras en la lengua de estudio. Estudio de las expresiones Si ha anotado una frase o una expresión que no comprende, busque su significado y practique de la misma forma con fosfenos, repitiendo la frase y su traducción. Después, eventualmente, la frase y una frase que signifique lo mismo; finalmente, la frase y la representación mental de lo que sugiere. En general, basta un fosfeno para el estudio de cada expresión o frase. Pero en caso de una dificultad especialmente importante, hay que mezclar de nuevo esta dificultad hasta que desaparezca. Para las reglas de gramática El estudio de las reglas gramaticales requiere, sobre todo, trabajar con sus aplicaciones prácticas. Por lo tanto, empiece por leer la regla para comprenderla bien, con la ayuda de los ejemplos que la acompañan, y siempre con fosfenos. Después, haga otro fosfeno para recordar la regla y un ejemplo.
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Durante la presencia del fosfeno, haga los ejercicios de aplicación hasta que le salgan perfectos. No dude en repetirlos varias veces, y haga tantos fosfenos como sea necesario. Si su vocabulario lo permite, intente después hacer sus propios ejemplos y compruebe que las palabras que utiliza para aplicar la regla no están sujetas a excepciones. No dude tampoco en escribir los ejercicios a medida que los vaya haciendo. Para estudiar las conjugaciones, utilice la repetición rítmica, seguida de la visualización de la ortografía de cada palabra conjugada. También es muy eficaz escribir varias veces seguidas la serie de conjugación, pero siempre con fosfenos y los ojos vendados, a fin de utilizar la memoria motriz. Esta forma de proceder es válida para todas las lenguas y todas las formas de escritura. Para estudiar un alfabeto como el griego o el cirílico, así como los ideogramas, hay que insistir mucho en la visualización de la palabra completa o el signo asociado a su pronunciación, su acento tónico y su significado, aunque se necesite mucho tiempo al principio. Más tarde nos daremos cuenta de que no solamente lo que se aprende así se recuerda, sino que también se produce una aceleración progresiva de la velocidad de asimilación. Por lo tanto, no hay que inquietarse si al principio, se tiene la sensación de aprender como de costumbre y no se observa ninguna diferencia mientras se estudia. Será sobre todo después, durante el día, cuando volverán espontáneamente a la mente los elementos de estudio y, cuando necesitemos aplicar estos conocimientos, nos daremos cuenta de que están muy presentes y no tenemos que hacer ningún esfuerzo para encontrarlos. Ésta es la inmensa ventaja del estudio con fosfenos.
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¿Cómo aprender un texto largo de memoria? Primero, divida el texto en varias partes pequeñas y lea varias veces la primera parte con fosfenos. Después, con los ojos vendados, repita en voz alta el texto durante la presencia del fosfeno. El hecho de dividir el texto en muchas partes puede dar la impresión de una pérdida de tiempo en el aprendizaje, pero en realidad, con los fosfenos, el pensamiento se refuerza cada vez más y el fragmento precedente se graba más profundamente en la memoria. ¿Cómo estudiar un capítulo largo de historia o de otra asignatura? La historia tiene la ventaja de sugerir numerosas imágenes. Estas imágenes son asociaciones de ideas que, cuando se mezclan con un fosfeno, refuerzan la relación con los acontecimientos que se deben recordar. En las preguntas de clase y en los exámenes, estas imágenes vuelven fácilmente a la memoria, así como el desarrollo de los acontecimientos. Por lo tanto, es más fácil recordar la lección mezclando fosfenos con las imágenes evocadas por el contenido de la asignatura. Truco para los exámenes Ponga en el fosfeno los títulos y subtítulos de sus lecciones. Su memoria los registrará, y el día del examen volverán muy claros, como si tuviera el libro o el cuaderno delante de los ojos.

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Alternófono; aparato de activación cerebral mediante la audición alternativa por el que el Doctor Lefebure recibió numerosas menciones internacionales

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EFECTOS DIVERSOS

El estado general vigorizado por la acción sobre el carácter La acción de la «mezcla fosfénica» sobre la salud se ejerce sobre todo por medio de la modificación de ciertos hábitos y la depuración de los instintos. El desarrollo de la intuición nos permite intuir lo que nos es favorable o nocivo; por lo tanto, es inútil intentar convencer a un fumador que perderá su hábito perjudicial con la «mezcla fosfénica». Este cambio vendrá por sí solo, sin ninguna lucha ni conflicto interior. Lo mismo ocurre con la bebida, aunque en este caso el abismo es más profundo: un sujeto demasiado hundido en esta dirección no tendrá, o tendrá poca tendencia a practicar solo la «mezcla fosfénica». Será necesario crear un ambiente alrededor de él e incitarle a participar en sesiones colectivas. Pero, si se trata de una forma ligera de alcoholismo (o si el enfermo llega a la «mezcla» por otra razón), el hábito de beber puede desaparecer en provecho de actividades intelectuales compensatorias. Si el sujeto desea curarse y piensa en ello durante la presencia del fosfeno, se sorprenderá de la facilidad con la que su resolución se hace realidad. También puede intentarse la autosugestión con fosfenos: así es mucho más activa.
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Un sujeto, después de varias sesiones de autosugestión ordinaria, no había conseguido librarse del hábito de fumar. Sin explicarle las posibilidades proporcionadas por el fosfeno, se le recomendaron sesiones semejantes, pero con fosfenos, y fueron suficientes para curarle definitivamente, como deseaba, de este hábito. «Mezcla fosfénica» y baño de luz Muchas personas nos han dicho que han tenido experiencias «interiores» interesantes durante un baño de luz. Lo ideal sería que pudiera instalar la «lámpara fosfénica» del Doctor Lefebure justo por encima de la cama, al nivel de la cabeza. De esta forma, puede hacer un fosfeno de vez en cuando mientras está tendido boca arriba y después, con los ojos cerrados, dejar que la luz le atraviese los párpados. Este procedimiento tiene la ventaja de mezclar sus pensamientos, sus sueños o, lo que es todavía mejor, su tema de reflexión con el fosfeno. El resultado es similar al de los efectos sobre el sueño, pero ampliados. Acción sobre los trastornos del carácter Finalmente, añadimos a la lista no exhaustiva de estas acciones sobre la salud, su influencia favorable sobre los trastornos del carácter. La acción es radical en las depresiones de origen puramente psicológico.
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Depuración de la personalidad A los que podrían poner la objeción ¿Y si se utiliza la «mezcla fosfénica» con malas intenciones?, habría que responderles Esto no durará mucho tiempo, porque automáticamente el efecto de la luz producirá una depuración de la conciencia. Por más bajo, sin ideales o incluso vengativo que sea el pensamiento que se mezcla al principio con el fosfeno, un tiempo después, el sujeto adquirirá un pensamiento más elevado y de mayor valor moral como tema principal de la mezcla, y así sucesivamente. Por supuesto que es mejor empezar desde el principio poniendo lo mejor de uno mismo. Se alcanzará más rápidamente la cumbre de la mente humana.

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La «lámpara fosfénica» en un taller

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EJEMPLO DE UTILIZACIÓN EN CLASE
Por Danielle DUFOUR Profesora de la escuela primaria

Desde hace varios años, hemos adquirido la costumbre de preguntarnos sobre los resultados escolares y la necesidad de luchar contra el fracaso escolar. Esto se ha convertido en una prioridad tan importante que la escuela se ha puesto como objetivo conseguir que todos los alumnos tengan éxito. ¡Una de las ambiciones de 1985 era que el 80% de los alumnos superaran la selectividad! En 1997, lo conseguían el 68% frente al 34% en 1980. Y de este 68%, cuántos fracasan la primera vez... A pesar de los importantes progresos que se han hecho, todavía se constata que hay demasiados niños con dificultades para leer, escribir o contar y, por lo tanto, se encuentran en situación de fracaso cuando entran en el instituto. ¡El fracaso escolar es la miseria de la escuela y hace daño a todo el mundo, daño a las familias, a los propios niños, a los profesores y, en general, a toda la sociedad! Es evidente que la escuela tiene dificultades para adaptar sus objetivos a los cambios de la sociedad que se han producido en los últimos cincuenta años.
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El grado de exigencia es cada vez mayor por parte de la institución y de la sociedad: en el ámbito pedagógico, se ha sustituido la lógica de restitución por la lógica de comprensión, es decir, que ya no se pide a los niños que aprendan, se les pide que comprendan. Además, es necesario que estén suficientemente motivados para interesarse por lo que se les propone. ¡A menudo, el profesor se encuentra desamparado frente a unos niños en su mayoría alterados, agitados y poco atentos! Son muchos los profesores que se lamentan: sabemos que el niño necesita que nos interesemos personalmente por él. Pero, ¿cómo vamos a tener en cuenta la personalidad, la historia y las vivencias de todos los niños? Sin embargo, no es cuestión de aplicar la política del dejar hacer. Al contrario, en su clase, el maestro intenta establecer un sistema disciplinado, estructurado pero flexible, de manera que todos puedan encontrarse en un clima de confianza y encontrar el calor humano que a muchos niños les ha faltado en su primera infancia. ¡El profesor piensa siempre que su trabajo es insuficiente y que un niño nunca puede considerarse perdido! Pero hay que encontrar los medios para aprovechar sus posibilidades. Incluso la pereza, tan corriente, de hecho no es un rechazo al trabajo, es sólo un obstáculo para poner en marcha o utilizar los instrumentos intelectuales más sutiles y, en especial, la imaginación. Yo siempre he enseñado en medios desfavorecidos. Por lo tanto, tenía niños con dificultades para expresarse debido a un vocabulario muy pobre.
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Un año, viví una experiencia inolvidable en una clase de párvulos. Había habilitado, al fondo de la clase, un rincón como biblioteca. Los niños iban cuando querían para descansar u hojear libros. Me había dado cuenta que tres niños de los más revoltosos raramente frecuentaban este rincón tan tranquilo. ¡Por lo tanto, el peor castigo era enviarlos al rincón de los cojines para que se calmaran! En este espacio a contraluz, instalé la «lámpara fosfénica» del Doctor Lefebure a 1,50 m del suelo. Después de varias sesiones, me di cuenta que jugaban a mirar fijamente la lámpara y cerrar los ojos, tendidos boca arriba: habían descubierto la magia de los fosfenos sin que yo les dijera una palabra y habían hecho de ello un juego. Hacia la mitad del curso, estos mismos niños iban por sí mismos a tomar un libro y hojearlo tranquilamente, mientras que antes sacaban una docena y los volvían a cerrar rápidamente sin haberlos encontrado interesantes. Al acercarse el final de curso, una nueva etapa en el comportamiento de estos niños me convenció de la eficacia de la «mezcla fosfénica»: no solamente «mis granujas» se habían vuelto juiciosos, sino que el hecho de alternar la fijación de la mirada en la lámpara y la «lectura» de un libro había despertado en ellos una gran curiosidad, al mismo tiempo que unas ganas reales de aprender a leer. Surgió también un deseo de comunicarse conmigo y con los demás niños, ya sea en forma de relatos orales, ya sea en forma de dibujos, que expresaban lo que habían comprendido o imaginado de la historia de un libro.
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Sus dibujos eran alegres y ricos en colores; en cuanto a los motivos, los personajes estaban bien distribuidos en el papel, lo cual es un signo de equilibrio. El método de los fosfenos, aplicado sin coacción, había acabado con los trastornos de carácter de estos niños. Quizá un día podría ser adoptado por numerosos maestros y padres, y aportar soluciones a sus problemas. Otra experiencia en la escuela primaria: una tarde, me encontraba vigilando una clase de estudio con una veintena de niños de 1º a 5º de EGB, una tarea a veces difícil cuando, en una hora, hay que hacer leer a los pequeños, corregir el trabajo de los mayores, ayudarlos y animarlos para que lleguen a sus casas con la lección sabida. Entonces fue cuando Malik, de 3º de EGB, se levantó de la silla para preguntarme la hora. — Faltan veinte minutos — le respondí. — ¡Pero nunca me sabré la poesía! — dijo Malik con aire desolado. — En lugar de pasearte, vuelve a sentarte y cálmate. ¡Tápate los oídos con las manos para no distraerte y aprende lo que puedas! Apenas diez minutos más tarde, Malik volvió a mi mesa con el rostro resplandeciente: — Señorita, esto funciona, ya me sé la poesía, ¡me he escuchado por dentro!
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A menudo, he pensado en esta frase del niño: decía mucho sobre la eficacia de los acúfenos. Al concentrarse en los sonidos interiores, Malik había encontrado la calma y así había podido fijar su atención en la poesía. Actualmente, estoy convencida de que, si la práctica de la «mezcla fosfénica» y acufénica se oficializara en las escuelas desde las clases de los pequeños, no quedaría nada que «atribuir» al fracaso escolar, y tendríamos una tasa de éxitos en la selectividad del 100%. El día que fui consciente del alcance de los trabajos del Doctor Lefebure, cambió todo mi enfoque pedagógico. Gracias Doctor Lefebure por haberme mostrado la luz...

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Iluminación ideal de la mesa de estudio, con la «lámpara fosfénica de bolsillo» y la bombilla de luz natural

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EXPLICACIONES Y TÉCNICAS AVANZADAS DEL PRINCIPIO DE LA MEZCLA FOSFÉNICA EN PEDAGOGÍA

SEGUNDA PARTE
Generalidades Los fosfenos constituyen un método maravilloso de análisis de las acciones sobre el cerebro. Permiten determinar, de forma cierta, lo que es favorable o desfavorable para el buen funcionamiento del cerebro y del individuo en general (véase Exploración cerebral por las oscilaciones de los fosfenos dobles). Cuando asociamos los fosfenos a cualquier ejercicio tradicional o a cualquier ejercicio moderno de desarrollo personal, estamos multiplicando sus efectos en unas proporciones considerables. De esta manera, conseguimos el desarrollo de la memoria, la atención, la inteligencia, la iniciativa y la creatividad, lo cual los convierte en un excelente instrumento pedagógico. Los fosfenos constituyen un verdadero acelerador de los procesos mentales. Nos permiten actuar directamente sobre nuestro pensamiento, sobre su contenido, sus características y su organización y, por lo tanto, optimizar el rendimiento de la reflexión y del trabajo intelectual. Los fosfenos fueron el origen de todos los descubrimientos del Doctor Lefebure.
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La «mezcla fosfénica» permite desarrollar, de forma «prioritaria», aquello hacia lo que tiende el individuo, sacando lo mejor de cada uno, con una originalidad armoniosa que se expresa a través de la CREATIVIDAD. Los individuos se parecen a los cristales de nieve, en el sentido de que no hay dos iguales, a pesar de que todos los ángulos son de sesenta grados. Por lo tanto, existe una relación entre lo colectivo y lo individual. El aspecto colectivo está representado por el ángulo de sesenta grados, común a todos los cristales de nieve, que no impide que cada cristal tenga su forma y su armonía propias, es decir, su aspecto individual. La práctica de la «mezcla fosfénica» respeta la estructura colectiva, al mismo tiempo que desarrolla las tendencias individuales. El método es el mismo para todos, la mezcla entre el pensamiento y el fosfeno, pero el resultado es completamente individual. Ayuda a desarrollar lo mejor de cada uno y a fomentar una originalidad armoniosa que se llama, en el ámbito de la existencia, la creatividad. ¿Quién era el Doctor Lefebure? El Doctor Francis Lefebure, médico y fisiólogo francés, nació el 17 de septiembre de 1916 en París. Su madre, Claire de SaintRémy, pintora y poeta, tuvo su momento de celebridad. Su padre, abogado, dirigía una revista de derecho turístico. Hizo sus estudios secundarios en el instituto de Francia que ha formado más hombres célebres, el instituto Luis el Grande de París, y siempre tuvo una gran admiración por sus profesores de ciencias. A los 17 años, hizo el FQN (Física, Química y Ciencias Naturales), que en aquel entonces era el curso preparatorio para entrar en Medicina.
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Fue de los primeros entre más de 400 estudiantes, a pesar de que era el más joven. Empezó sus estudios de Medicina a los 18 años y se interesó sobre todo por la Anatomía, la Histología, la Fisiología y la Física Médica, en la que sacó la nota máxima. Fue externo de los Hospitales de París y eligió los servicios de neurología y de psiquiatría infantil. En 1939, fue movilizado como médico auxiliar y posteriormente como teniente médico. Presentó su tesis de Medicina en 1942, en Argel (norte de África), sobre los ejercicios respiratorios del yoga: La respiration rythmique et la concentration mentale en éducation physique, en thérapeutique et en psychiatrie. La respiración rítmica y la concentración mental en educación física, en terapéutica y en psiquiatría (véase nota). Una vez desmovilizado, quiso seguir su vocación de siempre y empezó una licenciatura de Ciencias Naturales, después se puso a enseñar ciencias. Pero, como se había casado, tuvo que ponerse a trabajar como médico de higiene escolar. No por eso abandonó sus investigaciones y formó sus primeros grupos de estudio en 1945, año en el que apareció su segundo libro, Les homologies, analogies du microcosme et du macrocosme, Las homologías, analogías del microcosmos y del macrocosmos, (véase nota), que consideraba como su mejor obra desde el punto de vista intelectual. Se trata fundamentalmente de un desarrollo de la teoría de la simetría. Hay que destacar que muy recientemente, la ciencia oficial, con el estudio de los «fractales» y la homotecia interna, sigue el mismo camino... más de cuarenta años después.
Nota: editado por Fosfenismo® España e Iberoamérica. Escuela del Dr. Lefebure®. Fosfenología® Edición y Producción. Nota: de próxima aparición en esta editorial. Expansión cerebral por la luz natural. El ABC de la mezcla fosfénica

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En 1959, el Doctor Lefebure hizo sus primeros descubrimientos sobre los fosfenos, descubrimientos que le permitieron demostrar la existencia de numerosos ritmos cerebrales desconocidos hasta entonces. Éste fue el comienzo de una serie de investigaciones que le llevaron a la creación de diversos aparatos de estimulación cerebral, con numerosas aplicaciones psicológicas y al método de la mezcla fosfénica en pedagogía. El Doctor Lefebure es autor de 24 obras, veinte de las cuales tratan sobre las diversas aplicaciones de la «mezcla fosfénica»; es también el inventor de numerosos aparatos de activación cerebral. Su obra se puede comparar a la de los más importantes investigadores. El Doctor Lefebure murió el 19 de marzo de 1988. Las diferentes fases del fosfeno ¿Cómo hacer un fosfeno? Un fosfeno se obtiene mirando fijamente durante unos 20 a 30 segundos una «lámpara fosfénica» (véase nota) colocada a 1,50 m de distancia. Esta corta fijación de la mirada no cansa en absoluto la vista, sino que constituye en cambio, una excelente gimnasia ocular. Por otra parte, algunos métodos lo aconsejan como rehabilitación visual. En la oscuridad, el fosfeno se presenta en forma de una mancha de colores cambiantes que persiste durante tres minutos. Las fases del fosfeno Cofosfeno: fosfeno asociado a la luz (fijación de la mirada en una «lámpara fosfénica» 3 minutos).
Nota: todo el material adecuado e imprescindible para una observación fija sin problemas oculares, lo suministra, Fosfenismo® España e Iberoamérica. Escuela del Dr. Lefebure®. Fosfenología® Edición y Producción. Daniel Stiennon

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Posfosfeno: fosfeno consecutivo a la luz (fijación de la mirada en una «lámpara fosfénica» 30 segundos). El posfosfeno se reconstituye siempre semejante a sí mismo, sea cual sea la duración del ejercicio. Fosfeno negativo: fosfeno que se percibe al final del postfosfeno. Hay que esperar unos diez minutos para que el cofosfeno siguiente sea semejante al primero. Resplandor difuso: sigue al cofosfeno y permite percibir los objetos que lo atraviesan en plena oscuridad. Estos objetos se perciben entonces como una sombra. Sales fosfénicas: la mezcla del pensamiento y el fosfeno da al pensamiento una gran claridad. El Doctor Lefebure llamó SAL FOSFÉNICA a la mayor claridad del pensamiento producido por el fosfeno. Este concepto de «sal fosfénica» debe tomarse en sentido simbólico y filosófico como el resultado de la combinación del pensamiento con el fosfeno, del mismo modo que, en Física, un ácido y una base dan lugar a una «sal» con liberación de energía. En efecto, la luz es una energía. Cuando alcanza el ojo, desencadena una serie de reacciones químicas y eléctricas en el cerebro, lo cual produce sincronizaciones entre las células cerebrales, acelerando y amplificando los procesos fisiológicos. Por lo tanto, la corta fijación de la mirada en una fuente luminosa aporta una energía suplementaria al conjunto de la masa cerebral que mejora las capacidades mentales (memoria, ideación, creatividad, iniciativa, etc.), es decir, todos los aspectos de la inteligencia.
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Los diferentes tipos de fosfenos que no utilizamos Existen muchas maneras de obtener fosfenos. Fosfenos producidos por alucinógenos Los alucinógenos producen fosfenos que se presentan en forma de alucinaciones asociadas, en algunos casos, a un bienestar temporal. Sin embargo, los alucinógenos dan lugar también a lesiones orgánicas y cerebrales. Los efectos son diametralmente opuestos a los de la «mezcla fosfénica». Los drogadictos que se ponen a practicar la «mezcla fosfénica» terminan abandonando la droga, porque la práctica de la «mezcla fosfénica» refuerza las estructuras psicológicas del individuo. Fosfenos por compresión Se pueden producir fosfenos presionando los globos oculares con las manos. Los yoguis utilizan mucho esta técnica, pero a la larga puede producir un desplazamiento del cristalino. Si recibe un puñetazo en el ojo, verá las estrellas; son los fosfenos. (Estas variedades de fosfenos no tienen ninguna influencia sobre el desarrollo de la memoria). Otros tipos de fosfenos Fosfenos espontáneos En caso de enfermedad o debilidad, a menudo se producen fosfenos, que los médicos consideran como un síntoma de la enfermedad. Antiguamente, la palabra fosfeno se empleaba esencialmente en el lenguaje médico.
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En el estado que precede al sueño Aparecen de forma espontánea y natural imágenes y escenas (imágenes hipnagógicas). Se trata también de fosfenos. Lo mismo ocurre en el estado que precede al despertar (imágenes hipnopómpicas). Los sueños Los sueños que tenemos cada noche no son otra cosa que fosfenos. Las imágenes del sueño se producen en el cuneus, el órgano de la visión situado en la parte posterior del cráneo. Fosfenos creados por la respiración y sobre todo, por el bloqueo de la respiración con los pulmones llenos Esta técnica se utiliza especialmente en yoga para alcanzar un estado de conciencia especial. Fosfenos creados por sonidos y vibraciones No pocos melómanos y músicos dicen que ven colores mientras escuchan o tocan música. También es posible crear fosfenos pronunciando sonidos de una forma repetitiva. La vibración del esqueleto produce, entre otras cosas, la aparición de haces de fosfenos. En la mayoría de las culturas, el tambor, en sus diversas formas, es un instrumento sagrado. Es cierto que la vibración de este instrumento se comunica al conjunto del ser, estimulando la función fosfénica.
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Durante el sueño ligero, a veces ocurre que un ruido brusco produce una oleada de fosfenos de forma geométrica y armoniosa. Esta oleada dura apenas un segundo y llena todo el campo visual. Fosfenos inducidos por un ritmo Un ritmo impreso al cuerpo o al pensamiento genera fosfenos. Los ritmos de dos segundos, de la sexta parte de un segundo y de la décima parte de un segundo son los principales inductores de fosfenos. Por ejemplo, una persona que trabaja con un martillo neumático a un ritmo muy rápido puede ver aparecer fosfenos en su campo visual. Existen otras formas de percepción de fosfenos, pero sin ninguna relación directa con el desarrollo de la memoria y el desarrollo del individuo. Por ello, nos limitaremos a estos ejemplos. Las diferentes fuentes de iluminación para producir fosfenos Empleamos esencialmente el tipo de fosfenos que los oftalmólogos llaman «imágenes de remanencia», «imágenes de persistencia retiniana» o «postimágenes». El origen de la palabra fosfeno La palabra fosfeno viene del griego «phôs», luz, y «phainein» que quiere decir «aparecer», pero también «brillar». La palabra «feno» se creó en 1834 por necesidades de la Química, para designar el núcleo del benceno.
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De ella proceden sus derivados, que contienen la misma raíz, entre los que el «fenol» es el más importante. Se le llamó así porque también brillaba. En 1838, se recuperó esta raíz. La palabra «fosfeno» fue utilizada por dos investigadores de disciplinas diferentes. El naturalista Lelorgne de Savigny (17771851) la empleó para designar una variedad de luciérnaga, y el fisiólogo Venzac para designar las sensaciones luminosas espontáneas. El Doctor Lefebure creó la palabra «Fosfenismo»® haciendo lo que en gramática recibe el nombre de neologismo por restricción a partir de la palabra fosfeno, cuya raíz principal significa luz y recuerda a Febo, el Sol. Este término es también más eufónico para designar el conjunto de las técnicas fosfénicas. Además, utilizamos el término «imágenes mentales». Para evitar la confusión entre los conceptos de «imágenes mentales» e «imágenes de persistencia retiniana», designamos a estas últimas con la palabra «fosfeno». Esta terminología es importante porque, en los textos antiguos, se encuentra la descripción de los fosfenos, pero los autores, dado que no poseían los términos que habrían podido describir y designar estas percepciones subjetivas, frecuentemente utilizaban los términos «colores» o «luz», lo que hace incomprensibles sus textos. A título de ejemplo: En un pasaje de su Parva Naturalia, Aristóteles describe el fosfeno por contigüidad de colores y el postfosfeno solar: (...) la impresión no se produce sólo en los órganos, sede de las sensaciones, sino también en los órganos que han dejado de sentir, y está en el fondo y en la superficie.
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Es evidente cuando sentimos alguna cosa de forma continua: en efecto, cuando pasamos de una sensación a otra, la impresión sigue a la sensación. Por ejemplo, cuando pasamos del sol a la oscuridad: ocurre, en efecto, que no vemos nada porque el movimiento causado en los ojos por la luz todavía persiste. Y si miramos durante mucho tiempo un solo color, ya sea blanco, ya sea amarillo, este color aparece en el lugar al que dirigimos la mirada. Y si hemos parpadeado al mirar el sol o algún objeto brillante, para los que lo han observado siguiendo una línea recta -dado que la vista requiere esta línea recta- aparece primero tal y como es en cuanto al color, después se vuelve rojo, seguidamente púrpura, hasta que llega al color negro y desaparece. ARISTÓTELES, Petits traités d´Histoire naturelle, Société d´Edition Les Belles Lettres, Paris, 1965, página 80 (texto traducido por René Mugnier). Fijación de la mirada en una «lámpara fosfénica» Utilizamos bombillas (especiales) que difunden la luz de forma homogénea. Para los ojos normales, basta con una potencia de 75 vatios para obtener buenos fosfenos. Las personas que tienen los ojos sensibles pueden utilizar un filtro de luz. Fosfenos por contigüidad de colores Cuando se mira fijamente durante unos minutos una mancha de color rojo, se percibe, en la oscuridad, una mancha de color verde, y al revés. El color del fosfeno es complementario del color que se mira.
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El sol Hay que respetar una serie de precauciones y reglas indicadas en el libro del Doctor Lefebure La mezcla fosfénica en pedagogía. Su utilización no se aconseja en pedagogía. Desde tiempos antiguos y en todas las civilizaciones, se ha practicado, y todavía se practica, la fijación de la mirada en el sol. Es el origen de los cultos solares de los que han surgido todas las religiones. El cielo luminoso La fijación de la mirada en un cielo luminoso produce una gran relajación física. La energía luminosa se difunde por todo el sistema nervioso y provoca una calma mental muy intensa. Por eso, frecuentemente nos entra sueño durante la práctica con el cielo luminoso. La gran luminosidad del cielo se debe a la reflexión de los rayos solares en las capas de la atmósfera. Reflejos del sol en el agua La práctica con los reflejos del sol sobre el agua provoca «a destiempo» un aumento de la energía nerviosa, así como una estimulación mental e intelectual muy intensa. A muchas personas, les gusta mirar los reflejos del sol en el agua, porque experimentan un gran bienestar y una calma profunda. Fijación de la mirada en las estrellas Fijar la mirada en las estrellas es una técnica poco utilizada conscientemente.
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Se tiene tendencia a creer que la intensidad es demasiado baja y que no se puede hacer un trabajo eficaz con los fosfenos estelares. Nada de eso. La práctica con las estrellas es muy interesante y produce fenómenos psíquicos curiosos. Muchos astrónomos, tanto profesionales como aficionados, han experimentado algunos después de sus observaciones. Si se practica regularmente la fijación de la mirada en las estrellas, se pueden obtener también lo que podemos llamar «prodigios estelares». Las llamaradas de un fuego Son raras las personas a las que no les gusta mirar fijamente el fuego de una chimenea o un fuego de campamento. En casi todas las tradiciones, las historias se cuentan alrededor del fuego, no solamente para calentarse, sino porque la intensidad de la luz y el movimiento rítmico de las llamas estimulan la creatividad y por lo tanto, la invención. Por ejemplo, el químico alemán Kekulé (1829-1896) tuvo la idea de la teoría estructural del benceno después de quedarse adormecido frente al fuego de su chimenea. Durante el sueño ligero, tuvo la visión de unos átomos que bailaban delante de él, se reunían y se agitaban como serpientes. Una de estas serpientes se mordió la cola y el anillo hexagonal que se formó condujo a Kekulé a imaginar que el núcleo de benceno tenía un aspecto análogo. No presentó esta estructura hasta 1866 y, más tarde, se pudo comprobar con métodos físicos la existencia real de este anillo hexagonal. En 1854, tuvo también la idea de la relación entre los átomos de carbono gracias a unas visiones que experimentó en un autobús.
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A priori, esto no tiene ninguna relación con la fijación de la mirada en el fuego, si no se tiene en cuenta que al parecer Kekulé, por una parte, siempre tenía estas visiones y, por otra parte, acostumbraba a mirar el fuego y adormecerse delante. Los trabajos del Doctor Lefebure sobre los fosfenos muestran que los efectos de la estimulación mental persisten entre las sesiones. Esto explicaría que Kekulé hubiera seguido beneficiándose de esta estimulación en pleno estado de vigilia, en un ómnibus.

Es cierto que mucha gente practica la fijación de la mirada en una fuente luminosa directa o indirecta sin tener conciencia de ello y desarrolla, sin saber cómo, grandes capacidades mentales. Pero, cuando se comprende el proceso de esta estimulación mental, es fácil utilizarla a sabiendas y con mayor eficacia. Por otra parte, encontramos estas prácticas en todas las tradiciones y en todas las culturas, lo cual demuestra que los hombres se han servido siempre de la luz para obtener un mayor bienestar físico y psíquico, así como una gran creatividad. La luna También es posible mirar fijamente la luna. Los cultos lunares se desarrollaron en los países en que el cielo estaba muy despejado. Se utilizaba la fijación de la mirada en la luna o en los reflejos que produce en el agua o en una superficie reflectante (caracola, bandeja de plata...). Se dice que la luna inspira a los poetas... siempre que la miren...
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La vela La fijación de la mirada en la llama de una vela produce también fosfenos, pero ofrece poco o ningún interés intelectual. En resumen: en el marco de nuestro estudio (utilización de los fosfenos con un objetivo pedagógico y de desarrollo personal), solamente la «lámpara fosfénica» permite una práctica efectiva y totalmente segura. Para su seguridad No utilizar nunca otras lámparas que no estén certificadas como fosfénicas® (véase nota). Y SOBRE TODO NO UTILIZAR NUNCA NI LÁMPARAS DE INFRARROJOS NI LÁMPARAS DE ULTRAVIOLETAS. Con las de ultravioletas, la úlcera de la córnea está asegurada o, al menos, una conjuntivitis; y las de infrarrojos provocan cataratas si se utilizan en exceso. En los dos casos, es inútil e incluso peligroso utilizar estas lámparas. EVITAR LOS TUBOS comúnmente de «neón». FLUORESCENTES llamados

Nota: todo el material adecuado e imprescindible para una observación fija sin problemas oculares, lo suministra, Fosfenismo® España e Iberoamérica. Escuela del Dr. Lefebure®. Fosfenología® Edición y Producción. Daniel Stiennon

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Principio de la «mezcla fosfénica» El hecho de hacer fosfenos en sí mismo no desarrolla nada, o casi nada, en el ámbito mental; hacer fosfenos sólo proporciona una relajación física muy importante y un aumento de la energía mental. Solamente la «mezcla fosfénica» desarrolla todas las facultades cerebrales. «mezcla» significa combinación. La «mezcla fosfénica» consiste en combinar un pensamiento con un fosfeno. La «mezcla fosfénica» es como la «salsa» que debe sazonar todos los ejercicios, y hay que asociarla al conjunto de estas prácticas. Esta mezcla se hace en el tiempo (manteniendo un pensamiento preciso, previamente elegido, durante la presencia del fosfeno) o al mismo tiempo en el tiempo y en el espacio (colocando la imagen mental visual o auditiva en el interior del fosfeno). Esta segunda forma de proceder es más eficaz pero más difícil. Para obtener verdaderos resultados en cuanto al desarrollo de las capacidades mentales, hay que asociar los fosfenos a nuestro trabajo cotidiano, a nuestro estudio o a nuestro tema de reflexión. Vamos a hacer algunos ejercicios para familiarizarnos con la presencia del fosfeno, al mismo tiempo que hacemos un trabajo mental, y a observar también la acción del fosfeno sobre el pensamiento.

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Fotografía de un fosfeno

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Acción del fosfeno sobre el pensamiento Pensamiento visual Va a trabajar: ☛ sin fosfeno ☛ con fosfeno ☛ después del fosfeno Algunos ejercicios básicos que le permitirán observar los increíbles efectos de los fosfenos sobre el comportamiento de sus propios pensamientos Ejercicio 1: ➫ Para empezar elija un objeto que tenga en su casa. Trabajará sobre el recuerdo de este objeto. Primero hará el experimento sin fosfeno, para observar las características de su pensamiento. Cierre los ojos y piense en este objeto y en los detalles del mismo (forma, colores...) durante 2 minutos. ENTRE EN EL JUEGO, haga este experimento. Cierre los ojos. ✓ Observaciones: ¿cuáles son las características de este pensamiento? ¿Ha sido más bien claro, más bien vago, muy presente o impreciso? ➫ Anote sus observaciones en un papel.

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➫ Ahora repita el mismo ejercicio pero con fosfeno. ➫ Haga un fosfeno y después, durante 2 minutos, piense de nuevo en el mismo objeto y observe las características de su pensamiento. ➫ Anote sus observaciones con respecto a la primera experiencia sin fosfeno. ➫ Ahora, haga el mismo ejercicio sin hacer el fosfeno, simplemente con los restos del fosfeno que ya tiene. ➫ Cierre los ojos y vuelva a pensar en el objeto: duración 2 minutos. ➫ Anote sus observaciones. Para la mayoría de los participantes, en el primer experimento sin fosfeno, las imágenes son poco claras y poco numerosas con, en algunos casos, una infinidad de ideas parásitas. Con el fosfeno, hay más imágenes, de mejor calidad y además, para algunos, con una clara percepción del color. El objeto puede también verse en su contexto. Finalmente, en el tercer experimento, algunos todavía conservan bastante energía mental para que el objeto aparezca diferenciado. Esto demuestra que los efectos persisten entre las sesiones. Ejercicio 2: Ahora, va a continuar desarrollando su sentido de la observación del comportamiento de sus pensamientos. Para ello, haga este nuevo ejercicio sin fosfeno.
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➫ Elija otro objeto que le guste mucho, su bicicleta, por ejemplo. Trabajará sobre el recuerdo de su bicicleta o de una bicicleta que haya tenido. ➫ Cierre los ojos durante 3 minutos, el tiempo de hacer este experimento. ✓ Observación: ➫ El pensamiento desaparece por momentos, después reaparece en la conciencia cuando lo había olvidado. ➫ Otra imagen mental sustituye la idea del objeto contra su voluntad. ➫ El objeto no se percibe en su totalidad sino de forma parcial (parte superior, inferior, central, etc.). ➫ Hay movimiento alrededor del objeto, o el propio objeto se desplaza. ➫ Deformación de las imágenes, imágenes más o menos lógicas, a veces incomprensibles. ➫ Pensamientos parásitos sin relación con el objeto. La conclusión de este experimento es a menudo una falta de concentración, puesto que no se consigue mantener constante el recuerdo del objeto. Se experimenta una sensación de fracaso ya que no se sabe cómo aumentar la concentración.

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Algunos, en cambio, consiguen con facilidad mantener el pensamiento durante todo el tiempo de observación. En realidad, no se trata de un problema de concentración. En la vida cotidiana, tenemos continuamente un hervidero de pensamientos en la mente. Pasamos con frecuencia de un tema a otro sin ni siquiera darnos cuenta. Esta sensación de fracaso que experimentamos se debe a una educación errónea. Nos enseñan que estar concentrado es tener una imagen mental rígida durante un cierto tiempo. Por otra parte, se repite a los niños: «¡Piensa sólo en lo que estás haciendo!». Hemos visto que los fosfenos son inestables y no cesan de transformarse y evolucionar. Como los fosfenos son la manifestación directa de los ritmos del cerebro, es perfectamente lógico y normal que el pensamiento siga la misma evolución que el fosfeno, es decir, que cambie constantemente, que se deforme y se transforme sin que intervenga la voluntad. El pensamiento está regido por los ritmos cerebrales, por lo tanto es normal que no pueda estabilizarse y quedarse paralizado como una foto. Dada la función rítmica del cerebro, sería inquietante que la imagen se quedara quieta. En este caso, no habría capacidad creativa. Es antifisiológico mantener el mismo pensamiento en la mente durante mucho tiempo. Entrenarse en conservar durante mucho tiempo el mismo pensamiento en la mente o intentar crear un vacío mental permanente impidiendo que los pensamientos lleguen a la conciencia es trastornar completamente los ritmos cerebrales, esto explica el dolor de cabeza acompañado de una gran fatiga que experimentan algunas personas que realizan este tipo de prácticas.
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Si nos entrenamos en hacer el vacío mental durante varios años, a la larga podemos tener una depresión, tener la reflexión paralizada y estar más nerviosos. Se han realizado experimentos en fábricas donde algunas personas trabajan siempre con la misma mano, es decir, con una sola mano. Se ha observado que estas personas están mucho más estresadas y tienen más tendencia a la depresión, mientras que un trabajo que requiere las dos manos parece mucho más interesante, motiva más y es más agradable. Lo que nos interesa en el ámbito de la fosfenopedagogía no es mejorar el pensamiento y la reflexión, sino mejorar los procesos mentales. Para ello, sólo existe un medio: trabajar en el sentido del funcionamiento cerebral, dejando que el pensamiento evolucione espontáneamente, dejándonos llevar por nuestros propios ritmos, sin hacer esfuerzos, para que el pensamiento pueda organizarse por sí mismo y desarrollarse según las leyes fisiológicas. Continuación del ejercicio 2: ➫ Ahora, repita el mismo ejercicio, pero con fosfeno. ➫ Mientras piensa en la bicicleta, durante 3 minutos, observe las características de su pensamiento, pero dejándolo evolucionar libremente. ➫ Sin preocuparse del fosfeno ni centrar la atención en sus colores, observe simplemente la evolución de su pensamiento, sin esforzarse en mantener el objeto en la conciencia. ✓ Observaciones: generalmente es fácil de observar que los pensamientos parecen más presentes, las imágenes son más densas, mucho más luminosas y más intensas. Los detalles son más numerosos y se imponen espontáneamente en la mente.
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El objeto puede percibirse también de forma parcial, pero los detalles son más importantes. Los colores aparecen con más precisión y matices. Pueden aparecer recuerdos relacionados con el objeto (la bicicleta) sin que hayan sido buscados. Se puede observar un movimiento alrededor del objeto o unos movimientos del propio objeto asociado a una percepción más precisa del entorno del objeto. Por ejemplo, la carretera, el camino por donde se pasaba con la bicicleta, así como las eventuales personas que aquel día nos acompañaban. En resumen, las imágenes son mucho más vivas y tienen muchos más detalles, así se produce la sensación de una gran presencia de estas imágenes o de estar uno mismo presente en la situación percibida. Ejercicio 3: Ahora, haga el mismo tipo de ejercicio con fosfeno. Pero esta vez, piense en un trabajo que esté haciendo o, de forma más general, en su actividad profesional. Mientras piensa en su trabajo, observe las características del pensamiento, pero dejándolo evolucionar libremente, aunque surjan otros pensamientos sin relación con el tema. Hay que aprender a observar el comportamiento del propio pensamiento y su contenido, dejándolo fluir con absoluta libertad (véase nota). Haga este ejercicio durante 3 minutos.

Nota: las imágenes surgen, en general, con fuerza y detalles. La persona se ve en situaciones (contextos) profesionales, con una imagen mental de características muy claras.

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Para desarrollar un tema determinado Conviene elegir bien el tema antes de mirar fijamente la lámpara, ya que el hervidero de ideas en presencia del fosfeno es mayor gracias a la energía que se desprende. La elección es, por tanto, más difícil. En cambio, si se elige antes, la energía se condensa en la idea y la fortifica. Algunas personas intentan tener voluntariamente un pensamiento preciso y claro porque, cuando se habla de visualización, la propia palabra contiene el término «visual». Se empeñan en querer ver, cuando no se trata de ver el objeto tal y como es realmente, basta con tener de él un recuerdo, aunque sea vago. El simple hecho de mezclar esta idea con el fosfeno es más que suficiente para extraer todos los beneficios de la mezcla. Por lo tanto, es inútil intentar ver físicamente este objeto. Se trabaja simplemente sobre el recuerdo del objeto. Basta con pensar que el experimento se realiza sobre el objeto que se ha elegido. Es posible que todavía no haya experimentado efectos convincentes. Con la acumulación de fosfenos, se dará cuenta progresivamente de la densificación del pensamiento. Podemos comparar lo que ocurre con la mezcla a la solidificación del yeso que impregna una esponja; el pensamiento es la esponja y el fosfeno el yeso. Si sumergimos una esponja en un cubo de yeso líquido, dejamos de ver la esponja. Pero, cuando sacamos la esponja, ésta tiene otra propiedad, ya que se encuentra impregnada de yeso y cuando se seca, además, tiene otra consistencia.
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La relación entre el pensamiento y el fosfeno consiste en que el pensamiento se impregna del fosfeno, como la esponja se impregna de yeso líquido. La agitación del pensamiento (inestable) es lo que lo mezcla con el fosfeno (fluctuante). Una vez fuera del yeso, la esponja se vuelve dura y resistente. Lo mismo ocurre con el pensamiento, que sale fortificado, y por lo tanto, mejor grabado en nuestra mente. Mientras la esponja se encuentra en el yeso, no la vemos más que normalmente, más bien menos. De la misma forma el pensamiento puesto en el fosfeno, sobre todo durante las primeras experiencias, no es más perceptible que un pensamiento ordinario, a veces incluso menos, ya que la brillantez del fosfeno puede molestar al principiante. Pero después de la extinción, el pensamiento volverá bajo una forma mucho más brillante y clara que normalmente. Este resurgimiento, casi en forma de visión (acción de ver, de representarse en la mente; fuerte intensidad de una imagen mental), tiene lugar a veces inmediatamente después de la mezcla, pero es muy raro; generalmente, se produce dos o tres horas después, a veces incluso más. Movimientos físicos como la marcha, o mejor suaves balanceos de la cabeza, facilitan esta resurgencia. Podemos decir que el pensamiento se ha «fosfenizado». Comparar el fosfeno con el yeso es recordar que tiene la posibilidad de amoldarse a otros soportes. Numerosos experimentos podrían poner en evidencia esta maleabilidad del fosfeno que, según las circunstancias, se adapta a objetos físicos o a pensamientos.
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Acción del fosfeno sobre la memoria de evocación Ejercicio 4: Repita el experimento de la mezcla con un recuerdo de vacaciones para observar los efectos sobre la memoria. ➫ Elija un recuerdo, preferentemente agradable, reciente o antiguo. Piense en él durante 3 minutos. Con fosfeno: ➫ Cierre los ojos y deje que surjan las ideas, las imágenes, las sensaciones... ✓ Observación: ¿los recuerdos surgen con tanta abundancia como sin fosfeno, en menor número o en mayor número? ➛ En general surgen más recuerdos, que habitualmente y sin fosfeno, con muchos detalles inesperados. ➛ El pensamiento es menos claro: todavía presta demasiada atención al fosfeno con respecto al pensamiento. Esto se soluciona con una semana de práctica. ➛ No hay diferencia: espere unos instantes, después vuelva a pensar sin fosfeno en la imagen mental que había mezclado. A menudo, después de la mezcla se observa la diferencia con los otros pensamientos que vagabundean por la mente (esponja/yeso). ✓ Primera observación: existe siempre un tiempo de incubación en el aprendizaje, que es de unos 3 días (por esta razón, no conviene aprender la lección en el último minuto).
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Es el mismo tiempo que necesita para actuar el Cogitum® (acetilaminosuccinato bipotásico), un medicamento que toman algunos estudiantes cuando quieren memorizar las lecciones antes de un examen importante. Por otra parte, en general se necesita un mes para que se fortalezcan las vías neurológicas de transferencia de energía del fosfeno al pensamiento. Es decir, hay que fortalecer los vasos que unen la zona occipital, que entra en actividad durante la presencia del fosfeno, y la zona frontal, que es la de la inteligencia, la creatividad y la originalidad. Por lo tanto, el principio del desarrollo cerebral no se produce hasta pasado un mes. Entonces se constatan fácilmente los progresos, que van aumentando a partir de este momento. ✓ Segunda observación: se pueden empezar a evocar los recuerdos durante la fijación de la mirada en la lámpara, pero el efecto beneficioso de la mezcla empieza a partir del momento en que aparecen los colores del fosfeno. ✓ Tercera observación: muchas personas nos han señalado que los recuerdos que aparecen espontáneamente y con mucha claridad durante la mezcla son los recuerdos de períodos soleados. ¿Es éste su caso? Para la inmensa mayoría: quizá ha tenido la sensación de revivir sus vacaciones. La intensidad del pensamiento se amplifica de tal manera que se experimentan, además de la variedad de detalles, sensaciones como olores o sensaciones táctiles que pueden sorprender. Seguramente, ya ha evocado sus vacaciones, pero puede constatar que, con los fosfenos, el recuerdo es más rico y se descubre en uno mismo un verdadero tesoro interior.
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En resumen: observamos que, generalmente, no sólo vuelve a la mente el recuerdo mezclado, sino también toda una serie de recuerdos que se enriquecen unos a otros. Por lo tanto, constatamos que los fosfenos poseen esta fabulosa acción sobre la evocación de los recuerdos y sus asociaciones. Por consiguiente, nos resulta fácil llegar a la conclusión de que el conjunto de las capacidades mentales se ven profundamente estimuladas si se estudia con fosfenos. Esto facilita enormemente el aprendizaje. Con la mezcla, usted puede seguir el hilo conductor de sus recuerdos. Por ejemplo, mezcle el final de un sueño placentero para obtener la continuación de la historia... Acción del fosfeno sobre el pensamiento auditivo Acabamos de ver cómo trabajar a partir de imágenes mentales. Ahora vamos a ver cómo practicar con un pensamiento auditivo. Ejercicio 5: ➫ Recuerde un sonido o una conversación que haya tenido con una persona como si este sonido o esta conversación vinieran del interior del fosfeno, es decir, como si el fosfeno fuera un altavoz. ➫ Mire fijamente la lámpara y piense de nuevo en la conversación. ➫ Cierre los ojos y deje que le lleguen las impresiones (3 minutos).
Nota: si esto le parece difícil, repítase mentalmente el sonido, normalmente, al mismo tiempo que observa el fosfeno. Expansión cerebral por la luz natural. El ABC de la mezcla fosfénica

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✓ Observaciones: las tres cuartas partes de la población piensan que la densificación del pensamiento auditivo es más importante que la del visual. El hecho de percibir el sonido como una realidad física contribuye a grabar considerablemente la idea en la memoria. Esto puede ser muy útil para el aprendizaje de una lengua extranjera. Recordatorio de las diferentes formas de mezcla en el aprendizaje ➀ Mezcla durante la presencia del fosfeno con la imagen mental de dimensiones normales visualizada entre la persona y el fosfeno. ➁ Mezcla en el tiempo y el espacio, con la imagen miniaturizada en el interior del fosfeno. Es la mejor manera de practicar la mezcla. ➂ Mezcla en el tiempo y el espacio, pero si se tienen dificultades para miniaturizar la imagen mental, se representa de dimensión normal, aunque a través del fosfeno. ➃ Para el pensamiento auditivo, simple repetición durante la presencia del fosfeno. ➄ La mejor forma de mezcla para el pensamiento auditivo es imaginar que el sonido o la voz proceden del interior del fosfeno, como si fuera un altavoz. Cada uno debe elegir la forma de mezcla que densifique mejor su pensamiento.

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Ideación (otra modalidad) Escribir una carta (o desarrollar ideas sobre un proyecto) Para aumentar la ideación durante la redacción de un texto, utilizaremos el procedimiento de «mezcla en cascada». Ejercicio 6: ➫ Resuma el tema en una imagen: tiene que escribir a una persona, pero no sabe qué decirle; visualice a esta persona ya sea como una imagen, ya sea pensando en ella. Puede utilizar otro símbolo de su elección: incluso aunque encuentre la imagen demasiado indistinta o demasiado barroca o demasiado confusa, haga el esfuerzo de ponerla en el fosfeno; primero adquirirá una densidad normal, después se fortalecerá. Aunque estos rudimentos de imágenes parezcan muy débiles, se fortalecerán. Haga el primer fosfeno: ➫ Coloque en el fosfeno la imagen concreta visual o auditiva, o los símbolos visuales y auditivos que expresan su pensamiento abstracto; si le resulta muy difícil, limítese a mantener el pensamiento durante la presencia del fosfeno. Después busque ideas alrededor de este tema, como hace habitualmente, con la única diferencia de la presencia del fosfeno. ➫ Si no surgen ideas, vuelva a empezar (no rechace las ideas que le parezcan absurdas o con una relación demasiado débil con el tema elegido).
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➫ Conserve la idea que haya surgido durante el fosfeno. ➫ Si han surgido varias ideas más o menos relacionadas, elija la más clara y la más destacada. Pueden surgir imágenes mentales. Tome la imagen más destacada para continuar el ejercicio. Haga el segundo fosfeno: ➫ Elimine por completo la imagen de la que ha partido. ➫ Inicie el segundo fosfeno con la imagen o el pensamiento que ha observado con mayor claridad en el primero y manténgala así hasta la extinción del segundo fosfeno. El número de ideas que surgen es un poco mayor que antes. Al principio, las ideas que aparecen bajo el efecto de la liberación de energía del fosfeno parecen disparatadas, sin relación entre ellas, fuera del tema, pero no hay que tenerlo en cuenta, es normal. Anote en un papel todas las ideas (incluso disparatadas o sin ilación) cuando desaparezca el fosfeno, ya que, una vez que vuelva al estado habitual, puede olvidarlas. Haga el tercer fosfeno: ➫ Descarte la idea con la que ha iniciado el segundo fosfeno. ➫ Elija la imagen o idea más clara que haya aparecido durante el segundo fosfeno. La oleada de ideas se amplía, y este proceso se va a ir acentuando siempre. ➫ Anote todas las ideas y tome la que tenga más fuerza. Haga los siguientes fosfenos aplicando el mismo procedimiento.
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Cuanto más se persevera de esta forma, más pensamientos surgen. Se pasa de un pequeño número de ideas a un gigantesco número de ideas. Las ideas parecen encadenarse por asociaciones cuya relación lógica no es evidente, sin hilo conductor. Hay que continuar insistiendo en el proceso en cascada. Al final, surgirá una idea más profunda, más filosófica, que ligará todas las ideas aparentemente sueltas y sin relación entre ellas. De pronto, se dibujará una red cuyo conjunto es mucho más profundo y rico con este método. Después de la irrupción en la conciencia de una idea filosófica muy general que pone fin a la mezcla en cascada, la persona se da cuenta de la relación que ya existía, aunque subconsciente, entre las ideas disparatadas que habían surgido anteriormente. ✓ Primera observación: se trata de una «cascada», puesto que la imagen que se impone al principio de un fosfeno procede del fosfeno inmediatamente anterior, y una de las ideas que surgen durante este fosfeno intermedio será la que se fortalecerá en el fosfeno siguiente. ✓ Segunda observación: el método es de una gran utilidad escolar, pero también puede utilizarse en otros muchos campos, profesionales o no. ✓ Tercera observación: durante la presencia del fosfeno, nos encontramos en un estado especial que hemos calificado de «hipervigilia». Esta claridad de conciencia en el estado de vigilia durante la presencia del fosfeno explica la abundancia de ideación. La redacción se convierte en pura formalidad.

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FOSFENISMO Y DESARROLLO PERSONAL Fosfenopotenciación

Reevaluación del juicio Ejercicio: ➀ Mezcla de una idea de infravaloración de uno mismo con el fosfeno ➫ Piense en una situación en la que se subestime a sí mismo (ejemplo: nunca conseguiré recorrer estos kilómetros en bicicleta; no me siento capaz de dar clases; soy incapaz de hacer paracaidismo o puenting). ➫ En presencia del fosfeno, pero sin prestarle atención, piense en esta situación ante la que se siente inferior. ✓ Observación: en algunos casos, uno se ve haciendo puenting o paracaidismo, pero con reticencia o miedo. O bien se pueden ver los propios defectos que impiden dar clases con confianza, lo cual puede significar que se está hecho para otra cosa. En cualquier caso, el fosfeno no potenciará la idea de que somos completamente incapaces o nulos, sino que nos orientará sobre una idea en el justo medio e intentará equilibrar la situación. Permite obtener una idea-fuerza positiva.
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➁ Mezcla de una idea de supervaloración de uno mismo ➫ Piense en una situación en la que se sobrestime a sí mismo (ejemplo: todos los pasteles que hago están siempre muy bien logrados; soy un as en pastelería, o bien soy una buena correctora, nunca hago faltas de ortografía y no dejo pasar nunca ninguna). ➫ En presencia del fosfeno, pero sin prestarle atención, piense en esta situación ante la que se encuentra superior. ✓ Observación: en el caso de la corrección de un libro, podemos verlo terminado, impreso o expuesto para la venta en las librerías. Sin embargo, podemos recordar también que ciertos pasajes nos han dado problemas al volver a leerlos y hemos tenido que corregir faltas y modificar algunos giros. En el caso de la buena pastelera, el pensamiento puede evolucionar hacia la idea de que se ofrecen pasteles para agradar, o bien que una vez no nos salen tan bien como de costumbre, y por esto los damos... El fosfeno no va a potenciar la idea de que nos sale demasiado bien una cosa, sino que, una vez más, nos va a orientar hacia la idea del justo medio, intentando equilibrar la situación. Pone en evidencia los defectos a corregir. Ejercicio de acercamiento psicológico Pensamiento visual y auditivo Ejercicio: Durante la presencia del fosfeno, represéntese visualmente a una persona.
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Un jefe con el que tiene diferencias, un familiar con el que no se entiende bien o un tribunal al que tiene que enfrentarse durante un examen. Ejercicio con fosfeno: ✓ Primera observación: conviene adquirir la costumbre de practicar las dos variedades de imágenes mentales al mismo tiempo, durante la presencia del fosfeno, para no atrofiar ni la memoria auditiva ni la memoria visual (sería como querer andar con un pie cuando tenemos dos). ¿Qué efecto proporciona esta mezcla sobre el sentimiento de proximidad psicológica con la persona elegida? ➫ Las imágenes visuales son más claras. ➫ Uno se siente afectivamente más próximo a la persona elegida que sin fosfeno. ✓ Segunda observación: si repite este ejercicio 2 veces, 1/4 de hora todas las tardes durante una semana, eligiendo si es posible a una persona que sólo vea el fin de semana, tendrá una ideación más rica con respecto a ella (tenderá a ver sólo el lado bueno de esta persona). Si se trata de una persona que le intimida, sabrá qué decirle y podrá tener una conversación con ella. Con la práctica, los fosfenos mejoran la intuición, tendrá la sensación de conocer un poco a la persona, aunque no la haya visto nunca.
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Podrá tener una seguridad tranquila ante el interlocutor. En una situación de pareja, esto permite reforzar los lazos... Importante para el éxito social: será el lado bueno de estas relaciones (con el personaje de la mezcla) el que se fortalecerá, y el malo tendrá tendencia a atenuarse. Conclusión Como ha podido observar, la «mezcla fosfénica» se adapta a todas las materias y a todas las situaciones, y puede practicarse a cualquier edad. En el marco de esta obra básica, no me es posible describir todas las adaptaciones que se pueden realizar en otros campos; son numerosas. Por ejemplo, es posible utilizar los fosfenos para aprender el Código de la Circulación. Se emplea el mismo procedimiento para aprender las fórmulas de matemáticas y para captar la lógica de las señales y reglas de la circulación. La práctica diaria de los fosfenos en el estudio tiene también un efecto importante sobre la perseverancia. En efecto, al estar más atento en sus clases, el estudiante las comprende mejor y encuentra el placer de llegar hasta el final de lo que emprende. Por otra parte, los fosfenos estimulan la curiosidad intelectual. Dado que el niño y el estudiante ya tienen muchas ideas y reflexiones personales, esto les hace curiosos y toman la iniciativa de buscar respuestas a sus preguntas. Muchos, tanto niños como adultos, abren libros que nunca les habrían interesado sin la enorme aportación de los fosfenos. Los efectos de los fosfenos sobre el carácter son también muy evidentes. Aportan un gran optimismo y una mayor alegría de vivir.
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La timidez desaparece, y el espíritu de iniciativa toma el relevo. La tensión, el estrés y la depresión tienen mucha menos influencia sobre el individuo, que puede luchar con mayor eficacia contra estos trastornos. Las agresiones de la vida social y las pequeñas acciones mezquinas cotidianas pierden su intensidad dramática y afectiva. El equilibrio individual se ve reforzado. Esto hace que la personalidad se beneficie de la práctica con fosfenos. Como puede constatar, los descubrimientos del Doctor Lefebure son especialmente importantes. Los diferentes aspectos que hemos estudiado constituyen sólo una pequeña parte de su considerable obra. Sus descubrimientos de fisiología cerebral a partir de los fosfenos le permitieron abrir nuevas vías de exploración del cerebro y aportar una comprensión y explicaciones nuevas al desarrollo cerebral. ¡Llamada a los practicantes! o la necesidad de realizar y exponer los testimonios Cualquier disciplina nueva, aunque tenga treinta años, tiene problemas para imponerse. No es fácil remover las conciencias, sea cual sea el campo. La evolución de la sociedad lo muestra día a día. Las costumbres no se adquieren con tanta rapidez como puede pensarse, excepto las malas, por supuesto. Si embargo, cualquier disciplina científica acaba por imponerse si es realmente científica. La pregunta que a menudo se plantea es: Pero, ¿es científica? Respuesta: Las técnicas fosfénicas están basadas en el estudio de la fisiología cerebral con la ayuda de los fosfenos.

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Segunda pregunta difícil: ¿Cómo es que no se conoce? Nunca he oído hablar de ello. Podríamos responder a esto: Sin duda porque no sale lo suficiente; pero generalmente nos contentamos con: El Doctor Lefebure ha viajado por todas partes durante años. Sus trabajos son conocidos y sus técnicas se aplican en el mundo entero. Tenía relación con muchas personas con las que hacía intercambios. Hoy, la «mezcla fosfénica» es ampliamente utilizada por los estudiantes, y cada vez más profesores la utilizan en sus clases de recuperación escolar. Todo esto es cierto, pero continúa el misterio: ¿por qué los médicos o los científicos no reconocen la fosfenopedagogía? ¡Quizá están demasiado ocupados o tienen asuntos más urgentes que solucionar! De hecho, la historia de las ciencias muestra que ninguna idea nueva ha sido aceptada durante la vida de su autor. Podemos citar a Sócrates quien, a fuerza de querer enseñar a los hombres a reflexionar sobre ellos mismos, se hizo molesto y fue obligado a beber la cicuta. Hablemos de Galileo, que a punto estuvo de caer en manos del verdugo por cambiar la concepción del mundo. John Dalton (1766-1844), que sentó las bases de la teoría de los átomos, se encontró con la oposición de los químicos más importantes de su época. En D'Archimède à Einstein, les faces cachées de l'invention scientifique, ediciones Fayard, Pierre Thuillier escribe: «La teoría de Dalton», a principios del siglo XIX, fue acogida con bastante frialdad por los científicos más influyentes de la época: Laplace y Berthollet. Observemos que Darwin encontró también muchos problemas para imponer su teoría.
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Todavía más cerca de nosotros, los principios de la aviación han sido muy difíciles. La mayoría de los científicos no creían en estos aparatos más pesados que el aire. Fueron necesarias dos guerras para que la aviación evolucionara con una increíble rapidez. Los propios ordenadores atravesaron períodos de incertidumbre antes de imponerse. Un tiempo más tarde, es muy fácil decir: ¡Tenían razón, es evidente! Pero no es evidente hasta que nos hemos acostumbrado y estamos inmersos desde la infancia en unas concepciones que no nos damos cuenta de que ya no corresponden a las que sus autores habían desarrollado, debido a los nuevos descubrimientos que se han hecho después. Un hallazgo científico no se impone por sí mismo porque sea «científico». No, esto no ocurre así. Por otra parte, constatará que se encuentran cada vez más artículos que describen ciertas técnicas que emplean luces potentes en aplicaciones médicas, pero siempre hacen referencia a trabajos norteamericanos. Al parecer, es muy difícil (casi vergonzoso) reconocer que un investigador francés independiente haya podido realizar también un descubrimiento él solo, cuando otros necesitan laboratorios supersofisticados para escribir algunos artículos científicos con el fin de progresar en la jerarquía. ¿Cómo defender la posición de un campo que sólo se ocupa de fenómenos subjetivos? El mejor medio es hacer como el físico alemán Chladni, que demostró que los meteoritos eran piedras que caían del cielo acumulando testimonios.
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Decía el Doctor Lefebure: Los científicos no creen en ello porque, en sus oficinas, no corren el riesgo de recibir una piedra en la cabeza. ¡En cambio, los campesinos sabían perfectamente de dónde venían las piedras y los agujeros que encontraban en sus campos cada mañana! Gracias de antemano por el testimonio que tenga a bien remitirnos.

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ÍNDICE
PREFACIO A MODO DE TESTIMONIO INTRODUCCIÓN A LA EDICIÓN CASTELLANA

LA LUZ, FUENTE DE BIENESTAR Un potente estimulante natural: la luz natural ¿QUÉ ES LA MEZCLA FOSFÉNICA? Explicación del termino «mezcla fosfénica» LA LÁMPARA FOSFÉNICA REPERCUSIONES DE LA PRÁCTICA DE LA MEZCLA FOSFÉNICA SOBRE LA VISTA La mejoría de la vista LAS BASES DE LA MEZCLA FOSFÉNICA EN PEDAGOGÍA La lectura con fosfenos Relajarse sin problemas Aprender más fácilmente gracias a los fosfenos Ideas mejor estructuradas La alternancia cerebral Observe sus ritmos cerebrales El secreto del éxito: el ritmo Un método del presente y del futuro RECAPITULACIÓN DE LOS PASOS A SEGUIR PARA FACILITAR EL SUEÑO Y LA RECUPERACIÓN VITAL Las repercusiones sobre el sueño Para los insomnes EJERCICIOS BÁSICOS PARA REALIZAR DURANTE LA CONTINUACIÓN DE LA LECTURA DE ESTE LIBRO PRIMERA PARTE

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Primera etapa: la lectura con fosfenos Segunda etapa: la «mezcla fosfénica» Para una nueva pedagogía (fosfénica) Desconfiemos de las evidencias ¿Cómo tiene lugar el aprendizaje? La concentración y la reflexión La necesidad de una relación entre las asignaturas La chuleta fosfénica Los trucos de los superdotados Fosfeno e imagen eidética Lectura de un libro muy iluminado Aprender con los oidos tapados Ando, luego aprendo ¡EL FRACASO ESCOLAR NO ES UNA FATALIDAD! CONTINUACIÓN DE LOS EJERCICIOS BÁSICOS DE FOSFENOPEDAGOGÍA Tiempo de práctica y duración de las sesiones Utilización de la «mezcla fosfénica» para mejorar la ortografía, la dislexia y la disortografía Para la dislexia Para la disortografía ¿Cómo desarrollar un tema para un trabajo, una reflexión o una argumentación? Técnica de mezcla en cascada para aumentar la capacidad de ideación Técnica de las preguntas en cascada con el acúfeno Estudio de las matemáticas con fosfenos Para los niños pequeños Para las fórmulas de matemáticas avanzadas Mezcla con el fosfeno sostenido ¿Cómo estudiar un lengua con fosfenos? ¿Cómo aprender un texto largo de memoria? ¿Cómo estudiar un capítulo largo de historia o de otra asignatura?
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EFECTOS DIVERSOS El estado general vigorizado por la acción sobre el carácter «Mezcla fosfénica» y baño de luz Acción sobre los transtornos del carácter Depuración de la personalidad EJEMPLO DE UTILIZACIÓN EN CLASE EXPLICACIONES Y TÉCNICAS AVANZADAS DEL PRINCIPIO DE LA MEZCLA FOSFÉNICA EN PEDAGOGÍA, SEGUNDA PARTE Generalidades ¿Quién era el Doctor Lefebure? Las diferentes fases del fosfeno Los diferentes tipos de fosfenos que no utilizamos Otros tipos de fosfenos Las diferentes fuentes de alimentación para producir fosfenos Principio de la «mezcla fosfénica» Acción del fosfeno sobre el pensamiento Para desarrollar un tema determinado Acción del fosfeno sobre la memoria de evocación Acción del fosfeno sobre el pensamiento auditivo Recordatorio de las diferentes formas de mezcla en el aprendizaje Ideación (otra modalidad) FOSFENISMO Y DESARROLLO PERSONAL Reevalución del juicio Ejercicio de acercamiento psicológico Conclusión
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ÍNDICE DE ILUSTRACIONES
Dr. Francis Lefebure Leonardo da Vinci Observación de la «lámpara fosfénica» Lámpara fosfénica del Doctor Lefebure El Doctor Lefebure realizando un examen cerebroscópico Cubo Neker ¿Una escalera? El Doctor Lefebure recibiendo la Medalla Vermeill Figura 1 Figura 2 Alternófono: aparato de activación cerebral mediante la audición alternativa La «lámpara fosfénica» en un taller Iluminación ideal de la mesa de estudio Fotografía de un fosfeno Francis Lefebure Otros títulos de Fosfenismo® España e Iberoamérica Francis Lefebure 5 6 22 26 30 40 42 48 70 71 106 110 116 132 157 163 173

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OTROS TÍTULOS DE FOSFENISMO ESPAÑA E IBEROAMÉRICA, ESCUELA DEL DR. LEFEBURE, FOSFENOLOGÍA EDICIÓN Y PRODUCCIÓN
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EXPANSIÓN CEREBRAL POR LA AUDICIÓN ALTERNATIVA

Fosfenismo® España e Iberoamérica Escuela del Dr. Lefebure® Fosfenología® Edición y Producción

La audición alternativa consiste en escuchar primero por el oído derecho y después por el izquierdo, a un ritmo regular y regulable, un sonido que puede ser un zumbido, un chasquido o los dos asociados, o incluso una instrucción oral o música. Los efectos fueron verificados en diversos laboratorios del Estado Francés, el C.N.R.S, el Instituto Nacional de Deportes y en el laboratorio central de los P.T.T. La Audición Alternativa es muy utilizada en: Pedagogía: la utilización del Alternófono en el estudio permite una mejor comprensión. La atención se mantiene sin que aparezca fatiga; el trabajo intelectual es de mejor calidad y más organizado.
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El Alternófono se utiliza regularmente entre los estudiantes para preparar los exámenes. Las materias incluso las difíciles, se vuelven más atractivas durante la audición alternativa. Así se logra una mayor motivación para en el estudio. Desarrollo psíquico: las técnicas iniciáticas son más eficaces si se asocian con el Alternófono. Se accede con facilidad a numerosos fenómenos psíquicos, a estados de relajación y de vacío mental. Los sueños se vuelven proféticos, con revelaciones relacionadas con el tema de meditación personal.

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LA EXPLORACIÓN DEL CEREBRO MEDIANTE LAS OSCILACIONES DE LOS FOSFENOS DOBLES

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Nuevo método de exploración del cerebro basado principalmente en la alternancia de los fosfenos dobles. Los fosfenos son las manchas luminosas que persisten en la oscuridad después de haber mirado una luz intensa y adecuada. Si miramos dos lámparas separadas por una membrana, veremos un fosfeno con cada ojo. El Doctor Lefebure descubrió que, si se ilumina alternativamente un lado y otro, con un ritmo de dos segundos en cada lado, después los dos fosfenos, en lugar de observarse al mismo tiempo, aparecen de forma alterna, a la derecha y a la izquierda, no al ritmo de la iluminación sino con un ritmo propio. Este ritmo es tanto más regular cuanto que el sujeto se encuentre en unas condiciones favorables a su buen funcionamiento cerebral. Este ritmo es muy sensible y constituye una especie de sonda que proporciona mucha información, de tipo psicológico y médico.

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Con este sistema, el Doctor Lefebure estudió el efecto de ciertos medicamentos. Pero la mayor originalidad de sus investigaciones es el estudio de las técnicas místicas e iniciáticas tanto orientales como occidentales gracias a esta oscilación. Otros ritmos de los fosfenos, que también descubrió el Doctor Lefebure, presentan analogías evidentes con ciertos ritmos que a veces descubren las personas contemplativas en su conciencia, cuando intentar uniese a Dios. Se han descubierto también otros ritmos de los fosfenos, en particular la «oscilación en zigzag»; un experimento demuestra que durante la última fase del fosfeno, no ocurre nada en la retina, sólo se produce una oscilación muy lenta de un hemisferio cerebral a otro. Estas investigaciones no impidieron al Doctor Lefebure dedicarse principalmente a la práctica. Los principios que descubrió lo llevaron, por ejemplo, a crear el Sincroscopio, un aparato cuya acción sobre la memoria es incontestable y que por este hecho tiene un gran interés para la preparación de exámenes.

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LA RESPIRACIÓN RÍTMICA Y LA CONCENTRACIÓN MENTAL

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Podemos considerar al ser psíquico como un organismo autónomo, homólogo de su propio organismo físico: a ciertos órganos del cuerpo les corresponden ciertas características del otro, a ciertas funciones de uno, una actividad del otro. Éste es uno de los grandes descubrimientos del Doctor Lefebure. Otro principio seguido por el autor es el del trabajo sincrónico de una facultad psicológica y de su homólogo físico. ¿Cuál es el homólogo en el organismo de la facultad que llamamos voluntad? La voluntad nos hace actuar. Físicamente, actuamos sobre todo mediante los miembros; en este sentido, podemos decir que los miembros son los homólogos en el cuerpo físico de lo que es la voluntad en el psiquismo. Si queremos desarrollar o formar la voluntad, debemos esforzarnos en la realización de los ejercicios de los miembros combinados con la volición.

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La respiración rítmica ocupa un lugar preponderante en los procesos de autorregulación. La respiración, una función característica de la vida, que nos une sin interrupción al medio en el que vivimos, es al mismo tiempo la única función de nuestra vida vegetativa sobre la cual nuestra voluntad puede actuar en gran medida. La función respiratoria establece la unión entre nuestra vida de relación y nuestra vida vegetativa, por lo tanto, desempeña un papel esencial en el control del cuerpo. Los ejercicios mentales combinados con la respiración rítmica permiten a ésta alcanzar su mayor fuerza en la educación del carácter y la inteligencia.

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UNA CONSTANTE EN LA HISTORIA LA LUZ

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Todas las civilizaciones han hecho un amplio uso de las prácticas de observación fija de fuentes luminosas y, por tanto, de los fosfenos. Estuvo en el origen del poder de numerosos imperios, pero si bien se conocía la importancia de los cultos solares, lunares y de los cultos del fuego, en las civilizaciones antiguas se ignoraba que la esencia de estos «cultos» estaba en la observación fija de la luz. Esto jamás se había evidenciado antes de los trabajos del Doctor Lefebure. Algunos ocultaron estos conocimientos hasta que se perdieron, y todavía en nuestros días, los residuos de estos imperios se perpetúan sobre este impulso milenario que ha dado origen a las religiones y a las tradiciones iniciáticas. En definitiva, si tenemos en cuenta lo que nos enseñan los fosfenos sobre el funcionamiento cerebral, tenemos muchas probabilidades de descubrir nuevas facetas de la historia de la humanidad.

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Estas prácticas milenarias no derivan de simples creencias. Los descubrimientos del Doctor Lefebure sobre los fosfenos, han puesto de manifiesto desde 1959, que la luz tiene una influencia extraordinariamente estructurante sobre todas las capacidades cerebrales y sobre las capacidades intelectuales especialmente. Esto explicaría que en determinadas épocas, estas prácticas se consideraran como secretas, y fueran aplicadas por las elites dirigentes que intentaban con este «secreto» conservar su poder.

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Dr. Francis LEFEBURE NUEVA EXPLICACIÓN DEL ORIGEN DE LAS RELIGIONES

EL FOSFENISMO

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Los fosfenos son las luces subjetivas, posfosfenos, que persisten en la oscuridad durante tres minutos después de mirar fijamente una fuente de luz adecuada; el cofosfeno, son los colores que aparecen alrededor de la lámpara si la fijación de la mirada es un poco más prolongada. La mezcla entre los pensamientos y los fosfenos produce efectos pedagógicos maravillosos. Por ejemplo, niños completamente disléxicos leen de forma normal en tres meses, e incluso superan a la media de los niños de su edad. Pero este fenómeno ha sido utilizado instintivamente por todos los pueblos en algún estadio de su evolución, en los cultos solares, que asocian la oración con la fijación de la mirada en el Sol. Esto sucede todavía con los zoroástricos, cuyos sacerdotes se llaman «magos». Por lo tanto, la magia, en el sentido original del término, es una ciencia de los fosfenos que se ha perdido. Los niños pastores tienen la costumbre de jugar con los fosfenos, y mezclarlos con sus plegarias. Los principales hechos de la Iglesia Romana tuvieron como protagonistas a niños pastores.
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Otros niños utilizan instintivamente el reflejo del Sol en el agua. Éste fue el caso de la poetisa Minou Drouet, que desde muy joven fue un prodigio. Existen también pescadores que han adquirido cierto don de videncia, rezando mientras trabajaban, con el reflejo del Sol en los ojos. Cuando Cristo nació, acudieron pastores y magos, las dos grandes categorías de especialistas en fosfenos de la Antigüedad, y Cristo fue a buscar a cuatro pescadores del lago Tiberíades para comenzar su predicación. Por lo tanto, el Fosfenismo desempeñó un importante papel en el nacimiento del cristianismo. Esto también es cierto para la religión de Mitra, en la que el futuro iniciado debía observar fosfenos en una gruta; los tibetanos también lo utilizaron y poseían en cada templo un libro de interpretaciones de los signos que aparecen cuando se fija la mirada en el Sol; los brujos pigmeos miran fijamente una llama para buscar un terreno rico en caza, y sucede a menudo que un explorador que va con ellos tiene la misma visión en el mismo momento, debido a la gran transmisibilidad telepática de los fenómenos fosfénicos.

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