CONTENIDO

VOLUMEN I Tomo I

Página INTRODUCCIÓN Planeta Tierra…………………………………………………………………….. I CAPÍTULO I (El Mediterráneo a.C.)……………………………………………………………. 1 La Antigüedad……………………………………………………………………. 1 Los Fenicios……………………………………………………………………… 6 Persia……..……………………………………………………………………… 11 Grecia……….…………………………………………………………………… 12 Cartago…...……………………………………………………………………… 23 Roma………..…………………………………………………………………… 24 CAPÍTULO II (El Oriente Próximo y Extremo)...……………………………………………… 36 Bizancio……….………………………………………………………………… 36 El Islam…….……………………………………………………………………. 40 La antigüedad de Asia...………………………………………………………… 44 CAPÍTULO III (Merodeadores y Mercaderes).....……………………………………………….. 46 Edad Media.….…………….……………………………………………………. 46 Los Vikingos…….………………………………………………………………. 51 La ―Hansa‖...………………………………….................................................. 60 CAPÍTULO IV (Feroz competencia)…………...………………………………………………... 63 Baja Edad Media.….…………….……………………………………………… 63 Venecia………….………………………………………………………………. 66 Los Turcos....…….……………………………..................................................... 78 CAPÍTULO V (El Renacimiento)……….……...……………………………………………….. 82 Asia: a partir de la Alta Edad Media.…………………………………………… 82 Inicio de la Edad Moderna……………………………………………………… 87 Las costas atlánticas….………………………..................................................... 89 CAPÍTULO VI (Primeras exploraciones)………………………………………………………... 91 Los comienzos del colonialismo europeo.…....…………………………………. 91 Cartografía……………….……………………………………………………… 97 África: continente desconocido……………….................................................... 101 Exploraciones portuguesas……………………………………………………... 106 CAPÍTULO VII (La Santa Liga)……..…..……...……………………………………………….. 114 Imperio español…………………………..…………………………………….. 114 Lepanto…..……………….…………………………………………………….. 117

Tomo II

CAPÍTULO I

CAPÍTULO II

CAPÍTULO III

CAPÍTULO IV

(El Encuentro)………………………………………………………………….. 125 América: 1492………………………………………………………………….. 125 Europa y el Mundo: 1492……………………………………………………… 133 En busca del ―Gran Khan‖...…………………………………………………… 136 (Exploración y Colonización)…....……………………………………………... 150 El Tratado de Tordesillas ………………………………………………………. 150 Exploraciones...………………………………………………………………… 156 Prosiguen las exploraciones…………………………………………………… 164 Colonización de las ―Indias‖………………………………………………….... 172 (El ―Mar del Sur‖ y el ―Caribe‖).....……………………………………………. 178 El ―Mar del Sur‖…..……………………………………………………………. 178 Protagonista: el Galeón …..….…………….…………………………………… 197 Las ―Flotas‖ ...…………………………………................................................. 200 (La calle principal: el Caribe y el Norte del Atlántico)….…….…………......... 208 Corsarios y piratas……………………………………………………………... 208 El Primer Imperio Moderno……………………………………………………. 219 Colonias norteñas...……………………………................................................. 230

ÍNDICE DE ILUSTRACIONES……………………………………………………………………... 236 ÍNDICE DE MAPAS…………………………………………………………………………………. 238
Apéndices

CRONOLOGÍA…………………………………………..…………………………………………... 240 REFERENCIAS GEOGRÁFICAS ACTUALES, AL AÑO 2000…………………………………... 250 GLOSARIO…………………………………………………………………………………………... 271 PERSONAJES.……………………………………………………………………………………….. 311

INTRODUCCIÓN

I

PLANETA TIERRA l presente escrito, estimado lector, es una narración sobre la Historia Naval Mundial. Sus acontecimientos se desarrollan en este cuerpo celeste, errante en el espacio, al que los griegos llamaron ―planeta‖ Tierra, pero cuyo color predominante es el azul de las aguas de sus mares y océanos. Pienso que sería interesante que conozcamos algo de las características de nuestro mundo, compuesto de tres capas principales: la corteza, el manto y el núcleo. La corteza se divide en continental y oceánica; la continental, la superior, está formada por roca granítica, rica en silicio y aluminio (SI-AL); la oceánica es esencialmente basáltica, compuesta de silicio y magnesio (SI-MA). Los grandes espacios entre el fondo de los mares -corteza oceánica- y los continentes están cubiertos por las aguas, que suponen, nada menos que el 70.8% de la superficie del planeta. En la corteza, la continental (SIAL) tiende a flotar sobre la oceánica, pues los materiales de su composición son más livianos que los que conforman el SIMA y su grosor es de unos 60 kms, mientras que la oceánica tiene un espesor medio de 10 kms bajo los grandes océanos, siendo más delgada –unos 5 kms- la que se encuentra bajo las fosas oceánicas, que en algunos lugares llegan a tener de 8 a 11 kms de profundidad. El aspecto de la corteza del planeta a base de las rocas graníticas de la continental y basálticas de la oceánica, sería algo así como la cáscara de un huevo, sumamente fina y quebradiza; la clara del huevo, sería el manto –una zona de 2.900 kms de profundidad- semi-líquida, viscosa, que se va endureciendo con la profundidad, compuesta de silicio, aluminio, magnesio y hierro; al final, la yema; es decir, el núcleo, formado por níquel y hierro, soportando una enorme presión y a una temperatura, según se cree, de unos 5.000 Cº, y todavía en el núcleo, se encuentra el ―grano‖ central

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una parte muy sólida y sumamente densa. Así pues, tenemos que en la cáscara del huevo – la capa continental y la oceánica- ambas placas no son una sola masa uniforme, sino que están fragmentadas en forma de placas rígidas y sus fracturas no se corresponden con los límites continentales. En los fondos de la oceánica existen unas grandes cordilleras, a manera de ―espinas dorsales‖ con multitud de fallas en sus rocas y profundas grietas en la línea de sus cumbres. Desde el manto –esa inmensa masa viscosa-, asciende ―magma‖ en una forma intermitente y al deslizarse por las laderas, se solidifica. Como la superficie de la Tierra permanece constante, se ha de destruir ―litosfera‖ para dar paso a la continua creación de una nueva. La pérdida o destrucción ocurre por subducción en las fosas oceánicas. O sea, hay una ―expansión‖ del fondo oceánico, pero también una ―contracción-eliminación‖ del mismo. Y por supuesto, un movimiento de los continentes – ―deriva continental‖- sobre la capa oceánica, ya que el granito, componente principal continental flota sobre el basalto, material principal de la oceánica. Los impulsos para esos movimientos, a veces más lentos, otros más acelerados, son producto, a su vez, de las placas tectónicas, influenciadas por esos tremendos escapes de ―magma‖ –viscosos materiales del manto- calentados por el infernal horno-núcleo, que al perder densidad, ascienden hacia la superficie a través de las grietas de las grandes cordilleras submarinas. Hoy en día, se ha ido adquiriendo un conocimiento profundo y preciso de estos fenómenos submarinos y se ha llegado a medir la velocidad con que se alejan o se aproximan los continentes y también las seis grandes placas en que está dividida la litosfera –recordemos, la corteza continental y oceánica- y otras muchas de menor tamaño. Las tremendas fuerzas provenientes desde el núcleo –una especie de pila atómica- desembocan en la separación o tracción de las placas, en la colisión o en la fricción. Los terremotos tienen lugar por la deformación constante de las placas y, en

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general, los movimientos sísmicos se localizan en los límites entre ellas. Los de ―tracción‖ tienen su foco en los bordes de las placas que se separan. Los de ―colisión‖ se originan donde tiene lugar el choque de placas y los de ―fricción‖ ocurren cuando dos placas se desplazan lateralmente. Las zonas de contacto entre placas producen terremotos muy dañinos y también son zonas de volcanismo activo, pues es en esas áreas de la corteza terrestre donde el ―magma‖ –las rocas fundidas del manto-, afloran a la superficie. Cuando una placa oceánica se hunde por debajo de otra placa oceánica, el magma forma las llamadas ―islas de arco‖ (p.ej. los archipiélagos del Pacífico: Aleutianas, Filipinas, Japón…); si la placa oceánica se hunde por debajo de una placa continental, tenemos montañas volcánicas muy elevadas (p.ej. los Andes). Por cierto, por este efecto es que entendemos el por qué el litoral del Pacífico Sudamericano –sobre todo, del Perú y Chile- no tienen lo que se conoce como ―Plataforma Continental‖, es decir, las laderas que a partir de la costa van bajando, escalonadamente, buscando el lecho marino. El impacto de la placa oceánica por debajo de lo que era la plataforma continental de esas costas sudamericanas hizo que, prácticamente, el terreno ―se arrugara‖ en forma vertical, dejando sólo un perfil costero sin laderas y transformando lo que antes era costa, en cima montañosa. Ahora se explica el hallazgo de fósiles marinos en las crestas andinas. Como, según la geología, ese suceso ocurrió posteriormente a los choques entre placas continentales que dieron lugar a las grandes cordilleras del mundo, empezando por la cadena del Himalaya, tenemos que los Andes son la cadena de montañas más joven del mundo y cuando recordamos la facilidad con que se producen desprendimientos de tierras en los países del área andina, bien podemos deducir que son consecuencia de la propia ―juventud‖ de sus montañas … por supuesto con la ayuda de la indiferencia, desidia e ignorancia humana. Y, finalmente, hay placas que no cabalgan una sobre otra, sino que resbalan longitudinalmente; no

hay, de esta forma, creación de islas o montañas, sino que en las zonas de fricción se producen violentos seísmos que en ocasiones, al ser submarinos –maremotos- concluyen en la formación de gigantescas olas, a modo de mareas, los celebres y trágicos ―tsunamis‖, palabra japonesa que designa tal fenómeno. “Las fracturas del planeta” En esa continua formación del planeta, hace 225 millones de años existía la corteza continental formada por una sola masa y alrededor de ella, solamente agua. El crecimiento proseguía y las fuerzas encontradas eran tan potentes que en el transcurso de 25 millones de años, lo que conocemos como América del Norte y Eurasia (Asia y uno de sus apéndices, Europa) formaban una sola masa (Laurasia); América del Sur y África era otra masa continental (Gondwana); la Antártida y Australia, un tercer gran continente, en el Polo Sur. Posteriormente, se unieron las Américas, África se desgajó de Sudamérica, Australia hizo lo propio de la Antártida y la que se mantuvo después de desprenderse de América del Norte fué la de Asia y Europa (Eurasia). Inevitablemente, de todas ellas, al mantenerse un fuerte movimiento concéntrico, los bordes, las periferias, se fueron fracturando o casi; así, de la periferia asiática se separó una masa que llamarían ―Lemuria‖, produciéndose más adelante hundimientos hacia la corteza oceánica y quedando por esas explosiones de los volcanes submarinos, ciertas partes, las más altas, como tierras emergentes en el Pacífico –los grandes archipiélagos y otros más pequeños, todos de origen volcánicos- (las otras pequeñas islas –atolones- han sido formadas por seres vivientes –el coral-). Posiblemente, hubo otros hundimientos por razones similares, en otras partes, cobijados por las aguas oceánicas –dado que cuando se intentan juntar las diferentes masas continentales en su primigenia forma-, no ―casan‖ adecuadamente, existiendo ciertos ―huecos‖ que nos remiten a antiguas

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―fábulas‖ y que cada día más, dejan de serlo, para convertirse en realidades. El mapamundi –la representación gráfica de las masas continentales- irá cambiando, puesto que sabemos en qué dirección y con qué velocidad se mueven ellas. Si los cálculos no fallan, dentro de 50 millones de años, por de pronto, el Mediterráneo entre Europa y África no existirá; Australia e Indonesia se juntarán; los océanos Atlántico e Índico aumentarán sus superficies y el Pacífico se estrechará. Por supuesto que estos ―desgajamientos‖ influyeron en el clima del planeta y es sabido que durante este larguísimo período de su vida se han sucedido tremendos cambios climatológicos. Como muestra, en la llamada Era Terciaria (hace 60 millones años), el Polo Norte no estaba siempre cubierto de hielo, hasta se podían conseguir en sus picos montañosos, matas y árboles. El clima de Groenlandia y el de la Antártida eran tropicales. 20 millones de años más tarde la temperatura

descendió y los casquetes polares aumentaron su tamaño. Lo hicieron, pues absorbieron gran parte del agua de los mares, provocando una reducción en su nivel de, aproximadamente, ¡100 metros!. (Y así, el Mediterráneo desapareció casi por completo y África y Europa se unieron por el entonces seco ―Estrecho de Gibraltar‖). Seguirían bruscos cambios climáticos que dieron lugar a períodos fríos (glaciación) y otros, cálidos. En fin, estos conocimientos actuales de la ―tectónica de placas‖, la ―expansión del fondo oceánico‖, la historia del ―cambiante campo magnético terrestre … ― y la incidencia de todo ello en la formación y evolución del planeta desde que hace 4.700 millones de años empezó su ―errante‖ vagabundeo por el espacio estelar, nos hacen considerar, por una parte, que si en los momentos que registra la historia de la humanidad, ha habido tantos desastres naturales, ¡cuáles y cuántos sucedieron antes de que el hombre plasmara su huella sobre la tierra!.

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Por otra parte, debemos tomar conciencia de que habitamos un mundo que está ―vivo‖, en un proceso similar al del nacimiento, niñez, juventud, adultez y… muerte. ¿En cuál de estas etapas empezó el hombre a poblarlo?. ¿Quién sabe? Lo que sí se nota es que sigue vivo y lo seguirá mientras se produzcan esos ―movimientos telúricos‖ que cambian la morfología de su corteza, arrasando con vidas y haciendas y … convirtiendo en campos abonados para la fertilidad lo que en tiempos anteriores fueron aluviones de lodo. Es así, porque este planeta ―viviente‖ se autorregula, mientras su núcleo –su sol- se vaya extinguiendo. Claro está que por los momentos, el hombre posiblemente acelera su destrucción, al seguir rompiendo el ―equilibrio‖ natural, llevado por una prepotencia y egoísmo que le enceguece de lo que podría ser la comunión provechosa de una tripulación con su nave. Los conocimientos que actualmente se tienen sobre los temas que hemos ido comentando, se iniciaron cuando, al final de la II Guerra Mundial, el ―Challenger‖, un buque oceanográfico de la Marina británica, empezó a explorar los fondos marinos, valiéndose, entre otras técnicas, de un instrumento,

que concebido para fines bélicos –el sonar- sirvió para ir desvelando los misterios de la formación de nuestros planeta. Al presente, existen mapas del fondo oceánico de gran precisión y se entiende que el fondo del mar es análogo al registro magnético de un cassette sin fin. Si invertimos la cinta, los actuales continentes se unen –con bastante precisión- en un único continente de hace 200 millones de años. Wegener: la “Pangea” Esa idea de que los continentes estuvieron alguna vez juntos, no es nueva. El griego Eratóstenes, el filosofo inglés Francis Bacon y varios otros lo consideraron así. Por supuesto, a esos ―imaginativos‖ personajes, nadie les hizo el menor caso; a lo mejor, porque estaban ―adelantados‖ como se dice, a su época. Pero es que, ya en el siglo XX le pasó lo mismo a otro personaje –admirable personaje- que moriría al final del primer tercio del siglo, sin que ningún científico le prestara mayor atención a sus teorías.

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El hombre al que nos referiremos brevemente, se llamaba Alfred Wegener. Este alemán, tras estudiar astronomía, se interesó por la meteorología y por la geofísica. En 1912, en la reunión anual de la Asociación Geográfica alemana, formuló su teoría de la ―deriva de los continentes‖. Según él, los continentes habían estado reunidos en el pasado en una sola masa, a la que llamó ―Pangea‖ –en griego-, ―toda la tierra‖; de igual manera, que había un solo océano, ―Pantalassa‖ (todo el mar). En el tiempo, la Pangea empezó a dividirse y se inició el proceso de deriva que fue llevando a los continentes a su disposición actual. Tres años más tarde publicó su libro titulado ―La génesis de los continentes y los océanos‖. Hasta ese momento sus colegas y los científicos ―lo dejaron pasar‖, hasta que su libro se tradujo al inglés, francés, ruso y español. Desde entonces, se opusieron y no aceptaron –en forma hostíl y sarcástica- la intrusión de un meteorólogo en la geofísica. A pesar del aporte de un buen número de pruebas, a las cuales iría sumando otras más, fruto de sus estudios y trabajos de campo sobre geología, geofísica, paleontología y paleoclimatología. Hasta su muerte, en 1930, durante su tercera expedición a Groenlandia, fue descalificado, incluso por su propio suegro, hombre de formación científica, ya que no pudo explicar de dónde provenía la fuerza capaz de mover enormes masas continentales. Mitología Los astronautas, al observar en toda su plenitud a su bello planeta azul, seguramente estarían de acuerdo en que Océano sería un nombre más apropiado para denominar a todo el planeta y no solamente para referirnos a los grandes mares. Hay que atribuirles a los griegos el que lo llamemos Tierra, pero debemos entender que les fue muy difícil dar sentido al hecho de la creación del universo y los cuerpos celestes. De CAOS -el origen indefinido-, surge GEA (la Tierra) y de ella, URANO (el Cielo). A Caos, no lo pudieron definir –ni tampoco nosotros- y Gea, es lo

que para ellos tiene sentido- donde pisan, se mueven y al morir, los acoge; desde ella, alzan sus ojos, percibiendo la bóveda que los envuelve, el cielo – Urano-. De ahí en adelante, empiezan a construir un árbol genealógico. Gea engendra con Urano, su propio hijo, a los Cíclopes, Tetis, Océano, Rea, Crono, (el Saturno romano); los hermanos empiezan a formar parejas y de esas uniones, Tetis y Océano, dan nacimiento a todas las aguas del globo. Rea con Crono procrean varios hijos, dos varones y tres hembras y finalmente a Zeus (el Júpiter romano). De los vástagos de esta pareja, todos los anteriores a Zeus fueron devorados por su padre, Crono, -decidido a impedir que en el futuro le ―hicieran sombra‖-. Zeus pudo librarse porque su madre, Rea, entregó a su esposo una piedra envuelta en pañales y escondió al niño. Zeus, al crecer, consiguió que Crono vomitara a sus hermanos. Al producirse el reparto del mundo, al varón mayor, Hades (el Plutón romano), se le dio la soberanía sobre el tenebroso mundo de los infiernos.

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Al segundo varón, Poseidón, le tocó en suerte el Imperio del mar, y a Zeus, el poder máximo, reinando sobre todo y sobre todos y, por supuesto, sobre la Tierra. Según Homero, Zeus es a la vez ―el padre de los dioses y de los hombres‖. Poseidón no acepta de buen grado esa subordinación hacia su hermano menor y siendo impetuoso y violento como el elemento natural sobre el cual domina, golpea la superficie del mar, levantándose las olas con furia, destrozando naves e inundando la tierra hasta muy adentro –cuando su ira se acrecienta, se producen maremotos- terremotos submarinos, y hace surgir islas desde el fondo de los mares. Todos los humanos que tengan que ver con el mar, en cualquiera de sus formas y lo naveguen, deberán rendirle pleitesía y rogarle que no se encolerice contra ellos y les permita usufructuar las riquezas de las aguas marinas. Por los celos de Poseidón a Zeus, se producirá una incansable lucha entre el mar y la tierra, facilitando el ataque marino, ya que el dios del mar ―con sus vigorosos brazos contiene y abarca la Tierra entera‖, tal como reza la leyenda. ¿No sería esta tierra abarcada por Poseidón, la ―Pangea‖ de Wegener, el supercontinente, la gran y única masa de tierra, rodeada por ―Pantalassa‖, todo el mar?. Bueno, siempre se puede comentar que los diferentes cuentos mitológicos son interesantes, olvidando que el término helenístico ―mitología‖ está compuesto de ―mithos‖ = verdadero, y logos = palabra, tratado, o sea, que mitología significa, ―Tratado de la verdad‖. Las riquezas del mar Demasiado sabían los antiguos griegos sobre muchas cosas, pero, aunque se figuraron donde pudo haber surgido, nunca supieron cómo empezó la vida. Hoy en día, todavía no lo sabemos nosotros, pero sí, con toda certeza, que los primeros organismos vivos se iniciaron en el océano y que esa enorme masa de unos 5.000 millones de toneladas de agua y con una profundidad promedio

de 3.700 metros, encierra una gran riqueza vegetal, animal y mineral. Si valoramos la productividad del mar, refiriéndonos al peso en seco de los vegetales producidos en un año, una superficie determinada del mar es tan rica como una igual terrestre y los estuarios más fértiles igualan a las selvas terrestres. Muy ricos los mares, también, en especie animales, pero que en sus últimos tiempos, el abuso humano, a través de sus métodos de pesca –indiscriminada y masiva-, han alterado el equilibrio que debe mantenerse entre el pescador y su presa, pues el ritmo de capturas es superior a la renovación natural de las especies, agotando una fuente alimenticia de alta capacidad proteínica. Respecto a los minerales, se ha comprobado que en los fondos marinos, principalmente en las zonas donde se producen interacción de corrientes marinas y en los bordes continentales, se forman por precipitación de las aguas, unos nódulos polimetálicos que contienen diferentes minerales – zinc, carbón, hierro, titanio, manganeso-, en diferentes proporciones, aunque siempre el manganeso en acusada proporción mayor que los demás, tomando de él, esos nódulos, el nombre de ―nódulos de manganeso‖. Ricos en minerales, varios de ellos considerados ―estratégicos‖ por ser usados en alta tecnología. Están en las aguas de los océanos y mientras éstos existan, se renovarán constantemente, formándose en nódulos. Riqueza factible de conseguir pues la tecnología para subirlos a la superficie es conocida y sólo es cuestión de fuertes inversiones y de acuerdos y contratos muy precisos entre las compañías operadores y los países marítimos, ya que el 80% de estos ―viveros‖ nodulares se encuentran dentro de las llamadas ―ZEE – Zonas Económicas Exclusivas‖. Todos sabemos además, de la importancia de las riquezas petrolíferas en los fondos marinos y de las ―bolsas‖ de gas. Hay también otros recursos marinos, si bien, por los momentos, son especulativos; los que se refieren a la obtención de energía a través de las mareas y las diferencias de

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temperaturas entre las capas superiores de los océanos y las frías aguas de los fondos. Otra fuente de energía es la obtenible con las olas oceánicas. Según se ha comprobado, la ola de un mar intermedio, que tenga la anchura de un barco de carga contiene una cantidad de energía 10 veces mayor que la que se requiere para que ese mismo barco se desplace. “Los siete mares” En general, usamos indistintamente las palabras ―mares‖ y ―océanos‖. Los antiguos del mundo mediterráneo conocían 7 grandes extensiones de agua y creían que esas eran todos los mares y que el mundo era tierra en su mayor parte. Cuando comenzó la edad de los descubrimientos, se supo que había mucha más agua de la que se creyó y había que darle nombres. Se supo también, que en realidad no hay ―océanos‖, sino que el océano es una única extensión de agua, ya que se intercomunica a través de estrechos en todo el mundo. Sin embargo, se nos enseña que hay 5 océanos, para facilitar un poco su estudio: Atlántico, Pacífico, Índico, Ártico y Antártico y dentro de ellos, delimitando ciertas zonas, a sus aguas las llamamos mares: Mediterráneo, Caribe, del Norte, Báltico, Rojo, Caspio, etc… No obstante, bien podemos coincidir en el número 7 con los antiguos, pues tanto el Atlántico como el Pacífico mantienen diferencias muy acusadas entre sus partes Norte y Sur. El Atlántico es el más ―húmedo‖, absorbe en su conjunto la mitad de las lluvias que caen en el mundo, entre otras razones, porque los ríos más caudalosos desaguan en él. Toma su nombre de la legendaria isla perdida de la ―Atlántida‖ y en los últimos 400 años es el más importante camino comercial del planeta. Cuenta con más ―mediterráneos‖ que cualquier otro (Mediterráneo, Caribe, Negro, Báltico, etc). Y gran número de islas. También es el más salado, aunque la concentración mayor de sal se encuentra en el mar

Rojo y el Golfo Pérsico, ambos mares pertenecientes al Océano Índico. El Atlántico Sur no tiene casi islas; sólo algunas rocas solitarias y ningún mediterráneo. Su abertura amplia hacia el Antártico lo convierte en un océano más frío y áspero que el Atlántico Norte. El Índico tiene fama por su ―tranquilidad‖. Es famoso por sus regulares monzones, que soplan en invierno desde las Indias Occidentales en dirección a África y en verano, en dirección opuesta; sin embargo, cuando el monzón cambia, se desatan feroces huracanes en su sección norte. El Pacífico se ganó el nombre, porque a Magallanes, después de sus tormentosas travesías por el Atlántico Sur y por los Estrechos de la América Meridional, le parecieron sus aguas calmadas y soleadas, dulces y pacíficas. Todavía el influjo de su nombre alienta el deseo de llegar a sus paraísos isleños y hace olvidar sus temibles tempestades. El Pacífico Norte no tiene tanto brillo turístico, se compone de costas y archipiélagos muy industrializados y escenario de grandes terremotos ―el cinturón de fuego‖- con el centro de la gran zona sísmica, cerca de la bahía de Tokio. También el Pacífico Sur tiene un gran centro sísmico, localizado en la profunda fosa marina frente a Chile y Perú. Y, por otro lado, las mayores profundidades, como la fosa ubicada en el archipiélago de las Marianas, con una milla más de profundidad que la altura más alta continental, el Everest. Considerando, por tanto, la importancia del OCÉANO en la mente colectiva de la Humanidad, transcribiré del ―Atlas del descubrimiento del mundo‖, un poema que recogen Gerard Chaliand y Jean Pierre-Rageau, de la mitología Koguí, México pre-colombino:
“No había luna, ni sol, ni gentes, ni plantas, ni animales. El Océano se hallaba en todas partes. El Océano era la madre Madre que no era nadie, ni nada, ni cosa alguna. Sino espíritu de lo que había de venir, pensamiento y memoria”.

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El Planeta “Tierra”

Vista de Tierra, desde su satélite, la Luna

CAPÍTULO I (El Mediterráneo a.C.)

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LA ANTIGUEDAD El Hombre y el Mar n nuestra civilización occidental, la historia nace cuando se consigue información documentada de acontecimientos ocurridos hace 3.500 años. En la zona central de la ―Pangea‖, la península India y China, tienen conocimientos históricos sustentables de 1.500 años antes – libros sagrados de esas civilizaciones centro-asiáticas refieren hechos que datan del 7000 a.C.-. Hoy se conoce del descubrimiento de Catal Kuyuk, en la península de Anatolia (actual Turquía), considerado el asentamiento humano más antiguo conocido, 8.500 años, (6.500 a.C.,) ¡muchos años!. Pero pocos, sí los comparamos con dibujos de embarcaciones, cuya antigüedad, los científicos, la cifran en ¡23.000 años a.C.,! De ahí en adelante, empezaría, por tanto, la Historia Naval. Pero ¿quién puede asegurar que no hubo antes embarcaciones?. El hombre cro-magnón, similar a nosotros, ya poblaba el planeta 35.000 años a.C; tuvieron otros 8.000 años para desarrollar naves y dibujarlas. Y nos surge otra interrogante. Si había embarcaciones miles de años antes de los datos históricos Indios y Chinos de sus civilizaciones, ¿no hubo evolución alguna de lo que se muestra en los dibujos de naves de 23.000 años a.C., con las características de las que tenemos referencias históricas 3.000 años a.C.? Es verdad que posteriormente, durante 4.400 años las naves, prácticamente, no evolucionaron; y aún usando la vela, la fuerza de impulso originada por el esfuerzo de los remeros, fue predominante. Solamente en los siguientes 350 años, los barcos usaron cabalmente, como impulso, la fuerza del viento, y en los últimos 250 años, se pudo pasar a impulsos energéticos distintos del músculo humano y del viento. Pero, ¿tampoco lo hicieron en los 20.000 o 35.000 anteriores?. El sentido común nos dice que los elementos más antiguos que pueden ser considerados como vehículos de transporte, debieron ser los troncos de

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árboles caídos al agua. La vía usada, la fluvial; el hombre cabalgaría sobre un tronco, después uniría varios de ellos, formando una balsa ó almadía, consiguiendo una base más firme y amplia que le permitía transportar algunos enseres. Para ello, unió los troncos con bejucos, juncos, carrizos, etc. Posteriormente, logró vaciar un tronco y consiguió hacer una canoa. Río abajo, aprovechaba la corriente y una pala le permitió remar para remontar el río contra corriente. Las plantas que se daban en sus zonas, en los ríos, aprendieron a trenzarlas y fabricaron botes con ellas, impermeabilizando sus fondos con barro, brea y otras sustancias. Cuando los botes se iban echando a perder, simplemente, trenzaban nuevamente y fabricaban otros. Todavía persisten esos sistemas en el lago Titicaca (Bolivia, Perú) con las llamadas ―totoras‖y las pequeñas, usadas ya en costa marina, en el litoral peruano, en Trujillo.- Otros pueblos, como los esquimales, recubren sus canoas –kayakscon piel de foca. En el actual Irak, -la bíblica Mesopotamia- en los ríos Tigris y Eufrates, hasta no hace mucho, se desplazaban botes redondos, fabricados con las vainas de plantas que bordean los lechos fluviales y que los naturales llamaban ―Kuffas‖. Los egipcios usaron para sus primeras balsas, manojos de tallos de papiro bien atados entre sí. Con fuerte fundamento podemos decir que las primeras embarcaciones –casi en su totalidadfueron usadas para el transporte comercial y podríamos asegurar que muchas de ellas fueron asaltadas para apoderarse de las mercancías y que estos actos propiciaron el que una serie de embarcaciones fueran destinadas a dar protección a las comerciales. Así que, despejando ciertas dudas, aseveramos que la marina mercante fue la primera, luego apareció la ―piratería‖ y finalmente, la marina militar. Por tanto, la piratería es casi tan antigua como la propia navegación. Ha habido piratas que han actuado en solitario y a veces, agrupados con otros; piratas que han llegado a mandar en escuadras completas, y reinos que han actuado como piratas.

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Se cuenta que en tiempos de Alejandro Magno, un pirata llamado Dionides, navegaba y asaltaba en las aguas del Levante (costas del Medio Oriente). Alejandro mandó una flota contra él y fue capturado; llevado ante la presencia de Alejandro, éste le preguntó. ―Dime, Dionides, ¿por qué tienes escandalizada toda la mar?. Respondió Dionides: ¿Por qué tú, Alejandro, tienes saqueada toda la tierra y robada toda la mar?. Contestó Alejandro: porque yo soy rey y tú eres pirata. A esto, contestó Dionides: ¡Oh, Alejandro! De una condición y de un oficio somos tú y yo, sino que a mí me llaman pirata porque salteo (asalto) con pequeña armada, y a ti te llaman príncipe porque robas con gran flota…‖ Aunque los primeros hombres que se aventuraron a apartarse de la costa en artefactos flotantes, balsas, botes, etc., lo pueden haber hecho, prácticamente en cualquier lugar, los primeros navegantes de la civilización occidental fueron los mesopotámicos y egipcios. En el yacimiento de Eridu, en Mesopotamia, se ha encontrado el modelo en arcilla de una nave de 3.500 años a.C. Nacimiento de la Historia Naval Los primeros datos históricos que poseemos sobre la actividad naval, se localizan en la Mesopotamia, la región que se extendió por un fértil valle delimitado por los ríos Tigris y Eufrates, cuyos pueblos hicieron aportaciones culturales tan importantes que han llevado a muchos a considerar a este pequeño territorio, como la cuna de la civilización occidental. Los sumerios, acadios, babilonios y asirios – todos, pueblos y reinos que poblaron Mesopotamia, navegaron, por supuesto, en sus dos grandes ríos-; pero también desde sus desembocaduras –hoy forman un único cauce- en el Golfo Pérsico, les impulsaron a recorrerlo y desembocar en el Índico. Hasta la llegada de los Persas, no se tienen sino datos fragmentados de sus actividades marítimas. En torno al caudaloso río Nilo se configuró una completa y bien definida estructura geográfica, política y social que recibió el nombre de Egipto. La

civilización del Nilo no fue muy marinera –de hecho, escaseaba la madera con la que hacer buenos barcos- pero, no obstante, introdujo innovaciones tan exitosas como el timón, la vela –que era cuadrada y estaba montada sobre unos palos en forma de ^ invertida-, o el concepto de horizonte, palabra que procede justamente del nombre de uno de sus dioses, Horus. Cuando los primitivos querían detener sus embarcaciones de pesca donde les interesaba, encontraron la solución utilizando piedras pesadas atadas a la embarcación, que dejaban caer al fondo de las aguas. Igualmente, los egipcios procedían de la misma manera. Tallados en las rocas del Egipto meridional, hay cientos de toscos esbozos de naves, que se remontan al año 3.000 a.C., algunas de las representadas están aparejadas con velas sencillas. En el valle del Nilo dominan los vientos del Norte, favorables para la navegación a vela, remontando el río contra corriente, mientras que el tráfico a favor de la corriente depende de los remos. No siendo los egipcios muy marineros en aguas que no fueran las del río Nilo, éste era una ―autopista‖ que enlazaba todas las localidades importantes, puesto que el territorio del país era muy angosto y tan largo casi como el propio río. Por tanto, el barco era el medio de transporte más significativo y éstos variaban notablemente, de acuerdo con su utilización (de carga, de viajeros, ceremoniales, etc). Las naves que traficaban en el río y las que empezaban a desplazarse en aguas mediterráneas hacia los puertos de las costas de Siria y Palestina, eran largas, estrechas, frágiles. Como góndolas, se curvaban, arrancando de unas proas altas y prominentes hasta unas popas que se levantaban como enormes abanicos semiabiertos. Los mástiles egipcios, como ya dijimos, eran dobles. Debido a que las naves no tenían quilla y sólo contaban con unas pocas y livianas ―costillas‖, sus cascos no podían resistir el empuje de un solo mástil. Con el doble mástil se distribuía la presión sobre el casco y usaban tirantes para conseguir el necesario soporte. La vela se veía entorpecida, en gran parte por este

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mástil; de ahí, que el viento se aprovechaba cuando batía desde la popa; consecuentemente, se usaban con gran frecuencia los remos, abatiendo la vela. El timoneo también se realizaba con grandes remos, en la popa, uno por cada banda. Con la primera mujer que ocupó en la historia un puesto de gran gobernante, la reina Hatshepsut, se enviaron flotas completas, por el mar Rojo, con rumbo Sur, en busca de cargas, más sus sucesores no se aventuraron más allá de este mar y del extremo suroriental del Mediterráneo. Cretenses, aqueos y “pueblos del mar” La exploración más allá del horizonte era empresa que quedaba para naciones, menos poderosas en ese momento, pero con hombres de mar más osados que ensancharían las rutas marítimas del mundo civilizado tanto hacia el Norte como hacia el Oeste, desde la isla de Creta, en el segundo milenio a.C., donde habitaba el oscuro y elegante pueblo, cultor de una exquisita civilización, de origen desconocido, incluso en su hombre, ya que con el que pasó a la historia -minoico – le fue asignado por Evans, el arqueólogo británico que descubrió su capital ―Cnossos‖, basándose en la mitología griega que habla del legendario Minos, rey de Creta. Entre 1.800 y 1.500 a.C., las naves cretenses navegaron a todos los puertos del mediterráneo oriental y hasta Sicilia, por el Oeste, abriendo rutas comerciales que se seguirían utilizando siglos después. Protegieron sus mercantes con una armada suficientemente poderosa para hacer frente, sobre todo, a las naves piratas, hasta que los aqueos –los primeros griegos- que habitaban en la península e islas adyacentes al Norte y que durante mucho tiempo habían comerciado con los minoicos mientras los imitaban en todo, nutriéndose de su refinada cultura, finalmente los invadieron. Esa intromisión, seguida por un tremendo desastre natural –un terremoto submarino- partieron y hundieron partes de la isla, acabando con su civilización.

La navegación en la antigüedad se efectuaba de dos maneras, la que se hacía costeando –de cabotaje- con barcos de pequeño y medio tonelaje, cargados con mercancías y aprovechando la luz diurna, y el de largo recorrido, por mar abierto y lugares más alejados. En este caso, se intentaba siempre navegar, ―viendo la tierra‖ y durante el día ayudaba el hecho de que en esas aguas mediterráneas, desde casi cualquier punto se puede divisar una costa. En la noche se buscaba un refugio, varando el barco con la proa hacia el mar. Posiblemente, el primer barco de guerra haya sido un barco mercante usado como transporte de tropas y también para la piratería, equipándolo para la defensa y el ataque. Pero muy pronto se puso en claro que se necesitaba más velocidad y mayor capacidad de maniobra. Aún cuando desde antes se diseñaron y con seguridad, se usaron barcos para la guerra, es hacia el 2.000 a.C., cuando empezó a usarse en Creta, un tipo de barco, esbelto, con proa puntiaguda, con un casco que sobresalía a muy poca altura de la línea de flotación, propulsado a remo y con limitada capacidad de navegación a vela. Se clasificaban por el número de remos, o de sus remeros. Uno por remo, de 20, 30 y 50 eran los más habituales. El de más éxito fue la ―pentecóntera‖ -50 remeros, 25 en cada costado. Todos los barcos eran ―monokrotos‖ o sea, de una sola orden de remos, con la cubierta ligeramente elevada a lo largo de su zona central. Poseían un mástil abatible que se usaba aparejado con una vela cuadra, para la navegación de crucero, con viento favorable; en caso de combate, el mástil se abatía. Los timones se encontraban sobre los laterales de la popa, palas de mayor tamaño que los remos, colocadas a unos 45º respecto a la superficie del mar, y con capacidad de rotar en torno a su eje. La proa era afilada, la razón de esta forma pudo ser estético, pero también reducía la resistencia del agua; más tarde se recubrió de metal y se convirtió en un espolón, transformando al barco en un arma por sí mismo, al poder romper la estructura de la nave enemiga.

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Este diseño, con leves modificaciones, que afectaron principalmente a su capacidad de propulsión –mayor número de remos y/o remerospermanecerá como la nave de guerra usada por más tiempo -¡38 siglos!-. Las últimas unidades de este tipo de nave dejaron de formar parte de los inventarios navales en la mitad del siglo XVIII en el Mediterráneo y a principios del XIX en el mar Báltico. Desde la más remota prehistoria, los humanos constantemente se han movilizado de unas zonas a otras en el planeta. Se dice que la primera migración fue la de los ancestros del ser humano, saliendo de África y expandiéndose por el mundo. Allá, por el Neolítico, algunas comunidades en Asia Menor y en la cuenca del Mediterráneo se hicieron sedentarias, aparecieron las primeras ciudades, siendo el foco de las primeras civilizaciones. Pueblos con lenguas similares, conocidos genéricamente como indoeuropeos empezaron a poblar Europa, sin que se sepa a ciencia cierta de

donde provenían; en su despliegue por el continente, los que se dirigían hacia el Sur, dieron origen al mundo greco-latino, mientras que en el centro y el oeste, serían los llamados celtas y germanos. Fruto de esos desplazamientos, muchos de ellos presionados por otros pueblos, fue el de las tribus dorias que entraron en Grecia, se impusieron a los aqueos, destruyeron una próspera civilización –la micénica- y lograron que una gran cantidad de antiguos pobladores huyeran a las islas del mar Egeo y las costas de Asia menor (en la actual Turquía). De los llamados ―pueblos del mar‖ se desconoce su origen; sus desplazamientos en las costas del Mediterráneo Oriental habrían sido originados por masivos movimientos de poblaciones en Europa. Se dedicaron por tiempo a la piratería y al pillaje en tierra, y después de destruir el reino hitita, en Mesopotamia, avanzaron por mar y tierra, saqueando las ciudades de la costa oriental, en dirección a Egipto, donde su flota fue derrotada por la del faraón Ramsés III en las cercanías de un

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pequeño islote situado en el delta del Nilo, llamado por los griegos PELUSA, en el año 1186 a.C. Es la primera batalla naval que registra la historia, con amplia información en las crónicas

egipcias de la época, puesto que, aún suponiendo los muchos encuentros bélicos navales que pudieran haberse sucedido en los tiempos anteriores, de ninguno quedó referencia alguna.

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LOS FENICIOS as circunstancias geográficas fueron factores decisivos del carácter marítimo y comercial de los fenicios. En efecto, ellos habitaron una faja costera de unos 200 kms de longitud y de una anchura variable, pero siempre bastante estrecha y con frecuencia interrumpida por las estribaciones de la cordillera del Líbano que llegaban hasta el mar.

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Eran difíciles sus comunicaciones con el interior y entre sus propios asentamientos, pero poseían buenos puertos. Este pueblo era de raza semítica, como los hebreos y los árabes. Sus ciudades eran independientes y ninguna de ellas ejerció hegemonía sobre las otras, no llegando a constituir la Fenicia un Estado. Se distribuyeron en una franja costera, -de la cual, hoy en día, pertenecen los litorales del Líbano, Israel y Siria, fundando las

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ciudades-puertos de Biblos, Acre, Beritos (la actual Beirut), Sidón, Tiro, etc. Los fenicios no fueron guerreros ni tenían afanes expansionistas y por esa razón, en diferentes períodos estuvieron sometidos a conquistadores egipcios, asirios, babilonios y persas; pero supieron obtener de sus opresores un régimen especial, merced a los fuertes tributos que les pagaban y al servicio marítimo que les prestaban con sus embarcaciones y pericia marinera. Su poder no estaba en la tierra sino en el mar. El comercio era su dios principal, y una necesidad vital, el arte de navegar. Tenían una magnífica materia prima, los bosques de cedros que cubrían la cordillera del Líbano les daban una excelente madera para construir sus naves, y descubrimientos de restos han permitido conocer técnicas de su construcción naval. Cada trozo de madera llevaba sobre sus bordes letras del alfabeto fenicio, como referencia para los carpinteros. Al parecer, se trataba de piezas prefabricadas por separado y, posteriormente, unidas: su estructura, una serie de tablas (forro) sustentadas en el interior por un armazón de vigas (cuadernas), ortogonal a la quilla. El forro estaba cubierto por láminas de plomo pegadas al interior y fijadas con clavos de cobre. Y ahora que hablamos del alfabeto fenicio, no podemos pasar de largo, sin comentarlo, que ese alfabeto fue el mayor logro que ese pueblo dejó a la humanidad. El mercader fenicio se dió cuenta de que en todos los lugares, en todos los idiomas, se repetían una serie de sonidos que muy bien podían convertirse en otros tantos signos identificables. Redujeron los sonidos de las diferentes lenguas de os pueblos con los que ellos trataban, al reducido número de treinta signos. De esta forma surgió el alfabeto, que les permitía hacer comprensible una lengua extraña. En su origen no contaba con vocales, se variaba adecuadamente la entonación para que la suma de los signos tuviera significado. Los griegos son los que añadieron las vocales, cuando se lo apropiaron.

Los barcos fenicios de transporte tenían un casco redondo que permitía una mayor capacidad de carga, los griegos los llamaron, por su forma, ―gaulos‖ – bañeras-, medían de 20 a 30 metros de eslora, de 6 a 7 de manga, con un calado de 1.5 metros. La popa era de forma redonda; la proa, curvilínea, terminaba en una tallada cabeza de caballo; a ambos lados estaban pintados dos ojos, cuya función era anular influjos negativos. Su velocidad era unos tres nudos. Puesto que, en general, en esos tiempos la navegación comercial se limitaba a los meses de marzo a octubre, ya que en los otros meses, la navegación, -al fin y al cabo, en aquellas frágiles naves- se tornaba muy peligrosa, los fenicios, en ocasiones y en aras del comercio, se atrevían a navegar en todo tiempo, sin varadas nocturnas, pues sabrían orientar el barco con la observación de la estrella Polar, llamada por los antiguos, ―estrella fenicia‖. Esa habilidad, y sus largos viajes comerciales y de exploración, les han hecho pasar a la historia como los mejores navegantes de la antigüedad. Crearon nuevos mercados, dibujaron y recorrieron nuevas rutas y protegieron esas rutas, con puntos comerciales, factorías, que se convertirían muchas de ellas en ciudades portuarias, de las cuales aún subsisten varias: Palermo, Huelva, Cádiz, etc. Atravesaron las ―Columnas de Hércules‖ –el estrecho de Gibraltar- y exploraron las costas de Galia –Francia, y las -―Islas Casitérides‖–, islas Británicas. A menudo sus buques transportaban los bienes de otros pueblos –en barcos fenicios llegaron los mármoles que sustentaban, en columnatas, el

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templo de Salomón-. La relación con sus vecinos, también semitas, los hebreos, fue en muchos períodos, intensa –muchas fueron las veces en que algún hebreo navegó en barcos fenicios-. Los marineros fenicios, en alguna ocasión, obligados por las circunstancias -según Herodoto, el padre de la historia, que oyó el relato en Egipto-, emprendieron un viaje, contratados por el faraón egipcio Necao para que exploraran las costas africanas, partiendo desde el sur del Mar Rojo. Bordeando la costa tardaron tres años en circunnavegar África y entrar al Mediterráneo por el estrecho de Gibraltar, regresando al Delta del Nilo; para facilitar el cruce del Estrecho, parece ser que utilizaban la fuerte corriente submarina para remolcar sus embarcaciones, mediante unas velas sumergibles que les permitían hacer la travesía contra la corriente superficial. Los fenicios no sólo traficaron con los más variados productos, sino que sus ramificaciones comerciales abarcaron todo el mundo conocido y ese afán comercial los condujo a lugares remotos, según parece y según se desprende de una famosa inscripción hallada en Brasil, denominada Estela de Parahiba. El Comercio, siempre el comercio Para los fenicios, la vida entera giraba en torno al comercio. Bien es verdad que el comercio es muy antiguo. Más de 6.500 millones de personas pueblan hoy nuestro planeta, 5.000 millones más que a principios del siglo XIX. Una cifra asombrosa, pues a finales del Paleolítico se calcula que había, como mucho, 20 millones de ―homo sapiens‖. Y aunque no lo supieran, también solucionaban sus problemas con un modelo económico: el de la supervivencia; por ejemplo, en el Paleolítico solo lograban sobrevivir las estirpes que cazaban y recolectaban frutos más eficazmente. Y no hay que remontarse a los fenicios para descubrir el gérmen de los intercambios comerciales. Los restos más antiguos de conchas y minerales, como la obsidiana, encontrados en cuevas a 2.000 kilómetros de su lugar de origen,

demuestran que desde el principio el hombre era un ser económico. Pronto se empezó a necesitar nuevos campos de juego para el desarrollo del comercio. A partir del año 1.500 a.C., el Mediterráneo se convirtió en la principal vía de Europa y quien tomó el timón fueron los fenicios. Más tarde, se pasó del trueque, al comercio con monedas, mucho más manejables, las cuales aparecieron en el 640 a.C., en Asia Menor. La oferta de los fenicios, abarcaba prácticamente de todo. De España, plata, trigo y cobre; del Sur de Arabia, oro, incienso, mirra y oníx; de la India, piedras preciosas, especias, marfíl y maderas perfumadas; de Egipto, caballos, lino y algodón; de África, oro, ébano, plumas de avestruz. El estaño, mercancía muy apreciada pues servía para la composición del bronce –usado para muchas cosas, sobre todo, armas –lo conseguían en las costas del mar Negro y las islas británicas (las ―Casitérides‖) y por ese metal afrontaron tempestades y se dice, que si eran sus barcos, ya cargados de estaño, atacados por piratas y sabiéndose perdidos, se hundían con sus naves, con tal de no caer prisioneros y tener que revelar –ante el tormento- los lugares de donde provenía ese metal –materia prima tan solicitada-. A su vez, exportaban madera, barcos y productos fabricados con metales, madera, cristal y papiro. El papiro servía para componer libros en Biblos, la ciudad fenicia que habría iniciado la técnica que convirtió las hojas en libros y de cuyo nombre se derivó el libro de los libros: la Biblia. A pesar de la belleza de sus artesanías –todas ellas mercancías de lujo- moldeado del vidrio, cerámica policromada de barniz rojo, trabajos sobre bronce y metales preciosos, la técnica de la filigrana y granulado en las joyas, y la talla del marfil, no buscaban tanto la originalidad, sino adaptándose a la moda que en el momento se imponía en el mercado, influenciada por el espectro político dominante,- fuera Egipto, Grecia o Persia-, ofrecían al público lo que el público quería. Perfeccionaron de los egipcios los procedimientos del tejido, tenían los mejores tintoreros, y ciertas telas eran teñidas

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con un color especial: el ―púrpura‖. Este color se obtenía con el jugo del múrex, un molusco, un caracol que habitaba en sus costas. Manteniendo el secreto y el monopolio de ese teñido de especial color, de alto costo y elevado precio, esas telas fueron siendo exclusivas de príncipes y reyes y se identificó de tal forma el comercio de la ―púrpura‖ con ellos, que pasó a ser su gentilicio, procediendo del griego ―phoinix‖ que significa propiamente ―púrpura‖ y ―palmera‖, esto es, ―comerciante de púrpura‖ y ―hombre del país de las palmeras‖. Aún no teniendo apetencias de conquista, los fenicios tuvieron barcos militares, pues necesitaban proteger a sus naves mercantes. A la larga nave, esbelta, de poco calado y de una

sola orden de remos, le aportaron una innovación: la convirtieron en ―dikrotos‖, dos órdenes de remos. Los remeros se colocaron en dos niveles; el original continuó en la regala, el segundo por debajo, en portas abiertas en el casco (así se bajaba el centro de gravedad y la posición del remo, próxima a la horizontal, era más efectiva). La eslora de la nave se redujo en un 25%, disminuyéndose la superficie mojada casi en la misma proporción mientras que la potencia se mantuvo constante. Se aumentó la maniobrabilidad y la capacidad de aceleración. Las portas de los remos inferiores se encontraban muy próximas al agua (unos 50 cms) por lo que fue necesario poder cerrarlas con un recubrimiento flexible de cuero.

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Finalizaremos con la descripción de los mejores navegantes de la antigüedad y también, los mejores comerciantes, con una nota culinaria: como colofón de tantos conocimientos y habilidades de ese pueblo, diremos que, siendo seguramente, amantes de la buena mesa, dominaron la técnica de la salazón y fueron los creadores de una salsa, el ―garum‖, al parecer, deliciosa y codiciada, que se empleó hasta el comienzo de la Edad Media, sobre todo por los romanos. Los fenicios que finalmente, entrarían a formar parte del Imperio romano, sobrepasaron con creces las limitaciones de su tiempo, gracias a sus habilidades para los negocios.

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PERSIA esde el siglo VI al IV a.C., el antiguo Imperio Persa aglutinó en 21 provincias ó satrapías a lo que en la actualidad son 18 países. Dos grandes tribus arias se asentaron al sur de lo que se conoce como Irán y lo llamaron Parsa, es decir, ―país de los persas‖. Fue Ciro II el Grande el que marcó el punto de partida del desarrollo del Imperio. Los reinos que fue sometiendo, conservaron sus respectivas creencias e idiomas, costumbres y tradiciones y en ocasiones, incluso, algunas de sus instituciones políticas, siendo mantenida tal política por sus sucesores. Al subir al trono Darío I, creó una administración centralizada, dividida en provincias, gobernadas por ―sátrapas‖. Como vehículo de entendimiento estableció el arameo como idioma oficial en todo el Imperio, e implantó una sola moneda: el dárico. Impulsó importantes obras de ingeniería civil y organizó un sistema de correos y postas que cubrían hasta el último confín del vasto territorio. Gobierno eficaz, pero de acuerdo con los cánones de la época, implacable. Para mejorar la justicia –a la sazón, muy corrupta– ordenó la desolladura en vivo de los jueces culpables de prevaricación, para formar con

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su piel los asientos de los que fuesen a sucederlos en sus cargos. Su política se fue encaminando hacia la expansión territorial, hacia el Este –penetrando en la India- y, motivado por algunas sublevaciones de ciudades e islas costeras de Asia Menor, habitadas por griegos y apoyados por las ciudades-Estado de Grecia, le llevaron a iniciar una serie de guerras contra los griegos, que serían conocidas como ―médicas‖ por una de las dos grandes tribus- los medos –constituyentes del país y de la cual provenía el fundador del Imperio, Ciro II el Grande. Más este Imperio, era todavía de mentalidad eminentemente terrestre, aún cuando ya tuviera un gran balcón sobre las aguas mediterráneas, pues dominaba las costas de Anatolia, y la franja costera más al sur, además de las costas de la Península del Sinaí y de Egipto. La flota imperial se componía por el conjunto de las naves de guerra egipcias, las de los griegos de las islas -una vez dominada su sublevación-, y lo más importante, las naves fenicias. Los persas, ignorantes todavía de las cosas del mar, sólo aportaban los guerreros que iban en las naves, representando la fuerza militar y la vigilancia sobre los marineros y remeros de las embarcaciones.

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GRECIA ace más de tres milenios, comenzó a gestarse en las costas del mar Egeo, Mediterráneo Oriental, una civilización cuyo grado de perfección sentó las bases sociales y culturales del mundo occidental, proporcionando los fundamentos del pensamiento filosófico y científico, del ocio y de la creatividad –con los juegos, el teatro y el arte- y hasta de las instituciones y sistemas políticos. Los aqueos, llamados así por sí mismos, ―helenos‖ –habitantes de la Hélade- que invadieron a los cretenses –los minoicos- y asimilaron sus culturas, y posteriormente, los dorios y jonios configuraron la civilización griega. Hacia el siglo VII a.C., se fueron desplazando fuera de la península griega, atravesaron el Helesponto estrecho de los Dardanelos, que separa Asia de Europa- y fundaron Bizancio, colonizando

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costas del mar Negro, de la Península de Anatolia y las islas situadas en el mar Egeo. En su afán de expansión, se dirigieron hacia el Oeste del Mediterráneo, fundando colonias al Sur de la Península itálica, la ―Magna Grecia‖ (Cumas, Crotona y Sibaris); Sur de Francia (Marsella) y en el levante ibérico (Rodas, Ampurias y Málaga). Para todo ello, el camino era el mar y los griegos, lo usaron amplia y eficazmente, sobre todo los ciudadanos de Atenas, que ostentó durante más tiempo entre todas las ciudades griegas la hegemonía marítima. Esta se ejercía, por supuesto y en primer lugar, con el comercio marítimo. Cada propietario – capitán cargaba las mercancías y zarpaba en primavera; su barco, de casco redondeado, para ser capaz y marinero, más que rápido y maniobrero, llevaba una sola y amplia vela y un ―ancla de cepo‖, que adoptarían después otros pueblos, entre ellos el romano.

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Su nave le permitía cargar entre 100 y 150 toneladas, aunque en algunas se llegaba a las 400. Con un viento fuerte podían avanzar a cuatro nudos; si tenían viento de cara, conseguían la mitad de esa velocidad. Un recorrido largo hasta un puerto en Sicilia, suponía que un barco mercante, supeditado a navegar durante unos siete meses al año, realizaba tan solo un viaje de ida y vuelta. Había un mercado muy activo para todo tipo de mercancías, incluida una viva: los esclavos. Podían ser prisioneros de guerra o personas desventuradas que habían sido compradas a los piratas o a jefes de tribus extranjeras y, también, cualquier hijo de un esclavo, automáticamente se esclavizaba y, por lo tanto, también se podía vender.

En Atenas, los esclavos (ilotas) representaban una tercera parte de la población. Pocos afortunados se abrían paso hacia puestos de responsabilidad y alguno, más emprendedor, se hizo tan indispensable, que se le concedió la libertad. La flota de guerra era esencial en el sistema democrático ateniense, ya que estaba tripulada en su mayor parte por los ciudadanos más pobres, a quienes no sólo proporcionaba un medio de vida, sino también un motivo de orgullo y poder. Puesto que la riqueza y el poderío de Atenas provenían en general del comercio y su influencia marítima, el pueblo llano podía afirmarse como la espina dorsal del Estado y desempeñar un papel importante en su vida política.

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La “Triera” Los griegos siempre atribuyeron a Teseo, el fundador de Atenas y vencedor del monstruo mitad hombre y mitad toro –minotauro-, que habitaba en las entrañas subterráneas del palacio del rey Minos, en Cnossos, Creta, el haber diseñado en el 700 a.C., la estilizada nave de combate que persistiría durante tanto tiempo en el mar Mediterráneo. Pero, realmente, esta es una historia ―oficialista‖, para darse gloria y ocultar que ellos, los griegos, habrían copiado y apropiado el saber náutico de los cretenses. Hubo un paso posterior a la nave de dos órdenes de remos fenicia, que sí puede atribuírsele a los griegos y es la aparición de la ―Triera‖, con la incorporación de un nuevo orden de remos. Esta nave, no sólo fue el barco de guerra estándar de las ciudades-Estado griegas, sino que lo fue también de los fenicios, egipcios y cualquier otro pueblo del Mediterráneo oriental que pudiera permitirse tener barcos de guerra. Las de uno y dos órdenes de remos quedaron, dentro de las escuadras, como auxiliares, cumpliendo también funciones de ―policía marítima‖.

En estas embarcaciones de tres órdenes de remos, se sacrificaba prácticamente todo en aras a la rapidez y movilidad. Los remeros ordenados en tres líneas superpuestas a lo largo de cada banda de la nave, manejaban remos que llegaban a tener más de cuatro metros de longitud. Si la nueva hilera de remos se colocaba directamente por encima de las dos anteriores, hubiera sido necesario usar para la hilera alta, remos de mayor longitud y con un ángulo elevado respecto a la superficie, obligando a un mayor esfuerzo por parte del remero y presentando problemas de sincronización.

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Resolvieron este problema mediante la construcción de una postiza externa al casco (una especie de balcón), situando así al remero ligeramente por encima del inmediato inferior y hacia fuera, sin necesidad de aumentar la real manga de la nave. Se pudieron usar remos de longitudes muy parecidas para todos los remeros, sin elevar demasiado el centro de gravedad. Estas naves median 36 metros de eslora, diez veces su manga; los 170 remeros iban distribuidos en cada costado, de la siguiente forma: 27 en la hilera inferior, 27 en la intermedia y 31 en la superior. El personal embarcado se complementaba con timoneles, marineros y oficiales y unos 18 combatientes, (14 lanceros y 4 arqueros), con un total de unos 210 hombres, bajo las órdenes del Trierarca o capitán. Desplazando unas 45 toneladas, era tan baja la ―Triera‖, que la fila inferior de remeros trabajaba con remos que salían por unas portas situadas a medio metro por encima de las olas, debiendo taponarse las citadas portas con bolsas de cuero, cuando se presentaban mala mar. Por supuesto que en el transcurso de la historia y aún operando sólo desde marzo a octubre, flotas enteras naufragaron al ser sorprendidas por galernas. Tal como sus antecesoras, estas naves llevaban una vela ―cuadra‖ (cuadrada), que dejaban en tierra si zarpaban directamente al combate. La nave estaba construida para breves y feroces combates, no para larga campaña y por supuesto, no tenía nada de marinera, al punto que para soportar la mala mar, la ―triera‖ llevaba un cable tendido de proa a popa, para que aguantara su liviano armazón y su fino casco. El espolón en la proa del barco, se convirtió en un ariete de tres dientes, recubierto de bronce, cuya finalidad era embestir el navío enemigo para abrirle una vía de agua o romper los remos de uno de sus costados, dejando al barco enemigo, ingobernable. Ya en tiempos de Alejandro el Magno, se fue

aumentando la superficie de la cubierta con el objeto de acomodar un mayor número de combatientes, llegando a la configuración de dos cubiertas elevadas, por encima de las posiciones de los remeros, con un pasillo central más bajo. En sus últimas versiones se convirtió en una construcción ―catafracta‖ (cerrada), con una cubierta que abarcaba todo el ancho del casco. “Guerras Médicas” En el año 490 a.C., el escenario para una gran confrontación estaba dispuesto; los actores: persas y griegos. Este conflicto logró unir al siempre dividido mundo griego, al asumir la defensa de cierto tipo de valores contra un poder impositivo. Habiendo sido ambos pueblos, originalmente, extranjeros en los territorios en que habitaban para esos momentos, empezarían a representar cada uno de ellos dos concepciones distintas en el ámbito filosófico, social, político y religioso. La península que era Europa, en relación al inmenso continente asiático, iba a tomar una ―personalidad‖ propia, con un peso cada vez más acentuado en el devenir histórico del planeta Tierra; a tal punto que se calificaría como uno de los cinco continentes a lo que geográficamente era un apéndice asiático. Esta dicotomía persiste hasta nuestros días y está implícita hasta en las formas de expresión, el ―Occidente‖: Europa, bastante unificada en patrones culturales por su civilización y, América, su proyección; en el otro lado, el variopinto, ―Oriente‖ cuna de múltiples civilizaciones y expresiones culturales. Darío I lleva la guerra a Grecia, dedicando su atención, primeramente, a Atenas, encontrándose los persas con los atenienses, comandados por Milciades, en una llanura que bajaba en suave declive hacia el mar, llamada Maratón, situada a la distancia de 42 kms, 195 metros de las murallas de Atenas. Sorpresivamente, después de horas de lucha, el ejercito persa, muy superior en número, es derrotado decisivamente por los ―hoplitas‖, los

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infantes-ciudadanos atenienses. Se envía a un soldado –Filípides- a dar la buena nueva y calmar la inquietud de sus compatriotas, y el mensajero se lanza a correr, eufórico, sin parar, toda la distancia hasta la ciudad, llevando consigo el desgaste sufrido en la batalla; jadeante, traspasa la puerta principal de Atenas, llegando a la plaza central y allí pronuncia la frase, ―hemos vencido‖, para derrumbarse, y caer muerto. Darío vuelve a Persia, humillado y deseoso de tomar la revancha, más se consigue con dificultades –rebeliones en algunas provincias- y con su propia muerte, cinco años después de su fracaso en Grecia. Por otros cinco años más los griegos tendrían un respiro, pues Jerjes, el nuevo ―Rey de Reyes‖, debe aplastar una revolución en Egipto y aquietar a todo el Imperio antes de proseguir con los planes de su padre con respecto a Grecia. Tan era así, que un esclavo, permaneciendo en pie a su lado mientras comía, le susurraba ―Amo, recordad a los atenienses‖. Mientras, en Atenas, los ciudadanos se dedicaban a sus asuntos, olvidando la latente amenaza, a excepción de un joven político, llamado Temístocles, vehemente e impetuoso, pero con una clara percepción hacia los asuntos públicos. De familia poco acomodada, había ido ascendiendo en la vida pública, merced a su constancia e inteligencia, llegando a ser ―arconte‖ –juez- y considerado como uno de los principales personajes de la élite política de la ciudadEstado. Cree que el futuro de Atenas residía en conseguir ser una potencia naval, pues consideraba que el que ―domina el mar, domina la tierra‖, y para conseguir esa ―Thalassocracia‖, (dominio del mar), eran necesarios tres pilares: una gran flota mercante, una potente marina de guerra y puntos focales de transacción comercial e influencia política, en litorales más allá de las aguas de la República de Atenas. Fomentaba la construcción de un nuevo puerto en El Pireo, de mejores condiciones que el existente en Falero, y más fácil de fortificar.

De hecho, ya había empezado la construcción de las murallas protectoras del puerto y de un camino amurallado que lo uniría con la ciudad. Por esta forma de pensar, tenía a su favor el apoyo de la mayor parte de la población que vivía del mar y tenía sus intereses en la navegación. En un golpe de suerte –la suerte de los elegidos- se descubrió una rica veta de plata y pudo convencer a la Asamblea, para que una parte importante de los beneficios se usaran para incrementar la construcción de naves de guerra, objetivo que se logró poco antes de que se precipitaran los acontecimientos que él había previsto e intentado, con su clamor, que sirvieran para despertar a sus conciudadanos del peligro que se cernía sobre su ciudad y todo el mundo griego. Para el año 483 a.C., cientos de naves de guerra, de tres órdenes de remos –―Trieras‖, auxiliares y embarcaciones de transporte, estaban dispuestas en los muelles de las ciudades marítimas de Fenicia, Egipto y las costas e islas griegas, sojuzgadas por el Imperio Persa. El ejército, de unos 250 a 300.000 hombres, cifra en que coinciden los estudiosos y que suponía para la época el mayor que se había conocido (y no las disparatadas cifras dadas por Herodoto de más de un millón de hombres y tres mil naves, en que pecaba de ―historiador oficial‖ para enaltecer la gloria de sus compatriotas). Estas tropas se movilizaron hacia el Helesponto (estrecho de los Dardanelos que separa Asia de tierras europeas).

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Al llegar allí, los ingenieros concibieron dos puentes paralelos, en las dos zonas más estrechas – de unos dos kilómetros de largo-, con características mixtas entre lo que sería un puente colgante y un puente de pontones. Naves fueron amarradas en paralelo a las orillas del Estrecho, fondeadas con grandes anclas para resistir las fuertes corrientes y los vientos; luego se tendieron cables de papiro y lino, muy recios, con un gran peso, (Herodoto dice que pesaban 67 kilos por metro), a través de las flotantes embarcaciones y de orilla a orilla. Unos molinetes instalados en ambas riberas tensaban los cables. Después, se tendieron tablones sobre los gruesos y tensos cables y se afianzaron en

forma debida. Así, los cables absorbían parte del peso y daban una estabilidad más consistente que las naves, que por más que sea, se balanceaban en la corriente marina. Por su parte, las embarcaciones, completamente unidas, a su vez, impedían que los cables se combaran y entraran en contacto con el agua. Por encima de los tablones se apisonó tierra, consiguiendo una calzada por la que pudieron pasar las tropas y los caballos. Para evitar que los caballos, al cruzar, vieran el agua y se espantaran, se plantaron setos de ramaje entrelazado a ambos lados de la calzada y a una altura superior a la alzada de la caballería.

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Una vez efectuado el cruce, el gran ejército y la gran flota –unos 1.200 barcos, de los cuales, unos 800 de guerra- se dirigieron, desde el norte de Grecia, bordeando el litoral hacia Atenas. Sin entrar en los detalles de la campaña, nos situaremos directamente en la isla de Salamina, separada por un estrecho canal de las cercanas costas atenienses, en donde se encontraba la coaligada flota de los griegos, con naves de Atenas, Esparta y algunas de Corinto y otras ciudades.

Temístocles que mandaba a los atenienses, pero, que en el sistema griego de mando compartido, no lo correspondía en aquel momento el mando general -y temeroso de que los barcos griegos se retiraran por el otro lado de la isla hacia el sur, donde se encontraban los restos del ejército y los civiles huidos ante el avance persa-, quiso forzar los acontecimientos para mantener la flota en el lugar – estrecho canal- en que se encontraba y lograr que Jerjes, con su superior escuadra, penetrara en el canal a su encuentro, dando así una ventaja a los griegos, al tener que romper su amplio frente de combate, en uno mucho menor, con una hilera de naves en cada línea, similar al ofrecido por los griegos, aunque, por supuesto, superior en profundidad. Temístocles debía lograr que sus pensamientos se convirtieran en acción, obligando tanto a los persas como a los comandantes griegos. Para ello, envió a un fiel esclavo, ante Jerjes, con un mensaje de simpatía, ofreciendo su ―colaboración‖ y le hacia

saber que la asustada escuadra griega se disponía a escapar sin luchar. El mensaje, con la convincente actuación del mensajero, caló en Jerjes, -que oía lo que quería oíry respondió como quería Temístocles; rompiendo su línea original, se lanzó sobre la escuadra griega, penetrando en el canal y dando comienzo a la batalla de Salamina (480 a.C.). Resultado: total derrota de los persas, que podría haber sido catastrófica sí, posteriormente, los aliados griegos hubieran seguido la estrategia que Temistocles proponía, para no sólo conseguir el aniquilamiento de los restos de la escuadra persa, sino también de su ejército que se hubiera encontrado sin los puentes para retornar a sus bases en Asia Menor. La fecha de esta batalla no sólo significa una gran victoria de los griegos, sino el primer hito donde se señala el triunfo del Occidente sobre el Oriente, en forma tal y con unas consecuencias tan decisivas, que podemos afirmar que de haber vencido el Oriente, la Historia sería distinta. Cultura e Imperio El temor a nuevos intentos de invasión por parte de Persia y el papel fundamental jugado por Atenas en el conflicto, llevaron al nacimiento de la ―Liga de Delos‖, un organismo federal que reunía bajo el control de Atenas a muchas ―polis‖ –ciudadesAtenas obtuvo la supremacía política y económica en los treinta años que estuvo dirigida por Perícles;

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mejoró sus instituciones democráticas y alcanzó la cumbre en las artes, la literatura y la arquitectura. La fuerza de Atenas despertaba los temores de muchas ciudades–Estado griegas, máxime cuando Perícles intentó inspirarse en Persia, transformando la Liga de Delos en un Imperio colonial sobre el que la flota de Atenas imponía funciones de control y represión. El resultado fue la Guerra del Peloponeso

entre Atenas y alguna ciudad aliada, contra Esparta y la mayoría de las otras ciudades. Una gran ―guerra civil‖, entre gentes de la misma etnia y cultura, cuya duración fue de 27 largos años. Si toda guerra lleva aparejados males mientras se desarrolla, las consecuencias de la post-guerra son malas para el vencido, pero en las guerras civiles, son pésimas hasta para el vencedor.

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Atenas fue derrotada, pero los vencedores siguieron guerreando entre ellos, predominando unos sobre otros, en diferentes períodos, pero sin que alguno lograra la hegemonía, sin que alguna ciudad-Estado lograra unificar a toda la Grecia. De esa prolongada crisis se aprovecharía el Reino de Macedonia, al norte de Grecia -y de raíces griegas, no consideradas así por el resto de los griegos– y su

rey Filipo II padre de Alejandro Magno, en Queronea derrotó a las ciudades griegas y les impuso su ley. De su hijo Alejandro, llamado por la Historia, el ―Magno‖ no nos detendremos en este relato, solo mencionaremos que una vez que cruzó el mar para llevar la guerra al Imperio Persa, dominó el litoral de dicho Imperio, mediante ataques por tierra.

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Pero sí mencionaremos, para marcar significativamente su ímpetu, valor y dominio sobre el ―arte de la guerra‖, que desde su primer triunfo sobre los persas, batalla de Granico hasta su temprana muerte, a ese joven le bastaron ¡ONCE! años de marchas a pie y a caballo, para atravesar y dominar, venciendo cualquier obstáculo a su paso, al inmenso Imperio Persa, hasta sus confines en Afganistán y la India. Comercio y exploración Por 700 años los griegos navegaron, guerrearon y ejercieron su influencia marítima, sobre todo, porque comerciaron. Pero el comercio necesitaba abrir cuantas más rutas marítimas mejor, pues se establecían contactos con otros pueblos. La punta de lanza de esa apertura era la exploración. Hubo, por supuesto, exploradores griegos. Destaquemos a algunos de ellos, como Scylax, griego del Asia Menor, al servicio de Darío de Persia; llega hasta el río Indo y regresa por el Mar Rojo.

Mucho más tarde, en el siglo I, Hippalo aprende a utilizar los vientos monzones para navegar directamente desde Arabia a la India en el verano, y a la inversa, en el invierno. Pero el más importante es Pytheas, griego de Marsella, quien en el 325 a.C., inicia un viaje que iba más allá de lo que comúnmente efectuaban otros griegos, como era el cruce del Estrecho de Gibraltar y sus contactos con Tartessos, rica ciudad situada en la Baja Andalucía. Posiblemente Pytheas iba en busca –como lo había logrado en su tiempo el cartaginés Himilcon- de estaño, plata y quizás, ámbar, sin descartar el simple ánimo de investigar. Pasado el Estrecho, se pegó a la costa avanzando hasta el Golfo de Vizcaya y costas occidentales de Francia. De su relato, se han ido localizando los puntos por él descritos, la desembocadura del Loira y la ciudad por aquel entonces celta de Saint Nazaire. Empleando como referencia la Osa Menor, atravesó mar abierto hasta el Norte de Gran Bretaña, hacia Thule (más tarde llamada Islandia) y Escandinavia.

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Tomaba medidas precisas de la altura del sol en varios puntos de su viaje y descubrió la diferencia entre Polaris, la estrella Polar y el Polo Norte celeste. También fue el primero en darse cuenta de la relación entre la Luna y las mareas… Desde Thule navegó, seis días más allá, al Norte, donde, según dijo, durante meses el sol se deja ver con dificultad; al regreso, lo hizo por el lado oriental de las islas británicas. Viaje extraordinario para las

gentes marineras que oyeron de su relato y quienes creían que el mundo terminaba al internarse al Oeste de las azules aguas del Mediterráneo. Por supuesto, que le oyeron, pero no le creyeron. ¿Cómo podían hacerlo?, si encima se les decía que en ciertas partes del viaje hacia el norte, se presentaban condiciones en que la tierra, el agua y el aire, no se distinguían entre sí y en las que ¡el agua estaba ―congelada‖!

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CARTAGO n Fenicia, en la ciudad de Tiro, que ya se destacaba entre sus ciudades hermanas, se presentó un problema sucesorial por el poder, en que salió perdiendo una mujer, Dido, de quien se dice, era la legítima sucesora. Como resultado y antes de confrontar un serio conflicto, Dido junto con varios cientos de partidarios, se embarcaron y partieron para el exilio. Recorrieron las costas del norte de África buscando un lugar propicio para fundar una colonia y lo encontraron muy cerca de la actual ciudad de Túnez, en el año 814 a.C., y le dieron el nombre de Cartago. Su céntrica situación en el Mediterráneo, sus dos puertos, privilegiados y resguardados y su emprendedora actividad, al mejor estilo fenicio, lograron que llegara a controlar un territorio que se extendió ampliamente hasta el fin de las fértiles tierras del interior, en el inicio de la zona desértica. Pronto se convirtió en emporio del comercio e hizo gala del arte de navegar, como sus propios hermanos, los fenicios. En otro e importante aspecto, difirió de ellos, pues si bien fundó igualmente factorías, no se limitó a instalarse en esos puntos, sino que penetró hacia el

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interior de los territorios y sometió pueblos para su beneficio. Aprovechando que el territorio fenicio pasó a formar parte del Imperio Asirio –tal como en otras ocasiones había ocurrido y seguiría ocurriendoCartago, se convirtió en la líder de las colonias fenicias del Oeste del Mediterráneo. Llevados por su ímpetu comercial, intentaron abrir nuevas rutas de navegación, distintas a las establecidas por los fenicios y así se habla del viaje de Hannon, uno de sus reyes, quien en el siglo V a.C., con una flota, cruzó las Columnas de Hércules (Gibraltar) y bajó, bordeando la costa Oeste de África, hasta más allá del gran Golfo de Guinea. Cartago, además, conquistó la isla de Cerdeña, gran parte del Levante español y penetró, con algunos asentamientos, en Sicilia. Pero los colonos griegos también estaban desplazándose hacia el Oeste; estableciendo colonias en Sicilia, en el Sur de la Península Itálica y fundaron Massilia (actual Marsella). Esto marcó el principio de una creciente alianza entre los cartagineses y el pueblo etrusco, que se encontraba situado en el sur de Italia. Esta alianza pudo mantener a los griegos bajo control e incluso, estrecharon relaciones amistosas que favorecían el comercio.

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ROMA esenta y uno año después de fundarse Cartago, un pueblo originario de una región central de la península, el Lacio, fundó una ciudad y la llamó Roma. De ahí en adelante, con altibajos, pues estuvo a punto de desaparecer ante ataques de pueblos provenientes del Norte –los galos, entre otros- lo superó y empezó a someter a sus vecinos; al punto, que después de haberse nutrido de la adelantada civilización etrusca en lo social, religioso y artístico, los hicieron desaparecer. Este pueblo, el etrusco, aparece misteriosamente en el noroeste de la península itálica, desconociéndose su procedencia. Hablaban una lengua que no se relacionaba con ninguna otra conocida y su desarrollo cultural no tenía precedente alguno en la región (Etruria) y era muy superior.

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Extendieron su dominio hacia el interior, norte y sur de la península, donde sus intereses comerciales les hicieron entrar en competencia con los griegos que ya tenían colonias allí, y en donde chocaban hacia un tiempo, con los intereses cartagineses. Como consecuencia, los etruscos y cartagineses formaron una alianza contra las colonias griegas. Llamados por los griegos ―tyrrhenos‖, (al mar que bañaba sus costas, se le llama Mar Tirreno) y por los romanos: ―etrusci o tusci‖ (que dio nombre a la región de Toscana), este pueblo estaba políticamente dividido en ciudades-Estado, unidas en una especie de Liga religiosa. Pero esa atomización en ciudades, propició que cada una de ellas cayese más fácilmente bajo el dominio romano. Finalmente, los romanos prosiguieron con el sometimiento de las colonias griegas en el sur y para el 275 a.C., cruzaron el estrecho de Mesina y se empezaron a instalar en la gran isla de Sicilia; allí

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se encontraban también los cartagineses, quienes a su vez, habían dominado a las colonias griegas de la isla. No pasarían diez años sin que estallara entre estos dos poderosos pueblos el primero de tres conflictos que la Historia denominaría ―Guerras Púnicas‖ por el nombre de ―Punos‖ que los romanos daban a los de Cartago. Las guerras Púnicas La mesa estaba servida, el gran festín era Sicilia, -gran proveedora de cereales- y ambos pueblos querían ser los únicos comensales. Uno de ellos, los cartagineses, buenos marinos y poseedores de una gran flota de guerra, dominaban el mar. Su talón de Aquiles residía en que los guerreros de que disponían tanto para su ejército como en sus naves de guerra, eran mercenarios. Por 500 años, su índice demográfico había sido bajo, no se mezclaban con los naturales de sus territorios africanos, ni tampoco con los de sus posteriores conquistas. Enfrente, los romanos, campesinos-guerreros, recios, sufridos y frugales, cada vez más expertos en la lucha terrestre, creadores de una unidad táctica – la legión- autónoma, e innovadora en el combate frontal y en la guerra de sitio, eficaz y muy disciplinada. Por otro lado, ignorantes en los oficios de la mar, desconocedores supinos de la fabricación de embarcaciones de cierta entidad y de la forma de combatir en y con ellas. En tiempos anteriores, cuando los cartagineses intentaban afianzarse en la isla, Dionisio el Viejo, tirano de la ciudad griega de Siracusa, con objeto de reforzar su posición ante ellos, inició lo que llamaríamos ahora una carrera armamentista y un ―centro de investigación militar‖. Captó, con muy buenos contratos, a ingenieros y trabajadores especializados, de diferentes lugares. Resultado: varios ―ingenios‖ de guerra, entre ellos, la catapulta y una innovación en la ―Triera‖, la nave de guerra por excelencia, de tres órdenes de remos, usada por todos en el ámbito marino.

Se buscó incrementar la potencia de la nave. Para ello se podía intentar aumentar el número de órdenes de remos, pero en altura, también se elevaría; por supuesto, el peso aumentaría y se requerirían unos remos muy largos que formarían un ángulo muy grande con el agua, haciendo difícil su manejo. Si se aumentaba el número de remos por hilera, se aumentaba la eslora del barco, el peso, y se disminuía la capacidad de maniobra y el margen de resistencia estructural. La solución más idónea, ¡qué no se le había ocurrido antes a nadie!, fue la de colocar dos remeros por remo. Los segundos en aplicar este cambio fueron los cartagineses. Así y usando ya nombres latinos- empezaron las ―cuatrirremes‖, de dos órdenes, con dos remeros en cada remo y ―quinquerremes‖, de tres órdenes, con dos remeros en la hilera superior, dos en la intermedia y uno en la inferior. Al iniciarse las ―guerra púnicas‖, surgidas de un incidente de menor importancia y que ambos adversarios procuraron no solucionar, se radicalizó inmediatamente y se convirtió en una lucha de poderes que desembocó en un drástico cambio del poder político en el mundo del Mediterráneo. En menos de 100 años, los romanos, no sólo aniquilaron a los cartagineses, sino también humillaron a los fragmentados Estados del Este Mediterráneo, productos de la desintegración del Imperio de Alejandro y pasaron a ser los soberanos efectivos de las aguas mediterráneas. La primera guerra fue, principalmente, de índole naval; quién dominara las aguas alrededor de Sicilia, dominaría finalmente la isla. Los inexpertos romanos fueron derrotados consecutivamente en cada encuentro naval que se produjo, pero en una ocasión, una quinquerreme o ―cinco‖ cartaginesa varó en las costas romanas, cerca de la desembocadura del río Tiber. Tomándola como modelo, los romanos, con su sentido pragmático y una gran organización, crearon, mediante el uso de piezas prefabricadas, una flota de un centenar de quinquerremes en dos meses –las naves romanas, resultaron más pesadas y menos maniobreras-,

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debido, al fin y al cabo, a su inexperiencia, no utilizando las maderas más apropiadas, con las condiciones adecuadas, y a la premura con que las naves se construyeron. Roma contaba con escasos remeros y marineros, aún reclutando a los ciudadanos griegos de las colonias del sur de Italia, bajo control romano –la Flota requería miles de remeros-; jóvenes campesinos aprendieron en improvisados bancos de remos colocados en tierra, en donde se les enseñaba a remar, al ritmo del cómitre. Después, maldiciendo, vomitando y rezando a los dioses, practicaron en el mar. Luego alguien, no se sabe quién, ideó un nuevo ingenio para dotar a las naves de un instrumento que compensara el problema de la mayor velocidad y maniobrabilidad de las naves cartaginesas, que les daba la superioridad de poder atacar con el espolón, abriendo vías de agua que al cabo, las hundían, con los legionarios romanos inertes y sin poder hacer uso de su mayor eficacia en el choque cuerpo a cuerpo.

El anónimo inventor diseñó lo que llegaría a conocerse como ―corvus‖ o cuervo, una pasarela de abordaje de 11 metros de longitud, que colgaba de modo amenazador del alto mástil de cada barco. Cada pasarela podía girarse hacia los lados; incrustados en los laterales del final de la misma, en la madera frontal, se encontraban dos punzones de hierro en forma de pico de cuervo. Cuando se soltaba, la pasarela caía sobre la cubierta del barco enemigo desde una altura de unos seis metros; los ―picos‖ de hierro se clavaban en la borde del barco contrario, lo sujetaban, desplazándose a la misma velocidad, mientras los legionarios romanos lo abordaban de dos en fondo. Cuando esto se producía, la efectividad y disciplina de los soldados romanos decidían la lucha. El primer enfrentamiento de esta flota ―recién salida de fábrica‖, dotado de esta nueva arma, se produjo en aguas cercanas a la ciudad siciliana de Milas, sellándose con una memorable victoria romana.

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Vendrían otras victorias como la de Ecnomo, en donde los romanos, no sólo siguieron aplicando el corvus en el encontronazo entre naves, sino que maniobraron magníficamente usando el concepto de espacio-tiempo, fraccionando a la escuadra cartaginesa y destruyéndola por partes, en tiempos distintos y con la ventaja numérica suficiente en cada uno de esos parciales encuentros. Algunas derrotas sufrieron también y hasta perdieron una flota completa ante una sorpresiva tormenta. En poco tiempo, habían construido otra y a los 19 años de su primera victoria naval, consiguieron una determinante victoria en las islas Agatas, situadas en la costa occidental de Sicilia. Con esta victoria acabó la guerra, o mejor dicho, la ―primera‖ guerra. Tres años después y aprovechando un amotinamiento de mercenarios al servicio de los cartagineses, que debilitó todavía más a la vencida Cartago, los romanos aprovecharon la situación y

sin declaración de guerra, se apoderaron de la isla de Cerdeña, posesión cartaginesa, uniéndola de esta forma a Córcega y Sicilia, también dominadas por ellos. La segunda Guerra Púnica fue, por el contrario, principalmente terrestre, con operaciones navales de transporte de tropas y desembarco de las mismas en la retaguardia del enemigo. Aníbal el gran general cartaginés llevó la guerra a Italia, atravesando la cordillera de los Alpes y tras sucesivas victorias, siempre en inferioridad numérica, más haciendo en cada ocasión, lecciones magistrales de táctica, puso a los romanos contra las cuerdas. Sin embargo, por haber dejado de lado a la capital, Roma (según le reprochan algunos analistas) y, sobre todo, por falta adecuada y en tiempo, de apoyo logístico, tuvo que retirarse a Cartago. Se firmó un Tratado de Paz que los romanos no estaban muy decididos a cumplir y

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siempre hubo voces belicosas en la sociedad y en el Senado, en donde el senador Catón, el ―Censor‖, si intervenía en cualquier debate en la Asamblea, sobre cualquier tema, al final de su disertación terminaba con la frase: ―delenda est Cartago‖ (Cartago debe ser destruida). La última guerra púnica terminó en el mayor desastre para los debilitados cartagineses, cuando la armada romana, después de que un ejército romano venció a pocos kilómetros de la ciudad, en la localidad de Zama, bloqueó Cartago y los soldados romanos la asaltaron. Para el año 146 a.C., la que había sido la capital marítima del mundo mediterráneo, era un campo arado, con los surcos cubiertos de sal para que nunca creciese nada. Roma no tendría, en adelante, nunca más, una competidora que le pudiese arrebatar el dominio marítimo. La República sigue expandiéndose El Imperio de Alejandro se destruyó a su muerte. Sus principales generales se lo dividieron: Filipo se quedó con la Macedonia y Grecia; Seleuco, con gran parte de Persia, y Tolomeo, con Egipto y la franja costera de la antigua Fenicia. Durante algo más de siglo y medio, esas nuevas potencias mantuvieron fuertes disputas entre ellas; con el paso del tiempo, Persia volvió a ser potencia terrestre, Egipto tuvo períodos prologados de gloria marítima y Macedonia quedó algo aletargada. Pero, la gloria egipcia, la de los faraones de origen griego, la dinastía de los Tolomeos, era una gloria falsa, pues siendo el centro del tráfico comercial, estando en sus dominios el cruce focal de caravanas, terminal del tráfico marítimo del Mar Rojo, corriente mercantil entre India y Egipto, no lo aprovechó debidamente y permitió que la isla libre de Rodas, se convirtiera en repartidora del trigo de Egipto y de otros productos de la antigua Fenicia, manteniendo además controlados a los piratas con su escuadra, a manera de policía marítima, sacándole el jugo a su alianza con su protector, el Faraón egipcio.

La situación era cómoda para Egipto siempre que ningún otro rival de características más potentes no enturbiara las aguas mediterráneas y se dedicó a la construcción de barcos –siguiendo el diseño de los de guerra- cada vez mayores, pero sin ninguna utilidad guerrera práctica. Tolomeo IV encargó el mayor monstruo; un catamarán, es decir una nave de dos cascos, unidos por una estructura superior a modo de plataforma. Cada casco, posiblemente era, por sí mismo, una gran nave con cinco órdenes de remos y cinco remeros en cada remo , sin que sepamos, con propiedad, la eslora y manga de cada barco; lo que si refiere la crónica es que el citado catamarán iba propulsado por ¡4.000 remeros y defendido por 3.000 soldados!. Se cree que mediría uno 130 metros de eslora y 18 de manga, desplazando más de 2.000 toneladas. Está claro que aparte de avivar el orgullo del faraón y asombrar a las gentes, de poco servía en la práctica, en comparación con cualquiera de los navíos de la independiente isla de Rodas. Cuando Macedonia se encuentra en disposición de derrotar a la descuidada armada egipcia y amenaza con dominar los confines orientales mediterráneos, Rodas pide ayuda a Roma y ésta responde con una escuadra de sus nuevas y rápidas quinquerremes. Unidos a la armada de Rodas superaron a los macedonios y los obligaron a pedir la paz. Pero los romanos, poco a poco, sin métodos bélicos, sino con astutas políticas comerciales, intervinieron con mayor frecuente en el Este, hasta que, ante nuevos intentos de Macedonia, la atacaron directamente, derrotando a su rey Filipo V en una batalla terrestre decisiva, en Cinocéfalos, debiendo el macedonio entregar toda la Grecia a Roma y retirarse a su viejo reino. No pasaría mucho tiempo sin que Roma fuese tomando territorios del Imperio Persa, en Asia Menor, y a Egipto -que se convertiría en gran proveedor de alimentos-, lo cubrió con su protección, manteniéndole, en teoría, independiente. Los piratas navegaban y saqueaban por toda la zona del Mediterráneo oriental y se fueron extendiendo en sus recorridos hacia el Oeste para atacar incluso a ciudades costeras italianas.

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Exigían al mejor estilo gansteril, pagos por protección, secuestraban a nobles, hombres y mujeres, incluido uno de rancia familia, Julio César y hasta llegaron a atacar una flota consular. Roma respondió; la Asamblea comisionó a otro noble muy conocido, Pompeyo, dándole la facultad de que utilizase toda la fuerza necesaria, sin reparar en gastos, para erradicar la piratería de todo el Mediterráneo. Pompeyo inició una gran campaña; dividió el mar por zonas, requisó barcos de todas las provincias y naciones tributarias y las organizó en flotas autónomas, a las órdenes de los líderes marinos y militares más aptos, y ordenó un ataque simultáneo sobre todas las bases piratas. El plan funcionó; el Mediterráneo quedó libre de piratas. De esa guerra contra los bandoleros del mar y, más específicamente, contra los liburnios, habitantes de los litorales e islas costaneras de los actuales países de Croacia y Albania, que habían hecho de la piratería su medio de vida y que desarrollaron un tipo de nave muy ligera, de un sólo orden de remos, la marina romana obtuvo un tipo de nave que potenció, convirtiéndola en birreme y que llamaría, por su procedencia, ―Liburnia‖. Con sus 50 remeros y una eslora de 20 metros, desplazaba unas 15 toneladas y su velocidad era similar a la de una ―trirreme‖ (6 nudos en crucero y punta, algo más de 7). Se encontraba equipada con espolón y su construcción era del tipo ―catafracta‖ (protegido-blindado). Su misión era de servir como nave exploradora de la flota y mensajera. Posteriormente, ejercería funciones de vigilancia marítima, lucha contra el contrabando de mercancías, personas y otros hechos delictivos, cumpliendo también con labores de salvaguarda y, siempre pendiente de abortar cualquier conato de piratería. Homologándola, en la actualidad, la nave cumplía funciones de patrullero guardacostas y así podemos decir, que por el tipo de nave, sus funciones y la organización bajo la que operaban, la marina militar romana había implantado por primera vez lo que conocemos, hoy en día, como un Comando Guardacostas. Pompeyo, que más tarde se

enfrentaría a Julio César -en lucha por el poder, siendo vencido por éste-, después de eliminar la piratería, siguió prestando buenos servicios a la República, desenvolviéndose en el medio marino. Obtuvo el encargo, no se lo asignaron, sino que pidió y consiguió la responsabilidad de reorganizar y garantizar el abastecimiento de trigo, principalmente, y otras mercancías alimenticias a la capital, por un período de cinco años. Aunque este encargo pareciera una función burocrática, de poca categoría para tan gran hombre, tenía en Roma una importancia política de primer orden a la hora de asegurarse el apoyo popular para futuras empresas. Pompeyo desempeñó el cargo con gran competencia y dedicación, llegando a dirigir personalmente flotas que se encargaban de transportar el trigo. En una ocasión, con las naves llenas de trigo, y a punto de zarpar de regreso a Roma, se levantó un fuerte viento y los pilotos desaconsejaron la partida. Pompeyo dió la orden de levar anclas y lo argumentó así: ―Navigare necesse est, non vivere‖ (Navegar si es necesario, vivir no). El “lago romano”

La República dió paso al Imperio con la victoria de Octavio y éste se convirtió en César Augusto, primer emperador de Roma. Tras la batalla naval de Actium (31 a.C.), Roma alcanzó la hegemonía. Esta batalla se debe considerar la segunda batalla naval

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más importante hasta ese momento, después de Salamina, porque en ella se dio también la circunstancia de que fuera decisiva en ese antagonismo entre el Oriente y el Occidente, quedando nuevamente vencedor el Occidente, representado en Octavio, sobrino de Julio César y, liderizando la unión de fuerzas orientales la célebre pareja de Marco Antonio, general favorito de César y Cleopatra, la atractiva e inteligente reina de Egipto. En tiempo de César Augusto, la Armada estaba organizada tan eficazmente que sus sucesores, prácticamente, no necesitaron cambiarla durante dos siglos. El emperador, al igual que Pompeyo en su lucha contra la piratería, dividió el mar en sectores, incluyendo ya la zona atlántica que bañaba las costas de España, Francia e Inglaterra, y aseguró escuadras para patrullar en cada una de ellas. La base naval de Mesina, en Sicilia, se convirtió en el centro de las operaciones navales del Imperio y aunque las escuadras estaban compuestas, en su mayoría de naves ligeras, liburnias y auxiliares, la flota con base en Mesina, la componían los ―pesos pesados‖, Trirremes y Quinquerremes. Estos barcos de guerra contaban con torres de combate en proa y cámara para el comandante, en popa; puente levadizo para el abordaje (el corvus), un tipo ligero de catapulta y una máquina lanzadora de pesadas flechas y dardos incendiarios.

Se mantenía el espolón, pero sobre él, sobresalía desde la estructura de proa un ariete, de un largo más o menos equivalente a la mitad del largo del espolón. El ariete, actuando de freno, evitaba que el espolón se hundiera demasiado en la nave enemiga, facilitando la posibilidad de maniobrar para despegarse del contrario, a voluntad; ya que, hasta esa innovación romana, muchas naves atacantes se habían hundido, arrastradas al fondo, por el anegamiento de la nave adversaria. Los romanos llevarían a su más alta cota la aplicación en la guerra marítima, de su experiencia y conocimiento en el combate terrestre. La Thalassocracia alcanzada, el dominio del mar era tal, que a esta flota se la mantenía con dotaciones mínimas, sólo necesarias para su conservación y vigilancia, pues no se vislumbraba enemigo alguno que pudiera alarmar al mundo romano, atreviéndose a disputarle el control sobre sus aguas. El mar Mediterráneo, circundado por riberas que pertenecían a territorios en poder de Roma, pasó a ser un ―lago romano‖, al cual los ciudadanos llamaron ―Mare Nostrum‖ –nuestro mar-. Los romanos con su magnífico sentido administrativo y organizativo, establecieron ―rutas marinas‖, perfectamente definidas, que enlazaban con la red de vías terrestres, facilitando el rápido desplazamiento de tropas, administradores,

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recaudadores de impuestos y ciudadanos, en general; más también, todavía más importante, permitía a los comerciantes recorrer la totalidad del Imperio y el mundo romano se convirtió en un gran ―mercado común‖ económico.

Para facilitar la navegación, tanto militar, como comercial, editaron las primeras ―cartas náuticas‖ (mapas marinos), -los ―portulanos‖- que facilitaban, con los detalles de los accidentes geográficos, corrientes, régimen de vientos, etc; la ―derrota‖ entre puerto y puerto. Construyeron múltiples torres en los cabos de las costas y entradas de los puertos, que noche y día, todos los días, proyectaban las llamas de sus hogueras y la luz de sus espejos, dando mayor seguridad a la navegación.

Torres a las cuales se les dio el nombre de ―faros‖, por la inmensa y bella torre –considerada como una de las ―maravillas de la antigüedad‖- que con el mismo fin, se había erigido a la entrada de la bahía de Alejandría, Egipto, situada en un pequeño islote, llamado Pharos. El mayor puerto construido por el hombre en el mundo antiguo, fue el de ―Portus‖, por orden del emperador Claudio, en zona pantanosa, a dos millas al norte de la desembocadura del río Tiber. Protegido contra los vientos y corrientes, tenía dos gigantescos rompeolas, cada uno de 750 metros de largo y 15 metros de ancho, extendiéndose en el mar para cercar una zona de casi 700.000 metros cuadrados. En este puerto entraban barcos con mercancía procedentes de todas partes del mundo conocido, sus cargamentos se traspasaban a barcazas que navegaban por un canal hasta el Tiber y en él, recorrían 28 kilómetros río arriba hasta los muelles de Roma.

Los barcos mercantes no habían cambiado gran cosa en su diseño. Casco redondo, buena capacidad de carga, con una manga que era una cuarta parte de su eslora, gran vela cuadrada en un mástil situado en el centro y una vela pequeña –rectangular-la cebadera- pendiente del palo bauprés, en proa. Los grandes barcos de grano almacenaban unas 1.200 toneladas de carga y median hasta 54 metros de

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eslora. Para ciertos transportes muy especializados se construyeron verdaderos gigantes. Con el objeto de llevar un obelisco egipcio de 500 toneladas, desde Alejandría a Roma, se ordenó la construcción de un barco, cuyo palo mayor se dice que tenía más de 6 metros de diámetro y su lastre consistía en 800 toneladas de lentejas, aunque no se conoce su eslora exacta. Los cascos eran de color negro porque los pintaban con brea (el color gris, al que estamos acostumbrados, para confundirse con el horizonte marino, lo usaban en sus naves los piratas). Otros barcos mercantes, utilizados para cargas perecederas ó para navegar en ciertas regiones costeras donde se cruzaban vientos desde cualquier dirección, estaban impulsados por remos y velas. Más voluminosos que los de guerra, de líneas más finas que los de vela, estos barcos podían avanzar por sí solos, con la ayuda de sus remos, con el viento en calma. Los barcos de las flotas de guerra, así como la marina mercante, estaban tripulados por los tradicionales hombres de mar del Mediterráneo: griegos, sirios, fenicios, egipcios, y de otras antiguas naciones con tradición marinera, pues los romanos nunca destacaron como navegantes y para ellos, la Armada siempre mereció menos respeto que el ejército. El marinero romano tenía tan arraigada su condición de soldado, que él mismo se llamaba ―miles‖; la palabra romana para marinero –―nauta‖no se utilizaba en la Armada. El Mediterráneo era el centro del mundo romano, su ―lago‖ propio, pero las redes comerciales se extendían mucho más allá. Eran dos las grandes rutas que traían a Roma desde Arabia, Persia, India, Ceilán, China, el incienso árabe – usado en todos los altares del mundo romano- la seda de China, ocho años de viaje, ¡y más de 8.000 kms llenos de peligros!. El hombre viajó de China a Europa solo para mercadear ¡seda!. La primera de estas caravanas que realizó tan singular itinerario, conocido como la Ruta de la Seda, partió de Changan, la antigua capital de China, en el año 114 a.C.

Los comerciantes partían de China pasando por el norte de Afganistán, Irán e Irak hasta llegar a Turquía o la costa mediterránea de Siria. Las largas distancias y la multitud de aranceles, más los peligros de asaltantes, ponían su precio por las nubes. Complejo recorrido el terrestre, lleno de peligros de toda índole y sometido a las amenazas de los belicosos Partos, que gobernaban en Persia, y a sus frecuentes guerras con Roma. El otro recorrido era marítimo; tenía su origen en el sudeste Asiático, la India y a través del Océano Índico, subiendo por el mar Rojo, pasaba por tierra hasta el Nilo y bajaba por el río hasta el Mediterráneo. La ruta también tenía sus peligros, además de los provenientes de la naturaleza, y eran los piratas con base en las costas de Arabia. Por ella, venían las perlas y los perfumes para las damas romanas, los animales exóticos para los anfiteatros, la pimienta y junto a ello, el jengibre, el clavo, la canela, productos primordiales para aderezar los alimentos; un lujo, pero sobre todo, una necesidad, pues las especias no eran solo un condimento de los alimentos, sino más bien un ―conservante‖ de éstos, sirviendo para aniquilar las bacterias y evitando la descomposición, algo esencial en una época en la que no existía la refrigeración artificial. En esta ruta se iba bordeando la costa árabe, desde el mar Rojo al Golfo Pérsico, seguían hasta llegar a la desembocadura del río Indo, viraban al sudeste y siempre bordeando, navegaban por la costa india del Malabar, llegando, incluso, hasta la gran isla de Ceylan. Lo fue así, hasta que como mencionamos anteriormente, al hablar de los griegos, Hippalo comprendiera el comportamiento de los vientos monzónicos que podían facilitar el cruce del Océano Índico, en dirección a la India desde mayo a septiembre, y el retorno hacia el mar Rojo, el resto del año, pudiendo realizar en un plazo anual el viaje a las costas del sur de la India y el regreso a Egipto: unos 11.000 kilómetros.

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El legado romano. El imperialismo romano fue la consecuencia de una práctica, de un tipo de actuación que finalizaba en guerras de conquista, que sirvieron, primero, para acallar o posponer las reivindicaciones de la plebe y luego, para enriquecer a los nobles e impulsar sus carreras políticas. Más tarde, cuando los triunfos empezaron a ser muy significativos, estas razones persistieron, pero además, todo el pueblo sintió, casi en forma natural, que era a ellos a quienes las correspondía ser los portadores de ciertos valores, para implantarlos en los demás pueblos -percepción, muy común, en los Imperios-. En la relación con otros pueblos, los romanos mostraron una peculiar forma de actuar, resumido en este concepto: quienes no son nuestros aliados, son potencialmente nuestros enemigos, aunque no lo hayan demostrado; así es mejor que tras preparar el motivo de la guerra, ataquemos primero. Este pensamiento va bastante más allá que la siguiente frase, atribuida a Julio César; ―Si vis pacem, para bellum‖ (si quieres la paz, prepárate para la guerra). Lo interesante es que, aún orgullosos de sus raíces y sus primitivos valores, eran conscientes de que éstos eran híbridos, pero jamás se avergonzaron de ello y tuvieron también como motivo de orgullo lo que aprendían de los demás, porque si lo copiaron, lo mejoraron, terminando siendo superiores a sus propios maestros. Su política de

apertura hacía los pueblos sometidos era respetar, por lo general, las formas propias de gobierno, siempre que se aseguraran su sometimientos político y el pago de los tributos. En caso de encontrar fuerte resistencia, la solución oscilaba entre la aniquilación del adversario o su conversión en esclavo. Siempre reconocieron lo que les debían a los etruscos (técnicas arquitectónicas y escultóricas, vestiduras e insignias regias, la moneda, artes adivinatorias, el juego y los deportes y el ―dulce placer de no hacer nada‖); a los griegos (mitos y leyendas, el plan de cuadrícula de las ciudades con su eje principal, la guerra de asedio, el pensamiento filosófico, el gusto artístico, etc); de los samnitas (escudos alargados, venablos, importancia de la caballería), de los cartagineses (técnicas agrícolas, el arte de la guerra en el mar), y del mundo oriental: Siria, Persia, Egipto, el ceremonial, pompa y lujo cortesano… y por supuesto, pragmáticos como eran, nunca les importaron las creencias de otros pueblos y con su sentido de absorción, muchos de los dioses ―vencidos‖ fueron incorporados al panteón romano. El Estado romano, encontraba en el culto oficial a los grandes dioses, el espectáculo, la pompa, y la identificación imperial. Las principales religiones foráneas tuvieron sus templos y fieles en la metrópolis y se les rindieron tributo en el vasto Imperio, hasta que apareció una que acabó con las demás: el cristianismo. El legado de Roma permanece en muchas partes de lo que fue su mundo y en mundos nuevos. En la arquitectura, las obras públicas, las vías de comunicación, el idioma, en los títulos (Kaiser-Zar = César), en las leyes (el Derecho Romano se impuso, en buena medida en el Código Napoleónico y en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos), y aún hoy en día, usamos palabras que evocan la participación ciudadana en la política, como ―sufragio‖, originalmente el voto por aclamación o ―plebiscito‖, que proviene de las resoluciones adoptadas –plebiscita‖ , por la asamblea de la plebe, el ―Concilium Plebis‖.

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Surgimiento de nuevos pueblos Ya hemos visto que mucho antes de que los romanos se convirtiesen en Imperio, masas de pueblos, obligados por cambios climáticos, superpoblación o simplemente, el ansia de conseguir nuevas y buenas tierras, se desplazaban más allá de las fronteras de sus vecinos. Comentamos lo sucedido en Asia y en el Mediterráneo oriental; pasaría lo mismo, en diferentes épocas, con diferentes oleadas migratorias y casi nunca sucedió en forma pacífica. Los romanos sufrieron varias invasiones y en la época en que la República romana se esforzaba por adquirir una personalidad propia, las tribus de los galos que habitaban al otro lado de los Alpes, penetraron en la península itálica y saquearon Roma. No sería la última vez en que Roma se vio amenazada por las tribus del Norte. Treinta años después de salir vencedora contra Cartago, habiendo

destruido a la gran rival, se vieron en serio peligro ante una belicosa muchedumbre, cifrada en un millón de ―cimbrios y teutones‖, que destruían todo a su paso, hasta que, finalmente se les pudo detener. Mientras extendían su influencia por las riberas del Mediterráneo, y más allá, los romanos, estuvieron siempre pendientes, traumatizados y sugestionados por el latente peligro que representaban esos ―bárbaros‖, término proveniente de la palabra griega ―barbaroi‖ que calificaba a cualquier pueblo de lengua y civilización no griegas; en la época romana la palabra definía a los pueblos semicivilizados que habitaban en las fronteras del Imperio. A finales del siglo I de la Era Cristiana, construyeron una línea defensiva a lo largo de los ríos Rín y Danubio –el ―limes‖ –límite‖-, que contuvo, con la ayuda de las permanentes guarniciones de legionarios, la invasión durante cien años. Sin embargo, los temidos bárbaros superaron

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la frontera; nuevamente fueron contenidos, apelando, no sólo a la fuerza militar, sino a través de la captación, al concederles el estatus de federados del Imperio. Cuando ya el dominio de Roma se agrietaba y se hacía difícil su control por una autoridad única, se decidió en el año 395 dividir el Imperio en dos mitades; la occidental seguía con la capitalidad en Roma y la parte oriental, con capital en Constantinopla, nuevo nombre dado en honor al emperador Constantino, de la antigua Bizancio.

En el año 476, un jefe de los hérulos, pueblo de origen germano y hasta ese momento, mercenarios a sueldo de los romanos, depone al emperador Rómulo Augusto y el Imperio romano de Occidente llega a su fin. ¡Qué ironía! El depuesto, que representaba el fin de Roma, tenía un nombre compuesto: Rómulo, uno de los dos hermanos fundadores de la ciudad y Augusto el título honorífico concedido a Octavio, sobrino de Julio César, primero y gran Emperador.

CAPÍTULO II. (El Oriente Próximo y Extremo)

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BIZANCIO ientras el Imperio, con capital en Roma, desaparecía, el romano de Oriente, con capital en Constantinopla, mantuvo firmes sus líneas defensivas en el río Danubio, evitando invasiones de pueblos de origen germano y aunque sufrió el ataque de los ―hunos‖ de Atila, pudo mantener su integridad territorial, asistiendo impotente al derrumbe del occidental. Intentó ser una continuación del romano, con sus tradiciones, símbolos e instituciones. Su lengua, el latín, fue siendo desplazada por el griego, que adquirió rango de lengua oficial. A pesar del lenguaje griego, ellos se consideraban romanos y el Imperio en que vivían era el Imperio Romano y sus emperadores consideraban como propios los territorios del extinguido Imperio occidental.

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Así, Justiniano, su más grande emperador emprendió la reconquista del Sur de la Península Ibérica y de toda Italia, incluida por supuesto, la ciudad de Roma. En ese tiempo, su flota de guerra pudo mantener el antiguo poder marítimo del nombre romano, ya que en todo el Mediterráneo no había quien pudiese ofrecerle una seria resistencia, puesto que todo Europa y el norte de África estaban desmembradas entre los diferentes pueblos ―bárbaros‖, de los cuales, algunos aposentados en determinadas zonas, empezaban a constituirse en Reinos. Ahora, los barcos bizantinos, y les daremos tal gentilicio, tomado del que tuvo anteriormente Constantinopla -a pesar, como dijimos de que ellos lo desconocían-, eran de dos ordenes de remos y los llamaban ―dromons‖ siendo la mayoría de sus tripulaciones de origen griego.

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Este Imperio, que duró 1.000 años, después de Justiniano perdería las conquistas que él obtuvo y en los 800 años siguientes se encontraría, en general, a la defensiva, siendo desposeído de sus territorios, hasta terminar en 1453 defendiendo su último bastión, Constantinopla.

Esta ciudad, fundada por el griego Bizas –mil años antes de que el emperador romano Constantino decidiese que su nueva capital, ―Nueva Roma‖, fuese esa ciudad cristiana situada en Oriente-, estaba situada en una posición geográfica y estratégica, inmejorable. A la entrada del Bósforo, estrecho canal entre Europa y Asia, que discurre unos 27 kilómetros entre verdosas colinas, hasta encontrarse con el mar Negro, se encontraba la ciudad en un hermoso lugar, con buenas defensas naturales y grandes ventajas comerciales, dominando la ruta marítima de norte a sur de Rusia al Mediterráneo y a lo largo de esa ruta, a través del mar Negro y Bósforo las naves llevaban, trigo y pieles, caviar y sal, miel y oro… y esclavos. Del sur, de Anatolia, y Egipto llegaban los grandes cargamentos de víveres para alimentar a la creciente población, y a través de Constantinopla se transportaba marfil, ámbar,

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porcelana, piedras preciosas, sedas y especias del África y Asia. En su larguísima agonía, los ―romanos‖ de Oriente mantuvieron guerra contra los hunos, godos y ávaros, persas, rusos, búlgaros, árabes y turcos. En determinado episodio se pidió ayuda a Venecia y al Papa -aún cuando existía un ―cisma‖- herida abierta entre los cristianos obedientes al Papa y la disidente iglesia ortodoxa. De esa petición, resultaría la puesta en marcha de las llamadas Cruzadas. Desde el comienzo del Cristianismo, los Santos Lugares de Jerusalén habían sido objeto de peregrinación para los fieles devotos, no siendo afectados por la conquista árabe, pues los árabes se mostraron tolerantes con esa costumbre. Jerusalén se encontraba bajo el dominio de una dinastía, de origen turco, islamizada, que amenazaba al Imperio Bizantino. Si en un primer momento los ―cruzados‖ beneficiaron al Imperio, ayudando a contener los ataques de los turcos, rescatando Jerusalén y fundando un pequeño reino cristiano en dicha ciudad; a largo plazo ayudaron a su decadencia. Las ciudades marítimas y mercantiles italianas recibieron especiales privilegios comerciales en territorio bizantino; en la propia Constantinopla, todo un barrio de la ciudad estaba habitado por genoveses y sus tiendas y oficinas comerciales tomaron el control de gran parte del comercio y riqueza del Imperio, sin contar, que como ―propina‖, los cruzados de la IV cruzada y, sobre todo los venecianos, que los transportaron en sus barcos, aprovecharon luchas intestinas para asaltar, saquear y apoderarse de Constantinopla, fundando después un nuevo Estado, el Imperio Latino. Casi medio siglo les costó a los bizantinos recuperar su capital. Al cabo de 1.000 años, los principales factores que precipitaron la caída del Imperio fueron las continuas luchas por el poder; la competencia comercial de Occidente, como ya dijimos, y los crecientes conflictos entre la iglesia oriental y la romana occidental. A todo esto hay que agregar que en los últimos tiempos, sus grandes adversarios

fueron los turcos de las tribus selyúcidas y más tarde, los todavía más fanatizados en la fé islámica, los turcos otomanos, quienes sitiaron a la que había sido una gran metrópoli de cientos de miles de habitantes; en aquel momento de menos de 100.000, llenos de desidia y fatalistas de su destino, sin voluntad y fuerza para defenderse, fiados en las potentes fortificaciones que rodeaban la urbe y las tropas mercenarias que valientemente resistieron y murieron ante el ataque turco, que inevitablemente, penetró y tomó la ciudad, para hacerla su capital, con el nombre de Estambul. Un arma secreta Aunque parezca exagerado y algo fabulístico, el fin del Imperio Bizantino fue retardado durante mucho tiempo, por el invento y puesta en práctica de un arma secreta: el ―fuego griego‖. Este nombre, ―feu gregéois‖ le fue dado por los cruzados, muchos de ellos, de origen francés, durante su saqueo a Constantinopla en la IV Cruzada, y se refiere a una mezcla especial de sustancias que lo hacían inflamable; ofrecida la fórmula al emperador por un griego llamado Calónico, Bizancio mantuvo tal fórmula como un secreto de Estado, conocido sólo por el Emperador y Calónico. Luego se mantuvo el secreto con cada nuevo emperador y un descendiente del griego, sin que jamás fuera escrita. Se cree que sus principales ingredientes eran nafta, azufre y salitre, líquido o pastoso; no se apagaba en contacto con el agua, al contrario, se avivaba y podía ser propulsado a distancia media a través de unos tubos metálicos, lanzando la mezcla por un tipo de bomba impulsadora o sifón, en una especie de ―lanzallamas‖; también se proyectaba, impregnando bolas de paños, lanzadas desde catapultas. La sustancia se adhería a los objetos y cuerpos y sólo podía ser apagada con arena y, quizás con vinagre y orina. Utilizada en el medio marino y en tierra, su transporte terrestre implicaba un peligro, pues era algo inestable y se prestaba a explotar con mayor facilidad en el traslado terrestre y eso hizo que fuera

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usada, casi exclusivamente en las naves de guerra, los ―dromons‖, que la lanzaban desde torres de madera, en sus proas, desde donde se proyectaban tres tubos ―lanzallamas‖, y a la vez, por las catapultas, en cubierta. Una y otra vez, batallas, y asaltos navales a la capital se convirtieron en derrotas para las marinas atacantes. En los tres ataques más importantes -la fuerza y cantidad de las flotas adversarias, rusa, en una ocasión y árabe en dos-, las naves bizantinas, fondeadas por popa al pie de las murallas, inflamaron y hundieron los barcos enemigos, que una vez que empezaban a incendiarse no tenían como apagarlos, pues el agua avivaba el efecto de la mezcla y, por supuesto, ¡no podían llevar la suficiente arena, vinagre y orina para contrarrestar las continuas llegadas de más líquido o estopas impregnadas!.

El Imperio Bizantino fue una gran unidad cultural, en un tiempo en que Europa, dividida en numerosos feudos e incipientes reinos, había llegado al mínimo en su actividad intelectual. Bizancio mantuvo el legado de las culturas helenísticas y romanas, agregando en una simbiosis magnífica, el arte y las culturas orientales y conservando la gran literatura secular de la antigüedad. Está síntesis de culturas, dominada por el cristianismo, fue transmitida a los pueblos más incultos, como los eslavos, balcánicos y rusos, haciendo de ellos, naciones civilizadas. La influencia del Imperio Bizantino fue universal en el campo cultural, más no así en el medio marítimo, pues sólo por poco tiempo, en proporción con su larguísima existencia, pudieron ejercer un consistente poder mercante, un potente poder militar naval y sus intereses y conquistas, se hallaron más allá de sus aguas, a través del Mediterráneo.

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EL ISLÁM uando hablamos del Imperio Bizantino, dijimos que en dos ocasiones Constantinopla fue atacada por flotas árabes, asomando, creo que por primera vez en esta narración, el nombre de ese pueblo, que casi desconocido hasta el siglo VII se unifico bajo el impulso de una religión, el Islam. En su territorio, la Península arábiga, de unos tres millones de kilómetros cuadrados, contando con estepas y desiertos rodeados por montes, con un clima árido y terriblemente caluroso, acogía a tribus nómadas de beduinos, dedicadas a la cría de ganado, adorando a las fuerzas de la naturaleza. En el sur, con eficaces sistemas de irrigación, tenían agricultura floreciente y sus habitantes adoraban a muchos dioses. Norte y Sur mantenían fuertes rivalidades y lo mismo entre ellos, por la fuerte estratificación entre las tribus, clanes y familias. La prodigiosa evolución que transforma a esos divididos grupos en solo un pueblo, se debe a la fe

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en un único Dios, Alá, y en Mahoma, su profeta. En 20 años, Mahoma impone el dominio del Islam en toda la península árabe. Bajo sus cuatro primeros herederos, época en que el califato es aún electivo, se conquista el Imperio Persa; Bizancio pierde en el norte de África, Tripolitania y Egipto y en Medio Oriente, Palestina y Siria. Durante su califato, Alí yerno del profeta es asesinado y se desemboca en guerra abierta entre los pretendientes a sucederle. Se desencadena la ruptura, no sólo por razones sucesoriales, sino por los contrastes en materia de doctrina. La mayoría, ―Sunníes‖ son los ortodoxos; los partidarios de Alí son los ―Chiies‖ y los ―Jariyíes‖… que no aceptan ni a unos, ni a otros. Después del asesinato de Alí, se inicia la dinastía de los ―omeyas‖, constituyéndose el califato en un régimen hereditario, que tiene su capital en Damasco. La expansión territorial prosigue y a mediados del siglo VIII el Imperio Árabe se extiende desde las orillas del Atlántico hasta el Indo y zonas del Asia Central.

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Se afirma la dinastía de los ―abasidas‖, al vencer, mediante una rebelión y el asesinato de la familia omeya reinante. Los abasidas eran descendientes de Abbás, tío paterno de Mahoma, que no habían reaccionado cuando los omeyas arrebataron el poder a su pariente, Alí, pero mantuvieron contactos con los ―chiitas‖, descendientes y seguidores de Alí.

Harún al-Rachid, el príncipe de ―las mil y una noches‖. Pero también, sus inestabilidades internas provocan la debilidad del Imperio y la desintegración política –y religiosa- del mundo islámico, y entre el siglo IX y X, la afirmación de dominios locales autónomos. Nace el califato de Córdoba, en España, bajo la dinastía de los omeyas

El desplazamiento del centro del poder, de Siria a Irak, significaba el fin de un califato gobernado exclusivamente por árabes, a favor de un Imperio multiétnico en el que la religión islámica sería el factor de cohesión. De hecho, se inclinaron por las cuestiones religiosas y la defensa de la ortodoxia – que no había sido motivo primordial para los omeyas-, dando entrada a un gran número de conversos persas (en el actual Irán). En el año 762 se construyó una nueva capital, Bagdad. Empieza una época de esplendor cultural y progreso económico -a esta dinastía pertenece

supervivientes, que crean una civilización refinada y tolerante y otros califatos en Marruecos, Sicilia, Malta y el de los ―fatimitas‖ en el África septentrional (Egipto). La crisis del Califato en Bagdad se agudiza después del año 1000, cuando tribus nómadas convertidas al Islam, de origen centro-asiático, los turcos selyúcidas, se apoderan de Bagdad, y éstos, que eran sunnitas, tomarán el poder con el título de sultanes, pero en medio siglo se volverán a fragmentar. La evolución socio-política y la influencia del elemento turco islámizado y su progresiva toma del

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poder frente al elemento árabe que siempre lo había ejercido, modificó la estructura social y política del Imperio abasí. Al desintegrarse el dominio turcoselyúcida, le sucedió la dinastía ―ayyubí‖, fundada por el célebre Saladino, modelo de gobernante culto y caballeroso, nacido en Irak, (Tikrit), que enfrentó a la III Cruzada. En 1258, los ejércitos mongoles conquistan Bagdad, matan al último califa y reconquistan Jerusalén. Los mongoles serán contenidos en su avance en Asia Menor por los turcos, quienes serán en poco tiempo dueños de la mayor parte de lo que había sido el Imperio árabe, en el momento de su máxima expansión. El Imperio más rápidamente constituido a impulsos de la Fe y que más rápidamente se fraccionó, por sus luchas internas y, sobre todo, por diferencias en la interpretación de la doctrina religiosa. Mientras duró y aún dividido en diferentes califatos, sus principales ciudades, como Bagdad, Damasco, Alejandría y Córdoba, eran, además de centro de una intensa y fecunda vida social, puntos claves del comercio entre Oriente y Occidente. Se acuñaron monedas fuertes –como el ―dinar‖ de oro y el ―dirham‖ de plata y se fomentaron técnicas comerciales como las sociedades mercantiles; se introdujeron en otros mercados su importante artesanía, sus telas finas (damasquinados), filigranas en orfebrería, la forja de armas (espadas de Toledo) y los trabajos en cuero. Pueblo, en su origen, ―hambriento‖ de agua, supo apreciarla, conservarla, canalizarla y tratarla para desarrollar una agricultura y horticulturas intensas, con sistemas de regadíos eficaces y originales. En sus fuentes, jardines y en sus baños, la supieron disfrutar para solaz del cuerpo y el espíritu. Sus escritores, filósofos, científicos, médicos y artistas asimilaron la cultura de los distintos pueblos sometidos, en una perfecta síntesis de elementos orientales y bizantinos y la aportaron su propia mentalidad, impregnada por su tolerante religión, y su lengua, enriquecida con muchos términos científicos fue un maravilloso instrumento literario y artístico a la que se tradujeron las más importantes

obras de la Antigüedad clásica, recogiendo y unificando su legado. La náutica árabe ¿Y qué podemos decir, en referencia a la náutica? En principio, el aporte de sus grandes geógrafos, muchos de los cuales eran también cartógrafos, astrónomos y viajeros, como Ibn Haugal, Al Masudi, Al Fargani (escribe un tratado sobre el astrolabio), Ibn Khaldun, El Idrissi (―Geografía Universal‖ y mapas célebres), junto a otros muchos y al más grande de los viajeros del mundo musulmán y medieval, Ibn Battuta.

Los árabes fueron buenos marinos y navegaron, no sólo en el Mediterráneo, sino también en el Océano Índico –costas del África oriental (el ―Cuerno de Oro‖), Mar Rojo, Golfo Pérsico, costas occidentales y orientales de la India, las aguas del Sureste asiático, y en el Océano Pacífico, Indonesia y las Filipinas. Esa tremenda expansión marítima exploradora y mercantil, sirvió como vehículo portador de su cultura y de la religión islámica a los pueblos del Oriente. En las costas de Malabar, al Suroeste de la India, observaron el uso de una vela de tipo triangular que usaban los pescadores de la zona. Los hindúes y luego los árabes, se dieron

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cuenta que la vela triangular permitía a un barco avanzar con vientos contrarios, con un ángulo de hasta 45º y hacerlo en forma más directa, a través de un recorrido en zigzag. La incorporaron a sus naves, la aprendieron a usar muy eficazmente y la introdujeron en aguas del Mediterráneo, donde su uso tomó mucho auge, pasando a llamarse también ―vela de cuchillo‖ y sobre todo, ―vela latina‖. Parece posible que los marineros árabes durante el siglo IX, en el Océano Índico, pueden haber usado un simple palo de madera o tabla (kamal) para medir la altura de la Estrella Polar. Como está relacionada con la latitud del observador, era posible usar un tipo de navegación latitudinal, que simplificaba mucho el problema. Posteriormente, en el siglo XII usaron y transmitieron el conocimiento de la brújula, inventada por los chinos, en el Mediterráneo. Se dice que inventaron el astrolabio, que permitía medir las alturas y movimientos de los astros y diseñaron y navegaron diversos tipos de naves, algunas de las cuales, todavía se usan en el Mar Rojo y otras, como el ―carabo‖ dieron origen a las carabelas. Tuvieron, por tanto, una gran influencia marítima y un puesto de honor en la historia naval. Y todas las Armadas del mundo dan el nombre de ―Almirante‖ al máximo grado de sus Oficiales Superiores, proveniente dicho vocablo del árabe, significando ―Emir del mar‖, (jefe militar marino). Su Imperio y los califatos en que se dividió prontamente, nunca obtuvieron un poder naval militar significativo en el tiempo, con intentos

fracasados ante los bizantinos y también les faltó una política de Estado consecuente con la puesta en acción de una adecuada marina comercial. Debido a estas carencias nunca ejercieron un poder marítimo consistente. Como colofón de sus aportes marítimos, fueron transmisores de los conocimientos náuticos de los chinos: barcos de varios mástiles, el timón central, los compartimentos estancos, la pólvora y la brújula.

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LA ANTIGÜEDAD DE ASIA

Extremo Oriente De la inmensa China y sus culturas milenarias, la primera surgió al inicio de la Edad de Bronce y dio lugar a la dinastía Shang en el año 1523 a.C. Durante siglos, China vivió encerrada en sí misma, desinteresándose por lo que sucedía más allá de sus fronteras. Navegación en sus grandes vías fluviales, pero casi nula la que permitiera la comunicación con otros pueblos separados por el mar. Será bajo un emperador de la dinastía Han, hacia el año 140 a.C., que al fomentar el comercio, establecerá las rutas terrestres y marítimas. A la dinastía ―Tsin‖ –a la que se debe el nombre de China- la sucederán la ―Sui‖, la ―Tang‖, cada una de ellas, imperando por mucho tiempo, y la ―Song‖ que por dos siglos y medio permanecerá en el poder hasta la invasión mongola. Más, durante 14 siglos, hasta la llegada de la dinastía mongol, nunca se plantearon el comunicarse con el Occidente, tanto a nivel comercial en forma directa –no a través de mercaderes intermediarios- como militarmente, mediante la conquista. Y sin embargo, los chinos, adelantados en tantas cosas, sin obtener un poderío marítimo, hay que reconocerles una gran influencia marítima, pues a ellos les debemos: la brújula, el barco con varios mástiles, los compartimentos estancos en las embarcaciones, el timón central ó timón de codaste (articulado sobre un eje vertical y situado en el plano de simetría del casco) y la pólvora. Por supuesto, cuando en el Mediterráneo usaban piedras atadas al bote, como anclas, los chinos empleaban ya anclas de madera de dos brazos; aplicando en ellas el principio de las llamadas ―anclas de cepo‖. Japón iniciará un período de reformas a imitación de la sociedad china y más tarde proseguirá con un tiempo de transición hacia una sociedad feudal. En la península coreana se había ido conformando un pueblo cuyos orígenes provenían de Manchuria y del Norte de China.

India y Sudeste Asiático n el segundo milenio antes de Cristo, una adelantada civilización situada en el valle del río Indo, aprovechando importantes vías fluviales y marítimas mantuvo activas relaciones con Mesopotamia. Tiempo después, la inmensa península sería invadida por continuas oleadas de pueblos de origen ario que sometieron a las etnias originales. Se instaló un régimen político y religioso brahmánico, apoyado en el sistema de castas –un orden social basado en la segregación de la población en grupos raciales-. En tiempos del persa Darío I, grandes regiones del territorio a ambos lados del Indo formaron una ―Satrapía‖ del Imperio Persa, diversificando aún más el complejo entramado étnico, político, cultural y religioso de la India. Al invadir Alejandro el Imperio Persa, acometió también la conquista de esa satrapía y se adentró en terrenos que iban más allá. Al desaparecer Alejandro, algunas de esas conquistas se convirtieron en enclaves griegos, siendo más adelante expulsados sus habitantes, aunque en esas zonas la influencia cultural persistió hasta épocas recientes. Desde el siglo II al VI, los hindúes se expandieron masivamente por la mayor parte de los territorios del sudeste asiático, Birmania, Laos, Tailandia, Camboya, Vietnam, Malasia, Sumatra y Java, donde habitaban numerosas étnias indígenas que también se habrían visto muy influenciadas por las culturas del sur de China y de otras, llegadas desde las islas del Pacífico. Sin entrar en mayores detalles, diremos que en India, dividida en múltiples reinos, irán penetrando los musulmanes (desde el año 711). Afianzado ya el Islam, se funda un Sultanato con sede en la ciudad de Delhi.

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Para el año 658 el rey Silla logra unificar a toda la península bajo su mandato y consolida su poder venciendo, cinco años después, a una flota japonesa que intentaba una invasión. En ese enfrentamiento destacaron las naves usadas por los coreanos, por supuesto, impulsadas por remos, pero blindadas no sólo sus costados, sino también sus cubiertas, formando algo similar al caparazón de una tortuga, de tal modo, que fueron llamadas ―naves tortugas‖. Japón, luego de esos intentos imperialistas, cae en período de inestabilidad y bastantes japoneses se dedicarán a la piratería. En Kampuchea (Camboya), el enigmático Imperio Kmer alcanza su apogeo, y mientras en Europa se produce la IVª Cruzada, el mongol

Gengis Khan inicia la expansión de su pueblo, domina toda el Asia Central, penetra y conquista la China, fundando el Imperio Mongol, que conformaba la mayor masa terrestre continua de toda la Historia. Frente a los grandes archipiélagos asiáticos, al otro lado del inmenso océano, a miles de millas marinas, en una inmensa extensión de tierra, todo un continente apartado y desconocido, se producían movimientos de pueblos en su interior, se fundaban nuevas ciudades y la civilización del pueblo Maya entraba en decadencia. El pueblo quechua instalaba su capital en Cuzco e iniciaba sus conquistas sobre otros pueblos, anteriormente asentados en aquellos territorios.

CAPÍTULO III (Merodeadores y Mercaderes)

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EDAD MEDIA lásicamente, la Edad Media se ha comprendido desde el año 476, caída del Imperio Romano de Occidente hasta la toma de Constantinopla por los turcos en 1453, y todo ese milenio se ha dividido en dos períodos: Alta y Baja Edad Media. Sin embargo, cada vez más, se opina que deben ser tres, considerando que el primero, de cinco siglos (V al X) –al que algunos llaman ―Edad Bárbara‖ y otros lo consideran como una continuación de la Edad Antigua-, ofrece características marcadamente distintas,- sobre todo en Europa - a los dos posteriores, ya que después de la caída del Imperio Romano de Occidente se entró en un período de confusión. Su vasto territorio se fraccionó en muchos e inestables reinos ―bárbaros‖, que excepto en contados casos, perdieron todo signo de autoridad y pervivieron apuntalados por una sociedad de más o menos importantes líderes –nobles guerreros-, que en teoría, más, no siempre en la práctica, rendían vasallaje a su Rey. Edad “Bárbara” Las siguientes invasiones sufridas por Europa – la musulmana en España, la de las tribus magiares en el Este y las incursiones vikingas-, desequilibraron gran parte de la cultura sobreviviente y minaron fuertemente la economía. Europa se encontraba en una especie de letargo. El Papado quiso reavivar el ideal romano al crear una entidad política a la que llamaron el ―Sacro Imperio Romano‖, coronando como su Emperador al Príncipe cristiano que mejor apoyo prestara al propio Papado. El primer elegido, en el año 800, fue Carlomagno que unificó Francia, conquistó Italia, el norte de España y territorios en la actual Alemania. A su muerte, el Imperio aguantó mal que bien, en forma casi nominal, y con una cierta influencia en zonas Centro-Europeas.

Alta Edad Media El período es de una duración de tres siglos (X al XIII). Llegó el fin del milenio –el año 1000- y Europa entera se arrodilló, rezando, ante la inminencia, según se creía, del fin del mundo y… el año pasó y el mundo siguió. El Imperio Musulmán experimentó un crecimiento espectacular y la China, India y parcialmente Bizancio, también se lanzaron a desarrollar tipos de intercambio con sus vecinos. Pero como no hay mal que cien años dure, Europa inició una lenta recuperación que culminó en un incipiente florecimiento. Pasó de la economía rural a la urbana y se produjo un importante incremento del número de habitantes; sin embargo, al depender de técnicas agrarias muy primitivas, llegó un momento en que empezó a haber más población que alimentos, con épocas de hambrunas. Pero poco a poco cobraron importancia los gremios de artesanos y surgieron los cambistas, encargados de garantizar que los cambios realizados entre las monedas que circulaban por Europa fueran correctos. Ellos y sus mesas de cambios fueron los antecesores de los primeros bancos y empezaron a surgir también las ferias comerciales. Se producirá también el cisma religioso del cristianismo, en el 1054, con la consiguiente división, pero que no afectará en el plano político, en forma tan drástica como ocurrió en el mundo islámico. Europa inicia una expansión económica y experimenta un notable aumento en su población. Se producen las Cruzadas, de las cuales hablaremos a continuación. Las “Cruzadas” Cuando los bizantinos se enfrentaron a los turcos en Armenia siendo derrotados en forma aplastante, entre los territorios que perdieron se encontraba la ciudad de Jerusalén. De esta forma, las relaciones ininterrumpidas de la Cristiandad con los tolerantes musulmanes, quedaron completamente rotas por un pueblo intransigente y hostíl –fanáticamente islámico- que no permitía las peregrinaciones a los

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Santos Lugares del cristianismo. Prohibición que fue la chispa que encendió el ánimo de la Cristiandad e impulsó las ―Cruzadas‖; ocho expediciones entre los siglos XI y XIII para recuperar Tierra Santa.

En la IVª, los motivos religiosos fueron relegados a un segundo plano por los intereses materiales (saqueo de Constantinopla, etc). La Vª marchó contra Egipto y fracasó. En la VIª, Federico II de Alemania, forzado a emprenderla por un compromiso dado al Papa, al llegar a Siria pactó con el sultán de Egipto, pacto que implicaba la entrega a los cristianos de Jerusalén, Belén y Nazareth, a cambio de que los musulmanes conservaran sus mezquitas y la plena libertad para realizar sus cultos. La Cristiandad de aquella época no supo entender aquella tolerancia y reaccionó escandalizada ¡Se convocó a otra Cruzada! Las dos últimas, la VIIª y VIIIª fueron líderizadas por San Luís, Rey de Francia y ambas resultaron un fracaso, entre otras cosas, por la falta de apoyo de los otros reinos europeos, en donde ya se había marchitado el ―espíritu cruzado‖. Marco Polo Desde Europa, por tierra, viajeros particulares, sin ayuda oficial, se internan en Asia, siguiendo las milenarias rutas comerciales, para establecer contacto directo con los pueblos del Extremo Oriente. Ese es el caso que motivó a la familia Polo, desde su salida de su natal Venecia y quien culminará con el mayor de los éxitos ese objetivo, será el joven e inteligente Marco, que llegará a China en 1271, volviendo a Venecia 24 años más tarde. Cuando llega ante la corte de Kublai Kahn, hijo de Gengis, iniciador de la dinastía mongol en China, el joven no hablaba chino (tampoco Kublai lo hablaba), pero conocía el mongol, persa, turco y árabe. Su valía le hizo merecedor de ser nombrado Inspector Imperial; conoció en su labor diferentes lugares del vasto Imperio y fue Gobernador de una región por tres años. Observó mucho, con la mente abierta y supo describirlo con precisión. Cuando llegó a la China,

La Iª y la IIª fueron dirigidas por nobles guerreros, estuvieron imbuidas más bien por sentimientos religiosos que otros factores de tipo político y comercial. Se conquistó Jerusalén y Palestina y se formaron unas Ordenes que si bien, en principio, tenían una inspiración meramente religiosa, fueron convirtiéndose en Ordenes militares (mitad monjes-mitad soldados); los Hospitalarios, los Templarios y por los caballeros alemanes, los ―Caballeros Teutónicos‖. La IIIª la dirigieron los reyes de Alemania (Federico I, ―Barbarroja‖), Inglaterra (Ricardo I, ―Corazón de León‖) y Francia (Felipe II, ―Augusto‖), enfrentándose contra el célebre sultán Saladino y entre ellos mismos, pues las rencillas se iniciaron en poco tiempo, sin conseguir, en todo caso algo relevante en su propósito inicial.

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ya allí se usaba papel moneda, hecho a base de hojas de morera y estampado con el sello del Gran Señor; así mismo, se usaba la imprenta –más exactamente la técnica de la xilografía-. Regresó por

mar, con 41 años de edad, a su patria y todavía se ofreció y luchó contra los genoveses, cayendo prisionero de ellos, y estando en prisión dictó a un compañero el ―Libro de las Maravillas del Mundo‖.

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Estando todavía Marco Polo al servicio de Kublai Khan y perteneciendo ya Corea al Imperio Mongol, se prepararán desde sus costas, en dos ocasiones (1274 – 1281) intentos de invasión al Japón. En ambas oportunidades, las flotas chinocoreanas, con cientos de barcos y miles de guerreros, habiendo iniciado sus desembarcos en las cabeceras de playas y en lucha contra los guerreros ―samurais‖ japoneses, son azotadas por terribles tormentas –―tifones‖- con altas y encrespadas olas, impulsadas por formidables rachas de viento, destrozando las flotas y hundiéndolas con sus tripulantes y guerreros a bordo, condenando al fracaso la posibilidad de conquista del Japón.

Tales hechos quedarán como recuerdo imborrable en la historia japonesa, atribuyendo la victoria a la intervención de su diosa Amaterasu – la diosa del Sol que lanzó contra los invasores al ―kamikaze‖ –el viento divino-. En el comercio naval, surgieron las ―Repúblicas marineras‖ en el Mediterráneo, y en las costas Atlánticas del Norte europeo, una asociación, marítima: la ―Hansa‖. Tanto las Repúblicas marineras como la Asociación serán los motores del resurgir económico. De las ciudades-Estado de la dividida Italia, la primera ciudad portuaria que inicia la andadura comercial es Amalfi; su decadencia se produce rápidamente ante la entrada en escena de Pisa y Génova.

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A partir de la mitad del siglo VIII y a consecuencia del empuje musulmán, el dominio del Mediterráneo sufre diversas alternativas y pasará de manos sarracenas a cristianas, y viceversa, hasta que surgen los nuevos Estados europeos. Organizan en permanencia sus poderes marítimos para explotar estrategias propias, en gran parte favorecidos por la constante defensa del ámbito que los emperadores de Constantinopla intentan realizar. Con la decadencia del ímpetu expansionista musulmán, las nuevas ciudades-Estado italianas (Génova, Padua, Pisa y Venecia) comienzan a adueñarse del tráfico comercial con Oriente, para lo

cual precisan dominar el mar; y en virtud de ese dominio, se podrán llevar a cabo las Cruzadas. A partir del siglo XI, estas Repúblicas se lanzaron a la reconquista de las bases comerciales mediterráneas que se encontraban en manos musulmanas. Más adelante serán eclipsadas por la pujanza de una de ellas, Venecia, que en competencia feroz – incluida los conflictos bélicos-, surgió como una nueva ―Thalassocracia‖; pero antes de hablar de la ―Hansa‖ y Venecia, lo haremos sobre unos pueblos nacidos muy lejos del Mediterráneo, magníficos navegantes, que terminarían absorbidos culturalmente por el viejo ―lago romano‖.

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LOS VIKINGOS os pueblos que hoy conocemos como vikingos tenían sus tierras de origen en tres países que juntos forman la Escandinavia actual: Noruega, Suecia y Dinamarca. Una gran parte de la península está cubierta de suelos estériles, poco adecuados para la agricultura. Hacia el año 790 se data el inicio de las incursiones marítimas vikingas en Europa Occidental, en forma súbita y destructiva, mientras que otras tribus se internaban en los grandes espacios de la Europa Oriental y, a su vez, familias enteras se lanzarían a navegar en mares difíciles y desconocidos. Pero, ¿por qué abandonaban sus tierras estos hombres del Norte? ¿Qué les impulsó a entrar al escenario de la historia? Los estudiosos del tema no han encontrado una respuesta contundente. Algunos apuntan a que estaban condicionados por la pobreza del suelo escandinavo, la crudeza del clima y el escaso espacio cultivable; otros lo atribuyen a un exceso de población. Las causas siguen siendo oscuras y lo único cierto es que al empezar sus correrías y migraciones no pretendían extender su poderío ni crear un Imperio. Hay dos elementos importantes que subyacen en sus acciones: el espíritu de aventura y el viajero. Los llamamos vikingos, pero este término sólo se empezó a usar con la aparición de movimientos nacionalistas escandinavos en el siglo XIX, y en esa época se les empezó a representar llevando cascos con cuernos, sin ninguna base histórica, pero que se convertiría en un signo distintivo. Los escritores de su época los conocían como nórdicos, escandinavos y principalmente, como ―nord-man‖ (normandos), ―hombres del norte‖ y Europa se sintió tan aterrada ante el furor guerrero de esos hombres, que se rezaba esta jaculatoria: ―A furore normandorum libera nos‖ (del furor de los normandos, libéranos). La calificación del nombre ―vikingo‖ es poco clara. Apenas se menciona en textos contemporáneos y cuando se hace, se refiere a hombres que se habían ido ―a-viking‖, es decir, que dejando el normando su trabajo agrícola se había lanzado a la piratería;

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―vik‖ significa bahía y algunos suponen que ―vikingo‖ sería ―asaltador de bahía‖. Todo lo que se sabe de ellos procede de fuentes antiguas e incompletas, pero la arqueología moderna ha empezado, desde hace poco, a sacar a la luz la historia fascinante de este pueblo. Por desgracia, los vikingos no mantenían ni diarios de navegación, ni crónicas de sus andanzas. Las únicas narraciones son las transmitidas de generación en generación, en forma oral, llamadas ―sagas‖ y que finalmente se recogieron y escribieron hacia la mitad del siglo XIV, cuando ya finalizaba la época vikinga. Pero las sagas representan un buen compendio informativo de su forma de vivir, cazar, explorar, guerrear y comerciar. Hacia el Sur Si se toma el primer significado de la palabra ―pirata‖ – del griego Peiratées, ―que significa emprendedor‖, es un término perfecto para referirse a los vikingos. Sus ataques a las costas de la Europa Occidental eran de robo y pillaje. Buscaban piedras y metales preciosos, riquezas de poco volumen y peso provenientes de poblados, iglesias, monasterios y si era conveniente, castillos; objetos fáciles de cargar en sus largas y estrechas naves. En sus ataques eran sorpresivos, feroces y decisivos, efectuando después del terrible golpe, una rápida retirada que a veces se acompañaba con un

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nuevo ataque en otra ensenada cercana, sin que los pobladores de este último punto conocieran del anterior asalto. Tan fulgurantes y efectivas eran sus incursiones que nos recuerdan la táctica actual ―relámpago‖ de los grupos de operaciones especiales y así, podríamos decir de los vikingos que fueron los primeros ―comandos navales‖. Su fama de ferocidad y crueldad era bastante real, más ellos mismos la alentaban y los relatos de sus ataques y sus consecuencias, los magnificaban y los dejaban correr. Los cronistas empezaron a escribir una lista interminable de matanzas y terrores protagonizadas por los bárbaros vikingos. Actos ciertos, corregidos, aumentados e inventados, daban base para la leyenda. Sus primeros ataques se dirigieron contra las

costas irlandesas y escocesas; al ir bajando, lo hicieron en costas inglesas y francesas, donde, aprovechando el poco calado de sus naves, que les permitía navegar por los ríos, penetraron por el Sena y asaltaron París. Las incursiones se producían por una nave en solitario –como un grupo de amigos que acuerdan hacer una excursión-, por un grupo de naves o por escuadras enteras. Así, se presentaban en cualquier punto costero y a veces, pasado un tiempo, volvían al mismo. Sus incursiones siguieron en las costas gallegas, portuguesas y entrando al Mediterráneo, atacaron Sevilla y las costas de ―Berbería‖ –norte de África-. Según pasaba el tiempo, sus apetitos se hicieron mayores; llegan a ocupar Irlanda; intentan, siendo derrotados, apoderarse de Inglaterra, saquean

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ciudades del interior de Francia situadas en las riberas fluviales y llegando nuevamente a París, sitian la ciudad con la idea de apoderarse y quedarse con ella. De muchos sitios se les paga fuertes tributos para que se retiren, (incluido París); en otros, se logra rechazarles por las armas y en ciertas zonas se instalan decididamente, como en la ciudad de Ruan y el Sena inferior, consiguiendo que el Rey de Francia opte por entregarles esa extensa región, a condición de que se conviertan, se vuelvan sedentarios, y renuncien a la guerra. La región donada se llamará desde entonces ―Normandía‖. Más adelante en el tiempo, a los tres siglos de sus primeras correrías, los vikingos son ―dominados‖ por la civilización del viejo mar Mediterráneo, y como diríamos, ―sentando la cabeza‖, deciden abandonar su nómada estilo de vida y… conquistan Sicilia. Aunque todas las naves vikingas eran bastante iguales, extremos idénticos, construidas

con planchas superpuestas de madera de roble e impulsadas a remo y una sola vela cuadra, evolucionaron hasta una variedad de tamaños y formas, diseñadas para enfrentarse a diferentes objetivos y condiciones del mar. Sus naves de guerra (que sin embargo permitían una carga de hasta unas 15 toneladas), eran llamadas ―Drakers‖ y ―Snakers‖ –en inglés: Draker (dragón) y Snaker (serpiente)-, representadas las cabezas de estos animales, magníficamente talladas, en las proas de sus ―naves largas‖. Promediaban unos 25 metros de largo por 6 de ancho y 1.5 de profundidad, pudiendo embarcar 50-60 hombres, comprendidos 30 remeros en 15 filas por banda. La nave, sin cubierta, bastante ligera para eludir las defensas de la costa y suficientemente capaz para realizar expediciones de saqueo y muy resistente para las travesías tempestuosas del Atlántico, podía navegar a 10 nudos de velocidad y su escaso calado le permitía hacerlo muy tierra adentro por los ríos europeos y era bastante liviana para poder arrastrarse sobre tierra.

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Cuando los normandos, en tiempos posteriores, tuvieron reyes, existieron naves que medían más de 48 metros de eslora y 8 de manga, equipadas con unos 72 remos. Con un puntal más alto, permitía a los 300 guerreros de su dotación una cierta ventaja en su aspecto defensivo. Para una típica nave de 25 metros, el mástil medía 10, lo bastante corto para bajarlo con facilidad y fijarlo entre sujeciones en el centro del barco para que no estorbara durante un desembarco o un combate en el mar; –igual que hacían otros pueblos en el Mediterráneo-. La vela estaba cortada en un rectángulo enormemente ancho, que en promedio, alcanzaba unos 15 metros de ancho. Para que fuera eficiente al navegar con el viento, a menudo la vela se extendía con dos arbotantes enterizos, encajados en cavidades en un par de chumaceras montadas en cada regala, justo delante del mástil. Las ―naves largas‖ vikingas se movían muy bien con el viento en contra; sólo se empleaba un arbotante con viento en contra o a través. Estaban tejidas estas velas con lana áspera, en una capa doble que proporcionaba resistencia y se podía obtener de ellas una gran potencia. Al mojarse, se volvían muy pesadas y en tormentas o rachas de viento fuerte eran muy difíciles de maniobrar, pasando a ser mortales. Las quillas de sus barcos tenían forma de T, la experiencia había demostrado que esa quilla podía ―cortar‖ los mares tormentosos. Su timón era un remo guía, corto, que se fijaba a la aleta de estribor de la nave en un gran bloque de madera asegurado, de modo que el remo girara al igual que una palanca en un fulcro; el timonel empleaba una caña. Como el vocablo nórdico ―lado de gobierno‖, para tabla de dirección es ―stjornbordi‖ –en inglés, ―starboard‖- el timón le prestó su nombre al costado de ―estribor‖, es decir, el lado donde iba el timón, el lado derecho.

Hacia el Este En el siglo IX, partiendo de Suecia, los vikingos penetran a través de los ríos en el Este de Europa, fundando ciudades a lo largo del Danubio y Neva; se extienden hasta las inmediaciones del Volga, recorren las regiones del lago Ladoga y surcan las aguas del Dvina y el Dnieper. Los nuevos pobladores empezaron a gobernar esas tierras con la agudeza de un astuto comerciante y la habilidad del mejor político, pasando a ser la clase aristócrata sobre los anteriores pobladores, los eslavos. Estos escandinavos que a sí mismos se llamaban ―RUS‖ dieron su nombre a un territorio inmenso y con el tiempo fusionaron sus principados, como el fundado por Rorik en Novgorod (considerada como la primera capital de Rusia) y el de Kiev (en Ucrania), en el primer Estado ruso. A los vikingos, nunca les importó mezclarse con los nativos; prefirieron un extranjero valiente que un hombre mediocre entre sus propias filas. Llegados hasta Constantinopla, se les permite comerciar pudiendo entrar en la ciudad, pero, al precederles su fama, lo tenían que hacer a través de una puerta designada, en grupos de un máximo de 50 hombres y sin armas. En el siglo X, el emperador bizantino Basilio solicitó ayuda militar a Wladimir, príncipe de Kiev. Éste le envió 6.000 hombres recién llegados de Escandinavia. De estos soldados surgió una nueva élite, los llamados ―varegos‖, quienes pasaron a ser una guardia personal de los emperadores bizantinos, sirviéndoles con lealtad. Hacia el Oeste El impulso que llevó a los vikingos procedentes de lo que hoy es Noruega, -a diferencia de las incursiones de otros paisanos noruegos y daneses en las costas de Europa Occidental- para lanzarse a través del Atlántico Norte, hacia el Occidente, no fue el saqueo, sino la colonización, la ocupación de tierras y su explotación.

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Así, grupos de vikingos, familias enteras cargaban sus barcos con víveres, parejas de animales y sus enseres y se dirigían hacia el noroeste en busca de nuevas tierras. Si antes dijimos que la información documental proviene principalmente de las ―sagas‖ y éstas fueron escritas mucho después del suceso, seguramente el relato fue embelleciéndose en la medida en que se iba transmitiendo. Pero es casi seguro que esos relatos fueron exagerados, con mayor frecuencia cuando tenían que ver con hechos guerreros de asaltos y conquistas. En el caso de los viajes a tierras desconocidas, no necesitaron buscar la épica, magnificando sus actos, pues de por sí, cada viaje se convertía en una aventura extraordinaria, de una tremenda audacia y valor, al lanzarse a navegar por uno de los mares más peligrosos del planeta: el Atlántico Norte. Sin embargo, no fueron los vikingos los primeros que llegaron a islas situadas al norte de Escocia. Monjes intrépidos, según se cree, cruzaban las aguas en frágiles embarcaciones, barcas de cuero, llamadas ―curraghs‖ y se establecían en islas deshabitadas, para vivir como ermitaños. Los vikingos encontraron a estos monjes en las islas Shetland y en las Feroes, como también en Islandia. A esta última, los vikingos la empezaron a poblar hacia el año 900 y establecieron una institución a la que podría considerarse como el primer Parlamento de los tiempos modernos –el ―ALTHING‖- una asamblea a la cual podían concurrir todos y que proporcionaba la ocasión para atender quejas y establecer leyes, presidida por el ―hombre que recita las leyes‖, elegido por los jefes locales. Se supone que su primera reunión se efectuó en el año 930 y esta fecha se mantiene para señalar el nacimiento de Islandia como una nación independiente. Siguiendo el modelo del Althing

–la Asamblea General- existían las Asambleas regionales, que igualmente escuchaban las quejas y resolvían los problemas locales. En una de esas asambleas regionales se determinó el exilio de un jefe de familia, Erik, apodado el ―Rojo‖ por el color de su pelo, que hacía juego con su fogoso temperamento. Erik había tenido problemas en su tierra de origen, Noruega y en Islandia, llevado por su carácter demasiado temperamental, había asesinado a otro vikingo. La sociedad vikinga, tan salvaje y libre, polígama, con igualdad de sexos, donde hombres y mujeres podían unirse y separarse sin compromiso alguno, era, por el contrario, socialmente muy disciplinada y mientras las armas eran usadas cruel y despiadadamente con los demás pueblos, entre ellos se guardaban, para respetarse y mantener normas estrictas de convivencia. Por otro lado, los vikingos durante sus días de dominio, fueron grandes esclavistas. Ellos no inventaron la institución de la esclavitud –existente desde la prehistoria- pero la explotaron en gran escala. Los supervivientes de los vencidos en batalla quedaban automáticamente sujetos a la servidumbre. Ni siquiera los escandinavos estaban libres de otros escandinavos, pues las mujeres promiscuas, los deudores y muchos hombres que de otro modo habían sido condenados a muerte, eran candidatos a la esclavitud.

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Odisea nórdica Desterrado de Islandia y no pudiendo volver a Noruega, Erik, ―el Rojo‖, navegó hacia el Occidente, buscando una tierra sin nombre que unos 60 años antes, alguien había visto pero no visitado. Erik la consiguió y luego volvió a Islandia hablando maravillas de esa tierra a la que llamó Greenland (Tierra Verde). Posiblemente exageraba, pero debía convencer para que otros, bajo su liderazgo, se arriesgaran a seguirle y fundar allí una nueva colonia, logrando reunir voluntarios suficientes. Posteriormente, otras familias islandesas navegaron para unirse a los colonos de Groenlandia. Una de estas familias, al mando de Bjarni, fue desviada por el viento y siguió navegando, a través del Océano, hacia Occidente, hasta que divisó una tierra llana cubierta de árboles, a la cual Bjarni llamó ―Tierra de los Bosques‖; bordeó la costa y virando al Este logró llegar a Groenlandia.

A Erik le hubiera gustado explorar la tierra avistada por Bjarni, pero su muy avanzada edad le limitaba. Su deseo se pudo materializar en su hijo mayor, Leif Erikson, quien desembarcó allí unos quince años más tarde, cruzó el hoy llamado estrecho de Davis, llegó a la isla de Baffin y yendo al Sur encontró la costa de Labrador, poblada de árboles, tal como Bjarni la había descrito; siguió navegando dos días más hasta que llegó a otro lugar, al que llamó ―Vinland‖ –Tierra de las uvas- debido a las uvas silvestres que encontró allí. Se piensa que debía ser Terranova. Vuelto Leif a Groenlandia, después de haber pasado el invierno en aquella tierra, es su hermano Thorwald quien se dirigió al lugar, para morir en una escaramuza con los nativos americanos. Parecer ser que luego se estableció una colonia que sólo duró tres años, debido a la continua hostilidad de los indígenas y al olvido de que fueron víctimas por parte de sus paisanos de Groenlandia.

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Técnicas de navegación Para navegar en sus mares y adentrarse en el océano, centrando su interés en naves para el comercio, la exploración a larga distancia y para la emigración de personas a nuevas tierras, produjeron un barco igualmente bueno, tal como lo era el ―barco largo‖ –Drakers y Snakers- que servían para la guerra. Barco robusto y fuerte; este barco de carga era el ―hafskip‖; haf: océano y skip: barco, es decir, igual a ―barco oceánico‖. Estaba hecho con los mismos métodos de construcción que los barcos largos; roda y codaste, altos y curvos y en las maderas se superponían las planchas y se clavaban. Con el fin de alojar a los pasajeros y a su cargamento, se diseñaba para ser más hondo y de manga ancha, con cuadernas más robustas, planchas de madera más gruesas y una obra muerta más alta para evitar en lo posible que las aguas pasaran por encima de la borda. Comparado con la ligera y flexible nave de combate, el hafskip era pesado; con vientos suaves la nave larga era más veloz, pero una vez que el hafskip se encontraba entre los violentos ventarrones del Atlántico Norte, navegaba muy bien, manteniéndose seguro y surcando las aguas a velocidades de 10 nudos. Algún remo había, pero sólo se usaba para entrar y salir de los estrechos fondeaderos; la proa y la popa estaban cubierta de planchas de madera y había una bodega grande en el centro del barco; estos barcos se construían en dos tipos básicos, uno pequeño de unos 12 metros de eslora que se usaba para el comercio costero y el llamado ―knarr‖ de unos 16 metros de eslora, y 5 metros de manga, pudiendo transportar 15 toneladas de carga. Esta fue la nave con que se efectuaron las exploraciones y llevaron a los colonos a las nuevas tierras. Se fué adquiriendo progresivamente un conjunto de conocimiento sobre rutas, época de navegación entre lugares conocidos, mareas, vientos y corrientes, que se transmitió oralmente de una generación a otra, pero del cuál no disponían los primeros aventureros que cruzaron las aguas

desconocidas del Atlántico Norte; los primeros viajes eran costeros y entre islas. Cuando la tierra siempre estaba a la vista, en estas condiciones se usaban las técnicas de pilotaje visual, el marinero comprobaba su posición con respecto a las señales de la tierra como unos acantilados característicos, un estuario o un promontorio prominente o con respecto a las señales del mar, como bancos de arenas o arrecifes. Sin brújula magnética, carta de navegación y cualquier otro instrumento, estos primeros navegantes usaban métodos ambientales de navegación para orientarse por los mares sin caminos; se emplearon tipos de estima basada en los cálculos de rumbos seguidos y la velocidad conseguida; las direcciones se calculaban con relación al sol y las estrellas y a la dirección del viento y el oleaje. Además, estos primeros navegantes acechaban cuidadosamente la señal de cambio de tiempo, de viento y los indicios de tierra más allá del horizonte. Estos métodos empíricos sencillos de navegación oceánica fueron muy usados durante milenios anteriores por muchas civilizaciones marítimas, por los antiguos chinos, los fenicios y griegos en el Mediterráneo. Los vikingos sacaban mucho significado del aspecto de las formaciones de nubes, de los cambios en el viento y de los patrones de las olas, de las corrientes oceánicas y las marejadas, de las nieblas marinas y del color y la temperatura del agua; podían obtener información de los hábitos de las aves acuáticas, estaban alerta a la migración de las aves de tierra, y rastreaban el movimiento de los peces y las ballenas que bajaban del norte. Para decidir el rumbo, utilizaban un sistema también curioso; al navegar, soltaban un cuervo, sabedores de su gran capacidad de orientación; si el cuervo mantenía el mismo rumbo que la nave, los vikingos continuaban esa dirección, si no, seguían al cuervo hacia donde él les indicara. Por supuesto que en muchos de esos primeros viajes ignotos, si el cuervo volvía, es que no había conseguido tierra, si no volvía, algo de tierra había por delante.

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Un veterano navegante vikingo podía saber cuando se acercaban a las islas Feroe por las crecidas y los bajíos que rodeaban el grupo de islas, sabía que se aproximaba a Groenlandia por el cambio brusco de la temperatura del agua al entrar en la corriente polar, por el pronunciado cambio en su color, que pasaba del azul marino al verde y por la esporádica presencia de témpanos a la deriva. Los vikingos eran maestros de las implacables corrientes que remolineaban alrededor del Atlántico Norte y las aguas árticas. En cuanto a medir la velocidad, el único modo en que los vikingos podrían haberlo logrado habría sido tirar una astilla de madera al mar y contar cuanto tardaba en recorrer la extensión de la nave hasta la popa u observar pasar la burbuja de agua. Los navegantes vikingos empleaban una primitiva navegación astronómica que les ayudaba a medir el curso y la distancia. Por la noche, ―Polaris‖, la estrella polar, era el principal indicador celeste; por lo general esa estrella era visible dando vueltas alrededor del Polo y por ello resultaba una bendición inapreciable para los marineros; en noches despejadas sólo hacía falta un método para determinar el ángulo de Polaris desde la proa, para establecer un curso aproximado. Nadie que bajara por la costa de Escandinavia podía dejar de notar que la altitud de Polaris desde el horizonte decrecería a medida que el navío iba hacia el Sur y que lo opuesto tendría lugar en un viaje al Norte. Por lo tanto, al medir la altitud de la estrella, los navegantes vikingos eran capaces de determinar con considerable precisión cuan lejos habían viajado al Norte o al Sur. El empleo del sol como instrumento de navegación era algo más complicado. En pleno invierno, cuando el sol apenas se elevaba, resultaba inútil como baliza direccional. Sin embargo, en verano, cuando el sol se hallaba por encima del horizonte durante gran parte del día y de la noche, lo aprovechaban al máximo. Al igual que con Polaris, la altura del sol mientras cruzaba el cielo en un arco, cambiaría a medida que la nave navegaba al Sur o al Norte. En un curso hacia el Sur, la altitud del sol aumentaría y lo opuesto tendría lugar en un curso al

Norte; el sol también podía indicar la dirección a medida que iba de Este a Oeste. Para medir esos valores y aplicarlos a la navegación, los vikingos inventaron tres ingeniosos instrumentos de navegación, que llamaron la tabla del sol, la piedra del sol y la tabla de sombra del sol. La tabla del sol, da la impresión de haber sido un cuadrante de rumbo sobre el que había marcadas cuartas, que salían desde un agujero en el centro. Con la ayuda de un indicador montado en el cuadrante, eran capaces de tomar una marcación de curso del sol a medida que subía por el Este o se ponía por el Oeste y mantener cualquier curso sólo comprobando esa triangulación tosca cada día. Por las narraciones vikingas, se sabe que los navegantes nórdicos también estaban acostumbrados a realizar una observación a mediodía cuando el sol alcanzaba el meridiano Norte-Sur. Así, aunque carecían de brújula magnética, pues en sus tiempos la brújula aún no había llegado a Europa Occidental procedente de Oriente, cada día podían establecer una determinación razonablemente precisa de su rumbo; con cielos nublados o bajo una densa niebla, los vikingos aprovechaban un notable cristal mineral de calcita llamado ―cordierita‖. Este mineral tiene la propiedad de cambiar su color amarillo por el azul oscuro cuando se orienta perpendicularmente al plano de la luz solar polarizada por la atmósfera. Cuando un cristal de cordierita se sostiene en ángulo recto hacia el plano de luz polarizada del Sol, al instante cambia de amarillo a azul oscuro. Incluso con una niebla densa o bajo un cielo encapotado, un navegante en medio del océano podía localizar la posición exacta del invisible sol al hacer rotar el trozo de cordierita hasta que de pronto se ponía de un azul oscuro. Como se producía el mismo cambio de color, aún cuando el sol se hallaba a 7 grados por debajo del horizonte, el navegante podía realizar observaciones después de la puesta del sol. Pero para establecer los cursos generales durante las horas diurnas los vikingos en su mayor parte dependían de la tabla de sombra del sol.

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Ese aparato que les permitía determinar la latitud y luego navegar siguiéndola durante una amplia extensión de océano hacia su destino, parece haber sido un disco de madera marcado con círculos concéntricos que eran los toscos equivalentes de las latitudes. En el centro del disco había una vara vertical parecida a la de un reloj de sol, que se podía subir o bajar para alargarla o acortarla según la posición del sol en el cielo. Por ejemplo, cuando se la ponía a la altura adecuada para la declinación del sol a mediados de agosto, la sombra proyectada por el sol a mediodía, cuando alcanzaba su cenit, caería sobre un círculo determinado. Al mantener la sombra del sol en el mismo círculo todos los mediosdías, el navegante era capaz de mantener su latitud; si la sombra caía a cualquier lado del círculo, el timonel podía saber cuanto tenía que virar al Norte o al Sur para recuperar su curso. Con el fin de mantener el instrumento equilibrado en el mar, se asignaba un marinero para que lo sostuviera flotando en un cuenco con agua. Sedentarios Sin importar cuales fueron los inmediatos y quizás intranscendentes detalles, la retirada de los nórdicos de Vinlandia y luego de Groenlandia fue parte del amargo proceso de decadencia que puso fin a la gran era de los vikingos. Poco a poco se encontraron domesticados y asimilados por los mismos pueblos que ellos habían conquistado en el Este y el Oeste. Sabemos del inicio de sus correrías en el año 790; en el 1066, Guillermo, el vikingo Duque de Normandía, desembarca en Inglaterra y en Hastings obtiene la victoria y se convierte en Rey de Inglaterra. Y en el 1091, los normandos conquistan y se asientan en Sicilia. .

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LA HANSA e olvida frecuentemente, cuando en la actualidad funciona una Europa de Mercado Común, que hace ya varios siglos, en una época en que la inmensa mayoría de la población se dedicaba a la agricultura y en un intento de conseguir lo que el Imperio Romano había hecho realidad, es decir, una unión mercantil, se estuvo en la Edad Media a punto de convertirse en realidad. Desde mediados del siglo XII, comerciantes de las ciudades del Norte de Alemania, conscientes de las dificultades que limitaban sus intercambios y multiplicaban los riesgos de su actividad, fueron desarrollando mecanismos de protección, logrando una coordinación para sus negocios. Afectó a ciudades, algunas de ellas sometidas al Sacro Imperio Germánico, otras eran independientes. El nacimiento efectivo de la Hansa fue en el año 1161 cuando mercaderes alemanes hicieron un pacto de solidaridad mutua y eligieron a un Anciano

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(Olderman), al que otorgaron poderes jurisdiccionales. Adoptaron un lema; éste era la frase atribuida al romano Pompeyo: ―Navigare necesse est, non vivere‖. Su actuación se fue extendiendo rápidamente, tratándose en esa primera época de una agrupación netamente comercial, llegando a ser más adelante una agrupación también política cuando las circunstancias motivaron a sus dirigentes a darle un sentido institucional. La Hansa protagonizó un movimiento de productos y de relaciones que afectó a mucha gente y a naciones. Desde los puertos de Andalucía y Lisboa se producía un río de intercambios que se acrecentaba en costas francesas, donde los barcos se dividían para dirigirse unos a los puertos ingleses de Bristol y Londres –que eran factorías de la Hansa-, mientras otros arribaban a Brujas (Bélgica), uno de los focos más importantes del comercio europeo – también factoría hansiática-. Desde allí, los barcos recorrían las costas del mar del Norte y fondeaban en Hamburgo.

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En el mar Báltico, procediendo a través de los ríos, desde Novgorod, o desde Riga para enlazar con las costas de Escandinavia. Durante siglos lograron mantener una política consistente en unir en lo posible los territorios, actuando conjuntamente en defensa de los mismos intereses. Pese a lo atrevido de su lema, uno de los motivos de la perdurabilidad de la Hansa fue su prudencia. Una serie de graves desastres indujo a la Hansa a convertir en ley algo que hasta ese momento había sido solamente una costumbre, por lo que la navegación fue taxativamente prohibida desde San Martín (11 de noviembre) a San Pedro (22 de febrero); al fin y al cabo, siguiendo la costumbre inmemorial que se mantenía en las aguas del mar Mediterráneo de solamente navegar en primavera y verano; máxime, considerando que el clima afecta mucho más las aguas del Atlántico Norte. Los barcos que llegaban a puerto en una fecha comprendida entre esas dos, debían presentar un certificado que atestiguase que habían iniciado viaje antes del 11 de noviembre; en caso contrario, su carga era confiscada. Al principio, las travesías desde un puerto a otro se efectuaban formando pequeñas escuadras de entre cinco y diez barcos; con el paso del tiempo y el aumento de los riesgos, a causa de las guerras y de los piratas, se adoptó el sistema de los grandes convoyes escoltados por buques de guerra. En el estudio de la Hansa se establecen dos grandes etapas: la primera es netamente la de los mercaderes, mientras que en la segunda las ciudades intervienen sistemáticamente y por eso la influencia histórica de esta organización se fue reflejando finalmente en el juego de la política.

Sin embargo, su gran desarrollo a partir de mediados del siglo XIII, no se puede relacionar con la superioridad tecnológica de sus naves, ya que su evolución con respecto, por ejemplo, a la época vikinga, no fue significativa. A finales del siglo XI aparece una nave, ―kogge‖, que en castellano se denominaría ―coca‖; con una estiba superior a las 160 toneladas, medía 30 metros de largo y 7 de máxima anchura, con cerca de 3 metros de calado; una única vela la impulsaba e incluso la capacitaba para avanzar con viento contrario. Su casco, siguiendo el estilo de construcción norteña, estaba formado por planchas superpuestas como las tejas de un tejado, con la quilla rectilínea. Bastante después en el siglo XIV aparece un nuevo tipo de nave, a la que se llamaría ―holk‖, más gruesa y panzuda, que poseía dos castillos, cada uno de ellos con dos puentes, colocados uno a proa y otro a popa. Mientras, en el Mediterráneo se mantenían dos tipos fundamentales de embarcaciones: una, larga y ligera, que utilizaba principalmente la fuerza de los remeros, y el barco, al que se llamaba ―nao‖, redondo y panzudo, que aprovechaba la fuerza del viento. Estas naos entre los siglos XII y XIII ampliaron sus dimensiones. Barcos ―redondos‖ con dos puentes y a veces tres, menos veloces, pero con más capacidad. Un progreso significativo fue el paso al uso exclusivo de velas con forma triangular –vela ―latina‖, que como sabemos había sido introducida por los árabes-, a un velamen mixto. El palo mayor estaba reservado para una gran vela cuadrada, mientras que el palo posterior, y si había palo anterior, permanecían usando velas triangulares. Para ese entonces, legado de los chinos, el timón se encontraba situado en el centro de la popa, sustituyendo al gran remo lateral, y a veces a los dos laterales de la Antigüedad. Hacia el final de la Edad Media, la economía mercantil en el Norte de Europa se caracterizó por el desarrollo industrial y comercial de Holanda e Inglaterra; estas nuevas economías se desenvolvían en detrimento de las actividades del grupo hanseático. Así se perfiló una nueva geografía de

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los grandes itinerarios mercantiles. Abierta hacia el Atlántico, Castilla encontró oportunidades de expansión en el dominio de los espacios comerciales comprendidos entre el Cantábrico y el mar del Norte. Otro factor contribuyó a potenciar la acción mercantil castellana en el área septentrional: la conversión de las simples actividades pesqueras y mercantiles de corto radio de los marinos vascos en una verdadera función de armadores y transportistas en los largos itinerarios del comercio internacional. La desaparición de los feudos, la aparición de los primeros reinos en Europa, la incorporación de las ciudades independientes a esos mismos reinos y el desarrollo mercantil y económico que se suscitaba cada vez con mayor fuerza, usando principalmente el mar, hizo que por supuesto, y como ya dijimos anteriormente, se empezaran a producir conflictos bélicos entre los reinos. La brújula Los avances que tuvieron lugar en el manejo de las naves, gracias a la combinación en el velamen y en el nuevo tipo de timón, favorecieron el arte de la navegación, pero en la capacidad de establecer una ruta precisa y poder seguirla, se debió desde los siglos XIII y XIV al perfeccionamiento y mejor utilización de la aguja magnética, la ―brújula‖, el pequeño instrumento basado en las propiedades magnéticas de la tierra que los marinos han venido utilizando durante siglos para orientarse en el mar. El nombre de ―magneta‖ ó ―magneto‖ es uno de los más antiguos y procede del topónimo Magnesia, comarca de Tesalia, donde sus habitantes descubrieron por vez primera para el mundo antiguo un mineral –ya conocido con anterioridad por los chinos- que tenía la curiosa propiedad de atraer al hierro e incluso de imantarlo por frotamiento o simple contacto. Se ignora en qué momento los árabes, cuyos barcos coincidían con los chinos en los puertos de la India, introdujeron la brújula en Europa. Las primeras noticias datan de mediados del siglo XII; a

partir de entonces, su uso se extendió rápidamente, desplazando a otros métodos más rudimentarios: variaciones en el régimen de vientos, aspecto del oleaje… En el siglo XIV, se inventaron también las ―cartas de marear‖, que permitían determinar la línea recta resultante de una serie de recorridos en zigzag: un procedimiento que abría paso a una estimación más precisa de la posición del barco. Esta innovación permite proseguir con la navegación incluso en los meses invernales, antes suspendida, además de la mala climatología, debido a la gran dificultad para orientarse siguiendo el sol y las estrellas. Mientras, en verdaderas ―escuelas‖, presentes en Pisa, Venecia, Génova y Mallorca, se fueron desarrollando las llamadas cartas marítimas que proporcionaban a los marineros un instrumento valiosísimo. A ellas, se unían a menudo ―los portulanos‖ -provenientes todavía desde el tiempo de los romanos-, manuales que contenían descripciones precisas de las costas, los puertos y las rutas, indispensable para un tipo de navegación – que como sucedía con la de estos siglos- se desarrollaba principalmente cerca del litoral. Hasta el siglo XV no se hizo patente en Occidente que el Norte magnético –el que señala la brújula- y el geográfico, no coincidían. Este fenómeno entonces llamado ―noruesteo‖ de la aguja –hoy ―declinación‖-, que varía de intensidad según los lugares, hacía de la brújula un instrumento poco fiable. En un primer momento se puso una tapa de cristal sobre el recipiente que contenía la aguja, para evitar las perturbaciones del viento y minimizar las causadas por el balanceo del barco. Sin embargo, los descubrimientos de nuevas tierras y la necesidad de hacer largas travesías promovieron nuevas mejoras. Una vez conocido y difundido el fenómeno de la declinación, se inventó un tercer tipo de brújula que incorporaba la ―rosa de los vientos‖ –representación gráfica de los puntos cardinales que ya se añadía desde el siglo XIII a mapas y compases- pegada sobre la aguja, de manera que rosa y aguja giraban a un tiempo al cambiar de rumbo.

CAPÍTULO IV (Feroz competencia)

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BAJA EDAD MEDIA legamos al tercer período, la Baja Edad Media, de menor duración (XIII al XV). Procedentes del Norte y Centro del desconocido continente, un pueblo guerrero, los Aztecas, encontraban un fértil valle y en él, signos favorables que lo hacían coincidir con la ―tierra prometida‖ de la cual se hablaba en sus viejas leyendas, instalándose e iniciando la construcción de Tenochtitlan, la futura ciudad de México. Pertenecían al grupo de pueblos chichimecas, cazadores y recolectores de lengua nahua, que fueron desplazándose desde el actual Estado de Utha (USA) hacia el Sur, a partir del siglo VIII d.C. Tras un período en Nuevo México continuaron su emigración. Estos chichimecas acabaron con el reino Tolteca, de origen nahua. Los aztecas o mexicas se fueron imponiendo hasta constituir un auténtico Imperio en México central, recibiendo los tributos de regiones distantes, llegando su territorio en 1486 a su máxima extensión. En Europa, los Reinos se van consolidando; los primeros en conseguirlo son Francia e Inglaterra y, ¡no faltaría más! son también los que asomarán fuertes rivalidades entre ellos. Como consecuencia de las pretensiones al Trono de Francia por parte de Eduardo III de Inglaterra se desata en 1337 la larga, larguísima contienda, que ha pasado a la Historia con el nombre de ―Guerra de los 100 años‖, interrumpida, es verdad, por algunos períodos acordados de treguas y otro período, diríamos, impuesto por la terrible epidemia de la ―Peste Negra‖, que durante cuatro años asoló Europa, matando a la ¡mitad de su población! Y, por supuesto, paralizándola, no sólo en sus ímpetus bélicos, sino en cualquier otra actividad, incluida una muy importante: el comercio. Desde el siglo XIII hasta mediados del siglo XV, el Mediterráneo fue la más activa de las encrucijadas mercantiles de Occidente. Los genoveses gozaban de amplias ventajas en Constantinopla y en las costas del mar Egeo. Desde el siglo XIII las naves de Génova cargaban el trigo

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de las llanuras, la sal de las zonas lacustres, la madera y especialmente las pieles caras de Rusia, la pesca salada y el caviar de las grandes pesquerías del mar de Azov así como los esclavos que los tártaros llevaban a vender a los mercados italianos. El mar Negro se convirtió entonces en la etapa principal del gran comercio con Asia, hasta donde llegaban las rutas de Persia, la ruta mongola, la ruta de la India y de la China. El mar de Azov y el mar Negro, rodeados por colonias venecianas y genovesas constituían no sólo el punto de partida y de término para el tráfico asiático, sino que además, hacia ellos se dirigían los productos que procedían de los grandes ríos que descendían hasta allí desde las profundidades de Ucrania, Rusia y los países del Danubio. Mercancías que pasaban a unirse a las que eran llevadas por el Bósforo, especialmente la seda y especias procedentes de la India y del Catay (China). Los genoveses habían equipado también una flotilla comercial en el mar Caspio; allí llegaba la ruta de la seda, la que propició el auge de la sedería en Toscana, Venecia y Génova. Castillos marinos Mientras que en el Mediterráneo, aún en los tiempos de la llamada Edad Bárbara y Alta Edad Media, existía suficiente experiencia de luchas en el mar, en Europa del Norte hubo razones por las que la guerra a desarrollarse allá no era muy sofisticada; todavía no se habían iniciado grandes exploraciones que empezaran a darle la importancia adecuada a la navegación, no sólo en el hecho de la exploración, sino en el hecho también de la guerra. Además, el comercio medieval en aquel entonces todavía se realizaba la mayor parte por tierra o por rutas costeras, así pues eran pocas las oportunidades para que hubiera choque de intereses en el mar. La navegación europea a lo largo de esos siglos también se vio frenada por los caballeros. Estos creían que el único modo correcto de combate era a caballo y con armadura. Pero en el mar, no podían montarlos y también se hacía difícil emplear sus armas favoritas, la lanza y la espada; y es de

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suponer que si se ponían la armadura, debían sentirse conscientes por la noción de que si el barco se hundía, se verían obligados a saltar por la borda y bajarían hasta el fondo como una piedra. Se puede observar que a lo largo de casi toda la Edad Media los caballeros odiaban salir al mar, y cuando tenían que hacerlo regresaban a tierra tan pronto les era posible; por tanto, el principal uso de los buques de guerra era para transportar ejércitos, mientras que la técnica de combatir en el mar, prácticamente era nula. Muchos reyes medievales poseían unos pocos barcos propios, pero no los suficientes para transportar sus ejércitos, con los caballos y equipos. Cuando querían mandar un ejército fuera de sus límites marinos, fletaban o requisaban los barcos mercantes de sus súbditos con sus capitanes y dotaciones habituales. En estos casos los barcos eran alterados momentáneamente con ciertas fortificaciones, por si se topaban con un enemigo en el camino. De allí viene el castillo de popa y de proa. Si por casualidad se encontraban con barcos enemigos, los castillos proporcionaban cierta protección contra las flechas y se podían emplear como plataformas desde donde poder lanzar cualquier cosa. A menudo se les ponían pequeñas ventanas y almenas, efectivamente buscando la similitud con las de sus castillos; en el mejor de los casos se trataba de estructuras muy poco náuticas, y eran la desesperación de los capitanes de los navíos pero éstos no tenían voto en el asunto; cuando los caballeros subían a bordo tomaban el mando, y de los capitanes se esperaba que obedecieran. En cualquier caso, las batallas en el mar eran relativamente raras. Con una sola vela cuadra, esos barcos medievales solo eran capaces de avanzar a unos pocos nudos y únicamente podían navegar con cierta prontitud con viento de popa. Por cierto, cuando dijimos que los reyes tomaban los barcos de sus súbditos y los fortificaban, en Castilla se le llamaba ―armar en guerra‖ a esas naves; de ese sentido con que se querían potenciar los navíos, poniéndoles además guerreros del rey,

nace al que a las marinas de guerra se les llame comúnmente, en todo el mundo, ―Armadas‖. En alguna ocasión se lograba abordar al navío enemigo, se producía una fuerte lucha en cubierta y los que iban siendo vencidos, iban siendo arrojados al mar, tanto si estaban heridos ya, como si nó; esto suponía generalmente la muerte para el que había sido lanzado, pues aunque parezca raro, la mayoría de los marineros no sabían nadar y por supuesto, los caballeros, mucho menos. En otras ocasiones se intentó usar una táctica similar a la que se usaba en el Mediterráneo, es decir, embestir al barco enemigo al estilo de las galeras; se dice que en una ocasión, un barco inglés lo intentó, con tanto entusiasmo, que el mástil de su propio barco se vino estrepitosamente abajo y todos los hombres que se hallaban encaramados en lo alto para tirar flechas, rocas y barras de hierro, fueron lanzados al mar. La sacudida partió parte del casco y los caballeros de este barco inglés tuvieron que dedicarse a la indigna tarea de achicar agua. En otra ocasión, otro barco intentó llevar a cabo la misma táctica con resultados aún más terribles, pues su propio barco se hundió. Las únicas armas medievales que se inventaron específicamente para usar en los barcos, hoy en día parecerían más bien una broma; se las llamaba ―triboli‖ y eran fragmentos de hierro con tres clavos, diseñados de modo para que cayeran como cayeran, se clavaran sobre dos clavos y el otro quedara apuntando hacia arriba. La idea era arrojar grasa sobre la cubierta del enemigo; si éste se portaba según lo planeado, resbalaría en la grasa y se sentaría sobre aquellos clavos. Muy ingenioso, pero bastante limitado. Lo que se necesitaba para que la guerra naval pudiera evolucionar era un medio para hundir un barco enemigo desde la distancia; en otras palabras, el cañón. Se dice que hacia la mitad, aproximadamente, del siglo XIV, una armada castellana que se internó en el Canal de la Mancha, usó cañones por primera

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vez para atacar el puerto francés de Brest. No debemos olvidar que desde un siglo antes, los árabes habían introducido en España, no solamente la pólvora, de origen chino, sino también los tubos o ―truenos‖, para poder expulsar un proyectil por medio de la pólvora. Ya cañones pequeños se instalaron en los barcos del Norte de Europa desde 1406; probablemente no lanzaban más que balas de ½ libra –demasiado pequeñas para dañar un barco- y resultaban más bien útiles en su mayor parte para repeler a las partidas de abordaje enemigas. En 1488 durante las interminables guerras de la época, el rey Enrique VII de Inglaterra construyó un barco de cuatro cubiertas llamado ―Regent‖, del que se tiene registrado que portaba muchos cañones;

llevaba un total de 225, todos instalados en las cubiertas superiores y en los castillos, pero también eran muy pequeños. No podían hacerle daño a un barco enemigo desde lejos y en verdad que el ―Regent‖ se perdió cuando se enganchó a un navío francés a la vieja usanza del abordaje y ambos se incendiaron. Para luchar desde cierta distancia hacían falta cañones más grandes, con mayor alcance. No obstante, instalar unos cañones tan pesados en los castillos de popa y proa, donde se colocaban las otras armas, habría desequilibrado la estabilidad del barco. Transcurrirían más de 100 años antes de que a alguien se le ocurriera el modo de distribuir ese peso a bordo sin que zozobrara el navío, y como tratar el problema del retroceso en los cañones.

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VENECIA n el proceso de desintegración del Imperio Romano de Occidente, cuando los bárbaros godos y hunos cayeron sobre las ricas tierras de pastoreo del nordeste de Italia, los asustados habitantes empezaron a refugiarse hacia el mar. Ante la invasión de los bárbaros se refugian entre las lagunas e islas de la región Véneta, para defenderse de esas invasiones; el mar que les protege contra el asedio de los asaltantes, les proporciona medios y vías para su subsistencia y desarrollo. Al retroceder al oscuro laberinto de marismas que bordean el Adriático septentrional, se ganaron la vida como pescadores y comerciantes de sal, protegiendo sus refugios e islotes con murallas de ramas de sauces, entrelazadas. A su alrededor, el poderoso Imperio Romano se desintegraba, controlado en Occidente por las tribus bárbaras, mientras en Oriente se mantenía gobernado desde Constantinopla.

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La invasión de Italia por las tribus lombardas en el 568 envió muchos más refugiados hacia las lagunas y con el paso de las décadas, los diseminados pueblos de los islotes se agruparon. Los ejércitos invasores que luchaban por el control de Italia, o bien fracasaban en subyugar a los moradores de las islas, o bien frenaban sus caballos ante la barrera cenagosa de la laguna y daban la vuelta. Las generaciones descendientes de los fugitivos organizan un Estado que sabe asegurar un floreciente comercio basado en su dominio marítimo del Mediterráneo. La primera tarea de Venecia es dominar el Adriático. Para conseguirlo, ha de destruir, expulsar, o atraerse a los piratas que pueblan las numerosas islas de las costas Dálmatas, Albanesas y Griegas. Más adelante, los comerciantes venecianos – idealmente situados como intermediarios entre el Occidente europeo y el rico Oriente bizantinohabían comenzado a comerciar por todo el Adriático.

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Algunos navíos venecianos entraron en el Mediterráneo oriental y comerciaron con los Estados musulmanes, para cólera de los devotos cristianos. Las industrias de Venecia se expandieron, de la recolección de la sal y pescado a actividades más sofisticadas y lucrativas: construcción de barcos, manufactura del hierro y el cristal, fabricación de tintes y joyas. Con el fin de proteger su creciente comercio y guardarlo contra los piratas, Venecia desarrolló una poderosa flota de guerra. Una serie de tratados astutamente negociados con los emperadores europeos del Sacro Imperio Romano y con los emperadores de Bizancio, complementados con acuerdos de comercio con los Estados musulmanes del Norte de África, incrementaron la influencia de la República. En el Adriático continuaba el éxito de Venecia, cruce desde la Edad Carolingia del tráfico con Levante y que, con un privilegio en el año 1082, obtuvo del Emperador bizantino, a cambio de su ayuda naval, el derecho de comerciar en los territorios del Imperio en régimen de excepción fiscal.

A fines del siglo XI, Venecia había crecido hasta ser una formidable ciudad-Estado, gobernada por un ―dux‖ o duque, que era elegido de por vida, pero que con el paso de los siglos, llegó a ser responsable ante altos funcionarios. Su poder estaba sometido al del Gran Consejo, un grupo de hombres preeminentes que elegían miembros para el aspecto consultivo, judicial y legislativo, incluyendo el Senado, que establecía la política en cuestiones de comercio y guerra. El ―dux‖, que por lo general alcanzaba el puesto ya en la vejez, se desempeñaba una media de 11 ó 12 años. El y otros funcionarios selectos, por costumbre, se seleccionaban entre un grupo de no más de 1.600 familias patricias, cuya riqueza y poder político derivaban del comercio. Antes de que terminara el siglo XI, Venecia había crecido hasta ser una ciudad rica y cosmopolita pero aún no era la metrópolis gótica de ensueño que estaba destinada a ser. La ciudad se extendía en un laberinto de canales, llenos de barcas y alineados por casas de madera y techos de paja con pequeñas huertas y praderas entre medias; aquí y allá se veían iglesias y palacios de ladrillos y piedras; ya la basílica de San Marcos elevaba sus cúpulas y pináculos hacia el cielo, los barcos de la República con sus experimentadas tripulaciones y sus pertinaces mercaderes, marcaron autopistas invisibles en los mares. Pero por encima de todo, la riqueza del comercio veneciano dependía de los lujos del Oriente, ese inmemorial tráfico de especias, sedas y perfumes que había cautivado a los romanos y a los conquistadores bárbaros después de ellos. Al iniciarse las Cruzadas, impera ya en el Mediterráneo oriental, y gracias a esta superioridad, podrán trasladarse los cruzados por mar hasta Tierra Santa.

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La necesidad de supervivencia de un pueblo, unida a las características peculiares de la región veneciana, con facilidad de acceso a Europa Central y Nórdica a través del paso del Brennero, y su posición intermedia entre Oriente y Occidente, hace que Venecia se convierta en un Estado transportista y distribuidor de productos que apetecen los pueblos europeos: especias, algodón y seda, principalmente. Con el tiempo, el tráfico marítimo en el Mediterráneo, realizado antes por fenicios, griegos y musulmanes, ha pasado en su mayor parte a manos de los hijos de la República de San Marcos. Pero, además, Venecia importa de Oriente otros productos básicos para su industria y subsistencia, como el trigo y otros cereales de Egipto y las regiones europeas sometidas a la soberanía otomana. En las principales ciudades levantinas existen consulados venecianos que acopian mercancías para reexpedirlas a Occidente.

El tráfico se apoya en numerosos puertos esparcidos por la cuenca mediterránea, que sirven de base de partida para proteger la navegación de los buques de transporte, de cantera de marinos para dotarlos y, muchas veces, de centros de construcción y mantenimiento naval para sustituir y mantener el buen estado de las naves. Venecia ha visto muchas veces entorpecida su expansión comercial y marítima por otros estados rivales que le hacen la competencia. Incluso los emperadores bizantinos le han obstaculizado en ciertos momentos, en beneficio de Génova, Padua y Pisa,

para evitar un engrandecimiento demasiado peligroso de la República de San Marcos. Para los comienzos del siglo XIII, encuentra la ocasión de desquite y logra dirigir los esfuerzos de la cuarta Cruzada contra la misma Constantinopla y se adjudica la mayor parte del territorio bizantino, convirtiéndose en la primera potencia del Mediterráneo oriental. Antes de que los venecianos pudieran reclamar la primacía en el comercio marítimo en el Mediterráneo, tuvieron que derrotar a un competidor vigoroso situado a 175 millas, al otro lado de la península italiana: la República de Génova, cuyos mercaderes habían empezado a invadir los mercados tradicionales de Venecia. Aunque los rivales libraron tres guerras salvajes entre 1257 y 1355, ninguno pudo aplastar al otro. Hizo falta una cuarta guerra que estalló en 1379 y llegó hasta las mismas puertas de Venecia para determinar qué flota gobernaría los mares. El enfrentamiento culminante tuvo lugar en Chioggia, un islote a 15 millas al sur de Venecia, a la entrada de la laguna y Venecia resultó vencedora. Todos dependían de su tráfico marítimo y las pérdidas sufridas durante la guerra provocan las ruinas de sus respectivas economías. Venecia se recupera e incorpora a su Estado los territorios de Padua, y Génova no se repondrá ya de la derrota. En verdad que la grandeza y la misma existencia de Venecia estaba ligada al mar. El Imperio de la ciudad era un Imperio marítimo: puertos e islas diseminados a lo largo de las vías fluviales y navales. Su prosperidad se basaba en dos grandes empresas gemelas: la guerra naval y el comercio marítimo, y esos a su vez dependieron, durante su historia de dos clases distintas de barcos: galera de guerra y el buque mercante. Rutas, comercio y transporte Entre los siglos XIII y XIV, cuando un Imperio mongol aportó estabilidad a Asia Central, los productos viajaban por tierra desde la misma China o eran fletados en barcos a través del Océano Índico

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hasta Ormuz en la desembocadura del Golfo Pérsico, para que desde allá pasaran por el oeste de Persia y el norte de Siria hasta el Mediterráneo, pero la ruta más grande seguía el Mar Rojo.

Las especias del Oriente –pimienta, nuez moscada, canela, jengibre, clavo- eran muy valoradas en un mundo que conocía pocas maneras más de condimentar o preservar la carne; las perlas,

Los comerciantes hindúes, árabes, incluso chinos, desembarcaban sus tesoros en Jiddah, el puerto de La Meca y los cargaban en caravanas de cientos de camellos. Estas, entonces, marchaban al Norte a lo largo de la costa Árabe hasta Damasco y los puertos de Siria o entraban en Egipto y bajaban por el Nilo o atravesaban la ciudad de Suez para llegar a las galeras venecianas atracadas en el inmenso y fortificado puerto de la Alejandría musulmana. Venecia acabó por imponer una especie de monopolio de la pimienta; venecianos, genoveses y catalanes se habían salido del Mediterráneo costeando el Atlántico Norte europeo y también el Sur, ya fuera de Europa, alcanzando tierras que los europeos no conocían o que habían olvidado.

las piedras preciosas y las plantas aromáticas inflaron el exótico comercio; a cambio, el tráfico veneciano fue siempre muy especializado, los venecianos eran capaces de vender textiles occidentales, la plata y el cobre de Germania y – deshonrosamente- esclavos. Ya desde el siglo IX habían estado suministrando eunucos esclavos a los ―khanes‖ de Oriente, y otros esclavos a los sarracenos, como soldados, a pesar de las leyes que lo castigaban con penas de amputaciones o muerte. Por consiguiente, los africanos capturados eran comprados en Alejandría y vendidos en Europa y en el siglo X, cientos de jóvenes eslavas entre las edades de 12 y 16 años se importaban a Venecia desde Rusia y Asia Menor, como prostitutas o concubinas.

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En el siglo XIV la esclavitud de los pueblos cristianos del Cáucaso se había convertido en una industria. Esas razas –georgianos, circasianos, rusos- pertenecían a la Iglesia Ortodoxa y eran considerados herejes por los europeos occidentales. Los capturaban los invasores tártaros, que cada año realizaban incursiones relámpagos montados sobre los robustos ―poneys‖ de las estepas. Los venecianos les compraban sus cautivos en la desembocadura del río Don o en el Mar Negro y se los llevaban en las bodegas de los barcos mercantes. Algunos terminaban miserablemente como trabajadores en las plantaciones venecianas de azúcar en Chipre o Creta; otros se convertían en esclavos de hogar en Italia; pero la mayoría era vendida a los gobernantes musulmanes de Egipto y el norte de África, con excelentes beneficios. Por lo general, las mujeres iban como concubinas, los niños como criados o futuros soldados. Y la censura de lo sucesivos Papas no fueron más efectivas que el Senado veneciano en desanimar a los ávidos esclavistas. Y en esa época, el tráfico no se veía reducido al mar Negro, pues los venecianos siguieron dispuestos a comerciar con el cargamento humano allá donde hubiera beneficio. África era una fuente rica de esclavos domésticos. Los tratantes venecianos hasta compraban esclavos a los turcos. Los primeros que habían intentado romper el cerco islámico en el Mediterráneo habían sido los eternos rivales, Génova y Venecia, en el siglo XIII. Durante dos mil años, el ámbito Mediterráneo es el entorno, es cuna y fermento de la cultura occidental; la cuenca del Mare Nostrum con sus aguas, accidentes

geográficos y meteorología, es la constante catalizadora de su cultura. Las conexiones políticas, sociales y económicas entre los pueblos ribereños tienen lugar a través de las vías marítimas de comunicación, de modo que cualquier alteración sufrida en las mutuas relaciones se traduce, forzosamente, en una confrontación naval y viceversa. De ahí que la eficacia política de los Estados mediterráneos sea una consecuencia del realismo con que sus emperadores, reyes y régulos, saben contemplar la estrategia que se sustenta en el poder marítimo. Naturalmente, los sistemas de explotación varían con las situaciones, medios y técnicas en uso en cada época; los fundamentos estratégicos para asegurar el éxito de éstos sistemas son ―constantes‖. Durante tres siglos, entre 1200 y 1500, Venecia dominó el Mediterráneo oriental y su poderío fue enorme. Desde luego, una historia tan larga ofrece una asombrosa complejidad de empresas. Pero en la extraordinaria saga náutica de la República, sobresalen dos feroces momentos de guerra –el de los cruzados y el de los turcos otomanos- y dos notables campos de actividad: la construcción de barcos en el Arsenal del Estado y el tráfico con el Oriente. Peligrosos, pero a rebosar de promesas, esos desafíos, plenamente encarados, convirtieron a Venecia en la ciudad más mágica de su época.

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La marina veneciana En cuanto a los barcos, en 1423 la marina mercante veneciana alcanzaba unas 3.300 naves – una flota incomparable- y de una población que tenía la ciudad de unos 150 mil habitantes, los 36 mil marineros de Venecia (alguno de ellos griegos y dálmatas) conformaban una proporción sustancial de la fuerza laboral de la república. Venecia no sólo había creado un Imperio marítimo, sino que se había asegurado el monopolio y extensiones fiscales en puertos extranjeros. La mayor parte de los navíos de las flotas mercantes de la República, incluyendo a muchas carabelas de velas latinas, barcos de transporte ligeros y bajos, perfectos para las excursiones costeras, se dedicaban a la pesca o al comercio en granos, aceites, madera y piedras a lo largo de las costas del Adriático. Pero unos 35 barcos enormes navegaban por aguas internacionales y llegaban hasta Inglaterra, Egipto o el Mar Negro con pesados cargamentos de esclavos, granos, algodón o vino. Así como la galera larga y veloz era un instrumento supremo de guerra en el Mediterráneo, el barco ancho y pesado era el buque mercante natural; al principio, en su comienzo ese barco era un transporte típicamente de un solo palo y aparejo redondo que los marineros mediterráneos adoptaron del Norte de Europa. Con sus castillos de proa y popa, que se curvaban en lo alto, se movía por el mar con poca gracia. Con un peso de 300 o más toneladas, era lento y pesado pero altamente económico, ya que empleaba unos 30 marineros, más un puñado de arqueros para la defensa. Por lo general navegaban solos o en flotillas establecidas de forma privada, pero en tiempos de peligro el Senado podía exigir que incrementaran su armamento y navegaran en convoy al mando de un Almirante nombrado por el Estado. Los marineros, incluidos los remeros de las galeras, eran en la baja Edad Media, asalariados libres (sólo más tarde harán su aparición los presos y los esclavos), que realizaban este trabajo duro y arriesgado por tradición local y familiar o

simplemente, por el deseo de aventura y ganancias. Entre el siglo XII y la primera mitad del XIV, sus salarios eran muy superiores a los que un trabajador, también cualificado, habría podido recibir en tierra. Además, todos los marineros, en virtud del llamado ―derecho de pacotilla‖, podían llevar consigo un pequeña cantidad de mercancía para vender o cambiar una vez que el barco llegara a su destino. Los derechos y los deberes de los marineros estaban a menudo establecidos por la legislación de las ciudades marítimas. Es interesante comprobar como la autoridad que el país ejercía sobre ellos no era absoluta. Un rasgo típico del Derecho Marítimo Mediterráneo era la idea del barco como una comunidad de destino, en cuya gestión debían participar, sobre todo en los viajes comerciales, tanto los mercaderes como los marineros. Como podemos observar en textos como la tabla de Amalfi y el catalán ―Consolat de Mar‖(Consulado del Mar), las decisiones relativas a la carga o a los cambios de destino debían ser tomados con la participación de todos los embarcados, según el principio de la mayoría. En las descripciones de los viajeros ocasionales –como eran los peregrinos en Tierra Santa, los cruzados o los mercaderes-, la navegación asumía el color de una aventura arriesgada y desagradable. Y, en realidad, era así en buena parte. A bordo del barco, el espacio individual era muy reducido; la exposición a la intemperie, continua; las enfermedades debida a la mala alimentación y a la falta de higiene, frecuentes. Además, la posibilidad de encontrar piratas o corsarios era bastante elevada, así como la de naufragar, y no sólo por las condiciones meteorológicas adversas: también podía ser por un fondo poco profundo, el choque contra las rocas o el paso por un estrecho difícil podían provocar el desastre. Un faro bien situado, en las noches sin luna y sin estrellas, podía salvar centenares de vidas. Si no se garantizaba la ventilación, además del calor, el ambiente debía encontrarse viciado debido a la reducción del oxígeno y el aumento del dióxido de carbono como consecuencia de la respiración, así

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como el aumento de vapor de agua proveniente de la transpiración. Para empeorar las cosas, la época de navegación se desarrollaba en los meses más calurosos. En los primitivos barcos de casco abierto no existía el problemas de la ventilación, pero conforme aumentaron su protección pasiva, hasta llegar al catafracta (blindado), se hizo necesaria la instalación de enrejados en cubierta, para renovar el aire en la bodega. La importancia de la ventilación radicaba en la perdida de potencia que suponía el aire enrarecido. Sobre las galeras medievales se decía que era posible olerlas antes que verlas; eso debía ser, también aplicable a otras naves. Aunque en este caso, al ser hombres libres, es de suponer que las condiciones higiénicas se cuidasen, tanto por el propio interés de los tripulantes, como por las ordenanzas. Defecar u orinar en el puesto de boga es probable que estuviese penado; y siempre que fuera posible, al fondear, se limpiarían los barcos. La piratería marítima es antigua en lo que a la Historia de Navegación se refiere y difícil de distinguir de la Guerra de Corso. Es cierto que por la primera se entiende una forma de vandalismo que atacaba indiscriminadamente a toda embarcación,

mientras que la segunda era una operación de guerra autorizada, e incluso apoyada por la autoridad pública, pero, en la práctica, los límites entre ambas eran muy débiles. En los siglos centrales del Medioevo, por ejemplo, los musulmanes (―los sarracenos‖) practicaban la Guerra de Corso contra los cristianos y viceversa. Pero no sólo ellos. La fama de piratas de los genoveses y de los pisanos no estaba ligada únicamente a las acciones dirigida a dañar los barcos del Islam. Además, el Mediterráneo continúo llenándose de piratas hasta comienzos del siglo XVI, también como consecuencia de que el tráfico de mercancía creció en volumen y en valor y los itinerarios gracias a las innovaciones de la ingeniería naval, se alargaron progresivamente, incrementando el apetito de los piratas y corsarios. Los convoyes marítimos trataban de hacer frente a este omnipresente peligro, embarcando militares especializados, dispuestos a defender la nave. En Venecia, se llegó a establecer que al menos dos de cada diez miembros del barco fueran ballesteros, una presencia armada que en realidad, servía también para prevenir y reprimir los eventuales amotinamientos de la tripulación.

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La “galera” A fines del siglo XV las aspiraciones estaban predestinadas y todo el aspecto del Mediterráneo había cambiado dramáticamente. En sus primeras escaramuzas con los turcos otomanos, los venecianos les habían asentado un golpe salvaje. Todavía ninguna potencia del siglo XV era capaz de rivalizar con la máquina de guerra veneciana, una institución que se basaba en tácticas practicadas, personal entrenado y los mejores barcos de la época. Las galeras de guerra que navegaban en el Mediterráneo, eran de características similares, tanto las cristianas como las otomanas. Eran barcos largos y estrechos, de líneas muy afinadas, con una proporción entre eslora y manga de siete y ocho a uno y apenas alzaban un metro o menos sobre la línea de flotación. Tenían una sola cubierta sobre la cual corría de popa a proa una pasarela por la que deambulaba el cómitre animando con su rebenque la boga de los remeros. Aunque la galera de trasnporte era fundamentalmente un barco de remos, cuando el viento era favorable, navegaba con el impulso de las velas aparejadas en sus mástiles –dos, a veces trespara alivio de los galeotes. Las galeras de combate estaban dotadas de un largo espolón a proa que trataban de incrustar en el costado de las embarcaciones enemigas en el momento del abordaje. Las líneas alargadas de su estructura, a la que se añadía el espolón, daba a la galera el aspecto de un pez espada, cuyo nombre en griego ―galaya‖, sirvió para designar a este tipo de nave. Es en el siglo X cuando aparece por primera vez la denominación de ―galea‖, aplicado a un buque con un sólo orden de remos, derivado de la ―liburnia‖ romana. El Comandante y los oficiales de mayor graduación se alojaban en la toldilla de popa (la carroza). El puente extendido en la proa (la arrumbada) que servía de techo a la ―corulla‖ (el espacio reservado a la batería de cañones de proa), servía para punto de concentración de los oficiales de menor graduación y los soldados. La arrumbada

es una plataforma que cubre la parte de arriba de la propia corulla, pero más amplia, y esa plataforma sirve de punto de partida para el abordaje y a su vez es el primer bastión de la defensa. En cuanto a los remeros, vivían, dormían, comían y hasta morían, encadenados al banco. La boga se hacía al ritmo que marcaba un tambor o una corneta. Las galeras, a pesar de sus magnificas aptitudes para la navegación en el Mediterráneo, eran muy vulnerable al mal tiempo por lo que en invierno se retiraban a sus bases. El viento era un factor determinante que limitaba en gran medida la posibilidad de empleo conjunto de naves y galeras; la galera normal llevaba también dos velas con dos mástiles, uno el mayor y el otro, el trinquete, ambos con velas latinas. El principal instrumento del poder militar de Venecia era justamente esa galera de guerra, un navío de bajo perfil con dos medios de propulsión, las velas y los bancos de remeros que tiraban de unos remos largos y delgados que impulsaban el barco por la mar en rítmicos avances, como si fuera un gigantesco pez espada. Conocida como la ―galia sottil", dialecto veneciano para ―galera estrecha‖, esa embarcación era extremadamente ligera, esbelta y aunque la manga de su casco forrado a tope apenas tenía 5 metros y medio, se extendía casi 45 metros en su eslora. La mayoría de las batallas navales de la época se libraban a corta distancia y en última instancia se decidían en combates cuerpo a cuerpo. El papel de la galera era el de poner en contacto a los combatientes apiñados en la cubierta con la galera enemiga –de forma ideal en una primera embestida de proa golpeando al enemigo en el centro del barco- y al mismo tiempo soltar una andanada a quemarropa contra su víctima. Esa función táctica se reflejaba en la proa de la nave. Se convertía en un huso, en una especie de ariete muy reforzado con punta de hierro de forma que pudiera atravesar las planchas de madera del oponente y penetrar en el casco con un ímpetu desgarrador. Una superestructura baja que abarcaba la proa de la galera, proporcionaba una plataforma desde la cual

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los arqueros y mosqueteros podían disparar contra el enemigo y luego saltar sobre su cubierta para continuar la lucha con espada y mazas. Las características de una galera ordinaria o sutil era de unos 170 toneladas de peso, una eslora de 43 metros y con el espolón, de unos 55 metros, una manga de 6 metros y un calado de 1.5 metros, con 25 bancos, llevando los 3 remeros por cada banco, dando un total para la galera de 150 remeros y una dotación en general de 225 hombres. La velocidad máxima a vela con unas condiciones de mar óptimas, era de 10 a 12 nudos; la velocidad máxima a remo que podía aguantarse durante 20 minutos era de 7 nudos y la de navegación normal a remo era de 3 a 4 nudos; la longitud del remo era de unos 14 metros, y su peso de 60 kilos. Montado justo en la crujía, con línea central de la cubierta de proa, había una enorme pieza de artillería de 5 metros de longitud que pesaba unos 3.000 kilos y por lo general se cargaba con una bala maciza de hierro, o una mortífera munición de fragmentos de metal; una batería de artillería menor flanqueaba al cañón principal: culebrinas de bronce –cañones estrechos que disparaban balas de hierro de 5 kilos cada una-. Dos mosquetes de retrocarga, pivotaban giratorios, montados sobre postes; se erguían a cada lado de la popa para repeler a cualquier abordador que atracara desde atrás. En la proa de las galeras españolas, al lado del cañón de crujía (se le vino llamando cañón naval), se montaban dos culebrinas –en vez de cuatro- y dos pedreros, cañones cortos, de boca ancha. En las bandas, se solían montar piezas de calibre pequeño, ahorquilladas, para apuntar en orientación y elevación; éstos eran llamados esmeriles y falconetes, más los mosquetes de posta y también arcabuces. Estos arcabuces pesaban unos 23 kilos, lanzaban una bala de 28 gramos, a un alcance eficaz de unos 50 metros: Las culebrinas tenían más alcance que los cañones, y ambos eran más precisos en el tiro que los pedreros, porque éstos usaban unas pelotas formadas por caliza que se rompían y se convertían en metralla. Cabe advertir que era mucha la lentitud para realizar la carga de las piezas; por

tanto, pocas veces se podía hacer más de una vez fuego durante la fase de aproximación. Los otomanos todavía usaban bastante los arcos y ballestas, porque ellos decían que en el tiempo de cargar un arcabuz se disparaba varias veces una ballesta o un arco. La galera se maniobraba desde la cubierta con una caña de timón ensamblada en un timón ancho y con forma de media luna; los bancos de remo recorrían la extensión de los dos lados del navío y los remos sobresalían unos 90 centímetros de las regalas y los remeros remaban en turno, siguiendo un método, en gran parte peculiar, de las galeras venecianas. Debido a la manga estrecha y al calado muy bajo, la galera avanzaba muy mal con el viento en contra y era extremadamente vulnerable en alta mar. Por otra parte, las galeras adolecían de grandes inconvenientes, a diferencia de los ―round-ships‖, que eran los barcos típicos de carga redondos; sus costados eran extremadamente vulnerables y su fuerza motriz quedaba destruida al menor impacto, que incluso, sin dar de lleno en el buque, afectara los remos o la cubierta de remos; su eslora no le permitía virar en ángulo pronunciado y como la única forma de disparar cañones pesados era haciendo que el retroceso fuera absorbido por el barco en sentido longitudinal, cada vez que se tenía que apuntar en un sentido distinto, era preciso modificar la posición del buque. El mayor obstáculo que se oponía en la sistemática realización del ideal del táctico naval, era la composición de la flota que dominaba en cada sector. Mientras la armada turca estuviera compuesta por galeras debería ser combatida con galeras. Una flota de ―round-ships‖, o sea, barcos redondos, estaba totalmente inerme si el enemigo la atacaba en aguas tranquilas con fuerzas superiores y con los cañones con que iban armadas las galeras hacia mediados de siglo. Tampoco podían los ―round-ships‖, por sí solos obligar a las galeras a entrar en combate si éstas no lo deseaban. Era necesario además disponer de varios tipos de galeras. Una flota de galeras sólo podía ser combatida por una en las que las ligeras estuvieran

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apoyadas por las más pesadas. Las operaciones combinadas a vela y remo eran siempre poco seguras a causa de los caprichos del viento. Los remeros Casi todos los remeros de las galeras cristianas eran hombres libres, enrolados voluntariamente, que contaban con espacio a bordo y que durante la mayor parte del viaje, mientras se navegaba a la vela, permanecían ociosos. Fue la dificultad de conseguir que los hombres libres observaran buen comportamiento en puerto y regresaran a bordo a su debido tiempo lo que motivó la sugerencia en 1556, de que se emplearan equipos de penados en Venecia.

Manejar uno de los remos que impulsaban a una galera veneciana de guerra era una tarea precisa y de gran habilidad. En la mayoría de las galeras del Mediterráneo, todos los hombres de un banco trabajaban al unísono, tirando de un único remo. Sin embargo, los venecianos empleaban un sistema alternativo que se remontaba hasta la antigüedad y se llamaba ―estilo sencillo‖… aunque era de todo menos sencillo, los remeros venecianos se situaban de a tres en un banco con 25 ordenes de remo a cada

lado del barco; cada uno de los tres hombres manejaba un remo distinto -un instrumento de unos 14 metros de largo y que pesaba unos 60 kilos-, y lograba en el espacio notablemente pequeño que se les asignaba, tirar o bogar al ritmo que imponía el capitán, sin engancharse en los remos de sus compañero de banco. En las galeras españolas, el ―motor de sangre‖ que eran los remeros estaba integrado por dos tipos: la ―chusma‖ y los ―buenas- boyas‖, (término que procede de la expresión italiana que significa ―de buena voluntad‖). En la chusma se encontraban: a) los condenados por la justicia o ―galeotes‖ y b) los prisioneros de guerra turcos o berberiscos. Se llamaban ―buenas boyas‖ a los remeros voluntarios, en muchos casos, galeotes, que una vez terminada su condena, eran ya incapaces de adaptarse a la vida normal. Se distinguían por el derecho a llevar el pelo largo, en lugar de la cabeza rapada que exhibían los galeotes y prisioneros, para facilitar su identificación en caso de fuga. La comida de la chusma era pésima. Comían bizcocho y habas, garbanzos o arroz, todo racionado y sin condimento. Tenían derecho a una azumbre diaria de agua (aproximadamente dos litros). Naturalmente, los ―buenas boyas‖ comían mejor; se les daba carne fresca, tocino, bacalao, queso, aceite, etc., además de un litro diario de vino. Ahora bien, en circunstancias especiales en las que había de realizarse un esfuerzo excepcional, como podía ser la persecución de un barco enemigo, o la navegación con mal tiempo, la chusma recibía la misma ración que los ―buenas boyas‖. El galeote, es decir, el reo de la justicia, podía adquirir su libertad por cuatro procedimientos diferentes: por cumplimiento de la condena, como premio a algún servicio extraordinario, comprando su rescate y, obviamente, si lograba fugarse. Había tal necesidad de remeros, que en las galeras españolas, venecianas y cristianas en general, se recomendaba el buen trato a los galeotes, cosa que no sucedía en la poderosa marina turca, donde a los esclavos que dejaban la vida en el barco, se les sustituía con más facilidad.

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Derivadas de la galera A su vez, la galera tenía también sus derivadas, llamadas galeotas, fustas, bergantines y fragatas, más un híbrido (que explicaremos más adelante) llamadas ―galeazas‖. La galeota: con un porte, dimensiones, artillado y dotación de aparejo, aproximadamente la mitad de la galera normal, carecía de corulla, su batería quedaba al descubierto, era veloz, servía para incursiones y ataque al tráfico. En el combate entre Armadas se ponían en las alas de la formación para envolver, o en lugares en que los bajos fondos impedían la navegación a la galera normal. La fusta: abierta y sin carroza; era más veloz y maniobrera que la galeota, su dotación participaba en la propia boga, y en el combate usaba una pieza artillera o dos, y servía para incursiones y el corso. El bergantín, buque abierto como la fusta, pero más pequeño, carecía de crujía (la pasarela situada a lo largo del barco, que permitía desplazarse de proa a popa, sin estorbar a los remeros). Artillería: una o dos piezas del tipo esmeril, su dotación también actuaba lo mismo en la boga que en el combate, servía para el ataque corsario y pirático; eran buques de vigilancia, reconocimiento y aviso. La fragata: más pequeña que el bergantín y también de bancos corridos, pero en los remos, un solo hombre; tenía buena velocidad y gran capacidad de maniobra, a pesar de su construcción robusta; servía para el transporte de hombres de relevo, como buque de apoyo durante el combate y de información y aviso.

En la segunda mitad del siglo XVI existen las llamadas galeras ―bastardas‖ con 27 a 30 bancos y las llamadas ―sutiles‖ entre 17 y 25 bancos; estaban a su vez divididas entre las llamadas galeras ponentinas (por Poniente -el sol que se pone- el Occidente), levantinas (por el Levante –el Oriente-) y venecianas. Las llamadas ponentinas comprendían las galeras españolas, francesas, pontificias y de los caballeros de Malta, y las levantinas son las otomanas. Las ponentinas eran más altas, las venecianas y levantinas más veloces, de menor resistencia al viento por ser más bajas y más maniobreras. Las venecianas, con espolón completamente horizontal, perdían velocidad cuando había marejada y en el abordaje se quebraban fácilmente al chocar contra la obra muerta del buque enemigo. El espolón, al construirse a nivel de la cubierta de la galera solamente servía para romper remos y superestructuras y proporcionar un puente para la gente de asalto (antes al estar al ras con el agua, perforaba el casco).

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Las galeazas Se trataba de un nuevo tipo de embarcación, una especie de transición entre los barcos de remo del pasado y los veleros del futuro. Eran barcos pesados, de tres palos, con propulsión a remo y velas latinas, más tarde, velas cruzadas. En comparación con la galera baja y estrecha, la galeaza era un barco mucho mayor y más resistente a los embates de los temporales. Como barco de vela, era lento y pesado, por lo que necesitaba el impulso de sus remos, muy largos, que requerían el esfuerzo de muchos hombres para su manejo. Se usaba la vela en navegación normal y no en combate, sus remos se ubicaban debajo de una cubierta para proteger a los remeros del tiempo y de las armas contrarias. Más amplitud de espacio que en la galera, pero mucho peso, perdía velocidad y al maniobrar, a veces para ponerse en posición de batalla, debía ser remolcada. Su extraordinario poder ofensivo descansaba en su formidable artillería, ya que la galeaza montaba batería de cañones en sus costados, además de los de proa y popa, de forma que podía hacer fuego en cualquier dirección. Iba artillada con unos cuarenta cañones de calibres diversos. Para defenderse de los abordajes del enemigo, llevaba a bordo una fuerza numerosa de arcabuceros. Las naves a vela, que tendrán una denominación genérica de bajeles, son las llamadas naos, carracas, galeones, galeoncetes y filibotes. Su potencial militar residía en su gran capacidad artillera; cumplían funciones auxiliares de las galeras, a veces

delante de la escuadra, similar a lo que hacían las galeazas. Desde la existencia de las primeras galeras hasta finales del siglo XVI, en la mar se combatía al abordaje, es decir, cuerpo a cuerpo. Tan pronto las naves enemigas entraban en la zona de tiro se hacía fuego con la artillería. Inmediatamente después se embestían las galeras unas a otras, procurando incrustar el espolón propio en el costado de la nave enemiga. Los arcabuceros disparaban sus armas a corta distancia, a la vez que, mediante el empleo de garfios y cabos de amarre se trababan las naves entre sí, para hacer posible la lucha cuerpo a cuerpo, en un intento de ocupar la galera enemiga, rendirla, o destruirla. Las galeras más cercanas acudían en auxilio de los suyos, pasándose refuerzos de soldados de un barco a otro para cubrir las numerosas bajas que se producían en este tipo de combate. El empleo de los buques de guerra como patrulleros, excepcional en el norte de Europa, era desde hacía tiempo cosa frecuente en Venecia, acostumbrada desde el crecimiento del poderío naval de los turcos a considerar la marina no solo con fines estrictamente bélicos o comerciales, sino también como instrumento de vigilancia. Venecia se impuso la tarea de constituir una reserva de un centenar de galeras para reforzar a sus buques patrulleros en caso de guerra. Ello significaba la creación de una armada mucho más potente que la de cualquier país del litoral atlántico, a pesar de lo cual, únicamente aliándose a otras potencias podía Venecia aspirar a igualar el número de galeras que reunían los turcos y sus aliados norteafricanos.

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TURCOS os turcos otomanos eran al principio hordas de guerreros musulmanes que merodeaban por las fronteras orientales del mundo bizantino. Gracias al genio militar de Otmán u Osmán dejaron de ser tribus nómadas carentes de instituciones políticas y conciencia nacional para convertirse en los dueños de un vasto Imperio, siendo una potencia militar no sólo terrestre, sino naval. El empeoramiento de relaciones entre las dos mitades de la Cristiandad ejerció eventualmente una influencia directa sobre la caída final de Bizancio en poder de los turcos. Ya en el siglo VI, los bizantinos habían estado en contacto con el Imperio

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que los turcos habían establecido en el Asia Central. En siglos posteriores, cuando las tribus turcas se vieron obligadas a desplazarse hacia el Oeste, aquellos contactos aumentaron. Pero las fronteras meridionales y orientales del Imperio bizantino estaban ahora prácticamente indefensas y el apetito de los barones fronterizos turcos se había agudizado. Esos barones -que llevaban el título de ―ghazi‖ -guerrero por la fe-, y observaban una disciplina semi-mística, desarrollada en los siglos X y XI, eran guerreros expedicionarios profesionales. A fines del siglo XI, los expedicionarios ―ghazi‖ – selyúcidas- habían ya ocupado la mayor parte de Anatolia y solamente quedaban en manos de los bizantinos unos cuantos distritos costeros.

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Cuando los victoriosos selyúcidas procedieron a la captura de Tierra Santa de manos de los árabes, aumentó la alarma de Occidente. La idea de una Cruzada para liberar los lugares sagrados de Palestina, comenzó a tomar cuerpo y el pontificado romano, deseoso de aumentar su poderío, también consideró a Bizancio como país que debía ser ―salvado‖. Por todo lo cual se comprende que los jefes seculares de Occidente no estaban menos tentados que el Papa por la presa de Bizancio. En 1095, en el Concilio de Clermont, el Papa Urbano II exhortó a Occidente a la acción. Un año más tarde, una desorganizada turba de cruzados, conducida por Pedro ―el Ermitaño‖, consiguió llegar hasta Anatolía donde fueron fácilmente destrozados por los turcos. Pocos meses más tarde llegaron verdaderos ejércitos, conducidos entre otros, por nobles de origen normando, equipados hasta los dientes y dispuestos a la lucha. A algunos de los jefes les movía el celo religioso, pero la mayoría iban impulsados por un espíritu de aventura y una pasión por las ganancias. Al inicio de la IV Cruzada, los bizantinos consiguieron de los cruzados la promesa de que todas las antiguas ciudades bizantinas reconquistadas de los turcos volverían al dominio de Constantinopla. Esta condición fue cumplida para Nicea y algunas otras localidades, pero el ejército normando se quedó con Antioquía, después de capturarla. En una sucesión de complicados acontecimientos -batallas, y todas clase de embrollos- en 1204, la ciudad capital, Constantinopla, fue tomada por los cruzados y saqueada sin piedad. El Imperio bizantino entró entonces en la fase final de su historia bajo el fundador de una dinastía -las más larga según

demostraron los hechos-, la de los Paleólogos. Era un Imperio mutilado y empequeñecido durante los dos últimos siglos, si bien intelectual y artísticamente, brillante, que sólo pudo desarrollar durante muchos años acciones defensivas contra fuerzas contrarias avasalladoras. El Imperio que Miguel Paleólogo reconquistó, se reducía a Constantinopla, el extremo noroeste de Anatolia y una franja que se extendía por el centro de los Balcanes.

Los italianos, especialmente los genoveses continuaban dominando el comercio del Imperio. Los señores latinos y los comerciantes venecianos consiguieron conservar sus propiedades en la Grecia continental y en las islas, pues numerosos de sus mercaderes gozaban de gran autoridad. La peste negra en 1347 exterminó casi dos tercios de la población de Constantinopla. Parece que aquel terrible azote procedía de las galeras apestadas de los genoveses, y que los médicos se vieron impotentes para combatir la epidemia.

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Bizancio agoniza A fines del siglo XIV, los residentes de la ciudad no eran más que unos cien mil, un sexto de la población dos siglos antes, pero lo más siniestro era la formación de una nueva potencia turca al noroeste de Anatolia, pronta a entrar en Europa: el Emirato Otomano. Si bien al principio fueron súbditos del Imperio Selyúcida, los turcos otomanos habían conseguido su independencia al desintegrarse aquel Imperio bajo el impacto de las invasiones mongólicas. El sultán Murat tomó Adrianápolis en 1365 e hizo de ella su capital europea. Fundó los ―jenizaros‖, cuerpo de soldados y administradores, formados por los hijos de los cristianos cautivos y conversos de los Balcanes y educados en una obediencia ciega al sultán y bajo la fe islámica. Después de haber obtenido los ―timars‖ – concesiones de tierras-, formaron una clase social – tropas élite-; como no tenian vínculos con los grupos tribales tradicionales, llegaron a ser la principal defensa del sultán contra los nobles turcomanos. Hacia el final, ellos, más que sostener, manipulaban al gobierno del Imperio Otomano. Para 1397 todo lo que quedaba del Imperio bizantino era la ciudad de Constantinopla y una pequeña área al norte de ella, así como algún territorio en el Peloponeso (la gran península al sur de Grecia).

Avanza la “Sublime Puerta” ―Más la hegemonía del poderoso Imperio Otomano no solamente amenaza la prosperidad comercial de Venecia, sino también su seguridad como Estado. Para Venecia, el Imperio Otomano era un obstáculo que se interponía entre Oriente y Occidente, que bloqueaba sus actividades transportistas de los productos procedentes de los confines de Asia; era un Estado poderoso con el que convenía mantener buenas relaciones. Pero Turquía es algo más que una simple barrera, porque la misma estrategia que la conduce en un principio a pretender el dominio del mar en zonas limitadas, pero precisas para su expansión, la obliga a expandirse, después de eliminar los postreros vestigios de soberanías territoriales extrañas, desde las que se interfieren sus propias comunicaciones marítimas, que pueden servirle de base para explotar el comercio que otros hacen con Oriente. Por esto, la apetencia otomana de arrebatar a Venecia su territorio levantino no es solo afán de crecimiento geográfico, sino una medida de seguridad ante una amenaza que afecta el desarrollo de su propio Estado, que no sin razón se considera sucesor del Imperio Romano de Oriente. Entre las muchas causas que favorecen los resultados logrados por los otomanos en su instalación en Asia Menor, Sureste europeo y Mediterráneo, destaca la facilidad con que este pueblo asimila e incluso supera la tecnología occidental en todos sus aspectos; pero más brilla, quizá, su facultad innovadora y de adaptación de los medios de combate Occidentales a su particular idiosincrasia. El uso y sostenimiento de su poder marítimo, considerado en el sentido amplio de su significado, es decir, la creación de unas fuerzas navales sustentadas por un sistema de bases, aptas para la construcción de buques y el apoyo operativo, concedido para la seguridad de su transporte marítimo, comercial y militar, es un aspecto muy particular y concreto de la predisposición turca para adoptar y desarrollar los medios técnicos necesarios y figurar con peso especifico propio en los

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acontecimientos políticos del mundo. En el campo de la estrategia y táctica navales, este pueblo de origen pastoril, acostumbrado a maniobrar con sus jinetes en las amplias extensiones asiáticas, aportan un sistema de movimiento que los occidentales apenas han vislumbrado, aplicando en la mar sus conocimientos aprendidos en la guerra terrestre. El ataque a las comunicaciones marítimas, mediante embarcaciones ágiles, de porte limitado, pero con gran capacidad de maniobra, es una aportación a la táctica naval mediterránea, de los hombres cuyo ―espíritu de jinete‖ es parte milenaria de su forma de concebir la acción de guerra; esto sin menoscabo del empleo de formaciones navales y dispositivos de constitución masiva, cuando el enfrentamiento directo con fuerzas numerosas es necesario, para resolver situaciones estratégicas y tácticas. En su expansión vía Occidente, aprenden los otomanos la utilidad de la artillería, de las fuerzas navales y de la conjunción de cañones y buques, para proteger el paso del Bósforo y apoyar desde el mar las operaciones terrestres; experiencias asimilada tras reiterados fracasos ante el potencial naval de los Estados occidentales oponentes, que poseen mayor experiencia náutica y obstruyen su avance‖. Así comprende la ―Sublime Puerta‖, nombre dado a la sede del poder del sultán, que ha de dominar el paso estrecho que separa Asía de Europa, y más tarde, que ha de tener supremacía en el Egeo, si quiere tener acceso al Mediterráneo para asumir el papel del desaparecido Imperio de Oriente. Los turcos entonces rodearon Constantinopla y pidieron su rendición. La ciudad fue salvada por el avance de los mongoles bajo Tamerlán, que se encontraron con las fuerzas otomanas y las derrotaron en Ankara en julio de 1402. Pero fué verdaderamente una situación muy crítica; hubo entonces un período de respiro para Constantinopla. Entre los otomanos estallaron luchas dinásticas que hubiesen podido proporcionar a los bizantinos una oportunidad para recuperar algunas de sus pérdidas. Pero no podían intentar siquiera el logro de sus propósitos sin el auxilio de Occidente, y la

condición era la sumisión religiosa a Roma. En 1413 las luchas dinásticas entre los turcos se calmaron con la ascensión de un nuevo sultán y en 1422 estaban nuevamente frente a las murallas de Constantinopla. Una insurrección en Anatolia salvó esta vez la situación, pero el ejército turco devastó nuevamente el Peloponeso griego. El emperador Juan VIII Paleólogo decidió hacer un nuevo intento para conseguir la ayuda de Occidente: llevando consigo un número de obispos y teólogos, se embarcó para Italia y se entrevistó con representantes de la Iglesia Latina, primero en Ferrara y luego en Florencia. Después de interminables debates se firmó en 1439 una declaración de unión entre las iglesias Ortodoxa y Latina. Si bien algunos de los representantes ortodoxos no endosaron la declaración, el Papa se sintió alentado. Y el fracaso de un intento turco por capturar Belgrado, le incitó a predicar otra cruzada contra los turcos. Debía estar al mando del rey Vladislav de Polonia y Hungría. Las tropas reclutadas por el Papa en Occidente estaban mandadas por un legado papal, un cardenal. La fuerza de los cruzados llegó a Varna en la costa del Mar Muerto y fue atacada por los turcos. Los cruzados fueron derrotados y tanto el rey como el cardenal resultaron muertos. En 1448 fue derrotada otra fuerza húngara, esta vez en la llanura de Kosovo. Este fue el último intento de Occidente por mantener el moribundo Imperio; habían llegado los últimos años de Bizancio. Ya ni siquiera un milagro podía salvarlos de su suerte. Un nuevo sultán, Mahomet II heredó el trono turco y comenzó inmediatamente los preparativos para la toma de Constantinopla, uno de los mayores acontecimientos de la historia, y lo logrará en el año 1453.

CAPÍTULO V (El Renacimiento)

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CAPÍTULO V (El Renacimiento)

ASIA: A PARTIR DE LA ALTA EDAD MEDIA n la India se produce una incursión de Tamerlán (Timur-Lang), un caudillo tártaro, pueblo de origen mongol y turco, quién siguiendo los pasos de Gengis intenta restablecer su Imperio. Llegará a dominar parte de Rusia, Persia, Nepal e India, derrotará a un pueblo primo-hermano, los turcos, y fallecerá cuando preparaba una expedición militar a China, donde se había impuesto la dinastía de los ―Ming‖, derrocando a la siempre considerada extranjera, la dinastía Mongol.

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De 1526 a 1764 existió el llamado Imperio Mogol en la India, fue instaurado por Babur, de religión musulmana, pero que se consideraba descendiente por un lado de Gengis Khan y por el otro de Tamerlán; éste fue un Imperio de dominación musulmana pero profundamente influido por el propio hinduismo. Nacido gracias a las conquistas sucesivas de los descendiente de Gengis Khan, ese Imperio hizo florecer la cultura y la agricultura, también las artes, entre ellas, por ejemplo, el Taj Mahal y extendió sus dominios por casi la totalidad de la India; época muy fecunda desde el punto de vista artístico,

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lográndose una síntesis entre los elementos islámicos e hindúes. Un gran emperador fue Akbar que dentro de la distancia, a veces insalvable entre los hindúes y musulmanes, haciendo gala de amplitud de mente, organizaba reuniones donde había confucionistas, musulmanes, hindúes y cristianos. En representación de estos cristianos estaban los portugueses, ya instalándose en alguna costa de la India. Akbar quiso llegar a un sincretismo religioso entre los monoteístas, los ritos hindúes y la adoración al sol; era una mezcla de fe divina, donde él consideraba que existía una sola cosa –la fe divina-, pero tolerando a su vez a las demás religiones. A su muerte se volvió a la ortodoxia musulmana, lo que provocó sublevaciones entre los hindúes; además estaban éstos gravados con fuertes impuestos y tenían que pagar tasas por las peregrinaciones. Los emperadores mogoles fueron ampliando su dominio territorial. Dotaron así mismo al Imperio de una sofisticada administración. A pesar del control militar y burocrático, los mogoles se vieron obligados a hacer concesiones a sus súbditos indios, dar cierta libertad a los gobernadores provinciales, tolerar el hinduismo y, sobre todo, evitar inmiscuirse en los asuntos locales. El poder mogol supervisó, más que gobernó. La corrupción en 1764 estaba tan extendida que el Imperio era fruta madura en manos de otras potencias, en particular de los europeos y específicamente, de los británicos. En China, la dinastía Ming en 1368 acabó con el poder Mongol. El Imperio se extendió hasta el punto de someter a Estados como Annam y Siam. El primer emperador Ming inicia el envío de flotas a la India, Persia y África en misiones políticas y comerciales. Exploraciones marítimas chinas Últimamente, se dan a la luz más informaciones sobre estas expediciones y algún investigador se ha adentrado en archivos chinos y por otro lado, se han escuchado los tradicionales relatos, transmitidos

oralmente, narrando que durante la tercera década del siglo XV, una flota llegó a la Antártida, otra entró al Caribe remontando la costa atlántica de Norteamérica y Groenlandia, y una tercera, atravesó el Pacífico, tocó tierra en Perú y después en México y California. El escritor que más se ha extendido sobre el tema, se basa en que en gran cantidad de cartas náuticas portuguesas, italianas, japonesas y árabes, se puede ver África, América y Australia antes de los conocidos viajes de exploración de Vasco de Gama, Colón y Cook, deduciendo que a esos navegantes les llegaron esas cartas desde su procedencia china. Para este autor, los chinos, no sólo circunnavegaron el planeta, sino que establecieron poblados y comerciaron en las tierras donde tocaron, en África, América y Australia. Cita también como pruebas, restos de naufragios en playas de Australia –que perfectamente pudo ser, pues sí hay mayor información del asentamiento de colonias chinas en Indonesia e islas del Sur del Pacífico-; de las piedras talladas en las costas del Senegal –se supone que con caracteres chinos-; ya es más difícil su comprobación pues en este territorio, situado en la costa centro-occidental de África y lindando al norte con los desiertos de Mauritania, no hay vestigios de que su memoria histórica recoja indicios de la llegada de asiáticos, prácticamente en la misma época de la presencia portuguesa, de la cual, por supuesto, hay pleno recordatorio. Igualmente, las ―pruebas‖ de la presencia de gallinas asiáticas en Perú y rastros de ADN en indígenas venezolanos y colombianos, no son testimonios definidos –sino argumentos tomados por los pelos- pues en lo de las gallinas, se olvida el autor de que en fechas bastante tempranas a los inicios de la conquista española, ya había un comercio regular entre los dominios españoles del Pacífico americano y el archipiélago de Filipinas, con contactos, justamente, con la China de los Ming y el Japón. En cuanto a los rastros de ADN, el autor también obvia que en por lo menos dos estudios científicos del poblamiento de los aborígenes

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americanos, se considera, con toda certeza, que su procedencia es del norte de Asia, desde Manchuria y Siberia; como se piensa también, cada vez en forma más argumentada, que a través de la Polinesia se llegó a costas americanas desde el sur de Asia. Tampoco la memoria colectiva de los indígenas americanos y su tradición oral recuerda tal presencia, a sólo 70 años de la llegada de gentes de piel blanca. Así que ni los mapas, ni los asentamientos, ni los genes, tal como están planteados como pruebas, son argumentos convincentes. Sin embargo, no es descartable el que efectivamente los chinos dejaran huella –restos de barcos e inscripciones en Australia, África e, incluso, América-, pero en todo caso, y al igual que lo que pudo pasar con los fenicios y lo que pasó con los vikingos, llegando –sin saber donde- y sobre todo, sin instalarse, aunque fuera por cierto tiempo y con sentido comercial. Al hablar de sus sólidos conocimientos náuticos y astronómicos, simplemente se refrenda lo ya conocido y autenticado, y al entrar a explicar la importancia y características de sus naves, concuerda con lo ya sabido, como también que una vez regresados los expedicionarios a China, se encontraron con drásticos cambios en la política imperial que afectaba a la posibilidad real y efectiva de comerciar y/o conquistar en ultramar, cambiando el curso de la historia naval, de la propia Humanidad y por supuesto, de China. El problema de poder fundamentar lo que, por consecuencia de la lógica, vistos los antecedentes históricos es perfectamente factible, es que no se mantienen muchos documentos originales chinos. En los que se encuentran, la mayoría son copias de copias y los originales que aún se

conservan son más bien de tipo administrativo, considerando por lo visto los más esenciales, extractándose y compendiándose. Los demás se destruían y si en ese tiempo se cambió radicalmente la política marítima, siendo producto, además, de una interpretación religiosa y filosófica salida de la mente y potestad de un emperador, es bastante probable que lo informado por escrito por los exploradores, sería destruido. También por causas naturales, muchos documentos, siendo de papel –no olvidemos, de invención y fabricación china- se irían deteriorando, por carecer de la resistencia del pergamino o el papiro. Hay una información mucho más documentada y fehaciente; la de la vida y viajes del gran almirante chino Ma Ho. Nacido en el norte de China, de familia de religión islámica, -a la cual perdió en los horrores de las guerras internas- a los diez años fue entregado al ejército imperial y castrado –como era bastante habitual- para pasar a servir en la Casa del Emperador. Convertido en joven y distinguido oficial, su noble protector se convirtió en Emperador, le confirió honores, le dio el nombre de Chen-Ho y el máximo mando naval de una gran flota que se empezó a construir, de grandes barcos y con la mejor tecnología hasta entonces conocida.

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Junkos de nueve mástiles y una eslora de 150 metros (7 veces el largo de una carabela grande), capaces de mantener una autonomía de navegación durante muchos meses. Con la flota conformada por estos inmensos barcos, el almirante Chen-Ho emprendió en 1405 su primer viaje y en el transcurso de los siguientes, cada uno de ellos de más larga duración, llegando más lejos que el anterior, exploró, abrió rutas comerciales y estableció relaciones diplomáticas por todas las costas del Sureste Asiático, el Golfo Pérsico y las costas orientales de África, dirigiéndose al sur de ese continente y… bordeando, muy posiblemente, su punta austral.

El carácter tolerante y civilizado de este gran hombre –también en lo físico, pues era de gran estatura y corpulencia- se reflejó en su respeto con las costumbres y religiones de otros pueblos. En Sri Lanka (Ceilán, la gran isla al sur de la India), hay una mesa de piedra que documenta su visita, en escrituras china, persa y tamil (el idioma local) y su respeto por las tres religiones y sus dioses: Alá, Buda y Visnú. Afectado por la prohibición de salir al mar, dictada por un nuevo emperador, Chen-Ho tuvo cargos en tierra, de menor importancia; fallecido en 1435, en su tumba, restaurada en 1985, aparecen mapas y pinturas del navegante y la inscripción ―Alá es grande‖.

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Durante siglo y medio la dinastía Ming dio la espalda al mar –en sus primeras medidas, no se podían construir juncos de más de dos mástiles y luego se llegó a prohibir la navegación costera-, tal prohibición alentaría, como primera consecuencia, el contrabando marítimo y la piratería.

Interpretando a su conveniencia la filosofía de Confucio, poseídos de un sentido de prepotencia y superioridad, buscaron aislarse, como lo habían hecho durante siglos de su historia y temiendo, posiblemente los efectos -político desestabilizadores- de unas sociedades periféricas, donde ya asomaban las influencias procedentes de Europa, la China perdió la gran oportunidad de ser, -a través del dominio marítimo- el factor político y social más determinante en el mundo. En el siglo XVI, los portugueses se instalaron en Macao (1514); en los demás continentes, ya hay presencia y dominio de portugueses y españoles; en China, prosigue la dinastía Ming en su esplendido aislamiento hasta la mitad del siglo XVII. Se fueron concediendo ciertas facilidades para comerciar a franceses, portugueses y holandeses. A partir de 1784 llega el primer buque estadounidense y para entonces, el monopolio británico de la Compañía Inglesa de las Indias Orientales había desplazado a todos los demás. La penetración de los bárbaros del Norte, representados por los manchúes, acabó con la dinastía. Los invasores penetraron como consecuencia de un conflicto interno, donde una de las partes pidió su ayuda. Los manchúes gobernaron siglo y medio; en este período engrandecieron al país y extendieron sus fronteras, penetrando sus ejércitos en Birmania, Nepal y Annam. Se

establecieron en China como conquistadores y para protegerse de rebeliones internas, apartaron a los chinos de cargos militares y crearon una red de guarniciones, ejerciendo un control estricto tanto militar como administrativo de la población. En el Japón, hacia 1476, el creciente poderío económico y militar de las grandes familias provinciales era incontrolable; la disputa en torno a la sucesión de los ―Shogun‖ de la familia Ashikaga, con guerras cuya duración fueron de casi un siglo (el hombre se repite… sobre todo en sus errores, en cualquier parte del mundo), se empezaban a extinguir y Nobunaga se impone como Shogun e inicia un dinámico período de centralización y propuestas de expansión. En esa época de conflictos, los europeos desembarcaron por primera vez en Japón e intentaron influir en su política interior. Reunificado el país, el Japón se lanzó contra Corea. La muerte de su líder interrumpió estas expediciones de conquista. El nuevo ―shogun‖, obligó a los señores y sus familias a residir en Edo (la actual Tokio). Los ―Samurais‖, que desde el siglo XI se habían consolidado como la clase militar jerarquizada, seguirán siendo los guerreros de élite, impregnados de su código de honor, el ―bushido‖, seguidos por los campesinos, artesanos y mercaderes. Los Samurais, con la llegada de los europeos comenzaran a adoptar ciertas partes de las armaduras occidentales, sin abandonar tradicionales elementos de sus uniformes de combate, ya que debían acostumbrarse a los nuevos tiempos venideros y que sus petos, a la europea, fueran capaces de aguantar una bala de mosquete… Se reprimió el cristianismo y se restringió el comercio con el exterior, en el interés de la estabilidad interior. Algunos comerciantes holandeses y chinos podían residir en la ciudad puerto de Nagasaki, pero ningún barco japonés podía salir de las aguas japonesas. Y, para finalizar esta síntesis, en África, la desconocida, de la cual algo narraremos más adelante, el Imperio ―Songhai‖ alcanzaba su máximo apogeo.

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INICIO DE LA EDAD MODERNA on la toma de Constantinopla por los turcos, que desde ese momento se llamará Estambul, termina la llamada Edad Media. Larga, larguísima etapa histórica con una duración de casi 1.000 años, 977 para ser exactos; los mismos que el Imperio Bizantino, indicador y referencia histórica de ese período. La época siguiente, según los cánones clásicos, es la Edad Moderna, que abarca desde 1453 hasta 1789, inicio de la Revolución Francesa, pero nosotros no haremos caso a esa delimitación, sino que nos ceñiremos a unas divisiones más en consonancia con la realidad naval. Así pues, de una vez confesaremos que la primera división histórica naval será al término de la acción en la batalla de Lepanto, es decir, al final del día 7 de octubre de 1571, pues las consecuencias de la misma no sólo son importantes para la historia de Europa y del mundo, sino que establecen, sin lugar a dudas, la pérdida de la supremacía histórica del Mar Mediterráneo, para dar paso a la entrada en escena, tal como ya se venía anunciando, de los grandes Océanos, a través de los cuales las acciones navales se encaminarían a intentar poseer el dominio marítimo, eje sobre el cual ha girado hasta nuestros días el devenir de la historia mundial. En paralelo con el final de este período histórico naval iba finalizando la época del Renacimiento, que justamente se considera nacida hacia la mitad del siglo anterior, habiendo sido un tiempo de renovación artística, literaria y científica, basada en los modelos de la Antigüedad clásica, pero también a una orientación del hombre, más laica e individualista. En concordancia por tanto con la fecha de corte de la primera etapa de este relato sobre ―Historia Naval‖, haremos una síntesis de lo que pasó en los 118 años que median entre 1453, caída de Constantinopla y 1571, batalla naval de Lepanto. Como ya hemos conocido, el Imperio de Bizancio sucumbe. Los Reinos europeos prosiguen en su proceso de consolidación, en su camino hacia

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el sentido de soberanías nacionales, a expensas de la autoridad Papal, que disminuye, como igualmente le ocurre a la nobleza, que va siendo dominada por los reyes, mientras nace una ―clase media‖, que en determinados momentos, incluso, desafía a la clase noble y a la realeza, en muchos casos, apoyándose en las disidencias religiosas dentro de los cristianos. Tanto es así, que la Reforma protestante y la consiguiente Contrarreforma católica, además de proporcionar una nueva visión a las guerras dinásticas, revelan y hacen emerger conflictos sociales. Se dá inicio y proseguirá, con mayor ímpetu, la expansión europea en ultramar. En Italia, las guerras en sus territorios enfrentan a las casas de los Habsburgos y los Valois, vale decir, la rama española de la Casa de Austria y la dinastía francesa; como resultado, las ciudades-Estado italianas, van declinando políticamente, aunque paradójicamente, sea la época de esplendor del Renacimiento y en Florencia, gobierne la familia de los Médicis, gran protectora de las Artes, iniciada esa protección por Lorenzo, el ―Magnífico‖. Solo pervivirá, cada vez con más dificultades, Venecia, que lucha contra los turcos para no perder su control comercial en el Mediterráneo. En Inglaterra, estando todavía en guerra con Francia, estado casi natural, pues ya llevaban en eso 90 años, los ingleses se enzarzaron en una guerra civil, por las apetencias al poder de dos grandes familias: los Lancaster y York. Vencerá Eduardo IV de York, que diez años más tarde, ¡al fin!, firma con Francia el Tratado que pone término a la ―Guerra de los 100 años‖. En Francia, Luís XI impulsa la unificación del país y su sucesor Carlos VIII invade Italia, siendo detenido por la alianza de Maximiliano de Austria, el Papa y Venecia. En Rusia, Iván III, el ―Grande‖, afianza la primacía de la ciudad de Moscú, reuniendo a los principados bajo su autoridad y logra detener a los mongoles. Portugal inicia las grandes exploraciones marítimas, de las cuales seremos narradores más adelante, y España empieza a tener una sola entidad

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política, y la pareja real considera que sus súbditos deben profesar una sola fe religiosa, como amalgama de unificación, y expulsan a los musulmanes que se mantengan en la suya, como así mismo a los judíos (unos 200 mil)… Llevados por el interés comercial y político, en competición con Portugal y también, por celo religioso y misionero, al fin y al cabo, cónsono con los tiempos que corrían de intransigencia y confrontaciones religiosas, apoyan la empresa de un marino genovés, Cristóbal Colón. La situación preponderante de Occidente en el Mediterráneo cambiará cuando los turcos otomanos se adueñen de los antiguos territorios del Imperio Romano de Oriente, penetren en Europa hasta las puertas de Viena y extiendan su dominio por Siria, Egipto y África del Norte. El ―Mare Nostrum‖ está a punto de convertirse de nuevo en un mar dominado por una sola potencia, que ha creado su propio sistema de explotación estratégica. La oposición occidental evitará una vez más el peligro, pero el descubrimiento de la ruta del Cabo de Buena Esperanza hará declinar la importancia del Mediterráneo; el tráfico se desviará por el camino más seguro del Sur y la estrategia mediterránea adquirirá con el tiempo un valor secundario, contemplada a la luz de un sistema de explotación estratégica de ámbito mundial. En las aguas del Mediterráneo, desde el siglo XV, el poderoso Imperio otomano se sirvió de los piratas para enriquecerse, controlar el tráfico comercial y extorsionar a las potencias mediterráneas. A estos terribles piratas se les denominó ―berberiscos‖, derivación de ―beréberes‖, nombre de la etnia habitante al Norte de África. Uno de los más célebres fue Kair-Eddin, más conocido como ―Barbarroja‖. Llegó a ser nombrado almirante de la flota turca, se dedicó a asaltar barcos, saquear y arrasar los puertos, tomando como esclavos a los prisioneros. Estableció su base en Orán y Argel, que fue fundada por él, y fue el principal aliado de los turcos, convirtiendo todo el norte de África en vasallo de Turquía.

Después de la conquista de Granada, en 1492, la mayor parte de los árabes españoles expulsados de su patria se han establecido en los Estados del norte de África, desde donde se lanzarán al corso y la piratería contra las comunicaciones marítimas y costas de los países europeos; su afinidad cultural y religiosa con los otomanos y moriscos que aún residen, permitirá a los Sultanes emprender una estrategia de subversión que debilite a España en beneficio de su proyección hacia Occidente. Los problemas que la piratería berberisca ocasiona a la monarquía española, interfiriendo los suministros de trigo procedentes de Sicilia, y realizando incursiones contra las zonas costeras, sirven para que la Sublime Puerta aproveche la oportunidad que le ofrece esta situación, porque la presencia de los presidios, o sea fortines, que los españoles mantienen en el norte de África, para protegerse de las actividades piráticas, son una amenaza para la seguridad del Imperio otomano extendido por Siria, Egipto y demás Estados vasallos berberiscos. Amanece un nuevo siglo, el XVI, y se produce un nuevo cisma religioso. La Reforma protestante se inicia en 1517 cuando el religioso agustino, Lutero, publica sus 95 tesis, denunciando los abusos de la Iglesia, y el protestantismo se expande por todo el norte de Europa, Alemania y en los Países Bajos (Holanda), donde, a la vez, empieza la lucha por su independencia de España. En Inglaterra, Enrique VIII se divorcia de Roma y funda la Iglesia Anglicana, que no obedecerá la autoridad papal. De la Reforma protestante se derivaran diferentes movimientos de interpretación de la doctrina cristiana, y de su aplicación en la práctica, de forma más abierta o más estricta, como la propagada por el teólogo y duro reformador, Juan Calvino, en la ciudad de Ginebra (Suiza), donde organiza un Estado ―teocrático‖. La forma calvinista penetró en Francia –en donde, unos años más tarde de la batalla de Lepanto- se desató una matanza contra sus seguidores, los llamados ―hugonotes‖.

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LAS COSTAS ATLÁNTICAS l transporte, las comunicaciones y el suministro hacían de los barcos un complemento esencial de los ejércitos, viéndose afectada la suerte de las potencias beligerantes en la medida en que podían asegurarse sus servicios. Existían pocos barcos de propiedad real, ya que apenas se había hecho nada por establecer una Marina de Guerra en ningún país. Y así, del mismo modo que se recurría a los suizos y a los alemanes para completar un ejército, se acudía a los Estados marítimos italianos para completar la flota. La diferencia entre el barco de guerra y el mercante era pequeña y ambos podían combatir juntos. Las funciones entre la galera y el barco de transporte no se consideraban tampoco tan dispares que no pudieran ser utilizados conjuntamente, en algunas ocasiones, tanto en aguas septentrionales como meridionales y lo mismo las potencias del Atlántico que las del Mediterráneo empleaban tipos intermedios de barcos a vela y a remo. En Francia, Carlos VIII no contaba más que con 21 barcos reales y tenía en su contra dos factores que complicaban el uso de los mercantes: la celosa autonomía de los respectivos almirantes de Bretaña, Guyena y Provenza, y la falta de marina mercante en el Mediterráneo en donde casi todo el comercio estaba en manos extranjeras. Para la invasión de Italia se vio obligado por tanto a alquilar barcos a Génova, aunque este rey comenzó la construcción de galeras en Tolón. Luís XII construyó barcos reales en Brest y Francisco I creó el puerto de Le Havre; Francia nunca se vio libre de la necesidad de alquilar barcos y de las complicaciones políticas que ello entrañaba. Aunque España sufría de la misma escasez de barcos reales, se encontraba mejor dotada de marina mercante. La corona subvencionaba los barcos mercantes y prohibía que los potencialmente útiles para la guerra fueran vendidos al exterior, mientras los intereses de España en el comercio de grano con Sicilia y con el Norte de África le permitían disponer de un gran número de navíos apropiados

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para la requisa. Una vez requisados, sin embargo, su organización dejaba mucho que desear. Sus flotas carecían de unidad y tenían muy baja moral. Los capitanes llevaban una tripulación inferior a la necesaria con el fin de embolsarse la paga de las llamadas ―almas muertas‖, que las declaraban como tripulantes vivos y como transportaban también mercancías como una especulación privada legal, preferían la prudencia al riesgo de perder esta. Las flotas genovesas adolecían de los mismos defectos. El Estado establecía contrato con personas privadas que les proporcionaban barcos para sus servicios. Como no se pagaba compensación alguna por los daños o las pérdidas y la paga era pequeña, se evitaba en lo posible el combatir con los barcos de guerra, no luchándose más que por la captura de los mercantes, con el fin de obtener la parte de presa. También allí –y los mismo ocurría con las flotas toscana y pontificia- se permitía a los oficiales transportar carga. En Venecia, esto ocurría solamente en los barcos que complementaban las flotas del Estado, porque Venecia era la única potencia italiana que mantenía una flota de guerra permanente. La amenaza constante de los turcos, cuya marina de guerra en 1495 contaba con unos 250 barcos, hacía necesaria esta medida y después de encontrarse con un número escaso de barcos de guerra, construyó una flota de 100 galeras de combate que tuvo a partir de entonces, siempre disponible. Venecia contaba además con la ventaja de que muchos de sus nobles tenían experiencia marítima, sus mercantes iban ya armados y disponía de los mejores arsenales de Europa. En Inglaterra, Enrique VII se interesó más por el comercio pacífico que por la guerra. A él se debe la creación del muelle de Portsmouth con su dique seco -el primero de Inglaterra-, y así mismo la construcción de algunos barcos para la guerra. Pero su interés se dirigió sobretodo a los barcos mercantes y al pago de subvenciones a barcos de gran tonelaje. La atención preferente de su sucesor a los asuntos del mar, su deseo de poner en práctica una política exterior expansionista, el peligro de

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España, pronto unido al de los Países Bajos y de Escocia, que había construido una flota considerable durante la ―Guerra de las Dos Rosas‖, fueron las razones de que la marina de Enrique VIII llegara a contar con 85 barcos. Para darles abrigo se ampliaron los muelles, centralizando la administración para que resultara ésta más eficiente. Los almirantes por ejemplo no tenían que preocuparse ya ni de avituallar, ni de equipar sus propios barcos. Pero esa flota, excepto en tiempos de guerra, se dispersaba pasando a alquilarse a los mercaderes privados. Aunque entre 1519 y 1559 pocas fueron las grandes batallas libradas en el mar y ninguna de ellas fue decisiva, este período fue de gran actividad en la construcción de naves, en las que se invertían crecidas sumas; a medida que iban aumentando el tamaño de los ejércitos, aumentaba también el número de las unidades de transporte y escolta que se precisaban en las operaciones combinadas. En 1535, Carlos V, atacó a Túnez con unos 25 mil hombres; años más tarde, los franceses se dirigieron contra las costas meridionales de Inglaterra con casi 60 mil. Las rivalidades políticas dieron lugar a una carrera de armamento entre las potencias más expuestas a ataques desde el mar.

CAPÍTULO VI (Primeras exploraciones)

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LOS COMIENZOS DEL COLONIALISMO EUROPEO La universalización de la historia finales del siglo XV se inició desde Europa una gran expansión ultramarina con fines comerciales y políticos que, en los siglos sucesivos, llevó a los Estados más poderosos del Viejo Continente a la conquista, colonización y explotación sistemáticas de buena parte de América y de amplios territorios de África y de Asia. El espíritu mercantilista y aventurero surgido durante el Renacimiento, sirvió de estímulo a las expediciones de comerciantes y exploradores. Hasta los inicios del siglo XII, el conocimiento de África por los europeos se había limitado a los contactos y enfrentamientos con los países pueblos del norte mediterráneo-.

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A partir de este momento, numerosos navegantes portugueses e italianos se arriesgaron a realizar incursiones por el Atlántico. Entre 1402 y 1405, el francés Jean de Bethencourt, al servicio de Enrique III conquistó las islas Canarias para la corona de Castilla. Por su parte, Portugal motivado por el espíritu de la Reconquistatambién se lanzó a la exploración del Atlántico v del África occidental. Se apoderaron de las islas Madeira, Azores y Cabo Verde. En 1444, crearon la Compañía de Lagos con el fin de monopolizar las recién abiertas rutas del comercio atlántico. Poco después, el tratado de Alcacovas (1479) con Castilla dió a Portugal la exclusividad para la exploración y conquista de todos los territorios africanos -con excepción de las Canarias- y puso así fin a la creciente rivalidad de los reinos ibéricos ocasionada por el deseo de hacerse con el dominio de las nuevas tierras. El ansia de viajes y conquistas recibió un

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fuerte impulso gracias al infante portugués Enrique el Navegante quien fundó en Sagres una escuela para marinos y cartógrafos en la que se pretendió recoger y transmitir los saberes y conocimientos marítimos, astronómicos y geográficos conocidos desde la Antigüedad. Durante los años siguientes se estimuló la creación y el perfeccionamiento de nuevas técnicas e instrumentos de navegación, como la brújula, el astrolabio y el cuadrante, y se desarrolló la fabricación de navíos más ligeros y veloces como las carabelas que facilitasen la navegación y los largos recorridos en alta mar. Estos avances científicos dieron el empuje definitivo a la gran expansión de España y Portugal por el mundo, una expansión motivada, sobre todo, por causas económicas. Se mantenían relaciones entre la Cristiandad y el Islam, pese a todo, en el terreno comercial y a veces en el político, si bien el antagonismo entre ambas religiones, subsistía; las cruzadas primero, la aparición de los turcos, y de los corsarios norteafricanos después y el hecho de que los europeos hubiesen de depender de musulmanes para obtener los productos de Asia, preocupaba e irritaba a los gobernantes y comerciantes cristianos, y deterioraba las relaciones existentes. Los europeos abrigaban la idea, ya desde el siglo XIII, de alcanzar directamente los lugares de producción de las mercancías que necesitaban y de atacar por detrás al Islam, además de provocar un cortocircuito en las redes, y rutas comerciales árabes. Querían encontrar otra ruta de las especias que no cruzase tierras musulmanas, y, si era posible, controlarla, y si se terciaba, apoderarse de las tierras productoras. El país que lo consiguiese se convertiría en una gran potencia, y ese era el sueño de Venecia, Génova y luego, de Portugal y más tarde de Castilla. Las necesidades comerciales, serán sin duda el incentivo para los viajes marítimos y su corolario, los descubrimientos. Poco a poco se va ampliando el concepto del mundo habitado. A comienzos del siglo XV, los europeos ya conocen aceptablemente el interior del próximo Oriente y del Norte de

África, un poco de China, menos de la India y Turquestán, menos aún de Etiopía y casi nada del Sudeste Asiático. Nada, por ultimo, de las costas Africanas más allá de las Canarias ni del interior del Continente; ni, naturalmente, de América, ni de los archipiélagos del Pacífico. Pero los genoveses habían fracasado en su búsqueda de rutas alternativas por el Levante y el Golfo Pérsico, por medio de la alianza con gobernantes árabes, para dar un golpe a Venecia. Ahora pretendían buscar esa ruta sólo por mar, bordeando África –que se estimaba mucho menos extensa de lo que en realidad es- hacia Oriente. Este será el primer paso en los grandes viajes de circunnavegación de África que luego harían famosos a los portugueses. En 1291, los hermanos genoveses Vivaldi intentan rodear África, llegan al cabo Juby frente a las Canarias y aquí se pierde su rastro: las galeras no eran muy aptas para la navegación atlántica. Es posible que genoveses y venecianos hubiesen llegado a las Azores ya en el siglo XIV y realizado viajes por el Atlántico Norte. Hay un factor ulterior. Génova y Portugal venían alternando la competencia comercial y la colaboración política, militar y científica desde fines del siglo XIII. En el XIV este proceso se convertirá en una verdadera simbiosis, realizándose expediciones conjuntas. Los genoveses -e italianos, en general– gozaban de gran prestigio como geógrafos y navegantes en toda Europa y los monarcas portugueses solían contratarlos para cargos importantes. Después de un siglo de alianza luso-genovesa, Portugal no solo quedó totalmente imbuida del espíritu de aventura marítima de los genoveses, sino que también tomó en sus manos la tarea inconclusa de hallar otra ruta hacia el este. Los portugueses serán excelentes discípulos de los genoveses e incluso superarán a sus maestros. Se perfecciona la técnica de construcción de los barcos. Localizar la posición y los movimientos de las constelaciones es indispensable para establecer, con la ayuda de la brújula, la ruta de la navegación oceánica. Se introducen entonces mapas e instrumentos náuticos, necesarios para orientarse en

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mar abierto. Uno de éstos es el astrolabio, que permite calcular la posición del barco también de noche: manteniéndolo suspendido se apunta al sol y a las estrellas a través de la alidada, y al lado se tienen los grados de elevación que dan la latitud. La altura del sol tomado en momentos diferentes, permite calcular la hora local. Después, a través de tablas se calcula la hora de verdad y por lo tanto, con bastante imprecisión, la longitud. La plena utilización de la brújula permite fijar las direcciones y puntos de referencia más precisos y se llevan sobre las cartas y los mapas llamados portulanos, donde se configuran los perfiles de la costa, los escollos y los bajíos. Cuando el marinero navega entre bajíos, utiliza una sonda de plomo llena de grasa y atada con una cuerda, con la cual sondea el fondo. La maniobra del timón la ordena el comandante, que se encuentra en la parte superior del castillo de popa. Tiene los ojos en la capilla, (llamada también bitácora), un pequeño mueble donde se coloca la brújula, el astrolabio y las cartas con la dirección de los vientos. Para calcular el tiempo se usa el reloj de arena. El uso de la carta náutica diseñada a escala, califica al hombre de mar italiano como el primer técnico en utilizar la geometría aplicada. Al mejor conocimiento contribuyen en gran medida los adelantos alcanzados en la técnica de navegación y en las ciencias náuticas, tomadas en

parte de los árabes, o desarrolladas en Europa, que van haciendo perder el temor al mar. En el siglo XIII se conoce ya la redondez de la tierra; en el siglo XIV la brújula, que permite orientar mejor los barcos. Avanza el estudio de la geografía y de la astronomía; a mediados del siglo XV la navegación estimativa mediterránea pasa a ser astronómica, por medio de la observación, por ejemplo, de la estrella polar. Se recopila y mejora la cartografía. En el siglo XV se mejora la corredera, que permitía conocer la velocidad del barco y ya se conoce el astrolabio y se inventa el cuadrante que permiten hacer observaciones astronómicas en el mar. Se avanza en el estudio del régimen de vientos y de las corrientes marinas, también mejora la técnica de construcción de barcos: hasta el siglo XV los barcos europeos solían ser inferiores a los árabes y asiáticos; eran toscos, con mástiles de una sola vela, borda baja, con velas y remos a la vez, escasa capacidad de carga y poca movilidad. También mejora desde mediados de siglo la navegación astronómica. Sobre 1480, al ampliarse los viajes al hemisferio Sur, se adopta el cálculo de la latitud por medio de la observación del sol al mediodía, pues la tradicional estrella polar se perdía de vista al sur del Ecuador. Simplifican además los portugueses el astrolabio y adoptan el cuadrante náutico.

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Desarrollan también la artillería naval, al aumentar el número de cañones en las naves, que desde ahora disparan no sólo contra las tripulaciones, sino sobre todo contra los otros barcos, para hundirlos. Fue a los portugueses, al parecer, a quienes se les ocurrió, a fines de siglo, abrir troneras en la borda para el fuego de costado, o sea, las portas de gran importancia en las batallas navales del futuro; los cañones de a bordo y situados en el entrepuente, datan del propio siglo XVI. La carabela demuestra ser el barco ideal del descubrimiento debido a su arboladura, su velamen, el timón y su maniobrabilidad, así como la posibilidad de avanzar también con viento contrario. Se confió en ella, pues en la carabela, que derivaba de una pequeña embarcación pesquera del Mediterráneo Occidental, de origen árabe, llamada ―carabo‖, se combinaban los importantes méritos del régimen a popa y del codaste recto, corrientes en los barcos de la Europa del Norte, con la agilidad de los aparejos latinos. Su calado poco profundo era ideal para explorar aguas costeras. Gobernada con facilidad por una dotación de 25 hombres, la carabela también se podía volver a aparejar, con el fin de incorporarles las virtudes de las velas cuadradas, siempre que fuera necesario: excelente velocidad con viento favorable y sencillez de manejo en una mala climatología. A esta versión se le llamó carabela redonda; tal era la versatilidad de este navío que a menudo los portugueses alardearon de que ninguna otra embarcación, salvo la carabela, era capaz de regresar a casa con los imperantes vientos en contra de la costa africana. No era nuevo el deseo de viajar y ver tierras nuevas; lo que hubo de nuevo fue la organización sistemática del reconocimiento marítimo y el rápido desenvolvimiento de las técnicas empleadas. Tan pronto como los gobernantes y financieros se dieron cuenta de que con barcos perfeccionados, instrumentos más precisos y mejores métodos cartográficos era posible encontrar pasos oceánicos, invirtieron fondos en la exploración. Sus metas no

eran el descubrimiento en sí –lo cual venía a resultar algo accesorio-, sino el abrir rutas oceánicas a India, China y Japón, con todo lo que suponía de importancia comercial. Los hombres que llevaron a cabo esta labor eran profesionales de temple, deseosos de servir a cualquier gobernante que los tomará a su servicio. Hábiles, llenos de imaginación y ávidos, son ellos quienes hicieron el mapa del mundo. ¿Por qué los grandes descubrimientos coinciden con el Renacimiento, en vez de haber ocurrido, pongamos por caso, en los siglos XII o XIII? ¿Por qué la iniciativa partió de la Europa Occidental y no de cualquiera de las muchas otras civilizaciones, similarmente avanzadas y alguna de ellas, bastante más?; China, India, en Asia; el Islam en África, el Medio Oriente, los aztecas, incas y mayas en América; todas esas civilizaciones poseían grandes territorios, muchas riquezas y sus niveles de civilización eran en varios aspectos, iguales o superiores a las de las Occidentales naciones europeas. A pesar de todo ello, la exploración estuvo a cargo casi exclusivamente de Portugal, España, Inglaterra, Holanda y Francia. Para empezar, debemos hacer notar dos puntos. Primero que nada, es en cierta forma engañoso hablar de ―descubrimiento‖; la palabra implica encontrar algo nuevo, algo que hasta el momento era desconocido y los pueblos de Asia y de América conocían sus propias tierras; a veces, incluso tenían libros y mapas en que se describían sus naciones. En segundo lugar, debe tenerse presente que el viajar en sí no era nada nuevo para los europeos. Ya desde el siglo IX, los escandinavos, como hemos visto anteriormente, precedieron a Colón en América y para el siglo XIII otros europeos, destacándose Marco Polo, habían penetrado profundamente en Asia. Así pues, lo que tuvo de nuevo en adelante las exploraciones fue que los gobiernos y las compañías mercantiles sistematizaron los viajes; se pasó a una época en que los viajes tenían un propósito, en que eran fundamentalmente de exploración y no simplemente por recorrer el mundo.

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En ningún otro período los hombres navegaron tan lejos o descubrieron tanto como lo hicieron los navegantes exploradores en la época del Renacimiento. La Europa del Renacimiento precisaba de métales preciosos y de especias. Mientras que en la Edad Media los mercaderes individuales se habían lanzado en busca de oro, seda, pimientas y clavo en el Lejano Oriente, no fue sino hasta el siglo XV cuando los gobiernos se lanzaron a la misma búsqueda y no sólo por codicia; necesitaban desesperadamente métales; fuentes de oro; las de España habían quedado agotadas en tiempo atrás; a las de Irlanda, les había pasado lo mismo y las minas de plata de Alemania, por sí solas, no podían hacer frente a la demanda. El metálico y los métales preciosos eran riquezas, pero también el medio para obtener más riquezas. Por otro lado, como ya dijimos anteriormente, las especias no eran solo el medio de poder agregar un toque de sazón y originalidad a las comidas; casi toda la carne que se consumía en el Renacimiento estaba salada o en mala condición por las dificultades del transporte, y al faltarle refrigeración se iba echando a perder; así pues, se necesitaban las especias, no solo para sentirla más agradable, sino, más importante, para hacerla comestible. Además de estas necesidades, estaba el deseo de servir a Dios, mediante la conversión de los infieles, sintiendo que era una misión inspirada en la fe. Era por tanto una función misionera, más destacable en las potencias católicas que en las protestantes, ya que éstas no tenían todavía ordenes misioneras. Aún cuando los motivos religiosos eran sinceros, tampoco venía mal, si se lograban conversiones, pues los nativos y sus jefes estarían en mejor disposición de colaborar. Ninguna de las necesidades materiales y espirituales que indujeron a las exploraciones, pudo haberse logrado sin buenos barcos y sin marineros diestros que los manejaran. De entre todas las comunidades marítimas -ya que como vimos, la China desaprovechó su gran ocasión-, sólo la

Europa Occidental con costas hacia el Atlántico, tenía los barcos y los hombres. Bien es verdad que casi todo lo que flote, y más si esta dotado del algo parecido a una vela, puede viajar en el mar grandes distancias. Los antiguos escandinavos cruzaron el Atlántico del Norte en el siglo X en barcos abiertos que contaban con una sola vela. Para el tiempo de las grandes exploraciones europeas, grandes canoas de aparejo en cruz surcaban el Océano Indico entre Madagascar y la India y saltaban de una isla a otra en la inmensidad del Pacifico. Otro barco muy común en el Indico era el ―dhow‖ árabe, que en gran número cruzaba las aguas costeras de la India del Mar Rojo y del África Oriental. Ahora bien, los escandinavos estaban resueltos a correr cualquier riesgo y a emigrar con tal de mejorar sus condiciones de vida y obligados a no volver a sus puntos de origen. Las canoas que surcaban el Pacífico dependían de los vientos favorables y de las corrientes; no podían navegar o remontar contra el viento. Los ―dhow‖, aunque eran muy marineros no eran adecuados para largas exploraciones, sometidos a muchos días de mar. Sus planchas estaban unidas por fibras hechas de la corteza del coco, que se pudrían con gran facilidad y debían ser cambiadas frecuentemente; además las planchas cosidas son más débiles en mar abierto que las clavadas y la enorme vela latina exigía, por lo difícil de su manejo, una tripulación más numerosa y además no era lo suficientemente rentable para poder aprovechar los vientos que apoyaran a la nave en empresas viajeras, cuya duración era incierta. Los exploradores europeos, sin embargo, daban por sentado que si zarpaban hacia tierras ignotas, era con el propósito de aprovecharlas y eso pasaba por el hecho de poder volver a casa con la noticia de su hallazgo; sus barcos podían ir a cualquier parte y volver. Para el inicio del siglo XV esos barcos eran la simbiosis de dos diferentes tradiciones en la construcción de los mismo: una, la del Mar del Norte y de la costa atlántica, produjo los de velas cuadradas, anchos y fuertes y la otra, la meridional o mediterránea, produjo las galeras de remos y los

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barcos costeros de velas latinas. Para ese entonces, el comercio entre el norte y sur de Europa produjo la mezcla de ambos tipos, aprovechando las mejores características de los barcos hechos para navegar en aguas interiores y costeras y los construidos para hacerlo en mar abierto. Tenían otra ventaja enorme los barcos europeos: estaban armados con cañones en proa y popa, amén de otros que asomaban sobre las bordas del barco; en poco tiempo éstos dispararían a través de agujeros hechos en los costados del navío; donde llegaron, la artillería europea resultó invencible, siendo esta superioridad esencial, pues los gobiernos querían tener la certeza de controlar los nuevos mercados. En los medios marinos, siempre se ha dicho que ningún barco es mejor que su tripulación y cierto es, que a lo largo de los siglos, las naciones marítimas de Europa habían consolidado una sólida tradición marinera. Después de los viajes iniciales en una ruta determinada, las siguientes no inhibían significativamente a capitanes ambiciosos y tripulaciones diestras. Psicológicamente, los europeos como grupo, se distinguían en ese entonces por poseer un individualismo que los impulsaba a obrar. A pesar de los privilegios de los reyes, nobles, sacerdotes y gremios, la libertad individual de acción estaba mucho menos limitada que en la India con su división en castas, o en China, tan egocéntrica, o en América, con sus reyessacerdotes. La Europa del Renacimiento, repuesta ya de los terribles estragos de la Peste Negra del siglo XIV,

tenía prosperidad y deseos de ser todavía más próspera y rica. Europa era un mosaico comprimido de Estados independientes, llenos de energía, vigorosos, celosos unos de los otros y resueltos a no quedarse atrás en la búsqueda del poder y de la riqueza. Si Portugal se lanzó hacía adelante, España la seguiría y más atrás, Francia e Inglaterra intentarían seguir sus estelas. España y Portugal alcanzaron un adelanto notable en cartografía y navegación. Estos estudios, tan importantes para los exploradores, no dependían de los haberes que aportaba el Renacimiento. Eran conocimientos ganados por marinos experimentados, y principios geográficos descubiertos por matemáticos y cosmógrafos árabes que enseñaron a españoles y portugueses lo que habían aprendido en la gran zona comercial mahometana que incluía el Levante del Mediterráneo la India y el norte de África. No es de extrañar que tanto Portugal como España fueran las primeras naciones de Europa que emprendieran una política de descubrimiento. En el caso de España, su marina se benefició, más que ninguna otra, con el saludable cruce en la construcción naval de los tipos mediterráneo y atlántico. Acabamos de leer que el Infante portugués Enrique fundó una escuela de marinos y cartógrafos. Con respecto a la cartografía, vamos a conocer algo más sobre ella, ya que empezará a ser practicada con frecuencia, elaborando los muchos mapas basados en los informes de los exploradores marinos.

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CARTOGRAFÍA oy en día, los avances técnicos están permitiendo al hombre conocer cada vez mejor y con mayor precisión, la forma real de la tierra y todos sus accidentes. No podemos olvidar que la cartografía es el ―arte y técnica científica de representar la superficie terrestre en un plano o mapa‖; (la corografía, representa áreas terrestres más reducidas); así pues, un mapa es una representación geométrica plana de la superficie terrestre, que es curva. Al representar una superficie curva sobre un plano, se producen deformaciones. Para resolverlo, se recurren a las ―proyecciones‖. Se conocen muchas, pero ninguna es perfecta; el cartógrafo debe elegir entre conservar los ángulos, la proporción de las superficies o una solución intermedia. En los mapas se busca la respuesta a preguntas como dónde estoy, o dónde está tal punto. La ubicación ha de ser lo más exacta posible y los sistemas de coordenadas facilitan la localización y el cálculo de distancias y direcciones. Existen dos sistemas de coordenadas, el primero, se establece a partir de los meridianos (que definen la longitud) y los paralelos (que lo hacen con la latitud), midiéndose en grados, minutos y segundos. Este sistema se utiliza, básicamente, en la navegación; al otro sistema, se le superpone a un mapa plano, una cuadrícula regular. La localización de un punto viene definida por unos valores X e Y dentro de esa cuadrícula; es el de Mercator, que se utiliza para la realización de cartografía básica y para aplicaciones que necesitan de localizaciones precisas. Los mapas se elaboran en diferentes medidas dentro de una relación de proporción con la realidad, que se denomina ―escala‖. La escala viene indicada como una relación numérica; por ejemplo: 1 centímetro en el mapa representa 1 millón de centímetros; es decir, 10 kilómetros reales. Dependiendo del tipo de información contenida, se distinguen varios tipos de mapas: ―mapas generales‖, ―mapas temáticos‖ y ―cartas‖. A los generales se les llama ―topográficos‖ y representan

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la superficie terrestre referente a la posición, forma, dimensiones e identificación de los accidentes del terreno. Los temáticos usan los topográficos como base, pero sobre ellos representan fenómenos específicos; pueden ser geológicos, de vegetación, de corrientes acuíferas, etc. Las ―cartas‖ cubren especialmente las necesidades de la navegación náutica y aérea, para señalar rumbos, determinar posiciones o trazar trayectorias. Los ―mapamundis‖, tal como su nombre latino indica, representan nuestro mundo en su totalidad, y son herederos de una tradición geográfica nacida en el Mediterráneo. El mapa más antiguo que se conoce, en una tablilla de cerámica, que representa a la Mesopotamia, se considera que fue realizado hacia el año 3000 a.C. El Mapamundi más antiguo encontrado está en una tablilla del 600 a.C., que refleja la concepción babilónica del mundo, como un disco continental en medio del Océano. Los griegos En un mapa del griego Anaximandro, hacia el 500 a.C., que muestra lo comprendido dentro de los límites de su mundo conocido –desde el Atlántico hasta el Caspio, con el mar Egeo, su mar, en el centro del mapa-, se concibe la tierra como un gran círculo pero asoma la curvatura en su superficie, sin que el planeta descanse en alguna base, sino suspendido en el espacio. Medio siglo después de él, sus paisanos griegos ya sustentan, normalmente, la esfericidad de la Tierra y son los griegos los que introducen los sistemas básicos de la cartografía, como: el sistema de longitud (distancia de un lugar al primer meridiano) y latitud (distancia de un lugar al Ecuador); el sistema de proyecciones (para representar la forma curva de la Tierra sobre un plano horizontal); y el cálculo del tamaño de nuestro planeta. Recordemos que Phyteas, en su viaje desde Marsella hacia el Norte del Atlántico, vió confirmada la redondez de la Tierra por la observación de que la estrella Polar aparecía tanto más alta en el horizonte cuanto más al Norte se

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viajaba. Aristóteles confirmará esa redondez terrestre con argumentos físicos y lógicos. La medida de la Tierra. Y así, llegamos a Eratóstenes, que como muchos de los sabios griegos, era de conocimiento multidisciplinario. Observó la proyección de la sombra del Sol que iluminaba un pozo en el poblado de Siene en Egipto, y determinó la distancia entre el poblado y la ciudad de Alejandría en 500 millas. Establecida esa distancia, que equivalía a 1/50 de la circunferencia de la Tierra, multiplica y le da 25.000 millas. La precisión del resultado es magnífica, pues actualmente se considera que la circunferencia de la Tierra en el Ecuador es de 24.899 millas. A pesar de que hoy se ha comprobado de que tuvo varios errores, pues no estaba bien medida el ángulo de la sombra vertical del sol, de que la distancia entre Alejandría y Siene es algo menos de 500 millas y que Alejandría no está en el mismo meridiano de Siene, sino 3º al Oeste, se dio la coincidencia de que estos errores se compensaran entre sí. De cualquier forma, nadie como él se acercaría en siglos a medir la circunferencia de la tierra con tal precisión. También trata de resolver el problema de las proyecciones; elabora un mapa del mundo habitado donde recoge toda la información proporcionada por las campañas de Alejandro Magno. Calcula 240º como distancia entre España y la China (con un error de 10º). Graduó su mapa con meridianos y paralelos y, por supuesto, para él la Tierra era redonda, y la parte habitada era una isla rodeada por mar. Fue autor de un Tratado de Geografía y Director de la Biblioteca de Alejandría, la más importante de la antigüedad, y al tener ese cargo, pudo conseguir una de las metas perseguida por los humanos: conjugar el trabajo con el placer. Y él lo consiguió, pues era un voraz lector; de tal modo, que cuando fue afectado en sus ojos por ―cataratas‖, quedando ciego, y no pudiendo seguir leyendo… se suicidó. Posteriormente, algunos lo criticaron y otros trabajaron con sus datos, pero los que quisieron

corregirle, produjeron mayores errores. Más adelante aparece Tolomeo, el Príncipe de la Geografía y la Cartografía en la Antigüedad. En su Geografía, en ocho volúmenes, situaba a la Tierra en forma fija y los astros y el sol girando a su alrededor. En su mapamundi, dividió el Ecuador en 360º y situó el primer meridiano en las Islas Afortunadas (Canarias). Llegaba hasta la China (Serica, el ―País de la Seda‖) y consideraba cerrado el Océano Índico. Su equivocación con referencia a las distancias, es que asigna al grado una medida inferior a la real, haciendo que el planeta aparezca reducido en ¼ de su circunferencia, a pesar de prolongar Asia hacia el Este. (Calculó en 29.000 kilómetros el diámetro en vez de los 40.000 reales). Retroceso y avance Durante la época romana, el mapa de Tolomeo permaneció desconocido y fue un período de decadencia de la cartografía como consecuencia de la pérdida por parte de los griegos de su influencia intelectual. Los romanos, tan prácticos en todo, en este caso se pasaron, pues no practicaron la geografía matemática con su sistema de longitudes y latitudes, sus mediciones astronómicas y sus problemas de proyecciones; a ellos solo les interesaron y necesitaron determinados mapas, que mostraban itinerarios de las vías que cruzaban su Imperio y los ―portulanos‖, que marcaban las vías marítimas entre puerto y puerto. Más adelante, en la Edad Media, se acentuó el retroceso cartográfico, fatalmente influenciado por las características de su tiempo –aislamiento cultural y rechazo de toda novedad-. Se abandonó la idea de la esfericidad de la Tierra y se reflejó en forma simple, como un disco, con un ordenamiento teológico. El mundo conocido, habitable y habitado –―ecumene‖-, se dividió en cuatro partes de desigual extensión: Asia, África, Europa y la ―Terra Incógnita‖, que más o menos se situaba en el territorio austral, mientras que en la parte superior lo hacía el Oriente, donde se situaba Asia y en ella, el Paraíso terrenal.

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En los mapas contemporáneos, estas masas de tierra cubrían casi totalmente la superficie terrestre y dejaban muy poco a los océanos: el Atlántico estaba reducido a una estrecha vía de agua, no había Pacífico, y la Terra Incógnita penetraba tanto en el Índico que lo dejaba reducido a un mar interior. Tal confusión geográfica se debía no sólo a la muy comprensible ignorancia de los cartógrafos, sino a las creencias religiosas que exageraban sus errores. Según la tradición cristiana, Jerusalén estaba situada en el centro del mundo; de aquí que los cartógrafos medievales dibujaron el mundo, piadosamente, como una rueda en cuyo centro se hallaba la Ciudad Santa y rodeándola, los continentes conocidos, cuyas formas y ubicaciones quedaban irreconocibles. Esta imagen del mundo contrastaba con la mucho más precisa de los cartógrafos de la antigüedad clásica. La influencia de los árabes es trascendental a través de sus trabajos sobre astronomía, matemática y geometría; estos trabajos estimulan el progreso de Europa en estas disciplinas a partir del siglo XIII, permitiendo que la cartografía empiece a salir del período oscurantista; los árabes calculan de nuevo la longitud del grado, obteniendo un valor muy aproximado al verdadero. Efectúan nuevas mediciones a la superficie terrestre, corrigiendo en parte los obtenidos por Tolomeo. Inventan un nuevo instrumento para realizar observaciones y mediciones astronómicas, al que llaman Astrolabio. Construyen esferas celestes, estudian las proyecciones y emplean los mapas en sus escuelas como enseñanza de la geografía. Los famosos traductores hispano-árabes de la Escuela de Toledo, traducen del árabe al latín, para conocimiento de Europa, la Geometría de Euclídes y el ―Almagesto‖, como ellos llamaron a la Geografía de Tolomeo. Hacia finales del siglo XIII empiezan a usarse en Europa unas cartas (mapas marítimos), que son un adelanto sobre las que usaban los romanos –los portulanos-. Parece que fueron mejoradas por los almirantes y capitanes de la flota genovesa. Se basaban en la observación directa que se hacía de

los accidentes geográficos, por medio de un nuevo instrumento: la brújula. En estas cartas, las costas del mar Mediterráneo y Suroeste de Europa, están trazadas con gran exactitud y su dibujo solo vendrá a cambiar, en forma sustancial, quinientos años más tarde, en el siglo XVIII, cuando se empleen las observaciones astronómicas para fijar puntos. En el siglo XIV, en Venecia, Génova, y especialmente en Cataluña, Aragón y Mallorca se desarrollaban escuelas cartográficas, geográficas y astronómicas de gran valor. A mediados del siglo XV los cartógrafos ya hacían mapas que reflejaban los conceptos de Tolomeo. Y aunque el conocimiento medieval de Asia y África fuera muy limitado, lo cierto es que esos dos continentes fascinaron a los europeos. Siempre China Debemos hacer un inciso en la narración y referirnos, ¡cómo no!, a China, pues la cartografía de los chinos se merece un comentario aparte, ya que en esta disciplina, como en tantas otras, la cultivaron en forma independiente y desconectada del resto del mundo. Por supuesto, ¡no faltaría más!, podemos asegurar que la cartografía ya florecía en China, cuando en Europa apenas estaba naciendo. En los tiempos lejanos del siglo XXVIII a.C., los gobernantes del Celeste Imperio utilizaban mapas descriptivos de los territorios bajo su mando; se trata de representaciones hechas en bronce y solo en el siglo X a.C., son grabados en madera, pero en el siglo I, época en que los chinos inventan el papel, sus mapas empiezan a hacerse en ese material. En uno de los antiguos mapas –sin fecha conocida-, en forma de mapamundi, China aparece en el centro, rodeada de una serie de islas que simbolizan a los demás países y regiones, con nombres tan peculiares como los que siguen a continuación: ―Montaña del origen del hombre‖ – ―País de los hombres superiores‖ – ―País de las mujeres‖ – ―País de la vida difícil‖ – ―Montaña del espíritu del fuego‖ – ―Gran montaña periférica‖ – ―Montaña blanca‖ – ―País del pueblo blanco‖ - ….

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Todavía la producción cartográfica china sólo ha sido examinada muy superficialmente y debemos esperar datos muy interesantes cuando se haga más detenidamente; más aún, cuando tantos de ellos destacan por su originalidad, como el mapa en madera –en época paralela al nacimiento del Imperio Persa-, hecho por partes, provincia por provincia, que viene a ser el precursor de los mapas mosaicos. Cuando en el siglo XVI logran los jesuitas entrar al Celeste Imperio, se sirven de los materiales cartográficos existentes y pueden trazar los primeros mapas modernos de la China. Desde entonces, la cartografía China quedó influenciada por los métodos europeos, que por otra parte, sirvieron para poder conocer las remotas regiones de China, siempre tan cerradas a la visión del mundo occidental.

África Fueron muy pocos los mapas publicados del África intertropical, hecho que induce a suponer que los primeros mapas impresos de África equivalen a una crónica de la penetración externa. Sin embargo no es así, los primeros mapas de África, impresos en Europa, constituyen un testimonio muy incompleto de los conocimientos árabes. Este tipo de mapas reproducen más lo que se creía acerca de África que lo que se sabía realmente. Hubo que esperar a que las propias potencias coloniales se dedicaran, por conveniencia propia, a elaborar la cartografía que les facilitara su dominio sobre los territorios. Al fin y al cabo, África, excepto en su franja norte y Egipto, era casi tan ―terra incognita‖ como la zona austral del planeta.

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ÁFRICA: CONTINENTE DESCONOCIDO oco se sabe de la historia de África, anterior a su colonización por los europeos. Sin embargo, es obvio, que más allá del Sahara y Egipto, han existido durante siglos, grandes y poderosos Imperios, cuya historia se ha conservado, aunque sólo en parte, por la tradición oral de sus habitantes. La extensión territorial de África es inmensa y su geografía está conformada, en líneas generales, en sus extremos continentales, por grandes franjas de tierra fértil; al ir penetrando, se van convirtiendo en extensas zonas de color pardo; al norte, el desierto mayor del mundo, el Sahara; y al sur, el también muy grande desierto de Kalahari; bordeándolos, se encuentran zonas de arbustos y bosques de matorrales y luego, la gran selva tropical. Se considera que África pudo haber sido el lugar de nacimiento de la humanidad. Antepasados del hombre habitaron en las llanuras de las tierras altas interiores, hace casi dos millones de años. Hace unos treinta mil años se establecieron, al parecer, las diferencias fundamentales en el color de la piel, en la estructura ósea y en otros caracteres. En los incontables movimientos migratorios de miles de generaciones, se fueron haciendo borrosos los contrastes y al mismo tiempo, algunos se acentuaron, posiblemente a causa de las variaciones del clima en el planeta y específicamente, al africano, que fue pasando de muy húmedo a muy seco, según los movimientos de los casquetes polares. La señal más evidente del término de la época prehistórica en el continente africano, fue el desarrollo de entidades políticas. En el milenio comprendido entre el año 500 y el 1500 aparecieron y se afianzaron los primeros reinos negros que crearon culturas importantes. La diversa África, tan variada en pueblos, etnias, lenguas y costumbres, lo era también en sus ritos religiosos, pero, prácticamente, todos sus habitantes creían en un solo Gran Ser (Dios), del que procedían todas las cosas. En general, se le consideraba como Energía,

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que diferenciaba la vida de la materia, siendo, por tanto, como una ―Fuerza Vital‖, y estaban convencidos de que había vivido una vez entre los hombres… Apartando Egipto, los principales Imperios africanos se localizaron en el área comprendida entre el sur del Sahara y el norte de la línea ecuatorial, con sus selvas, y entre el Atlántico (al Oeste) y el Valle del Nilo (al Este). Para los europeos, las primeras noticias sobre otros pueblos africanos distintos a los asentados en el litoral Mediterráneo, llegaron a través de los contactos –comerciales y bélicos- que los egipcios tuvieron desde varios milenios a. C. con sus vecinos del sur, especialmente con los nubios, eritreos y somalíes. Es el caso del país ―Nuba o Kush‖ –nombre egipcio del Sudán actual-, una región de gran prosperidad comercial, al menos desde el año 1000 a de C., gracias a su avanzada metalurgia del hierro y a su riqueza de materias primas: oro, ébano y marfil; los nubios de Kush se liberaron del dominio Egipcio en el siglo VIII a de C. fundando su propio Imperio, alrededor del 500 a. C., tras ser obligados a emigrar hacia el sur por el empuje asirio. Este Imperio gozó de gran pujanza hasta que, debilitado por sus luchas contra los romanos, sucumbió en el año 300, ante el surgimiento de un vecino emergente: Aksum. Este reino fue fundado, según la leyenda, por Menelik I, hijo del rey Salomón y de la reina de Saba, y el fundador y sus seguidores eran árabes del Yemen (sur de Arabia). Se instalaron en Eritrea, a orillas del Mar Rojo, y tuvieron muchos contactos con los griegos –de los que tomaron prácticas políticas y culturales como la monarquía y la escritura helénica-. Tras luchar contra persas y romanos, extendieron su dominio, absorbiendo al Imperio de Kush. Convertido en el poderoso Imperio de Etiopía, se hizo cristiano y más tarde, adoptó el rito copto. En el siglo VIII, contuvo la penetración islámica, pero perdió su salida al Mar Rojo. Amenazado en el siglo XVI por árabes y turcos musulmanes, resistió, pero la llegada de

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europeos –los portugueses- fue mermando su poder. Fue sobreviviendo hasta nuestros días. Su último Emperador fue Haile Selassie I, depuesto en 1974. – Actualmente, en el territorio abisinio, hay dos Estados: Etiopía y Eritrea-. Sudán, el país de los negros Menos se sabe sobre la franja territorial subsahariana, conocida anteriormente como ―Sudán‖, (país de los negros), para diferenciarla de la zona mediterránea, habitada por poblaciones de piel más clara. Gracias al dromedario, el Sahara dejó de ser impenetrable a partir del siglo II, –al principio, el contacto entre los pueblos de ambos lados del gran desierto se limitó al comercio de esclavos, pieles, marfil, plumas de avestruz y sal, una de las materias ―primas‖, que desde siempre ha sido indispensable para los humanos, y que debido a la lentitud en el proceso de extracción, el costo de transporte y lo largo de las rutas hizo que su precio fuera muy alto en el pasado-. (En la actualidad todavía se desplazan las caravanas de la sal, a lomos de los dromedarios). También empezaron movilizaciones de ―tuaregs‖, beréberes, hacía las prósperas tierras del sur del Sahara, que al mezclarse, explica la naturaleza heterogénea de muchos de los pueblos subsaharianos, fundados por ellos. El primer Imperio, fue el de Ghana (País del Oro), cuyo origen se remonta al siglo III. Para el año 800 ya era un poderoso Estado comercial, -se dedicó al comercio del oro- y gobernaba la totalidad del territorio comprendido entre la cabecera del río Senegal y del río Níger. África abraza el Islam. La invasión del Egipto bizantino por los árabes, marcó el inicio de la expansión islámica hacía el oeste y el sur del continente africano, trascendental en la evolución de los pueblos africanos, pues muchos Estados que se fueron formando, adoptaron las modernas estructuras sociopolíticas islámicas.

El Islam siguió dos líneas de penetración: la oriental, a través del Valle del Nilo, y la occidental, por el norte del Sahara y costas mediterráneas, hasta el Golfo de Guinea. Algún Estado, como el de Aksum, luego Imperio de Etiopía, quedaron como islas cristianas, y buscaron establecer buenas relaciones con los musulmanes colindantes, quienes prosiguieron su expansión fundando colonias comerciales, todavía más al sur de la actual Somalia y mezclándose con los pueblos bantúes. Este mestizaje fructificó en la cultura ―suahili‖, de rica literatura escrita en árabe. En el siglo IX, los árabes controlaban toda la costa del Mar Rojo y del Océano Índico hasta Sofala, en Mozambique. Al otro extremo del continente, uno de los grupos que contribuyó definitivamente a la expansión geográfica del Islam, fue el pueblo beréber de los almorávides. A veces, los temibles nómadas beréberes se volvían contra los Imperios y Reinos que fueron surgiendo al sur del Sahara –aún siendo fundadores de algunos-. A mediados del siglo XI, los ya islamizados beréberes almorávides emprendieron una Guerra Santa musulmana desde el desierto occidental del Sahara hacia el norte y el sur. En 1054 –cuando se producía el Cisma religioso entre el cristianismo con cabeza en Roma y el de Bizancio- los almorávides invadieron Marruecos y luego la Península Ibérica, y en 1076, yendo al sur se apoderaron de la capital del Imperio de Ghana. Hacia el siglo XII, la zona occidental de África vivía azotada por las guerras entre los reinos de Ghana y Mali, consiguiendo este último establecerse como el mayor Imperio negro conocido hasta entonces, otro Estado islamizado, de lengua mandinga. Su ocaso llegaría a mediados del siglo XVI, por el surgimiento del Imperio Songhai. Quien lo convirtió en Imperio, fue Alí Ber, ―Alí el Grande‖ considerado el más importante conquistador del África negra, ya que levantó un Imperio equivalente al de Carlomagno en tan solo 30 años. Su prestigio fue reconocido dentro y fuera de África.

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El mismo rey de Portugal, Juan II, consciente de la importancia de este emergente Imperio, trató en diversas ocasiones con él y llegó a establecer una embajada en su capital, Gao. El éxito de Songhai se basó en el control de las rutas auríferas, en especial las de Tombuctú –ciudad fundada por ―tuaregs‖ hacia el año 1100- e hizo de esta ciudad, un centro de cultura, pues se contaba con muchos eruditos, tantos, que los mercaderes conseguían buenos beneficios ¡traficando con libros!. En muchos aspectos, gran parte de África, era tan adelantada o más que Europa. Más hacia el centro de África, siempre al norte del Ecuador, se hallaban los Reinos Haussa y el Estado de Kanem-Bornu, en torno al lago Chad, también de fe islámica, que logró mantener su independencia bajo varias dinastías hasta finales del siglo XIX. Religión y esclavos. En las zonas boscosas, más al sur, los reinos aparecieron más tardíamente. La densidad del bosque ecuatorial dificultó la configuración de grandes Estados; convivían un gran conglomerado de pequeños reinos, formados por una gran cantidad de poblados en torno a uno principal; el poder residía en una asamblea de nobles y un jefe asistido por dos expertos –llamados significativamente-, ―mano izquierda‖ y ―mano derecha‖. Uno de los pocos reinos poderosos fue el de los Yoruba, con la Ciudad Santa, Ife, al sureste de la actual Nigeria; otro poderoso, el de Benin, también en la actual Nigeria. Un reino que entre los siglos XIV y XIX, basó su próspera economía en el comercio de esclavos y piedras preciosas, y del cuál, viajeros holandeses, llegados en el XVI, refirieron que sus calles eran tan anchas como en Ámsterdam y que su rey vivía en un palacio que ocupaba tanto espacio como la ciudad holandesa de Haarlem. El comercio de esclavos hizo prosperar a otros pueblos, como el de los ―ashanti‖, que formaron un reino que se extendía desde Costa de Marfil al

Congo, logrando mantenerse hasta que los ingleses casi los aniquilaron a finales del siglo XIX. Ya en las vastas regiones al sur del Ecuador, surgieron una serie de pequeños reinos, con aristocracias de pastores, dominando a siervos agricultores, como Ruanda, Buganda y Burundi. Otros, de los Luba y los Lunda, se desarrollaron en el siglo XVI en el curso de los ríos Lualaba y Kasai (actual Zaire). Bastante antes, en el siglo XIII, se constituyó al sur del estuario del río Congo, otro reino, que luego absorbería a los anteriores mencionados. Sería uno de los más importantes, no sólo por su extensión, sino por la avanzada organización de sus ciudades y su ejército. La capital, donde confluían las rutas comerciales de la costa y del interior, estaba amurallada y defendida por un temido ejército –más de 200.000 guerreros, provistos de arcos con flechas envenenadas y protegidos por corazas de piel de elefante y rinoceronte. El reino del Congo mantuvo buenas relaciones con Portugal, con un tráfico de manufacturas de hierro, alfarería, cestería, marfil, joyas de cobre y sal-. La enigmática Zimbabwe Mucho más al sureste, hacia el siglo V, en la meseta del río Zambeze, entre este río y el Limpopo, un pueblo de mineros bantúes y aksumitas erigió un reino. Se enriquecieron traficando con oro y marfil que cambiaban por productos persas, indios y chinos. Para el siglo XV, su ciudad principal, Zimbabwe, se convertiría en 1440 en capital del Imperio de Monomatapa, que significa ―Señor de las Minas‖, título honorífico de su fundador. La gran cantidad de minas de oro, cobre y hierro; los extensos cultivos en terrazas, las obras hidráulicas, las necrópolis, fortalezas y pozos excavados en la roca, hacen suponer que se trató de un poderoso Imperio, del que, sin embargo, muy poco se sabe. Pero si se sabe que muchas de esas construcciones sirvieron para la principal actividad económica del Imperio: la cría y venta de esclavos a

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gran escala. Los zimbabueses adquirían las preciosas telas fabricadas por tejedores árabes, cambiándolas por oro, marfil y esclavos. En el siglo XVI, comenzó a decaer este Imperio al ir pasando bajo el dominio portugués. Hacia el Sur, en la parte austral del continente – de Este a Oeste-, en siglos anteriores, persistiendo en los que nos ocupan, se diseminaban pequeñas aldeas de piedra, aisladas entre sí, habitadas por ganaderos y agricultores. Se sabe muy poco acerca de su cultura y grado de evolución. En las inmediaciones del río Orange, se conservan gran número de pinturas polícromas, que representan escenas y rituales de caza, guerra y culto, elaboradas por un pueblo, al que llamaban ―khoisan‖. La penetración del Islam –no tanto política, sino comercial y religiosa-, no cesó, y durante el siglo XVII, fue penetrando desde el litoral hacia el interior, incluso en las profundas selvas.

Hacia el siglo XV, rodeando territorialmente los límites del Imperio Monometapa, otro pueblo, los ―ngonis‖ se fueron instalando –en las actuales Zambia, Tanzania y Mozambique-, y al irse extinguiendo el Imperio de sus vecinos, se fueron afianzando, hasta formar el reino más poderoso de la zona. Adelantándonos mucho en el tiempo, en 1800, se fueron agrupando con otras tribus más al Sur, bajo el liderazgo de un gran jefe, Tchaka, que rebautizó a los pueblos y tribus, llamándoles ―zulú‖ (cielo) –personaje que nos resulta conocido, pues de su figura se ha escrito, y ha servido para guiones cinematográficos-. Formó un poderoso reino e hizo frente con éxito a la penetración de los colonos ―boers‖ y de los soldados ingleses. Tchaka fue asesinado por su hermanastro, pero éste, no tenía, ni de lejos, las virtudes guerreras –estratégicas y tácticas- del gran líder, y fue incapaz de resistir el avance europeo.

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Desde 1850, Europa intensificó su expansión colonial, imponiendo su cultura sobre las tradiciones autóctonas, muchas de las cuales serían aniquiladas y perdidas para la historia y para sus pueblos. Gran parte de los africanos lucharon encarnizadamente, pero con una gran desventaja tecnológica, contra portugueses, holandeses, ingleses, alemanes, franceses, belgas y españoles. Su resistencia fue inútil y una gran parte de sus culturas se perdieron para siempre. Lo marítimo Con respecto al mundo náutico, África nunca recibió la llamada del mar. Hubo movimientos marítimos –comerciales- en las costas bañadas por el Océano Índico, pero no fueron motivados por los propios africanos, sino por los persas, árabes, indios y malayos que se acercaron para cambiar sus mercaderías por los muy apetecibles productos que podían conseguir. En sus costas atlánticas no hay referencia alguna sobre movimientos navales significativos. Quien sabe si ese divorcio con el mar durante tantos siglos, -y mientras los pueblos europeos, avanzaban en las artes de la náutica y a través del dominio del mar, exploraban, comerciaban y colonizaban-, a los africanos los fueron relegando. Al final, los africanos quedaron inermes ante la presencia en sus costas de las naves europeas, tal cual, como le pasaría a China, pero por diferentes razones. África: el siglo XX Muy adelantado el siglo XX, fueron recuperando su independencia, pero ni siquiera algunas de las potencias coloniales contempló la posibilidad de fraccionar sus posesiones, para hacer renacer las naciones que fueron en siglos pasados; de tal forma, que formaron nuevas naciones, en donde pusieron a convivir a pueblos que desde siempre habían sido adversarios. Para acentuar más el problema, no solamente se encuentran dentro de un mismo Estado

diferentes etnias, con ancestrales animosidades y distintas formas de vida, sino, además, profesando diferentes religiones, (aun cuando en toda África, subyacen sus primitivos cultos). África, ¡tan pobre y tan rica!, ya que estos Estados, creados muchos de ellos, como dijimos, tan artificialmente, son teóricamente independientes, pero sometidos a presiones muy fuertes, en aras de intereses comerciales que dictan sus propias leyes. Efectivamente, son muchas las riquezas de África – si ya no se mercadean con profusión, la sal, el ébano, el marfil y… los esclavos-, si se hace y en grandes cantidades, por compañías multinacionales, con sus abundantes y variados minerales, como: cobre, hierro, fosfatos, petróleo y gas. Ya vimos que es muy rica en oro, y por ese metal, el hombre ha explorado, abierto rutas comerciales y comenzado guerras. En época de los sumerios, el oro se utilizaba en Mesopotamia y en Egipto como adorno, como igualmente lo usaban en el Extremo Oriente y en la no todavía descubierta América, hasta que en el Imperio Persa se acuñó en forma de moneda y desde entonces el hombre ha hecho cualquier cosa, por vil que sea, para poseerlo, pues su valor persiste, y es una garantía frente al veleidoso valor del dinero. No digamos de las piedras preciosas, entre ellas el diamante, que si bien existe en menor cantidad que el oro, en África se encuentran las mayores reservas, pues la mayoría de las minas de tan carísimo símbolo de lujo y distinción están en ese Continente. Entre tantos otros minerales, también tienen en abundancia los considerados estratégicos, como el llamado ―coltan‖ (contracción de ―columbita‖ y ―tantalita‖), que se encuentra presente en teléfonos celulares, computadoras y en las denominadas ―armas inteligentes‖, y de cuyas reservas africanas, el 80% se encuentra en la República Democrática del Congo. Así, se puede deducir en qué consiste, principalmente, el origen del grave problema de la inestabilidad, pobreza y los contínuos conflictos que aquejan al Continente, que fue hogar del primer humano.

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EXPLORACIONES PORTUGUESAS n misterio envolvía al África de aquellos días, pues a pesar de que en los puertos del Norte del continente había un activo comercio de oro y esclavos, a los mercaderes europeos se les había negado el acceso al interior; sin embargo, para principios del siglo XV eran ya muchos los europeos que no estaban dispuestos a aceptar que se les siguiera excluyendo de las tierras fabulosas del Este y del Sur. Estaba, pues, listo el escenario para la fabulosa serie de expediciones portuguesas por las costas de África.

El inicio Las expediciones portuguesas empezaron a ser auspiciadas por un hombre notable entre los notables, el príncipe Enrique, el ―Navegante‖, tercer hijo del Rey Juan I; alto y musculoso, de pelo rubio, heredado de su madre inglesa. En 1415, teniendo sólo 21 años, Enrique había luchado con distinción en la toma de Ceuta por los portugueses. Estableció en Sagres, en el litoral sureño portugués, con la asesoría científica de mallorquines, la pronta famosísima Academia Náutica, una comunidad de estudiosos a la que dedicó a los estudios

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geográficos; los conocimientos que fueron adquiriendo se irían transmitiendo a los capitanes de expediciones portuguesas y a su vez, se nutrirían de los reportes y gráficos de esos mismos capitanes. Aquí encerrado, vá recopilando material sobre náutica y geografía, sobre viajes, mapas y libros; reúne expertos, marinos, cartógrafos italianos, europeos, pero también árabes. Funda astilleros, impulsa innovaciones técnicas; capta enormes sumas provenientes de las grandes rentas de la Orden de Cristo de la que era gran maestre –orden, se supone sucesora en Portugal de la célebre Orden de los Templarios- gasta mucho dinero en expediciones para el reconocimiento sistemático del Atlántico Meridional y de la costa africana, obsesionado por hallar el paso marítimo hacia Asia. Enrique, llamado pronto ―o navegador‖ (el Navegante), aunque apenas navegó, fue un hombre excepcional e irrepetible, siempre recordado sobre todo por las exploraciones africanas. Multifacético, como correspondía a un hombre del Renacimiento, pero imbuido también del espíritu medieval se creía elegido por Dios, y el espíritu de Cruzada será uno de los motores de su actividad. La exploración de la costa Occidental de África no presentaba grandes dificultades de índole física a marinos habituados a vérselas con las tormentosas aguas que bañan las costas lusitanas. Las dificultades mayores eran de naturaleza psicológica: estaba muy extendida la creencia de que la vida era insoportable en las cercanías del Ecuador. El cabo Nun en la costa Noroccidental de África, a los 29º de latitud Norte, se llamaba así porque, según la leyenda, ninguno (none, que en inglés se pronuncia igual que Nun) de los marinos que se atreviera a rebasarlo, regresaría jamás. Y una vez dejado atrás tal cabo, se decía que el hirviente mar destruiría todo aquello que los rayos verticales del sol no hubieran ya tostado. Para los marinos del siglo XV, el mar abierto era lo que es el espacio para los astronautas, aunque el marino sabía menos hacia donde iba y tenía menos esperanzas de regresar. Temía remontar la Costa Atlántica de África más allá de Marruecos, porque

entraría al ―verde mar de la oscuridad ―, pantano innavegable lleno de monstruos, según los geógrafos árabes; si se internaba en el Atlántico corría el riesgo de acercarse al Ecuador, lugar en que los hombres se volvían negros y no podía haber vida; y si tomaba rumbo al Norte, se encontraría en una inmensidad helada, en donde Judas merodeaba cerca de la boca del infierno. En cualquier dirección que fuera, estaría lejos de tierra. Más lejos estaban aún las antípodas, una región donde, según muchos clérigos, no podían vivir más que monstruos. Argumentaban así: puesto que todos los hombres descienden de Adán y ningún hombre puede cruzar los trópicos, ¿qué otra cosa, sino monstruos pueden existir en la ―Terra Incognita‖?. En 1441, una expedición regresó de la región del Río de Oro con un cargamento de esclavos, con lo que comenzó el inhumano tráfico. Expedición tras expedición empujaban hacia el Sur las fronteras del conocimiento de los europeos. El príncipe Enrique murió en 1460 y con él desapareció buena parte de la fuerza impulsora que había inspirado por más de 40 años a los exploradores portugueses. En los cuatro lustros siguientes aunque con menos bríos, la exploración continuó. Durante siglos, la Santa Sede había sido el árbitro entre las disputas de las naciones cristianas; aunque este papel nadie lo ponía en duda, las decisiones papales empezaban a perder la enorme autoridad que habían obtenido en otro tiempo. Sin embargo, a partir de 1455, los portugueses lograron que el Papa dictara una serie de fallos en que les cedía todas las tierras e islas desde el cabo Bojador. La actividad de los españoles y también de los ingleses, que en 1481 pidieron la concesión Papal de derechos de comercio, fue un acicate para el Rey Juan II de Portugal que subió al trono ese año; a partir de entonces, los exploradores portugueses se lanzaron en busca de nuevos logros con un vigor semejante al de los tiempos del príncipe Enrique. Se les dieron ―padroes‖, pilares de piedra, inscritos en latín, portugués y árabe, para que los erigieran como mojones en aquellos lugares de importancia que fueran descubriendo.

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El rey Juan II mandó en 1487 a Bartolomé Días al frente de tres barcos a fin de que procurara circunnavegar el África y de ser posible, se pusiera en contacto con el celebre Preste Juan, gobernante cristiano de riqueza fabulosa y de gran poder, que primero se dijo habitaba en Asia y luego en África. Bartolomé llegó hasta el sur de África, la parte más austral y lo llamó cabo de ―las Tormentas‖ e incluso lo sobrepaso en su crucero. Por supuesto, su tripulación había tenido bastante; las viejas leyendas se había desvanecido hace algún tiempo, pero todavía el pánico podía hacer presa en la marinería y las tripulaciones obligaron a Días a volverse atrás, a las puertas mismas del océano Índico. A regañadientes puso proa a casa; tuvo la compensación de poder ver el inmenso promontorio que había circunnavegado, pero el Rey Juan al enterarse de todo el relato, consideró el futuro que Días había abierto y con un gran sentido de relacionista público lo volvió a bautizar con el nombre de ―cabo de Buena Esperanza‖. El hombre que escogió el nuevo rey de Portugal, Don Manuel, para seguir el camino abierto por Díaz, fue Vasco De Gama. Zarpó De Gama de la bahía de Lisboa; ateniéndose a las instrucciones de navegación que había recibido, siguió la ruta entre Europa y el Cabo, que a partir de entonces seguirían todos los buques de vela. Después de tres meses y de haber navegado unos 6.000 kms, De Gama alcanzó la costa de África en la bahía de Santa Elena, un poco al Norte de la actual Ciudad del Cabo y siguiendo por el cabo Aguja llegó a la bahía Massel. Allí desmanteló el barco almacén y con sus mercancías y efectos reaprovisionó a los otros barcos. En la bahía Massel erigió De Gama un ―padroe‖ que los nativos se encargaron de echar por tierra en cuanto reembarcó y continúo hacia el Este. Los nombres que dió a los litorales y ríos –Natal-, así bautizado por el día del nacimiento de Cristo, el río de los ―Buenos Augurios‖ y otros más, reflejan su creciente optimismo a medida que la costa subía más y más hacia el Norte y que las aguas se hacían más tibias. Doblaron el Cabo de Buena Esperanza y se alegraron de hallarse ante elevadas ciudades de

piedra, confortables y ricas, a todo lo largo de la costa oriental africana, por donde iban remontando sus barcos. Se encontraron con pueblos que sabían tanto como ellos de cartas de mar y de brújulas y que, en muchas cosas, eran más civilizados. Finalmente, después de ver miles de kilómetros de mar abierto y de regiones desoladas, enfiló hacia el bullicioso puerto de Mozambique donde estaban anclados enormes barcos mercantes de formas extrañas y en cuyos muelles y malecones regateaban comerciantes árabes y nativos. En vez de hallar jefes nativos que parloteaban con gran emoción a la vista de un puñado de campanillas, le dió la bienvenida un sultán que vio con desdén géneros y mercancías que llevaban los portugueses y a quien parece ser que solo interesaba la púrpura, tela que De Gama no llevaba.

En la ciudad insular de Quiloa, situada frente a la costa de la actual Tanzania, observarán que esta ciudad, similarmente a otras ciudades mercantiles hermanas, era esencialmente intermediaria. Controlaban el intercambio de géneros entre el África interior y los barcos de carga de Arabia y de la India que navegaban en aquella costa. Dominaban el comercio hacia el Sur, por la costa, hasta Sofala, situada a unos 1.500 kilómetros de distancia. Quiloa tenía una casa de moneda, la primera de África y en el apogeo de su influencia acuñaba monedas de diversos valores. Para gran suerte de él, se encontró un piloto gujarati, nativo de la India Occidental, que se ofreció a guiarlo en la travesía del mar de Arabia y

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que resultó ser un piloto muy experimentado y capaz. Llevando a este habilísimo guía a bordo, De Gama se internó con su flotilla en el Océano Indico; los suyos fueron los primeros barcos europeos que lo cruzaban. En la India Occidental, soltó el ancla en Calicut, el 29 de agosto de 1498. De Gama comprendió que ya no tenía mucho que hacer allí y puso vela hacia Portugal; la navegación a través del Océano Indico le llevó tres meses; murieron tantos hombres de escorbuto, que cerca de Mombasa se vio obligado a abandonar la nave ―Sao Rápale‖ porque ya no tenía los hombres necesarios para dirigir el barco; el resto del viaje transcurrió sin mayores incidentes. Cuando De Gama entró en la bahía de Lisboa, había estado ausente más de dos años y había navegado 24.000 millas náuticas (44.500 kilómetros). De ls 170 hombres que habían partido de Lisboa, solo regresaban 44. Los portugueses, como era su costumbre, impusieron el más estricto silencio y secreto sobre los detalles de la ruta que había seguido De Gama. Lo único que pudo saber el resto de Europa fue que había llegado a la India. Muchas naciones, en particular las ciudades italianas y sobre todo Venecia, hicieron esfuerzos frenéticos para enterarse mediante espías y sobornos, de la naturaleza exacta del viaje. Era el comienzo de una nueva época en el comercio

mundial. Y otra época a su vez, terminaba. En el reinado de Manuel, se llega también, a Groenlandia y al Labrador, y se redescubre Terranova, junto a Canadá, donde los portugueses monopolizarán prácticamente la pesca del bacalao, pese a que no les correspondía por el Tratado de Tordesillas. En 1500 una expedición militar enviada a la India, mandada por Pedro Álvarez Cabral, al dirigirse a alta mar para superar el cabo Bojador, avistó una tierra muy al Oeste, donde desembarcó, a la que bautizó con el nombre de Terra do Vera Cruz (Brasil). A ésta, siguieron otras expediciones para tomar posesión de estas tierras de las que se desconocerá la extensión real hasta el siglo XVIII. Después de casi un siglo de expediciones marítimas, los portugueses habían visitado innumerables tierras y pueblos, poco o nada conocidos de los europeos. Con algunos entrarán en relación pacífica, otros van a ser objeto de agresiones expansionistas con el fin de obtener enclaves o imponer políticas de navegación. Para proteger y facilitar la ruta de las especias, los portugueses habían fijado durante el siglo XVI varios enclaves en las costas africanas -entre otros, Elmina, Luanda, Benguela, San Salvador, Mozambique, Zanzíbar y Mombasa-, que, además de servir como centros de control y distribución de las mercancías de la ruta, se convirtieron en los puntos de salida del tráfico de esclavos africanos con destino a América. Los portugueses fueron los primeros europeos fundadores de factorías comerciales en Asia, que se extendían en gran número desde el golfo Pérsico hasta el Extremo Oriente, y que, al contrario que en África y América, se establecieron al principio por medio de la negociación con las autoridades locales. Sobre el año 1500, los mayores buques mercantes conocidos eran

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las carracas, el polo opuesto a las ligeras carabelas. Las carracas portuguesas desplazaban, en general, unas 1.000 toneladas. Algunas hubo de hasta 1.600. Solían tener cuatro puentes, tres cubiertas y velas cuadradas en los palos mayor y trinquete, y latina en el de mesana. Su tamaño y capacidad para el transporte de mercancías y soldados y su sólida construcción convirtieron estas naves en las idóneas para las grandes expediciones comerciales a Brasil e Indias Orientales. Pero a causa de sus grandes dimensiones y su escasa velocidad, estaban negadas para las tareas de exploración.

Una vez que los portugueses afianzaron en el litoral de la India una organización que les aseguraba su comercio, dirigieron su atención a un lugar más lejano aún, a la zona más rica de todas. Fue durante este período cuando establecieron factorías en el archipiélago de las Molucas, también llamadas a veces, islas de las Especias. Goa era un simple enclave, pero se convierte en la capital de la India portuguesa y en una de las perlas del Imperio. Con los enclaves de Asia se crea en 1505 la gobernación de la India, a cuya cabeza estaba un virrey, y que comprendía también el África Oriental portuguesa. El verdadero creador del Estado de la India es en realidad Albuquerque

que establece la capital en Goa; aquí se traen colonos de la metrópolis; se fomentan los matrimonios mixtos con indios, cuyos hijos eran naturalmente cristianos, y se fundan escuelas para hacer portugueses a la población colaboracionista. Él dejó colocados los cimientos de un imperio naval, provisto de bases sólidas y de una escuadra capaz de dominar las rutas comerciales y también dejó marcada una política relativamente plausible para con los mercaderes asiáticos. Desde el frágil punto de partida de la costa de Malabar, Portugal, una nación tan pequeña y tan lejana, creó de hecho un monopolio de comercio en el mar de Arabia. Partiendo de un cordón de puertos fortificados de la India Occidental y protegiéndose de los corsarios árabes mediante barcos con bases en Ormuz y Mombasa, los buques mercantes portugueses acarreaban con regularidad cargamentos muy provechosos hacia Mozambique o bien hacia Europa misma, rodeando el Cabo. Una porción de razones explican el buen éxito de los portugueses. Con gran habilidad sacaron partido de las rivalidades políticas que dividían a los potentados de la costa de la India; gracias a la potencia de su marinería derrotaron a las flotas que trataron de romper su monopolio comercial; sus factorías estaban protegidas por fortificaciones brillantemente ideadas y sólidamente construidas, muchas de las cuales, como las de Goa y Diu, en la India, y algunas en la costa Oriental de África, aún están en pie; llegaron a construirlas en el golfo Pérsico, como por ejemplo, en Bahrein. En territorios adelantados, como era la costa de Malabar, los portugueses tenían la ventaja de su potencia de fuego; en los territorios que no habían llegado a ese desarrollo, como era el caso de Ceilán, contaban además con la ventaja de la sorpresa. Para completar el control del Índico, los portugueses deciden apoderarse del principal punto por donde pasaba el tráfico de especias antes de llegar a la India: el estrecho de Malaca, utilizado por los barcos mercantes indios, árabes, chinos y

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malayos. Luego, en consecuencia, se apoderarán de los ―archipiélagos de las especias‖, directamente. Islas de especias Por tanto se envían expediciones desde 1512 a los archipiélagos que forman hoy Indonesia, centros de la producción de especias, en particular de clavo –Ternate, Tidore y Halmahera, en las Molucas- y de mirística o nuez moscada –Amboina, también en las Molucas y Banda. En 1521 los portugueses construyen una factoría en Ternate. En ese mismo año, la llegada de los españoles bajo el mando del portugués Magallanes, alarma a los portugueses. El Sultán de Tidore, para quitárselos de encima, recibe bien a los españoles. Unos y otros se creen con derechos sobre el archipiélago: surge el conflicto, con episodios diversos, que se zanjan finalmente por el Tratado de Zaragoza (1529), desistiendo España de sus pretensiones sobre las Molucas mediante una indemnización.

A fines de siglo, los portugueses controlan una buena parte de la producción de especias, ―in situ‖ y semimonopolizan su exportación a Europa. Antes de llegar a la India su precio ya se ha doblado, y no se tienen reparos en destruir los excedentes, para que no baje. En 1511, Malaca fue convertida en base fortificada, en el curso de la misma expedición que fue a explorar Java. En 1514, las naves portuguesas arribaron a China y, dos años más tarde, situaron en Cantón su primera base. En 1526 se llegó a la enorme isla de Nueva Guinea. La exploración siguió siendo una fiebre a la que daba pábulo la variedad de productos nativos y de mercancías de lujo que esperaban tan solo a un marino atrevido, y también, la rivalidad con España. El Tratado de Tordesillas había asignado a Portugal desde 1494 todos los descubrimientos que se hallaran al Oriente de los 46º, 37` de longitud y daba a España todo lo que se encontrara al Oeste de esa longitud.

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Apenas en el siglo siguiente se empezaron a ver con claridad las consecuencias cabales de esta barrera. Los meridianos de longitud corren a lo largo del globo; la situación de las Molucas en relación con esa línea no tardó en volverse materia de viva controversia. En nuestros días nos es fácil ver que, según la línea de demarcación, las Molucas quedaban dentro de la jurisdicción de Portugal por un margen de casi 6 grados, pero en esa época nadie podía determinar la longitud con precisión; para asegurarse la posesión de las islas contra las pretensiones contrarias de España, los cartógrafos portugueses cambiaron deliberadamente la posición de ellas en los mapas que publicaron. Aunque la exploración de las Indias Orientales era su principal preocupación, los portugueses también iban tras el comercio del Golfo de Bengala en la costa Oriental de la India, así como también el de Birmania, Siám y Camboya. En 1557, establecieron en la costa de China su colonia de Macao. Pero como China permitía sólo esporádicamente que los portugueses comerciaran tierra adentro, estos hombres, llenos de fuerza, curiosidad e interés, exploraron también Japón. Allí encontraron un recibimiento más afectuoso, aunque no tan duradero; en 1549 llegaron a Kagoshima y en 1571 a Nagasaki. Una vez obtenidas estas bases, se organizó un viaje anual que empezaba en Macao y hacía escalas en Nagasaki, Malaca y Goa, pero todavía el interior de Asia seguía siendo territorio de leyendas. Terminando el siglo XVI, el Imperio Portugués estaba ya en declive en Asia, amenazado por sus propias limitaciones: corrupción, debilidad militar, relativa debilidad demográfica –un millón y medio de habitantes en 1640- y de recursos, lejanía de la metrópolis, escasez de mujeres portuguesas en las colonias –en muchos lugares los metropolitanos acabaran diluyéndose en la población local-, etc. La violencia gratuita, el proselitismo de los misioneros, el odio al Islam y la intolerancia en general y la incomprensión hacia otros pueblos hicieron el resto. Pero también actuarán varios factores externos. Al no controlar Aden, ni el Mar Rojo, Portugal nunca podrá monopolizar totalmente el tráfico de

especias y deberá seguir dependiendo de los árabes para la comercialización de éstas. Hay que añadir que después de la anexión a España, gran parte de sus energías se dirige hacia Europa. Factor determinante es la formidable competencia de Holanda, que hará todo lo posible para sustituir a Portugal en Indonesia y Celián y lo conseguirá por su mejor organización y medios, que le permitirá abaratar los precios de las especias. Hacia final del siglo XVI, los intereses marítimos europeos confirmaban que Portugal estaba comprando oro en diversos puntos de la costa de África Occidental y en 1555 una expedición inglesa ancló en el Tamesis con un cargamento de unos 160 kilos de oro y 250 colmillos de marfil, multiplicando varias veces el capital invertido. El monopolio portugués se mantuvo hasta el siglo XVII, cuando ingleses holandeses y franceses, con mayor apoyo estatal y privado, dotados de una moderna flota y bajo el impulso decisivo de la doctrina económica mercantilista que pretendía a toda costa limitar la salida de divisas de oro y plata mediante el control aduanero y favorecer la exportación de productos manufacturados, y mediante la creación de monopolios-, se hicieron con la hegemonía comercial en la zona. A lo largo del siglo XVII, la crisis de los países ibéricos v la rivalidad económica fueron la causa de graves conflictos navales y territoriales, que produjeron un continuo trasvase de posesiones y llevaron a la pérdida de numerosas colonias españolas y portuguesas a manos de holandeses, franceses e ingleses en Asia, África y América. En 1622, los portugueses fueron expulsados de Ormuz (golfo Pérsico). En África, los holandeses les arrebataron diversos territorios; a partir de 1630 se apoderaron de sus enclaves negreros de Angola y se asentaron en El Cabo. También tomaron a los portugueses Cochín (sur de la India) v todas sus posesiones de Ceilán. En Indonesia, el predominio neerlandés se consolidó tras apoderarse de Malaca -quedando los lusos

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relegados a Timor- y vencer a los británicos, que dejaron el campo libre a Holanda en la zona. Finalmente, el poderío militar portugués no es el mismo en 1600 que en 1500 y sus barcos y cañones ya no eran los mejores: en la batalla de Bantam (1601) los portugueses sufren a manos de los holandeses una derrota decisiva para la continuidad de su presencia en Indonesia. Por estas fechas hacían su aparición en el Golfo Pérsico, los ingleses… El Imperio portugués es uno de los más duraderos de la historia, más de cinco siglos, 560 años exactamente corren entre su primera aventura imperial en 1415, la toma de Ceuta, y la pérdida de las últimas colonias en 1975. Fue Portugal el primer país expansionista de la Edad Moderna europea y el primero que en forma sistemática llevó a cabo lo que, desde una perspectiva europea, se llamarán descubrimientos y que abrirán para Europa mundos desconocidos. Su imperio presenta dos etapas, una primera, del siglo XV al XVIII –mercantil-, y otra, al XX -imperialista-, diferentes entre sí pero que suelen estudiarse como una secuencia única. El expansionismo portugués deben marcarse en un contexto más general, el de la Europa tardomedieval y renacentista, de la que posee todas las características: proselitismo religioso, lucha contra el Islam, desarrollo espectacular del comercio, adelantos técnicos de conocimiento, ampliación de los límites de Europa.

CAPÍTULO VII (La Santa Liga)

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IMPERIO ESPAÑOL arlos había nacido en 1500 en Gante (Bélgica), durante los años del Renacimiento, esos años que consiguieron aunar, como la palabra lo dice, un renacer de las artes, donde existió también ruptura en el seno de la Iglesia entre la llamada Reforma y Contrarreforma y separación de territorios que hasta el momento habían constituido una unidad. Él era fruto de un nuevo espíritu individualista que imperaba en Europa; sin embargo, Carlos luchó por mantener unido el inmenso Imperio. De su madre Juana ―la loca‖, hija de Isabel de Castilla – Isabel la ―Católica‖-, heredó España y sus dominios, Cerdeña, Sicilia y Nápoles; Melilla, Orán, Trípoli y Canarias en África y la descubierta América; por su padre, Felipe el ―Hermoso‖ heredó Borgoña, Países Bajos, Flandes, Artois, Luxemburgo, Franco

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Condado, y de su abuelo Maximiliano, los dominios de los Habsburgo en Alemania, Austria, Estiria y Tirol. Sus disputas mayores fueron contra Francisco I de Francia y como se dice en el deporte, en cuatro oportunidades consiguió tres victorias y un empate; además, Carlos mantiene guerra contra los turcos y debe hacer frente al conflicto político religioso alemán. Francia participa colateralmente en el enfrentamiento porque Francisco I, en su rivalidad con la Casa de Austria, busca el apoyo naval de la flota de Barbarroja (Francia carece prácticamente de poder naval en el Mediterráneo desde que el genovés Doria se pone al servicio de Carlos I) y firma después una alianza (aparentemente comercial) con Solimán ―El Magnífico‖. Esta alianza le permite a Francia disponer de una escuadra que amenaza a España en su mismo

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umbral y el Sultán obtiene unas magnificas bases de operaciones en el Mediterráneo occidental. Francia rechaza con fuerza la idea de una monarquía universal –la oposición entre dos manera de entender Europa-; Carlos era más dialogante y menos intolerante que su hijo Felipe II; contra los protestantes combatió, más porque se rebelaron contra su autoridad que por cuestiones religiosas, y contra los turcos, más que una cruzada, fue por la invasión de los turcos a sus dominios. Carlos V se vio obligado a aceptar una paz duradera con los protestantes y a reconocer la libertad religiosa de los príncipes alemanes, quienes además obtenían la garantía de que sus súbditos debían acatar la misma confesión religiosa que sus señores eligieron. El Emperador Carlos I de España y V de Alemania y su hijo Felipe II, cabezas de un Imperio global, en cuanto a que sus posesiones y sus intereses se encontraban diseminados en todos los continentes habitados del planeta, acaudillan la ofensiva religiosa-católica, política y comercial contra los príncipes alemanes protestantes, Francia, Inglaterra, Países Bajos y Turquía, que bajo el mandato del sultán Solimán, el ―Magnífico‖, alcanza su mayor esplendor, penetrando con sus conquistas hasta el corazón de Europa. Fue cediendo territorios a su hijo Felipe, y a su hermano, y finalmente se retiró al monasterio de Yuste, en la región de Extremadura, en España. Murió en 1558 –él fue defensor del último gran Imperio Europeo de la Edad Media- y en el plano económico y político, el precursor de una Europa unida que pudiera formar un solo Estado. Felipe II con una vocación ibérica mucho más que europea, asumió el compromiso de sujetar a Francia, acabar con los herejes protestantes y contener el empuje turco, en sus aspectos político, económico y religioso en el mar Mediterráneo. Contando con las inmensas y crecientes riquezas que las Indias le proporcionaban, no dejó en toda su vida de preocuparse por la consecución de sus objetivos – los recursos de sus riquezas se lidapidaron en una especie de lucha cósmica del ―católico monarca‖-;

con el fracaso de la llamada Armada Invencible en 1588, se empezó a perder la supremacía naval en el Atlántico, fundamental para resguardar las posesiones ultramarinas y su tráfico comercial. La afluencia de metales preciosos, sobre todo plata, causó una fuerte alza de los precios en Europa durante todo el siglo XVI y lamentablemente no sirvió para capitalizar la economía productiva peninsular, acudiéndose cada vez con mayor medida a los préstamos de banqueros alemanes y genoveses. Había demasiados estamentos no productivos que gozaban de privilegios y exenciones fiscales (nobleza - clero – milicia). España y Venecia El Nuevo Mundo atrae gran parte de los esfuerzos de la Corona española y sus intereses en aquellas regiones y en el Atlántico, comienzan a verse perturbados por franceses, ingleses y holandeses, que ya actúan de formas más o menos directa, con el apoyo que ofrecen a los piratas y corsarios. La vastedad y dispersión del territorio, con los problemas políticos, religiosos y militares que sus regencias comportan, hacen que Felipe II sea el primer gobernante de la tierra que haya de enfrentarse con problemas políticos y estratégicos ―globales‖. Su política y su estrategia, se apoyarán en un despliegue mundial, y la presión militar en que se sustenta su política, dependerá de la prioridad que asigne a cada situación, momento y lugar. Venecia, como Estado talasocrático mediterráneo, carece de problemas marítimos ajenos al ámbito del Mare Nostrum; esta circunstancia y la fuerte carga de visión comercial de sus navegantes, hacen que el eje principal de su política se apoye en la seguridad de su tráfico marítimo en ese mar y en la libertad de acceso a Europa Central a través de las vías de penetración del nordeste de Italia. Su estrategia, en consecuencia opera contra las amenazas que sobre ambos fines gravitan: la turca, que pone en peligro la prosperidad a través del mar y apunta por tierra hacía el paso de unión entre el

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norte de Italia y Centroeuropea; y la española, de la casa de Austria, cuya expansión en la península Italiana puede reducir al Estado Veneciano a una situación de vasallaje similar al de Génova. Turquía, que goza de un poder marítimo con capacidad suficiente para permitirse el logro de una soberanía ―ecuménica‖ (aunque limitada a la cuenca mediterránea y regiones adyacentes, similar y heredera a la ejercida antaño por Roma) y unos oponentes que persiguen fines heterogéneos en pro de una seguridad mediante la contención ofensiva, cuya única vía de acción es el mar; y a través del mar tratarán de lograr la victoria. Desde los albores del siglo XVI, los acontecimientos que se producen en el Mediterráneo no son solamente la consecuencia de situaciones políticas, económicas y sociales, exclusivas de los pueblos limítrofes de su cuenca, sino también el resultado de unas relaciones internacionales que se extienden ya sobre una más vasta geografía mundial. En los problemas propiamente mediterráneos inciden también los europeos, derivados del secular antagonismo hispano-francés; las luchas religiosas entre católicos y protestantes; el enfrentamiento turco-europeo en Hungría. La constante pugna religiosa y territorial sostenida por los turcos y persas; la contienda portuguesa con los Estados musulmanes del Indico Noroccidental para asegurar su tráfico marítimo con Oriente e incluso los problemas del Atlántico y del Nuevo Mundo, en cuanto que precisan conjunción coordinada de esfuerzos y medios en la zona mediterránea de responsabilidad española. España y Venecia son los principales protagonistas

de la estrategia mediterránea en su papel de oponentes al avance turco en el Mare Nostrum. España cuyos problemas se extienden no solamente por el Mediterráneo y Europa, sino a través del Atlántico y Nuevo Mundo. Tiende a mantener en el Mediterráneo (mediante la guerra y la negociación) un sistema estratégico defensivo que asegure las vías de comunicación marítima que unen sus reinos y aleje la amenaza que pesa sobre sus territorios. Venecia empuña las armas varias veces para defender sus enclaves y tráfico, ante el empuje otomano, sin que su política mercantilista olvide la opción de lograr una pronta paz negociada que le permita la explotación de monopolios comerciales entre Oriente y Occidente, que son la fuente principal de los recursos económicos para su pueblo. En la promoción de una causa común, que permita superar las mediatizaciones particulares de venecianos y españoles (y que restan eficacia a las alianzas contra el turco), los Papas actúan aunando voluntades y criterios, alentados por el celo que les infunde un añejo espíritu cruzado.

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LEPANTO La “Alianza forzada” n las continuas hostilidades que se desarrollaban en el Mediterráneo, principalmente entre Venecia y Turquía, con fuerte ofensiva por parte de los turcos que atacaban todos los enclaves venecianos, se produce en julio de 1570 el desembarco de un gran ejército turco en la isla de Chipre, posesión veneciana. En tres meses ocupan la casi totalidad de la isla, resistiendo la ciudad de Famagusta, dotada de potentes fortificaciones defensivas. En octubre se inicia el sitio, donde los turcos –sus zapadores- fabricarán todo un cinturón de trincheras muy profundas, para no ser blanco de las armas de los sitiados e impedirles cualquier fuga. Durante diez meses, las labores de zapa y colocación de minas junto a las murallas para abrir brechas –y las contraminas de los defensores-, se alternarán con grandes asaltos de los 250.000 turcos contra los 10.000 defensores, venecianos y griegos, que resistirán valerosamente, produciendo terribles pérdidas entre los sitiadores y, sobre todo, con un gran porcentaje de muertos y heridos entre los hombres que componen su infantería de élite, los temibles jenízaros.

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Los gobernantes cristianos decidieron en 1571 realizar un gran esfuerzo para destruir el poderío naval turco y privar a los piratas de la protección del sultán, además de, por consecuencia, levantar el sitio de Famagusta. Los componentes de la flota aliada –la ―Santa Liga‖, nombre dado por el Papa al Tratado de alianza, de clara connotación religiosa-, serán España, Venecia –las más grandes afectadas en sus intereses, y quienes aportarán en la mayor proporción, barcos, hombres y dinero –y Génova, el Papa y los caballeros de Malta- la orden de monjessoldados, que antes de aposentarse, en propiedad, en la isla de Malta, donada por Carlos V, eran llamados ―Hospitalarios de San Juan‖. Como miembro principal de la alianza, el rey de España, Felipe II, disfrutó del privilegio de designar al Comandante de aquella Armada. El elegido fue su hermano Juan, hijo ilegítimo de Carlos V, que para ese momento contaba con solo 24 años de edad. Por meses se intentó poner en marcha la operación, que no resultaba fácil, no sólo por la concentración de naves, hombres y pertrechos, sino por los celos y rivalidades entre los aliados. El joven Don Juan, haría gala de gran tacto, así como, de gran determinación para imponerse sobre los viejos y curtidos capitanes, logrando aunar voluntades en búsqueda de los objetivos propuestos. Finalmente, al amanecer del 16 de septiembre, muy avanzada la temporada, en pleno otoño y corriendo el riesgo de posibles tormentas, la flota salió del puerto de Mesina (Sicilia), para acercarse a las costas occidentales de Grecia, en procura de la flota turca, esperando conseguirla concentrada, al tope de sus efectivos y así, poder plantear una batalla decisiva, que sí se lograba la victoria, obtendrían los logros deseados, permitiendo, como primer paso, levantar el cerco de Famagusta. Esa liberación de la isla de Chipre, no se produciría. En los primeros días de octubre, la flota cristiana recibe la información de que el último bastión veneciano en la isla de Chipre había sucumbido hacía más de un mes. El 1 de agosto, el valeroso Comandante veneciano Marco Antonio Bragadin, con dos tercios

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de sus hombres muertos, y heridos el resto, de menor o mayor gravedad, negocia una tregua, aceptada por los turcos, por la cual, a las tropas y habitantes de la ciudad les serían respetadas sus vidas y, aun cayendo prisioneros, tratados con dignidad. El Comandante turco retractándose de la palabra dada –furioso por las grandes pérdidas sufridas- una vez ocupada la ciudad, someterá a todo tipo de crueldades a los supervivientes y llevado de su ira y odio religioso, mandó cortar a Bragadin, nariz y orejas, le obligaron a acarrear piedras y tierra, y días después, para rematar la faena… le despellejaron vivo.

Golfo de Corinto-, y protegida en esas aguas interiores por costas amigas en posesión turca, se acerca en la madrugada del 7 de octubre de 1571 y al amanecer, su vanguardia entraba al golfo y a los pocos minutos, avistaba a la totalidad de la flota adversaria.

En un estado de ánimo de furia asesina, la flota aliada, enterada de la posición de las naves turcas – al abrigo del Golfo de Lepanto, parte final del gran

La Armada aliada estaba compuesta por 209 galeras, en las que navegaban 91.000 hombres, entre remeros, guerreros y marineros. La turca estaba conformada por 275 galeras y 92.000 hombres. Exceptuando el uso del cañón, el modo de manejar aquellos barcos en el combate le hubiera resultado familiar a los que intervinieron en la batalla de Salamina, dos mil años antes. Los remos seguían siendo el principal medio de propulsión, si bien las velas eran mayores y manejadas bastante mejor. Lo distinto, la artillería, carecía de una puntería eficaz, pues los artilleros no disponían de instrumentos que compensaran el continúo cabeceo de las naves y el fuego de sus cañones tenía muy poco alcance; eso sí, a poca distancia eran capaces de ocasionar terribles daños. La táctica consistía, después de descargar los cañones, en penetrar la nave enemiga con el espolón y/o acercarse, situarse a su costado y abordarla. El momento decisivo era aquel en que los soldados luchaban cuerpo a cuerpo sobre puentes resbaladizos.

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Cervantes En la galera la ―Marquesa‖, un joven infante de marina –―soldado de distinción‖- llamado Miguel de Cervantes Saavedra, a pesar de haber estado todo el día y noche anterior aquejado de fuerte fiebre, se apresta al combate y toma el mando de otros cinco infantes, para cumplir con la misión de defender la popa de la nave. Nacido en Alcalá de Henares, cerca de Madrid, se había ido a Italia para hacerse soldado y como él diría tiempo después, ―conseguir fama y fortuna‖. Sienta plaza de infante de marina en el ―Tercio de la Armada de la Mar Océano‖. En el combate, recibe dos arcabuzazos en el pecho, que afortunadamente fueron poco graves, al tener la protección del peto; sin embargo, otro disparo, recibido en el brazo izquierdo, le produce la invalidez de brazo y mano para el resto de su vida, circunstancia que le vale el sobrenombre de ―el manco de Lepanto‖. Cervantes calificaría los acontecimientos de esa gran batalla como ―la más alta ocasión que vieron los siglos y esperan ver los venideros‖. Cuatro años más tarde, cuando regresaba a España con su hermano Rodrigo, es hecho preso por los piratas berberiscos y queda cautivo en Argel; se pagará por su rescate y, ya libre, Cervantes se alistará de nuevo en el mismo Tercio –a pesar del brazo inmovilizado-, embarcando en la galera San Mateo como soldado ―aventajado‖ –distinguido- y en 1582 toma parte en la batalla naval de la isla Tercera (archipiélago de las Azores), junto con su hermano Rodrigo, acción en la cual, Alonso de Bazán derrotaba a una escuadra inglesa. Terminada esa campaña, en lo particular –sin fama y sin fortuna-, Cervantes se retira del servicio de las armas. Un día, estando en la cárcel, pudo terminar de escribir el libro: ―El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha‖, más la fortuna nunca le llegará y la fama se hará de rogar, hasta que después de muerto, lo ensalzará ante la posteridad como ―El príncipe de las letras castellanas‖. Amigo lector, como usted habrá apreciado al hablarle de Cervantes, lo califiqué no sólo como

soldado, sino como un soldado perteneciente a la Infantería de Marina. Ciertamente lo era, y el Cuerpo al cual pertenecía, estaba naciendo históricamente en ese tiempo. Bien sabemos a estas alturas de la narración, que guerreros los hubo siempre en las naves, desde que éstas aparecieron surcando ríos y mares, pero estos hombres eran asignados a luchar en el mar, sin que estuvieran organizados como fuerza perteneciente a alguna Marina. Solamente los romanos, en época del Imperio, formaron las llamadas ―cohortes‖ marinas, pero con casi nula vocación naval y sin que nunca efectuaran tarea alguna que tuviera que ver con desembarco en costa enemiga, sin tampoco dotarlas de una organización adecuada. Infantería de marina La continua expansión del Poder Naval turco y el aumento de sus fuerzas de operaciones obligaron a embarcar frecuentemente en las galeras españolas, ―guarniciones extraordinarias‖. El difícil reclutamiento de estos refuerzos, compuestos con excesiva frecuencia por gente sin actitud ni vocación para el oficio de las armas y por si fuera poco sin experiencia de soldados, hizo volver los ojos a las bien adiestradas unidades de Infantería Española, compuesta por soldados de vocación y oficio: los llamados Tercios. Pronto el infante se adaptó al medio naval y aunque nunca tuvo en el abordaje y en la defensa contra el abordaje, la agilidad del marinero, la suplió con la destreza en el tiro del arcabuz, en el manejo de la espada y con su disciplina. Como Cuerpo autónomo, fueron creadas las primeras unidades en 1537 por Carlos I. Asignó de forma permanente a las Escuadras de Galeras del Mediterráneo, las ―Compañías Viejas del Mar de Nápoles‖ (treinta arcabuceros por galera).

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La voz ―tercio‖ data del tiempo de los Reyes Católicos; como Unidad Táctica fue creado en Italia por Gonzalo Fernández de Córdova, como una unidad autónoma, que supo utilizar brillantemente, con una original doctrina de combate. Su denominación no aparece muy clara; unos la atribuyen al de tercera parte del antiguo cuadro de picas que se formaba en la batalla como masa de choque; otros, a la repartición por terceras partes de sus hombres (un tercio de arcabuceros, otro de piqueros y otro de rodeleros) y, posiblemente, al mantenimiento de un cuerpo de tropas en Italia, distribuidos por terceras partes entre las posesiones españolas de Nápoles, Sicilia y Lombardía, cada una de las cuales era un tercio del conjunto; su carácter era esencialmente móvil, expedicionario, no creado para guarnecer. Tenía el Tercio entre 3.000 hombres y 3.600, constaba de tres coronelías (con unos 1.000 hombres cada una), de cuatro compañías (250 hombres), divididas en escuadrillas o escuadras de 25 hombres y un núcleo de tropas de apoyo, incluidos prebostes -―policía militar‖directamente dependiente del Jefe del Tercio, el Maestre de Campo. Felipe II consideró que era preciso organizar equipos permanentes de fuerzas navales y terrestres que estuviesen en condición de combatir a bordo y en tierra y de que mantuviesen una ―disponibilidad casi absoluta‖. A cada escuadra se le asignó un Tercio y cada galera no tenía su propia Infantería, sino que ésta le era asignada y dosificada según el tipo de misión. En 1564 se dispone que en las galeras que estuvieron a sueldo de la Corona, se embarque en lugar de su propia gente de guerra, unidades de la infantería que se tiene en Nápoles, Sicilia, Lombardía y España; así como también de la que se organiza en lo sucesivo a partir de este momento; la Infantería embarcada desplaza totalmente en los nuevos asientos a los viejos núcleos de gentes de pelea que formaban parte de la dotación ordinaria de la galera. La necesidad de disponer en las campañas de suficiente guarnición para galeras y bajeles, sin tener por ello que debilitar la defensa de plazas y fortalezas, induce a la adscripción permanente de un

―Tercio‖ al conjunto de las Fuerzas Navales españolas del Mediterráneo; se instituye así el Tercio de Armada que no sólo embarca en los bajeles redondos sino que constituye guarnición extraordinaria en las galeras y que, posteriormente, con sede en San Fernando, Cádiz –sin estar adscrito a ninguna Escuadra en particular- se le puede considerar como la primera Unidad Táctica de Desembarco de la Infantería de Marina. Esta necesidad de adscripción permanente de guarniciones se advierte también a nivel de Escuadras. Se trata de dotar a las escuadras de galeras de su propia infantería; aparecen así los Tercios de galeras como el Tercio de la Mar de Nápoles, adscrito a la Escuadra de Galeras de Nápoles, y el Tercio de Sicilia, a la Escuadra de Galeras de Sicilia. A la Escuadra de Galeras de España se le adscribe un Tercio; cuando precisa refuerzos se recurre a la Infantería de Armada (al Tercio de Armada). En el Atlántico, para guarnición a los galeones de Armada que protegían a la Flota de Indias, se crea el Tercio de Galeones. Causales La guerra es multifacética, son muchas y variadas las razones que subyacen en el inicio de los conflictos bélicos. Pero se considera que en cada uno de esos conflictos, destaca una razón en forma preeminente sobre las otras. Al examinar las guerras que en el mundo han sido y siempre dejando que la última examinada esté a bastante distancia en el tiempo del analista, se ha podido establecer un gráfico –una torta- en que cada trozo de esa torta es una de las razones que los contendientes alegaron para dar inicio al conflicto. Una vez examinadas, desde que se tiene noticia histórica, se puede constatar que en un 80%, un segmento –un trozo de la torta- destaca sobre los demás. Ese segmento es el económico y nos ilustra, por tanto, que en esa gran proporción, la motivación principal fue por los intereses económicos. En un 13% de las guerras, la motivación que predominó fue el sentido ideológico/político y sólo

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el 7% restante fue por motivos religiosos. En el primer caso, el más común, el económico, los contendientes, aún vencido uno de ellos, llegaron a ciertos arreglos que incluso suponían ayudas económicas del vencedor al vencido, para colaborar en la reconstrucción del país y de sus infraestructuras. Más difícil es llegar a arreglos cuando la motivación ha sido de tipo ideológico/político, pero también se ha conseguido. Lo que es prácticamente imposible para conseguir algo positivo y que incluso impide la rendición de uno de ellos –aún en fase de su aniquilación- es cuando el fanatismo, y sobre todo, el fanatismo religioso convierte a los hombres en seres irracionales. El fanático religioso está dispuesto a exterminar al de distinta fé, pero si sucediera lo contrario, la posibilidad de perder la vida es visto con complacencia, pues pasará directamente a su Paraíso particular, confundiéndose con la Divinidad. Curiosamente, en el caso de la guerra en donde se enmarca la batalla de Lepanto, la torta correspondiente muestra tres trozos que destacan sobre los demás y que son similares entre sí. O sea, que hubo razones muy fuertes y análogas de tipo económico, ideológico/político y religioso. Pero en el momento de la batalla, a los hombres de ambos barcos que iban sobre las naves, el motivo directo, determinante, vengativo, intransigente y cruel, fue el del odio religioso. Los barcos se estremecieron al chocar entre sí; los hombres gritaban en todas las lenguas y dialectos del Mediterráneo y la lucha era feroz y mortífera. El encuentro está considerado como uno de los más sangrientos que se conocen. En las cuatro horas de duración, los aliados admitieron haber tenido ocho mil muertos y dieciséis mil heridos. Nadie sabe a ciencia cierta las bajas turcas pero los historiadores aceptan generalmente la cifra de 25.000 muertos. Frases como que ―las aguas del golfo cambiaron del azul al rojo‖ no parecen exageradas ante tal mortandad.

Las claves de la victoria En el triunfo resonante que obtuvo la escuadra aliada intervinieron diversos factores, entre los que cabe destacar la excelencia de los infantes de los Tercios españoles, la potencia artillera de las galeazas venecianas, y la oportuna intervención de la Escuadra de Socorro en los momentos decisivos. La potencia de fuego de las seis galeazas de Venecia hizo mucho daño al enemigo. Colocadas en vanguardia, la descarga de sus más de 260 cañones, rompió las formación de los turcos en el primer momento de la batalla. Durante las cuatro horas que siguieron, actuaron como auténticas fortalezas flotantes, castigando duramente a las galeras turcas desde las posiciones que mantuvieron después del pase por sus costados de las naves turcas, manteniéndose en su retaguardia. La superioridad de la infantería española se hizo patente en la prolongada lucha que caracterizó a la acción de Lepanto, en donde 1.500 arcabuceros reforzaron a las galeras venecianas. Los protagonistas eran veteranos de muchas batallas y se puso de manifiesto claramente su mayor dominio de las armas de fuego, su disciplina y mejor preparación para el combate. Por el contrario, los guerreros turcos eran tropas altamente fanatizadas pero sin mucha disciplina, provenientes del interior del Imperio, que preferían usar ballestas y sobre todo, arcos, por su mayor facilidad en la carga y disparo de las flechas. Por supuesto, también se encontraban los ―jenízaros‖, sus tropas de élite, pero no en la cantidad que hubieran deseado los Almirantes turcos, pues, en los dos meses anteriores a la batalla naval, en el asedio y asalto a la ciudad de Famagusta, en la isla de Chipre, ante la heroica resistencia de sus defensores, los jenízaros habían sufrido muchas bajas. Igualmente se considera decisiva la soberbia utilización que Don Álvaro de Bazán hizo de las treinta galeras que integraban la Escuadra de Reserva o Socorro, cuyo mando se le había confiado.

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LA CAPITANA

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Para muchos, el ―marqués de Santa Cruz‖ fué en efecto, el verdadero artífice de la victoria. Sus barcos y hombres aparecieron invariablemente en los momentos más críticos del combate para decidir la lucha a favor de los aliados. Del mismo modo, parece importante la circunstancia de que en la escuadra de la Liga había bastantes remeros voluntarios a los que se armaron para intervenir en la lucha y también a los galeotes. A todos ellos, para facilitarles sus movimientos y en caso de hundimiento de la nave, poder intentar salvarse, se les quitó los grilletes por orden de Don Juan de Austria, incluidos los remeros prisioneros, turcos y berberiscos, aún cuando, por supuesto, a éstos, sin darles armas. Por otra parte, los musulmanes luchaban a la vista de las costas, que eran posesión turca, y que podían alcanzar con relativa facilidad si la suerte le era adversa a la nave de la cual formaban parte y ellos caían al agua, tanto heridos como ilesos. Sin embargo, los cristianos solo podían esperar lo peor, si por circunstancias similares, se refugiaban en aquellas tierras hostiles. No tenían pues, otra alternativa que vencer o morir. El resultado estratégico de Lepanto es una victoria infructuosa, porque la destrucción de la fuerza naval enemiga no trajo consigo la explotación del dominio del mar, al no conquistar las bases operativas turcas y sus astilleros y arsenales. Lo avanzado de la estación –octubreimposibilitaba proseguir la campaña. Si Lepanto hubiera tenido otro signo, todo el flanco sur europeo y las costa de África del Norte habrían quedado a merced del vencedor y, con sus ejércitos ya instalados en el corazón de Europa, posiblemente ésta habría perdido su papel preponderante en la cultura del mundo. Muy pocos años después de la batalla, españoles y turcos se repartían tácitamente el Mediterráneo, que quedaba dividido en dos zonas de influencia; la occidental, bajo el dominio de España y la oriental sometida al poderío turco que se había recuperado con gran rapidez de las tremendas pérdidas experimentadas en Lepanto.

La gran perdedora fue Venecia, empezando desde ese momento su inevitable decadencia. Pero, a partir de entonces el famoso mar interior –el lago Romano- el ―Mare Nostrum‖, quedo fuera de poder ser el escenario de la lucha por la hegemonía naval, al trasladarse la escena a los grandes océanos: Atlántico y Pacífico. En dos ocasiones anteriores, Salamina y Actium, se enfrentaron el Occidente y el Oriente. Ambas son consideradas batallas decisivas porque del resultado de las mismas, se podía deducir la marcha en el futuro de la Historia. Lepanto es la tercera ocasión en que ese razonamiento se producía. En los tres casos, la victoria fue del Occidente pero podría decirse que esa acción también marca el fin del protagonismo del Mar Mediterráneo, ya que unos años antes se habían iniciado las grandes exploraciones marítimas que a través del comercio y la conquista, harían bascular los centros de poder, usando como camino, los grandes océanos: Atlántico y Pacífico.

CAPÍTULO I (El Encuentro)

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AMÉRICA: 1492
Especulaciones as especulaciones acerca de quiénes eran los habitantes del Nuevo Mundo y de dónde habían llegado, empezaron ya con los primeros contactos. Colón creyó que eran nativos de las Indias orientales, tal vez sujetos al Gran Khan, descrito por Marco Polo. Durante el siglo XVI acudieron a América frailes y sacerdotes con un notable grado de cultura. Muchas de las tradiciones indígenas que encontraron en México hablaban de la llegada de los indios ancestrales en barcos que procedían del mar oriental, y numerosos misioneros se convencieron de que estaban tratando con descendientes de las diez tribus perdidas de Israel, que se describen en el Antiguo Testamento. En 1590, el jesuita José de Acosta publicaba su ―Historia natural y moral de las Indias‖, en la que exponía otra teoría: que los nativos del Nuevo Mundo no se parecían a los judíos, sino a las gentes de Tartaria, y que habían pasado desde el Asia nororiental a su hemisferio. La teoría de Acosta, claro está, es la que ha sobrevivido al paso del tiempo, aunque este autor no tuvo manera de conocer el cuándo, dónde y porqué de la migración desde Asia al Nuevo Mundo, toda vez que en aquel tiempo los europeos nada sabían de Alaska, Siberia o el estrecho de Bering. Después de la Revolución norteamericana, cuando los blancos avanzaron por el Oeste más allá de los montes Apalaches, penetrando en territorio indio, empezaron a surgir nuevas especulaciones, especialmente en las primeras décadas del siglo XIX. A medida que los blancos avanzaban por las cuencas de los ríos Ohio y Mississippi encontraron fortificaciones antiguas que las tribus indias coetáneas no sabían explicar. En algunas hallaron enterramientos con objetos de cobre, perlas, mica y otras ofrendas exóticas y maravillosas. El pueblo misterioso que construyó tales fortificaciones fue conocido como los ―Mountbuilders‖. En la concepción racista y anti-india, se pensó que aquellos

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constructores no habían podido ser indios de piel oscura, sino de alguna raza blanca, desaparecida hacía mucho tiempo. Hay quien afirma que los nativos americanos son continuación de la mítica civilización de la Atlántida que al hundirse en el mar provocó la huida de la población hacía Mesoamérica y Egipto; otros dicen que es la consecuencia de la intervención de una inteligencia extraterrestre. Piri-Reis fue un marino turco del siglo XVI, que pasó su vida entre el corso y el estudio de la cosmografía. Escribió libros y, entre ellos, uno que tituló ―Bahriye‖: el ―Libro del Mar‖ o ―de la Navegación‖, que ilustró con doscientos quince mapas, algunos de los cuales eran ―antiguos y secretos‖. Conocía el español, el portugués, el italiano, el griego y, gracias a esto, pudo consultar notas de otros marinos, entre ellas un mapa que, al parecer, había sido utilizado por Cristóbal Colón y que le fue facilitado a Piri-Reis por un primo suyo, que a su vez se lo confiscó a un marino español que había formado parte de la expedición de Colón. La copia de Piri-Reis fue descubierta en 1929, mientras se realizaba un inventario del museo de Topkapi. Su descubridor, un cartógrafo adscrito al Servicio Hidrográfico de la Marina norteamericana, no le dió la mayor importancia. Pero un profesor, de la universidad de Bonn, lo presentó como descubrimiento en el XVIII Congreso de Estudios Orientales de Leyden (1931) y en 1956, otra copia del mismo mapa fue mostrada en un forum de la universidad de Georgetown. Lo increíble de aquella carta náutica saltó a la palestra científica mundial, por varias razones. La primera, porque el mapa trazaba el perfil atlántico de América en una época en la que ese perfil era aún desconocido en su totalidad. La segunda, porque confirmaba, con localizaciones precisas, un remoto descubrimiento de zonas septentrionales de América por parte de navegantes normandos de los inicios de la Era cristiana. La tercera, porque el mapa de Piri-Reis trazaba perfiles de costas del Ártico y de la Antártica que, por estar cubiertas por cientos de metros de hielo, no pudieron ser

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verificados hasta que métodos científicos, como el sonar, los revelaron, demostrando la exactitud del mapa del cosmógrafo de Solimán el Magnífico. Sólo cabe preguntarse qué pueblo pudo trazar los perfiles exactos de una América que, teóricamente, era tierra desconocida hasta que las carabelas colombinas la hollaron. El mapa de Piri-Reis ha suscitado polémicas que llegan hasta la sospecha de que nunca habría podido realizarse sin la ayuda de máquinas voladoras. Divagaciones aparte, el continente sufrió una migración humana que se esparció por todo el territorio. Existen tres teorías sobre la llegada de los primeros hombres a América. La primera, con origen en Melanesia, atravesando las islas del Pacifico en canoa. Hay que admitir que algunos eruditos recientes contemplan con seriedad la posible transmisión de ciertos rasgos culturales desde Asia a través del océano Pacífico. En particular habría que referirse, en este sentido, a ciertos detalles del sistema del calendario centroamericano que prueban una difusión al otro lado del Pacífico; probablemente no es casual, por ejemplo, que el calendario maya de eclipses que aparece en el códice de Dresde se fundamente exactamente en los mismos principios. La segunda, de origen australiano; durante la última glaciación, el hombre cruzaría por la Antártica desde Australia, entrando en América por la Tierra de Fuego. La tercera y más aceptada teoría: migración desde el noroeste de Siberia, cruzando el Estrecho de Bering hasta Alaska, hace unos 40.000 años y luego se fueron asentando de norte a sur. Esto fue posible porque durante los períodos de glaciaciones, Siberia y Alaska formaban un solo territorio emergido por el que se podía pasar caminando. Tal creencia tenía como base la idea de que los primeros inmigrantes hacia el Nuevo Mundo fueron exclusivamente asiáticos de tipo mongol que atravesaron por Bering en distintas épocas. De acuerdo con tal hipótesis las diferencias físicas y culturales observadas en los amerindios podrían explicarse por distintos grados de evolución

biológica en los diversos grupos que llegaron desde el noreste de Asia en el transcurso de milenios, y también por las diferencias ambientales en las regiones de América donde se instalaron los recién llegados. Otros investigadores, por el contrario, piensan que desde los tiempos más remotos los grupos humanos «multirraciales», de variado origen y de características físicas también diferentes, coexistieron en el continente americano, si bien aceptando unánimemente el predominio del elemento mongoloide. Paul Rivet sostiene que las poblaciones precolombinas proceden de la inmigración de cuatro grupos étnicos: mongoles y esquimales por Bering, australoides y melano-polinesios por el Pacífico. Tales conclusiones se basan en el estudio de los caracteres somáticos de ciertos grupos indígenas de la zona austral de América del Sur, de algunas regiones del Brasil, de Baja California y del Ecuador, así como sobre analogías culturales y lingüísticas con algunas poblaciones oceánicas. En relación a la lingüística, expertos en el tema asoman, por ejemplo, las afinidades entre ciertas voces húngaras –que es una lengua de remoto origen asiático- con palabras aborígenes americanas. También el profesor Francisco Pérez de Vega, de nacionalidad venezolana, al estudiar en profundidad la lengua ―Karibe‖, en análisis comparativo con el japonés –que conocía bien- halló correlaciones tan interesantes en su fonética, su morfología y sintaxis, que comprobarían un origen común entre los indios ―karibes‖ de Sudamérica y los japoneses, aunque tal origen fuera muy lejano en el tiempo. Otras autoridades señalan que el grupo melanesio-polinésico llegó al Sur del continente americano, en oleadas sucesivas, con intervalos irregulares, desde las cadenas de islas del Pacífico. Una de sus etapas intermedias –según las tradiciones ancestrales de sus habitantes- fue la isla de Pascua, en la actualidad, territorio chileno. Una de estas oleadas migratorias empezó a subir, costeando el litoral atlántico americano, cruzándose con otros pueblos, como los tupi-guaraníes,

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alcanzando el litoral del Golfo de Paria, en el noreste de Sudamérica, en lo que se denominaría ―Tierra Firme‖; allí, se mezclaron con los arawakos y empezaron a asentarse en las Antillas Menores y a incursionar con sus largas canoas en islas mayores como la Española y Puerto Rico, unos 30 años antes de la llegada de los europeos. Este connotado lingüista, Pérez de Vega, nos da a conocer que las lenguas pueden difundirse mucho más allá de su lugar de origen y que los pueblos no se pierden en la historia hasta que no haya desaparecido su idioma. También asevera ―que el hombre conoce a su patria, por la lengua que habla‖. Para Mendes Correa, el elemento australotasmaniano pudiera haber llegado por la Antártica a las costas meridionales de América, desplazándose a lo largo de la cadena de islas desde Tasmania a Tierra del Fuego. Se ha comprobado que entre los 15.000 y 6.000 años a. C. el continente antártico estaba libre del actual casquete de hielo, y que su clima era templado. Naturalmente dicho testimonie geológico no va acompañado de pruebas arqueológicas o etnográficas. Resulta por tanto muy difícil juzgar de tal posibilidad y probabilidad, dadas las actuales características geo-climáticas de la Antártida. Según Imbelloni, la historia pre-colombina no puede olvidar la aportación demográfica del sureste asiático, afirmando que hubo siete distintos grupos que inmigraron hacia América en épocas diversas y por vías de tránsito también variadas: tasmanoides, australoides, melanesoides, proto-indonesios, indonesios, mongoloides y esquimales. Ya establecidos en su nuevo hábitat, y por adaptación evolutiva, estos siete tipos inmigrantes se convirtieron en once variedades o sub-razas de amerindios. Recapitulando: 1.) De considerar algún pueblo como autóctono del Continente, sólo podría ser porque fuera habitado el territorio por humanos antes de lo que el conocimiento actual paleontológico cree conocer, pero que sin embargo no persistieron. Por tal razón, cuando las teorías del momento datan la llegada del hombre a Sudamérica

hacia el 16.000 a.C., se consiguen en Brasil restos humanos de hace 30.000 años a.C. 2.) Ni hubo antes, ni ahora, un tipo amerindio que sea homogéneo biológicamente. 3.) De las diferentes inmigraciones, la preponderante es de origen mongoloide. 4.) Por lo que se refiere a la llegada de otros tipos humanos para el poblamiento de América, el problema, subsiste -aún cuando cada vez más las anteriores teorías se estén sustentando-, todavía hay partes que están abiertas por las interrogantes siguientes: ¿cuales?, ¿en qué época?, ¿por cuál vía de comunicación?. Naturalmente, las teorías de Rivet e Imbelloni cobran mucha fuerza pero es casi imposible llegar a una clara definición, en tanto no se disponga de algún dato más concreto. Sea como fuere, en América se da un mosaico irrepetible de culturas que vivieron momentos de expansión, declive y extinción; su estado de desarrollo tecnológico estaba bastante atrasado con respecto no sólo a Europa, sino a Asia y como vimos en el volumen I, también a África. Intercomunicaciones Las pretensiones de una intercomunicación entre Europa y América del Norte en el período previkingo están envueltas en una concepción interesada y en un patriotismo étnico. Esto es cierto sobre todo por lo que se refiere a los supuestos viajes de monjes irlandeses al Nuevo Mundo, aunque puede encontrarse algo de verdad en las diferentes leyendas que giran en torno al viaje de Brendan (Barandán), un monje irlandés del siglo VI, en busca de un paraíso terrenal, llamado la «tierra prometida a los santos». Que los ascetas monjes irlandeses eran capaces de alcanzar costas muy distantes en embarcaciones totalmente primitivas, para establecer sus comunidades en lugares alejados, está demostrado por su colonización de las Orcadas, las Shetland, las Feroes, y muy probablemente también de Islandia. El relato del peregrinaje oceánico de Brendan hacia el Norte y el Oeste lo refieren varias fuentes

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de fecha muy posterior y era conocido en gran parte de Europa occidental. Colón se informó muy bien sobre él antes de su primera expedición. Brendan y sus compañeros de hábito pudieron haber alcanzado Groenlandia y, en alguna otra excursión, haber tocado efectivamente las tierras más templadas del Nuevo Mundo continental; tierras que habrían identificado con el Paraíso Terrenal que andaban buscando. Sin embargo, no existe prueba arqueológica alguna que demuestre la existencia de esos tempranos viajes irlandeses al hemisferio occidental, y la misma leyenda de Brendan está tan repleta de maravillas, que la mayor parte debe de ser una fábula. No es ese, en cambio, el caso de las grandes exploraciones vikingas alrededor del año 1000. Hasta hace relativamente poco tiempo, parecía que los vikingos no habían dejado ninguna prueba de su presencia física en Norteamérica, además del mapa de Piri-Reis. Pero en 1965 tuvo lugar el asombroso descubrimiento de un mapa que aparentemente databa del siglo XV, y que mostraba una tierra llamada Vinland, al oeste de la isla de Groenlandia. Se sostuvo que sólo pudo haber sido trazado a partir de cartas anteriores de viajeros nórdicos, y que por lo tanto ofrecía una prueba clara (si era necesario) de que habían llegado a Norteamérica. Sin embargo, muchos expertos ponían en duda la autenticidad del ―Mapa de Vinland‖, argumentando que no se conoce ningún otro mapa contemporáneo que describa Groenlandia como una isla. Las pruebas que se hicieron posteriormente demostraron que un pigmento usado en la tinta no habría empezado a utilizarse hasta finales del siglo XIX, y ahora, por lo general, se cree que es una falsificación del siglo XX. El alboroto y posterior polémica suscitada por el «Mapa de Vinland» desvió la atención del trabajo arqueológico que entonces se estaba llevando a cabo y que proporcionó pruebas indiscutibles de la presencia nórdica en Terranova. ¿Dónde estaba Vinlandia y qué era? Años de investigación y búsqueda condujeron a un erudito noruego a demostrar en forma concluyente que se

trataba de la extremidad septentrional de Terranova, donde descubrió y excavó un asentamiento escandinavo en un lugar conocido como ―L'Anse aux Meadows‖ (El Pato de las Praderas). Es el único yacimiento o asentamiento indiscutiblemente escandinavo en América del Norte, y debe de tratarse del lugar descrito en las sagas, y al parecer, coincide con uno de los puntos del mapa de PiriReis. Una serie de datos obtenidos con el radiocarbono fija su ocupación en torno al año 1000. Los cimientos de la casa, los sencillos artefactos escandinavos y las pruebas de fundición de hierro hidratado son típicos de los asentamientos escandinavos medievales en Noruega, Islandia y Groenlandia. ¿Cuál fue el efecto de este contacto sobre las poblaciones del Nuevo Mundo? Probablemente muy pequeño; la influencia europea sobre las culturas indígenas americanas fue mínima hasta la llegada de españoles y portugueses siglos más tarde. Pero antes, mucho antes, hay sospechas bien fundamentadas de que navegantes fenicios llegaron a esas mismas costas y que, de paso, establecen ciertas semejanzas con las tradiciones mexicanas de la llegada de barcos a su litoral, con hombres barbados. Grabados con signos fenicios han sido hallados en varios puntos de la geografía americana... pero también signos hebreos, desde el Matto Grosso, en Brasil, hasta el Estado de Massachussets, cerca de Boston. No hay que extrañarse de la aparición de signos de ambos pueblos, pues durante siglos, fenicios y hebreos mantuvieron fuertes lazos, colaborando en muchas expediciones mercantiles. Poblamiento. Antes de llegar al Nuevo Mundo, los europeos ya habían contactado con la mayoría de las civilizaciones del planeta y ninguna de ellas les sorprendió tanto como las que encontraron en aquel continente. No se hallaban en muchos casos, ante sociedades tribales, sino ante civilizaciones sumamente complejas, desarrolladas aisladamente

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del resto de los habitantes del mundo hasta entonces conocido. Las fuentes más reconocidas consideran que para el momento en que se produjo la llegada de Colón a América, el Continente se encontraba poblado por unos 15 millones de personas, repartidos de la siguiente manera: Imperio Azteca y pueblos aledaños, unos 4 millones; Imperio Inca: 4 millones; parte de las actuales Chile, Argentina, Uruguay y Brasil: 3 millones. El resto, 4 millones se asentaban entre los territorios caribeños, Centroamérica y la inmensa Norteamérica (EE.UU. y Canadá).

El aislamiento del Continente y la llegada posterior de étnias, todavía en un proceso bastante primario de civilización, fueran ellas, melanepolinésicas, autrolaoides o esquimales, harán que la evolución cultural americana sea autónoma y autóctona en sus fundamentos generales, no habiéndose dado en América hasta la llegada de los europeos, el fenómeno universal de influencias e ínter influencias que provocan rápidos ascensos en el escalafón de la civilización, como ocurre con la difusión del empleo del bronce o del hierro.

Las civilizaciones americanas siguen el mismo proceso que las del resto del mundo, en principio; es decir, cubren las mismas etapas: un ―paleolítico‖, llamado allí ―pre-cerámico‖; un ―neolítico‖ y una ―edad de los metales‖. Para el momento de su encuentro, habían llegado al escalón anterior al descubrimiento y uso del hierro (que ocurrió en Asia Menor, sobre el siglo XIV a.C.). Quizá por esta razón, las culturas amerindias son tan peculiares, singulares y originales. Hay que señalar cuáles son las características propias y comunes a todas las culturas indígenas americanas. Casi se puede hacer la generalización de que todas ellas son de carencias. Carecen del conocimiento del hierro, de las aplicaciones prácticas de la metalurgia; carecen del conocimiento de la rueda y de sus aplicaciones, como el torno del alfarero o la polea o el arado; carecen de cuadrúpedos domesticados para tiro, monta y carga –a excepción de las llamas peruanas, usadas sólo para carga-; carecen de escritura, ya que existen en América petroglifos, como en el resto del mundo, pero de los americanos no se derivó la escritura –a excepción de la sacerdotal, usada por los mayas-, que sigue un procedimiento original y autónomo, diferente del proceso general del hallazgo de la escritura en las demás civilizaciones. Ninguno de esos conocimientos fueron importados por los siguientes pobladores, que no habían llegado todavía a tenerlos. Así, se da el caso de que no tenían ni caballos, ni vacas, ni toros, ni cabras, ovejas y cerdos; no los había ni tampoco fueron importados hasta la llegada de los europeos. Sus conquistas se hacen a pie, como el ―miles‖ romano; con su impedimenta a cuestas. Sus armas se afilan en el roce con materiales más duros. En el combate, los encuentros son en masa, y luego, peleas individuales. Sus edificios son construidos a

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fuerza de brazos, aunque, como en el caso de las pirámides egipcias, persiste la duda, de cómo pudieron realizarse, aún contando con el aporte de los mayores esfuerzos humanos. Auge y ocaso de la civilización maya Desde el siglo X a. C., pueblos procedentes del altiplano de Guatemala se establecieron en las selvas y tierras bajas del interior, en torno al lago Petén. El llamado «periodo formativo», caracterizado por el conocimiento de la agricultura y la cerámica, y por la existencia de estructuras sociales igualitarias, terminó en el siglo IV d. C., dando paso al periodo clásico (siglos IV-X). Para entonces, por evolución interna y por influencia de otras culturas mesoamericanas (olmecas, Teotihuacán), ya se habían fraguado los rasgos básicos de la cultura maya, que se diferenció de otras de la zona por el uso de una escritura jeroglífica, en el recto sentido de esta palabra, ya que, si ―hiero-glifo‖ significa ―signo sagrado‖, la escritura maya fue exclusivamente sagrada, usada y entendida solo por los sacerdotes, desde el comienzo de su civilización hasta su segunda decadencia; una cronología histórica, un complejo ritual religioso reflejado en el arte y el desarrollo de nuevos sistemas constructivos. Su ámbito de difusión abarcó los estados de Yucatán, Campeche, Quintana Roo y parte de Chiapas y Tabasco, en México, los departamentos del Petén e Izaba) (Guatemala), Bélice y el noreste de Honduras.

A partir del siglo VIII se produjo la decadencia del mundo maya clásico. Las causas no están claras, aunque probablemente se combinaron factores ecológicos (agotamiento de los suelos), luchas sociales e invasiones exteriores de pueblos del valle de México (toltecas). A partir del siglo X, las viejas ciudades de las tierras bajas fueron abandonadas y literalmente «engullidas» de nuevo por la selva, mientras surgían nuevos centros en la península de Yucatán y las tierras altas guatemaltecas: Chichén Itzá, Mayapán, Uxmal, Kaban. Allí, los descendientes de los mayas clásicos se fundieron con pueblos procedentes del norte, configurando la nueva civilización del periodo post-clásico (siglos X-XV). La nueva sociedad maya era más guerrera que la anterior, lo que se reflejó en las estructuras sociales y las relaciones políticas. Para cuando llegaron los españoles (siglo XVI), la mayoría de sus ciudades estaban ya desiertas, por la disolución de las estructuras sociales y políticas. La sociedad maya primitiva se estructuraba en torno a clanes de familias nucleares y monógamas, con un antepasado común. Poco a poco, los distintos linajes fueron acaparando funciones específicas, hasta configurar una sociedad fuertemente jerarquizada. La cúspide la constituía el ―HalachUinic‖, descendiente de los dioses. Esta monarquía teocrática se transmitía de padres a hijos. Existía también una nobleza de sangre, emparentada con los soberanos, a los que auxiliaban en las tareas de gobierno y del culto religioso. Una clase de nobles inferiores procedía de las jefaturas de los clanes, en un nivel más bajo estaban los funcionarios de la administración y de los templos, los comerciantes y los artesanos. Y por último los campesinos, base de la pirámide social. Las ciudades eran centros políticos y religiosos, donde se concentraban las construcciones monumentales. La población campesina, a diferencia de las otras clases, no solía residir en ellas y acudía con ocasión de las grandes festividades religiosas.

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Las grandes ceremonias religiosas servían para reunir a toda la comunidad, y transmitir a las capas inferiores la ideología del grupo dominante, asegurando la cohesión social y política. Por ello era importante el desarrollo de un ceremonial complejo e impresionante, desplegado en los grandes centros religiosos. Estos actos se celebraban con ocasión de acontecimientos políticos, fenómenos naturales y en fechas festivas fijadas previamente. En las ceremonias, que incluían sacrificios (a veces humanos) servían fundamentalmente para asegurar el cumplimiento del ciclo cósmico y la supervivencia del mundo. Aztecas Su sociedad: esclavos; plebeyos, altos o bajos; los altos tenían en propiedad un terreno vitalicio para edificar su vivienda; los segundos, eran campesinos de tierras arrendadas; después, los nobles; por encima, el ―Tlatoani‖- Emperador-; un semi-dios con atribuciones políticas, militares, jurídicas, fiscales y legislativas. Los esclavos solo podían obtener su libertad bien por pago de ésta, o bien escapando y llegando al

palacio real sin ser atrapados. La nobleza era un estamento muy rígido, sólo se podía acceder por línea hereditaria, por línea religiosa –sacerdotes, o por meritos personales: guerreros destacados. En su religión, el sacrificio humano era un rito habitual, en el que se ofrecían muchísimas vidas a los dioses, con el fin de evitar que llegara el fin del mundo, tras la extinción del sol. (Entre 15 y 25 mil personas al año; en un siglo de dominación debieron ofrecer sobre dos millones de vidas). La necesidad de buscar víctimas llevó a las ―guerras de las flores‖, incursiones en tierras aledañas al Imperio (a propósito, sin conquistar, para hacer prisioneros – sin tampoco interesarles su aniquilamiento-, permitiéndoles que siguieran reproduciéndose; así aseguraban suficientes víctimas para sus sacrificios). El arte azteca es un arte al servicio del Estado, su componente político-religioso fue omnipresente (desarrollaron buenos planes urbanísticos, y obtuvieron ingresos haciendo pagar a los pueblos sometidos dentro del Imperio), obviamente, sufrieron de muchas luchas internas y como consecuencia, de una gran falta de cohesión.

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El Tahuantinsuyo. Los quechuas, llamados Incas por los españoles, siendo solamente su soberano el ―Inca‖. Se instalaron a mediados del siglo XIII en el Valle del Cuzco. Comenzaron su expansión, sometiendo a poderosas culturas como la Chimú del norte del Perú. Los distintos soberanos, con capital en Cuzco, fueron ampliando su territorio, que al fin del siglo XV abarcaba los actuales Perú, Bolivia, Ecuador y norte de Chile y Argentina, por medio de un sistema teocrático y autoritario. El sistema político y económico quechua se basaba en una teocracia organizada en estratos sociales y dominada por el todopoderoso Inca, ―Hijo del Sol‖, adorado como un dios viviente, con un poder absoluto sobre el ―Tahuantinsuyo‖ (Tierra de los cuatro cuarteles), es decir, el Imperio, dividido en cuatro regiones.

Se regían por un sistema de castas, sumamente rígido para los pueblos sometidos; por generaciones, la persona no podía escalar a otra posición social. La base era la unidad familiar –―Ayllu‖- que roturaba un área de tierra, bajo un férreo control estatal. El Estado, con buen criterio, exigía una porción de la cosecha para su posterior almacenamiento en silos. Estos eran utilizados sólo en caso de catástrofe o hambruna generalizada. Para el control eficaz de tan vasto imperio se construyeron más de 20.000 kms. de calzadas. Las órdenes cruzaban el territorio a mano de los ―chasquis‖, mensajeros que por medio de relevos garantizaban la llegada de esas órdenes, en breve tiempo, a los lugares más apartados. Esas órdenes – no escritas- pues no existía la escritura, se interpretaban a través de ―quipus‖ – sistema de cintas de colores anudadas a diferentes alturas y que de acuerdo a su disposición, ofrecían distintos significados conceptúales y numéricos. Al final, los cimientos del Imperio, estaban muy debilitados por las insurrecciones de los pueblos sometidos. Una de las más singulares ironías de la Historia es que las civilizaciones más adelantadas de la América, la de los mayas, de los aztecas de México y la de los incas del Perú, fueran más vulnerables al empuje español que otras más primitivas. Contra pueblos menos civilizados, como los chichimecas mexicanos, y los araucanos chilenos, nunca pudieron ganar una batalla que los librara de guerras futuras; en cambio, una vez derrotados los mayas, aztecas e incas, sus complicados sistemas administrativos cayeron íntegros en manos de los conquistadores. Esos pueblos, acostumbrados al orden y a la obediencia, se sometieron a sus nuevos amos, prácticamente, sin replicar. Aquí también fue una fortuna para los españoles que estas naciones, cuyas artes y hazañas arquitectónicas son pasmo de nuestro tiempo, desconocieran la pólvora y estuvieran gravemente debilitadas por rivalidades políticas. Aún así, la victoria de los conquistadores se debió en gran parte, a su inquebrantable decisión de vencer, que desmoronó el fatalismo inherente en la índole de sus oponentes.

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EUROPA Y EL MUNDO: AÑO 1492 l mundo conocido a fines del siglo XV, tanto para los reinos de Occidente como para los pueblos de grandes culturas asiáticas o islámicas, era la inmensa extensión de la gran islacontinente euro-asiática, además de las tierras africanas septentrionales, aledañas a los litorales del Mediterráneo, el Mar Rojo y a puntos cercanos al Estrecho de Gibraltar en su litoral del Atlántico, y el Estrecho de Aden en su litoral del Indico. Más al sur, desiertos y montañas y tras éstos, selvas densas aislaban por entero a lo desconocido. Ese orbe, esencialmente terrestre y sólo litoralmente marino, estaba dividido en tres partes: el mundo europeo y cristiano, el mundo asiático, lejano, con múltiples religiones, y la cuña expansiva del Islam. En el mundo europeo y cristiano, en los Reinos más avanzados, se estaban forjando Estados nacionales, que requerían de más riquezas para acrecentar sus poderíos, necesitados, por tanto, de abrir posibilidades de intercambio comercial con otras partes del mundo. Sucedía, principalmente, en Francia, Inglaterra, Rusia, Portugal y España. En Italia, por el contrario, aun siendo en muchos aspectos –cuna del Renacimiento- el más avanzado exponente de la cultura occidental cristiana y en donde, se pensaba y escribía mejor que en cualquier otra parte sobre la esencia y fines del Estado moderno; debido a sus grandes divisiones territoriales y a sus rivalidades entre las grandes familias, príncipes de pequeñas Repúblicas y el Papado, -que los hacían fácil presa para los intereses expansionistas de los ya consolidados Reinos europeos-; se encontraba más lejos que ningún otro pueblo europeo de conseguir un Estado unificado. En la otra mitad del mundo conocido, en Catay (China), el último emperador de origen mongol había sido derrocado y la dinastía Ming – influenciada por los mandarines- volvía a encerrar al país, bajo el influjo de una interpretación muy suya del Confucionismo, auto-alimentándose de su vieja cultura y recreándose en una visión egocéntrica .

E

En Cipango (Japón), el país se encontraba sumido en los enfrentamientos de guerras civiles, iniciándose la casta de los samuráis, y el ideal del código bushido. Se mantenía encerrado en sus islas, sin interés alguno por relacionarse más allá de los mares que cercaban y protegían su territorio. En la India, se enfrentaban desde hacía mucho tiempo, musulmanes e hinduistas, sin la más mínima visión de proyección más amplia, fuera del gran sub-continente. Los muchos otros reinos, de larga tradición, como Corea, Manchuria, Siam, Cambodia, etc., estaban también encerrados en sí mismos, relacionándose solo indirectamente con Occidente, a través de la ruta de la seda y las inestables y peligrosas rutas marítimas hacía Arabia y Persia, como tránsito al mar Mediterráneo. Entre ambos mundos, el europeo y el asiático, la fuerza expansiva, guerrera, culta y religiosa del Islam. Para finales del siglo XV, el turno histórico de su gran poderío lo había asumido el Imperio turco-otomano, que después de tomar Constantinopla y acabar con el Imperio Bizantino, se internó por los Balcanes, amenazando el corazón de Europa, que se encontraba cercada, intentando sostener sus fronteras terrestres y las posesiones marítimas e insulares que aseguraran el control de la navegación comercial en el Mediterráneo. Sólo el territorio portugués –balcón sobre el Atlántico, tenía la visión, podríamos decir, en términos modernos, geopolítica- verdaderamente nueva, buscando abrir los espacios, a la cual seguiría la de Castilla, por la intuición visionaría de su reina Isabel. Las dos naciones fueron entonces las primeras y únicas que estuvieron abiertas al océano sin límites. España: 1492 La Reconquista, que a lo largo de ocho siglos llevaría a la desaparición política de Al-Andalus ( Andalucía ) y a la expansión de los Estados cristianos por todo el territorio peninsular, supuso un fenómeno de repoblación progresiva iniciada a partir de los primeros focos de resistencia que

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surgieron en la franja cantábrica y pirinaica y que fue avanzando lentamente hacia el sur. Esta repoblación, alentada por los monarcas, estaba basada jurídicamente en la idea romano-visigoda de que las tierras abandonadas eran propiedad del Estado y por ende, del monarca, quien podía entregárselas a quien quisiera. El sistema utilizado era el de la ―presura‖, consistente en obtener la propiedad de los terrenos yermos por el mero hecho de roturarlos y cultivarlos; algo que sucedía a dos niveles: individual, por familias de campesinos que se adueñaban de pequeñas superficies, y colectivo, por nobles o monasterios que ocupaban extensos territorios con sus colonos. Con el tiempo, las peculiaridades de las distintas zonas durante este proceso repoblador dieron lugar a la fragmentación política y al surgimiento de distintos reinos. A partir del siglo XI, comenzaron a hacer su aparición las ciudades, fruto del desarrollo urbano de los distintos núcleos cristianos. Tres eran sus principales tipos: las nacidas con la Reconquista – autenticas ciudades fortaleza-; las ciudades comerciales, que disfrutaban de franquicias mercantiles y atraían a la población que se instalaba en los alrededores, y las ciudades islámicas, que conservaron su importancia después de ser reconquistadas. El campesinado era el 80 por ciento de la población total. La tierra era el principal recurso de riqueza, pero ya entonces, el incremento del comercio y de la industria promovió una emigración del campo hacia la ciudad, en donde vivían nobles, clérigos, militares, artesanos, comerciantes, jornaleros, menestrales, etc. El matrimonio entre Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, llevó a la unión de ambas monarquías, conservando sin embargo, cada una de ellas su propia organización jurídico-administrativa y manteniendo una única institución común: la Inquisición. Los dos reinos, en el plano jurídico, mantuvieron sus propias leyes hasta el siglo XVIII. Los fueros -conjunto de normas que regulaban las relaciones jurídicas de una comunidad- eran un

elemento clave regulador, así como las Cortes (Parlamento), que alcanzaron su apogeo en el siglo XIV. En el plano político se fueron limando las diferencias, a iniciativa de los propios Reyes Católicos, en busca de la unidad. La política en materia de relaciones exteriores, estuvo subordinada al difícil equilibrio entre la política diplomática de Aragón, en defensa de sus intereses en el Mediterráneo y la de Castilla, que buscaba más la expansión atlántico-africana. En el ámbito religioso, también se notaron las aspiraciones unificadoras de los monarcas. Tres comunidades habían convivido en España durante la Edad Media: cristiana, musulmana y judía, gracias a un clima de tolerancia que se vio truncado por los Reyes Católicos. Las razones de este cambio de postura fueron varias: motivos religiosos –querían lograr la unidad de fe-, y motivos económicos; consideraban que los judíos habían aprovechado su privilegiada situación económica para cometer abusos en sus negocios y … motivos sociales; en estas circunstancias surgió un fuerte malestar social que alteró la convivencia. Hacia 1492 sobre unos 474.000 kilómetros, vivían nueve millones de habitantes. La anexión de Granada, que los Reyes Católicos conquistan en enero de 1492, ensancha la dominación española en 30.000 kilómetros y 500.000 habitantes más. Una vez conquistado el reino de Granada, forzaron a la conversión de los moriscos, expulsaron a los judíos, dándoles la opción de permanecer si abrazaban la fe católica, y realizaron una reforma del clero que suponía un cambio en la mentalidad de los altos cargos y una elevación del nivel moral de la iglesia. La Edad Media se va rezagando. Triunfa el humanismo con la Gramática de Elio Antonio de Nebrija, con la Universidad de Alcalá de Henares y la edición de la Biblia Políglota Complutense; Nebrija es el primer gramático de su época, su Gramática Castellana es la primera impresa en lengua vulgar y coincide con el descubrimiento de América. Se dirá que "siempre la lengua fue

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compañera del Imperio", pues se está forjando un instrumento que habrán de utilizar millones y millones de seres humanos en el correr de los siglos. Uno de los fenómenos que mejor caracteriza a la España de comienzos de la modernidad fue la de los descubrimientos geográficos, hasta el punto de que dicha modernidad fue, en gran parte, consecuencia de ellos. En apenas tres décadas, las transcurridas desde 1492 a 1522, el pequeño país europeo que había vivido introspectivamente, resolviendo sus problemas con los musulmanes y ciertas intervenciones en la cuenca del Mediterráneo, se posesiona de buena parte de América y de todo un océano, el Pacífico, viéndose impulsado a una loca carrera de expansión universal. En el cuarto de siglo siguiente termina de adentrarse en el continente americano desde California y el Medio Oeste norteamericano hasta el estrecho de Magallanes. Sus pescadores, sus escribanos, sus licenciados y sus vagabundos se transforman por arte de magia en expertos conductores de empresas náuticas y terrestres, buscando, insaciables, fama, fortuna y los secretos de la tierra y el mar. Al momento de producirse el descubrimiento de las Indias Occidentales, España era una nación privilegiadamente marítima. No solamente tenía mares, marinos y marinería, sino que mantenía en ese campo una acendrada tradición. No obstante sus empresas guerreras allende el Mediterráneo, la marina mercante era superior, cualitativa y cuantitativamente a la marina de guerra, y también era superior a las similares de otros países. En esa época, la marina mercante española estaba formada por más de 1.000 naves. España tenía también una Marina Real, que no era de Real propiedad, en su mayor parte. Se la organizaba a base de arrendamiento o contrato con particulares nacionales o extranjeros, utilizándose con frecuencia el embargo de naves que se consideraban necesarias. A veces, el Estado compraba las naves a los particulares, las más de las veces, las alquilaba.

En ocasiones, utilizaba las escuadras que pertenecían a alguno de los más importantes personajes de la nobleza. El descubrimiento del continente americano es esencialmente la historia de una conquista. Mientras los colonos de América del Norte (Canadá –Nueva Inglaterra) se enfrentan a poblaciones que son con frecuencia, nómadas, los españoles se encuentran en el sur de Norteamérica, (México), América Central y los Andes, civilizaciones sedentarias, bien organizadas; la cristianización se produce al mismo tiempo que la conquista. Razones y apetencias económicas, geográficas y espirituales van a lanzar a España a su mayor aventura histórica y cultural. La navegación ha ido haciendo exploraciones cada vez más avanzadas y sorprendentes; la preparación de expediciones se hará por medio de compañías y contratos. Se buscaban ávidamente las especias orientales, indispensables para la conservación de los alimentos de Europa. Y se buscaba derrotar por la espalda a los musulmanes. Y establecer contactos con un legendario príncipe cristiano de Etiopía, etc. "El objeto confesado y hasta proclamado muy en alto era alcanzar hasta las Indias Orientales en forma de tomar al Islam por la retaguardia; de anudar una alianza con el Gran Khan (personaje mítico que se suponía señor de todos esos países y favorable a la religión cristiana) y luego de reducir a la impotencia a los sectarios de Mahoma, difundir el cristianismo a través de ese continente inexplorado y comerciar con esas comarcas donde abundaban el oro y las especias". Así lo expuso a los Reyes Católicos un marinero misterioso que se firmaba Cristóbal Colón. . .

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EN BUSCA DEL “GRAN KHAN” Enigmático oda la historia de Colón es un enigma. Parece que se conoce mucho de él, pero en realidad, muy poco es el conocimiento sobre lo fundamental. Ríos de tinta han corrido describiéndonos su personalidad, sin que podamos decir por ello que sabemos verdaderamente cómo era. Son muchas las lagunas sobre su vida y el propio Colón contribuyó decisivamente para que fuera así. No se tiene certeza absoluta sobre la fecha de su nacimiento. No se conoce con exactitud el lugar en que ocurrió. No sabemos los orígenes de su familia. Siempre se presentó en España como extranjero; más, curiosamente, sólo escribió en castellano, salpicado de alguna que otra expresión en portugués, gallego y catalán; todas, lenguas ibéricas. Tuvo que conocer el italiano, además de otras lenguas mediterráneas, por su contacto con hombres de otros países; como también la jerga marinera, la llamada lengua ―franca‖, suerte de esperanto de las riberas del Mediterráneo y Atlántico. Sin embargo, que se sepa, nunca hizo uso de ninguna de ellas en sus escritos. Ni siquiera podemos conocer su físico, pues a pesar de sus múltiples retratos, no hay pruebas de que alguno represente al personaje. Le encuentran sombras a las raíces de su religiosidad, argumentando que no tenía una base consistente, sino que estaba sustentada en un cierto fanatismo que lo llevó a considerarse un elegido de Dios. Incluso los propósitos que le guiaron en su proyecto, son interpretados en variadas formas, según el origen del tratadista que maneja el tema. Mucho ocultó Colón de sí mismo, como lo hizo de sus fundamentos para llegar a Cipango y Cathay. La convicción que siempre demostró en la factibilidad del viaje, no parece fuera solamente por claridad de su raciocinio, sino por ciertos conocimientos previos que sustentaban la gran aventura por realizar. Así se colije, por ejemplo, de

T

ciertas frases redactadas en las Capitulaciones de Santa Fé. (El término Capitulación se refiere a un pacto o concierto hecho sobre algún negocio importante, y en su acepción militar, es un convenio en que se estipula la entrega de una plaza fuerte, posición militar o una ciudad). Este es un documento -contrato- donde quedan bien claras las condiciones a que se obligan ambas partes -Corona y Colón-. Fueron firmadas el 17 de abril de 1492, después de una cuidadosa elaboración. Tiene dos partes: un preámbulo que afecta al descubridor y, en segundo lugar, los cinco puntos siguientes referidos a la Corona. El preámbulo ha dado mucho que hablar porque es curioso por demás. Dice así: «Vuestras Altezas dan e otorgan a don Cristóbal Colón en alguna satisfacción de lo que ha descubierto en los Mares Océanos y del viaje que agora, con el ayuda de Dios ha de fazer por ellas en servicio de Vuestras Altezas, son las que se siguen.» Se destaca el ha descubierto porque no es un error en lugar de ha de descubrir cómo algunos hubieran creído. Los que aceptan el pre-descubrimiento consideran que ésta es una prueba documental contundente. La explicación correcta de este término, y por tanto del preámbulo, era que Colón se atribuía descubrimientos y navegaciones por el Océano anteriores a 1492. El hombre Pero, ¿quién era el hombre?, ¿de dónde provenía?, ¿cómo fueron sus primeros años?, ¿dónde y de quién había aprendido los conocimientos náuticos y cosmográficos de que hacía gala?. ¿Cómo concibió, alimentó y sustentó la idea de que podía llegarse al Cipango (Japón) y Cathay (China), a través del Mar Océano. La propia fecha de su nacimiento no se conoce, ni el lugar mismo. Varía desde 1436 a 1440 para algunos, otros autores señalan los años de 1445, 1446, 1447, 1449 e incluso 1455. Estudios fundamentados en el descubrimiento de un documento notarial, otorgado en Génova el 25 de

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agosto de 1479, en donde Colón declara tener en esa fecha, 28 años, da la base para creer en el año 1451. El lugar se lo disputan además de Génova, trece pequeñas ciudades y villas italianas, no faltando quien le supone nacido en Inglaterra, Irlanda o Galicia, Extremadura, Portugal, Cataluña y Córcega. El propio Colón ayuda, relativamente al esclarecimiento, a través de un documento auténtico, fechado el 22 de febrero de 1498, por el que instituyó un mayorazgo, con el objeto de perpetuar en la familia la propiedad de ciertos bienes, en el cuál, se declara nacido en Génova.

Sin embargo, se conoce que su padre, Domenico (Domingo), de oficio tejedor o cardador de lana, se trasladó a Terrarossa, pueblo cercano a Génova, en 1451, para estar más en contacto con la industria lanera, afincada en el citado pueblo. Si damos por cierta esta fecha de su nacimiento en 1451, según su propia declaración de edad, ¿se trasladó su padre con su esposa y su hijo recién nacido?, ¿se fue sólo, dejando a su esposa y al niño recién nacido, en Génova?. ¿se mudó con la embarazada esposa y nació allí, Cristóbal?. De cualquier forma, esa villa, Terrarossa, pertenecía a la Señoría de Génova (República de Génova), por lo que, con toda propiedad, podría decirse que era genovés. Se dice que Cristóforo Colombo, siguiendo la costumbre de su tiempo latinizó su apellido, convirtiéndolo en ―Columbus‖, alterado después a ―Colonus‖, y al entrar al servicio de España adoptó la forma de Colón. Era el mayor de cuatro hijos varones habidos del matrimonio de Domingo

Colombo con Susana Fontanarrossa, siendo los otros, Bartolomé, Juan, Diego y una hija llamada Blanca. El primer ascendiente conocido es su abuelo Juan, que vivía en el pueblo de Quinto al Mara, en el litoral, a 7 kms al este de Génova, ciudad donde se establecieron sus dos hijos, Antonio y Domingo, padre de Cristóbal. Su padre, figura por primera vez, en un contrato fechado el 1 de abril de 1439. Existían en el país otras personas que llevaban el mismo nombre y apellido, algunos de ellos, parientes consanguíneos; lo llevaban también, corsarios y piratas, como Colombo de Oneilla, ahorcado en Génova; otro Colombo que apresó cuatro galeras flamencas en aguas del cabo San Vicente en 1485, y un gascón, francés, Guillermo Caseneuve, apodado ―Colomb‖ y ―Colombo‖, con quien, algunos autores afirman, navegó Cristóbal. El italiano tuvo que ser su idioma, y existe un documento fehaciente y este documento es el testamento, con fecha del 19 de mayo de 1506, en Valladolid. Dice Colón: ―siendo yo nacido en Génova‖... para luego añadir... ―pues que de ella salí y en ella nací‖... Más... las dudas persisten. En ningún momento, en cualquiera de sus escritos, y fueron bastantes, se expresó en italiano. Bien es verdad, que como reconocimiento al financiamiento, apoyo y honores a su persona por parte de la Corte Española, bautizará las tierras por él descubiertas y sus accidentes geográficos, con nombres castellanos. Pero ¿necesitó hacerlo siempre?. Y si él, lo consideraba así, tampoco podría reprochársele que en lenguaje coloquial y familiar, usara su lengua natal. Por el contrario, nunca lo hizo, que se sepa, y sin embargo, si usó con cierta frecuencia, expresiones gallegas, como la frase que empleó para describir, en un día ardientemente tropical, el efecto de un Sol que parecía entrar en el cuerpo como ―hierro enrojecido‖ (―espeto‖, en gallego), diciendo: ―ten o sol espeto‖. En sus primeros años, sirvió como aprendiz de su padre, dedicado al comercio de la lana, según documentos que datan de 1472 y 1473. Después de agosto de 1473, no se encuentra ningún indicio de

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que siguiera viviendo en Italia. Se dice que desde muy joven embarcó y marineó por las aguas del Mediterráneo. En 1492, Colón consigna en el Diario de a bordo: ―Yo he andado 23 años en la mar, sin salir de ella tiempo que se haya de contar‖. La práctica debió ser su mejor maestra; tendría que desarrollar los más duros trabajos, hasta que con los conocimientos adquiridos, llegó a comandar barcos; como se traduce de un fragmento epistolar recogido por su hijo Fernando: ―a mí sucedió que el rey Reiner (casi seguro, Renato de Anjou), que ya lo llevó Dios, me envió a Túnez para tomar la galeota ―Fernandina‖ ... Se dice también que en 1474 o 1475 formó parte de una expedición de socorro a la isla de Quios, cercada por los turcos. Fuera de estos dos datos, no se encuentra nada más que nos hable sobre su vida de marino durante los doce años, aproximadamente, previos a su naufragio y arribo a las playas portuguesas de la villa de Lagos. Es su hijo Fernando quien cuenta en la biografía de su padre: ―Historia del Almirante‖, la batalla que en Agosto de 1476 se desarrolló en aguas del cabo de San Vicente, entre la escuadra del corsario francés Guillermo Caseneuve y una flota comercial formada por cuatro grandes galeras genovesas y una gran urca flamenca. Fernando informa que su padre formaba parte de la escuadra corsaria que atacó a los genoveses, y en la cruenta lucha que siguió, en donde, prácticamente, nadie de las tripulaciones de ambos mandos quedó ileso, su nave fue incendiada por el fuego de artillería y él saltó al mar, donde asido a un remo, nadando y dejándose llevar, pudo cubrir el espacio que le separaba de la costa. Los barcos ¿Qué tipos de barcos pisó Colón durante esos años?. Podemos afirmar con seguridad que habiendo navegado en acciones bélicas, fue tripulante y posiblemente comandó galeras, tanto sutiles como pesadas o bastardas, o cualquiera de sus derivadas, como galeotas y fustas, ya que la galera fue la nave principal de combate en el Mediterráneo durante muchos siglos, y para su

tiempo, se encontraba en el momento más importante de su larga vida. Impulsada a remo, aún cuando portara un mástil sostenedor de vela, sólo la usaba en ocasiones, para aprovechar, con cierta timidez el viento, cuando éste era bonancible. Sabemos que también navegó en barcos propulsados solamente a vela, que justamente, tanto en el Mediterráneo como en el Atlántico europeo, se les empezó a dar el nombre genérico de naves, aunque se les denominará, acorde con sus características,... burcias, filibotes, urcas, carracas, naos y carabelas. ¿Qué medios se usaban hasta entonces para navegar?. Durante siglos, se navegó siempre a la vista de tierra, que aunque no se viera por las condiciones atmosféricas, se sabía que se encontraba cerca, dispuesta a ofrecer su amparo. Más tarde existieron los mapas o cartas náuticas, llamados ―Portulanos‖, a base de rumbos y distancias, (en algunas ocasión aparecían paralelos y meridianos), figurando una o varias ―rosas de los vientos‖ que facilitaban la determinación del rumbo entre dos puntos. Los había donde aparecían los derroteros (donde se señalaban las derrotas, líneas de enfilación, accidentes y otros detalles). La derrota es tanto la ruta que debe hacerse como la que en efecto se hace, para ir de un punto a otro, teniendo para ello que seguir uno o varios rumbos. Usaban la sonda o sondaleza para medir la profundidad, el compás magnético, (aguja imantada, indicadora del Norte), y el cuadrante náutico, utilizado para la determinación de las alturas de los astros sobre el horizonte; reducido a un cuarto de círculo, graduado con una regla, -alidada-, con pínulas (tablillas provistas de una rendija dispuestas verticalmente), en uno de los lados del ángulo recto, para visar el astro, y una plomada, cuyo hilo partiendo del centro del ángulo, servía de índice. Hasta ese momento de su llegada fortuita a Portugal, según su hijo Fernando, podemos acreditar a Colón una gran experiencia marinera, con gran dominio sobre las aguas, vientos y accidentes del Mar Mediterráneo, y su penetración en las

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turbulentas y distintas aguas de las costas atlánticas, europeas y africanas. Durante esos años conocerá mucho más los diferentes tipos de barcos a vela que privaban en las riberas del Atlántico. Esas naves veleras, genéricamente denominadas por las gentes del Norte, como round ships‖ (naves redondas), un tiempo atrás se construyeron altas de bordas, con proa y popa a la misma altura y una eslora poco más grande que su manga, llevando un solo mástil con vela redonda. Para la época, son construidas con proporciones más apropiadas, diferenciándose por otras características, como son: castillos, mástiles, cubiertas, tonelaje y aparejo. Al navegar en naves de diferentes tipos, supo apreciar las cualidades de cada una de las mismas y así, cuando tuvo la oportunidad, pudo elegir las más adecuadas para su empresa. Portugal. Fue allí, en Portugal, donde se iniciaron sus inquietudes científicas. La capital de Portugal era en aquellos momentos un foco de expediciones descubridoras; la exploración portuguesa por el litoral africano estaba ya avanzada. En Lisboa había una colonia de genoveses dedicados al comercio y posiblemente el náufrago encontraría protectores entre ellos. También sabemos que en Portugal trabajó con su hermano Bartolomé, buen cartógrafo; él también demuestra ser un buen aprendiz en esa materia. Con bastante seguridad podemos aseverar que estaban en capacidad de fabricarse no sólo sus propias cartas, sino también sus propios instrumentos náuticos. Según se dice, un año después de su llegada a Portugal, Colón embarca de nuevo, dirigiéndose a Inglaterra y a la lejana Thule, (la actual Islandia). ¿Llevaba una intención determinada? ¿o fue la derrota de la nave, en que se había enrolado, la que lo depositó en tierra de vikingos, en donde la gente hablaba con propiedad de un ... ―Nuevo Mundo‖?. Viaja a Porto Santo, isla próxima a la de Madeira, donde, hacia septiembre u octubre de

1479, contrae matrimonio con Felipa Moñiz Perestrello, cuyo padre, el genovés Bartolomé, ya fallecido, había sido criado del infante don Juan y luego del infante don Enrique el Navegante, quien le dió la Capitanía de Porto Santo. La familia Moñiz Perestrello tenía influencia en la corte de Lisboa y gracias a esto pudo Colón introducirse en la misma; al casarse, su suegra le entregó papeles de navegación, cartas de navegar e instrumentos que habían pertenecido a su marido, que estimularían al joven marino en el estudio de la cosmografía y astronomía y a inquirir más sobre la práctica y experiencia de las navegaciones que hacían los portugueses. Colón y su esposa viven un tiempo en Porto Santo, donde nace probablemente su hijo Diego y luego se establecen en Madeira durante los años 1480 a 1483. Colón realiza varios viajes comerciales a Lisboa y también a las Azores, las Canarias, las islas de Cabo Verde y la costa africana de Guinea, donde los portugueses poseen establecimientos, alternando estos viajes con el estudio, maduración y presentación de su proyecto al rey Juan. Mientras realizaba esos viajes y en los años inmediatamente siguientes, fue acopiando conocimientos científicos y forjando la gran idea que iba a ser directriz de su vida: una visión maravillosa del Extremo Oriente, recibida a través de las descripciones de Marco Polo, que había leído y meditado mucho y la posibilidad de llegar a aquellas tierras en navegación directa desde Occidente, eludiendo la larga y peligrosa ruta de las caravanas, que las conquistas turcas hacían ya casi impracticable. Se conocen los libros que leyó y en donde anotó. Tales, por ejemplo, la relación del viaje de Marco Polo a Oriente, obra del siglo XIII, publicada en 1485; la ―Historia rerum gestarum‖, de Silvio Picolómini, que fue después el Papa Pío II, y la ―Imago mundi‖, del cardenal francés Pedro d'Ailly. Este último libro se convirtió durante años en su lectura predilecta y lo dejó colmado de centenares de anotaciones marginales. En dicho libro se encuentra la idea, querida por Colón y por él

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subrayada, de que "el océano que se estrecha entre la extremidad de la más lejana España y el límite oriental de la India, no es de gran anchura. Porque es evidente que el mar es navegable en muy pocos días si el viento es propicio... ". Colón en carta a los Reyes Católicos en 1503 les dice: "El mundo no es tan grande como dice el vulgo...". El propio Colón se carteó, al parecer, con el cosmógrafo Toscanelli, quien insistía en la posibilidad y conveniencia de la gran aventura. En esos años, dedicado a la consulta de libros y de mapas y al estudio de la cartografía, Colón buscaba datos que sirvieran de apoyo a su proyecto. Tanto él como Toscanelli sostenían la idea de la esfericidad de la Tierra. ¿En qué se basó Colón para considerar Asia tan cerca de las costas europeas?. En un error, producido en la Antigüedad y acrecentado con otros y sucesivos errores en el transcurso de los tiempos. Eratóstenes, sabio griego del año 275, antes de Cristo, era de esos sabios griegos que sabían de casi todo. Ejercía, además, el cargo burocrático de lo que hoy denominaríamos Director de la célebre Biblioteca de Alejandría. Aplicó a la Geografía la base matemática; midió la circunferencia de la tierra con un margen de error inferior a 1%. Por supuesto, la tierra era redonda; ideó graduar el globo en meridianos y paralelos. El espacio entre Gibraltar y el Este de la India, sería 1/3 de la superficie de la tierra. Este sabio fijó la distancia entre España y la China en 240°, cálculo muy exacto, puesto que el error no alcanza a diez grados. Estrabón lo admitió, Marino de Tiro creía que abarcaba 225°; Tolomeo había asignado 180° (de los 360° de la esfera), a la extensión continental entre Portugal y la China, o el extremo de Asia. Toscanelli los aumentó a 230°, con lo cual Portugal, navegando a través del Atlántico hacia el oeste, distaría sólo 130° de las costas orientales de Asia. Colón, por su parte, creía que aún había que hacerle a esas hipótesis dos correcciones: según él, los 230° de que hablaba Toscanelli no comprendían las tierras del Extremo Oriente citadas por Marco Polo, que se extendían

más allá (suponía que quizás 28°); y además consideraba que si la navegación hacia el occidente se emprendía, no desde Portugal sino desde Canarias, las Azores o Cabo Verde, la distancia se acortaba entre los extremos; siguiendo el Almagesto, tratado árabe sobre la Astronomía de Tolomeo, Colón le asignaba al grado en el Ecuador 56 y 2/3 de millas; y a la altura de la isla Gomera (una de las Canarias), paralelo elegido para su travesía, mediría sólo 50 millas; pero no advirtió que las millas del Almagesto eran árabes, de 1.973 metros, mientras que él usaba la milla italiana de 1.481 metros. De Tolomeo, Colón leyó que la tierra se dividía en 24 horas, de las que los antiguos ya conocían 15, desde Gibraltar hasta Asia, y los portugueses sabían que habían llegado hasta la 16. De manera que no quedaba más que una tercera parte desconocida de la corteza terrestre, y como los cosmógrafos, por otra parte, sostenían la hipótesis de que los mares ocupaban la séptima parte del planeta, era lógico deducir que no era tan dificultosa y larga la travesía del Atlántico para alcanzar el otro extremo de las Indias. En todo caso, Colón estaba convencido de que entre el extremo occidental de Europa y el oriental de Asia había poco mar, y se mantuvo firme en su idea. Tal fue el plan que en 1483 o 1484 presentó al rey de Portugal, Juan II, solicitando su apoyo para la empresa. Las exigencias del marino genovés, en caso de tener éxito, eran enormes (almirantazgo, virreinato, la décima parte de los tesoros que se lograsen...) iguales a los que luego obtuvo de los Reyes Católicos en España. Se ha escrito que Juan II no se mostró muy propicio, pues Portugal ya tenía un pie en África, buscando el camino hacia la India y no deseaba distraer fondos en una aventura incierta, máxime con las pretensiones de un extranjero, cuando tenía marinos portugueses que lo harían gustosamente sin tantas exigencias. Sin embargo, hizo estudiar el plan por una Junta, quienes desecharon la idea. Se dice, que de todos modos, el rey de Portugal envió secretamente una nave en ruta hacia Occidente, que nunca regresó. Dejando en suspenso las negociaciones, Colón, que

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había quedado viudo, al parecer supo del envío de tal nave; decepcionado y temeroso, salió secretamente de Lisboa con su hijo Diego, de pocos años de edad, y embarcó hasta la Provincia andaluza de Huelva, fronteriza con Portugal, donde llegó en 1485. Arribo a España. Dos años después de su llegada había logrado que su plan fuera presentado en Salamanca ante una Junta de sabios, eclesiásticos y seglares, siendo desestimado, por considerar, principalmente, que las Indias no podrían estar a distancia tan corta como la sustentada por Colón, con lo cual, la esfericidad de la tierra sería bastante menor que la calculada por ellos. No habiendo tenido ninguna noticia positiva de su hermano Bartolomé, enviado ante las Cortes de Francia e Inglaterra, en procura de apoyo a su proyecto, Cristóbal Colón perdía la esperanza. Intentaría celebrar otra entrevista con el Rey de España. Se dirigió en su búsqueda, en un momento poco adecuado, pues la pareja Real, se encontraban Instalados en forma permanente frente a la ciudad de Granada, última posesión árabe en España, la Corte estaba dedicada de lleno a los esfuerzos por conquistar la ciudad. ¿Lo lograría Colón, esta vez?. No. Tampoco lo consiguió. A pesar de la atención con que el Rey se dedicaba a la empresa de expulsar a los moros, recibió a Colón.

Nombrada otra comisión examinadora, reunida en el propio campamento de Santa Fe, nuevamente se desautorizó el proyecto. Colón, abrumado por el golpe, abandonó la Corte, siendo antes testigo de la toma de Granada el 2 de enero de 1492. Regresó a Córdoba para recoger a su hijo Diego, y dejar bajo el cuidado de Beatriz Enríquez, una dama cordobesa, con quien mantuvo relaciones, muerta su esposa, al hijo de ambos, Fernando. Siguió su camino a pie, llegando al convento de la Rábida en busca de comida y aposento.

El prior del convento, Fray Juan Pérez, después de atenderles, oyó su historia. La estancia en el convento se prolongaría, mientras el fraile, convencido y convertido en defensor del proyecto, se comunicaba con la Reina, de quien era confesor.

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¡Viraje del Destino!. De ahí en adelante, todo se le facilitó. Fray Juan Pérez influyó en la Reina, ésta en el Rey y así, desde el 17 de abril del mismo mes de 1492, quedaron firmados los Convenios con la Corona. El proyecto que el navegante genovés presentaba a los monarcas ofrecía la posibilidad de acceder a los mercados de oro y especias de las Indias, sin los intermediarios musulmanes y venecianos – Colón recibe los títulos de almirante, virrey y gobernador de las tierras que descubriese, el derecho a percibir la décima parte de cuanto oro, plata… fuesen adquiridos, y a contribuir con un octavo en los gastos de nuevas empresas, percibiendo a su vez la octava parte de beneficios. Una carta de los Reyes Católicos, fechada el 30 de abril de 1492, trece días después de las Capitulaciones de Santa Fé, dirigida a los vecinos de Palos de Moguer, puerto de Huelva, les ordenaba destinar dos carabelas al servicio de la empresa de Colón. Estas gentes de la Baja Andalucía conocían y usaban estas naves al igual que los portugueses, quienes las navegaban desde el siglo XII, y el motivo de tal orden soberana, era, al parecer, porque al contrabandear con el Norte de África –práctica muy antigua- habían sido condenados a servir, estando a la disposición por un año, todavía no finalizado, con dos de tales naves a la Corona. En alguno de sus escritos, Colón se autodefinió, ―ego marinero, non docto en letras y hombre mundanal... ". Pero lo cierto es que él tenía su secreto, adquirido por estudios, por inspiración, por razonamiento o por confidencias. El enigma toma cuerpo. Hay quien dice que Colón sabía con gran exactitud la distancia a recorrer para tocar tierra. ¿Lo sabía por el mapa que tiempo después terminó en poder del marino turco Piri Reis, o por las indicaciones de Alonso Sánchez de Huelva?. Fernando Pizarro y Orellana, del Consejo de las Indias del Real de Castilla, quien vivía por los años de 1630, al escribir la biografía del Almirante

Cristóbal Colón, dice que cerca de 1484, un piloto llamado Alonso Sánchez, de Huelva, en la pequeña nave de su propiedad, atrapado por una tempestad, entre Canarias y Madeira, sin medios para resistirla, se dejó llevar por ella hasta llegar a una isla al Occidente, de la cual pudo regresar. Visitó a Colón, que gozaba de fama como marino y cosmógrafo, refiriéndole su viaje y los apuntes que tenía del mismo. Cronistas e historiadores como Oviedo y Baños, apoyan lo anterior, y el inca Garcilaso de la Vega, gloria de las letras castellanas, en su obra ―Primera Parte de los Comentarios Reales que trata del origen de los incas‖, en el capítulo que titula ―De cómo se descubrió el Nuevo Mundo‖, afirma lo dicho por Hernando Pizarro, ya que su padre, que sirvió a los Reyes Católicos, sabía de este hecho, como así mismo, lo conocían los contemporáneos de los primeros descubrimientos. El hermano lasallista Nectario María, de nacionalidad venezolana, opina de la misma manera, aportando pruebas muy interesantes como resultado de su magnífico trabajo de investigación histórica. El historiador español Juan Manzano Manzano, en fecha relativamente reciente, 1977, publica: ―Colón y su secreto‖, obra rigurosa, de una lógica aplastante, en la que encaja a la perfección todas las piezas. (el 7 de octubre, observando señales de estar cerca de tierra, Colón cambió el rumbo al SO, en vez de al O que llevaba, y que le hubiera conducido a América del Norte. ¿Por qué?.) Según Manzano, Colón siguió los pasos de su predescubridor, y sus tres primeros viajes fueron con el propósito de identificar los datos que le fueron suministrados, la búsqueda de la ―primera‖ tierra, llamada ―Cipango‖ (Japón) y la ―otra‖ tierra, que según el mapa que le envió el gran cosmógrafo Toscanelli, correspondería a Cathay (China) y Mangi (India). Todo lo anterior se une con otros datos que permiten sospechar que cuando Colón se lanzó desde las Canarias, el 6 de septiembre de 1492, hacia el Oeste, sabía que lograría encontrar la tierra deseada, a la cual se había llegado antes y que él siempre pensó, era la lejana Asia. Hay sospechas de que navegantes fenicios pudieron arribar a las costas

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americanas hace cuatro mil quinientos años. Sospechas nunca confirmadas, pero abonadas por hallazgos de piedras con grabados fenicios y hebreos que fueron encontradas en varios puntos del continente, desde el Matto Grosso en Brasil hasta Massachussets en EE.UU., llenas de signos entre los cuales se han reconocido caracteres del alfabeto fenicio. Fijémonos en el hecho de que los fenicios y hebreos mantuvieron durante siglos fuertes lazos. Hay noticias de que fenicios y judíos colaboraron en expediciones mercantiles, del mismo modo que hay sospechas fundadas de que obtuvieron materias primas de lugares cuya ubicación mantenían en secreto, hasta el punto de llegar a hundir sus naves cuando se supieron seguidos, para no revelar las fuentes de su abastecimiento. Limitémonos a constatar unos cuantos hechos significativos: la Kábala hebrea, bajo una apariencia mística y esotérica, esconde una serie de conocimientos científicos que sólo han comenzado a manifestar su realidad ante el progreso de la investigación científica, y se piensa que Colón la estudió. Han surgido cada vez con mayor fuerza, tanto la versión de las raíces hebreas de Colón, ya asomadas por muchos, como el aprovechamiento que él hizo de las mismas. Si el argumento de sus raíces semíticas fuera válido, tendría bastante razón de ser el no querer ser demasiado claro en cuanto a sus orígenes y patria, pues, aún siendo conversos (―cristianos nuevos‖), no corrían los mejores tiempos para los judíos. Precisamente esa Kábala judía tuvo en rabinos peninsulares de la Edad Media sus más preclaros estudiosos. El proyecto de Colón tuvo sus máximos defensores en judíos de enorme prestancia intelectual, como Abraham Zacuto y fervientes financiadores como Santángel o Ishaq ben Yehuda Abrabanel, banquero de la campaña granadina de los Reyes Católicos y notable kabalista que terminó sus días en la república de Venecia. Ya sabemos que los vikingos de Leif Erikson habían establecido colonia en la península de el Labrador en torno al siglo XI. Es significativo que la orden del Temple (desaparecida en 1312, casi siglo y medio antes del

nacimiento del descubridor) tuviera unos archivos que, al ser disuelta por el papa Clemente V, pasaron en buena parte a la orden de Calatrava y a la de Cristo, fundada ésta en 1317 y heredera de todas las posesiones templarias del reino lusitano. Significativo también que los templarios hubieran sido dueños del puerto de la Rochelle, a la entrada de Bretaña, y que los caballeros de la orden de Cristo fueran promotores de los grandes viajes portugueses, bajo los auspicios de don Enrique el Navegante y siguiendo los conocimientos náuticos de la escuela de Sagres, que acogió a los mejores cartógrafos de la época, muchos de ellos judíos catalanes y mallorquines, versados en los secretos científicos de la Kabala. A su llegada a Portugal, Colón se dirigió al Rey, Gran Maestro de la Orden de Cristo, heredera lusitana, como la española de Calatrava, de la extinta templaria. Un Colón presuntamente judío, protegido por judíos como Zacuto y promocionado en buena parte por dinero de familias conversas. Un Colón que parece haber aprendido saberes que los templarios – protectores de judíos- guardaban celosamente. Preparando el viaje. Colón tuvo dificultades para conseguir la tripulación, pero la influencia de los hermanos Pinzón, respetados vecinos de Palos de Moguer, fue determinante para que se enrolaran, dado que los tres hermanos se unieron a la expedición. Martín Alonso, el mayor, financió parte de la empresa. Comerciante próspero, que incluso pensaba iniciar una empresa similar a las islas e Indias del Mar Océano, de las que ya tenía noticias, había vuelto de Italia, trayendo en su poder un tratado denominado ―Avisos para hacer la navegación de las Indias‖. Pasó a comandar la ―Pinta‖, llevando como Maestre a su hermano Francisco. Su otro hermano, Vicente Yánez, magnífico marino, dirigiría la ―Niña‖ (más tarde exploró las costas de América del Sur, Brasil). La ―nao‖ capitana, comandada por el propio Colón, la ―Santa María‖ (llamada anteriormente la Gallega), era ―nao de gavia‖, es decir tenía cofa; la

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consiguió Colón en el Puerto de Santa María, localidad cercana a Palos de Moguer, siendo villa conocida como un importante foco cartográfico. Compró la mitad de la nave a su propietario, Juan de la Cosa, piloto y cartógrafo, quien lo acompañaría en la aventura y sería el firmante, un tiempo después, de la primera carta o mapa náutico donde se representarían por primera vez las costas americanas; las otras dos naves fueron aportadas por los vecinos de Palos de Moguer, siguiendo las ordenes de los Reyes. Así pues, a la salida de Palos, la escuadrilla se compondrá así: Santa María, Nao; Pinta, carabela redonda, o sea, velas cuadras en mayor y trinquete; Niña, carabela latina: los tres palos con velas latinas. En las Canarias, la Niña fue aparejada en carabela redonda. La razón para el cambio se debió al conocido comportamiento del aparejo latino al navegar con viento largo en popa. Las guiñadas eran

continuas y los timoneles se agotaban de tanto mover la caña del timón, a banda y banda. En cambio, las redondas, en esas condiciones navegaban bien y si el viento cambiaba de banda, bastaba bracear las vergas. La Niña era la más apreciada por el Almirante y en ella efectuó el 2do y 3er viajes. En total, las tripulaciones estuvieron formadas por 90 personas, así: Santa María (sobre 110 toneladas) – 40 personas – Capitán y Almirante: Colón – Maestre: Juan de la Cosa. Pinta (sobre 80 toneladas) – 25 personas – Capitán: Martín Alonso Pinzón – Maestre: Francisco Martín Pinzón. Niña (sobre 60 toneladas) – 25 personas – Capitán: Vicente Yánez Pinzón- Maestre y propietario: Juan Niño. Entre los tripulantes, los había que 4 eran penados (1 homicida y 3 por delitos menores); 10 eran vascos y gallegos – 1 portugués – 1 genovés – 1 calabrés – 1 veneciano – 1 individuo de raza negra – 1 interprete: judío converso; el resto, andaluces.

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La “Niña” (La preferida del Almirante)

Una “nao” y dos carabelas. Las proporciones en la construcción de la ―nao‖ estaban expresadas en la fórmula: ―as, dos, tres‖. La regla tiene dos interpretaciones, según se apliquen las proporciones indicadas para los números 1,2,3, a la ―manga‖ (ancho), a la ―quilla‖ (primer madero sobre el cual se comienza a fabricar), y a la ―eslora‖ (largo); o considerando en el mismo orden numérico y proporciones, al ―puntal‖ (altura desde la parte inferior de la bodega hasta la cubierta superior), a la ―manga‖ y a la ―eslora‖. Se usaba para el comercio, eventualmente para la guerra; generalmente, llevaban tres mástiles, de proa a popa: trinquete, mayor y mesana, aún cuando las hubiera de 2 y 4 mástiles. Cada mástil aparejaba vela ―cuadra‖ –cuadrada o en cruz- porque cruz forma la verga que sostiene la vela en el árbol del mástil, menos el palo de mesana que izaba vela triangular–―latina‖ o de ―cuchillo‖.

Las ―naos‖ tenían castillos en popa y proa, cofa para el vigia, y timón de crujía o de codaste, llamado así por el madero vertical sobre el extremo de la quilla, inmediato a la popa. Eran menos marineras y más lentas que las carabelas, como las quejas del Gran Almirante lo señalarán. Posiblemente, Colón se hizo de ella por no haber más carabelas disponibles en Puerto de Santa María y en Palos de Moguer, porque a buen seguro que prefería las carabelas para un viaje de exploración, mucho más aptas para ese fin, como había podido constatarlo en su experiencia con los portugueses. De unos buques pequeños, con aparejo latino, usados por los árabes en el Mediterráneo y generalmente llamados ―carabos‖, deriva la palabra latinizada ―carabela‖ y la propia nave. Usada, principalmente, en el Atlántico, siendo los primeros los portugueses, revelará su especial aptitud como buque de descubierta. La carabela no se diferencia mucho de la nao. Arbolan igualmente dos o tres palos, más no lleva

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castillo a proa. Los portugueses las usan con velas latinas en todos sus mástiles. Los españoles aparejan, como en las naos, velas cuadradas en los palos mayor y trinquete, manteniendo la vela latina en el de mesana. Es de menor tamaño que la nao, y su principal diferencia estriba en la mayor proporción entre eslora y manga, que la hace más afinada, más ligera y con gran capacidad para ceñir, cualidades muy apreciadas para misiones de exploración. No conocemos con exactitud ninguna de las tres naves. No se conservan pinturas o dibujos contemporáneos. No existen planos, dibujos ni dimensiones de ellas. El documento gráfico que con más probabilidad las representa es una carta náutica de 1509, en que figuran tres barcos frente a la costa de La Española –isla Dominicana-, aunque aparece uno de ellos con aparejo latino, cuando sabemos que a la ―Niña‖ le fue cambiado en las Canarias, convirtiéndola en ―carabela redonda‖. Esta carta y el ―Diario‖ de Colón han servido para reflejar el aparejo en las distintas reconstrucciones de las naves colombinas. Dado que en el siglo XV no se utilizaban planos para la construcción de naves, se refuerzan los detalles, mediante grabados de la época. También contamos con testimonios de tratadistas de construcción naval, que aún siendo de un siglo posterior, y apoyándose en la lenta evolución de los barcos, proporcionan los primeros precedentes técnicos importantes, como lo hicieron García de Palacio y Juan Escalante de Mendoza, que decía ser: ―poco partidario de las de gran tonelaje, que se desligan y zozobran con frecuencia en la mar‖, y declara que el tipo de nave marinera es de 500 toneladas abajo, opinión tan general entre los buenos mareantes que Colón, Vasco de Gama y Magallanes, para las campañas de sus descubrimientos eligieron bajeles poco mayores de 100 toneladas. Por otro lado, no olvidemos que tanto por la terminología de la época y su falta de precisión, como sobre todo por las dificultades de reducir unas unidades de medidas a otras muy concretas, se impide determinar con exactitud sus medidas de

arqueo, o capacidad de carga, al ser distintas en cada región o país las unidades de medida para computarlo. Los constructores se transmitían de padres a hijos las reglas empíricas para hacer sus naves, y aún la fórmula del ―as-dos-tres‖, además de no ser igualmente interpretada, tampoco era frecuente su aplicación. A punto de partida. Situémonos en la tarde del jueves 2 de agosto de 1492. Las naves están listas para la partida. Las tripulaciones, enroladas más por la influencia de los hermanos Pinzón, que por su propio entusiasmo o las instancias de Colón, acaban de subir y montar algunas piezas de artillería; pequeños falconetes que disponen y ahorquillan sobre las bordas, y lombardas o bombardas, de mayor calibre, apoyadas en cureñas, sobre cubierta. Algunos terminan de pintar sobre las velas ―cuadras‖ del aparejo las cruces de Santiago. Otros arbolan la bandera real de Castilla y León en el palo mayor, y el estandarte real con las letras Y y F, de Isabel y Fernando, a popa. Todos lucen inquietos ante la aventura de cruzar el ―Mar Tenebroso‖, plagado de espeluznantes leyendas. En la cámara del Almirante se encuentran reunidos Colón, Martín Alonso y Vicente Yánez Pinzón, los capitanes, junto a los ―maestres‖ Francisco Pinzón, Juan de la Cosa y Juan Niño. Sobre una mesa, el mapamundi que el florentino Paolo del Pozzo Toscanelli remitió a D. Cristóbal, al lado de las propias cartas de navegación del Almirante. Este les comunica que irán directamente a las Canarias y desde allí, el gran salto de 750 leguas hasta el Cipango (el Japón actual), ya que está seguro de que ambos puntos se encuentran en la misma latitud. Navegarán por ―estima‖, o sea, rumbo y distancia; estimando el rumbo tomado a la brújula y la velocidad de la ―Santa María‖, calculada a ojo; por la observación, en leguas por hora (la legua de Colón equivalía a 4 millas de 1.481 metros cada una), de la intensidad de los vientos, las algas

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flotantes y la estela del agua. Deberán usar bien sus instrumentos para no perder la latitud, imitando a los fenicios, ―que inventaron la consideración de las estrellas y fueron los primeros que entendieron que era necesario para caminar por la mar, poner los ojos en el cielo‖.

Terminada la conferencia y cuando el Sol declinaba en el horizonte, las tripulaciones formaron para pasar revista. Los ―maestres‖ preguntaron: ¿somos aquí todos?. Respondió la gente marina: ―Dios sea con nosotros‖. Replicó el ―maestre‖:

Desconocerán no sólo la longitud, como les pasará a generaciones posteriores de marinos, hasta que hiciera su aparición el cronómetro, sino que también les faltará la hora posicional. Para no perder el sentido del tiempo y poder medirlo, para regular sus ocupaciones, deberán cuidar constantemente el reloj de la nave, la ―ampolleta‖. Este reloj, sustituto de los ―relojes de sol‖ y ―relojes de agua‖, se componía de dos vasos de vidrio de forma cónica, unidos por la parte más estrecha, en donde había un orificio de abertura, calculada para que la arena, lo más fina posible, cayera del vaso superior al inferior en un intervalo fijo, que se repite, volteando la disposición del aparato.

―Salve digamos, que buen viaje hagamos; salve diremos, que buen viaje haremos‖. La ―Salve‖ cantada, acompañó al Sol en su caída. Levando anclas. A la mañana siguiente, media hora antes de volver a salir el astro rey, las naves expedicionarias zarpaban rumbo a Canarias como primer destino. El 6 de septiembre, camino al Oeste, abandonan las islas. Colón aprovechó los efectos del viento para obtener máxima propulsión con la vela de cruz (o cuadrada) y mejor gobierno con las de cuchillo (o latinas). El 1 de octubre, el Almirante calcula, para

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sí mismo, 707 leguas recorridas. Lo mantiene oculto y comunica a la tripulación una distancia navegada menor, para no desmoralizarlos y aplacar el descontento, ya manifestado en forma casi violenta días atrás. El 7 de octubre, cambia bruscamente el

rumbo, que lo llevaba hacia las actuales costas de Estados Unidos y enfila al Suroeste. Sin el cambio de rumbo, el domingo 7 de octubre se hubiera llegado a Florida o Carolina del Sur y tal vez hubiera cambiado la historia del mundo.

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El 10 de octubre, ante un nuevo conato de motín, se ve obligado a prometer a las dotaciones de las naves que volverían a España si no encontraban tierra en el plazo de tres días. La marinería se encontraba asustada después de tanto navegar, viendo sólo cielo y mar, aún cuando el viaje estaba resultando fácil. No existían dificultades meteorológicas, no había habido tormentas ni vientos contrarios, ni grandes calmas. Los vientos alisios siempre los

habían favorecido durante la casi totalidad del viaje. Parecía que Colón supiera en ese derrotero todo lo esencial acerca de los vientos y corrientes oceánicas, ...‖ y las comprendió tan cabalmente que no realizó ningún falso movimiento en todo el viaje‖. A las dos de la mañana del 12 de octubre, se avistó tierra. Cuando amanecía, las tripulaciones, con mayor fervor y alegría unieron sus roncas voces en la oración matutina.

CAPÍTULO II (Exploración y Colonización)

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EL TRATADO DE TORDESILLAS poco de llegar del primer viaje en marzo de 1493, ante la buena nueva de unas tierras conseguidas a través de esta nueva ruta, los Reyes Católicos se dirigen al Papa para que convalide los títulos de posesión para España, de lo descubierto y por descubrir. En ese entonces, en toda Europa, -el llamado también Mundo Cristiano-, el Papa representaba no sólo la máxima autoridad espiritual, sino que ante él, se subordinaban los Reyes. Con este procedimiento de recurrir al arbitraje del Papa Alejandro VI no se hacía sino repetir lo hecho por Portugal años antes, cuando consiguiera la exclusiva sobre los mares y tierras africanos al sur de las Canarias. Una Bula (Decreto) Papal, con fecha 4 de mayo de 1493, determina la línea de demarcación entre los dominios presentes y futuros de España y Portugal. Esta línea que nace desde el Polo Ártico al Antártico, pasará a 100 leguas al Occidente de las Islas Azores y las de Cabo Verde (que ya son portuguesas). Los territorios situados al este de dicho meridiano serán para Portugal. Las tierras situadas al Oeste serán para España. Por medio de cuatro Bulas Alejandrinas de donación y demarcación, se concedía la posesión de todas las tierras descubiertas y por descubrir, siempre que no perteneciesen a ningún príncipe cristiano. Castilla podría ocupar esas tierras al Occidente y al Sur hacia las Indias con la obligación de evangelizar a los indígenas. Portugal, por su parte, tendría los mismos derechos hacia el Este. A partir de estos momentos se entablaba entre los dos reinos ibéricos una verdadera carrera por llegar primero a la India asiática. Portugal lo conseguiría pronto, mientras que Castilla se veía frenada en América. Estos documentos constituyen una especie de «Carta Magna», que justificó el derecho de conquista y orientó la

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colonización de las Indias Orientales y Occidentales, de acuerdo con las ideas teocráticas de la cristiandad medieval. Sin ser propiamente un acto de arbitraje, dirimían de esta manera una serie de posibles conflictos entre España y Portugal. Segundo viaje. Colón inicia su segundo viaje ese mismo año, 1493, en septiembre, con 17 naves (3 carracas, 2 naos y 12 carabelas) y unos 1.500 hombres. Con mayor seguridad para sus propios intereses y los de España, pues estaba al tanto de lo establecido por el Papa. Mientras hace nuevos descubrimientos de las islas que conforman el Mar Caribe, se produce un acontecimiento muy importante del cual se enterará al volver, dos años y medio más tarde, en junio de 1496. Descubre varias islas en las Antillas Menores, entre ellas Guadalupe, Dominica, Montserrat, Antigua y en las Mayores, Puerto Rico – llega a la Española y constata la destrucción del fuerte de Navidad y la muerte de los españoles que allí quedaron – se funda la ciudad de Isabela – penetración sistemática en la isla – se explora parte meridional de Cuba y Jamaica. Envío de 5 carabelas, despachadas desde la Española para localizar una región rica en perlas –tocan en tierras de Cumaná-.

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Unos meses después, a fines del año 1494, rescató el propio Colón una gran cantidad de perlas en la isla de Margarita. En febrero de 1495 carabelas regresan a Castilla, con cargamentos de 400 esclavos. Y a mediados de octubre llega un enviado de los reyes para investigar e informar el comportamiento de Colón como gobernante. Este segundo viaje finalizaría con la llegada de Colón a Cádiz en junio de 1496.

Católicos y Juan II de Portugal en 1494, el monarca francés Carlos VIII protestó airadamente ante el papa Alejandro VI, solicitando ver con sus propios ojos aquel ―Testamento de Adán‖, según ironizó. El enfado del rey galo no era injustificado, pues Castilla y Portugal se acababan de repartir de un plumazo las tierras y mares del planeta que faltaban por descubrir: todo lo que quedara al Oriente de una línea imaginaria que cortaba verticalmente el océano Atlántico, a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde, sería para los lusos; mientras que los territorios situados a Occidente de ese meridiano de demarcación serían para los españoles. Tercer viaje. Salida, mayo de 1498, con 8 carabelas y unas 330 personas – Si en la segunda expedición la afluencia de voluntarios fue notable, para éste, el desprestigio hizo difícil el reclutamiento. Después de una estancia en las islas de Cabo Verde llega a la isla de Trinidad; se divisa por primera vez la Tierra Firme – primer desembarco en el Continente - tras atravesar el Golfo de Paria, la Boca del Dragón y las aguas de la isla de Margarita llega a la ciudad de Santo Domingo (isla la Española) fundada por su hermano Bartolomé. En 1499 tiene lugar una grave rebelión contra los hermanos Colón y en agosto de 1500, después de haber reducido una segunda sublevación, llega un nuevo juez pesquisidor, Francisco de Bobadilla; éste encarcela a los hermanos Colón y los envía a la Península, donde llegan el 20 de noviembre del 1500. El ocultamiento por Colón a los Reyes de los descubrimientos de las perlas, debió ser la causa principal de su caída en desgracia a comienzos de

No estando conformes los portugueses con la partición efectuada por el Papa, inician conversaciones bilaterales con la Corona Española y el 7 de junio de 1494, en la pequeña villa de Tordesillas, perteneciente a la provincia de Valladolid, en España, se firma un Tratado entre ambas naciones, en virtud del cual, entre otras cláusulas, una de ellas, la principal, establecía que la línea de demarcación debía pasar a 370 leguas al Occidente de las Islas de Cabo Verde. España parecía favorecida, al dejar en sus manos toda Asia, en realidad América, pero en la práctica iba a dejar Brasil para Portugal; ¿conocían su existencia los portugueses?. Se cuenta que con ocasión de las bulas pontificias que sancionaban el Tratado de Tordesillas, firmado por los Reyes

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1499, cuando estos se enteraron (¿por Peralonso Niño?) de la conducta tan poco noble de su Almirante con ellos (Colón en su segundo viaje, había interrumpido su diario desde el 11 de diciembre de 1493 hasta el 11 de marzo de 1494).

Cuarto viaje Salida, mayo de 1502 con 2 carabelas y 2 naos y unos 140 hombres. Al llegar a Santo Domingo, el gobernador Ovando le impide la entrada. Llega a Honduras. Se entera de que está en el istmo y que a nueve días de marcha se encuentra el otro mar. Su obsesión por el oro le hace desistir del objetivo principal de su viaje y se dedica a buscar las ansiadas minas. Llega a la costa de Veragua. Intenta fundar una ciudad que llamaría Belén y el proyecto fracasa. Zarpa en tres carabelas corroídas por la broma. Llega a la costa norte de Jamaica donde quedan destruidos los barcos. Dos tripulantes con destreza y valor cruzan de Jamaica a la Española en una canoa para pedir auxilio. Durante meses, Ovando impidió enviar ayuda a Colón. Finalmente son rescatados y llevados a la Española; de allí, vuelta a España, llegando en noviembre de 1504. El objetivo fundamental de este viaje era buscar un estrecho que condujera a la India. Viaje desastroso, pues abandonó la

búsqueda del istmo cuando lo tenía más cerca; barcos destrozados, casi aniquilados sus hombres y regreso a Castilla, enfermo, cargado de deudas y desprestigiado, desembarcando en Sanlúcar de Barrameda, para no navegar ya más. A su llegada, el Almirante encontró el país sumido en una gran depresión. Isabel, su protectora, se estaba muriendo en Medina del Campo, y en Castilla comenzaba el problema de la sucesión a la Corona. A pesar de que venía muy enfermo, Colón partió hacia la Corte, dispuesto a defender sus prerrogativas políticas y económicas, pero durante su viaje falleció la Reina. Colón fue recibido amablemente por el rey regente, Fernando, pero éste no estaba dispuesto a cumplir las Capitulaciones de Santa Fe, pues no quería entregar tan inmensos territorios a una persona que él juzgaba carente de dotes de gobierno y de sentido práctico; tampoco Colón estaba dispuesto a ceder un punto de lo que consideraba sus derechos; su esperanza se cifraba en el joven príncipe Felipe el ―Hermoso‖, que ocuparía el trono de Castilla, a quien escribió, pero antes de poder entrevistarse con el nuevo monarca, Colón murió en Valladolid después de haber hecho testamento. Sus restos fueron depositados en un convento de monjes cartujos situado en una isla del Guadalquivir

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frente a Sevilla (y que en 1992 sirvió como sede de la Exposición Universal). Fueron trasladados unos 30 años después a la catedral de Santo Domingo; en 1795, pasaron a la de la Habana y finalmente, en

1899, a la de Sevilla. Sin embargo, en Santo Domingo afirman que los verdaderos restos del descubridor todavía siguen allí y presentan pruebas. Su historia, muy resumida, es la siguiente.

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Enigmático hasta después de muerto. Sus restos quedaron depositados en el Presbiterio, cerca del altar mayor, en el lado del Evangelio. En 1585, la ciudad sufrió saqueo por el inglés Drake y producto del mismo, antiguos archivos, entre ellos los de la catedral, desaparecieron. Setenta años después, ante la inminencia de un nuevo ataque pirata, el arzobispo mandó borrar las inscripciones de las losas que cubrían las bóvedas donde yacían, Cristóbal, su hijo Diego y su nieto Luís. Habiendo pasado casi siglo y medio, España, inmersa en las contínuas guerras que se sucedían, y perdedora de la última, cede a Francia la isla Dominicana. El Teniente General D. Gabriel Aristizabal, al mando de la Real Armada en el Caribe, hace buscar los restos de D. Cristóbal. Conseguida una bóveda que contenía restos humanos en una destrozada urna de madera, sin inscripción alguna, situada cerca del Altar Mayor, en el lado del Evangelio, se procedió, con cierta precipitación, a sacarla y mandarla a La Habana, con la certeza de que eran del Gran Almirante, pues la ubicación concordaba con la tradición. En 1877, se iniciaron una serie de trabajos en la catedral de Santo Domingo, con la idea de cambiar la posición del Altar Mayor, situando el coro detrás del mismo. Al abrir de nuevo una puerta, tapiada de antiguo, al lado derecho, se notó un hueco. Al perforar, se consiguió una bóveda y dentro de ella, una caja metálica deteriorada, que por la inscripción que llevaba, pertenecía a Luís Colón, el nieto. Prosiguiendo el trabajo, se encontró una sepultura vacía, (¿los restos de La Habana?), y a corta distancia entre está bóveda y la pared lateral, se hallaba una gran losa, que después de rota, descubrió otra bóveda con una urna de plomo de 42 cms de largo por 21 de profundidad y 20 y medio de ancho. Avisado el obispo y Nuncio de la Santa Sede, éste se personó, mandó poner vigilancia y lo notificó a las autoridades. Acudieron las mismas y el Cuerpo Diplomático, junto a otras personalidades, notarios y forenses. Procediose a la exhumación y

reconocimiento legal. Sobre la tapa, se leían, abreviadas, las palabras ―Primer Almirante‖. En la parte interior de la misma, aparecía la inscripción cincelada en caracteres góticos alemanes, e igualmente, abreviada: ―Ilustre y Esclarecido Varón, D. Cristóbal Colón‖. Dentro de la caja, los huesos, NO completos de un ser humano. Entre los asistentes al acto, se encontraba el General venezolano Lugardis Olivo, al parecer, en misión especial por el Gobierno del Presidente Guzmán Blanco. Pidió y obtuvo un pedazo de la losa que había cubierto la bóveda y una parte de las cenizas desprendidas de los restos. Hoy en día, el pequeño pomo conteniendo las cenizas, se encuentra en la ―Alma Mater‖ de la Armada de Venezuela, su Escuela Naval. Contradicciones y consecuencias El primer impacto que ante el mundo produjo el éxito colombino fue el de sorpresa. Así como los descubrimientos africanos, cuando sucedieron, estaban ya más o menos anunciados -incluso en la cartografía-, lo que en 1493 pregona Colón que ha descubierto, nadie lo esperaba. Además de hallar tierras desconocidas, Colón hace otros dos descubrimientos capitales en el campo de la navegación a vela: señala la mejor ruta marítima para ir desde Europa a América del Norte, e igualmente descubre la mejor ruta de regreso; fruto todo ello de su gran conocimiento de las corrientes y vientos oceánicos. Otra consecuencia inmediata del viaje fue el intento, por parte de los Reyes Católicos, de asegurar aquellas tierras y mares para Castilla, lo más exclusivamente posible. Se hubiera necesitado un jefe con verdaderas dotes de mando para mantener la disciplina entre aquellos primeros colonizadores españoles -recelosos, aventureros y llenos de codicia- para obligarlos a talar el bosque, a construir casas y a sembrar cosechas, en vez de dejarlos vagar por la isla en busca de oro o de esclavos. Pero aunque Colón fue un buen explorador, además de un marino brillante, no poseía ni la experiencia ni

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el temperamento necesario para ser un adecuado gobernador colonial. Era terco y a la vez, irresoluto; al principio insistió en que se hallaba entre islas, pero cuando exploró el golfo de Paria y sintió en toda su fuerza el poderío del Orinoco sobre sus barcos, cambió de opinión. En ninguna isla podría darse un río con tal caudal de agua. ―Creo‖, escribió, ―que se trata de un continente enorme, que hasta la fecha ha permanecido ignorado‖. Pero enseguida, negando esta opinión lógica, se persuadió a sí mismo de que no era una masa continental nueva a donde había llegado, sino que se trataba del umbral del Paraíso Terrenal, el bienaventurado dominio cuya ubicación había sido discutida tan vivamente por los geógrafos medievales. Aunque anhelando ardientemente penetrar en este reino encantado, se encontró con que sus marineros gruñían y se quejaban, amén de que los víveres y abastecimientos destinados a la isla de la Española se echaban a perder. Así pues, puso proa al norte, dejando la exploración de la América del Sur a otros hombres. Colón es hombre contradictorio, sorprendente y se retrata a sí mismo tanto en el triunfo como en el fracaso. Las páginas de su Diario de a bordo que siguen al 12 de octubre de 1492 son insustituibles. Gran observador, meticuloso en extremo, paciente en el relato de lo que ve o le cuentan, preocupado por el oro, obsesionado con el Cipango, es además un cantor del trópico, de la nueva tierra y el nuevo cielo que él, el muy magnífico don Cristóbal Colón, acaba de descubrir. Es su gran victoria y la canta como algo que le pertenece. El trópico, pleno de verdor, frondosidad y colorido, aparecía tan diferente del viejo mundo, que era maravilla. Árboles y huertas, peces y aves deslumbraban a todos. Era tal la diversidad de lo que estaban viendo que tenía que recurrir a imágenes o experiencias conocidas para que el lector se aproximase a su descripción. La frase comparativa ―cómo en el mes de abril o mayo en Andalucía‖, es repetida con frecuencia. Si este y otros ejemplos nos hacen ver a Colón como pensador en parte y en parte como místico, se

debe a que por corazón era poeta y, como tal, tenía la fe poética en la existencia de maravillas y prodigios que desafían las reglas de la lógica. Sostenía con ardor las nuevas teorías geográficas de los doctos italianos y había dado la espalda a los mapas medievales en que Jerusalén era el centro. Pero, a pesar de ello, quería creer que en algún lugar donde se encuentran el Oriente y el Occidente estaba el Paraíso Terrenal, y así creyó haberlo hallado cuando en su tercer viaje, y anclados sus barcos para hacer aguada, frente a la costa de Tierra Firme, en el Golfo de Paria, quedó cautivado por la exhuberancia y belleza de lo que se mostraba ante sus ojos y admirado, comentó que habían llegado al ―Jardín del Edén‖, puesto que lo que contemplaba era la ―Tierra de Gracia‖. Con este requiebro, bautizaba galantemente al territorio de la actual Venezuela. Pareciera que Colón cayera en el descrédito. Ni fue el primero, ni fue tan original. Es cierto, pero también lo es el hecho de que ninguno de los que le precedieron tenía conciencia clara de sus actos. Llegaron, circunstancialmente, ocultándolo, como los fenicios; abandonando el terreno donde pisaron, como los vikingos. Otro, el posible predescubridor de las Antillas, sin buscarlo. Colón persiguió, no solamente otra ―ruta de las especias‖, sino también la posibilidad de rescatar por esa vía los ―Santos Lugares‖ del dominio turco. Profundamente religioso, no siempre ajeno a la superstición, se consideraba un elegido de Dios. Se mantuvo constante y tenaz por muchos años en defensa de su proyecto. Fue el realizador de la suma de deseos e inquietudes que se agitaban en una Europa que pugnaba por romper las amarras que la comprimían dentro de sus límites. No era tan malo como afirman sus detractores, ni tan santo como aseguran sus incondicionales. La mayoría, lo ensalzará, siguiendo los derroteros de su historia ―oficial‖. Algunos, lo denigrarán, pensando que mejor hubiera sido que ambos Mundos hubieran seguido su propio camino. Otros, no caerán en la fácil tentación aislacionista, pero lo someterán a un juicio más crítico y posiblemente más responsable.

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EXPLORACIONES os descubrimientos de Colón y De Gama fueron la señal para que se iniciara la serie de los viajes de exploración del siglo XVI en busca de Catay (China). Algunos hombres se dirigieron hacia el oeste, siguiendo a Colón, otros hacia el este, tras De Gama; aunque ambos grupos hallaron más o menos los mismos riesgos y penalidades, los que fueron al este tuvieron menos dificultades. Los exploradores portugueses que dieron la vuelta al África contaban con mapas que indicaban claramente la existencia del Asia. Y si los esbozos del continente oriental, derivados de las obras de Tolomeo y Marco Polo eran engañosísimos, al menos daban una guía rudimentaria a los viajeros. Además, como comprobó De Gama, una vez alcanzada la costa oriental del África, el viajero se hallaba en medio de una antigua red comercial que se extendía por el Océano Índico, la India y China. Para los europeos, los informes que proporcionaban mercaderes y marinos locales eran de muchísimo valor. Por otra parte, los sucesores de Colón se toparon con innumerables dificultades: América no aparecía en ningún mapa, no había pilotos locales, ni mapas de los nativos, ni comunidades mercantiles familiarizadas con la región. Todo lo relativo a las nuevas áreas (su anchura, su longitud, su relación con el Asia) tenía que ser descubierto. Considerando estas desventajas, debemos llegar a la conclusión de que la rapidez con que América tomó forma de entre las descabelladas conjeturas que siguieron a los desembarcos de Colón en las Indias Occidentales, fue un proceso mucho más notable que el rápido levantamiento de mapas de la costa del África oriental y del Océano Índico durante el siglo XVI. Hacia 1500, los exploradores españoles habían trazado el contorno de la costa norte de Sudamérica, desde lo que hoy es la costa atlántica de Colombia hasta Recife en la protuberancia oriental del Brasil. Los grandes descubrimientos geográficos

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El período álgido fue el de los 30 años transcurridos desde 1492 hasta 1522. Constituyen la ―más asombrosa epopeya de la historia humana‖: el 12 de octubre de 1492, Colón llegó a América; en 1498, Vasco de Gama alcanzó India, como culminación del periplo portugués, cuyos hitos más importantes fueron los de Gil Eanes, al doblar el Cabo Bojador en 1434, y el de Bartolomé Días al hacer lo mismo en 1487, con el Cabo de Buena Esperanza; en 1500 llegó Álvarez Cabral a las costas brasileñas; en 1513, Vasco Núñez de Balboa descubrió el Mar del Sur (el Pacífico); en 1519, Hernán Cortés desembarcó en las costas de México y en 1519-22, tuvo lugar el viaje de MagallanesElcano, demostración práctica de la esfericidad de la Tierra, que los griegos habían intuido teóricamente. Empresa comercial. Cuando el 17 de abril de 1492 los monarcas españoles firmaron con Cristóbal Colón las ―Capitulaciones de Santa Fe‖ se formaba la primera empresa comercial americana en la que aquellos actuaban como socios capitalistas y Colón, como socio industrial. La idea era fundar factorías o asentamientos de intercambio comercial, para obtener especias y oro, de cuyos beneficios serían partícipes ambas partes. Colón, además de un porcentaje de las ganancias, recibiría status de nobleza y no pocos títulos honoríficos y de gobierno (almirante, virrey y gobernador). Este planteamiento no era diferente en esencia al que ya venían practicando los italianos y portugueses en sus factorías situadas en el Medio Oriente del Mediterráneo y en África. Ante el clima de descontento de colonos e indígenas y la escasez de ganancias, la Corona optó por abrir el monopolio de la empresa extractiva y comercial. Mediante una Real Orden del 10 de abril de 1495, se permitió la intervención de la iniciativa privada. Ojeda, Peralonso Niño, Vicente Yánez Pinzón y Diego de Lepe fueron los primeros en recibir licencias. Les autorizaban a realizar exploraciones en busca de riquezas, sobre todo oro,

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con la condición de que ello se hiciera bajo licencia Real y se entregara al Estado una quinta parte de los bienes obtenidos. El flete y aprovisionamiento de carabelas propició la formación de sociedades en las que participaban comerciantes, navieros y pilotos, muchos de ellos extranjeros, cuyas licencias obtenidas como residentes durante más de 10 años en la Península, como propietario de bienes raíces o como cónyuges de mujeres españolas, rompieron el supuesto hermetismo del sistema e inspiraron el espíritu cosmopolita y capitalista de la empresa indiana. Eso sí, en cada una de las expediciones viajaba un veedor para controlar el fiel cumplimiento de los

contratos (capitulaciones); por lo demás, estas empresas se realizaron, por tanto, sin gastos por parte del Estado. Esa política colonizadora y liberalizadora que la Corona ensayó al final de la primera década antillana, estimuló las exploraciones hacia el litoral continental, la llamada Tierra Firme y entre 1498 y 1502 se recorrieron las costas de las actuales Venezuela, Colombia, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Se trataba también de afianzar los asentamientos coloniales mediante la fundación de ciudades donde los colonos tenían la obligación de avecindarse (en 1498 se fundó al sur de la isla la Española, la ciudad de Santo Domingo).

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Los primeros exploradores vieron las bocas del Esequibo y del Orinoco, llegaron a la isla de Trinidad, recorrieron la costa del golfo de Paria, la isla de Margarita, y Ojeda se impulsó hacia el occidente; costeó el litoral de la ―Tierra Firme‖, hasta la Vela de Coro, Curazao y un golfo, al que bordeó hasta su sector noroeste.

Prosiguió la navegación hasta un cabo, al que denominó ―de la Vela‖, desde donde regresaron a la Española. Cuando costeaban dicho golfo, observaron a una comunidad indígena, cuyas viviendas eran palafitos, sus calles, canales navegables y su vida y actividades se desenvolvían en y a través del agua.

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de la que, por fusión con el toscano, nació ese dialecto y, efectivamente, al traducirse al castellano, significa la “Pequeña Venecia”. Amerigo Comentó el Dr. Uslar Pietri –insigne hombre de letras e historiador venezolano-, que Amerigo Vespucci (en castellano, Américo Vespucio), ―estaba destinado a ser el único humano que iba a dejarle su nombre a un continente, legándole al Nuevo Mundo el apelativo de América. Amerigo, que trabajaba en la banca de los Médicis en Florencia y que tenía ante sí un porvenir de buen burgués florentino, es enviado por sus patronos a España en una época y en un momento muy auspicioso. Va a la ciudad de Sevilla, donde había muchos negocios de toda índole y adónde afluían tratantes, comerciantes y prestamistas que se enriquecían a la sombra del creciente poderío militar y económico de Castilla. Amerigo se va a encontrar en Sevilla para la época en que comienzan los grandes viajes de descubrimiento y va a conocer allí a otro italiano, que está obsesionado con la peregrina idea de darle la vuelta al mundo para buscar un camino hacia Asia por el Oeste. Cristóbal Colón va a ser su amigo. Colón ha regresado de su primer viaje y viene con la noticia de que ha llegado a las costas de Asia, porque ignorará totalmente que hubiera podido topar con un continente nuevo. La idea de lanzarse a esas nuevas rutas hacia Asia, de llegar a las islas de la especiería, va a encender la imaginación y la codicia de los contemporáneos. Amerigo es uno de los que siente esa llamada, abandona su situación comercial, su labor sedentaria de banquero al servicio de los Médicis y se lanza a la aventura de los descubrimientos. Este hombre no se va a contentar con hacer los viajes sino que va a escribir sobre esos viajes. Va a escribir a personajes importantes de Italia. Estas cartas llenas de información, de referencias cultas y literarias, van a circular por Europa. En ellas, por primera vez, va a asomar la noción de que lo que se ha encontrado no es Asia, sino un mundo nuevo.

Esa visión fomentó, por analogía, el recuerdo de la gran República adriática, Venecia, y se le atribuye a Américo Vespucio –el hasta entonces gerente bancario-, y quien formaba parte de la expedición, el bautizar el lugar como la ―pequeña Venecia‖ –Venezuela-. Efectivamente –Vespucio, que era nacido en Florencia- conocía Venecia y la palabra que usó fue –Venezuola- y así aparece en el primer mapa sobre el Nuevo Mundo, que elaboró Juan de la Cosa, quién era el piloto de la nave expedicionaria. Ha habido quienes han interpretado que al país, Venezuela, se le bautizó en forma despectiva, tal como ocurre con ciertas terminaciones de vocablos castellanos; como, por ejemplo, de mujer – mujerzuela-. Afortunadamente, ―Venezuola” –en castellano, Venezuela- que desde su localizado bautizo, pasaría, por extensión, a denominar a todo un país, fue simple y llanamente lo que Américo quiso reflejar, pues tal palabra es del dialecto ―véneto‖ – veneciano- proveniente de una lengua pre-italiana,

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De sus cartas se hicieron numerosas ediciones. Las hubo en latín a partir de 1505 y después se hicieron en italiano. Esas ediciones circularon ávidamente por toda Europa. Estas cartas que se arrebataron literalmente de las manos los hombres cultos de Europa, como la noticia de un inmenso acontecimiento, como en efecto lo fue, llegaron a manos de muchos geógrafos y especialmente de un pequeño grupo de ellos, de hombres interesados en el conocimiento físico del mundo, que estaban congregados en una pequeña ciudad francesa de los Vosgos, en Saint Dié, preparando la edición de una Cosmografía que iba a aparecer en el año de 1507. Entre ellos estaba un cartógrafo alemán llamado Martín Waldseemüller, que aspiraba a hacer una geografía universal lo más completa posible. Con ese fin se puso a trazar el perfil de ese nuevo mundo que acababa de ser revelado a Europa, valiéndose de las informaciones que estaban en las cartas de Amerigo Vespucci. Trazó un bosquejo caprichoso y deformado de ese nuevo mundo pero se encontró con que no tenía nombre que ponerle. Necesitaba un nombre para ir con el de Europa, con el de Asia, con el de África, y como quien le había revelado ese mundo a Europa era Amerigo, pensó que podía llamar a ese Continente con el nombre de este personaje. Consideró ponerle Amerigen, pero encontró que los nombres de los Continentes eran femeninos y le puso América. De allí en adelante, por una especie de destino prodigioso, fue creciendo e imponiéndose ese nombre al de Nuevo Mundo y al de Indias, con que España llamaba a sus conquistas, hasta convertirse en el nombre definitivo del Continente. Este hecho extraordinario le daba a Amerigo Vespucci el privilegio incomparable de ser el único ser humano que le daba su nombre a su Continente. Detalle que él probablemente no llegó a conocer durante el resto de su vida, pero que sirvió para que se echara sobre su memoria una tácita acusación de fraude y usurpación‖.

Brasil: 1500 En la tarde del 22 de abril del año 1500, una gran armada portuguesa de 13 buques (la mayor enviada hasta entonces por el Rey de Portugal al Océano Atlántico), que iba a la India, dirigida por Pedro Álvarez Cabral, descubrió Brasil. El asunto era bastante peregrino, sin embargo, y está lleno de interrogantes. ¿Qué hacía en Brasil una armada portuguesa dirigida a la India?. ¿Se había despistado de su objetivo en el Océano?. ¿Por qué se marchó Cabral tan pronto, sin explorar la costa brasileña, como habría sido de esperar?. ¿Por qué no dejó al menos a un grupo de pobladores en el lugar?. ¿Tuvo algo que ver este territorio con el Tratado de Tordesillas, firmado hacia menos de seis años?. Más aún: ¿Tuvo alguna relación con el descubrimiento de la costa de Brasil que el castellano Vicente Yáñez Pinzón había realizado tres meses antes, entre el 20 y 26 de enero del mismo año 1500?. En efecto, Vicente Yáñez Pinzón había descubierto Brasil tres meses antes, llegando al cabo de San Agustín, punto extremo de dicho territorio hacia oriente (en el mapa de Juan de la Cosa figura tal hallazgo el año 1499), al que bautizó como Santa María de la Consolación. Pinzón había tomado posesión de Brasil en nombre de Isabel y Fernando y siguió luego hacia el norte, descubriendo la desembocadura del río Amazonas, donde se quedó a explorar, pasándole entonces Diego de Lepe, que venía tras él y se convirtió por ello en el descubridor de la zona al norte de dicho río. Toda esta exploración española quedaría luego anulada (incluso el nombramiento de gobernador de una parte de la costa para Pinzón), sin embargo, gracias a aquella misteriosa e intrascendente arribada de Cabral a la Isla de Santa Cruz. Demasiadas preguntas sin respuestas. Que una armada enviada a la India recalara por accidente en Brasil y lo descubriera, es lo menos creíble de todo. Sin embargo, fue lo que el Rey de Portugal trató de ―venderle‖ a su suegro Fernando el Católico.

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Podemos hasta suponer que aquella nave enviada, después de que Colón presentara su plan al rey portugués Juan II, no se perdió realmente, ó que ante su pérdida, se lanzó otra en su búsqueda, llegando a tierra desconocida y esa… sí pudo volver… Pese a la misteriosa falta de documentos históricos oficiales sobre este viaje (incluidas en ella las instrucciones sobre el retiro de Cabral), no puede dudarse que la poderosa flota fue enviada a la India, tal como fue anunciado en Lisboa. La armada zarpó de Belem el 9 de marzo de 1500 rumbo a Canarias y luego a Cabo Verde, a donde arribó el 22 del mismo mes. Pero con rumbo sureste, en vez de al suroeste, como era de esperar, para seguir la singladura de su antecesor Vasco de Gama. ¿Por qué?. La flota navegó con dicho rumbo 660 o 670 leguas y soslayó providencialmente la zona de grandes calmas del Atlántico ecuatorial, tan temido luego por los navegantes, lo que le permitió llegar a Brasil en un tiempo récord: 44 días desde Belem (Lisboa). Nadie habla de ninguna tormenta que lo desviara de su rumbo, ni nadie dice por qué avanzó tanto

hacia el suroeste, desviándose de la longitud del cabo de Buena Esperanza. ¿Hasta dónde tenía pensado continuar por dicha ruta?. Lo único que se sabe es lo que se escribió por el cronista de la expedición en la relación oficial del descubrimiento, según la cual, la flota ―topó‖ con Brasil. Se quedó unos días en la tierra con la que había topado y, finalmente, prosiguió su viaje a El Cabo y Calcuta. El cronista anotó en su carta del descubrimiento, que Brasil tenía pocos recursos de interés, pero que era un lugar estratégico de recalada o escala en la ruta... ¡hacia la India!... Se envía una nave de su flotilla para que dé cuenta al Rey Don Manuel de su descubrimiento y de que ha tomado posesión en su nombre, puesto que lo descubierto considera que se halla en la zona delimitada para Portugal.

Fue así un hallazgo casual con Brasil, sin ir en su busca y marchando en dirección al sur de África, cosa difícil de creer, como lo manifestó meses después nada menos que Amerigo Vespucci. Para el florentino no hubo tal casualidad, sino verdadera intencionalidad. Llamado por el rey Manuel de Portugal, Vespucio pasó a este país y estuvo en la

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primera expedición que se mandó al Brasil, después de haber sido descubierto por Álvarez Cabral. Manuel I el Afortunado esperó pacientemente sin decir una palabra. Esperó más de un año, hasta que regresó la armada de Álvarez de Cabral de la India. El Rey de Portugal no comunicó la nueva a los Reyes Católicos hasta el 28 de agosto de 1501 y sin reclamarles nada. Simplemente, les dijo que Cabral había descubierto la isla de la Veracruz en su derrota a Calicut porque ―Nuestro Señor quiso que se hallase, porque es muy conveniente y necesaria para la navegación de la India, porque allí reparó sus navíos e tomó agua‖. Bastante diferencia. Indudablemente que era bastante la diferencia entre las 100 leguas concedidas por el Papa y las 370 conseguidas por el Tratado de Tordesillas; a tal punto que aún cuando el Tratado no especificara desde cual de las islas del archipiélago de Cabo Verde se iniciaba la medición; si se consideraba desde la más occidental, llamada San Antonio, el límite de las 370 leguas era una vertical que llegaba desde 48° longitud Oeste, a la altura de la desembocadura sur del río Amazonas, aproximadamente en la actual ciudad de Belén, hasta la isla de Santa Catalina (donde se encuentra la actual ciudad de Florianópolis). Nuevas expediciones portuguesas siguen a la de Cabral y se dan cuenta que esas tierras no son pertenecientes a una isla, sino a un verdadero continente. Una de ellas será la que descubra la Bahía de Guanabara el 1 de enero de 1502. La confunden, al principio, con la desembocadura de un río y de ahí el nombre de Río de Janeiro (Río de Enero) con que se la designa. En Europa la industria textil requería grandes cuotas de algodón y de sustancias colorantes para el teñido de los paños. Tales eran el xiquilite –planta productora de añil de Guatemala-; la cochinilla – insecto o parásito productor de tinte rojo- y sobre todo, el palo brasil. Se trataba de un tinte de color rojo, abundante en árboles de selva tropicales y

especialmente en la costa brasileña, que no tardó en convertirse en uno de los productos más cotizados de América y de los primeros en articularse en un sistema de economía mercantilista. En esas tierras, los descubridores portugueses hallaron gran abundancia de ―palo de Brasil‖, por lo que el primer nombre de Terra da Vera Cruz (Tierra de la Verdadera Cruz), se sustituye para todo ese territorio conseguido en la diferencia de 200 leguas, por el de BRASIL, único país americano de lengua portuguesa. El Estado se hace cargo. Desde el descubrimiento hasta la puesta en marcha de la Casa de Contratación transcurren varios años y se vive en trafago extenso e intenso de las expediciones. ¿Qué papel juega la marina de guerra en ellas?. Todavía el Estado español no estaba en condiciones de organizar el descubrimiento y conquista del Nuevo Mundo –aún estando a la cabeza de lo que podían hacer otros Estados europeos-; será la iniciativa privada en toda su incoherencia e inicial desorden a la que corresponda la responsabilizacion de la aventura. El nuevo mundo fue descubierto, al fin y al cabo, por la marina mercante española privada. La Corona se limitará a dar licencias, conceder honores y cargos y tomar disposiciones ―ad futurum‖, amén de promulgar las primeras pragmáticas proteccionistas en orden a la navegación y construcción naval. El esfuerzo, el capital y los barcos mercantes privados son los protagonistas. Será con la Real Pragmática del 1 de septiembre de 1500, el primer paso de protección de una marina mercante propia, al disponerse que todo el tráfico marítimo entre el Reino y sus posesiones deberá realizarse en barcos que enarbolen el pendón de Castilla y cuando esos barcos no sean suficientes, se autorizará en cada caso a los de otras banderas. Hay que entender que los barcos españoles, son los de propiedad de españoles, tripulados por dotación de españoles principalmente y construidos en España.

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En 1503, se fundó en Sevilla por los Reyes Católicos, la Casa de Contratación, con el cometido de ocuparse de los asuntos de índole comercial con América y que mantuvo tal monopolio hasta 1776. Dicha Institución era una especie de Ministerio de Colonias, Comercio y Marina Mercante. También, Universidad de enseñanzas náuticas, concediendo Títulos de pilotos mayores y cosmógrafos.

Dependiendo de ella, posteriormente, una fábrica de pólvora y astilleros. En 1508 se creó el cargo de Piloto Mayor. Para ese cargo, en ese momento, Fernando el Católico designa a Américo Vespucio, ya considerado como español; después lo serán Díaz de Solís, Sebastián Caboto, Alonso de Cháves… En 1527 se constituyó el Real y Supremo Consejo de Indias, máxima autoridad consultiva y judicial para América.

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PROSIGUEN LAS EXPLORACIONES a exploración inicial se preocupó más de rodear los obstáculos que de la manera de explotarlos. Muchos exploradores apenas hicieron algo más que costear. Las ―entradas‖ mayores (exploraciones continentales) las llevaron a cabo principalmente los exploradores españoles, entre los que destacan Juan Ponce de León que exploró la costa de Florida e intentó establecer una colonia, siendo herido de muerte en un ataque indio; Francisco de Orellana que descubrió el río Amazonas y lo navegó; Hernando de Soto se internó en la Florida y recorrió tierras de los actuales Estados de la propia Florida, Georgia, Alabama, Arkansas, Lousiana, Texas y el río Missisipi, muriendo en sus orillas; Francisco Vázquez de Coronado que descubrió el Gran Cañón de Colorado y exploró los territorios comprendidos entre el Missisipi y las Montañas Rocosas.

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Pánfilo de Narváez intentó explorar Florida; desembarcó con una expedición en los alrededores de la bahía de Tampa y perdió el contacto con sus naves. La expedición exploró el territorio a lo largo de la llanura costera hacia el noroeste de Florida, y desde allí regresó al mar en botes construidos tierra adentro. Después de seguir la costa del golfo hasta las proximidades de la moderna Galveston, Texas, los botes fueron dispersados por una tormenta, en la que perecieron Narváez y la mayor parte de sus hombres. Pero uno de los botes, que transportaba a Álvaro Núñez Cabeza de Vaca, a un africano llamado Esteban y algunos hombres más, embarrancó, dando origen a una «entrada» involuntaria a través de los desiertos de Texas y del norte de México, que se prolongó siete años. Cabeza de Vaca llegó agotado en 1536 a una avanzadilla española del oeste de México, y más tarde escribió un diario de sus viajes entre los indios.

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Norteamérica Los relatos sobre la exploración europea del siglo XVI en la parte septentrional de América, al norte de México, son incompletos e inseguros. A pesar de lo cual está claro que al menos la mitad de los años de ese siglo hubo contactos significativos entre indios y europeos en uno o varios puntos del continente. Hacia 1495 llegó Juan Cabot a Inglaterra procedente de España, con informes sobre los descubrimientos de Colón y con un plan para seguir su ruta. Cabot, naviero experimentado, nacido en Génova, halló que su propuesta se ganó todo el apoyo de los mercaderes de Bristol. Juan y su hijo, Sebastián Cabot, en la primavera de 1497 formaban una expedición en Bristol con el consentimiento del rey inglés Enrique VII para ir al descubrimiento de todas las islas y países de los paganos, gobernando al Norte, con el recuerdo posiblemente de la colonia vikinga desaparecida en Groenlandia. El rey autorizó la expedición y Juan partió en un viaje que lo convertiría en el descubridor de la América del Norte. No está bien claro qué parte del continente descubrió porque su mapa y su diario se han perdido. Seguramente, Caboto desembarcó en la región de Terranova y Nueva Escocia. Tan optimista como Colón, corrió la voz de que había llegado a los límites de la civilizada Catay, y de sus preciadas sedas. Seguramente convenció de ello a sus patrocinadores porque se volvió a hacer a la mar en 1498, muy probablemente con la intención de acercarse más a la tierra firme de Catay. Nada se sabe a ciencia cierta de este viaje. Como consecuencia indirecta de su fracaso para dar con China, un portugués de Las Azores, Gaspar Corte-Real plantó la bandera de su patria en Terranova, donde ya había estado Caboto. CorteReal avistó cabo Farewell, en Groenlandia, en 1500, y volvió a navegar al lado de la costa nororiental de Labrador y Terranova antes de desaparecer en el océano al año siguiente. Una embarcación superviviente regresó a Portugal e impulsó a Miguel Corte-Real a seguir la

ruta de su hermano en 1502. También él se perdió en el mar.

Mientras, Caboto se perdió en el olvido; a pesar de su gran hazaña de haber descubierto la América del Norte, durante muchos años sólo se le recordó por haber sido el padre de otro explorador, Sebastián Caboto, que siguió la ruta de su padre hacia América en torno a 1508; pero dejó muy poca información sobre su viaje. Siempre en busca de la huidiza Catay, se enviaron durante los siguientes veinte años desde Inglaterra y las Azores otras expediciones a Groenlandia y el Labrador. Poco sabemos de las regiones que exploraron; sin embargo, tanto Inglaterra como Portugal perdieron el interés en ellas cuando se desvaneció la esperanza de encontrar sedas o metales preciosos. Empero, el descubrimiento de Caboto de los Grandes Bancos frente a las costas de Terranova con sus enormes cardúmenes de peces, dio nacimiento a expediciones de pesca regulares y muy productivas. Pescadores hábiles, aunque analfabetos y furtivos, pueden haber fundado pesquerías en Terranova durante el siglo XVI. Ciertamente que en el XVI barcos pesqueros vascos, bretones, portugueses, ingleses y franceses explotaban anualmente los caladeros del gran banco. A mediados del XVI, al menos 50 barcos faenaban cada estación en la zona. Para 1580 los barcos eran ya más de un centenar, y para finales de siglo

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alcanzaban ya las 200-300 unidades. Así, varias décadas antes de que se encontrasen con Hudson, Champlain y demás exploradores de inicios del siglo XVII, algunas comunidades indias de la costa ya conocían a los mercaderes europeos. Con toda probabilidad, Sebastián Caboto fue la primera persona en proponer la existencia de un paso noroeste por el Nuevo Mundo hacia Catay. Que buscara ese paso lo indica la alta latitud que estableció para su curso. Varias generaciones de exploradores seguirían el ejemplo de Sebastián, explorando aguas septentrionales invadidas de hielo, en busca del huidizo canal. La propia ruta permaneció largo tiempo encerrada en el reino de la conjetura y la obstinación. Aislados, atrapados durante meses en un interminable paisaje blanco congelado, tuvieron que hacer frente no sólo a esos peligros sino a sus propias emociones. La búsqueda de esos pasos por el norte estuvo alimentada por algo más que la recompensa material; la necesidad humana de conocer lo desconocido. Francia se anima. En la década de 1520 la afluencia de riquezas que entraban en las dos tesorerías ibéricas había fomentado una codiciosa envidia entre las naciones con costas al Atlántico. El monarca francés Francisco I, que estaba muy necesitado de dinero para su guerra contra Carlos V de España, encargó a Giovanni Verrazano, un florentino de buena familia que se hallaba a su servicio, que emprendiera una expedición en busca de la riqueza de Catay, navegando al oeste del Atlántico. Verrazano zarpó en 1524 con provisiones para ocho meses. Dirigiéndose hacia el oeste desde las islas Madeira, tenía intención de arribar al Nuevo Mundo al norte de donde había llegado Colón en su primer viaje. Prosiguió al norte, esperando en cualquier momento dar con la vía hacia el Pacífico, siendo el primer europeo en anclar en lo que hoy es la bahía de Nueva York. ―Habiendo agotado todos nuestros cargamentos navales y provisiones y habiendo

descubierto 700 leguas de territorio nuevo, nos abastecimos de agua y madera y decidimos regresar a Francia‖. Tres años después, en una expedición al Caribe en busca de madera de tintes –y siempre buscando un estrecho hacia el Pacífico-, el navegante fue capturado por un tribu de indios caribes, que lo mataron y comieron en la playa, mientras su hermano y algunos tripulantes observaban impotentes desde un bote. Los franceses no abandonaron. En 1534, Jacques Cartier, un experto navegante bretón, zarpó con órdenes de descubrir ciertas islas y tierras donde se decía que se podían hallar grandes cantidades de oro y objetos preciosos. El curso de Cartier fue casi en línea recta al oeste; 20 días después recaló en la bahía Bonavista, en la costa este de Terranova. Se dirigió al norte del litoral continental y siguió una prometedora vía fluvial durante 80 millas, sólo para finalizar en un callejón sin salida. Cartier regresó, para de inmediato solicitar apoyo para un viaje de retorno. Creía saber exactamente donde iba a localizar una vía de penetración. El segundo viaje comenzó ocho meses más tarde, con tres barcos. Le acompañaban dos jóvenes indios que había traído en el anterior viaje. Al llegar a los parajes anteriores, ellos lo guiaron a su pueblo natal, ―emplazamiento de la moderna Québec‖. En el río, bautizado San Lorenzo, los indios le contaron que conducía a una tierra rica en oro y piedras preciosas y así, Cartier continuó río arriba. Fue una empresa peligrosa, ya que había rápidos, bancos cubiertos de piedra y una corriente descendente de unos cinco nudos y medio. Su pequeño barco apenas podía avanzar más de ocho millas al día; después de recorrer las últimas cuarenta en chalupas, arribó a un bien fortificado pueblo indio situado en la ladera de una impresionante colina. La bautizó Mont Real *Montreal* nombre que se aplicaría con posterioridad a la ciudad que creció a su alrededor. Había avanzado casi 1.000 millas desde el océano Atlántico en busca de un paso a través del continente.

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Ahí, el navegante volvió a encontrarse en otro callejón sin salida. Más adelante había unos rápidos impenetrables, el clima se volvía frío y, según los indios, la tierra prometida se hallaba a varias semanas de viaje. Cartier dió media vuelta y se estableció a pasar el invierno en el fuerte que sus hombres levantaron cerca de la actual Québec. De esa manera, los franceses fueron los primeros europeos en enfrentarse a la dureza de un invierno en el norte del nuevo mundo. Durante cinco meses sus barcos quedaron encerrados en un hielo que tenía más de dos brazas de profundidad. El escorbuto estalló entre los europeos y también entre los indios. Esa enfermedad, descrita por primera vez por Hipócrates en el siglo IV a.C., es causada por una falta de vitamina C, cuya principal fuente dietética es la fruta y las verduras frescas. Durante todo el inclemente invierno sus hombres sufrieron espantosamente por el frío mismo, por el escorbuto y por el miedo siempre presente de ser atacados por los indios que quisieran aprovecharse de su debilidad. Buscando la causa de la enfermedad, Cartier ordenó que se hiciera la disección a uno de sus hombres; la operación posmórtem produjo la primera descripción clínica del escorbuto, pero no dió ninguna pista para establecer un tratamiento indicado. Sin embargo, el remedio de los indios, un cocimiento hecho con ramas de abeto, curó a los hombres que lo tomaron. Cuando la primavera liberó los barcos y Cartier zarpó rumbo a Francia, había enterrado a 25 de sus hombres. Cartier regresó a San Lorenzo por tercera y última vez en 1541. El reino de las riquezas siguió escapando de él, y su esfuerzo por fundar una colonia fracasó. Pasarían sesenta años antes de que Francia volviera a intentarlo. Inglaterra sigue la estela Mientras tanto, Inglaterra pecaba de poca iniciativa en explorar, en parte, debido al continuo conservadurismo del pensamiento geográfico.

Los escasos ingleses que querían mantenerse al tanto de las teorías contemporáneas, estaban en serias desventajas por la escasez de literatura especializada. Según escribió un cronista de la época, estaban faltos de conocimientos en la Cosmografía y el Arte de la Navegación. A diferencia de España, Inglaterra carecía de instituciones para el surgimiento de pilotos diestros y carecía de tradición en la cartografía, como la que existía en Portugal desde tiempos del príncipe Enrique el Navegante. Algo empezó a cambiar. El rey Enrique VIII, en desafío a Roma, fundaría la Iglesia Protestante de Inglaterra. Se divorció de su consorte española, Catalina de Aragón y se casó con Ana Bolena. Prácticamente aniquiló la alianza anglo-española, pero se liberó el espíritu emprendedor inglés. La creciente necesidad de los comerciantes ingleses contribuyó a una naciente fascinación con los lugares desconocidos, puesto que se habían saturado sus tradicionales mercados europeos y necesitaban encontrar nuevas salidas a sus artículos, en especial los de la lana inglesa. A pesar de la enormidad de las dificultades encontradas, persistía la búsqueda de un paso por el norte; esta persistencia se debió en parte a la magnitud de la utilidad que reportaría a quien tuviera éxito en la empresa. Si existía la manera de llegar a Catay navegando por la ruta del norte, entonces los muelles de Bristol, de Londres y de Ámsterdam se abarrotarían bajo el peso de las mismas especias preciosas, clavo y pimienta, canela y nuez moscada, que perfumaban las bodegas de Lisboa y Sevilla. Si bien el motivo del provecho económico fue un poderoso acicate de las expediciones inglesas septentrionales que empezaron a mediados del siglo XVI, este deseo de riqueza estaba mezclado con la pura curiosidad intelectual. Sin embargo, el apoyo que les faltaba se compensó mediante las inversiones de personas entusiastas ansiosas de comprender la geografía del lejano norte y que eran muy fecundas en ideas para la solución de los problemas de navegación en las

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aguas sub-polares. Una vez que los ingleses resolvieron llegar a Catay por la ruta del norte, tuvieron que decidir si intentaban llegar por el noreste o por el noroeste. Nunca tomaron una decisión final; a veces el favorecido era el noreste, a veces lo era el noroeste. La crónica de la exploración del norte no tiene una índole definida. Dos razones -una geográfica y otra económica- se encuentran tras la decisión inicial de hallar un paso por el noreste.

En 1553 un grupo formó lo que llamaron la Compañía de Comerciantes Aventureros bajo el patrocinio de una Carta Real que les concedía un monopolio de exploración en el norte, noreste y noroeste. La expedición, con tres barcos, salió de Londres en ese mismo año, bajo el mando de sir Hugo Willoughby. Poco se sabe de su anterior experiencia marítima. Segundo al mando iba Richard Chancellor, un marino profesional, que era el piloto jefe de la expedición. A pesar de la planificación, la expedición fracasó. Los barcos se separaron y Willoughby con dos de ellos, fue por delante más allá del cabo Norte. Más adelante descubrió Nueva Zembla, desolado archipiélago que conforma el límite occidental del mar de Kara. Con uno de sus barcos filtrando agua, Willoughby dió media vuelta pero con el inmediato invierno encima y aún disponiendo de suficientes provisiones, no estaban equipados para enfrentarse al frío y todos ellos murieron congelados.

En el entretanto, Chancellor, había entrado en el Mar Blanco y comenzado a explorarlo. Allí encontró unos pescadores que le informaron que había arribado al territorio del zar ruso. Chancellor hizo frente a lo inesperado: bajó a tierra y convenció a esos rusos de que le prestaran trineos y caballos para el viaje de 1.000 millas hasta Moscú. Su llegada a la capital rusa fue oportuna, pues el zar Iván el ―Terrible‖ había roto hacía poco con la Liga Hanseática, que era la que le proporcionaba su único eslabón comercial con Europa. Cuando Chancellor regresó, llevaba una carta que ofrecía a los ingleses buenos privilegios de comercio dentro de Rusia. El siguiente reconocimiento, realizado en 1556, estuvo a cargo de Stephen Burrough; este notable viaje se realizó en un barco pequeño, con ocho hombres de tripulación El minúsculo bote sobrevivió a los peligros constantes de las tormentas, las neblinas y el hielo, los cuales iban aumentando a medida que se internaba en los helados mares rumbo a Nueva Zembla. Encontró que la entrada al mar de Kara estaba bloqueada por el hielo. Al igual que Willoughby, Burrough tuvo que retirarse ante el avance del hielo. Invernó con éxito en el mar Blanco, cerca de Arcángel, y en la primavera regresó a casa. Los mercaderes que habían financiado estos viajes por el noreste quedaron satisfechos por un tiempo con el floreciente comercio con Rusia a través del mar Blanco. Por otra parte, el debate entre los partidarios del paso por el noreste y los del noroeste se hizo cada vez más vivo, a tal grado que por prudencia se sugirió un alto hasta que la disputa se resolviera. Sir Humphrey Gilbert, medio hermano de sir Walter Raleigh, fue el partidario más elocuente de la ruta del noroeste. La tesis general de Gilbert, que era aceptada ampliamente por los geógrafos, se basaba en la existencia de un paso por el noreste, pero afirmaba que era mucho más dificultoso que el del noroeste y que significaba subir mucho más al norte. En la ruta del noroeste, seguía diciendo Gilbert, una vez doblado el Labrador, la costa corría siempre hacia el

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sur a lo largo del paso llamado estrecho de Anian, que desembocaba en el Pacífico. De tal suerte que la mayor parte del viaje se haría en mares cuya temperatura sería semejante a la de Inglaterra. Gilbert concluyó que de todas sus pruebas y alegatos se sacaba la conclusión irrebatible de que el paso del noroeste era la única ruta practicable a Catay. El paso existía, e Inglaterra debía aprovecharlo. El paso por el norte era más corto que las rutas española o portuguesa y por lo tanto, el costo sería mucho menor. Según Gilbert, había otra ventaja: «Podríamos habitar algunos lugares de esas regiones y establecer en ellos a la gente de nuestro país que es tan pobre que nos causa dificultades y cuya gran necesidad los orilla a delinquir y hace de ellos candidatos permanentes a las galeras.» Esta «gente tan pobre» formaría una colonia que serviría como puesto intermedio; sería el Mozambique de la América del Norte para los barcos regulares que cruzaran el paso de noroeste y también serviría como centro de comercio de pieles y pescado seco. Así, casi como si se le hubiera ocurrido de repente, Gilbert enunció la única de sus ideas que habría de resultar practicable, la colonización inglesa de la América del Norte. Independientemente de los apasionados argumentos de Gilbert, las posibilidades del paso del noroeste parecían buenas. La gente se acordaba que ya desde 1509 Sebastián Cabot había visto la entrada de un gran estuario o abra, lo que hoy es la bahía de Hudson. A Martin Frobisher, capitán experimentado y temerario, se le dió el mando de la expedición. Para su viaje al norte se le dieron dos barcos pequeños, y una pequeña pinaza. En junio de 1576 cuando pasó frente al sur de Groenlandia había perdido su pinaza y un barco había desertado. A pesar de ello llevó al otro más allá de la isla Resolución, a la entrada del estrecho de Hudson, y encontró lo que creyó era la boca de la ruta prometida al estrecho de Anian y a Catay. Era, hoy lo sabemos, una bahía, en la que no pudo penetrar lo bastante para averiguarlo. Navegando hacia el oeste bautizó gustoso al «canal» con el nombre de estrecho de Frobisher (hoy día, bahía de Frobisher)

Consiguió padrinos para dos expediciones más, ambas infructuosas, en 1577 y 1578. En sus dos últimos viajes, Frobisher estuvo más interesado en encontrar oro que en buscar el paso, pero hizo una observación que desconcertaría a futuras expediciones. Mientras navegaba entre aquel laberinto de islas y hielo llegó a la conclusión de que la gran bahía que Sebastián Cabot había visto por primera vez setenta años atrás, era, con toda seguridad, el paso prometido. Esta confusión habría de ser la ruina de muchos de los siguientes exploradores de esta región; para quienes buscaban el paso del noroeste, la bahía de Hudson llegó a ser un rompecabezas tan desconcertante como lo fue el mar de Kara para quienes se empeñaban en buscarlos por el noreste. Por ello, en 1580 se armó otra expedición para ir por el noreste. Salieron dos barcos. Según sus órdenes precisas, los dos capitanes debían navegar siguiendo la carta de Burrough hasta que hubieran pasado el mar de Kara, pues entonces debían doblar el mítico cabo Tabin, trazando el contorno del litoral mientras tanto. Después de pasar el cabo podría ir derecho a la capital de Catay. De allí podrían seguirse al Japón; hicieran lo que hicieran, debían tratar de obtener noticias sobre Francis Drake, a quien se suponía abriéndose paso en ese momento por el Pacífico. De encontrarlo, debían llevarlo de regreso a Inglaterra por el paso del noreste para evitarle las penalidades del regreso por el Océano Índico. El 30 de mayo zarparon; en agosto seguían batallando desesperadamente con los hielos del mar de Kara, rechazándolos, perdiendo el contacto recíproco por las moles que se interponían entre ellos, atándose a témpanos para descansar un poco y teniéndose que soltar precipitadamente para escapar de ser prensados. A tientas buscaron su camino asediados por este ejército fantasmal de blancas siluetas cuyas filas se abrían y cerraban confusamente a su alrededor. Por último, emprendieron el viaje de regreso, agotados. Uno de ellos, abriéndose paso entre tormentas, regresó a casa con su tripulación casi en agonía por la

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exposición a los elementos. El barco del otro capitán y todos sus tripulantes se perdieron frente a las costas de Noruega. Con todos estos rechazos terminó para siempre el interés de Inglaterra en el paso del noreste. La iniciativa quedó otra vez en manos de los animosos partidarios del paso del noroeste. Para seguir el camino que tan prometedoramente había abierto Frobisher, estos padrinos nombraron a John Davis, un buen marino. Davis era un navegante tenaz y docto, a quien no afectaba la ambición personal y a quien los fracasos no acobardaban ni disuadían. Su primer viaje, en 1585, fue interrumpido por las tormentas, pero a pesar de ello llegó más al norte que Frobisher y descubrió el estrecho de Cumberland poco antes de que el hielo invernal lo obligara a regresar. Poco fue lo que agregó en su segundo viaje, al año siguiente; en su tercero y último, en 1587. Remontó la costa occidental de Groenlandia y

entró en una bahía que después tomaría el nombre de Mar de Baffin, por quién, finalmente, la exploró. Una enorme masa de hielo que encontró en la más alta latitud alcanzada en estos viajes lo obligó a regresar. Posteriormente, Henry Hudson se dirigió nuevamente por la ruta del noreste, hacia Nueva Zembla y más tarde, en las costas atlánticas de Norteamérica exploraría la bahía de Delaware y el río al que dio su nombre. En 1610 los ingleses enviaron nuevamente a Hudson al frente de una modesta expedición de un solo barco; después de atravesar el estrecho de su nombre, se enfrentó con una enorme extensión de agua que se extendía al sur y al oeste; el Pacífico, supuso, estaba a su alcance; pero a medida que se internaba hacia el sur en la bahía, el hielo cada vez más grueso lo alarmaba y preocupaba. Finalmente, desilusionado, también llegó a un callejón sin salida, y allí tuvo que invernar.

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Fue una experiencia espantosa para la tripulación, agravada por la ineptitud de Hudson de llevarse bien con sus hombres. Cuando la primavera libertó su barco del hielo anunció su propósito de seguir buscando el paso, ante lo cual la tripulación se amotinó; los marineros metieron a Hudson, a su hijo y a cinco marinos leales en un bote abierto, los remolcaron por entre los hielos flotantes y los dejaron a la deriva. Jamás se volvió a saber de ellos. Cuando regresaron a Inglaterra, quedó de manifiesto la culpabilidad de los amotinados, pero como sólo ellos podían reconstruir el camino al paso prometido, eran demasiado valiosos para ser colgados. Con gran entusiasmo se formó una Compañía Noroccidental con apoyo de unos 300 inversionistas. Con el increíble tesón que caracterizó a las expediciones septentrionales, se llevó a cabo una serie de viajes para explorar la bahía de Hudson, que no tuvieron éxito; por otros quince años se ensayaron otras rutas septentrionales hasta que finalmente, en 1631 se hicieron las últimas intentonas de esa época para encontrar el paso del noroeste. Ninguna de todas estas expediciones podía tener éxito pues, aunque sí había un paso por el noroeste pasando por la bahía de Foxe y el golfo de Boothia y luego al oeste por el estrecho de Lancaster, no era para veleros, y como el hielo lo cerraba la mayor parte del año, era difícil adivinar en él un paso. Ciertamente, William Baffin halló en 1616 la entrada al estrecho de Lancaster, pero sólo encontró hielo, tan cerrado como la tierra firme. Aunque los ingleses habían renunciado a la empresa, otros intentaron la ruta del noreste. Así, por ejemplo, a fines del siglo XVI Willem Barents, gran navegante holandés, hizo tres intentos desafortunados para llegar al mar de Kara. En 1596, año de la última de estas expediciones, Barents llegó tan al norte que descubrió Spitsbergen; luego dio vuelta hacia al este, lo atrapó el hielo y se vio obligado a invernar en una bahía de la costa oriental de Nueva Zembla. Al llegar la primavera resultaba ya evidente que les sería imposible libertar a su barco, por lo que emprendieron el regreso en dos botes abiertos. Barents y uno de su tripulación,

debilitados por las enfermedades, murieron frente a las costas de Nueva Zembla; los demás fueron recogidos por barcos rusos y finalmente llegaron a Holanda. Un vistazo a un mapa en que aparezcan los límites estaciónales de la masa de hielo explicará porqué no fue sino hasta 1878-1879 cuando un barco sueco navegó a la vela por el norte de Europa y Asia; en cambio, el paso del noroeste, más tortuoso, no fue recorrido hasta 1906, año en que Roald Amundsen realizó la hazaña tras un viaje de tres años en el que quedó inmovilizado en el hielo durante los peores períodos climatológicos. También Rusia… por tierra. Pero había otros europeos que se ocupaban de buscar nuevos accesos. El último avance registrado fue el de Rusia. Después de la unificación de los grandes territorios rusos con Iván III e Iván IV, comenzó una expansión hacia el este y el sur. La familia Strogonov recibió permiso para avanzar hacia el este, y en 1581 cruzaron los Urales con sus tropas de cosacos. Quedó abierto el camino para un avance mediante fáciles transportes desde un sistema fluvial a otro a través de Siberia. La búsqueda de nuevos suministros de pieles tan valiosas como el zorro negro y la marta arrastró a los cosacos y a los cazadores de pieles hasta Tomsk en 1604, y hasta las fronteras de China, una década después. En el ampliado comercio de pieles a que estos avances dieron lugar, el Estado desempeñó un papel dominante. Las pieles, por ejemplo, constituyeron la partida esencial de las caravanas estatales que comerciaban con Persia, en donde eran cambiadas por la seda, que era monopolio del shah. Las pieles eran vendidas también por un escogido cuerpo de comerciantes estatales en Astracán a los comerciantes indios, persas y turcos. Otras se vendían en Moscú a los comerciantes europeos, entre ellos a los ingleses que explotaban la ruta del Mar Blanco, descubierto por Chancellor en 1553.

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COLONIZACIÓN DE LAS “INDIAS”

a fundación de las Indias españolas es nacida de la destrucción de las formas de vida indígenas, por fusión en una nueva raza y cultura –siendo acontecimientos destacables la estructuración definitiva del ―Consejo de Indias‖ y la consolidación de los virreinatos del Perú y Nueva España (México)-. Durante el proceso colonizador, la presencia del conquistador fue sustituida por la del funcionario del Rey; el característico sistema de la ―encomienda‖ queda sustituido por las divisiones administrativas: virreinato y gobernaciones, teniendo como base las ―provincias‖. El sistema de "repartimiento" o "encomienda", introducido por

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Colón y regularizado por Ovando, era una institución, según la cual, a los colonos se les asignaba un grupo de indios que debían trabajar para ellos –―encomienda originaria‖-, o pagarles un tributo –―encomienda de tributo‖-. Pero las exigencias de trabajo y tributos impuestas a los indios por los españoles serían limitadas y los "encomenderos" tendrían que cumplir su parte del trato (protección e instrucción religiosa) y observar toda una serie de reglamentaciones destinadas a impedir los malos tratos, pero lo cierto es que el sistema hizo que muchos indios fueran maltratados y explotados.

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La Corona había admitido, mediante una ley oficial, que los indios tenían derechos, y después de ésto no se daría descanso a la conciencia real. Los religiosos continuaron su labor, pidiendo insistentemente que se otorgara mejor trato y mayor libertad a los indios y que se estableciera una vigilancia más estrecha sobre los españoles. El más destacado fue el gran misionero y polemista dominico, Bartolomé de las Casas, cuyos escritos y sermones influyeron sobre la política colonial española durante más de medio siglo. Se codifica el ―Derecho Indiano‖ y se civiliza y cristianiza a millares de indios, pero la institución de la Inquisición sirve de argumento principal a autores que ya formaban parte de la Reforma Protestante, ingleses, franceses y holandeses. Las acusaciones tenían una base, como también que fueron increíblemente exageradas, difamando y dejando completamente de lado los aspectos positivos de la labor colonizadora española. Junto con la cuestión religiosa estaba el problema político jurídico, es decir, la legitimidad de la guerra de conquista y la ―esclavitud‖ de los indios. Doctrinas jurídicas. Sabido es, que los Reyes Católicos podían acceder a nuevos reinos por cuatro vías diferentes: por herencia, por aclamación, por matrimonio o bien por otorgamiento del Papa o del Emperador. Según Manzano, Isabel y Fernando, en un principio, cuando aceptaron el plan de Colón para realizar su primer viaje, lo hicieron a sabiendas que lo descubierto sería suyo por el derecho de ocupación de tierras no pertenecientes a ningún otro príncipe cristiano. Será más tarde, a la vuelta de su viaje cuando se van a modificar los términos jurídicos y, a pesar de que consideraban suficientemente válida esta base legal, sin embargo, los Reyes Católicos piden a Alejandro VI que les conceda una bula confirmando esta legalidad que sólo el Papa o el emperador, según las partidas, podían conceder. Atendiendo a este requerimiento, el Papa les concede la bula ―Inter Caetera‖ -de

donación- y completando esta primera, la ―Dudum siquidem‖, o de -ampliación de donación-. De esta manera, los reyes conseguían un doble apoyo jurídico al proyecto descubridor del Nuevo Mundo, a la vez que la concesión papal de este privilegio en la persona de los reyes les ayudaba contra posibles pretensiones del Almirante, así como preservaba las nuevas tierras sin descubrir a la Corona de Castilla. Tomando de los textos, tan claros y sencillos, del preclaro venezolano, Dr. Arturo Uslar Pietri, reproduciremos, casi textualmente, su disertación. En el año de 1539, hay una voz extraordinaria que se alza en la Universidad de Salamanca para plantear ese problema en los términos más precisos, profundos y elevados en que nunca se haya planteado, y esa voz es la de un fraile, que era para entonces profesor de Teología y se llamaba fray Francisco de Vitoria. Ya llevaba más de trece años de enseñanza en la Universidad de Salamanca. ¿Qué dice Vitoria?. Él dice: ―los indios son dueños verdaderos y legítimos de la tierra americana‖. Con esto está diciendo que no era una tierra yerma, ni que estaba a la merced del primer ocupante, tenía dueños, y esos dueños ejercían una jurisdicción conforme al derecho. Se había venido sosteniendo por viejos teólogos, y era la voz de la Corte española, que el Emperador, por tradición, era soberano del mundo entero, sólo que de hecho no ejercía soberanía sobre ciertos lugares, pero de derecho podía ejercerla en cualquier momento. A esto responde fray Francisco de Vitoria, que no es cierto, que no existe razón alguna ni título alguno por el cual el Emperador sea dueño del mundo entero. Al otro argumento de que el Papa había hecho donación a los Reyes de Castilla de la tierra americana, él contesta que el Papa no puede hacer donación a nadie de ninguna tierra, porque el Papa no es señor temporal de ninguna tierra, el Papa es el Vicario de Cristo, y Cristo dijo: ―Mi reino no es de este mundo‖, de modo que el Papa no puede regalarle tierra alguna a nadie, por lo cual está diciendo que la bula de Alejandro VI no tiene valor. Luego dice: Se ha invocado el derecho de descubrimiento: el que descubre una cosa tiene

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derecho de apropiársela. Más la tierra americana no era ―cosa de nadie‖, sino que pertenecía a los indios; el hecho de haber llegado allí no daba derecho alguno a tomarla bajo su jurisdicción, como sería el caso de un primer ocupante que llega a una tierra desierta. De modo que el título del descubrimiento tampoco vale. Por último, un argumento que es muy notable oírlo en boca de un teólogo, el de la resistencia de los indios a recibir la verdadera religión. Él dice: ―No se puede, no es de derecho natural, no se puede esclavizar ni hacer la guerra a nadie porque se niegue a recibir la religión, porque el infiel, y aún el hereje, es por derecho natural tan señor en su dominio como el cristiano en el suyo, de modo que el hecho de no recibir la verdadera religión no da derecho a la conquista‖. Después, se pregunta, ―¿Qué es lo que da derecho a la conquista entonces?. ¿Qué títulos hay?‖. Y asoma estos títulos, que tienen una gran importancia: ―El derecho natural de todas las naciones a comunicarse entre sí‖, es decir, él concibe, y esto es una idea absolutamente nueva, que va a engendrar consecuencias muy grandes, que hay una comunidad de naciones, que las naciones no son entes aislados, que constituyen una comunidad internacional y que la existencia de esa comunidad internacional impone por derecho natural el derecho de cada nación a comunicarse con las otras. Si una nación corta esa comunicación ó la niega, esa nación infiere un daño a las demás y una ofensa y daría por ese motivo causa a guerra justa. De modo que los españoles tienen derecho de venir a América, tienen derecho a entrar en contacto con indios, a comerciar, a conocerse y si los indios se lo impiden ó sé lo prohíben, habría una causa justa de guerra. Más adelante, agrega: ―Hay igualmente el derecho de libre propaganda de religión‖, es decir, no puede impedirse a los españoles que vengan a América y prediquen la religión. Este derecho de libre propaganda es muy curioso, igualmente, porque tiene una raíz de tolerancia y de libertad de conciencia. Cada quién tiene derecho a propagar ideas religiosas, que los demás pueden seguir ó no;

no se le puede impedir al fraile español que llegue a América y que haga su propaganda. Así, y con otros trabajos sobre la ―Guerra Justa‖ y en consecuencia, sobre los ―Derechos Humanos‖, este hombre estaba fundando, silenciosamente, en aquella cátedra de Salamanca, el Derecho Internacional, porque Francisco de Vitoria es el padre de la concepción de la comunidad internacional de naciones y el padre de la idea de que por encima de la voluntad de los Reyes y del capricho de las naciones hay un derecho natural, un derecho internacional que debe regir esas relaciones. A la par que este proceso legal sobre el derecho de posesión y conquista de las Indias se desarrollaba en las aulas españolas, la situación política europea evolucionaba por su parte, y presentaba nuevos problemas derivados de la pérdida de la autoridad ecuménica que Roma había tenido en Europa hasta las guerras de religión, y que afectaba directamente al "estatus" jurídico castellano en su relación con América. Las guerras contra los luteranos y la política religiosa de Enrique VIII acuciada por Isabel en Inglaterra consiguieron deteriorar, en gran parte, la autoridad Papal y con ello el segundo apoyo jurídico sobre el que se edificó la legalidad de la posesión del Nuevo Mundo, como era la concesión por bulas que, según opinión de Manzano, los Reyes Católicos consideraron como "título jurídico suficiente para justificar su soberanía". Otras naciones como Francia nunca aceptaron la decisión del Papa sobre los territorios descubiertos. Así termina, tan clara y fundamentada, la narración del Dr. Uslar Pietri. La duda de legalidad planteada por los juristas españoles en sus discusiones doctrinales, en los estudios para la nueva normativa de derecho de posesión de América, unido a los avatares políticos europeos a los que tuvo que hacer frente Felipe II, a veces con pérdida de la hegemonía tradicional, hacen que el derecho de exclusividad de América otorgada por el Papa pierda consistencia, y se pase a una fase similar a la presentada antes del primer viaje de Colón hasta las bulas, en la que el único

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principio válido de derecho a un territorio era la ocupación. La unidad Hispánica. Desde la hora del descubrimiento se estableció no solamente la igualdad sino la unidad entre España y América, en fe, en lengua, en organización social y política. Ante todo, los indios, así llamados por la creencia de Colón de que había descubierto las costas de Asia regadas por el Indo, fueron considerados por los Reyes como vasallos, en pie de igualdad con los naturales de Castilla. Al recibir Isabel la Católica la noticia de los primeros repartimientos de indios hechos por Colón como esclavos, dijo: ¿Quién dió licencia a Colón para repartir mis vasallos con nadie? Y acto continuo mandó pregonar que bajo pena de muerte, se les restituyera la libertad. La misma Reina declaró enérgicamente que los indios eran tan libres como los castellanos. Lo mismo dijeron Fernando el Católico a Diego Colón y Carlos V a Hernán Cortés. "Las cosas de esas partes las entiendo yo como las de Castilla" decía el rey Fernando. Y Carlos V dispuso en las Ordenanzas para las Audiencias que en lo que no estuviese particularmente decidido, se observasen las leyes de Castilla, tanto en el orden sustantivo como en el procesal, así en los asuntos civiles como en los criminales. Felipe II dijo: "Las leyes y orden de gobierno de los unos y de los otros deben ser los más semejantes y conformes que se pueda, en cuanto hubiere lugar y lo permitiere la diversidad y diferencia de tierras y naciones". Otro tanto sucedió en materia de instrucción pública, pues las universidades que los españoles se apresuraron a crear en el mundo recién descubierto, gozaron de iguales franquicias y privilegios que la de Salamanca, hasta el punto de que Felipe II dispuso en 1588 que se usasen los mismos tratamientos y cortesías. La equiparación se refleja en toda la organización política y administrativa. En América,

como en España, se celebraron Cortes, hubo Audiencias, municipios, alcaides, regidores. Y hasta el reinado de Carlos III, los territorios de Indias no fueron llamados Colonias sino Reinos, Estados o Provincias de la Monarquía y si existieron algunas diferencias, no fueron mayores que las existentes, por ejemplo, entre Castilla y Cataluña. Se crearon los virreinatos, grandes unidades territoriales y administrativas, regidas por representantes de la Corona (virreyes), en cuya jurisdicción se integraban varias divisiones de índole judicial o audiencias. Indias del Norte; Centro América y México: 1534, virreinato de Nueva España. Indias del Sur; Bolivia, Ecuador, Perú y Chile: 1543, virreinato del Perú. En el siglo XVII se formaron dos nuevos virreinatos: Nueva Granada (1718), la actual Colombia, con la inclusión, en algún tiempo, de Venezuela, y Río de la Plata (1776) con las actuales Argentina, Paraguay y Uruguay. También se establecieron otros organismos menores como Gobernaciones, Capitanías Generales, Provincias y Municipios. Pero la unión no fue solo de nombres; fue de sangre. España, desde el principio, reconoció la igualdad absoluta de razas, en sentido auténticamente cristiano. No le inspiró repulsión la sangre india. Y el menosprecio que en ocasiones pueda advertirse se funda en inferioridad de condiciones individuales, pero no en diferencia y menos en odio de razas. Y así, en el libro sexto de la Recopilación de Indias (título primero, ley segunda, Real cédula de 14 de enero de 1514), se dice expresamente: ―Es nuestra voluntad que los indios e indias tengan, como deben, entera libertad para casarse con quien quisieren, así con indios como con naturales de estos nuestros reinos o españoles nacidos en Indias y que en esto no se les ponga impedimento" Los grandes conquistadores tuvieron hijos mestizos, que no bajaron, por serlo, de condición social. Tal los casos de Martín Cortés, fruto de los amores entre el conquistador de México y la Malinche; de Garcilaso de la Vega, el Inca, hijo del

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capitán Garcilaso de la Vega y de una ñusta peruana...". Muchas mujeres de la aristocracia nativa se casaron con encomenderos. Sayri Túpac, nieto del último emperador inca aceptado por todos, Huayna Capac, vivió a lo gran señor a finales de la década de 1550. Y en 1616 se le otorgó el título de marquesa de Oropesa a la nieta de Sayri, cuyo padre había sido capitán general de Chile. En México, a dos de las hijas de Moctezuma se les concedieron encomiendas perpetuas sobre ciudades indias… Transculturación. El conquistador era un hombre que cabalgaba entre dos épocas. Sentía los impulsos éticos, caballerescos y religiosos de la Edad Media; recibía la vitalidad del Renacimiento, los remotos ejemplos del mundo clásico, el ansia de hazañas que prolongasen su memoria más allá del tiempo. Aunque los conquistadores españoles fueron profundamente cristianos, la moral de muchos de ellas fue laxa y en ocasiones creyeron lícitos los actos más inicuos. Para algunos intérpretes de la colonización española, el oro figura como el móvil primero y poderoso de semejante empresa. Lo ha sido de todas las conquistas y colonizaciones. Y lo cierto es que la busca del Dorado promovió excursiones de increíbles penalidades. A esta fiebre del oro hay quienes le encuentran sus atenuantes. En primer lugar, dice el venezolano Picón Salas, ―si luchaban por el oro hasta los aterciopelados gentiles hombres de la corte de Isabel de Inglaterra, como sir Walter Raleigh que quiso crearse en Guayana una especie de Perú personal, ¿a qué asombrarnos de que esa masa de pecheros, de pequeños hidalgos empobrecidos, de bastardos sin herencia, anhelen forjarse sus ínsulas de metales preciosos‖? ¿Qué más los motivó?: La aventura. El Nuevo Mundo fascinaba precisamente porque era nuevo. Todavía, entre los españoles de esa época, se leían con gusto los libros de caballería, plenos de maravillas y lances extraños. Ahora, el español sabe

que eso mismo está sucediendo en el mundo nuevo. Oye hablar del Dorado, de la Isla de Jauja, de la Fuente de la Juventud. La voluntad de poder. Nietzche hace de ella la esencia del mundo. Si no es esencia única de toda conquista y colonización, es indudable que ese instinto de mando y preeminencia constituye uno de sus principales motores. América significaba una inmensa expansión de poderío. Poderío de España, entonces gran potencia imperial. Poderío de Su Majestad, en cuyos dominios no se ponía el sol. Poderío de los conquistadores, algunos de los cuales, como Lope de Aguirre y Gonzalo Pizarro, rebeldes al monarca, soñaron con asumir la autoridad absoluta y aún con ceñir corona en suelo americano. Esa voluntad de poder queda patente en los frecuentes conflictos de jurisdicción que llenan las biografías de los conquistadores y primeros gobernantes. Concluyendo: ¿Cuál es el estilo de la obra colonizadora de España?. Digamos primeramente que fue empresa muy humana. Lo ha escrito Mariano Picón Salas en su libro "De la conquista a la independencia". "Ni los conquistadores españoles fueron siempre esos posesos de la destrucción que pinta la leyenda negra, ni tampoco los santos o caballeros de una cruzada espiritual que describe la no menos ingenua leyenda blanca‖. Una magnífica virtud española es la franqueza y son los propios conquistadores los que han contado con cierto desplante militar lo "demasiado humano" que había en la conquista. Y se produjo la transculturación; siempre que dos pueblos y sus culturas vienen a coincidir sobre un mismo plano territorial, pueden sobrevenir los siguientes fenómenos: 1º. Total anulación de la manera nativa. Lo indígena, desaparece. 2º. Convivencia sin mezclarse, ejemplos; los hay en abundancia en la Historia. 3º. Prevalece lo nativo sobre lo foráneo. En este sentido, sin exagerar las consecuencias, se dijo que Grecia, derrotada militarmente por Roma, acabó

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venciendo culturalmente a Roma. Y también se ha observado que la España romana conquistada militarmente por los godos, acabó absorbiéndolos culturalmente.

4º. Fusión, impregnación mutua y creación de un nuevo elemento racial y cultural. Tal aconteció, en líneas generales, con lo que hoy se llama Hispanoamérica.

CAPÍTULO III (El “Mar del Sur” y el “Caribe”)

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EL “MAR DEL SUR” ntes de que fueran conocidas sus propias riquezas, las ―Américas‖ fueron vistas como una barrera a la riqueza del Lejano Oriente y las imaginadas opulencias del gran territorio del sur. En 1513 el español Vasco Núñez de Balboa cruzó el istmo de Panamá para convertirse en el primer europeo que veía el Pacífico, aunque no tenía la menor idea de que lo que estaba observando era el Océano más grande del mundo. Se metió en el Pacífico -con todo y armadura, llevando la espada en una mano y la bandera de Castilla, ondeando, en la otra- y reclamó el recién descubierto océano para su patria; quedaría bien claro que Asia se hallaba más allá. Una enorme masa de agua El océano Pacífico es el rasgo geográfico individual más grande de la Tierra. Cubre un área de 165 millones de kilómetros cuadrados -un tercio de la superficie terrestre- y contiene más de dos veces el volumen de agua del Atlántico, el segundo océano más grande. De norte a sur, se extiende 15.000 kilómetros desde el estrecho de Bering, en el Círculo Glacial Ártico, hasta las heladas aguas del Antártico, casi toda la longitud de la Tierra. En su punto más ancho, a 5° al norte del Ecuador, se extiende a través de 180° de latitud y abarca más de 20.000 kilómetros desde la península de Malasia en el oeste hasta la costa de Colombia en el este. El Pacífico es tan grande que podría contener todas las masas de tierra del mundo combinadas, sin desplazar toda su agua, y todavía quedaría sitio para acomodar un séptimo continente del tamaño de Asia. Los científicos han especulado que puede que existiera en su tiempo un continente melanesio que se hundió hace millones de años, cuando la estructura y composición de la superficie de la Tierra sufrió cambios fundamentales. Las antiguas formaciones rocosas de algunas de las islas de Melanesia (es decir, Nueva Guinea y sus archipiélagos vecinos, las islas Salomón, Vanuatu y

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Nueva Caledonia) apoyan esta teoría, pero en ausencia de mayores pruebas que lo sustenten, sigue siendo una extravagante creación del mismo orden que la fabulosa Atlántida de las antiguas leyendas europeas. Nueva Guinea está a menos de 200 kilómetros de la península de Cabo York, la punta más septentrional de Australia. Anteriormente formaba parte de un continente australiano más grande. Hace unos 10.000 años, a finales de la última Era Glacial, el angosto estrecho de Torres se inundó, y Nueva Guinea se vio separada del continente. Islas, islas, islas… La enorme extensión del Pacífico está salpicada por más de 20.000 islas, una cifra que representa el 80 por ciento del número total de islas del mundo. En su enorme mayoría, sin embargo, son pequeños atolones de coral deshabitados que apenas se alzan por encima de la superficie del océano. Muchas islas se hallan separadas de sus vecinas más cercanas por amplias extensiones de océano: la isla de Pascua, por ejemplo, es uno de los lugares más remotos sobre la Tierra. Más de 3.500 kilómetros de mar la separan de la costa chilena en Sudamérica, mientras que la isla de Pitcairn, su vecina más cercana al oeste, se halla a 2.000 kilómetros de distancia. El enorme y deshabitado continente helado de la Antártida define los límites meridionales del océano Pacífico, mientras que en su perímetro suroeste se extiende el envejecido continente de Australia, el más pequeño de los continentes del planeta, que cubre pese a todo, aproximadamente, 8,5 millones de kilómetros cuadrados, más de seis veces la masa de tierra combinada de todas las islas del Pacífico. Las islas de la cuenca del Pacífico (denominadas a menudo colectivamente como Oceanía) se hallan comúnmente agrupadas en tres distintas regiones: Micronesia, Melanesia y Polinesia. Estos agrupamientos deben su existencia a supuestas diferencias etnográficas identificadas en el siglo XIX.

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Micronesia se halla al este de las Filipinas, en su mayor parte entre el trópico de Cáncer y el Ecuador. Sus dispersos grupos contienen tanto islas altas volcánicas como atolones de coral. En el Pacífico oriental se hallan las islas de Melanesia: Nueva Guinea, Nueva Bretaña y el archipiélago de las Bismarck, las Salomón y las islas de la Santa Cruz, Vanuatu (antes Nuevas Hébridas) y Nueva Caledonia. Junto con Fiji y Tonga (a menudo consideradas parte de Polinesia), se hallan en la plataforma continental australiana. Los grupos de islas de Polinesia cubren un vasto triángulo en la parte oriental del Pacífico que se extiende desde las islas hawaianas en el trópico de Cáncer hasta Nueva Zelanda, entre los 34° y los 47° S, con la isla de Pascua, justo al sur del trópico de Capricornio, formando el tercer ángulo. Complejidad geográfica, histórica y cultural de una región; dentro de ella, físicamente diversa, hay enormes contrastes de experiencia y sociedad humanas. Los pueblos aborígenes de Australia son quizá la civilización continua más antigua de la Tierra, que posiblemente se remonta hasta los 140.000 años, mientras que Polinesia oriental fue la última parte del mundo en ser colonizada por la humanidad. El Pacífico fue la última zona del mundo que entró en contacto con los europeos. La llegada de éstos, hace menos de 500 años, iba a tener profundas y a menudo catastróficas consecuencias para los pueblos indígenas. Los polinesios: primeros navegantes del Pacifico. Cuando los exploradores europeos entraron por primera vez en el Pacifico descubrieron que el gran océano ya había sido dominado por navegantes cuya destreza náutica rivalizaba con la suya propia: los polinesios. La presencia de los polinesios por toda la constelación de islas volcánicas del océano es testimonio de una extraordinaria herencia de navegación. Partiendo desde islas cercanas al sudeste de Asia, alrededor del 2.500 a.C., sus antepasados habían saltado de un lugar a otro en el

Pacifico, hasta que llegaron a los grupos de Tonga y Samoa, más o menos un milenio después. Allí perfeccionaron una cultura orientada al océano, que realizó prodigiosas hazañas de migración. Construían enormes canoas de doble casco que pudieran transportar a muchas personas en viajes de ocho o más semanas. Fabricar una canoa de viaje era un proyecto comunitario, supervisado por un carpintero especializado, de rango casi sacerdotal. Los trabajadores le daban forma de casco a grandes troncos de árboles y luego, con primitivas herramientas de piedra, caracola y hueso, construían una robusta embarcación capaz de recorrer 150 millas al día.

Las canoas eran guiadas a su destino por una fraternidad de navegantes, a cuyos miembros se enseñaba desde pequeños a leer información náutica en variados fenómenos naturales. Conocían las posiciones que tenían cada año más de 150 estrellas y poseían un vasto conocimiento de las corrientes oceánicas, los vientos y los hábitos de las aves migratorias que les permitieron cruzar 15 millones de millas cuadradas de océano desconocido. La colonización europea trajo consigo un cambio duradero en el Pacífico. Subvaloró e ignoró persistentemente las diversas y complejas culturas de sus sociedades. Las sociedades colonizadoras blancas que se establecieron en Australia y Nueva Zelanda a finales del siglo XVIII y durante todo el

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XIX desplazaron a las poblaciones indígenas de sus tierras y descompusieron sociedades enteras. Cientos de navegantes europeos zarparon hacia el Pacifico entre las décadas de 1560 y 1780. La historia del «descubrimiento» y posterior colonización europea del Pacífico se sitúa en varios períodos independientes: el siglo XVI perteneció a los portugueses y a los españoles; el XVII y la primera mitad del XVIII a los holandeses; la segunda mitad del XVIII y el XIX a los británicos y franceses. Los portugueses, desde 1500, cruzando el Océano Indico, penetran por los Estrechos de Malaca y de la Sonda en los mares malayos y javaneses, y los españoles, desde la expedición de Magallanes y Elcano se lanzarán a la exploración del desconocido, inmenso y temible Océano Pacífico, surcándolo en pequeñas naves, con pobrísimos instrumentos de navegación. Álvaro de Saavedra, López de Villalobos, Legazpi, Mendaña, Quiros, Torres, etc., llegarán a las que se conocen hoy en día como Marshall, Almirantazgo, Bismarck, Nueva Guinea, Carolinas, Palaos, Tuamotu, Filipinas, Nuevas Hébridas.... y dominarán la llamada ―ruta al levante‖, la ruta que permitía, desde el Pacífico Central, subir hasta alcanzar los 40° grados de Latitud Norte y desde allí, impulsados por los vientos del Oeste, conducirlos hasta las proximidades del Cabo Mendocino, en la Alta California, algo más arriba de la actual ciudad de San Francisco. Magallanes. Había prestado servicios distinguidos a su patria en las Indias. De regreso a Portugal, se enrola para combatir en el norte de África, en las costas de Berbería, donde recibe una lanzada que lo dejará cojo. A consecuencia de una disputa con un superior cayó en desgracia en la corte de Portugal. Enfrentado al monarca lusitano, quién le ha negado en varias ocasiones la mejoría de su pensión, renuncia públicamente a su ciudadanía y busca la protección del Rey español. Su amigo Francisco

Serrano le mandó desde las Molucas una carta donde le aportaba datos geográficos de la situación de las islas, al mismo tiempo que opinaba que, a tenor de lo acordado en el Tratado de Tordesillas, 1494, las Molucas no estaban situadas en la demarcación de Portugal, sino que correspondían a Castilla. El encuentro fortuito de Magallanes con el cosmógrafo Ruy Faleiro, el cambio de impresiones con éste, sobre la duda de la situación de las Molucas, fue el acicate para que juntos pensasen en la posibilidad de ofrecer a la Corona Española la búsqueda de un paso entre el Atlántico y el Pacífico, y poder así llegar a las Molucas. Estaba firmemente convencido de que si los barcos españoles podían rebasar la punta más meridional de la barrera americana, se tendría un acceso fácil a las Indias Orientales, tan fácil como el que había hallado Portugal dando la vuelta al África. Durante el invierno de 1518 presentó este proyecto a Carlos 1, rey de España. Rápidamente logró la aprobación del Rey. La flotilla la componían 5 naves: ―La Trinidad‖, ―San Antonio‖, ―Concepción‖, ―Victoria‖ y ―Santiago‖. En la ―Concepción‖, como ―maestre‖, va embarcado Juan Sebastián Elcano, duro y avezado hombre de mar, nacido en un pequeño puerto pesquero de la Provincia de Guipúzcoa, costa norte de España, curtido en su juventud en el bravo mar del Golfo de Vizcaya y combatiente como patrón de nave en las campañas africanas e italianas. El 20 de septiembre de 1519, Magallanes, desde la toldilla de ―La Trinidad‖ pronuncia la frase ritual ― ¡Larguen en el nombre de Dios! ―, con lo que comienza ―uno de los más arriesgados, portentosos y extraordinarios viajes de la historia de la humanidad‖. Llegan a Tenerife y desde allí, hacia el Sur, cruzan la zona de calmas ecuatoriales y dan el salto del Atlántico hasta avistar las costas del Brasil. Prosiguen al Sur, avistan el estuario del Río de Plata, donde tres años antes ha muerto Díaz de Solís en busca del paso hacia Asia. Magallanes, después de adentrarse en él y explorarlo, se da cuenta que no es por ahí y sigue hacia el Sur.

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En la Bahía de San Julián, se produce rebelión y Magallanes ejecuta a varios cabecillas y a otros los abandona en tierra. Más al Sur, con un frío cada vez más intenso, la ―Santiago‖, termina embarrancada. Al iniciar el paso del estrecho, que todavía no saben que lo es, el piloto portugués Esteban Gomes, resentido contra Magallanes, toma el mando de la ―San Antonio‖ y deserta con la nave; en su viaje de vuelta, Gomes, avistará, por primera vez, las islas Malvinas.

Estrecho y enrumban hacia el Norte, a lo largo de la actual costa de Chile, siguiendo ese litoral por unos 1.500 kilómetros. Aprovechando los vientos alisios que soplaban del este dirigió sus barcos hacia el occidente. Tan calmo estaba el mar, que lo bautizó ―Pacífico‖, apelativo que al correr del tiempo, perduraría. Desesperadamente escaso de provisiones y sin tener idea de cuánto tendría que navegar antes de llegar a su meta, siguió un derrotero que fue casi

A fines de agosto de 1520 Magallanes se puso en marcha otra vez, y no fue sino hasta los 52° 30' de latitud sur donde encontró el estrecho que llevaría su nombre. En ese pasaje rocoso y lleno de tormentas, logró que su cansada tripulación salvara los 515 kilómetros de arrecifes y zigzagueó, en una obra maestra de marinería, en la que empleó 38 días; cuando salió, había confirmado su teoría: existía un paso sud-occidental hacia el Pacífico. Las tres naves, con gravísimas dificultades, atraviesan el

únicamente mar abierto: de haberse desviado ligeramente hacia el sur se habría encontrado con las idílicas Tahití, Samoa, o las islas Fidji. Sus hombres tuvieron que enfrentarse a la desesperación, enfermedades y casi morirse de hambre. El único grupo de islas que encontraron estaba tan desolado que, rompiendo su propia regla contra el pesimismo, las llamó las Desventuradas. Y sobrepasadas las islas de Juan Fernández (Archipiélago, actualmente chileno, de tres islas:

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Robinson Crusoe, Alejandro Selkirk y Santa Clara. La de Robinson fue descubierta por un piloto español de ese nombre en 1565 y fue la morada del escocés Selkirk por cinco años, inspirando a Daniel Defoe para su conocida novela), se adentran en el Pacífico, desfilando –sin verlas- a lo largo de las Islas Marshall y llegando, desde que atravesaron el Estrecho, después de tres meses y veinte días, a la isla de Guam, en el grupo de Las Marianas, y sólo entonces pudo reabastecer sus provisiones. Cuando Magallanes llegó a las Filipinas, su ánimo se elevó al cielo al ver los adornos de oro que usaban los nativos; resultaba indudable que Catay y la riqueza que había venido a buscar estaba ya a su alcance. Investigando los recursos de las islas, desembarcó en Cebú, donde celebró un tratado de amistad con un jefe nativo, lo cual fue su ruina, pues por cumplir sus obligaciones con su nuevo aliado, tomó parte en una escaramuza contra un gobernante rival de la pequeña isla vecina de Mactán, y murió peleando en la playa, atravesado por una lanza y rematado a machetazos.

Ni siquiera tuvo la gloria de completar la circunnavegación del globo ni tampoco la certeza de que había dado con la ruta occidental hacia las Indias, empresa en que Colón había fracasado. Para los miembros supervivientes de la expedición, el resto del viaje se convirtió en una monótona crónica de infortunios. Posteriormente, el Rey de Cebú, hasta entonces aliado de los expedicionarios, les invita a una comida. Varios de los tripulantes y algunos Mandos –no Elcano, que está enfermoasisten y en pleno banquete, son asesinados. Muchas más dificultades sufrirán los hombres y las naves. La ―Concepción‖ se encuentra en tan mal estado, que se decide quemarla. Las dos restantes siguen su exploración, topan con la inmensa isla de Borneo, vuelven hacia Mindanao, en las Filipinas y allí se hace cargo del mando de la ―Victoria‖, Juan Sebastián Elcano. Llegarán a las Molucas donde los portugueses se habían establecido allí desde 1512. Tendrán dificultades con ellos y deberán aliarse con el jefe de una de las islas del archipiélago, enemistado con los portugueses.

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Después de variadas y penosas desventuras, es elegido como jefe Juan Sebastián Elcano y se preparan a partir. La ―Trinidad‖, con una gran vía de agua, no podrá hacerlo. Cincuenta y cuatro hombres deciden quedarse con la averiada nave y cuarenta y tres europeos y trece nativos se van en la ―Victoria‖. La nave de ciento dos toneladas, con aljibes llenos de agua, víveres, bodegas colmadas de clavo, - una preciada especia – y nuevo aparejo pero en bastante mal estado el casco, se lanza a otra impresionante hazaña de la historia de la navegación, a través de las trece mil millas que la separan de España. Un 8 de septiembre de 1522, tres años, menos doce días después de su salida de ese mismo puerto, Sevilla, llegaban diecisiete hombres y a su frente, Juan Sebastián Elcano, en la maltrecha ―nao‖, que hacía honor a su nombre, ―VICTORIA‖. Por irónico que parezca, la venta del cargamento de la nave pagó todo el costo de la expedición de Magallanes. Las 26 toneladas de clavo (la especia más valiosa en relación con su peso), se vendieron a un precio ¡diez mil veces más alto que el de su compra!. El Emperador Carlos V le concedió a Elcano por su hazaña un escudo consistente en un globo terráqueo con la inscripción ―Primus circumdedisti me‖ (El Primero que me rodeó). Otro camino en Ultramar. El regreso de Elcano supuso la apertura de una nueva vía ultramarina para la Corona Española. La Especiería se incorporaba a la economía hispana y a la expansión del comercio exterior. Pero, ¿a quién le interesaban las especias? Por supuesto a las poblaciones berberiscas del norte de África, no. Los países que podrían adquirir los exóticos frutos eran los del norte de Europa: franceses, ingleses, flamencos, alemanes. Había que buscar localidad estratégica en el noroeste de la península para que atrajese la atención de comerciantes europeos y evitar que continuasen negociando en Lisboa. Estas razones fueron las que se tuvieron en cuenta para establecer una Casa de Contratación,

dedicada exclusivamente al control de las especias, en la ciudad gallega de La Coruña, y fue aquí, donde se organizó, en 1525 el segundo viaje. García Jofre de Loaisa como capitán general de una vistosa flota -en la que figuraba como segundo Juan Sebastián Elcano- se lanzó desde las costas gallegas hacia el Atlántico Sudamericano. La travesía del estrecho ya no fue un obstáculo tan duro de vencer: iban varios supervivientes de la expedición de 1519 que conocían todos los secretos geográficos del intrincado paso. Pero, nuevamente, el Pacífico marcaba nueva ruta de penalidades. El hambre y la enfermedad volvieron a hacer su aparición, y la situación era cada vez más angustiosa. El estado de la tripulación entristecía constantemente al capitán, y en un momento de abatimiento, un ataque de melancolía, una depresión, puso fin a la vida de Jofre de Loaisa, a la altura de la línea equinoccial, muy cerca de las islas Gilbert, y allí, en aquellas oscuras aguas, fue arrojado su cadáver. Abiertas las Instrucciones Reales, el encargado de reemplazarlo en el mando era Juan Sebastián Elcano, pero desgraciadamente su jefatura iba a ser muy breve. A los pocos días, moría. Su cuerpo fue lanzado sobre las olas del océano, que rompían estruendosas sobre las cuadernas de las embarcaciones. Nuevamente había que reunirse para un nuevo jefe, y el seleccionado, venciendo una penosa travesía, con una reducida tripulación, logró llegar a las islas de los Ladrones (las Marianas), donde murió. Por cuarta vez se volvía a presentar la difícil tarea de elegir un nuevo capitán. El nuevo líder, logró arribar a las Molucas, donde seguía el control lusitano. Se reinició la disputa y las alianzas con los nativos. Un nuevo jefe portugués estableció tregua y para celebrarla invitó a un banquete, en donde envenenó al jefe español. Nuevamente los castellanos eligieron a un nuevo líder. Con mucho esfuerzo se mantuvo la soberanía hispánica en dos de las islas. Un día vieron los castellanos, en la lejanía, una nao que, a juzgar por el velamen, era de gran tonelaje. Los miedos y los temores aumentaron, aunque también una ligera esperanza brillaba en sus ojos ¿serían portugueses o españoles

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los hombres que venían a cubierta? La incertidumbre se aclaró al oírlos hablar: eran hispanos procedentes de Nueva España. En 1527 había enviado el Emperador una carta a Hernán Cortés indicándole que los barcos que estaba preparando para descubrir por las costas mexicanas del Pacífico, no fuesen empleados en aquella misión, sino que se dirigiesen hacia las islas de la Especiería para interesarse de varios asuntos; primero, ¿qué había ocurrido con los hombres que se quedaron tras la partida de Elcano?. Segundo, ¿qué había sucedido con la expedición de García Jofre de Loaisa? Hernán Cortés, cumpliendo órdenes envió a las Molucas tres naos; solamente la capitana, la ―Florida‖, logró llegar. Por años, las hostilidades con los portugueses prosiguieron en aquellas islas. El Tratado de Zaragoza. En 1529 -en plenas escaramuzas hispano-lusitanas en el Pacífico- en la ciudad de Zaragoza se firmaba un documento entre ambas naciones por el que el Emperador empeñaba, no vendía, los derechos de la Corona castellana a las islas de la Especiería. Se había enfriado el interés por las lejanas islas del Pacífico, pero el nuevo monarca Felipe II estaba dispuesto a reanudar la conquista del archipiélago filipino. Al virrey de Nueva España le escribió una carta el monarca para que se interesase por el proyecto del Pacífico, al mismo tiempo que se dirigía al padre Andrés de Urdaneta, agustino, que llevaba años viviendo en la ciudad de México. Pero, ¿quién era este fraile al que el mismo Felipe II escribía?, ¿era tanto su prestigio? A comienzos del siglo XVI el solar de los Urdaneta gozaba de abolengo en las tierras vascas. El joven Andrés, cuando Elcano regresó de la vuelta al Mundo, lo conoció personalmente, y con él se trasladará a La Coruña para embarcar en 1525 en la expedición de García Jofre de Loaisa. Tenía diecisiete años cuando se lanzó al Atlántico, primero; después, al Pacífico, ese Pacífico del que fue el mejor conocedor del

siglo XVI, desde las Ladrones (Las Marianas) a las Molucas. Fue testigo de la muerte de su paisano y del resto de los jefes que desaparecieron durante la dura travesía. Participó activamente en aquella guerra inútil hispano-lusitana por el control de la Especiería, fue herido varias veces, recibió en su rostro la explosión de un barril de pólvora que le dejó para siempre la huella de una horrorosa quemadura que le afeaba su cara. Intervino como hombre de confianza en las gestiones diplomáticas ante los responsables lusitanos. A su regreso a Lisboa, le fue requisado un gran baúl en el que traía mapas y una valiosa información de las Molucas. Cuando llegó a la Corte y ante los altos miembros del Consejo de Indias, a pesar de que le habían sido quitados fichas y papeles, elevó un amplio informe de todo lo acaecido desde el año 1525 a 1536. Por aquellas fechas conoció a don Pedro de Alvarado, y en su séquito se trasladó a la Nueva España, participando activamente en la guerra mantenida en territorio chichimeca. Cuando Alvarado murió, siguió colaborando en la misma empresa a las órdenes del virrey. Su contacto con los misioneros agustinos de las tierras michoacanas influyó, quizá, para que decidiese abandonar para siempre la carrera de las armas e ingresar como novicio en el convento que los agustinos tenían en la capital. Sus vastos conocimientos, su preparación, hicieron que rápidamente sus superiores le autorizasen a recibir los votos, encargándose de la formación de novicios, y empleando todo su tiempo libre en ordenar el material que había ido acumulando, y sobre todo, a profundizar aún más en los estudios de náutica y cartografía. Cuando el padre Urdaneta recibió el encargo del Monarca de organizar una expedición de conquista y evangelización de las Filipinas, rechazó la propuesta; no se sentía con fuerzas, participaría, pero no como capitán general; él mismo recomendó a Miguel López de Legazpi, que reunía, a su juicio, las condiciones idóneas. Por fin, en noviembre de 1564 -habían pasado cinco años desde que se acordó el envío de la expedición- los barcos soltaron amarras desde las

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costas mexicanas del Pacífico, puerto de Navidad, al Norte de Acapulco. Llegarán a las Filipinas y se procederá a su conquista, fundándose por Legazpi la ciudad de Manila. Por su parte, Urdaneta buscará el conseguir el ―torna-viaje‖, es decir, la posibilidad de poder retornar a las costas mexicanas, por tanto tiempo intentado por anteriores expediciones, que terminaron con la desaparición de las naves y sus tripulaciones. El 1 de junio de 1565 desde la isla de Cebú, la nao ―San Pedro‖, de 500 toneladas, irá ascendiendo hasta conseguir la corriente del ―Kuro Shivo‖ y Urdaneta descubrirá, además de esa corriente, el conocimiento de la circulación de los vientos en el anticiclón del Pacífico. Avistará tierra en la actual costa californiana, (entre los Ángeles y San Diego), en su tornaviaje –vuelta de Poniente-. Seguirá en bajada hasta recalar en la actual Acapulco (Nueva España-México). En octubre de 1565, al cabo de cuatro meses de navegación, Urdaneta había logrado encontrar la ruta de regreso hacia las costas de América. Al fin se podía atravesar el Pacífico sin riesgos, y la comunicación entre las posesiones españolas sería más rápida. Una nueva vía comercial se abría a la economía hispana. Manila y Acapulco fueron los puertos que unieron tan remotas tierras.

El Galeón de Manila. La historia empezaba en Sevilla. En efecto, el circuito completo arrancaba de la ciudad andaluza y llegaba cruzando el Atlántico hasta el puerto de Veracruz, desde donde, a través del país -México-, se prolongaba por tierra hasta el Pacífico, siguiendo el llamado Camino de Asia. La Casa de Contratación de Sevilla era el organismo encargado de gestionar la ruta que unía a España con el Nuevo Mundo, el eje del sistema comercial conocido como la Carrera de Indias. Este sistema comprendía una red de puertos americanos, especialmente los de La Habana, Veracruz, Nombre de Dios (y más tarde Portobelo) y Cartagena de Indias en el Atlántico, así como Panamá y el Callao en el Pacífico. Desde Veracruz, los géneros transportados por los barcos de las flotas sevillanas iniciaban el camino que conducía hasta la Ciudad de México, donde confluía asimismo la producción de las minas de plata y de donde, a partir del último tercio del siglo, partía también el llamado Camino de Asia, que moría en el puerto de Acapulco. El tráfico entre Filipinas y México fue inaugurado en 1565 por el galeón ―San Pedro‖, comandado por Urdaneta, que arribaría al puerto de Acapulco, convertido desde entonces en la cabecera americana del Galeón de Manila. El tráfico quedó regulado a partir de 1593 -la travesía Manila-Acapulco, por su larga duración y casi carencia de escalas en un recorrido de más de 9.000 millas marítimas, era una de las más peligrosas que en aquellos tiempos efectuaban los veleros, fecha en la que se estableció la navegación, en el mes de julio, para aprovechar el monzón de verano, siguiendo la corriente marina de Kuro Siwo desde que llegaba a la altura de Japón y hasta las

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costas de California, llegando a Acapulco en diciembre, entre Navidad y Año Nuevo, por lo regular. La ruta Acapulco-Manila era más sencilla, corta y confortable. El Galeón navegaba rumbo al sur hasta situarse entre los paralelos 13 y 14 y, valiéndose de los vientos alisios del noroeste, seguía el derrotero hacia el archipiélago de las Marianas donde, en la isla de Guam, un fuerte que mantenía un fuego continúo orientaba al navío que allí repostaba. A partir de Guam, el trayecto, por ser muy frecuentado por los piratas, era especialmente peligroso y pasado el estrecho de San Bernardino, el Galeón llegaba a Manila entre abril y mayo, casi tres meses después de su salida, a tiempo de ver zarpar a su sucesor en la travesía. La navegación fue, durante los dos siglos y medio de vigencia de la ruta, relativamente segura, especialmente a partir de 1640. El último de los riesgos frecuentes fue la acción de los navíos enemigos, especialmente los holandeses, en la primera mitad del siglo XVII, y los ingleses a todo lo largo del XVIII. Los navíos, sólidos y maniobreros, construidos con fuertes maderas tropicales en los astilleros filipinos, fueron considerados como los mejores de su tiempo. Empleando una frase que ha hecho fortuna, el Galeón en su ruta de Acapulco a Manila transportaba esencialmente ―frailes y plata‖. Frailes para llevar a cabo la evangelización del archipiélago y plata en forma de objetos suntuarios, tanto religiosos como domésticos, pero sobre todo en forma de monedas para pagar los productos de China, de tal forma que los pesos españoles circularon profusamente por el Celeste Imperio; el cargamento se completaba con algunos otros productos, y también con los envíos oficiales, que comprendían la plata del situado o asignación para el mantenimiento de la colonia, el papel sellado, los libros de la Real Hacienda y los artículos destinados a los Reales Almacenes, para uso de las autoridades y de las misiones; entre estos últimos, desde cuadros e imágenes religiosas hasta vino para consagrar. El comercio de Manila estaba principalmente en manos de los mercaderes chinos, cuyos juncos llevaban a la

capital filipina productos alimenticios (trigo y cebada, azúcar y frutos secos y del tiempo, sobre todo uvas y naranjas), pero especialmente las manufacturas procedentes de todo el mundo oriental. Con el paso del tiempo, los comerciantes chinos hubieron de soportar la competencia de los mercaderes ingleses, moros, armenios y españoles interesados en esta contratación. En cualquier caso, igual que sucedía en Sevilla con los barcos de la Carrera de Indias, el Galeón era un monopolio de particulares y el buque –o tonelaje- de los navíos había de repartirse exclusivamente entre los españoles avecinados en Manila, que, o bien viajaban junto a los productos que habían adquirido, o bien consignaban a los sobrecargos del cuidado y venta de los mismos una vez llegados a Nueva España. Las bodegas del Galeón se convertían entonces en verdaderas cuevas de Alí Baba, donde tenían cabida todas las maravillas de Asia. Entre otros muchos artículos, las remesas se componían en primer lugar de sedas chinas en todas sus variedades –bordadas, labradas y pintadas- y de prendas de seda en todas sus formas: colchas y cojines, batas y quimonos, casullas y dalmáticas. Otros objetos suntuarios chinos incluían las bellísimas porcelanas Ming o Qing, también en todas sus formas – figuritas, botellas, tibores, peceras, vajillas completas- y en todas sus variedades: típica combinación de azul y blanco, series en rosa y verde. De Japón provenían sobre todo los biombos de múltiples hojas y delicada decoración, así como toda clase de objetos de laca negra para uso doméstico, como cajitas, banderas, estuches, petacas, plumieres y escritorios. De más lejanas latitudes llegaban otras manufacturas, como los tejidos de algodón de la India, las alfombras de Persia o la canela de Ceilán. De las Molucas procedían, finalmente, casi todas las demás especias, singularmente la pimienta, el clavo y la nuez moscada. Filipinas participaba en menor medida de los cargamentos del Galeón. Durante el siglo XVI, sólo había contribuido con algunos tejidos de algodón,

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las celebradas mantas de llocos y la canela de Mindanao. Más adelante, se incorporarían los muebles fabricados con maderas locales –sillas, arcones- y las manufacturas introducidas por los chinos: las piezas de marfil o los tejidos de seda ya acabados en los talleres de Manila. Los productos asiáticos alcanzaban igualmente la metrópolis a través de México. A España llegaban, en efecto, las mismas piezas de seda, laca o cerámica, algunas encargadas expresamente, como las piezas de porcelana de Compañía de Indias para uso de funcionarios, de aristócratas o de la propia Casa Real. Y también se recibían materiales científicos, como libros, mapas o vistas de aquellas lejanas tierras. Sin olvidar los productos mexicanos de inspiración oriental. En 1785, la Corona española, sin cerrar la vía tradicional del Galeón de Manila, y tras un período de prueba de veinte años en que una serie de barcos militares navegaron en derechura al archipiélago rodeando las costas de África, aprobó la constitución de la Compañía de Filipinas, destinada a realizar el comercio directo entre Cádiz –la nueva cabecera del monopolio ultramarino español- y Manila, por la ruta del cabo de Buena Esperanza, así como, también, por la ruta del cabo de Hornos, con escala en Montevideo o El Callao. A partir de entonces, los productos asiáticos llegaban a la metrópoli por una doble vía, la que atravesaba México y el Atlántico y la que enlazaba directamente Cádiz con Manila sin pasar por Nueva España. Sólo la emancipación de América puso fin a la ruta del Galeón. En diciembre de 1811, el Galeón ―Magallanes‖ encontró Acapulco paralizada por la guerra y se dispuso a soportar lo que habría de ser una larga estadía. En 1813, las autoridades españolas, ante la situación creada, decretaron la suspensión del tráfico entre Filipinas y México. Y en 1815, el Magallanes zarpaba para cumplir la última travesía desde el puerto mexicano hasta la capital de las Filipinas. Se clausuraba así una larga historia. La historia del eje Sevilla-VeracruzMéxico-Acapulco-Manila, que había servido durante dos siglos y medio como vía permanente

para la circulación de hombres y mujeres y para el intercambio de metales preciosos y productos exóticos y, finalmente, de corrientes religiosas, intelectuales y artísticas entre España, Hispanoamérica y el Asia española. El erudito Cuando los conquistadores españoles invadieron Perú en el siglo XVI, los quechuas que moraban en las tierras altas de los Andes les hablaron de un par de maravillosas islas que había al oeste, en alguna parte de la vastedad del océano Pacifico. Tal como los indios lo contaron, Tupac Yupanqui, un gran gobernante inca del siglo XV, había llegado hasta allí con una flota de navíos y 20.000 guerreros, y habló extasiado de campos fértiles e imponentes montañas, abundante oro y un pueblo dócil, ansioso por cumplir sus ordenes. Para los oficiales españoles era una invitación a más conquistas y aventuras. Nadie quedó mas fascinado por la historia que un caballero –guerrero, llamado Pedro Sarmiento de Gamboa, un erudito excéntrico que pasaba las horas libres aprendiendo la lengua y el saber de los indios. Un personaje maravilloso, intrépido, aventurero, de mente calenturienta. En Nueva España había sufrido un proceso inquisitorial por irreverencias, siendo azotado públicamente en Puebla. En 1557 lo encontramos en el Perú. Por sus aficiones astrológicas y adivinatorias sufrió otro nuevo proceso por la Inquisición en 1564, siendo condenado al destierro de las Indias, pero el apoyo del virrey, por necesitar de sus servicios científicos, hizo sobreseer la sentencia. Como hombre de considerables conocimientos, Sarmiento estaba predispuesto a aceptar que el informe del descubrimiento inca; encajaba convenientemente con la teoría geográfica que los sabios occidentales habían postulado desde el gran astrónomo griego Claudio Ptolomeo, que creía que la Tierra debía estar equilibrada para que sus gentes no se cayeran; había llegado a la conclusión de que en alguna parte debajo del Océano Indico había una

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masa de tierra aproximadamente igual en tamaño que Europa y Asia. A lo largo de los siglos, la hipotética existencia de tal continente, llamado ―Terra Australis Incognita‖, (tierra austral desconocida) se había convertido en un dogma intelectual. Sarmiento asumía que las legendarias islas de las que hablaban los indígenas se hallaban cerca de la Terra Australis Incognita. En 1567 persuadió al virrey de Perú para que autorizara una expedición en busca de las tierras prometidas. Por sugerencias suyas, el virrey ordenó enviar una expedición al mando de Álvaro de Mendaña, en la que participó como experto cosmógrafo. Con dos navíos y unos 150 hombres salieron del puerto del Callao. Siguiendo un rumbo impreciso, en febrero de 1568 descubrieron una isla, Samba o Santa Isabel, en el archipiélago de Salomón. En Santa Isabel construyeron un bergantín para explorar el resto de las islas y hallaron otras varias, Guadalcanal, San Cristóbal, etc; algunas de ellas, en la actualidad, conservan el nombre español. Mendaña consultó a su gente y prevaleció la idea de no colonizar y trasladarse nuevamente al Perú, ante la falta de especias y oro. La expedición se dirigió hacia el norte, pasando por las islas Marshall, llegando a las costas mexicanas a comienzos de 1569 y, desde allí, al Perú. Se interpretó que los resultados del viaje habían sido un auténtico fracaso. A su regreso, Sarmiento acusó a Mendaña por su poco éxito en el viaje y, sobre todo, por no haber querido seguir la dirección suroeste, que insistentemente le había aconsejado y que, quizás, hubiera dado por resultado llegar a Australia o Nueva Zelanda. De esa manera se inauguró una búsqueda que ocuparía a los navegantes aventureros durante más de dos siglos. Fortificación en el Estrecho de Magallanes. Sarmiento, gran colaborador del virrey del Perú, en 1579 y tras los ataques piráticos de Drake, se dirigió al estrecho de Magallanes para cerrarle el

paso, a raíz del ataque del inglés al Callao, aunque suponía que no regresaría por él. A la fortificación del estrecho iba Sarmiento como Capitán General de la Armada, tomando posesión del mismo en noviembre. Sus conocimientos, su energía y sus empeños se vieron obstaculizados por la resistencia de sus gentes a quedarse en aquella tierra donde no encontraban los víveres necesarios. En 1580 salió al Atlántico llegando a España. Durante su estancia en la Península se entrevisto personalmente con el rey Felipe II, a quien lo convenció de la necesidad de colonizar y fortificar el estrecho, idea que siempre le obsesionó y a la que consagró todos sus esfuerzos. Nombrado Gobernador y Capitán General del Estrecho, en Sevilla se organizó una esplendorosa flota de 23 navíos en los que se pensaba que embarcarían unas 3.000 personas, entre soldados y colonos con sus familias, incluidos 600 que iban a Chile. Los planos de los fuertes fueron hechos por el ingeniero Antonelli. El mando de la escuadra se entregó desacertadamente a un enemigo de Sarmiento, y que lo único que hizo fue obstaculizar todas las buenas iniciativas del Capitán General. A pesar de todo, Sarmiento pudo zarpar, pero en cuanto se adentraron en el océano sufrieron una gran tormenta, desapareciendo cerca de 800 personas; a pesar de este grave contratiempo, continuaron adelante. El 19 de febrero de 1583 llegaron a la boca del estrecho, pero el almirante no se atrevió a adentrarse, regresando a la Península. Sarmiento decidió volver a intentar su plan de colonización del estrecho. Con cinco buques y más de quinientas personas, iniciaba desde Brasil posesión portuguesa, cuya Corona desde 1580 estaba unida a la española con Felipe II-, la travesía a primeros de septiembre de 1584. En el cabo de las Vírgenes fundó la ciudad de Nombre de Jesús, donde dejó trescientas personas, pero desertó el piloto de su confianza, llevándose en su escapada tres navíos. Sarmiento, solamente con cien hombres, siguió la costa por tierra, y en marzo fundó la segunda ciudad, Rey don Felipe, cerca de la actual

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Punta Arenas. La inclemencia del tiempo les obligó a regresar nuevamente a Nombre de Jesús. El fuerte viento arrastró al único buque que les quedaba fuera del estrecho, y aunque volvieron a intentar entrar nuevamente, no lo consiguieron, dirigiéndose finalmente a Brasil. Una vez más intentó la quimera del estrecho, y habiendo vuelto en 1585, fracasó en su deseo de llegar a las fundaciones, al mismo tiempo que reprimía un motín de la tripulación. Decidió dirigirse a España a solicitar auxilio para los colonos, pero fue capturado por corsarios ingleses en 1586 y trasladado a Inglaterra por considerársele personaje importante; cuando fue apresado, arrojó al mar sus libros y papeles. En Windsor conoció a Walter Raleigh quien hizo amistad con él, valorando sus méritos y conocimientos; su relación fue tan profunda y tanta su admiración por el cosmógrafo que éste fue presentado a la reina Isabel.

Tan grata fue la impresión que causó a la reina que le concedió la libertad y le encomendó una misión secreta para Felipe II, le dio mil escudos, y le devolvió los documentos personales. De regreso a España fue capturado por unos protestantes en el sur de Francia, estuvo preso durante tres años, exigiéndose por él un exagerado rescate, que pidió varias veces al rey, y que, por fin, en 1590, fue pagado. Desde España volvió a intentar una expedición para socorrer a los colonos del estrecho, de los que no se había vuelto a tener noticias. ¿Qué había pasado con ellos? En 1587 pasó por el estrecho el corsario inglés Cavendish y sólo encontró 18 supervivientes, que le informaron de todo cuanto había ocurrido. La empresa en la que tanto empeño había puesto Sarmiento, fracasó. La Corona a pesar de los esfuerzos económicos hechos hasta entonces, desistió de continuar con la defensa del estrecho, punto de mira de la piratería internacional.

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Reinicio de expediciones. Pasaron los años, y en 1595, se autorizó un segundo viaje a Mendaña. Del puerto del Callao zarparon seis navíos. El piloto mayor era Pedro Fernández de Quirós. En julio descubrieron un conjunto de islas a las que bautizaron con el nombre de ―Marquesas de Mendoza‖, llamadas así en honor del virrey, y que todavía hoy conservan la primera parte de su nombre. No se detuvieron, puesto que su mira final estaba puesta en las Salomón. A medida que pasaban los días, el descontento y el malestar aumentaban, en parte, debido al temperamento blando y a la falta de carácter de Mendaña. El 7 de septiembre descubrieron un nuevo archipiélago, las islas de Santa Cruz, al este de las Salomón, y que también conservan el nombre en nuestros días. La indisciplina iba en aumento al no encontrar los soldados las riquezas que esperaban. Su espíritu era de conquistadores y no de colonos, y comenzaron a saquear y a maltratar a los indígenas. Ante los desmanes que estaban ocurriendo, Mendaña empleó la dureza con los indisciplinados soldados. En el transcurso de estos sucesos se desencadenó una epidemia, y de ella murió Mendaña. Después de una trágica navegación, pasando por las islas Marianas, el resto de la expedición llegó a Manila. Un místico en las islas del Pacífico. Pedro Fernández de Quirós no pudo resignarse únicamente al fracasado segundo viaje de Mendaña. Gran conocedor de los secretos náuticos que había ido acumulando a lo largo de su vida, recabó los fondos necesarios para reparar un navío y regresar a las costas americanas. Al no encontrar apoyo para realizar un nuevo viaje al Pacífico, volvió a España. Allí consiguió autorización para realizar otro viaje; el temperamento místico de Quirós maravilló al monarca. Era una empresa que encajaba con el espíritu piadoso de Felipe III. El virrey del Perú le consiguió tres buques y víveres suficientes para un año. Embarcaron unos 300 hombres, entre marinos

y soldados, seis frailes franciscanos y cuatro hermanos hospitalarios; llevaban semillas y animales para fundar una colonia. Como figura competente en asuntos de náutica, iba un marino llamado Luís Váez de Torres. La finalidad del viaje era descubrir la ―Tierra Austral‖, buscada desde los comienzos del siglo XVI. En contraste con el continente americano, que existía aunque no se le esperaba, la ―Terra Australis Incógnita‖ fue buscada ansiosamente. La teoría se limitaba a sostener que muy al sur debía haber una masa de tierra lo bastante grande para equilibrar el peso de los continentes septentrionales e impedir de esa manera que el mundo se volcara. El concepto no tuvo mayor interés práctico hasta que los viajes de los portugueses alrededor del África revelaron que el hombre podía cruzar el ecuador sin quedar chamuscado. A partir de ese instante, la ―Terra Australis‖ se convirtió en algo alcanzable; se podía llegar a ella y quizá fuera valiosa. Los hombres empezaron a especular sobre sus límites, habitantes y riquezas. La Tierra Austral se suponía al sur de Nueva Guinea y de las islas descubiertas por Mendaña. La idea de aquellas tierras estaba envuelta en fabulosas leyendas de riquezas de todo tipo. Pero no eran el lucro y la riqueza las circunstancias que animaban a Quirós, sino todo lo contrario, la evangelización. Su espíritu místico y puritano quiso implantarlo en la tripulación, incluso vistiendo el hábito franciscano. Pero su forma de pensar estaba muy lejos de las apetencias y ansias de riqueza de la soldadesca de a bordo. En diciembre de 1605 zarparon del puerto del Callao, rumbo a las Salomón y la Santa Cruz. Pero el temperamento de Quirós, sus enfrentamientos con la tripulación, y, sobre todo, la imposición de criterios del piloto, hicieron apartarse de la idea inicial del capitán, que de haberla seguido, sin duda, habrían llegado a Nueva Zelanda o a Australia. Hasta finales del siguiente enero no encontraron la primera isla, que estaba deshabitada; después divisaron otras del archipiélago de Tuamotú. La travesía hasta Santa Cruz fue dura y penosa por la

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falta de víveres y agua. En abril llegaron a la isla de Tumaco, o Nuestra Señora del Socorro, ya del grupo de la Santa Cruz. El cacique les indicó la existencia de otras islas, pero habiendo desviado el rumbo equivocadamente, a primeros de mayo de 1606 descubrieron una isla grande en el archipiélago que hoy conocemos con el nombre de Nuevas Hébridas, y que Quirós bautizó como ―Australia del Espíritu Santo‖ -término que creó con los nombres de ―Tierra Austral‖, donde interpretó que había llegado- y el de la casa de los Austria reinante en España. En la bahía de San Felipe y Santiago, y a orillas de un río, que llamó Jordán, decidió fundar una ciudad, a la que denominó Nueva Jerusalén. Quirós vivía fuera de la vida real; su misticismo y fantasía espirituales habían ido en aumento. Creó la orden de caballería del Espíritu Santo, de la que hizo caballeros a la mísera hueste. La belicosidad indígena les hizo abandonar temporalmente la recién fundada ciudad; regresaron nuevamente para pasar el invierno, pero una fuerte tormenta separó a las tres embarcaciones. Dos de ellas lograron entrar en la bahía; la de mayor tonelaje consiguió anclar, pero la de Quirós no pudo hacer la maniobra completa y fue arrastrada hacia mar abierto; intentó regresar, pero la oposición de los hombres le hizo desistir definitivamente, y decidió dirigirse hacia las costas de América. El barco de Quirós se vio separado del resto de su flota y regresó a Acapulco. Su espíritu tenaz no le dejaba descansar, por lo que nuevamente se trasladó a Madrid en 1607; durante los siete años que permaneció en la Corte, viviendo míseramente, siguió buscando las recomendaciones oficiales y privadas para que le apoyasen en una nueva empresa. Las autoridades del Consejo de Indias le alentaban pero, al mismo tiempo, daban largas a sus peticiones que elevaba constantemente en memoriales. El tesón de Quirós casi llegó a aburrir a las autoridades, y la única forma de hacerle callar y que no escribiese más documentos era concederle la correspondiente autorización. En octubre de 1614, se le ordenaba al virrey del Perú, que aprestase la

Armada a toda prisa, pero al mismo tiempo se le comunicaba que lo dilatase todo lo posible. Entusiasmado, partió para Indias. Su muerte, ocurrida en 1615, quizá le libró de algún grave disgusto si hubiera descubierto cómo se estaba jugando con su persona. No fue la desconfianza que se demostró hacia la persona de Quirós la que motivó la dilación, sino que la Corona se sentía sin fuerzas para iniciar una nueva empresa de la magnitud que representaba la colonización de la Tierra Austral. Al separarse Luís Váez de Torres y Quirós ante la costa de ―Australia del Espíritu Santo‖, aquél decidió esperar varios días para ver si regresaba su jefe; convencido de que algo grave le había ocurrido, decidió actuar por su cuenta. Recorrió las costas de ―Espíritu Santo‖, reconociendo su insularidad y, desde allí, se dirigió hacia el suroeste, pero el mal tiempo le obligó a cambiar de rumbo, caminando hacia el noroeste, en busca de Nueva Guinea. Al llegar al extremo sudeste se percató de que no podía costear el litoral norte, el único conocido hasta entonces, y decidió recorrer toda la costa sur, todavía desconocida, a través de un mar sumamente peligroso. Recorrió el estrecho que hoy lleva su apellido -estrecho de Torres- entre Nueva Guinea y Australia, demostrando así que Nueva Guinea es una isla. Sin embargo, el español guardó en secreto su descubrimiento, y nadie iba a seguir a Váez de Torres a través del estrecho hasta el capitán Cook en 1770. Torres no se dió cuenta de que la tierra que tenía a su izquierda era el continente australiano, y que Quirós quería encontrar. Cambian los actores. A partir de la segunda mitad del siglo XVI, ya no eran única ó principalmente los españoles o portugueses, sino los ingleses, franceses, rusos (éstos solamente por tierra hacia el Este) y holandeses quienes protagonizaban los principales viajes de descubrimiento. Tres objetivos les movían: el hallazgo de un paso por el Norte hacia Asia, la exploración del Pacífico

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y la búsqueda del continente austral (y para los rusos, la colonización de Siberia). En el primer caso las tentativas culminaron con los viajes de Barents hasta las Spitzberg y Nueva Zembla entre 1594 y 1597. Tras los viajes de Cabot, de Verrazzano, de Cartier, etc, tuvieron lugar en está época los de Hudson y Baffin (de 1609 a 1616) en busca de una más expedita ruta por el Noroeste, animados por la

política colonial inglesa y francesa en América del Norte. En cuanto al Pacífico y las tierras australes, el principal mérito corresponde a los españoles y a los holandeses, que en 1602 habían creado la Compañía de las Indias Orientales y en 1619 habían fundando Batavia (hoy Yakarta –isla de JavaRepública de Indonesia); los viajes por ellos organizados culminaron con los que hizo Abel Tasman a Tasmania, Nueva Zelandia y Australia.

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Los holandeses emprendieron la exploración del Pacifico casi por accidente. Durante casi todo el siglo XVI, mientras los españoles extraían las riquezas de las Américas y sus súbditos portugueses monopolizaban las rutas de las especias alrededor del cabo de Buena Esperanza, los imperturbables y calvinistas comerciantes holandeses —los preeminentes comerciantes marítimos de su época— se contentaban con obtener unos ingresos regulares transportando artículos de almacenes españoles a otros puertos europeos. Un error de cálculo por parte de Felipe II de España rompió esa cómoda situación, que con el cierre de los puertos españoles a sus barcos, intentó obligarlos a someterse. El embargo se volvió en su contra de manera drástica. Esos extraordinarios navegantes, al serles negado el rico comercio de las especias de Lisboa y Cádiz, comenzaron a enviar sus propias expediciones a las Indias Orientales. Oliver van Noort, fue el primer holandés en dar la vuelta al Globo... y, en el proceso, inició el fin de la hegemonía española en el Pacífico. Van Noort obtuvo una gélida recepción de los copropietarios cuando su barco, con la bodega casi vacía, atracó en Rotterdam. Había fracasado como corsario y como comerciante... y también como explorador, pues cruzó el vasto Pacífico sin descubrir ninguna tierra nueva. Pero sus viajes no fueron del todo infructuosos. Al mes de su arribo, publicó un diario del viaje. Reeditado ampliamente, ayudó a atraer a una nueva generación de holandeses, cuyas experiencias serían bastante más pragmáticas y más rentables que las de van Noort. A principios de 1606, el holandés Willem Jansz navegó desde el asentamiento comercial de Batavia (la actual Yakarta), en las islas de las Especias (Indonesia), para explorar la costa meridional de Nueva Guinea. Alcanzó el estrecho de Torres pero no entró en él, sino que giró hacia el sur para alcanzar la costa norte de la península de Cabo York en el continente australiano, que siguió hacia el sur, penetrando hasta el golfo de Carpentaria. Sus mapas, sin embargo, muestran que creía que la península estaba unida a Nueva Guinea. Diez años

más tarde su compatriota Dirk Hartog llegó por accidente a la costa oeste de Australia, tras navegar demasiado al sur del cabo de Buena Esperanza en su viaje desde los Países Bajos hasta Batavia. Los holandeses estaban tomando ahora la delantera en explorar el Pacífico Sur en busca del fabuloso territorio del sur. En 1609, los holandeses consiguieron el control sobre las islas de las Especias de los portugueses, y las rebautizaron Indias Orientales Holandesas. La Compañía Holandesa de las Indias Orientales se formó para proteger los intereses comerciales holandeses garantizándoles el monopolio de las licencias. Era ilegal que los comerciantes holandeses comerciaran privadamente dentro del área del monopolio de la Compañía Holandesa de las Islas Orientales, que incluía toda la región del Pacífico, y los contactos entre los comerciantes holandeses y los insulares del Pacífico estaban prohibidos a menos que se efectuaran bajo los auspicios de la Compañía. En 1615 Willem Cornelisz Schouten e Isaac Le Maire habían rodeado el cabo de Hornos por primera vez y cruzado el Pacífico, descubriendo las islas Tonga septentrionales más exteriores, Futuna y Alofi y algunas de las islas de Nueva Guinea. Tasman salió de Batavia en 1642, llegó a Mauricio y luego torció hacia abajo hasta los 49° sur antes de virar hacia el este y un poco hacia el norte. A partir de entonces mantuvo el curso y concluyó que las olas que le llegaban de proa indicaban que se iba desvaneciendo la posibilidad de que la Terra Australis estuviera en esa parte del Océano Índico. Se halló con ―la primera tierra que hemos encontrado en el mar del Sur‖. Se trataba de Tasmania, posteriormente bautizada así en su honor; tomó posesión de ella en nombre de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, pues era empleado suyo. Al principio no se dió cuenta de que había llegado a una isla, pero el hecho de que pudiera seguir navegando hacia el este le demostró que la propia Nueva Holanda (Australia) era también una isla. Por otra parte, cuando llegó a Nueva Zelandia, Tasman pensó que se trataba de un promontorio de

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la ―Terra Australis‖ que, según él, quedaría muy al sureste, hacia el cabo de Hornos. En un viaje posterior, Tasman verificó que el golfo de Carpentaria no era un estrecho, sino una bahía, pero

lo mismo que a sus predecesores, los bajos y arrecifes del estrecho de Torres lo hicieron pensar que la parte nororiental de Australia estaba unida con Nueva Guinea.

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Tras explorar la costa sur de Australia y convertirse en el primer europeo en divisar Tasmania y Nueva Zelanda antes de regresar a Batavia, fue censurado por no haber traído de vuelta «riquezas ni cosas de provecho sino tan sólo las dichas tierras y aparentemente el descubrimiento de un buen paso». Los holandeses mostraron poco entusiasmo por establecer colonias comerciales en alguna parte del Pacífico Sur, y menos aún a lo largo de la desierta y miserable costa del norte y el oeste de Australia: estaban mucho más interesados en defender y extender su próspero imperio comercial en las Indias Orientales Holandesas (actual República de Indonesia). El contacto con los pueblos indígenas del Pacífico se producía principalmente en forma de ocasionales escaramuzas entre grupos de marinos

que desembarcaban y grupos de guerreros que defendían sus tierras. Luego, se exploraron casi 1.600 kilómetros de la costa sur del territorio descubierto por Jansz (que los holandeses llamaban ahora Nueva Holanda), y otros marineros holandeses acrecentaron el conocimiento de sus costas norte y oeste. Después del viaje de Tasman, se desvaneció por más de un siglo el interés en la región inhospitalaria que rodea a Australia. Además, los informes del explorador y antiguo bucanero inglés William Dampier, que visitó la costa norte de Nueva Holanda en 1688 y regresó en 1699 para explorar su costa oeste, eran tan poco favorables que ninguna otra expedición fue enviada allí. Los viajeros simplemente pasaban de largo, en dirección más hacia el sur y el este.

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Un lago ibérico. Hasta finales del siglo XVI, en todo el Índico, los únicos europeos que ejercitaban un poder militar y político y realizaban una actividad comercial colectiva eran los portugueses. Sus funcionarios, sus soldados, sus colonos y sus comerciantes, y el clero que trabajó bajo la protección de la corona portuguesa, fueron los únicos representantes de Europa en el amplio territorio que va desde el este de África a la China. Pero a los portugueses no se les permitiría que desarrollaran solos y sin interrupción su comercio y su labor misionera en el Extremo Oriente. Pues, en efecto, tras la instalación española de México, las Islas Filipinas se convirtieron en el objetivo de sucesivas expediciones, que culminaron con el hallazgo de la vía de regreso o tornaviaje a las costas mexicanas. Esta expansión, por otra parte, se prolongaría hasta principios del siglo XVII (descubrimiento de las Salomón, las Marquesas, las Nuevas Hébridas), de modo que el Océano Pacífico se convertiría en un auténtico lago español. Ahora bien, hay que advertir que Manila (las Filipinas) fue para España no sólo la terminal de la Carrera de Acapulco, sino también una plataforma situada entre las costas occidentales de América y las orientales de Asia, un trampolín para impulsar los contactos con los Estados asiáticos vecinos y, en sentido opuesto, para colonizar la Micronesia.

En el primer sentido, habría que consignar las relaciones comerciales con China, las misiones diplomáticas en Japón y Siam o la intervención militar en Camboya, así como, en dirección inversa, la estancia en España de un embajador japonés y las cartas enviadas a la corte de Felipe III por los shogunes. Del mismo modo, Filipinas fue el centro para la evangelización de Asia, especialmente de Japón, donde sólo las persecuciones interrumpieron el proceso. En el segundo apartado y tiempo más adelante, en el siglo XVII, la incorporación de las islas Marianas se operó a partir de la misión dirigida por los jesuitas (1668), mientras las Carolinas entraban en la órbita hispana a partir de la llegada al grupo de las Palaos (1686), poniendo los cimientos de una Micronesia española. Y, finalmente, hay que añadir que, a partir de 1580, la unión de las Coronas de España y Portugal propició la colaboración de ambos reinos en la defensa de sus territorios extremo-orientales frente a los ataques de los holandeses, al tiempo que posibilitaba la presencia de objetos indo portugueses (muebles, relicarios, marfiles) y de artículos japoneses con motivos occidentales en los cargamentos del Galeón de Manila. En los últimos años del siglo XVI, el mundo ibérico, al circundar la tierra en dirección opuesta, mantenía lo que era casi un monopolio del contacto directo con Asia.

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PROTAGONISTA: EL GALEÓN ntes de mediados del siglo XV, con sus viajes hacia el sur por las costas africanas, los portugueses habían acumulado la experiencia suficiente para explorar con la carabela, en la que se avanzó en el diseño del casco y, sobre todo, en la combinación de las velas cuadradas con las triangulares o latinas, que permitían la navegación de bolina, es decir, con el viento de través y no solamente de popa. En América, en su ruta desde y hacia España, predominaron las carabelas y naos, siendo las carabelas muy aptas para la exploración. Sobre 1500, los mayores buques mercantes conocidos eran las carracas, el polo opuesto a las ligeras carabelas. Las carracas portuguesas desplazaban 1000 toneladas y hasta 2000. Solían tener cuatro puentes, tres cubiertas y velas cuadradas en el palo mayor y trinquete, y latina en el de mesana.

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Su tamaño y capacidad para el transporte de mercancías y soldados y su construcción sólida convirtieron estas naves en las idóneas para las grandes expediciones comerciales a Brasil e Indias Orientales. Pero a causa de sus grandes dimensiones y su escasa velocidad, su adaptación a las tareas de exploración era menor que las de las carabelas. Empezó a predominar el galeón, nave hibrida entre la pesada carraca y la ágil galera. Por eso el galeón cuando operó en el Atlántico Norte llevaba velas y remos. El salto atlántico hacia América hizo que el galeón desechara los remos, dándole más importancia a su velamen. Los marinos Álvaro de Bazán, y Pedro Menéndez de Avilés, Adelantado de Florida, llegaron a ejercer mayor influencia que nadie en el progreso de las construcciones navales de España durante el siglo XVI. Álvaro de Bazán fue el primero que en la Carrera de Indias empleó grandes galeones de su propiedad para el transporte de

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mercancías y caudales. Ideó un nuevo tipo de galeón, e imitó de genoveses y venecianos, la galeaza. El aumento del tamaño y un avance mayor en el diseño del casco, mucho más hidrodinámico, llevó a la construcción del galeón, una nave de cuatro palos -mayor, trinquete, mesana y contramesana-, además del mástil de proa, el bauprés, con aparejo similar a las carracas, con los dos últimos mástiles con velas latinas. Su anchura le hacía un buen mercante, y su robusto casco era idóneo para soportar un número elevado de cañones, con lo que el resultado fue una nave mercante armada, ideal para constituir el núcleo de los convoyes del tesoro. La famosa regla de los constructores navales para las carracas, que se llamaba del ―As, dos, tres‖ (para un puntal determinado, se multiplicaba éste por dos y se obtenía la manga y luego multiplicando ésta por tres se lograba el largo de la quilla). Aparecen también en esta época unas velas que se envergan en el palo mayor por encima de la gavía y que llevarán el nombre de ―juanetes‖. Poco tiempo después, también en el trinquete se aparejarán estas velas. Se conservaba además, debajo del bauprés, la vela ―cebadera‖ que se conocía ya desde mediados del siglo XV en algunas carracas y que ya habían utilizado los romanos. Merced al aumento en el porte de los navíos oceánicos sobrevino la conveniencia de modificar las reglas de construcción y los principios que les servían de fundamento, siendo Pedro Menéndez de Avilés, quien, a lo que parece, concibió primero la idea de alargar la quilla con relación a la manga, teoría según la cual construyó a fines del siglo XVI en la isla de Cuba a varios navíos que llamó galeoncetes. El galeón poseía uno o dos puentes, según su tamaño, bien que a fines del siglo XVII se construyeron galeones de combate provistos de tres puentes. En cuanto al armamento en los galeones de guerra, al hacerse cada vez más usual la utilización de la artillería, se abrirán en los costados de estas naves las portas para los cañones que irán ubicados en dos, tres o más cubiertas.

Aunque ya en el siglo XIV se montaban cañones a bordo de las naves, fue a partir del siglo XV cuando los avances en la técnica de construcción de los barcos, y en la de la metalurgia de grandes cañones, permitieron colocar a bordo piezas capaces de dañar la estructura misma de los buques enemigos si se montaban en número y potencia suficientes. Esto requería muchos y grandes cañones, que podían con su peso desestabilizar un barco si se emplazaban en la cubierta superior. El proceso evidente era, pues, colocar los cañones –al menos, los más grandes- en las cubiertas o puentes inferiores, las más próximas al agua, bajando así el centro de gravedad. Para poder disparar estas piezas se hacía necesario crear cubiertas corridas de proa a popa y, abrir portas alineadas en los costados de los barcos, así como diseñar pesadas cureñas con ruedas que permitieran recular el cañón para limpiarlo, cargarlo por la boca, y luego colocarlo otra vez en posición de disparo. Surgió así el barco de guerra propiamente dicho –diferente del navío mercante armado con piezas ligeras en cubierta-, caracterizado por una, dos o más cubiertas erizadas de portas para baterías a babor y estribor. Pero si todos estos cambios habían convertido al galeón en un barco especialmente adecuado para la guerra, compartía con el mercante la capacidad de permanencia en el mar y era lo suficientemente grande para transportar provisiones y armamento, y dejar aún espacio para las mercancías apresadas. Había quién se pronunciaba aún a favor del más antiguo tipo de navío que sobresalía más del agua, con altísimas superestructuras que le prestaban una apariencia de poder y la realidad de una superioridad en el ataque y una seguridad en la defensa contra el abordaje. Pero de cada debate sobre el tipo de cubierta, del combés cerrado o abierto, de la velocidad, en contra del peso de los cañones, surgió cada vez mejor definido, el galeón propulsado a vela, de tamaño medio, rápido, de bajo perfil y de popa cuadrada o en forma de yugo. El debate fue más vivo en Inglaterra en donde sus resultados, gracias a un eficiente Ministerio de Marina, pudieron ponerlo en práctica.

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Sir John Hawkins, como tesorero de los barcos de la reina Isabel, fue el hombre que tomó la osada decisión de eliminar los castillos. Era un marino pragmático, un veterano de los barcos de esclavos y de algunas travesías como corsario en África, Sudamérica y el Caribe, y sabía por experiencia como los enormes y viejos castillos estropeaban las cualidades de navegación de un barco. Ideó un nuevo tipo de buque de combate, el buque raso (razee). La palabra no significaba que el barco fuera veloz, que lo era. Derivaba del francés rase, que significa afeitado o plano, y describe lo que Hawkins hizo a los castillos; los aplanó.

Su barco, llamado ―Revenge‖, tenía unas líneas elegantes con escasa superestructura y se elevaba poco del agua. No era especialmente grande, y al lado de los viejos y altos buques, incluso parecía más pequeño de lo que era. Si alguna vez lo hubieran abordado u obligado a combatir de cerca, se habría encontrado en gran desventaja con los antiguos. Pero estaba ideado para evitar esa situación. Sin tanta superficie expuesta al viento de los palos y jarcias del viejo modelo, era más veloz y maniobrable, barloventeaba mejor y era más ágil al timón. Podía superar a los viejos barcos, manteniendo su distancia de disparo mientras hacía uso de sus cañones.

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LAS “FLOTAS” lota se consideraba a un conjunto de naves mercantes, que llevaban cierto armamento, mientras que Armada, que antes había sido de buques mercantes ―en armas‖, pasó a ser naves de guerra, con armamento apropiado y fuerzas pertenecientes a los tercios de mar, de guarnición en esas naves; hoy en día, infantes de marina. Las naves de guerra, en ciertas ocasiones, también cargaban mercancías. Los barcos que iniciaron en solitario su cruce del Atlántico, en su vuelta a la metrópolis empezaron a sentir los ataques de ―corsarios‖. Las cosas empezaron a cambiar desde mediados del siglo XVI, cuando los cargamentos aumentaron de valor. En 1555 se logró aplicar con éxito el procedimiento de amalgamación en las minas de plata en México, y empezó la producción masiva, que naturalmente había que transportar a España a través de una ruta tan frágil como era el Océano Atlántico. Se decidió entonces organizar bien el sistema. En realidad interesaba el tornaviaje o regreso de los mercantes, que eran los que traían la plata, pero se aprovechó la ocasión para obtener igualmente buenos dividendos del viaje de ida, llevando los artículos que necesitaban los pobladores de América. Pronto se vio que la demanda indiana se centraba en artículos de lujo, que podían además ser gravados fuertemente, por lo que se convirtió en otro negocio no menos lucrativo. Se configuró así un circuito comercial completo, de ida y vuelta, que consistía en llevar a Indias manufacturas extranjeras y algunos productos alimenticios usados en la dieta urbana (vino, aceite, pasas, etc.) y traer de ellas la plata. Artículos suntuarios por numerario, en definitiva, y todo bajo el estricto control de la Corona, que tomaba a su cuidado la protección de dichos envíos. Las Flotas de Indias fueron el mecanismo de funcionamiento del monopolio comercial español en América, y constituyeron la esencia de la denominada Carrera de las Indias, que englobaba todo el comercio y navegación de España con sus colonias. Se configuraron en 1561 y subsistieron, a

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trancas y barrancas, hasta 1778, año en que se suprimieron definitivamente. Los 217 años de su existencia le dan un verdadero récord de longevidad y explican sobradamente su fallecimiento por arteriosclerosis. A su muerte, la monarquía española intentó mantener el monopolio comercial con el llamado Reglamento de Libre Comercio, que nació también con más de un siglo de retraso, y fue incapaz de hacer frente a la realidad comercial americana motivada por la presencia de artículos procedentes de la revolución industrial. Las flotas murieron tarde y la reglamentación que las sustituyó fue también anacrónica, lo que acentuó el descontento general de los criollos y fue preludio de las independencias. El sistema. El sistema de Flotas fue resultado de un proceso experimental a lo largo de muchos años. La necesidad de defender los mercantes españoles que iban o venían de Indias se evidenció ya en 1522, cuando Juan Florín, (Jean Fleury) corsario italiano al servicio de Francia, se apoderó de dos de las tres naves que Cortés enviaba a España con los tesoros aztecas. Se recomendó que a partir de entonces los buques procurasen viajar reunidos o en conserva, como entonces se decía, para defenderse mejor de un posible ataque. La advertencia sirvió de poco, dada la tendencia 'española a hacer caso omiso a las prédicas gubernamentales, y en 1543 se ordenó que los mercantes que hacían la Carrera de las Indias fueran siempre juntos, reunidos en dos flotas, que saldrían de España en marzo y septiembre, siempre escoltadas por buques de guerra. La flota se complementaba con los llamados ―navíos de aviso‖, que eran unas embarcaciones muy ligeras, de menos de 60 toneladas, encargadas de llevar a América la noticia de que la flota estaba a punto de salir, para que se preparara toda la negociación. Estos navíos no podían llevar pasajeros, ni mercancías, cosa que incumplían regularmente. Tanto la Armada de Galeones como la de Guarda de la Carrera de Indias, destacaban

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también ―navíos de aviso‖ que se situaban en crucero en los puntos convenientes. Resultaba así que la Armada se ponía al servicio de los intereses comerciales. El asunto es explicable por cuanto el Rey era el propietario de la mayor parte del tesoro que se transportaba en el tornaviaje, y el beneficiario, a través de los impuestos, de los artículos que se llevaban. No en vano el comercio indiano era la parte sustancial de la llamada Real Hacienda, o Hacienda del Rey. Cada una de las flotas debía llevar un Capitán General y un Almirante (éste, de menor rango que el anterior). El nombre también viene de muy atrás en el tiempo. La voz es de origen árabe, ―Emir del mar‖. Emir quiere decir un general; señor que tiene mando. Se puede atribuir a España la concesión de este título, siendo el Rey de Castilla, Fernando III el Santo quien, respetando la voz árabe, lo otorgó por vez primera, en 1248. En tiempos posteriores se sustituyó a este título en España, el de Capitán General y quedó el de Almirante para el de Segundo Jefe de una Armada ó Flota; así sería durante gran parte del período de las llamadas ―Flotas de Indias‖, debido a la dependencia de los mandos náuticos a los mandos terrestres, provenientes de la Nobleza. En Inglaterra, en cuyo idioma, se mantuvo también la voz árabe, ocuparía más tempranamente la categoría máxima; tal como aparecía a principios del siglo XIII, en el famoso Código de las ―Siete Partidas‖ del Rey de Castilla, Alfonso X, el Sabio: Almirante, ―caudillo ó capitán de todos los navíos, así de Armada como de otros cualquier que fueran ayuntados en flota...‖ Llevaban además, un Gobernador del Tercio de Infantería. Los mercantes tenían que ir artillados, y provistos de armamento para el caso de un encuentro con el enemigo. El coste de custodiar los mercantes con buques de guerra se gravaba a la mercancía transportada mediante un impuesto denominado ―avería‖ que se prorrateaba sobre el valor de los productos. De aquí que tuviera valores variables, según el valor de las mercancías. En períodos bélicos había que aumentar la defensa naval y la avería era mayor. Esta incertidumbre

continua sobre lo que había que pagar trajo muchos problemas a los comerciantes y desde mitad del siglo XVII la Corona cargó con todo el gasto de defender las flotas, imponiendo a los comerciantes un canon fijo en concepto de tal avería. Al principio, en América, en su ruta desde y hacia España, se usaron las carabelas y naos, pero en cuatro décadas más adelante, predominó el galeón, nave híbrida entre la pesada carraca y la ágil galera. España realizó un verdadero modelo de organización para sus flotas, doblemente valioso si consideramos lo prematuro del montaje. Podría decirse que para sus necesidades monopolísticas resultó un sistema insuperable. Cuidadosamente se reglamentó la forma de preparar las flotas, su composición, su calendario de salidas y llegadas, el número de buques que las compondrían, las ferias en las que se venderían los productos, etcétera. El error no procedió del diseño organizativo, sino de no advertir que lo que resultaba funcional para cubrir las necesidades suntuarias de cien mil españoles en América, no lo era ya dos siglos después para los millones de criollos, mestizos y mulatos que poblaban el Nuevo Mundo. Raramente se salía en las fechas estipuladas y tampoco hubo dos flotas por año. El Consejo de Indias era quien decidía -tras consulta con la Casa de Contratación que, a su vez, se asesoraba con el Consulado de Sevilla- si había dos o ninguna flota. Los comerciantes querían ganar dinero con su mercancía y jugaron siempre a tener mal abastecido el mercado americano, para subir los precios. De aquí que cuando sabían que existía mucho género europeo en Indias, aconsejaban suprimir la flota. La necesidad de encontrar rentabilidad a tales productos fue derivando hacia un comercio de lujo, único que podía soportar los altos costes. Resultó así un negocio de artículos innecesarios, de los que podía prescindir fácilmente la sociedad colonial americana, como lo demuestra el hecho de que no tuviera problemas de subsistencia cuando faltaron tales flotas durante diez, quince y hasta veinte años. Como comercio de lujo tuvo también mucha competitividad, ya que era fácil reventar su mercado

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con artículos de contrabando a precios más bajos, sobresaturándolo. Los impuestos eran la verdadera razón de ser del monopolio, y la causa por la cual el sistema se prolongó tantos años. Se cobraba infinidad de ellos. Aparte de la avería, ya mencionada, estaban los de alcabala y almojarifazgo. Estos se impusieron en 1543 y eran respectivamente un impuesto a las ventas y un derecho de aduana. La alcabala que se recaudaba al entrar en los puertos americanos era el 5 por cien del valor de la mercancía y el 2,5 por cien a la salida. El almojarifazgo era del 5 por cien para los artículos que salían de España (2,5 por cien para los importados) y del 10 por cien al entrar en América. Había además otros gravámenes extraños con destino al Hospital de San Juan de Dios, de San Lázaro, la Inquisición, visitas y registros, palmeo, tonelada, San Telmo, etc. “En ruta” En cabeza iba la Capitana, con estandarte izado en el mayor. Luego, los mercantes. Cerrando la formación, la Almiranta, con insignia izada en el mástil de popa. Los restantes buques de guerra iban a barlovento de los mercantes, para aproximarse a ellos rápidamente en caso de ataque. El andar era muy lento, pues los navíos iban repletos de carga. Los más pesados imponían su andar al resto de la flota. La travesía resultaba por ello extraordinariamente larga. Frecuentemente se tardaban hasta dos meses y medio en una carrera que un navío ligero podía cubrir en sólo tres semanas. Desde Canarias, la Flota se adentraba en el denominado Mar de las Damas, porque se decía que ―hasta las mujeres podían gobernar las embarcaciones‖, dadas las condiciones ideales de navegación que solían existir, con los vientos alisios soplando de popa. El viaje se hacía entonces más monótono, acompañado del interminable crujir de las arboladuras y el rechinar de los cables. A veces se ordenaban zafarranchos de combate para tener

entrenada a la tropa y marinería frente a un posible ataque enemigo, y ésto era quizá lo único que rompía el tedio. La única distracción a bordo eran los oficios religiosos, a los que tenían que acudir todos. Los pasajeros no podían jugar, ni blasfemar. Se daba la comida dos veces al día. Los pajes la servían a los pasajeros. Al principio no era mala pues constaba de carne, verduras y frutas, pero se acababan pronto y empezaban las legumbres para terminar en la sempiterna dieta de tasajo, miel, queso y aceitunas. La marinería comía casi exclusivamente tasajo. Al llegar la noche se encendía el gran fanal en la Capitana, que guiaba la flota. Algunos buques encendían también faroles de situación. Las horas transcurrían interminables, cantadas siempre por los grumetes con alguna advocación pía. El Mar de las Damas se atravesaba en un mes, al cabo del cual se alcanzaba usualmente la isla Dominica, o Guadalupe donde se hacía una pequeña escala. Se bajaba a tierra y se hacían grandes comilonas. Quienes iban a América por primera vez contemplaban asombrados a los habitantes, el paisaje, etc. La recalada era breve, pues había que proseguir para Veracruz o para Nombre de Dios, y esto representaba otro mes más de viaje. Desde 1552, la Casa de Contratación de Sevilla, máxima autoridad para el control del comercio y tráfico con América, prepara dos flotas que van a efectuar, normalmente, dos viajes al año. La Flota de Nueva España (México), destinada a las Antillas Mayores y Golfo de México, y la Flota de Tierra Firme o de ―Galeones‖, a Cartagena de Indias. Navegaban unidas hasta las Antillas Menores; la primera destacaba las naves que iban a Puerto Rico y Santo Domingo, y seguía hasta Veracruz. La segunda destacaba una nave hacia Margarita y otras naves mercantes se apartaban en su momento del convoy, dirigiéndose hacia La Guaira, Maracaibo, Río Hacha y Santa Marta.

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Las ferias. El atraque de las Flotas era saludado con grandes manifestaciones de júbilo. Subían a bordo las autoridades locales y los funcionarios encargados del cobro de impuestos, que revisaban todo y daban su aprobación. Se entregaba la valija procedente de la metrópoli y se daba la orden de partida a dos navíos de aviso, que debían regresar a España con la correspondencia urgente y la noticia del feliz arribo de la flota. Luego empezaba la descarga. Interminables caravanas de cargadores subían y bajaban por los planchones con los fardos a las espaldas. En el puerto todo era bullicio, pues había empezado la feria. Duraba al menos dos semanas y usualmente un mes; la de Portobelo se celebraba durante 45 días. A ella acudían no sólo los comerciantes con la plata contante y sonante, sino gentes de todos sitios para comprar o vender. Los precios se disparaban y cualquier chamizo se pagaba a precio de oro. Las autoridades instalaban por ello alhóndigas, con

artículos de primera necesidad a unos precios asequibles, pero se especulaba con todo y en todos sitios; en las calles, en las plazas y en el puerto. Se vendían telas finas de Holanda, paños de Flandes, mantas de Quito, chicha, vino, aguardiente, ron, fritangas de cerdo y gallina, tortillas de maíz, cazabe, etc. Todo olía, todo chirriaba y todo entraba por los ojos. La marinería acudía a sus habituales pulquerías o chicherías. Otros preferían el juego en los mil garitos, donde se jugaba fuerte y podía ganarse o perderse una fortuna. Los burdeles hacían igualmente un magnífico negocio. Las ferias tenían su contrapartida. Abundaban los pleitos, las reyertas y no eran raros los homicidios. Con todo, lo peor eran las epidemias que diezmaban a los feriantes. Todos los puertos caribeños eran insalubres y reunían las condiciones de humedad y calor idóneos para la propagación de los virus que se traían del Viejo Mundo. En Veracruz hubo tales mortandades que las autoridades decidieron trasladar su feria en el siglo

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XVIII a una población cercana, Jalapa, distante 16 leguas de la anterior, pero en un clima más sano. Las conexiones y la intercomunicación. No todo era compraventa y disipación. También se aprovechaba el período de inactividad de las naves para carenarlas y aderezarlas para la próxima travesía. Los terminales de las flotas eran las vías de conexión con una complejísima red americana configurada sobre los dos océanos, que se prolongaba luego por el Pacífico hasta el Oriente. Las flotas de Indias transportaban por ello mercancías procedentes de cuatro continentes: el europeo, el americano, el asiático y el oceánico, ya que en definitiva Filipinas estaba en Oceanía. Podríamos decir que los comerciantes españoles manejaron un verdadero negocio mundial, el primero de su género. De aquí que les salieran tantos imitadores. El funcionamiento de las flotas exigía la existencia de otras flotas auxiliares americanas que redistribuían sus productos y le suministraban a la vez los que luego conducirían a Europa. Las flotas auxiliares eran tres en realidad: la del Caribe y dos en el Pacífico meridional y septentrional. Estas últimas movían unos circuitos comerciales que se internaban hasta el Río de la Plata y Filipinas. Todo el engranaje descansaba en los puntos de enlace de las flotas, que eran los terminales de Cartagena, Portobelo y Veracruz (a veces La Habana) para la negociación con el Caribe, y los de Acapulco, Portobelo y Panamá, para el comercio con el Pacífico y el Oriente. La comunicación entre Veracruz y Acapulco se realizaba a través de un larguísimo camino que atravesaba México de costa a costa y llegaba hasta la misma capital mexicana. Afortunadamente, era muy funcional, ya que por parte del mismo transitaba también la plata mexicana que venía del norte y bajaba desde México hasta la costa. En Cartagena, la Flota de Tierra Firme ó de ―Galeones‖ hacía una escala, pues era necesario descargar la mercancía destinada al Nuevo Reino de

Granada, que usualmente representaba el 25 por 100 de toda la que se llevaba a Tierra Firme. Luego se proseguía a Nombre de Dios, que era el verdadero terminal. En 1595 Francis Drake destruyó esta ciudad y fue sustituida por Portobelo, puerto que reunía mejores condiciones para albergar la flota y que fue fortificado por el ingeniero militar Antonelli. La comunicación de Panamá con Portobelo, unas 60 millas, se efectuaba por medio de un pequeño camino llamado ―de Cruces‖, que desembocaba en la parte alta del río Chagres, utilizado entonces para conectar con Portobelo. Era una vía transístmica, paralela a lo que hoy es el Canal de Panamá, y constituía un verdadero cuello de botella del comercio. Por él pasaba necesariamente toda la plata peruana. De aquí que fuera el sueño dorado de cualquier pirata. Alguno de ellos, como Henry Morgan, logró cruzarlo con éxito y apoderarse de la ciudad de Panamá en el momento en que estaba allí toda la plata peruana para ser traspasada a la flota del otro océano, e hizo un verdadero arrase. Pero esto fue el premio mayor de la lotería pirática. Lo normal es que se fracasara en el intento, como les ocurrió a los más renombrados piratas. Las flotas americanas subsidiarias o auxiliares eran de pequeño o mediano tonelaje y estaban formadas por buques construidos principalmente en el Nuevo Mundo. La del Caribe procedía principalmente de astilleros cubanos y cartageneros. La del Pacífico, de los mexicanos y del puerto de Guayaquil. La Caribeña era enorme y se componía fundamentalmente de embarcaciones pequeñas (barcas, canoas, guairos, etc.) que enlazaban numerosos puertos: los de Cuba (La Habana, Santiago, Matanzas), Puerto Rico (San Juan, Ponce), Santo Domingo (la capital y Puerto Príncipe), Venezuela (Cumaná, La Guaira, Puerto Cabello, Coro, Maracaibo), el nuevo Reino de Granada (Río Hacha, Santa Marta, Cartagena), además de los centroamericanos y mexicanos. El Caribe era en realidad un verdadero mediterráneo y poseía una red autónoma de producción y consumo

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que servía de apoyo a las flotas metropolitanas. Durante los primeros años proporcionó renglones de escasa importancia para la exportación a Europa, pero esto fue cambiando con el transcurso de los años y en el siglo XVIII le suministraba productos muy cotizados, como el cacao, el azúcar, el tabaco, el añil, el algodón y los cueros. La flota del Caribe los colocaba en los puntos clave donde tocaban las Flotas y entraban así en los circuitos internacionales. La existencia de dos flotas americanas en el Pacífico obedecía a los intereses metropolitanos, que trataban de cortar la comunicación entre los dos virreinatos, para evitar la existencia de un circuito interno ajeno al control estatal, así como la fuga de plata hacia el Oriente. La frontera entre ambas estaba a la altura de

Panamá, zona que naturalmente se convirtió en la confluencia de ambos sub-mercados. La flota del Pacífico septentrional tenía su centro en Acapulco, a donde llegaban los productos de Guatemala, El Salvador y Nicaragua (principalmente de los puertos de Acajutla y Realejo), pero su verdadero negocio era el galeón de Manila. La flota del Pacífico meridional tenía su base en El Callao, y se denominaba la Armada de la Mar del Sur. Hacía la ruta El Callao-Panamá, pero con escalas en Trujillo y Paita. En este camino se le unía el llamado ―navío del oro‖, que venía de Guayaquil con los caudales del reino de Quito. Esta flota transportaba la plata de Potosí, llevada anteriormente a El Callao desde el puerto de Arica, así como los caudales del reino de Chile, que habían arribado procedentes de Valparaíso.

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En realidad, la Armada de la Mar del Sur recogía todo el negocio y tesoros de Suramérica, a excepción de los de Venezuela y Colombia y los conducía a Panamá para su trasvase a Portobelo. La Armada regresaba luego con las mercancías europeas hacia el Perú, pero solía descargar pasajeros y hasta artículos en Paita, ya que las corrientes contrarias le obligaban luego a adentrarse en el océano, dando un largo rodeo para alcanzar finalmente El Callao. Decir que la flota de los Galeones ó de Tierra Firme llevaba a Portobelo las manufacturas que necesitaban los habitantes del Río de la Plata puede parecer exótico, pero así era en efecto. A esto había conducido la voracidad monopolista de los comerciantes sevillanos. Las mercancías destinadas a dicho territorio se transportaban de Portobelo a Panamá, se cargaban luego en la Armada de la Mar del Sur y se conducían a El Callao o Arica, desde donde eran movidas a lomo de mula hasta la sierra por uno de los dos caminos alternativos. Una vez en el Alto Perú otras recuas de mulas las bajaban por Salta, La Rioja y Córdoba hasta el mismo Río de la Plata, condenado por este artilugio a recibir los artículos más costosos de América a causa de los fletes (tanto marítimos, como terrestres). Afortunadamente, el Río de la Plata tenía que sostener abierta la ruta hasta el Alto Perú por necesidad, ya que le servía para exportar su ganado a la zona minera y para importar la plata que necesitaba su desarrollo económico, pero eso no justificaba en modo alguno que las exportaciones europeas tuvieran que dar un rodeo semejante, pudiendo importarlas directamente por el frente atlántico. La política de la Corona, que se plegó a los intereses de los comerciantes monopolistas, era que el Río de la Plata representaba un peligro para la fuga de plata potosina y se decidió por ello clausurarlo como enclave comercial, dejándolo descolgado de todas las conexiones marítimas hispanoamericanas. Ante las protestas continuas de los porteños, que manifestaron lo absurdo de tener que recibir lo que necesitaban por una ruta tan poco funcional (Tucumán – Charcas – Callao – Océano

Pacífico – Panamá – Portobelo – Atlántico Norte – Sevilla), se autorizó un navío de permiso al año que iba desde Sevilla a Buenos Aires, pero esto no satisfizo a los rioplatenses que siguieron demandando la apertura de su puerto al comercio atlántico. La situación no se arregló en realidad hasta el siglo XVIII con la creación del nuevo virreinato. Ante el temor de que la plata del Perú cayera en manos de piratas se procuró que la Armada de la Mar del Sur se sincronizara con la flota de los Galeones. De aquí que cuando se autorizaba la salida de una flota, partía un navío de aviso o buscarruidos hacia Portobelo para que se pusiera en marcha todo el mecanismo suramericano. La idea es que al tiempo que los galeones partían de Cádiz lo hicieran también los buques que llevaban los tesoros de Chile (Valparaíso), Alto Perú (Arica), Perú (Callao) y Quito (Guayaquil), para confluir en Panamá al tiempo que la flota alcanzaba Portobelo. De esta forma se haría un simple cambio de plata por manufacturas a través del Camino de Cruces. La realidad es que esto no sucedió casi nunca, a causa de múltiples factores: Vientos poco favorables, tempestades, negociaciones demoradas, trámites engorrosos, etc. La plata tenía que permanecer en el istmo durante meses, expuesta al peligro de un ataque pirata y, lo que era peor, al saqueo sistemático de los comerciantes y autoridades españolas, que siempre solían mermar su valor considerablemente, empleándola para adquirir mercancía de contrabando. Terminadas las Ferias, tanto la Flota de Nueva España como la de Tierra Firme retornaban a La Habana, volvían a España, embocando juntas el canal de las Bahamas. Estas dos Flotas eran escoltadas y protegidas en ruta por la Armada de Galeones, y al regreso, a la altura de las Islas Azores, las esperaba la ―Armada de Guarda de la Carrera de Indias‖, de mayor cuantía y potencia en sus naves. Finalmente se alcanzaba el suroeste español y por último a Sanlúcar, desde donde los galeones comenzaban a remontar con dificultad el

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Guadalquivir para llegar al puerto fluvial de Sevilla, ciudad que tuvo el monopolio comercial de Indias hasta entrado el siglo XVIII. La Corona tuvo siempre miedo de que se perdiera plata americana si se abrían otros puertos peninsulares a la Carrera de las Indias y además le resultaba más cómodo controlar ésta desde un solo terminal, motivos por los cuales favoreció los intereses de la ciudad andaluza, que se convirtió gracias a las Flotas, en una de las más importantes de Europa. El aumento del tonelaje de los buques fue convirtiendo a Sevilla en un puerto inútil para el

comercio indiano, ya que impedía la subida por la barra del Guadalquivir. En 1680 se decidió que los galeones partieran y llegaran a Cádiz, puerto que tenía mejores condiciones para esta negociación atlántica. Los comerciantes sevillanos hicieron el último esfuerzo por controlar el monopolio y fue lograr que la Casa de la Contratación siguiera en su ciudad, con lo cual las flotas se organizaban marítimamente en Cádiz y burocráticamente en Sevilla. Por más de cuarenta años el sistema de flotas subsistió, hasta que se dispuso, durante el reinado de Carlos III, la libertad de comercio.

CAPÍTULO IV (La calle principal: el Caribe y el Norte del Atlántico)

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CORSARIOS Y PIRATAS asta mediados del siglo XVI, las potencias marítimas del mundo eran, además de España, Turquía y Portugal. Turquía, embotellada en el Mediterráneo, y Portugal, aliado o amigo de España. Ningún país amenazaba a los reinos americanos. Francia, Inglaterra y Holanda habían sido obligadas, en virtud de la Bula Papal ―inter caetera‖ -que otorgaba el dominio exclusivo del continente a España y Portugal-, a ser simples espectadoras de las grandezas de los dos países peninsulares. Ya hemos visto que España justificó la posesión del continente americano en dos títulos: El 1°, la donación del Papa. El 2°, según Francisco de Vitoria, el derecho natural a la libre comunicación y comercio entre los pueblos. Lógicamente, el título de la donación Papal era desconocido por los que no aceptaban el poder del Papa, ni siquiera en el orden espiritual. Y el segundo título era negado ... por la propia Corona española, desde el momento que se reservaba el monopolio del comercio con las Indias (dos siglos y medio). Consecuencia: el contrabando y la piratería. Durante el siglo XVI, el dominio de los territorios de ultramar por España y Portugal dejó en desventaja a reinos como Gran Bretaña, Francia y Holanda, pero en el curso del siglo XVI culminan sus respectivos procesos de unidad política, quedando en capacidad, por consiguiente, de realizar una política internacional cuya más acabada expresión sería de contenido y proyección mercantiles, y necesariamente, ultramarina. España no sólo imperaba en América sino en Europa. Lo hacía en Europa gracias a la superioridad de sus ejércitos y escuadras, lubricados con los metales preciosos americanos. De ahí que para debilitar y destruir la supremacía española en el Viejo Mundo, fuese necesario apoderarse de las riquezas provenientes del Nuevo Mundo. Y para lograr ese propósito sólo existían dos medios: capturar a los bajeles en ruta y atacar los centros

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comerciales del mal protegido continente americano. Hasta las últimas décadas del siglo XVI, los rivales de España no se preocuparon demasiado por capturar el territorio español en América; el Imperio resultaba demasiado poderoso, excesivamente distante para un ataque abierto, y su coste demasiado elevado. Los demás pueblos marítimos de Europa querían algo más sencillo: quitar la plata, que era el nervio de la guerra, a los españoles, y adquirirla para ellos mismos, bien por la fuerza de las armas en el mar, bien mediante el comercio ilícito. El corsario. Se denomina corsario a quienes mandan embarcaciones armadas particulares con patente real o de un gobierno, para asaltar y apresar buques mercantes de una nación enemiga. También se llama así a los buques armados con dicho propósito. Pero corsario es, también, "el que manda alguna embarcación armada en corso con patente del gobierno" para perseguir a los piratas. Frecuentemente la embarcación corsaria no era exclusivamente particular, pues la Corona o gobierno que concedía la patente tenía una parte en el gasto del negocio, por la que cobraba luego una parte del botín capturado, como ocurría por ejemplo con la Corona británica. El corso es una institución militar, ó paramilitar. En efecto, los "corsarios tienen la obligación de conducirse conforme a las leyes y usos de la guerra y deben observar rigurosamente las instrucciones contenidas en su autorización oficial", tanto general o particular, para poder gozar de todas las ventajas de los beligerantes. La Monarquía española siempre se mostró poco favorable a su autorización; incluso contra el Turco. Es necesario, para valorarla, comprender esta actividad, en un todo diferente de la piratería, si se respetan los usos bélicos. El corsario es un empresario particular de la guerra; de una guerra al servicio de su Patria y de acuerdo con su Soberano, pero llevada por su propia iniciativa, cuenta y

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riesgo, sin integrarse en las formaciones regulares, pagando al César lo que es del César y tomando para sí los restantes frutos de sus campañas. Es, además, una institución de Derecho Público. En 1746 se edita en Cádiz una obra intitulada ―Tratado jurídico-político sobre presas de mar y calidad que deben concurrir para hacerse legítimamente Corso‖, de la autoría del caraqueño Félix Joseph de Abreu y Bertodano -acaso la más significativa contribución venezolana a la historia del Derecho Marítimo-, en la cual se exalta "el noble exercisio" del corso, pues "por su medio se asegura el que los Vasallos se haviliten en la Guerra de Mar, y su Navegación, como cosa tan necesaria para sostener los Estados, y conservar el honor de la Nación, y la gloria de su Soberano". Mare clausum, Mare liberum. En el ámbito marino predomina, a su vez, un principio capital: el del ―mare clausum‖ ibérico, es decir, hispano-lusitano. Pero a este principio se enfrenta por otras naciones, el del ―mare liberum‖. Francia, primero; luego Inglaterra, y por último Holanda, rompen, en nombre de este principio, las "líneas" y barreras que España y Portugal les oponen. Proclaman, precisamente, el principio del ―mare liberum‖, esto es, el de la libertad de comercio, y defienden, asimismo, otro principio -un principio realmente monstruoso-, pues concede "patente de lenidad a todos los crímenes y atropellos cometidos por los piratas en América" que se formula con la célebre frase: ―There is no peace beyond the line‖, es decir, que los actos hostiles perpetrados fuera de los límites de Europa no debían ser considerados como rompimiento de la paz europea, dado el estado salvaje y ajurídico de las Indias. De acuerdo con esta distinción, se pueden distinguir dos períodos: el primero, correspondiente al siglo XVI, es el de los corsarios; el segundo, siglo XVII, el de los piratas. Los procedimientos de corsarios y de piratas eran fundamentalmente los mismos; unos y otros recurrían al bandidaje, saqueo,

asesinatos, violaciones, torturas e incendios de ciudades para obtener rescate. Teóricamente, los corsarios debían limitarse a los enemigos de la nación cuya patente tenían, pero esta limitación era frecuentemente desconocida ante la tentación del botín, sin que entonces importase mucho ni poco que no hubiese hostilidades con la nación propietaria, que generalmente era España. Como se decía, «no hay paz más allá de la línea», y evidentemente, América quedaba más allá de la línea de los acuerdos de paz. Así se explica -y es sólo un ejemplo- que cuando en el siglo XVII, estalla la guerra entre Gran Bretaña y Holanda y el gobernador inglés de Jamaica provee a los piratas de patentes de corso contra los holandeses, aquellos prefieren desviarse para atacar las ricas ciudades españolas, engañosamente adormecidas en la paz oficial. Inglaterra y Francia dieron gran ayuda a sus corsarios y piratas con objeto de minar el poderío español, y el problema adquirió incluso connotaciones religiosas, al considerarse una lucha contra la hegemonía de los papistas. El corso se vio además favorecido por las continuas guerras de los españoles contra distintas naciones de Europa, pues siempre hubo algún gobierno inglés, francés u holandés dispuesto a dar «patente de corso» para la captura de buques españoles; o a lo menos un apoyo encubierto a los que realizaban tales empresas. Es muy difícil separar la historia del corso de la piratería, ya que sus actuaciones fueron similares y a veces actuaban conjuntamente. Los corsarios no se limitaron a atacar y capturar las embarcaciones españolas, sino que a menudo, desembarcaban en las poblaciones costeras, asolándolas y pidiendo rescate por su liberación. El siglo XVI es el de los corsarios. Se puede distinguir una etapa francesa y otra inglesa. Dentro de la primera hay, a su vez, un período durante el cual la actividad corsaria se desarrolla principalmente en el triángulo que forman las Azores, Gibraltar y las Canarias, y un segundo período en el que se va desplazando hacia las Antillas, inicialmente en las islas y poco a poco en Tierra Firme.

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Al mismo tiempo disminuye el número de barcos capturados y aumenta el de localidades asaltadas, siguiendo la ley del mínimo esfuerzo, puesto que para defenderlas no hay generalmente fuertes ni murallas, ni guarnición siquiera, sino su población civil, falta de preparación militar y armada únicamente con picas y espadas, y, excepcionalmente, algún arma de fuego. Se cita como manifestación inicial del corso francés la amenaza de un navío que obliga a Colón a refugiarse en Madeira cuando vuelve de su tercer viaje, en 1497. La primera captura importante es la que hace el italo-francés Jean Fleury, que en 1521 se apodera en las Azores del Tesoro del emperador Moctezuma, que transportaban tres carabelas. Al año siguiente, Diego Colón, hijo del almirante, escribe al rey que «estaba la mar llena de corsarios». Los franceses dominaron tan a sus anchas los mares de las Antillas que cesó virtualmente el comercio ínter-colonial. Una partida de trescientos cayó en octubre de 1554 sobre la infeliz ciudad de Santiago de Cuba, la ocupó durante treinta días y cargó luego con ochenta mil pesos. El año siguiente presenció un hecho todavía más notable, pues en julio de 1555 otro capitán pirata desembarcó doscientos hombres, a media legua de la Habana; marchó antes de amanecer sobre la ciudad y rindió el castillo por la fuerza. Es verdad que por aquellos años hubo en Europa constante guerra entre el Emperador y la Francia, pero ello no explica del todo la actividad de los corsarios franceses en la América del Sur, porque también los encontramos allí ejerciendo sus depredaciones en los interregnos de paz. Tampoco se puede invocar ningún estado de guerra para excusar la mayor parte de la actividad de los grandes corsarios ingleses durante el siglo citado. Hawkins. En el decenio de 1560-70 el contrabando de los comerciantes extranjeros se convirtió por primera vez en un serio problema para el gobierno español en el Caribe. Los comerciantes intrusos no eran

franceses en su mayoría, sino ingleses, conducidos inicialmente por el hábil e ingenioso John Hawkins. Su padre fue uno de los principales capitanes marinos de Enrique VIII, alcalde de Plymouth, miembro del Parlamento y fundador de la trata inglesa de negros en África. Como su padre, fue traficante negrero; realiza entre 1562-1563 un primer viaje hacia Santo Domingo con sus barcos cargados de 400 negros, que vende y trueca por cueros. Se apresta al servicio de Isabel I de Inglaterra, con una flota en parte propiedad de la Corona británica y en parte de la aristocracia inglesa. Organizó viajes comerciales al Caribe entre 1562 y 1568, tres de ellos dirigidos por él mismo en persona, llevando ropas y mercancías generales de Inglaterra, y esclavos que compró directamente a los tratantes de la costa occidental de África. Su plan era vender sus artículos y sus esclavos a los colonos españoles de las Indias y conseguir cargamentos de azúcar, cueros y plata en su viaje de regreso a Inglaterra. Sus dos primeros viajes resultaron muy provechosos. La tercera expedición la realiza en 1567, esta vez acompañado de su amigo, discípulo y primo, Francis Drake, entonces de 25 años, con 450 esclavos traídos de la costa de Guinea en 6 buques, uno de los cuales le fue proporcionado por la propia reina Isabel; con este alijo humano pasa por la isla de Margarita, sigue hacia el Cabo de La Vela, ataca Río Hacha y finalmente el 16 de septiembre de 1567 toma San Juan de Ulúa, frente a Veracruz (México), y luego de tener un combate con la flota de Nueva España, ambos jefes regresan a Inglaterra, donde cuatro años más tarde ingresa en el Parlamento. Al año siguiente fue designado tesorero de la Marina, y pasó casi toda su vida luchando contra los galeones españoles que regresaban de Indias con varios cargamentos. En 1588, contribuyó con el vicealmirante Francis Drake a la destrucción de la Armada Invencible, frente a las costas de Inglaterra, esta vez en calidad de contraalmirante. En 1590, con Martín Frobisher, expediciona sobre Portugal, al año de haber sido

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designado contador de la Armada y cuando ya anda en la reorganización de la flota isabelina. En agosto de 1595, junto con Drake sale de Plymouth hacia Puerto Rico a la búsqueda de 2.000.000 de ducados allí depositados por la pérdida de un galeón, para continuar rumbo a Panamá, pero en el trayecto y ya frente a las islas Vírgenes, enferma de gravedad y muere. A John Hawkins, se le llama ―el mayor negrero de su tiempo y quizá de todos los tiempos‖; no se le ocurrió motivo mejor para su escudo que un negro encadenado, cuando fue ennoblecido por la reina Isabel de Inglaterra, la cuál, participaba de los resultados económicos del inhumano tráfico. Drake. Fue el más grande de los corsarios ingleses y héroe nacional. En 1561 incursionaba en el mar Caribe contra posesiones y buques españoles. Acompañó a Hawkins en su tercera expedición,

siendo derrotados en el puerto de Veracruz (México). En 1572 recibió patente de corso de la reina Isabel de Inglaterra y ese mismo año, al mando de una expedición de 3 buques, se apoderó de Nombre de Dios, en el istmo de Panamá. A su regreso, sirvió durante dos años en Irlanda bajo las órdenes del duque de Essex. En el mes de diciembre de 1577 emprendió a bordo del ―Golden Hind‖, un viaje de tres años que lo llevaría alrededor del mundo (fue el primer inglés en lograrlo). La vuelta al mundo que dió entre 1577 y 1580, meritoria sin duda, lo es menos si consideramos hasta qué punto fue repetición, con pasmosa coincidencia de circunstancias y situaciones, de la que medio siglo antes habían realizado Magallanes y Elcano, con la ventaja para el inglés de que utilizó las cartas de navegar diseñadas por españoles y a pilotos de esa nacionalidad, que contrató ó a los que secuestró; el oro que obtuvo de su paso por la indefensa costa del Pacífico fue su mejor recomendación ante su reina, la cual, dejando de lado la

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relación de saqueos que le presentó el embajador español, nombró caballero al corsario y le concedió la divisa de un globo terráqueo con la misma divisa: ―Primum circundedisti me‖ que la concedida a Juan Sebastián Elcano por el emperador Carlos V.

Raleigh Un botín suculento era la mejor carta de introducción con la reina inglesa, que por eso no tuvo reparo en honrar a sir Thomas Cavendish asistiendo al banquete que éste la ofreció en su navío cuando en 1583 regresó victorioso de la tercera vuelta al mundo, con las velas cubiertas por las sedas capturadas en la travesía. A otra gran figura de la época, sir Walter Raleigh, se atribuye la frase: ―¿se han visto alguna vez piratas de millones? Sólo son piratas aquellos que roban menudencias‖. Este personaje, a los 16 años ingresó en el Colegio de Oxford, y aunque estuvo allí sólo un año, se empezó a distinguir por sus dotes de humanista. Al año siguiente, pasó a Francia, al Ejército Calvinista y allí se le arraigó su odio hacia los católicos. Regresó a Inglaterra a estudiar Leyes, pero lo dejó, ya que privaba en él su espíritu aventurero y así, acompañó a su hermano en su expedición para intentar colonizar Terranova. Luchó con el grado de Capitán, en la represión de la sublevación de Irlanda. Estando en la Corte, sus conocimientos y don de gentes, conquistaron el afecto de la soberana y llegó a ser el principal favorito. La protección de la Reina le hizo llegar a ser uno de los más acaudalados señores de Inglaterra. Tuvo la clara visión del futuro poder naval inglés y decidió dirigir sus esfuerzos y sus bienes hacia la formación de colonias en Ultramar. Ayudó y financió a su hermano a una nueva expedición a Terranova, donde éste murió, pero Walter equipó otra flotilla para que exploraran las costas entre Terranova y La Florida. Cuando regresó con éxito la expedición, Raleigh pudo poner a los pies de su soberana un territorio al que llamó Reino de Virginia, en alusión al sobrenombre que se le daba a Isabel –la Reina Virgen-. Equipó tres expediciones más que le ocasionaron fuertes gastos, pero la Reina se lo recompensó con creces. Aparecido en la Corte el apuesto Conde de Essex, Raleigh fue siendo desplazado en los favores de la Reina y para sobrepasar a su rival, se embarcó en una nueva flotilla por él equipada, a pesar de la

Por todas estas proezas fue promovido al grado de vicealmirante de la Armada Real. Declarada la guerra contra España, comandó una poderosa escuadra contra las Indias Occidentales, tomó y saqueó Santo Domingo y ocupó Cartagena durante seis semanas. En 1587 realizó la atrevida empresa de dañar seriamente los buques de la Armada Invencible en los astilleros de Cádiz, penetrando a la bahía gaditana al mando de 30 navíos y saqueando la ciudad. En 1588 participó igualmente en la lucha contra la ―Armada Invencible‖ española. Su último viaje lo realizó zarpando en 1595 desde Plymouth y fijando como meta la conquista del istmo de Panamá; esta expedición juntó a Drake con el otro más temido filibustero de la época: su maestro John Hawkins. Ambos estuvieron al frente de 26 barcos y 5.000 hombres. Incursionaron sin éxito contra San Juan de Puerto Rico, y ya en el continente, Drake hostilizó a Rancherías, Río Hacha y Santa Marta, ocupando nuevamente Nombre de Dios. Acometió la empresa de atravesar el istmo y tomar Panamá; derrotado en su empeño, se reembarcó. A bordo de su nave capitana, murió de fiebres y fue sepultado frente a la costa de Darién.

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prohibición real. Hizo la guerra a los galeones españoles en la Carrera de las Indias y vuelto triunfante y con riquezas, fue perdonado, para caer nuevamente en desgracia, y luego volver a conseguir el favor real. Para reafirmarlo, equipó una expedición en busca de El Dorado, que desde 60 años antes, cuando se conquistó el Perú, se decía existía entre el Orinoco y el Amazonas, en la mítica ciudad de Manoa, donde su Rey, cada día, era bañado con polvo de oro. Raleigh partió desde Inglaterra en 1579, con 5 barcos y atacó la Isla de Trinidad. Remontó después el Orinoco, más de 100 leguas, con 100 hombres embarcados en tres lanchas, teniendo que regresar sin haber hallado nada. De esta expedición publicó una obra titulada ―Descubrimiento de Guayana‖, llena de relatos fantásticos, pero con observaciones de gran interés, además de ser una de las mejores muestras literarias de prosa inglesa del siglo XVI. Raleigh armó a sus expensas otras dos expediciones en busca de El Dorado, que levantaron planos, señalaron la desembocadura de 52 ríos y recogieron noticias de los pueblos que habitaban aquellas tierras, pero.... sin encontrar la fabulosa Manoa. Defendió con parte de la Flota inglesa el Canal, ante el paso de la llamada ―Armada Invencible‖, enviada por el rey español Felipe II. En 1596, Raleigh, con el cargo de Contralmirante, tomó parte en el ataque a Cádiz y al año siguiente se apoderó de Fayal, en Las Azores. Muerta la Reina Isabel, perdió el favor real, con el nuevo Rey, Jacobo I. Fué prisionero en la célebre prisión de la Torre de Londres, donde escribió su ―Historia del Mundo‖. Liberado tiempo después, empleó el resto de sus riquezas a preparar la conquista de El Dorado. El rey Jacobo, a quien le interesaba la paz con España, le prohibió que atacase a los españoles, y sin embargo, Raleigh, atacó y destruyó la ciudad de Santo Tomé, capital de la Guayana, muriendo en dicha acción su hijo. Se internó para proseguir la exploración pero amotinadas las tripulaciones y él, enfermo, resolvió volver a Inglaterra. En cuanto fondeó, fue hecho preso por atacar a una nación amiga, debido a las

denuncias del Embajador español. Fué juzgado y decapitado en ese mismo año de 1618. Así terminó el Precursor del Poderío Naval de Inglaterra, idealista cultivado, romántico, pero también hombre de acción y lucha. Piratas

Las tentativas realizadas por los franceses v los ingleses en el siglo XVI para romper el monopolio comercial español y su poder territorial en las Indias Occidentales fracasaron en conjunto, o, por lo menos, su éxito fue simplemente pasajero. Las incursiones esporádicas continuaron y se desarrolló un amplio pero arriesgado comercio de contrabando.

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Del monopolio, la consecuencia inevitable fue el contrabando. Los barcos extranjeros ofrecían más mercancías, de mejor calidad y más baratas que los de la península, y compraban en condiciones más beneficiosas, y eran por eso amparados por los colonos y aún a veces por las autoridades. Una propuesta inteligente, en 1601 para que se concediese al norte de la Española, donde el contrabando era habitual e intenso, comercio libre como el que había en Canarias, fue desoída. Lo que se hizo fue abandonar el noroeste de la isla, con lo cual se crearon las condiciones para el posterior establecimiento de los piratas, sin que se acabase con el contrabando. Verdad es que el apoyo principal al monopolio fue de los que se aprovechaban de él y consiguieron que tan nefasta práctica se mantuviese durante dos siglos y medio, pero las propuestas serias de abrir las Indias al libre comercio fueron poquísimas y nunca encontraron ambiente propicio. Y es que las mismas naciones que clamaban contra la medida cuando beneficiaba a España, se apresuraban a establecerla en provecho propio en cuanto tenían ocasión. Y que a su disposición estuvo durante años y años el norte de América sin que sintieran tentación de establecerse en él, porque les resultaba más rentable asaltar las naves y ciudades de los españoles. Pero, además, téngase en cuenta que no se trataba solamente de intereses particulares. Holanda, sede del comercio más rico de la época y poseedora de una marina numerosísima, hasta 1580 había compensado el cierre del mercado de las Indias Occidentales con el libre comercio en las Orientales. También esta posibilidad se le cerró cuando en 1580 Portugal se incorporó a España. Traficar en América se convirtió para Holanda en cuestión de vida o muerte, donde se jugaba su subsistencia nacional. Los holandeses -nuevos en el Caribe-, al serles impedido el acceso a la sal marina portuguesa y española, por su guerra con España, dieron comienzo en los últimos años del siglo a un lucrativo comercio en la costa de Venezuela, llevando artículos manufacturados y volviendo a

Europa con tabaco y cueros además de la sal que extraían de los yacimientos naturales de Araya (península en la costa oriental venezolana). Pero los españoles podían todavía desquitarse. En 1605 galeones de guerra, de protección de la Flota de Indias fueron desviados de esa tarea y capturaron doce barcos holandeses en Araya y se les acabó ese comercio a los holandeses. Pero del contrabando a la piratería sólo había un paso. Consideremos ahora dos factores: el espacio y el tiempo, las distancias enormes, los miles de kilómetros de costa en los que se puede hacer acto de presencia sin que la noticia llegue a las autoridades hasta después de meses, a menudo años; otro, la insuficiencia militar de España. Nos explicaremos que desde el primer momento la piratería sea una plaga de dificilísima extinción.

El pirata es, jurídicamente, el hombre que recorre los mares con buque armado sin condición o patente de ningún príncipe o soberano, sino sólo de su propia autoridad, con el fin de apresar y apropiarse por la fuerza de todas las naves que encuentre. Esto, desde un punto de vista jurídico. Históricamente, el pirata es algo más que eso. Es el hombre sin patria y sin ley -los más, desertores de buques corsarios- entregado a toda clase de pillajes y depredaciones.

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Desde principios del siglo XVI habían sido introducidos ilegalmente en América pequeños grupos de franceses, ingleses y holandeses, asentándolos en pequeñas islas caribeñas como la de San Cristóbal, en las Antillas Menores donde se desempeñaban como agricultores furtivos, constituyendo así una serie de bases en sitios ocultos, y aunque ejecutaron algunas acciones que pudieran calificarse de «piratería», fueron excepcionales pues evitaban a toda costa delatar su presencia. Expulsados de aquellos terrenos por los españoles, se establecieron en la banda norte de La Española (ahora Santo Domingo), poco poblada. Los primeros colonizadores habían dejado en esos parajes algunas cabezas de ganado que al paso del tiempo se hicieron salvajes. Toros y puercos fueron el sustento de los exploradores que iban llegando a las islas. Los recién llegados adquirieron de los nativos la costumbre de asar la carne en parrillas de madera, actividad que en voz caribe se llamaba ―boucan‖: estos hombres semisalvajes recibieron el nombre de bucaneros; otros ven el origen del calificativo en el francés. ―bone‖ (macho cabrío) o ―boucon‖, albergue de vicios; de ahí, ―boucanier‖: hombre vicioso. Se especializaron en secar carnes y curtir pieles que comenzaron a cambiar por rifles y pólvora con los barcos ingleses, franceses y holandeses, que tenían prohibido atracar en las posesiones españolas. Las autoridades coloniales no lo vieron con buenos ojos y, comenzaron a organizar expediciones para acabar con los bucaneros que abastecían a sus enemigos. Los cazadores de ganado fueron empujados hacia las costas, y algunos consiguieron huir a una isla cercana, en el extremo noroeste de Haití. Esta pequeña isla, la Tortuga, ya era refugio de los ladrones, desertores y libertarios que desde mediados del siglo XVI llegaron a las Antillas. La palabra filibustero proviene de ―vrij buiter‖, que en holandés quiere decir ―el que va tras el botín‖ o posiblemente, del holandés ―freebooter‖ (patrón de barco libre) y del inglés ―filibuster‖; o también del inglés ―flyboats‖, así llamados quizá por referencia a la ligereza de sus barcos. La Tortuga mide poco

más de cuarenta kilómetros de longitud y diez de ancho en su parte central; en ella, los bucaneros y filibusteros llevaron al cabo uno de los ensayos anarquistas más significativos de la historia. Al organizar la cofradía, los hermanos juraron mantener lealtad entre ellos, bajo la consigna de que si no había botín, no había paga. Nombraron un jefe a quien todos reconocían como autoridad para una mejor organización cuando hacía falta defender la isla. Cuando el peligro pasaba, el jefe y sus ayudantes volvían a sus actividades cotidianas y no eran más importantes que cualquier otro filibustero. Los hombres que por algún motivo llegaban a la Tortuga y deseaban unirse a la cofradía, tenían que servir durante dos a tres años como aspirantes. Luego, el Consejo de Bucaneros les nombraba Hermanos de la Costa. Por tres veces los españoles expulsaron a los piratas de la Tortuga, en 1635, en 1638 y en 1653, pero las tres veces se retiraron, dando lugar al retorno de los piratas. En 1640, en pleno apogeo de la cofradía, los franceses veían con envidia cómo un centenar de hombres se apoderaban del oro peruano y la plata mexicana que transportaban los navíos españoles. Lonvilliers de Poincy, gobernador de la isla de San Cristóbal, decidió hacer de la Tortuga una colonia francesa. De Poincy designó al capitán Le Vasseur para encabezar una expedición contra la Tortuga. El capitán francés organizó una pequeña fuerza de cincuenta hombres y se instaló en las costas de la Española, ya muy cerca de su objetivo. Cuando sintió que las condiciones eran apropiadas para realizar el asalto, se lanzó sobre la Tortuga, donde casi no encontró resistencia, Asesinó al jefe pirata y se adueñó de la isla. Pero el aguerrido francés no escapó a la atmósfera de anarquía que envolvía a la isla; olvidó los acuerdos firmados con De Poincy y los compromisos con el gobierno francés y estableció una especie de república independiente, antes de ser asesinado. En 1665, d´Ogeron asumió la gobernatura de la Tortuga, que había sido adquirida por la Compañía Francesa de las Indias Occidentales. Los Hermanos de la Costa se mantenían ajenos a estas transacciones y seguían

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viviendo de acuerdo con sus leyes; d´Ogeron los respetaba, pero a la vez tenía que acatar las disposiciones de la Compañía, que quería organizar un Estado. Así que ideó un plan para que los filibusteros llevaran una vida más sosegada: hizo traer de Francia un centenar de mujeres de dudosos antecedentes, prometiéndoles una nueva vida en la isla paradisíaca. Los filibusteros no abandonaron sus fechorías, pero en la Tortuga comenzaron a aparecer los tendederos y la comida casera. Los filibusteros se fueron integrando insensiblemente a la economía francesa. Un último gran filibustero, Juan Bautista Du Casse, inició sus correrías como traficante de esclavos, blancos y negros. Era el principal candidato para capitanear la causa de la cofradía, pero el gobierno francés se adelantó y lo nombró gobernador de lo que después sería Haití. Una vez convertido en hombre de Estado, Du Casse mandó deshabitar la isla Tortuga de manera definitiva. El esplendor de la Tortuga duró unos 70 años. En 1701 estaba despoblada, en abril de 1712 fue convertida en lazareto y en 1766 la corona francesa prohibió el acceso a la isla con el fin de preservar los bosques y el ganado. A partir de 1806, cuando Haití se independizó de Francia, es parte del territorio de esa nación. Narrando sus aventuras. El libro clásico sobre el tema pirático lo escribió Alejandro Esquemelín, que estuvo al servicio y vivió entre los piratas como cirujano, durante el período de gobierno de Bertrand d'Ogeron. Se publicó en Ámsterdam en 1678 y fue traducido al castellano tres años después con el título «Piratas de la América y luz a la defensa de las costas de Indias occidentales». Aunque el libro fantasee frecuentemente y magnifique las hazañas de los filibusteros, no disimula sus hechos de codicia y crueldad que hicieron de la Tortuga «refugio de toda suerte de maldades y seminario de tal especie de ladrones». De lo que eran, además de eso, son testimonio las espeluznantes referencias de

Esquemelín a las salvajadas de Francois Nau, llamado el ―Olonés‖, cortando la cabeza uno a uno a treinta y tantos prisioneros y chupando golosamente la sangre del sable, o lo que a otro hizo, que ―con su alfanje le abrió toda la parte anterior, arrancándole el corazón con sus sacrílegas manos, mordiéndolo con sus propios dientes‖, hasta que, ―como harto Dios de tantas iniquidades y llegado el tiempo predeterminado de su terrible justicia, se sirvió para ministros de ella de los indios de Panamá‖ que atraparon al pirata, le despedazaron y, naturalmente, se lo comieron.

No fueron mucho menores las crueldades de Morgan, que eclipsó el saqueo de Maracaibo por el ―Olonés‖ con el suyo propio. Nació en el país de Gales (Gran Bretaña) y siendo muy joven, huyó de su casa, dirigiéndose a Jamaica, donde residía un tío suyo. Esta isla había pasado a ser posesión inglesa como resultado menor de la expedición que Cronwell montó para conquistar todas las Antillas, pero que dotó a los filibusteros de una nueva base. Al poco tiempo, Morgan se convirtió en pirata. Con otros tres capitanes piratas y con base en Jamaica, 15 barcos y 1200 filibusteros, atacó la isla de Santa Catalina, a la que llamaron Providencia, donde estaba establecido un presidio correccional, incrementando sus fuerzas con los reclusos. Ante el conocimiento de un seguro ataque por parte de una escuadra española, pidieron auxilio al gobernador de Jamaica, el cuál lo negó, pretextando que España estaba en paz con Inglaterra, pero en realidad para que no dejasen de estar supeditados a Jamaica, ya

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que la isla, con los botines piratas, vivía con prosperidad. En 1660 llegó Morgan a reunir en la isla de Pinos, -Cuba- una docena de naves con 700 hombres de desembarco. Pensaba caer sobre La Habana, más al estar está ciudad prevenida, saltó a tierra en la caleta de Santa María, dirigiéndose contra Puerto Príncipe a la que saqueó, torturando a sus habitantes y obligándoles a embarcar más de 500 reses vacunas. Se dirigió a Portobelo, y en la toma del castillo de Santiago, Morgan mandó por delante de sus hombres a los frailes y monjas, cargados con escalas para que las arrimasen a las murallas; hubo además las acostumbradas prácticas de torturas y muertes y las violaciones motivadas por lo que Esquemelín denomina ―libidinosas demandas‖ .y ―voluptuosas concupiscencias‖ de los piratas. Al marcharse, impuso a los habitantes un duro tributo. Atacó también Maracaibo y la saqueó. En 1670, poseía ya Morgan una cuantiosa fortuna, habiéndose decidido a retirarse de la piratería para gozar de la misma. Pero sus compañeros se opusieron, haciéndole ver que les había prometido capitanearles en una empresa de mucha mayor envergadura que las anteriores. Reunidas 37 naves con 3.000 hombres, atacó primero una ranchería cerca de Cartagena de Indias, tomando el castillo de San Lorenzo. Dejó 500 hombres de guarnición y con los restantes, en canoas, remontó el río Chagres durante ocho días. Continuó la marcha por tierra, dirigiéndose a Panamá. Se apoderó de ella, la saqueó y ordenó prenderle fuego; esta acción es considerada la más resonante de los piratas en toda su historia. Se retiró después de cobrar un cuantioso botín que trasladó al otro lado del istmo a lomo de mulas, llevándose también 600 prisioneros, para obtener su rescate. Al llegar a orillas del Atlántico, arrasó las fortificaciones españolas que encontró a su paso y después de un reparto de ―ganancias‖ bastante arbitrario y ante la amenaza de un motín, emborrachó a sus hombres y escapó con el botín, dejando abandonados a muchos seguidores que

murieron a manos de los españoles y de los indios cazadores de cabezas. Mientras esto ocurría, España e Inglaterra estaban oficialmente en paz; en 1684, Morgan se apareció en la Corte Inglesa; salió convertido en ―caballero‖ -sir Henry Morgan-, y nombrado vicegobernador de Jamaica. Como en aquel entonces, el monarca inglés inició un período de amistad con España e incluso mando perseguir la piratería, Morgan, flamante vice-gobernador de Jamaica, cumplió sus funciones, ordenando ahorcar o entregar a los españoles, a sus antiguos camaradas, los filibusteros. Murió en su cargo, en Jamaica. Quienes recibían mayor perjuicio con las incursiones de los bucaneros y filibusteros eran las ciudades costeñas del Caribe y del Golfo de México, para las cuales la cuenta resultaba terrible. En el solo período de 1655 a 1671, los piratas habían saqueado dieciocho ciudades, cuatro pueblos y más de treinta y cinco aldeas: Cumaná; Cumanacoa, dos; Maracaibo y Gibraltar, dos; Margarita y Puerto de Borburata, dos; Caracas y Santo Tome de Guayana; Río Hacha, cinco; Santa Marta, tres; Tolú, ocho; Portobelo; Chagres, dos; Panamá; Santa Catalina, dos; Trujillo; Campeche, tres; Santiago de Cuba, y muchas veces otros pueblos y aldeas de Cuba, la Española y Centro América, desde la costa hasta treinta leguas tierra adentro. Y este cuadro de latrocinios y estragos no abarca las razias hechas en Portobelo, Campeche, Cartagena y otros puertos españoles, después de 1671, como las ocurridas en Maracaibo, Trujillo, Gibraltar, Margarita y La Guaira (1678-1680). A fin de siglo, los holandeses aparecen en escena y más destacadamente cuando en 1621 se rompe la tregua que se había acordado doce años antes, aunque no había impedido que los navegantes holandeses, además de descubrir el paso al Pacífico por el cabo de Hornos, saqueasen la costa del Pacífico. De la fuerza con que la nueva potencia irrumpió en América es prueba el que, sólo entre 1623 y 1626, enviase 806 barcos. Los holandeses consiguieron establecerse en Brasil y mantenerse durante treinta años; tomaron posesión, ya para

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siempre, de algunas islas de las pequeñas Antillas; durante el predomino holandés destacaron los asaltos a La Guaira y Maracaibo, así como el gran botín conseguido al sorprender en 1628 a la flota del tesoro de Indias en la bahía de Matanzas, (Cuba). En 1693, Port Royal, capital de Jamaica, que había llegado a ser la segunda y más importante capital de los filibusteros, fue aniquilada por un terremoto y engullida por el mar. Para entonces, la Tortuga había entrado en decadencia. Durante algún tiempo tuvo cierto auge la localidad de Petit Goave, al oeste de la Española. Todavía la filibustería obtuvo una gran victoria: la conquista y saqueo de Veracruz en 1683, cuando estaba almacenada la plata para su envío a España. Pero el saqueo de Guayaquil en 1687 indicó que el objetivo de los piratas se había desplazado al Pacífico, donde los asentamientos españoles se sentían mucho más seguros que los del Atlántico, debido a que, por estos años, el Pacífico era un mar Mediterráneo de dominio exclusivo de la Península Ibérica. La actividad de esos piratas bucaneros o filibusteros-, comenzó a declinar cuando Holanda, Inglaterra y Francia se establecieron firmemente en el Caribe. En 1670, Inglaterra retiró las licencias de corso en virtud del Tratado de Paz con España, y ésta a su vez transfirió a la actividad privada la lucha contra el tráfico clandestino, extendiendo patentes de corso a partir de 1674, y la Armada española se destinó a las acciones propiamente de guerra. A partir del año de 1700, España y Francia quedaron unidas por el vínculo monárquico de los Borbones. En 1713 Inglaterra obtiene el asiento de negros que le abrió mercados hispanoamericanos del Caribe, y Holanda se convirtió en un

canal mercantil de estos dominios con Europa, sobre todo en tiempos de guerra en los que el Caribe fue uno de los escenarios principales del choque entre las grandes potencias navales.

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EL PRIMER IMPERIO MODERNO e manera sorprendente, especialmente si se considera la época, España empezó a constituir el primer Imperio de la Edad Moderna, un imperio cuyo modelo copiarían en mayor o menor medida y con posterioridad, otras potencias europeas. A diferencia de Francia o Inglaterra, España tenía antecedentes imperiales cuyas raíces se hundían en la Edad Media; con los Reyes Católicos España había extendido su dominio a Italia –en confrontación directa y victoriosa con Francia-, se había asentado en África y había navegado hasta las Indias. Las razones para semejante expansión eran, grosso modo, las mismas que han caracterizado las de otros imperios. En primer lugar, se encontraba la seguridad en las fronteras. La amenaza más peligrosa que se cernía sobre España era la del expansionismo islámico. La segunda gran amenaza contra España – Francia- se hallaba también neutralizada. En segundo lugar, el Imperio surgió por razones económicas. El descubrimiento de América – contemplado como un avance hacia las Indiasestuvo asentado sobre un conglomerado de causas que iban del ambicionado tráfico de especias a la evangelización de los paganos, pasando por la extensión territorial de una España que no dudó en convertir a los indios –y en eso se diferenció de británicos, portugueses, holandeses y franceses- en ciudadanos con derechos semejantes a los de las coronas de Castilla o Aragón. Similarmente, las Capitulaciones de Santa Fe de abril de 1492, que los Reyes Católicos suscribieron con Colón, tuvieron paralelos con los pactos que la corona inglesa concluiría siglos después con distintas compañías privadas pero, a diferencia del sistema inglés, España adoptó antes una forma de actuación estatal de carácter netamente imperial. El paso de mera explotación comercial a Imperio, que a Inglaterra le llevó siglos, fue recorrido por España en sólo unos años. La conquista de América transcurrió sobre patrones que recordaban enormemente la expansión

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territorial de Roma. A diferencia de los ingleses o portugueses, que construyeron inicialmente sus imperios estableciendo bases comerciales en la periferia, los españoles siguieron el modelo romano de sustituir a las monarquías existentes si no se sometían, lograr la alianza con los indígenas dispuestos a aceptar el dominio, imponer una lengua común y desarrollar una imponente labor de infraestructuras que incluía caminos, acueductos o centros educativos. Enseñando a navegar. España entra en el siglo XVI por la vía de la expansión marítima, pero no parece comprender el poderío que de ella puede esperar. Juega el primer papel sobre la escena internacional, pero no sabrá mantenerlo a lo largo de los dos siglos de recorrido histórico. Inglaterra, su gran antagonista en la disputa del mar, lo asume con evidente oportunismo y visión política, y el declive de uno marcará el auge del otro. Este será el precio de la indiferencia hacia el mar. La vocación marítima de los pueblos contribuye sustancialmente a una evolución histórica, que la geografía puede favorecer, pero que en todo caso no impone. La formidable expansión territorial de España exigía un esfuerzo naval extraordinario, superior a las disponibilidades de astilleros y tripulaciones. Las Indias siguen ampliándose, se llega a las Filipinas, con lo cual se constituye en el primer Imperio verdaderamente marítimo de la historia y el primer ejemplo histórico de cobertura estratégica general basado en la distribución de flotas en zonas geográficas. Un desarrollo sin precedentes de la construcción naval, de la arquitectura e ingeniería militar y de la fabricación de pólvora y cañones, produjo innovaciones técnicas importantes, unas originales, otras importadas y adaptadas de otros lugares. Basta contemplar las obras de fortificación que hoy siguen en pie en las costas de la península o del Caribe para hacerse una idea del alcance de algunos de estos aspectos.

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Lo mismo cabe decir de las técnicas de extracción minera y de todo lo relacionado con el "arte de navegar". En esto último, instituciones como el Consejo de Indias y la Casa de la Contratación desde 1503 -con cátedras de cosmografía, navegación, fábrica de instrumentos y sucesivamente de artillería y otras enseñanzas-; organizaron la formación de cosmógrafos y pilotos, aportando los instrumentos necesarios para las naves (astrolabios, cuadrantes, ballestillas, agujas y cartas de marear, tablas astronómicas), así como la reglamentación de patentes y publicaciones de libros técnicos, y los concursos para proponer métodos tendentes a solucionar problemas técnicos como la determinación de la longitud o la declinación magnética. Además de los metales preciosos, la riqueza natural de las Indias aportó también otras cosas con importantes consecuencias técnicas y científicas. La alimentación de los europeos, así como los medicamentos, drogas y remedios con los que aliviaban sus enfermedades, comenzaron a cambiar a partir de la introducción de nuevos productos traídos del otro lado del Atlántico en las naves españolas. Desde el punto de vista institucional, la Casa de Contratación sevillana fue el centro que capitalizó buena parte del conocimiento geográfico del Nuevo Mundo. Allí se elaboró desde 1512 el ―Padrón Real‖, un mapa general hecho a partir de las informaciones de los sucesivos viajes y que se modificaba al ritmo veloz de los nuevos hallazgos. Por otro lado, los mapas portulanos dieron paso a las cartas planas, un tipo de cartografía con paralelos equidistantes según la proyección de Tolomeo, que incluían meridianos graduados, corrientes marinas, dirección de los vientos, etc. Entre las más famosas cabe citar la de Juan de la Cosa (el portulano de 1500 que recoge por primera vez al Nuevo Mundo). Juan, después de navegar en 1492, como maestre de la capitana de Colón, cuyo propietario también era, en 1500 trazó el primer mapa de las costas de América, carta hecha sin duda a su vuelta del viaje de 1499-1500, como piloto de la expedición de

Ojeda. Además, como su nombre aparece en los libros de la tesorería de la Casa de Contratación, el propio año de la fundación de ésta, antes que el de ningún otro marino de importancia, puede considerársele asimismo como el primer cartógrafo de la Institución. Pedro Mártir, uno de los testigos coetáneos más fidedignos, dice que los navegantes de la época preferían sus mapas a todos los demás. Juan de la Cosa acompañó a Ojeda en su segunda expedición a Tierra Firme y fue muerto por los indígenas durante una escaramuza en las playas de Cartagena; otro de los primeros navegantes celebrado por su habilidad de cartógrafo fue Andrés de Morales. Acompañó a Colón en uno de los viajes, acaso el tercero, le sirvió de piloto a Rodrigo de Bastidas; navegó con Juan de la Cosa y residió algunos años en Santo Domingo. El gobernador Ovando lo empleó en explorar las costas de las Antillas y en hacer el mapa correspondiente, y sus cartas parecen haber sido consideradas en Sevilla como las mejores y más exactas que podían obtenerse entonces. Dotado de profundo espíritu de observación, fue el primero en idear la teoría de las corrientes oceánicas en el Atlántico, que tanto contribuyó a facilitar la navegación de las Indias. Para ese entonces, en la expedición de Pedrarias Dávila a Costa Firme, efectuada en 1514, se protegió por primera vez el casco de los bajeles con un forro de plomo para prevenir los estragos del teredo, que tanto daño habían hecho en el cuarto viaje de Colón. El primer tratado moderno de navegación y la primera descripción geográfica del Nuevo Mundo fue escrito por Martín Fernández de Enciso. En 1519 publicó en Sevilla su ―Suma de Geografía‖, dedicada al nuevo soberano, Carlos V. El propósito de Encisó al escribir la obra consistía en proporcionar a los pilotos y demás marinos suficientes informes geográficos y astronómicos que les permitieran proseguir la tarea del descubrimiento, y en este sentido fue el primero en recoger las reglas, preceptos y observaciones que por más de un siglo constituyeron el fundamento de todas las obras de tal índole. En 1529, aparece un

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Mapamundi, una pieza maestra de la cartografía universal que refleja el esplendor de la escuela sevillana y que fue elaborado por un portugués al servicio de España, Diego Ribero. Más tarde surgirán otros célebres cartógrafos como el también portugués Pedro Nunes y el flamenco Mercator, quien ideó el célebre sistema de proyección que lleva su nombre. El siguiente tratado náutico de importancia fue el de Pedro de Medina, uno de los examinadores de la Casa de Indias; su ―Arte de navegar‖ fue publicado en Valladolid en 1545, con la aprobación del piloto mayor y los cosmógrafos de la Casa. Los marinos ingleses preferían ―El Breve compendio de la esfera y del arte de navegar‖, de Martín Cortés, que, aunque escrito por la misma época, no fue impreso en Sevilla hasta 1551. La obra de Cortés era en muchos aspectos superior a la de Medina, no sólo por su diafanidad y exactitud de exposición y ordenación, sino también por la profundidad y originalidad de las ideas. Su teoría más notable consistió en suponer que el fenómeno de la variación de la brújula se debía a un polo magnético diferente del terrestre, idea que de entonces a nuestros días ha servido de punto de partida para las investigaciones de una larga serie de matemáticos y observadores ilustres. Otra de las aportaciones de la Casa de Contratación fue la creación en 1552 de la cátedra de Navegación y Cosmografía. Más tarde, Felipe II fundó también una Academia de Matemáticas. Su reinado constituyó una época dorada en cuanto al conocimiento geográfico del Nuevo Mundo: por entonces se impulsaron las ―Relaciones Geográficas‖ –unos cuestionarios destinados a las distintas regiones- y se fletó la primera expedición naturalista americana, protagonizada por el médico Francisco Hernández. Hasta finales del siglo XVI, España se mantuvo en la cresta de la ola de los saberes científico-técnicos asociados a la navegación y la geografía y así, Alonso de Santa Cruz fue uno de los más ilustres cosmógrafos de la Casa, aunque menos conocido en el extranjero porque sus obras nunca llegaron a imprimirse. Consagró la mayor parte de su vida al estudio de las

variaciones magnéticas, y a descubrir un método para fijar la longitud; fue el primero que en Europa concibió y trató de poner en práctica la idea de las cartas magnéticas del océano, tarea no cumplida de modo satisfactorio sino siglo y medio después, y también anticipó en cierta medida la solución del problema relativo a la construcción de mapas esféricos. El ―Itinerario de navegación‖ de Juan Escalarte de Mendoza es una notable obra hispánica de fines del siglo XVI, escrita en 1575. El principal objeto de Escalante consistía en señalar las rutas entre España y los puertos e islas de Norte América, con una descripción de las últimas y los vientos, corrientes, tempestades y otros fenómenos ordinarios de la navegación; pero en el discurso de la obra, presentada en forma de diálogo, se las arregla hábilmente para introducir gran acopio de noticias acerca de la construcción, tripulación, abastecimiento, etc., de navíos ; acerca de las condiciones de la guerra naval, con mucho de práctica y teoría náutica. El libro se convirtió en una especie de enciclopedia de la navegación americana, suma de los conocimientos marítimos del día, que posee importancia considerable para la historia naval. Así, su ―Itinerario‖ representaba el resultado de veintiocho años de experiencia y había sido elogiado por los mejores cosmógrafos y marineros y aprobado y recomendado por el Consejo de Indias; sin embargo, está misma Institución prohibió que se imprimiera, so pretexto de que los enemigos extranjeros podrían obtener preciosos conocimientos de los mares españoles y de las rutas navegables. Por estar escrito en términos claros y concisos fue adoptado y aplicado como texto de enseñanza en las escuelas españolas un ―Compendio del arte de navegar‖, publicado en 1581 por Rodrigo de Zamorano, profesor de cosmografía en la Casa y luego su Piloto Mayor; obra elemental debida a un autor versado en matemáticas, pero sin experiencia del mar. Pero obra de verdadera importancia fue el ―Regimiento de navegación y de hidrografía‖, publicado por Andrés García de Céspedes,

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Cosmógrafo Mayor del rey, en 1603. Imprimióse por Real Orden y constituía una exposición de las reformas árduas e indispensables en la hidrografía española y fabricación de instrumentos, que Céspedes había emprendido en 1596 en sociedad con los mejores pilotos de Sevilla. Su tratado constituyó un adelanto considerable sobre las primeras producciones hispánicas de igual índole; su autor estaba también imbuido de los conocimientos científicos de la época, era un matemático y astrónomo de nota y contribuyó asimismo al desarrollo de la artillería y la hidráulica. En suma, el ―Regimiento‖ superó entre las personas entendidas los libros de Medina y de Cortés, y fijó la ciencia de la navegación en España para el resto del siglo XVII. Pensamiento militar. El pensamiento militar de mediados del siglo XVI prestó poca atención a la guerra naval. Los barcos se consideraban útiles para transportar tropas y protegerlas en ruta, para hacer correrías por las costas enemigas, para bloquear sus puertos, pero había escasas diferencias en el diseño entre el barco de guerra y los mercantes, que en último término constituían el grueso de una fuerza combatiente y mientras las tácticas navales consistieron principalmente en el abordaje y en el arreglo de las cuestiones a la manera del soldado más que a las del marino, y mientras las acciones en el mar fueron planeadas y ejecutadas por soldados, hubo poco incentivo para pensar de manera específica en términos navales. Rondando el inicio del siglo XVII, los barcos de guerra se diseñaron de forma que se distinguiesen de los mercantes, las tácticas de andanada hicieron que resultaran menos útiles las analogías militares y se fue prestando cada vez más atención en el planeamiento de la acción a los consejos de los marinos más experimentados. Pese a todo ello, la marina seguía siendo el pariente pobre de las fuerzas de tierra, poco era lo que se escribía acerca de la guerra en el mar y cuando se hacía se relegaba al último o a los dos últimos capítulos.

En cuanto a la defensa, veamos cómo lo hizo España. Fueron tres los elementos de esa defensa: las Flotas de Indias, la defensa por mar y la defensa en tierra, mediante fortificaciones y guarniciones. Naturalmente, los envíos desde América fueron, desde el primer momento el gran objetivo de los piratas. La respuesta de España desde 1543 fue prohibir los arriesgados transportes aislados. El sistema lo mantuvo España hasta 1748, cuando el marqués de la Ensenada dispuso la libertad del comercio con Indias. Hasta entonces, aunque el sistema impuso una rigidez dañina, que evidentemente favoreció el contrabando, no cabe duda de que el objetivo fundamental -el traslado de los metales preciosos- se consiguió plenamente, como demuestra el que en sólo dos veces un convoy marítimo fuera afectado gravemente; en conjunto, el número de navíos perdidos en la Carrera de Indias fue de 5,05 por cien entre 1551 y 1600, y 3,07 por cien desde 1600 hasta 1650; y de ellos, sólo el 1,5 por cien lo fue por la acción de barcos enemigos, de otras potencias o de piratas. La conclusión es que las tempestades fueron enemigo más temible que los hombres. Lo que el sistema no podía garantizar era la seguridad de los mares y costas americanos, salvo mientras la Armada recalaba en los puertos y era empleada ocasionalmente en la persecución de los piratas. Hay que reconocer que la deseada seguridad no se consiguió nunca y ni siquiera se llegó a una decisión firme sobre el modo de conseguirla, dando preferencia a la defensa en el mar o a la defensa en tierra, tema constante de discusión a lo largo del siglo XVII en la Junta de Guerra de Indias. La coordinación de las defensas marítimas y terrestres en el Caribe destinadas a reprimir la actividad de corsarios enemigos, piratas y contrabandistas, exigía un mando unificado que fue confiado a Pedro Menéndez de Avilés, uno de los marinos más capacitados de su época. El primer encargo importante confiado a Menéndez fue el mando de la escolta de la Flota que en 1556 regresaba a España. En 1561 fue nombrado capitán general de la Armada de la Carrera de Indias.

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Durante los dos años siguientes estuvo encargado de colaborar con la Corona acerca de las reglamentaciones del comercio de las Indias. Sus propuestas recayeron sobre tres cuestiones principales: el convoy obligatorio para los viajes transatlánticos; la construcción de fortificaciones y astilleros navales en los principales puertos de las Indias, y la organización de flotas de crucero armadillas- con base en las Indias, para patrullar las principales rutas comerciales. Cuando en 1565 la amenaza de asentamiento extranjero se hace evidente en Florida, se organiza una armada al mando de Pedro Menéndez de Avilés destinada a combatir la piratería en América y expulsar a los hugonotes franceses instalados en aquella península, restableciendo la situación y destruyendo el establecimiento francés en la Florida, donde construyó el fuerte español de San Agustín y reforzó las defensas locales de Santo Domingo y Santiago de Cuba. La Habana era el quicio del sistema de convoyes, al menos para la travesía de regreso, que era la que interesaba principalmente a los enemigos de España. Menéndez la convirtió en una fortaleza casi inexpugnable, a salvo de los ataques enemigos durante más de doscientos años, con unos astilleros capaces de construir barcos de guerra ligeros con madera local y de reparar cualquier clase de buques, fabricando ―galeones agalerados‖ de unas 200 toneladas –cubierta corrida, sin castillo ni cámara, híbridos de velas y remos-. Construyó también en Cuba ocho fragatas ligeras de vela y remo para persecución de corsarios, de velocidad superior a los ya usados. Después se construyeron los ―galeoncetes‖ con unas 300 toneladas, alargados en puntal, manga y eslora y con la incorporación de un castillo. El obstáculo con que se tropezaba en las Indias en el ramo de las construcciones navales era la falta de cordajes, aparejos y artículos de ferretería, la mayor parte de los cuales había que traer de España, inclusive las herramientas de carpintería, siendo ello una fatídica consecuencia del sistema que vedaba la fabricación de tales útiles en América y que a veces

hacía el costo de construcción casi doble del de la Península. Tanto en los trabajos de fortificación como en la organización de las patrullas navales, se vieron sus planes constantemente demorados por la carencia de dinero. Los años que Menéndez pasó en las Indias fueron años de intensa actividad y, en conjunto, de éxitos patentes. Su muerte se produjo en 1574, pero su obra de fortificación de las bases y de adiestramiento y organización de los convoyes trasatlánticos fue continuada por una serie de sucesores suyos, enérgicos y capacitados (entre ellos un hijo y un sobrino), permitiendo a las colonias españolas sobrevivir intactas, y a sus comunicaciones con España permanecer ininterrumpidas a lo largo de una prolongada y devastadora guerra naval. En Cartagena y en la Habana se organizan defensas navales con galeras -no del tipo mediterráneo, sino más altas de borda y aptas para navegar con velas cuadradas y latinas-, que son eficaces contra bucaneros y piratas menores, pero inadecuadas para hacer frente a las armadas corsarias como las de Drake, Hawkins y los émulos holandeses que seguirán sus aguas en el siglo XVII, todas ellas organizadas con el patrocinio de sus respectivos Estados. No obstante, las medidas parciales adoptadas a partir de 1577 contra la pequeña piratería surten efectos positivos. En este escenario de ámbito mundial, la Monarquía hispánica aparece de antiguo empeñada en la defensa del Mediterráneo ante la presencia ofensiva de las armadas otomanas y la piratería berberisca, hasta que en 1565 la acción naval hispánica logra detener en Malta la expansión turca hacia occidente y la rechaza definitivamente en Lepanto en 1571 con la ayuda de los aliados de la Santa Liga. Se estabiliza entonces la situación en el Mare Nostrum, trasladándose el centro de gravedad de la política y de la estrategia al Atlántico. De ahora en adelante las flotas, las Armadas de ―Guarda de la Carrera de Indias‖, las escuadras regionales y la ―Armada del Mar Océano‖ van a sostener otra larga batalla defensiva, para contener el asedio naval

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de Francia, Inglaterra y Holanda, en el océano, en el Caribe y en los puertos de los virreinatos americanos. Ofensiva Se remonta los orígenes del antagonismo hispano-inglés al Tratado de Tordesillas, de 1494 nunca aceptado por Inglaterra- que dividió el mundo recién descubierto o aún por descubrir, entre españoles y lusitanos. Los ingleses, incapaces de oponerse al poderío español, optaron por aliarse con España para negociar algún acuerdo ventajoso en el futuro. De ahí los matrimonios de la infanta Catalina hija de los Reyes Católicos- con el príncipe de Gales, Arturo, y, a la temprana muerte de éste, con su hermano Enrique -futuro Enrique VIIIrenovándose la antigua alianza hispana con Inglaterra. Sin embargo, en fecha tan prematura como 1497, Inglaterra despachó a Juan Caboto, navegante genovés al servicio de Enrique VII Tudor, a explorar las costas del norte del nuevo continente. A esta ilegal expedición siguieron otras, mal contempladas por España. El matrimonio de Felipe II con María Tudor impuso un paréntesis a esta iniciada hostilidad. En 1580, la unión de Portugal a la Corona de Felipe II trajo consigo la multiplicación de compromisos y también las ventajas de la explotación del soporte geográfico de las islas Azores. Esto era necesario para equilibrar operativamente la incidencia de los factores de espacio y tiempo en el sistema naval defensivo en una época en que los medios de comunicación no facilitaban la transmisión de las noticias con prontitud y las reacciones operativas ante las amenazas eran tardías. Asimismo, la incorporación de la costa atlánticoportuguesa y el estuario lisboeta del Tajo al sistema de defensa de la Monarquía, proporcionó a las fuerzas navales un respaldo estratégico para operar en el Atlántico, que antes no tenían.

El extraordinario crecimiento del comercio experimentado en Europa consolidó en el entorno del Canal de la Mancha y Mar del Norte el polo de atracción de la economía del Viejo Continente, desde el que se irradió la penetración mercantil y política inglesa y holandesa en el continente, en el Atlántico, en el Mare Nostrum y en Asia. Se trata de un proceso expansivo de la economía europea, impulsado por Inglaterra y Holanda, en el que la rivalidad religiosa juega el papel de factor político justificante de la oposición de estos países a la añosa hegemonía hispánica. La competencia mercantil, endurecida con ataques contra los intereses de España en Europa, en el Atlántico, en América, en el Mediterráneo y en el Pacífico deja de ser acto de depredación particular, como fueron en la primera mitad del siglo XVI las piraterías de los corsarios de la Bretaña francesa, para convertirse en acciones persistentes promovidas por los gobiernos con propósitos de carácter estatal, en los que la acción pirática es pareja con el comercio de contrabando -como réplica política, económica y armada- al monopolio mercantil hispánico -español y portugués- en América y Asia. Felipe II se apercibe del cambio de la situación político-económica y decide pasar a la ofensiva, después de más de dos décadas de aplicar una política marítima defensiva como le recomendara Carlos I en las instrucciones que le redactó en 1548, antes de que el Canal de la Mancha y el Mar del Norte quedaran vedados a la navegación propia, vital para su política y para la economía de España y de Flandes. En agosto de 1585, Isabel I de Inglaterra firmó con Holanda el Tratado de Nonsuch, por el que apoyaba con tropas y dinero a los rebeldes holandeses. De hecho, eso ya iniciaba la guerra entre Londres y Madrid. La ejecución de la católica reina de Escocia, María Estuardo, y las expediciones navales de Drake contra Galicia, Canarias, el Caribe y contra Cádiz, provocaron la puesta en marcha de la "Empresa de Inglaterra".

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Sorpresa. La sorpresa en el terreno de la estrategia tiene principalmente aplicación en el período de iniciación de las hostilidades, en el período de tensión máxima que sirve de prólogo a una guerra. Es muy raro que en un momento dado los dos futuros beligerantes sientan en igual grado el deseo de resolver inmediatamente el conflicto mediante las armas, puesto que es también muy poco frecuente que ambos futuros beligerantes se crean suficientemente preparados en un mismo momento. Esto hace que aquel beligerante que se estime en conjunto mejor preparado para resolver la discordia por la fuerza de las armas, o bien aquel que tema la futura preparación de su enemigo, trate de obtener ventajas estratégicas actuando por sorpresa. Un ejemplo mostrará bien claramente las grandes ventajas que se pueden obtener actuando por sorpresa cuando una guerra se considera ya inevitable. Cuando Felipe II comenzaba en 1587, a preparar su Armada, destinada a cubrir el desembarco de fuerzas españolas en Inglaterra, como se encontraba la flota inglesa en estado lamentable, como consecuencia de la política de economía de la Reina Isabel, le era preciso a Inglaterra ganar tiempo para equipar sus barcos y prepararlos a la defensa. El mejor medio para conseguir este cometido consistía, indudablemente, en retardar la movilización española, y a este fin se pensó en Drake, marino muy audaz, y realmente, la forma en que realizó la delicada empresa a él encomendada, justificó plenamente tal confianza. Con sólo 6 navíos de guerra y 17 barcos mercantes armados, se presentó por sorpresa frente a Cádiz, donde estaba reunida una buena parte de la Armada española. Tras breve lucha consiguió forzar la entrada y destruyó 37 naves españolas, volviendo luego a Inglaterra, sin grandes averías y hasta con rico botín. Gracias a este golpe audaz, consiguió Inglaterra el fin estratégico que se proponía, puesto que la

Armada española tuvo que aplazar en cerca de un año su salida, dando así tiempo a la flota inglesa para prepararse en la medida de lo posible. La “Gran Armada”. A diferencia de otras campañas de su reinado, la empresa contra Inglaterra no se sustentó en intereses reales de España sino más bien en los de la religión católica, tal y como Felipe II personalmente la entendía. En 1588, Isabel I de Inglaterra estaba desengañada de su intervención en los Países Bajos y bien dispuesta a llegar a la paz con España. Semejante solución hubiera convenido a los intereses españoles e incluso hubiera liberado recursos para acabar con el foco rebelde de Flandes. Sin embargo, Felipe II consideró que era más importante derrocar a Isabel y recuperar las islas británicas para el catolicismo. Con una Escocia gobernada por el católico Jacobo y una Inglaterra sometida de nuevo a Roma, sería cuestión de tiempo que el catolicismo volviera a imperar en Irlanda. Hubo varios planes pero, finalmente, se decidió que Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, reuniera en Lisboa una gran Armada que partiría de la capital portuguesa hacia el Canal de la Mancha y en un punto, todavía sin determinar, cercano a las costas inglesas, se encontraría con 20.000 veteranos de los Tercios de Flandes, embarcados en naves y barcazas flamencas, cuyo transporte a un lugar de la desembocadura del Támesis sería protegido por los galeones de la Armada. Al fallecer Santa Cruz, en febrero de 1588, fue sustituido por el duque de Medina Sidonia, empresario y administrador capáz que logró acopiar en menos de noventa días, tantos barcos, tropas y material como jamás se había visto en un puerto europeo. Pero Medina Sidonia no era un marino, como él mismo escribió al rey: "Ni tengo experiencia de lo poco que he andado en la mar, que me marea ... no es justo que acepte esta empresa quien no tiene experiencia de mar ni de tierra". No obstante, Felipe II le confirmó en el mando como Capitán General de la Mar Océano.

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La Armada estaba compuesta de 130 navíos, de ellos 32 de guerra. Los choques con la flota de Charles Howard, supremo almirante de los navíos ingleses tuvieron poca repercusión para ambos bandos. Los ingleses atacaron sin éxito sus flancos. Howard era consciente de que para batirla era necesario quebrar su formación y con esa esperanza la seguía de cerca. Medina Sidonia tuvo entonces la ocasión de ocupar la isla de Wight, situada a menos de cinco millas del puerto de Portsmouth que hubiera servido de fondeadero de emergencia y auténtica cabeza de puente para la conexión con los Tercios de Farnesio y la invasión de Inglaterra: "porque invadir por mar una costa peligrosa, sin estar en posesión de un puerto y sin recibir ayuda de ninguna parte, es más decisión de osados que de gente con entendimiento". No lo hizo porque sus órdenes eran continuar hasta Dunkerque. Medina Sidonia, por temor a verse arrastrado a los bajíos de Flandes ancló la Armada frente a Calais, a 10 millas de Dunquerke, pero con preocupación contempló como 50 naves inglesas de refresco, se aproximaban. Esta nueva fuerza sumada a la flota de Howard harían un total de 160 bajeles. Mientras tanto, Farnesio se encontraba bloqueado en Dunkerque y Nieuport con sus 20.000 hombres. Las más de 35 naves ligeras y bien armadas del holandés Justino de Nassau le impedían la salida. Para hacerlo, era imprescindible que la Armada dominara esa zona del Canal de la Mancha, pero ese objetivo no se había alcanzado. En la medianoche del 7 al 8 de agosto, los ingleses lanzaron contra la Armada ocho barcos incendiarios o "brulotes" que aunque fueron esquivados por los marinos españoles, provocaron confusión y dispersión de buques. Y ésta fue la ocasión esperada por Howard para arremeter contra las naves españolas separadas o rezagadas. De los navíos de Howard, varios fueron desarbolados, ninguno hundido o inutilizado. Los españoles equivocaron la táctica: tras las primeras andanadas de la artillería, trataban de "embestir y aferrar" la nave enemiga para abordarla, cosa que los ingleses evitaron con suma habilidad.

El método de combate de los galeones españoles consistía en aproximarse al adversario, abordarlo si era posible, hacer sobre él un denso fuego de mosquetería desde la cubierta y lo alto de los castillos y luego lanzar sus tripulantes al abordaje y dejar a la lanza y a la espada hacer su trabajo, como en Lepanto; por otro lado sus cañones eran difíciles de recargar (carretillas de 2 ruedas, no las compactas inglesas, construidas para el propio cañón), aunque disponían de ingenios para la lucha cercana, como la ―bomba‖, aparato incendiario montado sobre un palo que despedía fuego y metralla y granadas de fuego, hechas de cerámica, conteniendo una mezcla letal de pólvora de cañón, alcohol y resina (precursoras de la moderna bomba de napal). Los tipos de barcos, con castillos, eran un vehículo para llevar soldados a la batalla – los ingleses, sin castillos – sin soldados – dependían de sus cañones y eficaces carretillas que podían recargarse rápidamente por marineros bien entrenados. Así, se demostró que los barcos mercantes no podían seguir adaptándose para barcos de guerra. La auténtica victoria de Howard fue dispersar la Armada y hacer imposible su conexión con los tercios de Farnesio. Howard, Hawkins y Drake combatieron como marinos, utilizando sus barcos más gobernables para elegir su posición y su distancia, impidiéndoles acercarse a los españoles y dirigiendo el fuego de su artillería, de mayor alcance y mejor servida, sobre los grandes blancos que ofrecían los galeones. Rehecha la formación de la Armada, Medina Sidonia decidió el retorno a España superando las costas de Escocia e Irlanda, puesto que el regreso por el Canal de la Mancha controlado por las flotas de Howard y Justino de Nassau, era impracticable. Las inusuales galernas y tempestades del mar del Norte fueron responsables del hundimiento y violenta encalladura de un gran número de naves contra las rocosas costas de Escocia e Irlanda; por supuesto, el bravío mar lanzó las naves contra los acantilados, a pesar de las maniobras marineras

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para evitarlo, más, nunca pudieron conseguirlo, pues se producía en aquellas aguas un fenómeno que en aquel entonces se desconocía su existencia en aquellos parajes: una corriente marina, muy fuerte, proveniente de América del Sur, que pasa cercana al oeste de Irlanda, en dirección a Groenlandia y el Círculo Polar. Fueron inútiles, por tanto, los esfuerzos para alejar las naves. El tremendo río submarino las lanzaba inexorablemente a su destrucción.

España perdió entre 45 y 50 barcos y unos 12.000 infantes y marineros. Y especialmente perjudicial para sus intereses, fue la muerte de valiosos oficiales y gente de mar. Para los ingleses, la catástrofe de la Armada supuso sólo que habían ganado el primer asalto, impidiendo el desembarco español, pero la amenaza persistía. España, con una asombrosa capacidad de recuperación, pronto reemplazaría los barcos perdidos v estaría dispuesta a defender sus costas y posesiones.

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Según analistas ingleses, si la Gran Armada hubiera sido un éxito, depuesta Isabel I, Jacobo I Estuardo, rey católico y amigo de España, habría ocupado el trono inglés, la cercada Francia habría sido sometida, la rebelde Holanda pacificada y con el control de Occidente, nada le hubiera impedido a Felipe II extender su dominio sobre los importantes territorios protestantes de Suiza y Escandinavia. Conocidos los datos del retorno a España de más de 70 naves, Inglaterra temerosa de la recuperación española y de otro intento de invasión, preparó la contra-Armada, dirigida por Drake al mando de 150 naves y 20.000 hombres. En mayo de 1589 los infantes y marinos ingleses fueron derrotados en La Coruña, y sus navíos obligados a huir. Su posterior desembarco en costa portuguesa, con la intención de conquistar Lisboa, se saldó con otro fracaso. La contra-Armada constituyó un estrepitoso fracaso para Isabel I (20 bajeles y 12.000 hombres perdidos). El 13 de septiembre de 1589 el Consejo Privado de Isabel I en un reservado informe manifestaba: ―la expedición de la contra-Armada ha sido, no sólo una catástrofe financiera, sino también estratégica‖. Sin embargo, la guerra continuaba; ese fracaso inglés levantó los ánimos de Felipe II. La Corona contrató la construcción de nuevos galeones y en los astilleros se trabajaba sin descanso. Marcó el comienzo de los preparativos para otras empresas encaminadas a aquel mismo fin, más la suerte de la guerra fue tornadiza en los postreros años de Felipe II. La expedición del duque de Essex contra Cádiz en 1596 fue un éxito para Inglaterra; destruyó numerosos barcos y la inexplicablemente desprotegida ciudad fue saqueada. Como respuesta, en octubre de aquel año y el siguiente, Felipe II despachó dos Escuadras con más de cien navíos cada una, contra Inglaterra. No llegaron a enfrentarse a los ingleses Fueron notables los reveses ingleses en las Azores; se apuntaron un éxito al apoderarse de San Juan de Puerto Rico, pero acosados por los españoles, a los tres meses tuvieron que abandonar la isla, lo que ponía de manifiesto la debilidad

inglesa para consolidar sus conquistas. En cuanto al envío de otra Armada, estaba ya planeada la expedición, cuando le llegó la muerte a Felipe II en septiembre de 1598. La Armada nunca llegó a salir, pero el temor de los ingleses y los rumores de un posible desembarco fueron tan intensos que reinando ya Felipe III, en el verano de 1599 se tendieron cadenas de seguridad en Londres y ciudades del litoral para intentar cerrar el paso; se concentraron 30 mil hombres en la capital y todo el sur de Inglaterra se mantuvo alerta. Como se ve, la derrota de la Gran Armada no constituyó un supremo desastre; todavía la guerra se prolongaría por otros 17 años y concluiría en una paz por agotamiento que no sería honrosa ni útil a Inglaterra, ni de grandes consecuencias para España. Como dice un autor ingles ―no añadió un metro cuadrado al territorio español ni sustrajo un solo metro cuadrado del inglés‖. Ni tampoco cambió la dinastía de Inglaterra o España, ni modificó las políticas de las partes contendientes o influyó en sus respectivas religiones. Los sucesores de Felipe II y de Isabel I, Felipe III y Jacobo I Estuardo, pudieron negociar la Paz de Londres. Para Inglaterra esta paz tuvo consecuencias negativas: según los historiadores británicos, su marina se debilitó y no logró recuperarse hasta medio siglo después. El respeto a la Corona se deterioró y el divorcio entre el Parlamento y el pueblo se agudizó progresivamente hasta llegar a la gran crisis de los reyes de la dinastía Estuardo. España tampoco salió favorecida. La paz supuso la renuncia a los grandes planes de Felipe II: la hegemonía en Europa y la derrota del protestantismo: su población y su economía, quedaron exhaustas. El proceso imperial español iba a sufrir en breve de notables fisuras. Comercio global. España sufrió el primer pulso entre el poder político (el Imperio) y el capitalismo (los banqueros y grandes mercaderes). Pulso que, por supuesto, ganaron los capitalistas.

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Cuando Carlos V asciende al trono, todo hace suponer que Flandes, su cuna, marcará el ritmo. Pero superados los primeros problemas, Castilla presentará sus credenciales. Primero, gozaba de una base monetaria que no tenía nada que envidiar a Flandes. En 1477, los Reyes Católicos habían logrado la unidad monetaria española con el ducado, que por su inalterabilidad y riqueza metálica se erigió en tiempos de Carlos V en una de las monedas más sólidas. Empujado por la Carrera de Indias, el ducado acabará siendo el dólar de la época. Para no encrespar más los ánimos de Flandes, Carlos V no permitirá que España adquiera el papel de motor financiero y limita su riqueza a la exportación de materias primas, reservando para Flandes y los emporios italianos la transformación manufacturera. O sea, España produce, el resto del Imperio industrializa. Sin embargo, España nunca logró una saneada balanza comercial. Ni siquiera fueron sufi-

cientes los dos ejes geográficos que articularon el primer complejo comercial global: el Atlántico -el Mar del Norte y las Indias- y el Mediterráneo. El tráfico hacia el Mar del Norte tuvo una vida próspera pero corta. En 1575, el enquistamiento de la rebelión en los Países Bajos y la hostilidad inglesa hundieron la enriquecedora exportación de la lana castellana. En la Carrera de Indias, las flotas españolas acapararon en el siglo XVI el comercio mundial, tanto en el Atlántico como en el Pacífico; su magnitud fue total tras la anexión de Portugal y sus colonias. El Galeón de Manila es el mejor ejemplo de lo que se conoció como el "Pacífico de los Ibéricos", monopolio roto, avanzado el siglo XVII, por ingleses, franceses y, en especial, por los holandeses. Se cerraría así la mayor aventura comercial jamás contada, la del primer Imperio donde no se ocultaba el Sol.

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COLONIAS NORTEÑAS partir del encuentro con el Nuevo Mundo en 1492, comenzó una era de grandes movimientos migratorios. Los avances geográficos y técnicos permitieron el traslado controlado de personas a las nuevas colonias ultramarinas, con la dirección de los gobiernos o a cargo de compañías mercantiles. Las naciones europeas -España, Portugal, Francia, Inglaterra, Holanda, Bélgica, Alemania- se expandieron por África, Asia y, sobre todo, América. Si Europa, por su alta densidad demográfica, fue una cantera de emigrantes, América fue tierra de promisión. La inmensidad de su territorio, repleto de riquezas naturales, y la bajísima tasa de población, eran un reclamo irresistible para los colonizadores, que emprendieron una nueva vida lejos de las guerras que sacudían Europa. Como contrapartida, su llegada fue devastadora para los pueblos de América Central y del Sur; mayas, aztecas, incas, y otros pueblos nativos, cuyas culturas fueron aplastadas y su población mermada a causa de las luchas de conquista y las enfermedades introducidas por españoles y portugueses. En el Norte, la colonización francesa v anglosajona también fue fatal para los indígenas, que vieron trastocados sus modos de vida y acabaron exterminados o confinados a reservas. Después de 1600, la exploración europea se hizo más frecuente, comportando unas expediciones más numerosas y estableciendo colonias. Al mismo tiempo, las epidemias de viruela, sarampión, gripe y otras enfermedades letales, fueron adquiriendo carta de naturaleza, y la población india de América del Norte empezó a declinar drásticamente. Incluso sin las epidemias mortales que se propagaban en una sola dirección, las culturas indias de Norteamérica estaban en desventaja de adaptación frente a la expansión europea. Los europeos, sin saberlo, llevaron a América enfermedades, como la viruela, ante las cuales, los nativos no tenían defensas que los inmunizaran. Estas enfermedades, junto a la guerra, el hambre y

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los trabajos forzados, en los primeros tiempos diezmaron a la población indígena. Las culturas precolombinas, prácticamente, desaparecieron en el tremendo choque con otras más avanzadas y más vigorosas. Mientras las colonias se mantuvieron dependientes de las metrópolis, los traslados presentaron cifras reducidas. Se calcula en 100.000 el número de españoles inmigrados a la América hispana durante el primer siglo colonial (14921600). En Norteamérica, gentes llegadas de las metrópolis europeas, Países Bajos, Francia y Gran Bretaña, empezaron a colonizar, pues veían en esta nueva tierra la posibilidad de comenzar también una nueva vida. El imperialismo europeo de los siglos XVI y XVII tuvo dos formas distintas de manifestarse: de un lado, la que desarrollaron los españoles y portugueses, quienes pretendían implantar en el territorio virgen la estructura social, política y religiosa de la vieja cultura de Occidente; de otro, el caso antagónico, el del proyecto imperialista inglés del siglo XVII. En tres motivos se basaba este proyecto: la simple aventura conquistadora, la búsqueda de riquezas en el sentido mercantilista y, el afán de lograr una utopía religiosa. Fue esta última la que llevó a los llamados Padres Peregrinos a fundar en la llamada Nueva Inglaterra la ciudad de Plymouth en 1620; les servía la búsqueda mesiánica de una tierra virgen donde realizar sus ideales religiosos, que en Gran Bretaña y Europa Central habían sido objeto de burla desprecio y hasta persecución. Sin embargo, ésta era sólo una cara de la moneda colonizadora: la otra tenía un semblante mucho menos místico y más práctico: los intereses comerciales. En 1580, noventa años después del descubrimiento de América, «los ingleses no habían puesto pie en lugares fértiles y ricos, de los que los españoles y portugueses no hubieran tomado posesión todavía». Tampoco los holandeses, absorbidos por la lucha de la independencia, pudieron pasar de otra cosa que no fuese desafiar organizadamente el monopolio comercial de

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España. Más preocupados por el comercio que por la posesión de tierras, no presentaban reivindicación alguna en las Indias Occidentales. Tampoco los franceses, que se preocupaban más de la pesca y de las pieles que de las colonias, habían conseguido la más pequeña cabeza de puente. Ningún país tenía colonias comparables a las posesiones españolas del Caribe o a las islas portuguesas del Atlántico, y aunque ingleses y holandeses controlaban una parte cada vez mayor del comercio en las Indias Orientales, y los ingleses y los franceses tenían entre doscientos y trescientos barcos en las rutas de Terranova, la hegemonía española no se veía seriamente desafiada. Pero eso no quiere decir que no se hubiese formulado la tesis del «desafío español». El nuevo interés por la colonización americana en sí misma hizo su aparición por primera vez entre los ingleses que habían conseguido una importante experiencia en Irlanda. Irlanda se encontraba en el camino hacia América, y muchos de los hombres que llevaron a cabo tentativas de colonización en América -Gilbert, Grenville, Raleigh- se habían destacado en la colonización de Irlanda, y pensaron de un modo muy natural en aplicar su experiencia en parajes más prometedores y con personas menos intratables. La tierra era el principal objetivo de especulación e inversión en la Inglaterra del siglo XVI, pero el exceso de especulación la había encarecido y muchas propiedades resultaban poco provechosas debido a una serie de engorrosas disposiciones y a las grandes cargas que los derechos feudales de la corona habían arrojado sobre la tierra. Por eso, algunos del grupo «irlandés» vieron en América la perspectiva de adquirir vastas propiedades sin apenas cargas y que podrían gobernar con el poder de nobles feudales. Puede que los indios fueran (y así resultó) pocos en número y demasiado primitivos para constituir una fuerza de trabajo, pero los emigrantes ingleses-todas las personas que se habían visto desplazadas en Inglaterra- era muy posible que pudieran ser persuadidos de que era preferible vivir entre los indios paganos que entre los papistas irlandeses.

En la patente concedida a Humphrey Gilbert en 1578, la primera para la fundación de una colonia británica, se mencionaba tanto el descubrimiento como la conquista, pero el destino de las expediciones de Gilbert quedaba sin concretar. Gilbert parece haber intentado dos colonizaciones: una en la parte norte y otra en la sur de la costa oriental de América del Norte. El establecimiento del sur constituiría una base para las incursiones en las Indias españolas, y el del norte un punto de descanso en el camino a «Catay». El proyecto del norte estaba ligado además con la posibilidad de dominar las pesquerías del Atlántico septentrional. Había una dosis de conocimiento tanto como de imaginación detrás de esta idea; durante sesenta años de pesca en los bancos de Terranova, los ingleses soportaron la competencia de los portugueses, españoles, franceses y holandeses por no tener acceso a un suministro de sal barato y abundante. Tenían, por consiguiente, que secar su pescado en tierra, en lugar de salarlo húmedo a bordo. Así pues, mientras que los pescadores ingleses estaban en minoría en las aguas de los bancos de Terranova, eran fuertes y numerosos en las playas de Terranova, en donde establecieron sus campamentos de verano y sus secaderos. Este predominio podía constituir tal vez la base de un señorío territorial. En su último viaje, en 1583, Gilbert «tomó posesión» de Terranova, y como nadie le disputó seriamente este hecho, Terranova fue británica; claro está que en aquella época la «posesión» era una mera formalidad y debió significar muy poco para los pescadores. Raleigh se dispuso inmediatamente a llevar adelante las ideas de su hermanastro concentrando su atención en la zona sur de la costa de América del Norte. En 1584 obtuvo una carta con poderes aún más amplios, enviando en ese mismo año una expedición exploratoria. Este fue el final de las tentativas inglesas de colonizar América del Norte en el siglo XVI. Inglaterra había entrado en posesión formal de «Virginia» (esto es, de toda la América oriental al norte del paralelo 30°) y el viaje de Raleigh

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demostró la utilidad de una organización de compañías formadas por sociedades que distribuían los presupuestos coloniales entre comerciantes y hombres de negocios. La aventura de Raleigh fue además un intento decidido de asentamiento, y este objetivo se trasladó de Virginia a Guayana. Bien es verdad que los viajes de Raleigh de 1595 y 1596 e incluso el de 1617 tuvieron escasas consecuencias, pero Inglaterra consiguió establecerse formalmente cuando en 1609 se anexionó toda la Guayana entre el Orinoco y el Amazonas; los colonos sobrevivieron en el delta del Amazonas de 1611 a 1617. Los isabelinos «le disputaron el Atlántico a España» y consiguieron hacerse con un lugar en él. De esta manera formulaban una doctrina en el sentido de que ―la soberanía sin la posesión no tiene fuerza legal‖. Así las cosas, allá donde los españoles no manifestaban su presencia física, los ingleses (o cualquier otra potencia) podían presentar reivindicaciones, basándolas en el derecho de descubrimiento o en el de posesión efectiva. La rebeldía francesa y holandesa ante la hegemonía española era también clara, pero eran los ingleses los que más enérgicos se mostraban y orientaron sus intereses a la zona costera central de la inmensa zona que los isabelinos llamaron Virginia. Los holandeses y los franceses estaban tan convencidos como los ingleses de que el poder de España dependía de las riquezas de su inmenso Imperio en el Nuevo Mundo, y para desafiar a la formidable potencia española, los tres países estaban dispuestos a aliarse si era necesario. España no podía evitar que la plata y el oro americanos provocasen la inflación en la metrópoli y que esta inflación repercutiese en todos los países del mundo, porque por aquel entonces «cuando España estornudaba, el mundo atrapaba una pulmonía». Pero aun sin contar con el Nuevo Mundo y sus riquezas, que indudablemente contribuían a la fortaleza española, las demás potencias veían a España como un poder formidable y consideraban que todas sus conquistas y estructuras comerciales podían venirse abajo. Los holandeses, especialmente, que dependían del comercio, se

vieron en gravísimo peligro cuando España decidió excluirlos de los puertos ibéricos, a los que llevaban especias orientales. La muerte de la anciana reina aceleró el cambio de mentalidad desde el saqueo al establecimiento colonial. Jacobo I hizo la paz con España en 1604 e insistió en que sus súbditos respetaran esta paz, como lo experimentó a su costa el propio Raleigh. Muchos armadores respetables que ejercían de corsarios en la guerra, adoptaban la piratería en la paz. Por otra parte, el gobierno no puso objeciones al establecimiento pacífico en lugares todavía no ocupados, sino todo lo contrario. En las negociaciones para el tratado de Londres de 1604, Jacobo declaró que estaba dispuesto a reconocer los derechos de monopolio español a todos los territorios ocupados de hecho por España, pero que no admitía que los españoles tuvieran algún derecho a las zonas no ocupadas de América. El principio de la ocupación efectiva fue incorporado en una cláusula oficial de la tregua de Amberes en 1609, que puso fin durante algún tiempo a la guerra entre España y los Países Bajos. Este principio pasó a figurar en el derecho internacional, siendo aceptado explícitamente por los juristas e implícitamente por la mayoría de las naciones marítimas. El primer asentamiento de carácter permanente en Norteamérica vino de la mano de una serie de privilegios que el rey inglés Jacobo I concedió a unos comerciantes londinensesquienes establecieron en 1607, en Jamestown, la Virginia Company of London. Estos pioneros de la colonización comenzaron a dirigir los destinos de la colonia conviviendo -en principio, pacíficamentecon los habitantes autóctonos: los indios iroqueses. Los ingleses pronto se hicieron con el control de la costa al norte de Virginia - Nueva Inglaterra-. Sus primeros colonos fueron un centenar de peregrinos puritanos que habían abandonado las islas en 1620 a bordo del ―Mayflower‖ a causa de las persecuciones religiosas. Fue el preludio del tráfico marítimo, que de un titubeante flujo pas6 a ser una riada y una inundación.

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Durante los siguientes dos siglos y medio, los barcos serían como los carromatos de las praderas, pero en el Atlántico, transportando la mayor migración popular de la historia; antes de finales del siglo XIX unos once millones de seres humanos realizarían la travesía del Atlántico siguiendo la estela de los peregrinos. Los mismos barcos transportarían de vuelta una cornucopia de mercancías del Nuevo Mundo: no s6lo el pescado, la madera y las pieles que se habían previsto desde el principio, y el nuevo y popular tabaco, sino, con posterioridad, productos agrícolas como el grano y el algodón. Con ese intercambio de mercancías — las manufacturadas al oeste, los recursos al este— la extensión de 4.500 kilómetros entre el Viejo Mundo y Norteamérica iba a convertirse en el escenario del comercio más denso y disputado de los siete mares. Pero, a pesar de los esfuerzos realizados, las cosas no fueron bien y no pudieron evitar la bancarrota, de forma que en 1624 la nueva colonia de Virginia pasó a ser una colonia Real, dirigida por un gobernador, ayudado por una Asamblea de burgueses. Desde 1607 a 1631, los ingleses fundaron, en la costa este de Norteamérica un total de 13 colonias de carácter eminentemente agrícola, poseedoras de una Asamblea legislativa de tipo parlamentario que limitaba las atribuciones del gobernador real. En el otro lado del mundo, la Compañía de las Indias Orientales, constituida con el aval de un Decreto Real, en 1600, funda puertos fortificados en Bengala, Calcuta y Madrás. El matrimonio de Carlos II Estuardo con la princesa portuguesa Catalina de Braganza, celebrado en 1662, procuró a Inglaterra la ciudad de Bombay, que la esposa traía como dote, y le ofreció la posibilidad de comerciar en las colonias portuguesas. Los principales obstáculos a la expansión colonial inglesa eran España, que controlaba la mayor parte del continente americano, y Francia, con sus miras expansionistas en ultramar. Así pues, la primera mitad del siglo XVII presidió el establecimiento de colonias permanentes en Norteamérica, el comienzo de una gran rivalidad entre las distintas potencias en

el Nuevo Mundo y el establecimiento de sistemas de gobierno definidos. Se asistió también a la consideración de los holandeses como «la nación más envidiada», sucediendo en esto a España y conformando una estructura comercial «atlánticocolonial» que obligó a las otras potencias coloniales a adoptar una política imperialista, apoyada en las ―actas de navegación‖ que basándose en el modelo de la ley inglesa del mismo nombre darían lugar a la larga etapa del imperialismo europeo. Una vez que el Imperio holandés hubo declinado y que el área colonial española quedó delimitado a América del Sur, Francia era el adversario más temible para la potencia inglesa. Estaba perdiendo vigencia el principio de que los problemas de las posesiones de ultramar no debían interferir en las relaciones entre los Estados, puesto que se iba considerando cada vez más a las colonias como parte integrante de la economía de los distintos países. En 1612 los holandeses habían llegado a la desembocadura del Hudson. En 1626, la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales fundó en la isla de Manhattan, la factoría de Fort Amsterdam desde 1653, Nueva Amsterdam- que, en 1667 -junto con la fundación sueca de Delaware-, fue cedida por la paz de Breda a los ingleses, quienes le dieron el nombre de Nueva York. Para entonces, el mapa colonial mundial estaba ya casi definitivamente establecido y la etapa histórica del colonialismo comenzó. El flujo migratorio no sólo se orientó fuertemente hacia Norteamérica sino que a mediados del siglo XVII el azúcar reemplazó al tabaco como artículo fundamental de las Indias Occidentales, y las grandes plantaciones trabajadas por esclavos resultaron ser las de mayor rendimiento en lo que a la caña de azúcar se refiere. El azúcar, así como los esclavos que lo producían, el capital, la maquinaria y gran parte de los barcos que transportaban el producto, lo facilitaban los holandeses. Las preocupaciones de la Compañía holandesa de las Indias Occidentales por el Brasil formaban parte de un decidido esfuerzo para hacerse con la

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principal colonia de la primera década del siglo XVII. La Compañía deseaba establecer una colonia de campesinos holandeses para controlar el comercio de esclavos desde la costa occidental africana y minar a los portugueses en el Oeste y en el Este. Brasil era por lo tanto el primer objetivo de la Compañía; pero Brasil no lo era todo. La Compañía de las Indias Occidentales realizaba continuos ataques de piratería contra los barcos españoles obteniendo tal provecho que con lo que saqueaban formaban la fuente principal de sus dividendos y podían pagar incluso el coste de la guerra en Brasil. Los holandeses se establecieron en Esequibo en 1616 y en Berbice en 1624; quisieron también establecer unas pequeñas colonias en Tobago y en Cayenne, pero los españoles las destruyeron y entonces los holandeses se asentaron en Curazao en 1634 y en Saínt Eustaquius y en Saint-Martin en 1641. Pero aunque el tratado de Münster de 1648 confirmaba estas colonias a los holandeses, éstos las utilizaron más bien como centros comerciales que como colonias; porque los holandeses estaban en las Indias Occidentales más para el comercio que para dedicarse al cultivo de la tierra. La actitud de los holandeses era tanto más importante teniendo en cuenta que en las islas inglesas, en una época en la que se desafiaba la autoridad real, terratenientes y plantadores se preocupaban sólo de aumentar sus beneficios sin detenerse a considerar las normas que el gobierno de la metrópoli intentaba imponerse para llegar a formar una verdadera estructura económica. Ni el gobierno inglés ni el francés estaban en situación de obligar a que se cumpliesen sus normas, porque ambos estaban maniatados por las guerras europeas y ambos países habían descuidado sus flotas. Además, los holandeses, útiles a ambos gobiernos, no habrían aceptado una política comercial exclusivista y en 1627, mediante el tratado de Southampton, consiguieron que se les reconociese el derecho a comerciar con las posesiones inglesas. Tanto en las colonias inglesas como en las francesas consiguieron, mediante tratados o mediante el

reconocimiento legal de la libre competencia comercial, el control del comercio y de la navegación, por el que estaban dispuestos a enfrentarse a los portugueses e incluso a desafiar a la potencia española; a la larga se demostraría que se hallaban igualmente dispuestos a enfrentarse a ingleses y franceses. De esta manera, mientras la Compañía holandesa de las Indias Occidentales luchaba por Brasil y por sus plantaciones de caña de azúcar, también se dedicaba al comercio de esclavos, que era la base de la economía brasileña, apoderándose de ciertos enclaves portugueses, en África, que eran buenos centros de distribución para su mercancía humana, dedicándose con gran entusiasmo a proveer de esclavos al Brasil así como a las colonias inglesas y francesas. Las demás potencias no podían albergar la esperanza de obtener grandes beneficios de las Indias Occidentales hasta tanto no consiguiesen marginar a los holandeses y llevar el producto de sus colonias en barcos propios, a sus respectivos mercados nacionales. La colonización francesa Francia conoció uno de los momentos de mayor expansión colonial en la época de Luís XIV. La conquista francesa de nuevos mercados fuera de Europa había comenzado con la política económica del Cardenal Richelieu, quien creó empresas comerciales privilegiadas, como la ―Compañía de Levante‖, que traficaba con los países musulmanes y la ―Compañía de Nueva Francia‖ para colonizar el Canadá, y la Compañía del África Occidental. Ya al comienzo del siglo XVII, los franceses habían organizado sus primeros asentamientos en el continente americano, sobre todo en el Caribe y el Norte. Las islas de Martinica y Guadalupe, así como la parte occidental de Santo Domingo y Cayena, situada en la actual Guayana, fueron ocupadas por bases francesas. En 1605 se instituyo la primera colonia francesa en el Canadá, Port Royal, a la que siguieron Québec y Montreal, de donde comenzó la expansión hacia el

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lago Ontario. El primer ministro Colbert prosiguió la empresa de emancipación económica del país, creando la marina mercante y dos compañías, la de las Indias Occidentales y la de las Orientales (1664), con las cuales Francia alcanzó el nivel de las otras grandes potencias marítimas. El viaje cumplido por René de La Salle entre 1678 y 1682 desde el rió San Lorenzo hasta el lago Ontario y desde éste, a través de los Grandes Lagos, hasta el rió Mississippi y su desembocadura, terminó con la fundación de la colonia de Louisiana. La primera colonia francesa en el continente africano se estableció en 1626 en la desembocadura del rió Senegal. Posteriormente se colonizaron Madagascar, magnifica base para la etapa de los buques que navegaban hacia Oriente, y las islas de Reunión. Al estallar en 1701 la Guerra de Sucesión española, tras la muerte de Carlos II, los ingleses se aliaron con Holanda para impedir que las colonias españolas de América cayeran en manos de los franceses. El Tratado de Utrecht, que en 1713 puso fin a conflicto, sanciono las ventajas de la victoriosa Inglaterra, que obtuvo Gibraltar, Menorca y Nueva Escocia, así como la soberanía sobre la Bahía de Hudson y Terranova. Además, España tuvo que conceder a la Compañía Británica de los Mares del Sur un asiento que la autorizaba a llevar esclavos a sus colonias americanas. Al comenzar el siglo XVIII, la presencia francesa en América del Norte se reforzó con la fundación de Detroit y Nueva Orleáns. De todos modos, tal como sucedía en las

colonias de otros países, la población establecida en el inmenso territorio era muy poco numerosa y los colonos se dedicaban más bien a la caza y al comercio de pieles que a la agricultura. La cronología del desarrollo de la América francesa se corresponde estrechamente con la inglesa. Los movimientos de las dos naciones sugieren o bien una imitación mutua consciente o los contra movimientos tácticos de una partida de ajedrez. Las migraciones, incluso de otras partes de Europa, proseguirían durante el siglo XVIII; unos 200.000 protestantes alemanes abandonaron su madre patria y emigraron a América, vía Inglaterra, antes que ceder al resucitado catolicismo en Alemania. Algunos se establecieron en la colonia de Georgia, fundada en 1732 por un grupo de filántropos ingleses con el fin de que sirviera de refugio a los desafortunados de todos los tipos. A los españoles se les dejó en posesión, aunque discutida, del Caribe y de la América Central. Pequeños establecimientos, el francés en el San Lorenzo y el inglés en la costa del Atlántico, fueron echando raíces y adquiriendo la certidumbre de la distante presencia de uno y otro. Los holandeses, liberados por la tregua de Amberes, descansaban en la playa dispuestos a saltar sobre lo que pudiera ofrecer un botín, legítimo o ilegítimo. El tablero estaba dispuesto para doscientos años de rivalidad imperial armada.

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ÍNDICE DE ILUSTRACIONES Fase de la rotura de la ―Pangea‖……………………………………………………………………..................... IV Representación del dios griego del mar: Poseidón………………………………………………………………... V El Planeta Tierra y vista desde la Luna………….…………………………………………………………….. VIII Tomo I Batalla de Lepanto, 7 octubre 1571 (Portada) Barco de guerra de Ramses III………………………………………….…………………………………………. 5 Barco comercial fenicio tradicional………………………………………….……………………………………. 7 Barco de guerra fenicio………………………………………….………………………………………………. 10 La ―Triera‖ y disposición de sus remeros………………………………………….…………………………... 14 Puente sobre el ―Helesponto‖.………………………………………….……………………………………….. 16 Los tres puertos de El Pireo……………………………………………………………………………………… 19 Busto de Pericles y Pintura de Alejandro Magno………………………………………….…………………… 22 La pasarela del ―Corvus‖, en acción………………………………………….…………………………………. 26 Trirreme romana………………………………………….……………………………………………………… 27 La imponente Quinquerreme………………………………………….…………………………………………. 30 Barco mercante romano e imagen de ―Portus‖.………………………………………….……………………… 31 La torre de Gálata (Constantinopla) ………………………………………….………………………………… 39 Dhow árabe………………………………………….………………………………………….………………... 42 Patio de los Leones (La Alhambra) y campamento beduino…………………………………………………… 43 ―El viento divino‖ y batalla en la playas………………………………………….…………………………….. 50 Guerreros vikingos………………………………………….…………………………………………………… 51 Nave de combate vikinga………………………………………….…………………………………………….. 53 Funeral de un rey vikingo………………………………………….……………………………………………. 56 Casco, cara y espadas de vikingos………………………………………….…………………………………… 59 La ―Coca‖ ………………………………………….……………………………………………………………. 61 Galera de transporte veneciana………………………………………….………………………………………. 68 Galera de guerra veneciana………………………………………….…………………………………………... 72 Remando a la veneciana………………………………………….……………………………………………… 75 La ―Galera, Galeota, Fusta, Bergantín, Fragata y Galeaza‖.…………………………………………………… 76 El ―León de San Marcos‖.………………………………………….……………………………………………. 77 El ―Foro de Constantino‖………………………………………………………………………………………... 81 Comparación entre un gran Junko chino y la ―Santa María‖ …………………………………………………. 84 Junko chino…………………………………………..,…………………………………………………………. 86 Barco de guerra (Atlántico europeo) y primitivos cañones navales…………………………………………... 90 Carabelas, aparejo latino y aparejo cruzado………………………………………….………………………… 93 Puerto de Quiloa………………………………………….……………………………………………………... 108 Carraca………………………………………….………………………………………….…………………… 110 Don Enrique (el Navegante – un ―padroe‖ y Monumento a los Descubrimientos)…………………………... 113 Jenízaros………………………………………….………………………………………….………………….. 117 Tormento de Bragadín – pistola y dotación…………………………………………………………………… 118 Armaduras (defensa personal).………………………………………….……………………………………… 119 Miguel de Cervantes………………………………………….………………………………………………… 120

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La Galera (Capitana) de D. Juan de Austria………………………………………….……………………….. 123 Pintura de D. Juan de Austria………………………………………….………………………………………. 124 Tomo II En ruta: ―la flotilla de Colón inicia su viaje (Portada). ―Los Reyes Católicos‖……………………………………….………………………………………………... 135 Vista del puerto de Génova………………………………………….………………………………………….. 137 Colón en el convento de ―La Rábida‖.……………………………………….………………………………… 141 Características de la Nao ―Santa María‖.………………………………………….…………………………… 144 Características de la ―Niña‖.……………………………………………………………………………………. 145 Instrumentos de navegación (Brújula – Cuadrante – Cruz Geométrica – Reloj Solar – Reloj de Arena – Nocturlabio)..………………. 147 ―Un viaje perfecto‖.………………………………………….…………………………………………………. 148 Llegada de Álvaro Cabral………………………………………….…………………………………………… 161 ―Botando una canoa‖ ………………………………………….………………………………………………...179 Carenado de la ―Victoria – apertrechándola – timoneando – luchando por sus vidas……………………….. 181 La vida a bordo………………………………………….……………………………………………………….196 Galeón………………………………………….……………………………………………………………….. 197 Reparando los daños en un galeón………………………………………….…………………………………. 199 El ―Golden Hind‖………………………………………….……………………………………………………. 211 Piratas………………………………………….………………………………………………………………... 213 Piratas………………………………………….……………………………………………………………… 214 Henry Morgan: Pirata………………………………………….………………………………………………... 216 Sir Francis Drake………………………………………….……………………………………………………..218 ―Contra los elementos‖ y la mala noticia a S.M. ………………………………………….…………………… 227 Jacques Cartier………………………………………………………………………………………………….. 235 Escudos de ―Tercios Navales‖ y Escudo y firma de Colón (Contraportada – Volumen I)

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ÍNDICE DE MAPAS El Mundo Romano (Portada – Mapa). Placas tectónicas (Mapa)……………………………………………………………………………………….... III Tomo I La incursiones de los Pueblos del Mar………………………………………….………………………………… 4 Siria-Fenicia- en el segundo milenio a.C.……………………………………….………………………………… 6 Las rutas del comercio fenicio………………………………………….…………………………………………. 9 Colonias griegas………………………………………….……………………………………………………… 10 El Imperio persa………………………………………….……………………………………………………… 11 Grecia………………………………………….………………………………………………………………… 12 Colonización griega………………………………………….…………………………………………………... 13 Expedición de Jerjes………………………………………….………………………………………………….. 17 Plano de Salamina – Movimiento de la flota persa………………………………………….…………………. 18 La Grecia de Pericles – Las conquistas de Alejandro Magno…………………………………………………… 20 La conquista de Oriente………………………………………….……………………………………………… 21 La colonización fenicia y cartaginesa en el Mediterráneo Occidental…………………………………………... 23 Etruscos, cartagineses y los orígenes de Roma…………………………………………………………………. 24 Actium, formaciones iníciales………………………………………….………………………………………... 29 Roma: la época imperial (segunda mitad del siglo I, d.C)……………………………………………………… 31 El Imperio a la muerte de Trajano..………………………………………….………………………………….. 33 División del Imperio Romano………………………………………….……………………………………….. 34 Invasiones Bárbaras en Europa………………………………………….……………………………………… 35 El mundo Bizantino………………………………………….………………………………………………….. 36 El Imperio de Justiniano – El Imperio Bizantino después de la muerte de Justiniano………………………… 37 Las conquista del Islam………………………………………….………………………………………………. 40 El Océano Índico y el Mundo Islámico, Siglos IX – XIV………………………………………….…………… 41 Gengis Khan y la expansión de los Mongoles………………………………………….……………………….. 45 Conquista de los Cruzados………………………………………….…………………………………………... 47 El Imperio Mongol en el siglo XIII………………………………………….…………………………………... 48 Intentos de invasión a Japón………………………………………….………………………………………… 49 Normandos entre el siglo IX y el XI………………………………………….…………………………………. 52 Movimientos vikingos hacia el Oeste………………………………………….………………………………… 55 Las rutas de la ―HANSA‖.………………………………………….…………………………………………….60 Europa al final de la Edad Media………………………………………….…………………………………….. 65 Las Repúblicas marineras………………………………………….……………………………………………. 66 Venecia: ciudad flotante………………………………………….……………………………………………… 67 La ruta de la seda………………………………………….…………………………………………………….. 69 Rutas marítimas a las riquezas………………………………………….………………………………………. 70 Formación del Imperio Otomano, del siglo XIII al XVII………………………………………….……………. 78 El Imperio Bizantino en el siglo XIV………………………………………….………………………………… 79 El Imperio Bizantino en vísperas de la conquista otomana de 1453………………………………………….… 80 El Imperio de Timur Lang (1370-1405) ………………………………………….…………………………….. 82 Los siete viajes del Almirante Cheng Ho, siglo XV………………………………………….…………………. 85 El mundo conocido por Herodoto: 400 a.C...………………………………………….………………………… 91

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Los grandes descubrimientos de los siglos XV y XVI………………………………………….……………….. 96 Concepto del mundo durante la Edad de la Exploración………………………………………….……………. 100 África medieval pre-europea (siglos VIII – XVIII).………………………………………….………………… 104 Portugal en África (siglo XV)………………………………………….……………………………………….. 106 Exploraciones portuguesas………………………………………….…………………………………………... 109 Exploraciones portuguesas hasta el Extremo Oriente………………………………………….……………… 111 El Mediterráneo y su entorno en 1570-1574………………………………………….………………………… 114 Interese encontrados: la Cruz vs. el Islam………………………………………….…………………………… 116 Rutas indirectas hacia la confrontación………………………………………….………………………………118 Plano de entrada a Lepanto………………………………………….…………………………………………. 119 Tomo II Las Américas en el siglo XV………………………………………….………………………………………... 129 Máxima expansión de la civilización Maya………………………………………….………………………… 130 Imperio Azteca………………………………………….………………………………………………………. 131 Imperio Inca………………………………………….…………………………………………………………. 132 Islas Lucayas – Derrota del primer viaje de Colón………………………………………….………………… 149 Derrota del segundo viaje de Colón………………………………………….…………………………………. 150 Tratado de Tordesillas………………………………………….……………………………………………….. 151 Derrota del tercer y cuarto viajes de Colón………………………………………….………………………… 152 Los cuatro viajes de Colón………………………………………….…………………………………………... 153 Derrota de Alonso de Ojeda………………………………………….…………………………………………. 157 Primer mapa de América………………………………………….…………………………………………….. 158 Toponimia de las costas del Golfo de Venezuela………………………………………….…………………… 159 La ruta de Álvaro Cabral………………………………………….…………………………………………….. 161 Las primeras exploraciones………………………………………….………………………………………….. 163 Prosiguen las exploraciones: El Caribe y América del Norte………………………………………….……… 164 Rutas de los hermanos Caboto………………………………………….………………………………………. 165 Intentos de dar la vuelta a Europa por el Norte. Siglos XVI – XVII…………………………………………. 168 Los ingleses y el paso del Noroeste. Siglos XVI – XVII………………………………………….…………… 170 El descubrimiento de América del Sur………………………………………….……………………………… 172 Mapa de la época: ―Maris Pacifici‖………………………………………….…………………………………. 177 Primera vuelta al mundo………………………………………….…………………………………………….. 182 Derrota del Tornaviaje de Urdaneta………………………………………….………………………………… 185 Los españoles a la conquista del Pacífico. Siglo XVI………………………………………….………………. 189 La vuelta a América por el Sur………………………………………….……………………………………… 192 Los holandeses se dirigen a Australia y Nueva Guinea. Siglo XVII…………………………………………… 194 El Imperio colonial Neerlandés (siglos XVI-XVIII)………………………………………….………………... 195 El Caribe: las rutas de las ―Flotas de Indias‖…………………………………….…………………………… 203 Las rutas navieras del Imperio Español………………………………………….…………………………….. 205 Toponimia – siglo XVI………………………………………….……………………………………………… 207 Viaje alrededor del mundo de Francis Drake-1577-1580………………………………………….…………… 212 La ruta de la ―Armada Invencible‖.……………………………………….…………………………………… 227 El Imperio colonial Español………………………………………….…………………………………………. 229 El Imperio colonial Francés (siglos XVII-XVIII)………………………………………….…………………... 235

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CRONOLOGÍA PERTENECIENTE AL VOLÚMEN I Acontecimientos relevantes político-militares y navales Antes de Cristo. 5000000 2500000 1500000 500000 200000 100000/40000 50000 45000/30000 40000/35000 23000 6500/4500 6500 5000

4500/1100 4500 4000 3500 3000

3000/2500 2500 2370

2300/1570 2250 2000/1200

África sudoriental. Australopithecus, primeros homínidos de paso erecto. Homo habilis. Construcción de elementos líticos. Homo erectus. Colonización de las zonas templadas de Eurasia Descubrimiento del fuego Hombre de Broken Hill (Zambia) perteneciente a la especie de Neanderthal. África sudoriental. Aparece el hombre moderno (Homo sapiens- sapiens.) Grupos humanos ocupan Japón y Australia Poblaciones siberianas llegan a América a través del Estrecho de Bering. Probable edad media de los hombres de tipo Cro-magnon. Las primeras embarcaciones Neolítico. Grupos humanos sedentarios Catal Kuyuk, importante poblado neolítico de Anatolia (Turquía) Comienza la sedentarización en el Altiplano de México. Agricultura en Tehuacán. Agricultores del Norte emigran hacia el Sur y se asientan en la región que se extiende desde Babilonia hasta el Golfo Pérsico. Edad de Bronce, período cuando herramientas y armas se fabricaban principalmente en ese metal. China. Cultura de Yangshao. Cuenca media del Río Amarillo. Nómadas semíticos de Siria y la Península arábiga invaden territorio de Mesopotamia meridional y se mezclan con la población Ubaidiana. Los sumerios se asientan en las márgenes del Éufrates, probablemente después de emigrar de Asia Central y cruzar Irán. El rey Menes-Narmer unifica el Alto y Bajo Egipto. Las embarcaciones representadas en la cerámica egipcia del período predinástico llevaban velas cuadras y remos. Embarcaciones de haces de juncos navegaban por el Nilo. Los fenicios, pueblos de lenguas semíticas, comenzaron a fundar colonias en la costa de Siria. Los sumerios introducen las pictografías, forma precursora de la escritura, para asentar datos administrativos. Paso progresivo a la Edad del Bronce en China, Asia Centro occidental, Egipto y Europa. Costas peruanas. Sociedades estratificadas bastante complejas. Los sumerios ocupan la parte meridional de Mesopotamia. Ciudades-Estado independientes Imperio de Sargón, desde el Golfo Pérsico al Mediterráneo, capital Acad. Apogeo de las ciudades-Estado cretenses Shulgi, rey de Ur, extiende el control sumerio que incluye a Elam y las tribus de Zagros Las invasiones de las tribus arias señalaron el fin de las civilizaciones de Sumeria, del Indo y, en menor grado, de Egipto. Los Cretenses crearon una ―Thalasocracia‖ y una floreciente civilización.

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2000 1900 1840/1760

1785 1780 1700 1680/1600

1200

1186

1100

1066/221

1050/1000

900/850 900/200 814

Civilización urbana del Indo (Harappa y Mohenjo-daro, 2600 a.C.): su desaparición y retorno a culturas más atrasadas Los amorreos procedentes del desierto sirio conquistan Sumeria. Hammurabi el Grande de Babilonia, sometió a las restantes ciudades mesopotámicas fundando un imperio que se extendió desde el Éufrates hasta el Golfo Pérsico y que gobernó según un código jurídico basado en principios tomados de la cultura sumeria. Invasión de los hicsos a Egipto. La civilización del Indo, en período de decadencia, fue destruida por la invasión aria. Invasiones de Hititas procedentes de Turquía determinan el fin de la dinastía de Hammurabi. Las embarcaciones se perfeccionaron entre el 2000 a.C. y el 1000 a.C. Al ver interrumpidas sus comunicaciones con Siria, proveedor de estaño, Mesopotamia potenció el comercio marítimo para importar dicho metal. La mayoría de las naves que operaban en el Mediterráneo oriental, construidas con tablones, medían 12 m de eslora; en ellas se aprecia la influencia minoica. Los cretenses, bajo su semi-legandario rey Minos (1650 a.C.), establecieron una próspera Thalasocracia en el Mediterráneo oriental. Su principal foco de influencia fue Cnosos. Los “pueblos del mar”, procedentes de las costas del mar Caspio, invadieron el Mediterráneo oriental aniquilando el imperio hitita. Algunos de ellos se establecieron en el litoral cananeo y se convirtieron en los futuros filisteos. La hegemonía marítima de la Creta minoica había sido reemplazada por la fenicia (Tiro y Sidón). Inicio de las primeras civilizaciones de América: Cultura Chavin en Perú, Cultura Olmeca y Cultura Zapoteca de Monte Alban en Mesoamérica. El rey Tiglayh-Pileser I conduce a Asiría a una nueva era de poder, hace llegar su influencia al Asia Menor e impone tributos a las ciudades costeras mediterráneas. Los Dorios invaden Grecia destruyendo la civilización micénica. Ramsés III frenó la invasión de los “Pueblos del Mar” al territorio egipcio, venciéndolos en la batalla naval de “Pelusa”, momento a partir del cuál, Egipto inició un total aislamiento cultural y político. Al parecer, los fenicios desarrollaron la birreme. Edad de Hierro que duró hasta el año 40 d.C; armas y herramientas se fabricaban principalmente de hierro. En China, la dinastía Chou; sus gobernantes se identifican como hijos del cielo. China es un ―imperio celestial‖. Confucio predica su filosofía. El Imperio, amenazado por las invasiones de pueblos nómadas se desinteresa por lo que sucede más allá de sus fronteras. Comenzaron a aparecer en Grecia ciudades-Estado de régimen monárquico entre las que destacaron Atenas, Esparta y Tebas, cuya economía se basaba en el comercio y en la agricultura. En Grecia se produjo un paulatina transformación de las monarquías en oligarquías en casi todas las ciudades-Estado, a excepción de Esparta. En Perú, floreció la cultura Chavín. Los fenicios colonizaron el Mediterráneo oriental y fundaron Cartago.

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753 750 700 683 621 600 594 540/500

493 490 483 480 431 405 358 338 334 333 332 331 330 323 300/100 d.C

275 264/241 260 256 221/206 218/201

Fundación de Roma (fecha legendaria tomada como punto de partida de la cronología romana) Las ciudades griegas fundaron colonias en Sicilia y el sur de Italia. El rey Asurbanipal asume el gobierno de Asiría y rige un imperio que se extiende desde el Nilo hasta las montañas del Cáucaso. Establecimiento en Atenas de una república aristocrática gobernada por arcontes elegidos por un año En Atenas, Dracón promulga su rígido código legal Nabucodonosor II, gobierna el imperio Neo-Babilónico; arrasa Jerusalén y lleva cautivos a Babilonia a los judíos. Solón inicia la reforma social y constitucional de Atenas Ciro conquista Babilonia en el 538 a.C. propiciando el regreso de los judíos a Jerusalén y en 525 a.C. vence a Egipto; su sucesor, Darío I el ―Grande‖ gobernó con benevolencia un imperio centralizado, que se extendía desde el Indo hasta el Mediterráneo, dividido en satrapías (provincias administrativas) Temístocles, elegido arconte de Atenas, comienza a fortificar el puerto de El Pireo. Darío I de Persia lanza un ataque contra el continente griego, iniciando así las guerras médicas. Los persas rechazados en la batalla de Maratón. Un rico filón de plata del monte Laurio proporciona a Atenas los fondos necesarios para ampliar su flota. Los griegos consiguen una gran victoria naval en Salamina Estalla la Guerra del Peloponeso entre Esparta y Atenas La flota de Atenas destruida en Egospótamos (Tracia) Filipo II ocupa el trono de Macedonia y extiende su reino. Filipo derrota a Atenas y a sus aliados en Queronea y se convierte en el poder supremo de Grecia. Alejandro lanza una expedición contra Persia, y gana la batalla del río Granico Se libra la batalla de Iso. Vence Alejandro. Alejando Magno invade Egipto. Alejandro vence en la batalla de Gaugamela Alejandro entra en Persépolis; una vez destruido el poder persa, avanza hacia Asia Alejandro muere en Babilonia. Sus sucesores comienzan a despedazar su imperio Muerto Alejandro, la cultura helenística se difundió por Oriente Medio. Este legado fue absorbido por Roma que apareció como invencible potencia. Hacia el año 100, el Imperio Romano se extendía desde Egipto a Britania (Inglaterra) Roma es señora indiscutible de la Italia meridional. La Primera Guerra Púnica con los cartagineses termina con la victoria de Roma. Mylas: los romanos vencen en forma decisiva a los cartagineses, por primera vez, en una batalla naval. Ecnomos: victoria naval aplastante de los romanos sobre los cartagineses. En China empieza el gobierno de la dinastía Qin. Se conquista Corea del Norte y se inicia la construcción de la Gran Muralla. La Segunda Guerra Púnica termina con el triunfo romano a pesar de la notable invasión de Aníbal a través de los Alpes.

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216 206/220 d.C 202 149/146 48 44 43

31 Después de Cristo. 57 El rey japonés, Un, de Wa, recibe sello de oro del emperador chino. 70 Conquista de Jerusalén por el romano Tito y destrucción del Templo de Salomón. 100/400 El Imperio Romano alcanzó su máxima expansión bajo Trajano. En India surgieron prósperas civilizaciones. En América Central, los Mayas iniciaron su período clásico. China entró en una época de inestabilidad por falta de un poder centralizado 212 Se concede la ciudadanía romana a todos los habitantes libres de las provincias romanas. 239 La reina japonesa Himiko envía embajada a China. 280 Reunificación de la China bajo la dinastía de los Tsin. 330 Constantino hace de Constantinopla la nueva capital del Imperio. 395 El Imperio Romano queda permanentemente dividido en dos mitades, oriental y occidental. 400/700 La predicación de Mahoma proporcionó unidad al mundo árabe. Los musulmanes amenazaron Constantinopla e iniciaron su expansión hacia India. La dinastía china Tang completó el desarrollo del Sistema Imperial Chino, tomado como modelo por Japón. A la caída del Imperio Gupta, India se dividió en pequeños reinos. 476 El último emperador de Occidente, Rómulo Augusto, es depuesto por los hérulos, y el Imperio Romano de Occidente llega a su fin 481 Clodoveo se corona rey de los francos. 527 Justiniano, sobrino de Justino I, llega a emperador. Constantinopla alcanza su cenit cultural y económico. 581/618 La dinastía Sui emerge en China después de III siglos y medio de división y conflicto de poderes. 618/907 Entronización de la dinastía china de los Tang que crearán un gran imperio al controlar Asia Central, Corea y Manchuría. 622 El profeta Mahoma y sus compañeros emigran de la Meca a Medina, comienzo de la Hégira, punto de partida de la cronología musulmana. 632 Muerte de Mahoma; Abu Bakr, padre de Aisa, la esposa preferida del Profeta, se convierte en Califa (sucesor). 634/644 Califato de Omar. Guerra Santa contra Bizancio y Persia. Conquista definitiva de Mesopotamia, Siria y Egipto. 636 Conquista de Jerusalén por el califa Omar e inicio de la ocupación musulmana. 638 Jerusalén cae en poder de los árabes 644/656 La flota musulmana acaba con la supremacía marítima de Bizancio. El Califa cae asesinado. Controvertida elección de Alí, yerno del Profeta como cuarto Califa. Se desencadena la Guerra Civil.

Aníbal vence en Cannas a los romanos Se inicia en China la dinastía Han. En Zama (Norte de África), el romano Escipión derrota decisivamente a Aníbal. Tercera Guerra Púnica; Roma pone sitio, y luego destruye a Cartago. Guerra Civil. César vence a Pompeyo en Farsalia. César es asesinado; Marco Antonio toma el mando en Roma. Octavio, heredero de César, es elegido Cónsul; forma entonces el Segundo Triunvirato con Antonio y Lépido. Antonio y Cleopatra son derrotados en Actium por Octavio.

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661 663 680 700/1000

711 712 718 762 790 800 850/900 856/857 859/862 860 860 862 870 911 930 960/1279 985 1000/1200

1000 1066 1071 1091 1096 1099 1113/1118 1139

Asesinato de Alí. Sus partidarios crean un movimiento político ―legitimista‖ que dará origen al Chiísmo. Flota japonesa destruida frente a Corea por el rey coreano, Silla. Yazid Al-Husayn, segundo hijo de Alí muere a manos de los Omeyas en Karbala (Irak), convirtiéndose en la principal ciudad santa de los Chiitas. En el 738, el mundo islámico se extendía desde España a Afganistán. El Papado comenzó a utilizar sus recién adquiridos Estados, con fines políticos y reavivó el ideal romano al coronar Emperador del Sacro Imperio al monarca cristiano de quien mayor apoyo recibiese. En China, las constantes guerras debilitaron a la dinastía Tang y accedió al poder la dinastía Song; en su tiempo, aparecen inventos como la brújula y la pólvora. En Japón, se inicia una época de transición hacia una sociedad feudal. Los musulmanes del Norte de África inician la conquista de España. La dinastía árabe de los omeyas penetra en el Sind (India). En Covadonga, victoria de Pelayo sobre los árabes: inicio de la reconquista de Hispania por los cristianos. Fundación de Bagdad por el Califa Almanzor. Inicio de las incursiones vikingas en Europa occidental. Coronación del Emperador Carlomagno. Comienzo de las grandes invasiones Nahuas procedentes del norte de México. Fundación de Tula por los Toltecas. Derrumbe de la civilización maya (Yucatán y Guatemala). Los vikingos saquean París. Expediciones vikingas a España y Mediterráneo occidental. Asentamientos nórdicos en las islas Feroe. Los rusos realizan su primer ataque a la capital bizantina y son rechazados. Rorik/Ryurik, gobernante de Novgorod, Rusia. Asentamientos nórdicos en Islandia. Fundación de Normandía por el caudillo vikingo Rollo. Fundación del Althing islandés, asamblea parlamentaria. En China gobierna la dinastía Song. Eric “el rojo” en Groenlandia. Se producen las ―Cruzadas‖, excelente válvula de escape para la belicosa nobleza del floreciente sistema feudal, en aras del rescate de los Santos Lugares al mundo cristiano. Gengis Khan funda un Imperio Mongol en China que se constituyó en el territorio unificado de mayor extensión de la historia. Viaje a Vinland, en Norteamérica. Guillermo, el ―Conquistador‖, invade Inglaterra. Victoria de Guillermo en Hastings, convirtiéndose en rey de Inglaterra. Bizancio es derrotado por los turcos selyúcidas en la batalla de Manziquert Los normandos conquistan Sicilia. Se inicia la Primera Cruzada Los cruzados establecen el Reino de Jerusalén. Creación de las órdenes militares del Hospital de San Juan de Jerusalén y del Temple para asegurar la defensa de los Estados Latinos de Oriente (Palestina). Portugal es declarado reino independiente.

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Comienza la Segunda Cruzada. Nacimiento de la “Hansa”; asociación de mercaderes navieros. Saladino captura Jerusalén. Comienza la Tercera Cruzada. Comienzo de la supremacía guerrera japonesa: gobierno shogunal. El avance del Islam lleva a la creación del Sultanato de Delhi. Comienza la Cuarta Cruzada. Constantinopla es capturada por fuerzas de la Cuarta Cruzada. Gengis Khan entra en China. En Europa, el feudalismo dejó paso a una sociedad comercial, de carácter liberal y flexible, representada por las ciudades-Estado italianas, la Liga Hanseática – asociación de ciudades mercantiles del Norte de Europa – y los gremios de mercaderes. A partir de 1300, la prosperidad y el aumento de población se vieron frenados por la llamada ―peste negra‖ que extinguió a casi el 50% de las personas. Dinastía Yuan, inaugurada por el mongol Kublai Khan, hijo de Gengis, al proclamarse Emperador de China. Está dinastía siempre fue considerada extranjera. Instalación de los Incas en Cuzco. Miguel VIII arrebata a los latinos el dominio de Constantinopla y establece la dinastía de los Paleólogos. En Abisinia (África), llegada de una nueva dinastía que proclama su estirpe salomónica legítima. Marco Polo parte en viaje hacia Oriente Intentos de invasión de los chino-mongoles al Japón. Marco Polo vuelve a Venecia desde el Oriente Comienzan las conquistas de los turcos otomanos, reduciendo al Imperio Bizantino. Apogeo del Imperio de Mali (África) durante el reinado de Mussa I. Conquista aragonesa de Cerdeña. Asentamiento de los aztecas en México-Tenochtitlan. Guerra de los Cien años En China, gobierna la dinastía Ming. Se conquistan nuevos territorios como Manchuria meridional y Yunán. Batalla de La Rochelle, en el Canal de la Mancha. El almirante de Castilla, Ambr osio Bocanegra derrota a una escuadra inglesa. El Imperio Servio sucumbe ante los turcos en la batalla de Kossovo El Imperio Búlgaro es subyugado por los otomanos, quienes lo dominan durante los 500 años siguientes. En Europa prosiguió el proceso de consolidación de los Estados. En Rusia Iván I afirmó la hegemonía de Moscú. Bizancio sucumbió ante los Turcos Otomanos, de modo que el Mediterráneo Oriental quedó cerrado al tráfico comercial de los países cristianos. La expansión europea se orientó hacia Occidente al patrocinar las monarquías española y portuguesa la exploración de rutas viables para llegar a las Indias. Derrota de los turcos por Tamerlán, en la batalla de Ankara. Enrique III de Castilla promueve la conquista de las Islas Canarias.

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La dinastía Ming de China empieza a enviar flotas a la India, Persia y África en misiones políticas y comerciales. Los portugueses desembarcan en las islas Madeira. Queda atrás, por el portugués Gil Eanes, el límite meridional del mundo conocido, el cabo Bojador en África. Portugal coloniza las Azores. En la región del Río de Oro empieza el tráfico de esclavos. Los aragoneses adquieren Nápoles. Constantinopla es sitiada por Mahomet II y sucumbe finalmente ante los turcos, dando fin al Imperio Bizantino. Termina la Guerra de los Cien Años entre Inglaterra y Francia. Cadamosto descubre, por cuenta de Portugal, las islas de Cabo Verde. Tratado de Alcacovas: Portugal reconoce la soberanía castellana sobre Las Canarias, en tanto que Castilla acepta el monopolio portugués de la circunnavegación de África. Los incas conquistan Chile septentrional y central. Establecen una guarnición en Coquimbo, límite austral del imperio incaico. Bartolomé Dias da la vuelta al Cabo de Buena Esperanza. Al tomar Granada, los españoles terminan la reconquista y expulsan a los moros y judíos. Colón descubre las islas Bahamas y Cuba, y toma posesión de ellas en nombre de Castilla (primer viaje). Segundo viaje de Colón y descubrimiento de Puerto Rico, Dominica, Antigua, Guadalupe y Jamaica El Papa otorga a los Reyes Católicos la soberanía de las tierras descubiertas y por descubrir, más allá de una línea trazada a cien leguas al oeste de las Azores y Cabo Verde. Carlos VIII de Francia invade Italia. Tratado de Tordesillas entre los Reyes Católicos y Juan II de Portugal: éste acata las resoluciones papales a cambio de desplazar la línea divisoria en ellas establecidas, a 370 leguas al oeste de Cabo Verde. Juan Cabot explora por cuenta de Inglaterra el litoral de la América del Norte. Colón descubre la costa de la América del Sur (tercer viaje). Vasco de Gama llega a la India, con lo que abre una ruta totalmente marina para Portugal. Alonso de Ojeda descubre el “Golfo de Venezuela”. La Reforma religiosa proporcionó una nueva dimensión a las guerras dinásticas y a los conflictos sociales que asolaban a Europa. España, vigorizada por las riquezas del Nuevo Mundo acaudilló la ofensiva católica contra Inglaterra, los Países Bajos y los príncipes alemanes protestantes. Prosiguió la expansión europea en ultramar. La mayor parte del litoral americano y de Extremo Oriente fue conquistada por las grandes potencias. Los mogoles crearon una próspera civilización en India. Gaspar Corte-Real explora las costas de Terranova y la península del Labrador Cabral toma posesión del Brasil en nombre de Portugal. El Shah Ismail conquista a Irán y funda un Estado Chiíta. Colón explora el litoral de la América Central (cuarto viaje). Martín Waldseemüller publica su atlas universal, en el que se da al continente del Sur el nombre de «América».

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Sebastián Cabot recorre las costas de Labrador hasta llegar a la bahía de Hudson . Núñez de Balboa descubre el Mar del Sur (Océano Pacífico). Los barcos portugueses llegan a China y a las Molucas. Díaz de Solís descubre el Río de la Plata. Lutero expone sus 95 tesis en Wittenberg. Jerusalén es conquistada por los turcos El Habsburgo Carlos 1 de España es electo emperador del Sacro Imperio Romano y como tal toma el nombre de Carlos V. Desembarco de Hernán Cortes cerca del actual Veracruz (México). Los españoles entran en Tenochtitlan (noviembre) y convierten a Moctezuma II en su rehén. Comienza el viaje de circunnavegación de Magallanes y Elcano (septiembre). Comienza el reinado de Soliman el Magnífico, que conquista a Belgrado (1521) y Rodas (1522), lo que le permite controlar el tráfico comercial veneciano y genovés en el Levante. Descubrimiento del paso -estrecho de Magallanes- en noviembre. En Otumba (México), Hernán Cortés derrota a los aztecas. Los portugueses empiezan a colonizar Brasil. En la Dieta de Worms, Martín Lutero rompe con el Papado. Elcano regresa a España, en septiembre. Bajo la bandera de Francia, Verrazano explora la desembocadura del Hudson. Zarpa de La Coruña la expedición de García Jofre de Loaisa hacia las Molucas. Van en ella Elcano y Urdaneta. Muerte de Huayna Capac. Su hijo Huáscar se proclama Inca en Cuzco, mientras su hermano Atahualpa se hace aclamar como soberano en Quito. Guerra civil. Derrota de Huáscar. Babur, victorioso en Panipat establece un gobierno mogol en la India. Llega a las Molucas la nao Florida, capitaneada por Álvaro de Saavedra. La expedición fue ordenada por Hernán Cortés desde Nueva España. Cédula del Emperador Carlos V; concedió a los Welsers la Provincia del “Golfo de Venezuela y Cabo de la Vela”. Tratado de Zaragoza. Carlos V empeña las Molucas a Portugal. Estalla la guerra entre el Emperador Carlos V y los príncipes protestantes. Francisco Pizarro conquista el Tahuantinsuyu (Perú). Enrique VIII de Inglaterra rompe con Roma y funda la Iglesia Anglicana. Gonzalo Jiménez de Quezada conquista Colombia. Cartier explora el río San Lorenzo. Valdivia inicia la conquista de Chile. Francisco de Orellana atraviesa los Andes y desciende por los ríos Napo y Amazonas hasta el océano. El virrey don Antonio de Mendoza envía a Ruy López de Villalobos al Pacífico. Dá nombre al archipiélago filipino, hasta entonces conocido como islas de San Lázaro. Carlos V vence en Mühlberg a los príncipes luteranos alemanes. Coronación de Iván IV el Terrible, que adopta el título de Zar. Los portugueses llegan a Kagoshima (Japón). Abdica Carlos V, emperador del Sacro Imperio Romano; se dividen los dominios Habsburgos.

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Con el reinado de Felipe II empieza el «Siglo de Oro» de España. Isabel I sube al trono de Inglaterra. Guerras de Religión en Francia Nace la Infantería de Marina como Cuerpo Orgánico. Salida de la expedición de Legazpi-Urdaneta hacia Filipinas. Urdaneta inicia el torna-viaje de regreso a Acapulco (Méjico), desde Manila (Filipinas). Zarpa la primera expedición de Mendaña desde Lima. Descubre las islas Salomón. Los Países Bajos, calvinistas y de economía predominantemente mercantil, empezaron su lucha de independencia de España. Gerardo Mercator publica el mapa del mundo en el que usa su famosa proyección. Las armadas de España y Venecia derrotan a los turcos en Lepanto. Viajes de Martin Frobisher en busca de un paso hacia Asia por el norte. Sir Francis Drake completa la segunda circunnavegación del globo. Portugal queda dentro del Imperio español. Inglaterra apoya la sublevación de las Provincias Unidas (Países Bajos) Derrota de la Armada Invencible española. Combate de las Azores. Alonso de Bazán derrota a la Escuadra inglesa del Almirante Howe. El japonés Hideyoshi intenta invadir sin éxito Corea y China. Los holandeses exploran las Indias Orientales. Segunda expedición de Álvaro de Mendaña; le acompaña su mujer, Isabel de Barreto. Descubre el archipiélago de las islas Marquesas Los holandeses se adueñan de gran parte del comercio portugués en Indias Orientales Los japoneses expulsan a los misioneros occidentales. Las tensiones políticas y religiosas generadas por la Reforma protestante en el siglo anterior, culminaron con la Guerra de los Treinta años – Inglaterra permaneció al margen – el comercio colonial se extendió por todo el mundo y dio lugar a escaramuzas y guerras mercantiles en India, América y Europa – Las potencias europeas compitieron por la supremacía del control comercial, que se consideraba una forma tangible de poder político. Se constituye la English East India Company. Se constituye la Dutch East India Company. Naves japonesas comercian con Luzón (Filipinas), Siam, etc. Pedro Fernández de Quirós descubre Nuevas Hébridas. Le acompaña Pedro Vaez Torres. Janszoon avista la costa de Australia. Quirós descubre las Nuevas Hébridas septentrionales. Váez de Torres descubre el estrecho entre Nueva Guinea y Australia, el actual estrecho de Torres. Champlain funda en Quebec una colonia francesa. Puesto comercial holandés en Hirado (Japón). Henry Hudson explora la bahía de Hudson. La Compañía Inglesa de Indias Orientales se extiende a la India y desplaza a los portugueses.

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El holandés Pieter Minuit funda Nueva Ámsterdam, llamada luego Nueva York por los ingleses. Miguel Romanov es elegido Zar de Rusia, iniciando la dinastía que gobernó hasta 1917. Empieza en Alemania la Guerra de los Treinta Años. Un grupo de exiliados ingleses, llamados los ―Padres Peregrinos‖ funda el primer núcleo en Massachussets. Los Peregrinos ingleses desembarcan en la bahía de Plymouth. Los franceses fundan sus primeras colonias en Las Antillas, por disposición del Cardenal. Richelieu

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REFERENCIAS GEOGRÁFICAS ACTUALES, AL AÑO 2000 PERTENECIENTES AL VOLUMEN I TOMO I Mapas Capítulo I. (El Mediterráneo a.C.).………………………………………………………….. A Temas: Los Fenicios…………………………………………………………………………... L Grecia………………………………………………………………………….............C Cartago……………………………………………………………………………….. B Roma………………………………………………………………………………….. A-B Capítulo II. (El Oriente Próximo y Extremo) Temas: Bizancio………………………………………………………………………………. E Islam………………………………………………………………………………….. J-K-L La antigüedad de Asia………………………………………………………………. J-K Capítulo III. (Merodeadores y Mercaderes) Temas: Edad Media ………………………………………………………………………….. J-K-P Vikingos………………………………………………………………………………. A-B-B1 Capítulo IV. (Feroz competencia) Temas: Venecia……………………………………………………………………………….. F Los Turcos…………………………………………………………………………… E-J Capítulo V. (El Renacimiento) Tema: Asia: a partir de la Alta Edad Media ……………………………………………….N-S Capítulo VI. (Primeras exploraciones) Temas: África: continente desconocido……………………………………………………... Q Exploraciones portuguesas…………………………………………………………. J-K-Q-S TOMO II Capítulo I. (El Encuentro) Tema: En busca del “Gran Khan”…………………………………………………………..H-Y Capítulo II. (Exploración y Colonización) Temas: Exploraciones………………………………………………………………………… H Prosiguen las exploraciones…………………………………………………………. G-H-I-U-Y Capítulo III. (El “Mar del Sur” y el “Caribe”) Temas: El “Mar del Sur”…………………………………………………………………….. I-K-W-X-Y Las “Flotas”……………………………………………………………………………H Capítulo IV. (La calle principal: el Caribe y el Norte del Atlántico) Tema: Corsarios y piratas………………………………………………………………….....H

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GLOSARIO PERTENECIENTE AL VOLUMEN I (Los términos náuticos van en cursiva) Abanico: Abasida: Abeto: Abisinio: Abordaje: Instrumento semicircular formado por varillas y tela que se pliegan y se despliegan, utilizado para darse aíre. Perteneciente a la dinastía que gobernó el califato árabe desde el 750 al 1258. Nombre común de diversos árboles de la familia pináceas. Madera resinosa de este árbol, muy empleada para estructuras, construcción naval e instrumentos musicales. De Abisinia / Abisinio: Nombre con el que también se conocía al Estado de Etiopía. Constituía el fin mismo de los combates de galeras, que se identificaban así con los enfrentamientos terrestres. Practicado igualmente por los corsarios, esta técnica se hizo mucho menos frecuente en las batallas de navíos. No concernía más que a los buques cuya capacidad combativa estaba muy reducida por el fuego de la artillería. Ensenada o bahía donde las embarcaciones pueden dar fondo y permanecer con alguna seguridad. Etnias de procedencia mesopotámica, sumerios y acadios se fusionaron hacia el IV milenio a. C., hasta el punto de compartir incluso las divinidades religiosas. Al parecer, fueron los primeros en utilizar la escritura. Con posterioridad, sus dominios fueron englobados en el Imperio babilónico. La ciudad de Acad fue capital de un verdadero Imperio que dominó Mesopotamia bajo la dirección de Sargón en el siglo XXVII a.C. Se dice del fondo del mar cuando forma escalones o cantiles / Se dice de la costa cortada verticalmente por la actividad erosiva del mar. Juntar, reunir en cantidad alguna cosa. (Acta: Relación escrita de lo sucedido, tratado o acordado en una junta). Ley inglesa, promulgada en 1651, para proteger su comercio, que constituyó la base de la potencia naval británica. Se llamó ―adelantado‖ en épocas de la conquista de América, a algunos gobernadores y capitanes generales que, una vez que llegaban a las tierras que les habían sido asignadas, fundaban ciudades, administraban justicia y tenían amplios poderes militares. Asegurar o recoger las velas. Variedad de calcedonia, dura, traslúcida y con colores que se pueden distribuir en forma de ondas, listas o jaspeados. Sus principales yacimientos se localizan en Brasil, Uruguay e India. Se emplea como objetos de adornos y, por su dureza, en determinadas aplicaciones técnicas. Es una planta crasa, de gran tamaño y con hojas carnosas. Originaria de zonas tropicales, crece en las regiones cálidas y mediterráneas. Con sus hojas se fabrican fibras textiles y con su vaina se elaboran diversas bebidas alcohólicas (pulque, tequila y mezcal). Aprovisionamiento de agua para el buque, que se practicaba en islas, enclaves o puertos intermedios durante la travesía; provisión de agua. Agua mezclada con miel / la preparada con la caña de azúcar / jugo del maguey. Se le llama también así a la brújula; como así mismo “aguja de marear”. Flechilla de hierro, tocada a la piedra imán, que puesta en equilibrio sobre una pua se vuelve

Abra: Acadio / sumerio:

Acantilado: Acopiar: Acta de navegación:

Adelantado:

Aferrar: Ágata:

Ágave:

Aguada: Aguamaniel: Aguja:

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Agustino: Ahorquillar: Al-Andalus:

Alcabala:

Alcaíde: Aleta:

Alhóndiga: Alídada: Alijo: Alisios: Aljibe: Almadía: Almagesto: Almiranta: Almirante: Almojarifazgo: Almorávide:

Aluvión: Amalgama: Ámbar:

Ámbito: Amorrita:

siempre al Norte y colocada en el control de la “rosa náutica” sirve de gobierno a los navegantes para conocer los rumbos de las embarcaciones. Religioso de la Orden de Hermanos de San Agustín. Dar a una cosa la figura de horquilla. Nombre árabe que durante la Edad Media dieron los musulmanes a la parte de la Península Ibérica por ellos dominada. Finalmente, en castellano, ―Andalucía‖, quedó para región del Sur de España, que engloba a ocho provincias. Tributo vigente en la Edad Media y Edad Moderna en España y en la América española que cobraba el fisco por los contratos de compra-venta y permuta. Durante el reinado de Enrique III adquirió su configuración definitiva: un impuesto ordinario que gravaba el 10% de la compra-venta y trueques. El que tenía a su cargo la guarda de una fortaleza. Cada uno de los ángulos direccionales con centro en el buque y comprendido entre la popa y 45 grados de ella. Hay así aleta de babor y de estribor. Se dice también de la parte del casco comprendida dentro de esos ángulos. Casa pública para la compra-venta y depósito de mercancía. Regla movible sobre el centro de un instrumento de reflexión, que lleva consigo el espejo principal y señala en el arco los grados de altura del astro que se observa. Conjunto de mercancías de contrabando / Alijar: Aligerar de peso o descargar una embarcación. Vientos regulares que soplan en dirección NE en el hemisferio Norte y SE en el hemisferio Sur, desde las altas presiones sub-tropicales hacia las bajas del Ecuador. Cisterna. Cada uno de los recipientes en que se tiene el agua a bordo. Conjunto de maderos unidos con otros para conducirlos fácilmente a flote. Libro de astronomía de Tolomeo, escrito en el siglo II d.C., que gozó de un extraordinario reconocimiento hasta la formulación de las teorías de Copérnico. Navío que cumplía funciones de vigilancia o escolta en la retaguardia, y que generalmente llevaba al segundo comandante o jefe de una armada o flota. Del árabe; emir: jefe militar del mar. Antiguo impuesto que se pagaba por los géneros o mercaderías que entraban o salían de España, o por aquellas que se comerciaban de un punto a otro dentro del propio país. Se dice de una dinastía beréber que reinó en el occidente musulmán. Constituyeron un movimiento religioso y político. Crearon un vasto imperio en el occidente de África y llegaron a dominar toda la España árabe desde 1093 a 1148. Avenida fuerte de agua, inundación. Aleación de mercurio, generalmente sólida o semilíquida / Mezcla de cosas distintas. Resina fósil transparente de color amarillo claro o rojizo, más o menos oscuro, electrizable, con buen olor. Tiene gran importancia para el estudio de la flora y fauna de las épocas terciarias y cuaternarias, ya que muchos ejemplares quedaron atrapados en ellas y se han conservado en perfectas condiciones hasta la actualidad. Contorno de un espacio o lugar / Espacio comprendido dentro de límites determinados. Se dice del individuo de un pueblo bíblico, descendiente de Amorreo, hijo de Canaan. Procedían del NO del Próximo Oriente.

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Ampolleta (Reloj de arena): Anarquista: Ancla (de cepo):

Andanada: Anfiteatro:

Ánima lisa: Anticiclón: Antípodas: Añil: Aparejo: Aqueo: Arameo:

Arancel: Araucano:

Arawako: Arboladura: Arbolar: Arbotante:

Arcabuz:

Artificio que se compone de dos ampolletas unidas por el cuello y que sirve para medir el tiempo por medio de la arena que va filtrándose y cayendo de una a otra. Persona que profesa el anarquismo / Anarquía: Falta de todo gobierno en un Estado. Instrumento fuerte de hierro, con arpón o anzuelo de dos lenguetas, el cual, afirmado al extremo del cable y arrojado al mar, sirve para aferrar o amarrar las embarcaciones. El cepo es un madero grueso que se sujeta al extremo, en dirección perpendicular a la caña y al plano de los brazos del ancla y sirve para que el ancla agarre en el fondo. Descarga cerrada, al mismo tiempo, de toda una batería de un buque. De “andana”, orden de algunas cosas –cañones- puestas en línea. Edificio de forma redonda u oval con gradas alrededor, en el que los Romanos celebraban ciertos espectáculos, principalmente los combates de gladiadores o de fieras / Conjunto de asientos colocados en gradas semicirculares en las aulas y en los teatros. Cañón liso (no rayado), usado en la artillería naval hasta la segunda mitad del siglo XIX. Área atmosférica de altas presiones, en la que los vientos superficiales son divergentes y la presión crece hacia el centro. Da lugar a condiciones de tiempo claras y en calma. Literalmente, con los pies del lado opuesto; personas que viven al otro lado del mundo. Usada comúnmente como seudónimo para Australia y Nueva Zelanda. Planta que crece en su SE de Europa y Oeste de Asia; pasta de color azul oscuro, obtenida de esa planta. Sirve para teñir. Conjunto de palos, vergas, jarcias y velas del buque que se utilizaban para su propulsión, aprovechando el viento. Pueblo de la antigua Grecia. Tribus que procedentes del Norte invadieron hacia el 2200 a.C., y de su contacto con los nativos, surgió la cultura micénica. Conjunto de tribus nómadas cuyos recorridos trashumantes los llevaron desde el norte de Arabia hasta Siria, Palestina y Babilonia. Hablaban una lengua de la misma rama que el fenicio y el hebreo. Su gran vitalidad la impuso como lengua literaria del Próximo Oriente en la Antigüedad. Tarifa oficial que recoge y señala para cada mercancía o grupo de mercancías los impuestos que deben satisfacerse. Indígena sudamericano, de la región de Araucania, en Chile. Fueron guerreros famosos, resistiendo la dominación de los incas y luego la de los españoles, en sangrientos combates. Pueblo amerindio que habitó el Caribe y el norte de América del Sur, distinto de los caribes. Su origen se sitúa en el altiplano central brasileño o en las Guayanas. (Ver Aparejo). Poner los mástiles a una embarcación. Todo trozo o pieza de madera o hierro que sale del cuerpo principal del buque o de otro objeto, para sostener cualquier cosa / Contrafuerte externo en forma de arco que por su extremo superior contrarresta el empuje de algún arco o bóveda. Arma antigua de fuego, semejante al fusil y que se disparaba prendiendo la pólvora del tiro mediante una mecha móvil colocada en la misma arma.

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Arco:

Arconte: Ariete: Ario: Aristocracia Armada: Armadilla: Armenio:

Arqueo: Arqueología:

Arqueta: Arrecife Arribada: Arrumbada: Arterioesclerosis: Artilugio: Asamblea: Asceta: Ashanti: Asirio: Astenia: Astillero: Astracán:

Astrolabio:

Atlántida:

Arma, generalmente de madera, aunque puede ser de cualquier otro material elástico que, forzada a encorvarse por efecto de la tensión de una cuerda sujeta a sus extremos, adquiera por su elasticidad la fuerza necesaria para lanzar flechas o bolas de piedra. Nombre con que se designaba a los magistrados principales de una ciudad-Estado griega. Viga larga que se empleó en la Antigüedad para batir murallas; uno de sus extremos estaba reforzado con una pieza de hierro o bronce, por lo común con figura de carnero. Pueblo primitivo que se supone habitó en el centro de Asia en época muy remota y del cual proceden todos los pueblos indoeuropeos. Clase noble de una nación, provincia, etc. / Por extensión, clase que sobresale de las demás por algunas circunstancias. Conjunto de fuerzas navales de un Estado. Pequeña Armada. Natal de Armenia; región montañosa de Asia Occidental, que se extiende por su parte septentrional por el Sur del Caúcaso, y por su parte meridional, por las actuales Irán, Turquía y Azerbaiyán. Capacidad de carga de un buque. Ciencia que estudia lo antiguo en su sentido más amplio (épocas prehistórica e histórica), recuperando, describiendo y estudiando sistemáticamente la cultura material con la ayuda de técnicas apropiadas. Caja pequeña, generalmente usada para guardar dinero, joyas, etc. Banco o bajo en el mar, casi a flor de agua, peligroso para la navegación. Llegada imprevista de un buque a un puerto no estipulado en su itinerario. Plataforma que cubre la parte superior de la “corulla”. Endurecimiento o pérdida progresiva de elasticidad en las paredes de las arterias, producido por el depósito de sustancia lipoideas en su interior. Mecanismo, sobre todo si es de cierta complicación; suele usarse con sentido despectivo / Ardid o maña. Cuerpo político y deliberante como el Congreso o el Senado. Persona que hace vida ascética / Ascética: Parte de la teología que trata de la perfección cristiana. Se dice del pueblo que habita en el centro de Ghana (África). Pueblo del norte de Mesopotamia; está en el actual Irak. Decaimiento considerable de fuerzas, debilidad. Sitio destinado a la construcción y carena de embarcaciones. Piel de cordero nonato o recién nacido, muy fina y con pelo rizado. De estas pieles, fueron muy famosas las provenientes de una región del mismo nombre, que hoy forma parte de la Federación Rusa. Instrumento para observar la altura del Polo y de los astros. Se hacía colgar perpendicular al nivel del mar, mientras el sol o la estrella eran avistados a través de dos pequeños agujeros situados en las láminas de su veleta móvil. Entonces se podía leer la altitud del cuerpo celeste en la escala graduada que circundaba al borde. Isla fabulosa y que se supone existió más allá de las columnas de Hércules, al O. del estrecho de Gibraltar, en el océano Atlántico.

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Atolón: Atracar: Atraque: Audiencia:

Áurica: Austral: Australoide:

Autóctono: Autónomo: Ávaros:

Avería: Ayyubí: Azteca: Azufre: Azumbre: Babilonio: Babor: Bacteria:

Bahía: Bajel: Bajío: Bajo:

Isla madrepórica o arrecife circular, elíptico o en herradura, con una laguna interior. Típico del Océano Pacífico. Arrimar a tierra una embarcación. Arrimar una embarcación a otra. Operación de acercarse a tierra o a puerto y asegurar el buque para desembarcar. Tribunal de justicia que dirime los pleitos o causas de un determinado territorio y el distrito de la jurisdicción de este tribunal y el edificio en que se reúne. En la América española fueron uno de los pilares de la administración y el gobierno; además de su función de tribunal de justicia, las Audiencias actuaron como asesoras del Virrey o Gobernador, a la vez de servir de contrapeso de su actuación. De oro, dorado. Relativo al Polo y al hemisferio Sur. Se dice del individuo que presenta rasgos comunes con algunos grupos étnicos del Pacífico sur, como los australianos, los extinguidos habitantes de Tasmania y los pueblos de la Melanesia. Se dice de los pueblos originarios del mismo país en que viven / Se dice de lo que ha nacido o se ha originado en el mismo lugar donde se encuentra. Que goza de autonomía / Se dice del que trabaja por cuenta propia / Autonomía: Condición del individuo que no depende de nadie. Pueblo nómada de la región norte del Mar Caspio, que huyendo de los turcos se refugió en Occidente; se establecieron en la zona media del río Danubio. La formación de los Estados eslavos y búlgaros limitó sus actividades; hacia el final del siglo XIII sus incursiones seguían siendo muy pertinaces. Impuesto que se grababa a mercancías transportadas, y custodiadas, prorrateándolo sobre el valor de los productos. Dinastía musulmana fundada por Saladino, que sucedió en Egipto a la de los fatimitas. Dividida en varias ramas, se impuso en Irak, gran parte de Siria y Yemen. Se dice de un antiguo pueblo invasor y dominador del territorio, conocido después con el nombre de México. Elemento químico no metálico, de color amarillo, quebradizo, insípido, craso al tacto, que por frotación se electriza fácilmente y de olor característico. Medida de capacidad para líquidos, equivalente a 2 litros y 16 mililitros. Pueblo que habitó el sur de Mesopotamia. Banda o costado izquierdo del buque, mirando desde popa a proa. Microorganismo unicelular. Vive en el aire, suelo, agua, animales y plantas. Suelen ser responsables de la putrefacción y descomposición de la materia orgánica y algunas ocasionan enfermedades en el hombre, los animales, plantas e incluso otros microorganismos. Entrada de mar en la costa, de extensión menor que el golfo y mayor que la ensenada o caleta. Nombre genérico de cualquier embarcación que pueda navegar por alta mar. Área de escasa profundidad, de constitución arenosa, en los mares, ríos y lagos / Banco de arena peligroso. Bajío, por banco de arena.

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Bala:

Proyectil de piedra, de fundición de hierro, arrojado por los cañones de ánima lisa hasta mediados del siglo XIX. Balcánico: Habitante de los Balcanes, sistema orográfico de Europa que se extiende en el curso inferior del río Danubio. Esa zona cubre partes de países como Grecia, Albania, Macedonia, Bulgaria, Serbia-Montenegro, Croacia y Bosnia-Herzegovina. Baliza: Señal fija o flotante que se pone de marca para indicar bajos, dirección de canales, etc. Ballesta: Arma portátil antigua con la que se disparaban flechas u saetas. También máquina para arrojar piedras o venablos. Ballestilla: Simple varilla graduada, a lo largo de la cual corría un cursor. El observador visaba el astro y la línea del horizonte; donde quedaba detenido el cursor se leía los grados indicados y se tenía la latitud. Balsa: Conjunto de maderos que unidos forman una superficie flotante que se usa como embarcación. Bancarrota: Quiebra comercial y más comúnmente la completa o casi total que procede de falta grave, o la fraudulenta. Banco de Bogar: Tablones colocados transversalmente en un bote, sirviendo de asiento para los remeros. Banda: Cada uno de los lados de un buque, contando las de el plano vertical que dividiese por medio longitudinalmente a la quilla, hasta el costado respectivo. Bantú: Se dice del individuo de algunos de los pueblos que habla lenguas bantúes y habitan en África ecuatorial y meridional. Bao: Gran madero que de trecho en trecho atraviesa de babor a estribor y sirve para aguantar los costados, al mismo tiempo que sostiene las cubiertas; hace el oficio de las vigas en las casas. Bárbaro: Palabra griega usada originariamente para designar a todos los pueblos no griegos, adoptada por los romanos para indicar a todos los pueblos que estaban fuera de su Imperio. Barloventear: Conducir la embarcación contra el viento, en zigzag, variando la posición de las velas para lograr su mejor aprovechamiento. Barlovento: Dirección de donde viene el viento. Colocarse en esa posición respecto del adversario, daba ventajas tácticas. Barra: Banco de arena o piedra que se extiende en la entrada de algún río o puerto, haciéndola difícil y peligrosa, especialmente durante las mareas bajas. Bauprés: Mástil oblicuo, en la cubierta superior que sale de ella por la proa y lleva la vela cebadera por debajo, y las velas triangulares llamadas foques, por arriba. Beduino: Tribus nómadas y seminómadas que viven en zonas desérticas del nordeste de África y de Oriente Medio (Siria, Jordania, Irak y Arabia). Bejuco: Nombre de diversas plantas trepadoras tropicales de varias familias, cuyos tallos largos y flexibles se utilizan para toda clase de ligadura y para fabricar tejidos. También se llaman lianas. Berbería (Berberisco): Perteneciente o relativo a la antigua región de Berbería, que es el nombre tradicionalmente aplicado a la parte noreste de África entre el Mediterráneo y el Sahara. Berberisco: Perteneciente o relativo a la antigua región de Berbería, que es el nombre tradicionalmente aplicado a la parte noreste de África entre el Mediterráneo y el Sahara. Beréber (Berebere): Individuo de la raza más antigua y numerosa de África Septentrional.

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Bergantín:

Embarcación de dos palos o mástiles cuyo arqueo o capacidad de carga era inferior a 200 toneladas. Originalmente, se denominó así, en el Mediterráneo, a una nave sutil derivada de la galera. Biombo: Mampara formada por varios bastidores articulados. Birreme: Galera con dos órdenes de remos. Blasfemar: Decir blasfemia / Palabra o expresión injuriosa contra dios o las personas o cosas sagradas. Bodega: El espacio mayor de un buque destinado al acomodo o estiba de la carga, ubicado bajo la primera cubierta. Boer: Significa colono en holandés. Habitante del África Austral, al norte de El Cabo, de origen holandés. Bogar: Remar. Bolina, de: Navegación a rumbo muy próxima al eje del viento. Los mejores barcos de aparejo de cruz podrían estar a 70º del viento, mientras que los yates modernos se aproximan a los 45º. Bolina, navegar a la: (Ver Barloventear) Bomba: Máquina para sacar el agua de la sentina o bien la que conviene extraer de otras partes, achicándola. Boneta: Vela supletoria que se agrega por abajo a otra para aumentar su superficie en tiempos bonancibles. Borda: Extremo lateral de un buque sobre la cubierta superior. Bosquimano: Se dice de una tribu de África meridional, de pequeña estatura y color negro-amarillento. Viven en las estepas del desierto de Kalahari. Bote: Barco pequeño, de remo y sin cubierta. Bóveda: Construcción arquitectónica curvada que cubre un espacio entre muros o pilares. Boya: Cuerpo flotante sujeto al fondo del mar, de un lago, etc, y se coloca como señal para indicar un sitio peligroso o un objeto sumergido. Bracear: Tirar de las brazas por una u otra banda para situar las vergas en el plano o dirección conveniente, según el ángulo que hayan de formar con la del viento. Brahmanismo: Religión de la India, hoy denominada oficialmente hinduismo. El dogma central del brahmanismo es el de la trasmigración de las almas, y sus prescripciones están estrechamente ligadas a concepciones sociales. Braza: Cabo que coloca o ata en cada uno de los penoles extremos de las vergas y sirve para sujetarlas o tenerlas en tal posición que las velas reciban el viento según convenga para navegar / Longitud de seis pies de Burgos que servía de medida en todos los usos de la navegación y el pilotaje, siendo uno de ellos determinar la profundidad del agua. Bretón: De Bretaña, región del NO de Francia. Broma (Teredo): Molusco marino, de nombre científico “teredo-navalis”. Vive en el Atlántico y el Mediterráneo. Se alimenta de la madera, preferiblemente bañada por agua. Brújula: (del italiano “bussola” y éste del latin “buxis”, caja). La aguja imantada que gira libremente sobre un pivote vertical y marca los polos magnéticos de la Tierra. Brulote: Muy usado en los siglos XVI y XVII, el brulote era un buque lleno de explosivos y materias inflamables. Su tripulación se esforzaba por dirigirlo hacia la línea adversaria antes de proceder a abandonarlo rápidamente. Bruma: La niebla que se levanta en el mar.

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Bucanero:

Una denominación, junto a la de filibusteros, con que fueron llamados los piratas del Caribe. Buena – boya: Remeros voluntarios de las galeras, privilegiados por la paga, la comida y permisos en tierra. Bula: Documento pontificio relativo a materias de fé o de interés general, concesión de gracias o privilegios, asuntos judiciales o administrativos, expedido por la cancillería apostólica y autorizado por el sello de su nombre. Bularcama: Ligazón de madera gruesa y ancha que se pone sobre el forro de la bodega, ligando el plan o base plana con las obras altas del buque. Búlgaro: Habitante de Bulgaria, Estado de Europa sudoriental, en la península de los Balcanes. Burcia: Buque de carga, de las de mayor porte, con tres palos y de forma semejante a un tonel, usado particularmente en el mediterráneo. Burgués: Perteneciente o relativo al ciudadano de clase media. Burócrata: Persona que pertenece a la burocracia / Burocracia: Conjunto de funcionario públicos / Conjunto de normas, papeles y trámites necesarios para gestionar un asunto en una oficina / Influencia excesiva de los funcionarios públicos en los asuntos del Estado. Bushido: La ―Vía del Guerrero‖ o BUSHI. Ética marcial surgida entre los guerreros del período medieval japonés que implicaba el patrocinio del señor, a cambio del servicio militar del vasallo. Este ―código‖ ético tendió a convertirse en lazo unilateral e incondicional de fidelidad al señor. Cabo: Cualquiera de las cuerdas empleadas a bordo / Legua o porción de tierra que penetra en el mar / Cualquiera de los extremo de una cosa. Cabotaje: Navegación que se hace a vista de la costa. Caja de Fuego: Donde se conservan los artificios para producir fuego. Calabrés: Natural de Calabria / Calabria: Región meridional de Italia. Calado: Profundidad que alcanza en el agua la parte sumergida de un barco. Calatrava (Orden de): Orden religiosa y militar española fundada en 1158 por San Raimundo para defender la plaza de Calatrava y su comarca, de los musulmanes. Calibre: Diámetro del tubo de un cañón. La cantidad de veces que ese diámetro encaja en la longitud del tubo, expresado como "calibre", por ejemplo, un cañón de calibre de 254 Mm. con un tubo de 756 cm de largo se describiría como "10/30". Califa: (Árabe: ―Khalifa‖, ―vicario‖, ―sucesor‖). Sucesor de Mahoma como cabeza de la comunidad islámica. El título implica una soberanía religiosa y política continuada sobre todos los pueblos muslímicos, pero no una revelación divina directa. Calvinista: Seguidor de la doctrina religiosa cristiana, predicada por Calvino, teólogo y reformador religioso francés, que profundizó y radicalizó el mensaje de Lutero. Cámara: División que se hace a popa de los buques para alojamiento. Canoa: Embarcación de remo muy estrecha, ordinariamente de una pieza, sin quilla y sin diferencia de forma entre proa y popa. Canon: Regla o precepto / Modelo de características perfectas. Cantábrica: Relativo a Cantabria / Región del norte de España. Cantera: Sitio a aire libre de donde se saca piedra u otro mineral análogo para la construcción / Lugar, institución, etc. que proporciona personas con una capacidad específica para una determinada actividad.

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Cantonés:

Natural de Guahgzhou (Cantón) / Cantón: Ciudad de China, capital de la provincia de Guangdong, región Centromeridional. Caña: La palanca de madera o de hierro con que se hace girar el timón. Capilla: Caja en donde se depositaba el cuaderno de bitácora, la brújula, etc. Capitana: Navío que cumplía funciones de vigilancia o escolta en la vanguardia, y que generalmente llevaba al comandante o jefe de una armada o flota. Carabela: Buque de los grandes descubrimientos, maniobrable, rápido, apto para ceñir el viento. De un porte de 80 a 100 toneladas, de dos o tres mástiles. Carabo: Embarcación ligera de vela latina, usada en el Mediterráneo, en principio, por los musulmanes. Caravana: Grupo de gente que en Asía y África se juntan para hacer un viaje con seguridad. Cardenal: Cada uno de los prelados que componen el sacro colegio o consejo del Papa, Le asesoran en el gobierno de la iglesia y forman el cónclave para la elección del Sumo Pontífice. Cardumen: Banco de peces. Carena: Parte sumergible del casco de una nave, desde la quilla hasta la línea de flotación. Carenar: Proceso de inclinar un barco sobre su costado para facilitar la limpieza de su fondos. Caribe (Karibe): Pueblo amerindio extendido por las Antillas Menores y la zona tropical del norte de Sudamérica. Carraca: Buque de alta mar, con altos castillos a proa y popa, que asociaba la vela cuadra del Norte con la latina del Mediterráneo. En el siglo XVI las carracas mercantes de Venecia, la Hansa o Portugal, tenían un porte de 500 a 800 toneladas y una artillería de 120 a 140 piezas livianas. Carrizo: Planta herbácea perenne, perteneciente a la familia gramíneas; de distribución cosmopolita, se cría cerca del agua y en zonas humadas. Carroza: Armazón, generalmente en popa de la nave, que sirve para defenderse de la intemperie y la lluvia. Carta Magna: Documento promulgado por el rey inglés Juan sin Tierra en 1215. Reconocía la libertad de la iglesia y los derechos señoriales y establecía un ―Consejo del Reino‖ para controlar la recaudación de impuestos. En el siglo XVIII el Parlamento la adoptó como un símbolo de las libertades inglesas en su lucha contra el rey. Carta Náutica: Plano que representa una extensión de mar y de costa, más o menos grande, con indicación de los accidentes geográficos marinos. También se la llaman de “marear”, “náuticas” o “marinas” y “de navegación”. Cartujo: Religioso de la Orden de la Cartuja, de regla muy austera, fundada por San Bruno. Casa de Contratación: Organismo creado por los Reyes Católicos en 1503, que se ocupaba de los negocios del tráfico con las Indias y cuya sede se encontraba en Sevilla. En 1717 fue trasladada a Cádiz y suspendida definitivamente en 1790. Casco: Cuerpo del buque o embarcación. Casta: Generación o linaje / Parte de los habitantes de un país que forman un grupo especial. Castillo: Torre o estructura alzada sobre la cubierta superior, en la proa o parte delantera del buque. Castrar: Capar, extirpar o inutilizar los órganos genitales. Casulla: Vestidura litúrgica que se pone el sacerdote encima de las demás cuando va a decir misa. Catafracta: Galera en la que los remeros estaban defendidos por el casco de la nave y la cubierta.

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Catamarán: Catapulta: Catarata: Catay: Caucásico: Caviar: Cazabe:

Cebadera: Cedro: Celta: Cenagosa: Cenit: Chalupa: Chamizo: Chibcha:

Chichería: Chichimeca:

Chíí – Chiíta:

Chimú:

Barca (posteriormente barco) con dos cascos unidos por medio de una cubierta continua o de varias cubiertas. Máquina militar antigua para arrojar piedras o saetas. Cascada de agua de gran tamaño y caudal. Denominación que daban a China los autores de la Edad Media. Se aplica a la raza blanca o indoeuropea, por suponerla asentada en el Cáucaso, cadena montañosa situada en los límites de Europa y Asia. Alimento muy estimado de las huevas del esturión / Esturión: pez que vive en el mar pero penetra en los grandes ríos de Europa para depositar sus huevas. Es una especie de torta circular a base de yuca, que formaba parte de la dieta tradicional de los taínos, habitantes nativos del Caribe, extintos hace siglos con la llegada de los españoles. Vela cuadrada de pequeño tamaño que pende del bauprés o palo anterior en la proa del buque. Nombre común de diversas especies arbóreas pertenecientes a la familia pináceas. Se dice un antiguo grupo de pueblos indoeuropeos que habitaban en el centro y o de Europa. Llena de cieno / Cieno: Lodo blanco constituido por materiales finos, que forman depósitos en los ríos, y sobre todo en lagunas o en sitios bajos y húmedos. El punto más alto del hemisferio celeste, superior al horizonte, que corresponde verticalmente a un lugar de la Tierra. Barco prolongado mayor que el esquife, el cuál tiene dos árboles pequeños para el uso de las velas y además suele tener seis u ocho remos en cada banda. Choza cubierta de chamiza-hierba usada para techar cabañas o chozas. Se dice de un pueblo amerindio también llamado ―muisca‖, que a la llegada de los españoles se asentaba en la región montañosa compuesta por las tres cadenas, occidental, central y oriental en que se ramifican la cordillera de los Andes en el territorio de la actual Colombia. Contaban con una organización política de carácter militar y teocrático. Practicaban la agricultura, sobresalieron en la elaboración de algodón, así como en la fabricación de joyas y figuras de oro y cobre. Lugar donde se vende chicha / Chicha: Bebida alcohólica que resulta de la fermentación del maíz en agua azucarada y que se usa en algunos países de América. Pueblo que se estableció a orillas del lago Texcoco y se mezcló con otros que ya poblaban territorio mexicano, que tenían una cultura y género de vida similar. Debido a la supremacía de sus armas, el arco y la flecha, derrotaron fácilmente a otros pueblos; su organización y religión estaban centradas en torno a la actividad guerrera. Posteriormente, formó parte de la confederación azteca. Rama del Islam que considera únicos califas legítimos a los descendientes de Alí. Hoy, son mayoritarios en Irán. De doctrina muy rigurosa. Cuenta en la actualidad con unos 100 millones de creyentes. Pueblo preincaico que se desarrolló entre 1000 y 1470, en la costa norte del Perú y cuya cultura sustituyó a la mochica. Contaba con una avanzada organización social, militar y política. Su economía se basaba en una agricultura de irrigación, y en la producción

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Chumacera: Chusma: Cimbrios: Cinta / cintones:

Circasiano: Cisma:

Cisterciense: Clan:

Clavo: Clérigo: Coca:

Codaste:

Coetáneo: Cofa:

Cofradía: Cohorte: Colisa: Colofón: Colonia:

Coltan:

textil, cerámica y de objetos de orfebrería. Fueron sometidos por los incas a finales del siglo XV. Tablita que se fija sobre la regala, regularmente forrada de cobre o cuero curtido, para suavizar el roce del punto de apoyo del remo. El conjunto de los forzados o galeotes de una galera. Pueblo germánico que habitó en la actual Dinamarca en la Antigüedad. Asociado al pueblo teutón invadió por el Este los territorios romanos. Fila de tablones más gruesos y fuertes que los restantes del forro, que se extienden a lo largo de los costados en diferentes alturas para fortificar el buque y formar los arcos de arrufo que lo hacen airoso / En barcos menores o sin cubierta se llama “cintón” cuando es más grueso que ancho (antiguamente, se decía fajadura). Grupo de pueblos del Noroeste del Cáucaso. Ruptura de la unidad visible de la Iglesia, especialmente entre la latina (católica), pero también dentro de la iglesia latina medieval, como en el caso de las controversias con respecto a la sucesión legítima del obispado de Roma. Se dice de la orden del Cister, fundada en 1098 por San Roberto, con el propósito de recuperar la antigua austeridad de los benedictinos. Nombre que en Escocia designa tribu o familia y que por extensión se emplea con carácter general en sociología para aplicarlo a ciertos tipos de agrupación humana, como por ejemplo, personas unidas por vínculos o intereses comunes. Especie aromática y picante que se obtiene del capullo seco y no abierto de la flor del clavero, árbol nativo de las Malucas y que se cultiva en regiones tropicales. El que ha recibido las Órdenes Sagradas. Nave mercante de francobordo elevado que apareció en los mares del Norte en el siglo XIII. Provista de un solo palo con vela cuadra, disponía de dos castillos, uno en proa y otro en popa que podían servir como plataformas de combate. Madero puesto verticalmente sobre el extremo de la quilla, inmediato a la popa / Originalmente (y todavía en barcas pequeñas) de sencillos pinzotes conocidos como machos y unidos directamente a la barra del timón o por cuerdas o cadenas a la rueda de dirección que, cuando adquiere cierto ángulo con el curso del barco, provoca un cambio de dirección. De la misma edad / Contemporáneo. Meseta colocada horizontalmente en el cuello de un palo. Antiguamente, redondas, semejantes a un cesto. (Hasta Trafalgar había soldados en las cofas para hostilizar al enemigo). Congregación de hermandad de devotos – gremio o asociación. Antiguo unidad del ejército romano formada por varias centurias. Armazón sobre el cuál se monta todo cañón giratorio. Anotación al final de los libros que expresa el nombre del impresor y el lugar y fecha de la impresión / Frase, actitud, decisión complementaria que pone termino a una cosa. Conjunto de personas que van de un territorio a otro, nacional o extranjero, para establecerse en él, y lugar donde se establece / Territorio poseído y administrado por un país, situado fuera de sus fronteras y ordinariamente regido por leyes especiales. Es la abreviatura de columbita-tantalita, también conocido como colombio-tantalio, una serie de minerales formados por la mezcla de columbita y tantalita en cualquier

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proporción. Es un mineral de color metálico apagado, que se encuentra en la naturaleza mezclado con otros minerales. Es un componente indispensable para la fabricación de los cohetes balísticos, para el desarrollo de las telecomunicaciones (teléfonos móviles), fabricación de los condensadores electrolitos encargados de mantener la carga eléctrica en los microchips, que a su vez, constituyen la base de los computadores, y para la fibra óptica y equipos electrónicos. Su gran resistencia, así como su superconductividad, le hacen especialmente apto para la industria aeronáutica y espacial El principal productor de Coltan es Australia, si bien existen reservas probadas y/o en explotación en Brasil, Tailandia y la República Democrática del Congo, esta última con cerca del 80% de las reservas mundiales estimadas. Comandos (Marinos): Grupo de tropas, preparado para efectuar Operaciones Especiales. Combés: Espacio que media entre el palo mayor y el de trinquete, en la cubierta de la batería que está debajo del alcázar y castillo / Segunda cubierta de los navíos de dos puentes. Cómitre: Persona que en las galeras vigilaba y dirigía a los remeros o galeotes. Compás Magnético: (ver también Aguja). Barra de acero tocada a la piedra imán, que puesta en equilibrio sobre una púa, se vuelve siempre hacia el Norte y colocada en el centro de la Rosa Náutica sirve de gobierno a los navegantes para dirigir su rumbo. Complutense: (del Latín complutenses, de Complutum, Alcalá de Henares) / Nombre latino de la localidad de la provincia de Madrid, Alcalá de Henares. Concupiscencia: Apetito y deseo de los bienes terrenos / Apetito desordenado de placeres sexuales. Conserva: Agrupamiento de buques que navegan en conjunto. Cónsul: Cada uno de los dos magistrados que tenían en la República Romana suprema autoridad durante un año. Consulado: Dignidad de cónsula / Casa y oficina en que despacha el cónsul / Cónsul: Representante de un Estado en una ciudad extranjera para proteger las personas e intereses de los individuos de la nación que lo nombra. Contralmirante: Oficial general de la Armada, inmediatamente inferior al vicealmirante. Contramaestre: Oficial de mar que manda las maniobras del navío y cuida de la marinería bajo las órdenes del oficial de guerra. Copto: Cristiano de Egipto que profesa el monofisismo (doctrina que niega las dos naturalezas de Jesucristo y sólo admite la divina). La iglesia copta se separó de la oriental en el siglo V. En la actualidad cuenta con 1.200.000 creyentes y está dirigida por un patriarca con sede en el Cairo. Coral: Nombre común de diversas especies de celentéreos. La especie más conocida es el coral rojo / Sustancia dura que segregan los pólipos del coral, que le sirve de esqueleto de sostén y habitación. Cordaje: Conjunto de cuerdas de un instrumento musical de cuerda, de una raqueta de tenis, etc. Cordierita: Mineral transparente que cristaliza y aparece, sobre todo, en rocas metamórficas. Cornucopia: Vaso de figura de cuerno del que rebosan flores y frutas, representando la abundancia – Espejo de marco tallado con brazos para poner luces. Corolario: Preposición que no necesita prueba particular, sino que se deduce fácilmente de lo demostrado antes.

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Corredera:

Correría: Corsario: Corso:

Cortes:

Corulla: Corvus: Cosaco: Cosmografía: Cosmopolita:

Costear: Cristo (Orden de): Cro-magnon:

Crónica: Cronómetro: Crucero: Cruceta: Crujía: Cruzadas:

Cordel delgado envuelto en un carrete y dividido en partes que representaban millas y medias millas y servía para medir la distancia que la embarcación recorría en un tiempo determinado. Movimiento que hace la gente de guerra, saqueando el país. Embarcación u oficial de un gobierno que actúa como su agente represor en el mar bajo una patente o licencia y ciertas condiciones legales. Aparecido a fines de la Edad Media, reglamentado en el siglo XVII, el corso, conducido por buques del Estado o unidades armadas por particulares que gozan de patentes de corso, es decir, autorizaciones oficiales, se refiere a la lucha contra el comercio enemigo. Si bien la convención de 1856 prohibió el corso privado, los alemanes no dejaron de practicar la guerra de corso por medio de submarinos y buques corsarios durante ambas guerras mundiales. En los antiguos reinos españoles, asambleas de nobleza, clero y representación de los hombres de las ciudades, convocadas por el rey para su asesoramiento en tareas legislativas o para que votaran la concesión de impuestos y subsidios. Alcanzaron su apogeo en el siglo XV. Nombres dado por analogía a las asambleas parlamentarias españolas del siglo XIX. La constitución española de 1978 restableció su estructura bicameral – Congreso de los Diputados y el Senado – sus funciones legislativas y su representatividad y control sobre el gobierno. En la galera, espacio debajo de la cubierta. Especie de pasarela terminada en un gancho que servía para abordar a las naves enemigas. Pueblo ruso, de origen turco tártaro, aparecido en el siglo XIV, en hordas errantes que se fueron convirtiendo en guerreras. Soldado ruso de tropas ligeras. Descripción astronómica del mundo. Se dice de las persona que considera a todo el mundo como patria suya / Se aplica a la persona, ciudad, etc. abierta a todas las influencias y que acepta con facilidad las novedades, costumbres ajenas, etc. Ir navegando sin perder de vista la costa. Orden militar portuguesa, instituida en 1319, por el rey D. Dionis y aprobada por el Papa Juan XXII en sustitución de la orden de los Templarios. ―Homo sapiens‖, del paleolítico superior (40.000-10.000 a. C.). Se diversificó en distintos tipos, generalmente dolicocéfalos, el más difundido es el de la localidad homónima de la Dordoña francesa. Relaciones de acontecimientos históricos en que se observa el orden de los tiempos, cuyo objeto es la simple consignación / Artículo periodístico sobre tema de la actualidad. Reloj de precisión, insensible a las influencias externas. La acción de un buque en la operación de cruzar (recorrer una distancia entre determinados puntos). Los palos que atraviesan en el sentido de babor a estribor ó en el perpendicular a la quilla sobre los baos de las cofas y de los masteleros. Espacio de popa a proa en medio de la cubierta del buque. Expediciones militares predicadas en Occidente después del 1095 a fin de proporcionar una ayuda a los cristianos de Oriente, que al principio tomaron el nombre de

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Cuaderna:

Cuadrante:

Cuadras: Cuarta:

Cuatrirreme: Cubierta corrida: Cubierta:

Cuchillo: Culebrina: Cultor: Cureña: Curragh:

Daimyo: Dálmata: Dalmática (vestir):

Damasquinado: Dárico:

Declinación:

―peregrinaciones‖. El término ―cruzada‖ surgió de la costumbre de coser cruces de tela a las vestiduras militares de los peregrinos, a los que se dio el nombre de ―cruzados‖. Cada una de las piezas curvas, cuya parte inferior va sujeta a la quilla de la embarcación y desde allí salen a derecha e izquierda en dos ramas simétricas, formando como la costilla del casco. Se conformaba de un cuarto de círculo de madera o latón –arco de 90º, o cuarta parte del círculo-; servía para observar las alturas de los astros a su paso por el meridiano, con pínulas o anteojos para medir ángulos. Lo sostenía verticalmente una persona que alineaba el sol o la estrella a través de la visión que disponía a lo largo de su borde, mientras otra persona leía la altitud –por lo general inexacta- indicada por el cordel de la plomada. (Ver Velas cuadras). Nombre que se da a cualquiera de los 32 rumbos en que está dividida la “rosa náutica”; en general, por “cuarta” se entiende todo el ángulo que media entre uno y otro rumbo. Nave de cuatro órdenes de remos. Normalmente un barco sin castillo de proa ni toldilla. Cada uno de los pisos o entablados que unen los costados de un buque por medio de los baos o vigas donde se apoyan, y sirven de plataforma para sostener la artillería y alojar la tripulación. Se dice también Puente. Una vela triangular que se enverga en los estáys. Tipo de cañón del siglo XVI de bastante longitud para su calibre. Cultura / Que significa cultivo, cuidado o cuidador. Pequeño carro de madera donde se coloca el cañón. Barcas fabricadas estirando pieles de buey sobre armazones de madera, con una sola vela, también de cuero de buey, en un rustico mástil. Se gobernaba con un pesado remo sujeto a la aleta de babor. El ancla era una voluminosa piedra a la que se fijaban dos cuñas de madera. Fueron usadas por monjes. Señor feudal provincial japonés. Ejerció su poder con el apoyo de los samurais. Habitante de Dalmacia, región que hoy día corresponde a parte de las Repúblicas de Croacia, Bosnia-Herzegovina y Montenegro. Túnica abierta por los lados, con mangas anchas y cortas, que los romanos tomaron de los naturales de Dalmacia, región que corresponde actualmente a parte de las Repúblicas de Croacia, Bosnia-Herzegovina y Montenegro, con costas al mar Adriático. Embutido de metales finos sobre hierro o acero, y también se dice de la ropa u objeto hecho con la tela llamada damasco. Moneda de oro que llevaba la imagen de un arquero real, acuñada por Darío I y soberanos aqueménidas posteriores / Aqueménida: Se dice del individuo de una dinastía persa fundada por Aquémenes 670 a.C. A ella perteneció Ciro y terminó con Darío III en 330 a.C. El arco de círculo de ascensión comprendido entre el centro de un astro o planeta y la equinoccial celeste. Refiriéndose a la aguja náutica, es separarse ésta de la línea NorteSur hacia el Este o hacia el Oeste.

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Delta:

Desembocadura de un río, dada por la figura triangular que representa la D griega, dejando cortada en la tierra los brazos en que se divide. Democracia: Doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno / Predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado. Depredar: Robar, Saquear con violencia y destrozo / Cazar, para subsistir, unos animales a otros. Derrota (Cuaderno de): El libro en que se registra el rumbo. Derrota (Oficial de): Aquel a cuyo cuidado se confía el rumbo. Derrota: Camino marítimo que debe hacerse por uno o por distintos rumbos para trasladarse entre puertos. Derrotero: Línea señalada en la carta de navegar para gobierno de los pilotos / La dirección en que se señala por escrito para el viaje / Cuaderno de derrota. Desarbolar: Destruir, tronchar o derribar los árboles o palos de una embarcación. Dhow: Barco de vela árabe aparejado con vela latina, con uno o dos mástiles, normalmente inclinados. Dialecto: Forma de una lengua que tiene su sistema léxico, sintáctico y fonético propio y que se utiliza en un territorio más limitado que la lengua general, al no haber adquirido el estatuto cultural y social de ésta. Dicotomía: Bifurcación o división de un tallo o rama en dos partes, formando un ahorquillado / Método de clasificación en que las divisiones y subdivisiones sólo tienen dos partes. Dikrotos: Nave con dos filas de remos. Dinar: Hoy en día, unidad monetaria de Argelia, Bahrein, Bosnia, Irak, Kuwait, Jordania, Libia, Tunicia y Serbia-Montenegro. Dinastía: Línea de soberanos, normalmente de una sola familia, pero a veces se aplicaba este término a los soberanos de una sola ciudad o grupo étnico. Dióxido de Carbono: Anhídrido carbónico / Es un gas incoloro, de olor débil, más pesado que el aíre y con propiedades asfixiantes, que se produce la combustión completa de carbones y sustancias orgánicas, en la respiración, fermentaciones y por la acción de los ácidos o del calor sobre los carbonatos. Dique: Cavidad fabricada, situada en la orilla de una dársena u otro sitio abrigado, y en la cual entran los buques para limpiar o carenar en seco / Dársena: parte resguardada de un puerto, para carga y descarga de embarcaciones. Dirham: Hoy en día, unidad monetaria de Marruecos y de la Unión de Emiratos Árabes. Disipación: Conducta de una persona entregada enteramente a las diversiones. Dogma: Principio innegable de una ciencia / Verdad revelada por Dios, y declarada y propuesta por la iglesia para la creencia de los fieles / Punto fundamental de todo sistema, ciencia, doctrina y religión. Dolicocéfalo: Se dice del cráneo más largo que ancho y de las personas o razas que lo tienen. Dominico: Religioso de la Orden de Santo Domingo. Fundada por el Santo en 1216. Dorado, El: Supuesto país, que según la creencia extendida entre los conquistadores del Nuevo Mundo, existía en América del Sur. Se referían a una comarca fabulosa en que abundaban el oro y las piedras preciosas, cuyo origen se basaba en la leyenda de un poderoso cacique chibcha (también llamado ―muisca‖, asentado en las ramificaciones de los Andes, en el territorio de la actual Colombia), que se cubría de polvo de oro durante la ceremonia ritual del baño sagrado. Su ubicación variaba de una y otra empresa de

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Dorio: Draker: Dravídico: Dromedario: Dromon: Ducado: Duque: Dux: Ébano: Ecuador: Ecumene: Ecuménica: Emir: Emirato: Empírico: Emporio: Encallar: Ensenada: Ente: Épica: Equinoccio:

Equipar: Eritreo:

conquista, dentro del área geográfica que abarcaba las cuencas de los altos Amazonas y Orinoco y las regiones del Madgalena y el Cauca. Se dice de un pueblo indoeuropeo que, junto a eolios y jonios, constituyó la base étnica de la antigua Grecia. La “nave larga” de los vikingos, llamada así cuando en su proa iba tallada la cabeza de un dragón. Se dice de un grupo de pueblos no arios, de piel oscura, que se encuentran entre los que primitivamente poblaron la India. Muy semejante al camello, pero con sólo una giba adiposa en el dorso; habita en las zonas desérticas del norte de África, Asía menor y Arabia. Buque de guerra bizantino de dos filas de remos, provisto de un espolón y armas arrojadizas, especialmente el fuego griego. Dignidad de duque / Moneda de oro usada en España hasta fines del siglo XVI. Título de la nobleza, superior al de marqués e inferior al de príncipe. Magistrado supremo de la República de Venecia. Árbol perteneciente a la familia ebenácea, originario de la India y Sri Lanka, su madera es muy valiosa, dura, pesada y de color negro y se emplea en la fabricación de muebles. Círculo máximo ideal de la tierra, perpendicular a su eje y equidistante de los polos. Su perímetro es de 40.076,59 km. Zona de la Tierra en la que existe vida animal o vegetal. Tiene el sentido también de ―todo el orbe‖, es decir, todo el mundo. Universal, que se extiende a todo el orbe / Ecumene: zona de la tierra en la que existe vida animal o vegetal. Comandante militar, gobernador de una provincia. Territorio que gobierna un emir / Emir: Persona revestida de autoridad entre los pueblos árabes. Relativo a la experiencia o fundado en ella. Ciudad notable por el florecimiento del comercio, las ciencias, las artes, etc. Golpear la quilla de una embarcación en arena o piedra, quedando atascada en ellas. Seno o recodo que forma el mar entrando en la tierra. Aquello que es o existe / Empresa pública, institución, organismo. Género literario constituido por los poemas en verso que relatan acciones extraordinarias y heroicas de personajes míticos, históricos, legendarios o ficticios. Cada uno de los movimientos –dos al año- en que se produce la intersección del plano de la eclíptica con el plano del Ecuador y, por ello, los días son iguales a las noches en toda la tierra. Se verifica anualmente del 20 al 22 de marzo (equinoccio de primavera) y del 22 al 23 de septiembre (equinoccio de otoño). En el Ecuador también ocasiona la perpendicularidad absoluta de los rayos del sol a mediodía. Proveer una nave de gentes, víveres, municiones y todo lo necesario para su avío y defensa. Natural de Eritrea, Estado de África que hasta 1993 fue una región del norte de Etiopía. Este nombre se le dió también a los mares situados entre la India y la costa nordoriental de África: mar Arábigo, golfo Pérsico y mar Rojo.

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Ermitaño:

Errante: Escala de viento: Escala: Escandallo: Escaramuza: Escorbuto:

Escuadra: Eslavo: Eslora: Esmeril: Especia: Esperanto: Espolón:

Esquife: Esquimal:

Estamento: Estándar: Estatus / Status: Estay: Estiba: Estima:

Estrategia: Estribor:

Persona que vive en la ermita y cuida de ella / Ermita: Santuario o capilla, generalmente pequeños, situado por los común en despoblado y que suele no tener culto permanente / El que vive en soledad. Que anda de una parte a otra sin tener asiento fijo. Cuando la escala, formada por dos cuerdas y palos o pedazos de cabo atravesados de uno a otra, se pone por la popa pendiente de la botavara. El puerto o paraje adonde de ordinario tocan los barcos. Cualquier escalera. (Ver Sondaleza). Refriega de poca importancia, sostenida especialmente por las avanzadas de los ejércitos. Enfermedad nutricional producida por la carencia de vitamina C en la alimentación y caracterizada por astenia, hemorragias subcutáneas y alteración de algunos tejidos como el de las encías, más debilidad general. Reunión de varios tipos de buques de guerra bajo las órdenes de un oficial de graduación superior. Pueblo antiguo, de la familia indoeuropea, que se extendió principalmente por el noroeste de Europa. Longitud máxima de un buque a la altura de la primera cubierta. Pieza de fuego pequeña, que disparaba balas de hierro de 12 onzas (cada onza, igual a 28.5 gramos). Sustancia aromática vegetal con que se sazonan los alimentos y guisos. Idioma creado en 1887 por el médico polaco Ludwik Zamenhof, con idea de que pudiese servir como lengua universal. Saliente reforzado, normalmente blindado, de la proa de un barco de guerra, diseñado para perforar el casco de un enemigo con relativa impunidad. Se empleaba mucho en la época de la galera, cayó en desuso con la llegada de la vela. Bote pequeño. Bote de dos proas y de cuatro o seis remos que llevaban las galeras a bordo. Bote alargado y ligero que se emplea en regatas. Pueblo de raza mongólica que, en pequeños grupos dispersos, ocupa una gran extensión de terreno alrededor del Polo Norte, desde las costas árticas de Norteamérica hasta el extremo Noroeste de Siberia. Cada uno de los grupos sociales que durante la Edad Media y el Antiguo Régimen tenían representación en los Estados Generales, el Parlamento o las Cortes. Tipo, modelo, patrón, nivel. Nivel económico y social de una persona, corporación etc. Cabo que sujeta la cabeza de un mástil al pié del más inmediato. Conjunto de pesos que se colocan en el fondo y bodega de un buque para darle estabilidad. El cálculo del punto de situación en que se halla la nave y de la dirección que debe seguir, fundado en los rumbos navegados, según las indicaciones de la aguja náutica, y en las distancias medidas con la corredera, cuya cuenta se lleva en este intento en el cuaderno de bitácora y en los diarios de navegación. Arte de dirigir las operaciones militares. Banda o costado derecho de un buque, mirando de popa a proa.

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Estuario: Etnia: Etnografía: Etrusco:

Eunuco:

Fábula: Factoría: Falconete: Fanal:

Faraón: Fardo: Faro: Fatimita: Federalista:

Feudo: Filántropo: Filibote: Filibustero: Filigrana: Flamenco:

Flete:

El lugar por donde entra y se retira el mar con su flujo y reflujo. Desembocadura de un río que desagua en el mar. Agrupación natural de hombres que presentan ciertas afinidades físicas, lingüísticas o culturales, habitando generalmente un espacio geográfico determinado. Ciencia que estudia y describe las razas o pueblos. Pueblo que en la Antigüedad se asentó en la región de Etruria (Italia). Su origen se desconoce y su lengua también aunque pareciera que pertenece al tronco indoeuropeo, pues se observan en ella rasgos de ciertas lenguas de Asia Menor. Hombre castrado, que se destinaba en las Cortes de la Antigüedad a la custodia de las mujeres. En el Imperio Bizantino y en China alcanzaron cargos importantes en el ejército y la administración. Acción ficticia que se narra para deleitar/ Ficción artificiosa con que se encubre una verdad / Mitología y cualquiera de sus ficciones. Fábrica o complejo industrial / Establecimiento de comercio en un país colonial. Tipo de cañón que aparece en el siglo XV. Arrojaba balas de piedra e iba instalado en las bordas y en las cofas. (Ver Pedrero). Farol grande que se coloca en la entrada de los puertos, como señal nocturna. Farol grande que, con otro, se utilizaba como insignia de mando en los antiguos navíos de guerra. Título de los antiguos reyes de Egipto. Lío o bulto grande, generalmente de ropa. Torre alta en las costas, con un foco en la parte superior para aviso de los navegantes. Perteneciente a la dinastía que gobernó en Túnez, desde el principio de siglo X, y en Egipto (969-1171), de religión Chiíta. Partidario del federalismo / Federalismo: sistema político, y doctrina que lo sustenta, en el que el Estado, como poder político central, está constituido por la suma de asociaciones, grupos o entidades políticas, (Estados, cantones, provincias, repúblicas), que se asocian sin perder su independencia administrativa o judicial. Señorío gobernado por la ley feudal a cambio de servicios de carácter militar. Persona que se distingue por el amor a sus semejantes. Embarcación de dos palos, de popa redonda y alta y de unas cien toneladas de porte. Nombre de ciertos piratas que en el siglo XVII infestaron el Mar de las Antillas. Obra formada de hilos de oro o plata, unidos y soldados con mucha perfección y delicadeza. De Flandes; región histórica del NO de Europa, entre el paso de Calais y la desembocadura del Escalda, hoy dividida entre Francia y Bélgica y los Países Bajos (Holanda). Desde 1482 pertenecía a los Habsburgo y Carlos I de España la heredó de su abuelo Maximiliano. Las provincias del Norte, protestantes, lograron la independencia con el nombre de Provincias Unidas en 1648. El sector meridional fue conquistado por Francia en el siglo XVIII y tras la derrota napoleónica se integró en los Países Bajos. En 1830 fue una de las provincias que constituyeron el reino de Bélgica. El precio que se estipula por el alquiler de una nave o de parte de ella. Carga de un buque.

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Flota: Flotilla: Fluvial: Fogón: Fondeadero: Fondear / Fondeo:

Foque: Foránea: Forja: Fosfato: Fragata: Franciscano: Francos: Franquicia: Fueros:

Fulcro. Fundación: Fusil: Fusta: Galeaza:

Galeón:

Galeoncete: Galeota: Galeote: Galera:

Conjunto de embarcaciones comerciales. Conjunto de buques de guerra. Escuadra. Total de los buques de guerra o mercantes que posee un país determinado. Reunión de embarcaciones menores. Perteneciente o relativo a lo ríos. El sitio donde se guisa la comida en los buques. Lugar de fondeo (Ver fondear). Reconocer el fondo del agua. Registrar los aduaneros una embarcación. Desarrumar o apartar la carga de un navío hasta descubrir el fondo de él para reconocer una cosa. Asegurar una embarcación o cualquier otro cuerpo flotante., por medio de anclas o pesos, en el fondo de las aguas / Revisión o registro del fondo o interior de un buque que practicaban los funcionarios portuarios para establecer la legalidad de la carga. Vela triangular que se dispone en el bauprés o palo delantero de un buque. Forastero, extraño. Acción y efecto de forjar, es decir, dar forma con el martillo a cualquier pieza de metal. Sal tomada por la sustitución de uno, dos o los tres hidrógenos del ácido fosfórico por un metal. Se usa sobre todo como fertilizante. Buque de tres palos con cofas y vergas en todos ellos. Orden fundada por San Francisco de Asís en 1208. Pueblo germánico que conquistó la Galia en el siglo III. Exención para no pagar derechos o por el aprovechamiento de algún servicio público. Leyes ó códigos dados a un territorio en España, entre los siglo XII y XIII; se prolongaron más allá del siglo XV, siendo privilegios y exenciones concedidos por un señor o el rey, a una provincia, ciudad o persona. Punto de apoyo de una palanca. Origen de una cosa. Arma de fuego portátil que consta de cañón, recámara, cierre, percutor, gatillo y culata. Nave derivada de la galera, muy ligera. La dotación eran a su vez, los remeros. Usada para rápidas incursiones y el corso. Nave híbrida aparecida en el siglo XVI, que se esforzaba en asociar la vela al remo, el espolón y una sólida artillería instalada no sólo en caza (en proa), sino también en los costados del buque. Su existencia resultó efímera. Buque de alto bordo y tres palos de uso militar y mercante, que dominó el sistema de transporte marítimo entre Europa y América desde mediados del siglo XVI hasta finales del XVII. En el último cuarto del siglo XVI, como consecuencia de las investigaciones de Hawkins y de Matthew Baker, el galeón se convierte en un buque de combate de líneas lanzadas, con castillos reducidos notablemente en las proas, más rápido y maniobrable que la carraca. Nave de pequeño porte con características de galeón. Galera más pequeña, de 16 a 20 remos por banda y un hombre solo para cada remo. El forzado que remaba en las galeras. Embarcación guerrera de remo y vela, de mucha eslora que se usó, sobre todo, en el mar Mediterráneo en el siglo XVI, pero que duró hasta fines del siglo XVIII. Tenía espolón. Llevaba hasta 51 ó 61 bancos de remeros, con cinco remeros por banco. En su origen, desde la Antigüedad y bajo diversas denominaciones, fue la nave militar por

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Galerna: Galo:

Gángster: Garfio: Garito: Gaulo: Gavía:

Genealogía: Gentilicio: Geofísica: Geología:

Georgiano: Germano:

Gérmen: Ghazi:

Godo:

Góndola:

excelencia. En la Edad Media, por su forma, sumamente alargada y fina se la llamó en griego “galaya” (pez espada), y en castellano, galea o galera. Viento fuerte del noreste en el Cantábrico, acompañado de un fuerte temporal en el mar. Individuo perteneciente a los pueblos de raza celta que invadieron la Galia (Francia) e Italia Septentrional entre 700 y 400 a.C. La Galia, denominación dada por los romanos a dos regiones, la cisalpina y la transalpina, habitadas por tribus celtas, que a partir del siglo V a.C., adoptaron el nombre de galos. La transalpina, la Galia propiamente dicha, es actualmente, Francia. Tras la dominación romana fueron sometidos por los francos, con quienes se fusionaron. Miembro de una banda organizada de malhechores que actúa en las grandes ciudades. Instrumento de hierro, curvo y puntiagudo, que sirve para aferrar algún objeto. Casa de juego ilegal / Local de mala reputación. Su nombre significaba “bañera”, puesto que en esa nave fenicia de transporte de carga, la altura de su proa y popa era igual. En un barco de aparejo de cruz, vela cuadra que va colocada más arriba que la mayor y está sostenida por el mastelero. En un barco de aparejo de velas áuricas, las gavías pueden ser cuadras o áuricas. Serie de progénitos y ascendientes de una persona. Perteneciente a las gentes o naciones. Ciencia que estudia las características y propiedades físicas de la tierra. Ciencia que estudia la forma exterior e interior del globo terrestre; la naturaleza de las materias que lo componen y su formación; los cambios o alteraciones que éstas han experimentados desde su origen, y distribución que tienen en su actual estado. Habitante de Georgia, Estado trans-caucásico que hasta 1991 formó parte de la URSS. Diversos pueblos que ocupaban en el siglo VI a.C. Escandinavia y Jutlandia, de donde iniciaron una lenta y progresiva emigración hacia Europa Central. Tras la desaparición del Imperio Romano en Occidente formaron diversos reinos: el suevo en Galicia, el anglosajón en Gran Bretaña, el vándalo en África, el visigodo en el Sur de Francis y en España, el ostrogodo y el lombardo en Italia, y el franco en Francia. En el siglo X, una nueva oleada de pueblos germanos se abatió sobre Europa, los llamados vikingos o normandos. Ser vivo unicelular, como bacterias y protozoos, que sin llegar a constituir una célula, vive parásito de éstas, como los virus. ―Guerreros por la fe‖. Nobles turcos selyúcidas, similares a los Barones cristianos. Por otra parte, al profesar la fe islámica en un sentido profundamente religioso, semimístico, se les puede comparar con los caballeros monjes-soldados de las Ordenes Militares cristianas. El más importante de los pueblos bárbaros, cuya suerte los puso en contacto con el imperio romano al otro lado del Danubio hasta el 376, cuando pidieron refugio dentro del imperio para protegerse contra los Hunos. Los visigodos (godos occidentales) en el siglo V obtuvieron un importante poder político en el imperio romano occidental; los ostrogodos (godos del este) terminaron conquistando un reino en Italia (493-534). Embarcación pequeña de recreo, larga y plana, que se usa principalmente en Venecia.

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Gótico: Grandes Bancos: Grillete: Grosso modo: Grumete: Guairo: Guaraní:

Guía: Gujarati: Hábito: Hafskip: Hanseática, Liga:

Haussa: Hegemonía: Heleno:

Hemisferio: Herejía: Hérulo: Híbrido: Hitita: Hito: Holk: Hoplita: Hospitalario:

Relativo a los godos / Se dice del arte que en la Europa occidental se desarrolló por evolución del Románico desde el siglo XII hasta el Renacimiento. Zona donde se encuentran grandes conjuntos –cardúmenes- de peces. Arco de hierro que sirve para asegurar una cadena. Por encima, sumariamente, aproximadamente. Nombre de la clase inferior de la marinería en los buques de guerra – Aprendiz de marinero. Pequeña embarcación que se usaba en América para el tráfico en costas y bahías – tenía dos palos con velas guairas (triangulares). Se dice del individuo de un pueblo indígena que, dividido en muchas parcialidades, se extendía desde el Amazonas hasta el Río de la Plata. Realizaron extensas migraciones, remontando el Río Amazona, cruzando el mar de las Antillas hasta la Florida y atravesando el Chaco hasta las estribaciones de los Andes. Durante los siglos XVII y XVIII fueron organizados en reducciones por los Jesuitas. Cualquier cabo o aparejo destinado a mantener un objeto en la situación que debe ocupar. Natural de la región de Gujarat, Estado del oeste de la India. Traje de los religiosos o religiosas / Habilidad que se adquiere después de una larga y constante práctica del mismo ejercicio. Barco de carga vikingo, más hondo y de manga más ancha que el “barco largo”. Fue la nave usada para el transporte de personal, enseres y animales, a las nuevas tierras. Confederación alemana de ciudades, creada con fines comerciales. Inició su funcionamiento en el siglo XIII. Comenzó su decadencia a finales del siglo XV, dándose por terminada en el siglo XVIII. Pueblo negroafricano de raza y cultura sudanesa, que habita en el norte de Nigeria, el sur de Níger y el Sudán central. Supremacía que un Estado, pueblo, partido, persona, etc., ejerce sobre otro. Se dice de cualquiera de los pueblos (aqueos, dorios, jonios y eolios) o del conjunto de ellos, cuya instalación en Grecia, islas del Egeo, Sicilia y diversas zonas del litoral Mediterráneo dieron principio a la gran civilización de la Élade o Grecia Antigua. Aplicado a la tierra, cada una de las dos partes en que queda dividida por el Ecuador. El norte se denomina ―Boreal‖ y el sur ―Austral‖. Error en materia de fé, sostenido con pertinacia / Sentencia errónea contra los principios ciertos de una ciencia o arte / Pertinacia: Obstinación, terquedad. Pueblo perteneciente a la gran confederación de los suevos, de origen germánico. Se dice de todo lo que es producto de elementos de distintas naturaleza. Pueblo indoeuropeo que se estableció en Anatolia central durante la primera mitad del II milenio a.C. Mojón para conocer la dirección de los caminos y los límites de los territorios. También en sentido figurado. Nave usada en aguas del Norte europeo en la Edad Media, de manga ancha, con castillos en proa y popa (ver Coca). Se llamaba así, en la Antigüedad, al soldado griego de infantería. (Ver Orden de Malta).

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Hotentote: Hueste: Hugonote: Húngaro (Ver Magiar): Huno:

Huracán: Idiosincrasia: Ignoto: Ilota: In situ: Inca:

Incienso: Indoeuropeo:

Indonesio:

Ingenio: Iniquidad: Inquisición: Insula: Iraní: Iroqués: Islam:

Istmo: Jaculatoria: Jarcia:

Se dice de un pueblo koisánido que habita la parte SE de África, cerca del cabo de Buena Esperanza. Ejército en campaña / Conjunto de los secuaces o partidario de una persona o de una causa. Nombre que se dió a los protestantes franceses que adoptaron el credo calvinista. De Hungría / Estado de Europa centrooriental que limita al N con Austria, Eslovaquia y Ucrania; al E con Rumania; al S con Croacia y Serbia y al O con Eslovenia y Austria. Este pueblo ocupó el territorio que se extiende desde el Volga hasta el Danubio. La derrota de varios pueblos en Germania y la Galia por parte de los hunos, cimentó la fama de este pueblo de la estepa, que siguió siendo temido, hasta la muerte de su caudillo más famoso, Atila, en el 453. Palabra de origen taino, usada por los nativos del Caribe para denominar a la tormenta. Rasgo, temperamento, carácter, etc.; distintivos y propios de un individuo o de una colectividad. No conocido ni descubierto. Nombre que recibían en la Grecia Antigua los siervos procedentes de prisioneros de guerra y de la población primitiva sometida. (Del Latín). En el sitio. Se dice de un pueblo amerindio que creó un imperio, en tiempos pre-hispánicos, que ocupaba el sector occidental de América del Sur, desde el actual Ecuador hasta Chile y el norte de Argentina, cuya capital era la ciudad de Cuzco. Gomorresina en forma de lagrima, de sabor acre y olor aromático al arder. Conjunto de pueblos que protagonizaron movimientos migratorios por extensos territorios de Asia y Europa. Compartían un sustrato lingüístico que daría luego lugar a diversas lenguas, como las germánicas, las celtas, las eslavas o las latinas. De Indonesia / Indonesio: Estado del SE de Asía, situado en una zona marítima que limita al N por la península de Indochina, el mar meridional de la China y las islas Filipinas; al S por el continente australiano y al E y O por los océanos Pacífico e Indico, respectivamente. Máquina o artificio mecánico. Maldad, injusticia grande. Tribunal eclesiástico establecido para perseguir la herejía y demás delito contra la fé. Isla pequeña. Ciudadano del moderno Estado de Irán (la antigua Persia). Se dice de un pueblo amerindio que habitó en el NE de EEUU, en los actuales estados de Nueva York, Pensilvania, Ohio, Indiana y Wisconsin, y en Ontario y Québec en Canadá. Palabra árabe que significa ―Sumisión‖ a la voluntad de Dios (Alá). Sus seguidores son conocidos como musulmanes o mahometanos y su religión, a través de la ―Shariah‖ – que es la ley sagrada del Islám-, abarca todos los aspectos de la vida, no sólo las prácticas religiosas. Lengua de tierra que une dos continentes o una península con un continente. Oración breve y fervorosa. Aparejos y cabos de un buque.

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Jardín del Edén: Jariyi: Jauja:

Jengibre: Jenízaro:

Jesuita: Jonio: Jornalero: Juanete: Junko:

Junta: Jurista: Kabbalah (heb. “tradición”):

Kaiser: Kamal: Kamikaze:

Kayak: Khan: Khmer:

Khoisan:

Lugar ameno y delicioso / Edén: Paraíso terrenal en el que, según el Génesis, Dios puso a Adán y Eva después de creados. Facción religiosa musulmana, escindida de los chiitas, que tuvo gran importancia durante la Edad Media. Lugar imaginario, célebre por su prosperidad, donde los hombres vivían sin ninguna preocupación y sin necesidad de trabajar. La leyenda procede de las interpretaciones populares de la descripción que Francisco Pizarro ofreció del valle de Jauja (Xauxa), en Perú. Planta herbácea perenne. De olor aromático y de sabor acre y picante, se usa en medicina y como especia. Soldado de infantería de la antigua guardia del sultán otomano. / Se reclutaban entre jóvenes cristianos cautivos y naturales del Imperio. / Constituían lo mas escogido del ejército turco. Se dice del religioso de la orden de clérigos regulares de la ―Compañía de Jesús‖, fundada por San Ignacio de Loyola. Uno de los pueblos que conformaron los griegos en la Antigüedad. Persona que trabaja a jornal / Jornal: Estipendio del trabajador por cada día de trabajo. Vela que va colocada más arriba que la gavía y está sostenida por el mastelerillo. Nombre europeo a una amplia gama de barcos de vela chinos, de uno a varios mástiles, empleados en mar y ríos; divididos en compartimentos estancos, fondo plano y con proa y popa cuadradas. Aparejo con velas en cruz. Reunión de varias personas para tratar de un asunto. Persona que estudia o profesa la ciencia del Derecho. Sistema teosófico: conjunto de doctrinas filosófico-religiosas que surgieron en el siglo IV entre los judíos para explicar e interpretar el sentido de los libros del Antiguo Testamento; alcanzó su cenit de creatividad en la España del siglo XIII. Esencialmente esotérica, la kabbalah ha ejercido una considerable influencia. Título aplicado a los tres emperadores alemanes del Segundo Reich: Guillermo I, Federico III y Guillermo II. Proviene del término latino César. Tabla de madera, graduada, usada por los marinos árabes, para medir la altura de la Estrella Polar. Viento protector del Japón, que destruyó las flotas de los mongoles en sus invasiones al archipiélago japonés. Durante la II Guerra Mundial se dio este nombre a los aviadores y aparatos japoneses que se lanzaban contra los barcos enemigos para hacer explotar sobre ellos su carga de bombas. Canoa empleada, originalmente, por los esquimales. Título entre los mongoles y tártaros, que originalmente significaba el soberano de un Estado. Pueblo del sudeste asiático que constituye el 94% de la población de Camboya; presentes en ese país desde el siglo I; entre los siglos IX y XII conocieron un período de esplendor, alcanzando un alto grado de civilización, formando un importante Imperio. Lengua primitiva que se hablaba desde hace varios milenios entre el África oriental y meridional (entre las actuales Somalia y Kenya y hasta el Cabo de Buena Esperanza).

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Knarr: Kogui: Kuffa: Laberinto: Laca: Lasallista: Lastre/ En lastre:

Latina: Latitud: Lazareto: Legado: Legua:

Lenidad: Leyenda: Libertario: Libidinoso: Libra: Liburnia: Limbo:

Linaje: Linaza:

Hoy, casi extinguida, solo hablada por grupos minoritarios de hotentotes y bosquimanos. También llamado khoisan un pueblo que habitaba en las inmediaciones del río Orange. Barco escandinavo de carga, de amplia manga. Pueblo amerindio, chichimeca, de lengua nahua, asentado e imponiendo su dominio en territorio del valle de Tenochtitlan (México). Barca de tipo redondeado, fabricada entretejiendo plantas que crecen en las riberas del Tigres y Eufrates. Palacio que construyó Dédalo junto a Cnossos, por encargo del rey Minos, para morada de Minotauro. Sustancia resinosa excretada por algunos insectos en los árboles de las selvas tropicales, que se utiliza para la fabricación de goma laca. Perteneciente a la Congregación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, dedicada a la enseñanza, fundada por San Juan Bautista de La Salle. Navegar sin cargamento, por ejemplo, con las bodegas vacías/ Peso añadido al barco o al bote para llevarlo al nivel deseado de flotación y aumentar la estabilidad. En un principio era grava, después metal y algunas veces hormigón; ahora es más común el agua, que posteriormente tuvo la ventaja de ser más fácil de quitar y sustituir. (Ver Velas Latinas). Arco de meridiano comprendido entre un punto cualquiera de la superficie del globo terráqueo y el ecuador. Es igual a la altura del polo elevado sobre el horizonte. Hospital de leprosos – Establecimiento sanitario para aislar a los infectados de enfermedades contagiosas. Lo que se deja o transmite a los sucesores. La legua marina es la vigésima parte de la extensión lineal de un grado de meridiano terrestre / Grado: En su acepción común de ser la trigésima sexagésima parte del círculo, tiene aplicación a los del meridiano terrestre, cuya extensión lineal ha servido de tipo para las medidas usadas en el pilotaje; y a los del ecuador y sus paralelos entre los cuales media cierta razón geométrica que sirve para deducir de la extensión respectiva de los últimos, la diferencia de longitud. Blandura, falta de severidad al castigar las faltas. Narración de sucesos imaginarios. (Ver Anarquista). Lujurioso, lascivo / Lascivia: Propensión excesiva a los placeres sexuales. Unidad de masa del sistema anglosajón, equivalente a 453, 592 gramos. Tipo de nave ligera, a remo, usada por los piratas que tenían sus bases en el litoral e islas de la actual Albania y Croacia. Lugar o seno donde estaban detenidas las almas de los santos y patriarcas antiguos esperando la redención del género humano / Lugar donde van las almas de los que antes del uso de razón, mueren sin el bautismo / Estar en el limbo: Estar distraído y como alelado / Recientemente, la Iglesia Católica ha considerado que tal lugar es inexistente. Ascendencia o descendencia de un progenitor común / clase o condición de una cosa / vecinos nobles reconocidos por tales e incorporados en el cuerpo de la nobleza. Simiente del lino, en forma de gránulos elipsoidales. Por presión rezuma un aceite secante de gran aplicación en la industria.

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Lino:

Litosfera: Logos: Lombarda (bombarda): Lombardo: Longitud: Luba: Luso (Lusitano):

Luterano:

Macho:

Maestre: Magiar (Ver Húngaro): Magma: Maguey: Malayo: Malecón: Mamparo (estanco):

Manchú: Mandarin:

Planta herbácea anual, perteneciente a la familia lináceas. De su tallo se extrae abundante fibras utilizadas para producir la hilaza; de sus semillas se extrae aceite de linaza. Parece que procede de Asía. Capa rígida de la Tierra, integrada por la corteza y la parte más externa del manto superior. Término griego que equivale a palabra o razón –también ―tratado‖- y a la expresión de la razón en forma de discurso inteligible. Pieza de artillería de retrocarga, del siglo XVI, de corta longitud y en general, de gran calibre. Pueblo germánico que se estableció en el norte de Italia en el año 568, fundando un reino independiente. Arco del ecuador terrestre comprendido entre dos meridianos. Se dice de un grupo de pueblo de raza bantú congolesa, que habita en África desde el N del lago Tanganika hasta el alto Zambeze. Pueblo pre-romano que habitaba la Lusitania, una de las provincias en que se dividió la Hispania romana, con capital en ―Emerita Augusta‖ (Mérida), comprendiendo todo Portugal al Sur del Duero, porciones de León y la Extremadura española – Otra forma de denominar a los ciudadanos de Portugal. Que profesa la doctrina de Lutero, cuyo movimiento religioso surge como alternativa de la decadencia de la iglesia Católica y con el propósito de renovarla, siendo la Biblia su único fundamento de la doctrina. La púa de bolina que pasa por el guardacabo del chicote de ésta, teniendo uno de las suyas hecho firme en el garrucho de la vela, mientras que por el guardacabos del otro pasa la “hembra”/ Parte inferior y más gruesa de los palos de los veleros. Antiguamente era la segunda persona al mando en una embarcación. El vocablo proviene del latín “magíster”, maestro. Pueblo de lengua afín al finlandés. Tras saquear repetidas veces los reinos cristianos y ser vencidos por el Emperador germánico Otón, se instalaron en el Danubio medio y fundaron un reino, origen de la actual Hungría. Masa ígnea en fusión, existente en el interior de la Tierra, que se consolida por enfriamiento. Planta perteneciente a la familia de agaváceas, sin tronco o muy reducido. Puede que su origen esté en México, pero también se cultiva en Filipinas y Malasia. Perteneciente a una raza de piel morena, que se halla esparcida por Indonesia, la península de Malaca y Filipinas. Muro construido como protección contra las aguas. División vertical empleada para dividir un espacio interno del barco, tanto longitudinal como transversalmente. Estas particiones pueden ser estancas, en cuyo caso las aberturas para permitir el paso a ellas tienen que poder sellarse, preferiblemente por control remoto. De Manchuría, pueblo perteneciente a la rama meridional de los tunguses. Individuo que en la China y otros países asiáticos tenía a su cargo el gobierno de una ciudad o la administración de justicia / Dialecto chino, perteneciente al grupo chino-

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Mandinga:

Manga: Manganeso: Maniobra: Manoa: Mapamundi: Marejada: Maremoto:

Marisma: Marqués: Mástiles:

Maya:

Mayflower: Mayor (Palo): Mayorazgo: Mediterráneo:

Medo: Menestral: Mercenario:

tibetano y es, con el cantonés, el principal de los dialectos dominantes en el país, constituyendo la lengua oficial de la República Popular China. Se dice de los negros de gran parte de Sudán occidental, de Senegal, Costa de Marfil, Guinea y Malí. Se caracteriza por su elevada estatura / En América, nombre del diablo en el lenguaje de los campesinos. Anchura máxima de un buque a la altura de la primera cubierta y de la cuaderna maestra. Metal de color blanco brillante con tinte rojizos, quebradizo y de estructura cristalina complicada, de dureza 6 en la escala de Mohs. Operación mediante la cual se dan posiciones y movimientos a las embarcaciones, o el conjunto de todo el aparejo de ellas. Hipotética ciudad capital de El Dorado. Mapa que representa toda la superficie de la Tierra dividida en dos hemisferios. Movimiento tumultuoso de grandes olas. Terremoto cuyo epicentro se sitúa en el fondo del mar. La propagación de las ondas por el mar, dá lugar a olas gigantescas, que se desplazan a gran velocidad, provocando grandes daños. Terreno bajo y pantanoso que se inunda por la subida de las aguas del mar. Título de nobleza inmediatamente inferior al de duque y superior al de conde / En la alta Edad Media, señor de una marca o territorio fronterizo. Palos, montados verticalmente, normalmente sostenidos en cada costado y a proa y a popa, empleados para portar las velas. Los barcos más grandes tenían masteleros e incluso mastelerillos de juanete montados sobre el mástil más bajo. Un empleo secundario era proporcionar una plataforma para vigías y banderas de señales. Y eso continuó, especialmente en los buques de guerra, mucho tiempo después de haberse eliminado las velas. En los últimos tiempos los mástiles actúan solamente como plataformas para antenas de radio y radares. Familia de pueblos amerindios, establecidos en la parte meridional de México, en Guatemala y algunos territorios de El Salvador y Honduras. Alcanzaron un alto grado de civilización. Buenos astrónomos, arquitectos, escultores y orfebres. Poseían un calendario muy preciso y una escritura jeroglífica. Nombre del buque que desde Southampton, en 1620, condujo a América del Norte a los peregrinos que fundaron la primera colonia permanente de los futuros Estados Unidos. Mástil o palo principal del buque. Institución del Derecho Civil cuya función es perpetuar en la familia la propiedad de ciertos bienes. Gran mar interior, comprendido entre la Europa meridional, el norte de África y el oeste de Asia. Se comunica con el océano Atlántico por el estrecho de Gibraltar y con el mar Rojo y el océano Indico, a través del canal de Suez / Se dice de un mar interior / Dícese del mar que entrando por una boca estrecha, se halla circundado de la tierra por todos los demás lados. Grupo étnico perteneciente a los pueblos iranios que aparecieron en el milenio I a. C., en el actual Irán, formando un reino que más tarde sería parte del Imperio Persa. Persona que tiene un oficio manual. Se dice del soldado que combate por dinero.

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Meridiano: Mesana, palo de: Mesopotamia:

Meteorología: Metrópoli: Mezcal: Mezquita: Mica:

Miceno (micénico): Michoacán: Miles: Milla náutica: Minoico: Minotauro:

Mirra: Mística o Mistico: Mithos:

Mogol: Mojón: Mongol:

Monograma: Monokrotos:

Cualquiera de los círculos máximos de la esfera terrestre que pasan por los polo y un determinado punto de la tierra. El tercer mástil, contando desde la proa. Ya que la mayoría de los barcos tenían tres mástiles, era también el de popa e invariablemente llevaba vela áurica fija. Del griego: ―Tierra entre ríos‖/región de Asia, situada entre los ríos Eufrates y Tigris; cuna de la civilización occidental. Hoy en día, tal región, corresponde en su mayor parte, a Irak. Ciencia que estudia los fenómenos atmosféricos. Gran centro de actividades urbanas, con un mínimo de población cifrado en torno al millón de habitantes. Nombre que se dá en México a varias plantas de la familia amarrilidácias / aguardiente que se obtiene por fermentación de las cabezas de esa planta. Edificio en que los Musulmanes practican sus ceremonias religiosas. Mineral del grupo de los silicatos, compuesto de hojuelas brillantes, elásticas, sumamente delgadas, que se rayan con la uña; tienen colores muy diversos y forman parte de varias rocas. Perteneciente a una cultura que se desarrolló en la Grecia continental en el II milenio a. C. y cuyo centro fue la ciudad de Micenas. Estado de México, capital: Morelia. Mílite – epíteto del soldado de las legiones romanas. Medida internacional de distancia en el mar que se ha estandarizado en 1852 metros. Lo referente a la civilización prehelénica de la isla de Creta, cuyo nombre procede del mítico rey Minos. Monstruo híbrido con cabeza de toro y cuerpo de hombre, nacido de la unión de Parsifae, esposa del rey cretense Minos, con el prodigioso toro blanco que Poseidón había enviado al monarca. Cuándo Minos descubrió el nacimiento del minotauro, lo ocultó a todas las miradas, encerrándolo en el Laberinto. Gomorresina aromática y brillante en su estructura, proviniendo de diversos árboles de la familia burceráceas. Se emplea como estimulante y astringente. Experiencia intima y elevada mediante la cual el alma humana entra en contacto con la divinidad / Persona que se dedica a la vida espiritual. Narración anónima, más o menos fabulosa, de algo acontecido en un tiempo remoto e impreciso. Constituye un esfuerzo intelectual para dar respuesta al misterio, a todas las interrogantes que se le plantean al hombre en su existencia. Título de los soberanos de una dinastía musulmana, de origen tártaro y mongol, que reinó en la India. Señal permanente que se pone para fijar los linderos de fincas, términos y fronteras. Natural de Mongolia. Dedicados a la caza o al pastoreo, los mongoles eran un grupo de pueblos nómadas que habitaban las estepas de Asia Central. Las diversas tribus podían unirse en confederaciones bajo el mando de un jefe único, denominado ―gran khan‖. Cifra que como abreviatura se emplea en sellos, marcas, etc. Nave con un solo orden de remos.

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Monopolio:

Monoteísmo: Monzón: Morera: Morfología: Morisco: Moro:

Mosaico: Mosquete: Motín: Muisca: Múrex (múrice):

Nafta: Nahua: Nao:

Napalm:

Nauta: Náutica: Nave: Necrópolis: Neolítico:

Ngonis: Nódulo:

Concesión otorgada por la autoridad competente a una empresa para que ésta aproveche con carácter exclusivo alguna industria o comercio / Concepto económico que se refiere al polo opuesto al régimen de libre competencia. Doctrina de los que reconocen un solo Dios. Viento periódico que sopla en ciertos mares, particularmente en el océano Indico, originando abundante lluvias. Árbol perteneciente a la familia moráceas. Muy cultivado, para aprovechar la hoja, que sirve de alimento al gusano de seda. Parte de la biología que trata de la estructura y forma de los seres orgánicos y de las modificaciones que experimentan. Musulmán, que tras la reconquista de España se bautizó y quedó en ella. También se le dice a sus descendientes. Natural del Norte de África, donde estaba la antigua provincia romana de Mauritania. Por extensión, moro se aplica a la población musulmana que habita la isla de Mindanao en Filipinas, y otras islas de Malasia, de religión musulmana. Se dice de la obra que resulta de encajar pequeñas piezas de piedras o vidrios, generalmente de varios colores, para formar un dibujo. Arma de fuego de los siglos XVI y XVII, más larga y de mayor calibre que el fusil, que se disparaba apoyándola sobre una horquilla. Movimiento o levantamiento popular, por lo común, contra la autoridad constituida. (ver Chibcha). Molusco gasterópodo marino. Segrega un líquido muy usado en tintorería en la Antigüedad, y por mucho tiempo, en exclusiva, por los fenicios. Al color que resulta, se le llama ―púrpura‖. Mezcla de hidrocarburo del alquitrán de hulla, del petróleo o de aceites de esquistos. Se usa como materia prima en petroquímica y como disolvente. Se dice de un grupo amerindio de México, que constituía la principal etnia del país. Denominación genérica para todo tipo de barco hasta el siglo XVI, que se originó en las embarcaciones mayores de 100 toneladas con y características similares a las carracas medievales, con torres en proa y popa y velas cuadradas. Gel de aceites hidrocarbonados y jabones, inflamable y de fácil manejo que, al explotar, se disgrega en partículas que se adhieren al blanco mientras está ardiendo; se emplea con fines militares para incendiar extensas áreas. Así llamaban los antiguos griegos a los navegantes. Ciencia y arte de navegar. Cualquier embarcación. Cementerio de gran extensión, en el que abundan los monumentos fúnebres. Se dice del período prehistórico, también conocido como de la piedra pulimentada, que se desarrolló entre el mesolítico y la Edad de los Metales. Durante este período se produjo el desarrollo de la agricultura y la ganadería, la aparición del comercio y un espectacular crecimiento demográfico, con la población tendiendo a hacerse sedentaria. Pueblo que se instaló con éxito en el Sudeste africano, formando un reino poderoso en los territorios de las actuales Zambia, Tanzania y Mozambique. Concreción de cualquier materia redondeada y poco volumen.

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Nómada: Normando: Nubio: Nudo (Velocidad): Nuez moscada (Mirística): Nuncio: Ñusta: Obra muerta: Obra viva: Obsidiana: Olmeca:

Omeya: Onix (oníce): Orden de Cristo:

Orden de Malta:

Orfebre: Ortodoxo: Ostrogodo: Otomano: Otomano: Pacotilla:

Personas y animales que no tienen asentamiento fijo y recorren los territorios. Conjunto de pueblos escandinavos de raza germánica. Habitante de Nubia, región de África Septentrional, entre la primera y la sexta cataratas del Nilo y el Mar Rojo, que comprende el Alto Egipto y el Norte de Sudán. Medida internacional de la velocidad de un barco (una milla náutica por hora). Fruto de un árbol de las familias miristicáceas. Se utiliza como condimento. También produce un aceite, empleado en medicina y perfumería. Representante diplomático del Papa. Mujer de elevada categoría dentro de la sociedad incaica. Toda la parte de un barco comprendida entre la línea de flotación y la borda, es decir, la que permanece fuera del agua. Toda la parte de un barco comprendida bajo la línea de flotación, es decir, la que permanece dentro del agua. Cristal volcánico de origen natural. Se empleó ampliamente para cortar herramientas y a veces en recipientes, espejos y joyerías. Pueblo amerindio que habitó entre 850 y 1521 la costa mexicana del Golfo, desde Veracruz a Campeche. La cultura Olmeca se difundió por toda el área mesoamericana y de ella surgieron algunas de las características que fueron comunes a todas las culturas de la zona, como la edificación de centros ceremoniales, la utilización de la pirámide, del calendario y el culto al rey jaguar, etc. Dinastía que gobernó el califato árabe (661-749). Uno de sus descendientes creó el califato de Córdoba en Al-Alandalus, independiente del Bagdad abasí. Mineral de cuarzo, variedad de ágata con líneas rectas de colores, alternativamente claros y muy oscuros. Orden militar portuguesa, instituida en 1319 por el rey D. Dionis y aprobada por el Papa Juan XXII en sustitución de la Orden de los Templarios. Hoy en día, es meramente honorífica. En su inicio fueron la Orden de los Hermanos Hospitalarios de San Juan, monjessoldados. Fundada en Jerusalén en 1099, teniendo por objeto recibir y ayudar a los peregrinos y defenderlos de los ataques musulmanes. Después de la toma de Jerusalén por Saladino, pasaron a la isla de Rodas y más tarde, al concederles Carlos V la posesión de la misma, a la isla de Malta, llamándose por ello, Caballeros de la Orden de Malta. Allí permanecieron por más de tres siglos hasta que Napoleón les arrebató la isla. Actualmente, la Orden está considerada una institución soberana, cuyo territorio se limita a la residencia del Gran Maestre en Roma. El que labra objetos artísticos de oro, plata y otros metales preciosos, o aleaciones de ellos. Las personas conformes con el dogma de una religión. Se dice del seguidor de alguna de las religiones cristianas, pero no católicas, de Europa oriental, como la griega y la rusa. Se dice de la rama oriental del pueblo godo. De Turquía. Pueblo turco que fue liderizado por Omán u Otmán. Pueblo de origen turco que se estableció en Anatolia a partir del siglo X. Porción de géneros que los tripulantes de un barco pueden embarcar por su cuenta, libres de fletes / Ser una cosa de pacotilla: ser de calidad inferior.

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Paje:

Muchacho destinado en las embarcaciones para su limpieza y aseo, y para aprender el oficio de marinero. Palafito: Vivienda lacustre primitiva, construida sobre estacas. Paleolítico: El período más antiguo y largo de la prehistoria humana, conocido como el de la piedra tallada. Paleontología: Ciencia que estudia los seres vivos que han existido en épocas pasadas a través de los conocimientos aportados por los fósiles. Palo: Cada uno de los mástiles que conforman la arboladura de un buque. El lanzado hacia la proa del buque se llama bauprés. Los tres o cuatro verticales se llaman de proa a popa: trinquete, mayor, mesana y contramesana. Los palos constan generalmente de tres secciones: el palo macho, mastelero y mastelerillo. Pangea: El supercontinente, formado por toda la corteza continental primitiva y que posteriormente, se fue fraccionando. Paniaguado: Persona que está protegida por otra y se ve favorecida por ella / Servidor de una casa, que recibe del dueño de ella habitación, alimento y salario. Pantalassa: Toda la masa acuática que rodeaba a la “pangea”. Panteón: Conjunto de las divinidades adoradas por un pueblo / Monumento destinado a enterramiento de varias personas. Papiro: Planta acuática, propia de África y Suroeste de Asia, que crece en las cercanías de ríos y lagos. Con las vainas sacadas del tallo, los antiguos las empleaban para escribir sobre ellas. Paralelo: Cada uno de los círculos imaginarios terrestres menores paralelos al Ecuador y que sirven para determinar la longitud. Parlamento: Cámara o Asamblea nacional o provincial que tiene como funciones básicas elaborar y aprobar las leyes, y controlar la actividad del Gobierno. Partidas, (Las Siete): Compilación de Leyes Medievales realizada en el siglo XIII bajo la dirección de Alfonso X, el Sabio. Ejercieron enorme influencia en la historia del Derecho español. Parto: Pueblo de origen escita (iranio), que se asentó en el actual Irán. Construyeron un imperio desde el 284 a.C. hasta el 226 d.C. Patente de corso: Permiso que bajo ciertas condiciones legales da un Estado al dueño de una embarcación para capturar presas en el mar. Pechero: Plebeyo, obligado a contribuir o pagar con pecho o tributo. Pedrero: Era una pequeña pieza de artillería de muy poco calibre, montada sobre un eje fijado a la borda, en el cual giraba para lanzamientos de piedras, munición de la cual tomaba el nombre. Se utilizaba en las abordadas. También los había, cortos, gruesos y de boca ancha. (Ver Falconete). Pendón: Insignia militar que consistía en una bandera más larga que ancha. Pentecóntera: Antecesora del resto de galeras clásicas; contaba con 50 remeros, 25 por costado. Péntera Nave con tres órdenes de remos, en la que las dos filas superiores llevaban dos remeros (quinquerreme): por pala y la inferior, uno. Fueron especialmente famosas las cartaginesas, de quienes las copiaron los romanos. Percha: Denominación general de las piezas de madera que constituyen la arboladura, vergas, palancas, etc.

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Peregrino: Periferia: Persa:

Pertinaz: Pesquisidor: Peto: Petroglifo: Pie: Pilotaje: Piloto: Pináculo: Pinaza: Pínula:

Pinzote:

Pirata:

Pirinaico: Planchón (plancha): Plausible: Plebe: Plebeyo: Plebiscito:

Pleitesía: Plomada:

Plumier: Polaris: Polígamo: Políglota:

Se dice de la persona que por devoción o por voto va a visitar un santuario. – Se aplica al que anda por tierras extrañas. Espacio que rodea un núcleo cualquiera / Conjunto de los barrios exteriores de la ciudad. Antiguo pueblo establecido inicialmente en el actual Irán. Entre los siglos VI y IV a. C. gobernó un poderoso Imperio que abarcaba desde Oriente Próximo hasta India. Entre sus emperadores destacaron Ciro II y Darío I. Obstinado, tenaz / Duradero. Persona encargada de indagar e informar a su superior. Armadura del pecho / Parte superior de un delantal. Grabado sobre roca, producto de los pueblos prehistóricos. Medida de longitud subdividida en 12 pulgadas que en la España del siglo XVII equivalía a 27,8 cm. También conocido como pie de Burgos. Ciencia y arte de pilotar. El que dirige un buque en navegación. Parte más alta de un edificio monumental o templo / Parte más sublime de algo inmaterial. Embarcación de vela y remo, con tres palos, larga, angosta, ligera y de popa cuadrada. Pieza de metal por donde se dirige la vista para observar en los instrumentos de reflexión que no tienen anteojo. – También la aguja para marcar. – El agujero por donde entra el sol en el cuadrante o astrolabio para conocer la altura. Pedazo de hierro redondo clavado en el tope del pie de la madre del cabrestante, y sobre el cuál gira esta máquina / especie de palanca con que en lugar de rueda, y antes de la invención de éste, se hacia girar la caña del timón. Barco, tripulación y capitán. Proviene del griego “peiratées”: emprendedor. Desalmados que atacaban, asaltaban y asesinaban en busca de un botín, sin obedecer Ley ni autoridad alguna. De los Pirineos / Pirineos: Sistema orográfico del SO de Europa, entre España y Francia. Tablazón apoyado en la costa o en una ribera y sostenido por un caballete, que sirve para embarcar o desembarcar. Digno o merecedor de aplausos / Atendible, admisible, recomendable. En la antigua Roma, la clase social más baja, que carecía de cualquier privilegio. Propio de la plebe o perteneciente a ella / Persona que en la antigua Roma pertenecía a la plebe, la clase social más baja. Consulta que los poderes públicos someten al voto popular directo para que se apruebe o rechace una determinada propuesta sobre soberanía, ciudadanía, poderes excepcionales, etc. Muestra reverente de cortesía. Cuerpo sólido, que por gravedad proporciona el descenso de las artes de pesca y de la sonda (o sondaleza) para llegar al fondo / Pesa de plomo o de otro metal, cilíndrico o cónico, colgado de una cuerda que sirve para señalar la línea vertical. Caja pequeña y rectangular para guardar plumas, lápices, etc. Forma de llamar a la “Estrella Polar”. Se dice del hombre que tiene a un tiempo varias mujeres. Se dice de la persona versada en varias lenguas.

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Polis: Pompa: Poney: Popa: Porta: Porte: Portulano:

Posta: Postiza: Potosina:

Pragmática: Pragmático:

Prédica: Presbítero: Presidio:

Prevaricar: Proa: Profeta: Protestante:

Pueblos del mar: Puente: Pulquería: Puno: Puntal: Punto de Estima:

Población helena que se regia a si misma, cualquiera que fuese su sistema de gobierno monarquía, oligarquía, tiranía o democracia. Fausto, grandeza. Nombre que se da a determinados caballos que se distinguen por su poca alzada. Toda la sección trasera de un buque. Orificio cuadrado hecho en los costados del buque, y con cierta elevación sobre las cubiertas, por donde asoman los cañones. Tamaño o capacidad de un buque. Colección encuadernada de planos de puertos. – Mapa que cubre los accidentes en la navegación entre un puerto y otro / En la Edad Media se llamó también así a las “cartas” marinas. Conjunto de caballera que se apostaban en los caminos a distancia de 2 o 3 leguas para que los tiros, los correos, etc. pudieran ser renovados / Casa o lugar donde estaban las postas. Se le llama a algo “agregado” o “sobrepuesto”. De Potosí (Bolivia) / Potosí: Ciudad capital del mismo Departamento, centro industrial, fundada en 1545, para la explotación de sus minas de plata en la montaña que la rodea / Valer un Potosí: Valer mucho una cosa. Disposición que el rey daba, sin contar con ningún Consejo o Asamblea política. Relativo al pragmatismo / Pragmatismo: Método filosófico, según el cual el único criterio válido para juzgar de la verdad de toda doctrina debe fundarse en sus efectos prácticos / Modo de pensar y de actuar que se fija sobre todo en la consecuencias prácticas de los hechos. Sermón o plática / Por extensión, perorata, discurso vehemente. Clérigo ordenado de misa, o sacerdote. Establecimiento penitenciario / Fortín / Voz latina y puramente militar. Sinónimo de castillo, fortaleza y fuerte. Se usó mucho en la América hispana, sobre todo en referencia a fortines y guarniciones en zonas fronterizas, como en las zonas desérticas del virreinato de Nueva España (México), en territorios de Arizona, Nueva México, Texas, California, etc. Delinquir los empleados públicos a sabiendas o por ingnoracia inexcusable. Toda la sección delantera de un buque. El que posee el don de la profecía (predicción de cosas futuras). Que sigue o pertenece a alguna de las iglesias cristianas formadas como consecuencia de la Reforma, nacida de discrepancia con la doctrina de la iglesia católica y su relajamiento de la fe y las costumbres. Nombre de un conjunto de pueblos indoeuropeos que asolaron las costas de Oriente Medio y Egipto durante el reinado del faraón Ramsés III. (Véase cubierta). Tienda donde se vende el pulque; voz azteca para una bebida alcohólica que se obtiene haciendo fermentar el aguamiel o jugo de la pita, maguey, mezcal y ágave. Nombre con que los romanos designaban a los cartagineses. Altura del buque desde la quilla hasta la cubierta principal. Posición de una nave determinada sobre una carta, en base al rumbo seguido y distancia recorrida. Es sólo aproximada, pues el rumbo es modificado por vientos y

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Puritanos:

Púrpura:

Quechua: Quemarropa: Quilla:

Quimera:

Quimono: Razia (Razzia): Rebenque: Recalar: Recua: Regala: Regidor: Régulo: Relicario:

Relinga: Reloj de arena: Remo: Renacimiento:

Requiebro: Retrocarga: Riada: Roda:

corrientes y la distancia es difícil de medir con exactitud, por corrientes y errores instrumentales. Siempre es más exacto el Punto Astronómico calculado por los astros. Miembros del movimiento político y religioso, de inspiración calvinista, que propugnó la reforma de la iglesia anglicana para instaurar una religión más pura. Perseguidos desde 1583, emigraron a los Países Bajos y posteriormente a América, donde un pequeño grupo (Padres Peregrinos) fundó en 1619 la colonia de Plymouth. Tinte muy costoso que los antiguos preparaban con la tinta del molusco ―murex‖, y que su color –variante del rojo- se convirtió en color distintivo en las vestiduras de Emperadores, Reyes y Cardenales. Pueblo amerindio que habitó en el área andina, en la zona de la sierra, en las cercanías del Cuzco. Tratándose de un disparo de arma de fuego, hacerlo desde muy cerca. Primera pieza que se coloca al construir el buque; gran madero compuesto de varias piezas fuertemente empalmadas, que va en la parte más inferior del casco, de proa a popa y sobre el que se insertan, como en un espinazo las cuadernas, que son como las costillas del buque. Figuradamente, ilusión, fantasía. Monstruo imaginario que según la mitología griega vomitaba llamas y tenía cabeza de león, vientre de cabra y cola de dragón. – La palabra designa desde el siglo XVI todas las creaciones vanas de la imaginación y, por extensión, las ideas falsas. Túnica con mangas largas y anchas, abierta por delante y que se cruza, ciñéndose a la cintura mediante cinturón. – Es una prenda de vestir típica del Japón. Voz árabe. Incursión, correría asoladora, sin más objeto que el botín y el castigo sobre una determinada comarca. Látigo de cuero o cáñamo embreado, con el cual se castigaba a los galeotes. Llegar el buque a un punto conocido, después de un viaje. Conjunto de acémilas / Acémila: Bestia de carga, preferentemente, el mulo. Tablón que forma el borde de las embarcaciones. Administrador – Funcionario. Señor de un Estado muy pequeño. Reyezuelo. Lugar en que están guardadas las reliquias / Caja o estuche para custodiar reliquias / Reliquia: Parte del cuerpo u otro objeto de un santo, digno de veneración / Persona o cosa muy vieja. Cabo con que se refuerzan las orillas de las velas. (Ver ampolleta). Pala para impulsar las embarcaciones por el agua. Período de renovación artística literaria y científica, surgido a mediados del siglo XV y desarrollado hasta fines del XVI. Comenzó en Italia, desde donde se extendió a los demás países de Europa. Piropo, galantería. Cañones que se cargan desde la recámara, por medio de un segmento que se puede quitar. Avenida, inundación y crecida. Pieza gruesa y curva que forma la proa de la nave.

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Rodelero: Rosa de los vientos: Round-ship

Rumbo: Rus: Sacrilegio: Saga: Sagres: Salazón: Salitre: Samnita:

Samurai:

Sarraceno:

Sátrapa: Secular/ Seglar: Selyúcida: Semita:

Septentrional: Shah: Shogun:

Sincretismo:

Guerrero que usaba rodela / Escudo redondo y delgado. El conjunto de líneas en que se supone dividido el horizonte para poder apreciar la dirección de los vientos. – También “rosa náutica” – Brújula. “Barco redondo”. Tipo de naves usadas principalmente, en los mares del Norte europeo, durante la Edad Media, más proporcionadas entre eslora y manga y propulsadas a vela. Dirección considerada o trazada en el plano del horizonte / Camino que uno se propone seguir. Escandinavos que viajaron y se establecieron en el este europeo. Posteriormente, darían nombre a Rusia (―la tierra de los ríos‖). Profanación de algo sagrado / Ofensa grave contra una persona a quien se debe veneración. Nombre dado a las narraciones orales islandesas y escandinavas. Localidad de Portugal, célebre por la Escuela de Navegación que en ella fundó el príncipe Enrique el ―Navegante‖. Conjunto de carnes o pescados salados / Industria que se hace con estas conservas. Afloramiento salino en zonas áridas que se presenta con un recubrimiento o corteza de la superficie del suelo. Antiguo pueblo establecido en Italia. Desde mediados del siglo IV a.C., mantuvieron con Roma tres guerras sucesivas, hasta que ésta logró su dominación total, a mediados del siglo III a.C. Fueron en principio los guerreros que guardaban la corte imperial. El término se extendió paulatinamente a todos los guerreros provinciales, BUSHI, en general. Después, se aplicó el término a todo guerrero con rango o cargo oficial al servicio de un shogun o ―daimyo‖. El término fue usado en el imperio romano y en el occidente latino para los pueblos nómadas del desierto sirio-árabe; por extensión, en la época de las cruzadas se aplicó a los árabes y a todos los musulmanes. Gobernador de una provincia del Imperio Persa. Que no tiene órdenes clericales / Que dura un siglo o desde hace un siglo. Dinastía turca musulmana que dominó el Próximo Oriente y Asia Menor entre los siglos XI y XIII. Según la tradición bíblica, descendiente de Sem. Pueblos originarios del norte de Arabia que entre el V y el I milenio a. C., se asentaron en Oriente Medio, donde desarrollaron las grandes civilizaciones posteriores a las sumerias. Son de origen semita los acadios, amorritas y arameos, así como hebreos, fenicios y árabes. Relativo al Norte del planeta. Título del soberano de Irán (Persia), que llevaron también algunos monarcas de la India. ―Gran General‖. Originalmente, título temporal que se otorgaba a los príncipes imperiales que dirigían campañas militares. Se hizo extensivo a los jefes guerreros queriendo legitimar su poder, como resultado de ser el brazo armado del emperador. De hecho, hubo varios shogun, que por grandes períodos, ostentaron el poder supremo en Japón. Sistema filosófico o religioso que trata de conciliar doctrina diferentes.

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Singladura: Sintaxis: Situado: Snaker: Sobrecargo: Sofisticado: Sojuzgar: Somalí: Somático: Sonar:

Sondaleza (Sonda):

Suahili:

Sufragio: Sultán: Sunní – Sunnita: Supino: Sutil: Táctica: Taj Mahal: Tamborete:

Tamil: Tartaria:

Camino recorrido por un buque en veinticuatro horas durante una navegación / La acción de singlar, caminar ó navegar y también la velocidad que lleva la nave. Parte de la gramática que enseña a coordinar y unir las palabras para formar las oraciones y expresar conceptos. Asignación de fondos, caudales, dinero. La “nave larga” vikinga, que se llamaba así cuando en su proa se tallaba la cabeza de una serpiente marina. Persona que cuida del cargamento en los buques mercantes y tiene a su cargo la administración del buque. Elegante, refinado / Complejo, completo, se dice, de aparatos, técnicas o mecanismos / Falta de naturalidad, afectadamente refinado. Dominar, mandar con violencia. Habitante de Somalia, república de África Oriental, situada entre el golfo de Aden, al Este y Sur con el océano Indico y, al Oeste con Kenya, Etiopia y Yibuti. Se dice del síntoma que es eminentemente corpóreo o material, para diferenciarlo del síntoma psíquico / Soma: La totalidad de la materia corporal de un organismo vivo. Siglas de Sound Navigation and Ranking; técnica de emplear ondas ultrasonoras para detectar objetos debajo del agua y, por extensión, el equipo que se utiliza. (Véase también ASDIC). Cuerda con un peso de plomo que sirve para medir la profundidad del agua y explorar el fondo. En su extremo se amarra el escandallo, que es una plomada cónica con un hueco para recoger muestras que se pegan al sebo que lleva la plomada. Lengua bantú influenciada por la lengua árabe, formándose una cultura de rica literatura escrita en árabe. Hablada por los habitantes de los Estados situados a lo largo de la costa africana del océano Indico, entre los siglos IX y XVIII. Hoy es idioma oficial de varios países del Este africano. Sistema electoral para la provisión de cargos / Universal: aquel el que tiene derecho a participar todos los ciudadanos mayores de edad, sin más excepciones legales. La fuente reinante de la autoridad, que llega a convertirse en el término islámico usual para designar la soberanía. ―Ortodoxo‖ del Islam; seguidor del primer califa sucesor de Mahoma. Se dice de la ignorancia que sucede de la negligencia del sujeto. Término dado a naves ligeras. Conjunto de reglas a que se ajustan en su ejecución las operaciones militares. Mausoleo construido en Agra (1630-48) por mandato del emperador Jehan para tumba de su esposa favorita Muntaz Mahal. Trozo de madera cuadrangular y fuerte, de largo el doble de su ancho, que encajado y bien ajustado por el centro de una de sus mitades en la espiga de los palos y masteleros, sirve para la sujeción de los mismos, pasando todos por un agujero de proporcionado diámetro que tiene en la segunda mitad de su largo, quedando por entero fuera de la cara de proa del respectivo palo. Pueblo de lengua dravídico y raza melanohindú que ocupa la parte oriental del sur de la India y parte de la isla de Ceilán (Sri Lanka). País donde gobernaba el ―Gran Khan‖.

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Tártaro:

Tasajo: Tasmaniano: Tectónico: Telúrico: Témpano: Templario:

Temple (Orden de):

Teocrática: Teólogo: Teotihuacan: Teredo: Teutón: Teutónico:

Tibor: Tierra Firme: Tifón: Timón:

Timonel:

Conjunto de pueblos de origen turco y mongol, que durante los siglos XII y XIII invadieron el Este de Europa. (Hoy en día, su población de unos tres millones, vive diseminada por Siberia, Asia Central y Rusia europea). Pedazo de carne seca y salada. Habitante de Tasmania / Tasmania: Estado e isla de Australia separada del continente por el estrecho de Bass. Relativo a la estructura de la corteza terrestre. Relativo a la Tierra. Pedazo de cualquier cosa dura, extendida o plana, como un pedazo de hielo o de tierra unida / Quedarse como un témpano: Quedarse aterido de frío. Perteneciente a la Orden religiosa-militar fundada en Jerusalén (1118), en el área del Templo de Salomón –de ahí su nombre-, para proteger a los peregrinos que se dirigían a los Santos Lugares. Se convirtió en la vanguardia del ejército cristiano de Tierra Santa. Su organización seguía las normas de la orden religiosa cisterciense y estaba presidida por un Gran Maestre. Llegaron a poseer grandes riquezas e influencia en la Europa cristiana. De los caballeros templarios / Perteneciente a la Orden religiosa-militar fundada en Jerusalén (1118), en el área del Templo de Salomón –de ahí su nombre-, para proteger a los peregrinos que se dirigían a los Santos Lugares. Se convirtió en la vanguardia del ejército cristiano de Tierra Santa. Su organización seguía las normas de la orden religiosa cisterciense y estaba presidida por un Gran Maestre. Llegaron a poseer grandes riquezas e influencia en la Europa cristiana. Sociedad en que la autoridad política, considerada emanada de Dios, se ejerce por sus ministros. Persona especializada en Teología, ciencia que trata de Dios, de sus atributos y perfecciones. Importante centro arqueológico. La actual ciudad de México. Fue la ciudad más importante de la Mesoamérica precolombina. (Ver Broma). Pueblo de raza germánica / Alemán. Perteneciente a la Orden religiosa-militar fundada en Jerusalén por los cruzados alemanes en el siglo XII. Sus miembros, en 1225, conquistaron las tierras de Prusia, llegando a constituir un gran Estado monástico. Vaso grande de barro de China o Japón, decorado exteriormente. Nombre con que se conoció la parte del continente americano situada al S de las Antillas. Voz castellana del chino “tai-fun”, que designa a una gran tormenta marina. Tabla o aleta vertical colocada en la línea central del barco en el codaste, originalmente (y todavía en barcas pequeñas) de sencillos pinzotes conocidos como machos y unidos directamente a la barra del timón o por cuerdas o cadenas a la rueda de dirección que, cuando adquiere cierto ángulo con el curso del barco, provoca un cambio de dirección. Persona que gobierna el timón de la nave.

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Tingladillo:

Tirano:

Titanio: Toldilla: Tolteca: Tonel: Tonelada Tonelada de arqueo: Tonelada:

Tonelaje:

Método de construcción en el que los tablones del casco están colocados para que el borde más bajo esté montado sobre el borde superior del tablón siguiente. (Véase Tope, construcción a). Un tipo de gobernante de la antigua Grecia, quienes realizaron reformas sociales e impulsaron las obras públicas. Al paso del tiempo, este término pasó a calificar al gobernante que rige sin justicia un Estado y a la medida de su voluntad. Metal pulverulento de color gris. Cubierta corta, elevada en la popa del barco, originalmente conocido como castillo de popa. La palabra “poop” en inglés procede del latín puppis, popa. Pueblo amerindio que desarrolló una importante cultura entre los siglos X y XII en el centro de México. Cuba grande en la que se vierte vino u otro liquido. (desplazamiento) Unidad que expresaba el peso de una embarcación, que alcanzaba veinte quintales o dos mil libras. Unidad que expresaba la capacidad de carga de un buque, basada en el codo cúbico de ribera, cuyo valor era de 1.518 m3. La tonelada de arqueo tenía 8 de estos codos. Medida de capacidad de carga antigua. Actualmente la tonelada métrica de 1.000 kilogramos es unidad de desplazamiento de la nave. La tonelada de registro bruto o neto, es una medida de volumen, equivalente a 2.183 metros cúbicos. Capacidad de carga transportada por un buque mercante o el desplazamiento de un buque de guerra. En un buque mercante, el tonelaje se puede calcular de varias formas (el termino procede de “tonel” –tonel de vino-., la unidad de carga estándar original y “tonel” significa 100 pies cúbicos). Como los buques de guerra casi siempre están cargados en su totalidad y preparados para la batalla, el tonelaje naval es una medida del peso del navío. Se calcula por medio del principio de Arquímedes de que un cuerpo que flota empuja a los costados, o desplaza su peso en agua. La longitud en pies cúbicos del casco de un barco bajo el agua con carga de combate corresponde al volumen de agua desplazada; cada 35 pies cúbicos de agua de mar pesa una tonelada gruesa, a 2.240 libras. Por lo tanto, un buque de guerra que desplaza 35.000 pies cúbicos de agua de mar tiene un peso, o desplazamiento, de 1.000 toneladas gruesas. Un acorazado típico desplazaba por lo menos 700.000 pies cúbicos de agua de mar, lo que se traduce en 20.000 toneladas. Tonelaje bruto es el volumen interno total del casco de un barco que procede de un cálculo basado en sus dimensiones. El tonelaje neto es el volumen interno disponible para la carga (es decir, el tonelaje bruto menos el espacio para acomodo de la tripulación, maquinaria, carboneras, etc). El tonelaje de peso muerto es una medida de carga total de cargamento, fueloil y provisiones que puede transportar un buque cuando va a plena carga. La capacidad de los buques de carga a granel se expresa siempre en metros cúbicos. En los barcos mercantes el tonelaje siempre ha sido una medida de capacidad antes que de desplazamiento. Se calcula dividiendo el volumen interior utilizable en pies cúbicos por 100: un número arbitrario. Así pues, un navío que tenga 100.000 pies cúbicos de capacidad está catalogado como de 1.000 toneladas. Esta medida no tiene nada que ver con el peso del barco. En verdad, la misma palabra tonelada deriva de la practica inglesa del siglo el de imponerle a los

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barcos mercantes un impuesto acorde con la cantidad de barriles o toneles de vino que cada uno era capaz de transportar en su bodega. Toneles: Medida de capacidad de carga antigua. Tope, construcción a: Método de construcción en el cual los tablones del casco estaban colocados a borde: (Véase Tingladillo). Topkapi: Palacio del sultán turco, en su ciudad capital de Estambul. Toponimia: Nombre propio de lugar. / Estudio lingüístico del origen y etimología de los nombres del lugar. / Conjunto de los nombres del lugar de un país, épocas, etc. Tornaviaje: Viaje de regreso. Torre de Londres: Antigua fortaleza, en Londres, edificada por los normandos; sirvió como prisión de Estado. En ella se conservan las joyas de la Corona inglesa. Totora: El tipo de barca que todavía surca el lago Titicaca (Bolivia – Perú) y, en versión más pequeña, el litoral marino de la ciudad de Trujillo (Perú). Construida con una especie de anea o espadaña, plantas herbácea que crecen en los lagos y ciertas riberas marinas de la América Meridional. Travesía: Viaje que hace un buque de un sitio a otro. Triboli: Objeto de hierro, con tres puntas, que al caer al suelo, siempre quedaba con una punta hacia arriba. Tribu: Agrupación de pueblos antiguos / Grupo homogéneo y autónomo, social y políticamente, que ocupa un territorio propio. Triera: Galera de guerra griega con tres bancos de remos en cada lado. Trierarca: Capitán de una “triera”, nave griega de tres órdenes de remos. Trinquete (Palo de): Palo siguiente a la proa de un buque. Tripulación: El personal que lleva una embarcación. Trirreme: Galera romana con tres órdenes de remos. Trópico de Cáncer: Línea imaginaria paralela al Ecuador, situados a unos 23º, 27´ de latitud Norte. En él, los rayos solares inciden verticalmente en el solsticio de verano. (Solsticio: época en que el sol se halla en uno de los trópicos, es decir, en su posición más alta o más baja, respectivamente, del 21 al 22 de junio por el de cáncer y del 21 al 22 de diciembre por el de capricornio). Trópico de Línea imaginaria, situada a 23º, 27´de latitud Sur en la esfera terrestre. En él, los rayos Capricornio: solares inciden verticalmente en el solsticio de invierno. (Solsticio: época en que el sol se halla en uno de los trópicos, es decir, en su posición más alta o más baja, respectivamente, del 21 al 22 de junio por el de cáncer y del 21 al 22 de diciembre por el de capricornio). Trópicos: Cada uno de los dos círculos que se consideran en el globo terrestre en correspondencia con los de la esfera celeste. Trueno: En la Edad Media, una forma de denominar a los nacientes cañones. Trueque: Intercambio directo de bienes y servicios, sin mediar la intervención de dinero. Tsunami: Ola marina de gran tamaño, producida por una explosión en el fondo del mar, de tipo volcánico, o de un seísmo. Tuareg: Pueblo norteafricano que habita en el desierto del Sahara, de raza etiópica oriental. Viven del pastoreo nómada de rebaños de cabras y camellos.

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Tunguse (tungús):

Se dice de un pueblo de raza siberiana del grupo altaico, que habita desde el Yenisei hasta el Pacífico y por el norte de China. Tupi – Guaraní: Pueblo amerindio que habitaba en Paraguay y el norte de Argentina. En el siglo XVI, a la llegada de los españoles, se trasladaron a los Andes bolivianos; desde allí, huyeron posteriormente al alto Amazonas y a las Guayanas (siglos XVI-XIX), donde se establecieron definitivamente. Tupi: Pueblo amerindio que a la llegada de los españoles, habitaba en la costa atlántica de América del Sur. Turanio (turcomano): De Turán, región de la antigua Asia Central / se aplica a las lenguas que, como el turco y el húngaro, se creen originarias del Asia Central y no corresponden a los grupos arios y semíticos. Turcomano: Se dice de un pueblo de raza turania, ocupa el Turquestán ruso, entre el Amur-Daria y el Caspio. Urca: Fragata construida especialmente para carga, de fondo plano, sin quilla. Usufructo: Derecho a disfrutar bienes ajenos con la obligación de conservarlo / Utilidad o rendimiento que se saca de cualquier cosa. Valija: Saco de cuero, cerrado con llave, donde los correos llevan la correspondencia. Vándalo: Este pueblo cruzó el Rin en el 406 y después de atravesar la Galia (Francia), penetró en España. Después de 20 años de pillaje pasaron al norte de África, donde establecieron un reino que duró hasta el 533. Varadera: Defensa, en su primera acepción. Varar: Encallar la embarcación. Varego: Cuerpo de guardaespaldas escandinavos de los emperadores bizantinos. Vasallo: Originariamente servidor o subordinado, aunque acabó por indicar el siervo de un gran señor. Veedor: Empleo que reunía las funciones de Inspector General con las de Intendente de Marina. Velamen: Masa total de las velas de un buque. Velas Cuadras: Velas rectangulares o trapezoidales regulares, que se envergan por su parte superior en vergas que cruzan los palos. Velas Latinas: Velas triangulares, una de cuyas relingas va envergada en una percha que es izada o arriada con la vela. Venablo: Dardo o lanza corta. Verga: Palo largo de madera o de metal que cruza el mástil de un barco y en el que se coloca una vela. Vicario Apostólico: Prelado que rige cierta circunscripción eclesiástica. Uno de los títulos del Sumo Pontífice. Vicealmirante: Oficial general de la Armada, inmediatamente inferior al Almirante. Vikingo: Pueblo escandinavo que entre los siglos VIII y XI realizó diversas expediciones marítimas por las costas de Europa occidental y exploró regiones del Atlántico Norte; también llamados normandos. Virreinato: Institución a cargo de un virrey, que gobierna en nombre y autoridad del Rey. Territorio gobernado por un virrey. Virrey: El que con este título gobierna en nombre y autoridad del rey.

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Viruela: Virus: Visigodo:

Xilografía: Yermo: Yoruba: Yugo: Zafarrancho: Zapador: Zar: Zarpe / Zarpar: ZEE:

Zozobrar: Zulú:

Enfermedad infecciosa aguda, esporádica o epidémica, contagiosa, caracterizada por la erupción de ampollas con pus en la piel y mucosas, acompañada de fiebre alta. Parásito intracelular obligatorio, es decir, que precisa de una célula viva para replicarse. Rama del pueblo godo que penetró en el Imperio Romano. Fueron asentando su dominio en la Península Ibérica hasta que en el año 711 fueron derrotados decisivamente por los musulmanes que penetraron en España. Arte de grabar sobre plancha de madera. Inhabitado / Terreno improductivo y solitario. Pueblo negro africano de raza guineana que se asienta por el suroeste de Nigeria hasta la confluencia de los ríos Níger, Benue y hasta Dahomey y la República de Togo. Cualquier carga pesada, prisión o atadura. Acción y efecto de desembarazar una parte de la embarcación, para dejarla dispuesta a determinada faena. Soldado que abre trincheras, zanjas, etc. Título que se daba al emperador de Rusia y al soberano de Bulgaria. Proviene del latín ―César‖. Acción de iniciar un buque su travesía al salir del puerto. Zona Económica Exclusiva. Franja costera de 200 millas de anchura medidas desde el estiaje medio, dentro del cual una nación tiene derecho exclusivo a explotar sus recursos naturales. Complementa, pero no sustituye al límite territorial tradicional (tres millas, el alcance eficaz de la artillería costera, posteriormente extendido a 12 millas). Perderse la embarcación, yéndose a pique. Pueblo de raza negra que habita en el África austral.

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PERSONAJES PERTENECIENTES AL VOLUMEN I Abbas: Tío de Mahoma (566-612). Dió nombre a la dinastía de los Abasidas. Abrabanel, Yehuda: Político y escritor judeo-portugués. Fue Ministro de Hacienda con Alfonso V de Portugal y después, con los Reyes Católicos. Residió más tarde en Sicilia, Corfú y Venecia, donde murió. Escribió obras de asuntos religiosos, históricos y filosóficos. Abreu de Bertodano, Félix Joseph: Se conoce muy poco de su vida, excepto por la importancia de la obra mencionada. Siguió los pasos de su padre –Antonio José Álvarez de Abreu- en el campo de la jurisprudencia. Su padre fue gran conocedor de las Leyes de Indias, asesorando al rey Felipe V quien le comisionó a Venezuela con amplísimos poderes de carácter jurídico, económico y político. Fue Gobernador y Teniente de Capitán General interino de la Provincia de Venezuela. En España llegó a ocupar los más altos cargos, siendo ministro de tres Ministerios, en épocas distintas. Obtuvo el título de Marqués de la Regalía. Acosta, José de: Jesuita, historiador y naturalista español. Adán: Padre común del género humano, creado por Dios en el sexto día, como culminación de su obra. El nombre significa, probablemente, ―Tierra roja‖ o ―Tierra de labranza‖. Aguirre, Lope de: Aventurero español. Conocido como ―el tirano Aguirre‖ y también como ―Aguirre, el loco‖. Formó parte de la expedición que en 1559 remontó el Amazonas en busca de ―El Dorado‖, al mando, primero, de Pedro de Ursúa y luego de Fernando de Guzmán, ambos traicionados y asesinados por Aguirre. En plena selva amazónica, cuando tomó el mando sobre sus compañeros, firma un acta en que reniega de su Rey, sublevándose, con la idea de apoderarse del Perú. Tras asumir el mando navegó hasta la desembocadura del Amazonas, siguió a la isla de Margarita, donde desembarcó; pasó a Tierra Firme, Borburata, Valencia y Barquisimeto. Es sitiado por tropas del Rey y abandonado por sus últimos compañeros –los marañones, como él los llamaba- (ya que al río Amazonas, se le llamó Marañon). Mata a su hija ―para que no sirva de colchón a tanto bellaco‖ y es apresado y ajusticiado. Ailly, Pierre D’: Prelado y teólogo francés. Contribuyó a poner fin al Cisma de Occidente. Autor de una obra cosmográfica, ―Imago mundi‖ (1410), en que basó sus cálculos Cristóbal Colón. Akbar: Gran Mogol. Emperador de la India (1542-1605). Descendiente de Tamerlán. Su reinado coincide con momentos de gran esplendor para la India. Fomentó el comercio, el arte y la ciencia. Alá: Nombre que dan a Dios los musulmanes y los cristianos orientales. Albuquerque, Alfonso de: Navegante y conquistador portugués (1453-1515). Consolidó el poder de Portugal en la India y Oriente. Exploró las costas de Madagascar y conquistó las islas de Socotora, Ormuz, Malabar, Ceilán y Malaca. Fue nombrado virrey de las Indias en 1508. Alejandro Magno: Rey de Macedonia (356-323 a.C.) hijo de Filipo y Olimpia. Educado por Aristóteles. A la muerte de su padre, arrasó algunas ciudades griegas que se habían sublevado. Atacó a Persia y en 4 años derrotó a los persas y se apoderó de su Imperio. Fundó Alejandría. Realizó expediciones por Oriente y marchó hacia la India; tuvo que retroceder por el cansancio de sus tropas. Murió de fiebres (o envenenado), sin haber establecido un mecanismo de sucesión. Alejandro VI: (Llamado Rodrigo de Borja). Papa de 1492 a 1503. Delimitó el dominio del mundo entre españoles y portugueses. Alí: Primo y yerno de Mahoma, asesinado en el 661 tras haber ocupado el cargo de califa durante algunos años. Alí-Babá: Personaje principal del cuento, ―Alí Babá y los 40 ladrones‖, de la obra anónima ―Las mil y una noches‖.

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Almagro, Diego de: Conquistador español. Fue compañero de Pizarro en la conquista del Perú. Nombrado ―Adelantado‖ organizó una expedición a Chile. Las disputas que surgieron con los hermanos Pizarro provocaron la guerra civil que culminó con su derrota y ejecución en la localidad de Salinas. Alvarado, Pedro: Conquistador español. Hombre de confianza de Hernán Cortés. Álvares Cabral, Pedro: Navegante portugués (1467-1526). En 1500, al mando de una expedición a la India, se desvió al Oeste y fue a parar a las costas de Brasil, que llamó ―Terra do Vera Cruz‖. Se dirigió después a la India, donde permaneció hasta 1501, regresando a Portugal. Amaterasu: En la mitología japonesa, diosa del Sol y de la Luz. De ella se cree descienden los emperadores del Japón. Amudsen, Roald: Explorador noruego. Realizó expediciones a ambos Polos y en 1903 descubrió el paso del Noroeste. Fue el primero en llegar al Polo Sur, en 1913. Sobrevoló el Polo Norte en 1926 y murió al ir en socorro de otra expedición, la del italiano Nobile. Anaximandro: Filósofo, geómetra y astrónomo griego (¿610?-547 a.C.). Se le atribuye la invención del cuadrante solar y de las cartas geográficas. Fijó las épocas de los equinoccios y de los solsticios. Demostró la oblicuidad de la elíptica. Anglería, Pedro Mártir de: Geógrafo italiano. Residente en España. Autor de una ―Historia del descubrimiento de América‖. Aníbal: General cartaginés (247-183). En la II Guerra Púnica, con su ejército, desde la Península Ibérica, atravesó los Alpes y venció a los romanos en las batallas de Tesino, Trebia, Trasimeno y Cannas. Se apoderó de parte de Italia y cercó, sin lograr tomarla, a Roma. Habiendo desembarcado los romanos en África, cerca de Cartago, Aníbal fue reclamado por el Senado Cartaginés, siendo derrotado por el romano Escipión en Zama. Exilado en Bitinia y perseguido por los romanos, se suicidó para evitar ser asesinado por ellos. Antonelli, Juan Bautista: Ingeniero italiano. Estuvo al servicio de Carlos V y Felipe II. Fueron muy importantes sus trabajos de fortificación en la América Hispana. Presentó un atrevido proyecto de convertir a Madrid en puerto. Aquiles: Héroe legendario, hijo de Tetis y Peleo. Cuando era niño, su madre le bañó en la laguna Estigia para que sus aguas le confiriesen la inmortalidad. Sin embargo, olvidó mojar el talón por donde lo tenía asido, que se convirtió en su único punto vulnerable. Es el personaje principal de la ―Iliada‖ de Homero; dio muerte a Héctor, pero pereció a manos de Paris. Arturo, Príncipe de Gales: Hijo mayor de Enrique VII. Murió muy joven; su viuda, Catalina de Aragón casó con su cuñado, el futuro Enrique VIII. Ashikaga: Familia feudal japonesa, establecida en Kyoto, que ocupó el Shogunato de 1338 a 1573. Atíla: Rey de los Hunos (¿385?-453). Impuso tributo a los emperadores romanos, atravesó Germania y devastó la Galia, pero fue derrotado en la batalla de los Campos Cataláunicos. Apareció en el norte de Italia, pero se detuvo en Mantua, por la habilidad diplomática del Papa León I, y se retiró. Babur: Primer Emperador Mogol de la India (1483-1530). Ocupó el trono de Afganistán y vencedor en Panipat, estableció en 1526 el Imperio mogol en India. Bacon, Francis: Filósofo y político inglés (1561-1626). Es uno de los fundadores del método experimental; combatió la filosofía escolástica y exigió de la ciencia que ayudará al hombre a dominar la naturaleza. En la novela ―Nova Atlantis‖ proyectó un estado utópico, científicamente organizado. Baffin, William: inglés. Exploró el mar que lleva su nombre, buscando el paso del Atlántico al Pacífico por el norte de América.

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Barbarroja (Jair-Aldin): Corsario berberisco de origen griego (1467-1546). Fué bey de Argel bajo la soberanía del sultán otomano; luchó contra los españoles a las órdenes de los sultanes turcos Selim y Solimán y conquistó Túnez. Nombrado gran almirante, ejerció su dominio en el Mediterráneo hasta su retiro en Constantinopla. Barents, Willem: Marino holandés. Descubridor del Océano Glacial Ártico, que lleva su nombre, más Nueva Zembla y el archipiélago de Spitzberg. Bartolomé de las Casas: Misionero, sacerdote dominico y prelado español, llamado el ―Apóstol de las Indias‖. Desplegó un celo infatigable en favor de la situación de los indígenas americanos. Autor de ―Brevísima relación de la destrucción de Indias‖. Se le debe la promulgación de las Nuevas Leyes de Indias. Basilio II: (¿957?-1025). Conquistó el territorio de los búlgaros. Se anexionó parte de Georgia y Armenia. Bastidas, Rodrigo de: Navegante español, exploró el mar de las Antillas y fundó el puerto de Darién y la ciudad de Santa Marta en la actual Colombia. Battuta, Ibn: El más grande de los viajeros, no solo del mundo musulmán, sino del medieval, es el magrebí Battuta (1304-1362), se recorrió todo el mundo conocido en su época a lo largo de tres decenios aproximadamente. Escribió ―Viajes‖. Bazán, Álvaro de: Marqués de Santa Cruz. Almirante español (1506-1588). Capitán General de las Galeras de Nápoles y de España. Participó en la batalla de Lepanto y dirigió las operaciones navales durante la ocupación de Portugal. Felipe II le encargó la organización de la Armada Invencible pero murió antes de completar la tarea. Bello, Andrés: Pensador, jurista, educador y poeta venezolano. Entre sus discípulos tuvo a Simón Bolívar, a quien acompañó a Londres en 1810, como representante de la Junta Revolucionaria de Caracas. En 1829 viajó a Chile, donde fue rector de la nueva Universidad Nacional de Chile, redactó el Código civil, el más antiguo de Hispanoamérica. Autor de ―Alocución a la Poesía‖, la ―Silva a la Agricultura de la Zona Tórrida‖, ―Principios de ortografía y métrica de la lengua castellana‖ y ―Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos‖. Bering, Vitus: Navegante danés, al servicio de Rusia. Descubrió el mar y el estrecho que llevan su nombre, las islas Aleutianas y la península de Alaska. Bethencourt, Jean: Caballero normando (¿1360?-1422). En 1402 se apoderó de las islas de Lanzarote, Fuerteventura, Gomera y Hierro, cuya soberanía cedió a Enrique III de Castilla. Bizas: Hijo de Ceresa y de Poseidón, descendiente de los reyes de Argos y contemporáneo de los Argonautas. Se le atribuye la fundación de Bizancio. Bjarni: Líder de una familia islandesa, quien, por primera vez, avistó tierra de Norteamérica, actual Canadá, posiblemente la llamada ―Península del Labrador‖. Bobadilla, Francisco de: Comendador español. En 1500 llegó a Santo Domingo para poner fin en las disensiones entre los colonizadores y mandó preso a España a Cristóbal Colón y a sus hermanos. Su actuación fue reprobada por los Reyes Católicos. Murió en un naufragio al regresar a España.´ Bolena, Ana: Reina de Inglaterra, segunda esposa de Enrique VIII; fue suplantada por una de sus damas de honor que la acusó de traición y adulterio. Condenada a muerte y decapitada en la Torre de Londres. La relación entre Ana Bolena y Enrique VIII fue la causa directa del cisma de la Iglesia Anglicana, ya que el Rey solicitó la anulación, por no darle heredero, de la española Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos; la negativa del Papa precipitó la decisión real. Bragadin, Marco Antonio: (¿ ? – 1571). Valeroso comandante veneciano, defensor de la plaza fuerte de Famagusta (Chipre), ante el ataque y sitio de gran flota y ejército turco. Negociada una tregua entre él y el jefe turco, no es respetada y además, después de varias crueldades con su persona, es desollado vivo. Brahma: Divinidad hindú que, en la Trimurti, en un principio representó lo absoluto y posteriormente fue dotado de rasgos personales, convirtiéndose en creador del universo.

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Brendan (San Brandano): Santo irlandés, famoso por su ―Viaje‖ por lo que se le llama el ―viajero‖. La noticia de su viaje atrajo a muchos devotos y para satisfacerles levantó un buen número de monasterios. El manuscrito en el que se relata el viaje es del siglo X u XI; según él, San Brandan, con varios de sus monjes fue por mar a buscar una ―Tierra de Promisión‖ ó un ―paraíso‖, empleando en la travesía siete años hasta que encontraron un país de rica vegetación. Entre las diferentes tierras en que se ha pretendido situar tal hallazgo se creyó que pudiera haber sido la Florida. Muchos geógrafos tienen por pura leyenda tal viaje. Buda (Siddharta Gautama, llamado): Príncipe indio (560-480 a.C.). Decidió abandonar su vida acomodada para consagrarse a la vida ascética a fin de conseguir la Verdad. Un día, orando, alcanzó el conocimiento de las cuatro nobles verdades que se convirtieron en fundamento de su teoría moral y religiosa: el sufrimiento, su origen, su supresión, y el camino hacia el nirvana. Así se convirtió en Buda, ―el Iluminado‖. Su doctrina es hoy seguida por más de 500 millones de adeptos. Burroughs, Esteban: Navegante inglés del siglo XVI que después de haber tomado parte en la expedición marítima de Chancellor en Rusia, la Compañía de Indias le encargó en 1556 la búsqueda de un paso por el Noreste. Costeando Rusia, tocó en Nueva Zembla y llegó hasta los 70º, 5´ de latitud norte. Tuvo que retroceder a causa de los hielos. De vuelta a la patria escribió una interesante relación de su viaje. Hasta entonces ningún marino había avanzado tanto como él hacia el NE. Cabeza de Vaca, Alvar Núñez: Conquistador español. Formó parte de la expedición de Pánfilo de Narváez a la Florida. Tras permanecer cautivo seis años con una tribu de ese territorio, atravesó con tres supervivientes América septentrional. Relató sus aventuras en ―Naufragios y comentarios‖. Caboto, Giovanni: Navegante y explorador italiano. Descubrió la isla de Cabo Bretón, al sureste de Terranova y las costas de Florida y El Salvador. Caboto, Juan Sebastián: Navegante italiano, hijo de Giovanni. Exploró el río de la Plata y remontó los ríos Paraná, Uruguay y Paraguay. Cabral Álvares, Pedro: Navegante portugués. El 25 de Abril de 1500 llegó al Brasil y dio a la ensenada en que desembarcó el nombre de ―Porto Seguro‖ Calónico: Griego poseedor de una fórmula de mezcla de sustancias inflamables, que se convirtió en un arma llamada ―fuego griego‖. Calvino, Juan: Teólogo y reformador religioso francés (1509-1564). Realizó estudios eclesiásticos y se adhirió a la reforma luterana, que propagó principalmente en Ginebra (Suiza), donde organizó un estado teocrático. Sus doctrinas dieron lugar al calvinismo. Caos: Inmensidad vacía que, según los antiguos, había precedido a la formación del universo. En el seno de este abismo primordial coexistían en cierto modo, estrechamente unidas dos entidades indefinibles, la Tiniebla (Erebo) y la Noche (Nicte), que al separarse la una de la otra y ambas del Caos, dieron lugar al nacimiento de Urano (el Cielo) y de Gea (la Tierra). Carlomagno: Rey de los francos y emperador de Occidente (742-814). Se esforzó en crear un Imperio romanogermánico en Europa occidental, presidido por la idea cristiana. En la navidad del año 800 fue coronado por el Papa León III como emperador de Occidente. Carlos II de España: Hijo de Felipe IV, ciñó la corona a los cinco años, bajo la regencia de su madre. De naturaleza débil y enfermizo, casó dos veces pero no tuvo descendencia y testó a favor de Felipe de Anjou, nieto de Luís XIV de Francia. Fue el último monarca de la Casa de Austria en España y a su muerte se desencadenó la llamada ―Guerra de Sucesión‖. Carlos II de Inglaterra: Hijo de Carlos I, juzgado y ejecutado por el Parlamento. Marchó a Francia a la muerte de su padre. En 1651 fue coronado Rey de Escocia, siendo derrotado ese mismo año por Cromwell. Fue restablecido en el trono por el general Monk en 1660. Enfrentado al Parlamento inglés, las derrotas en las

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guerras contra las Provincias Unidas (Holanda) le obligaron a reconocer los derechos del Parlamento y a sentar las bases de la monarquía constitucional inglesa. Carlos V: Carlos I de España y V de Alemania (1500-1558). El soberano más poderoso de Europa. Impuso su poder absoluto en España, mantuvo guerras con Francia, los turcos y los protestantes alemanes. Renunció a la Corona de España y al Imperio de Alemania y se retiró al monasterio de Yuste, en Cáceres, España, donde murió. Carlos VIII: Rey de Francia (1470-1498). Fue proclamado Rey en 1483. Cedió a Fernando el Católico el Rosellón y la Cerdaña en 1492 y un año después el Franco Condado y Artois a Maximiliano de Austria. En 1495 incorporó Bretaña a su corona. Cartier, Jacques: Navegante francés. Enviado por Francisco I para buscar un paso por el Norte de América; reconoció la isla de Terranova y la península del Labrador. En su segundo viaje remontó el río San Lorenzo, descubriendo la futura Canadá. Catalina de Aragón: Hija de los Reyes Católicos. Casó con Arturo, príncipe de Gales y tras enviudar, contrajo matrimonio con su cuñado, Enrique VIII. Al no darle heredero, éste solicitó al papado la anulación del matrimonio; la negativa produjo el cisma de la iglesia de Inglaterra, Catalina fue la madre de María Tudor. Murió, al parecer, envenenada por orden del rey. Catalina de Braganza: Reina de Inglaterra y regente de Portugal. Infanta de Portugal, hija de Juan IV, casó con el rey de Inglaterra, Carlos II; abandonada por su esposo, regresó a Portugal y llevó la Regencia del reino en ausencia de su hermano, Pedro II. Catón, Marco Porcio: Político y escritor latino. Era llamado ―Catón el viejo‖ o ―el Censór‖. Fué célebre por su severidad y austeridad. Fue cónsul en España y censór. Como escritor se le debe ―Orígenes‖, ―Historia de Roma‖ y ―De re rustica‖, obra didáctica. Cavendish, Thomas: Navegante inglés; habiendo malgastado su patrimonio, se lanzó, para rehacer su fortuna, a la vida de aventuras marítimas. En julio de 1586 zarpó de Plymouth para dar la vuelta al mundo en dos años y cincuenta días. En tal viaje atacó muchas naves españolas, entre ellas a la‖Santa Ana‖ , con un cargamento de gran valor. Entró a puerto con la tripulación vestida con trajes de seda, las velas de damasco y el palo mayor enchapado en oro. La reina Isabel I le armó caballero. En tres años gastó su botín y emprendió otro viaje, con el mismo fin, pero murió en la travesía. Cervantes Saavedra, Miguel de: Escritor español (1547-1616). Hijo de un modesto cirujano, estudió en Valladolid y Sevilla. Luchó en Lepanto. Prisionero después de los turcos, fue rescatado por los frailes trinitarios. Se dedicó a la literatura: novelas y comedias teatrales. Fue comisario para el acopio de víveres destinados a la Flota de Indias y recaudador de contribuciones. Por cuestiones relacionadas con la rendición de cuentas, le mandaron a prisión. En esa época pudo dar fin al ―Quijote‖. Cuando escribió la segunda parte, se empezaron a publicar sus otras muchas comedias. César, Julio: Dictador, general e historiador romano (100-44 a.C.). Fue tribuno-cuestor-edil-pretor. Dominó a la Galia. Triunfó sobre Pompeyo, su gran rival. Fue amante de Cleopatra y le dió un hijo. Vuelto a Roma, obtuvo el poder absoluto. Se preparó una conspiración contra él y fue asesinado en el Senado. Cíclopes: Seres monstruosos, gigantescos, que poseían un único ojo situado en medio de la frente. Hijos de Gea y de Urano. Ciro II (el Grande): Rey de Persia (¿579?-529 a.C.). Era hijo de Cambises I. Fundó el Imperio Persa. Venció al rey de Lidia, Creso. Se apoderó de Babilonia poniendo fin a la cautividad de los judíos. Extendió sus dominios hasta el Mar Caspio y el Indo. Clemente V: Papa francés. En 1309 estableció la Corte Papal en Aviñon (Francia). Disolvió la orden militar del Temple.

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Cleopatra VII: Reina de Egipto (69-30 a.C.). Julio César la restableció en el trono y tuvo un hijo con ella, Cesarión. A la muerte de César, en la lucha civil entre Octavio y Marco Antonio, se unió a éste, política y sentimentalmente. La pareja perdió la batalla naval de Actium (31 a.C.). Posteriormente, Marco Antonio, creyéndola muerta se atravesó con su espada y Cleopatra, al enterarse, se suicidó. Colón, Cristóbal: Navegante genovés (¿1451?-1506). Pretendió llegar a Oriente por el Occidente y para ello solicitó sin éxito la ayuda de Juan II de Portugal. También trató de interesar en su proyecto a Génova, Venecia, Francia e Inglaterra. En España, en su primer intentó fracasó y en su segundo, convenciendo a la Reina Isabel la Católica, consiguió la firma de las ―Capitulaciones de Santa Fe‖, según las cuales, recibió los títulos de Almirante, Virrey y Gobernador de las tierras que descubriese. En su primer viaje, tocó tierra americana en la isla de Guanahani, archipiélago de las Bahamas. Prosiguió por 3 viajes más sus exploraciones, sin nunca reconocer que había tocado en un nuevo continente, persistiendo en su idea de que lo que descubría pertenecía al Cipango (Japón) y que lograría llegar a Catay (China). Colón, Diego: Acompañó a su hermano Cristóbal en su segundo viaje al Nuevo Mundo. Fué gobernador de La Española. Al igual que sus hermanos, regresó a España como prisionero. Colón, Diego: Hijo mayor de Cristóbal; heredó los derechos de su padre y desde 1509 hasta su muerte fue almirante y virrey de las Indias, con asiento en Santo Domingo. Colón, Fernando o Hernando: Bibliógrafo y cosmógrafo español. Hijo de Cristóbal y Beatriz Enríquez. Acompañó a Carlos V en algunas expediciones y a su padre en su último viaje a América. Reunió una biblioteca de más de 15.000 volúmenes que constituyeron la llamada ―Biblioteca Colombina‖. Escribió la ―Vida del almirante Cristóbal Colón‖. Collingwood, Cuthbert: Almirante ingles. Ingresó a la marina cuando tenía solamente 13 años. En 1797 era capitán de navío y en 1799 contralmirante. Tomó parte importante en diversas victorias navales inglesas, como la de Brest y la de Cabo de San Vicente. En Trafalgar, ya vicealmirante, era el segundo de Nelson, y a la muerte de su jefe, asumió el mando total y siguiendo el estilo de Nelson, consiguió la victoria. Por su comportamiento en esa acción se le dió el título de Barón y ascendió a Almirante. Ocupó más tarde el mando de la Escuadra del Mediterráneo, a pesar de su mal estado de salud. Murió en el mar, frente a Mahón (Islas Baleares). Confucio: Filósofo chino (551-479 a.C.). Fué funcionario del gobierno y ascendió al rango de ministro; se convirtió en una figura muy popular. En el 487 a.C., abandonó la vida pública y empezó a impartir sus enseñanzas. Sus ideas ejercieron una enorme influencia en la vida, el arte, la política, la religión, la moral y las costumbres de China. No dejó escritos; sus discípulos compilaron su doctrina que se fundamentan en el culto a la tradición y la familia, resaltando la importancia de las virtudes naturales. Constantino (el Grande): Emperador romano (285-337). Promulgó el edicto de Milán sobre tolerancia religiosa. Convirtió a la antigua Bizancio en capital del Imperio con el nombre de Constantinopla. Cook, James: Navegante inglés (1728-1779). Emprendió una serie de viajes de carácter científico en los que exploró Tahití, Nueva Zelanda, el Antártico y Nueva Caledonia. Fue atacado y asesinado por los indígenas en la bahía de Kealakekua, en las islas Sándwich (Hawai). Corte – Real, Gaspar: Navegante portugués. Descubrió Terranova y un año después, recorrió sus costas y las del Labrador y Groenlandia. Desapareció en el mar. Corte – Real, Miguel: Partió en busca de su hermano. Recorrió las costas de Terranova y del Golfo de San Lorenzo, pero su navío naufragó y también desapareció. Cortés, Hernán: Conquistador español de México. El emperador Carlos V le nombró Capitán General de Nueva España (México) y le concedió el título de Marqués del Valle de Oaxaca: organizó expediciones a California. Vuelto a España tomó parte en la expedición a Argel.

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Cortés, Martín: Cosmógrafo y navegante español. En Cádiz pasó la mayor parte de su vida entregado a la enseñanza. Muy experto en geografía y cosmografía, como lo demuestra en su obra ―Breve compendio de la Esfera de la Arte de Navegar…‖. En dicha obra se sienta la variabilidad de la declinación magnética de la brújula para los distintos lugares del globo, cuando en casi todos los libros de la misma época, se negaba (1551). Cosa, Juan de la: Marino y cartógrafo español, acompañó a Colón en sus dos primeros viajes y a Alonso de Ojeda en 1499, tras lo cual, realizó su mapamundi, (año 1500) de gran valor cartográfico. Crono: Hijo menor de Urano y Gea. Se unió a su hermana, Rea, de la que tuvo varios hijos. Pero como Gea le había predicho que sería destronado por uno de ellos, se apresuró a devorarlos a medida que nacían. Los romanos lo asimilaron a Saturno. Champlain, Samuel de: Explorador francés. Hizo viajes a las Antillas y América Central por encargo de España. Por mandato de Enrique IV de Francia, fundó una colonia y la ciudad de Québec, en Canadá. Descubrió el lago que lleva su nombre. Chancellor, Richard: Navegante inglés. La visita que casualmente hizo a Moscú, mientras buscaba el paso del Noreste, echó las bases para el establecimiento de una corriente comercial entre Inglaterra y Rusia. Chávez, Alonso: Piloto y cosmógrafo sevillano. Tomo parte muy activa en los trabajos de la ―Casa de Contratación‖, fue nombrado además de piloto y cosmógrafo, maestro de hacer cartas e instrumentos de navegación. Fue profesor del ―Arte de Navegar‖. Cheng-Ho (Ma-Ho): Almirante chino. Emprendió 7 viajes de exploración y establecimiento de relaciones comerciales y diplomáticas por las costas del Sureste asiático, Golfo Pérsico, y costas orientales de África, bordeando, muy probablemente, su punto austral. Chou (dinastía China): (1066-221 a.C.). Sus gobernantes se identificaban como ―hijos del cielo‖. China era un ―Imperio Celestial‖. Emerge una capa social equiparable a la clase media. Confucio predica su filosofía. El Imperio, amenazado por las invasiones de pueblos nómadas, se desinteresa por lo que sucede más allá de sus fronteras. La dinastía se divide en dos zonas geográficas. Dampier, William: Navegante inglés. Convertido en capitán de filibusteros, en 1678 saqueó las factorías españolas de las Antillas y el Golfo de México. Exploró las costas de Australia, Nueva Guinea y Nueva Britania. Publicó en 1706 ―Viaje alrededor del mundo‖. Darío I: Emperador de Persia ―Rey de reyes‖ (550-486 a.C.). El ataque de los griegos a la ciudad de Sardes propició la primera guerra ―médica‖ en la que fue derrotado en la batalla de Maratón (490 a.C.). Davis, John: Navegante y explorador inglés. Descubrió las costas occidentales de Groenlandia, el estrecho de su nombre, las islas Cumberland y exploró las Malvinas. Dias, Bartolomeu: Navegante portugués (1450-1500). El rey Juan II le encargó la búsqueda de un paso al sur del Congo, hacia el reino del Preste Juan. En su viaje dobló el extremo sur de África (1487) y descubrió el que llamó ―Cabo de las Tormentas‖, nombre que Juan II cambió por el de ―Cabo de Buena Esperanza‖. Díaz de Solís: Descubridor español. Realizó junto a Vicente Yánez Pinzón viajes por el Caribe y el norte de Brasil, buscando un paso que condujese a las Indias Orientales. Murió en su empeño al explorar el Río de La Plata. Dido: Princesa fenicia (siglo VIII a.C.). Según la leyenda, fue hija de Muto, rey de Tiro, y para sustraerse a la tiranía de su hermano Pigmalión, se trasladó a África, donde fundó Cartago. Dionides: Pirata célebre en los mares de Levante, en los tiempos de Alejandro Magno. Dionisio (el viejo): (¿432?-367 a.C.). Se hizo con el poder, apoyándose en las clases populares, sostuvo varias guerras contra los cartagineses y se adueñó de casi toda Sicilia. Direk – Hatichs: Navegante holandés. Segunda mitad del siglo XVI. En 1616 zarpó; reconoció las islas de Nueva Guinea y la parte septentrional de Australia. Luego de reconocer parte de la costa, tomó tierra y en una

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isla de la entrada del golfo de los ―Perros Marinos‖, dejó una placa de su arribada. La isla fue llamada con su nombre; más tarde se desfiguró éste, siendo el de ―Dirh Hurtog‖ el que aparece en los mapas. Fue uno de los primeros que pisó tierra australiana. Doria, Andrea: Almirante genovés (1466-1560). Después de estar al servicio de Francia, pasó al del Emperador Carlos V, librando la ciudad de Génova de la dominación francesa. Consiguió de España el reconocimiento formal de la independencia de Génova. Tomó parte en destacadas acciones navales (expediciones a Túnez y Argel). Drake, Francis: Navegante y corsario inglés. Durante muchos años atacó a las fuerzas españolas en las Indias Occidentales. En su viaje de circunnavegación del mundo, dio el nombre de Nueva Albión a la costa de California. Más tarde, ataca Santo Domingo, la bahía de Cádiz y luchó contra la ―Armada Invencible‖. Ducasse, Jean Baptiste: Marino francés. Durante la guerra de Sucesión de España, aprovisiona Cartagena en 1703 y en 1714, como Almirante de escuadra francesa, bloquea por mar a Barcelona. Eanes, Gil: Navegante portugués. En 1434 dobló, por primera vez, el Cabo Bojador, en África, con lo que contribuyó en gran medida a hacer desaparecer el temor por los mares desconocidos. Eduardo III: Rey de Inglaterra (1312-1377). Sucesor de Eduardo II. Impuso su autoridad en Escocia y disputó la corona de Francia a Felipe VI Valois (causa de la ―Guerra de los 100 años‖). En su reinado aumentó el papel del Parlamento y su fuerza política a través de la Cámara de los Comunes. Eduardo IV: Rey de Inglaterra (1442-1483). Hijo de Ricardo de York, pretendiente al trono de Enrique IV Lancaster durante la Guerra de la Dos Rosas. Firmó con Francia el Tratado que puso fin a la ―Guerra de los 100 años‖. Elcano, Juan Sebastián: Navegante español. Tomó el mando de la expedición de Magallanes, tiempo después de la muerte de éste y a bordo de la nao ―Victoria‖ llegó a Sanlúcar después de completar la primera vuelta al mundo. Tomó parte a otro viaje a las Molucas como segundo jefe de la expedición de García Jofre de Loaiza. Trás asumir el mando, por la muerte de éste, también él falleció. Enrique (el navegante): Príncipe portugués (1394-1460). Hijo de Juan I de Avis. Luchó contra el Islam en la toma de Ceuta y estableció en Sagres, cerca del Cabo de San Vicente, un centro donde reunió a constructores de barcos, cosmógrafos y cartógrafos, para impulsar su proyecto: una nueva ruta para llegar a la India y al mítico reino del Preste Juan. Enrique III: Rey de España (1379-1406). Favoreció a la nobleza segundona. Debilitó el poder de las Cortes y firmó la paz con Inglaterra. Inició la expansión castellana por el Mediterráneo. Enrique VII: Rey de Inglaterra (1457-1509). Derrotó y mató a Ricardo III en Bosworth, alcanzando la corona de Inglaterra. Enrique VIII: Rey de Inglaterra (1491-1547). Sucedió a su padre, Enrique VII. Hasta 1521 apoyó a Carlos V y se unió al Papa contra Francia. Su intentó de anular su matrimonio con Catalina de Aragón supuso la ruptura con Roma y la independencia de la iglesia anglicana bajo la soberanía del Rey. Contrajo varios matrimonios y algunas de esas esposas fueron ejecutadas. Enríquez, Beatriz de Arana: Dama española. De sus amores con Cristóbal Colón, nació Fernando. Gozó de la protección de Isabel de Castilla. Ensenada, Marqués de la: Político español. En 1743 fue nombrado secretario de Hacienda, Guerra, Marina, Indias y Estado. Fortaleció el Ejército y la Armada y llevó a cabo reformas administrativas en América. En política exterior, simpatizó con Francia y fue anti-británico. Eratóstenes: Científico griego (276-194 a.C.). Director de la Biblioteca de Alejandría. Fue el primero en medir el meridiano terrestre con gran exactitud, así como la distancia de la Tierra a la Luna y al Sol.

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Erik (el rojo): Jefe noruego (940-1010). En el 985 llegó a la costa occidental de Groenlandia. Volvió con colonos y se estableció en los fiordos de la costa, donde murió. Escalante de Mendoza, Juan: General de Escuadra, español. Actuó en Tierra Firme, muriendo en 1596. Autor del ―Itinerario de Navegación‖. Essex, Robert Devereux, Conde de: Militar y político inglés. Favorito de Isabel I. Su fracaso en la sublevación de Irlanda le hizo perder el favor de la reina. Para vengarse conspiró con Jacobo VI de Escocia, pero fue descubierto y ejecutado. Estrabón: Geógrafo e historiador griego. Su ―Geografía‖ en17 libros es, junto a la de Tolomeo, la mejor obra de este género en la Antigüedad. Estuardo, María II: Reina de Inglaterra y Escocia, hoja de Jacobo II. Fue proclamada en 1689, conjuntamente con su esposo Guillermo de Orange. Euclides: Matemático griego (330-300 a.C.). Por encargo del faraón Tolomeo I escribió los ―Elementos‖ en trece volúmenes, que sistematiza todos los conocimientos de su época. Influyó también en los matemáticos árabes y occidentales, prácticamente hasta nuestros días. Evans, Arthur John: Arqueólogo y escritor inglés (1851-1941). Dirigió las excavaciones del palacio de Cnossos (Creta). Fajardo, Luís: Almirante español de la Mar Océano, en el siglo XVII. Faleiro, Ruy: Astrónomo y geógrafo portugués. Amigo fiel de Magallanes y su compañero en el destierro que Faleiro voluntariamente se impuso. Sus servicios fueron reconocidos por el emperador Carlos V, nombrándole Comendador de la Orden de Santiago. Fue probablemente quién imaginó el proyecto de llegar a las islas de las Especias, doblando la punta austral del continente americano. Tuvo disensión con Magallanes, quedando excluido del mando de la expedición. Su salud se quebrantó y medio loco, volvió a Portugal para ver a su familia. Allí fue hecho preso y sólo lo liberaron a instancias de Carlos V. Murió poco después. Fargani, Al: Astrónomo de Bagdad. Escribió un Tratado sobre el Astrolabio. Farnesio, Alejandro: Militar italiano al servicio de España. Se educó en España e inició su carrera miliar en la batalla de Lepanto. En 1578 Juan de Austria le nombró gobernador de los Países Bajos. Estuvo al mando de las tropas que habían de invadir Inglaterra con la ―Armada Invencible‖. Federico I (Barbarroja): Emperador alemán (1123-1190). Elegido Emperador a la muerte de su tío, fue nombrado también rey de Italia. Fue el iniciador de la dinastía Hohenstaufen. Restableció la autoridad imperial sobre todos los príncipes alemanes e italianos. Se opuso a la autoridad Papal y aspiró a convertirse en Emperador universal. Organizó la tercera Cruzada, en la que murió. Federico II: Rey de Sicilia (1194-1250). De origen alemán, subió al trono de Sicilia. Fue proclamado rey de los romanos y coronado por el Papa Honorio II en Roma. Se enfrentó a la iglesia por el ―dominium mundi‖ y fue excomulgado. Para salvar esta situación, marchó a Egipto, donde logró la devolución de Jerusalén, de la que se hizo proclamar rey. La alianza de las grandes ciudades italianas alrededor del Papa y la nueva excomunión decretada contra él, dió inicio a una Cruzada contra Federico. El nuevo pontífice Inocencio IV, convocó el concilio que depondría definitivamente al emperador en 1520. Felipe I, el Hermoso: Soberano de los Países Bajos y rey de Castilla. Hijo de Maximiliano de Austria y María de Borgoña. Casó con Juana ―la Loca‖ de Castilla, hija de los Reyes Católicos. Felipe, escudándose en la enfermedad mental de su esposa, reclamó el trono, lo que le valió el enfrentamiento con Fernando el Católico, regente hasta 1506. Apoyado por la mayoría de la nobleza castellana, ejerció el gobierno efectivo, aunque por poco tiempo, debido a su muerte prematura. Felipe II (Augusto): Rey de Francia (1165-1223). Tomó parte con Ricardo Corazón de León en la tercera Cruzada. Aumentó sus dominios con Normandía, Turena, Bretaña, Anjou. Reorganizó la Hacienda y el Ejército.

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Felipe II: Rey de España (1527-1598). Hijo de Carlos I y de Isabel de Portugal. Sostuvo guerras contra Francia, donde reinaba Enrique II, continuación de las que sostuvieron Carlos I y Francisco I. Los franceses fueron derrotados en San Quintín, el día de San Lorenzo; en memoria de ese hecho mandó a construir el monasterio de San Lorenzo del Escorial. A instancias del Papa Pio V se formó la Santa Liga contra los turcos, y el hermano del rey, Juan de Austria, derrotó a la Armada turca en aguas del Golfo de Lepanto. Se enfrentó a los protestantes y sostuvo una larga guerra en Flandes donde se produjeron levantamientos. A la muerte del rey Sebastián de Portugal, reclamó y obtuvo la corona de ese país. La ayuda prestada por los ingleses a los rebeldes holandeses y los ataques de Drake a los barcos españoles, le indujeron a intentar la invasión de Inglaterra con poderosa Escuadra. La expedición fracasó. El reinado de Felipe II representó el punto culminante del imperio español. Felipe III (España): Hijo de Felipe II y de Ana de Austria. Escasamente interesado por el gobierno, institucionalizó la figura del valido (persona que gozaba del favor y la confianza del rey, hasta el punto de ejercer la dirección del gobierno). Su reinado estuvo supeditado al descalabro de la Hacienda, resultado de la costosa política exterior de sus predecesores. Puso fin a la guerra de Flandes, con la tregua de los doce años (1609) y mejoró las relaciones con Francia e Inglaterra; la excepción a esa política pacifista fue la intervención en la ―Guerra de los Treinta años‖. Fernández de Córdoba, Gonzalo (el gran Capitán): Militar español (1453-1515). Luchó contra los moros del reino de Granada, bajo las banderas de los Reyes Católicos. Enviado a Nápoles contra los franceses, derrotó a su rey Carlos VIII. En otra campaña posterior, consiguió sobre el rey francés Luís XII, las victorias de Ceriñola y Garellano. Fue virrey de Nápoles y creador de una Unidad Táctica de Infantería, llamada ―Tercio‖. Fernández de Enciso, Martín: Navegante y cosmógrafo español. Colaboró en la colonización de Dairén y escribió, ―Suma de geografía que trata de todas las partidas y provincias del mundo, en especial de las Indias‖: Fernández de Quirós, Pedro: Navegante portugués, al servicio de España. Participó en la segunda expedición de Mendaña y muerto éste, tomó el mando de la expedición. Descubrió el archipiélago de Nuevas Hébridas. Fernando V de Aragón, el “Católico”: Casado con Isabel de Castilla. Con él, se unieron ambos reinos. En 1492 derrotó a los moros finalmente, con la toma de Granada. Luchó contra Carlos VIII de Francia, de resultas de lo cual, ascendió al trono de Nápoles. Conquistó Navarra, completando la unidad de España. Durante su gobierno se estableció la Inquisición en España. Apoyó la expedición de Colón y la expulsión de judíos y moros. Fue hábil estadista. Filípides: Hoplita (infante ateniense), encargado, al finalizar la batalla de Maratón, con la victoria griega, de llevar la buena nueva a los ciudadanos de Atenas. Cumplido su cometido, muere en la plaza pública de la ciudad, agotado por el esfuerzo y heridas de la batalla, más la tremenda carrera de muchos kilómetros desde el campo de batalla a la ciudad de Atenas. Filipo II: Rey de Macedonia (¿382?-336 a.C.). Padre de Alejandro Magno. Amplió las fronteras de su reino y reformó el ejército. Fue asesinado. Filipo III: (¿ ?-317 a.C.). A la muerte de Alejandro Magno fue elegido rey y gobernó nominalmente hasta su asesinato. Filipo V: Rey de Macedonia (¿237?-179 a.C.). Combatió a los romanos en dos guerras y fue derrotado decisivamente por ellos en Cinocéfalos. Perdió la hegemonía en Grecia. Fleury, Jean: Pirata normando del siglo XVI. Su mayor hazaña fue la captura de las naves enviadas por Hernán Cortés, con el tesoro de Moctesuma. Tomado prisionero, tras reñida batalla naval en el Cabo de Finisterre, fue ahorcado por orden de Carlos V. Francisco I: Rey de Francia (1494-1547). Disminuyó el poder de la nobleza e introdujo en Francia el Renacimiento italiano. Tuvo diversas guerras contra España. Vencido y hecho prisionero en Pavia se avino a

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firmar el Tratado de Madrid, que no cumpliría. Formó una alianza con el sultán turco Solimán el Magnífico y se enfrentó de nuevo al emperador Carlos V. Frobisher, Martín: Navegante inglés. En 1576 exploró la parte meridional de Groenlandia y el estrecho que lleva su nombre. Navegó con Drake en el Caribe y participó en la lucha contra la ―Armada Invencible‖. Gama, Vasco da: Navegante portugués. Jefe de la expedición que llegó a la India –en Calicut- en mayo de 1498, rodeando África. A su regreso a Portugal fue nombrado almirante de los mares de la India, adonde volvió otras dos veces, con el título de Gobernador y al mando de un ejército con el que conquistó para la Corona portuguesa, desde Goa a Cochin. García de Céspedes, Andrés: Cosmógrafo español. Fue nombrado cosmógrafo Mayor de Indias en Sevilla para la corrección de los padrones de las cartas de navegación. Construyó ingeniosos instrumento de astronomía y matemática, ideó un método para la construcción de relojes de sol y propuso al rey la creación de un gabinete de astronomía en El Escorial. García de Loaiza, Jofre: explorador español. Enviado por Carlos V, dirigió una expedición a las Molucas para asegurar el dominio español frente a las pretensiones portuguesas. Murió en el viaje. García de Palacio, Diego: Jurisconsulto y escritor español, se distinguió por su conocimiento de los asuntos coloniales. Oidor de la Audiencia de Guatemala. Alcalde de Corte en México y en 1587 Capitán General de la Escuadra que salió para perseguir al pirata Drake. Escribió mucho sobre el tema colonial y sobre el ―arte de la navegación‖. Garcilaso de la Vega, el “Inca”: Escritor peruano. Hijo de un conquistador español y una princesa inca. En 1560 se trasladó a España, donde luchó contra los moriscos a la orden de Juan de Austria. Su obra principal es ―Comentarios Reales‖. Escribió además ―Historia General del Perú‖ y ―La Florida‖. Gea: Personificación de la Tierra. Es la primera realidad material del Cosmos. Engendró por sí misma al Cielo (Urano), a las montañas y al medio marino (Ponto). Más tarde se unió a su hijo Urano y de su unión nacieron los primeros dioses. Gengis Khan (llamado Temudjin): Emperador Mongol (1167-1227). Después de repetidas victorias se impuso a la nobleza mongola y unificó los clanes. Fue elegido Khan, Supremo o Rey Universal. Creó un poderoso ejército con el que emprendió la conquista de China y lo consiguió. Arrasó las principales ciudades de Asia Central, ocupó Afganistán y llegó hasta el Volga. Gilbert, H: Navegante inglés, sobrino de Walter Raleight. En 1566 sirvió en Irlanda como capitán. En ese mismo año presentó a la reina Isabel una instancia para descubrir un paso al Este, e insistió unos meses después. Finalmente, en 1578, obtuvo la autorización para la expedición. La flota salió de Darmouth pero a la altura de Cabo Verde fue dispersada por los españoles. Preparó otra expedición que salió en 1583. Desembarcó en Terranova, siendo aquella la primera colonia que Inglaterra tuvo en América del Norte. Pereció en un naufragio cuando regresaba a su patria. Gomes, Esteban: Piloto portugués del siglo XVI, al servicio de España. Pidió permiso al Emperador Carlos V, para ir a buscar especias a las Molucas pero habiendo solicitado lo mismo Magallanes, se concedió a Gómes el empleo de piloto en su escuadra. El odio que tomó a Magallanes le llevo a abandonarle con la nave que dirigía, antes de entrar al Estrecho. Formó parte de la expedición para marcar en ultramar los límites de España y Portugal. Quiso encontrar por el Norte a las Molucas y volvió a España con la nave cargada de indios, lo cual disgustó mucho al Emperador. Grenville, Ricardo: Navegante inglés. Al servicio del emperador Maximiliano tomó parte en la guerra contra los turcos. En 1585 se le concedió el mando de una expedición al Nuevo Mundo, organizada por su primo Raleight y cuyo objeto era fundar una colonia en América del Norte, a la que llamaron Virginia. Volvió allí al año siguiente y aprovechó para saquear varias poblaciones españolas en el Caribe. En 1591 era vicealmirante,

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segundo comandante de una flota destinada a interceptar un rico convoy español, pero fueron sorprendidos por una escuadra española y su buque quedó separado del resto de las naves inglesas. Fue apresado su barco y él, herido mortalmente. Guillermo: Duque de Normandía y rey de Inglaterra (1027-1087). Invadió Inglaterra, cuyos derechos al trono le habían sido usurpados por Harold y tras la victoria de Hastings (1066) fue coronado rey. Hades: Hijo de Crono y Rea, y hermano de Zeus y Poseidón, con quienes se repartió el universo. Es el soberano del tenebroso mundo de los Infiernos. Haile – Selassie I: Emperador de Etiopía (1892-1975). Subió al trono como ―Negus‖ o rey, en 1928. Hubo de abandonar Etiopía a consecuencia de la invasión italiana en 1936 y en junio de 1941 ocupó de nuevo el trono. En 1974 fue derrocado. Han (dinastía China): (206 a.C. - 220). Época de esplendor cultural. En 124 a.C. , se funda la primera universidad imperial para profundizar en el estudio del confucionismo, filosofía convertida en doctrina del Estado. Se inventa el papel y se alcanzan grandes avances en astronomía, historiografía y obras hidráulicas. Convulsiones internas y revueltas palaciegas y campesinas debilitan esta dinastía. Hannon: Navegante cartaginés (siglo V a.C.). Realizó un viaje por la costa occidental de África. La descripción del mismo está consignada en el llamado ―periplo de Hannon‖. Harun-al-Rachid: Califa abasí de Bagdad (763-809). Aparece en muchos cuentos de ―Las mil y una noche‖. Hatsheput: Reina egipcia de la XVIII dinastía. Esposa de Tutmosis II. A la muerte de su marido, se impuso como soberana legítima, relegando a un segundo término a su hijastro Tutmosis III, de quién se declaró regente. Hauqal, Ibn: Nacido en Bagdad, a mediados del siglo IX. Realiza numerosos viajes a lo largo de 30 años. Su geografía descriptiva se basa en el conocimiento directo. Es autor de dos obras ―Descripción de los países del Islam‖ y ―Configuración de los países del Islam‖. Hawkins, John: Corsario y almirante inglés. Inició la trata de esclavos entre África y las Indias Occidentales. Atacó naves y ciudades costeras españolas e impulsó el desarrollo marítimo inglés. Intentó, junto con Drake, un ataque, que resultó fallido, contra las costas mexicanas. Luchó contra la ―Armada Invencible‖ española. Hércules: Es el Heracles griego. Hijo de una mortal, Alcmena y Zeus. De niño estranguló a dos serpientes dando prueba desde la cuna de su prodigiosa fuerza. Hernández, Francisco: Médico y naturalista español. Fue médico de Felipe II, quien lo envió a México para realizar estudios sobre historia natural. Herodoto: Historiador griego (484-425 a.C.). Autor de una ―Historia‖ que constituye una fuente inapreciable para el conocimiento de la Antigüedad hasta el año 479 a.C., siendo la primera historia escrita con criterio científico. Himilcon: Navegante cartaginés. Llega hasta Gran Bretaña e Irlanda y hace una descripción de ellas. Hipócrates: Médico griego. Nacido en la isla de Cos en el 460 a.C. Su obra fue recogida por sus discípulos, siendo una colección de 53 escritos. La patología hipocrática se basa en el desequilibrio entre los cuatro humores orgánicos (sangre, flema y las dos bilis), producida por causas naturales. Hippalo: Marino griego, aprendió a utilizar los vientos monzónicos para navegar directamente de Arabia a la India, sin seguir las costas. Los griegos dieron su nombre a estos vientos, ―vientos de Hippalo‖. Homero: Poeta griego (siglo IX a.C.). Poco o nada se sabe de su vida. Según la versión más difundida fue un rapsoda, quizás ciego, que cantaba sus poemas en fiestas y banquetes. Las diferentes hipótesis sobre su figura han dado pie a la llamada ―cuestión homérica‖ que trata de fijar la fecha y la autoría de los libros que se le atribuyen, la ―Iliada‖ y la ―Odisea‖, obras maestras de la épica griega. Horus: Dios egipcio, hijo de Isis y Osiris, que simbolizaba el sol naciente. Se le representaba como halcón o como hombre con cabeza de halcón coronada por un disco solar.

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Howard, Charles: Almirante inglés, conde de Nottingham. En el reinado de Isabel I gozó de gran influencia en la Corte. Se le designó como uno de los comisarios para el proceso de María Estuardo, influyendo para que fuese juzgada con todo rigor. En 1587 recibió el mando de la Escuadra para combatir a los españoles, teniendo como segundos a Drake y a Hawkins. En 1590, en combinación con el conde de Essex, que mandaba las tropas del ejército, entró en Cádiz y destruyó muchos de los buques allí anclados. Contribuyó a la elevación al trono de Jacobo I, que en 1605 le nombró embajador en España. Huayna Capac: Inca peruano, nacido en 1450. Completó las conquistas de su padre y durante su reinado el Imperio Inca alcanzó su mayor extensión y esplendor. Hudson, Henry: Navegante inglés. Viajó por el Ártico al servicio de Holanda. En otra expedición, hecha por su patria, Inglaterra, descubrió la bahía y río de su nombre. Idrissi, El: Nacido en Tetuán (Marruecos), y vivió y trabajó en Sicilia, en la corte del rey normando Roger II. Es autor de una ―Geografía Universal‖ y de mapas célebres que figuran entre los más elaborados del mundo musulmán. Imbelloni, José: Antropólogo argentino, de orden italiano, nacido en 1885. Estableció los fundamentos de la culturología. Autor de ―Epítome de culturología‖. Isabel I de Inglaterra: Hija de Enrique VIII y de Ana Bolena. Subió al trono a la muerte de su hermanastra María en 1558. Restableció el protestantismo y configuró oficialmente el anglicanismo. Para evitar y cercenar las conspiraciones católicas, ordenó encarcelar y ejecutar a María Estuardo. En política exterior mantuvo una prolongada rivalidad con la España de Felipe II. Isabel I: Reina de Castilla (1451-1504). Durante su mandato se establecieron las bases del nuevo Estado español; institución de la Inquisición; reordenación legislativa en las Cortes de Toledo; promulgación de las ―Ordenanzas reales de Castilla‖; reformas de las finanzas de la Hacienda y del Ejército; asimilación de la levantisca nobleza por medio de un sistema de servicios a la Corona, etc. … Ayudó a impulsar las ideas de un navegante genovés, Cristóbal Colón. Iván III (el Grande): Zar de Rusia. Gran príncipe de Moscú (1440-1505). Terminó con la dominación tártara de la Horda de Oro y reunió los principados de Rusia bajo el mando único de Moscú. Iván IV, el “Terrible”: Zar de Rusia. Conquistó Astracán, extendió sus dominios hasta el Volga e inició la conquista de Siberia. Reformó la administración de las provincias y fortaleció el ejército. Combatió el poder de los nobles por medio de la represión. Sus últimos años se caracterizaron por un régimen de terror. Jacob I de Escocia, Inglaterra e Irlanda: Hijo de María Estuardo, sucedió a Isabel I; reinó desde 1603 y en Escocia, con el nombre de Jacobo VI, desde 1567. Se enfrentó al Parlamento por su política autoritaria. Defendió la religión anglicana, pero sin oponerse abiertamente al catolicismo. Janz, Willem: Navegante holandés. Descubre la costa norte de Australia. Jerjes I: Rey de Persia (¿519?-465 a.C.). Sucedió a su padre Darío I. Sometió a Egipto, que se había sublevado e invadió Grecia; tras la batalla de las Termópilas, entró en Atenas y la incendió. Su Armada fue vencida en Salamina. Murió asesinado por un capitán de su guardia. Jiménez de Quezada, Gonzalo: Conquistador español. Fundador de Santa Fe de Bogotá y Mariscal del Nuevo Reino de Granada. Autor de ―Relación de la Conquista‖. Juan de Austria: Militar español (1545-1578). Hijo natural de Carlos I. Fue reconocido como su hermano por Felipe II. Sometió a los moriscos de las Alpujarras y estuvo al frente de la flota que logró la victoria de Lepanto. Fue enviado a Flandes como Gobernador y Capitán General. Desarrolló una política de contemporización con los rebeldes hasta que, desengañado, apeló a las armas y los venció. Murió en campaña, de fiebres infecciosas. Juan II: Rey de Portugal (1455-1495). Su reinado se caracterizó por la expansión marítima de Portugal y por la afirmación del poder real frente a la realeza. Firmó con Castilla el Tratado de Tordesillas (1494).

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Juan VIII (Paleólogo): Emperador Bizantino (1392-1448). Ante la amenaza otomana, pidió ayuda a Occidente, ofreciendo a cambio el sometimiento de la Iglesia Bizantina a Roma. Tras la derrota de las tropas cristianas en Varna (1444), hubo de prestar vasallaje a los turcos. Juana (La Loca): Reina de Castilla (1479-1555). Hija de los Reyes Católicos, se casó con Felipe el Hermoso, archiduque de Austria y a la muerte de su madre, Isabel, fue proclamada reina de Castilla. De su matrimonio nacieron cuatro hijas y dos hijos, Carlos I de España y V de Alemania y Fernando II, más tarde, Emperador de Alemania. Debido a su enajenación mental se convino un gobierno conjunto de Juana, Felipe y Fernando, padre de la reina; pero con la muerte de Felipe, el estado de la reina se agravó y fue declarada incapacitada. Júpiter: Hijo de Saturno y Rea. Es el equivalente romano del griego Zeus. Su función política es muy importante y no cesará de aumentar bajo la República; el sacerdote de Júpiter, es un personaje importante, respetado y cubierto de honores. Los emperadores se pondrán a continuación bajo la protección de Júpiter, haciéndose pasar por una encarnación del dios. Los generales que habían tenido derecho al triunfo acudían a su templo, en el Capitolio, a ofrecerle su corona de triunfo y un sacrificio. Justiniano I: Emperador Bizantino (482-565). En su voluntad de restaurar el esplendor del antiguo Imperio Romano, mantuvo diversas campañas contra los Persas, Ostrogodos, Vándalos y Visigodos, a consecuencia de las cuales, ocupó Italia, el norte de África y el sureste de Hispania. Su obra más importante es la recopilación de leyes que, desde el siglo XII, se conoce como ―corpus iuris civilis‖. Constituye la fuente primordial para el conocimiento del Derecho Romano y sirvió de inspiración para la mayoría de las legislaciones posteriores. Entre sus muchas obras construidas, está la de Santa Sofía, de Constantinopla. Khaldum, Ibn: (1332-1408). En su obra sobre filosofía de la historia, se encuentran importantes ideas sobre geografía. Kublai Khan: Emperador chino (¿1215?-1294). Nieto de Gengis Khan. Fue el primer emperador de la dinastía mongol. Estableció su capital en la ciudad de Pekín y completó la conquista de China. Acogió a Marco Polo en su Corte y abrió el país a la cultura occidental. La Perouse, Jean-Francois de Galaup, (Conde de): Jefe de Escuadra de la Marina Francesa. Intervino en la Guerra de los Siete Años y en la guerra en América. En 1785, por orden del rey Luís XVI, salió a ejecutar un viaje del género de los de Cook y Bougainville. Con dos fragatas se hizo a la mar, con el encargo de encontrar un paso al Atlántico por el norte del Pacífico, explorar los mares de China, las islas Salomón y la ―Terra Australis‖. Llegó a las costas de Alaska en 1786 y después de soportar un mal tiempo, se acercó a las Filipinas y de allí a las costas de Japón, Corea y la ―Tartaria China‖. Recorrió los estrechos que se llamaron de La Perouse y de La Brújula. Por medio de uno de sus subalternos, Lesseps, antepasado del famoso constructor del Canal de Suez, envió al rey los diarios, planos y cartas levantadas; a fines de 1787 zarpó otra vez para el Sur, perdiendo al comandante de la otra fragata, degollado por los indígenas de la isla Mauna, cerca del archipiélago de los Navegantes. Visitó después las islas de los Amigos, Norfolk y Botanay Bay. Aquí desembarcó y escribió su último despacho al gobierno francés, y volviendo a zarpar no se llegó a saber más de su expedición. Le Maire, Jacobo: Navegante holandés. Descubrió el estrecho que lleva su nombre, entre la isla de los Estados y la Tierra de Fuego, en el extremo Sur de América. Legazpi, Miguel López de: Navegante y conquistador español. Encargado por el virrey de Nueva España (México) de la expedición de conquista de Filipinas. Fue nombrado Gobernador y Capitán General del Archipiélago. Fundó Manila en 1571. Leif Erikson: Hijo mayor de Erik ―el Rojo‖. Enviado por su padre, llegó a la costa del Labrador y al seguir su navegación, muy posiblemente llegó a la isla de Terranova. Lepe, Diego de: Navegante y descubridor español. En 1500, siguiendo la ruta de Vicente Yánez Pinzón, recorrió la costa brasileña, desde el cabo de Santa María al Amazonas y descubrió la isla de Trinidad.

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López de Villalobos, Francisco: Escritor y médico español. Médico de Fernando el Católico y de Carlos V; escribió ―El sumario de la medicina‖, primer poema didáctico escrito en castellano. Lorenzo (el magnífico): (1449-1492). Estadista y poeta florentino. Gobernó y fue prototipo del príncipe renacentista; supo combinar la violencia, la intriga y la diplomacia frente a los patricios, el Papa y el rey de Nápoles, con una amplia reforma administrativa y el desarrollo de su propia obra literaria. Gran protector de las Artes. Luís IX (San): Rey de Francia (1214-1270). Firmó la paz con Inglaterra e hizo de mediador entre el Papa y Federico II. Participó en las dos últimas Cruzadas. Luís XI: Rey de Francia (1423-1483). Hijo de Carlos VII. Combatió el feudalismo, venciendo cuatro coaliciones formadas por Carlos el Temerario, duque de Borgoña. Logró la anexión del Rosellón y de Cerdaña. Luís XII: Rey de Francia (1462-1515). Duque de Orleáns, sucedió a Carlos VIII. Se apoderó del reino de Nápoles pero fue vencido por el ejército español al mando de Gonzalo Fernández de Córdoba. Luís XIV, “el Rey Sol”: Durante su minoría de edad, ejerció la regencia la reina madre, Ana de Austria, que confió el gobierno al cardenal Mazarino. A la muerte del cardenal, Luís asumió personalmente el poder, encarnando el ejemplo más claro de absolutismo monárquico. Su política expansionista chocó con las potencias europeas, que llevaron a Francia a una guerra de desgaste. La paz de Utrecht le permitió asegurar a su nieto, Felipe de Anjou el trono de España. Lutero, Martín: Religioso agustino alemán, iniciador de la Reforma Protestante (1483-1546). Después de cursar estudios en la universidad de Erfurt, ingresó en la Orden Agustina y se dedicó a la teología y filosofía. Su oposición a la venta de indulgencias culminó con la publicación en 1517 de sus 95 tesis en la iglesia del castillo de Wittenberg. Si bien Lutero no pretendía salir de la iglesia, sino denunciar los abusos, esta publicación marca el inicio de la Reforma Protestante. Tradujo la Biblia al alemán, y siguió publicando obras, al tiempo que organizaba su iglesia. Magallanes, Fernando de: Navegante portugués. Desde la India participó en las expediciones de Sumatra, Malaca y Goa. Regresó a Portugal. Enemistado con su rey, marchó a Sevilla y logró que Carlos V financiase la expedición en busca de un paso occidental hacia las Molucas. Salió de Sanlúcar de Barrameda en 1519. Exploró el estuario del Río de la Plata e invernó en la Patagonia. Tras localizar y atravesar el estrecho de su nombre, se internó en el Océano Pacífico. Murió en Filipinas, en la isla de Mactán, en un ataque de los indígenas. Mahoma: Profeta y fundador del Islam (570-632). De ilustre familia, tras quedar huérfano entró al servicio de Jadiya, viuda, dueña de un fuerte negocio de caravanas, con la que luego se casó. Afianzada su posición económica, se dedicó al comercio. Según la tradición islámica, tras una crisis espiritual se le apareció el arcángel Gabriel para revelarle la palabra de Alá. Inspirado en las tradiciones judaicas y cristianas, comenzó a predicar al Dios único, y él mismo se consideró como su profeta en la tierra. El año de la huida de Mahoma de La Meca, perseguido por sus opositores, sirve de punto de partida de la Era de los musulmanes. En el año 630 conquistó La Meca y estableció su primacía sobre Jerusalén como Ciudad Santa. Inició un proceso de unificación de las tribus árabes e instituyó la Guerra Santa. La doctrina expuesta por él, está contenida en el Corán. Mahomet II (el Conquistador): Sultán otomano (1432-1481). Conquistó Constantinopla (1453) que convirtió en la capital de su Imperio. Manuel I (el Afortunado): Rey de Portugal (1469-1521). Intentó consumar la reunión de los reinos peninsulares bajo una sola corona, por lo que casó sucesivamente con dos de las hijas de los Reyes Católicos y con una hermana del Emperador Don Carlos. En su reinado, Vasco da Gama llegó a las Indias Orientales y Álvarez Cabral tocó en Brasil. Expulsó de su reino a judíos y moriscos. Marco Antonio: General romano (¿83?-30 c.C.). Formó con Octavio y Lépido el segundo triunvirato. Tuvo una actuación decisiva en la batalla de Filipos contra los asesinos de César y se hizo cargo del gobierno de Oriente.

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Amante de Cleopatra, fue derrotada su flota en Actium (31 a.C.); huyó a Egipto donde, más tarde, al creer muerta a Cleopatra, se suicidó. Marco Polo: Viajero veneciano (1254-1324). Miembro de una familia de mercaderes, en 1271 acompañó a su padre y a su tío a China, donde el Gran Khan le tomó bajo su protección. En 1295 regresó a Venecia. Prisionero de los genoveses, durante su cautiverio dictó al escritor Rustichello el relato de sus experiencias: ―El libro de Marco Polo ó libro de las Maravillas del Mundo‖, que en su época, alcanzó una enorme difusión. María, Nectario: Su verdadero nombre era Luís Alberto Pratlong Bonicel, nacido en Francia en 1888. Hermano de la orden de San Juan Bautista de La Salle; educador, historiador y geógrafo. Enviado a América para impartir docencia, primero en Panamá y después en Venezuela desde 1913. Se destacan su ―Historia de Venezuela‖ y su ―Geografía de Venezuela‖. Investigador en el campo de la Paleontología y de la Geología. Graduado de mineralista y geólogo en París en 1937. Uno de los impulsores en Venezuela del culto mariano. Comisionado por el Gobierno de Venezuela para realizar investigaciones de tipo histórico en Europa, particularmente en el Archivo General de Indias, en Sevilla. Logró reunir más de 120.000 fichas de documentos referentes a Venezuela y más de 1.000 volúmenes de documentos, copiados de dicho archivo; todo ello pasado al patrimonio de la Academia Nacional de la Historia y del Archivo General de la Nación. Desde 1964 hasta su muerte, agregado cultural de la Embajada de Venezuela en Madrid, donde continuó publicando los resultados de sus investigaciones sobre la Historia de Venezuela y América. Desató polémica al afirmar que el verdadero descubridor de América no fue Cristóbal Colón, sino Alonso Sánchez de Huelva. Marín (Marino de Tiro): Geógrafo griego del siglo II d.C., Predecesor de Tolomeo; puede ser considerado como uno de los fundadores de la geografía astronómica y a él se debe haber precisado la posición de algunas estrellas. En su célebre ―Geografía‖ trató de fijar la posición geográfica de países y pueblos. Tolomeo refundió en parte la obra de Marín, corrigiéndola y aumentándola. Martínez de Irala, Domingo: Conquistador español. Participó en la expedición de Pedro de Mendoza. A la muerte de éste concentro a los expedicionarios en la ciudad de Asunción y fue nombrado Gobernador General del Río de la Plata. Masudi, Al: Nace en Bagdad a mediados del siglo X. Viaja intensamente y escribe numerosas obras entre las que destaca ―Las Praderas de Oro‖, una de las más populares y originales del mundo musulmán entre las dedicadas a temas geográficos. Maximiliano I: (1459-1519). Su política matrimonial sentó las bases de la Casa de Austria. Maximiliano II: (1527-1576). Hijo de Fernando I de Aragón. Se educó en España y fue gobernador de los Países Bajos hasta 1550. Ascendió al trono como emperador de Alemania en 1564. Medina Sidonia, Alonso Pérez de Guzmán, Duque de: Capitán general de la costa de Andalucía; a la muerte de Álvaro de Bazán, Felipe II le encomendó el mando de la ―Armada Invencible‖. Medina, Pedro de: Célebre cosmógrafo español. Publicó su apreciado ―Arte de navegar‖, que pronto fue libro obligado, no sólo de los pilotos españoles, sino de los extranjeros. Después publicó otra obra donde corrige y aumenta la anterior, llamada ―Regimiento de navegación‖. Escribió otras de índole geográfica, y algunas más, sobre variados temas. Mendaña, Álvaro de Niera: Navegante español. Hizo dos expediciones en el Pacífico, descubriendo las islas Salomón y las Marquesas. Mendes Correia (Correa): Antropólogo portugués. Nacido en 1888. Autor de una ―Introducción a la antropología criminal‖ y de otros estudios de gran interés científico. Menelik I: Hijo de Salomón y la reina de Saba. Fundador del reino de Aksum, luego imperio de Etiopía.

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Menéndez de Avíles: Marino español. Exploró la Florida, de la que fue Adelantado y Gobernador General. También, Gobernador de Cuba; en 1574 fue reclamado por el Rey para organizar la ―Armada Invencible‖ pero la muerte le sobrevino antes de que pudiera hacerse cargo de la misión. Mercator, Gerardo: Matemático y geógrafo flamenco, quien ideó el célebre sistema de proyección que lleva su nombre. Mediante el artificio del desarrollo cilíndrico, los meridianos paralelos y los paralelos crecientes, este gran geógrafo logró trazar lo que los navegantes precisaban: unos rumbos fijos traducidos en el mapa por líneas que cortan los meridianos formando un ángulo constante. Es el principio de la loxodromía, el sistema que da lugar a la llamada ―carta esférica‖. Estuvo al servicio de Carlos V. Miguel VIII (Paleólogo): Emperador Bizantino (¿1224?-1282). Reconquistó Constantinopla y restauró el Imperio Bizantino, instaurando la dinastía paleólogo. Milciades: General ateniense (¿540?-489 a.C.). Durante la revuelta de Jonia contra los persas ocupó Lemnos e Imbros, pero tras la caída de Mileto, se refugió en Atenas. Allí fue elegido estratego y bajo su mando los griegos ganaron la batalla de Maratón. Ming (dinastía China): (1368-1644). En su tiempo, florecen el arte y la literatura y se conquistan nuevos territorios, como Manchuria meridional y Yunán. La población crece a raíz de la prosperidad económica. Se autoriza la entrada de misioneros cristianos en el país. Se prohíbe la navegación de altura. Minos: En la leyenda griega, rey y legislador de Creta. Era hijo de Zeus y de Europa, mientras algunos relatos lo representan como un monstruo de crueldad, otros lo celebran como gran monarca que hizo de Creta una potencia marítima y fomentó el bienestar de sus súbditos. Después de muerto fue uno de los jueces que juzgaban a los difuntos en el Hades o Infierno. Morales, Andrés de: Navegante y cartógrafo español. Acompañó a Colón en su tercer viaje. Morgan, Henry John: Pirata inglés. Cuando saqueó Panamá, existía un Tratado de Paz entre Inglaterra y España. Al volver a su patria, fue arrestado. Carlos II lo rehabilitó, nombrándolo Lugarteniente General de Jamaica. Narváez, Pánfilo de: Conquistador español. Cooperó en la conquista de Cuba a las órdenes de Velásquez, quien lo envió en 1520 contra Hernán Cortés; este lo venció e hizo prisionero. Más adelante, fracasó en la conquista de la Florida y murió en un naufragio. Nassau, Justino: Militar holandés, perteneciente a la noble familia de los Nassau, dividida en el siglo XIII en dos ramas, que se asentarán, una en Luxemburgo y otra, en los Países Bajos, donde ejercerían influencia. Nau, Jean David, “el Olonés”: Pirata francés. Hizo sus desmanes contra los españoles en el mar Caribe. Saqueó Maracaibo en 1666. Nebrija, Elio Antonio de: Célebre gramático español. Cronista de los Reyes Católicos. Humanista, profesor y escritor. Son famosas entre sus muchas obras la ―Gramática Latina‖ y la ―Gramática Castellana‖. Necao II: Faraón egipcio (¿609?-593 a.C.). Fue el segundo soberano de la XXVI dinastía. Obligó al reino de Judá a pagarle tributo; restableció la dominación egipcia en Siria, pero vencido por Nabucodonosor de Babilonia, perdió sus conquistas. Patrocinó el viaje que efectuaron marinos fenicios alrededor de África. Nietzshe, Federico Guillermo: Filósofo y escritor alemán. Demostró en su juventud un gran entusiasmo por la filosofía de Schopenhauer, pero más tarde se volvió contra él. Proclamó la necesidad de una subversión de todos los valores, criticando acerbamente la civilización occidental. La vida es el valor supremo, el fin de la humanidad es la producción del superhombre. Algunas de sus obras son: ―Así habló Zaratustra‖, ―El ocaso de los ídolos‖, ―Humano, demasiado humano‖, ―Más allá del bien y del mal‖, ―El anticristo‖ y ―Ecce Homo‖: Niño, Pedro Alonso: Navegante español. Exploró las costas de Venezuela, acompañó a Colón en el primero y tercer viaje y entre ambos efectuó otro para llevar provisiones a Santo Domingo. En 1499 zarpó con una carabela fletada, con la que exploró la costa de Venezuela.

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Noort, Olivier van : Holandés. Da la vuelta al mundo por el Estrecho de Magallanes, Filipinas y el estrecho de la Sonda. De su apellido, se fue cambiando como le sonaba a los marineros españoles, Horm y, posteriormente, ―Hornos‖ y así se denominaría al cabo más austral del continente. Nunes, Pedro: Cosmógrafo y matemático portugués. Su principal contribución científica fue la invención del ―nonio‖ (Instrumento de medida para apreciar con exactitud fracciones pequeñas de las divisiones menores). Núñez de Balboa, Vasco: Conquistador español. Después de tomar parte en la expedición de Bastidas al Darién (1501), se erigió en Jefe de la colonia allí fundada, desde la cual y mientras Fernández de Enciso conspiraba contra él en España, organizó la expedición que a través del istmo de Panamá, iba a llevar al descubrimiento del ―Mar del Sur‖, después llamado Océano Pacífico. Tuvo grandes diferencias con el nuevo Gobernador de ―Castilla del Oro‖, Pedrarias Dávila, que bajo la acusación de sedición, lo hizo condenar y ejecutar. Océano: Hijo de Urano y Gea, es la personificación del elemento acuático y como tal, el padre de todos los ríos. Esta figura mitológica responde a una antigua creencia según la cual la Tierra era un disco plano circundado por un inmenso río circular llamado Océano. Octavio, Octaviano (César Augusto): Primer emperador romano (63 a.C.-14 d.C.). Fue adoptado y nombrado heredero por Julio César. Formó el segundo triunvirato con Marco Antonio y Lépido y derrotaron a los asesinos de Julio César en Filipos. Instalado Marco Antonio en la corte de Cleopatra, Octavio marchó contra él. La batalla naval de Actium (31 a.C.), decidió su victoria y la anexión de Egipto. A su regreso a Roma, rechazó el poder dictatorial, rehabilitando las funciones del Senado. Se le fueron concediendo títulos y finalmente el de ―Augustus‖. Ya Emperador ensanchó los dominios de Roma; logró la pacificación de los territorios conquistados y reorganizó el Senado. Ojeda, Alonso de: Acompañó a Colón en su segundo viaje. En 1499 con Juan de la Cosa y Américo Vespucio exploró las costas de la Guayana y las norteñas de Tierra Firme, descubrió Curazao y el golfo de Venezuela, terminando su expedición en la península de la Guajira. Ojeron, de la Bonére, Beltrán de: Marino y colonizador francés. Se le concedió en 1665 el gobierno de la isla de la Tortuga. En 1673, proyectó adquirir para Francia la parte española de Santo Domingo; se dirigió a Paris para interesar al ministro Colbert en sus planes, pero murió poco después. Ordás, Diego de: Conquistador español. Compañero de Hernán Cortés en la conquista de México. Orellana, Francisco de: Explorador y conquistador español. Tomó parte con Pizarro en la conquista del Perú y repobló la ciudad de Guayaquil. A través del Coca y el Napo alcanzó el río Amazonas, que descubrió, y tras ocho meses de navegación fluvial, llegó al Atlántico. Otman u Osmán I: (1259-1326). Líder de los turcos, rama otomana. Fundador de la dinastía. Ovando, Nicolás de: En 1501, fue nombrado gobernador de las Indias occidentales. Emprendió la reorganización del gobierno colonial y durante su administración comenzaron a utilizarse esclavos africanos. Oviedo y Baños: Escritor neogranadino. Pasó a Venezuela donde era obispo su tío, que había fundado en Caracas el Colegio Seminario de Santa Rosa. Oviedo y Baños escribió un importante libro intitulado: ―Historia de la conquista y población de Venezuela‖, publicado en 1732. Se le alaba su imparcialidad como historiador, siendo su obra fuente importante donde acudir los que estudian las regiones venezolanas. Murió en Caracas. Pedrarias, Dávila: Conquistador español. Enviado como gobernador a ―Castilla del Oro‖ (1514); organizó diversas expediciones y coadyuvó a otras, como la conquista de Cuzco por Pizarro y Almagro. Fundó la ciudad de Panamá. En 1527 le fue otorgada la gobernación de Nicaragua. Pedro (el ermitaño): (Beato) (1050-1115). Monje francés. Predicó la primera Cruzada. Su fiesta es el 8 de julio. Pérez de Vega, Francisco: Español, nacionalizado venezolano. Profesor de castellano en la Escuela de Lenguas Berlitz en Nueva Cork y más adelante, Director de la Berlitz en Washington. Ejerció, junto con la enseñanza y el estudio de idiomas, la literatura; también tradujo al castellano obras de éxito de habla inglesa. Fue profesor de

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Lengua y Literatura española en la universidad George Washington y otras instituciones académicas. Experto en lenguas aborígenes americanas y asiáticas. Pérez, Fray Juan: Religioso franciscano español. Prior del convento de la Rábida, dio hospitalidad y protección a Cristóbal Colón. Su intervención ante la reina fue muy importante para que Colón consiguiera la ayuda que solicitaba. Pericles: Militar y político ateniense (¿495?-429 a.C.). Jefe único del partido democrático; fue estratega y prosiguió la democratización de la vida política en Atenas. Durante su gobierno, Atenas vivió uno de los momentos más florecientes de su cultura. Al estallar la guerra del Peloponeso, fue depuesto y condenado a pagar una multa, más fue elegido de nuevo estratega. Murió víctima de la peste. Picón Salas, Mariano: Escritor, diplomático, historiador, periodista y profesor universitario venezolano. Con su familia emigrada en Chile, obtuvo en la Universidad de Santiago la carrera de Historia y el Doctorado en Filosofía y Letras. Fué profesor de Historia y en la Facultad de Bellas Artes, y Filosofía en la Universidad, llegando a ocupar el cargo de Rector. Fundó un grupo literario y una revista. Vuelto a Venezuela en 1936, intervino en forma relevante en política. Ejerció cargos diplomáticos y educativos. Decano – fundador de la Cátedra de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central de Venezuela y Fundador Presidente del Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes (INCIBA). Compartió con el Dr. Arturo Uslar Pietri el Premio Nacional de Literatura. Individuo de número de la Academia Nacional de la Historia. Pinzón, Francisco: Hermano menor de Martín y Vicente; navegó como ―maestre‖ de la ―Pinta‖. Pinzón, Martín Alonso: Marino español. Confiado en la viabilidad del proyecto de Colón, tomó el mando de la ―Pinta‖. Después del descubrimiento de las islas de San Salvador y Cuba, decidió explorar en solitario. Pinzón, Vicente Yánez: Navegante español, hermano de Martín Alonso y Francisco; en la primera expedición de Colón, comandó la carabela la ―Niña‖. Realizó un nuevo viaje, zarpando a fines de 1499. Llegó a tierras del Brasil y descubrió las desembocaduras del Amazonas y el Orinoco. En 1508 navegó en compañía de Díaz de Solís, con el fin de buscar un estrecho que condujera hacia la región de las especias. Pio II: Pontífice romano. Se llamaba Eneas Silvio Picolomini y fue Papa desde 1458. Luchó incansablemente por la pacificación de los Estados cristianos. Escribió una ―Cosmografía‖. Piri-Reis: Guerrero y marino egipcio del siglo XVI. Se le considera uno de los marinos más entendido de su tiempo. Discípulo y sobrino del pirata Kemal Reis; él también hizo una activa guerra a los cristianos. Sitió a Gibraltar, pero aceptó de los sitiados una fuerte suma para levantarlo. Sabido esto por el Sultán, se le prendió y se le hizo dar muerte. Dejó varias cartas geográficas, dos de las cuales se conservan en la Biblioteca Real de Berlín, referentes al Mar Rojo y al Mar Egeo, notables por su exactitud geográfica. Pizarro, Francisco: Conquistador del Perú. Estuvo con Ojeda y con Balboa, luego obró por cuenta propia, que al cabo de tres años dió por resultado su dominio sobre el Perú. Murió asesinado por los partidarios de Almagro. Pizarro, Gonzalo: conquistador español. Hermano de Francisco. Tomo parte en la batalla de las Salinas donde fue derrotado Almagro. En 1539 recibió el gobierno de Quito. Al año siguiente organizó una expedición en busca de El Dorado. Tras la promulgación de las Leyes Nuevas de Indias, encabezó la protesta de los encomenderos y dirigió la sublevación contra el virrey. Tras derrotar a las tropas realistas y decapitar al virrey, se hizo con el poder. Un enviado real, Pedro La Gasca, lo derrotó y mandó ejecutarlo. Pizarro, Hernando: Hermano de Francisco. Hizo dar muerte a Almagro, luego de vencerlo en batalla. La venganza de los partidarios de Almagro lo siguió hasta España, donde fue condenado a más de 20 años de prisión. Plutón: Uno de los nombre rituales de Hades ―el dios griego de los Infiernos‖. Significa ―el Rico‖ y no evoca su aspecto terrorífico, sino su poder como protector de la fecundidad de la Tierra.

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Pointis, Jean Bernard Desjeans, Barón de: Marino francés. Al mando de una Escuadra se apoderó en 1697 de Cartagena de Indias. Al ordenarle, al año siguiente, que pusiese sitio a Gibraltar, buscó la muerte al ver la imposibilidad de recuperar esa plaza. Pompeyo Magno, Cneo: General romano (¿106?-48 a.C.). Se distinguió bajo las órdenes de Sila en diversas campañas. Intervino en España como Procónsul para poner fin a la sublevación de Sertorio. Conquistó Armenia y Siria y sometió Fenicia y al reino de Jerusalén. Con César y Craso formó el primer triunvirato. En la guerra civil entre César y él, finalizó con su derrota en Farsalia. Tras huir a Egipto fue asesinado por orden de Tolomeo XVII, que buscaba congraciarse con César. Ponce de León, Juan: Conquistador español. Marchó a América con Ovando en 1502. En 1508 pasó a la isla de Borinquen (Puerto Rico), donde fundó la ciudad de San Juan. Descubrió Florida en 1531, tras recorrer las Islas Bahamas. Pensó que en la Florida se hallaba la fuente de la ―Eterna Juventud‖. Poseidón: Dios del mar y del elemento líquido. Hijo de Crono y Rea. Al producirse el reparto del mundo entre los tres hijos de Crono, le tocó en suerte el imperio del mar. Su morada habitual era un palacio de oro en las profundidades del mar Egeo. Se desplazaba sobre las olas en un carro tirado por unos animales mitad corceles, mitad serpientes, escoltado por un cortejo de peces, delfines y divinidades marinas: las hermosas nereidas y los tritones, seres con la parte superior humana y la inferior de pez. Los romanos lo asimilaron a su Neptuno. Preste Juan: Uno de los títulos que tenía el emperador de Etiopía (Preste: sacerdote, que celebraba la misa cantada, asistido del diácono y el subdiácono). Legendario monarca cristiano del siglo XII que unos sitúan en Oriente y otros en Etiopía. Según la leyenda, se ordenó de presbítero o preste, ante los misioneros nestorianos. Pytheas: Navegante y astrónomo griego (siglo IV a.C.). Fue el primer navegante que surcó los mares del Norte. Advirtió por vez primera la relación entre las fases de la Luna y el fenómeno de las mareas. Qing (dinastía China): (1644-1912). Última dinastía, de origen Manchú. Raleight, Walter: Espíritu aventurero, organizó varias empresas destinadas a engrandecer a su patria, Inglaterra, ejecutando actos de piratería en perjuicio de España. Fue favorito de la reina Isabel. Desplegó una labor literaria, siendo muy estimable su ―Historia del mundo‖, escrita en la cárcel. Desaparecida su protectora, terminó sus días decapitado por orden de Jacobo I. Ramsés III: Faraón egipcio (¿ ? – 1166 a.C.). Perteneciente a la XX dinastía. Derrotó a los ―pueblos del mar‖. Hizo construir los célebres colosos de Memnon y el templo funerario de Medinet Abás. Rea: Hija de Urano y Gea. Convertida en la esposa de Crono, supo que este devoraba sus hijos y consiguió salvar al más pequeño, Zeus. Hay una frecuente asimilación de Rea con la diosa frigia Cibeles. Renato de Anjou: Ascendió al trono en 1435. Rey de Nápoles, se enfrentó al Rey de Aragón, Alfonso V, pero fue derrotado en 1442 y se refugió en Provenza. Apoyó al monarca francés Carlos VII a recuperar Normandía (1450). Fue protector de literatos y artistas. Ribero, Diego: Cosmógrafo. Maestro de hacer cartas o mapas, astrolabios y otros instrumentos de navegación. Presentó un inventó para achicar el agua de las naves mediante bombas de metal. Tuvo un dictamen favorable pero se desechó a causa de su excesivo costo. Ricardo I (Corazón de León): Rey de Inglaterra (1157-1199). Participó en la III Cruzada y se apoderó de Juan de Acre. Anticipó su regreso a Inglaterra pues en su ausencia Felipe Augusto de Francia habría invadido las posesiones inglesas en Francia; en el camino de vuelta, fue hecho prisionero por el emperador de Alemania Enrique VI y liberado tras pagar un elevado rescate y rendirle vasallaje. Puso fin a las intrigas de su hermano Juan sin Tierra y murió combatiendo a Felipe Augusto de Francia. Ricardo III: Rey de Inglaterra (1452-1485). Hermano menor de Eduardo IV. Colaboró con él en las luchas de Escocia. Al morir Eduardo se ocupó de su regencia durante la minoría de edad de su sobrino Eduardo V, a quien

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encerró en la Torre de Londres. Proclamado rey, se enfrentó a la nobleza y fue derrotado por Enrique Tudor en la batalla de Bosworth. Richelieu, Armand Jean du Plessis, Cardenal y Duque de: Estadista y prelado francés. En 1624 fue designado miembro del Consejo Real y desde entonces fue jefe virtual del país. Su política se dirigió hacia la consolidación del poder real. Combatió a los ―hugonotes‖ (protestantes) quitándoles sus privilegios políticos y militares y sostuvo una larga lucha con la nobleza para obligarla al reconocimiento de la autoridad real; lanzó a Francia a la ―Guerra de los Treinta años‖, en lucha contra la Casa de Austria. Rivet, Paul: Etnólogo francés. Defendió el origen polinésico de la población aborigen americana. Rómulo Augusto: Emperador romano de Occidente (Siglo V). Fue destronado en el 476 por el germano Odoacro, lo que puso fin al imperio romano de Occidente. Rómulo: Fundador legendario de Roma, con su hermano Remo, a quién mató por atentar contra su poder. Rorik: Jefe escandinavo. Fundó el principado de Novgorod, que por bastante tiempo fue, en la práctica, la primera capital de Rusia. Saavedra, Álvaro: Navegante español del siglo XVI que acompañó a México a Hernán Cortés, su pariente, quién le envió en 1526 a explorar los mares del Sur. Descubrió una tierra austral que se supone fue Nueva Guinea o Nueva Gales y después de llegar a las Molucas, pereció con su embarcación en una tempestad al volver a México. Saladino: Sultán de Egipto y Siria (1137-1193). Al servicio del príncipe turco de Siria, combatió a los cruzadas en Egipto y sometió al país a la influencia de Bagdad. A la muerte del príncipe turco, se hizo proclamar sultán. Extendió sus dominios. En su enfrentamiento con los cruzados, se apoderó de S. Juan de Acre, Jaffa, Beirut y Jerusalén, lo que dio origen a la III Cruzada. Salomón: Rey de Israel (¿ ? – 932 a.C.). Hijo de David. Hizo levantar el famoso Templo de Jerusalén y alcanzó fama de sabio. La tradición le atribuye ―Los Proverbios‖, ―El Eclesiastés‖, ―El Cantar de los Cantares‖ y ―El Libro de la Sabiduría‖. Salle, René, Señor de la: Francés. Exploró los Grandes Lagos y el valle de Ohio y las cataratas del Niágara. Bajó el Mississipi hasta Nueva Orleáns. Santa Cruz, Alonso de: Marino y cosmógrafo español. Formó parte de la expedición de Sebastián Caboto. Autor del ―Libro de las longitudes‖ y de un ―Islario general del mundo‖. Santángel, Mosén, Luís de: Facilitó parte del dinero para que Colón marchara a América. Los Reyes Católicos lo tenían en gran estima. Sarmiento de Gamboa: Fundó una colonia en el Estrecho de Magallanes, que tuvo desastroso fin. Escribió una ―Historia de las Indias‖ y ―Viaje al Estrecho de Magallanes‖ Saturno: Divinidad itálica y romana identificada con el Crono griego. Se le celebraba en las ―saturnales‖, tiempo de licencia carnavalesca y desenfreno, donde las clases sociales se invertían; los esclavos daban órdenes a sus amos y éstos debían servirles. Scylax: Mercader griego. Llega hasta el Océano Índico. Su itinerario marítimo no ofrece dudas al respecto. Seleuco I: (354-280 a.C.) General de Alejandro Magno. Fue el fundador de la dinastía Seléucida. De las tierras del Imperio, quedó principalmente con Persia. Murió asesinado. Serrano, Francisco: Portugués. De 1511 a 1513 viajó a las islas de la Sonda, las Molucas y Timor. Shang (dinastía China): (1650-1066 a.C.). Se realizan obras para regar los campos y se construyen graneros y almacenes. Se desarrolla una escritura logográfica (cada palabra está representada por un dibujo). Shouten, William: Holandés. Dá la vuelta al mundo con Le Maire. Es el primero que dobló el Cabo de Hornos, demostrando así que la Tierra de Fuego no estaba unida al continente antártico.

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Silla: Rey de Corea. Unificó por primera vez la península coreana (668), siendo regida por su gobierno. Con su flota impidió una invasión japonesa, derrotándolos decisivamente. Soliman (el magnífico): Sultán turco (1494-1566). Sucedió a su padre, Selim I. Ensanchó las fronteras imperiales. Conquistó Belgrado y la isla de Rodas, venció a Luís II de Hungría y se apoderó del país, pero fracasó en el sitio de Viena. Al finalizar su reinado, firmó una tregua con Persia y la paz con Austria. Amante de las artes, mandó edificar numerosas mezquitas y dotó al Imperio de un código legislativo. Song (dinastía China): (960-1279). Las ciudades se convierten en motores del comercio y de la economía. Irrumpe una clase mercantil equiparable a la burguesía europea. Las mujeres pierden la consideración social que tenían en el campo. Aparecen inventos como la pólvora, la brújula o los tipos móviles de imprenta. Soto, Hernando: Conquistador español. Desempeñó un papel importante en la conquista del Perú. En 1537, Carlos V le nombró Gobernador de Cuba y le concedió la conquista de la Florida. En ella se internó en busca de riquezas y recorrió una extensa zona en lucha constante contra los indios. En 1541 descubrió el Mississipi, a cuyas aguas fue arrojado al fallecer un año más tarde. Stroganov: Linaje noble de Rusia. En el reinado de Iván I, el Terrible, con la ayuda que les prestaron los cosacos, los Stroganov dieron cima a la conquista de Siberia. La importancia de esta familia en la historia rusa fue relevante. Sui (dinastía China): (581-618). Esta dinastía emerge en China después de tres siglos y medio de división y conflictos de poderes. Su primer emperador redistribuye las tierras y reduce los impuestos a los campesinos. Tamerlán (Timur-Lang): Caudillo Tartaro (1336-1405). Se alzó contra el gobernador de Transoxiana, y se hizo coronar. Fue el fundador de la dinastía de los Timúridas. Sus dominios se extendieron por gran parte de Rusia, Persia, Turquía, Nepal e India. Tang (dinastía China): (618-907). El imperio alcanza su máximo esplendor y su mayor extensión territorial. Se entroniza a una mujer, la emperatriz Wu. Destacó por su energía y falta de escrúpulos. La porcelana china adquiere fama en toda Asia. Monjes procedentes de India introducen el budismo. Tasman, Abel Janszoon: Navegante holandés. Al servicio de la Compañía de las Indias Orientales; fue enviado por el Gobernador General Van Diemen a reconocer el Sur, en 1642. Descubrió una tierra a la que dió el nombre de ―Tierra de Van Diemen‖, llamada posteriormente Tasmania en su honor, la isla sur de Nueva Zelanda y los archipiélagos de Tonga y Fidji; recorrió las costas de Nueva Guinea y en 1643 regresó a Batavia. Exploró las costas occidentales y orientales del golfo de Carpentaria y fue el primer navegante que dio la vuelta a Australia. Tchaka: Gran líder; en 1800 agrupó las tribus de los territorios actuales de Zambia, Tanzania y Mozambique, bautizando al nuevo pueblo: ―Zulú‖ (cielo). Formó un poderoso reino e hizo frente a la penetración de los colonos holandeses ―boers‖ y a los soldados ingleses. Temístocles: General y político ateniense (525-460 a.C.). Tomó parte en la batalla de Maratón y sometió las islas del mar Egeo. Dominó la vida política de Atenas. Rechazó la invasión Persa con la victoria naval de Salamina (480 a.C.) y convirtió a Atenas en la primera potencia marítima. Condenado al ostracismo, se refugió en Argos. Después se estableció al lado del rey de Persia, Artajerjes, quien le concedió el gobierno de Magnesia. Teseo: Según la mitología griega, héroe del Atica, hijo de Egeo, rey de Atenas o según otra tradición, de Poseidón. Enviado a Creta como tributo al rey Minos, consiguió matar al minotauro y salir del laberinto guiado por el hilo de Ariadna. Al suicidarse Egeo, le sucedió en el trono de Atenas, donde reorganizó la vida política. Tetis: Hija de Urano y Gea, simboliza la fecundidad de las aguas. Es la esposa de Océano. Thorwald: Hijo de Erik ―el Rojo‖. Siguiendo los pasos de su hermano, Leif Erikson, se instaló en la costa de Terranova, pero murió en un enfrentamiento con los nativos.

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Tolomeo I: (¿366?-283 a.C.). Fundador de la dinastía Tolomeica. General de Alejandro Magno. Se quedó con el territorio de Egipto. Hizo de Alejandría la capital, donde fundó un museo y una biblioteca famosa en la antigüedad. Tolomeo IV: Faraón egipcio, (¿244?-204 a.C.). Con él comenzó la decadencia de Egipto. Tolomeo, Claudio: Astrónomo, geógrafo y matemático grego-egipcio (100-170). Autor de ―Composición matemática o Almagesto‖, que contiene un catálogo de mil estrellas y en la que expone su teoría egocéntrica del universo. Este sistema prevaleció hasta el Renacimiento, en que se impuso la teoría de Copérnico. Toscanelli, Paolo: Astrónomo italiano. Concibe la posibilidad de llegar a la China, navegando hacia Occidente. Influyó sobre Colón. Tsin (dinastía China): (221-206 a.C.). El emperador Qin Shihuang gobierna el Imperio con métodos brutales. Persigue a los disidentes, desconfía de los intelectuales, ordena la quema de libros (excepto los de carácter técnico), y conquista Corea del Norte. Se inicia la construcción de la Gran Muralla, se elabora un censo, y se unifican los derechos aduaneros, pesos y medidas, y la escritura. Tudor, María I: Reina de Inglaterra, hija de Enrique VIII y de Catalina de Aragón. Restableció el catolicismo y comenzó una violenta represión contra los no católicos. Estuvo casada con Felipe II de España. Tupac Yupanqui: Inca, hijo de Pachacupec Yupanqui. Reinó en los comienzos del siglo XV y realizó importantes hazañas militares. Urano: Personificación del Cielo, nace de Gea, que lo creó exactamente de su mismo tamaño para que la cubriera por completo y la fecundase. Se convierte por tanto en el esposo de Gea. Urbano II: Papa de origen francés (1042-1099). Fue Prior de la orden de Cluny, Obispo de Ostia y Cardenal. Combatió la simonía y las investiduras laicas. Aprobó la proclamación de la primera Cruzada en el concilio de Clermont (1095) y murió pocos días después de la toma de Jerusalén por Godofredo de Bouillon. Urdaneta, Andrés: Navegante español. Estuvo en las Molucas, y en México entró a la orden de los monjes agustinos. Luego, dirigió una expedición a Filipinas y descubrió la corriente del ―Kuro Shivo‖, permitiendo el tornaviaje desde las Filipinas y otros archipiélagos, hasta la costa occidental de América. Uslar Pietri, Arturo: Escritor, político y economista venezolano. Fue Ministro de Educación (1939-1941), de Hacienda (1942), y del Interior (1945). Fundador del Frente Democrático Nacional. En 1990 se le concedió el premio Príncipe de Asturias de las Letras. También compartió el premio Nacional de Literatura con el Dr. Mariano Picón Salas. Cultivó el ensayo, el teatro, el cuento y sobre todo, la novela, con títulos como ―Las lanzas coloradas‖; es considerado precursor del realismo mágico. En 1991 recibió el premio Internacional de novela ―Rómulo Gallegos‖, por la ―La vista en el tiempo‖. En televisión hizo ciclos de charlas sobre personajes históricos –―Valores Humanos‖- que obtuvo un gran éxito. Váez de Torres, Luís: Navegante español. Descubrió el estrecho de su apellido (Torres), entre Australia y Nueva Guinea. Valdivia Pedro de: Conquistador español. Su celebridad proviene de las conquistas de Venezuela, Perú y Chile. Fue fundador de la ciudad de Santiago de la Nueva Extremadura, y la Serena. Nombrado Gobernador de Chile, fundo además, las ciudades de la Concepción la Imperial y la que llevo su nombre, Valdivia. Ordenó diversas expediciones y fue derrotado por los araucanos que le hicieron prisionero y le cortaron los brazos, que después se come