CUARTO DOMINGO EN EL TIEMPO DE CUARESMA –A

EL REGALO DE LA VISTA
¡Qué importante es el don de la vista y qué importante es la luz para poder orientarnos en la oscuridad! Imagínate cómo debe sentirse una persona ciega si él o ella reciben la vista. Ese regalo sólo sería superado por el don de la fe. En el corazón de la Cuaresma, la Iglesia ya vislumbra “la luz de Cristo” que brillará en la Vigilia Pascual. Por eso, nos invita a alegrarnos y a renovar nuestra fe en Jesús, Luz del mundo, que en el bautismo ha hecho de nosotros “hijos de la luz”. PRIMERA LECTURA, 1 Samuel 16:1b, 6-7, 10-13a. En la lectura de Primera de Samuel, Dios dirigió al juez–profeta para ungir a un nuevo rey. El énfasis aquí está en la iniciativa de Dios. El mide el corazón humano. Él es el que hace trabajar su voluntad para el bien de todos. SALMO 23. Este Salmo habla de una dependencia absoluta en el Señor. El es mi pastor y se preocupa por mí, incluso a través del "Valle de la sombra de la muerte". Él es el señor en el viaje del peregrino SEGUNDA LECTURA, EFESIOS 5:8-14. En su carta a los Efesios, San Pablo insta a los fieles a "caminar en la luz," a vivir una vida privada tan moral como la persona pública que exige el cristianismo. EVANGELIO, JUAN 9:1, 6-9, 13-17, 34-38. En la segunda narrativa de la gran trilogía del Evangelio de Juan, un ciego es curado por Jesús, sólo para ser interrogado y rechazado por los familiares, los vecinos y por el liderazgo de su sinagoga. Juan utiliza la controversia para resaltar la conexión entre la vista física y la vista espiritual. Al final, el hombre recibió las dos.

PRIMERA LECTURA, 1 SAMUEL 16: 1b, 6-7, 10-13a
El hombre se fija en las apariencias; pero Dios ve el Corazón
1 Yavé dijo a Samuel: Llena pues tu cuerno de aceite y anda. Te envío donde Jesé

de Belén, porque me escogí un rey entre sus hijos».
6 Cuando entraron, Samuel divisó a Eliab y pensó: «Seguramente ése será el que

Yavé va a consagrar». 7 Pero Yavé dijo a Samuel: «Olvídate de su apariencia y de su gran altura, lo he descartado. Porque Dios no ve las cosas como los hombres: el hombre se fija en las apariencias pero Dios ve el corazón».

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10 Finalmente Jesé hizo pasar a sus siete hijos ante Samuel, y Samuel decía a Jesé: «Yavé no ha elegido a ninguno de estos». 11 Entonces Samuel dijo a Jesé: «¿Esos son todos tus hijos?» Respondió: «Todavía falta el menor, que cuida el rebaño». Samuel le dijo: «Mándalo a buscar porque no nos sentaremos a la mesa hasta que no esté aquí». 12 Fueron pues a buscarlo y llegó; era rubio con hermosos ojos y una bella apariencia. Yavé dijo entonces: «Párate y conságralo; es él». 13 Samuel tomó su cuerno con aceite y lo consagró en medio de sus hermanos. Desde entonces y en adelante el espíritu de Yavé se apoderó de David. BLA

¿Cuál es aquí la parte de historia y la parte de leyenda? Pues el libro ha guardado tres tradiciones referentes a la ascensión de David: 16,1; 16,14; 17,17. Este párrafo quiere sacar a la luz la razón profunda de su excepcional destino. Samuel viene a Belén para encontrar al que Dios se eligió. Betlehem, o Belén, será en adelante «la ciudad de David». Ahí nacerá Jesús diez siglos más tarde. El hijo de Jesé (habrá que recordar este apodo), está cuidando el rebaño cuando lo van a buscar: en la Biblia, el pastor es la imagen del rey perfecto que atiende a las personas y las sirve (ver Ez 34 y Jn 10). 16,1: Estos versos cuentan la historia abreviada de la primera unción de David como rey. En la narrativa, Dios estuvo claramente a cargo, revelando su voluntad en el momento adecuado. Él ordenó a Samuel a visitar la casa de Jesé en el campo, de manera que pudiera buscar un nuevo rey. Samuel tuvo algunas dudas. Todavía esperaba que el Rey Saúl se arrepintiera. Y Dios nuevamente favorecería a su ungido. 16, 6: Igual que la gente de todas partes, Samuel estuvo positivamente impresionado cuando vio a uno de los hijos de Jesé. Pero, en el punto más alto de la narrativa, Dios declara su forma de juicio. 16,7: Él midió no por apariencia –o por fuerza, o engaño. El juzgó por el corazón de la persona. El hombre se fija en las apariencias, pero Dios ve el corazón. Estas palabras no significan solamente que Dios juzga mejor que nosotros. También entendemos que, con o sin la intervención de un profeta como Samuel, los acontecimientos van al encuentro de aquellos que Dios «conoció de antemano» (Jer 1,5; Rom 8,29) y que designó para una misión que supera con mucho sus méritos y capacidades. Las Cartas de Pablo, que no fue menos elegido que David, retomarán esta oposición entre las apariencias y el corazón (1 Co 1,28; 2 Co 3,1; 11,16). En cualquier grupo humano, hay que descubrir los valores profundos de cada uno y no dejarse influenciar por las apariencias. Es de mucha importancia para las comunidades cristianas que sus responsables sepan «ver el corazón», tanto de los que callan como de los que demuestran mucho celo. Entonces no faltará mucho tiempo para que se encuentren personas que realmente valen.

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16, 10. Todos los hijos de Jesé se presentaron ante Samuel. Ninguno fue encontrado aceptable. 16, 11-13. Por lo tanto, Samuel preguntó si había otros hijos. Jesé presentó a su hijo más joven, a David. Dios ordenó a Samuel que ungiera al muchacho. Y el espíritu "se apoderó" de David. La narrativa claramente destacó la iniciativa de Dios, su juicio y su poder. Él nos busca, nos elige y nos faculta. Su medida es el corazón humano. Oremos para que nos revele su intención, y oremos para que podamos cooperar libremente y plenamente con su providencia.

SALMO 23
El Señor es mi pastor.—
Él es mi pastor: nada me puede faltar. Ante mí está la mesa y la copa de Cristo; mejor que la unción con el santo óleo, he recibido la unción del Espíritu Santo (1 Juan 2,27); espero, no el descanso de la muerte, sino la resurrección junto al Padre. Salmo de David.

1 El Señor es mi pastor: nada me falta; 2 en verdes pastos él me hace reposar. A las aguas de descanso me conduce, 3 y reconforta mi alma. Por el camino del bueno me dirige, por amor de su nombre. 4 Aunque pase por quebradas oscuras, no temo ningún mal, porque tú estás conmigo con tu vara y tu bastón, y al verlas voy sin miedo. 5 La mesa has preparado para mí frente a mis adversarios, con aceites perfumas mi cabeza y rellenas mi copa. 6 Irán conmigo la dicha y tu favor mientras dure mi vida, mi mansión será la casa del Señor por largos, largos días. BLA

El Salmo 23 contiene algunos de los versos más memorables de toda las Escrituras. El corazón de los Salmos tiene dos imágenes, la fe del peregrino en su jornada y el banquete de bienvenida al peregrino celebrado en el Templo al final de la jornada. 23:1b-4 describe la fe del peregrino en su camino. Los versos enfatizan la fe del caminante, la persona que viajaba ligero de equipaje y que depende del Señor para el cuidado de sus necesidades, como la oveja que depende de su pastor. Observa que el peregrino confía en Dios no solamente para satisfacer sus necesidades, sino también para que le revele el cuidadoso amor mientras provee esas necesidades –“verdes pastos y aguas de descanso". El cuidado amoroso se extiende aún en los tiempos "oscuros" de peligro, cansancio, y escasez. El peregrino confía en que Dios estará siempre presente en cada situación, porque

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ese es el verdadero significado del peregrinaje: Una jornada a un sitio religioso específico en respuesta al llamado de Dios. 23:5-6. Al final del peregrinaje está la celebración. El anfitrión mostrará hospitalidad – “unción de la cabeza con aceite" –y provisión de una fiesta. Tales demostraciones de cuidado son hechas sin importar la malicia de los enemigos de cada uno. En el contexto del Templo, el cuidado del anfitrión divino actúa como una bendición sobre el peregrino ahora y en el futuro. La bendición es para representar un símbolo para los no-creyentes para que se arrepientan, para que ellos también puedan compartir el cuidadoso amor de Dios. El tema de unidad en el Salmo 23 es el cuidado divino. Dios es el pastor y el anfitrión, él muestra amor al peregrino durante su jornada y una vez en su destino. ¿De qué manera muestras tu dependencia de Dios en tu vida diaria? ¿De qué manera celebras esos eventos de la presencia de Dios?

SEGUNDA LECTURA, EFESIOS 5:8-14

Somos hijos de la luz y llamados a ser luz de la tierra

8 En otro tiempo ustedes eran tinieblas, pero ahora son luz en el Señor. Pórtense como hijos de la luz, 9 con bondad, con justicia y según la verdad, pues ésos son los frutos de la luz. 10 Busquen lo que agrada al Señor. 11 No tomen parte en las obras de las tinieblas, donde no hay nada que cosechar; al contrario, denúncienlas. 12 Sólo decir lo que esa gente hace a escondidas da vergüenza; 13 pero al ser denunciado por la luz se vuelve claro, y lo que se ha aclarado llegará incluso a ser luz. 14 Por eso se dice: «Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos y la luz de Cristo brillará sobre ti.» BLA
5:8a-11: Esta oración gira alrededor de tres mandamientos: a) Pórtense como hijos de la luz, b) Busquen lo que agrada al Señor c) No tomen parte en las obras de las tinieblas. 5:8b y 10 son los mandamientos la luz. 5:13-14a “pero al ser denunciado por la luz se vuelve claro, y lo que se ha aclarado llegará incluso a ser luz.” La luz es el agente de revelación en estos versos. La luz revela el mal por positivos, mientras 5:11 lleva implícito una orden

negativa. 5:9 hace un comentario ampliando el tema del caminar en la vida como hijos de

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lo que realmente es; la verdad acerca del mal mismo es la luz. En este sentido la luz es el medio –la verdad es luz; en el primer sentido la verdad es el resultado –la luz muestra la verdad acerca del mal. 5:13. Rechazar todo lo que nos avergüenza y que sólo se hace en la oscuridad. Es cierto que bastantes cosas que daban vergüenza han venido a ser normales hoy día para mucha gente; pero ¿lo serán también para el que busca a menudo la luz y la mira de frente, en Cristo? El testimonio de un solo cristiano que vive en la luz, y con mayor razón el de una comunidad, basta para condenar lo que pasaba por normal. En estos versos, el autor -Pablo? –utilizó una metáfora familiar de la vida: la luz y la oscuridad. Esas imágenes opuestas imágenes pueden utilizarse para un estilo de vida moral, para una inspiración espiritual e incluso para un cambio de corazón; pero lo más importante, al autor, que representaba el foro público, la vida ante los vecinos, la comunidad y la nación. Las imágenes de la luz y la oscuridad del autor podrían reducirse a una pregunta: ¿refleja la persona pública las opciones de la vida personal? ¿Has conocido a alguien que vivió una mentira: la persona que mostró una cara feliz; pero que por dentro estaba desesperada; la persona que utiliza la apariencia del bien para cubrir una vida de pecado en privado? Esta disparidad podría encontrar su raíz en una rutina espiritual. Si alguien no está creciendo en la fe, entonces la fe se marchita. El o la creyente que no se mueve de su rutina espiritual es perezoso(a), e incluso comienza a disminuir. La rutina se convierte pronto en una espiral lenta, manteniendo la apariencia, mientras que lentamente se vuelve una vida dominada por el pecado. Esta es la forma fácil: mostrar lo bueno, ocultar el mal. Si te encuentras en una rutina espiritual, en una vida que no parece estar sincronizada espiritualmente, el autor termina este pasaje con un mensaje para ti. ¡Despierta! ¡Levántate de entre quienes están muertos! Entonces, la luz de Cristo brillará sobre ti. ¿Cuándo te ha sacudido el Señor de entre la rutina? ¿Cómo te ha ayudado a volver al crecimiento espiritual?

EVANGELIO, JUAN 9:1, 6-9, 13-17, 34-38

¿Alguna vez has jugado un juego con una venda –a ciegas? ¿O bien, alguna vez has estado en una caminata de confianza, donde te han vendado los ojos y has sido conducido por otra persona? Jugar con alguien que se ha puesto una venda nos ayuda a apreciar el don de la vista. La vista es una doble bendición en una cultura cuyos medios manipulan el contenido visual, sus patrones y su momento. La edición de un movimiento rápido, un ligero comercial de televisión demuestra este punto; tus ojos leen el mensaje a prisa.

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A través de la curación de un ciego de nacimiento, el Evangelio de Juan presenta la vista en un sentido metafórico. A veces una persona puede mirar, pero no ver. Aquí, el ciego recibió no sólo la capacidad para utilizar sus ojos sino también el regalo para ver la verdad. En el Evangelio de Juan, Jesús cura a un ciego. En la subsiguiente controversia, el hombre defendió a Jesús; pero perdió su lugar en la comunidad. Al final, sin embargo, encontró un nuevo lugar ante el Señor.

1 Al pasar, Jesús vio a un hombre que era ciego de nacimiento. 6 Dicho esto, hizo un poco de lodo con tierra y saliva, untó con él los ojos del ciego 7 y le dijo: «Vete y lávate en la piscina de Siloé (que quiere decir el Enviado).» El ciego fue, se lavó y, cuando volvió, veía claramente. 8 Sus vecinos y los que lo habían visto pidiendo limosna, decían: «¿No es éste el que se sentaba aquí y pedía limosna?» 9 Unos decían: «Es él.» Otros, en cambio: «No, es uno que se le parece». 13 La gente llevó ante los fariseos al que había sido ciego. 14 Pero coincidió que ese día en que Jesús hizo lodo y abrió los ojos al ciego era día de descanso. 15 Y como nuevamente los fariseos preguntaran al hombre cómo había recobrado la vista, él contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé y veo.» 16 Algunos fariseos, pues, dijeron: «Ese hombre, que trabaja en día sábado, no puede venir de Dios.» Pero otros decían: «¿Puede ser un pecador el que realiza tales milagros?» Y estaban divididos. 17 Entonces le preguntaron de nuevo al ciego: «Ese te ha abierto los ojos, ¿qué piensas tú de él?» El contestó: «Que es un profeta.» 34 Le contestaron ellos: «No eres más que pecado desde tu nacimiento, ¿y pretendes darnos lecciones a nosotros?» Y lo expulsaron. 35 Jesús se enteró de que lo habían expulsado. Cuando lo encontró le dijo: «¿Tú crees en el Hijo del Hombre?» 36 Le contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?» 37 Jesús le dijo: «Tú lo has visto, y es el que está hablando contigo.» 38 El entonces dijo: «Creo, Señor». Y se arrodilló ante él. BLA

9:1 Jesús es la luz: el ciego recibe la luz. Jesús es la luz (Lc 2,32), pero los hombres se dividen respecto a él: unos se abren a la luz mientras otros se alejan cegados, porque prefieren quedarse con sus luces antes que creer en ese enviado de Dios. El ciego entiende inmediatamente el significado de su curación, pero no así los padres temerosos y oportunistas, o los fariseos, que son buenos para juzgar y que se condenan a sí mismos.

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9:1, 6-7. Después de una controversia en el templo, Jesús caminó las calles de Jerusalén y tropezó con un hombre nacido ciego. Inmediatamente, Jesús lo cura con barro y un lavado –el ciego va a lavarse en la piscina de Siloé o la piscina el "enviado". Como parte de un sistema de acueducto construido durante siglos para Jerusalén, esta piscina era el "tanque receptor" para el agua. De ahí su nombre; el agua del acueducto la "enviaba" a la pila. 9:8-9 Cuando el hombre regresó a su barrio estalló una controversia. Los vecinos del ciego lo obligaron a defender su curación. Según 9: 8, los vecinos del hombre lo habían mendigar a diario. La mayoría de los vecinos conocían al hombre desde su nacimiento, puesto que la cultura y los medios de subsistencia presionaban a la gente para mantener una residencia de una generación a la siguiente. Y, la cultura en la época de Jesús era abierta; todo el mundo conocía el ir y venir de su vecino. ¿Por qué, entonces, era necesario que el ciego a defendiera su curación? En una sociedad estable, estática, abierta, la gente utiliza la mentira, el engaño y el secreto para proteger un sentido de reputación. Sin embargo, tales dispositivos daban lugar a un sentimiento de incredulidad. Si uno se jactaba para inflar su reputación, la respuesta podría ser un reto cínico. Cuando el hombre demuestra su cura –y su libertad de la mendicidad –a sus vecinos, se encontró con la incredulidad. 9:13 Debido a la controversia, los vecinos trajeron al hombre curado para un juicio ante los fariseos. Fueron a sentarse en un juicio sobre una pregunta: ¿era el mendigo un fraude? Sin embargo, muchos preguntaban otra cosa: ¿era el curandero un pecador? Respondiendo a esta segunda pregunta, podrían responder a la primera pregunta. 9:16 Un grupo dentro de los fariseos comenzó su ataque con un punto de la ley. Ya que Jesús curó en sábado, este grupo lo acusó de violar el Tercer Mandamiento. Como un violador, él pecó. –Como un pecador, él estaba fuera de la comunidad judía. Por lo tanto, Jesús y sus discípulos tendrían que ser excomulgados –ver Jn 9:22. La curación del ciego se realizó en día sábado: ¿estará Dios de parte de La ley divina que prohíbe actuar, o de parte del que hizo tan buena obra? Los fariseos defienden la Ley, y no es para asombrarse, ya que se sienten comprometidos con la palabra escrita mientras se quedan alejados de la miseria humana. 9:17 El hombre curado podía ver claramente su reputación pendiendo de la reputación de Jesús, por lo que el hombre ahora no tenía otra opción que asociar a Jesús con Dios. Por lo tanto, declaró que Jesús era un profeta.

La audiencia continuó en 9: 18-33. Al final, el hombre cuestionó la vista –es decir, la sabiduría –de aquellos en juicio ver Jn 9: 30-33. En otras palabras, él cuestionó la autoridad para juzgar a Jesús. 9:34. Los fariseos reprendieron al hombre, que nació en pecado y, por lo tanto, impropio para cuestionar su autoridad. Sea que se refirieran a la maldad del propio hombre o a la condición pecadora del mundo –lo que llamamos "Pecado Original". "Pecado desde nacimiento..." -es decir, nacido con una ceguera causada por el pecado. Los fariseos equiparan implícitamente la ceguera del hombre con su inmoralidad o la de sus padres. En Jn 9: 2-3, Jesús rechazó esta idea.

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Los fariseos reconocieron implícitamente el poder de Jesús para curar al ciego y a perdonar pecados, porque, lógicamente, si él realmente curó la enfermedad –la ceguera, entonces él debe haber eliminado la causa de la enfermedad –el pecado. 9:34b Ya que lo los fariseos lo excomulgaron, el hombre ahora estaba solo, sin afiliación en la sinagoga, ya no era un judío; él sorprendería a sus amigos y vecinos por igual. Por su defensa de Jesús, todo y lo único que le quedaba lo que era Jesús, por lo que Jesús lo buscó y le preguntó un asunto de fe: “¿Crees tú en el hijo del hombre –es decir, el Mesías?" El hombre respondió con una pregunta: "quién es él, Señor, para que yo pueda creer... en él." Jesús entonces pareció decirle: "Abre los ojos. El Mesías está hablando contigo en este mismo momento. “Con esta revelación, el hombre profesó su confianza en Jesús y lo adoraba. Que el Dios de la paz les renueve la fe; que Jesús ilumine su compromiso bautismal y que el Espíritu Santo descienda y esté con todos ustedes.

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