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Lunes 24 de agosto de 2009

LOS DEMONIOS DEL SEXO


Advertencia a los que leerán este artículo no se sorprendan de
su contenido, esto supone poner espíritu crítico cristiano
católico sobre el tema tan polémico como son la acción oculta
y evidente de los demonios. Mil disculpas

El Editor

Durante la noche estos seres maléficos seducen...a los seres


humanos
El estado de pecado grave de los hombres son víctimas de los
demonios y los esclavizan en los vicios del sexo, por ejemplo
el kamasutra, atrae demonios a los lechos o lugares íntimos
donde se practica esta oija sexual espiritual. Son cadenas que
atan al infierno...

Durante los sueños estos demonios asmodaicos pueden ser


capaces de seducir los cuerpos de las mujeres y hombres es
una de las experiencias entrampadas con dulce veneno, se
dice así por que es de naturaleza placentera y engañosa, es
aconsejable hacer oración antes de dormir, y se perturban con
aromas erotizantes y provocativas, hacer mas oración como el
Santo Rosario, no importa si es de madrugada, hay que
resistir a este tipo de tentación peligrosa...
Los demonios del sexo
Por Manuel Carballal

A lo largo de la historia, la demonología católica ha


afirmado que existen demonios masculinos y femeninos
capaces de tener contactos sexuales con los humanos.
En otras tradiciones culturales también existen entidades
similares. Y lejos de ser un mito antiguo, para algunas
personas la existencia de esas criaturas es una realidad
actual y constatable.

"Yo me había acostado muy cansada aquella


noche, pero aún no estaba dormida cuando
sentí una presión en un pecho. Notaba
perfectamente como me apretaban el seno
con lujuria, y me excité. Sentí como una
manos recorrían mi cuerpo y como apartaban
la ropa de la cama. Y por fin sentí la
penetración. Un gran pene rugoso me
penetraba con fuerza, sabía quién era ese ser
invisible y eso me excitaba más. Y por fin tuve
un orgasmo brutal. Era mi primer orgasmo
con el Diablo, y desde entonces estoy
absolutamente enamorada de él. Yo ya no
podría amar a ningún hombre, porque he
conocido el placer con los demonios, y ningún
hombre puede estar a la altura de eso...". No,
no se trata de un relato extraído de cualquier
tratado de demonología del medievo, sino de
un testimonio moderno. La mujer que afirma
haber vivido esas cópulas con los demonios es
Raquel Joana, sacerdotisa satánica española
que ha reflejado sus experiencias sexuales
con los demonios en un lujurioso libro titulado
Confidencias de una bruja. Obra inédita que
en su día fue candidata al prestigioso premio
literario La Sonrisa Vertical.

Raquel, sacerdotisa de La Iglesia de Satán no


es la única satanista contemporánea que
afirma haber mantenido relaciones sexuales
con los demonios.

Los supuestos contactos sexuales entre


hipotéticas entidades sobrenaturales y los
humanos aparecen en todas las culturas. En la
tradición bíblica judeocristiana el mismo
Génesis sugiere que en el principio de los
tiempos "los hijos de los dioses se juntaron
con las hijas de los hombres" dando lugar a
una raza de gigantes. Sin embargo habrían de
transcurrir muchos siglos para que la Iglesia
Católica afrontase directamente este espinoso
tema. Y cuando lo hizo, la paranoia más
irracional, y la obsesión más enfermiza se
cebó en uno de los mitos que más ha
manchado de sangre las incólumes túnicas del
clero.
Íncubos y súcubos

A partir del siglo XIII, con la instauración de la


Santa Inquisición, los casos de supuestos
contactos sexuales con los demonios
comenzaron a multiplicarse.

Los íncubos y súcubos serían, según los


demonólogos cristianos, los demonios que,
obedeciendo órdenes de Satán, tendrían
encuentros sexuales con los humanos.

Íncubos y súcubos, términos que provienen de


incubare y sucubare -estar acostado debajo, o
encima-, serían seres sobrenaturales, pero
capaces me materializarse en nuestro
universo tridimensional dotados de cuerpos
reales y físicos, con carne y sangre, y
esperma... Los íncubos serían demonios con
forma de varón, cuya misión sería la de
cohabitar con mujeres humanas; y los
súcubos serían diablesas femeninas que
fornicarían con los hombres.

Tanto los íncubos como los súcubos


acostumbraban a visitar a los mortales en sus
lechos para tener relaciones con ellos. Al
despertar, en muchas ocasiones, de no ser
por encontrar restos de sangre o semen en las
sábanas, los violados solo recordaban la
experiencia como un sueño erótico. Tanto es
así que algunos reputados demonólogos,
como el mismísimo San Agustín,, negaron
durante algún tiempo que estos lujuriosos
demonios tuviesen cuerpos físicos. Según la
angelología católica, los ángeles -y por
ende también los demonios- no poseen cuerpo
físico. Sin embargo, ante la avalancha de
testimonios recogidos por los inquisidores,
San Agustín y sus contemporáneos terminaron
por aceptar la realidad física de estas
supuestas entidades demoníacas.

De esta forma, estudiosos de la talla de Santo


Tomás de Aquino, Alejandro Magno,
Ulrich Molitor, Martín de Arles, Pedro de
la Palau, Roger Bacon, Suns Scoto, San
Agustín o los autores del famoso Malleus
Maleficarum aceptaron y respaldaron en sus
obras la existencia real de íncubos y súcubos.
Estos "visitantes de dormitorios" estuvieron
presentes en numerosos procesos
inquisitoriales por brujería. Sería interminable
enumerar todos los casos en que un acusado
de hechicería confesó su trato carnal con los
demonios. Alexee Drigie, Claudia Fellet,
Didatia de Miremont, Juana D`Abadie y
tantos otros, narraron con todo lujo de
detalles sus encuentros sexuales con los
diablos. Sin embargo debemos tener presente
que muchas de esas confesiones fueron
arrancadas de los acusados utilizando
espeluznantes instrumentos de tortura. El
sillón de clavos, el potro, el sarcófago o tantos
otros sistemas de interrogatorio inquisitorial
harían confesar al más pío de los mortales
todos los crímenes y aberraciones que el
torturador desease. Confesar cualquier
absurda práctica infernal sería preferible a
soportar los tormentos del monstruoso
sarcófago inquisitorial.

En sus confesiones, las víctimas del tormento


describían a los demonios de las formas más
diversas. Las mujeres seducidas describían el
falo de los íncubos, unas como un miembro
tan grande como su antebrazo, y otras como
más pequeño que el meñique. El semen para
unas era frío como el hielo, y para otras
ardientes como las brasas. Sin embargo, la
descripción más habitual de estos "visitantes
de alcoba" era el de unos hombrecitos de baja
estatura, cabello revuelto y gran pene siempre
erecto, que tenía dolorosos encuentros
sexuales con su víctima, pudiendo llegar a
dejarla embarazada. Según una antigua
tradición así nacerá el Anticristo, fruto de la
violación de un íncubo a una virgen. Tradición
conservada actualmente por algunos
satanistas modernos.

M. F. es una otra sacerdotisa satánica


española que afirma haber mantenido varias
experiencias sexuales con el demonio. Según
afirmaba a Mundo Misterioso, espera ser
fecundada por uno de los demonios y traer al
mundo al Anticristo que, según su culto
luciferino, "habrá de heredar el poder de la
Tierra...".

No obstante, a lo largo de la historia han sido


las religiosas las víctimas más propicias para
las correrías de los íncubos. Esto resulta
comprensible teniendo en cuenta la represión
sexual que vivían, y viven, los religiosos y
religiosas católicos.

Era creencia universalmente extendida en


tiempos del medievo que los íncubos
buscaban vírgenes inmaculadas para hacerlas
caer en las tentaciones de la carne. De hecho
los casos más famosos de supuesta relación
sexual con íncubos fueron protagonizados por
vírgenes como Juana D`Abadie, religiosas
como la abadesa Magdalena de la Cruz o las
famosas "posesas de Loudum", o incluso niñas
como la pequeña -de once años- Dominique
Falvet, o la aún menor Catherine Latonia.
Demonios con cuerpo de mujer

En el caso de los súcubos, lujuriosos demonios


femeninos, aunque la casuística es menor se
producen similares descripciones en cuanto a
sus actividades y propósitos. Tal es el caso de
Petronio de Armentieres, que tuvo
repetidas relaciones con el súcubo Abrahel, o
el joven Hennezal de Vergaville, que afirmó
haber fornicado con un súcubo llamado
Schwqrburg, cuyo cuerpo tuvo que
abandonar antes de la eyaculación "ante lo
gélido de su vagina" (?).

En los casos de varones, al igual que en los de


mujeres seducidas, la componente obsesiva
del celibato indudablemente alentó -y alienta-
todo tipo de fantasías nocturnas en las celdas
de los monjes, que en aquel tiempo podrían
ser consideradas visitas de los demonios. Por
otro lado el recalcitrante machismo que ha
imperado en la historia de la iglesia
identificaba a la mujer con el mayor
instrumento de Satán. Ya decía Saulo que
"Satán tiene cuerpo de mujer". Y de la misma
forma que en algunos monasterios femeninos
se desataron episodios histéricos a causa de la
represión sexual, lo propio ocurrió en
monasterios masculinos. El controvertido y
excomulgado historiador Karleinz Dechner
detalla en su Historia Criminal del Cristianismo
numerosos episodios de alucinaciones
sexuales en monasterios cristianos, en que
fantasías con el "divino prepucio de Cristo" o
con la Virgen María eran disfrazados de
trances místicos por las religiosas y los
monjes respectivamente.
La represión sexual desató las fantasias más
disparatadas en los inquisidores y
demonólogos, llegando el célebre teólogo del
siglo XVI Silvester Prierias, maestro de San
Bartolomé Spina y autor de De Stringimagis,
a asegurar que algunos íncubos tenían el pene
bifurcado cuan léngua de serpiente, o en
forma de tridente, para poder penetrar anal y
vaginalmente a la bruja, quien a la vez
realizaba una fellatio... (?)
Un fenómeno real

Dejando a un lado las delirantes fantasías de


algunos procesos inquisitoriales por tratos con
íncubos y súcubos, lo cierto es que existen
aún hoy casos que son atribuidos al contacto
sexual de un/a humano/a con los demonios.
Casos que podemos afrontar desde
perspectivas más científicas que teológicas, a
pesar de que normalmente son despreciados
por la comunidad científica por ser
interpretados popularmente como casos de
íncubos y súcubos contemporáneos. Pondré
un ejemplo. Supongamos que dos estudiosos
visitan por separado dentro de unos años un
pequeño pueblo peruano, cercano a Lima,
para recoger sus leyendas.

Todavía los ancianos del poblado recordarán


aquel dramático caso que, a finales de los
años 80, conmocionó a todo el pueblo. Una
moza de la aldea, hermosa y llena de vida, se
había torcido del camino de la Iglesia, y se
había metido en cuestiones de brujería.
Llevada, sin duda, por malas compañías, la
joven había participado en ritos y orgías
satánicas, y había llegado a ser fecundada por
un íncubo, a consecuencia de lo cual había
dado a luz a un hijo del Diablo, un ser
monstruoso de grandes ojos sin párpados, y
cuerpo cubierto de escamas, que
naturalmente no había sido admitido por el
párroco del pueblo. Tanto el diabólico niño,
como la blasfema madre habían sido
enterrados fuera del cementerio local, ya que
nadie estuvo dispuesto a enterrar en suelo
sagrado a una amante y un hijo del
Demonio...

Si uno de esos supuestos estudiosos fuese un


académico antropólogo, probablemente
relacionaría el relato con las creencias
indígenas, influenciadas por el catolicismo,
que habrían generado un mito demoníaco, con
seguridad relacionado con las épocas de
siembra y cosecha. No sé porqué los
antropólogos tienen la manía de relacionarlo
todo con la siembra y la cosecha...

Y supongamos que el otro es un amante del


ocultismo. Con seguridad relacionará el mismo
relato con la manifestación en nuestro mundo
de entidades de otras dimensiones, que podría
llamar "bajos astrales", "elementales" o
"extraterrestres", y que a lo largo de toda
la historia se han entremezclado con humanos
por desconocidas razones...

La verdad es que esa desventurada joven


peruana, que realmente existió, tuvo la
desgracia de dar a luz un niño con graves
mutaciones genéticas en un contexto
rural y supersticioso. De no haber muerto
en el parto, es muy posible que la
hubiesen ejecutado por bruja. Y no estoy
exagerando. Casos similares se han
producido en todo el planeta.
Pero, ¿y si hubiese algo más? ¿Y si
realmente existiesen entidades y formas
de vida inteligente no-humana, que
hayan podido ser considerados como
demonios a lo largo de la historia?

Duendes, vodú y extraterrestres


Guelín Turnier es uno de los houngan -
sacerdote vudú- más importantes de
Puerto Príncipe. Según nos explicaba en
un reciente viaje a Haití, algunos bokor -
magos "negros" vudú- tienen el poder de
materializar en este plano diablos y
diablas que habrán de servir al bokor en
todo lo que les pida. No se trata de
proyecciones astrales, ni entidades
etéricas, o eso quería dejar muy claro
Guelín, sino de auténticas criaturas de
carne y hueso que vienen de otras
dimensiones.
El conocido periodista Miguel Blanco es
uno de los pocos occidentales que ha
tenido el privilegio de asistir a una sesión
de vodú en que se materializaba uno de
estos diablos. Según describía Miguel
Blanco, "primero me enseñaron la caja
vacía. Pude examinarla y ver que no
había entradas ni puertas secretas.
Después la cubrieron con una cortinilla y
comenzaron unas invocaciones en creol
(idioma de Haití). Yo escuché dos voces
hablando apresuradamente dentro de la
caja, pero cuando abrieron la cortina me
encontré con una especie de demonio de
poco más de un metro de altura, blanco y
con los ojos muy rojos. Llavaba unos
pantalones raidos y una especie de
barbilla de chivo, y me hizo una serie de
profecías que después se han cumplido al
pie de la letra".

Para los creyentes del vodú no hay duda


sobre la existencia de estos seres, al
igual que para los esoteristas y
ocultistas, quienes siempre han
defendido la realidad objetiva de los
duendes, gnomos y demás criaturas
“maravillosas”. Pero un nuevo factor ha
venido a sumarse recientemente a este
problema: el factor OVNI.

En Cuba recogimos el testimonio de Jorge


G., contactado cubano familiarizado con
la santería y las religiones afro-
caribeñas. Jorge protagoniza un insólito
caso de contacto que sería muy largo
detallar aquí. Baste decir que cuando le
pedimos que dibujase en nuestro
cuaderno como eran las entidades con las
que contactaba nos plasmó la imagen de
un pequeño demonio cornudo, que podría
haber ilustrado cualquier tratado
demonológico medieval sobre íncubos y
súcubos.

Lo mismo ocurre con otros muchos casos


OVNI. El 20 de octubre de 1973 un grupo
de jóvenes excursionistas afirman haber
presenciado en la legendaria montaña de
El Yunque (Puerto Rico) el aterrizaje de
un OVNI y sus tripulantes. Los supuestos
alienígenas eran una especie de
demonios cuya descripción casi literal
nos encontramos en un tratado de
demonología en el que se recoge lo
relatado por el monje Raúl Claver en
relación al supuesto íncubo que se
materializó en su celda:

-Especie de enano
-Cuello delgado y faz demacrada
-Nariz con excrecencias y boca
protuberante
-Labios gruesos y mentón corrido y
delgado
-Barbilla de chivo
-Orejas puntiagudas y terminadas en
pelambre
-Cabellos erizados y dientes de perro
-Testa puntiaguda
-Pecho concorvado y joroba a la espalada

¿Se trata de la misma criatura? ¿Podían


los jóvenes portorriqueños conocer la
descripción hecha por Claver y esperar
que yo relacionase ambos casos? ¿Es
mera casualidad?

Lo cierto es que parece incuestionable


que, trátese de un mito o de un fenómeno
real, los íncubos y súcubos de antaño se
manifiestan hoy en el fenómeno OVNI. Y
ahora son pequeños alienígenas
cabezones, o sensuales extraterrestres
voluptuosas las que, según los testigos,
tienen contactos carnales con los
humanos.

Afortunadamente ya no existen los


instrumentos de tortura inquisitoriales
que habrían de arrancar esas confesiones
a contactados y abducidos que, en otro
tiempo, habrían terminado de cabeza en
las piras del Santo Oficio.
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