You are on page 1of 5

“La cosa es ser impuro y ético al mismo

tiempo”. Entrevista con Luis Camnitzer

El año pasado Robert Storr echó luz al arte contemporáneo. Y si creía que la polémica ya era

suficiente desde las palabras del crítico estadunidense, entonces espere una bomba este lunes a las

20:30 horas en el Patio de los Naranjos con Luis Camnitzer, el artista, curador y crítico segundo a

bordo de la Cátedra Instituto Cultural Cabañas.

El artista y curador uruguayo ofrecerá una charla en el Instituto Cultural Cabañas

Luis Camnitzer es el uruguayo nacido en Alemania, el cínico ético que sacará ampollas a los

fanáticos del arte social, la acción militante y Manu Chao. Irritará a los que detestan a Gabriel

Orozco por comercial y a los que siguen pintando wixárrikas porque creen que esa es la identidad

mexicana. Se enfrentará a los artistas que no se cuestionan. Va la entrevista completa…

¿Le gusta la obra de José Clemente Orozco?


Sí. Es el único que me gusta del grupo. No me gusta el muralismo. En general, detesto el arte

público, pero por lo menos Orozco es un buen pintor. Mi problema con el muralismo es éste: si

estoy frente a una pared y me dice que soy libre, pero la pared sigue allí coartando mi libertad,

entonces el mensaje se contradice.

¿Orozco es un artista crítico?

Sí. Toda la escuela del muralismo mexicano era crítica, tenían una conciencia social y trataban de

ajustar el arte a esa conciencia. Orozco era el más vivo, el que perdía menos su individualidad en

formalismos. Combinó mejor la conciencia con el arte.

¿Cómo es un artista crítico?

Creo que hoy el artista no puede refugiarse en términos como la inspiración o la intuición, que

tienden a usarse para no decir nada, para esconder decisiones arbitrarias que no son revisadas. Es

falso que por ser artista todo lo que hago es arte. La mayor parte de lo que hago resulta una

porquería, pocas veces resulta arte. Por eso se necesita la conciencia crítica y el autoanálisis, para

saber cómo estás hablando, qué estás diciendo, qué haces, para hablarle a otra gente y no sólo

hablarse a sí mismo. El arte es un vehículo de manipulación, y sólo resulta bueno cuando estás

consciente, cuando puedes dar cuenta de esta manipulación.

Convencionalmente se cree que un artista crítico es un artista activista. Me llama la atención un

término que resulta de su reflexión sobre el asunto, el “cinismo ético”…

El Cinismo Ético trata sobre la imposibilidad de ser puro, y que al menos habrá que estar consciente

de que se puede utilizar la impureza de la manera más ética posible. La peor prostitución es la que

sucede cuando no te das cuenta de que te estás prostituyendo. Entonces, si te das cuenta, sabes por

qué lo haces y para qué te sirve hacerlo. Si quisiera permanecer puro no podría tomar dinero, leche

o nada de la vida cotidiana. Vivo en una sociedad decidida por la impureza: si no la utilizo me

muero. Si quisiera ser un artista puro tendría que ignorar la galería, el museo y las instituciones y no

podría exponer, comunicarme, y entonces ,¿qué haría? Sería un puro, pero falto de ética. La cosa es

ser impuro y ético al mismo tiempo…

En Europa o Estados Unidos el arte latinoamericano está muy relacionado con el activismo. ¿Esta

imagen es falsa?
El activismo es un asunto de ciudadanía y no de arte. El arte activista lo único que hace es informar

al público sobre las creencias del artista, y al público no le interesa un rábano lo que al artista le

interesa políticamente. En el arte activista el artista quiere que la gente piense como él, y la mayoría

de las veces no dice la declaración, pero crea las condiciones, manipula al público para que crea que

la declaración es suya, y eso es una manipulación aún más jodida. De hecho, así funciona la

democracia: la gente cree que porque vota decide, pero en el fondo hay una estructura de poder que

manipula el final de la votación. El otro problema es la concepción del arte como una forma de

producción y no como una forma de pensamiento, y por eso toda la estructura de la educación

artística está basada y dirigida en torno a la idea del producto comercial, y así el alma artista queda

concentrada en el objeto, el artista no existe más que como productor y el público sólo como

consumidor. El arte como forma de conocimiento es un espacio donde el objeto no importa: lo que

importa es lo que sucede entre el artista y el público, la retroalimentación, la comunicación entre los

dos. Cuando un artista es capaz de empujar un poco los límites del conocimiento te engancha para

que le ayudes: así la jaula en la que estamos encerrados se agranda un poco, esa es una cultura

viva.

¿El curador tiene un papel en esta expansión de la jaula?

Hay varios tipos de curador. El que se superpone a la actividad artística, el curador en proceso

meta-artístico, el que utiliza la obra de los artistas para ilustrar sus ideas, así que no importa si el

discurso del artista está de acuerdo con el del curador; existen muy pocos curadores que hacen esto

bien, que logran que su tesis sea más importante que la obra que se expone. Después está el

curador totalmente pasivo que sólo recoge artistas y los cuelga. Y el curador de en medio, que es en

el que yo creo, el que identifica cosas en común entre artistas, pero que los artistas individualmente

no descubren, es el que sirve como caja de resonancia a estos elementos comunes. Allí el curador

actúa como mediador, vocero y amplificador; éste curador sí es importante: hace cosas que el artista

no podría hacer.

Usted explica que la identidad del arte latinoamericano, al menos la convencional, es un producto

de la comercialización. ¿Existe una identidad verdadera debajo de este artificio?

Tiene una identidad a posteriori. Si quieres hacer arte identitario lo más probable es que resulte una

cursilería espantosa. Apelar a una tradición, a estereotipos, a sueños, a imágenes empaquetadas, no

sirve; es barato. La identidad es algo que sucede después, con la gente que trabajó, que tuvo

necesidades, problemas y dialectos comunes produciendo al final algo en conjunto. El arte


conceptualista de los años sesenta y setenta que no se preocupaba por la identidad, que buscaba

idiomas y formas para comunicarse eficientemente, me parece mucho más identitario que el arte de

los años ochenta, cuando se recogían pajitas y las tejían como culturas pasadas explicando que esa

era la identidad: ésa es cursilería, se apela a sueños occidentales que no son reales, es folclor de

poco valor. El arte hegemónico, el mercantil, aprovecha y consume lo que el mercado necesita. Por

un tiempo fue el realismo mágico, después el arte contestatario, todos cumplían con esa necesidad.

El arte hegemónico tiene en estos momentos un bajón, y no cumple con las necesidades del

mercado, entonces y para nuestra suerte y beneficio, con la excusa del multiculturalismo (otra idea

bastante reaccionaria), nos están llamando para exponer en otros lados, pero no tiene que ver con la

cultura real, allí no está.

¿Qué es entonces lo que se registra? ¿La cultura verdadera encuentra la forma de hacerse historia?

Hay muchas historias. Hay locales que son mucho más verdaderas y hay historias escritas desde los

centros. Al final, no se sabe cuál de ellas ganas.

¿Qué tan importante es para usted lo verbal, frente a lo visual?

Hay artistas que crean juegos y hay artistas que crean juegos ya creados. Rembrandt era un artista

que jugaba muy bien con un juego ya creado. Duchamp creaba juegos, jugaba con ellos una vez y

después creaba otros, por eso es uno de los tres artistas más importantes del siglo XX, junto a

Matisse y Picasso. Yo, como artista, creo que la división entre lo verbal y lo visual es pura ficción, y

en esto entra mi nueva definición de arte: un campo en el que se pueden explorar órdenes

alternativos, donde no se está sujeto a ningún orden preestablecido. Entonces, si mi visión es buscar

estos otros órdenes, me importa poco si uso sonidos, colores, palabras, movimientos, ejércitos o lo

que sea, me importa un comino mientras encuentre órdenes alternativos. Ya no me apura usar

palabras, imágenes, filosofía, lo que sea, incluso cuando escribo ensayos o cuando imparto clases,

todo eso es parte de ser artista, por eso no soy curador ni crítico ni padre de familia, soy un artista

que intenta vivir libre de estereotipos, y esta lección la encuentras en Duchamp y en la autocrítica,

porque nunca decidí que primero debía comer la sopa ,después el plato fuerte y después el postre,

alguien decidió eso por mí, y al menos pienso que podría hacerlo, tengo esa posibilidad, y decido

entonces comer en ese orden porque es más práctico. Justo allí se encuentra el cinismo ético.
“Pensamiento crítico del quehacer artístico”. Conferencia de Luis Camnitzer en el marco de la

Cátedra Instituto Cultural Cabañas. Lunes 8 de febrero. 20:30 horas. Instituto Cultural Cabañas

(Cabañas 8, plaza Tapatía, Guadalajara, México). Entrada libre.