Reportaje de investigación

condena del silencio
la
por Amel Fernández

Siete años después de la aprobación de la Ley Integral contra la Violencia de Género, un informe del Consejo General del Poder Judicial analiza la situación. La norma aprueba en el plano jurídico y administrativo, pero las actuaciones en materia de prevención, educación y concienciación de la denuncia, siguen siendo las asignaturas pendientes. Más allá de las cifras, lo peor no son las estadísticas, no es lo que muestran los medios, si no lo que se esconde tras la losa de la impotencia que genera el miedo; la situación de cada víctima incapaz de denunciar a su agresor.

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e llevas el sol de mi casa”, le dijo su padre al que iba a ser su marido, poco antes de casarse. Después de tres meses de noviazgo y cuarenta años de matrimonio, Ana Orantes acudía a un plató de televisión para narrar su historia. “Nunca he sido nada para él, ni me ha querido. Sólo me hadado palizas y sinsabores”. Unos días más tarde, Ana fallecía a causa de las quemaduras. Su ex marido la había rociado con gasolina. A pesar de que el asesino de Ana Orantes fuese condenado a 17 años
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T

de prisión, la máxima pena posible, muchos de los casos no tuvieron el mismo impacto mediático y la insolente impunidad de los maltratadores continuaba acechando a la mayoría de las víctimas. Ahora, casi catorce años después, las cosas han cambiado. Aunque aún queda mucho por andar, la visión de la sociedad ya no es la misma, las actuaciones administrativas y las medidas de apoyo a las víctimas se han multiplicado y numerosas han sido las medidas legislativas que se han aplicado por el camino. En la actualidad, el 95,5%

de los h o m b r e s culpables de asesinato han sido condenados, cumplen una media de 18 años de prisión y han pagado un promedio de casi 300.000 euros en indemnizaciones por responsabilidad civil, como asegura el estudio realizado por el Grupo de Expertos en Violencia Doméstica y de Género del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). El informe,

elaborado sobre 45 sentencias por homicidio y/o asesinato dictadas en 2009, nuevamente pone de manifiesto la falsedad del mito de que los asesinos de mujeres actúan, en su gran mayoría, bajo el influjo del alcohol y de las drogas, confirmando que la violencia de género es un delito y un atentado sin justificación contra los derechos humanos de las víctimas. CATORCE LARGOS AñOS Tras el asesinato de Ana Orantes en 1997, las asociaciones de mujeres dieron la voz de alarma para denunciar la ineficacia del sistema judicial y las palabras de las víctimas empezaron a diluir la tinta que los medios de comunicación harían correr, poco después, como nunca antes lo habían hecho. Hubo un antes y un después de aquella fecha. A partir de entonces, comenzaron a realizarse diversos estudios sobre las sentencias emitidas que demostraron la indiferencia legal al respecto, hasta tal punto, que se descubrió que se había llegado a sancionar a algunos maltratadores con penas de arresto domiciliario. En la misma vivienda de la víctima, por supuesto. La situación era insostenible La opinión pública subrayaba la cuestión en la agenda política poco tiempo después. Se ponía de manifiesto la necesidad de contar con un marco jurídico que se adecuase a los casos que se iban registrando y que ya no podían seguir siendo silenciados. En mayo de 2001 veía la luz la Ley de Prevención de Malos Tratos y de Protección a las Mujeres Maltratadas, que trataba de inspirar un clima social de rechazo constatando que se trataba de “una flagrante violación de los derechos humanos que hay que combatir con toda la fuerza y todos los instrumentos del sistema democrático, para impedir que día a día se siga practicando esa especie de terror dentro del hogar por quienes de puertas para afuera pretenden aparecer como ciudadanos de intachable conducta”. Pero el manto jurídico no era suficiente para cubrir la indefensión de quienes padecían la más cruenta de las torturas día tras día, año tras año, sin poder hacer nada.

Víctimas mortales por violencia de género
A 31 de enero Total de año

2003 2004

2005 2006

2007 2008

2009 2010 2

011

FUENTE: Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad. 31 de enero de 2011

Un problema endémico, enraizado fuertemente en una base cultural claramente discriminatoria, en la que el papel de la mujer quedaba siempre relegado, despreciado y supeditado a la autoridad masculina, debía solventarse desde las entrañas mismas de la sociedad. Con esta idea, en 2004 se aprobaba por unanimidad la Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, que trataba de potenciar valores como la igualdad o la educación, con el objetivo de elevar el carácter preventivo y lograr agilizar, por otro lado, la resolución por la vía administrativa de los casos que seguían detectándose. Tres años más tarde, en marzo de 2007, el Congreso daba luz verde a la Ley de Igualdad, con la única abstención del Partido Popular. Se aprobaba así una norma “que hace justicia a las mujeres”, como subrayó el presidente Rodriguez Zapatero. El texto establecía una serie de principios de actuación de los Poderes Públicos y ponía en marcha medidas destinadas a eliminar y corregir toda forma de discriminación por razón de sexo. Además, la ley obligaba a las empresas de más de 250 empleados a negociar con los agentes sociales planes de igualdad para que, en un plazo de ocho años, los consejos de administración de

las grandes compañías tuviesen al menos un 40% de mujeres. A juicio del delegado del Gobierno contra la Violencia de Género, Miguel Lorente, si la norma no se hubiese puesto en marcha, hoy se contarían “más de un centenar de homicidios de mujeres cada año, ya que gracias a la Ley Integral, más de 95.000 mujeres tienen una medida de protección y más de 5.000 hombres maltratadores o asesinos están encarcelados, 2.000 de ellos exclusivamente por delitos de violencia de género”. NO TODO ES LEY A pesar de que en nuestro país podamos contar con una legislación específica contra la violencia de género, continúa siendo preocupante el hecho de que estemos superando las estadísticas en relación a otros años. Susana Martínez, presidenta de la Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres asegura que “el problema es que hemos enfocado toda la problemática en el tema legislativo. La ley tiene dos funciones: una función sancionadora y una función coercitiva. Es decir, a través de esta ley se intenta disuadir al agresor porque hay una sanción. Pero la ley no es la solución del problema. La solución del problema está en la raíz, una raíz ideológica, social y cultural”.

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Para Miguel Lorente, “la igualdad se ha conseguido conceptualmente”. Según él, la ley de violencia de género hizo que se tomara conciencia del problema como un todo integrado. “Con la ley pasamos de 72 muertes en 2004 a 57 en 2005, resultado del cambio social y la concienciación de la gente, pero entonces empezaron a atacar la ley, diciendo que criminalizaba a los hombres, hablando de denuncias falsas. Justo lo que necesitaban los maltratadores: sentirse respaldados. En 2006 hubo 69 muertes, en el 2007 fueron 70 y 75 en 2008. Cuatrocientos mil hombres están maltratando en España, pero las denuncias familiares se han incrementado un 116%, y los partes de lesiones también, y eso significa que hay una mayor implicación social”. Implicación que ha de generarse y alimentarse desde una base sociocultural que venga definida e incentivada por una educación coherente con los valores de igualdad y resolución pacífica de conflictos. En este sentido se pronuncia Inmaculada Montalbán, presidenta del Observatorio de Violencia Doméstica y de Género y vocal del Consejo General del Poder Judicial, cuando destaca que “hay que insistir más en el ámbito preventivo. La apuesta por la educación para la ciudadanía debe mantenerse; es fundamental que nuestro hijo y nuestra hija en su fase de aprendizaje conozcan que la igualdad y la no discriminación es algo positivo para toda la sociedad, que no es una cosa de mujeres, que es para todos. Hemos dado un gran paso, tenemos instrumentos legales muy poderosos, de los más avanzados. Pero luego en la sociedad siguen circulando y funcionando otros valores. Basta ver las teles con algunas series, los videojuegos con algunos contenidos en los que atropellar a una mujer da más puntos. Son valores que están incrustados en la sociedad y que siguen circulando, unas veces de manera subliminal y otras de manera evidente”. MEDIOS PARA LA COMUNICACIóN Cuanto Goethe publicó un texto en 1774 en el que un joven llamado Werther terminaba con su propia vida, una ola de suicidios invadió a
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Europa. Hoy en día, no se publican noticias sobre hechos de esta índole en los medios a raíz de aquel acontecimiento, es lo que se conoce como el efecto Werther. Ahora nosotros nos preguntamos, ¿provoca un efecto de imitación el modo de publicar noticias sobre los crímenes de violencia de género? Miguel Lorente señala que “hablar de muerte no genera conciencia, porque refuerza la posición de quien ya estaba sensibilizado y genera búsqueda de justificación en quién no lo estaba”. De esta forma, anima a informar también sobre otros aspectos relativos a este tipo de violencia y no exclusivamente acerca de los homicidios. Inmaculada Moltalbán explica que “los medios de comunicación tienen que cumplir con su labor de dar noticia de qué ocurre en la sociedad. Dicho esto, sí que es muy importante que los medios den un tratamiento riguroso de estos hechos, evitando las connotaciones morbosas, evitando justificaciones de estos hechos que subliminalmente se dan cuando, por ejemplo, se habla de crimen pasional, como si la pasión fuese irrefrenable y te obligase a hacer una acción”. Susana Martínez destaca que “se tiende mucho a la búsqueda del acontecimiento morboso. A nuestra organización llaman muchos medios de comunicación buscando una entrevista, y cuando les ofrecemos profesionales, juristas, psicólogos o trabajadores sociales, ellos nos dicen que sobretodo quieren el testimonio de una víctima”. Un enfoque adecuado es una imagen nítida. El hecho de que los medios de comunicación se hagan eco de las noticias relacionadas con los malos tratos no significa que estén cumpliendo de la mejor manera posible con su labor. Es necesario considerar que también se puede actuar en un sentido que pueda ayudar a formar, asimilar, evitar, prevenir y concienciar de que esto no es un problema que ha de quedar entre el, quizá hermético o demagógico, juego de tenis entre los poderes públicos y las asociaciones de víctimas. LA FUERzA DE LA PALABRA Aunque la concienciación social estuviese completamente extendida, aunque una educación igualitaria rica en valores de convivencia equitativa en-

tre sexos fuese una realidad, aunque la legislación contemplara y adpotara soluciones para todos los casos y aunque los cauces administrativos facilitaran y agilizaran los mecanismos de protección que definen las leyes, no todo estaría resuelto. Porque el mayor poder no lo tienen las instituciones ni los políticos. Ni las asociaciones, ni las campañas de prevención. Ni el vecino que escucha golpes y gritos por las noches en la casa de al lado. El mayor poder se siembra en el eco de la voz de las mujeres que permanecen calladas, en hacer escuchar al resto los aplausos mudos que generan el corage suficiente para decir basta. Pero no podemos olvidarnos de que todavía hay muchas mujeres maltratadas que no se atreven a denunciar. Mariola Serrano, directora de la Oficina de Atención a las Víctimas de la Violencia de Género del Gobierno Vasco, afirma que el maltratador debe saber que ninguna conducta violenta quedará impune. “Puede tener una consecuencia mayor o menor, pero nunca debe quedar sin castigo. Los autores de conductas violentas de cierta gravedad deben estar en prisión. Ahí tenemos que combinar medidas penales y criterios judiciales. De cualquier manera, no es justo que la medida de protección y seguridad tenga que recaer sobre la víctima. Tenemos que buscar que sea el maltratador quien acarree con las consecuencias de su propia conducta. Sin embargo, hasta que no consigamos equilibrar esa situación, lo que nosotros vamos a hacer es proteger a la víctima con todos los medios que tenemos a nuestro alcance”. Todos tenemos miedo alguna vez. A todos nos paraliza. Se nos mete entre los huesos y en ocasiones nos impide caminar. Apenas deja salir un hilo de aire de nuestras entrañas capaz de dar sonido a nuestra voz. Todos lo tenemos alguna vez. Pero a veces se nos olvida que algunas personas viven con él siempre. Mirar al frente para ver un futuro sin remordimientos, sin culpa, y sin la sensación de pensar que estamos solos en el mundo, parece un imposible. Parece que eso no pertenece a nuestras vidas. Pero lo que hace que nuestra vida sea nuestra, es que somos las únicas personas en el mundo capaces de cambiarla.

UnA LLAmADA DE AUxiLio
El teléfono 016 se enmarca dentro del Plan Nacional de Sensibilización y Prevención de la Violencia de Género, aprobado en diciembre de 2006 por el Consejo de Ministros para priorizar su compromiso contra la violencia de género. Desde su puesta en marcha en 2007 y hasta finales de 2009 ha recibido 159.207 llamadas de mujeres víctimas de violencia machista, familiares, amigos o conocidos de las mismas. Este servicio tiene las siguientes características: • tención gratuita y profesional las 24 horas del día A los 365 días del año. • erivación de llamadas de emergencia al 112 y D Asesoramiento jurídico. • tención en 51 idiomas. A • omunicación segura. Las llamadas a este número C no figuran en la factura telefónica. • ara personas con discapacidad auditiva y/ o del P habla, se ha habilitado el teléfono 900 116 016.

no A LA vioLEnCiA mAChiSTA Se dice
“Los hombres adictos a las drogas como el alcohol, parados, con estrés en su trabajo... son violentos como efecto de su situación personal”

Se debería decir…
No todos los parados, alcohólicos, estresados, etc., son violentos. Además, los violentos lo son en el ámbito familiar. No golpean al jefe, ni al empleado del INEM cuando no tienen trabajo. Ningún acto que dañe a la persona física, psicológica o sexualmente, puede considerarse como privado. Debe entenderse como falta o delito. Si la mujer es agredida, los niños y las niñas presenciarán la humillación de sus madres, convirtiéndose en testigos o en víctimas directas; produciendo trastornos conductuales, de salud y aprendizaje. Un loco puede ejercer violencia indiscriminadamente y no selectivamente a las mujeres. Sólo expresan la violencia donde tienen poder y seguridad de que no les va a pasar nada. Cada quince segundos una mujer es maltratada. El maltrato es la mayor causa de lesiones a las mujeres.

“La violencia dentro de casa es un asunto de la familia y no debe salir fuera”

“En el caso de tener hijos es mejor aguantar”

“El hombre maltrata porque es un enfermo o un loco” “Maltratan porque pierden el control”

“El maltrato a mujeres es algo raro y aislado”

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