Pide a Jesús que te enseñe a asistir a la Santa Misa.

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AL INICIO,

El sacerdote se acerca al altar y lo besa, como si besara al mismo Jesucristo.

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El sacerdote hace la señal de la cruz, recordando que la Misa es la renovación del sacrificio de la Cruz.
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Sacerdote:

Decimos todos:

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Sacerdote: El Señor esté con vosotros. Todos decimos: Y con tu espíritu.

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Cantamos con alegría:
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DIN DIN DON DAN, DIN DIN DON DAN DIN DON DIN DON DIN DAN. DIN DIN DON DAN, DIN DIN DON DAN DIN DON DIN DON DAN. Vamos, niños, a Belén, vamos a ver al Señor; vamos cantando y jugando como amigos de Jesús. Los pastores de Belén, le ofrecieron a Jesús lo mejor de sus rebaños, ¿qué le ofrecerás hoy tú?

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DIN DIN DON DAN, DIN DIN DON DAN DIN DON DIN DON DIN DAN. DIN DIN DON DAN, DIN DIN DON DAN DIN DON DIN DON DAN. La Virgen y San José querían mucho a Jesús, mira cuánto tú le quieres y compórtate mejor. Los amigos de Jesús celebran la Navidad con el corazón muy limpio y ayudando a los demás.

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Sacerdote:
Jesucristo, el justo, intercede por nosotros y nos reconcilia con el Padre. Abramos, pues, nuestro espíritu al arrepentimiento, para acercarnos a la mesa del Señor.

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En el ACTO PENITENCIAL, todos juntos pedimos perdón por nuestros pecados.

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Sacerdote:
Tú que viniste a visitar a tu pueblo con la paz: Señor, ten piedad.

Decimos todos:
Señor, ten piedad.
Sacerdote:
Tú que viniste a salvar lo que estaba perdido: Cristo, ten piedad.

Decimos todos:
Cristo, ten piedad.
Sacerdote:
Tú que viniste a crear un mundo nuevo: Señor, ten piedad.

Decimos todos:
Señor, ten piedad.
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Sacerdote: Oremos...

-Al final de la oración todos decimos: Amén.

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En la LITÚRGIA DE LA PALABRA, escuchamos la Palabra de Dios con atención para ponerla en práctica.
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Evangelio de San Lucas...

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Peticiones: Para que en esta Navidad todos recibamos a Jesús que quiere llenar nuestra vida de ilusión y de amor. Roguemos al Señor.

Todos: Te rogamos óyenos.

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Peticiones: Para que abramos nuestras manos y nuestro corazón a los demás y les comuniquemos la alegría de la Navidad. Roguemos al Señor.

Todos: Te rogamos óyenos.

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Peticiones: Por los niños que pasarán estos días en el hospital, para que el cariño de su familia y la compañía de sus amigos les ayude a tener ánimo y esperanza. Roguemos al Señor.

Todos: Te rogamos óyenos.

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Peticiones: Por todas nuestras familias para que vivan unidas y alegres, y sean acogedoras y solidarias. Roguemos al Señor.

Todos: Te rogamos óyenos.

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Peticiones: Para que los gobernantes y los que tienen poder trabajen por la justicia y la paz y todas las personas tengan lo necesario para vivir. Roguemos al Señor.

Todos: Te rogamos óyenos.

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Peticiones: Para que estemos dispuestos a compartir y a ayudar a los demás. Roguemos al Señor.

Todos: Te rogamos óyenos.

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Peticiones: Por todos los alumnos y profesores de nuestro colegio para que el trabajo y el esfuerzo de cada día nos haga muy felices y nos ayude a crecer. Roguemos al Señor.

Todos: Te rogamos óyenos.

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Liturgia Eucarística:

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OFRENDAS

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Te ofrecemos, Jesús, los sobres con nuestra aportación para la Campaña de Cáritas. Sabemos que hay familias que tienen dificultades y necesitan la ayuda de todos.

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Te presentamos las ofrendas del Pan y del Vino. En la mesa de la Eucaristía serán para nosotros tu Cuerpo y tu Sangre.

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Sacerdote: Bendito seas Señor...

Decimos todos: Bendito seas por siempre señor.
Sacerdote: Orad, hermanos, para que este sacrificio, mío y vuestro, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.

Decimos todos: El señor reciba de tus manos este sacrificio para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien, y el de toda su santa iglesia.
Sacerdote.

(Oración sobre las ofrendas). Por Jesucristo Nuestro Señor.

Todos: Amén

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Sacerdote: El Señor esté con vosotros. Todos: Y con tu espíritu. Sacerdote: Levantemos el corazón. Todos: Lo tenemos levantado hacia el Señor. Sacerdote: Demos gracias al Señor, nuestro Dios. Todos: Es justo y necesario.
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El sacerdote dice: En verdad es justo y necesario es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor Nuestro. A quien todos los profetas anunciaron, la Virgen esperó con inefable amor de Madre, Juan lo proclamó ya próximo y señaló después entre los hombres. El mismo Señor nos concede prepararnos ahora con alegría al misterio de su nacimiento, para encontrarnos así, cuando llegue, velando en oración y cantando su alabanza.

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El sacerdote dice:

Por eso con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

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Decimos todos:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.
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El sacerdote, con las manos extendidas, dice:

Santo eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus criaturas, ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso.

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LA CONSAGRACIÓN es el momento principal de la Misa. Jesucristo, por medio del sacerdote, convierte el pan y el vino en su Cuerpo y Sangre.

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Sacerdote: Por eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo Espíritu estos dones que hemos separado para ti, de manera que sean Cuerpo y Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, que nos mandó celebrar estos misterios.

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Sacerdote: Porque él mismo, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros. Del mismo modo acabada la cena tomó el cáliz, dando gracias te bendijo, y lo pasó a sus discípulos, diciendo:
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Sacerdote: Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración mía.

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Sacerdote: Éste es el Sacramento de nuestra fe. Todos: Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

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Sacerdote: Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo. Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.

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Sacerdote: Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos: con María, la Virgen Madre de Dios, los apóstoles y los mártires, y todos los santos, por cuya intercesión confiamos obtener siempre tu ayuda.

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Sacerdote:

Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a tu servidor, el Papa…, a nuestro Obispo…, al orden episcopal, a los presbíteros y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti. Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia.
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Sacerdote: Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo. A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria, por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.

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El sacerdote junta las manos, toma la patena con el pan consagrado y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice: Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Todos decimos: Amén. Después sigue el rito de la comunión

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Rito de la Comunión
Sacerdote:

-Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir: Todos: Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

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Sacerdote:

Líbranos de todos los males, Señor...

Todos: Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, señor.
Sacerdote:

Señor Jesucristo, que dijiste...

Todos: Amén.
Sacerdote:

La paz del Señor esté con vosotros.

Todos:Y con tu espíritu.

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Todos: Cordero de dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros. Cordero de dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros. Cordero de dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz. Todos: Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme. El cuerpo de Cristo. Todos: AMÉN
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Durante la Comunión cantamos con alegría:

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Yo soy un pastorcillo camino de Belén, le llevo pan al Niño, le llevo leche y miel. CON EL PAN, CON EL PAN YO LE PIDO LA PAZ. CON LA LECHE Y LA MIEL, YO LE PIDO LA FE. La Virgen me recibe, la Virgen y San José; el Niño me sonríe, sonríe Emmanuel. Toquemos los panderos, cantemos al Señor; que el mismo Rey del Cielo escucha la oración. Con todos mis amigos vendremos otra vez a ver al que ha nacido en la gruta de Belén.
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Al terminar la Santa Misa, el sacerdote nos bendice a todos y nos despide. Nosotros damos gracias a Dios.

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Oración después de la comunión
Sacerdote:

Oremos..........Por Jesucristo Nuestro Señor. Todos: Amén.
Sacerdote:

El Señor esté con vosotros. Todos: Y con tu espíritu.
Sacerdote:

La bendición de Dios Todopoderoso Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre vosotros. Todos: Amén.
Sacerdote:

Podéis ir en paz. Todos: Demos gracias a Dios.
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Cantamos con alegría:

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SI CADA NOCHE FUERA NOCHEBUENA, SI CADA DÍA FUERA NAVIDAD, NO HABRÍA NI UN LUGAR PARA LA PENA Y EL MUNDO VIVIRÍA EN SON DE PAZ. SI CADA NOCHE FUERA NOCHEBUENA, SI CADA DÍA FUERA NAVIDAD. Si todos nos sintiéramos hermanos, si el bien prevaleciera sobre el mal, no quedaría sitio para el odio y no habría rencor ni enemistad. Si todo el año fuera Nochebuena, si todo el año fuera Navidad.

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SI CADA NOCHE FUERA NOCHEBUENA, SI CADA DÍA FUERA NAVIDAD, NO HABRÍA NI UN LUGAR PARA LA PENA Y EL MUNDO VIVIRÍA EN SON DE PAZ. SI CADA NOCHE FUERA NOCHEBUENA, SI CADA DÍA FUERA NAVIDAD. Si nadie se creyera más que nadie, si fuera nuestro afán colaborar, nuestro mundo sería una familia y la gente tendría felicidad. Si todo el año fuera Nochebuena, si todo el año fuera Navidad.

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