You are on page 1of 25

Miguel

Andrés Peralta G

El grito de una vecina lo detuvo a mitad de la cuadra. Era la del primer
piso quien estaba de compras en la tienda de líchigos y lo vio pasar:
“!...Afánese vecino —le dijo—, que a Marcelita le empezaron los dolores!”
Miguel tragó saliva y de golpe entendió el motivo por el cual su mujer no le
había respondido las dos últimas llamadas. Una leve brisa le pasó por la frente
y en su corazón sintió la urgencia. Alzó la mano a manera de agradecimiento y
apretó el paso ¿Acaso.. Llegaba el momento que más ansiaba... ¿O el que más
temía? En segundos llegó al portón; abrió la puerta y subió las escaleras de
prisa, cuando buscaba la llave de su apartamento en el llavero, se encontró con
el rostro adolorido de Marcela que abría la puerta acompañada de doña Raquel,
la vecina del segundo piso. Los tres se comunicaron con los gestos de las
miradas. “Doña Raquel... Por favor, llame un taxi —alcanzó a decir Miguel—,
yo ayudaré a Marcela por las escaleras”. Sin decir palabra la vecina mujer le
entregó un pequeño maletín que llevaba en las manos y entró en otra puerta del
corredor. Con ayuda de su marido Marcela empezó a descender las escalas del
edificio.
—¿A qué hora te empezaron los dolores?
—Desde por la mañana...
—Pero... ¿Por qué no me llama?
—Ay mi amor... Para no molestarlo en su trabajo... Además estaba segura
de que aún no era el momento... Recuerda que todavía no cumplo los nueve
meses... Pero parece que llegó el momento
—¿Y cómo lo sabes?
—Cada contracción es más fuerte, me duele más, mucho, muchísimo.
Salieron a la calle y detrás lo siguió doña Raquel quien les orientaba que
caminaran hasta la esquina, que el taxi los recogería en las cabinas de internet.
Una nueva y violenta contracción sacudió el delgado y pequeño cuerpo de
Marcela quien estuvo a punto de caer. Miguel la afianzó por los brazos y
cuando vio el rostro adolorido de su mujer se sintió morir. Con ayuda de doña
Raquel, los tres llegaron a las cabinas de la esquina. Miguel pidió a la joven
dependiente que le hiciera el favor de prestar una silla; la muchacha gustosa le
alcanzó la de ella, pero cuando trataba de sentar a Marcela, ésta se negó
rotundamente; decía que no quería sentarse porque el tiempo se le haría mas
largo, que lo único que deseaba era llegar cuanto antes al hospital. Miguel pidió
un vaso de agua para él.
Como algo natural en estos casos el taxi no llegaba. Jóvenes de uniformes
escolares detenían su paso, miraban y cuando descubrían que no podían hacer
nada, continuaban su camino. La calle se volvió lenta y angustiante.

1

Marcela se acomodó en la silla ante el anuncio de una nueva contracción,
en tanto Miguel insistía por el celular la presencia inmediata de algún taxi. “Es
que hay una manifestación de los vendedores ambulantes en la plaza del Veinte
de Julio” —decía doña Raquel tratando de calmar los ánimos—, hay mucho
trancón, pero no se preocupe Miguelito, yo sé cómo son estas vainas; el chinito
todavía demora”. Quince minutos después el Taxi se estacionaba frente a ellos.
Doña Raquel abrió la puerta del vehículo mientras Miguel ayudaba a Marcela a
levantarse de la silla y subir a los asientos traseros del vehículo.
—Por favor a la Diagonal 39 sur con Tercera —dijo Miguel.
El conductor miraba a los pasajeros.
—¿Al hospital?
—Si hermano, al hospital de La Victoria.
El conductor arrancó buscando la Caracas.
—Toca meternos por San Isidro, porque en el Veinte hay una
manifestación la berraca.
—Usted verá hermano. Por donde crea y por donde sea más rápido.
Miguel bajó el vidrio del taxi; necesitaba el aire fresco del cerro. Marcela
aflojó la mano a su marido en señal de que la aguardaba un momento de calma,
Miguel aprovechaba para sacar su pañuelo y secarle la frente. Era el primer hijo
de ambos, sin embargo, juntos esperaban ese momento con expectativas
diferentes; Marcela sólo quería no haber nacido; para Miguel le parecía un
imposible; no daba crédito a la generosidad de la vida; no podía concebir que el
destino, su destino, le haya ofrecido una segunda oportunidad y que además le
diera un hijo.
Se había desmovilizado apenas dos años atrás. Luego de lidiar con el
atafago de la burocracia estatal y del proceso de adaptación a la vida civil,
Miguel ya contaba con varios logros: terminaba de concluir su bachillerato,
tenía un trabajo los fines de semana en Corabastos; una mujer que amaba y que
le correspondía; pero además, también le daría un hijo al cual lo amaría y lo
educaría como debe ser y no permitiría por nada del mundo que a su pequeño le
ocurriera algo, que nada lo lastimara; era el compromiso que había adquirido.
La decisión la había tomado Miguel al día siguiente que despertó luego
de salvar la vida por dos veces consecutivas en menos de veinticuatro horas. Y
si Dios le había permitido seguir viviendo, debía ser por algo en particular...
¿Qué le impedía estar al lado de su pequeño; verlo crecer, educarlo, amarlo y
trazarle una vida diferente al que le tocó vivir a él?

***
Miguel nació a mediados de 1977 en Ábrego, un pequeño municipio del
Norte de Santander. Hijo y nieto de campesinos y el mayor de cuatro hermanos.
Antes de cumplir los quince años, dificultades económicas en casa lo obligaron
a dejar el colegio y buscar trabajo de peón en una finca cercana a la de sus
padres.

2

No tuvo inconvenientes para abandonar su pueblo y buscar nuevos horizontes. un velo oscuro que distorsionaba la realidad y que no permitía ver la luz del Sol. Un año más tarde. Hablaron muchas y largas noches sobre el tema. a la correcta o incorrecta lectura de una situación y la toma de decisiones. le dijo a Wilmer. El joven miliciano no permitía que nada se le pasara por alto. También era amigo de los trabajadores y en ese interminable trajín cotidiano se encontró con Wilmer. En poco tiempo empezó a militar en la organización guerrillera como miliciano mientras ayudaba a don Nicolás en lo administrativo y adelantaba labores gremiales entre los trabajadores. Wilmer también se identificaba como miliciano del ELN. Por eso cuando Wilmer. ni en santos. decía. En pocos meses ya estaba trabajando en una finca cocalera y ganándose la confianza de sus compañeros y de don Nicolás. antiguo panelero quebrado y en la actualidad prospero negociante de base. antiguo compañero del colegio quien de repente había desaparecido del pueblo y ahora lo había encontrado trabajando como raspachín en la finca de don Nicolás. Allí aprendió a conocer sobre la riqueza de la región y los secretos del campo. colaboraba diestramente en las sumas y restas necesarias en la administración de cualquier negocio. Consideraba que el fanatismo religioso era una maldición. Sus escasos diecinueve años no eran obstáculo para el manejo de las relaciones entre fincas productoras de base de coca. Alguien se acercó y le dijo que en aquel lugar se requería mano de obra en abundancia para dar abasto al negocio de la raspa de hoja y al procesamiento de base de coca. Miguel se había convertido en el empleado de confianza del dueño de la finca.“En el colegio tuve un profesor que nos enseñaba marxismo. así Miguel adquiría mayores responsabilidades en la próspera región cocalera. 3 . además de trabajar el campo. campesinos recolectores y el ELN. ni en nada del otro mundo. Una tarde tomando café en la cocina Miguel le confesó a Wilmer que a él también le gustaba ese cuento. Era escéptico con respecto a lo bueno o lo malo que les ocurría a los hombres. no creía ni en la buena ni en la mala suerte. deberá ser una deidad muy ocupada como para estar pendiente de las estúpidas miserias de los hombres”. en ningún azar. los responsables de la organización guerrillera lo conocían mejor. pero al tiempo consideraba que su incidencia en la vida terrestre era poca o ninguna “El Creador de algo tan inmenso. guardaba una ligera sospecha de la existencia de Dios. Miguel. los aciertos o desaciertos humanos los atribuía únicamente a la buena o mala actitud. magnifico y complicado como es el universo. No demoró mucho en llegar hasta sus oídos las noticias fabulosas de la región del Catatumbo. le decía a cada rato que él era un tipo de suerte. yo conozco esa carreta mejor que usted”. en fin de cuentas el asunto era ganar dinero para salir de la pobreza. A medida que transcurría el tiempo. La honradez y pulcritud heredadas en casa de sus padres fueron los puntales para establecer sus relaciones en aquel territorio vecino.

“compa. Miguel ignoraba que en ocasiones particulares. antiguo vecino suyo y en la actualidad jefe guerrillero y cuando lo tuvo al frente se ofreció de voluntario para hacerse cargo del acopio de la base. piel cetrina. aquí van cinco mil gramitos”. Pero no todo era color de rosa. Los campesinos le entregaban la mercancía a Martínez fiada y pesada rústicamente en viejas grameras: “compa. Otra vez me pararon y tuve que bajarme del bus… Nos toca perder a medias… No hay de otra”. en ambas partes creían en su buena fe. De alguna manera los campesinos estaban tratando 4 . era natural de la región. dueño de eterna sonrisa y empalagosa cordialidad que desparramaba a borbotones con quienes consideraba útiles. Martínez era un mulato cincuentón de rasgos particulares. conocía el negocio. como con el jefe guerrillero. se reía para sus adentros. Sereno. ojos verdes. las arcas personales del negro Martínez crecían en secreto. Por el otro lado ocurría lo mismo. Cada vez que calculaba el momento y la oportunidad se quejaba ante el cucho Pedro. conocía las fincas productores y a sus dueños. El asunto se desarrollaba de manera sencilla. el negro Martínez terminó ganándose la confianza de los dueños de fincas productoras y de los jefes guerrilleros. pero a medida que pasaba el tiempo. y sobre todo. anterior encargado del acopio de base en la región. taciturno. Esto esta muy berraco…. Alguna vez alguien le preguntó a Martínez cómo había terminado involucrado en un grupo subversivo y no supo que responder. de aquellos que viven convencidos de que lo merecen todo por ser los más inteligentes y sagaces de cuantos lo rodean. Así era el jefe miliciano y así lo querían sus hombres y su mando. tranquilo. Como cualquier actividad delictiva. grupo fuerte en la región. tanto con los campesinos proveedores. no estaba involucrado directamente en actividades subversivas. ambicioso y ladino.Miguelito o Miguelón. De inmediato buscó al cucho Pedro. Eso fue lo que le ocurrió con el negro Martínez. hablar más de la cuenta o ser demasiado honrado tenía sus inconvenientes. El negro Martínez reunía condiciones para esa actividad y sin oposición al interior del grupo insurgente fue aceptado. como en efecto lo había programado. obtuvo el camino expedito para hacerse a pingues ganancias. como lo llamaban sus allegados. De repente se le apareció la Virgen y la vida le dio un vuelco cuando se enteró de que los paramilitares. estos a la vez lo conocían a él. Sin embargo. “Nooo hermano…. aquí van ciento veinte gramitos”. Su vida anterior la había alternado entre actividades de miliciano por conveniencia y negociante de baratijas. al principio todo fue “cuentas claras y el chocolate espeso”. piernas cortas. alistaban su desmovilización y que el ELN coparía la zona. De la noche a la mañana convertido en hombre de confianza del cucho Pedro. Mientras el ELN copaba la zona. como también.

que se los voy a tumbar o qué…? —Noooo… Yo no estoy diciendo eso. El asunto hubiese seguido marchando divinamente sino hubiese aparecido un entrometido venido a menos. se la entregué pesada en un gramera de esas… De las mismas que usted habla. —No sea guevón hombre… Lo que pasa es que ustedes utilizan esa gramera que no sirve pa´ un culo… Usted sabe hermano que en el otro lado las grameras son exactas… Son electrónicas… —Pues cómo le parece Martínez que la mercancía que le entregué. El concepto claro de Miguel acerca del orden y la honradez fue la causa del primer gran disgusto del negro Martínez. pero en esta ocasión tuvo el suficiente cuidado de pesar la mercancía en una gramera nueva comprada en Cúcuta con el consentimiento de don Nicolás. una por los lados de la Gabarra y la más grande cerca a la frontera.con la persona nombrada directamente por el Eln. Don Nicolás no solo le había encargado a Miguel de los libros de sumas y restas sino también de la pesa de la mercancía y de la entrega de ésta a Martínez. precisamente por dudas con la vieja gramera que utilizaban en la finca. El entrometido no era otro que un raspachin quien tenía fama de ser “bueno en matemáticas y muy honrado”.. —Oiga Miguelón. Tres años consecutivos tumbando gramitos aquí y allá fueron suficientes para que el susodicho se hiciera a dos fincas. —Si… Así como lo oye…Si usted quiere se la desempaco y se la muestro… Esta recién comprada. —Cómo así. —Hombre Miguel… ¿Usted cree pues. que pena con usted hermano. Un mediodía apareció Martínez en la entrada de la finca. —¿Entonces cuantos pues? —Solo había seiscientos diez.. —¿Cómo así? —Así como lo está oyendo —Qué pena con usted Martínez. El empleado había regresado con la caja. y eso era sinónimo de confianza. La piel amarillenta de Martínez se puso más amarilla que de costumbre y la eterna sonrisa en sus labios se convirtió en una mueca desagradable. pero no habían los setecientos diez gramos que usted dijo. La compramos en Cúcuta. Llegaba en su camioneta azul cuatro puertas acompañado de cinco milicianos que lo escoltaban. No faltaba más. El motivo era cancelar la mercancía que Miguel le había entregado un mes atrás. pero esa base se la entregue bien pesada. Miguel envió a un empleado que trajera un colorido estuche de cartón del interior de la casa. Estaba 5 . En oportunidades anteriores Miguel lo pasó por alto.

La camioneta azul desapareció por una angosta trocha. En poco tiempo la mayoría de los moradores de la región conocieron del altercado y de sus motivos. nadie le había reclamado en esa forma.realmente sorprendido. —Vea Martínez… no estoy afirmando nada. nunca. maestro… Martínez miró a sus hombres y a otros peones que se habían acercado. Así de sencillo es el asunto. si no es la granera. —Aquí esta la plata de setecientos diez gramos… Para que paguen a los trabajadores… ¡Ah… Y no se te olvide… Dígale al viejo Nicolás que necesito hablar urgentemente con él… —Tranquilo… Yo le daré su razón. en sus tres años de estar al frente del negocio. —¿Dónde esta el viejo Nicolás? —Don Nicolás no esta… Yo estoy de encargado. —Usted verá que hace… Yo por mi parte tengo que responderle a don Nicolás por mi trabajo… Y necesito que me de la plata completa de la merca o me la devuelva… Para buscar otro comprador. una calculadora. Para entonces ya eran varios los peones que presenciaban el altercado. Martínez dio la orden al conductor para que arrancara. o lo que sea… Los trabajadores están esperando la paga… Y usted sabe compañero que para eso no hay demora. Y yo a usted le entregué setecientos diez gramos bien pesados y bien secos… Porque el otro cuento suyo es que. es la merca húmeda… Con mucha agua… Tiene guevo maestro ¿oyó? Me paga los setecientos diez gramos que le entregué o me devuelve la merca… Yo veré que hago con ella. repitió la operación varias veces y al momento salio con un puñado de billetes y se los alcanzó a Miguel que tranquilamente lo esperaba. Atrás quedó el grupo de trabajadores que no daban crédito a lo que terminaban de presenciar. —Lo que voy ha hacer es hablar con el cucho Pedro para aventarlo por alzadito. sacó una agenda de la guantera. simplemente le estoy diciendo que esa merca que le di la última vez se la entregué pesada en esta granera…De las mismas que usted habla… Y fueron setecientos diez gramos lo que le entregué y aquí están presentes los testigos… Por otro lado… Me importa un culo quien sea usted… Si es por eso… Yo también soy miliciano. —Vea chino marica… Soy el encargado del Eln de comprarles la merca a todos ustedes desde hace más de tres años… Y ahora usted me va salir con el cuento de que soy ladrón… De que me le voy a robar a usted cien putos gramos de base… ¿Oh qué… Ah?. sumó. Martínez se metió a la camioneta. restó multiplicó. Pero con el paso de los meses no sólo fue eso. muchos de los productores vecinos a la finca del don Nicolás le gastaban el 6 . Alcanzó a balbucear Martínez ya descompuesto del todo.

En adelante solo fue cuestión de tiempo.viaje hasta la finca de don Nicolás para pedirle el favor a Miguel que les pesara la merca. Wilmer llevó aparte a Miguel y le comunicó que el comandante operativo de la región deseaba hablar personalmente con él. —Gracias señor comandante Se pusieron de pie. —Lo espero aquí mismo dentro de un mes. antes de entregarla a Martínez. nos lo haga saber cuanto antes. uno de los milicianos que aquel día acompañaba al negro Martínez se encargó de llevarle la información de lo ocurrido a oídos del cucho Pedro. tiene que ver directamente con la comunidad y con el manejo de dineros y esas cosas… En todo caso… Lo que le propongo es apenas eso… Una propuesta… —Su voz era grave. Usted tendrá el tiempo suficiente para que lo decida… En cualquier caso le ruego que si no está de acuerdo.. Pablito. en uno de los campamentos del Eln se llevó a cabo la entrevista entre el cucho Pedro y el sorprendido Miguel quien imaginaba todo. pausada y su mirada se perdía entre las copas de los árboles mientras intentaba completar la frase con el movimiento de sus grandes mansos—. 7 . Un par de meses más tarde. —No entiendo bien. Sólo le pido que me regale ocho… O a más tardar quince días para poner en orden ciertos asuntos personales… —Tómese un mes—interrumpió el cucho Pedro. —El compañero Martínez ha sido promovido a una nueva tarea y su puesto actual quedará vacante… Hasta nosotros ha llegado su reputación de líder y queremos ponerlo a prueba en esta labor que es bastante delicada… Como usted podrá saber compañero. —Compañero comandante. El comandante del Eln le encargó al mismo Pablito que le llevara toda la información del tal Miguel que trabajaba en la finca de don Nicolás. Queremos felicitarlo y darle a conocer nuestra decisión… Su trabajo ha sido muy bueno… Y queremos proponerle a usted que se haga cargo del acopio en la región… Miguel escuchaba en silencio. Una semana después.. O en caso contrario… Igual… Para de esa manera saber que debemos hacer… Miguel se pasaba la mano por la cabeza. El jefe guerrillero le extendió sus largas manos. le aseguro que me siento halagado. —¿Por qué? —Porque tengo entendido que Martínez es el encargado de ese trabajo. menos la propuesta que iba a escuchar de boca de uno de los más reconocidos jefes de la guerrilla en la región —Hasta nosotros ha llegado la información de su trabajo como miliciano… Y como líder de la comunidad —le decía el jefe guerrillero sin rodeos—. De alguna manera éste ya sospechaba de los malos pasos de Martínez.

—Señor.. * * * La llegada de unidades de la policía de tránsito para despejar la vía. un veterano del volante.. Marcela dejó de quejarse mientras Miguel hacía acopio de todos sus restos para afrontar el momento. ¿Cómo está mi mujer. Miguel no sabía que hacer.. El conductor del taxi.. Mientras Marcela cerraba los ojos con fuerza.. Como empujado por un resorte Miguel se puso de pie y levantó la mano. La policía ya llegó y en cinco minutos llegamos al hospital. hermano.. a quien no le podía pasar nada era a él. Sí señor. fresquéese. primero tranquilícese — dijo el conductor volteándose—.. Si bien era cierto que la pareja de padres esperaban a su bebé.. Fresco. la mujer dejaba escapar un prolongado y doloroso quejido. mientras Miguel cancelaba la carrera. Su mujer ya esta en buenas manos. así era. firmó aquí y allá y se quedó de pie detrás de la puerta por donde su mujer había desaparecido sentada en la silla de ruedas. Al momento salió un hombre joven vestido de blanco y lo llamó por su nombre. Presentó los papeles en recepción. si a usted le da un patatús nos jodemos es todos. Creo que el niño también. la factura no le quede alta. salir corriendo del taxi con su mujer a cuestas o salir y ayudar a los policías de transito a despejar la Décima. En ese maletín no trajeron nada.. le dijo el conductor a Miguel antes de despedirse. Cinco minutos después el taxi subía por la 36 sur con rumbo al hospital. “Hermano.. El taxista llamó a un joven policía y con breves palabras le explicó la situación de sus pasajeros. Cuando el hombre de blanco se retiraba pareció recordar algo. —¿Usted es el esposo? —Si señor. tranquilo. tranquilo”. más pañales y ropita para el niño. Lo peor de la situación causada por el 8 . también era cierto que no lo esperan tan pronto. aquí. Y el niño? El galeno sonrió. para cuando salga su señora. a quien no le pude pasar nada es a usted... sin embargo. Un enfermero empujando una silla de ruedas se hizo presente en la puerta de urgencias.. miró los rostros de los pasajeros por el retrovisor y no dudó en concluir que el marido era el más afectado por la situación. miró al interior del vehículo como cerciorando de las palabras del conductor y enseguida pidió ayuda.. su esposa esta bien. tomar asiento en una butaca y esperar que el medico saliera. se volteó y prosiguió: —Y no se olvide de hablar con la trabajadora social. “Tranquilo hombre. cobertores.” Las palabras del conductor hicieron efecto. Es conveniente que vaya y regrese con ropa de cama para la señora. Cuando trató de ingresar un celador lo detuvo y le dijo que lo mejor era tranquilizarse.. El policía se agachó. Ayudó a subir a la parturienta.. coincidió con una nueva y violenta contracción en las caderas de Marcela quien sólo atinó a morder el pañuelo que su marido le había puesto en la boca.

debido a la alarma de la presencia de la fuerza pública en los alrededores. Por una alarma de última hora la reunión concluyó antes de tiempo. Miguel había planeado una rifa entre sus amigos y familiares. son instantes decisivos donde el hombre demuestra de una vez por todas su calidad. Pero. con las ganancias esperaba obtener los recursos suficientes para recibir al bebé. la prioridad de los concurrentes era la seguridad en su desplazamiento de retorno a sus lugares de origen.. En aquel instante Miguel entraba en ese estado de excitación donde las potencias del alma actúan rápidamente. había que recibirlo y de la mejor manera.. Luego de acaloradas deliberaciones. tenía la cifra exacta para un par de llamadas a celular y lo del bus que lo llevaría al centro de la ciudad. se metió las manos a los bolsillos.. Luego de un suculento desayuno. Ahora.. * * * Los acontecimientos que suscitaron este relato se iniciaron el lunes Santo de la Semana Santa de 2007. nuevo punto de encuentro de Miguel con su grupo. trabajaba los fines de semana en Corabastos en un puesto de huevos y aves donde completaba la cifra suficiente para sobrevivir. finalmente se lograba un acuerdo donde las tres partes parecieron quedar satisfechas. el nuevo precio del gramo. Miguel recibía apenas una ayuda de quinientos sesenta mil pesos del Programa de Gobierno para los Reinsertados. Los participantes estaban empeñados en aprovechar las festividades religiosas para iniciar el regreso. se dirigió al nuevo punto de encuentro con el grupo que lo acompañaría. habían presionado la realización de una “cumbre”. Miguel abandonó el campamento el Lunes Santo por la mañana luego de recibir una llamada por radio en la cual le informaban que Mauricio y los demás lo esperarían en un punto diferente al acordado.. todos coincidieron que el arreglo había sido posible gracias al espíritu conciliador de la víspera de los días santos. Sin embargo.parto prematuro era que los había cogido sin dinero.. Colgó su hamaca en 9 . hizo caso omiso al pálpito y sin más. Desde mediados del año anterior. Para esperar la llegada de su hijo. Miguel se extrañó. el bebé había adelantado su viaje. campesinos proveedores de base de coca y representantes de los raspachines. Cuando llegó a la choza pensó encontrar a Mauricio y su grupo pero no encontró a nadie. No había de otra. como los dueños de las fincas proveedoras y en particular. tanto campesinos recolectores. Antes de las dos de la tarde llegó al filo del cerro donde se apreciaba la vegetación que ocultaba una pequeña ramada. Abandonó el hospital con el rostro radiante. Durante los cuatro días anteriores Miguel había participado en una difícil reunión entre Eln.. se esculcó las últimas monedas. Campesinos del lugar lo llevaron hasta una vereda equidistante a “la choza”. No obstante.. pues no era lo acostumbrado. la misma que tiene el buen soldado un momento antes del combate.. En dicha reunión se lograba el acuerdo y todo parecía despejado. vainas de la vida.

reiniciar la marcha antes del amanecer y poder llegar hasta su campamento a la altura del mediodía. no habían mejorado. cerró su agenda y la puso sobre una caja vacía de cartón que servía de mesa de noche. Se quitó la pistola del cinto y la colocó bajo la almohada.. Cuando le preguntaba por qué lloraba ella respondía secándose las lágrimas que: lloraba porque no había encontrado tu cadáver después que te habían matado tus propios compañeros… Un puntapié en los riñones lo despertó de golpe.. ¿qué le hubiese costado preguntarle a Julia. “No me queda otra que esperarlos y si no aparecen antes de la medianoche. “pero ya llegaran”. Abrió su agenda y empezó a recordar los puntos importantes alcanzados en la reunión. —¡De pie. Por primera vez recordó al negro Martínez como el actual encargado de la zona donde se hallaba. Un nuevo grito de otra voz lo regresó del todo a la realidad. Martínez había sido “promovido” a comandante de un pelotón de veinte hombres encargados de vigilar la zona de un eventual retorno de los paramilitares. La idea era descansar hasta la madrugada del día siguiente. en fin de cuentas conozco bien estos lados. la noche anterior. eran las cinco de la tarde y Mauricio demoraba demasiado. le comunicaba el repentino cambio de lugar para su encuentro con Mauricio y apenas en ese momento le pareció extraña la llamada.la rústica enramada se acostó en ella y se dispuso a esperarlos. cojo camino yo sólo. quien había sido el que le dejó el mensaje?. Me sapiaron y me entregaron!” fue la primera idea que cruzó su cerebro. Luego de ser removido del cargo de responsable del acopio. Las relaciones con este “compañero”. pensó. Empezó a soñar con sus hermanos rodando cerro abajo hasta las orillas de la carretera y pescando en el río rebosante de viudos y nicuros y persiguiendo mariposas con Griselda en el jardín de la casa de ella cuando ambos eran niños y soñaban con ir a la escuela y juntos hacer las tareas para algún día llegar a ser doctores y poder compra una casa en Cúcuta para ellos y para sus padres. Miguel creyó ser víctima de pesadillas y manoteando trataba de huir de aquel mal sueño. También soñó con su madre llorando mientras lavaba ropa en el río. la encargada del radio del lugar donde se hallaban. —Amárrenlo bien … Y quítenle las botas… No sea que se nos vuele y terminemos metidos en problemas… 10 ..” Tomó una manta de su mochila y se arropó con ella. Al momento sintió sueño... Para entonces ya estaba de pie buscando asimilar la inesperada situación. —¿Qué pasa?. luego de finalizada la reunión se habían tomado algunos tragos y Miguel pensó que sería conveniente dormir un momento. Antes de cerrar los ojos miró la hora en su pulsera... “¡Es el ejercito. De pie! Un fuertísimo cono de luz en los ojos lo cegó. era conciente de su intranquilidad pero el ritmo acompasado de la hamaca y su agotamiento pudieron más y en algún momento se quedó dormido.. Quienes son —alcanzó a preguntar. Se sintió molesto con él mismo. Recordó el desayuno por la mañana cuando Julia.

la hamaca.. Demasiado marica soy. bien guardada. ¿Quienes son estas pintas?. hermano… Qué pasó hermano”. seguía sin entender que ocurría. Las aves abandonaban sus nidos y sus trinos alegraban 11 . la espera a sus hombres. apagó el pequeño aparato y ordenó a sus hombres: “debemos esperar hasta mañana… Mañana viene Polo… Hay tropa por los alrededores y la comisión está demorada. era menos doloroso. luces intermitentes y luciérnagas dolorosas llenaron de oscuridad las últimas esquinas de su cerebro. Lo primero que descubrió era que estaba descalzo y atado de pies y manos a un árbol y una sed que le quemaba los labios. El mono Hermes… Claro… ¡Claro…! Caí en la trampa del negro Martínez… Qué marica soy haberme confiado de esa pinta… Me la tenía guardada. después la pistola sobre la caja de cartón. sintió un frió glacial que le rayaba los huesos. —Un momento… ¿Quienes son ustedes? Un nuevo y fuerte golpe en la cabeza. pero sí buscaría poner en orden sus ideas o al menos lo trataría ¿Qué había ocurrido… Por el momento no entendía nada?” Empezó a hacer un recorrido de sus últimos pasos: La llegada al medio día a la choza. Quienes son hermano” Cómo un rayo esta vez recordó la voz del mono Hermes dando órdenes… “¡El mono Hermes!... ni que hora era. El ejército no es… Me hubiesen quebrado o me hubiesen sacado de aquí…” Volvió a abrir los ojos.. Quién parecía dirigir el grupo ordenó subir la antena del radio a lo más salto de la choza. se preguntaba a si mismo. En lo profundo del horizonte la silueta luminosa de la bóveda celeste anunciando la alborada y la esperanza del nuevo día. luego empezó a dar el positivo y a recibir nuevas órdenes.. risas. encontraron la pistola bajo la almohada y voltearon la mochila sin saber qué buscaban. cuando intento levantar la cabeza. A lo lejos de la oscuridad absoluta escuchaba murmullos de voces.. Prefirió volver a cerrar los ojos y no intentar ver nada. el golpe y otra vez la oscuridad… “¡Mierda!. Luego que terminó de hablar. un fortísimo dolor se lo impidió. “Quienes son estos hijueputas. amanecía y su razonamiento buscaba en todos los resquicios de su entendimiento alguna luz “¡Mierda!. Era la de mono Hermes. la choza… ¿La choza?… ¡Ya no estaba en la choza! Después los conos de luz. definitivamente demasiado marica…” Segundo a segundo la claridad matutina descubría el verde brillante de la montaña santandereana. lo amarraron de pies y manos y lo aseguraron al pie de un árbol. Ahora eran varios los conos de luz que le apuntaban al rostro y aunque empezaba a sospechar. Revolcaron la choza. Pero eso dejemos para cuando amanezca… Para después del tinto… Por lo pronto descansemos un rato… Que Rafita haga la primera guardia” Cuando Miguel despertó no supo dónde estaba.. insultos. Antes de pelarlo hay que apretarlo para que hable quienes son los otros infiltrados. Miguel apretó los maxilares. antiguo jefe de escoltas de Martínez. Los cuatro asaltantes sacaron el cuerpo inerme de Miguel. lo arrastraron unos cincuenta metros detrás de la choza. esta vez fue distinto. Miguel reconoció esa voz.

Miguel se tomó la cabeza con ambas manos. —Ahora tome su tinto —No quiero tinto… Quiero que me digas quién ordenó amarrarme. —Siéntese y descanse un rato. Tómese el tinto que por hoy no hay más. —Yo sólo recibo órdenes… —Si. Miguel bebió el último trago de café y estrelló la escudilla en el suelo. Miguel lo había conocido cuando era raspachin y miliciano en una fina cercana a la de don Nicolás. Ruidos en el rastrojo le avisaron que alguien se avecindaba Se trataba de Rafita. me detuvieran y me amarraran… El aludido demoró en responder. —Rafita. El sol empezó a brillar en el horizonte. Los tres armados seguían de pie al lado del prisionero como a la espera de algo.la llegada del nuevo día. Detrás aparecieron los otros tres guerrilleros con el momo Hermes a la cabeza. enseguida hasta él llegó el aroma de café recién colado. Usted sabe el puesto que ocupo. pero de quien. —Desátalo para que tome el tinto —ordenó. Por su parte Miguel se daba todo el tiempo para consumir la bebida. sus captores colaban la infusión y no tardaría en aparecer alguno de ellos para ofrecerle. como usted podrá ver. —Gracias Rafita. El detenido tomó ambas y se las pasó con un trago de café. —Tampoco estoy autorizado pata hablar con usted. Otro de los guerrilleros le alcanzó un par de aspirinas. apenas ayer por la mañana acabé de salir de una reunión muy importante de la cual imagino que usted está enterado. lo habían alejado lo suficiente de la choza con el fin de esconderlo de alguna visita inoportuna. Intento ponerse de pie pero no pudo. El guerrillero medio enano tomó su cantimplora y se la acercó a sus labios. hacéme el favor… Tú me conoces bien quien soy… —Si no quieres el tinto me voy… Tengo prohibido hablar con usted. Por fin Miguel descubrió el lugar en que lugar se hallaba. —Tengo prohibido hablar con usted. Se detuvo frente a él y le extendió la escudilla. Si usted no tiene una causa 12 . —Oiga Hermes. Miguel bebió. un guerrillero medio enano que todo le quedaba grande incluyendo el fusil que portaba. Usted sabe que tengo todo la confianza del Coce. Quisiera saber quien le ordenó que me golpeara de esa forma. En dirección a la choza descubrió una pequeña columna de humo. Enseguida el guerrillero medio enano desató al prisionero. —Hermes usted sabe quien soy. —Tenga su café —Gracias Rafita… Pero primero regálame agua.

justificada para lo que esta haciendo. —Y esto también es para con ustedes. No pueden andar obedeciendo órdenes así por que así. saben que acabo de salir de una reunión que es muy importante para las finanzas de nuestra organización y resulta que ahora me golpean. Rafael y usted. era el segundo al mando del Negro Martínez en la guerrilla que estaba a su cargo y que merodeaban por aquellos lugares. repitiendo la misma pregunta al prisionero: “… Mire hermano… déjese de guevonear y déme el nombre de los infiltrados… Mire que ahorita aparece Polo y esa pinta si le da garrote. su situación se complicaría. Mientras transcurría el día Miguel trataba de ganar tiempo. La situación parecía no tener salida. “que le sacara toda la información al prisionero… Que éste debía conocer los nombres de los otros infiltrados”. ¿De dónde carajo lo sacaron? —Tengo entendido que la información llegó desde Bogotá luego que ustedes terminaron la reunión en santa Rosita.. Gustavo. Cuando Miguel escuchó que Policarpo o Polo. —Compañeros… Amarren bien a esta pinta… El dato de Bogotá está confirmado. — Musitó Rafita mirando hacia atrás —¡¡¡Queeeé¡¡¡ ¿Qué? —Así como lo esta oyendo —Y esto…. Sabía que con la llegada de Polo. Policarpo. saben cual es mi trabajo. Fue la respuesta de Hermes. —Miguel… Usted esta detenido acusado de ser infiltrado del ejército. Hermes.. parece que viene con nuevos datos… Amárrelo bien Rafita. El guerrillero medio enano y el cuarto que se hacía llamar Tavo. trató durante todo el día de cumplir la orden del superior. El radio en la choza empezó a sonar anunciando una llamada. Ese es el motivo de la escama y por eso la reunión terminó antes de tiempo. estaba al frente de su detención se sintió perdido del todo. aprovechó la comunicación para delegar a Hermes. hombre de confianza de Polo. que ni siquiera su madre lo podrá sacar de esta… ¿Oyó? —Amárrenlo. La trampa era perfecta. También está confirmada la llegada de Polo. se va a meter en un problema tan berraco. oyó” Y la misma respuesta de parte del detenido: “No se un carajo de lo que me estás preguntando… Déjame comunicar con el cucho Pedro… Necesito hablar con el cucho Pedro” y el otro respondiendo siempre lo mismo: “tengo orden de no dejarlo hablar con nadie”… Cuando el almuerzo estuvo listo hubo algún 13 .. me amarran y ni siquiera me dicen de quien reciben órdenes. Usted. se encargaron de atar a Miguel. Al medio día volvió a llamar Polo y le dijo a Hermes que no podía llegar porque tenía otros asuntos urgentes que atender. Hermes caminó hasta el lugar para atender la llamada atrás lo siguió el guerrillero que hacía de su Segundo. ¡Chite! Ahí regresa Hermes. lo acusaban de infiltrado del ejército con una fuente de información de la que no había forma de verificación inmediata.

Polo volvió a fastidiarse echando madres y colgó el teléfono sin despedirse. Después miró el lodo de sus botas. Lo primero que encontraron los recién llegados fue a Miguel amarrado a un árbol a veinte metros de la choza. —respondía Hermes—. que quiere hablar con el cucho Pedro… Que quiere hablar con el cucho Pedro… Es todo lo que repite. hombros macizos y piernas cortas y nudosas. Estaba sentado en la tierra y parecía dormitar mientras sus captores escuchaban atentos el sermón del Jueves Santo en un pequeño transistor. Repite lo mismo a cada rato. ese hijuemadre no dice nada. también lo siguió Hermes y Rafael 14 . es lo único que repite a cada rato… “¿Qué hacemos compita? Pero Polo volvió a colgar sin responder. Miguel durmió algunas horas amarrado al árbol. —No pues… Qué haremos con ustedes… Parecen monaguillos de Iglesia estos angelitos oyendo sermones y toda la vaina… ¿Cómo va todo? —preguntó Polo entrando al habitáculo husmeando todo con una mirada rápita y brillante. que lo pusieran a aguantar hambre y sed. Por unos segundos contempló al prisionero amarrado y dormitando al pie del árbol. sus hombres lo siguieron. que había que ablandarlo. A las seis de la tarde volvió a llamar Polo preguntando “¿cómo iba la vaina con el detenido?. lo único que dice es que lo dejen hablar con el cucho Pedro. Polo y cuatro de sus hombres aparecieron por la choza. Pero al día siguiente tampoco apareció. barba de varios días. enseguida lo siguieron los otros.. esta vez ordenó: “que no le volvieran a dar ni un solo bocado de comida. Dos de sus hombres lo siguieron al interior. sus ojos parecían poderosas hendiduras y su nariz una masa deforme. Un grueso cabello hirsuto bajo la cachucha cubría su cabeza. Polo se llevó la mano a la boca fijando la mirada en su interlocutor. Hermes se puso de pie y fue el primero en saludar al mando. uno de ellos era un negro alto que se hacía llamar Samy. “Nada. Si ya había hablado o qué? Ante la respuesta negativa de Hermes. que él trataría de estar en la choza al día siguiente a primera hora. Durante el resto de tarde de aquel Martes Santo.. Aquel Miércoles Santo llamó varias veces preguntando nuevamente por la situación “y qué había dicho el prisionero”.relajamiento. comieron los interrogadores y al interrogado le dieron una buena ración: “que coma bien para que aguante la garrotera de Polo”. Una hora después volvió a llamar pero ya no preguntó nada. caminó hacia el. —¿Qué hay de nuevo? —El prisionero sigue ahí… —¿Y qué dice? —Nada… El tipo no dice nada… No ha dicho nada… Ni creo que diga nada. Antes de que cayera la noche del Jueves Santo. ni un trago de agua y que lo tuvieran totalmente aislado. sus hombres lo siguieron. Dio media vuelta y salio de la choza.

No le hemos dado nada. el prisionero no daba crédito. Rafael le pasó la cantimplora con agua y Miguel bebió un par de tragos largos y cerro los ojos “gracias Rafita” volvió a repetir antes de recostarse en el tronco del árbol. ¿Porqué de un momento a otro 15 . Cuando el cocido estuvo listo Rafael sirvió las porciones para Polo y para sus hombres y antes de servirse él. El mismo Rafael fue el encargado de preparar el alimento de aquella tarde utilizando el mercado que habían traído los recién llegados. El prisionero salió del letargo cuando descubrió al guerrillero medio enano con una vasija humeante de caldo de carne. —Saben que… Déjenmelo a mí… Ustedes pueden irse cuando quieran. sirvió la vasija de Miguel y se lo llevó al árbol. “Gracias Rafita” alcanzó a balbucear el prisionero echándose para atrás. Y cuando acabe esto me lo envía al campamento del Negro… —Listo… Que se quede Rafael. ni siquiera agua. pero no. De hecho Martínez los está necesitando. Lo que no ocurrió con sus compañeros. Rafael se quedó boquiabierto creyendo que había escuchado mal y Polo tuvo que repetirle la orden para que reaccionara. El Viernes Santo Miguel despertó alentado. pero al parecer las pilas se debilitaban y lo tuvo que apagar. Cuando Hermes le comunicó a Rafael que debía acompañar a los recién llegados se sorprendió. Rafael desató sus manos y le alcanzó el alimento. sintió que Rafael aceptaba de buena gana. también ordenó a Rafael que le diera algo de beber y comer al prisionero y que le echara la manta para que se defendiera del frió de la madrugada. Polo callaba. —No hay problema… Que se quede Rafita. Cuando Rafael regresó encontró a Polo. lejos de la choza y de sus hombres. —¿Cómo lo ven ustedes? Será que aguanta un buen interrogatorio. Pensaba que el aludido se iba a incomodar o algo así. Me dijo esta mañana que apenas pudiera los despachara… Hermes miró de reojo al mando. El mono Hermes partió con sus hombres con las primeras horas de la noche. por el contrario. Miguel tomó la vasija con avidez y bocado tras bocado devoró el contenido. de alguna manera todos tenían afán de comer el pescado con sus allegados. —Listo. —Si… No hay problema. Polo ordenó las guardias de aquella noche. No podía creer que fuera para él. Si gusta nos vamos ya… Estamos mamados de esta vuelta. Hablaba en su “radio de dos metros”. no atinaba a pensar. mientras acariciaba su barba. váyanse… Pero déjeme a uno que conozca bien estos lados. El alimento consumido y la manta de algodón cubriéndolo el frío de la madrugada le habían renovado sus fuerzas. No conozco bien esto por aquí y estos compañeros están recién llegados de Medellín y tampoco creo que conozcan mucho. Sin embargo. —No creo… Desde ayer lo hemos tenido como usted dijo. Pero cuando Rafael llegó y depositaba la vasija en el suelo para tener las manos libres y poder desatarlo.

tenía los pies y las manos atadas y como pudo se acomodó la manta. —Polo. Miguel bebió la infusión. Gracias Rafita.. los que llegaron —¿Dónde está Hermes? —Hermes se fue. El sol matutino ya estaba alto cuando la pequeña columna de humo se levantó detrás de la choza. “Hoy es Viernes Santo — pensaba—. dio un paso atrás mientras sacaba la pistola y la montaba. Rafita desátame para poder tomar el café. —Mátame Rafael dispara ya malparido. Miguel puso a un lado la escudilla y se quedo mirando los huidizos ojos de Rafael. —No…. es el día que mataron a Jesucristo y parece ser el día en que me salvaré yo… Creo que algo ocurrió. —Bien Rafa. Los hombres de Polo estaban atentos y en segundos se abalanzaron contra el prisionero y lo sometieron. No se entiende de otra manera el cambio de actitud de Hermes. Ningún gracias… Fue una orden. —Oye que delicia de de sopa la de ayer. Polo también había estado atento a los movimientos de sus hombres. Lo quiero ver a pata pelada hasta cuando lo enterremos. —¡Miguel no la cague conmigo hermano!.. La decisión de eliminar a Miguel se había tomado no muy lejos de ahí y su muerte debía ser inmediata. La bola de su infiltración ya estaba lo 16 . —Quiubo Miguelón.. Rafael se agachó y le desató las manos. —Quien te ordenó —Los que llegaron —¿Los que llegaron? —Si. alguien avisó y el cucho Pedro ya está enterado de lo que me está pasando. Así se hace —dijo poniéndole la mano en el hombro—. —Oye. No hubo más tiempo. Esta en la choza.. Amarren bien al prisionero y quítenle ambas medias. —Quiubo Rafita. No se mueva o disparo. —Y quien ordenó que me dieras de comer. Rafael sorprendido se puso de pie. —¡Polo esta aquí! —Si. lo felicito. Miguel se estremeció. —Como así… ¿Y quien llegó? —Polo y unos paisas. Pareció reaccionar instintivamente y con las manos libres intentó desatarse los pies.Hermes había cambiado de actitud? ¿Quién le había dado la orden de alimentarlo y con qué fin”. Debía esperar la llegada de Rafael con el tinto para saber qué estaba ocurriendo. Se sentó. A lo lejos apareció Rafael con el tinto.

El otro grupo quedó conformado con uno de los paisa. calzaron al prisionero con unas botas gigantescas de caucho para que pudiera caminar pero que no pudiera correr y empezaron la marcha con dirección al este. Don Héctor le dijo que pasara por el almacén de Paloquemao. cualquier disparo de arma larga hubiera llamado la atención de los oficiales de la contraguerrilla. más el prisionero. A pie bajó por la Diecinueve hasta uno de las bodegas aledañas a la plaza de mercado. con las primeras horas de la noche Polo ordenó abandonar la choza pero antes dividió el grupo. La idea de ofrecerle alimento suficiente se le ocurrió a Polo con el fin de que pudiera caminar hasta el lugar de su sacrificio. Limpiaron la choza de basuras evidentes. En esas condiciones transcurrió todo el día. pero peor es nada. hicieron lo mismo con sus muñecas a la espalda. el negro Samy. herirlo con un disparo de escopeta en la cabeza y rematarlo a cuchilladas. su patrón de los fines de semana. un grupo de siete eran demasiados. “Mis 17 . *** Ya en el centro de la ciudad. Solo después de las seis de la tarde. que disculpara pero que ese día lo había cogido desplatado y que no podía prestarle mas. Miguel hizo la primera llamada a don Héctor.suficientemente regada en la región y antes de que se corroborara lo contrario debía ser eliminado. Sin mucho preámbulo le comentó las dificultades de última hora y la urgencia de un préstamo. “Doscientos mil pesos son como una gota de agua en medio del desierto”. Estaba nervioso y pensaba que en ese momento. En la última llamada que realizó Polo le informaron que posiblemente el ejército estuviera monitoreando su “radio de dos metros”. Luego del incidente de la mañana. que él llamaría enseguida para ordenar a la cajera que le diera “doscientos mil pesitos”. luego de “finalizada la tarea” abandonarían juntos la zona. Ordenó a tres de sus hombres salir en sentido contrario para que lo esperen el tiempo suficiente en un punto del filo de una elevación cercana. Su sacrificio no podía pasar de aquel día y Polo decidió hacerlo entre las dieciséis y diecisiete horas de aquel Viernes Santo. Les advirtió que solo ante cualquier contratiempo se utilizaría el radio. Ante la situación presentada decidió llevar con vida al prisionero hasta un lugar escogido de antemano. y con las últimas monedas. pasarían años o quizá nunca nadie conocería la verdad. Ya muerto. La cajera lo estaba esperaba en la puerta con el dinero y con una paquete de pañales. El paso de helicópteros militares sobre la choza retrazó aún más la partida del grupo. —pensaba Miguel—. La demora para su sacrificio se debía a la presencia de tropas del ejército en los alrededores de la zona. se le vendó los ojos al prisionero y fue amarrado de pies y manos. En todos los casos la situación era apremiante para los interesados en la muerte del joven miliciano. Le quitaron la venda de los ojos al prisionero pero se la amarraron en la boca. Rafael y Polo.

desgarbado. que berraquera de gente”. el sol rojo de la tarde le daba en la cara. Necesitaba aire. —Marcela Velasco acaba de tener su bebé. Los doscientos mil pesos me la ordenó don Héctor pero los pañalitos son mi aporte para la causa”. —Ella todavía está en preparación. detrás de él iba Rafael y el negro Samy. ya por algo de plata. ya por algo de ropa.felicitaciones para el nuevo padre —le dijo la mujer sonriendo mientras le entregaba los billetes—. todos parecían estar 18 . *** El terreno plano terminaba y empezaba la parte empinada. y que no se preocupara. la funcionaria le dijo que dejara lo que había traído. “Esta es la cara bonita de Bogotá —pensaba Miguel—. o si quería. pero alcanzó a preguntar: —Señorita. La funcionaria respondió que siguiera llamando. en su mano derecha llevaba la escopeta con la que sacrificarían al prisionero. Miguel preguntó a la mujer de la ventanilla cuándo podría ver a su hijo. Dijo la mujer mientras lo abrazaba y le daba ánimos. Respondió la primera funcionaria.. Al escuchar estas palabras. era el mismo sol rojo de aquella remota tarde cuando lo llevaban amarrado al cadalso. A las cinco de la tarde estaba de regreso al Hospital. mucho aire. La mujer de pelo mono desapareció en el interior de los corredores del Hospital. que por el momento no tenía más información. un guerrillero flaco. —¿Y cómo sigue ella? —preguntó tímidamente. diez metros más atrás iba Polo y su segundo.. la funcionaria de pelo mono. que ya se retiraba con los paquetes en la mano se detuvo y volteando le dijo a Miguel: — ¿Usted es el esposo de Marcela Velasco? — Si señora. Miguel se quedó sin aliento. Otra funcionaria de pelo mono y de aspecto bonachón tomó los ambos paquetes y con un marcador señaló el número de la sala y de la cama que ocupaba Marcela.. Precisamente estabamos a la espera de esta ropita para atender a ambos. Llamaba pidiendo ayuda y enseguida le decían que fuera hacia tal dirección. abandonó los pasillos del hospital y llegó a la calle.. Por favor. El prisionero caminaba adelante. El celador ya lo conocía y lo dejó pasar. En la ventanilla averiguó por la sala y la cama de su mujer. alto y lampiño que le decían El Flaco. El grupo caminaba en silencio. Compró una gaseosa en un kiosco de la acera y la bebió con deleite. Miguel agradeció de corazón a la mujer y le prometió que en una hora la volvería a molestar. ¿Niño o niña? —Es un preciosos niño. El dinero que le prestó don Héctor le sirvieron para cargar el celular y para pagar los taxis de un extremo a otro de la ciudad. podía esperar afuera y regresar dentro de una hora.

con un sacudón de una pierna se deshizo de la bota derecha. si me van a matar.. hijueputas. lo subimos arrastrado. Lo seguían sus verdugos alumbrando el camino con las linternas. El firmamento se tapizó por completo con nubes negras. ¿Cuál era la diferencia? Se había predispuesto a morir y consideraba justo recibir la muerte con la mayor dignidad posible. ¿Que escoge? Ahí verá usted que escoge. Aprovechando la oscuridad de la noche movió ambas manos a un lado y a otro y descubrió que con un poco de empeño podría sacar una mano de la atadura. el negro Samy cogió al prisionero entre sus brazos y todos se metieron bajo los árboles cuando un helicóptero del Ejercito cruzó por encima de ellos. vientos helados bajaban de las partes altas de las elevaciones. Un kilometro más adelante llegaron a una parte más empinada. Cualquier disparo en esta parte baja rebotaría y el eco llegaría lejos. mátente aquí de una vez. Rafael continuó amarrando al prisionero con las manos adelante. La oscuridad llegó y el primero en prender su linterna fue Rafael. La tarde también avanzaba y a medida que pasaban las horas. que en la parte alta de la montaña. camine pues . Si quiere. cámbiele las amarras al prisionero —era la voz de Polo—. Miguel consideró que sería lo mismo ser ejecutado en ese lugar. —Listo —dijo al cabo —Bueno maestro. prosiguieron la marcha. las manecillas del reloj pulsera de Polo marcaban las 19 horas y la 19 . palma con palma. En realidad no se trataba de ninguna amenaza. Miguel sintió que las ataduras ya no eran firmes. Y si no quiere subir. —No puedo subir la loma con las manos amaradas atrás —era su voz rompiendo la monotonía de la marcha—. Cuatro conos de luz le apuntaban al rostro.. luego le puso las manos adelante. Polo ordenó seguir la ruta hacia el filo por la parte menos escabrosa de la falda. el cono de luz que lo alumbraba se apagó. después lo siguieron los otros. Empezó a caminar por la trocha hacia arriba descalzo y sin decir nada. con otro movimiento similar en la otra pierna expulsó la segunda bota. Tenemos que llegar al filo.. le ponemos las botas y si no quiere no se las ponemos pero si no camina lo amarramos y lo subimos arrastrado.de afán. necesitaba ganar tiempo. También estoy mamado de esta putas botas. el prisionero se detuvo en seco negándose a seguir. quien la portaba intentó volverla a prender pero la linterna no funcionó. Relámpagos y truenos en la atmósfera amenazaban la proximidad de tormenta y una fina llovizna empezó a caer. Luego de una íntima y breve reflexión. Rafael lo desató. Se detuvieron. El prisionero empezó a fingir cansancio. pero tiene que ser en el filo.. De un empujón el negro Samy volteó al prisionero. Enseguida. incluido el prisionero que avanzaba rápido pero con dificultad debido a sus botas de caucho extremadamente grandes para sus pies. —Rafael. cuando estuvieron seguros de que el aparato no regresaría.

— ¡No!.. El cono de luz de la linterna de Rafael era la única claridad a varios kilómetros a la redonda. —No son las pilas —dijo el negro Samy con desinterés sin interrumpir el ritmo de la pala. Tomó la escopeta. Los golpes secos del pico y la pala parecían armonizar con los ruidos de la noche mientras Polo y Rafael los miraban en silencio.. a este paso nos vamos a quedar a oscuras. con la mano derecha 20 . De un brinco estuvo fuera del hueco. bebió un trago largo luego volvió a tapar la botella y la guardó en el bolsillo trasero del camuflado. Hay que afanarse. Creo que ya es suficiente —dijo Polo—. Rafael ayudó a Miguel a ponerse de pie y en un ligero descuido le puso una pequeña navaja abierta en sus manos. El Flaco tomó del brazo al prisionero y lo llevó hasta el borde del hueco. Desde el fondo de la oquedad. Rafael le pidió al prisionero que se echara a tierra mientras Polo ordenaba a los demás empezar a cavar el hueco. —Vida berraca hombre. éste se la alcanzó y con ella caminó hasta su morral. Miguel tenía los ojos desmesuradamente abiertos. levantó el gatillo y se alistó a disparar.. encargues del traidor. El verdugo levantó el arma.oscuridad era total cuando finalmente arribaron a una pequeña meseta de la pendiente. El cono de luz se estrellaba en el rostro del prisionero a menos de cincuenta centímetros Esta vez la linterna no parpadeó sino que se apagó de golpe. que va a llover y nos vamos a mojar todos. Le advertí a Martínez que no comprara esa mierda porque todo lo chino es chimbo. el hombre desgarbado asintió con un gesto. lo abrió y sacó una caneca de aguardiente. las linternas? —Si... Quien empezó con la pica fue el Flaco. alumbraba el punto donde los hombres adelantaban la excavación. creo que ya está bueno. Esas linternas son chinas. El prisionero seguía en tierra boca abajo. lo siguió Samy con la pala mientras Polo alumbraba la escena con una de las dos únicas linternas que quedaban.. Flaco. con la luz de la linterna verificó convencionalmente la carga y sin más se acercó hasta el prisionero que proseguía en tierra. No me paró bolas y ahí tiene. De repente la linterna de Polo empezó a titilar y finalmente se apagó del todo. Bueno. La otra linterna la tenía Rafael que mientras cuidaba al prisionero.. acabemos de una buena vez esta mierda. . usted mismo. El Flaco tomó la linterna con su mano derecha que también le servía de apoyo al cañón de la escopeta. Le dijo que se pusiera de pie para “hacerle la vuelta en el hueco mismo”. —¿Entonces que es. le pidió la linterna a Rafael. pues? —Son las linternas. Pero él insistió porque estaban baratas y había que ahorrar los recursos de la revolución. ¡Qué pilas tan malas! ¡Adonde putas compraron esa pilas tan pichas —preguntó Polo con evidente molestia—. con ambas manos libres aunque simulaba seguir atado. —¿Cómo así.

Remátenlo” fueron los gritos destemplados que se empezaron a escuchar a lo largo de la falda de la montaña. y la total oscuridad de la noche. empezaba a sangrar copiosamente.. La decisión ya la había tomado.. el negro Samy y Rafael se lanzaban ladera abajo en persecución del prisionero. Polo. Miguel se puso de pie y de un brinco estaba fuera del alcance del nido. Cuando sentía la presencia de algún perseguidor se guarecía en alguna oquedad o entre la vegetación. pero no puede evitar el disparo que le quema el hombro y la parte derecha del rostro.. sólo le quedaba permitir que las hormigas hicieran fiesta en sus heridas y en su pobre cuerpo de nazareno. a medida que las linternas se acercaban descubría que estaba sobre un hormiguero. según el interlocutor no demorarían en aparecer. No pudo hacer nada. Se quedaba inmóvil sin respirar a la espera que el perseguidor se alejara. buscaría refugio en la Petrolera donde tropas del batallón García Rovira custodiaban las instalaciones. Pero la carretera estaba más lejos de lo que imaginaba. No recuerda el tiempo que estuvo 21 . la reacción súbita del prisionero. Apenas desaparecieron las linternas entre la vegetación. La persecución duró toda la noche. Esta herido.. “¡Esta herido. Miguel herido en el hombro. El asunto era llegar cuanto antes a la carretera. La ventaja del fugitivo era el conocimiento del terreno. Sabía que tenía que hacerlo pronto. Los tres hombres de Polo que lo aguardaban en un punto cercano. allí pediría ayuda al primer automotor que pasara y le rogaría que lo sacara de aquel infierno. Pero en segundos. cayó a una zanja y se quedó en ella.. Antes de que la madrugada clareara estuvo apunto de ser descubierto por dos de sus perseguidores. cualquier leve movimiento le hubiese costado la vida.. con su misma camisa logró aplicarse un torniquete y pudo detener el flujo.. llegaron acompañados de ocho hombres de Martínez que de casualidad merodeaban por el sector y enseguida se unieron a la persecución. en cualquier momento aparecerían los perros y la situación se complicaría. Con la mano izquierda un navajazo profundo en el centro del tórax al verdugo y una zambullida al vacío de la meseta. Polo encendió la “radio dos metros” dio a conocer la situación y ordenó al otro grupo que copara las partes bajas de la meseta donde terminaba de ocurrir la evasión. rastreaban el sector donde calculaban que podría ocultarse el fugitivo. tomaba aliento y proseguía su desaforada carrera. catorce hombres armados con nuevas linternas.. no permitieron a Polo y a sus hombres una reacción inmediata. En menos de dos horas. Remátenlo. era la única manera de sacudirse de los voraces insectos. La repentina presencia de linternas cercanas lo llevaron a tirarse a tierra y quedarse inmóvil. También habían pedido por radio la presencia de perros. Coincidían en que se hallaba mal herido y que no podía estas muy lejos. se tiró a tierra y como un desquiciado empezó a revolcarse entre la yerba. los cuales. Las maldiciones del herido en tierra. Pero la oscuridad seguía siendo su mejor aliada.Miguel da un golpe seco al cañón de la escopeta.

cerca había una cabaña. así sea al menos un pedazo de revolver”. tomó un poco de agua de la alberca. A las diez de la noche cesaron las preguntas. sólo cuando miró al soldado 22 . Con las primeras preguntas fue identificado por el oficial encargado. Vencido por el agotamiento y el suplicio. Solo al medio día. Antes de formalizar la deserción. caminó hasta ella y luego de merodear un rato supo que estaba desocupada. Aún incrédulos ambos guardias le permitieron ingresar a la caseta. prendió el fogón y se dispuso a cocinar algunos tubérculos. Antes de abandonar el lugar se metió algunos pedazos de yuca al bolsillo. en efecto. Miguel se identifico ante el vigilante que lo requirió. de los paramilitares o simplemente el escondrijo de algún campesino. aún desconocía lo que podía ocurrir. los calmantes hicieron lo demás y Miguel desapareció del mundo por más de diez horas. La choza era como un depósito de alimentos o algo parecido que podría ser de la guerrilla. creyeron lo mismo que los conductores de vehículos que se habían negado a recogerlo. Miguel agradeció y enseguida se dirigió a la garita. se trataba de alias Miguel. El hambre arreciaba y no dudó mucho. Miguel nunca supo bien el lugar donde finalmente se acostó. Le acondicionaron un colchón en una oficina o en un comedor.revolcándose en la yerba. lloró dolorosamente y solo se detuvo cuando descubrió las primeras luces de la alborada. También encontró un fogón de leña fósforos y recipientes. conducido hasta la enfermería y atiborrado de calmantes para poder ser interrogado por miembros del B-2. Dos horas después el conductor lo dejaba frente a la caseta de vigilancia de la petrolera. El hambre de dos días y el nuevo día le recordaron que aún seguía con vida. jefe miliciano del Eln y encargado del acopio de base en una de las zonas del Catatumbo. cualquiera. A lo lejos descubrió la carretera. Otros conductores se habían negado recogerlo creyendo que se trataba de algún orate escapado del manicomio. A Las seis de la tarde fue trasladado en silencio hasta las instalaciones de la tropa. Al momento disfrutaba de pedazos de yuca y de plátano. el desertado estaba totalmente agotado y algún oficial ordenó que le alistaran un colchón con cobija en algún lugar para que “este pobre hombre pudiera descansar”. hasta que luego de varias preguntas uno de ellos lo identifico plenamente. el oficial encargado insistía: “que le entregara una sola arma. Cuando lo vieron descalzo. Por la mañana un soldado lo despertó con una taza de café caliente. Le dijo que había perdido mucha sangre y que necesitaba presentarse ante algún oficial de las tropas del García Rovira para desertarse y que por favor lo ayudara. En el interior encontró plátanos maduros y atados de yuca. con una sonrisa al vacío agradeció el milagro. fue recogido por una camioneta de Ecopetrol que se dirigía al sur. con una venda sangrante en el hombro y su cuerpo tapizado con picaduras de hormigas. Miguel despertó sin saber dónde se hallaba. Miguel repetía su aventura vivida pero el oficial insistía en la misma solicitud.

tenía dos deformes bolas de piel hinchada.. El soldado que seguía de pie a su lado miraba sus pies... Lo escuché decir que: “si este patirrajado nos entrega al menos un pedazo de revolver. Ya sabe.. *** A la hora exacta.. Miraba al lado de la ventana donde una vitela del Cristo Crucificado pendía de la pared. —Este guebón metido de chusmero —Y usted marica metido de tombo —Así es la vida hermano. Hizo a un lado la cobija y descubrió que en vez de pies.. Saboreó un trago largo de café mientras recordaba que ese día era Domingo de Resurrección y que la iglesia de su pueblo debería estar repletas de feligreses.. ya no se acuerda del Gato Villamizar —¡Villamizar!. El Gato Villa era un vecino de la cuadra en Ábrego y no se volvieron a ver desde cuando cada uno tomaba el camino que había escogido. Quien lo recibió es un oficial teso que desde hace días anda detrás de algún positivo que le permita darle permisos a la tropa. volvió a contemplar la vitela del Cristo Crucificado y llegó a considerar que no todo podía ser coincidencia de las leyes de la Naturaleza.. Se abrazaron de corazón y cada uno se alegró a su manera de volverse a ver en tan particulares condiciones. como lo había prometido. Miguel puso la taza del tinto sobre una mesita para poderlo saludar. Esta vez la encontró repleta de usuarios.. Miguel regresaba a la ventanilla. lo pelamos y aseguramos los permisos para después de Semana Santa”. —Huumm... Bueno llave me alegra volverlo a ver y que se recupere rápido de las patas. ¡El Gato! —¡El mismo! Se abrazaron. En el cubiculo estaba la 23 . Nos hablamos. Pero luego sonrió. Sólo mirando sus destrozadas extremidades recordó todo el infierno vivido. Lo tienen asoleado. —¿Qué será hombre? —Miguel escuche yo lo vi anoche desde cuando lo bajaron de la camioneta. Se incorporó. Pero aquí estamos. Cuando trataba de acomodarse en la cama para beber la infusión no pudo. —¿Quien es usted? —Villamizar guevón. Cuando volvió a ver al soldado ofreciéndole el tinto reconoció que aún estaba con vida.. Chontico. tomó la taza y le agradeció de corazón. Pero eso no es nada. Tómese el tintico caliente. un fuerte dolor en ambos pies se lo impedía. Miguel no había escuchado esa palabra desde cuando salió de su pueblo..recordó el infierno vivido y todo aquel escenario le pareció irreal y absurdo.. Bebió un segundo trago de café.. El soldado amigo abandonó la habitación y Miguel se quedó con el pocillo humeante de tinto en la mano.Oiga guevón me tengo que ir pero tengo que comentarle algo urgente.. Le cuento esto guevón para que se pellizque y sepa donde esta parado.

No se preocupe. De repente. —Bien Miguel. ésta lo recibió con una sonrisa... Caminaron hasta el fondo del pasillo luego voltearon por un costado. Se fue. —Dijo el médico sin mirarlo—. el médico se detuvo frente a una amplia ventana protegida por un grueso vidrio.. ahora nuevamente esta de vuelta.. —Doctor... la misma mujer amable del medio día.. Soy yo. Cuando se alistaba a regresar por el pasillo. lo que pasa es que el niño nació prematuro y lo tuvimos que meter por unas horas en incubadora. Hace mucho rato que no veo un padre tan preocupado por su mujer y su hijo y eso merece un premio. Pero a usted se lo voy a permitir y lo voy a llevar hasta donde esta su hijo.. Miguel la reconoció enseguida a pesar de que esta vez tenía la cabeza cubierta por un gorro de 24 . luego regresó. al igual que su madre... Doctor. contestaba el teléfono fijo. no se preocupe. Su interior estaba lleno de aparatos en formas de cunas y enfermeras que iban y venían por todos los lados. dio la vuelta y fue hasta la puerta de entrada de los trabajadores del Hospital pero el vigilante lo detuvo. Con un gesto el médico le pidió al guardia que lo dejara pasar a lo cual Miguel no dudo en hacerlo.. le sonaba el celular. caminaba despacio con un fólder bajo el brazo. a la vez tenía otra página de internet abierta..... las máquinas. le dio la mano y le puso su mano al hombro. —¿Pero el niño esta bien? —Esta bien. contemplaba a las enfermeras. Llegó hasta el cubiculo y le entregó el atado de documentos a la funcionaria atareada. Como una exhalación Miguel salió del atadijo de la ventanilla. —¿Cuál es su nombre? —Miguel.. El joven medico que recibió a Marcela al medio día apareció por el fondo del corredor. revisaba una página excel en la pantalla del computador. Miguel miró el inmenso reloj del pasillo y sus dígitos marcaban las cinco y treinta de la tarde.. Eso me emociona..misma mujer que lo había atendido durante la tarde y ahora parecía más atareada que de costumbre.. El médico lo miró y pareció recordarlo. entraron en otra sala totalmente iluminada. Él esta bien. Miguel alzó el brazo y lo llamó. En cada aparato había un recién nacido y todos parecían dormir plácidamente. —Lo he visto toda la tarde dar vueltas por el hospital desde que llegó con su mujer. Mientras el público exasperado y agolpado en la ventanilla la miraba trabajar. Sigamos al fondo Se adelanto y con una seña lo invitó a seguir al interior del pasillo.. El medico alzó la mano para hacer alguna seña mientras Miguel no sabía a dónde mirar. desde el laberinto de la sala apareció la enfermera de pelo mono.. en su semblante se reflejaba el agotamiento. Nunca lo hago. Miraba al médico.. alzó la mano para indicarle que diera la vuelta y se acercara a él por la puerta lateral.. Sonrió. El médico lo saludó con una nueva sonrisa.

Esta vez eran de alegría. 25 . 5 de diciembre de 2010.cirugía.. Se detuvo con su misma sonrisa frente a la ventana con un pequeñín entre sus brazos. Bogotá. Miguel no necesitó que el medico le dijera algo.. sabía que aquel pequeñín que manoteaba al vació y pataleaba era su hijo. Por segunda vez en su vida sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas.