Universidad Nacional de Salta Facultad de Humanidades Materia: Antropología y Problemática Regional.

Profesores: Sonia Álvarez – Mónica Flores- Mabel Mamaní. Año: 2010 La antropología en Salta (1940-1970)- Martinez, Miguel Las historias de la Antropología Argentina La historia de la antropología, como especialidad, ha merecido atención de muy pocos especialistas tanto en nuestro país como en Europa y Estados Unidos. Apareció en principio como una tarea residual, marginal, que completaba el trabajo académico y docente de los antropólogos, al final de su carrera (Lloverá 1980). En el caso de Argentina las historias reflejan las posiciones de los escritores en el campo antropológico, sus adhesiones políticas e ideológicas, sus intereses y luchas internas. Hasta el 86 el peso está puesto en historias que recorren los aportes a la disciplina de individuos a los que se les asigna un rol de “precursores”, se intenta mostrar un campo disciplinar con pocas fisuras, explicando éstas como resultado de la mayor madurez o inmadurez en cada especialidad, antes que por la ideología científica o política, o por la incidencia de factores contextuales. Resultan ser crónicas vivenciadas delimitadas por cortes cronológicos. En general, apelan a cortes definidos como períodos que marcan líneas divisorias entre uno y otro. Al hacerlo reflejan su propio punto de vista sobre la secuencia de los fenómenos analizados. La discusión sobre las periodizaciones se torna importante desde el momento en que se opta periodizar de acuerdo con el desarrollo interno del discurso de la ciencia o bien de acuerdo con un desarrollo externo contextual. El CAEA (Centro Argentino de Etnografía Americana) encomendó a Mario Califano la elaboración de la historia disciplinar, que formó parte del Tomo X de la Evolución de las Ciencias en la República Argentina (1872-1972). Dividió su bosquejo histórico en campos temáticos: etnología, folklore, prehistoria, antropología física, lingüística, etnomusicología, etnosiquiatría, estudios africanos y ciencias de la religión, según refiere, en razón de la particular evolución en cada especialidad, seleccionando aquellos autores y textos que a su juicio destacan avances disciplinares. Sin embargo, “hay en la calle una historia de la Antropología Argentina patrocinada por la Sociedad Científica Argentina en donde el contexto externo prácticamente no existe, este país aparece como lineal, parecido a la utopía de Tomás Moro, acá no ha pasado nada, no hay acontecimientos como los golpes militares que toquen a la ciencia. Sin embargo, cuando analizamos la figura de algunos antecesores nuestros, vemos que han tenido una intensa vida política académica y social, que incidió tanto en la elección o rechazo de discípulos, temáticas de investigación, aplicación de recursos, y, negación de especialistas y productos” (Pérez Gollan J. A 1990: 2) El caso en contrario resulta ser la crónica de Eduardo Menéndez quien refiriéndose al escaso desarrollo de la Antropología Social en Argentina expresa: “Diversos factores contribuyeron a su
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tardío desarrollo no sólo dentro del campo de las disciplinas Histórico-sociales, sino de las propias ciencias antropológicas. Algunos de estos factores pueden ser referidos al temprano y dominante desarrollo de las orientaciones neotemporales, sobre las históricas y estructurales, que dieron lugar a un desproporcionado crecimiento de las disciplinas arqueológicas en detrimento de las otras ciencias socio-culturales. Esta situación favoreció la incorporación de determinadas corrientes teóricas, en especial las constituidas en Alemania y secundariamente en Francia e Italia entre 1900 y 1930 (histórico-culturales, morfoculturales, fenomenológicas) que condujeron excluyentemente a abordar ciertos objetos y problemáticas, que marginaron los que ulteriormente constituyeron los objetos de la Antropología social. Creemos que el elemento más deformador fue el que privilegió una perspectiva reconstructivista y universalista, a través de la elección de problemáticas calcadas de las propuestas en los centros científicos metropolitanos, pero que muy poco tenían que ver con las problemáticas a establecer desde una perspectiva nacional y Latinoamericana” (Menéndez 1968.Citado por Garbulsky 1991-92) Guillermo Madrazo (1985) opta por una periodización fundada en los acontecimientos políticos de ruptura combinada con el dominio de estilos teóricos que se muestran congruentes con los sectores políticos hegemónicos: 1880-1930: Los inicios positivistas 1930-1955: La reacción histórico-cultural 1955-1966: La apertura teórica 1966-1972: La censura 1973-1974: La politización 1975-1982: La paralización teórica Con una orientación similar Edgardo Garbulsky (1991-92) escribe la historia de la Antropología Social en Argentina, concentrándose especialmente en el período comprendido entre 1966 y la actualidad. La consideración de las dimensiones contextuales, le permiten demostrar la invisibilización, por parte de los académicos oficialistas del proceso de cambio teórico, ampliación de temáticas, transferencia a la comunidad y generación de espacios de encuentro que favorecieron la legitimación social de la disciplina, señalando que el Proceso de Reorganización Nacional (en adelante PRN) echará por tierra estos avances, volviendo a la tradición etnológica de la escuela de Buenos Aires. En Salta tomará su propio rumbo asociada a la Doctrina de Seguridad Nacional. Garbulsky destaca los cambios teóricos y metodológicos producidos entre 1973 y 1976. A pesar de lo corto del proceso -donde Ezeiza primero, la muerte de Perón y la hegemonía del lopezrreguismo y la derecha en el gobierno de María Estela Martínez luego, con el accionar de las bandas de la Triple A y las condiciones policiales en varias universidades, signan un después que se hace terrible en marzo de 1976-, y de estas actitudes infantiles frente a la relación ciencia/realidad, ciencia/política, el período no es estéril ni en realizaciones, ni sobre todo en nuclear ideas para desarrollar proyectos. Se
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efectúa en Salta, en el marco del III Congreso Nacional de Arqueología (mayo de 1974), la mesa redonda sobre "Estados y Perspectivas de la .antropología social en la Argentina", coordinada por Edgardo Garbulsky, de la que surge una mesa nacional provisoria coordinadora de Antropología Sociocultural, integrada por L. Bartolomé, L. M. Gatti, Lube Roitman, G. Ruben y L. Fernández, con el objeto de "responder a la necesidad de vincular a los antropólogos sociales, coordinar sus tareas, promover el ejercicio de la profesión y la ampliación del campo laboral, enfrentar problemas teóricos fundamentales, intercambiar información, etc." y realizar un Encuentro de Antropología Social, que no se efectivizó por las condiciones en que se encontraban las universidades argentinas.” (Garbulsky E. 1991-1992) Señala Estela Gurevich con relación a este momento que es objeto de sus investigaciones: “del ‟73 al ‟74, los mensajes emitidos desde la cúpula del gobierno circularon horizontalmente a través de los diferentes sectores sociales. En un contexto que priorizaba la acción se privilegiaron las propuestas de la antropología aplicada y socialmente comprometida. La informalidad y el desorden de las comunicaciones sirvieron de justificación a la reintervención universitaria, en julio del ‟74, se atribuyó como misión ordenar el caos y cambiar la intencionalidad de los discursos que ya no pretendían incluir sino limitar y diferenciar. Del ‟76 al ‟83, los mensajes emitidos desde la cúpula militar reafirmaron su verticalidad desestimando las propuestas provenientes desde el llano. Desde entonces la antropología circunscribió su radio de acción al rescate de un patrimonio cultural desconectado de toda problemática social” (Gurevich E.1994: 56) Con la democracia, resurge el interés por la Historia de la Antropología Argentina. Una mención especial requiere el trabajo de la Dra. Myriam Tarragó quien aborda “(…) una reflexión acerca de la historia de la arqueología en los Valles Calchaquíes desde una perspectiva histórica, es decir, en el marco de los eventos generales y de la política del estado nacional, dentro de la cual se inscribe (Madrazo 1985, Garbulsky 1991-92, González 1985, 1991-92; Patterson 1995, Politis 1992, 1995). Se intenta ver en qué forma los factores históricos globales de cada época y las situaciones académicas en particular, atraviesan las acciones de los estudiosos y en qué forma la práctica de los mismos responde o contradice los fines y tendencias de época.” (Tarragó M. 2001: 2) Los comienzos de la Antropología Social en Salta - Antecedentes La primera referencia sobre la Antropología en Salta aparece ligada a esa forma imprecisa que le imprimían los naturalistas eruditos y coleccionistas de principios del siglo XX. Un antropólogo debía ser especialista en: Raciología de las poblaciones fósiles, el pasado aborigen prehispánico (Antigüedades) y en menor medida, el “salvamento” de las culturas indígenas, a esto correspondían tres ramas de la disciplina: Antropología Física, Arqueología y Etnografía. Podía agregárseles el folklore. (Lazzari, 2004: 206) Christian Nelsson -Geólogo Danés- se radica en Salta y es el primero en presentar resultados de estudios “etnológicos” en la Puna Salto-Jujeña. Realizaba relevamientos geológicos junto a exploraciones arqueológicas y paleontológicas ajustados a una metodología positivista -. Con ese estilo realiza alguna descripción de poblaciones de la Puna, con una mirada externa sobre culturas cuyas prácticas resultaban “exóticas”, a este geólogo de familia aristocrática.

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En 1915 crea el Museo de Fomento en el cual se organizan distintas secciones como Ciencias Naturales y de la Tierra; Antigüedades y Arqueología, entre otras. Al mismo tiempo se funda una Sociedad Científica que nuclea a los intelectuales de la época (abogados, sacerdotes, médicos, militares), denominada Unión Salteña; entre sus miembros se encuentran el abogado Atilio Cornejo y el sacerdote Fray Gobelli, entre otros. (Rey de Sastre M. 2002) Desde 1949 y hasta fines de los „60, la Antropología estará ligada en Salta, a las Ciencias Naturales. En un primer momento, a través del Museo Provincial (creado en 1949)1 y la Escuela Superior de Ciencias Naturales (creada en 1951, dependiente de la Provincia). Se legitima tanto el Museo como la Escuela, se asigna presupuesto, edificio propio y se nombra a Sirolli Profesor de Etnología, Etnografía y Arqueología, a través de un decreto del Ejecutivo Provincial, que lo convierte en el primer docente provincial de antropología. Crea también la Sociedad Científica del NOA. La meta era incorporar la escuela y el museo a la facultad de Ciencias Naturales de Tucumán, incluyendo a sus docentes, estudiantes y personal técnico o administrativo. La Facultad de Ciencias Naturales y el Instituto de Antropología de Tucumán Los primeros acercamientos entre el Instituto de Antropología y el Estado Provincial derivan en el fugaz intento de creación de un laboratorio experimental de antropología (1952), que funcionaría en la Dirección de Educación Física de la Provincia. Y en la experiencia, también fugaz, de creación del Instituto Étnico del Norte Argentino (IENA). Tanto el laboratorio como el Instituto, pensados desde una perspectiva eugenista fueron iniciativas del Instituto de Antropología de Tucumán y de su Director Branimiro Males2. La Facultad de Ciencias Naturales de Tucumán se establece finalmente en 1954 absorbiendo al Museo, el Instituto de Ciencias Naturales y algunos docentes de la escuela provincial. Branimiro Males se hace cargo de las cátedras de Antropología (1956), que tendrán una clara orientación Histórico – cultural, en tanto Sirolli sigue a cargo de la Sección Antropología del Museo de Ciencias Naturales, que se orientará hacia la arqueología y en menor medida a la antropología física, hasta la incorporación de Rodolfo Serrano en 1958, quien aporta criterios de catalogación y ordenamiento museológico, continuando con sus investigaciones en campo. A fines de la década de 1960, el gobierno provincial establece nuevas relaciones institucionales con las universidades y prioriza los vínculos con la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de La Plata, realizando un convenio para hacer distintos estudios y relevamientos en el área de turismo y recursos naturales. se definen algunas investigaciones en Arqueología (Cigliano), Antropología Física y Folklore, estas últimas realizadas en la Puna Salto-jujeña por Néstor Homero Palma3, que se vincula con Sirolli incorporándose a la Sociedad Científica del NOA. Sirolli y la Sociedad Científica crean el Instituto Provincial de Antropología Y Ciencias a fines de 1969 en el que se retomaba la experiencia de la sección Antropología del Museo Provincial de Ciencias Naturales, ligada a la Antropología Física y Arqueología. Se concibe a la Antropología como una disciplina técnica, aplicada a investigaciones forenses y legales. Preveía la incorporación de sus egresados como técnicos al servicio

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del Estado. Es indudable el peso del Profesor Sirolli, a partir de su filiación peronista y sus fuertes vínculos políticos locales y nacionales. El primer antropólogo que se inserta en ese instituto es Amoroso Ruffo, formado en la UBA (cercano al grupo de antropólogos que tenían como referente a Marcelo Bórmida), censista del Censo Indígena Nacional y miembro de la Sociedad Científica del NOA. Dicta en el instituto las cátedras de Etnografía, Etnología y Antropología. 4 Su vinculación con Sirolli le permite acceder a cargos estatales provinciales. Luego se incorpora en la recién creada Dirección de Asuntos Aborígenes, dependiente del Ministerio de Bienestar Social. Amoroso Ruffo se hará cargo de la Secretaría y luego será su Director.5 También se hace cargo de las Cátedras de Etnología y Antropología que se dictan en distintos departamentos de las universidades (católica y estatal). Salta, un lugar para la investigación Desde los primeros estudios sistemáticos de Etnografía y Folklore, realizados por investigadores provenientes de Buenos Aires y La Plata, figuras como Metraux, Palavecino, Delia Millan, Bórmida y su equipo, etc. Salta constituyó un espacio privilegiado de estudios empíricos. Los estudios estuvieron dirigidos fundamentalmente hacia los Valles Calchaquíes, El Chaco y la Puna, “como unidades territoriales independientes de las tierras bajas y en las que se ponderaba una continuidad cultural, cuyo basamento se encontraba en los hallazgos arqueológicos, transformados “lamentablemente” en parte por la influencia de la conquista y la colonización española. El resultado para esta visión clásica de los años 50 y 60, es el de una “sociedad folk” o “criolla”, sincrética, en la cual se habían integrado elementos culturales típicamente andinos con otros hispanos, fundamentalmente provenientes del catolicismo”. El foco de estas investigaciones estuvo puesto en las costumbres, la ergología, las creencias y los rituales, y su análisis cayó dentro del campo disciplinar del Folklore, acorde a la división académica aceptada por los 60 entre Etnografía, Etnología, Arqueología y Folklore. El hecho de que el Primer Censo Indígena Nacional6 haya excluido a la población de la Puna denota esta concepción. En términos de Lafón7 la situación reflejaba “el momento de cristalización de esa cultura de conquista, alrededor del siglo XVII y principio del siglo XVIII en el país, que no fue superado en muchos lugares relativamente aislados, como ocurre en gran parte del noroeste” (Lafón: 1977: 77) Se pensaba en las poblaciones en términos de sociedades campesinas, en las que una combinación de factores ambientales y culturales le otorga el carácter de tradicional, donde los cambios son introducidos por la vía de la tecnología desde los centros urbanos, siguiendo el esquema de Redfield. Este tipo de delimitación está presente en las áreas de cultura folk de Palavecino (1959), en las regiones de Jacovella (1959) y en los ámbitos de Cortazar 8 (1948), y contribuyeron fuertemente a la creación de la imagen de la región como reservorio de la tradicionalidad, una sociedad sin cambios importantes, con una cultura capaz de absorber los diversos impactos modernizadores sin modificar su esencia. Como más explícitamente lo plantea Lafón, se trata de rastrear los orígenes de la nacionalidad a través de la identificación de la “criollicidad” en distintos contextos espacio temporales, diferenciando esta condición, de lo aborigen y de lo hispano. (Lafón C. 1970:2) En este intento de búsqueda de una matriz cultural –valores, creencias, usos y costumbres- que legitimen la integración nacional, la tradición folklórica dejó de lado la complejidad del proceso social,
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consagrando como auténticas sólo ciertas expresiones culturales: ciertas formas de canto, algunas comidas, relatos y rituales.” (Belli E. 2004: 22) Así, La mirada de la antropología local, no estaba exenta de exotismo y remitía centralmente al estudio de los pueblos indígenas como otros culturales que debían ser integrados, desarrollados, retenidos como fuerza de trabajo y estudiados para rescatar cosmogonías o prácticas culturales (según la tradición teórica) diferentes y originales. Con excepción de la fugaz experiencia de Antropología Social, durante los ‟70, se consideraron como autorizadas las perspectivas regionales o micro – regionales, constituyendo nuevos “lugares antropológicos”, desde distintas concepciones de lo cultural o lo socio - cultural. La UNSa La creación de universidades nacionales en el NOA, responde a un proyecto delineado por el gobierno de Onganía y ratificado en la reunión de gobernadores del NOA, en 1967. Ese proyecto propendía a la regionalización en general, considerada una condición para el desarrollo del país. En la etapa de transición a la democracia de Lanusse, entre 1970 y 1972, se crean las Universidades Nacionales de Catamarca, Santiago del Estero, Salta y Jujuy. Esta política se instrumentaba a través del Ministro de Educación Gustavo Malek y “cumplía con la recomendación de la reunión de gobernadores de Jujuy (1967) para la creación de institutos universitarios en las provincias excluidas de ese beneficio” (Bazán, A.;1995) La creación de la Universidad Nacional de Salta en 1972, no contó con un apoyo masivo. Por un lado , la resistencia por parte de los sectores católicos conservadores, argumentando que la única universidad en Salta debía ser la católica y por otro lado la oposición a dejar los beneficios que, para algunos, representaba la Universidad Nacional de Tucumán en la Provincia, produjeron ciertas fricciones con los grupos promotores de creación de la U.N.Sa. Entre esos grupos, tuvo un peso importante la Sociedad Científica del NOA, representada por Amadeo Sirolli, cuya opinión logró consenso a nivel nacional. También se consideraba uno de los candidatos para constituirse en el primer Rector de la U.N.Sa. Se prevé ya, que la nueva carrera será Antropología (las demás existían en distintos departamentos y facultades). En este período de transición hacia la democracia, se establecen las bases y los fundamentos para la constitución de la Universidad Nacional de Salta. La concepción localizada de la Universidad y el sentido regional de la misma, marcan esta etapa constitutiva. Los fines y objetivos son redactados por los filósofos Mario Casalla y Rodolfo Kush (UNSa. 1972) Mario Casalla concibe la ciencia como un efecto de la voluntad del hombre por controlar la naturaleza y propone la superación de esa perspectiva por “la primordial búsqueda de la felicidad y grandeza de los pueblos en su diaria promoción como hombres. (…) Así, volvería la ciencia de manera tal, a su condición originaria de simple instrumento para un fin político (histórico) que la trasciende y dignifica” (Casalla M 1973:2) En 1973 Rodolfo Kush había expresado su posición acerca de la ciencia en su obra El pensamiento indígena y popular en América: “Ciencia y religión son absolutos visualizados, y comprenden por un lado la burocratización de la fe y por el otro el de la
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inteligencia. Son formas visuales vividas a nivel de organización, pero motivadas por un mecanismo muy simple, cual es el de sentir el mundo un poco menos desfavorable, un mundo bueno, institucionalizado en la buena iglesia y en la buena academia de ciencias.” (…) y agregaba “Pensemos que la ventaja del peronismo, que lo convierte en una expresión profundamente americana estriba en que, pese a la reciente infiltración marxista, sigue siendo un partido sin doctrina, aglutinado en torno a una personalidad carismática, sostenido por motivaciones estrictamente emocionales, todo él está alentado por un requerimiento profundo de lo absoluto, cuya tónica no entra estrictamente en el pensamiento occidental de la clase media” (Kush 1973: 375-378) La región se entiende, no solo en relación al NOA respecto del resto del país sino, particularmente, el lugar de Salta con relación a Latinoamérica, remarcando vínculos históricos con el área andina desde la época prehispánica. La discusión en ese momento giraba en torno a conceptos como dependencia, neo-colonialismo, colonialismo interno y desarrollo desigual entre las regiones del país. La idea es constituir un centro de estudios, que vehiculice el desarrollo regional, con un sentido de servicio en torno a “un desarrollo auto sostenido y la integración de un propio sistema económico de fuertes características regionales” (UNSa.1972: 10) y diseñar un modelo político y socioeconómico de desarrollo propio, que supere el “fracaso de los esquemas de desarrollo dependiente”, que han contribuido al estancamiento de regiones del interior. (Ibíd.:11) Es un paso en el proyecto liberación nacional; se apela a las particularidades regionales, que constituirían vertientes del ser nacional. La política de ocupación e integración territorial, es acorde con la política de regionalización y descentralización de grandes núcleos urbanos y tiene como correlato la creación de universidades públicas y la promoción de iniciativas de desarrollo que involucren áreas sociales y productivas. De allí que la Universidad de Salta tenga un rol asignado y las carreras e institutos que la componen deban adecuarse a ese rol definido por el proyecto de desarrollo. El lugar que le cabe a las ciencias sociales y la antropología en este proyecto es el de generar agentes para el cambio, con la capacidad de entender la situación socio – económico y cultural e incidir sobre ella, a través de la planificación de políticas de “cambio y corrección”, acordes con el modelo de desarrollo planteado. En definitiva, se requiere la formación de profesionales para el Estado que participen en las políticas sobre áreas críticas como educación, salud, vivienda, etc. La creación de la carrera El surgimiento de la carrera de Antropología recoge tanto la contextualización situacional como la contextualización relevante, según se definan “proyectos” de Universidad, región o Estado Nacional. La propuesta de creación de la carrera renueva el interés de Sirolli por trasladar en bloque el Instituto Provincial y darle el status de carrera universitaria, pero su propuesta no prosperó y las condiciones de incorporación del Instituto provincial se discutieron hasta 1973. Desde la etapa de transición a la democracia del gobierno de Lanusse, momento de creación de la Universidad nacional de Salta y pasando por el interregno democrático que inaugura el triunfo del FREJULI, la etapa intervensionista de Isabel Perón y el lopezreguismo y luego el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional, instaurado por el golpe militar del ‟76; la Carrera de Antropología (con las diferentes
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perspectivas teóricas y líneas de investigación que proponían sus docentes e investigadores), será sucesivamente inaugurada, reinaugurada, censurada y reestructurada, clausurada y declarada extinta. El Simposio de 1973 Los primeros pasos consistieron en la elección de un organizador que formulara el plan de estudios, los programas de materias, programas de investigación, etc. Para esto se decidió realizar un simposio con invitados especiales. Tuvo lugar en la ciudad de Salta entre los días 19 y 22 de julio de 1973. 9 El objetivo era definir los temas centrales de la currícula y el “perfil del egresado” y organizar la transición de los estudiantes del Instituto provincial. A principios de 1973 se eligió como primer organizador a Néstor Homero Palma, perteneciente a la sociedad Científica del NOA. En mayo de 1973 el Frente Justicialista de Liberación (FREJULI) asume el gobierno a nivel nacional, como así también en la provincia, llevando como gobernador a Miguel Ragone. Ese resultado significaba la posibilidad – según las expectativas de los propios militantes peronistas - de cambios radicales y la posibilidad de expresión de distintos sectores del peronismo, que consideraron a este período como el que posibilitaría la concreción del proyecto de socialismo nacional. Los antropólogos sociales encontraban espacios para legitimar su especialización en las universidades con más tradición en Antropología (UBA, La Plata, Rosario), al tiempo que se concretaba la apertura de nuevas carreras que la contaban como especialidad, con el nombre de Antropología Social en Salta y Misiones (con posterioridad). En la U.N.Sa el demócrata – cristiano Martínez Borelli es designado interventor. La intervención en un marco democrático, implicó la renuncia de todos los directores de departamentos y de los organizadores de carreras. Así renuncia Palma a la organización de la carrera de Antropología y se contrata, en su reemplazo, a un nuevo organizador: el sacerdote Federico Aguiló. Las propuestas Algunos temas recurrentes en los debates del simposio fueron por un lado, las perspectivas sobre una carrera de antropología en el NOA y, por otro, una discusión más general sobre la antropología en un momento histórico y político particular, nos referimos a temas tales como la relación de antropología y política, y la antropología aplicada. Se entiende a la antropología como “situada”, es decir que debe orientar su perfil hacia el área en la que se inserta (Boasso 1973:3) 10 La relación de la Antropología con el Estado se plantea a través de la discusión sobre antropología aplicada. Se expone en general la necesidad de formar profesionales para que actúen en antropología aplicada al servicio del estado (Marzal), para algunos esto implica un trabajo concreto en planes sociales y proyectos estatales en las áreas críticas de salud, vivienda, educación, etc. (Chertudi, Gissi, Dewar y Dewar) Confluyen distintas perspectivas con respecto al lugar del investigador: la importancia de la generación de teorías y aportes, mas allá de la incorporación a programas de la
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administración pública (Chertudi) La cuestión ética, planteada en el marco de la reflexión sobre colonialismo (Marzal) o una separación entre el trabajo de investigación concreto, donde el antropólogo es un observador neutral y la postura ética de denuncia de situaciones injustas (Dewar y Dewar) Y por último la posición de ciencia “neutral” que critica tanto a la Antropología Aplicada. “Antropología Asistencia - Social”, como a la Antropología que llama “de barricada” (Boasso) De este simposio surge la confirmación de que la carrera debe ser Antropología Social y los primeros borradores para el Plan de estudios, que finalmente incluirá materias relacionadas a las áreas de antropología social y algunas socio – culturales. Ese plan estaba dividido en dos partes, una consideraba un plan de transición para los estudiantes del instituto provincial de Sirolli y el otro consideraba un año básico común. Sin Homero Palma u otro representante de la Sociedad Científica del NOA, y a partir de los resultados de este simposio, quedaba claro que el Instituto de Antropología provincial no sería la base de la carrera. Se acordó, sin embargo que los estudiantes del mismo tuvieran un régimen especial de transición, reconociendo algunas materias y dictándoles algunos seminarios que se tomaron después como equivalentes a materias del nuevo plan de estudios. (Anexo 4) Algunos de los asistentes al simposio dictaron estos seminarios de verano. (Susana Chertudi, Darrel Dewar, Federico Aguiló). Si bien cada uno presenta sus propias conclusiones, hay ciertos temas que atraviesan la discusión: Antropología en el NOA, Antropología, Política y antropología aplicada. Boasso expresaba en su informe: “El simposio me sirvió para el replanteo de toda la antropología social cultural dentro de un marco geográfico específico. (...) La antropología que quiere ser una ciencia, surge en circunstancias históricas particulares y quiere responder a problemas particulares... Alguien ha dicho que la ciencia comparativa que es la antropología es la ciencia de la historia. La antropología está orientada. En el caso de una escuela de antropología de la U.N.Sa la orientación le viene del área que dicha escuela espera servir: el NOA y el centro suramericano. Esa área desde el punto de vista cultural, parece signado por una situación de dependencia de unos grupos culturales respecto de otros. El estudio de culturas en dependencia, los mecanismos de dependencia y los mecanismos posibles de liberación se imponen para una antropología de esa área geográfica.” Pero también hace un llamado de atención sobre los riesgos de la antropología aplicada: “huyendo de una antropología supuestamente pura corremos el peligro de caer en los esteros de una antropología – asistencia social (antropologías aplicadas), o de una antropología de barricada, de manifiesto, que no es otra cosa que política con ropaje de antropología. No nos engañemos; en la medida en que hagamos una antropología manifiesto, podremos hacer un servicio a las comunidades pero no haremos ningún servicio a la antropología, y, por tanto, privaremos a las comunidades de una antropología que indague y esté siempre orientada a descubrir cosas nuevas.” Dewar y Dewar: “El acento está puesto en las diferencias culturales dentro de las cuales el antropólogo se relaciona con los otros. Así la observación con el fin de comprender a los otros
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implicará una actitud pasiva desde el antropólogo. Al mismo tiempo se pondera que el contacto entre grupos diferentes involucra necesariamente cambios, y en estos cambios interviene el antropólogo en forma activa”. En este contexto se entiende al antropólogo en la sociedad “industrializada”: “... actúa en forma activa cuando trata de mejorar la forma de vida del otro dentro de sus posibilidades culturales - como, por ejemplo, informar al otro de los derechos que éste tiene dentro de la sociedad que visita (obrero, bracero, etc.) para evitar que sea explotado(...)”. El antropólogo, se ha dicho en el simposio, puede actuar como profesor, museógrafo e investigador. Pero el país necesita gente preparada en antropología para actuar honestamente con los otros para que sean respetados todos por igual. El país necesita gente comprometida con los problemas sociales del momento, necesita gente política pero no “politizada”, necesita gente que esté a favor del cambio y tome parte en él activamente y no dialécticamente, es decir, gente definida y decidida a participar de él.” Susana Chertudi: Afirma que hay dos grandes tipos de tareas que puede cumplir un antropólogo: “Investigación y Docencia. Dentro de la investigación, debe considerarse también que la investigación fuera del ámbito académico puede hacer algo más que estar dirigida a fines prácticos cumpliendo directivas. Debe tenerse en cuenta la innegable interdependencia entre teoría y realidad”.; “Esto implica también la necesidad de la teoría para la aprehensión de la realidad y su posible modificación”. “También estimo que en nuestro país, posiblemente por el hasta ahora restringido campo del quehacer profesional, se estima como superior el status del antropólogo investigador universitario que el del antropólogo trabajador en otros sectores. Y son justamente esas otras esferas de acción dentro de la sociedad (educación, vivienda, salud, producción, vialidad, comunicaciones, etc.) las que requieren hoy la urgente intervención de la antropología.” Gissi; “Debe existir como carrera, solo antropología social: su urgente necesidad para el diagnóstico y la colaboración en el cambio social, tanto a nivel regional como nacional, en particular en la nueva coyuntura histórica argentina.” Propone también una relación inmediata con áreas sociales de programas estatales y el trabajo en ellos desde el primer año de cursado de los estudiantes, por la urgencia social del país. Marzal: Ante la pregunta de Qué es la antropología cultural hoy? Marzal reflexiona situando la respuesta en un marco geográfico y un tiempo específico: “Salta en Latinoamérica hoy (…) En un continente que atraviesa por uno de los momentos más dramáticos de su historia y que está viviendo una serie de cambios profundos, que exigen la presencia del antropólogo, sobre todo en el segundo tiempo de toda revolución, que no es la toma del poder, sino la organización del mismo entre hombres “concretos”, es decir, aprisionados por su propio contexto cultural. Además, hay que responder esa pregunta en Salta, la ciudad que es corazón de una de las regiones mas “americanas” de Argentina y donde confluyen distintas tradiciones indígenas de América. (...) y hoy, fruto de la evolución interna del ayer (siempre dialécticamente ante la realidad) y en otro sentido significa ruptura con el ayer, sobre todo en lo relativo a la antropología aplicada. (...) No tenemos que formar antropólogos para la universidad o los institutos de investigación, pues sabemos que la demanda actual en estos campos es muy limitada; hay que formar antropólogos sobre todo para trabajar en los programas estatales.”

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En este simposio también se consensuan propuestas para la formulación del plan de estudios. Confluyen así diferentes perspectivas sobre la antropología; que comparten sin embargo una visión de la antropología como un medio para la acción; una ciencia aplicada al cambio social. La decisión de implementar la carrera de antropología social se basa en el convencimiento de la urgencia social. De la necesidad de contar con expertos en lo social, con la formación necesaria y la capacidad de acompañar a los distintos sectores sociales de este lugar latinoamericano dentro de Argentina, en el cambio inevitable que impone la Industrialización o la modernidad. La antropología entonces, es pensada desde sus inicios en la Universidad Nacional de Salta, como antropología aplicada. Se espera de ella expertos en lo social que se incorporen a los programas estatales para ser funcionarios convencidos de su rol político no “politizado”. La Re-inauguración. 1974 y la Antropología Social. En 1974 se incorporan en los Departamentos de Humanidades y Económicas, docentes e investigadores heterogéneos, que provienen de distintos lugares del país, con variadas posturas teóricas que comparten, sin embargo, una preocupación por la denuncia de situaciones sociales injustas, ubicando en el centro del debate el rol del intelectual, la relación política – ciencia y el lugar de la ideología. Esta confluencia se reflejará en la carrera de Antropología Social, que surge definida como una ciencia social y se inserta en el Departamento de Ciencias Económicas, el cual cambia su nombre por el de Ciencias Económicas, Jurídicas y Sociales. Los estudiantes proceden del Instituto de Sirolli y por otra parte los ingresantes plenos. “Se marcaron claramente dos grupos: los del instituto y los que ingresaban o venían de otros lugares, (…) los que tomaban apuntes y los que entendían las clases como debate, participación y diálogo” (Entrevista a la lic. Lezcano). Se conforma con un equipo docente interdisciplinario. Los primeros antropólogos contratados son: Pablo Aznar, que regresaba del exilio en Chile y el cordobés Luis María Gatti. Luego se incorporan otros docentes11. En esta carrera predomina la inclusión de los aportes teóricos del materialismo histórico en ciencias sociales y la necesidad de explicar el funcionamiento del capitalismo dependiente, a partir de la explicitación de los mecanismos de la dependencia. En algunos casos se enfatizan las experiencias de liberación nacional del tercer mundo y el compromiso del investigador con estos procesos. Se debate el lugar del investigador con relación a la política, el compromiso del investigador con las poblaciones que estudia, etc. José María Gatti: propone abordar las condiciones materiales de producción y reproducción de la vida de las poblaciones indígenas, descree de los estudios excluyentemente culturalistas y tiene en mente los trabajos de Pierre Bourdieu que enseña a sus estudiantes. Antropólogo social lector del materialismo histórico, 12 quien a pesar del poco tiempo de permanencia en la Universidad de Salta, participó en la creación, junto a Pablo Aznar, de un "grupo para el estudio de Estructura Agraria", dentro del Instituto de Estudios Regionales, donde sus interlocutores eran sociólogos, geógrafos, economistas y otros cientistas sociales”

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Su investigación sobre la articulación social entre Luracatao y el Ingenio San Martín del Tabacal abordaba las relaciones de articulación subordinadas según una perspectiva marxista, ponderando el estudio de las relaciones de producción capitalistas y las prácticas opresivas del capital, con relación a las fuerzas productivas. Esa aproximación teórica no sólo significaba privilegiar ciertos problemas de investigación, sino también permitía vislumbrar un proyecto programático distinto al sugerido por los otros docentes. Su investigación considera diversas dimensiones de la vida social, Para Gatti:”lo que verdaderamente caracteriza a este régimen no es el trabajo a domicilio sino el papel desempeñado por el capitalista, que de simple comprador se hace poco a poco dueño de toda la producción.” Define que esta historia de articulación no determina un proceso lineal, ya que una experiencia mas “típicamente capitalista” de instalación de una fábrica de alfombras en Luracatao fracasa y se muestra como más conveniente ese sistema que en una historia lineal de desarrollo de las fuerzas productivas, sería anterior., estableciendo ciertos vínculos que implican elementos de status y diferenciación al interior de la economía campesina, marcando mayor o menor distancia con el “patrón”. Al tiempo que toma en cuenta el componente ideológico en la relación de los campesinos / proletarios con el patrón / administrador, para Gatti los luracateños tiene dos destinos posibles: proletarización inevitable, para algunos o, para otros (grupo superior), su transformación en Farmers. Este artículo constituye un caso de aplicación de las teorías que en ese momento se debatían en América Latina, no olvidemos que ya se había producido la Declaración de Barbados, y estaban en plena producción Bonfil Batalla en Mexico y Darcy Riveiro en Brasil. Persecución y Censura A fines de 1974 comienzan en las universidades del país, las cesantías y las persecuciones por motivos ideológicos y políticos. En la UNSa, con representantes de la línea del peronismo nacionalista que se instala en el poder, empeñados en contrarrestar los efectos causados por los “agentes de la subversión”, concentran la persecución especialmente en la Facultad de Humanidades y la carrera de antropología, cuyo cuerpo de profesores es expulsado íntegramente. Lo mismo ocurre con el Instituto de Desarrollo Regional. Junto con una pretendida recuperación del prestigio académico y la “despolitización de la enseñanza”, son censurados temas, problemas y líneas teóricas de investigación y docencia, definiendo los temas autorizados en la nueva conformación de la carrera. Comienzan entonces las modificaciones y la “depuración de los planes de estudios” (Casalla, 1976. Expediente Nº 557/76). Antropología se inserta en la Facultad de Humanidades reorientándola; se elimina del campo económico y se acentúa una formación humanista ilustrada. El plan de estudios se modifica, se eliminan las cátedras de antropología social, las materias específicas son sustituidas por materias filosóficas, históricas, “culturales” y arqueológicas, además de etnografías clásicas. La orientación general es culturalista, con acento en la “cultura nacional”. Antropología y "cultura nacional". A principios de 1975, con las carreras de antropología censuradas en el país, llega a Salta (por gestión de Mario Casalla - Director del Departamento de Humanidades en la intervención - y la Misión Ivanisevich), un grupo de antropólogos de la UBA, ligados al centro de Movilización cultural “Tupac Amaru”, y el grupo cultural Megafón.
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Estaban convencidos de la necesidad de pensar la antropología en términos “cultura nacional”, sostenida particularmente por Mario Casalla y con la idea de buscar los elementos performadores de esa cultura en las raíces latinoamericanas, en los términos planteados por Rodolfo Kush. Se apoyan en los fundamentos filosóficos elaborados por esos dos autores, el método fenomenológico elaborado por M. Bórmida, agregando elementos de los estudios culturalistas norteamericanos. La gran preocupación será definir las características culturales en la región, que confluyen en esa fusión que constituye, para ellos, la “cultura nacional”. “A mí me habló Carutti y me contó el proyecto. Me dijo que el proyecto de ellos era fortalecer el peronismo acá…le interesaba la relación con la provincia. Se genera un movimiento de estudiantes contra el nuevo plan (lo liderabanlos que habían tenido clase con Aznar y el Mumo …Oscar González era como un líder…) por que había un fuerte rechazo a la arqueología, firmamos todos.” La línea de ellos era históricocultural, cercana a Bórmida. Le dan importancia a Boas, no así a Linton, una cosa no bien perfilada, algo de Ballandier (aunque no lo desarrollaban mucho, Bastide, Foster, también Benedict, Bórmida dieron poco…” (Entrevista al Lic. Héctor Rodríguez) Estos antropólogos participan con un proyecto dentro de un programa de Investigación que reúne a la mayoría de los investigadores de la Facultad de Humanidades y se divide en áreas: antropológica, histórica, filosófica (antropología filosófica) y literaria. El programa tenía una denominación sugerente: “La Formación histórico – cultural saltojujeña: origen, desarrollo y subdesarrollo.” Sus objetivos enmarcan la investigación que se realiza en este período: Conocer las causas del desigual nivel cultural existente dentro de la región y, en especial, las causas de la marginación y de la detención en el desarrollo de algunas zonas y grupos humanos, recuperar las vivencias particulares y comunitarias en la región y descubrir los efectos de la interculturalidad en zonas contiguas de diferente conformación, Intentar una sistematización filosófica de la cosmovisión implícita en las diversas instancias de la cultura regional y averiguar la originalidad o dependencia del pensamiento regional respecto a la cultura metropolitana. El programa puede entenderse como un retorno a la idea original de creación de la UNSa, luego de censurar líneas de investigación de la etapa precedente, reformulando las bases de la investigación autorizada. Con este estudio elaborando, entre concepto integral profundas del ser 1975) de “áreas” los autores pretenden contribuir al desarrollo regional otras cosas, los contenidos concretos de la interculturalidad y un de cultura regional, con la posibilidad de detectar las “causas regional, que coadyuven a la solución de sus problemas.”(UNSa:

El proyecto antropológico se presenta como: “Interrelaciones e interrelaciones socio económicas y culturales en zonas contiguas de diferente conformación en la provincia de Salta” . Su objetivo era determinar, dentro de las áreas seleccionadas: formas productivas distintivas y sus respectivas conformaciones histórico-culturales; niveles de integración de las comunidades rurales a través de las instituciones nacionales (escuelas, fuerzas de seguridad, iglesia), sistemas de comercialización; Conformaciones familiares y sus recomposiciones “resultantes de las modificaciones que producen las variaciones de la estructura socio–económica sub-regional.”
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El interés por precisar las condiciones y los grados de integración de diversos grupos a una “cultura nacional” constituye un tema privilegiado por este primer grupo de investigadores dentro del proyecto. (UNSa, 1981: 20) Podemos entender la búsqueda de esa “cultura” o “espíritu” nacional (a través de sus elementos constitutivos), en el marco de la adscripción a una mirada y un proyecto político nacional, a una particular perspectiva antropológica que, al tiempo que describe esa síntesis que constituiría la cultura nacional, también la prescribe, intentando legitimar una concepción de “argentinidad.” […] Hacia fines de 1975 propusieron una conclusión de su trabajo sobre esa cultura nacional argentina: “Se visualiza al pueblo argentino como una sociedad nacional poseedora de una forma integral de vida creada colectivamente a través de su historia, a partir de una resolución relacional con la naturaleza, consigo mismo como comunidad, con otras comunidades y con la divinidad. [...] una heterogeneidad inicial de grupos [...] fue desarrollando por medio de integraciones sucesivas una conciencia de unidad, que se expresa como una conciencia social colectiva [...] el conjunto inicial divergente de grupos y tipos de personalidades convergen en la formación de un pueblo.[...]contiene y conserva a través del tiempo las dos experiencias:[...] por un lado, las modalidades de rasgos culturales divergentes; por otro, los lineamientos de la unificación nacional [...] la diversidad de rasgos ha dado lugar a una sociedad pluralista, que se unifica, no obstante, en el conjunto del espíritu nacional. La unidad se realiza por la definición y el compromiso con objetivos comunes y una forma concertada de tender hacia ellos. Consiguientemente, el pueblo argentino es no otra que la tendencia y la realización de unidad de objetivos a través de una diversidad de rasgos culturales[...]Una de esas partes integrantes del pueblo argentino es la expresión aborigen, la de aquellas comunidades más fuertemente aferradas a la tradición cultural local americana, la tradición prehispánica.” (ibid: 21). Los investigadores creen encontrar todos estos elementos en una comunidad guaraní: Yacuy, cercana a la ciudad de Tartagal, en el norte de la provincia. La monografía: "Estudio del espíritu de una comunidad indígena guaraní y su integración a la cultura nacional" constituye el punto de partida para esa conceptualización de cultura nacional; en ella se visualizan tres aspectos constitutivos fundamentales: comunión en un espacio significativo; Tiempo total compartido y Percepción. El planteo general tiende a establecer una correlación implícita entre niveles de integración y niveles de desarrollo, caracterizando la falta de integración como obstáculo para el desarrollo. El Estado Provincial En tanto, Amadeo Sirolli encuentra nuevos espacios de actuación política en el Estado Provincial, como funcionario de la Intervención Federal. En enero de 1975 se convierte al Instituto Provincial en una nueva dependencia del Estado, la Dirección de Investigaciones Antropológicas y Biológicas de Salta (de ahí dependen el Instituto de Antropología, el de Biología y Ciencias Agropecuarias y el centro de investigaciones de criminología.) Amoroso Ruffo, excluido de las cátedras de la UNSa desde 1974 se desempeña como jefe del Departamento de Antropología, al tiempo que actúa también como asesor de distintos ámbitos de la administración pública y de funcionarios de gobierno (turismo y medicina del Interior). Sirolli tiene otra vez incidencia en los ámbitos de toma de decisiones a nivel Provincial, a principios de 1976 será, sucesivamente Ministro de Gobierno y Secretario de
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Educación. Al asumir Sirolli como Ministro, Amoroso queda a cargo de la Dirección de Investigaciones Antropológicas. Estando Sirolli en la función pública, interviene en el desarrollo de un proyecto multinacional OEA, a través del cual se publican las investigaciones del CAEA sobre el chaco centro – occidental, publicadas por la Orden Franciscana en Salta. La meta era proporcionar textos que pudieran, incluso, utilizarse como textos escolares, legitimando de esta manera una mirada sobre la antropología, en una conjunción entre un sector del Estado Provincial, la Orden Franciscana (autoridad sobre asuntos aborígenes en la Iglesia) y los estudios del CAEA. Reestructuración y clausura Con el golpe de Estado de 1976, comienza el autodenominado PRN, instaurando el terrorismo de estado como metodología. Las universidades son nuevamente intervenidas y se acrecienta la violencia, cuyas consecuencias son suficientemente conocidas. En la Universidad implicó mas cesantías, detenciones y nuevos exilios y en la carrera de antropología la “renuncia” de gran parte del plantel docente que llegara en 1975. Esta nueva “depuración” se tradujo en otro Plan de Estudios, que no tiene grandes variaciones formales con respecto al anterior e incluso incorpora materias como Sociología y Organización Social; la modificación radica centralmente en los contenidos de los programas de materias y en el enfoque de los docentes que se contratan para su implementación, al mismo tiempo se decide cerrar las inscripciones de la carrera de antropología y permitir que terminen la carrera los estudiantes que tienen aprobadas la mitad de las materias del plan de estudios, declarando a la carrera en “extinción”. Se constituye un plan sin objetivos claros, con dos orientaciones: arqueológica y socio – cultural, manteniendo algunas materias culturalistas, incorporando antropología aplicada, como materia curricular y definiendo un amplio espectro de materias optativas en esta línea de intervención sobre la realidad socio – cultural. La incorporación de nuevos profesores. Amoroso Ruffo: El punto de vista de Ruffo (1982) reproduce los planteos de Marcelo Bórmida en sus principales argumentos metodológicos. El área de Folklore se convierte en orientación y se incorpora en los proyectos de investigación que están vigentes. Temas que habían tenido poca relevancia en la antropología local son incorporados: creencias populares, descripción de fiestas y manifestaciones de religiosidad popular, se consideran ahora relevantes. Sirva de ejemplo el trabajo de Alcira Imazio (1982) acerca de la Virgen de la Peña. En 1978 se endurecen las posturas del gobierno militar, con un nuevo jefe militar en Salta y otro interventor en la UNSa. La hipótesis de conflicto con Chile es especialmente visible en esta región fronteriza y algunos antropólogos de la carrera siguen siendo sospechosos a la mirada). Los temas con eje en lo popular son descartados y los textos relacionados al peronismo desaparecen de las bibliotecas. En el mismo acto son prohibidos (por el gobierno nacional) textos de Perón y de Casalla, junto a la Revista Participación. El clima de
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compenetración con la llamada Doctrina de Seguridad Nacional desemboca en nuevas “renuncias” y los consiguientes reemplazos en las cátedras. (los últimos de la misión Ivanisevich) “El cambio fue completo; por ejemplo Ashur y Maidana estaban en la cuerda floja y creo que después al poco tiempo lo hechan a Maidana. Maidana viene de Ciencias de la Educación (...) se interesa en las cuestiones de la Arqueología a raíz de haber ayudado a Serrano. El trabajo en el museo continúo varios meses más hasta que lo cierran. Y el cambio en la vida cotidiana era que hay un cuerpo de profesores nuevos. Digamos que algunos duran unos meses mas, digamos los peronistas estos duran unos meses más, otros salen inmediatamente, pero otros estaban como condenados, pero... Boasso es el único que sigue en esa línea. Ahí en el 76 es cuando yo tomo contacto con todos los que después van a ser mis colegas, porque se hace como una especie de... juntan a todos los estudiantes. Osea, después del año 76, cuando termina el 76 o en el 77 vuelven digamos a barajar con el cambio de plan de estudios de la carrera, se hacen algunos cambios, sigue por ejemplo Daniel López... había una censura muy dura de algunos autores...Censuraron por completo a Darcy Ribeiro, total, los autores latinoamericanos, cardozo de oliveira, todos los brasileños, los latinoamericanos, Bonfil, todo eso estaba... se daba la antropología norteamericana y la inglesa; la antropología alemana (...) (monografía) eso de la monografía me acuerdo, el planteo era o la rehacen o no se aprobaba, era así, esa era el nivel... no era una discusión teórica ni nada. No pueden y... se leía Levi strauss, se veían los estructuralistas franceses... bueno, entonces traen un grupito. Te pongo un ejemplo. Hay una etnografía general y de África... y Oceanía y la tiene que dictar Julia Cabral. Ella no tenía ninguna formación, preparó un programa y dictó la materia... o sea que había materias que específicamente estaban dadas por antropólogos o por gente que estuviera... mas o menos capacitada (...) o sea que había casos así, parches ¿no? Lo que yo no me acuerdo, creo que fue mas o menos así a principios del 77 se decreta ya el cierre, o a fines del 76. Yo pensaba que lo mejor que podía hacer era cursar y rendir “ (Entrevista a C. B). La perspectiva de seguridad nacional se enmarca en una concepción geopolítica de hipótesis de conflicto regional y de competencia económica. La meta es el control de la población y la fijación de la misma a un territorio. Camilo Boasso: Desde la creación de la carrera de antropología en la UNSa, el profesor Boasso propuso una línea de investigación que combina aportes del estructural – funcionalismo y la ecología cultural., constituyendo una propuesta independiente, pero marginal a los distintos grupos. Cobra mayor protagonismo después de 1976, ya que ofrece una alternativa a la línea fenomenológica que se instala en la carrera a través de los antropólogos que mencionamos y a la presencia de miembros del CAEA, que dictan seminarios ocasionalmente. Esta perspectiva pone el foco en las relaciones económicas, a partir de un modelo funcional, a través de la definición de las características del “cultural core”. Para este antropólogo la estrategia de investigación incluye: especificar el “cultural core”, buscando la actividad predominante en un “nicho cultural”; describir el hábitat, las técnicas, la población, organización social y la integración sociocultural, con sus canales de circulación (religión, valores, etc) Se incorpora aquí una visión de la acción social de Parsons, en términos de valores que le “darían a la sociedad humana una particular
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capacidad de adaptación” (proyecto 64.) 1979) Esta línea será la única que encuentre una continuidad durante el PRN. A través de la formación de un equipo de investigación que trabaja especialmente en el valle Calchaquí, centradas en estudios de campesinado. Otro aspecto llamativo se vincula con el trabajo de campo del propio Boasso en Iruya y San Antonio de los Cobres, y la omisión las investigaciones ya conocidos de Bissio y Forni (1976) y el mismo Gatti, que analizan con gran sutileza e información las relaciones entre las áreas satelizadas y el Ingenio San Martín del Tabacal. Boasso, en cambio, acude a Malinowski, para plantear la existencia de una comunidad guiada por “obligaciones recíprocas totales, “donde entran en juego la amistad, los arreglos familiares, las normas de buena vecindad, la lealtad a la corporación familiar, el respeto a las tradiciones locales” (Universidad Nacional de Salta, Consejo de Investigaciones; 1981: 53). Sin embargo, este planteo termina siendo consistente con una posición que concibe a las ciencias sociales como neutras, pero como “auxiliares de la administración” (Universidad Nacional de Salta, Consejo de Investigaciones; 1981: 58) y en una declaración metodológica de la necesidad de “la hermenéutica que debe preceder a las aplicaciones” (Universidad Nacional de Salta, Consejo de Investigaciones; 1981: 59). Este discurso difiere profundamente del texto presentado en el “Symposiun” realizado en 1973 para discutir el plan de la Carrera de Antropología a crearse en la UNSA donde sostenía que el área del NOA “desde el punto de vista cultural, parece signado por una situación de dependencia de unos grupos culturales respecto de otros. El estudio de culturas en dependencia, los mecanismos de dependencia y los mecanismos posibles de liberación se imponen para una antropología de esa área geográfica” (Informe y sugerencias de Camilo Boasso. 29 de julio de 1973). Su posición ecléctica ofreció una alternativa de formación para los estudiantes. Luego de la recuperación de la democracia continuó como investigador y profesor de la Escuela de Antropología.

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Sirolli, nacido en Buenos Aires, en 1900. Estudió Historia y Luego Filosofía y Ligüística en universidades de Buenos Aires y La Plata. Seguidor del ensayista Elay Fariña Núñez y luego de Ambrosetti y Debenedetti. Su primer contacto con el Noa se produce a partir de viajes de estudio y como funcionario fiscal (DGI). Asiste a cursos de Imbelloni y Vignati. En 1935 integra el grupo FORJA (fuerza de orientación radical de la joven Argentina), junto con Dellepiane, Jauretche, Del Mazo, Guillermo Watson, Fernando Estrada, Cattaneo, Esacalabrini Ortiz, etc. En el marco de ese grupo, dicta su primer conferencia “El problema social del Aborigen”, en el sótano del restorán “El Cantábrico” siendo un “ciudadano” forjista. Ensayista, periodista, intelectual con trabajos científicos. Incursionó en las diferentes áreas de la antropología de su tiempo, alejado de la Ciencia oficial. Publica en periódicos y libros de editoriales independientes. Sus inquietudes lo llevan a fundar de la Escuela Superior de Ciencias naturales; luego transferida a la UNT, en 1952; antecedente de la Facultad de Ciencias Naturales de Salta y luego de la U.N.Sa.En 1954 es designado Profesor Extraordinario, investigador de la cátedra de Antropología de la Facultad de Ciencias naturales. 2 Esas experiencias locales se relacionan con los lineamientos para las políticas de mejoramiento físico y moral de la población del Instituto Etnico Nacional. Branimiro Males estuvo a cargo del área de somatología del IEN. Este antropólogo físico yugoslavo se formó en su país de origen y en el norte de Italia. Llega a la Argentina en 1946, bajo los auspicios de Imbelloni. (sobre el IEN ver Lazzari, 2004: 219 – 2) sobre Males (sastre 1993: 292/3) 3 Palma realiza en esa época investigaciones sobre temas de Antropología Física (raciología), y junto a Vivante en medicina tradicional y folklore (Actualidad Antropológica Nº 3. PP: 5-6 / 43-44). 4 Dicta algunos seminarios y cursos y ocupa algunas cátedras en la Universidad Católica (1970), que habían quedado vacantes o fueron transformadas luego de la expulsión de los jesuitas de esa universidad.. Fue delegado de la Provincia en proyectos OEA de desarrollo de comunidades en Santiago del Estero (1970) Un ejemplo de su actuación al frente de la Dirección de asuntos aborígenes provincial en este período, es el dictado de cursos de antropología aplicada para las fuerzas de seguridad y áreas de salud entre 1972 – 73 como: “Antropología aplicada a la defensa nacional” para oficiales del ejército en Tartagal (área de frontera), “... al relativismo médico-terapéutico” para enfermeros y “...al conocimiento de la Ley, crimen y castigo...” para la policía provincial. Fue coordinador nacional para “elaborar la solución a la problemática actual de las comunidades indígenas del país” 5 Nos referimos aquí a la antropología al servicio del Estado implicando diferentes maneras de establecer la relación entre los “productores de conocimiento” y el Estado. Así algunos antropólogos se identificarán con el servicio al estado; el servicio a las poblaciones y grupos sociales o establecerán una posición “autónoma” en oposición al estado, aunque: “posam ser funcionarios públicos que vivem, segundo os termos de Max Weber, das prebendas do estado” (nuestro énfasis L‟ Estoile. 2002: 17-22). Estas diferencias establecidas en la relación con el Estado, remiten a diferentes concepciones sobre los “usos” de la antropología y es particularmente notable en las posiciones en torno a la antropología aplicada 6 Censo Indígena Nacional. 1967-68. 1968. Resultados provisorios. Ministerio del Interior. Secretaría de Estado de Gobierno. Buenos Aires. 7 Lafón, Ciro Rene. 1977. Antropología Argentina. Una propuesta para estudiar el origen y la integración de la nacionalidad. Ed. Bonum. Buenos Aires. 8 Palavecino, Enrique 1959. Areas de Cultura folk en el territorio argentino. Esbozo preliminar. Humanior. Tomo VI. Buenos Aires. Jacovella, Bruno. 1959. Las regiones folklóricas argentinas. Introducción histórica y antropogeográfica. Humanior. Tomo VI. Buenos Aires. Cortazar, Augusto Raúl. 1948. El carnaval en el folklore calchaquí. Buenos Aires. 9 Participaron efectivamente: Manuel Marzal (Antropólogo Social, Lima, Perú) Susana C. de Nardi. (Ciencias Antropológicas. Buenos Aires), Lic. Camilo Boasso. (sociologo y antropólogo . San Juan), Lic. Jorge Gissi. (Psicólogo Social. Santiago de Chile) Dewar.y Dra. Yolanda r. de Dewar (lingüistas)Entre ellos hay especialistas de distintas áreas e inserción institucional: antropólogos: Manuel Marzal (Perú); Bartolomeu meliá (Paraguay); Xavier Albó (Bolivia); Camilo Boasso (Univ Sarmiento San Juan), Folklorologa Susana Chertudi (UBA- INA), Psicólogo Social: Jorge Gissi (UCA Chile), lingüistas: Darrel Dewar y Yolanda R. De Dewar (Sta Fé). Es notable que varios de los antropólogos invitados (particularmente los vecinos latinoamericanos) son sacerdotes o ex – sacerdotes, generalmente jesuitas. 10 Todas las citas de este acápite corresponden a las conclusiones del Simposio de Antropología que se encuentra en el Archivo de la Universidad. 11 A ellos se sumó Iván Baigorria y antes Heredia había dado un seminario de arqueología. Gemma Fernández y otros (Antropólogos sociales y socio – culturales), José María Infante (psicologo social), Facundo Ortega (epistemólogo) También fueron docentes de antropología: Horacio Difrieri (geógrafo) y Raúl Mandrini (historiador). El antropólogo Camilo Boasso se incorpora ese mismo año a la 18

carrera, aunque tiene una actuación marginal al resto del grupo. Viene desde San Juan y dicta las materias sociológicas en el Departamento de Ciencias Económica, ex – jesuita, tiene una formación inicial como sociólogo y luego una formación en antropología en Estados Unidos 12 Gatti era Licenciado en Historia con orientación Antropológica, graduado en Córboba, donde realizó investigaciones con José Cruz y otros a mediados de los ‟60. Realizó estudios de posgrado en el Museo Nacional de la Universidad Federal de Río de Janeiro, donde se orientó hacia estudios rurales con Moacir Palmeira. Su tesis de maestría consistía en una investigación sobre sindicatos en Pernambuco, en el nordeste brasileño. Participó en mayo de 1974 en una mesa redonda sobre Antropología social, organizada en el marco del congreso de Arqueología realizado en Salta y en la primera reunión del grupo de articulación social. (Sobre el concepto de Articulación Social ver: Hermitte 1975: 9-20 y sobre algunos integrantes de este grupo: Guber, 1998)

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