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Esquizofrènia Laboral presenta

ESTO NO ES ARTE
Comedia en un solo acto a partir de “Arte” de Yasmina Reza

Col·legi Viaró, enero-marzo 2004


Esquizofrènia Laboral

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Esto no es arte

Reparto:

Sergio: Enrique Costa


Marcos: Xavi Alonso
Iván: Edu Moya
Jackeline Lacroix: Ana López
Handtington: Anna Grandes
Agente González: Jordi
Agente Miralpeix: Bartomeu
Phil: Jordi
Doctora Hoffenmayer: Sandra Alemany
Técnico de seguros: Edu Moya
Crítico snob: Juan Pablo
Vecina cleptómana: Roser Jorba
Inspector Martínez: Montse

Dirección técnica: Monte Blasi


Ayudante: Ana López

Dirección artística: Montse Blasi/Ana López (for the moment)

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Esquizofrènia Laboral

Sergio: nuevo rico, “single”, sin vida familiar, sus objetivos en la vida no van más allá
del trabajo y sus amigos. Ahora que tiene timpo para si mismo, busca otras inquietudes,
como el arte, la literatura, sin embargo no es un experto y su actitud es crédula ante el
que “parece saber”. Quiere hacerse notar en ambientes bohemios. Intenta vivir a la
última, sin embargo parece que su personalidad no se corresponde a la actitud que lleva
(da la sensación de no haber encontrado su lugar en la vida, o que de alguna forma
desea cubrir sus carencias personales con inquietudes superficiales).
Marcos: buen amigo de sus amigos, bromista e irónico (un tio cachondo vamos!).
Escéptico. No soporta a la gente superficial que no sopesa sus decisiones y se deja levar
por las modas, por eso critica a Sergio. En la obra representa la actitud racional, es la
voz del sentido común.
Ivan: es indeciso, es un hormbre con expectativas de futuro pero se deje influenciar por
los acontecimientos, en este sentido es una persona débil. Se deja llevar por la opinión
de los otros y en las relaciones es sentimental y nunca busca el conflicto. Esta agobiado
y estresado por la boda por que no sabe imponerse a los demás ni imponerse a si mismo
sus principios. En La obra representa la actitud débil, es el punto medio entre Sergio y
Marcos (“el pacificador”).
Jackeline Lacroix: (tiene un ligero acento francés) bohemia, de carácter histriónico,
excéntrica, es original y se lo fomenta. Se sabe mover en el mundo del arte y sabe
manipular a las personas para conseguir llegar a donde quiera. Es insensible con el resto
de personajes (no parece valorar lo que H. y el Dra. hacen por ella.
Hantdingtong: su interés por el arte parece ser puramente económico. Es lo que le
distingue del ctítico y del artista; sobretodo que para el lo más importante son los
beneficios que le aporta. Es perfectamente consciente que su artista está como una chota
y que además lo que hace no tiene ningún valor artístico; pero como sus obras de arte le
aportan un valor económico inmediato. En resumen mientras le de dinero es capaz de
hacer cualquier cosa por Lacroix y de concederle cualquier capricho.
Critico: típico crítico novato que, solo se sabe la teoría pero no tiene experiencia. Esta
nervioso ( con la sensación de estar constantemente a prueba) e intenta demostrar que
sabe.
Phil: es el ayudante secretario de Handtington. Es un hombre que parece tener
tendencias violentas; lo que le interesan son los beneficios. Es plenamente consciente de
que la obra de Lacroix es una porquería.
Doctora Hoffenmayer: es una frikey de la psicología. El espectador no tiene muy claro
que corriente sigue; porque primero te habla de Freüd pero luego hace referencia al
yoga y a la paz interior. Da la sensación de que lo que busca en sus pacientes es el
dinero; dado que los consejos que da están vacios y son absurdos. También es un
personaje bastante excéntrico.
Técnico de seguros: simplemente sabe. Es un hombre sencillo que actúa por sentido
común. Frente a la actitud de Sergio (bohemio y sobrevalorando su obra de arte) el
técnico da el contrapunto.
La vecina: es inglesa, embarazada. se pasa el día en casa y no tiene nada más que hacer
que robarle la comida al vecino. Va en chándal y bata a todas partes. Es desaliñada y
gorrona, es perfectamente consciente de que se está aprovechando de su vecina pero se
hace la loca.
Inspector Martínez: se da aires de Colombo, buscando los tres pies al gato cuando no
los hay. Complica las pruebas evidentes, e intentar enlazarlas, cuando en realidad todos
son conscientes de lo que está pasando. Intenta hacerse el importante, cuando su papel
es absolutamente prescindible.

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Esto no es arte

Agente González: es el típico super castizo español. Muy mal hablado, que no tiene
ningún tipo de delicadeza.
Agente Miralpeix: típico que no se entera mucho de la situación. No parece muy
espabilado. Va a su bola. Tiene un marcado acento catalán.

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Esquizofrènia Laboral

ESTO NO ES ARTE

Toda la acción, en sucesivos cuadros, se sucede en la sala de estar de la casa de


Sergio, un espacio sobrio y moderno (aunque en algunos momentos ese espacio es
“virtualmente” la casa de Iván o una galería de arte o incluso la consulta del
psicoanalista, en función del encuadre de las luces y los personajes que estén en
escena). Un sofá y dos butacas modernos, una lámpara de diseño y una mesilla forman
todo el mobiliario. En la parte izquierda, una salida que figura ser la puerta de entrada
a la cocina-office; a la derecha, otra salida que figura conectar con el recibidor de la
casa.

Marcos, solo. Iluminado por un foco; el resto, en penumbra.

MARCOS: Mi amigo Sergio se ha comprado un cuadro. Es una tela de


aproximadamente un metro sesenta por un metro veinte, pintada de blanco. El
fondo es blanco y si entornamos un poco los ojos, podemos percibir unas
finísimas líneas blancas transversales.
Mi amigo Sergio es amigo mío desde hace tiempo. Es un
muchacho que ha triunfado, es médico dermatólogo y ama el arte.
El lunes fui a ver el cuadro que Sergio había adquirido el sábado
pero que ya codiciaba desde hacía varios meses. Un cuadro blanco con unas
líneas blancas.

Se ilumina todo el escenario; descubrimos a Sergio contemplando satisfecho un cuadro


pintado todo de blanco, sin marco. La tela está apoyada sobre el sofá.
Marcos se vuelve hacia Sergio y éste le mira y mira el cuadro. Marcos mira el cuadro y
vuelve a mirar a Sergio, y de nuevo el cuadro.

Larga pausa en la que los sentimientos se traducen sin palabras

MARCOS: ¿Caro?
SERGIO: Treinta...
MARCOS: ¿Treinta?...
SERGIO: Handtington se lo vuelve a quedar por treinta y cinco.
MARCOS: ¿Quién es?
SERGIO: ¡¿Handtington?!
MARCOS: No le conozco.
SERGIO: ¿Handtington! ¡La galería Handtington!
MARCOS: ¿La galería Handtington se lo vuelve a quedar por treinta y
cinco?...
SERGIO: No, la galería no. Él. Handtington, él personalmente. Para él.
MARCOS: ¿Y por qué no lo ha comprado Handtington?
SERGIO: Porque a toda esa gente lo que le interesa es vender a particulares.
El mercado tiene que circular.
MARCOS: Ya...
SERGIO: Se titula “Amanecer intangible”
MARCOS: Muy elocuente…
SERGIO: ¿Entonces?

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Esto no es arte

MARCOS: …
SERGIO: No estás bien situado. Míralo desde aquí. ¿Distingues la líneas?
MARCOS: ¿Cómo se llama el…?
SERGIO: … pintora. Lacroix.
MARCOS: ¿Conocida?
SERGIO: Muy. ¡Muy!

Pausa

MARCOS: Sergio, ¿no habrás pagado treinta mil euros por este cuadro?
SERGIO: Chico, es el precio. ¡Es un LACROIX!
MARCOS: Pero si son más de 5 millones de pesetas! ¿No habrás pagado…?
¡Has pagado cinco quilos!
SERGIO: Sabía que no lo apreciarías.
MARCOS: ¿Has pagado cinco millones de pesetas por esta mierda?

Sergio se gira cara al público, como si estuviera solo. Penumbra en el escenario


excepto el foco de luz en Sergio.

SERGIO: Mi amigo Marcos, que es un muchacho inteligente, un muchacho


al que aprecio desde hace tiempo, ingeniero aeronáutico, muy bien situado,
forma parte de esos nuevos intelectuales que no se contentan sólo con ser
enemigos de la modernidad, sino que además se enorgullecen de ello.
Desde hace poco existe, entre los nostálgicos de los felices viejos
tiempos, una arrogancia que le deja a uno estupefacto.

Sergio vuelve a la posición anterior; de nuevo, iluminación total.


Pausa

SERGIO: ¿Cómo puedes decir “esta mierda”?


MARCOS: ¡Sergio, un poco de sentido del humor! ¡Ríe…, hombre, ríe! ¡Es
alucinante que te hayas comprado este cuadro!

Marcos ríe. Sergio, de piedra.

SERGIO: Que encuentres esta adquisición alucinante, muy bien, que te haga
reír, mejor, pero me gustaría saber qué entiendes por “esta mierda”.
MARCOS: ¡Me estás tomando el pelo!
SERGIO: En absoluto. ¿“Esta mierda” con relación a qué? Cuando se dice
que tal cosa es una mierda, es que se tiene un criterio de valor para apreciar esa
cosa.
MARCOS: Gracias por el cumplido…
SERGIO: Vamos, Marcos… A ti no te interesa la pintura contemporánea,
jamás te ha interesado. No tienes ningún conocimiento en ese campo. ¿Cómo
puedes afirmar que tal objeto –obedeciendo a unas leyes que ignoras- es “una
mierda”?
MARCOS: …Es una mierda. Lo siento.
SERGIO: No me sonrías, Marcos. Odio esa sonrisa tuya, tan
condescendiente, que te sitúa por encima del bien y del mal.

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Esquizofrènia Laboral

Breve pausa.

MARCOS: ¿Lo ha visto Iván?


SERGIO: No. Pensaba enseñárselo el sábado, durante la cena de
despedida…
MARCOS: Creía que se lo ibas a dar como regalo de boda; como es blanco…
SERGIO: ¡No es blanco!
MARCOS: Es blanco como un vestido de novia, Sergio.
SERGIO: Marcos, por el amor de Dios, ríete de Iván, de Catalina y de su
boda, pero no quieras bromear de lo que no conoces…

De nuevo penumbra en escena y foco sólo a Iván, al que vemos de espaldas, agachado,
mientras habla. Le suponemos en su casa (aunque el espacio es el mismo)

IVÁN: Soy Iván. Bueno, lo que queda de él: hace sólo dos meses que he
cambiado un trabajo de toda la vida en una empresa textil por otro de
representante en la papelería al por mayor del padre de mi prometida, Catalina,
quién me ha amenazado con dejarme si no nos casamos ya (Catalina y yo,
claro, no su padre…). Total, ponte a prepararlo todo... El cura, la iglesia, los
papeles, el banquete…Catalina dice que tantas preocupaciones le dan hambre y
ya ha engordado treinta quilos y ahora el vestido no le cabe…

Luz total. Sergio ha desaparecido de escena. Marcos, de pie, mira con extrañeza a su
amigo.

MARCOS: ¿Se puede saber qué haces?


IVÁN: Estoy buscando el capuchón de mi rotulador.

Una pausa.

MARCOS: Bueno, déjalo ya.


IVÁN: Lo tenía hace cinco minutos.
MARCOS: No tiene importancia.
IVÁN: Sí.

Marcos se agacha para buscar con él. Los dos buscan durante unos segundos. Marcos
se incorpora.

MARCOS: Para. Ya te comprarás otro.


IVÁN: Son unos rotuladores especiales, puedes dibujar sobre cualquier
superficie…, me irrita. Lo tenía en la mano hace cinco minutos.
MARCOS: ¿Os vais a instalar aquí?
IVÁN: ¿Te parece bien para una pareja joven?
MARCOS: ¡Joven! ¡Ja!
IVÁN: Controla tu risa delante de Catalina.
MARCOS: ¿Y la papelería?
IVÁN: Bien. Voy aprendiendo.
MARCOS: Has adelgazado.
IVÁN: Un poco. Me cabrea no encontrar el capuchón, se secará. Siéntate.

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Esto no es arte

MARCOS: Si sigues buscando, me voy.


IVÁN: Vale. Paro. ¿Te apetece tomar algo?
MARCOS: Un agua con gas, si tienes.

Iván se levanta y al cambiar de mano el rotulador advierte que el capuchón estaba en


el rotulador y que no lo veía porque precisamente lo agarraba por ahí. Se va a la
cocina.

MARCOS: ¿Has visto a Sergio últimamente?


IVÁN (desde fuera): El sábado. ¿Y tú?

Entra Iván con un vaso y un botellín de agua con gas y una cerveza. Le da el agua y el
botellín a Marcos.

MARCOS: Le vi el lunes..Se acaba de comprar un cuadro. “La penumbra


insobornable”, o algo así…
IVÁN: ¿Ah, sí?
MARCOS: Mmm.
IVÁN: ¿Bonito?
MARCOS: Blanco.
IVÁN: ¿Blanco?
MARCOS: Blanco. Imagínate una tela de un metro sesenta por un metro
veiente aproximadamente… con un fondo blanco… completamente blanco…,
y en diagonal unas finísimas líneas transversales blancas…, lo ves…, y quizás
una línea horizontal blanca complementaria, en la parte baja…
IVÁN: ¿Cómo las ves?
MARCOS: ¿Perdón?
IVÁN: Las líneas. ¿Cómo puedes ver las líneas blancas si el fondo es
blanco?
MARCOS: Porque las veo. Porque, pongamos por caso, las líneas son
ligeramente grises, o al revés, en fin, ¡que hay matices en el blanco! ¡El blanco
es más o menos blanco!
IVÁN: No te sulfures. ¿Por qué te sulfuras?
MARCOS: ¡Siempre pinchando! ¡Déjame terminar! O sea, que ves el
cuadro…
IVÁN: ¡Clarísimamente!
MARCOS: Ahora te toca adivinar qué precio ha pagado Sergio por él
IVÁN: ¿Quién es el pintor?
MARCOS: ¡Pintora! Lacroix ¿La conoces?
IVÁN: No. ¿Se cotiza?
MARCOS: ¡Sabía que me lo ibas a preguntar!
IVÁN: Lógico…
MARCOS: No, no es lógico…
IVÁN: Claro que es lógico, me pides que adivine el precio, y sabes
perfectamente que el precio está en función de la fama del pintor…
MARCOS: No te pido que hagas una evaluación de ese cuadro en función de
tal o cual criterio, no te pido una evaluación profesional, te pregunto lo que tú,
Iván, pagarías por un cuadro blanco ornamentado con unas rayitas de un blanco
apenas hueso.
IVÁN: Ni un céntimo.

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Esquizofrènia Laboral

MARCOS: Bien. ¿Y Sergio? Di una cifra al azar.


IVÁN: ¿En euros?
MARCOS: ¡En rupias, si te parece!
IVÁN: Mil.
MARCOS: ¡Ja, ja!
IVÁN: Cinco mil.
MARCOS: ¡Ja, ja!
IVÁN: Diez mil…
MARCOS: Sigue…
IVÁN: ¿Doce?…¿Quince?…
MARCOS: Treinta. Treinta mil euros.
IVÁN: Eso son…
MARCOS: Cinco millones…
IVÁN: ¡Se ha vuelto loco!MARCOS: ¿Verdad que sí?
MARCOS: ¿Verdad que sí?

Ligera pausa

IVÁN: Claro que…


MARCOS: ¿Claro que qué?
IVÁN: Si así es feliz… Se gana muy bien la vida…
MARCOS: ¿Es así como ves tú las cosas?
IVÁN: ¿Por qué? ¿Tú cómo las ves?
MARCOS: Te quedas con la apariencia. No ves lo esencial…
IVÁN: ¿Quieres unos cacahuetes?
MARCOS: ¿No ves que de golpe, de la manera más grotesca posible, Sergio
va a creerse que es un “coleccionista”, que forma parte del Gotha del arte
moderno?
IVÁN: ¡No, hombre, no!
MARCOS: Claro que no. Por ese precio no formas parte de nada. ¡Pero él
cree que sí!
IVÁN: ¿Y te molesta?
MARCOS: ¡Es insultante, Iván! Me subleva ver a un buen amigo convertido
en un snob estúpido y sin criterio.

En la siguiente réplica de Iván, a partir del momento en que cita a Lacroix se irá
reproduciendo la escena que él narra, ocupando paulatinamente todo el espacio
escénico. Iván formará parte de la pantomima mientras habla a Marcos, realizando
todo cuanto está contando.
En escena los anteriores más Sergio, sra. Lacroix, un crítico de arte que le acompaña y
el galerista Handtington y Phil, el cual observa desde un rincón ejerciendo de
guardaespaldas del galerista.

IVÁN: ¿Ahora lo descubres? Sergio siempre ha frecuentado las galerías


de una manera ridícula, siempre ha sido una rata de exposiciones… El sábado,
precisamente… ¡Espera! ¡Sí, claro! ¡ Lacroix! ¡Yo sé quien es esa tipa! El
sábado Sergio me llevó a ver una performance de esa tía; me dijo que estaba
muy interesado en un cuadro suyo. No le presté mucha atención, la verdad,
porque voy muy liado con lo de la boda y el nuevo trabajo…
MARCOS: ¿Estuviste con él comprando el Lacroix?

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Esto no es arte

MARCOS: ¿estuviste con él comprando el Lacroix?


IVÁN: No, no… Bueno, yo estuve sólo un rato con él, en el hall de
galería Hamilton…
MARCOS: Hantington.
IVÁN: ¿La conoces?
MARCOS: ¡“Muy”!
IVÁN: ¿”muy”?… Bueno, total, Sergio me presentó al Harrison ese, y
éste a su vez nos presentó a la tipa esa, que estaba con un tío muy raro, crítico
de arte o algo así…; pero cuadro no llegué a ver ni uno sólo: me llamó mi
madre por teléfono y me tuve que ir.
MARCOS: Me lo estoy imaginando: un montón de tipos fashion flipando
como imbéciles ante otra imbécil que los primeros han elevado a la categoría
de gurú; de gurú de la imbecilidad, por supuesto, pero revestida de “ismo”. Y
Sergio, ahí en medio… El más imbécil de todos. ¿Te acuerdas del título de la
performance, esa?…
LACROIX: “Multiplicidad: espacios de silencio y vacío”. Se trata de
experimentar la nada.

Marcos se queda en la penumbra, observando la escena “desde fuera”; los demás


ocupan ahora el centro de la acción.

IVÁN: ¿La nada? ¿Y con que elementos plásticos cuenta para…?


LACROIX: Oh, no, por favor. Ese es precisamente el eje de la experiencia: no
hay nada. La sala está completamente vacía…
IVÁN: Oiga, no se ofenda pero eso lo puede hacer cualquiera…
LACROIX: Sí, pero yo lo hago mejor que nadie.
SERGIO: Iván, estás hablando con Jackeline Lacroix, no con una
“cualquiera”…

Suena el teléfono móvil de Iván; lo coge y se aparta del grupo.

IVÁN: Oh, disculpen… ¿Mamá? Sí… En una galería… No, no son


porquerías… Claro, claro que sí… Que sí, te hemos puesto en la mesa
presidencial… ¡Mamá, no te puedes sentar entre Catalina y yo! Que no, que no
lo digo enfadado… ¿Mamá? Estás dramatizando… ¿Mamá? Ha colgado… (a
Sergio) Tengo que irme… En fin, lo siento; me hubiera encantado
experimentar la nada con ustedes pero ahora mismo… ¡estoy sumido en el
caos!

Iván se desplaza junto a Marcos y pasa a ser también espectador de la escena de la


galería, que prosigue.

CRÍTICO: Se mantiene pues en su línea de provocación…


LACROIX: Exacto. Mi vocación es la de despertar esa parte más intuitiva de
nuestra consciencia, que está adormecida, empañada por la multiplicidad de
ítems opacos a que la sometemos diariamente…
CRÍTICO: ¿Una crítica al sistema?
LACROIX: Exacto.
CRÍTICO: Totalmente…
LACROIX: Vivimos en un mundo estresante y yo hago una llamada a…

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Esquizofrènia Laboral

Suena el teléfono de Handtington. Lo coge inmediatamente.

HANDTINGTON: Perdón…

Handtington se desplaza hacia el fondo de la escena, hablando por teléfono. El crítico


snob, Sergio y el propio Handtington, hacen como si contemplaran los cuadros
expuestos. Sergio asiente a todo lo que hablan los demás, como queriendo gustar y
aparentar que sabe.

CRÍTICO Decía…
LACROIX: ¿Quién? ¿Yo? Oh, sí, sí, decía… ¿Qué decía?
CRÍTICO Hablábamos de la nada…
LACROIX: La nada. Sí, claro.
CRÍTICO: Nos decía que vivimos en un mundo estresante y que su
experiencia quería ser… ¿una llamada a?
LACROIX: Ah, no, en absoluto. No puedo estar de acuerdo con usted. Eso
sería como intentar acotar mi arte: precisamente lo que yo busco es la libertad
del infinito; algo que nos permita huir de la alienación y la manipulación del
mundo actual.
CRÍTICO: O dicho de otro modo “desencadenar nuevos significantes
saltando sobre el marco de la banalidad aparente”, como escribe Von Berner.
SERGIO: ¿Pintor flamenco?
CRÍTICO: No. Darya Von Berner… Le recomiendo su obra “Perturbar los
códigos”.
SERGIO: Ah, es un libro…
CRÍTICO: No. ¡Por favor! Expuso en la Tate Gallery el mes pasado: una
perturbadora e irónica denuncia de los códigos establecidos…
LACROIX: Bueno… ¿Van a seguir ustedes hablando de Von Berner? Creí
que tenían interés en MI performance…
CRÍTICO Oh, sí, claro…Totalmente.

En este momento Handtington se incorpora al grupo. Lacroix procede a “experimentar


el vacío” con los presentes. Suena una música grotesca de ambiente. Lacroix sujeta un
pulsador conectado a un cable.

LACROIX. Adelante. Miren alrededor; capturen. Todo lo que ven es efímero,


está en el tiempo, y el tiempo es pasado. Mi opción es el vacío. La nada.

lacroix presiona un botón del pulsador. Todo queda a oscuras unos breves instantes. La
música también ha cesado. Después vuelve la luz.

LACROIX: La nada. Interrumpiendo el continuo espacio-tiempo… La nada.

Espontáneamente el crítico y Handtington empiezan a aplaudir y a felicitar a Lacroix.


Sergio se une a ellos sin acabar de comprender, como esperando algún acontecimiento
más.

HANDTINGTON: ¡Brillante, Jackeline! Te felicito…

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Esto no es arte

LACROIX: Gracias, Handtington. Te agradezco la fe que depositas en mis


propuestas. Pocos galeristas tienen tan buen gusto y valoran la expresión
femenina en el arte…
CRÍTICO: Sra. Lacroix , felicidades… Aunque debo decirle que la
yuxtaposición de elementos matéricos y conceptuales disonantes…

Lacroix se siente incomodado por el acoso del crítico de arte. Handtington se da cuenta
y con un chasquido de dedos llama la atención de Phil, su expeditivo secretario, que
inmediatamente coge al crítico del brazo.

PHIL: Gracias, caballero. Es suficiente.


CRÍTICO: Oh, pero yo…
PHIL: Es suficiente. Váyase a la redacción de su rotativo y escriba su
crítica. El artículo, en mi mesa mañana a las nueve.
HANDTINGTON: Bien, Phil, no hace falta ser grosero con este señor; a fin de
cuentas siempre ha hablado bien de nuestra galería de arte…
CRÍTICO: Totalmente.

Phil acompaña al crítico de arte hasta desaparecer de escena, por la derecha. Al cabo,
vuelve y retoma su posición hierática en el fondo de la escena.

HANDTINGTON: Y bien, sr. Calderón… ¿qué le parece?


SERGIO: Bu… bueno, estoy conmovido. Conmovido y maravillado a la
vez. ¡Qué capacidad de síntesis! ¡Cómo… cómo se sentía el… el…! ¿no?
¡Brillante!
LACROIX: Celebro que le guste. Handtington, necesito otros tres mil; tengo
otro proyecto alucinante: voy a levantar el suelo de tu galería y después
recolacaré las piezas una a una, en su sitio. ¿No es impresionante? ¡Un proceso
de deconstrucción pero sin fin; como un bucle!
HANDTINGTON: De acuerdo, sra. Lacroix. Pero dosifíquese. Aún no hemos
resuelto el litigio con el ayuntamiento por arrancar farolas en la vía pública.
PHIL: Estoy trabajando en ello, señor. Es casi un tema… muerto.
LACROIX: ¡Por favor! ¡No ahogues mi inspiración, Handtington! No te
reconozco; esa actitud represiva te sitúa entre los grises conformistas y
retrógrados. ¿Y esos cinco mil?
HANDTINGTON: No, no. ¡Por favor, Lacroix! ¿Cómo voy a perjudicar a la joya de
la corona? Uno de los artistas más cotizados…
LACROIX: La más, la más…
HANDTINGTON: …La más cotizada del panorama actual en el mundo del arte. ¿No
está usted de acuerdo conmigo, señor Calderón?
SERGIO: Totally!
LACROIX: Gracias, gracias… Bueno, tengo estrés; creo que me tomaré unos
días en Milán… “La vida feliz”, como escribió Séneca… (a Sergio) querido, le
recomiendo que lo lea… (a Handtington) ¿Esos diez mil?

Handtington hace un gesto a Phil, que pasa unos billetes a Lacroix, la cual se los
embolsa con displicencia.

PHIL: Los TRES mil…

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Esquizofrènia Laboral

LACROIX: Me coartáis, me coartáis… Mi arte corre mucho más que el freno


de este sucio dinero… ¡Handtington, no me pidas milagros!

Handtington se queda riendo mientras Lacroix desaparece de escena por la derecha.


Mientras el artista se aleja, Phil le espeta:

PHIL: Dos esculturas y tres lienzos para el próximo mes. Nueva York y
París ya han comprado.
LACROIX (yéndose): No coartéis mi talento; no lo coartéis…

Handtington se abalanza ahora sobre Sergio, que sigue desconcertado. Phil sigue en su
posición.

HANDTINGTON: ¡Ay! Artistas… Caprichos, veleidades… Pero al cabo, nos dan


arte. Y el arte atrae a gente como usted, que sabe apreciarlo.
SERGIO: Bueno, sí; tengo cierta formación e intereses intelectuales
elevados…
HANDTINGTON: …y aprecia el arte.
SERGIO: Lo nuevo; lo conceptual.
HANDTINGTON: ¡LACROIX!
SERGIO: Lacroix.

Nueva señal de Handtington y Phil desaparece de escena. Regresa al instante con la


tela blanca.

HANDTINGTON: “Amanecer intangible”: una auténtica obra de arte. Una joya.


Pocos, muy pocos pueden presumir de tener un cuadro así en su casa.
Sergio extiende un cheque que firma al instante y que Phil se encarga de arrebatarle.

SERGIO: Por ese precio…


HANDTINGTON: Se me rompe el corazón; no crea: me cuesta muchísimo
desprenderme de él.
SERGIO: Bueno, a mí también me cuesta desprenderme de treinta mil
euros…
HANDTINGTON: No, amigo. ¡Usted gana treinta mil más!
SERGIO: ¿Qué quiere decir?
HANDTINGTON: ¡ Lacroix se cotiza! Mañana mismo puede colocar su Lacroix por
treinta y cinco…
SERGIO: Bueno, de momento lo colocaré en mi apartamento…

Handtington ríe. Se apagan los focos que le iluminaban y la luz vuelve a enfocar a
Marcos, que ya no está con Iván sino con Sergio, cuadro en mano.

MARCOS: ¿Fue así?


SERGIO: Sí. Sin más. Un apretón de manos y ya está. Y por fin tengo el
Lacroix…

Pausa. Sergio deja el cuadro apoyado en la pared y se aleja para contemplarlo. A


Marcos le entra la risa pero se contiene.

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Esto no es arte

MARCOS: No me dijiste que Iván te acompañó a comprarlo.


SERGIO: Porque no me acompañó… No pasó del hall de la galería. Le
llamó no sé quien por lo de la boda… por cierto; donde se ha metido…
quedamos a las cinco y ya son más de la seis…Y tiene que venir el perito para
el seguro del cuadro…
MARCOS: ¿En serio? Pero tu crees que “eso” corre peligro?
SERGIO: ”Eso” es un Lacroix de 30.000 euros! ¡No empieces otra vez!
MARCOS: De acuerdo, perdona. Había hecho el propósito de no reírme del
cuadro. Incluso me he tomado Ignatia antes de venir…
SERGIO: ¿Qué?
MARCOS: Ignatia. Esas capsulitas de tomillo…
SERGIO: ¡Vaya! ¿Así que ahora crees en los poderes curativos de la
homeopatía? No encaja para nada con tu frío racionalismo cartesiano.
MARCOS: Me obligó Pili; ya sabes lo que pienso yo de esas bobadas…
SERGIO (riendo) ¡Ignatia…!
MARCOS: Bueno, déjalo ya. ...

Marcos hace un esfuerzo por ver en el cuadro algo que le seduzca. Se pone en cuclillas,
buscando un supuesto ángulo ideal. Sergio se inquieta por lo que parece una burla de
su amigo.

SERGIO: Bien, escucha, no vamos a dedicar todo el día a este tema, la vida
es breve… Por cierto ¿has leído esto? (Se apodera de La vida feliz de Séneca y
lo tira sobre la mesita que está situada delante de Marcos). Léelo, es una obra
maestra.

Marcos coge el libro, lo abre y lo ojea.

MARCOS: ¿Desde cuando lees a Séneca? ¿También te lo recomendó


Lacroix? ¡Esa mujer te tiene atrapado!
SERGIO: Eso no importa. Lo que importa es que tienes en tus manos un
libro modernísimo. Si lees eso, no necesitas leer nada más. Entre la consulta,
el hospital, Paqui que ha decretado que tengo que ver a los niños todos los fines
de semana –nueva teoría de Paqui, los niños necesitan a su padre-, ya no me
queda tiempo para leer. Estoy obligado a ir a lo esencial.
MARCOS: …Como con la pintura en definitiva…, de la que has eliminado
forma y color. Dos escorias.
Sabes, he reflexionado. He reflexionado y he cambiado mi punto
de vista. El otro día pensaba en ti y me dije: ¿A ver si finalmente lo que ha
hecho Sergio, entregarse con tanta incoherencia a la adquisición de ese cuadro,
no es un acto altamente poético?
SERGIO: ¡Qué delicadeza la tuya! No te reconozco. estás utilizando un tono
suave, humilde, que no te va en absoluto.
MARCOS: Que no, que no, te lo aseguro, entono un mea culpa.
SERGIO: ¿Mea culpa por qué?
MARCOS: Soy demasiado visceral, estoy demasiado nervioso, veo las cosas
en primer grado… Me falta sabiduría, si prefieres.
SERGIO: Lee a Séneca.
MARCOS: Mira. Ves, por ejemplo, me acabas de decir: “Lee a Séneca”, y
eso podría exasperarme.

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Esquizofrènia Laboral

SERGIO: Es obvio que te falta sabiduría, porque yo no he dicho “Lee a


Séneca” sino “¡Lee a Séneca!”.
MARCOS: Exacto. Exacto.
SERGIO: De hecho, estás perdiendo el sentido del humor, así de fácil.
MARCOS: Probable.
SERGIO: Ya no tienes sentido del humor, Marcos… De verdad, no lo
tienes. El otro día hablando de ti con Iván coincidíamos en este punto: has
perdido el sentido del humor. ¿Pero que puñeta estará haciendo? ¡Es incapaz de
ser puntual! Y lo mejor del caso es que fue él quien insistió en quedar a las
cinco para empezar a preparar la cena… Al menos espero que sepa cocinar…
MARCOS: ¿Iván piensa que yo he perdido el sentido del humor?
SERGIO: Iván dice, como yo, que últimamente te falta un poco de sentido
del humor.

Llaman a la puerta.

SERGIO: Por fin. Las seis y cuarto.

Sergio va a abrir mientras Marcos aprovecha para tomarse otra cápsula de Ignatia.
Entra en escena el técnico del seguro.

TÉCNICO: Tiene usted que colocar un cerrojo de triple barra; lo que tiene ahí
es una mierda.
MARCOS: ¡Caramba! Otro experto en arte…
SERGIO: Marcos, cállate.
TÉCNICO: Bueno, ¿Qué es lo que hay que asegurar? ¡Si parece que ya se lo
han “limpiao”! ¡Que es broma!
SERGIO: Ah, bien… Bueno, pues ¿qué me propone?
TÉCNICO: Pues una copita no estaría nada mal… Con tanta prisa no he
podido siquiera tomarme el carajillo de después de comer…
MARCOS: Lea a Séneca. Es lo esencial.
SERGIO: Anda, Marcos, ¿por qué no te metes en la cocina y empiezas a
preparar tú la cena?
TÉCNICO: … y me trae una copita.
MARCOS: Vale, pero cuando le vayas a enseñar el cuadro me avisas…
Quiero recuperar mi sentido del humor…
TÉCNICO: ¿Qué cuadro?
MARCOS: ¡Un Lacroix!

Marcos se va riéndose a la cocina.

SERGIO: Se trata de una obra de arte muy valiosa. Todavía no he decidido


dónde voy a colgarlo. Supongo que usted tendrá algo que decir…
TÉCNICO: Yo lo colgaría en una pared… ¿Es un cuadro, no? Sí, sí, en una
pared… ¡Vamos! es lo que suele…
SERGIO: ¡No! Quiero decir que por seguridad posiblemente habrá paredes
mejores que otras…
TÉCNICO: Pero macho, ¿Qué cuadro va a colgar ahí? ¿La torre de Pisa?
MARCOS (riéndose, desde la cocina): ¡Un Lacroix!
SERGIO: ¡Marcos, cállate y pela patatas!

16
Esto no es arte

MARCOS (riéndose, desde la cocina): ¿Quieres Ignatia?


TÉCNICO: ¡Para mí un pacharán!

Sergio coge el cuadro y se lo muestra al técnico.

SERGIO: “Este” es el cuadro que voy a colgar.


TÉCNICO: Yo pensaba que los cuadros se colgaban después de pintados.

Entra Marcos, riéndose, con una copa de pacharán y un vaso con agua. Le da la copa
al técnico y el vaso a Sergio.

SERGIO: ¿Y esto?

Marcos le muestra el frasco de Ignatia. Sergio deja el vaso en la mesa, colérico.

TÉCNICO: ¿Le parece bien que veamos las condiciones del seguro, señor
Calderón? ¿Ha dicho usted que era un cuadro, verdad?
MARCOS: ¡Un Lacroix!

El técnico de seguros extrae de su maletín un gran número de papeles; Sergio está


sentado también, junto a él. Marcos ha vuelto a la cocina. El técnico busca displicente
en una guía.

TÉCNICO: Veamos… Pintores… Lacroix…Lacroix… ¡Caramba! ¡Esta


autora se cotiza muchísimo! (cambiando el tono, para parecer amable) Señor
Calderón, permítame que le felicite por su adquisición: un Lacroix es algo que
muy pocos se pueden permitir.
MARCOS (desde la cocina): Que muy pocos se “quieren” permitir; hay que ser idiota
para comprar un cuadro así…
TÉCNICO: En casos tan excepcionales como este, antes de firmar el seguro
necesitamos la aprobación de un experto…
SERGIO: ¿Un experto?
TÉCNICO: Para autentificar el cuadro. Compréndalo, estas formalidades son
necesarias, dado el valor extremo de su adquisición.
SERGIO ¡Vaya! ¿Y esto tendrá que ser hoy…?
TÉCNICO: Cuando usted quiera; pero hasta que no se haya hecho la
comprobación no podremos completar el contrato del seguro.
SERGIO: Es que hoy tengo una despedida de un amigo que se casa y…
Pero bueno, ¿supongo que será rápido, no?
TÉCNICO: Bueno, hay matrimonios que duran años…
SERGIO: No, ya. Digo el trámite ese del experto…
TÉCNICO: Oh, sí, sí. Si quiere le llamo ahora mismo y se presentará antes de
las siete.
SERGIO: Pues que sea cuanto antes…

El técnico de seguros ha cogido un teléfono y habla con alguien. Marcos asoma de


nuevo, mientras monda una patata

MARCOS: Sergio, es fascinante que tenga que venir un experto para asegurar
que un cuadro blanco es blanco…

17
Esquizofrènia Laboral

SERGIO: ¡Lo que es fascinante es que seas incapaz de tener la boca cerrada,
Marcos!

El técnico cuelga el teléfono.

TÉCNICO: Bien; pues ya está todo arreglado: voy a recoger a nuestro experto en arte
ahora mismo y volvemos enseguida. No le causaremos ninguna molestia.
SERGIO: Al contrario, será un placer contar con gente en mi casa (lo
siguente, con intención, para Marcos)… que sepa apreciar un Lacroix.
MARCOS: Incluso pueden quedarse a cenar… Y hablamos todos juntos de
deconstrucción y contemporaneidad…
TÉCNICO: Me encantaría, pero debo rechazarlo…
MARCOS: Qué pena.
TÉCNICO: Hasta ahora. Buenas tardes.

Sergio acompaña hasta la puerta al técnico; cuando éste va a salir entra proyectada
una tipa vestida de andar por casa y con una taza de te en la mano: es la vecina, que
parecía estar escuchando detrás de la puerta. El técnico la mira con extrañeza y se va.
La vecina parece incomodada, pero Sergio más aún.
La vecina es una cotilla que durante toda su intervención va fisgoneando y robando lo
que puede …

VECINA: Good afternoon, neighbor… I just came to ask you for some tea…
SERGIO: ¡Oh, Dios mío! ¡Que tipa más plasta! What do you want,
miss Mary?
VECINA: Oh, se me ha acabado el te… ¿Tu tener te?
MARCOS: ¿Y esta quien es?
SERGIO: Mi vecina de enfrente… Cada dos por tres lo tengo en casa
pidiendo algo… Y es un fisgón…
MARCOS: Es un buen contraste para tu Lacroix…
SERGIO: Al, I’m sorry… I have no tea. Do you want any coffee?
MARCOS: …O Ignatia…
VECINA : ¿Ignasia? ¿What is this?… Oh, God! No, no, I don’t need drugs I
have to look for my baby! I just need some tea! A cup of tea! ¿Sigfrid?
SERGIO: Sergio… Me llamo Sergio…
VECINO: Oh, yes! ¿No hay te?
SERGIO: No. No hay te. No hay te, ni azúcar, ni huevos, ni leche, ni perejil.
Te lo has llevado todo, Al! ¡Todo!
VECINA: Oh, no! No todo, aún…
MARCOS: Cierto; le falta el Lacroix… Y también nos queda Ignatia…
SERGIO: ¡Marcos!
MARCOS: … y “La vida feliz”…
SERGIO: ¡Marcos!
VECINA: That picture? Wow! Appalling!
SERGIO: ¿Qué?
VECINA: Es una mierda…
MARCOS: Pues es un Lacroix… de cinco quilos…

18
Esto no es arte

Sergio, más que enfadado, entra en la cocina y sale al cabo de unos segundos con un
puñado de sobrecitos de infusiones de todo tipo que mete iracundo en la taza de Mary.
A continuación le empuja hasta la puerta mientras le recita lo que sigue:

SERGIO: Aquí tienes: poleo-menta, anís estrellado, infusión de melocotón,


de pera y de pomelo, escaramujo con hibisco… ¡y tres sobres de naftalina para
las polillas!
VECINA: What? Palliase? ¿Colchón?…Oh, I understand: to sleep.
SERGIO: ¡Yes! ¡To sleep para siempre!
VECINA: Well, thank you! Lo probaré…
SERGIO: ¡Ojalá!
VECINA: Thanks, Fernando…
SERGIO: ¡Sergio, maldita sea! ¡Sergio!
VECINA: Yes, claro, claro…

La vecina, se marcha, no sin antes birlar el vaso de agua de Sergio que quedó en la
mesa.

MARCOS: Le tratas con mucha dureza, ¿no?


SERGIO: ¡Trae eso!

Sergio arrebata a Marcos el frasco de Ignatia y se lo toma a bocajarro. Con la boca


llena, busca el vaso de agua que se ha llevado Mary. Se queda casi sin aire, incapaz de
tragar tantas pastillas, y finalmente corre hacia la cocina para vomitarlas. Regresa al
cabo de unos instantes, resoplando.

SERGIO: Nos hemos quedado sin sofrito…


MARCOS: ¿Qué has hecho?

Marcos corre hacia la cocina.

SERGIO: ¡Me estaba ahogando!

Entra Marcos, con una sartén.

MARCOS: Pues podrías haber buscado otro sitio, ¿no?


SERGIO. Ya lo he hecho…

Marcos, aterrorizado, vuelve a entrar a la cocina. Sale indignado.

MARCOS: ¡Hay Ignatia hasta en las paredes, Sergio! ¡Has echado la cena a
perder!
SERGIO: No, Marcos, perdona. Yo no he echado nada a perder. Has sido tú
y tus estúpidas opiniones sobre mi Lacroix, provocándome todo el rato, lo que
lo ha echado todo a perder; Iván jamás me hubiera hecho algo así…
MARCOS: Porque Iván es un pusilánime.
SERGIO: ¡Pues en arte tiene más criterio que tú!
MARCOS: Iván no tiene criterio. No tiene opinión. Jamás discute… Aunque
estoy convencido de que ante tu “obra de arte” se pegará un hartón de reir…
SERGIO: No lo creo.

19
Esquizofrènia Laboral

MARCOS: Se reirá. Ya lo verás…


SERGIO: Ya lo veremos…
MARCOS: Se reirá. (señalando el Lacroix.) ¿Dónde lo vas a poner?
SERGIO: No lo he decidido todavía. Aquí. ¿Aquí?… Demasiado ostentoso.
MARCOS: ¿Lo vas a emmarcar?
SERGIO (riéndose amablemente): ¡No!… No, no… No se debe.
MARCOS: ¿Ah, no?
SERGIO: Es voluntad de la artista. No se debe delimitar. Ya tiene un
contorno… (hace un gesto a Marcos para que observe el borde del cuadro.)
Ven, acércate… ¿Lo ves?
MARCOS: Es un esparadrapo?
SERGIO: No, es una especie de papel Kraft… confeccionado por el artista.
MARCOS: ¡vaya! Además de pintar sabe hacer manualidades!Es divertido
que digas “la artista”.
SERGIO: ¿Qué quieres que diga?
MARCOS: Nada. Iba a soltar una estupidez.
SERGIO: No, no, di.
MARCOS: Dices “el artista” como una…, como una entidad intocable. El
artista… Una especie de divinidad…
SERGIO: Es que, para mí, ¡es una divinidad! ¡No creerás que iba a dilapidar
esa fortuna en un vulgar mortal!…
MARCOS: Por supuesto que no.
SERGIO: El otro día estuve en el Macba. ¿Sabes cuántos Lacroix hay en en
el Macba? ¡Tres! ¡Tres Lacroix!… En el Macba. Y el mismo técnico del seguro
me ha dicho que muy pocos particulares poseen un Lacroix.
MARCOS: Genial.

Pausa. Sergio se lleva el cuadro fuera de escena.

SERGIO (inquieto): Las seis y media.


MARCOS: ¿Vuelvo a intentar el sofrito?
SERGIO: No, déjalo. Si hay que empezar la cena otra vez es mejor que nos
vayamos a cenar fuera. He descubierto un restaurante gallego excelente.
MARCOS: Pero si es su cena de despedida…
SERGIO: ¡Pues eso! Si no aparece en cinco minutos “nos despedimos”.
MARCOS: ¿Por qué estás tan tenso?
SERGIO: Yo no estoy tenso.
MARCOS: Sí lo estás.
SERGIO: Yo no estoy tenso. En fin, sí estoy tenso porque encuentro
inadmisible la laxitud de Iván, ¡esta incapacidad que tiene para el rigor!

Llaman a la puerta. Sergio abre. Entra Iván. Marcos e Iván le miran con cara de
disgusto por el retraso, a lo que Iván se excusa entrecortadamente a modo de disculpa:

IVÁN: Súperdramático, problema insoluble, patético, las dos consuegras


figuran en la participación de boda. Catalina, que adora a su madrastra, porque
casi la ha criado, quiere que conste en la participación. Yo odio a mi madrastra
y no la quiero incluir, pero mi padre no quiere estar si ella no está, a menos que
la madrastra de Catalina no esté tampoco, cosa absolutamente imposible; he
sugerido que no figure ningún pariente, al fin y al cabo ya no tenemos veinte

20
Esto no es arte

años, podemos comunicar nuestro enlace e invitar a la gente los dos solitos.
Catalina se puso histérica, argumentando que eso era una bofetada para sus
padres, que pagaban a precio de oro el banquete, y que además ya habían hecho
imprimir a modo de prueba ochocientos tarjetones. ¿Pero cómo puede hacer
eso tu padre? No me ha consultado nada, le digo yo; lo ha hecho porque tiene
una empresa papelera de la que, por cierto, eres un empleado. Terminé por
dejarme convencer –qué otra cosa podía hacer-, totalmente en contra de mi
voluntad. Por agotamiento, acepto, pues, que mi madrastra, a la que odio,
figure en la participación. Llamo a mi madre por teléfono para contárselo, le
digo: mamá, lo he intentado todo para evitar esta situación pero no hay otra
manera de resolverlo, María Luisa debe figurar en la participación; me contesta
mi madre: yo no quiero estar; le digo: mamá, te lo suplico, no empeores más
las cosas; claro, no puedo decirle que mi futuro suegro ya ha hecho imprimir
ochocientas invitaciones; y ella me dice: cómo te atreves a proponerme que mi
nombre navegue a la deriva, en solitario, sobre el papel, como el de una mujer
abandonada, debajo del de María Luisa sólidamente amarrado al patronímico
de tu padre. Yo le digo: mamá, unos amigos me están esperando, voy a colgar,
ya hablaremos de todo esto mañana con más tranquilidad; Iván, me dice mi
madre, hasta hoy has llevado tu vida de la manera más caótica posible, y ahora
porque, de pronto, pretendes desarrollar un proyecto de actividad conyugal, me
veo en la obligación de pasar toda una tarde y toda una noche con tu padre, un
hombre al que no veo desde hace diecisiete años y ante el que no pienso
exhibir ni mi papada ni mis circunferencias, y con María Luisa, quien, dicho
sea de paso, se ha apuntado al mismo club de paddle que yo. Que María Luisa
juegue al paddle no lo puedo evitar, pero en la participación de boda, ese objeto
por excelencia que todo el mundo recibirá y analizará, quiero aparecer yo sola.
Yo digo: Mamá, ¿por qué eres tan egoísta? Yo no soy egoísta, no soy egoísta,
iván; no irás tú a decirme como la señora Herminia esta mañana que tengo el
corazón de piedra, total, porque me he negado a pagarle 8 euros la hora sin
darla de alta, y ella va y aprovecha la ocasión para decirme que en la familia
todos tenemos una piedra por corazón, precisamente ahora le han colocado un
marcapasos a mi pobre Andrés, al que por cierto no le has mandado ni una
miserable postal. Me río, roto por los nervios. Sí, claro –dice ella- eso a ti te
hace reír, a ti todo te da risa; Iván., aún te queda mucho que aprender de la
vida. Anda, mi niño, vete con tus amiguitos…

Silencio

SERGIO: ¿Y?…
IVÁN: Y nada. No se ha resulto nada. Cuelgo, Minidrama con Catalina.
Abreviado, porque llegaba tarde.
MARCOS: ¿Por qué te dejas gobernar por todas esas féminas?
IVÁN: ¡Y yo que sé por qué! ¡Están locas!
SERGIO: Has adelgazado.
IVÁN: Claro. He perdido cuatro kilos. Sólo con la angustia… Al menos
en tu casa hay paz; una paz muy aséptica, si se quiere, muy de taichí, vale, pero
paz, a fin de cuentas.
MARCOS: ¡Lee a Séneca!
IVÁN: ¡”La vida feliz”, eso es lo que necesito! (a Sergio) ¿Y tú qué
dices?

21
Esquizofrènia Laboral

MARCOS: Obra maestra.


IVÁN: ¿Ah, sí?…
SERGIO: No lo ha leído.
IVÁN: ¡Ah, ya!
MARCOS: No, pero hace un rato Sergio me ha dicho “obra maestra”.
SERGIO: He dicho “obra maestra” porque es una obra maestra.
MARCOS: Sí, sí.
MARCOS: ¿Por qué te mosqueas?
SERGIO: Pareces insinuar que digo “obra maestra” continuamente, porque
sí.
MARCOS: No es verdad…
SERGIO: Lo dices con tanta ironía…
MARCOS: ¡No, señor, en absoluto!
SERGIO: Hoy me estás buscando.
MARCOS: No…
IVÁN: No os vais a pelear, ¡sería el colmo!
SERGIO: ¿No te parece extraordinario que un hombre que escribió este
libro hace ya casi dos mil años siga siendo actual?
MARCOS: Sí. Sí, sí. Es lo propio de los clásicos.
SERGIO: Cuestión de palabras.

Pausa. Iván busca con la mirada el cuadro…

SERGIO (a Iván): Quieres ver algo único? ¿Quieres?


IVÁN: ¡Claro que sí! ¡Enséñamelo!

Sergio sale y vuelve a la habitación con el Lacroix, le da la vuelta y lo presenta a Iván.


Iván mira el cuadro y sorprendentemente no consigue reírse como tenía
previsto.
Despúes de un largo silencio en el que Iván observa el cuadro y Sergio observa a Iván.

IVÁN: Ah, sí. Sí, sí.


SERGIO: “Amanecer intangible”.Jackeline Lacroix.
IVÁN: Sí, sí.
SERGIO: Lacroix de los años setenta. Cuidado. Ahora vuelve a una etapa
similar, pero ésta es la de los setenta.
IVÁN: Sí, sí. ¿Caro?
SERGIO: En términos absolutos, sí. En realidad, no. ¿Te gusta?
IVÁN: ¡Oh! Sí, sí, sí.
SERGIO: Evidente.
IVÁN: Evidente, sí… Sí… Es…

Marcos se parte de risa.

SERGIO: Magnético.
IVÁN: Mmm… Sí…
SERGIO: Y eso que ahora no recibes la vibración.
IVÁN: … Un poco…
SERGIO: No, no. Tendrías que venir a las doce del mediodía. La vibración
monocromática no es perceptible con luz artificial.

22
Esto no es arte

IVÁN: Hum, hum…


SERGIO: ¡Aunque no se trate de un total monocromo!
IVÁN: ¡No! ¡No…!
SERGIO: Cinco millones…
IVÁN: ¿Cinco?

Se ríen.

SERGIO: Una pasada, ¿no?


IVÁN: ¡Total!
SERGIO: Pues Marcos opina que es una mierda. Término absolutamente
inapropiado.
IVÁN: Totalmente…
SERGIO: Marcos, no puedes decir que es una mierda.
IVÁN: No
MARCOS: ¿Y por qué no? ¡Es una mierda!
SERGIO: Di: “no lo veo”, “no lo percibo”; pero no “es una mierda”.
IVÁN: Estás un poco huraño últimamente, es cierto.
SERGIO: Yo no te reprocho que no seas sensible a esta clase de pintura, no
tienes la educación adecuada. El reproche que yo te hago es el tono de
suficiencia, tu ausencia de tacto…
MARCOS: … Sí, de tacto y de vista también, porque yo este cuadro lo veo
blanco. Este cuadro es una mierda, y si Iván tuviera más personalidad te diría
lo mismo.
IVÁN: Pues… pues te vas a sorprender… Creo que el cuadro… Bueno, a
ver, no me gusta… pero tampoco lo detesto.
MARCOS: Claro. No se puede detestar lo invisible, no se detesta lo que no
existe.
IVÁN: No, no, tiene algo…
MARCOS: ¿Qué es lo que tiene?
IVÁN: Algo. No sé…
MARCOS: ¡Pero si es blanco!
SERGIO: ¡No es blanco!
IVÁN: Claro que no… Es un decir…
MARCOS: ¿Este cuadro no lo ves blanco, Iván?
IVÁN: No, del todo no…
MARCOS: Ah, ya. ¿Y de qué color lo ves?…
IVÁN: Veo colores… veo amarillo, gris, unas líneas un poco ocre…
MARCOS: Y esos colores te emocionan.
IVÁN: Sí…, esos colores me emocionan.
MARCOS: Iván, eres inconsistente. Eres un ser híbrido y fláccido.
IVÁN: ¿Pero que te pasa? (a Sergio) ¿Qué le he hecho?
MARCOS: ¿Cómo puedes, Iván?… Delante de mí. Delante de mí, Iván.
IVÁN: ¿Delante de ti, qué?… ¿delante de ti, qué?… Sí señor. Soy
sensible a esos colores. ¡Qué pasa! Y deja ya de imponer tu criterio a los
demás.
MARCOS: ¿Cómo puedes decir, delante de mí, que eres sensible a esos
colores?…
IVÁN: Porque es la verdad.
MARCOS: ¿La verdad? ¿Esos colores te llegan?

23
Esquizofrènia Laboral

IVÁN: Sí. Esos colores me llegan.


MARCOS: Esos colores te llegan, ¡¿Iván?!
SERGIO: ¡Esos colores le llegan! ¡Tiene todo el derecho!
MARCOS: No, no tiene derecho.
SERGIO: ¿Cómo que no tiene derecho?
MARCOS: No tiene derecho.
IVÁN: ¡¿No tengo derecho?!…
MARCOS: No.
SERGIO: ¿Y por qué no tiene derecho? Sabes que no estás nada bien
últimamente, deberías consultar a un médico, en vez de tomar esas ridículas
pastillas.
MARCOS: No tiene derecho a decir que esos colores le llegan, porque es
falso.
IVÁN: ¡¿Qué no me llegan esos colores?!
MARCOS: No hay colores. No los ves. O sea que no te llegan.
IVÁN: ¡Habla por ti!

Pausa

IVÁN: Yo no soy tan severo como tú. Es una obra, hay una reflexión
detrás.
MARCOS: ¡Una reflexión!
IVÁN: Una reflexión.
MARCOS: De manual. Hablas de manual…
IVÁN: No Marcos; yo antes pensaba como tú; bueno, no era tan drástico;
más bien no tenía una posición al respecto…
MARCOS: ¿Y en qué te has posicionado tú en tu vida?
IVÁN: Oye, ese Lacroix cambió mi modo de ver el arte…
MARCOS: Pero si apenas hablaste con él en la galería…
IVÁN: Pero coincidí con él ayer mismo, en la consulta del doctor
Hoffenmayer…
MARCOS: ¡Ja! Ésta sí que es buena: ¡Lacroix se visita con Hoffenmayer!

Aparece en escena Lacroix, que se sienta en una butaca. El espacio escénico simula ser
ahora la consulta del doctor Hoffenmayer. Marcos y Sergio quedan en un rincón, fuera
del círculo del foco.

LACROIX: Bueno, la Dra. Hoffenmayer es sólo una de mis psicoanalistas…


IVÁN: ¿Una? ¿Cuántos tiene?
LACROIX: Varios, varios… Tenga en cuenta que soy polifacética… ¿Y
usted?
IVÁN: Yo no. En traumas soy también polifacético pero mi nómina sólo
me permite un psicoanalista. Además, estoy a punto de casarme y…
LACROIX: ¿Casarse? ¡Por favor! ¡Qué desfasado! ¿Cómo se deja engañar de
esta manera por una convención así? ¿Ya ha pensado lo que le costará
divorciarse?
IVÁN: Oiga, Catalina y yo…
LACROIX: No avanzamos, no avanzamos; claro que el arte se estanca, con
actitudes retrógradas como la suya…
IVÁN: Oiga, que yo sólo voy a casarme. El arte, a mí…

24
Esto no es arte

LACROIX: … pues debería pensar en ello. ¿O no tiene personalidad?


IVÁN: Bueno, ¿y por qué cree que estoy aquí?
LACROIX: Sí quiere que le dé una opinión, casarse es un error; caerá usted
bajo el dominio del sistema y las imposiciones de sociales. Se arrojara en las
redes de una histérica caza hombres.
IVÁN: ¡No le consiento que diga eso! Si ni siquiera conoce a Catalina…
LACROIX: Es una histérica.
IVÁN: ¿Qué?
LACROIX: Lo es, ¿verdad?
IVÁN: Bueno…
LACROIX: Es una histérica. Todas las mujeres lo somos. Carecemos del
equilibrio que tienen los machos dominantes, sucios, peludos, corpulentos…
IVÁN: Los hombres que lo tienen, claro…
LACROIX: Mire, he vivido con uno en Indonesia, con otro en París, en
Sudáfrica, en Buenos Aires, y con otro en un centro budista del Tibet: y en
todas las relaciones acabe hecha una histérica. Hágame caso: anule la boda.
IVÁN: ¿Anular la boda? ¡Es imposible!
LACROIX: ¿Por qué?
IVÁN: ¡Porque es imposible! Está todo organizado. Ya llevo un mes
trabajando en la papelería…
LACROIX: ¿Y eso qué tiene que ver?
IVÁN: La papelería es del padre de mi novia, que no necesitaba contratar
a nadie para nada, y menos todavía a un tipo que sólo ha trabajado en el sector
textil…
LACROIX: Haga lo que le parezca; yo ya le he avisado.
IVÁN: Bueno, sin ánimo de ofender, usted no es el tipo de persona a la
que yo pediría consejo en materia de matrimonio. No parece que su vida
privada sea muy ejemplar…
LACROIX: Precisamente. Forma parte de mi arte.
IVÁN: Yo no puedo anular esta boda. Ya sé que Catalina es una
histérica, pero tiene cualidades… ¿Pero qué hago contándole mi vida? Ni que
fuera usted mi psicoanalista.
LACROIX: No, por favor. Detesto a esa gente.
IVÁN: ¿Pero no dice que acude a la consulta de varios de ellos?
LACROIX: Sí, claro. Es para oponer mi ego a la paradoja. Oiga, ¿usted tiene
estudios? No conoce las últimas tendencias en arte, ¿verdad?
IVÁN: Pues mire, sin ir más lejos, estuve en una performance suya, el
sábado.
LACROIX: “Multiplicidad: espacios de silencio y vacío”… Experimentar la
nada… ¿Qué le pareció?
IVÁN: Bueno, no vi nada… Me tuve que ir antes de que empezara…
LACROIX: De todos modos tampoco me interesa su punto de vista. En
realidad soy absolutamente opaca a la crítica.
IVÁN: No, si yo no tenía intención de… De hecho iba a decirle que un
amigo mío es un entusiasta de su pintura.
LACROIX: ¿Ah, sí? ¿Y es guapo ese amigo suyo? Es consolador saber que
hay quién sabe apreciar mi arte, que no lo coarta, ¿sabe? Que no lo
comprime…Usted no sabe lo que es que te censuren por el sólo hecho de no
comprender. Es… es… un genocidio cultural.
IVÁN: Insostenible…

25
Esquizofrènia Laboral

LACROIX: Totalmente.
IVÁN: Sí…
LACROIX: En una época marcada por una cultura visual cada vez más
directa, instantánea y provocadora, mis creaciones ponen en crisis el acto de la
contemplación e introducen una crítica a los mecanismos de percepción. ¡Pues
todavía hay quién es incapaz de entender una cosa tan sencilla como esta!
IVÁN: No hay… sensibilidad.
LACROIX: Al contrario: hay hipersensibilidad en forma de reticencia a lo
nuevo, a lo rompedor, a… a… ¡Es un insulto a la inteligencia! ¿Y la
diversidad? ¿La multiculturalidad? ¿La libertad de expresión? Cuestionas el
sentido de las imágenes que nos rodean, reflexionas sobre la necesidad de ir
más allá de las apariencias, para detectar las trampas de la realidad, y ¿qué
pasa? Viene la Guardia Urbana a multarte porque “has cortado una calle”;
¡Cortar una calle! ¡Santo cielo! Estábamos tapizando el asfalto con calcetines
agujereados, emulando el desgaste, la erosión de lo mundano, y el policía aquel
habla de “cortar la calle”. ¿Le multaron a Miguel Ángel por pintar la Capilla
Sixtina? ¡Intolerantes! ¡Son unos fascistas! ¡machistas! ¡retrógrados!

Entra en escena el doctor Hoffenmayer, alertado por los gritos de Lacroix.

HOFFENMAYER: ¿Pero qué le ha dicho, desgraciado?


IVÁN: ¡Nada!
LACROIX (fuera de sí) ¡Ahí está! ¡Ahí está! Me coartáis… ¡Iconoclastas, despreciáis
lo que ignoráis! ¡Pero el tiempo me dará la gloria eterna!
HOFFENMAYER: Cálmese, Jackeline, o conseguirá la gloria eterna antes de tiempo.
Deje su mente en blanco. En blanco… como un tapiz… una tela…
LACROIX: ¡Maldita sea! ¡Mi cuadro no es blanco!
HOFFENMAYER: De acuerdo, de acuerdo, no es blanco… Y ahora, Jackeline,
tranquilícese. Mire, lo mejor que podemos hacer es cancelar nuestra entrevista
de hoy… ya hablaremos… ¿le parece bien mañana a esta hora?
LACROIX: No. Imposible. Mañana me veo con Vademberg. Está tratando mi
complejo de Vademberg. Lo ha descrito él. Es complejo…
HOFFENMAYER: Él sí tiene complejos… Jackeline, censuro esas entrevistas con
otros… otros “embaucadores”; ven patologías dónde no las hay; no siguen los
métodos de introspección que propuso Rockenweller…
LACROIX: Vamos, vamos, envidia entre colegas.
HOFFENMAYER: Vademberg y yo no somos colegas. Él es un farsante; y todos los
demás. En fin, Lacroix, es su dinero…
LACROIX: No. Es el dinero de Handtington. Lo paga él. Le tengo engañado,
sabe. Se cree que estoy loca: vende más.
HOFFENMAYER: Hágame caso, Jackeline; no se deje estafar por psicoterapias
absurdas. Le espero el lunes: tenemos taichí.
LACROIX: No Le prometo nada, doctora; estoy entrando en trance y eso
significa que tengo una revelación.
IVÁN: ¿Se encuentra bien?
LACROIX: ¡No me diga nada! ¡No me diga nada! ¡El arte tiene que fluir!
Expandirse… (yéndose) Lo veo, lo veo…; mi energía está llegando a estadios
de interiorización profundos…

Lacroix desaparece de escena.

26
Esto no es arte

IVÁN: ¡Uau, que tipa!


HOFFENMAYER: Una artista… Bueno, ¿y cómo está usted, Iván?
IVÁN: En crisis. La boda me está consumiendo.
HOFFENMAYER: Siéntese y cuénteme. ¿Cómo lleva su autoestima?
IVÁN: Doctor, ni siquiera soy capaz de imponer un criterio con las
participaciones… ¿cómo quiere que tenga autoestima? Entre Cati, mi suegro, el
trabajo, mi madre…
HOFFENMAYER: Se siente dominado por su madre… Correcto… Complejo de
Edipo… Bien., bien. Verá, Iván, debe hallar un nivel de guía, para que usted pueda
llegar a elegir por sí mismo sus propios mecanismos de atracción-repulsión.
IVÁN: Oiga, yo no necesito acabar como Lacroix…
HOFFENMAYER: ¿Está usted en armonía con la naturaleza?
IVÁN: Mire, yo lo que quiero es estar en armonía con Cati, con mi jefe, o
sea mi futuro suegro…
HOFFENMAYER: …Y con su madre.
IVÁN: Y con mi madre.
HOFFENMAYER: ¿Ha oído hablar del Feng Shui?
IVÁN: No tomo drogas…
HOFFENMAYER: ¡No son drogas! Es una manera de armonizar la vida. Si tiene algún
problema es que alguna razón lo ha generado y debe hallarla. Tiene que invitarme
a su casa para que le pueda indicar aquello que no está en armonía en su entorno…
IVÁN: Oiga, yo…
HOFFENMAYER: Iván,… ¿tiene la cabecera de la cama orientada hacia el
Norte…?¿Tiene los espejos colgados dentro de las puertas del armario…? Nunca
debe tener una viga encima de la cabeza, ya que la energía rebota en ellas. Y si la
tiene, debe dejar la puerta abierta para que salga después del rebote… No tendrá el
baño dentro de la habitación, ¿verdad…?
IVÁN: Pero si yo…
HOFFENMAYER: Y, ¿ya ha pensado en la habitación de los niños? Deben sentirse
comunicados con el resto de la familia para alejar los malos sueños y, para ello,
debe tener la puerta de manera que vea…
IVÁN: ¡Pero que puñeta me está contando! ¡Todavía no estoy casado y
usted me habla de la habitación de los niños! ¡No me preocupan las vigas del
cuarto de los niños; me preocupa mi boda!
HOFFENMAYER: Iván, para armonizarnos plenamente, para ver dónde encajamos
dentro de la unidad del cosmos, todos necesitamos hacer un viaje
IVÁN: Nosotros habíamos pensado en Canarias… Es lo típico…
HOFFENMAYER: Ahí está. Ahí está su error, su tremendo error. Ha dicho “lo típico”.
Hágame caso, Iván, rompa el cascarón; busque un poco más allá de la
normalidad…
IVÁN: ¿Qué tiene de malo ser normal?
HOFFENMAYER: La normalidad es un concepto con connotaciones moralistas,
vinculado a normas fijas que indican sólo incapacidad para tolerar las ideas y
convicciones de los demás. Ser diferente es positivamente bueno.
IVÁN: Increible…
HOFFENMAYER: Fíjese en Lacroix: una personalidad exterior temporal y un ser
interior multidimensional.
IVÁN: Puede ser… ¿Pero para qué tanta riqueza interior si acabas
“experimentando la nada”? El otro día iba a asistir a una performance suya con un
amigo…
HOFFENMAYER: ¿Un amigo? Hábleme de él… Hábleme de sus amigos…

27
Esquizofrènia Laboral

Desde su rincón de escenario, Marcos interviene, devolviendo el foco de atención a la


casa de los tres amigos. El doctor queda en segundo plano y acaba desapareciendo.

MARCOS: ¿Hablas de nosotros con la Dra. Hoffenmayer?


IVÁN: Hablo de todo con Hoffenmayer.
SERGIO: ¿Y por qué le hablas de nosotros?
MARCOS: Te prohibo que le hables de mí a ese cretino.
IVÁN: Tu no me prohibes nada.
SERGIO: ¿Por qué le hablas de nosotros?
IVÁN: He notado que vuestras relaciones eran tensas y pensé que ella me
podría arrojar un poco de luz…
SERGIO: ¿Y qué dice esa imbécil?
IVÁN: Dice algo muy divertido…

Iván busca en su bolsillo. Saca un papel doblado, que se dispone a leer.

IVÁN: ¿Queréis saberlo?


MARCOS: ¡¿Lo has anotado?!
IVÁN: Lo anoté porque es complicado… ¿Os lo leo?
SERGIO: Lee.
IVÁN: … “Si yo soy yo porque yo soy yo, y tú eres tú porque eres tú, yo
soy yo y tu eres tú. Si, por el contrario, yo soy yo porque tú eres tú, y tú eres tú
porque yo soy yo, entonces ni yo soy yo ni tú eres tú…”
Comprenderéis que lo haya anotado.

Corto silencio.

MARCOS: ¿Cuánto le pagas?


IVÁN: Cincuenta la sesión, dos veces por semana.
MARCOS: Bonito.
IVÁN: Y en metálico. Porque he descubierto una cosa, no se puede pagar
con un cheque. Freud dijo que hay que sentir cómo se te va el dinero de las
manos.
MARCOS: ¿No diría más bien que el dinero se fuera de tus manos a las
suyas?
IVÁN: ¿Qué?
MARCOS: Nada, un chiste malo. Tienes suerte de haber dado con una tipa
como ésa.
SERGIO: ¡Oh, sí!… ¿Serías tan amable de copiarnos la fórmula?
IVÁN: Os equivocáis. Es muy profundo.
MARCOS: ¡Muy, muy!
IVÁN: Me da lo mismo que os burléis de mí. Forma parte de mi
peregrinaje a un mundo de mayor plenitud…
MARCOS: Estáis todos chalaos…
SERGIO: Pues anda que tú, con tus ataques de ira…
MARCOS: En fin… Oye Iván, como tardabas en llegar he intentado empezar
con la cena… Pero Sergio lo ha fastidiado un poco; parece que iremos a un
restaurante gallego…
SERGIO: Ha sido por tu culpa…

28
Esto no es arte

Los tres se dirigen hacia la cocina, pero llaman por el móvil a Sergio, que queda en
escena mientras los otros desaparecen. Quien llama es Handtington, al que vemos
avanzar entre el público hasta el pie del escenario, dónde va a permanecer hasta el
final de su escena. Phil le acompaña, ejerciendo de guardaepaldas-secretario.

HANDTINGTON: ¿Señor Calderón? Soy Handtington…


SERGIO: ¡Handtington!
HANDTINGTON: Hola. Mire voy a ir al grano porque no quiero molestarle en
exceso: le compro el Lacroix.
SERGIO: ¿Perdón?
HANDTINGTON: Lo que oye. Se lo compro. Cuarenta mil.
SERGIO: ¿Cuarenta mil? Pero… no comprendo…
HANDTINGTON: Ya se lo dije, señor Calderón… Lacroix se cotiza…
SERGIO: Sí, ya… bueno… ¡Pero es que ni siquiera he tenido tiempo de
colgarlo!
HANDTINGTON: Mejor aún, mejor aún. Así no le costará tanto “desprenderse” de
él…
SERGIO: Bueno, el caso es que ahora mismo creo que venderlo es lo último
que haría…
HANDTINGTON: ¿Ni por cuarenta?
SERGIO: No. No es una cuestión de dinero. No espero que lo entienda…
(con intención, por Marcos) Es mi prestigio lo que está en juego… No. No lo
quiero vender.
HANDTINGTON: ¡Pero si es una mierda de cuadro blanco!
SERGIO (que no ha entendido bien): ¿Qué?
HANDTINGTON: ¡Ah!…En el banco; que tengo el dinero en el banco…
SERGIO: Y yo tengo el Lacroix. Le agradezco su interés, señor
Handtington, pero no voy a vender. Como usted, aprecio el arte.
HANDTINGTON: Me temo que deberé insistir…
SERGIO: Será en balde…
HANDTINGTON: Puedo llegar a ser muy persuasivo…
SERGIO: Y yo muy terco. Tengo que dejarle; señor Handtington, una vez
más, gracias por su interés.
HANDTINGTON: Buenas tardes, señor Calderón. (cuelga)… Pero no hemos
terminado.

Sergio entra en la cocina.

PHIL: No vende…
HANDTINGTON: ¿Qué puñeta le habrá visto a ese cuadro?
PHIL: Si me permite, señor… me ocuparé yo del asunto…
HANDTINGTON: De acuerdo, pero apresúrese Phil; ofrézcale hasta cincuenta mil;
la Tate de Londres está dispuesta pagar cien mil por él…
PHIL: No, señor Handtington, no me ha entendido. Cuando digo que lo
resolveré a mi manera quiero decir “a mi manera”; tendrá su Lacroix esta
noche aunque sea manchado de sangre…
HANDTINGTON: Phil: ¡manche las paredes, la alfombra o lo que le parezca, pero
no el maldito cuadro, por favor!
PHIL: Bueno, luego siempre podemos usar tipp-ex. (se ríe fríamente).

29
Esquizofrènia Laboral

Los dos desaparecen, cada uno por un lateral de la platea, en el instante que llaman a
la puerta. Sergio se apresura a ir a abrir. Entra en escena el técnico de seguros
acompañado del crítico snob de la galería de arte. Detrás de ellos se cuela también el
vecina cleptómano.

TÉCNICO: Será sólo un momento, señor Calderón. Le presento a Gabriele


Gallon, artista sonoro, compositor y miembro del Departamento de artes
Escénicas de la Universidad Paul Valéry, de Montpelier.
CRÍTICO: … Y crítico de arte. Soy un ferviente admirador de la obra de
Lacroix; le felicito por la compra de este cuadro.
SERGIO: Gracias y mucho gusto. Es un placer tenerlo en casa. (hablando a
la vecina)… aunque no puedo decir lo mismo de usted. ¿Qué es lo que quiere
ahora?
VECINA: Oh, my dear neighbor, I need a newspaper. I’m fregando el suelo
y quiero poner papeles on the floor. Do you have any papers?
SERGIO: Búsquelo usted misma. Estoy atendiendo a estos señores…
VECINA: Oh, well, well…

Los dos recién llegados se sientan; Sergio está inquieto por lo que pueda decirle
Marcos, que sigue con Iván en la cocina. El técnico revuelve un montón de papeles,
mientras que la vecina deambula por la casa y con disimulo va robando pequeños
objetos.

SERGIO: ¿Y usted se dedica a la música?


CRÍTICO: Bueno, es una de mis facetas; se trata de música experimental, por
supuesto…
SERGIO: Totalmente.

Entran en escena Iván, y después Marcos.

IVÁN: Sergio, hemos limpiado la cocina y estamos preparando otro


guiso…
MARCOS: ¡Uau! ¿Qué nos estamos perdiendo?

SERGIO: Son unos… amigos.¿Qué decía, señor Gallon?

El vecina aprovecha y se agencia también la bayeta.

CRÍTICO: Le hablaba de mi faceta como creativo acústico…


MARCOS (en voz baja): Mucho ruido y pocas nueces…
CRÍTICO: ¿Han oído hablar de la ecología acústica? El sentido acústico del
espacio contribuye al mantenimiento de las relaciones entre el individuo y sus
primeros puntos de referencia comunitarios… Precisamente ahora estoy
preparando un seminario sobre la ética y la estética en el paisaje sonoro.
MARCOS (en voz baja): Fascinante…

El técnico del seguro ha terminado ya de poner en orden sus papeles.

30
Esto no es arte

TÉCNICO: Bueno. Esto ya está. Será un momentín. Usted empiece a firmar


mientras el señor Gallon examina su Lacroix… Buenas noches.

El crítico se levanta y ocupa su lugar en el sofá el vecino, al lado del técnico y de


Sergio, que ya está firmando papeles. El vecina irá cogiendo algunos papeles sueltos y
los irá guardando.

CRÍTICO: “Amanecer intangible”, sí señor. Vi esa tela en la galería


Handtington… Pero… No. Seguro que no. Esta no es la tela auténtica: el
original que yo vi era un cuadro absolutamente vacío, en blanco, PERO con un
pequeño punto rojo en un extremo, como queriendo significar nuestra soledad
frente a la nada, esa inmensidad etérea que nos aplasta… Un punto rojo que
significaba cada yo, cada individuo, que significaba como un grito de
angustia…
SERGIO: Bueno, y también significa que el cuadro está vendido… Ese
punto rojo es una etiqueta que ponen en las exposiciones a los cuadros que se
han vendido…; ¿lo ve? Ya no está.

Marcos se ríe.

CRÍTICO: Ehem, oh, sí, sí, claro… Por eso ya no está el punto rojo, claro…
Sí, sí, lo que yo decía: el cuadro tiene mucho más sentido así, más desnudo,
más vacío, más…
MARCOS: Blanco.
SERGIO Y CRÍTICO, a coro: ¡No es blanco!

Llaman a la puerta. Iván va a abrir. Entra Phil.

PHIL: ¿Señor Calderón?


SERGIO: Soy yo. ¿Qué desea? ¿Usted no es el secretario de Handtington?
PHIL: Exacto. Y vengo a decirle que el señor Handtington “quiere” ese
cuadro.
SERGIO. Y yo también.
PHIL: Creo que no me ha entendido.
SERGIO: No; usted no me ha entendido a mí; no lo vendo. Buenas tardes.
PHIL: Pues aténgase a las consecuencias.

Sale Phil.

MARCOS: Te rodeas de una fauna muy interesante, Sergio. Nunca pensé que
el arte pudiera ser tan estresante…

Llaman a la puerta otra vez.

MARCOS: ¡Menuda fiesta! ¿Qué más puede ocurrir?


IVÁN: Mientras no se fundan los plomos y nos fastidie la cena…

Hay un apagón que durará unos 10 segundos. En ese intervalo, el público verá entre
sombras como el vecina roba el cuadro y se va, mientras que se cruza con Phil, que
lleva otro cuadro idéntico (pero falso), y detrás suyo entra otro señor. En el trasiego,

31
Esquizofrènia Laboral

alguien empuja a Marcos, que se defiende con un puñetazo que recibe el inocente de
Iván. Sergio, por su parte, ha corrido a dar la luz otra vez.
Cuando vuelve la luz todos los personajes en escena se quedan un momento en cuadro.
El único que se agita de dolor en la cara es Iván.

CRÍTICO: Absolutamente: experimentar la nada, como en la galería


Handtington…
SERGIO (a Phil): Eh, oiga, ¿Qué hace con mi cuadro?
TÉCNICO: ¡Lo quería robar! Por suerte aún no había firmado esa poliza…
SERGIO: Marcos, agárralo.

Marcos coge a Phil.

MARCOS: Créame que me sabe mal; por mí puede usted llevarse este bodrio,
pero en fin… todo por el arte.
SERGIO: Voy a llamar a la policia.
IVÁN: Llama a una ambulancia, también. Creo que me he roto algo. Me
han pegado un puñetazo…
MARCOS: He sido yo. Me han empujado y… Lo siento.
PHIL (a Sergio): No conseguiréis nada; tengo contactos… No me pillaréis por una
mierda de cuadro blanco…
SERGIO: ¡No es blanco! ¡Y es un Lacroix, maldita sea!
PHIL: ¡Me da igual lo que sea!

Sergio llama por teléfono a la policia.

CRÍTICO: No, no da igual, si me permite. No se deje llevar por una primera


impresión superficial…
PHIL: ¿Quiere que le diga cuál es mi primera impresión? ¡Que están todos
como una cabra! ¡Ya estoy harto del cuadro, de Handtington, y de Lacroix, que
se cree una especie de iluminado!

En plena confusión general, llega Lacroix, exultante y fuera de sí, con una caja de
zapatos en las manos. Todos quedan paralizados. Sergio cuelga el teléfono.

LACROIX: ¿Quieren luz? ¡Yo tengo la luz! ¡Yo tengo la luz!


SERGIO: ¡Lacroix! ¿Pero quién…?
LACROIX: He visto la luz: el concepto de arte moderno va a saltar hoy por
los aires, va a estallar con mi nueva performance: “Expansión y caos de luz”…

Lacroix se fija en el cuadro. Se acerca a él y exclama:

LACROIX: ¡Esto es una mierda!


SERGIO: ¡Pero si lo ha pintado usted!
LACROIX: ¡Jamás! ¡Me está usted insultando! ¡Este cuadro es falso!
SERGIO ¡Eso es imposible!
MARCOS: Desde luego, falsificar un cuadro blanco ya es el colmo…
LACROIX: Es falso. ¡Cualquier imbécil se daría cuenta!

El crítico se acerca al cuadro.

32
Esto no es arte

CRÍTICO: ¡Es verdad! ¡Es falso!


LACROIX: ¿Lo ven?
TÉCNICO: Uy, eso cambia mucho las cosas… Por suerte aún quedaban por
firmar 37 cláusulas del contrato… lo cuál lo invalida… ¡No le aseguro un
cuadro falso!
SERGIO (a Marcos): ¿Y tú de que te ríes?
MARCOS: Sergio, es que has batido el record de lo surrealista: no sólo has
comprado un cuadro blanco sino que además es falso… ¡y te lo quieren robar!
SERGIO: Marcos vete a…

En ese momento aparece una pareja de agentes de policía del cuerpo de la Guardia
Civil. El sargento González es quien manda; Miralpeix le secunda.

MIRALPEIX: ¡Al suelo todo el mundo!

Todos los presentes se lanzan al suelo.

GONZÁLEZ: Pero qué hace, agente. No hacía falta ser tan expeditivo.
MIRALPEIX: Perdone, sargento, pero es que he visto tanta gente que me ha
apetecido pegarles un bufido…
GONZÁLEZ (a todos los reunidos): Señores, levántense, que ya somos mayorcitos
para andar por el suelo gateando.

Todos se levantan.

GONZÁLEZ: Vamos a ver… ¿el malo quién es?


SERGIO: Este. Quería robarme el cuadro…
GONZÁLEZ: ¿En serio? ¿Esta mierda?
PHIL: Sí, y de paso llevaros a todos por delante, también.

González le pone las esposas. Miralpeix se da cuenta de la presencia de Lacroix.

MIRALPEIX: ¡Un momento! ¿es Jackeline Lacroix?


LACROIX: ¡Por supuesto que soy Lacroix!
MIRALPEIX: ¡Dios mío! ¡Me encantan sus cuadros! De hecho, con su permiso,
alguna vez incluso he copiado alguno suyo… Hace poco pinté “La penumbra
infalible”…
CRÍTICO: “Amanecer intangible”, será…
MIRALPEIX: Sí, ese. Es una tela blanca, como…

Miralpeix da con el cuadro, en el que no se había fijado aún.

MIRALPEIX: ¡Mi cuadro!


SERGIO: ¿Cómo que mi cuadro? ¡Pero si es mío!
MIRALPEIX: No; es mío: lo he pintado yo.
LACROIX: ¡Yo pinté ese cuadro!
MIRALPEIX: El auténtico… este es una copia. Es falso, lo pinté yo.
MARCOS: Esto mejora por momentos; ahora resulta que el falsificador es un
agente de la Guardia Civil.

33
Esquizofrènia Laboral

GONZÁLEZ: ¡Oiga, usted, no le falte a la autoridad! Explíquese,


agente…

Entra en escena el inspector Martínez.

MARTÍNEZ: … Yo lo explicaré.
MARCOS: ¿Y este quién es?
MARTÍNEZ: Martínez, asuntos internos.
GONZÁLEZ Y MIRALPEIX (a la vez): ¡Inspector!

Los dos agentes se cuadran.

MARTÍNEZ: Descansen… Señores, el CNI llevaba tiempo controlando los


movimientos de la galería Handtington: operaciones en el mercado del arte por
altísimas sumas de dinero, nada claras; extorsiones; estafas… Pero nos faltaba
la prueba definitiva; pero hoy, por fin, la tenemos: Phil pretendía hacerle el
cambiazo; provocó el apagón para cambiar el original de Lacroix por esa copia
del agente Miralpeix…
SERGIO: Pero entonces, si eso es una copia, el original que tenía yo en
casa, ¿dónde está?
MARTÍNEZ: Un momento, aún no he terminado. Agente, haga pasar al
sospechoso.

Miralpeix sale de escena y vuelve a entrar con Handtington, esposado.

HANDTINGTON: No pienso decir ni una palabra. Sólo hablaré en presencia de mis


abogados. Además, no tiene pruebas.
MARTÍNEZ: Agente, traiga la prueba número 1.
GONZÁLEZ: ¿Lo qué?
MARTÍNEZ: Un cuadro que hay ahí fuera…

González sale a por el cuadro; regresa con él al instante. Es esencial que el público vea
sólo la parte posterior de ese cuadro, hasta que se indique.

MARTÍNEZ: Póngalo junto al otro. Observen…

Martínez se dispone a dar una lección magistral sobre evidencias criminales. Con un
dedo irá ilustrando a toda la concurrencia sobre las diferencias entre las dos telas.
Todos van siguiendo el movimiento del dedo, de una tela a la otra y viceversa, con cara
de creciente estupor.

MARTÍNEZ: El primer indicio lo tenemos en el trazo: de derecha a izquierda y


en diagonal cerrada en el original; de través abierto y de izquierda a derecha en
la copia… El gramaje del papel también es distinto: veinte en este y cuarenta y
cinco en la falsificación. Y fíjense en cómo ha sido fijada la pintura: laca… y
aquí barníz…
SERGIO: Pero si nadie pone en duda que ese es una copia.
LACROIX: Por supuesto.
CRÍTICO: ¡Totalmente!
GONZÁLEZ: Bueno, pero es que… además…

34
Esto no es arte

El agente González gira la tela, que queda a la vista del público, mostrando un
bodegón.

GONZÁLEZ: …no tiene nada que ver…


MARCOS: Bueno, que también es una mierda de cuadro…
MARTÍNEZ: Bien, bien, de acuerdo, quizá no es esta la mejor prueba que
tenemos, pero deben admitir, al menos, que el trazo es distinto en uno y otro
cuadro: de derecha a izquierda en este, de través abierto y de izquierda a
derecha en este otro…
HANDTINGTON: Lo ven. No tiene pruebas.
SERGIO: ¡Cállese! ¿Quién tiene mi maldito cuadro?
MARTÍNEZ: Lo encontraremos, no se preocupe. ¿No aparecieron también las
armas de destrucción masiva en Irak?

Miradas elocuentes de todos los presentes.

MARTÍNEZ: Bien, de acuerdo, el ejemplo no es muy bueno…

Hace su aparición en escena el vecina cleptómano.

VECINA: ¿Hello? Wow! Is this a party? Hey, neighbor… la puerta estaba


open, y como había mucho jaleo… ¿Se dice “jaleo”, right?
SERGIO: El que nos faltaba… Pero si se lo ha llevado todo… Espere un
momento… ¡Claro! ¡Inspector, detenga a ese hombre! ¡Él ha robado mi
Lacroix!

Los dos agentes dudan. Nadie se mueve.

VECINA: Hey, hey, hey. Just a moment, please. I never, never, never he
robado nothing!
SERGIO: Pues desde que le tengo de vecina me han desaparecido siete
ceniceros, dos jarrones, una lámpara, una papelera…
MARCOS: … y el estropajo de la cocina…
SERGIO: … sin contar el saqueo constante de mi nevera…
IVÁN: Ahora entiendo porque antes no encontraba el queso rayado…
SERGIO: … y además, el cuadro.
VECINO: ¿Esa mierda? Está en mi casa.

Martínez ordena a Miralpeix que vaya a por el cuadro.

SERGIO: ¿Y lo dice así, tan tranquilo?


VECINA: Es que yo no lo he robado… I just, I just… lo he cogido…
MARTÍNEZ: Un cleptómano…
VECINA: Yes.

Miralpeix entra con el Lacroix auténtico.

LACROIX: Ese, ese es mi cuadro.


SERGIO: Sí. Mi Lacroix. Ahora sí que veo la necesidad de asegurarlo.

35
Esquizofrènia Laboral

TÉCNICO: Bueno, dadas las especiales circunstancias… debería consultarlo


con la central… Tiene que admitir que la situación no es muy convencional…
LACROIX: Bueno, ya está bien de charla. Soy Lacroix, y mi tiempo vale
infinitamente más que el de todos ustedes juntos. Yo creo arte, constantemente.
Y aquí está: les dije que traía una bomba, y aquí la tienen.
MARTÍNEZ: ¿Qué es eso?
CRÍTICO: Un happening. ¡Totalmente!
GONZÁLEZ: ¿Un qué?
LACROIX: ¡Una bomba! ¡Y va a estallar cuando el relojito dé las ocho.
Quedan treinta segundos…
MARTÍNEZ: ¡Es una bomba! ¡Todos al suelo!

Todos se tiran al suelo, excepto Lacroix, que sostiene la caja, y Miralpeix.

MIRALPEIX: Ah, ahora sí, ¿verdad? Ahora todos al suelo; y cuando lo he dicho
yo antes, bronca.
GONZÁLEZ: ¡Échate, animal, que es una bomba!

A regañadientes, Miralpeix se echa. Lacroix está en éxtasis, fuera de sí.

LACROIX: Dieciocho, diecisiete… Ja, ja, ja: esto sí va a ser deconstrucción…


CRÍTICO: ¡Qué fuerza, qué impacto! ¡Impresionante!
LACROIX: Trece, doce… ¡El fin de las convenciones en arte! ¡Romperé
todas las barreras! ¡acabaré con la supresión de la mujer!
SERGIO: ¡Ese tío tiene una bomba, y va a estallar!
IVÁN: ¡Traiga eso!

Iván, armado de valor, le arrebata la caja a Lacroix, la deja en el suelo y la emprende


a zapatazos con ella, hasta hacerla añicos.

IVÁN: Ya está. Cómo el Mel Gibson en “Arma letal”. El cable azul, el


rojo, y to’. Ya no hay bomba. ¡Ya se pueden levantar!
LACROIX: Pero… pero… ¿Qué ha hecho? ¿Qué ha hecho? ¡Terrorista
cultural! ¡Ha destrozado una obra de arte.

Todos empiezan a levantarse. Entra en escena, corriendo y muy nervioso, el doctor


Hoffenmayer.

HOFFENMAYER: ¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Ah, está aquí! ¡Llego a tiempo!
CRÍTICO: No. El happening ya ha terminado.
HOFFENMAYER: ¡Lacroix! ¿Pero qué hace? Me avisó… Me lo había dicho: voy a
hacer estallar una bomba… Corrí para advertírselo…
MARTÍNEZ: Ese hombre es un peligro.
HOFFENMAYER: Ese hombre esta loco. Déjemelo a mi. En pocos minutos le tienen
que hacer efecto los tranquilizantes que se tomó.
MARTÍNEZ: Bueno, no ha sido fácil, pero el CNI ha vuelto a resolver un caso.
Agentes, llévense de aquí a toda esta gente: Handtington y Phil, al furgón…

36
Esto no es arte

Los dos policías se llevan a los dos hombres, además de coger el cuadro falso y el
bodegón. Lacroix se ha sentado, desconsolado, y contempla la caja destrozada.
Mientras salen, dicen:

PHIL: Ahora que empezaba a caerme simpática, esa Lacroix…


HANDTINGTON: Sólo quiero decir un par de cosas: Lacroix, eres patética. ¡Señor
Calderón, ese cuadro es una mierda!
MARTÍNEZ: Usted, doctor, llévese de aquí a esa… “artista”, y usted (a la
vecina), acompáñele. Doctora, otra paciente… Y téngame informado…

Se los lleva. Mientras salen, comentan:

HOFFENMAYER: Lo haré. Bueno, tendremos que comenzar una nueva terapia:


taichí, aguas termales y electrochoc, ¿Qué les parece? ¿Están en comunión con
la naturaleza?
VECINA: Wonderful! Fantastic!
LACROIX: ¡Ha destrozado mi obra! ¡Me coartáis! ¡Me coartáis!

Salen de escena.

MARTÍNEZ: A ustedes les citaré a declarar… Estén localizables.

Martínez sale de escena. Sergio habla al técnico y al crítico de arte.

SERGIO: … Y ustedes, por favor… Ya les llamaré cuando esté más


tranquilo…
TÉCNICO: Bueno, la verdad es que hemos pasado ciertos nervios… Y, de
hecho, la comprobación ya está hecha… El resto del seguro lo puede hacer por
fax… No pienso volver aquí… Quiero decir, que no hace falta que vuelva…
SERGIO: Bien, ya lo hablaremos…
CRÍTICO: Gracias por esta velada. Un happening extraordinario! Escribiré
un artículo sobre esto…
MARCOS: Que no salga mi nombre…
SERGIO: Buenas noches…
TÉCNICO: Adiós.
CRÍTICO: Buenas noches.

El técnico y el crítico desaparecen de escena. Los tres amigos hacen un largo silencio.
Se sientan, cansados. Después de otra pequeña pausa se inicia una conversación.

IVÁN: Y todo por este cuadro…


MARCOS: No. El mal viene de más lejos…
IVÁN: ¿Qué?
MARCOS: Viene de más lejos; que Sergio se haya comprado un cuadro
blanco es sólo la consecuencia lógica -dentro de lo absurdo de tal acción- de
una actitud que ostenta de un tiempo a esta parte…
SERGIO: Marcos, no empieces otra vez; estoy agotado…
MARCOS: Lo que has agotado es nuestra relación. Ya no tenemos nada en
común…

37
Esquizofrènia Laboral

SERGIO: ¿Pero qué dices?


IVÁN: No discutáis más… Me duele la cabeza…
SERGIO: Me he comprado un cuadro que no sabes apreciar, eso es todo.
MARCOS: ¿No has visto a la loca de Lacroix? ¿Ese es tu concepto de artista?
¿Y el crítico? ¿Y Handtington?
SERGIO: ¿Qué tiene eso que ver con el cuadro en sí?

MARCOS: Es que nos has abandonado, Sergio… ¿Te parece poco? Nos has
cambiado por un cuadro. Y si Iván no se hubiera convertido en un molusco me
daría la razón…
IVÁN: ¿Por qué me las cargo siempre yo?
SERGIO: Marcos, tómate otra pastilla…
IVÁN: ¡Hacedme el favor de reconciliaros! Pasemos una velada
agradable. ¡Todo esto es ridículo!
MARCOS (a Sergio): La culpa es mía. Antes, Sergio, me hacías más caso, nos
entendíamos bien… Pero a la mínima que me descuido, te empiezas a
relacionar con gente fashion, un día acudes a cenar a casa de los Galicia-Lépice
y para asumir tu nuevo estatus, vas y te compras un cuadro blanco.
SERGIO: Lo que te joroba es que no sea tu corderito…
MARCOS: Lo que me joroba es que no pienses… Mira al pobre Iván, que
nos encantaba con su actitud despreocupada y al que hemos dejado que se
volviera miedoso, papelero…, un muchacho que nos aportaba una singularidad
que ahora se esfuerza en borrar…
SERGIO: ¡Que nos aportaba! ¿te das cuenta de lo que estás diciendo? ¡Todo
es siempre en función tuya! Aprende a querer a las personas por ellas mismas,
Marcos.
MARCOS: ¡¿Qué quiere decir por ellas mismas?!
SERGIO: Por lo que son.
MARCOS: ¡¿Pero qué es lo que son?! ¡¿Qué es lo que son?! Sincérate; no has
sido honesto contigo mismo, Sergio:
IVÁN: En medicina, esto tiene un nombre. La enfermedad que padece
tiene un nombre…
MARCOS: O sea, henos aquí al término de una relación de quince años…
IVÁN: Hoffenmayer es un genio. Ya lo había previsto todo, os lo
aseguro.
MARCOS: Me gustaría que dejaras de arbitrar, Iván, que dejaras de
considerarte al margen de esta conversación.
IVÁN: Me quieres hacer partícipe?, ni hablar, a mí no me incumbe. Yo
ya tengo la mandíbula rota, ¡Ahora arreglad vuestras cuentas solitos! Pero eso
parece que es imposible… ¿Por qué no lo dejamos? Está claro que nos
odiamos. En fin, yo no os odio, pero vosotros, ¡vosotros os odiáis! ¡Y me
odiáis! ¿Entonces por qué nos vemos?… Yo estaba dispuesto a pasar una
velada relajada después de toda una semana de preocupaciones absurdas,
celebrar mi despedida de soltero haciendo una espléndida cena a mis dos
mejores amigos, reír, desdramatizar…
SERGIO: ¿Te das cuenta de que sólo hablas de ti?
IVÁN: ¿Y vosotros de qué habláis?
SERGIO: Nos has fastidiado la noche, tú…
IVÁN: ¿Os he fastidiado la noche?
SERGIO: Sí.

38
Esto no es arte

IVÁN: ¿Yo os he fastidiado la noche? ¿Yo? ¿Yo os he fastidiado la


noche?
MARCOS: Sí, sí, tú. ¡No te sulfures!
IVÁN: ¡¡Soy yo quien os ha fastidiado la noche!!
SERGIO: ¿Cuántas veces lo piensas repetir?
IVÁN: Respondedme, ¡¿Soy yo quien os ha fastidiado la noche?!
MARCOS: Llegas con una hora y media de retraso, no te excusas, nos
atosigas con tus problemas domésticos…
SERGIO: Y esa voz de la razón sumisa y dulzona que intentas imponer
desde que has llegado es inaguantable. Tú has creado las condiciones del
conflicto.
IVÁN: ¿Sabéis que puede llorar?… Me puedo poner a llorar aquí
mismo… y me falta muy poco…
MARCOS: Llora.
IVÁN: ¡Llora! Me decís ¡¡llora!!…
MARCOS: Tienes todos los motivos para llorar: te vas a casar con una
histérica, pierdes los amigos que creías eternos…
SERGIO: Tu mismo lo has dicho, ¡¿por qué vernos si nos odiamos?!
IVÁN: ¡¿Y mi boda?! ¡Sois los testigos, ¿os acordáis?!
SERGIO: Todavía puedes cambiarlo.
IVÁN: ¡Ya no! ¡Os he inscrito!
MARCOS: Puedes escoger a otros en el último momento.
IVÁN: ¡No se puede!
SERGIO: ¡Claro que sí!…
IVÁN: ¡No!
MARCOS: Deberías anular la boda.
SERGIO: Sí.
IVÁN: ¿Pero qué os he hecho?

Iván irrumpe en llanto. Pausa.

IVÁN: ¡Es innoble lo que estáis haciendo! Os podíais haber peleado


después del doce, no, os las arregláis para boicotear mi boda, una boda que en
sí ya es una calamidad, que me ha hecho perder cuatro kilos, la arruináis
definitivamente. Las dos únicas personas cuya presencia me proporcionaba un
poco de satisfacción se las arreglan para destruirse el uno al otro, realmente soy
un chico con suerte… Vosotros pensáis que me gustan las servilletas de papel,
los confetis, los rollos de cinta adhesiva, ¡¿Creéis que un hombre normal se
levanta un día, sin más, con ganas de vender clasificadores con fuelle?!…
SERGIO: Cálmate.
IVÁN: ¡No me digas cálmate!¡Cálmate es lo peor que se le puede decir a
alguien que ha perdido la calma!

Sergio y Marcos contemplan a Iván con expresión displicente, haciéndole notar que se
está poniendo patético. Ligera pausa.

IVÁN: Ya he terminado. ¿Tienes algo de picar? Cualquier cosa, justo


para no desmayarme.
SERGIO: Tengo unas aceitunas.
IVÁN: Dame.

39
Esquizofrènia Laboral

Sergio le da un tazón de aceitunas que está al alcance de su mano.

SERGIO (a Marcos): ¿Quieres?

Marcos aprueba. Iván le tiende el tazón. Comen unas aceitunas.

IVÁN: … ¿No tienes un plato para dejar los…?


SERGIO: Sí.

Coge un platito y lo pone encima de la mesa.


Un tiempo.

IVÁN: Mira que llegar a estos extremos… Este cataclismo por un panel
blanco…
SERGIO: No es blanco.
IVÁN: ¡Una mierda blanca!… (Poseído por una fuerte risa)… ¡Porque
es una mierda blanca!… ¡Reconócelo, hombre!… ¡Lo que has comprado no
tiene ningún sentido!…

Marcos ríe, arrastrado por la desmesura de Iván. Sergio, impávido, se queda mirando
un rato el Lacroix. Después se levanta, y sin dejar de contemplar el cuadro, dice:

SERGIO (a Iván): ¿Llevas encima tus famosos rotuladores?…


IVÁN: ¿Para hacer qué?… ¿No irás a dibujar sobre el cuadro?…
SERGIO: ¿Los llevas o no?
IVÁN: Espera… (Busca en los bolsillos de su americana.) Sí…, uno
azul…
SERGIO: Dámelo.

Iván le da el rotulador a Sergio.


Sergio coge el rotulador, saca el capuchón, observa un instante la punta, vuelve a
colocar el capuchón. Levanta los ojos hacia Marcos y le lanza el rotulador. Marcos lo
coge. Ligero tiempo.

SERGIO (a Marcos): Adelante. (Silencio) ¡Adelante!

Marcos se acerca al cuadro. Mira a Sergio; destapa el rotulador.

IVÁN: ¡No irás a hacerlo!…

Marcos mira a Sergio…

SERGIO: Venga.
IVÁN: ¡Estáis locos de remate los dos!

Marcos se agacha para estar a la altura del cuadro. Bajo la mirada horrorizada de
Iván, sigue con el rotulador unas listas transversales. Sergio está impasible. Luego, con
aplicación, Marcos dibuja sobre esa pendiente un pequeño esquiador con bonete.

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Esto no es arte

Cuando ha terminado, se endereza y contempla su obra. Sergio sigue de mármol. Iván


petrificado. Silencio.

SERGIO: Bien, tengo hambre. ¿Vamos a cenar?

Marcos esboza una sonrisa. Vuelve a tapar el rotulador y con un gesto lúdico, lo lanza
a Iván, que lo coge al vuelo. Los tres recogen sus cosas y se disponen a irse.

SERGIO: ¿No os parece ridículo que comprometamos nuestra amistad por


un cuadro… blanco?
MARCOS: ¡Por supuesto!
IVÁN: Entonces… ¿Haréis de testigos en la boda?

Marcos y Sergio se miran con gesto cómplice. Empieza a sonar una alegre música que
marca el final de la obra. Las siguientes réplicas, con los actores ya de espaldas,
saliendo entre risas de escena.

SERGIO: ¿Testigos? No… Queremos ser los padrinos.


IVÁN: ¿Los dos? Es imposible ¿Y que le digo a mi cuñado?
MARCOS: Que se compre un Lacroix…

TELÓN

A partir de “Arte” de Yasmina Reza,


de la adaptación de Joaquim Carreras

(versión revisada el 19 de Diciembre de 2010)

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