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1.

Psicopatología de la
afectividad
a) Introducción histórica
- Hasta el siglo XIX, los síntomas afectivos rara vez aparecían en las descripciones clínicas
de los trastornos mentales. En parte, tenía que ver su consideración secundaria en relación a la
razón y su índole subjetiva.
- Desde Platón y Aristóteles: los afectos, denominados pasiones, eran tenidos como
sinónimo de caos, perturbación y desorden. Se les daba un cierto papel en la motivación y en la
creatividad. La razón era la característica humana por excelencia.
- La valoración independiente de los afectos cobraba impulso en las obras de Santo Tomás
de Aquino y Descartes. Aunque no fue hasta el siglo XVIII, bajo la influencia de filósofos
británicos y franceses como Rousseau y la inspiración del periodo romántico, cuando se
consolidó el valor autónomo de la vida afectiva. De este modo, las pasiones y la subjetividad
fueron admitiéndose en el terreno de la enfermedad mental.

– Afectos y enfermedad mental:

– Desde el periodo grecorromano- S. XVIII: el concepto de enfermedad mental era de


marcado carácter intelectualista: la melancolía era una combinación de irracionalidad
( trastorno de la razón o delirio) y reducción del repertorio de comportamientos. Sin
embargo, en el lenguaje popular el término melancolía tenía ya un significado afectivo de
tristeza y nostalgia.
– Pinel y Heinroth tratan de abrir paso clínico a elementos afectivos.
– Esquirol y Benjamín Rush tratan de dar valor nosológico a los trastornos afectivos,
introduciendo los términos lipemanía y tristemanía respectivamente.

– Segunda mitad del s.XIX :


- Darwin: el hombre comparte con los animales algunos aspectos de la vida
afectiva. Las emociones forman parte de programas de conducta estereotipada
- Ribot, James y Lange: investigan aspectos fisiológicos de las emociones y
la conducta. Sin embargo, los estudios de localización cerebral dejan por entonces relativamente
abandonado el estudio de la localización de los afectos y su fenomenología.
- Tentanos, Ward y Freud abogan por una consideración macroconceptual
de los afectos. Freud, en su obra, dota a la afectividad de funciones estructurales y energéticas.

- S. XX: el panorama psicopatológico de la afectividad está configurado por corrientes


reduccionistas ( psicofisiológicas, cognitivas, etc.) y macroconceptuales ( psicoanálisis). Aun sin
disponer de un papel semiológico claro y estable, los clínicos siguen considerando los síntomas
afectivos mediante métodos introspectivos y de observación conductual y relacional, así como
datos somáticos. Así, los trastornos psicopatológicos de la afectividad aparecen unas veces bajo
nombres genéricos como trastornos del humor o de las emociones, mientras que otras veces se
estudian directamente a través de sus síntomas ( ansiedad, depresión, distimia)
b) Definición y conceptos básicos
El ser humano no asiste a los acontecimientos de su vida de un modo neutral; un colorido
afectivo matiza cualquier acto.
La vida afectiva es el conjunto de estados y tendencias que el individuo vive de forma
propia e inmediata ( subjetividad), que influyen en toda su personalidad y conducta ( trascendencia),
especialmente en su expresión ( comunicatividad), y que por lo general se distribuyen en términos
duales o de polaridad (placer-dolor, alegría-tristeza, amor-odio, filia-fobia, atracción-repulsión).

Posee pues, 4 componentes esenciales:

– Subjetividad: toda experiencia afectiva e íntima es personal y, por tanto, no es algo observable
por los demás. Lo que sí puede ser observable son las manifestaciones de esa experiencia, es
decir, lo que el individuo expresa o comunica de forma verbal y no verbal.
– Trascendencia: difusión recíproca que ejercen los afectos sobre otras dimensiones de la
personalidad del individuo y sobre la orientación de su conducta. Ej: el encuentro con una
persona agradable constituye una sensación afectiva positiva, que a su vez reforzará la conducta
para ulteriores encuentros.
En relación a otras funciones, la memoria incorpora elementos afectivos y la percepción aparece
cada vez más estrechamente ligada a la afectividad en los distintos modelos. Otra importante
área de interrelación es la corporal, en los aspectos tanto viscerales como motores. Ej: la
ansiedad y la depresión repercuten en diversas funciones como la digestiva, la circulatoria, la
alimentaria o el sueño. También en la psicomotricidad, en forma de mímica facial o actitud
motora general.
– Comunicatividad: influencia y participación de los afectos en la comunicación entre el
individuo y el medio. La afectividad se puede transmitir y apreciar a través de la entrevista
clínica en tres niveles: el contenido ( “dice que está triste”), la forma (“voz y movimientos
lentos y cansinos”) y el modo (“actitud dependiente y de lamento”). Éste último es más difícil
de apreciar por su mayor subjetividad.
– Polaridad: variedad cualitativa en que se manifiestan los afectos del individuo. Existen
diferentes ejes, entre cuyos extremos aparecen un margen de estados y tendencias que va desde
la máxima intensidad en un sentido hasta la máxima intensidad en el otro.

c) Clasificación
– Emociones
Son afectos bruscos y agudos que se desencadenan por una percepción (externa o interna) o
representación. Tienen abundante correlación somática y suelen ser poco duraderos o transitorios.
Ej: miedo, cólera, angustia.
Las manifestaciones fisiológicas son variadas: palidez, rubicundez facial, diarrea,
sudoración, lagrimeo, espasmos, taquicardia, cambios tensionales, taquipnea, disnea, poliuria....

En la emoción se produce un desequilibrio psíquico y somático que actúa como estimulante


para movilizar los mecanismos de adaptación del individuo frente al desencadenante. Si bien a
veces la reacción favorecerá la conducta adaptativa, en otras su desproporción cuantitativa y
cualitativa puede desorganizar el comportamiento del sujeto.

Para unas reacciones psicofisiológicas objetivamente similares se pueden producir


emociones distintas. Ej: experimento con adrenalina de Schachter y Singer (1986)
Así, en el fenómeno de la emoción cabe distinguir aspectos en cierto modo independientes
que determinarán una conducta u otra ( lucha, huida, paralización) en el sujeto. Éstos son:
– Estímulo: identificable ( fobias) o no ( crisis de angustia), con probable detonante interno.
– Reacción psicofisiológica: puede tener mayor o menor duración o intensidad.
– Componente cognitivo: la propia interpretación o experiencia del sujeto, mecanismos de defensa
– Contexto: personal, relacional con alcohol o fármacos, físico, situacional....

- Humor o estado de ánimo (mood)

Es un afecto de instauración más lenta y progresiva que las emociones y surge en general de
forma cíclica, pero también ciertos estímulos externos pueden influir en su aparición y duración.
Puede perdurar de horas a semanas o incluso meses.
Ej: alegría-tristeza, irritabilidad, calidez, vigor....

Es una predisposición o marco de sensibilidad emocional. Aquí es más difícil hallar el


desencadenante de un cambio de humor, aunque a veces es claro (tristeza por duelo).
Su componente somático es menos vegetativo; afectando al sueño, la alimentación y las
secreciones hormonales. Por ello el estado de ánimo se conecta con los ritmos biológicos.

Cuando surge una emoción o un estado de ánimo, se produce en el individuo una


elaboración cognitiva para explicar lo que le está ocurriendo, siendo ésta más intensa cuanto más
negativa es la sensación. En el caso de ser positiva, el sujeto se contenta con ella pero, si es
desagradable, trata de organizar cognitivamente lo que siente y explicar así el fenómeno sobre la
base de su racionalidad ( Maslach, 1979). Este factor cognitivo se encarga de mantener o incluso
generar el estado afectivo ( Kovacs y Beck, 1978).

Según Pollit, el humor está regulado por:

– Factores que suelen ser reconocidos: variación diurna, experiencia personal, personalidad de
base.
– Factores que pasan inadvertidos: síndrome premenstrual, uso de ACOs, trastornos de ritmos
circadianos, epilepsia, vientos cálidos, latitud, los ciclos lunares, cambios de actividad solar e
influencias electromagnéticas.
Este autor destacó las funciones homeostáticas del hipotálamo como órgano encargado de
regular el metabolismo somático, la sensibilidad emocional y la coordinación de la ritmicidad
biológica. Un trastorno en alguna de estas áreas repercute en las demás.

Desde 1984, cuando Rosenthal describió el TAE, se ha impulsado el estudio del papel de los
cambios estacionales del humor en pacientes y sujetos sanos.
Según Flor-Henry, los sistemas cerebrales que generan el humor se hallan preferentemente
en el hemisferio no dominante, relacionados con los que determinan los procesos visuoespaciales y
la motilidad voluntaria.
d) Exploración de la afectividad
Es un área difícil de la exploración clínica, como lo demuestra el bajo nivel de fiabilidad
obtenido en los datos sobre síntomas afectivos en el estudio piloto internacional sobre la
esquizofrenia y en el bajo nivel de concordancia entre examinadores en la evaluación del humor en
enfermos depresivos. Esto se explica porque los afectos son experimentados y expresados, es decir,
tienen un componente subjetivo y otro objetivo. Por tanto, los datos obtenidos son en gran parte
inferencias.

Para evaluar la afectividad es preciso:

– Explorar el estímulo psicológico, si lo hubo. El motivo de los estados y oscilaciones afectivos


no siempre es claro y puede estar distorsionado ( opiniones ajenas al paciente de familiares,
amigos o incluso profesionales). Hay que recoger las pruebas y atribuciones establecidas.
– Características: a los datos obtenidos, en forma de inferencias, hay que añadir las
observaciones concretas en que se basan. En la exploración de los afectos conviene anotar la
forma de aparición, la duración, intensidad y variaciones de ésta, el grado de adecuación que
puede ser difícil de evaluar en relación al contexto o una referencia interpersonal o el grado de
proporcionalidad. También puede ser valorada la reactividad o respuesta afectiva ( respuesta
del paciente ante alusiones a situaciones concretas) y la irradiación afectiva o capacidad del
individuo para que los demás sintonicen con su estado afectivo
– La personalidad del individuo
– Factores orgánicos que puedan afectar al hipotálamo, ya sean internos ( hormonales,
neurofisiológicos) o bien externos ( ritmos circadianos..) y sintomatología somática, tanto si
precede al estado afectivo como si lo acompaña.

Es aconsejable también analizar la elaboración cognitiva del individuo, que puede ser
secundaria al estado afectivo o bien previa a aquél. A veces esto último se presenta de forma
distorsionada especialmente en los casos de afecto negativo. La evaluación del humor se presenta
en clínica en forma de entrevista y evaluaciones objetivables en forma de listas de adjetivos,
cuestionarios y escalas ( Mackay, 1980)

e) Síntomas afectivos
- Alegría patológica:

Es una variante patológica del humor. La alegría es un fenómeno normal que surge en el
marco de la relación individuo-medio.
Desde el punto de vista dinámico, algún evento produce una liberación del yo y lo desliga
de la realidad inmediata haciendo presente una perspectiva futura satisfactoria. El continuo contacto
con la realidad restablecerá mas adelante el equilibrio.
Biológicamente, la alegría oscila con los ritmos biológicos y es inducida por diversas
sustancias tales como alcohol...mediante la inducción de estados de desinhibición de tipo eufórico.

Subjetivamente, el individuo se siente lleno de energía y capacidad con un talante de


omnipotencia. Está optimista, alegre y con una autoestima elevada. En enfermos maníacos se asocia
con cierto grado de hostilidad por la constatación de que los demás “ no son capaces de seguirle”.
Objetivamente, el individuo está expansivo y presenta una viva reactividad afectiva y
tendencia a la hilaridad, que puede convertirse en ironía y agresividad cuando se le contradice. La
atención es viva y fugaz, y todo estímulo queda rápidamente incorporado en el discurso ( verborrea
que puede alcanzar la fuga de ideas). Esta hipertonía psíquica se acompaña de hiperactividad
motora y menos necesidad de sueño. A menudo aparece un comportamiento social desinhibido y
osado, que puede conducir a grandes gastos económicos, imprudencias o indiscreciones. Este estado
de ánimo suele contrastar con el de los allegados, que suelen estar cansados de soportar tal conducta

La risa patológica no suele aparecer en este contexto, sino en cuadros seudobulbares,


epilepsia gelástica, histeria y ciertas formas de esquizofrenia.

En clínica suele presentarse en:

– Episodios maníacos de ttnos bipolares: síntomas descritos intensos a menudo sin


desencadenante, mayor frecuencia en verano y carácter psicótico
– Personalidades de tipo neurótico: en forma de reacciones hipomaníacas leves. En relación con
motivos vivenciales, constituyendo éstas un recurso evasivo ante una situación percibida como
amenazante por el sujeto neurótico.
– Trastorno ciclotímico: cuadros hipomaníacos de aparición fásica
– Esquizofrenia: cuadros maniformes con falta de colorido afectivo alegre del humor y menor
expansividad. Pseudofuga de ideas ( disgregación), delirios paranoides o alucinaciones y
personalidad premórbida.
– Trastornos orgánicos-cerebrales: sintomatología maniforme secundaria; en el contexto de una
debilitación en el control afectivo e intelectual como en las demencias incipientes (donde se
acompaña de una actitud hostil y querulante), o asociada a fármacos, trastornos metabólicos y
neurológicos donde es tratable. En el daño frontal, la alegría insulsa se conoce como moria.

- Tristeza patológica

Variante patológica del humor. Es un fenómeno afectivo normal que surge en el individuo en
sus relaciones con el medio o vehiculada por factores orgánicos.
Desde el punto de vista dinámico, la tristeza se relaciona con el concepto de pérdida. Algún
evento evoca una limitación o derrota que hacen perder alguno de los atributos hasta entonces
presente: muerte de un ser querido, desamor, etc. Otras corrientes psicológicas que orientan el
significado de tristeza son el conductismo, la teoría de Seligman, cognitiva de Beck,
Biológicamente, los mecanismos que regula la tristeza están conectados con los sistemas
homeostáticos diencefálicos repercutiendo en éstos los cambios estacionales, climatológicos o
farmacológicos. Al contrario, el ejercicio físico influye en el humor de forma positiva ( Lichtman).

Subjetivamente, el individuo triste se siente afigido, desanimado y abatido. No siente interés


por sus ocupaciones ni por el entorno.

Objetivamente, parece apagado con escasa reactividad emocional y tendencia al llanto, tanto
espontáneo como inducido. La atención al ambiente es escasa y parece concentrada en su aflicción.
Discurso parco y breve. Sentimientos de culpabilidad ( según contexto socio-cultural) e indignidad
con baja autoestima ( síntoma más común). Hay por lo general hipoactividad motora. En su
conducta, el sujeto se muestra más aislado, menos comunicativo y tolerante, y llegan incluso al
rechazo generalmente pasivo de los demás. En los casos más graves aparecen rumiaciones y
conductas suicidas.

En clínica, estos síntomas configuran los estados depresivos. La tristeza patológica aparece
con la máxima intensidad y gravedad en los cuadros endógenos, en los que falta con frecuencia un
motivo desencadenante. Los casos relacionados con eventos o factores de personalidad carecen de
ritmicidad y presentan un notable componente subjetivo.

– Angustia o ansiedad patológica

Estado emocional en que el individuo se siente tenso, atemorizado y alarmado en una forma
desagradable y con notable cortejo somático. Si es secundario a una situación, ésta es de relativa
poca magnitud. Cuando se centra en un estímulo, hablamos de fobia.
La angustia es una emoción normal cuya función es activar la capacidad de respuesta del
individuo ante un peligro o amenaza. Su patología deriva de anomalías en su proporción, intensidad
y duración.
Desde el punto de vista dinámico, Freud definió la angustia como una manifestación de la
libido reprimida, una representación de la experiencia del nacimiento y como una respuesta yoica a
los incrementos de tensión afectiva o instintiva.
Biológicamente, la ansiedad corresponde al prototipo de emoción. No hay un modelo
completo que explique la misma. Participan en ella las estructuras límbicas, la formación reticular,
el lóbulo frontal y temporal y ciertas estructuras subcorticales mediante Nts como NA, serotonina,
GABA.

Subjetivamente, el sujeto se siente inquieto y tenso y tiene el temor de que va a ocurrirle


algo. La atención, concentración y organización perceptiva están delimitadas. Presenta cortejo
vegetativo: opresión torácica, disfagia, disnea, debilidad en las piernas, palpitaciones, vértigo y
hormigueos y en los casos más graves despersonalización y desrrealización con sensación de pánico

Objetivamente, hay inquietud psicomotora con insomnio inicial, pensamiento atropellado


junto con frigidez o impotencia. Hay funciones afectas voluntarias como correr en estado de pánico,
gritar... e involuntarias como sequedad de boca, sudoración, temblor, vómitos, taquicardia, rubor,
palidez, polaquiuria...

En clínica suele presentarse en:

– Crisis de ansiedad: clínica descrita aguda y virulenta.


– Ansiedad generalizada: clínica descrita de forma persistente y menos intensa.
– Esquizofrenia: ligada a otros síntomas positivos, se ve en los periodos de inicio (angustia
psicótica), relación muy alterada con la realidad.
– Trastornos depresivos: en cuadros depresivos endógenos y mixtos.
– Enfermedades somáticas:es un concomitante reactivo habitual. Dependerá de la gravedad de la
enfermedad y su duración, el entorno y la personalidad. También puede aparecer como síntoma
en trastornos hormonales y metabólicos como hipertiroidismo, feocromocitoma, hipoglucemias
y porfirias o tras la toma de determinados fármacos como corticoides, anfetaminas, cafeinismo,
supresión brusca de sedantes, fármacos antipsicóticos ( acatisia neuroléptica), etc.

- Indiferencia afectiva: el individuo no experimenta apenas sensaciones afectivas en sus


relaciones con el mundo exterior, acontecimientos o vivencias. Se acompaña de apatía.
Puede aparecer en la esquizofrenia procesal, autismo, en la depresión acompañando a síntomas de
naturaleza depresiva predominantes sobre la indiferencia, en la histeria ( belle indifference)

-Anhedonia: incapacidad para experimentar placer ( Ribot). Kraepelin y Breuler la


incluyeron más tarde entre los síntomas del deterioro esquizofrénico. Freud lo definía como un
coadyuvante de la represión del conflicto neurótico. Klein lo señala como uno de los elementos
esenciales de la depresión endógena, siendo el elemento que más rápidamente mejora con tto,
siendo un indicador precoz de la respuesta terapeútica.

- Paratimia: situación en que la afectividad del individuo no parece apropiada al contexto en


que se produce. Debemos diferenciar la vivencia afectiva de la expresión externa de la misma. En la
esquizofrenia, donde tiene poco valor dx de forma aislada, ambas pueden ser inapropiadas. En los
síndromes orgánicos cerebrales suele afectarse la expresión emocional, como en las aprosodias y en
los cuadros de llanto y risa espasmódicos.

- Labilidad afectiva: cambios súbitos afectivos, que especialmente involucran la expresión y


pueden estar provocados o no por estímulos externos. Hay una falta de control de la expresión
afectiva desproporcionada al efecto subjetivo ( contento al hablar de un tema y llora fácilmente al
cambiar a otro). Es frecuente que asocie incontinencia emocional. Se presenta en cuadros
seudobulbares, cuadros demenciales y degenerativos o en sujetos sanos.

- Distimia: disfunción del humor. Ha pasado a ser un síndrome clínico en sustitución del
concepto de depresión neurótica ( DSM-III).

- Disforia: término de origen griego y latino que significa malestar empleado en psiquiatría
en USA como sinónimo de ánimo depresivo, ansiedad e inquietud.

- Aprosodias: trastornos del lenguaje afectivo en pacientes con lesiones en hemisferio


derecho. Son sujetos menos expresivos y con déficit en la comunicación afectiva.

- Alexitimia: significa falta de palabras para los afectos o incapacidad de expresar con
palabras los afectos. Se aplica en la actualidad con escaso rigor.

2. Tendencias instintivas y
necesidades vitales

a) Definición e introducción histórica


En el hombre se califica como instintivo cualquier comportamiento complejo que
escapa a la comprensión. Para la psicología fisiológica, la instintividad correspondería a una
especie de conducta refleja motivada. La etología, denominación propuesta por el psicólogo alemán
Konrad Lorenz para el estudio del comportamiento, replantea la investigación del papel de la
instintividad como radical básico de la conducta. Los psicólogos y psiquiatras anglosajones tratan
de evitar el término utilizando expresiones como «necesidad vital» o «tendencia natural».

Ni la psicología ni la psiquiatría clínicas pueden hoy prescindir de lo instintivo como


característica de uno de los modos del ser psíquico. Las principales razones son las siguientes:

El análisis de la conducta en las más diversas especies animales, al demostrar que el papel
de la inteligencia es mucho menor de lo que se le suele atribuir, revela la existencia de ciertas
condiciones internas comunes a los seres vivos en general, incluido el hombre, que predisponen a
actuar naturalmente según patrones ajenos a la plasticidad característica de la especie humana.

El estudio de los procesos de aprendizaje revela su relación con la cualidad biológica


S. Tomás utilizaba la expresión vis estimativa, con un significado semejante al de la palabra
instinto, para designar la innata capacidad que hace posible el reconocimiento de un objeto como
útil o nocivo, demostrando así la intervención de lo instintivo en los procesos superiores del
psiquismo
El hecho de la sociabilidad acredita que el ser social emerge como tendencia de los más
profundos niveles psicobiológicos.

En Darwin aparece la noción de instinto como algo que se cumple sin experiencia previa y
sin conocimiento del propósito.
W. James define el instinto como «la facultad de actuar de manera que se alcancen ciertos
fines, sin tener previsión de éstos y sin una educación anticipada acerca de la acción
correspondiente»; defiende la existencia de una organización neurofisiológica subyacente al mismo,
inclinándose a favor de una explicación mecanicista, pero introduciendo en su doctrina de la
experiencia instintiva, junto a factores sensoperceptivos, un elemento de cognición.
Lloyd Morgan defiende el comportamiento instintivo como «aquel que comprende esos
grupos complejos de actos coordinados que, aun cuando contribuyen a la experiencia, no están, al
ocurrir por primera vez, determinados por la experiencia individual; son adaptativos y tienden al
bienestar del individuo y a la conservación de la especie; resultan de la cooperación de estímulos
internos y externos; son practicados de manera similar por todos los miembros de un determinado y
más o menos restringido grupo de animales; pero están sujetos a variación y a la subsiguiente
modificación bajo la guía de la experiencia individual».
Los estudios de McDougall sobre la instintividad fueron más extensos y alcanzaron mayor
difusión. Con una preferente perspectiva psicológica, basada, sobre todo, en términos de
experiencia, abordó que «la psique humana tiene ciertas tendencias innatas o heredadas, que son los
resortes esenciales o las fuerzas motivadoras de toda acción y todo pensamiento». Tales tendencias
son comunes a todos los miembros de cualquier especie dada; no pueden ser erradicadas de la
constitución psíquica ni adquiridas por los individuos en el transcurso de su vida.
Para el psicoanálisis y las diferentes direcciones de la psicología profunda la doctrina de los
instintos se desarrolla en torno a dos proposiciones fundamentales. La primera afirma que la
instintividad es la realidad básica, percibida en términos de energía, del ser. La segunda, elaborada
como crítica de las concepciones anteriores, subestima el carácter hereditario o innato de los
instintos a favor de la adquisición de patrones de comportamiento originados en el ambiente del
sujeto durante las primeras etapas del desarrollo.

b) Caracteres de la conducta instintiva


– Es innata, es decir, no aprendida, ni siquiera por imitación. Nace con el ser vivo y se mantiene
sin variación sensible de pautas comunes para todos los individuos según sus especies. No se
afirma que las diversas variedades del instinto se manifiesten desde el principio. La
diferenciación cualificadora de la instintividad se realiza de modo sucesivo, adquiriendo
diversas modalidades en el curso posterior de la vida.
– Todo acto instintivo es teleológico, ordenándose a finalidades concretas. La tensión emocional,
que parece mantener la acción instintiva, sólo desaparece con el alcance o supresión, en el
ámbito de la experiencia, de su fin específico.
– El instinto sobrepasa por su alcance la propia individualidad del ser vivo.
– La conducta instintiva, aun cuando en el ser psíquico consciente -que es el hombre- sea
ordinariamente advertida, no requiere, en principio, la intervención de la inteligencia. De hecho,
la excesiva atención frente al fenómeno puede llegar a condicionarlo de modo negativo.
Justamente en esta singular y paradójica relación de lo instintivo y lo intelectual reside tanto la
posibilidad de rechazo o inhibición del proceso como la de su conversión en anomalía
perversiva.
– Así, la instintividad resulta ser el modo primario común a todos los seres vivos de realizarse
como tales y de alcanzar sus fines específicos. Instintivo es aquello que en una circunstancia
concreta y en un individuo singular hace que la vida se actúe.

Bolk, biólogo alemán, formuló una original y sorprendente teoría sobre el origen del
hombre, según la cual el proceso morfológico de «humanización» fue esencialmente una
«fatalización»; la situación del recién nacido humano es más precaria que la de cualquier
animal. Este retraso es sólo un signo de lo que esencialmente caracteriza al ser humano; a saber,
el tiempo extremadamente lento de su desarrollo biológico, fenómeno denominado por Bolk
«principio de retardación». Comparado el hombre con los individuos de cualquier especie
animal, resulta evidente la rapidez con que éstos alcanzan la forma y modo de su ser adulto. El
hombre nace sin «acabar»: de hecho necesita aprenderlo todo. Y es precisamente esto lo que le
abre a las nuevas y mayores posibilidades de un mundo más amplio. La constitutiva seguridad
biológica que el instinto confiere a los animales hace del mundo de éstos un hábitat cerrado,
concluido, tanto más cuanto más rápido es el proceso de mutua adaptación vital. La integración
vital del hombre y su mundo no acaba nunca.

El hombre no sólo es capaz de renunciar a lo inmediato sensible, sino que es capaz de


sustituirlo por las imágenes de la fantasía creadora. Se trata de un fenómeno específicamente
humano e instintivo que el psicoanálisis ha designado con el término «sublimación»,
refiriéndolo, como es sabido, a las exigencias no satisfechas de la libido.
G. Thiboh ha propuesto la sublimación como una especie de reflejo ascensional de los
instintos hacia las fuentes inmateriales del ser humano. Los sencillos ritmos biológicos se
integran en la dinámica abarcativa de un ser, cuya totalidad rebasa el plano de lo biológico. La
sublimación así entendida va acompañada de un sentimiento de equilibrio y de plenitud,
revelador de la liberación del sujeto respecto de las servidumbres y disonancias de las
tendencias inferiores.

Frente al comportamiento animal, la conducta humana se despliega instintivamente en dos


fases. La primera caracterizada por el predominio del impulso a la actividad; la segunda, por la
satisfacción de la necesidad sentida. La patología de los instintos depende más del modo de
satisfacer objetivamente la referida necesidad que de la intensidad y grado del impulso. Por otra
parte, el comportamiento instintivo no resulta, casi nunca, del despliegue de un solo instinto. De
hecho, toda la instintividad opera de continuo. El efecto inhibitorio que, p. ej., el miedo y el
hambre producen sobre cualquier proceso instintivo, es del dominio común.

Junto al fenómeno anteriormente descrito ha de situarse en el hombre la plasticidad o


capacidad de moldeamiento de los diferentes instintos. Además y aun por encima de las
necesidades biológicas se encuentra la propia y singular necesidad de ser, sin más. Se trata
también de una realidad instintiva. Definida por López Ibor como «instinto de perfección», es el
móvil que lleva al ser humano a completarse, a adquirir una forma exuberante y nítida al mismo
tiempo.

c) Clasificación de los instintos.


Para el psicoanálisis era la libido la fuente absoluta de todo instinto. Posteriormente, el
propio Freud agregó a la libido, limitada al instinto sexual, el instinto tanático o de muerte y los
instintos del yo.

Fenomenológicamente, siempre que se trata de reducir los instintos a otros se llega a la


conclusión de que la instintividad se ordena alrededor de dos direcciones o tendencias
fundamentales: la conservación de lo vivo y la conservación o perpetuación de la especie. Una y
otra significando el correlato biológico del egoísmo y el altruismo. Alrededor de estas dos
direcciones la conducta instintiva se despliega en una serie de manifestaciones específicamente
diversificables según el estrato funcional de la economía biológica y la singular situación vital.

1. Instinto de conservación: en un primer nivel la instintividad se ordena al mantenimiento


del estatus orgánico indispensable para la vida individual. Incluye la homeostasis o equilibrio
del ser vivo con su entorno físico y el recambio material. Psicológicamente, además de los
correspondientes fenómenos fisiológicos, las situaciones de stress o desequilibrio por cambios
bruscos del medio o disminución de la capacidad vital, son registradas como malestar más o
menos intenso que puede llegar al sentimiento de alarma e incluso a trastornos de la conciencia.

2. Instinto nutricio: es más polifacético y complejo. La carencia de sustancias alimenticias


puede incidir en lo psíquico desde un simple malestar difuso a sensaciones localizadas en el
tracto digestivo. El hambre y la sed como sentimientos sensoriales revelan así la doble vertiente
psicofísica del fenómeno, a la vez que permiten la posibilidad de regulaciones instintivas ajenas
a lo meramente fisiológico.

Los animales comen habitualmente según proporciones específicas determinables. Kafka


estudió el comportamiento de las gallinas en este sentido, demostrando que el hambre y la
saciedad están condicionadas tanto por necesidades intrínsecamente orgánicas como por
factores externos de situación. En el hombre los condicionamientos son mucho más
complicados. Los usos y costumbres, los hábitos, la cultura y las creencias no sólo intervienen
en el modo de satisfacer las necesidades, sino que contribuyen a crearlas: se puede resistir el
ayuno o vivirlo de forma positiva como una virtud moral (huelgas por el hambre y huelgas de
hambre). Ej: Mac Swiney, alcalde de Cork, ayunó voluntariamente durante 75 días que estuvo
preso; es el tiempo de ayuno más largo comprobado oficialmente. En lo relativo al instinto
nutricio toda una teoría del arte culinario ha venido a integrarse en estilos de vida individuales y
colectivos. El simple hecho de la metamorfosis que la alimentación ha sufrido en el curso de la
historia acredita la constitutiva apertura de la vida humana.

3. Instinto de defensa: en situaciones de amenaza para la integridad del sujeto, aparece de


acuerdo con dos modalidades radicales: la inmovilización y la huida. La relación entre estos dos
modos de defensa con el impulso primario a la actividad y su carácter reactivo ha motivado que
la mayoría de los psicólogos los incluyan entre las especies de impulsos o tendencias comunes a
los seres vivos en general. Debe anotarse, sin embargo, que la estructura psicológica de las
llamadas por López Ibor reacciones de «sobrecogimiento y sobresalto» está relacionada con los
sentimientos de angustia, miedo e inseguridad.

Como manifestaciones marginales del instinto de conservación, deben incluirse la


agresividad y las tendencias gregarias. La filiación instintiva de la agresividad ha surgido de la
problemática planteada por Freud en la última de sus formulaciones doctrinales, al contraponer
los instintos de vida (eros) y los instintos de muerte (thanatos).
La finalidad destructiva de la agresividad revelaría la existencia de una propiedad general de
lo instintivo ordenada a la reproducción de estados anteriores. Para Freud, el fin de la
instintividad es el restablecimiento del equilibrio alterado por las tensiones creadas por los
estímulos externos. Lo orgánico regresaría a lo inorgánico original; la actividad de la vida
concluiría instintivamente en el reposo de la muerte. La prueba de esta tesis se basó en la
observación de la cualidad iterativa de los juegos infantiles y de ciertas manifestaciones
patológicas (p. ej., los sueños angustiosos).

Sin embargo, el análisis de tales fenómenos en las situaciones clínicas en que aparecen con
particular relevancia (en las obsesiones) demuestra que su verdadera significación instintiva
consiste más en conservar que en destruir. Frente a los sentimientos de amenaza surgidos de las
alteraciones del estado de ánimo fundamental, el sujeto reacciona, a menudo, aplazando su
decisión y sosteniéndose entretanto en una especie de compás de espera vital que cristaliza en la
repetición de actos y vivencias. Hay, efectivamente, un impulso básico a la repetición, ordenado,
no a la destrucción, sino a la economía biológica. En forma independiente, la agresividad puede
ser destructora y alimentar ciertos modos de conocimiento que el propio psicoanálisis ha
definido como instinto epistemológico. Pero, en ningún caso, ni la agresividad como tal ni la
tendencia al conocimiento analítico tienen como finalidad la muerte.

La constitutiva dimensión social de los seres vivos en general y del hombre en particular
aparece como una necesidad cuya satisfacción supone la correspondiente tendencia instintiva.
Su forma más elemental puede calificarse como instinto gregario. La referida necesidad no
pertenece a la esfera sexual. Más bien lo sexual debería entenderse como una faceta de la
sociabilidad. El instinto gregario da lugar a las agrupaciones animales. En la especie humana la
tendencia se configura, al integrarse en los planos superiores del ser personal, en las variadas
formas de agrupación que van desde la primordial «masa-tumulto» a los «públicos»
configurados elementalmente en torno a situaciones e intereses pasajeros.

4. Instinto sexual: psicológicamente la sexualidad es un hecho que rebasa el ámbito de lo


instintivo. El que en las especies animales sexuadas lo sexual revista en su estructura y
actuación los caracteres de la instintividad y que estos mismos caracteres puedan aislarse en el
hombre, no demuestra sino que la sexualidad está ordenada primordialmente a la perpetuación
de la vida. En éste, como en todos los demás instintos, se revela que el proceso intercalado entre
la tendencia y el objeto o causa final es más largo y complicado en la especie humana. Esta
complejidad es, en definitiva, la prueba más importante del «lujo» biológico de los instintos y
de la radical apertura de la vida del hombre.

La plasticidad y dependencia recíproca de todas las tendencias e impulsos básicos pueden


alcanzar en la sexualidad humana formas tan extremadas y singulares que, de hecho, el instinto
sexual resulta ser el más lábil y quebradizo de toda la economía. Ya en los animales puede
advertirse que el correlato emocional de este instinto es, a menudo, menos violento que en otros,
y si bien es cierto que la fuerza y la tiranía del mismo puede llegar a ser gravemente
perturbadora, no lo es menos que la inferencia de la voluntad es capaz, al margen de la
patología, de inhibir su acción (es lo que sucede, p. ej., en la virtud de la castidad). De otra
parte, lo que la propia patología demuestra es que los aspectos extrafisiológicos del instinto
sexual son mucho más importantes que los fisiológicos.

En la conducta sexual intervienen cuatro niveles de condicionamiento:

El nivel fisiológico es, sin duda, el regulador básico y naturalmente extraconsciente del
proceso. Intervienen en el mismo factores genéticos, hormonales y gonadales (orgánicos), que
inciden tanto en la puesta a punto del proceso como en la determinación individual del propio
sexo. Los resultados de la castración por enfermedades, traumatismos o intervenciones
quirúrgicas, las alteraciones morfológicas o funcionales del gran regulador neuroendocrino que
es la hipófisis, así como el bloqueo de la conducción nerviosa en distintos niveles, demuestran
que la lesión o aislamiento de los factores señalados no produce la anulación absoluta del
apetito sexual, y ni siquiera incide en la trama instintiva, cuyas motivaciones fundamentales
dependen tanto del impulso como de la voluntad refleja y del mundo de las imágenes y
representaciones.

En el plano sensorial el instinto comporta nuevas complejidades. Todavía está por


esclarecer la existencia de una sensación sexual específica. Un doble circuito nervioso aparece
separando la erección o turgencia de los órganos genitales, del orgasmo. Esta duplicidad viaria
se mantiene en el cerebro medio, concretamente en el centro regulador tuber cinereum,
sometido además a la influencia de zonas corticales aún más diversificadas. Por otra parte, la
experiencia natural muestra que toda sensación sexual va acompañada de otras sensaciones
táctiles, de contacto, calor o frío. Cierto que los órganos genitales son, de ordinario, el punto de
partida y de localización principal de la sensación considerada típica, pero
fenomenológicamente una sensación distinta e irreductible a otras no existe. La llamada
sensación sexual es un ejemplo típico de formalización conjuntada, posible en este caso, como
en los llamados sentimientos sensoriales, por la presencia de una constelación afectiva peculiar.

En el despliegue del instinto participa condicionándolo todo, y de modo eminente su


expresión sensorial, el estrato afectivo, gracias al cual lo instintivo adquiere aquí, como en el
instinto nutricio, cualidades psicológicas diferenciales. La entidad específica de lo sexual viene
dada en el plano de la vivencia por los sentimientos eróticos, los cuales son dependientes, a su
vez, dentro del circuito de la experiencia íntima, de la conciencia.

Justamente el dinamismo de lo noético, como nivel condicionante de la instintividad, ha de


entenderse como integrador de lo que en la tendencia realidad no consciente es dado como
principio de actividad. En rigor lo que llamamos instinto no tiene más que una realidad virtual
que sólo puede conocerse en tanto se actúa en el ámbito de la vivencia o en el de las situaciones
concretas.

Los sexólogos han señalado un aspecto de particular importancia y significación específica


en el despliegue de este instinto: la presencia de sentimientos de pudor.
Spranger, psicólogo alemán, relaciona el pudor sexual con el misterio de la vida. Es bien
sabido que ni la llamada «educación sexual» ni la adecuada y prudente ilustración sobre el sexo
son capaces de evitar sus turbulencias ni sus requerimientos de pudor. Se trata de un fenómeno
universal e innato. Ellis ha observado que entre las gentes no civilizadas los sentimientos de
pudor son todavía más invencibles que entre las civilizadas. Es cierto que el pudor puede
adquirir modos dependientes de los usos, tradición y experiencia, disminuir y aun desaparecer,
pero en tales casos se trata de inhibiciones desencadenadas por tendencias contrarias o, en el
caso del exhibicionismo, de condicionamientos psicopatológicos. Acerca de la naturaleza del
pudor parece indudable que no se trata de una tendencia especial, sino de una exigencia de
orden y moderación en el ejercicio, tanto de éste como de otros instintos.

La sexualidad influye positivamente en la configuración de los hechos sociales, pero ni la


sociabilidad depende en exclusiva de aquélla ni la satisfacción del instinto sexual es exigencia
indeclinable. La psicología diferencial de los sexos descansa en actitudes más profundas,
respecto de las cuales lo específicamente sexual, tanto morfológica como funcionalmente, es
sólo un aspecto parcial y transitorio. En todo caso, los elementos de cualquier estructura social
son tan diversos en su condición biológica como polivalente es la demanda instintiva de los
sujetos que constituyen el grupo.

d) Patología de los instintos


En general, las perversiones instintivas responden a condicionamientos
psicopatológicos. Las simples alteraciones cuantitativas están en relación con el humor afectivo
y los estados de ánimo fundamentales. Se pierde el apetito cuando hay desgana o apatía para
todo; igual ocurre con la sexualidad y los instintos de defensa. El ánimo exaltado puede también
inhibir cualquier manifestación instintiva en favor de otras satisfacciones tendenciales.

En sentido estricto, las perversiones se dan con más frecuencia en el instinto nutricio y
en el sexual que en otros; en el primero, son, de ordinario, más o menos tolerables. Hasta qué
punto los gustos y caprichos en el comer han de ser considerados como alteraciones instintivas o
como respuesta a necesidades específicas, es cuestión de límites imprecisos. Hay evidentemente
fenómenos como la onicofagia (morderse las uñas) y la ingestión de cosas diversas (incluso
excrementos) cuya causa está en trastornos psíquicos más o menos graves.

Las perversiones sexuales, si se excluyen los estados intermedios, dependientes de factores


genéticos o malformaciones, parece deben relacionarse siempre con trastornos de la
personalidad, efecto, a su vez, de alteraciones constitucionales o de los procesos de maduración
psicológica. A menudo no son sino un síntoma aislado o precoz de enfermedades mentales
severas ( demencia, depresión, esquizofrenia...). Así ocurre con la impotencia, la frigidez, las
parafilias...