E L O H E H , o e l C o n s e jo d e l U n iv e r s o p o rJimmie Durham

Yo soy cherokee, así que voy a hablar de los cherokees. Pero no somos muy diferentes de cualquier otra nación al este del Mississippi. Todos los indios de esas regiones son agricultores y cazadores, un hecho este tan ignorado que creo que no existe en antropología una denominación para este tipo de sociedades. Primero déjenme explicar lo que hacemos, y después explicaré por qué. Cultivamos maíz, judías, muchas clases de calabazas, tomates, melones y girasoles, algodón y, por supuesto, tabaco. Asimismo, recolectamos plantas silvestres fibrosas, varias clases de frutos secos, muchas clases de pescado y también comemos tortugas y cangrejos. Cazamos, o por lo menos solíamos cazar, siete clases diferentes de mamíferos y doce clases de aves, que yo recuerde. Nuestros huertos no son grandes comparados con nuestra población, debido a que solemos plantar diferentes cosechas en un mismo lugar. Por ejemplo, las judías se plantan en hileras entre el maíz. Esas tres clases de plantas se benefician unas de otras, y la tierra se refertiliza cada año con los tallos y hojas muertos y con desperdicios de pescado. En primavera se ara bien la tierra, bastante antes de la época de la siembra, lo que permite que depredadores y tormentas primaverales acaben con muchos parásitos y larvas. Casi siempre hay excedente en las cosechas, y tanto es así, que cada pueblo tenía almacenes para el maíz y las legumbres sobrantes. Una mala cosecha raramente era desastrosa porque no dependíamos exclusivamente de las cosechas bondadosas. Lo mismo sucedía con la caza y la pesca. Los primeros viajeros británicos hablaban de haber visto inmensas manadas de pavos semidomesticados. Podríamos haber dependido exclusivamente de esos animales para comer, pero nunca pensamos en hacerlo. Hubiese significado domesticar a esos animales, a los cuales consideramos como "antiguos parientes". Ni qué decir tiene que el sistema que acabo de describir brevemente es ecológicamente equilibrado. Coloca a los seres humanos dentro de la naturaleza en lugar de en oposición a ella, o "a su merced", como reza la idea estereotipada sobre nosotros, los primitivos. Queda claro que en un sistema tal cualquier tipo de desarrollo o de renovación tiene cabida. Incluso hoy es eminentemente práctico, y espero que los lectores no se confundan por la manera como he usado los tiempos verbales, pasando del presente al pasado y viceversa; si lo hago así, es simplemente porque hoy no se permite practicar este sistema en su totalidad, y no porque quiera hablar de nosotros solamente en pasado. Pero permitidme volver al principio. En el

comienzo no había más que agua. Una tortuga gigante se sumergió hasta el fondo y subió un poco de barro sobre su espalda. Eso dio lugar a la tierra. Tras algún tiempo, los animales decidieron que querían un poco de luz, así que cada clase animal intentó apoderarse del Sol, pero siempre sin éxito. Finalmente, una araña que estaba en una esquina dijo: yo soy vuestra abuela, he estado siempre aquí, pues me gusta estar sentada y tejer, así que olvidadme.” Entonces se fue, atrapó al Sol en su tela y regresó con él. Pero aquellos animales eran generosos, así que decidieron que también los demás tenían de a tenerlo una parte del tiempo. De ahí que exista la noche y el día. Al poco tiempo, un pájaro, un alfaneque empezó a volar sobre las tierras donde más tarde estarían los cherokees. Cada vez que sus alas roza! la tierra se formaba un valle. De ahí que nuestra tierra tan accidentada. En cierta ocasión estaban todos los animales reunidos en consejo y decidieron hacer a los seres humanos. Comenzaron a discutir, porque cada animal quería que los humanos fueran como él. El oso dijo que deben ser dormilones, comer miel y andar de vez en cuando patas de atrás. El venado, que deberían ser elegantes y capaces de correr muy deprisa. Y así, cosas por el estilo. Pero las discusiones son muy aburridas y todo el mundo empezó a quedarse dormido. Todos, excepto el coyote. Para él no era más que el comienzo, ya que gusta quedarse despierto durante la noche. Cuando todos los demás animales estuvieron profundamente dormidos el coyote comenzó a rondar, y fue dándoles un mordisquito cada uno. Lo masticó todo y lo escupió. Cantó entonces una canción y el primer humano llegó a la vida. De ahí que tengamos un poco de cada género animal y que nos guste cantar y gastar bromas como al coyote. Todos los animales son nuestros antepasados. Se nota claramente que saben muy bien lo que deben hacer en la vida. Pero los seres humanos somos como niños pequeños para los demás animales; somos los que nos confundimos y los que tenemos que pensar que hacer cada día. Para ser sabios deberíamos observar y escuchar a los animales. Cada persona tiene unos animales especiales que son sus maestros. De vez en cuando, debe permanecer con ellos y siempre lo que le aconsejen. Los lectores se habrán dado cuenta ya de que idea sobre el origen del hombre es mucho más correcta científicamente que los mitos europeos o cristianos. Nuestra forma de pensar sobre los humanos nos coloca no en el centro del universo ni los primeros, sino como a una más de entre las diversas especies animales, y, además no precisamente muy lista. Al no saber como actuar deberíamos observar constantemente todo lo que nos rodea. Ciertamente, no podemos sentirnos al margen de la naturaleza.

Nosotros no nos llamamos Cherokee; nuestro nombre es "Ani Yun Wiyah", que quiere decir algo así como "gente natural de este lugar". La palabra "Ani" significa gente. Se usa también para formar los plurales de los nombres de animales. Por ejemplo, "Wohali" es "águila ', pero la única forma del plural es "Ani Wohali", "gente águila". En lugar de decir "tres águilas, nosotros decimos "tres de la gente águila". Los cherokees están divididos en siete clanes. Yo pertenezco al clan lobo, aunque, en realidad, no encuentro ninguna palabra que corresponda exactamente a la palabra clan. Para decir a qué clan pertenezco, tengo que decir "Tsi Watah", que significa "soy un lobo". Obviamente (para alguna gente, al menos), soy un ser humano, pero también soy un lobo. No hay separación, ni en el pensamiento ni en el lenguaje, entre los humanos y los demás animales. Nunca nos preguntamos si la "naturaleza" es benevolente, malévola o neutra; no sabemos situarnos fuera de ella y hacernos esa clase de preguntas. Desde luego que nadie puede situarse al margen de la naturaleza. Sólo que algunos lo pretenden, y todos vemos los horribles resultados que esa pueril arrogancia origina. La palabra cherokee para "tierra" es "eloheh", que también significa historia, cultura y religión. Nosotros no tenemos historia ni cultura si no tenemos una tierra de la que puedan surgir. La tierra para nosotros no es una propiedad, o un sitio para construir una casa y cosechar. Es algo verdaderamente sagrado en el más profundo sentido y es parte de nosotros mismos. Toda nuestra vida está dirigida hacia "una armonización" con el resto de la naturaleza. Hay ceremonias para todo tipo de fenómenos. La más larga es "La Danza del Maíz Verde", que la celebramos en primavera y a principios de otoño. Hay canciones, plegarias, danzas para cazar venados, para ir a pescar, etc. Los antropólogos han dicho que a través de estas ceremonias intentamos conseguir poder sobre los animales o sobre los acontecimientos. Esta es una manera muy retorcida de pensar. Lo que verdaderamente hacemos es tratar de penetrar en las cadencias de ciertos estados de ánimo. Cuando bailo la Danza del Lobo soy capaz de trasladarme a un estado completamente diferente del que normalmente tengo. Me veo, entonces, a mí mismo y al mundo

que me rodea con otros ojos, y siento compartir el ritmo vital y el poder de otro (el Lobo). Pero es un fenómeno recíproco. Yo también ofrezco mi ritmo a esos animales o acontecimientos. En otras palabras, entro en armonía. Cuando oramos (cantamos), lo hacemos en las cuatro orientaciones: norte, sur, este y oeste. Pero cuando fumamos tabaco, como parte del rito, lo primero que hacemos es ofrecerlo a las seis direcciones o poderes (los cuatro puntos cardinales y arriba y abajo). También, nuestros mayores nos enseñan que hay siete "direcciones": norte, sur, este, oeste, arriba, abajo y hacia el interior de uno mismo. De esta forma asumimos un alto sentido de la responsabilidad en el mundo. Cada uno de nosotros es una "dirección". Los cherokees se gobiernan a través de Consejo del que puede formar parte todo cherokee. Cuando uno que asiste a un Consejo está obligado a escuchar cuidadosamente lo que dicen los demás y decir lo que piensa con atención e integridad. Eloheh puede ser considerado como el consejo de todos los seres vivos. El consejo del universo. Todos estamos en este consejo para expresarnos con integridad y para escuchar cuidadosamente a todos los demás miembros. Creo que ponemos a los seres humanos, colectiva e individualmente, en una perspectiva más realista que los europeos. Nadie va por ahí disparando a sus hermanos y hermanos y hermanas en plan de hacer deporte, ni extermina una raza en de gente como ocurrió con la de Whooping Crane (Gruya americana) por el progreso o por descuido. Cuanto más parte somos de la tierra que nos mantiene y sustenta, más realizados nos sentimos. Nos gusta estar con toda la familia, porque todos dicen cosas muy interesantes. No existe una tecnología, ni siquiera una filosofa permitan a los humanos escapar de esta tierra —de este Eloheh— o de adquirir el "dominio" sobre ella. Siempre necesitaremos comer, podremos engordar de manera poco natural o crecer en número robando los almacenes de los demás miembros de la familia, o asesinándolos, pero una situación é no puede durar y, ciertamente, no hace que los ge asesinos se sientan muy orgullosos. IFDA, Dossier n.° 6, abril, 1979.

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