You are on page 1of 7

Sombra de Eva

de Gabriel Amos Bellos

Nada sabemos de Lilith por La Biblia -una "brevísima mención" supuesta en el
libro de Isaías (AT) es aparentemente un dato erróneo: no existe tal mención-.
El anexo cristiano (NT) nada dice sobre la mítica primera dama de la historia
humana, pareja de Adán previa a la creación de Eva. Su figura ha llegado
hasta nosotros por tradición talmúdica, aunque no es oriunda de tal contexto:
equivalencias aparte, se encuentra mencionada en la vieja mitología súmera y
babilónica -más de 5000 años atrás- integrando alg unas versiones del Ciclo de
Gilgamesh.

Nuestra dama goza de venerable antigüedad...

Lilith pertenece a la tradición judáica, aunque -como otros elementos- fuese
"tomada prestada" de la mesopotámica; se puede hallarla morando entre el
ramaje del sagrado Huluppu (el "Árbol de la Vida"), que la mismísima Diosa
Inanna -Reina del Cielo- plantó (habiéndolo rescatado de las aguas del
Éufrates) en un jardín consagrado de la ciudad caldea de Uruk, para -una vez
crecido- hacerse de él un trono y... un lecho. Como "asistente personal" de
Inanna, Lilith reuniría a los hombres desde los campos para los (¿imaginan
cuáles?) ritos sagrados. Lilith habita en la fronda de Huluppu, acompañada de
la serpiente-que-no-puede-ser-encantada, y el salvaje pájaro Anzu y sus crías.
Estas criaturas son "atributos" (indicadores simbólicos de la sabiduría y la
naturaleza indómita de Lilith) y poseen conocimientos que deben dar a Inanna;
pero esta no está aun preparada para receptarlos. Impaciente, Inanna llama a
su hermano, Gilgamesh, para que corte el árbol; la operación no es del todo
exitosa: la serpiente acaba muerta, el ave Anzu y su prole vuelan a las
montañas, y Lilith se oculta en la espesura...

El Talmud describe a Lilith cual criatura espontánea y libre, de fascinante
belleza, generosa figura y opulenta cabellera ondeada, surgida de manos del
Creador al mismo tiempo que Adán ("Macho y hembra los crió". Gén: 1:27). Es
representada popularmente como una seductora mujer, dotada de abundante
pelo rizado y rojo que se extiende como un manto a su alrededor; tiene por
costumbre sentarse, sin más abrigo que su propia piel, sobre la concavidad de
la media luna (la "Luna Oscura", visible el tercer día de cada novilunio en el
horizonte oeste: un breve arco de luz que permite vislumbrar al resto de la
esfera envuelto en sombras). Versiones del texto talmúdico la emparentan con
un animal de pelo muy abundante perteneciente a una antigua especie no
precisada, extinta y desconocida en la actualidad.

Se han hecho muchas traducciones, equivalencias y comparaciones del
término "Lilith"; ninguna de ellas es muy grata: el nombre Lilith comparte raíz
con el hebreo Laila o Leila (noche), acorde con sus cualidades y ámbito de
acción: la otra faz del día y los hechos que en tal período acaecen; se la
conoce como Ave Nocturna (sin especificar, aunque en sus representaciones,
uno de sus animales asociados -la lechuza- refuerza la idea de que mora en
tinieblas), ser monstruoso, ente espectral, fantasma nocturno, diablesa, etc.
Algunos rasgos de carácter la vinculan con todas las Diosas Madres que
conllevan un matiz de oscuridad, que reinan sobre los elementos del mundo
subterráneo (riquezas incluidas) y que se relacionan con el aspecto vida/muerte
de las cosas: cuna y sepulcro, principio y fin (al igual que Perséfone, Pandora,
Hécate y Kali, Lilith expresa el aspecto femenino de lo divino, creadora de vida;
en tal sentido se emparenta con la Gran Madre de las civilizaciones antiguas;
pero en su aspecto tenebroso remite al lado oscuro, desconocido,
incomprendido y temible de lo femenino: el tipo de mujer que causa esa mezcla
de deseo y temor que llamamos fascinación, y puede llevar a los hombres a la
desesperación, la demencia, el suicidio...). No es fuente sólo de vida, sino
también de muerte, dolor y desgracia. Su propio mito la muestra indómita e
impetuosa, enigmática y siniestra, fatídica y perversa, celosa de su autonomía,
rotundamente atrayente, de ardientes deseos y rebelde contra el rol asignado a
su sexo, capaz de plantársele al mismísimo Creador si es preciso, y de
marcharse del Paraíso para -transformada en un maléfico ser de la oscuridad-
refugiarse en los abismos y finalmente erigir allí sus dominios. Reapareció en
el paraíso más tarde, en forma de serpiente, para ofrecer a Eva, tentándola, el
fruto del árbol del conocimiento; durante el Medioevo cristiano se llega a
emparentarla con las tentadoras, sensuales y libidinosas súcubos, erigiéndola
nada menos que en su reina... Es típico que en las mitologías, los antiguos
dioses y semidioses, al ser desplazados por nuevas divinidades, se tornen
resentidos y malvados, demoníacos, etc.

La tradición judáica sostiene que Lilith consideraba ofensiva la postura supina
que Adán le exigía: "¿Por qué he de yacer debajo de tí? Fui hecha también de
polvo: soy tu igual". Adán -naturalmente- intentó forzarla a obedecer. Airada, en
su desesperación invoca el impronunciable Nombre de Yavhé: de inmediato se
le conceden alas, con las que escapa de Adán y del Paraíso, elevándose hasta
Su Presencia. Ruega entonces al Creador que por ser conocedora de su
Verdadero Nombre y por tanto igual a Él, la acepte... ¡como compañera Suya!
Niégase Yavhé a sus pretensiones, y Lilith le amenaza (primer chantaje de la
historia humana) con revelar su Nombre a Adán, para ser ambos como Él. Para
impedirle cumplir con su propósito, la excluye del Paraíso...

Mas no por abandonar el edénico Jardín se privó Lilith de las delicias del
apareamiento (quizá no había olvidado lo aprendido en su trabajo anterior
como Secretaria Ejecutiva de Inna na): vivió con unos demonios cerca del Mar
Rojo; fecunda, prolífica, dió a luz millares de hijos, horrendos y gigantes. En
eso estuvo atareada, para mayor precisión, durante los 138 años que -dice la
Cábala- tardó Adán en engendrar a Seth luego de nacidos Caín y Abel, cifra
que nos da idea de la longevidad de nuestro antepasado y de la prolongada
capacidad genitiva de ambos.

Lilith ha roto con lo estipulado por el Creador para la raza humana,
quebrantando lo establecido; se ha querellado contra el orden de las cosas;
abiertas las puertas de lo prohibido, abandona el lugar propio de la Humanidad,
transgrediendo los límites impuestos a los seres humanos (algo que también,
incitada por ella, hará Eva en su momento) y por ello se ha colocado fuera del
mundo de los hombres y se ha convertido a sí misma en exilada, en apátrida,
en ajena.
No es extraño que Lilith no sea bien vista en la patriarcal tradición caldeo-
hebrea. Fea osadía, la de querer asemejarse al varón reclamando paridad,
cuestionar su rol respecto de él, desobedecer las reglas del Hacedor con tanto
atrevimiento, abandonar con un portazo el Paraíso. Pero, más terrible: invocar
el Nombre inefable en toda la tradición judía (se considera que el nombre
verdadero de cualquier ser expresa la esencia de o l nombrado, confiriendo
poder sobre ello). Pronunciar el Nombre es, pues, una osadía suprema, un acto
de soberbia aun mayor que el de hacer oídos sordos a Sus mandatos. En
castigo por su rebeldía, murieron cada día cien de sus monstruosos hijos.
Enloquecida por el dolor, Lilith empezó a matar también: sus víctimas eran
mujeres en lactancia, recién nacidos y hombres casados -a los que, por cierto,
mató luego de seducirlos-.

Por su actitud frente a las normas se considera a Lilith enemiga del
matrimonio, contraria a los hijos, adversaria de los nacimientos, instigadora del
deseo proscrito y fomentadora del desacato. Por todo ello, en definitiva, en el
contexto judáico se la tiene por un ente nefasto y maligno; de ahí su asociación
con lo diabólico y su vinculación con la tentación y transgresión que, por
supuesto, ha de evitarse si se pretende mantener un orden.

Se ha comparado a Lilith con las terribles lamias de la tradición grecorromana
(recordemos a la reina Lamia que por su crueldad fue transformada en fiera y
que devoró luego a sus hijos) y con las lamias de las creencias medievales,
tanto seres de rostro de mujer y cuerpo de dragón como maléficas féminas que
se alimentan de niños, conviven en cuevas con dragones acumuladores de
tesoros, y que tienen como distintivo un peine de oro, estando muchas veces
provistas (en lugar de pies) de patas que terminan en pezuña hendida; guardan
parecido con algunas representaciones de las regentes y protectoras de
fuentes y manantiales gallegas y cántabras -herederas de la tradición celta- y
con algunos personajes femeninos de cuentos y leyendas que, a veces,
aparecen con uno de sus pies correspondiendo al de un macho cabrío o al de
una oca, aludiendo a un componente animal todavía activo, algo arcaico no del
todo eliminado de su ser. Además, se ha equiparado a Lilith con seres
semejantes a las ondinas o a las nereidas, imaginándosela entonces con la
parte inferior de su cuerpo correspondiendo a un animal acuático, tanto un pez
como una serpiente marina.

Ha sido vinc ulada también con unos seres parecidos a los demonios del
mediodía griegos (esta vez diurnos), ninfas de los campos de tersos cuerpos
etéreos relucientes de sol; criaturas indomables, inocentes, ardientes y
salvajes, que fascinan y enloquecen a los campesinos enamorándolos sin
remisión. Algunas tradiciones narran, a este respecto, que entre los rojos
cabellos de Lilith se encuentran, enredados, los corazones de los jóvenes que
sucumbieron a su hechizo.

Se le ha encontrado cierta semejanza con las Xanas (Janas: Dianas) astures y
las lamias del folklore vasco, seres similares a las hadas, ninfas y criaturas de
la naturaleza semejantes, servidoras y a veces representantes de la propia
Diosa Mari (la Gran Madre y también la Madre Tierra), que castigan y premian
a los humanos (uno de sus regalos favoritos es la posibilidad de transmutar el
carbón o paja de sus favorecidos en oro); que habitan en montañas, cavernas,
cuevas y oquedades diversas, así como en mana ntiales y fuentes; y que a
menudo aparecen hilando o alisando su largo cabello con unos peines de oro
que semejan la media luna, o recorren los cielos, orlada su cabeza con el
blanco resplandor de la luna llena, o bien cruzan el firmamento portando una
hoz de oro mientras arrastran consigo las tempestades y se envuelven en
lenguas de fuego que desdibujan y afilan sus miembros inferiores.

Se la ha asociado, aun, con serpentinas figuras infernales de torso humano
similares a la Equidna griega u otras habitantes del Hades (la mansión de los
muertos, el inframundo y también el inconsciente) como Hécate, por ejemplo,
provocadoras de pesadillas, portadoras de terrores nocturnos, generadoras de
espanto y relacionadas con los vínculos que se ansían pero que aprisionan,
con la fuente del deseo, con la intensidad de impulsos íntimos que instan a su
satisfacción y pueden llegar a ser destructivos. Entre su monstruosa y
abundante descendencia, cuentan el Can Cerbero (guardián del Hades) y el
buitre que devora, por toda la eternidad, las entrañas de Prometeo encadenado
al Cáucaso.

La demonología la designa como uno de los siete demonios tradicionales,
adversario del genio de Venus, siendo ambos regentes del viernes. En tal
versión, Lilith tiene faz humana, lleva el busto desnudo y su cuerpo termina en
una larga cola de serpiente.

En la Cábala se la considera reflejo femenino de Samael (Samael-Lilith).
Satanás (una de las versiones de Samael) es el adversario por excelencia, y
Lilith asumiría características de "doble opuesto" y "doble contrario". En el
Zohar se la conoce como Hayo Bischat: "la Bestia", y también la "Mala Bestia";
allí se la entiende -de nuevo - como un ente maligno semianimal o medio
humano (se afirma que de ella descienden nuestros actuales monos).

La tradición astrológica relaciona a Lilith con el foco vacío de la órbita lunar
respecto a la tierra (un punto geométrico abstracto, matemático), un punto de
negación, de represión, pero también de fermentación, de transformaciones
mágicas concernientes al mundo fantasmal, nocturno y erotico-instintivo, como
el vacío de la matriz, incluyendo la sabiduría y clarividencia atávicas que
dependen de las funciones corporales, como se manifiestan en los cuentos de
hadas y el simbolismo lunar primitivo: la noche, el misterio, la magia, el peligro,
el secreto, el miedo, lo prohibido, lo abismal o inalcanzable, las
metamorfosis, la emancipación de las mujeres de su destino o compulsión de
úteros, su liberación sexual... Cual Hécate, La Luna Negra/Lilith es una "Reina
de la Noche", demoniaca y vampiresca, mortífera y vivificante, que se relaciona
con la iniciación sexual y un mundo de sabiduría primigenia onírica o artística
resistente a la racionalización... Se la relaciona con Saturno, con Plutón, con la
"estrella de la muerte" (Algol).

Lilith se nos aparece como bello animal, seductora mujer, ambiguo ser a medio
camino entre humano y bestia, ente monstruoso, diablesa, fascinante demonio
hembra y espectral habitante de las sombras, generatriz de aberrantes
vástagos, asesina cruel. Impulsada por la pasión y orlada de magnético
misterio, es signo de transgresión, de oposición, malignidad, desacato,
rebeldía, peligro, tentación y deseo; también de frescura, espontaneidad,
independencia, libertad y autenticidad; ambivalente la muestran los pocos,
distorsionados restos accesibles de su mito.

Ella -demonizado resabio de una era matriarcal cuyos restos podemos,
haciendo arqueología cultural, exhumar de los supuestos implícitos en textos
de literatura clásica o el simbolismo de las diosas terrestres y lunares- remite a
un momento previo al orden androcéntrico que fija pautas al vínculo entre
hombres y mujeres, valores vigentes -aun- en los patrones culturales
occidentales y en las sociedades a ellos adscritas; códigos que se remontan a
los orígenes mismos de la tradición patriarcal. No hay más que ver cómo ha
desaparecido Lilith, cómo es reemplazada por Eva en el Génesis (2:21): su
demonización y posterior ocultamiento mostraría que "el factor Lilith" está o ha
estado reprimido, latente, en mujeres "bien adaptadas" a nuestro modelo
patriarcal; la divulgación -por siglos- de una muy particular interpretación del
Génesis bíblico y de los actos de nuestra primera madre (fuente del pecado
carnal); y aun peor, pues no siendo suficiente con la -comparativamente - dócil
Eva, hubimos de sucederla por la sumisa y eternamente virginal María, con las
secuelas sociales e individuales consabidas.

Lilith -con atributos de Magna Dea (la Diosa) en su vinculación con la vida y la
muerte, su potencia generatriz, su relación con la sabiduría oculta, su
asociación con lo abisal indomable de las pasiones- transporta rasgos que
permiten pensar otra femineidad, caracterizada por la autonomía, la
autopertenencia, la confianza en el propio criterio, el sentido crítico, la
vinculación con el propio ser y el propio deseo.

"La Gran Madre es Ourobórica: terrible y devoradora, benéfica y
creadora, alguien que ayuda, pero también es tentadora y
destructiva: una hechicera que enloquece, y que sin embargo
es portadora de la sabiduría; bestial y divina, voluptuosa
prostituta y virgen inviolable, inmemorialmente antigua y
eternamente joven..."
Eric Neumann, en "The Origins and History of
Consciousness"
(En todo coincidente con los rasgos descriptos por K.G.Jung en
"Aspectos Psicológicos del Arquetipo Materno")

N.B.: Una particularidad del lenguaje simbólico es la condensación; recoge, sintetiza, integra y
alude a varias abstracciones, ideas o conceptos, estados de ánimo y actos; conecta con otros
símbolos mediante semejanza, contigüidad, analogía, etc. Es el idioma de los mitos y
leyendas, los sueños, la imaginación y fantasía, los cuentos, la creación artística.

Gabriel Amos Bellos

Lic. en Psicología

Marzo de 2011

(Compilación; fuentes diversas)
Lilith, según Hans Ruedi Giger

(HRG: nac. Suiza, 1940; diseñó, basándose en sus propias
obras pictóricas anteriores, la criatura y escenarios de "Alien,
el octavo pasajero", 1979 by Ridley Scott).
Lilith (Babilónico-hebrea).
Terracota con restos de policromía.
Período de Isin-Larsa y Babilonia (2025-1594 aec.)
o Babilónico Antiguo, 1792-1750 aec.
Loc.Act.: British Museum, Londres.