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'  (  $!La compañía EnGeneIC de Sydney ha anunciado detalles de su investigación
publicada por la revista Nature Biotechnology, donde se revela que su método consiste en lograr que las drogas de quimioterapia
penetren las células cancerosas, superando la resistencia que estas oponen normalmente. Esto les permitiría matar las células
cancerosas directamente en el lugar donde se encuentran, en lugar de aplicar la quimioterapia como se hace regularmente, lo que
produce no sólo la muerte de muchas células cancerosas sino también de muchas que son saludables. El método propuesto también
ofrece la posibilidad de atacar a una pequeña cantidad de células cancerosas que generalmente escapan el efecto de las drogas y se
vuelven resistentes a futuros tratamientos. Esto eventualmente contribuye a la muerte del paciente.

Hasta aquí llegan las buenas noticias. Desde el punto de vista económico, tanto el gobierno australiano como otros inversionistas que
son parte de esta operación podrían lograr una oportunidad de ganar dinero y en ese sentido no hay ningún problema. Este no es el
primero, ni tampoco será el último esfuerzo de los seguidores de la medicina científica que ponen su dinero donde les producirá
mayores ganancias. He escuchado a periodistas haciendo una pregunta inocente en apariencia, pero muy apropiada: ¿Esto va a curar el
cáncer? Según la agencia Reuters el Dr Himanshu Brahmbhatt respondió: "Queremos ser parte de un movimiento hacia tal punto
cuando el cáncer pueda ser tratado como una enfermedad crónica, en lugar de considerarlo una pena de muerte."

Enfermedad crónica... Esta declaración me da escalofríos al recordar un artículo publicado hace unos ocho años por New
Internationalist; incluye un comentario de Alex Hittle, analista de biotecnología de la compañía financiera AG Edwards de St Louis
que dijo: "A veces bromeamos de que cuando estamos haciendo un ensayo clínico nos enfrentamos a dos posibles desastres. El primer
desastre es que puedes matar a la gente. El segundo desastre es que la puedes curar. Drogas verdaderamente buenas son las que
puedes usar crónicamente por largo, largo tiempo."

Para los que somos consumidores de la medicina, vale la pena observar con escepticismo cada vez que los medios de difusión nos
bombardean con declaraciones de prensa de científicos que anuncian una nueva etapa de su investigación. Lo que hacen es publicitar
ciertos aspectos que les facilitarán el aumento de inversiones para sus negocios. Desde un punto de vista racional nos damos cuenta
que el cáncer no aparece de la nada, sino que es producido principalmente por elementos carcinogénicos escondidos en lo que
comemos, lo que respiramos, lo que usamos para nuestra higiene, o a través de procedimientos médicos que usan radiación. Lo que se
debería hacer es investigar las tácticas usadas por ese enemigo que es el cáncer. Esto produciría un tremendo beneficio para la salud
personal y un ahorro enorme en los gastos que todos pagamos con los impuestos. La salud pública mejoraría dramáticamente, aunque
esto les quitaría billones a los que se ocupan de crear o vender drogas. Tú, querido lector, no tendrás la oportunidad de sobrevivir y
disfrutar los placeres de la vida si no te rebelas y comienzas tu propia batalla antes que el servicio fúnebre se aparezca en tu casa.

La guerra contra el cáncer no debería ser diferente de lo que es una guerra convencional. Imagina que estás a punto de comenzar la
batalla contra un enorme oponente y tus servicios de inteligencia informan que los suministros esenciales del enemigo están
circulando al lado de tu propia posición. ¿Qué es lo que consideras de más importancia? ¿preparar tus servicios médicos para atender
a los heridos, o planear y ejecutar rápidamente la destrucción de los suministros del enemigo?. No es necesario que seamos estrategas
militares para decidir que es lo que se debe hacer primero.

En otro ejemplo de la vida diaria, piensa que se te hace tarde para llegar a tiempo a tu trabajo y adviertes que tu automóvil no tiene
suficiente combustible. Te detienes en una gasolinera y te diriges hacia el surtidor número uno que es el único disponible. Adviertes
que el precio es más bajo que el que tu pagas normalmente, aunque en el apuro decides igualmente llenar el tanque. Tu automóvil
arranca como de costumbre pero te das cuenta de que la potencia del motor ha disminuido y está saliendo humo desde el caño de
escape.

Cuando llegas al trabajo le cuentas a un compañero lo sucedido y él te sugiere que compres una pastilla que es de bajo costo y una vez
que la pongas en el tanque solucionará tu problema. Te parece que esta es una buena idea y al regresar del trabajo compras la pastilla
y sigues sus instrucciones. El motor falla algunas veces durante el trayecto a tu casa, pero eventualmente su funcionamiento se vuelve
casi normal. De allí en adelante decides comprar el mismo tipo de combustible barato, sin olvidarte de incluir al mismo tiempo la
pastilla. Cuando llevas tu auto al taller para su servicio, el mecánico te advierte que el motor ha acumulado carbón a tal punto que no
pasará mucho tiempo antes que deje de funcionar. Esto a ti no te preocupa pues estás planeando comprar un auto nuevo y este lo
entregarás como parte del pago.

¿Harías con tu cuerpo algo similar a lo que has hecho con tu automóvil?.Seguramente me estarás diciendo que nunca cometerías tal
estupidez. Sin embargo, me animaría a decir que eso es precisamente lo que ya estás haciendo. Sé de las dificultades que existen en la
vida moderna al tratar de conducirse de acuerdo a las demandas de quien paga tu salario. También sé que estarás compitiendo en esa
carrera, ya sea la carrera de ratas, o la carrera hacia la cima. De todos modos, te recuerdo que, entre otras cosas, esa comida rápida y
barata que llena tu estómago y el cigarrillo o el alcohol que te hace sentir como la persona producida en serie y amada dentro de tu
ambiente, bien puede ser el indeseable contribuyente a un final del cual ciertamente no quisieras ni pensar. 

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The Sydney based bioscience company EnGeneIC Pty Ltd has released details of their research, which has been published
by Nature Biotechnology. Their method consists of penetrating cancer cells with chemotherapy drugs, effectively
overcoming the resistance these cells normally display. This would allow them to kill cancer cells directly where they are,
instead of applying chemotherapy in the usual way, which results in the killing of not only many cancer cells but also
healthy ones. Another advantage of the proposed method seems to be the possibility to deal with the small number of
cancer cells that usually survive conventional chemotherapy. These cells become resistant to future treatment and
eventually contribute to the patient's death.

So far so good. From a financial point of view EnGeneIC, the Australian Government and other investors that are part of
this operation may have an opportunity to earn some money and that is alright. It is not the first, and won't be the last effort
by adherents of the so-called evidence-based medical science to place their eggs into the prospective big money basket. I've
heard journalists asking a member of this team a seemingly naïve but pertinent question: Is this going to cure cancer? As it
appears in a Reuters article, Dr Himanshu Brahmbhatt said : "We want to be part of moving towards a time when cancers
can be managed as a chronic disease rather than being regarded as a death sentence."

A chronic disease« I find this to be an eerie statement that brings to memory something I read when New Internationalist
published it some eight years ago. It is a reference to Alex Hittle, a biotech analyst at AG Edwards in St Louis who said:
µWe sometimes joke that when you¶re doing a clinical trial, there are two possible disasters. The first disaster is if you kill
people. The second disaster is if you cure them. The truly good drugs are the ones you can use chronically for a long, long
time.¶

For those of us who stand on the consumer side of medicine, it is worthwhile to take a skeptical view each time the media
bombard us with these press releases from scientists announcing a new stage in their scientific research. They showcase
their new findings in order to obtain more funds and investment. A rational approach would tell us that cancer does not
appear out of thin air, but it is mainly produced by carcinogenic elements hidden in the stuff that we eat, we breath, we use
for our hygiene, or via medical procedures such as those that involve radiation. The research that should be undertaken to
make you aware of all the tactics played by your enemy would produce a tangible benefit for your personal wellbeing and
enormous savings of taxpayers' money. Public health would improve dramatically, but would deny the billions of profit
obtained by the army of warriors within the drug manufacturing elite. You, dear reader, don't stand a chance to survive and
enjoy the pleasures of life unless you rebel and fight your own battle before the hearse parks in front of your door.

The war against cancer shouldn't be different from a conventional war; imagine that you're facing a battle against a huge
opponent and your intelligence services report that the enemy's badly needed supplies are carried around your own position.
Do you give priority to preparing the medical personnel and other resources to treat your wounded fighters, or immediately
plan and execute the elimination of the enemy's supplies? We don't need to be military strategists to work this one out.

In another example of daily life, think of you running late for work and notice that your car is low on fuel. You stop at a
petrol station and pull up to bowser number one that is vacant, and the fuel is even cheaper that the type you normally buy.
After filling the tank your car starts as usual and keeps on running but becomes smoky and loses power. One of your mates
at work tells you that you can solve that problem by buying an inexpensive pill that you can easily stick into the petrol tank.
You promptly follow his advice and your car will misfire during your trip back home but it eventually recovers and runs
nearly as normal. From now on you'll be able to quickly fill up the tank every time with the cheaper fuel, as long as you
don't forget to add the pill. At the next service your mechanic tells you that the engine is accumulating carbon to such a
level that it will eventually come to an early stop. You don't bother because next year you plan to trade it in for a new one.

Would you follow a similar approach with your body? I expect you're telling me that you'd never do anything so stupid.
However, I'd dare to say that you may be doing more or less just that. I'm very aware of the difficulties of modern life
trying to perform to standards imposed by those who pay your salary; I know you may be competing in the race, whether it
is the rat one or the one to the top. My reminder is, however, that among other things, the cheap and quick meal that
satisfies your stomach and the cigarette or alcohol that make you feel the loved, mass-produced member of your
community may also be the unwelcome contributor to an outcome you certainly wouldn't like to consider.