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ÍNDICE

INTRODUCCIÓN

Capítulo I: Psicoanálisis y Filosofía

Capítulo II: De cómo queremos siempre llamar la atención

1.- El narcisismo: postulado primero


2.- De los grados de narcisismo
3.- El trauma de la transición; el deseo de inmortalidad

Capítulo III: “La tercera resignación” y el nombre de inmortalidad

Capítulo IV: La inmortalidad en la literatura

1.- El arte. Distinción entre “ficción” e “imaginación”


2.- La literatura como búsqueda del saber
3.- Algunos casos individuales

CONCLUSIONES

BIBLIOGRAFÍA

1
“La primera razón es que todo objeto que dura, por el simple hecho de durar, se
vuelve venerable, y que el brillo que adquiere con el paso de los años lo ennoblece”

Giórgos Seféris, El sentimiento de eternidad

2
INTRODUCCIÓN

El hombre es un ser complejo y ordenado. La mayoría de sus características


podemos observarlas también en los animales, pero lo que le hace diferente es
indudablemente el uso del lenguaje. El lenguaje humano es el único que puede ser
utilizado para engañar, por su propiedad prevaricativa, y gracias a la escritura llega a
subsistir al momento tendiendo siempre a la eternidad. La literatura, se dice, es el arte de
saber mentir, en la que uno hace creer a los demás de que aquello de lo que se dice es
cierto. Los literatos son, entonces, entre lo seres humanos, los más grandes mentirosos;
entre sus mentiras se circunscribe principalmente la búsqueda de la verdad, en todo caso,
también yacen las esperanzas, tristezas, alegrías, burlas y diversas expresiones propias
de su mente y que llega a la mente de otros como conjeturas de las manifestaciones del
“alma”. Es un juego de la mente y de la arte de decir mentiras armoniosamente, todo esto
parte de un gran mundo psíquico que rompe las barreras del tiempo y del espacio.

El mundo psíquico en nuestros tiempos es aún algo incognoscible, los estudios


psicológicos y biológicos no nos aclaran del todo este panorama, por lo que la metafísica
se resiste a morir. Todo signo de interrogación en la ciencia es trabajo para la metafísica.
En el campo mental y en su deficiencia científica, pues, hace un siglo, apareció en Austria
un método que se presentó como método “científico” y que se atrevió a ir mucho más a
fondo que los conocimientos lentos de la psicología, pudiendo dar una explicación más o
menos válida a todo este problema de lo que antes era llamado el “alma”. El psicoanálisis,
con Freud a la cabeza, se asoma al mundo de la nueva metafísica (¿como lo llamaría
Heidegger después?, ¿tal vez Popper?), convirtiéndose en uno de los pocos caminos para
saber qué misterio hay en esas masas cerebrales, madre y causa de tantos conflictos, que
nos permiten amar, reír, pensar, escribir, engañar, tener cólera, etcétera. ¿Cómo explicar
entonces tales manifestaciones profundas y difíciles de entender si la ciencia no nos
satisface? ¿Esperar? El psicoanálisis fue una salvación para aquellos que con pasión
buscaban el porqué de lo más íntimo de su ser (¿posible criterio ontológico para llamar al

3
psicoanálisis metafísica?), para aquellos espíritus absolutos que no buscaban una
salvación apresurada.

La epistemología contemporánea ha denominado pseudociencia al psicoanálisis


y prácticamente ha levantado los ojos de los profanos un letrero que les dice: no entrar.
Pero no es necesario aceptar algo que solamente sea ciencia, ni mucho menos decir que
esto que no es ciencia sea falso; la filosofía, la literatura no son ciencias y muchos
fundamentan sus ideas en ellas; al negarse al psicoanálisis, lo que están haciendo es
apagar muchas luces y andar pertinazmente en la oscuridad de un mundo tan basto, tan
basto para la joven ciencia moderna. Al negar al psicoanálisis están negando la
explicación más cercana a sentimientos inefables como el deseo, el trauma, la tristeza o
depresión, entre otras. Si bien esto debe estar en el campo de la psicología, en tanto la
locura nos toma de las orejas burlándose de esa lenta psicología contemporánea, qué más
salida nos queda si no la herramienta creada por Freud. En el primer capítulo de este
trabajo ampliaremos el tema buscando soldificar la base de nuestra hipótesis, a saber:
cómo se desarrolla el deseo de inmortalidad.

La idea de la inmortalidad es un tema que ya varios años nos estuvo


inquietando, que nació como todo de la propia experiencia, la pregunta que nos hicimos
fue ésta; ¿por qué con tanto afán, como la misma sensación de vida o muerte, hacíamos
poesía? Es decir, qué nos empujó al mundo del arte, ¿cómo nos decidimos a hacernos
escritores? ¿Por qué se escribe si la mayoría dice del arte que es algo inútil?
Inevitablemente nos dimos muchas respuestas en el transcurso de las especulaciones,
respuestas muy certeras; para poder expresarnos, buscar la admiración, un juego,
catarsis, etc. Pero no ha sido hasta ahora en que nos sentimos más seguros, gracias
también al cuento de García Márquez, La tercera resignación, para poder decirnos “es por
esto”, porque nuestra forma de existir debe ser advertida por todos, si no se sufre. A esto
lo denominamos “deseo de inmortalidad”.

El presente trabajo nos dio la posibilidad de internarnos profundamente en el


tema de la inmortalidad y gracias a el sacamos conclusiones que hasta entonces no nos

4
habíamos percatado. La primera conclusión es que no sólo los poetas tenían el “deseo de
inmortalidad”, sino todo lo seres humanos y su expresión más ordinaria es el de llamar la
atención.

Las fuentes primerísimas del presente trabajo fue precisamente las obras de
psicoanálisis, en su mayoría obras de Sigmund Freud, ya que la bibliografía sobre el tema
de la inmortalidad con grado científico es decir psicológico es prácticamente nula, se
encontró material ensayístico respecto al tema que no nos satisfizo por su tratamiento de
tema muy superficial o simbólica. Títulos como “El narcisismo”, “El poeta y los sueños
diurnos”, “Los sueños” y varios más nos sirvieron para elaborar una reducción pertinente
de tal fenómeno. La tercera resignación, la primera obra publicada por Gabriel García
Márquez nos sirvió mucho porque nos describió el deseo de inmortalidad tan claramente
que se podría decir que su lectura fue el grito de eureka de tantos sabios cuando descubre
algo, y que tal nombre de “deseo de inmortalidad” nace precisamente de ese cuento.

Por eso el trabajo tendrá cuatro capítulos en que desarrollaré el tema:


(1) Trataremos de dar consistencia al psicoanálisis ya que por este método se construyó
nuestra hipótesis, sabiendo que el desprestigio del psicoanálisis es el desprestigio de ésta,
filósofos como Karl Popper, Heidegger, el fenecido profesor sanmarquino Julio Sanz
Elquera pondrán de manifiesto la utilidad de método, aunque no quiere decir que seremos
subjetivos, por lo que también refutaremos algunos postulados posiblemente equívocos del
psicoanálisis.
(2) Lo que el psicoanálisis nos dice del deseo de inmortalidad. Cómo se forma en la
eclosión de narcisismo y relegación y de los grados de tal deseo que será importante para
el desenvolvimiento de la persona hacia sus semejantes y su manifestación
(3) Lo que e novelista García Márquez quiere decir sobre la muerte y vida de la
existencia en forma simbólica en su nombrado cuento, cómo es que el deseo de
inmortalidad es una fuerza omnipresente en la creación literaria, el análisis de la obra y su
división en las clase de muerte que realiza y el nombre de deseo expuesto por nosotros.
(4) Y, por último, haremos un acercamiento al deseo de inmortalidad en la literatura y su
importancia para la demarcación entre una obra de arte y otra protoartística y lo que nos

5
dicen los poetas y sus vidas sobre el “deseo de inmortalidad”, autores como Mario Vargas
Llosa, Bryce Echenique, el mismo García Márquez y algunos libros de memorias nos
brindarán fundamento a esta teoría.

Hay un autor que es uno de los pocos que intentan dar solución al problema, pero sólo
llega a describir; su obra El sentimiento de eternidad (Giórgos Seféris) también será
tomada en cuenta.

Pues el fin del trabajo es de dar una respuesta a todos los escritores, en un principio, y
luego a todo aquél que se pregunta por qué quiere ser filósofo, por qué quiere demostrar
que es inteligente, bueno, vivo, por qué quiere ser científico, artista de cine, futbolista, por
qué cree en dioses, etc; entonces le diremos porque se tiene un nivel de inmortalidad muy
grande, que mientras más muerto se sienta (este sentirse muerto lo explicará García
Márquez muy bien, entendiéndose como “muerte” la “relegación”) más “inmortal” querrá
ser, es decir, más querrá llamar la atención, ya no solo en su generación, sino en el
tiempo.

6
Capitulo I

Psicoanálisis y Filosofía

La historia del conocimiento humano pone en evidencia que el descubrimiento


de la verdad es un proceso evolutivo y no algo determinado. La Verdad ha sido siempre un
ideal de todos los seres humano que se nos presenta siempre como inconquistable,
habiendo pasado millones de años desde que los primeros organismos sintieron el calor
hasta la observación de otros sistemas planetarios, pues aún no estamos satisfechos.

El pensamiento se ha valido de diversos métodos como la magia, el mito, la


filosofía, la ciencia para poder satisfacer la necesidad de sabiduría que nos permite vivir
bien, y por supuesto se han dado muchos errores como también grandes aciertos.

En nuestra época el conocimiento que se ha colocado como el más apto para


representar la realidad ha sido el científico. Pero este saber científico en tanto riguroso se
fue convirtiendo en estos últimos años en algo radical tanto que menosprecia otras
posibilidades de conocimiento. Así se fueron extinguiendo poco a poco religiones,
filosofías, mitos que tenían un sustento idealista, y como el poder racional del idealista-
metafísico-platónico se había desarrollado tan rápidamente, pues la verdad se nos
presentaba del mismo modo en que lo pensábamos, pero eso sí, muchas veces falseada.
Por eso las personas embutidas de ciencia prefirieron un andar lento pero seguro, antes
que de prisa y erróneo. De ese modo muchos cayeron en el error (parte de la moda de
inicios del siglo veinte en que el platonismo cayó en ridículo, pues era e creador de la
metafísica) al exagerar su rechazo a todo aquello que no sea ciencia, como podemos
darnos cuenta ante el apogeo del positivismo y de la desenfrenada conquista tecnológica.

7
En esa época apareció el psicoanálisis con fuerza, dada la presentación de la
monumental obra de Freud La interpretación de los sueños (1900). Se diría que fue una
revolución del pensamiento humano ya que con este sistema se nos abrió un nuevo
camino en pos de la sabiduría: el conocimiento de la mente. Hasta ese momento nadie se
imaginaba de la existencia de impulsos inconscientes, del deseo como fuerza vital, ni de
todo aquello que provenía de nosotros mismos, al menos no sabíamos explicárnoslos.
Freud adjudicó su descubrimiento gracias al empleo de un “método científico”. Además de
las divergencias que sufrió después por parte de los miembros de la sociedad
psicoanalítica, de las críticas de otros pensadores encerrados todavía en el siglo pasado
(sobre todo por sus postulados sobre la sexualidad que fueron llamados inmorales), se
unieron las refutaciones de los epistemólogos que categorizaron su método como
pseudociencia, situación que condenó al psicoanálisis a una simple ideología
despectivamente llamada magia, nada más que eso.

Debemos creer que tal aversión contra el psicoanálisis se debe en parte al


mismo desconocimiento de las personas que guiados por lo que dicen los demás se
negaron por completo a verificar por ellos mismos si tal teoría era en verdad desatinada
como dicen, en parte también por la moda que mencionamos anteriormente en que no se
quiso saber nada de todo aquello que tenga rasgos platónicos como volitivos y
antiempíricos. Pues el psicoanálisis había sido denominado por el filósofo Karl Popper
como metafísica1, de allí su relación tal vez con la filosofía como tal y su posterior
desprestigio. O tal vez hubo una confusión entre la metafísica como búsqueda de lo
absoluto y metafísica positivista como una herramienta más de conocimiento. Pero tanto
Mario Bunge en su Investigación Científica como Popper lo que quisieron hacer es una
demarcación entre lo que es ciencia y no ciencia, y no precisamente criticar a la teoría
psicoanalítica. El criterio que dio Popper fue el de la falsabilidad, es decir que toda teoría
científica debe ser refutable2 , y simplemente encontró que el psicoanálisis era irrefutable,
ya que para todos tenía explicación, al igual que la teoría marxista.
1
Karl Popper, Conieturas y refutaciones. Desarrollo del conocimiento científico. Barcelona. Piados. 1972 p. 513:
“Creo, pues, que si una teoría no es científica, si es metafísica (como podríamos afirmar), esto no quiere decir, en modo
alguno que carezca de sentido.”
2
Ibid., pg. 64: “El criterio de refutabilidad es una solución de este problema de la demarcación, pues sostiene que, para
ser colocados en el rango científicos, los enunciados o sistemas de enunciados deben ser susceptibles de entrar en
conflicto con observaciones posibles o concebibles”.

8
Nosotros no aceptamos el rango de pseudociencia que le ha sido designado al
psicoanálisis, pues se diría que es una falsa ciencia. Primero empecemos preguntándonos
cuál es su objeto de estudio, para verificar si acaso no pertenece a otra ciencia o si es
verdaderamente autónoma. Como Sanz nos describe, el psicoanálisis “postula que la
subconciencia conserva impulsos reprimidos por la conciencia y que pueden ser la causa
de desordenes emocionales, en cuyo tratamiento se trata de reconstruir el pasado del
paciente, sobre todo sobre sus experiencias infantiles y sueños3”, lo que no hace más que
describir la conducta humana cuyo campo es el de la psicología. Sabemos que la
psicología si toma en cuenta al psicoanálisis, aunque sólo toma algunos postulados como
por ejemplo su explicación del desarrollo humano, pero otras no por falta de comprobación
o de sentido, o por ser simple especulación. ¿Qué le queda al psicoanálisis en nuestra
época? Preguntémonos si la psicología nos dice qué es el complejo, los deseos, los
instintos, el objeto sexual, la libido, el superyó entre otras entidades mentales que son los
fundamentos más cercanos a la explicación de manifestaciones aún ignoradas por la
mayoría como el proceso de sueño, la conducta psíquica del amor, del odio, de las fobias,
de nuestras actitudes más íntimas en sí. La ciencia psicológica es muy superficial, pues
por eso el rechazo de muchos a una terapia como tal que no hace más que decirnos cómo
se es y no por qué. Es cierto que los nuevos descubrimientos psicológicos-biológicos están
acercándose cada vez más a un conocimiento mejor de la mente y el cerebro, en tanto
pasan los años y los hombres siguen en la incertidumbre de no saber por qué se sufre o se
ríe, o por qué de esta actitud ignorada o de mis depravaciones, como también del deseo
de inmortalidad que luego se pasará a describir, sin saber que hace un siglo una mente
genial como la de Freud se esforzaba por dar las respuestas, eso sí, con la ayuda de los
descubrimientos hasta ese momento de la ciencia, y teniendo una especulación propia de
un filósofo. Si queremos dar una denominación objetiva a tal teoría diremos pues que es
una presciencia o ciencia en formación o al fin y al cabo filosofía, o si no queremos
arriesgarnos, sencillamente ser sensatos y decir que “atendiéndonos a otras posiciones y a
las características institucionales que hacen asemejar la práctica psicoanalítica a la
ciencia, estimemos que en este caso lo más prudente es suspender el juicio

3
Julio Sanz Elguera, Introducción a la ciencia, Lima, Amaru Editores, 1987, pg. 46.

9
temporalmente” 4 y no estar denigrando un posible conocimiento de nuestra mente que no
es verdadero solo por su aún imposible contrastación, debido a la falta de instrumentos
tecnológicos que nos permitan conocer el cerebro y sus complicadas manifestaciones.

No se trata, como creen muchos, de que el psicoanálisis sea pura especulación,


o parcialmente tonta como las otras llamadas pseudociencias, el psicoanálisis es
metafísica, si tomamos el mismo criterio de Popper, en tanto sea una metafísica ceñida a
los descubrimientos últimos de las ciencias sociales o naturales y no puro racionamiento a
manera de Descartes, si se trata de buscar la verdad en forma de, primero, anteceder a la
ciencia y, segundo, de continuar a la ciencia. No es una metafísica platónica en que todo
se hacía por analogías, sino tomando como base la ciencia y adelantársela lo más
certeramente posible. Si bien, como dice, Heidegger, el final de la filosofía es el
acabamiento de la metafísica, es decir cuando este pensar se convierte en ciencia5; cada
tiempo tiene su metafísica y acaba con la certeza de la ciencia sobre aquello que se
especuló en base científica. Si entendemos esto, comprendemos a Platón, a Aristóteles, a
Nietzsche tanto como a Freud.

Esta previa aclaración sobre el psicoanálisis y su importancia lo hacemos debido a


que lo expuesto en los siguientes capítulos puede ser fácilmente refutado por cualquier
profano sólo por la simple mención de psicoanálisis, dirán pues “psicoanálisis” entonces
“pseudociencia”, conclusión; no vale. Situación que debe evitarse no sin antes haberse
analizado la teoría de la inmortalidad, que es nuestra reducción de una región de la
naturaleza humana. Esperemos entonces que se haya puesto en claro la posición de la
teoría de Freud en el contexto del pensamiento, y sigamos en nuestra tarea.

Capítulo II

4
Ibid. pg. 47.
5
Martín Heidegger. El final de la filosofía y la tarea del pensar. En “tiempo y ser”, Tecnos, 1964, pg. 78: “El
desarrollo de las ciencias y, al mismo tiempo, su emancipación de la filosofía forman parte del acabamiento de ésta”.

10
DE CÓMO QUEREMOS SIEMPRE LLAMAR LA ATENCIÓN

Siempre hay un hecho extraño, o al menos no revisado, que nos llama la


atención, el cual nos hace buscar una posible respuesta según el campo en que nos
encontramos, llámese filosofía, literatura o ciencia. Este hecho a analizar fue el siguiente:
por qué se tiene la necesidad urgente de escribir, en este caso, poesía. Cuál era la fuerza
interna que nos llevaba a hacer poesías sabiendo que era algo inútil, además de tonto,
para los demás. De tanto relacionar ideas nos dimos una respuesta temporal que es ésta:
porque de alguna manera queríamos expresarnos. Luego deducimos que el querer
expresarnos demanda la participación de los demás seres, es decir, de la sociedad; el
problema ya no era individual sino social. ¿Y por qué?, nos preguntamos.

La expresión lleva a un fin y se manifiesta en el lenguaje, todo lo que trasmitimos


a los demás es un cúmulo de información sobre diversas situaciones, en el caso de la
poesía queríamos expresar en ella nuestra forma de ser y de percibir, tanto como nuestros
sueños y deseos. Concluimos que de la expresión nacería la intención de jugar con el
intelecto, de imaginar6, esto es claro. Es decir que de una necesidad personal nace
también una necesidad artística; pero lo que nos importa es la génesis, es decir la
necesidad personal, la necesidad de hacer saber cómo somos, percibimos y pensamos.
Dicho de otra manera más simple: mostrar que existimos, llamar la atención de los demás.
Ese es el hecho a tomar, generalizamos un poco y ya no nos preguntamos sobre los
escritores, sino más exactamente sobre cualquier persona que no puede vivir sin llamar la
atención. Este postulado es a argumentar y que a continuación lo colocaremos en la base
de psicoanalítica, por ser la única teoría que nos acerca más a la cuestión tratada.

2.1.- El narcisismo postulado primero

6
Sobre este punto lo volveremos a tratar en el capítulo IV cuando tomamos la opinión de Colligwood sobre el arte y nos
da la teoría de la expresión e imaginación.

11
Satisfacer la necesidad narcisista primordial (ser amado por otro) implica en última
instancia, que el otro que me ama a mi está pendiente de mis deseos para satisfacerlos.

El término narcisista “procede de la descripción clínica, y fue elegido en 1899 por


Paul Nacke para designar aquellos casos en los que el individuo toma como objeto sexual
su propio cuerpo y lo contempla con agrado, lo acaricia y lo besa, hasta llegar a una
completa satisfacción”7.

El autoerotismo procede desde la etapa más infantil del hombre cuando todavía
no se da cuenta de la realidad, es decir, que ha venido a un nuevo espacio después de
haber salido del vientre de su madre y no reconocer ni personas ni objetos, sino que sólo
sienten que viene de su cuerpo, los placeres primarios de las necesidades llámese comer,
defecar, vivir, además de otros placeres sexuales como, por ejemplo, se vería en el infante
cuando se chupa los dedos, así, él mismo se está provocando el placer de la parte bucal.
Esto nos demuestra que el infante se cree en esa etapa un ser omnipotente, ya que no se
percata de que son los padres los que le benefician sino él mismo, no necesita de nadie
para sobrevivir; la hiperestimación de poder de sus deseos y sus actos mentales hacen
recordar, como relaciona Freud, a la conducta mágica de los hombres primitivos en que
todo lo podían8. A esta faceta de la vida se le ha llamado “narcisismo primario”.

Al irse formando el aparato psíquico de niño, su sentido de la realidad va ir


siendo más activo y empezará a reconocer que aquellos placeres no viene de él mismo ni
que fácilmente los tendrá cuando él los quiera, su conocimiento del mundo ya percibirá
otros seres haciéndoles argüir una dependencia, por lo tanto sus sentidos se abrirán más
al exterior, abrirá los ojos y verá que una mujer le da de mamar, aquellos que pensó que
era por su simple pensamiento de tener hambre y abastecerse por si mismo no era cierto,
se sucederá una revolución en su pensamiento9 . El infante se ha hecho dependiente y
7
Sigmund Freud. Obras completas. Buenos Aires, Ediciones Orbis, 1988, p. 2017.
8
Para más información sobre las comparaciones que hace Freud sobre la conducta infantil y la conducta primitiva
puede leerse su ensayo Tótem y Tabú en sus Obras Completas
9
La misma revolución que se da la magia al animismo, el hombre se da cuenta de que existen los dioses, se hace
dependiente.

12
sabrá que para tener que comer tendrá que llorar 10 (como el primitivo tendrá que realizar
ritos y ofrendas para los dioses).

Pensemos primero en el hecho de que aquello que amamos es aquellos que


necesitamos. Vemos entonces que el amor (llamado por Freud carga libidinal hacia cierto
objeto) en la etapa primaria de narcisismo de infante va hacía su propio cuerpo, hacia si
mismo, el objeto sexual no sale al exterior puesto que aún no lo reconoce y no lo necesita
además11. El “narcisismo secundario” es cuando la pulsión sexual de niño se transfiere al
exterior. Amará a quien le sea importante para subsistir, y en esa lista de objetos sexuales
que tendrá el resto de su vida la madre estará en primer lugar, seguida por las personas
más cercanas.

El objetivo de niño es lograr que lo amen para que estas personas elegidas para
amarlo quieran satisfacerle sus necesidades y otros placeres que ya está empezando a
reconocer como las caricias, los besos, el cariño venido de afuera, todo eso, a pesar de
sentirse dependiente, le harán creer que debe ser así, él debe ser el centro de los
cuidados porque eso le hace feliz su yo empieza a darle estimación y la realidad
mayormente no le contradice, los padres están obligados a cuidar de él, los familiares a
besarle, a tenerle cargado de un lado a otro y cuando llore a satisfacerle en todo12.
Buscará siempre eso, ser feliz, y para cumplirlo es necesario que los demás intervengan;
el infante se creerá el dueño de lo que sucede a su alrededor, “la enfermedad, la muerte,
la renuncia al placer y la limitación de la propia voluntad han de desaparecer para él, y las
leyes de la naturaleza, así como las de la sociedad, deberán detenerse ante su persona”
13
, desde entonces se hará evidente su sentido egoísta, todo lo quiere es para él y nadie
debe impedírselo. Es la constitución del “yo”. Porque necesita de otros para ser feliz, hará

10
Esta forma de decir lo hacemos con el fin de hacernos entender más claramente posible, lo puesto que si
describimos literalmente las formulas psicoanalíticas tal vez el trabajo se dilate en explicaciones complicadas que
requiere una cierta base en el tema por parte del lector.
11
Sigmund Freud, ob, cit., p. 2156; “Las pulsiones sexuales, en sis tempranos comienzos no se hallan aún
orientadas hacía ningún objeto exterior. Cada uno de los componentes pulsionales de la sexualidad trabaja por su
cuenta en busca del placer, sin preocuparse de los demás y halla su satisfacción en el cuerpo de individuo, esta es
la fase del autoerotismo a la cual sucede la de lección de objeto”.
12
Ibid. P. 2031; “ya hemos indicado que el ser amado constituye el fin y la satisfacción en la elección narcisista de
objeto”.
13
Ibid, p. 2027

13
cualquier cosa para llamar la atención. Llorará por ejemplo, sonreirán, y todos celebrarán
sus primeras poses con el fin que se convertirá en el sentido de toda su vida; no pasar
inadvertido. El día que pase inadvertido será infeliz, su yo dejará de ser centro y tendrá
que descargar la libido (en ese proceso de trasladar la libido hacia el exterior, el narcisismo
secundario, se formará el “ello”, es decir se diferenciará la libido del yo con la del objeto
externo) más de lo normal en detrimento de él14.

A partir de ahora llamamos simplemente “narcisismo” al “narcisismo secundario”,


refiriéndonos a ese segundo paso que tiene la evolución humana en cuanto al instinto de
supervivencia, al hecho de traspasar de la “autosatisfacción” hacia la satisfacción
dependiente, con ese fin empezará a querer a los objetos exteriores.

2.2. De los grados de narcisismo

El narcisismo se acrecentará en tanto el yo reciba más amor de los otros, mientras que
disminuirá en tanto se da más amor de lo que recibe.

Quedando claro que es a partir del narcisismo en que nuestro yo siempre quiere
estar al centro de todo, mientras va teniendo la idea de familia y sociedad, podemos
continuar en derrotero de ese egocentrismo difícil de combatir, y combatir decimos, puesto
que le narcisismo es una de las causas primordiales por la cal el ser se hace muy
individualista.

Acostumbrado el hombre en su infancia a ser receptor de los cuidados y de los


halagos le será muy difícil llevar otra vida en sus posteriores años, y solo lo logrará
mientras entienda que no tiene la necesidad de ser siempre llamativo para poder vivir, que

14
Ibid. P. 2023-2024. “De momento quisiera limitar a indicar que el displacer es la expresión de un instrumento
de la tensión, siendo, por tanto, una cantidad del suceder material la que aquí, como en otros lados, se transforma
en la cualidad psíquica del displacer. El desarrollo de displacer no dependerá, sin embargo, de la magnitud
absoluta. Desde este punto, podemos ya aproximarnos a la cuestión de por qué la vida anímica se ve forzada a
traspasar las fronteras del narcisismo e investigar de libido objetos exteriores. La respuesta deducida de la ruta
mental que venimos siguiendo sería la que dicha necesidad surge cuando la carga libidinosa de yo sobrepasa de
cierta medida. Un intenso egoísmo protege contra la enfermedad; pero, al fin y al cabo, hemos de comenzar a
amar para no enfermar y enfermarnos en cuanto una frustración nos impide amar.

14
para satisfacer las necesidades todo debe hacerse en conjunto, si queremos acaparar las
atenciones y placeres se sufrirá luego porque la vida en conjunto demanda equidad, y si
no se cumple se incrementará por lo tanto las tensiones.

¿Quiénes entonces sufren más el paso del narcisismo a la vida social? Está
claro que serán aquellos que hayan recibido más amor y cuidado en su infancia, le dolerá
cuando, a su paso a la vida social, deje de ser centro de todo eso, las demás personas no
tiene ninguna necesidad de cuidarlo y amarlo, esto será la lucha que tendrá aquel que
tanto amor recibió. Mientras que aquellos con menos amor no estarán tan acostumbrados
a tenerlo todo y su paso a la comunidad les será más fácil, aunque no tan bien porque
persistirá en la vida narcisista.

En el paso de la vida narcisista a la vida comunitaria se formará la última


instancia psíquica del hombre que es el superyó, entidad que ser encargará de regular las
necesidades propias (vientre y bajo vientre) en contraposición con las sociales (vivir en
armonía). El superyó contiene en sí todas las leyes que gobiernan la sociedad y las
enseñanzas de los padres siempre buscando el bien de todos. Esta instancia se encargará
de hacer entender que el hombre es un ser social y que por lo tanto esa vida narcisista
deberá abandonarse. Aquellos que se resistirán serán como ya lo dijimos, los más
queridos en su infancia, digamos por sus padres, hermanos, abuelos, etc15.

Entonces hay grados de narcisismo que por una parte es buena si tomamos en
cuenta que el ser humano vivirá mayormente sin complejos y su intelección será favorable,
pero será contradictoria en el sentido de que será muy individualista y romperá la vida en
sociedad; según los acontecimientos en el resto de su vida se verá si su aporte será
positivo a los demás, si toma el buen camino o el malo.

Preguntémonos por eso cuando queremos llamar la atención, con esa fórmula
chabacana de querer ser orinales, ¿de dónde proviene esto? Diremos, pues, porque de

15
En el capítulo IV demostraremos que los poetas tienen este modo de vida egocentrística muy marcada.

15
niño fuimos así y se nos hace difícil de cambiar de actitud, y si acaso se puede trascender
a tal narcisismo.

2.3 El trauma de la transición: el deseo de inmortalidad

El llamado “deseo de inmortalidad” se forma del paso de un narcisismo exagerado hacia


una relegación individual; es decir, de un gran amor por parte de la familia hacia un
desamor por parte de la sociedad.

Demos un ejemplo. Un niño tiene un lunar en la cara, en una mejilla completa, es


el primer nieto de la familia y es querido muchísimo por los padres, tíos, abuelos que la
etapa infantil lo llevará tan bien que no tendrá problemas de crecimiento, de aprendizaje,
llamémoslo así, y será muy bueno con los números. Sus padres se precipitarán a llevarle a
la escuela y lo dejarán ahí con personas desconocidas. En su encuentro con los demás
compañeros, el niño que hasta entonces no había sufrido, experimentará por primera vez
el desamor, sus compañeros verán algo feo en su cara y se alejarán dejándolo a él solo,
relegado: helo ahí el trauma.

En ese grado de máximo opuestos narcisismo-relegación aparecerá el deseo de


inmortalidad en su mayor esplendor16, en tanto estos opuestos disminuyan, el deseo de
inmortalidad disminuirán y se convertirá en tan solo un simple deseo de llamar la atención
(poniendo en grado del 1 al 10, tanto el narcisismo como la relegación deben ser 10).

“El deseo de inmortalidad” es como sus mismas palabras lo dicen; no querer


morir o querer vivir. Pero viendo que somos mortales como seres naturales se hablará de
una inmortalidad de nombre, de reconocimiento en el tiempo y en cualquier lugar, que
nuestra vida hecha en un momento nunca muera y eso es posible sólo con el lenguaje. La
clave de la eternidad es el lenguaje. Ejemplos, estos son los grandes poetas, filósofos,
científicos, artistas que fueron influenciados vitalmente por este deseo. Estos hombres que
16
En el posterior análisis (capitulo III) sobre el cuento La tercera resignación explicaremos esta denominación de deseo
de inmortalidad.

16
trascendieron la existencia única no pudieron salir de aquel cerco narcisista en que ellos
bailaban como unos niños y todos los aplaudían17.

Capítulo III

17
Ibid. P. 2027. “El punto más espinoso del sistema narcisista, la inmortalidad de yo, tan duramente negada por la
realidad, conquista su afirmación refugiándose en el niño.

17
“LA TERCERA RESIGNACIÓN” DE HABRIEL GARCÍA
MÁRQUEZ Y EL NOMBRE DE INMORTALIDAD

La muerte es el tema principal de cuento. En ese sentido podemos argüir que


esta palabra para el autor tiene tres sentidos. Como estamos hablando de la relegación
como principio de nuestra teoría, la primera “muerte” denominada por el autor es el que da
significado al denominado “deseo de inmortalidad”, entendiéndose como “la primera
muerte” al hecho de que para la sociedad y para todo lo que nos rodea siempre seremos
invisibles, si hablamos como inmortales, diremos que nuestra presencia es nula
refiriéndonos al cambio que podríamos lograr en el mundo, por eso nos sentimos
“muertos”, pero esta muerte ha sido provocada por lo externo, aquello nos ha hecho sentir
innecesario, intrascendentes, relegándonos como un simple objeto que no tiene vida, que
no tiene sentidos, nos han abandonado a la soledad, al campo de lo insociable y de lo
realmente inservible. Cuando pasamos entre los demás seres nos sentimos fantasmas que
con las justas movemos el viento; esta primera muerte en el cementerio de la soledad nos
hace sentir inservibles, por la cual nuestro yo cae de la más alta capa de narcisismo a la
muerte total en si misma. Cuando sentimos que no le importamos a nadie nuestro amor
propio es el único que nos podría salvar y a eso apuntamos, no miramos afuera ya, sino
dentro de nosotros queriendo valorarnos, demostrando que sí tenemos mucho que dar y
no nos resignamos a morir completamente, puesto que creemos en nosotros: esta es
nuestra única salvación, no resignarse. En el cuento “La tercera resignación”, la primera
muerte, que es en el contexto fantástico cuando el niño queda vegetal experimentando una
“muerte viva”, sucede a los siete años. Si tomamos importancia a este dato de siete años y
recordamos que nuestra vida social en tanto hombres mayormente empieza en el colegio,
cuando nos enfrentamos solos a lo externo sin que nuestros padres intervengan, veremos
que esa muerte primera que ocurre al personaje es una forma de decir por el autor de que
aquello fue la relegación. El colegio es el primer paso y en la escala de los valores que
recibimos se encuentra después de las enseñanzas de nuestros padres, en ese mismo
orden el superyó se estará formando. En esa época, promediando se impuso “siete años”,
es cuando entramos en transición y en donde se verificará nuestra continuidad narcisista

18
(amor exagerado a uno mismo) o nuestro buen paso al mundo social. Pues la “primera
muerte” sería, precisamente, el mal paso al mundo social, el rechazo casi mortal que nos
dan nuestros semejantes al cual, tal vez nos acostumbremos. El personaje no se resiste a
esa muerte, intenta mostrar a los demás que no está muerto, pero en el momento que se
acostumbre, cuando acepta la soledad como ideal se resignará a esa muerte social: la
primera resignación.

La “segunda muerte” sucede cuando el protagonista (muerto-vivo) tiene


veinticinco años (el relato empieza con los síntomas de la “segunda muerte”). Esta
segunda muerte es una alegoría de la muerte verdadera, es decir, la orgánica, en el
sentido que nuestro cuerpo deja de funcionar. El hombre empieza percibiendo su olor de
su carne descompuesta, el sonido ínfimo de su cerebro como el aparato médico, esa línea
monótona, que nos dice que alguien ya murió al dejar de latir su corazón. Habiéndose
acostumbrado a vivir en soledad, o sea a estar “muerto”, se encontrará el ser humano con
una segunda muerte que es el de verdaderamente morir, aquí nadie nos mata, la
naturaleza misma da su veredicto diciendo que este cuerpo no da para más. El personaje
había estado viviendo vegetal dieciocho años sin problemas, al cuidado de su madre, y
sus familiares sabía que estaba aún vivo por el crecimiento, pero cuando terminó de crecer
a los veinticinco años ya no podían saber si estaba muerto o vivo. Él lo empieza a sentir,
como repetimos, mediante el hedor de su propia materia. No se resignará a morir otra vez,
más muerte ya no, se dirá. Pero no podrá evitarlo; la naturaleza, al cual pertenecemos, es
así, irremediable, él habrá de morir, no sin antes haberse resistido. La “segunda muerte”,
por tanto, es la muerte del cuerpo. Entonces pensaremos que si en la vida verdadera
hemos sido unos muertos sociales y ahora con la muerte de mi imagen otra vez moriré, no,
no queremos morir, dirán, nos aferraremos más a nosotros y buscaremos una salida a tal
dilema existencial. ¿Cuando podré sentirme verdaderamente vivo, eterno? Nada se podrá
hacer y nosotros habremos desaparecido y lo aceptamos: la segunda resignación. Nos
quedamos con el consuelo de que aunque sea viviremos en el recuerdo de nuestros
padres y amigos, después de nuestra muerte al menos pensarán en nosotros, ¿eso será
para siempre? No, entre los seres que quedaron vivos apenas pasará un tiempo y se
olvidarán de nosotros, ya que ni siquiera llamamos la atención de vivos, de muertos no

19
esperemos recibir algo mejor, será una irrealidad ese pensamiento, mientras mi paso por
el mundo será inadvertido, ¿pero qué se puede hacer, si yo sé que estoy vivo, si mi
narcisismo me ha hecho una persona en que todos están pendientes? Por eso deberé
dejar algo para que nadie me olvide y esté en los recuerdos de todos siempre vivo. Deberá
dejar algo a la posteridad y en bien de todos para no morir en la memoria, aunque sea, de
los demás, que es mi “tercera muerte”, inventaré algo, descubriré ideas fabulosas, haré
arte. Será un gran ideólogo, qué puedo hacer para que al menos no muera en esa “tercera
muerte” que es la definitiva, tan triste situación esa de desaparecer de e recuerdo de
todos. ¿Pero si no lo hago, si no llego a pertenecer al parnaso?, sí que en verdad habré
sido un muerto esa será mi tercera resignación.

Es decir, con los pensamientos descritos anteriormente que son, según la


interpretación de la obra, las que más o menos se dan en el personaje y también en el
poeta, a estos seres la muerte, en sus tres formas distintas, les ha estado molestando
siempre, o bien han sido solitarios, o bien han tenido una salud delicada, de tal modo que
su narcisismo exagerado se ha visto atacado al no poder hacer lo que les venga en gana.
Una significación más literaria que encontramos en el cuento sobre la muerte sería la
“inexpresión”, el estar en un ataúd sin poder movernos ni caminar, ni nada se estará en
constante lucha de no morir, de que su yo siempre se vea libre de todo y dominando la
atención de todos, tanto se sufrirá de muertes que buscarán una solución para que puedan
vivir al menos después de muertos y eso es su convicción; dejar algo.

Se arranca de los pelos al pensar que después de que mueran nadie se haya
dado cuenta de su paso por este mundo. Esos seres inmortales tienen a su favor el hecho
de que podrán más empeño en lo que hacen, mientras que otros se dedican a ser felices,
a “vivir”, en conjunto, no les importa dejar nada, ellos, querrán vivir como los demás, sin
saber que a su muerte desaparecerán para siempre de la memoria de los que quedan,
situación que inmortal combatirá antes de que la resignación de los años le alcance.

20
Capítulo IV

LA INMORTALIDAD EN LA LITERATURA

21
Como la inmortalidad se forma en la soledad como consecuencia de la
relegación individual, en los escritores mayormente esta soledad es una característica
esencial, puesto que es requisito indispensable para su abstracción del mundo real al cual
evaden. La imaginación da sus mejores resultados en un ambiente tranquilo y apartado,
pudiéndose conserva lo primordial de cada actividad que realizan sin contaminarse en lo
pueril. Así no los demuestra García Márquez, y sólo por poner un ejemplo, cuando nos
dice:

“En realidad, uno no escribe sino un libro. Lo difícil es saber cuál es e libro que uno está
escribiendo. En mi caso, si es el libro que yo estoy escribiendo no es e libro de Macondo
sino el libro de la soledad”18.

Pasaremos a ver, entonces, más detenidamente esta relación de deseo de


inmortalidad y el arte; tomando a la literatura cono base.

4.1. El arte, distinción entre “ficción” e “imaginación”

El psicoanálisis reconoce en el ejercicio del arte “una actividad encaminada a la


imitación de deseos insatisfechos, y ello, tanto en el mismo artista creador como luego en
el espectador de la obra de arte”19 . Esta postura llega a ser explosiva si notamos que lo
que impulsa al arte no es otra cosa más que la frustración, los deseos insatisfechos.

Al decir Freud que los artistas son insatisfechos nos da la idea de que aquellos
personajes son unas personas enfermas y que no deberíamos ya creer o tener fe en sus
obras pues, como vemos son productos del enfermismo. Pero estamos convencidos de
que no solo eso es el arte, en todo caso todas las personas serían artistas por su
constante inestabilidad, y vemos que no es así. Existe una elaboración que “mitiga lo
repulsivo de tales deseos”20. Y esto es lo que diferencia del artista de los demás, una
aptitud y una actitud originales que le hacen expresarse como ningún otro al contrario del

18
Peter Earle, García Márquez. Madrid, Taurus Ediciones, 1982, p. 247.
19
Ibid., pp. 1864-1865.
20
Ibid., p. 1865

22
que sufre también el deseo insatisfecho que se manifiesta en acciones criminales, en odios
y rencores, rompiendo la libertad de otro, lo enajenan. El artista toma el camino positivo y
brinda esa especie de catarsis (que primero funciona en él) a otros ávidos de arte que
aprecian su labor ya sea como pintura, música, literatura, etcétera. Freud lo explica así:
“los límites existentes entre cada yo y los demás yos, consiste realmente el arte poético” 21.
Es decir, que en la intersección de deseos insatisfechos nace la posible noción de arte.

Gombrich al decir que “no existe, realmente, el Arte. Tan sólo hay artistas”22,
está aceptando que para entender el arte lo único que nos queda es fijarnos en los
artistas. Cómo analizar el arte sino sabemos qué es, y no lo sabemos porque el arte no es
una cosa como tal, que existe por si sola, sino como relación de dos entes, en este caso,
de dos personas. Es como querer dar una existencia a la órbita, ¿acaso lo vemos?; el
movimiento, ¿qué es el movimiento se no es relación de dos, espacios y tiempo? ¿El amor
qué es sino hay dos personas? Por eso la “palabra arte puede significar muchas cosas” 23 .

Para llegar a una conclusión sobre los artistas diremos que para el psicoanálisis
los artistas son personas muy especiales, dotados de una sensibilidad superior y que por
lo tanto perciben el sufrimiento mucho más, pero por situaciones específicas en su vida
llegan a formarse como únicos para la explicación de su sufrimiento, dando una salida a
otras personas que sufren de los mismos deseos, y logran la felicidad imaginaria. Es decir,
los requisitos para ser un artista es saber expresar y saber fantasear de una manera
estética. La fantasía es aquí tomada como correctiva “de la realidad que no da
satisfacción”. Es una ficción que brinda placer.

Freud, pues, no pudo concluir una verdadera concepción de arte y llegó a pisar
la trampa en que caen muchos grandes hombres cuando descubren algo y tratan de dar
una concepción del mundo en base a su gran descubrimiento, como siguen sus
paradigmas los voluntaristas con su “voluntad de poder”, los marxistas con su lucha social,
Freud con su inconsciente y su neurosis. No critiquemos a Freud, pues aceptemos que

21
Sigmund Freud, Ensayos de psicoanálisis aplicada, Santiago, Editorial Cultural, 1934, p. 127
22
Ernst Gombrich, historia de arte, Barcelona, Argos, 1951, p. 3.
23
Ibid, p. 3.

23
hasta donde llegó no erró, sino que le faltó, podría decirse por el tiempo, y esto lo acepta é
mismo cuando deja a la posteridad muchas incógnitas a resolver en diferentes campos,
uno de ellos es el de la estética.

Collingwood, que hizo un estudio exhaustivo de arte, depurando de todo aquello


que no lo era, puso la tesis psicoanalítica del arte su verdadero nombre diciendo que esta
definición no es más que neurosis o arte de diversión.

“Pero la confusión entre arte y diversión se ha visto reflejada y reforzada por una
confusión entre imaginación y ficción, que culmina en el intento de los psicoanalistas a
subordinar la creación artística a su teoría (una verdadera teoría científica) de las fantasías
como satisfacción ficticias del deseo. Este intento tiene éxito admirable mientras se hace
el arte, falsamente llamado así, de la vela o la película ordinarias; pero no podría de
ninguna manera aplicarse al arte propiamente dicho “24

La confusión, como dice, está en el requisito de “ficción” que propone Freud y el


de “imaginación” dada por Collingwood. Ficción es la fantasía producto de un deseo,
siempre tras un fin, “el deseo de algo de que gozaríamos o que poseeríamos si la ficción
fuera verdad”25. Y la imaginación es indiferente, no sólo a la distinción entre real e irreal,
sino también a la distinción entre deseo y aversión”26. El artista que imagina no siente más
que el deseo de imaginar por imaginar (la pregunta podría ser si esto es posible). El arte
para Collingwood, propiamente dicho, es la unión entre expresión e imaginación mientras
que para Freud es expresión y ficción, por lo tanto los artistas dejarían de ser “neuróticos”,
si bien, sabemos, que empezaron así.

4.2 La literatura como búsqueda del saber

Si suponemos entonces que el arte es expresión o imaginación. Veremos que tanto


el artista en ciernes está en un proceso de transición, tratará siempre de explicarse

24
Collingwood,, Los principios del arte. México, Fondo de la Cultura Económica, 1938, p. 133-
25
Ibid, p. 132
26
Ibid., p. 133

24
situaciones que lo mantienen en constante pena, escribirá sus problemas y sus sueños
con una pasión propia de personas hipersensibles y estará en una interminable búsqueda
del saber. Aquellas luces que obtienen de su reflexión en la soledad, problemas para él
vitales, las manifestará abstrusamente, como los mitos, en su obra.

El punto de partida de sus cuestiones serán, como ya dijimos, los sufrimientos.


Conturbado y tenso hará introspección exhaustiva, que gracias a su inteligencia producto
del amor de sus familiares u otros que colaboraron en su buen desarrollo personal
(narcisismo exacerbado) llegará a ciertas conclusiones que, mientras le satisfacen, no
volverá a sufrir dicha pena, pena que proviene mayormente de la indiferencia social,
llámese amores, amigos, profesores, etc.

En ese proceso de encontrar la verdad y paralelamente escribir su ficción, logrará


sólo realizar protoliteratura (protoarte), es decir, que aun su trabajo no llegará a ser arte,
propiamente dicho. Esto no quiere decir que lo que hace sea algo falsamente llamado arte,
sino que está empezando, es un arte en proceso, inmaduro, poco valioso para los fines
estéticos. Por ejemplo cuando el protagonista de un cuento es un hombre que logra tener
fama. Lo que le ha hecho el autor del cuento no es más que implantar su deseo (de tener
fama) en su obra, claro que lo adorna para que parezca arte, pero en tanto haya deseo la
forma será en vano, el arte será neurosis. No queremos decir que el poeta, para que sea
poeta verdaderamente, se le deba prohibir coger situaciones de su vida como arte de su
obra, sino que tales episodios de su vida o de otros no deban tener ni una carga psíquica a
formar un deseo. Se puede hablar de un hombre que murió en una fiesta, situación real en
la vida de autor, pero no pondremos que ese hombre era Carlos en la obra literaria, por
decirlo, que en la realidad no era otro más que su amigo José por el cual sentía envidia y
en su obra satisface el deseo de que muera, un deseo muy inconsciente.

Esa búsqueda del saber llevará al literato a conocer su forma de pensar y de sentir
por su cualidad reflexiva, y así irá eliminando muchos deseos “tontos” y sanándose de
traumas. Por eso se dice que los poetas son muy prácticos y desprejuiciados. El saber es
un antivirus que combate la enfermedad psíquica, es un autoanálisis de nuestros

25
problemas y su respectiva solución, por lo que los deseos, como volvemos a recalcar, se
irán eliminando.

La lucha que todo poeta debe tener es la búsqueda del deseo primario que es
indudablemente el deseo madre, el deseo de inmortalidad. Este deseo es causa de otros
tantos deseos como el de tener una chica bonita para que mis amigos me vean (llamar la
atención), ser número uno en el salón para que se fijen en mi, ser poeta (para que no sólo
llamar la atención entre los míos, sino en todos los hombres de este tiempo y de los que
vendrán), esto se debe entender, que el deseo de inmortalidad (narcisismo-relegación) es
la fuerza que nos impulsó a escribir. Al hacer poesía el hombre tiene más o menos esta
idea.

“Por ser obra del hombre, a veces el arte prolonga increíblemente su fugaz
existencia. Las generaciones florecen y caen como las hojas, las naciones desaparecen de
la faz de la tierra, el arte permanece”.

Y habrá que eliminar este deseo porque el arte, propiamente dicho, no debe ser
causa de insatisfacciones. Pero al decir que el arte nace de deseo de inmortalidad no
diremos que la hace sino “que la inmortalidad es una fuerza que empuja a hacer algo”,
como nos recalca Giorgos Seféris, el deseo de inmortalidad nos puede hacer filósofos,
científicos, o todo aquello que sabemos que nos dará fama y que la sociedad no nos
olvidará. En conclusión el arte debe eliminar ese deseo de inmortalidad, hacer el arte por
simple deseo de hacer arte, se buscará sólo en la obra misma el trabajo y no el autor. El
arte es por si sólo y sólo se debe olvidar de que siempre debe estar nuestro nombre
enlazada a ese trabajo, eso viene por si mismo. Así podremos entender a aquellos que no
ponen su nombre en los libros sino el seudónimo, personajes libres de la necesidad de
llamar la atención, poetas como Neruda, Mistral, Martín Adán dan ese ejemplo. Pero aún
nos seguiremos preguntando si esto es posible, si este arte es creación de humanos,
demasiado humanos.

26
En todo caso, los únicos que pueden trazar ese límite en las obras literarias son los
propios autores, ya que nosotros como espectadores no sabremos cuál es en verdad
deseo insatisfecho u obra de arte desligada de toda frustración.

4.3. El caso Vargas Llosa

Autor peruano que nació en Arequipa el año 1936. Su infancia la paso en Bolivia en
el cuidado de su madre (abandonada por el esposo) y de sus abuelos. En esa casa tuvo la
compañía de sus primos con quién compartió momentos felices como lo es siempre en esa
etapa. Pero a diferencia de las infancias normales que conllevan un narcisismo promedio,
en la que las personas casi no tienen recuerdos, en el autor de La ciudad de los perros
sucedió algo especial que no lo pudo olvidar (ahí vemos la diferencia entre el narcisismo
elevado y lo normal, es en el recuerdo, cuando la persona añora esos momentos en que
tanto fue amado) y esto nos cuenta en sus memorias El pez en el agua.

“En aquella casa fui engreído y consentido hasta unos extremos que hicieron de mi
un pequeño monstruo. El engreimiento se debía que era el primer nieto para los abuelos y
el primer sobrino de los tíos, y también a ser el hijo de la pobre Dorita, un niño sin papá. El
no tener papá, o mejor dicho, que mi papá estuviera en el cielo, no era algo que me
atormentara; al contrario, esa condición me confería un status privilegiado, y la falta de un
papá verdadero había sido compensada con varios sustitutorios: el abuelo y los tíos Juan,
Lucho y Pedro”27.

Podemos decir que tuvo una infancia en que no le falto amor, más aún, le sobró.
Estaríamos entonces ante un caso de narcisismo elevado, y como Vargas Llosa es
inmortal veremos, o buscaremos, la relegación que cumplirá el requisito de relegación, el
paso de una felicidad incomparable hacia el complemento sufrir, lo que causó su
relegación individual en algún momento de su vida, momento mismo en que el deseo de
inmortalidad empezó a desarrollarse. Luego de Bolivia, Mario vargas Llosa fue trasladado
en su niñez a Piura por situaciones de trabajo de abuelo, parte del gobierno de entonces y

27
Mario Vargas Llosa El pez en el agua, Barcelona, Seix Barral, 1993. p. 17

27
al ir al colegio, cuando no conocía a nadie, empezó a experimentar algo nuevo a su
narcisismo.

“Yo regresaba todas las tardes a la casona de la prefectura, a darle mis quejas al tío
Lucho, espantado de las lisuras que oía y furioso de que mis compañeros se burlaran de
mi manera de hablar serrana y de mis dientes de conejo”28.

Hallamos una primera relegación, de los amigos, esta relegación llega a condenar a
algunos a la soledad para siempre, pero el futuro inmortal siempre buscará el porqué de
eso y sabrá que los demás están equivocados, gracias a su inteligencia, algunos de ellos,
podrán entrar al círculo social y serán felices, pero esto no quita que el deseo de
inmortalidad ya se formó, ya que quedó el trauma. Vargas por su personalidad es un
hombre social y no tuvo problemas para acomodarse a sus nuevos amigos de Piura y evitó
la relegación. Años más tarde fue llevado a Lima, en donde conoció a si padre y volvió a
acrecentar la inmortalidad.

“Desde que llegamos, me sentí excluido de la relación entre mi mamá y mi papá, un


señor del que, a medida que pasaba los días, me parecía distanciarme. Me exasperaba
que se me encerraran en su dormitorio durante el día, y con cualquier pretexto les tocaba
la puerta, hasta que mi padre me reconvino, advirtiéndome que no lo hiciera más. Su
manera fría de hablar y sus ojos de Luz cortante es lo que más recuerdo de eso primeros
días en Lima, ciudad a la que deteste desde el primer momento. Me sentía solo, extrañaba
a los abuelos, a la Mamaé, al tío Lucho, a mis amigos de Piura. Y me aburría, encerrado,
sin saber qué hacer”29.

28
Ibid, p, 24
29
Ibid., p. 54

28
29
CONCLUSIONES

CONCLUSIONES

(1) El psicoanálisis es “metafísica” en el sentido de ser una especulación sobre aquello


que la ciencia no ha llegado a descubrir.

(2) El desarrollo de infante pasa por dos etapas: el narcisismo primario y narcisismo
secundario. Entendiéndose como “narcisismo” un “amor hacia sí mismo”, característica

30
innata en el ser humano puesto que siempre se va querer evitar la muerte. Amándonos a
nosotros mismo nos aseguramos la vida. El deseo de inmortalidad empieza con esa etapa.

(3) El narcisismo secundario se da cuando el infante empieza dándose cuenta de que su


vida depende de otros, de ese modo querrá empezará amar a otros con el fin de ser
amado y poder subsistir.

(4) El narcisismo es gradual, por lo tanto habrá personas con un grado mínimo de
narcisismo y otro con un máximo, dependiendo del amor y cuidado recibidos; más amor,
más narcisismo.

(5) El sentir narcisista después de la infancia provoca la individualidad, la persona sólo se


preocupará en satisfacer sus necesidades sin importar nadie, en tanto tenga escasa
inteligencia; el sentido egoísta será preponderante.

(6) La inteligencia y los buenos valores hacen que el narcisismo en la persona


desaparezca y sepa vivir en sociedad.

(7) El encuentro con la sociedad por parte del niño se dará a partir de la época de
colegio. En esa etapa si se produce en rechazo en contra de un niño que tiene un
narcisismo elevado, ese rechazo provocará un trauma denominado por nosotros; deseo de
inmortalidad.

(8) Entendemos por muerte al hecho de que socialmente se está muerto, puesto que la
sociedad no le toma importancia, este ser relegado se sentirá, por lo tanto muerto (la
sociedad le hará creer eso), y habrá una resistencia que viene desde lo más profundo del
ser (narcisismo-vida) y buscará combatir esa muerte siendo inmortales.

31
(9) Contraste entre positivo y negativo. El narcisismo es causa del exagerado amor, pero
también del individualismo, como la “relegación individual” es producto del desprecio y
causa de seres inmortales.

(10) El poeta es un ser que está empujado por el deseo de inmortalidad, y no es raro que
haya sufrido ese contraste narcisismo-relegación (amor familiar-desprecio social). Pero
mientras no se da cuenta de aquello su obra se verá empañado. Para que una obra sea,
propiamente dicha, artística debe eliminar los deseos personales en su trabajo, y el último
deseo por dominar va ser el “deseo de inmortalidad”.

(11) Ser inmortales significa dejar algo a las generaciones posteriores que des sea de
gran valor, el creador de ese objeto valorativo será recordado por siempre. Es una
búsqueda vital en la que el hombre no quiere irse de mundo sin pasar primero advertido
por todos, eso busca en el fondo llamar la atención.

(12) Pero ser inmortales no causa e el fondo mucha gracia, puesto que al morir no
gozamos da nada. En conclusión decimos que el ser que quiere ser inmortal sólo quiere
dar un agradecimiento a sus seres queridos por el gran amor que de dieron en su infancia
que lo colocó como un gran hombre. El fin práctico es que viva para siempre su nombre,
pero no precisamente él.

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