Editorial 25.04.10 Nuestro tiempo con Dios. ¡Cuán importante es nuestro tiempo a solas con Dios!

¿Acaso podemos vivir sin aire, agua o comida? En este aspecto muchos de nosotros somos iguales a nuestros celulares: solo nos cargamos con energía espiritual cada dos o tres días. En numerosas ocasiones me pregunté cómo hicieron los grandes hombres de Dios para lograr hazañas impresionantes como la evangelización de tribus o naciones enteras. Y no podemos tener en menor categoría a nuestro ejemplo supremo, Jesús, en lo que respecta al poder impresionante que ejerció en su ministerio de unos tres años. ¿Cómo lo lograron, en cuanto yo no logro ni siquiera manifestar con constancia el fruto del Espíritu en mi vida (amor, gozo, paz...)? Tenemos la respuesta en la vida de Jesús y comprobada con testimonios poderosos de siervos del Altísimo: la comunión con Dios. Veamos unos puntos: • Comunión: es la comunicación constante con Dios en el día a día, en donde Dios nos transforma a su imagen a través de la Palabra y la oración. “Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de Cristo.” Efesios 4:13 • Oración: Jesús se pasaba el día enseñando y ayudando a las personas que acudían a él. Se podría decir que tenía mucho, pero mucho trabajo. Sin embargo nunca dejó de orar. “Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar.” Marcos 6:45 • La Palabra: sin duda alguna la Biblia es nuestra fuente oficial de comunicación directa con Dios. Es la palabra profética más confiable a la que hacemos bien en escuchar. “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti.” Salmos 119:11 No hay secretos para una vida realmente transformada por el poder de Dios. Lo único necesario es nuestro esfuerzo para lograrlo. ¡Crezcamos! Raúl Salazar

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