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Rodríguez Gómez, Josué

Control de Lectura

Magaloni, Diana. 1995. Técnicas de la pintura mural en Mesoamércia, Arqueología Mexicana,


3 (16): 16-23.

En este artículo de divulgación científica nuestra autora aborda el tema de la pintura mural;
centrándose en dos casos de análisis específicos: el teotihuacano y el maya. El mencionado
análisis da prioridad como su nombre lo dice a los atributos técnicos y plásticos observados
en los murales de aquellas dos culturas.

En Teotihuacan se conoció muy bien como trabajar la cal, producto esencial para la
realización de la técnica mural pintura al fresco, la cual no contiene ningún tipo de
aglutinante. Los pigmentos son aplicados suspendidos en una solución de agua, sobre el
enlucido de cal aún húmedo.

En esta ciudad, se realizaron murales de forma continua durante más de 750 años, nos
revela la autora. Las pinturas más tempranas, cerca del 200 d.C., presentan soportes de cal
con una tecnología muy simple que utiliza como soporte de carga trozos compactos de cal y
eventualmente algunas arenas duras, como feldespatos. Hacia el 350 d.C. el empleo de
cuarzo volcánico representa un sustancial avance que va perfeccionándose
tecnológicamente hasta llegar a su punto más alto hacia el 500 d.C.

Los artistas teotihuacanos logran una calidad compacta y lustrosa en lo que sería el
soporte de su expresión artística al bruñir la superficie de estos murales con piedras
apropiadas.

Los colores, obtenidos a partir de minerales de su medio físico rico en ellos, fueron en el
periodo inicial tres matices de verde, rojo, ocre y negro. Un verde fresco, hecho con
malaquita pura; otro similar al tono oliva y un verde-azulado. Para la etapa posterior, hacia el
300 d.C., rojos, ocres, rosa medio y claro.

En Área Maya los soportes de las pinturas son de enlucidos de cal que suelen ser más
delgados que los teotihuacanos, con aplicación irregular. Los colores no se muestran
homogéneos sino que los diseños son representados de manera más realista, con contraste
y textura.

Se hicieron análisis a más de 25 sitios del área maya con lo cual se pudo detectar que se
estaba utilizando la técnica de temple. Los temples utilizan alguna sustancia orgánica como
aglutinante, muchas veces huevo, cola animal o vegetal.
La elección de esta técnica, va relacionado con el medioambiente inmediato ya que las
altas temperaturas y humedad dificultan de manera considerable el uso de la técnica fresco.

Los colores correspondientes al clásico maya, 600 al 900 d.C., como ya se mencionó
corresponden a representaciones fuertemente realistas. Pero, debido a la lejanía de muchos
de los minerales que eran utilizados para producir color, los mayas desarrollaron la
fabricación de pigmentos artificiales. No por ello dejan de encontrarse presentes colores
minerales de tierras lejanas como la malaquita y azurita. Los colores azul marino intenso,
verde oscuro y claro, guinda y un amarillo claro no presentan minerales como soporte para el
color. En cuanto al famoso azul maya este fue fabricado a partir de un tinte de orgánico fijado
sobre una arcilla blanca.