Colombia

DEPENDE: COLOMBIA

El lema de la campaña "Colombia, el riesgo es que te quieras quedar" intenta cambiar la imagen de un país, hasta ahora, asociado más al narcotráfico y a las guerrillas que a una de las economías más prometedoras y atractivas del mundo.

Nueva economía emergente
Con desafíos. El escenario internacional favorable al comercio de materias primas y las ventajas competitivas deben acompañarse por reformas estructurales. Colombia es la cuarta economía de la región. La Comisión Económica para América Latina y Caribe (CEPAL) prevé un crecimiento austero pero sostenido del 4% para 2011. Además, no es solo una economía en aumento, también es estable macroeconómicamente, su calificación de riesgo es baja y es uno de los países con mejor clima de inversión del continente latinoamericano. Además posee importantes fuentes de recursos, capital humano con buen nivel de formación y una posición geográfica estratégica. Colombia cuenta con las bases del éxito, o al menos, así lo reconoce la organización The Economist Intelligence Unit que la ha incluido entre los CIVETS, un grupo de países caracterizados por ser economías dinámicas, con relativa estabilidad política y una población amplia, joven y en crecimiento, que podría llegar a ser el nuevo eje de negocios, después de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China). Pero, como toda economía emergente, la colombiana se enfrenta a desafíos. En primer lugar, está pendiente de ratificar el acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, que debe establecer medidas que nivelen los beneficios y las externalidades entre los diferentes sectores productivos. Con EE UU, la pasada semana, Juan Manuel Santos y Barack Obama llegaron a un acuerdo para aprobar el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre ambos Estados. En segundo lugar, faltan reformas sociales que amplíen el consumo interno y el empleo. Según el periódico Financial Times, pese a la constante expansión del sector industrial que demanda más horas de trabajo, las empresas no quieren asumir los costes de trabajadores a tiempo completo. Esto podría cambiar si se implementan las reformas laborales. También es importante aumentar el consumo interno y crear un ciclo virtuoso entre éste, el crecimiento de la producción y el empleo, siguiendo el ejemplo de Brasil. Esto haría que la economía del país fuera más estable y la población se viera beneficiada por la mejora económica. Ser el segundo Estado más desigual de la primera región más dispar del mundo no es bueno ni para la sociedad ni para la economía, es un lastre que hay que superar con desarrollo pero también con política social. Aprovechando el buen momento para las exportaciones de materias primas, los productores colombianos han comenzado a posicionarse en nuevos mercados, y China ha triplicado su participación en la balanza comercial del país. Pero el aumento de exportaciones de materias primas requiere que se mejoren las condiciones de las infraestructuras, en especial en vías y medios de transporte, y que se promueva el desarrollo de una industria asociada en temas como biotecnología y servicios logísticos, por ejemplo. Finalmente, la demanda de materias primas por parte del gigante asiático ha impulsado la economía. También se espera aumentar la producción petrolera, pero pese al buen momento de los precios, sobrevuela el fantasma de la enfermedad holandesa y la tendencia a la reevaluación. Por ese motivo, es importante fortalecer la integración regional, porque en este espacio en el que la producción industrial de pequeñas y medianas empresas tiene mayor peso.

Una Colombia segura
Ojalá. Las cifras demuestran que la seguridad en Colombia ha mejorado. Hace 10 años se contaban 60 homicidios por cada 100.000 habitantes, hoy son 29 (lo que para la región es un buen promedio). Los secuestros han disminuido y el Gobierno ha conseguido tener presencia en casi todo el territorio. A diferencia de hace diez años, hoy en día se puede circular con seguridad por todas las carreteras. Pese a la mejora hay que estar atento. Por un lado, a pesar de su debilidad, las FARC mantienen 9.000 guerrilleros activos y una cifra similar como base urbana. Ahora también extraen oro para obtener recursos. Preocupa mucho el uso de estrategias de guerra de guerrillas como las minas antipersona, ya que Colombia es el segundo país del mundo con mayor número de víctimas de este flagelo. La segunda gran amenaza que debe lidiar el Gobierno del presidente Santos y que ha establecido como una prioridad, son las conocidas como bandas emergentes. Herederas del paramilitarismo, controlan en la actualidad el 50% de la producción de coca. Pese a la desmovilización de los principales grupos en 2007, la cantidad de efectivos con los que cuenta el nuevo paramilitarismo es casi la misma que tenía el antiguo, unos 5.000 combatientes, siendo además los principales responsables del desplazamiento forzado en el país. El interés del Ejecutivo por enfrentar tanto a las bandas emergentes como la mayor capacidad operativa frente a las FARC, son notables y merecen respaldo unánime, pero el esfuerzo militar debe ser sostenido y estar acompañado de una importante purga de las instituciones políticas que se han visto involucradas en el paramilitarismo y el narcotráfico. En cuanto al narcotráfico, el impacto del Plan Colombia, sobre todo en materia de destrucción de cultivos, ha sido notorio. A pesar de ello, sigue siendo uno de los mayores patrocinadores del conflicto armado y de la corrupción. En este sentido, preocupan el recorte de fondos por parte de EE UU y la falta de articulación entre los países latinoamericanos para combatir el narco, que ya no es una responsabilidad exclusivamente colombiana.

Acercamiento a la paz
No sin justicia. Los sucesivos procesos de violencia que han marcado la historia de Colombia han dejado importantes heridas en grandes sectores de la población. Pese a que el país no presenta una división profunda ideológica y ni guerrillas, ni paramilitares cuentan con apoyo popular, es necesario un proceso de reparación histórica de víctimas y de reintegración civil de ex combatientes. El Senado avanza en la elaboración de la Ley de Víctimas presentada por Santos. Es un paso importante porque reconoce que Colombia solo alcanzará la paz resarciendo los errores de todos los grupos en conflicto, por lo cual incluye a las víctimas del Estado. Pese a ello, la reparación nace con importantes debilidades. Por un lado, se intenta poner en marcha un proceso de justicia transicional en el marco de un conflicto activo. Por otro, se estima en 27.000 millones de dólares (unos 19.000 millones de euros) el coste de la reparación, en tiempos de crisis conseguir una cifra como esa es más una utopía que una realidad. Hace falta escuchar a la ONU que insiste en que no es suficiente devolver las tierras a los más de tres millones de desplazados, necesitan hacerlas productivas y eficientes. La restitución debe acompañarse con apoyo integral a la producción agrícola minifundista. Un proceso de paz verdadero implicaría no solo dinero para restituir a los perjudicados sino una población dispuesta a asumir el coste económico y social de reintegrar a víctimas y victimarios en la economía formal y de asumir la verdad de las atrocidades de la historia reciente del país.

Amigo de sus vecinos
A cambio de mucho. El mayor cambio que se ha producido entre las Administraciones de Juan Manuel Santos y la de Álvaro Uribe es que el primero ha conseguido mejorar la relación con Venezuela y Ecuador a través de una importante dosis de pragmatismo. La relación con Caracas pasa por un buen momento, quizá, el mejor de la última década. Tras la toma de posesión del mandatario colombiano se constituyeron mesas de trabajo temáticas para restablecer las relaciones entre los dos países. Si bien los temas de choque entre Uribe y Chávez eras especialmente en lo concerniente a la falta de claridad en la postura de Venezuela frente a las FARC, Santos ha evitado matizar este asunto para centrarse en la cooperación, en diversas áreas, y buscar puntos de encuentro con el otrora segundo socio comercial del país (ahora remplazado por China). El mayor impacto, por lo pronto lo tienen los temas económicos. En los primeros días de marzo se realizó una ronda comercial bilateral con el objetivo de construir un esquema de relaciones económicas y comerciales tendiente a consolidar un nuevo mecanismo de integración bilateral, bajo la figura de la "complementariedad económica" de Chávez. De la ronda resultaron trece compromisos enfocados en temas como la industria textil, la construcción de vivienda, la fabricación de medicamentos y el fortalecimiento del intercambio comercial de productos agrícolas y ganaderos. Colombia ha manifestado su disposición para negociar un acuerdo de complementariedad y la inclusión de uno de protección de inversiones, este último indispensable para que los empresarios colombianos inviertan de nuevo en Venezuela. Conjuntamente a la agenda comercial se están impulsando programas de construcción de infraestructuras y de desarrollo social y económico en la zona fronteriza. Desde luego hace unos años una relación tan estrecha era impensable, aunque, entonces, Venezuela no acusaba escasez de productos y dificultades económicas que alimentan el descontento de ciertas clases sociales con su presidente, que le hace ser más amigable con Bogotá, el país que surtía buena parte de la despensa venezolana. A nivel continental por su parte, Santos también ha conseguido cambiar la percepción del país que estaba en un estado de semiaislamiento, volcado en su relación con EE UU. Muchas acciones como no insistir sobre el acuerdo militar con Washington para el uso de bases militares en territorio colombiano, han sido vistos con beneplácito en Sudamérica. Asimismo, se ha fortalecido la participación en UNASUR y otros espacios de integración que son vitales para generar nuevas oportunidades comerciales y mejorar la coordinación política regional. Colombia no juega un rol de líder regional, pero está empezando a ser promotor de iniciativas y uno de los países que respaldan el liderazgo brasileño, una apuesta que a medio plazo le permitirá ganar mayor presencia y capacidad de influencia.

ENTREVISTA A COLOMBIA
Daniel Samper
Reflexiones de un país que, aunque vapuleado por la violencia, no pierde la alegría ni el empuje hacia un futuro diferente, esta vez sin el omnipresente Uribe. FP edición Española: ¿Cuáles son los temas que más le preocupan hoy? Los que me preocupan hoy: las elecciones de corporaciones y presidenciales, que se celebrarán en el primer semestre del año. Aquellas, porque las listas de candidatos vuelven a mostrar la influencia de paramilitares y dineros oscuros; y las de presidente, porque hay muchas incógnitas después de los ocho años de Álvaro Uribe. Los que me preocupan siempre: la desigualdad social, la violencia, los desplazados del campo, la guerrilla, los paramilitares, los narcotraficantes, las que ahora llamamos con inofensiva pulcritud “bacrim”, palabra que pretende

ocultar a tenebrosas bandas criminales.

FP: ¿No está harta de que todo el mundo le hable de violencia? ¿Cree que esa etapa ya ha pasado? Desde que nací como república independiente, hace exactamente dos siglos, he vivido en medio de la violencia. A los pocos años del grito de independencia ya surgió la primera guerra, entre centralistas y federalistas. Y no hemos parado: luego fueron radicales contra godos, conservadores contra liberales, bandoleros contra autoridades, guerrilleros contra el Estado, narcotraficantes contra sociedad, paramilitares contra guerrilleros contra campesinos, hampones contra ciudadanía... El asunto no es que me hablen de la violencia, que es una grave enfermedad crónica de la que he sufrido siempre y que resulta imposible ocultar, sino que sólo me hablen de ella. ¿Nadie se ha puesto a pensar cómo hacen los colombianos para sobrevivir a todos estos problemas, aumentar su economía, divertirse y figurar en el cuadro de los pueblos más felices del mundo? FP: ¿Y cómo lo hace? Yo creo que una de las características de los colombianos es la de no resignarse, buscarse la vida incluso en las más adversas circunstancias y conservar el sentido del humor. Además, en nuestra cultura está fuertemente inscrita la alegría, con toda seguridad gracias a la bendición histórica de una importante inmigración africana. Por pobre y oprimido que esté, el colombiano siempre tiene un lugarcito para divertirse con los amigos, sacar a bailar a la vecina o improvisar un partidito de fútbol en la calle. FP: ¿Cómo es su relación con Estados Unidos? A diferencia de México, de España y de otros países, nunca he sido enemiga hormonal de Estados Unidos, y eso que padecí el atropello del presidente gringo Theodore Roosevelt, un matón que me amputó el istmo de Panamá en 1903. En este momento la situación es curiosa, porque fui muy cercana al presidente George W. Bush, e incluso me convertí en el único país suramericano que apoyó la guerra ilegal en Irak, pero, al tomar el poder los demócratas, tanta amistad se volvió sospechosa, y he tenido que dar nuevas pruebas de amor a Obama. Por ejemplo: permitir la presencia en territorio nacional de algo muy parecido a bases militares estadounidenses. Esta permisividad me ha traído graves enfrentamientos con mis vecinos. Pero ni aun así la Casa Blanca oye mis serenatas, y se niega a aprobar el Tratado de Libre Comercio que vengo mendigando desde hace años. FP: ¿Qué opina de Europa? Europa estaba muy lejos de mí, pero se ha acercado gracias a la presencia de unos 2,5 millones de inmigrantes del país que andan regados por esas frías latitudes. Sin embargo, los colombianos, como muchos otros, están regresando. La crisis económica empieza por echar a patadas a los débiles que ayudaron a construir una economía fuerte. Han descendido las remesas de los colombianos en el extranjero y, entre estos, están también los profesionales cualificados, esos que denominamos “cerebros fugados”. FP: ¿Cuál es su relación con España? Pocos países tan hispanófilos como yo. Con decirle que el himno de Manizales, una de mis principales ciudades, es un pasodoble... Pero puedo mostrar otras pruebas de cariño por España: cuido el castellano mucho más que los propios españoles; he sido cuna de famosos gramáticos y de uno de los más célebres toreros de la historia; el corazón de casi todos los poetas colombianos ha mirado hacia España; nunca olvidamos que Cervantes quiso venir a trabajar en Cartagena de Indias, y acogí con entusiasmo a muchos españoles que tuvieron que emigrar durante la Guerra Civil. Sin embargo...

FP: ¿Sin embargo, qué? Sin embargo, hoy en día las autoridades españolas les piden a los colombianos una lista insultante de requisitos, papeles, avales, garantías y certificados sólo por ir unos pocos días a comer tortilla, beber vino a precio accesible, visitar Toledo y Sevilla y cantar por las noches en Las Cuevas de Luis Candelas, que es lo que hacen todos los turistas colombianos en España. Ocurre que, según dicen, hay cerca de medio millón de inmigrantes colombianos en ese país. No es difícil imaginar que en un número tan copioso de personas florece de todo: buenos y malos, bonitos y feos, trabajadores y vagos. Desgraciadamente, en la prensa sólo aparecen los delincuentes, que por lo general están relacionados con la droga y el sicariato. Por fortuna tenemos algunas figuras que nos revindican en España, como Gabriel García Márquez, Fernando Botero, Shakira y César Rincón. Y, por supuesto, las telenovelas: gracias a Yo soy Betty la fea, Pedro el Escamoso y Café con aroma de mujer, muchos españoles me miran con simpatía y hasta me hablan en el lenguaje que atribuyen a los colombianos: “Chévere”, “qui’hubo”, “mamacita”... FP: ¿Qué opina de su clase política? Lamentable, como casi todas las clases políticas. Por supuesto que hay muchos políticos limpios y preparados, pero los dineros calientes del narcotráfico y las balas calientes de los paramilitares han hecho estragos, sobre todo en la política provincial. En estos momentos hay más de sesenta parlamentarios procesados por vínculos con grupos paramilitares que atemorizaban a sus rivales políticos o impedían votar a los opositores de sus candidatos. Por otra parte, la violencia insensata de la guerrilla ha ayudado a precipitar las amenazas y los crímenes contra los que piensan distinto. La primera reelección de Uribe, que no estaba contemplada en mi Constitución y obligó a cambiar las reglas de juego sobre la marcha, trajo como consecuencia un apogeo de la corrupción política, donde se cambiaban votos por puestos o favores. La segunda acaba de frustrarse por decisión de la Corte Constitucional. FP: ¿Cuál es la herencia que deja Uribe? En materia de seguridad fue muy positiva, sobre todo en un principio. Los lamentables acuerdos entre Andrés Pastrana y las FARC permitieron a este grupo guerrillero crecer de forma desmesurada y apoderarse de amplios territorios en el mapa. El candidato Uribe surgió de la nada en 2002 y, a fuerza de criticar a la guerrilla –que concita el odio general de los colombianos–, arrasó en las elecciones. Durante su largo gobierno se fortalecieron el Ejército y la policía, y el Estado volvió a ejercer el control militar de vastas zonas antes perdidas. Pero es imposible pensar en una paz basada en el exterminio de los rebeldes y, de hecho, es imposible el exterminio de los grupos violentos, como pretendía Uribe. De modo que las FARC han cumplido más de cincuenta años de existencia, y en los últimos tiempos los planes de seguridad de Uribe se torcieron hasta alcanzar el vicioso extremo denominado “falsos positivos”, por el cual algunos grupos militares fusilaron a un total de 1.800 ciudadanos inocentes, los vistieron de guerrilleros y reclamaron la hazaña como victorias en combate. Un horror.

FP: ¿Sigue siendo Colombia en su cotidianeidad el país del realismo mágico? A veces no sólo mágico, sino milagroso. El mayor milagro colombiano es invisible, y consiste en el trabajo silencioso y laborioso de la inmensa mayoría de los ciudadanos, que se las ingenian para sobrevivir a los problemas económicos, políticos y de violencia, y construyen un país que, aparte las lacras que he señalado, es grato y feliz. FP: ¿Quiénes son sus héroes?

Escritores, como Gabo y Mutis; deportistas, como Lucho Herrera y el Tino Asprilla; artistas, como Shakira, Juanes y Carlos Vives; música popular, como el vallenato y la cumbia; figuras de la televisión, como las de las telenovelas; y referencias históricas cada vez más lejanas y abstractas, como Simón Bolívar, Francisco de Paula Santander y Antonio Nariño. FP: ¿Qué significa para usted la palabra “democracia”? Libertad, tolerancia, solidaridad, transparencia, coparticipación... FP: ¿Cómo cree que lo ve el resto del mundo? Más bien con sospecha. ¿Cuántos García Márquez y Shakiras se necesitan para contrarrestar la mala imagen de un Pablo Escobar? FP: ¿Cómo se lleva con los vecinos? Mal, pero mejorando. Soy el único país aliado de Estados Unidos de manera descarada en Suramérica, el único que en un bloque de izquierdas ha mantenido un gobierno de derechas muy popular, y el único que padece una guerrilla dispuesta a crearle problemas más allá de la frontera. Esto me condujo a un error gravísimo, que fue bombardear un campamento de las FARC en Ecuador. Semejante acción unilateral me trajo la crítica generalizada de los gobiernos de la región y la ruptura con Ecuador y Venezuela. Las cosas han mejorado con Ecuador, pero no con Venezuela. FP: ¿Qué opinión le merece Chávez? Un tipo impredecible, populista, izquierdista elemental, dotado de instintos peligrosos y cuyas actuaciones hay que temer cuando las circunstancias le son adversas. Decía Jorge Eliécer Gaitán, un caudillo liberal asesinado en Bogotá en 1948, que “el pueblo es superior a sus dirigentes”. Venezuela lo demuestra de sobra. Aunque se considera a sí mismo el sucesor de Fidel Castro, ha hecho un terrible daño a los movimientos de izquierdas de los alrededores. El nuevo macartismo colombiano consiste en acusar a los partidos de izquierda democrática de simpatizar con Chávez. FP: ¿Qué le parece cuando incluyen a Colombia como un populismo de derechas en América Latina, en el mismo saco que los populismos de izquierdas de Chávez, Morales o Correa? La verdad es que hay demasiadas semejanzas como para desestimarlas como una coincidencia. Tanto Chávez, Morales y Correa como Uribe sufren la misma enfermedad: el caudillismo, un mal que ha conocido la historia de América Latina en una variedad de expresiones y que tiene, entre otros síntomas, la proclividad hacia el populismo y la corrupción política. Uribe sufre de la cepa derechista y los otros de la izquierdista. Son maneras distintas de estornudar. Pero la enfermedad se incuba de la misma forma. La reciente decisión de la Corte Constitucional, que rechazó el referéndum por el cual Uribe pretendía un tercer período presidencial consecutivo, pone fin a su largo mandato. FP: ¿Cómo ve el futuro? Le ruego que me formule la pregunta en el segundo semestre, cuando hayan pasado las elecciones. Por ahora no veo demasiadas razones para ser optimista, pero podría haber algunas nuevas que induzcan a un pesimismo mayor.

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