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CRUELDAD SOLIDARJDAD Y

no depende -como ocurre según lo que sugieren Burnham, Williams y los metafísicos en general- de ocultos hechos concernientes a la naturaleza humana. Porque, como lo muestran O'Brien y Humbert Humbert, las dotes intelectuales -la inteligencia, el juicio, la imaginación, cierto gusto por la belleza- son tan maleables como el instinto sexual. Son tan susceptibles de una diversidad de empleos como lo es la mano del hombre. Los entresijos del cerebro que aseguran esas dotes no mantienen con que prefiere la bondad a región central alguna del yo -un yo "natural" la tortura, o la tortura a la bondad- una conexión mavor oue la oue mantienen la musculatura de los labios o la sensibilidad de lojgenitales. Cómo sean nuestros futuros gobernantes no es algo que vaya a estar determinado por grandes verdades necesarias referentes a la naturaleza humana y a su relación con la verdad y con la justicia, sino por una infinidad de menudos hechos continsentes.

CAPfruLo 9

SOLIDARIDAD

Para un jr,rdlo de la época en que corrfan,los trenes hacia Auschwitz, las probabilidades de que sus vecinos no judlos lo ayudasen a escondcrsc eran mayores si vivía en Dinamarca o en ltalia que si vivía en Bélgica La manera corriente de describir esa diferencia consiste en decir que mr.rchos daneses y muchos italianos demostraron un sentido de la solidaridad humana del que muchos belgas careclan. La visión ofrecida por Orwell es la de un mundo en el que -deliberadamente, por medio dc una cuidadosa planificación- tal solidaridad humana se ha tornado imposible. r La manera filosófica tradicional de expresar lo que queremos signilicai con "solidaridad hu¡nana, consiste en decir que hay dentro de cada uno de nosotros algo -nuestra humanidad esencial- que resuena antc la presencia de eso mismo en otros seres humanosTEsa forma de explicar la noción de solidaridad armoniza con nuestra costumbre de decir que los espectáculos del Coliseo, Humbert, Kinbote, O'Brien, y los guardias dc Auschwitz, y los belgas que contemplaban cómo la Gestapo se llevaba a sus vecinos judíos, eran <inhumanoso. La idea es la de que ellos carecíalr de un determinado componente que es esencial para que un ser humano sea comPleto. Los filósofos que, como yo lo he hecho en el capítulo segundo, niegan que exista tal componente, que haya algo tal como un (yo nuclear', no pueden invocar esta última idea. Nuestra iusistencia en la contingencia, y nuestra consiguiente oposición a ideas tales como uesencia', <naturalc2¿, y "fundamento,, hacen que nos sea imposible retener la noción dc que determinadas acciones y determinadas actitudes son naturalmcntc ninhumanas¡, Pues aquella insistencia implica que lo que se considere u¡r ser humano como es debido, es algo relativo a la circunstancia histórica, algo que depende de un acuerdo transitorio acerca de qué actitudcs sorr normales y qué prácticas son justas o injustas, No obstante, en ópocas como la de Auschwitz, en las que en la historia se produce un cataclisnx,, y las instituciones y las normas de conducta tradicionales se dcspkrtnittt, deseamos algo que se encuentre más allá de la historia y de las inst i(t¡t ir¡ nes. ¿Qué otra cosa puede ser, si no la solidaridad humana, Ducsln) I (.(rl nocimiento de una humanidad que nos es común?

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