Los waraos llevan un historial de promesas

Miércoles, 27 de Abril de 2011

El sacerdote Guillermo Van Zeeland, miembro del grupo Cambalache, hace una retrospectiva del caso de la comunidad indígena y de la actuación de los órganos públicos. “Ofrecen trabajo, pero no dan salario. Los indígenas se han convertido, de nuevo, en espectadores de una política de apariencias. Ahora han cambiado la cara de los waraos, pero no sus vidas. Ellos siguen sacando de la basura su ropa y sustento. Otros, los que estaban en la orilla, más de 100 indígenas, simplemente los han devuelto al Delta”.

Rolando Azocar Jr. Foto Aníbal Barreto
La comunidad indígena ubicada en Cambalache sobrevive de hurgar en los desperdicios de basura

Cinco o, a veces, 4 días tarda en llegar la curiara una vez que parte del Delta. Después de eso, la próxima vez que vuelve a tocar tierra, sus pasajeros desembarcan en suelo guayanés. Lo que baja de aquellas pequeñas canoas de movilidad limitada es más que hombres, mujeres y niños venezolanos de la etnia Warao; descienden anhelos, deseos y esperanza de encontrar en esta nueva tierra, ropa, comida, alimento y, sobre todo, algún sustento para sus familias. Sin embargo, al llegar a la “cuna del fútbol”, como rezan diversas vallas en la ciudad, deben escarbar en los desperdicios de la urbe para poder sobrevivir. Al igual que los aborígenes que viven a orillas del río en Cambalache, para los waraos que se trasladan desde el vecino estado Delta Amacuro, el vertedero de basura es el único suministro de ropa, alimento y plaza de trabajo con los que cuentan. Por estas precarias condiciones han muerto, entre otras cosas, de desnutrición niños de esta etnia. Esta situación no es nueva; al contrario, ha sido constante durante muchos años. Y la respuesta gubernamental, según Guillermo Van Zeeland, sacerdote y miembro del grupo Cambalache, siempre es la misma. “Las promesas siempre son las mismas. Prometen trabajos, prometen atención médica, prometen… todo. Vienen con máquinas grandes, vienen con televisión, vienen con videos, con periódicos y, con todo eso, hacen una propaganda como si fuera que siempre han estado atendiéndolos con médicos y todo, y saben que no es así. Y saben que no lo van a hacer en un futuro tampoco; en una semana ellos ya no van a estar. Esto es lo que se repite”. La historia se repite En mayo de 1999 seis niños waraos del sector Cambalache, y algunos provenientes del Delta Amacuro, murieron de desnutrición. La respuesta gubernamental: limpieza del área donde habitan los waraos, operativos médicos de vacunación y chequeo general, promesas de construcción de mejores viviendas y puestos de trabajo, abastecimiento de alimentos y, sobre todo, aseveraciones de que la muerte de los niños no fue por desnutrición. Al igual que ahora la atención se concentró en la comunidad, pero semanas después, paulatinamente, los esfuerzos por mejorar la situación de los indígenas fueron mermando. Un año más tarde ningún departamento estatal se acordaba de aquellas promesas y, entre el olvido, los venezolanos de la etnia Warao volvieron a la rutina normal: hurgar en la basura para sobrevivir. Este olvido evidente de las promesas emitidas por el despacho público generó, 12 años después, la repetición de la tragedia. Por esta razón, el padre Van Zeeland, sacerdote de Cambalache, asegura que para ayudar a los pueblos indígenas de este sector se debe, además de cumplir con las promesas planteadas, conciliar una solución en la que la comunidad nativa intervenga.

pero no sus vidas. El sacerdote destacó que las autoridades. como si todo ya estuviera solucionado. Esto se repite cada año. les llenan la mano con papelitos. pero “la verdad es que la culpa es de ellos por no ayudarlos”. los que estaban en la orilla. ningún niño hubiera muerto. Los indígenas se han convertido. en la asistencia médica.“Cada año mueren niños de hambre por desnutrición en el mes de junio. principalmente. para poder ir a un centro de salud. “No han recibido asistencia médica” Esta población. en espectadores de una política de apariencias. que es cuando hay la temporada de lluvia. Ellos no sólo no saben leerlos. han tratado de desviar la responsabilidad de las muertes a las familias de los niños. El módulo de la comunidad había estado desabastecido de medicinas e insumos para contrarrestar las enfermedades de los habitantes del sector. La única forma de ayudarlos. pero no dan salario. como dice. subrayó. “Ofrecen trabajo. Cuando ellos (los indígenas) van al módulo. Insistió que la mayor parte de la asistencia que les han brindado representa una transculturización. ejemplificó el cura. más de 100 indígenas. Yo estoy reclamando que no siguen. en el caso actual. si él los hubiera atendido. trabajar o recibir ayuda deben manejar el idioma español que no es su lengua natal. En esta. es planteándoles soluciones en las cuales no deban abandonar su cultura. resaltó el padre Guillermo Van Zeeland. Yo tengo que llevar siempre a toda esta gente al hospital. simplemente los han devuelto al Delta”. Explicó que las comunidades que se trasladan desde el Delta Amacuro lo hacen por una necesidad evidente: hambre. ha estado abandonada. de esta forma. y tapan las cosas”. donde está la comunidad. y allí mueren los niños. Otros. “(Manuel) Maurera. Ellos siguen sacando de la basura su ropa y sustento. está diciendo que siempre ha asistido a los indígenas con atención médica. Este año se ha adelantado la temporada de lluvia por esto han muerto estos niños en esta fecha (…) Siempre con cada cambio de político se quiere cambiar eso. . de nuevo. Ahora han cambiado la cara de los waraos. ellos (los Waraos) vienen del Delta y se ubican al lado de los ríos. pero no lo han logrado. y simplemente no es así. sino que no tienen dinero para comprar la medicina”. Yo no estoy negando el hecho de que hicieron el intento. (director del Distrito Sanitario).

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