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ARGENTINA 1976–¿1983?

De la represión a
la
producción de
realidad

(Prolegómenos del
neoliberalismo) *
Argentina 1976-1983. De la represión a la producción de realidad.
(Prolegómenos del neoliberalismo)

Por Isabel Navarrete (Mar del Plata, Argentina)

Por Isabel Navarrete


(0223) 472-6366
Mar del Plata – Argentina

* Este trabajo es una versión corregida y modificada de: Argentina 1976-1983. El Estado Militar: de la represión a
la producción de realidad. Prolegómenos del neoliberalismo, 1998. Inédito

ÍNDICE

Epígrafe ............................................................................................................... pág. 3

I – INTRODUCCIÓN ....................................................................................... pág. 4

II – EL ESTADO CAPITALISTA ...................................................................... pág. 4

III – EL «ESTADO MILITAR» .......................................................................... pág. 6

IV – DOCTRINA DE SEGURIDAD NACIONAL Y PLAN CÓNDOR ............ pág. 8

V – REPRESIÓN POLÍTICA E IDEOLÓGICA ............................................. pág. 10

VI – LA PRODUCCIÓN DE REALIDAD: EL NUEVO DISCURSO ............... pág. 15

VII – DECLINACIÓN DEL «ESTADO MILITAR» Y ACTUALILIDAD

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Argentina 1976-1983. De la represión a la producción de realidad.
(Prolegómenos del neoliberalismo)

Por Isabel Navarrete (Mar del Plata, Argentina)

DE LO INSTAURADO............................................................................... pág. 19

VIII – CONCLUSIONES ................................................................................... pág. 20

BIBLIOGRAFÍA GENERAL ............................................................................. pág. 23

Se espera que todo miembro del Partido carezca de emociones


privadas y que su entusiasmo no se enfríe en ningún momento. Se supone que
vive en un continuo frenesí de odio contra los enemigos extranjeros y los
traidores de su propio país, en una exaltación triunfal de las victorias y en
absoluta humildad y entrega ante el poder y la sabiduría del Partido. Los
descontentos producidos por esta vida tan seca y poco satisfactoria son
suprimidos de raíz mediante la vibración emocional de los Dos Minutos de
Odio, y las especulaciones que podrían quizá llevar a una actitud escéptica o
rebelde son aplastadas en sus comienzos o, mejor dicho, antes de asomar a la
consciencia, mediante la disciplina interna adquirida desde la niñez. La primera
etapa de esta disciplina, que puede ser enseñada incluso a los niños, se llama en
neolengua paracrimen. Paracrimen significa la facultad de parar, de cortar en
seco, de un modo casi instintivo, todo pensamiento peligroso que pretenda salir
a la superficie. Incluye esta facultad la de no percibir las analogías, de no
darse cuenta de los errores de lógica, de no comprender los razonamientos más
sencillos si son contrarios a los principios del Ingsoc y de sentirse fastidiado e
incluso asqueado por todo pensamiento orientado en una dirección herética.
Paracrimen equivale, pues, a estupidez protectora. Pero no basta con la
estupidez. Por el contrario, la ortodoxia en su más completo sentido exige un
control sobre nuestros procesos mentales, un autodominio tan completo como el
de una contorsionista sobre su cuerpo.

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Argentina 1976-1983. De la represión a la producción de realidad.
(Prolegómenos del neoliberalismo)

Por Isabel Navarrete (Mar del Plata, Argentina)

George Orwell, 1984

I – INTRODUCCIÓN

El pasado reciente de la Argentina, considerando el período de los últimos 25 años, ha


estado signado por procesos de cambios vertiginosos tanto en el ámbito de las relaciones sociales
como de lo económico–político. Partiendo de la caracterización general del Estado capitalista en
tanto que producto histórico, la siguiente conceptualización aborda la singularidad del «Estado
militar» en Argentina, en tanto régimen excepcional de gobierno.
En tal planteamiento, se contemplan tanto los móviles que guiaron la instauración del
autodenominado «Proceso de Reorganización Nacional» como los basamentos ideológico–
político–económicos que le dieron soporte. Así mismo se analizan las características del accionar
represivo y su planificación destinada a producir, mediante la puesta en acto de la ideología
fascistoide, una nueva realidad identificada con el partido militar, la filosofía de la Doctrina de la
Seguridad Nacional que atravesó todo el Cono Sur dando lugar al Plan Cóndor, y la imposición
del modelo económico–político neoliberal.
Son desplegadas a continuación las diferentes modalidades de represión político–
ideológica, los cuerpos sobre los cuáles se ejerció el terrorismo de Estado y las consecuencias de
semejante ejercicio de violencia sistematizada.
Así mismo se realiza un análisis pormenorizado de los efectos a largo plazo de la
instauración del «Estado militar», que no se han reducido a lograr el desmembramiento de la
sociedad civil, consagrando la paulatina desciudadanización, sino que han afectado las bases
mismas de la constitución psíquica de los individuos, sobre todo en el nivel de la función
semiótica, trastocando los procesos semánticos y simbólicos, produciendo un empobrecimiento del
lenguaje y por ende de los procesos de pensamiento con miras a producir un «nuevo tipo de
sujetos» adecuados a la «nueva realidad».
Por último, se señala la perdurabilidad de los efectos del accionar represivo–productivo del
«Estado militar» –más allá de la finalización del período de gobierno de la dictadura– que se
constituyó en la matriz–soporte del modelo vigente en la actualidad, es decir del neoliberalismo.
Cabe destacar que los análisis desarrollados se han nutrido de fuentes diversas. Ellas
contemplan aportes bibliográficos, documentales y literarios, como aquellos derivados de un
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ejercicio de reconstrucción de hechos y vivencias basada en recuerdos, y en el que han colaborado


personas allegadas. A ellas expresamos nuestro sincero y doloroso agradecimiento.

II – EL ESTADO CAPITALISTA

La noción de Estado moderno considerada en el presente trabajo alude a su caracterización


como producto histórico, que comienza incipientemente en Europa a principios del siglo XVI y
que guarda estrecha relación con el surgimiento de la sociedad capitalista. Se trata de una nueva
organización del poder, que cuenta entre sus características su progresiva centralización, traducida

como «monopolio de la fuerza legítima»; y la ruptura de la unidad político–religiosa, que dio lugar
a la superación de las fundamentaciones del poder ligadas a la fe1.
El Estado capitalista, introduce el sistema democrático –a diferencia del Estado feudal o
del Estado esclavista–, aunque su impulso democratizador surgió recientemente, después de la
Primera Guerra Mundial. Pero, a pesar de la democracia, estos tipos de Estado presentan
situaciones de asimetría social muy marcadas en favor de las clases dominantes, puesto que aún
cuando se hayan democratizado los capitalismos, no se han democratizado las decisiones
fundamentales de la inversión.
En La Argentina, después de más de seis décadas de estabilidad institucional, fue en 1930
cuando se produjo la primera crisis institucional, que señaló el comienzo de una sucesión de
«golpes de Estado». Fue en dicha década que se produjo la aceleración del desarrollo industrial,
que desplazó a la oligarquía agraria en lo que respecta a la supremacía económica y política. Las
transformaciones en el proceso productivo, dieron lugar al surgimiento de grandes centros urbanos
que produjeron a su alrededor una alta densidad de población proletaria empleada o sub–
empleada. Tales procesos introdujeron modificaciones en el juego de fuerzas de la lucha de clases
que, con diferentes características, intensidades, y grados de organización, terminaron en la
instauración de gobiernos autoritarios, poniendo en evidencia la imposibilidad de procesar los
conflictos sociales dentro del marco de las instituciones democráticas. Pero, debe decirse que la
realidad argentina a lo largo de esos 50 años, no estuvo signada por «dos violencias» opuestas sino
por dos modelos de sociedad, que encontraron en la década del 70 el punto de mayor
confrontación.
Aunque cada «golpe de Estado» tuvo características propias de acuerdo al momento histórico
y a la situación social, política, económica e ideológica, puede considerarse que a excepción del
golpe del 76, los anteriores se instalaron bajo las características de la dictadura militar. Esta forma
«excepcional» de gobierno, clásicamente suponía que algunos líderes o caudillos de las Fuerzas
Armadas tomaran el poder para «regularizar» las situaciones de tensión, e implicaba también la
propia pugna interna de distintos sectores militares que bregaban por imponerse a los otros en busca

1
Schiera, Pierangelo; “Estado Moderno”. En: Bobbio, Matteucci y Pasquino; Diccionario de Política, México, Siglo
XXI, 10ª ed. en español, 1997, Tomo 1, pp. 563–570.
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de un mejor posicionamiento respecto de diferentes grupos e intereses de la burguesía nacional. Este


régimen de gobierno producía algunas modificaciones transitorias, pero no estructurales.
Algo muy diferente2 aconteció con los golpes de Estado en toda Latinoamérica en la
década del 70. Fue la instauración del «Estado militar», en el que la institución militar tomó el
poder del Estado. Es esta forma «excepcional» de gobierno, bajo las características y facetas
específicas que adquirió en La Argentina, la que ocupará el centro temático de los desarrollos que
siguen y la necesariedad de una coordinación táctico–estratégica que superara las fronteras
nacionales constituida por el Plan Cóndor, acuerdo en el que participaron los Estados chileno,
argentino, paraguayo, uruguayo, boliviano y brasileño.

III – EL «ESTADO MILITAR»

La diferenciación entre dictadura militar y «Estado militar» no puede ser abordada


correctamente sin considerar las condiciones históricas particulares que la enmarcaron. Entonces,
el «Estado militar» se planteó como

la alternativa histórica al fascismo, la «solución actual» que genera la


nueva fase del desarrollo capitalista en la periferia. Refleja otro tipo de crisis
económica, política e ideológica para otra alianza de clases dominantes en una
nueva modalidad de acumulación,3 *

y constituyó una producción compleja, que debe ser analizada a la luz de las particularidades
inherentes a cada país de América Latina. Contó con antecedentes4 tanto en la situación
externa, como los «golpes» en diversos países latinoamericanos y especialmente en Chile en
1973, como en la situación socio–político–económica interna de La Argentina. En ella
confluyeron:
a) la fuerte activación política de los sectores populares que lograba día a día plasmar
nuevas reivindicaciones a través de la conquista de nuevos derechos, y donde las organizaciones
guerrilleras cumplían un importante papel, representaba una amenaza para el orden capitalista
instituido;
b) una creciente desconfianza de la burguesía y muchos sectores medios respecto de la
política gubernamental que,
c) desembocó en una situación económica crítica –aumento del índice inflacionario que
alcanzó tasas del 500% anual– que hacía temer inclusive la cesación internacional de pagos.

2
Borón, Atilio; Estado, Capitalismo y Democracia en América Latina, Buenos Aires, Universidad Nacional de Buenos
Aires, Oficina de Publicación del CBC, 3ª ed. corregida y aumentada, 1997, pp. 50–1.
3
Borón, A.; op. cit. p. 67
* Las bastardillas son del original.
4
Rouquié, Alain; op. cit., pp. 11–23
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A fines del año 73 comenzaba a ponerse en evidencia la confrontación entre los


mencionados sectores y el propio gobierno, que iba perdiendo día a día la capacidad de mantener
un «orden social» compatible con los intereses de la burguesía y los sectores transnacionales. Tal
situación fue agudizándose, haciendo pensar que era el mismo sistema capitalista el que veía
amenazada su integridad y estabilidad 5. Como ya Marx6 decía:

En un estadio determinado de su desarrollo, las fuerzas productivas materiales


de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes o –lo
cual sólo constituye una expresión jurídica de lo mismo– con las relaciones de
producción dentro de las cuales se habían estado moviendo hasta ese momento. Esas
relaciones se transforman de formas de desarrollo de las fuerzas productivas en ataduras
de las mismas. Se inicia entonces una época de revolución social. Con la modificación
del fundamento económico, todo ese edificio descomunal se trastoca con mayor o
menor rapidez. Al considerar esta clase de trastrocamientos, siempre es menester
distinguir entre el trastrocamiento material de las condiciones económicas de
producción, fielmente comprobables desde el punto de vista de las ciencias naturales, y
las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en suma, ideológicas,
dentro de las cuales los hombres cobran conciencia de este conflicto y lo dirimen. Así
como no se juzga a un individuo de acuerdo a lo que éste cree ser, tampoco es posible
juzgar una época semejante de revolución a partir de su propia conciencia, sino que, por
el contrario, se debe explicar esta conciencia a partir de las contradicciones de la vida
material, a partir del conflicto existente entre fuerzas sociales productivas y relaciones
de producción.

De tal manera, puede decirse que los móviles del golpe del 76 estuvieron centrados en
la implantación del «orden» social y la «normalización» del funcionamiento y acumulación de
la economía capitalista, basada en la preservación de la propiedad privada y en la no sujeción a
gobierno alguno de las decisiones de los capitalistas referidas a la incipiente nueva modalidad del
proceso de acumulación posfordista7. Así, como también lo apunta Petras8, el golpe de Estado
del 76 no quedó únicamente en lo militar sino que fue esencialmente un golpe de clases.
Y tanto frente al movimiento ascendente de masas como a la incapacidad del gobierno de
llevar a cabo su función de manera democrática, dado que el poder ya estaba en manos de la
derecha extrema mucho tiempo antes del golpe militar (la Triple A había hecho su presentación
pública en octubre de 1973), la salida pactada por los sectores dominantes –burguesía, algunos
partidos políticos9, las transnacionales y la institución militar– dio por resultado la instauración del
5
Cueva, Agustín; El desarrollo del capitalismo en América Latina, México, Siglo XXI. 15ª ed., 1994, pp. 233–4.
6
Marx, Karl, Prólogo de la Contribución a la crítica de la economía política, México, Siglo XXI, 1997, p. 5.
7
Para ahondar en el tema, consultar: Borón, A. op. cit. cap. 1, punto III, pp. 41–51
8
Petras, James; “Siete tesis sobre el significado histórico del golpe militar del 24 de marzo de 1976 en Argentina.” En
Internet. 25 de marzo de 2001.
9
“(...) En el sistema político argentino no existen dos esferas separadas, como dos bandos dispuestos a librar una
batalla campal: civiles de un lado, militares del otro. (...) Casi ningún partido rechaza el militarismo. No sólo los
peronistas, sean de derecha o de izquierda, les tienden la mano a los militares, sino que hasta el Partido Comunista
ortodoxo y casi todos los sectores de la extrema izquierda no violenta claman por la alianza con los «oficiales
patriotas y progresistas» o por una improbable revolución «masserista»* ”.* El Partido Comunista, legal en ese
momento, en febrero de 1975, un año antes del golpe de Estado, comentando un discurso de la presidente Isabel
Perón, abogaba por la «formación de un gabinete de coalición democrática integrado por civiles y militares patriotas»
(Nuestra Palabra, órgano del Partido Comunista Argentino, 26 de febrero 1975). En: Rouquié, Alain: op. cit., pp.
7
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«Estado militar»; que se constituyó como una respuesta represiva masiva a la vez que segmentada
para cada uno de los sectores sociales, y como maquinaria de sometimiento y control social
abocada a destruir hasta los últimos vestigios de las luchas populares.
El «Estado militar» fue la ocupación de la Nación por parte de las FF.AA. Planteadas ellas
mismas como «cuerpo», se abocaron a «tomar» la sociedad civil, como ejército de ocupación del
territorio nacional, implantando en ella su «lógica militar» por medios violentos 10. Si bien cada
fuerza (Marina, Ejército, Aeronáutica) tenía su propia autonomía, las diferencias internas fueron
soslayadas en aras de aniquilar al enemigo común, constituido por los sectores populares
opositores. Resulta fundamental entonces, clarificar que el «Estado militar» tuvo por objetivo
«limpiar» el país de las peligrosas expresiones «subversivas», que obstaculizaran la imposición de
las condiciones necesarias para el reaseguro y profundización del capitalismo en su versión
neoliberal, acorde con los intereses de la burguesía y sectores transnacionales.
Dada la situación política nacional, el procedimiento militar debía llevarse a cabo de modo
«cuidadoso». Este diagnóstico determinó la insuficiencia de la instauración de una dictadura para

desarticular la potencia y el accionar de los sectores populares, cuyo grado de participación y


organización superaba los niveles históricos alcanzados en el país. Era necesario proceder
«científicamente», apelando a nuevas tecnologías táctico–estratégicas, cuya metodología de
aplicación estaría caracterizada por la planificación y la sistematicidad 11 12. Para lograr este
cometido, sobre el sustento de la Doctrina de Seguridad Nacional, las FF.AA. fueron las
encargadas de la puesta en acto de esa ideología13 a través de la ya mencionada «ocupación» del
Estado, sus aparatos ideológicos y la sociedad civil en su conjunto.
En torno a la cuestión expresa Poulantzas 14 que
306–7.
10
Moore, Stanley; Crítica de la democracia capitalista, México, Siglo XXI, 5ª ed. en español corregida, 1979, pp. 27–31
11
Ya mucho tiempo antes, en la filosofía del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (T.I.A.R.), se
desarrollaba la Doctrina de Seguridad Nacional y se dejaban sentadas las bases para la realización del «intercambio»
de instrucción militar, consistente en cursos destinados a oficiales de las FF.AA. de los países latinoamericanos,
dictados en Academias Militares yankis especialmente habilitadas en Panamá o en los EE.UU. Los oficiales
seleccionados, eran instruidos específicamente para la lucha antiguerrilla o antisubversiva, tanto en el aspecto técnico
como en el psíquico, en el marco de las «fronteras ideológicas». En: Testimonios sobre la represión y la tortura Nº 10;
Revista fundada por Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, Buenos Aires, noviembre de
1984. p.16
12
Borón, A.; op. cit. p. 61
13
Noción que lamentablemente, aún hoy, parece no terminar de quedar clara, cuanto menos para los dirigentes de los
denominados sectores de la «oposición». Como ejemplo de lo inadmisible, se deben considerar los dichos del electo
legislador por la ciudad de Buenos Aires Eugenio Zaffaroni, respecto de lo expresado por Astiz en el reportaje que le
realizara Gabriela Cerruti en la Revista trespuntos, Buenos Aires28 de enero de 1998. Astiz expresa con total claridad
que él fue preparado para asesinar. ¿De qué hablaba si no de la ideología –de la institución militar– que guió su
«entrenamiento» y a la que ha estado y sigue estando dispuesto a poner en práctica? Sencillamente había que leer–
escuchar a Astiz para darse cuenta de ello. Pero desafortunadamente, Zaffaroni «salió a los medios» a decir que Astiz
era un psicópata y que había que hacerle un peritaje psiquiátrico y psicológico para ver si era imputable por sus
dichos (sic). Este encuadramiento «psicologizante y psiquiatrizante» de un hecho netamente político–ideológico
demuestra hasta donde llega la distorsión (?) y confusión (?) de criterios de muchos políticos respecto al pasado
reciente de La Argentina, y deja señalado un futuro poco promisorio para la construcción alternativa de un modelo
socio–económico–político.
14
Poulantzas, Nicos; op. cit., p. 27.
* El destacado es del original.
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la ideología no consiste solamente, o simplemente, en un sistema de


ideas o de representaciones: concierne también a una serie de prácticas
materiales*, que se extienden a los hábitos, las costumbres, el modo de vida
de los agentes, y se moldea así, como materia vinculante, en el conjunto de las
prácticas sociales, incluidas las prácticas políticas y económicas. (...) Así, la
ideología dominante se encarna en los aparatos del Estado que desempeñan el
papel de elaborar, inculcar y reproducir esa ideología, lo cual tiene su
importancia en la constitución y reproducción de la división social del trabajo, de
las clases sociales y de la dominación de clase.

De tal manera la ideología 15, en tanto productora de una percepción tergiversada de la


realidad y en tanto serie de prácticas materiales, no puede ser separada del proyecto
económico–político, es decir de la lucha de clases en el modo de producción capitalista, cuyo
postula-

do central está constituido por los procesos de acumulación de capital mediante la explotación
de una clase social por otra.

IV – DOCTRINA DE SEGURIDAD NACIONAL Y PLAN CÓNDOR

La «Doctrina de Seguridad Nacional» constituyó el cuerpo filosófico–ideológico conductor


de las dictaduras militares, tanto en Argentina como en todo el Cono Sur.
La altísima tensión alcanzada por las luchas de clases desde la década del 60, arribó en los
primeros años setentistas a un punto crítico constituido, como se ha mencionado, por el firme
propósito del imperialismo de imponer formas extractivas de bienes y servicios, que siendo
canalizados hacia las metrópolis en altas concentraciones, garantizaran la explotación y
dominación total de las fuerzas productivas con miras a lograr la máxima acumulación de
capital., en el marco de la necesariedad de transformación del modo de acumulación.
De tal manera, la «Doctrina de Seguridad Nacional» implicó el fortalecimiento político,
económico y operativo de las FF.AA., declamadas «nacionales», no sólo en Argentina sino, como
ha quedado perfectamente probado por importante documentación, en cada uno de los países del
Cono Sur que sellaron el acuerdo del Cóndor16. Esto bajo el argumento de reforzarlas y hacerlas
más aptas para la defensa de la soberanía nacional frente a los «subversivos» marxistas–leninistas
promotores del caos y guiados por una ideología foránea. Pero es sabido que, en realidad, estas
15
Marx, C. y Engels, F.; La ideología alemana; España, Ediciones Pueblos Unidos, 4ta. ed. S/F, pp.13–90. También
Stoppino, Mario; “Ideología”; en: Bobbio, Matteucci y Pasquino; Diccionario de Política, México, Siglo XXI, 1ra.
ed. 1981–2, 10ª ed. 1997. Tomo 1, pp. 755–6.
16
(...) “El requerimiento hizo suyas las pruebas ofrecidas por la querella en cuanto al surgimiento del Cóndor a partir de ‘un acuerdo del
máximo nivel político y militar entre los estados argentino, chileno, uruguayo, paraguayo, boliviano y brasileño,’ que definieron tener su
sede operativa en Chile. (...) De ese acuerdo emanó el compromiso de realizar operaciones conjuntas contra supuestos blancos terroristas,
siendo el objetivo de la ‘Operación’ la obtención, intercambio y ordenamiento de la información de inteligencia concerniente a
izquierdistas, comunistas y marxistas para eliminar sus actividades en América del Sur. El telegrama del FBI especifica que los ‘equipos
especiales’ debían localizar tales ‘blancos’ para llevar a cabo ‘sanciones hasta el asesinato’.” Diario Página 12, Buenos Aires, 17-08-00.
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FF.AA. «nacionales» estuvieron aliadas y al servicio del imperialismo y las oligarquías de los
distintos países, como también que tal doctrina tuvo por objetivo la implantación de un sistema
económico monetarista liderado por la Escuela de Chicago17. Así, la finalidad de este plan estuvo
centrada verdaderamente en la necesidad de retrotraer la economía argentina al modelo exportador
de productos primarios, como garantía de sumisión de nuestro(s) país(es) a los EE.UU. y la banca
internacional. Pero para lograr este objetivo era necesaria no sólo la represión directa, sino la
acción sobre los aparatos ideológicos del Estado, sobre el acervo cultural18 y sobre todas las
formas de organización social.
Dado el importante movimiento ascensional de masas, la supresión de todas las garantías
constitucionales y la implementación del «terrorismo de Estado» no fueron más que las
metodologías «científicamente» concebidas y sistemáticamente aplicadas para alcanzar los fines
buscados: restablecimiento pleno del orden capitalista y detección y aniquilación de todos aquellos
luchado

res populares que ofrecieran resistencia al plan de dominación19.

V – REPRESIÓN POLÍTICA E IDEOLÓGICA

Los pensamientos y actos que, una vez descubiertos,


acarrean la muerte segura, no están prohibidos expresamente y
las interminables purgas, torturas, detenciones y vaporizaciones
no se le aplican al individuo como castigo por crímenes que haya
cometido, sino que son sencillamente el barrido de personas que
quizás algún día pudieran cometer un crimen político.

George Orwell; 1984

El aparato represivo se estableció en dos niveles: uno clandestino, que funcionaba por fuera
de cualquier límite legal; el otro adaptando la «legalidad» a sus necesidades político–ideológicas.
El primero estuvo en relación predominante con la acción directa sobre los cuerpos de los
individuos. El segundo sirvió de soporte a la acción sobre los cuerpos socio–institucionales.

17
Tristemente vigente en la actualidad a través del Ministro de Economía Roque Fernández y su política «técnica» económica.
18
Cueva, Agustín; Las democracias restringidas de América Latina, Quito, Planeta, p. 40
19
Esta noción es de fundamental, puesto que desenmascara las intenciones ocultas bajo los dichos de las FF.AA. acerca de que
durante «El Proceso» se habían producido «errores y excesos» en la represión. Para lograr una noción más acabada de esta
cuestión es altamente recomendable la lectura del material elaborado por el Estado Mayor General del Ejército: Marxismo y
Subversión, Ámbito Educacional, S/L, S/F, 49pp. Dicho trabajo constituye una muestra de la conceptualización, más que
obviamente elaborada por expertos, acerca de los antecedentes históricos del pensamiento marxista, la caracterización de las
«bandas subversivas», las tácticas de capacitación y agitación en los diversos ámbitos y especialmente en el ámbito educativo y
las «respuestas válidas para una sociedad agredida».
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La planificación militar del accionar represivo de control, exterminio y producción de


una nueva realidad, abarcó una compleja serie de aspectos. Se considera aquí que los
principales de ellos estuvieron constituidos por:

1 – La acción directa sobre los cuerpos de los individuos20

Los operativos de secuestro ilegal de personas, a cargo de los Grupos de Tareas u otras
dependencias de las FF.AA., organismos de seguridad o policía, eran realizados generalmente en
horas de la madrugada en el domicilio particular de la(s) víctima(s), a la entrada / permanencia /
salida de los lugares de trabajo o estudio o bien en la vía pública. Estos operativos involucraban
también el secuestro de familiares y amigos –adultos, niños y adolescentes 21– de las personas
buscadas. Los niños nacidos en cautiverio 22 que lograron sobrevivir, fueron robados a sus madres
por los propios captores para entregarlos a familias de represores, falseando sus identidades.
Los secuestrados eran trasladados encapuchados en baúles o pisos de automóviles, con o
sin identificación oficial, hacia centros clandestinos de detención. A partir de ese momento, los
detenidos se transformaban en «desaparecidos». Ni ellos ni sus familiares sabían dónde se
encontraban.
Los prisioneros eran sometidos a condiciones de detención inhumanas e interrogados
sistemáticamente bajo tortura y vejaciones de todo tipo, ya que la estrategia contemplaba la
obtención de información por cualquier medio.
En cuanto a los destinos de los «detenidos–desaparecidos», la mayor parte de ellos fue
asesinada; una proporción menor fue «legalizada», pasando a disposición del Poder Ejecutivo
Nacional (P.E.N.), y una parte de este grupo logró exiliarse a través del Decreto del P.E.N. que
«transformó» el derecho a optar por salir del país (Art. 14 de la Constitución Nacional) en derecho
a peticionar la salida del país. Una muy pequeña proporción de «detenidos–desaparecidos» y
presos fue liberada por sus secuestradores o mediante decreto del P.E.N. con libertad vigilada
respectivamente.
Por último, el tratamiento de los cadáveres consuma el mecanismo de «desaparición». En
la primera etapa del «Estado militar» algunos de los cuerpos, irreconocibles por las mutilaciones,
eran arrojados en zanjas o baldíos a manera de intimidación, tanto sobre los sectores políticamente
participativos como sobre el conjunto social (el objetivo perseguido era matar–destrozar uno para
desactivar mil). Otros cuerpos, que aparecían acribillados a balazos, pertenecían a prisioneros
«legalizados» que, durante los traslados de un penal a otro, habían supuestamente intentado huir,
manteniendo los consabidos «enfrentamientos» con las «fuerzas de seguridad», que amparaban su
accionar criminal en la Ley de fuga. De manera similar, prisioneros «detenidos–desaparecidos»
eran sacados de los «campos» y fusilados también en «enfrentamientos» especialmente «fabricados»
para la ocasión. Pero la metodología masiva implementada por el terrorismo de Estado, estuvo
constituida por el despedazamiento y enterramiento clandestino de distintas partes de los

20
Respecto a este punto son aportativos los escritos de Nicos Poulantzas: Estado, Poder y Socialismo; op. cit., pp. 28–29.
21
Abuelas de Plaza de Mayo; Niños desaparecidos en la Argentina, S/L, S/F. De acuerdo a los registros las “criaturas
desaparecidas de sus hogares solos o con sus padres” fueron 33.
22
Abuelas de Plaza de Mayo; op. cit. De acuerdo a los registros, las “criaturas nacidas de madres detenidas y
desaparecidas” fueron 121.
11
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cadáveres en fosas comunes esparcidas por todo el país; o bien por los cuerpos incinerados o
arrojados al mar.
La no entrega de los cuerpos de las víctimas a los familiares –debería decirse a la
sociedad–; la no asunción de responsabilidad alguna por parte de los militares, dando cuenta de
qué pasó con cada uno de los «detenidos–desaparecidos» –por qué, quiénes los asesinaron y dónde
están los restos de las víctimas– consuma así un mecanismo siniestro de «desaparición hasta el
infinito». El objetivo se relaciona no sólo con el exterminio de los individuos, las instituciones u
organizaciones, sino con la instalación brutal de la violencia en la cotidianeidad, que simultánea y
enloquecedoramente era negada: LA VERDAD DEL PODER ESTATAL–MILITAR, por la cual, dado que no
había rastros, los desaparecidos no existían. Así, eran los familiares quienes debían probar la
existencia de las víctimas y de LA VERDAD SOCIAL DE LA DESAPARICIÓN.

2 – La acción sobre los cuerpos socio–institucionales

Ya en noviembre de 1974 había sido implantado por el gobierno constitucional el «estado


de sitio». Este hecho sirvió de marco para la preparación del golpe militar del 76. La «seguridad
del Estado» –razón de Estado– fue el argumento utilizado para la implantación brutal de la
arbitrariedad como norma.
La posibilidad de desarrollar una vida ciudadana considerada en sentido amplio –ejercer
derechos, formular cuestionamientos, efectuar reclamaciones, transitar por determinados barrios,
realizar determinadas prácticas o participaciones, vestirse o mirar de determinada manera, de hecho
conservar la propia singularidad e identidad– fue prohibida y reprimida.
La comunidad fue privada de los espacios públicos (calles, plazas, instituciones, medios de
transporte, etc.), que pasaron a estar bajo el control policíaco–militar, pudiendo cualquier
habitante ser requisado, demorado, detenido o reprimido sin mediar orden legal ni explicación
racional alguna.
Si bien la preservación de la propiedad privada constituía uno de los pilares del «nuevo
orden», se puso en evidencia que se trataba sólo de la propiedad perteneciente a la oligarquía, los
intereses transnacionales y el nuevo partido militar gobernante, ya que el resto de la sociedad
podía ver avasalladas y saqueadas sus viviendas, bienes y vidas particulares en todo momento.
En el aparato judicial23, los jueces –incluidos los de la Corte Suprema y Cámaras de
Apelación– aceptaron la supresión del estado de derecho y la vigencia de la inconstitucionalidad
como norma. Esta connivencia alcanzó inclusive a las presentaciones legales24 efectuadas por
familiares de «detenidos–desaparecidos» o presos por razones políticas y gremiales –demora en
responder los recursos de «amparo», queja y habeas corpus; no–respuesta a las denuncias
efectuadas en los juzgados y/o cortes y no–ejercicio del rol de contralor jurisdiccional en las
cárceles, entre otras consideraciones. Convalidaron el encuadramiento de la figura del
«desaparecido» bajo la ley de «presunción de fallecimiento», por la cual eran los familiares de las
víctimas quienes debían «dar por muerto al desaparecido» si tenían la imperiosa necesidad de
23
Sobre las relaciones entre la Ley y el Estado: Poulantzas, Nicos; “La Ley”. En op. cit. pp. 87–108.
24
Para ampliar esta información puede consultarse la publicación Testimonios sobre la represión y la tortura Nº 2:
“Poder Judicial del PRN: complacencia, connivencia, complicidad”. Revista fundada por Familiares de Desaparecidos y
Detenidos por Razones Políticas. Buenos Aires, 1984.
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(Prolegómenos del neoliberalismo)

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disponer de bienes cuyos títulos de propiedad figuraban a nombre de aquellos o de tramitar


guardas, tenencias o salida del país de hijos menores de las víctimas.
La Iglesia Católica en tanto institución, a través del Episcopado Argentino, mantuvo una
actitud que podría ser considerada como de condena formal respecto a los métodos empleados por
la dictadura. Esto quedó manifestado en que sólo efectuó una crítica a la metodología represiva
utilizada25 y no en cambio de la instauración de los militares a través del «golpe de Estado».
Contrariamente a lo expresado en el Informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de
Personas, y de acuerdo a nuestras informaciones, las excepciones no estuvieron constituidas por
los miembros de la Iglesia que colaboraron y avalaron el genocidio sino por aquellos que lo
repudiaron y denunciaron, muchos de los cuales fueron asesinados o desaparecieron.
El aparato educativo, estatal y privado, fue un ámbito de excelencia para la aplicación de la
nueva política militar, atendiendo tanto al aspecto de censura–represión, como al de formación de
las mentalidades y actitudes acordes con la «civilización occidental y cristiana» y el «orden natural».

No faltó la circulación –selectiva– en cada ámbito de material de adoctrinamiento para identificar


a los «delincuentes subversivos» a los que había que denunciar y «extirpar» 26.
Se produjo así la reafirmación y ampliación de cierres de carreras universitarias que habían
comenzado en 197427; la eliminación o modificación de materias y contenidos –simultáneamente
con la desaparición de científicos, docentes y alumnos– en todos los niveles de enseñanza; y la
supresión de materiales bibliográficos28 e informativos (que por ser «subversivos», tenían prohibida
la circulación, compra, venta o tenencia particular). En el ámbito educativo, el nuevo proyecto
apuntaba a la implantación de la repetición en detrimento de la discusión. Fueron suprimidas todas
25
NUNCA MÁS, Informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas; Buenos Aires, EUDEBA, 2ª ed., 4ª
reimpresión, abril de 1996, p. 259.
26
A manera ejemplificadora citamos: “...debe quedar claro que el objetivo perseguido por esta publicación no es sólo
poner al descubierto el solapado accionar subversivo del marxismo internacional, sino fundamentalmente, que
mediante dicho conocimiento se encuentren las respuestas válidas para oponerse a su acción disolvente.” En:
Marxismo y subversión, Ámbito Educacional, Estado Mayor General del Ejército, s/l, s/f. p. 2
27
“La ‘Misión Ivanisevich’ interviene las Universidades, controla y depura gran parte de la izquierda restringiendo
enormemente su accionar, pero no deja tras de sí ningún elemento legal (leyes, estatutos y/o programas) que permita a
su sucesor continuar con esa política.
Este hecho pone de manifiesto que el control de las izquierdas en este ámbito, no sólo se logra con medidas
restrictivas temporarias y personales, sino que las mismas deben perdurar en el tiempo a través de instrumentos (leyes
adecuadas) que permitan ejercer una acción coherente y perdurable.
(...) El advenimiento del PRN y su consecuencia inmediata, el cambio de autoridades, posibilita un enfrentamiento
frontal e integral que coloca a las expresiones subversivas universitarias en franca retirada.” En: Marxismo y
subversión, op. cit. p. 25.
28
Sobre la censura y secuestro de libros, se elaboraron listados de los materiales prohibidos en todas las Universidades,
Facultades y Escuelas. Por citar sólo dos de los casos: 1) Disposición Militar años 1976–1979: Censura y secuestro de
libros. Universidad Nacional de Buenos Aires, Facultad de Arquitectura y Urbanismo; Resolución Nº 99/1976,
Expediente 216.303/76 y Resolución Nº 64/1979, Expediente 207.507. 2) Escuela Superior de Comercio «M. Belgrano»,
Córdoba. “El Delegado Interventor Militar en la Escuela Superior de Comercio «Manuel Belgrano», Teniente Primero
Manuel Carmelo Barceló, en presencia de los testigos Dr. Hugo Lafranconi, Cr. Abelardo Baccar y Lucía Storni,
procede a requisar de la Biblioteca de la Escuela los siguientes textos: (...)” “El Delegado Interventor Militar en la
Escuela Superior de Comercio «M. Belgrano» RESUELVE: Art. 1º Proceder a la incineración de los textos mencionados
en la presente resolución en presencia de testigos. (...)” Actas de requisa y resolución, Córdoba, 2 de abril de 1976.
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las formas de organización estudiantil y gremial. Si había algo que decir debía ser canalizado por
nota presentada individualmente. La peligrosa diversidad debía ser transformada en pensamiento
totalizante, y totalitario–hegemónico. La historia volvía a ser una y, más que nunca, la de los
vencedores.
Los alcances de tales modificaciones afectaron a todas y cada una de las disciplinas
científicas y artísticas. Pero quizás la efectividad del proyecto deba considerarse de máximo
alcance a partir no sólo de su aplicación en la universidad, sino en la escuela secundaria y
primaria, interviniendo en la conformación de las mentalidades desde los primeros momentos del
proceso de construcción simbólica. Ninguna área de la cultura quedó exenta de mutilaciones,
deformaciones y sobrecodificaciones, transformándose en «zona arrasada».
El aparato de comunicación masiva29 también ocupó un papel relevante y fundamental, no
sólo como ente difusor del discurso dominante sino como activo interviniente en la producción de
las nuevas formas de «percibir» la realidad (sistemas de codificación–decodificación); en la

transmisión de información distorsionada o falsa (la verdad pasó a estar en la historia–noticia 30


«oficial» y no en los acontecimientos); en la propagación de los valores sustentadores de la
política aplicada: «tradición, familia y propiedad», «proyecto (trans)nacional» y en la instauración
de la sumisión social a la clase–ideología–prácticas dominantes: modelo militar, «orden y
obediencia para lograr el desarrollo»31.
Los intereses de la comunidad fueron suplantados por el bombardeo propiciatorio del
consumismo, los programas –sobre todo televisivos– de contenido superfluo y la competencia
individualista (que se sustentaba preferentemente en las actividades deportivas32). Un elemento
que no puede ser soslayado es el de la publicidad 33, pues además de estar dirigida a imponer las
«nuevas orientaciones» –ideológico–políticas– del accionar militar como guardián del «orden y la
paz social» introdujo una nueva conformación del «universo» real. La vida de las clases dominantes se
ofrecía como paradigma social. Eran difundidas propagandas destinadas a diluir–homogeneizar
responsabilidades, a través de la explotación de la complicidad civil34, en la instauración del nuevo
modelo político–económico represivo. Así mismo, fue una de las modalidades de instalar en el seno

29
Cueva, Agustín; Las democracias restringidas de América Latina, op. cit. p. 40
30
Bourdieu, Pierre; Sobre la televisión, Barcelona, Anagrama, 1997. p. 27. También Miliband, Ralph, El Estado en la
sociedad capitalista, México, Siglo XXI, 14ª ed., p. 224.
31
Uno de los ideólogos de las dictaduras militares (con influencia social), ha sido Mariano Grondona.
32
Recuérdese el slogans televisivo: «lo importante es competir, no ganar». No deben descuidarse las implicaciones
del caso respecto a la implantación del modelo neoliberal, que instala como verdad la falsa libre competencia sin
plantear las condiciones de desigualdad entre los competidores. Estas ocultas diferencias posibilitaron y legitimaron
la destrucción de la industria nacional a través de la apertura indiscriminada de la importación.
Respecto a las relaciones poder–cuerpo: Foucault, Michel; “Poder–cuerpo”, En: Microfísica del poder, Madrid, La
Piqueta, 3ª ed., 1992, pp.103–110. También Poulantzas, Nicos; Estado, poder y socialismo, op. cit. pp. 28–29.
33
Daney. Serge; Perseverancia, Buenos Aires, El Amante, 1998, pp. 19–44
34
“La complejidad del problema subversivo exige que la población toda, objeto y sujeto de su accionar, lo
comprenda, para entonces estar en condiciones de protegerse y contribuir activamente a su eliminación desde el
ámbito, nivel o lugar que cada ciudadano ocupe.” En: Marxismo y subversión; op. cit. p. 32.
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de la comunidad mecanismos de sospecha, terror y control altamente eficaces, sobre todo como
garantes del desmembramiento social35.
Pero no podemos dejar de lado la institución más eficaz en el plano micropolítico: la
familia. Y en este punto no podemos ser tan ingenuos como para pensar que los militares hicieron
“todo el trabajo” en lo que se refiere a la complicidad civil con la dictadura. Aquí debemos
considerar las características de la composición de clases de la sociedad argentina (sobre todo
clases alta y media, pero no sólo), que históricamente se han clasificado como superiores,
resaltando sus rasgos

europeos, a otras sociedades latinoamericanas y, como no podía ser de otra manera, también a
grandes sectores de habitantes de lo que es denominado el “interior” del país.
Dicho esto no aportaremos ninguna novedad a los estudios ya realizados acerca de la
institución familiar, aunque sí queremos señalar que el mecanismo por el cual la familia actuó
como agente del control social funcionó de maravillas. Y aquí queremos mencionar dos aportes
más que importantes referidos a la cuestión que nos ocupa: los de Donzelot y los de Pavlovsky.
Con Donzelot compartimos (por hacer sólo una mención) que “El Estado dice a las familias:
mantened a los vuestros en las reglas de obediencia a nuestras exigencias, mediante eso podréis
utilizarlos a vuestro antojo y, si contravienen vuestras órdenes, nosotros os daremos el apoyo
necesario para obligarlos a entrar en el orden.” 36 Pavlovsky ha escrito no pocos textos dedicados
al análisis del microfascismo en la familia. Trazando un paralelismo con el texto de Reich,
Psicología de masas del fascismo, en La ética del cuerpo, expresa:
(...) La gran masa gris cuyo eje fue la complicidad civil. No hay
dictadura que no se apoye en la complicidad civil de un sector de la población.
El microfascismo diario se gestó meticulosamente, científicamente. Había un
guiño entre el líder y un sector de la población. El mismo guiño que realizaba
Videla cuando cometía sus crímenes. El “por algo será” no era patrimonio de
una minoría. Un sector amplio de la población aprobaba silenciosamente las
desapariciones. O las ignoraba, que es lo mismo. Reich decía que “la familia
alemana” fue la fábrica desde donde se gestaban los grandes microfascismos.
Los “Hitler” cotidianos de las pequeñas familias.37

35
Por mencionar sólo algunas de ellas pueden citarse: “Todos somos culpables”; “Usted es responsable”; “¿Sabe
usted dónde está su hijo ahora?”; “El silencio es salud”. Respecto a esta última, que estaba acompañada de diferentes
imágenes, fue una de las de más alto contenido siniestro puesto que las imágenes visuales, que aludían a escenas de
la vida cotidiana ligadas a ruidos ensordecedores, pasaban a transcurrir en un silencio absoluto. Al conocerse luego
los pormenores de las prácticas de tortura, los detenidos relataron que durante dichas sesiones se ponía música a
volúmenes impresionantes para evitar que sus gritos fueran oídos por los vecinos. Dicha información, que fue
corroborada por los propios vecinos de algunos centros clandestinos de detención, permite dejar señalada las
funciones del citado mensaje televisivo y cinematográfico: imponer el modelo del acatamiento militar, instalar el
terror sobre el cuerpo social y mostrar abiertamente la impunidad del poder militar: “es inútil oponerse”. Dirigido, por
una parte, a los sectores políticos más participativos: “por más que griten, nadie los va a escuchar” y,
simultáneamente, a la comunidad en general: “por más que oigan, no se den por enterados si no quieren que les pase
lo mismo”.
* Las bastardillas son del original.
36
Donzelot, Jacques; La Policía de las Familias, Pre–Textos; Valencia, 1979. P. 53.
37
Pavlovsky, Eduardo; La ética del cuerpo, Los Libros de Babilonia, Buenos Aires, 1994. P. 68.
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Y además de nuestra coincidencia debe decirse que estas relaciones, entre Estado y familia
y entre familia y microfascismo, cumplieron plenamente dichos cometidos poniéndolos en acto, y
dando asentimiento, por acción, omisión o por indiferencia, a los dictámenes de las FF.AA.
durante el Estado militar.

VI –LA PRODUCCIÓN DE REALIDAD: EL NUEVO DISCURSO

–Cuando yo uso una palabra –insistió Humpty Dumpty con tono de voz
más bien desdeñoso– quiere decir lo que yo quiero que diga..., ni más
ni menos.
–La cuestión –insistió Alicia– es si se puede hacer que las palabras
signifiquen tantas cosas diferentes.
–La cuestión –zanjó Humpty Dumpty– es saber quién es el que manda...,
eso es todo.
Lewis Carroll; A través del Espejo

El gran éxito del Partido es haber logrado un sistema de


pensamiento en que tanto la consciencia como la inconsciencia pueden
existir simultáneamente. Y ninguna otra base intelectual podría servirle al
Partido

para asegurar su permanencia. Si uno ha de gobernar, y de seguir


gobernando siempre, es imprescindible que desquicie el sentido de la
realidad.
George Orwel, 1984

Cabe retomar la noción acerca de las funciones del Estado, incluido el «Estado militar», en
lo que respecta a que estas no se reducen al accionar represivo, sino que este “actúa de manera
positiva, crea, transforma, produce realidades*.”38 La producción de realidad, sin embargo,
comporta una serie de mecanismos complejos que abarcan el conjunto de las relaciones sociales,
los regímenes de verdad, los factores de inclusión y exclusión, incluyendo la participación activa
en la «construcción» de los nuevos sujetos. Al respecto dice Foucault 39:
“Si el poder no fuera más que represivo, si no hiciera nunca otra
cosa que decir no, ¿pensáis realmente que se le obedecería? Lo que hace
que el poder agarre, que se le acepte, es simplemente que no pesa
solamente como una fuerza que dice no, sino que de hecho la atraviesa,
produce cosas, induce placer, forma saber, produce discursos; es preciso
considerarlo como una red productiva que atraviesa todo el cuerpo social
más que como una instancia negativa que tiene como función reprimir.”

Y dentro de la esbozada complejidad, la producción de realidad tiene en el lenguaje una de


sus maquinarias más eficaces.

38
Para profundizar esta temática: Poulantzas, N.; op. cit. pp. 30–34.
39
Foucault, Michael.; “Verdad y poder”. En op. cit. También “Las relaciones de poder penetran en los cuerpos”.
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Numerosos pensadores, escritores y estudiosos de todos los tiempos han abordado y


analizado la lingüística, en una o varias de sus complejas facetas, y aunque llegando en muchos
casos a conclusiones dispares, todos ellos han coincidido en destacar la importancia del lenguaje
para la comprensión de la vida y realidad humanas.
Ya Leibniz40 decía que “los lenguajes son el mejor espejo de la mente humana y que un
análisis de la significación de las palabras haría conocer las operaciones del entendimiento mejor
que cualquier otra cosa.” Por su parte, expresa Bergson41 que

Presumiblemente, sin el lenguaje la inteligencia hubiera sido


empujada a los objetos materiales que estaba interesada en considerar.
Hubiera vivido en un estado de sonambulismo, exteriormente a sí misma,
hipnotizada en su trabajo. El lenguaje ha contribuido mucho a liberarla. La
palabra, hecha para irse de una cosa a otra, es, en efecto, esencialmente
desplazable y libre.
La moral de una sociedad humana es, en efecto, comparable a su
lenguaje.

Piaget 42, aludiendo a la relación entre lenguaje y pensamiento explica que los progresos
del pensamiento representativo se deben a la función semiótica en su conjunto:
(...) es ella la que desliga el pensamiento de la acción y la que crea,
pues en cierto modo, la representación. Ha de reconocerse que (...) el
lenguaje desempeña un papel particularmente importante, ya que (...) está
elaborado socialmente por completo* y contiene de antemano, para uso de
los individuos que lo aprenden antes de contribuir a enriquecerlo, un
conjunto de instrumentos congnoscitivos (relaciones, clasificaciones, etc.)
al servicio del pensamiento.

En el enriquecedor análisis abordando la complejidad del lenguaje que en «Sobre


algunos regímenes de signos» realizan Deleuze y Guattari 43, dan cuenta de que

El lenguaje ni siquiera está hecho para que se crea en él, sino para
obedecer y hacer que se obedezca. (...) Esto se constata con toda claridad
en los comunicados de la policía o del gobierno, que se preocupan muy
poco de la credibilidad o de la veracidad, pero que dicen muy claro lo que
debe ser observado y retenido. La indiferencia de los comunicados por
cualquier tipo de credibilidad raya a menudo en la provocación.

Tomando en consideración lo expresado por los autores citados, no puede resultar extraño
que, para profundizar al máximo la eficacia, la institución militar planteada como nuevo y único
modelo del conjunto social, impusiera su discurso –expresión de los sectores dominantes, también
40
Nouveaux Essais, Libro III, Cap. VII, § 6. Citado por R. Carrió y E. Rabossi; “La Filosofía de J. L. Austin”, en:
Austin, John L.; Cómo hacer cosas con palabras, Barcelona, Paidós, 1990. p. 15.
41
Bergson, Henri; Memoria y vida,, Barcelona, 1997, Altaya, pp. 141–3.
42
Piaget, Jean e Inhelder, Bärbel; Psicología del niño, Madrid, Morata, 10ª ed., 1981, pp.88–91. * Las bastardillas
son nuestras.
43
Deleuze, Gilles y Guattari, Félix; Mil Mesetas, Valencia, Pre–Textos, 1988. Cap. 4, pp. 81–116.
17
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civiles– como «el discurso». Y si es cierto el lenguaje permite conocer las operaciones del
pensamiento, también lo es que su manipulación –en tanto productor de formas, sentidos y
realidades– opera efectos tanto en la construcción de las estructuras mentales como en su
mantenimiento. Debido a la indisoluble articulación entre texto y contexto, el retaceo de información,
la asociación del «deseo de saber» con el peligro de muerte y la interferencia sobre cualquier
intercambio grupal, dieron por resultado el bloqueo del proceso conducente al desarrollo del
pensamiento abstracto (mayor nivel formal), el empobrecimiento de la capacidad asociativa, la
restricción operativa del descentramiento del sujeto (que interfiere el desarrollo de relaciones
cooperativas), y la disminución de la posibilidad de establecer conexiones (necesarias para abordar
complejidades y acceder al pensamiento crítico). Dio comienzo por entonces la aspiración masiva
de los «jóvenes intelectuales» de formarse en «centros de excelencia» 44. Serían ellos los garantes
de la transmisión académica del nuevo modelo social.
Pero intervenir, en este caso nefastamente, sobre el lenguaje no es una tarea sencilla ni
puede implementarse torpemente. Al igual que secuestrar y torturar hasta la muerte, es aquella una
actividad pensada y planificada por especialistas. Y por especialistas debe entenderse cientistas
sociales, ideólogos de la ultraderecha, profesionales de la salud y de la educación, comunicadores
sociales y creativos publicitarios, por no mencionar más que algunos. Esta intervención fue la más
ambiciosa y decisoria en el largo plazo: suprimió las articulaciones sociales y los soportes del
pensamiento. Eliminados los cuerpos individuales, y vaciados de sentido los socio–institucionales,
restaba suprimir las palabras, simplificando el vocabulario, que daban cuenta de la realidad
histórico–económico–política: qué había pasado45, quiénes eran los «detenidos–desaparecidos», y
el porqué de las luchas populares.
Por citar sólo algunas de las manipulaciones que pudieron ser reconstruidas recurriendo a
la memoria y unos pocos textos, pueden ser referidas:
La desconfirmación de la realidad cotidiana, que se erigió en norma. Al día siguiente de los
«operativos», los secuestrados de sus domicilios no estaban detenidos en ninguna dependencia
oficial (en la inmensa mayoría de los casos). Quienes habían dicho ser los encargados de las
detenciones, luego negaban serlo. Lo que había ocurrido, resultaba finalmente «no haber pasado».
Los familiares que buscaban a uno o más de sus miembros eran unos locos, en todo caso
responsables de no haber sabido «cuidar» a sus hijos, quienes faltaban de sus hogares porque
«estaban de viaje» –siniestros «viajes de la muerte» debería haberse agregado. En realidad y
después de todo, “los «desaparecidos» no existían ni habían existido nunca”46.
Fue decretada la prohibición de mencionar los nombres 47 de las organizaciones de
izquierda en los medios de comunicación masiva; lo cual transformaba a los militantes en
delincuentes subversivos separados de las capas populares. Opinar constituía un delito que se
44
Cueva, A.; Las democracias restringidas de América Latina., p. 41
45
“Esta falsificación diaria del pasado (...) es tan imprescindible para la estabilidad del régimen como la represión y el
espionaje (...)” George Orwell, 1984, Ediciones Destino, Colección Destinolibro, volumen 54, Barcelona, 19ª ed. , 1997,
p. 207.
46
En uno de sus «discursos» el dictador Videla expresó: “los desaparecidos son una entelequia”.
47
“Le estamos dando al idioma su forma final, la forma que tendrá cuando nadie hable más que neolengua. Cuando
terminemos nuestra labor, tendréis que empezar a aprenderlo de nuevo. Creerás, seguramente, que nuestro principal
trabajo consiste en inventar nuevas palabras. Nada de eso. Lo que hacemos es destruir palabras, centenares de palabras
cada día. Estamos podando el idioma para dejarlo en los huesos”. G. Orwell, op. cit. p.58. Las bastardillas son nuestras.
18
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castigaba con la desaparición. Quienes sustentaban pensamientos críticos –militantes o no–


fueron rebautizados como «zurdos». La histórica orientación revolucionaria de las ideas de
izquierda se transformó en ideología foránea –judeo–marxista– que debía ser desterrada, para
«retornar» a la tradición occidental y cristiana. Así se instaló el «actuar por izquierda» como
símbolo de inmoralidad, por oposición a «ir por derecha» luego propagandeado célebremente en
el año 78, año del mundial de fútbol, a través de «los argentinos somos derechos y humanos».
El imperialismo «dejó de existir» llevándose consigo al Tercer Mundo, sus luchadores y
conquistas; para dar nacimiento a los “países emergentes”. Las masas vieron acotado su sentido a
las preparaciones gastronómicas, dando paso a la gente. Las movilizaciones populares pasaron a
ser sinónimas de caos. En el concierto de las naciones latinoamericanas, las reivindicaciones
nacionales sonaban sin embargo desafinadas. Frente al totalitarismo marxista, hizo su entrada
triunfal el pensamiento único, portador de la libre competencia, en su combinación nada novedosa
por cierto, de libertad de mercado con represión política e ideológica. La sociedad civil cedió su
lugar a las anónimas; mientras que la sucia matanza indiscriminada aparecía (y lo sigue haciendo)
disfrazada de supuesta guerra. Los «culpables» del desastre pasaron a ser los luchadores populares
trasformados en los nuevos villanos48 (recuérdese la frase «en algo andarían» utilizada a manera de
justificativo para el ejercicio del terrorismo de Estado).
Salvo honrosas excepciones, hoy nadie parece soportar sin avergonzarse, siquiera el
reconocimiento de las realidades a las que aluden estos vocablos, y mucho menos la vigencia
indiscutible de muchos de sus sentidos. Pero quizás lo más grave esté constituido por la
justificación –en algunos casos teñida de resignación y en otros de descalificación– a través de
frases como «vos son un nostálgico», «te quedaste en los 70», o «las cosas cambiaron...». ¿Es que
alguien podría dudar que la realidad es fuente de transformación permanente? Pensamos que no.
Pero no debe tolerarse la confusión (?) entre mutilación y transformación activa, es decir como
proceso de cambio. La primera alude a cortar, suprimir y por ende quitar algo a alguien. Es de
esta morbosa tarea que se ocupó el Estado militar –siempre considerado como organización visible
de las clases dominantes– que cercenó cualquier posibilidad de transformación en el sentido
citado. Es también verdad que la «aceptación» pasiva de la violencia sufrida por parte de los
sujetos49, ha estado y está sometida a diferentes grados de consciencia–inconsciencia. Son estos
niveles justamente los que señalan la eficacia represivo–productiva de este Estado y los que han
«garantizado» la reproductibilidad del modelo violento, transformado en una «natural forma de
vida (a)social».

VII – DECLINACIÓN DEL «ESTADO MILITAR» Y ACTUALIDAD DE LO INSTAURADO

Qué interesante es que la dictadura terminó y, sin embargo,


los fenómenos se repiten...
Eduardo Pavlovsky., La ética del cuerpo.

48
Cueva, A.; op. cit. p. 42
49
Las alusiones referidas al sujeto, lo plantean en tanto que «sujeto–sujetado» y atravesado por los sistemas de poder.
19
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Por Isabel Navarrete (Mar del Plata, Argentina)

Pero ese fue sólo el inicio de un nuevo modelo de sociedad. Respecto al final, se plantea
una cuestión difusa y no demasiado alentadora. Para comenzar, debe hacerse una diferenciación
entre la presencia gobernante de los militares en el poder y los efectos perdurables de su accionar,
más allá del retorno a la democracia50. Entrados los años 80, los asesinatos cedieron su lugar a la
vida social cuasi–vegetativa. La censura ya era auto–portada por las mayorías, que la reproducían
tranquila y «naturalmente». La crítica y la participación brillaban por su ausencia. A pesar del
desgaste sufrido por el gobierno militar (internas inter e intra FF.AA; los resultados incipientes de
la transformación económica neoliberal, etc.), que dejó algún lugar para la realización de una
concentración en la Plaza de Mayo en demanda de reivindicaciones a fines de marzo de 1982, la
masiva incapacidad de discernimiento51 político quedó al desnudo pocos días después cuando, al
ser declarada la guerra de Malvinas, la misma plaza volvió a llenarse de gente que festejaba la
«reafirmación de la soberanía nacional» por parte de la dictadura militar.
El estado de «fascinación» nacionalista duró para la inmensa mayoría «sólo» dos meses.
Sin embargo, fueron dos «eternos» meses de pesadilla para los combatientes. Claro que en la
verdadera guerra, los militares argentinos demostraron no estar en condiciones de «enfrentar» a
nadie ni nada que no fuera la rendición. En cambio volvieron a demostrar su capacidad de mandar
al frente a los soldados adolescentes con sólo unos días de instrucción militar.
La derrota de Malvinas, planteó el deterioro insostenible de la institución militar, que
organizó su repliegue con mediano éxito; aunque sin desmantelar el aparato represivo. El llamado
a elecciones democráticas no respondió a una «conquista del pueblo», como muchos se empeñan
en expresar, sino a un pacto político52 entre la socialdemocracia y los militares. Esta «convergencia
antidictatorial» (Cueva) prosperó a la vez a partir del triunfo53 y fracaso económico (aumento
descomunal de la deuda externa), del desgaste de la imagen de la institución militar (sobre todo en
el ámbito internacional en lo atinente a los niveles de corrupción y a las violaciones de los
derechos humanos); y de la incapacidad de la dictadura de sostener una «imagen presentable» para
el propio capitalismo, capaz de atraer nuevas inversiones extranjeras.
Las consecuencias más catastróficas de la guerra, cayeron sin embargo sobre los ex–
combatientes que, al retornar de Malvinas pasaron a integrar, al igual que los «detenidos–
desaparecidos», un «grupo molesto» cuya presencia real o simbólica ponía en funcionamiento –y lo
sigue haciendo– la «obligación de recordar el pasado desagradable» que, bajo despiadadas
«amnesias» oportunistas, oculta las complicidades y traiciones de importantes sectores de la
sociedad civil, supuestamente democráticos. Una sociedad que hasta el momento, se ha mostrado
incapaz de reconocer las heridas que no son de algunos sino de todos, que no son de «otros» sino
propias. Esta ausencia de reconocimiento impide la reparación, que únicamente puede ser social.
50
“En la Argentina, donde el ejército dominó la vida política durante más de cincuenta años, la desmilitarización de los
gobiernos no basta para transformar el sistema ni poner fin a la «inversión pretoriana». Elecciones no es sinónimo de
democracia. El retiro de los militares y el retorno duradero al modo liberal–constitucional de la relaciones entre civiles y
militares es una tarea difícil y a largo plazo. Esta situación, reflejo de una crisis estructural y de un bloque social que
genera actitudes fuertemente arraigadas, sólo puede superarse en la Argentina mediante la transformación profunda de la
sociedad y la cultura nacional.” Rouquié, Alain; op. cit. pp. 416–7
51
No sólo se hace referencia a la casi unanimidad popular, sino también al conjunto de los partidos políticos, incluidos
los de izquierda.
52
Cueva, A.; op. cit. p. 47
53
Triunfo porque el neoliberalismo fue impuesto más que exitosamente; fracaso en lo atinente al campo popular porque
ello sumió al cuerpo social en un proceso de pauperización y descomposición que aún hoy no ha podido ser revertido.
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(Prolegómenos del neoliberalismo)

Por Isabel Navarrete (Mar del Plata, Argentina)

Los caminos que comenzaron a ser recorridos por el gobierno democrático54 electo en 1983,
dejaron al descubierto no sólo insoportables intensidades de sufrimiento ante la salida a la superficie
de todo el horror causado por la masacre social, sino sus restringidas posibilidades de lograr la
recomposición de la sociedad civil. El neoliberalismo había llegado para quedarse, mientras que el
aparato productivo nacional estaba eficazmente desarticulado, por no decir exterminado. El gobierno
de transición propició los juicios a los comandantes y algunos oficiales por las graves violaciones a los
derechos humanos, de los cuales unos pocos prosperaron, aunque luego fueron contrarrestados con las
leyes de Obediencia Debida, Punto Final y posterior indulto, signando un incierto futuro para la
democracia.
Quizá los niños nacidos durante el cautiverio de sus madres y privados de su verdadera
identidad, que continúan siendo buscados por Abuelas de Plaza de Mayo, constituyan una
expresión de la siniestra actualidad y vigencia del «Estado militar». Ellos son la expresión más
cruda de todo «lo robado»: los compañeros de lucha, la cultura, la justicia, el pensamiento crítico,
la alegría, la solidaridad, la identidad . Y esta identidad no le falta a «esos niños particulares», hoy
ya jóvenes, que tienen denegada su historia; le falta al país, a los latinoamericanos, a todos los
jóvenes y les faltará a las futuras generaciones hijas de esos jóvenes, porque las redes sociales no
pueden recomponerse sobre un cuerpo agujereado.

VIII – CONCLUSIONES
“No se trata entonces, sólo de recordar para no volver a repetir
una historia del pasado político. Se trata también de vislumbrar y
localizar que en la misma disociación de la memoria, o en esa
particular falla ética, en esa misma textura de complicidad, está
también inscripta la malla que servirá de sostén para la construcción
de nuevos sistemas represivos.”
Eduardo Pavlovsky, La ética del cuerpo.

En este trabajo se han intentado explorar algunas particularidades del «Estado militar».
Esta tipificación, que contó con expresiones similares en varios países latinoamericanos, ha sido
analizada específicamente en la Argentina, en tanto que «alternativa histórica al fascismo», y
dentro de las formas «excepcionales» de gobierno. De tal manera el «Estado militar» fue el
producto de variables socio–político–económicas externas e internas. Entre las primeras, el factor
de mayor relevancia estuvo constituido por los antecedentes golpistas en países vecinos,
principalmente en Chile. Entre las últimas, el elemento más gravitante estuvo referido a la
amenaza para el propio sistema capitalista, representada por el importante aumento de la
combatividad de las organizaciones populares. Fue entonces cuando, dada la situación de crisis
interna y la incapacidad de los sectores de la burguesía nacional de garantizar la continuidad de la
democracia burguesa, el partido militar en alianza con sectores de la burguesía nacional y

54
Weffort, Francisco; «Nuevas democracias. ¿Qué democracias?» En: Sociedad, Nº 2, mayo de 1993, pp. 98–101.
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(Prolegómenos del neoliberalismo)

Por Isabel Navarrete (Mar del Plata, Argentina)

fundamentalmente con las burguesías transnacionales instauró, a través del «golpe de Estado» en
marzo de 1976, el «Estado militar».
Esta modalidad de gobierno «excepcional» y novedosa, se caracterizó por una planificación
meticulosa que, sustentada en el cuerpo filosófico–ideológico de la Doctrina de Seguridad
Nacional, no sólo tuvo por objetivo la brutal represión política e ideológica descargada sobre los
sectores populares mediante la acción directa; sino que su accionar se extendió sobre los cuerpos
socio–institucionales, que se transformaron en reproductores de la ideología dominante–militar.
Dentro de los aparatos ideológicos se han explorado particularmente el educativo en sus diferentes
niveles, los mass media y la familia, por considerarlos como los más eficaces tanto para instalar el
trastrocamiento de la historia, la información y la realidad en su conjunto, como para sentar las
bases de la producción de una nueva realidad, gracias a la implantación en cada hogar de los
nuevos parámetros para codificar–decodificar percepciones, informaciones, concepciones,
intereses, sentidos y valores. Así también se ha analizado cómo el proyecto político–ideológico del
«Estado militar» operó sobre el lenguaje, en tanto que vehículo privilegiado del pensamiento, que
a la vez expande y acota sus límites en torno a un universo social determinado. Es sobre la base de
la amplitud–restricción del lenguaje, así como de la riqueza o pobreza sintáctico–semántica, que
aumenta o disminuye la calidad del nivel formal del pensamiento, y con ella las posibilidades de
acceder al establecimiento de conexiones complejas indispensables para el desarrollo de la actitud
crítica frente a las realidades.
La manipulación del lenguaje ejercida durante el «Estado militar», introdujo como «natural»
el pensamiento único, por ende totalitario. No se escatimaron esfuerzos –genocidio, una guerra
suicida, robo de la identidad a niños nacidos en cautiverio, coordinación continental para la
represión– para alterar percepciones, informaciones y sentidos, como tampoco para re–escribir «la»
historia que se constituiría en soporte de la «panacea neoliberal», cuyas siniestras consecuencias no
se harían esperar por mucho tiempo.
Ha sido posible visualizar entonces, cómo la instauración del «Estado militar» se constituyó
en un plan global represivo–productivo que traspasó las fronteras nacionales gracias al acuerdo del
Cóndor. El plan estuvo destinado a legitimar las nuevas modalidades del proceso de acumulación
capitalista y a realizar una fina selección de los elementos que deberían ser incluidos en la
«construcción» de las subjetividades55, de manera que reprodujeran características acordes a las
necesidades del sistema. El enfoque planteado, entonces, no deja de analizar los aspectos represivos
del Estado militar, pero se centra luego en su tecnología de violentación de los procesos del
pensamiento y captura de sentidos.
Fue así también que la política y la economía se desprendieron de las calles y del bien
común, quedando circunscriptas a intelectuales «abocados a la ciencia y la técnica». Entre tanto
los profesionales y burócratas de turno, parapetados en sus despachos y cúpulas respectivamente,
sólo se han esforzado por evitar ser «asociados» con cualquier turbulencia popular. Una verdadera
operación «descompromiso» social de la ciencia en general y de la política en particular, que se
redujo a practicar buenas y limpias transacciones con el poder de turno (por supuesto transacciones
falsamente inocentes y ligadas a la legitimación de la acumulación brutal de capital, sacando de

55
La producción de las subjetividades, alude a los puntos de sujeción social que integran la constitución de los sujetos,
en relación con diferentes circulaciones del poder.
22
Argentina 1976-1983. De la represión a la producción de realidad.
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Por Isabel Navarrete (Mar del Plata, Argentina)

ella todos los beneficios posibles y sin reparar en la procedencia y costos de los mismos); en un
todo de acuerdo con una conveniente adecuación a los parámetros mediáticos.
En la nueva sociedad, «neoliberalmente democrática», la violencia del hambre y la
desocupación «advierte» que las víctimas deber deben responder solamente a través de las
instituciones del sistema, pues cualquier movilización popular es pasible de ser penalizada,
«habilitando» la respuesta represiva legal del aparato estatal.
Respecto de la identidad robada a los niños nacidos durante el cautiverio de sus madres,
queremos decir que continúa faltando aún hoy a todos y cada uno de los niños y al conjunto de la
sociedad que, a la par que se define democrática, continúa confusamente presurosa de olvidar el
pasado «a cualquier precio», de acuerdo con la economía de mercado que, gracias a la fetichización
de las mercancías, supone que todo puede ser comprado y vendido. Lo que al parecer no quiere ser
reconocido, es que la vida y la libertad tanto como la verdad y la dignidad no sólo no son
mercancías sino que no reconocen precio alguno, y que sobre un cuerpo social desgarrado no hay
construcción democrática posible. Resta aún reconocer que el «Estado militar» y sus efectos
perdurables hasta la actualidad, afectan la constitución de las bases mismas de la sociedad, aunque
las cargas más pesadas recaigan, como reiteradamente ha demostrado la historia, sobre los sectores
más oprimidos; y que no es reclamando «mayor seguridad» –represión–, que aquella podrá cerrar
sus heridas. Más bien, habría que pensar en que sólo habrá «mayor seguridad» –libertad– cuando
una mayor equidad distributiva y la reconstrucción de la solidaridad puedan darle sustento.
Algunas consideraciones finales respecto a las relaciones entre dictadura y democracia
aluden a que, mientras la identidad no pueda ser recuperada plenamente, y en tanto no sean juzgados
y castigados los responsables de la siniestra usurpación, no podrá hablarse de democracia.
Mientrasuna justa distribución de la riqueza no posibilite la reproducción material de la sociedad, no
podrá hablarse de democracia. En tanto la división de poderes sea una mera máscara formal y la
política no devenga una práctica ética que retome las necesidades de las masas populares, sin
circunscribirse a oficinas ocupadas por burócratas, no podrá hablarse de democracia.
Por lo tanto, así como no puede dejar de reconocerse la intencionalidad que rigió la
implantación violenta del modelo neoliberal, tampoco puede obviarse la actualidad de sus efectos
devastadores en el seno del sistema democrático burgués. Ello impone como desafío el pensar en
torno de cuáles son las posibilidades de profundizar, quizás debiera decirse comenzar a construir,
un verdadero sistema democrático que no quede reducido a lo eleccionario sino que obtenga
sustento de un proyecto que incluya el complejo juego de interrelaciones entre lo social, político y
económico. El desafío es trabajar en la línea del no conformismo con las estructuras de
participación vigentes. La participación directa en las cuestiones de la comunidad se plantea como
una necesidad. Sin tal inclusión resulta más que formal hablar de la sociedad civil, y la formalidad
nada tiene que ver con un proceso de ciudadanización verdadero, que no podrá lograrse sino
mediante la reapropiación de espacios públicos, con prácticas comunitarias cooperativas y
solidarias, apuntando hacia el desarrollo de la autonomía.
Considérese este escrito como una escueta contribución al análisis de la historia reciente,
así como una propuesta para pensar la realidad en tanto compleja y diversa, tratando de demostrar
que es no sólo posible sino necesario enfrentar la creencia de que «las cosas siempre han sido así y
por lo tanto es inútil oponerse». Claro que oponerse y resistir, sin olvidar ni resignarse a nada, son
quizás los primeros pasos para crear un espacio de pensamientos y prácticas alternativos que,
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(Prolegómenos del neoliberalismo)

Por Isabel Navarrete (Mar del Plata, Argentina)

situados en el actual momento histórico, se dirijan hacia la construcción de un nuevo proyecto de


sociedad. Partimos de la incerteza, pero queremos dejar planteada una reflexión sobre las
posibilidades de transformación social, las cuales a nuestro entender, ya no pueden sustentarse en
fracasadas concepciones totalizantes ni totalitarias, sino que necesariamente deberán considerar la
multiplicidad, sin intentar sintetizarla, para permitir la conquista de espacios de libertad, de
democracia y de creatividad.56

Mar del Plata, noviembre de 2001.

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