LAS SETENTA (70) SEMANAS DE DANIEL 9

Por: Edgar Rivera (mifs@coqui.net)

Después de haber recibido la visión que se encuentra registrada en el capitulo 8, Daniel dirigió su interés a los escritos del profeta Jeremías <<quien había predicho solo 70 años de cautividad para el pueblo de Dios (Jeremías 29:10)>>, a fin de comprender mejor el propósito que Dios perseguía con ese cautiverio. A causa de las transgresiones de los judíos, Dios había permitido que fuesen llevados en cautividad, y ahora le parecía a Daniel que las continuas faltas de su pueblo determinarían una extensión de los 70 años. De modo que se dirigió a Dios en oración, pidiendo perdón en favor de su pueblo. Ferviente y elocuentemente le rogó a Dios que restaurase a su pueblo y la ciudad de Jerusalén, y que no retardase su promesa de liberación (véase Daniel 9:1-19.) Y lo que ocurrió lo leemos en el resto del capitulo: 20 “Aun estaba hablando, y orando, y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, y derramaba mi ruego delante de Jehová mi Dios por el monte santo de mi Dios; 21 Aun estaba hablando en oración, y aquel varón Gabriel, al cual había visto en visión al principio, volando con presteza, me tocó como á la hora del sacrificio de la tarde. 22 É hízome entender, y habló conmigo, y dijo: Daniel, ahora he salido para hacerte entender la declaración. 23 Al principio de tus ruegos salió la palabra, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres varón de deseos. Entiende pues la palabra, y entiende la visión. 24 Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para acabar la prevaricación, y concluir el pecado, y expiar la iniquidad; y para traer la justicia de los siglos, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos. 25 Sepas pues y entiendas, que desde la salida de la palabra para restaurar y edificar á Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; tornaráse á edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos.
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26 Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, y no por sí: y el pueblo de un príncipe que ha de venir, destruirá á la ciudad y el santuario; con inundación será el fin de ella, y hasta el fin de la guerra será talada con asolamientos. 27 Y en otra semana confirmará el pacto á muchos, y á la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda: después con la muchedumbre de las abominaciones será el desolar, y esto hasta una entera consumación; y derramaráse la ya determinada sobre el pueblo asolado.” Se Anuncia de Antemano la Fecha de la Crucifixión Cuando nuestro Señor Jesucristo se dirigió a las aldeas de Galilea, electrizó a las gentes con su dramático mensaje: “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca” (S. Mateo 1:15). Queremos saber: ¿Qué quiso decir Jesús con las palabras: “El tiempo se ha cumplido”? ¿Qué quiso decir San Pablo cuando escribió: “Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer” (Gálatas 4:4)? ¿Y a qué se refería San Pablo cuando, al hablar de la vida nueva y eterna que Dios nos ha prometido, dijo: “Prometida desde la eternidad…y que el tiempo oportuno ha manifestado su Palabra...” (Tito 1:2,3)? Jesús y San Pablo eran consientes de que Dios había señalado el momento y sabían que este ya había llegado. El ángel Gabriel había anunciado ese tiempo señalado en la predicción asombrosamente exacta que le dio a Daniel al concluir el capitulo 9. Con más de 500 años de anticipación la osada profecía había predicho el año exacto cuando Jesús sería bautizado, y también cuándo sería crucificado. Más aun, explica para qué iba a venir Cristo. Vendría para cumplir la alianza concertada con su pueblo. Vendría a morir para poner fin al pecado e introducir la justicia eterna. Pero no nos adelantemos. Avancemos cuidadosamente, paso a paso. Nexo Entre Daniel 8 y 9
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Cuando los Medo-Persas conquistaron a Babilonia, Daniel retuvo un alto cargo en el nuevo gobierno. Habían pasado años (en realidad unos 13 años más o menos [551-538 a. C.]) desde que él tuviera la visión registrada en el capitulo 8, la cual predecía en largo período durante el cual el pueblo de Dios y su santuario serían hollados. Si recordamos, el capitulo 8 termina de la siguiente manera: “La visión de las tardes y mañanas (días) que se ha referido es verdadera; y tú guarda la visión, porque es para muchos días. Y yo Daniel quedé quebrantado, y estuve enfermo algunos días, y cuando convalecí, atendí los negocios del rey; Pero estaba espantado a causa de la visión y no la entendía” (Daniel 8:26,27). Cuando Gabriel apareció, Daniel reconoció que era la misma persona “a quien había visto en la visión al principio”, refiriéndose a la visión del capitulo 8. La frase introductiva de Gabriel fue: “Daniel, ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento”. Después de congratular a Daniel diciéndole que era “muy amado” añadió: “Entiende pues la orden, y entiende la visión”. A Gabriel se la había dado este cometido: “Gabriel, enseña a este la visión” (Daniel 8:16). Este le había explicado todo, menos el versículo 14, con su referencia a la purificación del santuario y los 2,300 días (al menos Daniel no había comprendido parte de la visión, como termina diciendo en el capitulo 8). Estoy seguro que a Daniel lo que lo tenía perplejo eran los 2,300 días. ¿Serían días literales (como me imagino que él quisiesen que fuesen), o eran simbólicos como los otros asuntos mencionados en Daniel 8:13-14 y como los de Ezequiel 4:6? Y si eran 2,300 años, ¿quería decir Dios que los servicios del continuo (tamid) en Jerusalén no se restablecerían hasta que hubiesen pasado 2,300 años? Y si esto era así, ¿qué pasaba con la profecía de Jeremías acerca de los 70 años? ¿Sería que Dios había extendido, por los pecados, el castigo, la opresión, y el cautiverio a su pueblo? Sin duda, basados en la oración del capitulo 9:1-19, que esto era lo que le daba vueltas en la cabeza a Daniel. Realmente le preocupaba el cálculo del tiempo. Gabriel comenzó su explicación con una declaración relativa al tiempo: “Setenta semanas están determinadas [fijadas, separadas, descontadas, cortadas] sobre tu pueblo y sobre tu
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santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos” (vers. 24). Por supuesto, son 70 semanas de años. ¿Pero cuál es la evidencia bíblica para decir que en la profecía simbólica un día representa un año? Primeramente tenemos a Números 14:34: “Conforme al numero de los días, de los cuarenta días en que reconocisteis la tierra, llevareis vuestras iniquidades cuarenta años, UN AÑO POR CADA DIA”. Ezequiel 4:4-6 dice: “El numero de los días que duermas sobre él, llevaras sobre ti la maldad de ellos. Yo te he dado los años de su maldad por el numero de los días; …DIA POR AÑO TE LO HE DADO”. Los judíos y los cristianos lo han aplicado así durante siglos. Clemente de Alejandría (siglos II y III d. C.), un padre de la iglesia, aplicó el principio de día por año a las 70 semanas de Daniel 9, tal como lo han hecho la mayoría de los eruditos durante las edades, judíos y gentiles. Uno de los más grandes eruditos hebreos, Rashi (1040-1105 d. C.), tradujo Daniel 8:14 como: “Y él me dijo, hasta dos mil y trescientos años”. Hay muchos otros versículos bíblicos que podemos usar para probar esto. Pero vemos que es suficientemente lógico comprobarlo con el mismo Daniel 9. Cuando se declara que “desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías” habría 69 semanas (7+62). Incluso si alguien argumenta a favor de una fecha con una diferencia de 50 años en relación con el 457 a. C. para el mandato de reconstruir a Jerusalén, todavía quedan 400 años entre esa fecha y la venida de Jesús, “el Mesías Príncipe”. Si las 69 semanas son literales, entonces desde la orden para restaurar a Jerusalén(siglo V a. C.) hasta el Mesías (Siglo I d. C.) habrían sido 69 semanas, o sea, un año, cuatro meses, y una semana. ¡Esto es ridículo! ¿No? El principio día por año debe aplicarse aquí; si no se hace, la profecía no tiene sentido. Quizá la mayor prueba de la validez del principio día por año y su aplicación en Daniel 9 es que funciona. ¿Será una coincidencia el que si se le aplica el principio a las 69 semanas, se obtiene un periodo de tiempo que se ajusta a los eventos mencionados en el versículo? Si usted no usa el principio, la profecía no tiene sentido; si lo usa, la profecía funciona perfectamente. Ese punto por si solo, irrefutablemente comprueba la validez del principio día por año.
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Estos 490 días/años habían sido “fijadas”, según la Biblia de Jerusalén; “determinadas”, según la versión Reina Valera. La palabra hebrea correspondiente es “jathak” o “chatak”. Es una de esas palabras que aparecen solo una vez en las Escrituras, pero aparece en muchas ocasiones en la Mishnah, un comentario bíblico judío compilado en los primeros siglos de nuestra era. Aunque no es idéntico al Hebreo bíblico, el hebreo de la Mishnah es similar, y de las 12 veces que utiliza el verbo “chatak”, diez veces se refiere a cortar partes de los animales de acuerdo con las leyes de nutrición. De las 19 veces que se utiliza en forma de sustantivo, solo una vez se usa para dar la idea de un decreto. Las otras 18 veces significa “aquello que es cortado”. La Concordancia de Strong declaran que su raíz es “cortar”. La Traducción de Whiting (en ingles) la traduce como “cortada”. Gesenius, el lexicógrafo de hebreo, la define como “cortar”. El diccionario Caldeo-Rabínico de Stocius, la define como “cortar, cortar en pedazos, cortar o grabar, cortar para arrancar, amputar”. La versión más antigua de la Vulgata y la Septuaginta define el verbo como “cortar”. La versión griega de Daniel por Teodosio, la presenta como “cortada”. Bueno, creo que es suficiente: la traducción más correcta y exacta es “cortadas” en vez de “determinadas”. El tiempo profético de las 70 semanas ha sido cortado, o sea, ha sido separado de algo, y el único algo posible debe ser la profecía más abarcante, la profecía de los 2,300 días/años de la visión previa. Gabriel comenzó su explicación anunciando que 490 años serían “cortados” o “amputados” del periodo más largo. Así de sencillo es el asunto. Pero vamos al meollo del asunto, las 70 semanas(490 años), que es lo que nos interesa en este estudio. “Setenta semanas” o 490 días/años, serían dados a los judíos a fin de cumplir el propósito de Dios para el hombre y “traer justicia”, pero, por otro lado, los judíos llenarían la copa de su rebeldía, y al cabo de ese lapso habría terminado para ellos, como pueblo, su periodo de oportunidad (vean que dije como pueblo, pueblo escogido; no como individuos). Las Setenta Semanas Fraccionadas
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En primer lugar tenemos que tomar nota en los versículos 25 al 27 Gabriel divide las 70 semanas en tres segmentos desiguales de: 7 semanas (49 años), 62 semanas (434 años), y una semanas (7 años). Más aun, subdivide la ultima semana(7 años) en dos mitades de 3 años y medio cada una. El Comienzo de las Setenta Semanas “Sabe, pues, y entienda, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos” (Daniel 9:25). O sea, si encontramos el tiempo exacto cuando se decretó esta orden, también encontraremos el tiempo exacto en que comenzaron las 70 semanas. Sí, en efecto tenemos que examinar 3 decretos, preservados para nosotros por Esdras, el escriba. 1) El primero de estos decretos, promulgado en el año 538 a. C. (o posiblemente en el 537) por Ciro El Grande, autorizaba la reubicación de los cautivos judíos en su tierra, y los facultaba para construir “una casa en Jerusalén” en honor a su Dios (Esdras 1:2-4). En relación con este decreto Ciro devolvió los utensilios sagrados que Nabuconodosor había llevado a Babilonia y que Beltsasar había usado en forma blasfema y profana para beber en ellos la noche en que Ciro lo derrotó, apenas un año o dos antes de este decreto. Unos cincuenta mil judíos regresaron a Palestina en curso de un año. Tuvieron que enfrentar una firme oposición de los habitantes no judíos de la región. La información que nos proporciona el libro de Esdras y Nehemías parecen noticias actuales del Medio Oriente. Frente a esta oposición, la reconstrucción del templo se prolongó (véase Esdras Capítulos 2 - 5). 2) El segundo de estos decretos fue promulgado en torno al año 519 a. C. por Darío I Histaspes (no confundir con Darío El Medo). Poco después que Darío comenzara a reinar, recibió una carta en la que se le solicitaba que confirmara el decreto original promulgado por Ciro. Darío ordenó que se hiciera una prolija búsqueda en los archivos de Babilonia y Ectabana, y cuando le llegó un memorando oficial mediante el cual se le comunicaba que el decreto por fin había sido encontrado (Esdras 6:1-5), y con
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profunda satisfacción emitió la confirmación solicitada (Esdras 6:6-12). 3) El tercer decreto fue promulgado por Artajerjes I Langimano. Desde el punto de vista de la importancia, este tercer decreto (Esdras 7:11-26) era superior a los primeros dos, porque encargaba a Esdras el nombramiento de magistrados y jueces con plena autoridad política y religiosa para tratar casos bajo las leyes judaicas y persas, y para imponer castigos, aun la pena capital. Decía Artajerjes: “Y tú, Esdras, conforme a la sabiduría que tienes de tu Dios, pon jueces y gobernadores que gobiernen a todo el pueblo que está al otro lado del río [Transeufratina, al otro lado del Eufrates], a todos los que conocen las leyes de tu Dios; y al que no las conoce, le enseñarás. Y cualquiera que no cumpliere la ley de tu Dios, y la ley del rey, sea juzgado prontamente, sea a muerte, a destierro, a pena de multa, o prisión” (Esdras 7: 25, 26). Este tercer decreto, el séptimo año de Artajerjes, es el que le dio renacimiento legal a Jerusalén. Fue el tercer decreto que autorizaba el nombramiento de magistrados y jueces, y en particular, restablecía la ley judía como base del gobierno local, el que hizo posible la restauración de Jerusalén como capital. Por lo tanto, fue ese tercer decreto el que Gabriel tenía en mente cuando se refirió a “la orden de volver a construir a Jerusalén”. Ahora bien, ¿Se puede encontrar la fecha de ese decreto? Sin duda alguna. Esdras puso en ejecución algún tiempo después de su llegada a Palestina en el quinto mes del séptimo año del reinado de Artajerjes. Puesto que los años judíos se computaban de primavera a primavera, el quinto mes de la antigua Jerusalén caía en algún momento entre mediados de julio y mediados de septiembre de nuestro calendario (dependiendo de la ubicación del Año Nuevo en un año dado). El quinto mes del séptimo año cayó a fines del verano o comienzo del otoño [del hemisferio norte, primavera del hemisferio sur, o en otras palabras el tercer trimestre del año] del año 457 a. C., y el decreto se puso en vigor poco después. Así que ya tenemos la fecha del comienzo de las 70 semanas: El otoño del año 457 a. C.

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Teniendo ya firme esta ancla, es sencillo calcular cada una de las otras fechas (sí pudiéramos hacer un diagrama, lo visualizaríamos mucho mejor). “Habrá siete semanas” (49 años) a partir del 457 a. C., nos lleva al 408 a. C.. Algunos interpretes dan especial importancia al periodo de “siete semanas”, o 49 años, pues afirman que representa el tiempo durante el cual se completaría la construcción de la plaza y del muro. Puede ser que sea así; sin embargo, la información histórica de este periodo es muy escasa. Se sabe poco de las condiciones existentes en Jerusalén desde el tiempo de Artajerjes hasta el de Alejandro. Lo que puede saberse en base a la Biblia y los documentos históricos es fragmentario. El Mesías Príncipe “Y sesenta y dos semanas” (434 años) desde el 408 a. C. (o al 457 a. C. contar 483 años [7 semanas + 62 semanas x 7]) “hasta el Mesías Príncipe. Esto nos lleva al año 27 de Cristo (recordemos que en la escala del año calendario no existe el año 0). Este es justamente el tiempo cuando Cristo, “siendo como de treinta años” (S. Lucas 3:23), fue bautizado. Jesús es Dios, e Hijo de Dios; por lo tanto, es un Príncipe prominente. El Príncipe Jesús técnicamente llegó a ser el Mesías en ocasión de su bautismo. La palabra hebrea “Mesías” significa “Ungido”. Jesús que era a la vez Rey, Sacerdote, y Profeta, fue ungido por Dios en ocasión de su bautismo en el río Jordán, cuando el Espíritu Santo descendió sobre él en forma de paloma (S. Lucas 3:21, 22; Hechos 10:37, 38). Uno de los discípulos de Juan el Bautista pronto buscó a su hermano Pedro y le dijo con convicción: “Hemos encontrado al Mesías” (S. Juan 1:41, 42). Poco después, mientras predicaba en la sinagoga de Nazaret, Jesús se aplicó a sí mismo la profecía mesiánica de Isaías 61:1, 2: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor.” (S. Lucas 4:18, 19). Jesús, El Que Puso Fin a los Sacrificios

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Gabriel sigue diciendo: “Y después de las sesenta y dos semanas [después del año 27d.C.] se quitará la vida al Mesías, mas no por sí” (Daniel 9:26). Él “confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda” (vers. 27). Históricamente, los judíos (bajo el sistema Romano) “quitaron la vida” al “Mesías”. A él le fue quitada la vida después de la “semana sesenta y nueve”, que terminaron en el año 27 de nuestra era. De hecho, como dice el versículo 27, la muerte del Mesías ocurrió “a la mitad de la semana” [la setenta]. La mitad de la semana ocurrió en la primavera (hemisferio norte, o más o menos para finales del primer trimestre del año o comienzo del segundo) del año 31 d. C, exactamente tres años y medio después que Jesús comenzó su ministerio publico. También “a la mitad de la semana” Cristo hizo “cesar el sacrificio y la ofrenda”, tal como dijo el ángel a Daniel. Cuando Cristo fue crucificado en la primavera del 31d.C. “el velo del templo (en Jerusalén) se rasgó en dos, de arriba a abajo” (S. Mateo 27:51). A través de este velo, el hombre no tenía acceso al departamento más sagrado del templo, “el Lugar Santísimo”. Solamente al Sumo Sacerdote le estaba permitido ver más allá del velo, y esto solamente una vez al año, en el día de la Expiación (véase Levítico 16:2, 34). Algo sobrenatural desgarró este velo por la mitad “desde arriba”, no desde abajo, como cualquier ser humano habría hecho. Con esto, el más sagrado de todos los lugares judíos había sido profanado, expuesto a la vista de todo el mundo. Era señal del cielo de que Dios consideraba el sistema de sacrificios como algo terminado para siempre. El Cordero de Dios había muerto, y este sacrificio eterno tomó el lugar de los sacrificios terrenales (véase 1 S. Pedro 1:19; Hebreos 9:8-15; 10:9, 10; 17-20). El sacrificio de animales en el templo y la ofrenda (relacionada al sistema de sacrificios y ceremonias) ya no tenía importancia después de la muerte de Cristo, el Mesías. Dios tenía un nuevo y mejor método de ilustrar la salvación: a través de la ofrenda
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perfecta del cuerpo de Cristo “hecha una vez para siempre” (véase Hebreos 10:10, 19-20). ¿Dónde Termina la Ultima Semana? Con todo, aún “setenta semanas (490 años) están determinadas (o cortadas) sobre tu pueblo (los judíos) y sobre tu santa ciudad (Jerusalén)”. Ahora tenemos que ver dónde termina la última semana en la historia. De acuerdo con las Sagradas Escrituras, esta semana final (siete años) empezó en el otoño del año 27 d. C.. Este periodo de 7 años habría de terminar en el otoño del año 34 d. C. Exactamente en “la mitad de la semana” fue crucificado el Mesías y el velo del templo se rasgó. Esto es, en la primavera del año 31 d. C. ¿Podríamos encontrar algún hecho histórico significativo, ocurrido en el otoño del año 34 d. C., que marque el fin de este periodo de las 70 semanas? Un estudio de Hechos 6 al 8 nos presenta la muerte de Esteban a manos del Sanedrín. Su muerte hizo que los esfuerzos misioneros de los cristianos primitivos dejaran de llevarse a cabo sólo en favor de los judíos y se hicieran ahora mayormente en favor de los gentiles. De hecho, como resultado de la muerte de Esteban (Hechos 7:57-60) surgió una gran persecución “contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria” (Hechos 8:1. Véase también Hechos 11:19). La persecución hizo que los primeros cristianos dejaran de trabajar exclusivamente en favor de los judíos en Jerusalén. Pero, además, les obligó a trabajar por los gentiles en Judea, Samaria, y más allá. “Esteban marca por lo tanto la transición del cristianismo judío al cristianismo gentil… La persecución que siguió a su martirio produjo también la dispersión de los discípulos, y esto logró que el Evangelio fuera llevado a los samaritanos y más tarde a los gentiles” (Westmister Dictionary of the Bible, pag. 906). ¡Cuan significativo es que la muerte de Esteban ocurriera durante el año 34 d. C. (véase Uger's Bible Dictionary, edición de 1966, pag. 1046) tal como Dios lo había predicho! La muerte de Esteban marca el fin del reinado de Israel como pueblo especial de Dios (véase
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Romanos 11:7, 11, 19, 32), y marca también el fin de las 70 semanas mencionadas en la profecía de Daniel. Obsérvense todos los detalles proféticos que se cumplieron durante la “semana” que siguió a la aparición del “Mesías Príncipe”, al final de las sesenta y nueve semanas. Nótese cómo esto completó las “setenta semanas” que estaban “determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad” (Daniel 9:24). 1. “Para terminar la prevaricación”. Durante siglos Dios soportó a los rebeldes israelitas. Ahora, con la crucifixión su Hijo y la persecución inmisericorde contra la iglesia cristiana desde el apedreamiento de Esteban, ellos habían colmado la copa de iniquidad. Les dio la espalda como pueblo escogido, aunque, por supuesto, no como individuos. 2. “Y poner fin al pecado”. La palabra hebrea que se emplea aquí para pecado es “chatta'th”. En varios manuscritos se encuentra traducida 135 veces como “ofrenda por el pecado”. “Y poner fin [a la ofrenda por el pecado]” probablemente se refiere al fin, a la vista de Dios, del sistema ceremonial de sacrificios y de ofrendas por el pecado. Esto termino cuando el Mesías, el verdadero Cordero de Dios, murió en la cruz y la cortina del templo fue rasgada por manos invisibles. 3. “Y expiar la iniquidad”. Evidentemente esto se refiere al acto de reconciliación que realizó Cristo en la cruz. 4. “Para traer la justicia perdurable”. La muerte de Cristo no solamente borra los pecados de los que aceptan su sacrificio, sino que además, provee justicia para ellos (Filipenses 3:9). 5. “Y sellar la visión y la profecía”. “Y sellar” significa confirmar o ratificar la validez del periodo de tiempo. Este periodo comenzó en el año 457 a. C. (fechas de la publicación del decreto), y continuó hasta el año 27 d. C.(en que el Mesías comenzó su ministerio), hasta el año d. C. (fecha en que murió el Mesías) y se completó en el año 34 d. C. (en ocasión de la muerte de Esteban la cual marcó el final de la nación judía como pueblo escogido de Dios). Estas fechas cumplen tan exactamente la profecía, que podemos ver estampado el sello de Dios y la marca de su aprobación en ellas. La profecía de las 70 semanas es autentica,
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y la interpretación, correcta. Digna de confianza, como todo lo que hace Dios. Pruebas Adicionales Cerca del fin de la profecía de las 70 semanas Dios (por medio de su ángel) habló a Daniel acerca de un importante acontecimiento que habría de ocurrir poco después del fin del periodo de la profecía. Este evento habría de convencer a los judíos de que Dios los había rechazado como su pueblo especial. Dijo: “Y el pueblo [ejercito] de un príncipe que ha de venir [un príncipe que habría de venir después que fuera muerto el Mesías] destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación” (Daniel 9:26). Años más tarde Cristo previno a los cristianos acerca de este acontecimiento (véase S. Mateo 24:15-20). Ocurrió en el año 70 d.C. Los ejércitos romanos, comandados por Tito, sitiaron la ciudad de Jerusalén, la destruyeron, y aun araron la tierra. Dios permitió esta aniquilación para convencer a Israel de que este no volvería a ser jamas su pueblo especial. Esto sirvió, además, para suspender permanentemente los servicios del templo terrenal. Se demostraba así que no era plan de Dios que continuara este método simbólico de quitar el pecado de los pecadores que, durante los siglos, solo había servido (o por lo menos se suponía) para dirigir la atención de los hombres hacia el Mesías venidero. ¿No es ésta una solución más lógica y aceptable (y bíblica) para la profecía de las setenta semanas? ¿Por qué cortar este periodo en dos partes separadas por 2000 años y tratar de forzar la aritmética para que las fechas coincidan bien? ¿Y por qué tratar de dividir la segunda venida de Cristo en dos partes separadas por siete años, una enseñanza que no está confirmada con la Biblia? Que Dios les Bendiga. Edgar Rivera

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