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El Autor de la Semana: Gonzalo Drago

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El Autor de la Semana

Gonzalo Drago

El Autor de la Semana - ® 1996-2000 Facultad de Ciencias Sociales - Universidad de
Chile
Selección y edición de textos: Oscar E. Aguilera F. (oaguiler@uchile.cl)

El Autor de la Semana - ® 1996-2000 Facultad de Ciencias Sociales - Universidad de Chile
Selección y edición de textos: Oscar E. Aguilera F. (oaguiler@uchile.cl)

El Autor de la Semana: Gonzalo Drago
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UNIVERSIDAD DE CHILE FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES
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El Autor de la Semana
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Gonzalo Drago (Chile)

Autodidacta, narrador y poeta, miembro del grupo “Los
inútiles” de Rancagua, su obra se diversificó temáticamente entre el
campo rancagüino y las minas de El Teniente. Sus cuentos Cobre
(1941), Una casa junto al río (1946) y Surcos (1948), seleccionados
en Cuentos Escogidos (1965), más los de Míster Jara (1973),
recogen, con vitalismo y colorido, aspectos populares de ambos
espacios. Su amor al terruño, que lo llevó a un cierto costumbrismo,
se encarna también en el poema “Flauta de caña” (1943), en “Tres
Visiones de Chile Central” (1955), en la antología Poesía joven de
Colchagua (1961) y en el ensayo Óscar Castro, el hombre y el
poeta (1970), sobre el gran poeta rancagüino. Diferente es el caso
de sus novelas El Purgatorio (1951), en relación con el servicio
militar en un regimiento de Valparaíso, y La Esperanza no se extingue
(1969).

(De Historia de la Literatura Chilena, por Maximino Fernández
Fraile. Editorial Salesiana, Santiago de Chile, 1994)

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Selección, diagramación: Oscar E. Aguilera F. — © 1996-2000 Programa de
Informática, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Chile.

El Autor de la Semana - ® 1996-2000 Facultad de Ciencias Sociales - Universidad de Chile
Selección y edición de textos: Oscar E. Aguilera F. (oaguiler@uchile.cl)

................................................................................ 3 MISTER JARA ......... (oaguiler@uchile..................................... 23 El Autor de la Semana ................................. Aguilera F.................................................................................. El Autor de la Semana: Gonzalo Drago -3- Índice SURCOS .................................................................................................................................................................................... 20 REMORDIMIENTOS .......cl) .............................. 13 UN RACIMO DE UVAS ....................................... 17 LA CRECIDA ..................................® 1996-2000 Facultad de Ciencias Sociales .........................Universidad de Chile Selección y edición de textos: Oscar E....................................................................................

Una inmensa desolación cubría la tierra. Ignacio Tapia era un hijo típico de Chile. Eso parecía ser su sino. Cada vez que estaba sobre un camino. De allá. de hachas robustas derribando robles y laureles gigantescos. aplastaba su sombrero mojado contra sus ojos para impedirle la visibilidad y trataba de enredarle el humilde poncho en la cabeza.cl) . Eso era la selva. El cansancio asomábase a su rostro moreno y danzaba en sus pupilas duras: cansancio de bestia agotada que desea llegar pronto a la querencia para echarse a descansar. Y el viento parecía ser su enemigo. La lluvia continuaba tenaz. un “roto”. torvo y huraño. Él también iba en busca de la vida. Ignacio miraba obstinadamente hacia el fango del camino. impulsado por un poderoso atavismo de raza. No había nacido para siervo. Camina. su objetivo era el mismo: encontrar trabajo para luego abandonarlo en busca de nuevos horizontes. azotado por el invierno.Universidad de Chile Selección y edición de textos: Oscar E. Los árboles desnudos. De una labor a otra de un fundo a otro. El Autor de la Semana: Gonzalo Drago -4- SURCOS I gnacio Tapia parecía no sentir la lluvia persistente que le mojaba el rostro y se le colaba a través de los harapos. Traiguén. Quilquilco. Permanecía. Hervía en su interior un germen de ferocidad instintiva que lo hacía rebelarse contra todo y contra todos. Traía las pupilas impregnadas de verde vegetal. La miseria no había logrado domesticarlo y a menudo reñía con los capataces cuando sentíase herido en su orgullo de macho libre y desprejuiciado. Nunca. Rumiaba sus venganzas. nieve de las montañas y polvo y lodo de los caminos de Chile. marchaba poseído por una terca esperanza te salvación. Pero Ignacio Tapia no tenía dónde cobijarse. En todo el vasto mundo no había un techo ni un miserable cobertizo que le perteneciera. siempre estaba sobre un camino abierto frente a la inquieta expresión de sus pupilas ávidas. del sur del país. y se habría avergonzado. Selva Oscura. orientados hacia la vida. y nunca fue niño. La vida lo había esculpido con sus manos rudas y el resultado fue un legítimo producto del ambiente: desconfiado. de sentirse vencido por el infortunio. para arrojarse al suelo y extender los músculos adoloridos por la fatiga y las marchas extenuantes. Muchos hombres y bestias habían pasado por aquel mismo lugar. humedeciéndole la carne. Sus plantas habían hollado arenas del desierto. curvando los árboles sumisos y empujando los rebaños de nubes que huían hacia el sur. hambriento y sin posibilidad de encontrar asilo antes de la noche. Lo sacudía. erizados de ramas. Aguilera F. que circulaba impetuosamente en el rojo silencio de sus venas. creció como un árbol entre parientes huraños y groseros que deseaban .deshacerse pronto de aquella carga. no ofrecían ningún reparo. Ahora buscaba trabajo. rostros de cobre cobijados en sus rucas y un rumor permanente de follaje en ebullición. de Malleco. de flora ruda y exuberante. Desde muchacho no había hecho otra cosa. venía Ignacio Tapia. Era un hombre. Después se alejaba rugiendo. formando charcos y lagunas a lo largo y ancho de la carretera.® 1996-2000 Facultad de Ciencias Sociales . Desde pequeño desempeñó tareas rudas destinadas a los adultos. Púa. No conoció padres. Aquéllas habían sido sus canchas. a la defensiva. el frío y el desamparo. El Autor de la Semana . (oaguiler@uchile. ladino. asistió a una escuela pública durante cortos períodos y tuvo ocasión de conocer el hambre. de una ciudad a otra. después de haberla sentido caer sobre su cuerpo durante muchos inviernos y de haber agotado las blasfemias en contra de esa rejilla vertical que descendía del cielo plomizo. No podía resignarse a la esclavitud aunque estuviera disfrazada con los hábitos blancos de una planilla de pago y una libreta de Seguro. se alzaba desde las colinas desnudas y se arrojaba de bruces sobre los cilancos.

Eso fue todo. No sabía a dónde dirigirse. En un pueblo del sur. a sus espaldas. dormían juntos y caerían unidos si les llegaba la hora. Ahora. Apenas una simple animosidad del momento. Entre la plebe también hay caballeros. cobijado en un silencio huraño frente a los desconocidos. No encontraba justificable su asesinato. avaro de sus palabras.Universidad de Chile Selección y edición de textos: Oscar E. y borrando los senderos con su pincel nocturno. Eran dos buenos camaradas inseparables en la buena y en la mala fortuna. Para un hombre como Ignacio Tapia. Y el hombre continuaba caminando tenazmente. Allí estaba listo para ser requerido. tocaba algunas veces la empuñadura de su corvo. No podía detenerse. al viento ni al hambre que le empezaba a roer las entrañas vacías con insistencia desesperante. Salieron al camino y despojándose de sus ponchos se atacaron como fieras. Sólo se escuchaba el ruido de la lluvia y el sordo rumor de las pisadas de Ignacio sobre el lodo.cl) . y hundió su cuchillo en el vientre de su rival. Es cierto que ambos estaban ebrios. Para sentirse más seguro y menos solo.® 1996-2000 Facultad de Ciencias Sociales . No se veía un animal en los potreros cercanos. Podría decirse que el cuchillo. Algunos pájaros se aventuraban. Hablaba Lo indispensable. Prefería morir luchando por su libertad antes que dejarse prender. Debilitado. acicateados por el hambre. esperando un momento propicio para reanudar sus excursiones. Y sin testigos. Aquello había sido un duelo formal. Sabía desconfiar de los hombres y ser hermético con las mujeres. Los aledaños estaban desiertos. La noche empezaba a descender sobre la tierra. El camino apenas era visible. era la razón de su audacia para sostener su destino. Cuando Ignacio recordaba aquella lucha. Pronto sintió el roce del puñal de su adversario cerca . ciego de ira. Y después. Se rigen por un código de honor inflexible y tradicional y el duelo es siempre a muerte. y ese fugaz contacto del acero enemigo lo convirtió en asesino. tenia experiencia de las asechanzas y su valor crecía al saberse custodiado por el corvo protector. una euforia malsana desencadenada por la borrachera. empuñado por la mano del hombre. Atacó con fiereza. la fuga apresurada a través del campo cómplice. hasta descubrir un sitio seco donde tenderse a descansar. agotado el dinero. Sentíase protegido con su contacto. durmiendo en las cunetas de los caminos. andar hasta el agotamiento. sentía en su cuerpo un hormigueo molesto y el cansancio trepaba por sus piernas El Autor de la Semana .desnudas de los álamos danzarines. extendiendo sus betunes sobre las colinas y los árboles. quedaba una atmósfera preñada de amenazas después de su “desgracia”. El Autor de la Semana: Gonzalo Drago -5- La vida le había enseñado muchas cosas útiles a este auténtico hijo de la tierra chilena. Conocía los peligros de su vida nómada. (oaguiler@uchile. Ignacio Tapia y su cuchillo no podían separarse. escasamente alumbrados por la luz de las estrellas. Andaban juntos. Tenía que andar. volaban desconcertados sobre la tierra inundada y por último cobijábanse entre las ramas . caminaba sobre una fangosa carretera de la húmeda Colchagua en demanda de la ansiada libertad. que habían pretendido a la misma hembra y que deseaban saber cuál de los dos era más diestro en el manejo del cuchillo. en demanda del norte del país para alejarse de la justicia. Pero no había existido rencor antiguo. a través del cielo. la cárcel era un suplicio superior a su capacidad de resistencia física y moral. con su mango de hueso y su fina hoja de acero. No le temía a la lluvia. La soledad lo circundaba y el invierno lo estrechaba con su anillo de lluvia. Aguilera F. sentíase desconcertado. extrayéndola del cofre vivo de su memoria. caminar toda la noche si era preciso. Pero el camino tendría que llevarlo hasta algún rancho: no era posible que la tierra fuera una inmensa meseta desolada.de su rostro.

Pero el cansancio era el mismo. para descubrir alguna luz que denuncie la presencia de un rancho amparador.cl) . al rancho. Aguilera F. Ahora la tiranía de la lluvia y de fango que lo obligaba a permanecer vertical. Recorrió en poco más de una hora la legua de distancia que lo separaba de la ciudad. la carne que se rebela al dolor.® 1996-2000 Facultad de Ciencias Sociales . Pero el retorno había sido terrible. alimentado a ración de hambre por sus parientes. tímido a fuerza de bofetadas y sucio como un animal doméstico. La misma angustia que trepa por los músculos doloridos y el mismo imperioso deseo de arrojarse de bruces en la tierra para reponer las fuerzas agotadas. —Y si te demorai mucho te pelo a azotes. siempre apresurado. Ignacio Tapia avanza siempre. —Bueno. Clac-clac-clac. Una mañana recibió una orden agria y autoritaria. lo principal es caminar sin detenerse. Pero pronto se da cuenta de que es demasiado tarde e inútil para pensar en esas cosas que pertenecen al pasado. Avanza como un ciego. Había llegado extenuado. hasta alcanzar un punto habitado.Universidad de Chile Selección y edición de textos: Oscar E. Siente que el poncho El Autor de la Semana . suspendido sobre su cabeza. —¡Carajo! Pero es inútil lamentarse. a echarse sobre el suelo para reponer sus fuerzas. Y esa angustia física de saberse débil y al borde de la derrota. Aquí tenís la plata. Vióse a sí mismo. Entonces era el sol. Ahora. Y la misma imposibilidad de poder detenerse. La noche le impide escoger su sendero. temeroso del castigo que presentía si tardaba más de lo necesario. Por eso sus ojos zahoríes otean en la obscuridad a través de la lluvia. horadando las sombras con una tenacidad sostenida por su desamparo. Ahora era la lluvia. Aulla de dolor y de rabia. La marcha se prolonga. Eran veinte kilos que le trituraban los brazos y le barrenaban los músculos de la espalda. (oaguiler@uchile. Y su alma altiva se estremece por un tardío deseo de venganza hacia el hombre despiadado que ultrajó un pedazo de su infancia desvalida. El temor lo hacía avanzar El sol —lo recordaba bien— le tostaba la cara. Y aún perdura en su memoria el gesto agresivo de su padrino y aún recuerda el escozor de los latigazos en su carne desnuda. Era inútil tratar de defenderse de aquel enemigo despiadado. De improviso choca con fuerza contra un alambrado y las púas se incrustan en sus piernas. —¡Nacho! —Mande. canijo. Le era odioso. La bolsa de harina pesaba demasiado para sus escasas fuerzas de niño mal alimentado. padrino. padrino. sin hacer caso al cansancio que quiere vencerlo. pequeño. El Autor de la Semana: Gonzalo Drago -6- instándolo a detenerse. Pero el hombre no cejaba. corriendo a trechos. ese cansancio que se empecinaba en derrotarlo. Su infancia ultrajada lo llena de rencor. —Anda al pueblo a comprar veinte kilos de harina. En algunos trozos del camino la lluvia lo ha inundado todo y el hombre siente que el agua le sube hasta los tobillos. La noche es un túnel. Entonces era el temor al castigo. trajo a su memoria debilitada una escena de su infancia lejana. Y el recuerdo se le hace amargo. agotándolo y obligándolo a detenerse para recuperar sus fuerzas. que se complacía en torturarlo con su abrazo asfixiante. temblor en los labios y niebla en los ojos. Y él había partido hacia el pueblo a efectuar la compra.

con los nervios tensos. Empieza a dudar de su buena estrella que siempre lo ha sacado de aprietos La soledad lo mortifica. no dormirse. mezclados con el rumor de la lluvia y el viento. —¿Y a esta hora y con este tiempo anda por estos barriales? —Así es. Después de haber marchado algunas cuadras. Y se encaminó rectamente hacia el lugar de donde procedía la alarma de los perros. —¿Anda solo? —Solo. Luchaba contra el cansancio. Le parecía que podía perder aquella oportunidad y empezó a torturarse con pensamientos nacidos de su experiencia. Aguilera F.cl) . Debe caminar No puede detenerse. palpando con ansiedad hasta encontrar el apoyo de un madero de las alambradas. El frío se le hace insoportable. No cabía duda. Nada. Volvió a golpear. y toda su carne se estremece de frío. Escuchó atentamente. y temiendo derrumbarse sobre el lodo. acude a su memoria. Por un instante se le hace tan imperiosa la necesidad de encontrar abrigo. la imagen de un brasero chispeante y de una tetera hirviendo a borbotones. Era cerca de la medianoche cuando Ignacio creyó escuchar ladridos de perros. Allí apoya las espaldas y permanece largo rato con la cabeza inclinada. Para ello sólo era preciso caminar. oyó distintamente un furioso ladrido de perros. He caminado toda la noche y estoy pasado de agua. el corazón anhelante. (oaguiler@uchile. Sólo la lluvia. señor. Y aguijoneado por la ansiedad. Y para torturarlo. Pero una íntima esperanza empezó a germinar en su interior. se detiene a la orilla del camino. un hombre trabajador que busca alojamiento. rompían el silencio de la noche. El sueño comienza a pesarle en los ojos y la angustia germina en el fondo de su corazón. los latigazos de la lluvia y el sordo rumor del viento que sacude las copas de los árboles. señor. Pero en todo ser hay un límite para su resistencia física. El Autor de la Semana: Gonzalo Drago -7- pesa demasiado. Vencíalo a fuerza de indomable voluntad forjada en todos los caminos.® 1996-2000 Facultad de Ciencias Sociales . dejando. —¿Quién es? —Yo. Tenía que encontrar algún rancho. Sólo los perros. El agua chorrea por su espalda. esta vez con más fuerza. había llegado a un punto habitado. Sintióse poseído de un ansia febril ahora que estaba a punto de encontrar refugio. no detenerse. Me pilló la luna en el camino. ¿Y si lo rechazaban? ¿Si se negaban a franquearle la puerta para darle albergue? ¿Tendría que seguir caminando? Esta duda se le hizo insoportable y para terminar su tortura buscó la puerta del rancho y golpeó sigilosamente para no alarmar a sus moradores. del lodo y de la obscuridad. el oído afinado. que el agua se escurra por el ala de su sombrero y penetre por el cuello de su poncho deshilachado. amenazantes. que se sorprende casi corriendo a pesar de su cansancio. El Autor de la Semana .Universidad de Chile Selección y edición de textos: Oscar E. —Estoy salvado—pensó con alegría. No quiere creer en su derrota. continúa la marcha interrumpida. por el pecho. Tiene hambre y frío. Quiero un rinconcito para dormir. Ignacio Tapia. sin que se lo proponga. Nadie respondió. mantener el oído atento y los ojos abiertos para escrutar la sombra. Ignacio Tapia siente que el cansancio es superior a sus fuerzas. Pero la noche lo detiene con los charcos profundos. —Así es la vida—comenta Ignacio mentalmente con rabia y desaliento. señor.

agobiado de cansancio. Primera vez que oigo mentar ese pueblo. —Entre. Su voz fue un ronco mensaje de amistad. de las gallinas enfermas. la tibia fragancia del cedrón y hojas de palto. pues.Universidad de Chile Selección y edición de textos: Oscar E. La mujer ya había encendido fuego y se apresuraba a cebar el mate en el redondo calabazo obscurecido por el uso. por preguntar algo y romper el silencio embarazoso del visitante. ingrato. tradicional. Una mujer anciana. Pareció condolerse. ¿Queda muy lejos eso? —Lejazo. desconfiado. —¿De aónde viene?—añadió sin curiosidad. si está calado hasta los güesos comentaba con insistencia. Ignacio ya no la escuchaba. En este tiempo no hay trabajo pa nadie—respondió el viejo con desaliento hay que esperar el buen tiempo pa arar las tierras y este aguacero parece que no va a terminar nunca. Era un olor viejo. —Ah. que venía desde la colonia. Se había marchado él. se apresuró a quitarIe el poncho mientras lo invitaba a sentarse Ella también había tenido un hijo. Quería arrojarse al suelo seco del rancho. No faltará un trechito donde se acomode. desde los comienzos de la raza y se prolongaba hacia el futuro con profundo arraigo en el corazón del pueblo. Por la estancia se extendió. la anciana se dedicó a encender fuego. Ignacio pudo ver el rostro de un hombre anciano. —Tengo sueño —confesó el vagabundo. —Santa Juana. —De Santa Juana. —Gracias. El Autor de la Semana .cl) . Se quejaba del tiempo. en invisibles oleadas. —¿No hay trabajo por estos laos? —¿Por aquí? Psch. —Por Diosito. Luego. Quería dormir. La mujer continuaba hablando. Acaso ahora andaba vagando y pidiendo asilo. Ignacio chorreaba agua. que lo escudriñaba tratando de adivinar las intenciones de aquel viajero nocturno. de la miseria. Ignacio preguntaba y obtenía las respuestas sin demostrar interés. de aspecto tímido y andar arrastrado. Aguilera F. —¿Aónde queda eso? —Pal sur.® 1996-2000 Facultad de Ciencias Sociales . como si tuviera prisa en participar al desconocido que aquel era un rancho miserable. al caer sobre la cavidad del calabazo el agua hirviente de la tetera. ahogando un bostezo para rubricar su necesidad de reposo. El Autor de la Semana: Gonzalo Drago -8- La puerta del rancho se abrió tímidamente. (oaguiler@uchile. como aquel hombre que golpeaba la puerta de su rancho.

pero. decidido.Universidad de Chile Selección y edición de textos: Oscar E. le era difícil decidirse ahora que lo instaban a quedarse. no podía estarse quieto. —Quédese. Sus nietos eran demasiado pequeños para ayudarlo. por ahora. en las faenas del campo. tenía la evidencia. Sentía una imperiosa necesidad de moverse o de hacer algo. Y los caminos como están. a sentarse a la orilla del fogón para luego incorporarse como si se sintiera incómodo en aquella actitud de reposo. Había cuatro pequeñuelos además de los viejos. Ignacio. ajenos a todo. lo observaba tranquilamente mientras chupaba su cigarrillo crepitante. el fondo de su misterio germinaba una nueva vida. que cerraban el horizonte. Y él sería una boca y un vientre más en aquel rancho miserable. Aguilera F. Sentíase viejo y débil. Asomábase a la puerta del rancho.® 1996-2000 Facultad de Ciencias Sociales . hijo —rogó con mansedumbre— Ahora no hallará trabajo en ni una parte. salió al exterior y pronto estuvo sobre la techumbre. Del cielo plomizo se desprendían gruesas gotas. que siempre lo habían rechazado con desconfianza dondequíera que pedía albergue. Sus manos habían adquirido el color del campo arado y bajo los espesos matorrales de sus cejas brillaban las tranquilas chispas de sus ojos de avellanas. A medida que el tiempo pasaba. Entonces decidió quedarse. no andan ni pájaros. entre rostros bondadosos y El Autor de la Semana . en. Una gotera caía con insistencia el un rincón del rancho.cl) . Así no le sería difícil. empezó a sentirse más cómodo en aquel ambiente familiar. No faltará un plato de comida y un rinconcito en que dormir.. Dolorosamente yerto. recuperadas las fuerzas por el descanso nocturno. El Autor de la Semana: Gonzalo Drago -9- Su sueño invencible y tiránico le había cerrado los ojos. Ambos. Lo detuvo la voz del viejo. Infinitamente triste. El paisaje era desolado. Era un campesino envejecido en contacto con la tierra. compactas y heladas. comer el . hurtándolo a la realidad y alejándolo de las palabras de la anciana. A la mañana siguiente continuaba lloviendo. A él. Hasta donde alcanzaba la vista. Pero la actitud blanda y sumisa de la madre lo decidió a quedarse. Los chiquillos lo miraban boquiabiertos.. agotada y enferma. que casi no hablaba. él y ella. que en aquel rancho era un estorbo. (oaguiler@uchile. —Gracias. que la mujer sintió que sus ojos se empañaban piadosamente. cultivando su predio con el hondo cariño de entregarse a lo único que se posee. el dueño del rancho. Su mujer. —¿Cómo se le ocurre irse por esos camines con esta lluvia? Quédese aquí hasta que pase el aguacero. volvía.. Ignacio levantó la cabeza.. No sabía si quedarse o irse.pan que le ofrecían. observó el techo. habían llegado a la vejez sin esperar nada de los demás. Estaba satisfecho de haber hecho algo útil. Seis bocas que tragaban cotidianamente. cuidaba del rancho y atendía a sus nietos huérfanos. La tierra parecía muerta. aislados en mitad del campo. que se estancaba en los baches o corría en pequeños arroyuelos. que crecían como animalillos domésticos. Además. quiso abandonar el rancho para continuar su marcha interrumpida. escrutaba el cielo con los ojos entrecerrados. arreglando el desperfecto. un poco atemorizados ante aquel forastero de barba crecida y de ojos duros. la tierra veíase inundada por el agua turbia y cenagosa. Le parecía. impregnada de paternal emoción. Don Fabián. De sus harapos mojados elevábase una leve gasa de vapor y de toda su actitud de hombre rendido por el cansancio emanaba una angustia tan indefinida.

Le parecía un poco violento estar en aquella casa ajena disfrutando de la hospitalidad de los dueños. ni sal. lo distraía de su angustia. Pero los vio tan desalentados. con un tono humilde que nunca había usado. Habíanse acostumbrado a la presencia de aquel forastero que se esforzaba por ayudar en algo. El sexto día amaneció radiante. que despedía un incitante olorcillo. Podía irse con el dinero de las compras. entonces. vamos a ver? No hay azúcar. ni grasa. no pudo conciliar el sueño. Entonces. En cambio. En la voz del viejo había una mezcla de ternura y desconfianza. pero no confiaba en su honradez. No.Universidad de Chile Selección y edición de textos: Oscar E. Le agradaba que aquel hombre se ofreciera para ir al pueblo. Un cesante. Ignacio. oteaba el cielo para buscar un pedazo azul y no se resignaba a permanecer quieto durante mucho tiempo. Don Fabián hizo proyectos. Fumaba. Recordó el cansancio y la angustia de la noche anterior cuando avanzaba azotado por el temporal y sintió que su corazón se henchía de gratitud por la acogida de los viejos. Nunca se había quejado en casos semejantes. Llovió seis días sin descanso. ¿Cómo se le ocurre. —Tengo que ir al pueblo a comprar algunas cosas. don Fabián. ni harina. Sin embargo. Él mismo desconocía aquel temblor de su voz.protestó su mujer con visible disgusto. Sabía que era inútil. con los rostros tan amargos y sombríos por la preocupación. Temía despertar la desconfianza de los viejos. con más confianza. —¿Cómo se te ocurre ir a vos por esos caminos? Tenimos que esperar que se consuma l’agua primero. aspirado hasta el fondo de sus pulmones. sobre su lecho improvisado. cada uno. sin hacer nada para merecer su aprecio. como un mudo presagio de su tormenta interior.cl) . No hay ná. (oaguiler@uchile. Casi no salía del rancho. Aguilera F. Ignacio salía a la lluvia. Cuando llegó la noche. Pero Ignacio insistía. —¿Usté? No. Estaba acostumbrado a caminar sobre el fango de todas las carreteras de Chile. Afuera llovía con fuerza. Era mejor negarse a su ofrecimiento. Él no lo conocía. ni yerba. iñor. Los años y la miseria le habían robado las palabras. Pero no se quejaba.® 1996-2000 Facultad de Ciencias Sociales . continuaba lloviendo. por buscar leña en los contornos o apuntalaba un pedazo de cerca destruida. Un vagabundo. El Autor de la Semana: Gonzalo Drago -10- sencillos gestos impregnados de hospitalidad. Causaba malestar aquella luz vivísima después de haber permanecido en una suave penumbra durante varios días. Y el humo. Ya no tenimos qué comer. Las provisiones escaseaban en el rancho y el rostro de don Fabián empezaba a ensombrecerse. podría ir. Por esos caminos no andan ni bestias. una alegría vital emanaba desde el seno de la tierra. Era un “aparecido”. Los pájaros se apresuraban a buscar su alimento y los hombres se asomaban a sus ranchos para intentar salir al campo inundado. claro. Ahora. Ignacio escuchaba sin mezclarse en la conversación. El Autor de la Semana . buscó su lecho y se dispuso a dormir. alargaba sus manos hacia el fogón y le agradaba escuchar el ronquido del agua hirviendo en la tetera o la sorda ebullición de la olla con frijoles. voy yo. merodeaba por los aledaños. que se atrevió a hablar: —Si usté gusta. como una bestia cansada. Aquello era un diluvio. —¿Y qué vamos a comer. Los niños ya no le temían. Él. Pero no se atrevía a ofrecer sus servicios.

En. Aquí tiene la plata. Ya no queda ni una ná pa comer. Caminaba a largos trancos. puro y diáfano. vaya pal pueblo. Ella era la más intranquila. —En la cara no se conoce la honradez. don Fabián. Si es un hombre bueno y honrao. delator de las conjeturas que rondaban en su cerebro. Vai a ver que vuelve. —¿Por qué no lo dejai que vaya. Y a sus palabras siguió un largo silencio. Nunca había desempeñado una tarea con tanta alegría. cuando llueve hasta un mes sin escampar. —Güeno. A medida que pasaba el tiempo. venciendo su instintiva repugnancia. visible y extraño. La Virgen del Carmen lo traerá por buen camino. entonces? —Yo no digo que sea ladrón. Ambos se esforzaban en pensar en otra cosa. me he criado en el barro. pidió una bolsa y se dirigió hacia el pueblo. parecía reflejar su alegría interior. Si usté quiere.cl) . —Así será. anhelando llegar pronto a su destino. —¿Creís que’s un ladrón. No era posible. —No. No me asusta el barro ni el agua. en desviar El Autor de la Semana . sus pupilas había una especie de estupor mudo. Resbalando en el lodo. accedió al pedido de su compañera. Iba alegre. pero no lo demostraba. He sido roto andariego. De los campos empezaba a elevarse una tenue gasa de vapor que se disolvía en el aire frío. No hablaron más. No. Silbaba. Se le conoce en la cara. Fabían interpeló a su mujer con visíble desagrado: —¿Y si se arranca con la plata? Vos soi muy confiá con esta clase de gente. Si se arrancara con la plata. El viejo. amigo. Aguilera F.® 1996-2000 Facultad de Ciencias Sociales . Fabián?—propuso la mujer con aparente indiferencia—. Hay muchos laidrones con cara de santitos y gente buena que parecen bandíos. Es mejor que no vaya. Yo iré otro día. mientras el cielo reflejaba su rostro en los infinitos ojos de los charcos. (oaguiler@uchile. hundiéndose en el fango de la carretera. Estaba segura de eso. Los chiquillos tienen hambre. Se acusaba de estupidez por aceptar las sugerencias de su compañera y prometíase obrar siempre por cuenta propia. pero no le tengo mucha confianza pa entregarle mi plata. El cielo. sin escuchar consejos ajenos. Viera usté en el sur. yo puedo ir.Universidad de Chile Selección y edición de textos: Oscar E. —Este ya no güelve—murmuró con desaliento. —No seai leso. Sentíase cómplice de lo que pudiera ocurrir. Entonces sí que hay agua en los caminos. Su rostro sombrío habíase endulzado y en sus ojos torvos brillaba una estrellita de felicidad. don Fabián. mire. ya que tiene ganas de ir. Sí. la incertidumbre crecía y se enrollaba como una enredadera en el corazón de los viejos. Ignacio cogió el dinero. pues. Al quedar solos. Fabián mordía sus blasfemias. Si el hombre no volviera. Volvería. El Autor de la Semana: Gonzalo Drago -11- —Yo estoy acostumbrado. Volvería.

El Autor de la Semana: Gonzalo Drago -12- sus sospechas. yo solo no pueo trabajar la hijuela. Cobijados en la sombra. Y eso demoraría algunas semanas. y a pesar de sus esfuerzos. El Autor de la Semana . avergonzado por su desconfianza. —Aquí están los encargos. no acertaba a dar con las palabras que debería emplear para participarles su decisión de marcharse. —¿No le gusta mi rancho. Ignacio estimó prudente abandonar aquel rancho abierto a la hospitalidad. entonces? —No. Entre los dos poímos arar y sembrar too el potrero. —¿Pa onde quiere irse. Ahora si que tengo que irme. Güeno. con una fresca y franca carcajada del vagabundo. Por fin se decidió a hablar. —No esté hablando disparates. Encendieron una bujía. Aguilera F. iñor! Lo que hay es que no le gusta mi rancho. temblorosa y vacilante. Y la alegría. después cosechamos y vendimos las cosechas. pudieron examinar el aspecto del “aparecido”. esquivaban sus pupilas bañadas por una lacerante inquietud. sonaron golpes en la puerta.. don Fabián. Una semana más tarde. No lo había hecho antes por acceder a los ruegos del viejo para que lo ayudara en las labores del campo. Usté me ayuda a trabajar y come el pan que se ha ganao con su trabajo. —No. don Fabián. El campo no podía ser arado hasta que la tierra no estuviera enjuta.. —Es él—repitió el viejo como un eco. Eso no. Perdone la demora. hasta que guste. es que. Quédese aquí mejor. Es que. El lodo acuoso chorreaba de sus viejos pantalones y de una manga de su chaqueta campesina. contimás que m’estoy poniendo viejo y usté es joven y robusto. La campiña habíase convertido en un inmenso lodazal. Pero le era difícil despedirse de sus amigos. nada había que hacer. Soy una boca más y usté es pobre. De pronto. con los nervios tensos. Le diré con franqueza. (oaguiler@uchile. amigo? Ya le he dicho que por estos laos no hay trabajo. No tengo derecho pa robarle un pan a sus hijos. —Sí.Universidad de Chile Selección y edición de textos: Oscar E.. —¡Es él! — gritó la mujer. —Si. Por ahora. súbitamente.. —Oiga. Me quedo. iñor. don Fabián. Ignacio penetró al rancho con gesto alegre y despreocupado. —¡Güen dar que’s testarúo usté. don Fabián. Es que aquí puedo molestar. A su luz.cl) . pero no podían evadir la tenacidad de sus pensamientos que trataban de anular sus ultimas esperanzas.® 1996-2000 Facultad de Ciencias Sociales .. porque. pero ¡hubiera visto los caminos!. Anochecía. Me caí tres veces al barro. penetró al rancho sombrío de don Fabián. es que aquí tampoco puedo quedarme..

Ignacio y Fabián miraban satisfechos el producto de su esfuerzo. después de muchos años. le correspondía segar lo que otro había sembrado. Era una felicidad sin palabras. Las raíces del hombre habían penetrado profundamente en la tierra de aquel campo. Antes. Hacía mucho tiempo que no lo hacía en voz alta. fecundada en el fondo de sí mismo. extraído del temblor de su sangre. Las espigas se amontonaban sobre el potrero. Esmerábase en preparar la tierra. Aguilera F. Eran los brazos de los padres y de los abuelos que repetían la faena eterna de hacer parir la tierra. cuando era peón de hacienda. Conoció la ansiedad de las heladas. Un hijo tenaz y entusiasta en el trabajo. Fue un hijo más en aquella familia. Por eso el canto de Ignacio Tapia. y sus esfuerzos se encaminaban. de abrirla y triturarla para arrancarle su vigor y crear riqueza. Rotundamente alegre. que se asomaba. descubríó el llamado de la tierra. rubias. como un rebaño sumiso a un amplio logro de sus desvelos.Universidad de Chile Selección y edición de textos: Oscar E. era como una prolongación de su esperanza hacia las carreteras del porvenir. Era una felicidad íntima y primitiva. de pronto. —Y entonces. a sus pupilas pardas. pero sentíase liberado de la cadena patronal y de los rostros agrios de los mayordomos. Ahora. del premio al esfuerzo gastado para que la semilla fructifique. el cariño de la tierra.cl) . abonarla. Ahora todo era profundamente distinto. El Autor de la Semana: Gonzalo Drago -13- Y asi fue como Ignacio Tapia. Es cierto que aquélla no le pertenecía. sembrar. de los vientos traicioneros y de las sequías. azotado por todas las inclemencias y todos los infortunios. Nunca había conocido la satisfacción de la tarea completa. sólo entonces. empezó a cantar. curvadas por el peso de sus frutos. con movimientos rítmicos. de las lluvias persistentes O intempestivas. Al llegar el verano. purificarla de malezas para que todo el vigor fuera extraído. cuidar y recoger el fruto de su esfuerzo. Y ambos alzaron sus hoces relucientes y empezaron a segar a grandes brazadas. Estaba alegre. Ignacio.® 1996-2000 Facultad de Ciencias Sociales . El maizal alzaba sus penachos dorados ostentando a lo largo de su vientre vertical las mazorcas duras. abstraídos en su labor. El campo se llenó de surcos. Asistía al nacimiento de los pequeños brotes del trigo o del maíz con una íntima emoción de padre frente al vástago. echó raíces en aquel rancho. —Ahora tenimos que segar—murmuró complacido don Fabián. la que lo incitaba a cantar como un pájaro libre y saciado en la copa de un árbol. arar la tierra que otro sembraba. que se tornaban de un color rubio violento para denunciar la madurez de sus frutos. como un árbol en tierra de sembradío. o bien. con la fuerza ciega y vital de la naturaleza. vagabundo fatalista. de sedosas cabelleras verdes. el campo era un lago de espigas maduras. (oaguiler@uchile. Su voz ronca tenía sonoridades de viento encadenado vacilando en los baches de su memoria para luego alzarse alegre y juvenil sobre el potrero fecundo. la gratitud honda hacia la tierra que lo da todo. por las plantas. mientras el sol caldeaba el campo y lamía las espaldas de los hombres curvados. limpia y pura. como lo habían hecho sus antepasados. El Autor de la Semana . también él era dueño de una parcela de felicidad en los predios de su corazón. y se nutrían con la ansiedad y la esperanza para compartir su esfuerzo. Conoció la alegría de arar.

Jara. arrojando gruesas bocanadas de humo aromático que se diluía en el aire puro y transparente de la mañana. para conocer los pensamientos y aspiraciones del personal frente al movimiento sindical que tomaba fuerza de torrente. made in USA. Un capataz de ojos sagaces dirigía y vigilaba aquella ruda sinfonía de esfuerzo y de trabajo mientras los combos y las barretas se levantaban y caían con rítmico compás. se desconcertó. De improviso. Mr. Fue peón. que podían captar aquella bochornosa escena. capataz. En los aledaños. evitaban la proximidad de aquel «nativo» moreno que persistía en su intento con admirable tenacidad. tomado de sorpresa. Jara un instrumento de fácil manejo que podría serles útil como espía. un obrero bajo y robusto permaneció inmóvil un momento. aún los de más humilde condición. de pie sobre unos durmientes de la vía ferroviaria. Para captar simpatías y afirmar su posición en las arenas movedizas. Jara había nacido en Machalí. Orgulloso. Cuando logró ocupar un puesto de relativa responsabilidad en la Compañía. Ni los desprecios ni las burlas lograron desanimarlo. Jara.® 1996-2000 Facultad de Ciencias Sociales . con rabia sorda. Jara. halagaba a los jefes. escribiente y por último ayudante de ingeniero. le hacía recordar que él ocupaba un peldaño más alto en el gallinero colectivo. con astucia y sagacidad criollas. auténticamente yanqui. frente a una pequeña y potente locomotora a petróleo. empezó a vengarse de sus compañeros con una crueldad netamente indígena. (oaguiler@uchile. Después de ligera vacilación empujado por un impulso espontáneo. estaban Mr. Mr. mascullando un slang aprendido pacientemente en el silencio de su cuarto. como un potente electroimán atrae a la brizna de acero. Aguilera F. sumiso como un perro castigado. negro? Mr. Los yanquis. Mikmans. Desde sus comienzos buscó con insistencia la compañía de los norteamericanos del mineral. alarife. satisfecho de sí mismo. El frío no lograba penetrar a través de su gruesa zamarra negra y permanecía más allá de sus altas botas mineras. A todo aquel que había tenido una frase hiriente o una sonrisa burlona para sus pretensiones y simplemente por espontánea antipatía. escrutando con desconfianza la severa figura de Mr. Lo empujaban dos propósitos: su admiración servil hacia la rubia raza del norte y su interés de practicar inglés con ellos.Universidad de Chile Selección y edición de textos: Oscar E. fumaba su pipa con el gesto severo de un hombre importante. observaba con indiferencia a un grupo de obreros sudorosos y sucios que cambiaban un trozo de línea férrea. alargándole su robusta mano fraternal: —¿Cómo te va. ¿Qué pensarían de él si lo vieran estrechando la mano de aquel hombre? Su amigo no era más que un El Autor de la Semana . arrojó su herramienta de trabajo y se encaminó rectamente hacia el ayudante de ingeniero. La mina lo había arrastrado inevitablemente hacia su vientre. recién egresado de la escuela rural. Para llegar hasta ese cargo se había valido de dos recursos que le dieron espléndidos resultados: su rudimentario conocimiento del idioma inglés y el uso cotidiano de su flexible espina dorsal cuando se veía en presencia de un jefe rubio. Taylor y Mr. cuando apenas era un muchacho inexperto y canijo. El Autor de la Semana: Gonzalo Drago -14- MISTER JARA M r. haciendo saltar las piedrecillas de la vía. Jara parecía ignorar la repugnancia que inspiraba a los yanquis y se acercaba a ellos. obtener la confianza de los jefes norteamericanos que vieron en Mr.cl) . alistador. trabajaba como un buey cuando era observado y no escatimaba palabras mordaces contra sus compañeros de labores logrando.

Tomó una resolución violenta: —I don’t know you man —contestó secamente. Jara montó en cólera. se embriagaba demasiado pronto y entonces aparecía inevitablemente el indio que llevaba escondido debajo del chaleco. desastroso y sucio y su obligación era rechazarlo. Aguilera F. Para ellos. Le habría gustado ser rubio. en la complicidad de su cuarto. esa pipa y esos anteojos ¡Ja. Por último levantó los hombros con desprecio y masculló terribles amenazas: —¡Negro de mierda! Cuando lo pille solo le voy a rajar la guata ¡por mi madre! Y cogiendo la barreta continuó su labor interrumpida. ja! Mr. Entre los yanquis no logró simpatías ni mucho menos pudo conseguir un amigo. *** Mr. Moreno. Mr. Además. Jara no era feliz. Lo miraban con desprecio mezclado de compasión. bebía el rojo vino criollo hasta perder el conocimiento. Jara realmente veíase cómico con su seriedad simiesca y sus ojillos amenazadores bailándole detrás de las grandes antiparras. ja. «White Horse». Luego se echó a reír apretándose la barriga cual si temiera que se le escaparan los intestinos por la boca. Jara era un self made man con destellos de inteligencia pero El Autor de la Semana . Su absurdo mimetismo lo llevaba a adoptar usos y costumbres de un grupo étnico que se diferenciaba profundamente del suyo. (oaguiler@uchile. Giró sobre sus talones y volvió las espaldas a su amigo que permaneció extrañado mirándolo alejarse sumido en conjeturas. pero la naturaleza (¡ah maldita naturaleza!) lo había dotado de signos externos marcadamente indígenas.cl) . Llegó a despreciar las bebidas nacionales porque había observado que los yanquis sólo bebían whisky. Aquello era demasiado. —¿En qué circo es la función ahora. El Autor de la Semana: Gonzalo Drago -15- humilde obrero de la mina. Al comienzo aquel líquido fuerte le repugnaba y le quemaba la garganta nacida para el vino tinto. déme un whisky.® 1996-2000 Facultad de Ciencias Sociales . Llegó a temerles a sus borracheras pero persistió en beber sólo whisky y brandy de las mejores marcas.Universidad de Chile Selección y edición de textos: Oscar E. nariz roma y labios gruesos tenía la sólida apariencia de un mapuche. Lo mortificaba su aspecto físico. La peineta y la escobilla nada podían contra esas cerdas duras y resistentes de pura cepa criolla. Sintió deseos de abofetear a su antiguo camarada pero aquel hombre tenía unos biceps abultados y unas recias espaldas proletarias. Lo que más le exasperaba en verdad era la tenaz rebeldía de su pelo que le cubría el cráneo como un grotesco erizo negro. Lo mejor era cortar la escena. Cada ascenso que lograba hacía crecer la distancia que lo separaba de sus antiguos compañeros. negro? Estás desconocido con esa ropa. Al entrar a un bar sentía una íntima y húmeda satisfacción al ordenar al mesonero: —Barman. El obrero lo quedó mirando sorprendido. A veces se cansaba de aquella cotidiana farsa en público y subrepticiamente. de ojos separados. Mr. blanco y de ojos profundamente azules. repetía con delectación con el tono de un buen catador de licores exóticos.

los más impacientes. lo contestaba con un débil y gangoso «morning» mascullado entre dientes. Cumplió su promesa durante dos noches. Jara se entrañaba de amanecer con los bolsillos vacíos. Tuvo la certeza de que abusaban de sus borracheras y se prometió no concurrir más a las veladas. sentíase feliz. Jara. Jara. —»Además —concluyó—. por lo general. Mr. no está bien que me roce con esa clase de gente. Para no aburrirse. —My friends —mascullaba cuando estaba borracho—. A la tercera. le hablaban en un inglés absurdo. pero éstos parecían no darse cuenta de su presencia. Para halagarlo y hacerle repetir las corridas de licor. Sentíase un hombre superior entre aquella gente sórdida y sedienta. apenas podían reprimir un violento deseo de propinarle un puntapié en la parte baja de la espalda. Por su parte. Mr. en los muelles de Valparaíso.® 1996-2000 Facultad de Ciencias Sociales . Mr. donde se reunían mineros y noctámbulos a charlar de sus vidas duras e ignoradas mientras bebían el vino barato y adulterado por manos taberneras. aislado. ¿Cómo compartir con un nativo? Sería lo mismo que estrechar la mano a un negro. Jara decidió atraer algunos amigos con el señuelo de un trago gratis. Todo su dinero desaparecía en el bar. al tenerlo a su alcance. sediento. Desesperado. Su presencia humilde y rastrera los molestaba. desastroso. nunca. —¡Welcome.. Llega a odiarlo. no me abandonen nunca. además. y si le era inevitable eludir el saludo. torturado por la soledad. para evadirse del tedio que comenzaba a invadirlo como una marea poderosa. como lo había escuchado en los labios groseros de los yanquis. no ama al extranjero. Y. estallaba en sollozos que le congestionaban el rostro moreno hasta tornárselo violáceo. buscaba con frecuencia el contacto con los yanquis.. El Autor de la Semana: Gonzalo Drago -16- absurdamente presumido. cuando se encontraba con algún empleado u obrero. Esto ocurría casi todas las noches en el «Bar Sewell». Algunos. Y aquel saludo exótico lo hizo inflarse de orgullosa alegría y pidió trago para todos. un traidor. *** El Autor de la Semana . Mr. (oaguiler@uchile. Aguilera F. se vio rodeado de un pequeño grupo de gente inescrupulosa que lo adulaba con afectada cortesía. Le respondía un coro de gritos y promesas beodas. Los amigos improvisados lo explotaban sin escrúpulos. en libros primarios. Llegó a sentirse solo. Lo considera un descastado. Algunas mañanas. emocionado. era un indio. Son unos rotos abominables». Todos huían de su presencia como de un leproso. vaciaba sobre el mesón su bolsillo ahito de billetes. Jara. naturalmente. con gesto de gran señor. donde lo recibieron alegres gritos de bienvenida. Pronto. Mr. Mr. Mr. Jara! —maulló un tunante con aspecto de gato en celo. aprendido en los talleres. pero es duro y cruel con el criollo que se disfraza de gringo. El nativo. se echó algunos billetes al bolsillo del pantalón y se encaminó como un sonámbulo al «Bar Sewell».Universidad de Chile Selección y edición de textos: Oscar E. en esos casos. al despertarse. miraba con obstinación la punta de sus botas o sentíase acometido súbitamente de un poético deseo de admirar el cielo.cl) . Jara cosechó los frutos de su siembra absurda. Y entonces.

El Autor de la Semana: Gonzalo Drago -17- Con las frecuentes libaciones. —I don’t know you (No lo conozco a usted) —mintió débilmente Mr. —¿Quién será? ¿Será Mr. con aparente satisfacción. Mr. Las energías comenzaban a ceder. Monroe? —se preguntó Mr. Jara se sintió dolorosamente abandonado. telefoneó al doctor. Jara. alargándole su ruda mano fraternal. Nadie acudía a visitarlo. puso punto final a la larga comedia de su vida. Jara pareció no comprender y guardó silencio. Al poco tiempo enfermó de gravedad. Taylor o Mr. Se levantó demacrado. defraudado en sus expectativas. fumando pipa y echándose a la boca. El doctor lo visitaba a menudo presintiendo un pronto desenlace. —¿Cómo te sientes. suministradas por la blanca mano de Miss Joan.cl) . Como era caso perdido. Pero siguió bebiendo whisky «White Horse» y otras marcas importadas. única enfermera que soportaba a su lado por ser de nacionalidad inglesa. el enfermo ingería cucharadas de legítimo Whisky escocés. pudo constatar que su mal no tenía remedio. aquel que lo había avergonzado delante de sus jefes con su excesiva confianza. anhelando la visita de algún auténtico jefe norteamericano. El pulso le latía débilmente y un sudor frío le inundó la frente morena. (oaguiler@uchile. El Autor de la Semana . Y cerrando los ojos.® 1996-2000 Facultad de Ciencias Sociales . Jara. Miss Joan le anunció la visita de un amigo con su fría sonrisa cotidiana. Una mañana. Mr. —¿Cómo te va. autorizó a la enfermera que lo cuidaba para que accediera a sus insistentes pedidos de licor. y una mañana no pudo abandonar el lecho. inclinando su auténtica y robusta estampa proletaria sobre el lecho del enfermo. débil y vacilante. como un telón de boca. negro? —repitió Rojas emocionado. negro? Supe que estabas enfermo —murmuró el recién llegado con visible emoción. El doctor. La fiebre lo consumía. Comprendió que se moría. de vez en cuando. trocitos de tabaco de mascar. minando su organismo paulatinamente.Universidad de Chile Selección y edición de textos: Oscar E. llamado por un vecino. Estuvo enfermo varios días. Aguilera F. En el marco de la puerta apareció la robusta silueta de Froilán Rojas. El whisky ingerido durante largo tiempo había hecho su efecto destructor. En vez de medicinas. Mr. La enfermera alarmada. Después de pensar un momento pidió a la enfermera que introdujera al visitante. Jara terminó por enfermarse.

tullida. para su mujer. El Autor de la Semana: Gonzalo Drago -18- UN RACIMO DE UVAS C has. inmóvil en su lecho. duras y fuertes. En seguida. chas. acortando la distancia que lo separa de su rancho. más allá de la última colina que se alza sobre el telón obscuro del horizonte. alertas. A la luz de la cerilla su rostro se ilumina y sus ojos tristes y mansos adquieren un brillo extraño. rompiendo la placidez nocturna. arrancando yerbas y raíces en los potreros y buscando cortezas de árboles a la orilla de los caminos. El hombre piensa. tratando de recordar sin éxito las oraciones olvidadas. Angustiado y mudo. desamparado entre las sombras. chas. marchando sin descanso. El aire es denso y siéntese en el ambiente la extraña presencia de los fluidos eléctricos que gravitan en las nubes. El Autor de la Semana . preñada de amenazas.cl) . Aguilera F. Sólo el instinto lo guía a través de la noche El calor es sofocante. La noche ya se viene encima como un gigantesco murciélago de alas enlutadas y el hombre continúa marchando sin detenerse. que se escurre lentamente hasta el matorral de sus cejas. Por la frente rugosa del viejo resbala la transpiración. Las supersticiones dormidas en el fondo de su memoria. Camina. demacrada. La noche ya está sobre él y lo envuelve entre sus velos negros hasta confundirlo con las sombras que llenan el campo. La tempestad avanza desde la cordillera. lleva un pequeño paquete de medicinas. (oaguiler@uchile. El silencio es apenas roto por el apagado roce de sus ojotas que se hunden . un cielo negro y hosco le hurta las estrellas. que se negaba a comer y que pasaba la noche conversando con las sombras. y que excitan los nervios de los hombres y los animales. Al comienzo de la enfermedad se medicinaba ella misma.en el polvo fino de la carretera. chas. Arriba. taita Dios — murmura mentalmente. Pero el mal la venció. inválida y delirante. Chas. Para disipar su pena enciende un cigarrillo.® 1996-2000 Facultad de Ciencias Sociales . Su rancho está lejos. Ni una ráfaga de viento refresca el bochorno de esta noche estival. El hombre camina. Entre sus manos campesinas. semeja una bestia estimulada por el látigo despiadado. silenciosa. chas. casi demoníaco. Y continúa avanzando sin detenerse. Sabe que en el rancho lejano lo espera su mujer inválida y no quiere detenerse a descansar aunque el cansancio le encadena las piernas y le aprieta los pulmones. golpeada por un mal incurable y misterioso. con sus miradas dirigidas hacia la tierra blanda. Ahora era una masa esquelética.Universidad de Chile Selección y edición de textos: Oscar E. vuelve el silencio. Mientras camina. Algunos perros ladran amenazadores. Ha caminado dos leguas y aún la carretera es una serpiente ondulante que se alarga frente a sus pupilas húmedas por la ansiedad que le roe las entrañas. lba por el camino como una sombra. donde lo aguarda la angustia de su compañera. evoca a su mujer y la ve flaca. cayendo sobre el lago estrellado de la noche infinita. por las húmedas vegas de Manantiales. para la hembra vencida por la desgracia y la miseria. siente la necesidad de buscar refugio espiritual. El hombre. —Güen dar. chas. Son para ella. solo frente a la inmensidad de la noche. El vuelo silencioso de una lechuza que rasga el manto de la noche lo hace temblar como un remanso herido. resignado y sumiso. renacen con el miedo y lo convierten en un niño trémulo frente a la soledad de la campiña que lo circunda.

A medida que avanza aumenta su sed. cuelgan profusamente entre las parras. El viejo lo corta ansiosamente y se retira saboreando las uvas jugosas que aplacan la fiebre de su garganta seca. resbala en su intento. La densa obscuridad es apenas perforada por el débil resplandor de la luz y el hombre sólo puede ver un pedazo de muro leproso. más allá de las «Vegas del Flaco». (oaguiler@uchile. ¿Y si la viña estuviera ahora a sus espaldas. Eso es todo. dulces y reconfortantes.® 1996-2000 Facultad de Ciencias Sociales . trepa sobre la tapia y en un instante se encuentra dentro de la viña. chas.Universidad de Chile Selección y edición de textos: Oscar E. taita Dios. El aire denso irrita los nervios de los seres y a lo lejos retumba el sordo bramido de algunas vacas alarmadas. Está frente a la viña y le bastará cruzar la barrera para saciar su sed.cl) . incubándose en el vientre de las nubes como un feto maligno. Avanza con cautela. donde los racimos maduros. en el que se precipitan la angustia de los hombres y las cosas. Siente la boca seca. como un ciego. En aquel preciso instante. porque lo acompaña la certidumbre de que podrá aplacar su sed. Aguilera F. Camina. sobre las cumbres de la cordillera. espera con ansias la llegada de la lluvia. Piensa. Casi en seguida encuentran un racimo enorme. De improviso el viejo se reanima. posesionándose de sus pensamientos hasta anular su cansancio y diluir la esquelética figura de su mujer enferma que huye a grandes saltos de su imaginación afiebrada. y con ella fabrica una pequeña antorcha que ilumina el túnel de la noche. herida. alargando los brazos para acercarse a las parras que adivina grávidas de racimos maduros y jugosos. sedienta. enciende una cerilla. La distancia le parece larguísima para sus piernas debilitadas y estima que le queda aún mucho que recorrer. como centinelas en acecho de las estrellas perdidas. abierto en mitad de la noche colchagüina. Ya no tendrá que esperar hasta alcanzar su rancho para satisfacerse: bastará que llegue a la altura de la viña. lo asalta un pensamiento. Sabe bien que no podrá encontrar agua a su alcance hasta que no llegue al refugio de su rancho. Sus ojos mansos y tristes miran hacia la tierra y sólo se alargan hacia la lejanía para tratar de descubrir algún indicio que le indique el punto preciso en que se encuentra. una detonación seguida de un grito perverso lo hizo caer sobre la tierra. el cielo se ilumina levemente a largos intervalos. se dispone a. El viejo camina. dorados y bermejos. Para facilitar su tarea.’ La tempestad se retarda. Pronto choca con una parra y sus manos ávidas tactan en la sombra. apretado. que escale la tapia carcomida por los años y que coja un racimo de uvas. Ahora marcha más tranquilo. La tierra seca. ardiente. El ruido de sus pisadas se acelera y la respiración se le hace anhelante. La necesidad de agua se le hace imperiosa y le seca la garganta irritada por el polvo del camino. como un presagio de tempestad. La noche es un horno negro. chas. El camino es un túnel tortuoso. y ese pensamiento aumenta su ansiedad. una definida angustia abrazada a su incertidumbre. Sabe que debe pasar frente a la «Viña Santa Laura». En el horizonte. —Güen dar. magnífico. El calor y la sed lo sofocan. mientras avanza mudo y resignado a través de las entrañas de la noche. amenazante. Estimulado por su ansiedad. enciende una cerilla. Pero luego encuentra una solución: arranca la envoltura del paquete de medicinas. y derruido que le intercepta a visión con su barrera muda. Quiso incorporarse y le pareció que estaba encadenado El Autor de la Semana . y siente que su angustia crece y le aprieta la garganta. El Autor de la Semana: Gonzalo Drago -19- El hombre la evoca así. lejos de su esperanza? Para averiguarlo. De pronto. Su duda huye ante la evidencia. respirando débilmente. escalar la tapia para reintegrarse al camino. Algunos álamos se alzan a la orilla inmóviles. el camino relargo— monologa mentalmente. Chas. Tropieza. Luego. Apresura el paso. delirante y moribunda. Allí quedó inmóvil.

Universidad de Chile Selección y edición de textos: Oscar E. y aún alcanzó a escuchar una voz lejana.cl) . Todo aquello fue como un relámpago. alcanzó a pasar la figura esquelética de su mujer. Era algo tan lejano a su actitud de descanso. Por su imaginación. Y el hombre. (oaguiler@uchile. Extrañóse de no sentir ningún dolor. danzaba sobre el campo. inmóvil. Y la recia figura del capataz Toledo. Y el murmullo de la acequia de riego. maduro y lavado por la lluvia. derrumbado. velozmente. pero tuvo la impresión de que toda su sangre se le vaciaba por el pecho. agresiva. El aire se hizo más puro y respirable. —Tengo sueño—pensó con pereza. Abrió los ojos y observó que empezaba a llover con fuerza. retrepada en la cama. pero sus párpados no obedecieron. Aguilera F. Y la visión de su rancho sórdido y maloliente. Un fresco olor a tierra mojada subía desde el camino y los árboles jubilosos sacudían sus ramajes húmedos con gestos de bienvenida. que llegaba hasta sus oídos a través de una espesa niebla de misterio. golpeándole las sienes con sus martinetes de agua. había un racimo de uvas. la lluvia empezó a caer sobre su rostro con fuerza inusitada. Después experimentó un gran alivio. lejanísima. ahogando sus quejidos. Y el lejano canto de un zorzal madrugador. mientras la luz de una linterna iluminaba la escena: —Estos son los ladrones de uva. siempre implorante. pero ya el agua no le causaba alegría ni malestar. que se extrañó de sentirla caer sobre su rostro. Ya no sintió sed ni cansancio. desencadenada. para alumbrar el furioso tropel de sus imágenes. El Autor de la Semana . Quiso abrir los ojos. hermoso. quedó solo bajo la noche fragante A su lado. torturada por su mal.® 1996-2000 Facultad de Ciencias Sociales . nítido y preciso. violenta. El Autor de la Semana: Gonzalo Drago -20- a la tierra. patrón Después. La tempestad libre.

Lo había perdido todo. Su caballejo se había hundido en el fango de los potreros. creyéndose víctimas de un castigo divino. irritante. Además. La miró en silencio y movió la cabeza negativamente. helada. inundaba les caminos y formaba to rrentes que se vaciaban sobre los potreros desamparados. Sentía un íntimo desprecio por su mujer. Bajo su poncho de castilla. Les pájaros. No había nada que hacer ¿Volver a sembrar? No tenía dinero para comprar nuevas semillas. rugiendo con estruendo ensordecedor. deshaciéndose en turbios penachos al chocar contra las piedras o árboles que obstruían su paso. Sentado en su cuarto trasero. El Autor de la Semana: Gonzalo Drago -21- LA CRECIDA H acía dos semanas que llovía. irritada por el mutismo de Liborio y porque creía ver en el aullido un alarmante presagio de nuevas calamidades para la tierra. moviéndolas incesantemente. Su tono de voz era opaco y resignado. Liborio se sintió sobrecogido ante la terca actitud del estero creciendo amenazador.Universidad de Chile Selección y edición de textos: Oscar E. y volvió lentamente a refugiarse en su rancho erguido en mitad del campo como un oasis para su desamparo.cl) . esperando la ansiada bonanza que tardaba en llegar. baja y laboriosa. guarecidos en sus ranchos. Amalia. En el establo lejano mugía una vaca impaciente y todas las bestias parecían presentir algo inesperado. mirando sumisamente las gotas de agua que se escurrían por su pelaje enlodado. con las manos escuálidas alargadas hacia la llama. El Autor de la Semana . alargando el pescuezo hacia la altura. —¡Cállate. Parecía que aquella desgracia hubiera tenido el sortilegio de unir a los animales y a los hombres. como si una inmensa regadera se vaciara sobre la tierra. desorientados. Liborio no respondió. como si pasara por su lecho una loca manada de vacunos. En la mañana había ido a verlas. Los campesinos. (oaguiler@uchile. monótona. compacta. Las dos cuadras de siembra estaban cubiertas de agua. crédulas y supersticiosas. mientras las mujeres. rugientes. de negras crines enrolladas en un alto moño y labio hendido. Liborio. se limitaban a mirar el cielo. peculiar a todas las mujeres de su raza. oraban de rodillas ante las imágenes de los santos. Los perros olfateaban inquietos y el caballejo ensillado jugaba con las orejas. contemplaba en silencio la lluvia persisten- te. se acabó todo—pensó con amargura. Desalentado. Las aguas color de barro llenaban por entero el cauce del “Guirivilo”. Las aguas danzaban enloquecidas. La lluvia. Aguilera F.® 1996-2000 Facultad de Ciencias Sociales . su mujer. avanzando penosamente en el terreno blando y resbaloso. y friolento empezó a aullar. sin cuidarse de sus moradores. La lluvia continuaba tenaz. llegaban a cobijarse en el menguado alero del rancho. prometiendo “mandas” y velas para que cesara el aguacero. fue a mirar al estero que corría hacia el norte de su hijuela. Un cigarrillo de hoja de choclo humeaba entre sus dedos toscos y su vaga mirada de bestia de carga nada decía de su mudo drama interior. moledera! — estalló la voz furiosa de Amalia. que le había dado dos crías canijas y morenas. la estación estaba avanzada. lo interrogó sin mirarlo: —¿No te hay asomao pal lao del estero? Debe traer muchaza agua. huraño y taciturno. —Si se sale el estero. Desde una pequeña altura oteó el turbio panorama. Los escasos animales que no habían sido recogidos a los establos repletos. cobijábanse bajo los árboles. dura. un perro descarnado. con esa inflexión fatalista. Los árboles desnudos parecían esqueletos pidiendo auxilio desde su desamparo. sentada al lado delbrasero.

deshaciéndose en gruesas lágrimas de estearina que formaban sobre la mesa un pequeño charco amarillento. ¿Qué podía hacer? ¿Huir con su mujer y sus chiquillos. Para ellos. Amalia y Liborio maduraban el mismo pensamiento. —¿Qué querís? —¿No sería mejor que nos fuéramos? Escucha al estero como brama.cl) . Pero el horizonte era una inmensa comba gris. o espantando a las aves guarecidas en el pequeño corredor que servía de cocina. recogida en su infortunio. Además. Liborio pensaba. terca y despiadada. Para procurarse nuevas velas tendrían que ir a1 almacén de Ño Polanco. obstaculizado su curso por una saliente del terreno. Le era penoso abandonar su rancho y sus animales domésticos a la furia ciega y despiadada de las aguas. La greda de sus caras no revelaba ninguna inquietud. y mirando al suello esforzó algunas palabras que se vaciaron trémulas y sigilosas en la sórdida penumbra del rancho. nutriéndolo de dolorosa tensión. Los chiquillos miraban sin comprender. regañando a los chiquillos que se prendían a sus faldas. Aguilera F. Liborio. Tendido en su camastro. en el que había vivido casi toda su vida. A la orilla del brasero comieron en silencio. (oaguiler@uchile. El hombre permaneció en silencio. no se resignabaa huir en el momento del peligro.Universidad de Chile Selección y edición de textos: Oscar E. — Oye.® 1996-2000 Facultad de Ciencias Sociales . El cansancio. Amalia. pero el monótono tamborileo de la lluvia se lo impidió. envuelto en las tinieblas. Identificado con aquel pedazo de tierra. a cinco kilómetros de distancia. la lluvia sólo significaba estar confinados en el rancho sin poder corretear por los potreros cubiertos de verdura. Liborio sabía lo que eso significaba: si continuaba la lluvia. Debe traer muchaza agua. Con los ojos abiertos taladraba las sombras del cuarto mientras sus pensamientos truncos se esforzaban en vencer el temor que circulaba por sus venas. salía y entraba al rancho. Pero su angustia pudo más que su pasividad campesina. sus chiquillos y sus bestias. No se atrevían a hablar de lo que rumiaban dentro de su mutismo. La vela de sebo iluminaba débilmente la pobreza del cuarto. el ‘’Guirivilo” hacía una curva en su camino. Saltó de la cama tropezando en la obscuridad y se asomó a El Autor de la Semana . el estero saltaría sobre el obstáculo y se vaciaría sobre su hijuela. Ella. les caminos estaban intransitables. cerró los ojos de Liborio. se levantó pesadamente y haciendo crujir sus botas embarradas se perdió en las tinieblas del rancho. Se acostaron temprano. Pero este pensamiento lo mortificaba. podría hacer una tentativa . El agua. Antes de abandonarlo todo prefería morir con su mujer. donde la lluvia colgaba su fina rejilla de aguas. escrutaba el horizonte con la esperanza de percibir un pedazo de cielo azul que anunciara la bonanza. donde sus ojos sagaces se impregnaban de distancias. poco a poco. en ese momento. pero no lo traducían en palabras.de abandonar el rancho. Tomada esa resolución se tranquilizó y procuró dormir. El Autor de la Semana: Gonzalo Drago -22- Doscientos metros hacia el oriente de la hijuela de Liborio. arrasándolo todo. No disponía ni de una mala carreta para llevar sus trastos. se escurría por los agujeros del techo y caía sobre las camas con un rumor sordo y apagado. abandonándolo todo a la furia de las aguas? No. Si cesara la lluvia aquella tarde. liberándolo de aquella horrible pesadilla que lo circundaba. A media noche despertó sobresaltado. Esperaría hasta el fin. Con los ojos enrojecidos por el insomnio. inquieta. Llegó la noche y continuaba lloviendo. No se movería. era una mancha de greda muda y taciturna. arriesgándose por los caminos inundados a través de la gruesa cortina líquida que cerraba el horizonte.

Los potreros.Universidad de Chile Selección y edición de textos: Oscar E. Una tromba de agua lo tumbó arrastrándolo largo trecho. El rancho había desaparecido. La hijuela. como si las pezuñas de toda la hacienda galopearan sobre un empedrado. eran un pardo pantano de aguas cenagosas. Un ruido ensordecedor avanzaba desde el estero. Trató de incorporarse y una nueva avalancha de agua lo arrastró hacia el abismo de fango. era como una prolongación del estero hacia la tierra. fu riosamente. Los cilancos. El Autor de la Semana: Gonzalo Drago -23- la puerta del rancho. El ruido crecía. lo arrasaron todo. Aguilera F. El hombre lo comprendió todo.cl) . seme- jante al fragoroso alarido de un monstruo invisible. como infinitos ojos de la tierra. (oaguiler@uchile. Al otro día. amaneció un sol avergonzado entre las nubes grises. recogían en sus pupilas turbias la desolación del cielo.® 1996-2000 Facultad de Ciencias Sociales . Luchó desesperadamente y se abrazó al nudoso tronco de un espino. Las aguas. —¡¡La crecida!! —gritó a su mujer. cubierta de piedras y de restos de árboles tronchados. a ambos lados del estero. El Autor de la Semana . Ya no llovía. Pero ya era tarde. se acercaba haciendo temblar la tierra.

Pero en el fondo es su propio cansancio de bestia agotada el que lo hace detenerse un momento en cada vuelta. Ya s’está haciendo tarde y hemos trabajao mucho. mientras el viento se enreda en el cordaje elástico de los árboles desnudos y gime como un perro castigado. (oaguiler@uchile.® 1996-2000 Facultad de Ciencias Sociales .Universidad de Chile Selección y edición de textos: Oscar E. ¿Que’s lo que te duele a vos. mientras el campo desolado y la tierra herida parecen llorar por las profundas llagas de sus besanas. No sabe lo que espera. Aguilera F. Evoca a su mujer. despedazadas. vamos a dar otra güeltecita nomás. como si le estuviera hablando a un niño. Y su mujer había callado secándose furtivamente algunas lágrimas que se empecinaron en salir. y que un día partió hacia la ciudad. que le cuidaba el rancho y le preparaba su comida. Un ronco bramido horada el silencio y cae lentamente por las pendientes de la distancia. en busca de nuevos horizontes para su alma campesina. El campo aparece cubierto de arrugas profundas. Avanza hacia el animal. un mocetón rudo y robusto que había heredado su mutismo. La jornada es larga: desde que el sol se asoma hasta que se pierde más allá de los últimos cerros de la costa. Su mentalidad de viejo campesino no le permite dolerse de su propia miseria y de su doloroso abandono. engañándose a sí mismo— es para que descanse el caballo. Ahora recuerda que la “finada” le había pedido dinero en una ocasión para ir a ver doctor a la ciudad. Viejo y solo. Después. Esta vez —piensa. Cuando se detiene. va José del Carmen rumiando sus pensamientos limitados. mientras sus manos sarmentosas y recias atenazan la mancera y guían al caballo extenuado que avanza lentamente. —Güeno —le advierte—. continúa arando. enciende un cigarrillo y luego continúa hosco y sombrío en medio de la soledad del campo. Su largo contacto con la tierra lo ha identificado a ella con un prodigioso mimetismo de animal perseguido. vamos a ver? —Las espaldas. con los ojos fijos en el surco. más allá de las cumbres moradas que empiezan a enrojecer. La tarde va soltando sus cortinas de sombras y el campo empieza a cubrirse de una tenue neblina que parece brotar del fondo de la tierra. sumisa y trabajadora. se asemeja a un árbol podado y taciturno. Parece que me le quiebran —respondióle ella. El cansancio empieza a mortificarlo. El Autor de la Semana: Gonzalo Drago -24- REMORDIMIENTOS D etrás del arado que hace saltar los terrones y crujir el vientre de la tierra con su desgarramiento profundo. José del Carmen se detiene un momento. José del Carmen. José del Carmen piensa. apoyados sus brazos en el largo mango de sauce de su látigo. le arregla las riendas y le golpea las tablas del cuello. confusa y El Autor de la Semana . Por la cabeza de José del Carmen cruzan ideas confusas y truncas. Él le había preguntado con tono agrio y autoritario: —Güeno. Siente que le sube por los pies pesados y le adormece los músculos de los brazos como si soportara la presión de una mano extraña. tatuadas por la punta del arado. saltando sobre las colinas que circundan el horizonte. Ahora lo recordaba todo. Y José del Carmen vuelve a pensar en su mujer difunta. Tiene su voz una monótona y benévola inflexión. como harapos arrastrados por el viento o un rebaño fustigado por la tempestad. y que él se lo había negado con palabras duras y despiadadas.cl) . José del Carmen se detiene nuevamente. Está viejo. y a su hijo.

sonriendo forzadamente. inclinada sobre su plato.Universidad de Chile Selección y edición de textos: Oscar E. Y la vida en el rancho continuó sin variaciones: opaca. bestia. el hijo. La miseria troncha sus palabras y la ignorancia termina por envolver en espesas tinieblas los cerebros campesinos. Enciende un cigarrillo. El viejo continúa inmóvil. sollozó ocultando la cara entre sus manos escuálidas. Pasaron varios días. tampoco había hablado. El sol empieza a desaparecer detrás de los cerros mientras las sombras se apresuran a extender sus manos viudas sobre la soledad del campo. Estaba pálida y llorosa. pensando en que nadie podría prepararle el desayuno. Nunca más volvió a quejarse. Pero una mañana su mujer no pudo levantarse. con gesto de asco. La mujer. La madre le respondió sin palabras. José del Carmen. mamita? — había preguntado el muchacho. El llanto de su mujer lo exasperó. La mujer. no respondió a sus sarcasmos. herida. Ve a su mujer pálida y llorosa. como si confesara un delito. José del Carmen se detiene en sus pensamientos. El Autor de la Semana: Gonzalo Drago -25- amedrentada. Balta. sumisa. (oaguiler@uchile. Anochece. sabandija ! El Autor de la Semana . Por las noches tosía bajo las frazadas. doblada sobre sí misma en un ángulo del rancho. a ese mismo potrero en que se encontraba ahora.? —Las espaIdas. Lo recordaba bien. Y él se mostró burlón y desapiadado. Y en seguida abandonó el rancho y se dirigió al campo. lavaba y cocinaba como de costumbre. Una semana. barrer el rancho. El humo se eleva lentamente en la calma añil del atardecer y sus recuerdos avanzan a grandes saltos. —Güen dar—suspiró el hombre con desaliento. Díjole que era más delicada que las hijas del patrón y que apenas le dolía un dedo ya quería ir al pueblo a pagar un doctor. Los pobres tienen muy pocas cosas que decirse. José del Carmen—sollozó la mujer esforzándose por sonreír para no exasperar a su marido. Un prolongado bramido salta desde el potrero vecino y se aleja dando tumbos hacia ia distancia. mirando su pasado. —¿Quiere que llame a la meica. Trató de incorporarse. alimentar a las aves y lavar la ropa de la patrona. miserable. pero las fuerzas la abandonaron haciéndola caer sobre el jergón de paja impregnado de transpiración. pero estaba horriblemente flaca en aquella primavera. Sentíase débil y le parecía que tenía los pulmones vacíos. A la hora de almuerzo encontró a su mujer levantada. como potros perseguidos. —¡ Cállate asquerosa. sumisa.® 1996-2000 Facultad de Ciencias Sociales . emitió su pregunta malhumorado: —¿Que’s lo que te pasa ahora. moviendo la cabeza con gesto negativo y resignado. Almorzaron en silencio. tal vez. Nunca había pensado tanto en su mujer ni había recordado todos esos detalles que ahora le llegan solos. con el ceño fruncido. Aguilera F. transpirando copiosamente.cl) . siempre silenciosa. Y entonces la mujer. sin que ello le impidiera levantarse con las primeras luces del alba para preparar el desayuno. como bandadas de pájaros a cobijarse en un alero. monótona. —Parecís esqueleto—le dijo el hombre un día. rechazándola brutalmente cuando estuvo a su alcance. José del Carmen la miraba con odio. Tal vez un poco menos.

haciendo saltar la sangre de su nariz herida. inclinada sobre la artesa. entre camisetas remendadas y calcetines zurcidos. hilvanando frases truncas. furioso. la muda tragedia de su soledad afectiva y su secreta dolencia de tísica se vaciaron bruscamente en aquel momento. Desastrosamente solo. estaba destruída. ¿Cuántos años hacía de eso? ¿Tres. con sollozos apagados y murmurar trozos de oraciones olvidadas que nunca se había atrevido a repetir en voz alta. El rancho era una pocilga inmunda. tan auténticamente chileno. ¿Quién lo hubiera creído? Nadie podía imaginarse que esa mujer callada y hacendosa. cuya procedencia el padre nunca pudo precisar. acompañado de otros dos inquilinos de su edad.Universidad de Chile Selección y edición de textos: Oscar E. A la mañana siguiente amaneció muerta. —La niña de la leche está muy negra—había dicho con voz apagada. iban algunos libros ajados. ¿Dónde había aprendido todas esas cosas? En los libros. José del Carmen — había agregado como si estuviera soñando. ciego. cambiando bruscamente de tema. donde el hombre vale igual que una pala y menos que un arado.® 1996-2000 Facultad de Ciencias Sociales . No lo había sospechado. Luego su estupor se transformó en furia. sin titubeos. Era aquello algo tan chileno. una brusca sacudida que lo condujo hacia la evidencia de la enfermedad de su compañera. José del Carmen la miró con estúpida sorpresa. Ya el sol se había ocultado detrás de los cerros de la costa. Estaba cansado de esa vida opaca. —Hasta luego. Y nunca más supo de él. Después de la muerte de su mujer. José del Carmen. (oaguiler@uchile. que no podía ser de otra manera. Partió una mañana. Las gallinas habían muerto o desaparecido. taita —habíase despedido su hijo. Lo había visto leer a la sombra de los sauces o bajo el pequeño parrón del huerto. cuatro? No lo recordaba. semejante a una represa liberada de sus compuertas. había hablado incoherencias. continuó golpeándola hasta el agotamiento. hasta los muchachos mayores de la escuela rural.cl) . Desde entonces estaba solo. no cabía duda. Aguilera F. El Autor de la Semana: Gonzalo Drago -26- La mujer tartaleó una excusa y rompió a sollozar con más fuerza. sin más equipaje que una pequeña bolsa a la espalda. En el rancho faltaban las hacendosas manos de su mujer. con un tono dulce y desconocido. Cuando la mujer cayó sin sentido. —Pero si anoche estuvo levantá hasta tarde— repetía con estúpida insistencia. Es cierto que él había bebido. asaltada por las arañas y las lagartijas que buscaban refugio en sus muros agrietados. Un odio violento y salvaje se apoderó de su cuerpo magro y empezó a golpearla en el rostro anguloso. su hijo manifestó deseos de irse a la ciudad. Después. la muda presencia de su mujer. amasando la harina o curvada frente a la cálida boca del horno para extraer el pan fragante o las apetitosas empanadas. Estaba transformado en bestia. sórdida. Sí. Hacía tres días que se emborrachaba con un aguardiente adulterado que lo enloquecía después de la quinta copa. que desempeñaba tareas agobiadoras. sin horizontes. Pero había que celebrar las fiestas patrias y todo el mundo hacía lo mismo. aprovechando la tácita complicidad de las autoridades y patrones. en la que. resistiéndose a la realidad. Eso era cierto. Todo su dolor de hembra desamparada. El cielo enrojece violentamente y los El Autor de la Semana . Sabía leer y escribir y no quería seguir siendo bestia de labor en la hacienda “Santa Margarita”. como nunca lo había hecho. Ni una maldición manchó sus labios exangües. no lo podía creer. La ropa hecha girones no podía ser zurcida. Fue un golpe inesperado. —Me voy pa San Fernando. El muchacho había hablado largo. Una noche José del Carmen sintió a su mujer quejarse blandamente.

agotado por el cansancio. Y sin poderlo evitar. Piensa en su mujer y en su propia vida. Aguilera F. José del Carmen. cubriéndolo todo con sus alas negras.® 1996-2000 Facultad de Ciencias Sociales . sentado sobre los surcos. es sólo un dolor de hombre confundido con la tierra. ha comprendido la muda tortura de su compañera. bajo las densas sombras de la noche que se le ha echado encima. tardíos y tenaces.cl) . Y ahí. en ese preciso instante de la tarde que muere. solo ahora. sentado sobre la tierra removida. lo muerden. (oaguiler@uchile. Piensa. Y las últimas. Los remordimientos. El Autor de la Semana . Las sombras se avalanzan desde los cerros próximos y se arrojan de bruces sobre el campo.Universidad de Chile Selección y edición de textos: Oscar E. permanece en silencio. Es como si se conociera por primera vez. El Autor de la Semana: Gonzalo Drago -27- últimos pájaros vuelan apresurados para cobijarse en los árboles que se alzan como faros taciturnos en el silencio del paisaje. José del Carmen. Ahora. sin descanso. mudo y angustiado. deja que corran algunas lágrimas quemantes por los profundos surcos de sus mejillas. roído por la soledad. Son sus primeras lágrimas de hombre.

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