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"ESPACIO PARA LA REFLEXIÓN, EL CUESTIONAMIENTO, LA CRÍTICA,


LA INVESTIGACIÓN Y LA INNOVACIÓN DOCENTE"

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Compendio de Bioética

Sexualidad, celos y violencia


doméstica
Fernando del Castillo del Castillo

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Sexualidad
Resulta frecuente que, cuando un hombre y una mujer se
sienten atraídos confundan enseguida ese sentimiento con el amor y,
sin solución de continuidad, lleguen a la unión sexual como
manifestación “lógica” de ese “amor”.
Existe una gran confusión de ideas en todo esto. La atracción
física no supone otra cosa que eso: atracción. Se trata, pues, de un
sentimiento superficial (todo sentimiento es en sí superficial, aunque
cuando se percibe con intensidad nos gusta hablar de un profundo
sentimiento). Sólo cuando el sentimiento va unido al amor podemos
hablar con propiedad de un sentimiento profundo: pero no porque sea
profundo el sentimiento en sí, sino porque va asociado al amor, que es
un acto voluntario (y por eso, ciertamente profundo).
Cuando un chico y una chica -un hombre y una mujer- se
conocen y se sienten atraídos, aunque -incluso la primera vez que se
ven- sientan profundas alteraciones, todavía no se aman: porque no se
conocen bien y sólo se ama a quien se conoce bien (a quien no se conoce
bien sólo se le puede admirar o desear). Incluso cuando empiezan a
salir juntos, aun antes de conocerse bien, como están enamorados
(sentimiento) puede suceder que les entren palpitaciones, nerviosismo,
sudores fríos... cada vez que se miran o sencillamente se dirigen una
palabra o un pensamiento. Sin embargo, todavía no hay amor (en el
pleno sentido de esta palabra).
Como personas que han dejado ya de ser niños, todos hemos
desarrollado un sentimiento de pudor natural que nos empuja a ocultar
a la mirada de gente extraña distintos aspectos de nuestra persona
(físicos o espirituales): por eso bajamos el volumen de voz cuando -
mientras hablamos confidencialmente con algún amigo- se acerca una
tercera persona, o cambiamos de conversación; también nos
abrochamos la camisa o nos ceñimos un albornoz (si andábamos con
poca ropa) ante la proximidad de un extraño.
¿Quién no ha sentido desasosiego después de tratar un asunto

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personal con alguien en quien habíamos depositado una gran confianza


que después no ha sido correspondida? Pueden ser cuestiones
espirituales (a veces de conciencia), sentimientos afectivos, dudas...
Porque esas aperturas del alma sólo se hacen con quien va a guardar
una prudente reserva de todo lo que le digamos. Así que la ruptura de
esa confianza (o el descubrimiento de que nos equivocamos al juzgar la
amistad leal de alguien) genera una sensación enorme de incomodidad.
Y llega hasta tal punto que esa inquietud nos produce más alteración
que una contradicción fuerte (siempre que en esa contradicción nos
sepamos “arropados” lealmente por quienes nos quieren).
Hemos dicho innumerables veces que la unión sexual entre un
hombre y una mujer es manifestación de una entrega personal plena y
estable. Cuando un hombre manifiesta su amor de esta forma, hace
partícipe a la mujer de su intimidad corporal y de sus afectos más
“profundos” (profundos por estar asociados a un amor personal). De ahí
que sea un grave error mantener ese tipo de relaciones fuera de una
unión estable, fuera del matrimonio. Y no sólo podemos calificar esa
unión carnal de imprudente sino también de hipócrita, por ser
“manifestación” de un amor que... todavía no existe (en cuanto entrega
personal estable).
Pero ahora estamos estudiando algunas consecuencias de esa
actitud. Y por eso vamos a centrarnos en la característica de
imprudente que tiene la unión completa de un hombre y una mujer sin
que medie un compromiso entre ambos que los vincule establemente:
esto es, sin estar casados.
Cuando un hombre y una mujer llevan una vida matrimonial sin
estar casados, encontramos dos aspectos contradictorios: por una
parte, de forma habitual se han hecho partícipes -el uno al otro- de su
intimidad corporal y de sus afectos en un nivel máximo...; pero por otra
han manifestado las “dudas” -razonables durante el noviazgo- acerca
de su disposición a entregarse para siempre. Ha sido como decir: “Soy
totalmente tuyo (o tuya) ahora, pero después... ¡ya veremos!...”
Y resulta lógico que una proporción elevada de esas parejas se
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separen, igual que sucede entre las relaciones de noviazgo (orientadas


a reconocer si se puede llegar a una estabilidad matrimonial y familiar
entre el hombre y la mujer). Frecuentemente las separaciones de
novios resultan dolorosas (al menos para una parte), pues cuando una
pareja empieza su relación de noviazgo, lo hace con la ilusión de llegar
más adelante al matrimonio. Pero las separaciones en las parejas de
hecho llegan a ser... ¡traumáticas!

Celos
¿Por qué traumáticas? Porque desde el momento de nuestra
separación, esa mujer -estoy describiendo ahora el sentimiento dee un
hombre- se ha “llevado” mi intimidad y mis manifestaciones de afecto
más profundas (ya que tuvimos vida matrimonial). Pero además, si
después veo que se une a otro hombre y empieza a convivir con él... en
muchas ocasiones será inevitable que me asalte un sentimiento de
celos: es verdad que ya no queremos vivir juntos, pero también lo es
que se ha llevado algo de mí (algo muy íntimo y personal). Y mientras yo
viva difícilmente conseguiré eliminar (ni tan siquiera mitigar) la
sensación de que está traficando con algo que ya no es suyo (pues su
afecto más íntimo lo había dirigido de forma habitual hacia mí),
También sentiré que mi persona se encuentra entonces sola y como
“desnuda” (con una inquieta y enorme sensación de impudor).
Algo parecido -aunque a otro nivel- me sucedió cuando le confié
a aquel “amigo” (no era verdaderamente amigo) una inquietud espiritual
que albergaba en mi corazón...: se burló de mí (sonriéndose). El
arrepentimiento profundo de haberle hecho esa confidencia no sirvió
para aliviar una extraña sensación de “impudor” (como si la intimidad
de mi conciencia estuviese expuesta a la mirada oliscona y superficial
de curiosos que deambulan por la calle...). Y no porque mi “amigo”
contase a otras personas lo que le dije sino porque yo había mostrado
la intimidad de mi alma a quien no era merecedor de esa confianza.
Por eso se despierta primero un sentimiento de inseguridad y
desasosiego cuando se produce la separación de quienes convivían sin

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estar casados. Y ese sentimiento evoluciona enseguida hacia un


sentimiento de celos, cuando el hombre (estoy estudiando el problema
como hombre que soy) ve que la mujer se ha unido a otro y le está
ofreciendo manifestaciones de afecto y entrega como las que le
ofrecía antes a él. Y... “¡está traficando con lo que yo le di!” (piensa el
hombre sin “echar cuentas” de su personal responsabilidad en todo lo
sucedido).
La estabilidad emocional del hombre es inferior generalmente a
la de la mujer. Por eso, los sentimientos de celos -igualmente intensos
y dolorosos para la mujer- traen consecuencias a veces más radicales
en el hombre...

Violencia doméstica
[Prefiero hablar de violencia doméstica (en el domus) y no de
violencia de género por el sesgo ideológico que tiene esta expresión
dentro de la ideología de género, a pesar de que en este escrito me
refiero siempre a la violencia entre personas que están o han estado
unidas por una relación afectiva, es decir, no incluyo las
manifestaciones de violencia doméstica entre padres e hijos, etc.]
Debo reconocer -como hombre varón- la superioridad
psicológica que tienen habitualmente las mujeres en las situaciones de
inestabilidad y de crisis. También, por este motivo, reconozco la
posibilidad de una “violencia psicológica” por parte de la mujer de la
que no se recogen estadísticas pero que en algunos casos puede estar
en el origen de una reacción violenta por parte del hombre (cuando se
siente incapaz de dar una respuesta “psicológica” adecuada pero se
sabe físicamente más fuerte). No hago con esto un “brindis al sol”: esa
diferencia habitual entre el hombre y la mujer me parece un hecho
objetivo -aunque, como en toda “ley psicológica” aparezcan
innumerables excepciones-, y he conocido casos de esa “violencia
psicológica” y -desgraciadamente- también alguna respuestaa “física”
por parte del varón (algo así como el adolescente que -sin argumentos
ante una reprensión justa por parte de sus padres- opta por dar un

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portazo y marcharse de casa o reacciona golpeando con su puño sobre


la mesa o contra la pared). Evidentemente, con esto no justifico esa
reacción de violencia “física” ante una violencia “psicológica”: sólo doy
fe de que a veces existe.
La situación de violencia se produce cuando la pareja deja de
sentirse unida y estalla un conflicto (pues todos sabemos de
discusiones que se producen dentro de una pareja y que -por sentirse
unidos- no llegan “a mayores”...) Por eso, las parejas de hecho son más
débiles que los matrimonios ante las situaciones de tensión: porque no
consideran su unión más que como un “compromiso temporal”, que igual
que ha empezado puede terminar.
Pero, por otra parte, como las parejas de hecho mantienen una
vida conyugal en la que se hacen partícipes de su intimidad corporal,
cuando el hombre descubre que el afecto de su ex-pareja se dirige a
una tercera persona, la falta de fortaleza psicológica puede llevarle a
reaccionar de forma violenta y criminal ante el sentimiento “impúdico”
de que están traficando con sus afectos (los que ofreció) y su
intimidad corporal. No recuerda que aquella mujer y él no se unieron
establemente de mutuo acuerdo. Tampoco que fue él quien ofreció
libremente sus afectos más íntimos a sabiendas de que eran sólo
“pareja de hecho”: el apasionamiento -los crímenes se cometen en
estos casos con una ceguera del corazón, nublado por pasiones
desbocadas- hace que el hombre olvide entonces su responsabilidad en
esa situación y se considera sólo “víctima”. La “prueba” de esa situación
de debilidad psicológica por parte del hombre la tenemos en que
muchas veces, tras el crimen, el hombre se suicida (consciente de una
situación personal aún más débil tras el crimen) o -como un autómata
sin rumbo ni sentido- se entrega directamente como culpable de ese
crimen a la autoridad.
[La violencia doméstica también se da dentro del matrimonio, e
incluso a veces no como consecuencia de sentimientos de celos entre
quienes están casados. Pero en casi todos los casos se da esta tétrica
secuencia que muestra una clara debilidad psicológica del hombre en

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esos momentos: crimen o crímenes -pues se llega a matar a los hijos- y


suicidio o entrega “autómata” a la autoridad]
(...)
Nunca se pueden justificar esos crímenes, ni se debe disminuir
la gravedad del delito (cuando no se llega al crimen pero sí a la
violencia física). Sin embargo... ¿no podríamos hacer algo más -algo más
formativo y positivo- para combatirlos y -sobre todo- para
desarraigarlos? Porque es conveniente fomentar la denuncia de abusos
(insistiendo en que el silencio cómplice no mitiga sino que acrecienta el
riesgo de que esa violencia repetida culmine en un homicidio). Pero si
no se llega a la raíz puede suceder -como en los últimos años- que el
número dee víctimas mortales se mantenga o incluso aumente, aunque
el número de denuncias y condenas por malos tratos se multiplique por
diez, por cien, por mil...
Pienso que la raíz principal (no la única, pues existen otras
causas que contribuyen a devaluar la dignidad de cada persona
humana), la raíz de esa violencia doméstica abrumadora, igual que la de
otros delitos igualmente vergonzosos (como la pederastia), se
encuentra en la trivialización de la sexualidad humana y en la
consideración de ésta como otro “aspecto” de unas relaciones humanas
de intercambio en las que sólo hay que evaluar los “riesgos” (dos
“riesgos” en este caso: la enfermedad y el embarazo).
Necesitamos redescubrir el sentido de la sexualidad en las
relaciones estables entre un hombre y una mujer. Hay que reavivar su
significado dentro del amor humano: que es un amor personal y no un
juego caprichoso del momento ni un simple intercambio de placer.
Tenemos que reconocer que la instrumentalización sexual de la mujer
(y del hombre) como cebos en campañas publicitarias degradan al
hombre y a la mujer como personas (y acaban influyendo
negativamente también en el respeto a los niños). Si se “censuran”
anuncios con contenidos xenófobos o que pueden herir la sensibilidad
de ciertos colectivos... ¿por qué no también esta publicidad
cargadamente sensual y en ocasiones erótica?
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Hay que contribuir a que muchos recuperen el sentido común:


no es más “moderna” la mujer que se acuesta con quien le apetece pero
-eso sí- pone medios para no contraer el SIDA o para no quedarse
embarazada. Esa mujer puede ser considerada como un objeto de
placer por parte del hombre. Y si se trata de una relación prolongada y
el hombre se siente desengañado cuando termina, es posible que no
soporte -herido en su orgullo- la idea de haber sido utilizado...
(entonces, la mujer llega a ser fácilmente víctima de la violencia).
Nada hay más moderno y progresista (motor de un verdadero
progreso) que el amor humano: limpio y leal. No existe un hombre o una
mujer, un joven o una chica más libre que quien se sabe “señor” de sus
pasiones (y no “esclavo” de ellas): pues sólo esas personas se poseen a
sí mismas, y por esa razón sólo ellas pueden entregarse de forma plena
y feliz a otra persona (en contraste con la falsa “entrega” egoísta:
placentera pero infeliz).
Tenemos que recuperar esta cultura humanista. Es compatible
con el desarrollo social, tecnológico, científico... No sólo es compatible
con ese desarrollo: es, de hecho la única garantía de que los avances
signifiquen un verdadero progreso.

Fernando del Castillo del Castillo


Marbella, 25 de agosto de 2008

Tertulia de amigos
Página personal de: Fernando del Castillo del Castillo

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Nací en Madrid en el año 1966. En 1987 llegué


a Andalucía: Granada (1987-91), Almería
(1991-93) y Marbella (donde vivo desde 1993).
Soy Biólogo (Autónoma de Madrid, 1983―U.
de Granada, 1988: Especialidad Biol.
Fundamental), con el Certificado de Aptitud
Pedagógica (ICE de Granada, 1988) y
Diplomado en Cc. Religiosas (Navarra, 2003).
De 1993 a 2007, profesor de Biología en
Bachillerato.

Guiones de
Me gusta escribir. Hace años elaboré unos bioética
“Guiones de bioética”, que he seguido
actualizando, con temas sobre la sexualidad Dios y el hombre
humana, el respeto a la vida y otros diversos
(drogas, evolución, demografía). Historias con
También escribo sobre Biología, Religión, moraleja
Educación, Filosofía... y cartas, muchas cartas.
Los contenidos de esos textos que considere Ensayos
interesantes iré colgándolos, poco a poco, en la web.
Trabajos de Biología
Disfruto charlando con los amigos (más aún cuando
alguna cerveza -o café, según la hora- acompaña a
esa conversación): de ahí el título TERTULIA DE Fotos
AMIGOS.
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alguna consulta. Ando mal de tiempo (paciencia...) y
tampoco soy un sabio, pero responderé.

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