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EMtO CASA DE LAS,{IvIEI{ICAS

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Lisandro Otero

LA
$TUACIONI
P¡DUIO DE ¡QYILA 1CO9 GgEl OItAlrO OOnCÚr6o L¡TEB AIO C^ÉA Dt I/13 aMIC^a

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Inscripción Nq 32133 Pó¡tada y diagramación: José Messina - Francisco Moreno

EDITORA SANTIAGO

AL DECIIIO ANIVERSARIO DEL 26 DE JULIO

Lt(tqq9g
)t

ta Q88

cido... Hemingway

"El país
Cedrón.

avanza, señores, ésa e¡ la

situación".

De un discu¡so deJ senador Gabriel

I

DOMTNGO, P6 DE AGOSTO DE

l95r

El horizonle estó enrojecldo y no lengo conclencla del tlcmpo. Esloy aqul en Varadero, frenle a esle largo muelle de Kawama y ax¡slo. Mi nombre es Luis Dascal, son diez lelras, un s¡gno conyenclonal, uña marca de fábrlca para dislinguir un produclo elaborádo; no dlce, no quiere decir absolutamenle nada: Luls Dascal. Eslo es el qulnlo o ssrdo ¿scoch, no recuerdo. Ahora lermina la larde, el sol va a ocullarse. Sólo en Cuba se ye asl. Es una larlela poslal de mal guslo. El lmar eslá lranqu¡lo y el sol es lmporlanle. Se hace angusliosamenle necesarla esla plenilud del sol. No hay que apegarse a las cosas. El escoch debe lomarse con agua porque coñ sda llena más, bloquea el eslómago. Es

,l

una buena beblda escocesa que hace olvidar la insoporlable conslanle disyunliva. No hay que eleg¡r con el ulskl (nl con el ron ni cl coñac), porqug abre un solo camlno al quo puede el hombre abandonarse; que nos lleva a aceplar como inmejorables lodas las sltuaciones. Esla es la hora del cóclel y aparocen el ruido y las luces del bar de Kawama.. Todos eslán ahí. Se habla: Yonl l¡ene un tan lremendo, le conlrasla con los oJos azules <omenlarlo femenino, La chlquila Cárdenas liene una lendencia a dorarse el pelo con el sol, Ie queda bien de largo <omenlario mascullno. Ahora los del Kawama hacen combinaciones para pasar agradablemenle la noche. Debe ser una gran noche porqüe es la ú¡iiilá de la temporada. Mañana es Iunes y todos vuelven a L¡l Habana y en los primeros días de sepl¡embre comlenza el

y

colegio, la unlversidad, la oficina, la compra de ropa lnvernal, la lemporada de lnvierno con los conc¡erlos de Pro Arle, la Filarmónlca, la ópera en el Audllorium y las fieslas de diciembre en los clubes organizadas por los Arellano,

cuando Broadway se Yachl o al Billmore.
ga fila de aulos. Los

los f¡nes de

semana

coch corre un inslanle anles de ser absorbldo; el hllo, anlei transparenle, oscurece el polvo fino con el que se mezcla.

Mc aiénlo bien. Los lragos me han dado un sopor tran' ,quilo y esloy en medio de una campana al vacío que me lnsensibiliza y me prolegei a Prueba de balas puedo lart' zarme a las mayores audacias sin lemor a represalSas. Ha

oscurecido comptelamenlc y sigo aquf en la arena, sólo co' mo un Idlola; además, se me acabó el uiskl. Vuelvo al bar. Ei bar de Kawama es dl mejor de Varadero. Posee u4a almós' fera discrela muy dislanle de la prelenslón barroca de olro¡

ínlima salisfacclón que es como un calor apagado denlro y

'lugares de su rango. Las lardes de invierno, cuando ya ha lerminado la lemporada, son las mejores para beber en Kawama. Se escucha el gemido de los pino¡ de la Playa y el 'suave sllbldo del vienlo al deslizarse por la ranura de lor crislales que dan a la lerr¡za. El bar eslá solo enloncr¡. ',Kawama reluce en la noche desde esla arena cn penumbra'€sos arcos de piedra de canlcría poseen la inmutabilidad fellz de una clase que 3e sabe segura en su posiclón. En Kawama se respira dinero. Camlno. Los mocasines se hunden en la arena. Llevo aún 'el vaso en la mano. Lo lanzo al mar. Enconlraré al grupq de siempre: Yoni, Anita, Francisco Javier, Tina, Margarlla y los olros. Se ríen mecánlcamenle, produclendo son¡do3 vl' tales, profundos; es una risa deslinada a agradar, no I ex' presar agrado. Es necesario reír con discreclón empleando 1os lonos que sen de buen guslo. El que rie en si soslenido casi siempre es un arriblsla. Los muslos de Anlta son un capolavoro (una ondulación ¡iempre es ef principio de la gra' cia): la plel tersa surgiendo de las ingles sobre la vigorosa -solidez de la carne y los músculot, lraza una curva suavo que lerm¡na en las rodillas, redondas, pulldas; las líneas se ábren de nuevo para crear las piernas, la dulce plenilud de 'las panlorrillas, y coinciden de nuevo con los lobillos eslrechos. Los muslos loslados de sol con sus breves vellos ru-bios contraslan con el blanco del chort y el pelo rubio, lacio, cae ordenadamenle sobre la blusa rola.
enleros son la elegancia de Kawama. Los la nola de folklore, la reminiscencia y la a, pero el color sin alenuanles, el color

2

I

Sar¡ía Santos: Alejanüo
wafna.

y

Cristina' Carlos llega a

Ka-

:,

de le Dascal siente ta necegid¿d de iaforurar e Ga¡fos es caPaz de eonvenves a ese tipo, oul-ao-"a¿"t

-Tú ;;;; .ús.iera. El evolueionisno reformi*t¡ es cl oe.. i"t Je ro. iaminos. "D¡€rdla en un Biuti'Res, glorifique ' mient¡as el: ;r ;tñ;. en la magia acok da de un"H¿y o$o eoayarr.* h¿cii un futuro ñ€ior"' mundo mercial aún: "Los hombres son buenos, Este es eI m* y ior de los mundos' Dadles un poco de t¡emPo q ryiurarez¡ hatá mllagros: Este ea un mensaie cortesía dc The Panghss Company y \a Pink Glasses lncarpor6e!"
Cuando

la de prestigio que hacía rcsplandec.er a quien s€ acercara. Luis Dascal resplandocía abora a ¡rsar de ser el tipo cse que anda con Carlitos, lo conozco de vista,
¿quién es ese neurótico?

Iic-old-boy porque a su al¡ededor se esparoía una aureo-

¿qué dice la'brn¡a ge¡tc? -Jecyy, andabas petdidtr. -€arlitos, Era una buena oportunid¿d de estar junto a Char-

senamociónes, oi boleheviques hirsutos,. ni sangre' El ¿"i ó"áiO" recogerá todas las cédulas que desee sic

sea Presidente leeremos sin inqub'taraoe en la edición dominical del N¿nr York Ti".t.-"o"""io m¿s: "Sea feliz. Vaya a Cuba y no piense"' Gran anuocio, ¿verdad? H grán sueño de la clase media' sin con-

-Hevia

pi"o"np"t* por lós cañ, arrerales en llamas' Lo más

gr&-

ve es que puede tener razón. Ca¡los' con el gruPo -dice -VamoJ la necésidad de seguir informsndo de Dascal sie¡te lo que sucede: -Espérate, ahora lo r¡eo todo claroEsta es una tierra wlgar y no vale la pena hacer ¡ad¡ jv"tttos con el insoPortable. Carlos. 'Dorque el clima es grupo -dice Dascal siente la necesidad de seguir informando de aho¡a lo veo-tods claro' Eslo que sucede: vulgar y no tierra -Espérate, vale la pena hacer nada polta es una que el clima es insoPortable. Carlos' con el gruPo -dice -Vamos deió llevar y se acercaron a las mesas usrDascal se das, del otro ládo de la areada interior, donde el gnrpo' se divertía' Diversos instn¡mentos en eI grupo que incluye des<la ta voz de falsete del oboe basti el contrabaio que afirma la rnasculinidad'

{barli,

cuando se decidan me avisan. Llámame tú, Yoni. ¿Y por qué no vamos al Kastillito? iAy, a ti siempre te gucta la chusma! Marni dice que las muchachas no podemos ir ahí. A mí se me ocurre que podemos ir a car!, como si fuéramos a jugat Monopoly o algo y poncmos el tocadiscos y cuando mami se entere ya tenemos cl guateque formado. Chévere, eso mismo. Te la comiste. Cualquier cosa menos ir a casa de las Sánchez, esas niñ¡¡ son atacantes. Atacantfsimas, sl. El otro día sacaron una tn¡sa... Como marrboletas. ¿A qué hora fue? Me perdí eso. Anita, ¿ya ti€nen entradas para la inauguración del Payret? Creo que mami compró. Van a lrae¡ a Aurora Bautista. A mí me gustó mucho en Locura de Amor. Tienes gustos de gallega, htja. A ese cino nada más van las socias de Hijas de Galicia. Pero vicne en persoDa, es ñuy bonita. ¿Quien aprendió a beilar el Baile del Pingüino? Eso es muy bobo, Francisco Javier. Se diviene uno. (Demostración. Saltos brevc¡ ugando los pies como resortes. Brazos junto al cuerpo y manos salientes, cómo ale¡ones). 1Ay, qué mal lo h¡ccsl (Risas.) Tinita" mañana ior vemos en tu casa para bañarnos. Bueno. Voy a hacer como Pepe Angulo. (Rime).

Temas vatios, tónos coffiast{ntes: 'Oye, Charlie, eslábamos discuüendo el plan de mañana. No, el de hoy. Quipi, mañana podemos it en tu barco hasta la punta de Hicacos. El problema eg hoy, ¿a dónde vamos hoy? A c¡sE de las Sánchee. No puede ser, Ia abuela está enferma y la han traÍdo a descansar a la playa. ¡Que revlente la vieja! (Risas.) Me voy a jugar a la bolera,

ol-boY, ¿cómo andas?

Canción: Yo me llamo PePe Angulo Y cuando me mclo en el mar á agua me da en la rodilla cuando ma melo en el mar' No, no, no, eso no Pega' No, no, no, cso no Pega' Deia que suba la marea"'

Carlos te puso una mano en el hombro: "¿Te aburriste?" Dascal dejó su vaso sobre una mesa: "Si es alcanzar la condición del burro, Eí". "Ahl vienen los vie-

jos", dljo Carlos. Alejandro Sarrla
También por

y Cri¡tina Santo¡. Señores en Dupont. Propletarios de Landaluze y de la plsclna. Anfitriones de Da¡cal. Se acercan sonrientet, toetados, sólido¡'
siente como un fino estllete sobre el pccho abriendo la vla a una briosa ansiedad que pnonto se ve ¡eforzada por

la

teftaza,

la

aguda vlsión que Daecal
nombre aviva

le

nítido,

Y

sombra

complementaria de la masa oscura del cabello' Carlos lo

dice'ahoral "María del Carmen Cedrón"' "La hija del convinscnte senador Cedrón"' "La hija"'

encuenro. Preguntas y r€s1u€stas' "Está casi todo el mundo ahí"' La entrada de los Sarrla en Kawama siempre prodt'Lce expectación y la dorada presencia hace resplandeccr todos los rostros. Dascal se siente poderoso ahora'

niza gris clara.
"¿Se áivierten?"

El

mar lemPesluoso. a

saludó. Cedrón se acercó con un vaso en la mano. Alejandro' pasa, Gabrie'ito? -¿Qué -dijo Cedrón extendió su mano a Cristina. andas, Cristina?

-¿Cómo 2.- La Situaotón

-iOYe, -i'-uá-il. tloi que tenemos ahora' ""-iEtt"t"is, qué? Alejandro' -;tt*t""t"t' -preguntó eso' Déiame semanu qrrc ni"'í"

Ya te vio rni abogado?

¡oallá, pero no pude ¿itenderlo con los
sa-

y tres. Era buena gente pero siempre fue un desquiciado. Ultirnamente llegó a extremos intolerables.

de lir-Launas cuantas cosas' -iambién estoy medio enredado mejor así. Vó -Es estos días. -"

-it

J.l

periódico es importarite y' hay que .dedicarle

-De Aleiandro. culpo a Aureliano -dijo escrúpulos, un loco, un Perun demagogo sin -Era turbador Cedrór-, y perdónenme por hablar muerto. así de un-dijo Cristina-. Pero usted ra2ón, senado¡
dos para la ley 'del'más fuerte. ¿Me acompañas, Luls? Salieron a le terraza y- ,otra vez el vaho caliente asal' tó la piel y la drenó hasta extraer unas g¡ue.s?s y relucientes perlas que marcaron como balizas las aperturas
de cada poro.

todas maneras se suicidó porque quiso.

Yo

no

-Tiene estas cosas las resuelven ustedes solos que están capacita-

-dijo

opinión pública.

-gss¡s, a.i utü d* hoy en el Teatro orlen-;.ü-iú--"i"""

nos vemos seguro

la

semana. próxima'

arrollado y sus arrugas pr€maturas. Pero el halo tira hacia ella. El halo está compuesto por la frivolidad como ; el cauna joya iridiscente, laqueabello'lacio, terso, oo todo, el es dificíl da donde cabello color de miel, de inadera recién cortada.

-dijo -Hace se viene a Varadero, porque hace calor eso -Por dijo Dascal. Cristina no es bella. No es bella por su bocio des-

calor

Cristina.

-No la excusa Dascal. -dijo -Es una agradable excusa para actividades -Es bles.
-Hasta

es sólo

por

eso.

agrada-

la ta-Si fierza necesaria. El aburrimiento no. Es una fea palabra. La nostalgia, .. otras cosas.
do, movía el Panorama

donde puedan ser llevadas. debe irse hasta el final. -Siempre se tiene el valor. Si el aburrimiento proporcio-

-Me
10

acuerdo

"tuJo

andábamos iuntos en el treinta

El trío de

guarachero.s con sus mangas de vuelos

expresión mecánica de

la

y

la

alegría prefabricada entró al
11

de crlatql,
momá, no Puodo con Qlla"'

;;;r;

bar: dos guitarras

y un par de maracas' Las voces lle-

ioi¿io", venclerido

lq resistencia de las puefas

jo

:d

vsss5 hay que

huir del aire acondicionado

casa. Recuerda que esta noche tene-Vamos Para mos una comlda en casa de los Selgas'

Cristina.

-di-

La múcura cslá cn el su;lo,

i
ll
i

-Yo tretiene -No nal.

y me €ntengo un gato qu9 -se llama Dickeoi cristina. muóho -diio hasta el fies suflciente. Con é1 no puedes ir
Podría llegar, ¿no?
-

tú quieras. -Cuando Aleiandro. ustedes? -¿Y sé, deja ver qué quiere hacer Carlos -tijo -preguntó -No Dascal-. Comeremos por ahí. Esta noche hay varios
partis.

tri

ii
ii

póiuie. Habría que Prob-ar' Es -ns es una gran coripañía' - elegante' Todo -Dickens la cara y unos mitones negros' salvo blanco
... Y es que no Puedo con ella me la tlevo a la cabeza'
mamá, no Puedo con ella"'
I

-4ontigo

tj
ii
I

Luis Dascal volvió al bar pero el barman no lo atendió porque estaba muy ocupado. Dascal hizo cbocar dos vasos con fuerza. El barman lo miró con detenimiento, pero no se atrevió. El núevo whisky con agua ya no tenía sabor. Carlos conversaba con Francisco Javier. El grupo se había evaporado. María del Carmen también. Óe¿ión abandonó su tribuna alcohólica. Se acercaba la hora de la comida y las mesas estaban vacías. Las niñas dorada" se retiraron para cambiar el color deportivo de la hora del cóctel por la sobriedad apropiada para la noche. La nueva oleada comenzaía a afluir alrededor de las nueve. Los guaracheros continuaron creando la
atmósfera.

tl

ili
i1

li

-LDe Le he puesto un brazalete en toI:no al cue-Siamés' I'o v luce bien. Uno de TiffanY' ' "-1nlL-ül"tló.ute: de Tiffanv'

raza?

y se detuvo junto al mar. Era oscuridad anónima. El whisky lo hab
muelle sobre

La playa

estaba vacía ahora. Dascal

I
I I

-Si -Ño--" --Sin brazaletes.

Dickins, Siamés quieres sustituirlo. quedan bien los brazaletes en el cuello'
libre?

Por las venas le rodaban perdigones que entrechocaban con un ruido endeble, de pequeña audacia. Se acostó

la

arena

y

colocó el vaso iunto

a sí.

trío se El-Sólo ocuPaba en otro

-¿Totalmente Placer' Por el

tema:

Ya los majases no lienen cueva
FeliPe Blanco se las laPó"'

Ahora reposo y dlsmlnuye el caos. Me llamo Lult Dercal, csloy aqul, en Varadero, y no sé por qué. Llega eslc AlcJendro Sarría con su Alfa y su Omega, su plano para olrt. vesar el laberinlo, lodas lac calegorlas en su lugar, su l¡n' ra de San Jorge, su pledra folosofal, llevando con llgerorl la pesada carga del Sanlo Grlal y demueslra que pucdc alravesar lodos lo¡ mares cln lemgr lempe3lades. ¿Gúmo dlsfrular ese oclo de dudas? La arislocracla azucor€ra, lol
cuslodíos de

-Ño
12

Alejandro salió del bar' sé cómo aguantan el calor de aquí afuera'

lranquilo lobre su larro, con 3u¡ cualro ldeac blen sabld¡¡

la tradlclón. ¡illerda la lradlclónl Segqro

y

hembra de su mujer gue se aburre a su lado éomo una pula en un coleglo de monjas, Hablan db política que es el arle de la supervivencia. Gharlalanes comó lodos los artesanos. En otra época ha sldo

y la buena

ciencla de dirección. Por enclma de la hiioputada máximá,

Blanco es un idiola.

Minlslro.

15 L4

ORO BLANCO

noche|.

-"¿Y la guefta?",

preguntó mientras ¿' Duque de To-

ledo londeaba
pués de

en

paña liene el Pie tierra en una chal otros pasaieros, bultos de ro hospedó en el Hote'l Telég inlorntarse de la salida de 'éLto

la

última

saldría el vapor a veínticinco Pot su boleto lla y un vaso de tinto. Ia c-ama, No quería ver tencias impropias en un ho El vapo)cito de línea golpeó él muelle de pasaieros -de entre U iiuiáa de Cdrdenas y iobre eI tablado, hombrerollos i, "irrio y caias vacíis, Cayetano vio un a losgotpa-. ilo, con un 6raie de pana, que miraba .ansioso ioirro". Át suuir po, io ,o*io se dirigió 9 é!' su tío abrló sin entusiasmo' lo's brazos ma:,íiicamente y lo estrechó sintió el bigote espeso que le Cayetano oré¡a. Camínctron en silencio por el esp ,^bn,a, en una Plaza de Pocos árboles' úe la riendc dos caballos cansados' Su tío le indicó que Áontoro y envió al negro por dl ba'úI' AI paso, por las calles. reitos de Cdrdenas le instruyó de sus numerosqs encoh ob:lígaciones y escasas recompensas' En el camino

¿t

Armona le respondieron que

Cdrdenas' Pagó cuatro pesos oro con

al üa

siguíente

UN PADRE DE LA PATRIA
Al saberse que Españe había rendido sus drmas, todas las puertas volcaron un gentío en algazara y los voluntarios se encerraron iunto a la tropa en Cl cuartel. Los somerciqn'tes españoles temían los saqueos y la violación de sus hijas. Las horas posaron y en las calles seguía el balloteo y no sucedío otro cosa, Entonces los comerciantes sdlieron de sus casas y lormaron unct comisión que marchó en busca de los mambises. Los encentraron en el luerle El Vigrta donde ondeaba la nueva bande¡a de Ia isla. Al volver a Sagua los comerciantes v.isitaron el cuartel y 'las tropas de España se reliraron esa misme tarde en dirección a la capital. Al dia siguiente Íue la enlrada de los mambises. Hubo dos jornados de fiesta. El padre de Gabrielito enftó ,con eI Ejército Libertador: vigoroso sobre su caballo de su largo machete y su p,istola al cinto, ue_ rrero limpia ¡, sus ,patillas largas, c sa
Cuailro años después

trorén un iiiete que apretaba sus piemas a una briosa yegua crioila' Eri un vieio elegante ettr su traie de hoa la fran' ihaleco ombiliguero y 'ca toi¿o "on este encuentro-víno el prí "No imicesa. Con
tes o.ése. 'iáÁi

aba 4 tres La de f,aso vívo' Llei'garon al anochecer' ," caballo Et tío le señaló ttna'esqtdna, ffas el mosftador' donde poiii oi^", ét catre. "Mañana te levantai a lasycinco' aho' Espero'que seas agradecido' En adelante ftabaiar ,iái'. ényrtono Sarría se durmió escüchsndo los griMuere.mendigando".
llos.
18

azucena,

los vío llegar con todo aquello que los hacía inmensos y distantes, sus mulas gordas y los fusiles relucientes, Eran rubios y hablaban como si tuviesen la lengua endurecida. A'lzaron sus tiendas en el potrero.

Íue de otra manera. Gabrielito

En

to

en

dera
daba

do el asta' ira de las estrellitas la ban-

ORO BLANCO El tío enviudó sin hiios y no se deió tentar otta, vez por la coyunda, Con el tiempo, Cayetano se lue ente' rando. El tío poseía colonias de caña, cerca de Matanzas, y fincas de buenos pastos con ganado de ceba. También supo que en una casa que miraba al mar tenía
mansión una guajira joven que había concebido de su s!' miente. Con los años y las carantoñas del veiigo, el tío
seguro.

'"iririrí¡i"'lo-v¡o iáo' cuundo la nueua banderaaon' io" la mano y los mezcló un deaba se'limpió los ^iiit de la calle y su-po que estabd puñado de tierra n'"
viviendo
de.

yó con una voz sollozante: "l

un lta

gran'i,;isi¿ que habia de contor cuando fuera

Con
Cedrón.

tiempos para los aquello comenzoron los buenos

Ie daría nombre. Era

Cayetano trabajaba desde el amdnecer hasta que el sol era un recuerdo. El tío peinaba los iampos cort su cdballo manso, prestando a los guaiiros. Tomaba en gctrantía la cosecha y refaccionaba con interés. Le deiaba más que la bodega, que Cayetano atendía en las frecuentes ausencias,de su protector. Por la zona andaba un bandido conocido por Matagá y el tío, que ctcostumbraba enteftor el dinero en una botija dl pie de una ceiba, abrió una cuenta en eI Banco de Cárd.enas y compró un Winchester 44 que portaba en una lunda de cuero iunto d la montura..

m

ba de la nuc(t. Lo encontraton \ por las auras.

por'la mañana

picoteado

'

En cárdenas se oruró "rr?"y,,r¡t:fuiirrJsir!,"Ti'i;

I

yetano tra los pocos ceo andab

il
rl
I

;;p;;i¿

Íiel ísla. compró ooi'iá'ltio '¿iió
en'
i
I

tropas aI Departamento oriental' la pofr-tica de la síempre Cayetano, que no en'tendía eoi et dinero que el rto

COMIENZA EL INVIERNO

:

1

el Banco de Cárdenos'

1l

il

corbata no oe pliega elegantemente eir ei nudo Dascal la deshace por segunda vez. Nuevo intento, La corbata es nueva y se resiste, su forma intacta surge triunfante de la estrecha prisión entre las puntas del cuello; otra vuelta, cierra el nudo y une las patas; un suave tirón y la corbata queda domada por una

y

La

noche.
ri

En el ascensor enciende un cigarro. Sopla el primer norté en la calle. napiOa hasta el garage. Acelera varias veces, el motor está frío. Conduce distraídament€ por las calles del Vedado. Se detiene en una bodega por
i

t\

i\
I

El edificio de piedra gris comienza a aparecer entre los álarrtos. El portero, en azul de Prusia, le indica mientras abre la verja: "Están en medor de verano".
Caminó

unas pastillas de menta.

la

terraza, junto

al

co-

rl

1

portal de mármol. Caja blanca, espejeante. Un Iaberinto de bronce sobre la puerta abierta y al pasar al vestíbulo, el distante murmullo, los sonidos: \oces, jazz, Ellington. Un largo espejo de marco dorado rozaba el techo y dos cortinas de terci.opelo vino separaban el segundo sa!ón, rectangular con retratos al óleo. Sobre una robusta mesa de ébano, una bandeja de plata y

por la

senda bordeada

de

arecas hasta el

ceballo y nedlo que crea la asepsla y la clvilizada congela' ción y el almuerzo consisle en un iugo de naranja, un filele a la plancha y un vaso de yogurl, después de una ducha he' lada, y por la larde se deja caer Por el Vedado Tenis y sl no liene nada mejor que hacer se entrena con el equl-

L

I

sividad cónscienle. Uno es cobarde y la sumlsión es cómoda y los ascos pasan y para los lres monos de iade la vida es excelenle: no oigo, no veo, no hablo. Y con la amable lolerancla uno se casa y liene hijos y cobra un cheque a fin de do la siesla al mediodía. El rlnlco onces, es la digeslión, porque el cahígado. También está ahi ese que ambién ese que quiere vivir con el sudor de su porlañuela: un braguelazo efeclivo y sólo lrabaJará de noche conslruyendo sensaclones en la hetedéra. Salvando los casos de excepción, que llenen su misler¡o, los demás son de una chalura que espanla. He ahl nueslra clase dirlgente del fuluro. Todo un grupo humano con.menlalldad de Danublo A2ul. Es morlificanle esla energfa que emerge, que pugna por salir. En el esfuerzo por laponarla queda uno como asfixiado. Enlonces llegamos a Crislina. Crislina es diferenle. Conoce bien los lres lomos de la Hisloria del Arle y siempre liene en su mesa de noche el últlmo ejemplar de Realitó. También conoce de memoria el Emlly Posl's que pone en prácllca en esla caserón de pledra grls. La casa de Don Cayelano que fue conslrulda con una solldez que desafiara los siglos y ampllada por Aleiandro en el mismo eslilo indefinido y prelencioso y rodeada de un parque lnglés para los garden parlis. La casa debe ser abandonada cada verano por Cannes, París, San Sebaslián o Varadero y siempre Niu York. Todo reposa sobre un grucso paquele de bonos, acciones, tílulos y las humeantes chimeneas de los cenlrales. Por eso eslas hermosas adolescenles
siem

po de fútbol. Así sea por los siglos de los siglos. Amén. Aparlarse, rebelarse, consenlir. Todos somos responsables. No hay inocenles. Se es culpable, lamblén, por lolerancla. Un rebelde no éntiende su absurdo. Como lampoco enllende lá hormiga que quiere lrasladar la pledra. Allas no me lrae nada. Que olros lleven a su espalda el peso del mundo. Siem' pre nos queda el consenlimlenlo para segulr viviendo, la pa'

enu dep
sudo

obliga a permanecer en é1. Cristina es olra cosa. Puede ser

derá

3.- La
24

Situación

frccuenfada

una conccslón fundar enlal.

y

oblener de ella el mismo poderlo sin hacer

Varadero. Simples diseños para coctel de Melly y copia de Balenciaga en chiffon y rasmir. Cada frase es
comenzada

"d;;;i;; I ¿"'t*f"

sus ¿ientes ennegrecidos-.de nlcotina de mastica un taUaó que lleva a un lado comlsura como un cañón humean' tu Uo"" y ,n g" de la ;.;üád;"Sarrla .t p"tiao v suave 1 el comocortado ^t1aie esbelta en Oscar, de buen puío, togiu presentar grasa en una figura humana que comienza a elmacenar

PancheteRosales,consumacrocefaliaysusojossalto. cuan-

los lugares convencionales,

partido me has comprendido, no .habl9 fe un -No ei euténtico o el Liberal, 19 su9 .qufro o.o-"iño "r ü de ciertos elementos -dic'e Alejandro' .,

"tg".ltación mejor' eso gobierno es más demagó-ExPlícame de -Desgraciadamente-'cada ni"o qu;el anterior. A Prío ie quedan aún resabi'os y tres' Claro que si lo dejan i"-ir"l'"lt"ioo J.t ttti"to toUui toao va bien, pero hace falta una garantía mayor' ttg"ti¿ud cierta y palpable para el desarrollo eco-

"nl nómico.

--ianchete Rosales larga un salivazo carmelitoso y Alejandro arquea las cejas al observar la mancha so-' bre el mármol. Alejandro- actúa por impredictible -continuó -Es o por politiquería. !9I .lo sabemos nunca capricho 't"trnitt"r úna conciliación obrero-patronal' nu u

en un tono agudo y termina €n grave: "Aquí los partis siempre quedan bien, pero la casa es espantosa. No tanto, es que Cristina ha cargado la mano. ¿Viste esas cortinas de la entrada? Eso es del año de la nanita. Es que esta casa era de sus suegros y todo estaba ahí. Yo lo habría quitado ¿Qué tal Francisco favier? Tú sabes que es muy agradable, el que es possdlsimo es Carlos. Yoni si €s muy chévere. Prefiero a Francisco favier, hace unos martinis teffibles, el año pasado tumbó a todo el mundo en casa de las Sánchez, én Varadero. ¿Te enteraste de su flert tremendo con Silvia? ¡Ay, no, cuéntamel Nada. que estuviero¡ saliendo y él estaba de los más embullado y la cosa por poco termina en boda y todo. No me extraña, Silvia es una interesada tremenda, ella sabe lo de F¡ancisco Javier. No. hija, el problema fue más gordo". Alejandro Sarría se mira las Punteras de sus zapatos y queda satisfecho con el brillo. Sobre eso ha dado instrucciones específicas a su valet: ni espejeantes, ni mate. Panchete Rosales sigue atento. que en Cuba no hay un programa para nada. otro El-Es día lel en Ortega y Gasset. . .

"J'-o

la ies verdad. Siempre anda lúno c¡uzando -Bso cuerda floja. -":i a f"éeo .r" Chibás que se Puso a soliviantar todo el mundo.
alborotador. Suerte que ya muno' -Un le siguen son igualitos d" uí::tl1tl-,-^ -i"l"t-q"" entiendo, es la anarquía por ese camlno yu te

-Y

-Ortega Gasset.

y

¿qué?

-pregunta

Panchete.

-dice

-Sí,Rosales'

del gobierno español de la segunda ¡e-Hablando pública, decía que su actuación se reducía a escaparse dc los problemas de cada momento, que no resolvían ¡lno se escapaban del problema a costa de lo que fuera y con eso acumulaban mayores problemas para la hora
próxima.

-¿Aleman? -No, español. Los alemanes son organizados. Nos lástima! -¡Qué hacen falta unos miles de alemanes.

y tr.n la oérsola. al oeste del jardín' Ana Mendoza en temporada Vu-rgotít"'Ño-uol,' aún bronceadas de la
26

-¿Aquí?

del gobierno ese que hablaba' ' ' en -No,lo mismo que no$ sucede a nosotros' Pero es
qué Podemos hacer, Alejandro?

España'

-Sí, Estado quede en las manos más capacitadas: las nuestras.

el

Papa.

La

cuestión es que

la

dirección del

-¿Y bóiendo un Pi k Gin Collins -y "J :qo' Esiaban roo áet üquido era el complemento &l farol chino distrutaba' sobre el bombillo de la pérg-ola' Margarita conociera el chlsme ] Srr"ontru, a alguien qo" "útt-to dime' Patener endo a la rece está acosmadr dijo a la tumb con Franja
osos".

que se le escaPara Y así Y Silvia emPezó
se hizo de
Prío- está

senatorial.

la

vista

Dascal. Blandenguería, pero no quiere-Hola -dice desfallecer, continúa-. No te había visto desde Varadero.

Parece que se estaban Panchete, -"t Machadato' Roosevelt y la -Mira, chusma. Si no es po. ó;;;" Mundial nuñca habrían subido a Palacio' Node verdad' s-otros tenemos el poder real, lo tenemos altura de miras' E.u .. la causa de nuestra ¡q, Yo no. A mí me interesa lo mío' -Js erés'como nosotros, Panchete' No eres igual esa a -Túgente.

el gobierno de

lleno

de

'una organización que vaya facilitando nuestra
tarea?

-En Partido Liberal? -¿El el liberalismo. Convivlr son el enemigo es -Ño, una demostración de debilidad. Por eso te hablaba de
tarea'

-Bueno *u"áo de hoy el liberalismo está el

¿Y qué hacemos?

muriendo'

Ella no quiere decir su palabra. Arin no sabe si se trata de la rutina, el anzuelo, el puente, la frase de siempre para ocasiones habltuales. IJna intiloducción, la vinguaidia toma contacto con el objetivo. tarde.., en Kawama. -Una abre el opérculo de entrada a una imagen Kawama y se desatan las asociaciones. María del Carmen. Kawama? -pregunta -¿En fines de agosto. -A yo estuve por allá. -Sí, domingo, el tiltimo domingo. -El me acuerdo bien. -No sí me acuerdo Dascal.

-Yo

-¿Por

qué?

-Porque cuento?

-insiste me vino a la memoria un

cuento.

-¿Qué poder, Panchete, el poder político' Nosotros -É,i lo mejor para todos' ponerlo en qn"r"*o. -V^t-no.l .a plia.ti.". Tambiéi ei necesaria la justicia social porü"e "t pueblo acorralado es venenoso' El Papa kón
Trece habló de eso muY claramente' PaPa también?
oo

Margarita aceptó. Era necesario airearse. Media hora en la pérgola y nadie se había acercado. Demasiado retirada. Donde terminan de narrarse las desventuras sentimentales y sociales de Silvia y se comentan las conse-

-¿Uncuento. -Un propuso ir al ladie's y Ana

-¿El

cuencias morales de actos descab,ellados: "Estoy azorada con todos esos cuentos, No, y era ahí mismo, en el carro de Francisco Javier. No me explico cómo hay

tantg, Panchete. Es importante un periódico. -No Debemos reuhirnos y conversar sobre esto.
nos cuesta? -¿Cuánto gran cosa, tú puedes. es -Unono conoces mi situación. -Tú conozco muy bien, por €so te he hablado del -La proyecto. Hay otros amigos interesados.

-Ihzarra, Morris.
-Ese
es

-¿Quiénes? Mendoza,

Noval, Bermúdez,

Sánchez-

creo nada de eso. Lo que pasa es que lo mejor de La Habana se confiesa con él y le tienen envidia. Yo no me confieso con él porque el

-Hay incluyéndonos tú y yo, desde luego. saben que me has hablado? -¿Ellos designaron para €so.
la

un buen respaldo. otros muchos perp ése es el núcleo principal,

I¡t

casa, pero el mío es tan bueno ¿Y qué pasó con Silvia? Nada, dio un atracón tan grande que I No me digas, ¿él fue el que cortó? El mismo. Por eso yo trato de evitar los mates; aparte del problema moral los muchachos se cansan de una. No, y la fama que te dan. Después que una se casa eso se va olvidando. Depende de lo que se haya hablado. Mira a Zita Be' renguer, va por el segundo hijo y todavía se recuerda lo suyo. Peto Zita se pasó, acuérdate cómo la sorprendieron debajo del muelle del Yat. Eso depende mucho de la educación. Y de lo que veas en tu casa, tú cono-

-Me cuánto...? -¿Y te preocupes, no te vas a arruinar. Es que tú estás no-No al día. Además de la industria y el comercio
y
existen prensa,
además la política. das en limosnas.,

la radio, la televisión, la propaganda No te va a costar más de lo que

it
rir

ces

lo de la madre de Zita. Quién no conoce eso eo

-Claro, También hay que atraerse a la clase rnedia que está con la Ortodoxia. Mucha gente que no €ncuentra otro camino puede estar con nosotros. Para empezar hay que ofrecer una orientación y para eso, el periódico... es importante presentar una plataforma
política.

es otra cosa, el temor a Dios €s otra cosa. El-Eso que no teme a Dios está perdido. hombre la religión debe estar €n primer lugar.

-T'ambién

Cuba".

I
lr

l,

Sarría va acercando la presa al lazn ! -Alejandro aguarda tenso a que coloque una extremidad en el área

;'
il
i l
I

de aprehensión. ¡oto lo más importante es tener un periódico.

nadie vota por los programas sino por -En Cuba los hombres. Cuando nos ocupemos del partido ya encontraremos figuras atractivas. yo estoy con ustedes Panchete y -Bueno, encender el tabaso busca en su bolsillo su Ronson para -dice
apagado.

-psr

-Pero

eso cu€sta mUcho.

-No una vez en Cuba con la violencia

te arrepentirás, Panchete. Vamos

y la demagogia.

a acabsr de
31

BO

Maria del Carmen sonrie. He aouí una nueva téc. // nica, fresca, efectiva. un cuento? -¿Cómo Dascal. cuento

-Un

-repitió

-Eso
puedo.

-Yo ha!¡ía hecho lo que el monje. s'ugura? -¿Estás sí . que -{reo me gusta.
qué te gusta?
no

-Dímelo. Había una vez un monje que vivía en un así. -Es monasterio situado en un valle muy rico, lleno de animales

-¿Porgusta la gente que puede llegar donde yo -Me

Un día vio posado en una rama a un hermoso pájaro con plumas doradas y un cantar muy dulce. El páiaro voló al bosque y el monje lo siguió, El pájaro continuó allí su canto y el monje lo escuchó durante un largo rato. El pájaro voló de nuevo y el monje volvió alege al monasterio. Mientras se acercaba vio que la portada y el claustro habían cambiado mucho. Cuando entró no conocía a ninguno de los monjes, que tampoco lo conocían a é1. Dijo su nombre y buscaron en los libros y descubrieron que había vivido trescientos años antes. Eso es lo que había durado el canto del páiaro. Creyeron que se trataba de una trampa del Diablo y la Inquisición lo sometió al martirio de la rueda y finalmente lo quemaron vivo. Mientras comenzaba a ari der la pira el monje moribundo dijo: "Este es el precio que he pagado por ver el Paraíso".

el jardín

y

árboles. El monje meditaba cada mañana en sobre el Paraíso, no pensaba en otra cosa.

Margarita y Ana, sentadas ante el espejo del ladie's, te¡minaban de retocar el maquillaje. pícolos haciendo escalas: "¿No tienes una aspirina ahí? No, no traje. ¿ya probaste este color de creyón? No, ¿cuál? Oranch bloMaría Luisa lo usa y ¿A qué colegio va? Al una hija la mando al los mandaría a Belén. Belén no me gusta, los
los míos irán a La Salle.

jor

Merici, lo mejor va ahí. está en el Sagr,ado C

-Es acaba mal? Piensa en la alegría que tuvo -¿Porque en el bosque. no pudo conservarla. -Pe¡o la cuestión. La primera vez que sintió ines -Ea tensamente, esa breve sensación lo destruyó. --Si uno no siente ¿es indestructible?
no da gusto nada. -f,nfs¡¡s€s importa. El pájaro era falso, el pájaro no valía-Nopena. la
3g

-¿Esoes todo. -Esoun cuento triste.

es todo?

tu madre no es muy rigurosa. ¿Qué tú quieres decir? No te ofendas, es que ella no s€ preocupa por los detalles.
madre me supervisa en todo, desde la ropa hasta las al club. Es una perseguidora insoportable, mami no s€ preocupa tanto. ¿Ves lo que te digo? Mira este vestido que me puse hoy, me lo escogió ella. Es bonito ¿quién te lo hizo? Meli. Es un poco carera. Mami dice que €n ropa €s poco todo lo que se gaste',. Jazz en el tocadiscos de la terraza: variante cool. El viento norte es débil al cruzar el jardín porque la casona de piedra gris protege de las ráfagas moderadas, eueda un frío seco, extranjero. La noche es morada, de nuhoras que voy

Mi

-Así

es.

blazón. Los criados con guantes blancos, lerminan de la plata y la porcelana sobre la ,)árga mesa de

"ii"t"t cristal.

Los leo todas las noches antes de aeostarme, En vez de rczar hago eso. 'fodo el mundo debía haser lo mismo.

-¿Por

qué estabas aquí?

-pregunta

Dascal'

-¿Dónde? detrás del seto, aPartada'-

-Se que debes estar acostumbrada' '-Y -A -d -Hav -ltt'"U"' otr gt*

-Aquí, fatigada María del Carmen' -dice -Esiaba ¿de qué? -Fatigada la gente. . . voces, -Las supone que €so no debe fatigarte' Se
veces esto puede ser desagradable Ysgs5, Pero no siemPre ' que Dertenecer. . .

supone

sin embargo me fatiga.

-dice

Dascal'

como si ""otuttlio, mo desde hace mil años' tú Perteneces.

ah?, oyéndolos

a

todos

estuviera haciendo

y de pronto sentí lo mis-

plata contenían el pudín de pescado y la gelatina de pavo, con la simétrica decoración de la cocina francesa. En el centro, un gran bowl de cristal tallado brillaba con la dulce masa de la ensalada de frutas cubierta de nueces y crema. Junto a ella, el aüoz a la milanesa. Más allá, el mousse de chocolate y el baba al roh. En una mesa auxiliar, los platos de porcelana Minton y los cubiertos de plata Gorham, modelo Renaissance, y las servilletas de hilo y encaje de Bruselas con el monograma S S bordado en un óvalo barroco. Margarita, Francisco Javier, Anita y Carlos comían
ese tipo. Es verdad que Marlon Brando está muy bien pero Vivien Lig es insuperable. El que escribió la película tiene que ser tremendo loco. Se llama Winchester, algo... Tenesi Williams. Ese mismo, no se entiende bien lo que pasa pero es impresionaute. ¿Y qué me dices de la escena en que la vieja viene a veider flores para los muertos? Yo me ericé. No sé de dónde han sacado a ese Marlon Brando, pero es un tipazo. Lo que es muy bueno (Carlos), es la forma €n que anuncian la película: ella quería ser buena pero una hora de pasión cambió su destino. (Pausa dilatada.) Eso es cierto (Margarita), ella querla ser bueoa.., Pero una hora de pasión... (Carlos). I¿ verdad es que él debió tratar mejor a la pobre loca, por eso se volvió loca, digo era loca pero él la puso peor".

En la mesa de cristal sobre el césped, dos fuentes

de

en torno a una de las mesas de hierro blanco, junto a la rosaleda: "A mí me gustó mucho é1, es un tiro

-¿A eso, a ellos. Yo no. . . -A no...? -¿Tú tto. . . No voy a Varadero durante las regatas ni-Íodomingo al Contri Clob. No tengo un convertibie el ropa ni hago remos; ningírn deporte. No compro mipuedo en Miéres. No conozco los teatros de Broduei ni conversar sobre los últimos pleis. Mi padre no juega
golf y mi madre no juega bridch. No tengo aire acondiiionado en mi cuarto ni cuenta abierta en ningún restaurante: no firmo en El Carmelo. te he preguntado nada de eso' Eres muy acom-

-Pero qué?

-No plejado. '
sof-bol.

-f.i Universidad de Villanueva y
sabes eso?

eres socia del Bilmor, estudias filosofía en Ia
perteDeces

al equipo

de

-¿Cómo Liblo de Oro de Alvarez de Cañas y las el -i.o memorias de fin de curso. Son mis lecturas favoritas'
34

crees que -¿Tú precio del paraíso?

el monje estaba satisfecho con el María del Carmen. -pregunta

-No

sé. Nadie puede saber. ¿Por qué viniste

esta

de que esta noche habrá fotos para la propaganda del cigarro-, a la luz tenue de los globos blancos y endrogados por el cool que aporta languideces. Pero el
jazz no es digestivo

y

se cambia

el disco. Danzón

con

piano, ahora. Romeu. Los furnadorcs exquisitos alteran sus movimientos y son terráqueos: se dirigen hacia
tengan razón.

-No guro

cre€s que el monje hizo bien? -¿Tú sé. A veces pienso que sí, pero

la mesa servida.

no estoy

se-

-dice

Dascal.

-¿Harías tenía varios caminos. Primero' Pudo no monje -El darse a pett.ar en el Paraíso y seguir la rutina de la orden como todos los demás. Eso le habría evitado problemas.

como

él?

leves cargas de pavo o pescado en la punta de sus tenedores y apenas mueven las mandíbulas. El diálogo puede fluir libre de estorbos materiales: "Esta semana

Margarita, Francisco Javier, Anita

y

Carlos sitúan

estrenan una buena, Ambiciones que Matan. Esa la

-Pero Pudo haber rechazado al pájaro cuan-Segundo. do lo vio, pudo encerrars€ en su celda hasta que la
tentación hubiese Pasado'

no habría exPerimentado. . .

-Terc€ro. ciente de que era una extraña aventura y un gran placer que le traería su condenación. aceptar el suPlicio Y la muerte' -Y aceptarlos a sabiendas. -Sí, que conocer si el instante en el bosque -Habríavalía la pena. ie gusta el riesgo. ¿Por qué viniste hoy? -No invitaron. Acuérdate que yo Pertenezco,..

-Eso

sería una cobardía.

Pudo entregarse a

la

experiencia cons-

-dice

-MeMaría del Carmen sonriendo.
es suficiente.

-No es; no tenía nada mejor que hacer. -Sí Dascal. comer?
-¿Quieres

-pregunta

La niña del estrecho y sencillo vestido negro y el ioven arquitecto con un traje gris de corte italiano
i.rm"n Chesterfields con gestos estudiados
36

-advertidos

la Navidad, hay que hacer planes. Yo voy a Niu Yor. No te pierdas Col mi Madam, Ezel Merman está estupenda. Acaban de estrenar, además, una película muy agradable de Yin Keli y una francesita nueva que baila, Lesli Caron. Tiene un balet bastante bueno al final. Lo que voy a hacer es comprarme todos los libros de Miqui Espilein. El otro día terminé Ai di Yuri; es un tiro. ¿Uno solo?, preguntó Carlos. ¿Cómo uno? Entonces no es un buen policiaco. ¡Qué gracioso! Te digo que es muy bueno. Hay un detective que se llama Maik Jamer que siempre anda con unas rubias estupendas y las patea una tras otra. ¿Pero no es la justicia? ¡Qué iusticia! Es un detective. También están poniendo Quo Vadis, no te la pierdas, con Rober Teilor y Debora Kar. Por cierto que allá se hacía un chiste muy bueno. Le preguntan a uno: ¿Juear ar yu goin? Y uno respondía: Tu di muvis. Te preguntaban otra vez: ¿Juat ar yu goin tu sii? Tú contestabas: Quo Vadis y te decían: Tu di muvis tuu. (Pausa). ¿No entienden? Quo Vadis quiere decir '¿a dónde vas?' Yo pasaré las Navidades con la familia (Margarita). Papi no me dejará hacer otra cosa". María del Carmen se despide. Está cansada y quiere acostarse temprano. Cuando ella se ha marchado
portante ahora es
37

anunciarl como "besos inolvidables". (Carlos). Pero es de Elizabet Teilor y esa niña es atacante. Bueno, lo im-

:.'
dos vasos no llegan
camarero.

a...

"Perdón, señora", dice el

El

camarero se ¡eti¡a confuso, señora Dascal. -Perdón, invade-diceintimidad. Cristina lo con

no es -No toma los vasosnada --dice Cristina. Cristina. Dascal y le extiende uno a
es n&da,

-No he pedido perdón. -Te puede continuar. No quiero que me bagan -Eso daño. Todo lo que se refiere al dolor me mortifica mu.
cho.

-Perdónqué hacer. Dascat. sé -repite

-¿Cómo siemPre es elegante' -El no es suficiente' -Peroeso te lo había dicho' Te lo he dicho
veces. '-

anda Dickens?

muchas

do de cristal del vaso de Cristina.

-No habrá dolor. que ser. Eso debe estaf claro. -Así es como tiene claro. -Está bebe y apoya su índice en el compacto fonDascal

-Ya

-Todo

esto ¿tampoco es

suficiente?

-Tú también. Cristina bebe.
peza, guayabe.rra sudada, pelo en

-¿Qué? La casa, el jardín,

-No cesitaría.

-Esto. suficiente. 3i tto es
no

exisiiera también

la

gente'

!o

ne-

"u-utero "ntru"tto"u¿ur' se retira' cisa, suave Y también lo estaba necesitando

necesitas ahora' -Pero necesito un trago' de maderas -Ahora Dascal chasquea los dedós: un sonido escucha la voz preacude, Ür,

lo

-Tía, Tropicana.

mano; ante ellos. creo que hay alguna gente que quiere irse

Arturo Méndez Sarría, masa de corpulencia y torla frente, jaibol en la
a

-Yo

-dijo

Dascal'

-¿Esto? trago. Todo'

-Puedo €stoy un poco que

-No sé si Alejandro sea aguafiestas. a tío que no -Dile. vienes, Luis? Cristina. -¿Tútengo compañera. -pregunta -No conseguirte una.
querrá.
cansado.

-Para Cristinagiraconvelocidadparamarcharseytropie-los pero za con el cama¡ero. La bandija se balancea
38

-El ¿estás de acuerdo? -Entoncles sé, creo que sí' -No que aPurars€, el tiemPo -HaY mí Pasa menos'

-Es Cristina
Pasa'

se marcha cuidando de no enterrar sus afi-

ludos tacones en

el

césped.

noche tenemos una timba de madre -Esta yate. Dale el esquinazo a lo de Tropicana. pensaba ir. -No ven con nosotros.

en

el

-Entonces

I

I

ORO BLANCO
sodado en

li

It

la guerra. Su abuélo tue Fernando Séptimo y su p4' dre marchó con los requetés en la segunda guerra carl'lsta. Escuchó en su cctsd historias terribles iunto al tue' go queoiolrrttaba en invíerno. Y ahora había guerra en Cuba. De una porte estt' ban los mambíses con los que no tenía nada que ver, eran cubanos y que/tan 'líbertar la isla. De otrt parte andaban los españoles, Ios suyos, queríendo conservar
Cayetano Sarría no conocía

el eiército de

la
i

i

o el mar Para hacer difierra. La muerte de su lo esPerado. Ahora de' bía awnentarlo. Nada más. Y procurar que la guerta no le aportase rnengud de sus capitales.

colonia.

Cayetano nero en esta tío le traio

ii
il
ir

Para-no andarse con roñerías se inscríbió en el Cuer' po de Voluntarios, dando te de fidelída'd a su bandera, pero habló con el coronel del batallón de Matanzas pa' ra que lo eximiera de las obligaciones nlilitares. P:or ta noches comenciaba con los mambíses, ofre-

40

sus candeladas de haciendas Gómez volvla bcos a los e

Corúan los üos de la In

aco
nías de

a

;;;-ror.;rí

marchas forzadas. AcamP ganado pd' Alvarez dio oiden de conliscar ra alimentar la troPa, o'unyoírf#"of2,,iíir":f'í; avanzadilla

u;"

"""0

CaYen'

que lle'
seguida umbre'

UN PADRE DE LA PATRIA
sario del Veinte de Mayo en Sagua, Por la noche tcn' clrían baile de ponerse moños, guante y 'corbata blanca en el Liceo. Por la tarde, el tarneo de cínta a caballo. Gablielito entró apresurado en la farmacia del doc' tor Sendajo, en la calle Sant¿ Ta. Compró el pachuVt para su madre y volvíó por h calle Reína Isabel para cruzur lrente a le casa de Terc. A las cuatro de 'Ia tarde los jinetes haitan mdrcar el paso a los caballos en la CentrdJ. Les tiraban de las
caban de pronto €orr €l suave, acomposado ffote de los potros crkillos. (Jn mulato gritó y se golpeó los muslos con un som-

Todo estaba preparado para las fiestas del oníver'

coronel sonrió. Los 84tu'
deros confiscados Por negociaciones' AcePtó
pl4Tarse

ronél Alvarez aJ que ofre'

coronel salió con ven

Y'las reses eran un' por í';;;út'lirupn* printo debaio de -su .precio'y Ia gentc en iodas -Ias -bocas Aquello estuvo igyey ti habítiitait det Oieda' sartta para de los Vo' coronel "'i"Zi';;" """;;áá"í los asuntos ddt comelcia' El rle aYisadoz Iuntarios, sangre Y Íuegot habrla Perdido Ia mí-iLas
tad de los animdles'

riendas para que retlocedierún en caracoleo

y

6rr4n'

Coyetan

I

hrero de yarey y todos los caballos salieron a la vez. Qq/6 jinete llevaba snt'largd puya baio el brazo. Al llnal de la calle, d¿ una soga tendida, colgabcn las ar' ¡¡ollas con cintas de colores, Los ilnetes gritaban y 'la gente los animaba y sallahs entusiasta. Casi iunto 4 la soga picaron aún más y Íostuvieron con firmeza las vards, ^puntando al aro rcÍlalqdo de color que se balanceaba ante ellos. Cruza' ron balo la soga ensartando el aire con gran rugido de Haügsntas. Cascos, puyas y bros se conlundieron en una
10

{¿

lo fuerte, habia vino de btrica y aguardiente. Las sc' ñoras propensas a los vahídos soportaban meior los azu' carillos y pannles y el agua del tiempo. Al linalizar el baile d.e cuadrilla se sirvieron licores en copas de Bohe'
mia.

El baile lue muy 'lwcído y cortesano y duró hnsta que se consumieron las cien bujías protegidas por fanalcs de cristal azul zafiro, que ardían en la lómpara dcl cen'
tro. Esa lue

drón sobresaliendo de la enorme tina

y su rnadre 'Io es'

la noche del incidente, tan comentado, cuan' do 'la señorita Antúnez se negó o bailu con el Direc' tor de Impuestos y éste llamó al Vocal de Recreo para que revisara el carnet de batle. La pesqílsa demostró que el Director de Impuestos estaba ircuito paro el vals del país. Se aplicó Cl reglamento y la señorita Antúnez no pudo, como aspiraba, bailar piezas seguidas con el Teniente Querejeta, que la estaba,corteiando. Tanto lue su disgusto que se mor' chó del baile agitando sus mangqs de etrcaie en un
desesperado aleteo.

El Director de Impuestos se excusó del incidente di' oíendo que las reglas eran las reglas y que qué sucedería en esta República si a poco de empezar ya estába' mos burlándonos del orden e,stablecido. La gente mur' muró después que Ia Antúnez y el Teniente 8e enten'
dían.

do a

gue de -movía

sobrefalda eleganteme Despuéi tte la *a. Át turminar
11

los compases inicíales, las otras pareias se fueron unien' li Primera Autoridad. Eugení.a, con gran desplie'

También dio que hablar'la nueva btoma de Rebollat que le embarró de miel la montura a Don Críspulo. Con eso todos recordaron que en un baile anterior re' gó con polvos d.e pica'pica eI salón del Liceo, Eso le costó un destierro de un mes en Santa Clqra.

Rebollqr era así.

I

buena, se Cedrón'

una Pol' serv'lr el

ponche que utenuó el sofoco' Para los que gustaban de
46

EL DOMINGO
Arturo golpeó la puerta. tri eitá' aquí otra vé', muchacho; tú tiene' fuego-Yatu pipí. en La negra gorda enroscaba su mano prieta y callosa en el pomo de la cenadura.
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-Ñapoleona, se fue balanceando sus enormes nalLa Napoleona gas. Arturo se acostó en el sofá. cómodo, esto es mío. -Ponte cortina con flores separaba el pasillo de Una sucia la sala. Angelita alú la cortina con sus dedos ensorti' jados. Conseryaba una cintura de avispa que en sus iiempos fue tema de conversación. Arturo la besó cariñoso, en la mejilla. El mercado¡ cotazón, el problema es que necesito tres -Mira, mujeres para esta noche <omienza Arturo. hablar del peluquín, hijito. Espero gente gorda. -Ni a otra Parte. -Mándalos hablar. -Ni soy cliente aqul ¿no? -Yo yónis. Los yonis traen el dólar sato. -Son capaz de no venir más Por aquí.

mi

amor, ¿dónde está Angelita?

-Soy verás a la

-No

Berta.

Éerta rne importa ün carajo. No efes La en-La Habana.

la

únlc¡

va -iQué vieja, si m€ rompes -Oye, policía. Palabra.

se le

a hacer! Busca por otro lado. esto de hoy te echo a la

-Para Francisco Javier camina hasta el sofá donde está Carlos, Hay una pausa quemante, moros&. Francisco

Arturo se rie con espashos y una flema espesa le interrumpe la alegría. venir con nosotros ¿no?

-Trata. hago.

-Lo

-Trata.interrumpió: Dascal

Javier dice que quiere hablar con Carlos. Van hacia la calle. Se detienen bajo el farol de la esquina. Del bar La Victoria llega un bolero siruposo: "Por quée te fuisteee,

mi amor de siempreee...?" Nadie

sabe

por

qué.

-dijo ese niño es un acelerado. No la deja hablar que -Es a una. con que ése era el problema. Yo sabía... -Ah, ¿Cuánto?
Angela guardó los bilietes en uD bolsillo de la bata mientras gritaba: "¡Niñas, salóoon!" Seis mujeres, Una trigueña, de moderada adiposidad, saludó a Arturo. no sales a la arena, Bertica, tú bienes conmigo. -Tú y Carlos asienten, seleccionan. "¿Cómo te llaDascal

y pagando -Angelita, Dascal. sible?

-Vámonos, me voy.

Arturo.

-No

un precio extra ¿no serla po-

-¿Vas vier.

Nadie responde. a ir con esta gente?

-preguntó

Francisco Ja-

-Sí

{ijo

-Piensa pentirte.

-st. sabes nada. No sabes lo que haces, -No yo sé. -Sí, es más grave. -Entonces es nada. -No estás jalado. -Tú poquito. -Un en ésto: vas a pecar y tendrás que arre-No

-¿Sabes

lo que

Carlos.

estás haciendo?

Lulú y Rosa". Bertica, sobre las rodillas de Arturo, recibe en el vientre la cálida palma de la mano que se desliza hacia la pelvis y Bertica salta de las rodillas, "me voy a vestir", desaparece; la cortina se balancea, pesada por el churre y la humedad. El zumbido agudo piovoca a La Napoleona: "¡Vaaal" Abre la puerta y encuentra a Francisco Javier, muy serio, en el umbral. se me están yendo para adentro, ¡feasl -Ustedes Arturo-. Vístanse rápido Francisco Ja-dice ¿Tú no fuiste a Tropicana con el resto de la -y a vier-:
mas? Susi. Aquéllas son
gente?

m€ importa. loco! Peor, estás borracho. Te has conver-¡Estás tido en un borracho. Te dejas tentar por la carne. Ofendes a Dios. ¡Qué dirán en la Agrupación! gente de la Agrupación viene por aquí también, -La Los he visto.

-Si jamás la virtud. sé bien todo eso, pero
cosas.

dejas que

tu

cu€rpo

te

gobierne

no

alcanzarás

-Yo

no puedo cambiar

las

-Fuimos me.
rlB

a Montmartre. Dejé a la

gente esperándo-

que no puedes cambiar? ¿Eres un hombre o -¿Cómo Cada sacrificio que haces, cada renuncia, una bestia? es una ofrenda a Cristo. Vuelve a tu casa, ven con nosotros a Montmartre. Debes permanecer en la castidad. voy porque en Montmartre bailando me doy

-No

unos calentones de madre y esas niñas no üle los qultan. Esas niñas no lp quitan los calentones a nadie. S9l unas calientapoyas. Son doctoras en la ilustre ciencia de ü calientapoialogfa. Además, yo no .soy ca-sto' ---ye tarnfocJto fui en un tiempó, me dejé confundir, pero ahora he vuelto a Dios. Te pido, te ruegq que
pienses

Cuando Carlos echó a andar hacia la casa todos 'ocu' paron sus asientos en la sala. importa, por el camino nos olvidamos -díjo -No Arturo. cerco de la virtud Dascal.

-El Napoleona: Y La

-dijo

también.

-¿Por agradas a Dios. Empieza por el sexo, des' -fotqrró pués podrás ayunar. y ojeroso. ¿Así es como agrado a Dioe? -Fluco hagas el idiota. Sabes bien de lo que hablo' te

qué?

un velorio ¿o qué? -Bu€no, El San Ignacio se deslizó suavemenüe por las aguas en calma del río Almendares. Pasó con facilidad baio el puente de Pote: la obra muerta no era elevada. Entró en la ancha ría de la desembocadura acompañado del runrún de los motor€s y del agua alborotada tras las hélioes. Frente al Castillo de La Chorrera, Juanito, el patrón, respondió a las señales lumínicas con el reflector de proa. Salieron al mar.
es

mi hijo, esto

-No Francisco Javier, esta noche tengo unos tra-\4fi¡¿, gos arriba, yo no me ialo a menudo, hoy es una exsePción, déjame seguir y mañana discutimos. mañana es tarde, ya habrás pecado. ¿Qué di' -No, rán en la AgruPación?
la Ágrupación nadie va a enterarse de nada si -Enlo dices. tú no

sólidamente cortando las aguas con

-üQué a Miami -Preguntó Arturo. -dijo -Proa Ignacio aumentó su velocidad. Se El San

rumbo?

Juanito.

desplazaba

la proa afilada. DasY húmedo de
Y hierro avan-

que

emanaba

imPusieron su

y la necesario un y Dascal se
ritmo
tía el viento
Arturo se acercó

una. Sólo era

r la imPresión
donde no ba-

bre la mejilla de Carlos' a Dios, coño! -fu -¡R€sP€ta pu"tta, Arturo, Marcos, D-asca], .La Napoleo' no r"fri, mirán hacia el cono de luz bajo el farol de

La Habana era una línea luminosa en el horizonte' y le entregó un jaibol. --Dice tu mujer que no la atiendes, que si tú eres maricón o qué. --Sí, sí. Es que me
.-¿Cómo. . . qué? --Que si no tienes ganas de pasar el rato.
quedé medio adormecido aquí.

"ü la esquina. -¡Le
60

metió!
es

-iQuC

--dijo Lulú. La Napoleona' lo de ése? -preguntó

-¿Y

-Míralo había permanecido en la popa mirando el Carlos

Carlos? allá.

y aremolinada que surgla del casco y for' maba una larga huella sobre el mar. Una de hJ muchachas abrió la puerta de la cabina y se sentó cuidadosamente sobre una de las sillas do óubierta, temiendo romperla. Vestía un short rojo y un ajustado pullover de dibujos geométricos., La ropa, comprada heiha, le abultaba donde no debía y mostraba iierta tirantez en los sitios más rotundos. Vulgar, tle una vulgaridad ofensiva que ella llevaba con buen aire
egua oscura

-Susi. Susi, para que veas el mar desde aquí arri', 'l

ba.

-Ven,

puente de mando. Devolvió

ró en

Susi terminó de subir los escalones y se situó en el el saludo de Juanito y mi-

y

hasta agresividad,

-¡Carlos! en seg ToCarlos vino -llam mó a la del short roio y la sentó en sus piernas. Comenzaron a jugar de rnanos de una forma mecánica 'y afectada: oprmiAo un botón que marcaba el movimiento deseádo. Catlos bebió su jaibol rápidamente Y carg6 a la mujer, abrió la puerta de la cabina de una oatada v Arturo la cerró riendo. ' a Dascal. tú?
escotilla de proa y estajunto al bote salvavidas mientras el viento le ba sentada

-dijo Dascal. Habana? -¿Cómo. reflejo de ella en el cielo. -El eso! Nunca lo habla visto. Es -¡Mira que estoy asl, tan lejos. . .
-Esa
La

-¿Quées La Habana

derredor. es esa nube blanca

tan grande?

la primera vez

EI San Ignacio comenzaba a cortar la corriente del Golfo y su oscilación aumentaba cada instante. Dascal vio a Bertica y a Arturo desnudos, abrazados dentro del bote amarrado a la cubierta de proa y bañados por el agua de mar que se deshacía con fuerza sobre ellos.

-¿Y

-Ahora, Bertica había subido por la

-preguntó ahora...

agitaba

junto a ella. Juan sente de lo que s un oficio bien sab
distante.
batida.

violentame

sentarso

rco, auPractica Estaban

-dijo -Están ss ¿si Juanito. -Arturodivertido! exclamó Susi. -s6mentó -¡Qué los labios pintados de un rojo sombrío y Susi tenía unos aretes de argollas. Dascal le tomó la cabeza entre sus manos y la miró fijamente. Era miserable y vulgar y escuálida y vulnerable. -No, yo? -¿Y conversar
-¿Vamos voy a dormir. -preguntó me
ahora?
Susi.

locos

Dascal.

rodeados de una inmensa oscuridad. En el horizonte las .tnte. tttas bajas reflejaban el resplandor de la ciudad

La Éabana ie ocultaba tras de un bloque de aire denso, frío, masticable y una masa negra de agua
La tercera salió de la
pasa
cabina.

-Puedes fna.

con Juanito para que no se duer-

Dascal abrió la puerta de la cabina. La cama grande del primer camarote estaba ocupada por Carlos y una

-saludó'Dascal' -Qué -resPondió -Hola está ocuPado todo el mundo? -¿Ya Yo. -Falto venir Ya? -¿Quieres te llamas?

la semioscuridad vio un movimiento confuso de sábanas y piernas y brazos, había olor a carne, a sudor. Abrió la puerta del segundo camarote. Era más pequeño y tenía una litera de dos pisos. Se acostó
de las mujeres. En
vestido.

Al

amanecer tocaron a

la puerta. Dascal abrió soño-

-¿Cómo

62

liento aún. Era Arturo con unas galletas preparadas con jamón y queso.

'

Fiden las Fuerzas Vivas a la Cáma¡a que se opongan a la Agencia de Comercio

-¿Quieres las galletas y se sentó en el borde de la o""tüf tomó arra litera. Arturo se alejó entonando vigorosamente un Dascal abrió la boáe Verdi con letra de su invención' ; i A-""" mordida arrancó la mitad' Masticó lentala clara-.ít"; los ojos entornados por el sueño' Por una luz Pálid boya entraba entró al bu"rrdo terminó de come bien la baño. Se lavó la cara Y se
carrrisa dentro del -;;¡ll;;taba

comer?

MANTENDRAN LOS ALIADOS TODAS SUS FUERZAS EN ASIA AUN CUANDO SE FIRME EL ARMISTICIO

EN

COREA

del Country Club

El fashion show

El Día del Médico en Fin de Siglo. Diciembre La gratitud a su médico irá expresada muy
finamente en obsequios como éstos
EXCURSION AL CONGRESO
EUCARISTICO

3

Ñ- "p*,"á^ popa Carlos y la tercera üi'rut"iiluu de
üban. Susi, sená¿a en la
orro. A

pantilón ai timón a ¿1, ouserva

abina' Bertica'

brúiula'

muier converborda' metía una mano en

dares disminuYendo la nte de Pote, comenzaban a

La

babor' el Palacio

de

autorizada por su Eminencia Carder.al Manuel Arteaga Fantasía de Nieve en el Tarará Yacht Club

Chorrera'

El

San

cruzar los primeros autos' Arturo entregó -;;á

maniobra de atraque' El San Ignacio ;;;;. chocó pesadamente contra €l muelle y todos se apretuiaron en la PoPa -Ve¿a¿o Para desembarcar' '--I-u" .uif"t ¿^A estaban desiertas al amanetrató de no hacer ruido al endomingo. Dascal ""iáet su casa y cerró las ventanas de su cuarto antes en

el timón a

EFREM KURTZ EN LA FILARMOMCA
Cine América

il

/

Mañana

AMBICIONES QUE MATAN

con Elizazeth Taylor

trar de acostarse. --Á.il-iot

y

Montgomery Clifü

ojos después del mediodla' Ent¡ó al baño u * áio una ducha ]ría. Se sintió fresco y despejado' É" i"-;;.i;; teimin"¡an dt hacer el almuerzo' Dascal pilg""t" poi tot padres' El viejo estaba -en suacuarto misa' á"1-r¿" la pelota pór radio. La madre había ido "'ó"l""itárió ; t tenaza y tomó el Diario de la Mamimbre' ti;-;; ástaba abierto sobre un revistero de el periG 's'" -"ü1""áo; sillón y comenzó a hojear ;;
dico.
54

.

Hoy

/

LOS CUENTOS DE HOFFMAN Con L. Tcherina

YA ESTAN SANTA CLAUS Y LOS REYES EN EL ENCATITO
Lectura de Domingo por Eladio Secades Salvador Salazar fue ün maestro grande, feeundo, profundamente humano, afirmó Blanca Dopico.

st

Boilas Y comPromisos de HoY Editorial: LA EXPLOTACION Dl LA-MENDICIDAD -V-I.A FALSA INDIGENCIA

De la Sociedad de Conciertos
Vea en nuestro supJemento SIETE DIAS:

*:"9?l;,Tif; 3á'Jo""*ítica' -+ff il,fl%i;"d:","t::rffsf EI Tío Remus MUÑEQUITOS / El Ratón {ieue]ito' el Pato Donald
Y

La Boda

González del Valle-Llansó

MANUEL ASPURU

Y FAMILIA EN

EGIPTO

Dascalcerróelperiódicoylodejócaeralpiso.

Desde que perdí el amor por él sólo he tenido experiencia amorosa. Ya terminó. Asunto archivado. Abora le guardo un gran respeto y una gran amistad. Es decir, tú eres el único ser vivo en medlo de muchos fantasmas para los que guardo un afectuoso recuerdo. Es preciso que nos veamos con frecuencia. ¿Por qué no vienes esta noche a casa? Te beso muy tiernamente". No tenía firma. Dascal fue al cine América a ver Los Cuentos de Hoffman. Al terminar la película exhibieron un cartón de Pluto y el notic;ero Paramount con vistas de las con_ vsrsaciones de armisticio en Corea. Cuando salió, co_ menzaba a oscurecer y !a temperatura había bajado cuatro o cinco grados. Decidió caminar un poco por La Habana. Al pasar junto a las vidrieras de Almacenes Inclán una gorda señalaba al marido unos modelos ceñidos a maniquíes de pasta muy esbeltos. El cojo de la bocina vociferaba pidiendo dinero. Una familia en su paseo dominical llevaba a la niña con una gigantesca ma,riposa rosada sobre

sobre azul'

-Caballero, ll"nóiliu-uttéd ""ñurt"?itu'ü¿

se me había olvidado darl€ esto

que

"i

cuando se estaba bañando'senro¡r". La letra era apretada pero

un café, descolgó el auricular del teléfono público, introdujo un medio en la ranura y marcó un número. Cristina le respondió con una voz pastosa (¿ha dormido una siesta?). Dascal dijo que había recibido la carta y que iría esa noche. Cristina respon¿ió que Alejandro y Carios no estarían en la casa: "Haré unos hordevres". Había oscurecido completamente y comenzaba a caet una lluvia menuda. Dascal caminó en dirección a Agui_ la, donde había parqueado. Encendió un cigarro mientras marcaba el paso con energía sintiendo el sólido ceDascal entró a mento bajo sus suelas.

la

cabeza.

¡0

La

Situación

ii
t!

ORO BLANCO

y la República se instauÍlestas. Capilán General y Presi'dente eran lo mismo para Cayetano. Su u,ída seguía igual: vivía sobre el caballo; vivía es correcto: vivía. Ctrn ,cinco bodegas esparcidas por el norte de Matanzas se desplazaba íncesanlemente para atenderlas, La noche lo encontraba adormecido sobre el cuadrúpedo mientras atravesaba montes y cañaveroles, cruTaba arroy,¡s y escalaba lomas. Esa Íue'la época en que Manolo Estrada entró a su servicio. Manolo lo acompañaba en las'largas caminatas siguiéndolo armado a cincuents pa'
ró con grandes
La guerra había terminado
Jo,t.

A Córdenas íba una vez pot semana para deposltar en el Banco y correr tránlites. Cayetano sóIo se quedaba en la ciudad él tiempo necesorio pdra ponq las cosas en negro sobre blanco, No quelta deiarse tentar por las mundanidades, Tenía un obietivo preciso: crear un imper,lo, multiplicar su dinero, hacerlo trabaiar para que engendrara cosas que a Eu vez engendraran nuettas cosas. En el centro de este universo estaría él ordenándoIo todo. Era sólo un agente de un mundo que estaba
de caderas anchas
Manollo Estrada estaba casado con unct buena mujer y moño en la nuca que nunca le dío
59

un hijo por ciertos trastornos en la menstruación. Estra' da llevaba dos años al servicio de Cayetano cuando s¿ hizo necesaíia una operación a su muier. Le pidió cien pesos para la atendión médica y Cayetano se las negó porque no tenía "nada de valor que olrecer en garan' tía". Ahí se separaron y Manolo se fue a trabaiar con Mister Ken dl Cental Unión, Coyetuno Sarría sóIo se permitía dos distraccionest una guajiru que visltaba und vez por semana

crecer

a

A'lejandrito

y le compraba

Lola para que se montuviera hermosa
contaba sus onzas
dos.

y

polvos de arroz d y por las noches doblones, centenes, luises y escu-

-prerto arreglo con el padre-, y el tdbaco, Fumaba unas tagarnínas de a meclio que Mister Ken detestaba. El americano, un día que discutían sobre un derecho de paso, le o'fre' ció un buen torcldo de Vuelta Abaio y Cayetano Io rechazó porque "sí me acostumbro a lo bueno nunca mós

podré volver a mis tagarnínaf', Los años le pasaron en el caballo. Cuando Menocal comenzaba su primer período en la Presidencia, Caye' tano reunió sus ahorros y abrió un almacén en CoIón. Allí conoció a Dolores Mena, una costurera que le surcia los pantalones gastados por 'la montura, Lola Mena era mujer de ambiciones; siempre deseó abandorwr la costura y vívir en la capital. Cayenato la h'lzo su querida y cuando les nació un hijo comprÓ L,na casita cerca del dlmacén. Al muchacho lo bautizaron en la catedral de San Carlos de Matanzas con los nombres de Aleiandro Cayetano de lesús. La boda se celebró un üa antes en
azúcar estaba en alza y deiaba buen dinero- Cayetano había dividido sus fincos en cuartones pdro la s:embra de tabaco, caña de azúcar, ,café y lrutos menores' Cuando los precios dél azúcar comenzaron a subír, ordenó arrasar todos los sembrados: la tala y la quema de los montes y arbolados de sus tierras. Había que abrír espacio a'la caña. Vino Io de Saraievo y comenzó la guerra y los precíos tlel azúcar subieron ntás aún. En Colón todo el mundo discutía que si el Kaiser, que si el Mariscal Foch, pero Cayetano no perdía el tiempo en conversaciones, Veía

Una mañana salió para La Habana con un maletín rey e;ccrlturas. En la estación de Viltanueva tomó un coche hasta el Banco d.el Comercio. El adminlstrador, viejo sonocido,"lo recibió en seguida. Discutieron hasta enfiada la noche. Cayetono se hospedó en el Hotdl Inglnterra. Al dÍa sigalente volvie,ron a conversar delante de una mesa llena de papeles donde anotaban cifras. Al tercer día Ia conyersa:,ión tuvo lugqr delante de un nolario, Esa noche tomó el ten de vueha a Colón. Se acostó en cuanto llegó a la casa porque eE taba fatigado sin decir a Lola en Io que andaba. Una semana después volvió a la capitdl. En el Ban_ co del Comercio le esperabqn tres señores 6!¿

pleto de títulos

ellos el conocido General

administrador. Firmaron ¿l endoso de varias escrituras y un contrato, Cayetano hipotecaba el almacén, las bodegas y algunas lincas al Banco. Con ese dinero pagaba una opción de compra al Centrdl Curujey. El General Osorio quería deshacerse de él porque le dejaba pérdidas.

-y\s Osorio-, junto al notarb y

el

una palroquia de Cdlón.

asustó de ta:nto albotroto. aquello adelante.

El

lió para Curujey, cerca de C el pellejo sobre la tie'rra, si

AI retornar a Colón se lo Al

60 61

UN PADRE DE LA PATRIA
nó en solidez y enronqueció lígeramente. Tere se lue una larga temporada a Santa Clara con sus abu¿los.
Ese año Gabrielito dio un gran estitón. Su cuerpo ga-

Cunndo volvió, apents pudo reconocerla. Era otra cosa' estnba más algo, un no sé qué. Gabrielito no supo decirlo hasta que encontró la palabra: Tere era femenina. Entonces sucedió aqudllo que nunca pudo disolverse en su memoria que persistió durante afios como una llaga ulceros:a abriéndose ante cada estímulo y dejóndole un recuerdo agridulce que lo ensombreúa en sus horas de pena, No pudo cancelar esta visión recurrente hasta que deió atrás Ia adolescencia. Era un cciluroso sábado de iulio y Gabrielito hasliado de moscas y sudores, decidió relrescarse en el río Sa' gua, Caminó hacia las afueras, donde un meandro, pronunciado, el agua clara y la fronda, hacen grata Ia corriente. Se quitó la ropa deiándola iunto a un gran ia' güey y se lanzó desnudo aI agua. Cuando mayor era su entusiasmo, pateandot, zambtllléndose pclf,a desenlprcar guijarros del lecho fangoso, haciéndose el muerto para flotar; vio venir a Tere que se qAito los zapatos y hundió los pies en el agua y chapoteó a Eu gusto. Gabrielito se mantuvo inmóvil tras unas ramas qtte se inclinaban sofue Cl río, Tere se arrimó al iagüey, se quitó Ia saya
63

naranjas.

y Gabrielito vio sas rnuslos tarsos y alargados; se quitó la blusa y de'jó aI aire dos pa:kitos duros y redondos co¡rc
'.,

te, incontenibh,

y

tanscunía muchas horas rezando

en

la

un en:respado y negro follaie muy similar al que éI pa seía. Gabrlelito nunca había oído decir que las muieres femeninas teníen ¿se ¡ambién. Tere salió del círculo de sombra en torno aI jagüey paro acercarse al agua. Gabliellto vio mejor; era Ltn vello lino y oscuro que le cubría el pubis contrastando con Ia piel blanca de su vientre, pero no había otra cosa alh, Esa era la diferen' cia entre 'las mujeres femeninas
ró.

Gabrielíto observó algo, en ese iwtante, de cuya exístencía no tenía ideu entre las piernas de Tere crecía

siempre iunto

conaterse después que reposaba Pora Cementerio Vieio, porque Teri compartía sus temores con su amiga Clotilde, que no era de lengua quieta.

iglesia.

Todo llegó

a un laurel del

o

y

é1. Gabrielito suspi-

Tere se miró desnuda en el agua reposadd del meandro y se vio relleiada y se acaricíó los muslos, el vien' tre, los senos y descendló de nuevo las manos hasta que el vello se le enroscó en los dedos. Entro lentamente al
río.

un grito

Ahí vio a Gabrielito con los ojos muy abiertos y dlo y salió a toda correra. Gabrielito le vio las nal-

gas firmes, dos semicírculos y'lenos asomados como un

balcón sobre el dorso de 'los muslos, mlentras ella se lía ¿IeI agua gritando que se lo iba a decir a su mamó. Las setnanas siguientes Gabriélito no pado verla pero habló en el parque con su amiga Clotilde y supo que Tere amdaba muy preocupa.da porque ahora podía tener un kljo de Gabrielito, que la había visto desnuda. Cosas de las monjas, que le enseñaron que todo lo relerente dl sexo era pecado y que cl Díablo ponía eso entre las

a los humanos. Tres meses después Tere se suicidó rociándose con alcohol y acencando und vela encendida e su vestdo. Desapareció sin quejarse en medio de una antorcha que despedÍa un gran hedor a sebo deruetido.
piernas para condenar

Se supo que al comenzarle la mewtruacíón descubríé con horror sus ropcts manchadas de sangre y sintió asco de la impurezc de su cuerpo, una tePugnoncia crecien04
05

NAYIDADES DE 195I €l
En el bar del Hotel Presidente la luz apenas dejar ver paso entre las mesas. Dascal troPieza, escucha un cristal roto y un endeblo murmullo de protesta. Nadie alzaría una voz airada, nadie insultaría aquí; hay muchos compromisos secretos y citas junto a la esfinge,
bajo siete llaves: un substratum de laberintos pecaminosos; ningún miembro de Ia secta osaría descorrer el velo. Además, es muy temprano y no hay borrachos.

exactamente tres parejas, tres mesas. A las cuatro de la tarde su presencia indica con exactitud a dónde van, lo que hacen. Ninguno de ellos se imagina estar desnudo en

Un camarero le toma del brazo y lo conduce a una la blandura irresponsable de los ciegos. Sus ojos se habithan a la oscuridad. El bar solitario. Es temprano para empezar a beber. Sou
mesa vacía mientras se siente en

un escenario

y

disfruta su falso incógnito.

tarde. Hasta ahora toda la maniobra se reducía a juegos de salón: una caricia en la tercaza mientras Alejandro busca un trago, cosas así, Esto de ahora es definitivo.

-No Quiere

deseo nada, gracias. Espero

mantenerse lúcido

y

a

alguien'

con plenas energías esta

El cantinero limpia los vasos a la luz de un tubo fluorescente, semioculto en una canal de made¡a. Se está bien aquí: el aire acondicionado es intenso y el frío obra como estimulante. Enciende un cigarro. In0?

hala el humc profundamente mientras juega con el fósforo apagado entre el índice y el pulgar. El estómago se le contrae y es en ese instante cuando advierte que está excitado, ligeramente excitado, no llega al torbellino, ni siquiera a la ince¡tidumbre: es una pequeña alteración de la mediocre normalidad. Por ahora se ha olvidado de la insatisfacción que siempre se le clava a un costado y le lleva a paso doblq. Piensa algo exótico: los musulmal nes. Entre los musulmanes esto no debe existir. Este límite a una mujer, la acción vedada, la agradable impresión de acometer lo prohibido, un reto a la sociedad,

dedos palparon la depresión de las axilas y sus dedos s3 enroscaron en los vellos de la pubertad y de allí se orientaron, en movimientos convergentes, hasta rozar la ligera insinuación en la base de los senos pequeños y duros, y tímidamente continuó escalando hasta hacer triunfar su expedición sobre los pezones. Maruja se estremeció mientras fingía leer la revista. El sonido del llavín orientándose hacia la cerradura lo alertó y fue a sentarse con rapidez en un sillón de la sala tomando al paso un periódico con el que disimuló su erección. Cuando su

la

hermano cruzó hacia su cuarto

lo

saludó aparentando

rebeldía.

Sea Maruja. Maruja fue la primera sensación. Le ayu_ dó a salir del mundo protegido de su familia donde a veces habitaba en el vi€ntre de una caguama. Maruja es la experiencia adolescente. Maruja hacía las camas, barría. Trece años. El, t¡Ece años. Las amigas de la madre aconsejaron: "Cuidado con esas virulillas que só_ lo quieren enganchar un muchacho bien, sabes". Maruja era distante y digna; por el día llevaba el cabelio en una trenza única sobre la espalda y al atardecer, después del baño, cuando se ponía su vestido de grandes soltaba el pelo que le llegaba hasta la Tenía la piel muy blanca y algunas p z. Bl la veía moverse ágilmente por I su sensualidad. Con ella inauguró las primeras masturbacion€s y cigarros clandestinos.

tenía una revista de modas en las manos gina. Las manos descendieron sintiendo

piel la excitasión saltó al delirio

una tarde si tamente acercó sus manos a los hombros desnudos, lentamente. Cuando su piel entró en contacto con la otra

de nuevo y vive en la f

Sea

Maru

Toma cuerpo

nte recuerdlo, En la tarde, terraza. I¡n_
Maruja
sus

y al temblor.

intuida suavidad de aquella p,iel. Las yemas de

y pasó un p7la tantas vec€s

quiso porque quería detener el tiempo. La ve cuando abre la puerta y vacila en la oscuridad. Dascal se acerca y la toma del brazo y siente la piel pegajosa de sudor y un músculo distendido que se balancea como una hamaca entre el codo y la axila.

y en el lavadero y en el cuarto de criados. Maruja siempre temiendo y nr¡Dca fue consumado. Entonces la madre dijo: "hay que despedir a esa muchachita que es muy sata" y él sintió que enrojecía, en la mssa, delante de toda la familia y no supo si sabían. El día que hizo las maletas no quiso verla. Se fu€ de la casa por la mañana y no torné hasta la noche. La famiiia, al fondo, en el comedor, revolvía las migajas del mantel mientras conversaba. Sentado un largo rato en el portal a oscuras. No quiso ver a nadie. Luego se fue a su cuarto y se acostó en la cama y vestido aún se durmió pensando en Maruja. Ahora el frío no es tan intenso. Al entrar era una opresión gélida que, claro, la luz dura de afuera, el vaho del asfalto en las horas que siguen al mediodía. . . Las tres y media. No se produce el quebranto de la epístola de San Pablo. El que hizo la ley hizo la trampa, pero ella no se decide a romper la aparente asepsia de su medio, su visión ideal de sí misma; esto de un bar, una cita así, como todo el mundo,. pero ella lo

indifereneia, Nuevos encuentros, en !a azotea

tr

09

-|rfs minaba de irse.
fero:

-¿Hace minutos, exactamente. ---:Treinta ss por coquetería, es que Alejandro no ter'
Las mismas cosas siempre, todo se repite.

mucho que

esp€ras?

Cristina no contesta durante unos segundos a beber por nuestro eneuentro,

y

dice:

Al

cama'

-Vamos Dascal. --Salud -dijo crees que eso es lo que quiso -¿Tú posible. -Es

decirme?

durante unos instantes. Am' precipitan a destruir este indicio de mutua inbos se comodidid, ias primeras sílabas chocan y se deshacen antes de ser palabras. Y de inmediato:

-Dos Permanecen en silencio
dime tú

martinis secos, por favor'

-No, no, habla, habla. -dice -No, palpa el lóbulo de una saber algo -se -Quería oreja antes de continuar-. ¿Ha cambiado Carlos rlltimamente?

Cristina.

velnle, las palas de gallo se insinúan en la cornisura de los y sln embargo manliene su cuerpo con elaslicidad Juvenil y lleva el pelo oro Tiziano recogido en una lrenza que se enrosca sobre la sulura enlre el parielal y el fronlal, en el centro mismo del cráneo, como una corona. No praclica deporle alguno, pero es acliva: subir y bajar escaleras es
oJos

Es evidenle, un fo pa. Siernpre me suceden eslas cosas y enlonces querría eslar muy lejos del lugar. Se le olvidará, pero e_s lo clerlo, El liempo la deslruye y ella se resisle, Andará en la lreinlena, comienza a perder la frescura de los

de verdad, no creo... ¿Por qué? -No... rne dijo una cosa muy rara. Quizás se -Hoy dando cuenta de algo.

esté

' -Es es extraño. Itroy estaba desayunando en mi -Sí; cuarto. Abrió la puerta, me miró fijamente y me dijo:

-¿De siempre ha sido. extraño. -Carlos sensible, es inteligente'. muy

qué?

"Tú sabes, mamá, que cuando el tiempo pasa y no se le conoce al pasar, uno se pone en ridículo y le hace la vida miserable al prójimo". Dijo eso, más o menos.

Y

El camarero trae los martinis, tú eres una mujer 'inteligente. -Cristina, sí. Siempre he vivido con sensatez y sen' que -Creo tido comúrr y creo que ésa es la base de la inteligencia' Mi marido y mi hijo tienen una casa bien atendida'

se fue,

Claro que t€nemos los medios, pero. . . me refería a otra cosa. -No;yo sé, Carlos siempre ha sido un poco filósofo. -Si, Quizás no sea muy cort(s al decirlo pero tú -No.aparentas menos años de los que tienes.

se y fijar tradiciones, pero que ya es le monde y lo saben y.aclúan con conciencia de su membresía. Entre ellos hay
algunos cerebros, Cerebros como quesos. Blandos

El novelisla morsa se burlaba del horror de la burguesía francesa del diecinueve hacia el malerlalismo; la maleria es deleznable, el sexo es maleria, por tanto... nuestra clase media aún no se ha despojado de sus prejuicios heredados. Nunca lo hará porque enionces dejaría de ser clase media y harían su ingreso lriunfal en la inleligencia, la inteligencia de la clase media, con olro lipo de prejuiclos heredados. y conversaciones de buen lono sobre lemas prohibidos en la clase media, como el adullerio, por ejernplo. Soy un pequeñro burgués, el más pequeño de los pequeños burgueses: soy un enano burgués; ni siquiera del burgo, que es villa de irnporlancia, sino e[ caserío, de la aldea. Reclifico: soy hn enano aldeano. Crislina es una dama que pgrlenece a le rnonde, el nueslro, un poco primilivo, que comienza a pulirlos como el Camamber. Lujosos, envuellos en papel plateado y malolienles como el Roqfor. Ahueéados y siempre en compañía como el Gruyer. Redondos y discrelos Or" ." Oat-

bueno para las pantorrillas, abrir y cerrar la porlezuefa del aulo manliene los dedos flexibles. La masajisla y los baños {s v¿p6¡ conlribuyen, naluralmenle. En un diálogo convencibnal de salón la calificarían de interesante. Es interesanle. Tamblén podría decirse que es de una ágil y discrela rnadurez. Desnuda en una cama ha de lucir muy bien. Lo sabré, La definición de Flober: obscenidad: loda palabra cienlífica dé oriEen griego o lalino esconde una obscenidad.

y

suculen-

o,,

r70

7tá

%d

no todos son iguales. Los hay brillantes, mus-No, tics, elegantes, aburridos; hay muchas clases. son iguales. Siempre es más o menos agr& -Todos dable no pensar y aturdirse {ijo Dascal. no la pasó muy bien. -Agustín es un neurótico. -Agustín a los neurótipos, son gente deliciosa. -Adoromal de la época. el -Es ser neurético es elegante. La normalidad es abu-Sí, rrida. ¿Viste a los Blázquez? Son normales y muy aburridos. Ella lo domina enteramente. Dascal terminó su martini y ordenó dos más al camarero. El bar del Presidente estaba vacío ahora. es nada taro, en Cuba la mujer siempre do-

-No mina

una de ellas se le ofreciera correría a su casa iunto al calcr de su mujer legítima.
pasa igual. Es provoca-Claro tiva, usa ropa ajustada. Dadas las condiciones entrará en un retozo agradable, pero si se ve presionada a ir hasta el final, huirá como quien ve al Diablo' Las cuatro y diez. Gentileza del cantinero: de una escondida bocina emerge una versión s,ruposa y dulzona de "That Old Black Magic". él' tú, no estaría tan seguro de eso -insistió -Yo sl, positiva. Los cubanos son maestros de los sí, preliminares pero aprendices de los fundamentos.. Dascal' €s un reto o una teoría? -preguntó -¿Eso Cristina rió: té del domingo en el Country Club. ,-Una teoría. Enteramente cierta. La muier no es

-dijo Matriarcado de América. gran -El hombre es de una apar€nte agresividad, des-El viste con la mirada a cada muier que pasa pero si -Yo
tú, no apostaría por
que
eso.

ella.

a la mujer le

estoy preguntando -dijo -Te' ' ¿Qué? -' pregunto qué te pareció el parti -Te en
casa.

Cristina'

de

la

otra noche

-No son iguales.
72

sé, como todos los partis de

tu

casa' Todos

sólo narcisista, de ella dependen en Cuba muchas cosas' Aquí un hombre sale eleóto alcalde ftorque es buen tipo, un Presidente llega al poder porque otorga el voto

6.- La

Situació4

?8

a la mujer. Dentro de la familia cubana es la mujer la que dirige. -una ' tradición. Desde que Isabel de Bobadilla -Es quectó sola gobernando este país...
ella. fenómeno cubano -dijo americano: la Malinche, la Perricholi; o europeo: Maintenon, la DubarrY. la -O
orías.

--Es un

es ser consiste

Ayanza hasta Tercera, dobla a la derecha y al lle. gar a Cero, a la izquierda, Distingue la casa semioculta entre las hojas del platanillo que rozan las tejas anaranjadas del portalón del costado. Disminuye la velocidad y hace girar el timón para entrar al garage. dónde vamos? Cristina. -¿A A esta casa. -pregunta -Aquí. puedo entrar ahl. -Yo no Dascal frena, hace retroceder el auto y continúa por
Cero.

probó el

suYo.

-Esteseco,

es menos fuerte que el otro.
igual.

-Es

salir y mantiene su presión hasta que el auto se airea en la marcha,

-¿A sé -Pregunta Cristina. Y se hunde en su asiento, -Ño -dice perdida la lucidcz de la brillante anfitriona, adolescen'
te
ternerosa.

dónde vamos?

Dascal.

Vacas Gord Menocal, Y
ascenso de

s políticos
está allí.

e

de boberías. Tú no er€s un niña. . . responde. Luego su rebeldía se debilita, murmura confusamente. El prejuicio es endeble y me. rece la derrota que le sobreviene en seguida. Dascal se ac€rca nuevamente a la casa y hace ent¡ar el auto en el garage. Avanza por una estrecha calle hasta el patio, donde parquea junto a otros autos. El cuarto es desagradable. Dascal cierra la puerta y corre las cortinas de la ventana creando una íntima penumbra. Mueve el regulador del aire acondicionado a Dyna-Cool. Se acerca a Cristina y la besa en el cuello. Ella lo separa con una suave presión de sus brazos y se sienta en la butaca. es que no estoy acostumbrada. . . -Perdóname, otro lugar. encontré -No hay amigos. La próxima vez trata de con-Siempre seguir un apartamiento. próxima será -La se echavez elotra vez. y enciende un ciDascal sobre colchón garro. Inhala profundamente el humo y lo exhala con fuerza. Cristina, de pie ante el espejo, deshace su larga

-No vuelta para dilatar la decisión. Una
-Déjate no Cristina

-¿Porme

qué no? ¿Qué te pasa?
gusta.

..

arbolado de Miramar es un sedante a verde amala opresión del mediodía: el verde oscuro'pinos, alivia u".de cluto de los laureles y los tin.íO

El

túnel.

El

trenza.

la
74

sc¡focante Presencia

del sol.

es un país agradable Dascal-. Sfi!ñüb" ¡;ro. -Este -dice con facilidad. cierto que la vida aquí es agradable. $rüoop¡¡ 1i

-Es

8¿',d

vlvir a la

ihternperle y desñud$ todo el dño alimeritándonos con frutas y agua de coco. El clima es lo. que haoe fácil este pals. la Riviera también es agradable -dijo Cris-En tina.

sabes, Luis, que úo es mi costumbre hacer esto. -Tri Nunca antes. . . Dascal. bien, está bien, yo lo sé -susurró -Estáquiero esto solamente, necesito algo más.

debe ser tanto como aquí' En ningún país -No es tan bueno como aquí. clima el Cristina sonríe y entra al baño' Dascal habla: los inventores del sol y el ron añejo, la -Somos brisa, el arroz con frijoles, el azul del mar, el peticetro del Vuelta Abajo, el abanico de guano, el café negro, el sillón con balances, la cintura estrecha en la mujer, el zapato de puntera en dos tonos y la guayabera. La presión cede. Las rajaduras del techo y- las -marcas dá lápiz en la puerta comienzan a ser familiares. lo que deberíamos hacer? --dice Dascal' -¿Sabes cosa? -No, ¿quéVaradero y vivir desnudos alimentándoa -Irnos nos de cangreios.
temporada y todo el mundo -En me conoce. En invierno Alejandro va a menudo' Dascal' buena gente Alejandro -dice -Es sale del baño envuelta en una toalla. El peCristina

-No la besa en un hombro y desliza sus labios soDascal bre la piel hasta alcanzar el cuello y la oreja. más... más importante... que esto. -Algo é1. sí -Sí, -dice
Había oscurecido cuando salieron. Dascal abrió el radio del auto y movió pl dial hasta encontrar una me' lodía adecuada. La ducha lo había refrescado y se sen' tía ligero, vivo, con todos los poros abiertos al mundo que ló rodeaba. Cristina iba adormecida con la cabeza
apoyada en ^

'Tlabanaaa, sirena bonita dormida a la orilla del maaar...", cantaba en el radio una voz grave.

el

asiento.

-Estásqué no? -¿Porel- verano es la

delirando.

-Gro Sí, muy
diez años esta tarde.
Buigas

-¿Te

Y añadió-: He Perdido

Dascal fue a "El Carmelo", después de dejar a Cris' tina en la modista. Mientras estudiaba la carta, Jimmy colores

suavemente dorado, le cubre un hombro. Los muslos sólidos, largos, de contorno preciso, tostados de sol, se mueYen hacia la cama. tiempo que Alejandro y yo no hacemos nada. -Hace difícil que pueda resistir. -Es muy alejados. El matrimonio acaba con

lo,

le dio un manotazo en la espalda deseándole "Merri Crismas". Dascal notó entonces las bolas de

y la nieve de celulosa y recordó el calor que había suirido durante todo el día. Pidió una langosta Thermidor y un helado de fresas. Llamó a su casa para decir
qu€ no iba a comer
servido.

y

los trineos blancos y los Santiclós diminutos

-Estamos todo.

que hojeó, de vuelta

y compró el último número de Life a la mesa, mientras esperaba ser

Dascal aprieta el cigarro contra el cenicero y se vuelve hacia ella acariciándole el cabello. un pelo muY fino. -Tienes difícil áe peinar. Mi peluquera siempre se está

Era temprano cuando terminó y fue al Trianón porque exhibían algo de Humphrey Bogart sobre el asalto

a un Banco.

-Es quejando.
76

Dascal

la

besa en

la

mejilla.
17

IIN PADRE DE LA PATRIA
El abuelo paterno fue pescador de La Isabela y su mujer enronquecía pregonando pescado con una gran cesta de mimbre a Ia cabeza' El abuelo murió mansamente una tarde, después que regresó con los an' Tuelos limpios de un viaie de diez días a los cayos; sólo pudo decir que algo se le partía en el pecho, in' clinó la cabeza y quedó como dormido en Ia stlla, míen' tras la vieja le colaba el ,café en una med'iq lavada. Des' pués Ie tocó el turno o 'la abuela que siempre fue delgada y padecía de unas fiebres lánguidas. Murió escu' piendo los pulmones en una palangana. El padre de Gabrie:lito comenzó siendo pescador como eI abuelo y el padre del abuelo y eI abuelo del abue' lo pero no quiso seguir en el mar que traía rñiseria; buscó oficio y entró de aprendiT en una talabartería; era poco pero seguro a fin de mes y no dependía de los caprichos del mar. Cuando empezó Ia guerra se Íue al monte "porque sí": ahí estaba el Íuturo; era algo contra los españoles que I.o poseían todo en Sagua. Pronto andaba deca' pitaido soldados de'la Corona y se precipítaba furioso -conxo un centauro formando un cuerpo eon su cabalgadura cuando eI clarln ínc,ltaba el degüello. Entró en Sagua de noche en varias ocasiones mientras estuvo alzado para visitar a Eugenia, la hiia del ie7S

fe de estación del Íenocarril de Caguagua, y se alegró mucho cuando ella le díjo que estabo encinta. Al terminar la guerra lue nombrado ionceial por los ameicanos y en las prlmerars élecciones, ratiliccido por votación. Se casó con Eugenia que ya tenía tu emba-

I

\
i

al año, y construyó sobrc él una

razo adelantado. A'lquiló un solar a censo por cinco pesos caso con dinero que le prestó el gallego de lq fundición. Cercó veinte cabdllerías y 'las inscrtbió a su nombre. Por aquel entonces se dejó crecer la barba y se afeitó hs patillas. Usaba botas

muy lltstradas para paseqrse por los portales. Los domingos alquilaba un coche para p$ear con Eugenia y
Gabriélito. Sagua era

ORO BLANCO
xa. Ascendió trozd.ndo una esp'iral y ge'lanzó hacia abaio en una limpia vertical para posarse en su pórpado. Cayetano se dio un manotazo que slntió desde Ia frente a Ia mejilla. Al retirar Ia. mano vio aI mosquito con sus delicados lilamentos y patas enroscados en me'dio de una pequeña mancha de sangre. Lola Mena dormía a su lado. Estaba atractiva con su refajo rosado. Quiso despertarla, pero pensó que al día siguiente tenía mu:ho que trabajar y se decidió por el tabaco que arüa en el cenicero. i La casa t,lvienda de Curujey era cómoda. El centrdl marchaba bien: ls caña daba buen rendimiento y los precios del azúcar eran altos. Con el dinero de esta zalra Cayetano tenía planeado redimir de la hipoteca al almacén y las bodegas. Había liberado primero'las fincas porque nece'sitaba espacio para sembror má.s caña. Sintió que una sabrosa placidez lo ínvadía. A veces soñaba con un campo enorme en que só16 veía cañas, un rufi de cañas, una selva de cañas, un cielo de cañas, cañas hqsta eI infinito surgiendo de la tierra robustas y verdes, cañas nuevas cada rminuto, cada hora, cada mes. Apretó il tabaco contra el cenicero, apagó la lu7 y descolgó el mosquitero, A las cinco de la mafianq estaba en el baño lavándo-

el centro de una 4o'na próspera. Tenía en su jurisdicción q los centrales San Rafael, San Pedro,

EI mosquíto volaba en círculos en torno a su cobe-

cierto que una botella de aguardiente,costaba dos cuqrtillos y un doblón daba paru vivir muchos üas. Los obreros de la fund,ición y de'la talabartería no go-

bia que era de buen rendimiento. Es cierto que un empleado municipa! gctnabo cuu tenta pesos al mes y eI Alcalde, cien, pero no es menos

Panchita, Ramona, Caridad, San Vicente y Reyes. Por las t,ierras de pasto andaba un ganado traído de Colom-

sobre el tapete verde las onzas,'los centenes y los lu,ises. Esa lue la época en que su vída se divldió, o más bien, terminó una vlda y comenzó otra, porque Gabrielito, en los años que vínieron, nunca cesó de añorar el buen tíempo viejo de los bailes de la soaledad, las bromas de Rebollar, el sortWo alegre del órgano de cilindro, el cabello castaño de Tere que se atormentaba, con la visión del pecado, eI paso grócil del caballo de su pa-

y pasaban sus estrecheces, pero no eran de condición. Entre los miembros dél Liceo, donde estaba todo lo que vale y brilla, no había quien sultiera quebrantos y en el juego de teslllo'relumbraban
naban tanto
personc¿s

drei un cuadro difuso de

memorias que

le

ornoban

melancólico en las horas lentas.

80

se la cara

de noche aún cuando Cayetano saludó a Ermidio' Sal,leron del batey al paso de los caballos y el amanecer los sorprendió-en la colonia Gumó. Ctletano conversó con el mayoral y siguió hacia La Paslora. Durante toda lq mañana avanzó a ttv¿s de un ho' rizonte de cañas. A las diez y media tenía vísitdas cuatro colonias y sabía cómo iba el corte. En eI batey de La Lulsa se detuvieron para almorzar. Ermidio iba a pagar su slmuerzo en Ia bodega de la colonia cuando ell mayorql lo invitó a un buen arroz con pollo que tenía. Buscó a Caye,tano para invitarlo también. Lo encontraron lras la bodega, sentado en lc en la cilun pedana botella e La Luü invitación sa repitió su Cayetano. Y le dio no; déieme, déieme -diio -Ño, una mordida al pan con sardinas, AI medioüa emprendieron el regreso al central, Al en-

y Loto te llev6 el caté. Termlnando de vwltr' se le aviswon que eI iele de campo lo csperabn. Erq

miñó rápido las cilras de producción en socos del üa
anterior.

anda lo dc los comuneros de Nueva Paz? -¿Cómo -Regular. Guardidla. -Explícate, señor, algunos han aceptado h compensa-Bueno, ción, pero hay un grupito que dice que no,

-¿Quieren quieren quedarse en su tierra. -No, su tierraT Es mi tierra. La he comprado. -¿Cómo perdone. Es una manera de hablat. -Sí, doy doscientos pesos pot cada caballerla quc -Les desalojen y los empleo a mi servício. Les ofrexco un buen trato. ¿Qué más pueden pedirT que si trabaian por su cuentct ganaríon más. -Dicen que ganen más, es cierto, y puede que se -Puede arruinen en un año. Uno nunca sabe. Conñlgo están
seguros.

más?

-Pero dos!

-Es

que como el azúcar estd en dlza,.. eso no va a durar toda la vlda. ¡Qué eslúpi-

Cayetano Sanía mojó

la pluma en el tintero y tomó

una hoja en blanco,

sí esa gente no se va, voy -Guardiola, ser duro. ¿Hay otra cosa? sargento quiere verlo.

a

tener que

-El -Dile

que ahora no. Pot ahora no,

foto amarillenta dCl Central Curuie:y tomnda poco des' pués de su fundación y una foto del general Osorio Ln un marco dorado, que Cayetano no quería retirar hasta haberle pagado eI último centa'vo. Guardíola, el iele de administración, entró lenta' rnente, sin hacer ruido, temieüo mdlestarlo.

-diio -¡Adelante, unt hoia sobre el buró. Cayetano exa' Guardiola puso
92
83

adelante!

Cayetano,

EN ENERO COMIENZA EL AÑO 195P

til

viernes se dijo que la gente del Comité EstudianDemocrático acumuló palos y cabillas en el sótano de la B.b'ioteca. Alguno llegó a decir, alarmado, que vio pistolas. El C.E.D. imprimió un manifiesto para repartir en el mitin. Un fin de semana de'intensa preparación. El Comité Estudiantil Democrático había convocado el mitin para el lunes al mediodía en la Plaza Cadenas. La Agrupación Nacionalista Universitaria había amena' zado con impedirlo. Todos los estudiantes que se llamaban

El

a sí mismos progresistas estaban en

el

C.B.D.,

quc se proclamaba continuador de la revolución antimachadista. Los de la A.N.U. eran acusados de sumisos, catoliqueros, hijos de su casa. En el C.E.D. eran reos de pandillismo y politiquería. Luis Dascal subía la escalinata de la Universidad mirando el Alma Mater que abría sus brazos en lo alto de la colina. Había terminado de desa¡rnar y el café con leche le bailaba en el estómago. Saltaba los escalones de dos en dos y los descansos los obviaba en pasos largos. Al atravesar el portal del Rectorado miró el reloj: las nueve: perdida la prirnera clase. Apresuró el paso y una carrera final le permitió escuchar las últimas frases del profesor de Derecho Romano.

En el receso le entregaron

e1 grandilocuente manifies-

It

;

I

El segundo en turno fue Titico Llanos que declaró llcgado el momento de comenzar lra los fascistas que pretendían ofrecei misa diariamen_ rru ros-rasclstas """ ;;;;¿-;: ofrecer --i"i-.tir"io-..tc en la Escalinata. Ao¡lelb imaop- ¡an+Á t^ :-^-:-^ Aquella imagen captó la imaginad.,lo. efudiante-s v :ió,1 plaza. "" "r"moi;; ;lrió;derosJ"dil_ de .la Nené Mirón era dado a la hi-storia y a la retórica. Titico Llanos iba lirecto at tema-usando ejemplos. muy vivos y exageran lo la situación para rodearla
__

los-mártires del 71, de Mella y de Trejo. Mientras ha_ bl*": u3_ grupo de estudiantes iba distribuyendo el manifiesto ideológico del C.E.D.

:"'ó 1 rc" liiiui'Á'?ri"l

Primero habló Nené vi.¡n premaiuro, *oii.o

1".

,

dc

'l;

de dramatismo.

Un estudiante con espejuelos de aro dorado y mejillas chupadas ----el aire de un leros!" IJn- deportista, con _semina.ista_,-gritóí {e'isto: la U del equipi universitario lo. empujó por un hombio y en seguida le ^"1,_ty ta cara cruzo. ;rnotaa, golpeándole con el puño cnerrado
menlón

y

¿?jfi

:,# 16
I

;,ltf,ii1t

tantear el suelo buscando sus "i .espejuelos rotos. El tista se los alcanzó. Dos estudiairtés lo cargaron depor¡etirán-

la boca sangrante. Titico Llanos intemrmpió -Ju discurso para gritar: .. r.nueva nadie, compañeros, es una piouocaciórrl,, _iN9 El deportista_lo
ayudó

cay6 al suelo con

con el codo en un pómulo.

El áe espejuelos

sobre el

a lelantarse;

otio insistía

en

Íñ _--"u.ro a a:,i,: 1*r" a Ma¡cos V"r*"r"

T::fl,:

dolo hacia el portal de
Dascal mi¡ó

a Ma¡cos:

la Bibioteca.

--'-o--

cs una oorouería! No hay raz6n para pegarle. -¡Esto . Dascal'atan¿ot-el mitin y _ _Marcos movió la "áb"r Marcos lo siguió. Fueron al Bodegdn á. -iáo¿oro.

-¿Estás cos.

--lyo
en

o no estás con el Comité? -preguntó Mar-

lo

sí, firmo todos los papeles que.me dan y ayudo que puedo, pero está oiol"nci" innecesaria no la

Daso.

^ Pidieron dos Coca-Colas. jsr ru política' A lo mejor tienes razón' pero er8 necesario callar a ése. "-:;¡ tú con qué moral hablas? -dijo Dascal' se Marcos Malgor no respondió y Dascal supo que
había excedido. rir. - -Perdona,
mostraba. ^-

pero es que los abusos me llonen al pa-

Mareos decidió que ahora se ofrecla una buena oportoii¿uo puiu t t*inar la antipatía que Dascal le de-

-t; cha g.n1" que me ira enten¿i¿o mal en la Universidad: _-jÑoi¿ amigós qu€ Ya no me saludan' y abandoCada naste la lucha en un momento duro, eso es todo' No puedes evitar que eso repuguno escoge su camino. ne a los qu€ no tienen el así, a la liger -Contado mal parado. En este País I tanto sar - v nada le gustadecir mc irás a -No Luis, el problema aquí es qu€ uno bobea Y -tt¿itn, ..o V u"á por ahí en la Univeriidad y tiene su novieciterta y'se da su mate en 'el Parque Lídice y arma sus Vas iofut-." la Plaza Cadenas y asl se te pasa el tiempo' as Por qué.

quisiera explicarte, Luis, mis razones' Hay mg'

pot qué. Fuiste líder en Derecho

-Yo

sí.

Porque tienes que

Un

día

Problema. ¿Qué es idad? ¿Qué camino

Marcos subrayó el muro gris.
80

alll

extendiendo

el brazo hacia

el

7.- La

Situación

gado de curso'

ii¿.rt" ¿" esóuótu. ¿Qué tn quieres? oooulari¿a¿ ¡,no? Un día la vieja se

Í.iá

ter"r bien porque yo era quien era' Cuando entré en el los ojos' Aquello .", u^ño áe la carrera empecé a abrir

me €ligieron' A-1 añ3 siguiente fui preEs agradable esa me enfermó y la ttotpiitut calixto García y me la atendieron muy

y

-No cer poemas hasta que tenga huevos para niezclirme en todo esto.
-¿En esto, en lo que pasa aquí.
qué?

-¿Qué cualquier sé,

vas a hacer?
cosa.

A lo mejor me pongo a ha-

*-*r

I

li

u."tuba cuando saliera de la Universidad' Y después ,',quét Mi padre es empleado público' trabaja en el -clrn"rcio. "üt"tr;#; ¿" La vieia cose para afuera' Ahí' comprendl oue no todo ira el relumbrón en tercer año, grahacer'cuando ;;" ;. tenía cegadt. ¿Qr¡é iba a p-odía trabajar'me día Un grandes"no áuá."i En los bútetes

-En que endurecerse, -Hay es lo que hago.
Silvia Lejarza
cos.

Luis.

-Eso

y

sus amigas salieron saludando a Mar-

\
I

ru"" y Cubas piáiendo trabáio y po-r Poco se ríen " Para ellos era un agitador.de la Universidad' un de mí. atolondrado: las clases vivas le teme.n'a la gente como Reiiólo me quedaba abrir una oficirrita en la calle galli"o. divorcios, fianzas v-ladrones de ;; ;;;; ul""á.t .r".. frra dura la cosa, fue dura' Me pasé un tiempo

i"l

Esa es otra solución
saludo.

-dijo

Marcos, devolviendo el

-¿Cuál? braguetazo.

pensando y renuncié en la siva ¿e la AgruPación. Yo

cha gente cree que me le a

Me fui por la comida, Por ^.n nadie y estaba de mingo allí' no "..o sé; quizás tienes razón

-No imagino que e.s inútil

-dijo

-Ahoia ."".. ff" pertlido
mucho.

lució mu5' feo desde es diferente,

Dascal-' Me " Lo tuYo
ngo relacio-

a cer, todó tiene su precio ;;i*;.-Trabajo coñ el s
algunos

le va a haPuedo subir
Por.

lo

que

cio, con el codo. El tipo ni siquiera se defendió. ño .ru un provocador. I.uis, aquí todo el mundo esperaba que hoy s€-Mira, la de San Quintín. No ha pasado nada. Un armara comemierda con la boca rota. No ha pasado nada. Eso
cs bueno.

-No los mítines siempre pasa algo así. -En era un provocador, no tenían por qué haberle -No Tenía derecho a €xpresarse. Fue un golpe supegado.

que trato de meterme hay algo que Íre -Siempre empuja de rechazo. Por ejemplo, ese muchacho golpeado. . . No había por qué pegarle. es la política, Luis, la política es dura. -Perohabía por qué pegarle.

-El

-r.,Eso que a mí me interesa, Luis' 1o -ii,s sé. . . tienes raz6¡" ' a tu manera tienes rasé' -No zón. No puedo decirte nada porque yo mismo no deiar la carrera' no me interesa. el Derecho' Vü

--¿Mucho? ¿Cuánto es mucho? CaPitolio, Palacio. -El es mucho?

"

no sé si es bueno pero no debieron pegarle. o no estás con el Comité? -¿',Estás estoy. Estoy de acuerdo con todo lo que dicen rlc-Sí la reforma agraria y la república española y todo eso, pcro no estoy de acuerdo con que le peguen a la gente. sabes lo que pasaría si la Agrupación se-apo-¿Tú tlern de la F.E.U.? jesuitas se meterían aquí con sus niños biton-Los lot.

-Yo

rioo

9l

-Eso en alfombra.
"'^-]No-_-"

mismo, los jesuitas

y

los muchachones

pipl

montaña pero

'le

gusta eso _-dij con el Comité, Pero lo oegando a la gente' rt ^tañ los de ia.AgruPa a quleres saber cÓmo v'v al campo. . .

no quieres romperte la ropa haciéndolo' No, mi hijo. Cualquier cosa que hagas exige que uno se ensuc'e, en política o en eualquier otra parte, porque todo está'sució. Si te interesarJ de Yerdad mejoraf el mundo en que vives, a mí no me interesa, te lo confieso; no te' importaría mezclarte en todo, sudar, enfangarte, romperte' al final tendrías algo útil y precioso
que siempre

te

mantendría limpio.

que del Comité' Pero no a nadie ui en debe Pegar

-Esa protegido. No quieres abandonar tu tibieza, la seguriáad de mamá y papá. Yo he tenido que fajarrne más duro que tú y me he ensuciado porque no me quedaba
otro camino.

no meterme en nada. -Prefierola típica man€ra de hablar de un bebé bien es

I

ii

v

una idea general

de

en la humanidad Y meior de lo que vr

-Pero a construirte un futuro ¿ves cómo tengo razón? Esta rebatiña de todos los días acaba a la gente, no imPorta en nombre de qué te mezcles a la mierda. El sol atenuaba el frío ligero que trajo el primer viento norte de enero. El Bodegón de Teodoro comenzó a llenarse con los que venían del mitin. Marcos preguntó- a uno que pasabi y le respondió que ya estaba terminado' tú quierés. .. cómenzó a decir Marcos cuando -Si escucharon los disparos. Primero fueron áishdos, uno, otro, y otro más. En se-

al final has renunciado a la pelea: te

dedicas

I

guida se sintieron en bloque, una masa de sonido, man-

n en la Universidad Por la El ti¡oteo era en la Plaza al Aula Magna caminaron
I

una gamuza.

-..

un ".'"'i""p"irti"a -diio militante de ouiero hacer carrera t;;;'ni 'iquiero ;;;. ñ PreocuPa la vida' es también ' re intereescalar una lo san los fines Pero no

Dascal-

no

mo.

En la escalinata de Ciencias unos Yeinte estudiantes

se

";fffi,1ilt?.1""i3"*'
92

gt

movían cotlio un enjanibre, tensos, unidos' Los {rltimos Dasdisoaros se escucharon en Placal'abandonó la Biblioteca ido!" Ciencias gritaban I-ou de "u. estudiante sollozaba t no" Una

tenía amoratados.

Titico Llanos estaba sobre un charco de sangre en el mo meportal de Ciencias. La sa suave Y había coagulado lado, se cerrados humedad sobre el mármol. y no daba la impresión de sentir dolor alguno: en la caioi*, .rou gran mancha de púrpura oscura sobre el
vientre.

después se acostaba cón üna puta de a pÉso gg Paiarito y leía a Martí y a Lenin, a Ingenieros y a Mariátegui; con unos padres que vivían ¿eI retiro iivil y ahora vendrían a La HabanJpara velar el cadáver sin entender por qué había muerto su hijo y todo eso paybu. y se olvidaba- porque la capacidad de percepc^ión disminuye con el tiempo I las sensaciones d-ismiiuyen y mañana todos sentirían menos esta urgencia de acclón y pasado mañana menos aún y en unas semanas nadie se acordaría.de esto y Titico Llanos sería un vago recuerdo mencionado como una cosa vacía en los discur-

Ma{1 y

(Jna voz: "Ya viene la ambulancia". Otra voz: "¡Está mal herido, hay que lleva¡lo rápido al Calixto Garcíal" Los del C.E.D. formaban una muralla de protección en torno a Titico. "¡Déjenlo respirar, compañeros, abran campo!" Los estudiantes corrían por la Plaz'a CaAlma Mater, a la calle; hacia la Faculs. Las voces: "¡Fue €l sargento Rivero' es que no respira. No, fueron los de la sargento Rivero estaba de civil con otros
esbirros".

sos de Ia Escalinata. Quería tener un arma en la mano para buscar al sargento Rivero. Había que ensuciarse en la sangre y en la mierda y en el pus y en el vómito y destruir, boriar, ex-

I I

I

I

I

I

La ambulancia se anunció con el quejido agudo de la sirena. El médico, de blanco, se arrodilló junto a Titico cuidando no €nsuciars€ los pantalones con la sangre pegajosa. Le alz6 un párpado cofl el pul8al. "¿Cómo es-

i6, do"tor?", pteg.tttió Ñené Mirón' "Está muerto", dijo el médico y subió a la ambulancia junto al chofer' Ñadie habló. Uno del Cor é comenzó a llorar y se
sentó en

pudo porque siempre algo lo contenía. Atravesó el Recto¡ado y descendió por la Escalinata. El sol se había ocultado por unas rápidas nubes grises. El aire perdió así su cálido contacto. tUn suave viento frío soplaba ahora sobre la colina universitaria, Abajo, los viejos autobuses anaranjados pasaban cargados de pasajeros dejando una estela de bumo negro.

terminar a todos los sargentos Rivero y en ese momento habría dedicado su vida a golpear, acuchillar, disparar. Le quemaba la cólera y sintió que los ojos se le ilenaban de lágrimas y tenía algo en el estómago que le subía hasta los labios y hubiera querido gritar pero no

do hacia el Rectorado.

la

escalera. Dascal se alejó del grupo caminan-

su"fueá? La justicia eslaba allí, junto al cadáver de un orador de mitin improvisado, de un muchacho de Jovellanos que vivía en La Habana en un cuarto con ventana al iatio de tender la ropa en una pensión de sesenta peso^s al mes y visiiaba a una novia en la calle
94 95

de perder ¿Por qué este resorte que ahorl oprime ha

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IIN PADRE DE LA PATRIA
El Coronel Cedrón andaba muy metido en política y el General losé MiguCl Gómex, que era gobernador de Santa Clara, le distinguía y contaba con su apoyo' Iosé Miguel organizaba entonces eI Partido Liberal para oponerse al Partido Moderado de Esffada Palma. Los ntoderados querlan una prórroga en el poder y trataron de acdllar las protestas con tnano fuerte. Vi' lluendas lue asesinado en Cienfuegos y Estrada Palma nombró un Gabinete de Combate con mlnislros de ace' ro que destituyeron a los alcaldes y conceiales desafectos
en toda
puestos.

li
illi
11

, I

la

isla.

El

coronel Cedrón estaba entre los de-

Iosé Miguel estaba convencido de que el Partido Li' beral ganaría las elecélones y no quería torzar las cosas' EI Corone'l Cedrón opínaba que si eI gobierno lalseaba los escrutiníos habrla que alTarse otrt vez. El día de las clecciones el Cotonel permaneció con' linado en su casct. Gabrielito vio a través de las persia'
nas

Teniente Quereietct que se paseaba por Ia calle, a la cintura, seguido de cuatro números con Qrmas latgas. AI día síguíente Gabrielito vio salir a su padre muy de mañana y regresar abatido dl mediodía. Los libera-

al

ante su cgsa, con un grdn revób¡er

les habian sido deruotaáos por ilrnas címañadas cok Apo'

yo de fusiles. EI Coronél Cedrón cercó treinta caballerías más, co' mo desahogo por el lracaso y las inscribió a su nombre. El Alcalde, que ero de Estrada Palma, no se o,tre' vió a oponerse. En la nueva finca Gabrielito disponía de un potrlco y unc¿ fina montura con incrustaciones de
plato.

y su abuelo y

Gabrielito tuvo miedo. Sintió lisicantente que el piso de la cssa se balanceabq y pensó que el mar revuelto se tragaría un día su casa, todas las casas, Saguo, la hla;

é1, co¡ns su padre ahora, desaparecerían sin deiar hüello de su paso por este mundo. Mós

en La
escribía alzado

Un día de junio, medíado el verano de 19O6, Gabrielito fue llamado por su padre. Era el hombrón preciso y decidido de siempre con todos los atributos de lu so' Iidez: el revóIver, las botas, la fusta en la mano. Le ha' bló, le habló al hijo: se iba lejos porque hacía lalta y a lo peor nunsa volvía a verlo. Quería que supiera que cuanto hizo era por el bien de'la familia, nvestfa Ílmi' lia, y de la patria. yo muero, te deio uno grun propiedad y el amor de-Simadre. Tu abuelo yd está hnblado y cuidará de lo tu

mío hasie que puedas hacerte corgo. Si me ves con vida otro vez, estaremos mejor que nunca, A Gabrielito le asomaron unas lágrimas y su padre díjo que no había que preaeuparse. pronto a darte otro beso grande. -Voilveré Y se fue. Dos meses más tarde, al rctornar Gabrielito de la es' cuela, vio al abuelo Sandalio en la casa. Estaba muy se' rio y su voz era un murmullo mientras'hablabe con su hija Eugenia acariciúndole und mano. Callaron al vet a Gabrielíto y Eugenia entró en su cuorto. Sqndalío lo lla' mó y le habló muy suave. sabes, muchacho, este país ha nacido al rcvés. -Tú Primero fuero¡¡, los españoles y luego 'los americanos y

dalio.

de estación a administrador de los lerrocarriles dél norte. Porque losé Miguet se preocupó de aumentar los ramales del camino de hierro. EI tren de Caguagua, por ejemplo, abrió su recorrido hasta Quemado de Güines pasando por Rancho VeloT y Corralillo. Las sucesivas a:propiaciones de terreno realizadas por su padre lueron legaliTadas desde La Habana. Las fíncas eran procluctivas y los campos de caña dorados al sol junto a los humeantes centrdles eran el paisaie obliga:do de Sagua, de la isla toda. Los compañeros de su difunto padre en la manigua daban las órdenes ahora. "Es el progreso", dacíq el abuelo San-

abuelo, lue ascendido de jele

que se llamó "Le Guerrita de Agosto',, y que Íue sorprendido por los rurdles cerca de San pedro de Mayabón y muerto de un balazo que le vació los sesos. Los americanos se lueron y hubo otas elecciones y el General losé Miguel subió a la Presidencia. Cuidó m.ucho la provincia de Santa Clara que era su base pofrtica y se ocupó de ellos, 'los Cedrones. Sandalio, su

después los moderados y parece que ahora volverdn los americanos y quién sabe lo que vendró después' Yo creo que siempre habrá alguien ieringueando, por eso es que

han matado a tu padre, por la ambición de lo bueno. Aquí hay que hacer como 'la caña, que se dobla cusndo el viento sopla.
9B

Una tarde de domingo, con un luerle olor a gardenias que veníq del jardín, Gabrielito descubrió que aún exislía el dolor. Escuchó a Chachq, la cocinera, lloranclo en el patio del fondo. La vieja negra le contó que Don Críspulo, el bodeguero, le habío suprimido él préslamo a, Pancho, su marido. No podría hacer la próxitna zafra y perdería su tierrita. No había otÍs persona que pudiera refaccionarlo porque sólo los bodegueros lo lrucían. Gabrielito le habló aI abuelo Sandalio para quc

dyudara a la Chacha, pero el abuelo se negó porque "el que suelta lo que tíene, a pedir se queda". Poco después de subir Menocal d la Ptesidencia. Eu' genia y Sandallio decidieron enviar al machacho al pu' pilaje de "La Gran Antilla", el mejor colegio de Lg Ha' bana; donde lo harían bachiller. Así fue como cambió su vida, comenzando de nue' vo como si el instante en que lue puiado hacia la'luz entre babas y gelatinas no hubiese ocurrido. Ahora era Gabriel Cedrón, llana y simplemente, y se abundancia

vio, extranlero en la gran cludad, en rnedio de aquella a 'la que llamaron Las Vacas Gordas,

ORO BLAI{CO

Le tliio que le tenía une noticia
dió.

y

Cqyel^no no respon'

-Preguntó los problemas del central-Nada, yo tambíén quiero saber. -Qalnlaa¿, diio que Io había visitado el inspector de Cayetano Ie impuestos y que esta vez le exigió más dinero que la anterior por ocultar que de los cuarenta y nueve tr$s' bordadores del ingenio s6lo pagaba al Fisco por chrco. Eso le había costado nxucho, pero siempre era que pagar el impuesto por Ia totalidad' diio Lola. ¿de qué te queias? -le -Entonces dinero es eI dinero, muier. que el -Es También tuvo problemas con unos precarístas y el sar' gento los sacó de la Íínca a plan de tnachete y hubo al' gunos heridos. suvg¿nto es muy bruto. No sabe actuar con dis'

-iQué

te pasa?

Lola.

-[s¿ cra:ión ---eomentó

Pero eso no era grave. Peor era el problemL que lenía con los colonos que lmenazaban con declararse en

CaYetano.

100

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i

media libras de azúcar por cada cien de caña que Ie entregaban, Además, les descontaba eI envase: cincue'nta centdvoE por saco y les cobraba el dace por ciento de ínterés por el dinero que les daba para la refacción. qué les pasa? Lola.

huelga. Les estaba sítuando cinco

y

-i-Ay-, dío un beso. Lola Ie
-Tendremos dado Ldla.
.

-No,

voy a abrir una olicina en La Habana. qué bueno, viejo, qué alegría!

i

lr

-Nada, más, Son así. Es verdad que esas condiciones estón un poco duras. Si insisten en la protesta estoy dispuesto a rebajarles el interés al díe7 y ponerles los sacos o cuqrenla

-¿Y
y

-preguntó que ganan mucho dinero

y

quieren ganar

-¿Un qué no? -¿Por Lola volvió a besarlo.
Iiempos malos.

-diio -Si ttú quieres... chalet?

que comprat una cc$a allá. En el Ve-

síete.

seas empalagosa (Jna cosa -dijo Cayetano_. si viene:n es-No ínversi6n. Siempre puede alquilarse una

I

-No que sucede es que 'les tíenen envídia a -Lo cendados.

no habrá problema. -Entonces colonos están descontentos. sé, los

los ha-

pertarlo Ermidio ca Tres'Herman

Se

durmieron

A alguien hay que dejarle todo esto. ¿Có-Bueno. mo anda eI niño? dormido Lola, molesta. -Estó -respondió La cocinera avis6 que la comida estaba servída. Por la noche Cayetano ,rev'ísó los reportes de rendimiento en el laboratorio. A las diez vo'lvió a la casa y se metió en la cama.
una cosa?

aI médico del pueblo porque tenía una sospecha y era cíerla: dos meses de embarazo, Cayetano quedó en silencio un momento y luego dijo..

Lola quiso darle su noticia paia alegrarto. Visitó

controrar.

gada vino a descandela en la finto y no se podía

-¿Qué tentar de nuevo
sote. .
.

hatemos?

Ermidio_. podemos in_ -preguntó la contacandela, aunque con este bri-

r_. -¿Y
la
gente?

_dijo
caña.

Cayetano erguido en su ca_ Deia que arda todo, así habrá

-¿Sabes meter en el Manuelita, -le . todos los prob'lemas que tienes? -¿Conque ser audaz. Ese ingenio es bueno, Io he es-Hay tado estudiando. Con estd zaÍra termino de pagarle al General Osorio y liquido todas las hipotecas.
qué vas a poner en su lugar? su'lugar? Nada. ¡Qué cos(N se te ocurren! ¿Por -¿En qué hay que poner algo en su lugar?

dijo a Lola-. Me voy

a

sácalos de ahí. -Buscaseguir con la tala y Ia quema, Don -Para vamos ct tener que esperar que
Cuaresma.

caballos

y

Cayetano,

se calme este viento de

a quitar su de la -¿Vas a quitarla.fotograÍía voy

oficina?

esperes nada. Si esperamos no nos dará tiem_ po-No poner en rendimiento esa tierra en 'la próxima pora

-Sí, -¿Y

zalra. Sigue quemando.

-¿Nos
7M

mudamos para

el Manuelita?

jele dos de
del

El in

días
idos,

y

dieT noches.

reve: treinta kilómetros cuadra-

El

reporte

Tres días después Cgyetano salió hncia La llabana Almorzó con Mister Morris, gerente de Iq Caribbean Sugar Company, que le prestó él dinero para Ic operolión drt ManueTita. Durante el almuerTs el amerieano

el Manuelíta y dl Curuiey y las colonias us-Con ted controla un sector importante de ln industria azu' carera. Nosotros queremos compr*rle su azúcar. usted quiera hablatnos, Mister Morrls; -Cuando sabe que el Íuturo del azúcar depende del

le

diioz

-Usted mercado americano,

rrado la operaclón del Manuelita, ¿ttl sabcs que soy mlllonario? Varias

CaYetdno, lo sé -Sl, Curuley De vuelta a -d'iio le anunció a Lóla que habla ceveces

JUEVES, P4 DE ENERO DE 1952
Cristina Santos enroscó sus dedos largos en el cabe-

-Lola, millonario.

tiempo que me lo imagiruba. ¿Por qué? -f!6s¿ Nunca se me ocurrió antes pensar que posé. -No úa llamarme millonario. Qué cosa' Me parece que fue 6yer que desembarqué ett La Habana.

llo untado

-No el pelo rebelde Tengo -Es gto.
to.-Déjate posib'.e.

d,e grasa perfumada. debías usar grasa. Es vulgar

-dijo. Luis Dascal. -respondió nattual, es mejor. Tú tienes algo de mulaTodo el mundo en Cuba tiene de nehieilo. Dascal

-f6

-fls6 bueno.

mucho tiempo. He trabaiado mucho' -Hace trabaias mucho, Yo siempre te lo digo. -Tú ¿s bueno Cayetano-. El '¡rabaio

fiass tiemPo.

Cristina fue
es
i

-diio

se estiró en

tana

té preocupes ---contestó ella desde la cocinafuera si -No por ti aún estaríamos yendo a esos horrendos
lugares.

y te -Es lo prestó?

el sofá y encendió un cigarro. Fue a la venmi¡ó los tejados del Vedado. agradable este apartamiento, Cristina. ¿Quién

a Ia cocina a buscar más

-No volvió con un bowl con cubos de hielo. Cristina -Me otros mejores, pero vine rápido y -Hay pude conseguir. único que
Habrá otros mejores, pero éste me
gusta.

tengo tantos fecursos como tú.
69.

el trago. Es Vat -Tómate ese Vat. gusta

ése

fuc

el

Dascal volvió a acostarse en el sofá colocando su cabeza en las piernas de Cristina.
104

8.- La

Situacidn

la hora más agradable. Me siento bien conti-Es go, Cristina. Nunca me he atrevido a decirle nada a áinguna mujer. Soy un tímido sexual.

Está oscureciendo

Jijo

ella.

no lo eres. -Conmigo me siento muy bien. Hoy me siento caContigo yo paz de óuaiquier audacia. Te haría el amor en la misma cama en que duermes con tu marido. duerme en otra habitación. -El s de la saya Y tomó su Cristina
cartera
Dascal,

Deló el vaso sobre el mármol de la cémoda y fue hacln el baño. Cristina escuchó el percutir de las gotas de la ducha sobre los azulejos. Se preparó un trago y recogló la escudilla con restos de maníes, el bowl con hie' lo y el vaso vacío. Los dejó en el fregadero de la cocinn. Entró al cuarto y se sentó ante la coqueta. Extracn

fo dc la cartera y comenzó a

par ^en

Encendió un Parliament' inó su vaso de un golPe.

rr¡ cutis en champagne". Cuando terminó bebió un sorbo de whisky y iomenzó a aplicar sobre sus labiqs el
oóliclo naranja del l6piz Revlon nrlmero cinco' Dascal entró al cuarto anudándose la corbata.
lista?

formeg el Beauty

-Ve señora. En seguida, señora- Mi dulce y buena -Sí, y suspírante y sabrosa señora del éxtasis 1ápid9'. ' fuera a un siquiatra te haría un diagnóstico rá-SiLo tienes a flor de Piel' pido. -IJn sentimiento de inferioridad.
-Está nos amigos, Puedo
-¿Cuál? estaclo agudo de inseguridad

a vestirte.

-¿EstásAcuérdate de

-¿A -No Vun a invertir

-Casi. soportar a -seas

ir esta noche a casa. esos camajanes? No, gracias. majadero. Es una excelente oportunidad'
mucho dinero.

La posición que te ofre-

y un

profundo

ccn es elegante.

bien. Yo puedo andar con los dos, mis bueandar con cualquier complejo' Mi amigo inferioridad y mi amigo inseguridad' ' . con todos los amigos complejos. No, rnejor con los complejos amigos. el tono muY fuerte. -Tienes querías, ¿no? Trajiste a Vat para estimularlo --Túglándulas. Yo no necesito que nadie me estimume las le mis glándulas. Funcionan solas. Muy bien. Tú lo
sabes.

mi consejo. -Sigue a tus intrigas de salón. -Gracias te conozcan sabrán apreciarte igual -Cuando yo. en el mismo sentido. -No vez grosero.. . Es una gran oportunidad te presenta. se-Otra

he ofrecen? rr -¿Qué mi nombre, cuál es

Ninguno de ellos sabe siquie-

quo

que

soy grosero. Pero cuando soy grosero en la -Ahora cama no dices nada. sería que dejaras el escoch.

-No

empieces con tus groserías.

hables con ellos reconocerán tu inteligencia. -Cuando pequeño genio desconocido va a uncirse al po-El ctcroso carro de los mogoles. a ir? ¿De veras?

-Que

me presentas tú.

-¿Vas sé.

señoi Vat 69 también es un buen amigo' -t,lo. Cuando él llega se van el amigo inseguridad y el amigo infrerioridaC. No me siento solo Porque Vat es una gran compañía: sabe conversar.
106

-Mejor St

-Tengo Iré por los tragos. -Bueno.ocho. las

-No

que saber ahora paia
ya.

ponerüe

-A

-Vámonos

Cristina bajó en cuanto taba en el vestíbulo.

le informaron que Dascal

es-

mullidos, tapizados en calistrón blanco' Mesas de aluminio con bordes niquelados. Cigarreras, ceniceros y fosforeras de plata. Buscar siempre la ausencia del color. Decoración de un film de Jean Harlow, 1936' Cristina sirvió dos whiskies con agua. Vestía un traje negro de cocktail. Dascal vio el escote entreabierto y el nacimiento de los senos blancos y firmes. Se acercó a etla y la besó en la piel entre los senos' C¡istina mientras suicidarte?

-Eres un trago. -Dame seguido tomando? -¿Has un trago. -Dame a la letaz.a de invierno. Butacas y Pasaron

puntual. Todavía no han llegado.

_:Parl aspirar ul éo]o lay que tener escudos f€spétables: Honor, Dios, patria, plmilia. e trabajar. Alejandro dice que la ta sería ,.¡eue vivas en Cuba

y

sofás

-En Azar, Sensual
veza

rea

la piedra arri
respetable.

Hatuey.

rr#""]";t:
de Sísifo:

Cristina_. - -Siempre La familia nos da respetabilidad. La -dijo Santos es famiia

queda

la

respetabilidad

-lquieres daba un paso atrás.

-preguntó tengo una glan confesión que hacerte. Soy -Sí. cobarde. Estoy en una caja de c¡istal. Si no fuera cobarde me zambulliría en medio de la vida y me daba un gran baño de excremento. ¿Dónde está Alejandro? su cuarto, terminando de vestirse.
-¿lQué un pistola en la mano mientras te
sé.

es sencillo, si tenemos Familia. En esta isla las palabras eué quiere decir Honor, Dios, pa_
spetables,

-En

haría

yo si Alejandro

hubiese entrado con
besaba?

-_No sé, ¡tú no lees los periódicos? -En el Diario de la Marina dan una explicación sobre eso, y en el Colegio de Belén. pero no saben l,o que quiere decir. Nadie lo sabe. Sin embargo todo el mundo sabe lo que es colgar el bicho. La charada es
real.

-No violencia por todas partes. Es necesario violen-La tarse uno mismo, quebrar el cascarón. ¿Alejandro es
violento?

-No, que glorificar los hábitos regulares en un mun-Hay do de violencia. Es una lástima que yo no crea en
Dios, siempre envidio a los que van todos los domingos

es tranquilo, es un hombre de hábitos r€gulares.

y te dicen: -Para un papalote que se empina $olo, la paloma, el 24; la silla que camina, el caballo, el 1; rpsá que ioAo pe'rtu_ nta, el muerto, el 8.
¡rie para saludarlo.

-Yo

nunca juego

-dijo Cristina. qué vas a jugar. Se cuelga el bicho
se murió?

Alejandro Sarría mien-¿Quién -Preguntó trns entraba con Gabriel Cedrón. Cristina se puso de
conoce a Luis Dascal? ¡qué gusto! -Senador, el placer. ¿Usted tengo -No conozco a su hija; de Varadero -Yo sí, Varadero. Es una playa agradable,Dascal. -dijo Todos Alejandro Sarúr saludó a Dascal y preguntó al senador
e¡uó deseaba

a misa.

-Los como nosotros. hábitos regulares dan respetabilidad. ¿No te -Los gustaría ser respetable, Cristina? -Yo
108

hábitos regulares no se hicieron Para

gpnte

Ios extranjeros nos envidian Varadero.

. -Ah,

soy

respetable.

tomar: pidió whisky. Alejandro

se situó tras
109

el bar de aluminio y prqnré los tragos' Mientras de¡n una botella Oi íohnny Walker preguntó: "ot"no¡ude qué muerto hablaban? -¿Y Alejandro; hablaba de supersticiones

-El será el dijo. Es una experiencia Dueva -dijo me lo -Ya él . Está como muchacho con zapalos nuevos.
<Iirecqor

Alejandro.

para

-il

"tdtno,

Dascal. tienen nu€stra fuerza -dijo Alejandro. -¿Dónde? -preguntó querían una palanca para mover a Cub,a? La -¿No la trompetilla. tenemos: trompetilla? Cedrón. -¿Lareconoce su fuerza cuando se escucha una bue-indagó -Se na trompetilla, cargada de sonoridad, sabrosamente dedicada a un blanco merecido, regurgitando en ondulaciones irónicas. Hemos eliminado mitos a fuerza de

-Ahí

trompetillas.

-¿Y

qué tiene que ver

la trompetilla con

Panchete?

-preguntó trompetilla se inspira en

el

senador.

-La ragrada ---concluyó Dascal.

la

mediocridad con-

Cristina se levantó apresuradamente.

no hay nada así. ----go..tu,

con timidez Carlos Sanoches -saludó que llegue tarde pero me demoré en ¡ria-. Perdonen las prácticas ¡!e remos. - j¿Y no tienes que dormir en la casa de botes? -pr€'

sigas así. Lo estás €stropeando todo. qué no pones música? Es mejor que este diá-¿Por logo idiota. Tú conoces la fórmula: sof laits an suit miusic.

tragos están aguados. Hay que preparar tra-Los gos fresoos. ¿Puedes ayudarme, Luis? Mient¡as alineaba los vasos sobre la plancha de ébano C,ristina murmuró:

-No

-¡Noo!dcjó caer un cubo de hielo en cada Dascal un beso. -Dame lqse! Cristina.
rra<ilor p€drón. Del otro hojeaba The New Yorker.

vaso.

-¡Estás Sarría hablaba de las elecciones con el se. -susr¡rró Alejandro lado de la tetraz,a CarloE
estoy loco porque pienso. Si piensn no es-

-No toy loco.
mo.
110

-Piensas -dijo mientras venía en los vasos el Johnny Walker. vaso de agua sobre el radio.

como Clavelito

Cristina sonriendo

-Con

//

//

../

tu pelsamiento en mí y hqrás que gfi.este mo' -Pon mento mi fuerza de pensamiento ejCrza el tlien sobre ti
----canturreó Dascal.

Jomo ehvelito.

'

./"'

ti no te sirvo, has tomado demasiado hoy. -A la tarde anduve en compañía ds Vat 69 y ahora-Por de Mister Yoni Woker. Miste,r Woke¡ uos acompaña
esta noche. Dame un beso. está mirando hacia aquí

, -Y-S estanlos terminándolo todo. óomo hacendarib iesultó, vqmos a ver qué tal me va en csto. No rE prcusupes, rendras hac€r . -l.y te'preocupes, no tendrás que hacer nada _di_ ¡o Alejandrd-. Es tu nombre lo que cuenta; el trabajo lo harán un equipo €n torno a ti. Un criado de chaqueta blanca se acercó a Cristina que le instruyó sobre la mesa.
-Como que ya ha sido
Nación"
beza

-Alejandro armado? -¿Está tiene armas.

-dijo

Cristina.

sub

I

-Hace quieto. -Estate puede destruir. -No sl puedes d'estruir Cristina ' --Tú -dijo es mi culpa si te destruyes. -No mañana y destrúYerne. -Ven voy a destruile más. Hay cosas que no ne-No cesitaban ser dest¡uidas y han sido destruidas. te necesito. Tú sabes todas las razones -dijo -Yo quedamente mientras servía dos whiskies colr agua y dos con soda. Salieron del bar y Dascal la ayudó a re
I

-No

y

mal.

-dijo corazón.

a Gustavo Duarte ima Hora" y de ,.La con nosotros de ca_ hace dos días a ulti-

i

Panchete Rosales entró detrás de una larga y hu' meante fuma que sostenía firmemente entre sus dientes. Cedrón le dio un enérgico apretón de mano y Alejanüo Sarría le palmeó, afectuoso, en el hombro.

partir los tragos frescos.

Cristina y Dascal se retiraron a un sofá al otro extremo de la tetaza.

Alejandro. tal va la zafta? -preguntó -¿Qué saludó a Cristina, que le presentó a DasPanchete
cal.

-respondió -Va agitaba una mano en dirección a Carlos. tan bien. ¿kíste las cotizaciones de hoy en -No Alejandro. Londres? -preguntó cosas. Son muy complicadas. De leo esas -Nunca eso se ocupa mi y€rno. Cristina apretó un botón junto al bar. Cedrón. del periódico
-Hablábamos

bien, va bien

Panchete mientras

-dijo

cosa €s un fetiche? -¿Qué son fetiches para mucha gente __{ijo Dascal -Ellos scñalando el grupo con un dedo.

-óDe los fetiches. -preguntó Crisrina. Míralos. Ahí tienes a tres feti_ -De ches conversando y ellos tienen a sus fetiches.

qué hablas?

tt2

oon Maltina, el fetiche del nelajo, el feticbs rlel puesto público, el fetiohe del azúcar, el fetiche de las nalgas
gordas.

la normalidad feliz'
la.-Sí,

pero ant€s realizan un €sfuerzo para obtenerCristina que se acercó al algo Y Cristina desaPareció una bandeja de anchoas Y
mesa

El mismo sirviente de chaqueta blanca apareció con la quietud de la vez ante¡ior y dijo con una voz impersonal, neutra: "La mÉsa está a su disposición, s€ñora". Cristina invitó a pasar al comedor. Mientras atravesaban el gran salón C¡istina le susurró a Dascal: 'fifrata de impresiorrarlos pero no ssas
amargo".

-¿Y sé... el fetiche -No $ecciones....

ellos?

de la zafra, el fetiche de las

Cristina
sa.

tó en la
Dascal.

de aluminio

ambos lados del centro y Carlos y Dascal llenaron eI vacío. Las paredes del comedor estaban revestidas de cnoba clara en paneles lisos y orlados con tallas. Las

El

y Alejandro

senador Cedrón

y

pcuparon las cabeceras de la mePanchete Rosales se sentaron a

las anchoas son un fetiche? -preguntó -¿También Cristina. talismán, no tienen tanta categoría'
talismán ¿Para qué? que las comidás íntimas salgan a Cedrón que hoY sust va-Para
'como

-Un -Un

bien'

Obser-

oor el casimir de invier

n<¡-Hablábamos es lo mismo.

-¿Y -preguató dro. la suerte, del juego Cristina. -De -dijo de los fetiches; que €s parecido, pero
tiene una teoría sobre los fetiches

boiseries se alternaban con vitrinas empotradas con figuras de jade. de qué hablaban ustedes? Alejan1

que los cos han usado varios fetic

el fetiche

-Luis tina.

-dijo

Cris-

de la RePública <ilePositaba tón de cocomacaco como la beata en su rosario' Ahora los fetiches son más costosos: el Cadillac cola de pato está sustituyendo al dril c'ien'
ejem-

senador Cedrón. el -En

Sirvieron la vichysoisse. Alejandro. de los fetiches, Luis -Háblanos cuáles? ¿Los vegetales, los -dijo minerales, los hu-¿De manos? El fetiche humano es interesante. este país todo el mundo cree en brujerías

-dijo

he del

el feetiche de la Yema de huevo
114

los -De muyhumanos. el caudillo es el fetiche hurnano simple: -EsDascal-. José Miguel Gómez y Mario Menocal -dijo fetiches. El gallo y el. arado del Partido Libelrnn sido ri¡l son fetiches también, pero de otra clase. En un tiem-

\

su esc Ia gen pre se

y
mY

hasta
relajo.

al

-El

choteo es antijerárquico

--dijo Alejandro-' Al
la -¡Luis! extendida. bandeja -llamó
Cristina.

El

sirviente aguardaba con

retirar los platos. Dos sirvientes que flotaban sobre el
piso ofrecieion cangrejos rellenos en.su co¡cha'

'

-Aquí cubano es suPerficial

-Bse Dascal-. Es cierto que existe una intensa vida por

el dolor dura poco -dijo Alejandro-' El qs utt l.tgat común en el que no creo -dijo

los

116

tt7

no se traya sabmos que en la administración pública del preestar fuera t"¡".-Áqui todo es moral excepto
supuesto.

-dijo

-_Tampoco Carlos.

eucontró la felicidad sin el poder oolonlal

estoy de acuerdo -diio -No ran a ha[ar un sueldo donde lo encuentren'

Dascal-' Todos

aspi-

-No mínimo -El lor-l-po,
eso

rn a ganar un sueldo con el

la botella es

-dijo stinción' Hay e tienen Por-

Car-

¿No cree usted, senador?

misma raZón que no creo derecho a llamarse hacenllamen te¡ratenientes' Lo que todo el mundo es muy
go.

ó de este País eto "El Juegb'
niéndole

un

Peso

fijo a la

dice Aleiandro

tina- todo es ocio, '"n'uuiidud' calor es resPonsable. -'-Bi en nuestra sensualidad
i"t"t"iene Dascal-"fioñu eso no el Pero
acción. Li guitarra arrulla la maraca, la clave Y la

-afirmó Ño cutpo a nadie' el

Cris-

-diio

son.

lcntos

Alejandro enérgico_ -Las revoluciones --dijo los ámargu¿ár, más.que la explosión de

y los frustrados.

to,

no

descon_

-Nosotros volución
Alcjandro.

y tres una bonita reel senador. -dijo en las revoluciones, cr€e Luis? _preguntó -¿Usted
hicimos en el treinta

nguardando tensa su respu€sta. problema es que yo no creo en casi nada .- -Mi
l)¡rscal.

C¡istina miró a Dascal mientras qontraía tos labios

_dijo

o
llE

se endureció Para quitarse vocasión de felicidad'

-Esa es la base do la madurez _dijo Alejandro_. Cuurdo yo tenía su edad también m" ioiáitátán los ra_
110

dicalismos, pero los años lo. aclaran a uno'

Es

agrada-

ble ver a un ioven

asentado.

-Recuerden Cedrón.
cal.

que "sin azicar no hay país" ----comentó

-Ño,

-dijo -Iguala 'Ca.lot no le inieresan estas cosas; le ha dado

que Carlos

Cristina'

-Las cimbreandt¡ con el vieuto.
-¿Qué

calderas rugientes de

¡J

los centrales, las
-preguntó

cañas

qué más?

Das-

jc

más?... Nada más Cristina. -dijo diversificación industrial, la eliminación del mo-La nocultivo, ¿de eso hablas, Luis? Alejandro. -dijo Panchete Rosales dormitaba en el sofá. quien dice que jamás podremos ser un -No sé. Hay país industrial porque no tenemos acero ni carbón
Dascal.

-di-

-preguntó Dascal-. Los tranvías, el sombrero-No -continuó de la ceiba, el poder de Changó, de jipi, el embrujo lcs patios de las quintas del Cerro, el dulce de guayaba, las mamparas del zaguán, las calles adoquinadas, la palmera en el paisaje, la guayabera, el zun-zún, la cadena de oro al cuello, el danzón, el zapato de puntera estrecha, los baños de mar, el arroz con pollo. . .
iandro.

es cierto Cedrón. -Eso -afirmó Cuba no pu€de ser poderosa por su economla -Si puede serlo por su espíritu. Aquí tenemos una riqueza que sólo necesita ser definida y organizada. subproductos de la caña? Ale-

-¿Los

-¿Y jand'o.

cómo podemos envasar eso?

-preguntó

Ale-

que

yo

decía.

hemos regalado al mundo a Brindis de Sa-BuenrJ, Ias, Alfredo de Oro, Kid Chocolate, Capablanca, Gaviián. Podemos dar mucho más. Ellos son la resultante de €so que no s€ envasa. y haná un buen libro de poemas. Nada -Escríbalo más puede sacarse de esas fantasías Alejandro. -dijo cultura no es sólo una esencia imponderable.

-ps¡e rno ,t*ión.
t20

coése no es el camino de nuestra realización El camino está en los campos de caña' en

nuestra industria azucar€ra

-dijo

Alejandro'

-La La cultura francesa fue Napoleón, la cultura por los altos hornos de
9.- La
Situación

gran pintura en el mo¡n€nto en que sus barcos c,onocían todos los mar€s. Alejandro' coñac, Gabriel? -¿Más gesto de la El senador negó con un -preguntó cabeza. señores, redoble de tambores para mar-f,¡f6¡sss, ijo Dascal' car el paso haci los años aPrenhojarasc -La distinguir iatres, de los casderá a Cristina, gue lo tillos en el aire conoce bien, nos ha asegurado que sería usted un excelente secretario de direCción para el nuevo periódico' Carlos dice 1o mismo. Después de lo que hemos hablado creo que no tiene usted nada que el tiempo no pueda arreglar. Por eso le pregunto si accptaría usted' Dascil dejó su copa sobre una mesa y buscó los cigarros en sus bolsillos. Cristina lo observó atenta' con mucho gusto... p€ro no sé si serviría' -Yo... con Panchete' Duarte hará el trabajo

Soterios que se acaban de alimentar. Cristina tomó la copa abandonada y bebió de un sorho el sobrante de coñac.

'l'ú también necesitas tus fetiches. Necesitas tu Vat 69 y me n,ecesitas a mí para no ser demasiado pequeño. No necesito a nadie. Ni siquiera a esos amables me-

-Es temprano. -¿Y Alejandro? acostumbrado. importa, -No trasnocharestáa los tarros? o -¿A m'¿ humilles, Luis, no tienes necesidad de hu-No nlillarme. Tengo que mendigar, pero no me humilles,

otro trago? -¿Quieres gracias Dascal.

-Trabajaría pesado.
damente.

sí. . . le agradezco mucho. . . -Pues encendió un cigarro. Inhaló el humo profun-' Dascal

-Siempresiglo dieciséis podía irse de La Habana a -En el Smtiago por el centro de la isfa sin ver el sol una sole vcz. Lo cuenta el Padre Las Casas. Así era nuestra frondosidad. Eso ha sido destruido.
Cristina. -Yo todo esto? -dijo señaló el salón con un am-¿Y plio movimiento de-Dascal su brazo. en un -¿Lo en Selecciones. Edición -No,
leíste almanaque?
cubana.

-No,

-dijo andas destruyendo cosas.

se [¿!ls -No una caja de Corona Alejandro

más

-dijo

Alejandro mientras abría Toa' des-

me conforme contigo hay que
qu€

--Sí,'gracias -di mó un tabaco y lo

sacudió al
senador

pertó balbuceando incoh€rencias.

hacer por la mañana. -Algo la tarde? por -¿Y _Tú.
es soy un -Así es así, no es así. Siempre me cambias lo -No rligo, paréntesis.
gue

-dijo Panchete.

-Nosotros Alejandro mientras señalaba

tenemos todavía algunas cosas que hablar

y

a

Dawal' quería acostarme temprano. -9iio. -Yo aiompaño a la puerta Cristina. -dijo -Te dio la mano a los tres y salió de la biblioteca' Dascal dejó su copa sobre la mesa de márAl cruza¡ el salón mol . Cristina cerró sus dedos sobre el brazo de Luis:

Dascal se acercó a un candelabro de bronce y alabaslnr sn cuya base un león rampante sosienía un escudo

i

rlc rrmas en policromía.

ñul¡rndo

-No

te

vaYas.

-Tengo

que irme, Ya me he

desPedido.

*Esto es lo fundamental para ti, Cristina se-dijo el candelabro. ahora no. -Antes, está bien, está bien. No te lo critico. Tú si tie-

-No,

r2¡l

nes €sto

el

negros tienen su palma debe tener algo' mundo

y los

!

su ceiba' Todo

-Yo una-caja de música y un reloj luis XV' -+"t* alz6 la tapa de pibuttto {e. Joza de Pe¡rin Dascal "tt nui"ro entrándo en puerto y dejó caer adentro "oo "" humeante. su tabaco -Cristina' Este es mi paisaje -dijo uno tenga e[ suyo' Paisaje .con palillero cada ls de ceiba' Ceitras con Iropar-Áas' de-Que Paisaje reY del mundo que se ká y palmeras co bonito que come can¿" punzó, el i'irt" pu'." Ciistina Santos parafernalia es su maá.lu'. ptctica¡ la licantr el totemismo' la magia ""i"'¿" y la hechicería' Cristina' a la tertaza -Vamos al vestíbulo' -dijo
-\,r¿6e3 se €stá cómodo' no -Allí más cerca de la calle' -EstoY quieres Puedes irte.

te tengo a ti'

ORO BLANCO
Ahora que esos muchachos andaban alborotando era ttu¡mcnto de víajar, Lo'la insistió en ir a París, pero él queúa volver a España para visitu la aldea de Esque-

il

dCristina y cruz5 terciopelo vino para permitir -et P"io. ," ;;;;-ái"- bajo ei agoüiante plisado del material' y que ----Recuerda Dascal- que Orula enloque -dijo los genitales' No dejes que te artastren' Ová cástiga l.legaban a

-Si estoy tratando de hacer' -Eso .ltávesato" el salón. tascal apartó las cortinas

los

-Britó Portal. del :¡rrancando al Paso ut jaz
esca'lones

-É.. -No tentes

castigo que no . perdonarías' Luis' hay que perdonarlos' Son dioses' son omnlpo-

.. el único

la

Puerta'

Dascal

peraba al Portero.

La

Pes

iriar ae goanes Y Dascat álamos del Vedado.

rrol, donde naci6. Dn Cuba las cosas andaban revuehas. Durante un ulmuerzo en eI Yacht, Céspedes le diio confidencial,nente que el hombrv no duraría, Ferrara le habíe ose¡¡urado lo contrario. Ndie sabía en realidad cómo terntinaría el General Machado su perlodo presidencial. Abordaron el "Mauretanid' en Nueva York. En El llo,re lomaron el expreso a París, que vieron fugaz,nctrle a través de la ventanilla de un taxi mientras iban ilt la Gare du Nord a la de Austerlitz pwa tomar eI nípltlo o Madríd. I:n Esquerrdl le hicieron grandes Í:estas y reibió la ulnúración debida al indiano. La última noche lue de lnilc con goita y voladores y se consumieron treinta ba' rrlt'as de tinto que Cayetano pagó. Fue lanta la excitatkin que Lola insistió en descansar' en la Riviera frant'(ttfl antes de ir a París y Lorüres.
en

Ilehito Suárez estuvo contando chismes toda la tarde t:l har del Carlton, en Cannes, a los Quesada, Ios

Sutircz

y

los Sarría. Curruca Sánchez

lo interrumpia

con t25

lrecuencia para a,ñadir detqlles que Bebito olvidaba. Ca'

y'la emoción la mató un año después, ¡Qué curioso! -4ijo Curruca Sánche,z-. Actuó co. n o uru marldo burlodo sín serlo.
nla sesenta años
está Mederos, cono<'ido homosexual que se pibciaba de haber tenido rel¿ciones solamente con hombres muy masculinos, Un lin de semana llevó a la finca de su madre, en pinar'del Río, a un robusto empleado del central. De,spués de dos ltas de excesos, al emprender el repor la le exigió ito dijo gado y no

la -Ahí cuento cosarefería aBebito. El otro se -dijo Andresito

muJer cow un vaporoso vestido, que se'cubñd con unt parnelo curvadd, sobre su Írente. (Jn vecino de mesa lela "Paris Soi/', con un¿ Íolo en

prímera de 'l

un cintillo "Mussolini abre conversaciones con el Quai D'Orsoy".

Lotd Baden Powell en traie de Boy

Scout

-¡Pero mé Bebito.

-Me

despido por un rato 4iio Coyelano. este hombre estó \Ioco, deiarnos osí!

-Deje no se viene a trabainr. Cayetano recibió la mirada suplicante de
Quesadal, propietario

eso, Cayetono

4iio

-exclaPepe Quesada-, aquí

ito

Lola'
el

Re'

siguló negóndose. Entonces el hombre arrastó a Ándtlesito hasta el gran espejo de la sa.la y lo instó por úl4ima vez a que b pagdra. Andresito siguió firme. El empledo hundió una nano o un <:reyón de labios y se pilúó los bido,

ahora.

y

Andre-

alra pediría re'facción al Banco el padre de Bebito. Escuchó
Quesada lque era
General

thl

del cenlral La Dalia, vecino a

Curujey. Desistió de su retirada. Bebito contó dos anécdotos, frescos de La Habqna. Maúas' Acevedo, dueño de la Tabacalera La Inesita, conoció muera

ier call cre

licinas de la con una se'
da Y de her-

aunqu Matíos supo que corc st¿ secretaría, "
mosas plernas

de

caderas,

rade estaba vivíendo como es Charli Andrade", comentó Bebito con utut-sonrisa. Matíos abrió

Cayetano cotttempló La Croisette a través de la mesa u)n sus papeles. Abrió las cartas que le habían remitido ¡le sus olicinas en La Habana. Las noticias eran malas: rn Cuba atravesabon una depresíón. Hasta ohotV no le ulrctaba gravemente porque estaba muy abierto en sus
ltvcrsiones.

Cayetano contempló La Croisette a lrbvés de las persianas del cuarto. Los bañistas iugaban con las olas enlundadas en sus trwsas de peÍnerct hasta la rodilla. El 'yil no era tan íntenso como el de Cuba.

Entonces hablaron de jugar bridge. Cayetano se despidió de nuevo y es:a vez le permitieron marcharse. Loh .dijo que subilta en un instante.

euesocla. -No muy sutil -dijo Bebito-. ¡euién iba a esperar -Es un empleado-de batey? -diio tn¡ de ¡Vengarse 6i..,1

mismo, delante de Andresi me gustan esos cuentos

pepe

joyas t26

I

le puso una case. Fue su plimera aventura. Tc-

Oayetano Sarría siemptre tuvo un olfato espa:ial que odvertía a tiempo de las tempestades. La quiebra del t'cintinueve no le produjo grandes quebrantos porque

Ir

t
I
I I I I
I I

su dinero en bancos extranjeros: el del Canadá y el Cityz nunca confió en esa prolusión de pequeños
tenía bancos cubano's que surgieron cuando las Vacas Gordas. Después del desplome de New York el mercado se recuperaba lento y seguro. No era probúle que se repí-

t¡ttttulo sigue inspirdnlose en

el odio e lo

esroblecido,

I I

I
l

I

I

liese un nuevo pánico. En una carta le informaban de hs últimas acciones adquiridas de acuerdo con sus instrucciones: once acciones cle mil libras esterlinas cada una lcon cargo a la cuenta especiall, de los Ferrocarriles Unidos; ciento diez acciones de 'la Heneqr,tenera Yumurí; cínco acclones de

quinientos pesos
rl
i
I

,i
i l

trescientos treinta Atlantic Sugar Company y diez de a mil fttreferidas'1, de la Ramona Sugar Co'mpany. Cayetano tomó papel y pluma y com,enzó o contestar la carta recibida el úa anterior del Coronel Angel Cervera, que se encontraba en el Savory de Londres.

de la Compañía Agrícola luragua; y ocho rcciones nbeneficiarias'1, de la

('ullton. Apretó el Lola desde el bañ algo,

Dscribió Ia

dire

escudo del

b

voz

de

e,scribía.

solá.

-Es Lola salió del baño envuetlta ino bata de anchas ,,rqng(N COn ribete,s de e,trcaies "n se deió y ,n

-¿,Necesitos '- un-a.carla que quiero

Cayetano?

que salga rdpida.

"or,

I

,l
:

I

i1

"Querido Angel: Contesto tu carta del día 7 de julio. Mucho celebro el nacimiento de tu nueva sobrina. Lo de Roosevelt ,ne preocupa. tanto cgmo a ti, Espero la reacción del azúcar. Cuba'no sólo depende económicamente sino poÉticamente de los Estados Unidos y no sé hasta qué punto las ventajas que tenentas en Cuba con el azúca,r pueden ser contrawestadas eon una serie de leyes
económicas

-Estoy Cayetano

agotada.

-Sí, prcgunta,

-¿Qué -iCómo

t

?

-preguntó.

¿tú crees que eslán bien?

Digo...

bien. Es una

pt
,tt

estd terminando su colech y

Y la niña no puede estar

y sociales que se le ocurran a Roosevelt para su país y que casi iwnediatamente se rellejarían en

I

Cuba. Tú sabes que no creo en la social-democracia como sistema pofrtico, no porque no sea justa sino porque Ios extremistw del mundo entero la ven sólo como un medio para logrer un fin: eI poder. No dudo que Roosevelt triunle y tiemblo cada vez eue I.o píenso. Más miedo tengo a su sucesor. Cuatro años se pasan pronto entonces tendúamos a lohn L. Lewis que sería terrible. En ltaúia Mussolini hace expelimentos interesantes que quizíu seam una so,lución. Habrd que esperar y ver.

no es -No,, t,(tt o tener. Van a heledar Ytt no le he dedicado mucho r,¡ la verdad. Polta haberle e lrcocupo por el mundo en que van a vivir.

ón. eso, Pensaba

-El

y

-Sí,

mundo siempre seró mundo, vie.jo. pero hay que saber arreglárselasi.

La poÉtica de
t28

Rusia,

y de los comunistas de todo el
LN

MIENTRAS EL INYIERNO CONTINIIA
no vuelvo más allá. miró a su hijo con la severidad acostumbrada. Hundió el tenedor en la loma de picad,illo y arroz blanco y lo extrajo colmado; se 1o llevó a la boca ,y masticó cou lentitud con los ojos fijos en el sudoroso vaso de agrra mientras sus sienes se movían al ritmo de la mandítr¡la. no val€ la pena, papá Luis y vio -Aquello -dijo cómo engordaba una vena que atravesaba la frente de su padre y supo que ya no estaba disfrutando de la comida. El viejo calculaba su próxima explosión. Luis temía que un día una embolia lo abatiese por aquella costumbre rjc discutir du¡ante las comidas. Ernesto Dascal üró

-Yo Dascal Ernesto

_

violentamente

-Haa ¡ido un anormal.

.

lo

el tenedor sobre el plato. que te dé la gana con tu vida, siempre
papá,

has

a nada. ¿Tú sabes lo que yo he tenido que p[sar para llegar aquí? Dascal temió que su padre comenzas€ de nuevo la cxt€nsa na¡ración de sus privaciones y sacrificios. mí no me importa lo que seas. óyelo bien, no
frcntarse

no, es que -Un un anormal, un anormal. no aguanto aquello. Un hombre que no -Sí, liene capacidad para ganarse la vida, que no sabe en-

anormal

-A

I

mejor zapatero del mundo. Por zapatero de Cuba.

me importa; lo único que exijo es que seas el primero. Si quieres ser zapat€ro, allá tú, pero tienes que ser el

lo

menos,

el

mejor
este

-Pero país es muy fácil ser el primero. Cualquier analfabeto anda encaramado por ahí con un poco de audacia y
falta de escrúpulos. que tu llamas "analfabetos" han peleado muy -Esos duro para establecerse en una posición social. de todo, papá, el periódico €s una po-Después sición social. que abandonar la carrera! ¡Dejar la Uni-¡Mira versidad! Eso sí, te lo advierto, no cuentes conmigo
para nada. Ernesto Dascal se puso de pie reti¡ando con violencia la silla por un golpe de corvas. s¿¡¡s¡¿ de Derecho es el camino sano de un -l¿ hombre de bien. Esa gente con la que te has mezclado no son como tú. en Cuba todo el mundo cojea de una Pata o -Papá, de la otra.

a mí no me interesa ser el primero. En

flrncsto Dascal se cambió su pijama por un traje colrlr lubaco. Colocó su pluma Parker en el bolsillo rtt¡rerior del saco, se ajustó al cinturón la argolla con el nt¡rzo de llaves, tomó la presilla plateada con los billelcn y salió dando un portazo. l,tris terminó su almuerzo con desgano y se acostó en su cama escuchando la GMBF basta adormecerse co¡r la música sedante. Cuando abrió los ojos eran ca¡l lns cuatro. Llamó a Cristina para demorar Ia cita lr¡r¡¡tn las cuatro y media. Se dio una ducha y descolgtl cl traje de franela gris. A las cuatro y treinta y clnco estaba esperándola. Cristina le dijo que seguramente le iba a agradar. Vivfu en medio de sus objetos que le traían imágenes rlel pasado. El prestigio familiar había comenzado con el bisabuelo, médico santaclareño que elaboró una fórrrrulr de zarzaparrilla muy gustada, que alivió a Isabel

-Encarnación, Encarnación Seguí se escurrió por el pasillo en di' rección al cuarto para evitar la ira de su marido. En nesto Dasc ¿l fue a su cuarto. Al oírlo acercándose Encarnaciór r entró al baño y salió por la otra pu€rta al pasillo. En el comedor encont¡ó a Luis que bacía bolitas con las migajas de pan. que hacerle caso a tu padre, él sabe lo que

¿estás oyendo?

-Tienes dice.

-No tiene sus prontos y €so, pero en el fondo es -El bueno. ¿Por qué no sigues en la Universidad? -Hay me gusta.
t32

sabe nada, mamá, es

un imbécil.

muchos abogados

en Cuba. La carrera

no

haz la que te parr,zo^. -!us¡e, por más de un camino.

A

Roma se llega

rlc un herpe y le ganó el nombramiento de gentilhomlrrc de Cámara de Su Majestad. Años más tarde desa¡rrllló una tesis sobre las úlceras del cuello del útero err mujeres vírgenes que fue muy discutida en la Univcrsidad de París y le valió un papel de reconocimienl() que llegó de Francia con sellos de lacre y cintas de retla. Ahí co[lenzaron los Santos a ser gente bien y llcvaban siéndolo más de un siglo. I-a casa de los Santos, en Ia Calzada del Cerro, era rrrr viejo cascarón que atravesó indemne la ruina de la llrnilia. Fue residencia de esplendor en el siglo diecinueve y abora permanecía empolvada, con sus perNiirnas entornadas todo el día y ciega al tráfico de la ('llzada. Dascal golpeó la aldaba de bronce en el porIrin de madera con grandes clavos de hierro oxidado, Abrió una mulata uniformada con un traje azul de rlyas finas que saludó con cariño a la señora Cristirrir. Atravesaron el zaguán y un portal interior cercado c()n cante¡os de rosas blancas y rojas y pasaron al ret:,bidor. Doña Luisa Hernández, vestida de negro, abrió krs brazos a su hija. Extendió con elegante languidez
130

II

su brazo a Dascal que le estrechó la mano con suaüdad. Cristina hizo las presentaciones y doña Luisa los invitó a pasar a la sala. Cuatro grandes espejos de marco dorado y azogue desvaído alternaban el espacio con vitrinas atestadas de miniaturas de porcelana. Doña Luisa al crurl;r frente a un espejo se miró sus flacas canillas y se bajó el vestido para que cubriese el refajo qu€ sobresalía. a la familia de tu madre doña -Conozco y a su Luisa-. Sobre todo a tu tío Enrique Seguí -dijo mujer, Pupucha Castell, la hija de don Remigio, el de Holguín. Gente de mucho valer. Tu tío era tan buen mozo qu,e una pestañeaba si lo mi¡aba seguido. ¡Y

lengo el gusto. Doñn Luiea se acercó a una de las vitrinas. .. Ml r¡buelo era marino de la corona. Mandaba un ¡IHn htrqtre con dieciséis cañones: "La Bjzar¡a". El Papa lo condecoró. Garibaldi fue un hombre trastornnrlo quc hizo un gran alboroto en Italia y le quitó el poder tenrporal al Papa. Te voy a enseñar la condecofEc{ón.

*No

tío Enrique está. . . decir Dascal . -Sí, a tu abuelo también lo -intentó conocí doña -prosiguió -Y Luisa- de cuando él iba a lo del Marqués de Villapando, yo era niña entonces.

qué bailarín!

El le llevaba los bienes

al Marqués.

-Mamá eran los tiempos. Ahora, en cambio... -Aquellos Siempre cierro las ventanas para que no se me empolven los muebles. Hace calor, ¿verdad? Doña Luisa llamó a la mulata eue abrió las ventanas de un costado de la casona. El jardín silvestre rodeaba una fuente sin agua de agrietada pied,ra gris.

me ha contado.

.

.

-Esta Luisa "de valer" era la máxima condición. Para doña nos queda p@o, se ha vendido mucho. -Ahora Aunque Cristina nos ayuda hacen falta grandes recur-Mamá, lámpara es de los tiempos buenos. Los cane-La lones son de baccarat, fíjate. Nosot¡os lo perdimos todo con la República, sólo nos quedó el cafetal que administraba mi hijo Aurelio y eso se lo llevaron las Vacas Gordas. Mi hijo Aurelio trabaja en la oficina de Alejandro. ¿No lo conoces?
134

casa fue €n

otro tigmpo algo de valer.

sos para mantener en forma este cas€rón. a Luis no le interesan €sas cosas.

qrrltrln. Nosotros teníamos una carretela muy hermosa tlue guardábamos en el zagtán, era de lanzas largas y ¡torlfir llcvar cuatro caballos. Nosotros le poníamos rftr¡ , l-os caballos los teníamos en el establo, al fondo. l,ircgo le €ns€ñaré la casa. l)oñ¿r Luisa llamó a la mulata para qu€ hiciera café

' .¿,IXnde está papá? Cristina. "-lin el baño. Ahora -preguntó le avisaron que lleviene. Ya gnlle Luisa continuó-: Esos eran los buenos -doña llorrr¡ros en que vivían personas de mucho valer cuando lrrr primeros ahor¡os se gastaban en un piano o en un

Ahrió ln puerta de cristnl grabado al ácido con una y frutas. Extrajo una medalla osctllcckln por el tiempo. . linlonces Francia y España enviaron dos naves a Rrtrrr¡¡ ,r,,r" proteger al Papa. Este era un hombre buelrrr¡ n() rccuerdo su nombre. Después lo hicieron sanio, nrc lo dijo el párroco. Así es que puedo decir que ntl nhuclo fr¡e condecorado por un santo. lllr l¡r medalla estaba grabada la corona papal con rlrrn lltvcs cruzadas bajo ella. . l,)l I'apa no hizo la guerra para no derramar sangtc, Visitó los barcos y cuando subió al de mi abuelo rt¡ .trd.n ' que disparasen ciento un cañonazos, como ¡e lr¡rcíl con los monarcas. Contaba que los barcos Its¡rirlrrron y hubo cristales rotos. Su Santidad en perrrritu prcndió esta medalla en el pecho de mi abuelo. l)oñr Luisa devolvió la medalla a la vitrina y los lllvltrl a sentarse con un leve movimiento de la mano.
r.rilnltco¡rir de flores

y

preguntó a Luis si prefería otra cosa, una copita de licor quiás. Dascal dijo que el café estaba bien' muebles donde estás sentado son una réplica de-Esos tenía el Capitán General en el Palacio de los que Gobierno. De palisandro; no los ataca el comején, igual que Ia caoba. El Capitán General ordenaba los domingos por la noche una retr€ta en la Plaza de Armas con música militar. A veces íb,amos, si no, los del Cerro nos paseábamos por el Parque de Tulipán. Francisco Santos se acercó arrastrando los pies ' doña Luisa-. Te lo está mi esposo -dijo -Ahí voy a presentar... Francisco, éste es Luis Dascal Se-

lrruncisco Santos abrió su boca macilenta dejando ver ;uB ensías rojizas. cree en el futuro, joven? -¿Usted contestó y buscó a Cristina en demanda l)nscal no de orieritación.

guí, el hijo de Encarnación Seguí.
gente buena?

-¿Es si no cómo iba a venir con tu hija. -Claro, besó a su padre en la rnejilla. Dascal asis. Cristina tía a un rito elaborado por la costumbre; la emoción estaba ausente. Francisco Santos se dejó caer en un sillón y permaneció en silencio observando fijamente
a Dascal que dejó €rrar sus ojos sobre los detalles acumulados,
ili

-dijo lnn cerca del gran viaje que creemos que todo el munrftr nndu igual. F;rancisco piensa que todo va a acabarid con la bomba atómica. lrruncisco no respondió y su boca, con las comisuras lrrrcin abajo, indicaba su desagrado ante el extraño. Dofirr l-uisa no permitió que el pequeño rapto de amargutn lc nrrebatase las delicias de su baedeker casero. - -Ahí, en €sa pared, tenemos a todo el que era algrricn
r¡rrús

--Nosotros los viejos

doña

Luisa-

estamos

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I

que se interesa usted en los platos ' Son -Veo las viejas familias del Cerro. Cada una tenía su pia vajilla en la que servían los días de solemnidades. Costaba una fortuna hacerlas en Francia, Inglaterra
España.

I

i
I

Los platos fijados a la pared tenían escudos eD verdes deiicados o en azules que nunca alcanzaban el vigor de Wedgwood y el fondo blanco poseía casi siemprg' una calidad opaca que no llegaba a la porcelana de'
leche.

Trajeron el café en tacitas y Cristina se adelantó servirlo para eximir a su madre de hacerlo. Mientr revolvía el azúcar del f,ondo con la cucharita de plata;
Dascal comentó por hacer conversación:

a señalar-: Conde de Peñalver, Mar-comenz6 tlc Bejucal, Marqués de Pinar del Río, Conde de Sunlovenia, Marqués de la Real Proclamación, Marqués rlc ln Gratitud, Conde de Villanueva, Conde de Ferl¡utrlina. Vivían en el Cerro, eran de valer, Todos esl¡rhnn en el muelle cuando llegó la Infanta Eulalia. Muy rirtrpática. Vivió en el Palacio del Capitán General, pel'o visitó mucho el Cerro y cuando su quitrín pasaba ¡ror la Calzada iba tirando onzas a los negritos que colrfnn tras el coche. Le dimos un gran baile. En aquel lrromcnto el Parque Central se llamaba Plaza de Isabel Sogunda y la calle Reina, calle de San Luis Gonzaga y cl Paseo del Prado, Alarneda de Extramuros. Ot¡a licsta grande fue la que dio el Conde de Santovenia al f'rfncipe Alejo de Rusia, hijo del Zar. Cristina el alud-, (recibisll canasta de frutas que tr; -Mamá -interrumpió t€ mandé? --Sí, a tu padre le gustaron mucho los mameyes.
¿Vcrdad, Francisco?
¡¿rrsto,

cuidar bien esos platos. Alguna vez, ert -Deben futuro, podrían donarlos a un museo.
136

---Sí, muy buenos. Yo me voy a mi cuarto. Mucho joven y se alejó arrastrando los pies. -dijo Francisco, cree que pronto va a estallar la -Pobre ltucrra. Las pasiones del mundo son ahora más intenf,a
Situación
13?

sas. En nrrestro tiempo todo era mrís tranquilo¡ nos comprendíamos m€jor. se odiaba? ¿No había muertes? -preguntó -¿Nadie Dascal. las buenas familias eso no estaba permitidol -En Sucedían cosas desagradables, pero eran la excepción. Por ejemplo, cuando la guerra de España, Juan Bruno Zayas estaba alzado en la manigua y su familia vivía aquí cerca, en la Calzada. Juan Bruno venía disfrazado de lechero a visitar a su madre y los celadores lo reconocían y lo saludaban por su nombre y nunca fue
denunciado.

ffi

rupurlor do Carvajal. Pasaron los años. Los muEhehe¡ otocl.ron y sucede un día que el hijo de los

:¿Y

La

en-Si serio.

la

gu€rra

guerra no era en serio, no era €n serio habla cosas que eran

, =:¿No rc

:Nedn.

quó pasó, después?
casaron?

-preguntó

Dascal.

-No.

-Naturalmente: moral , creían en eso.

el honor, la famiüa, la religión,

la

-dijo -Debe Dascal. contaré algo para que vea doña Luisa-. -dijo -Le La nobleza de Castilla podía usar leones de piedra frente a su casa. Aún en la Repútrlica,.podían v€r$e los leones frente a las casas de la Calzada. Los Carvajal
vivían frente a los Fernandina. Don Leopoldo Gonzár lez de Carvajal tenía una fábrica de tabacos con la que se enriqueció, pero la vieja nobleza del Cerro le llamaba despectivamente El Tabaquero. El Conde de Fernandina era otra cosa, un gran señor de vieja alcurnia, poseía una hacienda de ciento dieciséis caballerías con una, numerosa dotación de esclavos. Carvajal fue a España y dio dinero en botijas, es un decir, para obras piadosas de la Corona. Entonces le dieron el título de Marqués de Pinar del Río. Cuando volvió de su viaje mandó colocar frente a su casa dos leones de mármol.
Condesa de Fernandina, indignada por la audacia del Tabaquero, ordenó retirar los suyos para que no sufriesen la afrenta de contemplar día tras día a los les-

-Todos ésa era nuestra ley, -J6d6s, ser agradable vivir tan protegido

dlenlr'¡,
===lX lotlas maneras, la historia termina mal. No hay drElnn r¡l final .

,

- l,rl¡ hijos de la

s

país se hab¡ían fugad,o o é1, desesperado se habría dejado caer sob¡e una espada, envenenado en un pacio suicida. En Cunada.

gente de valer siempre son obe-

ffinl

--'l¡,n l¡r Calzada del Cerro, joven, sl drama es
grrslo.

de

:,
I

Ínllle.

I

Alrrrvcsaron el comed,or donde la larga mesa ovahrln ertuba cubierta por un gastado tapete de peluche fcln y adornada con una salvilla de loza bhnta. A It¡v& de una puerta de persianas salieron a la bóveda

do cnredaderas.

La

-dife dollu Luisa. l,ar plantas crecían sin orden. El jardín estaba ocullO dc lu calzada por una cerca de lanzas de hierro a la
139

:-Disculpa el jardín que está muy mal cuidado

ll8

que habían áñadido planchas de zinc. Cerca de allí cluzaba la Zania Real. Doña Luisa llamó la atención

sobre dos bancos de mármol que fueron regalo del Marqué de la Real Froclámación. La -senda les llevó a un cinador de madera con entablamiento de arabescos. Doña Luisa quiso reposar allí un instante para disfrutar de la brisa que turbaba los tallos silvestres. Desde allí veían la galiría del fondo de la casa, de un azul desvaído por las lluvias.

={dlmalo, mamd. :A veco¡ por la noche la acuesta en nuestra carrlátongo que ir a otro cuqrto. ¡Es asqueroso, asPor favor, no le digas nada a Aurelio. Se f¡r cn la cocina con esa rnujer.

Una risa sofocada. La mulata retrocedió por Ia puerta de la cocina y salió a la galería. Don Francisóo Santos la abrazí de nuevo por la cintura y le introLa mulata dujo una mano por el

sonreíayforcejeabac arreglarse su unifo.rme.

stratabade no haberlos

visto.

tenemos muchas matas: iazmín de cinco ho-Aquí jas, estefanote, pétrea, galán de noche, madreselva, cundiamor. ¿Quieres llevarle a tu madre iazmtn de cinco hojas? Hace un buen cocimiento. Volvieron a la casa bajo la misma bóveda vegetal . Cristina se detuvo en el comedor con su madre y rogó a Luis que las €xcusara un instante. Dascal fue a sentarse a la sala, en ún sillón de palisandro, y se entretuvo en observar su imagen oscilante en los espejos. A través de las mamparas con los vitrales geométricos le llegaron las voces. decrépito, mamá ' Es inconcebible eso que

Yo no puedo hacer naSe pasa el día eri la ron con todo el barrio. No recuerda bodega'tomando lo que hemos sido. que evitarlo. Enciérralo. -Hay se- puede. Recuerda que está muy enfermo, se -No va a morir pronto, déjalo hacer. Y con esa mujer" ' ¡Ay, mi hija!

-Está hace.

-Tú da. ¡Ay, mi hija, qué amargura!

lo has visto bién

claro

'

Doña Luisa sollozaba

lc nielnrrtrr h¿rcia las habitaciones. Cristina volvió al €g¡rlo do hora. - Mcnr6 te ruega que la perdones, has visto el dra,nil, Fnrcul no quiso hacer comentarios. El reloj con los q$ruhlner clc la saleta indicaba las seis. Salieron. La €elrnrln del Ccrro estaba ahogada en el tráfico del atará$et, l,on nutobuses cruzaban con grandes ruidos mellllgo¡, F,l hurno negro del petróleo quemado formaba ñUbÉr ¡obre las fachadas descascaradas. Era muy diferentc rlc los grabados de Mialhe que describlan la €¡lc$rln n mediados del siglo diecinueve como una vía lñ€huto¡u y screna, con negras gordas de sayón amplio y €x.llavos cnrgados de maloja, algunas auras €n el ciefu y lrn c¿rsonas reventando de ostentación, coronadas lñ le¡ uzolcns con grandes copas de loza. Clll¡llnu lo dejó en el periódico. Dascal oprimió en ll n¡eo¡rsor cl botón del quinto piso. AIlí estaba la dlreeslón. Todo el edificio tenía aire acondicionado y tñ sqtln ¡rusillo había un bebedero. Entró en la oficina I rnlrrrlti n Dorita y a Carmen. El señor Rosales no ó¡t¡n*r, tll señor Duarte no estaba. Dascal dijo: "El l€ñ+rr l)uscnl está". Se sentó en la butaca giratoria taplHdn en cu€to carmelita y revisó los papeles que teñh err el buró. No sentía ganas de trabajar y se enF¡luvn en pintar barquitos y casas y palmeras €n un ll€el c,'n un buen lápiz de punta suave. A ratos ob' llfYnhe ¡t l)orita y a Carmen €n sus movimientos. Eran ¡ftllHr y
llevaban impecables blusas almidonadas que
141

:=tlr lguul . Lc hace regalos, le da dine¡o. lluñe l,t¡is¿r ll¡oraba con un quejido agudo y extrañu qrc fucsc emitido por un instrumento' Los pasos

pldclal

'

140

como había .supuesto. Panchete Rosales iba una vez por semana, conversaba una hora con Duarüe y se marchaba. Gustavo Duarte llegaba a la oficina alrededor de las diez de la mañana y perman€cía hasta la una. Casi siempre su almuerzo era una cita política o de ne¡. gocios. Volvía sobre las cuatro y Jrabajaba hasta las ocho. A veces retornaba en algún momento entre las diez y la medianoche para revisar las pruebas de plana. Duarte cultivaba dos tipos de relaciones: políticos y anunciantes. En su oficina tenía dos diplomas: uno de Ia Asociación de Industriales y otro de la Asociación de Anunciantes d.e Cuba; y un retrato de pan¡ chete Rosales. Era socio del Biltmore y pasaba allí los

combinaban coü sayas oscuras de sólido tejldo. Las s¿yas se ajustaban sobre las caderas señalando una graciosa curva. Dascal no sabría por cuál decidirse en mil años de pasiva cont€mplación. Carmen era poseída por un vital inter6 en el mundo de los negocios: era seria y eficienüe y su principal virtud consistía en Ieer la correspondencia de una manera inteligente y llevar las respuestas hechas a la firma del señor Duarte. Dascal Ia había visto en varios conciértos de la Filarmínica y en las funciones del patronato del Teatro. Aspiraba, con el tiempo y la experiencia, a una posición ejecutiva, Dorita era graduada de la Havana Business Academy, se interesaba por las revistas de modas, usaba un complicado maquillaje y gastaba una buena parte de su cheque en peluquerías; atendía muchas llamadas telefónicas y no se perdía una verbena del Cubaneleco ni un domingo bailable del Casino Deportivo. Durante el verano vivía todo su tiempo libre en el Club Náutico. Dascal prefería la natural vitalidad de Dorita al calculado arribismo de Car¡nen. El trabajo en el periódico no era tan desagradable

h¡ nhurridos. A las siete Duarte llamó para decir que ÉF volvetlu hoy porque tenía una comida esa noche. Gilrcnl nprovechó para irse. Se despidió de Carmen é€ñ ttn ñnludo neutro y conv€ncional y le dedicó una l€hfl¡n dc complicidad a Dorita qu€ se retocaba con un 'llplr de ccjas ante el diminuto espejo de su vanity. Itl rrpurtamiento de Bracho Sánchez, en el Vedado,
Ff6 pequcño

tlFhlbe A una mención reiterada en las crónicas solith¡, al blcnestar, a una posición. Entre ellos exisdE un nexo de maestro a discípulo. Dascal lo dejó lE ru error porque nunca comprendería de qué $e tra6b¡, Dn¡cnl nbrió alguno$ sobres y comenzÁ a leer car-

ffi*

nentelidad matemática". Duarte creía que Dascal

llr

Btneho crtl obsesivo y sofocante tambien. Dascal había thllnrlo r¡na de sus exposiciones y reconoció a Pisasso É[ qqucllos lienzos satu¡ados de óleo espeso aplicado Cott cs¡lfrtula; pero no pudo determinar qué período coplnltn.

y barroco. Bracho lo había llenado de planltepudoras porque eran "obsesivas y sofocantes".

domingos, "Los

negocios,,

decir, se hacen en el campo de golf o €n trusa, en un yato". También decía con frecuencia que "un hígado eD buen estado es más importante para hacer dinero quo
142

hoy en día,

acostumbraba

('urrrrtlo Dascal entró, la pequeña sala estaba llena de N¡rtc y todo el mundo hablaba a la vez, A¡lguienl h prrro un vaso con ron en la mano. bascál cruzó junlo s un grupo que discutía sobre la revista Raíces. Los Qlte hnbíun podido publicar en ella la defendían y los Qlto l'ucron rechazados la atacaban. Todos aspiraban a pttlrllcnr en Raíces. Bracbo iba a editar, con otros pinlrlrts y con el grupo de escritores apolíneos, una nu€va fevlxln. Bracho, que era tosco y gtueso, sxplicaba sus plopéritos en el centro de una densa concentración humntt¡t, junto al balcón. "La cuestión es tener algo pafh exprcsarse. Vamos a hacer esto sin ideologías, sin lrnxrn; que cada cual haga lo que qui€ra". El poeta Etnrítrlcz era escéptico: "Después de todo nadie va a
lecrlr¡; nosotros mismos no vamos a leerla". Bracho con-

lfnnlrc(r: "¡No hay lugar en mi revista para los incrá

14¡

ria y otros permanecieron en un des,olado silencio. Alguien puso un disco que cqmenzaba con Mamá Inés y continuaba con Danzonete y Las Perlas de tu Boca. El ruido era insoportable ahora. Dascal trató de abrirse paso hacia la puerta cuando vio entrar a María del Carmen Cedrón. Estaba muy atractiva esta noche con un vestido rojo muy simple y ajustado y el cabello negro más negro aún por el contraste con el rojo.

ron una cosa el otro día que es muy sintomática de la reacción social a la creación. Está un pintor dibujando en el Parque Central y se acerca un joven y le pregunta qué está haciendo. El pintor responde que está captando una manifestación concreta en la medida que la intuye subjetivament€ y fijándola en la materia a través de líneas, volúmenes y planos. Y el joven le responde : Sí, sí, ya sé, cosas de maricones". Algunos rieron c"on la histo-

sonido de voc€s: Sindogaraydadaísmomussolinimarinettihegelantonio guiterasmate¡ialismodialécticosondelalomajudíosenalemaniatom ásmoroalarrivierafrancesalamuertedetiticoXl anoslaseleccionesagramo4telaconvenciónconstituyentes hostakovichlazafrajeanpaulsartre. . . Escuchó al poeta Ermúdez que decía: "A mí me conta-

dulos! Solo Con una fe telú¡ica se mueven las montañas". Dascal continuó hacia la cocina. Carlos Sarría estaba apoyado en el fregadero escuchando un diálogo entre dos compositores sobre Eric Satie. Carlos le había dicho ¡ecientemente que pensaba aprender a tocar la guitarra. Lo saludó con la mano, pero no pudo llegar hasta allí. Las conversaciones continuaban entr€mezclándose, confundiendo el aire lleno de humo con

¡llf e¡ouchaban el bullició y la música"y particith la elcgrla sin aturdirse en ella. o ful¡to nl cam-faier de la otra noche- dijo MaHr de' Ca¡men.

:No pudc ¡r por el trabajo. -Mg dljinte por teléfono que no tenías nada que há€er, qrrc lrfas.
=. l,uegrt se me presentó eso otro... = Slgue$ ncomplejado, por €so no fuiste.

-'..Yn te conté que comí con tu padre Dascal. -dijo Yn mc lo contaste. Pe¡o no te dije entonces lo imprerlonutla que estaba con tu importancia. [1ta dlrccto y fuerte y doloroso. -=¿Quicres burlarte de mí? Ahí dentro hay mucha lenle quc sirve para eso --{ijo Dascal. No, quiero que s€as menos almidonado cuairdo

tlló l¡rl h¡rber oído.

€lón y crcyó estar al borde de la entrega total, desnudo I Elarlo nntc una mirada burlonamente benévola. Un ¡fnn erf'uerzo le permitió rehacer la fachada. Preten

lln¡trnl vio a su voluntad alejándose con precipita-

.

€rlf

r

conmigo.

= ¿,Almidonado? ¿Yo? Sf, tú. Como el día que me contaste lo del monje. ¡Ahl ¿Te acuerdas del parti ese?
Mo acuerdo. .¿Y fc has decidido a ver el Paraíso? .¿,No me ves aquí? lt¡¡ru mí está en otra parte.
llúscalo.

*- ¿lXnde?

--l1s muy complicado. Yo mismo no lo sé bien.

-Es

-Pero Carmen.

imposible estar aquí Dascal. -gritó yo vine para quedarme

:- lln eso ando.
María del

-

-respondió

ves como está. Vamos a sentaxnos afuera. al pasillo y ocuparon un €scalón, no lejos de la puerta de Bracho, en la escalera prineipal del edificio.

-Ya Salieron

Fl

= llno es más difícil. Eso es lo que me mantieno Ylvo, Con eso me siento latir, aunque rnolestan. -=¿l)or qué no vas por el Yacht? Podíamos converrtllÍ.

Suclta las neuras.

t41

/
Un tibio y €sp€so jarabe le inunda el torso y le co. rre hacia el vient¡e y los muslos: un afecto tierno y sosegado que brota con fluidez. Hay que reaccionar
en contra.
cdades en un minuto de tiempo tr)otque
entregaba una gigantesca síntesis en que

por el hombre gravitaba en un

espacio

rEso

-¿Lo -¿Por

está fuera de mis límites. ves? Sigues acomplejado.

-

qué

no

aprendes

la

guitarra, como Carlos?

h

h¡manccló un largo rato con los ojos abiertos en
crsu¡ldad

y

se durmió temprano.

-¿Para darle salida al esnobismq al amateurismo in-Para telectual. Así me dejas tranquilo. Maúa del Carmen se ¡ió mostrando los dientes perfectamente alineados por dos mil pesos de tratamientos de ortodoncia en Giquel. Sabía que esa risa específica la había ensayado otras veces ---€ra mortalmente atractiva. Dascal estaba siendo apaleado con brutalidad. Buscó una salida. a otra parte! -¡Vámonos Margarita y Cristy me están esperanpuedo. -No do allá adentro. Además luce agradable este parti. No estaremos muoho rato, a las nueve tenemos una
comidita.

qué?

bre los brazos, en el pasamanos, y tocando con los zapatos cada tercer o cuarto escalón. Al llegar a su casa fue directamente a su cuarto y se acostó vestido en la cama y se sintió solitario y enclaustrado. I¿ llegaban hasta allí los sonidos y los olores de la jungla social allá afuera y deseó estar en ella y se sintió importante por no estar en ella, por no s€r como los otros y la ansiedad aguda y mortificante, insaciable, insatisfecha, inagotable le invadió de nuevo y todas las imágenes mórbidas, brillantes, esbeltas, frescas, elegantes, perfumadas desfi,laron oscilantes y detestó la carrera de obstáculos a que estaba condenado. Entonces vio un cosmos revuelto y cruel, poéticamente desordenado, hermoso en su brutalidad, donde el hombre era metódicamente aplastado. En ese instante podía re146

Dascal la acompañó a la puerta y descendió la escalera con rapidez, apoyando el peso de su cuerpo so-

t41

IIÍ\I I'AI)ITE DE LA PATRIA
l'n¿nltt Curuso debutó en el Teotlo Nacio¡ul, a ocho hr luneto, Gúb/iel Cedrón estuvo toda Ia no¡ha ltr¡tte al teaho imaginando lo que estarla pdsando ¡¡ lt¡ rsct'na. No le intercsdba la ópera como (tte sino ¡tttutt t;íntbolo d.e un estdo socidl. La posibilidad de 6*lttlr ptreclale' el colmo de las vcnturds humanas. ,4 ht salida obseryó el brillo de las botonaduras de hillhntrs en las pecheras almidonados de los fracs y las bnlrhtrlus y el lamé dorado y las tfutas y el talle largo ale l,'t troies de noche con el que las mujeres pasaban Fut ¡,t,t(ctos magnílicdos por un grch lente. EI temblh ,1,, los senos con el pdso breve de las criollas le Ítan ltttl,u un íntranquilo deseo de posesión que sublim* bn untr los suaves reflelos del nácar y la. temblorosa Fet ihn'ión de las plumas de ave del pardso de los abapen+

lin u¡ches claras de La Habdna había vagado por el Fni,lnr Central cruzando ftente a la estrción de VilI* Ntt'vt lmsta el Campo de Marte y la luente de La Indht, tttut le pdrecía algo muy bello, y deseó poseer alpttn dítt unct cctsa llena de estdtucts y cosos hern2e^sgt;*
;rtttt,,
uquéIld.

ñll

rr,r'.

t,|vt lie la época en que ocurrió el incidente áú" ttttttrntwlo en los periódícos con grdn

Ír"

-^.

.t,

bien administrados Ie cuclrto en Ia casa de

-que sa .odr, ," e*vw"v si titi os oeriódicos üt tera ¿" y seguramente su mdre iÁ.i.],u¿¡"^ "o_! de los le?a; con algún atrqtso,, pero ",2:,,:::^::!eyto los leía. _ Gabriel estaba reci

nutnca habrla,eyridg

e:I!
lfu¿s,

ra' ?_

í*'j,;::í #,;;:Í:,1,:;:x*":_?'::c,o il ir
todo, decír todo es todo,"

!.:^!"ot!*

_35

y

"o^A en una fonc

a la Unívers---i. o^-^ : .ta fJnivcr, ) p"ri

se te iba en

f::!:!!

ditjgmente et

p

h

Hlenilnt

ld Ittnl,t londc labrícqba el Ron

.

Ilattnln Gómez poseía un alamüque en la calle -Gómez.

de

tpelbtuh
lüry

t'l¡ltó fu Euleiltt¡l e

il¿

Estaba en

nds, cuando

¡ a cambio

dedicar La

ntllhtrc,s
firr t, ,rr,¿r de anís l\tr nqucllos
Ehen'htt supo q

io

Rtm (it

,:;::;:
cada semana.

¡,,,,,

,ífT;

rlnltt Luis que
l','tt

Etüttitt. Iiue a

lu cubierta Marinita

les presentó

a la señora

B.

El
150

prirnet plesidente de

Lq Soctedd fuc lqcntta

fltttit l). no Ord todo lo respetable que parecía. pachencho

leilil con el primer oficial). lllulnita usaba ligas rojas y, por la evidencía, la

se_

151

las llevó a trabaiar a Gloria Tres que era la casa'má¡ elegante de o4uellos tiempos. ¡Qué clíentelat Ninguno de los asiduos tenía menos de cuafenta y dos de cintura y cubrlan sus protuberancías con chalecos de buen paño quzados de leontinas de oro. " Pachencho y Gabriel conocieron oú a las otras múchachas y pronto toda la Sociedad compwrta con las cortesonas mds bellas de La Habana.'Decidieron que era necesario aumtentar ld cuota de Ramón Gómez. Para ello era necesartb un golpe sensacional. Aú. se acor-

dó lo del teatrb.
Acudleron ternpra:no

y pronto aay'pn a dpdtecer los trajes de lamé y los fracs bien planchados. Como el que no quiere la cosa los chos comenzcron a pegar sus anuncios del Ron en las espaldas de lo's caballeros, en los quitrines y ckards espeieantes que aguardabaa' en las paredes,
cieron como que leían las carteleras las
clfilsterds.

garros Susini y recordó que había leído en "La Luc que la noche ambrtor hubo un gran tiroteo en el fé "Los Mosqultod' con el resultado de dos hombres i, un caballo heridos. Qulzás esta noche polta suceder alnt go similar. Nunca sabe uno cwíndo va a tener un dente con un coro,nel de Ia manigua armado de un pavoroso revólver vizcdno. Al oumentar de intensidad las luces dcl vestíbulo dos se pusieron en atención y atravesaron la calle.

peraron en el Parque Central la saltde del público. briel Cedrón ocupó un banco futnando nervioso sus

a la función del Nacíonol y

es-

y ocho de anís. Las Ííestas de La Sociedad época. Gabriel Cedrón lantentó que su madre hleleron eiln{lelese de todo esto pues le escribió u'na larga cdrta hahldrukile de las malos compañías. T'unlit sc divlrtíeron en aquellos tiempos que Gobtiel umtpró dos pa.tcntes pa,ra fortalecetse: el licor de Berro v el lillxtr de Kola', Coca, Quina y Glicero'fosfatos del doclor Bastlda. Lo's domíntgos tomaba el tranvíd para eI lurpl,t vktje hasta "El Progreso", en eI Vedado, donde se Dídz t'lltvluha con los baños de agua sctlob,'e. Iuanito -ile La ttulttró pronto y pudo aco'mpañorlc>s en las liestas !iln'l¿lwl donde hizo aludes de ingeníosa alegtía. (inhricl ,'ecordaba siem)pre ¿l 6snse:io de su pa:dre; éste 'rl'il ,t,t país de generd'les y doctores, y nunca dcscuidó hn eiluclios. En las noches de verano iba con Pachencho t ht Accra del Louvre d tornal helados de frutos y olft t,el.I' fi Ia juventud dorada de la República'. Bebito Echarle, Icnarito de la Vega, Iorge Bombalier, Pepito lzqulerlcllat ¡te ron

út, Arluro

Taquechel, Bequico Pehíez: la

It "l,t¡ Muerta Víva", que trawcurría en su coche sin con' It'iler un músculo, con el rosto cubierto de cascarilla que tr'(nluaha la blancura cle su piel: su vetsíón de la o'fern v lo clemanda. En su cama habían dormldo los apellidos

'l'ttnthiún admiró

en

slts poseos domín'icales

por eI Prado

flor y

nata'

núl

ilustres.

l,as luces d.e La Habana, que lo deslumbraron a sa lle¡¡nlo, ya le eran habituales. Ni síquleru frecuentaba lc

Fue un gran eséándalo, como todos espera,ban. S hubo que lamentar que el senador Ponce le fracturé brazo a luaníto Díaz de un bastonazo. AI día síguiente el eminente cronista Ricardo Dolz dicó su "Nota del Día" a la groma. Aquetlo coincüíó con la aparición masiva en todos los muros de la de los papel,itos engomados del Ron Gómez. Las aumentaron y Don Ramón les subió la cuota a doce
t<a

¡ttnil¡rerería de Enrique para ver eI aietreo de las he"t¡uxas. Estudió con méto'do' Leía diariamente los períóilicos y un aumento en su mesada Ie permitíó ver a Ta,nmki Miura en "Madame Butlerfly" y a Eugenid Zúffoli t, a Enrique Borrás; arte sefio. Eran iempos de esplendor y eI dinero corrtd. Por eso, ttl morir el abuelo Sandallo, se negó a respondet d llatnado de su madre para que administrara lds fín:cas' G+ hriel le eso'ibió aconseiándole que contratara un mayo' ral. La gran ciudad se olrecía al alcance de su mano y cstaba decidido a conquistarla.

La

Situación

ONO BLANCO El
Génesk

Venlón de 1932 según fue impuesta a Cayetano Sanla por la obstinación de Lola Mena

lin eI principio creó Y tu FiÍth Avenue
llnleblus estaban

sobre

ldort, vrcía, Y lds I Espíritu de

Ilktt se movía sobre HYde Park. Y dtjo Dios: Sea Tiffany: y fue un Pagaré. Y vio Dios que el Hors d'Oeuvre era bueno y separó Nltu de Montec@Io. Y llamó Dios al Mertinl Very Nice y al Globe trotler lltun,l Cause'ur: y lue la tarde y Ia mañana un üa' Y dijo Dios: Haya expawión en medio de los Trusts,
v separó el Deba del Haber. Ii hizo Dios la expansión, y aPdrtó los Intereses que e8' lnfutn debajo de la expansión, de lu Obligociones que es' lulnn sobre la expansión: Y fue o'1.

Y Uamó Dios a la expansión Stack Exchange: y fue ht lurde y la mañana el úa segundo. Y dijo Dios: Júntewe los Menús que están sobre la l'luec Vendome en un lugar, y descúbranse A la Catto '
Y luc osí.
155

miante esté en

Y llamó Dios a Wall Stret Solo para Caballerot y a reunión de Huelgas llamó Bolcheviques: y vio Dio,r era bueno. Y diio Díos: Produzca eI Cocktail Hour, Daiquirí Iado, y él Five O'Clock de simiente de Asistirés; la quera de fruto qae dé lruto según su 7,afra, que su
é1,

Y produjeron los Macheteros al Colono, Colono da simiente g¿:gún su natura.Ieza, y Tacho que da
cuya simlente eslá en
é1,

sobre el Habana Ydcht Club: y fue

fftll¡

f

v l-ox Trot lo's qeó. l rr hcncliio Dios; y üioles Dios: Fructilicad y mullllr¿¿s

según su Clearing House: y

ñotease ¿n el lta; hizo tdmbién las Vedettes. Y púsolos Dios en Ia expawión Continental parú No hay suficientes fondos.

Y fue'la tarde y la mañana del día tercero. Y dijo Dios: Sean Tips en la expansión de las Bolte Nuits para dpartat el lta y la noche; y sean por y pdrct las Seasons, y pdra dÍos y años; y Say ít with wers en h expawión de las floreríos para alumbra.r R..S.V.P.: y fue así. E hizo Díos las dos grandes calles: la calle mayor que señorease en h noche, y la calle nTenor para que

Dios que erd bueno.

dru

Y irltl 'Uli¡

e dado este For he is a ts OÍt a" Pesar del On de Luxe que os he en'

Y a la calle mayor llamóla Broadway y a la calle menor Ia llamó Rue de lo Paíx: y vio Dios que era buerw. Y lue la tarde y Ia mañatu eI [ta cuarto. Y dijo Dios: Produzcqn los Ingeníos Relacciones y
ia
tras Protestdas que vuelen sobre las Notarlas en la
expa,nsiSn de los Códígos.

Y creó Dios a kts grandes Morgan y Rockeleller y

lftptxh rcros ln Para comer Y beber. Y 6 l1clos los ll/elcome de la tierra y a todos los Ett lo que fuma Corona de la todo lo que dice I like nry st la vie, anarquistas, mami el Yacatiotts Abroad: Y lue ¡t,, Y vlt¡ Dios todo lo que había hecho y quedó muy tver' pÍtttiluht por ello. Y fue en la tarde y la mañand del úa ,ttltt' Y lucron acabados los cielos y la tierra, y todo su ort
nailrcnto.

y vio Dios que era bueno. Y Dios los bendijo diciendo: Fructillcad y y henchid los Bonos de la República y que las trotas se multipliquen en Ia tierra. Y fue la tarde y la mnñana el día quinto. Y dijo Dios: Produzca la ZnÍra según s u especie Dunhill y Sulka y Chanel según su género: y fue así.
pecie:
156

tia cosa viva que anda arrustrando tras ellos, que el A cat protlujo según su género y todo Ledger según su e

Y tcabó Dios en el [ta séptímo su obra que hizo, y pwó el üa séptímo de toda su obta que había hecho.

r*

15?

FN I.'IEI}NDRO DEL 5P
iu ¡r l¡r pucrta y se despedía. Fue un húmedo beso de vte¡,t, ttdrón íotaba que decaía co¡- Ritica'- I¡ recolleirrlnron un concentrado chino del que debía beber
i1,,,,**, ccrcbro de mono. lller¡r,rrllrt un proceso.

l'l

st't¡u(lor Cabriel Cedrón besó

a Ritica' Estaba jun-

tl¡ttttttr gotas con agua después de. las comidas' Y siempr-e t¡rrctlnba el viejo remedio: glándulas de carey, os-

No era grave la situación; co-

irse temprano; en el Capitolio se reunía el Se¡l¡rúo. Cedrón siempre encontraba tiempo para vi-

lloy

<Ieb?a

r¡lrrr
¡Jrrrr

r Ritica y fumarse un tabaco mientras conversaba l¡r muchacha. Ritica fue mecanógrafa en las oficillnq (lcl Capitolio. Cedrón la conoció cuando estaba prer¡rr¡¡rrrtlo la lev de p¡otección a la flota mercante que tanin ¡r.rpularidad le ¿io. Los periódicos no -hablaron do llrrr cosa mientras se discutii la ley: "Comienza a cumpllrsc nuestro destino marítimo. Cuba, isla aislada, tienrlu rrn puente sobre el mar".

No faltó uno que comparó n (lcdrón con el Almirante Nelson. Ritica se conmovió clrr lu importancia de aquel hombre que le dictaba largos pár'rafos mientras mascaba un Corona nílmero uno. tlrrhíi que el senador tenía sueldo, gastos de representar'lón, cólecturías en la Renta de Lotería, botellas y nórnirurs fantasmas, que le producían unos cinco mil pesos
159

en ios dias de La Ley Maritima, urr& blusa negra que le dejaba los hombros al aire. Naturalmente el senador la invitó un día a tomar un trago en
casi una prolongación de las horas de trabajo. y se vieron otra vez un sábado por la noche 9ue él le dio cita en la Terraza de Cojímar para comer un arroz con mariscos. De ahí fueron a una posada en Guanabo. Cedrón

tltensuales. Utilizó,

Í

El Palacio de Cristal, ahí mismq cerca del Cap'itolio,

€fnemlna Guiral era algo tan ajeno como el billetero Uno cncu€ntra €n la esquina. Claro que el Epellido :lcmprc ayudaba. No es lo mismo estar casado

tliÉa, ayudaba a la intervención esotérica, habtándotgnador de lo bien que estarían casados. Cedrón ya lOnln por su mujer siquiera un afecto distante. Fara

r ftñ¡dor y niempre lo detenía su hija María del Carmen

&iñ Etncntlnn Guiral que con Ritic¿ Silva, pensaba el
€Ul tlUnc¡r Ie perdonaría el divorcio. La otra batalla de lllle¡ er¡r por el convertible. Primero pidió un cola de plln y (lctlrón se rió: "Ni siquiera mi mujer tiene uno, l€ tlte mtlevo en un Biuik Roudmaster". Ritica puso €n fÉ nrlrn cl Chevrolet, un Chevrolet convertible amarillo. F¡hfn qrre cso lo conseguiría con el tiempo. Cedrón bal¡neeabn lt cabeza, los ojos se le ponían chinos con la ¡tlnll¡n, pcro no decía que no cuando Ritica insistía. Por ¡f,otn cogía mucha máquina de alquiler por{ue Cedrón k nhrf¡¡ e I bolsillo todo lo que ella quería. Así las cosas, E€n cl licnrpo y un palito, pensaba Ritica. Ctuntlo el senador se fu€, Ritica entró a su cuarto. & qultó cl ceñido slack negro y la marinera italiana, la fnlu tle lustex y los ajustadores maid€n form. Desnuda ¡É rcnló al borde de la cama y se descalzó las ballerinas. & tr¡lró cn el espejo. Estaba bien, muy bien. "Después S lotlo con 23 años se engancha lo que se quiera". Abrló cl closet y se puso un viejo refajo, metió los pies lñ trnrrs chancletas de madera, s€ €chó un par de chicles €ñ ll hoc¿ y encendió un Carnel. Se fue a la cocina, y saiil tlel refrigerador una Materva que sirvió en un vaso ion hiclo. En la te¡raza puso el vaso sobre la mesita de lflrlrrl y el cigarro en el cenicero de Murano que comFfó cn Fin de Siglo. Tomó una "Bohemia" d:l revistero y h lrojcó sin atender lo que hacía.
d¡hu

cuarto en que vivían (Nemesia había ido a entregar un vestido), a causa de Próspero Trosto que tenía un año m€nos. As.stió a clases en la Escuela Normal, pero no terminó. A los dieciocho comenzé a trabajar en el Ten Cent de Galiano; lucía bien y el americano que le dio trabajo la llevó a la posada de Rayo. Ritica decía: ,.Dios me lo puso en el medio, pa' mi remedio". En el departamento de flores artificiales la conoció el Representante Alderete que la hizo su querida y al abandonarla la llevó a trabajar al Capitolio. Nunca Ritica disfrutó tanto como ahora. Gabriel Cedrón era viejo, casi viejo, y Ia mimaba. No era muy exigente. Venía diariamenté, pero trabajar, realmente trabajar, sólo tenía que hacerlo una vez cada diez días más o menos. Lo otro era con-

za, sangre de gallo, reales de plata, ceniza, caña brava, aguardiente con pimienta y un bejuco. Todo esto metido en una jícara grande que Ritica ponía debajo de la I cama cuando Cedrón se acostaba. Ritica, con los pies,i
160

do qrrc la tajada no se le apeaba de veinte mil pesos. I-e

l,n sesión comenzó en calma porque todo el mundo lt ley por hecha. A Gabriel Cedrón le habían prohelllo su parte en la nueva compañía y había calcula161

mortificaba tener que oponerse, pero era cosa de za mayot. El propio P¡esidente Prío le contó la entfevista que tuvo en Palacio con el Embajador. Cuando Cedrón insinuó que Cuba no estaba en condiciones de tener una marina mercante y que aquella Ley era plematura los otros senadores lo mi¡aron asombrados, temiendo que hubiese perdido la raz6n. Luego, los senadores Veitía, Sánchez Herring, Toledo y Márquez apoyaron lo que decía Cedrón. La situación comenzÁ a esclarecerse. Esa oposición sólo podía significar una de dos cosas: o Palacio babía matado la Ley o los senadores querían más por aprobar la percha. En un rec€so se le acercó a Cedrón el senador Mario Cabrera, del Partido Liberal. viejo, cómo es la cosa, porque yo no estoy -Oye, enúerado de nada. Ley no Ya. -La que no va? -¿Córno Cedrón. No va -repitió en el insai. ponme -Bueno, mucho manten€r una flota mercante en

=¡Nor

Jorlimosl

hublar. Desde el momento que situemos la pri-Nlrtrrlcn a un nos fffn pnnnrncña, astillero, y quitan el servicio de la griega
almacenes cargados de az'úcat, :-¿Quó clase de torped,o nos han colado! b que truhnjamos en esta percha!

fuln ñttr urrrr los

la

la

americana. Nos queda-

¡Y

pensar

l'ue¡ ya sabes. . ¿Y nlrora qué? - Nrdu, hay que votar en contra alegando que nuesbs deurrrollo insuficiente impide la ¡ealización de un Ff{ly€clo tan ambicioso. :Oye, Gabriel, pero ¿ni un barquito?

':

*Nl

uno, viejo.

-Costaría condiciones.

. de rodeos. ¿Qué pasa? Tú sabes que tene-Déjate mos uD compromiso. ¿No es bastante lo que se ha ofrecido? Tienes el dos por ciento. Se ha trabajad,o mucho
en esto para tirarlo
Macuto, tú eres mi amigo y no puedo enga-ffii¡¿, ñarte. Olvídate de esto, piensa en otra cosa.
así.

-gritó ción de los otros senadores,

-Asl este pasodoble

no, yo le meto dos tiros al que me
Macuto Cabrera

y

desbarate.

atrajo la aten-

Míster Big dice que no va. Me lo -Cálmate, ayer el mismo Presidente en Palacio. Yo no estoy beando. Esto me int€r€sa tanto como a ti. Ya oíste a Toledo, a Yeitia, a Márquez y a Sánchez Herring; estamos de acuerdo.

Ln ¡n¡ión comenzó con tres cuartos de hora de atralg y hr l¡y de la Marina Mercante fue rechaz¿da. Cedtón y Sónchez Herring telefonearon a la Secretaría de It ilresidencia para informar. Cedrón fue después a la Plerilcncia del Senado y conversó un rato, firmó dos o lh¡ tr¡untos pendientes y se fue a los Aires Libres. lhr lll Dorado s€ €ncontró con Márquez, pidieron Hmrr juiboles y se dirigieron al quiosquito de ostiones. * ,¿Qué, tú también necesitas refuerzo? -preguntó lrlárqucz. *=-l.t edad, la edad Cedrón sonrienüe. -respondió (jetlrón paladeó la resbalosa masa con el gusto a mar, ¡l punto ácido del limón y la declarada sabrosura del lrtchup. Volvieron al ancho mostrado¡ de caoba a gush¡ tl,¡t ron añejo. Dos sargentos políticos del barrio de
Alrrén se les unieron. *¿Y qué dicen los señores? --¿Qué pasa, caballería? ---¡Coño, Felipito! ¿Tú por aquí? Tómate algo -

-El

-¿Qué mismo.

Mister, el Embajador?

f,lárquez.

-dijo

El mulato gordo, con un sombrero de jipi que movía nervioso €ntre sus manos, saludó a los senadores resra-Ulpiano servirle. Felipito y Ulpiano ordenaron dos cervezas. Hablaron de las pr'óximas elecciones y del tumbón que le dieron a la asamblea ortodoxa en Atarés. arrasamos. Dilo tú, Ulpiano.

-Déjeme tévez.

presentarle a

mi correligionario Ulpiano Esj

S€1" En es€ instante sonaron los disparos. El caquo volvía con las gaseosas, las tiró al frega-

petuosamente. Estévez, para servirle. Ulpiano Estévez, pa-

-Allí

-Arrasamos, "Ortiz sí es un pelotero". El ruido de Alguien dijo: los autobuses que doblaban por Teniente Rey apagaba a intervalos la discusión de una mesa donde alguien gritó: "¡Es un cocainómano y un ladrón!" Cedrón miró inquieto hacia la mesa. No podía permanecer inactivo si se ofendía al Presidente en stl presencia pero
iampoco podía dejarse atrapar en una discusión de café. Decidió volver al Capitolio en cuanto terminara su trago. Un billetero se acercó a los senadores y les most¡ó sus números. Márquez los examinó y luego lo despidió con un gesto de la mano. Un mulato flaco echó un níquel en la victrola y empujó un botón. El café se llenó con la voz nasal y plana del cantante que hB. blaba en una guaracha de traición de amores y de mujeres pérfidas. Junto a la victrola un limp.abotas esperaba clientes rnientras llevaba el ritmo de la guaracha golpeando su cajón con el cepillo. El billetero pidió un café y mojó la punta de un tabaco antes de tomárselo. Un Oldsmobile azul se detuvo junto a la acera y dos hombres se bajaron, caminaron hasta el mostrador y pidieron dos gaseosas. El más pequeño se abrió los dos últimos botones de la guayabera y extrajo una Luger de su cintura. Su acompañante retrocedió hasta la victrola. Desde alll dominaba todo el café. Ulpiano Estévez advirtió primero €l arma empuñada y dijo: "¡Qué
164

alrasamos.

lgl" l)el llrazo le manaba abundante sangre. ' 6nhr lcl Cedrón trató de sostenerse de la barra del E€lltndor pero no pudo y se deslizó lentamente mienil lfár trqtrrhn aírn de ponerse de pie, pero siguió desli-

{BáFáb, cnrnjo, carajo, mamá,

y $ echó al piso. El limpiabotas se ocultó tras la fala, Hubo gran ruido de mesas y sillas caídas y , l1l senador Márquez, al tirarse al suelo, s€ \'olcó rurrn cscupidera. El billetero se agarraba un bray ¡fllilbn; "¡Mamá, carajo, mamá, carajo, ay, mam6,
carajo, ay, mamita, cara-

,

S4dore ltasta quedar horizontal con la cabeza apoyada 3ñ el rotloPiés. F,l honrbre que estaba junto a la victrola disparó uná f_lfe¡a $t techo con una Star 45 y retrocedió hasta el €ldrmobilc que los esperaba con el motor en marcl¡a. €uendo cl chiquito vio caer a Cedrón retrocedió tamblén, Subieron al auto con toda calma y desaparecielglt crln ttn acelerón. t)os hombres salieron corriendo desde las mesas don* ¡e hnbían parapetado y al salir pisotearon la sangre qu€ rrrrrgía incontenible del vientre de Gabriel Cedrón. Hátr¡ucz se incorporó a tiempo de ver al mulato flaeo rluc trataba de quitarle a Cedrón el solitario de brillenlcs que usaba en el dedo meñique. Esgrimió con lepldcz un Bull-dog 38 y gritó: "¡Al que lo toque lo Flnlol" Del fondo del café salió una voz: "Tanta guapería
!hol'¡r". El dueño d'e El Dorado llarnaba por teléfono a ln ¡rolicía, Aún se escuchaba la guaracha con una estri&trlc lanfarria de trornpetas. A'lguien detuvo la victrola. El billctero, en una silla ahora, seguía gritando. Entonces ¡€ escucharon las sirenas de las perseguidoras.

M¡rría del Carmen descendió del taxi frente al Hospllrrl dc Emergencias. No quiso avisarle a su madre fJUuntlo Márquez le habló por teléfono, temiendo al soruzón débil de Ernestina Gui¡al. Subió las escaleras
1oti

'i

enjugándose las lágrirnas y en el vestlbulo encontró al senador Sánchez Herring que la abrazó. Varios periodistas y fotógrafos trataron de abordarla, Sánchez Herring accedió a las fotografías, para las que posó con una atribulada máscara, negtó las entrevistas y la acompañó al ascensor. Arriba le infoímaron que el senador Cedrón estaba aún en el salón de operaciones y no había noticias de su estado. En un cuarto del primer piso dormía el senador Márquez al que le habían inyectado un sedante. María del Carmen se sentó en un banco

Eñr tdbnna. El médico le dijo que tenía perforaciones inl¡rllnale¡ y en el peritoneo. Había qué €sperar veintilUllro horas para saber si resistiría. No obstante, avanüár mtlchos casos similares habían sobrevivido. María Éll Carmen no lloraba ya. El vestíbulo del segundo pi-

fobh ¡nlldo del quirófano. María del Carrnen no pudo ?iflo al pesar porque estaba cubierto hasta el rostro por

de madera

y lloró en silencio

mientras mordisqueaba un

pañuelo de encaje. Ritica dormfa la siesta cuando Nemesia s€ acercó su oama. matado a Gab¡iell

I

-¡Han tú -lQué der aún.

-je

-iQue catriett

-pregrntó te han matado a Gabriel!

dices?

soñolienta, sin compren¡rrbfa las escaleras del hospital pensaba en lo que dirln. Al ver el vestíbulo lleno de personalidades, el humo (lc los tabacos de medio peso, las conversaciones ¡onto rrna gran masa de sonido, pensó en retroceder, Felo ¡" obligó a continuar hasta María del Carmen. Le .l¡,t Ia mano y nada más.

lftr

acabo de oír en Radio Reloj . -Lo saltó de la cama y comenzó a vestirse. Ritica

-¿Dónde Emergencias.

está?

-En

Luis Dascal trabajaba en el periódico cuando Felipito empujó la puerta con la bandeja del café con leche y dijo que le acababan de hacer un atentado al senador Cedrón; Dascal sintió que la vieja angustia renacía: había que enfrentarse y compararse a un mundo. Llamó a casa de Ma¡ía del Carmen. La señorita había salido primero y más tarde la señora. Dascal preguntó si conocían lo ocurrido al senador. La criada dijo que ya se sabía la novedad del caballero y que estaba en Emergencias. Dascal dijo a Carmen que s€ ausentaría por una hora. En el Hospital de Emergencias el Jefe de la Policía presentó sus condolencias personales y las del Presidente de la Repriblica a Ma¡la del Carmen. Bl senador
166

ldlirno a Nemesia.

Rlllcn llegó a Emergencias con una blusa de nylon que lnnrcaba los pezones y una apretada saya n€gra. Ftrc seguida de murmullos y comentarios. euiso eñtrar ll cr¡nrto de Cedrón, y cuando se lo impidieron dio un Srnn grito y comenzó a sollozar con desesperación. Malfs rlcl Carmen no supo al principio quién era aquella ntrtjcr jove-n que lloraba por su padre, pero en seguida golttnrcndió. corrrprcndió. Llamó a Vesa- homhre rf. ennfio."i .tol Vega, hombre de confianza del ¡énrrdor, y le suplicó que distrajeso a aquella muchacha t¡rro daba una nota tan fuera del orden establecido para c¡krs casos. Vega consiguió, no sin vencer cierta resistencirr, apartar a Ritica del vestíbulo. . l{itica bajó el primer piso y de allí llamó por te-

le

ven a buscarme a Emergencias, consigue -Vteja, Estanislao Trinidad, si no, lo pierdo todo. Vega le entregó a María del Carmen algunos tele rnu* y l. avisó de varias llamadas telefónicas. María Carmen no quiso at€nder ninguna, le dijo a Vega

tomase nota y diera las gracias ' Eran de amisl de la familia, del Biltmore, del Yacht, que no consi ban apropiado acudir a Emergencias' pero que más tar. ¿e traiíari la visita cuando el ilustre paciente fuese tras' ladado a la Clínica Miramar, al Centro Médico Quif rúrgico o a la Funeraria Caballero. Ernestina Guiral fue recogida por su hermano que le explicó lo Ernestina quiso ir a Emergencias pero su hermano in sistió en qu€ no debía. La llevó a su casa' donde ya habían llamado al doctor Castillo que le dio un te. Ernestina Guiral dormía en el cuarto de su cuña' da; frente a su ventana cruzaba el tráfico elegante de Quinta Avenida de Miramar' María del Carmen le pidió a Vega que buscase Dascal . Vega lo encontró fumando un cigarro en el

sillo de los servicios sanitarios. quiero que me averigües por qué le han -h¡is, a papá. cho esto

-tú los grupos

revolucionarios, averigua porqu€ yo no tiendo, no entiendo nada. Lloró de nuevo y Luis Dascal encendió otro c rro, le puso una mano en el homb-ro y se marchó'.

pero... ¿cómo? -¿Yo? sa-bnás. Tienes amigos en la

Universidad,

-¿Dónde Ritica se encontró con Nemesia en el bar "El Vapor" al fondo de Emergencias. a Estanislao? -¿Localizaste €n su casa. espera -Nos 'l'omaron una máquina de alquiler y fueron a la calle cle la Reina. Estanislao vivía en un solar limpio. ('omcnzaba a oscurecer y aún no habían encendido las Itlccs del patio. La ropa blanca colgaba en las tendedemn. Trinidad abrió en seguida la puerta de su cuarto. llh una esquina, la cama; del otro lado un gran €scaprr¿rte, una m€sa y dos taburetes. El área del piso eslnlin reducida a la mitaC por la gran cantidad de ofrenrl¡rs ante el altar de Santa Bárbara que, adosado a una pnred, llegaba casi al techo. me tienes que salvar a Gabriel Ri-Trinidad, -dijo tlcr¡. --t¡ ha pasado una gran desgracia, lo sé. Trinidad Nemesia. -Comfllácela, -pidió listanislao Trinidad tomó una cazuela nueva de batto y la colocó ante el altar del gran Changón. Con ttnn tiza trazó en el fondo un círculo, dos flechas y cualro cruces pequeñas. Echó adentro aguardiente y agua hcndita, miel de abeja, albahaca, mejorana y romero, un poco de agua de lluvia recogida en el patio, plumas rle tiñosa, "para que vuele sin miedo", y un clavo de
las yerbas está el monte y en el yerro, el fonrlo de la tierra; la miel que aplaca y el agua que emF

puedo llamarte?

hcrradura.
--En
y el

I

Desdi el bar de la esquina telefoneó a Marcos gor que ya sabía la noticia.
corto no-No el bacalao con €sa g€nte. sé por dónde €mpezar, Luis,

sabes que

-Pero qur€re. . .

los conoces, yo ni eso. María del

'l'rinidad fue a su escaparate y sacó de una gaveta, envr¡clto en un saquito, un hueso pequeño, como de una falnnge de dedo humano,

puja

agua que proteg€.

y lo echó tamtrién a la cazuela.

-Voy tado de la
168

-Conoces

a ver qué Puedo hacer. Yo estoY A.R.D., no tengo nada que ver con ellos a alguna gente, ¡pregunta, por favor!

-Ahora

tiil-Nemesia, sangre.
ll.La

-¿Cómo? -preguntó vete al hospital
Situqción

sólo nos falta su sangre. Ritica.

.'¿^

\?'"¡r¿ t

$/

-.\'

comenzó a musitar oraciones; Ritica, exhausta, se sentó en uno de los
taburetes.

-¡Corre, se arrodilló ante el altar y Trinidad

mamá, ve!

-Ahora, nidad.

Ritica, te tienes que desnudar

-dijo

Tri-

lo de siempre. -Sf, imagínate,ha pasado. LIamé sé cómo a Marcos para que nvcriguara. ñl-No
*.¿Cómo anda María del Carmen? **l ,rt pobre, muy mal. Estaba tumbada en un si-

-.-¿Yn te enteraste?

-preguntó

Dascal.

-Cuando se te va a morir. --Gabriel ¡9. -\9, se quitó la ropa con rapidez y quedó desnuda Ritica ante Trinidad que la miró detenidamente. párate ahí, frente a Changó y repite: -Ahora de los fuegos... -Changó de los fuegos. . . --Changó de la centella. . . -dueño de la centella. . ' -dueñotodo bien espero. . ' ti

-¿No

-¿Yo? quieres?
llegue mamá.

llnrcul se sentó en la eama y encendió un cigarro; tttnú tlc la mesa un cenicero que acomodó en una almo-

Uón.

_ --llute país no se va a calmar jamás Vlvlmos de una en otra.

h¡dn,

.*F¡
n

-dijo

Carlos.

It
-

;,llnp6 decía la otra noche que si Cuba sigue así

verdad.

doro
*-.

-abre camino Para tu hija... -abre la pólvora y la sangre. . . -apártame trini¿a¿ repetíá sus versos mecánicamente mientras observaba con cuidado el cuerpo de la muchacha.
Dascal se apoyó con fuerza sobre el timbre de los Sarría hasta que el portero abrió. Caminó en círculo por el vestíbulo mientras una criada llamaba por teléfono al piso alto. Carlos ordenó que lo dejaran subir. El cuarto de Carlos Sarría Santos tenía un gran eStante de libros, cuatro cartas antiguas de la Isla de Cuba en marcos de oro desvaído, una m€sa de trabajo con una brillante lámpara en bronce, y la cama empotrada cn un nicho de madera que se continuaba €n los closets. Carlos estaba en una butaca leyendo poemas de E.E.
Cummings.
178

-de ti todo bien espero. . . -de camino para tu hija...

y abriendo nuevas cosas. lnvcrtir y quejarse, siempre hacen lo mismo. --No, el viejo lo que dice es que este Prío es rneldhr rlcmagogo, p€ro en el fondo sabe que hay garanllnr.

-

lt ruina en diez años. llucno, tú sabes qu€ esas quejas no valen mucho. l¡rp6 es de los que m€nos hablan y está amplián-

-dlJo Carlos. **Puede ser. Quiás una v€nganza... no sé, pueden tst ntuchas cosas. --'¿Por qué no llamas a esa gente? ' -¿Dónde está el teléfono?

- l.o único quq queda es la ágitación. La agitación y la prlllicu: las guerras de pandillas, los petarditos, un atenhrht casi todos los días y todo eso porque a un revoluSlrrtlnt'io del treinta y tres le negaron dos o tres botellas. *A lo mejor lo de Codrón es algo así. ¿T\l no crees?

ll nllt, hizo varias llamadas, Yld ll cuarto.
dlJo qrre hicieron

l)¡¡scal estuvo unos minutos en el vestíbulo de la plan-

hablaba con rapidez; vol-

'*-Marcos habló con un amigo de la A.R.D. y le el atentado porque Cedrón es un traifor n la ¡evolución del 33.
L7l

trl

¿Quién -¿Del con otro amigo y le dijo que era una -Habló vocación, que el atentado no €ra para Cedrón. Ca ahora.

33?

s€ acuerda de

eso?

-No de ser la cierta.
rado.

sé, pero m€ luce que

la última versión

lli prenumbras; el único n€xo con la vida eran lac lu. H veludoras en los pasillos y el paso silencioso de alpFl enfermera. María del Carrnen entró al cuarto de E pErlrc que respiraba trabajosarnente en una cámara Ü orlgeno. Se tiró vestida en la pequeña cama de
l3€mpuñunte.

verdad que descubrir a estas horas que un es -Latraidor me parece un poco idiota. A lo mejor se lo dijo uno flor lucirse, por Parecer

-Puede En la Universidad siempre andaban dando
pistola.

ser, entre esa gente hay mucho postalita
jamón

-Lo esta confusión.
co-No sensato es
la procesión.

--Seguramente fue una equivocación. que jode es no saber qué hacer en medio

hay nada que hacer
ponersre

-dijo a un lado del camino

Carlos-.

Lo

h dr ¡u padre? ¿Era poslble? Sí, era posible. Nunca habl¡ Fnr¡do. Todo su mundo, sr¡ casa, sus amigos, su club, lodo $r len o¡lable. Ahora hacía lrrupclón un mundo suclo, viohalo, ¿Por qué dispararon confra su padre? Gabriel Cedrón Si un hombre bueno, bueno, bueno, de los buenos. La llañlbr Marfa y le acariciaba el pelo y le decia: "Lo que lú hijila". nle esl0hnr, ml padre Record comenlar ll¡chÓ ¡ ¡u "A ése ll' t€ hly qur malarlo para que Bailañho llorar. Cómo era posib tf[ Junlo¡ el prlmer vals el día que cumplió los quince en l¡¡ ¡ll¡ vlstió de blanco. Algunos domingos hasla la había

¿Qulón cra aquella mujer que había llorado anle

la puer-

para

-ps¡s vida así, con los brazos cruzados? mundo tiene su orden en medio del desorden -El Todo te¡mina igual que empezó. eso fuera cierto estaríamos todavía en las -Si v€rnas
-dijo¿a ver? harías tú aquí? -f,us¡s, eso es lo¿qué me fastidia, que no sé. que sé, -No del Carmen habló con el cirujano que le i María
Dascal.

algo puede hacerse. ¿Nos vamos

a pasar

lGomprñedo a misa. La Madre Azcárale le dljo muchas veCtt on lo3 corredores del Sagrado Corazón que su padre era lña columna de la sociedad: los Cedróni ella era una Gellin, una familia con la que habia que conlar. ¿No eran llclo¡ de todos los clubes? Ahí eslaba la evidencia: su padre Ír odlado por alguien hasla el extremo de lnlenlar su desllrrlclón; acabarlo, suprlmirlo, con fuego y plomo y san-

formó que su padre no había experimentado crisis guna y que las posibilidades de una recuperación recían buenas. Llarnó a Ernestina Guiral, que entontecida por los sedantes, apenas pudo hablar. za, hija mía, teza muoho", fue su consejo y volvió
dormirse.

casa, lrt, Un hombre lan bueno. En laplel con su bala de casa, de becerro, su vida en iI¡ prnluflas de casa de suave f¡ crra; respelaba a Erneslina Guiral y era considerado I h bcraba en la frenle cuando llegaba. éQué hacfa aquella lñuJ.r all¡? Su padre en eso. Aquella mujer como ella, de lI rdad, con sus medidas, los senos desnudos bajo la blusa. lu padro que besaba a aquella muJer, no con el beso hollraño en la frente sino con un beso de baba, de ansiedad lróllco; vlejo impolenle que quería prolongar el éxlasis.

A las diez una enfermera obligó a salir a todos visitantes. Cerca de la medianoche el hospital
172

Orbrlcl Cedrón, un viejo cáreludo con varlas vidas. ¡No, no l?r o¡ol ¿En qué falló ella o su madre? ¿Qué fue lo que no h dlcron? Querían malarlo, alguien ha sufrido mucho en llgun¡ parle para querer malarlo. Su padre era incapaz de ilc¡r daño. ¿Era? El viejo senador revolcándose en una ltma con una chiquita Joven, persiguiendo algo que se le irbla ldo: la piel lersa, fresca, invllanle de aquella muChrcha, Joven como ella. Su padre, el viejo aquel, desnudo, lubl¡rto de saliva, con su vienlre proluberanle, la lengua
173

afuera y los ojos c€rrados, Jadeando, succlonando, mordiendo. Y sl lo malan es porque ha malado. Tony era igual, seria igual. Ahora con su vida sana y sus de leche y su deporle y su sol y sus mocasines con blancas y sus ajuslados panlalones color nalural lucía y era considerado y bueno, bueno. Todo en su medida. inleresaba lambién en algo lan leJano y sucio y cor como su padre? ¿Se inleresaba Tony Sllva? La querla ella para lenerla llena de b-aba, como su padre a muchacha de los grllos fuera de lugar. La quería pa¡a y eso y eso. Todo el llempo eso. Lo sucio era sucio y Lo violenlo era suclo lamblón.

Una enfermera tocó suavemente a la puerta para sa¡le que tenía una llamada en el teléfono. Bra Dascal. saben nada, María del Carmen. Dicen que -No una confusión.
¿Me -Una bien. -Oigo que algo del treinta y tr€s. Una venganza -Dicen o algo. te lo dijo?
I

UN PADRE DE LA PATNA
(luhriel leyó en los periódicos el nuevo alzamiento ile hné Miguel Gómez y su rendición en Caicaje. Recoriló t¡ue su padre había muerto en una de estas aventu¡ fitr, ltné Miguel, decían los editoríales, se rin@ó porque al Mlnistlo de Eslados Unidos en Cuba hizo saber en uilil pnrclama que su país no reconocería una vlctoria tet'tt'lu¡:ionaria. Eso decidíó la cosa a favor de Menocd, .lu.' lrudo reelegírse sin dificultades. El azúcar alcanzó a,thtnces eI precio de veintidós centavos Ia libra, litt 1921 subió a la Presidencía Alfredo Tnyas
ordenado pot Menocal. Gabriel sint con 7,oyas y no entendió muy bien aquella "Prol,.ttlz,ó lctln da los Tre'ce" en que se acusaba al Presidente de

-¿Confusión? confusión.

oyes?

ri

-¿Quién amigos. No es bueno hablar de eso -Qsnfg, más; seguro, pregunta más. algo -Es puedo. Ya pregunté a los que conocía.

ahora.

L

-No quieta.
i

a los qu€ no conoces. -Pregunta es bue¡o ahora, la policía.. . -No policía no hará nada; yo quiero saber por qué. -La hagas nada, María del Carmen; quédate ahí

-No

Irul

FhK n un ltaude

rl

precio del azúcar comenzaba

-miena declinar-, grt

nufuts ntaneios
liunlu Clara.

en la comprkventa del

Convento de
Orozco

i

-Mejor. bueno, María. es -Eso
174

-f,uss¿ está tu padre? -¿Cómo -Mejor. -¿Pien? El médico dice que se salvará.
Duerme bien.

-No -¿A

quién?

haré nada si pr€guntas. Ya vi a todos los qu€ conozco.

otra gente.

lilrnuto Menéndgz, Orozco pe oponía dI orden estal¡lerklo y a menudo provocaba Ia irritación de Gabriel. l'¡tnt Orozco todo esto,ba mal hecho: "Es necesario conrnlilr a balrer en San Antonio y termlrnr en Md¡f'. (itiltricl creía que cada hambre debla poseer uno eF ¡uht de valores a respetar. "Pero esta gente no tiene Fernand*. Son lllt'u, ni valores, ni un corajo.

lh la Universidad conoció a Ferna.ndo

ya

-decía

ükd partida de descaradol'. Gabriel se enturecla tas conversactone's que Io dejaban sin Nderos,

Ltberal; y porque ambos compartían una visión del mundo: nada es perfecto en esta vida y todo lo bueno vendrta con una reforrna de las costumbres públicas, sin GabrteL Fernando y Ernesto se reunían en casa de los Menénde7, en el Vedado. En el amplio portal, c6 modos en lo's sillones blancos, discutian durante horas olvidando los textos. Unss semanas antes de los exóm:enes recordaban Ia Universtdod y se sumcrgían en la Teoría General del Estdo y el Derecho Cfvil. Después de la graduaclón hecho planes-, -habían trabajartan en el Bufete Menéndez y, aparte de ganarse la vida, fiaturlan de relormar al país con discursos, psnfletos y ensayos. Por ese liempo reclbió Gabriel una mala noticia de Sagua. Su madre le e'scribió que durante rnucho tienf po eI mayoral le había estado reportando eI relroceso de los lindero,s de las líncas por hombres a caballo que venían de noche. No había querido adverúrselo para no preocuparlo. Ahora era más grave: la obligaban a vender la coktnía. Si se negaba le suprimían el agua de regado que le venía de una finca vecina. Era un tal Torres de la Cuban Land Company, que a¡tdaba compran:do toda Ia tierra de por alÉ. Gabriel le respondió que vendierE y no pensara. en é1, que ya se abriría c* mitw en Ia capila,l. Ella poúa vivir con Io que tenía en el Banco y la pens!ón de su padre. Así perdieron sus tíertas los Cedrón. El General Machado lue h respuesta ct todo Io que anhelaba Gabriel, al iniciarse en la Presidentia. EI 'lema "Agucs, Ca.minos y Escuelas" de su ccúmpa,ña elect76 contnoclones
p

por dentfo, Ernesto Menéndez era otro cosa, Gabriel se sen{ta mús a gusto con él porque era hijo de un ex ministro del gabinete de losé Miguel y esto creaba una ofinidad entre dos vástagos ddl mismo clan: eI Partido

etiudiciales.

htp tttrtliocle. Se habló de socialismo, de imperialismo. EÍlrthnn de acuerdo en ser anticonformistas. It'ltteskt insisúa que el mejor camíno era eI de Ia relin'nm ,y no el de la:, revolución. Llegaron a un acuer dttl f+,lttchado era eI punlo débil en una generación osilhuh que le permitiría a los nuevos lanzarse a la toma del yrler para reformar a Cuba. En la Universidad, ús Ctrll .,t, ninguna otra pctrte se nolaban los vientos nue(it¡l¡riel pensó mucho en la discusión mientras volvía ñ ltt llabana en el tranvía. El nieto de pescador, níeto dp tulrcrculosa, nieto de ferroviario, híio de patriarca lluw, ltijo de muerto inútil, hijo de caudillo de amb$ tltln lrustrúa, hijo de terrateniente mutilado, desecho f,p ¡¡úlago, excrecencía de liberal campechano, víctima
alp
l'ar,i,

klel n,, tra sólo palabras. Había alí una autoritaria {lrlsnrlu que construyó la Canetera Central, el Capitolbi rc ltucla algo. El tneslnato de Armando Anlré lue una sacudida. te ¿tht quc el propio Machado ordenó su muerte di$ Hülml¡t con la oposición que le hacía eI periodista. Esd }ry{'h4 conversaron hasta muy tarde en el portal de Ia ffi{tu tlr Ernesto. Fernando hab6 de Emlliano Zapato, de l+lm'ñ, de Lenin y de la Enmienda Platt. Eriesto Itlcnt'htntl a lasé Ingenieros y la lucha contra el hotn-

u¡nservador arrogante, el que quiso

Nt, linalmente, en el umbral de la madurez, en su tiem1il, (xacto, iba a ser alguien en Cuba. El tiro de San

y

no pudo, aho-

l'ttlnt de Mayabón no quedaría sin consecuencia. ,\rntado en su cama consumió muchos cigarros mlenItu.r pensaba y se durmló poco antes del aXba,

L7?

ONO BLANOO

-preguntó no -No, me ha contado. a Tiffany, la me río. Llegué ioyería, y -Todavía t¡nndé que me sacaran los mejores brillantes. Le cotn. prt un cdllar a Lola que me costó cuarenta mil dólon's. Me lo iban a poner en un estuc Al¡ú un cartucho que llevaba con o rrht dentro. Eso fue allf. por el año ttlrte, no recuerdo bien. Lo híce para darle une lecci,ón u lt¡dos esos lijosos. Se quedaron tan azo,rados que erct
prtr4 retratarlos.

-¿Le t¡ttc lui a Niuyor?

he contodo a usted, doctor, de la prtmera vez
Cayetano Sarría.

El doctor Cardenal

sonrió.

Itrnte de Cayetano. No tiene usted fiebre. Seguramente se trata de una Itnligestión. Avísele a la coctnera que no comeró esta
ilt¡clte.

me gu.stan estos atardeceres, me ponen triste. l,u-No no me gusta tampoco noche -dijo Cayetano-. Me rlanto solo. El doctor Cardenal estiró su brazo hasta alcanzar la

-Ya se lo he dicho, y nada más. jugo -Un vasito de Comenzó a soplar una brisa húmeda

cargada de olo1?9

de

res de tierra mojada. Había llouüo dulqnte toda la tary la lluvia cesó abruptamente al llegar el crepúscr4 lo. Cayetana Sanla y el doctor Cardenal se balanceaban en dos sillones blancos en el portal de le casa vlvienda del Centrd Curuiey. ese milagro que Lola -¿Y con Ia niña por Lano está aquí? Habane preparándole la -Anda boda. No he querído molestarl.a, Alejandrito esld m+

eI horízonte de chimeneas y de caña, le hcmos dado vlda. A veces me veo con Cuba como rl médico que le da la nalgada al recién nmido. Ese ha il¡lt¡ n¡i papel: llenarle los pulmones de oxígeno a esta
henns llenado
lilo. ---Es clerto, don Cayetano. Alguna gente ha suÍrido l,(t'o usted ha hecho una gran obra. alguno's han sufrido. ¿Quién se acuerda de los -Sí, tillones que mató Pasteur? que 'los ratones de este cuento. . . han sido mu'

tído en una de sus liestas en ¿l Yat, seguramente. Para qué traerlos aquí por achaques de viejo. Cayetano extraio un tabaco del bolsillo superior de su guayabera y olreció otro aI doctor Cardena:l. Los
encendieron lentam¿nte, volteándolos entre los labios para que ordier'an con uniformidad.

-Es rlns.

le parece la Constituyente? -¿Quéleído pocos discursos Cayetano-. Lo -He -dijo único que sé es que Batista saldró Presidente en lais elecciones. Y esfá bien. Batista es un hombre bueno. Es autoritario y a este país le hace lalta eso. A veces se le ha ido la mano por falta de experiencia, pero a medida que posen los años setú un gobernante mejor. ñ[e gusta Batisla, ¿A usted no? a mí. Yo creo que tiene algunos cosas

-Usled Itr, Piense lo que es crear algo donde no había nada. I,legar a un campo que es marabú y m-onte nada más y vetlo aI cabo de un tiempo sembrado y lleno de bo' hÍos y un central en el medío chacatachá, chacalachá. impresíonante. Yo lo he visto también'

ha estado leyendo algo que no debe, doc'

-Es .-¿Se acuerda cuando nos conocímos, doctor? Usted rftr un nrcdiquíto recién graduado. soy un mediquito con muchos afios de gra-Alutra Iuodo.

-Bueno... malas.

blanca abrió la puerta. Traía una bandeja con dos tazns de café muy caliente. Ca, yetano Ie pasó la suya al doctor antes de tomar su calé

-Nadie de lilipina Un criado

puede ser perfecto, doctor.

-No, lhmé y ha salvado muchas vídas. Si no lo hubiera trdilo, mucha gente aquí habría muerto. -He
hs electrificados y

usted ha venido

a este Central porque yo

lo

a

-Claro ittndo nada más. Algún

vísto muchas cosas... y las que le laltan

pequeños sorbos. bueno. Esto tonifica. Si no tuviera dos o tres -Esui boberlas que hacer por aquí estaría en La Habana.

pol ver, Eslamos empeveremos todos estos centrael azúcar corriendo por tubefias halta

t'iu lt¡s barcos. Ahora la brisa era suave

este país. yo -Es soy uno de los hombres que ha ayudado a hacer este paÉs. Lo he construido con mís manos. -Ha trabajado mucho -insistió el doctor.Le hemos lo he hecho con diez o doce más. -Yo dado cuerpo. Lo hemos attwvesado de feruocarriles, le
180

-Usted responsabilidad.-dijo hecho mí Yo he

trabaja mucho

el doctor Cardenal,

y movía delícadamenle las pluntas que frotaban las hojas entre sí creando un mu/tttullo en el iarún. Había oscurecido y conversaban en Iu penumbra del portd.
díjo Cayetano y deió cder su tabaco...en -'! '-,,., \ t'tndido. ,i ¡' ' quema! que se et doctor barde-..',,, I I -¡Cuidado, -dijo :." i ..; 'J"ql
'.. '

-¿Dónde len Ia luz?

estará metida Lola? ¿Por qué

no

encien-

,'' . tl.',';.'.

\

pulso.

nal incorpordndose para tumar el tabaco que arlta so_ bte el pantalón de dril blanco. Tenía la cabeza tnclínalg sobre el pecho cuando quiso entregarle su tabaco. El doctor Cirdenal le tomi el
Cayetano Satríq estabq muefto.

EN PTNNE DE LA PATRIA (tahrlel Cedrón visitaba a Fernando

Orozco

en

su

lñ twtdre eI presupuesto

habría llegado iadeante

a

los

k

nono. Pasaban las tardes de Domingo en paseos por

t82

18¡,

!:::!::,:; nj z,o de .!it2 .aeí zg t"i- i""-i,i"";í,,;, oficial. Machado recibió detegacionei ¿l i.¿Z i k para, comp'lacer su manía
ttómlca comenzaba

, ,o ""puela del orlgen miserable. tternandi-tr"lo ,"iAí.'" "n Machado había relormado la Co^i¡tl"¡,¡n en l92g p-ara poder permdnecer en el poder ltasi
tgll . Era ü
a
de grandeza. La síluación
delerioiarse.

"¡Este pds es tan lindo!', _dijo Laurita_ y la gen_ es. huena; da gusto haber nacldo ojri;. cotrrrl ese instante tomó conclencía de oqu"ito "n, que era un evangelio públlco. Esta era su tierra yf:rase e,ra hermosa 2,:.o?n con sus defectos, estaba agtbdeciáo a la casualidad que Ie permítió nacer aquí.-nn que no le importaría morirse-para "ri ^o^ento .slnt oyudar a eliminar escoria que impeúa la alegría total.",¿ti, ai- borde de isla, en el Matecón soteadá, fr""t, oi-liL""rí"rí"¡#,"

te

gnf,n de tercíopelo. Gabriel salió del baño en camiseta, Flrnando le dijo que si querít, hoy poclita ir a una reuñldn, Gabriel entró al cuarto y se vistió rápidamente. an I.n reuwión era en und casa del Vedado -ftt¿i¿¡on r,faje ¿n ¡vqnvit-, el vieio casetón del prolesor l6rp Hlplnk¡ Martel VeIó. Los lle.varon a un cuarto lleno de

,_r!:-ro,t,tu"ños de.grande2a' aet vie¡o--Tldrai;n

Jl

llbnn at londo @ Ia casa. Fernando le presentó.a los Ettlttlruñeross "Songo" TuIIar, Carlos Ríos, Ramón Bas' lldn, SaúI Broa, "Titico!' Petrillo, René Dellón ! "To¡1y" Arcona. Había un obietivo inmediatoz agitar, mad'unr las condiciones para la revolución' Hablaron -de ilelmdro Sánchez Arbaqo, que les orientó sobre la tdc' llea, poco antes de embarcot clandestinamente huyen' Cu o la persecución de los cxpertosi era necesa,rio ganar

nacionalistas.

En l93O se decretó una rebaja de salarios y la policía atacó a tiros, en Artemísa, un mitinen t
de

Gabriel se mudó de la casa de huéspedes de N, tuno para otra, en la calle San Lázaro,-más respe como conyenía a un abogado ioven. Acuüa con frt cla a las tertulías del café ,,Vista Alegre,,, muy foro, das por los estudiantes.

lil nsociaciones de alumnos en la Universidad y llevarlas ñ wr el ínstrumento dírigente de Ia lucha. Mientras errnttcrcabdn tocaron en la puerta. El tímbre sonó una,

¡lttt, lres veces. Todos quedaron en silencio, atentos, esVetuntlo la entrada violenta de los expertos. Martel Vehl lue a abrir. Era "Sellén" Gutiérrez, que se había iltt¡nraclo. Rieron y bromearon un rato para disipar la tauúin. La reuníón termlnó a medianoche. /,tistió a
Gahriel se ftte integrando lentamente

tpt,raciones. Por las noches se encerraba a limar niples l¡¡tra rcllenarlos de dinantita. Gabriel se resístía a la vioIt'ttcia.

¡lt

mt¿chas reuníones. Fernando pasó a los grupos ac:c'ión. Atquiló un garage que convlrtió en centro de

a la

revolución.

La persecuc!ón era mds intensa, Las córceles

estaban

briel te estaba bañando, habíá ilegado-iri lt"rc en la salá, sentado en el enrejillado bajo la imagen del Sagrado Cirozón, iuniá
antes...-Fernando esperó
184

Trls .,seryanry después de aquella conversactón nando llegó a la casa de huéspides de San- iózaro.

t,ul¡a una breva de "Romeo y ron ella encenúa las mechas de lres minutos' La tensión Ir lncía masticar el tabaco y a Ia tercera bomba que plan'
F, G

lfunas. Fernando salla cada noche

bombas' Llelulieta" entre los labios y

a poner

Ittba tenía una brocha deshilachada ente las dientes que lc hacía escupir con flecuencia' Luego, eI orgasmo del t'slallido Io liberaba de Ia presíón en eI pecho. Gabríel romenzó a acompañarlo en estas caminqlas. En la úItima caminata de Septiembre Fernando Ie diio 13.- La Situación

que se había constituido el Directorio Estudiantil que orea2isnto -dirtgente de la lucha ,Jiudiant¡t,- y el Martes 3O harían ina manilestación a clasa de

rf,ej

Iosé Varona.

sangte, pero con movimientos desorganízados
dos.

y

lángul:

Estaba orgulloso de sí mismo,, de sus arnígos, hasta de aquellos transeúntes que asumían el papel fasivo y co_ rrían por los portales, hasta las a:mas- di qu" ban las puertas con celeridad provocando.un cont, "^o

iado con un luerte golpe en las costillas, perdíó eI equin librio y coyó al pavlmento. El aire entrabá con diiicultná

18?

ilAITZtI IIS EL PREAMBULO
y el baile era de época. Carlos insistió: l.rs cxhibicionistas irían en dieciochesco' Bien, de Élo tñtok ing, entonces. Colgó. (luslr¡vo Duarte le pidió que pasára a las cinco por l5 (\rnrpañía de Electricidad a recoger un sobre confitlcnci¡rl quc le enviaba Mister Wheeler. De vuelta en su Efleln¡r Dascal hojeó la prensa del día. En la página cin0o rlcl Diario de La Marina leYó:
Fnln disfraz
FRANCIA EN EL SIGLO DIECIOCHO

. €nrkrs lo invitaba a la fiesta de Ana Mendoza. Das¡ iil ronrió; la voz le llegaba lejana y providencial. No

,lli

dc lon esposos Mendoza de la Guardia. Las invitaciones de Winslutr Mcndoza, el conocido "sportman" y su esposa A¡a de la (lrrlrdia, tan gentil, vienen circulando en nuestras mejores fallllllls desde hace unas semanas. (ir¡ndcs ¡neparativos se efectúan pa¡a asistir a esta "clou de lB rr¡ison". El decorado cs obra del g¡an afista Mario Arellano; quo hr lograclo reproducir un ambiente f¡ancés en la tesidencia ds los Mendoza, en el exclusivo "faubourg" de Alturas de MiÍt¡lllttr.
189

l)c r¡na inusitada brillantez promete ser el baile "Francia en ll lilglo Dieciocho" que se celebrará esta noche en la ¡esidencia

Los "Chavales de Espafia,, serán otro importante aporr,e ae Sus conocidas y susfártq( ñar^á?^- .--.las Ia! de cias de los "happy . "il.rr"-1^.1.L
ciaLnente para esta ocasión por ñad^ l^ r:L-[brea de los pajes de Luis :1,11 españoles. trstas

,

fss,',. as,

Ekf

dos

t

XV para lo.

Sel

Las seño¡itas de nuestra nes de trajes de la época

"ooo.i"¿.jl

tros más exclusivos talle¡es de conocido ,.coutu¡ier", ha cread Madame Maintenon, Madame Meltw lq exquisita ,. Mell¡ la av^,,:-:¿^ ,modista, p¡epara una María Antonieta que se¡á un verdade¡o *succés,,. Los esposos Mendoza de Ia Guardia ofrecen esta eleg:ante recepción a nuestro sraD mundo en honor ;; ;-hü* Ana, que graduó recienremenre se en ,,The sac¡ed Hr;;,;;;';chesne,
New

rle ln Guardia tomó el auricular y habló con el dtt lil Carmelo: todo estaba en orden, el buffet terlñinntlo etperaba los camiones. Colgo y chequeó en la lfbf€|fl lr:s asuntos pendientes haciendo breves marcas con Úñ lxrlfgnrfo doraáo. Anita, en la peluquoría, colocaba lH cehello cn un orden complicado que comespondiese i ¡il ve¡lido. Ana llarnó a la peluquería y habló con su h[n, 'l\rtlo iba bien. Suspiró tranquila y subió a su cuar-

Ans

lÉ n rlescunsar. [,rr¡ úllirnos días fue¡on un enloquecido ir y veni¡. Aún hdy ln .uro era un atareado centro. Los carpinteros terftlnnlrrrn de colocar dos tapices de Beauvais, con cace-

,"r"r:#,misma

página, tres colu¡nnas a la dereoha, Das-

i"
/

EL COMPROMISO

jri,
l.itr

CEDRON_{SILVA

flnr lenlcs, alquilados en Antigüedades Candas. En el fatdln colocaÍon unos grandes vasos de terracota, ornadtt¡ rle guirnaldas de rosas, préstamo de la Condesa del Vnllo de Rojas que los hizo traer de su finca de Matanlg: crpccialmente para la ocasión. En el techo de la sala fuc nituada una araña de bronce y cristal de roca. Anr¡ do la Guardia entró un instante al cuarto d€ su hlll prrrn ojear por última vez el traje que la niña llevafln cs¡r noche: una reproducción en seda del vestido de Mrrrhrnre Berg€ret de Grandcour según la retratara Frangrrlrr lloucher: todo en blanco excepto un gran laz.o anil pálklo en el corpiño y los pequeños lazos en las man3nr, Slería una gran noche. llntaba satisfecha. Todo había salido tal como fue planeutlo. Después de todo ¿para qué es el dinero sino para ertos pequeños placeres de la vida? Winston se quejaba de todos los cheques que había firmado, pero la niña l+ntlría su fiesta, una gran fiesta, la mejor de la tempo. tnrln; quizás su nombre sería conservado a través del llenrpo en los anales sociales: El Baile de los Mendoza rle ln Guardia junto al Baile Rojo del Country, el Baile rle lns Piedras Preciosas y todos los demás. Era imporl[ntc en la edad de Anita relacionarse con la mejor genlc. Después de esta fiesta sería invitada a todas las rec€pcioD€s, cocteles, comiditas y bailes de importancia y rcguiría ampliando el círculo de sus amistades. Con el
101

190

ili
I

-Z¿i"r-¡i"".;'r" ^pra", y. casaca "j".s 3:::: "t",:"::11 - n1*1tÍ" y bordes ""e'"r, gueras de encaje, cuello ju Éui*u v de dos en plata: algo sobrio y brillante lu " uu. al baño y se abrió el ci
exnaro un suspiro, se ¡ascó

Anita para ofrecerse de compañero. Luego hizo una sita para arreglar los detalles. Nutu.J."-ni";;"TJf; acordar traje al de Anita. Escogieron .i t.u:ó _su del C;;; de de-Meulan, según D¡ouais:
.

ñ'¿i ffiñ;;;'fi;l: l]:-.: :*. .Figueroa discreramente, :,,::: i:Ir_r-r".^{,L1.":.?T".nje, F;r.il;J;;;1il; sugi, riera la invitación. Satió bieá. Tuy

o" "" Rosário camuiu'fr.i-que eua h¿" "r"l"fiüill *::1"^^t"J1bla1.con peter para

óuoiio' dr;;;;-;l írl¿f;;;¿_ l1,:,"ci.tjl:^:^FliTij.:_ Javier, ¿qui".r" á"ornpunu, Anita a nu€srro baile?_No, ;"ii;i;i;

jóvenes muy interesantes úábían uni.1ir"u.oo. erta¿'o }r""rr"nr¡, últim¿¡1t.tr1., Carlos Sa¡ría Sunto, - y -ir-u*isco J Vdlejo; correctos, formales y uo sóti¿o futuro. rían excelentes maridos. No'había "on ;;"-f;;. a la Bien claro le advirrió a Anita q""^;;dí";cidir ni lib mente entre los dos. Esa noche la acompaña¡ía Francisco liy]::: lt 9"¡o cosró porqug esas cosas no pueden decirse
abiertamente, no es
a

qr: el dinero ., tun irnpórt.-üqu"luoi, "o.urO.r, l?0..::: rá tu atención si no está neppald'aOo

cllse¡ cre piano, de uI _inglép, d. ;;";ir; Sagrado Corazón- d; ilü;.;;; "i'uiuj. :.b; encontrar un marido con medios que continuas€ man teniéndola sin carecer de nada. eii"-r;.Áfrl ., ro p::í:,u Anita: padre y yo no somos inieresados, .tu ca-sarás con el hombre que elija tu uunqu"

|1 lia, el

cho a conseguirla. Habian gastado un dine¡al ayuda mr ña: la institutr,z francesa, el colegio, iu lopu, .f J "o "ru cf

ili^::'^Í: jelf::ntació, y,. ¿po. qúc Dicen que el dine¡o ,ro,lru.e'laielirihu¿; ""r, ¿" Sii
p"J"

ti.empo se casaría, bien.lo sabía ella,

y debía casars€

tttt lurgo camisón ¡osado. Todo salía bien, admi' tle bien. ¡Qué bendición este mundo, Dios Mío! ¡tilo le quedaba su prolongada siesta diaria para }l¡t clr .pic a las seis revisando los últimos detalles. Se lfolnrló en seguida.

librea de Luis XV, recogía las invitaciones Carlos y Dascal'saludaron a Winston Men,irrc, con un jaibol en la mano, estrechaba la mano €c*n ¡ lur quc llcgaban y decía frases ingeniosas. Atravesaron b'eu*,, y salieron al jardin acercándose al bar que est¿bn Junto a una barre¡a de arecas. Pidieron dos escotsler cttn agua. lloreutino Cossío explicaba a Ismael Aguirre un ne-

Utt

lñ el pot't¡tl.

¡rrrjc,

rmar

I i

ftjalrrr lrlorentino, esas cosas hay que consultarlas con la
llDtuhuda.

[¡e(lio para los enguajes. El resto les quedaba limpio elklr para empezar a operar. Ismael Aguirre escuchaba ¡lgnlo. No era cosa de decidirse en el momento, acon-

de una artos. El ñía de los
trataba

cien
ones

miuno

'l'uny Montalvo conversaba a respetuosa distancia con Yuyi Cruz aunque todo el mundo sabía que vivían junl€r, Cuando Bernabé Garoz se marchaba por la tarde al SEtruo Comercial, Tany, su amante esposa, visitaba el ¡trnrt¿rmiento de Yuyi. Los dom,ngos Yuyi y Bernabé ju¡nlrln póker en el Vedado Tennis. Esto resultaba muy ffeeioso para todo el mundo. Ultimamente se decía que Yuyi Cruz practicaba el

.:?'td.ij'lT,'"*? yJ"':¿ffi

gris. El corset requirió tejido adiposo de su pri:

ofcciu Alvarez

y

organizaba orgías en su casa en las que
193

l9:

participaba Lucrecia qu€, según un extendido rumor. era
lesb.ana.

A todo lo rlus se luerrr¿t en una mesa canaster/ hay ¡v que ss cuenta EI] IIr sa canastera nav que rebajarle la, mitad, decía César palacio, aunq{re to_ dos sabían, en Ia mesa donde hablaba, que Césai que_ ría disipar las habladurías sobre la reciente fiesta en su finca Mirador, donde se bañaron desnudas en la piscl na todas las coristas del cabaret Bellevue.

I

pñ rgrttlo y la a, casi grave. Aquello €ra una evidente €Fguelorln, el preámbulo de un flirt.

Erhncr piso del club, Cecilia

ie

buña-ban

y su complaciente efebo en la piscina acariciándose a la vista de
la
anécdota sobre Fabio, cuando

lorlos.

F,r¡ conocida
fompadours, una Dubarry, un Con¿e Fersen y: Juancito Solís se apareció e Robeipierr" p.io lál hizo caso porque era rnuy exhibici-onista.' "u¿ü Tany Montalvo respondió al saludo de César pa lacio con un énfasis determinado. pu¿o fraUer sido u "Hola" seco, donde la o fuese tonalmente más baja la a; quizág un "Ilolaa" afectuoso pero maquinal, el qe da siempre; o un ,.Hooola,' amistoso, demostrati de simpatía sin trascender ese estado de relación. pe Tuny Montalvo dijo .,Hoola": las oo prolongadas ft ron emitidas en una escala descendente tn que la o e
194

al re-

haberse casado con

Había. dos

que obviamente lo era ella por haber
mtlsfecha. Todo el que t€llrrs, Gómez Mena,

t.,u fiesta era

un éxito y Ana de la Guardia estaba

lrhrlgo, del Valle,

noclie. También hun esos apellidos Per el tiempo. Para sublr

Cá había

,

, Bacardí, Cruestaba

Azqueta,. En-

allí

esa

que no lleva-

rle cllos. Como decía nctee en circulación".

podría venderle un buen seguro en su oficina,

con Florentino Cossío en la barra del yacht, mañana
Carlos Sarría fue a sentarse en la mesa de Anita Men_ doza y Dascal no quiso acompañarlo. Desde el bar vio
.

--1,Oómo

te

respetan?

-'=No sé, se inclinan para saludarme Bl¡o qtre siento.
lu¡fn.

y

cosas así. Es

a Cristina, del brazo de Alejandro, m,,entras caminaban por el césped saludando de mesa en mesa. Cr,stina lucía bien hoy. Esa mujer podía lucir increíblemente bien. Tenía sus días. Hoy podría hacer el amor con ella a gusto. ¿Ella o el whisky? porque fea más un martini igual ag
tiva
más

gusta ser respetada? -¿,'l'c que me r€spete * Sl, la gente importante. Eso me

*¿'[e gusta que yo te respete? -:No, tú no, tú eres igual a mí. --Tú te
veces sí,

Nosotros debemos

dlwrtlrnos.

aun sin
llamarla esta noche, Dascal entró a la casa y se sentó en un sofá

diviertes bastante, Cecilia. a veces no. Cuando a Fabio le da por -A l¡tar con sus amigos en casa es aburridísir¡o, entre to-

de la
_

sala.
se

dejó caer en el sofá, junto a Dascal.

La bella Cecilia Agüero entró precipitadamente y la que rne
un
escapé!

guiéndome. Es

-¡D'e qué? Dascal. -¿De _-El pesado-preguntó Gómez que ha estado persi_ de Tacho
bofe.

dot ouman siglos. *Bn el Tenis es r4ás divertido, ¿no? *-Sí, en el Tenis es más divertido. *-¿En la piscina? ---E,n cualquier parte -{ecilia evadió una la n la alusión. '-¿Te gustaría que nos divirtiéramos juntos? * -Si me gustaras, si.
caigo mal? -¿Te - -Tampoco, pero €res muy estirado.
.--¿,Cómo, estirado?

respues-

. -Fabio es un gran hombre -dijo pascal- una gran figura pública. Debes estar orgullosa de ser su €sposa.
sonrió. -¿Tú el mundo lo dice. -Cecilia -'Iodo Antes de casarnos yo creía eso, pero desde sé. -No que le vi una v€rruga así de gorda con los de-señaló dos-, que tiene en una nalga no pu,edo tomarlo en crees?

-Está No sé como Fabio lo

-Sí,

eso dice todo

el

mundo.

agradable esto.

Allá afuera está haciendo frío.

aguanta.

!

---Eso se siente. Te he visto. Andas con Ia cara seria no sabes contar un chiste. ddemás, no eres mi tipo. Cecilia abrió los ojos mientras miraba hacia el jar-

rllrr.

serio. Además, usa calcetines largos con ligas. ¿Tú usas calcetines largos? se inclinó y levántó urra per-Cecilia nera del pantalón de Dascal-. ¿Ves? Tú eres moáer-

--Por ahí viene Tacho. Si te pregunta dile que no ntc viste. Cccilia Agüero se dirigió a la lenaza y desapareció It'¡rs la celosía de bambú que separaba el comedor de
vcf itno.

lo sabías te casaste. -Eso ahora la cuandome respeta. Un gente -Pero yor sabe proteger.
196

no.

hombre ma_

picdad. (Johnny Díaz es un rcy por estar en casa de Ios ¡4.odor". Johnny finge una pose blasé para colmar

No era Tacho, Johnny Díaz vino a ocupar el lu_ gnr de Cecilia. Encand,ó un cigarro. "¿Te diviertes?", prcguntó, "Como de costumbre", respondió Dascal, "Yo t¡o. Esto está aburrido", dijo Johnny. Infinita y profunda

10?

rl

su pretendida elegancia). Carlos Sarría le había contu do lo de Johnny que no era tal Johnny, no tenla dere-

cho a ese título. En su casa le llamaban fuanito, era hijo de un comerciante de Muralla y quería forzar su paso al gran mundo. Juanito era socio del Casino Españbl y obtenía con frecuencia invitaciones para el Yacht y el Biltmore. No había podido convencer a su padre, un castellano enriquecido en el trasiego de sederías, a presentar su planilla en ninguno de los clubes selectos. Era mencionado con frecuencia en la crónica porque estaba en todas partes. Según Tanque Ordóñez, Juanito aspiraba a dar un braguetazo. Desde que comenzó a hablarse de la fiesta de los Mendoza, inició su asedio a Carlos para que le obtuviese una invitación. Carlos lo hizo €sperar dos semanas antes de darle una respuesta. No queriendo llevar su crueldad hasta los límites, lo invitó finalmente. No, Juanito estaba muy contento de estar allí y de ser Johnny. Dascal pensó que Johnny era una parte de sí mismo y trató de salir de este irritante espejo, Terminó su high ball y se despidió con un gesto cortante. Volvió al bar para renovar el t¡ago.

-

*-¿Y qué me imagino? No sé, que es un pepillo de esos. *-No imagino nada. He perdido

irrrrrginar.

En

este país

¡rrrcrlc ser imaginado. -*Por lo m€nos, quedas
-

la

la capacidad de reaiidad supera tódo lo que
Cuba.

.--No es una burla María del Carmen insistienrlo cn la ironía-. Es -dijo saber que quedas tú, tranbueno qrrilo, juzgándonos a todos. . No juzgo a nadie. Al menos déjame el derecho a la lr¡cirlez cuando tenga acceso a eilá. Tú también debis_ le conseryarte lúcida. Io he -Nunca mujerestado tanto. de de Tony Silva.
sea

-No te

burles.

tú para salvar a

-No necesitas un buen siquiatra. - -Hoy

María del Carmen Cedrón recibía junto a Tony Silva las felicitaciones por el compromiso y las inquisiciones sobre la salurl de su ilustre padre. "Muy bien, ya está en casa. No, no hemos fijado fecha todavía". Tony sc separó de Ma¡ía del Carmen después de hablarle al oído, Dascal aprovechó para acercarse.

rl¡rs tus teorías.

-Quizás que cierto. lo necesitas. ¿eué tiene de malo scr la -Seguro nttrjcr de Tony Silva? --Nada, que has renunciado a la lucidez. No imporlu. para.firmar cheques no hay que p€nsar. --Quédate para que lo conozcas. Se te van a caer togracias.

-No, rlcsngradables; aunque es bueno saber que Irrrs convencido.
l¡urte turbador.

Ya hoy llené mi cuota de acciones tú misma te

-exclamó milagro? Milagro uno: que esté en esta casa. -¿Qué Milagro dos: que haya venido a saludarte. que sorprendí al verte, así de pronto. -Esen losme Leí periódicos la noticia y quería felicitarte. contrayendo levemente la nariz en -Gracias --dijo un g€sto estereotipado y agradable. Silva es nadador ¿no?

-¿Y

ese milagro?

María del Carmen.

- ¿Qué cosa? -preguntó Das€al. parti éste. El viejo lo quiere todo en orden, no kr -El a uno divertirse. deja
-¿Qué --Winston Mendoza. Nosotros nos vamos por ahí. ¿,1'or qué no vienes? . l)ascal aceptó, Se reunieron en el parqueo. ya estalrrrn allí Zubiarre, Johnny y Sapo. Caónarro demoró en
r99

l)ascal se alejó con paso rápido para alejar el ins_ Al cruzar junto a la fuente Tanque Orrlóñcz lo saludó. -Oye, viejo. ¡Qué clase de paquete!

viejo?

-Tony

gent€. Es na-Remero. un hombre.
198

No es nada de lo que imaginas. Muy bue-

llegar, escuchaba a Los Chavales en Feuilles Mortes. Subieron al Mercury convertible de Cacharro. "¿A dónde vamos? A casa de La Prieta. No, eso está muy lejos. Vamos a Sans Soucí. Algo mejor que eso. La Prieta, chico, La Prieta. Ahí hay un buen elem€nto".
Prieta. Encontraron la casa a oscuras. Un día sin clientes. La Prieta envió a dormir temprano a sus muchachas. Golpearon la puerta hasta que Amarilis les abrió: un mulatico delgado que usaba camisas estampadas. Lo empujaron al entrar y Decidieron donde

Bn los cafés de la playa la estridente música de las lo invadía todo con voces nasales y flautas lnnzadas en escalas ondulantes. Por la .acera se desplavlctrolas
uub¿r

ir

La

la despersonalizara. El ruido de los disparos el tiro al blanco. Los mostradores llenos de botellas
Jcto que cerveza. Las mulatas de nalgas protuberantes

una corriente hurnana excitada en busca de un ob-

Amarilis protestó: "Todas están durnliendo. ¡Niñoss! ¿Qué cossa es essto?" ffanque gritó: "¡Prieetaaaaal" Johnny abrió el radio a todo volumen. Cacharro comenzó a hacer pr€ss y clean and jerk con una pesada lámpara de pie; el Sapo le corregía el estilo: "No vale, doblaste la rodilla en el klin. Ahora jorobas la espada en

el

pres",

La Prieta salió envolviéndose en una bata de casa. Tanque le pidió que despertara a las niñas y La Prieta dijo que se largaran, mlentras hacía un nudo enérgico al cordón de la bata. Zubiarre abrió el refrigerador de la cocina y se sirvió un vaso de leche. La Prieta le gritó a través del patio que saliera de allí y ZLlbiarre dijo que

los tragos le daban acidez.

Cacharro seguía en su levantamiento de pesos y Amarilis se sentó para ver con detenimiento el vigor en despliegue de los muchachos. Entonces, un grito. Una de Ias muchachas entró en la sala con el pelo en desorden. Zubiarre se había metido en su cama despertándola con brusquedad. "Amarilis, ¡llama a la policía!", dijo La Prieta. Amarilis no se movió y La Prieta tomó ella misma el teléfono. Amarilis dijo: "¡Ay, que ssalassión!" Cai charro sugirió que era mejor irse porque la cosa iba ponerse fea. En la puerta La Prieta les gritó: "il-léva; telos, viento de agua!". Subieron al Mercury y decidieron ir a los cafés de I playa. "Estamos muy borrachos", dijo Johnny y Tan que respond'ió: "Bueno ¿y qné?"
200

Tnnque hacía girar el cañón en círculos concéntricos tnlcntras buscaba un blanco movible. IJna guagua se acercaba. Tanque miró el bulto temhroroso de hojalata craqueante y desintegrable y fijó la nritilla en la rueda. El blanco giraba, giraba y el Winchcster se movía imperceptiblemente coordinado por una Itnnginaria línea de puntos suspensivos con la unidad Btnorosam€nte producida por Mister Firestone. La bala

njustndos iban acompañadas por mulatos que hacían restallar sus labios al ritmo de la música mecánica (con puntalones de tubo y sombreros de ala corta y plumilln cn la cinta de fantasía). 'l'anque tenía en las manos un viejo rifle calibre 22 y rr¡runtaba a la vela. "No le das", dijo Sapo. Tanque oprimió el gatillo y apag6 la vela. Todos lo felicitaron: (lncharro, Johnny, Zubiarre, emltiendo sonidos de heroicas resonancias. Tanque s€ volvió hacia la calle con cl herrumbroso Winchester en sus manos. El del tiro al hlnnco lo sacudió por un hombro: "Oiga; aquí, aquí".

y

en de

vestidos

nro un cuchillo en blanda mantequilla en la carrocería dc naranja ahumado. "¡Coño, están tirando!", gritó el

trompeteo de los mambos y las risas de las mulatas aley la goma de la guagua se desinfló con gran exhalaci(rn de aire. Los pasajeros comenzaron a descender nlicntras el chofer inspeccionaba la goma. El grupo obtervaba la pequeña hazaia en un expectante silencio. 'l'nnque estaba decidido a arrancarles el coro de alabanzns. Apretó el gatillo de nuevo. La bala se hundió cogrcs

lll ruido del disparo se confundió con otros ruidos rlc disparos de otros tiradores y con las guarachas y el

rnlió.

14.- La, Sitqación

W

chofer. Un negro vestido de blanco, qud descendía, perdió el equilibrio en su apuro por llegar a tierra y cayó 'sob¡e un bache lleno de fango aguado y quedó allí resignado y lastimero sin saber cómo salir dé aquella pestilente depresión del asfalto como el que ha sufrido una gran desgracia y vacila entre llamar a la funeraria o echarse a llorar. "¡Vámonos de aquí, rápido!", dijo Sapo. Corrieron a través del gentío arremolinado ante los cafés en zigzagueantes trayectorias. Doblaron en tres esquinas antes de detenerse junto al Pennsylvania. Das_ cal sentía que el corazón le batía violentamente, ridículo en la absurda situación: corriendo por una maldad de niño grande, evitando a la policía. Se contagió con la alegría elemental de los otros. El portero los invitó a entrar trazando líneas sinuosas con sus manos como si describiese la superficie de un objeto curvo mientras guiñaba un ojo y terminó besándose golosanxente todos los dedos unidos. Entraron. Estaba muy oscuro. Fueron a la barra y todos pidieron whisky con agua. Un redoble seguido de un platillazo anunció que el espectáculo com€nzaba. "¡Muy buenas noches, damas y caballeros! La gerencia

ñÉrlco y comenzó a golpearla frenéticamente. Cuqui

Hlllo rlo rumba fina. Tanque entró a la pista de baile

exageradas contorsiones para seguir el ñlrcvo rllmo desbocado. Ramón no encajaba allí con su

Vb obligada a

se

hizo pareja a Cuqui, que usaba unos pantalones cortos. El anunciador mi¡aba aquello consternad6, per., los músicos de la orquesta se reían y disfrul¡han con los espontáneos como si siempre hubiesen dcl€rlntftr a Ramón. Sapo siguió batiendo el parche y Tanqu€ dcscoyuntándose con Cuqui, y Johnny, Zubiarte, c'tchnrro y Dascal siguiendo el ritmo a palmadas desde tl borde del tabloncillo hasta que Tanque se cansó y Volvló al bar secándose el sudor mientras escuchaba los

ñtlll

f h

lplauroe.

l)r¡ncal se sintió fuera de órbita, falso en cada gesto I en cacla palabra, gravitando en una atmósfera enf¡lecldfl que le era extraña. Todo aquello era idiota,

"Good evening, ladies and gentlernen! Pennsylvania's night club management proudly presents the first evening show.. ." El primer número fue una canción: el propio anunciador cantaba Valencia con grandes sostenidos, empeñado en demostrar que su calidad musical residía en un maratón de ejercicios respiratorios. EI segundo fue anunciado como "Doris and Luigi, bailes internacionales". Bebieron hasta el final del espectáculo con miradas ocasionales hacia la pista ilum,inada por un reflector violeta. El último número era "Cuqui y Ramón, rumberos que han recorrido los mejores esceqariog del r¡g¡1ds"r:
ZM

primer chou de esta noche.. ." El anunciador tenía un poblado bigote negro y una gorda papada. Repitió:

del cabaret Pensilvania tiene sumo gusto en presentar su

irelulto.

"A

dónde vamos?

No sé,

len¡o idea, pregúntale a Luis. ¿Tú sabes de algún buen lugar, Luis? Yo vuelvo a la fiesta. ¿Cómo, a la fiesta?".

¿qué

dices, Tanque? No

¡

=-No oeas aguafiestas. ¡vamos! **No, no; es que me han caído mal los tragos. "*llntonces ¿para qué vuelves? cerca de los Mendoza, ¿Alguien puede -Bstamos dnrmc botella hasta allí? *-Déjalo, Johnny. El sabe lo que quiere, no varnos
obligarlo.

=:Nosotros te dejamos. **No se molesten, yo tomo un taxi.

l,rr sala estaba desierta, el bullicio distante se originálll on el jardín. Luis se desplomó €n una butaca. En
20a

la mesa adjunta, bien emplazado para subrayarle la nidad: el Libro de Oro de la Sociedad Habanera. zó a hojearlo y se detuvo en una página:
SARRIA MENA, Alejandro
dado.

lfenlto lustroso usando su malsana curiosidad de corttbuttlblc. Sinhrirgnba

-

Cristina Santos de

por el alcohol añejo y aromatizado, por la ñttlrlc¡, las luces, los trajes elegantes y los perfumes. llmrrry Buigas aprovechó este abandono: la besó en el
euollo, en la boca, la atrajo suavemente estrechándola por tlg¡condla

Cecilia Agüero

lo dejó hacer:

estaba agradablemente

Oficina: Mercaderes 217. Tel.: M-1313 Calle 13 entre A y B, Vedado. Tel.: 8-3246.
HIJOS Carlos

Los Chavales tocaron In the Mood, a petición. Bl baile fue diversión al iniciarse la fiesta con
y los boleros y el baile no era diversión sino un es: timulante a la sensualidad. Las parejas bailaban sin mo-; verse mucho, con las mejillas unidas y mirándose a inb,lues

y

pasodobles. Después de

la medianoche comenzaron los

a los ojos. María del Carmen y Tony bailaban muy unidos. Al terminar Blue Moon. Tony pidió un whisky Y un Alexander en la barra, Bebieron mientras caminaban por el césped. Tony dijo que la canoa dos era la que tenía más chance. Casi al terminar el entrenamiento el coach haría un equipo con los mejores de las dos canoas. La semana próxima los internaban en la casa de botes. El Tennis hacía años que no ganaba y Don Pepe había prometido levantar el techo del V.T.C., con una gran fiesta si ganaban. El V.T.C. tuvo a los mejores mttchos años
tervalos
cucbaba aburrida.

dn, Cristina le sopló en una oreja y Dascal se golpeó el lóhulo con un dedo mientras se volvía. *--No te he visto en toda la noche Cristina. -dijo Ahora surgía como la vieja pegajosa, mortificante, clrlclc masticado, chinche succionante y obsedida, esta fulnu obstinada en no r€conocerse.

lF eitttura. Cecilia sintió que la cremallera de su espalda y el broche de presión cedía con un tenue clic y lt presión del ajustador disminuyó y vio que tenía los ¡Fnon desnudos. Con un gran suspiro Jimmy comenzó s herurla, apartando con una mano los molestos encajes do ru traje de Luis XV que pe interponían. ^:Luis. . . Luis. l,u voz demoró en llegar a su conciencia concentra-

que vernos? -.-Porque tú sabes que a mí me gusta verte. --¿Y desde cuándo tienes un opción.de compra? En lorkl caso ya me ves. ¿Qué quieres? --'lb advertí bien claro, desde un principio, Luis, quc no quería que me hicieras daño: no puedo soportar

*¿Y por qué teníamos

ol tlolor.

seguidos. Luego vinieron años que sí y años que no. Rste año haclan un gran esfuerzo. María del Carmen eg-

Dascal los vio desde la Iefiaza adonde había salido para refr€scarse. Mientras obseryaba a la pareja de una sólida respetabilidad, escuchó una risa en el jardín del costado de la casa, separado del de la fiesta por una doble muralla de arecas La te se extendía hacia allí y Dascal avanzó sus pies por

l,n imagen vulgar y despreciable se desvanece y de nttcvo hay una persona en su lugar. Después, está lo del periódico y todo lo demás. Hay que aprender a embritlnl lus emociones, en eso consiste la madurez. .*lls que tengo cierto malestar. Parece que los traf(rfl me han hecho daño -dijo Dascal. a dormir. Vine a despedirme, Alejandro me
Gtpcr¿r

Ahora quiere reparar los destrozos, oprimir hasta qu€ ln cruedad con el semejante se desvanezca ante la nue-

-Vcte la puerta. en

va ternura. Se acetca a Cristina y la besa en la mejilla. En ella se opera la voluptuosidad alcohólica y pus labios se desplazan succionantes siguiendo la llnea de la mandíbula hasta que en su boca busca la lengua con la lengua y la saliva se torna en un caldo amoroso, tibia y dulce miel que comienza a desesperarla y €n 8scenso el leve martirio es cortado por la voz.
Alejandro está en la terraz.a y sostiene la estola que debe envolver a Cristina en su r€torno a casa. Alejandro trata de escapar de la ridícula sorpresa con ademaner seguros, ovbiamente teatrales, que no lo conrrcncen doi haber mantenido su elegante dominio de la eircunstan-, cia. Para escuchar su voz: auto nos está esperando. -El Cristina se acerca a él con torpeza y se ecba la estola sobre los hombros. Mirada discreta a Dascal quo trata de detener el tiempo y la acción, no mover el aire que lo circunda hasta que su fijeza disperse la posible irritación. Alejandro toma a Cristina del brazo y la conduce por la terraza de vuelta a la sala. No ha sabido mantener el aire de la hidalguía ofendida que tanto le cuadraba. Es un hombrecito de todos los días infeliz y conmovido. La situación, que ha sido congelada y estática, comienza a devolver al tiemFo su fluir. Dascal se vuelve hacia el jardín. Cecilia y Jimmy han desapa.: recido. Hay de nuevo un ritmo de las cosas. El aire se Dascal busca en las mesas a Carlos Sarría. Lo encuentra en una amable conversación y le pide la llavE, del carro porque siente un leve malestar por los tragos., Veloz por la Quinta Avenida; las fachadas de las residencias que custodian la tradición son sas imágenes en la ventanilla. Llegando a La Copa a Johnny, Zabiarre, Cacharro, el Sapo y Tanque tados en el parque cantando Adelita. Están borrachos, piensa Dascal, todos erfumos
chos.
rl

UN PADRE DE
I

LA PATRIA
en Gabri¿l
Cedrón

tttpresiones diversas

f,n porfecta Lorelei apenas peina sus cabellos de oro dispone en inocentes or¡das en torno a su rostro

y

los

Mendieta hecho prisionero en Río Verde
Desembarco

en Gibara

KARIKATO, nuevo semanario polltico
l,)l capitán Carlos García Sierra

murió ayer en cumplimiento dcl deber. Al abrir la gaveta de un armario, en una casa que le fue notificada como sospechosa, se produjo una violenta explosión
CUBA ES

I'N JARDIN DE

FLO&ES

El ABC está por... "si te sobra comlda dásela a un perro; pero no ct un negro. . ." la Mediacíón
IIAY CINCO MIL MARINES EN KEY WEST
PARA EMBARCAR HACIA CUBA
l,)1,

LISTOS

I

doctor Clemenüe Vásquez Bello, Presidente d,el Senado en su auto del Habana Yacht (llr¡b a su casa, todavía en traje de marinero, se le aparejó

y rlcl Partido Liberal, iba

206

otro auto

le

y

destrozó

los estudiantes le hicieron una deseargá la columna vertebral, Murié en el acto. ¡Viva la O.C.R.C.!

WELLES OFRECE MEDIAR EN LA CRISIS POLITICA

Ih

las lúgubres

y

perecierbr¿ torturados, previamente

hediondas mazmorras de

En tanto hiere, déspota, arrebata la honra, la fe, la libertad, la vida, tu misión es matar, sáciate, mata, mata y báñate en sangre fratricida.
EXISTE UNA COMPLICIDAD ENTRE
MACHADO

esbirros, cientos de obreros

y

La Cobaña por sus

estudiantes

LA LEY DE FUGA NO HA SIDO APROBADA EN EL CONGRESO
éQué Congreso?

Y

GUGGENHEIM celebradas pueden verlq

Mary Duncan,

vantpiresas de 'la pantalla. Ahora en el cine Prado
asesinados

una de las más temibles y

"Con Zayas tuvimos libertad sin orden. Con Machado, orden sin liberta"d. Con Menocal ninguna de las dos cosas".
¡Estudiantes camagüeyanos! No olvidemos jamás que cuando se es asesinado como lo han sido nuestros compañeros que sonreían al caer.,. Cuando en la playa, rni bella Lola, Tu esbelto talle luciendo vas Los marineros se vuelven locos Y hasta el piloto pierde el compás

Los hermanos Freyre de Andrade han sido

por

l\{achado

"A la ingeren:ia

exffaña,

la virtud

doméstlca"

...y en el cuartel, tambores y cornetas estaaan, tocaan, doadianaaa,..

EL PLAN CHADBOURNE PERJUDICA A
LOS COLONOS CUBANOS

cl afro-cubanismo,

lrr revista de avance,

EN LOS PUÑOS DE KID
CHOKOLATE ESTA LA

cl

cl

vanguardismo,

grupo minorista...

MADERA DE LOS
CAMPEOI{ES

El astuto Ferrara
EI Partido Comunista llama a las masas oprimidas a la lucha contra la explotación

EL AVION DE MACHADO YA
ATERRIZO EN NASSAU

La falda larga, muy ldrga en este invierno No muy sanitaria pero sí muy chic
port de mer. Mer toujours bleu
Ceci c'est La Havane... Expertos, recibió una descarga cerrada que le dejó muerto con tres de sus acompañantes.

SE ALQUILA EL PALACIO PRESIDENCIAL Hevía, Céspedes, ¿qué más da! con tal, que
sea

una persona decente, un caballero

El capitán Calvo, Jefe de los

REPUDIAMOS LA ENMIENDA PLATT Grau, Carbó, Irisarri, Portela y Franca Penta quiere decir cinco

sous un ciel encore plus bleu
208

N

EL SARGENIO TAQUIGRAFO FULGENCIO BATISTA'
QUE DESDE AHORA ES CORONE¡,

La

Compoñía Cubana de Electricidai no

*'o

4 Antonio Guiteras
ametrallan

¡Bombardeen el Hotel Nacional! ¡lVIe' á toOo el que resista en el Castillo de Atares!

Pedraza ha puesto a los cubanos a acostarse a-las nueve de la noche

El

Isotta

italiano, h Farlna y

IO DE I,.ARZO DE 1952
Ios conjurados -capitanes y tenientes de la guarnición de Columbia- recibieron con muestras de entusiismo a su
CABEZA

De venta EL GENERAL MEI{DIETA LE ARRA\ICO-LA A UN GALLO, DE UNA MORDIDA
PORQUE NO PELEABA BIEN Si a tu ventana llega

Una paloma, Trátala con cariño

El timbre de la puerta sonó incesante,
lante.

agudo, irri-

Que es mi Persona...

se aproxima! iVerdugos, vuestra hora

-Mira drón-. Abre con cuidado.
za

a ver quién es, Ritica

-dijo

el senador Ce-

Cedrón se paseaba por la sala, llegaba hasta !a terray la luz intensa reflejada en las blancas,baldosas de lu terraza lo ¡echazaba. Retrocedía a grandes pasos hasta la puerta del cuarto y giraba allí. Mascaba un largo Corona número uno sin encender. En el sofá, los sena_ dores Veitía y Sánchez Herring miraban en silencio el ir

y venir.

-Es Márquez -dijo Ritica. el El senador Márquez entró con mismo aspecto
bulado de sus colegas,

atri-

-Parece que hacer.
210

que todo se ha consumado. No hay nada
27t

-preguntó

-¿Y el Presidente? Veitía.

¿eué se sabe del presidente?

y me dijeron que se fue a las pro_ fuerte con los regimientos leales

-No lestn simbólica.

importa, con unos cuaritos basta. Es una pro-

-dijo Márquez. boberías -No hables -dijo Cedrón- hay que ser realistas. -..-\l rgalid3_d es que Batista ha tomado el poder _ dijo Sánchez Herring.
no se sabe. parece que Margolles en Orieny Martín te -Todavía Elena en Matanzas siguen fieles a la legalidad -dijo Veitía. a. La legalidad es el poder. ella el poder. De ahoia en
santificado por

_-¡Eso es absurdó! ---+omentó Sánchez Herring-. la guerra civil, la sangre! es un momento en que se juega el todo por el -Este tod-g, O_ se es digno hoy o pe deja de sJrlo para siimpre
¡Es

encendió el tabaco-, antes hablar -Ni -Cedrón dc salir de casa €sta mañana llamé allá: el Capitolio e¡tó rodeado por la policía. Además yo m€ siento mal totluvía, no estoy para acrobacias. que yo no sé cómo has podido mo-La verdad es Veitía. tu operación reciente vertc con -dijo querías, que me quedara en casa y me pren-¿Qué tllcran? lo peor ya andan cazándonos por ahí

-es-A ¡rccutó Sánchez Herring. Márquez-, la forma en que Batiscreo

-dijo ln-No ha desarrollado el golpe indica que no
gre,

quiere san-

la

legalidad

itrcsidcnte krs leales.

lo Sánche

Si se

le

se

le saldrá la bestia -dieso me Pr€ocuPa que el a encabezar los regimien-

Ritica preguntó si querían café y todos respondieron afirmativamente. Hubo un largo silencio en el que todos meditaban. Sánchez Herring encendió un cigarro. y chupó con ansiedad. existe un pueblo. ¿Qué le decimos a ese -Señores, pueblo? Márquez-. ¿Cómo vamos a en_ -preguntó f¡entarnos con la opinión pública si hoy no actuamos de acuerdo con nuestra historia? -iQué historia? -contestó Sánchez Herring.la vera no exaltarnos -Vamos -dijo Cedrón-, dad es que ante los tanques no hay pueblo ni opinión pública que importe
Veitía. -preguntó al Capitolio y con,stituyámonos allí eri. -Vámonos sesión para desaprobar el golpe de Estado. habrá quórum esta vez. Hoy menos que -Tampoco Sánchez Herring. nunca

señores, aquí hay sólo dos cuminos: el exilio o el pacto. El poder ha cambiado de nlnnos y no hay marcha atrás. si Prío se levanta en el interior? ¿No crees que -¿Y se asuste y retroceda? Márquez. llutista -preguntó Sánve que no conoces a Batista

-Se chcz.

-respondió
Veitía'

-¿Qué *Voy a ver

pasa con

el café?
Cedrón.

-Ayúdame enlraba.

-dijo Ritica, en la cocina, terminaba de colar. a Cedrón que a preparar las tazas -dijo

-preguntó

El senador abrió un anaquel de madera y tomó una pequeña bandeja dorada colocando sobre ella cuatro
lrtz,us pequeñas.

¿Qué sugieres, Márquez?

-Gabriel,

acabo de hablar con

mi primo Mayito,

el

-¿,Estuvo teléfono. por

aqul?

-dijo

-No, dijiste que yo estaba --¿Le

aquí?

212

que -No. Dice allí, Columbia está llena de gent€. Todo el mundo está todo el mundo está tista y uniéndose a é1, ¿por qué no vas trl también? loca? yo me debo a un partido. Además Ia -¿Estás no está clara todavía, aún puede haber camsituación piede cam_
habl-ando con Ba-

-¿Ya
-Soy llrlr¡do.

están levantados
no.

los

viejos?

tr'cida de su padre Ie contestó "¿Qué hay, qué pasa?". yo, papá. Dicen que Batista dio un golpe de

-Todavía en Ia puefa del cuarto. La voz enraDascal tocó

bios.

. y vete mi consejo. Manda a todos ésos para el carajo -Oye para Columbia. -No, no, las cosas no son así, Además ¿tú no te das cuenta que ellos están ansiosos como yo de buscar una salida a su situación!

Ilscuchó el ruido del bastidor vuclto en una bata de casa.

y su padre

salió

en-

---¿Cómo? ¿Eso es cierto? --No sé, pero las estaciones no dan noticias. l)ascal llamó a María del Carmen:

'-María
--Sí.

A

¿es verdad lo que se dice? papá, le avisaron de madrugada
pasar?

y

se fue.

l)lscal llamó a Marcos Malgor. La madre respondió tullo¿o-.n," que Marcos se había ido temprano a la mi¡ó su reloj que descansaba dio una ducha y se puso una
vez este año que usaba guaI l rr iversidad.

--No sé. Nadie sabe nada. Aquí el teléfono se cae trhirjo ds gente que pregunta lo mismo.

-¿Y ahora qué va a

--¿A
¡rl

l)ascal colgó el teléfono y salió. dónde vas, Luis? Hoy no es bueno andar por
Universidad.

rl.

las.

No había periódicos porque era lunes y Dascal se entretuvo en mirar las fotos de una viejá revista mien_,. tras le preparaban el desayuno. Fina salió de la cocina con la humeante taza de café con leche, ha enterado? Dicen que Batista so -Caballero, ¿se metió en Columbia. . -No hagas caso, Fina. Son bolas. Siempre bay bo.

necesaria.

--Voy un momento a la

. -No caballero, es verdad. la guagua
vi

dias afuera. Hay movimiento. todo el mundo diceBatista dio un golpe. Dascal encendió el radio y recorrió varias estaciones. Sólo música. En lugar de los noticieros maünales se esi
cuchaban guarachas at4

Mientras venía para acá las estaciones de policía con müchos mJ

¡trrrlujo un saldo de dos muertos y varios heridos.

Sc movían como hormigas, zigzagueando, disparándu¡c decididamente hacia una dirección para retroce-

y danzoneg.

l:

tlfr cn

seguida

y

buscar dg nuevo, dudando, tentando
210

-Algo, golpe o nada. ¿Quién dirige -Nadió ¡los. Eso es todo.

-¿Parattádu, pnra tenerlas, para hacer algo. -Para ¿qué cosa es algo? Se intenta un contraesto?

qué quieren las armas?

dirige nada. Los muchachos estÉn excita'

-No hnces aquí. No hace mucho me diiiste
luperado todo esto. tú que haces aquí? -¿Y por curiosidad, a enterarme

te entiendo, Marcos. Primero no entiendo qué que ya habías de
cosas'

todo.

Marcos al verlo. -¿Qué -preguntó -No sé siquiera lo viejo. Vengo a enterarme de

sabes de nuevo?

-Viñe vas a Pelear? -¿No dudó un instante antes de responder' Da"scal ¡s voy a Pelear. -|r[e, qué no vas a Pelear?

-¿Por creo que es inútil. Lo mismo da una -Porque que otra, Prío quó Batista, es la misma mierda' otra ru26n2 será -¿Noqué tePor refieres?

cosa

sé. nadie sabe nada. Hay que esperar. Batis_ ta-Noavanzado demasiado para que'lo qu" ," intente ha ahora
pueda resultar. qué intentarlo, entonces? _preguntó Dascal. -¿Para hay que hacer algo, No sé, -_ Caminaron hacia la plaza -Cadenas y Marcos Mal-

-¿A nada. -A he tenido un arma en mi mano'
-Nunca fácil. es

gor dio la noticia a un grupo de esiudiantes. Hubo y gritos y un poco de-entusiasmo. A nadie le gusta morir --dijo l\,f¿¡sqs- p"ro oo .l tendrán la oportunidad. _.Marcos y Dascal fueron a la cantina de Derecho.
aplauso

-Eso es potque sea poco cobarde' ¿Es eso lo que -Quizás ^quj yo soy cobarde.. quería-s decir? lued3 ser cierto' jnor qué negarló? Ño me gusta la violencia' A lo mefor toy un cobarde. ¿Tú no eres cobarde? Marcos.
-Debe realidad no me
mezclarte.

-No -dijo bueno saberlo, haberlo ser
interesa esta lucha. siempre estás apartado de

demostrado' En

Pidieron dos Coca-Colas. trae las armas? Luis. -¿Quién senador Tejera. prío -preguntó lo ordenó. mismó se -El qué van a hacer con las armas? -¿Y sé, hacernos fuertes aquí. Armar un alboroto. -No

-Tú de sentirte séguro: estar por encima
-Sea aquí. Eso no

todo' Es tu manera de las cosas' no

-Nadie
I2l6

-_No

podrán con los tanque,s ni con las perseguidoras.

va a intentar fajarse con

lo que s€a, es más contradictorio que tú estés lo entiendo. que hay gente que está yendo hacia Co-¿Sabes lumbia a sumarse al golPe?
16.- La

ellos.

-No

lo sabía. Me lo imagino.
Situación

2t7

-Estoy cesila.

unos bandidos. En un día como hoy todo e1 -Son mundo- debía dejar a un lado los egoísmos. tú por -¿Y aquí qué estás aquí, Mar-cos? hoy me ne_ porque Cuba rne necesita,

I

€rmpollno
fleelorndo.

lGnleruc en la escalinata de Ciencias. Masferrer, El y sus hombres avanzaron hacia el portal del

:Mq

-Es una mierda. todo esto es una mierda. me entiendes. -No si muere algún estudiante? Ahí hay gente que -¿Y cree. -No
va a morir nadie.

-dijo :¿Por qué te vas? Probablemente ni !|n lár nrmas
que prometió Prío.

voy

Dascal.

siquiera ven-

Luis- todos son unos liquidado -Torlo está -dijo ctrmcnricrdas. En este mom€nto el único en Cuba que luhc lo que está haciendo es Batista.
tJn estudiante cruzó corriendo
prtt ttn brazo.

y

Marcos

lo

detuvo

'
¿Qué

dijo que no las daba gordito_ pero -dijo el hay.alglnos que hablan de quitárselas por la fuérza:

pasa? ¿Por qué corres? -*,Dicen que los regimientos de Matanzas y Oriente eaycron ya. Batista lo controla todo. -Yo me voy -dijo Dascal. -*Quédate, aquí por lo menos se entera uno de co-

.

*lQué

lEt,

crees?

-No

sé, vamos

a ver eso de

--No; me voy.
Pcrmaneció algunos minutos en el garage, en la misma actltud vacilante, hasta que resolvió tomar un automóvil de ehnpa particular. A su lado ocuparon asientos su hermano Antonio y los legisladores Tej,era y Megías. Detrás marchó el nutomóvil con chapa oficial número 49, con miembros rlt' lu cscolta personal del Presidente. Uno de los altos oficiales, junto al ascensor preguntó si el Presidenle depuesto dejaba algunas instrucciones sobre
el, Palacio.

cerca.

-¿El sé -No sería muy eso no m€ Una parte
218

Marcos Malgor los reconoció y se detuvo. quedarnos_aquí. ¡Lagarto, lagarto! _dijo. -V:q9r a Dascal. -¿:,Qué? -preguntó El gordito continuó y se mezcló al grupo que rodeaba a los recién lleg,ados. Ese es Masferrer. El otro es El Campesino. de la guerra de España?

-respondió ¡lellcra ninguna agresión.

--Sf

el contraalmirante-. Dijo que no se re-

pacto con cl -Ahora el P.A.U.
Montes

debías arrepentirte de no haber aceptado cuando te lo propuso García
Ritica.

no fuera hoy.
enemigos.

Ei'

-Eso Itrira a Castellanos... -respondió

-dijo nada no es
alcalde?

el

senador Cedrón-

I grupo y

fue

-¿El.. -Sí,

tenía un pacto con Batista

y lo

rompió hace
ale

pocos días. Ese sí esbá chivado porque el mulato es r€ncoroso y su veneno no perdona.

tú cómo andas con él? -¿Y bien ni mal. Nos conocemos. Siempre me -Ni saludado con afecto. Nunca me he enfrentado a é1.
-B¡f6¡gqs sí. que -Creo cafeeee! Márquez. -¡El volvió a-gritó Cedrón la sala.
tienes chance.

ha

I,o cierto y evidente es que como resultado de todo ello, se ha derogado una Constitución que nos costó mucho trabajo hacer y a cuya adopción concurrimos los mandatarios de todo el pueblo cubano. Lo cierto es que se ha frustrado una gran ilusión de la voluntad popular. Me siento por dentro una gran desolación de ciudadano. Les hablo en nombre de todos los cubanos que no tienen esa facr.lidad de que yo dispongo para decir su anhelo donde todos lo oigan,

¡3 a Alcjtndro o a Cristina. Desde el incidente, si se b prrdlu llamar así, en casa de los Mendoza, no había lla¡irndo n Cristina y ella tampoco daba evidencia de lntcr€rarsc cn é1. Carlos le dijo que se encontrarían en El Carmclo. fle ¡lrescntó con un grueso yolumen bajo el brazo y Darcnl lcyó el título furtivamente al ponerlo sobre la 66¡6: "l)el New Deal a Pearl llarbor". Hablaron de golpo y Carlos le informó que se sintió mal cuando se
lRteré dc la noticia, pero que habló con su padre duranle ol tlcsayuno y tenía razón: el relajo era demasiado ¡f6n(lc cn Cuba y ya era hora de que alguien terminase

Bc rlctuvo en ün café y llamó por teléfono a Óarlos' He qttellt ir a casa de los Sarría por temor.a €ncontrar'

cfrR erc estado de cosas:

bía refrescos; el sol no estaba muy alto y aún no había comenzado a arder sobre la piel y era muy temprano en el año para que lo hiciera, de todas maneras. Todo es_ taba tranquilo y las cosas transcurrían normalmente, como todos los días y Dascal subió a una Ruta 26 en la esquina de L y 23. Nadie hablaba: los pasajeros iban en silencio y aún el chofer y el conductor no intercambiaban sus comentarios habituales, un esfuerzo notable dada la circunstancia. Dascal se entretuvo en l€er los anuncios en el techo: Optica El Anteojo, Foto Núñez, Tome Kresto. Aban donó el texto y se entretuvo con los colores y las líneas de los anuncios hasta que el autobús se detuvo en Paseo y Línea. Echó a andar con el calor del incipiente verano que le exprimía las costillas.
?2Q

Luis Dascal caminó por la calle L en dirección a 23. Nada sucedía en la calle. Los autobuses se cruzaban cargados de pasajeros y la gente los esperaba en las esquinas y los billeteros exhibían sus billetes y vendían a veces y las cafeterías estaban abiertas y la gente be-

,l

,

el ganstelismo, el robo del teNro público, la demagogia obrera; todo eso estaba ha€ienrlo imposible el desarrollo del país. Batista traía la tista respüu y lil tranquilidad para defecto: ¡relnht las tradiciones. B dada la ;l lendencia a gobernar c rlluución del país ese defe,cto se convertía en virtud. l)rwcll dijo que a él le daba lo mismo uno que otro y que cl golpe de Estado venía por lo menos a sacudir la Iullnu diaria. Decidieron dar una vuelta en el auto de (lurlos para ver cómo lucía La Habana. lll tráfico era desviado frente a las estaciones de policía. Los guardias llevaban la chaqueta desabrochadr¡ como señal de adhesión al golpe. Cruzaron por Prado cn dirección al Parque Central y vieron los carros rlc nsalto frente al Palacio Presidencial. Varias perse¡uitloras bloqueaban el acceso al Capitolio. Para retorttur al Vedado tomaron por Reina hasta Infanta y dohlnrcln por San Lázaro. Frente a la Universidad aguar'
rlrrb¡r

un grupo de perseguidoras con sus hocicos de lata [puntando amenazantes hacia la colina, arrullados por cÍ murmullo de los radios en los autos policíacos que enrilían órdenes y cifras para los mensajes en clave. Junto al Alma Mater un altavoz gritaba consignas con
221

tra el golpe de Estado que ¿penas eran escuchadas pot la gente que pasaba apresurada por la calle San Lázaro. Los policías rieron cuando el altavoz escupió enérgico: "¡Batista, asesino de Guiteras!" Carlos lo invitó a su casa para tratar de enterarse de nuevas noticias. Dascal mintió diciendo que iría al periódico para tratar de informarse. Hacía varios días que no iba por allí pretextando una enfermedad y hacía que su madre enviara recados al señor Duarté informindole del progreso de "un fuerte ataque gripal',. Mientras conducía por el Malecón, Carlos le dijo que pensaba irse a New York para aprender pintura. Iba a ingresar en una academia de artes plásticas y salir de todo este ambiente, Su padre no le demosiraba confianza, lo miraba extrañamente por su vocación artística. No se sentía bien aquí. Ultimamente su madre y su padre andaban embrollados, no se hablaban. La situación en la ra colmo, el mu_ Dascal dijo secaa a New York y

Éldur de la República, tengo una investiduta pública, U¡teUel también. ¿Qué hacemos aquí? Vamos a pensar. Hg¡te nhora no hemos recibido ni una noticia, pero ni Bññ role* de que un senador haya sido detenido. Existe 9ñ nuevo poder Por encima del deber partidista tenemo¡ un deber con el oficio público: ¡somos senadores! :E¡u nueva modalidad del estado Márquez-dijo lnoluyo la supresión del Poder kgislativo. qug nos indiquen. -Mtry bien, entonces al lugar Entl¡ln formará otra cosa, una Cámara de Consejeros, Uñ L-'uerpo de Asesores, algo, Ahí debemos estar nosotfo¡ pnra ayudar a ori€ntar a la República. ' -*l,Qué sugieres? Cedrón. -preguntó '*Nada, ir a Columbia, ver cómo está la situación. --No, eso no, por lo menos ahora no -dijo Cedrón. *Pr¡es ir entonces a la casa y esperar a que nos
llenton.

men.

de María del Car

:Bntlsta no nos llamará. En este momento sólo va a Veitía. Oonlnr con los suyos que hacer! No podemos quedaralgo hay -dijo -¡Pero not nquí todo el día.
a ''=-Vamos -dijo *Prfo es un idiota Sánchez Herring' -respondió *-Un hombre que no ha sabido defender el poder. 8o lo han quitado como se le quita un caram€lo a un a esp€rar

ver qué hace Prío

Márquez'

le cuando le dieron la noticia? El "Journal of Comrnerce", la conocida publicación mer.cantil neoyorquilq, ha expresado su optimismo de que el

Irlflo ¿No nos dijeron que estaba ,endrogado en La Cha-

*No

sabemos

esllblecimiento del régimen de Batista ón Cuba puedá significar la adecuada coyuntura para la revisión de las tañ_ fas arancelarias negociadas en la Conferencia de Torquay que garantizaron la existencia de la industria textil cr¡biná.

lol

-Hagan llcrrlng poniéndose su jipi
calobares.

lo

Veitía. si eso es verdad -dijo que quieran. Yo me voy Sánchez

y

-dijo ajustándose los espejue-

qué hago yo aquí? Sánchez He-¿Y rfing perplejo-. Porquel yo -preguntó delincuente, no soy un ¿qué hago aquí como un perseguido? yo soy un s€:

JVamos a esperar un poco más Cedrón. -dijo no, ¡me voy! -No, Herring abrió la puerta y se marchó sin ceSdnchez

flnrlo.
'/

-¿Y ahora qué? -preguntó Veitía. -Ahora... nada -dijo Cedrón.

-Yo sa. Me llaman para
tabaco
uniformidad.

Márquez registró sus bolsillos hasta encontrar un y lo encendió con la larga llama de una fosforera mientras lo hacía girar para que ardiera con

me voy también -dijo Veitía-. Estaré en calo que quieran.

-Vamos €sto.

a esperar,
saldr'á

Gabriel. Algo saldrá de todo

-¿Algo -pleguntó único que saldr,á somos nosotros. ¡Rita, dame un uiskit Rita salió del cuarto protestando:
.. -Tú el trago, coño, y no me discutasl -¡Dame para mí Márquez. -Otro -pidió

Cedrón-. De aquí lo

no

puedes.

Ce dodo una posición de fuerza: el golpe de Bstado lo €Fñlagl¡ba todo, se extendía o los palacios del gobierno, t l¡ culle, a la conciencia. Permitiéndose satisfacer esta éUllotl*J¡d se convertía €n un secuaz de Batista. Si en 6ltnr ocasiones no se habría permitido este espontáneo prt€o ¿por qué hoy? ¿Por qué precisamente hoy? celló ln puerta y volvió al pasillo y por él a la terraza del tondo como otras veces. Se apresuró temiendo s€r sorptcnd¡do en su profanación de la intimidad. Bncendió un cigarro. Carlos no había querido acom. pnñnrlo. Ca¡los quiso volver a su casa y esperar la llcgn¡l¡ de pu padre para escuchar noticias. Carlos vive Oon el cordón umbilical intacto, pensó Dascal, y el cor-

Si

la

serenidad

mfnimo de alarde que a reserva de lograr la cordura de Ia balanza la t

y

rlón umbilical lo une no sólo a la madre sino al padre lnmblén y a la casa del Vedado y a los recuerdos en cada rincón de la casa y a los primos y tíos y a la casa quo construyó el abuelo en el Central Manuelita. Tamblén lo une la inseguridad del que nunca ha construido nndo con sus manos. En este momento en que se ha vlol¡¡do el orden establecido, Carlos acude al criterio del orden establecido para encontrars€, para saber dóndo cstá pisando; no puede, no quiere pensar. María del Carmen entró con unos slacks ajustados
una blusa.

María has sabido nada nuevo? -¿No -pr€guntó dcl Carmen.

María del Carmen hablaba por teléfono cuando Dascal entró. Aún vestía un pijama de nylon y una bata de casa. Dijo que hablaba con su padre y que no habl¿ ' noticias claras de la situación. pidió permisó para cam- ; biarse. Dascal recorrió la casa mientras esperaba. No se sentía intimidado, como otras veces, por la pretenciosa decoración; el golpe de Estado había rebajado el esplendor de los Cedrón. Dascal abnió la puefa de la biblioteca. Sobqe un estante de libros dos bustos: Ma_ quiavelo y Napoleón. Se sorprendió a sí mismo actuan,,
,

que ha hecho Batista. Ha retrasado -El Cuba veinte años.

-¿Lagolpe, lo

lo mismo -No,terrible esto. tú creo. . . -Es falta de noticias?
que

lo

que se dice.
a

crees? -¿Tú no crees? -¿Tú sé. -No te das cuenta? Con Batista desapareco la li-¿No bcrtad. Batista es el asesinato, la violencia. Ahora vol-

veremos

a estar como cuando Machado. Había

costado

mucho tiempo

el

rescaüe del poder civil.

2i2A

poder civil, el gobierno civil. Ahora rnandan -El los militares, ahora viene el poder de los brutos y zoquetes: de la casta militar. Cuba no hay casta militar. Hablas como si

'

¿Qué poder civil?

[¡llldad;

-Pero macristi.

-En fuera lAlemanfa. Aquí llay isargen[icos aprirvechados, oficiales con mentalidad de chuchero de barrio. crean un estilo de gobierno: la fusta, el pal-En tellas y mandaban a asesinar,
el fondo es lo mismo. Grau y prío daban bo
había {,ibprtad, se podía hablar. Esto era

kl¡ lrelclones, parricidios, incestos, conspiraciones. Tolh hcrojfa termina siendo ortodoxia. Bl poder es la Hdn porque ennoblece lo que toca. :B¡o es cinismo, maquiavelismo... no sé. La molll no o¡ tan relativa como todo eso.
pttco dc sí mismo, sin negar algo de lo que antes creyó. . *lh cierto que los ideales de la Revolución del 33

bueno, pues detrás de todo eso hay asesins-

*Desde el punto de vista de la moral absoluta la polítlcn es inmoral, el poder lo corrompe todo. Nadle hn podido gobernar a los hombres s,in p€rder un
no ¡c han llevado a cabo del todo, pero una parte se hn cumplido. Grau y Prío hicieron un gobierno liberal,

-Aquí una democracia.

también será una democracia. La democra-Batista cia es un nombre, Cualquier nombre es bueno. no dejará hablar. -Batista hablar; lo que le conviene, como dejará Grau

'do

y -Sí Prío. uno de los errores de Grau fue el libertinaje, el -No, de libertades. exceso
es -No consecuencia de
hagas castillos

lzquierda, de servicio al pueblo. -.¿De veras crees eso, María del Carmen? ¿No trallr tle engañarte? Grau y Prío hicieron lo mismo que haró Batista, lo mismo que hioieron todos en Cuba

en el aire, María, la legitimidad la audacia. Lo que empieza siendo una nota disonante termina armonizando. El cristianis_ mo era perseguido en Roma y ya ves, dura desde hace veinte siglos co os apóstatas del siglo quince Oe ias igtesias

dolde Diego Yelíuquez y lo mismo que harán todos fllontras el mundo sea mundo. s¡ss, de veras. Tú eres muy pesimista.
tazoncs para respetarlo. ¿No es él

-!rfs soy pesimista, pero tú tratas de justificar a pudre, lu-No perdona que te diga eso, tratas de encontrar
la Revoluc;ón del 33? yo creo en el Hombre. -No; me hagas reír. La condición humana es inva-

protestantes cia y esto y lo

la

democranobles

*¿Qué crees
F'¡lado?

rlcble.

-No

que debe hacerse ante el golpe

de

franceses. Toda intención ilegítima termina siendo galidad si insistes en el tras bastantes buenas r

potro de tortura en el siglo dieciocho por los

ilevados al

la

le-

la

resocazadoresalos rreros y en la guerra han demostrado cualidades excepcionales que los han llevado al reinado? piensa en
monarquía británica, santa

que todos los reyes no

-Nada... Ittación, Seguir viviendo igual que siempre bajo nuevas lnaneras. Batista impone un estilo de gobierno. Para fugnr hay que aprender las reglas del juego. -Yo

mejor dicho: adaptarse

a la

nueva

si-

respetable, tradicional hasta
226

el

y

-No, Luis, no, no. Hay que resistir con todo lo pOlble. Si no oponemos una resistencia seremos culpnbler del golpe. no soy culpable de nada, yo no contribuyo a
nnda,

buena, estable, sólida,

exceso,

el colmo de la

-Pero

tampoco impides.

-Lo

-Pero

que yo haga no lo impediría. mucha gente sí pu€de tumbarlo.
empieZa

-No, ahora.

-¿Hoy?el golpe está consumado. La lucha

-¿Y no sé, pero algo habrá que hacer. Todavía no podido localizar a Tony he-Yo -dijo María del Carmen, que comenzaba a irritarse con Dascal y puso un énfasis
apasionado

-Eso no lo harías, tú qué vas a

lo que empieza son las carreras para insta-Ahora larse en el jamón. Sinceramente apruebo a toda esa gente que está corriendo hacia Columbia. Si yo fuera político baría lo mismo. es mentira; lo dices, quizás lo piensas, pero
hacer?

,'

Fa¡cul nlmorzó en su casa y durmió una si€sta. Se d¡rperló s eso d€ las cuatro y buscó los periódicos *l dumingo y encontró en los anuncios un buen pro' lf¡ma cq el Trianón. Llegó al cins cuando abrían Ia Iequllln, compró un cartucho de bombones y se sentó 3€ñ lnn luces encendidas a observar la pantalla blanca flU€ lcnfa un imperceptibe desgarramienlo en una es¡iulna, t.os luces se apagaron y apareció el león de la Helro y se olvidó de todo. A lus ocho de la noche salió del cino y vio un gru' É€ c(tnversando en la esquina de Línea y A y caminó hr:le allf. Eran periodistas. Conocfa a Antonio Telles Atrrn. tle Ia redacción de "Información' y le preguntó. . Ptlo ¡c habla asilado hacía un rato en la Embaiada

más. No sabía qué decir y jugó con un cenicero de loza. María del Carmen se excusó y salió un instante y al volver dijo que el almuerzo estaba servido, que si quería comer con ellos. Dascal dijo que no y prometió que llamaría si se enteraba de algo y se marchó.
Batista dijo a los reporteros de las agencias cablegráficas que su gobierno era "transitorio y que propiciarla unas

con la que no tenía nada que ver y deseó una excelente combustión purificadora para María y no quiso hablar

cilante de

et el algo. Dascal intuyó el surgimi€nto vala llama sagrada conopida por patriotismo

€c México y estaban esperando por si concedía alguna lñlrevista o entregaba declaraciones. El resplandor de Un flnsh iluminó la calle. Dascal siguió caminando ha¡l¡ ott casa. Detuvo a un vendedor de periódicos, compló uno y leyó los titulares bajo un farol:
DEPUESTO CARLOS PRIO

POR

BL GENERAL FULGENCIO BATISTA El Presídente Carlos Púo deió Palacío a las 9 de la mañana

Y SU GOBIERNO UN GOLPE MILITAR QUE ENCABEZO

a

elecciones justas y honestas inmediatamente que la situación fuese normalizada". Una de las primeras medidas adoptadas por el General Batista fue la de aumentar los sueldos a policías y soldados
150

EL DESARROLLO DEL MOVIMIENTO EN EL INTERIOR
Cabrera, Soca y Urla llegaron a Miami

y

1ü) pesos respectivamenüe.

tencia escolar es muy pobre. Singular tónica acusó Ia radio hasta la una de la tarde: ni una sola notícia ni un solo comentario, sólo música. Cada esüación de radio fue ocupada por policías con armas largas.

Puede decirse que luego del golpe de Estado la maquinaria administrativa se detuvo: la basura se acumu,la en muchas calles, las obras públicas están paralizadas, la asis-

€n un avión militar

REITERASE QUE NO VOLVERAN LOS COMUNISTAS A CONTROLAR LA CTC Todo indica que EE. UU. reconocerá en seguida al régimen de Batista
229

w

)ff.-'

se nos va.

Aquí no ha pasado nada.

iIN I¡AI)RE DE LA PATRIA Ali ttlttscurrió la hora de los verdugos, así sucedió aqnrll,t'. confuso, vidlento, poderoso, un mar embrav,ecid¡ ttrntn::ando a mordidas los arrecifes: así era Ia embs¡¡thltt utxo negra humareda que ascendía al cidlo de-

ii

'i
l

I

l

dr l').'1,5 y ha.bía que responsabilizarse. Cedrón se detut\t rtt rl Salón H. de la Manzana de Gómez y pídió un lyg' lr piña bien frío. Eran las once menos cuarto y latt¡t, (lrtc hacer tiempo para llegar en punto a la cita tnil tlon Ernesto Menéndez.
Fet,,
290

a Laurita? ¿Cudndo vio morir a Trejo? ¿Quién gr¡¡ t¡ttitttt a 'la hora de Ia muerte? La hora de la muerle, l¡¡ l¡¡¡¡a de los verdugos y los mártires, Ia hora de hti tttios que pasdn sín sentirse, la hora de luto, de 'la dlrgritt. de Ia vida, la hora de la Revolución. I',)¡ltt cra una hora diferente. Comenzaba dl buen año
¡'1t¡¡t,t'i,i

lñuh' lu tierra cubierta de cisco; el gran torbellino besllul t¡ttr lo arrastraba todo a su vórti:e de sangre. (Jna ¡áltyt da una hora, de cinco años, litthritl. Cedrón vívió durante'la Revolución, hizo la Rtt',,lurkjn y ahora una masa conlusa de impresiones ilit¡,rr,rrt:;, una rálaga diluida se Ie escapaba. ¿Cuándo lhi,i tlc Sagua? ¿Ayer? ¿Hace treinta años? ¿Cuóndo

lirrtntndo Orozco habrla dicho que eso era claild{l,t't'o Fernqndo no podía decir nada ahora poi

ii

il
ir
,

su luneta ,en la de Fernando. E das se contonecl ceaba su vientre adiposo con movímientos lascivos, cuando Fernando se sentó junto a ét y Ie puso un paquete en sus manos. "Me eslíán slguiendo, Tiene dinamita. ¡Desaparécelo!1,' Y se fue. Gabriel aguardó cinco mlnutos antes de deior el p* quete en los servicios, junto al inodoro, Cuando saüa escuchó los disparos y siguió caminondo y una cuadra mós alla vió a Fernando muerto.

El Teatro Shanghai tenía ent cartelera, como slem, pre, un pésimo

Changaí!"

estaba muerto. Muerto, muerto, bien muerto. Gabriel b vio con el vientre lleno de aguieros perfectamenle redondos y la cabeza rpposando- en urut mancha de sdngre oscura y los pórpados abiertos mostrando el hlanco del globo ocular y la pa7 en su rostro,,la paz. Se habían citado una tarde en un calé de Ia iaile Znnja, Gabriél bebía un coñac cuando vio venir a Fernando y supo en su gesto que lo venían siguiendo. Fernando plsó rápído junto a su nTesa y le dijo: ,,¡En el

hyel¡a gen*al revolucionaria lubía llegado

l¡)l dla que cayó Machado
Tlrano.

ranwió la calles' La a derrocar

el

'l'ttntó rcna máquina de alquílet an San Lázaro y se dI(ó en él Parque Znyas, Contempló un largo rato eI Fnltx'kt Presiden:cial y al pueblo enfurecido. Caminó dequés por toda La Habana donde lanizaba con'los soldados Y vio las dw y el entusíasmo de la gente le
euúpido.

Durante ese verano conoció

a Ernesiina Guiral

en

Gabriél deió de vet a Laurita y comenzó a frecuen' a Erneslina, Erne'slina estaba ansiosa de escapar de padre y se casaron en dioiembre. Don Ernesto le lu uuttientó eI sueldo y diez meses después, exactamente ll 15 de Octubrg de 1934, nació María del Carmen' Aquello to aleió aún más de'la actividad revolucionaria ,v r¿husó colaborar con los grupos que preparaton la
tur

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Sumner Welles ayudaba a delrocar a Machado porque eI caos islefio no agradaba en lüashington. Después de la muerte de Fernando no se alrevló en

rl
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Ia casa de 'la calle Gervasio y lloró al verlo y la madre de lloTan¿q "¡Mi hiio, mi hijo!"

habían renacído las ambiciones' gro, cuando ocurriese, le d Don Erne'sto lo recibíó

La

muerte de su sue-

Siempre

le

gustaba drama

briel era un buen muchacho. Con sus más

Irraciones se¡ias.

Entló

en

y

sus menos

82
,

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16.- I,4

Situa,ciórl

FS

li il
I

ii

ya tenía diel años en el bufete. Claro que

hubo

Pero ya era hora de sentar cabeza: "A Ernesto, hijo, lo he asocíado al bufete. Tú eres buen amigo é1. Han hecho la cdrrera iuntos. Has compartido tra me'sa. Te has casa:do con una muchacha de e famíIia. Gente honrada y trabajadora. Tienes relaciones, No eres tonto y eI matrimonio domestica más cerrero", En suma, era hora de que Gabriel C formase parte del bufete. En adelante seria y Cedrón. El se retiraría en breve y aunque ellog ban al tunto de mucho, aún había asuntos que les taba por conocer. Tocó una campanilla de plata y entró Ernesto lunior, que le dio un gran abra7,o. Fernando estaba muerto, Esto era el inicio. Un bulete como eI de Menénde4 daba contactos, prest,ígío. Estaba en circulación en eI mundo de los negocíos. Haría dinero. Y no hctbía qué estur separado cte la pdlítica. Quizás algún día
postularía pd"ra representante, para senador,

somos revdlucionarios y socialistas en la juventud. males ínevitables, como el sarampión y Ia tos

etapa de locura que más vale no hd.blor de ella,

qcu' ftéfrld anle 8u mesa, hoieó'la conespondencia tntñana, y comenzó a firmarla: Con un ¡ de I¿

cnn lantllud, Estaba en el camino' Todo era de llcm\o y lrabaio. La cíudad era suya-

rwr¡llat, Ssbrlel Cedrón. Con un saludo cordial, Eedrtln, Con un saludo cordidl, Gabriel Cedrón'

gos y ninguno podía reprocharle nada. Casi todos ban haciendo lo mismo que él: preparándose un futuro; No se puede ser comemierda toda la vida. Su suegra tendría que morir. Con el tiempo podría comprarse un chalet en el Vedado. Viajaría todos los veranos a New, York con Ernestina. Alguna vez se llegaría a parís, Hay. que ve,r París aunque sea una vez. María det Cañ se casafia con alguien que fuese alguien. Gabriel entró en su oficina. La ventana estaba abier-, ta sobre el Parque Centrdl. El aslalto reverberaba con el intenso cdlor. La cúpula darada del Capitolio brillaban al sol. A'lgunos autos cruzaban frente aI Centro Gallego y se perdían por Prado. Abajo, las figuras dim¡inutas de los peatones, con sus traies de dril blanco,
w4
296

nistro, ¿por qué no? Era posible que sus amigos antimachadismo lueran poder, Seguían siendo sus

o

sería mi

IFlclto Da'I'EMPoRADA
tlH
Rancho BoYero ñooher do ene elneo ¡rcdos sobre

Éi¡fttltaba cle diec Itmblén, cnpecialmente en

Ctr€?€lo re recalienta con el sol y despide un vaho €tlelnnntc u través del cual se v€n los objetos distantes eam¡l detrfls de un recipiente con agua. Muy raras veiÉt, Gtl loc meses de verano, una brisa viene a refrescar

el

aeropu€rto:

la

pista

de

ál n¡oblo' A e¡to dcbe un'i¡se el ruido de altavoces, la vocinlbtla dc los pasajeros y el poderoso eslruendo de los holrlrcr, Sería un lugar desagradable si no tuviese a ¡H favor la deliciosa sensación de aventura que un vlnlo plovoca. Además, pos€e un bar refrigerado con ¡rnrrtlcr ventanales de cr;stal teñido que permiten ver El movimiento de los aviones. En este bar, con un daiqrrlrf lrelado en tlna mano y un maletín en la otra, uno puerlc sentirse un pequeño Marco Polo en vísperas de In prrtlda a CataY. (lnbriel Cedrón estaba en el bar del aeropuerto do Fnncho Boyeros con un daiquirl en una mano, Ritica hrhfn también un daiquirí. El altavoz anunció la salida ilul vuclo 462 de National Airlines con destino a New
?31

York. Ritica vestía un traje sastre de pequeños cuadros blancos y negros. En la blusa, un pasador de brillantes
obviamente reales.

*Bx

renador. Ahora soy consejero

cÓnsultiYo'

¿Y

Cedrón habló del calor porque no quería hablar de lo otro. Dijo que allá afuera el calor debía ser insoportable. Su guayabera blanca de hilo, muy almidonada y recién puesta, no tenía arrugas aún. Comenzo a jugu€tear con el pasaporte y lo abrió de golpe. Sobre el papel azul, un nombre: Rita Silva, y al lado su fotografía, de excelente calidad para la premura con que fue hecha. Cedrón dejó caer el pasaporte sobre la mesa y Ritica lo recogió colocándolo junto a la cartera y los guantes. Cedrón acarició los guantes grises de cabritilla.

-Despedía :¿'l'o ent€raste de lo de Placetas? *Ho oldo algo. :¡.'fú crees que a mí me hace falta secuestrar a los allí doÉgo¿os de ia municipal? Si yo fundé el P'A'U'
controlas bien ese término. . -*Claro quo no me hace falta. ¡Secuestrar! Como si t|no fuera un delíncuenfe o algo.
vloJo,

Gabrielón? QUá hnces Por aquí, = a la señorita Silva.

JTú

-Llevan tratar -Para tes siempre.

-dijo ponerse así para viajar. -Hay mujeres se culdan mucho para los viajes. -Las los cuidados no son suficientes. -Todos guantes y todo.
-Estásque
alguna gente habría que llevar guan-

muy elegante

el

senador.

pero me tratan que el -Claro esf. No te freocupes, a sombrerazos gano' Deja entere de esto. Oenoral se que ganas, ese término siempre ha sido tuyo' -S"guto Tú conoces bien. Tú eres perro viejo' -¿Virdatli sirvió los daiquirís con el hielo licuado Bl camarero
dc¡bordando

eres un delincuente. -Trl noque no soy un delincuente,

la

coPa.

Cedrón hizo señas daiquirís frescos.
amargada.

al

camarero para que trajera dos

-Estás no, desilusionada. -Amargada es tu gran oportunidad. ésta -Pero --Mi gran oportunidad ya pasó.

-Tú drón arqueando las cejas coR una expresión-Dijo de inocencia muy cercana a la de un niño que se aventura por primera vez en el misterio de la Eucaristía. viejote! un hombre obeso -¡Gabrielito, -exclamó de gruesos bigotes y espejuelos oscuros mientras le estremecía la espalda con un sonoro manotazo. Gabriel Cedrón se puso de pie. -La
238

-Quizás -Trataré. entiendes lo que ha

encuentres otra.

-Ño, y ya están en el Gueit Dos' ¡rnrn Míami de óomp.us Vlna u comPrar unos tabacos nada más' Encantado, seflorita, Tem?stocles Vargas para servirla. ¡Hasta luego' (Jnbrielote, viejo! Cedrón' buena gente est€ tipo -comentó y tres? -Es puso bombas en el treinta -pre-¿También guntó Ritica. -Sí,
también.

-¿No

Cedrón. tomas nada? -invitó tengo que irme. Mi mujer y mis hijas se van

pasado ¿no?

Oe-

seño¡ita Silva,

el

senador Vargas.

-Todos tres, Siempre están hablando de eso. lo único decente que han hecho en su vida. -Es también? ¿Es eso lo único decente que has he-¿Tú cho? reputación es distinta, tú lo sabes. -Mi un cubano cordial con una familia de la jai. -Eres

tus amigos pusieron bombas en el treinta y

molesta -Te mi rival.mi familia.me ha ganado. Mi rival -Es res que me sienta?

¿Cómo quie.

-Ahora

-Comienzo buena voz. -Tienes ver si le gusta a los venezolanos. Me van que -Hay a anunciar como "Rita Silva, la voz at€rciopelada del trópico". Sería menor que me llamaran ,'La tos medio pelada del cómico". buena voz sonrió. -Tienesbueno ya, chico! ¿Qué quieres? -Gabriel ¿Que te agra-¡Está dezca esto: el pasador de brillantes, el contrato en Caracas y el pasaje en avión? Me has despedido como a
una criada.

tienes una buena oportunidad. una carrera; eso es todo.

con d€stino a Caracas, Venezuela, rnjeros ante la salida uno. -Perdóname, ligo.

y

convocó a los pa.

viejo. He pasado muy buenos ratos con-

-dijo

-Siento Cedrón.

mucho esto. Lo siento mucho,

de

ve¡dad

-¿Vas

a escribirme?

Tú me mucho. -Ni sss me embutes en un avión. -P6¡que desde lo del hospital María del Carmen está -Es muy distinta conmigo. Me mira de otra manera, no m€
digas eso, Rita,
gustas

mi amor.

l¡rs. Caminaron hasta

habla apenas. que he hecho por ti. -Después respondió y trató inútilmente de recordar Cedrón no lo que Rita había hecho por é1. de

lo

-Has fui yo quien te aconsejó que te arreglaras con -dijo -¿NoEl mismo diez de marzo te lo dije. Ya ves. Te Batista? arreglaste y te ha ido bien.
me he arreglado con Batista. Estoy fuera del -No gobierno. Lo que pasa es que tengo amigos que ahora
están aniba.

hecho mucho por mí

Cedrón.

me acuerdo. -No, te preocupes, te estará esperando en el aero-No puerto. Le puse un telegrama.
Los pasajeros formaron una fila
g0r.

-¿Cómo guntó Ritica. anótalo para qu€ no se te olvide: Carral. -Carral; yo

se llama

la puerta número uno. el empresario amigo tuyo? _pre-

y Ritica ocupó su lu-

-Tienes bien.

amigos en todas partes, hijo. Siempre

te

va

padre. su-A

quiero que mi hija sea mi amiga. -También tú mujer también? -¿Y Ernestina la respeto. Tú lo sabes. -A ella no, al dinero que le dejó el alpargatoso

A

de

ella no.

rólo un turno, Ritica salió de la fila y a Cedrón cn la boca. Gabriel sintió por última vez el contacto húmedo y suave de los labios de la muchacha. Ritica

chino, perdóname si me puse así. No seas -Bueno, nrnlo, escríbeme. Acuérdate que yo eitoy bajo tu pro. tccción y tú eres protegido de Changó. No me olvidis a ntnmá. Nemesia te quiere. Cedrón asintió a rodo. La fila avanzaba, Los paNr¡jeros mostraban sus billetes a un empleado de im_ pccable camisa blanca y corbata negra. Faltándole -besó

-¡Si

te pones así me voy pa'l carajo!

lo

abrazó

-gritó

Cedrón.

Slempre serás

y le susurró al oído: ,.Tú ere¡ mi macho.
mi macho".

ALL

-llamó

el

emPleado

en la Puerta

de

emPujó'una

allí agitó un
ente con los

ristal: "Escrí-be-me".

frío. Ernestina le dijo a Ena que pusiera hielo en una y subiera el carrito bar al piso de arriba. Cedrón se quitó la ropa y la dejó en desorden sobre una butaca tapizada de satín coral. Apartó el cubrepiés y se acostó en la cama. La aguja de control del aire acontlicionado estaba al rnáximo: Dyna Cool, y el cuarto se
cubeta

refrescó rápidamente. Cedrón observó detenidamente la lámpara del techo: los brazos bronceados del candelabro se deshacían en
canelones

-¿A s¿s¿, Chicho. Vamos para casa. -[

dónde, senador?

circundados de unas pequeñas pantallas color naranja. Nunca le gusto esa lámpara. Vio todo el cuarto como si fuese la primera vez: el cubrecama de damasco verde doblado a su pies, las cortinas de seda verde fornrando un marco en torno a las ventanas, las dos lámparas veladoras: pájaros de alas abie¡tas antes de alzar vuelo, de porcelana de Meissen (eso lo recordaba bien,

y

estrellitas de cristal; los bombillos estaban

más?... ¿qué más?...

Gabriel Cedrón entró secándose cl sudor
I

y

Brnestina

-pensó y esos espejos y no entregan nada; yo he dado de mí para eso), "El doctor Simson es más considerado porque Díaz Henríquez ya no m€ hacía caso, me r€cetaba nsí como así, sin analizarme bien, Simson es mejor". (Es lo único decente qu:e hemos hecho: tfuar píedras contra Machado). "Claro que las radiografías me sa-

lo pagó muy caro), el cuadro con motivos chinos en la pared opuesta a la cama, el Sagrado Corazón sobre su cab€za, el gran espejo que cubría los closets (Ernestina mantenía abierto el de la derecha mientras colgaba la ropa), el gav€tero laqueado en negro, el juegó de cepillos con sus iniciales sobre la cómoda. Ernestina comenzó a hablar mient¡as colgaba el saco en el perchero. No se detuvo un instante y encontró cosas que decir y habló definiendo los contornos de la muerte que siempre le preocupaba: "Ahora es Procholón, nuqca saben ¿qué van a mandar? (Todo se supone que sea 'lujo Cedrón-, es luio esa seda

242

-Sf, alquller.

guárdalo. Si acaso salgo llamo una máquina de ¿me puedo ir?
temprano,

el carro

, Ernestina abrió
bar.

la

puerta para que Ena ent¡asc con
¿Te

-Hazmebebió acostado mientras Gabriel el frío creciente le calmaba el ardor de la piel. Ernestina terminó de ordenar el cuerto y al salir dijo: ahora en adelante, cuando te sientas algo irás -De a Simson. ¿Me oíste? Simson es lo mejor que ha-y aquí. Gabriel no repondió y Ernestina ce¡ió Ia puerta v cuidadosamente. Recordó a Laurita cuando era-bella. a

-{lui

está

el

tu trago, Gabriel.
favor,

lo

preparo?

Chicho dio las gtacias y se iba a marchar cuando el *nndor le preguntó si tenía novia. Chicho dijo que sf; pcnsaba casarse pronto. "¿Y qué harás deqpués de la hotla? Tratar de servir an senador lo mejor posible. ¡Chichoo, Chiichoooo, no seas adulón. Ctrictrol Todos hrs Chichos que siwen a los Cedrones ¿son así? Son así. Yo seré la sombra fiel del senador si me ayuda a suhir. ¿A subir? Eso quieres entonces, Chisito, ¿subir? .¡,Subir a dónde?" Oedr,ón dijo que le agradecía su lealtnd y que lo ayudaría después qu€ s€ casara. Chicho clijo que hacía tiempo quería pedirle, pero no se atrevfn, no sabía si era un descaro suyo, la jefatura de un ncgociado en la Renta de l-otería que se había enteratlo por un primo segundo de su futura que trabajaba allí vacante dentro de poco... si el senapudiera. No, rlor -quedaría a á no le era fácil darle ese puesto; que ahora ya no era como antes y que él ya no e¡a s€nador y debía quitarse la costumbre de llamarlo senaclor. "¿No te interesa estudiar, Chicho? ¿Ir a la Univcrsidad? ¿Ser un doctor? Sí, ésas son las cosas que dice la maestra cuando uno está en la escuela, pero después no sirven: después uno crece y anda por la vida y csas cosas no sirven; se quedan en los libros de lectura nl lado de la imagen en colores de José Martí. Desde ln Iotería podía servir muy bien los intereses del senatlor, perdón, del caballero. Mis intereses. ¿Cuáles son lnis intereses? Sus interEses políticos. Ya no tengo intcreses políticos. La política no es importante. lvfire, scnador, no quiero hablar, yo Io respeto a usted. No, habla, habla. Usted está aquí con un trago en la mano cn este cuarto muy bueno con aire acondicionado y cuando salga de aquí yo m€ voy para un cuarto en un ¡olar. Yo quiero vivir mejor. Eso es así, es natural, pern hay gue vivir mejor por un camino mejor. El camiUE

-'Bntonces '-Sí, Vuelve mañana

244

no-miás corto €s la política. ca? De- la política. Yo no

ven quise arreglar el mund los otros, pudimos arreglar

de la potftiando eia jo? Ni yo, ni mundo era

llac. ¿Nunca te ha preocupado Cuba? Cómo no, todos los Veinte de Mayo agarro tremendo jalao. Desde las once de la mañana empiezo a tomar láguer. Entonces, la patria es cerveza. Hay que poner eso en los libros escolares: Ia patria es cerveza; cada ciudadano debe manejar un Cadillac; política es el arte de no vivir en un solar. Yo, en el treinta y tres, cuando el Machadato. . . Pero esos eran otros tiempos, senador. Otros !i.Tnor, estos tiempos. Todos los tiempos son iguales. Todos los tiempos son diferentes. Cervela en el ireinta y tres y ceryeza ahora. ¿Puedo retirarme, senador? Sí, puedes. Oye, cómo se llama el jefe de ese negociado. Mañana mismo se lo averiguo, senador. Está 6ien. Te ayudaré en eso". con sus ca
cortinas
de

quiero vivir mejor, quiero ser alguien, y si usted dice y no pudo... Si llego a jefe de ese negociado viviré atento a lo que usted quiera. Estudia, Chicho, ayuda a tu patria. ¿Qué patria? Esta; la bandera... no sé la definición. A mí me gusta más el Cadique ya probó

más fuerte que nosotros. Entonces fuimos como él quería que fuésemos. ¿Quién? El mundo, como el mundo nos quería. El mundo, la vida, no la política. pero yo

ncstina mientras se envolvía en la bata azul' María del Carmen, sentada en la cama cubriéndose

puso

i.n.io -oÁttaba la c-oloración y turgencia de los pezoncs. Tomó el auricular. Era TonY' Tony' estás, mi amor? -preguntó -¿Cómo bien, igual que cuando me dejaste hace un

el pijama rosa pálido de nylon que en su transpa-

-iutuy rtto.

-Te a buscarte.

llamaba para confirmar la hora: a las seis paso
Sánchez,

re fresco y
transcurrido

dan unos partis agradables cuando comienza la temPorada. muy chéveres. ¿A las seis, entonces?

a Va¡adero de noche. -Llegaremos vamos directo a casa de las importa, -No scguro quelsta noche hay algo armado allí'

--Si..pr"

t
I

-Sona esa hora estaré lista. -Sí, con cuidado el auricular en el gancho Colocó

para

uná ducha r,ápida? -¿No enfría la comida. ya está servida-. Te bañas te -Se por la tarde.
246
I

-Ya

está el almuerzo, viejito, puedes bajar,

rne da tiempo para

l\

Margarita, además de Tony, y había un sol espléndiáo. Despue, el la taquilla, se demoró mucho ante el erpejo del iocador porque conversraron sobre las cosas dé la boda: lo que tenía y lo que le faltaba. Tony las invitó a almorzar a las tres, pero Maía del Carmen rompió el grupo porque prefería descansar en la casa antes de salir pára -Varadero.

tragos. Se bañó en la piscina con A¡a y

La boda era en dos meses y ella no sabía bien cómo resultaría el matrimonio. Había oído chisrnes sobre los

sabía cómo alguna gente podía €star contra el matrimonio. Sólo la gente que estaba contra todo, como ese pobre amargado de Luis, perdido €n un laberinto que la tentó una v€2. Ahora, recuperado su buen iuicio, detestaba

besarlo cuando llegara de Ia oficina. f¿ gus" estar los sábados y los domingos en el Biltmor€ con otros matrimonios jóvenes y tomar unos cocteles por la noche, en días entrs g€rn¿¡¿, en casa de los amigos y escapars€ en el verano al extranjero porque los viajes reposan. No tenla nada contra eso y no taba eso;

a Tony

y

y

,

I

a los neuróticos,

baja

Ernestina Guiral abrió la puerta: "María del Carrnen, a almorzar. Tu padre te está esperando,".

sus tapacetes; las gavetas del archivo, cerfadas con llave. Dascal estaba solo. Se ¡eclinó en su butaca obQa.8

La oficina estaba en orden. El rimero de sobres, alipor sus bordes r€ctos; las presillas, formando remolinos metálicos en pozuelos de cristal; los cestos de papeles, vacíos; los lápices afilados y los sacapuntas, limpios de virutas; las tijeras y el abrecartas, paraielos a la escribanía de bronce; las máquinas de escribir con
neados

,

La

Situación

1

l

¡utrdr dc los monarcas británicos. Julia repitió sus con@n€or Bpoyada por un clarinete y el bongó, y d€ proDlo, con un golpe de platillos, se lanzó a una rumba muy mlplcada de golpes de pelvis y menear de hombros.

"llulia, quítate ei mosquitero!", gritó Gay Lussac. lulle donrinaba el estilo exótico: no se agachó en nin¡ún momento, ni recogió con los dientes pañuelo alluno. Manejaba con habilidad el largo velo: poniendo rl dc¡cubierto por un instante uno de sus gru€sos muslor para esconderlo en seguida y repetir la operación. Nunca podía verse a Julia en su totalidad. Al tcrminar la rumba, con un seco golpe del bonló, Julle dejó caer su velo. Estaba casi desnuda, cubrlcndo ¡us inmensos s€nos con un estrecho ajustador de lcntcJuelas: la carne se desbordaba poderosa¡ y un cub¡oroxo mlnimo de donde brotaban enérgicos sus volumlnogoe muslos. Gay Lussac se lanzó con un grito a la plcta y cay6 de rodillas ante Julia abrazándola y le mordió ferozmente el muslo en la región adiposa cercann e la ingle. Julia dejó escuchar un alarido histeroide mlcntras le tiraba del pelo al marinero. El bongocero rsltó de su silla y lo golpeó de un rodillazo sobre la orcja sin poder arrancarlo de su presa. Dascal vio clatamcnte que de los dientes del marinero borracho surgía una bocanada de sangre. El bongocero le d;o una patnda dejando el cuadriculado de la suela sobre la mer Jlllo de Gay Lussac. Las luces del Hollywood se encendlcron en el momento en que el marinero abría la boce dejando escapar a Julia, sollozante, con el muslo enrnngrentado y el peinado deshecho y dejando sobre la ¡rlsta varios rollos de cabello artificial . Mientras se llevnban a Gay Lussac, el bongocero trataba de agredirlo nucvamente y pudo lanzarle una patada al estómago. Dascal se alejó del Hollywood caminando hacia el troto en ¡uinas de la antigua muralla de La Habana. Se rofitó sobre la tierra del cantero junto al bastión carr aomldo y encendió un cigarro. Un policía se acercó:
250

IiI, ULTIMO DIA
Matanzas

es una ciudad noble y principal

cruzada

por tlos ríos, el Yumurí y el San Juan; situada en el fondo de un valle rodeando una anchurosa bahía de aguas enlmss y cercada de elevaciones, una de las cuales, llanlncln La Cumbre, permite apreciar el valle del Yumurí, que es una hermosa visión cuando una luz essasa entresaca los matices de la tierra y de la vegetación: temprono en la mañana o por la tarde, poco antes de ponerse

el

sol.

rcposade enroscándose en torno al mar. Allí funda¡on lon siboneyes una aldea a Ia que llamaron Yucayo y los espnñoles cercaron la zona para corral de vacas destinudas al sacrificio. De ahí el nombre de Matanzas. Fue un el año de 1693. I¿ ciudad parec€ haber sldo construida dentro de una

Ouando se viene de

La Cumbre, la ciudad

apar€ce

proporción común, porque apenas hay edificios que quiebrcn la unidad que se advierto en todas las calles. Ma¡ tnnzas no prosperó hasta 1¿ segunda mitad del siglo dieclnueve al concentrar en sus tierras la mitad de la protlucción de azicar de toda la isfa. Los prósperos ciur tlndanos comenzaron €n esos años felices, alrededor de Itl?S, a amontonar piedra sobre piedra. Dascal se detuvo en Madruga para tomar un café
253

El eléftrno era una vieja pieza de gancho al aire. Daseul pldié el trcscientos cuar€nta y seis raya dos en Va'
rnderrl.

['Llellnn dijo que estaba sorprendida de este timbrapor suerte Alejandro se había quetf¡rdo en La Habana. Dascal dijo que quería verla, que
arr d6 Inldrugada;

Éhhfi on Matanzas y que saldría en seguida para Varadetu, Sb ncgó a recibirlo y dijo que ella iría a Matanpilil cn nre¡lia hora estaría allí. l)urcul sc sirvió un trago y lo bebió de un golpe.

Agtrnrrló un cuarto de hora y bajó para esPerarla. Encénrlló un cigarro bajo la marquesina de cristal opaco de ln enlrr¡da. El parque estaba vacío y muy bien ilumina-

rhr. Cristina llegó en un Oldsmobile convertible,

azul

del musgo,de otro tiempo. El patio
opuesto

zaguán con un enjalbegado a la fuente crecían ar,ecas, palmas ina.

al

se

r,ul

¡c echó sobr€ la cama

apoyando su espalda

€n la

cubeccra de hierro. *¿Quieres un trago? Dascal. '-A esta hora no. -preguntó lo puedo suavizar con agua.

-'l'c gracias. -No, se sirvió el coñac y bebió un pequeño sorbo. Dnscal
--Es una bobería esto -dijo Cristina. qué? -¿Por es un pueblo pequeño, la gente se fija. -Este te conoce. -Nadie se sabe. -Nunca está lejos.

- La habitación era pequeña y estaba mal La ventana daba sobre la casas del fondo iluminada. del hotel.
2U

-Alejandro comentarios van lejos. -Los no te preocupabas tanto por eso. *Antes :-Alejandro no sabía... Cristina y deseando en materia añadió-: -dijo es lo que pasa? €nllrr ¿Qué -*Nada; hacía tiempo que no te veía. Tenía ganas
rle vcrte.
2,t5

-Pero verte ahora. -Quería ma yez, Cristina? no te acuerdas?

ya son más de las tres.
¿Cuándo nos vimos

por

últi_

-¿f,a que me --Sí, clarohe pasadoacuerdo.

un mal rato. -Después o por Alejandro? mí -¿Por los dos. Pero ya eso pasó.

.

.

una crisis.

Tiene más valor que tú para de-lla tcnido valor. ¡rflcr lo convencional. Cristina' *¿Qué tal lo del periódico? -preguntó han dejado fuera. -Me Io sé. -Ya qué Preguntas? -¿Por puáiera tener relación con este viaje' esta *Forqur
llnmnda.

-El una parte importante del todo. -Es Hay otras cosas. Si no se tienen esas otrag -No. cosas no puede disfrutarse d€ nada. Esa es la ve¡da_
dera base. vajillas, tus antigüedades?

qué? Podemos juntos. Como antes... -¿Por antes, no. Yaseguirpasó eso -Como olvidado pronto de todo -dijo Cristina. has lo gue disfrutabas. -Te placer no lo es todo.

-Por

-¿Mi ambición.

pasión...?
somos gente extraña Dascal.

-dijo -Nosotros como todo el mundo. .-No, somos todo el mundo de nosot¡os. Hay otra genl€.-Como no cu€ntan. Ahora no entiendo nada. Esto -Esos hr¡ sido muy extraño, Luis. Si me pusiera a contarlo -lrls, ehos veces. -No
todo sería una historia muy elxtraña. sería una historia banal.

-'I'u

con una risa deliberada-: Me he divertido muc,ho en estos días porque me he enterado que Alejandro tiene una mujercita. Su sec¡etaria o algo así. de más para nosotros. -Razón dejará pronto. Alejandro La ha tenido ot¡as -No. queridas pero no le duran mucho; hace muy mat el
volverá al hogar. -Alejandro vuelve. Eso es s€guro, estable, permanente. -Siemprebecho lo has -Tú y permanente.mismo ¿no, Cristina? Volver a lo estable es la base. -Esa el mundo en este país se clava desesperada-Todo mente a lo seguro.
Fapet.

-¿Tus parte del todo Jijo Cristina y -Eso es también

Ha

sucedido mu'

te entiendo. Dasa dar una vuelta, Hace calor -invitó -Vamos crl. Me ayudará a dormir mejor. -Sí. Caminaron en silencio por las calles de la ciudad. tll Parque Milanés era un agradable rincón. Estaba malamente alumbrado por viejas farolas y rodeado de una cerca de pieüa adornada con copas de hierro. La luz miserable dol parque solitario perrnitía sPr€ciar el farallón cariado de la Cateüal de San Carlos. La texl-

del su ron por
tura
tuban
Sauto.

s Y oquedades, le Prese de la fe. Continua¡
desembocar frente al

-No
Zos.
t¿68

todo el mundo. Carlos ha tenido valor.
está?

-Ayer academia de

-¿Cómo recibí una carta. Se ha matriculado en una pintura. Se pasa el día ensuciando lien-

dol Tacón de La Habana. Según Pezuela, en sus tiempos "era digno de cualquier capital europea"austero y elegante. Me agrada su elegancia.

tienes al Teatro Sauto Jijo Dascal- que -Ahísu buena época, el segundo de la isla, después fue, en

-Es

un italiano que padecía de la vesícula. -Cristina ¡ió mientras mi¡aba fijafnente a, Das¡ ca,l . Primero fue una sonrisa que fue eitendiéndose hasta abrirse en una risa plena. mí? -¿D€ que €res muy Dascal. -preguntó poco italiano. Te verías muy -Pienso mal con un traje napolitano; cintas de colores, unu guitarra y todo lo demás. a quedarnos en el Sauto. No tengo nada en-Vamos la vesícula.
hiz,o
se.
_

-Lo -No -Lo

construyó un italiano: Daniel Delaglio. es italiano, es aust€ro.

una profunda furnia. El pisoiirve como parche de tam_ bor. .Tomaron por la calle del Río y salieron a la de Narváez. El río San Juan corría p.iezorame.rte junto a la

muy buenas condiciones acústicas porque fue -Ti9ne construido junto al mar y el patio de lunetas está sobre

-Si

quieres. .

.

-dijo imagino que -Me desagradable. sí. Podíamos intentarlo de nuevo. -Es Cristina-. Ya eso pasó. Los tiempos -No csmbian. -dijo
Se acercaban al hotel y Dascal la acompañó al Olds. mobile. llamo otra vez? -¿Te me llames más. -preguntó Dascal. algún día Somos amigos. Si

tiempos cambian Jijo Cristina. uosotros también cambian. -Para para nosotros también. -Sl, has intentado permanecer en la belleza -Tú ncr el tiempo y no has podido Dascal.

-El dcetruidas.
-Los

-No -dijo C¡istina-. Son bellas porque son bellas. 'l'lenen dentro la belleza, tiempo no puede contra eso, a menos que sean

y

dete-

calle de Narváez.

-No necesitas

algo...

en estas casas Dascal_. Son muy pa_ -Fíjate ¡ecidas a las que bordean-dijo los canales veoecianor.-S^on las casas de la ribera izquierda del San ¡uan. pescuUrl ::to u1 día y después lo leí en Hazard. Me agradó eso. Ilazard lo había dicho en lg65 y yo vi lo mismo anfes de leerlo. Algunas parejas de enamorados se escondieron a su paso €n los vanos de las puertas. El antiguo puente de -J Bailén, ¡ebautizado en la República con nombre de 9n eeleral- de la independencia, extendía su débil son_ _Dra.sob¡e las aguas del San Juan, que por la escasez de lluyia alcanzaba fatigado el ma¡. excitante la permanencia de estas cosas _dijo
Dascal.

-No El cuarto estaba lleno de luz ahora. Dascal se incorporó sudoroso en la cama. Había dormido muy intranquilo. Se inclinó ante el lavamanos y se echó agua en la cara y en el.cuello. Mientras se vestía pudo ver locl tcchos de Matanzas a través de la ventana. Eran los mismos tejad,os de toda la isla: naranjas, rojos quernados,
ocres. Bajó a desayunar. El comedor tenía un artesonado de gtuesas vigas. Las n¡amparas que daban a la calle eran azules y blancas y las del corredor, de vidrio violáceo grabado al ácido, con copas desbordando flores. En las esquinas, cuatro estatuas de mármol oscurecido simbolizaban las estaciones. Pidió café con leche y pan con mantequilla. k dejó una buena propina al camarero y pagó la nota del hotel. El viejo le preguntó si deseaba que bajaran sus maletas. Dascal dijo que no había traído equipaje. El viejo lo recordó, de la noclrc anterior, y le preguntó si había dormido bien. Dascal dijo que sl.

necesitaré nada. Gracias.

-¿Esoenfusiasma su obstinación, su fuerza,

te

entusiasma?

-Son -Son
258

-Me

bellas.

bellas por su determinación de quedarse.

cia y fantasía, que sabían I
uD mamey

v cia, plenos de alegría de v

co so

t¡ataban ¿. .úu.irti, do en un ,Y*11, "rll,? ¡ios caballos co¡¡ían libres por uou ,uiu"u abanicándose con el rargo plumero der rabo. EL aire carcfnado que entrab¿ por la ventanilla lo intoxicaba con la visión.en ráfaga que cruzaba aote sus o¡-orJ a sol quemando cuanto c¡ece sobre ta U..í"."oo el olor Dascal pensó en la vida convulsa y errática de 6sta ^^ la ^^'^ en r^ gente que la habían

dado por el calor. les, con sus blandas los girasoles y los c

oscuros mientras t.átuúu-á" ¡nantener la dirección con la otra mano. El camiio áe retorno fue una sucesión de palmeras y bohíos y g.ruji.o. con catauros eu la grupa llenos de'viándas. a caballo Cuando c¡uzaba ce¡ca de un central era el oloi gu,arapo a y tas cañas que crecían flexibles, batidas pá, iirpi,, que venía del mar. En los puentÁi, "f nio.o los "i.rtá tablones resonaban con ritmo de illá y en los puent€s de concreto las gomas siseaban al despega¡se dei astalto ablan_
Oe tos plaian+

. La luz cegante, en la. carretera, lo obligó a ponerse los espejuelos

y u su madre
€rcnparat€ de

tejiendo en su habitación, junto al alto la ropa blanca y los recuerdos familiares. Dnscal entró a su cuarto y se enjabonó la cara en el lnvnbo y encendió el calentador para darse una ducha. Su pndre lo llamó. En la terraza crecían en mac€tas, formundo una barrera hacia la calle, las matas de palitos chlnos y de lengua de vaca. --Quería saber si ya has pensado bien lo que vas s
hacer

on la alegría de

-dijo he pensado nada. -No, novolver a la Universidad.

Ernesto Dascal.

...

",;"

-No versidad.

-Debes qué, papá? ¿Para qué? -¿Para Ernesto Das" ¿estás oyendo? -gritó -Encarnación, vamos s discutir. Si quieres vuelvo a la Unies ot¡a cosa. Me alegro que 1o hayas comf de bien.

prcndido. Allí te harás un hombre - -Eso

i¿r:l,t:ffi,":"iX?l,,lil;

-Me y su cuarto. -dijo Luis volvió a ahora dijo el padre mienvayas a salir -le -No rras iba por el pasillo- que hoy vamos a almorzar temPrano,

da igual. Me da igual allí o en otra parte

cia de una pal inventados por empacho, la erisipela, los venéreas, las ñáñaraq las só que toda la vida e¡a una zas y que aun la muerte no podría detener est€ combate. -Era domingo y las calles I sus Piedras antiguas-v r'"r- ujto, eran cruzadas poi *í ;;";;;"
encontió

en un día de

y las
s

tonalidades

u ru

puñr"-Ly

el periódico

260

"o

lutllrl#l
201

INDICE

Domlngo, 26 de Agosto de l95l ORO BLANCO I,JN PADRE DE LA PATRIA ORO BLANCO

t7 l9

(\nilenza el invierno
OITO BLANCO

2l
23

UN PADRE DE LA PATRIA El domingo
ORO BLANCO

4t
43 47 59 63 67

UN PADRE DE LA PATRIA Navlddes de I95t UN PADRE DE LA PATRIA UN PADRE DE OI(O BLANCO
ORO BLANCO Iin Enero'comienza el año 1952

19
81

LA PATRIA

85 97
101

lueves, 24 de Enero de 1952

105

oRO BLANCO Mientras el invíerno continúa UN PADRE DE LA PATRIA
ORO BLANCO

125
131

149
155 159

lin Febrero del 52 UN PADRE DE LA PATRIA
ORO BLANCO

UN PADRE DE LA PATRIA

175 179
183 189

UN PADRE DE LA PATRIA l0 de Marzo de 1952 UN PADRE DE LA PATRIA lnicio de temporada Dl úItimo úa

Marzo es eI preámbulo

2lt

207

23t

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En el Concurso convocado por la Casa de las Américas, de La Habana, en J963, el jurado compuesto por Alejo'Carpenlier, Julio Corlázar, Rubén Azócar y Edmundo Desnoes, confirió el Premio Unico de Novela a LA SITUACION, del escrilor cubano Lisan.

El aulor nació en 1932.'Residió en París duranle dos .años. En esla ciudad publicó su primer libro de cuenlos: TABACO PARA UN JUEVES SANTO. En 19ó0 publicó el libro titulado CUÉA Z.D.A., largo reporlaje en el que hacía un recuenlo del primer año del
ricas le ediló un breve
sobre Hemingway.
nuevo gobierno. En 1962, la Casa de las Amé-

dro Otero.

y

penelranle ensayo

Acerc¡ de LA SITUACION, Alejo Carpenlier ha dicho lo que sígue: "Mucho se ha explolado, en América, el género de la novela rural, regional, nalivisla. No digo con ello que el lránsito haya sido vano: nos ayudó a precisar los conlornos de cierlos paisajes; universallzó cierlos arquelipos básicos de las pampas, maniguais o alliplanos. Pero había llegado el momenlo, para'nosolros, de penelrar en el mundo de la novela urbana y de p¡nlar, en ella, una burguesía cuyos que'

"Creo -agrega CarpenlierLisandro' Qlero ha elegido una buena lemálica y' se
ha entendido [ien con ella".

comporfamlenlos difieren lolalmenle de los que caraclerizan las burguesías európeas".,

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