¡Milagro!... ¡Milagro!

P. Daniel Albarrán

Título original: ¡Milagro!... ¡ Milagro! Autor: Daniel Albarrán Depósito legal: lf: 08120102002494 ISBN: 978-980-12-4483-7 Diseño, configuración y edición: Daniel Albarrán Diseño de Portada: Daniel Albarrán Impreso también en los talleres de autoreseditores.com Bogotá-Colombia E-mail: dalbarranu@hotmail.com Página web: daniel-albarran.blogspot.com Impreso de manera artesanal en Barcelona, Anzoátegui, 2011.

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Serían como las seis de la mañana. Un poco antes, tal vez. El sol entraba por las rendijas de la ventana y su claridad parecía ser una mucama que venía a quitar las sábanas, porque era hora de estar levantados. Se saboreaba el último calorcito de la cama y se entraba en la lucha de entre ya es hora y otro poquito más porque la estancia estaba rica y acogedora. Había que levantarse. Ya el cuerpo habituado en su reloj rutinario indicaba que no era tiempo de estar acostado. Era hora de estar de pie. No había nada que exigiera el levantarse a esa hora, ni más temprano, pero la fuerza de la costumbre programa los cerebros como un reloj suizo y el cuerpo obedecía a un programa de vida de toda una vida. Quedarse en la cama era perder tiempo, sobre todo si se quería dormir, a no ser que en verdad el cuerpo pidiera estar acostado por razones de quebrantamiento de salud. Y, aún así, el instinto de la costumbre llevaba a estar despierto desde muy temprano. No había nada qué hacer levantado a esa hora de la mañana. La rutina matutina se seguía como se había seguido siempre. Agradecer al Creador el nuevo día de manera instintiva, como siempre. Colocarse en sus manos y elevar el pensamiento junto con el sentimiento a su voluntad y predisponerse a ser fiel a sus designios, por sobre todas las cosas, también como siempre. Todo era el ritual matutino.
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En la televisión estaban dando la película en la que Robin Williams hacía de un estudiante de medicina con ideas nuevas para sus compañeros de clases y para sus profesores. Proponía que había que mejorar no solo la salud física, sino emocional de los pacientes. Todo se desarrollaba en un hospital con pacientes de cáncer, sobre todo muchos niños con cáncer. Las ideas del personaje eran vistas por todos como ideas propias de una persona desequilibrada. La medicina tenía que tomarse en serio y no a la ligera ni con humor, como pretendía este estudiante. Lo novedoso que se proponía era que había que trabajar con los pacientes, con nombres y apellidos, y no como números de cama y de habitación. Había que llamar e identificar a cada paciente de manera personalizada y no con la clasificación numérica de manera imparcial. Había que involucrarse emocionalmente con los pacientes de cáncer. Había que mejorar la calidad de vida, y no solo retrasar la muerte, como tradicionalmente hacen muchos profesionales de la medicina. Para eso había que hacer reír a los pacientes. Hacerlos reír. Este estudiante se colocaba una goma roja de payaso en la nariz e iba por las habitaciones del hospital haciendo payasadas. Provocaba la risa de algunos y el disgusto de otros. Algunas de las enfermeras lo secundaban. Otras lo criticaban. Los médicos, sobre todo uno, que era su profesor, lo tenían en tres y dos. Lo tenía en la mira y no aprobaba para nada sus comiquerías fuera de sitio y lugar. El hospital era asunto serio y los pacientes también, y había que tomarse las cosas con su respectiva seriedad. Un compañero de clases, que era el prototipo de estudiante dedicado con seriedad, sufría de
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manera especial las actitudes y comportamientos de este estudiante que se tomaba las cosas sin ninguna aparente responsabilidad. Lo bueno era que este estudiante-payaso era sobresaliente en sus notas y calificaciones, a pesar de que su compañero prototipo, con quien compartía la habitación, nunca lo veía estudiando y dedicado como lo era él. No se explicaba que saliera mejor que él. La competencia, tal vez, en el fondo era lo que lo intrigaba y lo hacía sufrir. Como no había nada qué hacer que implicara estar levantado, aunque sí despierto inevitablemente, se dispuso a mirar la película que estaban dando en la televisión, esa mañana. La temática le fue envolviendo poco a poco a punto de encontrarse interesado nuestro personaje. Sentía una especial simpatía por el actor en cuestión.

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Recordaba de Robin Williams algunas pocas películas. Popeye, Peter Pan; y una película en la que interpretaba a un médico al que se le había muerto su esposa, después de un trauma emocional tras la muerte de sus hijos. La esposa no había podido asimilar la pérdida de sus hijos y se había negado a vivir. Ella muere. Al poco tiempo también muere él, y va al cielo. Él quiere encontrarse con su esposa en esos mundos del más allá, pero no la encuentra. Le asignan un guía para que le instruya en los asuntos del misterio del más allá. En la Iglesia se llama esas verdades, el mundo de las postrimerías. Pero son misterios. Tampoco es que la Iglesia deba saber de esas cosas… Él busca las maneras de encontrarse con ella, pero le informan que ella se encuentra en el purgatorio, y que es imposible que ambos se encuentren. No se puede pasar las fronteras. Ni de un lado ni del otro. Son incomunicables esas dos dimensiones. Él se ofusca y se empeña en refutarle al guía que nada hay imposible para el que quiere algo, según el mismo guía le había enseñado desde un comienzo. Solo era cuestión de quererlo y de imaginarlo, y todo se haría como se lo imaginase, queriéndolo con convicción. Y todo se haría. No había imposibles. Él lucha contra todos los obstáculos y al fin llega a encontrarse con ella. Ella no lo reconoce. Él se dedica a buscar
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la manera de que ella lo vaya identificando. Ella se negaba a todo. Ella vivía en una ambigüedad. En eso consistía el purgatorio. Y la película se desarrolla en esa idea. Recordaba vagamente la película. Desde que había visto algo de esa película había quedado prendado de las muchas ideas fascinantes que se decían y se desarrollaban. Le había parecido interesante esa manera de enfocar las realidades de la vida y las maneras de enfrentarse al hecho de la existencia humana. También recordaba algo, no mucho, de una película en la que Robin Williams, hacía de un hombre disfrazado de mujer que trabajaba en una casa de familia, que era su propia familia, y así podía cuidar y ver a sus hijos. Las situaciones eran muy complicadas para el hombre, porque tenía que salir corriendo a vestirse de mujer, unas veces; y otras, a vestirse de hombre para despistar y no lo descubrieran. Cómica la película en ese ir y venir de ese paso de dos roles, de mujer y de hombre, hasta que al final se descubre la verdad, y se complican más las cosas…

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En el transcurso de esa mañana, nuestro personaje no descrito ni tipificado, porque no es lo principal, había buscado la manera de averiguar el número de teléfono de un conocido suyo, para comunicarle una idea, y pedirle un favor. -- Hola, P. -- ¿cómo anda la vida, por esos mundos de Dios? -- Como usted es bastante conocedor de películas y de esos desenvolvimientos, ¿no sería posible que usted consiguiera en formato de DVD todas las películas que pueda conseguir de Robin Williams? -- Lo que recuerdo de él, son muy pocas cosas que he visto – y le indicó algunos datos de algunas películas que había visto, así de manera general, sin decir ningún título por no recordar ni saber ninguno. P. se había comprometido a que haría todo lo posible, y que contara con eso. Sería un hecho. La idea consistía en disponerse a ver todas las películas posibles del actor referido, y dedicarse a buscar todas las ideas transmitidas en ellas. Tarea nada fácil porque significaría tiempo y dedicación. Pero, motivado por el mismo mensaje de una de sus películas, de que todo es cuestión de quererlo y de imaginarlo con convicción, para que algo se haga realidad, esperaba hacer realidad lo que ahora estaba comenzando a
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imaginarse. La convicción empezaba a descubrirse porque estaba haciendo que fuese realidad al hacer con la petición del favor lo que estaba pensando y quería. Todo era cuestión de dedicación. No por arte de magia. Sino por convicción. La convicción era de la dedicación con que empezaba. Y la convicción sería la perseverancia con que esperaba mantenerse. Nada era cuestión de quererlo y no hacerlo. No había ambigüedad y no cabía. Quererlo era hacerlo. Hacerlo era lograrlo. No solo desearlo. Dedicarse. Esa era la convicción. Ya el favor y la petición eran un hecho. Por lo menos, había transmitido la inquietud y la necesidad. El primer paso estaba dado. En lo que dependía de él, todo ya había comenzado. No sabía nada, o muy poco de le que llegaría a descubrir y de lo que habría de pasar. Lo sospechaba. Lo intuía. Lo presagiaba. Por eso sentía las ganas de dedicarse a lo que estaba comenzando. Empresa ardua. Pero empresa que ya comenzaba a ser una realidad.

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Los días iban transcurriendo. Nuestro personaje en algunos

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sociales era muy torpe. Un día, por esos días, había tenido que diligenciar algunas cosas en un banco de la ciudad. Había pasado cuatro horas y media en la cola esperando su turno para realizar la actividad bancaria que requería por esos días. La cola avanzaba con lentitud monstruosa. Los que iban detrás de él, casi todos se habían fatigado en la espera y se habían ido. A veces nuestro personaje quedaba de último hasta que no llegase otro a ubicarse como el último, que variaba entre diez y quince minutos, hasta que ese ultimo se iba; y así, en todo el tiempo que estuvo en el banco. Iba conversando con los de adelante y con los de detrás suyo. Conversaba de informalidades. Cuando, ya pasadas las dos de la tarde, le correspondía el turno de ser atendido, la señora promotora de la agencia bancaria, y que era la única que estaba prestando los servicios al público, en ese departamento, anunció enérgicamente que ya no atendería más por ese día. Que vinieran al día siguiente. Se oyeron voces de reclamo. Él también se hizo sentir con su voz ronca, pero de manera atenta, mostrando su malestar por la ineficiencia en los servicios de esa agencia en particular. Desde el día anterior estaba en esos menesteres, y en otra sucursal de
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la misma compañía le habían indicado que no había material de oficina, y que se dirigiera a esa sucursal en la que se hallaba en ese día. De otras oficinas habían venido remitidos muchos de los que esa mañana habían requerido tales servicios en concreto, justo a esa, en la que, ahora, ya no serían atendidos. Entre ellos estaba nuestro personaje. De manera cortés, nuestro héroe se dirigió a la expendiente-bancaria y le señaló los papeles, indicando con ello a lo que iba al banco. La mujer con voz fuerte segura de que la oían en toda la sala, casi se burlaba a carcajada al comprender que se estaba vengando de él, al decir: -- Eso no es por aquí…. Eso es atención al cliente…. ¡Vaya con Dios! Nuestro héroe se sintió ridículo. Se había metido en la cola que no era. Justo la cola de al lado, y que circulaba con mucha rapidez, era la que llevaba a ser atendidos por la casillaventana. No tuvo de otra que meterse en la cola que le correspondía, después de cuatro horas y media en el banco, en una cola que no era la que le llevaría a ser atendido, así hubiera llegado de madrugada. Esperó su turno en el avance rápido y fluido de la cola correspondiente. No tardó diez minutos en recibir los servicios a los que iba. Fue muy bien atendido. Salió un poco avergonzado consigo mismo… Tanto tiempo…

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En todas las obras escritas, casi siempre se describen los personajes, porque es importante que nos hagamos una idea de quien estamos tratando. Así, por ejemplo, algunos ponen un promedio de edad, un promedio de estatura, un promedio de todo. Hasta el caballo, en el caso de Don Quijote disfrutó de una descripción. No solamente fue descrito, sino que fue rebautizado por el hidalgo caballero, de aventuras sin par. El mismo Sancho Panza, e igual su burro, fueron descritos. Favor que se les hacía y hace en la posteridad. Flaco uno, en el caso de El Quijote; y rellenito de carne, en el caso de Sancho. Flaco el caballo, como el dueño, en el caso de Rocinante; y burro, el burro de Sancho, tal como el dueño. Esas descripciones nos ayudan a imaginar a éste y aquel otro personaje. Nos ayudan a poder fantasear y a seguir sus peripecias. Si es héroe, nos lo imaginamos tal como nos los describen. Si villano, también nos ayudan sus características. Es necesario por el bien de los personajes, y por el bien de nuestra imaginación, una descripción lo más fidedigna posible del individuo en cuestión. Como de individuos trata en la novela Los miserables, su autor, Víctor Hugo, a algunos de sus personajes, sin negar que hace con detalle una descripción de algunos centrales de su maravillosa obra, como el Obispo, en sus primeros capítulos, o del ermitaño y expresidiario Jean
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Valjean, o de la muchacha, llamada Marius… con nombres propios para identificarlos e identificarnos en nuestra salud mental, al poder tener la referencia en nuestra mente. O en el caso del mismo Dostoievsky, con sus fascinantes y embelesadores personajes, como Sonia, Dunia, la vieja, la hermana de la vieja, Raskolnikov. O en los mismos Evangelios, en donde no aparece descripción de ninguno de los apóstoles, ni siquiera del mismo Jesús, pero que no por ello ya cada uno se lo imagina, a pesar de carecer de sus descripciones. A cada personaje corresponde por derecho de ciudadanía y de existencia, así sea personaje ficticio, una descripción aunque sea mínima, y por lo menos, un nombre. Para tener la referencia. Igual ha de suceder con nuestro personaje. Habrá que describirlo, para hacernos una idea. Es necesario. Además, es salud mental saber de quien estamos tratando, y de cómo es él, o de qué lugar se enamoraron de él. Porque no se puede negar, ni mucho menos, que al tener una descripción de cómo es él, y todas esas cosas, nos va a permitir estar enamorados, por lo menos de la idea. Y cómo es el… Hay que imaginarse a un hombre alto, guapo, de bigotes, de buen vestir, de elegancia al caminar, de soltura torpe pero tierna, de mirada prolongada y profunda. Así, justamente, no es nuestro personaje. Por otra parte, ayuda a que nos hagamos la idea de un hombre chiquito, más bien relleno, de espaldas anchas, más anchas que el resto del relleno para poder cubrirlo; de caminar acelerado, a pesar de lo rellenito… Tampoco así es nuestro héroe.
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No tiene caballo. Porque en este mundo moderno de hoy no se puede andar con y en caballo por la ciudad. Sería un abuso. Mucho menos en burro. Sobre todo, porque no habría sitio para estacionar ni a uno ni a otro. Y el problema sería que después tendría que limpiar sus gracias en donde hubiese encontrado sitio para estacionarlo, mientras iría o al banco o a cualquier otro lugar a cualquier cosa que fuese. Son muy lindos los caballos y se ven muy bonitos los policías montados en ellos, como en Nueva York. Les da mucha personalidad a los caballos. O los caballos le dan gallardía a los policías. Y también a la ciudad. Sin embargo, ha habido ciudades que han pretendido copiar esa realidad de caballo y policía, y, entonces, se ven feos, también el caballo; y más feas esas ciudades. Nuestro personaje tampoco es policía; tampoco caballo. Y no tiene caballo. Y menos mal, porque no tiene que limpiar las gracias de los caballos, si hubiese encontrado sitio para estacionarlo en la ciudad. No es el caso de nuestro héroe. Aunque, en algunos lugares del mundo se dice “cuál es su gracia”, para pedir que alguien diga su nombre; entonces, aquí podría ser doble la gracia, la del caballo o el burro, en caso de hacerla, y el apelativo o el nombre con que se llame al caballo, porque así hubo sucedido con el caballo de El Quijote, que antes se llamaba Rocín, y después de rebautizado por la usanza que se le iba a dar al ser cabalgado por tan digno caballero, el de la triste figura, habría de llamarse, entonces, Rocín-ante; o sea, que antes era Rocín y después Rocinante, según dijera el mismo autor del libro, al decir que, “cuatro días se le pasaron en imaginar qué nombre le pondría... y así después de muchos
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nombres que formó, borró y quitó, añadió, deshizo y tornó a hacer en su memoria e imaginación, al fin le vino a llamar Rocinante, nombre a su parecer alto, sonoro y significativo de lo que había sido cuando fue rocín, antes de lo que ahora era, que era antes y primero de todos los rocines del mundo”. Y en el caso de Sancho, su burro se llamaba Rucio, sin rebautizo, y esa era igual su gracia. Nuestro individuo, para continuar con la ideas de la revolución francesa y del estilo de Víctor Hugo, en la novela que ya se dijo, sí tiene nombre, pero también es un individuo. Y es necesario que lo bauticemos y lo identifiquemos con nombre para referirnos a él con propiedad. Podría llamarse Pedro, o Juan, o Luis, o Rebeca o María, o Carmen. Y depende del nombre que le demos, sea masculino, o sea femenino, tenemos que darle un sexo, porque su nombre iría en consonancia con su género. Si se escoge que sea hombre, tenemos que darle una edad, para hacernos mejor idea de cómo es, para ver si nos enamoramos de él, o no; igual, si es mujer. Y si es mujer, tenemos que ponerla o vieja o joven. Si joven, o fea o bonita; o sexy o con gracia. Si vieja, entonces, casada o divorciada; si con hijos, o sin hijos, o huérfanas de hijos; o viuda. Y si viuda, o alegre o triste; con amante o sola. Y si con amante, con pasión o sin ella. Porque si es con pasión y con amante, nos tiene que llevar a inventarle mundos apasionados y tendríamos que darle rienda suelta a la imaginación. Si es seria y casada nos llevaría a ubicarla en una familia, y eso nos llevaría a buscar una familia modelo, aunque no lo fuese, sino para esta obra.
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A este punto, es necesario pensar en un hombre casado. Tampoco es así nuestro personaje. Habrá de ser, entonces, mujer. Y bonita. Tampoco así es nuestro personaje. Pero podría ser niño… En este momento es mejor que no describamos a nuestro individuo, que a la vez es el personaje y el héroe, y que tiene que ser nuestro. O nuestra. Que en caso de ser nuestra tendría que ser personaja, porque correspondería en género y en número, porque sería una sola. Porque no es lo mismo decir nuestro personaje, que implicaría la idea de ser masculino, a la idea fiel de nuestra personaje, y habría con ello una disonancia sonora, aunque no gramatical.

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A los dos días, nuestro personaje se había quedado embelesado con otra película que estaban dando en la televisión. Ya sabemos lo de su rutina matutina. Eran las siete y dieciocho minutos de la mañana. Solía encender la televisión después de algunas pequeñas cosas rutinarias, y la mantenía encendido, mientras realizaba lo de siempre: el baño, el aseo personal, prepararse el desayuno, y todo lo demás que incluía ya su rutina, hasta que partía de su apartamento, casi siempre a las ocho de la mañana. Muy pocas veces más tarde. Esa mañana estaban dando una película sobre un escritor famoso, que en sus buenos tiempos había publicado sus artículos en una revista. Estaba mayor y tenía a un joven como empleado que era jugador de basket y vivía en el mismo departamento. El joven era un gran deportista y estaba becado en una universidad. Este muchacho había tenido la curiosidad por escribir y le había pedido que le enseñara cómo hacerlo. El señor tomó una máquina de escribir y empezó a escribir, mientras le iba diciendo que “escribir es escribir, y no pensar”; que hay que escribir sin pensar, tal como vayan saliendo las cosas, sin corregir; solamente escribir. Y mientras iban hablando, el señor iba escribiendo. Al terminar de conversar sobre el asunto, sacó la hoja de la máquina halándola por la parte frontal de la máquina y se la dio al muchacho, quien al
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leer lo que había escrito, quedó sorprendido. El señor lo había hecho con tanta soltura y sin detenerse a pensar lo que estaba escribiendo… Fue transcurriendo la película, y a pesar de que nuestro personaje no había visto el antes, ni el comienzo de la misma, no aguantó la tentación de quedarse mirando la televisión, sentado en un extremo de la cama, apoyando su cuerpo con los brazos hacia atrás… El tiempo iba pasando. Ya eran las ocho y veinte. Miró su reloj. Tenía programado salir a las siete y media, pero lo que estaba mirando se tornaba interesante. Sobre todo que le resultaba útil. Tenía programado ir a la compañía de servicio de televisor por cable para anular la suscripción del servicio. La razón era que por problemas de electricidad la antena repetidora no transmitía la señal con regularidad. En las noches su televisor se quedaba todo en azul, precisamente porque la señal dependía de las antenas repetidoras, y como la electricidad estaba presentado problemas por el racionamiento que se estaba aplicando, no había señal televisiva en su aparato. En las mañanas siempre había electricidad, y era cuando aprovechaba ese poco tiempo para mirar algo, como ese día. El muchacho de la película asistía a la universidad y contaba con el asesoramiento del escritor, con quien conversaba mucho. Y como era lógico absorbía de los conocimientos y de la cultura del señor. Un día en clases, el profesor interrogó a un alumno sobre un autor, y el alumno no sabía absolutamente nada sobre el autor y su obra, sobre la que estaba hablando en clase. El muchacho deportista murmuró el nombre del autor, y el profesor se sintió ofendido porque no le estaba preguntando a
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él. Entonces, el profesor se dedicó a carear al muchacho con citas de autores para ponerlo en ridículo. La sorpresa fue grande porque el muchacho deportista interrumpía al profesor citando al autor y continuando la frase que el profesor decía. El profesor había quedado desautorizado por el muchacho, quien, según el profesor tenía que ser bueno solo en el deporte, y no en letras. Al regreso a la casa, el muchacho deportista había comentado todo el impasse con su amigo y tutor. Tuvieron su intercambio de ideas. El señor le advirtió que tuviera cuidado porque el profesor se había sentido humillado, y que podría venir represalias. El muchacho no veía el motivo. E hicieron un trato: que todo lo que el muchacho escribiera que no se lo enseñara a nadie, hasta que no tuviera terminado. Porque, de hecho, el muchacho había comenzado a escribir algunas cosas. El señor le dijo que escribiera, y si lo iba a publicar, que lo publicara intacto, sin correcciones, porque escribir es escribir y no pensar. Volvió a insistir en la idea el señor y empezó a sacar sus frustraciones de escritor, que había visto mucho de sus artículos corregidos, amputados y encuadrados a los gustos y estilos de los críticos. Nunca había sido publicado tal como había escrito, sino como habían querido las casas editoriales. Había pasado con algunos de sus libros. Porque el escritor sigue su vena de escritor. No escribe para gustar y para complacer gustos y pareceres. Escribe porque así lo siente. Por lo que decía, el señor tenía muchas experiencias amargas al respecto. E invitó al muchacho que escribiera sobre un tema que ya el señor había escrito. Le sugirió el mismo título, que era algo así como “la época de la fe verdadera”, o algo por el estilo, que tenía que
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ver con la fe y con una época. Pero, con la promesa de no dárselo a nadie. En esos días, en la universidad, se estaba realizando un concurso de ensayos de escritores. Era parte del curso. El muchacho había participado con un artículo. Después del entrenamiento de basket, el muchacho fue llamado a la oficina del rector de la universidad. Lo estaba esperando toda la comitiva académica para conversar sobre el artículo para que diera razones. Le preguntaron que si su artículo era suyo. El muchacho respondió afirmativamente. Le preguntaron que si esas ideas eran suyas o copiadas. Suyas, respondió. El profesor que llevaba el ataque y el interrogatorio era el profesor del impasse en la clase, con la asistencia y aprobación del resto de los profesores. Cuando el profesor consideró que ya lo había acorralado lo suficiente, se acercó con una revista abierta en la página donde comenzaba el artículo del escritor tal, que había escrito un artículo con el mismo título, y desenmascaró al muchacho… El mismo profesor reconocía la originalidad de las ideas del artículo del muchacho, pero le criticaba el mismo título, y la primera línea que eran tal cual las mismas con que empezaba el artículo el señor, cuando había publicado el artículo. Entonces, el profesor le pidió que escribiera una nota reconociendo que se había copiado, cosa que no era verdad, y que la leyera en clases. El muchacho no escribió nada, por lo menos en ese momento de la película. Nuestro personaje estaba absorto y por de más interesado. Ya había pasado la hora que tenía programada de salir. Pero el momento de la película valía la pena. Miró el reloj
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y se disculpó consigo mismo, como si tuviese obligación de hacerlo. Era su propio tiempo y no tenía que dar explicaciones. El muchacho de la película llegó rabioso a la casa. El señor lo abordó. El muchacho le contó todo con lujos de detalles. El señor le pidió que hiciera la nota, que se disculpara y que reconociera que se había copiado. El muchacho alegó furioso todas sus razones, que diferían del señor. En ese momento se desató un lazo muy bonito de cariño entre los dos. El señor empezó a aflorar su instinto paternal de protección…. Nuestro personaje se levantó de la cama donde estaba sentado. Apagó el televisor, tomó su maletín, tomó las llaves de su carro y del apartamento, apagó las luces, y salió de la habitación… No se supo el desenlace de la película. Ni qué pasó con el muchacho.

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En esa misma mañana, nuestro héroe recibió una llamada telefónica. Era una persona amiga. Estuvieron hablando largo rato. Tal vez una hora. O menos. Esto, al igual que con el nombre, nos obliga a ubicar a nuestro personaje. ¿Será mecánico, u odontólogo, o médico? No lo es. ¿Y, policía? Ya se dijo que no, cuando se le relacionó con el caballo. Ni caballo, ni policía. Tampoco burro, cuando se le refirió con Sancho. Aunque pueda que algo de burro en cuanto a sus acciones, pero es muy mala fama que se le da al pobre animal, que de burro tiene el nombre, y ni para saber cómo se le llamaría si no fuese burro el burro, porque el apelativo o mote de burro, y no la gracia como nombre, la lleva el que es burro, sin ser animal. Algo de esto tenía nuestro personaje, sin serlo. Pero que si se mira con claridad y objetividad tiene más de burro el caballo que el mismo burro, porque un burro se enterca y no quiere pasar cuando detecta un peligro inminente en el camino; mientras que el caballo, apenas siente las espuelas se lanza sin mirar a donde va, y se porta brutalmente dócil al que lo monta causando con ello desgracias y tragedias, tanto para él mismo como para el jinete que lo domina y manda. No sucede igual con el burro que entonces con su comportamiento se muestra inteligente; y el caballo con su docilidad, más bien
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burro parece y lo es, aunque no lo sea ni lleve ni el apelativo ni el mote ni la gracia, y con ello sea mayor la gracia que consecuencia su actuar, al punto que su acción torpe en la obediencia ciega al que lo guía le lleva a rebautizar su obra de gracia con des, para pasar a llamarse, como el rocín que era antes el caballo del loco aquel que ya se dijo, para quedar como des-gracia la nueva obra con nuevo nombre y apelativo, y nueva y distinta la gracia y distinta la suerte. Porque no veía el caballo rebautizado del loco flaco y enjuto de carnes de las aventuras del personaje del escritor Cervantes, la mole de los muros grandes del molino con el que se iría a estrellar, primero él como el objeto en movimiento que secundaría la acción, y el primero en llevarse el sopetón en el impacto del golpe con las aspas del molino por un lado, y por el otro, los muros mismos de la construcción. No hubiese sucedido igual con el burro Rucio que montaba Sancho, porque de plano, su jinete no le hubiese exigido, ni con espuelas de caballero ni con rama de burrero menos, arremeter contra lo que no era más que una mole imposible de derribar con cabezazo y cuerpo, así fuese duro el cuerpo del burro o macizo el cuerpo del jinete, que en este caso hubiese sido el mismo Sancho; pero que no, porque burro y jinete no veían más que un molino, siendo molino el molino, como lo que era, y no gigante armado, viendo lo que creía ver y no lo que en verdad era la verdad. Esa era la diferencia que hacía distinta la acción y distinta la consecuencia, porque distintas eran las visiones y distintos los resultados, como adolorido un cuerpo y con ello también el del caballo con bautizo nuevo, y sano el otro y sin doler como
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también hallábase por entonces el burro, sin bautizo nuevo, que no era necesario para estar sano y sin dolor, y no re-bautizado para llevarse semejante atropello de la estrellada sin misericordia contra pared y aspas. Obligados estamos en cierta manera a dar un oficio a nuestro personaje. Como caballero era el primero del caso que ya tenemos, o burrero el otro, como ya dijimos. El oficio como que fuese clave para poder darnos y hacernos una imagen de nuestro héroe, que en caso de no serlo como tal, habrá de serlo para esta obra, porque de alguien tenemos que hablar en concreto, y algo ha de hacer para poder ubicarnos mejor. Tarea forzada en la que nos hallamos porque es preciso decir quién es y qué hace, pues de lo contrario hablamos de un nadie y de un uno que no se sabe y qué papeles tocaba o toca, y ni para saber si le han dado vela en este velorio, al querer darle carta de ciudadanía y existencia en nuestra obra, que ya tiene, aunque no la tenga definida y precisada. Pero del que ya nos venimos haciendo una idea, a pesar de no describirlo ni detallar cómo y qué hace, ni cómo es. Aunque su actuar ya indicara y nos diera pistas de quien o de qué se trata. A este punto es justo precisar, para ubicarnos, que tampoco así es nuestro personaje. ¿Entonces, cómo habrá de serlo; y necesario será que tenga un prototipo al cual asirnos para poder pensar bien en él cuando ya pensemos? Lo bueno para él, es que ya se piensa, aun cuando no tenga una descripción exacta porque no se ha descrito.
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Traigamos a la mente a Raskolnikov, personaje de Dostoievsky, para ver si de él nos valemos, ya que a este autor y personaje hemos referido antes al querer darle un nombre a nuestro héroe. ¿Será estudiante como el mozo aquel del estilo y objetivo del autor ruso? ¿Estará dubitando y se hallará entrampado en su juego de la mente, y ambigüerará, como en la ambigüedad andaba entre hacer lo que ya había pensado y planificado de matar o no a la vieja, sobre la que trata toda la obra en concreto de Crimen y Castigo? Y ya con esto que recién apuntamos nos convertimos en padre y asumimos la criatura como nuestra, sin saberlo que quizás ya otro lo haya hecho, porque no se puede negar que todo el que en artes anda, en padre se convierte con mucho o con poco, pero igual en padre se convierte, como ya nos hemos convertido de manera inmediata al usar la palabra “ambigüerará”, y que tiene como madre de la criatura el sustantivo “ambigüedad”, que para alivio nuestro es femenino, ya que habrá de decirse siempre “la ambigüedad”, y no el ambigüedad, aunque sea masculino la aplicación, pues se dice que esto o aquello es ambiguo, y con ello cambia el género, a pesar de femenino ser el sustantivo; sin negar, como habrá de ser lo justo, que si en femenino se usase como se usa, entonces, también cambia el género con que se use, si es de usarse en femenino, como por ejemplo, esa idea es ambigüa, o, esa situación es ambigüa. Y la paternidad habrá de ser en la forma de usar el sustantivo como verbo al decir “ambigüerará”, porque está referido a una acción de incertidumbre y de inseguridad dudosa propia del enfermo en debilidad mental, que piensa una cosa ahora mismo y otra en el
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siguiente instante y otra de una vez, que por fin no sabe lo que piensa y siente, y estando en constante sufrimiento, llegando a tormentos acumulados y en crecida siempre, como lo andaba el personaje del citado autor del nombre de la obra que ya dijimos, después que del El Quijote y Cervantes habláramos, y del que en este momento nos ocupamos. Pero que si lo referimos como comparación a nuestro personaje nos preguntábamos, ¿será que “ambigüerará”?, y con ello colocábamos como futuro posible al hacerlo en forma de pregunta, o como futuro simple, si simplemente lo afirmamos, al conjugar el futuro, como “yo ambigüararé, tu ambigüararás, él ambigüarará”… y que en el caso de la relación con el personaje del autor ruso, era como pregunta de esa posibilidad. Con el detalle en la usanza válida en esta obra, y como habrá de ser cuando se use en otros casos, insistiendo en los dos puntos de la “ü”, porque según manda la buena gramática habría de pronunciarse la ü para que suene como ha de sonar, que es eso lo que quiere decir los dos puntitos sobre la u en el caso de la única letra que lleva en buen español, por lo menos en el gramatical normado, pues no tiene otra aplicación en otra letra vocal, por lo menos en español; y si, en cambio en otros idiomas, como en el francés o el alemán por referir algo conocido. Igual aplicación tendría, al menos en la escritura, la palabra Pariagüan, porque la ü puntuada sería el indicativo que la ü suena, como de hecho suena en la pronunciación diaria. En el caso de nuestro personaje, tampoco se parece en nada al personaje ruso que estamos refiriendo. Ya de eso habríamos de darnos cuenta y conocimiento desde un comienzo,
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pues se ve que en el caso nuestro, o nuestra en caso de ser femenino el personaje, como igual dijimos, tiene un hacer decidido y resuelto. Y, entonces, como habrá de ser… “¿Y cómo es él… a qué dedica el tiempo libre?”… Y habrá que hacerlo entrecomillando lo que acabamos de entrecomillar, porque es de otro la paternidad, como lo es la nuestra en esta obra, tanto con la palabra que dijimos, como en el caso de nuestro personaje, que ya tiene forma pero no se ha descrito, y aún así tiene ya existencia, porque no se puede negar, igualmente, que ya todos pensamos en ese como nuestro, y que es nuestro héroe, o personaje o individuo, para con ello, en las tres palabras usadas satisfacer tendencias y gustos, como si el que en creaciones procura ser auténtico, su balanza por los gustos ajenos inclinar debería; porque en caso de serlo, sería dar muerte a su creatividad en ingenio y en intuición en aras de caer en gracia y en simpatía, y entonces, no sería fiel a sí mismo, sino que pasaría a ser su producción un producto y no una creación, que es distinto. Tal vez, por eso, es que nuestro personaje no debería parecerse ni a El Quijote, ni a su caballo, ni al burro, ni a Sancho; como tampoco, tendría que parecerse en características y propiedades a Raskolnikov, ni a la vieja a quien aquel desnucara con el hacha, porque son creaciones mentales de sus respectivos autores. Aunque no tanto se aplica en el caso de Cervantes, ya que éste dudaba según el prólogo de su gran obra, si seguir y recoger las aventuras que ya se contaban del tal Quijote y que después re-contara a su forma y manera; como
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igual con el nombre que le daría con exactitud al loco sin carnes; o como si usaba frases en latín o no, para mostrar su finura, como entonces se acostumbrara en todo aquel que se preciara de letras, encontrándose en ello una cierta ironía en contra de esa usanza, y que otros en caminos paralelos igual hicieran, y que el Cervantes utilizara en el antagonismo tanto de las figuras flaco-gordo, alto-chiquito, inteligente-bruto, leídosin letras, astuto-mentecato, personalizadas estas ideas en El Quijote-Sancho, o en las mismas imágenes de la caballería, caballo-burro, Rocín-ante-Rucio. Tampoco se trata de continuar las locuras que en ese libro se cuentan, y que son fantásticas y propias para entretenerse sabiamente, como algunos intentaron dar continuidad como en el caso de aquel que titulara una obra Don Quijote en América o sea la cuarta salida del ingenioso Hidalgo de La Mancha1, y que es válido porque se queda tentado de esa hazaña, la de prolongar la historia al continuarla, quien haya consumido en lectura toda la obra de autor ibérico. Pero cada cual en su paternidad y con su prole, con la suya propia. Ya que al asumir como propio lo ajeno o pretender parentesco con ello, no pasa de ser más que burda la paternidad, al punto de ser padrastro, o arrimado o acomodado, y no acomoda para nada el intento sano de apropiarse o de acomodarse a la idea- hija que ya ha nacido y crecido con propia personalidad distinta que la se quiere, y debería ser otra
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Don Tulio Febres Cordero, autor merideño. Esta pequeña obra no pasa de ser una lectura pintoresca de un ambiente merideño de paseos a la Otra Banda y demás encuentros de familias de la ciudad de Mérida… Es pintoresca, pero muy lejano al estilo de lo que pudiese ser un intento serio de continuación de la obra de Cervantes… Muy lejos… Nota del autor. _______________
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por ser otra la creatividad; todo porque obedece a su tiempo y espacio. Aunque no por ello sea otro el hijo y otro el padre como resultado de distintas las uniones y realidades que los crearon, y ya por eso, son distintas las obras, como ha de serlo. Pues a esta que emulaba a la del autor español, por lo menos en el título como idea, ya que la diferenciaba al decir que era “en América”, pero que no se niega que ilusionaba y esperanzas creaba de ser continuidad al completarla con la idea de que se trataba de “la cuarta salida del ingenioso Hidalgo de la Mancha”… no era sino creación propia y original al exponer la idea de lo opuesto del regionalismo y con ello cierto patriotismo necesario con la influencia extranjera que en alguna forma su autor quería insistir… Por eso ya era otra la idea, otro el padre y otro el hijo, y otro el resultado. Y no sabemos si otro el Espíritu Santo, que dudamos que sea, ya que es el mismo espíritu el que guía las letras y los inquieta para hacerlo como siempre lo han hecho y lo harán, siempre-siempre. No es, entonces, parecido en nada ni a ese ni a cualquier otro, como ha de serlo, nuestro personaje. Ni al del español, ni al del merideño. El nuestro tiene y ya existe, aunque todavía no tenga su carta de ciudadanía, que se da cuando es presentado un niño en la prefectura en el caso del asentamiento civil, y que aquí se da desde el mismo momento en que se le nombra, y es harto lo que ya se le ha nombrado, y que así como cada personaje de cada autor de los muchos que en el mundo hay, exige se le nombre junto con el padre que lo haya creado; así, igual, con el nuestro, ha de nombrársele porque existe. Al punto que ya de él hablamos y de él una imagen tenemos. Cada cual
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ha de tener ya la suya. Pero, sigue siendo como necesario, sin embargo, que le demos nombre, ya de mote, ya de gracia, porque no parece justo que solo le demos el apelativo, como se dijera en algunos pueblos, de “nuestro personaje”; porque ¿cómo lo irán a referir, o lo haremos, cuando en alguna obra u ocasión de él hablemos? Podría decirse en referencia que de “nuestro personaje” se trata. Y aunque nadie lo cite o lo refiera, no puede negarse, ni mucho menos, que tiene un padre, porque ya es un hijo al estar en esta obra implícito, y porque de él hace rato que nos ocupamos, aunque pueda que ya estemos como aquel diálogo entre Abbott y Costello, cuando hablaban de los jugadores que irían a ocupar las bases en el equipo de St. Louis en el juego de la temporada, en donde “Quien” iría a ocupar la primera base, “Cual” la segunda, y “Nolosé”, la tercera. A la pregunta de cómo se llamaba el de la primera base, la respuesta era “Quien”, porque “Quien” era el que iba a ocupar la primera base, se generaba una discusión porque el que preguntaba que como se llamaba el de la primera base, recibía como respuesta que “Quien”, y volvía a preguntar el que preguntaba que quién era el de la primera base, y volvía a recibir la respuesta que “Quien” iba a ser la primera. Otro tanto sucedía cuando preguntaba por el de la segunda, recibía como respuesta que “Cual”, el de la segunda, y “Cual” volvía a ser la respuesta, y se presentaba un jaloneo verbal porque “Quien”, “Cual” y “Nolosé” serían los respectivas bases de ese juego, para estar ambos claros en la conversación, porque el que respondía decía los verdaderos nombres de los jugadores, porque así se llamaban, y el que quería saber los nombres, a pesar de que oía
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los nombres pertinentes como eran, no entendía que le estaban respondiendo correctamente, y se confundía al punto de perder la paciencia y acalorarse en el diálogo del show. Por otra parte, además, es muy útil tener en consideración que son más famosos los personajes creados, que los mismos autores o padres de ellos. Citemos, por ejemplo, a un Pinocho, a un Superman, o a un Tarzán, o a un El Zorro, o al mismo Hombre Araña, o de muchos otros que en el arte hay. ¿Quién de su autor se acuerda, o los nombra en referencia respetuosa para aludir a ellos? Nadie. Tan solo que en sus mundos un experto sea, o que un erudito de la escena viva. Aún así. Más fácil es recordar al personaje que al autor. Porque, de los personajes referidos hay que resaltar que existieron primero en el papel y en la mente de sus creadores que en la pantalla grande o pequeña, que es donde mayor resalte adquieren. O el caso más reciente del tan conocido Harry Potter, ¿quien recuerda a su creadora? Más no sucede igual que con la criatura, a quien todos recuerdan e identifican. E, incluso, del último que en boga está, como son los Simpsons, nadie cita, sino para los interesados en ello, a su autor. Todos recordamos, y así siempre ha sido, más al hijo que al padre, aunque al recordar al hijo, ya debería estar contento su progenitor y creador, pues es su obra. El caso es que tenemos que dar un nombre a “nuestro personaje”, porque es necesario que nombre tenga. ¿Cómo le llamaremos, “matarile rile ron”?, como decía la canción que cantáramos de niño, u otrora, para utilizar una sonancia de refinados y de gente de letras, como si con ello nos hiciera más letrados y diestros en el escribir y en el habla. O, como podría
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continuar en cualquier algarabía infantil, como habría de serlo en los tiempos viejos de aquellos años bellos de recuerdo eterno, al continuar escogiendo este o aquel nombre, para hacer más gracioso el baile entretenido de una alegría sin fin: “Yo escojo a Ramón... matarile rile ron... Y qué nombre le pondremos… matarile rile ron... Le pondremos Miguelito... matarile rile ron. Ese nombre no le gusta... matarile rile ron. Le pondremos rey Luisito... matarile rile ron. Ese nombre no le gusta... matarile rile ron”. Porque, al fin y al cabo, el nombre no era importante, aunque sí, porque el juego no seguía hasta que no se escogiera el nombre que gustara, y explotar en carcajadas de inocencia que todo lo celebraba, porque estaba más que viva y vivita la imaginación., y como ha de estarlo para el que escribe y crea un personaje, como hemos de crearlo, ya sea partiendo de un modelo de carne y hueso, o del fruto de una invención, como lo han sido tantos en la historia, para ayudarnos a la salud mental, así sea pura imaginación. El Quijote, es uno de ellos, en nuestra riqueza y patrimonio de la humanidad. Pero no citemos porque sería largo y sin fin el intento y nos llevaría a otra parte, que no es nuestra tarea en esta ocasión. Mientras el nombre se nos viene para escogerlo y utilizarlo para llamar a “nuestro personaje”, sigamos tratando de otras cosas útiles que van a ser necesarias en nuestra narración. Será el estilo que utilizaremos para justificar lo que ya estamos contando. Tipo verso, en forma de poema, sería muy trabajoso, porque nos obligaría a rimar todas las terminaciones de frase con “on”, como camisón, o pantalón, o canción, o reunión; o
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palabras que cuadren para no borrar ni quitar el final con “on”. Eso en caso de querer combinar todo con esa terminación. Porque si fuese otra la silaba con que termine la frase, en iguales aprietos habremos de encontrarnos para hacer que todo cuadre. Otros lo han logrado y han convertido sus obras en maestras y modelos, ya de la figura, ya de la imagen, como del estilo. Pero para eso se requiere además de ingenio, mucha genialidad; y en ambos, tal vez, el ingenio no nos abandone, porque ingeniarse una idea o un personaje puede ser más sencillo, solo es cuestión de cerrar los ojos y de imaginarse esto o aquello, y ya la mente nos lleva por mundos maravillosos. O si no, es esperar la noche para dormir, que ya el sueño nos regalará una nueva creación; más si ayudamos a la mente con una sopa llena de grasa o algo que altere el buen funcionamiento digestivo. Sin duda, que saldrían personajes nuevos, comenzando con seres tiernos y terminando con fantasmas, como consecuencia de una alteración estomacal que nos pondrá la mente a parir en figuritas nuevas y extrañas. Podría sentirse feliz, entonces, el pensador aquel que dijera que hay que “hacer parir la mente”, cuando proponía que había que pensar; pero que en nuestro caso no debería tener mucha aplicación, porque había sugerido aquel otro hombre de la película, que hay que escribir y no pensar. Hay que escribir, decía. Escribir y escribir… Cuando se escribe no se piensa, porque, si no, no se escribe… No es el caso de escoger la forma de poemas por las razones ya esgrimidas. Así haya habido genios en ese doble arte. Pero tampoco se trata de que copiemos.
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¿Habrá de ser, entonces, el estilo de la historia por el que optemos en nuestra escogencia? Y hay muchas obras por ese estilo. Es larga la lista. No se trata de darnos de eruditos y de citar a este y aquel otro para saber, como aquel autor mexicano de reciente renombre, como para saber que se sabe y es extensa la información. O de repetir como el loro lo que otros loros igual repiten. No es historia-historia lo que aquí contaremos, porque no es fidelidad a los hechos y a los acontecimientos, y no se trata mucho menos de biografía, o algo por el estilo. Que no porque sea biografía sea tediosa, sino porque toda biografía llega justo a esos límites de lo aburrido. En todo caso, se trata de respetar los gustos y los colores, porque no todos disfrutan de los mismos placeres en el placer del disfrute de la vida. Hay quien disfruta más lo fantasioso y lo creativo, como la novela, o la historieta, o lo que sea, pero que no se encuentra en la biografía, que es más bien fría, y al punto de ser considerada de todas las formas de escribir la más pobre de todas. Sin negar, por supuesto, que adentrarse en esa forma requiere paciencia para sumar y juntar datos de aquí y de allá para contarlos con objetividad. Lo que también requiere su cansancio y fatiga, y su mérito tiene que tener, que es la consulta de datos para la posteridad. Admirando, sin embargo, a los que su memoria ejercitan en ese estilo. Tampoco habrá de ser en este caso la escogencia de la forma que utilizaremos y que ya estamos usando, como habremos de darnos cuenta. Ni la poesía, ni la historia. Aunque ya hay poesía como creatividad en la historia que se pueda estar contando, porque eso es poesía, no otra cosa que creatividad.
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Pero no la poesía como rima, sino como idea e imaginación. Tampoco se trata de poesía como recurso de sacar lo bello de lo que ya es bello; aunque en eso consiste el arte según Vincent van Gogh en la recopilación de sus cartas en el libro posterior a su muerte, titulado Cartas a Théo, en donde en esas correspondencias se puede descubrir el sufrimiento de van Gogh, pero se puede, igualmente, descubrir la máxima definición del arte, como el grito de la naturaleza que le gritaba que la interpretara, según se desprenden de su rico aporte a la humanidad sobre lo que es el arte, sobre todo en la última carta, por de más reveladora y estremecedora. Sin negar que lo bello ya es bello en sí, la tarea del poeta, ya pintor o en la forma que se exprese el genio, está interpretando con sus palabras, o con los colores si a los colores se dedica, lo que la naturaleza le está interpelando a revelar. Difícil tarea, entonces, la del arte, como la dijera ya en uno de sus libros aquel autor alemán, Herman Hesse, titulado En el balneario de Baden. Pero no se trata de dárnosla de sabedores, sino de entretejer la idea que estamos queriendo precisar desde un comienzo en esta obra, en la que todavía no tiene nombre el personaje, sino el apelativo de “nuestro personaje”, pero que ya nos ubica en la misma para poder continuar. Y que no es otra cosa que una obediencia a interpretar a la naturaleza que nos está gritando a que la interpretemos, que la traduzcamos, que la demos para que otros puedan descubrirle la belleza que ya de por sí los tocados de esa locura están captando y percibiendo visceralmente. Y en cuanto a que un hijo a otro engendra y en padre en cierta manera se convierte, por lo menos en cuanto a idea se refiere y como obra,
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sin contar en este caso la paternidad de que ésta o aquella idea crea el autor, podemos aquí juntar la otra filiación en otra idea como grupo en el grupo de música español, que llevara por nombre “La oreja de van Gogh”, porque hasta una oreja quitada de un tajo en un arrebato por van Gogh, aunque en esto no se juntan los que la historia hacen, pues según otros no fue el propio van Gogh quien él mismo la oreja se quitara, sino que fuese en una disputa en un bar por Paul Gauguin, otro pintor que quien con él en algo también litigara, y que por una mujer el motivo fuera y que Rachel de apelativo llevara, y quien fuera que la oreja del propio van Gogh en persona ella recibiera; aunque en esto igual tampoco los datos se igualan; en todo caso, por muy muerta que la oreja quedara al ser desmembrada sin misericordia de su cuerpo, aún en su muerte y frialdad, a otros inspirara para, por lo menos, rescatar la oreja y darle vida por lo menos con el nombre, y con ella al loco que de su cabeza la quitara, con sus canciones no escasa de igual locura, porque hasta para componer canciones que hagan con sus letras y notas perfecta armonía, algo de desquicio el autor ha de igual de tener, y sobre todo mucho en ocio igual de vivir, que en algo del ocio quiera huir, aunque ya el desquicio y amor por la oreja van Gogh siempre tenía porque desde ese desenlace muchas pinturas de oreja produjera, sobre todo en los tan valorados cuadros suyos de autoretratos, lo que se hiciera pensar, por otro lado, el gran amor que por su oreja el pintor siempre tuviera, y que homenajes post-mutilación, siempre igual en sus cuadros reflejara el amor por su antigua compañera, aunque algunos hayan llegado a afirmar que van Gogh se la quitara él mismo
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para infringirse un castigo y vivir más y mejor su cristianismo, como si fuera sano de cristianos bien formados el cuerpo autoflagelarse, aunque en otros tiempos esta macabra usanza por desquiciados se usase, y que en nada tienen que ver ni en cercanía de vecindad ni en lejanía de distancia con la vida propuesta por Jesús al llevar por amor a Él la propia cruz en el diario y concreto trajinar, y que el pintor admirara en las ideas subyacentes en los cuadros de Antón Mauve, pintor holandés, quien ejerciera mucha influencia en él y a quien visitara para aprender a dibujar al carbón y a la tiza, al difuminado y al pincel; como al ruso Jean François Millet, de quienes dice con gran admiración que a no ser que por los cuadros de Mauve y de Millet, nunca hubiera ni escuchado ni visto un buen sermón sobre la resignación, en cuyos cuadros sí encontraba lo que es la verdadera resignación, “en esas mujeres altas y flacas, esas pobres mujeres vencidas y agotadas, negras, blancas, morenas; están pacientes, sumisas, prontas, resignadas, calmas… Están jadeantes, cubiertas de sudor, pero no se quejan, no protestan, no se lamentan de nada… Encuentro en ese cuadro una filosofía notablemente elevada, práctica y silenciosa, que parece decir: “saber sufrir sin quejarse es la única cosa práctica, ésta es la gran ciencia, la lección que se debe aprender, la solución al problema de la vida”… “Me parece que este cuadro de Mauve sería uno de los raros cuadros delante de los cuales Millet se detendría largo tiempo murmurando: “tiene corazón este pintor”. Aunque si se coloca seriamente a mirar y comparar los cuadros y las obras referidas, se piensa que más Mauve, más bien fuese Millet, de quien
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pareciera estar van Gogh hablando; que aunque otras orejas son también famosas en la historia, como la oreja derecha de la que San Pedro le quita con su espada al siervo del Sumo Sacerdote, y que Malco se llamase el desorejado que según Mateo y Juan así debió de quedarse, porque no dicen que Jesús la oreja a Malco le devolvió, siendo sólo el Evangelio de Lucas el que dijera que su oreja le curó; otra oreja famosa en la historia, sin contar las de las faenas taurinas que otorgan a los toreros que las merecen por su faena en la arena frente al toro, es la oreja que Mike Tyson mordiera dos veces a su contrincante Evander Holyfield y que por ello su pelea perdiera, sin dejar de contar como ha de ser lógico la misma oreja de El Quijote que el vizcaíno le quitara en la primera refriega de la salida de Don Quijote, y que fuera la segunda dizque justificada hazaña que el Sancho presenciara, después de la de los treinta o cuarenta molinos confundidos como gigantes, cuando como su escudero su inocente oficio desempeñara para recibir el propio Sancho la primera golpiza por pretender despojar de todo cuanto el pobre fraile llevaba, creyendo que a él todo le tocaba por la victoria de su amo; sea, así, cuatro los famosos de que sin orejas se quedaran: el siervo del Sumo Sacerdote, Van Gogh, Don Quijote, y Holyfield, sin poder llegar a contar los toros de las plazas en las ferias; pero volvamos a Vincent van Gogh, quien en correspondencia con su hermano, de un poco tiempo antes, de por lo menos dos años, donde no se dejaría de admirar la confesión del propio artista a su hermano Théo, a quien siempre le dirigía sus cartas, al confesarle y aconsejarle desde lo más profundo de que tratase “de comprender la última palabra de lo
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que dicen las obras de arte de los grandes artistas, los maestros serios, y verás a Dios allí dentro. Alguien lo ha escrito o dicho en un libro y alguien en un cuadro”. Porque como dijera otro autor y que es el mismo2 de lo que usted ahora lee, en otro hijo que en otro entonces produjera, que en el arte cualquiera su expresión sea, Dios se deja por el hombre encontrar, al hombre la belleza en sus múltiples formas buscar y al mismo tiempo hallar. Esa misma verdad implícita y lacerante, en el caso del ate, que grita en el dentro del dentro de los que poseen esa sensibilidad, y que se ven obligados a comunicarla, como siempre lo han hecho, y lo harán los que en futuro les toque su espacio y tiempo, como en eterna cadena sin fin, para con ello ir mejorando al ser humano, pues de eso se trata; irán ayudando a crecer en conciencia de su riqueza interna e irán aflorando más y más el potencial puro y fino de la humanidad, al punto de llegar a estar de acuerdo y en total consonancia con Víctor Hugo, en su genial creación de su obra “Los miserables”, que hay que espantarse del que no tenga gustos por el arte, y de que hay dudar del que no sienta inclinación por la belleza descubierta por los que descubren los artistas, cualquiera sea su manifestación. Aunque no dejaríamos de dejar de sentir compasión y tristeza de los que en artes andan porque algo de locura en su ingenio tienen, si no mucho, para poder vivir en esos mundos mentales que viven, para ser, por desgracia suya,

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Véase los libros El piar de un gorrión, y, Preguntas y respuestas de toda persona inquieta sobre la oración, en donde se tratan estas ideas. _______________
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ajenos a sus tiempos y de sus contemporáneos, como siempre ha sucedido. Pero, la humanidad de ellos está necesitada para crecer, a pesar del sacrificio que estos signifiquen. Tal vez en eso consiste el eterno sacrificio a los dioses de todos los tiempos. Cada tiempo necesita un ser especial para la ofrenda. Su locura y su demencia en aras del crecimiento. Porque loco es, sin duda, un creador de Raskolnikov, como de El Quijote, para poder seguir contando lo que cada uno de ellos como personajes iba realizando y sufriendo. Y si lo sufrían los personajes era porque en sus mentes sus creadores les daban riendas sueltas en sus andanzas y complicaciones. Complicado era el del ruso con sus batallas internas en su justificación de que les estaba permitido a los seres extraordinarios hacer cualquier cosa a costa de los seres ordinarios, que no eran otra cosa que el popular, el común. Eso era una locura. Por eso mataba a la vieja, porque era loable que alguien le diera un hachazo, pues era un favor deshacerse de seres como ellas, viles y repugnantes en todo. Pero tarea que les sería permitida según pretendiese el personaje de ese clásico de la humanidad en suerte de la creación de Dostoievsky, o en su desdicha por la locura que eso conllevara y se le desarrollara, porque es de imaginarse el torbellino interno que debió vivir-viviendo que se le vivía en su cabeza e imaginación, y que su tiempo se tomaba para transmitirlo a sus lectores, que también locos eran, y aún lo son y también habrán de ser, para creer en semejantes locuras, y sobre todo, tener paciencia para leerse un libro de tan cantidad de páginas, de principio a fin, y no dar descanso a su alma hasta devorarlo todo y llegar a saber la suerte de la empresa
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comenzada, ya en el autor quien se lo imaginado había, como en el lector, que en su alma igualmente sufría, por eso lo leía y lo leerá quien en suerte tenga la grande dicha y buena ventura de encaminarse por esos mundos de la desventura de ser víctima del mundo de las artes en la versión de letras. Porque bien dice el refrán que “es más loco que el loco, quien con el loco anda”, porque llegar a creerse semejante hazaña y tener paciencia para tomarse el tiempo para perderlo en una locura de pérdida de tiempo en sólo dedicarse a leer. Ocioso ha de estar, primero, el que a esa invención se dedique, ponerse a inventar mundos en su fantasía y después atreverse a comunicárselo a otros a través de la escritura; cosa doblemente ociosa, primero el crearlas, después el escribirla. Doble ocio. Falta de oficio ese el del que escribe o será mucho el ocio en el que vive, que no tiene otra que entretenerse en algo. Pero lo más risa que da todo esto, es que hay quien paga por ese ocio, y entre más ocioso sea el que en ese ocio vive, más seguidores tendrá; porque habrá de hallar a gente más ociosa aún que disfrute y exige cosas más descabelladas que leer y escuchar y ver y sentir con los sentidos. Lo de ocioso ya el mismo Cervantes lo dice en el prólogo de su libro que ya tenemos dicho, cuando en el mismo comienzo ya al lector lo clasifica al decir “desocupado lector”, como habrá de serlo quien igual en estas letras vaya, y por gracia no detenerse quiera. En cuanto a la manera que usaremos y que usando estamos ya, tal vez sea un poco a la manera de contar la que usaba Cervantes, con los verbos al final de la frase, o con oraciones enrevesadas para darle algo de elegancia o por lo
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menos así creerlo, pero que no sólo era el uso propio de Cervantes, sino que por la época así se escribía, como cuando los textos de los autores de por entonces acudimos, como un San Juan de la Cruz o sor Juana, por decir algunos. Cosa realmente curiosa esa la de los genios en la creación. Entre más descabellada sea su imaginación más hechiza y más fieles y adictos tendrá que le crean y defiendan. Porque ¿quien no habrase dado cuenta que El Quijote no es más que una idea y un puro invento, al igual que el Raskolnikov? Solo por seguir a estos dos que desde un principio hemos colocado como modelo de la escritura, mas no por ello, es que seamos clasistas, cosa que es inevitable en la comparación, que nos obligaba a tomar a unos y dejar al resto de los otros. Pero no se hizo por pensamiento ni por separatismo, sino por espontaneidad del momento en el momento que de esto escribíamos desde un comienzo. Tampoco se trata de colocar modelos, como si de ello se tratase. No vaya a ser que se llegue al otro extremo de colocar a El Quijote como el modelo de vida y como el proyecto para el hombre de algún tiempo. Cosa que la risa despierta, acompañada de carcajada y de burla, como de hecho a ese extremo se haya llegado en una sociedad política, no tan lejana, sino muy de nuestros días. Quien semejante ignorancia cometa, en aras de muchas letras, olvida siempre que El Quijote, no es más que un personaje inventado de un ocioso de los muchos que en el arte existen; y que si es grande el personaje era porque grande y exuberante de quien lo inventara, quien fuese escogido como la ofrenda a los dioses de su tiempo, como en otros fuera la doncella más bonita, según de culturas e
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historias nos cuentan. Su aporte en su creación estaba, como habrá de serlo siempre, para ayudar a la humanidad a soñar y a fantasear, porque de eso está siempre necesitada la humanidad de todos los tiempos. Y de esos elementos de siempre necesita para poder llegar a pulir lo más puro de su ser que es oro puro. Precisamente, porque el que en artes busca, se encuentra encontrando y en él inmerso vive para depender de la pulitura de su más profundo ser. Y se encontrará encontrando lo que los artistas expresan en su exquisita sensibilidad. Tal vez por eso era que sufría tanto van Gogh, y por eso tanto andaba buscando y se alegraba de hallar en este o aquel otro pintor alguna nueva faceta que era el fruto de su necesidad encontrada y proyectada. Cosa de locos, sin duda. Como cosa de locos lo de un El Quijote, que andaba haciendo estragos y deshaciendo entuertos en la imaginación de Cervantes, primero, y más tarde en la Mancha, como lugar escogido de sus locuras. Porque por mucho que como modelo a El Quijote colocar queramos, no sería de sanos, que confundiera a unos monjes que por el camino iban como una cuerda de malos hombres que llevaban presa a una princesa y que se habían disfrazado para pasar desapercibidos y que para el caballero andante no los reprendiera. Eso por citar alguna cosa referible de semejante loco, fruto de un sacrificado, como ya dijimos. Pero resulta más loco que el mismo loco, en el caso del personaje que citamos estamos, si por alarde de mucho saber y de mucho aplicar, a El Quijote queramos colocar de modelo a seguir, en un afán de reducirlo todo a un sistema de vivir. Tal vez por ese modelo a seguir todo lleve a transmutar los hechos, ya que se ve gigante
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donde es molino, u otra cosa distinta de la realidad para estar siempre en una realidad ficticia, llevando con ello, lamentablemente a toda una sociedad, que como muchos Sanchos, a sabiendas que su amo loco era, más podía su esperanza de convertirse en gobernador de la ínsula que el jefe le prometiera, que sus sueños y carencias le llevaban también a creer lo que en su sano juicio no era más que quimera. Y lo sabía bien Sancho, pero su deseo de sentirse grande, aunque ya lo era, lo llevaban a transmutar igual su realidad con su sueño ajeno, porque no tenía necesidad de ínsula ni de su gobierno. No por eso atrás se daba el Sancho, porque su mente lo tenía igual en trampa, en aras de tener lo que no le fuera, pero que parecer verdad al pobre gordo todo en su mente le resultaba de tanto escuchar al loco en sus andanzas y sufrir con ellas todas las clases de penurias que por andar con loco quien sano está. Pero como aporte a la humanidad y que como patrimonio ha de ser, como lo es, además de las cosas locas que en la imaginación nos crea y nos entretiene con gusto esas locuras, es preciso que nos preguntemos: ¿dónde está el fruto y la riqueza que este personaje aporta? Al reducirlo lo empobrecemos, sin duda; sea válido, sin embargo para este momento, en todo caso, cometer semejante atrevimiento, al comprimir al máximo lo que es extenso, por ser muy voluminosa la obra y la imaginación y la toda la ricura que de él se vive, que son tres los quijotes que en el hombre existen: el quijote, que no era otro que el mucho había leído y su mente enjuta había convertido, siendo este el primero; el del fruto de tantas lecturas, que de caballería todas trataba, en caballero
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andante convertirse quiso, para ser así el segundo Quijote que en todos igual existe, como diciendo que somos frutos de lo que en el entorno tenemos; finalmente, el tercer quijote, y el más triste de todos, que igual somos, el loco, el de las andanzas, del que depende de lo que pensamos e imaginamos. Porque si en locura estamos en locura nos moveremos. Como en locura era lo de las caballerías y de caballeros, en locuras de lo mismo era el comportamiento. Eso en el caso del primero de los personajes que aquí hemos colocado como inspiración y modelo de manera espontánea y sin ser forzados en nada. Porque en el de Raskolnikov mucha es la interiorización, y con ello la pulitura del oro del ser humano que todos somos y que igual, todos tenemos. El muchacho era de una inteligencia especial. Agudo y profundo. Estudiaba para ser abogado. Había ido a San Petesburgo a estudiar. Pero por cuestiones de dinero había dejado los estudios y se había dedicado a no ser nada, sino a puro pensar, aunque tenía las maneras para buscar trabajo y poder pagarse los estudios. Había escrito un artículo en un periódico donde decía que a los hombres se les divide en dos clases: en seres ordinarios y en seres extraordinarios. Los ordinarios han de vivir en la obediencia y no tienen derecho a faltar a las leyes, por el simple hecho de ser ordinarios. En cambio, los individuos extraordinarios están autorizados a cometer toda clase de crímenes y a violar todas las leyes, sin más razón que la de ser extraordinarios. Se fundamentabas en Licurgo, Solón, Mahoma, Napoleón; e inclusive, sostenía que si las ideas de Newton por una circunstancia o por otra, no
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hubieran podido llegar a la humanidad sino mediante el sacrificio de una, o cien, o más vidas humanas que fueran un obstáculo para ello, Newton habría tenido el derecho, e incluso el deber, de sacrificar esas vidas, a fin de facilitar la difusión de sus descubrimientos por todo el mundo. Esto no quería decir, ni mucho menos, que Newton tuviera derecho a asesinar a quien se le antojara o a cometer toda clase de robos, sino que la mayoría de esos bienhechores y guías de la humanidad han hecho correr torrentes de sangre. Decía, que no sólo los grandes hombres, sino aquellos que se elevan, por poco que sea, por encima del nivel medio, y que son capaces de decir algo nuevo, son por naturaleza, e incluso inevitablemente, criminales, en un grado variable, como es natural. Si no lo fueran, les sería difícil salir de la rutina. No quieren permanecer en ella, creía que no lo deben hacer. O, quizás habría que emular y tener en alta consideración lo que dijera por otros caminos otro autor, como lo fuera José Ingenieros en su obra por de más impactante que llevara por título “El hombre mediocre”, al hombre en sociedad en tres dividir, como lo serían según su pensamiento el hombre inferior, el mediocre, y el hombre idealista; siendo este último el capaz por su ingenio del mundo transformar, contribuyendo con sus ideales a la evolución social, al ser original y único no sometiéndose a los dogmas morales ni sociales, y al que los mediocres se le opondrían, por ser idealista y soñador, entusiasta y culto, de personalidad diferente, generoso e indisciplinado contra las estructuras del momento, aspirando siempre a lo mejor, teniendo su propia verdad, movido siempre según ideales más altos y pensando por sí mismo, no buscando
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el éxito, sino la gloria, ya que el éxito es solo momentáneo, tan pronto como llega se va. Raskolnikov justificaba el hecho de matar a la vieja. La mató, de hecho, y de paso a la hermana de la vieja, a Elisa, también. Le dolió más esta segunda muerte, que no estaba en sus planes, pero en el momento se le habían complicado las cosas, y no tuvo otra que también mandarla al mundo de los difuntos. Desde entonces comienza la crisis de si que ya sabían quien había sido el asesino y de que si no, y comienza el personaje a delatarse y a dar todas las pistas que nadie ni por casualidad tenía. En sus conversaciones en medio de sus delirios mentales se va enredando más y más con el paso de los días. Enferma cada vez más hasta que no tiene alternativa de entregarse, muy con la ayuda de su amiga Sonia, quien a tomar conciencia con sus consejos le ayudase. Y, al igual que con El Quijote en alguna forma nos preguntábamos por saber su aporte para la humanidad y su contribución para pulir y llegar al hombre, que es a todas siempre de oro puro, con este, igual preguntar debemos, ¿dónde avanza el hombre para sí mismo y para con ello sacar el oro que el hombre tiene? Y la respuesta ha de ser, que no otra cosa, que la conciencia del mal hecho y su efecto que roe hasta llevarlo al cruel tormento, y no hallar descanso ni del alma ni del cuerpo, porque en ese todo es completo, llevando al hombre a ruina completa para enflaquecerlo y enfermarlo. Y para eso el autor se las juega todas para convertirse en víctima de su propio personaje, al llevarlo a mundos complicados en sus recovecos, porque para escribir tan largo y tan complejo, ha de tener un
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alma y un espíritu bien refinado y cultivado en esos mundos, o descubrir cosas nuevas, que también habrá de descubrirlas el lector cuando tal historia lea. Porque no halla mayor satisfacción que el que artes anda que encontrar eco en alguien que sepa valorar su esfuerzo y dedicación, y sobre todo que se haga partícipe igual de su creación. Porque no hay cosa más cierta y valedera que el arte requiere que haya otros que por esos mundos también caminen. Y los habrá siempre, para consuelo y alegría de quienes en esos mundos su vida gasta. Séanos valido un ejemplo, y del pintor Rembrandt nos valdremos para citar un caso por de más conocido por los entendidos. Solo un caso de sus muchos cuadros séanos para este punto por ahora permitido, que no sea más que el cuadro por de más sabido, que El regreso del hijo pródigo, y las maravillosas experiencias que en él y por él y a través de él, experimentase el escritor Henri Nouwen, y que a su vez creara, al titular un gran trabajo con el sugestivo título de “Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt”, para indicar con ello que un hijo ajeno a otro en padre también convierte si en su caso el primer hijo, aunque sea de otro, lleva a engendrar otra idea nueva como efecto reproductivo, como siempre habrá de serlo. Y no tanto porque Nouwen escribiera, o porque otros también lo hicieran, sino porque quien frente a la obra de Rembrandt se pare a contemplar, encontrará vibraciones que sólo quien lo haga con sincera sensibilidad habrá de descubrir. Y si ese hijo a otros hijos también engendrase significa que se está multiplicando la familia, por una parte, y la raza humana en su humanidad se está extendiendo, no tanto por el número como
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de ello se encarga lo biológico, sino de la conciencia, que es tarea de lo psicológico. Tampoco se puede negar que quien el libro de Nouwen leyera, a su vez, de quien de Rembrandt se beneficiara, aprenderá a admirar y a mirar cosas más profundas que del cuadro había hecho en una simple vista. Y a su vez, admirará a Nouwen quien fuese el instrumento para volver a mirar a Rembrandt, y llevará a mirar una y muchas veces más el cuadro, pero también llevará a mirar la primera obra, que es, sin duda, la misma de la parábola y a Jesús y a los Evangelios que es de donde viene la criatura implícita. O sea, que un hijo a otros hijos ha creado. El primero en la idea arrebatadora de la idea de un padre bueno y del hijo en su regreso, y del encuentro de ambos en amor eterno, y después un mundo fascinante interpretativo de la obra en sí del pintor en su ingenio, al plasmar en las manos del padre el juego de las dobles manos, al interpretar la idea de la madre y del padre al mismo tiempo, como en la luz de la frente del padre que ilumina al cuadro, y que fuera necesario que Nouwen esos detalles descubriera y relatara; todo ello teniendo el origen en la riqueza misma de la parábola que Jesús dijera y que Lucas en su Evangelio de manera maravillosa fuera el único que tan rica obra escribiera. Y todo ello suma a lo que ya se suma, en relación estrecha de la misma idea del ingenio y de la creatividad, que a otros hijos igual engendra, porque en este caso todo comienza en una parábola, igual recurso literario; después otra obra de arte, como si ya la primera no lo fuera, en una pintura de un genio de los colores y de las sombras a través del pincel y su virtualismo en manejarlos sabiamente, para convertir el cuadro en otra
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parábola más, e igual resaltar el primer hijo que la engendrara. Y así lo que primero ya era bello se hace más bello aún en la interpretación, porque ésta nos lleva a lo sublime al comprender la grandeza de la primera idea… Toda una prole de hijos con el mismo padre. Entonces, si volvemos a lo que se dijo, de que hay que espantarse y desconfiar del que no guste del arte porque no tiene humanidad y no es sensible a la belleza, es porque no pule el oro que tiene y posee. El arte lleva a descubrirnos y a profundizarnos cada vez más. El caso citado antes ya así lo indica. Porque el arte nos hace más rico en humanidad. El caso es que toda creación y proyección en el mundo de la belleza nos lleva a nosotros mismos. Contribuido en ello lo han hecho los que imaginación han tenido. De ellos estamos en el fondo con grande deuda. El mundo necesita de gente que nos haga soñar con la imaginación. Tal vez por eso que ese recurso sea utilizado para manipular y engañar, igualmente, aunque sea de por sí un engaño a sabiendas que son invenciones. Pero se necesita un límite y un freno, porque así sea necesario poder imaginar, no lo es, sin embargo, el engañar. Así no se puede negar todo el bien que se ha hecho con la invención de Santa Claus, que en verdad nos hace soñar además en la parte más bella de nuestra vida, como la de el niño en nuestro ser, pero que igualmente, se ha engañado para crear gente en una masa manipulada y sin ningún criterio de saber un límite poner. Aunque es necesario que exista gente que nos haga imaginar, pero todo su justa medida ha de tener.
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¿Como ha de ser, entonces, nuestro personaje? ¿Será invención, o será real? Que aunque sea imaginario ya es real, como dijeran los entendidos de las ideas lógicas en la metafísica filosófica, y con ello ser seguidores de Aristóteles y sus seguidores en el pensar, como la de los tomistas y toda esa época de pensadores lógicos que han marcado una etapa del pensamiento humano porque si existe en la idea y como una idea, ya existe, por ser idea. Y eso ya le da su realidad. El solo hecho de pensarlo ya existe, y entonces, no se puede negar que ya es real. Pero, ¿será real, de carne y hueso? Sería, entonces, una biografía o una historia o el relato de algo sucedido a alguien en concreto, con lugar, espacio y tiempo específicos. Aquí se corre el riesgo de confundir lo real que existe de forma material concreta con la existencia como fruto mental y de la imaginación. ¿Le daremos a “nuestro personaje”, que así dijimos que se llamaba y que aún su nombre todavía no precisamos, una consistencia concreta desde una persona de carne y hueso? Nos fatigaríamos en esa empresa porque no es de historia lo que aquí se trata, aunque ya sea una historia lo que en ella estamos, porque si en estas páginas todavía vamos es porque de un alguien estamos hablando, que ya existe porque ya nos lo inventamos. Y ya que hemos llegado a este punto, en la forma y fondo de lo que será pensar tenemos, porque es importante que todos esos detalles mejor los precisemos. Al igual que de modelos nos hemos valido para de alguna forma referir y comparar, valgámonos en este momento igual, de otros que ya existen. Puede servirnos la forma de revelación que algunos ya han utilizado, como por ejemplo,
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Dante Alighieri, con su magnifica obra La Divina Comedia, con su invención y revelación de un sueño, con la inspiración de Beatriz quien fuese su musa, como según él mismo cuenta en sus mismos comienzos, para aprovechar el viaje por mundos imaginarios del cielo, del infierno y del purgatorio; y colocar en ellos a quienes el propio autor quería y consideraba que deberían estar. Colocando en una esfera del infierno según iba descendiendo a unos, y más profundo a otros, según sus propios criterios, y que no eran sino sus propios juicios, como si Dios él mismo fuese. Tampoco se trata que de jueces y de sentencias con esta obra queramos, pero no deja de ser un poco atrevido que así lo hagamos, pero aun de esto no se ve salvado quien al crear un algo, mucho de rebeldía, sin duda, tenga. O todo lo opuesto al autor italiano que a las alturas y a mundos de las postrimerías fuera, de otro autor nos valgamos, como de Julio Verne, o sus creaciones proyectadas en futuro pero solo de su imaginación tomadas teniendo como base los adelantos de la ciencia por ese su entonces, en los Viajes, ya al fondo de la tierra ya al fondo del mar, o de entre la tierra y la luna, para igual a mundos de imaginación fantástica llevarnos, y ser así con su espíritu visionario el precursor en forma de novela de la misma física cuántica, y con ello ubicarse en la línea de los inspiradores de los descubrimientos de Albert Einstein, como también el inspirador de los estudios profundos de la masa de la tierra, como con todo lo que tenga que ver con la geología, ya sea la geofísica y la geoquímica, siendo así, Julio Verne un autor de gran importancia para el mundo de hoy, aún cuando su aporte haya sido en forma fantástica y en forma de novela
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ficción, porque también son importantes en esa misma línea la serie del “Súper Agente 86”, con su hasta entonces forma particular de Maxwell Smart de llamar por teléfono con la suela de su zapato, siendo el inspirador de los teléfonos celulares; o como por otra parte, la misma serie de “Los Supersónicos”, en donde se mezcla una especie de reciclaje de “Los Picapiedras”, en una vuelta al pasado con una proyección futurista, porque no se ha nos ha de olvidar que sean las comiquitas y las películas las promotoras de las grandes ideas que después el hombre pone en práctica y hace posible en la tecnología para, igualmente, mejorar al hombre en su misma esencia en esa escalada maravillosa de la evolución. Y dos muestras aquí tenemos para una de las dos valernos, ya sea del aquí se trate, o lejano como el mismo cielo, aunque ambos de pura imaginación se trate. En el caso del italiano, revelado en un sueño fuera, llegando al juicio y a enjuiciados después de muertos; y en el del francés, que en la tierra sus pasos pusiera, pero sin su imaginación quitar para darnos mundos fantásticos que a todos los que sus obras leyera no dejara de imaginar. O seguir en la línea del escritor italiano, que ya tenemos comparado, nos colocaríamos a imaginar que somos transportados, ya por un sueño, o en sueños revelados, o de imaginar encuentros de tierras lejanas con personajes que ya existencia tuvieron como con Jesús de Nazareth, en el caso de El caballo de Troya, de J. J. Benítez, o de Og Mandino, con OK. Operación Jesucristo, quienes, entre otros, se inventaran un retroceso en el tiempo para tener con él, en el caso de Jesús, trato y entrevista; o la de inventarse una novela con carácter
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político y social, porque un autor es hijo de su época como lo resaltara José Ortega y Gasset en su aporte de filosofía de la historia, y colocar a Jesús de Nazareth en el tema por de más delicado y fronterizo de la fe comprometida en la vida diaria con la sociedad, como en el caso de Miguel Otero Silva, con su obra La piedra que era Cristo, corriendo el riesgo de un reduccionismo de personaje como Jesús, quien en la historia de la humanidad creara un hito; es decir de antes de Cristo y de después de Cristo, como se suele hacer las referencias como patrón de la historia. En el caso de que acudamos a los sueños revelados, ya sea por experiencias místicas profundas o por proyecciones mentales en manifestaciones privadas de las muchas que en la mística de todos los tiempos siempre hay; en caso de que a esos métodos acudamos, tendremos que imaginarnos mucho y bien los puntos que se nos van a comunicar para poder transmitir a los fieles lectores que algún día nos leerán, para trastornarlos igualmente, como ya de alguna forma lo habremos ya de estar, y que no sea más que perturbados en esas pretendidas manifestaciones, considerándonos escogidos por la divinidad de manera muy especial, proyectando con ello nuestras posibles propias limitaciones y nuestras frustraciones sexuales, como siempre lo han hecho quienes por esos mundos han andado y quienes se han auto-considerados instrumentos preferidos de manera personal de la propia deidad, ya en forma de apariciones de vírgenes o de otras revelaciones, que siempre nunca se han de acabar, por estar el mundo lleno de desplazados mentales que, como dijera otro autor, como el mismo Simon Freud, que por
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necesidad tendremos que citar, siempre el esquizofrénico con lo religioso su mundo mental todo lo ha de mezclar; considerando que es necesario, entonces, el mundo de los sueños dignos siempre de estudiar; y valorar con ello todo lo que han hecho los que en esos mundos mentales han pretendido a la persona humana por de más complicada, con su dedicación comprender que es más sencillo y bonito y fascinante el mundo del hombre de todos los tiempos en cuanto se quiera al máximo comprender. Y sea válido el estudio de muchos estudiosos que en esos mundos sus vidas han gastado para llegar en la búsqueda de pulir más el oro que el hombre siempre es, y que siempre a ello todo nos ha de llevar, para hacer más sencillo lo que parece complicado en el hombre en su simple mirar, porque tendremos que con Víctor Hugo, otra vez decir, al hablar de Javert, el policía, que en el hombre todos los animales a un mismo tiempo todos se dan, “desde la ostra hasta el águila, desde el puerco hasta el tigre”; tal vez, por eso en otra culturas como la china, cada año está representado en algún animal; porque del psicoanálisis y de esas otras ciencias habremos y tendremos por fuerza siempre acudir, para llegar a lo más profundo de la mente y descubrir proyecciones y frustraciones no realizadas y prolongarlas en auto-revelaciones pretendiendo con ello a otros desquiciar, a pesar de que sea de libre aceptación su credibilidad, o como ya lo dijera San Juan de la Cruz, en su famoso poema La subida del monte Carmelo, ya que el mismo autor dijera que “el alma pura, cauta y sencilla, y humilde, con tanta fuerza y cuidado ha de resistir las revelaciones y otras visiones, como las muy peligrosas
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tentaciones”; o como se lo dijera, igualmente, en el Catecismo Católico en sus números 66 y 67, que las tan famosas y en boga revelaciones privadas, “no pertenecen al depósito de la fe” de la Iglesia. Abundantísimas son las revelaciones privadas que hoy en día en boga están, y que a muchos fascinan y no a muy pocos igual trastornan, porque de que alucinan-alucinan, eso no se puede negar, porque la imaginación con la emoción sumada desquicia la mente, tal vez, como la de El Quijote, que de tantas lecturas de caballería y de ese estilo, su mente en locura le llevó a parar, aunque no fuera sino en la mente de Cervantes quien su padre fuera, y no fuese nada cierto en la vida real. Igual sucede con esas lecturas que tanto adicto tiene y que llevan a encontrar por todos lados apariciones y revelaciones y no cesan de en ese círculo siempre rodar. Séanos permitido algún caso concreto aquí citar, como el tan en expansión que hoy se da, es el caso del San Pío de Pietrelcina, o mejor conocido como Padre Pío, que tanto furor y contagio en sus lectores, está haciendo tanto efecto sin ninguna pizca de criterio y sin ninguna o poca objetividad; siendo el mayor impacto de su biografía lo de los supuestos estigmas que en sus manos y cuerpo, que según ellos mismos dicen, que Dios le supo dar; cuando a todas-todas no van las huellas de la crucifixión de Cristo con las marcas que en las palmas de las manos el santo ya citado tuvo y tenía en su vida terrenal, pues no eran en las palmas, sino en los brazos donde solían los romanos a los judíos crucificar; y Jesús no fue la excepción en ese tipo de muerte que por entonces sufrían los que eran visto como peligrosos como para el imperio tumbar. Con toda seguridad esa interpretación de que los clavos que a
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Cristo le clavaron fueron en las palmas de las manos, se debe de una lectura al pie de la letra del Evangelio de San Juan; pues los romanos a los que crucificaban, los clavos los colocaban en los huesos del antebrazo, es decir, entre el cubito y el radio, que está justo debajo de la muñeca, para que el cuerpo del crucificado soportara todo el martirio y sirviera de escarnio público, para todo aquel que contra la autoridad romana se quisiera levantar. Y ese dato que no concuerda con la historia hace que sea poco creíble lo del padre Pío, a pesar de que haya tanta gente que lo siga en su devoción popular. Pero sean las palabras del Magisterio de la Iglesia, en la persona del Papa Benedicto XIV, palabras que aquí debemos tomar, como en estos asuntos sea la máxima autoridad, que “no es ni obligatorio ni posible darles un asentimiento de fe católica, sino solamente de fe humana, conforme a las reglas de la prudencia, que nos las presenta como probables y piadosamente creíbles”, cuando el Papa en ese entonces hablaba de los casos de las revelaciones privadas de Santa Hildegarda, Santa Brígida, Santa Catalina de Sienna, y que en estos casos y otros muchos esa fórmula, por de más de sabia, siempre se habrá de aplicar. Porque es importante, igual, comprender que así es como necesario pulir el oro que el hombre es, en nada o poco ayuda una postura de esas que aquí acabamos de referir, porque en vez de sacar más brillo porque el oro lo tiene, más bien lo llena de polvo y tierra al llevar a sus lectores las realidades invertir, haciendo de esta vida una triste y constante escapatoria con la pretendida idea del cielo aquí vivir; para, entonces, tener algo de razón, si no mucha, aquellos que alguna vez el atrevimiento tuvieron, porque todo en el arte es
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una auténtica rebeldía a las estructuras del momento y del concreto y diario acontecer, cuando dijeran que la religión para el pueblo era un opio, o una droga, como lo dijeran Shopenhauer y otros que su pensamiento e idea prolongaran cuando llegaron a descubrir y a pensar que en aras de un cielo post-mortem había que perseguir sacrificando un presente histórico concreto como si eso fuese la razón principal de la existencia, y en contra de esa praxis se opusieran, buscando a la humanidad los ojos abrir, y generando con ello una frontera declarada entre lo que se diera por llamar el idealismo por un lado, en oposición a materialismo, por el otro como polos opuestos, como si fe fuese proyectar a un futuro que es misterio y como si la muerte fuese lo prioritario en detrimento y desprecio de lo terreno, llegando al extremo de una apatía enfermiza por la vida en su plenitud asumir. En otras esferas la guerra entre sacralismo y secularismo tristemente se generara, como si de opuestos radicales la idea de los opuestos se tratara; porque los opuestos no son radicalmente irreconciliables, como a veces en la práctica se evidenciara, sino que los opuestos son básicamente necesarios y complementarios, necesitándose mutuamente para juntamente explicarse. O como ya lo dijera en alguna parte Víctor Hugo en su obra Los miserables, cuando coloca en franco diálogo a G., o al como en ese mismo capítulo el autor “el convencional” llamara, con el Obispo, cuando del rey hablaban, y G. ante el requerimiento del clérigo que le pedía que se explicara, G. entonces sus razones y explicaciones daba, al decir que el hombre tiene un tirano, que es la ignorancia, y que en su contra él había votado, por haber engendrado la falsa
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autoridad, en lugar de la autoridad que se apoya en lo verdadero; y que el hombre no debe ser gobernado más que por la ciencia; y a este punto el autor coloca al Obispo completando que también la conciencia; pero que no es el Obispo sino en mismo autor que así piensa, porque no dejar de ser recurso de escritura el colocar en otros lo que se quiere decir, y para ello personajes se inventan, como es de gran utilidad al escribir, para completar con el propio G., personaje como ya se ha dicho, que ciencia y conciencia es lo mismo, ya que “la conciencia es la cantidad de ciencia innata que tenemos en nosotros mismos”; o lo que fuera lo mismo que dijera en otros términos, en su obra por de más sabida y conocida, el propio San Agustín, cuando por su entonces, entonces igual dijera al querer poner a Dios un lugar y no encontrarlo más que en sí mismo, y con ello místicamente decir, que “siendo así que Vos estabais más dentro de mí, que lo más interior que hay en mí mismo, y más elevado y superior, que lo más elevado y sumo de mi alma”. Eso en caso de que a sueños y revelaciones, ya de apariciones o de otras maneras especiales quisiéramos echar mano en todo esto que pretendemos aquí sanamente escribir. Porque, no podemos negar, que el que en artes indaga y al que en artes algo expresa, su vida queda en alto porcentaje igual en eso que inventa, su personalidad siempre ha de quedar; siendo así su obra en una parte su biografía, y que el quiera en ella los rasgos del que en eso que plasma todo su ser queda fiel grabado como si fuese una fiel fotografía, como lo dijera el mismo Cervantes al decir que él “no he podido contravenir al orden de naturaleza; que en ella cada cosa engendra su semejante. Y así,
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¿qué podía engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino la historia de un hijo seco…?”, o como en buen humor el poeta aquel cuando a su amada una serenata matutina llevara, para pedirle que de la cama se levantara… porque era muy pequeña la cama y no cabían los dos. Dice fielmente así el poema de Aquiles Nazoa, de nombre, Serenata a Rosalía, porque es hijo, y como ya hemos dicho que a toda criatura hay que nombrarla, porque es creación, la hemos nombrado para andar sólido y respetuoso en esta ocasión, y quedando plasmado la personalidad de su autor, que se está burlando con su estilo de una cosa seria, como era la de enamorar a su amada, pero que le está pidiendo que se levante, porque en la misma cama no caben los dos, para soltar la risa al no andar por el estilo de un poema que enamora con la petición más firme de su incómoda situación… Dice así el poema en cuestión, que también lleva a pulir en el ser humano lo más puro que es el oro a través del humor: Levántate, Rosalía a ver la luna de plata que el arroyuelo retrata y el lago fotografía. Levántate, vida mía; ¡anda, pues, no sea ingrata! Levántate con la bata, o sin ella Rosalía.
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Ay, levántate mi nena: sé complaciente, se buena y ¡levántate, por Dios! Levántate, pues trigueña, que esta cama es muy pequeña y no cabemos los dos! O la de sacarle lo jocoso a la propia realidad que se vive cada día, como lo han hecho muchos de aquí y de allá, porque de eso se trata la creación en el arte, la de transcender la propia realidad, haciéndola más bella de lo que ya es, y al transcenderla la estamos haciendo sublime y exquisita; o para ser o pretender ser más finos, al decir de “allende las fronteras”, para decir que otros más allá de aquí como lugar y situación también lo dicen y lo viven diciendo con sus letras ya escritas con buen verso y prosa, ya como crítica, ya como análisis, y hasta en canciones, además de las muchas expresiones que el arte tiene; otros, como el mismo Perucho Conde, con su famosa y siempre actual su canción de la cotorra criolla, que era una especie de adaptación de la canción del grupo Sugar Hill Gang, que era de Nueva York, y Rappers Delight como se llamara la canción, haciendo con su humor una simpática versión criolla, con su estilo propio y venezolano su propia creación, y que vale la pena que traigamos en este momento para ilustrar y reírnos también de la situación, al cantar su letra en forma de rap, y admirar lo que halla que admirar, porque como ya se ha dicho, y ese sea nuestro
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horizonte, de que el arte no es otra cosa que la misma naturaleza que grita para que la sepamos interpretar, y hay gente que eso hace en sus múltiples creaciones, como la que damos a continuación, que dijimos que es de Perucho Conde, y que es necesario ponerle atención: Que fú, que fú que yo no sea musiú Me gusta la cotorra y aquí estoy pues con mi cotorra criolla que no habla inglés vivo en Caricuao y trabajo en El Marqués llevo leña en esta vida al derecho y al revés le debo al Italiano al Portugués al Turco, al Zapatero y a Doña Inés y en el apartamento de la UD3 me botan pa´la calle si no pago en este mes Como la ves, como la ves! Que vacilón, que vacilón! Ja ja ja... no es tan seria!!! Y como se quiera en el humor está la crítica, ya mordaz, ya en sátira, de la política, que hace que sea más bello el humor. O la de inventar largas historias como la de Coelho, con su famosa obra El Alquimista, para igual entretener en la imaginación endulzando el alma y purificándola al llevarla a
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pulir como se pule el oro más fino, como ya hemos dicho. O de inventarnos personajes, como es lógico y natural que sea, que aparecen para decir cualquier cosa que el autor quiere en su invención como recurso, para volverlos a desaparecer a placer para mantener en velo a quien su obra lea, como, otra vez, Og Mandino, al inventarse al personaje Simon, el trapero, y su legado de “el memorando de Dios” dejarnos, quedando la duda de si fue misterioso el hombre aquel que desapareció, que muchos llegan a pensar que fue verdad, olvidando que a los en estos mundos del arte algún personaje inventan a su antojo y necesidad para decir en ellos los que ellos mismos quieren y hace tiempo piensan. O seguiremos el fantástico mundo de Robert Langdon, quien viajase entre una tarde y una mañana de Paris a Zurich para resolver, en la brillante imaginación de Dan Brown, en la novela por de más brillante de El código Da Vinci, el complicado mundo en conflicto y misterioso que generara un cáliz, en el que bebiera Cristo en la Última Cena, y al cáliz que el nombre de Santo Grial le diera, y entretejer mundos poderosos en conflicto por el poder, para admirar, sin duda, la imaginación e invención del autor, que al mundo con su relato, por de más fantástico y de soberbial belleza, en ascuas y confusión pusiera; al punto de que muchos hoy ni siquiera se ubican en la idea de que es fruto de una creación y hasta llegan a alegar con datos, como si de eso la obra se tratara, y que es del género de las artes de la novela. O colocarnos en seguir un descifrar una intrincada escritura encriptada en el pecho del muerto de la novela, con lo que comienza, para confundir la mente del que tal obra leyera, al estar escrita en latín y en forma
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de una estrella en un pentáculo, al tener el muerto con pies y brazos, la forma de el hombre de Vitruvio, que en garabatos en su haber el pintor Leonardo Dan Vinci en sus buenos tiempos hiciera. Y al estar la escritura en latín y encriptada para descifrarse, y ahí el juego novelesco de su genio Dan Brown tuviera y se valiera para entretener la imaginación del que esas invenciones leyera, coloca a un lado, su crítica a la Iglesia, y por el otro con la figura del pentáculo, también a los judíos en la confusión y en la mira igual pusiera, valiéndose de la idea del cáliz del que Cristo bebiera, fuera la causa de la causa del mundo todos los males. Y se olvida el mundo que invención fuera lo que el autor de la obra se propusiera. Y, así, como antes una obra en otras igual se multiplicara, como tiene su efecto multiplicador el arte, como siempre lo ha sido y lo será, por los siglos de los siglos, el hecho de la Última Cena, como realidad histórica, por de más bella y hermosa, fue interpretada por Leonardo Da Vinci en un lienzo; tal vez, porque el lienzo le gritaba que esa obra, por favor creara, porque, como se dijo que la máxima expresión del arte lo definiera Van Gogh, al decir que la naturaleza le gritaba que la interpretara, como antes ya dijimos; quizás por eso, Da Vinci, entonces esa maravillosa obra produjera. Y así como una realidad, por de más de bella, llevaba a la otra para enriquecerla y comprenderla; de esa misma forma multiplicadora, Dan Brown, con su aproximación a esa expansión y comprensión su grano también pusiera, dando con ello hijos, lo que hijo ya de por sí engendraba. Pero cada uno en su tiempo y espacio, como igual, en otra oportunidad ya dijimos.
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Podríamos más modelos colocar para ver de cuál de ellos podríamos valernos en nuestra manera. O de política, y entonces temas más serios aquí tratar, como a Carlos Marx con su Capital, con su aporte maravilloso en el orden social; o de Maquiavelo, con su propuesta de que el que aspira poder de todos los medos se debe valer. Entonces llegar a la indecisión de todos y los muchos modelos que hay en la historia, no saber de cuál de ellos, nos podremos valer; para llegar a reaccionar como antes igual lo hiciéramos, que de ninguno de ellos echaremos mano, ya que hijos de otros son, y no lo podemos negar. Tampoco se trata de copiar a otros, porque son otras las paternidades, como otras las circunstancias y muy concretas las diferencias y las mentalidades. Con todo esto, precisos y claros estamos. No se puede hacer propio lo que ajeno es, aunque hayan causado impacto; además, porque en el ingenio no hay modelos y tampoco escuelas. Tampoco es que ingenio se trate de genialidad, sino de creatividad, y de imaginación; y en esto, todos somos creadores de nuestros mundos, porque es muy bonito poder soñar, como no se puede negar que Da Vinci, o Lope de Vega, o Julio Verne, o el mismo Dante, eran maestros en ingenio, como tampoco actualmente Dan Brow, o la autora J. K. Rowling con su obra, por de más fantástica e ingeniosa de Harry Potter. Porque esa es la grandeza del arte que a otros contagia y hechiza siempre en un espiral eterno. Por eso siempre locos al crear siempre habrá, y locos al contemplar y seguir nunca dejarán de aparecer pidiendo a gritos que por favor y por piedad sepan a la
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naturaleza en sus gritos interpretar, porque al ellos en el mundo existir, alivio y consuelo aportarán a los que a profundidades quieren ir siempre, porque es una constante en el ser humano de todos los tiempos. ¡Qué sería del mundo si no existiese el arte y los artistas que nos ayudan a ver la belleza que el mundo tiene! Son ellos los instrumentos para volvernos a la misma naturaleza, como en otras experiencias ya lo dijera el mismo Teilhard de Chardin, de que si llegase a peder la fe… se quedaría con el mundo, con la tierra, porque desde ella volvería a tener la fe que hubiese perdido, de manera hipotética, como él decía. Porque el artista es esa individualidad especialmente dotada para llevarnos al encuentro con nosotros mismos, a través de los que ellos místicamente encuentran con su profunda pasión que los hace morir y vivir, como igual lo dijera por otros caminos la santa mexicana sor Juana Inés de la Cruz, pero que no por ello hablen de Dios en sus obras de manera ex-profesa como los últimos que estamos citando, porque al descubrir la belleza que el mundo tiene, es al mismo Dios descubrir, aun cuando se ande por caminos que nada tengan que ver con lo que siempre hemos llamado fe. Porque, al fin y al cabo, Dios es una experiencia de búsqueda y de apertura, más que la palabra como tal; y a Dios lo descubren todos en el arte, porque se trata de la belleza y de sus profundidades, o como consideran algunos judíos adelantados, que no es tanto a Dios al que hay que buscar, sino a la belleza, porque a Dios hay que superar y eso es lo que a Dios le encanta, como lo dijera Erich Fromm, en su

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obra El humanismo judío, y que otro como padre engendrara un hijo de nombre Debajo de la matica, otro de los muchos padres3 que con otro hijo y paternidad por esos mundos anda, por ser tan extenso el mundo de la creatividad; y para comprender que todo es un eterno girar, de un ir y volver al mismo punto y centro, para llegar a comprender que nada nuevo hay bajo el sol, como igual también dijera el autor del libro del Eclesiastés, para un libro de la Biblia en este extenso tema, también citar; como ya lo ha plasmado el pensador aquel con la idea del castigo de Sísifo, quien transportaba una piedra hasta la cima y una vez llegado al final, la piedra rodaba hacia abajo, y Sísifo tenía que volver a comenzar a empujarla hasta llegar a la cima, y se volvía a repetir el subir empujando la piedra, porque ésta estando arriba volvía a rodar hasta el comienzo de la cuesta, y todo volvía a comenzar; idea ésta reflejada en el sol que sale todos los días y todos los días al atardecer se oscurece en el horizonte, para volver al otro día su rutina repetir, como en un sin fin y en un eterno, porque es lo mismo todo en el hombre en su eterno vivir, porque era la paga o el precio que el personaje de la mitología griega tenía que pagar para no morir, repetir y repetir, la misma cuesta con la piedra que llegaba a la cima, y ya en lo alto, disponerse otra vez a empujar porque la piedra se volvía a rodar. Y ya con esa idea, en padre a otro convierte, para utilizar en forma imaginativa e ilustrativa lo que es eterno en el hombre, y en el arte, lo cotidiano iluminar; para volver a lo que

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El mismo autor de este libro ha escrito un libro con el título Debajo de la matica, en donde se cuestiona la importancia y lo nefasto, al mismo tiempo, del “genio judío”. _______________
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ya se ha dicho, de la importancia que tiene el arte en la vida del ser humano pues nos descubre la belleza que tiene en sí la vida y su trajinar misterioso; y con ello la familia aumentar porque otros la misma idea han tratado y enriquecido como Albert Camus, mucho tiempo después al volver con su pesimismo propio, mas no por ello fuera de lo real, pero con un nuevo enfoque e idea que fue una aplicación concreta del hombre como esclavo de su dependencia como obrero y en el campo laboral; porque vuelve a hacerse eterna la idea de que a otros hijos engendra una idea, y esa de Sísifo, que de Homero, del autor griego fuera su paternidad, porque como dijera el mismo Albert Camus, al final de su estudio respecto a Sísifo, que “el esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre”, y que por eso “es mejor imaginarse a Sísifo dichoso”, porque a pesar de que tenga que volver a empujar la piedra, y de cero comenzar, ya la sola idea de que va a llegar a la cima, es más que suficiente para que el hombre esté contento en su eterno empujar. Y el arte un gran aporte nos da para comprender metafóricamente lo que pesado puede resultar, y es por eso que la belleza el artista ha de siempre descubrir porque se trata de que a la naturaleza hay que saber interpretar, como igual dijimos cuando la máxima definición del arte van Gogh nos supiera dar. Ahora tratemos de cómo la forma de contar lo que aquí estamos haciendo en nuestra idea y en nuestra historia, si en relatos cortos o en si formas largas; o si con muchos puntos, o pocas comas y puntos y comas, o puntos y apartes, o pocos signos, por una parte habremos de usar; o como ya lo hicimos,
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como es evidente en todas las páginas de atrás; o si seguiremos como hasta ahora vamos o es que tenemos algo nuevo por inventar. Pero como ya igual dijimos, no se trata de genialidad, sino más bien de ingenio, es decir de creatividad. No se trata de ser inventores, o de aportes a lo que ya existe, como si con ello fuéramos las cosas transformar; séanos mejor las cosas de la imaginación permitidas, que en eso nada pecamos y con ello nuestro derecho sano de poder sanamente imaginar. A este punto ya estamos de nuestra historia, que no es historia como ya dijimos, porque no se trata de una verdad o hecho concreto historiografiar, sino de un recurso más que válido en estos muchos que en el arte de la invención en el mundo hay. Pasemos a lo que queremos, entonces, y permitido séanos el continuar. Pero, definitivamente, demos nombre a nuestro héroe y no alarguemos más este asunto, porque como dijimos cuando se dijo que en el juego de matarile rile ron el juego no se podía seguir hasta que no se escogiera el nombre que gustase en esa algarabía infantil, asignemos uno para proseguir; y el nombre que nos gusta será por los momentos, el de la “N” o el del “N”, y así complaceremos los dos gustos, ya sea femenino o masculino, para emular la doble fuerza que otros en sus aportes han tratado, como el mismo Dan Brow ,en su obra que ya tenemos citada, de la del El código Da Vinci, por un lado, y por otro, la otra obra suya, la primera, Ángeles y Demonios, en las que trata de la importancia de los polos opuestos que son necesarios, lo femenino y lo masculino, pero no en oposición abierta, sino en complemento y necesidad. Tal vez en esto consista el mayor aporte de su ingenio en el caso de
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Jesús y Magdalena como la aplicación subyacente en toda su obra, y que tanta confusión su idea generara, para volver a la misma idea de la complementariedad, y que el autor encuentra expresada en la obra por de más famosa de la Última cena de Da Vinci. O como del yin y del yang, en otros pensamientos se insistiera como la necesidad de lo opuesto para existir, ideas que ya están implícitos en los mismos libros considerados como sagrados, al colocar que su opuesto necesario y complemento es como en luz/oscuridad, sonido/silencio, calor/frío, movimiento/quietud, vida/muerte, mente/cuerpo, masculino/femenino, trigo-cizaña, y de los muchos que en la Biblia hay. Por eso el nombre que igual usemos habrá de ser indistintamente, llamado unas veces “la N”, o “el N”, pero se trata del mismo personaje, y no porque sea ambiguo, sino porque se trata de la idea de la complementariedad y de la doble fuerza en el ser humano que son necesarias para poder explicarse mutuamente, como igual se explica la nada desde la existencia, o la criatura desde el Creador, o el frío en oposición al calor, o el hambre con la hartura, o la bonanza con la desgracia, o la salud con la enfermedad, o la muerte con la vida, o la noche con el día, o la oscuridad con la luz, o el odio con el amor, o lo uno con lo otro, porque se complementan y se necesitan. Y como el nombre es necesario, y como ya se lo pusimos, rebautizando con ello a nuestro héroe, como El Quijote a su caballo, que antes era Rocín, y después Rocín-ante, y Aldonza Lorenzo por Dulcinea del Toboso, y a las dos mozas que le ayudaron en la venta donde lo hicieran y juramentaran
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como caballero, y una se le llamaba Tolosa, por ser hija de un remendón natural de Toledo, y la otra la llamaban la Molinera, por ser hija de un honrado molinero de Antequera, les dio el nuevo nombre de Doña Tolosa, a una, y de Doña Molinera, a la otra, y a todo le cambiaba el nombre, porque nueva era la nueva historia que desde él se empezaba…y en este punto no deja uno de pensar, sobre todo en el trance de Don Quijote que no podía comer por lo incómodo de sus armaduras, y ese momento nos lleve a pensar en aquella obra titulada “el caballero de la armadura oxidada”; pero volviendo a nuestro caso, nuestro héroe se llamaba “nuestro personaje”, y ahora se llama "N", para llamarse así hasta el final, con una nueva sorpresa para llegarlo a rebautizar justo para terminar, empecemos a continuar lo que ya empezamos y permítanos sea el poder imaginar, porque de eso se trata en el hermoso arte de lo que se llama fantasear, porque, en parte, la humanidad necesita de locos que la hagan soñar, y como ya en esto estamos, pues vamos a continuar… Y con el nombre comienza ya la creación, como igual comienza el libro del Génesis cuando de lo creado nos quiere informar que todo es obra de Dios, y dice que dijo que “haya luz”, y viendo que estaba bien, apartó la luz de la oscuridad, llamándose entonces a lo que recién creaba con el nombre de “día”; y así, atardeció y amaneció, y fue el día primero; e igual con lo sucesivo en su obra hasta llegar al hombre, y que según sorpresa para verificar su nombre a la Biblia en esta vez con esa curiosidad se acudiese, para abrir los ojos en la sorpresa, no dice que Dios al hombre nombre le diese, sino que dice que Dios dijo que “hagamos al ser humano a
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nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todas las sierpes que serpean por la tierra”; y “al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó”; pero no dice que algún nombre le dio; aunque por otros caminos, a este punto el poeta venezolano con su humor y su propiedad dice que Adán es “el ejemplar” que Dios fabricó “con pantano y a quien el nombre de humano le dio por disimular”. La intención que tuvo Dios “fue fabricar un cacharro, pero estaba malo el barro y eso fue lo que salió”; así lo estila en su manera y forma tan original, nuestro Aquiles Nazoa en su poema titulado un sainete o astrakán donde en subidos colores se les muestra a los lectores la torta que puso Adán. Porque la curiosidad es grande cuando en la Biblia no aparece que Dios a su gran creación nombre le diera, y sí a los tres ríos que creó para que regaran el jardín en el Edén, siendo ellos Pisón, Guijón, y Eufrates; pero no a Adán como Adán, y ni otro cualquiera, aunque queda claro que cuando dice que Dios dice que dijo “hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra”, ya queda implícito que ser humano se llamara; de lo que deducir se pudiera que Adán es el sin nombre, porque no se sabe de dónde sale su gracia, aunque el que esos datos de fe cuenta, el autor que eso cuenta, y que se imagina en su invención porque en eso consiste igual el arte, pareciera que al polvo y a la nada se refiera; y de inmediato en ese relato el “sin nombre” se apropia una atribución y bautiza con nombre a lo que de su costilla saliera, al darle el nombre de mujer, y a pesar de que no hila con su
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origen, el texto dice que “será llamada mujer, porque del varón ha sido tomada”, lo lógico fuese en la lógica de la palabra que varona se llamara y no mujer como lo dice que Adán a Eva le pusiera. Y ya que en la Biblia estamos para justificar lo de lo nombres, no podemos pasar por olvido todo lo que se transforma de un antes y un futuro, como en lo de Abram por Abraham, lo de Saray por Sara, Jacob por Israel; hasta llegar a Jesús, llamado el Enmanuel, y que su nombre por un ángel fuese puesto desde el mismo momento de la noticia de su concepción; para después pasar por Pablo, que de Saulo pasa a ser Pablo, porque es importante el nombre que era antes como referencia, para revalorizar el nuevo nombre como el caballo que antes era Rocín con su nuevo nombre de antes, que no era antes sino al final para completar Rocinante porque lo que cuenta es el futuro y lo que hará, como se acostumbraba en otros tiempos cuando las mujeres se iban al convento o decidían vida religiosa o de claustro llevar, o algunos monjes que tanta tenía que ser la renuncia que hasta del nombre antiguo no se querían acordar, como Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, que así se llamara primero, y después que a religiosa se metiera por Sor Juana Inés de la Cruz se hiciera llamar; o como aquel otro de por los mismos tiempos, Juan de Yepes Álvarez por nombre llevase, después fray Juan de Santo Matía, cuando estudiante era, y más tarde como San Juan de la Cruz, en otro cuando también su nombre cambiase; y sea infinita la nómina de casos de cambio de nombre, indicando con ello que el cambio de vida hasta el nombre implicaba; como en el caso que se cuenta de dos que se saludan, y uno insiste en el cambio
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que en todo en el otro encuentra, y en insistir que ahora estaba más gordo y más alto, y en esto y en aquello, y ante la aclaratoria del otro en decirle que él no era Juan, sino Luis Marcos; y ante la insistencia de uno y de otro, uno en hacerle notar los cambios que en el otro hallaba, y el otro en que él no era de quien el uno hablaba, entonces, sigue notando el uno el cambio que dice que cuánto era el cambio que el otro había hecho que hasta el nombre se había cambiado… Costumbre todavía hoy en usanza porque cuando uno que se hace famoso sobre todo en la escena y del público cambia su nombre de pila por otro artístico para ser más fácil y reconocido su triunfo; o en el caso de los Papas, cuando los eligen, ya no se llaman Karol, sino Juan Pablo II, o Juan XXIII, o León XIII, para indicar con ello que sus vidas en otras se cambian; o como aquel caso del que llega a la instancia civil a presentar a su hijo para que quede su nombre asentado y tenga carta de ciudadanía, cuando el encargado de los menesteres de asentamiento de los datos que corresponden pregunta al padre el nombre de cómo habrá de llamarse su hijo, Tigre 24 contesta el interpelado; ante el asombro del secretario que los datos al libro pasaba, el padre del niño sus razones de tal nombre alega, y la única que dice es que así como ha habido alguien con el nombre de León 23, por qué ha de ser extraño que su hijo, igual, Tigre 24 se llame; o como aquel caso del padre que llega a bautizar a su hijo, y cuando el párroco por el nombre del hijo pregunta al campesino, este el nombre que a su pimpollo pondría se le olvida, y hace que el párroco rece el credo completo, porque el campesino recordaba que en la Iglesia todos los domingos el nombre decían; y no
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hubo otra para el párroco que el credo rezar, y cuando el párroco el credo rezaba y en la parte de la concepción del Hijo el párroco iba… “fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo… y nació bajo el Poder de Poncio Pilato…”, el campesino hizo que el padre se detuviera porque el párroco ya el nombre que para el hijo el campesino había escogido el padre en esa parte ya lo había dicho, y el nombre era Ignacio, porque el padre en el credo lo decía y era el recordatorio que el campesino usaba, y era en la parte donde decía “y nació” y el campesino pensaba que un nombre lo que el padre decía; porque cada cual recuerda y relaciona como mejor le parece y resulta; y con ello quedamos con lo del nombre resuelto para avanzar en lo que será el futuro de esta historia que también es cuento.

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“N” había recibido la llamada telefónica en esa mañana. La conversación había sido larga y extensa. Habían tratado temas de gran profundidad y de ninguna importancia. Porque los temas profundos de nada sirven para la vida. Temas como el saber de dónde venimos y a dónde vamos. Temas de gente ociosa que no tiene más en qué pensar, y que cree que al abordar esos temas eternos y de nunca acabarse están yendo a solucionar todos los problemas de la vida y de la existencia. Algunos han llegado a pensar en los elementos esenciales de la existencia como el agua, el fuego y el aire, y desde que se tiene conocimiento del pensamiento humano, siempre ha sido el tema de los temas. Y eso está considerado como hacer filosofía, y lo es. De esos temas habían tratado en esa conversación. Inutilidades, pero igual lo conversaron. Temas tan eternos y de un círculo del que no se sale, como el tema de ¿qué fue primero, si el huevo o si la gallina?, en donde algunos se esmeran en demostrar que fue primero la gallina, de donde viene el huevo; y los otros, en sostener que fue primero el huevo, porque sin él no es posible el pollito que después será gallina, porque sin huevo no hay gallina; pero sin gallina, no hay huevo, y se entra en una duda constante de reconocer que ambos tienen razón, porque sin gallina no hay huevo, como tampoco sin huevo, gallina; dejando de un lado, que sin gallo, no hay ni huevo ni
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gallina; pero que sin huevo y sin gallina, tampoco hay gallo. Y entonces, no se sabe cuál de los tres es más importante, porque sin uno no hay ni uno ni otro, y tampoco el tercero. Entonces, viene a tener razón la niñita que le contesta a su mamá, en el libro Teresa, de Armando José Sequera, que ella la hizo mamá, cuando la señora y la niña pasaban frente a la clínica donde la había traído al mundo, muy contenta le comenta y le enseña la clínica y le dice “hija, ahí en esa clínica yo te traje al mundo”, y la niñita después de mirar el edificio de la clínica y de mirar a la mamá le contesta, “o sea, mami, que ahí fue donde yo te hice mamá”; y en ambos casos, las dos tenían razón, porque sin gallina no hay huevo; y sin huevo no hay gallina, aunque el gallo también dependiera del huevo, porque vuelve a repetirse la historia y el cuento que nunca tiene fin, como los temas que siempre se conversan para demostrar que se está haciendo profunda filosofía. O como cuando el Chapulín Colorado, otro hijo como idea de otro autor, de Roberto Gómez Bolaños, creados para hacernos soñar y fantasear, en algún aprieto que se encuentra y quiere intervenir para él también ayudar, y cuando nadie tiene soluciones a los problemas que se presentan en esos momentos, entonces, el Chapulín suele intervenir para proponer alguna idea, y apenas dice “yo opino”, enseguida lo mandan a callar, porque así como El Quijote, en vez de las cosas mejorar, las pone mayores porque en vez de desfacer entuertos o desfacer agravios, como era la intención del caballero de andanzas sin igual, no desface, o deshace, que es lo mismo lo que quiere decir Cervantes en su español hablado por los tiempos de su redacción; porque en ambos casos, el tuerto
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quedaba igual de tuerto, o tal vez más; y si no era tuerto, pues ya lo iba a ser desde ese momento de la torpeza cometida que complicaba más las cosas, como en el primer caso del caballero, y muchas y variadas por otro lado las del Chapulín, que preciso sea traer al cuento lo que Cervantes de su personaje en su ingenio inventa para entretener sanamente en su por de más sabido entretenimiento, como entonces, relata su primer encuentro con el labrador que castigaba a su criado porque en su trabajo era muy descuidado y sus ovejas cada día una cada vez se iban perdiendo, y como los gritos del muchacho al caballero su atención le había llamado, se acercó entonces el justiciero para aplicar justicia, entuertando la situación que en su firme convencimiento estaba enderezando, como dice que dijo don Quijote al labrador “pero quédense los zapatos y las sangrías por los azotes que sin culpa le habéis dado; que si él rompió el cuero de los zapatos que vos pagastes, vos le habéis rompido el de su cuerpo; y si le sacó el barbero sangre estando enfermo, vos en sanidad se la habéis sacado; ansí que, por esta parte, no os debe nada”, sobre todo porque el labrador al caballero en su derecho le alegaba, y para justificar los azotes que al muchacho le daba, y más que por eso para no pagarle nada al muchacho, porque el caballero en justicia un pago y un sueldo para el joven reclamaba, el labrador para no pagar los setenta y tres reales que la cuenta a Don Quijote le daba, de la suma de nueve meses, según el mismo muchacho dijera, y a siete reales por mes, o para pagar menos, en su lista el labrador pedía que de esa cantidad se descontara “en cuenta tres pares de zapatos que le había dado y un real de dos sangrías que le
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habían hecho estando enfermo”; en vez de eso, apenas se había marchado el justiciero que quería deshacer entuertos, como diciendo enderezar lo que torcido estuviese, lo torció más para el pobre Andrés, que así se llamaba el muchacho, porque apenas ido el jinete en su caballo, se las cobró más fuerte el labrador, quedando todo con todo esto en más azotado el muchacho y llorando y su amo riendo se quedó, porque como se está diciendo si no era tuerto, lo iba a ser desde la torpeza a pesar de ser sana y buena la intención, aunque de inmediato el mismo don Quijote quedara más desfacido, o deshecho, con la caída que por defender a su hermosura Dulcinea frente a unos mercaderes pidiendo que reconocieran su belleza se les quería imponer, y ante el atrevimiento que según a él le parecía, con su espada quisiese al mercader atrevido quien de la Dulcinea pidiese como muestra de ella un retrato, y que aunque ella fuese “tuerta de un ojo y que del otro le manara bermellón y piedra azufre, con todo ello”, para complacerlo en su petición afirmarían de ella lo que él les pidiese, y ante el embarazo de Rocinante, Don Quijote al suelo con armas y todo en esa embestida se cayese, para recibir en remate una golpiza de un mozo de mula que en el grupo se encontraba. Pero con la diferencia del Chapulín, al Quijote la desgracia en ese trance le sucedió en su contra, porque en el del traje rojo y con el martillo del chipote, todos los malos ratos y desenlaces les suceden a los que él quiere siempre ayudar, como igual sucede en el caso de los otros trances que se cuentan en la historia de Don Quijote a partir de ese entonces, aunque haya parecidos con el Chapulín, que en sus entradas apenas lo invocan hace su aparición siempre
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cometiendo algunas trastadas llevándose por delante las mesas, las sillas o lo que le entorpezca su sorpresiva aparición y desde ahí comienzan las complicaciones para los que lo invocaron pidiendo su ayuda, que a diferencia de Don Quijote a éste nadie le solicita su socorro. Volvamos a la llamada de teléfono. Habían estado hablando de la “constitución septenaria del hombre”, y como cada loco en su tema siempre anda, esa mañana esos dos locos en ese tema anduvieron. Hablaban profundo, procurando saber de muchas cosas e ignorándolas todas; pero como los locos lo son sin pedir permiso ni les otorgan licencia para serlo, y las naturaleza les hace sus jugadas, estos dos locos a pesar de su cordura hablaban de que el hombre está compuesto de cuerpo, alma y espíritu, y habían entrado en una clasificación un tanto curiosa como la del cuerpo Físico, la Vitalidad, el Cuerpo Astral, el Alma Animal, el Alma Humana, el Alma Espiritual, y el Espíritu; todo ello fruto de una lectura de algunos autores hindúes. "N" se había quedado pasmado y no sabía mucho qué decir ante el abordamiento del tema. Procuraba, sin embargo, hacer un esfuerzo por entender el camino que su interlocutor telefónico llevaba, y que indicaba que quería hablar de que el ser humano se halla dividido entre un ser superior y otro inferior, como así lograba la idea tomar; es la idea de que el hombre es de constitución septenaria y no simplemente una dualidad, o sea, solo cuerpo y alma como dos realidades opuestas y antagónicas, fundamentado en la idea de la cadena planetaria y de las siete razas, que dan la idea de la naturaleza septenaria del hombre, porque cada principio está
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correlacionado con un plano, un planeta y una raza, y los principios humanos están en cada plano en correlación con las séptuples fuerzas ocultas, incluido en la una trinidad que son Espíritu, Discernimiento y Mente, y que tienen su base en los cuatro instrumentos o vehículos inferiores que son Pasiones y Deseos, Principio de Vida, Cuerpo Astral, y Cuerpo Físico, y por ser inferiores y materiales son transitorios y están sujetos de por sí a ser desintegrados y es lo que se llama como muerte, que no afecta en nada al hombre verdadero que de por sí es inmortal, haciendo así la diferencia radical entre el hombre visible, compuesto de cerebro, nervios, sangre, huesos, linfa, músculos, órganos de sensación y acción, y piel; difiriendo del hombre físico invisible, que está compuesto de Cuerpo Astral, Pasiones y deseos, El Principio de Vida (prana o jiva). "N" había escuchado atentamente toda la conversación que anterior hemos referido; y en alguna que otra parte colocaba su tímida opinión, pero en nada lograba atinar el tema porque la otra persona en la línea del teléfono se hallaba a sus anchas y no quería perder la ocasión de sentirse escuchada. "N" no entendía del todo. A su recuerdo llegaban algunos autores hindúes que había alguna vez leído. Ignoraba mucho del arte hindú y de la India, y de lo poco que sabía, a su recuerdo en ese momento algunas imágenes hacían el fatigoso intento de traer algo de algo de lo que casi nada sabía. Aquello le parecía un cruel tormento esotérico y lo único que a su mente venía era un enredo de cuerpos como los que suelen colocar en las imágenes del Kamasutra, todo confundido con brazos, cuerpos y piernas. Algunas pinturas pasaban por su mente, y lo único que lograba
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vislumbrar en sus colores e impresiones eran unos azules etéreos y como vagando en la vaciedad y en las dimensiones del sueño, y se imaginaba a un hombre divagando como en una mezcla de especie de místico, de soñador y de idealista, con una cierta obstinación y voluntarioso, con tendencia a la dejadez, amando la soledad, evitando la compañía de las personas, deleitándose en medio de la naturaleza, comunicándose con los espíritus con quienes buscase complacerse, y conducido por un profundo anhelo por conocer la verdad, comprender la razón de la existencia y entender el significado de la vida; más conectado con un mundo externo que con el real, del que se hallaba desentendido. Su comunicación sería con los espíritus, utilizando para el encuentro la ayuda de los “médiums”, o personas con algunas propiedades de clarividentes para conectarse con los espíritus, porque éstos buscan la comunicación con los vivos, y que por ser seres especiales tienen poderes telepáticos, según creencias y dogmas de esoterismo. Pasaba por su cabeza la idea de la teosofía y su relación con algunas religiones con una mezcla de cristianismo, de esoterismo y budismo, expresado y practicado por una fuerte tendencia de espiritismo. La otra persona iba hablando y se explicaba. "N" trataba de entender. Su estómago se revolvía a medida que se mantenía la conversación. Era bueno que hablaran e hicieran filosofía, pero aquella tertulia telefónica sus tripas le revolvían. La otra persona continuaba en su tema. En el universo una ley existe de los septenios. La naturaleza se renueva cada 7 años. Los 7 días de la semana, las 7 notas musicales básicas, los
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7 colores fundamentales; todo está regido por el 7. El Hombre tiene 7 cuerpos, a saber: Etero-físico (lo más concreto); Energético o Pránico (nuestra energía vital, que circula esencialmente en la sangre); Emocional o Astral (pues somos susceptibles, por Ley de Correspondencia, a las influencias cósmicas de los astros. La influencia de la Luna sobre las emociones es un claro ejemplo); Mental Inferior o Kama Manas (Kama=Deseo, Manas=Mente; cuerpo donde se concentran nuestras pasiones, nuestro lado racional y lógico); Mental Superior o Manas (cuerpo de nuestra mente desposeída de todo egoísmo, es la sede de nuestros altos ideales y de nuestros sentimientos y pensamientos más puros); Intuicional o Budhi (el cuerpo de la verdadera inteligencia, aquella que nos hace discernir lo bueno de lo malo, es el cuerpo que nos conecta con la Sabiduría Eterna e Infinita); Voluntad o Atmá (Atmá significa Alma, es la Mónada de los teósofos, la indisoluble, la que no le alcanza la muerte, nuestro auténtico y verdadero Yo). "N" estaba confundido con aquella forma y manera de hablar. Aquello le parecía etéreo y vago, pero en la vaguedad del vacío como en la dimensión de lo impreciso y difuso. Recordaba haber comenzado a leer de un abogado llamado Otahola algunos libros que iban por ese estilo, pero no había podido continuar porque le parecía un estilo que le estropeaba las tripas, sobre todo cuando hablaba de la etereoidad cósmica y astral, difusa como la luz entre el atardecer lánguido de la luz que se desvanece y la noche que se encima, o como el desperezarse del amanecer indeciso e impreciso de una luz que se va y no se va, pero que igual hace su refulgente aparición
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para invadirlo todo dejando súbitamente detrás la somnolencia de la aurora entrelucida y oscurecina, de lo que son claro reflejo muchos de los cuadros de artistas hindúes con gran influencia de visiones de Buda. No dejaba de pensar en Pablo Cohelo y su obra el Alquimista, en donde encontraba manifiestamente marcada esa tendencia. Encontraba en su simbología una maraña de ideas confusas y obligadamente entrelazadas representado por una serpiente que rodeaba en círculo grande la parte externa del sello, y en la parte interna un par de triángulos invertidos y entrelazados, como tomando el escudo de la simbología de la estrella de David, pero remarcado en negro el triángulo que apuntaba la parte larga del mismo hacia abajo; los triángulos se entrelazaban de manera que se hacen imposible separarlos porque en un extremo, igualmente representado por otro sub-triángulo, estaba superpuesto sobre el otro triángulo, y en el siguiente yuxtapuesto o por debajo del triángulo anterior, formando a su vez en todo el conjunto seis sub-triángulos; en todo el centro de los dos triángulos grandes, que daban y generaban un hexágono, estaba una cruz con una especie de doble círculo en la parte superior; en todo el centro de la parte superior de la figura donde se unía la cabeza de la serpiente con la cola, para cerrar la figura y encerrar a todos los triángulos y con sub-triángulos y con la cruz con el doble círculo, el centro era la simbología de la cruz que usara Hitler y que fuera usada por los nazis (la svástica) cruz gamada o rueda del sol, como significando en sí misma la idea de unir a varias culturas y religiones, además de representar el curso del sol en los cielos, como también representar el poder del Boomerang, todo lo que
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haces se devuelve, además, de que todo lo que sube tiene que bajar. En todo el centro de la unión de los dos triángulos se visualizaba un diamante, para los que había tapar dos triángulos simultáneamente, tanto de la derecha como de la izquierda, y repetir la misma acción en el siguiente segmento para visualizar, igualmente, otro diamante, llegando a la suma de tres diamantes diamatremalmente y sincronizados, tanto de derecha como de izquierda, de manera que en el sentido anti-horario o hacia la izquierda daba tres, o en el sentido horario, es decir, hacia la derecha, igualmente daba tres diamantes; si se repetía la acción con rapidez, de tapar los dos sub-triángulos de izquierda y de derecha daba la sensación de movimiento, ya sea en dirección opuesta, ya sea en dirección de las agujas del reloj, al punto de repetir y reproducir una imagen centrífuga, de las que estuvo en boga algún tiempo y de las que hacían cuadros con cuerdas de colores para adornar las paredes de muchas casas. Aquella representación de imágenes le parecía a “N” como si estuviera leyendo los pasajes del libro del Apocalipsis, e igual, aun cuando fuera considerado libro sagrado e inspirado, no dejaba de retorcerle las tripas, acompañado con ciertos impulsos vomitivos y de náuseas. “N” estaba realmente sorprendido con aquella

conversación. Le sorprendía la convicción que su interlocutor telefónico manifestaba sobre estos asuntos que para “N” era cosas de locos. No podía, por otra parte, “N” dejar de pensar también en el libro El código Da Vinci, de Dan Brown, y aunque no tenía certeza, o por lo menos, no lo recordaba con precisión, no
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sabía si algo de eso y en ese estilo la obra de ese best seller algo de eso hubiese. La manera intrincada de escribir ese autor y el descifre de lo enripiado, le hacían recordar que algún parentesco con esas ideas había de tener. Recordaba de ese libro, fruto de la imaginación de su autor, lo complicado del lenguaje encriptado, primero con la pura y simple representación del Hombre de Vitruvio, de Leonardo da Vinci, con la que comenzara la novela, posición en la que fuera encontrado el cuerpo de Jacques Saunière, en el Museo de Louvre, en París; después el mensaje críptico escrito a su costado y el pentáculo dibujado en el pecho con su propia sangre, para hacer todo el recorrido por la historia de su historia novelesca, valida y admirable en su creación y entretenimiento, como toda creación ha de serlo de por sí y en sí misma, sin a nada ni a nadie, nada deber, ni mucho menos temer, ni rendir cuenta ni permiso pedir, porque obedece a un patrón de imaginación y enriquecimiento propia del padre que la idea engendró y dio alimento para verla crecer, aun cuando en ella de un santo Grial como fundamento de su excusa y pretexto literario y temario a desarrollar, más que válido y valedero; y pasar, entonces, por la implicación de sociedades en otros tiempos existentes, y ahora con nuevas vidas en su obra como recurso, como las de la misteriosa sociedad secreta del Priorato de Sión, por un lado; y por otro, los Caballeros templarios, y hasta implicar de los católicos, en su historia más que válida y justificada la orden del Opus Dei, generando con ello un escándalo mayúsculo por abarcar en su creación a los judíos, primero, y a los católicos cristianos, después, que recibían en herencia una copa, y que al final se genera una
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inquietud mayor complicada que la anterior, porque no parece que fuera el cáliz, sino Sophie Neveu, la nieta del viejo que encontraron muerto en el museo, y quien ayuda a descifrar lo que había sido dejado escrito en clave bien encriptada, en forma de anagramas o de pistas que llevaban a otra pista para llegar hasta donde estaba el secreto de los secretos… pero que pareciera que la nieta es la heredera de sangre de la línea de Jesús y la Magdalena, y que este pareciera que fuera el mayor escándalo de lo que en su imaginación, Brown como escritor por entonces produjera; siendo mejor la trama en el libro escrito y no tan bien lograda en la película que de ese best seller se hiciera. Lo interesante de toda esta sampablera es que muchos empezaron a escandalizarse de las cosas de la inventiva de su autor, dando por cierto todo lo que él decía en su obra maestra de la imaginación y del arte de la invención, siendo así una obra de colección por su belleza, en el que la clave estaba, la utilización de anagramas o frases enrevesadas para que solo entendieran los que en esos juegos algo supieran, y que no es nada nuevo, porque que hasta de niños se juega cuando se juega en frases encriptadas, como cuando para decir algo a la palabra se le añade o antes o después, dependiendo del patrón o del criterio o del código infantil que se invente para comunicarse, algunas letras para que solo entiendan los que están y andan codificados en eso que ya han pactado, y no entiendan nada en absoluto los que no tienen ni idea de lo se haya pactado; como por ejemplo, se le colocaba a toda palabra la combinación “pre” y todo tenía que decirse con ese código en la conversación, entendiendo solo los que eso entendían, como para decir que
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“se va a comprar chocolate a la tienda de la esquina”, como medida de ejemplo, entonces, todo tenía que tener o antes, o en medio, o al final la combinación “pre”, y a su vez se diría que “prese preva prea precomprar prechocolate prea prela prede prela preesquina”, y solo entendía el otro niño que en ese juego estaba; y la dificultad era mayor según la pericia y rapidez, porque las añadiduras podrían ser también al principio, y en el medio y al final simultáneamente en cada palabra, haciendo que fuera realmente imposible adivinar si no se estaba diestro en ese arte de la comunicación, para hacer más bella la vida de entonces cuando niños jugábamos y nos enriquecíamos en nuestra imaginación, llevando con ello también un desarrollo mental y cerebral, haciendo que se fuera o más inteligente o menos, de acuerdo con la ocasión. Otro tanto se podría decir con la obra de Brown que a tanta gente espantó, pero que no es sino una creación de las muchas que en el arte hay para hacer mejores y desarrollar nuestra imaginación, que cuando es con diversión es más profunda y definitiva en nuestra formación y crecimiento; y con ello es mejor el pulimento del oro que todos llevamos y que todos igual tenemos y somos, porque hasta en el juego del ahorcado en el que se colocaba una letra al comienzo y la última de la palabra que se tenía que adivinar quedando solo las rayitas o los puntos de la cantidad de letras que hacían falta para la palabra completar, y a cada letra fallida iban haciendo una figurita a la que después se le haría una cuerda para ahorcarlos o salvarse de perder si la palabra no se lograba completar; o la de cambiar una palabra de lo adelante para atrás para en vez de decir “medio” se decía “diome”, todo válido en
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nuestro hermoso formar. Lo de los anagramas son una diversión; lo fueron cuando niños éramos, y ahora de grandes igual lo son; solo hay que ver cómo andan con revistas de sopas de letras y de otros muchos acertijos, que sin con líneas paralelas u horizontales o verticales, o si en dos dibujos existen siete o más diferencias; todo ello indica que a todos nos gustan los anagramas porque nos entretiene, nos divierte y nos saca del tedio cuando no se tiene nada qué hacer, siendo algunos realmente adictos y aficionados; pero cada cual mata su tiempo como mejor puede, como lo está matando el lector que en este punto va, y el que esto escribe igual su tiempo mata, de eso ni dudar; como mataba el tiempo en sus tiempos Agatha Christie con sus famosas novelas, y terminaba el lector sorprendido de su falta de lógica porque la autora le había dado todas las pistas para descubrir en su desarrollo el autor de los crímenes, y recriminarse el no haber pensado en el que era, y que al final la autora al fin revelaba, siendo eso mismo una especie de anagrama y de crucigrama que había que llenar. Pero el caso es que a “N” esa conversación que mantenía en esa mañana lo tenía con las tripas a punto de expulsar, por lo intrincado de lo que se imaginaba, todo dependiendo del número 7, que era la clave de lo que se conversaba. El 7 como número y referencia en todo, como son siete los días de la semana, como ya se dijo, e igual, siete los colores del arco iris y siete los pecados capitales, siendo ellos la soberbia, la avaricia, la lujuria, la ira, la gula, la envidia y la pereza; 7 las virtudes cardinales que a los 7 anteriores buscan rivalizar y hacerles frente para combatirlas y en lucha encarnizada en la vida diaria no dejarlas triunfar,
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siendo 7 las virtudes cardinales, como ya se mencionó, la primera de ellas la humildad, después la generosidad, la castidad, la paciencia, la templanza, la caridad y la diligencia, siendo esta última en contra de la pereza, y así cada una enfrentándose a su opuesto para no dejarle en ningún terreno avanzar; y también son 7 los dones del Espíritu Santo, siendo ellos la sabiduría, la inteligencia, el consejo, la fortaleza, la ciencia, la piedad y el temor de Dios; también son 7 las palabras de Jesús en la cruz, que según algunos Jesús dijera; según algunos cuentan dicen que William Shakespeare, igualmente, dividió en 7 las edades del hombre, la infancia, la niñez, el amante, el soldado, el adulto, la edad avanzada y la senilidad; son 7 las notas musicales, do, re, mi, fa, sol, la, si; 7 las artes, la pintura, la escultura, la arquitectura, la literatura, la música, la danza y por último el cine, bien llamado el séptimo arte; 7 los mares, el golfo Pérsico, el mar Negro, el mar Caspio, el mar Rojo, el mar Mediterráneo, el mar Adriático, y el mar Arábico, siendo famosa la reflexión que hiciera con su aplicación concreta Hugo Wast, con su aporte en “El peligro de los siete mares”; 7 eran en otros tiempos las maravillas del mundo; 7 brazos tiene el candelabro de la Menorah; 7 son los chakrás, o siete centros de energía en el cuerpo humano; 7 los maridos del recurso hipotético que los saduceos le ponen a Jesús en su comparación para burlarse de él, porque ellos no creían en la resurrección, según nos cuenta el Evangelio de San Marcos, porque la mujer estuvo casada con los 7 hermanos; 7 son los derramamientos de sangre de Jesucristo, el sudor de sangre, los latigazos, la corona de espinas, la barba arrancada de su rostro,
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los clavos de las manos, los clavos de los pies, y la lanza en el costado, según algunos que esos detalles buscan en números precisar; en 7 días Dios creó al mundo; 7 son los enanos que tenía Blanca Nieves; y 7 vidas tiene el gato, según siempre se ha dicho, aunque sea una sola la que tiene, como todo ser viviente, sin ser para nada la excepción; 7 vacas gordas y 7 vacas flacas las que en el sueño el Faraón soñó y que después a José contara para que su significado revelara; 7 sellos que en el libro del Apocalipsis el Cordero abrió, para aparecer en los cuatro primeros sellos abiertos tras la revelación un caballo de distinto color, para ser el primero un caballo blanco, el segundo un caballo rojo, el tercero un caballo negro, y el cuarto un caballo verdoso, quedando en suspenso en los otros tres restantes la aparición de caballos y sus respectivos colores, pero nada dice el libro sobre si eran 7 caballos, o no; igualmente, nada dice de sus colores en igual cantidad, y que son conocidos por muchos como los cuatro caballos y los cuatro jinetes del Apocalipsis, adquiriendo así de inmediato un carácter fantasmagórico y de presagio de desastres; 7 candeleros de oro que en el sueño tuviera el autor del libro del Apocalipsis, para indicar que eran 7 las estrellas y 7 las Iglesias a las que iría cada uno de los 7 mensajes que a ellas iría la revelación, siendo así las 7 bienaventuranzas del Apocalipsis; 7 panes en la segunda multiplicación de los panes, según se nos cuenta en los Evangelios que eso cuentan; 7, igualmente las cestas que se recogieron totalmente llenas de lo que sobró en esa multiplicación; aunque algunos suman 7, igualmente, en la primera multiplicación, pues dicen que eran 5 panes y dos
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peces, sumando todo ello simplemente 7 los elementos de la operación. 7 veces la condición y la medida que Pedro pone como la práctica del perdón, pero setenta veces 7 es la nueva aplicación, según respondiera como la nueva medida por Jesús en lo humano una sana relación, y que si se aplica como resultado de 70 veces 7, va como resultado 490 veces las veces que se habrían de perdonar, como resultado de la multiplicación; tres veces 7 es el número que identifica al policía que personifica Cantinflas en una de sus intervenciones en el séptimo arte, como dijimos que es el número del cine, en la lista de las artes, utilizando siempre el 777, como queriendo decir, el tres veces 7, o tres veces santo y perfecto, y tal vez, haya en esa alusión una alegoría al Santo, Santo, Santo, que se canta en la misa, para hacer la referencia al perfecto orden, porque con el humor se llega a las profundidades de lo más profundo de la esencia del hombre, porque al ser alabado el Creador en su perfección y santidad, es enaltecido la criatura en su fragilidad. Para sorpresa de sorpresas, 7 son las peticiones que se hacen en la oración del Padrenuestro. Todas estas relaciones tenían a “N” sorprendido. Ciertamente el número 7 tenía y tiene su importancia, y en parte, su interlocutor telefónico no estaba desvariando del todo, aunque sí un poco las vísceras de “N” que se revolvían.

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Después de la por la demás interesante conversación del día y de la mañana que tenemos dicho, “N” siguió buscando la película que le había pedido en encargo de que se buscase a su amigo P, y que desde esa petición tenía tiempo, como dos meses que no lo veía, cuando semanalmente siempre se veían. “N”, sin embargo, había hecho sus propias diligencias para dar con la película. En las ventas de películas copiadas no las había encontrado. No le interesaba si las películas eran o no originales, y aunque le preocupaba en verdad lo del derecho de autor, no se podía negar que a la hora de adquirir un CD, igual le daba si era original o copia, pues por mucho que consideraba y valoraba los esfuerzos de sus respectivos autores y todo lo que sus trabajos deberían recibir en compensación, por eso la ley que les favorecía y les garantizaba todos los beneficios, le tenía sin cuidado infringir esa sacrosanta ley, porque su bolsillo y su economía no estaban para darse esos gustos de obtener originales, aun cuando proliferaran las ventas de copias y que pudiesen recibir el castigo de un delito público; sin embargo, valoraba y consideraba que los autores deberían sentirse más que satisfechos que sus canciones o sus películas se oyeran, se vieran y se disfrutaran. No veía en esa práctica de leyes y su aplicación más que una campaña de las casas productoras y editoriales en su beneficio económico, más que una protección
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del respeto de la creación; veía más productivo y enriquecedor, además de orgullo para los creadores, el que sus nombres se repitieran por todos lados, sobre todo que sus ideas fueran citadas; eso lo veía más que suficiente, aun cuando sus promotores y divulgadores buscasen su recompensas a sus inversiones en dar a conocerlos, aun cuando en muchos casos de libros, aparecieran en las primeras páginas en las que aparecen los créditos de autores y editores que bajo ningún motivo se puede citar, copiar, referir, pronunciar, etc… las ideas que se hallan en ese libro, sin la estricta licencia de su autor o la casa editora; casi hasta se prohíbe leer el libro, o hasta casi es prohibido abrirlo sin incurrir en una pena; cosa absurda en donde prevalece lo estrictamente económico, eso en caso de que una obra una cierta creación u obra dé altos beneficios rentables, que a un autor no le va mal, porque con solamente fama no se vive, aunque la fama enaltece el ego, pero el ego engrandecido y con algo de retribución monetaria, hace que el ego sea más ego y con justificaciones y motivos; porque hasta en esto el mismo Cervantes en el mismísimo prólogo de su gran obra de El Quijote no niega sus profundas aspiraciones, como habrá de tenerlas un escritor, al decir “quisiera que este libro, en el caso suyo de Cervantes, y que en algo se parece al presente, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido yo contravenir al orden de naturaleza; que en ella cada cosa engendra su semejante”, y que por feo que sea el hijo, el padre más lo ama y le perdona sus faltas, como igual lo dijera en su prólogo Cervantes, como igual se dijo; como
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también es el caso de que cada cual escribe como habla, y en eso igual se le debe perdonar, porque es fruto de su propia historia, y no porque mucha cultura tenga y por eso se le autorice a escribir y ello sea una limitante, porque de locura se trata como en antes también se dijo lo que motiva a hacer los que otros no se atreven por ser muy cautos y en cometer errores muy precavidos, mas no tanto los que como muchos han sido atrevidos, ya sea por el mucho ocio en que viven, o ya porque les corre en la imaginación y en el pensamiento un bicho que se llama invención o lo mismo que es que se llama locura; pero no habrá de juzgárseles por sus atrevimientos o falta de gramática, sino por su producción y riesgo, como en un caso conocido en donde su autor quería hablar de “el colon” y de una enfermedad de él padecida, hablaba de “colo”, porque así a él le sonaba, y así mismo lo escribía; como, igualmente, en ese mismo libro quería decir que se trataba de “pénsum” de estudios, y en vez de eso, escribía “pensul”, porque también igualmente así le sonaba, y como se escribe como se habla, así igual escribía, y algunos eruditos del lenguaje sus vestiduras rasgaban por la falta de conocimientos y de gramática y de cultura del que de esos errores en un libro que había publicado se cometía, y que sea el mismo Daniel Albarrán, autor por mí conocido, en su libro Por culpa de la tripa (o gracias a ella), como en su estilo el mismo Cervantes se auto-citara de manera valiente y sin falsa humildad, al final del capítulo 6, cuando el cura y el barbero disponían de qué libros de caballería, que eran de Don Quijote en propiedad, irían a parar al corral, con la ayuda del brazo de la sobrina y del ama de llaves de Don Quijote, para pasar después
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por la pena de la hoguera por ser considerados los causante de la locura del señor Quijana, que era como se llamaba El Quijote cuando en su pleno buen juicio estaba, entonces, cuando en su relato Cervantes llega en la selección de los libros que se irían a quemar, y al colocar su propia obra llamada La Galatea, de Miguel de Cervantes, leído y enunciado por el barbero, entonces el cura, que era el que decidía cuál iría al fuego y cuál no, dice: “-- Muchos años ha que es grande amigo mío ese Cervantes, y sé que es más versado en desdichas que en versos. Su libro tiene algo de buena invención; propone algo, y no concluye nada: es menester esperar la segunda parte que promete; quizá con la enmienda alcanzará del todo la misericordia que ahora se le niega; y, entre tanto que esto se ve, tenedle recluso en vuestra posada”; y así el personaje del cura pasa a ser el mismo autor, o sea, Cervantes, porque el que escribe simplemente utiliza personajes para querer decir en ellos lo que siempre ha querido decir, y lo dice, como ya el mismo Cervantes lo recalca en el prólogo, cuando estaba buscando no justificarse, pero dando razones para no tener que dar citas y citaciones de obras y de autores y de gente famosa, para darle peso y autoridad a su obra, como si le diera, según su parecer, más valor real; entonces, dice “porque yo me hallo incapaz de remediarlas, por mi insuficiencia y pocas letras, y porque naturalmente soy poltrón y perezoso de andarme buscando autores que digan lo que yo me sé decir sin ellos”, ante la nota que hace en su prólogo de no querer ceñirse a la forma tradicional de buscar autoridad y crédito ajeno para darle valor a lo que ya tiene de por sí como obra, y que podría verse como
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arrogancia, pero que es sinceridad en la creación, como ya se dijera antes, de que no se puede andar buscando gustos y complacencias el que en artes anda, sino la de seguirse a sí mismo siguiéndose; o como dijera el cantante de que “a amar, se aprende, amando”, porque no hay técnicas ni escuelas que eso enseñen, sino la propia experiencia y camino, distinto uno de otro; o como igual lo dijera en otras palabras pero en las mismas verdades el poeta de que “caminante, no hay caminos; se hace camino al andar”. El caso es que no había encontrado en las pocas ventas callejeras la película que le tenía interesado, lo que lo obligaba a buscarla en tiendas exclusivas, y con toda seguridad tendría que pagar lo que costase una original. No quería llegar a esos extremos de gastar innecesariamente, más cuando en resumidas cuentas lo que le interesaba era poder asimilar la idea principal de la película que estaba buscando, que era lo que le motivaba, tomar lo que una vez había logrado ver que tenía ella en su mensaje, tal vez innovador y aleccionador. En la televisión habían dado algunas veces seguidas la película en cuestión, pero había sido después de las diez de la noche, y el sueño había podido más que las ganas de ver la película. Se guardaba las esperanzas de encontrarla en alguna venta de buhoneros, y se rendía a los brazos de Morfeo, como es que se dice cuando se va a dormir o se cae rendido a las fuerzas naturales que reclaman un descanso reparador.

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Whoopi Goldberg, en una película hace el papel de una mujer que todo lo resolvía por teléfono. Igualmente, aquellos dos amigos en esa mañana, todo lo habían resuelto por teléfono. Habían sido filósofos profundos sin ninguna importancia para la vida, pero como el hablar pistoladas es gratis, menos la llamada de ese día que uno de los dos tenía que pagar, por lo menos el que estaba llamando, se daban el lujo de dárselas de sabedores de esto y de aquello, aunque no estaban muy ciertos de lo que estaban hablando, cosa que tampoco es necesario, como lo dijera en sus tiempos, con vigencia de siempre, porque eso si ha tenido vigencia, aunque, igualmente, nadie lo cite, ni se acuerde, el autor Erasmo de Rótterdam, en su obra magnífica de el Elogio de la locura, que hay que ser, ciertamente, necio para saber vivir y convivir y hacer la vida más agradable, a diferencia de los sabios, o por lo menos los así considerados por los de su época a los que se veía que quería ridiculizar y criticar, aunque en el mismo prólogo y dedicatoria a su gran amigo Tomás Moro, de ese su libro, Erasmo se pusiese a la defensiva, cuando buscaba justificar que ese estilo, fuese visto con seguridad por los “criticastros” y que lo censurasen por la posibilidad de que fuese visto como bagatelas para ser obra de un teólogo, y, entonces, cita a algunos autores de la antigüedad que ya por ese camino
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andasen, y diciendo dice que, “Homero cantó las guerras de las ranas y de los ratones en la Batracomiomaquia; Virgilio, a los mosquitos y al almodrote; Ovidio, a las nueces; Polícatro hizo el elogio de Busiris, e Isócrates lo fustigó; Glauco celebró la injusticia; Favorino, a Tersites y las cuartanas; Sinesio, la calvicie; Luciano, las moscas y los parásitos; Séneca escribió la apoteosis de Claudio; Plutarco, el diálogo de Grillo con Ulises; Luciano y Apuleyo, el asno; y no sé quién, el testamento del cochinillo Grunio Corocota, de que hace mención San Jerónimo”; y con el propósito de su obra, como él mismo dice, que “era más el agradar que el morder” le da personificación a la “necedad”, así como en el libro del Eclesiástico, en el caso de la Biblia, la “Sabiduría” habla en primera persona, sobre todo a partir del capítulo 24 del mismo libro, igualmente “la Necedad”, en la obra de Erasmo, habla en primera persona al decir que “sola, yo soy, no obstante, la que tiene virtud para distraer a los dioses y a los hombres”, y la que no necesita cambiar de apariencia porque es tal como aparece sin disimular en nada porque tampoco eso se propone, precisamente porque es la misma necedad y en eso consiste su desempeño, y tampoco es que quiera dársela de que sabe porque no sabe, y llama con ironía a los que esas ínfulas se dan, para llamarlos “mirósofos”, o sabios-necios, que hacen suyo lo que no es de su propiedad como autoría, pero que se ufanan de ser autores, y se dan el lujo de citar lo citable para dárselas de muy entendidos, para ganarse el respeto de los que no saben y la aprobación de los que algo o poco en letras son instruidos, para con ello concordar con la misma idea que dijera Cervantes, y que ya dijimos; la Necedad
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es hija de Pluto y Hebe; ante Pluto se “trastornan los cimientos de las cosas sagradas y profanas; por cuyo arbitrio se rige la guerra, la paz, los imperios, los consejos, la justicia, las asambleas populares, los matrimonios, los tratados, las alianzas, las leyes, las artes, lo cómico, lo serio, en una palabra, todos los negocios públicos y privados de los hombres”; y Hebe es la ninfa de la juventud, que es mil veces más bella y más alegre; la Necedad es fruto del amor de los besos, y no del insípido amor conyugal, nació en las islas Afortunadas, en donde todo crece espontáneo y sin cultivo, y le amamantó “la embriaguez”, hija de Baco, y “la impericia”, hija de Pan, y de otras ninfas como “el amor propio”, “la adulación”, “el olvido”, “la pereza”, “la demencia”, “la molicie”, “la voluptuosidad”, sin dejar de pasar por altos a dos dioses más, que son, “Con”, el genio de los banquetes, y el otro, “Morfeo” o “sublime Modorra”, el genio del sueño, haciendo con todos ellos un propio imperio y poderío, al que se someten hasta grandes señores sin ninguna distinción, pues “la Necedad” es el principio y fin de la vida, el alfa y la omega de la existencia, porque la vida no sería vida sin el placer, y eso mismo es la Necedad, ya que “¿hay un solo día en la vida que no sea triste, monótono, insípido, aburrido y molesto, si no se le adereza con el placer, es decir, con la salsa de la necedad?”, aun cuando los acostumbrados a dominarse frente al placer como los estoicos digan lo contrario, pues también ellos sienten placer, y eso no se puede negar, y aunque ellos mismos digan que la sabiduría consista en seguir la razón, y la necedad, por el contrario, en dejarse llevar por las pasiones; siendo la edad del niño la más ventajosa y la más grata,
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siguiéndole a ella la edad de la juventud, edad que le sucede a la infancia, para después llegar a la edad de la vejez, edad tediosa, refunfuñadora y molesta tanto para sí mismo como para los demás, pero que si no fuera por “la Necedad” que mete su mano para volverlos a la infancia, y que no en vano se le llama a la vejez la “segunda infancia”, llevándolos a los márgenes del río El Leteo, río que nace en las islas Afortunadas, para que beban a grandes sorbos el agua del “Olvido”, para que aminoren sus cuidados y vuelvan a la juventud, a pesar de que eso mismo sea “chochear” y “divagar”, pero por eso vuelven a ser niños, porque nadie, entonces soportaría a un anciano en su plenitud de fuerzas mentales el rigor de sus críticas, para ser un beneficio la necedad, por consiguiente, en la vejez, para hacerle y hacerse más agradable en su convivencia, al punto que los viejos quieren con frenesí a los niños, y éstos a los viejos, sin duda porque (como dice el poeta Homero) “los dioses se complacen en poner siempre juntos a los que se semejan”. ¿En qué otra cosa se diferencia sino en que el viejo tiene más arrugas y más años? Por lo demás, todo es igual entre ellos: cabellos descoloridos, boca desdentada, cuerpo pequeño, apetencia de la leche, balbuceo, charlatanería, frivolidad, olvido de las cosas y falta de reflexión; siendo la encarnación de la misma necedad la mujer, porque disfrácese como se disfrace “mona siempre se queda”, pero por su misma necedad, ellas son más felices que los hombres, teniendo como privilegio la hermosura para pretender con ello agradar a los hombres, para lo que son sus adornos, sus tintes, sus peinados, sus perfumes y demás, precisamente, todo por la necedad y por ella sean ellas las que
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en verdad dominen y manden; la Necedad también es llamada “Ingenuidad”, como lo que hace que lo feo sea visto como bello, el viejo ame a la moza, y la moza al viejo, eso mismo, la Necedad es lo que hace agradable la vida; la Necedad es lo que hace que el pueblo soporte a su gobernante, el jefe al súbdito, el amigo al amigo, la esposa al marido y viceversa, el anfitrión al invitado y viceversa, con algo de adulación, comenzando por sí mismo porque es necesario autoafirmarse antes de dar importancia a la aprobación de los demás, para lo que “la Filaucia” da grandes facilidades para que nadie se queje de su fisonomía, ni de su ingenio, ni de su nacimiento, ni de su estado, ni de su educación, ni de su patria, de tal manera que nadie aspire ser otro que él mismo, o lo que sería igual a decir con la teología moral de la Iglesia Católica a que “todos tenemos que ser fieles a nuestra conciencia”, como lo fuese el propio San Francisco de Asís en su tiempo cuando a la Iglesia de la opulencia de entonces hiciera oposición, pero con la característica de su sumisión a la experiencia del Magisterio, que lo diferenciara precisamente de otros que como él se opusieran de manera radical como el mismo monje Savonarola y otros más de ese estilo; o como también lo dijera el filósofo español José Ortega y Gasset con aquella idea de ser nosotros mismos sin “alterarnos”, es decir, sin tomar y decir como comportamiento propio lo que otro piensa y opina, con el pretexto de que se piensa o se dice lo que “la gente dice”, como si eso fuese criterio suficiente para despersonalizarnos; todo esto para decir con Erasmo de la necesidad de la Necedad de la que se fortalece “la Filaucia”, como ya se dijo, porque no son
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los sabios hechos para gobernar, ni para política, ni para la vida social, cosa que si es dada para los que son necios y sepan cualquier vanalidad sin importancia inventar, porque la necedad es el manantial de donde nacieron los hechos famosos de los grandes héroes que han exaltado hasta las nubes los oradores y literatos, y de todas las artes, porque el afán de gloria y reconocimiento universal es lo que mueve en el fondo a un autor, y esos es necedad, como lo es especialmente hoy por hoy el cine, donde se están haciendo magias para hacer ilusionar y soñar, o como lo que interpreta el gran actor Robin Williams, en la que hacía de un estudiante que hacía las veces de payaso en un hospital, en la por de más famosa película sobre Patch Adams, película dirigida por Tom Shadyac, basada en la historia real de Hunter "Patch" Adams y el libro Gesundheit: Good Health is a Laughing Matter, de los autores Adams y Maureen Mylander; siendo Match Adams, el inventor de la “risoterapia”, para producir beneficios mentales y físicos por medio de la risa, sobre todo, de la experiencia grupal y de reírse de uno mismo, y eso no es otra cosa que Necedad, no dicho por Erasmo, sino añadido por el que esto escribe, porque la Necedad, y entonces volvemos otra vez a Erasmo y a su libro, para decir que la Necedad es la que engendra las naciones, conserva los imperios, las leyes, la religión, las asambleas y los tribunales, porque la vida humana no es otra cosa que un juego de necios, y en eso consiste la representación de la comedia humana, que el que más necedad tenga como conveniencia, más felicidad tendrá, y en la que es necesario mucho porcentaje de no avergonzarse de nada y de atreverse a todo, a diferencia del
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sabio e inteligente, que por no errar tiene demasiada prudencia y nunca hace nada, sustentándolo todo en la reflexión y precaución, afianzando con ello su falta de carácter y sus muchos temores, mientras que el necio se deja llevar por sus impulsos y hace, porque el necio “no ve sino los hechos”, porque gracias a esa misma necedad la vieja quiere parecerse joven y para ello su apariencia retoca, sometiéndose a toda clase de suplicios con tal de no parecer vieja, como igual también el viejo que busca disimular su vejez con múltiples artificios, y eso es necedad, pero que es necesario para hacer que todos se hallen contentos, y en algo felices, porque la necedad es propio de la naturaleza; siendo las ciencias las que más se asemejan a la Necedad, la medicina, que busca, entre otras cosas, agradar al enfermo; después los hombres de leyes, ya que ellos a su antojo regulan los grandes y los pequeños negocios, y así aumentan su fortuna y son más felices; mientras que los que más lejos de la felicidad se hallan son los que cultivan mucho el saber, pasando a ser doblemente necios, ya que olvidando que son naturalmente mortales, procuran con ejercicios y demás acciones alejarse de ella, como si con ello superaran y perfeccionaran a la naturaleza misma; además los necios tienen una cualidad y es que son francos, sinceros y directos, y eso no se puede despreciar, mientras que el sabio tiene dos lenguas, una para decir la verdad, y la otra, sólo lo que le conviene según las circunstancias, y de estos se rodean los que gobiernan pues necesitan de quien los adule y alabe en todo cuanto hacen, pues los que mandan no aman la verdad; la Necedad es considerada por los sabios como la locura misma, y no hay peor desgracia
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que ella, según los sabios, pero hay dos tipos de locura, una la que pierde todos los sentidos y le hace ver lo que es como otra cosa distinta como consecuencia del extravío de la razón, y otra es la locura que sin perder ningún sentido se lleva a creer verdadero lo que no es, como la de aquellos que se complacen en contar o en oír milagros y mentiras monstruosas y nunca se cansan de escuchar las fábulas más extrañas acerca de espectros, de duendes, de fantasmas, de infiernos y de otras mil maravillas por el estilo, las cuales, cuanto más se apartan de la verdad, más crédito les dan las gentes, y con mayor delicia las escuchan, de entre los que se hallan los clérigos y los predicadores, como dice e insiste Erasmo; o de lo que últimamente se ha insistido en la famosa existencia de un santo Grial, del que fuese y es famoso el libro “El código Da Vinci”, como igual dijimos, y desde entonces, ya todos hablan de un hecho y realidad de la existencia del tan irrisorio cáliz del que bebiera Cristo, como reliquia que anda andando por el mundo, y de esto nadie da como invención sino como cierto, como el mismo Santa Claus, u otros muchos cuentos que hoy se dan por ciertos y sin ninguna discusión, o como lo que el mismo Erasmo refuta en su obra que aquí llevamos, de aquellos “que creen que si ven alguna imagen o cuadro de San Cristóbal, el Polifemo cristiano, ya no se morirá aquel día; los que por rezar cierta oración ante la efigie de Santa Bárbara, se imaginan que volverán sanos y salvos de la guerra; y también los que por visitar la imagen de San Erasmo en ciertos días, llevándole

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tantas velas y diciéndole tales o cuales preces, esperan que muy pronto van a ser ricos1”; la Filaucia y la Adulación se diferencian en que la primera “consiste en pasarse la mano a sí mismo por el lomo”, mientras que la segunda “consiste en pasársela a los demás”, y ésta es buena ya que hay una adulación que es mala como la que emplean algunos para engañar a incautos, mientras la adulación buena es la que “levanta las almas abatidas, consuela a los tristes, vigoriza a los débiles, despabila a los torpes, alivia a los enfermos, doma a los soberbios, hace que nazcan y duren las amistades, inspira a los niños en el estudio de las letras, regocija a los viejos, hace que el hombre sea más agradable y querido para sí mismo”2, lo que hace que de hecho sea la más grande dicha que pueda haber y existir, aunque suene a auto engaño; pero lo que es cierto y seguro es que las cosas dependen del valor que nosotros mismos les demos, y no de las cosas en sí mismas, sino de la importancia que para nosotros tenga, independiente de su valor, porque como dijeran otros autores y ya no Erasmo, que cada cosa es un sacramento para cada uno porque para cada uno cada cosa le dice algo más de lo que representa por si sola, o lo que sería lo mismo a decir que cada cosa es valiosa porque nos trasciende más allá de lo que es, y como ha de ser lógico y natural, convierte en todas las cosas de valor relativo y nada de absoluto, de como igualmente se podría definir el arte, aunque

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Erasmo de Rótterdam, Elogio de la locura, Capitulo XL, La superstición como forma de necedad.
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Capitulo XLIV, Loores de la adulación. _______________
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ya lo hemos precisado cuando a van Gogh citábamos en este respecto, porque, entonces, el arte no tiene belleza universal, sino absolutamente particular, porque no dice lo mismo a todos, sino algo distinto en cada uno que una obra contempla, lee u oye, o saborea, porque también es arte la cocina, y no en vano habría de llamarse, como así bien se llama ese oficio bien desarrollado y desempeñado “el arte culinario”, y que debería ser el primero de los artes, a pesar de que no se cuenta en la lista de las artes, ya que “es primero el comer, después el filosofar”, porque primero le dan tetero o mamila al niño, y mucho pero mucho tiempo después el que piense y discierna; y de ese arte culinario es famosa y de gran lección la película “Ratatouille”, que hace referencia a un plato especial de una región de Francia, teniendo la película como enseñanza en el crítico del sabor Anton Ego que la buena comida y su buen gusto nos recuerda los momentos gratos y agradables vividos, sobre todo en la infancia, de allí que el gusto en el comer es arte porque nos remite a momentos felices de nuestra vida y nos vuelve a hacer felices, como fuera lo que experimentara cuando con sorpresa de sorpresa el plato que el la rata Remy le prepara para someterse a su aprobación, y a su memoria un recuerdo de sus años de niño volviera, apenas probara el plato que le sirvieran, y que no era otra cosa que el «confit byaldi» del que del plato francés “ratatouille” fuera una variación; y a pesar de que el crítico culinario, Antón Ego, es suspendido de sus licencias como crítico culinario por la asociación francesa, Antón Ego forma una sociedad con Linguini, que era el cocinero flaco y falto de experiencia en la cocina al que la rata ayuda, y Colette,
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y por supuesto la rata Remy que es la experta en la cocina y ciertamente el chef y la creadora, o más bien creador, porque es macho y entonces debería ser ratón, y compran y crean un nuevo restaurante, llamado precisamene restaurante “La Ratatouille”; mas no debemos olvidarnos que todo hijo su padre tiene, como en otra parte muchas se dijo, aquí algunos datos de los creadores algo tenemos que decir, porque todo hijo de su padre se siente orgulloso, y sea dicho algo de la ficha técnica de la película que su guión fue obra de Jan Pinkava, Jim Capobianco, Brad Bird, Emily Cook, Kathy Greenberg y Bob Peterson, sin contar ni mencionar a sus muchos realizadores porque es una película de animación por computadora producida por Pixar y distribuida por Walt Disney Pictures, y con ello somos fieles a lo que ya se dijo y hemos mantenido. Pero sigamos con Erasmo, ya que de su obra nos valemos para seguir hablando de la necedad y de lo necesaria que es en el mundo, haciendo como Erasmo hace la diferencia de una y otra necedad, pues este autor insiste en que así como es necesario y útil la necedad para poder ser feliz en este mundo, porque del otro no se sabe, hay, sin embargo, otra necedad que hace creer que lo que se considera sabio no es más que la propia necedad en esencia, de la que son partícipes los gramáticos, los literatos, sobre todo los que buscan a todas costas tener fama y buen renombre, distinto de aquellos que escriben sin tener reparo y que son necios, en cierta manera los buenos necios, por no someterse a normas ni a buenos criterios; después, entre otros, están los filósofos y los teólogos, éstos últimos a quienes Erasmo ataca en su obra con mucha insistencia y de quienes
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dice que “los mismos apóstoles necesitarían una nueva Venida del Espíritu Santo si tuvieran que disputar sobre estas materias con esta nueva especie de teólogos”3, complaciéndose más a sí mismos, para diferenciarlos de los otros teólogos que son más versados en las ciencias y que han tenido tiempo de hojear los Evangelios y las cartas de San Pablo para ser más realistas y con las verdades de la verdad conformes, y que esas cosas de los anteriores les producen náuseas, y quienes hablan y justifican sus elucubraciones con sofismas y lógicas, y hasta del infierno con familiaridad hablan, “como si hubieran vivido muchos años en este país”, o sea el infierno mismo, de las que otros autores han sido también contestatarios como el mismo Martín Lucero, al entre otras cosas las indulgencias y de sus abusos y exageraciones, con mucha razón histórica en su tiempo con gran atino supiera criticar, o el mismo Dante Alighieri, con su gran obra de la Divina Comedia, en los infiernos y purgatorios a muchos importantes colocara para de sus formas fantásticamente ironizar; y que gracias a la gran apertura del Concilio Vaticano II, en la Dei verbum, en ese sentido se han dado grandes pasos al insistir y enseñar que es necesario las Escrituras saber interpretar, no en el sentido literal, sino en el sentido completo de la Revelación, para lo que hay mucho dedicar tiempo y estudiar. El caso es que en esa mañana como dos necios que perdían el tiempo de cosas sin importancia hablaban, y un buen rato en conversación esa mañana los dos pasaban, y si no fuesen
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Capitulo LIII, Los Teólogos. _______________
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verdades o cierto lo que hablaran, ambos su buen tiempo para creerse felices, y serlos, porque de eso y de otro la vida se trataba, porque tenía razón, y aquí y en esto y todo otro se aplicaba, lo que Erasmo en su obra escribiera de ser necios y la necedad sobre ellos felizmente reposaba y de ambos se escuchaban sus tremendas carcajadas, porque era serio y no lo era todo lo que conversaban, porque es propio de necios pasarla bonito y bien, como habrá de estarla pasando el que en este momento esto mismo se halla leyendo, porque de que habrá de ser necio para estar perdiendo tiempo y haber llegado hasta este punto, de seguro habrá de serlo, porque es necio, pero del necio bueno, como del que habla Erasmo en forma de sátira y de sarcasmo al exaltar al necio visto por otros como del montón y del monte, como lo dijera la propaganda de la salsa de tomate en la televisión, pero habrá de seguirlo siendo para saber en qué para toda esta historia y ver qué de ella saca, pero para eso, habrá de continuar en el próximo capítulo, que es donde se encuentra lo más necio de esta necedad de perder el tiempo de dedicarse a escribir, y doblemente necio, del que esto, igualmente sigue leyendo, porque como ya dijimos cuando Cervantes en el prólogo al lector lo tratara de “desocupado”, porque un ocupado en otra cosa su tiempo dedica, y no en este libro su tiempo pierde, porque perderlo en ello es de necio, como ya se dijo, pero es solo de necio buscar “pulir el oro que el hombre tiene y es” cuando del arte, igualmente se hablara, y eso nos hace diferentes, afirmando la importancia y la necesidad de la Necedad, que es sin duda la misma locura, pero la buena,
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porque no sería justo que un pulpero a su queso no alabe, y no sería conveniente no alabarlo. Pero como en este punto la cosa es muy emocionante y por más que parar se quiera, no podemos dejar de caer en la tentación, porque caer en ella es propio de necios, y que como de sabios no nos la queremos dar, ni mucho de dárnosla de “mirósofos” o de sabios-necios, como ya dijimos que Erasmo dijo, cuando a los sabios e inteligentes en su ironía y sarcasmo criticaba, acudamos al mismo San Pablo, para comprender y sorprendernos de igual manera, al descubrir que ya el apóstol igualmente lo dijera cuando en su carta a los Corintios, por entonces estas cosas de manera magistral resumiera, y así muy bonito le saliera que se “podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve. El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el amor no presume, ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita, no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca.”4 Y todo esto para concordar con Erasmo cuando de estas cosas habla y las ubica en lo que muy bien llama “la Adulación”, pero la buena, que consiste, como ya se dijo en pasarle la mano en el hombro al otro para estimularlo, aun cuando algunos digan que es auto-engaño, porque es mismo es necedad, pero necesaria para poder encontrar algo de la felicidad; pero séanos permitido un poco
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Corintos: 12, 31-13, 8ª. _______________
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regresar, ya que por no dárnosla de no ser sabios ni inteligentes, sería lo mismo a una falsa humildad, y entonces, alguna razón ha de tener Federico Nieszche, cuando en su libro “Así habló Zaratustra”, a los cristianos critica precisamente en el tema de la humildad, y entonces en mordaz crítica, pero con toda su razón, en ese punto tenga absoluta validez, y caigamos en lo que Erasmo quiere criticar, y pasemos a ser los sabios-necios, o doblemente necios, por dárnosla de lo que no poseemos, ni por gracia, ni por naturaleza, ni por virtud ni por méritos.

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P al fin llevó la película que “N” le había pedido en favor que le buscase. Era lunes. Un poco más de las cuatro de la tarde. “N” había dispuesto ver la película en detalle esa tarde. Antes había hecho café en una cafetera de presión tipo italiana, lo había servido en una taza pequeña con su respectivo plato, y lo había saboreado gustosamente, antes de dedicarse a lo que se iba a dedicar. Conectó los aparatos en sus respectivos conectores de electricidad. Arrastró su silla tipo sofá de color verde claro y la puso frente a la mesa donde tenía todo dispuesto para dedicarse a lo que haría. Estaba ligero de ropas, más bien, demasiado ligero, y para no sentir el frío del aire acondicionado se puso una franela de color negro para cubrirse apenas un poquito más. A diferencia de El Quijote que se había apertrechado para su salida y su gran hazaña en su locura, “N”, por el contrario, se había despojado de casi todo, por lo menos en esa tarde, para emprender su grande hazaña de contemplar y disfrutar una obra del séptimo arte, como se dijo que se dice y se cataloga el arte que es el cine, con su maravillosa magia y endulzamiento que a todos embeleza y transforma, como ha de transformar siempre el arte, que no es otra cosa que buscar pulir el oro que es el ser humano y que tiene en su más profundo de su esencia; quizás en eso estaba consistiendo el que “N” estuviese ligero de ropa, como indicando su disposición mental e intelectual de
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despojarse de todo, como diciendo que se quitaba toda idea y preconcepción y prejuicio, para absorber el todo del todo de lo que iba a realizar; tal vez, porque se trataba de leer un nuevo libro o una enciclopedia completa de un tema que le iba a ser nuevo, aunque ya tenía alguna idea cuando alguna vez había visto algo de la película que ya iremos a referir y a presentar en desde este capítulo; tal vez, porque se trataba de ver y contemplar un cuadro o una pintura, en la que él no era muy experto, pero que tenía necesidad existencial de ver y contemplar, y en la que estaba abierto a toda una nueva y enriquecedora experiencia; en eso consistiría el hecho del café que se había tomado, como si fuese un café compartido con un extraño en una mesa de cualquier sitio donde se pudiese tomar un café en un diálogo franco y abierto, sin reservas, ni miramientos ni reparos en expresar lo que se pensase, y disfrutar doblemente el momento exquisito de un café y lo que eso significa; podría verse aquel momento como un café en un café, en donde habría intercambio de ideas y de pensamientos y del que se sacaría una experiencia realmente maravillosa como lo es el compartir la mesa, y como habrá de serlo siempre, en la que el café sería, igualmente, una experiencia de belleza como lo es el arte de compartir, porque como todo arte, indudablemente, también se cultiva, se riega, y se desarrolla; esa disposición de “N” no era consciente ni sabía que lo de ligero de ropas, y lo del cafecito antes de disponerse a ver la película, podría ser una disposición de apertura y de franco diálogo, que hubiera sido muy distinto si se hubiese cruzado de brazos, posición y postura que le hubiesen preparado con cierta
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predisposición negativa a estar vulnerable, y sería una postura de impermeabilidad y, más bien, de cerrazón, porque con ello indicaría que nada de lo que viera le iba a hacer cambiar de opinión, cosa que hubiese sido, igualmente, si en un café conversara con un extraño guardando distancias y sosteniendo posturas, tal vez herméticas, y entonces, no hubiese sido una disposición a un diálogo, como a veces y comúnmente pasa y puede pasar, o como la de no mirar a los ojos en la conversación, sino con mirada dispersa y distraída mirase a otro lado y no a su interlocutor, fuese quien fuese. Ya hacían su aparición los primeros letreros

identificando las compañías de cine que habían estado asociadas en esa producción. Todos los créditos de toda obra, como en un libro, después de la portada, en las primeras páginas aparecen el nombre en cuestión de la obra, su título original, su autor, su casa editora, su casa o empresa o taller donde se imprimió el libro; así, estaba apareciendo en la pantalla del aparato reproductor de video todos los créditos de producción, que son necesarios identificar, y que forman parte de la historia de esa obra como tal, ya que nada se da de la nada, y todo tiene un origen, mucho más cuando sean ideas y pensamientos que es importante precisar, porque todo hijo, en creación, tiene su padre, y de eso hay que ser respetuosos y agradecidos, como ha de ser lógico; y el caso es que de entre los muchos datos que aquí se deben decir, aparecían y aparecen en la película los que a continuación se dan como créditos generales, como el Título: Más allá de los sueños, Dirección: Vincent Ward; Producción; Barnet Bain; Guión: Ronald Bass, basado en la novela de
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Richard Matheson; Música: Michael Kamen; Reparto: Max Von Sydow, Annabella Sciorra, Cuba Gooding Jr., Robin Williams; entre otros de los muchos datos que se deben citar; porque toda idea tiene su pensador, aunque no se fuera inédito, ya que como dijera José Ortega y Gassett, todos somos hijos de la época, y se piensa y se siente, y se tiene los gustos de la época, y así en una generación y en otra, aunque cuando a veces quisiéramos dárnosla de originales, pues no lo somos, ya que nos determina en cierta forma la época a la que pertenecemos. “N” había tomado una libreta para tomar las ideas que pensaba le iban a ser útil y de reflexión de la película que estaba comenzando. La escena con la que comenzaba y comienza la película es un lago. Dos jóvenes van en distintas como especies de canoas de paseo por el lago, son un joven y una joven. Ambos se ven y tratan de entablar una comunicación a distancia de una canoa a la otra, pero no se entienden. Ella intenta hablar en italiano. El no entiende y así se lo dice en una respuesta en un italiano de paso, porque ella pregunta que si la entiende: --- Capisce? – pregunta ella. -- No capisce – contesta él. Después se sientan en una especie de prado a conversar. Se presentan. Ella viene de Suiza, y comienzan a ser agradables en la conversación de mutuo escrutinio. Ella saca una especie de manta, la sacude y la estira para sentarse sobre ella. Esos movimientos son muy hermosos en su figura femenina, y tienen algo de sensual, con las ropas blancas que ella llevaba encima, detalles que él no se deja de percibir y pasar por alto. Ella se
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siente segura de la mirada de él y disfruta sus movimientos femeninos llenos de gracia. La siguiente escena pasa a un matrimonio en un templo. Entran un par de novios. La novia toda vestida de blanco. Hermosa. El novio a su lado, llevándola del brazo y haciéndoles algunas picardías con la cara. Eran ellos dos, los que habían estado en el lago. Se estaban casando. La siguiente escena es en una casa. La señora, que antes había sido la novia, prepara el desayuno para los dos hijos que van a la escuela. Algunos detalles de familia, como las típicas recomendaciones de la mamá y del papá para que los hijos las apliquen en la escuela, que si no comer comida chatarra, sino que comerse la merienda que mamá les está preparando, y otros detalles matutinos. Esa mañana la mamá no va a llevar a los niños a la escuela, los va a llevar la señora que trabaja en la casa. El papá sale y los despide en el carro y vuelve a repetirse las recomendaciones de siempre. La camioneta se va, y el papá, que es Robin Williams, y que en la película se llama Cristy, se queda despidiendo a la camioneta que se iba con su dos hijos. En ese momento el teléfono celular indicaba con su alarma de aviso que estaba llegando un mensaje. “N” estiró la mano derecha para detener la película en el aparato reproductor de video, y poder leer el mensaje que estaba entrando justo en ese momento, aunque de principio pensó leer el mensaje más tarde, pero pensó que podría ser importante, y una vez la película en pausa, fue hacia la mesa de noche de color caoba, hacia la cabecera de la cama, a tomar el teléfono y atender la comunicación que estaba entrando. No era nada de importancia,
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aunque si era importante la comunicación, como el teléfono celular, para eso su invento y su profusión, pero se trataba de un mensaje de rutina y de saludo. Lo leyó, y no contestó nada porque consideraba que su silencio en nada iría a afectar a la persona del mensaje.

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“N” antes de volver al sillón de color verde claro, fue a la cocina a tomar un poco de agua. Volvió a estirar su silla para acomodarse. Activó el video. Los dos hijos habían tenido un accidente. Murieron. Las escenas que prosiguieron eran en una Iglesia, en el funeral de los dos muchachos: Marie, la muchacha, y el muchacho, Ian Nielsen. Dos urnas blancas. En la parte delantera, en el primer puesto, están la madre y el padre de los dos cuerpos que están en medio de la Iglesia. La madre está vestida toda de negro y tiene una mirada perdida. El padre tiene algo de seguridad, pero, igualmente, se le ve compungido por el dolor y la perdida, como habrá de serlo en caso semejante. El predicador está hablando, y lo que habla no es muy convincente, como suele suceder también en esos y en muchos casos, y aun cuando lo fuera, quién va estar buscando comprender y tener razones especulativas convincentes o sin
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convicción ante situación tan penosa. Por la cabeza del papá pasan algunas imágenes de sus hijos, sobre todo del varón.

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“4 años después”, es la leyenda que aparece en el siguiente desenvolvimiento de la película. Annie, interpretado por Annabella Sciorra, que es la esposa está preparando una exposición de sus cuadros y pinturas. Ella es una pintora famosa y reconocida. Él es doctor. Y están a punto de celebrar el día “DD”, un código clave que los dos utilizan para entenderse en su amor, como es lógico entre los enamorados, aun de casados, porque la convivencia marital no debe disminuir el hechizo del amor, como ha de ser siempre la sorpresa en la novedad en la cotidianidad de la vida, y como dijera otro autor, Ksawery Knotz, un autor polaco con su libro “Sexo como Dios manda” dice que de estas cosas trata en las relaciones de la pareja en el matrimonio que “algunas personas, cuando hablan de las relaciones sexuales dentro del matrimonio católico, piensan que están privadas de alegría, pasión y fantasía”, porque el sexo “resulta esencial para que hombre y mujer se entiendan, crezcan juntos y aprendan a amarse de manera plena. El sexo es una manera importante con la que cuentan las parejas casadas para expresarse su amor y así sentirse más cerca de Dios, porque “celebran el sacramento del matrimonio y su vida con Cristo también
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durante sus relaciones sexuales”; de donde para sorpresa de mucha gente, ese libro está siendo considerado por los conocedores de la materia, como el “Kamasutra católico”, aunque nada nuevo hay bajo el sol, como dice otro libro de la Biblia, ya que estas cosas están implícitas en algunos otros documentos como en la “familiaris consortio”, cuando dice que “la sexualidad, mediante la cual el hombre y la mujer se dan uno a otro con los actos propios y exclusivos de los esposos, no es algo puramente biológico, sino que afecta al núcleo íntimo de la persona humana en cuanto tal1”; pero el caso es que Annie y Cristi están a punto de celebrar una fecha que tiene que ver con su matrimonio y al que habían decidido darle un código, y éste era el día “DD”. Ella está en el museo. Él en su consultorio, y atiende a una niña. En ese momento él recibe una llamada telefónica de su esposa, Annie. Ella le dice que no va a poder ir donde él, y da sus razones y motivos. Él se compromete a ir donde ella. Le ha comprado un presente y lo ha empaquetado en papel de regalo, con tarjeta de dedicatoria y todo. Él, al salir de su consultorio, se dirige al sitio donde está ella. De vez en cuando mira el regalo que lleva a su esposa, y se siente orgulloso y contento del regalo que le lleva, y que ha colocado en el asiento delantero, el del pasajero. Mientras iba de camino en un túnel de la misma vía un carro lo sobrepasa y delante de él ese mismo carro choca. Hay una explosión como consecuencia de la colisión y del choque.
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Juan Pablo II, Familiaris consortio, 11e. _______________
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Él se baja. Lleva consigo su maletín de doctor y va corriendo a auxiliar a los heridos. Mientras corre, él dice que él es médico. Llega a uno de los carros que está con las ruedas hacia arriba, y dentro hay una persona. Él se identifica. Pregunta que si está bien a la persona que está con la cabeza hacia abajo. En eso él se levanta y se voltea. Viene otro carro, y por lo visto, lo sorprendió el tumulto de carros en el túnel, y se viene de frente después de elevarse y agranda y empeora la situación. El doctor es alcanzado por ese carro y es victima. El carro lo atropella. Viene el personal paramédico y auxilian al doctor. En la siguiente escena, el doctor Cristi está en una sala de hospital. Muere. En la parte que por primera vez este caso se dijo de la película se dijo que ella había muerto primero; pero después de ver la película, se comprobó que quien murió primero fue él, pero se deja tal como está escrito, porque se dijo, que se trataba de escribir y escribir, y no de pensar lo que se iba a escribir, sino, no se escribiría, como le decía el escritor famoso a su amigo estudiante, cuando de eso se hablara en su oportunidad, porque sería igualmente que un pintor en su cuadro hiciera un trazo hoy, y tres días después volviera sobre ese trazo para cambiarle el grosor, las dimensiones, los colores, o difuminarlo más, o menos, a lo que sería a coquetear con su obra para adornarla para que se viera más bonita o más atrayente; y nunca así acabaría de pintar un solo cuadro en toda su vida, y se perdería el mundo de su expresión y rebeldía y originalidad, aun cuando a los tres
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meses su obra mejoraría a la anterior, porque de eso se trata el que en artes anda, que hoy dice y mañana siempre dirá lo mismo, pero con un cierto crecimiento constante, que hace la diferencia y la riqueza de su obra en todo su conjunto, siempre en la eterna búsqueda y en el eterno encuentro sin fin, y sin agotarse jamás esa fuerza doble del dar y el recibir al mismo tiempo, que lo enriquece y lo alimenta, y a la que está terriblemente atado en la belleza de su propio descubrimiento, que lo impela a seguir haciéndolo como una necesidad de aire para respirar y de razón para vivirviviendo, como lo es y ha sido siempre la trabazón de la sin razón del ser del artista, y eso en todas sus expresiones que el arte tiene.

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La siguiente parte de la película continúa en que el doctor llega a una casa. Lo recibe un joven de color, conversa con él, pero de manera borrosa. Las imágenes de las personas no se ven claras ni precisas. El doctor en ese momento se entera que está muerto. Enseguida el doctor entra a un prado con un jardín hermoso, de muchas flores de muchos colores. El joven de color se llama Albert Lewis, interpretado por Cuba Gooding, Jr., es el encargado de hacer de guía del nuevo que llega al cielo; es decir, el doctor Cristi, o sea, Robin Williams quien es el actor de ese personaje; se dan unos diálogos de presentación y de recibimiento por parte del guía; le dice que él, Cristi, acaba de morir y que ahora se encuentra en el cielo; que ahí, en el cielo, todo es posible, que todo es cuestión de imaginárselo y todo se dará; no hay imposibles, es cuestión de desearlo deseándolo con convicción, y eso mismo se dará y se realizará; todo está en el pensamiento; querer algo es verlo realizado inmediatamente; y comienzan a aparecer algunos jardines de muchos y variados colores; Cristi cuando estaba vivo era amante del arte, sobre todo de la pintura, amaba la pintura, además su esposa era pintora y artista; consideraba que a través de la pintura se consigue descubrir la belleza de la vida, además de engrandecer a la persona en su auto búsqueda y
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encuentro;

ambos,

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guiado,

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algunas

conversaciones; Albert, que es el guía, como ya se dijo, pero que volvemos a decirlo para recordarlo, le dice que en el cielo no hay reglas, que todo lo que quiera se hará, hasta volar, si se quiere, o de pasar de un lugar a otro con solo pensarlo y desearlo sinceramente; ambos comienzan a caminar por aquí y por allá, siempre conversando; algunas veces Cristi preguntaba esto o aquello, como hace una persona nueva en un sitio al que va por primera vez, y a todas las cosas iba respondiendo y contestando Albert, el guía; un ave grande apareció volando, venía hacia donde estaban ellos, pero en la altura; el ave tomaba varios colores; Cristi peguntaba que si el ave era real, que si se podía cambiar de forma de ave, que si podía cambiar de colores, y a todas esas preguntas de sorpresas la respuesta era la misma, que sí, que todo era posible, que todo era cuestión de quererlo y de desearlo, porque así sería; desearlo con convicción era hacerse tal cual, y al instante; todas las figuras que aparecían estaban bajo los colores acrílicos de pintar; era como si todo fuese una mezcla de colores de acuarela o de mezcla de pinturas de artista; algunas veces, unas dos o tres, la pisada de Cristi dejaron en el piso la pisada como en un charco de pintura, y dos veces dio la impresión de resbalarse en esa mezcolanza y melcocha de pintura; Albert apareció caminando sobre el agua, y Cristi que estaba en una especie de altura o montículo lo observaba y le llamó la atención que Albert estuviese caminando sobre el agua, sin hundirse, y se lo hizo saber; lo que quieras se hará, le contestó Albert, y entonces Cristi quiso caminar hacia donde estaba Albert y se hundió como en una
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especie de pantano, que a su vez era agua, flores, pintura, charco de pintura, y algo de rocas, pero todo en una mezcla variadísima de colores; Cristi se echó a reír, pero con una risa, más bien de inseguridad y de petición de auxilio, y de hecho pidió que lo ayudara, y en un santiamén apareció Albert estirándole la mano y halándolo hacia sí para sacarlo de la especie de pantano de acuarela y de pintura acrílica donde estaba; volvió a aparecer el pájaro grande volando sobre ellos; Cristi se quedó mirando el pájaro, en eso el pájaro pasó, y cayó en el hombro y en la cabeza de Cristi un poco de pintura, indicando que el pájaro se había hecho sobre él, y entonces, Cristi le dice a Albert, que él no había pensado eso… se ríen, y Albert le dice que él si lo había pensado; después comienzan a caminar por encima de las aguas de una especie de lago; Cristi se hunde en sus aguas; Albert sigue hablando y Cristi lo oye, a pesar de que está hundiéndose en el agua, y le dice que no le va a pasar nada, que no se puede morir porque ya está muerto; Cristi se desespera; en ese momento recuerda cosas de su hijo, recuerda los diálogos con él, de cuando había pensado sacar de la escuela, como ya dijimos que habían hablado; y ese detalle del agua es importante anotarlo, porque es la primera vez que aparece, además del agua del lago donde se habían conocido Cristi y Annie; el detalle del agua y del ahogarse de Cristi es importante porque es recurrente en toda la película, sobre todo antes de un percatarse y reconocimiento o de un revelársele o aclarársele a Cristi una situación concreta de familia; después salieron corriendo hacia una casa que estaba en una especie de colina; subieron corriendo a grandes zancadas las escaleras, y
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Cristi mientras subía dice que la casa no tiene ventanas, y Albert le contesta que las piense. La siguiente escena es en una casa grande; todo en muchos colores; aquí hacía recordar algunos cuadros de Yacek Yerka, el pintor surrealista polaco; estaban en una especie de diván, siempre conversando; algún rato después Albert le dice que tome café en una taza multicolorida, y le recuerda que “si piensa que es café, será café”, todo es cuestión de desearlo y quererlo, para que eso sea lo que se ha deseado; Cristi se lleva la taza a la boca, y hace un gesto de repulsión porque lo que ha saboreado no es café, sino pintura acrílica; Albert vuelve a recordarle lo que le había estado diciendo, y que acabamos de decir un poquitico antes; siguen hablando; Cristi habla de su esposa, de lo maravillosa que es, y de tanto que la amaba; le habla de sus hijos, y del accidente, y de lo difícil que les fue superar tan grande pérdida; en ese momento la película trae algunas escenas de su hijo y de algunas conversaciones juntos, sobre todo cuando habían conversado de que lo iban a retirar de la escuela donde estaba estudiando porque su rendimiento escolar no era muy bueno; el muchacho había alegado sus derechos, pero el papá estaba convencido que eso era lo mejor; Albert y Cristi siguen caminando y conversando; Cristi guardaba alguna resistencia, como es lógico cuando se está en un sitio que es nuevo y novedoso, pero no dejaba de sorprenderse ante cada cosa nueva; en ese momento, Albert y Cristi tienen cada uno una taza multicolorida en sus manos, están tomando café; Cristi se lleva la taza a la boca y disimula un rechazo instintivo, y comenta, “le falta un poco de leche”, y
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ambos se ríen; en ese momento llegan a una pared; Albert con la mano derecha realiza una figura sobre la pared, de forma ovalada, con algún parecido a un pescado; después Albert con la mano izquierda empuja hacia adentro esa figura que hizo y se hace una especie de ventana, que comunica el lado de donde estaban ellos hacia otro lado; Cristi se sorprende y suelta una especia de carcajada que muestra el asombro, y en ese momento uno no sabe si admirar al personaje que se llama Cristi o si admirar al actor que se llama Robin Williams, porque ese gesto y ese detalle son únicos de Robin Williams, y se sorprende uno de la grandeza de su actuación, que es fenomenal, en esa y en muchas cintas del cine, y que quedarán grabadas en la posteridad en beneficio de la humanidad; una vez ya entrados en la parte nueva, pues hay un cambio de antes a después, a través del agujero que era todo de pintura, y donde estuvieron tomando la última taza de café, Albert le dice a Cristi que ahora todo es realidad, que lo de hacía poquito ya no es arte ni pinturas, ni cuadros, cosas que Cristi amaba y había amado mientras estaba vivo, que ahora todo es realidad, y en ese momento le dice que “El pensamiento es real, que lo físico es una ilusión”, y le da un golpe en la cabeza; ambos se ríen; Cristi al asomarse por el agujero que Albert había hecho pregunta que dónde está Dios; Albert le contesta que “debe andar por ahí diciéndonos que por qué no lo escuchamos”. Ese detalle, en ese momento de la película, al decir lo que Albert le dice, es clave en todo el desenlace de la película, sobre todo con el golpecito en la cabeza; quizás como queriendo
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decir, “entiéndalo, que así es”, que se te meta en la cabeza, porque así es, mi hermano. De repente Cristi se queda solo. Albert desaparece. Y con esto se termina el capítulo 14, número que a su vez es múltiplo de 7, porque 7 por 2, es 14, para empezar con la parte buena de lo que viene, porque todo ha de tender hacia la perfección, porque ese es el oro que hay en el ser humano, y al que hay que pulir porque es oro puro…

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De repente, Cristi aparece en un jardín, en las afueras de la casa a donde habían subido, y que según Cristi no tenía ventanas, y en donde habían tenido las conversaciones y se habían tomado el café, por lo menos dos veces, la primera en que a Cristi le había sabido a pintura acrílica, y la segunda en la que sentía que al café le faltaba un poco de leche; en ese jardín, en la parte de afuera aparece una muchacha, que por sus facciones es asiática, y comienza a conversar con Cristi; le dice que fue enviado a sustituir a Albert, que había sido asignado a un nuevo trabajo por los momentos; ella se llama Leona, y lleva una etiqueta tipo insignia de aeromoza en su costado izquierdo de su vestido; conversan un buen rato; ella le pregunta por sus hijos, especialmente por su hija, sobre todo si la amaba; el le da algunos detalles; ella le pide que le cuente algo que recuerde de ella en relación a él en su experiencia papá-hija; él comienza a contarle que conversaban en las noches, y que una noche él se ofreció a enseñarle a jugar ajedrez, y desde entonces jugaban ajedrez todas las noches, porque ella quería ganarle por sus propios méritos, y no porque él la dejara ganar, como había sucedido en esa primera partida, y que ese había sido el reto de su hija, por eso jugaban todas las noches, porque ella quería ganarle, pero nunca había ganado; él en ese momento que está contando se pone muy nostálgico, y la película pasa a los
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momentos de los diálogos con su hija, y a los recuerdos de familia y de la maravillosa experiencia de hogar; justo en ese momento él cae como en un lago en sus aguas profundas; casi se ahoga, como la vez anterior, cuando antes de subir a la casa grande donde tomaron café Albert y Cristi; casi se ahoga; lucha por no ahogarse; le vienen muchos recuerdos de diálogos con su hija; sale de repente de la profundidad y hace bocanadas de aire, y sale; vuelve a conversar con Leona; Leona comienza a hablarle de una experiencia que ella había tenido con su padre en un avión con una aeromoza, experiencia que ella recordaba porque iba con su padre; en ese momento Cristi le pregunta a Leona que si todavía jugaba ajedrez; ambos se ríen; él la reconoce, por eso se ríen, porque Leona sabe que la reconocieron; era su hija; se abrazan; lloran; él la besa en la frente; después Leona, que no es Leona, sino que es la hija, desaparece, y en su lugar aparece Albert; Cristi le reclama que por qué lo dejó solo; estaba trabajando en otro lugar, le dice Albert. La película pasa a la tierra donde esta Annie. Ella, por recomendación de su psiquiatra escribía un diario, porque según el psiquiatra esa modalidad ayuda a las personas que entran en crisis de depresión. Ella no había podido superar esta segunda pérdida, la de su esposo. Se recriminaba que si ella hubiese ido a su encuentro como lo habían programado para celebrar el día “DD”, no hubiese sucedido ese trágico accidente. Ella no se lo perdonaba. Sufría. Se sentía culpable. Estaba a punto de ser recluida en un hospital psiquiátrico. Su médico le había dado una semana más para recluirla. Ella no soportaba la idea de
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volver a caer en el mismo lugar, donde había estado cuando el accidente de sus hijos. Ahora estaba escribiendo en su diario. Y se estaba despidiendo. En es segundo encuentro con Albert, hay unas muy malas noticias. Annie estaba muerta. Se había suicidado. Albert había a comunicarle la noticia a Cristi. Cristi no lo podía creer. Lloró. Se desesperó. No puede ser. La quiero ver, le dice él. No puede ser. No se puede. Los que se suicidan no van al cielo. Hay un orden natural. Ella violó ese orden. Ella está en el infierno. Los que se suicidan van al infierno. Ella de ahora en adelante se va a estar cuestionando y nunca lo va a entender. Nunca va a encontrar una respuesta. No puede ser. Yo soy su alma gemela. Tengo que encontrarla. No pude. No se puede pasar hacia ese lugar. Si se puede…. Me dijiste que no hay imposibles…. Así me lo enseñaste…. La voy a buscar…. La voy a conseguir…. Solo es quererlo…. Así me lo dijiste…. Si puedo. Su amor por mí, me hará encontrarla…. No es suficiente. En ese caso, ella no te reconocería. No importa. Dígame… dónde está…. Voy a buscarla…. Está bien…. Pero hay que buscar un “rastreador”, asiente Albert ante la firmeza de Cristi en su afán y empeño; en eso miran a la distancia, y se presenta como una especie de rayo con relámpago y luces…. Algo estarán diciendo con ese efecto… Y se van a buscar un rastreador.

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La siguiente escena es en una biblioteca. Hay un hombre mayor que está con un libro en la mano. Tiene un sombrero y está sin afeitar, no el sombrero sino viejo. Albert habla con él e intercede a favor de Cristi. El viejo, al principio se niega y pone muchos obstáculos. Cristi insiste. El viejo accede ante su insistencia, pero pone algunas condiciones, que son: ella pueda que no lo reconozca, y eso puede ser muy doloroso; el amor de ella no es suficiente; tiene solo tres minutos para hablar con ella; si se pasa de esos tres minutos, él quedará absorbido por el mundo de ella, y no habrá posibilidad de regresar; en momento es cuando en el infierno se puede perder la cordura; cuándo partimos, dice Cristi; está decidido a todo por el todo; cierra los ojos le dice el viejo. A partir de ese momento las escenas pasan a una especie de mar en tempestad; olas grandes que amenazan con hundir la barca donde van; relámpagos; lluvia; muchas personas quieren asirse a la barca y nadan hacia ella como para subirse; el viejo y Cristi conversan, y en ese momento Cristi recuerda algunos diálogos con su hijo, sobre todo en la conversación cuando lo iba a sacar de la escuela, que es lo que más recuerda de su hijo; Albert va delante de la barca con una lámpara
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alumbrando el rumbo; el agua que se levanta amenaza con llevar a pique la barca. La barca pierde el control y los tres caen al agua; Cristi vuelve a experimentar la sensación de ahogarse; se desespera; vuelven a aparece los diálogos con su hijo; ahora su hijo le dice que él no es como su papá, de inteligente y de listo; tampoco es como sus compañeros de clases; que le cuesta, que pasa trabajo, pero que sigue luchando en la escuela, que no se va a rendir; el lo comprende y lo admira, porque es su hijo, y se ríen. La siguiente escena es una playa; los tres están saliendo del agua con mucha dificultad; en la playa hay muchos cuerpos tirados, algunos se mueven; al fin logran salir a tierra firme; el viejo le dice que están en las puertas del infierno, que ya casi están a punto de entrar; Cristi recuerda a su hijo; vuelven a su memoria los diálogos; Albert, el guía, el que lo había recibido recién muerto, el de color, sigue adelante; Cristi lo mira de espaldas; aparecen los recuerdos de su hijo; Albert se voltea y lo mira, pero sigue adelante, porque está a punto de entrar a un sitio donde hay mucha gente gritando y estirando las manos; Cristi recuerda el diálogo con su hijo respecto a la escuela; recuerda que junto al árbol, después de una lluvia, cuando habían conversado lo que ya se tiene dicho que hablaron, Cristi había admirado y respetado a su hijo, y antes de darle un abrazo le había dicho que “si le tocase cruzar el puto infierno, le gustaría que quien fuera con él acompañándolo fuera él, su hijo”, y en ese momento se habían dado un abrazo maravilloso; recuerda el funeral de los dos hijos, cuando dijo unas palabras y había hablado maravillas de su hijo, y de un hijo que hubiese
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sido si no hubiera sucedido el accidente; Cristi lo recuerda todo; Albert está a punto de entrar por la puerta que se ve que es atormentadora; Cristi le dice que no, que no lo haga; lo llama hijo; no lo haga; y dice su nombre; Albert va decidido porque se trata de seguir; hijo, ahí no está tu madre, no entres; Cristi corre tras él y lo agarra con fuerza y no lo deja entrar; los dos se abrazan; Albert es el hijo; se abrazan; lloran. Ya están reconocidos y encontrados los dos hijos. Leona, la aeromoza era la hija Marie. Albert era el hijo, Ian; desde un principio. Ya los ha reconocido. Están a punto de seguir. Hay una especie de elevador rústico en donde suben a mucha gente; ahí se suben el rastreador y Cristi; Albert, que es el hijo, siempre con la figura de Albert, y algunas muy pocas veces bajo la apariencia de Ian, no sube, se queda; desde abajo arenga al papá a que él puede lograrlo; que si puede; que no se rinda; que lo intente; que no mira hacia los lados; que lo logre; que él confía en él, porque él es su padre; Cristi comienza a repetirse algunas frases del hijo que acaba de decirle, mientras que el elevador iba subiendo.

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Cristi camina sobre un poco de cabezas. Avanza. Cree reconocer a su padre; no era; continúa; ve la cara de Annie; corre hacia ella, y cuando está cerca, el suelo por donde va se hunde; él cae a un abismo; llega a una especie de aguas profundas; recuerda algunos diálogos con su esposa; no te rindas le decía ella en esa conversación; el lo recuerda; sale del agua; está en el interior de una casa grande, que parece ser la casa de ellos. La escena de la película es, ahora, en una especie de tejado descendente; la especie de tejado tiene forma de araña y todo converge hacia un centro por la fuerza de la gravedad; tiene una conversación con el viejo Al; hablan del padre de Cristi; se dan algunos detalles de familia; Cristi reconoce a Al; es su padre; se abrazan; lloriquean; siempre quise guiarte, te estaba esperando para guiarte en la vida, le dice el papá a Cristi; ya sabes… solo tienes tres minutos… si te pasas de ese tiempo, no habrá regreso, te quedarás entrampado en el mundo de Annie; se vuelven a abrazar. Es curioso la aparición en esa película la referencia al número 3, en relación al tiempo que debería estarse dentro conversando con Annie; que como se dijo ya en el capítulo 8, el número 3 es el número de la imperfección, de lo caduco.
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Cristi sigue su camino, porque va en busca de Annie, su esposa; entra a una casa grande; es una casa vieja; todo está tirado y en desorden; en medio de una sala, que tiene como una especie de fuente, pero sin agua, hay una persona recostada, más bien tirada en la especie de escalón inferior de la como fuente de agua; está apoyada sobre sus brazos; Cristi entra saluda…. Hola… ¿no hay nadie?... La puerta estaba abierta, dice Cristi, como justificándose de haber entrado sin ser autorizado; ella se asusta; se levanta huidiza; ¿quién es?, pregunta ella… Soy el vecino de al lado, dice él…. Acabo de comprar la propiedad de al lado, soy tu vecino; lo importante era entrar en conversación, a pesar de lo espantadiza que estaba ella; él intenta la conversación; él habla de las flores, que están en la como especie de fuente; ella dice que están secas, porque no hay agua en el vecindario; él habla de los cuadros que están en la pared; ella dice algo en negativo, también de los cuadros; él dice algo, y ella continúa siempre, pero en negativo, y con mucha desgana y desanimo. Eso es el infierno. Él le habla a ella de que ella es una artista famosa, que sus cuadros son muy bonitos. Él le cuenta que su mujer que era maravillosa y estupenda su suicidó. Él recuerda algunas visitas al hospital psiquiátrico, y la película en su magia maravillosa, como lo es el arte, y ella misma ya es una expresión del maravilloso arte, pasa a unos jardines fantásticos y de sueños, donde estaba recluida como enferma Annie; ahí conversan Cristi y Annie, cuando la situación difícil de la pérdida de sus hijos; él siempre iba a visitarla, pero ella se mantenía hermética y cerrada; ella en una de esas conversaciones le pide el divorcio,
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porque llevan dos vidas distintas, que ella no lo merece; él le pide perdón por haberla dejado sola en su situación, cosa que no era verdad, porque siempre estaba pendiente de ella; el problema había estado en que ella se había negado a vivir; él llevaba un boleto de avión y le había hablado de un viaje; él le estaba contando que en el museo estaban esperando por ella, por la exposición de sus cuadros y pinturas; él había hecho ademán de irse; ella lo había retenido, y le había quitado el boleto de avión; ella rompió el boleto de avión, lo que indicaba que si iba a luchar; en ese momento se abrazaron y lloraron, y desde ese momento, la situación de Annie, en relación a la pérdida de sus hijos, comenzó a superarse; la película hace magia y mágico esos momentos hermosos de la pareja CristiAnnie. Hay una expresión que aparece unas tres o cuatro veces en la película, y es que “a veces cuando ganas, pierdes”; esa expresión siempre la utilizaba Annie, y tal vez esa expresión en la película sea una referencia a asumir la realidad de cada día, como vayan viniendo las cosas, pero sin huir, ni evadir la realidad de la vida. En el momento de ese primer encuentro con Annie, en el infierno, Cristi le repite ese pensamiento que ella decía. Ella queda un poco impactada. Y algo comienza a cambiar en ella. Comienza a reaccionar. Ella le dice que quiere ver a Cristi. Ella llora. Él le dice que si es posible, que cierre los ojos, que se lo imagine. Y aquí se da un cambio. Antes Cristi le hablaba en tercera persona a ella de su esposa; desde ese momento, en la película, él le habla en segunda persona y comienza a tutearla; le dice que recuerde el momento del
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matrimonio; la película pasa a esos momentos bonitos; ella comienza a recordar y en el momento del beso en el matrimonio real e histórico, él, allá en el infierno intenta besarla, y ella se espanta y grita, chilla; él se confunde; pide perdón; él sigue en la apertura que ella le ha concedido; ahora le habla de que había soñado siempre pasar la vejez con ella; le agradece todos los buenos momentos pasados y vividos juntos; le agradece por su ternura, por su bondad como esposa; le gustaría volver a vivir con ella, dormir las siesta juntos, y hasta pelear, de todas las cosas que ella se está perdiendo; ella escucha, y algún efecto está haciendo en ella, que se queda como pensativa y reflexiva; él le pide perdón por todos los momentos malos, sobre todo por el intento de besarla, cuando ella estaba recordando la celebración del matrimonio en la Iglesia; entonces Cristi sale de donde ella, y sale donde está el viejo rastreador, Al, que es su papá. Una vez afuera, en la especie de tejado en forma de araña, el viejo, el papá está esperando a Cristi; conversan; estuviste a punto de perder la razón, le dice el viejo; un poco más y pierdes la cordura, porque en el infierno se pierde la cordura; si me tardé, tal vez un poquito más de lo normal; me rindo, dice Cristi; el papá asiente, o sea dice que sí, con un movimiento afirmativo de cabeza; enseguida, Cristi, retoma la palabra, y dice, que se rinde, pero no cómo él, el papá está pensando; el viejo hace un gesto de sorpresa y lo mira; “dile a mis hijos”, dice Cristi, “que no abandonaré a su madre”, y se despide del viejo; el viejo vuelve a hacer un gesto afirmativo con la cabeza; entonces, Cristi regresa donde está Annie.
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Pero, antes del regreso de Cristi a donde estaba Annie, en el primer encuentro suceden algunas cosas de utilidad. Él comienza a recordar muchas cosas bonitas de cuando estaban juntos en la vida, de su matrimonio, de donde se conocieron, del lago, del matrimonio, de sus hijos, de ella en el jardín del hospital psiquiátrico. Él le cuenta que tenía una esposa maravillosa, pero siempre en tercera persona; es decir, habla de ella, o sea, la esposa… pero no dice que es ella, en segunda persona, o sea, tú… sino ella, mi esposa… Annie tiene una mirada perdida y distante; ella le pide que se vaya; si; ya me voy; si tu quieres, me voy; antes de eso, una araña pasa por encima de la mano izquierda de Annie; ella grita y se levanta espantada y asustada; él se levanta y le quita la araña de la mano y la tira lejos; ella del impulso cae en un poco de agua, pero a la altura de un poquito más arriba de los tobillos, no tan alto, más bien debajo de las rodillas, pero no tan alto; ella camina sobre esa agua. Llama la atención la constante referencia al agua en cada caso de la película; tal vez, sea la cuarta o tercera o quinta
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vez que aparece el agua; ese detalle es importante, y hay que tenerlo en consideración en toda la película; ahora, el agua sobre la que está Annie, no es profunda; ya se dijo que tal vez un poco de entre los tobillos y las rodillas, no tan bajo, ni tan alto, como en medio de las canillas, pero no del grifo del agua, sino de las piernas; es decir, las espinillas; como por ahí, justamente, le llegaba el agua a Annie; no era como para ahogarse, ni para asustarse. Esos detalles llaman la atención en la película. La referencia al agua y su repetición desde un comienzo. La situación de agua, cuando Cristi comienza a recordar y a relacionar cada situación con cada personaje de su familia, sobre todo cuando Cristi está a punto de reconocer al guía del momento, porque una vez era su hija en la apariencia de Leona, la aeromoza; otra vez, era el guía Albert, el joven de color que lo recibe en el cielo, y lo acompaña en los primeros recorridos por esas campiñas de ensoñación, de entre el arte en su belleza, y la realidad, también con y en su belleza, y en el caso de la noticia del suicidio de Annie, una noticia terrible; y en el acompañamiento hasta las puertas del infierno, en su recorrido por el mar y su respectiva tempestad, hasta que lo reconoce, pues era su hijo desde un comienzo; pero en esos casos siempre hay una referencia y una relación con el agua; tal vez haya en esa constante de la película una referencia a la idea de la evolución, ya que es en el agua donde se inicia la vida; y desde e agua se inicia, de manera más evidente y palpable la evolución misma, hasta pasar por el primate y llegar al hombre en su separación del animal bruto, con su consecuente e
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implícito crecimiento cerebral, marcando la diferencia con el resto de los animales; tal vez, la película esté indicando en la mentalidad y proyecto de sus autores y guionistas esa referencia implícita de la evolución; en esa referencia al agua, sobre todo en sus profundidades cuando Cristi se ve inmerso y a punto de ahogarse, se da una relación con sus pensamientos y sus recuerdos, que lo enlazan con la desesperación en que se haya en esos justos momentos, y con el deseo de salir de esas situaciones abrumadoras y terribles, que son las mismas situaciones en conflicto y las que recuerda de manera muy especial y de manera intensa, y en las que como que pareciera que encontrara la misma solución a esas situaciones conflictivas de sus recuerdos y momentos vividos, y sin dejarse en el abandono en el ahogo irremediable, lucha y decide salir a la superficie, para con una bocanada de aire, volver a la situación anterior, antes de caer en las profundidades que casi lo ahogaban; y poco tiempo después, casi de inmediato se sucede el reconocimiento del personaje que hasta ese momento lo ha estado acompañando; así reconoce, primero a Marie, su hija; después a Ian, su hijo; después a Al, su padre; y en todos los casos, en el momento inmediatamente anterior, hay una situación de agua y ahogo; la cosa es sorprendente, sobre todo porque pueda que haya alguna relación y alguna influencia en los autores y guionistas de la película “Más allá de los sueños” con el libro del Génesis, cuando en su comienzo el mismo libro dice que “En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La

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tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas”1; y esa verdad la estén haciendo evidente en la realidad del pensamiento humano cuando en el caso de Cristi, que se haya en momentos de confusión y de reconocimiento, en esa crisis momentánea pero existencial, aún cuando ya esté en el cielo, porque no es ese el tema principal, sino la vida misma, y la metáfora del cielo y el infierno sea el recurso como obra de arte, en su maravillosa expresión, sea, entonces, el reconocimiento y el afianzamiento de las dos ideas opuestas y complementarias en “confusión y caos”, por una parte, y “orden” por otra, en la obra de la creación constante, y en donde el agua pueda que sea la referencia a un orden querido y exigido por la misma naturaleza, pero con la certeza de un acompañamiento, tal vez misterioso, pero real, que ya está expresado en la idea del mismo libro del Génesis, cuando dice que “un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas”. Es, entonces, cuando el arte, sin duda, es necesario para el hombre poder pulir su oro, que es y tiene, como ya se ha dicho insistentemente; y en donde este padre, que es padrastro es padrastro de un hijo que tiene muchos padres en la misma idea de la maravillosa creación.

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Volvamos a la segunda entrada de Cristi a donde estaba Annie, después que Cristi saliera a hablar con el viejo Al, que es su papá, como ya se dijo que era, y una vez que Cristi decidiera no rendirse y de rendirse al mismo tiempo y de mandarle un mensaje a sus hijos, de que no abandonaría a su madre. Cristi vuelve; Annie está sentada en la especie de fuente, que dijimos que se parecía, en la casa grande y vieja, y que tenía todo tirado por todos lados; ay que poner orden aquí, dijo Cristi; la película da algunos pasos agigantados en su avance; en el regreso de Cristi, hay una situación nueva; ahora se trata de poner orden; Cristi le pone su mano encima de una mano a Annie; Annie rechaza su mano; en la mano de Annie hay un anillo, tal vez el del matrimonio; Cristi vuelve a buscar la mano de Annie; esta vez Annie deja la mano de Cristi sobre la suya; Cristi le habla a ella en segunda persona, la tutea. “La gente buena va al infierno, por no perdonarse a si misma”, le dice Cristi a Annie con su mano sobre la de ella; yo no puedo hacer nada por ti, le dice Cristi, en ese respecto; como queriendo decir, si tú no te perdonas, yo no puedo hacer nada por eso, porque quien tiene que perdonar eres tu misma a ti misma, no yo; ahí no puedo hacer nada; sin embargo, yo si te perdono, le dice Cristi; enseguida ella reacciona en su autocastigo y auto-acusación: “¿por haber matado a mis hijos, y haber perdido a mi dulce marido?”; No, le dice él; “por hacer
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que un tipo escoja el infierno para estar contigo”; en ese momento la película pasa al hospital psiquiátrico, al jardín; pareciera que ese jardín fuese una constante referencia al jardín del Edén del libro del Génesis, en donde es bonito, por lo menos el jardín que presentan ahí, todo verde, lleno de pinos grandes y simétricos, una grama verde y bonita; hay que recordar siempre que el arte tiene esa propiedad y característica de generar nuevos hijos, es decir, ideas, a los muchos hijos que ya engendra de por sí cada obra, por eso es hermoso y sin fin la belleza que el arte tiene, como ya se dijo cuando de esto dijéramos en su debida ocasión, pero sea válido el recordatorio, por si por debilidad y descuido de la memoria alguna vez olvidar pudiéramos, y aunque sea el olvido una de las ninfas de la necedad, como también de eso ya se dijo, permítasenos que la necedad haga su aparición justo aquí para recordar lo que se debe y no echar en olvido lo que hasta aquí llevamos. Cristi pide perdón por no haberla seguido, por haberla dejado sola; pero ese perdón está de más, ya que cuando ella había tomado la decisión del suicidio, ya Cristi había muerto, y ella sola tenía que haber bregado con su existencia y realidad; por cierto, que en los momentos en que Annie escribía por recomendación de sus médicos psiquiatras que escribiera en su diario, como parte de la terapia, y que aparece dos o tres veces más la constante referencia a los psiquiatras, en forma de crítica y de rechazo por manejar y manipular las mentes de sus pacientes… Cristi le susurraba en el oído que escribiera “yo existo”; o sea, que Annie existía; pero ella se negaba a eso, a escribirlo, porque el escribirlo era un asumirlo y aceptarlo; se
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existe; se vive; se continúa la vida; se asume la vida; y el arte, especialmente en la pintura, se encuentra los medios y los mecanismos de encontrarle el nuevo sentido de la vida, si alguna vez se ha perdido su rumbo y su razón y motivación para seguir viviendo. Annie manifiesta que quiere ver a Cristi; después de esos recuerdos, Annie reconoce a Cristi; él está junto a ella; ella lo llama… Cristi… Cristi…. En ese momento Cristi dice que hace frío; Cristi recuerda uno de los cuadros que Annie había pintado; Cristi se desmaya; Annie lo llama… repite su nombre…. Cristi…. Cristi… Ella lo llama…. Cristi se desmaya… Cristi… Cristi… Ella lo forcejea para que despierte… Lucha… Lucha… No te rindas, le dice ella…. Las cosas cambian; ella ha salido de su apatía e indiferencia; ahora es ella la que se preocupa por Cristi, a quien llama con insistencia y le repite que no se rinda. Cambia la escena.

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Las cosas han cambiado. Cristi ya no está en el infierno, donde estaba antes, y donde estaba Annie. Cristi se halla, ahora, en las afueras de su casa, en la parte superior de las escaleras de la casa a la que había entrado con Albert, el guía de color, que era su hijo; Cristi se halla en su cielo, donde era su sitio; está solo. Todo vuelve a su colorido; todo son flores de muchos colores; aquello es un cuadro, una pintura. La idea del arte, como ya se dijo y que es la clave de película y también de este relato hartamente insistido y recordado, porque al recordarlo aplicamos el refrán de que “burro amarrado, leña segura”, para no perder ni la leña, ni tampoco al burro, que ya no es el de Sancho, que había sido perdido, mas bien robado por el famoso embustero y ladrón de nombre Ginés de Pasamonte, para grande dolor del escudero del loco aquel que ya también hartamente hemos aludido en este nuestro hijo, y que por fortuna y alegría del mismo Sancho, volviese igual de burro o asno, a su valedero dueño, y que en promesas ya tenía en su cuenta los cinco jumentos que le había prometido en paga y en repuesto su amo Don Quijote. Pero, volvamos a Cristi, que es lo que nos ocupa, y que ahora camina solo en esos parajes de la imaginación de los que la película esos detalles concibieron. En eso aparece Annie detrás de él, vestida de azul. Cristi se voltea; ella le dice el
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pensamiento que ella siempre le decía, pero ahora con sentido diferente; ella le dice: “a veces el que pierde, gana”, cuando ella lo decía siempre en sentido contrario; ahora, que ella ha salido de su situación repite ese pensamiento, pero en sentido optimista y positivo; ella le toca la cara a Cristi con las dos manos; se ríen; se besan; es curioso en el infierno no se besaron; ahora, sí; ya no están en el infierno. Cristi le dice a ella que lo había intentado todo; él le tapa los ojos a Annie; ella ríe; caminan; hay un cuadro; en el cuadro hay una casa, la casa de sus sueños; ella se lleva las manos a la cara, tal vez de sorpresa y de admiración; ella llora. En eso aparece el viejo Al, el papá de Cristi, y el suegro de Annie; enseguida aparece el perro que se sale corriendo hacia ellos; después aparece Marie, la hija; ambas, Marie y Annie se funden en un abrazo; lloran; aparece Ian, el hijo; se abrazan los tres, la madre junto con los dos hijos. En alguna oportunidad, uno de los tres guías le había hablado a Cristi de la posibilidad de volver a la vida, en una reencarnación; pero que era una decisión personal, siempre y cuando la persona lo desease. Annie le dice a Cristi que le gustaría intentarlo todo, de nuevo, pero con Cristi; Cristi le propone, entonces, de volver a nacer, de reencarnar; ella le pregunta que cómo va a hacer para encontrarlo; él le contesta que así como la encontró en el infierno, es capaz de encontrarla en la tierra, en la nueva reencarnación. Y cambian las escenas de la película.
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La siguiente escena es un lago. Dos canoas de juguete chocan en el agua. Dos niños se están mirando en una especie de muelle; la niña está sobre una barca y se ríe de manera muy bonita y contagiosa cuando se queda mirando al niño; el niño la mira, más bien un poco serio; se avecinan y se acercan; la niña saca un sándwich y sube al entablado del muelle y va al encuentro del niño, que también va a su encuentro; ella le da la mitad del sándwich al niño; el niño intercambia la otra mitad, pero se queda la imprecisión de si es del mismo sándwich que la niña le da, o si el niño llevaba también un sándwich; ahí no se queda claro, pero se comparten un sándwich… Y se acabó la película. “N” se estiró en su silla de color verde claro. Bostezó. Serían como las 7 de la noche; tal vez un poco más; tal vez, todavía no; pero quedémonos que eran las 7, y eso por muchas razones. Los mensajes de la película que acababa de ver eran muchos. Una obra de arte, como muchas, pero ésta bella y exquisita, como lo es el arte. Muy especial para pulir el oro, como se ha dicho antes de todo y mientras se iba desarrollando todo. La belleza del arte que al hombre transforma y lo lleva a la superación, como ha de ser el arte.
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Y será mejor que dejemos así en esta obra, porque estamos ya en el capítulo 21, que a su vez, como número es múltiplo de 7, porque 7 por 3… como también múltiplo de 3, porque al derecho y al revés da igual…. Ahora queda por resolver el nombre del personaje que aquí anduvo en una bonita y fascinante andanza…. Dijimos que se llamaba “N”; y en dos o tres veces, igual, también dijimos que lo iríamos a rebautizar; y ahora que al final llegamos es necesario que eso hagamos, para de ahí tomar el mismo título del libro, y con ello todo quede plasmado en el nombre que le demos como re-bautizo, y este ha de ser….que al terminar diremos; aunque tengamos ganas de dar explicaciones y justificaciones, pero el que en artes anda no explica lo que su obra es; eso ya le corresponde al que esa obra lea, vea, escuche, sienta o huela, o todo junto al mismo tiempo, como habrá de haber experimentado el que este libro haya leído, con su necedad, al perder el tiempo en querer descubrir cuál era el fondo de la historia que aquí teníamos, y que dijimos que no tenía ningún objetivo, ni propósito, ni finalidad, ni intención, en caso que algo de esto aquí se haya buscado; y si alguno todo de esto por casualidad ha encontrado, pues que lo manifieste o se lo guarde porque igual da, porque ya al final de esto estamos llegando, y si se empeña en encontrarlo sin haberlo avizorado ni mucho menos encontrado, que dé sosiego y descanso a su espíritu que no lo hallará, si en su curso no lo pudo haber encontrado, porque en eso ha consistido toda la magia de este libro que concuerda todo él con el mismo título, porque, de
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hecho, eso mismo habrá a cada instante bueno de su lectura por necesidad experimentado. El tercer nombre de nuestro personaje, como ya se dijo, será el mismo que el título este libro llevara, sobre todo, que cada nombre que en los otros casos, en especial en la mentalidad y obras de Cervantes, que aquí muchas veces se citara, y algo de su estilo en este que aquí terminamos de su influencia nos marcara, es que cada vez que el Quijote su nombre cambiaba era porque de una etapa de sus hazañas se tratara; y de la misma manera en esta hazaña del que esto escribiera y que el lector ha hecho suya porque hasta estos momentos es también su aventura en esta lectura, es preciso cambiar el nombre de “N”, para el del mismo del título que este libro lleva, porque nos abriga la esperanza que algo, aunque sea muy poco, que eso ya es mucho, de eso mismo haya sucedido el que esta majadería y necedad se haya aventurado a terminar, que no tenía ni motivo, ni objetivo, ni mucho menos, finalidad, sino la misma que se ha dicho que todo arte tiene y siempre ha de tener… y que en algo le haya ayudado a eso mismo que toda obra tiene… y por si el lector, por si acaso, o por no acaso, porque igual ha de ser valedero en ambas situaciones el acaso, ya por sí, o ya por no, porque no se sabe, a estas alturas habría de preguntarse que dónde está el milagro-milagro que a estas alturas, que sin más extensiones tiene, volvamos a lo que ya se dijo; que si atento lo estuvo en su lectura, ya sabrá de sobra de qué se trata el tan sugestivo y llamativo nombre que en la portada se le pusiera a este libro para darle titulo alguno, porque algún nombre de seguro habría de tener, ya como gracia, o
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¡Milagro!... ¡Milagro!...

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como apelativo, o como calificativo, como también se dijo, y que el nombre que llevara era su bautizo, y que como así existen nombres y títulos que a la risa llaman, y todos han de ser de igual respeto, porque nombres son, porque, igualmente es otra la etapa de la misma historia del mismo personajes, que dijimos que era “N”, y que desde ahora habrá de ser ¡Milagro!... ¡Milagro!; aún sabiendo que nuestro lector, además de desocupado, como se dijo cuando eso en otra parte se hiciera, no haya descubierto ni mucho menos sabiendo dónde se halla el tan sonado milagro que en la portada se anunciaba; pero para que quede tranquilo y en paz su alma, si es que no lo ha descubierto aún, que no es de un de milagro, como cuando en milagro se piensa, sino en la magia que el arte tiene y que produce la transformación de la persona, y en el que el capítulo 7 de este relato, está lo principal de la idea que aquí se ha querido escribir y reflexionar. Porque el milagro está en que “el arte ayuda a pulir el oro que el hombre es y tiene”, en lo que tanto se gira y se gira en el capítulo 7, como ya se dijo. Ese es el milagro. No otro, si es que otro estaba el lector buscando. Y, para que el lector quede en sosiego y sosegado, sin negar que en algo, un poco de agotado por el giro que esperaba hallar y no encontró, y nunca lo habrá de encontrar, porque no lo hay, aunque no deje de haber alguno que diga que si aparece… pero que se aplique en este caso que “el que busca encuentra”, porque en eso se aferra para hallarlo, quedémonos en santa paz, que no era eso lo que en este hijo se buscaba, sino la de resaltar la importancia, y de la necesidad que tiene el mundo del arte, en cualquiera de sus expresiones, porque nos llevan a ser mejores;
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¡Milagro!... ¡Milagro!...

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y que el arte requiere de gente necia, como también ya se dijo en su debida oportunidad, cuando de la necedad habláramos; porque la necedad es necesaria para reírnos y comprender el drama de lo necio del saber vivir, que es perder tiempo, como lo estamos en este momento, mi fiel lector, porque si ha llegado hasta este punto todavía, es porque es fiel; usted en pretender encontrar lo que no ha encontrado en este hijo mío y suyo, si no lo la encontrado; y yo en procurar hacerle entrar en razón que si no lo ha encontrado es porque perdió doblemente el tiempo, aunque no lo ha perdido del todo, porque en alguna parte de este libro, algún orgasmo habrá tenido, al vibrar con alguna nueva idea para usted o en algo que lo hiciera pensar o imaginar o suponer o esperar; simplemente, porque se ha hecho participe de la maravillosa magia del arte; y cuando digo orgasmo, lo digo con conciencia; es decir, algún gozo habrá experimentado, aquí o allá, y eso es necedad; y eso mismo es la magia del arte, porque el arte es para ociosos y necios, como ya se dijo cuando se dijera en las páginas anteriores, y que no me acuerdo dónde fue, ni como, ni por qué, pero que se dijo, y eso es el título del libro, y el nuevo nombre que “N” desde este preciso momento nuestro personaje llevará, porque se trata de una nueva etapa, como diciendo “un antes” y “un después”; y que según la película que ya se expuso, se trata no de una re-encarnación, sino de una visión de la vida, en donde “todo lo que pensemos, eso se hará”; porque todo está en nuestra mente, y seremos lo que pensemos y tengamos en nuestra cabeza: ese es el milagro, mi desocupado, necio y engañado lector. Desocupado, porque para llegar hasta este momento en la lectura de este libro,
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significa que no tenía nada qué hacer; necio, porque, a pesar de todo lo que iba descubriendo, y nada que aparecía el milagro que estaba esperando y buscando, y todavía seguía leyendo, a pesar de eso, pues era una y simple necedad, como se dijo cuando de eso dijéramos… y, engañado, porque no hay ningún milagro de lo que creía que se trataba este libro; sino del milagro de la magia de la maravilla que es el arte, y del que usted ya es partícipe. Y no se diga más, porque es caer en la necedad de los sabios, para pretender justificar lo que no tiene explicación, porque no la tiene. Es.

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¡Milagro!... ¡Milagro!...

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