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SI EN VERDAD ERES SALVO...

“AMARÁS A TU PRÓJIMO”
(Abr. 17 – 2011)

INTRODUCCIÓN
En un mensaje anterior decíamos que si en verdad eres salvo, si en verdad has
nacido de nuevo, tú vas a dejar de hacer todo aquello que sabes ofende a Dios y vas a
esforzarte por hacer lo que sabes que sí le agrada; es decir, como el apóstol Pablo
cuando nació de nuevo, te preguntarás:
Hch. 9:6 “...Señor, ¿qué quieres que yo haga?...”
Y mencionamos que lo primero que Dios quiere que hagas es lo que Jesús
contestó a un hombre:
Mr. 12:30 “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma,
y con toda tu mente y con todas fuerzas. Este es el principal mandamiento”
Hasta cierto punto, este mandamiento de amar a Dios es fácil porque él nos amó
primero y nos sigue amando, y a nosotros se nos facilita amar a quien nos ama; lo difícil
es amar a quien no nos ama. Esto es precisamente lo segundo en importancia que Dios
quiere que hagamos:

I.- AMARÁS TU PRÓJIMO


Inmediatamente, sin que el hombre preguntara, Jesús agregó esto:
Mr. 12:31 “Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
No hay otro mandamiento mayor que estos dos”
Para obedecer correctamente este mandamiento tan importante, conviene
entender dos cosas: Primero, qué significa la palabra prójimo, quién es mi prójimo. Para
esto, vamos al diccionario bíblico griego:
Prójimo = pleison (π λ η σ ι ο ν ) = el que está cerca, vecino, próximo
En base a esta definición, entendemos que se nos ordena mostrar amor hacia la
persona que en un momento dado está cerca de nosotros; no como algunos que odian o
son indiferentes a las necesidades del vecino a lado de su casa, pero dicen que aman y
quisieran prestar ayuda a los pobres de Angola en África.
La segunda cosa que tenemos que entender es que amar no es un mero
sentimiento de aprecio hacia una persona, sino una decisión que se expresa con acciones
de amor, como: ayuda económica, palabras de afirmación, dedicarle tiempo, y
especialmente, actos de servicio.
Hay tres categorías de prójimos a los que Dios quiere que amemos:

II.- PRÓJIMO CONOCIDO


Muchas de las personas que estarán a nuestro alrededor y que deberíamos amar,
van a ser personas que conocemos. Sabemos quiénes son, sabemos sus nombres,
sabemos parte de su vida, etc. Entre estos, quisiera dar énfasis a dos clases de prójimos
conocidos:
II.1.- Familiares. Nadie te conoce mejor que tu familia y a nadie conoces mejor
que a tu familia: padres, hijos, esposa(o), suegros, yernos, nueras, cuñados, etc. Por ello,
podrás engañar a muchos haciéndoles creer que ahora eres cristiano y que eres una
nueva persona, pero no puedes engañar a tu familia; tu familia te conoce auténticamente
cómo eres. Así que, si en verdad ya eres salvo, el primer lugar donde debes empezar a
practicar este mandamiento de amar a tu prójimo es con tu familia. Cuando Jesús sanó y
le cambió la vida al endemoniado gadareno, aquel hombre quería estar con Jesús, pero
Jesús lo envió a testificarle a su familia:
Mr. 5:18,19 “Al entrar él en la barca, el que había estado endemoniado le
rogaba que le dejase estar con él. Mas Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a
tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo
ha tenido de ti misericordia”
¿Tu testimonio para con los de tu familia te permite testificarles que ahora eres
una nueva criatura en Cristo? ¿Te creerán tus padres? Solo creerán si los amas así:
Ef. 6:2 “Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con
promesa”
¿Te creerá tu esposa? Solo te creerá si la amas así:
Ef. 5:28 “Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos
cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama”
¿Te creerá tu esposo? Solo creerá si tú lo amas así:
1P. 3:1,2 “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para
que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta
de sus esposas, considerando vuestra conducta casta y respetuosa”
¿Te creerán tus hijos? Solo te creerán si los amas cumpliendo tu responsabilidad
de proveer para las necesidades de tu familia:
1Tim. 5:8 “porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los
de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo”
II.2.- Hermanos en Cristo. Aquellos que comparten tu misma fe en Jesucristo,
vienen siendo una extensión de tu propia familia; pues al creer en Jesús, te conviertes en
hijo de Dios:
Jn. 1:12 “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les
dio potestad de ser hechos hijos de Dios”
¿Te gusta? ¡Tú eres hijo de Dios! Pero no solamente tú sino además todos los
que también han creído como tú. Ahora, tu Padre Dios quiere que si lo amas a Él, ames
también sus otros hijos:
1Jn. 5:1 “Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo
aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él”
Muchas veces se repite este deber de amar a nuestros hermanos. Esto no va a ser
fácil, porque algunos te caerán bien, pero otros te serán antipáticos, pero es una orden:
Jn. 15:17 “Esto os mando: Que os améis unos a otros”
Jn. 13:35 En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los
unos con los otros”
1Jn. 3:11 “Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que
nos amemos unos a otros”
1Jn. 4:20 “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es
mentiroso...”
Incluso se pone como una manera de probarnos a nosotros mismos, si en verdad
somos salvos:
1Jn. 2:9 “El que dice que está en luz, y aborrece a su hermano, está todavía en
tinieblas”
1Jn. 3:10 “En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo
aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios”
1Jn. 3:14 “Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que
amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte”
III.- PRÓJIMO DESCONOCIDO
Nunca sabremos cuándo, delante de nosotros estará un desconocido que necesita
ayuda y Dios quiere que le amemos, no con sentimientos de compasión sino prestándole
la ayuda que necesita. El mejor ejemplo bíblico lo tenemos en la parábola del buen
samaritano que Jesús contó; en el cual, un hombre es asaltado y queda herido en el
camino. Pasa por allí un sacerdote y luego un levita, hombres muy religiosos, pero no
hacen nada por él. Finalmente pasa un samaritano y:
Lc. 10:34,35 “y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y
poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón y cuidó de él. Otro día al partir, sacó
dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más,
yo te lo pagaré cuando regrese”
Después de contar esta historia, Jesús ordenó:
Lc. 10:37 “...Ve, y haz tú lo mismo”

IV.- PRÓJIMO ENEMIGO


Amar a un amigo, a un familiar, a un hermano en Cristo, o incluso a un
desconocido, quizá no te sea tan difícil de cumplir; pero, ¿amar a un enemigo? Sí, eso
nos ordena Dios.
Mt. 5:43,44a “Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu
enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos...”
Esta, quizá sea la prueba de fuego para demostrar que verdaderamente somos
salvos, y por lo tanto, somos hijos de Dios:
Mt. 5:45 “para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace
salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos”
Pero, otra vez insisto, amar no se trata de un sentimiento, porque difícilmente
vas a sentir un gran amor hacia alguien que es tu enemigo. Lo que Dios pide es que
decidas hacer acciones a favor de tu enemigo:
Mt. 5:44b “...haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y
os persiguen”
Ro. 12:20 “Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed,
dale de beber...”

CONCLUSIÓN
Si en verdad eres salvo.... “Amarás a tu prójimo”
Sea un amigo, familiar, hermano en Cristo, un desconocido, o.....tu enemigo.
No es una opción. Es un mandato que obedecerás si en verdad eres salvo.
Porque:
“El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor”
(1Jn. 4:8)