DIFERENCIACIÓN SEXUAL DEL SISTEMA NERVIOSO 1. Determinación genética del sexo 2. Sexo gonádico: el papel de las hormonas 3.

Diferenciación fenotípica 4. Diferenciación cerebral y conductual 5. Anomalías en el proceso de diferenciación La determinación inicial del sexo en mamíferos ocurre en el momento de la fertilización. El material genético tiene la forma de 23 pares de cromosomas. Los que son diferentes son los cromosomas sexuales para cada uno de los sexos (hembras XX, machos XY). Cuando el óvulo materno se une con un espermatozoide X será una hembra y si es Y será macho. Ello no va a determinar que realmente lo sea. El paso siguiente viene determinado por la información de una sustancia (presencia o ausencia) que es el factor determinante de los testículos (FDT). Esto va a dar lugar a la aparición de las gónadas masculinas y la ausencia va a dar lugar a que no se formen los testículos. Antes de 1987 se pensaba que el gen determinante del sexo era el antígeno H-Y pero en 1900 se cuestionó esto. En 1991 se dijo que el gen estaba en el SRY. Lo demostraron experimentalmente inyectándolo en 11 embriones de ratones que estaban destinados a ser hembras los cuales cambiaron de sexo. A pesar de que la dotación genética sea XX o XY, eso no va a garantizar que se sea hembra o macho respectivamente. Hasta la octava semana no hay una gónada diferenciada. Hay dos conductos o sistemas de conductos: los de Müller que dan lugar al aparato reproductor femenino y los de Wolf que dan lugar al aparato reproductor masculino. Otro de los efectos que pueden ejercer las hormonas es a nivel fenotípico. La Testosterona afecta a la diferenciación en este nivel, es crucial para el desarrollo del aspecto posterior masculino. Si a una hembra, antes del décimo día de nacer, se le administra esta hormona puede manifestar un fenotipo masculino a pesar de que su dotación genética sea femenina. Parece que esto se produce porque en ese periodo el ovario apenas segrega hormonas. Todo esto no quiere decir que tenga testículos sino que su cerebro y su comportamiento va a ser masculino. Aunque no tenga testículos sí es posible que tenga un clítoris más desarrollado. En la pubertad también es posible que aparezca mucho vello. Por el contrario, si se extirpan los testículos o se altera farmacológicamente la producción de Andrógenos en ese periodo crítico, el fenotipo va a afeminarse. Lo que queremos decir es que se puede intervenir en la diferenciación sexual controlando los niveles de hormonas. Parece ser que esto es extrapolable al ser humano tal y como muestran los casos de anomalías en el desarrollo (hiperplasia adrenal congénita). En el caso de las hienas manchadas, la hembra tiene apariencia física masculina, incluso tiene un clítoris que parece un falo y, comportamentalmente, es muy agresiva, más que el macho, todo ello a pesar de que sus genes son femeninos. ¿Por qué se produce esto? Es porque ha habido la presencia de Andrógenos durante estadios

tempranos de su desarrollo. El tipo de Andrógenos que abunda en este animal es la Androstenediona que se puede convertir en Testosterona o en Estradiol. Ello es lo que masculiniza el fenotipo y la conducta. En seres humanos normalmente la Androstenendiona se transforma en Estrógenos y por ello este fenómeno que ocurre en la hiena manchada no se produce en el ser humano. En un principio las diferencias comprobadas fueron a nivel conductual ya que no había técnicas demasiado desarrolladas. Los granjeros se dieron cuenta de que, en ocasiones, las hembras se comportaban como machos, ellos asociaban ese hecho a que en el vientre materno habían estado situadas entre dos machos los cuales le habían transmitido sustancias que la habían masculinizado. A partir de aquí se comenzaron a hacer estudios, pero sólo a nivel conductual. En 1959 Pfeiffer y sus colaboradores fueron los primeros en estudiar el efecto de la exposición a Andrógenos en periodos tempranos sobre el comportamiento. En 1963 Whalen comprobó que el tratamiento prenatal con Estradiol provocaba el mismo efecto que la Testosterona, esto es, desfeminización. Ello se debe al proceso que tiene lugar en el cerebro: la Testosterona se convierte dentro de las neuronas en Estradiol el cual es responsable de la desfeminización, que no de la masculinización (la Testosterona puede transformarse a nivel central por medio de la 5-α-aromatasa en Estradiol que es la responsable de la desfeminización, pero también puede transformarse a nivel periférico por medio de la 5-α-reductasa en DHT que es la responsable de la masculinización). Hay una sustancia a nivel periférico, α-feto-proteína que impide que el Estradiol llegue al cerebro y actúe en él, por lo que la hembra no se desfeminiza. En 1968 Porner vislumbró que podría haber algunas diferencias entre machos y hembras. Comprobó que el volumen de los núcleos de las neuronas del área preóptica anterior es mayor en machos que en hembras. En 1971 Raisman encontró que en esa zona había más sinapsis en el caso de las hembras que en el de los machos. En 1978 Gooski describió una región en el área preóptica distinta en hembras y machos: el área preóptica medial tiene un volumen 6 ó 7 veces mayor en machos y por ello ese núcleo se ha llamado núcleo sexodimórfico del área preóptica (SDN-POA). El causador de esta diferencia es el Estradiol obtenido como metabolito aromatizado de la Testosterona en el periodo perinatal. Las zonas que se han estudiado para ver si hay diferencias entre machos y hembras han estado relacionadas con la conducta reproductora, por ello las investigaciones sobre dimorfismo se han dirigido al hipotálamo. Además de las mencionadas con anterioridad, hay otras estructuras en las que se han encontrado diferencias entre machos y hembras, por ejemplo, en un haz de fibras llamado “estría terminal”, en concreto el núcleo de la estría terminal (NET) es mayor en machos. Otra estructura que también parece dimórfica es la región posterior y dorsal de la amígdala que también dobla el tamaño en el caso de los machos. Incluso a nivel de la médula espinal hay un núcleo llamado núcleo espinal bulbo cavernoso (NEBC), formado por motoneuronas situadas en la zona lumbar de la médula, que controla los músculos estriados bulbo cavernosos situados en la base del pene.

Hay otras zonas dimórficas en estructuras relacionadas con otras conductas. En los machos se observa más asimetría cortical: la parte derecha es más gruesa. También en la corteza occipital, la zona que controla la visión binocular es más grande en machos. También hay estructuras mayores en las hembras, sobretodo las comisuras (comisura anterior, comisura del cuerpo calloso, masa intermedia...), lo que supone una mayor traspaso de información de una lado al otro y, por tanto, menos lateralización. En el caso del ser humano no hay tanta evidencia de que exista dimorfismo sexual, se puede intuir por el comportamiento. En Holanda se creó un banco de cerebros en los años 80 que han servido para estudiar el dimorfismo. Se sabe que el cerebro masculino al nacer es un poco más grande, pero parece que esto no tiene demasiada repercusión. También se encontró que en el área preóptica medial hay diferencias entre hombres y mujeres: es mayor en los primeros. Esa diferencia se va modificando con la edad. Goodski, a finales de los 80, distinguió cuatro núcleos dentro del hipotálamo que parecían dimórficos: los núcleos intersticiales del hipotálamo anterior (NIHA). Estos núcleos rodean al tercer ventrículo y los núcleos 2 y 3 son mayores en hombres. Ello enlaza con unos hallazgos que ha llevado a cabo un científico llamado Le Vay. Este hombre es homosexual y quería saber si tenía una base cerebral o era una cuestión cultural. Descubrió que el núcleo 3 es mayor en hombres heterosexuales, pero en hombres homosexuales es de igual tamaño que el de las mujeres. En 1975 McEwen realizó un estudio con ratas que iban a ser machos. Antes de nacer les administraron un inhibidor de la 5-α-aromatasa y lo que consiguen es una bisexualidad. Por ello se piensa que esta conducta también puede tener una base orgánica. En el caso del ser humano no se sabe si esto ocurre. El órgano vomeronasal del bulbo olfatorio es muy importante en machos para la conducta reproductora. Se ha encontrado que esta área es mayor en machos que en hembras. En seres humanos, las mujeres presentan más sustancia gris en la corteza orbitofrontal, en el área 10, 11 y 25. Las mujeres también presentan mayor densidad de materia gris en la corteza temporal medial y en la corteza insular derecha. Los hombres tienen mayor densidad de materia gris en la corteza entorrinal izquierda, en la corteza insular izquierda y en el globo pálido ventral. Somos iguales en sexo, sólo que el hombre busca distintas estrategias que las mujeres, pero las capacidades son iguales. Las diferencias en las gónadas, en los genes, en las hormonas, en el cerebro..., todo ello se tiene que reflejar en la conducta.