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Vivimosenunplanetaazul: losríosylosocéanossonnuestragarantíadevida. Es a través del agua que realmente comenzaremos a sentir el impacto del cambio climático en nuestras vidas. En las próximas 12 páginas, WH te cuenta cuál es la situación del recurso no renovable más importante para la vida en la Tierra y te mostramos cómo vos podés hacer una diferencia para su conservación. Con el agua al cuello POR Alejandra Folgarait El recurso más importante y precioso de la vida en la Tierra corre peligro. En esta investigación exclusiva de WH, te revelamos la delicada situación del agua en el mundo y en Argentina. Pero no te desanimes con las estadísticas: enterate de qué podés hacer vos para evitar la deshidratación de nuestro planeta. El agua es sinónimo de vida para todos. Desde que venimos al mundo, ella nos cobija y nos nutre: un feto contiene 90% de agua y el cuerpo de un adulto está constituido en un 70% por ella. Es parte de nuestro ser y el planeta tampoco podría existir sin el líquido que cubre tres cuartas partes de su superficie. Basta pensar en la pesadilla de la rotura de un caño en un edificio para darnos cuenta de cuán imprescindible es el agua para nuestra vida cotidiana. Cocinar, lavar los platos, bañarnos: todas esas cosas que forman parte de nuestra rutina serían imposibles sin ese chorro cristalino que sale por los grifos, para las afortunadas que tenemos acceso a agua corriente y potable. El precioso recurso, sin embargo, no está a salvo de los problemas del mundo ni es ajeno a las políticas que regulan su uso. “El agua es un elemento insustituible. Es primordial para nuestra salud, nuestra seguridad alimentaria, el futuro de nuestra energía y nuestro ecosistema. Pero la corrupción plaga su gestión y su uso en todas estas áreas,” afirma Huguette Labelle, presidenta de Transparency International, que presentó este año un estudio mundial sobre cómo afecta la corrupción al manejo de este recurso. El agua es también un derecho humano. Según la Organización Mundial de la Salud, todo habitante de la Tierra debería contar con 50 litros para utilizar por día, como mínimo. Es poquísimo para un país como Estados Unidos o Argentina, donde el agua se consume con desparpajo, pero todavía es una meta inalcanzable en muchos países africanos. Expertos locales aseguran que con 200 a 300 litros de agua por día debería alcanzar en las ciudades para hacer todo lo que necesitamos, incluyendo la higiene, la preparación de la comida y el lavado de la ropa. Pero en Argentina hay personas que consumen 700 litros de agua diarios y ni se inmutan, ya que en pocas localidades se paga según el consumo (la tarifa es plana en gran parte del país). ¿Somos conscientes de cuánta agua consumimos cada vez que nos lavamos el pelo o regamos el jardín? ¿Sabías que gastás 120 litros cuando te das una ducha de ocho minutos? ¿Y que una canilla goteando desperdicia 45 litros por día? Probablemente no, así como no tenemos demasiada idea de la poca agua que existe en el mundo para todos y lo mal distribuida que está. De los 1.500 km cúbicos de agua que tiene la Tierra, el 97% está en mares y océanos. Solo hay 39 millones de km cúbicos de agua dulce, repartida en lagos, ríos, pantanos y también capas subterráneas llamadas “acuíferos”. Apenas 14.000 millones de metros cúbicos están disponibles hoy para uso humano. Y la verdad, nos ocupamos bastante poco de cuidarla. Para el año 2025, se estima que el aumento de la población en unos 2.000 millones de habitantes nos dejará con 5.100 metros cúbicos de agua dulce para cada habitante del planeta, cuando hoy tenemos alrededor de 8.000 per cápita. Según la UNESCO, entre el presente y ese año, el mundo necesitará un 17% más de agua para producir alimentos para las crecientes poblaciones de muchos países en desarrollo. El uso de agua se incrementará para esa fecha en un 40%. De dónde la obtendremos: esa es la cuestión. Si bien el agua es un recurso renovable (a través del ciclo que cumple entre el suelo, los mares y los ríos, y la atmósfera), no es un barril sin fondo. Aunque llueva hasta empaparnos y luego se evapore, es lo que hay, no podemos fabricar nueva. Además, la contaminación destruye la posibilidad de utilizar parte del agua existente. Con el calentamiento global, se perderá aún más agua dulce. A este paso, no sería raro que se multiplicaran las guerras por el agua en el mundo. De hecho, ya se levantan numerosas voces en Argentina por la compra extranjera de enormes extensiones de tierra con acuíferos. AGUAS TURBIAS Aunque América Latina tiene el 30% del agua dulce del mundo, se estima que una cuarta parte de la población de la región –más de 100 millones de personas– vive en zonas con estrés hídrico, principalmente en México, Argentina y los países ubicados a lo largo de la costa oeste del continente. “Aproximadamente el 75% de la superficie de nuestro territorio tiene un clima de semiárido a árido. Esto significa que existe déficit hídrico, debido a que el aporte en forma de lluvia no es suficiente para cubrir la pérdida de agua hacia la atmósfera. En esta condición se encuentran la Patagonia extraandina, la llanura chacopampeana árida, gran parte del Noroeste y también del Noreste (Este de Salta, Oeste del Chaco y Formosa)”, informa el geólogo Miguel Auge, profesor de Hidrogeología de la Universidad de Buenos Aires e investigador del Conicet. “Nuestro país padece una grave deficiencia en la provisión de servicios de saneamiento y de agua potable. Al respecto, el sector más comprometido es el primero, con una cobertura de solo el 50%, mientras que con agua de red se abastece a un 83% de la población total. Ambos índices se ubican por debajo de los recomendados por la Organización Mundial de la Salud, que son 90% para el saneamiento y 95% para el agua de red”, continúa el investigador. Ni hablar del tratamiento de las aguas servidas: apenas el 10% pasa por una planta para poder reciclarla y devolverla limpia a los ríos. De todos modos, las estadísticas no reflejan cuánto derrochamos. En Capital Federal, por ejemplo, cada persona consume más del doble que un europeo. “En las ciudades con servicio de agua potable el consumo es excesivo, con una dotación del orden de 400 a 600 litros diarios por habitante. Sin embargo, es importante señalar que en las ciudades donde las cañerías de conducción son obsoletas (Buenos Aires, La Plata), se producen grandes pérdidas, en algunos casos superiores al 30%”, apunta Auge. El agua corriente de Capital Federal y del conurbano bonaerense se extrae del Río de la Plata y luego se purifica. Pero todavía quedan, incluso en el centro neurálgico del país, millares de personas que tienen que extraer agua mediante perforaciones. El asunto es en qué estado se encuentra la napa freática, el primer nivel de agua bajo el suelo. “Yo me acuerdo que me bañaba en la costa del Río de la Plata allá por 1965. Me empecé a preocupar cuando aparecieron los carteles de aguas contaminadas y me puse a investigar mediante análisis químicos qué estaba pasando. Hoy puedo decir que cada vez es peor, la gente tira de todo, desde botellas a pilas. Y los deshechos cloacales que se arrojan a nuestro río aumentan al punto de que es muy peligroso bañarse allí”, dice Josefina Mastandrea, licenciada en Química con especialización en tecnología y medio ambiente y fundadora de la organización Agua es vida. Mastandrea trabaja con adolescentes mujeres en un colegio de la zona norte del Gran Buenos Aires y hace

campañas de todo tipo para cuidar los recursos del planeta. “Cuando mis alumnas me ven limpiando la costa o haciendo campañas, se entusiasman. Muchas pusieron carteles en cocinas y baños de sus casas para no desaprovechar el agua. Lo que le falta a la gente es información. Cuando la gente entiende, empieza a tomar acciones”, se entusiasma. Mientras en la Provincia de Chaco la sequía se agrava actualmente al punto de que no hay suficiente agua para las necesidades básicas de sus habitantes, y mucho menos para el ganado y los cultivos, en otras regiones del país todavía se usa agua potable para lavar los autos con mangueras. Como si las paradojas no fueran suficientes, las inundaciones se vuelven críticas en muchas ciudades y en zonas que padecen sequías durante gran parte del año. Para el nivel de ingresos de los argentinos, los expertos mundiales sostienen que el abastecimiento de agua potable y los servicios sanitarios dejan mucho que desear. Existen 8 millones de personas sin acceso a agua potable en Argentina y unos 20 millones sin desagües cloacales. “Necesitamos eficiencia en el uso del agua, sobre todo en materia agrícola. La agricultura, tanto a nivel nacional como provincial, consume entre el 70 y el 80 % de la oferta de agua existente. Además hay un aumento importante del consumo de agua potable, con la necesidad de mejorar la infraestructura y la realización de obras”, expresó recientemente el abogado mendocino Santiago Ruiz Freites, presidente de la organización Foro Argentino del Agua, durante la Expo Zaragoza 2008, dedicada íntegramente a la problemática del agua a través de ponencias de expertos y toda clase de eventos artísticos. Dijo Ruiz Freites: “Sudamérica tiene el 26 % del total de agua potable del planeta, que es agua dulce renovable. Y tiene apenas el 6 % de la población mundial. La diversidad en Argentina permite que tengamos humedales y zonas desérticas. El 84 % del agua de nuestro país está en la cuenca del Plata, con la particularidad de que son cuencas bi o trinacionales. Solo el 16 % restante se distribuye en todo el país. Por lo tanto es importante tener una visión integrada, ya que la región contribuye decisivamente en la producción de agua, que últimamente se enmarca dentro de un concepto muy nuevo llamado agua virtual” (ver recuadro). MUJERES Y JÓVENES, MÁS CONCIENTES Aunque existen muchas ONG en Argentina que buscan cuidar el agua en sus distintas facetas, los argentinos solo parecemos preocuparnos cuando se corta el chorro o se contamina un río cercano. “Lamentablemente, creo que existe muy poca conciencia social sobre el cuidado del agua, sobre todo en lo inherente a la contaminación de ríos y arroyos. Casi todas las campañas que se realizaron terminaron en un rotundo fracaso. Hay que comenzar por crear conciencia en los niños y los jóvenes, a fin de que ellos la transmitan a sus familias”, enfatiza Ceferino García Aguirre, presidente de la Comisión de Lucha contra las Inundaciones y la Contaminación (Colcic) de la cuenca Las Piedras/San Francisco de Quilmes, una organización pionera en la auxilio de cursos de agua a cielo abierto en zonas urbanas. Para Silvia Álvarez, técnica coordinadora en comunidades ecológicas y vicepresidenta de la Asociación “Abuela Naturaleza”, las mujeres tienen un gran peso en el cuidado del ambiente. “Tenemos dentro de las familias el rol de educadoras, además de muchos otros. Cuando nacen nuestros hijos, conocemos sus necesidades biológicas, de agua no contaminada, de alimentos frescos y de un espacio limpio donde crecer”, desliza Álvarez, cuya organización asesora a vecinos y cartoneros de la localidad bonaerense de Morón sobre la forma adecuada de retirar los residuos, para que no los entierren y contaminen napas subterráneas y arroyos. Durante la Primera Jornada Internacional de Agua y Juventud, realizada en Buenos Aires el año pasado, 92 personas –en un 85% mujeres– contestaron una encuesta sobre temas relacionados con este recurso. El 77% de los jóvenes respondió que los problemas que más los sensibilizaban eran las inundaciones o sequías en el interior del país y un 54% dijo que le preocupaba el acceso deficiente al agua. Para los consultados, las causas principales de los problemas argentinos en este rubro son la falta de responsabilidad ciudadana sobre el cuidado y la producción del agua, los controles estatales ineficientes para hacer cumplir las leyes y el cambio climático. En julio de este año, en Zaragoza, se llevó a cabo la Segunda Jornada Internacional de la agrupación “Agua y Juventud” (llamada internacionalmente “Water and Youth”). Allí también se plantearon cuáles son los problemas del agua según la mirada de los jóvenes. “Hay una infinidad de dilemas a los que nos enfrentamos: ríos contaminados, desertificación en avance, falta de análisis de impacto ambiental a la hora de planificar obras, ausencia de un mapa adecuado de las aguas subterráneas, falta de obras de saneamiento y de planificación para trabajar en base a las cuencas hidrográficas”, enumera Gonzalo del Castillo, representante internacional de la agrupación. Pero en su opinión, el meollo del asunto es ético. “Mientras sigamos creyendo que el agua es un simple recurso a merced de nuestro desarrollo y no un elemento que debe ser considerado como un valor en sí mismo, no podremos superar nunca las dificultades que se nos plantean. Queremos promover un nuevo paradigma que ponga el respeto a la naturaleza y a nosotros mismos en el primer lugar. En este sentido, la mayor herramienta para solucionar nuestros desafíos es la educación. Los jóvenes y los niños deben ser los principales defensores del ambiente”, concluye. PRESIÓN SUBTERRÁNEA Es imprescindible que cuidemos el agua en nuestros hogares, pero que también se establezcan políticas públicas para fomentar el riego de los cultivos por goteo, para que las industrias dejen de contaminar los cursos de agua y para que se establezcan plantas para tratar el agua utilizada antes de verterla impunemente en los ríos y los lagos. Existe una enorme preocupación por la contaminación de muchos ríos por deshechos industriales. El ejemplo más catastrófico es el de la cuenca Matanza-Riachuelo, un monumento a la polución que hasta ahora nadie ha podido derribar. Si bien la Corte Suprema ordenó su limpieza, habrá que ver para creer. También preocupa la contaminación de las aguas fluviales y subterráneas con metales pesados (cadmio, cobre, plomo, mercurio) y con materiales orgánicos. Algunos expertos locales afirman que el Acuífero Puelche, la principal reserva de agua dulce del país, es casi una cloaca subterránea bajo las principales urbes más importantes. “La contaminación con nitratos proviene de desechos domésticos e industriales y secundariamente agrícolas. Sin embargo, este acuífero posee agua de excelente calidad para consumo humano, riego e industria en la mayor parte de la Provincia de Buenos Aires, donde ocupa 92.000 km2, en el Sur de Santa Fe y Córdoba, en Entre Ríos y Corrientes, donde se extiende por otros 200.000 km2, totalizando alrededor de 300.000 km2”, explica el geólogo Miguel Auge. No todo es mal manejo de acuíferos y ríos. Hasta el agua corriente puede estar en peligro. A fines de julio pasado, un juez obligó a la Provincia de Buenos Aires a sanear un acueducto que abastece la red de agua corriente de la empresa estatal Aysa y que está contaminado con plomo y cobre. A pedido de la Fundación Ecosur, se ordenó que la provincia lo limpiara o que se hiciera cargo la empresa Diacrom, que se dedicaba al cromado de metales en Carapachay y que fue una de las principales responsables de la contaminación con metales peligrosos del acueducto, que lleva agua potable a un millón y medio de personas en las localidades bonaerenses de Vicente López, San Martín, San Isidro, San Fernando y Tigre. Aunque la Asociación de Abogados Ambientalistas que promovió esta causa dice que no es seguro tomar agua de la canilla en estas zonas, la compañía Aysa afirma que esa zona cuenta con

agua potable. ALERTA AZUL Como si las complicaciones con la provisión de agua potable no fueran suficientes, se suman los aprietos energéticos que enfrenta Argentina, que también impactan sobre el agua. La obtención de energía a partir de los ríos de gran caudal es una buena salida para sacarnos del apuro, pero tiene consecuencias nefastas sobre el ambiente. La construcción de la represa de Yaciretá modificó no solo el ecosistema de las provincias del norte argentino, sino que provocó la inundación de más de 53.000 hectáreas cultivables y obligó a miles de personas a migrar. Y ya sobrevuela el fantasma de la construcción de la represa Guaribí por parte de Brasil y Argentina, sobre el río Uruguay. “En mi opinión –dice el hidrogeólogo Miguel Auge–, los nuevos emprendimientos hidroeléctricos deberían realizarse en zonas montañosas, donde los territorios inundados resultan mucho menores que en las llanuras”. Mientras tanto, la contaminación de las aguas generada por las plantas de producción de celulosa o pasta de papel en las riberas de los ríos argentinos –Botnia es solo la más conocida– no parecen encontrar solución. Por último, el florecimiento de la actividad minera a lo largo de la Cordillera de los Andes está generando protestas de los habitantes de San Juan, que temen que sus ríos terminen contaminados por metales peligrosos. Los dilemas del agua nos afectan a todos. Tomar conciencia de todas sus dimensiones es el paso principal para  poder resolverlos, antes de que el agua contaminada nos llegue al cuello o se escurra bajo nuestros pies.

¿Será segura? por francisca PÁEZ ¿ES REALMENTE POTABLE EL AGUA QUE SALE POR NUESTRAS CANILLAS? COMO EXISTEN MUCHAS DUDAS ACERCA DE SU PUREZA, EN ESTA NOTA TE DAMOS ALGUNAS PISTAS ACERCA DE QUÉ CONVIENE TENER EN CUENTA, A QUÉ NO HAY QUE PRESTARLE ATENCIÓN Y CÓMO HACER PARA QUE EL AGUA DE TU CASA SEA CONFIABLE PARA CONSUMIR. Cada vez que compramos una botellita de agua mineral, sentimos que estamos haciendo algo saludable. Quizás finalmente haya dado resultado tanta publicidad que nos cuenta que hay que hidratarse para tener una linda piel y que cuanto más pura la fuente, mejor el agua. Cualquiera sea el motivo, lo cierto es que las ventas de agua mineral se multiplicaron en los últimos años y en bares y restaurantes es muy usual la botellita de “agua mineral” sobre la mesa. Ahora bien, ¿qué pasa con el agua de la canilla? ¿Se puede tomar o no? ¿Cómo sabemos si el agua de nuestra casa es buena? A continuación WH te ofrece algunas respuestas orientativas para estos interrogantes. LO MALO El agua de la canilla puede ser nociva “La contaminación del agua es quizás el principal problema ambiental argentino”, afirma Gustavo Aparicio, coordinador del área de Conservación de la Fundación Hábitat y Desarrollo. “Esto, debido a que la mayor parte de la población toma agua de pozo que no es segura porque suele estar cerca la cámara séptica de nuestra casa o del vecino, que es el principal factor de contaminación”. A esto se le suma que el tanque donde se almacena el agua puede tener moho u otras suciedades si no se lo limpia asiduamente y que si las cañerías son viejas puede haber desprendimiento de cobre u otros metales. Entonces, no queda otra: antes de seguir tomando el agua de la casa, será necesario chequear todas estas variables. Quizás encuentres el motivo –hasta ahora desconocido– de por qué será que tu dentista te dijo que en esa última limpieza tuvo que luchar bastante con el sarro… No está totalmente limpia El agua de Buenos Aires tiene gusto a cloro y se nota más todavía cuando uno viaja al interior y prueba otras aguas. Para potabilizar el agua, el método más seguro es filtrarla primero –para eliminar las partículas en suspensión– y luego hervirla. Como no puede hervirse la inmensa cantidad de agua que se consume en la Ciudad de Buenos Aires, se utiliza un método químico para eliminar bacterias. Y lo que ocurre es que, a pesar de que puede quedar feo sabor, el método más inocuo es el cloro, porque se desactiva una media hora después de agregado. Así, se podría pensar que es más seguro tomar agua con gusto a cloro que agua de pozo. Sin embargo Natalia Salvatico, a cargo de la Campaña Agua de la ONG Amigos de la Tierra, explica: “La empresa proveedora del agua corriente en la Ciudad de Buenos Aires (Aysa) declara que es segura y que está monitoreada por su laboratorio. Pero cabe destacar que esta agua proviene del Río de la Plata, que es donde se depositan los residuos cloacales casi sin tratamiento y el mismo río en el que desembocan el Riachuelo y otros arroyos contaminados por actividades industriales, por lo que deberíamos replantearnos qué clase de uso le damos a nuestras fuentes de vida y hasta cuándo se podrá potabilizar dicha agua si no paramos de contaminarla”. ¡Glup! ¿En los pueblos es mejor o peor? A veces uno tiene la fantasía de que en el campo todas las cosas son más naturales y más puras, sin embargo esta afirmación puede estar sustentada solo en una visión romántica de lo rural. ¿Por qué? Por ejemplo, porque también es posible que en las zonas rurales haya filtraciones de los plaguicidas utilizados para los cultivos, con lo cual el agua tendría un componente extra para ser peligrosa para la salud. “Cada caso es un caso”, comienza diciendo Claudio Bertonatti, director de Educación y Comunicación de la Fundación Vida Silvestre Argentina, “pero hay que tener en cuenta que hay algunas zonas donde no solamente se duda de que el agua sea potable, sino que hasta se especula con que podría estar contaminada radioactivamente por centrales nucleares vecinas”. Como ocurre, por ejemplo, en la localidad de Esteban Echeverría, cercana a Ezeiza. LO BUENO Es mejor para el medioambiente Cada vez que uno consume agua embotellada está fomentando la industria del plástico que –ya se sabe– no es de las más amigables con el medioambiente. Y además, es una forma de contribuir a los gastos y emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera (uno de los gases causantes del cambio climático) debido al transporte para que el agua se distribuya en todo el país. Es mucho más barata Sin duda el agua de la canilla cuesta mucho menos que el agua embotellada. Más allá de que haya precios muy diversos, como por

ejemplo desde un botellón de 20 litros de agua de mesa que cuesta 15 pesos a una botellita de medio litro (mineral) que cuesta dos pesos, lo cierto es que tomar agua envasada es caro y, por lo tanto, no todo el mundo puede acceder a ella. Y ni hablar de las saborizadas… Es más práctica Para consumir el agua de la canilla en casa no hay que acordarse de cambiar botellones o comprar los packs de botellas en el supermercado. Está a mano en cualquier momento y simplemente hay que abrir la canilla, lo cual es sumamente práctico para hacerse un té, lavar las verduras y cocinar. EN CASA Para saber cuán buena es el agua de tu casa y cómo cuidarla aquí van algunas sugerencias: 1. Opinión de laboratorio: Se puede hacer analizar el agua. Existen empresas y laboratorios especializados para este tipo de trabajos que tardan 48 horas en realizar el análisis (www.aguasyprocesos.com, www.aguablanda.com.ar, www.labschmukler.com.ar). 2. Instalá un filtro: Es un sistema sencillo que se aplica en las canillas. Además de ser prácticos, otra ventaja es que muchas empresas ofrecen cuotas para pagarlos. Eso sí, hay que mantenerlos limpios porque si no, son fuente de bacterias. El precio base ronda los 200 pesos y de ahí para arriba hay marcas y modelos para elegir. 3. Controlá la ducha: Más allá del sabor, el cloro estropea el cabello y además contribuye a la sequedad de la piel. Para evitar estos inconvenientes también existen filtros para la ducha (www.hidroquil.com.ar, www.aguahogar.com). 4. Recargas: Si llenás botellitas con agua de la canilla, no lo hagas en las de plástico de aguas o gaseosas, sino en las cantimploras que vienen para ese fin. Son más sencillas de lavar y más higiénicas. 5. Que sea local: Si a pesar de tener agua de buena calidad en tu casa preferís la envasada, optá por la nacional. No solo es más barata, sino que contribuirás a no aumentar la emisiones de dióxido de carbono causadas por el transporte. CADA GOTA CUENTA POR FRANCISCA PÁEZ Para los que vivimos en las ciudades es algo que “siempre está” y que parece no acabarse nunca. Pero la realidad es totalmente contraria: hay millones de personas que no tienen agua en sus casas y, además, solo el 3% de toda la que existe en el planeta es apta para consumo humano. En esta nota te damos algunas ideas prácticas para prevenir la contaminación, evitar el desperdicio de este recurso tan preciado… y de paso son buenas excusas para ciertas comodidades, como llevar el auto al lavadero en vez de usar el balde y la manguera en casa. No al basurero acuático El baño representa el 65% del total del consumo de agua en una casa. Pero empecemos por el inodoro: cada descarga se lleva entre 10 y 15 litros, así que mejor no usarlo como “segundo tacho de basura” (papelitos, colillas, etc.). Lo más práctico es poner un pequeño cesto en el baño… ¡y que toda la familia lo use!   Querido relax Ok, nada como un gratificante baño de inmersión con sales y velas aromáticas… ¡lástima que se gastan 300 litros por vez! La idea no es privarse totalmente de ellos, pero sí hacerlos más espaciados. Por contrapartida, una ducha de casi 10 minutos gasta solamente 100 litros. No es lo mismo, pero… Tic- tic- tic ¿Cuántas canillas hay en tu casa? Y de ellas, ¿cuántas pierden aunque sea una gota? Un dato: una canilla que pierde a razón de 10 gotas por minuto ¡desperdicia 2.000 litros por año! Cambiar un cuerito cuesta muy poco tiempo y dinero y, cuando vaya el plomero, aprovechá para que también le eche una mirada al inodoro porque si pierde, se están malgastando 200 mil litros de agua por año. Algo así como 200 pelopinchos repletas. Dientes y otros Al lavarse los dientes no dejes corriendo el agua: utilizá un vaso. Y de paso te damos otro dato: los odontólogos dicen que no hay que enjuagarse demasiado la boca después del cepillado, pues hay que dejar que el dentífrico quede actuando. Para lavarse la cara o afeitarse lo mejor es llenar moderadamente la pileta: de esta forma se ahorran 12 litros por minuto. Lavarropas Si estás por comprar un lavarropas nuevo, elegí el que tenga “criterio ecológico”, es decir, eficiencia energética y en el consumo de agua: un artefacto de 4 kg de capacidad no debería consumir más de 60 litros por ciclo. Además es mejor evitar el pre-lavado y utilizar la capacidad máxima del lavarropas. Vereda y patio Para la limpieza de las calles y el patio, el empleo de una escoba y una palita permite ahorrar hasta 200 litros si la comparamos con una limpieza con manguera. Además, hoy en día hasta los porteros de los edificios sienten la mirada acusadora de la gente cuando usan agua potable para sacar la suciedad de una baldosa. Ropa limpia, agua limpia

En muchas tintorerías usan un solvente llamado tetracloroetileno que, cuando no se desecha en forma correcta, puede ser un contaminante de fuentes de agua. Y además se sospecha que puede ser cancerígeno, así que la próxima vez que vayas a la tintorería preguntá –como quien no quiere la cosa– qué usan para hacer la limpieza a seco. Oro reciclado En el proceso para extraer oro para hacer un simple anillo se generan alrededor de 20 toneladas de “roca estéril” (que no tiene oro suficiente como para venderse) la cual, si no se maneja adecuadamente, puede contaminar los cursos de agua cercanos. Para no fomentar la extracción de oro una buena opción es comprar anillos, cadenitas y todo tipo de joyas hechas con oro reciclado. Una taza no es una pava Los pequeños actos cotidianos cuentan. Así, cada vez que te hagas un té, poné la cantidad de líquido justa para ese té y no la pava llena, que gasta más gas para calentar agua que luego se volverá a enfriar. Y si ponés agua para el mate, colocala en un termo para no tener que recalentarla. Cuando laves fruta y verdura utilizá un bol y no lo hagas con el agua corriendo, porque se desperdicia mucha y no se lava tan bien. Luego, cuando cocines las verduras poné apenas un poco de agua (no llenes la olla hasta el borde); no solo por el agua, sino para que las verduras mantengan sus vitaminas en la cocción. De paseo Los cursos de agua naturales son las principales fuentes de agua dulce en buen estado. Por eso, cuando estés de paseo nunca arrojes residuos a un arroyo, un río o un lago. No, ni siquiera basura que “parezca inofensiva” como una cáscara de mandarina y mucho menos elementos altamente contaminantes como productos químicos o pilas.