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¡Venga tu Reino!

Santa María de la Montaña


Noviciado y Centro de Humanidades de los Legionarios de Cristo
Apdo. Postal 80, C.P. 67300 Villa de Santiago, N.L. México.
Tel. (01-81) 2285-3748. Fax: 22853749. E-mail: noviciosmtya@legionaries.org

08 de mayo de 2011

Muy queridas mamás:

Bendición. Les escribo a todas con la esperanza de que esta líneas lleguen lo
más rápido posible desde estas tierras mexicanas del norte, llevándoles mis recuerdos y
mis oraciones por cada una de ustedes. Dios las ha premiado con el gran don de ser las
portadoras de una vida nueva, les ha otorgado la dicha de ser las paladines de su
creación, las protectoras de aquellas almas que Él tiene destinadas para ser sus santos en
medio del mundo, para ser la luz que lo ilumine y les demuestre el amor de Aquél que
se entregó por ellos en la cruz. Sin duda que la bendición de un hijo es algo inapreciable
en toda su grandeza porque se hacen colaboradoras de la obra creadora de Dios, pero
jamás olviden que aquellos que gracias a ustedes bajaron a este mundo son préstamo del
que se los ha dado.

El hijo es un regalo de Dios, pero al mismo tiempo es propiedad de Él, por lo


tanto Él lo puede y lo debe pedir cuando quiera, y ustedes no se enfrasquen en una lucha
inútil contra Dios, porque a él nunca le van a poder ganar, por el contrario terminarán
con un fracaso más duro que si lo hubiesen dejado tomar de lo suyo con su
consentimiento. No crean que esta carta es sólo regaño, al contrario, es una sincera
reflexión de la realidad de su condición como madres, como los primeros ángeles de sus
hijos en la tierra; ellos esperan mucho de ustedes, esperan que los protejan, que los
animes, que los eduquen, pero sobre todo que les revelen a Dios, que les muestren la
grandeza de Dios, que les enseñen la verdadera razón de este mundo: EL
AGRADARLO A ÉL PARA LUEGO DISFRUTAR DE ÉL TODA LA ETERNIDAD.
¿Por qué creen que el mundo está cómo está?, ¿por qué creen que el mundo se pierde
entre tanta podredumbre?, ¿por qué los hombres ya no se preocupan por los demás, ni
buscan cambiar?, ¿por qué hay tantos robos, tantas muertes, tantas injusticias?, ¿no será
acaso porque sus padres como primera comunión espiritual de vida, no les enseñaron a
amar a Dios y con ello lo bueno?, ¿no será porque los hombres quieren ser ellos mismos
los dioses de sus vidas, de su mundo de caricatura, de su falso ideal de un mundo sin
Dios?, el mundo no se cambia por intenciones de hacerlo, sino con los actos que lo
ayudan, y qué mejor forma de hacerlo, inculcándoles el verdadero sendero de la vida en
Dios, es más, de su vida como verdaderos hombres civilizados y llenos del verdadero
sentido de ayudar a los demás.

El hombre encuentra su verdadera realización personal en el amar y ser amado,


en el compartir su capacidad de amar con los demás, en el desbocar su sentido del amor
en lo bueno y en el servicio al prójimo; dice San Agustín: “Ama y haz lo que quieras”,
¡pero ama de verdad!, ama con la única verdad de que si amamos no buscaremos el mal
para los demás, de que si amamos no seremos los salteadores que tanto aquejan nuestro
mundo, de que si amamos de verdad no seremos los asesinos que asustan nuestro
mundo, de que si amamos no seremos los abusadores que nos quitan la seguridad, de
que si amamos de verdad buscaremos agradar a los demás como lo que son, otros
Cristos en este mundo; pero sean ustedes mamás, las que les infundan ese deseo de ser
mejores, de ayudar, y de ser alguien en la vida, que si ustedes no lo hacen la vida les va
a resultar amarga, sin un sentido por el que vivir, sin un ánimo para hacer las cosas, con
hastío de la vida: ¡SEAN USTEDES ESE TRASUNTO DE DIOS EN EL MUNDO
PARA SUS HIJOS, NO LOS DEFRAUDEN!

La gracia de Dios se demuestra con el hombre por la simple razón de que nos
mantenemos vivos y de que nos mantenemos en la existencia, pero depende de nosotros
y de lo que les queramos enseñar a los demás, si viviremos o no en paz, porque la paz es
la cercanía de Dios, la paz es el regalo de aquellos que han buscado y procurado el bien
a los demás, y no es como la paz que promocionan por el mundo, de que la comodidad
todo lo alcanza, de que la ley del mínimo esfuerzo es la norma de vida, de que el amor
propio llena toda la personalidad humana, de que el saciar cualquier apetito malo es lo
más normal, al contrario esa “paz” nos es más que miseria y tristeza, esa “paz” no es
más que esclavitud, esa “paz” no es más que odio a la vida. Busquen ser generosas y
amables, potencien toda la capacidad de amar, potencian toda la fuerza de su
sensibilidad, pero oriéntenla hacia el bien supremo, hacia Dios, y verán que sus trabajos
y fatigas se convertirán en gozo y alegría indescriptible, en “agua que salte hasta la vida
eterna”.

Espero que estas reflexiones les abran los horizontes de su condición de madres,
de su responsabilidad de ser las educadoras de una nueva vida, de un plan de Dios para
aquellos seres que crecen , pero que al mismo tiempo son frágiles como cristal, porque
el ser buenos depende de ustedes, depende del cariño con que los traten, pero también
de la dureza e intransigencia con el mal, no se permitan jamás que un acto malo
moralmente pase desapercibido, repréndanlo con dureza, pero sabiendo equilibrarla con
el amor. Felicidades mamás en su día, felicidades por colaborar con Dios, felicidades
por estar siempre a nuestro lado, felicidades porque son Dios en la tierra.

Cuenten con mis oraciones diarias por su noble tarea, que Dios les bendiga a
todas:

Néstor Hernández, nLC.

NB: Creo que estas reflexiones mamá les sirven a muchas de tus amistades, por
eso quiero que se las mandes a aquellas amistades que lo consideres oportuno, te quiero
mamá, gracias por estar siempre a mi lado y jamás dejarme solo.