Antropología rural Mtra.

: Verónica Garza Navejas

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Kearney, Michael (1996). Reconceptualizing the Peasantry: Anthropology in Global Perspective. Boulder, Colo.: Westview Press. [Cap. “Kinds of Others in the History of Anthropology”] Kearney nos dice que las categorizaciones en la historia de la antropología son fundamentales para que ésta se haya definido como la “ciencia del Otro”. Pero estos procesos de conceptualización estuvieron condicionados por cambios mayores ocurridos en la política económica mundial. El común denominador presente en las distintas categorizaciones de los “objetos de estudio” en la antropología se fundamentan en el pensamiento dualista y en las estrategias (políticas) de diferenciación occidentales. El autor hace un breve recuento analítico de los siguientes periodos en la historia de la antropología: formativo, clásico, moderno, y global1. Durante su planteamiento él nos muestra la transición conceptual de “primitivo” a “campesino”. No sólo se refiere a los cambios que estos “grupos humanos” tuvieron, sino en la participación de la antropología misma para construir categorías analíticas delimitando sus objetos de estudio. Lo que el autor nos propone es un ejercicio de una antropología del conocimiento. Una revisión de las bases epistemológicas sobre las cuales se sostienen los argumentos teórico-metodológicos de la antropología. Pero él va más allá considerando importante incluir el análisis de la formación misma que haya tenido el o la investigadora que se nombra así mismo/a como antropólogo/a. Por otro lado, tenemos el análisis de la transición de fundamentos positivistas hacia otros de tipo hermenéutico e inclusive posmodernos. Kearney analiza la noción clásica del ‘conocer las cosas’: sujeto-objeto; Es decir, civilizado-salvaje. La sensibilización epistemológica de las ciencias sociales ha obligado a repensar tal binomio dando como resultado una situación más simétrica aunque no equitativa: sujeto-sujeto. Ya no el es sujeto que conoce a el objeto (sujeto), sino el sujeto que conoce a el (Otro) sujeto –aunque éste se encuentre implícitamente objetuado. Esto rompe entonces con las bases metafísicas cartesianas del conocimiento, sin embargo Derrida no estaría de acuerdo con una ruptura total. En los cuatro periodos subyace una ideología científica que toma la estructura de conocimiento formal: el telos. Tenemos entonces que estos periodos fueron definidos en la historia de la antropología en base a los formatos de: dualidad-diferenciaciónteleológica. En el periodo formativo la pregunta era: ¿Cómo las sociedades civilizadas emergen de antecedentes primitivos?; la construcción de los Otros se dio bajo lo general e impersonal (p. 26). No eran sujetos, sino colectividades fuera de la historia universal,
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Es Kearney quien divide las fases de la antropología en cuatro. Esto no indica que tal historia se reduzcan a solamente cuatro. De hecho aquí tenemos el problema del universalismo y la universalidad frente al particularismo y lo particular –de la ciencia. El autor enumera secuencialmente una historia de la antropología universal sin tomar en cuenta los desarrollos particulares de las “otras” antropologías. Antes hago una aclaración, la antropología como tal, desde su nacimiento como práctica anticuaria, fue practicada y pensada por personas provenientes de países noratlánticos. Hasta aquí vamos bien. Es un crédito justo para los fundadores de la antropología. Pero una vez llegando al periodo moderno y global de la antropología, es decir cuando se ‘globaliza’ y ‘glocaliza’ la antropología ya no se incorporan las prácticas y pensadas antropologías locales. Kearney habla de la ambigüedad a la que ha llegado el concepto de campesino, pero no de la ambigüedad de la definición categorial de la antropología como ciencia ya desbordada sobre sí. Amén de olvidarse de la categoría indígena.

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pero paradójicamente constituyendo un eslabón de los orígenes de la civilización contemporánea. La conceptuación del objeto de estudio se fijaba bajo lo ‘primitivo’, aislado, estático, salvaje, y no civilizado2. En reacción a los excesos del evolucionismo surgen las corrientes del particularismo cultural y el funcionalismo (periodo clásico). Su contexto es del periodo de entre guerras mundiales. Su principal distinción es el trabajo de campo y el desarrollo de una metodología más sistemática por parte de Malinowski. La categoría de primitivo sigue formando parte de la jerga antropológica. Las principales características consisten en: (1) recolección directa de datos empíricos, (2) la continuidad del marco epistemológica de la dualidad, (3) que nos lleva a la diferenciación del yo (self) y el otro (other), (4) la humanización de los sujetos-objetos de estudio, (5) pero la increíble descontextualización del coloniaje en los textos antropológicos. Por otro lado, a diferencia del periodo formativo, en este se los ‘primitivos’ todavía no pertenecían –en la mentalidad del antropólogo- al tiempo real de la historia pero se encontraban más cerca de esto. Además los mismos títulos de las etnografías personalizan a los otros, pero se mantiene la generalización. Las etnografías de este periodo mantienen explicita la idea de la separación tempo-espacial de los ‘primitivos’ respecto de la sociedad colonizadora. La metáforaconcepto de ‘frontera’ bien puede ayudarnos a explicar tal forma de proceder. La frontera más que una supuesta división geográfica entre dos puntos, es una barrera epistémica que se convierte en método científico; de allí nace la mentada objetividad científica: el estar allí y el estar afuera. Para Kearney, la presencia de europeos desaparece en las etnografías, y esto les permite representar a los ‘nativos’ como si no tuvieran contacto alguno con el mundo moderno. El acercamiento de los occidentales con los ‘primitivos’ dio lugar al nacimiento (?) de tipologías ambiguas que devinieron en categorías como la de campesino. En el periodo moderno de la antropología, la definición de los ‘otros’ fue más un problema de seguridad nacional para los EE.UU. que una propuesta directa del gremio antropológico. Esto es el periodo de la posguerra. Pero aquí la categoría campesino parecía no encajar a varios grupos humanos cuyas características no cuajaban. Tal categoría tuvo serias dificultades para ser reconocida por los antropólogos quizá por su utilización esencialista o absoluta y hasta peligrosa con los campesinos convertidos al comunismo. Un acercamiento histórico a la categoría de campesino presentaba dificultades analíticas. Es decir, la actividad ‘campesina’ se remontaba a tiempos muy remotos, pero igualmente estaba presente en sociedades contemporáneas que se dedicaban a la agricultura. La diferenciación se daba en términos de tradicionalmoderno, pero el debate no parecía cerrarse por completo. Las premisas de dualismo-diferenciación-teleológica siguieron vigentes hasta el concepto (político) de ‘desarrollo’. Del genérico ‘primitivo’ sin historia se pasó al regenérico con historia, pero no la suya sino que forma parte de la historia del imperio. El nuevo genérico es la categoría de Tercermundista acompañada con la categorización antropológica de subdesarrollado. En esto, la tercera categoría de campesino representaba una seguridad y control sobre la diversidad de grupos humanos. El justificante de tal conceptuación politizada, según Kearney, radica en la supuesta desaparición de los ‘primitivos’.

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Aquí bien habría cabido el ejercicio propuesto por Durkheim para abordar un problema de investigación, la primera regla del método sociológico: “librarnos de nuestras prenociones”. Dicha dificultad no es propia de premisas positivistas, sino incluso afecta a tendencias hermenéuticas y posmodernas aunque con distintos niveles de análisis de la realidad social.

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Kearney es claro cuando nos dice que la categoría campesino no puede englobar a las diferentes tipologías de ‘primitivos’. La categoría campesino no deja de ser un genérico, pero adquiere, en el pensamiento científico, la necesaria inestabilidad semántica. El debate queda abierto. A mi entender el problema radica en la posición política del que define científicamente –no por ello empíricamente- al ‘otro’. No hay una emancipación del pensamiento metafísico heredado en la antropología. Primero porque sigue siendo un noratlántico quien tiene la voz, y es él habla en nombre de los ‘otros’. (Me refiero al análisis que hace Kearney no a la situación actual de la antropología). La pregunta es sencilla: ¿qué pasa cuando alguien que fue campesino se profesionaliza como antropólogo? ¿Dónde queda la conversión epistémica de la frontera como método científico? ¿Quiénes son los otros en estas etnografías? Y lo más importante: ¿quién representa a quién en el formato final de las etnografías?

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