1º Preparación (Paraskeie

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EL NOVICIADO Y LA VIDA PITAGÓRICA Únicamente entonces comenzaba el noviciado llamado preparación (paraskeié) que duraba al menos dos años y podía prolongarse hasta cinco. Los novicios u oyentes (akusikoi) se sometían durante las lecturas que recibían, a la regla absoluta del silencio. No tenían el derecho de hacer una objeción a sus maestros, ni de discutir sus enseñanzas. Debían recibirlas con respeto y meditar sobre ellas ampliamente. Para imprimir esta regla en el espíritu del nuevo oyente, se le mostraba una estatua de mujer envuelta en amplio velo, un dedo sobre sus labios: la Musa del silencio. Pitágoras no creía que la juventud fuese capaz de comprender el origen y el fin de las cosas. Pensaba que ejercitarla en la dialéctica y en el razonamiento, antes de haberla dado el sentido de la verdad, formaba cabezas huecas y sofistas pretenciosos. Pensaba él desarrollar ante todo en sus facultades la facultad primordial y superior del hombre: la intuición. Y para ello, no enseñaba cosas misteriosas o difíciles. Partía de los sentimientos naturales, de los primeros deberes del hombre a su entrada en la vida y mostraba su relación con las leyes universales. Al inculcar por el pronto a los jóvees el amor a sus padres, agrandaba aquel sentimiento asimilando la idea de padre a la de Dios, el gran creador del universo. “Nada más venerable, decía, que la cualidad del padre. Homero ha llamado a Júpiter el rey de los Dioses; más para mostrar toda su grandeza le llama padre de los Dioses y de los hombres”. Comparaba a la madre con la naturaleza generosa y bienhechora; como Cibeles celeste produce los astros, como Demeter genera los frutos y las flores de la tierra, así la madre alimenta al hijo con todas las alegrías. El hijo debía, pues, honrar a su padre y a su madre como representantes efigies terrestres de aquellas grandes divinidades. Mostraba también que el amor que se tiene por la patria procede del amor que se ha sentido en la infancia por la madre. Los padres nos son dados, no por casualidad, como el vulgo cree, sino por un orden antecedente y superior llamado fortuna o necesidad. Es preciso honrarles, pero en cuanto a los amigos, es necesario escoger. Se aconsejaba a los novicios que se agrupasen dos a dos, según sus afinidades. El más joven debía buscar en el de mayor edad las virtudes que buscaba y los dos compañeros debían excitarse a la vida mejor. “El amigo es un otro yo. Es preciso honrarle como a un Dios”, decía el maestro. Si la regla pitagórica imponía al novicio oyente una absoluta

sumisión a los maestros. corresponden a los siete colores de la luz. La ruta celeste brillaba como un reguero de luz. que son sus guías y sus protectores. Comentando esta máxima se enseñaba que los Dioses. enseñada con todas sus consecuencias. a los siete planetas y a los siete modos de existencia que se reproducen en todas las esferas de la vida material y espiritual. contienen el secreto de las cosas. Las melodías de estas modalidades. la enseñanza moral preparaba la enseñanza filosófica. aunque formándose de su esencia una idea diferente del vulgo. Porque los números. Por esto la reservaban por completo a la iniciación propiamente dicha. El sabio podía. venía a ser la clave del Cosmos. que se obtenía por la higiene y la disciplina severa de las costumbres. Tolerancia para todos los cultos. Las siete modalidades sagradas. la regla aceptada con amor cesaba de ser una violencia y se volvía la afirmación de una personalidad. Máximas generales. “¿Pero de qué modo comunicar con esos invisibles genios?. Porque las relaciones que se establecían entre los deberes sociales y las armonías del Cosmos hacían presentir la ley de las analogías y de las concordancias universales. hablándole de una jerarquía de seres superiores a la humanidad. estatuas en los templos y almas glorificadas en el cielo. el alma humana. pero se le preparaba a comprenderlo. como divinidades grandiosas entrevistas en el esplendor del poniente. Porque en el culto de los héroes y de los semidioses. El novicio no sabía nada. debían equilibrar el alma y volverla suficientemente armoniosa para vibrar de un modo preciso al soplo de la verdad. Únicamente le dejaban entrever esta verdad a través de lo que le decían de las potencias de la música y del número. activas en todo el universo. Guarda firme tu fe. de la doctrina oculta y de toda filosofía. no puede reflejar la armonía divina. desde la más pequeña a la más grande. El que en su propio ser no ha formado armonía. Sin embargo. constituidas sobre las siete notas del heptacordio. el iniciado contemplaba la doctrina de la vida futura y el misterio de la evolución universal. puesto que el matrimonio era . enseñaba el maestro. pero se adivinaban en sus miradas. ¿Por qué ese sombrío misterio de la muerte?”. El novicio no osaba formular estas cuestiones. diversos en apariencia. eran en el fondo los mismos en todos los pueblos. adonde Hércules había llegado. prescripciones sucintas abrían perspectivas sobre aquel mundo superior. llamados héroes y semidioses. como a través de un velo. El espíritu del discípulo se habituaba a encontrar la huella de un orden invisible en la realidad visible. A esta purificación del alma correspondía necesariamente la del cuerpo. el novicio veía relucir. Esta revelación. y por toda respuesta sus maestros le mostraban luchadores en la tierra. le devolvía su plena libertad en el encanto de la amistad. espirituales semidivinos. y Dios es la armonía universal. Pitágoras quería que la obediencia fuese un asentimiento. No se revelaba al novicio este gran secreto. En esta ley reside el principio de los Misterios. que por ellos podía llegar a aproximársele practicando las virtudes heroicas y divinas. el ideal de la vida pitagórica nada tenía de la vida ascética. puesto que correspondían a las mismas fuerzas intelectuales y anímicas. pues. la divina Psiquis. Y la lira de oro continuaba sus graves enseñanzas: Venera la memoria De los héroes bienhechores. ¿A dónde va?. Las energías individuales eran así despertadas. sabiamente fundidas. Mañana y tarde los versos dorados sonaban al oído del discípulo con los acentos de la lira: Da a los inmortales Dioses el culto consagrado. Además. Se agregaba que ellos servían de intermediarios entre el hombre y la divinidad. la poesía de la vida. “en la ciudadela ígnea de los dioses”. unidad de las religiones en la ciencia esotérica: esas ideas nuevas se dibujaban vagamente en el espíritu del novicio. la moral se volvía viva y poética. En el fondo de los misterios antiguos se relacionaban los dioses todos con el Dios único y supremo. Vencer sus pasiones era el primer deber de la iniciación. el camino del ideal. de ésta hacía el estimulante de todas las virtudes. Tras estos versos. unidad de los pueblos en la humanidad. ¿De dónde viene el alma?. honrar a los Dioses de su patria.

a la meditación y a un trabajo mental sobre la lección de la mañana. en que la divinidad parecía presente en la gracia ele las formas y de los movimientos. pero su alma ha muerto: llorémosla”. Después de la puesta del sol. luego al estudio. pero desconfiaba mucho de la mujer natural. El alma debía recogerse al comienzo del día y estar virgen para la lección de la mañana. En el bosque sagrado se agrupaban alrededor del maestro o de sus intérpretes. le respondió iróncamente: “Cuando estés cansado de tu reposo”. La frugal comida de mediodía se componía generalmente de pan. ejecutando coros acompañados de cánticos. comentándolo el de más edad. el novicio tenía como un presentimiento de las fuerzas ocultas. a Diana protectora de los muertos. pero no menos solemne. hombres y mujeres. La vuelta de Apolo hiperbóreo y la celebración de los misterios de Ceres. el incienso ardía sobre el altar al aire libre. decía el maestro. . como una fuerza y una perfección. mientras las primeras estrellas perforaban el pálido azul. como si hubiera muerto. Así transcurría la jornada pitagórica. de miel y de aceitunas. se oraba en común. El maestro decía: “Está más muerto que los muertos. de las todopoderosas leyes del universo animado. su cuerpo se pasea entre los hombres. los ritos fúnebres tenían un carácter más íntimo. Se veían jóvenes de púrpura y azafrán. no dejando en el sitio que ocupaban más que huesos rotos y carnes sangrientas sobre un escollo roído por las olas. Y aquella tumba elevada a un vivo le perseguía como su propio fantasma y como un siniestro augurio. “No cedas a la voluptuosidad más que cuando consientas en ser inferior a ti mismo”. límpida como un manatial. que dejan en el alma una celeste armonía”. con los movimientos armoniosos de la estrofa y de la antiestrofa que imitó más tarde la tragedia. Después de las abluciones de rigor. A un discípulo que le preguntaba cuándo se le permitiría acercarse a una mujer. Añadía que la voluptuosidad no existe por sí misma y la comparaba “al canto de las Sirenas. Cuando un novicio salía voluntariamente del instituto para continuar su vida vulgar o cuando un discípulo había traicionado un secreto de la doctrina. A mediodía se dirigía una plegaría a los héroes. a los genios benévolos. daban un paseo al templo guardando el silencio. mientras que el verdadero goce es semejante al concierto de las Musas. puesto que ha vuelto a la mala vida. En medio de aquellas grandes fiestas. y el himno mezclado con el perfueme subía dulcemente en el crepúsculo. se cantaba un himno a los dioses cosmogónicos. Pero se recomendaba la castidad a los novicios y la moderación a los iniciados. mientras que los malos espíritus frecuentan la sombra y se difunden en la atmósfera con la noche. después de la cual el más joven daba lectura a un libro. a Júpiter celeste. reunían a los novicios e iniciados de todos grados. La tarde se consagraba a los ejercicios gimnásticos. que al aproximarse a ellas se desvanecen. lo que sólo ocurrió una vez. los iniciados le elevaban una tumba en el recinto consagrado. Cada despertar es una resurrección que tiene su flor de inocencia. Los matrimonios. sobre la morada de los iniciados. La jornada pitagórica se ordenaba de la manera siguiente. del cielo profundo y transparente.considerado como santo. en la melodía incisiva de los coros. clara como una mañana sin nubes. ejecutando una danza dórica de un carácter viril y sagrado. los jóvenes pitagóricos cantabn un himno a Apolo. En cuanto el disco ardiente del sol salía de las ondas azules del mar Jónico y doraba las columnas del templo de las Musas. y la lección se prolongaba bajo la frescura de los grandes árboles o a la sombra de los pórticos. Pitágoras creía en las virtudes de la mujer iniciada. a Minerva providencia. El año se ritmaba según las grandes fiestas astronómicas. La tradición esotérica suponía que los buenos espíritus prefieren aproximarse a la tierra con la radiación solar. El día terminaba con la comida ele la noche. . Durante aquel tiempo. Una ceremonia original daba base al trabajo de la imaginación.