7- La obligación de seguridad implica un seguimiento permanente de la actividad preventiva (T. S. J. Cantabria 14.12.

2005) La Sentencia declara la responsabilidad empresarial por falta de medidas de seguridad e higiene en el trabajo y la procedencia del recargo del 30%, con cargo a la empresa, en las prestaciones de muerte y supervivencia de un trabajador, derivadas de accidente de trabajo. La causa del accidente fue que el extremo de la plataforma con lira sobre la que se encontraba el accidentado se soltó del elevador de sustentación, esto es que la lira de ese extremo se salió del gancho del elevador de sustentación, lo cual originó el vuelco de la plataforma y la caída del trabajador al vacío. La responsabilidad de la empresa se basa en la inobservancia por la misma de su deber de cumplir las disposiciones específicas de seguridad y salud durante la fase de ejecución material de la obra, incumpliendo así la obligación de aplicar las medidas que integran el deber general de prevención que le viene impuesta al empresario en el artículo 15 de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales. La empresa contaba con organización preventiva mediante contrato con Servicio de Prevención Ajeno. El trabajador accidentado y sus compañeros de trabajo, llevaban dos meses usando los equipos y los E.P. 1. de la protección de caída al suelo y en el momento del accidente llevaba los medios de protección individual pero no estaba sujeto a línea de vida. No existía en la obra ningún vigilante de seguridad, ni se había comprobado antes del uso del elevador de la plataforma la situación de los pestillos del gancho elevador, toda vez que las pletinas aparecieron después del accidente dobladas. -----------------------------------------------------------------------------------La sentencia declara que es intranscendente que los andamios y sus componentes fuesen propiedad de una empresa de andamiajes, quien los habría arrendado a la promotora y ésta, a su vez, los había puesto a disposición de la recurrente, pues el art. 11.2 Real Decreto 1627/1997, de 24 de octubre, por el que se establecen disposiciones mínimas de seguridad y de salud en las obras de construcción, al aclarar la responsabilidad de los distintos agentes constructivos, determina que los contratistas y los subcontratistas serán responsables de la ejecución correcta de las medidas preventivas fijadas en el plan de seguridad y salud en lo relativo a las obligaciones que les correspondan a ellos directamente o, en su caso, a los trabajadores autónomos por ellos contratados y, por tanto, no cabe acceder a la misma. El incumplimiento de una medida de seguridad, general o particular, establecida en las normas preventivas e incluso el incumplimiento de cualquier otra medida de seguridad que racionalmente fuera necesaria a consecuencia de la evaluación de riesgos, aunque no fuera normativamente exigible, genera el recargo de prestaciones en tanto entraña un incumplimiento de la obligación general de seguridad que alcanza al empresario y cuyo contenido no se agota con las singulares prescripciones normativas, ya que viene obligado a desarrollar un seguimiento permanente de la actividad preventiva con el fin de perfeccionarla y mantenerla adaptada a las modificaciones que puedan experimentar las circunstancias que incidan en la realización del trabajo, evitando la obsolescencia técnica o normativa.

El empresario debe acreditar en cada caso concreto que ha actuado con toda la diligencia exigible cumpliendo con las diversas obligaciones específicas que integran el deber genérico de garantizar una protección eficaz de la salud y seguridad de sus trabajadores, de suerte que sólo queda liberado cuando pruebe que el riesgo era inevitable o imprevisible, ya que la responsabilidad materializada en el recargo, pese a la amplitud con la que se ha descrito y a su carácter de responsabilidad cuasiobjetiva sigue reposando, en definitiva, sobre la idea de culpa. Como último requisito para la imposición del recargo se exige que medie una relación de causalidad entre la infracción y el resultado dañoso, lo cual ha de resultar ciertamente probado, porque la naturaleza sancionadora del recargo determina que esa relación de causalidad no se presuma (STCT de 14 de abril de 1986). En el presente caso se analiza en la sentencia que el factor causal del accidente sufrido por el trabajador, determinante de la atribución de responsabilidad a la empresa, no fue otro que el vuelco de la plataforma con lira en la que se encontraba el trabajador accidentado, al soltarse uno de sus extremos del elevador de sustentación, produciéndose la caída del trabajador al vacío. Fue la inobservancia por la empresa de su deber de cumplir las disposiciones específicas de seguridad y salud durante la fase de ejecución material de la obra, y más concretamente de las disposiciones mínimas establecidas en el anexo IV del presente Real decreto, 1627/1997, incumpliendo de esta manera con la obligación aplicar las medidas que integran el deber general de prevención que le viene impuesta al empresario en el art. 15.1, de la L.P.R.L, respecto del puesto de trabajo en el que estaba prestando servicios el trabajador fallecido, la causa del daño. Existe una relación causa-efecto entre el comportamiento empresarial y el siniestro laboral que activa el recargo de las prestaciones. Efectivamente, el art. 5 del Anexo IV, parte C, del R.D. 1627/1997, al regular las disposiciones especificas que deben cumplir los andamios en las obras de construcción prevé que éstos deberán proyectarse, construirse y mantenerse convenientemente de manera que se evite que se desplomen o se desplacen accidentalmente; añadiendo que las plataformas de trabajo y las pasarelas de los andamios deberán construirse, protegerse y utilizarse de forma que se evite que las personas caigan, precisando de manera específica que los andamios móviles deberán asegurarse contra los desplazamientos involuntarios; también señala que los andamios deberán ser inspeccionados por una persona competente: antes de su puesta en servicio y posteriormente a intervalos regulares. Es también intranscendente que la empresa tuviera Plan de Seguridad y organización preventiva, ofreciera información a los trabajadores y que no existiera incumplimiento de la norma de gestión de prevención de riesgos laborales, pues el art. 15.4 de la L.P.R.L. señala que la efectividad de las medidas preventivas deberá prever las distracciones o imprudencias no temerarias que pudiera cometer el trabajador y de hecho, el propio Plan de Seguridad determina en el apartado 7.1.B, que el capataz o el encargado de prevención inspeccionara periódicamente los andamios, antes del inicio de los trabajos, para prevenir fallos o faltas de medidas de seguridad y en el apartado 7.4.B, referido a los andamios colgados, puede leerse que "... se utilizará a todo el personal necesario para el izado o descenso de la plataforma del andamio a fin de manejar al mismo tiempo todos los elementos de elevación, para evitar desplazamientos por superficies inclinadas”, que fue precisamente lo que no hizo la empresa y son estas consideraciones las que determinan la procedencia del porcentaje de recargo.