Apología del fracaso

Raúl Prada Alcoreza

El señor Pablo Stefanoni se ha convertido en un apologista del fracaso. En el fondo hace cantos y loas a los errores, deviaciones y fracasos de la conducción del proceso. Nos vuelve a lanzar como gran receta ser pragmáticos como el presidente de Chile Sebastián Piñera. Sugiere siete reformas estructurales, centradas en la seguridad ciudadana, pobreza, modernización del Estado, medio ambiente, institucionalidad democrática, salud y educación. Es decir, lo mismo que se ha venido haciendo desde décadas atrás, tanto por parte de los gobiernos neoliberales y por parte de la actual conducción del gobierno de Evo Morales. Stefanoni convierte en paradigma de lo que hay que hacer al programa de gobierno de la derecha chilena, de los momios, de la burguesía rapaz, que tumbó al gobierno de Salvador Allende. Ya no se trata sólo de una apología del fracaso sino de la apología de la derecha, por lo menos de lo más sobresaliente de la derecha latinoamericana, la derecha chilena. Stefanoni tiene una particularidaddesconcertante, desconoce el pasado, pero también el presente, los debates dados durante la década de los cincuenta y sesenta,tampoco no termina de entender nuestros debates en el presente; empero, a pesar de estas deficiencias, se anima a sacar supuestas críticas a sus fantasmas, a los pachamamicos, ahora a la izquierda cobista, también a los supuestos postmodernos, llamándoles la atención sobre la falta de pragmatismo y sentido común. Atributos desbordantes en el apólogo del fracaso. ¿Qué es lo que se debatía durante la década de los cincuenta y después durante la década de los sesenta en Bolivia? Decir que la discusión entre la izquierda marxista y el nacionalismo revolucionario se reducía a si se debía o no indemnizar a los barones del estaño, es una muestra patética del más completo desconocimiento de la polémica de aquellos años. La COB contaba con su propio programa, la Tesis de Pulacayo, que es un programa de transición al socialismo, basado en la caracterización de país capitalista atrasado y de desarrollo desigual y combinado. Las distintas tendencias del MNR, que después incluso van a formar partidos, tenían distintas interpretaciones de la revolución. La tendencia aglomerada alrededor de Juan Lechín Oquendo, con fuerte presencia organizacional en la COB y e las milicias obreras, n impulsaron con armas en la mano, en ausencia del ejército, destrozado, vencido y demolido, la nacionalización de las minas. En ese entonces esta tendencia se alimentaba de las tradiciones anarcosindicalistas conformadas en Bolivia, así también por las fuertes y discursivas tendencias trotskistas, de influencia moral e ideológica. Tan fuerte es la atracción de la revolución de 1952 que un bloque trosquista importante ingresa al MNR, en la perspectiva de hacer entrismo y terminar formando el partido revolucionario. Si nos atenemos a los discursos de entonces el proyecto que se debatía es cómo se iba a continuar y profundizar la revolución, cómo se iba a construir el socialismo sobre la base de la revolución nacional. La tendencia gubernamental del primer periodo de la revolución nacional, tendencia que se va convertir en centrista, encabezada por Víctor Paz Estensoro, planteaba también problemas que tienen que ver con las posibilidades del socialismo. En un discurso de la época Víctor Paz Estensoro expuso su tesis, que puede resumirse de la siguiente manera: Para ir al socialismo debemos cumplir etapas,

cumplir con las tareas democráticas burguesas pendientes, crear las condiciones económicas y objetivas para construir el socialismo. Tal era la fuerza de la victoria de una revolución obrera y popular, por su contenido social en la acción revolucionaria, un pueblo en armas, y de una revolución nacionalista, por los alcances del programa del MNR, que la discusión no podía dejar de ser estratégica. Tampoco olvidemos los debates de la década de los setenta cuando Sergio Almaraz Paz y René Zavaleta Mercado encarnaban una crítica al tiempo de las cosas pequeñas en las que se enredaron los gobiernos posteriores del MNR, exigiendo consecuenc ia con los postulados de la revolución, con el control de los recursos naturales, con la soberanía sobre los recursos hidrocarburíferos, con la soberanía y la conciencia nacional. Intensos escritos se producen en la época, interpelando a los gobiernos del MNR. Por último esta tenencia juvenil del MNR va a proponer defender la revolucióncon las milicias armadas frente al golpe militar del General René Barrientos Ortuño. Decir que no había una discusión sobre la radicalización de la revolución es no solamente desconocer espantosamente el debate de entonces sino despreciar una de las etapas más ricas de la historia insurgente boliviana. Stefanoni hace gala de su desconocimiento, se pregunta: ¿Acaso hay un análisis del capitalismo boliviano actual? ¿Y de cómo los diferentes sectores, subalternos y dominantes se articulan a él?Se nota que desconoce las obras Sergio Almaraz Paz y de René Zavaleta Mercado, también la de Marcelo Quiroga Santa Cruz, quienes se encargaron de hacer un análisis concreto de las formas del capitalismo en Bolivia. Sobresalen investigaciones como las de El poder y la caída, Petróleo en Bolivia y Réquiem para una república de Sergio Almaraz Paz, Formación de la conciencia nacional, Cincuenta años de historia y Lo nacional-popular en Bolivia de René Zavaleta Mercado. También podemos nombrar Saqueo en Boliviay Oleocracia o patriade Marcelo Quiroga Santa Cruz. En lo que respecta a escritos contemporáneo, asombra su desconocimiento de los escritos e investigaciones publicadas por Luis Tapia Mealla, quien precisamente ha trabajado interpretaciones y caracterizaciones de la formación social boliviana desde la episteme y el método del conocimiento concreto. ¿Qué quiere decir Stefanoni con aquello de no hay vida a la izquierda del evismo? ¿Qué só lo tiene vida la derecha? ¿Qué no hay nada más allá de Evo? ¿A que nos condena? ¿Al fracaso? Ese es el chantaje de los burócratas del gobierno que no ven nada más allá de ellos, su mediocre gestión, la suplantación del proceso de los movimientos sociales, la reducción teatral de los alcances de la Constitución a un folclore patético, el sometimiento de la nacionalización a las empresas trasnacionales, y la delimitación de un supuesto proyecto industrialista a los alcances de la geopolítica de una potencia emergente. Este caballero desprecia el esfuerzo y el sacrificio de los movimientos sociales y naciones y pueblos indígenas durante seis años de lucha sostenida (2000-2005), desprecia el horizonte abierto por los bolivianos con su Constitución, proponiendo un Estado plurinacional comunitario autonómico, abriendo el camino de la descolonización. Este desprecio y este desconocimiento no solamente son perturbadores sino que manifiestan claramente un ingenuo e infantil apego al pragmatismo que nos arrastra al fracaso.

Ciclos largos y medianos del capitalismo

Dos anotaciones son importantes, una sobre los ciclos largos y medianos del capitalismo y quizás sobre su coyuntura; otra sobre la crisis del gasoliazo y lo que ha develado esta crisis. La primera anotación va a venir acompañada por la caracterización de las formas del capitalismo en Bolivia y de la formación económica y social. Giovanni Arrighi describe los ciclos largos del capitalismo en lapsos de prolongada duración, ciclos que comienzan a durar como 220 años (largos siglos XV-XVI), es el caso del ciclo que contiene a la hegemonía genovesa, para ir acortando su duración, haciéndola menos extensa, pero sí más intensa; el siguiente ciclo dura 180 años (largo siglo XVIII), es el caso del ciclo que contiene a la hegemonía holandesa; le sigue un ciclo de 130 años (largo siglo XIX), es el caso del ciclo que contiene la hegemonía británica; por último le sigue un ciclo de 100 años (largo 1 siglo XX), que corresponde al ciclo que contiene la hegemonía estadunidense . Durante estos ciclos la estructura de la hegemonía se mantiene, también la configuración y composición del estilo del capitalismo desplegado. Lo que se observa es un avance hacia el dominio del capital financiero, pasando por el capital comercial y el capital industrial. Habría que hacer dos apuntes sobre el estilo hegemónico de los países y las burguesías involucradas; la hegemonía genovesa se basa en una fuerte red comercial y financiera, apoyada de alguna manera por las ciudades Estado; la hegemonía holandesa se basa en la creación de un sistema de acciones que amplían considerablemente los recursos de capital, apoyados de alguna manera por su Estado, constituido después de una larga lucha con el imperio español, del que formaron parte; la hegemonía británica se basa en el imperialismo del libre comercio, el dominio del mar, en la revolución industrial, que trastoca las condiciones de la producción capitalista, apoyados directamente por un Estado territorial que se articula plenamente con el capitalismo; la hegemonía estadounidense se basa en el auge del sistema de libre empresa, una revolución administrativa en la organización de la producción, en cadena, apoyados por un imperialismo geopolítico y estratégico a escala mundial, emergido después de las conflagraciones mundiales como hiperpotencia económica, tecnológica, militar y comunicacional. Comprendiendo estos grandes ciclos del capitalismo, debemos entender cómo han incidido en la configuración del sistema-mundo capitalista, en la relación entre centro y periferia, cómo han afectado y estructurado las economías en la periferia, pero también cómo ha afectado en la formación de sus estados y sus formaciones económicas y sociales. Para hacer esto es conveniente centrarse en lo que pasa con los recursos naturales, pues los países de la periferia del sistema capitalista son convertidos en reserva, productores y exportadores de materias primas. La división internacional del trabajo les asigna esta tarea, convirtiéndolos en países de transferencia de valores, que constantemente sufren de desacumulación relativa y de despojamiento de sus recursos, debido a la constante reaparición de a acumulación originaria de capital en beneficio de la acumulación ampliada de capital de los países del centro, sobre todo de la potencia hegemónica. Desde esta perspectiva, desde las miradas de la periferia, se puede hablar de los ciclos de despojamiento de los recursos naturales, durante los ciclos hegemónicos del capitalismo. En Bolivia podemos distinguir los ciclos de la plata, del estaño y de los hidrocarburos, correspondientes a la hegemonía británica y a la hegemonía estadounidense. Lo que se da antes, durante la hegemonía genovesa y holandesa, ocurre bajo el manto del dominio del imperio español; la articulación con el sistema-mundo se produce a través de las redes comerciales monopolizadas por la Corona española. Los virreinatos, las audiencias y las
1

Ver de Giovanni ArrighiEl largo siglo XX. Akal 1999; Madrid.

capitanías son formas administrativas extraterritoriales de la Corona y d imperio, otra el 2 modernidad se gestaba durante esos siglos coloniales, anteriores a la revolución industrial . Las independencias en el continente coinciden con la hegemonía británica y las repúblicas constituidas se articulan con el sistema-mundo a través de las redes comerciales del dominio marítimo británico.

2

Ver de SergeGruzinskiLas cuatro partes del mundo. Historia de una mundialización. Fondo de Cultura Económica 2010; México.