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EVOLUCIÓN CIENTÍFICA Y METODOLÓGICA DE LA ECONOMÍA

Roberto Gómez López

5. -LA DIVISIÓN DE LA ECONOMÍA

Atendiendo a la finalidad de su estudio, podemos distinguir entre Economía Positiva y Economía


Normativa. Tomando como punto de referencia algunos apuntes históricos, la diferencia data de
los escritos de Senior y Stuart Mill. En la segunda mitad del siglo XIX , se identificaban con el “ser”
y el “deber ser”, con proposiciones objetivas y las evaluaciones perscriptivas. Se diría, por tanto,
que la Economía Positiva se refería a los hechos, mientras que la Economía Normativa se ocupaba
de los valores, de “lo que debería ser”.
J.S, Mill en su libros “On the Definition of Political Economy” publicado en 1886, distinguiría entre
ciencia y arte, considerando que a cada arte correspondería la ciencia en general. Posteriormente
en su “System of Logic” escribiría que aunque los razonamientos que relacionan el fin o el
propósito de cada arte con los medios pertenecen al dominio de la ciencia, la definición del fin
pertenece exclusivamente al Arte. Por su parte, Senior afirmaría que dejamos de comportarnos
como científicos en el momento en que aconsejamos, disuadimos o incluimos opiniones subjetivas.
En ambos autores se da el hecho de reservar para el concepto de ciencia exclusivamente aspectos
positivos, desprovistos de juicios de valor.
Neville Keynes, en su obra “The Scope and Method of Political Economy” publicada en 1891,
distinguiría entre una Ciencia Positiva, definiéndola como cuerpo de conocimientos sistematizados
que discute criterios respecto a los que es y la Economía Política, o sistema de reglas para la
consideración de un fin determinado.
Con el advenimiento de la corriente neoclásica llegarían varias posturas diferentes en torno a la
controversia entre la economía positiva y normativa:
• Aquella que propone una separación entre las cuestiones positivas y las conclusiones que se
basan en juicios éticos o políticos. Esta sería la línea seguida por Marshall y Edgeworth.
• Una segunda, según la cual no debe existir separación entre el análisis positivo y las
prescripciones normativas, ya que todas estas cuestiones forman parte de un todo que sería la
ciencia de la economía política. Esta es la propuesta por Walras, criticada a su vez por Pareto,
partidario de una metodología positivista y de la exclusión de toda clase de juicios normativos en
nuestra ciencia.
• La postura de la economía del bienestar, que intentó proporcionar una economía normativa libre
de juicios de valor. La consecuencia de ello sería una ampliación de la Economía Positiva
tradicional que permitiría incluir en ella la totalidad de la Economía pura del Bienestar, dejando a la
Economía Normativa el tratamiento de los problemas específicos de la política.
La posición en torno a los partidarios de la economía positiva, frente a los que defienden una
postura normativa, alcanza su punto álgido en la década de los cincuenta en la denominada
controversia Friedman-Myrdal. Para Friedman la economía positiva es independiente de cualquier
postura ética o de juicios de valor, sin embargo, no por esto Friedman deja de reconocer la
importancia de la economía normativa y su nexo de unión con la economía positiva. Lo que él
ataca es el hecho de establecer conclusiones positivas que conlleven concepciones normativas. Se
da por tanto en este autor lo mismo que anteriormente ocurría con Robbins, una clara separación
entre lo positivo y lo normativo en la ciencia económica.
Para Myrdal los principales conceptos económicos se hallan cargados de valor por una necesidad
lógica. Este autor es escéptico con la posibilida de construir una ciencia económica a partir de la
separación entre lo que es y lo que debe ser, pues todos los conceptos llevan implícitamente una
enorme carga de juicios de valor. Blaug (1985, pág.161) resume su solución: “La solución
propuesta por Myrdal no consiste en suprimir los juicios de valor, ni en dejar claro en qué punto
entrarán necesariamente a formar parte de la argumentación, separando así la Economía Positiva
de la Normativa, sino que consiste más bien en declararlos abiertamente al inicio del análisis”.
Como se ha dejado notar en los párrafos anteriores, tendríamos dos puntos de vista opuestos para
entender la ciencia económica. Creemos necesario profundizar en estas dos posturas, para ello
vamos a detenernos en lo que se entiende por juicios de valor, concepto que hemos utilizado
anteriormente par delimitar la economía positiva de la normativa.
Sería Hume, en su “Tratado sobre la naturaleza humana”, quien establecería la separación estricta
entre el “ser” y el “deber ser”, lo que implica que las proposiciones puramente fácticas sólo podrán
implicar otras proposiciones del mismo estilo y en ningún caso normas o pronunciamientos éticos.
En este sentido, Nagel se muestra a favor de la opinión de Hume trazando una distinción entre dos
tipos de juicios de valor en las ciencias sociales.
• Juicios de valor caracterizados o metodológicos, son los que intervienen en la elección del tema a
investigar, el método a seguir y los criterios a adoptar para juzgar la validez de nuestros
descubrimientos.
• Juicios de valor estimativos o normativos, son los referidos a proposiciones evaluativas. Se
incluirían aquí los deseos de ciertos tipos de comportamientos humanos y las consecuencias
sociales que generarán esos tipos de comportamiento*.
Otra importante distinción separa los juicios “básicos o puros” de los “no básicos o impuros”
(Blaug, 1985, pág. 154). Un juicio de valor puede caracterizarse como básico para una persona si
se supone aplicable bajo cualquier circunstancia. Un juicio de valor será del tipo no básico cuando
no ocurra lo anterior, Blaug (1985) establece que la mayor parte de los juicios de valor que se
expresan en torno a los problemas sociales son altamente impuros y por tanto, perfectamente
adecuados para intentar influir por medio de la persuasión sobre los que los sostienen,
argumentando que los hechos son distintos de cómo ellos creen que son.
Siguieno a Hutchinson (1971, pág. 50 y sgtes.), los juicios de valor los podemos agrupar en:
• Juicios de valor “precientíficos”, son introducidos en la fase anterior al proceso científico. Son
inevitables en cualquier ciencia incluida la economía, que no por ello pierde su carácter científico.
Se manifiestan tanto en la elección de los problemas que han de ser estudiados, como en la
elección de los criterios metodológicos a aplicar.
• Juicios de valor “postcientíficos, son introducidos una vez que la teoría ha sido formulada. Se
refieren a la elección de las distintas políticas y a la selección de los objetivos. Estos juicios no son
inevitables si en lugar de hacer recomendaciones políticas nos limitamos a analizar las
consecuencias de políticas alternativas.
• Juicios de valor que influyen en la fase de selección de las teorías aplicables cuando se trata de
hacer exposiciones, predicciones o recomendaciones de naturaleza normativa. En este momento
existen prejuicios, consecuencia de posturas ideológicas que se manifiestan:
a) En la explicación, a través de una teoría seleccionada de antemano
b) En la contrastación, a la hora de determinar la zona de aceptación o rechazo
c) En la selección de datos par realizar la contrastación, a veces aparecen distorsionados de forma
intencionada.
Dadas las anteriores clasificaciones de juicios de valor, vemos que todas se centran en dos grupos
que se concretan, por un lado, en decisiones sobre ela elección del campo de estudio y método a
utilizar y, por otro, aquellos juicios que ofrecen prescripciones una vez que tenemos el cuerpo
teórico construido. De todo ello podemos concluir, junto a Blaug (1985) que la pretensión de que
una ciencia social puede estar libre de juicios de valor no niega que los prejuicios ideológicos se
introduzcan en la propia selección e los temas que el científico decide investigar, ni que las
inferencia que se deducen de las contrastaciones empíricas estén en cierta medida influenciadas
por valores de un cierto tipo.
Weber reconoce que las ciencias sociales están, en cierto modo, impregnadas de prejuicios
políticos. Afirma, que es precisamente esta razón lo que abre la posibilidad de unas ciencias
sociales libres de juicios de valor. Incluso insistió en que las discusiones sobre valores son
altamente útiles.
Frente a la doctrina propugnada por Weber reconoce que las ciencias sociales están, en cierto
modo, impregnadas de prejuicios políticos. Afirma, que es precisamente esta razón lo que abre la
posibilidad de unas ciencias sociales libres de juicios de valor. Incluso insistió en que las
discusiones sobre valores son altamente útiles.
Frente a la doctrina propugnada por Weber, Heilbroner expone que los economistas, debido a su
extrema vulnerabilidad respecto de los juicios de valor, no pueden ser imparciales. Para él, los
juicios de valor de tipo sociológico han impregnado la economía desde sus proposiciones pioneras
hasta sus representaciones más recientes y sofisticadas. Para comentar su crítica veamos que
entiende Heilbroner por juicio de valor: “Cualquier proposición metafísica incontrastable que pueda
colorear la visión del economista” (Blaug, 1985, pág. 158). Heilbroner, por tanto, está incluyendo
todas las proposiciones que no sean puramente fácticas como juicios de valor. Como veíamos en la
controversia Friedman-Myrdal, el ataque de Heilbroner contra la economía libre de juicios de valor
podría parecer insignificante al lado de la de Myrdal.
Resumiendo lo comentado en torno a los conceptos de economía positiva y economía normativa,
podemos decir que la doctrina social libre de juicios de valor proclama la distinción radical entre el
“ser” y el “deber ser” y que los juicios metodológicos necesarios para alcanzar un acuerdo sobre
las proposiciones basadas en los hechos difieren de los juicios de valor en el sentido normativo del
término. Por tanto, el economista podrá elegir por tomar una postura de elaboración y
contrastación de leyes científicas sin recomendaciones políticas, o por pasar al terreno normativo
de acuerdo con un proceso de selección de objetivos y de medios.
De otra parte, podemos señalar en esta línea de clasificación o división de la economía, que
cuando se estudian los hechos abstractos y con carácter general estamos en el campo de la “teoría
económica”, ésta a su vez, la podemos dividir en “microeconomía y macroeconomía”. La
microeconomía es un conjunto de teorías que postulan ciertas reglas de comportamiento referidas
a los consumidores, a las empresas y que formulan supuestos respecto a la forma en que
funcionan los mercados. El fundamento de la microeconomía radica en el comportamiento de
agentes individuales, de forma que ayuda a comprender el proceso de asignación de los recursos
productivos entre usos alternativos y el papel que en dicho proceso juegan los precios y los
mercados. La macroeconomía se ocupa del comportamiento de la economía como un todo, de las
expansiones y las recesiones, de la producción total de bienes y servicios, de las tasas de inflación
y desempleo, de la balanza de pagos y los tipos de cambio. Sin embargo, tal como comenta el
profesor Lipsey (1985, pág. 641), la división entre micro y macroeconomía es una cuestión de
conveniencia, utilizamos la distinción porque los problemas difieren entre estas dos ramas, así
como los métodos de analizarlos, Lipsey establece la siguiente diferencia: “ El problema básico en
la microeconomía es la determinación de la asignación de recursos y la teoría básica es que la
determinación de los precios relativos se hace a través de la demanda y la oferta. El problema
básico de la macroeconomía es la determinación del empleo y la producción totales y el nivel de
precios y la teoría básica es que la renta nacional se determina a través de la demanda y oferta
agregadas” (Lipsey, 1985, pág. 64).
Los profesores Maddala y Miller (1989, pág. 4) establecen las siguientes diferencias entre micro y
macroeconomía:
1. La microeconomía se ocupa de las elecciones individuales de familias y empresas. La
macroeconomía se ocupa de los agregados económicos, consumo total, producción total, etc. La
distinción pudiera resultar un tanto arbitraria, puesto que en microeconomía también agregamos
(demanda de naranjas de un mercado, oferta de trabajo de una industria), sin embargo, la
diferencia fundamental estriba en que esos agregados se derivan de lecciones individuales que son
homogéneas.
2. En microeconomía los precios relativos juegan un papel fundamental, analizamos la respuesta
de consumidores o productores ante cambios en los precios relativos de productos concretos. En
macroeconomía, los precios relativos tienen un papel secundario, prestamos atención a los
cambios en el nivel de precios, tipos de interés, etc.
Ward (1983) establece una división en función de las especialidades que normalmente se ajustan a
lo que corresponde a la enseñanza formal en cursos y textos en los Departamentos de Teoría
Económica:
A) Teoría Microeconómica, Teoría Macroeconómica, Econometría
B) Comercio Internacional, Dinero y Banca, Hacienda Pública
C) Organización Industrial, Trabajo, Historia Económica.
D) Desarrollo económico, Historia del Pensamiento Económico, Sistemas Económicos Comparados.
La clasificación en esas doce especialidades las ha dividido, a su vez, en cuatro clases, la idea
básica es que las especialidades con rango máximo, las de la clase A, definen la naturaleza de los
problemas económico susceptibles de ser investigados y los procedimientos adecuados para
solucionarlos. El resto de las especialidades se clasifican según la extensión con que sus
profesionales utilizan en su investigación el marco de problemas y procedimientos de la clase A.
Una vez analizadas las distintas divisiones con carácter práctico que podemos realizar en
economía, no estaría de más analizar su relación con otras disciplinas. Es lo que Lange (1966, pág.
86) denomina “conexiones recíprocas”. En este sentido, tomando la clasificación de Lange, la
Economía Política estudia los diversos aspectos del proceso económico que se manifiestan a través
de las leyes económicas. La Historia Económica estudia el desarrollo a través del tiempo de
procesos económicos concretos. Si estos procesos concretos son registrados cuantitativamente,
hablamos de Estadística Económica, si son estudiados desde el punto de vista de su repartición
sobre el globo, hablamos de Estructura Económica.
Para Lange (1966, pág. 87): “La economía política, la historia económica y la economía descriptiva
constituyen las tres, lo que se llama ciencias económicas, dicho de otro modo, las ciencias que
tratan del proceso económico”. A lo que añade “no obstante, por razones de orden práctico es
necesario, igualmente, examinar por separado diversos dominios o aspectos del proceso
económico, examen que es a la vez teórico, es decir, desde el punto de vista de las leyes
económicas, y descriptivo, o sea, desde el de su desarrollo concreto... Evidentemente, las diversas
ramas de la economía especializada pertenecen también a las ciencias económicas”. (Lange, 1966,
pág. 88).
Schumpeter (1982) señala tres grupos de ciencias particulares, la historia económica, los métodos
estadísticos y la teoría económica, a las que luego añade la sociología económica, formado en
conjunto la ciencia económica. Además existen campos aplicados especiales, que son mezcla de
hechos y técnicas, en diversa proporción, de las cuatro clases anteriores. Entre ellas, comercio
exterior, hacienda pública, contabilidad, agricultura, etc.
* La conclusión de Nagel la resume Blaug en las siguientes palabras: “La ciencia, como actividad
social que es, no puede funcionar sin juicios de valor metodológicos, pero puede liberarse, al
menos en principio, de cualquier compromiso con los juicios de valor estimativos o normativos”
(Blaug, 1985, pag. 153)
1. Objeto de la economía 14. La interdependencia de los precios
2. Evolución de la ciencia económica 15. Introducción a la teoría monetaria
3. Las necesidades humanas 16. l problema de la inflación
4. La utilidad. Concepto 17. El Proceso Económico y la división de la
5. La Producción economía
6. Naturaleza 18. La Distribución del Ingreso Nacional
7. El trabajo 19. El Ingreso en concepto de renta
8. El capital 20. El ingreso en concepto de beneficio
9. La empresa. Inducción 21. El ingreso en concepto de interés
10. El Mercado 22. La Economía paraguaya
11. La oferta 23. El desarrollo económico
12. La Teoría de los precios 24. Obstáculos para el desarrollo
13. Los precios en el Mercado de Monopolio económico
puro 25. La Economía internacional
Lección 1
Objeto de la economía:
Es el resolver el problema de la escasez de los recursos disponibles.
Estos recursos son procurados con tanto afán por el hombre por que son "útiles".
Utilidad: es la capacidad que tiene un bien para satisfacer las necesidades humanas.
Concepto de economía:
Es el estudio de la escasez de recursos y de los problemas que ella se derivan. Apuntan a la
tendencia moderna de considerar a la escasez como la base de la economía.
Definiciones de economía:
Adam Smith: "tiene como finalidad descubrir aquellas leyes que se relacionan con ella para
enriquecer al pueblo y al soberano".
Juan B Say: "es la ciencia que da a conocer los medios por el cual la riqueza se forma, se distribuye
y se consume".
Federico Engels: "es la ciencia de las leyes que rigen la producción y el intercambio de los medios
materiales de vida de la sociedad humana".
Charles Gide: "tiene por objeto, entre las relaciones de los hombres que viven en sociedad solo
aquellas que tienden a la satisfacción de sus necesidades materiales, en cuanto conciernen a su
bienestar".
Raymond Barre:"es la ciencia de la administración de recursos escasos. Analiza y explica como por
medio de recursos limitados satisfacer deseos numerosos e ilimitados"
Stonier: "existe por que los bienes escasean y deben repartirse equitativamente".
Origen etimológico:
Del griego Oikonomia
Oikos: casa
Nomos: ley administración de la casa familiar.
Relaciones con otras ciencias:
Sociología: para explicar los fenómenos sociales que influyen en la conducta económica.
Matemática: hechos económicos de ser reducidos a números.
Física y Biología: ayudan a la producción, pues las cosas útiles se extraen del mundo natural.
Derecho: para que el sistema económico aplicado a un país sea justo.
División didáctica del estudio de la ciencia económica:
Microeconomía: estudio de (unidades económicas elementales) productor, empresario,
consumidor, empresas, las micro decisiones, comportamiento del productor y consumidor, tipos de
mercado.
Macroeconomía: estudia los (grandes conjuntos) de productores, consumidores y otros, un sector
de actividades, la renta nacional, el ingreso nacional, la inversión global, las macro decisiones.
Utiliza para ello la estadística, contabilidad social, econometría.
Desarrollo económico: estudia el crecimiento armónico de la economía de una sociedad o de un
país, o la calidad de vida de su población.
Economía Internacional: estudia las relaciones de intercambio entre los países:
Mecanismos monetarios
Tazas de cambio extranjeros
Balanzas de pagos internacionales
Tarifas aduaneras sobre la importación
Mercados comunes Ej.: MERCOSUR.
Banco Mundial y el F.M.I.
Divisiones de la economía:
Producción
Circulación o comercialización
Distribución o reparto
consumo
Economía estática y dinámica:
Estática: es un procedimiento que consiste en indagar un factor único suponiendo que los
restantes permanecen invariables, queda aislado el factor a estudiar y se siguen las variaciones de
este factor, imaginando que los demás permanecen invariables.
Dinámica: se tiene en cuanta las variaciones de magnitud, velocidad y dirección de los
comportamientos y los hechos económicos.
Métodos de análisis:
Estadística: matemática aplicada al análisis de los datos numéricos de observación.
Se subdivide en:
Estadística matemática: son herramientas utilizadas por los métodos matemáticos.
Estadística aplicada: es la aplicación de ese conjunto de métodos a los diferentes campos del
conocimiento humano.
Econometria: es la rama de la economía que trata de cuantificar o representar numéricamente las
relaciones económicas, lo que se realiza con la utilización adecuada de la Teoría Económica, de las
Matemáticas y de la Estadística.
Problemas básicos de la economía:
-¿Qué producir y en que cantidad?
-¿Cómo producir?
-¿Para quién producir?
La economía como ciencia:
Es un conocimiento científico, causal, permite descubrir relaciones de causa a efectos entre los
fenómenos. Es también metódico, obedece siempre a un cierto modo de proceder para asegurar el
control de las certezas obtenidas y la repetición de los resultados y se torne así un patrimonio
común. La Economía observa, analiza, descubre las relaciones de causa a efecto, explica y permite
la previsión y acción eficaces. La economía se inserta en las ciencias del hombre. Estudia la
"actividad económica".

Descripción y clasificación de las ciencias

Dentro de las ciencias, la ciencia experimental se ocupa solamente del estudio del universo natural
ya que, por definición, todo lo que puede ser detectado o medido forma parte de él. En su
investigación los científicos se ajustan a un cierto método, el método científico, un proceso para la
adquisición de conocimiento empírico. A su vez, la ciencia puede diferenciarse en ciencia básica y
aplicada, siendo esta última la aplicación del conocimiento científico a las necesidades humanas y
al desarrollo tecnológico.

Algunos descubrimientos científicos pueden resultar contrarios al sentido común. Ejemplos de esto
son la teoría atómica o la mecánica cuántica, que desafían nociones comunes sobre la materia.
Muchas concepciones intuitivas de la naturaleza han sido transformadas a partir de hallazgos
científicos, como el movimiento de traslación de la Tierra alrededor del Sol o la teoría evolutiva de
Charles Darwin.

Disciplinas científicas

Esquema de clasificación planteado por el epistemólogo alemán Rudolf Carnap quien fue el primero
en dividir a la ciencia en:
Estudian las formas válidas de inferencia: Lógica - Matemática. Por eso no tienen
Ciencias
contenido concreto, es un contenido formal en contraposición al resto de las ciencias
formales
fácticas o empíricas.

Ciencias En ellas se encuadran las ciencias naturales que tienen por objeto el estudio de la
naturale naturaleza. Siguen el método científico: Astronomía - Biología - Física - Química -
s Geología - Geografía física

Son todas las disciplinas que se ocupan de los aspectos del ser humano - cultura y
Ciencias
sociedad- El método depende de cada disciplina particular: Antropología - Ciencia
sociales
política - Demografía- Economía - Historia - Psicología - Sociología - Geografía humana

Mario Bunge (1983) clasifica la ciencia en función del enfoque que se da al conocimiento científico
sobre el estudio de los procesos naturales o sociales (estudio de hechos), o bien, al estudio de
procesos puramente lógicos y matemáticos (estudio de ideas), es decir, ciencia factual y ciencia
formal.

La ciencia factual se encarga de estudiar hechos auxiliándose de la observación y la


experimentación. Por ejemplo la física y la psicología son ciencias factuales por que se refieren a
hechos que se supone ocurren en la realidad y, por consiguiente, tienen que apelar al examen de
la evidencia empírica para comprobarlos. En conclusión, el objeto de estudio de la ciencia formal
no son las cosas ni los procesos, sino las relaciones abstractas entre signos, es decir, se estudian
ideas. Son ciencias formales la lógica y las matemáticas.

La economía como ciencia

Antes de definir la economía como ciencia es necesario mencionar que en la economía hay
diferentes puntos de vista, según el enfoque que se adopte. Sin embargo, destacan dos: el enfoque
objetivo y el enfoque subjetivo; por lo tanto, sobresalen la definición objetiva y la definición
subjetiva, que refieren a dos teorías del valor (objetivo y subjetivo, correspondientemente).

Definición objetiva o marxista

La definición clásica de la corriente objetiva es de Friedrich Engels, quien señala: "La economía
política es la ciencia que estudia las leyes que rigen la producción, la distribución, la circulación y
el consumo de los bienes materiales que satisfacen necesidades humanas.". Karl Marx a su vez
señala que la economía es "la ciencia que estudia las relaciones sociales de producción". También
se le llama "la ciencia de la recta administración". La corriente objetiva se basa en el materialismo
histórico, se refiere al concepto del valor-trabajo, por el que el valor tiene su origen objetivo en la
cantidad de trabajo requerido para la producción de los bienes. Y es histórico porque concibe el
capitalismo como un modo de produccion correspondiente a un determinado momento histórico.
Esta definición se basa en la rama de la economía conocida como Economía Política.

Definición subjetiva o marginalista

La definición clásica de la orientación subjetivista es de Lionel Robbins, quien afirma: "La economía
es la ciencia que se encarga del estudio de la satisfacción de las necesidades humanas mediante
bienes que, siendo escasos, tienen usos alternativos, los cuales hay que adaptar".

Definición Sistémica

Desde otro punto de vista la economía puede ser observada como un ámbito de comunicación bien
definido. Esto significa que la economía es el medio de comunicación en el cual se forman los
sistemas económicos. En esta perspectiva los sistemas económicos son sistemas sociales en los
cuales las comunicaciones que se reproducen son comunicaciones sobre compensaciones o pagos.
Aquellas comunicaciones que tienen sentido económico, se reproducen en los sistemas
económicos, aquellas que no tienen sentido, se rechazan.
Esta visión sociológica de la economía posibilita comprender la economía como un aspecto integral
de la sociedad y que todo esto tiene relación con la mercadotecnia.

La neoeconomía:

Es una nueva forma de llevar las finanzas actuales, su integración se basa en el desarrollo y
manejo de la economía de las diferentes variantes (economía de empresas, economía espacial o
economía internacional). Constituye un instrumento de análisis de la economía, la interrelación
entre los distintos mercados globales, diseña planes de actuación y política económica que en
general persigue el fin de las relaciones mercado-estado.

MÉTODO DE LA ECONOMÍA POLÍTICA: método de la dialéctica materialista aplicado al estudio


de las relaciones económicas de la sociedad en la esfera de la producción. La economía política
marxista-leninista se basa en la concepción materialista de la historia, aplica las tesis
fundamentales del materialismo dialéctico e histórico al estudio de las relaciones económicas de la
sociedad. "Al analizar las formas económicas, no es posible utilizar el microscopio ni los reactivos
químicos. La fuerza de la abstracción ha de sustituir lo uno y lo otro" (C Marx). La economía política
que estudia las leyes de la producción y distribución de los bienes materiales en las diversas
etapas de desarrollo de la sociedad, recurre a la fuerza del pensamiento abstracto para conocer los
aspectos más profundos y esenciales del régimen económico de la sociedad, ocultos a la
observación directa. Al mismo tiempo, cuando se analizan los fenómenos económicos concretos se
utilizan los experimentos económicos (por ejemplo, en una empresa se realiza tal o cual ensayo de
organización de los salarlos con el fin de elevar la productividad del trabajo, etc.). El proceso de
abstracción en economía política da como resultado las categorías económicas (ver), que expresan
aspectos importantísimos de la economía de la sociedad, de sus relaciones de producción. Gracias
al método de la abstracción, la economía política descubre, tras la apariencia, externa de los
fenómenos, los procesos esenciales profundas, de la vida económica de la sociedad. Cuando,
gracias a semejante análisis teórico, de tal o cual sistema de relaciones de producción se han
destacado las relaciones más simples, las que se repiten con mayor frecuencia, la economía
política va ascendiendo gradualmente hacia relaciones cada vez más complejos. Marx aplica
brillantísimamente este método -el método de la ascensión de lo simple a lo complejo, de lo
abstracto a lo concreto- en "El Capital", al analizar el modo capitalista de producción. En su
conjunto el proceso de ascensión de lo abstracto a lo concreto refleja el proceso real del desarrollo
histórico; pero, a diferencia de la historia, la economía política no estudia el proceso histórico en
toda su diversidad concreta. El procedimiento lógico de investigación, depurado de los fenómenos
casuales y secundarios, refleja el proceso histórico en forma abstracta y teóricamente consecutiva.
Así, por ejemplo, aunque el capital comercial precede históricamente al capital industrial, Marx lo
investiga después que este último dado que sólo basándose en el análisis del capital industrial es
posible comprender la esencia del capital comercial y su lugar en el marco del capitalismo
desarrollado. Constituye una particularidad característica del método de la economía política
marxista-leninista su orientación crítica y revolucionaria. Esta economía política, al estudiar tales o
cuales relaciones de producción caducas o en vías de caducar, las somete a critica, así como a las
correspondientes teorías económicas, pone de relieve el papel auxiliar de las relaciones y teorías
en cuestión como defensoras del régimen caduco. Es necesario distinguir el método de
investigación del método de exposición. Existen dos métodos de exposición de la economía
política: el analítico y el histórico. Cuando se emplea el primero, las categorías de la economía
política se exponen en la sucesión lógica en que se desprenden unas de otras; cuando se emplea
el método histórico, se exponen sucesivamente en consonancia con su aparición histórica. El
método analítico es el aplicado por Marx en "El Capital", como corresponde a una obra en que se
expolien por primera vez los resultados de una investigación teórica. El método histórico de
exposición resulta más accesible para el lector novel. En general, el problema concerniente a la
elección de un método u otro de exposición se resuelve en dependencia del carácter del tema que
se presenta, de los fines que se propone la exposición, etc. El método de la economía política
marxista-leninista permite conocer las leyes objetivas que rigen el desarrollo de las relaciones de
producción y utilizarlas en favor de la sociedad que avanza hacia el comunismo
ALCANCE Y MÉTODO DE LA ECONOMÍA

(Tomado de: Principios de Macroeconomía. Karl E. Case y Ray C. Fair. Prentice Hall. Cuarta Edición,
1997)

El estudio de la economía debería emprenderse con una sensación de curiosidad. Piense en un


momento en un día normal de su vida. ¿En dónde se produjo cada uno de los alimentos que usted
consume en su desayuno? ¿En dónde se produjeron cada una de las prendas que está vistiendo en
este momento? ¿Quién fabricó el vehículo en el que se traslada hasta su lugar de trabajo? ¿Cómo
se comunica e interactúa con otras personas? ¿Usa un teléfono celular? ¿Usa Internet?

Todos los días usted usa o consume decenas de miles de cosas, lo mismo tangibles que
intangibles: edificios, la música de su artista preferido, el disco compacto en el que está grabada
esa música, servicios telefónicos, grapas, papel, crema dental, pinzas, jabón, desodorante, su reloj
digital, cerveza, servicios financieros, electricidad, computadoras, autobuses, servicios de
transporte, servicios de salud, etc. Alguien hizo todas estas cosas. Alguien decidió organizar a
hombres, mujeres y materiales para producirlas y distribuirlas. Miles de decisiones intervinieron en
su realización. Llegaron a usted de alguna manera.

• La economía es el estudio de cómo individuos y sociedades eligen usar los recursos escasos
que han recibido de la naturaleza y las generaciones anteriores.
• Hay muchas razones para estudiar economía, entre ellas: adquirir un método de
razonamiento; conocer y comprender a la sociedad; comprender los asuntos mundiales; y
ser un votante informado.
• Aquello de lo que nos privamos cuando hacemos una elección o tomamos una decisión es el
costo de oportunidad de esa decisión.
• La microeconomía se ocupa del funcionamiento de mercados e industrias particulares y del
comportamiento de las unidades individuales de toma de decisiones: las empresas y las
familias.
• La macroeconomía estudia a la economía en su conjunto. Se ocupa del comportamiento
económico de los agregados: producto nacional, ingreso nacional, nivel general de precios,
entre otros.
• La economía es una disciplina amplia y diversa con muchos campos especiales de
investigación. Entre ellos están la historia económica, la economía internacional y la
economía urbana.
• La economía se plantea y pretende responder a dos tipos de preguntas: positivas y
normativas. La economía positiva intenta comprender el comportamiento y operación de las
economías sin emitir juicios acerca de si los resultados son buenos o malos. La economía
normativa analiza los resultados del comportamiento económico y se pregunta si son
buenos o malos y si es posible que mejoren.
• La economía positiva se divide en dos partes. La economía descriptiva supone la
recopilación de datos que describen hechos y acontecimientos económicos. La teoría
económica intenta generalizar y explicar lo observado. Implica la formulación de enunciados
de causa y efecto, acción y reacción.
• Un modelo económico es la enunciación formal de una teoría económica. Los modelos
simplifican y abstraen la realidad.
• Suele ser útil aislar los efectos de una u otras variables manteniendo "constante todo lo
demás". Esto es lo que significa el término ceteris paribus.
• Modelos y teorías pueden ser expresados de muchas maneras. Los medios más comunes
son palabras, gráficos y ecuaciones.
• El hecho de que un suceso ocurra antes que otro no significa necesariamente que éste sea
consecuencia de aquel. Suponer que "después" implica "a causa de" es cometer la falacia de
post hoc, ergo propter hoc. La creencia de que lo que es cierto para una parte es cierto para
el todo es la falacia de composición.
• La economía empírica supone la recolección y uso de datos para comprobar las teorías
económicas. En principio, el mejor modelo es el que aporta las predicciones más precisas.
• Para formular una política debe tenerse el cuidado de especificar los criterios para la emisión
de juicios. Son cuatro los criterios específicos más comunes en la economía: eficiencia,
equidad, crecimiento y estabilidad.

Ética y Economía

Editorial Revista Vitral,


Octubre 2005

He aquí uno de los desafíos más apremiantes y decisivos para el presente y el futuro de la
convivencia humana: ¿tienen la economía, el mercado, el comercio, una independencia total y
absoluta con respecto a todo criterio ético o, por el contrario, las leyes del mercado, el “derecho de
piso” de los inversionistas, las ventajas del comercio deben regularse por alguna norma ética que
ponga los intereses de las personas y los pueblos por encima del lucro y el dinero?

Tanto al interior de los Estados nacionales como en las relaciones internacionales, optar por alguna
de las posiciones cercanas a estos dos polos dialécticos, está decidiendo hoy la calidad de vida de
los ciudadanos y la credibilidad de los mismos Estados y organizaciones financieras mundiales.

Consideramos que la Economía, como ciencia, tiene, y debe tener, su propia autonomía relativa,
tal como la tienen la Física, la Química, la Astronomía. No se pueden torcer las leyes de las ciencias
para domeñarlas con un voluntarismo ingenuo que sólo alcanzará desastres tras desastres.
Del mismo modo, la Física, la Química y la Economía pueden ser, y son, en sí mismas y por sí solas,
ambiguas, amorales, ambivalentes. Ya sabemos el muy recurrido ejemplo: la fisión del átomo
puede servir lo mismo para generar corriente eléctrica que para producir la bomba atómica. Y a
nadie se le ocurrirá, a estas alturas de la historia, justificar una guerra nuclear porque la fisión del
átomo sea un avance de la ciencia y deba respetarse, en ese aspecto, su autonomía.

Así podríamos poner otros muchos ejemplos en los que la ambivalencia moral de las ciencias
pueda producir efectos positivos o negativos, según sean utilizados y administrados, aceptados o
prohibidos por la conciencia humana. En efecto, llegó a producirse y, lo que es más grave, a
emplearse la bomba atómica porque en aquel momento la conciencia de los responsables y las
circunstancias internacionales no pudieron, no alcanzaron, a detener esa monstruosidad. Sin
embargo, hoy, 60 años después, parece existir un consenso universal de rechazo a la producción,
acumulación y uso de esas armas, con las raras excepciones que realzan la indiscutible humanidad
de la regla: esos gobiernos parias y esquizofrénicos que se han quedado enterrados en el pasado y
la violencia.

Aplicando estos principios generales a la Economía, consideramos que la mentalidad consumista e


individualista ha obstaculizado el alcance de grados de desarrollo y humanización necesarios para
que muchos caigan en la cuenta de que en economía, en finanzas, en comercio, en inversiones y
mercados, no todo vale. Porque hay “bombas atómicas” del mercado que pueden provocar, en
millones de personas, en numerosos pueblos, más víctimas y más daños materiales, morales y
espirituales, a mediano y a largo plazo, que las víctimas que produjeron las dos bombas atómicas
de la Segunda Guerra Mundial.

En Economía, como en todas las ciencias, hay reglas que deben ser respetadas, pero las reglas y
las leyes de mercado no todas deben ser dejadas a la desbandada, y mucho menos deben ser
impulsadas contra las personas y los pueblos. No todo debe ser permitido, ni tampoco todo debe
ser prohibido. Ambos extremos son perniciosos para la dignidad y los derechos de las personas.

Un ejemplo pudiera ser el gesto del grupo de naciones desarrolladas llamado G-8 que acaba de
condonar la deuda externa de 18 naciones en vías de desarrollo e incluir otras 20 de ellas en ese
programa llevado a término por iniciativa de Tony Blair, Primer Ministro británico. Técnicamente, e
incluso moralmente, pudiéramos decir que las deudas deben ser saldadas. Pero la dignidad y los
derechos de los hombres y mujeres y de los pueblos están por encima de esas normas. También
en el Padrenuestro, oración rezada tanto por las víctimas de la expoliación como por los mismos
que defienden el sacrosanto imperio de las leyes del mercado, dice en una de sus partes menos
practicadas: “perdona nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros
deudores”.

La Ética es también otra ciencia que debe ser respetada y cultivada por personas, gobiernos,
empresarios y ciudadanos. Es la que se ocupa del “ethos”, del ser, del carácter de las personas y
de los pueblos. Es aquella que se ocupa de regular la actuación de los seres humanos para que
lleguen a alcanzar su propia plenitud y contribuyan, o por lo menos no obstaculicen, al desarrollo
humano integral de los demás habitantes que compartimos la suerte de este planeta. Éticamente
aceptable es todo aquello que contribuya a la humanización de las personas y de la sociedad, en
otras palabras, es ese proceso gradual de personalización-socialización que contribuye al cultivo de
las capacidades, talentos y actitudes de los ciudadanos y de los grupos sociales de modo que se
creen las condiciones, el hábitat material, moral, espiritual, que le permita a todos crecer en
humanidad.

Lo auténticamente ético está por encima de las costumbres, de las leyes e incluso de lo que
pudiera ser o parecer conveniente para muchos, si con ello se lesiona o conculcan la dignidad y los
derechos de otros, aún cuando estos “otros” sean minorías. Es por ello que expresamos nuestro
criterio de que la economía, las leyes de mercado, las inversiones y las finanzas, las medidas del
comercio… deben ser orientadas por criterios éticos de carácter universal. No con doble o triple
rasero, según conveniencias lucrativas, ideológicas, políticas o religiosas.

Así como casi al finalizar la Segunda Guerra Mundial las conciencias más lúcidas de la Humanidad
la hicieron avanzar con uno de los pasos más trascendentales, creando un marco ético global, al
aprobar la Declaración Universal de Derechos Humanos en 1948, promovida activamente con
aportes específicos y firmada por Cuba. Más adelante, en 1966, la Humanidad dió otro paso
inconmensurable en la creación de eso que llamamos “un marco ético de carácter universal” con la
aparición del Pacto de Derechos Civiles y Políticos y el Pacto de Derechos Económicos, Sociales y
Culturales, los dos cimientos y columnas de la convivencia humana contemporánea. Cuba, sin
embargo, no ha aceptado ni firmado estos dos pactos internacionales que tienen un carácter
vinculante para quienes lo firmen, es decir, que obligan en derecho y deben ser reconocidos en las
Constituciones políticas de las naciones que lo acepten.

Quienes, por cualquier motivo, se salen de ese “marco ético”, internacionalmente pactado y
aceptado como expresión de la conciencia más avanzada de la humanidad, ellos mismos se
colocan al margen del desarrollo antropológico, jurídico, civil internacional y se convierten en una
especie de “estados parias” por propia voluntad. La firma de estos pactos no debería ser elemento
de canje en ninguna negociación internacional. Nada descalifica más la firma de un pacto
internacional que el ser usado como rehén para obtener otras recompensas de la comunidad
mundial.

Por el contrario, la firma conciente, incondicionada y libre de esos pactos, y de otros convenios y
tratados internacionales, habla de la madurez cívica y política de los pueblos y de sus gobiernos y
de la verdadera soberanía ejercida sin trueques ni chantajes de perjuicios o beneficios.

Ese “marco ético internacional” debería ser madurado y aplicado a las ciencias económicas,
sociales y culturales con la misma intensidad, la misma profundidad y urgencia que el Pacto de
Derechos Civiles y Políticos. La comunidad internacional debería monitorear, debatir, sancionar y
contribuir a subsanar los daños provocados por las violaciones de los derechos humanos por
razones económicas, sociales y culturales, tanto como intenta hacerlo con los derechos civiles y
políticos.

Ese marco ético debería ser adoptado por los pueblos y los gobiernos con relación a las leyes del
mercado y del comercio, de la economía y de las finanzas internas e internacionales. Podría decirse
que en este sentido la conciencia de la humanidad no ha progresado tanto como en la denuncia de
las guerras militares y los genocidios cruentos. Para nadie es un secreto, ni un descubrimiento, que
existen hoy, a cada paso, cerca de nosotros, medidas económicas, tácticas del mercado,
diferencias sociales y genocidios culturales cuyas víctimas caminan por nuestras calles sin vérseles
las desgarraduras morales y espirituales comparables a los boquetes de los disparos, las bombas
terroristas o las esterilizaciones masivas al estilo Milosevic.

Tanto dentro de las naciones, como en las relaciones internacionales, las medidas económicas no
deben ser utilizadas ni para mantener el poder de algunos sobre todos, a costa de grandes
penurias para muchos, ni para intentar cambiar la situación política desde afuera. Ambas cosas son
éticamente inaceptables. Y son inaceptables porque con argumentadas justificaciones e incluso
altos principios, violan todos los días, a toda hora, los más elementales derechos de los
ciudadanos; derechos económicos y sociales como el agua, la luz, la vivienda, el transporte, el
salario justo, el nivel de vida… y los derechos civiles y políticos como el derecho de cada pueblo a
decidir su destino, a elegir democráticamente su gobierno, dejarlo o cambiarlo, expresar
libremente lo que piensa cada uno y actuar coherentemente con lo que piensa y lo que dice,
dentro de ese marco ético universalmente aceptado.

En las relaciones internacionales ni los embargos deben ser impuestos unilateralmente, ni los
empresarios y gobiernos deben anteponer sus intereses de invertir y tener “derecho de piso” para
cuando cambien las cosas, culmen del oportunismo más deshumanizado disfrazado de leyes de
mercado y estrategias inversionistas, mientras se violan sistemática y minuciosamente los
derechos civiles, políticos, económicos y sociales del mismo pueblo que tiene que contemplar,
indefenso e inmovilizado, cómo se hace una política de gestos y semestres, mientras el cada día
de los ciudadanos de aquí no sería jamás, ni por asomo, aceptado un segundo en la vida de los
inversionistas, políticos y ciudadanos de allá. Tal esquizofrenia ética no sólo ofende la dignidad del
país, sino que convierte a sus ciudadanos en rehenes de la política por un lado y en mano de obra
miserable, por otra. Sin derechos en ninguno de los dos lados.

Una política doméstica e internacional reducida a gestos y plazos insatisfechos, sin una visión
dialogada, ética global y una proyección seria y articulada a mediano y largo plazo, contando con
la participación libre, conciente y activa de los ciudadanos, es como “filtrar el mosquito y dejar
pasar el camello” (Mateo 23,24).

Una economía internacional reducida a las leyes ciegas del mercado y a la fiebre, ciega también y
poco disimulada, de llegar primero, de estar aquí para cuando pase, de “tener el derecho de piso”
antes que venga la avalancha, sin contar con los ciudadanos de ese país, que ahora y cuando pase
lo que pase, tendrán todo el derecho y toda la razón para hacer valer sus prerrogativas y sobre
todo su soberanía sobre los destinos de su economía y de su política, es como “señalar la paja en
el ojo ajeno y no ver la viga que hay en el suyo”(Lucas 6, 41).

A no ser que lo que preparan esos inversionistas, en alianza con algunos “empresarios” locales,
aún sin estar muy concientes, o quizás obnubilados por el poder político o económico, sean las
conocidas y temidas “mafias” económicas y sociales que tanto daño están haciendo a los que ya
pasaron por esto.
Estamos a tiempo. Quizá estas reflexiones nos duelan a todos. Pero la realidad es más dura que
estas reflexiones y debemos enfrentarla con transparencia, serenidad, respeto por todos y audacia
soberana.

Cuba tiene aún todas las potencialidades humanas y sociales como para hacer esta reflexión,
como para dar cada uno su propia opinión y, sobre todo, para poner manos a la obra.

Para ello es necesario que:

• nos pongamos de acuerdo en el “marco de una ética de mínimos”.


• que defendamos la soberanía del ciudadano y de nuestro pueblo, que no es un nacionalismo
cerrado, sino una Cuba abierta al mundo con vocación universal, frente a las leyes ciegas y
oportunistas del mercado que pugilatea el “derecho de piso” y de hoteles, ignorando
soberanamente lo que pasa la gente que trabaja en esos mismos hoteles o que viven y
trabajan en este “piso” hace siglos.
• que abramos, paso a paso, gesto a gesto, un diálogo multilateral entre todos los actores
sociales y políticos al interior de Cuba y también con las naciones del mundo, para no
quedarnos insatisfechos en los gestos y en los plazos, ni entre nosotros, ni con los demás.
Creemos que la prioridad está ahora, más que nunca, en el campo de nosotros los cubanos.

Cuba no es un “piso” para inversionistas y mercaderes sin ética y sin pudor. Cuba es un pueblo de
gente noble, trabajadora e instruida, con mucho espíritu emprendedor y mucho respeto por los
demás pueblos. Esa es la esperanza que se abre al futuro.

No confundamos la nobleza de un pueblo con la falta de derechos que sufre por mil razones
internas, responsabilidad nuestra y otras razones externas, también de nuestra responsabilidad,
pero provocada por otros.
No son éticamente aceptables las medidas económicas restrictivas venidas desde fuera, como dijo
el Papa Juan Pablo II, de feliz memoria.
Pero tampoco son éticamente aceptables las medidas económicas restrictivas de la iniciativa de
los cubanos y cubanas venidas desde dentro de nuestro propio país.

Tampoco es éticamente aceptable que los derechos de las personas y de los pueblos se aplacen o
se disimulen o se declaren de la única incumbencia de los “nacionales”, mientras los inversionistas
extranjeros emplazan a tiempo los negocios, en los cuales trabajan “nacionales” por salarios de
miseria y sin sindicatos ni muchos derechos reconocidos en los países inversores.

Esos “nacionales” son los cubanos y cubanas, sujetos tanto de derechos civiles y políticos como de
derechos económicos y sociales. Si es de su única incumbencia defenderlos y democratizar su país,
también es de su incumbencia las inversiones y negocios, las medidas de beneficio y los
embargos, los créditos y las finanzas internas de su país.

Si esos derechos y deberes rigen, aunque fuere medianamente, pero siempre muy reclamados y
defendidos, en cada uno de los países cuyos empresarios y políticos vienen a Cuba con sus
negocios y propuestas; si así están refrendados en cada uno de los pactos internacionales que esos
países han firmado: ¿Por qué tendría que ser diferente, y es hoy diferente en Cuba y en las
relaciones de esos países con los cubanos y cubanas

Pensando la ética desde la economía


Francisco Mejía Uribe
Disfrutamos y gozamos como se goza; leemos, vemos y juzgamos de literatura y arte como se ve y
juzga; incluso nos apartamos del montón como se apartan de él; encontramos sublevante lo que se
encuentra sublevante. El “uno”, que no es nadie determinado y que son todos, si bien no como
suma,
prescribe la forma de ser de la cotidianidad. (Heidegger, Ser y Tiempo, FCE Pag 143)
I. Introducción
Pocos economistas conocen de la estrecha relación que comparten la teoría económica y el
pensamiento ético y si se les preguntara por esta relación, la mayoría pensaría que se les está
preguntando por las implicaciones éticas de la teoría económica. Que pensadores fundamentales
para el desarrollo moderno de la teoría económica como Adam Smith y John Stuart Mill fueran ante
todo reconocidos moralistas no es una casualidad. El pensamiento ético podría calificarse como el
primer esfuerzo intelectual en el cual la necesidad de elaborar una teoría del valor se hizo
evidente. La pregunta original de la ética es exactamente la misma de la economía: ¿de dónde
proviene el valor? Por supuesto en cada caso la pregunta va dirigida a fenómenos diferentes; la
ética se pregunta por el valor moral de las acciones y la economía se pregunta por el valor
monetario de los bienes y el trabajo, pero la relación es tan estrecha que en la mayoría de los
casos una profunda reflexión acerca del origen del valor moral da origen a una teoría del valor
económico. El ejemplo más cercano y tal vez más evidente que tenemos de esta relación es el
desarrollo del pensamiento utilitarista en ética y su posterior aplicación a la teoría del valor
neoclásica. El utilitarismo es una teoría del valor exactamente idéntica en ética y en economía,
donde lo único que cambia entre una y otra es el elemento que se inclu ye dentro de la función de
utilidad: la felicidad o el consumo. Los desarrollos de la teoría marginalista de la utilidad fueron
inspirados por la filosofía utilitarista de Bentham y Mill y si existe hoy en día una herramienta
poderosa en teoría económica es el concepto de maximización de utilidad que conserva la esencia
de la concepción ética original. Históricamente ha sido el desarrollo del pensamiento sobre el valor
ético el que ha dado pie para su aplicación en economía. En este ensayo quisiéramos hacer
justamente lo contrario y pensar la ética desde la teoría económica neoclásica.
2 Este ejercicio intelectual no es un capricho y su aplicación se sustenta en la siguiente
observación: la evolución reciente de las sociedades humanas y la imposición del liberalismo
político han generado un fenómeno extraño en ética; al interior de una misma sociedad conviven
diferentes esquemas de valoración y teorías morales1 que mientras no pongan en peligro el orden
institucional pueden interactuar libremente. Las diferentes visiones éticas del mundo con sus
respectivas escalas de valores han entrado a competir entre sí mismas dando origen a un
ordenamiento ético extraño en el que ninguna teoría parece dominar. Estamos frente a un
fenómeno nuevo que podríamos denominar como una “ética de mercado” y es aquí donde los
instrumentos conceptuales de la teoría económica tienen un papel importante que jugar.
II. ¿Ética de mercado?
La primera de las tesis que se desea exponer en este texto consiste en que la organización actual
de las sociedades liberales ha dado origen a lo que aquí denominamos como una “ética de
mercado”. Este debe ser el primer paso en la argumentación pues una vez explicado en qué
consiste este comportamiento de mercado de la ética podemos pasar a analizarlo a partir de los
instrumentos que la
economía nos ofrece, en particular a partir de la teoría de mercados competitivos. Las sociedades
democráticas modernas están organizadas a partir del principio de tolerancia con respecto a las
creencias y convicciones morales de sus ciudadanos. Mientras la estructura ética de un ciudadano
no se encuentre en contradicción con sus obligaciones legales establecidas en la constitución, el
Estado debe tolerar y hacer respetar las creencias individuales. La tolerancia ha sido el concepto
fundamental de todo el desarrollo del pensamiento liberal que se inició en el siglo XVI y que surgió
como una necesidad práctica que intentaba aportar, desde el pensamiento filosófico, una
estrategia para frenar los conflictos causados por las diferencias religiosas que originó la Reforma.
El principio de la tolerancia creó con éxito el marco en el cual se desarrollaron las sociedades
modernas, pues permitió la coexistencia pacífica de cosmologías diversas y preparó el terreno
adecuado para el desarrollo de la sociedad capitalista, la cual no puede subsistir sin un adecuado
marco de instituciones legales que garanticen la estabilidad del sistema y aseguren plenamente el
mantenimiento de la propiedad privada sin importar las creencias del individuo. Esto es a lo que
Rawls llama el consenso traslapado de las teorías comprensivas. En la actualidad, la bandera de la
tolerancia ha sido llevada hasta sus últimas
consecuencias por el filósofo norteamericano John Rawls con su teoría del liberalismo político, en la
cual el principio de tolerancia es aplicado incluso a la filosofía misma, relegándola al plano privado,
al igual que sucedió con la religión durante la ilustración, en favor del florecimiento del Estado
pluralista, única salida viable, desde su punto de vista, para mantener en paz una sociedad
caracterizada por la multiplicidad de cultos, formas de vida y visiones de mundo2. El mismo Rawls
se confiesa heredero de la tradición de la filosofía de la tolerancia cuando asegura que:
Si la justicia como imparcialidad posibilitara un consenso traslapado, completaría y extendería el
movimiento intelectual que se inició hace tres siglos con la aceptación gradual del principio de
tolerancia y desembocó en el Estado no confesional y en la libertad de conciencia en pie de
igualdad.
(Rawls, 1996:154)
La teoría del liberalismo político de Rawls parte del supuesto básico de la imposibilidad de lograr
empresas conjuntas en temas filosóficos qe unifiquen la opinión de la humanidad en torno a
problemas de este tipo y que generen las condiciones óptimas para el desarrollo de una
concepción pública de la justicia en una sociedad democrática, razón por la cual se debe aplicar el
principio de tolerancia a la filosofía misma y de esta manera allanar el terreno propicio para que la
sociedad liberal moderna fructifique. La sociedad liberal moderna caracterizada por Rawls necesita
para su mantenimiento pacífico que las diferentes visiones de mundo de cada persona individual y
sus convicciones éticas no interfieran con la regulación política y el marco institucional establecido
de manera democrática y que se encuentra plasmado en la constitución. Este particular
ordenamiento de las sociedades liberales tiene consecuencias fundamentales sobre la ética pues,
en términos económicos, la privatiza y la convierte en una cuestión de elección personal. Sólo las
virtudes que tengan que ver con el acatamiento y buen cumplimiento de la ley son ahora
reguladas; lo que el individuo crea con respecto a las virtudes que han de regir su vida privada no
es ya cuestión del Estado y por ende cada cual es libre
de creer lo que quiera, eso sí, siempre y cuando no comprometa sus mandatos constitucionales.
La pregunta exacta a la cual Rawls quiere responder con su teoría del liberalismo político es
“¿Cómo es posible que pueda existir a través del tiempo una sociedad estable y justa de
ciudadanos libres e iguales profundamente dividida por doctrinas religiosas, filosóficas y morales,
razonables, aunque incompatibles entre sí?” (Rawls, 1996:13)
La creencia acerca de lo bueno y lo malo se privatiza y el monopolio de la religión, antes defendido
por el Estado, pierde su dominio total sobre las convicciones de los hombres y queda expuesto a la
competencia de otras teorías éticas que dejan de ser consideradas ilegales. Que yo crea que
desear a la mujer del prójimo está bien o está mal es una decisión libre de acuerdo a mis
preferencias, y si me
inclino por creer que no tiene nada de malo, yo como individuo quedo fuera del mercado de la
religión. En otras palabras, el precio (valor) que la religión asigna a la acción “desear a la mujer del
prójimo” no se ajusta al precio (valor) que yo estoy dispuesto a darle y por ende me inclino hacia
otra teoría ética cuyo valor ofrecido corresponda al que yo demando.
En la libertad de creencia que permite el liberalismo político las diferentes teorías éticas actúan
como empresas que según su propia teoría del valor (lo que correspondería a su tecnología)
asignan diferentes valores a diferentes acciones generando un mercado ético en el cual el
individuo demanda en concordancia con sus preferencias.
III. La teoría de mercado aplicada a la ética
Para poder tener una teoría de mercado se debe primero demostrar la existencia del mercado, y
ese fue el objetivo de la sección anterior donde se señalo cómo las sociedades liberales han
posibilitado el surgimiento de un mercado competitivo en la ética que significó el decaimiento del
“monopolio de los valores” establecido durante siglos por la religión.
El siguiente objetivo es servirnos de los desarrollos de la microeconomía moderna para exponer el
funcionamiento de eso que hemos caracterizado como una “ética de mercado”. En economía, la
teoría del consumidor y la teoría de la firma componen los dos polos que estructuran la descripción
microeconómica del mercado. En la “ética de mercado” esta estructura se mantiene. En teoría de
la firma en economía tenemos que cada firma está descrita por su tecnología, la cual a
determinados precios de mercado le permite ofrecer tales o cuales cantidades de producto. En
ética no tenemos firmas que producen bienes sino que tenemos diferentes teorías (como el
cristianismo, el budismo, el
utilitarismo o el racionalismo) que ofrecen lo que vamos a llamar dogmas y el precio o valor de
cada dogma depende de la teoría del valor propia que defiende cada teoría ética y que viene
siendo un concepto equivalente a su “tecnología”. Intentemos esclarecer lo anterior con un
ejemplo: Si escalamos el valor moral de 1 a 100, podríamos decir que el cristianismo ofrece el
dogma “no matarás” a precio
5 de 100. Este precio está determinado por su “tecnología” que en este caso corresponde a una
teoría del valor basada en el amor al prójimo y al sacrificio propio con miras a ganar el cielo. Si nos
vamos al utilitarismo, podríamos decir que el dogma “no matarás” se ofrece a un precio más bajo
de digamos 70, puesto que en algunas ocasiones se podría justificar la utilidad de matar para
defender mi propia felicidad y la de la sociedad (aquí podríamos pensar en la pena de muerte por
ejemplo). Por supuesto una teoría ética no “vende” nada; nadie paga a los utilitaristas un peso por
acoger uno de sus dogmas. Sin embargo si el precio (valor moral) al cual la teoría ética ofrece un
dogma es aquel de mercado, la “empresa moral” subsiste, de lo contrario sale del mercado y se
convierte en una teoría ética obsoleta. Así las cosas el beneficio que intenta maximizar una teoría
ética es el número de adeptos a sus dogmas: entre mayor sea el número, mayor su beneficio. Sin
embargo, es importante mencionar que las teorías éticas actúan como firmas cuyos precios son
relativamente inflexibles (tanto a la baja como al alza), es decir, el precio al que el cristianismo
ofrece sus dogmas es variable sólo dentro de un
rango mínimo a través del tiempo, si lo varía demasiado deja de ser cristianismo. En otras
palabras, su “tecnología” no cambia demasiado. No podemos imaginar un cristianismo que para
subsistir en el actual “mercado ético” dé un valor reducido a la virginidad prematrimonial. Un
cristianismo así no es cristianismo, es otra teoría. Además de las teorías éticas, toda sociedad
liberal y democrática se compone de individuos, cada uno de los cuales tiene una cierta estructura
de “preferencias morales” que vamos a considerar racionales y representables a través del
concepto de función de utilidad3. Con base en su función de utilidad y considerando que estamos
en un mercado competitivo en el cual el individuo toma los precios (valores morales) como dados,
el individuo maximiza su utilidad. En
economía la maximización de la utilidad está sujeta a lo que se conoce como una “restricción
presupuestal” que me indica el presupuesto monetario con el cual el individuo cuenta. En ética no
tiene sentido hablar de una restricción monetaria pero sí podríamos concebir la restricción como el
esfuerzo moral que el individuo está dispuesto a realizar. Ilustremos la idea con un ejemplo: Un
individuo dispuesto a realizar un bajo esfuerzo moral no demanda un dogma como la santidad,
cuyo valor moral de mercado es muy alto. Entre más alto sea el esfuerzo. Las preferencias morales
son racionales en cuanto son completas, reflexivas y transitivas: Si el individuo valora más la
valentía que la cobardía, preferirá mas valentía que cobardía, piensa además que la valentía es al
menos tan buena como la valentía misma, y por último si piensa que la cobardía es más valiosa
que la mentira preferirá la valentía a la mentira. moral que el individuo puede hacer, menor es su
restricción y por ende puede
apuntar a los dogmas de mayor valía a la hora de maximizar su utilidad. La interacción entre
individuos demandantes y teorías de ética oferentes genera los valores éticos de mercado que
serían aquellos que encontramos en “el agente representativo” del clima moral de una sociedad
liberal. Las teorías éticas que subsisten son aquellas cuyos dogmas satisfacen las demandas del
mercado. En últimas cada agente individual termina cediendo ante el poder del mercado y
nuestras concepciones morales tienden a homogeneizarse alrededor de dogmas provenientes de
todo tipo de teorías éticas que luchan entre sí por complacer al mercado o sucumben ante la
indiferencia de éste. En su famosa descripción de la cotidianidad del hombre, el filósofo alemán
Martín Heidegger presenta una intuición análoga a la presentada en este texto cuando señala la
manera en que nuestra voluntad es arrancada por la voluntad pública4. A la pregunta ¿quién es el
hombre en su cotidianidad? Heidegger responde: “el
quién no es este ni aquel; no uno mismo, ni algunos, ni la suma de otros, el quien es cualquiera, es
“uno””.5 Lo que esto implica es que “disfrutamos y gozamos como se goza; leemos, vemos y
juzgamos de literatura y arte como se ve y juzga; incluso nos apartamos del montón como se
apartan de él; encontramos sublevante lo que se encuentra sublevante. El “uno”, que no es nadie
determinado y que son todos, si bien no como suma, prescribe la forma de ser de la
cotidianidad.”6 Esto que Heidegger llama el “uno” es un concepto análogo al concepto de
mercado, es una fuerza que somos todos, pero que en últimas no es ninguno y al imponerse nos
obliga indirectamente a “juzgar como se juzga”. La
“ética de mercado” se nos impone pues aunque nuestra decisión ética es libre la sociedad como un
todo se mueve hacia el equilibrio dictado por el mercado hacia el cual inevitablemente tendemos
todos.
IV. Una aplicación de la teoría del mercado en ética La intuición de una “ética de mercado” que
acabamos de exponer nos sirve para comprender un fenómeno de nuestra cultura ética actual y
que consiste en la 4 En el parágrafo 27 de Ser y Tiempo Heidegger emprende una crítica frente al
pretendido solipsismo de la filosofía moderna y nos demuestra cómo nuestro ser cotidiano no se
define por un yo aislado que se mantiene constante e igual a sí mismo (como pretende la tradición
filosófica desde Descartes), sino por un “ser con otros” al cual no podemos escapar. Para
Heidegger, el “co-ser” es una categoría ontológica puesto que siempre estamos ya como seres en
el mundo rodeados de otros. Por lo tanto, nuestro ser no lo define cotidianamente aquel yo que se
diferencia de los demás sino que somos precisamente los otros.El énfasis es mío. pérdida paulatina
de poder de la concepción moral cristiana y sus constantes ajustes.
En sociedades en las cuales existía una religión de Estado, los dogmas provenientes de la tradición
religiosa estaban establecidos como el patrón oficial a partir del cual se asignaba valor a cada una
de las diferentes acciones humanas. Para el caso de la cultura occidental, la tradición
judeocristiana representada en la Biblia era la fuente de la cual se sacaba el patrón de medida con
el cual eran
clasificadas las acciones como buenas o malas en tal o cual grado. Esta forma anterior de asignar
valores equivale a lo que en economía se conoce como una economía de “planificación central”, en
la cual los precios son dictados dogmáticamente por un poder central que detenta la facultad de
asignación de precios a su gusto. Un ejemplo reciente de esto es la forma en la que funcionaba
la economía soviética, en la cual los precios de los bienes se dictaban centralizadamente desde el
Kremlin. En la ética centralizada, la Biblia corresponde a una especie de “Kremlin de los valores
éticos” pues ella dictaba dogmáticamente los precios éticos de las acciones humanas. Sin
embargo, con la instauración del liberalismo político y la creación de un ambiente propicio para la
competencia en el plano ético, la moral religiosa comenzó a “perder mercado”, básicamente
debido a que le pasó lo mismo que le pasó a la economía soviética: aquellos precios que asignaba
a los bienes estaban
mal asignados y ya no se correspondían con una sociedad en constante cambio donde habían
ocurrido fenómenos de todo tipo como cambios tecnológicos, el surgimiento de la clase media y la
integración mundial de economías entre otros fenómenos que cambiaron radicalmente las
preferencias de los individuos. La economía soviética se vio forzada a abrirse a la economía de
mercado, donde los
precios de los bienes son dictados por las fuerzas de oferta y demanda, y esto es exactamente lo
que le ha pasado a la religión; el tremendo desajuste entre los valores que la iglesia imponía
dogmáticamente y los cambios radicales en la sociedad moderna y su impacto sobre las
preferencias de los individuos la obligaron a flexibilizar su sistema de valoración para dar cabida en
lo posible a lo
que el mercado ético reclamaba.
Conclusiones
Los economistas estamos acostumbrados a juzgar como buena todo expresión de libre mercado y
estamos convencidos que no hay mejor asignación de recursos que la que el mercado logra por sí
mismo. Sin embargo cabe evaluar si en ética esto es tan así. Dejar la reflexión acerca de lo bueno
y lo malo en la vida en manos del mercado puede no ser tan sabio como dejar que el mercado
asigne
recursos. Aquí es importante aclarar que la reflexión ética parte de la pregunta por ¿cómo hay que
vivir? Y sólo cuando esa pregunta ha sido respondida aflora una escala de valores que refleja la
convicción ética. En la “ética de mercado” nadie responde a esa pregunta y el individuo termina
extrañamente con una escala de valores que no se sustenta en últimas en una verdadera
convicción acerca de cómo debe regir su cotidianidad. La escala de valores éticos es una
imposición más, aunque en este caso no proviene de la ley sino de la mano invisible que dicta
cátedra sobre lo bueno y valioso en la vida. Una sencilla reflexión interna nos hará darnos cuanta
cuan poco sabemos del origen de nuestras convicciones morales y cuanta razón tenía Heidegger al
denunciar que nuestra cotidianidad está regida por la dictadura del “uno” al interior de la cual
todos juzgamos como se juzga, o en
últimas, todos vivimos como se vive.