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QUÍMICO PRÁCTICO
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CaUdrétko de ampliación de la Química inorgánica en ¡a Facultad de Fihsofl


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I ¡ I S,M,, eaf^Aegente agregado de la Facultad de Farmacia de esta corte, Regente en X
Química y Miembro corresponsal de la Sociedad de Farmacia de París. V

eiBA PUBLICADA BAJO LA PBOTECCIOÜ BE SS. M.

MADRID:
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QUÍMICO PRÁCTICO
mmm m ANÁLISIS OÜÍIIIICA

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m ^amism T<ü/asi;s m-aivvA mm^
Caíedrátko de ampliación de la Química iiijrs,ániía en la Uni^-enidad Cettiraí,
Docior en Farmacia, Profesor del Gabinete de Física de S. M., ex^Rcgente agregado
de la Facultad de Farmacia de eUa corte, Regente en. Química y Miembro corres"
ponsal de la Sociedad de Farmacia de París.

OBR* PUBLICADA BAJO LA PROTECCIÓN DE SS. MH.

MADRID:
POR AGUADO, IMPRESOR DE CÁMARA DE 8. H. í DE SU REAL CASA.

1852.
r
VJUANDO con la historia en la mano examinamos
niosóficamente las fases por que ha pasado España
desde el imperio de Carlos V hasta el dia, no po-
demos menos de comparar nuestra situación pre-
sente a la de aquellas familias que, habiendo des-
plegado en su origen una actividad y acierto pro-
digiosos para encumbrarse hasta la cüspide del
poder y la grandeza, pierden después de genera-
ción en generación, y á consecuencia de un crimi-
nal abandono ó mal tino en los negocios domésti-
cos cuanto llegaron á alcanzar sus antepasados
con heroicos esfuerzos y constancia.
Hay sin embargo una consideración que nos
consuela en medio de tan triste pero exacto pa-
ralelo; y es que, hallándose nuestro pais en un es-
tado de infancia, respecto de otros gastados ya en
el sentido del progreso material, nos será muv fá-
cil lograr una regeneración pronta y completa', sa-
h A ^®^"Í®^ y utilizar directamente en prove-
cho de nuestra patria, todas las ventajas procla-
niadas como de utilidad incontestable por la infa-
VI

Hble experiencia de millones de hombres. Lo cual


equivale á decir, que estarnos en el caso de ahor-
rar un tiempo y capital considerables invertidos
por otros en penosos ensayos: solo tenemos en
cambio, la incomodidad de servirnos de las mejo-
ras conseguidas por las demás naciones.
En prueba de que no vamos descaminados en
nuestro juicio, podemos citar esa intima persua-
sión que tenemos todos los españoles, de que
nuestro pais cambiará completamente de aspecto
el dia en que se vean concluidas las vias férreas
y las canalizaciones comenzadas y en proyecto.
Nosotros, que hemos tenido ocasión de apren-
der, durante nuestra comisión en el estrangero,
la grande influencia que ejercen en la civilización
de un estado los medios rápidos de comunicación,
ya porque llevan los adelantos y cultura de una
capital á un departamento aislado, ya porque faci-
litan y estienden el cambio recíproco entre dife-
rentes provincias, ó bien en fin (y este es el obje-
to mas importante y providencial) porque hacen
posible este mismo cambio entre las distintas na-
ciones, ünico medio de conseguir ese justo é in-
dispensable equilibrio, sin el cual no puede haber
paz ni ventura durables entre la familia humana;
nosotros, repetimos, no solamente abrigamos igual
creencia, sino que vamos aún mas lejos en estas
esperanzas, y examinando con detenimiento la na-
turaleza de nuestro suelo, nos afirmamos en la
convicción adquirida, de que si los gobiernos saben
conducir nuestra atrasada nación en el sentido
que mas la convenga, está muy próxima para Es-
paña la época de la regeneración por tanto tiem-
po ansiada; siendo mas que posible que recobre
vil
en menos de medio siglo toda su antigua gloria é
importancia.
Pero si en lugar de guiarla con acierto, seme-
jante al padre que dirije á su hijo por la carrera
para que tiene mayores facultades, se obstinan,
por ignorancia ó amor propio, en contrariar su na-
tural tendencia, haciéndola industrial, por ejem-
plo, en vez de agrícola y ganadera, todo el im-
pulso dado será estéril, convirtiéndose el objeto
civiuzador de nuestras locomotivas y vapores, en
mero ruido y recreo: afortunadamente es muy sen-
cillo el medio de evitar tal conflicto; basta para
ello, en primer lugar, hacer un estudio profundo
de la índole del país, á fin de esplotarle en el sen-
tido que ofrezca mayor riqueza; y en segundo,
protejer y dar un impulso especial á las ciencias
de aplicación inmediata, que puedan ser poderosos
auxiliares para alcanzar en su dia el objeto ape-
tecido.
Manifestadas de una manera breve nuestras
creencias relativamente á la situación actual y
porvenir de España, nada nos será mas fácil que
justificar la publicación de esta obrita: en efecto,
inútiles serian todos los esfuerzos del mundo para
hacernos adelantar con rapidez por la senda de la
civilización, sin el apoyo de aquellos ramos del sa-
ber humano que, por" su carácter particular, son
los únicos que crean, reforman y engrandecen las
artes y \a industria, fuentes de toda prosperidad.
En una palabra; no hay progreso posible, en nin-
gún sentido social, sin la cooperación de la quí-
mica y la física. Lean nuestros hombres de estado,
nuestros altos personages políticos las cartas que
sobre las ventajas de la química ha escrito el
Tin
inmorlal filósofo alemán Liebig, y verán que nos
sobra razón en cuanto consignamos.
Si esto es cierto, no puede menos de serlo
también la conveniencia y basta la necesidad de
ir popularizando dichas ciencias, tan indispensables
ya por tantos conceptos, para que puedan propor-
cionar á nuestra patria todos los recursos que
atesoran, en'la época en que esta tenga las mejo-
ras necesarias para recibirlos; y para probar que
no estamos abogando subterfugiamente por un in-
terés personal, vamos á citar un ejemplo palpi-
tante, entre infinitos que podríamos enumerar,
en justificación de lo que decimos.
Que España es una de las naciones de Europa
mas favorecidas por la Providencia respecto á la
grande abundancia y escelente calidad de sus vi-
nos, nadie lo pone en duda; pero tampoco hay
quien deje de conocer que, á escepcion de dos ó
tres provincias, Andalucía y Cataluña, por ejem-
plo, en la generalidad del territorio se fabrican
aún ios vinos, poco mas ó menos, como en tiem-
po de Noé. Pues bien; desde ahora anunciamos
que el dia en que sean rápidas y espeditas las
comunicaciones en nuestro suelo, uno de los be-
neficios mas grandes para el pais será el resol-
ver el siguiente problema: hallar con el auxilio
de la química un medio industrial, poco costoso,
para mejorar la fabricación de nuestros vinos co-
munes, á fin de sostener la competencia con los
de los demás estados, y por consiguiente generali-
zar en ellos la *esportacion que hoy dia efectua-
mos con los de Jerez, Málaga y Alicante.
Sin embargo de estar plenamente convencidos
de lo provechoso que es difundir entre nosotros
los conocimientos químicos, en particular los que
tienen relación con la parte analítica de la referi-
da ciencia, por ser la de mayor y mas general im-
portancia, y no obstante de tener reunidos hace
algún tiempo los materiales sobre que está basada
la presente obra, habíamos resuelto en un prin-
cipio no ofrecerla al público, retraídos por la des-
confianza que acompaña á cuanto emana de nues-
tro escaso talento científico; pero animados poste-
riormente por las reflexiones de varios amigos, v
sobre todo por la insigne honra con que Ss! MM.
nos han tavorecido al dignarse protejer la publica-
ción de esle librito, hemos resuelto dar hoy á luz
nuestro trabajo, con la esperanza de que quizá pue-
da sacarse de él alguna utilidad. El público deci-
dirá hasta qué punto ha sido exacto nuestro
deseo.
Hespecto á la distribución que hemos asigna-
00 a las diferentes materias que constituyen nues-
fliv-^TP^" ** ^^ análisis, diremos que habiéndole
umaido en cuatro partes, nos ha parecido lógico
^eguir el camino adoptado por la generalidad de
o. autores científicos, el cual está reducido á
marchar de lo fácil á lo dificil, y de lo conocido á
que se ignora: por consiguiente, la primera
parte comprende, además de las ideas relativas á
¡a análisis en general (que es lo que constituve la
introducción de la obra) la descripción de los'apa-
ratos jr utensilios que se emplean con mas fre-
cuencia en la análisis química; los reactivos mas
usuales, y la manera de obtenerlos puros; los en-
sayos preliminares al soplete, y el modo de reco-
nocer á qué clase de cuerpos corresponde una
sustancia dada, haciendo aplicación de ciertas con-
sideraciones generales. La segunda parte la cons-
tituye todo lo relativo á la análisis cualitativa pro-
piamente dicha. La tercera comprende la análisis
cuantitativa. Y en fin, la cuarta y última parte,
trata de los cálculos que es preciso ejecutar eií
esta clase de investigaciones. Hemos creido con-
veniente además, utilizar las reglas generales esta-
blecidas, presentando varios ejemplos prácticos en-
tresacados de los distintos trabajos analíticos que
hemos ejecutado en los laboratorios de Wurtz v
de Leibig.
Como que en los libros referentes á las cien-
cias de hechos, no cabe crtra originalidad que la
mayor ó menor inteligencia del autor de aquellos
en la elección de estos, la manera de distribuirlos
y de presentarlos, y por último, las adiciones que
pueda reunir de su cosecha propia, por lo mis-
mo no hemos tenido inconveniente alguno en re-
clamar dicho título para nosotros. Esto no se opo-
ne a que confesemos con toda ingenuidad, que
ademas de nuestros cuadernos y apuntes particu-
lares, nos hemos servido con frecuencia de los he-
chos y observaciones consignados en sus respecti-
vas obras por los químicos que gozan de mavor
celebridad en la parte analítica de la ciencia- tales
como H. Rose, Will (última edición alemana) v
Fresenius. También hemos recojido cuanto nos ha
parecido conveniente de los tratados de química
general de Berzelius, Mitscherlich, Pelouze Reg-
nault, y de un compendio de análisis de Gerlíardt
Aun cuando, para desgracia nuestra, sea el
JUICIO del público contrario á nuestros deseos en
la ocasión actual, esto no será capaz de desva-
necer el particular cariño que profesamos al pre-
XI
senté trabajo, tanto porque en él se halla reasu-
mido el fruto de nuestros estudios en el estran-
gero, como porque nos trae á la memoria el grato
aunque triste recuerdo de nuestro querido amigo
y compañero D. Mariano de Echevarría, arreba-
tado á la ciencia, por la despiadada muerte, en la
primavera de su vida.
Después de lo espuesto, réstanos solo consig-
nar en este sitio el sentimiento de consideración
y gratitud que nos merece nuestro antiguo é ilus-
trado Catedrático el Dr. D. José Camps y Camps,
Consejero de Instrucción pública y Profesor de
Farmacia práctica en la Universidad de Madrid,
por haber sido el primero en hacernos apreciar,
en todo su justo valor, la ciencia á que hemos con-
sagrado nuestra juventud y que hoy constituye
nuestro único patrimonio. ¡Ojala fuera mas auto-
rizada nuestra pluma para realzar, cuanto es de-
bido, los estensos y profundos conocimientos y la
asiduidad y escesiva modestia de uno de los hom-
bres mas distinguidos que en ciencias cuenta la
nación Española!
Madrid 1." de setiembre de 1852.

^ybaí7fot¿ 'i^orfCi) ^./fí^^/ñoz^ /y ^af/a.


ÍNDICE DE m M&TERI&S.

PARTE PRIMERA.

Advertencia ^ y
IntrodiKcion ^
Generalidades acerca de la análisis cmlitalim 2
CAPITULO PRIMERO. De los aparatos y utensilios-
que se emplean con mas frecuencia en la análisis
química 9
tiAPiTüLO SEGCNDO. De hs reactivos mas frecuen-
temente usados en la análisis química 40
CAPITULO TERCERO. Ensayos preliminares al soplete, 57
t-APiTüLO CUARTO. Modo de reconocer á qué clase
de cuerpos pertenece una sustancia dada, haciendo
aplicacvm, de ciertas consideraciones generales. . . 1 1 0

PARTE SEGUNDA.

Análisis cualitativa propiamente dicha 125


CAPITULO PRIMERO. Investigación de las bases.. . 127
t-APiTüLO SEGUNDO. Investigación de ios ácidos, ó
sea de los géneros salinos 140
Pnmer ejemplo práctico. AnálisiscualitcUiva de un
fragmento de vidrio procedente de un matraz.... 147
Segundo ejemplo práctico. Análisis cualilaiiva de
wna «usíoncia pulverulenta, de calor azviado, tn-
odora, poco densa é insípida, procedente de la
XIV

Escuela central de Artes y manufacturas estable-


cida en París 152
CAPITULO TERCERO. Análisis de gases. Generali-
dades 170
Ejemplo práctico: análisis de una mezcla gaseosa. 183

P A R T E TERCERA.

Análisis cuantitativa. Introducción 188


CAPITULO PRIMERO. Determinación cuanlilaliva y
separación de las bases 190
CAPITULO SEGUNDO. Determinación cuatuitativa y
separación de los ácidos 228
Ejemplo práctico. Análisis cuantitativa de una sus-
tancia terrea bastante pesada, de color rojo, insí-
pida é insoluble en el agua, preparada artipdal-
merUe por Mr. Liebig para estudio de hs alum-
nos de su laboratorio 244
CAPITULO TERCERO. De las análisis cuarüilalivas
ejecutadas haciendo uso de líquidos normales. . . 2 5 4
Sulfhidronaetría 255
Alcalimetría 259
Clorometría 265
Manganimetn'a 269
Ferrimetría 275
Cuprimetria 281
Argentimetría 285
XV

P A R T E CUARTA.

•De los cálcuhs que es precho ejecutar en las análisis


cuantitativas ggg
Apéndice. Ejemplos prácticos de trabajos cienlijicos
de un ordm superior "312
™^ ejemplo. Acción del cloruro de cianógeno
sobre elespirtiu de la madera 313
segundo ejemplo. Estudio acerca de la naturaleza
química de la chufa 316
:Íi
^JÜiiMüüiiütMiiiiüli^

i&ft^S

IIVTRODUCCIOIV.

*• química, que considerada filosóficamenle se


va a la mayor altura en la escala de los conoci-
entos humanos, adquiere, comparada con las cien-
as de utilidad material, una importancia sin limites,
»iaa a la índole y exactitud de los resultados que
oirece. ^
Pero asi como no podríamos formar una idea justa
e la parte especulativa de esta ciencia sin conocer
reíacon y enlace que tienen entre si los principios
^Jíoamentales que la constituyen, de la misma ma-
fa es imposible caminar con acierto en el terreno
practico, no estando familiarizados con los preceptos
Peratorios, que son hasta cierto punto el verdadero
™ que nos conduce á los hechos.
^Convencidos de esta verdad, todos los químicos
j ^ 'jen particularmente su atención á describir con
mmuciosidad posible, en sus respectivos trabajos,
4
dichos preceptos sobre todos aquellos que tienen rela-
ción con la química analítica, por ser la parte mas in-
teresante de la referida ciencia.
En vista de esto, nosotros consignaremos cuidado-
samente, siempre que el caso lo exija, todos aquellos
detalles prácticos de que puede servirse con utilidad
el químico para resolver un problema dado. Y con el
lin de conseguir con mas certeza nuestro intento, des-
cribiremos en un articulo especial los aparatos y uten-
silios que se emplean con mas frecuencia en la aná-
lisis química.
Ahora nos ocuparemos en anunciar varias ideas
relativas á la análisis en general.
Antes de dar principio á las varias operaciones
propias de la análisis cualitativa, debe examinarse
con detenimiento la sustancia sometida á la investi-
gación, porque quizá baste para orientar al químico la
apreciación de algunos de los caracteres físicos, tan
importantes en determinados casos. Es asi que el
color de una sal puede indicar á la simple vista la na-
turaleza de la base: en efecto, las sales de cobre son
verdes ó azules; las de cobalto son generalmente rojas
ó rosáceas; amarillas las férricas, etc.
El olfato es también un reactivo precioso, puesto
que por solo el olor se reconocen un gran número de
cuerpos; por ejemplo, el amoniaco, cloro, cianógeuo,
éter, y sulfuro de carbono. Suele hacerse uso con este
fin de un aparaíito, que consiste en una bola de goma
elástica alada á un tubo de unas doce pulgadas de lon-
gitud y terminado en capilar. Para servirse de él se
empieza por comprimir la bola, introduciondo en se-
guida el tubo en la sustancia que se trata de ensayar;
hecho esto se abandona á sí misma dicha bola, y
cuando se quiere averiguar el olor no hay mas que
comprin[\ir ligeramente la goma, aplicando al mismo
tiempo el tubo á la nariz.
El sabor puede distinguir igualmente una sal me-
tálica de una alcalina, y hasta caracterizar en ciertas
ocasiones una sal de |)lomo, de magnesia, de alúmina
o de hierro. Sin embargo, debe emplearse este medio
con suma prudencia, en atención á que son mas ó me-
óos venenosas la mayor parte de las sales metálicas.
El tacto y el ruido sirven como buenos indicado-
res en algunas circunstancias: haciendo aplicación del
pnmero es fácil diferenciar el marmol de la cal, la
creta de la silice; y respecto del segundo, sabido es
lúe la decrepitación y la detonación pueden dar á co-
nocer la naturaleza de ciertas sales.
La forma cristalina es también un carácter esce-
'^nte, de que puede sacarse un gran partido. La crista-
lización del cloruro estróncico en agujas prismáticas
"C bastante longitud distingue, por ejemplo, á este
cuerpo del cloruro bárico, que cristaliza constante-
Diente en tablas muy pronunciadas.
Terminado con la debida detención el examen de
•as propiedades físicas del cuerpo sometido al análisis
cualitativo, se estudia acto continuo la acción que el
<ialor ejerce sobre él, para cuyo objeto se le coloca,
hien sea en una cápsula de porcelana, ó dentro de un
tubo de ensayo, ó en fin, sobre una lámina de platino.
Dc'bei) observarse con el mayor cuidado las mo-
dificaciones que el cuerpo espcrimcnte en este caso,
averiguando sobre todo:
1.° Si no sufre ninguna alteración,
2.° Si es fusible, y si desprende agua ó gases.
'.1.° Si es volátil en totalidad ó en parte.
4.° Y por último, si se descompone produciendo
gases, productos empireuniálicos, y un residuo car-
bonoso.
La naturaleza de los productos volátiles que se
forman, y las propiedades del residuo, indican por lo
general al operador la verdadera naturaleza del cuerpo
que examina.
Si, por ejemplo, la sustancia colocada en las cir-
cunstancias dichas desprende oxigeno y vapores ruti-
lantes, quedando al propio tiempo óxido de plomo como
resultado del tratamiento, es claro que el cuerpo en
cuestión era el nitrato de plomo; de la misma manera
puede convencerse si es de origen orgánico por la
presencia de materias empireumáticas y de un resto
carbonoso que desaparece completamente calentán-
dole sobre una lámina de platino.
La acción que el agua ejerce sobre los cuerpos es
también un carácter útil en el análisis cualitativo; una
sal insoliiblc en esle líquido podrá ser cualquiera sus-
tancia, escepto un nitrato, en razón á que todos son
solubles; un carbonato soluble en el agua será forzo-
samente un carbonato alcalino, pues todos los demás
son ¡nsolubles. Puede acontecer también que la des-
composición que sufren ciertas sales en presencia del
agua sea una proijiedad caiacterislica: en efecío, la
alteración que en contacto de esle liquido ofrecen las
sales de eslaño, bismuto y antimonio, establece en el
estudio de esta clase de compuestos una distinción im-
portante. Los ensayos de análisis cualitativa deben
efectuarse, en general, sobre sustancias jiréviamente
disueltas. Asi que, después de haber tratado por el
agua el cuerpo que se desea reconocer, hay que hacer
reaccionar sobre él, suponiendo que no sea soluble
en ella, los ácidos diluidos ó concentrados.
Los ácidos que se usan con este objeto son:
1." El sulfúrico, que descompone los carbopalos
con efervescencia, desaloja los ácidos nítrico, hidro-
clórico y acético de sus combinaciones, y disuelve
ciertos metales, desprendiendo hidrógeno ó ácido sul-
furoso.
2.° El hidroclórico, que sirve especialmente para
disolver los óxidos metálicos.
3.° El ni trico, que reacciona sobre la generalidad
de los metales con producción de vapores rutilantes.
4.° Y finalmente el agua regia, que ataca á todos
aquellos metales inalterables por los demás ácidos.
No solo se utiliza en el análisis cualitativo la ac-
ción disolvente de los ácidos, sino que además sirven
para caracterizar gran número de cuerpos. El ácido
nítrico trasforma el estallo en ácido molastánico; el
sulfúrico origina en las sales de plomo un precipitado
insoluble de sulfato de plomo; el ácido hidroclórico
precipita las sales de plata, etc.
Las disoluciones alcalinas se emplean también
c
para reconocer las sales amoniacales, ó para preci-
pilar las bases de sus respectivas combinaciones.
Si el agua ó los ácidos no ejercen acción alguna so-
bre la sustancia que se examina, se hacen actuar sobre
ella los álcalis libres ó carbonatados, calcinándola con
tres veces su peso de potasa, dentro de un crisol de plata,
ó bien con carbonato de la misma base en uno de pla-
tino: la masa, tratada después con un ácido, se disuel-
ve con suma facilidad. Puede sacarse también partido,
tratándose de sales insolubles, de la acción de los car-
bonates alcalinos disueltos, que forman con la base
un carbonato insoluble, descomponible por el ácido
nítrico, y con el ácido una sal alcalina soluble en el
agua.
Cuando la sustancia que se va á analizar se di-
suelve en el agua, es muy frecuente averiguar, me-
diante los reactivos coloreados, el estado de neutrali-
dad que ofrece. De todos los reactivos de esta natura,
leza el mas importante es la tintura de tornasol: por
lo mismo no estará de mas el recordar la composición
de esta materia colorante.
El tornasol azul debe considerarse como una ver-
dadera sal,constituida pof la combinación de uñábase
con un ácido rojo: un ácido enrojece el tornasol, por-
que se une á la base y por consiguiente deja aislado
el ácido rojo; y una base enérgica restablece el primi-
tivo color neutralizando el ácido libre.
Aun cuando el papel de tornasol introducido en la
disolución acuosa del cuerpo sometido al ensayo pre-
sentara reacción acida, esto no nos da derecho á supo-
ner, de una manera absoluta, la presencia de una sal
acida ó de un ácido libre, en atención á que hay va-
rias sales que son (luiniicamente neutras, y que sin
embargo enrojecen el tornasol. El sulfato de cobre
C«0, .SO' + 'ó//0, y el ferroso FeO, 5 0 ' + 7/0, enro-
jecen el tornasol, mientras que el sulfato de potasa, de
la misma composición que los anteriores, no ejerce
acción alguna sobre la referida tintura. Esto depende
de la fuerza de afinidad con que están combinadas las
bases con los ácidos. En la sal de cobre y de hierro la
combinación no es recíprocamente tan completa que
una parte del ácido no tenga algo de acción sobre la
base de la sal azul del tornasol: en el sulfato potásico,
por el contrario, la asociación del ácido con la base es
tan intima y perfecta, que no puede actuar sobre la
base de la sal azul.
Fundados los químicos en esta y otras considera-
ciones del mismo orden, han convenido en fijar la neu-
tralidad de las oxisales, deduciéndola de la relación
simple que existe entre el oxígeno del óxido y el del
ácido,
A pesar de esto, el uso del tornasol es sumamente
útil, y por lo tanto debe colocársele en un lugar pre-
ferente entre los medios de tanteo aproximativo.
CAP1TIJ1.0 P R I M E R O .
De los aparatos y ulensilios que se emplean con mas
frecuencia en la análisis química.

'^iN perjuicio de reproducir, siempre que la oca-


sión lo exija, los dilereiiles aparatos necesarios para
practicar ciertas operaciones encaminadas á reconocer
el cuerpo que nos proponemos estudiar, ó bien para
poder determinar cuantitativamente la proporción de
los elementos que le constituyen, en el caso de sernos
conocida ya su naturaleza, hemos creido conveniente
el consignar en el presente capitulo la descripción de
aquellos aparatos y utensilios de mas frecuente uso en
esta clase de investigaciones.
La evaporación de los líquidos se ejecuta con fre-
cuencia en un aparato llamado baño de agua ó mas
Vulgarmente de maria (fig. núm. í); este consiste en
mm. i. una capsulado
cobre ó de hier-
ro, con un re-
bordeen la par-
te superior, des-
tinado, en unos
casos para sos-
tenerla cápsula
10
(lo porcelana que contiene la sustancia que se ha de
evaporar, y en otros, para sobreponer varios anillos
de cobre que se disponen sobre él, con lo cual se
consigue á voluntad que un mismo baño pueda ser-
vir para vasos evaporalorios de todas dimensiones.
Cerca del reborde citado hay un agujero que sirve
para dar salida al agua reducida á vapor; pero en
otros aparatos el agujero está reemplazado por un
tubo encorvado hacia arriba en ángulo recio, con el
fin de que la sustancia que se evapora no esté en con-
tacto con el agua en vapor.
Lleno el baño hasta mas de la mitad de agua co-
mún, y puesta encima la cápsula, se calienta con una
lámpara de alcohol, ó bien se coloca lodo sobre un
hornillo ordinario.
Otras veces no se pone agua en la cápsula de co-
bre, y la de porcelana se halla sometida á la acción de
un baño de aire caliente que produce una evaporación
muy regular.
Hay ocasiones en que es preciso conducir muy len-
tamente la evaporación de un liquido, practicándola
Núni. 2. al propio tiempo á una temperatura
baja. En este caso, se sitúa la cápsula
con la disolución que se ha de evapo-
rar sobre otra de vidrio poco pro-
funda y de mucha superiicie, que
contenga ácido sulfúrico concentra-
do , y^ se cubre en seguida el lodo
con una campana de vidrio f'/íV/.
nim. 1). El ácido sulfúrico absorve
la humedad del aire á medida que éste la quila á la
disolución; pero aún es el eíeclo mucho mas rápido y
completo colocando las cápsulas debajo del recipiente
de la máquina neumálica y haciendo el vacío.
También es muy general el empleo de la estufa de
Gay-Lussac, para desecar los precipitados recojidos
en los üllros, y para determinar la cantidad de agua
que una sustancia dada pierde sucesivamente á di-
íerenles temperaturas. Este aparato (fig. núm. 3J
Núm. 3. consiste en una caja de
cobre provista de una por-
tezuela, y formada de pa-
redes dobles con el objeto
de llenar de un aceite fijo
el espacio que queda en-
tre ellas. Para observar
la temperatura se intro-
duce en el baño de aceite
un termómetro, cuya va-
rilla pasa por la abertu-
ra a; se calienta la estufa
sobre un hornillo hasta
que el termómetro indique
la temperatura á que se quiere detener la desecación;
y para mantener casi estacionarios los grados de calor,
basta ir añadiendo carbones encendidos en el hor-
nillo. Se coloca la cápsula con la cantidad, exactamente
pesada, de la sal que se quiere desecar en la camarita
de la estufa, y después se cierra la portezuela.
En el laboratorio de Wurtz, en París, y en el de
12

Liebig en Alemania, está dispuesto este aparato de


una manera que hace que su uso sea mas cómodo, y
al propio tiempo muclio mas práctico. Cierto número
de esluías de col)re ó de hoja de hila, unidas entre si
constituyendo una caja oblonga, pero con sei)aracion
de las cámaras respectivas, se hallan situadas en una
de las piezas céntricas del laboratorio; una corriente
de agua en vapor circula por el espacio no interrum-
pido que ofrecen las dobles paredes, y va á conden-
sarse bajo la forma líquida en un recipiente á propó-
sito, después de haber proporcionado una temperatura
de 100° uniformemente igual en todo el apáralo. 13o
modo que teniendo cada alumno su cámara ¡¡articular,
introduce en ella las sustancias que desea desecar, y
continúa sus trabajos bien descuidado de que la tem-
peratura no ha de esceder de 100°. Escusado es decir
que cada estufa tiene una aljcrluva, como \a que indi-
ca a en la figura representada mas arriba, que sirve
para dar salida al agua y á los diferentes gases que
abandonan las sustancias sometidas á la desecación.
Entre los utensilios de uso frecuente en análisis,
figura la colección de tubos llamados de ensayo: no
siendo posible calentar en las copas de vidrio los pre-
cipitados producidos por las reacciones que determi-
nan los diferentes reactivos en contacto de la sustan-
cia sometida á la investigación, resulta que es preciso
emplear unos aparatitos de vidrio que permitan estu-
diar la acción tan característica del calor sobre dichos
precijjitados. Con este objeto, se elijen varillas de buen
vidrio que tengan 18 lineas próximamente de diáme-
Iro y se parten en cilindros de una longitud doble de
la que se quiera dar á los tubos de ensayo, los cuales
tienen por lo regular !> pulgadas; por consiguiente los
Ifozos cortados han de tener 10 poco mas ó naenos.
Hecho eslo se van calentando sucesivamente los ci-
lindros por su mitad en la lámpara de esmaltar, y
cuando se ha ablandado el vidrio se alejan las estre-
midades de manera que se obtengan dos tubos iguales
casi cerrados |)or uno de sus lados opuestos. Se funde
esta eslreiTiidad del tubo, y se sopla poco á poco has-
la obtener un remate hemisférico; en seguida se ca-
lienta en la misma forma el borde superior del tubo,
se vuelve hacia afuera, y se modela una hendidura
con el fin de que sea fácil el verter los liíjuidos.
Preparada en la forma dicha hasta una veintena
de estos tubos, se colocan en una gradilla de madera,
de modo (|ue so hallen dispuestos en dos filas de dis-
tinta elevación, como representa la siguiente figura.
T « ' « . -4.

Siempre que se haga hervir un líquido, con pre-


cipitado ó no, en esta clase de tubos, deben tenerse
estos en una dirección tal, que no puedan causar ac-
cidente alguno las porciones de materia lanzadas al
eslerior.
Como los fenómenos que los reactivos producen
en las disoluciones de las sustancias que se analizan
no se manitiestan inmediatamente en lodos los casos,
es preciso dejar algún tiempo en reposo la disolución
mezclada con el reactivo; y con el fin de evitar erro-
res, se pone una tarjelila sobre el tubo de ensayo, que
esprese el nombre del reactivo que se lia añadido á
la disolución.
Según veremos-mas adelante, los ensayos llama-
dos al soplete ó por via seca, ofrecen un auxilio pode-
rosísimo en la análisis cualitativa; de
jir.'.._ K

ahi el empleo tan general del apara-


^^^__^ tito que da nombre á este género de
^ ^ ^ investigación.
El soplete se compone por lo re-
gular de varias piezas ajustadas unas
en otras, según indica la presente
figura número o. Un tubo cónico a
b, cuyo estremo a, en forma de bo-
quilla, se introduce en la boca, ó
bien se aplica solamente sobre los
labios; la estremidad b, mas estre-
cha, encaja en un depósito cilindri-
co c d, que sirve á la vez como de-
pósito de aire, y para retener la hu-
medad enviada por el soplo. Este ci-
lindro suele tener en su fondo d un
15
pequeño agujero cerrado con un lapon, para hacer sa-
lir (!l agua (lespuos que se ha usado el instrunienlo; y
por uno de sus lados se ajusta una pieza adicional f,
en la cual encaja á rozamiento el pequeño tuboí/, que
es el que da salida al aire aspirado. Al estremo de
este tubo se adaptan, según convenga, oíros lubitos
de platino /(, que terminan en punta, y cuya abertura
es mas ó menos lina según la corriente de aire que se.
quiere producir.
El aire aspirado no debe haber pasado por el
pulmón, pues en este caso saldría muy impuro, y no
activaría sulicientemenle la combustión. Ejercitándose
en la práctica de este instrumento se consigue aspirar
el aire por medio de la nariz, lanzándole acto conti-
nuo por el movimiento de los músculos de la boca;
siendo posible, cuando se tiene un poco de hábito, el
sostener de esta manera una corriente de aire conti-
nua durante diez minutos.
La utilidad de los ensayos al soplete puede decir-
se que es debida á la propiedad roductriz y oxidante
de dos conos existentes en la llama, pero mas par-
ticularmente á la reacción especial que presentan,
cuando interviene una alta temperatura, los óxidos
metálicos disueltos en el bórax. Esta sal acida, que
como es sabido está constituida al estado anhidro por
la combinación de un equivalente de sosa por dos de
ácido bórico, v. gr.: Na O, 2 Bo O', tiene en efecto
la propiedad de disolver en caliente la mayor parte
de los óxidos metálicos, adquiriendo coloraciones par-
ticulares que sirven para distinguir los diferentes me-
tales; cuya circunstancia es preciosa para los análi-
sis cualitativos, en atención á que se maniflesla aun
operando sobre cantidades estremadamente tenues.
Con este lin se hace uso de un hilo de platino (figura
núm. 6j retorcido por una de sus puntas en forma de
anillo; se sumerje este estremo ligeramente hume-
decido en bórax pulverizado y anhidro, al que se
agregan algunas partecillas del óxido metálico que
se quiere reconocer; en tal estado se funde la ma-
teria al soplete, dirijiendo el dardo de la llama al
centro del anillo, según indica la siguiente^jf. 7."
Ai poco "tiempo ,se obtiene una materia fundida
'""""' ^ en forma de perla,
que presenta des-
pués de enfriada una
coloración particular
caracleristica del óxi-
,do metálico.
Cuando el metal
forma muchos grados de oxidación, suele dar al bórax
dos coloraciones muy diferentes; y como estas pueden
obtenerse indistintamente, servirán ambas para com-
probar su naturaleza. En la parte brillante b de la lla-
ma (fig. núm. %), que está inmediatamente antes del
"*'""'• *• espacio oscuro inte-
rior a a', el gas es
reduclivo porque las
parles combustibles
no están todavía en-
teramente quemadas.
17
sobre lodo si la abertura del soplete es muy estrecha:
al contrario, antes de la porción brillante ¿», en c, el
gas es oxidante por hallarse mezclado con un esceso
de aire atmosférico; por lo tanto, será preciso calentar
el bórax en b cuando se quiera obtener la coloración
producida por el protoxido, y en c, la correspondiente
al peróxido.
Es también de un uso frecuentísimo en los análisis
químicos el empleo de ciertos aparatos llamados fras-
cos de loción ó simplemente lavadores, que sirven, co-
mo su nombre lo indica, para lavar los precipitados
contenidos en los filtros, reuniéndolos al proi)io tiem-
po en el fondo de estos; lo cual es no solamente útil,
sino hasta indispensable en la generalidad de los
casos.
Las figuras núm. 9 y 10 representan uno de di-
chos frascos, que mas comunmente se manejan en la
práctica de las operaciones.—Se compone de un ma-
traz de fondo plano (fig. núm. 9), cuyo cuello se cier-
ra con un tapón de corcho atravesado
por dos tubos. El a, b, c, que desem-
boca en la parte superior del frasco,
se encorva en b, y tiene abierta y al-
go adelgazada la estremidad c; el se-
gundo tubo encorvado, d, e, f, abierto
también en sus dos estremos, pero
muy afilado en f, baja hasta el fondo
"*íl frasco. Cuando este se mantiene en su posición
'^'itural, comunica con el aire eslerior por el inter-
medio del tubo a, b, c; pero si se inclina como en la
2
18
adjunta figura, el aire penetra por el Uibo d, e, f, y
jv«m. 10. (.\ agua sale por el «, b, c, for-
mamlo un chorrilo muy lino que
Y" ""'_^^^ puede dirijirse sobre los diferen-
\ is^^s""^^^ '^^ puntos del precipitado reco-
A.^í^^'' ji,lQ gn ej nitro; si se quiere que
—.*. la salida del agua sea mas rápida,
se dará mayor longitud al tubo
\ a, b, c, pues de esta manera se
aumenta el desnivel, siendo mas
grande en consecuencia la velocidad del liquido. So-
plando con alguna fuerza por la parte c del tubo «,
6, c, resulta que comprimiendo el aire la columna del
liquido contenido en la redoma, este asciende con
prontitud por el tubo d, e, f, y sale con intensidad en
forma de surtidor por la parte afilada f; lo cual es
muy conveniente para reunir en un solo punto algu-
nos precipitados que, como
ñ'úm. \\ .
los de alúmina y óxido de
hierro, se adhieren tenazmen-
te á los filtros: escusado es
decir que no debe soplarse
con tal violencia que el cho-
que del chorro proyecte fue-
ra partículas de materia. El
lavado de los precipitados
suele ser en general mas efi-
caz con agua caliente que
con fria.
Lafiguranúmero 11 repre-
19
senla un aparato inventado por Berzelius para lavar
precipitados de un modo continuo aun en la ausen-
cia del encargado de la operación: consiste en un
frasco lavador cuyo tapón se halla atravesado por un
lubo a, h, c, dispuesto como representa la figura nú-
mero 12; se llena de agua el filtro hasta los bordes,
^^'"-'ij'' '"^ cuales, y sea dicho de paso, no
deben sobresalir ni un milímetro del
embudo, y se da vuelta al matraz A, de
modo (|ue la eslrcmidad adelgazada y
encorvada d, se sumerja 1 centímetro
próximamente en el agua del filtro, man-
teniéndola en esta posición por medio
*íe un sostén. La presión atmosférica gravita sobre el
'iquido del tubito lateral b, c, sobre el nivel del líqui-
do en el filtro, y por consecuencia sobre el agua del
'ubo a, h, d. El agua del frasco tiende á salir en vir-
tud del peso de la columna liquida h, comprendida
entre los niveles del liquido en el filtro y en el tubo
'ateral h, c; pero como este tubo es muy estrecho, la
acción capilar impide al aire atmosférico penetrar en
^'« y equivale á la presión de una pequeña columna
^e agua; de consiguiente, el liquido del frasco lavador
Do circulará ínterin la presión capilar en c, b, supere
^ la presión hidrostática ejercida por la columna; pe-
•"o á medida que el filtro va dando paso al agua, el
•^ivel de esta baja, la altura de la columna h aumen-
*^» y no tarda en esceder la acción capilar de c, b; el
*gua correrá del frasco al filtro, el aire se introducirá
por el lubo lateral c, b, y se establecerá nuevo equi-
20
librio á consecuencia de la elevación del nivel en el
filtro. Por medio de esle ingenioso apáralo, el liquido
conservará una altura casi constante en el filtro, for-
mando siempre el agua pura la capa superior, condi-
ción muy favorable para una buena loción.
Ya que incidenlalmenle hemos hablado de filtros,
aprovecharemos la ocasión para manifestar algunas
observaciones relativas al papel y á la manera de
prepararlos.
El papel que ha de servir para filtros destinados á
las investigaciones analiticas, debe reunir tres cuali-
dades que rara vez se hallan juntas; en primer lugar
es preciso que sea bastante fino para retener los pre-
cipitados, aun los mas tenues; en segundo que permi-
ta filtrar fácilmente los liquides; y en ün, que conten-
ga la menor cantidad posible de sustancias orgánicas,
particularmente aquellas que son solubles en los líqui-
dos ácidos ó alcalinos.
Hay en Suecia una fábrica de papel situada al la-
do de una roca, de donde brota una agua purísima:
cuando el papel ha salido de la forma le dejan enfriar
en contacto de aquella atmósfera, que es muy fría; por
efecto de esta baja temperatura el agua aumenta mu-
cho de volumen, la celulosa se esponja, y se obtiene
un papel fino y poco pesado, que lleva el nombre del
ilustre químico sueco.
Desgraciadamente el que circula en el comercio
bajo dicha denominación no se parece en nada al de
Suecia; filtra con mucha mas lentitud que él; deja co-
mo residuo de la calcinación cerca de 0,3 por 100 de
21
cenizas, es decir, mas del doble que el de Berzelius;
y si á esto se añade la desfavorable circunstancia de
ceder á los ácidos trazas sensibles de cal, de magnesia
y de hierro, no podrá menos de conocerse la necesi-
dad que hay de mejorar todo lo posible el papel de
íiltro que ha de servir para análisis exactos, cuando
no sea posible adquirir el fabricado en el referido pun-
to. Se logra purilicarle en gran |)arte, dejándole en
raaceracion con ácido hidroclórico suficientemente
diluido; en seguida, se lava con agua destilada, hasta
que no preci|)ite con el nitrato de plata; y finalmente,
se le deseca y conserva para el uso.
Según dejamos consignado mas arriba, los filtros
"O deben esceder nunca de la altura del embudo; ade-
iiás añadiremos que deben ser cónicos y lisos, sobre
todo tratándose de análisis cuantitativos.
Es muy conveniente preparar con anticipación
cierto número de filtros de dii'erente grandor; para ello
Do hay mas que elejir el tipo de la dimensión que se
desea, el cual puede ser de cartón ó de hierro; colo-
carle sobre un pliego de papel y corlar al rededor.
Esto se consigue con mas prontitud haciendo uso del
<^orta-(illros de Mohr (liy. núm. \'i), el cual consiste en
v<i"' t3- una escuadra de
o hierro a h, h c: se
pliega en cuatro do-
bleces, de manera
que forme ángulo
L recto el pliego ú ho-
ja de papel, según
22
el tamaño tic la escuadra, que ha de servir para hacer
los filíros; y hecho esto, se introduce entre los bor-
des del instrumento; en seguida se coloca sobre el
filtro la placa de hierro B, exactamente de la misma
anchura que su análoga A, pero un poco mas corta
que ella, y se parte con las tijeras el [¡apel que esce-
de al arco de circulo a, c. Los filtros que se preparan
de esta manera tienen la misma dimensión, y apare-
cen perfectamente redondos. Los embudos no deben
ser seguidos, sino de paredes inclinadas, de manera
que formen «n ángulo de 00° al unirse las dos lineas
comprendidas desde el borde superior hasta la aber-
tura inferior de la vasija. La figura 11 representa en
H, un buen modelo de esta clase de embudos.
Como el eudiómetro se emplea con tanta frecuen-
cia en los análisis químicos, haremos en este lugar la
descripción de los principales eudiómetros de que nos
servimos en los laboratorios.
El mas sencillo y al propio tiempo el mas gene-
ralmente usado, es el que ha recibido el nombre de
eudiómetro para mercurio f/ig. núm. 1 4 / Consta de
^ ••'''•un tubo de vidrio muy resistente, al cual es-
tá sujeto un alambre de hierro terminado en
sus dos estremos por dos esferas metálicas: di-
cho alambre se halla perfectamente adherido á
la parle superior del tubo, y sirve para trasmi-
tir la electricidad en el espacio ocupado por el
I gas. Hay aderiiás otro alambre de hierro dis-
puesto en espiral, ([ue tiene una bolita también
metálica en la parle superior, y sirve para atraer
os
el Huido eléctrico que ha de determinar la combina-
ción. Cuando quiere hacerse uso de este eudiómelro,
se saca el alambre de hierro rolorcido en espiral, y se
llena el instrumento de mercurio, evitando la presen-
cia de burbujas de airo que pueden adherirse á las pa-
redes del tubo; hecho esto se introduce la mezcla
gaseosa medida con exactitud, y después el alambre,
hasta que la bola esté á la distancia de al^^unos milí-
metros de la esferita en (|ue termina, en el interior del
tubo, el otro alambre de hierro. La mezcla gaseosa de-
be ocupar con corla diferencia la tercera parle del
eudiómetro.
En tai estado, se cierra la abertura inferior del
eudiómelro con un tapón de hierro que entra á rosca,
ó bien con el dedo, con el objeto de evitar que salga
del aparato el gas que se dilata en el momento de la
detonación; en seguida se hace llegar al interior la
chispa eléctrica valiéndose de una botella de Leyden,
ó del platillo de un electróforo. Se produce un vivo
resplandor, y el mercurio asciende rápidamente para
reemplazar el vacio en el instante en que se abre la
eslremidad inferior del lubo.
Para apreciar la absorción producida, se hace pa-
sar el residuo gaseoso á un lubo graduado y se com-
para su volumen con el de la mezcla gaseosa antes de
la detonación.
Hay algunos eudiómetros que están divididos en
partes de igual capacidad, lo que permite medir los
gases en el mismo instrumento antes y después de la
tletonacion, evitando al propio tiempo la Irasvasacion
24
de los gases; pero estas graduaciones son laramenle
exactas, y además tienen el inconveniente de dismi-
nuir la resistencia del tubo.
El aparato que acabamos de describir no puede
emplearse en los análisis que deben ejecutarse ope-
rando sobre el agua: en electo, según dejamos dicho
es indispensable cerrar la abertura inferior del eudió-
melro; pero como después de la condensación del va-
por acuoso se forma necesariamente un vacio en el
interior del tubo, que determina el desprendimiento
del aire mantenido en disolución en el agua, resulla
que sería imposible apreciar el verdadero volumen del
residuo gaseoso, porque estaría mezclado con el aire
procedente del mencionado líquido. De manera (|ue
para analizar gases sobre el agua mediante el eudio-
metro descrito, es preciso dejar abierta la parle infe-
rior, é introducir dentro del tubo una cantidad tan
corta de gas que no pueda salir de él en el momonlo
de la detonación.
Gay-Lussac ideó una modificación al aparato des-
^^- crito, con la que se evita completamente la pér-
dida de gas y el desprendimiento del aire del
agua; está reducida á un tapón provisto de una
válvula que se abre de fuera á dentro, y que
permite la entrada al agua en el interior del tu-
bo cuando se produce el vacio, cerrándose en el
momento de la detonación. La figura número lo
representa la-4orma total de este instrumenlo.
Hay otro eudiómetro, llamado de Milsclier-
lich, por haber sido este célebre químico quien
le imaginó, el cual consiste en un tubo de vidrio re-
sistente, de unos oO ceiitinielros de longitud, abierto
por un lado y cerrado por el otro: su capacidad está
dividida en parles iguales. Cerca de su cslremidad
superior se liailan herméticamente soldados dos alam-
bres de platino, distantes en el espacio interior 3 ó 4
milímetros, y terminados por el lado eslerior en dos
esferas, de las (¡ue una tiene un ganchilo i|iie sirve
para lijar la cadena de cobre que comunica con la ar-
madura de una botella de Leyden.
La figura núm. lü da una idea exacta de este apa-
rato, indicando al pro-
pio íiempo al opera-
dor cómo debe prac-
ticar la combinación
de los gases mediante
la chispa eléctrica.
Hay ocasiones en que
en vez de la electrici-
dad se saca partido
del maravilloso efec-
to catalítico que po-
see el platino dividi-
do, para determinar la
unión de dos ó mas
gases en una mezcla
dada: en este caso
puede sustituirse el eudiómelro con un tubo de vidrio
de una capacidad conveniente, dentro del cual se in-
troduce el gas, y en seguida la bolita, con el platino en
26
esponja, sujeta á la eslremidad de un alambre del mis-
mo metal.
La figura número 17 representa el coiijuiilo d(!es
le aparato. Para prepararla bolita indi-
cada se empieza por obtener el musgo
de platino, calcinando el cloruro plalí-
nico-amonico en un crisol de porcela-
na; en seguida se loma una parte de él
y se incorpora con una pasta espesa,
formada de 4 partes de tierra arcillosa
con la suliciente cantidad de agua.
Hecho esto, se hacen bolas del grandor
de un gari)anzo, y se guardan en un
frasco adecuado; estas bolitas conden-
san dos milésimas partos del volumen del gas, lo cual
debe tenerse en cuenta al ejecutar los cálculos. Los
análisis en que especialmente se emplea este medio
-Vum. 18. son los de mezclas
de ácido carbónico,
nitrógeno, hidróge-
no y oxígeno.
Las lámparas de
alcohol son igual-
mente de un uso
constante en la ge-
neralidad de las ma-
nipulaciones anali-
ticas: hay varios
modelos de estos
aparatos; pero el
27
mejor du lodos es sin duda alguna el de Milscherlich,
que es el que représenla la adjunta figura número 18.
Su forma viene á ser análoga á la de un quinqué or-
dinario; A es un vaso de crislal invertido y cerrado
bermélicamente con un tapón de corcho, el cual tiene
en su centro una valvulila de latón terminada en una
espiga de lo mismo, por donde corre el liquido que
ha de alimentar la llama, inliilrándost! por los tubos
de algodón de la torcida situada en JJ; en dicho vaso
es en donde se halla conlenido el alcohol; C, es un
sistema de tubos ti jos á un receptáculo común liueco,
y terminados en soplete por la parle superior; y en
fin. I), es un cañón encorvado que enchufa con el re-
mate de la esfera hueca cilada, y sirve para peñeren
comunicación los sopletes, bien sea con un gasómetro
lleno de aire, ó simplemente con el fuelle de una lám-
para de esmaltar. Las principales ventajas que ofrece
esta lámpara sobre las demás, son: en primer lugar, la
de tener la llama una temperatura gradualmente cons-
tante, debido á la uniformidad de nivel del alcohol,
pues la altura del mechero //, coincide con la del pe-
queño depósito en donde se apoya la vasija A; y en
segundo, la de poderse conseguir una temperatura
elevadisima por el empleo de los tubos-sopletes, lo
cual es de una utilidad inapreciable en muchos casos,
con especialidad en el análisis de los silicatos.
Además de las conveniencias mencionadas, tiene
la de conocerse la cantidad de alcohol consumida, pa-
ra lo cual bastará examinar el depósito de crislal.
El vastago que sostiene las dos piezas que consli-
28
luyen esencialmoiile el aparato, tiene un anillo en la
parle superior ajustado á rosca; de manera (lue es
muy fácil colocar á voluntad, en la varilla metálica,
redondeles ó pinzas, según ([ue la vasija que se ha de
someter á la acción de la llama sea retorta, cápsula
ó crisol. Escusado es decir que las partes movibles de
esta lámpara se gradúan á la altura que se desea por
medio de los tornillos indicados en la citada figura.
Seguii veremos en lugar oportuno, el ácido carbó-
nico se aprecia cuanlilalivamente por diferencia, con
suma exaclituti, valiéndose del ingenioso apáralo in-
ventado por el distinguido químico Fresenius. Se
compone de dos matracitos de vidrio Á, y // (figura
núm. 19J, de un misino tamaño, pero este proporcio-
nal al de la balanza en que se ha de pesar el aparato.
.vu/«. ío. En cada uno de sus res-
pectivos cuellos entra uu
tapón de corcho muy
bien ajustado, y provisto
(le dos agujeros, que dan
paso á los tubos que po-
nen en comunicación los
referidos matraces. En
el señalado con la letra
A, se ve al tubo n b,
abierto por ambos estre-
mos, llegar hasta casi el
fondo; y en el matraz H,
se observa el tubo d,
abierto igualmente por los dos huios, pero introduci-
29
(lo en el corcho de tal manera que solo escede algu-
nas lineas fuera del tapón; y en lin, hay un tubo c,
encorvado en doble ángulo recto, y abierto por las dos
partes como los anteriores, que es el que verdadera-
niente establece la comunicación indicada entre los
dos matraces: dicho tubo está sumerjido algunas lí-
neas en el vaso A, mientras que por el contrario llega
hasta casi el fondo en el matraz H. Hay algunos casos
en que en ve* del liibo a h, introducido en lü vasija
^, os preciso poner oiro al)ÍPrlo taml)ieii, |)ero termi-
nado en embudo por la parle superior—La ligura
niimero 20 représenla el aparato modificado del modo
que dejamos dicho.
yum. 20. Siempre (jue un com-
puesto oxigenado de ar-
sénico se halla en presen-
cia del hidrógeno al esta-
do naciente, se efectúa
una reacción de la cual
resulta agua é hidrógeno
arsenical, reconocible por
ciertas propiedades ca-
raclerislicas que daremos
á conocer mas adelante
con toda la ostensión de-
bida. Teniendo presente
lisia reacción, un (¡uimico inglés llamado Marsh ideó
un aparato destinado á descubrir la presencia de este
líuerpo simple en las investigaciones médico-legales;
l>;d)iéndose generalizado de tal manera su uso, desde
30
aquella época, que hoy (lia no hay laboralorio en que
no figure con los dcmá.s de frecuente empleo. Es cier-
lo que el primer apáralo ha sufrido varias é importan-
tes modilicaciones, encaminadas |)rincipalmenle á ob-
tener el arsénico bajo la forma de anillo, ó al estado
de ácido arsenioso sólido ó en disolución; pero á pesar
de lodo, conserva el nombre del primitivo inventor.
Nosotros describiremos el aparato de Marsh, cons-
truido con arreglo á las indicaciones dadas por una
comisión de la Academia de Ciencias de París, com-
puesta de Thenard, Dumas, Boussingault y Uegnault.
La íigura núm. 21 representa funcionando el refe-
rido apáralo. A, es un frasco que sirve para recibir
/\'Um. 21.

las sustancias que han de originar el gas hidrógeno; ha


de ser de corlas dimensiones si no han de ocupar su
capacidad grandes cantidades de líquido, pero ha de
tener sin embargo la suficiente cabida para encerrar
todo el liquido de prueba y el necesario al esperimen-
to, dejando además un. vacío de i poco mas ó menos
de su capacidad total. Se introducen en dicho frasco
algunos pedazos de zinc en lámina, se añade agua
31
(leslilada, y se cierra después con un tapón tle corcho
que tiene dos agujeros: por el uno entra el tubo m n,
de 1 cenlimelro próximamente de diámetro, que sirve
para introducir el liquido, y cuyo estremo inferior
viene á quedar un poco mas abajo que el nivel del
agua. Al otro agujero se adapta un tubo encorvado en
ángulo recto a h c, con una bola en b, llena de algodón
enrama, i)ara condensar la mayor parte del agua ar-
rastrada por el gas; un tubo de vidrio c d, que contiene
amianto, tija las partículas de la disolución que pueda
llevar consigo la corriente gaseosa; y |)or último, otro
luboestrecho dfg, de unosB ó i decímetros de longitud,
y adelgazado en su eslremidad y, lerniina el apáralo.
Se principia produciendo un desprendimiento de
gas hidrógeno para espulsar el aire del ajiarato; des-
pués se calienta el tubo <//'//, en una longitud de 1
decímetro, poco mas ó menos, con algunas ascuas que
se colocan sobre una rejilla de hierro análoga á la
que sirve para los análisis orgánicos (1). Es conve-
niente que el tubo sea de vidrio poco fusible, pues en
el caso contrario sería menester envolverle en una lá-
mina delgada de latón para evitar que se deformara
por la acción del fuego. Una pantalla e, preserva del
calor la parte /(/, del lubo. El gas se enciende en el
orificio (/, y se continúa el desprendimiento de hidró-
geno durante algún tiempo, observando si se forma

( O Hav que Iciicr siitno ruiílaiii) en ni) iijiroximar el liicgo al lubo, liasta
cslar seguros de (|IK* va ha siilo ^'s|lll\^a(lcl Imlo el aire ilel ajiaraln; pues ile
lo conlrario se l'ormai'ia una me/.rla (Iclonarile (jiie orasifuiaria una esplosioi),
con grave riesj;» del tíjierador, / \ . liei A.)
32
algún (lepósilo en la parle anterior f <i; al propio tiíMii-
po se ve si pueden obtenerse raanclias sobre un pla-
(illo (le porcelana, á fin de cerciorarse de que las sus-
tancias empleadas para producir gas hidrógeno no
pueden dar por sí solas manchas arscnieales.
Además de los aparatos que llevamos descritos,
se montan de antemano algunos otros de empleo mas
frecuente, con el objeto de servirse de ellos cuando
sea menester, sin invertir en disponerlos el tiempo
que puede emplearse en la investigación analítica. En-
tre esta clase de aparatos (igura el que sirve, bien sea
para recojer el gas cloro seco, ó para hacerle pasar
bajo la misma forma á través de una sustancia dada.
La figura número 22, representa la disposición del
aparato. A, es el matraz en donde se introduce la mez-
yúm. 22.

ola que ha de producir el cloro; en su cuello ajusta her-


méticamente un corcho provisto de dos agujeros; por
uno pasa el tubo de seguridad en forma de S, y por
el otro un segundo tubo encorvado en doble ángulo
recto, que es quien conduce el gas al frasco de loción
35
B, en donde se despoja del ácido que pudiera arras-
trar procedente del vaso de producción. En dicho fras-
co hay, además del tubo que comunica con el matraz
A, otros dos abiertos como todos por ambos estremos;
el recto hace veces de seguridad, y el doblado entra
en el tubo grueso a h, lleno de cloruro calcico fundido
y partido en pedazos. Esta sal, muy ávida de agua,
deseca el gas, que pasa entonces por otro tubo al fondo
de un frasco C, de boca estrecha, previamente dese-
cado; el cloro, en virtud de su gran densidad, ocupa la
parte inferior, va llenando la capacidad del frasco, y por
consiguiente desalojando el aire atmosférico. Cuando se
cree que ya no se acumula mas, se cierra el frasco con
un buen tapón esmerilado, y se guarda para el uso.
Si en vez de recojer el gas se desea que reac-
cione á través de un líquido, no hay mas que susti-
tuir el vaso C con el malracito ó tubo de ensayo, que
contenga la sustancia sobre que ha de actuar.
Otro de los aparatos que siempre hay que tener mon-
V,¡«>. 2 - tados al empezar la serie
de operaciones que exijen
los análisis cualitativos y
cuantitativos, es el que ha
de producir el hidrógeno
sulfurado. Consta,como lo
demuestra lafiguranúme-
ro 23, de un matraz en
donde sehallanloscuerpos
que han de originar dicho
gas; un corcho b aguje-
34
reado cierra la abertura de esta vasija, dando paso por
uno de los orificios á un tubo de seguridad, y por el se-
gundo á olro doblemente encorvado, que es por donde
se dirije el súlfhido-hídrico al frasco de loción. Este
tiene tres bocas: una soporta al tubo que acabamos de
citar; la inmediata recibe otro de seguridad; y por úl-
timo, en la tercera encaja el tubo encorvado en doble
ángulo recto que trasmite el gas dentro de la vasija
que contenga el líquido á través del que ha de pasar
el hidrógeno sulfurado.
Es también muy frecuente en los análisis cuali-
tativos averiguar si la sustancia que se ensaya es,
por ejemplo, un óxido metálico, en cuyo caso se la so-
mete á la acción de una corriente de hidrógeno para
reducir el metal y estudiar en él sus propiedades ca-
racterísticas. Para semejante ocasión es conveniente
el tener dispuesto un aparalito igual al que indica la
figura número 24. Según se ve, consta de un frasco
y¿m. 24.

con dos tubuluras, «n donde se ha de introducir el


zinc, agua y ácido sulfúrico que han de dar origen al
gas hidrógeno; en la boca central hay un corcho por
33
el cual atraviesa un tubo terminado en embudo por la
parle superior; otro corcho, que cierra igualmente la
abertura del costado, da paso al tubo encorvado que
va á parar á un tercero de mayor diámetro, dentro
del que se halla el cloruro calcico, fundido y en pe-
dazos, para desecar el gas; y en fin, el aparato ter-
mina en un tubo a h, que tiene una bola en A, con
el cuerpo que se supone ser un óxido metálico, de los
de la 3.' sección en adelante. Aqui, como en el apa-
rato de Marsh, se deja salir previamente el aire antes
de calentar con la lámpara de alcohol, que se ve en la
presente figura colocada debajo de la bola A. Por lo
regular se hace uso en la ocasión supuesta de un tubo
recto con varias bolas análogas á la indicada por A, dis-
tantes algunos cenlimetros unas de otras, y que sirven
para condensar el agua formada: terminada la opera-
ción se cierra ala lámpara la bola A por las partes adel-
gazadas by c ((ig. núm. 25^, y se pesa, haciendo lo mis-
^'„m. 2á. rao con las bolas que con-
tienen el agua condensada.
-. El ácido sulfúrico que se
emplea en la generalidad
de las operaciones analíticas es destilado y natural-
mente puro; pero como quiera que la destilación de
este cuerpo ofrece bastante peligro á causa de los so-
bresaltos que produce el liquido en ebullición, de ahí
el que creamos conveniente indicar en este sitio las
modificaciones que ha de sufrir el aparato destilatorio
ordinario. La ebullición es sin duda alguna mas re-
gular introduciendo en el liquido algunos alambres
de platino, pero oslo no es bastante para impedir el
peligro indicado; puede sin embargo verificarse la
operación que nos ocupa sin riesgo alguno calentando
el líquido lateralmente, en vez de hacerlo por la parte
inferior comode costumbre. Con este objeto se coloca la
retorta sobre una rejilla anular de alambre grueso de
hierro, según se ve representado en la figura núm. 26.
lYiim. 2f).

El carbón está dispuesto al rededor de la vasija, y el


fondo de ella queda libre. Para impedir la condensa-
ción de los vapores, en la parte superior déla retorta,
se cubre esla con una montera A de palastro ó de hoja
de lata, que queda sentada sobre el hornillo de alam-
bre, y tiene una escotadura por donde pasa el cuello
de la retorta. Nosotros hemos conseguido un resultado,
completamente satisfactorio, envolviendo la retorta
hasta el cuello en una banda de lela metálica, de te-
jido espeso, y colocándola en tal disposición sobre un
crisol de asiento dofllro de un hornillo á propósito;
en seguida conducimos con el debido cuidado la ac-
ción del calor, hasta tanto que principió la destilación
37
del líquido, la cual se terminó sin el menor sobre-
sallo. Es muy úlil el saber preparar los lubilos de
goma elástica que sirven para unir entre si los tubos
comunicantes de varios aparatos. Para conseguirlo
basta tomar una varilla de vidrio de un diámetro pro-
porcional al que ha de tener el tubo; en seguida se do-
bla sobre él una lámina de goma elástica, y con unas
tijeras largas bien limpias y afiladas se corlan los dos
bordes paralelos. La figura número 27 representa el
iVíwi. 27. momento de eje-
cutar cuanto de-
jamos dicho: 6 es
el tubo que sirve
para modelar el
cañoncito de go-
ma elástica, y a indica la altura que generalmente han
de ofrecer los dos estremos de la referida lámina en
el acto de dividirla con las tijeras: verificado el corle
se sueldan los bordes recientes, para lo cual no hay
mas que juntarlos en toda su estension y compri-
mirlos.
Según veremos en otro lugar, el mercurio se de-
termina casi siempre cuantitativamente al estado me-
tálico ; asi que para separarle de sus compuestos, y
hajo condiciones tales que pueda pesarse exactamente
el metal, es preciso disponer un aparatito análogo al
indicado por la figura núm. 28; á cuyo efecto se toma
'>'«'"• 28- un tubo a b áe vi-
A <^ ^ drio, poco fusible,
'\z^/ y semejante á los
Ó8

que se emplean en el análisis de las sustancias orgá-


nicas ; se trabaja á la lámpara una de sus estreraida-
des, dándole la forma de ampolla A, entre dos parles
adelgazadas; en seguida se introduce un poco de
amianto en a, se echa después cal viva, se coloca
en c la sustancia pesada con mucha exactitud, y se
acaba de llenar el tubo con cal. Terminada la opera-
ción se separa la ampolla i4, y se pesa con el mercu-
rio que contiene.
Terminaremos el presente capítulo diciendo dos
i\'ám. 29. palabras acerca de las vasijas destinadas
para ejecutar los análisis por medio de
líquidos normales. Dichas vasijas son: pri-
meramente, una botella A (fig. núm. 29j,
de la cabida de un litro hasta la señal
indicada por «; después un vaso cilindrico B (fig.
Nüm. 30. núm. 30^, que tiene uu pico en el borde su-
perior para verter cómodamenle el líquido
que contenga; se hace uso igualmente de
una campana de vidrio C f/i^f. núm. 31 j ,
cuya capacidad es de f litro hasta donde marca la
letra 6; sigue una pipeta Z> {^g. xma. 32j, construida
¿v«/n. 31. de tal modo, que desde a hasta y puede con-
tener un volumen de líquido igual á 50 cen-
tímetros cúbicos: el líquido de esta bom-
billa se recibe en un vaso cilindrico E (fig.
núm. 33j, de fondo plano; y finalmente, se
emplea cotí el mismo objeto una vasija de vi-
drio de una forma particular, á la que llama-
remos Imrda, del nombre francés que le ha
39
(lado su inventor. Se compone de un tubo de vi-
drio a b (fig. núm. 34J, de 12 á 14 milímetros de diá-
<V«Hi. 3 2 . Núm. 53.

metro interior, que lleva soldado por un estremo otro


tubo c d, mas estrecho, encorvado paralelamente al
primero, y después hacia su eslremidad en forma de
pico. Este pequeño vaso se halla dividido en mitades
de centímetros cúbicos, habiéndose trazado la divi-
sión inversamente: esto es, principiando en la parte
superior, donde se marca el cero, y continuando en
orden descendente.
eAPlTlIL.O I I .
De los reactivos mas frecucntemenle usados en la
análisis química.

La colección de reactivos que ha de tener el


químico á sü disposición no debe ser muy numerosa.
Basta en la generalidad de los casos con los siguientes.

i
ÁCIDOS. BASES. SALES.

Hidroclórico. Potasa. Carbonato amónico; carbonatn


sódico; sulfuro potásico; persuUuro
Sulfúrico. Cal. amónico; cloruro bárico; nitrato ar-
géntico; ferrocianuro potásico; l'cr-
Sulfhídrico. Barita. ricianuro potásico; oxaiato amónico,
sulfato ferroso; fosfato sótJico; clo-
Nítrico. Amoniaco. ruro férrico; cloruro cstaunoso; clo-
i Acético. ruro áurico; cloruro platínico; acc-
tatoplúmbico; acetato Iri-plúmbtco;
1 Hidro-fluo-silicico. sulfocianuro potásico.

Hay necesidad además de una coleccioncita de


metales laminados; otra de papeles reactivos; y en
lin, de los disolventes ordinarios, tales como el agua
destilada, alcohol y'éter.
Acido hidroclórico. Debe ser incoloro; evaporado
sobro una lámina de platino, no ha de dejar residuo
alguno. Sirve, no solamente para disolver un gran
número de cuerpos, sino también para dosizar (1) la
plata y el mercurio; la primera al estado de cloruro
argentino, y el segundo al de cloruro mercurioso,
ambos insolubles; fuera de estos dos y el de plomo, que
también es poco soluble, todos los demás cloruros se
disuelven mas ó menos en un esceso de ácido hidro-
clórico; dicho cuerpo sirve además para preparar el
cloro que se emplea en la análisis cuantitativa del
manganeso. Suelen impurificar á este ácido las sales del
agua empleada para absorverle; el ácido sulfúrico y
el sulfuroso, materias colorantes de origen orgánico
y hierro en estado de cloruro. Las sales fijas se cono-
cerán evaporando una corta cantidad sobre una lá-
mina de platino; el ácido sulfúrico ensayando con el
cloruro bárico una pequeña porción del ácido previa-
mente diluido, y el sulfuroso se reconocerá introdu-
ciendo en un matraz, á propósito, el ácido dilatado en
agua, tratándole en seguida por cloruro de bario,
filtrando rápidamente para separar el precipitado que

(i) Entre las infinitas voces Iticnicas referentes ú las ciencias químicas _v
atlinilidas en el Idíutiia francés, cuja equivalencia no se halla consignada aún
en nuestro diccionario de la lengua, figura la palabra cioser, verbo derivado de
dose (dosis), que significa en el lenguaje químico, determinar cuantitativa-
mente la proporción en que existe una sustancia duda, F.n visla de cslo» y
siéndonos indispensable el servirnos de uno frase española, análoga, para espre-
sar la referida idea en lodo el eurso de csla obra, liemos adoptado ia palabra
dosizary verbo formado de la voz latina dosis; fundándonos para ello en que
siempre que se trata de indicar un sustantivo en acción, se añade á la raíz I-'»
terminación zar^ mencionada; v. g. t\c ptihere. pulverizar; de cauterio, ran!e-
ri/ar, etc. (Y. del A.)
42
pueda formarse á consecuencia del ácido sulfúrico
(eu el caso de existir), y luego vertiendo ácido nítrico,
ó haciendo pasar una corriente de cloro en el seno
del líquido filtrado; por cuyo medio el ácido sulfu-
roso pasará á sulfúrico, el cual actuará sobre la sal
bárica produciendo el precipitado característico. Hay
otro método encaminado al mismo fin, que es preferi-
ble al anterior: consiste en introducir zinc puro y en
granalla dentro de una cierta cantidad del ácido que
se trata de ensayar, y en seguida dirigir á través de
una sal de plomo el gas resultante de la reacción:
si el cuerpo eo cuestión contiene ácido sulfuroso, se
producirá hidrógeno sulfurado que ennegrecerá la
disolución de la sal de plomo. En efecto, cuando el
ácido hidroclórico es puro, solo se desprende hidró-
geno al mismo tiempo que se origina cloruro del zinc;
pero si hay algo de ácido sulfuroso, una parte del
hidrógeno reacciona sobre él, dando lugar á agua,
mientras que otra se combina con el azufre y forma
hidrógeno sulfurado, que en presencia de la sal de
plomo constituye el sulfuro de plomo, que es quien
comunica el color negro que ofrece el líquido.
Ecuación: dHa-\-SO'-\-3Zrv=3ZnCl-\-iHO-\-HS.
El hierro se reconoce, tratando un poco del ácido
diluido por el sulfocianuro potásico, ó por el ferro-
cianuro de la misma base.
Después de haber eliminado de un ácido hidrocló-
rico impuro, el gas átido sulfuroso, se destila con las
precauciones debidas, recojiéndole sobre agua quími-
camente pura: las materias fijas quedan en el vaso
13
destilatorio. Si además del referido gas contuviera
algún otro cuerpo volátil, lo mas racional será prepa-
rarle directamente siguiendo el procedimiento des-
crito en todos los tratados de química.
Acido sulfúrico. Además de ser este cuerpo como
el anterior un poderoso disolvente, sirve para dosizar
la barita, la estronciana, el plomo y la cal; pero es
indispensable alcoholizar el líquido en este último ca-
so, porque el sulfato de cal es soluble en el agua. Las
impuridades que suelen acompañar á este ácido son:
compuestos nitrosos; sulfatos de plomo y de hierro;
sales del agua común, ácido arsenioso; y sustancias de
origen orgánico, que le ennegrecen. Las materias fijas
se observarán evaporándole hasta sequedad, según
dejamos dicho anteriormente; y respecto de las volá-
tiles, se reconocerá el ácido nitroso por medio del
permanganato de potasa, que se decolora al contado
de él; el ácido crómico, en presencia de un ácido sul-
fúrico que contenga el nitroso, adquiere un color ver-
de de sexquióxido de cromo; el sulfato puro de narco-
lina y brucina producen un color rojo de sangre en
presencia de dicho cuerpo; y en fin, una corta canti-
dad de este ácido impuro, al contacto de un poco de
sobreóxido de plomo y estricnina, comunica al todo
un color de violeta. El mejor reactivo es el sulfato
ferroso, que origina una coloración violeta, la cual
desaparece al contacto del agua.
El arsénico se reconocerá introduciendo el ácido
sospechoso en el aparato de Marsh, con zinc quími-
camente puro.
44
El plomo diluyendo el ácido, y liatándolc con t»i-
drógeno sulfurado; y el bierro de la misma manera
que hemos indicado mas arriba.
Por medio de la destilación se le priva al ácido
sulfúrico de todas las materias fijas. Esta operación de-
be practicarse con sumo cuidado, valiéndose del apa-
rato especial, y observando las precauciones de que
hemos hablado en lugar oportuno. Para privarle de los
compuestos nitrosos, que solo pueden ser los corres-
pondientes á estas fórmulas: NO^,NO^,NO\ en razón
á que los otros dos son insolubles en el ácido sulfúri-
co, se destilará con sulfato ferroso, ó mejor aún con
el sulfato amónico: en este último caso se forma agua
y se desprende nitrógeno.
Acido sulfhídrico. El agua saturada de este gas se
emplea con frecuencia para precipitar ciertos metales
al estado de sulfuros, que ofrecen generalmente colo-
raciones características. Se prepara haciendo pasar el
gas bien lavado y resultante de la reacción del ácido
sulfúrico diluido, ó el bidroclórico, sobre el sulfuro
de hierro artificial, á través de agua destilada y her-
vida. Este reactivo debe conservarse al abrigo del
aire.
Acido nítrico. Entre los varios usos que de este
cuerpo se hacen en química analítica, figura el impor-
tante de diferenciar por medio de él un sulfato de un
fosfato. En efecto, trasformadas al estado de sai inso-
luble por medio de laiarita estas dos oxisales, resul-
la que tratados ambos precipitados por el ácido nítri-
co , el fosfato se disuelve en dicho líquido mientras
45
que el sviKalo permanece intacto, cnya circunstancia
es en casi lodos los casos suficiente para distinguir los
mencionados géneros de sales.
Las iinpuridades que con frecuencia le acompañan
son; sales del agua común, ácido hidroclórico, sulfú-
rico y compuestos nitrosos. Las materias fijas se reco-
nocerán evaporando una corta cantidad sobre una lá-
mina de plalino; los ácidos hidroclórico y sulfúrico,
tratando separadamente una porción del ácido diluido
en agua destilada, por medio del nitrato argéntico y
del nitrato bárico; y en fin, los compuestos nitrosos,
ensayando sobre él la acción del agua saturada de hi-
drógeno sulfurado, del ácido yódico, del añil y del
sulfato ferroso. El ácido nítrico puro no precipita el
azufre de la disolución del sulfhido-hidrico, ni el yodo
del ácido yódico; no decolora el añil, ni forma en pre-
sencia del «ulfalo ferroso el compuesto café, que pasa
á violeta con el ácido sulfúrico; y por el contrario, el
ácido nítrico que contenga combinaciones nitrosas da-
rá origen á las reacciones indicadas.
Puede purificarse destilándole en primer lugar
con sulfato ferroso, y después con óxido argéntico: el
vitriolo verde le priva de los compuestos nitrosos,
particularmente del ácido nitroso; de los otros se le
despoja fraccionando el producto en el acto de la des-
tilación. El óxido de plata se apodera del ácido sul-
fúrico y del cloro en virtud de la reacción consabida,
constituyendo dos sales fijas que quedan como resi-
duo en el vaso destilatorio.
Acírfo acético. Se emplea especialmente para se-
46
parar onlre sí ciertos fosfatos, como por ejemplo el de
hierro, que no es soluble en este ácido: las impurida-
des que suele contener son semejantes á las que acom-
pañan alguna vez al ácido hidroclórico, y se recono-
cen por los mismos medios que dejamos consignados.
Se le purifica ])or destilación de las sustancias fijas y
del ácido sulfuroso, que es el cuerpo volátil que mas
comunmente le acompaña, trasformándole en sulfúri-
co en virtud de ciertos sobreóxidos, tales como el de
manganeso y de plomo, que al ceder una parte de su
oxigeno quedan en disposición de unirse al ácido pro-
ducido, originando uñ sulfato fijo. Para conseguir este
objeto se deja en digestión el ácido impuro con el
óxido singular, y luego se destila.
Acido hidro-fluo-silicico. Sirve para caracterizar la
potasa; suele contener sílice, lo cual se conoce á la
simple vista. En este caso bastará filtrarle por papel
Berzelius para despojarle del citado cuerpo.
Potasa. Se usa para precipitar los óxidos metáli-
cos y redisolver algunos de ellos; se emplea igual-
mente para eliminar el amoniaco de sus combinacio-
nes, absorver ciertos gases, y en fin, para saturar los
ácidos libres.
Cuando se quiere averiguar la cantidad de agua
que contiene una potasa dada, se toma un peso deter-
minado de ella, se introduce en un crisol de piala, y
se calienta al rojo durante diez minutos: pesada se-
gunda vez con las precauciones debidas, se observará
una diferencia que representará el agua perdida. Lue-
go es sumamente sencillo, en vista de este dalo, ave-
47
riguar la proporción de potasa real que existe en 100
parles del hidrato ensayado.
La potasa no debe fundirse en vasijas de vidrio ni
en las de porcelana, en razón á que disuelve la sílice
de ambas.
Las impuridades que suelen hallarse en dicho ál-
cali son: el cloruro, sulfato, carbonato y nitrato po-
tásicos; alúmina, sílice, materia colorante, óxidos de
hierro, manganeso, plomo, cobre y plata. El cloruro
se reconoce sobresaturando una corta porción de po-
tasa con el ácido nítrico puro, para lo cual se tantea
el estado del liquido haciendo uso del papel reactivo;
luego se trata por el nitrato de plata, y para el sulfa-
to por el cloruro bárico. La sílice se precipita asocia-
da con la alúmina cuando se satura por un ácido el
álcali que contiene estas dos tierras; para separar
después una de otra puede hacerse uso de la potasa,
que redisuelve la alúmina, y no tiene acción en frió
sobre la sílice, ó bien valiéndose del ácido hidroclóri-
co, que forma un cloruro soluble con la primera, y
deja aislada la segunda. Los óxidos metálicos se des-
cubrirán valiéndose del súlfhido-hidrico y de los sul-
fures alcalinos. El hidrógeno sulfurado precipitará el
plomo, cobre y plata, y los sulfures al hierro y al
manganeso; la plata se caracteriza por otra parte con
suma facilidad, neutralizando con ácido nítrico una
corta porción de potasa, diluyendo en agua el com-
puesto resultante, y añadiendo unas gotas de ácido
clorhídrico: si el líquido adquiere un aspecto opalino
que desaparece por el amoniaco cáustico, podemos
48
oslar seguros de que existe dicho cuerpo. Respecto de
la manera de caracterizar y separar entre sí los de-
más metales, nos ocuparemos de ello con toda deten-
ción al hablar de la análisis cualitativa propiamente
dicha.
Para privar á la potasa de todos estos cuerpos se
la deja en digestión con alcohol puro y concentrado,
el cual tiene la propiedad de disolverla y dejar, como
residuo, á las demás sustancias: por consiguiente, de-
cantando el digeslo, y fundiéndole después en una va-
sija de hierro perfectamente limpia, obtendremos la
potasa en buen estado de pureza.
Liebig dice, y con razón, que supuesto que se em-
plea en los laboratorios la potasa en disolución, es
inútil el tomarse la molestia de fundirla; por lo tanto
aconseja introducir en un frasco una parte de carbo-
nato potásico bien puro, otra de cal cáustica, y 12 de
agua destilada y hervida: esta mezcla se agita varios
dias, precipitando el esceso de carbonato ó de cal por
medio de este cuerpo, en el primer caso, y por el ál-
cali carbonatado en el segundo.
Cal. Sirve para preparar el agua de cal que se
emplea para caracterizar los carbonates solubles, el
ácido carbónico Ubre, y especialmente el oxálico.
Suele contener cloruro calcico y hierro: el primero
se descubre tratándola por ácido nítrico en esceso, y
luego ensayando con el nitrato de plata; el hierro se
reconoce por los reaoíivos dichos anteriormente. Para
purificarla de este cuerpo se trata la cal en esceso con
ácido nítrico, y en seguida se calcina el nitrato bási-
40
<io; el hierro es desalojado por la cal, el nitrato se
descompone y d(íja el álcali terreo por residuo.
El mejor medio de eslingiiir la cal, consiste en in -
Iroducir dentro de una vasija, casi llena de agua des-
tilada y caliente, un pedazo de cal viva, mantenién-
dole dentro del líquido hasta tanto que se desprendan
pocas burbujas de aire, lo cual es indicio de que éste
ha sido rcvímplazado por el agua: hecho eslo, se pul-
veriza rápidamente el hidrato, y se coloca dentro de
un frasco casi lleno de agua destilada fria; se cierra
con un tapón esmerilado, se agita durante algún tiem-
po, y por último se deja en reposo.
Barita. Calcinando á una temperatura roja el ni-
l'alo de esta base dentro de un crisol de porcelana,
se obtiene la barita cáustica, con la que se prepara el
agua del mismo nombre, operando de la manera dicha
í'espccto de la cal. Sirve para reconocer el ácido car-
bónico, y precipitar ciertos metales al estado de óxido.
A.moniaco. Sirve para disolver el cloruro de plata,
precipitar y reedisoiver ciertos óxidos, y en fin, para
earacterizar las sales de cobre. ¡So debe precipitar por
'as sales de barita ni por el nitrato de plata.
Carbonato amónico. Se emplea particularmente
para distinguir los álcalis de los óxidos tórreos y al-
ealino-térreos.
Carbonato sódico. Su uso es análogo al del ante-
rior: puede purificarse el del comercio formando una
disolución muy concentrada, y haciendo atravesar por
ella una corriente, en esceso, de ácido carbónico; se
precipitan cristales de bicarbonato de sosa, los cuales
4
50
calcinados en un crisol de plata, dejan el carbonato
neutro por residuo.
Sulfuro potásico. Debe cuidar muy especialmente
el químico de que el sulfuro alcalino, reactivo, no con-
tenga cantidad alguna de óxido; pues de lo contrario,
al propio tiempo que se precipitarla el metal al esta-
do de sulfuro en una análisis determinada, obtendría
cierta cantidad bajo la forma de óxido, lo ( ual indu-
cirla á un error notable. Se obtiene haciendo pasar
una corriente de hidrógeno sulfurado á través de una
disolución dQ potasa: puede aprovecharse el gas res-
tante para formar el sulfuro de sodio y de amonio.
Pelouze prefiere sustituir el sulfuro potásico por el só-
dico, obtenido haciendo atravesar el gas sulfhídrico
por la legia de jaboneros; se producen unos cristales
amarillentos que se disuelven en agua, y cuyas cris-
talizaciones, dos ó tres veces repetidas, dan por resul
tado el sulfuro perfectamente puro.
Sulfuro amónico. Su uso es análogo al de los an-
teriores. Sirve para disolver varios sulfures electro-
negativos, y precipitar bajo la combinación binaria
susodicha á todos aquellos metales que no lo efectúan
en presencia del hidrógeno sulfurado.
Cloruro bárico. Suele contener hierro, lo cual se
reconocerá por los medios ya mencionados; se le pri-
va de él vertiendo una cantidad proporcional de sul-
furo bárico. Se emplea con especialidad para dosizar
el ácido sulfúrico. •
Nitrato argéntico. Sirve para reconocer la existen-
cia de un cloruro, y averiguar la cantidad en que fi-
51
gura el cuerpo helógeno en una sustancia dada. El
cuerpo que generalmente le acompaña es el cobre;
para descubrirle, se trata cierta porción del nitrato
sospechoso por un poco de amoniaco cáustico, ó mejor
aún por el ferrocianuro potásico; en el primer caso
tomará el liquido un \iso mas ó menos azul, según
haya poco ó mucho cobre; y en el segundo, se teñirá
de un color rosáceo el precipitado correspondiente al
cianuro doble, el cual debe de ser perfectamente blan-
co cuando el reactivo es puro. Puede separarse el co-
bre calcinando hasta fusión sostenida el nitrato doble,
y tratando por agua el residuo dejado previamente
enfriar, üe los dos nitratos, solo el de plata es inalte-
rable á aquella temperatura, mientras que el de cobre
se descompone dejando aislado el óxido cúprico: por
consiguiente, tratando el lodo por agua ésta disolverá
el nitrato argéntico, y el cobre quedará sobre el filtro.
Ferrocianuro potásico. Este reactivo procede ge-
neralmente del comercio, en donde le obtienen ha-
ciendo pasar una corriente de aire (privado de su oxí-
geno mediante un cuerpo combustible) á través de
una mezcla de carbón impregnado de potasa y calen-
tado al rojo. Se forma una gran cantidad de cianuro
potásico, que combinado después con el hierro, pro-
cedente casi siempre del sulfato ferroso que se añade
al compuesto anterior, en el segundo período de la
operación, constituye la sal que nos ocupa. Sirve pa-
ra precipitar los metales al estado de cianuros dobles,
originando en la mayor parle de los casos precipita-
dos característicos.
52
Ferricinnuro potásico. Sometiendo el ferrocianuro
potásico, en disolución concentrada, ala inQuenciade
una corriente de cloro, hasta tanto que deje de comu-
nicar á las sales férricas el hermoso color azul de pru-
sia tan conocido, se precipitan unas escamas verde-
rojizas perfectamente solubles en el agua. Este cuer-
po, descubierto por el célebre Gmclin, profesor de
química de Heidelberg, tiene la notable propiedad de
ocasionar en presencia de las sales ferrosas la colo-
ración azul de prusia, que las férricas producen con
el ferrocianuro potásico; mientras que no ejerce ac-
ción alguna al contacto de un compuesto de hierro ad
máximum: de aquí el que este reactivo sea de un uso
importantísimo en las análisis de las aguas ferrugino-
sas, en razón á que casi todas son á base de carbona-
to ferroso. También es un reactivo precioso para re-
conocer las sales de zinc, con las que origina un pre-
cipitado amarillo: lo cual es sumamente distintivo;
pues sabido es que la generalidad de los precipitados
resultantes de la acción de otros varios cuerpos sobre
las referidas sales, son completamente incoloros.
Oxalato amónico. Neutralizando la disolución en
agua destilada del ácido oxálico puro, por medio del
carbonato amónico, hasta tanto que no se desprenda
ácido carbónico, y evaporando después á un calor
suave, resultan al cabo de cierto tiempo unos crista-
les prismáticos, que son el reactivo de que hablamos.
Sirve particularmente para caracterizar las sales de
cal, con cuya base forma un compuesto muy insolu-
ble en el agua.
53
Sulfato ferroso. Como las sales ferrosas pasan con
lanía facilidad á férricas en presencia del oxígeno at-
mosférico, resulta á menudo que este reactivo se ha-
lla mezclado con el pcrsulfato, lo cual es un inconve-
niente que debe precaverse. El mejor modo de elimi-
nar la mayor parle del sulfato férrico formado, y de
poner al abrigo de dicha alteración el ferroso, consis-
te en escojer entre cierta cantidad de esta sal los cris-
lales mas homogéneos y de color verde esmeralda
claro; introducirlos después de partidos dentro de un
frasco que contenga ácido sulfúrico y alcohol: agita-
dos en el seno de este liquido hasta tanto que su di-
solución no i)roduzca el color rojo de sangre al con-
lacto del sulfocianuro potásico, se lavarán con alco-
hol, y finalmente, se guardarán dentro de un Irasco
que cierre bien, pero después de haberlos cubierto
con una capa de aceite.
El sulfato ferroso se emplea para reducir ciertos
metales y caracterizar los compuestos nitrosos, según
dejamos dicho en otro lugar.
Fosfato de sosa. La sal estraña que generalmente
adultera á este reactivo es el sulfato de sosa. Para re-
conocerle se trata por cloruro bárico, y el precipitado
obtenido se somete á la acción del ácido nítrico con-
centrado; si no se disuelve completamente es sulfato
de barita, y por lo tanto contiene sulfato de sosa. Sir
ve para caracterizar la magnesia.
Cloruro férrico. También se usa como reactivo.
Se obtiene directamente.
Cloruro estannoso. Disolviendo el metal en grana-
54
lia y puro, en ácido hitlroclórico hirviendo, al cual se
haya añadido previamente un poco de ácido nítrico
con el objeto de acelerar la reacción, se obtienen por
evaporación unos cristales octaédricos y voluminosos
correspondientes al cloruro estannoso: si la disolución
es muy acida, esta sal se precipita bajo la forma de
láminas micáceas y brillantes.
Dicho reactivo tiene la propiedad de reducir com-
pletamente un gran número de óxidos, tales como los
de antimonio, zinc, mercurio y plata; su empleo mas
principal es para caracterizar el oro, en cuyas sales
produce un precipitado purpúreo conocido con el nom-
bre de púrpura de Cassius.
Cloruro áurico. Como todos los reactivos son re-
cíprocos, resulta que á su vez el cloruro de oro ser-
virá para caracterizar el estaño ai estado de sal ad
mínimum. Se emplea también esta sal haloidea para
indicar la presencia del óxido nítrico y de otros cuer-
pos que reducen al cloruro de oro, aislando á éste de
su combinación. Obtiénese disolviendo una parle de
oro laminado en la correspondiente cantidad de agua
regia, constituida por una parte de ácido nítrico y tres
de hidroclórico; verificada la disolución se evapora
gradualmente para eliminar el esceso de ácido, evi-
tando todo lo posible el que la temperatura sea mayor
de la necesaria al indicado objeto, pues de lo contra-
rio quedaría convertida la sal en cloruro auroso.
Cloruro platínico.. Se prepara disolviendo el me-
tal en grano, ó lo que es mejor, los restos de los criso-
les de platino, en agua regia formada de la misma ma-
55
llera que respecto del de oro; se evapora hasla se-
quedad á un calor suave, y finalmente se disuelve en
agua. Suele contener iridio, el cual se reconoce por
medio de la potasa ó ei amoniaco, que dará origen á
uii precipitado amarillo correspondiente al cloruro
doble, pero teñido de color rojizo. Para eliminar este
cuerpo se calcina el cloruro impuro, y luego se trata
por el agua regia diluida, que se apodera del platino
y apenas tiene acción disolvente sobre el iridio.
Además de emplearse este cuerpo como reactivo
de las sales de potasa, sirve para dosizar el nitrógeno
de las sustancias orgánicas (previamente convertido
en amoniaco) al estado de cloruro doble de amonio y
de platino.
Acetato neutro de plomo. Este cuerpo se prepara
en grande, tratando el litargirio por el ácido acético
en esceso, ó bien haciendo actuar el vinagre con el
plomo en granalla; el plomo se oxida, y luego se une
al ácido. Tiene varios usos; el mas importante es para
caracterizar el hidrógeno sulfurado ó un sulfuro solu-
ble.
Acétalo triplúmbico. Se obtiene evaporando á un
calor conveniente 30 partes de agua, 1 de óxido de
plomo y 10 de acetato neutro: tiene la propiedad de
precipitar la goma, las materias eslraclivas, etc. En
esta circunstancia está fundado particularmente su
uso.
Sulfocianuro potásico. Resulla, bien sea calci-
nando el ferrocianuro potásico anhidro con la flor de
azufre, ó fundiendo el cianuro de la misma base con
56
dicho cuerpo simple. Se emplea en especialidad para
caracterizar las sales férricas, á las que comunica un
hermoso color rojo de sangre arterial.
Papel de tornasol. Se disuelve la materia colorante
en agua destilada, y se coloca en una cápsula; en
seguida se cortan tiras de papel satinado y se pasan
á través de la disolución, desecándolas acto continuo
en sitio libre de emanaciones acidas y alcalinas;
cuando está seco se prepara el enrojecido echando en
una copa ordinaria una gota de ácido sulfúrico y casi
llenándola luego de agua destilada; en tal disposición
se volverá á Introducir el papel en este liquido, dese-
cándole después de la manera dicha.
En casi lodos los establecimientos de producios quí-
micos se encuentran ya hechas y perfectamente acon-
dicionadas, en sus correspondientes neceseres de ma-
dera, las colecciones de reactivos de cuyos porme-
nores nos acabamos de ocupar: esto es muy ventajoso,
por cuanto ahorra un tiempo no corto que puede uti-
lizarse en otro trabajo de mayor interés. Sin embargo,
nunca es completa la economía de tiempo en razón
á que es preciso cerciorarse de la bondad de las sales
antes de servirse de ellas, á menos de tener una fe
absoluta en su pureza, emanada de la confianza que
inspire el laboratorio de donde procedan. En esle
caso se hallan las colecciones de reactivos preparados
en la fábrica de productos químicos situada junto á
Chamberí, por el lado^del camino de Francia, y diri-
jida por el distinguido profesor de química docimás-
lica D. Luis de la Escosura.
57
Nosolros hemos tenido ocasión de ensayar uno por
uno los referidos cuerpos, y no dudamos en alirraar
<l«e nada dejan que apclecer respecto de su pureza.
En el citado establecimiento se hallan igualmente los
apáralos Y utensilios necesarios para practicar toda
clase de operaciones químicas.

CAP1T1JL.O 111.

Ensayos preliminares al soplete.

Desde las interesantes observaciones de Berzelius


y de Gahn relativas al empleo del soplete como me-
dio de investigación en la análisis química, ha adqui-
ndo el uso de este instrumento una importancia sin-
gular, que ha ido sucesivamente en aumento, hasta
el punto de ser en el dia un auxiliar indispensable en
este género de trabajos.
Varios químicos de nombradla, y en especial Mr.
l*lattner, profesor de la Escuela de Minas de Frey-
Derg, han perfeccionado notablemente los métodos de
análisis al soplete; de manera que nuestros lectores
hallarán estractado en este capítulo lodo lo mas inte-
resante respecto de estos ensayos.
f)8

Ve los objetos necesarios para ejecutar los ensayos al


soplete.

Se necesitan los siguientes:


1." Unas pinzas, con puntas de platino, destinadas
á cojer los fragmentos de los minerales cuya fusibili-
dad se trata de averiguar.
2." Un alambre de platino del diámetro de una
aguja regular, y de 8 á 10 centímetros de longitud. Se
encorva en forma de anillo una de sus estremidades,
con el objeto de adherir (después de haberla hume-
decido previamente con un poco de agua) una corla
cantidad de bórax, de fosfato doble de sosa y de amo-
niaco, ó de otro reactivo cualquiera; en seguida se
pulveriza la sustancia que se trata de reconocer, y se
añade una pequeña porciou al fundente, dirigiendo
acto continuo sobre el todo, por medio del soplete, la
llama de una bugin. El bórax se funde bajo la acción
del dardo, y produce una perla incolora ó coloreada,
trasparente ú opaca, según la naturaleza de la sus-
tancia sometida á la acción del reactivo, y la clase de
llama á que ha estado espuesta.
3." Un morterilo de ágata.
4.* Un martillo de acero, con su yunque, para
partir los minerales, y averiguar si los bolones metá-
licos son quebradizos ó maleables.
b.° Una barra imantada.
6.' Una lente de bastante aumento.
59
1.° Un cono de carbónj descortezado, de grano
fino y sin hendiduras.
8.* Varios tubos de vidrio, abiertos por ambos es-
treñios, de 6 á 8 centimelros de longitud, y de 2 á 3
milimelros de diámetro.
9-* Otra coleccioncila de tubos de vidrio cilin-
dricos, cerrados por uu lado, de 2 á 3 milímetros de
diámetro.
10. Matracilos de vidrio.— Bajo este nombre se
designan unos tubilos de 3 á 4 milímetros, cerrados
por un estremo pero inflados cerca de esta parte: sir-
ven para ensayar los cuerpos que decrepitan, y separar
®1 agua y algunas otras sustancias no combustibles.
11. Y íinalmenle, se emplean también láminas de
platino, cucharitas del mismo metal, de formas di-
versas, y copelas, muy finas, de fosfato de cal.
Según dijimos en otro lugar, el dardo de la llama
producida por el soplete se compone esencialmente
de una parte oxidante, y de otra reduclora; pues con
el objeto de reconocer con facilidad ambas parles,
se recomienda en general el ejercicio siguiente.
Se practica á la estremidad de un pedazo de car-
bón un pequefto agujero, dentro del que se introduce
^n pedazo de estaño del grandor de un grano de tri-
go, y se dirije sobre el metal el dardo de la llama de
una bujía ó el de una lámpara alimentada por aceite.
Si se espone el estaño hacia la estremidad puntiaguda
y oscura de la llama, es decir, en el punto oxidante,
se cubre el metal de una película blanca infusible,
correspondiente al ácido estánnico; si en tal disposi-
60
cion se hace llegar al compuesto obtenido la parte
interior mas brillante del cono luminoso, ó lo que es
lo mismo, la llama de reducción, el ácido eslánnico se
desoxida, volvieudo á adquirir el metal el brillo que
le es propio. Repitiendo esta operación varias veces,
puede conseguirse á voluntad la oxidación del estaño
y la reducción del ácido estánnico.

Reglas generales que hay que observar en los análisis


cualilalivos ejecutados por medio del soplete.

Las sustancias se ensayan al soplete sin hacer uso


de reactivos, ó bien con el auxilio de ellos.
Los ensayos sin reactivos se ejecutan;
1.* En un tubo de vidrio cerrado por un estremo,
ó en un matracilo adecuado, á fin de reconocer si la
sustancia decrepita, ó si contiene materias volátiles.
2.° En un tubo abierto por ambos lados, para ave-
riguar si el cuerpo que se ensaya es susceptible de
oxidarse al contacto del aire, y aun de volatilizarse.
3.° Sobre el carbón, para apreciar los cambios
que la sustancia esperimenta en la llama de oxidación
y en la de reducción.
Si la sustancia se funde con facilidad, se calienta
á la estremidad de un alambre de platino, ó en Jas
pinzas del mismo metal, con el objeto de reconocer su
grado de fusibilidad y el color de la llama.
Los reactivos empleados en los ensayos al soplete
son poco numerosos; pueden reducirse al bórax, fos~

ftiío doble de sosa y de amoniaco, á la solución del
nitrato do cobalto, y al carbonato sódico: dichos en-
sayos se ejecutan sobre el carbón ó en el alambre de
platino.
Debe tenerse un cuidado especial en no verificar
las reacciones al soplete sobre una cantidad escesiva
lie materia, en razón á que son generalmente incier-
tos los resultados obtenidos. Teniendo un poco de
práctica, ó haciendo algunos tanteos antes del ensayo
formal, se consigue conocer la cantidad conveniente;
•a que por lo regular viene á ser igual en volumen
al grandor de un cañamón.

Ensayos sin reactivos en un tubo cerrado por un eslremo,


ó en un pequeño matraz de vidrio.

Cuando se sospecha que la sustancia puede conte-


nor cuerpos tales como el arsénico, azufre ó setenio,
cuya tostacion es tan fácil, se introduce en un tu-
bito cerrado por un lado; hecho esto, se calienta poco
á poco con la lámpara de alcohol, con el fin de averi-
guar si contiene cuerpos volátiles á una débil tempe-
ratura (sales amoniacales ó de mercurio); en seguida
se va aumentando gradualmente el calor hasta el rojo,
y se observa con detención: 1.° si la sustancia cam-
bia de color; 2." si este es durable, ó si por el enfria-
miento vuelve á adquirir el primitivo, como sucede
^' óxido de zinc; 3.° si fosforece, como el espato flúor;
*-° si decrepita ó funde, ó bien se desprende una sus-
tancia volátil, como agua, arsénico, azufre ó setenio.
62
Es preciso indagar igualmente si hay producción de
oxigeno, lo cual tiene lugar en la calcinación de los
bromatos, yódalos, cloratos, y en la de algunos óxidos.
Debe examinarse con cuidado, por medio de los
papeles reactivos, la naturaleza del líquido condensad©
sobre las paredes del tubo, y estudiar el olor de los ga-
ses desprendidos: ciertos sulfatos, como los de hierro
y alúmina, ponen en libertad, por efecto del calor,
agua cargada de ácido sulfúrico, y algunas veces de
gas sulfuroso. —Guando se calientan fluoruros hidra-
tados, se observa con frecuencia un desprendimiento
de ácido hidrofluórico, reconocible por su acción sobre
el vidrio; algunos arsenialos ofrecen un sublimado de
ácido arsenioso.
Si el agua es alcalina, la sustancia contiene sales
amoniacales ó materias orgánicas nitrogenadas; y en
fin, es preciso cerciorarse si las sustancias son atraidas
ó no por el imán después de la calcinación; el hierro
espático, por ejemplo, pierde su ácido carbónico dan-
do origen á óxido ferroso-férrico, que es magnético.

Ensayos, sin reactivos, en un tubo abierto por ambos


eslremos.

Guando una sustancia contiene metales ó cuerpos


volátiles, se calienta en un tubo abierto por los dos
lados; y si el calor de la llama no es suficiente, se ac-
tiva con el soplelCj Escusado es advertir que debe
pulverizarse en el caso de que decrepite.
Varios cuerpos que no pueden volatilizarse en un
65
tubo cerrado por un estremo, lo efectúan cuando se
les calienta en uno abierto por ambas parles; algunos,
como el azufre, se volatilizan completamente; otros,
como el arsénico y antimonio, forman compuestos vo-
látiles que se condensan en seguida en el punto mas
frió del tubo.
Es preciso tener cuidado en estos ensayos de no
calentar bruscamente; de lo contrario podría volati-
lizarse sin oxidarse una parle de la sustancia, como
sucede respecto del sulfuro de arsénico.

Ensayos sobre el carbón.

Si el cuerpo que se estudia no decrepita, se toma


un pequc&o fragmento de él; pero si tiene dicha pro-
piedad se le pulveriza previamente, y se coloca una
corla porción dentro del agujero, poco profundo, prac-
ticado en uno de los lados de un cilindro de carbón:
hecho esto, se dirijo sobre la sustancia una llama de
oxidación débil, teniendo cuidado de sostener el car-
bón en una posición lal, que los vapores que puedan
desprenderse sean arrastrados por la corriente de la
llama, y coudensados en seguida sobre el carbón. La
llama debe formar con el carbón un ángulo de cerca
de 20°. Se conoce la presencia de cuerpos volátiles,
tales como el azufre, arsénico y selenio, por el olor
que se manifiesta cuando se cesa de soplar. Hay ade-
más que saber: 1.* si la sustancia detona ó deflagra,
como los cloratos, nitratos, etc.; 2.° si forma un pre-
cipitado; 3.* si dicho precipitado está mas ó menos
«4
aproximado á la sustancia; 4.* si ésta adquiere dife-
rentes matices en caliente que en frió; 5.° si se vola-
tiliza en la llama de oxidación ó en la de reducción;
6.* si comunica color á la llama interior.
Terminada la calcinación, se ve si la sustancia res-
tablece el color azul del papel de tornasol enrojecido,
lo cual tiene lugar con los nitratos, carbonalos, sulfa-
tes y cloruros alcalinos.

Ensayos á que se somete la sustancia para averif/uar


su grado de fusibilidad.

Si el cuerpo es metálico, ó contiene azufre, y pare-


ce por otra parte que puede atacar al platino, se so-
mete una corta cantidad á la llama reductora sobre el
carbón: la generalidad de los metales se funden ó vo-
latilizan en semejantes circunstancias. Ciertos óxidos
metálicos, tales como los de niquel, cobalto y hierro,
quedan reducidos, pero sin fundirse; en cambio casi
todos los arseniuros y sulfuros son fusibles; pocos
óxidos metálicos pueden fundirse en una llama de oxi-
dación; los de cobre y antimonio se volatilizan des-
pués de estar fundidos; y los de bismuto y plomo se
reducen por el carbón, después de haber esperimen-
tado igualmente la fusión.
Cuando la sustancia que se examina parece ser un
óxido terreo ó un silicato, se toma un pedazo puntia-
gudo, se agarra con las pinzas de platino, y se espo-
ne la punta á la acción de la parle mas caliente de la
llama oxidante; si decrepita, se pulveriza una peque-
65
ña porción en el mortcrito de ágala, so añaden algu-
nas gotas de agua y se hace una pasta fluida, que se
estiende en capa delgada sobre el carbón; en seguida
se deseca hasta tanto que no se adhiera al combustible;
y conseguido, se pone el polvo sobre una laminita de
platino, dirijiendo sobre él la parte mas caliente de
la llama de oxidación.
Si observamos que las parles finas no cambian de
aspecto, podemos estar seguros de que la sustancia es
'nfusible, pues por poco fusible que sea se verán re-
dondearse dichas partes, constituyendo unos globuli-
tos mas ó menos esféricos; y en el caso de que lo sea
en alto grado, toda la materia se aglomerará en un
solo glóbulo. Hay cuerpos poco fusibles ó infusibles
fin la llama de oxidación, al paso que se funden en la
de reducción; otros son infusibles, y adquieren á con-
secuencia de una elevada temperatura el aspecto de
la coliflor; tales son los silicatos de cal y algunos alu-
fflinalos; otros en fin se funden é hinchan en seguida,
como los carbonatos y boratos alcalinos. Estas diver-
sas propiedades constituyen igual número de carac-
teres de suma importancia.

Posibilidad de reconocer la sustancia por la coloración


(¡ue produzca al contado de la llama estertor.

Ciertas sustancias poseen la propiedad de colorear


•ñas ó menos la llama esterior: antes de ejecutar este
ensayo, es preciso cerciorarse de que el mortero em-
pleado para dividir el cuerpo que se ensaya está per-
5
66
fecíamentc limpio; porque si contiene restos de bora-
to (le sosa, carbonato ó cualquiera otra sal de sosa,
residuo de una pulverización anterior, se obtendrá
una coloración que será debida á la presencia del
álcali, y encubrirá completamente las coloraciones
producidas por los demás cuerpos.
Los ensayos relativos á la coloración se ejecutan
ordinariamente con un alambre de platino, cuando la
sustancia es fusible; en este caso, ha de cuidarse igual-
mente de que dicho alambre esté perfectamente lim-
pio, pues, solo el contacto de los dedos bastará para
comunicar á la llama un color amarillo rojizo, el cual
será debido á la presencia del cloruro sódico conteni-
do en el sudor: para evitar esla causa de error, debe
calentarse previamente el alambre de platino con el
ácido clorhídrico, ó bien enrojecerle impregnado de
bisulfato potásico.
Observadas estas condiciones, se lija la porcion-
cila de sustancia á la eslremidad del alambre, calen-
tándole hasta el rojo, y poniéndole en seguida en con-
tacto de la materia: en el caso de que ésta no se ad^
hiera, será preciso humedecerle con un poco de agua
destilada. Los metales, sulfuros y óxidos metálicos,
fácilmente reductibles, se tratan separadamente con
carbón: el máximum de coloración se obtiene en ge-
neral en el momento en que el cuerpo empieza á fun-
dirse.
Algunos cuerpos comunican un color azul muy
bajo á los contornos de la llama, ó no la modifican
sensiblemente; otros desprenden, desde la primera
67
impresión del calor, agua ó ácido carbónico, ensan-
chando la llama esterior, y coloreándola en amarillo-
rojizo. Este fenómeno solo es momentáneo cuando
procede del agua ó del ácido carbónico, y queda sus-
tituido por la coloración de los vapores originados por
las sustancias que se volatilizan después de los refe-
ridos cuerpos. Sucede con frecuencia que aparece in-
roediaiamente la coloración definitiva; en general, si
la materia es infusible ó difícilmente fusible, la colo-
cación aumenta de intensidad por la acción prolonga-
da del calor.
Algunos cuerpos, tales como los ácidos fosfórico
y bórico, no ocasionan coloración alguna cuando es-
tán combinados con las bases: en este caso no deben
someterse á la acción de la llama sino después de ha-
berlos humedecido con ácido sulfúrico, para que el
acido quede en libertad. Los ensayos relativos á la
coloración deben ejecutarse en un sitio algo oscuro, ó
en una habitación en donde no dé directamente la luz
solar sobre la llama.
Las coloraciones que pueden obtenerse por medio
del soplete son: 1." el amarillo; 2.° el violeta; 3.° el
rojo-carmin; 4.* el verde con diferentes matices; 5."
el azul igualmente con varios matices.
Ahora examinaremos los cuerpos que pueden pro-
ducir estos distintos colores.
Coloración amarilla. La sosa y sus sales aumen-
tan la llama esterior y la comunican un color amari-
"o-rojizo: este carácter es menos marcado cuando las
sales de sosa existen mezcladas con otros cuerpos. La
68
coloración adquiere mayor intensidad sosleniendo por
algún tiempo una temperatura elevada.
Coloración violeta. La potasa y la generalidad de
sus sales tifien la llama eslerior de un color violeta.
La presencia de una corta cantidad de sosa ó de litina
puede encubrir esta reacción.
Coloración roja. Las sales de litina, y principal-
mente el cloruro de litio, producen un color rojo-car-
min, que pasa al violeta en presencia de las sales de
potasa, y que desaparece completamente bajo la in-
fluencia de las sales de sosa.
Rojo-carmin. Casi todas las sales de eslronciana
coloran igualmente la llama esterior, al principio, en
rojo-amarillento, y después en carmín. Esta colora-
ción puede estar modificada por la barita.
El cloruro calcico comunica á la llama esterior un
color rojizo, pero es menos intenso que el cloruro de
estroncio: el espalo calcáreo y la mayor parle de las
calizas ofrecen primeramente una coloración amari-
llenta, la cual es reemplazada por otra rojiza en el
instante en que ha sido espulsado el ácido carbónico;
por otra parte, la coloración de las sales de cal es mu-
cho menos intensa que la correspondiente á las sales
de eslronciana.
Los fosfatos y los boratos de cal hacen adquirir á
la llama un matiz verde que encubre completamente
la coloración debida á la cal sola; la barita se condu-
ce de la misma ntíinera. Respecto de los silicatos, el
feldespato es el único que comunica un color rojizo á
la llama esterior.
69
Colvrnciun verde. Los cuerpos que coloran la 11a-
nia en verde son: la barita, el ácido niolíbdico, el óxi-
(ío de cobre, el ácido leluroso, el fosfórico y el bórico.
Coloración verde producida por la barita. Una cor-
lísima cantidad de cloruro bárico tifie la llama esle-
i'ior de un color verde claro, el cual se cambia al ca-
bo de algún tiempo en un matiz verde amarillento
mucho mas intenso: dicha coloración solo se observa
con facilidad cuando se opera sobre una pequeña por-
ción de materia. Casi todas las sales de barita, inclu-
so el sulfato, imprimen un color verde á la llama es-
lerior, pero con menos intensidad que el cloruro. La
coloración correspondiente á la barita, lejos de ser en-
cubierta por la cal, hace desaparecer al contrario el
color rojo producido por esta base.
Coloración verde ocasionada por el ácido molíbdico.
Este ácido, lo mismo que el óxido de molibdeno, colo-
ca la llama eslerior en verde, como la barita; puede
estudiarse esta reacción en una larainita de sulfuro de
molibdeno natural.
Coloración verde producida por d óxido de cobre.
Este óxido, libre ó en combinación con los ácidos, co-
munica á Ja llama esterior un color verde intenso.
Cuando el cobre contiene plomo, la parte central de
la llanaa esterior es azul, mientras que la correspon-
diente á los bordes conserva el color verde debido al
Cobro: los silicatos, y por lo regular casi lodos los mi-
nerales cobrizos, hacen aparecer en la punta del dar-
"0 azul un hermoso color verde.
Coloración verde originada por el ácido telwoso. El
70
ácido leluroso se volatiliza antes de entrar en fusión,
colorando la llama eslerior en verde, que aparece
azulada cuando el teluro contiene selenio.
Coloración verde debida al ácido fosfórico. El ácido
fosfórico, los fosfatos y todos los minerales que con-
tienen este ácido, calentados aisladamente ó con áci-
do sulfúrico, tiüen de azul verdoso la llama csterior.
Esta reacción es tan sensible, que puede reconocerse
(teniendo presente las precauciones necesarias) la roas
corta cantidad de ácido fosfórico existente en un mi-
neral. Cuando la sustancia contiene agua, es preciso
deshidratarla antes de ponerla en contacto con el áci-
do sulfúrico. La sosa no se opone á la referida colo-
ración.
En el momento en que el ácido fosfórico queda en
libertad, colora la llama esterior de azul verdoso que
pasa rápidamente al amarillo rojizo; por lo tanto de-
be observarse desde el principio con suma atención.
Los cuerpos que poseen á la vez plomo y ácido
fosfórico, producen una llama azul festoneada de
verde.
Coloración verdepoduddapor el ácido bórico. Este
ácido comunica á la llama un color verde muy inten-
so, con un ligero viso amarillento; las observaciones
indicadas respecto del ácido fosfórico y sus combina-
ciones, deben aplicarse igualmente al ácido bórico y á
los boratos.
Coloración uzuL Los cuerpos que coloran la llama
en azul son: el arsénico, antimonio, plomo, selenio, y
el cloruro y bromuro de cobre.
Coloración azul ocasionada por el arsénico. El ar-
sénico liñe la llama eslerior de un color azul claro:
puede conseguirse esta reacción operando con las pin-
gas de platino, ó bien sobre un carbón. El arsénico
encubre las coloraciones debidas á ciertas bases.
Coloración azul ori<)inada por el antimonio. El an-
timonio metálico, calentado en la llama interior sobre,
el carbón, colora el borde eslerior de ella de azul ape-
nas visible-, pero si se coloca óxido de antimonio en
« llama azul, ésta adquiere un matiz verdoso.
Coloración azul debida al plomo. Calentado el plo-
mo sobre el carbón, en la llama do reducción, comu-
nica UD color azul de cielo á la parle eslerior de la
üiisma, formándose al propio tiempo cierta cantidad
de óxido de plomo que, sometido á la llama de rcduc-
ciou, se volatiliza produciendo en el borde eslerior
igual coloración que el plomo metálico. Las sales de
plomo gozan también de esta propiedad, escepto en
aquellos casos en que el ácido puede encubrir ó mo-
dificar la reacción indicada respecto del metal refe-
íido.
Coloración azul ocasionada por el selenio. Arde y
se volatiliza, comunicando á la llama eslerior un co-
lor azul muy intenso.
Coloración azul producida por el cloruro de cobre.
El cloruro de cobre comunica en el primer momenlo,
á la llama eslerior, un color azul de cielo intenso, y
después verde en razón á que se forma óxido de co-
lare. Colocado el bromuro de la misma manera que el
anterior en el borde eslerior de la llama, ocasiona
72
una coloración, primeranaenle azul verdosa, y en se-
guida verde.

Ensayos de las sustancias con el auxilio de reactivos.

Cuando un cuerpo no puede conocerse por la sola


.acción del calor, se le sooiete á nuevos ensayos que
exijen el uso de reactivos. Ciertos compuestos, tales
como ios sulfures y arseniuros metálicos, deben con-
vertirse previamente en óxidos mediante la tosta-
cion sobre el carbón, antes de someterlos á esta espe-
cie de prueba.
Para operar la tostaciou, sobre el mencionado com-
bustible, de una sustancia que contenga azufre ó arsé-
nico, se toman 43 ó 50 miligramos de ella, reducida
á polvo fino, y se introducen en la cavidad abierta al
efecto sobre el cilindro de carbón; hecho esto se
comprime ligeramente la materia, á fin de obtener
una capa delgada, pero homogénea, sobre la cual se
dirije acto continuo la parte estrema de la llama de
oxidación, con el objeto de conseguir tan solo nna
temperatura poco intensa.
El azufre se volatiliza en gran parle al estado de
ácido sulfuroso, y el arsénico lo efectúa bajo la forma
de ácido arsenioso: se produce igualmente ácido sul-
fúrico y arsénico que quedan combinados con los óxi-
dos. Cuando la materia no desprenda (sin embargo de
continuar la tostacípn) mas cuerpos que posean olor,
se hace actuar á una temperatura poco elevada la
llama de reducción, que desoxida en gran parte los
73
sulíalüs y arsenialos füimados, volalilizándose el ar-
sénico en este caso mas ó menos complelaraente, se-
gún la naturaleza del metal con quien esté combinado:
desvanecido el olor arsenical, se somete de nuevo la
sustancia á la acción de la llama de oxidación, que
origina segunda vez un desprendimiento de ácido
arsenioso. Se remueve en seguida la sustancia some-
tida al ensayo (la que por otra parle no debe estar
fundida sino solo aglomerada) y se procede nueva-
mente á la tostacion.
En igualdad de circunstancias, el azufre se des-
prende con mas facilidad que el arsénico; no obstante,
ciertos sulfures, tales como los de plomo y de cobre,
se convierten casi por completo en sull'atos: sucede
también con frecuencia que el arsénico oxidado queda
unido á los óxidos metálicos constituyendo arseniatos,
como sucede en la tostacion de los minerales de ní-
quel y de cobalto.
Como una gran parle del arsénico se elimina, desde
la primera impresión del calor, al estado de ácido ar-
senioso, para ponerse á cubierto de semejantes va-
pores, escesivamenle nocivos, debe empezarse por
practicar el esperiraenlo consignado, dentro de un
tubo de vidrio abierto por ambos estremos: el ácido
arsenioso se deposita entonces en el interior del tubo.
Si la sustancia contiene antimonio, una parte de
este metal se volatilizará, condensándose en cantidad
considerable sobre el carbón al estado de óxido de an-
timonio.
Ti

Ensayo par medio del bórax.

Se ejecuta de Ja manera siguiente.


Calentado convenientemente el anillo del alambre
de platino, se sumerje en el bórax reducido á polvo;
se funde en seguida esta sal, y mientras que se halla
enrojecida se vuelve á introducir segunda vez el anillo
dentro de nueva porción de borato sódico, con el ob-
jeto de que quede cubierta la cavidad de aquel. El
alambre debe estar perfectamente limpio, según tene-
mos prevenido, y la perla de bórax resultante ha de
ser incolora, lo mismo cuando se halle friaque caliente.
Humedeciendo la perla de bórax formada de la
manera dicha, y poniéndola luego en contacto con la
sustancia que se desea ensayar, se consigue que esta
se adhiera completamente. Por lo general, se calienta
con el bórax un pequeño fragmento del cuerpo some-
tido al examen, mas bien que el polvo, en razón á que
sería dificil distinguir las parles insolubles operando
sobre la sustancia dividida; entonces se observa si el
cuerpo se disuelve con facilidad en el bórax, y si lo
ejecuta con ó sin efervescencia; si la perla es diáfana
lo mismo en frió que en caliente; si se pone opaca y
lechosa por la acción de la llama de reducción, calen-
tándola vivamente ó por intervalos; y si, en fin, ad-
quiere color bajo la influencia de las diferentes parles
de la llama.
Para estudiar los fenómenos de coloración es pre-
ciso operar sobre corlas cantidades de materia. En
75
ciertos casos se apreciará mejor el color compri-
miendo la perla, casi fundida, con las pinzas de pla-
tino.
Después de haber examinado ios fenómenos que
presente la perla ó glóbulo de bórax, durante el trata-
miento á la llama de oxidación, se la somete á la ac-
ción de la llama reduclora; si dicho glóbulo ofrece
indicios de contener tan solo óxidos irreductibles ó
poco reductibles, como los de manganeso, cromo, etc.,
puede observarse sobre el mismo alambre de platino
ía modificación que esperimente al contacto de la lia-
nía de reducción; pero si se cree que contiene óxidos
de fácil reducción, tales como los de zinc, niquel, cad-
^^0, plomo, bismuto, cobre, plata y antimonio, cuyos
metales pueden alearse al platino, es indispensable
operar el ensayo en la llama reductora, sobre el
carbón.
Cuando el tratamiento se hace en el alambre de pla-
tino, se ven distintamente, después de haber soplado
de un modo continuo durante dos minutos, los cam-
bios de colores ó de trasparencia que la perla puede
haber sufrido, sea mientras se halle caliente ó des-
pués de fria. Si se examina el glóbulo sobre el carbón,
se sopla primeramente por espacio de algunos minu-
^^^, y se le aplasta en seguida con el mango de las
pinzas, cuando todavía está blando, para que se enfrie
con prontitud y los metales no tengan tiempo de oxi-
darse : cuando la perla contiene metales reductibles
y volátiles, se obtiene sobre el carbón cierta porción
^® estos metales oxidados.El antimonio, zinc, cadmio.
76
bisraulo y ¡tlomo son |>ailicularmcnlc los cuerpos que
dan origen á esle hecho.
Cuando, sometida la sustancia en el alambre de
platino á la llama de reducción, no ha habido cambio
alguno de color, se la sujeta á igual tratamiento sobre
el carbón, añadiendo casi siempre á la perla un peda-
cito de estaño, que obra como desoxidante y no pro-
duce vidrio coloreado: el cambio de color del glóbulo
no puede apreciarse en este caso sino después del
enfriamiento.

Ensayo haciendo uso de la sal de fósforo (fosfato dobk


de sosa )/ de amoniaco j .

Los ensayos con el intermedio de la sal de fósforo


se verifican de la misma manera que respecto del bó-
rax; con la única diferencia, de que para formar la
perla de la sal de fósforo al estremo del alambre de
platino, solo se emplea una pequeña dosis de dicha
sal, en razón á que si se sometiera á la influencia del
calor una cantidad mayor, se produciria un despren-
dimiento abundante de agua y de amoniaco que im-
pediría al residuo fijarse á la eslremidad del alambre
de platino; debe preferirse en ciertos ensayos la sal
de fósforo al bórax, porque las coloraciones que de-
termina son por lo regular mucho mas pronunciadas.
Esta sal presenta además la ventaja de determinar la
eliminación dg algunos ácidos; los que son volátiles
se desprenden, mientras que los fijos se unen con parte
de la base combinada con el ácido fosfórico: es asi
77
que el ácido silícico es desalojado de sus combina-
ciones, y fluye en la perla tundida, cuando se le cá-
llenla con la sal de fósforo.
Todas las observaciones consignadas al hablar del
empleo del bórax, en esta clase de tratamientos, son
igualmente aplicables cuando se sustituye la referida
sal acida por el fosfato amónico-sódico.

Ensayo con el carhonulo ele sosa.

El uso del carbonato sódico como reactivo al so-


plete, tiene por objeto principal averiguar: 1.' si la
sustancia que se estudia se funde cuando se la trata
con esta sal; y 2.° si los óxidos que la materia con-
tiene son reductibles ó irreductibles por el carbonato
alcalino. Examinaremos sucesivamente la acción de
los diferentes cuerpos sobre el carbonato de sosa.

Svslancias fusibles con el carbonato de sosa.

Los cuerpos que forman combinaciones fusibles


con el carbonato sódico, son poco numerosos; se citan
principalmente los ácidos silícico, titánico, túngstico
y molíbdico: los ácidos silícico y titánico producen
una efervescencia con el carbonato de sosa, y forman
perlas trasparentes, en caliente; la originada por el
silicato de sosa permanece diáfana igualmente, después
del enfriamiento, si el carbonato de sosa no está en es-
ceso; mientras que la perla correspondiente al lita-
nato do sosa se pone opaca y cristalina después de
78
enfriada. El ácido túngstico y el molibdico, se unen
también con efervescencia á la sosa; pero estas com-
binaciones son absorvidas por el carbón, como sucede
con la barita, estronciana, y sus sales respectivas.
Si la sustancia que se va á ensayar está pulveri-
zada, se mezcla una corla porción de ella con carbo-
nato de sosa en polvo, efectuando la asociación con la
punta de un cuchillo previamente humedecida. Si la
sustancia es sólida y no decrepita, se la envuelve en
una capa de carbonato sódico húmedo y pastoso.
Preparado el cuerpo de este modo, y colocado so-
bre una ligera hendidura, practicada en uno de los la-
dos del cono de carbón, se deseca y somete en seguida
á una fuerte llama oxidante; si no está pulverizado,
el carbonato de sosa es absorvido primeramente por
el carbón, pero después reacciona sobre el referido
cuerpo, en el supuesto de que sea atacable.
Cuando no se emplea suficiente cantidad de car-
bonato sódico, la sustancia deja de ser modificada por
el fundente en cuestión, y aparece rodeada de un
vidrio trasparente é incoloro; pero si, por el con-
trario, se añade un esceso de carbonato alcalino, la
perla resulta de aspecto lechoso, por el enfriamiento:
por consiguiente, debe afladirse poco á poco dicha sal,
á fin de observar fácilmente las diversas reacciones
que puedan originarse. En general los silicatos, cuyas
bases son infusibles en el carbonato de sosa, ofrecen
un vidrio perfectamente opaco cuando está frió; mas
si una de estas sales es descomponible por el reactivo
de que hablamos, pero sin que los productos de la des-
79
composición se unan al compueslo alcalino, se ve
aunaenlar gratluaimenle el volumen de la sustancia,
resultando en definitiva una masa que no presenta la
forraa globular, ó sea la perla.
Si el cuerpo que se estudia no es descomponible
ni soluble en presencia del carbonato sódico, no es-
perimenta alteración alguna, y el fundente es absor-
vido en totalidad por el carbón.
Cuando una sustancia no posee óxidos dolados de
color, pero en cambio contiene azufre ó ácido sulfú-
rico, produce, calentada sobre el carbón con carbo-
nato sódico y á la llama de reducción, una perla ama-
rilla ó pardo-amarillenta; el vidrio es absorvido por
el carbón; y una lámina de plata, bruñida y mojada
previamente en agua, se liñe de un color mas ó me-
nos .oscuro cuando se la pone en contacto del carbón
igualmente humedecido; si la materia es soluble en el
carbonato alcalino, se somete la perla resultante á la
llama de oxidación, sobre la lámina de platino, para
reconocer si adquiere ó no alguna coloración.
Se averigua en una sal la presencia de la barita,
estronciana ó cal, fuudiéndola con carbonato sódi-
co: las dos primeras ofrecen vidrios trasparentes,
mientras que la cal no se disuelve en el fundente y
presenta un vidrio lechoso, sobre todo cuando existe
en cantidad notable.
80

Ik' In reducción de los óxidos melálicos medíanle c!


carbonato de sosa.

Cuando los minerales contienen pequeñas dosis de


óxidos metálicos, se averigua con facilidad su presen-
cia calentándolos con carbonato sódico.
Cierto número de óxidos metálicos, calentados ais-
ladamente sobre el carbón á la llama reductora, que-
dan rebajados en corto tiempo al estado metálico; pe-
ro esta ilescomposicion es muy difícil, y algunas veces
imposible, cuando dichos óxidos se hallan asociados
con otros de distinta naturaleza: la presencia en seme-
jantes circunstancias del carbonato de sosa facilita la
reducción. Plaltner cree que esta propiedad reduclri/
es debida al sodio y al óxido de carbono, formados á
consecuencia de la reducción del carbonato sódico
absorvido por el carbón. Cuando la reducción es difí-
cil, debe operarse de la manera siguiente.
Se mezcla la sustancia, finamente pulverizada, con
un poco de carbonato de sosa humedecido, y verifica-
da la pasta se coloca sobre el cono de carbón, diri-
jiendo acto continuo la llama reductora sobre la cavi-
dad en donde está depositada la sustancia. El carbo-
nato sódico es rápidamente absorvido, por lo cual es
indispensable repetir la operación hasta tanto que de-
je de serlo. Las primeras porciones de carbonato de
sosa sirven para reunir la materia que se halla eslen-
dida sobre el carbón, y las últimas para terminar la
reducción. Hecho esto, se humedece con algunas go-
81
las de agua, la parle de carbón en que lia tenido lugar
particularmente el ensayo, separando por medio de
un cuchillo todo lo impregnado de carbonato de sosa,
y pulverizando después finamente en un morterito de
ágata la cantidad de carbón eliminada: tratada ésta
en seguida por el agua, solo resta decantar, á fin de
separar el carbón de los residuos metálicos, natural-
mente mucho mas pesados.
Si no quedan en el mortero partículas metálicas,
es indicio de que no se ha verificado ninguna reduc-
ción; eu el caso contrario, se halla un depósito metá-
lico que se presenta bajo el aspecto de laminitas bri-
llantes, si el metal reducido es fusible y maleable, y
en forma de polvo si es fusible ó frágil.
Pueden averiguarse por este medio cantidades es-
cesivamente pequeñas de cobre y de estaño. Si la sus-
tancia contiene muchos óxidos metálicos, se obtiene
una aleación constituida por los metales reducidos:
sin embargo, una mezcla de mineral de hierro y de
cobre presenta solo interpuestos á estos metales; de
manera que pueden separarse recíprocamente por me-
dios mecánicos.
Los metales que pueden reducirse por la acción
del carbonato sódico son, entre otros, el antimonio,
cobre, bismuto, estaño, plomo, zinc, cadmio, niquel.
Cobalto y hierro. Entre ellos, el antimonio, bismuto,
plomo, zinc y cadmio son volátiles mas ó menos
compleíanienle, fijándose en seguida al estado de óxi-
dos sobre el carbón; el arsénico y el mercurio se re-
ducen del mismo modo, pero hay la circunstancia de
82
que se volatilizan sin dar origen á residuos capaces de
darlos á conocer, á menos que no se opere en un tu-
bo cerrado por un estremo. Los arseniatos de niquel
ó de cobalto producen un botón metálico que es fu-
sible.

Ensayos haciendo uso del nitrato de cobalto.

Estos ensayos solo son aplicables á aquellas sus-


tancias desprovistas de color, ó que solo ofrecen un li-
gero matiz. Cuando el cuerpo puede absorver la diso-
lución de la sal de cobalto, se íija una porcioncita de
él á la estremidad del alambre de platino, y se calien-
ta á la llama oxidante, pero cuidando de no fundirle.
Si la materia que se ensaya no puede absorver la
sal reactivo, se pulveriza en el morterito de ágata,
calentándola en seguida sobre el carbón ó sobre las
pinzas de platino, después de haberla humedecido per-
fectamente con la referida sal.
Las sustancias que ofrecen reacciones mas mar-
cadas con la disolución del nitrato de cobalto son, la
alúmina y sus sales, que adquieren una hermosa colo-
ración .izul, y la magnesia, que toma un matiz rosá-
ceo. Los óxidos metálicos pueden encubrir el color
correspondiente á la alúmina y á la magnesia.
La disolución cobáltica no debe de ser ni muy di-
luida ni muy concentrada: en el primer caso apenas
serian visibles lOs colores respectivos, y en el segun-
do aparecerían negros por demasiado intensos.
83

Caracteres que permiten conocer, con el auxilio del so-


plete, la naturaleza del ácido contenido en una sal.

Es preciso convenir, de una manera general, en


que para averiguar la naturaleza del ácido existente
en una sal dada, la via húmeda suministra ordinaria-
mente indicaciones mas precisas que el soplete: asi
tiue solo nos contentaremos con presentar los carac-
teres de un corto número de sales.

Cloruroi.

Se disuelve el óxido de cobre en una proporción


conveniente de sal de fósforo, y en seguida se proce-
de, de la manera consignada mas arriba, á fin de obte-
ner una perla de color verde; hecho esto, se introdu-
ce la sustancia que se desea conocer, y se calienta: si
contiene un cloruro, la perla se hallará rodeada de
una llama azul con cierto matiz purpúreo, cuya colo-
ración es debida á la volatilización del cloruro de co-
bre. Casi lodos los cloruros calentados al soplete se
volatilizan, comunicando algunas veces á la llama tin-
tes característicos.
£1 cloruro potásico colora en azul violáceo la lia-
naa de reducción.
El cloruro sódico comunica un color amarillo-ro-
jizo á la llama de reducción.
El cloruro de litio colora la llama de reducción en
fojo carmin.
84
El cloruro plúmbico da un color azul á la llama
(le reducción.
El cloruro de cobre colora de azul intenso la llama
do reducción.
Los otros cloruros desaparecen sin producir colo-
ración alguna.
Fluoruro$.

Mezclado el cuerpo sometido al ensayo con la sal


de fósforo, previamente fundida, se introduce la mez-
cla en un lubito de cristal encorvado y abierto por los
dos estremos, calentándola acto continuo de tal modo
que una parte del aire que alimenta la llama penetre
en el interior del tubo: por este medio se forma ácido
hidrofluórico, que corroe al vidrio, produciendo fluo-
ruro de silicio, cuya sal es ulteriormente descompues-
ta en presencia de ua papel humedecido que al inten-
to se introduce por la parle superior del tubo, y so-
bre el cual queda precipitada la sílice resultante de
la reacción.

Sulfuro».

Calentados sobre el carbón ó dentro de un tubo


abierto por ambos lados, dan origen á un desprendi-
miento de gas ácido sulfuroso, reconocible por su olor
picante caracteristico. En el caso de que no sea apre-
ciable el referid* olor, se coloca en una de las estre-
midades del tubo una tira de papel algo humedecido
é impregnado de la materia colorante del leño de fer-

nanibuco. Por corta que sea la cantidad de gas sulfu-
roso desprendida, quedará decolorado el papel reac-
tivo.
Fundido un sulfuro con la sílice y la sosa, produ-
ce por el enfriamiento una perla de color rojo-amari-
llento; pero este carácter no puede servir sino en el
caso de que la combinación binaria no contenga otras
sustancias capaces de colorear el vidrio.

Arseniuros.

Ensayados al soplete, esparcen un olor á ajos pe-


culiar; tostados dentro de un tubo abierto, ofrecen un
precipitado de ácido arsenioso, que examinado al mi-
croscopio afecta la forma de octaedros regulares.

Nitratot.

Los caracteres que sirven para distinguir los ni-


tratos, haciendo uso del soplete, son los siguientes:
deflagran sobre las ascuas, y calentados dentro de un
tubo de vidrio con torneaduras de cobre y bisulfato
potásico, desprenden vapores rutilantes, etc.

Sulfatas.

Calentados con carbonato de sosa y carbón, bajo


la influencia de la llama desoxidante, se cambian en
sulfures que, ligeramente humedecidos, ennegrecen
wna lámina de plata, desprendiendo bajo la influencia
86
del ácido hidroclórico, gas sulfhido-hidrico, recono-
cible por su olor especial.

Fotfatos.

Se funde la sustancia sobre el carbón, acompaña-


da del ácido bórico, y conseguido se introduce rápida-
mente un alambre de hierro muy fino, calentando en
seguida la perla resultante á la llama de reducción.
El ácido fosfórico desalojado por el bórico es reduci-
do después por el carbón, quedando fósforo en liber-
tad, qué unido en último resultado al hierro, le co-
munica una dureza y fragilidad caracterislicas. Se de-
ja enfriar la perla, se golpea con suavidad para aislar
el alambre, y en seguida se ensaya en él, sobre el
yunque, la cualidad indicada.

Boratos.

Pulverizada la sustancia que se desea conocer, se


mezcla con bisulfato potásico y fluoruro de calcio, y
se calienta fuertemente sobre el carbón; se forma fluo-
ruro de boro, dotado de la propiedad de comunicar á
la llama un color verde amarillento: sin embargo, es-
ta coloración es muy débil, y no se observa fácilmen-
te sino cuando se verifica el ensayo en un punto poco
alumbrado.
87

Siíicatoi.

Fundidos los silicatos con la sal de fósforo, dejau


por lo regular un residuo blanco y opaco, de sílice, que
fluye en la perla trasparente: hay ocasiones en que
la perla es diáfana en el estado de fusión, y no apare-
ce opaca sino cuando está fria. Calentados los silicatos
con 5 ó 6 veces su peso de carbonato de sosa, produ-
cen un residuo que, lavado y tratado por el ácido hi-
droclórico, abandona un precipitado correspondiente
al ácido silícico, después de evaporado á sequedad, y
sometido á las lociones que son consiguientes.

Caracteres que permiten distinguir (os metales haciendo


uso del soplete.

Potatio.

Las sales de potasa son fácilmente fusibles, á es-


cepcion de los fosfatos: comunican un color violeta
á la llama esterior. Cuando dichas sales se hallan
mezcladas con una proporción considerable de sosa ó
de lilina, la llama adquiere un color amarillo ó rojo,
siendo entonces difícil el reconocer la potasa; pero si
por el contrario solo figuran en este álcali pequeñas
cantidades de los dos mencionados cuerpos, sucede
que la parte de la llama esterior mas inmediata á la
sustancia, adquiere un matiz violeta, bastante marca-
do para indicar la presencia de la potasa.
88
Puede reconocerse igualmenle esta base, aun cuan-
do existan asociadas con ella fuertes dosis de sosa y
de litina, impregnando ligeramente una perla de bó-
rax, con óxido de niquel, y fundiéndola en seguida con
la cantidad conveniente de la sustancia sometida al
ensayo: el glóbulo aparece después del enfriamiento
cubierto de un color azul muy claro. El cloruro, ni-
trato y carbonato potásicos se funden con facilidad
sobre el alambre de platino, y coloran la llama de
violeta pálido.
Sodio.

La sosa cáustica, el cloruro, nitrato, carbonato, y


en general la mayor parle de las sales á base de sosa,
calentadas á la estremidad de un alambre de platino,
coloran de amarillo rojizo el dardo de la llama, y pa-
rece que aumentan de volumen. La presencia de una
gran cantidad de potasa no es obstáculo para que so
produzca la coloración amarillenta, pero en este caso
la parte de la llama situada mas cerca de la sustancia,
toma un color violeta que tira al amarillo, mientras
que el punto eslremo no cambia de color: la sosa,
mezclada con una pequeña porción de litina, ofrece
una coloración amarillenta mas rojiza que la sosa pura.

Litio.

Las sales de*litina coloran la llama de rojo: cuan-


do este álcali está unido al ácido fosfórico, y la sal no
contiene sosa, se manifiesta igualmente la coloración
89
roja debida á la lilina, diferenciándose, de una mane-
ra clara, del matiz verde-azulado correspondiente al
ácido fosfórico. La sosa tiende á encubrir los caracte-
res de la litina; esto no obstante, se ha reconocido
que cuando en vez de fundir á una temperatura ele-
vada la mezcla de ambos cuerpos, se calienta ligera-
mente, la llama adquiere el color rojo aun cuando sea
muy débil la proporción del álcali que nos ocupa.
La lilina difiere además de la potasa y de la sosa
en que ataca rápidamente el platino, dejando al rede-
dor del punto en donde ha esperimenlado la acción del
calor una mancha de color amarillo oscuro: sus sales,
mezcladas con sosa, producen el mismo efecto.

Bario.

Los compuestos salinos á base de barita, cscepto


los silicatos, comunican á la llama eslerior un color
verde-amarillento.
El sulfato de barita, puro, se funde con suma difi-
cultad; pero mezclado con el de estronciana se consi-
gue sin gran trabajo dicha fusión: la perla que pro-
duce con el carbonato sódico, sobre el alambre de pla-
tino, es trasparente aun en presencia del sulfato de
estronciana. El sulfato de cal comunica una opacidad
notable al referido glóbulo.
La mezcla de estos tres sulfates, sometida sobre el
carbón á la influencia de la llama reductora, produce
sulfuros de bario y de estroncio, absorvidos por el car-
bón, y sulfuro calcico que permanece en la superficie:
90
el óxido de hierro, que contiene por lo regular el sul-
fato de barita, adhiere del mismo modo sobre el car-
bón, Y queda también en la parte esterior.
La barita forma un vidrio diáfano con el bórax y
la sal de fósforo, constituyendo con el nitrato de co-
balto una perla que ofrece, ínterin está caliente, una
coloración amarilla ó roja, la cual desaparece por el
enfriamiento.
EtCroncio.

La estronciana y sus sales coloran la llama de púr-


pura: una mezcla de carbón y de sulfato de estroncia-
na , calentada al fuego de reducción, deja por residuo
un sulfuro que luego se descompone por el ácido hi-
droclórico en una capsulita de porcelana. Evaporado
el liquido á sequedad, se trata el residuo por el al-
cohol, absorviéndole después con una bolita de algo-
don, á la cual se prende fuego acto continuo; la llama
del espíritu de vino se colora entonces de rojo inten-
so, sobre todo hacia el lado esterior. La presencia de
la barita impide reconocer la coloración producida por
la estronciana; cuando se hallen juntas estas bases,
debe recurrirse á los caracteres ordinarios pertene-
cientes á las sales de barita y de estronciana.

Calcio.

Las sales de cal, y principalmente el carbonato,


esparcen un vivo resplandor cuando se calientan á la
estremidad del punto azul del dardo; coloran la llama
91
Je rojo, pero con menos intensidad que las sales de
eslronciana. El sulfato de cal es muy difícil de fundir;
produce, con un esceso de carbonato de sosa, una per-
la opaca, y se distingue por esta propiedad de las sa-
les de eslronciana y de barita; el mismo cuerpo, fun-
dido sobre el carbón, bajo la influencia de la llama re
ductora, no es absorvido como los sulfatos de barita y
de eslronciana.
La cal aislada no sufre ni fusión ni alteración cuan-
do se la calienta al sóplele; pero el carbonato de cal
produce con la sal de fósforo un vidrio trasparente, el
cual conserva su diafanidad aun después del enfria-
miento; el óxido de calcio, tratado por el nitrato de
cobalto, produce una masa negra ó de color gris os-
curo, que es infusible.
Es indispensable, en general, recurrir á la via hú-
meda cuando se quiere descubrir con seguridad la
presencia de la base mencionada.

Magnesio.

La magnesia no presenta cambio alguno sometida


á esta clase de ensayos: su carbonato pasa fácilmente
á magnesia cáustica, que restablece el color azul del
papel de tornasol enrojecido, y enverdece el jarabe de
violetas. Forma con la sal de fósforo un vidrio diáfa-
no, que ofrece un aspecto lechoso por el enfriamiento.
También es indispensable, la mayor parte de las ve-
ces, recurrir á la via húmeda para distinguir en una
mezcla dada la presencia de la magnesia.
9-2

Aluminio.

La alúmina es infusible; aun con el bórax lo efec-


túa parcialmente, produciendo al cabo de mucho tiem-
po un vidrio incoloro, siempre y cuando que este óxi-
do no se halle mezclado con otros cuerpos susceptibles
de comunicarla color; produce con la sal de fósforo
un vidrio trasparente. Todas las sales de alúmina, hu-
medecidas con una disolución de sal de cobalto, y ca-
lentadas en la llama oxidante, adquieren una colora-
ción azul: añadiendo mucho reactivo, es tan intenso el
color producido que parece negro. Sin embargo, este
carácter, tan precioso para reconocer la alúmina pu-
ra, cesa de manifestarse bajo la influencia de un gran
número de cuerpos: la dicha coloración sirve particu-
larmente para descubrir la alúmina en los silicatos
infusibles.
Manganeso.

Los Óxidos de manganeso no son fusibles, y ad-


quieren un aspecto pardusco después de la calcina-
ción: fundidos con el bórax, en la llama oxidante, dan
origen á un vidrio que cuando está caliente ofrece un
color amatista, el cual se cambia en rojo violáceo
cuando se enfria. Un esceso de óxido produce un vi-
drio negro, que no es trasparente sino cuando se
observan láminas muy delgadas; esle vidrio pierde
su color en la llama oxidante, sobre todo, sobre el
carbón y en presencia del estaño.
93
El vidrio formado por los óxidos de manganeso y
la sal de fósforo es violeta; empleando el carbonato
de sosa, la perla adquiere un color azul verdoso, que
permanece, aun sometiéndole á la acción de la llama
seductora. Cuando la cantidad de óxido de manganeso
es muy débil para teñir el vidrio, basta añadir á la
mezcla un poco de nitrato potásico; por lo general el
ensayo de los óxidos de manganeso se ejecuta con la
sosa sobre una lámina de platino: la coloración verde
que adquiere la mezcla (camaleón mineral) indica con
seguridad la presencia del manganeso: basta -¡^¡^ de
esle óxido para comunicará la sosa un color verde
marcado.
Algunos óxidos metálicos pueden encubrir ó mo-
dificar los caracteres del manganeso; el óxido de
hierro tiende á modificar en amarillo el color verde
tlel camaleón; y cuando se calcina la mezcla en la
llama de reducción, sobre un carbón, y en presencia de
una corla cantidad de estaño, el vidrio, en vez de apa-
recer incoloro como con los óxidos de manganeso pu-
ros, conserva un tinte verdoso debido al óxido de
hierro. Los óxidos de manganeso mezclados con el de
cobalto y la sílice, producen un vidrio que parece
«izul; y con el óxido de cromo la perla es de un co-
'or verde, mas ó menos amarillento. Cuando los óxi-
dos de manganeso contienen sulfures ó arseniuros, es
preciso someter la mezcla á una testación antes de
ensayarla al soplete.
Hierro.

El peróxido de hierro no cambia cuando se le ca-


lienta á la llama esterior, pero ennegrece y adquiere
propiedades magnéticas situado en la interior. Some-
tido á un fuego oxidante, dicho cuerpo produce con el
bórax un vidrio cuyo color rojo oscuro pasa á amari-
llento, y hasta suele desaparecer después de frió ; en
la llama de reducción la perla presenta un color verde
botella ó verde azulado.
Guando el óxido de hierro está mezclado con los
de plomo, estaño, bismuto, zinc, etc., se le disuelve
en el bórax, mediante la temperatura emanada de la
llama de reducción, y se obtiene un vidrio constituido
por un borato ferroso y de sosa, mezclado con granos
metálicos que se separan durante la fusión de la perla;
la masa vitrea, calentada nuevamente al fuego de re-
ducción, produce un glóbulo de color verde botella ó
verde azul. La presencia del estaño facilita la tras-
formacion del sexquióxido de hierro en protóxido.
Si al hierro acompaña el cobalto, se reconocerá la
existencia de éste por el color azul del vidrio después
del enfriamiento; la perla calentada en la llama oxi-
dante es verde y presenta diversos matices, sea en
caliente ó después del enfriamiento, porque el color
amarillo correspondiente al óxido férrico produce el
matiz verdoso combinándose con el azul del óxido de
cobalto; cuando está unido el hierro á los sulfures ó
arseniuros, es preciso tostar la mezcla antes de some-
95
lerla con el bórax al fuego de oxidación, pudiéndose
entonces reconocer, con suma claridad, el color ama-
rillo del óxido férrico; sin embargo, si el hierro posee
cobre, el color azul producido por el óxido de este
metal formará también el viso verde con el amarillo
del peróxido de hierro; en semejante caso, se calienta
la perla sobre el carbón, á la llama reductora, hasta
que todo el cobre quede eliminado al estado metálico;
la perla toma un tinte verdoso, y ofrece mayor tras-
parencia fundiéndola con estaño.
En el caso de que el hierro se halle asociado con
el manganeso^ debe desaparecer, sometido á la llama
reductora sobre el carbón, la coloración que este óxido
comunica á la perla; cuando el óxido de hierro está
Diezclado con el de cromo, se reconocerá este último
calentando la mezcla con nitro y potasa en la llama
oxidante; tratada la masa por el agua, abandona cierta
cantidad de cromato de potasa, que tiüe el líquido de
amarillo y deja al óxido de hierro en estado de polvo
insoluble.
Cromo.

£1 Óxido de cromo espuesto con el bórax á la Ua-


i&a oxidante, produce un vidrio amarillo cuando está
caliente, y verde azulado por el enfriamiento; si la
cantidad de óxido de cromo es considerable, la perla
ofrece un color rojo oscuro cuando se halla semi-
fundida, amarillo á medida que va enfriándose, y en
fin, verde, con cierto viso azulado, al estar completa-
mente fria: dicho glóbulo aparece verde en la llama
9ÍÍ
(Je reducción, conservando esle color aun después del
enfriamiento, sin que lampoco produzca por olra parle
cambio alguno la adición del estaño. Colocado el óxido
de cromo en la llama de oxidación con la sal de fós-
foro, produce un vidrio rojizo en caliente, de un verde
sucio durante el enfriamiento, y de color verde her-
moso cuando la materia se halla bien fria; los colo-
res son mucho mas intensos en la llama de reducción.
El óxido de cromo se disuelve en el carbonato só-
dico, y produce, espueslo en la llama oxidante, un
vidrio pardusco en caliente, y amarillo y diáfano por
el enfriamiento, f erdiendo su trasparencia y adqui-
riendo un color verde, después de enfriado, cuando
se le somete á la acción de la llama reductora. Aque-
llos minerales que no manifiestan en el acto la pre-
seucia del cromo, mediante los fenómenos de colora-
ción que hemos descrito, deben fundirse en la llama
oxidante con una mezcla de pesos iguales de carbo-
nato sódico y de nitro, por cuyo medio todo el cromo
pasa, al poco tiempo, al estado de cromato potásico.
En tal disposición, se trata la masa por agua hir-
viendo; si el líquido contiene manganato de potasa,
pasará del color verde al violeta; en seguida se hierve
esta disolución con ácido acético, sin separarla de la
parte insoluble; el ácido permangánico se descompone,
y el líquido se vuelve amarillento; y en fin, se añade
acetato de plomo, que ocasiona un precipitado ama-
rillo, de crómate de plomo, fácil de reconocer.
Si la sustancia sometida al examen contiene azu-
fre ó fósforo, resultará mezclado el cromato con sul-
97
falo y fosfato de plomo: un ensayo especial, practicado
con la sal de fósforo, indicará en este caso facilmenlo
la presencia del cromo.

Zinc y cadmio.

El ensayo al sóplele, dirijido á descubrir la pre-


sencia del zinc, eslá fundado: 1.' en la volatilidad
de esle metal; 2.* en la estabilidad de su óxido;
3 / en el color amarillo que adquiere el óxido de zinc,
cuando eslá caliente, y por último en la propiedad
que posee el mismo cuerpo de adquirir un color verde
por la sal de cobalto.
Cuando la sustancia que se estudia contiene mu-
cho zinc, se la somete directamente al soplete; pero
si la cantidad de esle metal es débil, es precisa tratar
la materia con un fundente compuesto de 2 parles de
carbonato sódico y de 1^ de bórax.
En ambos casos se calienta la sustancia sobre el
carbón á la llama reducliva; el zinc se volatiliza y
forma al conlacto del aire un óxido que se deposita
sobre el carbón; este óxido es amarillo en caliente, é
. incoloro frió. Si al zinc acompaña el plomo, se ob-
serva que las flores de zinc se fijan dentro del cuerpo
que se ensaya, mientras que la mayor parle del óxido
de plomo parece como que se aleja; la mejor manera
de caracterizar el zinc consiste en mojar ligeramente
la sustancia, reducida á polvo, con una disolución de
cobalto, y calentarla fuertemente á la llama oxidante;
el óxido de plomo se volatiliza completamente, y el de
98
zinc se colora en verde después del enfriauíienlo; el
óxido de zinc es infusible en el bórax.
Cuando el melal de que nos ocupamos coaliene
cadmio, éste produce primeramente un óxido de un
color rojo oscuro, sobre el cuál se precipita el óxido
de zinc; el óxido de cadmio, calentado á la llama de
reducción, desaparece al poco tiempo, dejando sobre
el carbón una huella roja ó amarillo-rojiza; pudién-
dose reconocer de esta manera en el zinc hasta 1 cen-
tésima de cadmio; además, como este melal es mu-
cho mas volátil que el zinc, plomo, antimonio y bis-
muto, resulta que- si se calienta moderadamente el
cadmio que contengan uno ó varios de estos cuerpos,
se verá al cabo de poco tiempo, al lado del producto
del tratamiento, un precipitado rojo oscuro de óxido
cádmico. El bórax disuelve una gran cantidad de este
compuesto, dando origen á un vidrio trasparente cuyo
color amarillo desaparece en gran parte por el enfria-
miento.
Cobalto.

El óxido de cobalto se funde con facilidad en el


bórax, y forma con este reactivo un vidrio trasparente
de un hermoso color azul; para conseguir semejante
efecto, basta emplear una cortísima cantidad, debiendo
tener presente esto á fin de no usar mayor propor-
ción, porque, según hemos dicho ya en otro lugar,
comunicaria al vidrio tal intensidad que aparecería
negro.
El hierro mezclado con el cobalto tiende á colorear
99
la perla en verde. Para reconocer en tal circunstancia
la presencia del cobalto se calienta el glóbulo obtenido,
con fundente, renovándole repelidas veces; el hierro,
mucho mas afine por el oxígeno que el cobalto, se oxida
elprimero y entra en disolución, mientras que el cobal-
to se oxida en último resultado, concluyendo por pro-
ducir una perla de un color azul puro. Si la sustancia
contiene además cierta cantidad de níquel y de cobre,
ambos metales se oxidarán después del cobalto y al-
terarán el color azul de la perla; pero en este caso
bastará calentar el glóbulo con carbón á la llama de
reducción para hacer pasar el níquel y el cobre al es-
lado metálico, recobrando entonces la perla su color
azul primitivo.

Níquel.

El óxido de níquel se funde fácilmente con el bo-


í'ax, dando lugar á un vidrio de color de naranja que
se cambia en amarillo ó casi incoloro por el enfria-
miento ; una cantidad escesiva de óxido de níquel ori-
gina durante la fusión un vidrio opaco y negruzco, que
se vuelve rojo intenso y trasparente después de frió.
Bajo la llama de reducción, el vidrio loma un color
agrisado á consecuencia de la interposición de las par-
tículas metálicas de níquel.
La sosa no disuelve al óxido de níquel; en contac-
to de una gran cantidad de álcali, este óxido se redu-
ce con facilidad, y produce un polvo metálico blanco,
brillante, atraible por el imán.
400

Etíaño.

El protóxido de estaño anhidro ó hidratado arde


con la mayor facilidad, convirtiéndose en ácido me-
tastánico: se funde, aunque con gran trabajo, en el
bórax, y produce un vidrio trasparente. Las sales de
estaño, ensayadas sobre el cono de carbón, y con el
intermedio del carbonato de sosa, ó mejor aún con el
cianuro potásico, dejan por residuo un botón blanco
de eslaño metálico, muy fusible y maleable; el cual,
separado ele la escoria que le tapiza, y sometido den-
tro de la cavidad del carbón á la influencia de la lla-
ma oxidante, se cubre de una película blanca, no vo-
látil. Cuando el estaño se halla mezclado con hierro,
se espone la mezcla á la llama de reducción, interpo-
niendo previamente cierta cantidad de bórax y de so-
sa, por cuyo medio el óxido de hierro es retenido por
la escoria, obteniéndose un botoncito de estaño libre
de toda materia estraña.
El ensayo ejecutado con el auxilio de la sosa es
tan sensible, que puede reconocerse hasta — de esta-
ño existente en varias especies de minerales.

Antimonio.

El Óxido de antimonio se volatiliza en la llama


oxidante, pero es.rebajado al estado metálico en la
llama de reducción; se forma un precipitado de óxido,
.sobre las partes del carbón próximas al metal reduci-
101
do, y la llama se colora de azul verdoso. El bórax di-
suelve el compuesto de que hablamos, dando origen
en la llama de oxidación á un vidrio, que aparece
amarillo ínterin está caliente, y queda incoloro por el
enfriamiento: calentando la perla por espacio de algún
tiempo en la llama oxidante, se volatiliza todo el an-
timonio.
La perla que se forma con el bórax en la llama de
oxidación se cambia en gris negruzca, y pierde su
trasparencia colocada en la parte reductora; quedan-
do eliminado todo el antimonio si se deja un gran ra-
to la perla á la influencia de dicha llama. El óxido de
antimonio se disuelve con efervescencia en la sal de
fósforo, produciendo un glóbulo de color amarillento,
cuando está caliente, que se conduce como la perla
de bórax, y de óxido de antimonio en la llama de re-
ducción.
El mismo cuerpo referido pierde su oxígeno cuan-
do se le ensaya al soplete (sobre el carbón) con el car-
bonato de sosa, volatilizándose poco á poco, y dejan-
do por residuo, sobre los puntos próximos al sitio ca-
lentado, un anillo de óxido anlimónico. El antimonio
se reconoce en una aleación por el precipitado que
forma cuando se le calienta: si la liga contiene meta-
les volátiles, tales como el plomo y el bismuto, estos
dos últimos se depositarán al estado de óxidos, uni-
dos al de antimonio; pero sometiendo este preci-
pitado á la acción del ácido bórico en la llama de re-
ducción, y á una temperatura poco elevada, se ob-
tendrá un residuo de antimonio puro, reconocible por
102
sus caracteres ordinarios; y sobre lodo, disolviéndole
á la temperatura de la llama oxidante en la sal de fos-
foro, y sometiendo un instante la perla con un poco
de estaño á la llama de reducción.
Cuando el antimonio está unido á una proporción
considerable de cobre, se obtiene un \idrio gris oscu-
ro ó negro, del que puede separarse completamente el
primer metal mediante una temperatura elevada: la
coloración debida al cobre aparece después de la eli-
minación del antimonio. Para reconocer una mezcla
de sulfuro, de arsénico y de antimonio, se calienta la
materia dentro de un tubo de vidrio cerrado por un
estremo; el sulfuro de arsénico se volatiliza, quedando
aislada una masa negra de sulfuro anlimónico; se cor-
ta la parte inferior del tubo, y se ensaya el residuo
que contiene, calentándole en otro abierto por ambos
lados. Se produce un desprendimiento de ácido sulfu-
roso, formándose al propio tiempo una cantidad cor-
respondiente de óxido de antimonio.

Bismuto.

Calentado el bismuto sobre el carbón da origen á


un óxido de color de naranja oscuro, el cual se cam-
bia en amarillo claro por el enfriamiento, ofreciendo
un matiz blanco azulado cuando se examinan lamini-
tas de poco espesor; una pequeña cantidad de óxido
de bismuto forma pon el bórax una perla amarilla es-
lando aún caliente, é incolora completamente fria. Si
el óxido existe en esceso, produce un glóbulo rojo-
105
amarillento trasparente, ínterin conserva una tempera-
tura elevada, el cual pierde por el enfriamiento su
diafanidad y el viso rojizo: tratado por el bórax, sobre
el carbón, en la llama reductora, dicho vidrio adquie-
re en el primer momento un tinte agrisado y su tras-
parencia; luego se manifiesta una especie de ebulli-
ción, la cual continúa hasta tanto que se volatiliza to-
talmente; y por último, queda otra vez opalino. Esta
reacción se manifiesta con mas rapidez añadiendo un
fragmento de estaño.
El óxido de bismuto, mezclado con la sal de fósfo-
ro, se disuelve en la llama oxidante, ocasionando un
vidrio diáfano é incoloro: un esceso de óxido produce
un vidrio amarillo, cuando todavía está caliente la ma-
sa, desapareciendo el color y la trasparencia en el ac-
to de enfriarse. Colocado este glóbulo en la llama de
reducción, aparece sin color alguno mientras la tem-
peratura sea elevada; pero no bien se enfria, toma un
color gris intenso, y pierde su diafanidad; el óxido de
bismuto se reduce casi por completo cuando se le en-
saya sobre el carbón, con el carbonato sódico, mas no
adquiere color alguno por el nitrato de cobalto.

Plomo.

El plomo se reconoce en general por la coloración


amarillenta del protóxido y la propiedad que presenta
el mismo cuerpo de formar, por la fusión, un vidrio
ae color de naranja, susceptible de reducirse sobre el
f'ai'bon, ofreciendo un grano de plomo en el que pue-
de evidenciarlo la maleabilidad, blandura y fusibili-
dad del referido melal. El óxido de plomo produce
con el bórax un vidrio diáfano, que es amarillo cuan-
do está caliente, y queda incoloro por el enfriamien-
to: dicho vidrio no adquiere el aspecto globular, y flu-
ye hacia los bordes del cono de combustible, deter-
minando una especie de ebullición.
El antimoDio y el bismuio aumenlaD la inlensiílíiíl
en el color amarillo «Icl óxido de plomo; cuando este
metal existe mezclado con el zinc, tiene lugar igual-
mente la coloración del referido óxido, pero se observa
además que, es|)ucsto en estas circunstancias á la in-
fluencia de ia llama eslerior, la comunica un matiz
azul claro.
Cobre.

El Óxido de cobre, sometido al fuego de oxidación,


se funde constituyendo un glóbulo negro que se ensan-
cha poco á poco sobre el carbón; á la llama reduclora
pierde dicho compuesto el oxigeno que posee, que-
dando aislado el cobre bajo la forma metálica y con
todos los caracteres que le diferencian de los demás
cuerpos simples; pero en el instante en que se paraliza
el uso del soplete, se cubre nuevamente de una costra
de óxido la superficie del melal; y en fin, á una tem-
peratura muy elevada se aglomera el cobre en un solo
grano, de color rojo.
El óxido cúprico se disuelve en el bórax tiñéndole
de un color que es terde mientras conserva una tem-
peratura elevada, pero que pasa á azul por el enfria-
105
miento. Sí la cantidad de óxido de cobre es grande,
toma tal intensidad (en caliente) la coloración de la
perla que parece opaca, mas luego que está fria pre-
senta, al mismo tiempo que una trasparencia perfecta,
la coloración azul verdosa característica; colocado en
la llama de reducción el indicado vidrio, pierde en el
primer momento su matiz, toma después otro rojizo y
se vuelve opaco. El cobfe metálico se separa, m e -
diante un fuego fuorle y prolongado , SienUO inCOlOCO
el glóbulo resultante.
El Óxido cúprico se conduce con la sai de fósforo
de la misma manera que con el bórax. escepto que
ias coloraciones son menos intensas que con esta úl-
tima sal; calentado el óxido de cobre sobre el alam-
bre de platino con el carbonato sódico, origina una
perla diáfana, de color verde, que pierde su color y
trasparencia por efecto del enfriamiento, siendo ade-
más reducido sobre el carbón; por cuyo motivo queda
depositado el cobre al estado metálico.
Cuando el cuerpo que-nos ocupa se halla mez-
clado con los óxidos de antimonio, bismuto y plomo,
no presenta la perla tan marcadamente el carácter
distintivo del cobre: solo se observa que se tiüe de
un color agrisado colocada en la llama de reducción;
en este caso es indispensable esponer la mezcla, den-
tro de la cavidad del carbón, á la llama oxidante, á
fin de eliminar, por volatilización, la mayor parte del
•inlimonio, bismuto y plomo, añadiendo en seguida
«n poco de ácido bórico, y calentando el lodo por
último á la llama de reducción. El óxido de plomo
i06
queda disuelto en el ácido bórico, mienlras que el bis
mulo y el antimonio se volatilizan; ensayado entonces
el vidrio con la sal de fósforo, presenta todos los ca-
racteres del óxido de cobre.
Para reconocer una corta cantidad de este metal
aleado al eslaño, se calienta la liga con la sal de fós-
foro sobre un carbón á la temperatura de la llama
oxidante: como el eslaño se oxida y se disuelve el pri-
mero, se consigue obtener, después de haber repetido
varias veces este ensayo, un botón metálico, pose-
yendo lodo el cobre de la aleación y solo ligeros indi-
cios de estaño; conseguido el boten se analiza de la
manera ordinaria, empleando al efecto la sal de fósforo.
Cuando el cobre se halla en las piritas marciales
ó en ciertas combinaciones salinas, en donde figura en
muy pequeña dosis para que sea posible reconocerle
por los procedimientos que acabamos de indicar, se
mezcla la sustancia, previamente tostada, con 2 par-
tes de carbonato sódico, 1 de bórax, y 4 ó 5 miligra-
mos de plomo; hecho esto se somete el conjunto á la
llama de reducción; el cobre se une al plomo, y forma
un botón que se ensaya, según dejamos consignado
precedentemente, por el ácido bórico y la sal de fós-
foro. Cuando el cobre y el hierro existen asociados, se
les reduce, por efeclo del mismo ensayo, en partículas
distintas, reconocibles por su diverso color, y por
medio de la barra imantada.
Los compuesto^ de cobre coloran en verde intenso
la llama cslerior; cuando contienen mucho plomo, la
llama es azul en el centro y verde en los bordes. Si la
107
coloración no es perceptible, es preciso reducir á pol-
vo fino la sustancia que se examina, humedecerla con
ácido hidroclórico, y colocarla á la influencia de la
llama interior, la cual suele colorarse unas veces de
azul verdoso, y otras de azul rojizo.

Mercurio.

Todas las combinaciones mercuriales son reduc-


tibles cuando, mezcladas con carbonato sódico ó con
sosa cáustica, se calientan á una temperatura conve-
niente; el ensayo se ejecuta en un pequeño tubo de
vidrio cerrado por un estremo; el mercurio se volati-
liza depositándose bajo la forma de esferitas argen-
tinas sobre las partes frías del aparatilo, las cuales
ofrecen los caracteres que le distinguen de todos los
demás metales. En el caso de que sea débil la pro-
porción de mercurio, se introducirá dentro del tubilo
indicado un fragmento de papel de oro suspendido de
un alambre de hierro; si el cuerpo contiene el metal
de que hablamos, se producirá una amalgama que
no dejará duda acerca de la existencia del referido
cuerpo.
Plata.

El óxido de plata se reduce por el calor: calentado


con el bórax en la llama de oxidación sobre un alam-
bre de platino, se disuelve una parle del óxido raien-
''•as que la otra queda reducida. El vidrio aparece
blanco y opaco después del enfriamiento. La plata me-
108
lálica produce con el bórax una perla semejante á la
anterior, la que, calentada sobre el carbón en la llama
reductora, se presenta de un color agrisado, en razón
á que se separa plata metálica sumamente dividida;
pero este cuerpo se reúne al instante en bolón, y la
perla se presenta diáfana é incolora.
La plata y el óxido argéntico se disuelven en la sal
de fósforo á beneficio de la llama oxidante, produ-
ciendo un vidrio opaco de color amarillo, que parece
rojizo examinado á la luz artificial; este glóbulo se
conduce, como el vidrio que ofrece el bórax, en la
llama de inducción; el óxido de piala, calentado con
el carbonato sódico, se reduce casi inslanlánearaente.
La plata aleada con metales oxidables ó volátiles
se separa al estado metálico cuando se calienta la liga
sobre carbón ó en las cenizas de huesos; el arsénico
se separa completamente de la plata por la toslacion;
pero cuando el metal eslá unido al teluro, es preciso
tratar la mezcla, colocada en la cavidad del cono de
carbón, por una gran cantidad de plomo, y someter el
todo á la llama oxidante. Si la plata está combinada
con mucho oro, se hace reaccionar la aleación con la
sal de fósforo, que disuelve la piala, originando un
vidrio amarillento.
Cuando los metales fijos y fácilmente oxidables se
hallan unidos á la plata, se consigue aislar este metal
ensayando el conjunto con el bórax en la llama oxi-
dante; la plata permanece, mientras que los óxidos
estraños quedan disueltos. Para reconocer la plata en
los sulfures, es preciso someter la mezcla, sobre el
109
carbón, á la llama reduclora, interponiendo antes
plomo y bórax; se obtiene por residuo un plomo argen-
tífero que, copelado después, dejará la plata pura.

Oro.

También se reduce con suma facilidad el óxido de


oro, bien sea que se le caliente solo ó con fundentes:
espuestas á una alta temperatura las aleaciones de oro
con los metales volátiles, estos se marchan, y el oro,
como fijo, queda aislado. El plomo se separa del oro
por copelación; el cobre se reconoce sometiendo la
aleación mezclada con la sal de fósforo y sobre el car-
bón á la influencia de la llama oxidante; después se
separa el oro practicando la copelación con el plomo;
si existe plata, esta queda unida al bolón copelado.
Cuando el grano residuo es de color amarillo, puede
asegurarse que es muy corta la cantidad de aquella,
aleada, pudiendo descubrirse por otra parte su pre-
sencia sujetando el botón metálico, con la sal de fós-
foro, á la acción de la llama oxidante; pero si por el
contrario el grano resultado de la copelación es blan-
co, se trata por el ácido nítrico, que disuelvo la plata
eliminando el oro bajo la forma de un polvo rojizo ó
negro. Y por último, si el botou es de color negro y
coherente, debe fundirse con plata antes de ponerle
en contacto con el ácido nítrico: sometido el residuo
con ei bórax á una alta temperatura, según dejamos
dicho, se obtiene un grano amarillo de oro.
410

Platino.

Es infusible é inoxidable; no se disuelve en los


fundentes, y su óxido se reduce fácilmente por el ca-
lor; copelado con plomo puro, se funde en un princi-
pio, pero luego queda eliminado sobre la superficie
de la cavidad de la copela, ofreciendo el aspecto de
un polvo mas ó menos aglomerado, según sea la can-
tidad de plomo trasformada en óxido. Disolviendo lue-
go en el ácido hidroclórico el residuo de la copela-
ción, se evidenciará la presencia del cuerpo que nos
ocupa haciendo uso de los reactivos ordinarios, según
diremos en lugar oportuno.

C A P I T U L O IW.
Modo de reconocer á qué clase de cuerpos pertenece una
sustancia dada, haciendo aplicación de ciertas conside-
raciones generales.

La sustancia sometida al análisis cualitativo, pue-


de ser un metaloide, un metal, una aleación, un áci-
do, una base, una sal, ó un compuesto binario consti-
tuido por la combinación de dos metaloides entre si,
ó por la de un metaloide con un metal; y complican-
do mas el problema, puede ser finalmente una mezcla
de estas diferentes sustancias. Veamos ahora de qué
manera es posible reconocer á qué grupo de cuerpos
corresponde la materia que se examina.
Los metaloides se distinguen con la mayor facili-
dad, en atención á que se hallan generalmente en sus
caracteres físicos, ó en su acción sobre el oxigeno,
propiedades bastante marcadas para reconocerlos.
El oxígeno, hidrógeno, cloro y nitrógeno, se dife-
rencian sin grande esfuerzo de los demás gases.
El bromo, yodo, arsénico, fósforo, azufre, sele-
nio, etc., son reconocibles igualrneute por sus propie-
dades físicas, y por su acción sobre el oxígeno.
Se reconoce un metal por su insolubilidad en el
agua; por la acción de los ácidos sulfúrico é hidrocló-
rico, que le disuelven ordinariamente, dando origen á
un desprendimiento de hidrógeno; y en fin, por el
ácido nítrico, que actúa sobre casi todos, produciendo
vapores rutilantes.
Una aleación presenta los mismos caracteres que
los metales; disolviéndola en los ácidos ó en el agua
regia, puede evidenciarse en la disolución la presen-
cia de dos ó mas metales.
Un ácido está caracterizado por su acción sobre el
tornasol y la propiedad que posee de unirse á las ba-
ses, dando origen á los diferentes géneros de sales.
Las bases se reconocen á su vez por la acción que
ejercen sobre la tintura de violetas, y el tornasol en-
rojecido por los ácidos, así como también por la cua-
lidad de combinarse con los ácidos produciendo sales.
Los óxidos metálicos son en general insolubles en
agua; si son básicos se disuelven en los ácidos, sien-
il2
do precipitados después, por las bases, de sus respecti-
vas disoluciones. Cuando corresponden á la clase de
óxidos indiferentes, el ácido hidroclórico los disuelve
con desprendimiento de cloro.
Tratado por el agua un compuesto binario, en el
que no figure el oxigeno como elemento constitutivo,
se conduce de ordinario como una verdadera sal; pe-
ro si es insolubie debe averiguarse, mediante los reac-
tivos convenientes, la naturaleza de los dos cuerpos
que le constituyen; es asi que se reconoce un sulfuro
en que desprende ácido sulfhídrico cuando se le trata
por los ácidos, y en que forma ácido sulfuroso y un
sulfato cuando se tuesta al aire; un cloruro desprende
ácido hidroclórico bajo la influencia del ácido sulfú-
rico, y gas cloro calentándole con ácido sulfúrico y
peróxido de manganeso, etc.
Una sai, propiamente dicha, se reconoce por su
color y aspecto, que nunca es metálico, y por su so-
lubilidad en el agua ó en los ácidos; disuelta la sal en
el agua, se investiga la presencia del ácido y la de
la base.
Hé aqui sumariamente las principales reacciones
que pueden dar á conocer la naturaleza del ácido.
Acido sulfúrico. El reactivo mas interesante es el
cloruro bárico, ó una sal bárica cualquiera, con tal
que sea soluble. Se produce un precipitado blanco de
sulfato de barita insolubie en el agua y en los ácidos
diluidos.
Acido fosfórico. Los reactivos mas importantes son
Ires, á saber: el nitrato argéntico, el sulfato magné-
113
sico adicionado con cloruro amónico, y sobre lodo el
molibdato amónico. El primero precipita la solución
de las sales neutras ó básicas en amarillo claro, solu-
ble en los ácidos; el segundo, produce igualmente en
las sales neutras, otro precipitado cristalino (fosfato
amónico-magnésico), el cual se forma con mas rapi-
dez, agitando la mezcla; y en fin, añadiendo algunas
golas de una solución de molibdato amónico á otra ní-
trica ó clorhídrica de un fosfato, é hirviendo el lodo,
se origina al instante en el líquido una coloración ama-
rilla intensa, con cierto matiz verdoso, ocasionándose
al propio tiempo (por poco concentrada que esté la di-
solución) un precipitado de color amarillo: la colora-
ción primera desaparece en parte porelenfriamienío.
Acido bórico. La reacción mas característica del
ácido bórico es el color verde que comunica á la lla-
ma de alcohol, después que ha sido aislado de sus
combinaciones salinas, mediante la acción del ácido
sulfúrico; puede hacerse igualmente el ensayo con la
sal que se sospecha es un borato, alcohol y ácido sul-
fúrico. Agitando la mezcla después de inflamado el
espíritu de vino, aparecerá la coloración mencionada.
Acido crómico. El reactivo mas conveniente, es
una sal soluble de plomo que da origen á un precipi-
tado amarillo de canario, soluble en la potasa, pero
poco soluble en el ácido nílrico diluido: puede con-
fundirse con la reacción que produce un yoduro, pero
sometidos ímbos precipitados á la influencia de una
alta temperatura, en un tubo cerrado por un eslremo,
el cromato dará oxigeno fácilmente reconocible, y el
ni
oiro no desprenderá gas alguno. Es también cualidad
caraclerísllca de los cromatos, además de la colora-
ción particular que ofrecen sus sales, la reducción
de oslas, al estado de sales crómicas, de color verde,
mediante la acción de los ácidos hidroclóiico (mez-
clado con alcohol), sulfuroso, tártrico, etc.
Acido arsenioso. Los reactivos mas característicos
del ácido arsenioso, y por consiguiente de losarseni-
los, son tres, á saber: el hidrógeno sulfurado, el nitra-
to argéntico, y el sulfato cúprico. El primero, no for-
ma apenas precipitado en los arscnitos neutros, pero
añadiendo un ácido se produce un depósito amarillo
de sulfhido arsenioso, muy soluble en la potasa cáus-
tica ó carbonatada y en los sulfures alcalinos, pero
insoUible en el ácido bidroclórico, aun cuando esté
hirviendo; el segundo, ó sea el nitrato argéntico, pro-
duce en los arscnitos neutros un precipitado amarillo
de arsenilo de plata. Si la solución es acida, es pre-
ciso emplear el nitrato argéntico-araoniaeal; y en fin,
el sulfato de cobro, ó el sulfato cúprico-amón¡co,si las
soluciones están acidas, origina un precipitado verde
(verde Sebéele) correspondiente al arsenilo cúprico.
Acido arsénico. Son igualmente característicos do
esle cuerpo, y de los arseniatos, los tres reactivos ar-
riba mencionados; el sulfhido-hídrico, solo precipita
los arscnialos en los líquidos ácidos; produciendo un
sulfhido arsénico de color amarillo, soluble en los
sulfures alcalinos. Cuando la solución está muy dilui-
da, no aparece el precipitado sino al cabo de*algun
tiempo; ol calor favorece su producción: es facilmen-
H5
te soluble en los álcalis cáusticos ó carbonatados, pe-
ro no le disuelve tampoco el ácido hidroclórico. El
nitrato argéntico, ó el nitrato de plata amoniacal, de-
termina un precipitado rojo-ladrillo de arscniato do
plata, soluble en el ácido nítrico y en el amoniaco; y
por último, el sulfato de cobre (ó cúprico-amoniacal)
produce un precipitado azul verdoso de arsenialo cú-
prico.
Acido hidro/ltiúrico. Es caraclcrislico para el ácido
fluorhídrico y los fluoruros, la acción que sobro el vi-
drio ejerce el primero, previamente aislado de sus com-
binaciones por el ácido sulfúrico; asi como lo es rela-
tivamente á los segundos, la reacción que el referido
ácido determina sobre los mismos colocados dentro
de un malracito de vidrio que contenga cierla canti-
dad de ácido silícico en polvo: añadiendo ácido sulfú-
rico concentrado, y favoreciendo la reacción por el
calor, se desprende un gas (ácido hidro-fluosílico) que
esparce abundantes vapores al aire, y se disuelve en
el agua, dando lugar á un abundante precipitado do
sílice gelatinosa.
Acido carbónico. Las reacciones caracloristicas del
ácidoícarbónico y de los carbonalos son: la eferves-
cencia producida por los ácidos, y el precipitado que
origina el gas desprendido en presencia del agua de
barita ó de cal.
Acido oxálico. Los mejores reactivos para carac-
lerizar este ácido y sus compuestos son dos: las sales
calcicas y el ácido sulfúrico. Todas las sales á baso
de cal, incluso la solución del sulfato (yeso), precipi-
tan los oxalatos neutros, ó adicionados con amoniaco,
en un polvo blanco (oxalato calcico), soluble en los
ácidos hidroclórico y nítrico, é insoluble en el oxáli-
co y acético-, calentado un oxalato seco con ácido sul-
fúrico concentrado, desprende volúmenes iguales de
óxido de carbono y de ácido carbónico, absorvible por
la potasa.
Acido silícico. La propiedad mas distintiva de esle
cuerpo es su insolubilidad en todos los ácidos, escepto
el hidrofluórico; y respecto de los silicatos neutros ó
ácidos, es característica la acción de los álcalis ó sus
carbonates; todos-los silicatos son insolubles en el
agua, menos los que tienen un esceso de base alcalina:
por lo mismo deben fundirse los insolubles con un es-
ceso de carbonato sódico ó potásico, y luego disol-
verlos en el agua. Tratados después por el ácido hidro-
clórico, con las precauciones que mencionaremos mas
adelante, se obtiene un precipitado gelatinoso, de sí-
lice hidratada, la cual aparece por la calcinación bajo
el aspecto de una arenilla blanca.
Acido hidroclórico. El reactivo mas precioso para
caracterizar este ácido y sus combinaciones son las
sales solubles de piala, especialmente el nitrato: en
efecto, este reactivo forma en la solución de los clo-
ruros un precipitado blanco, de un aspecto semejante
al de la leche corlada, que es insoluble en el ácido ní-
trico, pero muy soluble en el amoniaco cáustico. Di-
cho precipitado oscurece á la luz directa, y so funde
a una temperatura elevada, afectando después por el
enfriamiento una textura córnea.
117
Acido sulfhidrico. La propiedad mas caraclcrisUca
de los sulfuras, además del olor á huevos podridos
que desprenden por la acción de los ácidos (cualidad
sumamente distintiva), es la que se origina por la ac-
ción de las sales de plomo sobre los referidos cuerpos.
Si el sulfuro es soluble, una sola gota puede teñir de
negro una cantidad considerable de la solución de ace-
tato de plomo; y si es insoluble, tratado por el ácido
sulfúrico diluido originará gas hidrógeno sulfurado,
reconocible por su olor desagradable.
Acido hidrobrómico. Caracterizan á este ácido y á
sus sales el cloro y el ácido nítrico; cuando se añade
agua saturada de cloro á un bromuro, el líquido ad-
quiere un color amarillo rojizo, debido al bromo puesto
en libertad, el cual puede separarse agitándole con
éter. El ácido nítrico descompone los bromuros (es-
cepto los de mercurio y plata) aislando el cuerpo aló-
geno, que colora el líquido de amarillo rojizo.
El bromo en libertad comunica un color amarillo
al engrudo de almidón.
Acido hidroyódico. Los reactivos mas imporlanlcs
para reconocer los yoduros son: el cloro, ácido nítrico,
con el engrudo de almidón (es el mas sensible), y las
sales paladiosas. El agua clorurada colora en amarillo
la solución de los yoduros dejando el yodo en liber-
lad, en cuyo caso el líquido comunicará un hermoso
color azul al engrudo de almidón. Calentados con el
ácido nítrico, los yoduros secos, desprenden vapores
rutilantes, correspondientes á gases nitrosos, y vapores
violetas de yodo: si se añade ácido nítrico á la solu-
ÍJ8
cion de un yoduro, aparecerá el yodo libre, dando
origen, en presencia del engrudo de almidón, al coni-
jiuesloazul lan notable. Y en fin, una solución de ni-
Iralü ó de cloruro paladioso, produce en la solución de
los yoduros un precipilado negro de yoduro paladioso.
Acido Itidrociánico. Esle gas mortifero se distin-
gue, al cslado libre, por el olor pendrante y espe-
cial que posee á almendras amargas: los cianuros se
reconocen por la acción que ejercen sobre ellos los
ácidos minerales, y particularmente por la formación
del azul de prusia. El ácido sulfúrico diluido tiene,
entre otros, la propiedad de descomponer dichas sales
eliminando el gas hidrociánico, reconocible por el olor
mencionado; añadiendo á un cianuro alcalino cierta
cantidad de sulfato ferroso-fcrrico, y luego ácido hi-
droclórico, el líquido adquiere un color intenso de
azul do prusia. Todos los cianuros dobles desprenden
ácido prúsico cuando se los destila con el ácido sul-
fúrico diluido.
Acido nítrico. Los caracteres mas distintivos para
reconocer este cuerpo son: en primer lugar, la reac-
ción que determina ol sulfato ferroso en presencia de
un nitrato y del ácido sullúrico concentrado; y en
segundo, la intensidad con que avivan la combustión
proyectados sobre las ascuas; calentado un nitrato
en un tubo de ensayo con limaduras de cobre y ácido
sulfúrico de 66°, produce un desprendimiento de va-
pores rutilantes.
Acido dórico. líos cloratos deflagran igualmente
sobre las ascuas; puestos en contado, en un tubo de
119
ensayo, con el ácido sulfúrico monohidralado, dan lu-
gar á la producción de vapores rojo-amarillentos, cor-
respondientes al ácido hipoclórico; y en lin, despren-
den por la calcinación gas oxifícno (fácil de reconocer),
quedando un cloruro por residuo.
Acido acético. Las reacciones mas marcadas para
distinguir los acetatos son: 1." la que origina el ácido
sulfúrico; 2." la producida por el cloruro férrico; y
3.* la que se manifiesta con el ácido arsenioso y un
álcali fijo, desecado.
Calenlados los acetatos con el ácido sulfúrico di-
luido, ponen en libertad cierta porción de ácido acé-
tico, reconocible por su olor picante; si se repite el
ensayo añadiendo alcobol, se desprende eler acé-
tico, dolado de un olor agradable y caraclcrislico.
Mezclando cloruro férrico, á un acetato neutro, ad-
quiere el todo un color rojo de sangre (el ácido acético
libre no determina esta reacción). Y por último, intro-
duciendo dentro de un tubo de ensayo un acetato, po-
tasa cáustica desecada y ácido arsenioso, so sienle,
favoreciendo la reacción por el calor, un olor repug-
nante debido á la alcnrsina (1).
Consignadas las principales reacciones que pueden
dar á conocer la naturaleza de un ácido, varaos á ocu-
parnos ahora en averiguar, de una manera general,
la de la base,limilando nuestra investigación á aque-
llos metales comunes que son los que con mas fre-
cuencia se bailan en los análisis.
(O Se llama asi al óxido de iiu ra.liíjl forapucsln, aislad» por liuusi-ii, T
•itnuiniíiado cucodylo. {V. ,hl A)
J20
Esto admitido, supondremos que la base, objeto
del problema, esté constituida por la combinación
del oxigeno con uno de los metales siguientes: po-
tasio, sodio, calcio, bario, estroncio, magnesio, alu-
minio, manganeso, hierro, cromo, zinc, cadmio, es-
taño, niquei, cobalto, antimonio, bismuto, plomo, co-
bre, mercurio, piala, oro y platino.
Veamos ahora cómo se procede.
Se vierte en el liquido cierta cantidad de carbonato
alcalino: si no se forma precipitado, la sal es á base
de potasa, sosa, litina ó amoniaco; pero en el caso de
que se produzca, la disolución contiene, sea un metal
alcalino-térreo, ó un metal terreo, ó bien un metal
propiamente dicho. El oro y el platino, que son los úni-
cos entre todos los metales mencionados que no preci-
piten de sus disoluciones por los carbonalos solubles,
se distinguen sin embargo con suma facilidad de los
metales alcalinos, en razón á que poseen color, mien-
tras que estos últimos son completamente incoloros.
Pueden establecerse varias divisiones entre los
metales precipitables por los carbonatos.
1." Si el liquido diluido no precipita por el amo-
niaco cáustico, el ácido sulfhídrico, el sulfuro amó-
nico, ó el ferrocianuro de potasio, contiene una sal
alcalino-lérrea; es decir, una sal á base de cal, ba-
rita, ó estronciana.
2." Si precipita la disolución por el amoniaco,
y no sufre modificación alguna al verter en ella el fer-
rocianuro potásico, es prueba de que allí existe una
sal terrea, es decir, á base de magnesia, de glucina ó
121
(le alúmina: téngase presente, sin embargo, de que el
ferrocianuro de potasio forma, al cabo de cierto tiem-
po, un precipitado blanco y ligero en las sales de alú-
mina.
3.' Si la disolución precipita por el ferrocianuro
potásico, por los sulfuros solubles, ó por la potasa, es
señal de que contiene una sal metálica propiamente
dicha; es decir, un óxido á base de manganeso, hierro,
cromo, zinc, cadmio, estaño, níquel, cobalto, antimo-
nio, bismuto, plomo, cobre, mercurio, piala, oro, ó
platino.
Por consiguiente, haciendo uso de algunos reacti-
vos, lales como la potasa, el amoniaco, los carbonates
alcalinos, los sulfuros y el ferrocianuro potásico, pue-
den clasificarse todos los metales, en cuatro grupos,
á saber:

Primer grupo.

Sales alcalinas. Las sales .alcalinas no precipitan


por los carbonalos solubles, el ferrocianuro potásico,
el ácido sulfhídrico, ni por los sulfuros alcalinos: este
grupo comprende las sales á base de potasa, sosa,
amoniaco y litina, reconocibles por los caracteres si-
guientes:
1.* Sales de potasa. Los ácidos tártrico, hidro-
fluosilicico, hidroclórico, perclórico y el sulfato de
í^lúraina, forman precipitados blancos poco solubles;
el cloruro platínico produce un depósito amarillo, que
se adhiere al vidrio.
122
2.* Sales de sosa. Su disolución precipita por el
anliiiionialo polásico.
3.* Sales de amoniaco. La potasa y la cal hacen
desprender de ellas un gas alcalino, de un olor pi-
cante, característico.
Segundo (jrupo.

Sales alcalino-térreas. Las sales alcalino-térreas,


en disolución diluida, no precipitan por el ferrocianu-
ro polásico, el hidrógeno sulfurado, los sulfuros alca-
linos, ni por el amoniaco cáustico: este grupo com-
prende las sales de .cal, barita y eslronciana, cuyas
bases se distinguen recíprocamente por los caracteres
siguientes.
1.* Sales de cal. El oxalalo amónico produce en
ellas, aun cuando existan sales amoniacales, un pre-
cipitado blanco, insoluble en el ácido acético, pero so-
luble en el ácido nítrico; los sulfatos alcalinos forman
en sus disoluciones concentradas, un precipitado, que
desaparece añadiendo una gran cantidad de agua, y
vuelve á presentarse alcoholizando el liquido.
2.* Sales de barita. El ácido sulfúrico ó los sul-
fatos forman en su disolución, aun cuando eslé muy
diluida, un precipitado blanco, insoluble en el agua y
en los ácidos; escepto el sulfúrico concentrado, quo
le disuelve ligeramente: el ácido hidro-fluosilícico y
las sales nilro-sulfúricas, las precipitan también en
blanco.
3.* Sales de eslronciana. Estas no precipitan por
el ácido hidrofluosilícico ni por los sulfo-nilralos; for-
123
raan un depósilo blanco con el ácido sulíúiico ó los
sulfalos, sobre todo en presencia del alcohol; pero
añadiendo un esceso de agua, desaparece el precipi-
lado.
Tercer grupo.

Sales terreas. Las sales lérreas no precipilan ni


por el ácido sulfhídrico, «i por el ferrocianuro polá-
sico; lo efeclúan en presencia del amoniaco. Esle gru-
po comprende las sales de magnesia, alúmina y glu-
cina, que so distinguen por los caracteres espuestos á
continuación.
1.* Sales de magnesia. Los bicarbonatos no pro-
ducen precipitado en frió: esle aparece sometiendo el
liquido á la ebullición. El fosfato de sosa amoniacal
origina un precipitado blanco de fosfato amónico mag-
nésico: la potasa elimina la magnesia bajo la forma
de un precipitado blanco, ligero.
El amoniaco no determina deposito alguno en las
sales de magnesia acidas; forma un precipitado in-
completo, de óxido de magnesio, en las sales neutras.
2.° Saks de alúmina. Precipilau por el amoniaco
y por los bi-carbonalos; el ferrocianuro polásico en-
turbia al cabo de algún tiempo la disolución de estas
sales. La potasa forma un depósito gelatinoso soluble
en un esceso de álcali: el sulfuro amónico determina
igualmente la precipitación de la alúmina.
3.° Sales de fjlucina. El carbonato avnónico, pro-
duce un precipitado blanco soluble en un esceso de
reactivo.
i2i

Cuarto grupo.

Sales metálicas. Se reconocen por los caracleres


siguientes: precipitan ordinariamente por la potasa,
el amoniaco, el hidrógeno sulfurado, el persulfuro
amónico, el ferrocianuro potásico, y por los carbona-
tos solubles.
Algunas sales metálicas no precipitan por todos
los reactivos precedentes, pero siempre lo efectúan
con uno de ellos por lo menos; asi es, que ni el ferro-
cianuro potásicOi ni los carbonatos alcalinos, forman
precipitado en la disolución de las sales de platino;
pero el sulfuro amónico produce un depósito negro,
correspondiente al sulfuro platínico. El empleo suce-
sivo de los álcalis; del ferrocianuro potásico; de los
carbonatos alcalinos; del hidrógeno sulfurado y del
persulfuro amónico, basta siempre para caracterizar
una sal metálica.

OJC^OJ::?
Itlll
Análisis cualitativa, propiamente dicha.

Consignados de una manera general, en todo lo


que precede, los principales caracteres correspondien-
tes á aquellos cuerpos que mas frecuentemente sue-
len figurar en una análisis; y espuestos con la posible
claridad los ensayos de tanteo mas prácticos, y al pro-
pio tiempo mas susceptibles de darnos alguna luz
acerca de la naturaleza de la sustancia ó sustancias
que constituyan la materia sometida á la investiga-
ción analítica, vamos á ocuparnos en esta segunda
parle del modo de llegar á reconocer individualmente
los cuerpos siguientes.

BASES.

Plomo. Oro. Alúmina.


Piala. Platino. Barita.
Mercurio. Hierro. Eslronciana
Estaño. Cromo. Cal.
Arsénico. Manganeso, Magnesia.
An limón io. Zinc. Potasa.
Cobre. Cobalto. Sosa.
Kismiiio. Ñique!. Amoniaco.
Cadmio.
156

Áf;i.')().s.

Sulfúrico. HiJrofliiórico, Oxálico.


Hidroclórico. Fosl'ói'ico. Silícico.
Siilfhiilrico. Bórico. Nilrico.
Yo<llii<lrico. CróiTiico. Clórico.
Bromhilirico. Arsénico. Acciico.
Hidrociánico. Carbónico,

Hé aquí por olra parle lo que debe hacer el ope-


ratloi- anles de dar principio al análisis cualilalivo.
1 / Triturar la sustancia, y reducirla á polvo im-
palpable.
2.* Examinar si es completamente soluble en
agua, ó si solo lo es en parte; en este caso, evapora-
da una gota del liquido sobre una lámina de platino,
dejará una mancha sensible.
Debe observarse por separado la parle soluble y
la parte insoluble.
3.° Tratar la materia por el ácido hidroclórico (en
el caso de que no se disuelva en el agua), empleándo-
le diluido en un principio, y luego concentrado; aquí
hay que tener cuidado de si se desprenden gases. De-
be examinarse también separadamente la porción di-
suelta, y el residuo insoluble.
4.* Si el ácido clorhídrico no tiene acción alguna,
emplear el nítrico ó el agua regia, en especialidad
para los metales y las aleaciones: hecho esto, esludiar
por separado la parte soluble y la que no lo sea.
5.° En el caso do que no ejerzan acción alguna los
ácidos mencionados, se fundirá la materia en un crisol
de platino, con cuatro voces su peso de carl;onalosó-
127
dico, tratando en seguida el producto por el agua, y el
residuo insoluble por el ácido hidroclórico.
6.* Y por último, verificada la disolución, dividir-
la en tres partes; destinando una, para investigar la
presencia de las bases, y otra, para la de los ácidos:
la tercera, se tiene de reserva, por si hay necesidad
de repetir los tratamientos sobre nueva porción de
materia.

CAPITULO I.
Investigación de las bases.

Recomendamos al operador el orden siguiente, en


la marcha de las operaciones:
1.' Introducir una corta porción del líquido apar-
tado para buscar las bases, en un tubilo de eusayoí
añadir en seguida un poco de potasa cáustica, y ca-
lentar con la lámpara de alcohol: un olor característi-
co denotará al momento la presencia (suponiendo que
exista) del amoniaco.
2." Yerler en el resto de la disolución ácido hi-
droclórico, que precipita:
Mor de los precipitados,

/ ¡ai plomo Blanco.


rucipiíiilo A.}La plata Id.
(El mercurio (proto-cloruro). Id.
3-* Filtrar y añadir acto continuo, al líquido resul-
tante, agua bien saturada de hidrógeno sulfurado, ó
128
bien hacer pasar á través de él un esceso de dicho
gas, el cual precipita:
Cokr :;e les prenfiüjis.

¡El eslaño (bi-sulfúro). . . Amarillo.


id. (prolo-sulfúro).. • Castaño oscuro.
l— arsénico Amarillo.
|— antimonio Naranjado.
I— plomo Negro.
Precipilado B.í— cobre. Id.
I— bismuto Id.
I— cadmio Amarillo.
f— oro Negro.
— platino Id.
\ — mercurio Id.
Dicho reactivo decolora las sales férricas, asi co-
mo también los cromatos amarillos ó rojos, reducien-
do á ferrosas las primeras, y haciendo pasar á sales
crómicas verdes á los segundos, pero sin producir pre-
cipitado en ninguna de ellas.
Además de los sulfures que constituyen el depósi-
to ocasionado por el sulfhido-hidrico, queda en liber-
tad, por efecto de la misma reacción, cierta cantidad
de azufre, la cual forma por consiguiente parte del
todo indicado.
4." Filtrar; verter ácido nítrico en el líquido re-
sultante, y hervir la disolución por espacio de un
cuarto de hora. Hecho esto, añadir amoniaco cáus-
tico, que precipita:
129

Color de los ptecipiuáps.

' El hierro Rojo.


La alúmina Blanco.
El cromo "Verde.

Í Los fosfatosAk base de barita,\


Oxalatos... >estronciana , cal >Blanco.
Y boratos...) Y magnesia )
5." Filtrar; en seguida verter, sobre el líquido fil-
trado, un esceso áepersulfuro amónico; el cual deter-
mina la precipitación de:
Cclor de los predpiíadcs.

El manganeso De carne.
— zinc Blanco.
Precipiyol>.<_^^j^^^^ ^-gg^^^
'— niquet Id.
6." Filtrar, y hervir después el liquido resultante,
con el objeto de eliminar el esceso de sulfuro amó-
nico; conseguido, dejar enfriar y añadir carbonato
amónico, que precipita:
Color ¿e los procipitados.

La barita Blanco.

Í— eslronciana
— cal
Id.
Id.
T." Filtrar; el liquido filtrado puede aún contener:
/ Magnesia. \ Se deja aparte este residuo
Residuonrim.t.IPoíasfl. con su largetila correspon-
[Sosa. diente.
i 30
Los demás precipitados se han debido ir clasifi-
cando del mismo modo, sobre su respectivo embudo,
con la letra designada á cada uno de ellos.

Examen de los precipitados (1).

Precipitado A, producido por el ácido hidroclórico.


Puede estar constituido por los cloruros de plomo,
piala, mercurio.
Se lava dicho precipitado, sobre el mismo filtro,
con agua destilada hirviendo; en seguida se trata el
líquido filtrado con ácido sulfúrico. Si se forma un
precipitado blanco (sulfato plúmbico), es señal de que
existe plomo.
Pero como el cloruro plúmbico no es completa-
mente insoluble en el agua fria, resulta que dicho me-
tal se halla también en el precipitado producido por
el ácido sulfhídrico.
Verificada la loción anterior, se vierte sobre el
referido precipitado, amoniaco cáustico, recojiendo el
líquido que filtre dentro de un tubo de ensayo, y neu-
tralizándole después con el ácido nítrico. Si se origina
un precipitado blanco, coposo (cloruro argéntico), es
prueba de que hay plata.
Cuando al verter el amoniaco sobre el precipitado,
se observe que este ennegrece ó adquiere un color
agrisado, debe suponerse que existe mercurio.

( I ) El opcrídor debe comprobarlos rcsullados que oblen-a |ior\ia hiíinrda


ron repelidos ensayos al soplete. (/V. tííl A.)
Precipitado B, ocasionado por el sulfhidohidrico.
Pueden constituirle los sulfuros de estaño, arsénico
antimonio, plomo, cobre, bismuto, cadmio, oro, platino
Y mercurio.
Este precipitado se somete á varios tratamientos.
Primero. Se hierve con ácido hidroclórico, en el
que se disuelven los sulfuros de estarlo y de antimo-
nio: se filtra; y en el líquido ácido resultante, se in-
troducen algunas laminilas de zinc. Hay desprendi-
miento de hidrógeno y precipitación al estado metá-
lico, de los cuerpos citados; y por último, vuelve á
añadirse ácido hidroclórico al polvo tenue, bajo cuya
forma se han depositado dichos metales: se disuelve
el eslaño, el cual se reconoce en la disolución acida
por medio del hidrógeno sulfurado, que le precipita
al estado de sulfuro estannoso de color de castaña
oscuro.
La parte insoluble en el ácido clorhídrico puede
ser antimonio: si disuelto en el agua regia y eliminado
por evaporación el esceso de ácido, se fracciona en el
agua la disolución del residuo, dando origen á un pre-
cipitado blanco, soluble en el ácido tártrico, podemos
estar seguros de que existe milimonio.
Segundo. Se tratan por amoniaco los sulfuros inso-
'ubles en el ácido hidroclórico: se disuelve el de ar-
sénico, y pasa á través del filtro. Neutralizado en se-
guida el líquido amoniacal con el ácido hidroclórico,
se forma un precipitado amarillo, producido por el
smturo de arsénico, insoluble en dicho vehículo.
Pueden caracterizarse también los (res metales
132
mencionados, haciendo uso del sóplele-, en efeclo, si,
fundido el precipitado sobre el carbón con el carbo-
nato sódico y el cianuro potásico, se obtienen glóbu-
los metálicos, dúctiles, esto indicará que hay estaño;
si ios granos son frágiles, corresponderán á antimo-
nio, y en ün, si durante el ensayo se dosarolla un
olor á ajos, puede sospecharse con fundamento que
existe arsénico.
TercBro. Se dejan en contacto con ácido nítrico
los sulfures insolubles en el ácido hidroclórico y el
amoniaco: se disuelven los de plomo, bismuto, cobre y
cadmio; en seguida se añaden al líquido algunas gotas
de ácido sulfúrico, observando si se forma algún pre-
cipitado. En el caso de originarse un deposito blanco,
pulverulento y soluble en el lartrato de amoniaco,
hay que admitir la presencia del plomo; se filtra, y
en el liquido que se obtiene, se vierte un esceso de
amoniaco cáustico. Si aparece un precipitado blanco,
este indicará la existencia del bismuto.
Cuando al echar sobre la disolución filtrada el
reactivo alcalino de que acabamos de hablar, se vea
que el líquido loma un color azul, debe sospecharse
que hay cobre.
Respecto del cadmio, lié aquí los dos casos que
pueden ofrecerse.
1.* Cuando el liquido contiene cobre, y por con-
siguiente ha adquirido un color azul al contado del
amoniaco; en Qgte caso, se añade cianuro potásico,
gola á gota, á la disolución, hasta que desaparezca el
matiz azul. Se forma un cuprocianuro do potasio ana-
133
logo al ferrocianuio de la misma base: una vez deco-
lorado el liquido, se hace pasar á través de él una
corriente de gas sulfhídrico, ó bien se vierte agua sa-
turada de este gas; por cuyo medio se obtiene un
precipitado amarillo de sulfuro de cadmio; el cobre
permanece intacto.
2.° Cuando el liquido está exento de cobre, y por
consiguiente no tiene color alguno: bastará en seme-
jante caso añadir hidrógeno sulfurado para determi-
nar la precipitación del sulfuro de cadmio, bajo la for-
ma dicha.
Cuarto. Se tratan por agua regia los sulfuros inso-
lubles en el ácido hidroclórico, en el amoniaco, y en
el ácido nítrico: se disuelven los de platino, oro y mer-
curio {\); acto continuo se fracciona la disolución en
tres partes, y se ensaya cada una por separado. En la
primera se vierte cloruro amónico, que precipitará el
platino al estado de cloruro amónico-platino, de color
amarillo, y dotado de las demás propiedades que le
caracterizan.
La segunda porción, se trata por el sulfato ferroso;
si se forma un precipitado pardo-rojizo, es señal de
que hay oro. Y en fin, se evapora hasta sequedad la
tercera parte, calcinando en seguida el residuo con
cal y carbonato sódico, dentro de un tubo de vidrio de
* pulgadas de largo por i de ancho, y abierto sola-
mente por un estremo: si se observan globulitos me-
co Puede qiiclar un icsidu.) blanco, hisohil.lf en d .igu;. li-fia, ronsti-
154
tálieos, condensados en las parles mas fiias del lubo,
es prueba de que existe mercurio.
Precipitado C, producido jwr el amoniaco. Puede
contener: hierro, alúmina, cromo, y los fosfatos, oxa-
latos y boratos de barita, estronciana, cal y de magne-
sia. Se deseca primeramente este precipitado á «n ca-
lor suave dentro de una cápsula de porcelana, y luego
se calcina en un crisol de platino, con tres veces su
peso de una mezcla compuesta de partes iguales de
carbonato sódico y nitrato potásico.
Los fosfatos y boratos de las tierras alcalinas, su-
fren una modificación en los ácidos y en las bases: los
primeros se combinan con la sosa, produciendo fosfa-
to y borato de sosa, mientras quo las segundas se
trasforman, al principio, en carbonatos, los cuales se
descomponen después por efecto de la temperatura;
de manera que en último resultado quedan reducidas,
dichas bases, al estado de óxidos.
El óxido de cromo, se cambia en ácido crómico que
entra en combinación con la potasa (1): el hierro y la
alúmina quedan al estado de sexqu¡óxidos.
Se trata el residuo de la calcinación por el agua
destilada, y se comprueba en una parte del líquido
resultante la presencia del cromo, para lo cual se em-
pieza por verter cierta cantidad de agua saturada de
hidrógeno sulfurado, cuyo reactivo hará desaparecer
la coloración roja ó amarillenta comunicada á la diso-

( i ) Si 1.1 masa fundida ofrece un color .imarillo, es signo cridcntc rie I.*
prc-rncl.» del cromo. (.V. drl A.^)
135
lucion por el crómalo, adquiriendo en cambio, el lí-
quido, un color verde correspondiente al sexquióxido
de cromo; en seguida se añaden unas cuantas gotas de
sulfuro amónico, y se obtiene aislado dicho óxido ba-
jo la forma de un precipitado verdoso. La otra parte
del liquido se reserva para averiguar la existencia de
los ácidos fosfórico y bórico, de la manera que dire-
mos al ocuparnos de la investigación de los ácidos.
El producto de la calcinación, insoluble en el agua,
se somete á la acción del ácido hidroclórico; resultan-
do un líquido que contiene cloruros de hierro, alumi-
nio, calcio, bario, estroncio y magnesio. Esta disolución
se trata por un esceso de amoniaco cáustico, el cual ori-
gina un precipitado, que puede estar constituido por
el óxido/"¿meo y la alúmina. Se filtra, y el liquido
filtrado, que como hemos dicho encierra los cloruros
álcalino-térreos, se pone aparte para buscar las ba-
ses, según veremos mas adelante.
Respecto del precipitado anterior, en el que se sos-
pecha existen á la vez el óxido férrico y la alúmina,
se trata (dentro de una capsulita de porcelana) con la
potasa cáustica hirviendo, y luego se filtra; si queda
un residuo rojo que adhiere tenazmente al filtro, es
correspondiente al óxido férrico hidratado. Hecho es-
to, se sobresalura la disolución alcalina por el ácido
hidroclórico, y después se neutraliza por el carbonato
amónico; si se forma un precipitado blanco, ligero y
coposo, debe admitirse que hay alúmina.
Precipitado D, producido por el sulfuro amónico.
Pueden encontrarse en él los sulfuros de manganeso.
156
zinc, cobalto y níquel. Se Irala por ácido nítrico, y en
seguida se añade á la disolución:
1.° Carbonato amónico, el cual dará origen á un
precipitado que puede contener los óxidos de manga-
neso y de zinc: para diferenciar ahora uno de otro, se
disolverá el depósito en el ácido hidroclórido, y luego
se sobresaturará el liquido por la potasa en esceso.
Si se reproduce un nuevo precipitado, es señal de
que hay manganeso; pero con el fin de adquirir una
certeza absoluta, se ejecutará sobre él la serie de
reacciones consignadas al hablar del referido me-
tal (página 92); en el capítulo que comprende los
ensayos al soplete.
Filtrada la disolución alcalina, se sobresatura por
el ácido hidroelórico, y se vierte á continuación amo-
niaco cáustico, hasta tanto que el líquido esté bastan-
te alcalino. Si se forma un precipitado blanco, le
constituye el óxido de zinc.
2,' Después de haber filtrado la disolución en don-
de produjo un depósito el carbonato amónico, se so-
bresatura por el ácido hidroelórico, y se hace pasar
una corriente de cloro en esceso; hecho esto, se aOa-
de carbonato de barita en cantidad tal, que predomi-
ne este compuesto salino; y por último, se abandona
la mezcla á sí misma durante 12 horas. Pasado este
tiempo, se observa un precipitado constituido por el
sexquióxido de cobalto y el esceso de carbonato bári-
co; se lava esta jnasa con agua fria; luego se disuelve
en el ácido hidroelórico, y después de haber elimina-
do toda la barita mediante el ácido sulfúrico, se pre-
157
cipita el óxido de cobalto por la potasa cáustica. Fil-
trado ulteriormente el conjunto, queda el susodicho
óxido sobre el filtro, recojiéndose aparte un liquido
de color verde puro, que contiene todo el óxido de ní-
quel; de manera que, bastará añadir nueva porción de
potasa cáustica para obtener aislado, por precipita-
ción, este segundo cuerpo (1).
Precipitado E, formado por el carbonato amónico.
Puede contener carbonatos de barita, esíronciana y
caí; se disuelve este precipitado en el ácido acético, y
se vierte en seguida (sobre una porción de él) bicro-
mato potásico. Si se origina un precipitado amarillo,
es señal de que hay barita.
Se filtra, y el liquido resultante se evapora hasta
reducirle á la mitad de su volumen; conseguido, se
añade una disolución de sulfato calcico. Si se forma
un precipitado blanco, es debido á la existencia del
sulfato de estronciana.
Para reconocer la presencia de la cal, se toma la
porción del líquido que se separó antes de añadir el
bicromato potásico, y se trata por el ácido sulfúrico:
( I ) Kste método, qne tan cscelcntcs rcsiiltailos ofrece en la práctica, ha
sido ideado por II. Rose : nosotros le hemos ensayado repetidas veces en el
laboratorio de VVurtz, y hemos obtenido constantemente la separación com-
pleta de ambos metales.
En el laboratorio de Gicsscn ge^uíainos otro, no mei;os exacto, propuesto
por Liebij:, el cnal está reducido á tratar por el cianuro potásico poro la di-
solución de los dos cloruros metálicos; se forma un cobalto-cianuro |)otásico
soluble, V UD niquel-ciaauro de potasio insoluble. Se filtra y trata luego el lí-
quido que pasa, por el sulfuro amónico, que precipita el col),ilto, al esta-
do de sulfuro; resta un pircipitado verde-amarillento, ctrrespooilicnlc al ní-
quel. CV. del ^1.)
138
hay formación de un precipitado que puede estar
constituido por los sulfatos de barita, estronciana y
cal. Dejado en digestión dicho precipitado con 4 ó 5
veces su peso de agua destilada, se somete después á
la ñltracion: de lodos los sulfatos, solo es soluble el
de cal; de manera que, si tratado el líquido resultante
por el oxalato amónico, aparece un precipitado blan-
co, insoluble en el ácido acético, pero soluble en el
nítrico é hidroclórico, debe admitirse que hay cal.

. Examen del residuo número 1.

Puede contener magnesia, potasa y sosa. Para ave-


riguar la presencia de la potasa y de la sosa, es indis-
pensable eliminar la magnesia que el liquido posea,
teniendo un cuidado especial de no tratar toda la di-
solución por el fosfato sódico, pues entonces no es po-
sible saber si la sosa procede de la materia ó del reac-
tivo: por esta razón es menester fraccionar el liqui-
do en dos partes, y separada una, añadir á la otra
fosfato de sosa y amoniaco cáustico. Si se produce un
precipitado blanco, cristalino, no hay duda de que
existe magnesia.
Reconocida esta tierra, se evapora á sequedad la
porción de líquido separada, y se calcina ligeramen-
te el residuo á fin de destruir las sales amoniacales;
practicado esto, se^trata por agua el resultado de la
calcinación, y se hierve con un ligero esceso de car-
bonato bárico. Toda la magnesia se precipita al esta-
159
do de carbonato magnésico, restando solamente ta po-
tasa y la sosa en el líquido filtrado.
Para comprobar ahora la presencia de ambos ál-
calis, se concentra la disolución, y se divide en dos
partes; en una se vierten varias golas de cloruro pla-
tínico, y la segunda se trata con el antimoniato potá-
sico. Si en e\ primer caso se forma un precipitado
amarillo, granujiento, etc., es prueba de que h&y po-
tasa; siendo indicio evidente de la existencia de la
sosa, el que se produzca un depósito blanco, cristalino,
al añadir el antimoniato potásico en el líquido corres-
pondiente. Puede ejecutarse también este ensayo, tra-
tando toda la disolución primera por la sal de platino;
alcoholizando en seguida el liquido, é inflamándole
después de haberle filtrado. Si la llama resultante ofre-
ce un color amarillo, ligeramente rojizo, no cabe du-
da de que hay sosa.
Respecto á la manera de reconocer individual-
mente el calcio, harto, estroncio y magnesio que que-
daron al estado de cloruros solubles en el liquido de
donde precipitamos el óxido férrico y alumínico, por
medio de un esceso de amónico cáustico [pág. 135),
reproducimos cuanto acerca de la barita y de la es-
tronciana hemos dicho en la página 137; asi como
también lo consignado en la página 138 relativamen-
te 4 la cal y á la magnesia.
CJiPlTIJE.O I I .
Imesltyacion de los ácidos, ó sea de los géneros salinos.

Los ensayos preliminares al soplete indican ya al


operador la existencia de ciertos ácidos que constitu-
yen el género salmo, particularmente los nilratos,
cloratos, arsenitos, arscnialos, sulfatas y sulfuras; asi
como también se hallan bastantes indicios en la inves-
tigación de los metales, ó sean las bases, para sospe-
char si la materia contiene ácido crómico, arsénico ó
fosfórico.
La presencia de ciertas bases debe escluir nece-
sariamente la de determinados ácidos: si, por ejemplo,
se ha encontrado bario en la materia soluble en el
agua ó en los ácidos, es indudable que ésta no conten-
drá sulfates; ni cloruros, si se ha caracterizado la
plata, etc. Además, conviene ensayar previamente,
con los papeles reactivos, la disolución acuosa de la
sustancia que se analiza.
El ácido silícico y el bórico se precipitan de sus
disoluciones neutras ó alcalinas, pero concentradas,
cuando se vierte e» ellas ácido nítrico é hidroclórico;
depositándose también, á consecuencia de la misma
reacción, ciertos sulfuras que son solubles en la po-
m
lasa, y varios cianuros y cloruros que lo efectúan on
el cianuro potásico.
Siempre que se vaya á disolver en los ácidos la
materia, objeto de la análisis, debe observarse si se
desprende ácido carbónico ó sulfhídrico.
Pueden dividirse los géneros salinos, ó los ácidos,
en tres grupos.
Primer grupo. Géneros salinos, cuyas soluciones
neutras precipitan por el cloruro bárico; comprende
los sulfalos, fosfatos, boratos, cromatos, arsenitos, arse-
niatos, fluoruros, carbonatos, oxalatos y silicatos.
Segundo grupo. Géneros salinos cuyas soluciones
no precipitan por el cloruro bárico, pero sí por el ni-
trato argéntico; comprende los sulfuras, cloruros,
bromuros, yoduros, cianuros y los acetatos.
Tercer grupo. Géneros salinos que no precipitan
por el cloruro bárico, ni por el nitrato de plata; com-
prende los nitratos y cloratos.

Primer grupo.

Sulfalos. Añádase cloruro ó nitrato bárico á la so-


lución do la sustancia; si el precipitado es insoluble
en el ácido nítrico diluido, es correspondiente á un
sulfato (1).
V'J í.üino suponctíiüs que el operador tendrá |ir('sentc nucslro rnriirpo. lan-
ías vect's repelido, de comjirubar CD la generalidad de los inses eon IOÍ en'iayo.sal
s'f>|>lele, las reacciones qne obtenga por vía húmeda, autc>de admitir afirtualiva.
mente la existencia de un cnt-rpo, por la misma raion fiL-mos adoptado en estos
capívtilos nn lenguaje lacónico, mucho mas conveniente á nuestro nbjiio. (V.
H^i A.)
142
Fosfatos. Si el precipitado producido por el clo-
ruro ó el nitrato bárico se disuelve en parte ó en tota-
lidad en el ácido nítrico, puede existir un fosfato en
el cuerpo que se analiza; cuando la solución de éste
es acida, es preciso neutralizar primeramente por el
amoniaco antes de añadir la sal baritica; y si dicha
neutralización ocasiona un precipitado, hay necesidad
de filtrar y añadirla sal bárica al líquido filtrado. He-
cho esto, se recoje el precipitado sobre un filtro, se
lava, y después de haber vertido sobre él, ácido clorhí-
drico, con el objeto de disolver el fosfato bárico for-
mado, se filtra de nuevo para eliminar el sulfato de la
misma base, que pueda ocasionarse. Acto continuo, se
investiga eu el líquido filtrado la presencia del ácido
fosfórico por medio del cloruro férrico y del acetato
de sosa: existirá el referido ácido si se manifiesta
(sobre todo calentando) una coloración blanco-amari-
llenta correspondiente al fosfato férrico.
Boratos. Se agrega á la sustancia primitiva, antes
de disolverla, ácido sulfúrico concentrado y alcohol;
se calienta ligeramente, y luego se inflama el espíritu
de vino: si la llama ofrece nn color verde, es prueba de
que hay boratos.
Cromatos. Se reconocen por la coloración amari-
lla ó roja que poseen estas sales: ya se descubre su
presencia en la investigación de las bases; en efecto,
cuando se precipitan, mediante la acción del hidró-
geno sulfurado, vapios metales al estado de sulfuros,
el ácido crómico se Irasforma en sexquióxido, cam-
biando en verde el color amarillo ó rojo del líquido.
U3
Arsenitos y arseniatos. El arséaico se reconoce ta m •
bieo al indagar la existencia de las bases (pd*/. 131).
Para distinguir ahora unas sales, de otras, es preciso
tratar la disolución primitiva con el nitrato de plata
y el sulfato cúprico {pág. 114).
Fluoruros. Se mezcla con ácido sulfúrico concen-
trado, la primera materia, según se halle naturalmen-
te; si contiene fluoruros, se desprenderá ácido hidro-
fluórico, que corroerá el vidrio.
Carbonatas. Si el precipitado producido por el
cloruro bárico se disuelve con efervescencia en el
ácido nítrico, es señal de que hay carbonates: dicha
especie de ebullición gaseosa se manifiesta también
cuando se disuelve en un ácido la sustancia primitiva.
Oxalatos. Acidulav la solución del cuerpo que se
examina (en el caso de que no existan carhonalos),
neutralizándola después por el amoniaco; en seguida
añadir cloruro calcico, lavar el precipitado (soluble
en el ácido nítrico, insoluble en el acético); y por úl-
timo, desecarle, y calcinarle luego á un fuego suave.
Ensayado con un ácido, el residuo de la calcinación,
dará origen á una viva efervescencia, si el precipitado
en cuestión ha sido previamente un oxalalo.
Puede también seguirse otro camino, reducido á
calentar el precipitado (antes de la calcinación) con el
ácido sulfúrico de 66°: se desprende ácido carbónico,
absorvible por la potasa, y óxido de carbono, que arde
con llama azul.
Silicatos. La sílice se descubre ya cuando se pone
en contacto el ácido hidroclórico con la sustancia que
144
se analiza; enlonces se precipita dicho ácido bajo la
íorma de copos gelatinosos, sobre todo estando concen-
trado el líquido. Solo son solubles los silicatos alca-
linos.
Segundo yriipo.

Sulfuros. Se reconocen la mayor parle, á conse-


cuencia del desprendimiento del hidrógeno sulfurado
que ennegrece una tira de papel impregnada de ace-
tato de plomo: este fenómeno se efectúa al afiadir el
ácido hidroclórico ó el sulfúrico, diluido.
Los ensayos preliminares al soplete, indican igual-
mente, por el olor sulfuroso que se origina, la exis-
tencia de varios sulfuros.
Tratados estos compuestos por el ácido sulfúrico,
nítrico, ó por el agua regia, se convierten en sulfates
con desprendimiento de vapores rutilantes, y aun al-
gunas veces con precipitación de azufre.
Cloruros, bromuros y yoduros. Acidular el liquido
con el ácido nítrico (si aquel contiene un sulfuro, es
indispensable destruirle mediante la ebullición con el
mencionado ácido); y en seguida, añadir nitrato de
plata. Si aparece un precipitado blanco coposo, com-
pletamente soluble en el amoniaco, corresponde á un
cloruro; pero si el precipitado es amarillo y al mismo
tiempo poco soluble en el indicado álcali, puede ser
debido á un bromuro ó á un yoduro. Para distinguir
ahora entre si djchas sales haloideas, se divide el de-
pósito en dos partes, y se trata uno con agua clorura-
da y éter; y la segunda, con agua saturada desdoro y
el engrudo de almidón: la coloración amarilla ó azul
caracterizarán al bromo ó al yodo. '
Para conocer si hay cloruro al mismo tiempo que
bromuro y yoduro, se trata el precipitado argTnSco
por el amoniaco débil, y luego se filtía y precipita e
cloruro, por el ácido nítrico ^

que arde con llama purpúrea; y en ün, parldescu


bnr la existencia de los cianuros alcalinos, se trat¡
S o ^* '°'"'^'°" ''""'''"" ^'' "' '"''"''" '•"•''«^"-'
Acetatos. Calentar la materia con el ácido sulfúri-
co d.lu,do con el objeto de eliminar el ácido acético
reconocb e por su olor; poner en digestión el prod c'-
to destilado con un esceso de litargirio, y ver Ji se oí
t.ene sub-acetato de plomo solubíe, y dotado d e t
propiedad de restablecer el color i/, i Ii " ^ ' ^ V ' '»
nasol enrojecido. En el caso 1 V e L . o ' ^ r V "
«e aüadii-a (á la solución de la m a l r i T . , T'''
co, con lo cual se conseguir u^a ' 1 1 , ^'''•""
cura, operando en Wo, ó „n pr ein t a l T" ' ? ' " • "
•adrillo, mediante una larga eS^^^^^^^

1(1
146

Tercer grupo.

Nitratos y cloratos. Ya se descubren al ejecutar


los ensayos preliminares, por la deflagración que ori-
ginan cuando se proyectan sobre las ascuas. Puede y
debe confirmarse su presencia, tanteando, con el sulfa-
to ferroso y ácido sulfúrico concentrado, cierta porción
del liquido primitivo, y después calcinando otra en un
tubo de ensayo; observando el gas que se desprenda,
y haciéndose cargo del residuo: la coloración café in-
dicará en el primer caso si el ácido nítrico se halla en
la sustancia que se estudia; asi como el desprendi-
miento del oxigeno, acompañado de las reacciones pe-
culiares á los cloruros (en el caso de que tales las
ofrezca el residuo) nos hará suponer, en el segundo,
la existencia de un clorato.

Considerando que la presente obrila no va reco-


mendada en manera alguna á los hombres profundos
en la ciencia que profesamos, sino que está escrita
esclusivamente para guiar, en lo que pueda, a las per-
sonas deseosas de familiarizarse un poco con la aná-
lisis química, hemos reflexionado, que quizás vendría
en auxilio de nuestro deseo, el describir, en lugar
oportuno, dos ó tees ejemplos prácticos de los diferentes
análisis cualitativos y cuanlitativos que hemos tenido
ocasión de ejecutar en los laboratorios de Wurtz y de
Liebig, durante nuestra permanencia en Francia v «n
Alemania. De manera que, trasladando á este liZ
cuantos pormenores operatorios relativos á esta c a e
de trabajos figuran en nuestros cuadernos, el l e Z
vera claramente la exactitud con que se van recono
cendo los cuerpos, á medida que se o b s e r v a d o ;
precisión las reglas generales establecidas.

PRIMER EJEMPLO.

Análisis cualitativa de m fragmento de vidrio, proce-


dente de un matraz.

Se tomaron 2 gramos de vidrio bien limpio v se


pulverizaron en un mortero de piedra hasta reducirle
a polvo impalpable, continuando la división con los
residuos, después de añadir agua, y decantando (pasa
do un ligero reposo) en tres vasos de distinta capaci
dad, hasta tanto que hubo en el liquido del tercer va
so la cantidad de vidrio necesaria para la análisis En
seguida se filtró, lavando luego el precipitado sobre el
mismo papel, en donde por último se le abandonó á
la desecación durante el tiempo preciso; pasado éste
se peso gramo y medio de la referida materia v s¡
mezclo con U de carbonato bárico, seco, obtenido
previamente tratando el cloruro por el carbonato de
sosa.
Efectuada la mezcla fue introducida dentro de un
crisol de platino, el cual, bien tapado y puesto en el
interior de otro de barro (que luego se cubrió), se es-
puso á una temperatura elevadisima, durante 4 ho-
ras, en un horno de reverbero.
Trascurrido este tiempo, y cuando ya estaba frió
el crisol, se vertió la materia en una cápsula de por-
celana, lavando el interior de aquel con agua acidu-
lada con ácido nítrico, con el objeto de separar toda
la porción de materia adherida; hecho esto, se afiadió
al todo agua y ácido nítrico puro; y cuando ya no hu
bo efervescencia, en frió, se evaporó moderadamenle
hasta sequedad. En seguida se trató el residuo con
nueva porción de agua y de ácido nítrico; se evaporó
un poco; y finalmente, se filtró.
Quedó sobre el filtro un polvo blanco, muy fino,
que rechinaba entre los dientes, y era insoluble en
los ácidos, aun hirviendo (silicej.
El líquido filtrado se sometió á una corriente de
gas sulfhídrico en esceso. No hubo precipitado algu-
no: por consiguiente ausencia del estaño, arsénico, an-
timonio, plomo, cobre, bismuto, cadmio, mercurio, oro
y platino.
En vista de esto, se neulralizó la disolución con
amoniaco cáustico, vertiendo acto continuo persulfu-
ro amónico hasta que no se produjo mas precipitado;
se filtró y lavó el residuo, sobre el mismo papel, con
agua sulfhídrica; y cuando estuvo seco, se trató con
ácido hidroclórico, mezclado con algo de nítrico, á fin
de peroxidar el hierro en el caso de que existiera; y
por último, se evaporó hasta reducir el todo á la ter-
cera parle de su volumen.
149
En tal estado, volvió á neutralizarse la disolu-
ción con el amoniaco, añadiendo después un esceso
del referido álcali; hubo un precipitado rojo-amari-
llento, el cual fué recojido y lavado sobre un fil-
tro, quedando allí hasta que se desecó suficiente-
mente ; en seguida se trató por potasa, una porción
del mencionado depósito, y se observó que se di-
sol via en gran parte en dicho álcali. Dejado á un la-
do el pequeño residuo (de color rojizo), se saturó el
liquido alcalino por un ácido, originándose por efec-
to de esta reacción un precipitado blanco, ligero y
espeso, que calcinado al sóplele con nitrato de cobal-
to , produjo una coloración azul correspondiente á la
alúmina. (En igualdad de circunstancias, el zinc pro-
duce una coloración verde).
Disuelta en el ácido hidroclórico la otra porción
del precipitado que quedó sobre el filtro, se fraccionó
el líquido en tres parles; una se diluyó bastante, y fue
ensayada con el ferrocianuro potásico, el cual pro-
dujo al momento la coloración azul propia del fer-
ricianuro férrico; tratada la segunda por el amonia-
co, regeneró el precipitado rojizo; y en fin, la tintura
de agallas comunicó á la disolución un color negro,
debido al tannalo y gállalo de hierro.
El liquido filtrado anteriormente se diluyó en bas-
tante agua, y en seguida se vertió gota á gota la can-
tidad de ácido sulfúrico necesaria para precipitar, al
estado de sulfato, toda la barita que quedó unida con
la sílice en el primer tratamiento; y en fin, se evapo-
ró casi á sequedad. Yerificada esta operación, fue neu-
150
tralizándose el líquido con amoniaco cáustico (1), y
luego se añadió carbonato amónico.
No se originó precipitado alguno, ni en frió, ni á
consecuencia de la ebullición, lo cual dio á conocer
que no habia estronciana ni cal.
Evaporada nuevamente la disolución hasta seque-
dad, se destruyeron por calcinación las sales amonia
cales, repitiendo posteriormente otra calcinación con
el residuo, de una manera análoga á la indicada en el
primer tratamiento relativo á esta análisis: enfriado el
crisol, se añadíeroD á la materia varias gotas de ácido
hidroclórico, y en seguida se ensayó por el cloruro pla-
tínico, cuyo reactivo ocasionó un precipitado amari-
llento, mas abundante á la adición del alcohol, debido
á la presencia de la potasa. Cuando ya no se produjo
mas depósito, sin embargo de añadir un ligero esceso
de cloruro platínico, se filtró y evaporó á sequedad el
liquido filtrado: tanteado éste con el papel de tornasol
enrojecido, se observó que estaba alcalino; en vista
de esto, se dividió en tres partes, sometiendo una á
la acción del antimoniato potásico, que ocasionó un
precipitado blanco (antimoniato de sosa): examinada
la otra al microscopio, después de verter dos gotas de
ácido sulfúrico, se distinguieron inmediatamente unos

( I ) CKIDO que no «c ha elimioado por calcioaciun el ácido sulfúrico, re-


• ult.1 que isl'' cxislc muy concentrado T CU proporción algo notable; por eon-
^i'^uienlc, el operador del^ añadir el amoniaco muy poco á poco si no quie-
re esponcrje fl que. reaccionando cofí intensidad el ácido _v rl álcali, Uny^x
projeccloo de materia. {iV- del A.J
151
cristales prismáticos de gran tamaño, correspondien-
tes al sulfato de sosa.
Por último, la tercera porción del líquido se trató
cou el ácido hidroclórico: no se formó precipitado al-
guno, con el fosfato sódico, añadido después de neu-
tralizar el ácido hidroclórico por el amoniaco. Por lo
tanto, ausencia de la magnesia.

Resumen.

£1 vidrio contenia:
Sílice.
Alúmina. Jbastante.| „ " " " ' l e n menor cantidad.
Hierro.
De manera que el pedazo de matraz era un sili-
cato de potasa, sosa, alumina y hierro; cuyo vidrio
corresponde al de botellas finas; pues en las ordina-
rias, la cal sustituye á la potasa.
Nota. Con el objeto de saber si existia barita en
dicbo silicato, se sometió 1 gramo de materia al mis-
mo procedimiento, pero calcinando el vidrio con car-
bonato de sosa, en vez del de barita, y buscando luego
esta base por el método ordinario: el resultado fue
negativo.
JS2

SEGUNDO EJEMPLO.

Análisis cualitativa de una sustancia pulverulenta, de


color azulado, inodora, poco densa é insípida, proce-
dente de la Escuela central de Artes y Manufacturas
establecida en Paris.

Investigación de las bases. Se pesaron 10 gramos


de esta sustancia, y después de introducidos en un
matraz adecuado, se fue añadiendo agua acidulada
con ácido tidroclórico, hasta mediar la capacidad de
la vasija: la materia se disolvió (en parle) en frió, y
completamente á la primera impresión del calor; por
consiguiente, ausencia de la sílice,plata, del mercun'o
(prolo-cloruro), y muy probable áft\ plomo.
La disolución, de una trasparencia perfecta, fue
espuesla á la acción de una corriente de gas sulfhí-
drico en esceso: se formó un abundante precipitado
negro (A), el cual podia contener estaño, arsénico,
antimonio, plomo, cobre, bismuto, cadmio, oro, mer-
curio ó platino; se filtró; y después de neutralizado
con amoniaco cáustico, el líquido resultante, se vertió
persulfuro amónico hasta tanto que no hubo reacción.
A consecuencia de la que tuvo lugar entre el reactivo
y los cuerpos disueltos, se originó otro abundante
precipitado [B], del mismo aspecto que el anterior, y
en el que á su vez podrán existir, al estado de sulfu-
res, el aluminio, manganeso, cobaUo, níquel, zinc y
el cromo.
455 •
Verificada la filtración, que era indispensable, se
concentró el líquido filtrado á la mitad de su volu-
men; en seguida se puso en contacto con la cantidad
necesaria de carbonato amónico, adicionado poco á
poco, y luego se hizo hervir el todo durante 6 minu-
tos: se formó ya en frió, pero mucho mas por efecto
del calor, un precipitado blanco (C), producido por
los álcalis lérreos, y las tierras propiamente dichas, al
estado de carbonalos, escepto la alúmina que figura
en el precipitado B, y la magnesia, que queda en el
liquido en donde está la potasa y la sosa.
Volvióse á filtrar el líquido, y mientras estaban
en disposición de inspeccionarse los precipitados an-
teriores, colocados cada uno en su embudo especial
y cubierto éste con un disco de vidrio, numerado se
empezó á buscar la magnesia, potasa y. sosa en el li-
quido filtrado; para lo cual, lo primero que se hizo
fue evaporarle hasta sequedad, é introducir después
el residuo dentro de un crisol de platino, que, metido
en otro de barro y cubierto todo, sufrió una tempera-
tura muy elevada en un horno á propósito. Enfriado
el producto de la calcinación, se trató con agua aci-
dulada con ácido hidroclórico, y acto continuo se
fraccionó en tres partes la disolución acida, pero tras-
parente, del referido residuo; neutralizada la primera
con el amoniaco cáustico, se vertió en ella fosfato só-
dico, observándose al instante un precipitado blanco,
cristalino, debido sin duda alguna al fosfato amónico-
magnésico.
Consignado este dato, se ensayó la segunda parle
154
del líquido fraccionado, afiadiendo en él, al efecto, va-
rías golas de cloruro platínico: no se presentó al pronto
fenómeno alguno que hiciera presumir la presencia de
la base que se buscaba, pero mezclada la disolución
con alcohol, y luego hervida, se puso en evidencia
un lijero precipitado, perteneciente, por todos sus ca-
racteres, al cloruro doble de platino y de potasio. Y en
fin, tratada la tercera porción con el antimonialo po-
tásico, se formó un precipitado blanco, abundante,
debido al antimonialo de sosa.
Terminadas las anteriores investigaciones, se pro-
cedió al estudio de los diferentes precipitados, empe-
zando por el señalado con la letra A, ó sea el produ-
cido á consecuencia de la corriente de gas sulfhídrico
á que se sujetó el líquido primitivo; separado aquel
del filtro, se introdujo dentro de un matracito de vi-
drio, se añadió ácido hidroclórico, y se hizo hervir el
todo por espacio de un cuarto de hora; pasado este
tiempo, se filtró la disolución, quedando sobre el pa-
pel un residuo (a'), de que nos ocuparemos inmedia-
tamente.
Recojído en una copa, propia para precipitados,
el líquido resultante de la filtración, se metieron den-
tro algunas láminas de zinc muy limpio y puro; hubo
un abundante desprendimiento de hidrógeno, acom-
pañado de la precipitación de un polvo negruzco.
Aislada por decantación esta materia dividida, se di-
solvió en el ácido hidroclórico, y acto continuo se
vertió agua saturada de sulfhido-hidrico; no bien reac-
cionó este hidrácido, sobre la disolución clorhídrica.
lo5
se formó un precipitado amarillo (¿sulfuro de esta-
ño?), el cual, mezclado con carbonato sódico, y ensa-
yado al soplete dentro de la cavidad del cono de car-
bón, dejó un botón melálico, blanco, muy fusible y
maleable, que calentado segunda vez en la llama oxi-
dante, se cubrió de una costra blanquecina; por cuya
razón no cupo duda alguna acerca de la existencia del
estaño.
Evaporado hasta casi sequedad el liquido en don-
de fluctuaba el precipitado anterior, y añadida nueva
porción de ácido hidroclórico, fue puesto en contacto
con 4 veces su volumen de agua destilada: se produjo
un precipitado blanco (¿oxicloruro de antimonio?),
que dividido en dos partes, y sometida una (previa-
mente asociada con el cianuro potásico) á la acción
de la llama del soplete, dio unos globulilos metálicos,
blancos, escesivamente frágiles, y en fin susceptibles
de volatilizarse por completo, cuando se los sujetaba
á la influencia de la llama oxidante. La otra porción
de materia blanca, separada, se disolvió totalmente
en el ácido tártrico, cuya circunstancia vino á con-
firmar la idea admitida respecto de la existencia del
antimonio.
El residuo (a') que quedó en el tratamiento del
precipitado A, por el ácido hidroclórico, se puso en
digestión con amoniaco cáustico durante un cuarto de
hora, dentro de una cápsula de porcelana, y en se-
guida se filtró; se obtuvo un líquido trasparente de
color amarillo verdoso, y una porción (a") no disuel-
la, que se dejó sedimentar sobre el filtro. Vertido el
156
ácido hidroclórico gota á gota, sobre dicho liquido, se
manifestó un precipitado amarillo (¿sulfuro de arséni-
co?), el que, después de haberle desecado bien entre
papel absorvenle, fue calcinado con nitro y carbonato
potásico dentro de un crisol de porcelana: disuelto el
resultado de la calcinación en agua destilada, se divi-
dió en tres partes.
La primera se introdujo dentro del aparato de
Marsh, cuyo modelo, descrito minuciosamente en la
página 30, reproducimos en este lugar.

Puesto en actividad con las debidas precauciones


el referido aparato, bien pronto apareció un humo
blanco, y perdió la llama de hidrógeno su color ama-
rillo de oro mate, asi como su brillo; adquiriendo en
cambio, al propio tiempo que cierta especie de pali-
dez, un matiz blanco-azulado muy perceptible: corla-
da la llama, por njedio de una capsulita de porcelana,
según manifiesta la adjunta figura, se recojieron sobre
su superficie &3 manchas negras, con lustre metálico;
i&7
formándose al propio tiempo, en el tercio inferior del
tubo de vidrio d, e, un anillo metálico de 2 pulga-
das de longitud. Humedecidas con ácido nítrico, algo
diluido, varias manchas adheridas á la porcelana, se
espusieron á una evaporación suave, y luego fueron
tratadas por agua: resultó una solución que, en pre-
sencia del nitrato argéntico-amónico, produjo un pre-
cipitado rojo-ladrillo; y en fin, puestas en contacto,
las manchas restantes, con el hipoclorito sódico, des-
aparecieron instantáneamente. Cortado con una lima
el anillo metálico que tapizaba el vidrio, y mantenido
por medio de unas pinzas en una posición inclinada,
sin dejar de calentarle al propio tiempo con la lámpa-
ra de alcohol, se convirtió en una materia blanca,
cristalina (con desprendimiento de olor á ajos), la
cual, disuelta en parte en agua destilada, produjo una
coloración verde en presencia del sulfato cúprico-
amónico.
En vista de estos resultados, que tan marcadamen-
te caracterizaban el arsénico, se desistió de ejecutar
investigación alguna, en este sentido, con las despar-
tes de liquido separadas.
Colocada la porción de precipitado (a") insolubie
en el amoniaco, dentro de uua cápsula de porcelana,
y calentada en tal disposición con cierta cantidad de
ácido nítrico, adquirió la porción disuelta un color azul
(¿cobre?) bastante Intenso; efectuada la filtración,
quedó sobre el papel un residuo negruzco (á"'), pa-
sando, como es consiguiente, á través del filtro el lí-
quido azulado. Tomadas unas cuantas gotas de él, é
158
introducidas en un tubo de ensayo, se afiadió un poco
de ácido sulfúrico: no hubo precipitado de ningún gé-
nero; por consiguiente ausencia del plomo.
Neutralizada con amoniaco cáustico, la disolución
de color azul, se formó al pronto un precipitado blanco,
azulado, el cual se reedisolvió en seguida (ausencia del
bismuto), pero adquiriendo mayor intensidad el matiz
del liquido que nos ocupa: caracterizado el cobre por
este fenómeno, y por el color de castaña que tomó una
pequeña cantidad de la disolución azul (la cual había
quedado casi incolora de tan diluida como estaba) en
presencia del ferrocianuro potásico, se pasó inmedia-
tamente á indagar la existencia del cadmio; á cuyo
fln, se fue vertiendo gota á gota una disolución con-
centrada de cianuro de potasio, basta tanto que des-
apareció el tinte azul primitivo. Sometido acto conti-
nuo el líquido á la acción de una corriente de sulfhi-
do-hídrico, se produjo un precipitado amarillo (¿sul-
furo de cadmio?), que recojido y desecado sobre un
filtro, se espuso á la acción de la llama reduclora ori-
ginada por el soplete: dicho cuerpo desapareció al ca-
bo de algunos instantes, sin producir olor algQno, pe-
ro dejando sobre el carbón una huella amarillenla,
perteneciente al óxido de cadmio.
La porción de precipitado (a'") que escapó suce-
sivamente á la influencia del ácido hidroclóríco, del
amoniaco y del ácido nítrico, se trató, dentro de una
cápsula de porcelana, por la cantidad necesaria de
agua regia: espuesto el conjunto á una suave tempe-
ratura, resultó un líquido homogéneo de color rojizo,
160
el cual se fraccionó en Ires partes, para practicar, so-
bre cada una, un ensayo especial. Introducida la pri-
mera en un lubilo de ensayo, se trató de averiguar la
presencia del platino, vertiendo en ella varias gotas
de una disolución concentrada de cloruro amónico;
mas no se vio el menor indicio del precipitado amari-
llo, característico, correspondiente al cloruro doble
de amonio y de platino.
Situada en otro tubo de vidrio, la segunda porción
de liquido, fue tratada á su vez por una disolución de
sulfato ferroso, observándose acto continuo un preci-
pitado denso de color pardusco (¿oro?) que, separado
por decantación del líquido que le bañaba, se disolvió
nuevamente por completo en el agua regia; ensayada
la disolución con el cloruro estannoso, apareció al
punto un color purpúreo, pero tan intenso, que casi
era negro; visto lo cual, ya no quedó duda acerca de
la existencia del oro.
y por último, mezclada la tercera parle de la di-
solución con cal, é introducido el lodo dentro de un
tubo de vidrio, abierto por ambos eslremos, pero ter-
minado casi en capilar uno de ellos, se puso sobre la
rejilla de hierro, que sirve para el análisis orgánico,
después de haber tapado herméticamente con un cor-
cho el lado mas ancho del referido tubo: en tal dispo-
sición, se fue elevando gradualmente la temperatura,
refrescando con papel de filtro humedeciíio, la esten-
sion mas próxima al punto capilar.
Enfriado este aparalilo, se observó una especie de
nube blanca en la parte del tubo mas inmediata á la
160
rejilla, cuya nube no se insistió en ensayar con el áci-
do nítrico y luego con la potasa, etc., en atención á
que se distinguian perfectamente los glóbulos mercu-
riales á la simple vista, hacia el sitio mas frió del apa-
rato. Por consiguiente, también habia mercurio en la
materia que se analizaba.
Terminado el examen de los cuerpos contenidos
en el precipitado producido por el gas sulfhídrico, se
procedió al estudio del que ocasionó el persulfuro
amónico, el cual ha sido señalado con la letra B.
Separado dicho precipitado del filtro en donde es-
taba desecándose, se calcinó dentro de un crisol de
platino con una mezcla de partes iguales de nitro y de
carbonato sódico, mas una ligera porción de clorato
potásico; frió ya el residuo calcinado, se trató con
agua destilada caliente, y en seguida se filtró. Quedó
sobre el papel una sustancia insoluble de color ne-
gruzco, pasando á través del mencionado filtro un lí-
quido amarillento, el cual, después de haberle redu-
cido por evaporación á la mitad de su volumen, se
subdividió en dos porciones; la primera, se puso en
contacto con agua saturada de hidrógeno sulfurado. A
la presencia de este reactivo se cambió en verde el
color amarillento de la disolución (¿cromo?), por cu-
yo motivo fue preciso justificar la sospecha concebida
acerca de la existencia del cuerpo que se buscaba,
continuandtt al efecto las reacciones confirmativas; á
este fin, se vertió persulfuro amónico, y luego se en-
sayó el precipitad» (con el bórax y sobre el alambre
de platino) en la llama reductora y oxidante, origina-
ICI
da por el soplete. La aparición de una perla Iraspa-
renle y de color verde esmeralda, vino á poner el se-
llo, digámoslo asi, á los caracteres distintivos de las
sales de cromo.
Colocada la segunda porción del liquido, dentro de
un tubo de ensayo, se fue añadiendo gota á gola ácido
hidroclórico, hasla que tanteada la disolución por me-
dio del papel reactivo, éste se enrojeció muy mani-
fiestamente; y en fin, se echó un esceso de carbonato
amónico. Recojido sobre un filtro, y bien lavado el
precipitado blanco y gelatinoso que se produjo, fue
calcinado al soplete, al principio sin nada, con el ob-
jeto de que se contrajera por la acción del calor, pero
luego con un poco de nitrato de cobalto. El vidrio ad-
quirió por el enfriamiento, un hermoso color azul de
prusia, correspondiente á la alúmina.
El residuo de la calcinación practicada con la pri-
mera cantidad del precipitado B, fue trasladado á una
cápsula de porcelana, y hervido durante 10 minutos
con ácido hidroclórico, algo diluido, pero mezclado
con varias gotas de ácido nítrico. Todo se disolvió á
escepcion de cierta cantidad de una sustancia ne-^ía
la cual quedó sobre el papel en el acto de la filtración'
Sobresaturado el líquido resultante por un esceso de
potasa cáustica, dio lugar á un precipitado blanco-ro-
J'zo (¿hierro y manganeso?), fluctuanle en la disolu-
ción alcalina, que se recojió sobre un filtro; acidulada
con acido acético la referida disolución alcalina, se
puso en contacto con agua saturada de sulfhido-hídri-
co. sin que se produjera precipitado alguno á la adi-
II
163
cion de dicho reactivo; lo cual dio á enleiuler que no
había zinc (1).
Rcdisuello en el ácido bidroclórico, el precipita-
do anterior, se dividió en dos partes; una se ensayó
sucesivamente con el ferrocianuro potásico, la tintura
de agallas, y el sulfocianuro potásico: el primero de
estos reactivos ocasionó la coloración azul ,de prusia
tan conocida; el segundo formó un precipitado negro
azulado; y en fln, el tercero, produjo inmediatamen-
te una coloración roja de sangre arterial. Por consi-
guiente, también figuraba el hierro entre los cuerpos
que constituían la sustancia sometida al análisis.
Hecho esto, se fundió á la lámpara de alcohol un
poco de nitro colocado sobre la hoja de un cuchillo de
platino, y en seguida se vertieron dos ó tres gotas de
la disolución clorhídrica separada anleriormenle; cal-
cinada segunda vez la masa, apareció ésta (después
de fría) teñida de un color verde-azulado (camaleón
mineral), debido sin duda alguna á la presencia del
manganeso.
Según hemos dicho arriba, quedó sin disolverse
en el ácido hidroclórico, débil y mezclado con algo
de ácido nítrico, un residuo negro; pues bien, tratado
éste con agua regia caliente, se disolvió por comple-
to, pero comunicando al todo un color verdoso (¿ní-
quel?) muy perceptible; acto continuo se diluyó el lí-
quida ácido; se hizo pasar á través de él una corrien-

(i) l'mUiia una pei|ucno cantidail del niisino liqnidu |iur un esceio de
carbonato sódico, no se formó ninguna especie de precipilado. f^. del A)
105
le de cloro en esceso; y por úilimo, se dejó abando-
nada á sí misma la materia durante algunas horas,
después de haber añadido previamente un esceso de
carbonato de barita.
Pasado este tiempo, hubo necesidad de filtrar la
disolución por el motivo de que se produjo un depósi-
to gris (¿cobalto?), el cual quedó sobre el filtro, pa-
sando á través de él un liquido de color verde, puro
y trasparente. Tratado éste por la potasa cáustica, se
formó al instante un precipitado de color verde man-
zana, correspondiente al hidrato de óxido de níquel.
Adquirido este dato, se lavó con agua destilada y
sobre el mismo filtro el precipitado anterior, y en se-
guida se trasladó, con la punta del cuchillo de plati-
no, á una capsulita de porcelana, en donde se le es-
puso á la acción de una suave temperatura después
de haber añadido un poco de agua regia; erectuada la
disolución, se fue vertiendo ácido sulfúrico gota á go-
ta, con el objeto de precipitar toda la barita al estado
de sulfato; y conseguido, se añadió potasa cáustica al
liquido procedente de la filtración; se ocasionó un
precipitado azul, el cual adquirió un color rosáceo en
presencia de un esceso de álcali. Por consiguiente, no
podía ponerse en duda la existencia del cobalto.
Conocidos los cuerpos que constituían el precipi-
tado B, se procedió al examen de los contenidos en
el distinguido con la letra C: á este fin, se trató dicho
precipitado por ácido acético caliente, y se fraccionó
el liquido en dos partes. Ensayada una con el bi-cro-
mato potásico, se observó un depósito amarillento.
16 i
correspondiente al cromato de Imrifa. Filtrado acto
continuo el liquido, se evaporó basta reducirle á la
lercera parle de su volumen, y se puso en contacto
con una disolución de sulfato de cal: este reactivo
hizo nacer un ligero precipitado blanco, por cuyo mo-
tivo fue preciso someter otra pequeña porción del li-
cor acético separado al segundo ensayo confrontativo;
el cual consiste, en tratar la disolución por el ácido
hidroclórico; evaporar á sequedad; agitar el residuo
en presencia de alcohol; y por último, inflamar éste
en un sitio oscuro después de haberle embebido en
los poros de una esponja. Ejecutada con la mayor
escrupulosidad esta serie de operaciones, pudo obser-
varse al fia en la llama de alcohol una coloración pur-
púrea que, aunque pequeña, bastaba sin embargo pa-
ra acusar la existencia de indicios de estronciana.
Caracterizada esta base, se trató con ácido sulfú-
rico la segunda cantidad de liquido dejada aparte en
un principio: no bien se pusieron on contado ambos
cuerpos, apareció un abundante precipitado blanco,
el cual, después de colocado sobre un filtro, se lavó
repetidas veces con agua destilada. Recojido dentro de
un tubo de ensayo el líquido procedente de las distin-
tas lociones, fue tratado con oxalato amónico hasta
tanto que no hubo alteración alguna; se formó un pre-
cipitado blanco, insoluble en el ácido acético, pero
soluble en los ácidos nítrico é hidroclórico, pertene-
ciente al oxalato de cal.
Concluida la investigación de las bases existentes
en la sustancia, objeto del problema, se trató de ave-
165
liguar, en una corta cantidad de ella, la presencia del
amoniaco, en atención que se habia cometido en un
principio el olvido involuntario de no ejecutar el men-
cionado examen.
Preparada á este fin una solución acuosa de la
materia primitiva, se introdujo dentro de un tubo de
ensayo; se vertió sobre ella una pequeña porción de
potasa cáustica; y por último, se calentó suavemente
el tüdo con la lámpara de alcohol: aplicada en segui-
da la nariz al orificio del tubo, se percibió, de un mo-
do distinto el olor picante, tan característico, del amo-
niaco.
En resumen, la sustancia analizada contenia las
l)ases siguientes:

ÁLCALIS. ÁLCALIS TERREOS. TIERRAS.

Potasa (indicios). Barita. Alúmina.


Sosa. Eslronciana {indicios). Magnesia.
Amoniaco. Cal.

METALES.

Manganeso. Eslaño.
Hierro. Arsénico.
Cromo. Aníimonio
Cadmio. Cobre,
Niqíiel. Mercurio.
Cobalto. Oro.
m;

Jnvesliyucion de los ácidos.

Se pesaron 18 gramos de la materia primitiva, y


se dividieron en 6 partes iguales.
La 1.* porción, se introdujo dentro de un matracito
de vidrio; se adaptó á este un tubo encorvado en do-
ble ángulo recto, y abierto por ambos estremos: uno
de ellos, el mas corto, atravesaba un tapón de cor-
cho, mientras que el otro se sumerjia en una solu-
ción acuosa de barita cáustica; dispuestas asi las
cosas, se vertió ácido hidroclórico diluido, y se cerró
herméticamente el matraz. A la primera impresión
del liquido ácido, se desarrolló una viva efervescen-
cia, produciéndose al propio tiempo un abundante
precipitado blanco, en el seno de la disolución de ba'
rita cáustica, el cual volvió á disolverse con eferves-
cencia á la adición de un ácido, siendo por otra parte
impropio para la combustión el gas que se despren-
día. En vista de esto, no cupo duda alguna acerca de
la existencia del ácido carbónico.
Averiguada la presencia de este ácido, se metió la
2.'/)orao» de la sustancia, mezclada con un poco de
silice, dentro de un matraz de vidrio, y se dispuso en
seguida con él, un tapón de coi^cbo agujereado y un tu-
bo doblemente curvo y abierto por los dos lados, nn
aparatito semejante al descrilo mas arriba. Hecho esto,
se añadió ácido sulfúrico concentrado; é introducido en
una copa, casi Ménade agua, el cslrcmo mas largo del
167
lubo, se fue calentando suavemente el matraz con la
lámpara de alcohol: desprendido bajo la forma de bur-
bujas lodo el aire del aparato, bien pronto aparecieron
otras que se cambiaban en un precipitado blanco, ge-
latinoso, con todos los caracteres de la sílice. Ensa-
yado además por la potasa el liquido concentrado, en
cuyo seno se produjo el ácido silícico, se observó un
precipitado blanco; prueba innegable de que habia
ácido hidrofluórico.
Acidulada la 3.' parle de la materia, con ácido hi-
droclórico, se neutralizó el liquido con el amoniaco
cáustico, y se trató con cloruro de calcio: no apareció
precipitado alguno; por consiguiente ausencia del áci-
do oxálico.
Trasladada la 4." porción del cuerpo consabido
dentro de una cápsula de porcelana, y afiadida una
mezcla de alcohol y ácido sulfúrico, se calentó suave-
mente el lodo, y se inflamó el alcohol: agitada debi-
damente la mezcla con un tubito de vidrio, se notó
que la llama estaba teñida de verde; por cuyo mo-
tivo, se admitió la existencia del ácido bórico.
Espuesla la 3.>ar/ede la sustancia primitiva(mez
dada previamente con ácido sulfúrico diluido) á la
influencia de una débil temperatura, no hubo produc-
ción dfe ningún cuerpo volátil, que hiciera suponer la
presencia del ácido acético.
Averiguado esto, se diluyó la 6." cantidad de ma-
lcría en el agua destilada; luego se hirvió con potasa
caustica, con el objeto de combinar los ácidos con el
indicado álcali, y en seguida se filtró: reunido en un
1Ü8
solo vaso, el liquido resultante de la üUracion, se fue-
ron tomando de él varias porciones para examinarlas
sucesivamente con los reactivos.
Ensayada con el cloruro bárico cierta cantidad de
líquido, resultó un abundante precipitado blanco, que
tratado por el ácido nítrico diluido, disminuyó hasta
cerca de la mitad de su volumen, pero no se consi-
guió disolver la otra restante aun cuando se trató con
ácido nítrico concentrado y caliente; se filtró el con-
junto; y considerada la parte insoluble como corres-
pondiente al sulfato de barita, quedó admitido desde
luego que habla ácido sulfúrico.
Puesto en dos lubitos de ensayo el líquido filtra-
do, se vertió en uno amoniaco cáustico hasta neutra-
lizarle, y luego se afiadió sulfato amónico-magnésico;
se formó un precipitado blanco y cristalino. Tratado
el segundo con el cloruro férrico y el acetato de sosa,
apareció (no bien se calentó un poco) la coloración
rojo-amarillenta correspondiente al fosfato férrico. En
vista de esto, estaba fuera de duda la existencia del
ácido fosfórico.
Sometida acto continuo nueva porción de la solu-
ción acuosa, en contacto del nitrato argéntico, se ori-
ginó un precipitado completamente blanco, de aspecto
arrequesonado, soluble en totalidad en el amoníaco
cáustico, é insoluble en el ácido nítrico hirviendo; lo
cual escluia la presencia de los ácidos hidroyódico,
hidrocrómico ó hidrociánico, al mismo tiempo que
evidenciaba la dftl ácido hidroclárico.
Continuando esta clase de investigaciones, se ver-
1C9
tío olra dosis del liquido de repuesto denlro do un tu-
bo de ensayo, añadiendo á continuación un cristalito
de sulfato ferroso y un poco de ácido sulfúrico con-
centrado: no bien se tuvo suspendido breves instantes
este aparalito sobre la lámpara de alcohol, fue loman-
do la disolución un color pardusco, hasta ofrecer el
conjunto un matiz pardo-verdoso; por lo tanto, era un
hecho el que la materia contenia ácido nítrico.
Caracterizado el arsénico en los tratamientos á
que se sujetó la sustancia en cuestión para averiguar
la naturaleza de las bases, se ensayó una parte de la
disolución acuosa por el sulfato cúprico-amónico, y
otra con el nitrato argéntico; el primer reactivo pro-
dujo un precipitado perfectamente verde, y el segun-
do le ocasionó amarillo homogéneo: de modo que el
arsénico existía al estado de ácido arsenioso.
Tratada parte de la referida solución acuosa por el
persulfuro amónico, no se formó precipitado alguno:
por consiguiente, ausencia del ácido crómico.
Calcinada cierta porción de la materia, tal cual
era naturalmente, denlro de un tubo de ensayo, no so
observó desprendimiento de oxigeno; ni sometida olra
á la influencia del ácido snlfúrico concentrado, [tuso
en libertad ningún gas que tuviera color, lo cual es-
cluia la presencia de los oxácidos del cloro.
Y por último, el abundante desprendimiento de
gas sulfhídrico que se observó cuantas veces se puso
en contacto la primera materia con el ácido hidrocló-
•'co, manifestó de una manera terminante la existen-
cia del ácido stilfhidrico.
170
En resumen, la sustancia analizada contenía los
ácidos siguientes:
Sulfúrico. Sulfhídrico. Carbónico.
Niírico. Hidroclórico. Fosfórico.
Bórico. J/idrofltiórico. Arsenioso.

C A P 1 T 1 J L . O 111.

Análisis de gases.

Generalidades. El número de los cuerpos gaseosos,


comparado con el de los sólidos y líquidos, es suma-
mente pequefio, supuesto que apenas llegan á 40 los
conocidos en el estado actual de la ciencia: entre es-
tos solo 7 existen en la naturaleza, á saber: oxigeno,
nitrógeno, ácido carbónico, hidrógeno proto-carbona-
do, gas oleífico, amoniaco, y ácido sulfuroso; los res-
tantes se originan á consecuencia de reacciones quí-
micas.
Los gases obtenidos químicamente puros, se dis-
tinguen entre si con suma facilidad: basta para carac-
terizarlos (según dejamos dicho en otra parte) exami-
nar sus propiedades físicas; su acción sobre el aire ó
sobre el agua; y en fin, la manera de conducirse en
presencia de las disoluciones alcalinas.
Hay gases incoloros, y otros que poseen una co-
loración particular: á esta clase pertenecen el cloro,
ácido nitroso, hypocloroso, cloroso é hypoclórico.
171
La mayor parle de los gases poseen un olor mas ó
menos fuerte y distintivo; los únicos que carecen de
esla cualidad son: el oxígeno,'hidrógeno, nitrógeno,
óxido de carbono, los carburos de hidrógeno, el óxido
nitroso y el ácido carbónico. Gran número de los re-
feridos cuerpos producen en contacto del aire vapo-
res blancos, debidos á su acción sobre el vapor acuo-
so contenido en la atmósfera; tales son los ácidos clor-
hidrico, hidrobrómico, yodhídrico, fluoruro de boro,
fluoruro de silicio y cloruro de boro.
Los únicos gases alcalinos conocidos, son el amo-
niaco ordinario (que puede clasiíicarse indistintamen-
te en la química mineral ó en la orgánica), y los amo-
niacos hidrógeno-carbonados, descubiertos el año de
1849 por el distinguido químico Mr. Adolfo Wurlz.
El mercurio y el agua son por lo general los dos
líquidos sobre que se recejen los gases; de ahi el lla-
mar cuba hidrargiro-neumática á la que contiene el
metal indicado, é bidro-neumálica á la que encierra
agua: hay sin embargo ocasiones, aunque en verdad
bien escasas, cu que se emplea, también con el mis-
rao objeto, agua saturada de sal común, ó un aceite
lijo. El mercurio no disuelve ningún gas, pero ejerce
acción química sobre algunos de ellos; tales son los
ácidos cloroso, hypocloroso y el ácido hidroyódico: en
contraposición existen varios gases que son descom-
ponibles por el agua, por ejemplo: el cloruro de sili-
cio, cloruro de boro, fluoruro de silicio, etc.; y en
fin, hay gases que, por demasiado solubles en agua,
Jio pueden recqjerse sobre este liquido; son los si-
Í72
guíenles: ácido hidroclórico, hidrobrúniico, hidroyó-
dico, sulfuroso é bypocioroso.
En el caso en que un gas aclúe sobre el mercurio
y que al propio tiempo sea soluble en agua, se le re-
cibirá dentro de un frasco bien seco y lleno de aire:
asi es como se recoje el cloro y los ácidos hipocloroso
y yodhídrico.

Con el objeto de analizar fácilmente los gases,


Thenard ba propuesto examinar de una manera gene-
ral la aeeíoD que la potasa y el aire ejercen sobre
ellos; por este medio ha conseguido dicho célebre quí-
mico dividir los gases en una serie de grupos, que
pueden estudiarse con suma sencillez, y de un modo
completo.
Para conocer si un gas es soluble en una disolu-
ción de potasa, se introducen varios centímetros cú-
bicos de él dentro de una campaníta graduada; en se-
guida se hace pasar al interior de ésta cierta cantidad
de la solución alcalina; y efectuado esto, se sacude li-
geramente la mezcla: si el gas es absorvible, dismi-
nuirá de volumen, y por lo tanto será mayor la altura
de la columna liquida; mas si ésta permanece esta-
cionaria, será indicio de que el fluido gaseoso carece
de la referida propiedad.
La manera de averiguar la inflamabilidad de un
gas, es sumamente sencilla: se reduce á aproximar
una cerilla encendida junto á la abertura de la cam-
paníta que contenga el gas que se examina.
i75
Los gases solubles en una lejía de potasa, consti-
tuyen el primer grupo; y los insolubles en la solución
alcalina forman el segundo: además de esta división,
ambos grupos se ramifican en otros dos que compren-
den: 1.* gases inflamables; S." gases no inflamables.
De modo que en último resultado pueden dividirse los
gases en cuatro clases, á saber:

VIVIUERA CLASE.

Gases absormhles, pero no tn/íamo6fes.

Acido hidroclórico. Acido hypoclórico.


— hidrobrómico. Cloro.
— Iiidroyódico. Amoniaco.
•— carbónico. Cloruro de cianógeno.
— sulfuroso. Fluoruro de silicio.
~ hypocloroso. Fluoruro de boro.
— cloroso. Cloruro de boro.

SEGUNDA CLASE.

Gases absorvibks é inflamables.

Acido sulfhídrico. Acido telurhidrico


— selenhidrico. Cianógeno.

TEaCERA CLASE.

Gases «o absorvibles ni inflamables.

Oxigeno. Oxido nitroso.


Nilrófirno. Oxido nítrico.
m
CUARTA CLASE.
Gases no absorvibles, pero in/laimibks.

Hidrógeno. Hidrógeno proio-carbonado.


Hidrógeno fosforado. Hidrógeno bi-carhonado.
Hidrógeno arsenical. Bicarburo de hidrógeno.
Oxido de carbono.

Para conocer ahora la naturaleza de un gas dado,


es preciso averiguar ante lodo á qué grupo pertenece,
y consultar en seguida los caracteres de los gases que
le consliluyen.
Con el fín de facilitar este medio de investigación,
creemos oportuno recordar estractadamente en csle
sitio, aquellas propiedades de mas interés relativas á
los principales gases.

PRIMERA CLASE.
Gases absorviblespor la potasa, pero no inflanuiblfs.

I.' Acido hidroclórico. Esparce vapores blancos


al aire; es muy ácido y escesivamente soluble; su di-
solución forma con el nitrato de plata un precipitado
blanco, arrequesonado, que adquiere color violáceo á
la acción directa de la luz; soluble en el amoniaco y
en los hyposulfitos. El cloro no tiene acción sobre di-
cho cuerpo.
2.* Acido hidrobrómico. También esparce vapo-
175
res blancos al aire; es muy ácido y muy soluble; «íes-
componible por el cloro, con producción de vapores
de color amarillo-naranjado, pertenecientes al bromo.
3 / Acido yodhidrico. Esparce igualmente vapo-
res blancos al aire; es muy soluble y muy ácido; se
descompone lentamente en contacto del mercurio,
cuyo metal se une al yodo y se desprendo el hidróge-
no. Forma, con las sales de plata, un precipitado poco
soluble en el amoniaco; es descomponible por el clo-
ro, que se apodera del hidrógeno y deja el yodo en
libertad; y en fin, se pone pardusco en presencia del
aire húmedo.
4.* Fluoruro de silicio. Este, como lodos los an-
teriores, esparce al aire vapores blancos; es acido, y
origina en contado del agua un precipitado de silice
gelatinosa, y una disolución de ácido hidrofluosilicico.
5.* Fluoruro de boro. Es el que esparce vapo-
res blancos con mas abundancia en presencia del
aire; muy soluble en agua; ennegrece y carboniza el
papel.
6.* Acido carbónico. Inodoro; no esparce vapo-
res al aire libre; soluble en un volumen de agua igual
al suyo; enrojece débilmente el papel de tornasol;
forma un precipitado blanco en contacto con el agua
de cal; insoluble en el agua, pero soluble en un es-
teso del mismo ácido.
1-' Acido sulfuroso. Posee un olor picante á azu-
fre en ignición, característico; su disolución, espues-
'a al aire ó mezclada con ácido nítrico, produce con
«I cloruro bárico un precipitado blanco de sulfato de
barita; es absorvible i>or el bórax, por el sobrcóxido
de manganeso, y sobre lodo por el ácido plúmbico,
con el cual forma sulfato de plomo. La solución acuo-
sa del ácido sulfuroso, mezclada con el ácido hidro-
clórico, origina, en presencia del zinc, hidrógeno y
ácido sulfhidrico; por consiguiente, el líquido preci-
pitará en negro las sales de plomo.
8.* Cloruro de boro. Esparce vapores blancos al
aire; es ácido, y muy absorvible por el agua; la diso-
lución contiene una mezcla de ácido hidroclórico y de
ácido bórico; de manera que forma un precipitado en
las sales de plata. Cuando después de haber evapora-
do esta disolución á sequedad se trata el residuo por
el alcohol, adquiere el liquido la propiedad de arder
con una llama verde.
9.* Acido hypocloroso. Tiene un color amarillo
rojizo, poco intenso, y un olor particular penetrante,
que hace recordar el del cloro; es además soluble en
el agua; tratada esta disolución con el ácido hidrocló-
rico, hay una viva efervescencia acompañada de un
desprendimiento de cloro. Este gas es detonante.
10. Acido cloroso. Tiene un color amarillo-ver-
doso; menos soluble en el agua, y mucho mas estable
que el ácido hypocloroso: una solución acuosa, satu-
rada de ácido cloroso, ofrece un color amarillo de oro;
contiene en este caso 5 ó 6 veces su volumen de este
gas, y sin embargo no ejerce acción alguna sobre el
oro ni el antimonio. £1 ácido cloroso detona cuando
se le calienta, de.sprendiendo cloro y oxígeno en la
proporción de 2 á H (en volumen).
. 1 1 . Acido hypodórico. Tiene un color amarillo
oscuro, ligeramenle verdoso, y un olor á cloro; es so-
luble en 8 veces su volumen de agua. Este gas detona
con suma violencia sometido á la influencia de una
pequeña temperatura.
12. Cloro. Posee un color amarillo verdoso, y
un olor característicos-, es soluble en cerca de 3 veces
su volumen de agua á + 8 ° . Este cuerpo simple se
distingue mas particularmente de los gases preceden-
tes en que no detona, y en que aun después de haber
sido caleotado, se disuelve en los álcalis; destruye los
colores vegetales, y se une al arsénico y al antimonio
con desprendimiento de calórico y luz; y por último,
se combina con el hidrógeno en volúmenes iguales.
13. Amoniaco. Posee un olor característico, muv
picante; es alcalino, y esparce espesos vapores blan-
cos eu contacto del ácido hidroclórico diluido; es es-
cesívamente soluble en el agua.
14. Cloruro de cianógeno. Tiene un olor picante
y descomponible por la potasa, con la cual forma clo-
ruro de potasio y cianato de potasa; esta última sal
produce, bajo la influencia de un csceso de álcali, un
abundante desprendimiento de amoniaco.

SEGUNDA CLASE.
Gases absorvibles por la potasa, é inflamables.

1.* Acido sulfhídrico. De olor fétido, caracferls-


l«co; arde con llama azulada, dando origen, general-
mente, á un precipitado de azufre; es soluble en 3 ve-
178
ees su volumen de agua; ennegrece la piala, y forma
un precipitado de color negro en las sales de plomo y
de cobre; por úllímo, el cloro lo descompone, dando
origen á un precipitado de azufre.
2.* Acido selenliidrico. Huele á berza corrompi-
da, y es descomponible por el cloro, precipitándose
por efecto de la reacción un polvo de color rojo ci-
nabrio; el aire húmedo le descompone igualmente,
produciéndose agua y un depósito de selenio. For-
ma con las sales de zinc un precipitado de color de
carne.
3.° 'Acido telurhidrico. Se produce un precipitado
de teluro, bajo el aspecto de un polvo pardusco, con
brillo metálico, cuando se pone dicho ácido en pre-
sencia del aire húmedo, ó bien en contacto del cloro.
i.' Cianógeno. Posee un olor picante, particular,
que escita el lagrimeo; arde con llama purpúrea y
precipita, después de la combustión, por el agua de
cal.

TERCERA CLASE.
Gases no absorvibles por la potasa, y no inflamables.

1.* Oxigeno. Es casi insoluble en el agua y sin


olor; reanima un cuerpo inflamado que presente al-
gún punto en ignición; se combina bajo la influencia
de la chispa eléctrica, ó del platino dividido, con do-
ble de su volumen de hidrógeno; y en fin, trasforma
el deulóxido dé nitrógeno (gas incoloro) en ácido ni-
troso é hyponitrico de color rojo intenso.
179
2.* Nitrógeno. No tiene color ni olor, y apaga
los cuerpos en ignición.
Como solo hay 4 gases no absorvibles por la pola-
sa y no inñamables, y el nitrógeno forma parte de es-
te número, resulta que no puede confundírsele con el
oxígeno, el protóxido ni el bióxido de nitrógeno: la
distinción, en efecto, es fácil de establecer, en razón á
que ios dos primeros activan la combustión, mientras
que el nitrógeno la impide; y el óxido nítrico ofrece,
al contacto del aire, los vapores rutilantes tan carac-
terísticos.
3." Protóxido de nitrógeno. Activa la combustión
á la manera del oxígeno, pero con menos intensidad,
y es además soluble en cerca de dos veces su volu-
men de agua; es descomponible al calor rojo por los
cuerpos ávidos de oxígeno (como el sulfuro bárico) de-
jando un residuo de nitrógeno, cuyo volumen es igual
al que ocupaba el gas antes de su descomposición.
4." Deutóxido de nitrógeno. Esparce densos va-
pores rojos al contacto del oxigeno; es absorvible por
las sales ferrosas, á las que comunica un color de ca-
fé; y en fin, se descompone, como el anterior, por los
cuerpos ávidos de oxigeno, dejando un residuo de ázoe
igual á la mitad de su volumen.
180

CUARTA CLASE.
Gases no absorvibles por la potasa, é inflamables.

1.° Hidrógeno. Es inodoro cuando eslá puro, y


casi insoluble en el agua; arde con una llama poco lu-
minosa; y se combina con la mitad de su volumen de
oxigeno bajo la influencia del musgo de platino ó de
la chispa eléctrica.
2.* Hidrógeno fosforado. Tiene un olor fuerte á
ajos; la llama e^ viva y muy luminosa; produce al ar-
der humos espesos de ácido fosfórico en forma de au-
reola; arde igualmente al contacto del cloro; y en fin,
produce un precipitado pardusco, con las sales de pla-
ta y de cobre.
3." Hidrógeno arsenical. Posee un olor nausea-
bundo que tiene alguna analogía con el de ajos; la
llama es lívida, con un tono amarillento; y produce,
corlada con un cuerpo frió, manchas negras con lus-
tre metálico. El aire húmedo y el cloro aislan el ar-
sénico.
4.* Oxido de carbono. Arde produciendo una lla-
ma azul, y se trasforma en ácido carbónico, que pre-
cipita el agua de cal.
5.' Hidrógeno prolo-carbonado. (Gas de los pan-
tanos.) Arde con una llama azulada, mucho menos lu-
minosa que la del hidrógeno bi-carbonado; es casi in-
soluble en el ácido sulfúrico concentrado; exije, para
trasformarse en ácido carbónico y en agua, 2 veces su
181
volumen de oxigeno, produciendo en semejante caso
un volumen igual al suyo de ácido carbónico.
6.° Hidrógeno bi-carbonado. Arde con una llama
blanca muy luminosa; forma con el cloro un liquido
oleoso (licor de los holandeses); es muy soluble en el
ácido sulfúrico monohidralado; exije para arder 3 ve-
ces su volumen de oxigeno, y produce 2 veces su vo-
lumen de ácido carbónico.
7.° Bi-carburo de hidrógeno. Es insoluble en el
agua, pero muy soluble en el ácido sulfúrico, en el
alcohol y en los aceites grasos; su llama despide una
luz muy viva; necesita para arder 6 veces su volumen
de oxigeno, y produce i volúmenes de ácido carbó-
nico.

Gases (jue se descomponen reciprocamente.

Existe un gran número de gases que se descom-


ponen mutuamente, y que por lo tanto no pueden fi-
gurar á la vez en las mezclas gaseosas: entre ellos
hay varios que reaccionan entre sí aun al abrigo de
la luz y de la humedad, mientras que por el contrario
hay otros que no esperimentan cambio alguno, sino en
presencia de los referidos cuerpos.
Los gases que contienen uno ó muchos elementos
combustibles, es decir, carbono, hidrógeno, fósforo,
azufre, etc., no pueden existir en presencia del oxí-
geno á una temperatura elevada ó bajo la influencia
de la chispa eléctrica (escepto el ácido carbónico, que
representa el último término de la oxidación del car-
482
boDo): su análisis está fundado precisamente en la in-
dicada propiedad.
He aquí, por otra parte, los principales casos de in-
compatibilidad de ciertos gases en una mezcla gaseo-
sa; pero antes de especificarlos, entiéndase que cuan-
to vamos á decir, es considerando á los gases á la
temperatura ordinaria.
1.° El oxigeno seco ó húmedo no puede existir con
el bióxido de nitrógeno.
2.* £1 oxigeno húmedo descompone los hidróge-
nos fosforado y arsenical, asi como los ácidos sulfhí-
drico, télurhídrico y selenhídrico; los ácidos brorahí-
drico, yodhídrico, y aun el ácido hidroclórico, al cabo
de cierto tiempo. El ácido sulfuroso se Irasforma en
sulfúrico bajo la influencia del oxigeno húmedo.
3.° El cloro seco no puede existir ni aun á la luz
difusa, con el hidrógeno; descompone en la oscuridad
al gas deificante, y en presencia de la luz al gas de
los pantanos, al bi-carburo de hidrógeno y al hidró-
geno fosforado y arsenical. Destruye instantánea-
mente los ácidos sulfuroso, bromhídrico, yodhídrico,
sulfhídrico, selenhídrico y télurhídrico; el bióxido de
hidrógeno, el amoniaco y el cianógeno; y en fin, se
une al óxido de carbono.
4.' Los ácidos hypocloroso, cloroso é hypoelórico
producen, en general, las mismas descomposiciones
que el cloro.
o." El ácido, sulfuroso no puede existir con el
hidrógeno fosforado ó arsenical, ni con los ácidos
sulfhídrico, selenhídrico y télurhídrico.
185
6." El cianógeno no puede estar en presencia del
amoniaco, ni en la de los ácidos sulfhidiico, selenhí-
drico y telurhídrico.
1." El hidrógeno fosforado se une directamente
con los ácidos yodhídrico y bromhídrico.
8." El ácido clorhídrico destruye los ácidos hypo-
cloroso, cloroso é hypoclórico.
9." Y en fin, los gases ácidos no pueden existir
con el gus amoniaco.

Hemos consignado en lo que precede cuanto tiene


relación con la análisis general de los gases, y espues-
lo sumariamente las principales propiedades que los
caracterizan: con el objeto ahora de dar una idea á
aquellas personas, poco ejercitadas en esta clase de in-
vestigaciones, de la manera de hacer aplicación de
las reglas establecidas, vamos á describir en este si-
lio un ejemplo práctico y sencillo, tomado de nuestros
apuntes operatorios, relativo á la determinación cua-
litativa de algunos cuerpos gaseosos.
Preparada por el director de nuestro laboratorio
en París, Mr. Wurtz, la mezcla gaseosa objeto del pro-
blema, fue trasvasada dentro de varias campanitas de
vidrio, las cuales se colocaron invertidas, como es
consiguiente, sobre el puente de la cuba hidrargiro-
neumática.
Reunidos á la mano los reactivos de que es indis-
pensable hacer uso en este género de trabajos, entre
184
los cuales debe citarse: la disolución incolora del clo-
ruro cuproso-araoniacal (que absorve rápidamente el
oxígeno, y se trasforma en sal cúprica-amoniacal de
color azul); la bolita de platino dividido, el papel de
tornasol, el agua de cal, la potasa cáustica, y en fin,
una solución de sulfato ferroso, procedimos ensegui-
da á practicar las operaciones propias á evidenciar-
nos la naturaleza de los cuerpos gaseosos en cuestión.
Examinada en primer lugar dicha mezcla por re-
flexión y refracción, no se observó matiz alguno á pe-
sar de haber modificado la luz por medio de un papel
blanco:"por consiguiente, ausencia del cloro, de todos
sus compuestos oxigenados, y del ácido nitroso.
Abandonadas acto continuo al aire libre varias
burbujas de gas, se vio que permanecian tan incoloras
como antes; no esparcían vapores blancos al contacto
del aire; y por último, no ofrecían olor alguno: por
cuyo motivo, solo debían recaer ya las sospechas so-
bre el oxigeno, hidrógeno, nitrógeno, óxido de carbono,
ácido carbónico, óxido nitroso, y los carburos de hidró-
geno, en atención á que todos los demás gases poseen
algunas de las propiedades dichas.
Hecha esta observación, se introdujo (con una pi-
peta curva) una solución de potasa cáustica en el in-
terior de una de las indicadas campanitas, y agitado
varias veces el conjunto, no hubo absorción sensible,
conservando, con corla diferencia, ambos niveles la
coincidencia priraíliva: en vista de esto, quedó proba-
da la ausencia del ácido carbónico.
Aproximada después una cerilla encendida a la
t85
eslremidad abierta de olra campana, se produjo una
pequeña d(;tonacion acompañada de una llama amari-
llenta, muy débil: en el primer momento se atribuyó
este fenómeno á la presencia del oxigeno y del hidró-
geno, ó del oxígeno y un gas hidrógeno-carbonado;
pero repetido el mismo esperimento, y ensayado in-
mediatamente con agua de cal el residuo de la com-
bustión, no se produjo precipitado alguno, cuya cir-
cunstancia cscluyó la existencia del óxido de carbono
y de los hidrógenos carbonados.
Adquiridos estos datos, se puso en contacto de
cierta cantidad de mezcla un esceso de la solución cu-
prosa-amoniacal, la que inmediatamente tomó un co-
lor azul intenso, debido á la absorción del oxigeno:
trasvasado á una campana el residuo gaseoso, y tra-
tado por agua destilada, disminuyó notablemente el
volumen, lo cual nos hizo sospechar que habia óxido
nitroso. Con el fin de cerciorarnos de ello, repetimos
sobre mayor dosis de mezcla la reacción anterior re-
ferente al cloruro cuproso-amoniacal, y después de
trasladado el residuo á una campanita curva, se in-
trodujo un fragmento de potasio, y se calentó con la
lámpara de alcohol: pasados cortos momentos, apare-
ció cubierta de una costra blanca la superficie del
metal; lo cual, unido á la estabilidad que se observó
en el nivel gaseoso, corroboró nuestra idea respecto
íle la existencia del protórido de nilrógeno; pues sabi-
do es que despojado este compuesto de su oxigeno,
se Irasforma en un volumen de ázoe igual al suyo.
Trasvasado el residuo al eudiómetro de mercurio.
186
cuyo modelo (descrito en la página 25) reproducimos
en este sitio, se añadió un esceso de oiígeuo, y en se-
guida se pasó una
chispa eléctrica: hubo
un ligero relámpago,
disminuyendo al pro-
pio tiempo el gas co-
mo una tercera jiarte
desu volumen-, de ma-
nera, que también es-
taba ya fuera de duda
la presencia del hidró-
geno.
Caracterizados el
oxígeno, hidrógeno y
el óxido nitroso, se
practicó un nuevoexa-
nien, dirijido particularmente á averiguar si habia ni-
trógeno; con este objeto, se empezó por introducir un
esceso de agua destilada, en el interior de la campana
que contenia la mezcla, y acto continuo se agitó el to-
do repelidas veces á fin de facilitar la disolución del
protóxido de ázoe; hecho esto, se trasladó el gas re-
siduo al eudiómetro de mercurio, y después de haber
afiadido un volumen de oxigeno, próximamente igual
al suyo, se hizo atravesar una chispa eléctrica.
Seguros ya de que habia sido eliminado lodo el hi-
drógeno, solo fallaba absorver el oxígeno escedente,
para lo que nos valimos del cloruro cuproso-amo-
niacal.
187
Por úllimo, trasladada á una campana esmerilada
la cantidad de gas que quedó como residuo de estos
tratamientos, se aproximó una cerilla encendida cer-
ca de la abertura de aquella, al mismo tiempo que se
hizo resbalar el obturador que la tapaba: la combus-
tión fue estinguida en el acto, cuyo fenómeno, com-
probado por varios ensayos emprendidos con el mis-
mo fin, caracterizó suficientemente en estas circuns-
tancias la existencia del nitrógeno.
En resumen, la mezcla gaseosa se componía do
los cuerpos siguientes: oxigeno, hidrógeno, óxido ni-
troso, y nitrógeno.
Análisis cuanlilalica.

Habiendo lerminado en la primera y segunda par-


te de"nuestra.obrila cuanto se refiere á la análisis
cualitativa, vamos á estudiar en esta tercera sección
los principales procedimientos relativos á la aprecia-
ción cuantitativa y separación individual de los ácidos
y de las bases.
En todas las análisis conviene dosizar la propor-
ción de los elementos, Irasformándolos en compuestos
de un orden superior, pero cuyo equivalente sea bien
conocido: la razón de esto es muy sencilla. Suponga-
mos que se trata de analizar la pirita de hierro; es
evidente que si se quiere averiguar la cantidad de azu-
fre, obteniendo éste al estado de cuerpo simple, la pér-
dida que esperimenlará á consecuencia de los medios
analíticos (pues siempre la hay aun cuando los opera-
dores sean de una rara habilidad), será mas notable, que
determinando su proporción después de haberle tras-
formado en ácido sulfúrico, y combinado ulteriormente
con una base para deducir en seguida por la compo-
sición del sulfato, la cantidad de azufre correspondien-
189
le al ácido; porque compartiéndose en este segundo
caso la pérdida con el oxigeno, no afecta solo al azu-
fre. Por un motivo análogo, se hace pasaren las aná-
lisis el carbono al estado de ácido carbónico, y el ni-
trógeno al de amoniaco, el cual se trasforma luego en
cloruro, mediante el ácido hidroclórico; y por último,
se combina el cloruro amónico con el platínico.
Para probar la exactitud de lo que dejamos dicho,
bastará citar un ejemplo numérico. Admitamos que
se trata del carbono, y que este figura en la sustancia
analizada en cantidad de 100 partes, suponiendo ade-
más que se han perdido 4 partes de materia por efec-
to de los Drocediraientos operatorios, es claro que so-
lo podremos apreciar las 96 partes restantes; pero
trasfórmese el carbono en ácido carbónico, y repre-
séntense las mismas 100 partes; no hay duda de que
aun cuando ahora se pierdan las 4 partes á causa del
análisis, esta pérdida no recaerá solamente sobre el
carbono, supuesto que hay que distribuirla también
con el oxígeno.
En efecto, en 100 partes de ácido carbónico hay
27,27 de carbono: por consiguiente, en las 4 partes
perdidas habrá 1,08 de dicho cuerpo simple, al paso
que dosizando el carbono al estado de elemento, de-
jarían de eslimarse 4 parles de él.
CAVWWVÍJO 1.

Determinación cuantitativa, y separación de lax baxn.

PRIMER GRUPO.
Metales que precipitan (en disolución acida) por el hi-
drógeno sulfurado, y cuyos sutfuros son insSlubles en el
sulfhidrato amónico.

Los metales que comprende este grupo pueden


eliminarse con facilidad de los demás, haciendo pasar
á través de su disolución acida una corriente de gas
sulfbidrico; y como los sulfuros de los cuerpos sim-
ples incluidos en esta división son insolublcs en el
sulfhidrato amónico, este reactivo sirve perfectamen-
te para aislar los metales del segundo grupo, cuyos
sulfuros son solubles en los sulfuros alcalinos (1).
Plomo. Sedosiza:
1," Al estado de óxido plúmbico (PbO); a este fin
se trata la disolución con carbonato ú oxalalo amóni-

( i ) El íulluro dipneo «e disuelve un poro en el jullliidrala ani<ín¡co, pero


ti compleUmeate Insoluble en el sulfuro potásico. (^V. dtl A.j
191
co que posea uúa ügera porción de amoniaco cáus-
tico: hecho esto, se fillra; se lava el precipitado sobre
el mismo filtro; y por último, se deseca y calcina
después, á una temperatura roja. El nitrato y el car-
bonato plúmbicos dejan aislado el óxido por la simple
calcinación.
2." Al estado de sulfato plúmbico (PbO, SO^); con
este objeto se precipita su disolución por un esceso de
ácido sulfúrico; se deja aposar el precipitado que se
origina, y luego se recoje sobre un filtro; se lava pri-
meramente con agua acidulada con un poco de ácido
sulfúrico diluido, y en seguida con alcohol; y en fin,
se calienta y calcina al rojo.
No es completa la precipitación del sulfato plúm-
bico, cuando el líquido contiene sales amoniacales.
i." Al estado de mezcla de flomo metálico y óxido
plúmbico. Esta dosizacion se aplica mas particular-
mente á las sales orgánicas á base de óxido de plomo:
se empieza por calcinar con suma suavidad la materia,
y acto continuo se pesa el residuo de plomo y de óxi-
do; después se trata el todo por el ácido acético, que
disuelve el óxido: hecho esto, se separa la solución
con una pipeta; se lava con agua destilada; y por últi-
mo, se deseca y pesa el residuo de plomo metálico.
Puede también calcinarse, la mezcla mencionada,
con nitrato amónico, en cuyo caso solo hay que pe-
sar una vez, pues se obtiene óxido plúmbico por re-
siduo.
i - ' Al estado de sulfuro plúmbico (PbS): se tra-
ía el liquido por el hidrógeno sulfurado ó el sulfuro
192
amónico; se recoje el precipilado >>obrc un filtro la^
rado, y se deseca en el baño de maría.
Plata. Sedosiza:
1.° AI estado de cloruro argéntico (AgC): se acidi-
fica la solución con el ácido nilrico; en seguida, se
precipita por el ácido hidroclórico diluido; luego se
deja aposar el depósito obtenido; y en ün, se deseca
y calcina después en un crisol de platino.
2." Bajo la forma de sulfuro argéntico (AgS): se
precipita la solución por el ácido sulfhídrico ó por el
sulfuro amónico; reunido lodo el precipitado, se reco-
je sobre un filtro de peso conocido, y se deseca en el
baño de maria.
3." Al estado de cianuro argéntico (AgCy): se tra-
ta la solución por un esceso de cianuro potásico, con
el objeto de redisolver el precipitado; conseguido, se
añade ácido nítrico (también en ligero esceso); se ca-
lienta suavemente; se recoje el precipitado sobre un
filtro tarado; y por último, se deseca en baño de
maria.
4.° Al estado áo plata metálica. El óxido, el car-
bonato y las sales orgánicas á base de plata, dejan el
metal por residuo, espuestas á la simple calcinación:
el cloruro de plata se reduce igualmente cuando se le
funde en una corriente de gas hidrógeno.
Métodos para separar la plata del plomo.
1." Se trata la disolución por el ácido hidroclórico,
bastante diluido, á fin de que no se precipite el plo-
mo; en seguida se recoje el cloruro de plata sobre un
filtro, y se lava con agua hirviendo.
193
2.° Se diluye la solución en agua deslilada; se Vier-
te un ligero esceso de carbonato sódico; se añade des-
pues cianuro potásico y se calienta basta tanto que se
haya rcdisuelto toda la plata; becbo esto, se separa por
filtración el carbonato de plomo, y por último, se
añade al líquido filtrado, ácido nítrico, el cual origina
la precipitación del cianuro argéntico.
Mercurio. Se dosiza:
1." Al estado de mercurio metálico. Para ello se
mezcla la sustancia, previamente desecada, con car-
bonaío de sosa eflorecido y cal cáustica; en tal esta-
do, se toma el aparatito de vidrio descrito en la pági-
na 37, y cuyo modelo reproducimos en este sitio; se
quita el tapen b,
é introducida en
c, la sustancia, pe-
sada con mucha exactitud, se acaba de llenar el tubo
con cal y se calienta gradualmente la mezcla, de tal
manera, que quede condensado todo el metal en la
esfera A: terminada la operación, se separa esta espe-
cie de recipiente por medio de la lámpara de esmal-
tar, y se pesa con el mercurio que contiene; se des-
aloja luego el metal, y para mayor seguridad se lava
interiormente la ampolla con ácido nítrico, y después
con agua destilada. Vacía y bien seca se la vuelve á
pesar, con lo cual se tendrá el peso del mercurio que
se habia condensado en ella. Para obtener resultados
exactos es preciso evitar que la temperatura de la
ampolla aumente durante el esperimento, en atención
a que volatilizándose una gran parte del agua que se
f3
condensa, arrastraría consigo cierla caulidad de mer-
curio: cuando el produelo mercurial contiene ácido
nítrico, es necesario reemplazar la cal por el cobre me-
tálico, á fin de descomponer los vapores nitrosos que
reaccionarían sobre el metal en la misma ampollad.
Se puede también evaporar la disolución mercurial
en un matraz á propósito y asociada con ácido hidro*
dórico, con el objeto de desalojar al ácido nítrico; en
seguida se afiade cloruro estannoso, se hierve algunos
instantes, y se dejan aposar los glóbulos metálicos:
hecho esto, se lava por decantación, primeramente
con agua acidulada con ácido hidroclórico, y después
con agua pura.
2.* Al estado de sulfuro mercúrico (HgS): se trata
la disolución de la sal mercúrica por el hidrógeno sul-
furado ó por el persulfuro amónico; se recoje el pre-
cipitado sobre un filtro tarado; y se deseca en bafio
de maria. Si el liquido contiene ácido nítríco, se sa-
tura en parte por la potasa, se afiade un esceso de cia-
nuro potásico, y se precipita el metal acto continuo
por el sulfhidralo amónico.
3 / Al estado de cloruro mercurioso (Hg'Cl): se di-
suelve la sustancia en el agua regia, se añade potasa
cáustica al liquido resultante, cuidando de no satu-
rarle completamente, y luego se vierte una solución
de formiato sódico ó potásico: verificado esto, se aban-
dona el lodo durante algunos dias, bajo la influencia
de una temperatura de 50 ó 60 grados; se recoje el
precipitado sobre un filtro de peso conocido; y on fin,
se lava y deseca después á un calor suave.
403
Si el liquido contiene lodo el mercurio al eslado
de sal mercuriosa, puede precipitarse dircclamenle
mediante el cloruro sódico; pero es preciso evitar en
este caso la presencia del ácido nítrico libre, que ba-
ria pasar una parte del cloruro mercurioso á sal mer-
cúrica soluble.
Determinación cuantilativa de una mezcla de sal
iMrcuriosa y de sal mercúrica: s& precipita la disolu-
ción por el cloruro sódicoj se íillra, con el objeto de se-
parar el cloruro mercurioso formado, y en seguida se
hace pasar una corriente de gas sulfhídrico, á través
del líquido filtrado, en donde existe la sal mercúrica.
Manera dé separar el mercurio del plomo. Hay dos:
el primer método está reducido al empleo sucesivo
del carbonato sódico y el cianuro potásico, proce-
diendo de un modo semejante al indicado en la pági-
na 193} se filtra el liquido, y se somete el resullanle
á una corriente do hidrógeno sulfurado: el segundo
método consiste en tratar la disolución de ambos
cuerpos por el ácido sulfúrico, que solo precipita el
plomo.
Para separar el inercurio de la plata, se trasforma
el primero en sal mercúrica, por medio del ácido ní-
trico; y conseguido, se precipita la plata al estado de
cloruro.
Cadmio. Se dosiza:
!'• Al eslado de óxido cád7nico (CdO): se trata la
disolución por el carbonato potásico, y se calcina el
precipitado á una temperatura roja.
*'* Bajo la forma de sulfuro cádmico fCdS): so
hace pasar una corriente de hidrógeno sulfurado á Ira-
vés del liquido, ó bien se vierte en él persulfuro amó-
nico: hecho esto, se recoje el precipitado sobre un
filtro tarado, y se deseca en baño de maria.
Se separa el cadmio del plomo tratando la disolu-
ción de ambos por el ácido sulfúrico: solo se precipi-
ta el plomo. Si hay á la vez cadmio y piala, se trata
el liquido primitivo por el ácido hidroclórico, que
precipita csclusivamente á la plata.
Cobre. Se dosiza:
1." Al estado de óxido cúprico (CuO): se diluye la
disolución en agua, y calentada dentro de una cápsula
de porcelana, hasta que casi empiece á hervir, se aña-
de una lejía débil de potasa cáustica, y se sigue sos-
teniendo la temperatura anterior por espacio de 10
minutos: pasado esle tiempo, se recoje el precipitado
sobre un filtro, se lava con agua caliente, y en fin, se
deseca y calcina.
Guando el cobre ha sido precipitado al estado de
sulfuro, se lava esle con agua saturada de ácido sulfhí-
drico, y después se disuelve en el agua regia.
Las sales orgánicas á base de cobre dejan, some-
tidas á la calcinación, una mezcla de cobre metálico y
de óxido, la cual puede trasformarse completamente
en el compuesto oxidado, haciendo uso del ácido nítri-
co y calcinando luego segunda vez.
2." Al estado de cobre metálico: se satura por el
amoniaco la disolucioa cúprica, y se vierte dentro de
un frasco de cuello largo, que pueda cerrarse bermé-
ticamente; practicado esto, se añade agua hirviendo
197
hasta llenar todo el frasco, se introduce una lámina
üe cobre puro, cuyo peso sea exactamente conocido,
y en seguida s6 adapta el tapón: abandonado el todo
á sí mismo, hasta tanto qae haya desaparecido el color
azul del liquido, se saca la lámina de cobre llegado el
momento dicho; se lava con prontitud; se deseca y
pesa. La pérdida de peso que sufra el metal indicado,
es igual al peso de cobre existente en la sustancia que
se analiza (Levol).
3.» Por una disolución normal de sulfuro de so-
dio (1): se disuelve la sustancia en un ácido; se so-
bresalura por el amoniaco; y se va vertiendo en el
líquido resultante (teflido de color azul) una solución
normal de sulfuro de sodio, contenida en una bureta,
hasta lanío que haya desaparecido el indicado malii
de la masa liquida.
Este método es aplicable aun cuando la disolución
de la materia contenga hierro (al estado de sal férri-
ca), cadmio, plomo, estaño ó antimonio; pero deja de
serlo si la disolución encierra cobalto, níquel, mer-
curio ó plata.
Medios de separar el cobre del plomo. Hay dos; uno
fundado en la acción del cianuro potásico, que se
practica exaelamenle del mismo modo indicado al des-
cribir el medio de eliminar la piala del plomo, y

( i ) DebicDÜo uciiparDOB próximainctuc cu un capilulo especial de Ins prtn-


eipalca análisis que «c ejecutan por medio de líquidos narmalcs, prescindiré»-
mns aiiora de csplanar mas este método, tan inf^ctinsu romo exacto, de dosizar
el cubre, inventad» por el distinguido químiru francés Mr. Pc)ou/c. ¡"¿y.
Jet A.)
198
otro, que es el mejor, reducido á obtener los meta'
les al estado de nitratos; á tratar la disolución por e\
ácido sulfúrico, y evaporar hasta sequedad para desa-
lojar el esceso de ácido. Se humedece e) residuo con
un poco de ácido nítrico, y se trata por el agua, que
deja al plomo en estado de sulfato.
Para eliminar el cobre de la plata no hay mas que
tratarla disolución por el ácido hidroclórico: solo el
segundo metal se precipita al estado de cloruro (1).
Medio de separar el cobre del cadmio. Se neutraliza
la disolución por la potasa; se vierte cianuro de pota^
sio hasta que se baya redisuelto todo el precipitado, y
en seguida se hace atravesar un esceso de gas sulfhi-^
drico. Calentada la disolución con el objeto de des-
prender el eseeso de gas, se añade nueva porción de
cianuro potásico: lodo el cobre permanece en el líqui-
do, mientras que el cianuro cádmico se precipita en
totalidad.
Bismuto. Se dosiza ai estado de óxido birmútico
(BiO'): con este objeto se diluye en agua la disolución;
se vierte un esceso de carbonato amónico; se calienta
basta cerca de la ebullición; se flltra, y por último,
se lava y calcina luego el precipitado á una tempera-

( i ) I.OS que quieran adquirir, UD(O en el caso presente eumo en ios antc-
riurcs V 8i;^uientes, mas deullcs operatorios relativos á la manera de apreciar
cuanlitativanientc r separar entre sí los difvrenies cuerpos que pueden existir
en una lUSUacia d'da (objeto principal de esta tercera parte), pncdrn consul-
tar con suma ventaja lodos los caras individuales coniigoadot en la obra de
Mr. Kegoault, pcrfeelamenle traducida por nuestro aprcciable amigo j eoinr
profesor el Teniente Oirunel de Ingenieros I). Giegoriu Vtrdú. (V. </<•/ ,í.)
199
lura roja. El nilralo y el carbonato dejan por residuo
el óxido, mediante una simple calcinación.
Cuando hay precisión de precipitar préviamento
el bismuto al estado de sulfuro, se diluye la disolución
en agua acidulada con ácido acético (para evitar la
precipitación de la sal básica); se hace pasar á través
del líquido una corriente de hidrógeno sulfurado, y
en seguida se lava y redisuelve el precipitado, en el
ácido nítrico.
Hay dos métodos para eliminar el bismuto del plo-
mo. El primero está reducido á tratar el líquido por el
ácido sulfúrico; y el segundo, en Irasformar los dos
metales en sulfures, y en hacer pasar á través de la
disolución caliente una corriente de gas cloro, hasla
que lodo el bismuto se haya volatilizado, bajo la for-
ma de cloruro.
La plata se separa del bismuto haciendo uso del
ácido hidroclórico: tratada por este ácido, la disolución
que contenga ambos metales, se separa, mediante la
filtración, el primero del segundo: solo resta verter un
esceso de carbonato amónico, en el liquido filtrado,
volver á filtrar, y en fin, lavar y calcinar después á una
temperatura roja, el precipitado de óxido bismútico.
La manera de separar el bismuto del mercurio es
igual á la descrita al tratar del medio de eliminar la
plata del plomo: consiste en diluir la disolución; verter
un ligero esceso de carbonato sódico; aüadir luego
cianuro potásico, y calentar. El bismuto queda aislado
bajo la fqrma de carbonato insoluble: este mismo mé-
todo sirve para separar el bismuto del cadmio.
300
Hay (res medios para aislar el bismuto del cobre.
1.° Por el cianuro potásico, como en los dos casos
anteriores.
S." Calcinando los sulfuros en una corriente de
gas cloro, hasta conseguir la total volatilización del
cloruro bismúlico.
3.* Por medio del amoniaco en esceso, que redi-
suelve el cobre y precipita todo el bismuto.

SEGUNDO GRUPO.
Metales cuyas disoluciones acidas precipitan por el
sulfhido-Mdrko, y cuyos sulfuras son solubles en el
svlfhidrato amónico.

Los metales de este grupo (en disolución acida)


pueden separarse con facilidad de ios del tercero,
cuarto y quinto grupo, empleando al erecto el gas hi-
drógeno sulfurado ó agua fuertemente saturada de di-
cho ácido; pero téngase entendido, que cuando el zinc
se halla en presencia del ácido arsénico, el hidrógeno
sulfurado precipita siempre al citado metal en el seno
de las disoluciones acidas; por esto, es indispensable
reducir ante todo el ácido arsénico al estado de ácido
arsenioso, haciendo uso del gas sulfuroso, y en segui-
da hacer pasar la corriente del ácido sulfhídrico.
La circunstancia de ser solubles los sulfuros de
los metales del segando grupo en los sulfuros alcali-
nos, permite separarlos sin esfuerzo de los del prime-
ro, que son insolubles: el sulfuro alcalino, que por lo
201
general se usa para semejantes casos os el sulfhidra-
(0 amónico.
Hay que advertir, que cuando el precipitado de
sulfuros metálicos contenga el estannoso, es necesa-
rio, para disolverle, que el sulfuro amónico posea un
esceso de azufre; asi como si dicho precipitado con-
tiene cobre, es preciso sustituir el sulfhidrato amóni-
co con el sulfuro potásico, que no tiene el inconve-
niente como el anterior de disolver un poco de sulfu-
ro cúprico: no puede llevarse á efecto este cambio de
reactivos, en el caso de quefígureel sulfuro mercúri-
co, entre los demás que constituyen el precipitado á
que aludimos, en atención á que el citado cuerpo es
soluble en el sulfuro potásico.
Estaño. Se dosiza al estado de óxido estámico
(SnO'): paradlo se añade á la disolución un esceso de
ácido nítrico; se evapora á sequedad, y se lava y cal-
cina luego el residuo á una temperatura roja: cuando
el líquido contiene ácido hidroclórico, es preciso aña-
dir la suncíentc cantidad de ácido nítrico, y en segui-
da sostener la evaporación hasta lograr que se volati-
lice todo el ácido hidroclórico.
El estaño metálico es insolubie en el ácido nítri-
co, pero se disuelve con facilidad en el agua regia:
si se ha precipitado el referido metal bajo la forma de
sulfuro, se deseca el precipitado, y se calcina en una
cápsula de porcelana con el objeto de hacerle pasar al
estado de óxido estánnico.
Determinación cuantitativa de una inezcla de sal es-
tannosa y de sal estánnica. Se pesan dos porciones de
202
mezcla; y ilosizado en la una todo el eslaño, se deja
caer gota á gota en la otra una solución diluida y ca-
liente de cloruro mercúrico, algo acidulada con ácido
hidroclórico: hecho esto, solo resta recojer sobre un
tiltro tarado, el precipitado de cloruro mercurioso.
Manera de separar el estaño de los metales del pri-
mer y tercer grupo, en las diferentes aleaciones: se con-
sigue con solo tratar la aleación con el ácido nítrico,
que disuelve todos los demás metales y deja el esta-
ño convertido en ácido melastánico insolublc.
Antimonio. Se dosiza:
1.' Al esladq de sulfuro antimonioso (SbS^J: se
vierte en la solución un poco de ácido tártrico dilui-
do en agua, y se hace pasar á través de la disolución
una corriente de hidrógeno sulfurado; se abandona el
precipitado, á si mismo, dentro del mismo líquido y
en un sitio caliente, y después se receje sobre un fil-
tro pesado con anterioridad. Sí la disolución de la
sustancia contiene ácido antimónico, no es fíjala com-
posición del sulfuro precipitado; es preciso en seme-
jante caso dosizar el azufre, acidiGcándole previamen-
te por medio del agua.régia, y determinando el peso
del ácido sulfúrico producido.
2." Al estado de anlimonio metálico. Cuando el
operador está dudoso acerca de la composición del
sulfuro obtenido, lo mejor es colocarle dentro del apa-
ratílo de vidrio descrito en la página 34, y cuya figu-
ra reproducimos jen esta ocasión. Situado el compues-
to en la esferila A, soplada en el tubo a, b, solo resta
hacer atravesar la corriente de hidrógeno (no dejando
203
de 6»lciUar coa la lámpara de alcohol) hasU que lodo
el sulfuro se halle complelamente reducido. Llegado
esle casD, se deja enfriar la bola, y se pesa.

- St separa el antimonio del eslaño, por medio de esle


melal en lámina y puro: á este fin, se pulveriza fina-
mente la aleación; se calienta con ácido hidroclórico;
se añade una solución de clorato potásico, con el ob-
jeto de disolver completamente la materia; se adicio-
na agua, y por último, se calienta el líquido duran-
te algún tiempo, después de haber introducido una
lámina de estafio: ejecutado esto, resta solo quitar el
precipitado de autimonio adherido sobre la lámina
metálica, sirviéndose al efecto del ácido hidroclórico
fliuy diluido, y en seguida recojcrie sobre un filtro
tarado.
En el caso en que se hallen disueltos ambos me-
tales, y el líquido contenga ácido nítrico, se vierte
ácido hidroclórico; é introducido el todo en una cáp-
sula de porcelana, se evapora á un calor suave para
espulsar el ácido nítrico, y se continúa la operación
como anteriormente.
204
Para aislar el antimonio de las aleaciones en que fi-
gure asociado con los metales del primero y tercer gru-
po, se emplea iambicn el ácido nítrico, como respecto
del estaño: sin embargo, este método no produce tan
buenos resultados como con este último metal.
Arsénico. Se dosiza:
1." Al estado de arseniato plúmbico (PbO, AsO-'J.
Obtenida una disolución acuosa de ácido arsénico, se
evapora el líquido (mezclado con una cantidad pesa-
da de litargirie) dentro de una cápsula de porcelana;
se calcina moderadamente, y se determina el aumen-
to de peso (AsO'J del litargirio; si el arsénico existe
bajo la forma de ácido arsenioso, debe peroxidarse
afiadiendo á la disolución agua regia, y evaporando
luego hasta sequedad.
2.* AI estado de sulfuro arsenioso (AsS*): se colo-
ca la solución del arsenito (adicionada con ácido hi-
droclórico] dentro de un frasco que cierre exactamen-
te; se sobresalura por el hidrógeno sulfurado; se tapa
y deja abandonado á si mismo en un sitio caliente; y
en fin, se receje sobre un filtro tarado, el sulfuro de
arsénico producido, y se deseca en baño de maria: si
el liquido contiene cierta cantidad de arseniato, debe
hervirse previamente con ácido sulfuroso, con el ob-
jeto de reducirle á arsenito.
En el caso en que baya precipitación de azufre,
procedente del gas sulfhídrico (lo cual tendrá lugar
cuando ciista en el liquido una sal férrica ó un cro-
mato), se determinará la proporción de azufre conte-
nido en el precipitado, después de averiguado su pe-
20Í5

so, oxidándole con el ácido nitrico fumante, y dosi-


zando luego el ácido sulfúrico formado.
3.* Al estado de arsmiato amónico-magnésico
(WgO, NH'O, AsO'-^íiHO): se trasforma el arsé-
nico en ácido arsénico mediante el agua regia, ó por
una mezcla de ácido hidroclórico y de clorato potási-
co; se sobresatura por el amoniaco, y acto continuo
se añade una solución de sulfato magnésico, asociado
con bastante cloruro amónico, para evitar la precipi-
tación por el amoniaco; se deja aposar el precipitado
durante algunas horas; pasado este tiempo, se lava con
agua amoniacal, se receje sobre un nitro tarado, y se
deseca en el vacío (entonces contiene 12 equivalentes
de agua) ó bien á 100 grados, en cuyo caso queda re-
ducida á 1 equivalente, la cantidad de agua dicha.
4.' Al estado de arseniato férrico (Fe'O', AsO'):
con este objeto se disuelve en el ácido nitrico un pe-
dazo de hierro puro, cuyo peso nos sea conocido; se
vierte esta solución en el líquido que contenga el áci-
do arsénico; se añade un esceso de amoniaco; se recojo
el precipitado sobre un filtro, se lava, y después se
calcina: sabiendo la cantidad de óxido de hierro cor-
respondiente al hierro empleado, se deduce del esceso
do peso (AsO^J la proporción de ácido arsénico (Bcr-
thier). Este método no es muy rigoroso, sea á causa de
una ligera solubilidad del arseniato férrico en las úlli-
fflas aguas de loción, ó bien por la pérdida de arsénico
que puede esperimentar, durante la calcinación, el
precipitado incompletamente lavado, y con algo aún
de sal amoniaco: asi que, es mas ventajoso saturar (no
20fi
en tolalídad) por el amdniaco, después de habef añadi-
do la disolucioD del nitrato Térrico; dejar el líquido en
digestión, á la temperatura ordinaria, con carbonato
de barita; lavar el precipitado con agua fría, calcinar
moderadamente y pesar; hecho esto, redisolver el pre-
cipitado en el ácido hidroclórico, precipitar la barita
por el ácido sulfúrico diluido, pesar el precipitado de
sulfato bárico, y calcular la cantidad de carbonato
barítico á que corresponde (1); restado este peso del
primer precipitado, la diferencia representará el peso
del arseniato férrico (Kobell).
A ün de satisfacer á las necesidades de la análi-
sis, es muy frecuente disolver en el ácido hidroclóri-
co, ó en el agua regia, los arsenitos y arseniatos inso-
lubles en el agua, siendo preciso igualmente el fun-^

(I) Hé aqtii c¿iiio se cjfedU este cilcülo: se principia por arcri^ar la corii»-
posieioa del iulfito j del carbooato de btriu, para lo cual basta sustituir á las
rórmulaslosequiTaleatcsquíaiicos, T.g.: AaO, + SO^ f
68+8+.6+:»4Í-"*(""»'""""
que el equivalente del hidrí^nn pesa i ) ; ( j a l a n d o lo mismo con el carbn-
iialn. tendremot; B«0, -{- CO' ¡
fiS-i-ft-i-fi J-ifil'^^^* "^^^** esto, supongamos que cí
precipitado de sulfato de barita obtenido pesa 37 gramos; en este caso, se in-
daga la cantidad de Atido conteoida ea dicho suKato, plaolcando la siguiente

proporción: (16 : 76 : : 27 : x — í - " ' 7 ; aícriguado, se ve por medio


116
de otra sencilla projiorcinu á qoc cantidad de carbonato corresponden los c*
gramos de olido cxisteutc5 en los 27 de sulfato; v. g., 76 : 98 : : t- : r —

/ — 3i,(f>. Por cnnsignií'nte, los a; gramos de «olfato reprcaculaii

•ii,<)i de rarbonalo. (.V. dtl ,^.)


207
(lirios en cierlos casos con nilro y carbonalo sódico.
Todas las combinaciones arsenicales, disuellas eu el
agua regia, á beneficio de una lemperalura mas ó me-
nos elevada, solo contienen ácido arsénico.
Debe evitarse, en el tratamiento por medio del agua
regia, el no calentar demasiado la sustancia, pues de
lo contrario se volalilizaria cierta porción de arsénico
al estado de cloruro.
Determinación aiantilaliva de una mezcla de ácido
arsenioso y de ácido arsénico: se dosiza en primer lu-
gar, sobre una cantidad pesada, la totalidad de arsé-
nico, reduciendo al efecto el ácido arsénico por el
ácido sulfuroso, y precipitando en seguida por el hi-
drógeno sulfurado; después, se ejecuta una especie de
contra-prueba, para lo cual se loma olra porción de
materia pesada, se tiñe de azul con un poco de añil,
y se oxida el ácido arsenioso mediante una solución
normal de hypoclorito de cal.
Manera de separar el arsénico del .estaño. Pueden
seguirse dos métodos:
1." Precipitar los dos metales al estado de sulfu-
res; desecar el precipitado, calentarle á una tempe-
ratura roja, y tostarle dentro de un crisol de porcela-
na hasta que quede aislado el óxido eslánnico.
2.' Poner en digestión y hervir la aleación con el
ácido nítrico concentrado; separar por medio de la fil-
tración el arseniato eslánnico, y dosizar el arsénico
en el liquido filtrado: hecho esto, desecar y pesar el
arseniato eslánnico; calentarle á una temperatura ro-
ja, en una cajita. oblonga de porcelana sin barniz, co-
208
locada en el interior de un tubo de vidrio, haciendo
atravesar al propio tiempo una corriente de gas hi-
drógeno; pesar el sublimado de arsénico; disolver el
residuo de estafio en el ácido bidroclórico; y hacer
atravesar el gas que se desprende por una disolución
de nitrato de plata, con el objeto de separar al esta-
do de ácido arsenioso, el arsénico retenido por el bo -
ton de estaño: acto continuo, disolver en algunas go-
tas de ácido nítrico el arseniuro de hidrógeno sólido
que haya podido permanecer al estado insoluble en el
líquido bidroclórico; precipitar por medio del cloruro
sódico él nitrato de plata saturado de ácido arsenioso,
y filtrar. Reunidos todos los líquidos arsenicales, so-
meterlos finalmente á la acción de una corriente de
gas ácido sulfhídrico (Levol).
A cuatro,se reducen los principales métodos reco-
mendados para separar el arsénico del antimonio; son
los siguientes:
1.° Disolver en el agua regia la aleación de am-
bos metales ó la mezcla de sus sulfures; añadir á la
disolución ácido tártrico, un esceso de cloruro amóni-
co, y otro de amoniaco (no debe producir depósito
alguno); y por último, precipitar el ácido arsénico por
el sulfato de magnesia.
i." Precipitar los dos metales al estado de sulfu-
res; pesarlos sobre un filtro tarado; dosizar el azufre
que contengan, oxidando una cantidad determinada
mediante el agpa regia, y precipitando en seguida el
ácido sulfúrico por el cloruro bárico; efectuado, se
calcina la otra porción en el seno de.una corriente de
209
gas hidrógeno hasla lanto que quctle aislado el anti-
monio metálico.
3 / Calcinar la aleación de antimonio y de arséni-
co en medio de una corriente de gas ácido carbónico,
á fin de espulsar todo el arsénico.
4.' Y por último, deflagrar la aleación con tres
veces su peso de nitrato y carbonato sódicos; someter
repetidas veces la masa á la acción del agua fria.que
solo disuelve el arseniato sódico; y calcinar el resi-
duo, insoluble, de antirooniato sódico. Tengase muy
presente el no reemplazar el agua fria con la calien-
te, porque entonces se disolvería una porción consi-
derable del antimoniato (Meyer).
Oro. Se dosiza al oslado melálico: con este objelo,
lo primero que se hace es desalojar de la disolución
el ácido nítrico {en el caso de que exista), evaporán-
dola al intento con ácido hidroclórico; después, se ca-
lienta suavemente por espacio de algunas horas con una
solución de sulfato ferroso ó de oxalato amónico; y lue-
go se deseca y calcina el precipitado de oro metálico.
Manera de separar el oro de la plata. Tres métodos
hay recomendados por los químicos para conseguir
este resultado, y son:
1." Por medio del ácido nítrico. Cuando se trata
por dicho ácido una aleación de oro y de plata que
contenga por lo menos 80 por 100 de plata, lodo el
oro permanece intacto, mientras que la plata se di-
suelve de un modo completo; pero si la liga encierra
menos de 80 por 100 de piala, el ácido nítrico deja
de disolver cierta porción del referido metal: en seme-
210
janle caso es preciso fundir ia aleación en un crisol
de porcelana con 3 parles de plomo puro, y disolver
el produelo en el ácido nilrico. Toda la piala se di-
suelve á consecuencia de esla modificación, al mismo
tiempo que el plomo, mientras que el oro queda inal-
terable.
2." Por la acción del agua regia: tampoco puede
disolver osle ácido enérgico lodo el oro aleado á la
plata, sino en el caso en que esle melal ligurc en ia
liga por una cantidad menor de IS por 100; porque
si hay mas plata, el cloruro argéntico que se produce
encubre, y sustrae por consecuencia á la acción ulterior
del ácido cioro-nitrico, una dosis imporlanle de oro.
3.° Mediante el ácido sulfúrico. Con esle fin, se
empieza por reducir á láminas muy finas la aleación
mencionada, y calentarla con ácido sulfúrico concen-
trado, hasta lanío que no se observe desprendimiento
de gas; en seguida se diluye en agua caliente; se reco-
je el oro sobre un fillro, y se precipita la piala, de la
disolución, al estado de cloruro. Esle método es apli-
cable á todas las aleaciones de oro y de plata.
El oro se separa del mercurio por la simple calci-
nación de la amalgama; y de los demás metales hacien-
da nso del ícido oxálico, que tiene la propiedad de
reducir la disolución (sea cualquiera) en que figure el
indicado metal.
En el caso en que las aleaciones contengan poco
oro, pueden eslxacrse también los demás metales por
medio del ácido nilrico.
Platino. Se dosiza al eslado metálico, para lo cual
211
se precipita la disolución por el cloruro amónico, y
se calcina el precipitado; hay sin embargo ocasiones
en que se sujeta la disolución platínica á una corrien-
te de gas sulfhídrico, con la mira de obtener el metal
bajo la forma de sulfuro; entonces se calienta la mez-
cla hasta que casi empiece á hervir, se vierte el pre-
cipitado sobre un filtro, y después se lava, deseca y
calcina á una temperatura roja.
Las combinaciones de los álcalis orgánicos con el
cloruro platínico, dejan por la simple calcinación un
residuo de platino puro.
Separar el platino del oro: se consigue disolviendo
la aleación en el agua regia; concentrando mediante
una evaporación sostenida y moderada; añadiendo al-
cohol; precipitando acto continuo el platino por una
solución de cloruro amónico; tiltrando y evaporando
segunda vez el líquido filtrado para eliminar el alco-
hol; y por último, reduciendo el oro por una solución
de ácido oxálico ó de sulfato ferroso.
Separar el platino de los demás metales: se trata la
aleación por el ácido nítrico, que disuelve todo escep-
to el platino: ciertos metales, como por ejemplo la
plata, comunican al platino la propiedad de disolver-
se en el ácido nítrico cuando se hallan aleados con di-
cho cuerpo; en este caso se somete la liga á la acción
del ácido sulfúrico concentrado é hirviendo, que no
disuelve el platino.
Los metales cuyos cloruros son solubles en el al-
cohol, pueden separarse del platino por medio del
cloruro amónico, que precipita á este último.
2IÍ

TERCER GRUPO.
Metales cuijas soluciones acidas no precipitan por el gns
hidrógeno sulfurado, pero lo efectúan por el persulfuro
amónico.

Los cuerpos simples inelálicos de este grupo, que-


dan eliminados de los comprendidos en el primero y
segundo, valiéndose del ácido sulfhídrico, que solo
precipita los metales del tercer grupo en disolución
acida: se separan los metales del tercer grupo de los
del cuarto y quinto empleando el sulfuro amónico,
que no ejerce acción precipitante sobre estos últimos.
Niquel. Se dosiza al estado de óxido niqueloso
(NiO): para ello se vierte un esceso de potasa cáustica
en la disolución de la sal; se calienta casi hasta la
ebullición; se lava el precipitado con agua caliente;
se deseca y calcina á una temperatura roja.
Cuando hay precisión de precipitar el niquel al
estado de sulfuro, se diluye la solución en agua; se sa-
tura exactamente con el amoniaco (tantear con el pa-
pel reactivo); y se añade sulfuro amónico incoloro y
concentrado, pero procurando no verter un grande
esceso; hecho esto, se lava el precipitado con agua
que tenga en disolución algunas gotas de persulfuro
amónico incoloro (no ha de tener coloración alguna
el liquido resullajitc); se deseca el precipitado, y
se disuelve en el agua después de haber quemado el
filtro.
213
El sulfuro niqueloso es poco soluble en el ácidn
bidioclórico.
Cobalto. Se dosiza al eslado metálico: con este ob-
jeto se vierto en la disolución un csceso de potasa
cáustica, hasta tanto que el precipitado de color azul,
en un principio, adquiera un matiz de color rosa osl
curo; se lava el precipitado con agua caliente; se de-
seca, calcina y pesa; acto continuo se toma cferla
cantidad determinada del óxido obtenido de este mo-
tlo, y se le reduce por el gas hidrógeno, después de
haberle introducido en la esfera del apáralo descrito
en la página 34.
Se consigue la precipitación del cobalto al estado
(le sulfuro, siguiendo el mismo procedimiento descri-
to al hablar del niqucl.
Dos son los métodos mas generalmente seguidos para
separar el níquel del cobalto.
1.' Dirijir una corriente de cloro á través de la
disolución, por cuyo medio pasa á cobáltica la sal co-
baltosa; calentar el líquido con carbonato de barita
(que solo precipita el cobalto); recojer el precipitado
sobre un filtro, lavarle y redisolverle en el ácido hi-
droclonco; y en fin, eliminar la barita por un oscedo
de ácido sulfúrico (H. Rose).
2.- Está reducido á Iralar la disolución por un cs-
ceso de acido bidroclórico, y verter en seguida la
cantidad de cianuro potásico necesaria para redisol-
ver el precipitado producido; hervir, primeramente,
con nueva porción de ácido bidroclórico hasta tanto
que no se observe mas desprcndimienío de ácido prú-
2li
sico, y en seguida, con un esceso de potasa cáuslica;
separar por filtración el óxido niqueloso, mientras que
lodo el cobalto pasa dísuelto en el liquido filtrado;
evaporar éste á sequedad en presencia del ácido hi-
droclórico, calcinar el residuo, lavarle con agua ca-
liente, y disolverle segunda vez en dicho ácido (Lie-
big).
Manganeso, Se dosiza al estado de óxido manga-
noso-mangánico {3ln*0*'='MnO, Mti'O'): al efecto, se
precipita la solución con carbonato sódico ó potasa
cáuslica; se calienta ligeramente; y se deseca y cal-
cina el precipitado^
En el caso en que el líquido contenga sales amo-
niacales, es indispensable hervir y evaporar casi has-
la sequedad para eliminar todo el amoniaco.
Cuando haya precisión de precipitar el mangane-
so al estado de sulfuro, debe emplearse el sulfhidrato
amónico; lavar el precipitado con agua que tenga en
solución unas cuantas gotas del reactivo indicado, y
disolver el sulfuro de manganeso en el ácido hidrocló-
rico caliente.
Manera de separar el manganeso del níquel. Se pre-
cipitan por la potasa ambos metales al estado de óxi-
dos; se trasforman rápidamente estos en cloruros, me-
diante el gas ácido hidroclórico, colocándolos al efec-
to dentro de un tubo de vidrio que tenga una bola en
el centro; se calientan los cloruros en cuestión en una
corriente de hidrógeno, el cual solo reduce el de co-
balto al estado metálico; se trata por agua destilada y
hervida la mezcla de cloruro manganeso y de cobalto;
2IS
se recojo éste sobre un lillro tarado; se lava con agua
acidulada con un poco de ácido hidroclórico; se dese-
ca y pesa; y últimamente, se precipita el manganeso
(en el líquido filtrado) por el carbonato de sosa.
Para eliminar el manganeso del cobalto se procede
exactamente del mismo modo que respecto del níquel.
Zinc. Se dosiza al estado de óxido zíncico fZnOj:
se diluye la solución en agua; se vierte gota á gota
carbonato sódico; se bierve y lava el precipitado con
agua destilada; se deseca, y luego se calcina. Sí el lí-
quido contiene sales amoniacales, se evapora á se-
quedad después de la precipitación, y se vuelve á di-
solver el residuo en agua destilada.
Cuando convenga precipitar el zinc al estado de
sulfuro, so hace uso del sulfuro amónico; y obtenido
el compuesto en cuestión, so lava con agua saturada
de sulfuro amónico, y se disuelve en el ácido hidro-
clórico.
Se elimina el zinc del niqíiel, cobalto y manganeso,
disolviendo los óxidos en un esceso de ácido acético,
y haciendo pasar á través del líquido una corriente de
gas sulfhídrico, que solo precipita el zinc.
Aluminio. Se dosiza al estado de alúmina fAl-O^J:
con este objeto se afiade al líquido una solución con-
centrada de cloruro amónico; se vierte un ligero es-
ceso de amoniaco ó de sulfuro amónico; se calienta
algunos instantes; se lava el precipitado con agua ca-
liente; y por último, se deseca y calcina.
Separar la alúmina del níquel, cobalto y zinc: esto
se consigue añadiendo á la disolución un esceso de
210
carbonato potásico, y calentando suavemente después
de haber añadido cianuro de potasio, que redisuelve
el níquel, cobalto y zinc, y deja la alúmina en li-
bertad.
Se aisla el aluminio del zinc disolviendo los óxidos
en el ácido acético, y haciendo pasar á través de la
disolución una corriente de hidrógeno sulfurado: solo
se precipita el zinc.
Respecto á la manera de eliminar el aluminio cuan-
do se halla mezclado con el manganeso, níquel, cobalto
y hierro, lodo está reducido á tratar la mezcla por la
potasa, qile solo tiene acción disolvente sobre la alú-
mina; á filtrar, y después á descomponer el alumina-
to con un ácido diluido.
Cromo. Se dosíza al estado de óxido crómico
(Tr'O'yl.'para ello, basta añadirá la disolución un esce-
so de amoniaco cáustico, hervir el precipitado, y luego
lavarle con agua destilada caliente; desecarle, y en
fín, calcinarle á una temperatura roja.
Separar el cromo de los demás metales del tercer
grupo: se funde la mezcla de los óxidos con dos partes
de carbonato sódico y dos y media de nitro; se pone
en contacto el residuo con agua caliente, á fin de es-
traer el cromo al estado de cromato, procediendo en
seguida con el liquido como queda dicho arriba. En
el caso en que haya permanganato en disolución, se
calienta suavemente con un poco de alcohol, para
Irasformarle en soljreóxido insoluble.
Hierro. Se dosiza:
1.* Al estado de óxido férrico (hVO^J: se vierte
217
un esceso de amoniaco en la disolución tic la sai fér-
rica; se calienta hasla un punto próximo á la ebulli-
ción; se lava el precipitado con agua caliente; se de-
seca y calcina. Si la solución contiene una sal ferro-
sa, se oxida previamente por el ácido nítrico ó por el
cloro.
2." Al estado de sal ferrosa, mediante un líquido
normal oxidante: se Irasforma la solución acida de la
sustancia en sal ferrosa, empleando al efecto ácido
sulfuroso, ó lo que es preferible, haciendo uso del zinc
puro y en lámina; se añade en seguida al líquido una
solución normal de permanganato de potasa, cuyo co-
lor rojo desaparece mientras existe sal ferrosa (Mar-
guerile).
3." Al estado de cloruro férrico. Se disuelve la
sustancia ferruginosa en un esceso de ácido hidrocló-
rico, facilitando esta operación por medio de una tem-
peratura conveniente, advirliendo que si contiene sal
ferrosa, hay precisión de Irasformarla previamente en
férrica, haciendo pasar á través de la disolución una
corriente de gas cloro, ó introduciendo varios crista-
les de clorato potásico, y continuando la ebullición
del líquido hasta haber conseguido la cspulsion total
de los vapores clorados; hecho esto, se diluye el con-
junto en agua destilada, y se coloca una lámina de
cobre, pesada con la mayor delicadeza; se lapa el ma-
Iracito, en donde se halla contenida la sustancia, con
un tapón de corcho por cuyo centro atraviesa un tu-
bo de vidrio terminado en punta casi capilar; ejecu-
tado lo que precede, se hierve el líquido hasta tanto
218
que el color rojo pardusco que posee haya pasado
completaraenle á verde claro: entonces se lapa la
abertura del tubo con un pedacilo de cera, se deja en-
friar un poco, se saca la lámina de cobre, se limpia
primeramente con una ligera porción de ácido hidro-
clórico, después con agua, y por último se pesa.
La pérdida que haya csperimcntado la lámina, re-
presenta la cantidad de cobre que ha reducido, al
cloruro férrico á cloruro ferroso. Un equivalente de
cobre CC^O corresponde á un equivalente de óxido
férrico fFe'O*) (Fuch).
Determinación cuantitativa de una mezcla de sal fer-
rosa y férrica: puede conseguirse por dos métodos.
1.' Se coloca la sustancia dentro de un matraz de
vidrio, lleno de gas ácido carbónico, en sustitución del
aire atmosférico; en seguida se disuelve en ácido hi-
droclórico caliente; se diluye el liquido en agua desti-
lada hirviendo, y se pone en digestión con carbonato
de barita: solo el óxido férrico se precipita; la sal fer-
rosa permanece en el liquido, el cual se elimina fá-
cilmente por simple decantación.
2.* Se añade á la disolución de ambas sales clo-
ruro áurico-sódico; se deja aposar la meTxla dentro
de un frasco bien tapado, y luego se pesa el oro redu-
cido por la sal ferrosa. Un equivalente de oro (A.uJ,
corresponde á 6 equivalentes de hierro (Fe'^).
Para separar el hierro del niquel, manganeso y zinc,
pueden adoptarse dos medios: ó verter en el liquido
cloruro amónico, añadir á continuación amoniaco
cáustico, é introducir sucinalo ó benzoato amónico.
219
que solo precipita al hierro, separar el precipitado por
filtración, desecarle y calcinarle; ó bien tratar el lí-
quido primitivo por el carbonato bárico.
En este caso se calienta ligeramente la disolución
acida, y se vierte en ella un esceso de carbonato de
barita recien obtenido por precipitación; se deja apo-
sar el precipitado, que solo contiene el hierro; se di-
suelve en el ácido hidroclórico; se elimina la barita
mediante el ácido sulfúrico; se (lltra; y tinalmenle, se
precipita por el amoniaco cáustico el hierro contenido
en el líquido filtrado.
Es condición indispensable en ambos procedimien-
tos, que el hierro exista en totalidad al estado de sal
férrica.
El hierro se aisla del cobalto haciendo uso del su-
cinato amónico, como respecto de los metales prece-
dentes.

CUARTO GRUPO.
Jlelales cuyas disoluciones no precipitan ni por el hi-
drógeno sulfurado, ntpor el persulfuro amónico, pero
cuyos carbonalos son insolubles en el agua.

Los metales de este grupo se eliminan con facili-


dad de los del primero, segundo y tercer grupo, por
el empleo conveniente del sulfuro amónico, que no
ejerce acción precipitante alguna sobre los metales
comprendidos en esta cuarta división, á menos que el
líquido (muy concentrado) contenga ácido fosfórico ú
oxálico. El ácido sulfúrico puede también separar, en
220
rigor, la barita y la estronciana, de los metales del pri-
mero, segundo y tercer grupo (csceplo el plomo).
Bario. Se dosiza:
1.* Al estado de sulfato bórico (BaO, SO'J: se
diluye el liquido en agua, se hierve, y en seguida se
vierte ácido sulfúrico débil; se deja aposar el precipi-
tado, se lava, se deseca y calcina; en el caso en que
adhieran al filtro algunas partículas del precipitado,
se desalojarán con una solución concentrada y calien-
te de cloruro amónico, introducida en un frasco lava-
dor semejante al descrito en la página íl.
2.* Al estado de carbonato bárico (BaO, CO'J: se
diluye el líquido en agua; se añade amoniaco y car-
bonato amónico; so abandona la mezcla á sí misma en
un sitio caliente; se lava el precipitado con agua que
posea unas cuantas gotas de amoniaco cáustico; se de-
seca y calcina á una temperatura roja.
En el caso en que la sal á base de barita sea or-
gánica, y que por consiguiente sea susceptible de
abandonar por la calcinación una mezcla de carbona-
to bárico y de carbón, deberá sostenerse la calcina-
ción hasta tanto que el residuo sea blanco; se dejará
enfriar; se humedecerá con una solución concentrada
do carbonato amónico; se calentará primeramente con
suavidad, luego á una temperatura roja; y por últi-
mo, se pesará.
Estroncio. Se dosiza:
1 .* Al esl'ado de sulfato de estronciana (SrO, SO'):
se vierte en el líquido ácido sulfúrico diluido, y lue-
go bastante alcohol; se deja aposar, se filtra y lava el
221
prccipilado con alcohol débil, y en seguida se deseca
y calcina á un calor rojo. Cuando sea imposible el
hacer uso del alcohol, debe ejecutarse la precipita-
ción eslando el liquido muy concentrado.
2.' Al estado de carbonato estróncico (SrO, CO"):
el procedimiento es en un lodo semejante al descrito
anteriormente. Da resultados mas exactos que dosi-
zando la estronciana al estado de sulfato.
Separar la estronciana de la barita mediante el áci-
do hidrofliiosilicico. Se trasforman ambas bases en clo-
ruros, procurando luego que la disolución esté neutra
ó ligeramenle acida; acto continuo se vierte un es-
ceso de ácido hidroíluosilícico, que solo precipita la
barita al estado de üuosilicato baritico (BaFl, 'iSiFl)-
se recojen sobre un fillro los cristales microscópicos
correspondientes á este cuerpo, se desecan á una
temperatura de 200", y después se pesan.
El líquido que sobrenada, se evapora á sequedad
con un ligero csceso de ácido sulfúrico, y se calienta
á una temperatura rojo-oscura: se obtiene en último
resultado un residuo de sulfato de estronciana.
Calcio. Sedosiza:
1.° Al estado de sulfato calcico fCaO, SO^J.- para
lo cual se vierte en el líquido ácido sulfúrico diluido;
se añade un esceso de alcohol; se abandona al reposó
durante algunas horas; se lava perfectamente el pre-
cipitado con alcohol, y se deseca y calcina después á
una temperatura roja.
2.* Al estado do carbonato calcico (CaO, CO^J: se
procede según dejamos dicho al hablar del carbonato
222
de barita; se lavad precipitado con agua amoniaca);
se deseca pcrfeclamcnle, y se calcina con suavidad
á una lenaperalura roja, debiendo ensayar después el
estado de neutralización del residuo por si hay nece-
sidad de calentarle con un fragmento de carbonato
amónico, para carbonatar alguna porción de materia
reducida al estado de óxido, por efecto de una tempe-
ratura demasiado elevada. Puede también seguirse
otro camino para conseguir el mismo resultado, que
consiste, en verter oxalato amónico en el liquido ca-
l¡ente;-afiadir un esceso de amoniaco; abandonar el
lodo al reposo en un sitio templado; lavar el precipi-
tado con agua hirviendo, desecarle, y luego someter-
le á una calcinación moderada con el objeto de car-
bonatar dicho depósito.
En el caso en que la sal calcica sea insoluble en
el agua (como por ejemplo un fosfato), se disuelve en
el ácido hidroclórico; se neutraliza el ácido libre por
el amoniaco cáustico (redisolviendo, al propio tiempo,
con una gota de ácido la corta porción del precipitado
que empieza á formarse); se añade un esceso de oxa-
lato amónico, y luego acetato potásico; se abandona
al reposo, y en fin, se termina el procedimiento como
queda consignado en lo que precede.
Hay dos métodos para separar la cal de la barita.
1." Se trasforman las bases en cloruros, los cua-
les se tratan (después de haber añadido algunas golas
de cácido hidr'oclórico) por el alcohol absoluto, que
solo disuelve el cloruro calcico.
2.» Se acidifica la solución por el ácido hidrocló-
225
rico, y se añade ácido suirárico diluido en 300 par-
tes de agua, á fin de no precipitar mas que la barita;
en seguida se concentra el líquido, se neutraliza por el
amoniaco, y se precipita la cal por el oxalalo amónico.
Para eliminar la cal de la estronciana se Irasfor-
man los carbonalos en nitratos, y se tratan éstos por
el alcohol absoluto, que solo disuelve el de cal.
Magnesio. Se dosiza:
1.° Al estado de pyrofosfalo magnésico flMyO,
PhO^J: con este objeto, se principia por echar amo-
niaco en el liquido, y luego una disolución de fosfato
amónico; se recoje sobre un filtro el precipitado de
fosfato amónico-raagnésico, se lava rápidamente, y se
pesa después de calcinado. El fosfato de magnesia ob-
tenido de este modo, contiene 36,6 por 100, de mag-
nesia.
2." Al estado do sulfato magnésico: se destruyen
primeramente por calcinación las sales amoniacales;
se añade ácido sulfúrico; se evapora y calcina mode-
radamente; y luego se pesa.
3." Al estado de magnesia cáustica (MgO): se mez-
cla el líquido con un esceso de carbonato alcalino; se
evapora hasta sequedad; y se trata el residuo i)or
agua destilada fria. El carbonato de magnesia se se-
para por completo: de manera que solo resta calcinar
el precipitado á una temperatura roja, y pesar el re-
siduo de magnesia cáustica.
Se aisla la magnesia de la barita y de la estroncia-
»c, vertiendo cloruro amónico en la disolución, y pre-
cipitando la eslronciiina y la cal por el carbonato
2-21
amónico, ó bieii eliminando la barita por el ácido sul-
fúrico.
Para separar la magnesia de la cal, pueden seguir-
se dos métodos.
1.° Se vierte en la disolución cloruro amónico y
un esceso de amoniaco cáustico, y se precipita la cal
por el osalalo amónico: la magnesia se elimina ullc-
riormente en el liquido filtrado mediante el fosfato de
sosa amoniacal.
2.' Este es aplicable al caso en que ambas bases
se bailen unidas al ácido fosfórico: se acidula la diso-
lución con el ácido acético, y se precipita la cal al
estado de oxalato de cal; acto continuo se afiade el
fosfato de sosa amoniacal, que determina la separa-
ción de la magnesia (existente en totalidad en el li-
quido filtrado) bajo la forma de fosfato amoniaco-niag-
nesiano básico.
Separar la magnesia de la alúmina. Se consigue de
la manera siguiente: se vierte en el liquido bicarbo-
nato potásico, que precipita solamente una corla por-
ción de alíimina combinada á otra dosis también pe-
queña de potasa; se redisuelve este precipitado en el
ácido hidroclórico, y se trata el liquido por el sulfhi-
drato amónico, que precipita la alúmina pura. La
magnesia se aisla después de las aguas filtradas al es-
lado de fosfato amoniaco-magnesiano básico, ó bien
se bierve la disolución magnesiana con un esceso de
carbonato de petasa: y después de haber recojido y la-
vado el depósito obtenido, se calcina dentro de un cri-
sol de platino: el resultado es óxido magnésico puro.
293

QUINTO GRUPO.
Melahs cuyas disoluciones no precipitan por el hidróue
m sulfurado, elpersulfuro amónico, ni por los caÁo-
natos alcalinos.

líl potasio y sodio se separan en general de los


mclales comprendidos en los grupos anteriores por el
empleo conveniente de los tres reactivos menciona-
dos los cuales no ejercen acción precipitante sobre
dichos cuerpos. Pero para eliminarlos, en especialidad
de los metales del cuarto grupo, se adopta la marcha
siguiente: se vierte en la disolución cloruro amónico
y luego un esceso de carbonato amónico, mezclado con
un poco de amoniaco cáustico; se calienta con suavi-
dad; se recoje el precipitado correspondiente al car
bouato hárico, estróncico y calcico; se evapora á se
quedad el líquido filtrado; se calcina á una tempera
tura roja, dentro de un crisol de platino, con el objeto
de destruir las sales amoniacales; se trata el residuo
por el agua; se hierve con barita cáustica; se filtra el
liquido todavía caliente; y se deja sobre el panel h
magnesia precipitada; hecho esto, se separa la barita
en el líquido filtrado, mediante una mezcla de carbo
nato^amonico y de amoniaco cáustico, y se vuelve á

Potasio. Sedosiza:
!•• Al estado de sulfato potásico (KO, SO') • se
evapora a sequedad la disolución sulfúrica, y se cal-
22G
ciña á una lemperalura roja, después de haber añadi-
do algunos fragmentos de carbonato anaónico, para
neutralizar el esceso de ácido.
2." Al estado de cloruro potásico fh'CIJ: se trata
por ácido hidroclórico el resultado de la evaporación
á sequedad del liquido anterior, y se calcina con
cuidado, á una temperatura roja, dentro de un crisol
abierto.
3.° Al estado de cloruro platinico-polásico {líCl,
PtCl^J: se añade al liquido ácido hidroclórico, y des-
pués cloruro platínico; se evapora á sequedad en ba-
ño de raaría; sé trata el residuo por alcohol concen-
trado; se recoje el precipitado sobre un filtro, de peso
conocido; se lava con alcohol y se vuelve á desecar
en baño de maría.
Sodio. Se dosiza al estado de sulfato (NaO, SO^)
y de cloruro (NaCl) como el potasio.
Métodos para separar la sosa de la potasa.
1 .•• Se trasforman las dos bases en cloruros, preci-
pitando sus sulfatos por el cloruro de bario; se deter-
mina el peso de estos cloruros; se disuelven en la me-
nor cantidad posible de agua, y se precipita la diso-
lución por el cloruro platínico; hecho esto, se evapora
el líquido hasta sequedad, y se trata por alcohol de
80° centesimales; se vierte el precipitado sobre un
filtro, se lava con alcohol, y se deseca con el mayor
cuidado: el peso del cloruro doble de potasio y de
platino, dará ár conocer la cantidad de potasa. La sosa
se obtiene por diferencia,
2.* Se cambian en sulfatos arabas bases, y se pe-
227
san en tal estado. Averiguado el peso, se determina
mediante una sal de barita soluble, la cantidad de áci'
do sulfúrico que contienen; y con estos datos se calcu-
la la proporción de potasa y sosa, según veremos de
talladamente en la cuarta y última parte de nuestra
obra.
Amonio. El amoniaco se dosiza:
1." Al estado de cloruro plalmico-amónico (PtCr
NII*Cl) ó de platino metálico. Un equivalente de pía'
tino (Pt) corresponde á un equivalente de amonia
00 (NIP). Por lo demás, se opera de la misma manera
que respecto de la potasa; se pesa el cloruro doble
sobre un filtro tarado, ó bien se calcina y pesa el re-
siduo de platino.
Hay combinaciones en las que no se consigue la
precipitación del amoniaco, haciendo uso del cloruró
platínico.
2.' Al estado de nitrógeno. Un equivalente de ni-
trógeno (N) corresponde á un equivalente de amonia-
co (NH'J. Esta determinación se ejecuta por el mis
mo método que el adoptado para el análisis elemental
de las sustancias orgánicas: es decir, que se introdu
ce la sal con el óxido de cobre dentro del tubo de
combustión; el oxigeno del óxido quema el hidrógeno
del amoniaco, y luego se receje y mide el gas Loe
dentro de un tubo graduado.
Como todas las combinaciones amoniacales se vo-
latilizan ó descomponen por la acción del calor, re-
sulta que es sumamente fácil eliminar el amoniaco de
los demás álcalis.
CAPITULO I I .

Determinación cuantitativa y separación de los ácidos.

PRIMER GRUPO.
Géneros salinos cuyas disoluciones neutras precipitan
por el cloruro bórico.

Sulfatos. Ei ácido sulfúrico se dosiza siempre al


estado de sulfato bórico (BaO, SO*): á esle fin se
acidifica fuertemente el líquido por medio del ácido
hidroclórico; se añade un esceso de cloruro bárico;
se receje el precipitado sobre un filtro, se lava y
calcina.
La completa insolubilidad del sulfato bárico, en los
ácidos diluidos, facilita estraordinariamente la sepa-
ración del ácido sulfúrico de los demás ácidos com-
prendidos en SI mismo grupo.
Guando los sulfatos son iusolubles, se hacen solu-
bles fundiéndolos con carbonato alcalino.
229
Fosfatos. El ácido fosfórico se dosiza:
1.° Al eslado de pyrofosfalo magnésico C^MgO
PhO'J: se vierte en el liquido una mezcla de sulfató
ó de cloruro magnésico, de cloruro amónico y de
amoniaco cáustico; se deja aposar el precipitado; se
lava con agua amoniacal; y se deseca y calcina á una
temperatura roja.
Este método, el mejor para dosizar el ácido fosfó-
rico, tan solo es aplicable directamente á los fosfatos
ordinarios: para que lo sea también á los pyrofosfatos
y metafosfalos, es indispensable trasformar antes á
estos en fosfatos ordinarios, lo cual se consigue con
facilidad, ya sea fundiéndolos con una mezcla de equi-
valentes iguales de carbonato sódico y potásico, ó
bien dejándolos en digestión con ácido sulfúrico con-
centrado.
2." Al eslado de fosfato plúmbico: cuando existe
el ácido fosfórico libre en un liquido, se evapora este
previamente asociado con una cantidad determinada
de lilargirio; se deseca; se calcina á una tempera-
tura roja; y por último, se determina el aumento de
peso fPhO'J del litargirio.
3." Al estado de fosfato férrico: se disuelve en el
ácido nítrico un pedazo de hierro puro, cuyo peso sea
conocido; hecho esto, se vierte esta disolución en el
liquido en donde se halla el ácido fosfórico, y en se-
guida se trata por un esceso de amoniaco cáustico; se
calienta, se recojo el precipitado sobre un filtro, so
lava y calcina. Sabiendo ahora á qué cantidad de óxi-
do férrico corresponde la dosis de hierro empleada,
"230
es fácil deducir, por el esceso de peso, la proporción de
ácido fosfórico fPhO'J (Berlhier) (1).
4." Al estado de fosfato eslánnico: se evapora el
fosfato dentro de una cápsula de porcelana, después
de haberle mezclado con ácido nítrico y una porción
determinada de estaño puro; se deseca, se lava, se fil-
tra, y en fin, se calcina el residuo. Sabiendo á qué
dosis de óxido de eslaño corresponde el metal emplea-
do, se deduce del esceso de peso la cantidad de ácido
fosfórico (A. Reynoso).
Para obtener un resultado completo en este méto-
do, ideado porun químico español discípulo de Mr.
Pclouze, es indispensable emplear una cantidad sufi-
ciente de estaño y ácido nítrico bastante concentrado.
Para separar el ácido fosfórico del sulfúrico, se aci-
difica el liquido; se trata por el cloruro bárico; se fil-
tra para eliminar el precipitado de sulfato de barita;
se precipita el esceso de óxido bárico contenido en el
liquido filtrado, mediante el ácido sulfúrico; se filtra
segunda vez; y por último, se precipita el ácido fos-
fórico al estado de sal amoniaco-magnesiana.
El ácido fosfórico se aisla con facilidad de los nié-
lales comprendidos en el primero y segundo grupo, ha-
ciendo uso del hidrógeno sulfurado.
Respecto á la manera de separar el ácido fosfórico

(i) Existicodu cu este inétoJo la njíüuiii causa de error indicada en fa


|'áj;ÍDa loü, al hablar de la manera de doslzar el arsénico, aconsejamos al
operador qne adopte igualmente para este caso la importante modificación de
Kobell, de qiic hemos hecho mención en la página ao6. fiY. </<•/ ^1J
231
de los metales incluidos en el tercer grupo, bastará ser-
virse del persulfuro amónico, que precipita (licho¡
metales; ó bien se fundirá la mezcla con carbonato
sódico, por cuyo medio se trasformarán en óxidos in-
solubles, y el ácido fosfórico en fosfato alcalino, el
cual puede estraerse completamente por medio de'lo-
ciones con agua caliente.
Ninguno de estos procedimientos es aplicable á la
separación del ácido fosfórico combinado con la alú-
mina: asi que debe practicarse, para este caso espe-
cial, cualquiera de los dos métodos siguientes.
1." Se disuelve el fosfato en el ácido hidrodórice-
se aüade suficiente cantidad de ácido tártrico, para
que sobresaturando en seguida por el amoniaco'cáus-
lico, no se forme precipitado; y finalmente, se vierte
sulfato magnésico y cloruro amónico (Otlo).
2.° Se disuelve el precipitado en el ácido hidro-
clorico; se satura la disolución (casi completamente)
por el carbonato sódico; se añade en seguida un esce-
so de carbonato bárico y potasa cáustica, y se hierve-
toda la alúmina permanece en disolución, mientra^
que el ácido fosfórico se precipita al estado de fosfato
banco; hecho esto, se filtra y disuelve el precipitado
en el ácido hidroclórico; se elimina la barita por el
ácido sulfúrico, y se vuelve á filtrar. Todo el ácido
fosfórico permanece en el liquido resultante (Frese-
nius).
Para separar el ácido fosfórico de los óxidos metá-
licos comprefididos en el cuarto grupo, ó sean las tierras
alcalinas, se disolverán los fosfatos en el ácido hidro-
25-2
dórico, y se precipihirá ia barita, la esíronciana y la
cal por medio del ácklo sulfúvico: debe añadirse al lí-
quido un poco de alcohol, para evitar la ligera solubi-
lidad en el agua de los sulfatos correspondientes á las
dos últimas bases. Este procedimiento no es aplicable
al fosfato magnésico; es preciso en semejante caso
operar de la manera siguiente: se pone en digestión
en la disolución clorhídrica de esta sal, un esceso do
carbonato bárico, que precipita toda la magnesia; se
fdtra, y se separa luego por el ácido sulfúrico el es-
ceso de óxido bárico; y por último, se vuelve á filtrar.
El liquido filtrado posee la totalidad del ácido fosfó-
rico.
Manera de separar el ácido fosfórico de las bases en
general,
Hé aqui el método recomendado por ol célebre
profesor de Berlin, Mr. H. Rose.
Se disuelve el fosfato en el ácido nítrico; se intro-
duce eu la disolución un ligero esceso de mercurio
metálico, y se evapora á sequedad en el baño de ma-
ria; se trata el residuo por un poco de agua destilada,
y se evapora de nuevo hasta tanto que deje de perci-
birse en la masa desecada el olor correspondiente al
ácido nítrico; llegado este caso, se diluye el residuo
en el agua caliente, y se recoje sobre un filtro. Todas
las bases se hallan en el liquido filtrado, mientras
(|ue el ácido fosfórico existe por completo en la parle
sólida; ejecutada cuanto dejamos dicho, se mezcla la
porción no disuelta con equivalentes iguales de car-
bonato sódico y carbonato potásico; se funde el lodo
y se Irala en seguida, por agua caliente, el resullado
de la fusión; se sobresatura por el ácido hidroclórico;
y por último, se precipita el ácido fosfórico al estado
de fosfato doble de amoniaco y de magnesia.
Este procedimiento es de una ejecución suma-
mente delicada, y por lo tanto exijo muchísima pre-
caución.
Boratos. El ácido bórico se dosiza en general por
diferencia: sin embargo, hay casos en que puede em-
plearse el siguiente método: se toma una cantidad
determinada de carbonato de sosa fundido, y se aña-
de á la disolución que contenga el ácido bórico; se
evapora, se funde y se determina, mediante el ácido
sulfúrico, la proporción de ácido carbónico conlenida
en la masa fundida. La diferencia hasta completar la
cantidad de carbonato sódico empleado, representará
el ácido carbónico {CO^J desalojado por el ácido bó-
rico.
Se consigue separar el ácido bórico de los metales
que constituyen el primero, segundo, tercero y cuarto
grupo, haciendo uso del hidrógeno sulfurado, del
sulfhidrato amónico, ó bien practicando la fusión con
el carbonato sódico.
En cuanto á la manera de eliminar el ácido bórico
de los óxidos metálicos del quinto grupo, ó sean los álca-
lis, puede lograrse por dos métodos.
1." Se diluye la sustancia, reducida á polvo, en
el ácido fluorhídrico; se deja en digestión por algún
tiempo; se añade poco á poco ácido sulfúrico de 66',
y se calienta con intensidad para espulsar el esceso
234
de ácido. Todo el ácido bórico se desprende al estado
de gas fluobórico CBoFl^J, mientras que las bases
permanecen al estado de sulfatos.
2.° Se diluye la materia en el ácido sulfúrico de
la misma concentración, y se vierte un poco de al-
cohol casi anhidro; se calienta con suavidad y se in-
flama; procurando después renovar este liquido á me-
dida que se va estinguiendo; se enciende segunda vez;
y por último, se repite esla operación hasta tanto que
la llama de alcohol cese de colorearse de verde: lodo
el ácidp bórico desaparece (1); de manera que solo
resta pesar las bases al estado de sulfatos.
Crómalos. El ácido crómico puede dosizarse, ya
sea reduciéndole al estado de óxido crómico (CrO^J,
según digimos en la página 216, ó bien al estado de
cromato plúmbico (PbO, CrO'): para conseguir dicho
resultado, por este segundo medio, se veríerá en el
líquido un esceso de acetato sódico; se acidificará li-
geramente por el ácido acético; se precipitará por el
acetato de plomo neutro; y se recojerá el precipitado
sobre un filtro de peso conocido.
En el caso en que el cromato sea insoluble en
agua, se fundirá con carbonato alcalino, y en seguida
se tratará el residuo por dicho líquido, el cual se apo-
derará de la referida sal: se pueden igualmente disol-
ver eu el ácido bidroclórico los cromatos insolubles
en el agua, y precipitar las bases por el amoniaco.
( í ) En csU cualidad está fundada [Tfcisauícntc |,i dosizacion del ácidn
bórico, por direreocia, cuyo método es por otra parte niUT scrorjante al que
dcscribiinos en este momento. f/V, lUl A )
25S
Arsenilos y arseniatos. (Véase la página 204 y si-
guienles).
Fluoruros. Se dosiza el ácido hidrolluórico:
1." Por diferencia, para lo cual se calienta la sus-
tancia reducida á polvo fino, y mezclada con ácido
sulfúrico de 66% dentro de una cápsula de plomo, has-
la espulsar el ácido hidrofluórico, y se pesa el resi-
duo de sulfato después de haberle calcinado en un
crisol de platino.
2.° Al estado de fluoruro calcico (Ca, Fl): se ca-
lienta el líquido, sobresaturado de amoniaco, con un
esceso de cloruro calcico; se lava el precipitado con
agua caliente y un poco de ácido acélido diluido (pa-
ra eliminar el carbonato), y se deseca y calcina.
Carbonalos. So pesa directamente el ácido carbóni-
co, espulsándole de los carbonalos, ya sea por calci-
nación, ó bien por el ácido sulfúrico, y absorviéndole
después mediante una cantidad determinada de pota-
sa cáustica. Puede también dosizarse por diferencia,
desalojándole de su com-
binación por el ácido sul-
fúrico; hé aqui cómo se
procede: se toma el apa-
rato de Fresenius descri-
to en la página 28, y re-
producido en este lugar;
se introduce en el matraz
.4, la materia pesada exac-
tamente, y en seguida se
añade agua destilada has-
236
ta la altura que indica la figura anterior; hecho esto,
se vierte el ácido en el matraz B, y se colocan los cor-
chos provistos de sus correspondientes tubos dispues-
tos en la forma que marca el modelo adjunto; advir-
tiendo, que el embudo adaptado al tapón que cierra el
matraz A, debe cubrirse herméticamente, con un poco
de cera, por la estremidad opuesta á la esfera a, h, á
fin de poderle llenar de ácido sulfúrico. En tal disposi-
ción, se tara el aparato con suma escrupulosidad, y se
agita la vasija A, junto á la lámpara de alcohol, con el
objeto de fundir la materia grasa; conseguido, se con-
tinúa favoreciendo la reacción con una suave tempe-
ratura hasta tanto que ya no se observe el menor in-
dicio de efervescencia: entonces, se aspira ligeramen-
te por el tubo d, mientras se perciba en la lengua la
impresión propia del ácido carbónico; y por último, se
vuelve á pesar segunda vez el aparato. La diferencia
de peso représenla la cantidad de ácido carbónico.
Si el caso versa sobre una solución acuosa de áci-
do carbónico, se tratará por otra amoniacal de cloru-
ro de calcio; se lavará el precipitado sobre un filtro
con agua amoniacal, y se calcinará á una temperatu-
ra roja, pero poco intensa.
Oxalalos. El ácido oxálico se dosiza:
1." Al estado de carbonato calcico (CaO, CO'): se
precipita la solución del oxalato por un esceso de
acetato calcico, ó por cloruro calcico mezclado con
acetato sódico >se vierte el precipitado sobre un fil-
tro, se lava con agua caliente, se deseca, y después
se calcina á un calor rojo, pero poco intenso.
237
2." Al eslado de ácido carbónico (CO'J: so quema
el oxalato, con el óxido de cobre, dentro de un lubo
de vidrio idéntico á los que sirven para el análisis
elemental de las sustancias orgánicas, y se absorve
el ácido carbónico por medio de una lejía de potasa
introducida en el aparato de bolas de Liebig.
3." Al estado de oro metálico: se hierve el oxalato
con un esceso de una solución de cloruro áurico-só-
dico; se recojo sobre un filtro el precipitado de oro
meláüco, y se pesa. Un equivalente de oro (Au) cor-
responde á 3 equivalentes de ácido oxálico fSC'O'j,
Silicatos. Se dosiza la sílice trasformándola en la
modificación insoluble, para lo cual se evaporan á se-
quedad los líquidos que la tengan en disolución; se
trata el residuo por agua y ácido hidroclórico, se lava
el precipitado, y se calcina. Varios silicatos se tratan
directamente por el ácido hidroclórico hirviendo; sin
embargo, la mayor parte deben fundirse con 3 ó 4
veces su peso de carbonato sódico, á fin de que ad-
quieran la solubilidad necesaria.
Manera de dosizar los álcalis en los silicatos.
i." Se deslié el silicato en polvo fino en el agua,
y se pone en contacto con gas hidrofluórico, que en
presencia de la sílice se Irasforma en gas fluosilícico:
eliminado el ácido, so dosizan las bases por el proce-
dimiento ordinario {página 225 y siguientes).
2." Se calcinan con carbonato ó con hidrato de
barita, y en seguida se trata el residuo por el ácido
hidroclórico.
3.° Se mezclan íntimamente con 5 veces su peso
258
de fluoruro calcico; se calienta la mezcla con ácido
sulfúrico concenlrado (aguando constanlemenle), y se
calcina en seguida á una temperatura roja, para elimi-
nar el esceso de ácido sulfúrico; se trata por agua la
masa desecada, y se filtra con el objeto de separar el
sulfato calcico.
Para separar la sílice del flúor, se deslié el silicato
(introducido en un matracilo) con ácido sulfúrico con-
centrado; se cierra el matraz con un tapón de corcho
por donde pase un tubo lleno de cloruro de calcio; so
pesa todo el aparato; se calienta; y por último, se
determina la pérdida de peso, cuando ya no se des-
prenda mas gas fluosilícico.

SEGUNDO GRUPO.
Géneros salinos cuyas soluciones no precipitan por el
cloruro de bario, pero lo efectúan por el nitrato ar-
géntico.

Pueden eliminarse los ácidos de este grupo (es-


cepto el ácido acético) de los del primer grupo, aci-
dulando la solución con el ácido nítrico, y precipitan-
do por el nitrato de plata: el ácido sulfúrico puede
aislarse de los ácidos del segundo grupo por medio
del nitrato bárico; el ácido fosfórico haciendo uso del
nitrato magnésico en presencia del amoniaco y del ni-
trato amónico; y en fin, el ácido oxálico, empleando el
nitrato calcico.
Sulfuras. Se dosiza el azufre de los sulfuros:
259
1." Al eslado de sulfato bórico, para lo cual so
convierte el azufre en ácido sulfúrico, ya sea oxidán-
dole con ácido nítrico fumante, ó con una mezcla de
ácido hidroclórico, ó bien en fin, por via seca, calci-
nando dichos compuestos con una mezcla de carbona-
to sódico y de nitro, ó mejor aún de carbonato y clo-
rato potásicos; en seguida, se añade un esceso de clo-
ruro bárico; se recoje el precipitado sobre un filtro,
se lava, y se calcina.
2.' Al estado de azufre: se recoje sobre un filtro
tarado el azufre que se separa algunas veces al reac-
cionar ciertos sulfures con el ácido nítrico no fumante.
Cuando los sulfures son correspondientes á los me-
tales cuyos cloruros no son volátiles, pueden descom-
ponerse haciendo pasar á través de su disolución ca-
liente una corriente de cloro, y pesando el residuo de
cloruro obtenido.
Cloruros. Se dosiza el cloro de los cloruros:
1." Al estado de cloruro argéntico (AgCl): se aci-
difica la solución por el ácido nítrico; se precipita por
el nitrato argéntico; se agita, se recoje el precipitado
sobre un filtro, se deseca, y después se calcina á una
temperatura .roja.
2." Por diferencia, á cuyo fin se calienta el cloru-
ro (el de piala ó el de plomo) en una corriente de gas
hidrógeno, y se pesa el residuo de metal; puede tam-
bién lograrse el mismo resultado, fundiendo el cloru-
ro argéntico con 3 parles de carbonato sódico potási-
co, y tratando el residuo por el agua, que solo di-
suelve el cloruro alcalino.
240
El cloruro mercurioso cede todo su cloro á la po-
tasa cáustica caliente.
Cuando hay cloro libre en un liquido, se trasfor-
raa en cloruro, añadiendo al efecto un esceso de amo-
niaco.
Puede dosizarse el cloro libre:
1.° Averiguando la cantidad de cloruro mercurioso
insoluble que dicho cuerpo simple hace pasar á clo-
ruro mercúrico soluble.
2.° Oxidando una solución normal de ácido arse-
nioso, coloreada por algunas golas de añii disuelto en
el ácido sulfúrico.
3.° Cambiando en sulfato férrico una cantidad de-
terminada de sulfato ferroso.
Bromuros. El bromo se dosiza al estado de bro-
muro argéntico (Agtír): los bromuros se analizan como
los cloruros.
Dos son los métodos generalmente adoptados pura
separar el bromo del cloro.
\.° Este está reducido a precipitar ambos cuerpos
al estado de sales de plata; á pesar exactamente el
precipitado después de calcinado; á tomar una dosis
determinada de cloruro y de bromuro, y.fundirla den-
tro de un tubo, ínterin se hace atravesar al propio
tiempo una corriente de cloro; y por último, á pesar
de nuevo el residuo de cloruro.
2.° Se precipitan ambos cuerpos al estado de sales
de plata; se law y deseca perfectamente el precipita-
do obtenido; se pone éste en contacto de zinc y de
ácido sulfúrico; «e vierte un esceso de agua de barita
241
nn el liquido resultante, el cual está constituido ñor
el acido sulfúrico y una mezcla de cloruro y de bro
muro zíncicos; se filtra, con el objeto de separar el
sulfato bárico; se evapora á sequedad el líquido fil-
trado y se trata el residuo por el alcohol absoluto, en
el que solo es soluble el bromuro de barita.
Yoduros. El yodo se dosiza:
1 / Al estado de yoduro argéntico (Agí): se empie-
za por neutralizar el líquido á favor del ácido nítrico-
se añade un esceso de nitrato de plata; se acidifica el
b'quido, mediante el ácido nítrico, después de la pre-
cipitación del yoduro de plata; se deseca y luego se
calcina.
2.° Al estado de yoduro paladioso fPdlJ; se vier-
te en la disolución cloruro paladioso; se deja aposar
el precipitado durante algunas horas; se receje sobre
un filtro tarado; se lava con agua caliente, y después
con alcohol; se deseca á una temperatura de 70 ú 80°
(ó bien en el vacío sobre la cápsula con ácido sulfú-
rico) hasta tanto que no cambie de peso.
Cuando los yoduros son insolubles, se hierven con
potasa; entonces se obtiene todo el yodo al estado de
yoduro alcalino soluble. En el caso que exista en li-
bertad dicho cuerpo simple, se tratará el líquido por
la potasa cáustica, y se procederá como anterior-
mente.
Puede separarse el yodo del cloro y del bromo por
dos métodos.
1." Haciendo uso del nitrato paladioso, que solo
precipita el yodo: el cloro y el bromó permanecen en
16
2i2
el liquido, de donde son desalojados ulteriormente
mediante el nitrato de plata.
2." Tratando el liquido por el nitrato argéntico;
averiguando el peso de la mezcla de cloruro y de yo-
duro de plata; descomponiendo en caliente esta mez-
cla por medio de una corriente de gas cloro, y pesan-
do el residuo de cloruro argéntico.
Cianuros. El cianógeno se dosiza:
1.° Al estado de cianuro argéntico (AgCy): se vier-
te en el líquido un esceso de nitrato de plata, y en
seguida se a&ade ácido nítrico; se calienta ligera-
mente; se recoje el precipitado sobre un filtro, se de-
seca en baño de maría, y se pesa.
2." Al estado de ácido carbónico fCO^J y de ni-
trógeno: para lo cual, se descompone el cianuro por
el óxido de cobre, practicando el mismo procedimien-
to que se sigue en el análisis elemental de las sus-
tancias orgánicas.
Manera de separar el cianógeno de los metales m-
cluidos en el primero, segundo y tercer grupo. Se calci-
nan los cianuros, y se determina el residuo de metal
y de óxido: en el caso en que el cianuro sea doble, y
figure en él un metal alcalino (el ferrocianuro potási-
co por ejemplo), se descompone la combinación eva-
porando con el ácido sulfúrico, el ácido nítrico fu-
mante, ó el agua regia; se elimina el esceso de ácido,
y se calcina acto continuo.
Acetatos. Sk dosiza el ácido acético:
1.* Por diferencia, calcinando los acetatos, y pe-
sando el óxido ó el metal resultante.
243
2." Al estado de ácido carbónico y de agua, nie-
dianlc la combustión con el óxido de cobre.

TERCER GRUPO.

Géneros salinos cuyas soluciones no precipitan, ni por el


cloruro de bario, ni por el nitrato de píala.

Nitratos. Él ácido nítrico se dosiza:


1.' Al estado de nitrógeno. (Un equivalente de ni-
trógeno corresponde á un equivalente de ácido nítri-
co). Se calcina el nitrato dentro de un tubo de vidrio
semejante á los que se emplean en los análisis orgá-
nicos; se hace atravesar el vapor resultante por en
medio del cobre metálico, y se recoje y mide el gas
ázoe en un tubo graduado, teniendo en cuenta, como
es consiguiente, la coincidencia de niveles, la presión,
temperatura, etc.
2.' Por diferencia: se calcina el nitrato, y se de-
termina el peso del óxido resultante: en el caso en
que el nitrato sea á base de un metal del cuarto ó
quinto grupo, se descompone por el ácido sulfúrico, y
se determina el peso del sulfato resultante.
Cloratos. El ácido dórico se dosiza al estado de
cloruro deplata. Un equivalente de cloruro de plata
CAgClJ corresponde á otro de ácido dórico CCIO^J:
se vierte en el líquido una solución de ácido sulfuroso
hasta tanto que se perciba de un modo marcado el
olor característico de este ácido; en seguida se aban-
dona la mezcla dentro de un frasco tapado ; so vierte
244
una cantidad suficiente de bicromato de potasa, áfinde
destruir el olor del ácido sulfuroso; se acidifica con el
ácido nítrico, y se añade nitrato de plata; hecho esto,
se agita, se recojo el precipitado sobre un filtro, se
deseca y calcina.
Para separar el ácido dórico de las bases, se cal-
cina el clorato, y se obtiene un cloruro por residuo
(cloratos á base de un álcali, de plomo, ó de plata),
ó bien un óxido (clorato alumínico).
Vosizacion de una mezcla de cloruro y de clorato:
se trata una cantidad determinada de la mezcla por
el nitrato de plata; se averigua el peso del cloruro ar-
géntico obtenido; en seguida, se calcina otra porción
de mezcla, también conocida; se disuelve el residuo
en agua, se precipita por el nitrato de plata, y se in-
daga nuevamente el peso del cloruro argéntico.

EJEMPLO PRÁCTICO.
Análisis cuantitativa de una sustancia terrea, bastante
pesada, de color rojizo, inodora, insípida é insoliible en
el agua, preparada artificialmente por Mr. Liebig para
estudio de los alumnos de su laboratorio.

Practicado el análisis cualitativo sobre dicha ma-


teria, con la debida anterioridad, fueron reconocidos
los cuerpos siguientes: plomo, zinc, hierro, cal y áci-
do carbónico. (Habia además indicios de cobre y de
alúmina).
Adquirida por consiguiente la base sobre que de-
bia descansar la serie de operaciones encaminadas á
la apreciación cuantitativa de los cuerpos en cues-
tión, se empezó por reunir una colección de filtros
del mismo tamaño, haciendo uso al efecto del corta-
filtros de Mohor, descrito en la página 21. Logrado es-
to, y evidenciada previamente una igualdad sensible
en el peso de la mayor parle de ellos, se practicó acto
continuo una escrupulosa calcinación, sobre tres de los
referidos ültros, con el objeto de averiguar la canti-
dad de cenizas correspondientes á las materias fijas
del papel empleado, la cual debia tenerse en cuenta
para restarla mas adelante del peso obtenido en las
dosizaciones de los referidos cuerpos: las tres calci-
naciones dieron por último resultado una proporción
de cenizas igual á Os',003.
Verificada esta operación preliminar, se pesaron
con la posible exactitud (por doble pesada) S^^SIO de
Ja sustancia que nos ocupa; se introdujeron en un
matracito de ensayo, con triple volumen que el suyo
tío agua regia, y en seguida se evaporó el todo hasta
reducirle casi á sequedad: en tal estado, se diluyó en
agua destilada caliente, y aun se espuso un poco al
fuego para favorecer la evaporación. Conducida ésla
basta el punto que se deseaba, hubo necesidad de lil-
ti'ar, no obstante la trasparencia perfecta que ofrecía
el líquido, por el motivo de que aparecieron unos
cristalilos blancos de cloruro de plomo, los cuales fue-
ron estudiados al soplete en el análisis cualitativo: di-
chos cristales se dejaron aparte para convertirlos mas
adelante en sulfato por medio del ácido sulfúrico, v
2i6
en seguida se dirijió á través del líquido una corrien-
te de hidrógeno sulfurado, el cual dio origen á un
precipitado (A) negruzco. Ejecutada la filtración que
era consiguiente, se trató el líquido resultante por un
ligero esceso de amoniaco cáustico, y se vertió á con-
tinuación persulfuro amónico hasta tanto que no se
formó mayor cantidad de un precipitado flij, teñido
de color verde azulado, que se manifestó desde que
se dejaron caer las primeras gotas del reactivo; se fil-
tró el conjunto, y el liquido recojido fue concentrado
por eiíaporacion, con el objeto de reservarle para bus-
car en él mas adelante la cal. (Residuo R.)
Lavado perfectamente el precipitado A, con un
poco do disolución sulfhídrica, se desecó en una de
las cámaras de la grande estufa del laboratorio, des-
crita en la página 12; hecho esto, se introdujo filtro
y materia todo junto dentro de un crisol de porcela-
na; se incineró con la precaución debida, añadiendo
á lo último dos gotas de ácido nítrico, y enrojeciendo
segunda vez el crisol; caliente todavía la materia, so
trató por un volumen igual al suyo de ácido nítrico,
trasladando á continuación toda la mezcla á un roa-
tracito de ensayo, en donde se evaporó hasta seque-
dad después de haber añadido previamente á la diso-
lución unas cuantas gotas de ácido sulfúrico, á fin de
trasformar en sulfato la porción del plomo disuelto en
el líquido al estado de nitrato; y en seguida, se trató
el residuo por'agua destilada, y se filtró.
Lavado también este precipitado con el mayor es-
mero, y unido al anterior de cloruro de plomo (con-
247
vertido después en sulfato, mediante la ebullición con
el ácido sulfúrico, dentro de una capsuUta de porce-
lana), fueron introducidas ambas porciones en un cri-
sol de porcelana, en donde esperimentaron una tem-
peratura roja por espacio de algunos instantes; en-
friado el crisol, se equilibró exactamente en la balan-
za; se limpió con escrupulosidad; se enrojeció de
nuevo; y frió otra vez, se volvió á pesar: hubo que
añadir Qs^OGO para restablecer el equilibrio; de ma-
nera que restando 0s%003 correspondientes á las ce-
nizas del filtro, se habia obtenido una cantidad de sul-
fato de plomo (PbO, SO^J igual á Os',057.
El líquido filtrado, en donde se verificó la preci-
pitación del plomo bajo la forma de sulfato plúmbico
se trató con amoniaco cáustico para saturar el ácido
sulfúrico libre (1); hecho esto, se vertió carbonato
sódico hasta tanto que no se produjo mas precipitado
blanco (carbonato de zinc), y en seguida se hirvió és-
te con un pequeño esceso de carbonato sódico; luego
se filtró, y lavó el depósito con agua destilada calien-
te; se desecó en la estufa de que hemos hablado mas
arriba, se recojió el precipitado que se pudo, se in-
trodujo en un crisol de platino, se calcinó á una tem-
peratura roja, y por último, se incineró el filtro. En-
friada convenientemente la materia, se equilibro el
crisol sobre uno de los platillos de la balanza; y con-
seguido, se estrajó la sustancia calcinada, se lavó, y

( I ) La disolución tomó iia color nu\ nu mu; inlcnso, dibido i la i „ , n


t)orciun de cobre «lítente co la materia, (y. Jet A.)
2i8
(snrojeció segunda vez dicho crisol con el objeto de
operar en circunstancias análogas: colocado de nuevo
on el mismo platillo de la balanza, fue preciso añadir
U?',868 para restablecer el equilibrio; de modo que
restando de este peso el correspondiente á las cenizas
del fdlro, á saber O Í ' , 0 0 3 , quedó reducida á 08',865
la cantidad de óxido de zinc obtenida por aquel pro-
cedimiento; pues según se verá mas adelante, la ma-
yor porción del metal estaba formando parte del pre-
cipitado B, ó sea el producido por el sulfhidralo
amónico.
El líquido en cuyo seno se produjo dicho precipi-
tado (B) (residuo R), se evaporó hasta casi seque-
dad ; se aciduló con un ligero esceso de ácido Uidro-
clórico, y en seguida se neutralizó con el amoniaco
cáustico, procurando que la disolución quedara un
poco alcalina: á consecuencia de este tratamiento, se
formó un ligero precipitado opalino-gelatinoso, pro-
ducido por la pequeña porción de alúmina, perfecta-
mente caracterizada en el análisis cualitativo. Yerifi-
cuda la filtración indispensable, se vertió oxalato
amónico en el líquido resultante, hasta que no se for-
mó mas precipitado, y se volvió á íiltrar; hecho esto,
se lavó el filtro, y desecado en la estufa, se calcinó
en un crisol de porcelana después de haber separado
como anteriormente toda la dosis posible del preci-
pitado. Obtenido el residuo de cenizas, se añadie-
ron unas cuantas gotas de ácido sulfúrico con el ob-
jeto de convertir en sulfato la corta cantidad de
oxalato de cal que pudiera existir; se reunió lodo el
249
precipitado dentro del crisol, y se volvió á calcinar
al calor rojo, después de haber introducido nuevamen-
te unas cuantas golas de ácido sulfúrico para conse-
guir el objeto indicado. Se dio la preferencia á esta
manera de proceder, recordando que el sulfato de cal
es indescomponible á aquella temperatura (la roja),
mientras que el oxalato se convierte en carbonato
descomponible parcialmente á dichos grados de calor;
y que por lo tanto podia correrse el riesgo, no mane-
jando bien la temperatura, de dosizar la cal, parte al
estado de óxido, y parte al de carbonato.
Frió ya el crisol, se pesó, vació y lavó después
perfectamente; se enrojeció otra vez, y se volvió á
pesar: hubo que añadir 0s%lb3 para restablecer el
equilibrio; cuya cifra, que representa la cantidad de
sulfato de cal formada, quedó reducida á 0e%150, á
consecuencia de la sustracción de los 3 miligramos
correspondientes á las cenizas del flitro.
El precipitado B, se trató por agua acidulada con
ácido hidroclórico, y cuando estuvo perfectamente di-
suelto, se evaporó hasta reducir el líquido á la terce-
ra parle de su volumen; en tal estado, se añadió áci-
do nítrico para peroxidar el hierro; se volvió á eva-
porar casi hasta sequedad, con el objeto de eliminar
la mayor parte del ácido hidroclórico, y se diluyó en
agua; acto continuo, se vertió barita; se evaporó un
poco, y se filtró á fin de separar el hidrato de óxido
férrico y el óxido de bario escedente. Reunido el lí-
quido resultante en una vasija adecuada, se trató por
el sulfhidralo amónico, el cual produjo un abundante
250
precipitado blanco, de sulfuro de ¡inc; hecho eslo, se
recojió el citado compuesto sobre un filtro, se lavó
rápidamente con agua sulfhídrica, y en seguida se
convirtió en cloruro mediante la acción del ácido hi-
droclórico. Concentrada la disolución del cloruro zín-
cico, se descompuso por el carbonato sódico; se re-
cojió sobre un filtro el precipitado obtenido; se lavó
con agua destilada, y después de haberle desecado en
la estufa de Gay-Lussac, é incinerado ulteriormente,
asi como también el filtro, dentro de un crisol de pla-
tino, fue tarado dentro de éste sobre uno de los plati-
llos de la balanza.
Verificada finalmente la segunda pesada (previas
las condiciones enumeradas en los demás casos análo-
gos), hubo que añadir ls%065 (en el platillo donde se
verificó la tara) para restablecer el equilibrio; cuyo
peso, restado de el de las cenizas del filtro (0s%003),
representaba la nueva cantidad de óxido zíncico pro-
ducida: por consecuencia, dicha cifra era igual en
último resultado á ls',062.
£1 precipitado constituido por el hidrato de óxido
férrico y de barita, se disolvió en el ácido hidroclóri-
co: y concentrada la disolución, se precipitó el óxido
de bario por el ácido sulfúrico; recojido y lavado so-
bre un filtro el depósito formado, se evaporó el liqui-
do resultante para eliminar el esceso de ácido, y lue-
go se trató poco á poco, y sin cesar de agitar (ténga-
se presente lo advertido en la nota de la página IbO),
por el amoniaco cáustico, hasta tanto que no apareció
mas precipitado. Vertido éste sobre un filtro, se lavó
251
coa agua destilada hasta que las aguas de loción deja*
ron de salir alcalinas: llegado este momento, se dese-
có el precipitado, se separó de él la porción que pu-
do desprenderse, y se calcinó la otra adherida al fil-
tro dentro de una capsulila de platino.
Introducida y calcinada de nuevo toda la materia
en un crisol á propósito, se averiguó el peso de ella,
siguiendo los mismos trámites consignados al hablar
de la dosizacion de las demás sustancias: fue preciso
añadir 0«',142 para restablecer el equilibrio; de ma-
nera que rebajando de esta cantidad 3 miligramos
correspondientes á las cenizas del filtro, quedó redu-
cida á Os',139 la dosis de óxido férrico obtenida.
Respecto al modo de dosizar el ácido carbónico, se
adoptó el siguiente método: se elijieron dos malraci-
tos de ensayo perfectamente secos; se introdujo en
uno de ellos I^'.ISS de materia previamente pesada,
y en seguida se adaptó un corcho con dos agujeros:
por uno de ellos pasaba un tubito de seguridad pro-
visto de algunas gotas de ácido sulfúrico, y por el se-
gundo la estremidad de un tubo comunicante. Dis-
puesto así el primer matraz, se echó en el otro la mi-
tad próximamente de su volumen de ácido sulfúrico,
se tapó con un corcho también con dos agujeros, de
los cuales uno daba paso á un tubito recto y abierto
por ambos lados, distante 2 centímetros del ácido,
mientras que el último recibía la parte mas larga del
tubo comunicante; hecho esto, se vertió un poco de
agua destilada dentro del matraz que contenía la ma-
teria, y luego se colocó un tubito de vidrio terminado
o/; o

casi en capilar por un eslremo, y abierto por el opues-


to, y se llenó de ácido sulfúrico, para lo cual fue pre-
ciso tapar previamente con lacre la parte afilada del
indicado tubo.
Lacradas también con la mayor escrupulosidad las
dos bocas de los referidos matraces, se taró el apara-
tilo; y efectuado, se calentó poco á poco mediante la
lámpara de alcohol el matraz que contenia la mate-
ria: fundido como es consiguiente el lacre, se puso el
ácido en contacto de la sustancia, y acto continuo co-
menzó la reacción que era de esperar. En el instante
en que ya no hubo efervescencia, á pesar de seguir
calentando .con la lámpara (debe evitarse el que hier-
va), se aspiró por el tubo recto lodo el tiempo debi-
do, y finalmente, se pesó segunda vez el apáralo.
Hubo que añadir 0'',394 para restablecer el equi-
librio; cuya cantidad, comprobada por otros dos en-
sayos que se repitieron á continuación, representaba
á no dudar al ácido carbónico contenido en los 1°',185
de materia.
Por consiguiente, en 3«',270 (ó sea la primera
porción de materia empleada) habia ls',087 de ácido
carbónico.
Hé aqui en definitiva el resultado de este análisis.

MATERIA EMPLEADA. . . = 3^',270

Cuerpos dosizados.
Sulfato plúmbico (PbO, SO'J = o-^Üol
Oxido zíncico (ZnO) 0,865+1,062. . . . = ls',927
255
Sulfato calcico fCaO, SO^J =s: 0,150
Oxido férrico fFe^O^J = 0,139
Acido carbónico CCO'') ^ 1,087

Considerando que la cantidad de ácido carbónico


obtenida, representaba con muy corla diferencia el
tercio de la materia empleada, se procedió inmedia-
tamente á plantear los cálculos debidos, admitiendo
que todos los cuerpos (escepto el óxido férrico) figu-
raban al estado de carbonates.
Dichas operaciones numéricas quedaron reducidas
por otra parte á averiguar (de una manera análoga á
la indicada en la nota correspondiente á la página 206)
la cantidad de óxido existente en los compuestos de-
terminados, y conocida, traducir su equivalencia
en carbonato.
Se obtuvieron los resultados siguientes.

MATERIA EMPLEADA. . . = 3s',270

Corhonato.
Sulfato plúmbico (PbO, SO'). 0s%037. . . = O, 050
Oxido zíncico (ZnO) ls'-,927. . . = 2?',961
Sulfato calcico (CaO, SO*)... 0-M50. . . = 0«',109
Oxido férrico (Fe'O') 05',139. . . = Os',139

3,259

En los 11 miligramos que fallan para completar la


dosis de materia empleada, se incluyeron los indicios
25 i
de cobre y de sílice, y las pérdidas que son consi-
guientes en toda análisis.
Últimamente, la sustancia objeto del problema
contenia en 100 partes:
Plomo (al estado de carbonato) = ls',53
Zinc (id.) = 90,55
Cal (id.) = 3,67
Hierro (al estado de óxido superior). . . . = 4,25

100,00

CAPIT1JE.O III^

De las análisis cuantitativas ejecutadas haciendo uso de


líquidos normales (1).

Según anunciamos en la nota correspondiente á


la página 197, hemos juzgado oportuno reunir bajo
un capitulo particular cuanto tenga relación con las
investigaciones cuantitativas practicadas por medio
de líquidos normales: á este fin, se han ido recojien-
do los principales métodos de dosizacion basados en
este procedimiento operatorio, para formar con ellos
otros tantos casos especiales.

( I ) l'ucdc ll.imaríc así tn t'i lenguaje qin'inico á ciertas disolucioorí cons-


tiluijüs {Jor uiiii cantidad ftaclairiente Jcterniínada de ua cuerpo sifofilc ó
compurstu (yodo, acido sulfúrico), y de un veh/calo variable (agua, alcohol).
,-'.V. </<•/ ^.J
255
La sulfhidromelria, alcalimelria, cloromelria, man-
ganimetria, ferrimelria, cuprimetria y argentimetria,
quedan por lo lanío comprendidas en dicha clasifi-
cación.
Sulfhidrometría.

Cuando el yodo se halla en presencia del hidróge-


no sulfurado, ambos cuerpos reaccionan produciendo
ácido hidroyódico, y quedando en libertad cierla por-
ción de azufre que se precipila, v. g.: I-\-HS=HI^S.
Esta propiedad ha sido utilizada, no solo para obtener
' de una manera sencilla ácido yodhídrico, en disolu-
ción, sino que ha proporcionado al propio tiempo el
medio de calcular con toda exactitud la cantidad de
hidrógeno sulfurado existente en una agua sulfhídri-
ca: si se vierte, en efecto, dentro de un líquido hidro-
sulfurado (en cuya masa se haya introducido de ante-
mano un poco de engrudo de almidón) una disolución
alcohólica pero muy diluida de yodo, las primeras
porciones de esle cuerpo simple reaccionarán con el
ácido sulfhídrico, trasformándole en ácido yodhídrico,
que no ejerce reacción alguna sobre el almidón; pero
en el momento en que todo el hidrógeno sulfurado
haya sido descompuesto, el yodo libre reaccionará
sobre la fécula, dando origen al yoduro de almidón,
dotado, como es sabido, de un hermoso color azul ca-
racterístico. Por consiguiente, es sumamente fácil
calcular la cantidad de hidrógeno sulfurado contenida
en una agua sulfhídrica, haciendo uso de una disolu-
ción alcohólica normal de yodo, es decir; pudiendo
256
descomporitír proporciones determinadas de ácido lii-
drosulfúrico, previamente deducidas por la cantidad
de yodo empleada.
En estas consideraciones están fundados en resu-
men los ensayos sulfhidromélricos, constituidos hoy
dia en un verdadero sistema de análisis por su repu-
tado inventor Mr. Dupasquier.
Sentadas las bases del procedimiento en cuestión,
nos ocuparemos ahora del modo de practicarle; y con
el objeto de dar algún interés á las descripciones ope-
ratorias de este método, tan interesante por tantos
conceptos, consignaremos á continuación un análisis
sulfhidrométrico del agua de Baréges, que ejecuta-
mos en el laboratorio de química de Mr. AVurIz; en
cuyo trabajo se hallan comprendidas y fielmente ob-
servadas todas las circunstancias exijidas por el autor
del referido procedimiento.
Se empezó primera-
mente por desecar á la
temperatura de SO* en la
estufa de Gay-Lussac,
descrita en la página 11,
y reproducida en este si-
tio, una cantidad inde-
terminada de cristales de
yodo colocados dentro de
una capsulita de porcela-
na: trascurrida como me-
dia hora (en cuyo tiem-
po se supuso que habria
257
desaparecido la humedad embebida en el yodo), se
introdujo una buena porción de los mejores cristales
de este cuerpo simple dentro de un tubo de vidrio cer-
rado por un eslremo, y en seguida se colocó el todo
sobre uno de los platillos de la balanza de ensayo,
mas no sin haber tapado antes con un corcho el lado
abierto, para evitar que no fuesen perjudicados aque-
llos por los vapores de la indicada sustancia; en fin,
se pesaron Í^'.OOO de yodo con la mayor exactitud
posible. Hecho esto, se midió con un lubo graduado
en centímetros cúbicos, 100 divisiones de alcohol,
que representaban ^ de litro; se echó el yodo dentro
de un frasco bien seco y con tapen esmerilado, lavan-
do como es consiguiente con el mismo liquido el tubi-
to en donde había sido pesado el yodo; formada la
tintura alcohólica (para lo cual fue preciso agitar re-
pelidas veces el frasco), se tomó una dosis de almidón
igual con corta diferencia á una media cucharada de
café; se vertió en un poco de agua fría, y esto fue in-
corporado después en 74 de litro del mismo líquido,
que previamente se habia puesto á hervir en un ma-
traz á propósito; se dejó aún espueslo á la acción del
fuego como cosa de 8 minutos, y después se
puso aparte.
Dispuesto todo como queda dicho, se lim-
pió y desecó luego, por medio de una corriente
de aire seco, un instrumento de vidrio llamado
sulfhidrómetro de Dupasquier (del nombre de
su inventor), el cual, como indica la figura ad-
junta, es enteramente igual á la bureta descrí-
17
la en la página 39, y sirve para medir con él la can-
lidad de linlura alcohólica empleada en la disolución
sulfliídrica, hasta producir la coloración azul de que
hemos hablado mas arriba- Este instrumento está dí-
YÍdido en mitades de centímetros cúbicos: cada 10
rayitas corresponden á 1 grado, y cada grado repre-
senta 0s',ül4 de yodo.
Limpia ya la bureta indicada, se midió con otro
tubo graduado '/, de litro del agua de Baréges; se
vertió dentro de un matraz de fondo plano, y después
de haber asociado al líquido como media cucharada
(cuchara grande) de decocto de almidón, se colocó lo-
do sobre un papel blanco, para distinguir mas preci-
samente la aparición del color azul: prevenidas las
cosas según queda consiguadu, se llenó el instrumen-
to de tintura alcohólica de yodo, y se fue vertiendo
ésta gota á gota en el agua de Baréges no cesando de
agitar, y aguardando el tiempo necesario antes de
añadir nueva porción del líquido alcohólico.
Al llegar á la 7." rayita del sulfhidrómetro, apa-
reció la coloración azul en toda la masa, y este resul-
tado fue reproducido ulteriormente por 4 ensayos re-
petidos sobre nueva cantidad de agua mineral: con-
sultada la tabla de Dupasquier, resultó que 1 litro del
agua en cuestión, exijia 0,28 divisiones de la tintura
de yodo contenida en el sulfhidrómetro (ó lo que es
lo mismo 2'',8 de grado) antes de manifestarse el ma-
tiz azulado debido al yoduro de almidón; y que las
0,28 rayitas, indispensables para conseguir este efec-
to, representaban 05^028 do yodo.
259
Por consiguiente, 1 litro de agua de Baréges con-
tiene: 05',003 de azufre, que equivalen en peso á
Os'^,003 de hidrógeno sulfurado, y en volumen á O"",024
milímetros cúbicos de dicho gas á 0°, y á O^TG de
presión.
Alcalimetría i

El principio, estremadamente sencillo, en que se


funda la alcalimetría, es el siguiente: si en una diso-
lución poco concentrada do álcali libre, de carbonato,
cloruro, y sulfato de potasa ó sosa, se vierte un ácido
diluido, el sulfúrico por ejemplo, éste ejercerá única-
mente su acción sobre el álcali libre ó carbonatado,
ínterin el ácido no se halla en cantidad necesaria pa-
ra producir un sulfato de la fórmula general MO, SO*,
el líquido poseerá una reacción alcalina (cuando la
base esté saturada, el líquido aparecerá neutro á los
reactivos coloreados); pero no bien se vaya un poco
mas allá del término de saturación, y se añada mayor
cantidad de ácido sulfúrico que la necesaria para pro-
ducir la sal neutra mencionada, la disolución enroje-
cerá el papel de tornasol, cuyo carácter es el que sir-
ve para indicar que la operación ha sido terminada.
Supongamos, después de esto, que una potasa del
comercio, que casi siempre es impura, contiene un
equivalente de carbonato de potasa ("KO, CO'J; es
indudable que habrá precisión de emplear otro de
ácido sulfúrico ("ÍÍO, SO^J para descomponer dicha
sal, veriflcándose entonces la siguiente reacción:
KO, COP+HO, SO^^KO, SO*-\-CO'-\-/IO.
500
En el caso en que la potasa que se analiza sea el
álcali puro, en vez del carbonato adulterado, la espc-
riencia directa indica que es preciso emplear 5 gra-
mos de ácido sulfúrico monohidratado (110, SO') pa-
ra neutralizar exactamente ís^SOT del referido óxi-
do: de manera que el ácido y la base se hallan en
la relación de equivalentes iguales, desapareciendo
como es natural en semejantes circunstancias sus pro-
piedades acidas y alcalinas. En efecto; tómese 4e%807
de una potasa que contenga agua, ácido carbónico,
clorurp y sulfato potásicos (tal es el caso de la potasa
del coinercio):'cs indudable que si para conseguir su
completa neutralización solo ha habido necesidad de
emplear 25',5 de ácido sulfúrico, en vez de los 5 gra-
mos, es prueba de que dicha potasa contiene SO por
100 de álcali puro, y 50 por 100 de sustancias estra-
ilas; y del mismo modo, si 1 gramo de ácido ha bas-
tado para neutralizar 48',807 de otra potasa, es claro
que esta contiene 20 por 100 de álcali real, y 80 cen-
tésimas de impuridades.
Se deduce en vista de lo espucsto, que en los en-
sayos alcalimélricos, se aprecia la cantidad de car-
bonato alcalino existente en una mezcla dada, averi-
guando la dosis de ácido sulfúrico que es preciso em-
plear para conseguir la trasformacion del carbonato
alcalino en sulfato neutro.
Manifestadas estas consideraciones, vamos á ocu-
parnos ahora éel modo de determinar rl titulo ponderal
de una potasa cualquiera.
Se llama título ponderal de un álcali impuro, el
£61
DÚtuero de quilogramos de inalcria alcalina conlenula
por quintal: eslo se averigua de la manera siguien-
te. Se elijen indislintamcnle varios fragmentos de la
potasa que se quiere analizar; se reducen á polvo
igual, y en seguida se pesa con la mayor exactitud
48«',07 del indicado álcali; hecho esto, se introduce
la materia pesada en la campana de que hemos ha-
blado en la página 38 (cuyo modelo reproducimos en
este sitio), la cual posee la capacidad de '/^ li-
tro hasta donde marca la letra S; se añaden
4 decilitros de agua, y se facilita la disolu-
ciou de la materia alcalina, triturándola con
un agitador de vidrio. Verificada la disolu-
ción, se lava el agitador con cuidado, y se
completa el medio litro, añadiendo agua des-
tilada, hasta que la superficie del liquido aflore en la
señal menciouada; acto continuo, se toma la décima
parte de la solución precedente (mediante la pipeta
adjunta, que tiene SO centímetros cúbicos de
capacidad desde a hasta q); se vierte en el va-
so E, y luego se coloca éste sobre un pedazo
de papel blanco, con el objeto de apreciar
mejor los cambios de color que debe maniles-
tar la tintura de tornasol asociada á la diso-
lución alcalina: dispuesto esto del modo di-
cho, se tapa con una placa de vidrio esmerilado la
boca del vaso, se deja aparte, y se procede
inmediatamente á preparar el ácido sulfúrico
normal. A este fin, se pesan con mucha
exactitud, en un pequeño matraz, 100 gramos
262
de ácido sulfúrico puro y de 66* de concentración; se
loma una botella igual á la marcada con la letra A en
la presente figura, que contenga 1 litro de capacidad
hasta la señal o, y se vierte como casi la
mitad de su volumen de agua destilada
fria; en seguirta se echa poco á poco el
ácido, imprimiendo á la botella un movi-
miento giratorio para mezclar rápidamen-
te ios líquidos; se lava repetidas veces el matraz con
agua que se va añadiendo á la vasija A, y por últi-
mo, sp concluye de llenar la botella hasta a, no ce-
sando mientras tanto de agitar con el objeto de que
haya homogeneidad en toda la masa-
Como el líquido se calienta por efecto de la mez-
cla del ácido con el agua, es necesario dejarle que
adquiera la temperatura ambiente, y agregar des-
pués (valiéndose de una pipeta) pequeñas porciones de
agua, hasta lanío que el nivel coincida exactamente
con la señal a.
Obtenidas ambas disoluciones, la alcalina y la
normal del ácido, se procede á llenar de éste (hasta
el cero] la bureta alcalimétrica de Gay-Lussac, de
que da una idea la adjunta Gi^ura. Este instrvi-
mento se halla dividido en mitades de centí-
metros cúbicos, de tal modo, que las 100 divi-
siones grabadas sobre la vasija contienen 5
gramos de ácido sulfúrico monobidratado: he-
cho estt), solo resta verter poco á poco el áci-
do dentro del vaso E, imprimiéndole al propio
tiempo un movimienlo giratorio y aUemativo.
263
La Untura de tornasol no cambia al pronto de co-
lor, ni tampoco se desprende el ácido carbónico en
un principio, por el motivo de que la porción de este
gas, aislada por la presencia del ácido sulfúrico, se
combina con el carbonato de potasa no descompues-
to, y produce bicarbonato de la misma base; pero no
bien se llega á la mitad de la saturación del líquido
alcalino, empieza á desprenderse el ácido carbónico,
comunicando á la disolución un color rojo vinoso: en-
tonces se sigue añadiendo ácido sulfúrico (no cesan-
do de agitar el vaso), y se ensaya de tiempo en tiem-
po el estado de saturación, introduciendo en la mez-
cla líquida un tubilo de vidrio, y marcando con él di-
ferentes puntos sobre el papel azul de tornasol. Te-
niendo entendido, que mientras éste no se enrojezca
de una manera permanente, es indicio de que aún hay
carbonato sin descomponer; pero en el instante en
que la disolución adquiere de pronto el color rojo, ca-
racterístico, que producen los ácidos enérgicos, debe
considerarse ya la operación como terminada y leer
en seguida sobre la escala de la bureta el número de
divisiones que ha sido preciso emplear para conse-
guir el efecto enunciado. Si, por ejemplo, se han con-
sumido 5b divisiones, es prueba de que la potasa en-
sayada contiene 5S centésimas parles de su peso, de
álcali real.
Ordinariamente se ejecutan dos ó tres ensayos,
pues el primero sirve para indicar tan solo el límite
de la saturación: también es indispensable someter
el valor hallado á una ligera corrección, cuando se
26i
ilesea que ios análisis alcalimélricos adquieran el ma-
yor grado de exaclilud posible.
Para reconocer el instante en que todo el carbo-
nato de potasa ha sido descompuesto, hay necesidad
de añadir un pequeQo esceso de ácido sulfúrico para
que el liquido adquiera el color rojo persistente, lo
cual es causa de que se aprecie en una cantidad, algo
mas elevada de lo debido, la riqueza del álcali ensa-
yado: por lo tanto, es preciso determinar la porción
de ácido añadida en esceso, si se quiere saber el ver-
dadero título ponderal del referido álcali.
Supongamos que en el momento en que la diso-
lución estaba quimicamentc neutra, se añadieron dos
gotas de ácido sulfúrico en esceso, á Tin de obtener
un liquido que produjera marcas rojas persistentes so-
bre el papel de tornasol; pues bien, con el objeto de
fijar el valor de estas dos golas, y rebajarlas de la in-
dicación dada por la bureta, se indaga cuántas gotas
se necesitan de ácido normal para constituir una di-
visión de la bureta, y se calcula la fracción de centí-
metro cúbico que representan las dos gotas de ácido
empleadas en demasía: de manera que si cada medio
centímetro cúbico, ó cada división grande de la bure-
ta representa, por ejemplo, 10 gotas, se deberán re-
bajar, en el caso elejido, 2 décimos de división para
obtener el valor definitivo; es decir, que en vez de
ser el titulo ponderal 55, será 55—0,2=54,8.
Por consiguiente, la potasa en cuestión contiene
54,8 por 100, de su peso de álcali puro; ó 54,8 kilo-
gramos por quintal métrico.
265

Clorometria.

La propiedad que poseen los álcalis de absorrer


grandes cantidades de cloro, y abandonarlas comple-
tamente bajo la influencia de los ácidos débiles, es de
un valor incalculable para la industria, en atención á
que permite concentrar hasta cierto punto el cloro,
sustancia gaseosa y poco soluble en el agua, y tras-
portarle á los puntos mas distantes del globo.
Estando casi siempre mezclado el hypoclorito de
cal (CaO, CIO) con cloruro de calcio y cal, es de su-
ma importancia poder averiguar, por un procedimien-
to sencillo y muy breve, la cantidad de materia útil
contenida en un hypoclorito dado; es decir, la por-
ción de cloro que esta sal puede poner en libertad
bajo la acción de los ácidos: dicho procedimiento ha
recibido el nombre de clorometria.
El método mas generalmente seguido en la actua-
lidad para conocer la riqueza de un cloruro decolo-
rante, es debido al célebre Gay-Lussac, y está fun-
dado en la propiedad que presenta el ácido arsenioso,
disuello en el ácido hidroclórico débil, de trasformar-
se bajo la influencia del cloro y del agua, en ácido ar-
sénico, según lo demuestra la siguiente ecuación:
AsO«-|-2//04-2Cí=AsO'-J-2//Cí. De modo que ha-
ciendo actuar sobre una cantidad constante de ácido
arsenioso diferentes fragmentos de hypoclorilos (pero
dolados de un peso idéntico), el título ponderal de es-
tos cloruros será tanto mas elevado, cuanta menos
266
cantidad de sal sea preciso emplear para convertir en
ácido arsénico la porción de ácido arsenioso que sir-
ve para medir la riqueza del hypoclorito.
Sí se afiadeu á la disolución arseniosa é bidroclóri-
ca unas cuantas golas do la tintura de añil, permane-
cerá inalterable esta materia colorante ínterin exista
ácido arsenioso, lo que prueba que el cloro actúa so-
bre el ácido en cuestión con preferencia á la sustancia
colorante del aflil; pero en el instante en que todo
aquel compuesto ha pasado á ácido arsénico, y que
por consiguiente, ya no tiene el cloro ácido arsenioso
sobre que ejercer su acción, destruye sobre la marcha
el color azul del afíil; cuyo fenómeno sirve para indi-
car el término de la oxigenación del ácido arsenioso.
Para ejecutar la análisis de un hypoclorito de cal
por el procedimiento indicado, se prepara primera-
mente una disolución arseniosa, tal, que sea destrui-
da en totalidad por un volumen igual al suyo de cloro
seco, á la presión de 0'",76 y á la temperatura de cero:
se obtiene fácilmente este líquido disolviendo 45^440
de ácido arsenioso puro en 2^ decilitros de ácido hi-
droclóríco, diluido en cerca de su volumen de agua
destilada, é introduciendo esta disolución en una bo-
tella de la capacidad de 1 litro, la cual se acaba de
llenar con agua pura, según hemos consignado al ha-
blar de los ensayos alcalimélricos:"dicho líquido re-
cibe el nombre de disolución arseniosa normal.
Hechas estas»observaciones preliminares, vamos
á ocuparnos de los detalles prácticos de un análisis
clorométrico.
Se elije, enlre la masa del cloruro decolorante que
se desea ensayar, un buen fragmento, ó bien varios
pedazos cojidos indislintamenle, y se pesan 10 gra-
mos; en seguida, se trituran en un mortero de vidrio
óde porcelana, y se añade un poco de agua; se de-
canta el líquido claro en una botella de 1 litro de ca-
pacidad, y se va añadiendo agua sobre el sedimento
hasta conseguir el disolver todos los cuerpos solubles,
existentes en el hypociorito: por manera, que se com-
pleta 1 litro con los primeros líquidos y las aguas de
loción.
Verificada la disolución, se miden con la pipeta de
que ya se ha hablado en otras ocasiones 10 centíme-
tros cúbicos de líquido normal arsenioso; se dejan
caer en el vaso (de la capacidad de 3 á 4 decilitros)
en donde se ha de ejecutar el análisis, y se tifien de
azul con 2 ó 3 gotas de sulfato de añil; conseguido,
se llena hasta el cero la bureta con la disolución del
hypociorito de cal; y por último, se vierte gota á
gota en el líquido arsenioso, al cual se imprime cons-
tantemente un movimiento giratorio: en el momento
en que la coloración azul desaparece, se cesa de aña-
dir hypociorito, y se lee en la escala de la bureta el
número de divisiones gastadas para producir esta de-
coloración.
Supongamos que se han empleado 108 divisiones
de la disolución del cloruro decolorante, para descom-
poner 10 centímetros cúbicos de líquido normal ar-
senioso; deberá deducirse en este caso, que en las
108 divisiones, que representan 10"-,8, hay 10 cen-
2C8
tímetros cúbicos de cloro: por consiguiente, para co-
nocer el volumen de este gas contenido en 1 litro, es
decir, en 1000 centímetros cúbicos de la disolución
constituida por los 10 gramos de hypoclorito de cal,
bastará plantear la siguiente proporción:
10,8 : 10 : : 1000 : x
x=—rTTTj—=926 centímetros cúbicos de cloro.
Estos 926 centímetros cúbicos, ó 92"°'" ,6, indican
que él cloro analizado marca 92,6 grados clororaélri-
cos; de manera que la cantidad de cloro contenida en
1 kilogramo del-mencionado hypoclorito, es 100 ve-
ces mas considerable, puesto que 10x100=1 kilo-
gramo: últimamente, dicha dosis viene á ser igual
á 9260 centilitros ó á 92'"-,6, que corresponden á
293^542 (92,6X3'',17=293,542).
Para que un ensayo clorométrico sea exacto, es
preciso ecbar el cloruro decolorante sobre el líquido
arsenioso; pues si en vez de operar así se vertiera el
ácido arsenioso en el hypoclorito de cal, resultaría
que, poseyendo la disolución arseniosa una cantidad
considerable de ácido hidrocióríco, eliminaría mas
cloro del que podría absorver para pasar á ácido ar-
sénico, y el gas se desprendería al estado de libertad.
Es también evidente, que para trasformar en áci-
do arsénico el ácido arsenioso contenido en 10 centí-
metros cúbicos, del liquido normal, es preciso emplear
un volumen de cJoruro decolorante inversamente pro-
porcional á la riqueza de este cloruro; en efecto, ad-
mitamos que se han disuelto separadamente eu el
269
agua, hasta formar 1 litro, dos pedazos de hypoclori-
to de cal, representando cada uno un peso igual á 10
gramos; es indudable que si se necesitan 20 centíme-
tros cúbicos de una de estas disoluciones, y 10 de la
otra para descomponer 10 centímetros cúbicos del li-
quido arsenioso normal, la segunda disolución con-
tiene, bajo el mismo volumen, dos veces mas cloro que
la primera.
Con el objeto de evitar el cálculo supletorio, que
con arreglo á la observación precedente, es preciso
ejecutar, para obtener el valor real de un cloruro de-
colorante, ha construido Gay-Lussac unas tablas en
donde se hallan inscritos los grados clorométricos
que corresponden al número de divisiones de la bu-
reta, empleadas en descomponer el líquido normal
arsenioso.
El hypoclorito de cal del comercio marca ordina-
riamente de 80 á 110 grados clorométricos; contiene
por lo tanto de 80 á 110 litros de cloro (por kilogra-
mo) que puede ser eliminado al estado de gas, me-
diante la acción de los ácidos.

Manganimetria.

El principal objeto en los ensayos de los óxidos de


manganeso, es determinar la cantidad de cloro que
un óxido de manganeso puede producir sometido á la
acción del ácido hidroclórico; pero á fin de compren-
der mas fácilmente el principio en que está basado el
análisis que vamos á dar á conocer, conviene recor-
270
dar en este momento la acción que el ácido hidro'
dórico ejerce sobre los diferentes óxidos de manga-
neso.
Protóxido de manganeso. MnO-\-IICl=nO-\-MnCl.
Oxido rojo. MnO' '/j+íHCl/ '/^=fHO/ V3+
MnCl-\-Cl'/^.
Sexqui-óxido. MnO' '/.-\-(IICl' '/J^fHO)' ' / , +
iVna+C/'/..
Peróxido. MnO'^(HCt)'=(nO/-\-MnCl-\-Cl.
Estas fórmulas demuestran que calentados los óxi-
dos de manganeso con el ácido hidroclórico, produ-
cen una cantidad de cloro representada exactamente
por la del oxígeno escedente al protóxido: asi que,
tratado éste por el ácido hidroclórico, solo da origen
á cloruro de manganeso y agua; al paso que el óxido
rojo desprende, en igualdad de circunstancias, V3 de
equivalente de gas cloro; el sexqui-óxido produce '/,
equivalente, y el peróxido da 1 equivalente de dicho
cuerpo simple: de manera que, consistiendo el valor
comercial de las manganesas en la dosis de cloro que
ponen en libertad, cuando se las trata por el ácido hi-
droclórico, se comprende la posibilidad de averiguar
la composición de un óxido de manganeso cualquiera,
estimando la cantidad de cloro desprendida bajo la
influencia del ácido hidroclórico.
En dicho principio está fundado precisamente el
análisis de las manganesas, ideado por el eminente
físico y químico Itfr. Gay-Lussac.
La esperiencia directa ha demostrado que 3^^,98
de manganeso, tratados por el ácido hidroclórico,
271
producen exactamente 1 litro de cloro á O', y bajo la
presión de 0",!%', por consiguiente, cuando se quiera
practicar el ensayo de una manganesa del comercio,
se pesarán 3«%98 de ella, y se introducirán en un ma-
traz á propósito, provisto de un tubo encorvado que
comunique con una disolución débil de potasa, coloca-
da en otro matraz de cuello largo; hecho esto, se verte-
rán sobre la manganesa 25 ó 30 gramos de ácido hidro-
clórico concentrado, y completamente exento de ácido
sulfuroso; se cerrará el aparato con corchos que ajus-
ten bien, y en seguida se calentará gradualmente pa-
ra facilitar la reacción del ácido: paralizada la ope-
ración en el instante en que ya no se observe des-
prendimiento alguno de cloro, sin embargo de haber-
se disuelto todo el óxido de' manganeso, se mezclará
el liquido alcalino clorurado, con la cantidad de agua
destilada necesaria para formar 1 litro, y se analiza-
rá acto continuo por medio del ácido arsenioso normal
como si se tratara de un hypoclorito.
Si el ensayo clorométrico indica que esta disolu-
ción contiene, por ejemplo, 80 centilitros de cloro, es
prueba que la manganesa sometida al análisis posee
80 por 100 de peróxido de manganeso puro, y 20 por
loo de materias eslrañas: entonces se dice que mar-
ca 80».
Las manganesas que circulan en el comercio mar-
can generalmente de 65 á 80°.
Mr. Levol ha ideado un procedimiento, para ana-
lizar las manganesas, en el que se trata la sustancia
sometida al análisis por el ácido hidroclórico, en pre-
272
sencia de una cantidad determinada de cloruro ferro-
so; de manera que, averiguada la proporción de clo-
ruro férrico formada, es fácil deducir el gas cloro pro-
ducido, y por consiguiente el valor real de la manga-
nesa ensayada: hé aqui cómo se procede. Se introdu-
ce en un matraz de cuello corto y de B á 4 decilitros
de capacidad, 48',858 de alambre de hierro perfecta-
mente puro, y se vierten sobre él cerca de 100 gramos
de ácido bidroclórico concentrado, y libre de sustan-
cias estrañas; se cierra el matraz con un buen tapón
de corcho que dé paso á un tubo derecho terminado
en embudo por la parte superior, y afilado por la es-
tremidad opuesta; se calienta suavemente para acele-
rar la disolución del hierro, y conseguida ésta, se
echan los 3^%980 de la manganesa que se quiere en-
sayar; se tapa el matraz, se agita un poco el liquido,
y se calienta hasta la ebullición: lodo el cloro que se
desprende es absorvido por el cloruro ferroso.
Si la manganesa analizada fuera perfectamente
pura, sucedería que los 3«',980 empleados bastarían
para perclorurar el cloruro ferroso resultante de la
disolución de 4^^,858 de hierro, en el ácido bidroclóri-
co; pero como casi siempre la acompañan sustancias
estrañas, acontece que aquella cantidad de materia
es insuficiente para hacer pasar á cloruro férrico la
sal ferrosa preparada; por consiguiente, es indispen-
sable completar la cloruracion con una cantidad de-
terminada de Qloro, ó mejor añadir gota á gola, en la
disolución de hierro, calentada basta la ebullición,
otra normal de clorato potásico, cuya sal actúa sobre
273
el cloruro ferroso, como el cloro libre: por lo demás,
la disolución normal del clorato de potasa se mide en
una bureta, y se vierte con dicho instrumento por el
tubo en forma de embudo. Un litro, de esta disolución
representa 1 litro de cloro, y produce (en presencia
de un esceso de ácido hidroclórico hirviendo) una
reacción espresada por la fórmula siguiente.
KO, ClO'+mCl=zKCl+QHO-\-6CL
ínterin exista prolocloruro de hierro, todo el gas
cloro desprendido se empleará en hacerle pasar á clo-
ruro férrico; pero una vez terminada la cloruracion,
se hace sensible la presencia del indicado cuerpo
simple por la reacción que origina sobre un pedazo de
papel de tornasol, ó teñido con sulfato de aüil, que al
efecto se interpone entre el tapón de corcho y el cue-
llo del matraz: llegado el instante que se indica, se
da la operación por terminada.
Si para completar la percloruracion del hierro, ha
sido preciso gastar 15 centilitros, p. ej., de la diso-
lución normal de clorato potásico, es prueba de que
ios 3^%980 de manganesa analizada han producido
100—15=85 centilitros de cloro: su riqueza es en es-
te caso de 85'.
Como que la mayor parte de las manganesas del
comercio se hallan por lo regular mezcladas con óxi-
do férrico y carbonates de cal, barita, etc., cuyos
cuerpos reaccionando con el ácido hidroclórico con-
sumen inútilmente una cierta dosis de él, resulta que
es indispensable determinar, en un análisis completo
de los citados óxidos, no solamente la cantidad de
18
274
cloro que pueden desprender, sino también la porción
de ácido hidroclórico consumida por los cuerpos es-
trenos existentes en ellos: á este fin, se tratan 38',980
del sobreóxido de manganeso que se ensaya por un
grande esceso de ácido hidroclórico (por ejemplo 25
centímetros cúbicos), y se determina, por el método
ordinario, el valor real del óxido objeto del problema.
Queda en disolución cloruro de manganeso y un es-
ceso de ácido hidroclórico: para apreciar ahora la
proporción sobrante de ácido, se vierte una disolu-
ción i\ormal de carbonato de sosa; se forma carbona-
to de manganeso, que se disuelve, ínterin contenga el
liquido ácido hidroclórico sobrante, verificándose la
saturación en el instante en que deja de rcdisolverse
el mencionado cuerpo.
El volumen de la disolución normal del carbonato
sódico invertido en saturar el ácido, dará á conocer
la cantidad de ácido clorhídrico que había libre: res-
tando ahora ésta de los 25 centímetros cúbicos ante-
riormente empleados, la diferencia representará la
proporción de ácido hidroclórico que ha servido para
reaccionar sobre el peróxido de manganeso y disol-
ver los cuerpos que le acompañan; y por último, ave-
riguando, mediante un ensayo previo, el valor real
de la manganesa en cuestión, se sabrá perfectamente
la dosis de ácido hidroclórico que ha debido reaccio-
nar con el sobreóxido de manganeso; por consiguien-
te, el resto indicará la cantidad de ácido consumido
por los cuerpos estraños.
No se toma en cuenta en este análisis la pequeña
275
porción de ácido bidroclórico que se desprende con
el cloro, durante la reacción de dicho ácido sobre el
peróxido de manganeso.

Ferrimetria.

El método analítico de que vamos á ocuparnos, es


aplicable lo mismo á los minerales de hierro que á
las aleaciones en donde figure este metal; es fácil de
ejecutar, y ofrece mayor exactitud que los demás pro-
cedimientos por via seca; y finalmente, puede em-
plearse para analizar las distintas mezclas ó combina-
ciones de óxido ferroso y de sexqui-óxido de hierro:
dicho método está fundado en la acción que ejercen
las sales ferrosas sobre el permanganato de potasa.
Cuando se vierte en una disolución acida y muy di-
luida de una sal de hierro ad mínimum, otra de per-
manganato de potasa, el hierro se peroxida inmedia-
tamente, absorviendo oxígeno y decolorando al per-
manganato: mientras haya hierro en el estado de com-
binación ferrosa, va descomponiéndose poco á poco el
permanganato, y el liquido adquiere un matiz amari-
llo, muy débil, debido á la sal férrica; pero en el ins-
tante en que todo el metal pasa á compuesto superior,
basta una sola gola de permanganato para comunicar
al liquido un color rosáceo marcado, fácil de recono-
cer. Este cambio de matiz indica que la operación ha
sido terminada.
Para preparar el líquido normal de permanganato
27G
(le potasa, se introduce en un crisol de barro, y se es-
pone durante dos horas á un fuego rojo-oscuro, una
mezcla de 2 partes de sobreóxido de manganeso, I de
clorato potásico, y 3 de potasa cáustica: enfriada la
masa, se pulveriza groseramente y agita con 2 ó 3
veces su peso de agua destilada; hecho esto, se añade
al liquido ácido nítrico (diluido en la mitad de su vo-
lumen de agua) hasta tanto que adquiera el conjunto
un color de violeta claro; y por último, so filtra sobre
amianto ó sobre vidrio molido, á fin de eliminar el
peróxido de manganeso que flota en suspensión. Pre-
parado este liquido, se pesa 1 gramo de alambre de
hierro muy puro, se disuelve en 20 ó 25 cenlime-
Iros cúbicos de ácido hidroclórico fumante, y se dila-
ta la disolución en 1 litro de agua destilada; en se-
guida, se introduce el permanganato en una bureta
dividida en centímetros cúbicos, y éstos en décimas
partes, y se vierte gola á gola esle líquido en la diso-
lución ferruginosa, mantenida en un movimiento gi-
ratorio continuo; y en ñn, se suspende la operación
en el instante en que aparece la coloración rosácea
característica. Llegado este momento, se lee con cui-
dado el número de divisiones invertidas en la sobre-
oxidacion de 1 gramo de hierro: si, por ejemplo, ha
sido preciso gastar 30 cenlíáielros cúbicos de liquido
normal para trasformar la sal ferrosa en férrica, es
evidente que un peso idéntico de mineral de hierro,
cuyo metal rebajado al mínimum de oxigenación (des-
pués de haber sido disuelto en el ácido hidroclórico),
hubiera exijido, para peroxidarse, 15 centímetros cú-
277
bicosde líquido normal, contendría 50 por 100 de
hierro metálico.
Espuestas estas consideraciones, veamos cómo se
ejecuta el análisis enunciado.
Se toma 1 gramo de mineral de hierro reducido á
polvo muy fino, y se disuelve en 20 ó 30 centimelros
cúbicos de ácido clorhídrico puro y fumante, dentro
de un matraz de la capacidad de 1 litro; acto conti-
nuo, se somete la mezcla á una ebullición moderada
hasla que lodo el mineral se haya disuelto; efectuado
esto, se añade al producto agua destilada (como un
tercio de la capacidad del matraz), y se rebaja á fer-
rosa la sal férrica, añadiendo al líquido é hirviendo
después, 6 gramos de zinc puro ó 4 gramos de una di-
solución concentrada de sulfito sódico: al cabo de al-
gunos minutos de ebullición, deja de percibirse en la
masa el olor de ácido sulfuroso, y esta adquiere un
matiz verdoso, lo cual es indicio de que se ha verifi-
cado la reducción.
Después de haber diluido el líquido en nueva can-
tidad de agua, con el objeto de que su volumen sea
con corta diferencia igual á 1 litro, se vierte gota á
gota la disolución normal del pernianganalo de pota-
sa, hasla tanto que aparezca la coloración rosácea con-
sabida. Manifestado este fenómeno, se da la operación
por terminada; se lee sobre la escala de la bureta el
número de divisiones empleadas, y se comparan con
las invertidas en un principio para sobreoxidar 1 gra-
mo de hierro puro.
Supongamos que siendo 30 centímetros cúbicos el
278
título ponderal del permanganato de poíasa, respecto
(le 1 gramo de hierro, se han gastado 17 divisiones
de este liquido normal para peroxidar el hierro pro-
cedente de 1 gramo de mineral; se planteará la pro-
porción siguiente:
30 : 1,000 : : IT : x
i.oooxn - ^„..
—30 =0'^fifi^-
Es decir, que el mineral analizado contiene, según
el caso admitido, 56,66 por lOO de hierro.
El zinc, el manganeso, el ácido fosfórico, la cal,
la alúmina, la magnesia y la sílice, no se oponen al
buen resultado de este ingenioso método, ideado por
Mr. Marguerile. Si el hierro contiene, arsénico ó co-
bre, se precipitarán de su disolución acida por medio
del zinc; pero como reaccionarían sobre el perman-
ganato, para absorver oxigeno, se eliminarán por fil-
tración, y después de haber lavado perfectamente el
filtro, se reunirán todos los líquidos para ejecutar con
ellos el procedimiento descrito.
Análisis de una mezcla ó combinación de protóxido
y peróxido de hierro.
Para averiguar la cantidad de óxido ferroso y de
óxido férrico, reunidos al estado de combinación ó de
mezcla, pueden emplearse los métodos siguientes.
1.* Se disuelven ambos óxidos en el ácido clorhí-
drico; se intreduce la disolución en un frasco lleno de
ácido carbónico, y se hace pasar á través de ella una
corriente de hidrógeno sulfurado, que actuando sola-
279
raenle sobre la sal de hierro ad máximum, la reduce
y precipila una cantidad de azufre proporcional al
peróxido existente, v. g.:
FeW*, 3SO'-f-ff5=flO, SO'-\-i(FeO, SO')+S.
De manera que el peso de azufre indica la propor-
ción de óxido férrico contenido en la mezcla.
2.* Berzelius ha descrito otro método, que consis-
te en disolver los dos óxidos en el ácido hidroclórico;
introducir la disolución en un frasco lleno de ácido
carbónico, y dejarla durante 24 horas en contacto de
cierta porción de piala en polva, que reduce la sal
ferrosa, dando origen al propio tiempo á cloruro ar-
géntico insoluble. Se pesa la mezcla de plata y de clo-
ruro: la diferencia entre el peso de esta mezcla y el
de la plata empleada, dará á conocer la dosis de óxi-
do férrico existente, v. g.: /'e'0'-|-3/7C/=3/i04-
Fe'Cl' Fe'Cl'+Ag^AgCl+^FeCL "
Cada equivalente de cloruro argéntico correspon-
de á otro de peróxido de hierro.
3.' Y por último, puede emplearse, como propo-
ne Mr. Marguerite, una disolución normal de per-
manganato de potasa, que oxida la sal ferrosa y no
altera la férrica.
Para ejecutar esta análisis, se toma 1 gramo del
compuesto que contiene los dos óxidos, y se disuelve
en 30 centímetros cúbicos de ácido hidroclórico fu-
mante; se dilata la disolución en cerca de un litro de
agua destilada, y se vierte permanganato de potasa
hasta tanto que adquiera el liquido un matiz rosáceo.
Supongamos, como anteriormente, que la disolu-
280
cion del permanganato tenga un valor ponderal igual
á 30 cenlímelros cúbicos, por cada gramo de hierro
puro, y que se hayan gastado 10 centímetros cúbicos
de ella; es evidente que se averiguará la cantidad de
óxido férrico, planteando la siguiente proporción:
30 : 1,000 : : 10 : a;

Por consiguiente, la mezcla contiene 33,33 por


100 de hierro al estado de protóxido.
Para averiguar ahora la dosis de óxido férrico
existente, se disuelve otro gramo del compuesto so-
metido al análisis, en 30 centímetros cúbicos de ácido
bídroclórico; se rebaja el hierro ad minimum por me-
dio del zinc ó del sulflto alcalino, y se determina por
el método ordinario la cantidad de hierro contenida
en el líquido.
Admitamos que este segundo ensayo acuse 60 por
100 de hierro: rebajando de esta cantidad las 33,33
partes de metal, al estado de sal ferrosa, el resto 26,67,
indicará la proporción de hierro que figura al estado
de sal férrica: esta proporción representa 38,1 de
sexqui-óxido.
De manera, que en último resultado, 100 parles
del compuesto sometido al ensayo contienen:
Oxido ferroso 42,8
— . férrico 38,1
Sustancias eslrañas 19,1
281

Cuprimetria.

El importante método analítico, ideado por Mr.


Pelouze, que vamos á dar á conocer, no solamente
permite dosizar con grande exactitud el cobre en las
diferentes aleaciones que constituye uniéndose á los
demás metales, sino que también es aplicable al aná-
lisis de los minerales cobrizos y de las principales
sales á base del mencionado metal.
La dosizacion del cobre por este procedimiento,
está fundada: 1.° en la propiedad que poseen sus sales
de disolverse en el amoniaco, dando origen á un lí-
quido de color azul muy intenso; 2.* en la circuns-
tancia de ser descomponible este líquido amoniacal
por los sulfures solubles, decolorándose completamen-
te cuando ya no hay cobre en disolución.
En vista de esto, se comprende sin grande esfuer-
zo la posibilidad de determinar fácilmente la propor-
ción de cobre existente en un compuesto salino, pre-
cipitando su disolución amoniacal por un liquido nor-
mal, de sulfuro de sodio, hasta tanto que haya desa-
parecido totalmente el matiz del agua celeste.
Entre las infinitas ventajas que ofrece este esce-
lenle medio de análisis, la mas importante es sin du-
da alguna la de poderle practicar con el mismo éxito
en presencia de ciertos metales, tales como el plomo,
estaño, zinc, cadmio, hierro y antimonio; porque aun
suponiendo un liquido amoniacal en el que figurasen
dichos cuerpos simples, bien sea en disolución ó bien
bajo la forma de precipitado insoluble, la esperiencia
282
ha demostrado que el sulfuro alcalino dirije principal-
mente su acción sobre el cobre, y que en el raomen-
lo de desaparecer el color azul, la cantidad de liqui-
do normal añadido es proporcional á la de cobre exis-
tente en la disolución: los metales estrafios no reac-
cionan sobre el sulfuro alcalino, sino cuando todo el
cobre ha sido precipitado. Solo cuatro metales se opo-
nen á la ejecución de este procedimiento, á saber: el
mercurio, el cobalto, el niquel y la plata; pero esta
última, puede eliminarse en rigor fácilmente, por me-
dio del ácido hidroclórico.
Espuestas' las consideraciones que preceden, va-
mos á ocuparnos ahora de la manera de practicar el
método indicado, empezando por la preparación del
liquido normal.
Se pesa 1 gramo de cobre puro; se disuelve en 5
ó 6 gramos de ácido nítrico; se añaden al liquido 40
ó 50 cenliraetros cúbicos de amoniaco cáustico con-
centrado; se calienta el matraz hasta una suave ebu-
llición, y se vierte poco á poco una disolución de sul-
furo de sodio, medida en una bureta, y en la que cada
centímetro cúbico está dividido en 10 partes (el cobre
se deposita al estado de oxisulfuro, v. g.: CuO, hCuS).
En el instante en que pierde su coloración el líquido,
(lo cual se reconoce con facilidad dejando que se a pose
el precipitado durante algunos instantes) se lavan las
paredes del matraz con una pipeta llena de amoniaco
cáustico, y sé lee acto continuo sobre la bureta el nú-
mero de centímetros cúbicos empleados en la decolo-
ración del líquido amoniacal: admitamos que sean 30
283
centimetros cúbicos; os indudable que si una aleación
ó un mineral de cobre, analizado por este método en
cantidad igual á Is'.OOO, produce una disolución ní-
trica, hidroclórica ó cloro-nitrica, cuya decoloración
exije 15 divisiones del sulfuro alcalino, 100 partes
de la misma aleación ó de mineral, contendrán 50
partes de cobre.
Para analizar un mineral de cobre por este pro-
cedimiento, se procede de la manera siguiente: se pul-
veriza; se pesa 1 gramo del mineral en cuestión, y se
disuelve en un esceso de agua regia; se elimina por
ebullición la mayor parte-del ácido escedente; se de-
ja enfriar el matraz durante algunos instantes, y se
vierte una buena porción de amoniaco cáustico.
Las sustancias insolubles y las que han sido pre-
cipitadas por el álcali (sílice, alúmina, óxido de plo-
mo, óxido de antimonio, óxido de hierro, etc.), per-
manecen en suspensión dentro del líquido: es inútil
eliminarlas por filtración, por el motivo de que no
impiden el que se aprecie la decoloración, y por otra
parle no actúan sobre el sulfuro de sodio sino cuan-
do ha sido completamente precipitado el cobre.
Respecto al caso indicado de la presencia de los
metales, estaño, hierro, plomo, zinc y cadmio, es fá-
cil convencerse de que no pueden reaccionar sobre el
sulfuro de sodio sino después que lo haya efectuado
el cobre: se ha reconocido en efecto, que si por ejem-
plo se necesitan 30 centímetros cúbicos de líquido
normal para destruir el color azul á una disolución
amoniacal de 1 gramo de cobre, es preciso invertir
28-i
una cantidad idénlica de sulfuro sódico para decolo-
rar igual dosis de disolución cúprica mezclada con
sales de estaño, hierro, zinc, cadmio y plomo. Se ha
evidenciado igualmente, que si se calienta durante un
corto tiempo alguno de los sulfures citados (v. g. el
de zinc) con el nitrato de cobre amoniacal, la disolu-
ción se decolora, el cobre se precipita, y el zinc en-
tra en disolución: lo cual demuestra de un modo evi-
dente que el zinc no puede sulfurarse antes del cobre,
y que por lo tanto no afecta su influencia á la exacti-
tud del procedimiento de que vamos hablando.
En el caso en que la aleación que se analiza con-
tenga cstafio, este metal permanece fluctuante en el
amoniaco al estado de ácido estánnico, que se depo-
sita con gran lentitud, é impide reconocer el término
exacto de la decoloración: se ha observado, por otra
parte, que añadiendo una corta cantidad de nitrato de
plomo, se facilita notablemente la precipitación del
ácido estánnico.
Otra de las ventajas que ofrece el método analítico
que describimos en este articulo, es la de poder reco-
nocer fácilmente una corta cantidad de zinc: en efec-
to, precipitado todo el cobre en el seno del liquido
amoniacal caliente, el sulfuro sódico produce un de-
pósito blanco de sulfuro de zinc, y la cantidad de sul-
furo alcalino empleado es proporcional á la de zinc
existente en la disolución; de manera que hasta puede
apreciarse pof este medio la dosis de dicho metal
existente en la aleación.
La presencia del hierro en un ensayo de cobre por
28o
via húmeda, no perjudica sino cuando figura en can-
tidad considerable, lo cual acontece pocas veces: se
filtra en semejante caso el líquido amoniacal; se lava
el precipitado de hidrato de óxido férrico; se concen-
tran en seguida los líquidos y las aguas de loción reu-
nidas, y se opera como dejamos indicado.
Para determinar la cantidad de cobre existente en
una sal que contenga un compuesto de hierro ad mi~
nimum, como sucede generalmente con el sulfato de
cobre dei comercio, es preciso peroxidar el hierro me-
diante el ácido nítrico: sin esta precaución, el protóxi-
do de hierro eliminado por el amoniaco, quitaría el
oxígeno al óxido cúprico, y el análisis resultaría in-
exacto en atención á que se precipitaría el cobre al
estado de proto-sulfuro (Cu^S).

Argeníimelria.

£1 procedimiento analítico (inventado por Mr.


Gay-Lussac) de que vamos á ocuparnos á continua-
ción, está fundado en la propiedad que poseen los clo-
ruros solubles de precipitar completamente la plata
de su disolución nítrica, sin ejercer acción alguna so-
bre los metales con los que pueda hallarse aleado di-
cho metal, escepto el mercurio. La ecuación siguiente
da una idea de esta reacción.
AgO, NO'+MCl^AgCl+MO, N0\
La fórmula general M, puede representar potasio,
sodio, calcio, magnesio, etc.
El cloruro de plata tiene la cualidad importante
286
(le reunirse por completo en un solo punto, cuando
se agita el líquido en cuyo seno se ha formado, dejan-
do el líquido claro y trasparente; de manera, que es
fácil reconocer en semejante momento si hay esceso
de nitrato argéntico ó de cloruro alcalino: en el pri-
mer caso, se enturbiará la disolución por una gota de
cualquier cloruro soluble, mientras que en el segun-
do, precipitará por el nitrato de plata.
El análisis de las aleaciones de plata, mediante
una disolución de cloruro sódico, puede ejecutarse de
tres maneras distintas. 1.* precipitando la plata por un
csceso de sal común, en cuyo caso el peso del cloruro
argéntico obtenido indicará el de la plata existente; 2.*
conocido el valor de una disolución normal de sal co>
mun, determinar el peso de ella que es preciso consu-
mir para precipitar exactamente la plata contenida en
la aleación; 3.' y por último, conocido del mismo mo-
do el valor ó título de la disolución de cloruro sódico,
averiguar el volumen que es necesario emplear para
precipitar la piala.
Todos estos tres métodos son sumamente prácticos
y sencillos, pero el último lo es aún en mas alto gra-
do, por cuya circunstancia le dio la preferencia el
célebre autor de este magnífico sistema de análisis,
Mr. Gay-Lussac, particularmente para el ensayo de
las monedas de plata, ó sea la aleación del cobre con
el referido metal.
Antes de jproceder al análisis de una aleación de
plata, es preciso preparar: 1.' cierta cantidad de plata
de una ley igual á ^-^, es decir, químicamente pura;
287
2." «n liquido normal de sal común; 3.* una disolución
decimal de cloruro sódico; 4." una disolución decimal de
plata.
Para preparar la piala pura, se disuelve en el áci-
do nítrico del comercio bien sea la plata de moneda, ó
la obtenida por copelación; y si se forma algún resi-
duo (oro, sulfuro ó cloruro de plata), se separará del
líquido, decantando éste á una vasija de vidrio; hecho
esto, se dilata la disolución en agua destilada, y se
precipita por un esceso de sal común. Lavado perfec-
tamente el cloruro argéntico resultante, se descompo-
ne, á una temperatura roja intensa, dentro de un crisol
de Hesse ó de Beaufay, mediante una mezcla de 70,4
partes de carbonato calcico y 4,2 parles de carbón
por 100 de cloruro, supuesto seco; se produce oxiclo-
ruro de calcio, óxido de carbono, ácido carbónico y
plata metálica, v. g,: ÁgCl-\-iCaO, CO''+C=(CaO,
CaCl)-{'COJriCO'+-^g,
Se rompe longitudinalmente el crisol, y se estrae
^e\ fondo de éste el bolón de plata reducida; aclo con-
tinuo, se disuelve otra vez el metal en el ácido nítri-
co; se precipita de nuevo por el cloruro de sodio; y
por último, se vuelve á descomponer el cloruro ar-
géntico, resultante, por la misma mezcla de carbón y
de carbonato de cal: la plata obtenida en esta nueva
ocasión, es ya químicamente pura; de manera que
solo resta reducirla á granalla para que pueda disol-
verse con mayor facilidad en el ácido nítrico.
Obtenido el metal puro, se procede á preparar el
liquido normal de sal común.
288
Se llama líquido normal de sal común á una diso*
lucion de cloruro sódico, que bajo el volumen de un
decilitro, y á la temperatura de +15°, precipita exac-
tamente 1 gramo de plata pura: para conseguir este
líquido, sería preciso disolver S'',414 de cloruro de
sodio (libre de materias eslrañas) en agua destilada,
haciendo de modo que el volumen de la disolución
ocupara 1 litro á la temperatura de +15°; pero es
mas sencillo preparar el líquido normal con la sal ma-
rina del comercio. Para ello, se disuelven 300 gramos
de cloruro sódico ordinario en 2 litros próximamente
de agua destilada, y se filtra la disolución; se evapo-
ran algunos gramos de ésta para apreciar la cantidad
de sal que contiene, y en seguida se diluye el liquido
en la dosis de agua que indique el cálculo, suponien-
do que el cloruro sódico sea puro; hecho esto, se pre-
cipita, mediante 1 decilitro de la indicada sal, 1 gra-
mo de plata pura, disuelto en el ácido nítrico; pero
como aquella disolución es muy débil por el motivo
de que siempre acompañan sustancias estrañas al clo-
ruro de sodio ordinario, resulla que es preciso com-
pletar la precipitación con cierto número de centíme-
tros cúbicos del líquido decimal de sal común, cuya
composición es coBocida: se anota el volumen de la di-
soluciou supletoria que ha servido para terminar la
precipitación de la plata, y se calcula cuánta sal co-
mún (en disolución por supuesto) debe añadirse al
primer líquido para convertirle en disolución normal.
Practicado otro segundo ensayo, también con 1 gra-
mo de plata, se consigue ya una aproximación muy
289
grande; y en fin, una tercera prueba permite poseer
exactamente la disolución normal de cloruro sódico:
sépase sin embargo que no hay precisión de que un
decilitro de este líquido precipite de una manera per-
fecta 1 gramo de plata pura; basta con que se apro-
xime mucho á ello, y sobre todo conocer rigorosa-
mente la cantidad de plata que puede eliminar bajo
la forma dicha.
Respecto al modo de obtener la disolución decimal
de cloruro sódico, se vierte un decilitro del líquido
normal mencionado dentro de una vasija de la capa-
cidad de un litro, y se acaba de completar la medida
con agua destilada: es evidente que un litro de la di-
solución decimal puede precipitar un gramo de plata,
y que la milésima parte ó un centímetro cúbico del
mismo líquido, precipitará exactamente la milésima
parte de un gramo, ó sea un miligramo de metal.
Resta solo preparar la disolución decimal de pla-
ta: á este fin, se disuelve un gramo de plata pura en
5 ó 6 de ácido nítrico libre de materias estrafias, y se
dilata la disolución en agua destilada hasta reunir
exactamente un litro.
El líquido decimal de plata y el de cloruro sódico
están preparados de tal manera, que cuando se mez-
clan en volúmenes iguales, no hay ni esceso de nitra-
to argéntico ni de sal común, sino simplemente nitra-
to de sosa y cloruro de plata, como se ve por la si-
guiente ecuación.
% 0 , NO'+NaCl'^NaO, NO'+AgCl.
La primera condición que hay necesidad de satis-
19
290
facer en esle método analítico, es operar sobre una
cantidad de aleación que contenga muy cerca de un
gramo de plata: en el caso en que no se conozca, si-
quiera de un modo aproximativo, el valor de la liga,
hay precisión de averiguarle, bien sea por copelación
ó bien por medio de tanteos con los liquidos norma-
les ó decimales medidos, por ejemplo, en pipetas de
1 ó 2 centilitros. Conseguido esto, veamos cómo se
procede al análisis de la aleación; pero con el objeto
de particularizar mas el caso, supondremos que se
trata (le conocer la ley de una moneda de plata.
Se toma uiia cantidad de moneda que represente
aproximadamente un gramo: admitiendo que la pieza
897
posee el limite legal inferior, es decir, j ^ , se averi-
gua planteando una sencilla proporción, la dosis que
es preciso tomar de dicha liga para operar sobre un
gramo de plata, v. g.:
897 : 1000 : : 1000 : x
1000X1000 , ^,^

Por consiguiente, se pesa 1«',115 de esta aleación,


y se introduce en un frasco esmerilado de una capa-
cidad igual, con corta diferencia, á 2 decilitros; se
disuelve en baño de maria en 5 ó 6 centímetros cúbi-
cos de ácido nítrico puro de 32" (Baumé); se elimi-
nan, mediante un fuelle terminado por un tubo de vi-
drio, los vapores nitrosos de que está impregnada la
atmósfera del frasco; y finalmente, se vierten dentro
de éste (con una pipeta) 100 centímetros cúbicos del
291
liquido normal: agitado vivamente el frasco durante
2 ó 3 minutos, se abandona algunos instantes al repo-
so. Pasado este tiempo, se clarifica perfectamente el
líquido, y se reúne en el fondo del frasco el precipita-
do de cloruro argéntico; se toma una pipeta pequeña,
sobre la cual hay grabadas dos rayitas (correspondien-
tes á 1 y á 2 centímetros cúbicos) y está graduada
como la de un decilitro, de tal modo, que solo debe
tomarse en cuenta el líquido que cae dentro del fras-
co: por consiguiente, no se incluye en la apreciación
ni la gota retenida por efecto de la, capilaridad en el
eslremo mas estrecho de la pipeta, ni la cantidad de
disolución que humedece la pared del vidrio.
Clarificado el liquido por la agitación, se mide con
la misma pipeta un centímetro cúbico de la disolución
decimal de cloruro sódico, y se vierte en el frasco, en
donde se ha introducido previamente un decilitro del
líquido normal de sal común: en el caso en que aún
exista algo de plata sin precipitar, se conocerá al mo-
mento por la nubécula blanca que se forma en el lí-
quido; averiguado esto, se agitará segunda vez, y en
seguida, se dejará caer en el líquido trasparente otro
centímetro cúbico de disolución decimal.
Supongamos que después de haber añadido 3 cen-
tímetros cúbicos de líquido decimal, y de haber ob-
servado tres veces la nube blanca, no produjera pre-
cipitado alguno la adición del cuarto centímetro cúbi-
co; es evidente que no debe estimarse este nuevo vo
lumen, porque, en rigor, no ha producido reacción
alguna; el tercero ha formado un precipitado, es cier-
202
to, pero ¿se ha inverlido lodo el centímetro en ocasio-
nar este efecto, ó solo se ha gastado una parte de él?
O en otros términos: ¿cuál es la fracción empleada?
En la imposibilidad de decidir esta cuestión, se admi-
te que únicamente ha sido utilizada ia mitad del ter-
cer centimetro cúbico de la disolución decimal: el
error que por otra parle resulta de esta medida arbi-
traria, no llega á medio milésimo, supuesto que un
centímetro cúbico de liquido decimal de sal común
corresponde á un miligramo de plata.
En resumen, la plata contenida en Is'.llS de alea-
ción ha sido precipitada: 1.' por un decilitro de líqui-
do normal que representa un gramo de metal puro; y
2 / por 2,5 centímetros cúbicos de la disolución deci-
mal de cloruro sódico, que representa 2,5 miligramos
de piala; por consiguiente, la cantidad de aleación
sometida al ensayo contiene l^',000-f-0«',0025»=
16',0025 de plata. Para obtener ahora el valor real
(le la liga, se planteará la proporción siguiente:
1,115 : 1,0025 : : 1000 : x
1,0025x1000
=0,899.
1,115
La ley de la moneda analizada es igual á —^.
Según hemos observado, los líquidos decimales de
sal común y de plata, se destruyen recíprocamente
cuando se mezclan en volúmenes iguales: pues bien,
si ensayada la aleación en la cantidad arriba indica-
da, y después de haber sido precipitada por un deci-
litro de liquido normal, no se enturbia á la adición de
295
un milésimo de la disolución decimal de cloruro só-
dico, se neutralizará inmediatamente dicha dosis por
un centímetro cúbico de líquido decimal de plata. Cla-
rificado acto continuo el todo, mediante la agitación,
volverá á adquirir la mezcla el mismo estado que po-
seía después de haber añadido el decilitro de líquido
normal, y en seguida se verterá el número de centí-
metros cúbicos de la disolución decimal de plata que
sean precisos para conseguir que desaparezca comple-
tamente la nubécula blanca.
Supongamos después de esto, que haya sido pre-
ciso emplear 4 centímetros cúbicos de la disolución
decimal de nitrato argéntico; es claro que no habien-
do reaccionado el último cenlímelro cúbico añadido,
debe despreciarse, y tomar solo en cuenta la mitad del
tercero. De manera que los 1K',115 de aleación deben
contener 1,000—0,0025 de plata, ó 0s%9975.
Para averiguar ahora la ley correspondiente á
esta cantidad de metal, se planteará la siguiente'pro-
porcion:
1,115 : 0,9975 : : 100 : j
0.9975X100 „„_,„
^° 1,115 -''^''''
Semejante moneda estaría fuera de los límites le-
gales, supuesto que su valor intrínseco es igual á 894
milésimos: la mínima cantidad de plata que la ley to-
, 8 9 7 r M J

lera es ](^.
Se ha supuesto en lo que precede, que la disolu-
ción normal de cloruro sódico, precipita exactamente y
294
en todas circunstancias, un gramo de plata por decili-
tro; mas no se han tenido en cuenta al hacer esta su-
posición las variaciones de temperatura que ocasionan
un aumento ó una disminución de volumen del líqui-
do normal, y por consiguiente, un cambio en el esta-
do de concentración del mismo.
Estas dilataciones y concentraciones, corresponden
á ciertos cambios en el título de la disolución de sal
común, cuyos coeficientes se hallan consignados en
una tabla formada por Mr. Gay-Lussac: sin embargo,
es preferible examinar el estado del líquido normal
siempre que se vaya á practicar una análisis. A este
efecto, se disuelve un gramo de plata pura en el ácido
nítrico; se precipita por un decilitro de disolución nor-
mal , y se examina acto continuo el estado del liqui-
do, procediendo con la sal común decimal ó con el
nitrato de plata, como si se tratara de un nuevo aná-
lisis; hecho esto, admitamos que á consecuencia de
haberse elevado la temperatura, se ha debilitado la
disolución normal de cloruro sódico, y ha habido ne-
cesidad de afiadir medio centímetro cúbico de ella
para completar la precipitación de la plata; lo cual
quiere decir que el liquido normal ha disminuido me-
dio milésimo. Pero si por el contrario ha sido preciso
emplear, independientemente de la disolución normal,
un milésimo del líquido decimal de plata, para preci-
pitar por completo el gramo de plata fina, es indicio
de que la disolncion normal ha aumentado un milési-
mo, supuesto que ha precipitado l«%000-}-0e',001 de
plata: en el primer caso, será forzoso rebajar medio
295
milésimo, y en el segundo, aumentar un milésimo en
todas las determinaciones ejecutadas.
Entre los varios metales que acompañan á la pla-
ta en las aleaciones del comercio, únicamente el mer-
curio es el que se opone á la ejecución de la análisis por
via húmeda, por el motivo de que absorve cloro, y
luego resulta una ley sumamente exajerada. Por lo
demás, es fácil reconocer la presencia del mercurio
en las barras de plata; en efecto, dicho metal impide
que el cloruro argéntico adquiera color al contacto de
la luz, y que se clarifique el líquido. Si este cuerpo
figura en una proporción menor de un milésimo, pue-
de descubrirse su existencia disolviendo algunos gra-
mos de la aleación impura en el ácido nítrico, y ver-
tiendo en el liquido una cantidad de cloruro sódico,
que sea insuficiente para precipitar toda la plata: el
mercurio se deposita y reúne en las primeras porcio-
nes de cloruro argéntico formado, el cual no cambia
de color, según dejamos dicho, bajo la influencia de
la luz solar.
Mr. Levol ha propuesto un medio de evitar los in-
convenientes que resultan de la presencia del mercu-
rio en las análisis de la plata por via húmeda, redu-
cido á lo siguiente: disuelta de la manera ordinaria
en el ácido nítrico la cantidad precisa de plata, se
vierten sucesivamente 25 centímetros cúbicos de amo-
niaco cáustico, y un decilitro de líquido normal; en
seguida, se sobresatura el esceso de amoniaco por 20
centímetros cúbicos de ácido acético; y por último, se
continúa la operación como de costumbre.
296
é

Verificando Gay-Lussac la exactitud de los resul-


tados indicados por Levol, observó que el acetato só-
dico podía reemplazar perfectamente al amoniaco y
al ácido acético; después de esto, hay motivo para
suponer que cuando un liquido, en donde se precipita
la plata, contiene ácido acético en vez de ácido nítri-
co libre, el mercurio no reacciona sobre los cloruros
alcalinos, y por lo mismo cesa de ser un obstáculo al
buen resultado de la análisis.
Sabiendo previamente que una aleación de plata
contiene mercurio, lo mas sencillo es añadir acetato
sódico á la disolución nítrica, según recomienda Gay-
Lussac ; pero cuando se observa dicha circunstancia
en el momento de estarse ejecutando el ensayo, debe
practicarse lo que dice Mr. Levol, sobre lodo, si no
tiene el operador nueva dosis de piateria para repe-
tir la análisis.
Sucede en ciertos casos, que la plata aparece mez-
clada con sulfuro de la misma base: este compuesto,
aunque disuelto, digámoslo asi, en una proporción de
metal considerable, resiste á la acción del ácido ní-
trico; pero en medio de este inconveniente, hay la
ventaja de poder descubrir con facilidad la existencia
del sulfuro argéntico, porque cuando la aleación se
disuelve en el ácido nítrico, no se precipita el residuo
bajo el aspecto de copos negros y voluminosos, como
sucede cuando hay oro, sino que afecta la forma de
un precipitado tojo-agrisado, fino, y dificil de reunir:
es indispensable en semejante caso añadir á la diso-
lución nítrica, 8 ó 10 centímetros cúbicos de ácido sul-
297
fúrico concentrado, y mantener esta mezcla por espa-
cio de un cuarto de hora, próximamente, en un bafío
de maría de agua iiirviendo; pasado este tiempo, se
observa que se ha disuello lodo el sulfuro de plata, y
por lo tanto ha desaparecido el obstáculo que hacia el
ensayo irrealizable. Las barras de plata contienen
también algunas veces paladio ó níquel: estos metales
producen, al disolverse en el ácido nítrico, líquidos
mas ó menos coloreados, pero no alteran en nada la
exactitud de las análisis mencionadas.
De los cálculos que es preciso ejecutar en las análisis
cuanlitalivas.

En la análisis cuantitativa, nunca sé dosizan los


cuerpos en el estado en que figuran en combinación,
sino que es indispensable traducir á la forma deseada
los resultados obtenidos; lo cual se consigue fácil-
mente, unas veces por medio de simples proporciones,
y otras por ecuaciones y con el auxilio de fórmulas
químicas, que espresan la constitución de los com-
puestos bajo cuya forma se han pesado los cuerpos.
Con el objeto de utilizar en los cálculos dichas
fórmulas, indicadas con mucha frecuencia en nuestra
obra, es preciso sustituir á los símbolos el valor nu-
mérico que ofrecen las tablas de los equivalentes. Hó
aqui este valor.
299

TABLA DE LOS NÚMEROS PROPORCIONALES.

(H=í; HO=agua).
Ag = 108... . Plata. zr^ = ioo... . Mercurio.
Al = 13,7. . Aluminio. / = 1 2 6 . . . . Yodo.
Ag = 9 . . . . Agua. K - 3 9 . . . . Potasio.
As=^ 7 5 . . . . Arsénico. Mg^ 1 2 . . . . Magnesio.
Í1M = 196... . Oro. Mn= 2 8 . . . . Manganeso
B = 1 1 . . . . . Boro. iV = 1 4 . . . . Nitrógeno.
Ba = 6 8 . . . , , Bario. Na= 2 3 . . . ,. Sodio.
Bi = 210... . Bismuto. i V t = 2 9 . . . . Niquel.
Br = 80... . Bromo, 0 = 8 . . . . Oxigeno.
C = 6 . . . . Carbono. P = 3 2 . . . . Fósforo.
Ca = 20... . Calcio. Pb=\U... . Plomo.
Cd = 5 6 . . . . Cadmio. Pd= S3,3. . Palodio.
Cl = 3 6 . . . . Cloro. Pt = 9 9 . . . . Platino.
Co = 29,6, . Cobalto. S = 1 6 . . . . Azufre.
Cr = 26... . Cromo. Sb = 64,5. . Antimonio.
Cu = 31,8. . Cobre. Si = 7,5. . Silicio.
Fl=z 1 9 . . . . Fluor. Sn=: 5 8 . . . . Estaño.
Fe = 2 8 . . . . Hierro. Sr = 4 4 . . . . Estroncio.
H = 1 . . . . Hidrógent>. Zn= 3 3 . . . . Zinc.

La labia precedente sirve para calcular las análi-


sis directas é indirectas, y las fórmulas de los com-
puestos químicos definidos.
300

Análisis directas.

Siempre que se praclica una dosizacion, debe cui-


darse de calcular el resultado en 100 parles, á fln de
hacerle comparable con otros datos que se han de ad-
quirir ulteriormente.
Ejemplo. Se ha obtenido en la dosizacion del áci-
do fosfórico (pág. 229J ;
de 28%3'i6 de materia empleada,
03',403 de pyrofosfato magnésico.
¿Cuánto ácido fosfórico (PO') contienen 100 par-
tes de materia ?
La fórmula del pyrofosfato magnésico es:
WgO, P0\
Sustituyendo ahora á cada simbolo su valor nu-
mérico, resultará:

O =4or^^'^«=^^'
Mg' = 24
O' = 1 6

Total.... 112

La fórmula precedente indica que P0\ tMgO con-


tienen PO"", es decir, que 112 de pyrofosfato magné-
sico poseen 72 de ácido fosfórico; de manera que es
preciso plantear las dos proporciones siguientes.
1.' Si 2e',3i6 de materia producen OE',403 de
pyrofosfato magnésico, 100 ¿cuánto producirán?
301
2,346 : 0,403 : : 100 : a;
^^0,403X100^^^^^^ (pyrofosfato magnésico).
2,346
2.* Si 112 de pyrofosfato magnésico contienen
72 de ácido fosfórico, 17,17 liallados en la análisis,
¿cuánto contendrán?
112 : 72 : : 17,17 : x
72x17 17
¿c= - ^ . ' -=-11,03 (ácido fosfórico).

Por consiguiente, 100 parles de la sustancia ana-


lizada contienen 11,03 de ácido fosfórico.
Para averiguar ahora la cantidad de fósforo exis-
tente en la materia supuesta, bastará enunciar la se-
gunda proporción del modo siguiente:
Si en 112 de pyrofosfato magnésico hay 32 de
fósforo, en 17,17 ¿cuánto habrá?
112 : 32 : : 17,17 : x

a ; = — Í i 2 ^ — = 4 ' 9 ^ (fósforo).

Análisis indirectas.

En vez de pesar separadamente bajo la forma de


una combinación cualquiera, los cuerpos que se desl-
ían, hay precisión en ciertos casos de averiguar de
una manera indirecta la cantidad en que figuran, pa-
ra lo cual se empieza por pesarlos juntamente, y lúe-
302
go se dosíza una de las partes constiluyenles de su
combinación común: tal sucede, por ejemplo, en la
determinación cuantitativa de una mezcla de potasa y
sosa; ambos álcalis se pesan primeramente al estado
de sulfates (pág. 226j, y en seguida se averigua, me-
diante una sal bárica, la proporción de ácido sulfúri-
co contenido en dicha mezcla.

Dosisacion de una mezcla de potasa y sosa.

Supongamos que la análisis ha ofrecido los resul-


tados'siguientes:
3°',505 de materia, han producido 1°',307 de una mezcla
compuesu de sulfato sódico y potásico neutros.
Esu mezcla ha originado l'S919 de sulfato bárico.
¿Cuánta sosa (NaO) y potasa (KO) contienen 100
partes de materia?
Para resolver este problema, se empieza por calcu-
lar la cantidad de ácido sulfúrico (SO*), combinada
con los álcalis, que se ha obtenido directamente.
La fórmula del sulfato bárico es:
BaO. SO*;
de modo que sustituyendo los símbolos por su valor
numérico, resultará:

Ba = 68
. O = 8
Total 116
303
Hecho esto, se planteará una proporción en esta
forma: si 116 de sulfato bárico contienen 40 de áci-
do sulfúrico, 1,919 hallados en la análisis, ¿cuánto
contendrán?
116 : 40 : : 1,919 : x
40X1,919 - „„.
X jj^=0,662.

Por consiguiente, los l^^SO? de sulfato de sosa y


de potasa poseen 0,662 de ácido sulfúrico.
Sabida la cantidad de ácido sulfúrico existente en
esta mezcla, se averigua en la tabla de los números
proporcionales qué dosis de ácido sulfúrico contienen
el sulfato sódico {^aO, 50') y el potásico {KO,
SO'), V. g.:
Sulfato sódico. Sulfato potásico.

0' =24)^*^"^° = 40. 40.


iVa = 23 ^=39
0 = 8 0 = 8
Total... 71 Total... 81

Se ve según esto, que en 71 de sulfato sódico hay


40 de ácido sulfúrico, y que en 87 de sulfato potási-
co existen también 40 del mencionado ácido: por ma-
nera que en deQnitiva, 1 de sulfato de sosa contiene
0,56338 de ácido sulfúrico; y 1 de sulfato de potasa
posee 0,45977 del mismo ácido; en efecto:
304
-1 : 4 0 : : 1 : X 87 : 4 0 : : í:x
40x1 =0,S6338 40x1 = 0,45977
«= X—
87 "
Pero como quiera que las combinaciones químicas
se verifican en proporciones invariables, es evidente
que la cantidad 0,662 de ácido sulfúrico, hallada en
la mezcla de los dos sulfatos, debe ser igual á 0,56338
veces el número de unidades de sulfato sódico conte-
nido en la misma, mas 0,45977 veces el número de
unidades de sulfato potásico existentes en la mencio-
nada'mezcla.-
Por consiguiente, representando por x el número
de unidades de sulfato sódico, y por y las correspon-
dientes al sulfato potásico, tendremos esta ecuación:
0.36338 a;-|-0,45977 i/=0,662
, , , . 0,662-0.56338 íc
de donde resulta: »/= 0^45977 (^^•
Por otra parte, la mezcla de los dos sulfatos pesó
1,307; por consecuencia:
a;-ft,=l,307
y=l,307—ic.
Sustituyendo ahora á y, en la ecuación A, por su
valor X, espresado en la ecuación B (T. g.):
0,662-0,56338 x
1.307—¿17=-^ —~
0,43977
se obtendrán los resultados siguientes:
0,45977 {l,307-x)=0,662-0,56338 x.
30o
0,45977. 1.307-0,45977 Í C = 0 , 6 6 2 - 0 , 5 6 3 3 8 ¡r,
0,56338 íc-0,45977 a;=0,662-0,60092,
x (0,56338—0,45977) a;=0,06108,
0,06108 - „„-„
^=04036i=^'^^^^-
De manera que «n la mezcla de ambos sulfates
existen 0,5895 de sulfato sódico: averiguado esto,
bastará restar dicha cantidad de 1,307 para saber la
dosis correspondiente al sulfato de potasa. En efecto;
,1,307—0,5893=0,7175 (sulfato potásico).
En resumen, la análisis indirecta ha demostrado
que 2e%803 de materia contienen 0,5895 de sulfato
sódico, y 0,7175 de sulfato de potasa; cuya suma re-
presenta la cantidad de mezcla hallada directamen-
te, V. g.:
0,5895
0,7175
1,3070

Respecto al modo de averiguar ahora, en presen-


cia de estos datos, las proporciones de potasa y sosa
que representan los sulfates obtenidos, asi como tam-
bién la cantidad que de dichas bases contendrán 100
partes de la sustancia analizada, todo está reducido
á seguir una marcha análoga á la adoptada respecto
del ejemplo del ácido fosfórico > consignado en la pá-
gina 301.
Pueden abreviarse los cálculos precedentes, ha-
20
506
ciendo uso de la siguienlc fórmula, propuesta por
Fresenius.
A., representa la mezcla de los dos sulfatos; N, el
sulfato de sosa; K, el de potasa y S, el ácido sulfúrico
contenido en las dos sales.
jy_5-(Ax0.45916)
0,10207

Hagamos ahora aplicación de estas fórmulas á un


ejemplo particular.
Supongamos que la mezcla de ambos sulfatos ba
pesado 20 gramos, y que se ha obtenido una canti-
dad de ácido sulfúrico igual á 10,5; resultará lo si-
guiente:
Ar= ^0>3—(20X0,4S916) 10,5—91832
0,10207 0,10207 ^
1,3168 ^„
= 12,9
0,10207
A'= 2 0 - 1 2 . 9 = 7 , 1 .
Es decir, que los 20 gramos de la referida mezcla
estaban constituidos por 12,9 de sulfato sódico y 7,1
de sulfoto potásico.

Determinación de una mezcla de cloruro y de bromuro.

Se pesan juntamente las dos combinaciones al es-


tado de sales argénticas; se toma acto continuo cierta
dosis de la mezcla; se hace pasar una corriente de
307
cloro á través de ella; y se averigua la pérdida de pe-
so ocasionada por este tratamiento.
Admitamos que los resultados obtenidos sean los
siguientes:
Ss'.OlO de materia, han producido 3,079 de ana mezcla
de cloruro y de bromuro argéoticos.
3S',005 de esta mezcla, han sido reducidos (á consecuen-
cia de la corriente de cloro) á 2,79S de cloruro argén-
tico ; por lo tanto, la pérdida es igual á 0,210.
Las fórmulas del cloruro y del bromuro argéntico
son:
AgCl y AgBr.
Reemplazando los símbolos de estos cuerpos, por
sus equivalentes respectivos, se obtendrá su valor re-
lativo; en efecto:
Cloruro argéntico. Bromuro argéntico.

Ag = 108 Ag = 108
a =36 5r =. 80
li4 188

Guando se hace pasar una corriente de cloro á


través de una mezcla de ambas sales, 36 de cloro
desalojan constantemente 80 de bromo; es decir, que
cada 188 partes de bromuro argéntico, son trasforma-
das, mediante la acción del cloro, en l i i de cloruro
de plata: por consiguiente, la pérdida es igual á i4
partes.
En vista de esto, la pérdida i4 es á 188 de bro-
508
muro argéntico, como la pérdida de peso obtenida en
el tratamiento por el cloro es k x, ó sea la cantidad
de bromuro argéntico buscada.
En nuestro ejemplo hemos supuesto dicha pérdida
igual á 0,210; por lo cual debe plantearse la propor-
ción en esta forma:
44 : 188 : : 0,210 : x

x=. —^—=0,897 (bromuro de plata).


44
188
De.modo que bastará multiplicar por -7-7-=(4,272)
44
(dicha pérdida de peso ocasionada por el cloro), para
obtener la cantidad de bromuro de plata existente en
la materia analizada.
Se ha reconocido igualmente, que puede averi-
guarse el peso de yoduro argéntico (tratándose de una
mezcla de cloruro y de yoduro á base de plata), multi-
plicando la pérdida por -Q7r = 2,6.
Habiendo evidenciado, por otra parte, que;
3s',005 (le la mezcla de sales argénticas contieaea
0,897 (bromuro)
y 2,108 (cloruro)
total 3,005

es fácil averiguar, mediante una simple proporción,


qué dosis de cloruro y bromuro corresponden á
3,079, total de la mezcla de las sales argénticas pro-
309
cedenle de los 5?',010 de materia empleada: plantean-
do otra proporción, se indagará la cantidad que de
dichas sales contienen 100 partes del cuerpo anali-
zado; por otra, el cloro existente, etc.

Determinación de las fórmulas.

Cuando se analiza una combinación definida y se


quiere saber la fórmula que la corresponde, se empie-
za por escribir unos á continuación de otros los re-
sultados (calculados en 100 parles) de todas las dosi-
zaciones que se han verificado: dividiendo acto cou-
tinuo cada número, por el valor del símbolo respecti-
vo, inscrito en la tabla de los números proporcionales,
ó lo que es lo mismo, por su equivalente, se obten-
drá una serie de cocientes que dará á conocer las re-
laciones en que dichos números proporcionales se ha-
llan contenidos en la materia analizada; hecho esto,
se simplifican dichas relaciones, para lo cual basta-
rá considerar igual á la unidad, á uno de los dos co-
cientes.
Ejemplo. La análisis de una sal doble de nitrato
y de nitrito de plomo, ha dado (en 100 partes) los re-
sultados siguientes:
Nitrógeno 8,6
Oxido de plomo 68,8
Oxigeno 17,1
Agua 8,3
100,0
310
Los divisores que hay que tomar son:
Para el nitrógeno 14=iV.
óxido de plomo (104+8) d n'Í=PbO.
agua (1+8) ó 9=H0.
oxigeno 8=0.
En seguida, se dispone el cálculo de la manera
siguiente:
Cocienta,
Nitrógeno 8,6 : 14 = 0,614
Oxido plúmbico 68,8 : 112 = 0,614
Agua 5,5 : 9 = 0,611
Oxigeno 11,1 : 8 = 2,187
Los cocientes obtenidos demuestran, que en la ma-
teria analizada, los números proporcionales del nitró-
geno, óxido plúmbico, agua y oxigeno, son entre si
como:
0,614 : 0,614 : 0,611 : 2,137.
Simplificando ahora estos números (para lo cual
se considerará al mas pequeño igual á la unidad), re-
sultarán nuevas relaciones eo esta forma:
1,004 : 1,004 : 1,000 : 3,497.
Estas relaciones, son sensiblemente las mismas
que.:
1 : 1 : 1 : 3,5,
ó bien, multiplicando por 2, para hacer que desapa-
rezca la fracción, las mismas que:
2:2:2:7.
Es decir, que dichas relaciones dan origen, res-
pecto del nitrógeno y el oxígeno, á la fórmula A''0';
511
pero como esta DO puede desdoblarse en una propor-
ción de ácido nítrico (NO^) y otra de ácido nitroso
(NO*), no obstante la certeza que se tiene de que am-
bos ácidos existen en la sal analizada, se admite, en
definitiva, que la relación entre ellos no es de 1 : 1;
y se ve si multiplicando las cifras precedentes por
otro número, resulta una fórmula que pueda descom-
ponerse exactamente en ácido nítrico y nitroso.
Multiplicando por 4 se obtiene:
4 : 4 : 4 : 14.
Lo cual corresponde á la fórmula:
N'O'', iPbO, iHO:
pero A^*0'* equivale á NO^-\-ÍNOK Por consiguiente,
ia fórmula mas sencilla de la sal analizada es esta:
No\ zNo\ iPbo, mo,
ó bien:
í NO\PhO.HO^\
\^NO\PbO,HO ]'
Téngase sin embargo muy presente, que las aná-
lisis solo ofrecen simples relaciones; y que para elejir
entre las diferentes espresiones de una misma relación
bailada, los químicos parten de otras consideraciones
de un orden enteramente distinto, como por ejemplo
de la teoría alomíslica, del isomorfismo, etc.

No obstante el haber terminado, con la considera-


ción que precede, la cuarta y última parte de esla
312
obrita, creemos oportuuo consignar en este sitio, por
via de apéndice, dos ejemplos prácticos referentes á
aquellos trabajos científicos que, ofreciendo por lo re-
gular una dificultad comunmente mayor de la que he-
mos observado al resolver la generalidad de las cues-
tiones analíticas estudiadas, pueden juzgarse hasta
cierto punto como una continuación de la análisis
química.
El primero de los dos ejemplos citados, le consti-
tuye el estudio de las reacciones á que da lugar el clo-
ruro de cianógeno en presencia del espíritu de la madera;
este interesante trabajo, fue ejecutado en el laborato-
rio de química de Mr. Wurtz por nuestro inolvidable
y querido compañero D. Mariano de Echevarría, pro-
fesor de química orgánica en la Universidad de Ma-
drid, arrebatado para desgracia de la ciencia por la
inexorable muerte en la primavera de su vida; pre-
cisamente cuando, de regreso á su patria, debía reco-
jer el fruto de una aplicación sin ejemplo, y de una
constancia y actividad increíbles en los trabajos del
laboratorio. Pero todo fue inútil; el mismo dia y á la
misma hora en que por primera vez debía difundir en
su cátedra sus profundos y sólidos conocimientos, la
despiadada Parca rompía el hilo de su tenue exis-
tencia.
¡Ojalá haya alcanzado en la mansión de los justos
el premio y felicidad de que no gozó en la tierra!
El segundo ejemplo, consiste en el estudio de la na-
turaleza química de la chufa, ejecutado por nosotros,
en París, en el laboratorio de Mr. Wurlz.
315
Ambos trabajos (publicados integramente por los
periódicos científicos de Inglaterra y de Alemania)
merecieron la insigne honra de ser presentados y leí-
dos á la Academia de Ciencias de París por el emi-
nente químico Mr. Duraas.

PRIMER EJEMPLO.

Acción del cloruro de cianógeno sobre el espíritu de la


madera.

Cuando se hace pasar una corriente de cloruro de


cianógeno á través del espíritu de la madera, diluido
en corta cantidad de agua, no se manifiesta ninguna
reacción mientras no se halle saturado el liquido. Pe-
ro en el instante en que llega al punto de saturación,
se observa inmediatamente una reacción muy inten-
sa: el líquido hierve, se enturbia, y da origen á un
precipitado de cloruro amónico.
Después de haber separado esta sal por la filtra-
ción , he destilado el líquido filtrado para separar la
mayor parte del espíritu de la madera y otros pro-
ductos volátiles.
Durante esta destilación, se precipita nueva can-
tidad de sal amoniaco, que se separa por medio de la
filtración y espresion; continuando en seguida la des-
tilación del líquido filtrado, cuyo punto de ebullición
se eleva cada vez mas. En cuanto llega á 140% se
314
cambia de recipiente, y se continúa la destilación has-
la que la temperatura del liquido espBso y negro que
queda en la retorta llegue á 180* ó á 190*. Pasado
este punto, el liquido que destila es sumamente colo-
reado.
El liquido recojido en el recipiente abandona á las
2i boras de reposo una cantidad considerable de cris-
tales perrectamente trasparentes, que basta esprimir
entre papeles de filtro para que aparezcan completa-
mente puros.
Dichos cristales son de Yrelhylana: se sabe que
este cuerpo lo obtuvo por primera vez Dumas, en la
reacción del amoniaco sobre el éter methyl-cloroxi-
carbónico. Los cristales de Yrethylana son tablas de-
rivadas de un prisma romboidal oblicuo. No son deli-
cuescentes, se funden entre 52 á 55', y se solidifican
á 52' cuando están perfectamente secos.
La menor traza de humedad hace descender su
punto de ebullición á 50*. £1 liquido fundido hierve y
se volatiliza sin descomposición á la temperatura de
177*. La densidad del vapor de la Yrethylana es de
2,62, cuyo número corresponde á 4 volúmenes.
Los cristales que yo he obtenido me han dado al
análisis los resultados siguientes:
I. Os',534 de materia han suministrado 0,629 de
ácido carbónico y 0,3345 de agua.
n . OK',3185 de materia han producido 0,3735 de
ácido carbónico y 0,2045 de agua.
Estos resultados dan en 100 parles:
31o
Esperimentos. Teoriá.

I. II.
Carbono,... 34,12 31,98 C U 32,00
Hidrógeno... 6,95 1,0 H' 5 6,66
Nitrógeno... » » N 14 18,66
Oxigeno. .. • » » 0* 32 52,68
La Yrelhylana es muy soluble en el agua; se di-
suelve menos fácilmente en el alcohol, y aun menos
todavía en el éter. 100 partes de agua disuelven á
11°, 217 partes de Vrethylana, mientras que 100 par-
tes de alcohol solo disuelven 73 parles á 15°.
El ácido sulfúrico, diluido en su peso de agua,
descompone la Vrethylana, por medio del calor, en
ácido carbónico, espíritu de la madera y sulfato amó-
nico, como manifiesta la siguiente ecuación:

Vrethylana. Sulfaio amónico. Espltiiu de


la madera.

Guando el ácido sulfúrico está mas concentrado,


reacciona sobre el espíritu de la madera formado; el
líquido se oscurece, y hay desprendimiento de ácido
sulfuroso y gases inflamables.
La potasa descompone la Yrelhylana en espíritu
de la madera, amoniaco y ácido carbónico, que per-
manece unido al álcali.
No es dificil el darse cuenta de la formación de la
Vrethylana en la reacción del cloruro de cianógeno
5J6
sobre el espíritu de la madera. La ecuación siguiente
esplica esta formación de una manera satisfactoria.

Cloruro de Espíritu de Yrethjlana.


ciaíógeDO. la madera.
Respecto del amoniaco que se forma al mismo
tiempo, resulta evidentemente de una descomposición
completa del cloruro de cianógeno por la molécula de
agua del espíritu de la madera (CH^O, HO), ó por
el agua que se añade para favorecer la reacción. De-
bo añadir que me ha sido imposible evidenciar el des-
prendimiento del éter methyl-clorhídrico. Me ha pa-
recido probable que entre los productos accesorios
que se originan durante esta reacción, debe existir
una corta cantidad de éter methyl-carbónico; pero es-
te éter, en el caso de producirse, está mezclado con
una cantidad tan grande del líquido volátil, que me
ha sido imposible, hasta ahora, el aislarle.

SEGUNDO EJEMPLO.
Estudio de la naturaleza química de la chufa.'

En 1822 Mr. Lesant, farmacéutico de Nantes, pre-


sentó una noticia á la Sociedad académica del Loire
Inferior relativa á la composición química de la chu-
fa, ó sean los tubérculos adheridos á la raíz del Cype-
rus esculentus de Linneo.
Los resaltados de un análisis puramente cualila-
317
livo, permitieron á Mr. Lesant hacer resallar la im-
portancia que podria adquirir el cultivo de la chufa
en ciertos puntos de la Francia. Las ventajas que es-
te cultivo puede proporcionar á España, en donde
dicho tubérculo abunda, nos han decidido á repetir
su estudio bajo el punto de vista químico. Hemos
creído que aplicando al análisis de este producto los
métodos perfeccionados que la ciencia posee hoy dia,
podrían apreciarse quizá algunos hechos nuevos é in-
teresantes que han podido escapar fácilmente, hace 30
años, al mas atento observador.

Caracteres y estructura de la chufa.

El grandor de estos tubérculos cuando están sa-


turados de agua es, término medio, de 2 centímetros;
secos, disminuyen de la mitad de volumen; son ino-
doros; de UD sabor dulce y agradable, algo semejante
al de la avellana. En contacto del agua absorven &8
por 100 de este líquido, el cual abandonan completa-
mente cuando se les deja por espacio de algunos días
al contacto del aire libre.
Su tejido es completamente homogéneo; de un
blanco mate, bastante unido y duro. Cada tubérculo
está cubierto longitudinalmente por una capa circular
de facetas fibro-vasculares. Dichas facetas se presen-
tan como un circulo constituido por pequeños puntos
amarillentos, hacia el centro del corte de los tubércu-
los, ejecutado trasversalmenle. No nos detendremos
por mas tiempo sobre su estructura, que es la misma
318
que la de la mayor parle de las plantas vasculares, á
saber: tráqueas y celdillas ñbrosas prolongadas y lle-
nas de un liquido incoloro ó apenas granuláceo. Las
tráqueas son bastante estrechas (0,012""°) (1) y muy
unidas entre si; cada tubérculo está rodeado de una
corteza rojiza formada de celdillas aplastadas, poco
regulares, que algunas veces se desprenden en lámi-
nas, y cuya presencia no se observa en los tubérculos
secos. Debajo se halla una sola capa de célula bastan-
te densa (0,10""° y algunas veces un poco mas). Estas
celdillas son pequeñas (0,016°'"'), de paredes muy es-
pejas y amarillentas; están llenas de un líquido ama-
rillento también, que contiene algunas granulaciones
moleculares. Todo el resto del tejido del tubérculo es
tejido celular, ofreciendo por todas parles la misma
estructura; esta no difiere de la que se halla indicada
en todas las obras clásicas; son celdillas poliédricas,
de paredes delgadas, y cuyo diámetro varia entre
0,030""" y 0,055"'°'. El contenido de estas células es
muy particular é interesante: están enteramente lle-
nas de granos de fécula y de granulaciones oleosas.
Es difícil de precisar cuál de estas dos sustancias es )a
que predomina; sin embargo, la fécula constituye en
general, la mayor parte del contenido, y las granula-
ciones oleosas se bailan en los intersticios de los gra-
nos de fécula. De la acumulación en gran cantidad de
estos dos principios, resulla que las células son opa-
cas, y por .consiguiente difíciles de estudiar aun cuan-

(I) m. in.: representan iiiilés¡:no5 de in límetru.


319
do se practique un corte sumamente delgado. Rotas
(as celdillas, abandonan fácilmente su contenido: en-
tonces se ve que los granos de fécula son de pequeño
volumen. Los mas grandes no esceden de 0,020""";
los mas pequeños tienen solamente de 0,004"- á
0,006""; estos son generalmente esféricos: son ovoi-
deos, y algunas veces un poco irregulares en los bor-
des. Se ven pocos que tengan lineas concéntricas á la
manera de las que se observan en los granos de la
fécula de patata.
Las granulaciones oleosas son casi todas del mis-
mo volumen y muy pequeñas, puesto que no esceden
de OjOOl""". Pueden reunirse en grandes gotas de vo-
lumen variable si se comprime suficientemente el te-
jido al hacer la preparación. Todas son amarillentas,
de un centro brillante, y oscuras en los bordes. Cuan-
do están reunidas en cantidad un poco considerable
no dan paso á la luz, y á esto es debida la opacidad
que comunican á las celdillas.
Su volumen, su color y su forma, siempre esféri-
ca, no permiten confundirlas con los granos de fécu-
la, con los que siempre se encuentran mezcladas.
Reasumiendo cuanto dejamos dicho respecto de la
estructura de la chufa, resulta: 1.° que la fécula y la
grasa oleosa se hallan contenidas en la misma célula,
y no en células distintas; 2.* que este aceite existe en
estado de gotitas emalsivas, como se presentan ordi-
nariamente los aceites grasos, y no en estado de li-
quido homogéneo.
-.20

Análisis cualitativa de la chufa.

Según nuestra análisis, estos tubérculos contie-


nen en 100,00 partes:
Aceite 28,06
Fécula 29,00
Azúcar de caña 14,07
Agua 7,10
Albúmina 0,87
Celulosa li,01
93,11
Goma, materia colorante, sales y pérdida 6,89
100,00
Vamos á indicar brevemente los métodos que he-
mos seguido para determinar la cantidad de estos
principios, mencionando al propio tiempo sus princi-
pales propiedades químicas.

Determinación cuantitativa y propiedades del aceite.

Después de haber estraido por la simple presión


17 por 100 del aceite contenido en la chufa, nos eer-
vimos del éter para determinar la proporción de la
sustancia grasa que pudiera quedar como residuo en
la torta esprimida. Con el objeto de estraerla conve-
nientemente, empleamos el ingenioso aparato de Mr.
Payen para destilación continua^
321
Hé aqui los resultados obtenidos:
Peso de la materia 83,21
Peso de la materia tratada por el éter 59,86
Peso del aceite obtenido por presión 14,25
Peso del aceite estraido por el éter 9,10
Este aceite es líquido á la temperatura ordinaria;
de un color amarillo, análogo al del aceite de olivas;
trasparente é inodoro; su sabor es algo semejante al
de la enjundia, pero menos intenso. El aceite líquido
se solidifica á 0°. Su densidad es de 0,9190 á la tem-
peratura de 12°. Perfectamente saponificable por los
álcalis cáusticos y el óxido de plomo, y los jabones
resultantes tienen todas las propiedades de los que se
obtienen con el aceite de olivas ó con el de almendras
dulces. En contacto del ácido hyponítrico ó de una
disolución de nitrato mercurioso, se solidifica comple-
tamente, de la misma manera que lo efectúan los acei-
tes mencionados; insoluble en el alcohol; soluble en
el éter; arde con una llama muy luminosa.
Para conocer la naturaleza de las sustancias gra-
sas que constituyen este aceite, le saponificamos por
la potasa, y precipitamos el jabón resultante por la
sal marina. Después de haber eliminado por espresion
las aguas madres interpuestas, le redisolvimos y pre-
cipitamos segunda vez por el acétalo de plomo: el ja-
bón de plomo obtenido fue desecado y tratado ulte-
riormente por el éter. La parte insoluble en este lí-
quido fue descompuesta por el ácido nítrico débil, el
cual aisló un ácido graso que se solidificó por el en-
322
friamiento: este ácido fue puriñcado por repetidas
cristalizaciones en el alcohol. Se presenta al estado
de pureza bajo la forma de pequeños panes fusibles
hacia 55°, muy solubles en el alcohol hirviendo, pre-
cipitándose por el enfriamiento de la disolución al-
cohólica.
Desgraciadamente la cantidad de materia pura
que teníamos á nuestra disposición, no nos permitió
ejecutar un análisis orgánico; de manera que no po-
demos decir si este ácido sólido es el ácido margárico
ú otro ácido perteneciente á la misma serie. Por la
misma razón nos fue imposible estudiar como hubié-
ramos deseado una sustancia sólida, blanca, cristali-
na y fusible á 30°, que se precipitó y permaneció al
estado sólido en el seno del aceite abandonado á si
mismo.
Esperamos llenar estos lunares en el instante en
que poseamos la suficiente cantidad de primera ma-
teria.
Respecto de la parte del jabón de plomo soluble
en el éter, era oleato de dicha base, de donde aisla-
mos el ácido oleico dotado, como es consiguiente, de
todas las propiedades que le caracterizan.

Determinación cuantitativa y propiedades del asucar.

Después de haber terminado nuestras investigacio-


nes acerca de la presencia del aceite y su apreciación
cuantitativa, nos ocupamos inmediatamente en fijar
325
la nataraleza y proporción del principio azucarado
existente en la sustancia.
Obtenido el aceite por simple presión, sometimos
la torta resultante á la maceracion acuosa. El liquido
producido tenia un sabor decididamente azucarado,
pero era preciso averiguar el principio que le comu-
nicaba dicha cualidad. La sacarimetria óptica, á la
que decididamente recurrimos desde un principio, nos
permitió, no solamente conocer la naturaleza del azú-
car existente en la chufa, sino determinar de la ma-
nera mas exacta posible la proporción en que existe
en el mencionado tubérculo. Por lo demás, seguimos
escrupulosamente el método práctico propuesto por
Mr. Clerget, y que se funda en los bellos esludios de
Mr. Biot.
El líquido fue defecado por el sub-acetato de plo-
mo, y observado con el sacarimelro de Mr. Soleil.
Gran número de ensayos verificados cada uno so-
bre 100 gramos de materia, nos dieron por resultado
un agua de maceracion, marcando en el sacarime-
tro notaciones directas, las que hubieran acusado la
presencia de 15 á 16 por 100 de azúcar, sobre el
peso de la sustancia, si no hubiera existido en el lí-
quido ningún otro principio influyente sobre la luz
polarizada; pero procediendo en seguida por la inver-
sión, es decir, tratando el mismo líquido por el ácido
hidroclórico, con todas las precauciones prescritas pa-
ra este medio de verificación, hemos apreciado en de-
finitiva 14,07 por 100, término medio, la cantidad de
azúcar cristalizable (C"H"0") contenida en la chufa.
324
Adquirido este dalo, dirijimos nuestros esfuerzos
al estudio del medio que nos permitiera la eslraccion
mas completa y mejor de este azúcar, problema algo
difícil de resolver si se tiene en cuenta el obstáculo
que hablan de oponernos á la cristalización las sus-
tancias solubles, sales minerales, goma, albúmina ve-
getal, etc., reunidas en el azúcar. Una simple apro-
ximación entre la densidad que el azúcar solamente
hubiera determinado en el liquido, á ser el único
principio soluble existente en él, y la densidad efecti-
va de este mismo líquido, fue bastante para indicar-
nos que el p.eso de dichas sustancias era igual próxi-
mamente á la mitad del peso del azúcar. Esta compo-
sición es ciertamente menos favorable á la separación
del azúcar que la del zumo de la caña, en el que las
materias estrafias se hallan en mas débil cantidad;
pero en cuanto al peso de las mencionadas sustancias,
y prescindiendo de su naturaleza, ella es bastante se-
mejante á la del jugo de la remolacha. Sin embargo,
hay que confesar que hemos tenido que vencer mu-
chas mas dificultades en la estraccion del azúcar de
chufa, que si hubiéramos tratado de obtener el de re-
molacha. La concentración del zumo simplemente de-
fecado por medio de la cal, y filtrado sobre negro
animal, solo nos dio por resultado una masa viscosa»
en cuyo seno se notaban unos cuantos cristales su-
mamente finos.
En vista^de esto, hicimos uso del medio que ha
empleado Mr. Peligot en el análisis del zumo de la
caña.
325
Se sabe que este método consiste eu evaporar pri-
meramente el zumo desecado hasta consistencia de
jarabe; á tratarle en tal estado por el alcohol débil, y
á evaporarle de nuevo, pero esta vez en el vacío, en-
cima de una cápsula que contenga cal viva. Proce-
diendo de la manera que dejamos consignada, obtu-
vimos resultados muy superiores á los precedentes;
abundantes cristales muy blancos y perfectamente
definidos, se formaron en el seno del líquido; pero no
estando aún satisfechos de la cantidad obtenida, em-
pleamos el tratamiento baíitico propuesto por Mr.
Dubremfaut, que tan gvandes y completos resulta-
dos ofrecerá en su dia á la industria azucarera. Por
este medio hemos podido estraer directamente hasta
9 por 100 de un azúcar muy pura y perfectamente
cristalizada.
Según el sacarímetro, aún quedaron en las aguas
madres cerca de 4 por 100 de azúcar; por consiguien-
te, solo perdimos en las manipulaciones 1 por 100 de
dicha sustancia. La repetición del tratamiento baríti-
co sobre las aguas madres, nos hubieran suministra-
do probablemente la casi totalidad del azúcar que
contenían; pero se hallaban en muy corta cantidad
para someterlas fácilmente á este tratamiento cuanti-
tativo. Por lo tanto, solo nos propusimos averiguar,
mediante el microscopio, si la cristalización seguía
teniendo lugar hasta en las últimas trazas del residuo;
y en efecto, aquella se efectuó de la manera mas sa-
tisfactoria.
326

Determinación cuantitativa y propiedades de la fécula.

Para determinar la cantidad de fécula contenida


en la chufa, quisimos emplear en un principio el pro-
cedimiento mecánico que está en uso para la estrac-
cion de la fécula de patata. Bien pronto nos conven-
cimos de que debíamos renunciar á su empleo, en ra-
zón á que la celulosafinamentedividida pasaba tam-
bién á través de los tamices mas finos, siendo impo-
sible por consiguiente el llegar á resultados precisos.
En vista de esta dificultad, discurrimos determinar la
cantidad de fécula por un medio indirecto, que ha
ofrecido resultados satisfactorios, y el cual vamos á
describir brevemente.
Este método está basado en la facilidad con que
el ácido sulfúrico débil trasforma el almidón en glu-
cosa, y en la posibilidad de determinar este último
principio por medio del sacarimetro de Mr. Soleil.
Fácilmente se comprende que si se tratara de de-
terminar la cantidad de fécula existente en una sus-
tancia que DO contuviera azúcar, nada seria mas sim-
ple que el análisis en cuestión: la cantidad de glucosa
obtenida saministraria, por medio de una simple pro-
porción, la cantidad de fécula que la habia originado.
Pero no sucede así; el azúcar naturalmente contenido
327
en la chufa, se trasforma á su vez en glucosa por efec-
to de la acción de los ácidos diluidos; solo qae esta
glucosa, esta azúcar intervertida, como la llaman ge-
neralmente, se distingue del azúcar de fécula por la
propiedad que posee de desviar hacia la izquierda el
plano de luz polarizada. Por consiguiente, si se anali-
za por medio del sacarimelro de Mr. Soleil, un líquido
que contenga á la vez azúcar de fécula y azúcar in-
tervertida, debe obtenerse un resultado complexo, en
atención á que una de dichas sustancias desviará á la
derecha y la otra á la izquierda el plano de polariza-
ción; pero esto no impedirá el que sean siempre fáci-
les de analizar é interpretar los resultados obtenidos,
toda vez que se conozca exactamente la proporción de
uno de dichos azúcares; la del azúcar intervertida,
por ejemplo. Tal es precisamente el caso de nuestro
análisis. Cuando se trata por el ácido sulfúrico dilui-
do un peso dado de la chufa convenientemente pulve-
rizada, se conoce de antemano la cantidad de azúcar
crislalizable que contiene, y su poder rotatorio á de-
recha, asi como igualmente se sabe que el azúcar in-
tervertida que se forme por efecto de la acción del
ácido, ofrecerá un poder rotatorio á izquierda, sensi-
blemente igual al tercio de su poder primitivo á dere-
cha. Pero como el poder rotatorio á izquierda, se ejer-
ce en sentido inverso del poder rotatorio á derecha,
del azúcar de fécula obtenido, es evidente que para
apreciar la verdadera desviación debida á este último
azúcar, será preciso añadir á la desviación á derecha
observada, la desviación á izquierda debida al azúcar
328
intervertida, lo cual es, por otra parte, muy facii de
calcular (1).
Esto admitido, el análisis es sumamente sencillo.
4S gramos de chufas pulverizadas y tamizadas, con
la mayor escrupulosidad, fueron desleídas en agua, á
la que se babia añadido previamente 4 por 100 de
ácido sulfúrico-, en tal estado, se calentó el lodo du-
rante algunas horas á 100° por medio de una corrien-
te de vapor de agua (2). Se obtuvieron por resultado
550 centímetros cúbicos de un líquido en el que la
fécula había sido trasformada en glucosa, y el azúcar
de*caha en azúcar intervertida. Examinado este liqui-
do en el sacarímetro, después de haber sido defecado
por el sub-acetato de plomo, produjo una notación de
13 divisiones, comprendido el ¿ por la defecación (3).
Pero se sabe que 45 gramos de materia contienen
6e',33 de azúcar cristalizable, los que para un volu-
men de 550 centímetros cúbicos hubieran producido
una desviación á la derecha de 9°. Trasformados en

( I ) Parecerá á primera vista, que puede prescindirse de estos cálculos eli-


minando, por medio de repetidas lociones, la totalidad del azúcar cnnlcnida
en la chura; pero estas lociones son impracticables, por la razón de que son
tan sumaniente tenues los granos de fécula, que pasan en gran parte á tra-
vés de los filtros coo el agua de loción.
(2) Nos hemos cerciorado, mediante un cnsavo directo, rlc que la celulosa
sumamente dividida, no se trasforma en glucosa por la acción del ácido sul-
fúrico diluido.
(J) Kl mismo liquido, tratado por el ácido hidroclórico, y calentado á
68*, conservó el mismo poder; lo que demuestra claramente que fue completa
la trasfurmacinn de la fécula en glucosa , y la del azúcar de caRa en azúcar
de uva.
329
azúcar intervertida estos 6e',33, deberían haber oca-
sionado una desviación hacia la izquierda de § = 3".
Por consiguiente, para obtener la desviación hacia la
derecha, debida ai azúcar de fécula, es preciso añadir
estas 3 divisiones á las 13 divisiones observadas; lo
que equivale á decir, que la fécula contenida en 45
gramos de chufas, ha producido una cantidad de glu-
cosa, ocasionando bajo un volumen de 550 centíme-
tros cúbicos, de líquido, una desviación á la derecha
igual á 16 divisiones.
Esta cifra espresa en gramos la cantidad de glu-
cosa obtenida; y por medio de un cálculo de equiva-
lentes, muy fácil de ejecutar, 16 gramos de glucosa
corresponden á 138%09 de fécula. Después de esto, la
chufa contiene 29 por 100 de fécula.
Esta fécula ofrece por otra parte todos los carac-
teres químicos de la fécula de patata. La acción del
agua caliente, del yodo y de la potasa sobre dicha
sustancia, es demasiado conocida para que insistamos
sobre ella por mas tiempo: asi que, solo nos limitare-
mos á consignar la trasformacion de la fécula de chu-
fa en ácido láctico y butyrico bajo la influencia de los
fermentos albuminoideos. Como la chufa contiene al-
búmina vegetal, sucede que cuando se pulveriza y se
abandona la harina resultante en contacto del agua, no
tarda en agriarse á consecuencia de una verdadera
fermentación, dando origen á la formación de los dos
ácidos mencionados.

11
350

Álbúininn.

Cuando se calienta la infusión de la chufa pulve-


rizada, se produce un abundante coágulo de albúmi-
na vegetal. Hemos determinado la proporción cuanti-
tativa de este principio, recojiendo el coágulo y tra-
tándole sucesivamente por el alcohol y el éter después
de haberle defecado.
105',000 de materia han suministrado 08',087 de
albúmina pura, ó sea 0,81 por 100.

Celulosa.

Para determinar la proporción de este principio,


hemos sometido la pulpa de chufa, esprimida y trata-
da por el agua y el éter, á la acción de un esceso de
ácido sulfúrico diluido en 4 partes de agua, favore-
ciendo el contacto por medio del calor. La fécula y la
goma han sido disuellas, y la celulosa ha quedado
asociada con las sustancias estraclivas. Estas han si-
do eliminadas por medio de tratamientos sucesivos
con la potasa, el ácido hidroclórico, y el cloro. Des-
pués de todas estas operaciones, la celulosa ha sido
tratada por el alcohol y el éter, y por último pesada.
10?',000 de materia han dado le',401 de celulosa
pura, ó sea 14,01 por 100.
Querienjlo conocer igualmente la proporción de
cenizas que dejaria un peso dado do la materia que
nos ocupa, vimos que 10'",000 de dicha sustancia de-
331
jan, después de una incineración completa, 08',243, ó
sea 2,43 por 100 de un residuo soluble en parte y en
parle insoluble en el agua. Estas cenizas presentan la
composición ordinaria de las cenizas vegetales; sin
embargo, hemos evidenciado la presencia del ácido
fosfórico, no solamente en la parte insoluble al estado
de fosfato de cal y de magnesia, sino también en la
solución al estado de fosfato alcalino. Dichas cenizas
contienen además sílice, sulfato de cal, y hierro.
Terminamos este trabajo haciendo observar la im-
portancia que puede ofrecer industrialmenle el que el
cultivo y esplotacion de la chufa reciban una grande
estension: actualmente este tubérculo es ya para Es-
paña un objeto de consumo de cierto interés, puesto
que solo en Madrid se emplean en la estación de ve-
rano (para hacer horchata) mas de 12.000 arrobas de
chufa. Pero en vista de la riqueza que ofrece en prin-
cipios inmediatos de primera utilidad, este tubérculo,
creemos sería mas conveniente someterle á un trata-
miento fácil de imaginar, y que permiliria estraer á
la vez, el aceite, el azúcar cristalizada y la fécula.
Por medio de la espresion entre las dos placas
calientes, se obtiene un aceite de escelente calidad.
La torta resultante puede tratarse por agua, á la
que se añada j^- de su peso de barita, para defecar é
impedir la fermentación. La papilla resultante (que
contiene el azúcar en disolución y un poco de sacara-
to de barita), comprimida ligeramente, dentro de un sa-
co de lienzo, deja pasar á través de las mallas y aso-
ciada á la disolución de azúcar, una gran parle de
352
fécula que se deposita poco á poco y que puede pu-
riñcarse por los medios ordinarios.
Respecto del liquido azucarado, puede estraerse
todo el azúcar cristalizable, haciendo uso del método
tan conocido de Mr. Dubremfaut.