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ANÓNIMO

QUE CONTINUÓ LAS HISTORIAS DE CASIO

El Anonymus post Dionem, también llamado Continuator Dionis, fue sobre todo un
autor no conocido de la antigüedad tardía que siguió el trabajo histórico de Dion Casio.
Los fragmentos de su obra se asocian a menudo con la obra histórica perdida de Pedro
Patricio, que es posible como autor.

Pareció bien incluir en Pedro Patricio los excerpta de “De sententiis”, que en el
Palimpsesto Vaticano se añaden a los extractos de Dion Casio sin ningún indicio
interpuesto de separación. Y en efecto, Dion Casio desarrolló sus historias no más allá
del año octavo de Alejandro Severo (229 d. C.), como consta. Por el contrario, en los
Excerpta Vaticana, prosiguen hasta Constantino Magno. “Así pues, dice Maius (p.
XXIV), esto es la continuación de un anónimo que desde la pág. 244 (fr. 13, 1) sabemos
que tiene un autor cristiano. Pero de hecho, sabemos dificultosamente que en los hechos
emprendidos de Constantino faltan hojas del Palimpsesto Vaticano y, por esto, hasta
donde prosiguió la continuación. Porque, no obstante, Planudes, también compilador de
Dion, como dijo después, conoció un apéndice de él. Y éste acababa en los hechos de
Graciano, que era la meta del apéndice, y se puede creer en la época del mismo autor. El
mismo Maius dice sobre el autor de esta continuación: “Yo supongo en gran manera
que fue Juan de Antioquía de quien el compilador de Porfirogénito realmente extracta la
arqueología de la historia en el códice Peiresciano, que editó Valesius. Sin duda, el
hombre es un cristiano que se conoce a partir de los hechos de Diocleciano (fr. 13, 1)”.
Pero en verdad, con la crónica de Juan, emprenden el inicio desde Adán y llegan a lo
largo más allá de los tiempos de Constantino. Parece asombroso que se extrajera de allí,
de la obra de las sentencias de los escritores, solamente una pequeña parte que abarca
los hechos desde Alejandro Severo hasta la muerte de Constantino; en tanto que
aquellos que dispusieron de los Excerpta “De virtut.” y “De insid.” trataron toda la
historia del monje antioqueno. Pero además, nuestros fragmentos demuestran la riqueza
de la narración, la que tenemos en Dion; en cambio nadie lo espera en los compendios
de las Crónicas. Y en esta misma languidez de la narración estuvo en la causa, opino, de
que la Crónica de Juan, como incluso las de Sincelo, Juan Malalas y Jorge Harmatolo,
fueran excluidas de la obra “De sententiis”. Además Juan de Antioquía redujo de allí, en
un compendio, desde el reinado de Cómodo hasta los tiempos de Gordiano y copió,
según expresión de muchos, hasta las historias de Herodiano. Con todo, nuestros
fragmentos del Anónimo, que llegan hasta ese espacio del tiempo, está claro que
proceden de la misma fuente. Así pues, no pudieron ser forjados del autor Juan.
Con Paulo, Nieburh juzgó que aquellos extractos anónimos se referían más
probablemente a Pedro Patricio. Pero una vez más propones en vano por qué el
compilador había hecho precisamente el principio de las historias en esa parte en la que
acaba Dion Casio. ¿Acaso quiso anudar alguna cadena en la historia? Esto, en verdad,
es un empeño ajeno a los Excerpta Constatiniani. Así pues, ¿acaso pensaremos por esta
causa que el hecho es así, que es cosa sabida que todos los precedentes del magíster
Pedro están copiados de Dion? Entonces ofende realmente que se tenga la teoría de este
tema solamente en la obra “De sententiis”, no del mismo modo en los extractos de “De
legatis”. Como éstos están así, no me atrevo a asegurar, y no adivinar, nada sobre el
nombre del autor. Con todo, pienso que ese escritor no está en verdad en el número de
los que pasan revista en otras obras constantinianas. Y en efecto, aunque el compilador,
contra la costumbre, no había puesto, el nombre, en cambio la misma era un adorno de
los excerpta, los de los extractos de Dion, en los cuales los nombres de los emperadores
se ponen delante como título. Conjeturo que nace τ α µ ε τ α α ι ω ν α en el
mismo códice de Dion que usó el compilador en la obra “De sententiis”, <y> que fue
puesto debajo de α ν ω ν υ µ ω ζ . Sí, pienso que es para ir más allá. Por supuesto,
los extractos de Dion en la obra “De sententiis” cuan sorprendente se alejan de nuestras
ediciones. Y son enormes, usando las palabras de Maius, las variedades de las lecturas.
Es posible, conjeturo, que el mismo hombre continuó a Dion, incluso que se había
negado a avanzar las historias de Dion o cambiar la narración sólo para contraer, solo
para restituir con sus palabras la de Dion. Reprochas que estos cambios sean las
imputadas al compilador. Yo, en efecto, digo que no. Y en efecto, en el fragmento
Vaticano, pág. 204 ed. Roma, donde se trata la historia desde Calígula, tienen
ciertamente palabras de distinta manera que en nuestras ediciones de Dion (59, 22). En
éstas percibe el colorido dioneo del estilo, en cambio en ese fragmento sorprendes el
ingenio de un hombre más serio; en efecto, se comprueba que éste no fue un compilador
de ello, porque Juan de Antioquía narró el mismo asunto con las mismas palabras que él
(fr. 28, como se ve), de quien sabemos que había copiado de Dion muchísimo en esa
parte de la historia. De donde comprendo que Juan y nuestro compilador fueron
utilizados en cierta manera en la misma reseña de Dion. No sé si es cierto que la
investigación más escrupulosa puede averiguar todavía otros vestigios de este asunto.
Yo le añado uno, en el que incido fuertemente. En los Excerpta Vaticana Dionis, pág.
547, el nombre de Viriato está asombrosamente corrompido es Β ο ρ ι α ν θ ο ζ .
En cambio este nombre está escrito del mismo modo en los Excerpta Ioannis
Antiocheni (fr. 60). Con todo, de nuestro autor, que continuó las historias de Dion,
extrajo Zonaras la suya delante de los demás, hasta tal punto que por una vez no había
copiado casi de acuerdo con su palabra (cf. frs. 2, 8, 9, 10, 11).

CONTINUACIÓN DE DION

1. Valeriano (año 1 de Valeriano y Galieno; 254 d. C.)


El rey de lospersas (Sapor) trazó con Mariadno (Mariade) el emplazamiento del
campamento casi a veinte estadios de la ciudad de Antioquía. En aquel momento, todo
ciudadano más prudente se retiró de la ciudad; sin embargo, multitud de personas de la
plebe se quedó, en parte construyendo con Mardiano, en parte incluso complacida con
las cosas nuevas, que la costumbre de la necedad es del pueblo. (Cf. Zósimo III, 32, 8);
HA, Treinta tiranos, c. 2; Zonaras XII, 23, p. 594 ed. Bonn; Amian. Marcel. XXIII, 5,
4; Malalas, XII, p. 295 ss. Ed. Bonn; Libanio, Or. 4, p. 154 C; Or. 6, p. 185 B).

2. Emiliano (año 1 de Valeriano; 254 d. C.)


Emiliano, asumida la púrpura, escribió al senado: “Os confío sin duda el poder real; yo,
por cierto, vuestro emperador, llevo las guerras a todas las partes de la tierra”. (Cf.
Zonaras XII, 22, p. 591; Euseb. HE, VI, 39).

3. Galieno (año 7 de Galieno; 260 d. C.)


Macrino, hecho conde y prefecto de la annona, porque estaba mutilado de un pie, no
estuvo visible en la batalla (en la que el rey Sapor venció y capturó a Valeriano), sino
que esperó y recibió a los soldados en Samósata. Ahora bien Sapor mandó a Cledonio,
prepósito para introducir al hombre en los juicios ante el emperador, el cual exhortó a
Macrino para que fuera hasta Valeriano. Éste, en cambio, se negó a ir. “Éste, en verdad,
dice, está loco hasta tal punto que prefiere la esclavitud a la libertad. Además los que me
atacaron, de ningún modo son soberanos para mí: puesto que uno es enemigo, el otro no
es de sí mismo, siquiera de él mismo, menos es nuestro soberano”. Por lo cual Cledonio
era un garante, para que él mismo se quedara también y no volviera junto a Valeriano.
Y en efecto, éste negó, al falsearle su confianza, que fuese señor para sí mismo alguna
vez; y regresado con los otros cautivos, se mantuvo allí. (Cf. Zonaras XII, 24, p. 598;
Euseb. HE, VII, 10 y 53; HA, Treinta tiranos, c. 11).

4. Galieno y Mémor<o> (año 8 de Galieno; cerca 261 d. C.)


Mémor<o> el Mauritano, enviado a hacer provisión de grano para el ejército, empezó a
maquinar cambios políticos y al punto fue muerto por los soldados. Pero cuando los
prefectos se quejaban injustamente de la muerte de aquel, Teodoto, mandado decir la
causa, dice que Mémor<o> fue precisamente digno del castigo, puesto que, con el
amparo de los prefectos y el amparo en tantos hombres, no emprendió de ningún modo
una cosa imposible; y sin embargo, añade, en verdad, los cómplices de éste fueron
apartados de su propósito por mi diligencia y ciertamente por la providencia real. El
emperador, complacido por esta defensa, prohibió que se acusara a alguien a causa del
asesinato de Mémor<o>.
En los planes perversos, los hombres que los usan no suelen mantener firmemente la
amistad, sino que cambian por causas insignificantes. (Cf. Zósimo I, 38, 1; HA,
Galieno, c. 4; Treinta tiranos, c. 21).

5. Galieno e Ingenuo (año 8 de Galieno; 261 d. C.)


5.1. La mujer del emperador Galieno se ofendió por la expresión de Ingenuo y, llamado
Valentino ante ella, dice: “Tengo sin duda que tu sentimiento es totalmente seguro, y
alabo la opinión del emperador sobre ti; no del mismo modo que eligiese a Ingenuo,
porque éste me ha mirado mucho de arriba abajo. Por lo demás, no soy capaz de
oponerme al emperador; pero tú espía al hombre”. Responde Valentino: “¡Ojalá sea
Ingenuo sorprendido en la complacencia de la confianza por vuestra manera de ser! Yo,
sin embargo, nada deje pasar cuanto está en mí, porque, ante mi compromiso, miro
vuestra benevolencia hacia la casa”. (Zonaras XII, 25, p. 601; HA, Galieno, c. 2).
5.2. En la guerra contra Ingenuo murieron muchos hijos, padres y hermanos, hasta tal
punto que uno, teniendo a su hermano de la mano, se detuvo ante el emperador
diciendo: “Este es mi hermano, ¡oh emperador!, del que me apodero en la guerra”.
Galieno, estimando que éste quería pedir perdón en favor de ése, soltó al hombre, y
confió que también lo daría a muchos, y prometió que le absolvería del crimen de lesa
majestad. Mas llevan a que se dijera contra él que no debía vivir quien había llevado
una vez las armas contra el emperador; y atravesaron al hermano con la espada. El
suceso lo llevó Galieno malamente, pero con todo, a causa del resultado inesperado de
los hechos, tuvo esto por válido. (Cf. HA, Treinta tiranos, c. 8; Zonaras XII, 24, p. 597).
5.3. Cuando Claudio fue herido en el talón, el emperador Galieno preguntaba con
inquietud a los presentes por él. Entonces cierto soldado le dice intrépidamente que
había recibido una herida al modo de Aquiles y que ahora se cuidaba en su tienda. A
esto respondió, pues, el emperador adecuadamente, que éste también había sido herido
en el talón. (Cf. HA, Galieno, c. 7 y 5).

6. Galieno y Póstumo (Año 8 de Galieno; 261 d. C.)


El emperador Galieno ordenó (a los embajadores) junto a Póstumo, que había tomado la
púrpura, que se informasen de los actos que habían sido llevados a cabo por éste, y
dijeran qué era necesario para que éstos, que habían ocupado lugares fortificados, se
hallasen en paz; por supuesto que aquél, que se sabía vencedor, gobernaría después.
Respondió Póstumo: “Ni te permito pasar los Alpes a voluntad, ni deseo que vengas a
mí en esa necesidad, que luche con los romanos”. Galieno, dijo de nuevo a los
embajadores enviados: “Pues bien, luchemos los dos juntos en un combate singular
entre nosotros; que no se haga una matanza de romanos”. Aquel, por el contrario,
respondió: “Yo ni soy ni he sido nunca un gladiador; en realidad he conservado estas
provincias cuya salvación me ha sido confiada por ti. Ahora bien, he sido elegido
emperador por los galos. Es suficiente para mí, pero a condición de que mande sobre
éstos que me eligieron por su propia voluntad, y llevo el poder sobre éstos a medida que
puedo con el consejo y los hombres”. (Cf. HA, Treinta tiranos, c. 2; Galieno, c. 41;
Zonaras XII, 24, pág. 597 ss.; Zósimo, I, 38).

7. Los dos Odenatos (260 d. C.)


Rufino quitó de en medio a Odenato el Viejo como si hubiese puesto empeño en los
cambios políticos. Y cuando Odenato el Joven acusó a Rufino de la muerte de su padre,
el emperador preguntó a Rufino la causa del crimen. Mas él dijo: “Ojalá me procuraras
la facultad para matar también a éste, a su hijo Odenato, a quien quitaría de allí en
medio en seguida”. Ahora bien, Rufino estaba oprimido por la gota y la quiragra, e
impedido de todo movimiento. Por lo cual el emperador afirmó: “¿Con qué hombres o
con qué cuerpo dices confiado esto?”. Él respondió: “Es verdad, si no estoy más sano
que en otro tiempo, en la época juvenil, con las fuerzas de mi cuerpo jamás podría hacer
daño a éste; pero, con tu diestra mandando y no indicando nada no recto, me encargaría.
Pues sin duda, emperador, tú no hostigas con las fuerzas que tienes de tu cuerpo, sino
mandando a tus soldados”. Galieno alabó este discurso de Rufino.

8. Quinto (260 d. C.)


8.1. Al mismo tiempo que Quinto, hijo de Macrino, estableció la sede real en Emesa,
llegó Odenato con una multitud de bárbaros y ordenó que hicieran o bien la rendición o
bien el combate. Mas ellos le respondieron que sería víctima de un ataque antes que la
mano de un bárbaro hiciera un corte.
8.2. Carino llevaba a mal, cada vez que Odenato andaba diciendo que le llevaría la
guerra a favor de los romanos. Al enterarse de esto, Odenato mandó que fuera muerto
Carino; y disminuyó mucho de su patrimonio para que fuera empleado en su funeral, en
el cual demostró él que todavía estaba vivo. En cambio Carino dijo con risa que
Odenato era seguramente un ignorante y un insensato: ignorante sin duda, porque
matamos a los enemigos, perdonamos a los amigos, pero que Odenato ignora si ponerle
a él mismo en el número de los amigos o en el número de los enemigos; insensato
verdaderamente, porque quería atormentar y matar al que vive y respira, se disponía a
honrar con dones al mismo muerto y carente de sentido. Con todo, la fortuna presente
encontró una mutación rápida. (Cf. Zonaras XII, 24, p. 601; HA, Macrino, c. 18).

9. Claudio (269 d. C.)


9.1. Cuando los escitas, reinando Claudio, habían ocupado Atenas e iban a quemar
todos los libros recogidos, uno más prudente entre ellos, creído por los demás, detuvo el
acto. Pues, en el acceso, decía que los romanos, mientras estaban ocupados con los
libros, descuidaban la guerra. Pero, aunque dijo esto tosco, pues ojalá renovase las
virtudes de los atenienses y de los romanos, que brillaron igualmente en las letras y en
las armas, no había hablado así.
9.2. Los escitas se reían de los habitantes de las ciudades, porque éstos no se ocupaban
de la vida de los hombres, sino de las vidas de las aves, que se alojan en nidos colgados
en lo alto; y porque, descuidada la tierra nutridota, preferían las ciudades estériles, y
porque confiaban en las cosas inánimes antes que en sí mismos.
9.3. Cierto Andenobalo vino desertando de los hérulos a los romanos debido a las
conversaciones con Bíbulo, (ministro) del emperador de los romanos, que le exhortaba a
que se entregara al emperador. Pero éste, contrariamente, llamaba a Bíbulo dotado para
el pensamiento servil y entregado al vientre, que había perdido ciertamente la libertad
comiendo y engullendo. Él respondió por cierto: “Sí, yo soy libre, pues soy muy caro al
príncipe y no estoy privado de ninguna cosa buena; a ti en efecto ni ropa ni comidas te
presenté”.
9.4. Después de llevada la victoria sobre los escitas, mientras el emperador se abandona
a la alegría y banquetea, entró Andonabalo en presencia de todos, y dice que quiere
pedir de él un beneficio para sí mismo. El emperador, que pensó que iba a pedir alguno
grande, no obstante se lo dio, como pedía. Entonces Andonabalo dijo: “Dame el mejor
vino, para que, llamados todos mis allegados, se distraigan juntamente”. Riéndose, el
emperador mandó que se le diera en cantidad suficiente, además agregó también
abundancia de otros regalos. (Cf. Zonaras XII, 26, p. 605).

10. Aureliano
10.1. Aureliano es elevado al imperio; constreñido en Rávena por el Consejo de todos
los hombres que tenían la reputación de claros, reflexiona sobre el modo para poder
reinar. Puesto que deseaba con ansia, tras el fallecimiento de Claudio, mostrarse mayor
que él en los asuntos a llevar, uno del Consejo dijo entonces: “Si quieres reinar bien,
fortifícate con oro y hierro; con hierro contra los molestas ciertamente; con oro para con
los que se muestran obedientes”. Este en cambio, el que había dado este consejo
insensato, fue el primero en ponerlo a prueba. (Cf. Zonaras XII, 27, p. 606, año 270).
10.2. Albino, viejo y con una enfermedad mortal para el hombre, sentándose junto a él,
abordado y preguntado por él como estaba, dijo: “Si la patria está a salvo, sin duda
alguna me estoy muriendo mal; pero si sucede como no se debe para ella, bien, porque
yo me muero antes de conocer la destrucción de la patria. Y no deseo mayor felicidad
en esto”.
10.3. Aureliano, notificado que parte de los bárbaros habían ocupado Plasencia, les
indicó: “Si deseáis con ansia combatir, ¡ea!, yo estoy preparado; pero si obtenéis
mejores consejos, naturalmente para que vosotros mismos os estreguéis, os recibo como
vuestro señor”. Ellos respondieron: “Nosotros no tenemos señor; y por la mañana sin
duda estate preparado, para que te enteres como luchar con hombres libres”. (Cf. HA,
Aurel., c. 2; Aurelio Victor, Epit., c. 35).
10.4. En el asedio de Tiana, Aureliano había dicho ante los soldados que, cuando
hubieran entrado allí, no permitieran que perro alguno quedase intacto. Después,
tomada por asalto la ciudad, ordenó a los soldados que no mataran ni saquearan. Ellos,
indignados, pedían de éste que les concediera hacer ahora lo que antes había prometido.
Pero éste les dijo: “De acuerdo con la verdad, con lo referido, dije así: Continuad
adelante; que ningún perro sobreviva en esta ciudad, sino que matéis a todos”. Así pues,
introducidos los tribunos y los soldados, aniquiló en carnicería a los perros, así que el
ejército se libro a la ira en la risa. Convocada después la asamblea e soldados, dijo el
mismo: “Nosotros combatimos delante de estas ciudades para liberarlas; si preferimos
saquearlas, nos privaremos finalmente de la confianza junto a ellos. Que más bien
pidamos el botín procedente de los bárbaros”. (Cf. HA, Aurel. c. 22, año 272).
10.5. Aureliano, enviados unos embajadores ante Zenobia, la exhortaba a hacer
precisamente su rendición. Pero ella respondió: “Yo no estoy muy dispuestas a la
derrota; pues quienes sucumbieron en el combate, la mayor parte son todos romanos”.
10.6. Aureliano, atacado cierta vez en un motín militar, dijo que los soldados se
engañaban, que pensaran, por los hados de los reyes, que los tenía en su poder. Puesto
que es del dios, que es dador de la púrpura (la cual ponía ciertamente delante, a la
derecha), establecer además los años de reinado. Y que no abandona antes de haber
prestado atención en los cincuentas cabecillas de la sedición.

11. Probo (282 d. C.)


Al rebelarse Caro, Probo deliberaba con el Consejo qué hacer. En silencio todos, cierto
tribuno Martiniano empezó con buena fe a reprobar ásperamente a Probo que el estado
desaparecía por su indolencia; y le impelió a mover las armas al instante, a hacer frente
a la guerra y a correr al encuentro con tirano en orden de batalla. (Cf. HA, Probo, c. 6;
Zonaras XII, 30, p. 610).

12. Caro (283 d. C.)


Cuando Caro asumió la púrpura, se presenta diciendo que él ha sido hecho emperador
hasta la ruina de los persas.

13. Diocleciano
13.1. Encargándose del imperio, Diocleciano, tomando por testigo a los dioses
adornados en aquel momento, dijo que, por motivo de obtener del reino, él no deseó la
muerte violenta de Carino, sino que se compadecía del Estado. (Zonaras XII, 30, p.
612). (Cf. Zonaras XII, 30, p. 612).
13.2. La acción de encargarse de muchas cosas es la causa de los desgraciados y
peligrosos climaterios.
13.3. Es más fácil en la naturaleza humana llevar las adversidades que conservar la
modestia en las cosas prósperas.
13.4. Por esto él, aunque consiguió honores inmortales, recordaba sin embargo que
estaba obligado a ser él un mortal y no ajeno a las circunstancias humanas.
13.5. L. Octavio, invitado a una cena triunfal, después de ser rogado para que se
abstuviera de ir, anunció que iba a estar presente en el convite, excepto si los
honoratiores, como par que era, eran mandados a él comisionados. (Cf. Val. Máxim. II,
8, 4; Zonaras XII, 32, p. 618; Juan de Antioquía, fr. 167).
13.6. Diocleciano, al perturbarle cierto espectro en sueños para que entregara el cuidado
del imperio a quien era designado personalmente por el espectro, conjeturado que
sucedía esto de una impostura, convocado cierdo día por él aquel hombre, dijo esto tan
grande: “Recibe el imperio que me reclamas cada noche, y no prives al emperador la
gracia del reposo.·

14. Licinio
14.1. Licinio no sacaba las monedas de oro en las que Constantino había forjado su
victoria sobre los sármatas, sino que forjándolas las convertía para otros usos, diciendo
que ninguno de ellos reprendía nada de esto, excepto si no quería que estuviera
implicado en las negociaciones sobre el trabajo de los bárbaros en su imperio.
14.2. Brillaron los hechos de Crispo, engendrado excelentemente por Constantino, y
Licinio, vencido muchas veces por éste, citaba dolorido aquellos versos homéricos Cf.
Zósimo 1, 1; Euseb. HE, X, 9):
¡Oh anciano, te llevan en gran manera los jóvenes guerreros,
y el vigor tuyo languidece y te invade la vejez!.
14.3. Tiberio refería al senado que Cristo era el decimotercer dios. Al rechazarlo el
senado, dijo con cierta gracia; “Éste, que no admitís como el decimotercero, éste vendrá
como el primero”.
15. Constantino
15.1. Constantino había adoptado al principio el consejo para trasladar la sede del reino
a la ciudad de Sárdica; y cogido por el afecto de esa ciudad, repetía siempre: “Mi Roma
es Sárdica”. (Cf. Zonaras XIII, 13).
15.2. Constantino, esforzándose en oscurecer las hazañas de sus predecesores, se
afanaba en vilipendiar las virtudes de éstos con algunos epítetos chistosos. Esto es,
llamaba a Octavio Augusto el mundo de la fortuna, a Trajano hierba parietaria, a
Adriano escuela pictórica, a Marco extravagante, a Severo ***.