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María Paz Cuturi 1º C

Primer parcial de Filosofía Social y Política

“El yo debe limitar su libertad individual,


mediante el concepto de la posibilidad de la libertad ajena,
a condición de que los otros hagan lo mismo”.
Johann Gottlieb Fichte (1762-1814)

La Conferencia dictada por Amartya Sen1 transita por temas relacionados con la
importancia social que tienen las libertades individuales. Explica de dónde proviene esa
idea y qué implicaría una ética social que favorezca a la libertad individual como un
valor esencial para evaluar y organizar a la sociedad. Su principal objetivo es revaluar
“los problemas de eficiencia social y de equidad desde el punto de vista de las
libertades individuales”. En este análisis demostraré por qué concuerdo con su postura.
Pone en práctica su teoría a través de anécdotas personales pero que conciernen
a todos: la hambruna de 1943 que azotó a Bengala y los enfrentamientos entre hindúes y
musulmanes que surgieron en Dhaka. Vuelve continuamente a estos “fracasos sociales”
–como él los denomina- para ilustrar muchas de las ideas que plantea.
La estrategia de razonamiento consiste en nombrar las posibilidades para
organizar una sociedad –bajo qué principios fundamentales- e ir descartando las que son
inapropiadas hasta presentar su postura. Así, el lector toma contacto con otros principios
de elección social con bases de información diferentes, como son el utilitarismo o la
teoría rawlsiana de justicia2, para ilustrar las ventajas de una visión explícitamente
centrada en la libertad individual. Cualquiera de estas posturas –según la teoría de
elección personal- puede generar incompatibilidad entre principios y entrar en conflicto
con la libertad individual porque no la consideran pertinente o de suficiente
importancia. El utilitarismo se concentra exclusivamente en los resultados y evalúa en
función de fenómenos mentales (“bienestar” individual) y de las preferencias de las
personas implicadas, mientras que la postura de Rawls percibe la libertad y la igualdad
de condiciones según los bienes primarios de cada individuo.
Profundiza los términos que entran en discusión, como el concepto polisémico
de la libertad. Desarrolla la “importante e influyente”3 distinción de Isaiah Berlin4 entre
la libertad “positiva” y “negativa”, cuya diferencia radica en la influencia de las
interferencias ajenas –de terceros, instituciones o del estado- en la falta de libertad para
1
SEN, A.: La libertad individual como cometido social, Cuadernos del CLAEH (Montevideo,
1993) 65-66, 1990, pp. 185-199.
2
Rawls, J: Sobre las libertades, Madrid: Paidós, 1990.
3
SEN, A.: op. cit. p. 187.
4
BERLIN, I.: Cuatro ensayos sobre la libertad, Madrid: Alianza, 1988.
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concretar lo que el individuo desea. Sen demuestra con sus ejemplos la importancia de
considerar ambas porque están permanentemente interrelacionadas y concentrarse
simplemente en una es “no sólo insuficiente desde el punto de vista normativo, sino
que puede ser socialmente incoherente”5. Pero agrega que hay muchas perspectivas
correctas al otorgarle diferente valor a los diversos aspectos de la libertad. A pesar de
las distinciones, siempre se referirá a un sentido político y no antropológico de la
libertad.
Para evaluar las libertades y la desigualdad en la sociedad propone lo que él
denomina la “capacidad” de cada individuo, que significa poder elegir diferentes modos
de funcionamiento para así crear el tipo de vida que cada uno quiera y hacer valer
nuestra autonomía moral. Si percibimos la libertad individual como cometido social, se
le otorgará una gran importancia a aumentar las capacidades de las personas y a la
“elección de formas de organización social que sean sensibles al rol de promover tales
capacidades”6, (como políticas públicas, provisión de servicios de salud, educación
básica, etc.) porque también es un producto social que depende de estas medidas.
El autor reconoce que colocar a la libertad individual en un lugar privilegiado
puede generar conflictos entre intereses personales, pero su optimismo (y la capacidad e
inclinación de las personas por responder a las dificultades de los otros) lo llevan a creer
que los individuos –como seres sociales- estaremos dispuestas a realizar un compromiso
con normas éticas y priorizar la simpatía para facilitar la implementación de la justicia.
Considero que la visión de Amartya Sen es muy acertada porque, al priorizar las
libertades individuales, analizaremos las situaciones particulares desde una perspectiva
mucho más humanitaria. Se requiere de un estudio con mayor profundidad, por ejemplo
al considerar las características de cada persona (género, edad, economía, capacidades),
por lo que el resultado será necesariamente una respuesta más personalizada y
específica. Ésa es una gran diferencia con la visión utilitarista y de Rawls, porque
ambos perciben a las personas como elementos objetivos y mucho más homogéneos
entre sí. Si consideráramos únicamente las necesidades de la sociedad en su totalidad no
podrían existir respuestas diferenciadas. No sería posible ver a las personas como fines
en sí mismas, sino como medios sujetos a un interés social, por lo que el imperativo
categórico kantiano7 no se aplicaría.

5
SEN, A.: op. cit. p. 188.
6
Ibídem, p. 194.
7
KANT, I.: Fundamentación de la metafísica de las costumbres (Grundlegung zur Metaphysik
der Sitten), (1785), Trad. de Manuel García Morente, Madrid: Espasa-Calpe, 1994.
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De esta ley de la razón práctica de Kant se deriva la idea de reconocer la


igualdad de todos los seres humanos (si bien tenemos características diferentes,
merecemos lo mismo). Si por el contrario aplicamos esta ley, debemos brindarles a
todos las mismas capacidades y condiciones, sin importar si, por nuestras preferencias
adaptativas, deseamos alcanzar variados objetivos. En este punto me baso en los
ejemplos de Sen sobre las diferencias de género o de alfabetización en la India.
Debo enfatizar el deber moral que tenemos todas las personas de anteponer las
libertades individuales. Esta idea también la podemos percibir en el texto porque el
título refiere al sustantivo “cometido”, cuya definición es “obligación moral”8. Es claro
que la relación entre las libertades individuales y el bien común es muy compleja, y
para que funcione correctamente debe existir una apropiada intervención del Estado y
de las Instituciones. Pero igualmente los integrantes de la sociedad deben cumplir con
su parte. Tanto para el autor como para mí, exigir el cumplimiento de las libertades
individuales no es una elección que deberíamos hacer sino una obligación moral que
tenemos que cumplir, “a condición de que los otros hagan lo mismo”.
No debemos confundir esta organización social con el sacrificio de nuestras
libertades fundamentales –como lo son las individuales- y anteponerlas al bien común.
Ésta es la postura que adoptan algunas religiones, al predicar que “el bien particular se
ordena al bien común como a su fin [...] Por consiguiente, el bien de la nación es más
divino que el bien de un solo hombre”9. La Filosofía Social y Política debe evitar caer
en tales conclusiones porque para justificarlas se tiene que basar en la razón y no en un
imperativo religioso. Sólo podemos explicar este tipo de comportamiento en ciertas
ocasiones, bajo condiciones especiales y justificadas por los imperativos de la moral.
Según Isaiah Berlin, el sacrificio de la libertad puede ser aceptado por ejemplo en
función de la igualdad o la justicia10. Pero nunca podemos hacer de esas situaciones
particulares una norma de comportamiento habitual.

8
Vigésima segunda edición del diccionario de la lengua española de la Real Academia Española.
9
Santo Tomás en ARANCIBIA, J.: “Política, el aporte de Santo Tomás” en Revista Abril, n.º
118, Foro Abril Ediciones, «http://www.arbil.org/118toma.htm» (30.06.2009).
10
GARCÍA AMADO, J.: “El liberalismo de Isaiah Berlin. La libertad, sus formas y sus límites”,
en Revista del Instituto Bartolomé de las Casas, n.º 14, Universidad de León, 2006, pp. 41-88.