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Microviolencia simbólica de género
Silvia C. Scheider

Introducción El poder simbólico es poder hacer cosas con palabras. Pierre Bourdieu La idea central del presente trabajo fue desarrollada durante el Congreso de Sociolingüística llevado a cabo en la ciudad de Bahía Blanca, en noviembre de 2007. En esta oportunidad me propongo relacionar los conceptos de microviolencia y micromachismo con el concepto de violencia simbólica, entendida esta ultima tal como fuera expresada por Pierre Bourdieu: “…la violencia simbólica es esa violencia que arranca sumisiones que ni siquiera se perciben como tales apoyándose en unas ‘expectativas colectivas’, en unas creencias socialmente inculcadas. Como la teoría de la magia, la teoría de la violencia simbólica se basa en una teoría de la creencia, o mejor dicho, en una teoría de la producción de la creencia, de la labor de socialización necesaria para producir unos agentes dotados de esquemas de percepción y de valoración que les permitirán percibir las conminaciones inscriptas en una situación o en un discurso y obedecerlas.” (P. Bourdieu, 1997) Desde mi práctica y mi teoría

como psicóloga clínica especializada en familias y parejas, y desde mi propia perspectiva sistémica, relacional y narrativa es que me propongo aportar algunas reflexiones acerca de la violencia simbólica ‘invisible’, minúscula, casi mínima, pero no por eso menos efectiva. Estas prácticas sociales se han dado en llamar ‘microviolencias’ o ‘micromachismos’, en plural, dado que se despliegan en múltiples segmentos de la vida cotidiana. Así es como los micromachismos o microviolencias se incluyen en el discurso social imperante; pero lo interesante es que también el lenguaje puede y debe cambiar ese discurso, nombrando y construyendo un mundo equitativo. A lo largo de este texto se empleará el término ‘microviolencia’análogamente al concepto de ‘micromachismo’ acuñado por el Dr.Luis Bonino como: “...(las) prácticas de dominación y violencia masculina en la vida cotidiana, del orden de lo “micro”, al decir de Foucault, de lo capilar, lo casi imperceptible, lo que está en los limites de la evidencia. El prefijo “micro” del neologismo con el que nombro a estas prácticas alude a esto...(incluyendo) “machismo” en el término acuñado porque, a pesar de ser una palabra de significado ambiguo

Actas de las primeras jornadas de filosofía política : democracia, tolerancia, libertad / compilado por Patricia Britos. - 1a ed. - Bahía Blanca : Univ. Nacional del Sur - Ediuns, 2008. Internet. ISBN 978-987-1171-92-7 1. Filosofía Política. I. Britos, Patricia, comp. CDD 320.1

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(en tanto designa tanto la ideología de la dominación masculina como los comportamientos exagerados de dicha posición), alude en el lenguaje popular, a una connotación negativa de los comportamientos de inferiorización hacia la mujer, que era lo que quería destacar en el término...(y) comprenden un amplio abanico de maniobras interpersonales que impregnan los comportamientos masculinos en lo cotidiano” 1 Por lo tanto me permito designar esta práctica discursiva como ‘microviolencia simbólica’, en alusión a la cualidad de ‘casi imperceptible’, a fin de denotar el esfuerzo que debemos realizar para percibirla, en tanto nos hallamos permanentemente sujetas y sujetos a su acción, y a sus efectos. A fuerza de su permanente invisibilización, de tan ‘naturalizada’ que se halla como práctica, se nos hace muy difícil su percepción, en cualquiera de los contextos donde se ancla. Es de tal magnitud su extensión, que a los fines de este trabajo que es solo aproximativo, propongo recorrer tres ejes donde este discurso ‘invisible’ se despliega: el lenguaje policial periodístico, el lenguaje de los textos escolares y el lenguaje visual de los comerciales de televisión. Las palabras, por lo tanto, nunca son inocuas. Nuestra existencia se desarrolla en un espacio simbólico, constituido por múltiples narraciones y narrativas y de esas narraciones se nutren y al mismo tiempo retroalimentan todos nuestros intercambios. Como psicoterapeuta, opero desde la pragmática de la comunicación

humana, esto es, desde los efectos que produce el acto comunicacional. Siguiendo nuevamente a Bonino: “...(los micromachismos) son microabusos y microviolencias que atentan contra la autonomía personal de la mujer, en los que los varones, por efecto de su socialización de genero son expertos; socialización que, como sabemos, esta basada en el ideal de masculinidad tradicional: autonomía; dueño de la razón, el poder y la fuerza, ser para si, y definición de la mujer como inferior y a su servicio. A través de ellos se intenta imponer sin consensuar el propio punto de vista o razón...Destinados a que las mujeres queden forzadas a una mayor disponibilidad hacia el varón, ejercen este efecto a través de la reiteración, que conduce inadvertidamente a la disminución de la autonomía femenina, si la mujer no puede contramaniobrar eficazmente.”2 Si bien quienes nos dedicamos a trabajar con esta temática estamos familiarizados con los efectos que estas microviolencia simbólica genera, en tanto sujetos producidos en y por el universo discursivo, no somos ajenos a la ceguera y anestesia que ellas imponen. El ejemplo mas sencillo es la fórmula de cortesía ‘señorita’ y ‘señora’ para las mujeres, y ‘señor’ para los hombres, sea cual fuere su estado civil. La fórmula de tratamiento y cortesía para las mujeres se construye en base a su relación con un hombre. No se define por sí misma. El varón se define como absoluto y la mujer como relativa. Es la primera expresión de la microviolencia simbólica de género, de la cual son muy pocas las personas que se percatan.

¿“Crimen pasional” o femicidio? Dentro de la microviolencia de género cotidiana, la forma en que los titulares de los periódicos y los noticieros de la televisión denominan a los asesinatos perpetrados por hombres contra mujeres constituyen una eficaz maniobra para naturalizar e invisibilizar un tipo de violencia cuyas víctimas son mujeres entrampadas en relaciones de pareja donde el maltrato, en cualquiera de sus posibles presentaciones, forma parte de la cotidianeidad. ¿Qué universo de sentido se esconde debajo de la expresión “crimen pasional”? ¿Qué nos evoca el término ‘pasión’? Posiblemente imágenes relacionadas con ‘torbellino’, ‘descontrol’, ‘irrefrenable’. La ‘pasión’ es lo contrario de la ‘acción’, las ‘pasiones’ se ‘padecen’, se sufren casi. El individuo así resultaría ‘gobernado’ por esa fuerza, externa a sí mismo, llamada ‘pasión’. Habitualmente relacionamos el término con lo incontrolable del impulso amoroso. Remite también a la idea de amor romántico, y efectivamente es desde allí de donde parte la noción del sujeto ‘invadido, irremediablemente’, por el amor, y alejado de la posibilidad de poner coto y cordura a ese desborde de sus sentimientos. ‘Dominado por sus pasiones’. Es la pasión la que nos permite el apego no solo en el terreno de la pareja. También se experimenta ‘pasión’ por el deporte, o por el estudio, y puede haber hasta ‘lectores apasionados’ y ‘novelas apasionantes’, y hasta biografías que relatan la ‘apasionante vida’ del biografiado. ¿Pero qué le sucede al

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‘apasionado’ sujeto de la historia policial? Comete un crimen. Mata. Pero mata víctima, él, de un impulso irrefrenable. Mata, pero presa de ‘emoción violenta’, que tal vez hasta sirva de excusa legal, si por acaso ultima a su mujer porque descubre que ella lo engaña. Mata, pero su acción se disimula por su pasión. Mata, pero, pobre, está ‘enfermo’ de pasión. Mata, pero sin saber casi lo que hace, dado que la pasión lo invade. Mata, como seguramente antes habrá golpeado, víctima, él, de su impulso irrefrenable. Tal como lo describen las mujeres víctimas de violencia en la pareja: “en el fondo es bueno, pero no se puede controlar”. Todo esto y seguramente mucho mas, es lo que esconde la ‘simple’ expresión “crimen pasional”. Veamos qué sucede con el término “femicidio”. Si tratamos de ubicar el vocablo en la vigésima segunda edición del Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española, versión on line, directamente la palabra no existe. Sin embargo...“ en el 2001 fue tipificado por la ONU, entidad que definió este delito como ‘El asesinato de mujeres como resultado extremo de la violencia de género que ocurre tanto en el ámbito privado como en el espacio público’. Comprende aquellas muertes de mujeres a manos de sus parejas, ex parejas o familiares, asesinadas por acosadores, agresores sexuales y/o violadores, así como aquellas que trataron de evitar la muerte de otra mujer y quedaron atrapadas en la acción del femicida”. 3 Pero en tanto y en cuanto el término no se popularice, la realidad que éste designa directamente no existe. No

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hay por lo tanto femicidios dado que nadie los designa como tales. Homicidios existen, y se aplican a toda la humanidad, tanto como el genérico ‘hombre’ designa a toda la humanidad...pero ¿qué segmento de la realidad quedará oculto, velado, si no nombramos la violencia extrema contra las mujeres? “Mi mamá me mima” o la construcción social del estereotipo Aunque casi nadie lo sabe, el 5 de agosto del año 2000, la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires promulgó la ley 481 que crea el “Programa para la eliminación de los estereotipos de género en textos escolares y materiales didácticos”. Pese a lo ambicioso del nombre, los estereotipos de género gozan de excelente salud, y siguen allí, en los textos, en los enunciados de los problemas de matemáticas, en los relatos históricos, en las planificaciones sobre actividades de educación física, y lo que es peor, aún la perspectiva de género no se incluye en la currícula de los profesorados de donde egresan los docentes de cualquier nivel, ni mucho menos en la educación universitaria. Es un ejercicio de microviolencia simbólica, precisamente, inducir la construcción imaginaria de distintos espacios para la mujer y el hombre, en los cuales el ámbito propicio para el desarrollo femenino sigue siendo ‘el hogar’ y el ámbito masculino de desarrollo es el ‘mundo externo’. Igualmente lo es seguir ‘mostrando’ actividades mas ‘propias’ de la mujer que del hombre, y ‘maternizar’ lo femenino sacralizando su rol en ‘la familia’, dejando las actividades

‘productivas’ para el varón. Se propaga así el estereotipo del ámbito ‘productivo’ para el hombre y el ámbito ‘reproductivo’ para la mujer. ¿Cómo encontramos estos estereotipos? El investigador Carlos Ivan García Suarez, en una entrevista publicada por la versión virtual de El Monitor, revista del Ministerio de Educación de nuestro país explica: “... miramos un gran número de mecanismos, tales como las formas de interacción, el tono de la interacción, los roles y formatos de la participación, los juegos del lenguaje. Por ejemplo, hay una mayor legitimidad a un contacto más afectivo-emotivo entre mujeres, pero esto no ocurre entre los hombres. Hay una alta naturalización de la idea de que masculinidad va ligada a la rudeza, a la competitividad. Otro detalle es la construcción del cuerpo, la construcción del pudor femenino versus una alta laxitud en lo que los hombres muestran o no muestran. Hay una mayor regulación de los comportamientos de los cuerpos de las niñas que de los niños...Hay normativas que dicen que las niñas no pueden usar maquillaje, o que la falda tiene que estar dos centímetros por debajo de tal parte. También se usan expresiones como “una niña no se sienta así”, “una niña no muestra las piernas”... Otro dato notable es que algunas funcionalidades se inscriben de manera diferenciada en hombres o en mujeres. Por ejemplo, los hombres tienen mucho más el control disciplinario, mientras que en las celebraciones escolares son las mujeres las que se encargan de la comida, de atender a los invitados, cosas que pertenecen más a un rol de domesticidad...”4

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En los enunciados de los problemas de matemáticas, invariablemente vemos a “la mamá” y a una niña, haciendo cálculos para cocinar una torta...y a un niño y su padre o su tío, calculando la cantidad de ladrillos necesarios para construir una pared. Las profesiones femeninas siguen siendo “médica, dentista, abogada”, y todavía no se ven mujeres en el campo de las ciencias ‘duras’ o la investigación. No vemos en los manuales de la primaria mujeres matemáticas, físicas, o ingenieras, lo cual refuerza el mito de que ‘a las chicas les cuestan mas las matemáticas’, con lo que se induce a la idea de que los varones son mas ‘racionales’ y dado que el modelo del pensamiento científico sigue siendo el de las ciencias exactas, se induce a considerar que los varones son “mas inteligentes”. En los libros de texto escolares siguen siendo ‘las mamás’ las que llevan a los hijos al médico, o al dentista, aunque trabajen fuera del hogar, con lo que se naturaliza desde temprana edad que las mujeres ‘deben’ tener una doble carga horaria. Los padres ahora cambian pañales, o ‘ayudan’ en las tareas domesticas; pero raramente faltan a sus trabajos para cuidar a un hijo enfermo. En el áreas de historia o ciencias sociales, invariablemente las, mujeres son ‘damas’ que donan joyas o bordan, o se dedican a la beneficencia, o animan reuniones sociales y tertulias donde son los hombres quienes hablan de política y deciden ‘los rumbos del país’. El panorama en los libros de texto de biología que se utilizan en la escuela secundaria no es mas alentador. Las imágenes o dibujos con que se grafican los cuerpos humanos y sus distintos

órganos es invariablemente masculina, salvo cuando se habla de órganos sexuales femeninos. El aparato circulatorio, el sistema nervioso, los pulmones...son siempre pulmones de hombre dibujados en imágenes de varones. Y si de los órganos sexuales femeninos se trata...el clítoris no se nombra! Por increíble que parezca, los pocos gráficos que muestran los órganos genitales externos de la mujer, desconocen al principal órgano del placer femenino. Y ya sabemos, lo que no se nombra...no existe. “Me gusta ser mujer” No es novedoso el estudio de la imagen femenina en el discurso publicitario; ni el análisis de la reproducción de estereotipos; pero lo que propongo es una rápida observación de la práctica microviolenta escondida detrás de este discurso. Microviolenta en tanto sostiene y universaliza la supremacía masculina en las tomas de decisiones ‘importantes’, relegando a la mujer para la toma de decisiones ‘menores’, que son las que a ‘ellas’ les ‘corresponde’ tomar. Remarca el rol femenino materno y dicotomiza al género femenino entre mujeres ‘deseables’ y mujeres ‘maternas’. Yogures, detergentes, cremas, champúes, quitamanchas pueblan, en apariencia, los ‘deseos’ femeninos. Fragancia, limpieza, pureza, blancura, claridad, alegría, cuidado, podrían ser algunas de las imágenes que se construyen sólo mirando por unos minutos los comerciales de la televisión. En estos casos (en estos productos a la venta debería decir...) el hombre

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invariablemente es como un niño tonto que se mancha la ropa y que es incapaz de limpiarla, y que le ‘brinda’ a la mujer el lugar de ser ‘sabia’ y le posibilita quitar esas manchas ‘rebeldes’ que él, presumimos, no tendría tiempo de quitar, porque esta ‘realmente’ muy ocupado ‘trabajando’. Con esto se desvaloriza el trabajo doméstico de la mujer, dado que no parece ser ‘un trabajo’ (no está remunerado) e induce la manipulación ya que se muestra que las tareas domésticas se deben hacer ‘alegremente’ y sobre todo ‘con amor’. Como ejercicio práctico, propongo quitar el audio durante los comerciales durante una tanda publicitaria y sólo mirar las imágenes. Allí se podrán apreciar en toda su magnitud las imágenes constitutivas de un discurso plagado de estereotipos, construido y generador al mismo tiempo con / de ideas acerca de lo femenino que simplemente oscilan entre la dicotomía de la mujer objeto sexual (la prostituta) y la mujer “virgen y madre”, ‘asexuada guardiana de la limpieza y el orden de su hogar’. Sobre la mujer sexuada, la publicidad ronda sobre automóviles... automóviles y mas automóviles... además de algún que otro perfume o desodorante (para hombres) y alguna que otra marca de relojes (para hombres también) y por supuesto, cerveza...salvo las tandas incluidas en los programas de entretenimientos familiares, en las que las ‘promotoras’ (que por supuesto no hablan) muestran, sonrientes y haciendo mohines, generalmente paquetes de yerba mate, o de café. En esos programas, los televidentes son de ambos sexos, de mediana edad, y el mensaje suele estar

dirigido al varón (la promotora es bella, sugerente, se muestra semidesnuda), el producto de consumo es ‘familiar’, y se supone que la esposa del señor, jefe de la familia, se va a identificar con la bella promotora y si ‘le compra’ a su marido ‘esa marca’ de café, él la va a ver como una bella jovencita dispuesta a ‘todo’. Además, el señor es ‘seducido’ para que compre (esa es la finalidad de cualquier publicidad), y por supuesto que para seducirlo, no se pone en pantalla a una respetable señora entrada en años y en carnes (como probablemente sea o vaya a ser su cónyuge) sino que se apela a la ‘mujer fácil’, en oposición a la respetable ‘señora de su casa’. La ‘señora de su casa’, no seduce a nadie. Pero lava, plancha, cocina y si la suciedad es ‘rebelde’, ella tendrá que apelar a que aparezca un súper héroe (Mr. Músculo)5 y la ayude a dominar tanta rebeldía ya que ella sola no puede. La microviolencia simbólica se asienta allí donde la mujer ‘no puede sola’, y debe ser ‘ayudada’. Esto la infantiliza y coloca al varón en el lugar de ‘pater familia’. Estas construcciones sociales generan imágenes mentales incuestionadas e incuestionables...nadie esperaría que la mujer ama de casa se perciba a si misma como sexuada y erótica...ni que la promotora erótica se especialice en quitar manchas....Pero además, se denigra la imagen de la mujer en tanto erótica, dado que el ‘señor’ no elegiría a esa hermosa muchacha para ‘casarse’ y ‘formar una familia’. El uso microviolento del discurso publicitario estimula que haya mujeres para ‘casarse’ y mujeres con las que fantasear escenas sexuales. Justifica de una manera muy sutil la infidelidad (masculina),

naturalizando el deseo hacia mujeresobjeto, las cuales son construidas por el mismo discurso que desexualiza y deserotiza a la ‘esposas y madres’.

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Conclusiones Luego de todo lo expuesto, las conclusiones son casi obvias: no sólo estos ámbitos discursivos no son ni inocuos ni ingenuos, sino que la construcción social de la mujer sigue estando en manos de quienes se esfuerzan por mantener el statu quo y el sistema hetero patriarcal vigente. Las mujeres se muestran desde estos ámbitos tan populares, siempre, de una manera invariable: heterosexuales, en posiciones subalternas al varón, dedicadas o al hogar o a la seducción, ejerciendo profesiones donde se siguen remarcando las ‘habilidades innatas’ para el cuidado y la protección de sus semejantes, y si resultan asesinadas, se encuadra esto como un ‘desborde de la pasión’ masculina, y nunca como una muestra de lo irreductible de la violencia de género. El ámbito académico por supuesto no tiene una llegada masiva, seguimos siendo una abrumadora minoría las mujeres que estudiamos y nos desarrollamos profesionalmente, frente a nuestras congéneres mucho menos favorecidas en lo social, lo económico, lo educacional. La pobreza, la marginación, el escaso acceso a la salud y al control de la natalidad siguen siendo espacios invisibilizados que salen a la luz periódicamente en los discursos pre - electorales, o en los enunciados de políticas públicas que tampoco hacen de

la cuestión de género un punto crucial en sus ‘agendas’. Es por ello que considero que así como existe la microviolencia simbólica ‘naturalizada’, podemos y seguramente ‘debemos’ generar prácticas si se quiere ‘microdiscursivas’ en nuestros ámbitos de acción a fin de visibilizar estas trampas del lenguaje. Cada una y cada uno de nosotros debería estar capacitado para develar estas microviolencias o micromachismos a nuestros alumnos, nuestros pacientes, y a nuestra comunidad en general, colaborando aunque sea desde espacios también ‘micro’ a la construcción de un universos discursivos mas justos, mas equitativos, mas solidarios. Como ejemplo, propongo comenzar a utilizar genéricos como “la humanidad” en vez de decir o escribir “el hombre”, “la adolescencia” en vez de “los adolescentes” , “el alumnado” en vez de “los alumnos”, a fin de hacer visible, nada menos, que a la mitad del género humano.

Bibliografía
Anabalón Sandra: Femicidio, la violencia tiene nombre, agosto 2007 en: www. rompiendoelsilencio.com.cl Bonino Mendez, Luis. Micromachismos: La violencia invisible en las parejas, en Corsi, J.). La violencia masculina en la pareja. Madrid: Paidós, 1995 Corsi, Jorge. Violencia familiar. Una mirada interdisciplinaria sobre un grave problema social. Buenos Aires, Paidós, 1997 Corsi, Jorge. Violencia masculina en la pareja : una aproximación al diagnóstico y a los modelos de intervención / Jorge Corsi, Mónica L.Dohmen, Miguel Angel Sotés y Luis Bonino Méndez — Buenos Aires : Paidós, 2006 García Suarez, Carlos Ivan, entrevista de Ana Abramowski en E Monitor, número 11 año 2007 Gergen, Kenneth. El yo saturado, Barcelona, Paidós, 1992

Ravazzola, M.Cristina. Historia infames: los maltratos en las relaciones, Buenos Aires, Paidós, 1999. Watzlawick, Paul. El Lenguaje del Cambio. Herder. Barcelona. 1990. Watzlawick., Paul. Teoría de la Comunicación Humana. Herder. Barcelona. 1991. Watzlawick, Paul. “La realidad inventada” . Buenos Aires. Gedisa, 1988.

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Notas
1

Luis Bonino Mendez, Micromachismos: La violencia invisible en las parejas, en Corsi, J. (1995): La violencia masculina en la pareja. Madrid: Paidós. Luis Bonino Mendez, op.cit.

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Sandra Anabalón: Femicidio, la violencia tiene nombre, agosto 2007 en: www. rompiendoelsilencio.com.cl García Suarez, Carlos Ivan, entrevista de Ana Abramowski en El Monitor, número 11 año 2007, Ministerio de Educación www.me.gov. ar/monitor/nro11/entrevista.htm Marca comercial de un detergente limpiador que aparece en los comerciales actuales de la televisión argentina como un dibujo animado sobreimpreso al film donde se puede ver a la mujer atribulada y casi desesperada sin saber qué hacer con la suciedad de la cocina.

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